Viernes, 11 Junio 2021 05:33

Una guerra cultural en las izquierdas

Una guerra cultural en las izquierdas

Las izquierdas parecen empantanadas entre la defensa de valores posmateriales y la vuelta a una gloriosa clase trabajadora. Pero eso está dando lugar a sus propias guerras culturales, tan intensas como fútiles.

 

La tradición de izquierda siempre se ha caracterizado por un cuestionamiento interno de sus estrategias y objetivos intermedios (los ideales últimos son sagrados e irrenunciables). Sus controversias han sido motivo de enfrentamientos y escisiones a lo largo de la historia (reforma o revolución, internacionalismo o socialismo en un solo país, frente popular o ruptura entre socialistas y comunistas, el alineamiento con la Unión Soviética o China o Albania, la renta básica o el empleo garantizado, el social-liberalismo o el estatismo, el izquierdismo o el populismo, la política institucional o la protesta callejera, etc., etc., etc.). 

Las peleas internas se recrudecen cuando las cosas no van bien, como sucede ahora. No me refiero solo a los resultados electorales (que, en cualquier caso, no son buenos: en Europa la socialdemocracia obtiene la mitad de los votos del que lograba hace unas décadas y la izquierda alternativa no consigue llenar el hueco), sino, sobre todo, a la desorientación estratégica. Proliferan explicaciones y propuestas de todo tipo sobre los problemas que aquejan a los partidos de izquierda.

Dentro de esas explicaciones, hay un conjunto de ellas que tienen un aire de familia, a pesar de que sean bastante distintas entre sí. Procedo mediante enumeración. Para algunos, la izquierda no ha sabido combatir el neoliberalismo y se ha dejado absorber por las elites globalizadoras y financieras. Para otros, la izquierda se ha equivocado en su política de alianzas con minorías nacionales, étnicas o culturales, lo que le ha llevado a abandonar su universalismo. Están también quienes piensan que el problema radica en el abandono de la clase trabajadora: la izquierda se ha vuelto elitista, ya no entiende ni razona como lo hacen los obreros. Y se encuentran por último los que creen que el problema de fondo procede del posmodernismo y los estudios culturales estadounidenses: el relativismo (cuya semilla se sembró en Mayo del 68) ha hundido a la izquierda.

En todos estos diagnósticos hay, de forma más o menos explícita, una apelación a una pureza que en algún momento se perdió. Cabe, de hecho, encontrar un denominador común en todos los señalamientos: se trata de la tesis de que, para ganar, la izquierda ha de ser internacionalista, racionalista y obrerista (los ingredientes se pueden mezclar en dosis muy variables) y, por supuesto, materialista, es decir, debe olvidar las disputas ideológicas e identitarias, que casi se han convertido en teológicas, y hablar de salarios, explotación y reparto de la riqueza. Si la izquierda recupera esas raíces profundas que llegan hasta la Ilustración, podrá reconectarse con la sociedad. Es decir, con la clase trabajadora, que hoy vacila y se deja tentar por los neofascismos, las fuerzas xenófobas y los partidos conservadores.

La tesis viene a decir que es preciso retroceder en el tiempo, hacer tabula rasa de los cambios que se produjeron a finales de la década de 1970 y resucitar la defensa de los intereses de los trabajadores, hablando un lenguaje que conecte con las preocupaciones de la gente. En la práctica, esta tesis puede derivar incluso hacia posiciones que sus críticos llaman «rojipardas»: en la asunción de la cultura obrera, pueden llegar a entenderse o disculparse los brotes xenófobos (el llamado «chovinismo del bienestar») o la intolerancia con el diferente. Por supuesto, quienes se dan por aludidos con la etiqueta de «rojipardos» acusan a sus rivales de elitistas, neoliberales y posmodernos, de vivir en una burbuja y de pontificar desde una superioridad moral.

No voy a entrar a dar razones a favor o en contra de estas posiciones. Más bien, me gustaría mostrar, sin recurrir a presupuestos ideológicos de ningún tipo, que estas polémicas no atienden suficientemente a la realidad social, moviéndose en un plano demasiado ideológico. Para desatascar el juego de oposiciones al que me he referido, conviene repasar lo que sabemos sobre los cambios sociales que se han producido en estas últimas décadas. Desde una mirada más sociológica es posible descubrir las limitaciones de estas guerras culturales en el interior de la izquierda.

Llama la atención que en los conflictos ideológicos a los que me he referido se preste tan poca atención a los cambios culturales y axiológicos que se han producido en los países avanzados desde finales de los años sesenta del siglo pasado. El pionero en el estudio del cambio cultural, Ronald Inglehart, recientemente fallecido, mostró ya en su primer libro, The Silent Revolution (1977), que había una creciente división generacional entre quienes sufrieron las duras condiciones de la posguerra y la nueva generación que ya tuvo ocasión de disfrutar del bienestar que trajeron los «treinta gloriosos». Mientras la generación mayor estaba preocupada por asuntos materiales (un salario digno, una vivienda, bienes de consumo básicos), la generación siguiente, teniendo ya satisfechas esas necesidades básicas, comenzó a preocuparse por otros asuntos (el rechazo a la guerra, la crítica a la sociedad de consumo, la búsqueda de la realización personal, la liberación de la mujer, la libertad sexual, el medioambiente) que Inglehart llamó, genéricamente, «valores posmaterialistas» y, luego, «valores autoexpresivos». Las personas postmaterialistas dan gran importancia a las libertades individuales, a la elección de estilos de vida, a las identidades. En cierto modo, las grandes movilizaciones de los jóvenes a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 fueron una afirmación de valores postmaterialistas que no tuvieron una traducción política (no encontraron la playa debajo de los adoquines) pero ensancharon considerablemente los márgenes de libertad personal con respecto a las sociedades industriales.

Ese cambio generacional ha continuado desde entonces y ha producido una tensión cada vez mayor entre grupos con valores materialistas y postmaterialistas. Las consecuencias están a la vista. En la izquierda han cobrado gran importancia temas como los derechos civiles, la ecología o el feminismo que no tenían tanto protagonismo antiguamente. No todo el mundo, sin embargo, comparte esas prioridades, con lo que surgen tensiones a veces irresolubles. Una forma de entender esta transformación de la política consiste en considerar que, además de la línea de ruptura clásica en materia económica entre posiciones más intervencionistas y redistributivas y posiciones más liberales y menos estatistas, se ha impuesto una segunda línea que tiene que ver con la oposición entre cosmopolitismo y nacionalismo, entre VAL (verde-alternativo-liberal) y TAN (tradicional-autoritario-nacional), o entre ganadores y perdedores de la globalización.

Un ejemplo servirá para ilustrar la tesis general. En el referéndum del Brexit, el Partido Laborista estaba partido en dos. Por un lado, la clase trabajadora tradicional de edad más avanzada que añora los tiempos de la sociedad industrial, imbuida de un fuerte nacionalismo inglés, recelosa de la globalización y el supranacionalismo y, a la vez, muy preocupada por la inmigración a la que percibe como una amenaza no solo económica, sino también cultural, capaz de disolver los valores tradicionales de la sociedad. Por otro, profesionales, estudiantes, jóvenes formados e integrados en la economía global, ecologistas y pro-diversidad preocupados por las minorías étnicas y, por supuesto, europeístas. La dificultad principal del Partido Laborista consiste en forjar una coalición que englobe a votantes progresistas tanto materialistas (y antieuropeístas) como postmaterialistas (y europeístas). Lo han intentado con diversos líderes después del final de la época de Tony Blair (Ed Miliband, Jeremy Corbyn, Keir Starmer ahora), con perfiles bastante diferentes, pero ninguno ha funcionado como se esperaba.

Los cambios culturales han tenido consecuencias a primera vista desconcertantes. Por ejemplo, el efecto de la educación sobre las posiciones ideológicas se ha invertido con respecto a lo que sucedía en las primeras décadas de la posguerra. Así, antiguamente, un nivel educativo alto era una señal bastante inequívoca de liberalismo o conservadurismo, mientras que las personas con menor educación optaban por la izquierda. Desde hace algún tiempo ya no solo no sucede eso, sino que se ha invertido la relación y, de hecho, los votantes más educados (y en algunos casos de mayores ingresos) optan por partidos verdes o por partidos de nueva izquierda. En España, sin ir más lejos, el votante con mayor calificación educativa se encuentra en Podemos.

