RaúlZibechi

Entrevista al periodista Raúl Zibechi, autor de Los pueblos rompen el cerco. Tiempos de Colapso II

 

Las comunidades Munduruku denunciaron el 27 de mayo, en un comunicado urgente, que mineros ilegales estaban perpetrando invasiones y ataques -contra casas y personas- en sus territorios de la Amazonía brasileña. En el contexto de la pandemia, se incrementó la toma de tierras por parte de los sin techo en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Y entre el 10 y el 21 de abril, el Movimiento Sin Tierra (MST) donó más de 100 toneladas de alimentos en las comunidades periféricas de Brasil, dentro de la jornada de luchas por la reforma agraria.

Son tres ejemplos de la mirada desde abajo y a la izquierda que propone el periodista uruguayo, Raúl Zibechi, en su último libro Los pueblos rompen el cerco. Tiempos de Colapso II. Editado por Coordinación Baladre e iniciativas Zambra en colaboración con la CGT y Ecologistas en Acción, el texto de 201 páginas es la segunda parte de Tiempos de Colapso. Los pueblos en movimiento. Zibechi, referente de la investigación militante en América Latina, es autor entre otras obras de Los arroyos cuando bajan. Los desafíos del zapatismo (1995), Brasil Potencia (2012) y Repensar el sur. Las luchas del pueblo mapuche (2020).

-Una delegación del movimiento zapatista, el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Frente de Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala (FDTAMPT) ha iniciado la “travesía por Europa”. Después de tus numerosas estancias en Chiapas, ¿qué crees que Occidente puede aprender del EZLN?

Te puedo contar lo que yo aprendí del zapatismo, que no necesariamente es lo que ellos piensan. Lo primero es que la lucha es para siempre, tiene un comienzo pero no tiene un fin. No hay objetivos como la toma del poder, ganar elecciones o llegar al socialismo. Es una concepción de la vida y del mundo en sintonía con la cultura de los pueblos de raíz maya que se autogobiernan y tal vez tenga empatía con nuestros antepasados políticos, en el sentido de no separar medios y fines, de que la lucha no es “para” sino una forma de vivir la vida.

La segunda es que no quieren gobernar a otros, sino impulsar a los pueblos, barrios y sectores sociales a que se organicen y gobiernen a sí mismos. La idea de gobernar a otros no entra dentro del universo de ideas zapatista y, bien mirada, es una forma de opresión: si te gobierno te estoy mandando, dando órdenes. Ellos trabajan con la idea de que quien manda está obedeciendo al pueblo, a lo colectivo.

La tercera es la ética como eje ordenador de la política. En el pensamiento político aún dominante la ética es un complemento, pero para ellos es lo central, hacen lo que dicen y dicen lo que hacen, no buscan beneficio personal, por eso el lema “para todos todo, nada para nosotros”.

La cuarta es un rechazo al vanguardismo, a crear organizaciones con una dirección que se construye una base social a la que orienta y le marca el rumbo, los tiempos, objetivos y hasta los modos de caminar. El vanguardismo en el que se formó mi generación, va de la mano de homogeneizar el propio campo, con la idea de la unidad como mantra sagrado, para ir imponiendo la hegemonía en la sociedad. El EZLN rechaza los conceptos de unidad, homogeneidad y hegemonía y en eso son muy claros cuando dice el sub Marcos que “todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación”.

Te diría que pese a la aparente brutalidad del lenguaje, la cultura de vanguardia es corrosiva, destruye las organizaciones colectivas, aniquila las diferencias, y te aseguro que sé de qué estoy hablando porque me formé y practiqué esa cultura que, cuando se hace poder estatal, criminaliza las diferencias como sucede hoy en la Nicaragua de Daniel Ortega.

¿Y en concreto de las mujeres zapatistas?

Ellas se definen como “mujeres que luchan”, haciendo hincapié en la lucha, porque hay feministas muy valiosas pero que no luchan, como hay marxistas y anarquistas que no luchan. Ellas enfatizan ese aspecto y se definen a la vez como anti-patriarcales y anticapitalistas, no conciben la separación de ambas dimensiones.

Por otro lado, en los encuentros de Morelia han hablado de la necesidad de integrar a las diferentes generaciones, de escuchar a las mujeres mayores, de respetarlas, de aprender de ellas, algo que en la cultura urbana occidental no estamos acostumbrados a hacer. Ni escucharnos entre nosotras, ni escuchar a las personas mayores.

-¿Cuál es la relación del actual gobierno “progresista” de Andrés Manuel López Obrador con el EZLN? ¿En qué consiste lo que denominas “guerra de desgaste”?

No existe ninguna relación. Más aún, el actual gobierno federal ha intensificado los ataques a las comunidades y bases de apoyo zapatistas, como puede verse con las ofensivas para-militares en la región Moisés Gandhi y en Aldama en Los Altos. En paralelo impulsa políticas sociales que promueven el individualismo y la división de las comunidades, desató una brutal ofensiva extractiva con el Tren Maya, el Proyecto Integral Morelos y el Corredor Transístmico, potenciando en esas regiones ataques militares y paramilitares a los pueblos originarios.

Con López Obrador, como sucedió antes con Lula y los demás progresismos, el modelo extractivo y neoliberal gana en impulso y en profundidad, llega a nuevas regiones, convierte la naturaleza en mercancías a una mayor velocidad que antes. Por lo tanto, las actividades de los grupos armados se intensifican. Cuando suceden crímenes como el de Samir Flores por oponerse al Proyecto Integral Morelos, que López Obrador se comprometió en frenar en campaña electoral, se hacen los distraídos y siguen adelante. En este caso, fue tal el descaro que mantuvo un referendo que se celebró pocos días después del crimen, desoyendo el llamado de las comunidades para aplazarlo.

En síntesis te digo que el progresismo es el ataque más feroz contra los pueblos, porque los quiere debilitar y dividir.

-Más de un mes de protestas en Colombia –con medio centenar de muertos según el balance oficial- cuyo detonante es la reforma fiscal del presidente Duque; el estallido social en Chile (octubre 2019) por el aumento en la tarifa del metro de Santiago; revueltas en Bolivia contra la expresidenta golpista Jeanine Áñez; manifestaciones del marzo paraguayo de 2021; en Ecuador contra el expresidente Lenin Moreno o en Guatemala, en noviembre de 2020. ¿Hay algún hilo conductor o explicación de fondo?

El hilo conductor es el modelo político-económico que llamamos extractivismo, que es una faceta del neoliberalismo: minería a cielo abierto, monocultivos, grandes obras de infraestructura, hidrocarburos y especulación inmobiliaria urbana. Este modelo hace que la mitad de la población esté condenada a la pobreza, a no tener futuro porque desintegra, desarraiga y polariza; destruye tanto la sociabilidad anterior como la naturaleza, destruye los Estados nación que alguna vez tuvieron la capacidad de ofrecer servicios educativos y sanitarios de calidad a toda la población.

Como lo demuestra la pandemia, los que tienen acceso a salud y escuela privadas, están en una realidad, mientras los demás apenas acceden a servicios de baja calidad y desbordados. Estos días hay un conflicto en Chiapas con los estudiantes de una escuela para ser maestros, ya que los exámenes se hacen de forma virtual pero los indígenas que viven en comunidades no tienen acceso a internet y lógicamente exigen un examen presencial. La única respuesta que tuvieron es la represión y la cárcel. Debo aclarar que el gobernador de Chiapas pertenece a Morena, el partido de López Obrador, quien condenó las manifestaciones de los estudiantes.

-Por otra parte, en una de las entrevistas del libro destacas el valor de la espiritualidad/ancestralidad en las comunidades de Brasil. ¿Reconoce la importancia de estas realidades la izquierda política y los movimientos sociales?

En la izquierda electoral no conozco nada de eso. Sin embargo en los movimientos hay muchos y diversos ejemplos de formas de espiritualidad propias. Entre los sin tierra de Brasil, existen modos inspirados en la teología de la liberación y la educación popular, con muchas dinámicas que denominan “místicas” y que consisten en cantar y danzar en colectivos, pero también en compartir comida, trabajos y los más diversos espacio-tiempos.

Cada sector social tiene sus propias formas de espiritualidad. Destacan las de los pueblos originarios y negros que hacen sus rituales de armonización en lugares sagrados con fogones, donde participan médicos tradicionales o sabios.

Pero si observamos detenidamente a los jóvenes de los barrios populares, veremos que la música y los consumos colectivos juegan también un papel armonizador de lo colectivo, así como las músicas y los bailes. Creo que esto es un universal: la vida colectivo-comunitaria necesita de prácticas espirituales de armonización, de lo más variopintas por cierto.

-En el libro te aproximas a iniciativas como el Mercado Popular de Subsistencia (MPS) en Montevideo; o a las Guardias Indígenas, Cimarronas y Campesinas en Colombia. ¿Qué experiencias de autoorganización popular destacarías, entre las que has podido conocer en los últimos meses?

Ya conocía la Guardia Indígena y la Minga del Cauca, pero ahora se reforzó con la Minga Hacia Adentro y luego ya antes de la revuelta actual con la Minga Hacia Afuera. Ambas están interconectadas.

La experiencia del MPS es más reciente, pero tiene enormes perspectivas de crecer en mundos urbanos como Montevideo, donde tenemos tradiciones asociativas. Te diría que están las miles de ollas populares en las grandes ciudades, muchas de ellas autogestionadas aunque con dificultades para mantenerse a lo largo del tiempo.

Entre las experiencias que veo crecer, está la Red Trashumante de Argentina, que partió hace décadas de una educación popular en movimiento y con movimientos, a trabajar ahora en territorios en resistencia donde los sujetos y sujetas son los sectores populares más golpeados por la crisis y la marginalización. Meses atrás me integré como un militante-educador más a esa red, que está tejiendo una red más amplia de colectivos autónomos en un país donde la autonomía atraviesa enormes desafíos.

La Teia dos Povos de Brasil me parece una experiencia notable, que integra campesinos sin tierra, pueblos originarios y quilombolas, pueblos negros organizados en sus territorios o quilombos. La iniciativa parte de personas que estuvieron en el MST (Movimiento Sin Tierra) y que pensaron que es necesario tejer una red (de ahí el nombre teia) entre los pueblos oprimidos y explotados, algo que la dirección no comparte ya que se propone otros objetivos.

-¿Qué es el triage social? ¿Puedes mencionar ejemplos de su aplicación?

Aunque el nombre suena difícil, es la práctica que podemos observar en la puerta de un hospital o de una unidad de tratamiento intensivo a la hora de elegir a quién se atiende y a quién se descarta. Las razones para descartar son claramente la “utilidad” de las personas desde el punto de vista de la acumulación de capital, y ahí se deja de lado a los más vulnerables, que tienen menos posibilidades de sobrevivir, y se prioriza a quienes pueden seguir trabajando y produciendo. Es una vuelta más de tuerca a los temas de Foucault.

Debo decir que entre las muchas fortunas que me deparó la pandemia (además de algunos infortunios), está el haber ligado con grupos como la Teia dos Povos, con la Red Trashumante y otros que ya conocía pero que profundizamos los lazos, y con dos compas de México como Tamara y Eduardo, que también son adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y quienes aportan el texto del triage social.

-Por último, ¿en qué punto se halla la lucha del pueblo mapuche? ¿Cómo valoras que la Convención Constituyente de Chile reserve 17 escaños a los pueblos originarios?

La militarización decretada por el gobierno de Piñera de Wall Mapu debe entenderse como la respuesta a un avance importante de las recuperaciones de tierras de decenas de comunidades y a un salto adelante en la movilización del pueblo mapuche. Los datos dicen que en los cuatro primeros meses de 2020 hubo 17 ocupaciones de tierras, pero este año superaron las 130 tomas, lo que representa más de una por día.

Creo que ante el pueblo mapuche se presentan dos caminos. Por un lado, la constituyente que busca aplacar las luchas con el reconocimiento de la plurinacionalidad que no va a tener ninguna repercusión práctica concreta si no pasa por la restitución territorial. La simple mención de los pueblos en la Constitución, no modifica las cosas como ya sucedió en Ecuador y en Bolivia.

En paralelo, está el amplio proceso de recuperación de tierras rurales y semi-urbanas que viene cobrando un impulso importante, como lo confirma la reciente entrevista a Héctor Llaitul, de la Coordinadora Arauco Malleko, ya que ahora son muchos los colectivos y comunidades empeñadas en seguir este camino que pasa por la autonomía y el autogobierno.

Por Enric Llopis | 08/06/2021 |

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Chomsky pone el foco en algunos aspectos alarmantes vinculados con el medioambiente. NOTA RELACIONADA

Se publicó su libro más reciente, "Cooperación o extinción"

Para el lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, la clave reside en la movilización popular y constante. “El activismo puede llegar a ser muy influyente", sostiene. 

