La ofensiva neoliberal en Ecuador y la contraofensiva popular

La viabilidad política del actual gobierno ecuatoriano llegó a punto cero. Negado por el legislativo su proyecto de reformas acordadas con el FMI y con un movimiento social constituido en Parlamento de los Pueblos, con amplio apoyo a lo largo del país, lo que tiene ante sí Lenín Moreno, y los grupos económicos que lo sostienen, es el amargo pasar de los días, hasta que llegue el día para dejar el Palacio de Carondelet

 

La rebelión de octubre de 2019, sin duda alguna fue un acontecimiento en el sentido más amplio de ontología política que puede otorgare a este concepto, porque marca de forma trascendente la trayectoria política del Ecuador y altera de forma significativa las coordenadas tanto del sistema político y sus relaciones de poder, cuanto de sus discursos así como de su capacidad hegemónica.
Como acontecimiento histórico, generó la suficiente energía política para transformar toda la política contemporánea e inscribirla en una dimensión novedosa en la cual los movimientos sociales y la izquierda política renuevan su espacio político y empiezan a reinscribirlo desde sus propias posibilidades.


A partir de este acontecimiento político, emerge el movimiento indígena, representado en la Conaie, como el sujeto histórico de este acontecimiento político. Su capacidad de interpelación, representación y aglutinamiento es indudable; precisamente por eso y para generar la legitimidad necesaria, el movimiento indígena convocó al conjunto de organizaciones sociales del país, para que sean ellas quienes asuman la responsabilidad establecida en las negociaciones con el Estado ecuatoriano durante la rebelión popular de octubre de 2019, de buscar alternativas económicas a la crisis. Como resultado de esa convocatoria, acudieron al llamado de la Conaie más de 180 organizaciones sociales con representación local, regional y nacional, que se auto-constituyeron como Parlamento de los Pueblos y Organizaciones Sociales del Ecuador.


Es desde este espacio que se genera un proyecto económico que nace desde el consenso y la participación de la sociedad ecuatoriana. Se trata de un ejercicio de democracia directa relativamente inédito en el Ecuador y que da continuidad al proceso político que nació con la rebelión del décimo mes del año.


Sin embargo, y a pesar de la contundencia, importancia, proyección y trascendencia histórica de este acontecimiento, la burguesía ecuatoriana respondió radicalizando el proyecto neoliberal y anclándose aún más firmemente a los acuerdos con el FMI.


En efecto, habría cabido suponer que luego de la contundente movilización social ecuatoriana que logró la derogatoria del Decreto 883 que pretendía liberalizar los precios de los combustibles, las oligarquías y el gobierno nacional cederían espacios y entrarían en un proceso al menos de reflexión interna que les permitiese comprender, evaluar y asimilar su derrota.


Empero de ello, apenas a los cuatro días de negociar la paz con el movimiento indígena y en plena conformación del Parlamento de los Pueblos y las Organizaciones Sociales, el gobierno envió a la Asamblea Nacional un proyecto de ley económico urgente con un nombre pomposo: “Ley Orgánica para la transparencia fiscal, optimización del gasto tributario, fomento a la creación de empleo, afianzamiento de los sistemas monetario y financiero, y manejo responsable de las finanzas públicas”.


Se trataba de la radicalización neoliberal más importante de las últimas décadas y que hacía tabula rasa de todos los acuerdos establecidos con el movimiento indígena y que sirvieron para dar por terminada la movilización social. Con este proyecto de Ley, las élites ecuatorianas apostaban por crear nuevas condiciones para la acumulación de capital que incluso implicaban en el mediano plazo la salida del esquema de dolarización de la economía y sometían a la economía a una crisis determinada en la misma ley como “crisis sistémica”.


El proyecto de ley contemplaba más de 400 artículos, con cambios a más de 20 cuerpos legales, y dentro de los cuales existían aspectos como: la eliminación del anticipo del impuesto a la renta para las empresas, al momento el mecanismo más importante para detener la elusión tributaria; la prohibición de transparencia y libre acceso a los datos sobre el pago de impuestos de los grandes contribuyentes; nuevos impuestos al uso de las plataformas tecnológicas; la exoneración de controles al lavado de dinero; la imposición de nuevas reglas fiscales para impedir toda inversión social, en especial en salud y educación; la vulneración de la autonomía constitucional del sistema de seguridad social y de los gobiernos locales; la autonomía del Banco Central; la conformación de un directorio para controlar al sistema financiero privado y estructurado con personas que provienen del mismo sector financiero al que deben controlar; la entrega de la liquidez monetaria y del manejo de la dolarización a los bancos privados; la exoneración de impuestos a las grandes operadoras de telefonía celular y la entrega del espacio radio eléctrico en condiciones ventajosas a estas empresas; el retorno de las universidades de garaje; la imposición de férreas medidas de encaje y control a las cooperativas y a la economía popular y solidaria; la prohibición para que el Banco Central pueda utilizar sus propios recursos y también los recursos de las reservas internacionales en beneficio de la economía y, concomitante con ello, la obligación a que el Estado solo tenga como principal vía de deuda pública los mercados financieros internacionales; entre otras medidas.


Lo que asombra es la audacia (¿o la torpeza?) de un gobierno que en la rebelión de octubre había perdido todo margen de maniobra y que, en un acto de imprudencia política, envía a la Asamblea Nacional las reformas económicas e institucionales más importantes de los últimos años para ser tratadas de forma urgente. Reformas que, incluso, iban más allá de los acuerdos suscritos con el FMI, en pleno proceso de movilización social que esta vez construía un espacio de democracia directa como es el Parlamento de los Pueblos y Organizaciones Sociales.


Es como si la burguesía ecuatoriana hubiese perdido todo principio de realidad y la confundiese con sus propios deseos. La apuesta del gobierno era entrampar a la Asamblea Nacional en sus propias indecisiones y jugar a las ambigüedades de sus bloques políticos para que se cumpla el plazo previsto por la Constitución de treinta días para los proyectos económicos urgentes, y que su propuesta pueda ser aprobada por la figura del “Ministerio de ley”.


El gobierno pensaba que se podía separar los eventos de octubre de 2019 de los cumplimientos con el FMI, porque la Asamblea no había jugado ningún rol durante tales sucesos. Consideraba, además, que su alianza con los grandes medios de comunicación le generaban el espacio político suficiente para cumplir su agenda, cuando la legitimidad de esos grandes medios de comunicación estaba en pleno proceso de cuestionamiento por parte de la sociedad.


Mas los hechos son tenaces y la Asamblea Nacional le demostró al gobierno que su margen de maniobra política es prácticamente nulo. En efecto, contra todo pronóstico el poder legislativo negó la propuesta de ley del gobierno y ordenó su inmediato archivo.


Empero, es necesario aclarar que en forma previa, las organizaciones sociales, entre ellas la Conaie, entendieron rápidamente la coyuntura y cambiaron de registro político de forma inmediata y, apenas enviada la propuesta de ley del gobierno, ejercieron presión sobre la Asamblea y articularon una estrategia que buscaba el consenso suficiente para negar esa propuesta de ley. El Parlamento de los Pueblos y Organizaciones Sociales, luego de sus primeras sesiones definió el nuevo proyecto económico no solo pensando en resolver la crisis económica sino también para contrarrestar este proyecto de ley económica urgente enviado por el gobierno.


En varias comparecencias en las instancias de la Asamblea que discutían esta ley, los dirigentes indígenas y sociales fueron claros en advertir a los asambleístas que la aprobación de esta ley creaba las condiciones para una nueva movilización social.


Varios bloques de asambleístas fueron receptivos a las demandas de la Conaie y empezaron a trabajar en la línea de rechazar la propuesta gubernamental negándola. Asimismo, las organizaciones sociales empezaron un proceso de análisis de las consecuencias de esta ley en sus bases, para advertir y preparar a sus organizaciones sobre la nueva coyuntura política que se estaba conformando.


El movimiento indígena asumió la coyuntura y comprendió la importancia estratégica de la propuesta del gobierno. Por ello activó toda su estructura nacional a fin de prepararla para la nueva coyuntura que se estaba creando.


No obstante, la Asamblea comprendió que esta vez no podía soslayarse de la historia y que tenía que cumplir un rol que no sea el de mera comparsa del gobierno. En un áspero debate, se logró lo que parecía imposible: la mayoría legislativa suficiente para negar la propuesta gubernamental y, de esta forma, poner el contador a cero en el acuerdo con el FMI.


Así, el gobierno ecuatoriano pierde toda capacidad de maniobra en el sistema político y su margen de gobernabilidad se reduce al mínimo. La energía política acumulada en el acontecimiento de octubre fue el factor desequilibrante en esta coyuntura. La capacidad de veto al neoliberalismo por parte de la Conaie, la organización indígena y social más importante del Ecuador, y quizá de América Latina, se fortalece. El Parlamento de los Pueblos y las Organizaciones Sociales emerge, asimismo, fortalecido y como espacio de alternativa política para construir el país que se requiere.


El acuerdo con el FMI entra en una etapa crítica porque el gobierno no podrá cumplir con un conjunto de condicionalidades prescritas por esta institución financiera, porque implican capital político del cual el gobierno carece totalmente. No obstante, el FMI respaldó al gobierno y emitió un comunicado público en ese sentido. Se trataba, para el FMI, de una jugada política en la cual le extendía la confianza de esta institución y, por tanto, de la administración norteamericana, al gobierno ecuatoriano y su adscripción irrestricta al programa neoliberal establecido en la Carta de Intención. Es por ello que apenas negado este proyecto de Ley, el gobierno envía nuevamente otro proyecto de ley con reformas tributarias que favorecen de forma explícita y evidente a los grandes conglomerados empresariales.


Mas, el costo político de este acuerdo con el FMI para la burguesía ecuatoriana, hasta el momento ha sido muy alto. En menos de un mes la burguesía ecuatoriana ha visto cómo se han derrumbado sus apuestas más estratégicas para el sistema político y, por lo visto, no tiene un plan B, ni tampoco ha logrado articular un discurso que le permita asimilar la coyuntura.


El gobierno de Lenín Moreno, es ya un fardo muy pesado para las élites. Cada vez que intentan sostenerlo y apoyarlo, más alta es la factura política que tienen que pagar. A medida que transcurre el tiempo, las organizaciones sociales se fortalecen cada vez más, al tiempo que la capacidad hegemónica de las élites se debilita. En un contexto de esta naturaleza, cabe preguntarse: ¿qué viabilidad política tiene el gobierno de Lenín Moreno? Y quizá la respuesta sea evidente: ninguna.

