Enorme paquete de ajustes de Bolsonaro ataca salarios, salud y educación

El gobierno brasileño presentó un proyecto de ley que busca esquilmar a los trabajadores para pagar la deuda a los banqueros multimillonarios.

El presidente de Brasil Jair Bolsonaro y su ministro de Economía Paulo Guedes, fueron personalmente al Congreso a entregar el nuevo proyecto de ataques con el que pretenden estrangular a los empleados estatales, los servicios públicos, todo el presupuesto público en nombre del "ajuste fiscal", que permita seguir pagando la deuda pública y enriqueciendo el bolsillo de banqueros multimillonarios.

El proyecto de reformas, que busca recortar miles de millones del presupuesto público y liberarlos para el eterno saqueo del pago de intereses de la deuda pública, comienza a delinearse. Desde la aprobación de la reforma previsional en el Parlamento, el gobierno de Bolsonaro se prepara para avanzar en el desguace del Estado. Guedes hace mucho venía anunciando la monstruosa proporción de ajustes fiscales y privatizaciones pero solo ahora con el proyecto cerrado es posible empezar a visualizar concretamente las dimensiones del ataque pretendido.

Este martes fueron presentadas tres propuestas de enmiendas constitucionales. Una enmienda de emergencia, que busca reducir gastos obligatorios, una enmienda al pacto federativo, que modifica la distribución de recursos entre Nación, provincias y municipios, y una enmienda que busca revisar los fondos públicos.

La enmienda de reforma administrativa, que modifica las reglas del empleo público, quedará para los próximos días. También serán presentadas más adelante un paquete de estímulo al empleo, un proyecto de ley para acelerar las privatizaciones y la primera fase de la reforma tributaria, que creará el Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA) dual.

Enmienda constitucional de emergencia

El techo de gastos aprobado durante el gobierno de Michel Temer preservó los gastos obligatorios, es decir, salarios, inversiones en salud y educación. La nueva medida de Bolsonaro profundiza los cortes. Están previstas la reducción temporal de la jornada laboral y de salarios a los empleados públicos, así como la anticipación de las medidas emergenciales de ajuste en caso que no se cumpla el techo de gastos.

Se crea el "estado de emergencia fiscal", un mecanismo de "estado de excepción" en el que los gobernadores podrán arbitrariamente congelar pagos, incluso reajustes salariales y reducir jornadas y salarios.

Otro escándalo es la maniobra contable que metieron para que los gastos en jubilaciones de empleados de la salud y educación sean incorporadas en el presupuesto de las áreas. Esta medida significa un brutal recorte ya que ocuparía buena parte del presupuesto de esas áreas.

Cambios en el pacto federativo

El pacto federativo es el acuerdo entre Nación, estados y municipios que establece la manera en que se dividirán deberes e ingresos.

Uno de los puntos principales del paquete es el denominado "DDD": desvincular, desindexar y desobligar. A través de una flexibilización mayor del presupuesto, el gobierno busca desvincular el mayor porcentaje posible de los gastos obligatorios, casi 90% de los recursos presupuestarios. Entre las partidas obligatorias están las inversiones en salud y educación.

Enmienda de los fondos públicos

Esta enmienda revisa 281 fondos públicos actualmente no constitucionales, cuyos recursos tienen un destino específico. La medida permitiría su uso para el pago de la deuda pública. Entre los que pueden ser afectados están el FunPen (Fondo Penitenciario Nacional), el Fust (Fondo de Universalización de los Servicios de Telecomunicaciones).

Distintas medidas, un objetivo: el desguace del Estado

Todas estas iniciativas buscan promover el desguace del Estado para liberar recursos al pago de la deuda pública. En la agenda neoliberal de Guedes, la misma que provoca el enorme repudio de la población chilena en enormes movilizaciones, las imposiciones de la Ley de Responsabilidad Fiscal y del techo de gastos no son suficientes para drenar recursos del Estado hacia el capital financiero, por eso busca desangrar a los empleados públicos y al conjunto de la población.