En los países europeos, el grupo más sólido de izquierda es el formado por los llamados «profesionales socioculturales» (gente que trabaja en el sector de la cultura, el periodismo, la educación, la sanidad o los cuidados). En cambio, la clase trabajadora, que en la época dorada apoyaba casi monolíticamente a los partidos socialdemócratas o comunistas, ahora presenta fisuras importantes. Segmentos importantes de dicha clase han abandonado sus lealtades tradicionales y votan a los partidos xenófobos de la derecha radical. Se han proporcionado diversas explicaciones sobre este comportamiento, muchas de las cuales tienen que ver precisamente con esa segunda dimensión o eje de conflicto al que antes hacía referencia entre cosmopolitismo y nacionalismo: la defensa de la identidad nacional frente al cosmopolitismo globalista explicaría la transición de una parte de la clase trabajadora a la extrema derecha.

Las mayores tensiones se detectan en los países con bipartidismo. Al haber un solo partido progresista, la heterogeneidad es enorme y la coalición entre distintos grupos parece precaria. El Partido Demócrata en Estados Unidos es una extraña amalgama que reúne a profesionales bien formados de las dos costas, minorías étnicas y una parte de la clase trabajadora tradicional. Cuánto tiempo pueda mantenerse esa coalición es una incógnita. En los países con multipartidismo resulta posible una mayor especialización en los nichos electorales. En los últimos tiempos, los partidos verdes han crecido notablemente y reúnen a la gente joven mejor formada y con valores más rotundamente posmaterialistas, frente a los partidos socialdemócratas tradicionales que conservan una mayor cultura materialista.

Con ciertas variaciones, algunas de estas tendencias son visibles en España. Antes me he referido de pasada al caso de Podemos, con una base fuertemente posmaterialista. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sigue teniendo apoyo de las clases trabajadoras menos cualificadas. En Vox, el partido de la extrema derecha, no hay un apoyo amplio de la clase trabajadora. Con todo, esta pesa algo más en el voto global del partido que en el caso del Partido Popular (derecha), lo cual debería ser motivo de preocupación. Este voto es resultado tanto del nacionalismo español que enarbola Vox frente al independentismo catalán (que incluye desde los toros hasta el chuletón) como de actitudes anti-inmigración.

La fragmentación de la izquierda es consecuencia de transformaciones sociales y culturales muy profundas. No se va a resolver mediante diagnósticos simplistas ni hay soluciones milagrosas esperando a la vuelta de la esquina. Desde luego, las apelaciones al pasado son una causa perdida. La gloriosa clase trabajadora no va a volver, aunque se rompan los vínculos con minorías étnicas y culturales. Y el conflicto cultural entre generaciones y sectores productivos no se va a evaporar por decreto. El problema no está en la diversidad, ni en los nacionalismos, ni en el posmodernismo. Hoy resulta extremadamente difícil encontrar el pegamento que mantenga unidas a las viejas clases trabajadoras, a los jóvenes calificados posmaterialistas, a los profesionales cosmopolitas y a las minorías desfavorecidas. La izquierda significa cosas muy diferentes en sus diferentes grupos de apoyo. De ahí la virulencia con la que se desarrollan las guerras culturales en el seno de la izquierda; pero también su futilidad.

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RaúlZibechi

Entrevista al periodista Raúl Zibechi, autor de Los pueblos rompen el cerco. Tiempos de Colapso II

 

Las comunidades Munduruku denunciaron el 27 de mayo, en un comunicado urgente, que mineros ilegales estaban perpetrando invasiones y ataques -contra casas y personas- en sus territorios de la Amazonía brasileña. En el contexto de la pandemia, se incrementó la toma de tierras por parte de los sin techo en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Y entre el 10 y el 21 de abril, el Movimiento Sin Tierra (MST) donó más de 100 toneladas de alimentos en las comunidades periféricas de Brasil, dentro de la jornada de luchas por la reforma agraria.

Son tres ejemplos de la mirada desde abajo y a la izquierda que propone el periodista uruguayo, Raúl Zibechi, en su último libro Los pueblos rompen el cerco. Tiempos de Colapso II. Editado por Coordinación Baladre e iniciativas Zambra en colaboración con la CGT y Ecologistas en Acción, el texto de 201 páginas es la segunda parte de Tiempos de Colapso. Los pueblos en movimiento. Zibechi, referente de la investigación militante en América Latina, es autor entre otras obras de Los arroyos cuando bajan. Los desafíos del zapatismo (1995), Brasil Potencia (2012) y Repensar el sur. Las luchas del pueblo mapuche (2020).

-Una delegación del movimiento zapatista, el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Frente de Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala (FDTAMPT) ha iniciado la “travesía por Europa”. Después de tus numerosas estancias en Chiapas, ¿qué crees que Occidente puede aprender del EZLN?

Te puedo contar lo que yo aprendí del zapatismo, que no necesariamente es lo que ellos piensan. Lo primero es que la lucha es para siempre, tiene un comienzo pero no tiene un fin. No hay objetivos como la toma del poder, ganar elecciones o llegar al socialismo. Es una concepción de la vida y del mundo en sintonía con la cultura de los pueblos de raíz maya que se autogobiernan y tal vez tenga empatía con nuestros antepasados políticos, en el sentido de no separar medios y fines, de que la lucha no es “para” sino una forma de vivir la vida.

La segunda es que no quieren gobernar a otros, sino impulsar a los pueblos, barrios y sectores sociales a que se organicen y gobiernen a sí mismos. La idea de gobernar a otros no entra dentro del universo de ideas zapatista y, bien mirada, es una forma de opresión: si te gobierno te estoy mandando, dando órdenes. Ellos trabajan con la idea de que quien manda está obedeciendo al pueblo, a lo colectivo.

La tercera es la ética como eje ordenador de la política. En el pensamiento político aún dominante la ética es un complemento, pero para ellos es lo central, hacen lo que dicen y dicen lo que hacen, no buscan beneficio personal, por eso el lema “para todos todo, nada para nosotros”.

La cuarta es un rechazo al vanguardismo, a crear organizaciones con una dirección que se construye una base social a la que orienta y le marca el rumbo, los tiempos, objetivos y hasta los modos de caminar. El vanguardismo en el que se formó mi generación, va de la mano de homogeneizar el propio campo, con la idea de la unidad como mantra sagrado, para ir imponiendo la hegemonía en la sociedad. El EZLN rechaza los conceptos de unidad, homogeneidad y hegemonía y en eso son muy claros cuando dice el sub Marcos que “todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación”.

Te diría que pese a la aparente brutalidad del lenguaje, la cultura de vanguardia es corrosiva, destruye las organizaciones colectivas, aniquila las diferencias, y te aseguro que sé de qué estoy hablando porque me formé y practiqué esa cultura que, cuando se hace poder estatal, criminaliza las diferencias como sucede hoy en la Nicaragua de Daniel Ortega.

¿Y en concreto de las mujeres zapatistas?

Ellas se definen como “mujeres que luchan”, haciendo hincapié en la lucha, porque hay feministas muy valiosas pero que no luchan, como hay marxistas y anarquistas que no luchan. Ellas enfatizan ese aspecto y se definen a la vez como anti-patriarcales y anticapitalistas, no conciben la separación de ambas dimensiones.

Por otro lado, en los encuentros de Morelia han hablado de la necesidad de integrar a las diferentes generaciones, de escuchar a las mujeres mayores, de respetarlas, de aprender de ellas, algo que en la cultura urbana occidental no estamos acostumbrados a hacer. Ni escucharnos entre nosotras, ni escuchar a las personas mayores.

-¿Cuál es la relación del actual gobierno “progresista” de Andrés Manuel López Obrador con el EZLN? ¿En qué consiste lo que denominas “guerra de desgaste”?

No existe ninguna relación. Más aún, el actual gobierno federal ha intensificado los ataques a las comunidades y bases de apoyo zapatistas, como puede verse con las ofensivas para-militares en la región Moisés Gandhi y en Aldama en Los Altos. En paralelo impulsa políticas sociales que promueven el individualismo y la división de las comunidades, desató una brutal ofensiva extractiva con el Tren Maya, el Proyecto Integral Morelos y el Corredor Transístmico, potenciando en esas regiones ataques militares y paramilitares a los pueblos originarios.

