Jueves, 13 Agosto 2020 05:52

¿Desigualdad de géneros?

¿Desigualdad de géneros?

El mito de Medea y el patriarcado

 

En la antigüedad, griegos y romanos reservaban para esposas y mujeres de la familia el segundo piso de sus hogares para evitar que fuesen vistas.

Las Hetairas eran mujeres “para estar adelante” lo que se corresponde con la etimología de prostituta: pro, adelante; stituta, stare.

Para ser vistas y escuchadas, intercambiar con hombres, asistir a los simposia, llevar una vida pública. Pagaban impuestos y en general eran extranjeras. Tenían una vida semejante a la de las mujeres intelectuales de la segunda mitad del siglo XX y XXI.

También había esclavas.

Los griegos tenían hijos legítimos, ciudadanos, con las esposas griegas, podían tener hijos con hetairas o esclavas, pero no eran ciudadanos, estos hijos existían en un “no lugar”.

La historia de Medea se inscribe en ese marco social, ella en Grecia era una extranjera y a ese no lugar se caía sin remedio si el ciudadano griego que la protegía la abandonaba.

Jasón había perdido su derecho al trono en Grecia, el tío que se lo arrebató lo envió a la Cólquida, a orillas del Mar Negro, a buscar el vellocino de oro. Así comienza la saga de los Argonautas y nace la historia de amor de Jasón y Medea. En la Cólquida, Medea era sacerdotisa, es decir virgen, hija del rey que enamorada de Jasón usó su magia para que consiguiera al vellocino, luego huyeron a Grecia donde vivieron muchos años juntos y tuvieron dos hijos.

Pasado el tiempo, Jasón comprendió que Medea era un obstáculo en el ascenso de su carrera política y decidió casarse con Glauce, la hija del rey.

A partir de esa boda, la vida de Medea y sus hijos sería la nada misma, perdieron todo. Medea mata a sus hijos y huye. Es aprehendida pero no puede ni siquiera ser condenada porque no es una ciudadana, es una mera extranjera.

El mito dice que una mujer por despecho mató a sus hijos como venganza porque fue abandonada.

Las ideas de Walter Benjamin nos permiten otra lectura que considera la nadificación social que padecen muchas mujeres extranjeras o pobres que son entregadas al desamparo más absoluto sin que socialmente se considere la participación que tuvo el hombre, esposo, padre, empleador en el desencadenamiento de la catástrofe.

El patriarcado es una organización social que aparentemente favorece al hombre y desfavorece a la mujer.

No se trata de que los hombres hagan cosas desvalorizadas que hacen las mujeres, ni las mujeres “brillantes actividades masculinas”.

Cosas de mujeres y cosas de varones es una división que desfavorece a ambos, porque todo dualismo conduce a aporías esterilizantes.

Cuando el pater familia romano podía levantar al recién nacido del suelo y darle vida o abandonarlo en un camino condenado a muerte, ¿era justo para él tener que tomar la decisión sólo?

O cuando tenía que ir a la guerra con permiso para matar y matando convertirse en héroe o, o, tantos infinitos o…

O ser el único responsable de mantener económicamente a la familia…

La exigencia de ser brutal frente a otros varones para confirmar su masculinidad.

La madre de los hermanos Graco cuando les dice: “Vuelvan de la guerra con el escudo o sobre él”, exigiendo triunfo o cadáver.

¿Por qué los varones tienen que ser los que llevan a cabo la circuncisión ritual o en un naufragio ser el joven el que debe ofrecer su salvavidas a una anciana?

¿Por qué el féretro del padre lo llevan los hijos varones y no las hijas?

¿Por qué es necesario ser fuerte, diestro, inteligente y exitoso para ser respetado mientras la mujer sólo tiene que demostrar que no es una “mujer pública” con toda la ambigüedad del término, para no ser adjetivada como puta o yegua?

Las desventajas son desiguales pero injustas para ambos, todos necesitamos “un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres” (Rosa de Luxemburgo).

Delia Torres Aryan es directora de la Diplomatura de Diversidad Sexual y Género de APdeBA (Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires).

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H. G. Wells: socialismo y ciencia para cambiar el mundo

El 13 de agosto de 1946, falleció uno de las figuras literarias más importantes del Reino Unido. Sus obras abordaban la ciencia ficción y las desigualdades sociales, además de ser un ferviente defensor de la corriente humanista. Al menos, hasta que las guerras mundiales terminaron sepultando su optimismo.

 

Herbert George Wells se autodefinió como un socialista demócrata en 1886 y, durante toda su vida, profesó unos ideales que buscaban la igualdad total. Para ello, promulgó la eliminación de clases y la libre competición en la sociedad, siempre y cuando las personas tuviesen derecho a las mismas oportunidades, sin importar su origen. 

En sus obras literarias, destacó su pasión por los avances científicos y plasmó de manera explícita las diferencias sociales. Por ejemplo, en La Máquina del Tiempo ofrece un paradigma muy ilustrativo sobre ambas temáticas, a través de una historia en la que figuran dos razas descendientes de los seres humanos, los Eloi y los Morlocks. En la novela, basada en un futuro muy lejano, las desigualdades sociales son fehacientes: mientras los Eloi viven en verdes praderas, iluminados por la luz del sol y en armonía pura, los Morlocks habitan bajo tierra, denostados y sin vestigios de su antigua humanidad.

De manera similar, Cuando el Durmiente Despierta presenta una realidad futurista, concretamente en el año 2100. A diferencia de La Máquina del Tiempo, no existe un dispositivo para viajar en el tiempo, sino que Graham, el protagonista de la narrativa, duerme durante 200 años, y al despertar, contempla aterrorizado el deterioro de la sociedad.

En esta realidad, los proletarios son oprimidos de manera incesante, la policía utiliza continuamente la violencia contra los civiles, y las mujeres que dan a luz, tienen que entregar a sus bebés, que pasarán a ser alimentados por robots con forma de mujer. Para horror de Graham, se da cuenta que, a través de una sucesión de eventos inicialmente inexplicables, él se ha convertido, mientras dormía, en la persona más poderosa del mundo. 

Nuevamente, la pasión de H. G. Wells por el desarrollo tecnológico queda plasmado en la novela, aunque a través de Graham, muestra el peligro que entraña el uso de la ciencia para fines ególatras. A través de un método de vigilancia extremadamente preciso, se ilustra una sociedad donde se ha establecido una esclavitud sistémica. En este aspecto, el escritor británico siempre remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas.

Una sociedad en la que “riqueza es poder”, y enseñar “solamente produce descontento y problemas”, es la historia sobre la que versa Cuando el Durmiente Despierta. A pesar de no ser una de las obras más famosas, ofrece una imagen muy lúgubre acerca del excesivo control y la represión ejercida sobre los habitantes, temáticas adoptadas por George Orwell en 1984 o Czeslaw Milosz en La Mente Cautiva.

Pese a tener el dominio mundial, el protagonista de Cuando el Durmiente Despierta nunca llega a corromperse y, por el contrario, se une a las clases más denostadas para eliminar la desigualdad en el planeta

Además de ciencia y socialismo, en La Isla del Doctor Moreau y El Hombre Invisible, se detalla una clara lucha interna en el propio ser humano, entre lo éticamente correcto y la importancia del progreso. La idea se basa en que la capacidad para inventar es prácticamente ilimitada, al igual que la facilidad para caer en actos inmorales y perversos. 

En El Hombre Invisible, H. G. Wells desafía al lector, a través de una cuestión formulada de manera indirecta durante la narrativa, a que se imagine con un poder semejante, y que sea capaz de no caer en la tentación de cometer actos malignos.

Por otra parte, la duda sobre las barreras que están dispuestas a atravesar los seres humanos en sus ansias por expandirse, la responde de manera explícita en La Guerra de los Mundos. La idea del relato surgió de una conversación que tuvo con su hermano Frank, mientras hablaban de la llegada de los europeos a la isla de Tasmania, y la destrucción de los nativos. 

 “Imagina que, desde el cielo, vienen seres de otro planeta, y se ponen a vivir entre nosotros”, dijo Frank. Y años más tarde, H. G. Wells explicó que, antes que criticar a los invasores de la novela, “hemos de recordar la implacable y absoluta destrucción que los seres humanos hemos causado”, y mencionó la hostilidad de los europeos hacia los nativos de la isla de Tasmania. Con su ironía habitual, lanzó una pregunta al aire: “¿Somos tan misericordiosos, como para quejarnos si los marcianos apareciesen con el mismo espíritu conquistador?”.

Al final de “La Guerra de los Mundos”, la humanidad parece condenada a la extinción, tras la hecatombe producida por la llegada de los invasores. Sin embargo, a diferencia de los humanos, el sistema inmunológico de los extraterrestres, no estaba preparado para defenderse de las enfermedades de la Tierra. De esta forma, la pandemia aniquiló a una especie que estaba causando estragos en el planeta.

Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

 

Libertad total e igualdad sin restricciones

 

Antes de la Primera Guerra Mundial, H. G. Wells era, posiblemente, el escritor que mejor captaba la esencia de la época. Su optimismo en la capacidad soñadora de los seres humanos para inventar era una continuación de las ideas promulgadas a través de la Ilustración, y que se habían expandido a través de los movimientos modernistas.

De esta manera, muchos de sus escritos se enfocaban en la posibilidad de investigar, en las aventuras que aguardaban a aquellas personas con capacidad y determinación para descubrir. Y no solamente en el ámbito científico, también en el aspecto social, pues para él, la libertad debía extenderse a todos los ámbitos. 

De hecho, era muy crítico con los movimientos conservadores cristianos y los códigos de conducta de la época. Entre sus reivindicaciones, destacó su apoyo incuestionable a la libertad sexual, a la necesidad de una educación global, y al movimiento sufragista. De hecho, en su novela Ann Veronica, escrita en 1909, habla sobre los futuros movimientos de liberación de la mujer, en la lucha para conseguir la igualdad de género.