Por Isabel Infanta

@isabel_infanta

Miércoles 6 de noviembre | 01:12

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 Las movilizaciones en Chile entraron en su tercera semana y no hay visos de que vayan a disminuir, ya que diversos sectores anunciaron que aumentarán la presión al mandatario para un verdadero cambio económico y un plebiscito constitucional. Ayer, centenares de ciudadanos acudieron al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos para escuchar la Misa de Réquiem, de Wolfgang Amadeus Mozart. Al final se cantó El derecho de vivir en paz, escrita en 1969 por Víctor Jara. Foto Afp.

Santiago. Las movilizaciones sociales entran en su tercera semana en Chile sin esbozo de que vayan a decantarse y, por el contrario, diversos sectores anuncian que incrementarán su presión al gobierno, en tanto que el respaldo al presidente Sebastián Piñera cayó a apenas 13 por ciento, según una encuesta divulgada ayer. El nivel de desaprobación es de 79 por ciento.

Este domingo, centenares concurrieron al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos a escuchar en un solemne, y a ratos sobrecogedor silencio, la Misa de Réquiem, de Wolfgang Amadeus Mozart, interpretada por un centenar de músicos y artistas de canto, en un acto por la paz. Se pudo ver a personas abrazando a sus parejas emocionadas y a otras en estado de profundo recogimiento espiritual, bajo el fuerte sol primaveral de la ciudad.

El momento sublime llegó cuando, finalizado el réquiem, se cantó El derecho a vivir en paz, escrita en 1969 por Víctor Jara, el autor e intérprete chileno asesinado por militares el 16 de septiembre de 1973, cinco días después de ocurrido el golpe de Estado. El tema, dedicado al pueblo vietnamita por entonces en plena guerra contra la ocupación estadunidense, se ha convertido en el himno de las protestas que sacuden a Chile.

"Estoy devolviéndole el poder a los muertos, soy artista visual", explicó brevemente una joven que con el torso desnudo y maquillado como si fuera sangrando y ondeando una bandera, caminaba por la explanada del museo. Ella dijo que su aspiración es que de las protestas emerja una nueva Constitución.

Jacobo Baeza, joven sicólogo, asistió al acto con su esposa y sus dos hijas menores. Mientras ella, soprano, era parte del coro que cantaba, él explicó a La Jornada que en la contingencia que se vive los niños están asustados, no entienden qué ocurre y es necesario explicarles.

–¿Cómo te sientes?

–Más que nervioso estoy incierto, no sé cómo va a terminar esto. Mi esperanza es un cambio profundo, estructural. Pero tengo temores de que no dé el giro hacia ese lado y que se pierda, que se diluya, que sigan los mismos políticos, que se pierda este movimiento.

Respecto de la salud mental de las personas, el sicólogo estimó que "sin lugar a dudas hay situaciones de estrés postraumático que son esperables. También una segunda victimización de quienes sufrieron la dictadura. Los niños están aprendiendo y se les derrumba el mundo, hay mucho que reconstruir en materia de salud mental, además de los problemas que ya arrastra este sistema y donde la salud mental no es de fácil acceso".

Gobierno en el suelo

Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca, estima que la oposición tiene arrinconado al gobierno. A sabiendas de que la nueva Constitución avanza como importante preferencia ciudadana –más de 80 por ciento cree que es necesaria–, la oposición se ha subido al carro de las demandas, y ahora exige al gobierno un plebiscito constitucional.

"El asunto es que el gobierno no está dando su brazo a torcer, confiando en dos factores. Primero, el ciclo de la protesta y la movilización social. Segundo, el paquete de reformas al ingreso mínimo y a las pensiones, junto con abrirse a no avanzar en la reintegración tributaria. El gobierno, entonces, está apostando todo a un equilibrio frágil", explica.

–Predice que la protesta no va a decaer y que la presión irá en aumento. ¿Puede resistir el gobierno sin allanar el camino a un plebiscito constitucional?