Con López Obrador, como sucedió antes con Lula y los demás progresismos, el modelo extractivo y neoliberal gana en impulso y en profundidad, llega a nuevas regiones, convierte la naturaleza en mercancías a una mayor velocidad que antes. Por lo tanto, las actividades de los grupos armados se intensifican. Cuando suceden crímenes como el de Samir Flores por oponerse al Proyecto Integral Morelos, que López Obrador se comprometió en frenar en campaña electoral, se hacen los distraídos y siguen adelante. En este caso, fue tal el descaro que mantuvo un referendo que se celebró pocos días después del crimen, desoyendo el llamado de las comunidades para aplazarlo.

En síntesis te digo que el progresismo es el ataque más feroz contra los pueblos, porque los quiere debilitar y dividir.

-Más de un mes de protestas en Colombia –con medio centenar de muertos según el balance oficial- cuyo detonante es la reforma fiscal del presidente Duque; el estallido social en Chile (octubre 2019) por el aumento en la tarifa del metro de Santiago; revueltas en Bolivia contra la expresidenta golpista Jeanine Áñez; manifestaciones del marzo paraguayo de 2021; en Ecuador contra el expresidente Lenin Moreno o en Guatemala, en noviembre de 2020. ¿Hay algún hilo conductor o explicación de fondo?

El hilo conductor es el modelo político-económico que llamamos extractivismo, que es una faceta del neoliberalismo: minería a cielo abierto, monocultivos, grandes obras de infraestructura, hidrocarburos y especulación inmobiliaria urbana. Este modelo hace que la mitad de la población esté condenada a la pobreza, a no tener futuro porque desintegra, desarraiga y polariza; destruye tanto la sociabilidad anterior como la naturaleza, destruye los Estados nación que alguna vez tuvieron la capacidad de ofrecer servicios educativos y sanitarios de calidad a toda la población.

Como lo demuestra la pandemia, los que tienen acceso a salud y escuela privadas, están en una realidad, mientras los demás apenas acceden a servicios de baja calidad y desbordados. Estos días hay un conflicto en Chiapas con los estudiantes de una escuela para ser maestros, ya que los exámenes se hacen de forma virtual pero los indígenas que viven en comunidades no tienen acceso a internet y lógicamente exigen un examen presencial. La única respuesta que tuvieron es la represión y la cárcel. Debo aclarar que el gobernador de Chiapas pertenece a Morena, el partido de López Obrador, quien condenó las manifestaciones de los estudiantes.

-Por otra parte, en una de las entrevistas del libro destacas el valor de la espiritualidad/ancestralidad en las comunidades de Brasil. ¿Reconoce la importancia de estas realidades la izquierda política y los movimientos sociales?

En la izquierda electoral no conozco nada de eso. Sin embargo en los movimientos hay muchos y diversos ejemplos de formas de espiritualidad propias. Entre los sin tierra de Brasil, existen modos inspirados en la teología de la liberación y la educación popular, con muchas dinámicas que denominan “místicas” y que consisten en cantar y danzar en colectivos, pero también en compartir comida, trabajos y los más diversos espacio-tiempos.

Cada sector social tiene sus propias formas de espiritualidad. Destacan las de los pueblos originarios y negros que hacen sus rituales de armonización en lugares sagrados con fogones, donde participan médicos tradicionales o sabios.

Pero si observamos detenidamente a los jóvenes de los barrios populares, veremos que la música y los consumos colectivos juegan también un papel armonizador de lo colectivo, así como las músicas y los bailes. Creo que esto es un universal: la vida colectivo-comunitaria necesita de prácticas espirituales de armonización, de lo más variopintas por cierto.

-En el libro te aproximas a iniciativas como el Mercado Popular de Subsistencia (MPS) en Montevideo; o a las Guardias Indígenas, Cimarronas y Campesinas en Colombia. ¿Qué experiencias de autoorganización popular destacarías, entre las que has podido conocer en los últimos meses?

Ya conocía la Guardia Indígena y la Minga del Cauca, pero ahora se reforzó con la Minga Hacia Adentro y luego ya antes de la revuelta actual con la Minga Hacia Afuera. Ambas están interconectadas.

La experiencia del MPS es más reciente, pero tiene enormes perspectivas de crecer en mundos urbanos como Montevideo, donde tenemos tradiciones asociativas. Te diría que están las miles de ollas populares en las grandes ciudades, muchas de ellas autogestionadas aunque con dificultades para mantenerse a lo largo del tiempo.

Entre las experiencias que veo crecer, está la Red Trashumante de Argentina, que partió hace décadas de una educación popular en movimiento y con movimientos, a trabajar ahora en territorios en resistencia donde los sujetos y sujetas son los sectores populares más golpeados por la crisis y la marginalización. Meses atrás me integré como un militante-educador más a esa red, que está tejiendo una red más amplia de colectivos autónomos en un país donde la autonomía atraviesa enormes desafíos.

La Teia dos Povos de Brasil me parece una experiencia notable, que integra campesinos sin tierra, pueblos originarios y quilombolas, pueblos negros organizados en sus territorios o quilombos. La iniciativa parte de personas que estuvieron en el MST (Movimiento Sin Tierra) y que pensaron que es necesario tejer una red (de ahí el nombre teia) entre los pueblos oprimidos y explotados, algo que la dirección no comparte ya que se propone otros objetivos.

-¿Qué es el triage social? ¿Puedes mencionar ejemplos de su aplicación?

Aunque el nombre suena difícil, es la práctica que podemos observar en la puerta de un hospital o de una unidad de tratamiento intensivo a la hora de elegir a quién se atiende y a quién se descarta. Las razones para descartar son claramente la “utilidad” de las personas desde el punto de vista de la acumulación de capital, y ahí se deja de lado a los más vulnerables, que tienen menos posibilidades de sobrevivir, y se prioriza a quienes pueden seguir trabajando y produciendo. Es una vuelta más de tuerca a los temas de Foucault.

Debo decir que entre las muchas fortunas que me deparó la pandemia (además de algunos infortunios), está el haber ligado con grupos como la Teia dos Povos, con la Red Trashumante y otros que ya conocía pero que profundizamos los lazos, y con dos compas de México como Tamara y Eduardo, que también son adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y quienes aportan el texto del triage social.

-Por último, ¿en qué punto se halla la lucha del pueblo mapuche? ¿Cómo valoras que la Convención Constituyente de Chile reserve 17 escaños a los pueblos originarios?

La militarización decretada por el gobierno de Piñera de Wall Mapu debe entenderse como la respuesta a un avance importante de las recuperaciones de tierras de decenas de comunidades y a un salto adelante en la movilización del pueblo mapuche. Los datos dicen que en los cuatro primeros meses de 2020 hubo 17 ocupaciones de tierras, pero este año superaron las 130 tomas, lo que representa más de una por día.

Creo que ante el pueblo mapuche se presentan dos caminos. Por un lado, la constituyente que busca aplacar las luchas con el reconocimiento de la plurinacionalidad que no va a tener ninguna repercusión práctica concreta si no pasa por la restitución territorial. La simple mención de los pueblos en la Constitución, no modifica las cosas como ya sucedió en Ecuador y en Bolivia.

En paralelo, está el amplio proceso de recuperación de tierras rurales y semi-urbanas que viene cobrando un impulso importante, como lo confirma la reciente entrevista a Héctor Llaitul, de la Coordinadora Arauco Malleko, ya que ahora son muchos los colectivos y comunidades empeñadas en seguir este camino que pasa por la autonomía y el autogobierno.

Por Enric Llopis | 08/06/2021 |

Publicado enPolítica
Diputados votan la ley Bitcoin durante la sesión del martes en la Asamblea Legislativa de El Salvador. — Miguel Lemus / EFE

La Ley Bitcoin tiene como objeto la regulación del Bitcoin como moneda de curso legal, ilimitado en cualquier transacción y a cualquier título que las personas naturales o jurídicas públicas, o privadas requieran realizar.

 

La Asamblea Legislativa de El Salvador, de mayoría oficialista, aprobó el martes la Ley Bitcoin, que permitirá el curso legal de dicha criptomoneda, con lo que el país centroamericano se convierte en el primero en el mundo en reconocer este criptoactivo como una moneda legal de intercambio.