 

La inminencia de la extinción es uno de los ejes centrales que aglutina al activismo del siglo XXI. Los niveles de carbono en la atmósfera, más elevados que en cualquier punto anterior de la historia humana, aumentaron con celeridad hasta más de cuatrocientas partes por millón, muy por encima de las trescientas cincuenta partes por millón hasta las que se considera que el nivel es seguro. La destrucción de la vida en la Tierra no es un relato apocalíptico, producto de la desmesurada imaginación medioambientalista o de un grupúsculo perturbado de la comunidad científica. “Cada año, cerca de treinta millones y medio de personas se ven obligadas a desplazarse por causas de desastres naturales como inundaciones y tormentas; se trata de una de las consecuencias vaticinadas del calentamiento global y significa casi una persona por segundo, es decir muchísimas más de las que huyen por causa de la guerra y el terrorismo. A medida que los glaciares se derritan y el nivel del mar aumente, algo que hará peligrar los suministros de agua de un vasto número de personas, estas cifras seguirán aumentando”, advierte Noam Chomsky, lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, uno de los activistas más influyentes del mundo, en Cooperación o extinción (Ediciones B).

El libro --que se puede leer junto a En llamas de Naomi Klein—despliega una recopilación de textos que surgieron a partir del “Encuentro con Chomsky”, celebrado en Boston a mediados de octubre de 2016, en el exterior de la histórica iglesia de Old South, donde se congregó una multitud de jóvenes que se extendió a lo largo de dos manzanas. La charla de aquella tarde tenía el título de “Internacionalismo o extinción”. El cuerpo principal del libro lo constituye el discurso original del autor de Hegemonía o supervivencia, Estados fallidos y ¿Quién domina al mundo? Entre los materiales se incluye la transcripción de una conversación en el mismo encuentro con Wallace Shawn, un activista comprometido, más conocido como dramaturgo y actor; y las preguntas que formularon los que asistieron al encuentro con las respuestas de Chomsky. Además de la emergencia climática, los otros dos temas fundamentales fueron la amenaza nuclear y el peligro que entraña el debilitamiento del sistema democrático en todo el mundo.

Chomsky, que nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928, adquirió su primera conciencia política estimulado por las lecturas en las librerías de los anarquistas españoles exiliados en Nueva York. Tenía once años cuando publicó su primer artículo sobre la caída de Barcelona y la expansión del fascismo en Europa. Su activismo político arrancó con la movilización contra la guerra de Vietnam. Si entonces llamó la atención, fue porque como profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), él pertenecía a una universidad que investigó bombas inteligentes y técnicas de contrainsurgencia para la guerra de Vietnam.

Para Chomsky extinción e internacionalismo están asociados en “un funesto abrazo” desde una fecha precisa: 6 de agosto de 1945, cuando el presidente de Estados Unidos ordenó los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. A partir de aquel fatídico día la humanidad entró en una nueva era: la era atómica. “Lo que no se percibió entonces es que surgía una nueva época geológica que hoy conocemos con el nombre de Antropoceno, la cual viene definida por un nivel extremo de impacto humano sobre el entorno”, explica el lingüista estadounidense y agrega que la era atómica y el Antropoceno constituyen una amenaza dual para la perpetuación de la vida humana organizada. “Está ampliamente reconocido que nos encontramos en un sexto período de extinciones masivas; el quinto, hace sesenta y seis millones de años, se atribuye por lo general al impacto de un gigantesco asteroide contra la superficie de la Tierra, lo que supuso el final del 75 por ciento de las especies del planeta. Este acontecimiento puso fin a la era de los dinosaurios y allanó el camino al apogeo de los pequeños mamíferos y, en última instancia, de los humanos, hace unos doscientos mil años”.

Hace tiempo que la capacidad de los seres humanos para destruirse unos a otros a escala masiva está fuera de duda. El Anthropocene Working Group confirma que las emisiones a la atmósfera de CO2 (dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero de origen humano) están aumentando a la tasa más elevada existente en sesenta y seis millones de años. Aunque Chomsky no se detiene a analizar cada uno de los datos disponibles, pone el foco en algunos aspectos alarmantes. “El deshielo de los glaciares del Himalaya podría acabar con las reservas de agua de toda Asia Meridional, es decir, de varios millones de personas. Solo en Bangladesh se espera que en las próximas décadas emigren decenas de millones por la única razón del aumento del nivel del mar, debido a que se trata de una planicie litoral costera. Será una crisis de refugiados que hará insignificantes las cotas actuales, y se trata nada más que del comienzo”, aclara el lingüista estadounidense y recuerda que los Acuerdos de París, alcanzados en la COP 21, en 2015, supusieron un desarrollo a los esfuerzos internacionales por evitar la catástrofe. Debería haber entrado en vigencia en octubre de 2016, pero la mayoría republicana en el congreso, conocida por su sistemático negacionismo, no estuvo dispuesta a aceptar ningún compromiso vinculante.

Entonces acabó saliendo un acuerdo voluntario que Chomsky califica como “mucho más flojo” por el cual se llegó a una resolución para reducir de forma gradual el uso de hidrofluorocarburos (HFC), gases de efecto invernadero supercontaminantes. El Partido Republicano es la organización “más peligrosa en toda la historia de la humanidad” para el lingüista estadounidense. La envergadura de la ceguera es tan preocupante que Chomsky elige un fragmento para estimular el debate y a la vez sorprender: “No puedo imaginar límites a la osada depravación de los tiempos que corren, en tanto los agentes del mercado se erigen en guardia pretoriana del Gobierno, en su herramienta y en su tirano a la misma vez, sobornándolo con liberalidad e intimándolo con sus estrategias de opciones y exigencias”. Esta cita la pronunció James Madison en 1791, varios años antes de convertirse en el cuarto presidente de Estados Unidos (1809-1817).

No se puede esperar que las soluciones lleguen de los sistemas de poder organizados, estatales o privados. Para Chomsky la clave reside en la movilización popular y un activismo constante. “El activismo popular puede llegar a ser muy influyente, lo hemos visto una y otra vez; el compromiso de los activistas desde hace cuarenta años ha puesto los problemas medioambientales en la agenda política, quizá no lo suficiente pero, con todo, de forma crucial y significativa”, reconoce Chomsky en una parte de Cooperación o extinción. Claro que del dicho al hecho hay un largo trecho. El propio autor revela cómo a pesar del cambio drástico en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial una gran parte de la población se mantuvo como antes: tradicional en lo cultural y premoderna en muchos sentidos. “Para el 40 por ciento de los ciudadanos estadounidenses, el trascendental problema de la supervivencia de la especie no es demasiado relevante, ya que Cristo va a regresar entre nosotros en un par de décadas, de manera que todo quedará resuelto. Insisto; hablamos de un 40 por ciento”, resalta Chomsky para no perder de vista la importancia que tiene la religión en una porción significativa de la ciudadanía estadounidense.

Chomsky comenta un libro de Arlie Hobschild (Strangers in Their Own Land), una socióloga que se fue a vivir a un área pauperizada de Luisiana durante seis años para estudiar a los habitantes desde dentro. Se trata de la zona profunda pro-Trump del país. “Los productos químicos y otros elementos contaminantes derivados de la industria petroquímica están causándoles graves daños, pero se oponen por completo a la Agencia de Protección Medioambiental (…) Ven a la Agencia como un grupo de gente de ciudad con un doctorado, que va hasta allí y les dice cosas como que no pueden pescar, pero que a la industria petroquímica ni le chistan. Así que, ¿qué utilidad tiene? No les gusta que les quiten el trabajo y les digan con su acento culto lo que pueden y no pueden hacer, mientras que ellos se ven asediados por toda la situación”, plantea Chomsky como ejemplo para que los activistas conozcan las profundas razones y reticencias que tendrán que vencer. En el reto sin precedentes por la supervivencia de la civilización no hay tiempo que perder.

 

Por Silvina Friera

23 de mayo de 2021

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panorámica viaducto Pereira

En torno a la protesta social reciente en Colombia y del asesinato de un manifestante, es importante interrogarse por la razones para que un escenario de circulación de seres humanos y mercancías como es un viaducto, se transforme en lugar de memoria.

 

El viaducto que conecta las ciudades de Pereira y de Dosquebradas se ha convertido por momentos coyunturales, en escenario de la indignación popular y la reivindicación de reclamos, supuestamente negados o poco valorados por lógicas verticales de poder. En ausencia de monumentos en la ciudad, alusivos a figuras que contengan una carga histórica de hechos como el racismo, el clasismo, el colonialismo etc, el viaducto “Cesar Gaviria Trujillo” es el referente simbólico usado por los jóvenes para expresar sus sentimientos de indignación social.

Inaugurado el 19 de noviembre de 1997, con el propósito de resolver el famoso “trancón” de largas horas por la vía de “La popa” hacia el municipio industrial de Dosquebradas, forma parte de un gran proceso de renovación urbana que influyó en la “modernización” de la ciudad, que a su vez implicó la adquisición de predios urbanos por parte del estado, que se interponían en el camino de la estructura de hormigón y tirantes. Los costos de vidas en esta obra se dividen en dos: quienes fallecieron en su proceso de construcción, y aquellos que se han arrojado al vacío, motivados por concluir los tormentos de sus mentes, fenómeno que obligó  a su reestructuración, incorporando una malla protectora para sus transeúntes que impide a su vez la contemplación del paisaje urbano.

Durante los últimos 23 años, este lugar ha contribuido en la transformación del imaginario de la ciudad para propios y extraños, generando análisis académicos de carácter cultural, urbano y comunicativo por donde circula el movimiento mercantil y humano de la llamada región “centro-occidente” de Colombia. El panorama de las puestas del sol, así como las desigualdades e injusticias del país, se visualizan desde su estructura. En sus primeros 10 años fue testigo del deambular de innumerables grupos de campesinos en la búsqueda de un refugio tras huir de un conflicto armado que los asechaba en sus territorios y llevando en sus manos carteles de auxilio, reemplazados en la actualidad por familias venezolanas quienes huyen de la realidad de su nación.

El origen del nombre de la obra, proviene del gobernante del periodo 1990-1994, oriundo de esta ciudad. En su mandato se gestó la constitución de 1991 como logro de las luchas previa de diversos actores de la sociedad; en este mismo periodo se produjo la llamada “Apertura económica”. Si la primera posibilitó unas demandas de inclusión, reconocimientos, maduración de la sociedad civil, ecos de su legado talvez ahora se escuchen con más fuerza en el Paro Nacional originado el 28 de abril del 2021; la segunda, fue el eufemismo con el cual se bautizó un modelo económico liderado durante los años ochenta por el presidente Ronald Reagan de Estados Unidos y la primera ministra de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, que en Colombia coadyuvó en la globalización, acelerando el declive de la industria nacional y la extinción de pequeñas y medianas empresas que no pudieron competir en medio de la llamada “apertura”.

Este viaducto forma parte de los sitios emblemáticos de un “Eje cafetero” publicitado como “remanso de paz”, donde el conflicto armado resulta ser algo casi invisible y las narrativas de una “confianza inversionista” presume estar a salvo de los 70 años de violencia en Colombia. En esta región se ha buscado estimular la construcción de pequeñas centrales hidroeléctricas que pretenden comercializar los recursos hídricos de las comunidades; desde los gobiernos se han otorgado licencias que han permitido la presencia de empresas mineras nacionales e internacionales en los territorios, así mismo, florecen agroindustrias de grandes monocultivos, zonas francas para almacenar y circular numerosos volúmenes de mercancías, carreteras al mar pacífico que termina afectando a humildes habitantes, proyectos de puertos multimodales que buscan la conexión de esta territorio con el mundo. Todo esto coexiste bajo un manto de relaciones porosas de economía, entre la legalidad y la ilegalidad debido a que por esta región circula el gran negocio de las drogas .

¿Se pone en juego la estabilidad de todo este cumulo económico y social en el momento en que los jóvenes manifestantes realizan la toma de este viaducto? ¿Las tensiones entre diversos actores de la protesta, tiene que ver con unas representaciones de ciudad que se escenifican en el viaducto? Por ejemplo, las ideas acerca de una sociedad productiva, cívica, respetuosa de la norma, frente a una narrativa que privilegia la idea de jóvenes “anárquicos” e “irrespetuosos” del poder.

