La pandemia y el orden mundial: China se expande por el tablero de EEUU, el arquitecto en retirada

Lo que ha ocurrido con el conflicto en la OMS entre China y EEUU es el ejemplo del modelo de liderazgo internacional elegido por las dos superpotencias

 

El mismo día que Donald Trump enviaba una carta al director general de la Organización Mundial de la Sauld (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, criticando duramente su gestión y amenazando con retirar su financiación y salirse del organismo de la ONU, el presidente chino fue uno de los pocos jefes de Estado que participó en la apertura de la asamblea anual de la organización. En su intervención, Xi Jinping agradeció y alabó la gestión de la OMS y subrayó la importancia del multilateralismo.

El modelo de liderazgo elegido por las dos superpotencias durante la pandemia es un reflejo de lo que viene ocurriendo en el sistema internacional en los últimos años. Mientras EEUU se retira paulatinamente del tablero –especialmente desde la llegada de Trump a la Casa Blanca–, China gana poder jugando principalmente dentro del marco de normas diseñado en gran parte por EEUU como gran arquitecto del orden mundial tras la Segunda Guerra Mundial.

"Bajo el liderazgo del doctor Tedros, la OMS ha contribuido de manera importante a dirigir y promover la respuesta mundial a la COVID-19", señalaba Xi en su discurso. "Su buena labor es aplaudida por la comunidad internacional. Apoyar a la OMS es apoyar la cooperación internacional y la batalla por salvar vidas. China pide a la comunidad internacional que aumente el apoyo político y financiero".

En el otro extremo, la carta de Trump: "Está claro que los tropiezos repetidos que han cometido usted y su organización han sido extremadamente caros para el mundo". "No puedo permitir que el dinero del contribuyente estadounidense siga financiando una organización que claramente no sirve a los intereses de EEUU", concluye la misiva tras el ultimátum. Poco después, ya relajado ante los medios, acusó a la OMS de ser una "marioneta" de China.

"La gran paradoja es que China ha tenido éxito porque ha jugado respetando las leyes de EEUU", sostiene Kishore Mahbubani, autor del libro Has China won? The Chinese challenge to American primacy. "Un ejemplo concreto: el hombre que salvó a China fue Den Xiaoping en 1979. Se adaptó al sistema de libre mercado y este sistema es un regalo de EEUU al mundo. China fue un paso más allá y se unió a la OMC aceptando las estrictas condiciones impuestas por EEUU", añade Mahbubani, que llegó a ejercer como presidente del Consejo de Seguridad de la ONU durante su larga carrera como diplomático de Singapur.

Fue el presidente estadounidense Richard Nixon el que metió a China en el sistema tras un gran esfuerzo entre 1967 y 1972. "Simplemente no nos podemos permitir dejar a China para siempre fuera de la familia de las naciones", afirmó. Varios viajes secretos, comunicaciones indirectas a través de mediadores y una exhibición de ping pong después, la ONU reconoce la República Popular de China en octubre de 1971 y en febrero de 1972 Nixon visita el país dando comienzo a las relaciones bilaterales. Aunque China era miembro fundador de la ONU, hasta entonces el organismo reconocía al Gobierno de Chiang Kai-shek, replegado en la isla de Taiwán desde la victoria de Mao Zedong en 1949.

 

Papel de China en la ONU

 

La China de Mao pasó de ser un paria internacional a consolidar y reforzar el sistema hasta convertirse en superpotencia. Según recordaba Fareed Zakaria, autor de ‘The post-american World’, en la revista Foreign Affairs, Pekín no ha ido a la guerra desde 1979; no ha utilizado fuerza militar letal en el extranjero desde 1988; y no ha financiado o apoyado a insurgentes armados desde principios de los 80.

En el año 2000, la contribución de China al presupuesto general de la ONU era de 12 millones de dólares, equivalente al 1% del total. 20 años después, su aportación es de 367,9 millones (12%), lo que le convierte en el segundo mayor contribuyente. Estados Unidos sigue siendo el principal, aportando un 22%. El porcentaje de Alemania es del 6,1% y el de Reino Unido, 4,6%.

Su papel activo en el sistema internacional también se puede observar en el número de vetos registrados en resoluciones del Consejo de Seguridad. Entre 1971 y 2019 se han vetado 122 resoluciones. De los cinco países con capacidad de veto, China y Francia son los países que menos resoluciones han bloqueado: 14 (11,5% del total). Estados Unidos lidera la lista con 80 (65,5%), seguido de Rusia, con 38 (38,1%) –como hay resoluciones que han sido vetadas por más de un Estado, la suma de los porcentajes es superior al 100%–.

China también es el miembro del Consejo de Seguridad que más soldados aporta a las misiones de paz de la ONU. En 1990 tenía cinco soldados desplegados y en diciembre de 2019, 2.545 (Francia es el segundo país del Consejo de Seguridad con más soldados: 730). En 2017, el Ministerio de Defensa creó una fuerza de 8.000 soldados para servir en las misiones de paz de la ONU. En cuanto a financiación de estas operaciones, Pekín es el segundo donante por detrás de EEUU, que en 2018 se negó a aportar más del 25% del presupuesto de estas misiones, lo que representa una bajada del 28,5% que había aportado ese mismo año.

"China realmente cree en el multilateralismo. Tras 100 años de humillación entre 1814 y 1914, ahora su principal deseo es volver a recuperar su grandeza. Los chinos creen que fueron humillados porque se aislaron del resto del mundo. Ahora se han abierto y les va muy bien. Es normal que China diga ‘me encantan estas reglas’", sostiene Mahbubani.

El Fondo Monetario Internacional es uno de los organismos económicos más importantes del sistema económico mundial. En esta organización, el poder de cada Estado miembro a la hora de votar va estrictamente ligado a sus contribuciones económicas. EEUU es el principal contribuyente y controla el 16,5% de los votos, lo que en la práctica le otorga capacidad de veto. China, a pesar de tener el segundo mayor PIB del mundo, ocupa la tercera posición y tiene un 6,08% de voto. Pekín lleva años intentando aumentar sus contribuciones y, en consecuencia, su poder de decisión, pero no se le ha permitido. El gigante asiático también ha fundado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que rivaliza directamente con el Banco Mundial y que ha sido criticado por EEUU.

 

America First: "Un tiro en el pie"

 

Mientras China intenta aumentar su papel en el mundo, EEUU se retira de todas aquellas instituciones que dice no sirven a sus intereses o que no cumplen con las órdenes de Trump. Entre ellas: la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, diversos tratados de no proliferación de armas y la retirada de la financiación a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos. La OMS está ahora en el punto de mira de Trump. EEUU también se retirará en 2020 del Acuerdo de París por el clima, convirtiéndose en el único país del mundo fuera del mismo.

"No diría que China se ha aprovechado del 'America First' [América Primero], sino que el Gobierno se ha pegado un tiro en el pie. La ventaja natural de poder blando que ha tenido EEUU durante tantos años, ahora la ha perdido bajo el Gobierno de Trump", afirma Mahbubani.

En 2018, Henry Kissinger, exsecretario de Estado y exconsejero de Seguridad Nacional de Nixon, le dijo a Mahbubani durante una comida en su club de Nueva York que el gran error de EEUU había sido lanzar un conflicto geostratégico con China sin una estrategia completa a largo plazo.

"China no tiene ningún deseo de pisarle los zapatos a EEUU. No cree que su sistema sea mejor que el resto, simplemente que es bueno para ellos igual que el de EEUU es bueno para EEUU. Washington tiene la visión contraria: cree que su sistema es el mejor y quiere que todos le copien", sostiene el escritor. "EEUU se ha enterrado a sí mismo. se ha centrado en frenar a China. Va a fallar, pero está decidido a intentarlo". Esta explicación sobre el sistema hace referencia a su papel en el escenario internacional y no a la situación interna de ambos países, como puede ser la violación de derechos humanos en el país asiático.