La iniciativa, que solo establece el curso legal del bitcoin y no de otras criptomonedas ni de los proyectos subyacentes, fue aprobada con los votos de 62 diputados de los 84 en el Parlamento y entrará en vigencia 90 días después de su publicación en el Diario Oficial. La medida no contó con los votos de 19 diputados, 14 parlamentarios de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena, derecha), 4 del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Arena, derecha) y uno del diputado Johnny Wright de Nuestro Tiempo, todos partidos opositores.

De acuerdo con el decreto, la ley tiene como objeto la regulación del Bitcoin como moneda de curso legal, ilimitado en cualquier transacción y a cualquier título que las personas naturales o jurídicas públicas, o privadas requieran realizar. La normativa, que fue dada a conocer por el presidente Nayib Bukele a través de Twitter, fue introducida a la sesión del Parlamento sin mayor discusión legislativa.

La ley establece que el cambio entre el bitcoin y el dólar estará establecido "libremente por el mercado" y no estará sujeta a impuestos sobre las ganancias de capital al igual que cualquier moneda de curso legal. Los usuarios de bitcoin lo utilizan principalmente como un refugio de valor a largo plazo a la espera de que su precio suba a lo largo del tiempo.

La legislación también indica que todo agente económico beberá aceptar el bitcoin como forma de pago "cuando así le sea ofrecido por quien adquiere un bien o servicio" y que el órgano Ejecutivo creará la estructura institucional necesaria para la circulación de la criptomoneda, de acuerdo a lo establecido en la ley.

"Mecanismo monetario volátil"

El diputado opositor Rodrigo Ávila señaló durante su intervención en el pleno que el bitcoin es "un mecanismo monetario volátil y su uso genera una situación grave si no se toman las medidas pertinentes". También señaló que en "varios" países se ha prohíbido el uso de criptomonedas, en especial el bitcoin, y en "otros" se ha alertado sobre el uso específico del bitcoin. Agregó que el bitcoin "se permite en varios países pero no ha sido oficializado como moneda de curso legal, lo que sí se está haciendo aquí sin un mayor análisis, ni la discusión debida".

Sin embargo, el presidente Bukele señaló en su Twitter que "la #LeyBitcoin es ambiciosa, pero sencilla, además está bien estructurada para que tenga riesgo 0 (cero) para quienes no quieran asumir riesgos". Apuntó que "el Gobierno garantizará la convertibilidad al valor exacto en dólares al momento de cada transacción".

"A su vez, traerá inclusión financiera, inversión, turismo, innovación y desarrollo económico para nuestro país (...) que nadie nos diga que somos muy pequeños para ser grandes", agregó.

El órgano Ejecutivo deberá crear el reglamento que rija la aplicación de la ley, por lo que se espera que en está queden aclarados algunos elementos que no explica la legislación, como la "convertibilidad automática e instantánea" de bitcoin a dólar. El Salvador se convierte así en el primer país del mundo en reconocer el bitcoin como una moneda legal de intercambio.

09/06/2021 09:38 Actualizado: 09/06/2021 09:58

EFE

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En imagen del pasado 4 de junio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en el Centro de convenciones de Rehoboth Beach, Delaware. Foto Ap

El presidente Joe Biden tendrá tres cumbres cruciales del 11 al 16 de junio: 1) con el G-7 en Cornwall (Inglaterra); 2) con la OTAN en Bruselas, y 3) con el zar Vlady Putin en Ginebra. Biden intenta restaurar las alianzas transatlánticas que han sufrido un fuerte golpe a la confianza mutua debido al ciberespionaje de la Agencia de Seguridad Nacional a los mandatarios de Alemania y Francia con la complicidad de Dinamarca.

El G-7 intenta recuperar su relevancia financierista y acaba de realizar un acuerdo histórico para gravar las transacciones digitales en los paraísos fiscales del Big Tech de Silicon Valley (https://bit.ly/34Y75ZS).

Por salud mental dialéctica es importante conocer la antítesis que enuncia Yang Xiyu (YX), investigador del Instituto de Estudios Internacionales de China, en el rotativo oficioso Global Times: "Adiós a los días del G-7 en la etapa de la desamericanización" (https://bit.ly/3x8ttvK).

YX juzga que ni siquiera vale la pena ver la "influencia y poder" del G-7: "una criatura de la edad pasada", debido a que "el centro de gravedad político y económico del mundo ha girado al Este".

A juicio de YX, el ascenso de las economías asiáticas y mecanismos como el G-20 –producto de la grave crisis financierista de 2008– "han reducido la influencia del G-7", que antecedió a la crisis petrolera de 1973.

Si la misión del G-7 fue "fortalecer la gobernación financiera internacional, pues habrá sido un fracaso absoluto", ya que su peor error fue haber excluido a los "países en vías de desarrollo o a otras plataformas para la gobernación multilateral" cuando la “política global y las estructuras de seguridad (sic) y el orden financiero y económico internacional se han vuelto cada vez más insostenibles”, mientras "un nuevo orden mundial está lejos de ser configurado".

La participación nada desdeñable este año de India, Corea del Sur y Australia tiene como objetivo "incrementar el peso de Estados Unidos en las áreas financiera y económica del mundo" y “expandir los valores (sic) estadunidenses” para “conformar un bloque "democrático" global” (sic). El problema subyace en que "la influencia de Estados Unidos ha declinado en las áreas financiera y económica del mundo".

YX juzga que "EU y los países europeos tienen sustanciales diferentes puntos de vista hacia China" cuando “los europeos no apoyan convertir al G-7 en un bloque "democrático" contra China.

¿Contempla la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña expandir el G-7 a un G-10 con la incorporación de India, Corea del Sur y Australia, tres miembros del QUAD, el grupo cuatripartita que encabeza EU en la región Indo-Pacífico? El tal "bloque democrático global", que subsume el proyectado G-10, va dirigido contra China.

¿Dejó Biden a Rusia fuera para no entorpecer su próxima cumbre en búsqueda de un etéreo G-2 geoestratégico contra China?

Para YX, el G-20 –donde participan China y países en vías de desarrollo– "juega un papel más importante en la economía internacional". Al haber sido superado en el ámbito de la competitividad geoeconómica, EU ahora eleva su puja mediante sus cartas geopolíticas: "pasa de configuraciones de coalición a abiertas tácticas de supresión".

YX vaticina que se trata de una “viciosa (sic) competencia” cuando el "resultado final será una sistemática desamericanización en el mundo": en el largo plazo "no será China la que estará aislada en el mundo, sino que será EU el que se aislará del mundo". Concluye que "después de todo, EU es un país hegemónico que ha destruido el edificio del orden internacional".

¿Es el G-7, fundado hace 48 años, una reliquia del pasado, de lo que Biden no se da cuenta o simula no percatarse?

Yo matizaría: el G-7 ya no domina financiera ni políticamente al mundo, cuya paroxística influencia la alcanzó con la globalización financierista y el colapso de la ex-URSS cuando China todavía no aparecía en el radar. Pero, en caso de seguir todavía cohesionado, lo cual no está nada garantizado, el G-7 todavía representa más de 45 por ciento del PIB nominal global frente al 18 por ciento de China sola.

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Una pancarta con la frase "Aceptamos el bitcóin, libre, rápido y sin contagios" en una cafetería en una playa, La Libertad, El Salvador, el 25 de abril de 2021Jose Cabezas / Reuters

El presidente salvadoreño anunció este sábado que planea convertir a su país en el primer Estado en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal en su territorio.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, enumeró este domingo las ventajas de la vida en El Salvador, un día después de anunciar sus planes para convertir a su país en el primer Estado en adoptar el bitcóin como moneda de curso legal en su territorio.

Como primer punto en la lista, el mandatario mencionó "buen tiempo, playas para hacer surf de clase mundial, propiedades frente a la playa en venta". Además, destacó a través de su cuenta en Twitter que El Salvador es "uno de los pocos países en el mundo sin impuestos a la propiedad".

Otros dos puntos en la lista están relacionados con la intención de las autoridades de usar al bitcóin como moneda de curso legal. De esta manera, Bukele reiteró que no habrá "impuestos sobre la ganancia de capital para el bitcóin", ya que será una moneda legal en el país, mientras los criptoemprendedores podrán contar con "la residencia permanente inmediata".