Algunos pensadores contemporáneos como Antonio Negri, coinciden en el término “multitud” para definir esta diversidad que desfila, danza, hace yoga, juega futbol, es animalista e incluso vegana; una multitud que no es ni desmemoriada, negacionista o insensible, la mal llamada “generación de cristal”. Estos millares de [email protected] son todo lo contrario de la pasividad o la indiferencia por el futuro. Muchos de sus padres pudieron haberse considerados conformistas, otros tantos fueron afectados por el conflicto social, el desplazamiento y la migración, llegaron a ciudades como Pereira buscando oportunidades, unos lo consiguieron otros no, aquí o en el exterior, ya que el eje cafetero ha sido receptor de remesas de muchos lugares del mundo, producto de tantos colombianos que han huido de la falta de oportunidades. En este aspecto es menester contextualizar y rescatar desde todos los lenguajes posibles a seres humanos como Lucas Villa y muchos otros en todo el país, hijos de una Colombia que no quiere continuar viviendo bajo el peso de dogmatismos extremos, abusos de poder, perpetuación de desigualdades estructurales, en fin, todo lo que compone una “una horrible noche”.

*Profesor Universidad Tecnológica de Pereira

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Chile: la convención constitucional puede ser la tumba de la revuelta

La derecha pinochetista fue derrotada, ya que no consiguió el tercio de la convención constitucional necesario para bloquear cambios. Una derrota que comenzó a fraguarse hacia 2000, con la resistencia empecinada del pueblo mapuche y luego las luchas de los estudiantes secundarios. A partir de octubre de 2019, el pueblo chileno decidió enterrar la herencia de Pinochet con una multitudinaria revuelta.

Los partidos de la antigua Concertación que gobernó Chile desde el fin de la dictadura, también salieron mal parados, al obtener sólo 25 escaños bajo el lema Unidad Constituyente, frente a los 37 de la derechista Vamos por Chile. La izquierda consiguió 28 escaños en un muy buen desempeño. Los pueblos originarios tenían asignados 17 puestos, los independientes consiguieron nada menos que 48 escaños y se alcanzó a la paridad entre varones y mujeres.

Sabemos quiénes perdieron, pero no es sencillo saber quiénes resultaron vencedores. En primer lugar, debe constatarse una elevada abstención, ya que votaron sólo 42.5 por ciento de los inscritos, cifra que cae hasta 21 por ciento entre los mapuches. Puede argumentarse que la pandemia no favoreció el voto, pero lo cierto es que la deserción de las urnas viene creciendo en la última década y media.

La segunda cuestión es que si bien la derecha pinochetista no tiene poder de veto, sí lo tiene la suma de ésta con la ex Concertación, integrada básicamente por socialistas y democristianos que han apoyado el modelo neoliberal extractivo. Juntos superan el tercio de los votos para impedir cambios.

En tercer lugar, la revuelta en Chile no fue para conseguir una nueva Constitución, sino para poner fin al modelo neoliberal. Desde que las negociaciones cupulares abrieron esa posibilidad, argumentando que con la nueva Constitución caerá el modelo, la movilización comenzó a desgranarse.

Si bien entre los 155 miembros de la convención constitucional hay una fuerte presencia de la izquierda y de los movimientos sociales, que aportaron una parte considerable de los constituyentes independientes, la garantía de cambios no está en los representantes, sino en organizaciones y movilizaciones colectivas.

La cuarta cuestión es mirar hacia los lados. En América Latina hubo tres nuevas constituciones en pocos años: en Colombia, en 1991; en Ecuador, en 2008, y en Bolivia, en 2009. Algunas contienen capítulos bien interesantes: la naturaleza como sujeto de derechos, en la ecuatoriana, y la refundación del Estado, en la boliviana.

En ninguno de los casos se cumplieron esas aspiraciones, pese a que en Bolivia y en Ecuador la derecha fue derrotada en las calles y cayeron cinco presidentes mediante grandes insurrecciones.

Sin embargo, el neoliberalismo extractivista continuó despojando a los pueblos de los bienes comunes, y la situación concreta de los pueblos originarios y de los sectores populares no hizo más que empeorar. No por las constituciones, sino por algo más profundo: la desmovilización de las sociedades y los pueblos.

Pensar que se puede derrotar al neoliberalismo, que es la forma que asume el capitalismo en este periodo, mediante nuevas cartas magnas y con leyes que declaman derechos para las más diversas opresiones, es una ilusión que conduce a callejones sin salida. No es una cuestión de ideologías, sino de la lectura del pasado reciente y de la situación que atravesamos en todo el mundo.

En Chile no estamos ante una constituyente legítima, sino ante un juego político, como sostiene Gabriel Salazar (https://bit.ly/3f1W6Eo). Ese juego lo parieron dirigentes del Frente Amplio, la proclamada nueva izquierda, que pactaron con la derecha cuando había millones en las calles y lo volverán a hacer en un recinto donde caben malabares discursivos con total impunidad.

La única garantía que tenemos los pueblos, para que al menos nos respeten, es la organización y la movilización. En Chile hubo durante meses enormes manifestaciones y se crearon más de 200 asambleas territoriales. Los constituyentes de izquierda están diciendo que no es necesario volver a las calles y la mayoría de las asambleas se debilitaron al apostar a las urnas, aunque ahora retornan a sus territorios.

¿Cómo se harán realidad los mejores artículos de la nueva Constitución, que sin duda los habrá? Resuenan las palabras de la comandanta Amada en la inauguración del segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan: Dicen que ahora hay más leyes que protegen a las mujeres. Pero nos siguen asesinando.

Ninguna ley impedirá a los hombres armados (Carabineros y militares), núcleo duro del patriarcado, seguir golpeando, lacerando y asesinando. El mapuche Fernando Pairicán reconoció que 80 por ciento de los mapuches que no votaron, lo hicieron, en parte, por la fuerza del movimiento autonomista que llamó a no votar (https://bit.ly/3ot3Gv0).

La esperanza de un nuevo Chile sigue estando en la resistencia mapuche y en las redes de vida que sobreviven en unas cuantas asambleas territoriales.

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Diez años del 15M: Una década en tres miradas

Diez años son tiempo suficiente para una aproximación al movimiento más importante de la sociedad española desde la muerte de Franco en 1975. Propongo tres miradas para abordarlo (aunque seguramente hay muchas más): el movimiento en las calles y plazas, la izquierda de arriba y los abajos en movimiento.

Miles en plazas y calles

Las acampadas que comenzaron en la Puerta del Sol, Madrid, y en muchas otras ciudades del Estado Español la noche del 15 de mayo de 2011, al finalizar una manifestación, fueron la respuesta de una generación agobiada doblemente, por las secuelas de la crisis financiera de 2008 y por el bipartidismo PSOE-PP, que cerraban el horizonte de vida a generaciones enteras practicando una democracia restringida.

De ahí que las consignas “Democracia real Ya” y “No somos marionetas en manos de políticos y banqueros”, hayan calado hondo entre cientos de miles de jóvenes que se politizan en la acción colectiva e, inicialmente, en las acampadas masivas.

El movimiento del 15-M condensa años de resistencias locales, regionales y estatales contra el neoliberalismo, la Europa de Maastricht y el avance del capital financiero contra la vida y el planeta. Pero también se referencia en movilizaciones en el mundo, como la revuelta en Grecia en diciembre de 2008 por el asesinato policial del joven Alexandros Grigorópulos en Atenas y las cadena de levantamientos conocidos como Primavera Árabe entre 2011 y 2012.

Cuando las acampadas en más de cincuenta ciudades debieron levantarse, en particular la de Sol y la de Plaza Cataluña en Barcelona que fueron las más emblemáticas, luego de semanas resistiendo, debatiendo y organizándose horizontalmente, el movimiento se arraigó en los barrios. Cientos de asambleas populares nacieron en los más diversos rincones.

Sólo en Madrid, la Comisión de Barrios informó que se habían formado cien comisiones barriales a fines de mayo, en las que participaban 30 mil personas, cuando aún se mantenía la acampada en Sol. Puede estimarse que en todo el Estado hubo más de 500 asambleas, con más de cien mil personas activas organizadas.

En junio se realizó la Marcha Popular Indignada, que en ocho columnas llegó a Madrid desde 16 ciudades para participar en una manifestación masiva y en el Segundo Encuentro Estatal del 15 M.

Luego llegaron las “mareas”, las movilizaciones sectoriales en defensa de derechos vulnerados por las políticas neoliberales. La Marea Verde contra los recortes en la educación; la Marea Blanca por la sanidad; la Marea Azul por el agua y Stop Desahucios en contra de los desalojos de quienes no podían pagar la hipoteca de sus viviendas.

Quizá el más importante haya sido la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) que había nacido en 2009 en Barcelona, en el marco de la crisis de vivienda por la burbuja inmobiliaria. Se define como un movimiento horizontal, no violento, asambleario y apartidista. En diez años el precio de la vivienda subió un 180%, al punto que los jóvenes dedican el 64% de sus ingresos a comprar un piso.

La PAH recuperó más de 50 bloques de edificios y rescató a 4 mil familias de los desahucios, pero hubo más de un millón de desalojos desde 2008 aunque suman 100 mil las viviendas okupadas “ilegalmente”.

El 15M fue un movimiento de nuevo tipo, similar a los que emergieron tras el ‘caracazo’ en Venezuela de 1989. No se basa en la representación sino en la presencia y la acción directas, busca convertir el espacio público en formas de interconexión de las personas afectadas por el modelo y pretende destituir las políticas neoliberales que impulsa el capital financiero. Pero lo más importante, es que el 15M permitió el nacimiento de nuevas realidades: centros sociales, huertas colectivas, espacios de ocio y de formas de vida alternativas.

La izquierda de arriba

El ciclo de protesta iniciado con las acampadas del 15M se fue aplacando y probablemente hacia 2012 o 2013 haya finalizado. Es el mismo proceso que siguen todos los movimientos, que muestran una enorme energía colectiva cuando nacen, para decaer luego de algunos meses y comenzar a transformarse, dando vida a nuevas organizaciones interconectadas pero descentralizadas.

Podemos no hubiera nacido sin el 15M, aunque el movimiento no se propuso formar un partido. Podemos se funda en marzo de 2014, pero un grupo de intelectuales y militantes provenientes de la izquierda (sobre todo Izquierda Unida impulsada por el PCE y Anticapitalistas originada por la LCR), venían promoviendo la formación de una partido que canalizara la indignación colectiva.

Pronto alcanzó los 200 mil afiliados, superando al Partido Socialista y sólo detrás del derechista Partido Popular. En las elecciones de diciembre de 2015 obtuvo el 20%, cinco millones de votos y 69 diputados, siendo el tercer partido más votado. De ahí en adelante, los resultados de Podemos y sus alianzas regionales fueron decayendo, hasta orillar el 10%.

Las polémicas y disputas entre tendencias y liderazgos, fueron la tónica de este período que marcó la segunda mitad de la década. En 2019 se produjo la ruptura con Íñigo Errejón, que había sido apartado de los círculos de decisión, y en 2020 Anticapitalistas abandona la formación.

En enero de 2020, luego de las elecciones generales, Podemos ingresa en el gobierno de coalición con el PSOE, ocupando Pablo Iglesias una de las cuatro vicepresidencias y cuatro ministerios del área social. Un año después Iglesias renunció a su cargo para salvar a Podemos en las elecciones del 4 de mayo en Madrid, donde se produjo una aplastante victoria de la derecha ultra.

Pese a que inicialmente Podemos se presentó como una izquierda diferente, pronto fueron visibles los vicios de las viejas izquierdas. La lucha interna por el poder, los caudillismos patriarcales, las zancadillas y maniobras mostraron una cultura política individualista, que termina justificando desvíos éticos en la disputa por llegar al Estado, definido por los dirigentes como “el cielo”.

A mi modo de ver, Podemos seguirá declinando por el agotamiento del ciclo del 15M, palpable en las elecciones regionales de Madrid, por el crecimiento de su disidencia Más Madrid que superó al socialismo y duplicó largamente la votación de Podemos. En todo caso, el ciclo político ha cambiado de dirección, siendo la derecha la que está a la ofensiva, arrastrando incluso a antiguos votantes de la izquierda.

Uno de los resultados laterales del movimiento 15M fue el crecimiento de las corrientes independentistas en Catalunya, en particular la socialdemocracia de Esquerra Republicana (ERC) y las Candidaturas de Unidad Popular (CUP) que se definen como feministas y anticapitalistas. El creciente rechazo a la monarquía es otra consecuencia indirecta del 15M.

Los abajos se mueven

Los grandes ciclos de luchas sedimentan en una infinidad de grupos locales y en nuevas actitudes de las personas que participaron, que son capaces de tomar iniciativas con las que antes ni siquiera soñaban. Es necesario recoger las experiencias de las decenas de colectivos de base en las que participan miles de personas, para comprender los cambios en curso. Voy a poner apenas un par de ejemplos.