"Yo esperaba que el coronavirus demostrarse que mi tesis era errónea. Si la COVID-19 es el enemigo común de ambos, EEUU y China deberían unirse para luchar contra ella, pero ha pasado lo contrario. Se puede ver lo profundo que es este conflicto. A pesar de que está en el interés racional y nacional de EEUU parar la confrontación, esta continúa", concluye

Javier Biosca Azcoiti

24/05/2020 - 21:45h

Mahbubani.

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El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo. Foto: Reuters

EEUU, que está tratando de poner a todo el mundo en contra de China, corre el riesgo de perder a Europa, advierte el diario Foreign Policy. El autor señala que el mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático".

Los medios estadounidenses no paran de declarar que la pandemia del coronavirus "abrió los ojos del mundo a la verdadera naturaleza del régimen chino". Pero las estadísticas muestran que los europeos están mucho más preocupados ahora por el comportamiento de Estados Unidos durante la crisis que por las políticas de Pekín, escribe Foreign Policy.

El diario hace referencia a un estudio realizado por la Fundación Korber que muestra que los alemanes están casi igualmente divididos en cuanto a la cuestión sobre el socio más importante: el 37% de los encuestados eligieron a Estados Unidos y el 36% a China. Los datos son sorprendentes y muestran un cambio significativo con respecto a la encuesta de septiembre de 2019, destaca el artículo. En ese momento, EEUU tenía una ventaja impresionante sobre China del 26% de los votos.

Esto no significa que los alemanes estén dispuestos a apoyar a Pekín en todo, explica el autor de la publicación, Noah Barkin. En particular, el 71% de los alemanes encuestados cree que un comportamiento más abierto por parte de las autoridades chinas podría haber limitado el impacto del coronavirus o incluso detenido la propagación de la pandemia. Sin embargo, solo el 36% de los encuestados dijo que su opinión sobre China ha empeorado en medio de la crisis, mientras que el 73% lo dijo en cuanto a EEUU. Y eso debería servir de advertencia para Washington, según el columnista.

El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo.

Los políticos de Alemania y otros países europeos ven "un cambio en las líneas geopolíticas" que afectan sus cálculos, escribe Foreign Policy.

Cuando los europeos miran a EEUU, ven un "caos", subraya el autor. "En este país, donde más de 91.000 estadounidenses murieron por la pandemia del coronavirus, los políticos son incapaces de dejar de lado sus divergencias y actuar juntos. Ven una administración que evita contactar con la ciencia y cooperar con el mundo, cuando es lo que más se necesita. Y ven a un presidente que parece dispuesto a aplicar la táctica de la tierra quemada a las relaciones entre EEUU y China si eso es lo que se necesita para rescatar sus decaídas esperanzas de ser reelegido".

Mientras tanto, Donald Trump no se percibe en Europa como la causa de la disfunción de Estados Unidos, sino más bien un síntoma o catalizador, observa el autor. Si Joe Biden llega al poder, la paralizante división partidaria continuará, al igual que la devastación económica, que las autoridades son cada vez menos capaces de afrontar.

Alemania no es el único país europeo cuya población está cambiando su opinión sobre EEUU.

Según una encuesta del British Foreign Policy Group, solo el 28% de los británicos opinan que Estados Unidos actúa responsablemente en el mundo, es una caída de 13 puntos porcentuales respecto a los datos de enero.

La empresa Ifop preguntó a los franceses qué países están mejor preparados para hacer frente a los desafíos de las próximas décadas. Solo el 3% eligió a EEUU.

Un triángulo de países sustituiría la hegemonía de EEUU tras la pandemia
Una encuesta realizada en abril por el instituto de investigación SWG mostró que el 36 por ciento de los italianos encuestados creían que su país debía centrarse en el desarrollo de vínculos estrechos con China, frente al 30 por ciento que eligió a Estados Unidos.

Esto no significa que Europa se dirija hacia una política de equidistancia entre Estados Unidos y China. Pero Europa está tratando de asegurarse.

Actualmente está negociando con Pekín un acuerdo global de inversiones y medidas conjuntas para combatir el cambio climático. Si se concreta justo cuando se están celebrando las elecciones en Estados Unidos, será otra señal de que Estados Unidos está perdiendo a Europa, cediendo su prioridad en la política exterior a China, concluye el autor.

24 mayo 2020

(Tomado de Sputnik)

 

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¿Por qué los militares brasileños se pliegan a Bolsonaro?

El nacionalismo y el desarrollo industrial fueron las señas de identidad de las Fuerzas Armadas de Brasil desde la dictadura militar hasta los Gobiernos de Luiz Inacio Lula. Pero el sueño de convertirse en potencia global relativamente independiente se fue evaporando luego de la crisis de 2008 y terminó sepultado bajo el Gobierno de Jair Bolsonaro.

 

El nacionalismo y el desarrollo industrial del país para cimentar su progreso fueron las señas de identidad de las Fuerzas Armadas de Brasil desde la dictadura militar (1964-1985) hasta los Gobiernos de Luiz Inacio Lula (2003-2010). Pero el sueño de convertirse en potencia global relativamente independiente se fue evaporando luego de la crisis de 2008 y terminó sepultado bajo el actual Gobierno de Jair Bolsonaro.

Aunque el presidente es un obstáculo para garantizar la gobernabilidad del país, no todos los problemas se reducen a su polémica figura. El viraje de Brasil hacia su subordinación a Washington y al Pentágono hay que buscarlo en la deriva pragmática de las Fuerzas Armadas y en su falta de proyección estratégica.

Mucho se ha hablado sobre un supuesto malestar entre los militares con las declaraciones y actitudes abiertamente golpistas de Bolsonaro. El 19 de abril, el presidente convocó a sus partidarios a manifestarse frente al Cuartel General del Ejército, en contra del Congreso y del Supremo Tribunal Federal, llamando a una intervención para clausurarlos.

Sin embargo, nada indica que la cúpula de las Fuerzas Armadas haya cambiado su fidelidad por el presidente, al que contribuyeron a elegir y en cuyo Gobierno hay nada menos que 2.897 uniformados, un número superior al que hubo durante toda la dictadura militar.

La crisis del coronavirus y la crisis de Bolsonaro: ¿Quién manda en Brasil?

Una prueba de que los militares son profundamente bolsonaristas es lo sucedido entre el ahora exministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, y el presidente por la posición de Bolsonaro contra la cuarentena para no perjudicar la economía. Aunque la sociedad, los medios, los médicos, gobernadores y políticos apoyaban masivamente al entonces ministro, los militares se inclinaron por el presidente.

El vicepresidente, general Hamilton Mourao, se pronunció en contra de Mandetta, afirmando que "cruzó la línea roja", que quien toma las decisiones es Bolsonaro, que "no está tutelado por los militares" y, por el contrario, "tiene extrema preocupación con la población más desasistida".

La pregunta es cómo se llegó a esta situación, en la cual las Fuerzas Armadas subordinan su prestigio y su integridad a un presidente errático, aislado y enfrentado a todas las instituciones del país, desde la Justicia hasta la Orden de Abogados.

Los problemas no comenzaron ahora. En 2018 ya se podía constatar el retroceso brasileño, de la mano de la venta de la empresa de aviación Embraer, creada por los propios militares, a la estadounidense Boeing. En marzo de 2019, tras la primera visita de Bolsonaro a la Casa Blanca, Brasil recibió el estatus de "aliado privilegiado" fuera de la OTAN.