El presidente señaló este sábado que la próxima semana enviará al Congreso un proyecto de ley para darle al bitcóin un nuevo estatus. "A corto plazo, esto generará empleos y ayudará a proporcionar la inclusión financiera de miles [de personas] fuera de la economía formal", indicó.

Publicado: 7 jun 2021 01:32 GMT

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La NASA anuncia dos misiones a Venus por primera vez "en más de 30 años" para entender cómo se convirtió en "un mundo infernal"

Una de ellas, DAVINCI+, analizará la atmósfera y la segunda, VERITAS, mapeará la superficie del planeta.

 

Dos misiones serán lanzadas a Venus entre los años 2028 y 2030, ha anunciado este miércoles la NASA.

Una de ellas, DAVINCI+, analizará la atmósfera y la segunda, VERITAS, mapeará la superficie del planeta. Se trata de los proyectos ganadores de la competición Discovery 2019, cada uno de los cuales recibirá alrededor de 500 millones de dólares de financiación.

"Tienen como objetivo comprender cómo Venus se convirtió en un mundo infernal, cuando tiene tantas otras características similares al nuestro, y puede haber sido el primer mundo habitable en el sistema solar, con un océano y un clima como la Tierra", señala el comunicado.

DAVINCI+ cuenta con una esfera que descenderá a la espesa envoltura gaseosa del planeta para analizarla y entender cómo se formó y ha evolucionado. Asimismo, determinará si hubo alguna vez un océano. Se espera que proporcione también imágenes en alta calidad de las teselas, formaciones geológicas que se asemejan a los continentes terrestres y sugieren que Venus puede tener placas tectónicas.

Es la primera misión de estudio de la atmósfera del planeta desde que fuera visitado por el aparato soviético Vega 2 en 1985 y la primera de la NASA desde 1978, cuando fue lanzada la sonda Pioneer Venus 2.

Por su parte, VERITAS operará desde la órbita. Creará una reconstrucción en 3D de la topografía de Venus. Se espera que estos datos permitan comprender por qué ha evolucionado de manera diferente a la Tierra y aclare si siguen activos los movimientos de placas tectónicas y el vulcanismo en el planeta. Asimismo, la sonda registrará en infrarrojo los tipos de rocas que conforman Venus y tratará de detectar si sus volcanes emiten a la atmósfera vapor de agua.

En 1990 fue la última vez que una misión especializada fue lanzada a Venus. Se trata del aparato Magellan, también de la NASA, que orbitó alrededor del planeta hasta el 13 de octubre de 1994.

"Estamos acelerando nuestro programa de ciencia planetaria con una intensa exploración de un mundo que la NASA no ha visitado en más de 30 años. Utilizando tecnologías de vanguardia que la NASA ha desarrollado y perfeccionado durante muchos años de misiones y programas de tecnología, estamos marcando el comienzo de una nueva década en Venus para comprender cómo un planeta similar a la Tierra puede convertirse en un invernadero", señaló el administrador asociado de ciencia de la NASA, Thomas Zurbuchen.

"Nuestras metas son profundas. No se trata solo de comprender la evolución de los planetas y la habitabilidad en nuestro propio sistema solar, sino de extenderse más allá de estos límites a los exoplanetas, un área de investigación emocionante y emergente para la NASA", indicó.

Publicado: 2 jun 2021

Sábado, 22 Mayo 2021 05:40

La machi Linconao

La machi Linconao

Hasta 2008, la vida de la machi Francisca Linconao transcurrió tranquila en su pequeña comunidad, arraigada ancestralmente en la ladera del cerro Rahue, rodeada del frondoso bosque nativo y varios manantiales. Un día, la familia Taladriz, dueños de la Sociedad Palermo Limitada, compró las tierras linderas. Poco después, la comunidad mapuche que integraba la machi Linconao vio con estupor que varias cuadrillas plantaban filas de pinos jóvenes, como si todo lo que había y era mucho no alcanzara.

La machi vio además que los pinos invadían un menoko --un humedal sagrado, en el que hacía siglos las sucesivas machis realizaban sus contactos con los espíritus de su cosmovisión--. Para hacer entrar pinos, talaban allí lo que se interponía, y cada árbol que se les interponía era sagrado y medicinal.

La machi Linconao recurrió a la Justicia. Un año más tarde, y para sorpresa de todos, la Corte de Apelaciones de Temuco le dio la razón: por primera vez y sentando precedente, la Corte Suprema de Chile ratificó el fallo, que fue el primero en aplicar disposiciones del Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas. Se prohibió talar a menos de 400 metros de los lugares sagrados señalados en la demanda.

Parecía una reconquista de territorio arrebatado, pero no lo era. Cuatro años más tarde, en 2013, hubo un incendio en las cercanías de la comunidad, en cuyo transcurso murió un matrimonio: Werner Luchsinger y Vivianne Mackay fallecieron entre las llamas. Inmediatamente la machi Linconao fue acusada de doble asesinato, se le aplicó la ley antiterrorista y se le dio curso al testimonio de un policía que dijo haber encontrado una escopeta en la casa de la machi. Pero ese policía, del que ni siquiera figuraba el nombre, nunca apareció en el estrado. Sin esa única prueba, el juicio fue dejado sin efecto. La machi fue absuelta y hasta se dispuso el pago de una indemnización. Parecía que ganaba la verdad, pero no lo hacía.

Ya con la ley antiterrorista y otros planes para esos territorios, tres años más tarde, en 2016, la machi fue nuevamente encarcelada porque se reabrió el caso. Sin más pruebas que el anterior, pero se reabrió igual. La machi fue encarcelada y después de nueve meses de prisión preventiva, inició una huelga de hambre. Recién la abandonó dos semanas después, cuando la Corte de Apelaciones de Temuco, la misma que antes la había absuelto en la misma causa, cambió la prisión efectiva por “arresto”, lo que le permitió a la machi Linconao seguir el juicio pero en prisión domiciliaria.

En agosto del año siguiente, 2017, los principales organismos de Derechos Humanos de Chile (la OMCT y la FIDH) se pronunciaron por abusos en la aplicación de la ley antiterrorista contra los diez comuneros mapuche y la machi Linconao. Otro tribunal, en un juicio oral, volvió a anular el juicio por falta de pruebas y la machi fue absuelta nuevamente.

En el curso de todos esos años, la machi se volvió conocida y una referente en la lucha mapuche frente al Estado chileno. El domingo pasado ella fue una de las grandes sorpresas que depararon las elecciones. De todos los postulantes de pueblos originarios --la constituyente les había reservado 17 lugares--, la que más votos sacó, más de 15.000, fue la machi Francisca Linconao.

En medio de la sorpresa incluso de los que esperaban que el oficialismo no obtuviera poco más del tercio que necesitaba para tener poder de veto en la redacción de la nueva Constitución, comenzaron a sumarse voces postulando a la machi Linconao para que sea ella la que presida la nueva Asamblea Constituyente.

Esa demanda se corresponde con las imágenes que vimos cuando todo era humo, disparos en los ojos, pelea callejera constante, y en la Plaza Dignidad se veía ondear la bandera mapuche: era un símbolo de lo que el Chile derrotado mucho antes de l973 recogía de persecuciones e injusticias más antiguas. Hoy la machi no sólo representa a su pueblo, sino a muchos sectores que fueron los que sacaron la cabeza del barro después de que un grupo de estudiantes secundarios saltara los molinetes del metro porque les pedían 30 centavos más que el día anterior. No son 30 centavos, son 30 años, fue lo que elaboraron todos juntos. En el caso de Linconao, son muchísimo más que 30 años. Son más de cinco siglos de arrebato y violencia. 

Por Sandra Russo

22 de mayo de 2021

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Lula confirmó que piensa ser candidato presidencial

El líder del PT se postulará para vencer a Bolsonaro 

 

"Si estoy en la mejor posición para ganar las elecciones presidenciales y gozo de buena salud, sí, no lo dudaré", resaltó el líder del Partido de los Trabajadores (PT) al ser consultado por la revista francesa "Paris Match". 

 

Luiz Inácio Lula da Silva afirmó en una entrevista brindada a Paris Match que no dudará en ser candidato para volver a la presidencia de Brasil si está "en la mejor posición para ganar las elecciones" y si goza de buena salud.