En 2012 se crea el Centro Social L´Horta (la Huerta) en Benimaclet, Valencia, recuperando una parcela engullida por la especulación inmobiliaria. Allí funciona una enorme huerta, biblioteca, reparación de bicicletas, espacio para niños y niñas, taller de serigrafía y un aula de música. Realizan actividades culturalesy fiestas, crearon la Anti-Tienda gratuita para dejar y llevar la ropa que necesites, talleres gratuitos de guitarra, flauta, yoga y pastelería vegana.

El espacio se define como anticapitalista y antipatriarcal, apoya el veganismo y rechaza el consumismo. Cuando intentaron desalojarlos, durante la pandemia, cientos de vecinos se pusieron delante de la policía hasta forzarla a retroceder. Hay cientos de huertas comunitarias como L´Horta en todas las ciudades.

Mujeres Sembrando surgió en 2014 en la ciudad de Mérida, en Extremadura. En 2018 abrió un amplio espacio llamado El Sitio de las Mujeres, donde reciben ropa que transforman con máquinas domésticas e industriales, reciben libros y han abierto una “cocina solidaria” que se propone “facilitar el proceso de cambio de las mujeres” a través de hábitos alimenticios saludables, ya que las que acuden son familias empobrecidas.

“Desde el otoño de 2019 algunas mujeres procedentes de Latinoamérica comenzaron a incorporarse al grupo Mujeres Sembrando, muchas compañeras venidas de esos países hermanos, mayoritariamente de Nicaragua, Venezuela y Colombia”, con las que buscan resolver su situación legal como migrantes.

Es un feminismo plebeyo, que lucha por las emancipación “haciéndolo desde abajo, dando voz a la exclusión y la periferia, repartiendo solidaridad también en lo material, generando comunidad, tejiendo redes, ocupando la calle en el sentido más amplio de la palabra”, defendiendo también la autodefensa feminista.

Este amplio espectro de colectivos, entre los que figuran Errekaleor, La Villana de Vallekas, el colectivo Pueblos Vivos que repueblan pueblos abandonados y decenas más que no conocemos, recibirán la gira zapatista.

En algún momento, estos grupos de base impulsarán luchas que recordarán la potencia del 15M. Sería deseable que recordaran las maravillas y los horrores de esta década, que dejó a las personas pobres más empobrecidas, a los ricos más enriquecidos y a los profesionales de la política que se aprovecharon de las luchas, cada vez más cerca de los de arriba y a prudente distancia de los abajos.

14 mayo 2021 

 

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Viernes, 07 Mayo 2021 06:27

Lecciones de la revuelta en Colombia

Lecciones de la revuelta en Colombia

Una semana de huelga general con movilizaciones que insinúan insurrecciones agrietaron el modelo de dominación administrado por la ultraderecha de Álvaro Uribe. El saldo provisional es de alrededor de 30 muertos por la represión policial, 10 violaciones, mil 400 casos de brutalidad policiaca con más de 200 heridos y cerca de mil arrestados. Algunas reflexiones sobre este monumental y esperanzador movimiento:

  1. El sistema capitalista es genocida y criminal, en particular en este momento de declive y en los países de América Latina. Su carácter no depende del gobierno que administre el modelo, porque es un régimen estructuralmente genocida, toda vez que se asienta en un modo de acumulación por despojo y robo que sólo puede funcionar sobre la violencia, la exclusión y marginación de las mayorías.

La brutal represión a manos del Escuadrón Móvil Antidisturbios responde a que medio país, medio continente, sobra desde la lógica del capital y debe ser despachado, encerrado en sus barrios/guetos o muerto si se atreve a protestar. Las ejecuciones sumarias, los crímenes contra jóvenes, no son errores ni desviaciones de algún uniformado, sino política de Estado y del capital.

“Si supuestamente hay unos actos de vandalismo, se supone que las personas son capturadas y llevadas ante un juez, pero lo que vemos es que directamente se ejecutan manifestantes”, sostiene el colombiano Richard Tamayo Nieto (https://bit.ly/2RmGqCu). El sistema ya no aspira a integrar ni a domesticar a los de abajo, por eso se dispone a eliminar a los manifestantes, a los que considera terroristas.

En la medida que la población sobrante abarca a la mitad de nuestro continente, no tiene derecho a la protesta, que se considera un riesgo para el Estado y "las manifestaciones sociales deben ser abordadas militarmente", observa Tamayo. Como se trata de una realidad estructural, el gobierno que suceda al de Iván Duque puede moderar la represión, pero sólo puede hacer eso.

  1. Es necesario centrarnos en elabajo, una vez que conocemosel arriba genocida. Lo más destacable es que cientos de miles de jóvenes desafiaron la represión, el estado de excepción y la criminalidad policial durante siete días (por lo menos hasta el 5 de mayo). Este es el principal cambio en Colombia y en toda la región.

Estamos ante un recambio generacional que enseña modos de hacer distintos a los anteriores. Para luchar, resistir y rebelarse contra el sistema no hacen falta vanguardias que, las más de las veces, se convierten en obstáculos, ya que pretenden dirigir, desde sus despachos, sin siquiera preguntar o escuchar a las personas que están en las calles. Aprendieron a cuidarse en ellas porque ya pertenecían a grupos de afinidad, artísticos y de vecindad en los que se socializan.

Las mujeres jóvenes están en la primera fila, a la par de los varones, impulsando formas de protesta que no buscan la confrontación, sino decir lo que creen y defenderse colectivamente de los asesinos de uniforme. Esta generación sabe a qué se enfrenta, pero perdió el miedo y hace resonar un grito que escuchamos en todas las geografías de nuestro sur: "sí se puede".

  1. No hay salida de este modelo sin potentes movilizaciones abajo y a la izquierda. Se sale sólo con crisis política, porque quienes se benefician del extractivismo, probablemente 30 por ciento de la sociedad, van a defender sus privilegios con violencia generalizada.

De lo que se trata, más que de un cambio de gobierno, es de cambiar el modo de acumulación que destruye las sociedades y el medio ambiente. Si no frenamos este modelo especulativo financiero (minería, monocultivos, megaobras y especulación inmobiliaria), entraremos en un periodo de barbarie en el cual dos terceras partes de la sociedad seremos sometidos en campos de concentración a cielo abierto, con el otro tercio vigilándonos, consumiendo y votando.

  1. No vamos hacia gobiernos mejores, sino hacia un lapso de ingobernabilidad, más allá de quienes estén al mando en los palacios de gobierno. Gane quien gane las elecciones, no tendrá descanso ni tregua. Entramos en un periodo caótico, en el cual no hay fuerzas capaces de imponer un orden que no sea el de los cementerios.

Como sucede desde la escala global y geopolítica hasta el más remoto rincón del planeta, el desorden se ha convertido en la norma, en lo cotidiano; lo que el EZLN denomina "tormenta", provocada por la imparable vocación depredadora de la hidra capitalista. Que desafía nuestros saberes, las formas de acción y los objetivos de los movimientos antisistémicos consistentes en la toma del poder.

  1. Las y los de abajo debemos aprender a vivir y convivir con la incertidumbre, la violencia sistémica y los permanentes intentos por desaparecernos. Los cuidados colectivos deben colocarse en el timón de mando, en espacios autocontrolados fuera del alcance de los machos armados del capital. Ésta es la forma que adquiere la autonomía durante el caos sistémico.
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Sábado, 01 Mayo 2021 06:48

La teoría y la práctica zapatista

La teoría y la práctica zapatista

Una asamblea en un poblado en una de las montañas del sureste mexicano.  Deben correr los meses de julio-agosto de un año cercano, con la pandemia del coronavirus adueñándose del planeta.  No es una reunión cualquiera.  No sólo por la locura que les convoca, también por el evidente distanciamiento que hay entre silla y silla, y porque los colores de los cubre bocas se opacan detrás del vaho de las caretas transparentes.

Están ahí los mandos político-organizativos del EZLN.  También están algunos mandos militares, pero permanecen en silencio a menos que se les pida que hablen sobre un punto específico.

Son bastante más de lo que podría suponerse.  Hay ahí al menos 6 lenguas originarias, todas de raíz maya, y usan el español o “la castilla” como puente para entenderse entre sí.

Varios de los ahí presentes son “veteranos”, estuvieron en el alzamiento que inició el uno de enero de 1994 y, con las armas en la mano, bajaron a las ciudades juntos con otros miles de compañeras y compañeros, como uno más, una más.  Hay también “los nuevos”, hombres y mujeres que se han ido incorporando a la dirección zapatista después de muchos aprendizajes.  La mayoría de “los nuevos” son “nuevas”, mujeres de todas las edades y de diferentes lenguas.

La asamblea en sí, su desarrollo, sus tiempos, sus modos, reproduce las asambleas que se realizan en las comunidades.  Hay quien coordina la reunión, y es quien va dando la palabra e indicando los temas a tratar que han sido acordados de antemano.  No hay límite de tiempo para cada intervención, así que el tiempo adquiere aquí otro ritmo.

Alguien, ahora mismo, está contando una historia o un cuento o una leyenda.  A nadie le importa si lo que se narra es realidad o ficción, sino lo que se dice con ese recurso.

La historia va así:

Un hombre zapatista va caminando por un poblado.  Viste sus mejores galas y su sombrero nuevo porque, dice, va a buscar a una su novia.  El narrador imita el paso y los ademanes que vio en alguna de las películas que circularon a raíz del Festival de Cine “Puy Ta Cuxlejaltic” I.  La asamblea ríe cuando, quien cuenta la historia, hace el tono del Cochiloco (interpretado por Joaquín Cosío en “El Infierno”. Luis Estrada, 2010), y se quita el sombrero para saludar a una mujer imaginaria que pasa a su lado con una imaginaria mula llevando la leña ídem.  El contador de la historia mezcla el español con una de las lenguas mayas, así que en la asamblea, sin interrumpir, se traducen entre sí.

Quien narra el cuento ha recordado que es tiempo de elote, la asamblea asiente confirmando.  Sigue la narración:

El hombre del sombrero se topa con un conocido, se saludan.  “diai, no te conocía con ese sombrero y tan galán”, le dice el conocido.  El interpelado responde: “Es que lo voy a buscar a una mi novia”.  El otro: “¿Y cómo se llama tu novia y dónde vive?”.  El del sombrero: “Pues no sé”.  El otro: “¿Cómo que no lo sabes?”.  El sombrero: “Pues por eso dije que ando buscando, viera que ya la encontré pues ya lo sé su nombre y dónde vive”.  El otro valora un segundo esa lógica contundente y asiente en silencio.

Es el turno del sombrero: “¿Y vos que haces?”.  El otro responde: “Estoy sembrando maíz porque quiero elote”.  El sombrero queda un rato en silencio, mirando cómo el otro está, con un palo de escoba, haciendo hoyos en el medio del camino de grava.  El sombrero: “Oiga compadre, con todo respeto, pero está usted bien pendejo”.  El otro: “¿y por qué pues?  Si le estoy echando muchas ganas al trabajo y estoy muy decidido de comer elote”.

El del sombrero, se sienta, enciende un cigarro y se lo pasa al otro, y enciende uno más para sí mismo.  No parecen tener prisa: ni el del sombrero por encontrar una su novia, ni el otro por comer elote.  La tarde se va alargando y, a mordiscos, le arranca a la noche algo de luz.  No llueve todavía, pero el cielo empieza a tender nubes grises para cobijarse.  La luna acecha detrás de los árboles.  Después de un dilatado silencio, el sombrero explica:

Pues mire compadre.  A ver si me entiende: en primera está el terreno.  En ese piedregal no va a prender el maíz.  Ahí nomás se va a morir la semilla entre tanto pisotón y no va tener pa´onde agarrar la raíz.  De que se va a morir la semilla, se va a morir.  Y luego su escoba, que usted la usa como coa, pero la escoba es escoba, y la coa es coa, por eso ya está toda quebrada y parchada la pobre escoba.

El sombrero toma la escoba, revisa los remiendos que, con cinta adhesiva y lazo, le ha hecho el otro, y sigue: “Ya ni la amuela compadre, donde lo vea mi comadre que ya le pasó a perjudicar su escoba, ahí nomás me lo van a mandar a dormir al monte”.