Este año, Trump y Bolsonaro firmaron el acuerdo RDT&E —la sigla en inglés de investigación, desarrollo, tests y evaluación— que ayudará a abrir la industria brasileña al mayor mercado de defensa del mundo.

Entre tanto, el Parlamento dio luz verde a la utilización de EEUU de la base de cohetes espaciales de Alcántara, en el estado de Maranhao, cerca de la línea ecuatorial. En octubre de 2019 se aprobó el Acuerdo de Salvaguardas Tecnológicas, la base legal que permite el lanzamiento de cohetes y satélites con tecnología estadounidense, pese a que la oposición considera que viola la soberanía nacional.

Según José Luis Fiori y William Nozaki, investigador y director del Instituto de Estudios Estratégicos de Petróleo, Gas y Biocombustibles, respectivamente, el viraje más importante fue la definición de Francia como enemigo estratégico de Brasil en el escenario de la defensa hacia 2040.

Según Nozaki y Fiori, la elección de Francia es "coherente con el objetivo central e inmediato de las Fuerzas Armadas brasileñas, que es Venezuela y ahora también Guyana, debido al descubrimiento reciente de inmensas reservas de petróleo 'offshore'". 

Según los analistas, Francia como enemigo estratégico podría cumplir tres objetivos. En primer lugar, permitiría "la denuncia del acuerdo de cooperación militar de Brasil con Francia en torno a la construcción del primer submarino nuclear brasileño, que probablemente sea sustituido por un nuevo proyecto con EEUU".

Arreaza critica que Bolsonaro apoye a EEUU mientras Brasil afronta COVID-19

El segundo aspecto es la conversión de Brasil en un "protectorado militar de EEUU", como lo anticipa la venta de Embraer a Boeing, la liberación del uso de la base de Alcántara y la conversión del gigante sudamericano en aliado preferencial de Washington.

La tercera cuestión es la "ofensiva final" contra Venezuela, apoyada por Brasil. En este sentido debe entenderse "el nombramiento del general Mourao para el Comando Unificado de la Amazonía, del cual fueron excluidos todos los gobernadores de la región, apartándolos de informaciones y decisiones, incluso en el caso de que Brasil sea convocado para formar un cerco fronterizo" contra Venezuela. 

Aún resta responder cómo fue posible que Brasil pasara de contar con una Estrategia Nacional de Defensa, delineada en 2008 —que establece la prioridad de proteger las reservas de petróleo offshore y de la Amazonía de cualquier potencia extracontinental, de promover un complejo militar-industrial independiente y una alianza con países como Suecia y Francia para el desarrollo de naves y submarinos—, a convertirse en un protectorado militar de EEUU.

A mi modo de ver, hay tres razones básicas:

  1. Las elites brasileñas (el empresariado, las cúpulas militares y los altos cuadros administrativos del Estado) tienen mucho más temor, y rechazo, a la izquierda, a Venezuela y a los sectores populares que a cualquier otra eventualidad. Este rechazo se debe a una profunda integración con el mundo de las empresas multinacionales, de la gran banca y de los lobbies empresariales y militares afines al Pentágono.
  2. Dejaron de creer en Brasil como país llamado a jugar un papel destacado en el mundo, de la mano de los BRICS y de los demás países emergentes. No tienen, por lo tanto, un proyecto de país capaz de integrar a los 210 millones de brasileños en un impulso nacional que, tarde o temprano los llevaría a chocar con EEUU. También dejaron de interesarse en la integración regional.
  3. La sociedad brasileña está desorientada ya que durante los 13 años de Gobiernos del Partido de los Trabajadores le dijeron, una y otra vez, que "Brasil no tiene enemigos". Era la frase predilecta de Lula y mostró que en un mundo como el actual, el ascenso de cualquier país al rango, incluso de potencia regional, choca inevitablemente con los defensores de la estrategia del "patio trasero" de los EEUU.
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Una trabajadora informal descansa con su hijo en las vías del ferrocarril, cerca de Lima, después de varios días de no poder abandonar la capital peruana debido a la cuarentena para evitar la propagación del coronavirus.Foto Ap

Conforme se acercan el lanzamiento de la vacuna china (https://washex.am/2ytPSL0)–susceptible de trastocar la geoestrategia– y la competida elección presidencial de Estados Unidos (https://bit.ly/34VcDUj), la "guerra pandémica del coronavirus" entre EU y China alcanzará alturas insospechadas cuando ambas superpotencias se acusan, sin evidencias contrastables (al menos, para el público), del origen del Covid-19.

El muy tóxico ex embajador de EU en Rusia, Michael McFaul, en la fase de hostigamiento de Obama, comentó el inicio de “un enfrentamiento bastante serio con China y creo que EU no se beneficiará de ello (https://bit.ly/3bE94V7)”.

A Trump le conviene una confrontación de corte "retórico" con China debido a las transacciones mafiosas del hijo del candidato Joe Biden en China (https://nyti.ms/3eCT5Z3).

Sea lo que fuere, el antidemocrático Partido Demócrata y el supremacista Partido Republicano convergen en el electoral Chinagate.

Foreign Affairs apuesta a la caída de China (https://fam.ag/2wXSCzR), mientras la revista globalista The Economist –portavoz de los banqueros esclavistas Rothschild– pregunta si “está ganando China (https://econ.st/2VM7TMp)”, y vaticina las "consecuencias geopolíticas (sic) del Covid-19 que serán sutiles (sic), pero desafortunadas".

Comenta que el brote viral en Wuhan no fue el Chernobil de China que precipitó el colapso de la URSS. Todo lo contrario: "las medidas tomadas por el Partido Comunista Chino fueron efectivas" y ahora "sus fábricas están reabriendo".

Exhibe que la propaganda oficial de China y su "partido único" se jacta de su "triunfo" frente a los países occidentales y sus "democracias", mientras concede su "benevolencia" al abastecer al mundo con su panoplia médica.

Cita que "algunos, incluyendo observadores nerviosos (sic) de la política exterior en Occidente, han concluido que China será el vencedor de la catástrofe del Covid-19", la cual constituirá "un punto de inflexión geopolítico lejos de EU".

"China tiene una oportunidad de mejorar su influencia", mientras Trump "parece no tener interés alguno en encabezar la respuesta global al virus", mucho más después de desfondar a la OMS, de la aportación anual de EU por 400 millones de dólares.

La revista globalista, nostálgica del imperio colonial británico, se molesta de "la propaganda china estúpida (sic) y desagradable" y arremete contra los "portavoces de China" que "se regodean de la disfunción de EU o promueven salvajes teorías de la conspiración de que el virus es un arma biológica de EU".

La revista globalista, que no se muerde la lengua al perorar sobre la propaganda ajena, cita los vaticinios de la OMC de una contracción de 13 a 32 por ciento del comercio en el "corto plazo", que si persiste en el "largo plazo" significaría una "retirada de la globalización que dañará a China como a cualquier otro".

A la defensiva, la revista neoliberal globalista pone en relieve la postura de la danesa Margrethe Vestager, comisaria europea de Competencia, que "urge a los gobiernos (¡sic!) a comprar acciones en las firmas estratégicas para frenar a China de tomar ventaja de comprarlas muy baratas". The Economist está a un punto de exigir el boicot a los bienes y servicios de China: desde los ventiladores hasta las redes 5G.

La revista neoliberal globalista asevera que “China no intenta ahora reproducir las fortalezas de EU: una amplia red de alianzas y legiones (sic) de actores privados con ‘poder blando’ global, desde Google y Netflix hasta Harvard y la Fundación Gates”.