Para él no existía duda posible. Si la humanidad quería alcanzar un futuro próspero, el camino debía trazarse a través de la igualdad, la cooperación, y la paz mundial. Estos ideales fueron plasmados a comienzos del siglo XX en Mankind in the Making, novela en la que destaca la igualdad entre sexos, y en sus convicciones de la necesidad de crear un proyecto social, al que calificó como Nuevo Republicanismo. 

Siendo uno de los escritores más famosos de la época, también participó activamente en las campañas socialistas, y criticó a la burguesía. En 1903, se unió a la Sociedad Fabiana, formada por un grupo de intelectuales socialistas, que incluía a personajes ilustres como George Bernard Shaw, Beatrice Webb, y Sidney Webb.

No obstante, desde los inicios, se mostró decepcionado con muchas acciones tomadas por la organización, y en 1906, redactó un artículo, donde criticó abiertamente la falta de ambición de sus integrantes para hacer reformas importantes, de aspecto más radical. Uno de los principales desacuerdos, era la negativa de los miembros de la Sociedad Fabiana, a reconocer la libertad para amar y tener sexo.

 

Ciencia para el progreso social

 

A lo largo de los años, las novelas de H. G. Wells han perdurado, gracias en parte por la sencillez en sus narrativas de ciencia ficción. Adelantó muchos avances tecnológicos a través de sus novelas, y la fascinación que el escritor británico tenía sobre la ciencia, tras sus años de estudio, era evidente. A ello se unía su creencia de que el socialismo y el progreso científico eran dos aspectos que debían permanecer juntos. A través de su estudio en la biología, comprendió que la unión de los seres humanos era esencial para poder adaptarse a una realidad cambiante, y así poder mejorarla por el bien común.

Por ello, no sorprende que en Anticipaciones, publicada en 1902, el escritor británico muestre una idea de que, para prosperar, los seres humanos han de confiar en la ciencia. Años más tarde, en 1905, escribió Una Utopía Moderna, novela en la que se ilustra un mundo donde la propiedad es regulada por el estado, en la que la igualdad entre hombres y mujeres es patente.

Aunque su obra parece una analogía del comunismo, al igual que la obra Utopía, publicada en 1516 por Thomas More, la realidad es que, por aquel entonces, H. G. Wells rechazaba el comunismo como ideología de estado.

Precisamente, se observa una crítica al sistema en el hecho de que los Samurai, que son los líderes de la sociedad de la novela, gobiernan sin haber sido elegidos. Sobre el sistema de gobierno implementado en Una Utopía Moderna, Michael Sherborne, escritor de la biografía H. G. Wells: Another Kind of Life, explica que se trata de “un Estado unipartidista antidemocrático, en el que la verdad no se establece mediante una discusión crítica, sino a través de una creencia compartida”.

Pero con el transcurso de los años, H. G. Wells viajó a Rusia en tres ocasiones, y tras su encuentro con Lenin, su percepción sobre el comunismo cambió drásticamente. Prueba de ello son sus experiencias recogidas en el libro Rusia en las Sombras, donde detalla su entrevista con el líder de la Revolución Bolchevique.

De aquel encuentro, el escritor británico se mostró impresionado con la doctrina de Lenin, y declaró que “gracias a él, a pesar de Marx, entendí que el comunismo podía ser enormemente creativo”. Era obvio su rechazo al filósofo alemán, como había demostrado en escritos anteriores. Para él, la expansión del marxismo no se debió al mérito de esta corriente ideológica, más bien a que la opción contraria, el capitalismo, es “estúpida, egoísta, excesiva y anárquica”.

Por sus críticas al marxismo, se granjeó la enemistad de gran parte de los comunistas, mientras que, por su desprecio al capitalismo, fue duramente criticado por los conservadores. Entre ellos, Winston Churchill, que le había otorgado el crédito de concebir en sus obras, la idea de usar aeroplanos y tanques antes de la Primera Guerra Mundial.

Habiéndose reunido durante décadas para discutir sobre diversos temas de actualidad, finalmente la relación entre ambos se deterioró. H. G. Wells le consideraba un miembro ilustrado de la clase gobernante, y Winston Churchill repudiaba sus ideales socialistas.

 

Las guerras mundiales y el pesimismo de H. G. Wells

 

Con el paso de las décadas, y el transcurso de las guerras, su firme creencia en la corriente humanista fue debilitándose. Primero fue la Guerra de los Boers en 1899, el conflicto a través del cual empezó a entender la complejidad de la naturaleza violenta en los seres humanos.

Después de la primera Guerra Mundial, inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse

Y después de la Primera Guerra Mundial, para H. G. Wells y gran parte de los intelectuales de la época, confiar en una raza que había causado tanta devastación, dependía prácticamente de un acto de fe sin fundamentos en los que sostenerse. Inevitablemente, el optimismo del escritor británico, al igual que el de muchos humanos, empezó a desvanecerse.

Además, a través de su novela de ficción El Mundo Liberado, escribió acerca de un potencial atómico de catastrófica magnitud. Publicada en 1914, este escrito fue una oda a los posibles avances tecnológicos, al igual que un aviso sobre los peligros del uso indebido de la ciencia.

Paradójicamente, la exhaustiva imaginación que H. G. Wells muestra en la novela, especialmente al describir una granada de uranio capaz de provocar explosiones de manera indefinida, cautivó a Leo Szilard. Posteriormente, el físico húngaro reconoció que, a través de la obra del escritor británico, entendió “lo que significaría la liberación de la energía atómica a gran escala”.

Y eventualmente, en 1934, plasmó esta realidad en forma de reactor nuclear. En 1939, El propio Leo Slizard y Albert Einstein escribieron una carta al presidente Franklin Delano Roosevelt, que comenzó el Proyecto Manhattan, y que terminó con el bombardeo de Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagaski. Precisamente, en otra novela de H. G. Wells, La forma de las cosas que vendrán, publicada en 1933 y que fue adaptada al cine, se pronosticó con precisión el lanzamiento de bombas durante un conflicto global, provocando una devastación inminente. Por su parte, el propio Leo Slizard quedó atormentado al comprobar el poder destructivo de las bombas atómicas, y en 1950, pronosticó que una bomba de cobalto destruiría a todos los seres vivos.

Pasando de la ficción escrita a la realidad vivida, para H. G. Wells, la Segunda Guerra Mundial fue una ilustración definitiva de un panorama desalentador. La humanidad, que parecía incapaz de aprender de sus errores, quedó retratada.

De manera simbólica, como una broma macabra del destino, la última obra del escritor británico fue Mente al final de su atadura. Publicada en 1945, en el año de la conclusión del conflicto armado, el escritor inglés ofrece una visión oscura y desalentadora del mundo, donde tras la destrucción ocasionada, los seres humanos no pueden seguir viviendo.

Finalmente, el 13 de agosto de 1946, tendido en su lecho, H. G. Wells se despidió de sus seres queridos, a los que dedicó sus últimas palabras. “Podéis iros. Estoy bien”. 

 

El legado humanista de Wells y la Declaración de Derechos Humanos

 

El escritor británico se despidió de un mundo que debía continuar sin él, pero que nunca le olvidaría. No es casualidad que un socialista de convicciones igualitarias tan efusivas como él, y siendo una de las figuras literarias más influyentes de la época, fuese esencial en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Durante sus últimos años de vida, su visión crítica y sagaz sobre el mundo seguía intacta. De esta forma, en 1940 escribió un borrador titulado “La Declaración de Derechos del Hombre”, que él mismo reconoció que incluía de igual a manera a “mujeres y hombres, niños o adultos”.

A través este escrito, su objetivo era encontrar “un código de Derechos Humanos fundamentales, que fuese accesible a todas las personas”. Años más tarde, este documento sirvió de inspiración para la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Las premisas del borrador se centraban en la necesidad de crear un documento, a través del cual se pudiese establecer una ley internacional, con el fin de acabar con los conflictos. Remarcó la importancia del derecho a la privacidad de las personas, la necesidad de preocuparse por cualquier acto de crueldad que aconteciese en el mundo, y abogó por una “profunda reconstrucción de los métodos de la vida humana”. 

De manera similar a José Saramago, quién en Ensayo Sobre la Lucidez explicó que “los derechos no son abstracciones, tienen existencia incluso cuando no son respetados”, H. G. Wells resaltó que “la ley debe incluir a la totalidad de las personas”. Según el escritor inglés, teniendo en cuenta la evolución social y el continuo nacimiento de seres humanos, “no puede existir una generación particular que sea capaz acaparar todo el poder legislativo, sino que este debe ser inherente a toda la humanidad”.

Desde que avisara de los peligros del aumento de las desigualdades de clases en “La Máquina del Tiempo”, hasta que se resignó a la capacidad destructiva de la raza humana en “Mente al final de su atadura”, transcurrieron 50 años. Durante su vida y a través de sus escritos, profundizó sobre temas que tienen resonancia en el siglo XXI, como el peligro de un conflicto nuclear, los métodos de vigilancia, el poder de manipulación de los medios, la creación de una red de conexión global y el calentamiento global.

De hecho, durante una conferencia en Australia en 1939, alertó de los peligros que entraña la explotación frenética de los recursos ambientales. “Los seres humanos queman bosques, talan árboles, destruyen terrenos, extinguen animales”, explicó. También ofreció una idea para concienciar a los seres humanos acerca de la necesaria protección del ecosistema: “Si en cada atlas se mostrasen las regiones devastadas por las actividades del ser humano, la gente quedaría atónita”. 

El legado de Herbert George Wells es asombroso, y sus desalentadoras advertencias sobre el futuro, demasiado reales en el presente.