Sigue: “entonces la milpa no dónde sea, compadre, ni con lo que sea, sino que tiene su dónde y tiene su con qué.  Además no es su tiempo de hacer milpa ahorita, ora toca la cosecha.  Y para que toque la cosecha, es porque ya usted lo trabajó duro la milpa.  O sea que la tierra no es de que “ya vine vieja, dame mi pozol y mis tortillas” que es como usted le gritaba a la comadre, -bueno, hasta que ella se reunió en como mujeres que somos y anda vete, se acabaron los gritos-, pero eso ahí va en su cuenta, compadre.  Lo que le digo es que a la tierra no se le dan órdenes, sino que se le explica, se le habla, se le honra, se le cuentan historias para que se anime.  Y no es cualquier tiempo que la tierra escucha, sino que tiene, como quien dice, su calendario.  Quiere que tiene que hacer bien la cuenta de los días y las noches, y mirarla la tierra y el cielo para ver cuándo mero poner la semilla”.

Entonces ahí está, como quien dice, la problema.  Porque le falla usted a todo, y quiere que nomás porque le echa mucha ganas y está muy decidido, se le va a cumplir el antojo.  Usted lo que necesita es el conocimiento.  Las cosas no salen nomás por mucho trabajo y mucha decisión, sino que quiere que usted escoge un buen terreno, luego las herramientas que son para eso, luego los tiempos de cada parte del trabajo.  O sea que, como quien dice, quiere la teoría y la práctica con conocimiento, y no las tonterías que usted está haciendo, que debería darle pena porque todos lo están mirando y se ríen.”

Y de babosos que se ríen, porque no se dan cuenta de que las tarugadas que usted hace, también los van a afectar a ellos, porque ahí nomás donde está usted hoyando, se va a encharcar primero, luego, cuando corra el agua, se van a hacer unas zanjas que como las arrugas de su abuela de usted compadre, que la mía ya está en el cielo.  Y ahí nomás no va a poder entrar el carro de la junta de buen gobierno, porque se va a atascar, y los materiales o las mercancías que traiga, lo van a tener que llevar a lomo, y con el encharcadero se van a perjudicar sus botas y sus pantalones, cuantimás si se visten galanes como yo ahorita, y nuncamente van a encontrar una su novia.  Y las compañeras, pues peor, compadre, porque ésas son bravas.  Ahí nomás van a pasar a su lado, con un burro cargando sus cosas, y van a decir: “Tras que hay quien es más terco que mi burro, y más tarugo”.  Y le van a aclarar: “Oiga usted, cuando yo diga “ora pinche burro”, no se vaya usted a ofender, es que le estoy hablando a mi animalito”.

¿Qué pasó compadre, que así nos llevamos de pesado?”, dice el otro indignado.

El sombrero: “no pues, si nomás le digo.  Tómelo pues como un consejo o una orientación, no es orden pues.  Pero, como decía el finado Sup: “es mejor que hagas como te digo, porque si no, cuando salga mal te voy a decir “odio decir que te lo dije, pero te lo dije”.  Así que hágame caso compadre.

El otro: “¿Entonces este terreno no sirve?  ¿Ni mi coa? ¿Ni es el tiempo?

El sombrero: “no, no y no”.

¿Y cuándo es su tiempo pues?

Uy, pues ya pasó ya.  Ora tiene que esperar otra vuelta.  Por ahí de abril, mayo, y para que no le falle el agua, el 3 de mayo quiere que a la tierra usted le va a dar su pancito, un su refresco para el calor, de repente cigarrito de hoja, sus veladoras, y quien quita y también su fruta y su verdura y hasta un su caldito de pollo.  Decía el finado Sup que sólo calabaza no, que si lo das calabaza a la tierra ahí nomas se embravece y pura culebra saca.  Pero creo era su mentira del finado, lo decía porque no muy le gustaba la calabaza”.

¿Cuándo mero pues?

Hmm, pues ora verá: estamos ya como quien dice casi en octubre, entonces 6 meses.  Entonces en abril-mayo.  Pero depende pues.”

Vale magre, ¿y ahora cómo le hago si quiero elote ahorita mismo?”.  Queda pensando el otro y, de pronto, agrega: “¡Ya sé cómo!  Le voy a pedirle prestado unos elotes a la autoridad autónoma”.

El sombrero: “¿Y luego cómo le va a reponer a la autoridad?

Ah, pues le pido prestado a la Junta y con eso le repongo.  Y para reponerle a la Junta le pido prestado a los Tercios.  Y para reponerle a los Tercios le vuelvo a emprestar a la autoridad, al fin que ya lo va a saber que sí pago”.

El sombrero, rascándose, la cabeza. “Mta compadre, pos ora sí que como en la película ésa del Vargas, salió usted más cabrón que bonito.  Si así piensa usted como los malos gobiernos, debiera usted ser diputado, o senador o gobernador o algún tarugo de ésos”.“¿Qué pasó, compadre?  Si yo mero resistencia y rebeldía.  Ya voy a ver cómo le hago.

El sombrero: “Bueno pues, me voy porque si no, no voy a encontrar una mi novia.  Ahí nos vemos compadre.

El otro: “Ande con Dios, y si la encuentra una su novia, pregúntele si su familia no tiene unos elotes que me preste, que ahí le repongo luego”.

El contador de la historia se dirige a la asamblea: “Entonces, ¿qué es más mejor? ¿Le prestamos elotes al compadre o que lo haga la teoría y la práctica con conocimiento?

-*-

Llegó la hora del pozol.  La asamblea se dispersa,  El SupGaleano, nomás por mula, le dice, al salir, al Subcomandante Moisés: “Yo, por eso, puro maíz palomero” y se dirige a su champa.  El Subcomandante Moisés le revira: “¿Y la salsa picante pues?”.  El SupGaleano no responde pero cambia la dirección de su paso.  “¿A dónde vas pues?”, le inquiere el SubMoy.  El Sup, alejándose, casi grita: “Voy a pedir prestada la salsa en la tiendita de las insurgentas”.

Doy fe.
Miau-Guau.

El Gato-Perro, ya de polizón en La Montaña.
(Oh pues, no alcanzó la paga y, además, hay un letrero a la entrada de la Montaña que dice: “No se admiten gatos, perros… ni escarabajos esquizofrénicos”).

México todavía.  Abril del 2021.

 

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América Latina: Lo antipatriarcal y su importancia en la construcción de un proyecto revolucionario

Patriarcado & Pacto de la masculinidad hegemónica

Cuando la filósofa feminista valenciana, Celia Amorós, definió el pacto patriarcal, en su libro Feminismo: Igualdad y Diferencia (1994), como el pacto interclasista entre varones para apropiarse el cuerpo de las mujeres como propiedad privada, probablemente no imaginó que su concepto se convertiría en un hashtag que inundaría las redes sociales.

 

El concepto “pacto patriarcal” se volvió parte integral de un grito de lucha de mujeres de todo el país, que demandan al presidente Andrés Manuel López Obrador que rompa el pacto de complicidad patriarcal que ha permitido que Félix Salgado Macedonio sea candidato a la gubernatura de Guerrero. La indignación se ha hecho viral ante la posibilidad de que un hombre acusado de violación y acoso sexual sea gobernador de uno de los estados con mayores índices de violencia hacia las mujeres. La popularización de la demanda feminista nos habla de la fuerza que ha tomado un movimiento amplio de mujeres, que desde distintos espacios públicos han denunciado la continuidad de la violencia patriarcal confrontando las prácticas y discursos del poder que la posibilitan.

Lamentablemente, el uso en el debate público del concepto feminista por parte actores sociales de todo el espectro político, ha tenido también como consecuencia la trivialización de la crítica feminista, centrando toda la atención en la figura presidencial. El llamado a romper este pacto, debe de interpelar a todos aquellos hombres y mujeres, que con sus discursos y sus silencios posibilitan la reproducción de las violencias patriarcales: cotidianas, extremas, estructurales. Estamos ante las paradojas de un clima cultural que populariza el discurso feminista, llegando a sectores que nunca antes se hubieran identificado como feministas, pero a la vez silencia la radicalidad política de nuestras demandas. Como bien señala nuestra compañera Guiomar Rovira: “La popularización del feminismo genera entonces un doble filo, por un lado jamás ha habido tantas mujeres exigiendo derechos y denunciando las violencias. Por otro, las mujeres son llamadas a construir sus aspiraciones dentro del sistema de méritos capitalista y patriarcal, reforzando el privilegio de raza, de clase y heteronormado, prestándose incluso a agendas neoconservadoras y xenófobas.”[1]

Es por eso importante recordar que el llamado a romper el pacto patriarcal se viene haciendo en México desde hace décadas en diferentes espacios de lucha, con otras palabras, otras metáforas, pero señalando la importancia de desmantelar una estructura patriarcal que se ha imbricado con una estructura colonial y racista, que despoja, viola, y ocupa cuerpos y territorios. En este sentido, las mujeres de la Red Mexicana de [email protected] por la Minería (REMA) han señalado: “El pacto patriarcal que las mujeres de México y del mundo exigimos que el Estado, las instituciones, nuestros compañeros y comunidades rompan, es el pacto que promueve la violencia directa e indirecta contra la mujer, aquel que silencia a sus víctimas y que permite que se cuestione más a las denunciantes que a los denunciados. El pacto patriarcal que exigimos romper es también el que alimenta al modelo extractivista, por lo que romper con él significa romper con la minería y otros proyectos de muerte que nos exterminan.”[2]

La lucha por desmantelar estas estructuras patriarcales, es una lucha mexicana, latinoamericana, global, no se trata de una “ideología importada”, como lo ha denunciado el presidente. Los argumentos del presidente López Obrador no son nuevos en el pensamiento de las izquierdas latinoamericanas, sino que han marcado históricamente la tensa relación entre las feministas y las organizaciones de izquierda. Hemos sido acusadas de “extranjerizantes”, de “dividir al movimiento”, “de traicionar a nuestra cultura” y ahora de “manipuladas y conservadoras”.

Paradójicamente, en México, como en muchos otros países de América Latina, las organizaciones feministas surgieron en el seno de los movimientos de izquierda, por lo que la lucha contra la desigualdad económica ha sido central en los feminismos mexicanos. Las jóvenes que tomaron las calles el 8 de marzo, las que el año pasado paralizaron la universidad nacional denunciando la violencia y el hostigamiento sexual, y las que al interior de Morena exigieron la renuncia de Salgado Macedonio, con sus diversidades y contradicciones, abrevan de un feminismo que surgió de las izquierdas. Acusarlas a ellas de conservadoras es tan absurdo como sostener que los valores familiares nos salvarán de las violencias patriarcales.

La radicalización de una nueva generación de jóvenes feministas -que están dispuestas a romperlo todo para hacerse escuchar y que no demandan un “cuarto propio”, sino que lo ocupan, lo hacen suyo, lo rediseñan y quieren transformarlo todo- es resultado del hartazgo de tratar de construir conjuntamente con una izquierda misógina, machista y patriarcal, que no está dispuesta a cuestionar sus privilegios, ni a dar paso a las visiones y propuestas de las mujeres. Son esas izquierdas, tanto la institucional, como la antisistémica y revolucionaria, con las que algunas de nosotras tenemos toda una vida negociando.

En una de sus conferencias matutinas, López Obrador se refirió a las demandas de los grupos feministas y medioambientalistas como “demanda justas, pero no centrales”; lo importante para él es la “lucha contra la pobreza” y, por supuesto, avanzar con la agenda de su gobierno, a cualquier costo. Escucharlo me hizo recordar los viejos discursos de las organizaciones de izquierda revolucionaria en las que milité en mi juventud, cuando nos decían que lo importante era “el triunfo revolucionario” y que los otros cambios vendrían como consecuencia. Se argumentaba que la contradicción principal era entre capital y trabajo (perspectiva que por cierto no comparte AMLO) y que la prioridad era derrocar a los Estados burgueses, por lo que las demandas feministas eran vistas como distracciones de la lucha central, y en el peor de los casos, como divisorias de las luchas del pueblo. Desde la década de los cincuentas (con el triunfo de la Revolución Cubana), hasta los noventa (cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional dio a conocer su Ley Revolucionaria de Mujeres), ningún movimiento revolucionario incluyó en su agenda política las demandas específicas de las mujeres. Sin embargo, las mujeres pusimos nuestros cuerpos y muchas dejaron sus vidas en las luchas de liberación nacional de Centroamérica, y antidictatoriales del Cono Sur, solo para darnos cuenta de que ese “después” en el que nuestras demandas específicas serían prioritarias, no llegaría nunca. Libros como el de Lucía Rayas Velasco, Armadas. Un Análisis de Género desde el Cuerpo de las Mujeres Combatientes, y Mujeres en la Alborada de Yolanda Colom, dan cuenta de las resistencias y desencantos de esta época.