A su juicio, la clave de las "ambiciones" de China radica en su conducta en la carrera para producir la tan cantada vacuna, amén de su disposición a financiar a los países necesitados: su objetivo final es acabar con la hegemonía del dólar como reserva de divisas (https://bit.ly/2VPpJ0S).

Conjetura que la conducta de China como superpotencia carente de "magnanimidad (sic) de largo alcance" no sería un "triunfo, sino una tragedia".

Mata de risa que The Economist perore sobre "magnanimidad de largo alcance" después de tres siglos de caníbal hegemonía anglosajona.

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El Príncipe Heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman / REUTERS

A punto de expirar las dos semanas del alto el fuego unilateral en Yemen decretado por el príncipe Mohammad bin Salman (MBS), los hutíes han calificado de tregua "falsa y engañosa". Ante la manifiesta debilidad de Riad, los hutíes exigen medidas concretas, como el levantamiento del cerco y el pago de compensaciones por el daño causado durante cinco años de guerra.

El 8 de abril Arabia Saudí anunció un alto el fuego de dos semanas en la guerra de Yemen, un conflicto que dura más de cinco años y se ha cobrado más de 100.000 vidas además de causar una terrible situación para los 28 millones de habitantes, que también han soportado un desastre humanitario tras otro. Se trata de una tregua temporal que en principio podría conducir a otra más prolongada o incluso al final de la guerra.

Arabia Saudí se ha metido en un montón de problemas dentro y fuera del país en los últimos años. El príncipe Mohammed bin Salman ha conducido una política exterior desastrosa, y en cuanto a la política interior, sus maneras han encontrado resistencia en sectores de la familia real, obligando a MBS a actuar con rigor y energía contra los disidentes.

Su iniciativa de parar la guerra unos días se interpreta en numerosos medios como un intento de enmendar una de sus mayores equivocaciones. Existen dos puntos que explican esta medida: por un lado, en los próximos meses Riad acogerá la cumbre del G-20, y MBS está obligado a evitar un desastre monumental que lo dejaría completamente desnudo.

En segundo lugar, se le atribuye cierto pánico comprensible si se tiene en cuenta que a día de hoy no se puede descartar que el demócrata Joe Biden derrote a Donald Trump en las elecciones de noviembre. Si esto ocurriera, el panorama del príncipe, cuyo poder emana de Washington y Tel Aviv, sería desolador, de manera que posiblemente en los próximos meses tendrá que tragar más aceite de ricino, además de intentar poner fin al fiasco de Yemen.

Naturalmente, algunos aliados de Arabia Saudí, como Martin Griffiths, el enviado de la ONU para ese conflicto, se han apresurado a bendecir el anuncio de MBS. Griffiths ha dicho que "ha surgido una oportunidad para llevar la paz a Yemen" y, después de agradecer a MBS el anuncio, ha añadido que "es un claro signo para una solución pacífica y política del conflicto". En términos similares se expresa el secretario general António Guterres.

Sin embargo, no está nada claro que los hutíes estén por la labor de una paz impuesta cuyo alcance y profundidad se desconoce. Apoyados por Irán, los hutíes huelen cierta debilidad en la posición saudí y seguramente intentarán sacar provecho de ella en la medida de lo posible. De entrada, están pidiendo que los saudíes levanten el bloqueo aéreo y marítimo, paguen compensaciones por el daño causado durante la guerra y reconozcan como legítimo su Gobierno.

El pasado jueves, en su intervención ante el Consejo de Seguridad, Griffiths no mencionó a Irán, aunque la pasada semana Guterres habló en dos ocasiones por teléfono con el ministro de Exteriores de Teherán, Mohammad Javad Zarif, tanto sobre Yemen como sobre Afganistán. También ha trascendido que Zarif habló con el ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov, sobre Yemen.

Estas conversaciones muestran que existe un movimiento no desdeñable entre los principales agentes de la guerra de Yemen. Por supuesto, este movimiento podría traducirse en resultados concretos, pero solo si se recalibran las posiciones hegemónicas que Riad y Teherán se disputan en la región.

La falta de experiencia, un lastre para Bin Salman

Quizás por falta de experiencia, MBS se ha visto envuelto en tanto desatino. Debería ser un interés primordial de Arabia Saudí mantener con Irán las relaciones bilaterales más amistosas posibles, algo que no ha podido ser porque a la osadía del príncipe hay que añadir los empujones que ha recibido de Israel y de Estados Unidos, cuyos intereses son muy distintos y distantes.

Es difícil que la conjunción de estrellas que ahora se da dé resultados inmediatos. Más bien parece que las negociaciones se demorarán puesto que los hutíes no quieren precipitarse. Por otro lado, el acuerdo unilateral de alto el fuego no se está respetando y en los últimos días ha habido cierto número de violaciones.

Sobre el terreno los saudíes han fracasado. A pesar de contar con recursos ilimitados y con las modernas armas que han recibido principalmente de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, han sido incapaces de reducir la resistencia de los hutíes en la capital yemení. Y no solo eso, también han tenido que hacer frente a los cohetes e incursiones enemigas dentro de su propio territorio, creando una situación que se ha ido agravando con el transcurso del tiempo.

En el contexto actual da la impresión que MBS no tiene más alternativa que salir cuanto antes de Yemen. Su ejército ha sido incapaz de acabar con la presencia de los hutíes en la mayoría de las localidades de Yemen donde se encuentran, incluida la capital Sanaa. Su principal aliado, los Emiratos Árabes Unidos, con un ejército muy capaz e igualmente armado, empezó a retirarse de Yemen el año pasado, e incluso hay informes que indican que está negociando en secreto con los hutíes.

El apuro en que se encuentra MBS es grande, máxime cuando los hutíes han calificado su alto el fuego de "falso y engañoso". Si las tres condiciones básicas impuestas a Riad por los hutíes, citadas más arriba, no se cumplen, éstos están dispuestos a incrementar sus ataques dentro de Arabia Saudí, lo que a medio plazo podría desestabilizar la posición del príncipe.

jerusalén

21/04/2020 07:26

Por eugenio garcía gascón

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La Guardia Nacional de Texas establece un hospital de campaña en respuesta a la nueva crisis de coronavirus en el Centro de Convenciones Kay Bailey Hutchison, en Dallas.Foto Ap

Alexander Dugin expone la "Inevitabilidad del Orden Post-Global" (https://bit.ly/2UO5iRB), como consecuencia geoestratégica de la pandemia del Covid-19.

Alexander dugin es uno de los máximos geoestrategas rusos: proponente del “ neo-Eurasianismo”, autor de dos imprescindibles libros: Fundamentos de geopolítica: El futuro geopolítico de Rusia (1997; https://bit.ly/2ylwcJ8) y La cuarta teoría política (2009; https://bit.ly/2UvBXwc), y muy cercano al zar Vlady Putin y a los militares.

Predice dos escenarios: 1. "La globalización se derrumba de manera definitiva, rápida e irrevocable". Nada nuevo: la monárquica globalización financierista anglosajona unipolar ya estaba muerta (https://bit.ly/33V3JW4). Sólo le falta la sepultura formal y civilizada. Y 2. "Se creará un nuevo mundo post-globalista sobre los escombros del globalismo". Le faltó colocar como su corolario que es imperativo que el humanismo sustituya al caníbal y misántropo "mercado".

Afirma que los principales actores mundiales, como China y Rusia, operan ya bajo el concepto post-global multipolar: "El número de aquellos que pueden navegar más o menos libremente en el creciente caos será bastante pequeño (sic)".