 

 

 

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Domingo, 15 Diciembre 2019 06:34

El paro se estira y llega Navidad

Una mujer camina por la estación vacía de Gare de L'Est en Paris durante el paro de transporte. Imagen: AFP

Décimo día de huelga de transportes en Francia

La perspectiva de una Navidad sin trenes ni metros y con los aeropuertos colapsados preocupa a los ciudadanos y al gobierno

Diez días de huelga de transportes en Francia y la perspectiva de una Navidad sin trenes ni metros y con los aeropuertos colapsados preocupa a los ciudadanos y al gobierno, que quiere reunirse con los sindicatos para hablar sobre su polémica reforma del sistema de pensiones.

El sábado, entre un 25 y un 30 por ciento de los trenes de alta velocidad y los regionales funcionaban en el país. En París había nueve líneas de metro cerradas, sobre un total de 16, y algo más de la mitad de los autobuses conseguían circular.

El domingo la situación se mantendrá igual y los servicios de transporte en la capital se verán "muy afectados" por este movimiento de protesta el lunes. Faltan diez días para Navidad y ni gobierno, ni sindicatos, ni ciudadanos saben hasta cuándo durará esta huelga y de qué manera podría desbloquearse la situación.

Si el movimiento continúa podría poner en peligro las vacaciones de decenas de miles de personas, ya que harán falta varios días para recuperar la normalidad en los transportes. "Cada uno tendrá que asumir sus responsabilidades. No creo que los franceses aceptarían que algunos les privaran de ese momento" dijo el primer ministro Édouard Philippe en declaraciones al periódico Le Parisien. "La mitad de los viajeros" tendrán trenes para las fiestas de fin de año, según la SNCF, la compañía nacional de trenes francesa. 

Los sindicatos rechazaron de plano esta semana la idea de una tregua de Navidad. "Si el gobierno quiere que el conflicto termine antes de las fiestas, le queda una semana para tomar la buena decisión, optar por el sentido común y retirar su reforma de las pensiones", dijo a la AFP Laurent Brun, secretario general del sindicato CGT-Ferroviarios, el sindicato más importante de la SNCF.

"Para que circulen los trenes, el gobierno tiene que enviar un mensaje positivo", corroboró Roger Dillenseger, del sindicato UNSA-Ferroviarios.

- Protestas nacionales el martes

El sábado se celebraron protestas en algunas ciudades de Francia como Estrasburgo (este), Lyon (centro-este) y Rennes (oeste) y se esperan grandes manifestaciones el martes en todo el país en las que participarán no sólo empleados del sector transportes sino funcionarios, estudiantes, personal sanitario, abogados, profesores o jueces.

El primer sindicato francés CFDT se ha unido a esta movilización, furioso por que el gobierno haya añadido a su nuevo sistema de pensiones una "edad de equilibrio" fijada en los 64 años, por debajo de la cual no se cobrará la pensión completa. La edad de 64 años es "negociable", respondió el sábado la secretaria de Estado para el ministro de Economía, Angès Pannier-Runacher.

Esta semana, el gobierno y los profesores llegaron a un acuerdo para revalorizar sus salarios, lo que costará al Estado unos 10.000 millones de euros, aunque por ahora no se dijo cuándo entrará en vigor.

Los policías también suspendieron su movimiento de protesta el viernes después de haber obtenido la garantía del gobierno de que podrán jubilarse antes, dados los riesgos que entraña su profesión. El primer ministro, Edouard Philippe, invitó además a los sindicatos a una reunión la próxima semana, aunque por ahora no se sabe si éstos respondieron afirmativamente.

Pese a mostrar que puede hacer alguna concesión, el gobierno del presidente Emmanuel Macron no va a renunciar a su reforma del sistema de pensiones que quiere unificar los 42 sistemas diferentes que tiene el país en uno solo, con el que, según el gobierno, "todo el mundo saldrá ganando".

Desde Bruselas, el jefe de Estado consideró el viernes que esta reforma era "histórica". Los franceses están divididos sobre la reforma, según un sondeo. El 50% se dice favorable y el 49% está en contra. La jubilación es un tema sensible en Francia ya que la población defiende con uñas y dientes uno de los sistemas más generosos del mundo. 

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El conservador Boris Johnson arrasó en las elecciones con el Brexit como bandera

Desde Londres. El primer ministro Boris Johnson cumplió con las formalidades de la asunción antes de dirigirse a la nación después de su aplastante victoria electoral. A las 11 de la mañana visitó a la Reina Isabel II para comunicarle que contaba con la mayoría parlamentaria necesaria para formar gobierno. El discurso a la nación llegó por la tarde, más conciliador que triunfalista. “Quiero dirigirme a aquellos que no me votaron y que posiblemente todavía quieran permanecer en la Unión Europea. Les quiero decir que nunca los olvidaremos. Este es el momento perfecto, cuando estamos por dejar la Unión Europea, de recrear los sentimientos que tenemos por nuestros amigos uropeos para tener un nuevo acuerdo que será nuestro proyecto para el próximo año. Espero que todos, de un lado y otro del argumento, podamos empezar a cicatrizar las heridas”, dijo Johnson.

La contundente mayoría que obtuvo - 368 diputados sobre un total de 650 – le da margen para buscar una posición más centrista que la adoptada por el Partido Conservador desde el referendo a favor del Brexit en 2016. Johnson tiene un Jeckill and Hide en sus genes, mezcla del xenófobo y oportunista con el conservador popular y paternalista, o “one nation Conservative”, como se definió en el discurso que dio delante de 10 Downing Street, residencia oficial del primer ministro. “Vamos a unirnos como nación, a nivelarnos, y consolidar la unión con Escocia, Gales, Inglaterra y el Norte de Irlanda”, dijo Johnson.

El contraste con los laboristas no podía ser más marcado. En la autopsia del peor resultado electoral desde 1935 sobran las acusaciones cruzadas y recriminaciones buscando un responsable de la debacle. El líder laborista Jeremy Corbyn señaló que dejará la jefatura del partido en los primeros meses del año entrante una vez que concluya el período de reflexión sobre la derrota. “Estoy muy triste por el resultado y por el impacto que tendrá en comunidades golpeadas por la austeridad. Pero al mismo tiempo siento orgullo por el programa electoral que presentamos y que tuvo un amplio apoyo a nivel social. El problema es que la elección se definió por el Brexit”, dijo Corbyn a la BBC.

Entre sus rivales, muchos se asombraron que no hubiera renunciado de inmediato y negaron que el voto se redujera al Brexit. “Corbyn fue un desastre. Todos sabíamos que no podía liderar el partido y la clase trabajadora. Ahora lo que quiero es que Momentum y la pequeña secta que lo ha rodeado buscando conservar la pureza del partido, se vayan”, señaló a ITV Alan Johnson, un sindicalista que ocupó varias carteras durante el Blairismo, último período del laborismo en el poder.

Los sondeos confirman que Corbyn es el líder de la oposición más impopular de las últimas décadas, pero no cabe duda que el primer ministro – y un equipo encabezado por el Rasputinesco Domimic Cummings – acertó con convertir al Brexit en el centro de su mensaje electoral. En las zonas que votaron por la salida de la Unión Europea (UE) en el referendo de 2016, muchas de ellas bastiones laboristas, Johnson se hizo un picnic.

Con un mensaje simplón ("get Brexit done"), los conservadores horadaron la “muralla roja” en el norte de Inglaterra, cinturón industrial y post industrial que votó durante toda su historia al laborismo. Una ex comunidad minera, Blyth Valley, centro de las batallas campales contra el Thatcherismo en los 80, cayó alrededor de la medianoche. A las 2 de la mañana hora británica, se anunció otra de las grandes sorpresas de la noche. Wrexham, en el norte de Gales, localidad laborista durante 80 años, pasaba a manos de los Tories. Lo mismo sucedió en Great Grimbby, ciudad portuaria del norte, que había votado al laborismo desde la segunda guerra. Decenas de escaños del laborismo histórico cruzaron este Rubicón tabú: votar por el enemigo conservador.

Europa, Escocia

La elección enterró las exiguas posibilidades que había de un nuevo referendo para evitar la salida de la UE. La semana próxima el nuevo parlamento aprobará el acuerdo de salida del bloque europeo que logró Johnson en Octubre: el 31 de enero, el Reino Unido no será miembro pleno de la UE.

Es una salida formal, parte de una transición que durará hasta diciembre. En esos 11 meses el Reino Unido seguirá siendo parte del Mercado Común Europeo, de la Unión Aduanera y contribuirá al presupuesto, pero no tendrá voz ni voto. El gran enigma es si durante estos meses podrá negociar un tratado de libre comercio con la UE o saldrá del bloque sin acuerdo. La UE representa la mitad de los intercambios comerciales del Reino Unido. Si no hay acuerdo, el comercio se regirá por las reglas de la Organización Mundial del Comercio con una fuerte suba de aranceles e impacto directo en la producción, inflación y empleo.

La abrumadora mayoría de Johnson le da margen para negociar un acuerdo más suave con el bloque europeo que el que le exigen sus sectores ultra que ahora tendrán menos poder para imponerle condiciones. El tiempo no le juega a favor. A menos que se llegue a un acuerdo básico provisorio, algo que se podría alcanzar el año próximo, la negociación promedio de tratados con la UE es de siete años: a mediados de 2020 Johnson tendría que solicitar una extensión de la negociación más allá del año próximo o jugarse por el Brexit duro (salida sin acuerdo).

El otro frente que se le abre a Johnson con esta victoria apabullante es el de la muralla roja. Estos votantes quieren el Brexit, pero también quieren servicios e inversión pública, seguridad social, ayuda industrial, políticas que no tienen nada que ver con los conservadores. Johnson tiene cinco años de gobierno por delante, pero la alianza que le dio un triunfo contundente puede entrar en crisis mucho antes.

Escocia es otro frente complicado. Los nacionalistas del SNP ganaron 48 de los 59 escaños en juego en Escocia. El SNP, que levantó la bandera de la independencia durante la campaña, dejó en claro que quiere un nuevo referendo: Boris Johnson ya dijo que no lo autorizaría. El problema que tiene es que los tories perdieron 7 de los 13 escaños que tenían en Escocia. El Reino Unido está partido en dos: nacionalista en Escocia, conservador en Inglaterra. Con este panorama, hay crisis constitucional a la vista. A pesar de las diferencias notorias, el fantasma de Cataluña rondará esta pelea.