La llegada de las “izquierdas institucionales” al poder en distintas regiones de América Latina, fue posible gracias al apoyo de amplios sectores de las organizaciones feministas y de mujeres, que siguieron apostándole a los gobiernos “progresistas” como aliados para avanzar sus agendas. Pero la historia se sigue repitiendo. Por lo menos los gobiernos de Rafael Correa, en Ecuador (2007-2017); de Evo Morales (2006-2019), en Bolivia; y en menor medida, de Hugo Chávez, en Venezuela (1999-2013), no solo no incorporaron las demandas específicas de las mujeres a sus planes de gobierno, sino que se convirtieron en enemigos abiertos de las organizaciones feministas, alineándose con los valores más conservadores de la iglesia católica o usando el discurso “culturalista indígena” para perpetuar las exclusiones patriarcales.

El discurso antineoliberal de estos políticos despertó muchas expectativas en los feminismos de izquierda, que tenían claro que la lucha feminista es anticapitalista. En el caso de Ecuador, la llegada al poder de Rafael Correa en el 2006 movilizó las esperanzas de algunas feministas en torno a las posibilidades de ampliar los derechos de las mujeres en el marco del proceso constituyente. Se produjeron articulaciones feministas, con mujeres de sectores populares, para empujar una agenda antipatriarcal y antiracista. Sin embargo, la reforma institucional del Estado y la modernización capitalista que promovió el régimen correísta desmanteló la institucionalidad de género y apostó por un desarrollismo neoextractivista que afectó de manera profunda a las mujeres indígenas y campesinas. Las demandas de las organizaciones feministas por la despenalización del aborto, por un sistema integral de prevención y erradicación de las violencias machistas contra las mujeres, las luchas territoriales contra el extractivismo, la defensa de la soberanía alimentaria y del agua, no solo no fueron incluidas en la agenda de gobierno, sino que en algunos casos fueron frontalmente atacadas por la “Revolución ciudadana”. Al igual que en México, las feministas se convirtieron en enemigas públicas del régimen.

En Bolivia, Evo Morales llegó al poder en el 2006 con un amplio respaldo de las mujeres de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia – Bartolina Sisa, cuyas lideresas participaron en la Asamblea Constituyente, llevando las demandas de las mujeres indígenas a la nueva Constitución plurinacional de Bolivia. Muchas feministas, como Julieta Paredes, le apostaron al gobierno de Morales, llevando la retórica de la despatriarcalización a las políticas públicas. Bolivia se convirtió en el primer país del continente en tener un Ministerio de Cultura, Descolonización y Despatriarcalización. Pero de nuevo las promesas quedaron en palabras y las alianzas se rompieron, en algunos casos de manera violenta y dolorosa. La retórica machista del presidente Evo Morales contó con la complicidad del pacto patriarcal de los hombres de su partido, cuando señaló por ejemplo que al terminar su mandato sus planes eran retirarse con “mi cato de coca, mi quinceañera y mi charango”, o cuando compartió ante la Federación del Trópico que para celebrar “le llevaran una mujer de cada sindicato”. Al igual que Correa, justificó el despojo territorial de hombres y mujeres indígenas a nombre del “progreso”, cuando construyó la autopista del TIPNIS partiendo en dos la selva, afectando la reserva ecológica y encarcelando a indígenas que se opusieron al proyecto. Con respecto a la oposición de la mujeres amazónicas a su proyecto, se explayó en su retórica machista en uno de sus discursos argumentando: “Si yo tuviera tiempo, iría a enamorar a las compañeras yuracarés y convencerlas de que no se opongan a la ruta sobre el TIPNIS, así que jóvenes, tienen instrucciones del Presidente de conquistar a las compañeras yuracarés trinitarias para que no se opongan a la construcción del camino”. [3] Estos discursos fueron el pan de cada día para las feministas bolivianas, quienes eventualmente se alejaron de su gobierno, convirtiéndose algunas en sus más acérrimas enemigas.

En Venezuela, Hugo Chávez contó con un amplio apoyo de las mujeres de sectores populares, que se vieron beneficiadas por sus políticas de redistribución económica y programas focalizados contra la pobreza. De nuevo, los primeros años de su gobierno se caracterizaron por contar con el apoyo de las organizaciones feministas que lograron en 1999 la primera Constitución de América Latina que tiene un lenguaje incluyente no sexista y la inclusión del artículo 88 que considera el trabajo doméstico como actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social, reivindicando el derecho de las amas de casa a la seguridad social. Sin embargo, la despenalización del aborto o el establecimiento del matrimonio homosexual fueron abiertamente rechazados por el discurso católico de Hugo Chávez, quien en diversas ocasiones uso expresiones homofóbicas en sus discursos. Las denuncias de hostigamiento sexual y violencia de género, inclusive por parte de su exesposa, Marisabel Rodríguez, contaron con el silencio del pacto patriarcal de los hombres de su partido.

Podríamos continuar el recorrido por América Latina, con casos extremos de violadores de “seudoizquierda” como Daniel Ortega en Nicaragua, o los feminicidios cometidos por comandantes guerrilleros guatemaltecos contra mujeres combatientes de sus propias organizaciones acusándolas de “traición”. Evidentemente, la violencia patriarcal no es solo una característica de los “hombres de izquierda”; el machismo, la misoginia y la violencia en sus múltiples manifestaciones, es especialmente evidente entre los políticos de derecha, pero ellos nunca han pretendido ser aliados de las feministas.

El EZLN es el primer movimiento político militar que ha integrado a su agenda de lucha las demandas de las mujeres con la Ley Revolucionaria de Mujeres. Las mujeres zapatistas han trabajado arduamente por que las regiones autónomas sean espacios libres de violencia patriarcal. No es una tarea fácil, esto ha implicado reconstruir los espacios de justicia para incluir en ellos las demandas de las mujeres, confrontando muchas veces perspectivas y valores tradicionales heredados de quinientos años de colonización. Se trata de una lucha que se da diariamente, frente al fogón, en las escuelitas zapatistas o en los encuentros intergalácticos contra el neoliberalismo. Pero la izquierda antisistémica que se ha acuerpado alrededor del zapatismo, no está exenta de estos pactos patriarcales. Personalmente, me ha tocado enfrentar estos micromachismos y rechazar los pactos de silencio a los que se nos ha convocado en casos de denuncias de hostigamiento sexual por parte de “compañeros de lucha”.

En la coyuntura actual, muchos hombres que hasta ahora no se habían manifestado abiertamente en apoyo al feminismo, se empiezan a pronunciar contra el “pacto patriarcal”. Preparando este artículo, no pude dejar de sorprenderme ante la cantidad de hombres que han escrito sobre el tema: Mario Patrón, el padre Miguel Concha, Juan Gómez, Herman Bellinghausen, Omar Paramo, Carlos Martínez, Víctor M. Quintana, Edgar Cortez, Jorge Zepeda Patterson, Michael Chamberlain, por nombrar a aquellos que reconozco. Entre las perspectivas más creativas y lúcidas sobre el tema está el rap de Danger AK “Rompa el Pacto” ( De Buena Fe – T7P9-1 – Danger AK – Rompa el Pacto | Facebook). Me surgen muchas dudas cuando leo estos textos antipatriarcales, ¿hay realmente una crítica profunda a sus culturas patriarcales? ¿O es solo una forma más de pelearse entre hombres apropiándose de los discursos de las mujeres? Serán las prácticas concretas de estos compañeros en la vida cotidiana las que nos digan más que sus textos.

Las nuevas generaciones, que ahora gritan en las calles “el patriarcado no va a caer, lo vamos a tirar”, no están dispuestas a hacer las concesiones y negociaciones que algunas de nosotras, desde un feminismo antirracista y anticapitalista, hemos hecho con nuestros aliados hombres. No tienen la paciencia de esperar a que cuestionen sus masculinidades, deconstruyan sus introyectos patriarcales y rompan el pacto de complicidad. Yo personalmente no comparto muchas de sus tácticas, pero no puedo dejar de reconocer que fueron ellas las que nos han obligado a todos y todas a discutir de manera urgente ¿qué es eso que llamamos violencia patriarcal y por qué urge pararla?.

Por Rosalva Aída Hernández Castillo | 30/03/2021

 

Fuente: https://sergiomedinaviveros.blogspot.com/2021/03/america-latina-lo-antipatriarcal-y-su.html

** NOTAS **

[1] https://www.elsaltodiario.com/atenea_cyborg/internet-redes-sociales-cuarta-ola-feminismos-en-red-contra-poder-mundos-vida

[2] https://desinformemonos.org/romper-el-pacto-patriarcal-es-romper-el-extractismo-mujeres-de-la-red-mexicana-de-afectados-por-la-mineria/

[3] https://cedib.org/post_type_titulares/exigen-a-evo-disculpa-publica-por-falta-de-respeto-a-mujeres-indigenas-el-deber-05082011/

Fuente: https://www.rompeviento.tv/las-izquierdas-y-los-pactos-patriarcales/

*Sobre la autora: Rosalva Aída Hernández Castillo , nació en Ensenada, Baja California, México. Antropóloga mexicana, distinguida con el premio LASA/Oxfam Martin Diskin Memorial Award y reconocida por su trabajo por la defensa de los derechos de las mujeres y los pueblos indígenas en América Latina.

Publicado enInternacional
Elecciones en Ecuador: La herencia de Octubre

No puede comprenderse la coyuntura electoral del Ecuador de febrero de 2021 sin referirse a las movilizaciones de octubre de 2019. Fueron esas movilizaciones y esa enorme energía creada desde la resistencia popular la que se proyecta y transforma de forma trascendente al escenario electoral en los comicios del pasado 7 de febrero.

El escenario electoral siempre había estado trazado de forma previa por el sistema político. Sus actores, sus discursos, sus movimientos, formaban parte del simulacro de la representación política. Ahí, las empresas de encuestas, los consultores políticos, los medios de comunicación, creaban las condiciones que presentaban las elecciones como un espectáculo en el cual los primeros lugares prácticamente estaban definidos antes del ejercicio del voto. Los medios de comunicación y las empresas de consultoría política presentaban a las elecciones como ratificación de sus propios resultados, y la política así como las definiciones fundamentales que exigía la sociedad ante sus problemas más urgentes, se evacuaban del debate. Se convertían en show, en espectáculo.

Por eso, cuando se producen las elecciones ecuatorianas de 2021 las primeras sorprendidas con los resultados son las empresas encuestadoras que esta vez, para variar, no acertaron en lo más mínimo. En primer lugar, le hicieron creer al electorado que el candidato de la Revolución Ciudadana, e impuesto por el expresidente Rafael Correa, bordeaba el margen que le permitía acceder sin problemas a la presidencia al ganar en primera vuelta electoral. Los datos de las encuestas le otorgaban entre el 38 y el 45 por ciento de los votos válidos. Con esos datos, la segunda vuelta, según ellos, era innecesaria.

En segundo lugar, todas las encuestas situaban al candidato del movimiento indígena, Yaku Pérez, en un alejado tercer lugar y muy distante del segundo candidato de sus preferencias, el banquero de extrema derecha, Guillermo Lasso. En tercer lugar, ninguna empresa consultora vio venir la votación de la socialdemocracia, representada esta vez por el partido Izquierda Democrática y su candidato Xavier Hervas, un empresario aparentemente progresista.

Cuando finalmente se obtienen los resultados la sorpresa de estas empresas y del sistema político es mayúscula, porque jamás habían considerado la posibilidad que el candidato indígena Yaku Pérez pudiera alcanzar un porcentaje tan amplio que lo colocara a disputar el paso a la segunda vuelta, como tampoco que la votación de la Revolución Ciudadana seguía siendo la misma que aquella de las anteriores elecciones, el 32 por ciento, que si bien representa una tercera parte del electorado también da cuenta que durante estos años y a pesar de haber sufrido tanta persecución y asedio por parte del gobierno de Moreno, los electores no se dejaron seducir por el retorno de la revolución ciudadana.


Igual con el resultado logrado por la derecha. Si se suman sus votos, expresados en lo fundamental en los partidos políticos Creo y socialcristiano, su representación cae a su nivel más bajo de los últimos treinta años. Los datos oficiales dan cuenta que estos dos partidos de la derecha en conjunto tendrán una representación parlamentaria del 21 por ciento, lo que los convierte en minoría y les impide un rol dirimente en los nuevos debates políticos. Es un hecho inédito porque la derecha se queda por vez primera sin sucesores, sin estructuras, sin discurso.

Es un dato importante, porque sería la primera vez en la historia del país, y desde el retorno de la democracia política en 1979, que la sociedad puede discutir y aprobar leyes sin el chantaje y la hegemonía de la derecha política.