–El gobierno no tiene muchas alternativas. Ante la baja aprobación presidencial y el ordenamiento de la oposición en torno al cambio constitucional, cada vez el margen de acción para Piñera se hace más estrecho. Incluso, dentro de RN –partido que forma parte de la coalición de gobierno– hay voces que comienzan a comulgar con la idea de un plebiscito constitucional. Si Piñera insiste en mantenerse en el statu quo, puede iniciarse un proceso de acusación constitucional que paulatinamente vaya ganando apoyos en los legisladores de oposición. El otro resultado posible es que sea abandonado por legisladores de su coalición que se descuelguen del gobierno y se unan a la demanda de un plebiscito. Por tanto, a Piñera se le están agotando los caminos y más temprano que tarde, terminará abriéndose a la posibilidad de un plebiscito constitucional.

–Si el presidente acepta el camino constitucional ¿puede haber sectores de la propia derecha y del empresariado que se descuelguen y busquen una salida autoritaria?

–Ese camino ya no existe para Chile. No hay espacio para un golpe militar. Lo que sí podría ocurrir es que tome fuerza electoral una candidatura de extrema derecha cuyo discurso sea la restauración institucional de Pinochet. Pero eso lo decidirán los chilenos en la urnas. El dilema de Piñera es que sea cual sea su decisión, cada vez estará más solo en el gobierno. Si no da el paso al plebiscito constitucional, habrá migración de legisladores de RN que no querrán pagar el costo de mantenerse en el statu quo. Si llama a plebiscito, los votantes de extrema derecha se sentirán traicionados y buscarán una alternativa más polarizada: un populista de derecha.

 

Especial para La Jornada


Chile mantiene la movilización desde hace más de dos semanas

Para la calle, la agenda de Piñera es cosmética

Las medidas de la agenda social --o “neoliberal”, como prefiere la CUT-- son 16, plasmadas en 18 proyectos legislativos. No modifican el modelo heredado de la dictadura. 

Por María Daniela Yaccar

Desde Santiago

Página12

Parecen ser mayoría los chilenos que se creen inmersos en 30 años de postdictadura y una vida totalmente privatizada . Eso podría explicar semejante hartazgo unido al deseo de un cambio profundo. Los Carabineros continúan reprimiendo manifestaciones espontáneas y pacíficas con gases cada vez más fuertes, camiones hidrantes y perdigones que han causado lesiones oculares a cerca de 160 personas. Hay un afán por disparar a la cara. Ayer había niños atrapados en el humo y se oían disparos en la zona de Plaza Italia, epicentro de la lucha en Santiago. Una novedad es que, mediante un documento filtrado por hackers, se conoció que la Policía catalogó como “blancos de interés” a dirigentes de base para vigilarlos. Rigoberta Menchú se reunió en Santiago con referentes del Instituto Nacional de Derechos Humanos y condenó el accionar de Carabineros.

Termina un fin de semana de múltiples cabildos en instituciones de todo tipo y color y a lo largo y a lo ancho del país. En estas instancias de debate y conclusión los ciudadanos están reconstruyendo ni más ni menos que la subjetividad y el tejido social chilenos (muchos reconocen en ese marco lo indiferentes que eran antes de la evasión en el metro). Este lunes, después de varios días de marchas autoconvocadas, se espera una masiva a la que llamó Unidad Social, un conglomerado de 70 organizaciones sociales y sindicales, entre las que se encuentran la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Coordinadora NO+AFP, el Colegio de Profesores y la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF). El propósito es poner un freno al tratamiento en el Congreso de la agenda social planteada por el Gobierno, el polémico paquete de medidas anunciado por Piñera cuando Chile despertó y que no hizo otra cosa que acrecentar la furia popular. También se insistirá en la creación de una nueva Constitución que cambie de cuajo el sistema, en reemplazo de la heredada por la última dictadura.

La mesa de Unidad Social ha tenido un rol clave al promover los cabildos en los que han participado 10 mil chilenos desde el 24 de octubre, y huelgas y marchas. Con la presencia de un sindicalismo que acordó constituir un comité para paralizar a todos los sectores y avanzar hacia una huelga general, la convocatoria de mañana lleva el nombre de “Súper Lunes” y posee tres instancias. El primer punto de encuentro es el Congreso, al mediodía. Por la tarde, se esperan concentraciones en las principales plazas de Santiago en defensa de los 10 puntos del Pliego de las y los Trabajadores de Chile. Por la noche sonarán las cacerolas en los barrios. Como viene ocurriendo, esto se replicará seguramente en distintas regiones.