Por Juanjo Andrés Cuervo

13 ago 2020 09:00

Publicado enCultura
Lunes, 10 Agosto 2020 05:49

Peste y poetas

Pete Hamill

El presidente está preparando anular el ejercicio más básico de la democracia formal en Estados Unidos, y por ahora, nadie lo está frenando. Todos los conscientes (y hasta algunos semiconscientes) lo comentan todos los días. Es nota principal en los medios. Más asombroso que este ataque contra el sagrado ejercicio democrático es qué tan débil es la defensa de lo que este país proclama por todo el mundo durante por lo menos siglo y medio: que este país es el ejemplo de la democracia en el universo y faro de libertad en el planeta. Pero su propio presidente y sus cómplices están declarando que las próximas elecciones serán ilegítimas y tal vez nulas.

El paso más reciente fue imponer a un megadonante de Trump como nuevo director del sistema de correos con la misión explícita de sabotear sus operaciones a través del cual, en este año de pandemia, se realizará en gran parte el voto por correo para reducir la necesidad de acudir a casillas. Sin ninguna evidencia, Trump ha declarado que el voto por correo llevará a la elección "más corrupta y fraudulenta en la historia del país". Esta es sólo una de varias maniobras para suprimir y cuestionar el proceso, incluyendo una serie de disputas legales que podrían postergar los resultados finales por semanas.

A pesar de que nadie puede descartar que Trump descarrile las elecciones y rehuse reconocer los resultados, incluso hasta enviar fuerzas federales a cientos de estados para provocar una crisis electoral, no hay por ahora una convocatoria de fuerzas para defender el voto y la Constitución. El coronel Lawrence Wilkerson, quien fue la mano derecha del ex secretario de Estado de Colin Powell, ha insistido en que hay una muy real probabilidad de que Trump rehuse dejar el poder. Él y un grupo de expertos ya están evaluando los posibles escenarios, y subrayó que por ahora se supone que los militares, sobre todo los altos mandos, se mantendrán en sus cuarteles, o sea, no participarán en la pugna, pero advierte que no sabe qué ocurrirá si Trump se atreve a convocar a sus bases armadas para salir a las calles a defenderlo.

Todo esto mientras bajo la batuta de Trump el país es el más contagiado del mundo por el coronavirus. Estados Unidos superó ahora los 5 millones de casos –una cuarta parte del total mundial – con más de 160 mil muertos; 80 por ciento de los cuales eran evitables si el gobierno federal hubiese actuado de manera adecuada desde el principio. Mientras tanto, los multimillonarios del país siguen multiplicando sus fortunas por decenas de miles de dólares durante una pandemia en donde la gran mayoría está enfrentando desempleo masivo, la pérdida de su vivienda y hambre.

“Al final , la peste nos tocó a todos. No fue confinada al Oran de Camus. No, apareció de nuevo en América, reproduciéndose en el abono de la avaricia y la inutilidad y el asesinato. En aquellos lugares donde los estadistas y los generales depositan los cuerpos de los siempre jóvenes. La peste corrió en la sangre de hombres en trajes finos, quienes se lanzaron para la presidencia prometiendo vida y entregando muerte… El bacilo se movió entre nosotros, matando a esa vieja America donde los inmigrantes prendieron un millón de sueños en la sombras de los puentes… y a través de la neblina de la peste, gran parte del arte se marchitó en periodismo. Los pintores dejaron a sus caballetes para dibujar su inocencia sobre muros y manifiestos… Pobre America… Tierra donde murieron los poetas.

El gran periodista Pete Hamill (https://www.jornada.com.mx/ultimas/ mundo/2020/08/05/muere-pete-hamill-periodista-y-guia- indispensable-en-la-vida-de-nueva-york-9821.html) escribió este texto para acompañar el disco Blood on the Tracks de Bob Dylan hace 45 años y al continuar cuenta que no perecieron todos los poetas señalando que Dylan “nos dio voz… Cuando murió nuestra inocencia para siempre, Bob Dylan convirtió ese momento en arte”.

Hoy día los poetas y sus cómplices están creando el arte con el cual invitan a salvar a este país.

https://open.spotify.com/ track/3y4Uza6K58JXQ7RYya8ZI5?si=GvL8C8_3SGu2w_8Yof0zsQ

https://open.spotify.com/ track/6Vcwr9tb3ZLO63F8DL8cqu?si=37_L-YJhQAGrBAT-pVmEXg

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Sábado, 08 Agosto 2020 06:09

Las lenguas son territorios

Las lenguas son territorios

Una lengua nace con cada persona que la aprende. Cuando la mente pueril se comienza a llenar de palabras, a configurarse en ellas (a “formatearse” diría el barbarismo tecnológico en uso), ocurre algo fascinante: la mente piensa, nombra, pronuncia cada parte del mundo que experimenta, de un modo preciso, exclusivo de la lengua que se trate. Nadie necesita leerla o escribirla para identificarla de inmediato y abrirse a la conversación, el canto, la plegaria. Da forma y contenido a la memoria.

Cada lengua es como una biblioteca. Un compendio de los seres, las cosas y sus interconexiones profundas. Si mueren sus hablantes y se extingue, es como si se incendiara la biblioteca de Alejandría nuevamente, decía Elías Canetti, y todo lo que hubo allí se disipa en cenizas y permanece en dos o tres vocablos heredados a otra lengua.

En el curso de su historia hablada, y a veces escrita, cada lengua es un portento colectivo que se renueva y se extiende cuando puede. Lo terrible es que en Babel, como en todas partes, existen idiomas sometidos, negados y prohibidos.

La riqueza de una lengua no está en el número de palabras y tiempos verbales, sino en sus combinaciones, como sucede con la poesía. Las invasiones, las conquistas, las hambrunas y las guerras merman las lenguas originarias alrededor del mundo, las asedian para exterminarlas. La historia del hemisferio americano abunda en ejemplos, desde hace cinco siglos la multitud de idiomas podía concentrarse en territorios compartidos, o coexistidos, vecinos y sin embargo ininteligibles para el otro. Dos casos idílicos en el continente precolombino son la costa pacífica de la actual California y las selvas amazónicas, ricas regiones consteladas de pueblos distintos, completamente entregados a la naturaleza, hablando idiomas propios a pocos kilómetros unos de los otros.

Y el mundo era un coro de pájaros. Sin embargo, cientos, quizás miles de lenguas y sus dialectos, sufren el destino de los taínos, cuya lengua se hablaba en las islas del mar Caribe a fines del siglo XV. La primera con la que tuvieron contacto Cristóbal Colón y los que lo acompañaban. Según diversas estimaciones, hacia 1492 había entre medio millón y cuatro millones de personas en las Antillas (taínos, macaríes, ciguyayos). Bartolomé de Las Casas los calculó en un millón en ese año. Para 1508, el cálculo lascasiano era 60 mil. El último registro taíno se pierde en 1570, menos de un siglo después, cuando quedaban 150 entre los 500 últimos indígenas originarios de las islas. Hasta ahí llegan los registros.

El efecto del “descubrimiento” de La Española fue demoledor, un holocausto o “solución final” que logró exterminar las lenguas, la identidad y los pueblos de un subcontinente. Pero el taíno era una lengua tan adánica y preciosa como otra cualquiera, llena de originalidad sonora y conceptual, que infiltró al castellano y otras lenguas imperiales europeas con palabras clave para entender que en este mundo siempre hay y siempre hubo otros mundos: maíz, canoa, barbacoa, cacique, hamaca, iguana, comején, huracán, cayuco, caribe, enagua, sabana, macana.

En más de un sentido, cada lengua es un territorio. Del mismo modo que la tierra, e incluso más versátil y móvil, la lengua de uno es donde mejor se está. También por eso el odio de los fuertes contra Babel es anterior al mito bíblico y se extiende hasta el presente. El idioma del “otro”, despreciable y amedrentador, debe ser erradicado.

En la actualidad se estima que existen mil lenguas originarias en el continente. Tan sólo en México se contabilizan 68 lenguas y unas 400 variantes dialectales, que en algunos casos son más que meras variantes, como en el tronco nahua o la heredad del imperio zapoteca. En América del Sur ocurre con el quechua, el aymara, el mapungundún.

Las lenguas coloniales son unas cuantas: castellano, inglés, portugués, francés. El espectro hispanoparlante y el anglófono son tan vastos como el chino. Históricamente su dominio ha significado el saqueo y la destrucción de las demás lenguas. Violencia, educación, adoctrinamiento, represión, racismo y miseria son las armas de exterminio contra las lenguas colonizadas. Los colonizadores de antes y de hoy así se adjudican los territorios.

No deja de resultar portentosa entonces la resistencia vital de centenares de pueblos desde el territorio de sus lenguas. Aún los despojados y expulsados, los arrinconados en las orillas de las ciudades conservan y enarbolan la flor de sus lenguas. Sea en México, Tehuacán, Oaxaca, Tijuana, Nueva York o Los Ángeles, siguen en pie las refinadas construcciones de un mundo único, específico y maravilloso, capaz de ser bilingüe y trilingüe en el vientre de la ballena. Noam Chomsky ha subrayado que las lenguas no necesitan escribirse para sobrevivir siglos y milenios. Esto es cierto para el inuktitut, el mazateco o el yanomani, como lo fue para el arameo bíblico. La “bibliotecas de Alejandría” que siguen en pie son la belleza y el tesoro oculto de pueblos amenazados y perseguidos sin reposo por la espada, la cruz, el signo de dólares y la voracidad “redentora” del progreso. De la duración de sus territorios dependen la pervivencia, la soberanía de los territorios físicos de los pueblos y el genio vivo del verbo humano.

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Hiroshima o el genocidio como espectáculo

A 75 años del bombardeo atómico de EE.UU. a la ciudad japonesa

 

Hoy sigue viva la pregunta sobre cómo fue posible semejante ataque. La idiosincrasia violenta de Estados Unidos y su culto fetichista por las armas como telón de fondo.