"Si estoy en la mejor posición para ganar las elecciones presidenciales y gozo de buena salud, sí, no lo dudaré", dijo el líder del Partido de los Trabajadores (PT) al ser consultado por la revista francesa "Paris Match" si se postulará en los comicios de octubre 2022 contra el actual mandatario, Jair Bolsonaro.

Lula consideró que él fue un "buen presidente" y subrayó que creó lazos fuertes con Europa, América del Sur, EEUU, China y Rusia. "Bajo mi mandato, Brasil se volvió un importante actor en el escenario mundial", destacó el principal líder del Partido de los Trabajadores. 

Lawfare

El exmandatario recuperó sus derechos políticos en marzo. Tras una decisión del Tribunal Supremo Federal se anularon las condenas por corrupción que pesaban en su contra y por medio de las cuales estuvo preso 580 días e inhabilitado para participar de los comicios de 2018. Aunque desde entonces se daba por hecho que se presentaría a las elecciones del año que viene, Lula aún no lo confirmó públicamente más allá que hoy dejó entrever por segunda vez su decisión de hacerlo.

También emitió su opinión acerca del juez Sergio Moro, quien lo condenó y ahora fue declarado culpable de parcialidad. Lula recordó: “En mi primer testimonio, le dije al juez Moro: 'Está condenado a sentenciarme porque la mentira ha ido demasiado lejos y no tiene forma de volver atrás'. De hecho, esta mentira involucró a un juez, fiscales y los principales medios de comunicación del país, todos los cuales me condenaron incluso antes de ser juzgado. Lo que no sabían es que estoy dispuesto a luchar hasta mi último aliento para demostrar que se aliaron para impedirme ir a las elecciones”.

Favorito en encuestas

Según una encuesta publicada la semana pasada por el Instituto Datafolha, Lula es favorito para derrotar en primera y segunda vuelta a Bolsonaro. El exmandatario vencería por 41% contra 23% a Bolsonaro, seguidos por 7% del exjuez Sergio Moro, 6% del laborista Ciro Gomes y 4% del animador televisivo y magnate Luciano Huck.

Para una segunda vuelta electoral, el favoritismo de Lula es de 55% contra el 32% del ultraderechista Bolsonaro, mientras que 11% votaría en blanco o nulo y el 2% restante no respondió. Lula vencería también en segunda vuelta a Moro, que fue quien lo condenó, y al gobernador paulista, Joao Doria.

Recuperación del Covid-19

Sobre su estado de salud, luego de haber contraído coronavirus, aseguró que no sintió “nada, en absoluto”. Además, detalló que se enteró “haciendo una prueba que resultó ser positiva” y que cuando se le detectó una mancha en uno de sus pulmones, le recetaron antibióticos.

“Dos semanas después, recuperado, pude regresar a Brasil, donde me sometieron a más exámenes. Incluso vacunado, sigo cuidándome. Evito las multitudes, sigo usando mascarilla y uso gel hidroalcohólico siempre que sea necesario”, añadió.

21 de mayo de 2021

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Policía Militar o Guardia Indígena: dos modos opuestos de seguridad

 En medio del impresionante levantamiento juvenil y popular en Colombia, cuando la represión arreciaba con toda su carga de letalidad y de terror por parte del Escuadrón Móvil Anti Disturbios (ESMAD) y de grupos paramilitares, los estudiantes y otros sectores movilizados decidieron llamar en su auxilio a la Guardia Indígena.

Nadie llama desconocidos cuando la situación se torna dramática. De hecho, la Guardia Indígena es muy conocida en Cali, ya que en cada movilización de los pueblos originarios cientos de guardias la acompañan asegurando la paz y el orden.

Se calcula que unos tres mil comuneros organizados del Norte del Cauca, a unos cien kilómetros de Cali, llegaron hasta la ciudad en sus chivas (transporte público abierto). En los momentos más críticos, cuando civiles armados de barrios ricos salieron a disparar contra los manifestantes, apoyados por la policía, la Guardia no perdió los nervios, se movilizó y consiguió detener por lo menos a uno de los agresores.

Es evidente que esto no se consigue sin organización, experiencia, decisión y fortaleza espiritual. Cuando los manifestantes fueron atacados a balazos en el barrio La Luna de Cali, llamaron a la Guardia que los correteó hasta sus casas, constatando que se trataba de una urbanización privada. El coordinador de la Guardia dijo a los vecinos que creía necesario que "constituyan guardias comunitarias", pacificas y no armadas, para su defensa .

 La Guardia Indígena de los pueblos originarios del Cauca, sur de Colombia, es una de las más importantes creaciones de cualquier movimiento social de América Latina. Comenzó alrededor del 2000, cuando los resguardos indígenas del Cauca (territorios reconocidos legalmente) eran escenario de una guerra que los nasa, misak, totoroes, coconucos y otros pueblos de la región, rechazaban de forma tajante.

Según el CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca) la guardia la integran "los niños, niñas, mujeres, hombres, autoridades espirituales y culturales que están en constante contacto con la defensa de la cultura, la vida, el territorio y la autonomía".

La Guardia Indígena se convirtió en imprescindible para la sobrevivencia de los pueblos, ya que el Estado colombiano no sólo no protege a la población de las áreas rurales, sino que los cuerpos armados suelen colaborar con los paramilitares y narcotraficantes cuando atacan poblaciones campesinas para despojarles la tierra.

En 2010, la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) aseguró que casi siete millones de hectáreas habían sido robadas a los campesinos, afrodescendientes y pueblos indígenas por "despojo y abandono forzado de tierras", como consecuencia de la violencia organizada.

El bastón de mando es el signo distintivo de la Guardia, que simboliza el mandato de las comunidades y el ejercicio del derecho propio, además de la pañoleta verde y roja. El bastón tallado en madera de chonta está adornado con cintas de cuatro colores: verde es la naturaleza, rojo por la sangre de los antepasados, azul por el agua y negro por la tierra.

Estos días cientos de Guardias Indígenas han llegado hasta Cali porque, como dicen los pueblos del Cauca, "somos diferentes, pero no indiferentes". La Guardia fue a Cali no sólo a manifestarse sino a apoyar a los barrios más golpeados por la represión en el marco del paro nacional, a pedido de varios estudiantes y vecinos movilizados.

"Muchos creen que si nos matan o nos disparan nos van a doblegar o nos harán retroceder. Es lo contrario, nos llenamos de coraje y eso nos da fuerza", dijo Harold Secué, consejero de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), entrevistado por Pacifista.

Cuando comenzó la pandemia, el CRIC decidió una Minga hacia Adentro, invirtiendo las tradicionales mingas que han sido movilizaciones para visibilizar una situación determinada, para "caminar la palabra", como indica la tradición del movimiento. Una minga hacia adentro coloca en primer plano la medicina tradicional, la diversificación de cultivos y la armonización de las personas en el territorio.

La Guardia Indígena efectúa el control territorial, cerrando el paso a las personas y vehículos no autorizados por los cabildos (autoridad territorial indígena). El CRIC movilizó siete mil Guardias para controlar 70 puntos de ingreso y salida de sus territorios. Aún así, los armados siguieron asesinando comuneros, que nunca responden con violencia sino con la presencia masiva y organizada.

La experiencia y el reconocimiento de la Guardia Indígena motivó que otros sectores se organizaran. Ya existen las Guardias Cimarronas de los pueblos negros y las Guardias Campesinas, pero lo más novedoso es que durante estos días de paro nacional los jóvenes urbanos comienzan a reflexionar sobre la necesidad de organizarse como Guardias en las ciudades y en los barrios.

Los pueblos originarios están marcando un rumbo: recuperar tierras que han sido expropiadas por grandes multinacionales para sembrar caña de azúcar como sucede en el Valle del Cauca. En la región del Norte del Cauca, han liberado miles de hectáreas de un latifundio que sobre explota la tierra y a los cortadores de caña y sus familias, siempre acompañados por la Guardia Indígena.

Es probable que con el paso del tiempo, esta impresionante movilización popular en Colombia sea recordada por la solidaridad que ha despertado entre los afectados por una oligarquía que lleva más de un siglo destruyendo Colombia: desde la masacre de las bananeras a principios del siglo XX hasta la guerra civil conocida como La Violencia, luego del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

En esa memoria larga, el papel jugado por la Guardia Indígena será recordado como uno de los hechos más notables, cuando miles de personas salieron en defensa de otras personas, que ni siquiera conocían, que tienen otras culturas y otros colores de piel, mostrando que todavía es posible un mundo más humano cincelado por la solidaridad.