El futuro del Partido laborista

Un impecable análisis del semanario The Economist este viernes predice un “Corbynismo sin Corbyn”. Los Corbynistas dominan las palancas del partido, tienen unos 40 mil militantes nucleados en torno a "Momentum", su ala juvenil, y los sindicatos han girado a la izquierda. El semanario cita una exhaustiva investigación del British Election Study que muestra que el electorado que votó a Johnson tiene muchas posiciones afines al Corbynismo en temas como la desigualdad o los servicios públicos.

Con este trasfondo el Blairismo difícilmente pueda meterse en la lucha por la sucesión porque no tiene peso propio en un partido dominado por el voto de sus miembros, unos 500 mil afiliados. La contienda que se avecina será entre un ala “moderada” del Corbynismo, representada por Keir Starmer, portavoz en temas del Brexit, y Emily Thornberry, portavoz de temas exteriores. Starmer es el favorito de los corredores de apuestas, que no descansan un minuto en este reino del Puritanismo, pero no tiene muchas chances por una cuestión de género. A diferencia de los conservadores, que tuvieron dos primer ministros (Margaret Thatcher y Theresa May), el laborismo no ha tenido una líder mujer: está desesperado por cambiar esta historia.

El problema con Emily Thornberry es que representa al sur inglés pro-europeo. Las candidatas de la izquierda, Rebecca Long-Bailey y Angela Rayner, parecen dar la talla que exige este momento. Son de la clase trabajadora del norte del país, jóvenes, y tienen el apoyo de los pesos pesado del laborismo y los sindicatos. Ambas están bien situadas para encarnar un “Corbynismo sin Corbyn”, que siga con sus políticas de nacionalización, industrialización y justicia social y que le añadan un tono de patriotismo, ausente en el líder laborista, pero muy presente en la clase trabajadora.  

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Jueves, 12 Diciembre 2019 06:55

Una reforma de pensiones que no convence

Una reforma de pensiones que no convence

Críticas de sindicatos y partidos políticos opositores en Francia 

Las centrales sindicales fijaron para el próximo 17 de diciembre una nueva jornada de huelgas y protestas en todo el país.

El proyecto para reformar el sistema de pensiones francés salió hoy de la nebulosa y, fuera del patronato, no convenció a ninguno de los actores sociales. Sindicatos y partidos políticos cuestionaron la reforma presentada por el Primer Ministro Edouard Philippe al cabo de dos años de negociaciones, varios meses de tergiversaciones y casi una semana de fuertes huelgas en los transportes públicos. El Ejecutivo introdujo algunas concesiones a los sindicatos, pero, en lo global, resguardó la arquitectura de una jubilación “universal por puntos” tal como la definió el presidente Emmanuel Macron cuando aspiraba a la presidencia en 2017. ” Injusto”, ”un engaño”, ”todos pierden”, la oposición política y los sindicatos salieron de inmediato a demoler una reforma que, lejos de ser decorativa, transforma en muchos aspectos la estructura de las pensiones. La consecuencia social era previsible: las centrales sindicales llamaron a continuar el movimiento y fijaron para el próximo 17 de diciembre una jornada de huelgas y protestas.

 

Entre el momento en que se cristalizó el conflicto y el anuncio del contenido de la reforma el Ejecutivo perdió un aliado de mucho peso. El sindicato CFDT no había participado en las huelgas, pero ahora dio vuelta su posición. Su Secretario General, Laurent Berger, declaró que “se acababa de atravesar una línea roja”. La CGT, el principal motor de la protesta, acusó al Primer Ministro de haberse “burlado de todo el mundo”. La reacción revela el trastorno profundo del equilibrio de fuerzas. En lo concreto, los sectores políticos y sindicales que tenían un perfil reformista y, por consiguiente, estaban de acuerdo con un cambio en el sistema de jubilaciones lo empiezan a cuestionar fuertemente. Según el plan presentado por el jefe del Gobierno, la edad legal de la jubilación se mantiene a los 62 años, pero con una variable que extiende “la edad del equilibrio a los 64 años”. Así, la sospecha de que la reforma conduciría a trabajar más años se confirma sin ambigüedad.

El patronato francés, agrupado en el Medef, está satisfecho. Este sector conserva todos sus privilegios. Sin embargo, más allá de los círculos patronales no hay nadie que adhiera a la línea oficialista. A la izquierda, el líder de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, juzgó que “Macron acaba de instaurar la jubilación a los 64 años”. Los ecologistas hablan de “fractura” del país, los socialistas de “norme injusticia”, los comunistas de un “sacrificio” y la extrema derecha de “reforma terrible”.

Envuelta en las formulaciones técnico retóricas aparece una realidad ya adelantada por el sindicalismo: habrá que trabajar más, aportar más y, en suma, ganar menos. El principio de una jubilación universal por puntos contaba, hasta ayer, con muchos adeptos. Personalidades como Thomas Piketty (autor del libro El Capital en el Siglo XX) alentaban una restructuración de las pensiones en esa dirección para que hubiera menos desigualdades entre los regímenes especiales (hay 42). Incluso la opinión pública defendía (76%) la urgencia de una reforma capaz de preservar la originalidad del sistema por reparto al mismo tiempo que introducía más equidad en los cálculos. La reforma presentada por el primer ministro asusta, no solo por la variable de los 64 años sino, también, porque amenaza con romper definitivamente con el sistema solidario que rige desde finales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Dicho sistema ya ha sufrido muchas alteraciones justificadas por la competencia mundial, el multilateralismo o la globalización. 

En 2003 y 2010 hubo dos reformas del sistema de pensiones. En 2016 se trastornó la ley laboral con el fin de adaptarla a los imperativos de la competitividad de las empresas y en 2018 Emmanuel Macron llevó a cabo una reforma sustancial de la compañía nacional de ferrocarriles, la SNCF. En cada caso hubo huelgas y manifestaciones sin que los actores sociales lograran preservar sus derechos. El año 2019 apunta a terminar como concluyó el anterior y empezó este: manifestaciones, enfrentamientos, bloqueos y gases lacrimógenos. En 2018-2019 fueron los chalecos amarillos, en 2019-2020 serán las pensiones las que mantendrán ardiente la llama social. Pasado, presente y futuro, nuevas generaciones, ya jubilados o por venir, todo el mundo está concernido por la reforma. Ferrocarriles, educación nacional, policías, hospitales, profesiones liberales y hasta los miembros de la Opera de Paris, hoy en huelga, se preparan a pasar una navidad en pie de guerra social. El primer ministro, Edouard Philippe, se anotó un punto histórico: aspiraba a apaciguar al país y dividir a los contestatarios y a los sindicatos, pero alcanzó la meta opuesta: todos se aliaron contra él. La reforma reveló al final su auténtica naturaleza. No se trataba únicamente de “retocar” la arquitectura sino de introducir recortes y economías.

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Miércoles, 11 Diciembre 2019 06:12

Sexto con bloqueo de transportes en Francia

Sexto con bloqueo de transportes en Francia

Masiva protesta por la reforma de pensiones 

Sindicatos del transporte, la salud y la educación enfrentan al gobierno en la víspera del anuncio formal de la reforma. 

Las calles de Francia fueron el escenario de la segunda jornada de huelga nacional contra la reforma del sistema de pensiones. Si bien la convocatoria no alcanzó la masividad del jueves pasado , el ministerio del Interior contabilizó a alrededor de 300 mil manifestantes en todo el país. Se trató también del sexto día consecutivo con bloqueos en el transporte público y cancelaciones de vuelos en varias ciudades. Al paro de trabajadores del transporte se sumaron profesionales de la medicina y la educación. El miércoles (hoy), el Ejecutivo presentará finalmente su cuestionado proyecto de reforma de las pensiones.

Por la mañana, miles de personas concurrieron a pie o en bicicleta a sus lugares de trabajo en París, la ciudad más afectada por la huelga. El subte, los colectivos y los trenes suburbanos no funcionaron o presentaron un servicio reducido. Se formaron varios kilómetros de embotellamiento en los accesos a la capital desde primeras horas del día.

El paro de transportes afectó también a los turistas, que se vieron obligados a recorrer decenas de kilómetros a pie, alquilar bicicletas o monopatines para visitar las principales atracciones de París. Además cientos de vuelos programados fueron cancelados, y siete de las ocho refinerías del país permanecieron bloqueadas, lo que hacía temer una escasez de combustible en las próximas horas.

A la huelga de trabajadores del transporte se sumaron los gremios que agrupan a los docentes del país, lo que provocó el cierre de escuelas y guarderías. Una huelga ilimitada fue convocada por médicos y trabajadores de la salud para denunciar "recortes presupuestarios" y un "deterioro de sus condiciones laborales". Argumentan que el Ejecutivo está poniendo en peligro la atención médica pública en Francia. 

Pasado el mediodía, cientos de personas con pancartas y banderas con los colores galos empezaron a concentrarse cerca del Palacio de los Inválidos. Ese fue el punto de partida de una gran manifestación pacífica que recorrió toda la capital y terminó convocando a cientos de miles.

"¡No, no, no cederemos!", coreaba una marea de manifestantes que marchó en París, entre el ruido de silbatos, y carteles con duros mensajes contra el Ejecutivo. Los sindicatos prometen mantener su presencia en las calles hasta que el gobierno de Emmanuel Macron retire totalmente su proyecto de reforma previsional.

Del proyecto del gobierno sólo se conocen algunos puntos, ya que será presentado el miércoles por el primer ministro, Edouard Philippe. Se sabe que consistirá en la creación de un "sistema universal" de pensiones que reemplazará a los 42 regímenes actuales. Los gremios argumentan que esos regímenes permiten jubilaciones anticipadas y otros beneficios. 

También consideran que el actual sistema de pensiones de los empleados de las empresas de ferrocarriles o los marinos, entre otros, fueron creados para compensar el riesgo y el desgaste que demandan sus profesiones. Y que eso no se debería ajustar de ninguna manera.

"Espero que Macron escuche el malestar social que se manifiesta aún con mayor fuerza en estos días pero que venimos viendo desde hace meses. Que retire su proyecto y discutamos con seriedad la mejora necesaria del sistema de reformas, que es uno de los mejores del mundo", dijo el secretario general de la Confederación General de Trabajadores (CGT), Philippe Martinez, al inicio de la manifestación.