 

Espanta la foto de un hombre, de espaldas, mirando la devastación. Piedra sobre piedra, solo ve muerte. Fue el 6 de agosto de 1945, a la hora de la mañana en que había más gente en la calle. Inesperadamente, un ataque atómico elevó la temperatura a 3.000 grados centígrados y todo ardió a cuatro kilómetros a la redondaComo se ufanaban los noticieros norteamericanos de la época “Hiroshima había sido borrada del mapa”.

Hoy, 75 años después, sigue viva la pregunta sobre cómo fue posible. ¿Cómo cientos de personas, aún conscientes del daño que provocaban, fabricaron, transportaron y cargaron una bomba atómica para que finalmente alguien la arrojara sobre una ciudad indefensa donde sólo había niños, mujeres y viejos porque los hombres estaban todos en el frente? ¿Cómo llega alguien a considerar eso un acto normal? ¿Cómo puede ser un genocidio deseable?

El historiador norteamericano H. Bruce Franklin buscó comprender las razones profundas de la idiosincrasia violenta de EE.UU. y su culto fetichista por las armas. En su libro War Stars. Guerra, ciencia ficción y hegemonía imperial, rastrea el origen de esa doctrina estructural para el pensamiento y la acción de EE.UU., según la cual para ayudar a un país hay que bombardearlo. “Incluso los responsables del bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki –afirma- se convencieron a sí mismos de que sus actos fueron humanitarios, para salvar vidas y restablecer el reinado de la paz.”

El primero en promover el uso de un arma de altísima letalidad para instaurar un reino de paz y prosperidad fue Robert Fulton (1765-1815), pionero de la guerra submarina. A partir de allí –explica el historiador- se va consolidando lentamente una tríada macabra entre el desarrollo tecnológico-armamentista, la moral y la cultura. Sin una eficaz batalla cultural no es posible vencer el rechazo moral a los crímenes masivos (y el temor a la propia muerte) y sin haber superado ese límite el ciudadano común rechazaría no sólo el desarrollo científico de las armas, sino también que el dinero de sus impuestos vaya a parar al Pentágono.

Durante el siglo XIX y comienzos del XX las líneas rectoras de las obras de ficción fueron la agresión extranjera al país, la dominación mundial de EEUU, los terrores apocalípticos y la abolición de la guerra gracias a la existencia de una superarma definitiva. “Esa doctrina que moldeó nuestra política nacional fue presentada por primera vez en el imaginario cultural por las novelas de las guerras futuristas”, escribió Franklin, basado en el análisis de un amplio corpus literario y cinematográfico.

Un relato publicado en 1910 anticipa el exterminio de Nagasaki e Hiroshima. En “La invasión sin paralelo” de Jack London, la acción transcurre en 1976. China ha ascendido a primera potencia mundial y EEUU debe defenderse. La solución final es liquidar a todos los hombres, mujeres y niños chinos mediante el bombardeo de una “lluvia infecciosa”. Escribe Franklin: “Las hordas japonesas y chinas en los textos de la primera mitad del siglo XX plantean una amenaza tan grande que legitiman una guerra aérea genocida”.

Según el gobierno de Japón, aproximadamente 166.000 personas fueron asesinadas en Hiroshima y 60.000 en Nagasaki. La radiación dejó lesiones y cánceres de todo tipo. El aparato cultural norteamericano, una vez cometido el crimen en la vida real, puso toda la fuerza para minimizarlo. En el semidocumental El honor de su nombre (1952), por ejemplo, el horror y la tragedia humana quedan reducidos a la angustia doméstica de un matrimonio estadounidense. “El coronel Paul Tibtets (Robert Taylor), comandante del B-29, no le podía contar a su esposa (Eleonor Parker), acerca del arma secreta que se estaba preparando para lanzar sobre Hiroshima y esto arruinó temporalmente su vínculo. La película presenta un subtexto que insta a los civiles a aceptar el secreto, a no entrometerse en los asuntos militares y a estar agradecidos a la bomba”, analiza Franklin en su libro.

Antes de la Segunda Guerra Mundial el esfuerzo propagandístico se orientó a promover la actividad nuclear, después de la guerra, en hacer “amigable” la carrera armamentista.

En 1942, el Proyecto Manhattan logró la construcción de la primera bomba nuclear. En esa década, el gobierno y un amplio sector de la industria desplegaron una campaña masiva cuyo lema era “átomos por la paz”. Por entonces, la Comisión de Energía Atómica y la compañía General Electric preparaban los contenidos de exposiciones, películas y hasta textos para ciertas materias de la escuela secundaria. El padre de la bomba atómica, en persona, el general Leslie Groves, proveyó de información, para tiras de historieta para los diarios.

Después de 1945, las élites norteamericanas apelaron tanto al hard como en el soft-power a favor del aparato militar industrial. “Existió un sofisticado sistema de coacción y propaganda. Quienes cuestionaban, sobre todo en el influyente campo de la cultura, fueron acallados. Los textos u obras que se oponían a la carrera armamentista fueron proscriptas y hubo purgas en los medios de comunicación, en la educación y en los sindicatos” afirma Franklin, quien señala que Hollywood produjo sólo dos películas de contenido pacifista: Five, dirigida por Arch Oboler y El día que paralizaron la tierra, de Robert Wise, ambas de 1951. Todas las demás se prohibieron. “De 1952 a 1958, las películas sobre armas atómicas se volvieron panfletos a favor de la Guerra Fría”.

Mientras al ciudadano de a pie se le suministraban argumentos para que abandonara sus pruritos éticos, en la cúpula del poder el cinismo moral era descarnado. Esto se ve con claridad en el extraordinario documental de Errol Morris, “Fog of the War” (Niebla de la guerra), una expresión militar que alude a una particular situación de confusión mental que suelen padecer los soldados en medio de la guerra al punto que pierden todo punto de referencia y pueden encaminarse hacia el frente enemigo pensando que es el propio.

La película es una conversación con Robert McNamara. Ya octogenario, el ex ministro de Defensa de EEUU no sólo expone sus cavilaciones durante la guerra de Vietnam sino, que detalla los silogismos perversos que sustentaron los genocidios en Hiroshima y Nagasaki.

“En marzo de 1945 yo estaba en la isla de Guam. Analizaba cómo hacer los bombardeos más eficientes, no en el sentido de matar civiles sino de debilitar al adversario”, dice McNamara a la cámara. A los 29 años, la Fuerza Aérea lo había reclutado en la universidad por su mente brillante para las estadísticas. “En una noche quemamos vivos a cien mil japoneses; 135 kilómetros cuadrados de Tokio ardieron porque sus viviendas eran de madera y nosotros arrojamos bombas incendiarias. Yo fui parte de un mecanismo amplio que lo recomendó. ¿Era eso moral? ¿Fue necesario lanzar la bomba atómica cuando ya habíamos matado entre 50 y 90 % de las personas en 67 ciudades de Japón?”, se pregunta en el documental el genio de las estadísticas.

Aunque en Europa, la Alemania nazi había capitulado en mayo de 1945, Japón seguía en guerra. La historia oficial dice que el presidente Harry Truman ordenó lanzar dos bombas como forma de poner fin al conflicto. No obstante, la magnitud del ataque huele a represalia racista y mensaje mafioso.

No sin cinismo McNamara reflexiona ante la cámara: “Arrojamos dos bombas ¿Fue desproporcionado? Para algunos sí. El general que dio la orden nos decía que si hubiéramos perdido nos habrían juzgado como criminales de guerra por nuestros actos inmorales. ¿Por qué es inmoral si se pierde y no lo es si se gana?”

A 75 años de los peores crímenes contemporáneos es hora de un NUNCA MAS de Estados Unidos. En momentos difíciles de transición hegemónica, es hora de una profunda reflexión global a favor de la paz.

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Miércoles, 05 Agosto 2020 05:34

Hiroshima, Nagasaki, nosotros

Hiroshima, Nagasaki, nosotros

En 75 años, ¿aprendimos algo?

 

El 6 de agosto de 1945 se soltó la primera bomba atómica sobre Hiroshima. Al tercer día no resucitó nadie: se soltó la segunda atómica, sobre Nagasaki. Dos bombas ¿preventivas?, dos escarmientos ¿pacifistas? Más de 260 mil muertos en un par de ratitos: el equivalente en vidas a 88 Torres Gemelas.

Con aquellos 6 y 9 de agosto, ¿empezó una nueva Era? La condición humana ¿subió al menos un escalón? ¿El respeto al diferente superó a la tolerancia? ¿Desarrollamos algo más que el músculo de la hipocresía? En fin: más allá del prodigioso crecimiento de ciencia y técnica, ¿conseguimos que guerras y enfermedades endémicas y hambrunas y genocidios y analfabetización dejaran de ser inevitables costumbres humanas?

Venimos cumpliendo años, pero en lo primordial, ¿hemos crecido? No hay caso: siempre asoma impúdico el desfasaje entre la evolución científica y el cretinismo moral. Nada aprendimos del atroz genocidio judío, nada del ninguneado genocidio armenio. Los genocidios preventivos no cesan. Pedaleamos sin cadena. Mientras tanto, suicidamos al planeta.

Asistimos a la Era de los eufemismos. Nuestra historia después de la Segunda Guerra Mundial explícita, podría ser contada eslabonando eufemismos. Somos unos hijos de los eufemismos desalmados, tales como: Daños colateralesMisiles inteligentesEn situación de calleRacionalización de personalDepartamento de Relaciones humanas, Guerras preventivas, Analfabetismo (por analfabetización). El colmo del cinismo se consagra cuando a la insoportable tortura se la nombra como Interrogatorios exigentes.