Hay una contradicción entre la fuerza y la valentía de esta sociedad y lo que ha podido conseguir. “El pueblo está convencido de que debe seguir en la lucha. Este maravilloso estallido social ha significado volver a tener una esperanza para terminar con desigualdades e injusticias. Pero en la mejora de condiciones de vida no se ha logrado nada. En términos reivindicativos, sólo se congeló el pasaje de metro”, dice a PáginaI12 Carolina Espinoza Tapia, trabajadora social, dirigenta sindical de Confederación Nacional de la Salud Municipal, vocera de NO+AFP y vicepresidenta de la Regional Interamericana de la Internacional de Servicios Públicos. “Hay una evidente falta de voluntad política para solucionar el conflicto. Es aberrante. No vemos ningún espacio de avance. El Gobierno sigue sin escuchar el clamor ciudadano. No ha hecho más que medidas cosméticas. Un cambio de gabinete de algunas personalidades y un paquete de medidas que son una burla y no modifican el modelo económico”, advierte la dirigente.

Las medidas de la agenda social --o “neoliberal”, como prefiere la CUT-- son 16, plasmadas en 18 proyectos legislativos. Todas, para materializarse, requieren de la aprobación del Parlamento. Hasta ahora sólo dos proyectos han superado esta instancia. Diputados dio el visto bueno al Seguro Catastrófico de Salud, caratulado de suma urgencia. Preocupa porque activa una transferencia de recursos públicos a clínicas y farmacias. Así lo explica Espinoza Tapia: “En Chile el 80 por ciento de la población se atiende en el sistema público, el resto en el sector de seguro privado (Instituciones de Salud Previsional, Isapre), con condiciones muy superiores.No tenemos recursos humanos ni insumos básicos. Tenemos que atender en camillas en los suelos. Este proyecto permite que con recursos públicos se entreguen vouchers o dineros públicos para pagar a empresas privadas que hagan lo que los sistemas públicos no podemos hacer”.

Hoy continuaron las protestas. La que más llamó la atención fue la de un grupo de ciclistas que se dirigió a la casa del presidente, que le complicó las cosas al personal de seguridad del jefe de Estado. Los chilenos movilizados entienden que la agenda social profundiza el modelo neoliberal con proyectos que, incluso, datan de antes de la crisis. 

“En el tema de la vivienda buscan transferir dineros públicos a empresas privadas para concesionar departamentos de baja calidad”, ejemplifica la trabajadora social. Este es un tema que podría tratarse justamente en la sesión del lunes. Otro que genera mucho malestar es el de reforma a las pensiones, que implica “mantener las AFP”. Es uno de los puntos más álgidos del conflicto: un sistema de salud dominado por bancos encubiertos de los empresarios más ricos y de algunas transnacionales.

A todo esto, “el poder legislativo, que es en teoría mayoría de oposición, ha sido incapaz de estar a la altura de los tiempos. Ha seguido aprobando la política del Gobierno”, analiza Espinoza Tapia. Guiados por esta percepción, los manifestantes recorrerán dependencias de congresistas de Santiago y Valparaíso. “No hay ningún atisbo de acercamiento a la asamblea constituyente para resolver de manera estructural los cambios”, añade la militante.

--¿Les preocupa que mañana se desarrolle un fuerte despliegue represivo?