En la víspera de que el primer ministro, Édouard Philippe, presente la totalidad de la reforma, Martinez reconoció que hay un problema de "financiación", pero reclamó que los ajustes sean "solidarios" y que se arregle creando más trabajo, elevando los montos que pagan los empresarios y subiendo los salarios. "Lo que queremos es que el gobierno retire completamente esta reforma y después hablamos", agregó el líder sindical.

Desde el Ejecutivo defienden el proyecto a ultranza. "Las manifestaciones no van a detenerse porque yo haga un discurso el miércoles. Al contrario, mi discurso suscitará nuevas preguntas. Y es normal", reconoció el primer ministro Philippe, que concentra toda la atención de Francia en las últimas horas. "Es una reforma indispensable para el país", subrayó por su parte el presidente Emmanuel Macron.

El Ejecutivo francés se encuentra en una situación delicada, frente a un contexto social muy tenso debido a las masivas movilizaciones que iniciaron hace más de un año de los chalecos amarillos . A eso se le suma el mencionado descontento de diversos gremios que engloban a trabajadores de la salud, profesores, ferroviarios, agricultores e incluso policías.

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La huelga en Francia paralizó el transporte público

Trenes, subtes, colectivos o aviones: viajar resulta una hazaña en estos días

Hubo cerca de 700 kilómetros de embotellamientos entre las rutas de la periferia y París y lo mismo ha ocurrido en otras grandes ciudades del país. 

 

 Francia sigue caminando sobre la cuerda de la incertidumbre y de la huelga. Desde finales de la semana pasada, la huelga lanzada por los sindicatos contra la reforma del sistema de pensiones ha paralizado el transporte público. Los porcentajes de participación han sido y continúan siendo elevados y, hasta que el Ejecutivo no haga público el contenido completo de la reforma, la batalla social seguirá en pie y la gente caminando. Este lunes hubo cerca de 700 kilómetros de embotellamientos entre las rutas de la periferia y la capital francesa y lo mismo ha ocurrido en otras grandes ciudades del país. Trenes, subtes, micros o aviones, viajar resulta en estos días una hazaña.

Este martes 10 de diciembre puede ser peor. Los sindicatos (CGT y Fuerza Obrera) reactivaron para mañana una nueva huelga nacional con el objetivo de forzar al gobierno a corregir el borrador de la reforma. Siguiendo la promesa hecha durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2017, el presidente Emmanuel Macron presentó las grandes líneas de una reforma que apunta a unificar los 42 regímenes jubilatorios existentes en uno solo a partir de un sistema donde el cálculo se hará mediante puntos. Como los cambios previstos afectan sobre todo a los ferroviarios, ello explica la altísima adhesión en ese sector.

París es en estos días un caos. Los turistas que llegaron la semana pasada ya tienen cierta experiencia. Los que lleguen en estos días deberán tener una paciencia de monje, piernas sólidas, abrigos para el invierno y también suerte. Encontrar una bicicleta o una trotinette (monopatín) libre es como sacarse el número de la lotería. Los parisinos ya curtidos en el uso de las dos ruedas son los más felices. En medio de un enjambre incalculable de autos y nervios son los únicos que logran llegar a destino. 

A quienes vengan por estas fechas les quedan un par de alternativas: caminar, traer una mini bicicleta plegable en el equipaje o comprar una en París. Si hay alguien que ya ganó con la huelga es la empresa Blablacar y su aplicación. Blablacar es una idea que consiste en compartir el auto entre determinados trayectos con otras personas desconocidas inscriptas a través de la aplicación. La idea ecológica se tornó en una excelente estrategia en un momento de urgencia social. Pese a las trabas y al hecho de que la huelga se instala en el periodo de las fiestas de Navidad, la opinión pública todavía respalda al movimiento. Según una encuesta publicada este fin de semana, 53% de los franceses respalda la huelga. El movimiento ingresa en su cuarto día sin que se intuya un debilitamiento o un cambio de posición, ni por parte de los sindicatos ni del gobierno. La intersindical promete que resistirán hasta que el Ejecutivo “retire el texto completo de la reforma”, según declaró este domingo el Secretario General de la CGT, Philippe Martinez. El problema, por ahora, es que el gobierno mantiene escondido el texto y recién este miércoles el primer ministro, Edouard Philippe, romperá el suspenso y la ambigüedad que ha acompañado desde el principio la presentación de la reforma. 

Mientras tanto, los sectores concernidos están muy movilizados, y en muchos casos hasta radicalizados. Basta con dar un par de vueltas en las terminales de los autobuses o en las estaciones de trenes de París para medir no sólo la dureza de un conflicto social sino, también, el encono del que es objeto Emmanuel Macron y la convicción de que “a este poder la única forma de derrotarlo es poniéndolo de rodillas” (Claude, sindicalista de la compañía nacional de ferrocarriles, SCNF).

La base sindical mantiene su motivación tanto como la base parlamentaria del presidente le exige que “sea claro”. La ausencia de una pedagogía transparente complicó el juego gubernamental hasta convertirlo en una encrucijada política. La reforma no apuntaba al principio a ahorrar como en años anteriores, sino a cambiar la metodología de cálculo y establecer así una suerte de equilibrio entre los regímenes existentes. 

En ese rediseño intervinieron dos factores: hay sectores (ferroviarios) que pierden privilegios adquiridos luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): con el paso de las semanas, la variable presupuestaria (menos peso de la jubilación en el PIB) se introdujo entre los intersticios de la reforma. Esa posibilidad de una pérdida de derechos global o de la necesidad de trabajar más años es la que sembró tanto la confusión como la movilización contra el proyecto. 

Mayoritariamente, la gente siente que “hay gato encerrado” en el asunto, que de una u otra forma “se perderán derechos”, es decir, dinero. Al ala liberal del gobierno ceder ante la CGT le resulta una afrenta de clase. El éxito de la huelga y simpatía que acarrea el movimiento han cambiado las normas. Los sindicatos recuperaron su poder de convocatoria luego de un largo periodo de derrotas sociales. Recién el miércoles se sabrá hasta donde puede maniobrar un gobierno asustado por la amenaza de una insurgencia social generalizada.

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"Asistimos a la reivención del mundo, y el Sur detenta los hilos" 

La colonización, la debilidad y la humillación del Sur del mundo, el mito de la hegemonía, son temas de análisis de de este intelectual que ha publicado en la Argentina. También, forma paradójica en que ese Sur está dominando la agenda mundial, y las posibilidades que se abren en tiempos de globalización. 

 

Los libros ocupan el espacio de las ideas como piezas de ajedrez. En su plácida intensidad disputan una partida simbólica por comprender o influenciar el mundo. Bertrand Badie es un eximio ajedrecista en esa disputa. Profesor en la Universidad de Sciences Po-París, Badie ha desarrollado una obra a través de la cual ha observado el mundo desde el otro lado. No ya a partir de la potencia occidental sino desde el Sur. Autor de más de veinte obras que son una referencia, Badie es un vigoroso crítico de esa estrategia de las relaciones internacionales que se basa en la “potencia”, es decir, la intervención o la humillación, para regular las relaciones entre Estados. La colonización, la debilidad de los Estados del Sur que se desprende de ella, el mito de la hegemonía, la humillación de la que el Sur fue objeto y la forma paradójica en que hoy el Sur domina la agenda mundial son los ejes temáticos de sus últimos libros: Diplomacia del contubernio. Los desvíos oligárquicos del sistema Internacional; El tiempo de los humillados, patología de las relaciones internacionales (ambos editados por la Universidad Nacional Tres de Febrero), No estamos solos en el mundoCuando el Sur reinventa el mundo. Ensayo sobre la potencia de la debilidad; La hegemonia cuestionada. Las nuevas formas de la dominación internacional.

La actualidad internacional le ha dado la razón a muchas de las líneas de los análisis de Bertrand Badie. La insurrección social que estalló entre 2018 y 2019 en una docena de países contra las políticas neo liberales forman parte de ese rediseño del mundo protagonizado por el Sur. Son los llamados “débiles” quienes, hoy, reconfiguran el sistema y, con ello, impulsan el “segundo acto de la globalización”. El primero fue liberal, este será social. Bertrand Badie pone en el centro de esta reescritura del mundo el carácter inter social de los protagonistas: ya no son los Estados ni un sistema político desacreditado y corrupto los que se encargan de conducir la historia: son los pueblos, las sociedades, quienes asumen esa reinvención. Esa la paradoja alucinante la contemporaneidad: la potencia, el poder de la debilidad. Hemos cambiado de época, de paradigma y de actores.

-Hace tiempo que ha plasmado en sus ensayos lo que hoy es una evidencia: la impotencia de los poderosos. Hoy es la debilidad quien se toma su revancha. ¿Es la debilidad la que conduce hoy al mundo?

-La agenda internacional está más controlada por el Sur que por el Norte. Los grandes acontecimientos que condicionaron este principio del Siglo XXI son acontecimientos oriundos del Sur. El Norte es prisionero de una agenda fijada por los actores del Sur. Por primera vez en la historia, la competencia internacional se plasma no ya entre actores iguales sino entre actores de tamaño y capacidades diferentes. En el plano internacional, la potencia perdió toda su eficacia. La súper potencia norteamericana, que cubría el 40% de los gastos militares en el mundo, no ganó ni una sola guerra desde 1945, exceptuando las guerras bajo mandato de la ONU como la gran coalición “Tempestad del desierto” (Irak,1991). Las demás potencias militares también fracasaron: Rusia en Afganistán o Francia en África. El instrumento militar era la expresión absoluta de la potencia, pero ha perdido ante actores más pequeños.

-El poder ha cambiado de manos y de región. ¿Lo ve como un despertar repentino?

-Ahí hay un enigma que se explica, en parte, por la descolonización. La descolonización les dio a los débiles medios de acción y de intervención que eran desconocidos y que resultaron cada vez más eficaces: formas de conflicto, movimientos sociales, etc. Esto neutralizó las estrategias de la potencia tradicional. El segundo elemento es la globalización, que introdujo la interdependencia. Si el débil depende del fuerte, este también depende, cada vez más, del débil: puede ser el suministro energético, la estabilidad regional, el desplazamiento de poblaciones. El Sur acumuló recursos ante los cuales el Norte no puede desplegar su potencia. Luego, la caída del Muro de Berlín y el fin de la bipolaridad tuvo como como consecuencia algo inesperado, es decir, el fin de las políticas de poder. Entonces, efectivamente, para comprender las crisis de hoy es mejor mirar los indicadores de la debilidad, antes que los indicadores de la potencia.

-Pero estos países del Sur siguen pagando el precio de la colonización. Nuestras crisis de ahora tienen allí sus semillas.