Postula varios axiomas para la "realidad post-globalista": 1. “La sociedad abierta de Popper/Soros se convertirá en una sociedad cerrada. La soberanía se convertirá en el valor más alto y absoluto (sic). El poder será legítimo sólo sí: "primero, salva la vida de las personas de la pandemia", y "luego organiza una estructura política, económica e ideológica". 2. "Una sociedad cerrada debe ser autocrática (sic)" en alimentos, producción industrial, en su sistema monetario y financiero, "y su poder militar en primer lugar", donde destacan las alianzas "regionales (sic)". Y 3. "Garantizar la soberanía y la autonomía".

Vislumbra al mundo post-globalista en “varios centros grandes (sic) y varios centros secundarios (sic). Cada polo principal debe cumplir con los requisitos de la autarquía: Plena responsabilidad del Estado y sus instituciones por la vida y la salud (sic) de los ciudadanos; responsabilidad del suministro de alimentos y una agricultura desarrollada; soberanía monetaria, con "la moneda nacional vinculada al oro (¡mega-sic!) o la cobertura de productos básicos (es decir, la economía real) en lugar del sistema de reserva mundial"; desarrollo de la industria nacional; industria militar eficiente y la infraestructura científica; control del sistema de transporte y comunicación.

Advierte que EU será "una poderosa entidad autocrática que defiende sólo sus propios intereses" y afirma que Francia, Alemania y China están listas para enfilarse a la autarquía anhelada.

Alexander Dugin vislumbra una "evolución post-globalista" en Irán, Pakistán y Turquía "como nuevos polos del mundo islámico", así como India "que está reviviendo su identidad nacional".

Nada triunfalista, se detiene en el caso de Rusia, que "tiene una serie de aspectos positivos" con Putin: “fortalecimiento de su soberanía; "disponibilidad de un poder militar fuerte"; precedentes históricos de la autarquía total o relativa; tradiciones de independencia ideológica y política; fuertes identidades nacionales y religiosas; y "legitimidad del modelo de gobierno centralista y paternalista".

A juicio de Alexander Dugin, "Rusia está demasiado estrechamente conectada con la estructura globalista, lo que de muchas maneras hace que no esté preparada para enfrentar efectivamente (sic) la epidemia".

Deduzco que el orden post-globalista de Dugin será encabezado por EU, Francia, Alemania, China e India (no en orden), sumado de los nuevos polos islámicos no-árabes (Irán/Pakistán/Turquía): una nueva cosmogonía a la que se deberá incorporar Rusia.

La válida crítica de Alexander Dugin a los parásitos apparatchiks globalistas de Rusia es letal: insinúa que pueden frenar su encumbramiento post-globalista como quinta columna desestabilizadora.

Queda claro que el mundo post-globalista será nacionalista y básicamente soberanista, con tendencia a la autarquía como la estrella polar del horizonte geoestratégico. Quien más se acerque a la autarquía será el vencedor.

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China, cada vez más segura de sí misma ante un mundo en crisis

Las expulsiones de corresponsales estadounidenses evidencian cómo la confianza de China aumenta mientras el mundo se enfrenta al coronavirus

El 18 de marzo, Pekín anunció la expulsión de los corresponsales de los periódicos más importantes de Estados Unidos, concretamente The New York Times, The Wall Street Journal (WSJ) y The Washington Post. A simple vista, la decisión adoptada por el Gobierno de Xi Jinping forma parte del pulso entre China y Estados Unidos por el control de los periodistas extranjeros. Pero hay algo más.

La medida cogió a los periódicos por sorpresa. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China decretó la expulsión de los corresponsales de los medios anteriormente citados cuyas acreditaciones expirasen a finales de 2020. Pekín actuaba en represalia, tal y como explicó, por una decisión tomada a principios de año por la Administración Trump, que limitó el número de periodistas de medios estatales chinos autorizados a trabajar en Estados Unidos. Los obligó a registrarse como empleados de una administración pública extranjera.

Sin embargo, estas expulsiones van más allá del tira y afloja habitual entre las superpotencias que suele jugarse en la imposición de tarifas aduaneras o en la ejecución de maniobras militares. Es la primera vez que implica a la prensa. Por tanto, estas expulsiones suponen una declaración firme y asertiva por parte de China, que se siente fuerte y se crece de cara a una competencia geopolítica que definirá las próximas décadas.

Hace un mes, con millones de ciudadanos chinos confinados en sus casas, el partido parecía resuelto. El Gobierno chino capitulaba arrodillado ante una inmensa ola de críticas internas y externas a su gestión de la crisis provocada por el estallido del coronavirus en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes en el centro de China.

Semanas después, mientras el número de personas contagiadas no deja de crecer en Estados Unidos, Pekín se frota la manos ante el caos en el que se está sumiendo el país y los errores de la Admistración Trump para gestionar la expansión de la pandemia. Respondiendo al cambio de tornas a una velocidad sorprendente y con un descaro que pocos gobiernos podrían igualar, China dona equipamiento sanitario a países de la Unión Europea, publicitando al máximo esa generosidad espontánea.

Algunos diplomáticos chinos incluso han contribuido a extender teorías conspiranoicas en Twitter, sugiriendo que el virus fue creado por el ejército de Estados Unidos en lugar de explicar que el origen del contagio entre animales y humanos estuvo en un mercado de la ciudad de Wuhan.

Los mensajes lanzados por el Partido tienen como objetivo mejorar la deteriorada imagen que los ciudadanos chinos tienen de su propio Gobierno. Inciden en cómo la estrategia de adoptada por China no solo funcionó, sino que se está convirtiendo en el guion a seguir por los Gobiernos de todo el mundo a la hora de responder al incremento de infecciones en la mayoría de países. Según Neican, un boletín de noticias chino que se edita en Australia, "todo sucede como corresponde. Todo va bien. La gente en China es feliz y fuera de China, el caos".

El Partido no se tomó bien la cobertura que hizo la prensa extranjera del confinamiento decretado en China para combatir la infección, pero eso no explica la expulsión de corresponsales de los principales medios estadounidenses. Por lo general y durante décadas, el Partido ha tolerado a los reporteros extranjeros. Los veía como un mal necesario en el contexto de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y el fomento de la inversión extranjera.

Pero la China que Xi Jinping diseña ya no los necesita. El país es mucho más rico y poderoso que hace unos años y ya puede permitirse usar a los corresponsales como moneda de cambio entre potencias. Además, con respecto a la prensa, la hostilidad es profunda, casi personal. The New York Times investigó y publicó con detalle la riqueza acumulada por algunos miembros de la dirección del partido Comunista de China y sus familias. En 2012 destapó la fortuna de Wen Jiabao. El equipo de Bloomberg en China y Hong Kong informó sobre la fortuna de la familia Xi. The Wall Street Journal también ha publicado numerosos artículos sobre Xi, tanto sus páginas de información como en las de opinión.

Lo que ha descolocado a muchos no es el enfrentamiento de ambos Gobiernos sobre la prensa. Eso ya viene de largo. En realidad, los analistas se preguntan por el error cometido por Washington por servirle en bandeja a China la oportunidad de vengarse con por apuntar a los reporteros chinos en Estados Unidos.

El trabajo de los reporteros de medios estatales chinos en el extranjero aporta pocas novedades con respecto a lo que ya se sabe de los países en los que trabajan. Sin embargo, los reporteros extranjeros en China, sobre todo los que trabajan cabeceras importantes y bien financiadas de Estados Unidos, juegan un papel crucial traspasando el secretismo y la opacidad del régimen chino. 

Muchos de ellos han pasado años aprendiendo el idioma, estudiando y labrándose experiencia y fuentes. Todo ese capital intelectual se va de un plumazo. Y no solo de China sino de Hong Kong, pues la expulsión se extiende fuera de China continental, afectando tanto a Hong Kong como a Macao.