Si se suma la representación parlamentaria de la Revolución Ciudadana (35%), del movimiento indígena Pachakutik (20%) y de la Izquierda Democrática (18%), su votación alcanza a más de los dos tercios de la futura asamblea. El país, esta vez, votó a la izquierda en sus diferentes opciones. Eso abre la posibilidad, además, que por primera vez en la historia republicana del Ecuador, un indígena pueda convertirse en una de las autoridades más importantes de la función legislativa que, de acuerdo a la Constitución del Ecuador, es el primer poder del Estado.

La presencia de un indígena en posiciones dirimentes del primer poder del Estado significa que el movimiento indígena puede ser el que marque la pauta, el tiempo, los contenidos y el ritmo de la política del Ecuador en estos próximos cuatro años, independientemente de quien ocupe la Presidencia de la República. Si a eso se suma su fuerza organizativa y su capacidad de movilización nacional, se convierte, sin duda alguna, en el actor político más importante del país.

De otra parte, desde el año 2007 es la primera vez que el debate político retorna a la Asamblea Nacional que había sido convertida en una especie de oficina de trámites de la función ejecutiva sobre todo por la fuerza hegemónica que tuvo en su momento el expresidente Rafael Correa. Por ello, si bien es importante saber quien vaya de Presidente, en una definición que estará entre el banquero Lasso y el líder indígena Yaku Pérez, para acompañar en la papeleta al candidato de la Revolución Ciudadana, también es cierto que el próximo Presidente tendrá que aprender a negociar con la Legislatura, porque será ahí donde radique el locus del poder.

Es necesario insistir: estos cambios políticos se deben a la fuerza de octubre de 2019. En esa coyuntura la derecha política apostó por proteger a Lenín Moreno y su programa de ajuste con el FMI, y esa apuesta ahora les ha pasado la factura.

Lo que significa que el país, gracias a esa nueva correlación de fuerzas parlamentarias puede dar marcha atrás al programa de ajuste fiscal y las leyes que aprobó el gobierno de Lenín Moreno, en especial las leyes fiscales y monetarias que someten a la población a un duro programa de ajuste económico con masivos despidos públicos, intensos recortes de inversión pública, incrementos de impuestos, privatizaciones, desarticulación institucional del Estado, entre otras medidas.

También da cuenta esta coyuntura de que lo más fuerte del debate político, al excluir a la derecha, se producirá entre fuerzas que, de una manera u otra, se reclaman de izquierda. Esto significa que podrán aparecer en el debate temas fundamentales que obligarán a esas fuerzas políticas a tomar posición, por ejemplo, los temas del extractivismo, de los derechos de la población lgtiq+, el derecho al aborto, la reducción de la jornada laboral, la renta básica universal, la mitigación del calentamiento global, la ampliación de los derechos, los tratados de libre comercio, la anulación de las concesiones mineras, los impuestos para los más ricos, entre otros, y que forman parte de las nuevas inquietudes sociales en el mundo post-pandemia.

Son puntos que con la derecha como opción hegemónica dentro del sistema político, el país no tenía posibilidad alguna siquiera de proponerlos menos aún de discutirlos. Pero ahora son agendas que obligarán a que las nuevas fuerzas hegemónicas tengan que posicionarse lo que, evidentemente, cambiará las fronteras de la política. Ahora se autodenominan y se reclaman de izquierda, pero ya en el debate de estos temas claves, ese auto-posicionamiento puede convertirse en una trampa, un simulacro o una mentira.

En efecto, ¿seguirá la Revolución Ciudadana, en este nuevo contexto, con su vocación extractivista? ¿Apoyará el derecho al aborto? ¿Votarán a favor de la anulación de las concesiones mineras y la restricción de la frontera petrolera?

A su vez, la Izquierda Democrática, convertida ahora en actor fundamental de la política y vinculada a intereses empresariales aparentemente más progresistas ¿optará por la revisión de los tratados de libre comercio, por el incremento de los salarios y por la reducción de la jornada laboral? ¿Cómo votarán los asambleístas de la Izquierda Democrática ante la propuesta de elevar los impuestos a los empresarios, sobre todo los más ricos? ¿Cómo van a reaccionar ante la derogatoria de las leyes neoliberales de Lenín Moreno? ¿Van a estar de acuerdo en que el país continúe con la negociación con el FMI? Y el movimiento indígena ¿Con qué leyes va a llevar adelante su propuesta de Estado Plurinacional? ¿Cuál va a ser su posición ante la renegociación de la deuda externa, por ejemplo?

El nuevo debate político permitirá tamizar los contenidos políticos de los partidos progresistas y constatar su efectiva lealtad a su programa y su ideología. Pero una cosa es debatir estos temas con movimientos que se autoproclaman de izquierda y críticos al neoliberalismo, y otra es cuando la derecha monopoliza y hegemoniza el debate. Ahora la derecha puede ser ruido de fondo o bisagra en la coyuntura, pero ya no tiene capacidad hegemónica para incidir en el debate político. Han debido pasar más de tres décadas para que la sociedad pueda depurarse de ese pesado fardo de una derecha racista, rentista y corrupta.

Por tanto, puede afirmarse que estas elecciones han sido las más trascendentes y las más importantes del país, luego de aquellas que dieron origen a la Revolución Ciudadana en 2007, y demuestran que aquello que ocurrió en octubre de 2019 se parece bastante a lo que la filosofía política denomina “acontecimiento-verdad”.

 

 

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Publicado enEdición Nº276
Elecciones en Bolivia: el MAS se fragmenta y los golpistas retendrían lugares claves

A casi una semana de las elecciones subnacionales, la ex presidenta del senado Eva Copa y actual candidata de "Jallalla" desafía a Evo Morales y se transforma en la candidatura más relevante de estas elecciones. Golpistas retienen posiciones estratégicas y amenazan conquistar algunas más. El voto del MAS se fragmenta en medio de una campaña electoral conservadora y conciliadora.

 

El domingo 7 de marzo se llevarán a cabo las elecciones subnacionales. Se elegirán a representantes de gobernaciones, de alcaldías, además de asambleístas y concejales para los nueve departamentos y 339 municipios del país. Las disputas más marcadas se expresan en las ciudades capitales del eje central así como en ciudades intermedias como Huanuni, Lllallagua, Achachi, Montero y otras.

Mientras diversos analistas señalan que los votos en estos comicios serán fuertemente influenciados por las interpretaciones que las y los votantes tienen del 2019 y se abren preguntas de hasta qué punto los resultados expresarán (o no) una continuidad de las elecciones generales del 28 de octubre -en las que el MAS logró un nuevo gobierno con el 55% de los votos- lo cierto es que las elecciones subnacionales tenderán a expresar dos fenómenos combinados, de continuidad y discontinuidad, por lo mismo, aparentemente contradictorios.

El factor de continuidad, con respecto a las elecciones nacionales del 18 de octubre, se da en el sentido de que se mantendrá la polarización entre los que votaron al MAS -como una expresión de rechazo a todo el bloque golpista- y, los que votaron a las distintas variantes de derecha y centro derecha del golpismo, como rechazo al MAS. Sin embargo, dentro de esa “continuidad” hay elementos importantes de “discontinuidad” en el sentido que no todo esos votos del MAS se quedarán para este partido ya que se han venido profundizando y visibilizando tensiones y disputas internas y un cierto grado de fragmentación. El fenómeno de Eva Copa, que analizaremos más abajo, muestra, no sin contradicciones, esto último.

Sucede que al tratarse de elecciones departamentales y municipales han surgido y se han hecho visibles una diversidad de agrupaciones ciudadanas que tenderán a fragmentar el voto antigolpista. En este sentido, la discontinuidad se expresa en la perspectiva, según señalan las últimas encuestas, de que el voto del MAS se fragmente, aumentando las posibilidades de que los sectores afines al golpismo puedan retener alcaldías y gobernaciones importantes.

De esta manera, la situación hacia las subnacionales sigue expresando lo que se desnudó y profundizó a partir del golpe de Estado y es un escenario de profunda polarización política y social.

Según encuestas se fragmenta el voto del MAS

La última encuesta de intención de votos es la realizada por la empresa Ciesmori, encargada por la red televisa UNITEL y sus resultados fueron difundidos el viernes 25 de febrero por la noche. La recolección de datos fue vía telefónica y la ficha técnica indica que cuenta con un nivel de confiabilidad del 95%. Se consultó a 2595 personas, del eje troncal del país (La Paz, Santa Cruz y Cochabamba), con cobertura urbana y rural durante el periodo del 15 a 22 de febrero.

Los resultados arrojados por Ciesmori muestran que a nivel de las 4 alcaldías de las ciudades capitales del eje troncal (La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz) el MAS no ganaría en ninguna. Con relación a las gobernaciones, el MAS ganaría en Cochabamba y La Paz, aunque el resultado de esta última puede llegar a depender de una segunda vuelta. La gobernación de Santa Cruz quedaría en manos del ultra derechista Luis Fernando Camacho, un personaje que fue clave en la articulación del golpe de Estado y que expresa el avance de una derecha más militante y que se precia de ser una alternativa a los viejos políticos del país.

Hay que decir que en realidad estos posibles resultados no son tan nuevos. Es decir, el MAS por ejemplo ya desde el 2009 había perdido el control de la gobernación del Departamento de La Paz. En cuanto a las alcaldías de las ciudades capitales de este departamento, desde el 2010 ya había perdido la alcaldía paceña y desde el 2015 la alcaldía de El Alto que quedó en manos de Soledad Chapetón de Unidad Nacional (UN). Así también por ejemplo, la gobernación de Santa Cruz el MAS no la tuvo nunca.

Desde este punto de vista que el MAS no conquiste las alcaldías del eje central y tampoco la gobernación de La Paz significa que mantendría, de alguna manera, las posiciones en el Estado que retenía hasta antes del golpe del 2019, pero con una diferencia importante: Luis Arce Catacora, aunque llegó el gobierno con el 55% de los votos, no goza de la misma fuerza y autoridad política con la que contaba Evo Morales.

El eje central: la clave de las disputas

El candidato del MAS para la gobernación de La Paz, Franklin Flores, se ubica en primer lugar con el 23,3 % de la intención de voto, seguido muy de cerca por el candidato de “Jallala” Santos Quispe con 17% y en tercer lugar, soplándole la nuca, se encuentra Rafael Quispe (el Tata Quispe) candidato del frente “Por el Bien Común- Somos Pueblo” (PBC-SP) con 16.7%.

La particularidad de la disputa por la gobernación del Departamento de La Paz radica en que los 3 candidatos con mayor intención de voto son de origen aymara y los 3 están tratando de hacer pesar, en esta elección, su identidad.

Santos Quispe, hijo del recientemente fallecido Felipe Quispe “El Mallku”, intenta capitalizar el espacio político del indianismo radical que había conquistado su padre a lo largo de su vida. Recordemos que la candidatura de Felipe Quispe había logrado entusiasmar a vastos sectores populares y humildes, fundamentalmente de origen aymara, en el Departamento de La Paz, como ya había sucedido en la elección del 2002 donde con la sigla Movimiento Indígena Pachakuti había conquistado 6 diputaciones en el Parlamento. Para las subnacionales se tenía por descontada su victoria, no solo por su ubicación antigolpista sino también por toda su historia como uno de los máximos exponentes del indianismo aymara. Esta aspiración se vio truncada debido a que falleció en enero por un paro cardiaco.

La muerte de Felipe Quispe provocó un vacío no solo para el potencial electorado sino particularmente para su agrupación ciudadana Jallalla que ante la pérdida de su líder determinó nominar a su hijo, Santos Quispe, como candidato a gobernador. Sin embargo, es indudable que las ideas no se transmiten por los genes y Santos Quispe está aún muy lejos de las peleas que dio su padre.

En cuanto al Tata Quispe recordemos que es un ex funcionario del gobierno de facto de Jeanine Áñez y su candidatura se encuentra en vilo debido a una reciente sentencia judicial por “calumnias” contra Felipa Huanca, ex funcionaria del Fondo Indígena, del MAS. Esto podría significar que en las próximas horas el Tribunal Supremo Electoral (TSE) determine su inhabilitación.

Por su lado Franklin Flores, ex diputado y ex concejal del municipio de Sica Sica, apoya su candidatura en haber sido el único que ha debatido la misma con las bases y que logró, gracias a eso, el apoyo de “2000 comunidades”. Es decir, se reivindica como un candidato producto del consenso y no resultado del “dedazo” de Evo Morales. Recordemos que Flores, el 31 de enero, afirmó a medios de prensa que era más difícil ser candidato del MAS que ganar una elección, en referencia a las feroces disputas entre los diversos caudillos de este partido.

Ahora bien hay que señalar que según esta encuesta, para la gobernación de La Paz, los indecisos llegarían a 18,1 %, nulos 1,8% y blancos 8,6% lo que hace pensar que puede haber importantes sorpresas el día de la elección, dejando abierta la posibilidad de una segunda vuelta.