-La colonización es el origen de todas las debilidades que constatamos hoy. La colonización rompió la dinámica institucional de las sociedades y por ello no pudieron producir por si mismas sus propias instituciones. Y cuando un pueblo no produce sus propias instituciones estas son poco legitimas, poco respetadas y en nada dignas de confianza. Los mapas de estos Estados colonizados fueron diseñados por el colonizador en función de sus rivalidades con otras potencias coloniales. La colonización ahogó igualmente la constitución de sociedades civiles horizontales, de asociación y de solidaridad. La colonización favoreció la instauración de religiones que se oponían al colonizador. El éxito del islam se explica por ello. En tierras del islam fue un factor de movilización. En Egipto, los Hermanos Musulmanes nacieron en oposición a la presión del colonialismo británico. En África, donde el islam era minoritario, el islam se volvió mayoritario porque funcionó como un instrumento de afirmación contra la potencia colonial. El factor humillación también está presente. Cuanto más humillados han sido los pueblos, más dispuestos estuvieron a recurrir al conflicto como instrumento de afirmación y reconquista. La colonización desempeña un papel enorme en las crisis actuales. América Latina tuvo la suerte de haber conocido una descolonización temprana y con ello pudo construir su propia modernidad.

-Todas las crisis del Sur también nos revelan las propias crisis del Norte colonizador. ¿Qué nos están diciendo sobre el Norte estas crisis en el Sur?

-Nos dicen tres cosas: la primera es que se nota una disminución de las capacidades de las potencias de antaño, tanto en el plano militar, institucional y, ahora, en el plano cultural. La cultura occidental era hegemónica, pero hoy le cuesta imponer esa visión jerárquica para ponerse por encima de las demás culturas. La segunda: estas crisis nos muestran cuánto les cuesta a las antiguas potencias comprender la globalización y adaptarse a ella. Las viejas potencias permanecen en el mundo de antes. Hay una incapacidad, por parte de las potencias históricas, de tomar en cuenta las potencias emergentes oriundas del Sur. Su ascenso en el espacio mundial ha sido considerado como una amenaza y, tal vez, también ilegitimo. La tercera: como las viejas potencias son incapaces de adaptarse al nuevo mundo, al que le tienen miedo, tienden a redescubrir el nacionalismo y la afirmación de la identidad. Y esta vez no lo hacen de forma revolucionaria, como fue el caso del nacionalismo en el Siglo XIX, sino de forma conservadora, es decir, protegiéndose del otro, del migrante, el extranjero, las otras culturas. Ese neo nacionalismo está prosperando en todas partes. Se trata de un elemento muy nuevo en el juego mundial.

-¿Hay un cuestionamiento de lo político, como menciona en sus ensayos, como sustento de la insurrección actual?

-Aquí nos encontramos con un fenómeno doble. El primero: lo político no se renovó con la globalización. Es una enorme paradoja. No se puede pensar que el mismo concepto político esté gobernando hoy en un mundo globalizado y ayer en un mundo dominado por los Estados Nación. Estos Estados Nación ya no dominan el juego mundial. Por consiguiente, la estructura política necesita adaptarse, cosa que no hace. El segundo: esta inadaptación de lo político crea una gran ineficacia y una incapacidad para producir respuestas políticas. En el Norte hay una crisis general de ineptitud para fijar políticas públicas. Esto ha creado un fenómeno sin precedentes que desembocó en una caída vertiginosa de la credibilidad y la confianza de la población ente la política. Los políticos perdieron la confianza de los ciudadanos. Los políticos son victimas de una hemorragia de recursos y el resultado de esto es que lo social se vuelve más fuerte que lo político. Por esta razón la política es incapaz de enfrentar a los movimientos sociales. Ahí tenemos lo que está ocurriendo en Chile, Ecuador, Argelia, Irán, Irak, Rumania, Republica Checa, Líbano, Hong Kong.

-A propósito de estos movimientos sociales mundiales, incluido el de los chalecos amarillos, usted recurre a un concepto novedoso para comprenderlos. Para usted, esas crisis remiten a la inter socialidad, a un perfil inter social.

-El espacio mundial se está reestructurando en torno a lo que llamo la tectónica de las sociedades. Es como si las placas sociales, al chocar las unas contra las otras, crearan los acontecimientos, los fenómenos de movilización, y les dejaran a los políticos una mera actitud reactiva. Antes no existía un orden internacional fuera de los Estados. Hoy es diferente por dos razones. Primero, el formidable crecimiento de las técnicas de comunicación. Todos los individuos comunican entre si. Las imágenes y las ideas circulan a una velocidad vertiginosa, mucho más rápido que los canales diplomáticos. La segunda razón es la globalización, es decir, el sentimiento de que todo el mundo depende de los demás, de que estamos todos cerca. Ello conduce a que las dinámicas sociales corran más rápido que las relaciones políticas.

-En este momento estamos en esa fase de vigor de los movimientos sociales. ¿Hay una suerte de fusión social interconectada?

-Estamos observando un mimetismo fabuloso entre los movimientos sociales en desarrollo. Si algo se mueve en Argelia, enseguida habrá movimientos en Sudán, en el Líbano, en Chile o en Irak. Las imágenes de esos movimientos circulan en el mundo y se ven los nuevos modelos de movilización que se forman. Este gigantesco movimiento mimético lleva a que las calles de Santiago de Chile, de Beirut o de París se parezcan. Las ideas también circulan a través de la inter socialidad, es decir, tanto en Chile como en Francia, impera el sentimiento común de que lo social es la gran victima del primer acto de la globalización. La dimensión social se dejó de lado y por esta razón las sociedades se reorganizan para exigir lo que se les debe. El primer acto de la globalización fue esencialmente económico e ignoró totalmente la dimensión social. El segundo acto reclama la restauración de esa dimensión. La gente se moviliza hoy según el mismo modelo y la misma gramática. A ello contribuye mucho la fuerza de las redes sociales. Ello lleva a una circulación planetaria de los modelos de movilización. Todo esto comenzó con la Primavera Árabe de 2011. Las revueltas árabes marcaron el punto de partida e incluso influenciaron a Europa del Sur. Esto es una concretización de la inter socialidad.

-Ese es, precisamente, otro de sus enunciados. ¿Estamos entrando en el segundo acto de la globalización?

-El primer acto de la globalización empieza con la caída del Muro de Berlín en 1989. Se habló del “fin de la historia” y del fin de las ideologías. Se supuso que el fin de ambas abría una nueva etapa de la humanidad con la economía como ciencia encargada de organizar el mundo. Así se plasma el neoliberalismo. Pero esto resultó costoso. La instalación del neo liberalismo se tradujo por un incremento de las desigualdades y la trivialización de nichos de pobreza, incluso en los países más ricos. Esa ignorancia de lo social que promovió la ciencia neo liberal provocó una reacción contestaría muy fuerte. El segundo acto de la globalización es justamente la dimensión social que regresa con fuerza y se opone al mismo tiempo a lo político y a la economía. Hay una severa critica de lo político, considerado ya como incompetente, incapaz, corrupto y escasamente legitimo. Esto lo encontramos en el discurso de los chalecos amarillos en Francia, en las manifestaciones en Argelia o en Santiago de Chile. Y al mismo tiempo hay un frente contra la economía donde se denuncia esa especie de arrogancia neo liberal que, al erigirse como ciencia, consideró que ya no cabía más deliberar sobre las decisiones económicas porque estas están impuestas por la razón, que consideró que ya no valía le pena preocuparse por lo social. Todo eso se rompió: estamos en el segundo acto de la globalización que está federando ese discurso anti económico y anti político y acarrea una convergencia entre sociedades tan diferentes. En las calles de Teherán o Santiago se escuchan las mismas consignas que en París.

-Este movimiento mostró mucha pujanza en la Argentina contra las políticas de ajuste de la presidencia de Mauricio Macri. Pero en todos estos casos, el enemigo final, el causante de todo el mal, es el Fondo Monetario Internacional. ¿El FMI asuza la revuelta mundial?

-La Argentina ha tenido una suerte providencial porque aún puede apretar el botón de la alternancia. La elección presidencial trajo una esperanza de cambio, porque se tradujo en la renovación política. Pero esto está bloqueado en muchos otros países, sea debido a las estructuras autoritarias, por ejemplo, Argelia, Irak o Irán, o sea porque ya no hay más alternancia posible. En Francia, por ejemplo, hace ya mucho que la alternancia derecha-izquierda ha dejado de existir. El FMI es de nuevo el blanco privilegiado, pero es una historia muy vieja. El FMI se ha convertido en el jefe de la orquesta de ese neoliberalismo oriundo del primer acto de la globalización. El FMI se volverá el punto de cristalización y también el punto de provocación. Es un horror que el FMI pueda exigir aún que se ponga fin a las subvenciones cuando se sabe que cuando se cortan las subvenciones, la gente se queda en la calle.

-¿Este segundo acto de la globalización es como una re invención del mundo?

-Asistimos a la reinvención del mundo. El viejo sistema internacional imperial ya no funciona más y hay que inventar un substituto. La invención de un nuevo orden internacional es indispensable. Y si pongo el acento en la fuerza del Sur, es porque el Sur detenta los hilos de esta reinvención, tanto en lo demográfico, en lo geológico, y también porque el Sur no fue el coautor del antiguo sistema. La lectura del Sur sobre la globalización es mucho más sana y directa. Estamos asistiendo al hundimiento del modelo neoliberal.

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América Latina, ofensivas conservadoras y vuelta a la guerra de clases

Los países de América Latina están viviendo actualmente conflictos de clase muy potentes y una represión con actuaciones enormemente violentas por parte de las fuerzas reaccionarias y estatales. En esta entrevista, Franck Gaudichaud 1/ aborda la situación en algunos países y las dinámicas de las luchas populares en curso en toda la región.

Antoine Pelletier: Hace algunos meses atrás se comentaba el “fin” del ciclo progresista en América Latina. Ahora, parece que se empieza a gestar una nueva situación. Por una parte, las clases dominantes están a la ofensiva, por otra, las resistencias al neoliberalismo se expresan tanto en las calles, como en las urnas.