Nadie notará que hay menos periodistas chinos en el extranjero. Pero la ausencia de esos tres rotativos estadounidenses en China será palpable. El Partido y sus líderes llevaban tiempo deseando el final del escrutinio de la prensa extranjera. Una vez que se ha superado lo peor de la crisis del coronavirus, China se siente fuerte para tomar una decisión que tenía preparada hace tiempo, deshacerse de gran parte de los periodistas extranjeros. No es en represalia por lo que ha hecho Estados Unidos. El motivo real es que China ha tomado conciencia de su poder.

Por Richard McGregor* - Analista político en el Lowy Institute de Sidney

24/03/2020 - 22:16h

  • • Richard McGregor trabaja en el Lowy Institute de Sidney y ha escrito varios libros y artículos sobre política y diplomacia chinas.
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Miércoles, 25 Marzo 2020 06:11

A las puertas de un nuevo orden mundial

A las puertas de un nuevo orden mundial

El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población.

 

La pandemia supone la profundización de la decadencia y crisis del sistema que, en el tiempo corto, habría comenzado en 2008, y en el largo se extiende desde la revolución mundial de 1968. Entramos en un período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para la formación de un nuevo orden global.

En efecto, las principales tendencias en curso —militarización, declive hegemónico de Estados Unidos y ascenso de Asia Pacífico, fin de la globalización neoliberal, reforzamiento de los Estados y auge de las ultraderechas— son procesos de largo aliento que se aceleran en esta coyuntura.

Desde una mirada geopolítica, China ha mostrado capacidad para salir adelante, sobreponerse a las dificultades y continuar su ascenso como potencia global que en pocas décadas será hegemónica. La cohesión de la población y un Gobierno eficiente son dos aspectos centrales que explican en gran medida la resiliencia/resistencia china.

La dura experiencia vivida por su pueblo en los dos últimos siglos —desde las guerras del opio hasta la invasión japonesa— ayuda a explicar su capacidad para sobrellevar tragedias. La revolución socialista de 1949, además de la nacionalista de 1911, y la notable mejora en la calidad de vida del conjunto de la población, explican la cohesión en torno al Partido Comunista y al Estado, más allá de las opiniones que se tengan de esas instituciones.

Por el contrario, la división interna que vive la población estadounidense —evidenciada en las últimas elecciones y en la epidemia de opiáceos que ha disminuido la esperanza de vida— se conjuga con un Gobierno errático, imperial y machista, del que desconfían incluso sus más cercanos aliados.

La Unión Europea está aún peor que Estados Unidos. Desde la crisis de 2008 perdió su brújula estratégica, no supo despegarse de la política de Washington y del Pentágono y evitó tomar decisiones que incluso la benefician, como la finalización del gasoducto Nord Stream 2, paralizado por presiones de Trump. El euro no es una moneda confiable y la nunca concretada salida del Reino Unido de la Unión Europea enseña la debilidad de las instituciones comunes.

La financiarización de la economía, dependiente de la gran banca corrupta e ineficiente, ha convertido la eurozona en una “economía de riesgo”, sin rumbo ni orientación de larga duración. La impresión es que Europa está destinada a acompañar el declive estadounidense, ya que ha sido incapaz de romper el cordón umbilical amarrado desde el Plan Marshall.

Tanto Estados Unidos como la Unión Europea, ni qué decir de los países latinoamericanos, sufrirán los efectos económicos de la pandemia con mucha mayor intensidad que los asiáticos. Estos han mostrado, desde Japón y China hasta Singapur y Corea del Sur, una notable capacidad para superar esta adversidad.

Una reciente encuesta de Foreign Policy entre doce intelectuales destacados concluye que Estados Unidos perdió su capacidad de liderazgo global y el eje del poder mundial se traslada a Asia. La pandemia es la tumba de la globalización neoliberal, en tanto la del futuro será una globalización más “amable”, centrada en China y Asia Pacífico.

Hegemonía tecnológica

En las principales y decisivas tecnologías, China está a la cabeza. Se mantiene al frente en la construcción de redes 5G, en inteligencia artificial, computación cuántica y superordenadores. El economista Óscar Ugarteche, del Observatorio Económico de América Latina (Obela), sostiene que “China es la fuente de cinco ramas de la economía mundial: farmoquímica, automotriz, aeronáutica, electrónica y telecomunicaciones”. 

De modo que el cierre de las fábricas frena la producción de estas cinco ramas en el mundo. China producía ya en 2017 el 30% de la energía solar del mundo, por encima de la UE y el doble que Estados Unidos. La lista Top500 de los mayores superordenadores del mundo revela que China posee 227 de 500 (el 45%), frente a solo 118 de Estados Unidos, su mínimo histórico. Diez años atrás, en 2009, China tenía solo 21 superordenadores frente a 277 de la entonces superpotencia.

El triunfo chino en la carrera tecnológica no quiere decir que su sociedad sea la deseable desde el punto de vista de quienes deseamos una sociedad poscapitalista, democrática y no patriarcal. El control social en China es asfixiante: desde las millones de cámaras que vigilan a las personas hasta el diabólico sistema de “crédito social” que otorga y quita puntos según el comportamiento correcto de sus ciudadanos, así como la estigmatización y discriminación de las personas LGBTI.

En el resto del mundo las cosas no van mejor. El hecho de que las “democracias” europeas hayan copiado los modos chinos de abordar la epidemia de coronavirus es una muestra de que el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población. “El mundo ha aprendido del país asiático”, destaca el periódico empresarial El Economista.

El auge de los fascismos en Europa y en Américas Latina —no solo a nivel de partidos, sino ese fascismo social difuso pero contundente, focalizado contra disidentes y emigrantes porque lucen comportamientos distintos y otro color de piel— va de la mano del vaciamiento de las democracias. Estas van quedando apenas como ejercicios electorales que no garantizan el menor cambio, ni la menor influencia de la población en las políticas estatales.

La experiencia del Gobierno de Syriza en Grecia, así como del Partido de Trabajadores en Brasil, debería ser motivo de reflexión para las izquierdas del mundo sobre las dificultades para mover la aguja de la economía y la política. Aun concediendo que se llevaron adelante con las mejores intenciones, el saldo de sus gestiones no solo es pobre, sino regresivo en los aspectos macroeconómico y respecto al empoderamiento de las sociedades.

El panorama para los movimientos es más que complejo, pero no es uniforme. Los que han hecho de la manifestación y otras acciones públicas su eje central son los más afectados. Sin embargo, los de base territorial tienen una situación potencialmente mejor. A todos nos afecta, empero, la militarización.

Los pueblos originarios y negros de América Latina, con destaque del zapatismo, los nasa-misak de Colombia y los mapuche, están en mejores condiciones. Algo similar puede suceder con los proyectos autogestionados, las huertas o los espacios colectivos con posibilidades de cultivar alimentos.

En todo caso, el militarismo, el fascismo y las tecnologías de control poblacional son enemigos poderosos que, aunados, pueden hacernos un daño inmenso, al punto de revertir los desarrollos que han tejido los movimientos desde la anterior crisis.

25 mar 2020 06

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Putin felicita a China por su “Ruta Sanitaria Global de la Seda” y Foreign Affairs se preocupa por EU

El Covid-19 no trastoca el nuevo (des)orden global tripolar (https://bit.ly/2U6Fq4h); sólo lo profundiza.

Breitbart, íntimo de Trump, expone que "en una llamada a Xi Jinping, Putin alaba la respuesta de China al coronavirus" (https://bit.ly/33DxVoQ).