--El miedo está instalado. Llevamos a la fecha, en estos últimos años, tres suicidios de dirigentes sindicales y medioambientalistas que no son tal cosa. Tiene que ver con acallar las reivindicaciones que los territorios estaban dando para defenderse de las transnacionales que devoran nuestro ecosistema. Sabemos que hay medidas de seguimiento y control hacia las organizaciones. Han hackeado información de los organismos policiales y tenemos a la vista el fichaje de dirigencia social, en el que por supuesto estoy yo. Es un control que se desmarca de toda regulación legal. Es impresionante lo que estamos viviendo. El Gobierno montó mesas con pseudo personajes para hacer una puesta en escena de intenciones de diálogo y existe una represión brutal como en los tiempos de la dictadura, con veintitantos asesinados, cientos de heridos con traumas oculares, una cantidad de violencia política sexual aberrante, 18 denuncias de violación en mujeres y hombres. Hoy en Chile se detiene ilegalmente, se secuestra por horas. Se cometen apremios ilegítimos, horrorosos. Existe un dispositivo de querer volver a la falsa normalidad bajo un régimen que domina y violenta nuestros derechos. Estamos peleando por la democracia, la educación, la salud, salarios dignos, pensiones, incluso por tener acceso a agua potable. Quieren jugar al desgaste, pasarnos gato por liebre, con limosnas. Y el modelo no se toca. No hay atisbo de reformar la Constitución ni de cambiar el sistema tributario para que los más ricos aporten al bien común, ni de tocar las administradoras.

--¿Hay precisiones de la fecha de huelga general?

--En Chile tenemos un sindicalismo bastante debilitado. No sólo nuestras condiciones de vida materiales son muy precarias, también los mecanismos de participación. La vida democrática ha sido diezmada. Los sindicatos no escapamos a eso y hay atomización, falta de unidad y baja sindicalización. No obstante, frente a esta crisis estamos logrando articularnos con sindicatos del mundo portuario y la minería, estratégicos en el quehacer de Chile. Un ejercicio que Chile no tiene como práctica, lamentablemente, es el de la huelga general. Ya hemos hecho dos (23 y 24 de octubre) con un avance significativo, pero vamos por más. Fecha no tenemos, pero la creación del comité de huelga es un paso político sindical estratégico y maravilloso.

--Hoy varias empresas periodísticas pusieron el foco en una estatua que fue derribada de Plaza Baquedano, haciendo eje en el vandalismo. ¿Qué papel han jugado los medios en todo este tiempo?

--La prensa en este país responde a los dueños de los medios, ese uno por ciento más rico del país. Todos los medios responden a dos o tres bloques de empresas absolutamente funcionales al poder económico y político. Y los gobiernos han permitido que los medios de comunicación de masas sean funcionales a este modelo. Por tanto la postura que han tenido es la de criminalizar la protesta social y están en la senda de volver a la normalidad para apagar el estallido. La violación de derechos humanos no aparece. Tampoco la autoridad política ha tenido un atisbo de reconocer o por lo menos poner en escena un acercamiento hacia las familias que han sido víctimas de manera cruenta. La comunicación a través de las redes es la que nos ha permitido articularnos hoy día. Y con eso nos hemos podido proteger. Se ha tomado sin orden legal en sus domicilios a la dirigencia estudiantil. Es decir: estamos viviendo una situación de riesgo. Sin embargo no aparece en los grandes medios.

--Ayer los partidos de Convergencia Progresista (PS, PPD y PR) dieron a conocer una contrapropuesta a la agenda social. ¿Cuál es la mirada de Unidad Social?

--Algunos partidos de izquierda han tenido la desfachatez de plantear paquetes de medidas para resolver la crisis, pero ellos son parte de la crisis. Supuestamente defendían intereses de la clase trabajadora y del mundo social pero han sido funcionales al modelo y se han enquistado por años en el poder, siendo incapaces de responder a las demandas, sin generar transformaciones, representar a la voz ciudadana, generar mecanismos de participación o entregar medios de comunicación a la gente. Por eso la gente en la calle dice no a los políticos y lamentablemente mete en el mismo saco a todos los partidos: hay un descrédito tremendo. Los partidos de izquierda y de centro izquierda siguen en el juego del gobierno de Piñera. Tremendo y desesperanzador. Ellos no tienen por qué levantar los pliegos; los pliegos los tenemos levantados las organizaciones. Ya les entregamos nuestras demandas a los presidentes de partido y a los jefes de bancada. Nos parecen unos caraduras viniendo con un paquete a levantar otras reivindicaciones. 