Naturalizados por los medios de (des)comunicación, los eufemismos amortiguan, minimizan, caretean, licuan, absuelven a las atrocidades y a la globalización de la esclavitud. Son los eufemismos la forma más vaselina de la impunidad. Las asesinaciones masivas, en Hiroshima y Nagasaki, fueron informadas al mundo con eufemismos contenidos en frases campantes: Tuvimos que soltar la bomba –dijeron– “para conseguir la paz antes”. La frasecita justificó y encima absolvió una bomba, y otra más. Las conciencias de la condición humana se amortizaron.

¿Y quiénes consumaron la barbarie? No fueron monstruos; esa denominación los absuelve: fueron seres humanos… Cuando llegan noticias de asesinos seriales que en colegios de EE.UU. se despachan a decenas de compañeros, brota la pregunta: ¿cómo, cómo es posible? Es posible porque emergen de una sociedad que asimiló el eufemismo de aquellas bombas con una naturalidad que hoy les hace encarnar la paranoia en ideología. A la matanza en una cervecería la caratulan “incidente crítico”. Un personaje borgiano diría: “Cosa de muchachos.” La paranoia desmadra. Apogea el cinismo.

Revisemos detalles de aquellos bombazos sobre Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades inermes. A las bombas las “soltaron” no las “arrojaron”. Los autores no carecían de ternura: las bombas fueron bautizadas “Little boy” (Pequeño niño) y “Fat man” (Hombre gordo). Al avioncito que transportó la hazaña se lo bautizó “Enola Gay”, en homenaje a la madre que parió al piloto. Al padre lo olvidaron.

Seres derechos y humanos, sin duda. Y ahí tenemos a Charles Donald Albury, el copiloto del bombardero que consolidó el escarmiento pacifista en Nagasaki. El muchacho posa rozagante, sonriente, bonachón. Joder, ¡qué cara de pelotudo feliz tiene!

El episodio atómico tuvo otros rasgos humanitarios. Por ejemplo: se había elegido a Kioto como blanco para la primera atómica, pero el Secretario de Guerra, Henry Stimson, amaba a Kioto: en Kioto había relinchado su luna de miel. Ese recuerdo salvó a Kioto de ser calcinada. Se eligió a Hiroshima como blanco, a las 8.15, tempranito, porque era “más conveniente en términos publicitarios.”

Tras esto, ¿a qué le llamamos civilización? Nuestra condición humana está pendiente. Hiroshima y Nagasaki siguen crepitando. Moralmente, somos un paupérrimo simulacro.

Nos cuenta Johsie, una sobreviviente 

Pronunciamos Hiroshima, y suena lejanísima. Para acortar esa distancia que lleva a la indiferencia activa, comparto ahora unas líneas de un reportaje que le hice a una sobreviviente de Hiroshima. La entrevisté hace 38 años en su casa de Vicente López. Escuchemos a Yoshie Kamioke en su empeñoso castellano:

–“Yo tenía 17 años y cayó boma. Bomba Hiroshima 6 agosto, cumpleaños mío 10 agosto. Pasé el cumpleaños durmiendo. La bomba me había cansado mucho el cuerpo. Recuerdo ese día y duele corazón. Esa mañana salgo para oficina, tranvía no viene, camino 45 minutos, llego a la estación y ruido de avión ¡y bomba! Estaba yo a veinte cuadras, pero cuando cayó bomba no sentí dolor, no sentí nada. Pobre Hiroshima mía. Bomba sin ruido. Bomba como viento fuerte, viento con rayo, resplandor amarillo. No escucho ruido, sólo viento y mucho amarillo y día es noche. Todo oscuro, gritos ¡auxilio! Me levanto, mi cuerpo chiquito pesa muuucho. Busco mi casa. De mi ropa sólo blusa blanca queda sana. Cara arde, no sé que falta mucho pelo en cabeza. Camino y caigo, veo gente desnuda y con pelo todo blanco. Yo muy cansada y asustada, yo poquito tonta. Tres horas y llego a casa. Garganta y ojos arden, pero más siento cansancio. No puedo tragar agua. Mi madre saca la blusa con tijera, me acuesta. Vienen moscas  y mi madre pone tul. Duermo cincuenta días, hasta que me levanto. Y sigo viviendo yo…”

Yoshíe Kamioke tenía 29 años al llegar a la Argentina. Me dijo con orgullo: “Pero hoy Hiroshima lindo, con flores, con árboles. Cuando la muerte cierre mis ojos, el recuerdo de bomba terminará…”

La conversación con Yoshie sucedió en una mañana soleada, de pleno invierno. Por momentos Yoshie pensaba en voz alta:

– “¿Por qué la guera? Con guerra mueren hijos… gente sorda sin brazos sin piernas, gente ciega. Con guera sólo feliz la muerte.”

PosdataEstamos sembrados de misiles “inteligentes”, de hambrientos analfabetizados. ¿Cómo resistir la lógica irreparable de los gerentes del planeta? Aprendiendo por fin que nada hay menos liberal que el autodenominado (neo)liberalismo.

La memoria no es retroceso, semilla futuro. Quienes “hacen feliz a la muerte” no descansan ni en los días de guardar. Ojo al piojo: los Bolsonaro y los Trump se reproducen a rajacincha porque la paranoia se volvió la más eficaz de las ideologías. A merced de la desatada absurdidad, el planeta (con nosotros encima) va camino de convertirse en una Hiroshima, en un puñadito de indefensas cenizas envueltas en el celofán de los eufemismos que ni el viento se llevará. Cenizas nosotros, cenizas el planeta.

Salgamos de la indiferencia activa. Madremía madretuya madrenuestra, que estás en la Tierra.

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Foto Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia

La noticia despertó alegría en unos y tristeza y rabia en otros. A la 1:12 pm del martes 4 de agosto el expresidente y senador Álvaro Uribe informó por redes sociales de la decisión tomada por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia y que le impuso detención domiciliaria. Deberá responder por los presuntos delitos de soborno y fraude procesal. Litigio judicial cuya contraparte recae en el senador Iván Cepeda. La disputa ante ambos congresistas, representantes de partidos opuestos, llegó a los tribunales en el 2012.

 

El origen del litigio

 

El proceso que los enfrenta comenzó cuando el otrora presidente denunció al congresista Cepeda por presunta manipulación de testigos. En aquel entonces el senador del Polo Democrático Alternativo preparaba una denuncia en el Senado contra el Uribe Vélez por vínculos con el paramilitarismo, por lo que entrevistó a diferentes líderes de grupos paramilitares desmovilizados y que cumplían condenas en centros penitenciarios.

En 2018, la Corte Suprema de Justicia archivó el caso contra el senador Cepeda y abrió indagación al hoy senador del Centro Democrático quien es investigado por presuntamente haber intentado manipular el testimonio de Juan Guillermo Monsalve, quien lo ha señalado de fundar el bloque Metro de las Autodefensas.

 

Rueda de prensa

 

Conocida la decisión del alto tribunal, el senador Iván Cepeda, acompañado de su apoderado, el jurista Reynaldo Villalba, citó a rueda de prensa para entregar su opinión sobre lo decidido. En la misma, transmitida a través de Contagio Radio, medio de comunicación alternativo, estas fueron las declaraciones entregadas:

 

Reynaldo Villalba:

 

“No he sido notificado aún, el propio Álvaro Uribe dio la noticia. La Corte Suprema de Justicia contaba con absoluta y sólidas pruebas y era lo que se esperaba ocurriera en estricto derecho. Es una transcendental noticia para la justicia. Quiero rescatar la independencia de la Corte Suprema de Justicia pese a la enorme presión a la que fue sujeta estos días, incluso desde el propio gobierno de Iván Duque y sus Ministros”.

 

Senador Iván Cepeda:

 

“Es una fecha sin lugar a dudas transcendental. Considero que la decisión de la Corte Suprema de Justicia nos ayuda a consolidar la democracia en Colombia. Al senador y expresidente, Álvaro Uribe Vélez le han colocado una medida de aseguramiento. No hay individuos que estén por encima de la justicia y de la ley por muy poderosos e influyentes que sean. Esa es una lección fundamental que hay que asumir con serenidad.

Invitamos a todos los ciudadanos a asumir esta situación con total serenidad, es una decisión que ha producido un Tribunal. Es el comienzo de un proceso ante la eventualidad de un proceso de llamamiento a juicio, al cual, la contraparte tiene todas las herramientas, recursos y procedimientos que están para garantizar su derecho a la justicia. Debo señalar que este ha sido un proceso muy largo, recordar que comenzó el 23 de febrero de 2012. Es decir que cumplimos 8 años.

Este proceso tuvo 2 etapas donde el senador Uribe entabló una denuncia penal en mi contra y una segunda etapa que ha comenzado a partir de una denuncia que interpusimos con el abogado Reynaldo Villalba por información que tuvimos con gravísimos hechos que estaban ocurriendo con relación a presunto soborno de testigos que influiría la actuación de la justicia. En este largo proceso la actuación de nosotros se ha limitado a ejercer la defensa.

Nosotros no hemos llamado a ningún testigo perteneciente a grupos paramilitares u organizaciones criminales ante la Corte Suprema, quienes han recurrido a esos 22 testigos y han sido presentados ante la Corte ha sido la contraparte. Nosotros no hemos ocurrido a esos testigos, como se le ha hecho pensar a la opinión pública.

Así que hoy, estamos ante una decisión que ha sido objeto de una larga revisión. No se puede decir que la Corte haya tomado una decisión superficial, sin realizar un largo proceso de escucha de testigos y verificación de toda clase de pruebas. Hay abundante material probatorio que sustenta esta decisión. Y nosotros pues obviamente estamos listos para la nueva etapa. Sin ninguna clase de actitudes arrogantes o vengativas. Queremos mantener el llamado a la majestad de la justicia en este caso a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

Estamos listos, desde el primer día, a acatar sus decisiones. Queremos entregar hoy simplemente un mensaje, si bien expresamos nuestra alegría, llamamos a la serenidad. Que no haya incitación ni conmociones en la opinión pública sino como demócratas y ciudadanos recordemos que existe una Constitución, un ordenamiento legal y que en ese ordenamiento legal los jueces de la República tienen la posibilidad de ejercer justicia para el bien de los colombianos.