TASS elogia el éxito del gobierno y pueblo chinos para contrarrestar la difusión de la pandemia (https://bit.ly/3dm2xiL). El zar Vlady Putin apreció la contribución de China para "salvaguardar la salud y seguridad de los pueblos en el mundo" (https://bit.ly/33A59oM).

EU y China se culpan del origen del Covid-19 (https://bit.ly/3djyY1k), mientras la comunicación pública del zar Vlady Putin y el mandarín Xi demuestra que Rusia adopta la postura de Pekín (https://bit.ly/2WzHyDs).

China salió beneficiada, en medio de la grave pandemia, por la brutal caída del petróleo que afectó en forma severa a la industria del petróleo/gas lutita ( shale oil/gas) de EU (https://bit.ly/2QCWMDT).

El mandarín Xi ha estado muy activo en sus llamadas telefónicas y el 16 de marzo charló con el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, con el fin de "combatir la epidemia y contribuir a la construcción de la Ruta Sanitaria Global de la Seda" (https://bit.ly/2J48RO7).

China parece haber controlado la pandemia y ahora aporta su ayuda, tanto en equipo como en personal, a varios países: Italia, España, Irán, Panamá, Serbia, etcétera.

En EU, Trump rectificó su displicencia inicial y ya pasó a una contraofensiva espectacular decretando la guerra al Covid-19, a grado tal de arrojar un millón de millones de dólares desde los helicópteros, al estilo extravagante de Ben Shalom Bernanke, ex gobernador de la Reserva Federal, y ha invocado "poderes de guerra" –la Enmienda de Producción de Defensa (https://bit.ly/2WyRMDO)– con la firma de su Orden Ejecutiva del 18 de marzo sobre la "Jerarquía(sic) y la Asignación de Recursos Médicos y a la Salud" (https://bit.ly/3acFqW3).Llama la atención su énfasis jerárquico a la salud antes que a la economía.

Trump ha de encontrarse aterrado por la información privilegiada sobre el desempeño del Covid-19 cuando cabe señalar que su secretario del Tesoro, el israelí-estadunidense Steven Mnuchin, muy cercano a su yerno Jared Kushner, proviene de la correduría Goldman Sachs que acaba de publicar un reporte dantesco sobre el demoledor impacto a la economía de EU (http://dailym.ai/2Ubbc05).

Asombra que la aceptación de Trump haya incrementado a 55 por ciento, pese al desplome salubre/económico/petrolero/bursátil (https://abcn.ws/2Uxn4sq).

El portal Politico, muy cercano a Soros y al Partido Demócrata, constata que "el virus empuja la relación de EU con China a una fractura", lo cual "puede socavar el futuro de la estabilidad global" (https://politi.co/2WxIEQ3). Inclusive, no faltan los enemigos de Trump quienes aducen que usa la pandemia para avanzar su agenda contra China y reducir los impuestos con fines electoreros.

Kurt Campbell –anterior secretario asistente de Estado para el Este de Asia y los asuntos del Pacífico durante la presidencia de Obama– publica en la revista Foreign Affairs, portavoz del influyente Council on Foreign Relations (https://www.cfr.org), que "el coronavirus puede reconfigurar el orden global" cuando "China maniobra para su liderazgo internacional, mientras EU desfallece" (https://fam.ag/2QAs2mU).

Kurt Campbell alega que "conforme Washington desfallece (sic), Pekín se mueve rápida y expertamente (sic) para tomar ventaja por la grieta creada por los errores de EU, llenando el vacío para posicionarse como el líder global en la respuesta a la pandemia", por lo que "trabaja para ofrecer su propio sistema, proveer asistencia material a otros países y aún organizar a otros gobiernos".

Acepta la exhibición muy bien publicitada del material de asistencia apabullantemente fabricado en China –cubrebocas, respiradores e ingredientes farmacéuticos activos.

En contraste, EU carece del abasto y la capacidad, y ahora compite con Alemania y China para fabricar la vacuna del Covid-19.

La vacuna no va a reconfigurar el orden mundial. La llamada entre Xi y Putin sí.

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Un investigador maneja la vacuna desarrollada por EE UU en el primer día de su ensayo clínico, en Seattle (EE UU). En vídeo, la carrera por conseguir una vacuna para el coronavirus. TED S. WARREN (AP) / REUTERS

Los expertos advierten de que se necesita al menos un año para tener una solución que frene la epidemia

 

Al menos una veintena de grupos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo buscan la manera de desarrollar nuevas vacunas o antivirales que alivien la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus. Los ingentes esfuerzos dedicados a su desarrollo permiten pensar que se acortarán los tiempos habituales, pero los expertos tienen serias dudas de que una vacuna viable llegue antes de 2021. Conseguirlo para entonces ya sería un pequeño milagro. Después, también hará falta tiempo y capacidad de producción para que esa vacuna útil llegue a los millones de personas de todo el mundo que pueden necesitarla.

“Las vacunas que hay en marcha están en sus primeras fases, algunas son prometedoras, pero tienen que ser eficaces y seguras, y tener capacidad de producción suficiente para las necesidades globales, así que será un periodo largo”, ha advertido hoy Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias sanitarias. “Que existan no quiere decir que estén disponibles”, ha añadido, en rueda de prensa.

Las dos vacunas que están más avanzadas son las que están desarrollando China y Estados Unidos. El país asiático anunció ayer que ha acelerado en la carrera por ser el primer país en encontrar un remedio para la Covid-19. El Ministerio de Defensa ha confirmado por medio de un comunicado emitido en la noche del martes que su primer prototipo de vacuna contra el coronavirus ya está listo para realizar ensayos clínicos. Este proyecto ha sido desarrollado por una empresa privada, CanSino Biologics, localizada en Tianjin –ciudad portuaria cercana a la capital–, en colaboración con la Academia Militar de Ciencias Médicas. Desde ayer, los responsables del proyecto buscan voluntarios para llevar a cabo las primeras pruebas en seres humanos: los candidatos deben ser sujetos sanos, con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años y no haber padecido la dolencia en el pasado. No obstante, aun en caso de que los ensayos fueran exitosos, la vacuna no estaría lista para su comercialización hasta dentro de un mínimo de 12 meses.

El equipo de investigación está liderado por la bioingeniera y comandante Chen Wei, quien comenzó a trabajar en el proyecto cuando ella y su equipo llegaron a Wuhan, epicentro de la pandemia, a finales de enero. El resultado es una vacuna de subunidad, una fórmula de nueva generación que solo contiene ciertos antígenos específicos sin patógenos, por lo que es contemplada como más segura que las técnicas tradicionales. “La vacuna no tiene sustancias infecciosas, es muy segura y estable y requiere una sola inoculación”, explicaba el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Hubei en su reclamo en busca de voluntarios.

Este anuncio llega apenas un día después de que Estados Unidos comenzara la primera fase de los ensayos clínicos de su propia vacuna experimental. Se trata de un proyecto financiado por el Instituto Nacional de Salud y desarrollado por la biotecnológica Moderna. Este, a diferencia de la alternativa china, emplea una tecnología conocida como ARN mensajero (ARNm), la cual copia el código genético del virus en lugar de transmitir una versión atenuada del propio virus. Hasta la fecha, ninguna vacuna que emplee la fórmula ARNm ha sido aprobada para su uso en seres humanos. La vacuna consiste en dos pinchazos en el brazo, uno ahora y otro dentro de 28 días. El objetivo es observar la seguridad de diferentes dosis. Se espera que el ensayo haya terminado en unas seis semanas.