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Domingo, 03 Noviembre 2019 05:59

Una revolución mundial en marcha

Una revolución mundial en marcha

Puerto Rico, Hong Kong, Ecuador, Haití, Líbano, Irak y ahora, Chile. En todo el mundo, la gente se está alzando contra las políticas de austeridad y la corrupción, desafiando a las fuerzas policiales enviadas para reprimirlos. Muchos de estos movimientos de masas comparten una crítica feroz hacia el capitalismo. En Santiago de Chile, más de un millón de personas inundaron las calles el fin de semana pasado y las protestas masivas continúan. Allí, la brutal dictadura de Pinochet que tuvo lugar entre 1973 y 1990, durante la cual miles de activistas y líderes progresistas fueron torturados, desaparecidos y asesinados, fue seguida por décadas de políticas neoliberales, con privatizaciones desenfrenadas, acoso a sindicatos, salarios estancados y mayores costos de educación, salud, transporte y otros servicios. Chile, uno de los países más ricos de América del Sur, también es uno de los que tiene mayor desigualdad. Al menos 20 personas han sido asesinadas durante las recientes protestas allí, lo que enfureció e incentivó aún más a las multitudes.

Estas protestas globales están también sucediendo en momentos en que el mundo atraviesa un punto de inflexión en su historia, con tan solo una década de tiempo para que la humanidad pase de una economía apoyada en los combustibles fósiles a una impulsada por energía renovable. El miércoles, el multimillonario y asediado presidente de Chile, Sebastián Piñera, anunció abruptamente que su gobierno había decidido cancelar la realización en Chile de dos grandes cumbres internacionales: el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (conocido como APEC) a mediados de noviembre y la cumbre sobre cambio climático de Naciones Unidas, la 25ª "Conferencia de las Partes", o COP25, en las primeras dos semanas de diciembre.

La presidenta designada de la COP 25, la ministra de Medio Ambiente de Chile, Carolina Schmidt, declaró: "Los ciudadanos han expresado de manera contundente sus legítimas demandas sociales que requieren toda la atención y el esfuerzo del gobierno".

La cancelación de la COP por parte de Chile podría ser un golpe para la acción global contra el cambio climático. Pero los activistas en defensa del clima deberían juntar coraje: este renovado espíritu de rebelión en todo el mundo implica un rechazo del status quo y podría presagiar que la movilización de base para evitar un cambio climático irreversible y catastrófico se acelere.

No mucho después de la cancelación de la COP de Chile, la Red de Acción por el Clima expresó en un comunicado: "La injusticia social y la crisis climática tienen una raíz común. La justicia climática y la solidaridad tienen que ver fundamentalmente con la protección de los derechos humanos y una mejor calidad de vida para todos".

La crisis climática nos afecta a todos; en primer lugar, y con más fuerza, a los pobres del mundo. El multitudinario levantamiento en Puerto Rico que condujo a la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló fue la culminación de décadas de frustración con el estatus colonial de Puerto Rico y la contemporánea explotación por parte de los fondos buitres de Wall Street. Pero el descontento se vio alimentado por la impactante devastación causada por los huracanes Irma y María hace dos años, que tuvieron lugar uno atrás del otro.

Pocos días después de la renuncia de Rosselló, Manuel Natal, miembro de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, manifestó en una entrevista para Democracy Now!: "Las políticas de austeridad implementadas no solo por la Junta de Supervisión Fiscal, sino también por el actual gobierno de Roselló y el pasado gobierno de García Padilla, han dejado al pueblo de Puerto Rico en una situación de vulnerabilidad. La desigualdad social ha aumentado a niveles que nunca se habían visto aquí en Puerto Rico". Natal prosiguió: "Necesitamos más democracia, no menos democracia. Estamos al borde de una revolución política aquí en Puerto Rico". El derrocamiento de Rosselló constituye la primera vez en la historia de Estados Unidos que un gobernador se vio forzado a renunciar a su cargo a causa de una protesta popular.