Esa es nuestra declaración. Les pedimos ustedes comprendan no queremos entrar a hacer comentarios sino simplemente, con humildad y serenidad, entregar este mensaje”.

 

Memoria y futuro

 

Para nadie es un secreto que para un sector no despreciable de la sociedad colombiana el otrora presidente es el responsable de la creación y prolongación del paramilitarismo en Colombia. Es decir, sobre él recae la sospecha por miles de asesinatos, así como del desplazamiento y despojo de la tierra y otros bienes de millones de campesinos. Sospecha extendida a la autoría intelectual de los falsos positivos, así como de las acciones del otrora DAS, como otras sindicaciones que nunca han sido probadas. Para este sector lo decidido hoy por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia es el inicio del derrumbe del poder de quien atizó el odio y la muerte en Colombia.

Es un odio contra alguien que ciertamente alimentó el odio y el dolor en el país, que cuenta en el otro extremo de la opinión nacional con un mayoritario sector social que ve en el mismo personaje a alguien que fue capaz de enfrentar la guerrilla y arrinconarla estratégicamente hasta llevarla a la negociación, proceso que recogió y finalizo Juan Manuel Santos. Para este segmanto de la sociedad colombiana el sentimiento es dispar, y con seguridad se preguntarán por qué está detenido su ídolo y no sufren igual circunstancia los otrora mandos de las Farc, por ejemplo.

Como se recordará, es ese sector mayoritario en Colombia, que evidencia disminución pero no hasta ser minoritario, el que derrotó el referendo por la paz, como el que eligió a Santos –quien presumía como continuador de su patrocinador–, y luego a Iván Duque.

Es de suponer, por tanto, que la detención del hoy Senador no significa su derrota, y que por el contrario, como el mismo acostumbra –se defiende atacando–, puede implicar una ofensiva en distintos planos. Las semanas que vienen permitirán conocer sus planes y proyecciones, para lo cual contará con el apoyo de buena parte del Estado colombiano, siempre simulando legalidad.

Como puede recordarse, un juicio que lo llevó a una condena temporal también recayó sobre el dictador Gustavo Rojas Pinilla (condenado en marzo de 1959), la que anulada en diciembre de 1966 le permitió lanzarse a la arena política y ser elegido Presidente en 1970, elección usurpada por una conspiración oligárquica que ungió a Misael Pastrana como el elegido.

Es evidente, entonces, la verdad no es solo jurídica, también existe la verdad política, así como la verdad social, y en esta es donde debe centrarse la atención. Sin comprender los factores por los cuales la mayoría de la sociedad colombiana ha apoyado a quien carga con gravísimas sindicaciones que harían sonrojar a mentores como Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet, no será posible derrotarlo y sacarlo de la arena política.

Paralelo a ello, sus contarios tensionarán las cuerdas con otras tantas fibras de la institucionalidad nacional, friccionada, y en la cual personajes como el expresidente Juan Manuel Santos conserva reservas. Antípoda de Uribe, no ahorrará influencia ni esfuerzos por ver morder el polvo a su oponente. La alianza Cepeda-Santos es evidente.

Por ahora, luego de legalizar la captura en contra de Uribe Vélez y definir el lugar de reclusión, vendrá un proceso probatorio hasta el cierre de la investigación en el que la Sala de Instrucción decidirá si precluye el caso o llama a juicio al exmandatario. De esta manera, y por el tiempo que esto se tome, el país ahonda su polarización la que, seguramente, marcará de nuevo el proceso electoral del 2022 para elegir sustituto de Duque.

 

La formalidad

 

Álvaro Uribe Vélez escribió en su cuenta de twitter sobre el suceso: “La privación de mi libertad me causa profunda tristeza por mi señora, por mi familia y por los colombianos que todavía creen que algo bueno he hecho por la patria”.

Hasta ahora nada está decidido, las alegrías pueden ser efímeras, la disputa en curso ha quemado una etapa y vendrán otras. ¿Le sucederá a Uribe lo vivido por Gustavo Rojas Pinilla?

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Jueves, 23 Julio 2020 05:57

El sueño y sus interrogantes

El sueño y sus interrogantes

Entrevista a la psicoanalista argentina Carolina Koretzky

Por qué soñamos, qué dicen nuestros sueños: “El soñar es un fenómeno que interroga al hombre desde siempre”, dice esta especialista, que indaga qué tiene de sueño y qué tiene de despertar un análisis.

 

Uno de los libros emblemáticos de Sigmund Freud fue La interpretación de los sueños. El gran psicoanalista vienés señaló que el sueño “es el guardián del dormir”, algo que no aplica para los sueños de angustia y los sueños traumáticos que más bien provocan el despertar. Jacques Lacan, en tanto, empleó el término “despertar” para hablar de la experiencia analítica. Ahora bien: ¿qué tiene de sueño y qué tiene de despertar un análisis? Ese es el gran interrogante que aborda la psicóloga y psicoanalista argentina Carolina Koretzky en su libro Sueños y despertares. Una elucidación psicoanalítica (Grama Ediciones). ¿Un análisis es un medio de despertarnos o una manera de seguir soñando cuando fue, justamente, la irrupción de un síntoma o de un encuentro traumático que nos despertó? ¿Hay alguna posibilidad de despertarnos? Esas preguntas se formula esta analista radicada en Francia y miembro de L’Ecole de la Cause freudienne y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. “Estudiar aquello que Freud en su obra y Lacan en su enseñanza dijeron a propósito de esta pregunta se vuelve crucial, ya que las respuestas no son tajantes. Al contrario: son respuestas que merecen ser complejizadas ya que se trata de, nada menos, que de la relación del sujeto a lo real en el análisis. Este libro intenta abordar esta pregunta dejando aparecer todas las variantes y paradojas que la riqueza clínica nos ofrece”, explica Koretzky a PáginaI12, sobre su investigación que fue el resultado de una tesis de doctorado en Psicoanálisis, presentada en la Universidad de París 8, bajo la dirección de Serge Cottet y Marie-Hélène Brouse.

--¿Por qué en el sueño no todo es sueño?

--Su pregunta merece una aclaración y un matiz propio a la lengua francesa: la diferencia entre rêve y songe. En español usamos la misma palabra para hablar de un “sueño” (rêve) y de “tener sueño” (sommeil). Su pregunta es muy pertinente ya que Freud mismo cuestionó aquello que en el sueño no lograba acomodarse al dormir. La prueba es la gran paradoja que muestra el sueño de angustia: el sueño es supuestamente el guardián del dormir y a veces, su contenido mismo interrumpe el dormir. Freud intentó dar una explicación a esta aparente contradicción, pero al mismo tiempo los sueños de angustia y los sueños traumáticos nos muestran que hay algo en el interior mismo del sueño que no duerme... O en todo caso, que no se vuelve compatible con el deseo de dormir.

--¿Cómo se explica que, si según Freud el sueño es el guardián del dormir, es también el que provoca el despertar?

--Esto requiere entrar en los detalles apasionantes de la metapsicología, pero trataré de simplificarlo: en La interpretación de los sueños Freud busca establecer una teoría general inédita hasta el momento sobre el sueño y el aparato psíquico. Es una obra que tiene un gran valor epistemológico ya que va a postular que cualquiera sea el contenido representativo, todo sueño figura un cumplimiento de deseo. Esta tesis general va a ser puesta en cuestión a partir de 1920 con el descubrimiento del más allá del principio de placer y la pulsión de muerte. En la primera teoría del sueño la figuración de la realización del deseo es indisociable del deseo de dormir. No son más que uno, dice Freud en una carta a Fliess: se sueña para no despertarse, ya que deseamos dormir, para cuidar el dormir. El sueño es un producto de compromiso que permite seguir durmiendo. Para decirlo lo más claramente posible: los sueños son una formación producto de un acuerdo logrado entre dos elementos heterogéneos y conflictivos: un deseo inconsciente, prohibido e infantil, y la barrera de la censura, que impone sus prerrogativas para el acceso a la conciencia. Gracias a este compromiso entre la censura y el deseo --o entre el yo y la pulsión--, el sujeto puede dormir. Si soñamos para no despertar, ¿por qué razón habría sueños que nos despiertan? El fenómeno de interrupción brusca del sueño a partir de la angustia es una paradoja: sólo hay sueño si dormimos, y sin embargo, a veces, el sueño se acaba por lo que el soñar mismo produce y provoca el despertar. No es la realidad la que despierta, sino algo en el interior mismo del sueño. Eso Lacan lo retoma y lo desarrolla en detalle en su seminario XI.

--¿En términos psicoanalíticos, el despertar es una ruptura instantánea?

--Exactamente. Es lo que diferencia al psicoanálisis de otras corrientes o visiones del mundo, sobre todo religiosas, como en el budismo theravada, que apuntan a un despertar como ideal supremo, el nirvana. Pero el psicoanálisis no adhiere tampoco completamente al dramaturgo barroco Calderón de la Barca quien decía que la “La vida es sueño”. Justamente, para el psicoanálisis el despertar es, al igual que el modelo de la interrupción del dormir por la angustia, un corto instante, un relámpago, decía Lacan, un encuentro fugaz e instantáneo.

--¿Cuáles son las diferencias fundamentales del despertar según Freud y según Lacan?