Franck Gaudichaud: Efectivamente, ha habido un debate sobre si asistimos sensu stricto al llamado fin de ciclo de los gobiernos progresistas, nacional populares o de centro izquierda: desde el violento fin de la gestión del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil hasta la crisis sin fin en la Venezuela de Nicolás Maduro, pasando por Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador... En realidad, lo que se confirma más que un “fin” es el reflujo turbulento de esas experiencias y lo que aflora más que nunca son los límites estratégicos y las contradicciones de estos diferentes proyectos y sus regímenes políticos. Me remito al ensayo que acabamos de publicar sobre este tema con Jeff Webber y Massimo Modonesi 2/. Especialmente, con la crisis económica mundial y el agotamiento más o menos profundo según los países de los proyectos neodesarrollistas y neoextractivistas progresistas, se entró en una coyuntura caótica y difícil, en la que las clases dominantes, los sectores conservadores, las élites mediáticas, las burguesías financieras, las iglesias evangélicas y la extrema derecha militarista están a la ofensiva por todas partes. Esto es particularmente cierto tras la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, país clave en la geoestrategia regional; victoria que se inscribe en la estela del triunfo del golpe de Estado parlamentario contra Dilma Roussef, y después con el encarcelamiento ilegal e ilegitimo de Lula.

Al mismo tiempo, no existe ninguna estabilidad para esta ofensiva conservadora y/o reaccionaria; parece que las clases dominantes no encentraron la llave para asentarse de nuevo en el poder, con cierto nivel de consenso, y para construir una nueva hegemonía neoliberal-autoritaria. En Argentina, el neoliberal Mauricio Macri ha sido descabalgado por las urnas y su mandato ha estado marcado por un hundimiento económico dramático, a pesar de -o más bien deberíamos decir a causa de- la ayuda gigantesca del FMI dirigido por Christine Lagarde. En México, apareció un progresismo tardío con la victoria de López Obrador (centro izquierda), que, seguramente, no encarnará esa gran transformación anunciada, pero que, sin embargo, constituye un freno relativo a comparación con los ejecutivos neoliberales precedentes. En Venezuela, la ofensiva de la oposición apoyada a duras penas por Washington con la autoproclamación de Juan Guaidó (a finales de febrero de 2019) y la asfixia económica del país, fracasó lamentablemente. Sin embargo, el gobierno Maduro permanece enormemente debilitado, y sigue marcado por el autoritarismo, la mala gestión y la corrupción masiva, tampoco es capaz de remontar la pendiente de la economía cuando en paralelo las sanciones estadounidenses pesan mucho sobre las condiciones cotidianas de vida. Pero, hecho fundamental para el gobierno bolivariano, las Fuerzas Armadas Bolivarianas han permanecido leales al poder madurista. Otro ejemplo de la coyuntura indecisa actual, Uruguay, donde la derecha acaba de poner fin a quince años de gobiernos socialdemócratas del Frente Amplio, después de una apretada victoria en la segunda vuelta de las elecciones, con el apoyo de la extrema-derecha militarista.

Frente a esta ofensiva conservadora no estabilizada, se constata una recuperación de fuerzas populares descontentas y de las resistencias colectivas que se expresan indirectamente en las urnas con, por ejemplo, la victoria peronista en Argentina, pero, sobre todo, por abajo, con un reguero de luchas sociales. También se ve con la gran victoria democrática de la puesta en libertad de Lula (sin que por ello haya salido libre del proceso judicial) en Brasil. En resumen, hay una recomposición de la lucha de clases muy potente que configura un periodo marcado por la incertidumbre, tanto desde el punto de vista del poder como de las clases populares. Estas intentan reorganizarse, pero en un contexto degradado y sin siempre hacer el necesario balance crítico del periodo anterior, el de la “edad de oro” progresista (2002-2013). Otro dato importante: la amplitud de la represión estatal y de la criminalización de los movimientos populares con decenas de muertos en toda la región (de Chile a Honduras pasando por Bolivia), prácticas de tortura, violaciones y feminicidios por parte de una policía militarizada, desapariciones y detenciones ilegales. Desde mi punto de vista, la urgencia está políticamente ahí para quienes vivimos en Europa: ¿qué campaña de solidaridad internacionalista, amplia y unitaria, hacer para poner freno inmediatamente a estas prácticas de terrorismo de Estado? ¿Cómo aumentar la presión sobre nuestros propios gobiernos y la UE, que mira para otro lado y apoya de lleno los Estados responsables de estas violaciones sistemáticas de los derechos fundamentales?

P.: Chile, Ecuador, Haití y ahora Colombia, la lista de los movimientos populares se alarga. ¿Qué se puede decir de estos movimientos, de sus raíces y sus perspectivas?

G.:Según diversos observadores, después de las primaveras árabes o el movimiento de los indignadosen el Estado español, estamos en un contexto de revueltas globales y las insurrecciones latinoamericanas resuenan con los ecos lejanos de Líbano, Irak, Argelia, Hong-Kong o incluso, con los chalecos amarillos de Francia. Quizás es una generalidad decirlo, pero se trata de resistencias al neoliberalismo y contra el autoritarismo en un contexto de crisis de legitimidad de los sistemas políticos actuales, percibidos como dominados por “castas” políticas donde reinan el clientelismo, la soberbia y la corrupción. Si se habla de Chile, de Haití, de Ecuador, de Colombia, está claro. No obstante, no se trata de luchas globalizadas, dependen antes que nada de consideraciones locales y relaciones de fuerzas nacionales (incluso si existen influencias mutuas reales, especialmente, vía redes sociales y circulación de repertorios de acción). Este rechazo del “sistema” tiene diferentes dimensiones más o menos fuertes según el país: la cuestión de la corrupción, central en Haití, la del modelo económico y el autoritarismo en Chile, en Ecuador y en Colombia. Se trata de crisis que nacen de la precarización generalizada de la vida, de la naturaleza y del trabajo en la era neoliberal en los países del sur global. Es necesario tomar el pulso al descontento acumulado a lo largo de los últimos decenios, a las dificultades cotidianas para millones de personas para vivir y tener vivienda en las grandes ciudades o en los espacios rurales contaminados y controlados por las multinacionales, etc. y también entender la dimensión de la rabia de las y los de abajo al constatar la incapacidad de regímenes políticos muy poco democráticos para responder a estas expectativas mientras que la riqueza se acumula en un extremo de la sociedad. En el caso chileno, se trata nada menos que de poner fin a la Constitución de Pinochet, todavía vigente, hoy, en 2019

P.: La pequeña burguesía (las clases medias) juega un papel importante en las manifestaciones populares, pero con trayectorias diferentes.

G.: En Chile, asistimos ante todo a una explosión de la juventud precarizada, es el alumnado de colegios e institutos, a menudo muy jóvenes, que han saltado las barreras del metro y han rechazado pagar los treinta céntimos de aumento para los billetes del metro más caro del mundo (en relación al poder adquisitivo). Verdaderamente, es una juventud que sale de los sectores populares o de las capas medias precarizadas. Globalmente, en los países del sur, amplias capas de la “pequeña burguesía” están muy precarizadas, endeudadas, sin trabajo estable y – en algunas coyunturas- acaban por seguir y acompañar las movilizaciones populares. Un elemento importante es el nivel de escolarización. Actualmente existe una juventud latinoamericana (urbana pero también rural) escolarizada, más diplomada que antes, conectada a las redes sociales, menos afiliada a los partidos políticos y sindicatos que en los años setenta y que entra en la lucha de forma más o menos espontánea y muy explosivafrente a medidas inmediatas, aunque – obvio - en momentos diferentes en cada país.

El contenido antiliberal, antiautoritario, democrático de los movimientos sociales antagónicos actuales es muy claro en Chile, en Ecuador, en Haití y ahora en Colombia, con una huelga general de una amplitud que no se había visto desde hace décadas. Al mismo tiempo, hay ingredientes locales esenciales. Por ejemplo, la cuestión del proceso de paz en Colombia que el gobierno de Duque y el uribismo han intentado torpedear por todos los medios. En Chile, la arrogancia patronal de Piñera y la militarización del espacio público han acelerado la movilización (reactivando la memoria traumática de la dictadura de Pinochet). En Ecuador, el gobierno Moreno (salido de Alianza País), se alineó con el neoliberalismo, el FMI, Estados Unidos y la patronal de Guayaquil. En Haití, el elemento fundamental es el rechazo a la casta corrupta y al ejecutivo de Jovenel, pero también las consecuencias de quince años de ocupación del país por tropas de la ONU, en particular brasileñas.

Bolivia tomó un camino distinto: también existe allí un descontento social real acumulado pero no frente al neoliberalismo, sino más bien frente al caudillismo de Evo Morales, que se presentó a las elecciones para un cuarto mandato a pesar del resultado del referéndum de 2016 [en el que resultó derrotada su propuesta de poder hacerlo], gracias a una decisión un tanto polémica del tribunal constitucional. Aunque durante los 14 años de evismo, la pobreza haya disminuido muy significativamente y se haya construido un Estado más social y plurinacional, también existen críticas sobre el modelo de desarrollo extractivista y un creciente divorcio entre la gestión gubernamental y una parte del movimiento popular. Sin embargo, el hecho fundamental para explicar el golpe de Estado contra Evo es la capitalización política de este descontento ciudadano por la derecha dura, por el comité cívico de Santa Cruz y las corrientes evangélicas reaccionarias. Camacho, el líder neofascista de las llanuras orientales, aprovechando la debilidad del MAS que perdió parte de su capacidad de movilizar a sus bases históricas, encabezó este movimiento heterogéneo donde se encuentran sectores populares, latifundistas, organizaciones indígenas, patronal, etc. Estamos en un equilibrio de fuerzas diferente. El giro de una parte de las nuevas clases medias apoyando el golpe jugó también su papel: después de aprovecharse de la buena gestión del MAS, del triple aumento del PIB y hoy tienen expectativas a las que el MAS no dio respuesta. Al mismo tiempo, la gestión profundamente clientelar de las relaciones entre las organizaciones populares y el MAS (que más que un partido es una especie de federación de organizaciones sociales) no contribuyó a blindar el gobierno frente a este tipo de desestabilización. En fin, también habría que desarrollar más y entender en detalle lo que tiene que ver con la acción del imperialismo en el golpe, que cada día aparece como más decisiva, no solo a través de la OEA en la denuncia del fraude electoral, sino también a través del apoyo activo, desde 2005, a los sectores de derechas y a los separatistas de la parte oriental, que buscaban derrocar a Morales.

P.: El movimiento feminista parece especialmente potente en América Latina. ¿Podemos hablar de una nueva “ola feminista” que atraviesa todo el continente?