En Cochabamba, Humberto Sánchez del MAS se ubica en el primer lugar con 34% de intención de voto dejando en segundo lugar, y muy por encima, a Henry Paredes de “Súmate” que alcanzaría una votación de 8,8%. Igualmente llama la atención la cantidad de indecisos que para este departamento superan el 20%. Sin embargo hay que decir que según las estimaciones con votos válidos, éstas ubican a Sánchez con el 59% asegurando la victoria de esta gobernación para el MAS.

En Santa Cruz, Luis Fernando Camacho se ubica cómodamente en el primer lugar con el 40,1 % y le sigue el candidato del MAS, Mario Cronenbold, con 24,8 %. La apuesta de Evo Morales y el MAS por Cronenbold, quién lejos de llevar adelante una dura lucha política contra la madriguera del golpismo, se dedicó a hacer una campaña basada en la gestión, las obras y la conciliación con el facho Camacho a tal punto que, en noviembre de 2020, amenazó con renunciar a su candidatura si el Gobierno de Luis Arce Catacora iniciaba proceso penales contra Camacho y los golpistas. Lejos de lo que pensaba el MAS de que con una campaña electoral “amarilla” y conciliadora le iba a dar buenos resultados lo que estamos viendo hoy es que la consolidación con los golpistas se está traduciendo en un importante retroceso electoral.

El MAS pierde en las alcaldías del eje central

A nivel de alcaldías la derrota del MAS, según esta encuesta, sería importante. En la ciudad de Santa Cruz se ubica en primer lugar el candidato de centro derecho, Gary Áñez, de Comunidad Ciudadana (CC) con el 33,7% dejando lejos, en el tercer lugar, a la candidata del MAS, la ex senadora Adriana Salvatierra con un 10,2%. Hay que señalar que Adriana Salvatierra, optó por una campaña casi farandulera y muy al estilo tik tok pero al mismo tiempo tan conservadora, como Cronembold, llegando incluso a hacer suyo el slogan, derechista y anti derechos de las mujeres, de “defender la vida” cuando fue consultada si estaba a favor del aborto.

En Cochabamba, lidera la intención de voto el ex Capitán de las FF.AA, Manfred Reyes Villa con el 50,3%. Recordemos que Reyes Villa es el responsable de las muertes y la violencia ocurrida el 11 de enero de 2007, en la masacre de Cochabamba, cuando ejercía como gobernador. Con el Gobierno de Evo Morales, Reyes Villa salió al exilio y regresó luego del golpe de Estado de noviembre del 2019, recibido por Luis Fernando Camacho y los paramilitares de la Resistencia Juvenil Cochala (RJC). Sin embargo, mientras escribimos esta nota, el Tribunal Supremo Electoral resolvió inhabilitar la candidatura de Reyes Villa de “Súmate” debido a una sentencia ejecutoriada. Sin embargo, más allá de que Reyes Villa continué o no en la carrera electoral, debido a que apelarán esta resolución, lo cierto es que el voto derechista es probable que se mantenga dejando muy lejos, en el segundo lugar, al candidato del MAS, el ex Defensor del Pueblo, Nelson Cox, con el 17,7%.

La candidatura de Cox, apadrinada por Evo Morales, fue el ensayo al igual que en Santa Cruz de hacer una campaña que intente seducir a las clases medias cochabambinas, en este caso, con una figura de clase media y defensora de los derechos humanos. Sin embargo, hay que decir que Cox terminó siendo impuesto como candidato en lugar de Joel Flores, quien fue propuesto por los vecinos de K’ara K’ara que protagonizaron una destacada resistencia al gobierno golpista durante el 2020. Esto explica la deslucida campaña electoral del MAS debido a las fisuras internas que han aflorado luego de la caída de Evo Morales; estas fisuras, como en el caso de Cochabamba, expresan fracturas no solo políticas sino también de clase.

El perfil de un candidato de K’ara K’ara hubiera obligado al MAS a estar más a izquierda pero como estamos viendo no es el caso. La campaña electoral del MAS está basada fundamentalmente en promesas de hacer “gestión” y cada vez más desvinculada de los grandes problemas nacionales donde el golpe de Estado del 2019 ocupa un lugar central.

En la ciudad de La Paz se ubica en primer lugar Iván Arias, ex ministro de Obras Púbicas del gobierno golpista de Áñez, que hoy encabeza el frente “Por el Bien Común- Somos Pueblo” y obtendría una votación de 50,8%. Arias dejaría en segundo lugar, con una diferencia de más del 25%, al candidato del MAS, el ex militar y ex Gerente de la empresas de transportes “Mi Teleférico”, Cesar Dockweiler, que tendría una intención de voto de 24,3%.

En sintonía con la lógica conciliadora del MAS, Dockweiler era un intento de presentar un candidato “potable” para las clases medias paceñas, por su pasado militar y su papel en la gestión de los teleféricos así como por tener un perfil “menos político y más técnico”. Lo cierto es que, según los resultados, no habría logrado seducir a estas clases medias que como señalamos, y ese es un elemento de continuidad: prima el voto contra el MAS. Prefieren a Arias que fue uno de los responsables de la criminal gestión del gabinete de Áñez durante la pandemia y que además expresa muy bien el “transfuguismo político”. Es decir, Arias es parte de la vieja casta política en la que las ideas no valen nada lo que lo llevó a haber recorrido prácticamente todos los partidos desde su juventud.

Un lugar destacado, en estas elecciones subnacionales, lo ocupa el caso de la alcaldía de El Alto. El candidato del MAS, Zacarías Maquera, perdería contundentemente con 6,7% frente a Eva Copa, ex presidenta del senado por el MAS y hoy candidata de “Jallalla”, que ganaría la alcaldía alteña con 74,9% de los votos.

Caudillismos locales fragmentan el voto del MAS: El fenómeno “Eva Copa” el caso más representativo

El Alto lo que expresa es en última instancia una interna de caudillos del MAS, pero de forma abierta y pública. Desde este punto de vista, todo lo que viene afirmando la prensa hegemónica de que Eva Copa significaría la “sepultura” del MAS es falso. Eva Copa es el MAS.

El que Eva Copa haya dejado el MAS para ser candidata de Jallalla no expresa necesariamente diferencias políticas con el MAS sino que sería el resultado de un ajuste de cuentas con Evo Morales. Eva Copa logró notoriedad luego del golpe de Estado y tras la huida en desbandada de Morales, del ex vicepresidente García Linera y de la ex presidenta de senadores Adriana Salvatierra. Esta situación llevó a que Eva Copa asumiera la presidencia de la cámara de senadores, convirtiéndose de esta manera en el canal obligado de la política del MAS, que contaba con 2/3 en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), y conquistando un espacio político que hoy busca transformar en votos.

Tanto en la legalización de los golpistas del 17 de noviembre del 2019, como en la rebelión antigolpista de agosto del 2020, Copa fue la artífice de la política de conciliación que desplegó Morales desde Argentina y Arce como candidato presidencial en Bolivia.

Recordemos que no solo Copa evitó hablar de golpe de Estado, incluso lo negó, sino que también, el mismo presidente Arce, durante su campaña electoral calificó al gobierno golpista de Áñez de “Constitucional”. Lejos de existir diferencias políticas entre Copa y Morales, lo que hay es una disputa entre caudillos locales, expresadas en las candidaturas y no una orientación divergente frente a cómo actuar ante los golpistas. Ya que en los hechos, desde Eva Copa, pasando por Evo Morales hasta el presidente Luis Arce y el vicepresidente David Choquehuanca, todos apuestan a continuar la política de negociación y pactismo con el bloque golpista.

Con todo esto, no es extraño entonces, que dirigentes de las Bartolinas -“Confederación Nacional de Mujeres Indígena Originario Campesinas de Bolivia - Bartolina Sisa”-, como Segundina Flores, hayan calificado como un error el no haber nominado a Copa como candidata del MAS, deseándole no solo un pronto retorno al partido sino también suerte en la futura gestión de la ya asegurada alcaldía de El Alto.

Dicho en otras palabras, Eva Copa expresa un desafío al caudillismo de Evo Morales quien se dedicó a nominar o alentar a diversos candidatos que no pudieran hacerle “sombra” dentro del partido, desplazando a Copa por un verdadero desconocido: el “Ratuki” (Zacarías Maquera). La jugada, empero, no salió como pensaba Morales, sino que la decisión de dejarla afuera alentó a la ex presidenta del Senado a buscar que sean las urnas quienes diriman la disputa. No por nada los slogans más fuertes de su campaña y que la estarían llevando a arrasar con los votos para la alcaldía alteña enfatizan por un lado el romper con la “tradición” de que los cargos los ocupen los ´amarra huatos´, en referencia a funcionarios que llegaron al extremo de atarle los zapatos a Morales cuando era presidente. Y, por otro lado, el reivindicar que ella en lugar de huir como lo hizo toda la cúpula masista durante el golpe, se quedó “con su gente”. Esto se expresa muy bien en una reciente declaración de Eva, que se difundió ampliamente en la prensa y redes, durante su campaña:

Ahora bien, en las perspectivas se puede prever que tanto Arce desde el gobierno central como Eva Copa desde la alcaldía de El Alto, trabajarán juntos para hacer gestión y “contrarrestar” aunque sea parcialmente, las presiones de un desgastado Evo Morales cuyas maneras de hacer política alejan a las clases medias. En un reciente discurso de campaña en Trinidad, Morales afirmó que de ganar la gobernación del Beni, el MAS, empezará nuevamente las obras para construir la carretea sobre el TIPNIS, levantando con esto el repudio no solo de amplios sectores de clases medias “progres” sino también de sectores indígenas que ven como una amenaza tal carretera y por lo cual enfrentaron al MAS a partir del 2010.

Las declaraciones de Morales, dificultan los esfuerzos de Arce y el MAS de estabilizar su gobierno sobre la base de intentar mostrar un perfil más dialoguista y alejado de los métodos autoritarios de la pasada gestión de Evo. Recientemente incluso emitieron un comunicado en el que rechazaban la instrumentalización de empleados públicos para las campañas a diferencia de lo que sucedía cuando gobernaba Morales.

Mientras importantes sectores de la población creen ver en Eva Copa un signo de renovación del MAS y a Jallalla como la expresión de la etnicidad aymara lo cierto es que Eva Copa como lo señalamos anteriormente, solo representa un desafío a Evo Morales para llevar adelante las mismas políticas de conciliación sin tener que pedirle permiso al “Jefazo”. Por su parte, Jallalla en los hechos ha devenido en un trampolín para catapultar a representantes de las más diversas políticas en tanto sean de origen aymara. No hay que olvidar que el reciente fallecido líder de Jallalla, Felipe Quispe, calificó de traición la labor de los parlamentarios del MAS –que estaban a la cabeza de Eva Copa- durante la rebelión antigolpista de agosto. Sin embargo parece que primó más la identidad aymara llevando a que meses después se sellara la alianza entre el Mallku y Eva Copa.

En este escenario, desde la Liga Obrera Revolucionaria por la Cuarta Internacional (LOR-CI), agrupación que impulsa La Izquierda Diario, en los lugares en los que estamos presentes llamaremos a votar nulo o blanco. Esto debido a que el conjunto de las expresiones políticas tanto desde los golpistas como desde el MAS y las diversas agrupaciones ciudadanas que se le desprendieron vienen actuando para preservar y mantener intactos los negocios y privilegios de las castas políticas que lucran administrando el Estado y que, en el caso del MAS, lejos de representar un proyecto socialista solo ofrece –como ya lo ha demostrado- una alternativa malmenorista para “contener” un poquito a los proyectos abiertamente reaccionarios y neolibearales.

Por todo esto, llamamos a las organizaciones sindicales y de trabajadores, del campo y de la ciudad, al movimiento de mujeres y de las diversidades sexuales, así como al movimiento indígena, campesino y a la juventud precarizada a empezar a discutir cómo construir una herramienta revolucionaria y anticapitalista, que se proponga derrotar a los golpistas y no convivir y conciliar como lo vino haciendo el MAS desde el inicio de su gobierno a costa de los intereses del pueblo trabajador. Es decir, necesitamos sostener bien alto las demandas de justicia y castigo para las víctimas de las masacres de noviembre y cárcel para los asesinos. Esto sin embargo no es suficiente, necesitamos construir una herramienta política para impulsar la movilización que busque avanzar en afectar la propiedad empresarial, agroindustrial y financiera, que es en última instancia lo que preserva a la derecha y los golpistas.

Por Juana Runa

Militante de la LOR-CI y de Pan y Rosas

Viernes 26 de febrero | 19:52

Publicado enInternacional
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