--Si en Freud encontramos este término de “despertar” referido fundamentalmente al mundo onírico, Lacan a lo largo de su enseñanza, ha empleado este término y sus opuestos (sueño, deseo de dormir, adormecimiento) para dar cuenta de componentes fundamentales de la experiencia analítica. Es un término que de Freud a Lacan pasa de un uso literal a un uso figurativo. De esta forma, el despertar en psicoanálisis es el objeto de una diversidad de usos, figuras y aporía, pero todas indican la presencia en la clínica de un elemento disruptivo: aparición instantánea de las manifestaciones del inconsciente, sorpresas, traumas, momentos de desidentificación o, incluso, el final del análisis. Yo encontré una sola referencia a un uso figurativo del despertar en Freud: es en Análisis terminable e interminable, de 1937, artículo que escribió como respuesta póstuma a Sandor Ferenczi, quien le reprochó a Freud, su analista, el haber omitido analizar su transferencia negativa hacia él y de esta forma no haberle permitido realizar un análisis completo. Freud se muestra desfavorable respecto a la idea de deber activar un conflicto en el analizante que no se exterioriza y recurre a la frase popular: “No despertar a los perros dormidos”. Si las pulsiones crean perturbaciones es la prueba de que los perros no duermen, pero no está en nuestro poder el ir a despertarlos si duermen bien. Posición anti-profiláctica de Freud.

--¿Qué quiso decir Lacan con la idea de que “nos despertamos para seguir durmiendo en realidad”? ¿Uno de los aportes de Lacan es que el despertar en la realidad le sirve al sujeto para evitar el despertar en su propia verdad?

--Como decíamos, en el momento en que el sujeto se aproxima demasiado a una verdad insoportable, se despierta. Pero si nos detenemos un instante vemos bien que es un despertar a la realidad que le sirve para evitar el despertar a la propia verdad, esa verdad encontrada en el espacio del sueño en una temporalidad instantánea y fugaz. Es precisamente este mecanismo que lleva a Lacan, en diferentes momentos de su enseñanza, a enunciar que nos despertamos para seguir soñando o durmiendo. Esta tesis viene a definir el principio mismo de realidad: el sujeto se confronta a un punto de horror pero sólo el tiempo de un instante, un relámpago, y se vuelve luego a dormir en la realidad de representación, en el fantasma. Allí donde puede mantener nuevamente su deseo. Para retomar su pregunta a propósito de la diferencia entre Freud y Lacan vemos que allí donde Freud veía que es para seguir durmiendo que soñamos, Lacan demuestra que es para continuar soñando que uno se despierta. Pero “soñar” o “dormir” en el sentido de seguir inmersos en las representaciones y en los discursos que tejen la trama de la realidad y que necesariamente nos adormecen. Es por esa razón que Jacques-Alain Miller concluía en un excelente artículo que el despertar a la realidad es sólo una huida del despertar a lo real y que ese real se anuncia en el sueño justamente en el momento en que el sujeto va a acercarse a aquello de lo cual nada quiere saber.

--¿Es correcto separar los sueños de la realidad?

--Veíamos recién que Lacan demuestra que es para seguir soñando que uno se despierta, se despierta para huir y evitar el horror encontrado. Esto es muy interesante porque vemos que Lacan no sitúa el despertar y el acceso a lo real del lado de la realidad. Al contrario, toda la psicología construida en torno a un supuesto saber de adaptarse a la realidad se cae a pedazos, ya que la realidad material es un medio de eludir otra realidad. A esa otra realidad, Lacan la llama un real, ese real al que justamente el sueño, en un brevísimo instante, permitió acercarse. Si nos referimos a un texto como Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico vemos la manera en que Freud concibe la relación del sujeto a la realidad, la permanente infiltración del sueño, de las ensoñaciones y de los fantasmas en la realidad material y viceversa. Freud demuestra que el sujeto opta por la realidad debido a una falla en el principio de placer. El principio de realidad sólo opera a partir de una falta de satisfacción, y la sustitución del placer por la realidad no es más que un desvío gobernado por una exigencia de satisfacción. En su curso Causa y consentimiento, Jacques-Alain Miller relee este texto y demuestra claramente cómo la realidad es una prosecución del principio de placer por otros medios. Los sueños, las ilusiones y la actividad fantasmática, en general, no deben ser opuestos a la realidad ya que no hacen más que uno solo con el fin de prolongar el goce.

--En tiempos anteriores al primado de la razón se hablaba de sueños premonitorios. ¿El psicoanálisis le quitó al sueño ese oscurantismo que tenía en tiempos medievales?

--¿Por qué soñamos? ¿Qué nos dicen nuestros sueños? El soñar es un fenómeno que interroga al hombre desde siempre. Lo cierto es que corroboramos que casi no hay civilización ni cultura que no tenga o no haya tenido una teoría sobre los sueños. Durante la antigüedad, el sueño recibió una significación profética. Abundan los ejemplos en el antiguo testamento pero también están presentes en Virgilio, Homero, Aristóteles y Platón. Durante las campañas militares, Alejandro Magno podía llegar a decidir si atacar o no una ciudad en función de lo que sus intérpretes predecían a partir de sus sueños. La función profética y oracular de los sueños era preeminente en la antigüedad. Durante el medioevo, los sueños adquirieron una significación sobrenatural, un espacio de conexión con los poderes del más allá, una visita de origen diabólico, como lo muestra la palabra “incubus” en latín, que designaba también a las pesadillas. Durante el siglo XIV y hasta el XVI la palabra “incubo” (o súcubo) designó a las pesadillas, basada en la creencia medieval según la cual un demonio masculino abusaba de una mujer durante el sueño. Vemos cómo a partir del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, el sueño se volvió un objeto para la ciencia, que en contraposición a las antiguas teorías, le quitó todo valor simbólico. En una reacción exacerbada, la ciencia de principios del siglo XIX sólo le otorgó un valor somático cerrando las puertas al inconsciente y a la interpretación. Freud es heredero de su época y, si bien le quitó al sueño ese oscurantismo que tenía en tiempos medievales, no lo hizo al precio del cierre del inconsciente. Vio en el sueño un medio, una “vía real” a su acceso.

--¿Para Freud no es un despertar en la realidad gracias a un estímulo exterior sino un despertar de la fantasía?

--Decíamos que hay en Freud una inmisión del sueño y de la realidad más bien que una lógica de separación tajante entre los dos registros. Freud se opone a sus contemporáneos que sólo veían en el sueño la reacción a una perturbación exterior o interior del cuerpo. Para estos autores, de un racionalismo extremo, el sueño es sólo la respuesta a una perturbación. Esto es cierto y no lo es: ciertamente hay sueños que incluyen en su contenido el elemento perturbador con el fin de seguir durmiendo, pero Freud se opone a concebir el aparato psíquico en términos de estímulo y respuesta, ya que cada uno de nosotros podrá ser molestado por un mismo estímulo de la realidad y, sin embargo, producir contenidos radicalmente diferentes. Vemos cómo entre el estímulo y la respuesta interviene un proceso que tiene por función un “ensayo interpretativo”, dice Freud, que termina en una representación. Este proceso, primario, lo califica Freud, es un espacio absolutamente singular: es el espacio del inconsciente. Freud lo ejemplifica a partir del célebre sueño de Maury, quien fue un gran investigador de los sueños, profesor del Collège de France y creador de laboratorios del sueño muy en boga durante el siglo XIX. Maury tuvo un sueño que suscitó en la época importantes discusiones filosóficas. El sueño se sitúa en el momento de la Revolución y Maury es juzgado junto a Robespierre, Marat, Fouquier-Tinville. Es conducido luego al lugar de la ejecución, sube al patíbulo y en el instante en que la guillotina cae, Maury siente que su cabeza se separa del tronco. Se despierta en estado de angustia extrema y descubre que el dosel de la cama se había caído a la altura de sus cervicales... Le dejo al lector descubrir la explicación que da Freud a propósito de este extraño sueño...

--¿Por qué lo que despierta no es la realidad exterior? ¿Cómo se entiende esto en los sueños de angustia?

--En la misma línea de Freud, en 1964, Lacan retoma esta apasionante discusión a propósito de esta brecha entre, dice él, percepción y conciencia. Es en ese entre que se produce una traducción soñada de la percepción. Esta traducción hace que no sea la realidad la que nos despierta sino más bien eso que Lacan llama “knocked” y que lo diferencia del knock, del golpe. Es en este espacio que va del knock al knocked, que el inconsciente se manifiesta en su singularidad inconmensurable. Freud llama a este proceso “Repräsentanz”, que es la forma en que se traduce la irrupción de la realidad material. A menudo sucede que lo que despierta al sujeto no es la realidad, el golpe, sino la traducción soñada de esta realidad. Y para ejemplificar este mecanismo Lacan va a utilizar como ejemplo un sueño que Freud cuenta al comienzo del capítulo VII de La interpretación de los sueños. Ese sueño es para Freud la ilustración misma de que aun cuando se trata de un sueño de angustia, la teoría del cumplimiento de deseo se corrobora. La relectura de Lacan difiere ya que se trata para él, no de un simple sueño de angustia que revela el deseo de ver al hijo en vida --interpretación freudiana--, sino de un sueño traumático consecutivo a un duelo.

Por Oscar Ranzani

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Las esculturas del Centenial Land Run, en Oklahoma City, que evocan la ocupación de las tierras indias por los blancos (Sue Ogrocki / AP)

A pesar de las indignidades sufridas y la creación del estado en 1907, los jueces reconocen que la reserva nunca dejó de existir y hoy es quien tiene jurisdicción sobre el territorio

 

A la tumultuosa y sangrienta historia de la conquista del Oeste en Estados Unidos de América le faltaba aún un capítulo.

Lo ha escrito esta semana el Tribunal Supremo con una sentencia que reconoce que casi la mitad del territorio de Oklahoma pertenece a las tribus indígenas que allí se instalaron cuando se vieron forzadas a abandonar sus tierras para hacer sitio a los colonos blancos. A pesar de las indignidades sufridas y la creación del estado en 1907, los jueces reconocen que la reserva nunca dejó de existir y hoy es quien tiene jurisdicción sobre el territorio.