G.: Las luchas de las mujeres y el movimiento feminista son un actor clave en la recomposición de la lucha de clases y del movimiento popular antagónico en la región. Están fuertemente ancladas en la juventud y no solamente estudiantil. Han logrado establecer vínculos con una parte del movimiento sindical y del movimiento campesino. Eso se ve, por ejemplo, en la importancia del movimiento de mujeres y feminista en las luchas populares de Brasil y del Movimiento Sin Tierra (MST).

Al mismo tiempo, es un movimiento amplio, continental, transnacional, con especificidades locales. La dinámica argentina tuvo influencia en Chile, especialmente con el potente movimiento “Ni una menos” y con la lucha por el aborto, con el símbolo del pañuelo verde que se convirtió en emblema internacional. Este movimiento desbordó las fronteras e inspiró al otro lado de la Cordillera, las luchas feministas chilenas. Estas tienen sus reivindicaciones y dinámicas propias; sobre todo, después del movimiento universitario en 2018 con la masiva ocupación de las universidades en contra los abusos sexuales y la educación sexista. El movimiento en Chile se dispara con la gran huelga de marzo de 2019 y la creación anterior de la Coordinadora del 8 de Marzo que agrupa a decenas de organizaciones. El movimiento feminista latinoamericano de la última época demostró que es posible articular enfoque unitario y radicalidad, convirtiéndose en un movimiento de masas y popular. En mi opinión, encarna una gran esperanza para cualquier transformación democrática profunda, no solo antipatriarcal sino también decolonial y anticapitalista. Es un movimiento que se define contra la precarización de la vida e integra trabajadoras y trabajadores, migrantes, las reivindicaciones indígenas, las luchas LGBTQI+, etc.

En México, la lucha contra la violencia neoliberal y los numerosos feminicidios (no solo en Ciudad Juárez) constituyó un eje central de este movimiento sin que, hasta este momento, llegue a transformarse en un movimiento nacional masivo. También hubo avances en relación a la despenalización del aborto (en el estado de Oaxaca y en México capital). En Brasil, las luchas feministas con la campaña “Ele Não” (“Él no”) contra el ascenso de Bolsonaro, o incluso la gran marcha de las margaritas de centenares de miles de mujeres rurales en agosto de 2019, confirman ese compromiso. Esta última fue una marcha masiva, nacida en el feminismo comunitario campesino. Se articula con el papel jugado por militantes de la izquierda radical, más urbana, como lo era Marielle Franco, asesinada por los esbirros de Bolsonaro.

Hay una nueva ola feminista pero no en el sentido europeo o estadounidense. Es más bien, un momento histórico, muy importante, de las luchas de las mujeres y de los feminismos (que son plurales), con también algunas influencias venidas del norte, del movimiento del Estado español y la huelga feminista que une a teóricas como Silvia Federici, Cinzia Arruzza y otras, pero que parte y, sobre todo, está anclado en las entrañas de las especificidades de la América Indo-Afro-Latina.

P.: Otros actores especialmente importantes en Latinoamérica son los movimientos campesinos e indígenas. ¿Cómo se puede comprender el papel progresista de esas fuerzas y en particular, su relación con el movimiento obrero?

G.: Ahora que conmemoramos los 25 años del surgimiento de la rebelión indígena, campesina, antineoliberal y anticapitalista neozapatista en Chiapas, creo que tendría un gran mérito extraer las lecciones de esta experiencia capital y también reactivar las redes de solidaridad con el proceso zapatista que dura desde hace un cuarto de siglo en un territorio tan grande como Bélgica y que emprendió la construcción de formas alternativas de gobierno y de vivir en un mundo al borde del colapso... El zapatismo ha logrado resistir los asaltos de las fuerzas militares mexicanas y construir, en positivo, un nuevo relato de cómo intentar, a duras penas, forjar una perspectiva poscapitalista, estando abierto a todas las luchas internacionalistas, conectado con el pueblo kurdo y con otras muchas luchas, poniendo en marcha la cuestión del comunalismo, pero a partir de las coordenadas de los pueblos mayas de Chiapas, elaborando la confluencia entre los territorios indígenas y la construcción de un poder político democrático innovador, etc. Esta experiencia es fundamental para pensar las alternativas para el siglo XXI. Por supuesto que hay límites y muchos problemas no resueltos (especialmente, en el plano económico), como lo reconocen allí mismo. La relación con las otras izquierdas mexicanas también es difícil, a menudo. Pero cuando se ve el hundimiento del chavismo en Venezuela, la ausencia de transformaciones estructurales en Argentina, la trayectoria del PT en Brasil o del Frente Amplio en Uruguay, el balance de quince años de progresismo es bastante limitado y contradictorio. Así que, a mi modo de ver, hay que volver a la experiencia zapatista y su concepción del poder desde abajosin caer en la cantilena estratégica de “cambiar el mundo sin tomar el poder: cambiemos el mundo transformando el poder parece que nos dice el zapatismo...

En relación a los actores movilizados en el resto del subcontinente, se podría aventurar que asistimos al retorno de la emergencia plebeya destituyente, como a finales de los años 90 o principios de los años 2000, durante las grandes confrontaciones frente al neoliberalismo, con la CONAIE 3/ en Ecuador, la dinámica del Movimiento Sin Tierra en Brasil, la “guerra” del agua y del gas en Bolivia, el qué se vayan todos en 2001 en Argentina e incluso ante las revueltas urbanas del tipo Caracazo en Venezuela. Son actores variados, salidos de formaciones sociales en las que lo popular engloba una gran multiplicidad de fracciones de clase. En las últimas semanas, vimos de nuevo movilizados -según el país- movimientos indígenas y de la clase trabajadora, las y los sin techo, gente parada (los piqueteros), jóvenes, las y los mismos que habían abierto un nuevo ciclo político posneoliberal a principios del siglo XXI.

Hoy asistimos a una nueva explosión plebeya, en la que las y los indígenas, se ha visto en Ecuador, juegan un papel central. Son capaces de hacer temblar al gobierno neoconservador de Lenín Moreno. En Brasil, habrá que ver cómo se va a posicionarse el MST, porque los vínculos con el PT han sido muy fuertes durante mucho tiempo, lo que le ha paralizado ampliamente. Pero, con el movimiento contra las represas (MBA), el movimiento de las margaritas, las luchas ecoterritoriales alrededor de la Amazonia y frente a la ofensiva de la extrema derecha, hay una reactivación de las resistencias. Los sectores campesinos e indígenas están en el centro de los ataques del neoliberalismo, se encuentran también entre los decepcionados de las experiencias progresistas y, por lo tanto, encarnan un actor muy importante. Mientras Evo Morales y Garcia Linera están en el exilio en México, son los Ponchos Rojos 4/ quienes llevan la ofensiva para responder a la dimensión ultra violenta del golpe de Estado boliviano.

Esto no impide que también haya resistencias obreras y urbanas; son fundamentales pues están el corazón de la relación capital-trabajo. En Ecuador, ha sido la unión de los movimientos urbanos e indígenas la que ha dado dinámica nacional a la revuelta contra Lenín Moreno. En Chile, el movimiento salió, sobre todo, de las poblaciones urbanas, de la juventud urbanizada y escolarizada, de una parte de la pequeña burguesía, pero también del sindicalismo: la Unión Portuaria de Chile está en el centro de la revuelta actual y del movimiento de la huelga nacional, al igual que una parte de las organizaciones sindicales en la Mesa de la Unidad Social alimenta esta rebelión. En mi opinión, incluso es ahí donde se va a jugar la salida de la crisis chilena: la capacidad de la clase trabajadora de entrar en movimiento nacional y bloquear la economía será la batalla decisiva contra Piñera y contra la represión del Estado, inédita desde 1990.

Pero también hay contradicciones desde este lado: en Bolivia, una parte de la dirección de la Central Obrera (COB), con su llamamiento a la renuncia de Morales para “pacificar el país”, se puso de hecho del lado de los militares y, por tanto, ¡apoyó el golpe de Estado! El movimiento obrero no está siempre listo para la lucha, lejos de eso. Las grandes centrales, la CUT chilena, la CUT brasileña, tienen grandes dificultades para volver a articular un movimiento de resistencia frente a los gobiernos de extrema derecha o neoliberales, porque desde hace tiempo son correas de transmisión de varios partidos “progresistas”. Y uno de los desafíos del periodo es precisamente reconstruir un sindicalismo combativo e independiente de las instituciones, arraigado en los lugares de trabajo y territorios.

Por Antoine Pelletier

Viento Sur

Artículo publicado en el mensual L’Anticapitaliste (NPA)

 

Traducción: viento sur

Notas:

1/ F. Gaudichaud es profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Toulouse Jean Jaurès (Francia) y miembro del comité editorial de la revista Contretempshttps://www.contretemps.eu.

2/ En castellano, disponible en línea: http://ciid.politicas.unam.mx/www/libros/gobiernos_progresistas_electronico.pdf.

3/ Confederación de las nacionalidades indígenas de Ecuador (NdelT).

4/ “Milicia” de la etnia aymara, originaria de la región del lago Titicaca en el cruce de Bolivia, Perú, Argentina y Chile (NdelT).

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Mario Vargas Llosa ha sido mencionado en escándalos financieros como los Panama Papers y en adeudos fiscales en España.Foto Afp

A sus 83 años, el cacofónico palafrenero del agónico neoliberalismo global Mario Vargas Llosa se especializa en el blanqueo en los paraísos fiscales y en su vulgar evasión tributaria.

Hace tres años, Vargas, de doble nacionalidad peruano-español, fue atrapado con sus cuentas espurias en los Panama Papers (https://bit.ly/2Pjmz2k).

Ahora, Vargas "tiene una deuda con la Dependencia Regional de Recaudación Especial de Madrid" por 2.1 millones de euros, ¡Vargas no paga impuestos!

Para lidiar con el fisco, el escritor hipotecó su casa, que no tiene a su nombre, sino al de una sociedad holandesa Jurema BV, de la que es accionista mayoritario.

Lo más bizarro es que dicha sociedad holandesa tiene un activo de 1.5 millones de euros, que es menor a su adeudo de 2.5 millones de euros con la Hacienda española (https://bit.ly/369mDIJ).

El felón Vargas opera la técnica fraudulenta del sándwich holandés: donde Holanda queda en medio como el queso del sándwich cuando "los dividendos salen legalmente de España a una sociedad holandesa, donde no tributan y de ahí pagando sólo 2 por ciento van a un paraíso fiscal como las Antillas Holandesas", sin dejar rastro alguno.

Contrató un influyente bufete de abogados que le aconsejó “mantener la deuda suspendida y pleitear (sic) con Hacienda por la vía administrativa”, por lo que tuvo que "pedir una hipoteca privada con el fisco por la cantidad que se le exige".