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Colombia: Uribe ‘desencadenado’. Revolución Molecular Disipada, extrema derecha y criminalización de la protesta

En la sexta jornada del Paro Nacional, dos días después de que una madre en Ibagué implorara en grito sordo a la policía que la mataran, así como acababan de matar a su hijo Santiago Murillo (19 años), solo unas horas antes de que esa misma policía asesinara sorprendido e indefenso, no demasiado lejos de allí, a Nicolás Guerrero (27 años) en las tumultuosas protestas de Cali, el expresidente Álvaro Uribe, líder indiscutible de la derecha colombiana durante los últimos 20 años, recibió una inspiración mística.

Tres días antes, la red social Twitter había decidido retirar una de sus publicaciones, en la que sugería que policía y fuerzas armadas deberían utilizar armas de fuego contra los manifestantes, por considerarse que ‘glorificaba’ la violencia. A la luz de los datos y durante los siguientes días, la propia policía le habría de dar la razón.

El lunes a las 11 de la mañana, casi al tiempo de la renuncia del Ministro de Hacienda tras la decisión por parte del gobierno de retirar el polémico proyecto de reforma tributaria que hizo estallar la indignación en las calles de Colombia, un críptico tweet en su cuenta prendió la curiosidad de un gran número de usuarios, desviando incluso parte de la atención de la noticia política del momento y desatando un intenso debate acerca del origen de dicha intervención. Reproduciendo textualmente lo compartido por el expresidente y líder del partido político Centro Democrático, más que una propuesta de acción política, su redacción sugiere una suerte de revelación extática:

  1. Fortalecer FFAA, debilitadas al igualarlas con terroristas, La Habana y JEP. Y con narrativa para anular su accionar legítimo;
  2. Reconocer: Terrorismo más grande de lo imaginado;
  3. Acelerar lo social;
  4. Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa

Muchas y muchos se sorprendieron por el inesperado uso, por parte de un político carismático de la extrema derecha, de un concepto ‘revolucionario’ surgido en el contexto post-mayo del 68. Nada más lejos de la realidad, con su ‘Revolución Molecular Disipada’ Uribe no estaba citando al psicoanalista francés Felix Guattari y su famoso libro, del año 1977, ‘La Revolución Molecular’.

Uribe se refería con el último de los términos al concepto repostulado por el político chileno Alexis López, de inspiración ideológica nacional-socialista, fundador y presidente –hasta su disolución en 2010- del movimiento Patria Nueva Sociedad en Chile, fugazmente famoso en la escena política chilena por ser el principal organizador en el año 2000 del ‘Encuentro Ideológico Internacional de Nacionalidad y Socialismo’ -o ‘Congreso Nazi’, tal y como lo denominaron las publicaciones de la época- y acérrimo defensor del revisionismo del holocausto judío, entre otras propuestas de inspiración neofascista. Conferencista también, en reiteradas ocasiones, en la Universidad Militar Nueva Granada, institución donde se forman algunos de los principales cuadros militares de Colombia.

Con el concepto de ‘Revolución Molecular Disipada’, López describe un ataque organizado desde sectores de vanguardia de la izquierda internacional y la masonería, en el que se utilizarían a diferentes actores de la sociedad civil infiltrados por la delincuencia organizada y el terrorismo, de carácter “total y encubierto” y dirigido como un ataque a todas las instituciones responsables de mantener el orden en el país, con el objetivo de derribarlas y ser reemplazadas por una nueva institución. Para ello, el propio ideólogo chileno reconoce la impronta de Guattari en la definición original del concepto, pero lejos de lo propuesto por el filósofo francés, López asegura que la estrategia orientadora responde a la destrucción de las sociedades a través del terror social, continuo y organizado, para su sustitución por una nueva hegemonía. El concepto, por tanto, es utilizado como una alerta para los diferentes gobiernos e institucionalidades que asumen su veracidad como un riesgo para el ejercicio mismo de la democracia, por lo cual debe ser erradicada a cualquier costo, ya sea en el incremento de los niveles de impopularidad de un gobierno o a través de la supresión de vidas civiles en las calles.

En ese sentido, la propia acepción del concepto tiene una clara inspiración paternalista, por la que gran parte de los individuos que conforman el actor ‘movimiento’ o ‘revolución’ ni siquiera serían conscientes de los fines últimos por los que se están movilizando. El papel, entonces, de las instituciones, resultará en develar la conspiración izquierdista-masónica para persuadir a los agentes del cambio a desistir de ofrecer su energía en pro de la destrucción del Estado. En caso de no lograr dicha persuasión, el ejercicio de la violencia sobre los agentes de destrucción del Estado estará, por tanto, justificada desde el pragmatismo que destila su urgencia.

Cabe decir que para el antiguo movimiento fundado por Alexis López, Patria Nueva Sociedad, el Estado es considerado como un ente natural orgánico, surgido de la nación misma, en el cual la lucha de clases debía ser erradicada para ser sustituida por la cooperación entre dichas clases, en favor de una democracia gremial que favorezca el corporativismo como sistema que guíe el devenir político de las sociedades. Para contextualizar su impronta, el sistema corporativista fue uno de los caballos de batalla del fascio durante la dictadura de Benito Mussolini, siendo su adaptación para América Latina el denominado ‘integralismo’ brasileño, del populista Getulio Vargas.  

Por el contrario, la ‘revolución molecular’ propuesta por Félix Guattari y elaborada en torno a ideas dispersas, en dialogo con su compañero Gilles Deleuze a lo largo de diferentes e imprescindibles publicaciones para el avance del pensamiento político contemporáneo -tales como ‘Mil mesetas’ (1980) o ‘El Anti-Edipo' (1972)- ofrece una lectura mucho más heterogénea, heterodoxa y consciente de las características de su propio tiempo. Ante la imposibilidad de abarcar la amplitud de su definición, y a fin de centrarnos en las posibles relaciones con el concepto apropiado por la extrema derecha latinoamericana, en este texto sólo nos centraremos en su carácter más estructural.

En su definición materialista, la propuesta misma de ‘revolución molecular' surge en un momento social concreto de transformación en el que, a partir de los años 70, las luchas de clase -eminentemente sindicales- van cediendo terreno a otro tipo de actores sociales organizados, de una multiplicidad variable en sus estructuras, deudores no solo de la reivindicación de una temática propia y alternativa, sino de su surgimiento en un contexto social y temporal específico. Prueba de ello es la multiplicidad de procesos geopolíticos subsumidos en la década (desde la ampliación y ordenación del ‘Capitalismo Mundial Integrado’ a la estabilización de las luchas decoloniales en gran parte de los países de África y Asia), lo cual añadía una apertura en los paradigmas de acción social y evidenciaba la enormidad de reivindicaciones que se escondían tras la clásica -y caduca, en su definición más vulgar- lucha de clases. Estas nuevas conciencias surgen de las nuevas ‘segmentariedades’ de un capitalismo desterritorializado, ubicuo, descabezado pero homogeneizador, que amplía sus estructuras sobre nuevos nichos de acumulación e integran espacios hasta entonces ajenos a su impronta, tales como el ocio o el deseo.

Precisamente por ello, ambos teóricos comienzan a discernir sobre formas de acción distintas, heterodoxas, más allá de la lucha de clases tradicional y basadas en una multiplicidad de quiebres que rompe (o cuanto menos cuestiona) la dialéctica epistémica hasta ese momento aplicada, e intenta comprender las formas de resistencia y acción frente a las posibilidades y cercamientos de este nuevo tipo de capitalismo. Es en este punto que Guattari, aun consciente de la imposibilidad de predecir las nuevas formas de revolución y lucha, considera que estas, al menos, compartirán una serie de características entre las que se incluyen:

  • No centrarse únicamente en objetivos cuantitativos, sino que pondrán en tela de juicio las finalidades del trabajo, y por consiguiente, las del ocio y la cultura, entre muchas otras representaciones.
  • No centrarse únicamente en las clases obreras-industriales-cualificadas-blancas-masculinas-adultas, dado que la producción ya no puede identificarse con la industria pesada.
  • No centrarse únicamente en un partido de vanguardia concebido como sujeto pensante de las luchas y con arreglo al cual será determinado el conjunto de los «movimientos de masas».
  • Ser policéntricas, tanto así que los sujetos que participen no estarán necesariamente coordinados y entre ellas podrán surgir contradicciones, incluso antagonismos irreductibles.
  • No centrarse en un ámbito nacional.
  • No centrarse en un corpus teórico único.
  • Rechazar la compartimentación entre valores de cambio, valores de uso y valores de deseo.