“Al final del Sendero de Lágrimas había una promesa. Forzados a dejar sus tierras ancestrales en Georgia y Alabama, la nación creek recibió garantías de que tendrían por siempre aseguradas sus nuevas tierras al oeste”, recuerda en la sentencia el juez Neil Gorsuch en alusión a los tratados firmados en 1832 y 1833 por el gobierno de EE.UU. con esta tribu amerindia para conseguir que les cedieran sus terrenos al este del río Misisipi.

“Hoy se nos pregunta si la tierra prometida sigue siendo una reserva india a efectos de la ley penal federal. Dado que el Congreso no ha dicho lo contrario, la palabra del Gobierno se mantiene”, concluye. Si se reconoce la validez de tratados similares firmados en el siglo XIX con las tribus cherokee, chickasaw, choctaw y seminolas, casi la mitad del territorio de Oklahoma pasará a ser clasificado como reserva india.

La sentencia, aprobada por cinco votos a favor y cuatro en contra, es un recompensa tardía por las lágrimas vertidas entre 1831 y 1838 por miles de miembros de tribus indígenas, una caravana humana en la que fallecieron unas 4.000 personas. El Gobierno de EE.UU. incumplió sus promesas y desde el primer momento se dedicó a minar y torpedear la acción de los órganos de gobierno propios de los indígenas.Pero el Congreso nunca desmanteló oficialmente la reserva india. “Estuvo muy cerca pero nunca aprobó el tipo de texto que generalmente se usa en estos casos”, aduce Gorsuch, a cuya opinión se sumaron los cuatro jueces progresistas.

Entre quienes se opusieron está el presidente, el juez John Roberts. En un informe aparte recordó que “las cinco tribus, cuyos miembros tenían colectivamente al menos 8.000 esclavos, firmaron tratados de alianza con la confederación” durante la guerra de Secesión y “aportaron fuerzas para combatir del lado de las tropas rebeldes”. Al conceder la ciudadanía a los miembros de las tribus y darles voto en la formación del estado, “el Congreso los incorporó en una nueva comunidad política”.

Mientras la juez progresista Sonia Sotomayor destacó el trato vejatorio sufrido por las tribus y el destierro del Sendero de Lágrimas, el conservador Brett Kavanaugh argumentó que si Washington incentivó la llegada de blancos al territorio fue en respuesta al apoyo de las tribus a los confederados. Fue el comienzo de los intentos de “asimilación” de la población nativa. En lugar de permitir que los indios gobernaran sobre una población blanca o expulsarlos, el Congreso optó por crear un nuevo estado en 1907, recalca Kavanaugh. Catorce años después, Tulsa, la principal ciudad de la reserva y segunda mayor del estado, protagonizaría uno de las peores masacres racistas de la historia de EE.UU. con el linchamiento de cientos de negros.

El origen de la sentencia del Supremo no está en ninguna demanda de los pueblos nativos sino en el recurso de un vecino de Oklahoma condenado por abuso de menores que cuestionó que las autoridades estatales tuvieran potestad para procesarlo. El hombre, Jimcy McGirt, de la tribu seminola, alegó que debía ser juzgado en un tribunal federal. Ha habido más casos de este tipo pero este llegó al Supremo. En la vista oral celebrada en mayo, la Administración Trump y el estado de Oklahoma defendieron que el reconocimiento de la existencia de la reserva podría provocar un caos jurídico. Gorsuch discrepó. Dar por buenas todas las tretas que el estado usó para pasar por encima de las tribus nativas sería aceptar “la ley del más fuerte, no el estado de derecho”

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Origen de la sentencia

 

La sentencia implica que solo las autoridades federales pueden presentar cargos contra nativos americanos que cometan crímenes graves en ese territorio, donde viven 1,8 millones de personas (15 % de ellos son nativos americanos). El fallo abre la puerta a que se recurran una cantidad indefinida de sentencias penales dictadas por los tribunales estatales y probablemente a cambios fiscales ya que los estados no tienen derecho a imponer tributos en reservas indias. El estado de Oklahoma, la tribu creek y las otras cuatro naciones afectadas se han comprometido a trabajar juntos para aplicar la sentencia y velar por la seguridad pública, la economía y los derechos de propiedad privada.

“Con el paso del tiempo, Oklahoma y sus tribus ha demostrado que pueden funcionar con éxito como socios”, escribe en la sentencia, optimista haca el futuro, Gorsuch. Su sensibilidad hacia la historia de los pueblos e instituciones indígenas, gestada durante su tiempo como juez en (Denver) Colorado, ha sorprendido a muchos. Gorsuch es uno de los jueces conservadores nombrado por Donald Trump, quien tiene entre sus ídolos a Andrew Jackson, el presidente que en 1830 firmó y ejecutó manu militari la expulsión india.

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Un abrazo colectivo para despedir a un amigo

“El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”, reza una canción de Pablo Milanés. Mientras nuestro tiempo pasa conocemos amigos y amigas con quienes le apostamos a la utopía de transformar el país y construir un mundo con justicia y dignidad para todos y todas. En esto se nos van los días y cuando nos damos cuenta ya han pasado años, y al final de nuestra existencia parece que no hubiéramos hecho nada, o por lo menos sentimos que lo realizado es poco.

Y con el paso del tiempo llega el momento de las despedidas, cuando comenzamos a ver cómo nuestros amigos y amigas parten a otra dimensión, y entonces nos quedamos con un dolor en el corazón por no haber logrado nuestros propósitos. De esta manera en los últimos años vimos partir a Mery Pulido, Arturo Buitrago, Elizabeth Forero, Ricardo Vaca, Gloria Jiménez, Evelia Castro, Magdalena Salazar, entre otros y otras. Hoy nos tocó ver partir a nuestro amigo y compañero Pablo Clavijo, con quien compartimos alegrías y dificultades, con quien reímos y sufrimos al hacer nuestro trabajo comunitario en la localidad cuarta de San Cristóbal. Esta vez despedimos a nuestro compañero en una situación difícil, porque un mal recorre el planeta y nos impide acercarnos, abrazarnos, darnos la mano, cosas tan esenciales para los seres humanos y para la vida misma.

Queremos recordar a Pablo y despedirlo en un abrazo colectivo, queremos recordarlo como un ser vital, con el deseo y empeño de aportar para la formación de mejores seres humanos, pues como nos decía “para cambiar el mundo, primero tenemos que cambiar personalmente”.

La despedida de un amigo

Recuerdo que nos conocimos a principios de este siglo, en tiempos de la alcaldía de Lucho Garzón y toda la efervescencia que se vivía al tener un supuesto aliado de alcalde. Le apostamos y participamos en los encuentros ciudadanos, pero después de tanto esfuerzo por posicionar la comunicación alternativa como un tema prioritario dentro del Plan de Desarrollo Local, nos llevamos la decepción de que ninguno de nuestros aportes apareció en ninguna página del Plan.

Nuestra amistad floreció y conjuntamente dimos paso a la creación del colectivo de comunicación popular Loma Sur. Lidiamos hombro a hombro haciendo radio, hicimos transmisión de radio “ilegal”, montamos antenas, interferimos diales para transmitir otros contenidos con destino comunitario, construimos la radio con las historias de los barrios, él mismo se ingenió el programa semanal “Ciudad Semilla”. Volvimos a creer en que era posible constituir ejercicios de comunicación alternativa y decidimos participar, junto a otros colectivos, en la licitación de la emisora comunitaria de la localidad, ¡la ganamos!, pero tiempo después nos desilusionamos nuevamente al ver que estas emisoras se volvían pequeñas imitaciones de la radio convencional. Nos censuraron y al final quedamos sin emisora para transmitir nuestros contenidos.

Nos desfallecimos y de nuevo comenzamos a construir producciones radiales, retomamos caminos por los barrios haciendo radio en vivo, reconstruyendo la historia de nuestro territorio, escuchamos las voces de cientos de personas que se animaban a participar de esta radio itinerante, y así dimos origen a los “radio nómadas”.

Cuando la vida de los jóvenes fue amenazada por los “panfletos” de grupos paramilitares, y el miedo parecía apoderarse de nuestros barrios, dimos origen a los “liberando la noche” junto a colectivos de teatreros, artistas y organizaciones comunitarias. Vencimos el miedo, salvamos las noches para el goce colectivo.

Pasamos varios encuentros anuales de Loma Sur e innumerables reuniones donde imaginábamos otro mundo. Celebramos cumpleaños, compartimos aguapanela con pan, cantamos, despedimos años, bailamos. Era una persona muy estricta, comprometida y exigente. Debatía con pasión. La “recocha” y los chistes en las reuniones siempre los calmaba para que rindiera el tiempo, se molestaba cuando no avanzábamos por tanto joder. Se esmeraba para que las cosas se hicieran bien. Siempre fue una persona con disposición a compartir, y en toda reunión lo veíamos llegar con algo para compartir.

Hace cinco años el cáncer lo atacó, pero él seguía con su compromiso intocable. Recurrió a la medicina alternativa. Preocupado nos insistía en que hay que alimentar el cuerpo sanamente. En el 2019 se fue deteriorando y sin embargo asistía a reuniones. Luego el mal hizo metástasis en sus huesos y esto lo fue limitando poco a poco; conversábamos esporádicamente. Días antes a su partida conversamos telefónicamente, se sentía cansado, no quería ser una carga para su familia. Cada conversación era como una despedida.

En la mañana del viernes 12 de junio sonó el teléfono, era Blanca Lilia, la compañera de Pablo. La conversación fue corta, allí nos informó que en la noche del jueves la luz se apagó en los ojos de nuestro amigo y había llegado nuestro “hasta siempre”. Vuela muy alto donde estés, querido amigo. Ya la vida nos reencontrara al otro lado del silencio.

 

 

 

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Publicado enEdición Nº269
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