Es experto en nombres ficticios que usa para evadir al fisco, como el caso de sus infectos Panama Papers, donde aparece como dueño de Talome Services Corp., –radicada en las Islas Vírgenes Británicas– que compró al pestilente bufete panameño Mossack Fonseca (https://bit.ly/358E6kJ).

Vargas está vinculado al sionismo financierista jázaro y recibió el Premio Jerusalén (http://goo.gl/nBS5kV) del ex premier Ehud Ólmert, quien fue enjaulado por corrupción en Israel (https://bbc.in/2YoiVbH).

En forma hilarante, el megacorrupto Vargas comentó que "la democracia no sobrevive a la corrupción". ¡No, bueno!

Dejo de lado su nauseabunda postura contra el feminismo que desprecia como "nueva inquisición" y “el más resuelto enemigo (sic) de la literatura (https://bit.ly/343or4Q)”. ¡Ya le pesan sus 83 años a Vargas!

Él no oculta su fervor por el filósofo Karl Popper, gurú del megaespeculador George Soros. ¡Los círculos se cierran! No son su fuerte ni la epistemología política –fue derrotado en la elección presidencial por el nipón Fujimori– ni la economía tout court, salvo en su evasiva tributación plutocrática.

Lo más hilarante de su presencia en México, esta vez, fueron su confesión y confusión –en su entrevista a un mercantil comentarista filosionista/arabófobo en un museo anti-palestino del odio y la mentira–, de que "no entendía (sic) lo de Chile" y que, para su ininteligibilidad económica,"fue sorprendente (sic)" su muy cantada erupción volcánica (https://bit.ly/2Rz5vIe).

En pleno delirio alucinatorio, Vargas expectoró que "Chile iba a ser un país de primer mundo". Jajajá.

En su caso, esta alucinación es muy grave porque Chile ostenta 168 km de frontera con Perú, cerca de su ciudad natal Arequipa, donde padeció el abandono de su padre, su notorio complejo de Edipo y las vivencias traumáticas de su adolescencia.

Chile es “el modelo a no seguir (https://bit.ly/2qxC5zm)”, ya que resultó un artefacto de la procaz propaganda pinochetista/neoliberal.

Como escribí hace tres años, llama la atención que “sus tres aliados en el México neoliberal itamita” hayan sido atrapados también en blanqueos y saqueos (https://bit.ly/2Pjmz2k).

Su presunto deterioro mental profundo y su insípida megalomanía obnubilan a Vargas de que no pertenece a la realeza española, sino que siempre fue el bufón peruano del Rey castellano en turno, quien ahora lo desecha al basurero tributario, por hacer llorar más que reír, cuando le exige pagar sus adeudos fiscales.

Vargas padece lastimosamente un doble Alzheimer político y económico que lo incapacita de entender la legítima “revuelta de los millennials y del coeficiente Gini” en Latinoamérica.

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El malestar por la reforma de las pensiones desborda Francia

En torno a un millón de personas se manifiestan en la mayor movilización sindical en el mandato de Emmanuel Macron. Los transportes ferroviarios y de metro quedan prácticamente paralizados.

Vagones y estaciones de tren casi desiertas, mientras que las manifestaciones se llenaban de gente. La huelga del 5 de diciembre desbordó las calles en Francia. Después de años de impotencia ante la ofensiva neoliberal, los sindicatos franceses impulsaron este jueves la movilización social más importante tras el inicio del mandato de Emmanuel Macron. Un año después de la revuelta de los chalecos amarillos, la indignación por la reforma de las pensiones toma ahora el relevo del malestar.

Entre 1,5 millones de personas, según la CGT, uno de los principales sindicatos franceses, y 806.000, según el Ministerio del Interior, se manifestaron este jueves en las más de 250 acciones de protesta en Francia. Estas tuvieron un seguimiento más que notable en grandes ciudades como París, donde se congregaron entre 250.000 manifestantes, según los sindicatos, o 65.000, según la delegación del gobierno. Pero también hubo un seguimiento masivo en localidades medianas y pequeñas, como Perpiñán, Caen o Saint-Nazaire (noroeste), donde protestaron al menos 9.000 personas en cada una de ellas. En varias localidades alcanzaron cifras que no se habían registrado desde 2010 con las protestas contra la reforma de las pensiones de Nicolas Sarkozy.

Además del elevado número de manifestantes, el éxito de la huelga quedó reflejado en que se paralizaron sectores claves de la economía y la sociedad, como los transportes ferroviarios y metropolitanos o las escuelas e institutos. Solo circularon uno de cada diez trenes en el conjunto de Francia. El tráfico en once líneas de metro en París quedó completamente interrumpido. A través de asambleas, los trabajadores de la compañía ferroviaria SNCF o de los transportes metropolitanos decidieron alargar la huelga hasta el lunes.

Agentes ferroviarios, maestras, abogados, artistas, enfermeras, estudiantes, periodistas de Radio France (grupo estatal de radio)... Podríamos dedicar solo un párrafo para enumerar a todos los sectores implicados. En la manifestación de París, destacaban los perfiles diversos de manifestantes, que llevaban chalecos amarillos, chalecos rojos de la CGT, naranjas en el caso de los empleados de la SNCF o batas blancas en el personal sanitario. “Esta huelga expresa un malestar que va más allá de la reforma de las pensiones, se trata básicamente de la lucha de clases”, afirma el politólogo Thomas Guénolé, autor del libro Antisocial. Según este analista, comprometido en la lucha contra la austeridad, “como ya sucedió con los chalecos amarillos, esta movilización se caracteriza por haber sido impulsada desde abajo”.

 “Hace nueve meses que protestamos y no nos han hecho caso”, lamenta la enfermera Yasmina Kettal, del Colectivo inter-urgencias, la punta de lanza de las numerosas movilizaciones que se produjeron en los últimos meses en el sector sanitario francés. “Nos hemos implicado en este huelga porque queremos que coagulen los distintos movimientos”, añade Kettal, sobre la necesidad de que converjan las diversas oposiciones, sobre todo en sectores de la función pública, a las políticas de Macron. Una unión que se ha visto propiciada por la reforma de las pensiones, una medida clave en el proyecto neoliberal del macronismo.

La amenaza de una bajada de las pensiones

El joven dirigente quiere transformar el actual modelo de 42 regímenes de cotización en un único sistema por puntos. Una medida revestida con un barniz de igualdad con la promesa de que “un euro cotizado dará los mismos derechos a todo el mundo”. Sin embargo, con su entrada en vigor, prevista para 2025, los futuros pensionistas percibirán una jubilación entre un 15% y un 23% más baja que la de sus conciudadanos que se jubilen ahora a los 64 años con el mismo perfil profesional, salario y años cotizados, según el colectivo ciudadano RéformedesRetraites (Reforma de las Pensiones).

Si esta medida se ve culminada, las pensiones se calcularán a partir de los puntos obtenidos a lo largo de la carrera profesional. Es decir, dejará de hacerse en función de los seis últimos meses en el caso de los funcionarios o los mejores 25 años en los asalariados del privado. Este proyecto de ley también se ve marcado por la voluntad del gobierno de mantener “el equilibrio presupuestario”. Lo que significa limitar en el 13,8% del PIB el gasto público destinado a las prestaciones de jubilación. Una política, que unida al envejecimiento de la población, favorece una reducción de las pensiones.

Aunque el ejecutivo centrista empezó a negociar esta reforma con los sindicatos en el otoño de 2017, este proyecto de ley aún no ha sido ni presentado oficialmente. Sus directrices son, sin embargo, de sobras conocidas, tras las informaciones transmitidas por el ejecutivo, en concreto el informe publicado en verano por Jean-Paul Delevoye, el ministro encargado de esta medida. El primer ministro Édouard Philippe anunciará “a mediados de la semana que viene la arquitectura general de la reforma”, indicó este jueves la ministra de la Transición Ecológica, Elisabeth Borne. Unos anuncios que reflejarán si Macron se mantiene férreo o hace concesiones, como la posibilidad, comentada en la prensa francesa, de que la reforma solo se aplique para las generaciones nacidas después de 1975.

¿Una repetición de la huelga de 1995?

“Tras esta movilización tan fuerte, me parece que el gobierno tendrá que modificar su borrador”, se felicita Jean-François Pacton, de 74 años. Según este histórico militante sindical de la CGT, “hacía años que no veía tenta gente en una protesta en París. Sin duda, es la manifestación sindical más importante desde el inicio del mandato de Macron”. Como recuerda Pacton, “el actual sistema de pensiones francés por repartición —en el que las cotizaciones de los salarios medios y más altos contribuyen para que los más modestos dispongan de unas pensiones justas y decentes— es una de las conquistas sociales de la postguerra después de 1945”. Un escollo ante el que ha chocado ahora la ofensiva neoliberal de Macron.

“Los chalecos amarillos fueron el motor de la contestación y un año después ha llegado el momento de que el pueblo termine de despertar. Estas protestas representan un buen inicio”, presume Jerôme E., de 51 años, un cerrajero de París, que se presenta como militante sindical y de los chalecos amarillos. En medio de la manifestación en la capital francesa en la que resultaba difícil desplazarse por la abundante cantidad de gente, recordaba que “el año pasado no entendí el motivo por el que las direcciones sindicales se pusieron de perfil ante la revuelta de los chalecos amarillos, pero esta vez se han visto obligados por la fuerte movilización de las bases sindicales a convocar la huelga del 5 de diciembre”.

Según Guénolé, las protestas que empezaron este jueves “mantienen algunas similitudes con la huelga de diciembre de 1995”. Entonces, una sucesión de movilizaciones y bloqueos en sectores estratégicos de la economía forzaron al entonces primer ministro, el conservador Alain Juppé, a que renunciara a modificar el sistema de pensiones. ¿El mismo guión volverá a repetirse veinticuatro años después? “No nos encontramos en la misma situación que en 1995. Entonces, los sindicatos era mucho más fuertes y lograron sacar a dos millones de personas en la calle. Ahora la gente es mucho más individualista y prefiere ir a trabajar en patinete eléctrico”, lamenta Pacton.

Pese a las dos últimas décadas de hegemonía neoliberal, los malestares en Francia han convergido en una importante movilización sindical. Un despertar popular que pone contra las cuerdas la reforma de las pensiones.

 

05/12/2019 22:04 Actualizado: 05/12/2019 22:04

ENRIC BONET

 @EnricQuart

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