La proximidad de ambas fechas subraya el cariz competitivo que ha adoptado la búsqueda de una solución a la pandemia que ha paralizado al mundo. Así lo hacía explícito el Global Times, tabloide oficial chino, en las primeras líneas del artículo en el que informaba del avance. “Alrededor de 19 horas después de que EE UU anunciara que comenzaba las pruebas en humanos para la primera vacuna contra el coronavirus, China ha revelado sus propias pruebas (...), mostrando que las dos primeras economías van a la par en la carrera por solucionar esta crisis de salud pública”.

Esta cuestión reviste una gran importancia para el Partido Comunista Chino (PCCh), que busca aprovechar la positiva evolución de las infecciones en su territorio para cimentar su imagen de potencia global responsable y sacudirse cualquier responsabilidad en lo sucedido. El primer objetivo de esta ofensiva propagandística ha sido levantar una nueva narrativa que empieza por poner en duda el origen de la pandemia. Tanto es así que la semana pasada un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores llegó a lanzar la hipótesis de que el ejército norteamericano hubiera plantado el virus en Wuhan.

Este es uno de los motivos que explican el ímpetu por tomar la delantera en la búsqueda de un tratamiento contra la Covid-19. Hace dos semanas, el presidente chino, Xi Jinping, apremió a acelerar la producción de vacunas y medicamentos durante su inspección de la Academia Militar de Ciencias Médicas. Hasta 1.000 científicos chinos están participando en esta campaña nacional, con nueve proyectos en marcha recurriendo a cinco técnicas diferentes, como vacunas inactivadas, de vector viral o genéticas, las cuales se encuentran en diferentes fases de desarrollo. De esas nueve alternativas, el proyecto de CanSino y la Academia Militar de Ciencias Médicas es la más avanzada.

China también cuenta con un prototipo de vacuna ARNm, al estilo estadounidense, en la cual investigan un equipo conjunto del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, la Universidad Tongji de Shanghái y la empresa Stermina. Esta alternativa está siendo testada en animales y se espera que alcance la fase clínica a mediados de abril. “La capacidad de investigación y desarrollo de vacunas en China es, en términos generales, una de las más avanzadas del mundo”, afirmaba ayer en rueda de prensa Wang Junzhi, experto en control de calidad de productos biológicos e investigador en la Academia China de Ciencias Sociales. “No seremos más lentos que otros países”, sentenció.

Una cuestión de tiempo

El problema de la velocidad es fundamental. Donald Trump, reunido con los ejecutivos de las principales farmacéuticas de EE UU, pidió tener una vacuna lista para las elecciones presidenciales que se celebrarán en noviembre. Pero eso es imposible. Según apuntó Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para las Alergias y las Enfermedades Infecciosas, al menos sería necesario un año y medio para tener lista una vacuna.

En condiciones normales, el desarrollo de una nueva vacuna puede tomar una década. En el caso de los esfuerzos para frenar el coronavirus, hay parte del camino hecho por la investigación sobre virus como el MERS o el SARS, que son de la misma familia, pero hay cuestiones como las pruebas de seguridad que requieren tiempo para ver los efectos del nuevo fármaco. Algunas vacunas prometedoras se quedan por el camino porque agravan la enfermedad que tratan de prevenir.

Por otro lado, hay que tener en cuenta factores económicos del desarrollo de las vacunas. La Coalición para las Innovaciones y Preparación para Epidemias (CEPI), una organización sin ánimo de lucro con sede en Oslo (Noruega), ha incrementado en más de 90 millones de dólares sus ayudas para impulsar el desarrollo de vacunas. Uno de los receptores de financiación de la CEPI es Moderna. El segundo, un laboratorio de la Universidad de Queensland (Australia), también tiene una posible vacuna que comenzará a probarse en humanos en los próximos meses. El propio Gobierno español ha dedicado 30 millones de euros a estas tareas. En total, se estima que llevar hasta el final de los ensayos clínicos de las tres vacunas más prometedoras para la CEPI requerirá una inversión de 1.800 millones de euros.

En España

España, por su parte, también está luchando por tener su propia vacuna. El Gobierno anunció ayer una inversión de 29,65 millones de euros para investigaciones sobre el nuevo coronavirus como una de las medidas económicas de urgencia contra la Covid 19. Uno de los equipos más avanzados en el desarrollo de vacunas contra coronavirus es el de Isabel Sola y José Luis Enjuanes en el Centro Nacional de Biotecnología de Madrid (CNB-CSIC), que recibirá 4,5 millones de euros, según lo anunciado ayer. Este equipo lleva más de 25 años estudiando los coronavirus y ha desarrollado su propia técnica para crear versiones sintéticas en el laboratorio por transcripción inversa. El coronavirus es un virus de ARN, una molécula intermediaria que lee el código genético escrito en el ADN e inicia la transcripción de proteínas virales. Cuando el coronavirus entra en nuestras células estas consideran que el ARN del virus es el suyo propio y comienzan a utilizarlo para producir proteínas virales. Cada vez que una partícula viral entra en una célula y la infecta se pueden producir hasta 100.000 copias del virus que se lanzarán después a secuestrar otras células, informa Nuño Domínguez.

El equipo de Sola le ha dado la vuelta a este proceso para traducir a ADN el ARN del virus y poder así crear una réplica exacta en el laboratorio haciendo una transcripción inversa de este proceso biológico. El equipo ha usado este sistema para desarrollar vacunas contra coronavirus que infectan a humanos como el SARS de 2003 y el MERS.

El real decreto también da permiso expreso al equipo del CNB para obtener la réplica atenuada del coronavirus SARS-CoV-2, que se encontraba en el periodo de consulta pública, y también la agilización de la investigación con otros organismos modificados genéticamente en el ámbito de la lucha contra la epidemia de coronavirus.

Una vacuna alemana para 2021

La empresa CureVac, con sede en Tubinga, participa en Alemania en la carrera por dar con la vacuna del coronavirus. CureVac trabaja junto con el instituto Paul Ehrlich de vacunas y biomedicina y calcula que a principios de verano tendrán lista una vacuna experimental, que podrían empezar a probar en humanos. De salir adelante, CureVac aseguró esta semana en una conferencia telefónica con medios internaciones, incluido este diario, que una vez determinada la dosis necesaria, estarían preparados para producir 10 millones de dosis. Tras recibir el compromiso de financiación europea –80 millones de euros–, CureVac construirá una nueva planta, en la que se podrían producir hasta mil millones de dosis. “Se trata de producir grandes cantidades para llegar más allá de Alemania y de Europa”, indicó un responsable de la empresa, informa Ana Carbajosa.

Dietmar Hoop, copropietario de la empresa consideró que para el otoño podría estar lista una vacuna. Algo parecido ha estimado esta semana la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El instituto Robert Koch alemán sin embargo calcula que habrá que esperar hasta el año que viene para poder contar con la vacuna. “Yo personalmente considero realista que será en primavera de 2021”, ha estimado este miércoles Lothar Wieler, presidente del instituto, quien pidió acelerar los trámites burocráticos, pero a la vez recordó que no es posible acortar los ensayos clínicos. “Las vacunas pueden tener efectos secundarios”, indicó.

CureVac fue invitada junto a otras empresas del mundo a la Casa Blanca a principios de mes “para discutir estrategias y oportunidades para el desarrollo rápido y la producción de una vacuna contra el coronavirus”, según un comunicado publicado por CureVac. Ante la publicación de informaciones asegurando que Trump aspiraba a hacerse con la vacuna alemana en exclusividad, la empresa lo negó el martes. En Berlín sin embargo, varias fuentes oficiales confirmaron la pugna y los esfuerzos del Ejecutivo por “que las vacunas contra el nuevo virus se desarrollen también en Alemania y en Europa”, según confirmó a este diario el ministerio de Sanidad alemán.

Pekín / Madrid - 19 mar 2020 - 03:29COT

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