Estas ‘nuevas’ formas de acción que configurarían la ‘revolución molecular’ surgen como una propuesta asumible por las luchas pensadas para América Latina desde la década de los 70 y en adelante, en la conquista por la democracia en muchos casos y en contextos en los que es necesario ‘inventar’ nuevas formas de organización entre las luchas de clases occidentales y las luchas de emancipación inherentes a las repúblicas poscoloniales en sociedades híbridas y con múltiples tensiones.

En la comprensión de su posible éxito en el contexto de los estados latinoamericanos es donde empiezan y terminan las similitudes entre ambas acepciones. Si para Guattari la revolución es potencia, para López es tragedia. Si para Guattari es distribuida, para López es jerárquica. Si para Guattari es deseo, para López es terror. Si para Guattari es esperanza, para López es traición.

Y Uribe, gran conocedor del poder del marketing en la justificación de los intereses propios aun en contra de los de todo un pueblo, del valor de la emocionalidad en la construcción de mecanismos de poder y legitimación, gran populista, asume providencial la deformación del concepto. De esta forma, alimenta su serie de grandes éxitos que inician con el ‘castrochavismo’ y continúan con otras deformidades tales como aquella de la ‘ideología de género’ o la alargada sombra del Foro de São Paulo, algunos de los argumentos más difundidos para la negativa de apoyo al proceso de paz en el referéndum de 2016.

Álvaro Uribe Vélez asume en estos casos la inspiración del esperpento, y se erige en un Max Estrella de camisa blanca y pecho descubierto para el que el reflejo en espejos cóncavos de aquello que construye lo más democrático de las sociedades, el ejercicio crítico de la ciudadanía, se torne desfigurado en la mayor amenaza para la democracia: aquello que combatir. Adaptando la genial frase de Valle Inclán, podría decirse que el sentido trágico de la vida colombiana sólo puede entenderse a través de una política sistemáticamente deformada.

La estrategia no es nueva por parte de la derecha, y es realmente sencilla. La desinformación se nutre del anonimato en la generación del mensaje y del capital simbólico de la figura que lo difunde. Su único fin es el de reforzar sesgos, crear narrativas paralelas y afianzar el pánico colectivo a través de una manipulación consciente de la información presentada. Información falsa presentada como veraz con una clara orientación de interés político. Si a ello unimos un entorno favorecido por el avance de la posverdad, cuyo principal requisito es el de contar con una sociedad en crisis económica y de representación, polarizada en lo social, tenemos una oportunidad perfecta para que figuras políticas carismáticas logren romper el cerco del anonimato de propuestas más o menos marginales y vanas y ubicarlas, a través de la apelación a las emociones (la utilización sistemática de la amenaza del terrorismo), en el centro del debate político.

Paradójicamente, y contrario a lo que proponen López o Uribe, el mayor problema para la democracia surge cuando el político de inspiración populista utiliza herramientas propicias de la posverdad para instigar a la utilización de formas de violencia y represión interna por frente a otras formas de persuasión sobre la propia ciudadanía, una de las principales y más claras fronteras teóricas que marcan la diferencia entre el populismo y el fascismo.

La criminalización de la ciudadanía y del derecho a la protesta marcan el golpe de gracia a un supuesto Estado de Derecho terriblemente azotado por la enorme desigualdad penitente, los indecentes niveles de concentración de su riqueza, el asesinato sistemático de sus líderes sociales y la terrible pesadilla de los falsos positivos, entre otros crímenes. Es importante recordar que en Colombia es solo hasta la Constitución de 1991 que la reunión y manifestación pública y pacífica se reconocen como derecho fundamental. Antes, diferentes gobiernos, por medio de decretos y estatutos, habían restringido e incluso anulado el derecho a la 'reunión pacífica’ consagrada en la Constitución de 1886, equiparándolo a un delito de alteración del orden público.

Paradójicamente, durante los gobiernos del propio Uribe (2002-2010), y amparado por la doctrina política de la seguridad nacional que orientó sus mandatos, fue usual la judicialización de los activistas sociales en torno a delitos asociados al conflicto armado. En ese sentido, el carácter abierto, ambiguo e indeterminado de los delitos asociados al terrorismo implican un enorme riesgo frente a la criminalización de la protesta en Colombia, especialmente en la indeterminación de los tipos penales y el uso abusivo del derecho penal. La protesta judicializada por un sistema judicial politizado, marcado por la desconfianza de los actores institucionales sobre el ejercicio de su garantía y la subsunción de imaginarios que equiparan protesta con terrorismo, manifestación pública con delincuencia, insertos en la tradición histórica de la derecha política más reaccionaria, ejerciendo la sospecha de las verdaderas intenciones de aquella parte de la ciudadanía que desea ejercer su derecho a movilizarse. Algo que aúna, de nuevo, el devenir de Colombia y Chile, especialmente en la redacción en ambos casos de su carta magna y el reconocimiento de la garantía al derecho de reunión pacífica. En Colombia, justificada en la mentada sospecha de la infiltración terrorista. En Chile, la desconfianza de la herencia pinochetista hacia las leales intenciones de los manifestantes, traducida en los últimos tiempos en ejemplos tan claros como la criminalización del pueblo mapuche o de la revuelta estudiantil.

Y es que, llegados a este punto, ya no solo se trata de la ‘revolución molecular’ de Guattari, o de la inspiración neonazi de algunos tweets de Uribe, sino de la sistemática subsunción movilizada por los imaginarios autorreferencialmente sustentados de la extrema derecha. Estos imaginarios reducen, de forma utilitaria, cualquier manifestación que los cuestione a las lógicas de justificación de su propio sistema de valores, en mora de conseguir una comprensión y actuar de las propias instituciones del estado que quiebren sus límites y respondan a sus propios intereses.

Para el caso de la subsunción de la movilización social actual (o cualquiera en los últimos tiempos), el imaginario deforme es el del ‘terrorismo’ y la ‘Revolución Molecular Disipada’ es la tergiversación utilitaria para subsumir a las lógicas de la guerra cualquier cuestionamiento de la ‘seguridad democrática’ de las instituciones. Mientras que para Guattari la ‘revolución molecular’ implica la participación de “un pueblo múltiple, un pueblo de mutantes, un pueblo de potencialidades que aparece y desaparece”, y que es capaz de materializarse en “encuentros”, “instituciones”, “afectos” y “reflexiones”, en el imaginario deforme del ‘terrorismo’, las expresiones de múltiples actores, diversos y con intereses disímiles, es inmediatamente subsumido a una concepción vetusta de la masa informe y descontrolada, incapaz de comprender la responsabilidad de sus actos pero capaz de llevarlos a cabo en fin último, peligrosa en tanto desestabiliza los cimientos del esquema axiológico que justifica el orden existente, independientemente que sea fallido.

La revolución molecular tiene en la heterogeneidad de la movilización su razón de ser, lo cual implica la necesidad de desmantelar las lógicas de relacionamiento basadas en la exclusión, la asimilación o la dominación de lo diferente. En cambio, en la lógica de la mismidad u homogeneización del imaginario del ‘terrorismo’, para la ‘Revolución Molecular Disipada’, ante la imposibilidad de dominar lo diferente, su eliminación es el único camino.

Solo queda por asistir a la inminente batalla por el relato.

Juan Ramos Martín

Director del Doctorado en Comunicación, Lenguajes e Información. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

María Reneé Barrientos Garrido

Investigadora del Instituto de Iberoamérica. Universidad de Salamanca (España).

Juan Pablo Bermúdez González

Profesor-investigador del Departamento de Lenguas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Nathalia Lamprea Abril

Directora de la Licenciatura en Lenguas Modernas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Fuente:

www.sinpermiso.info, 8 de mayo 2021

Publicado enColombia
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