Los pueblos indígenas también están liderando el camino, a menudo en la primera línea de la lucha, confrontando al modelo extractivista con una resistencia pacífica y disciplinada. En Colombia, cientos de líderes sociales indígenas y campesinos han sido asesinados en los últimos años, simplemente por defender la justicia y la protección del medio ambiente.

El acuerdo climático de París señala específicamente la importancia de la justicia climática y se compromete a trabajar "en el contexto del desarrollo sostenible y los esfuerzos para erradicar la pobreza". Uno de los conflictos duraderos que ha obstaculizado las negociaciones internacionales sobre el clima ha sido la negativa de las naciones ricas, principalmente Estados Unidos, para aceptar la simple premisa de que "los contaminadores deben pagar". Estados Unidos es la nación más rica de la historia humana, en parte, porque al utilizar energía barata y sucia ha dejado una estela de contaminación en su camino hacia la cima: centrales eléctricas de carbón, locomotoras diesel y ahora, el gas de extracción por el método de fracturación hidráulica, mal llamado "de combustión limpia".

Se suponía que el Fondo Verde para el Clima iba a recaudar miles de millones de dólares para financiar proyectos de energía renovable en los países más pobres. La semana pasada, la conferencia de donantes del fondo no alcanzó su objetivo, principalmente porque el gobierno de Trump incumplió el compromiso de Estados Unidos de aportar 2.000 millones de dólares al fondo. Australia y Rusia siguieron el ejemplo y se negaron a contribuir.

Un nuevo estudio de Climate Central, una organización científica y de noticias, indica que las inundaciones costeras inducidas por el cambio climático probablemente serán mucho peores de lo previsto, lo que obligará a entre 200 y 600 millones de personas, ricas y pobres, a abandonar sus hogares más adelante en este siglo. Ahora mismo hay numerosos incendios forestales provocados por el cambio climático en California, donde cientos de miles de personas tuvieron que ser evacuadas de sus hogares y al menos un millón de personas permanecen sin electricidad.

AL igual que los incendios forestales, los levantamientos populares contra los líderes corruptos autocráticos, las políticas de austeridad y la desigualdad también se están extendiendo e intensificando. Los pueblos también está inundando las calles a lo largo y ancho del mundo, vinculando los movimientos contra la desigualdad con la lucha por un mundo justo y sostenible, alimentado por energías renovables.

Sábado 2 de noviembre de 2019

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Domingo, 03 Noviembre 2019 05:43

La rutina de lo inesperado se apodera de Chile

La rutina de lo inesperado se apodera de Chile

 Las marchas autoconvocadas en Santiago son cosa de todos los días. La represión se vuelve especialmente fuerte en el siempre conflictivo Parque Bustamante.

 

La teoría de que Chile está normalizándose no tiene cabida esta tarde en Plaza Italia. Un potente sol baña la cordillera y los cuerpos de los --no tantos-- jóvenes que protestan pacíficamente en Plaza Baquedano. Pasadas las 17 se acerca un camión hidrante, dispara la orden de correrse, la respuesta de la multitud es “qué calor, dame guanaco por favor”, algunas desafiantes piedras, y enseguida comienzan los chorros de agua. La represión se vuelve especialmente fuerte en el siempre conflictivo Parque Bustamante, también con gases y perdigones. Ayer en la misma zona, cuando el pueblo chileno se manifestó masivamente, los focos de tensión estaban más dispersos.


Las marchas autoconvocadas en la ciudad son cosa de todos los días. Se espera otra masiva para el lunes. También, desde el 24 de octubre, son habituales los cabildos, espacios en que los chilenos se reúnen a pensar en el malestar social y en la oportunidad histórica que esta etapa abre. Suceden de a montones en consultorios, recintos educacionales, lugares de trabajo, centros culturales, clubes de fútbol. Las primeras conclusiones de estas asambleas, difundidas ayer, reforzaron la idea de que la principal demanda es la creación de una nueva Constitución que reemplace la heredada por la dictadura militar y que hace que la vida de la población quede sujeta a las leyes del mercado. Tanto en calles como cabildos, lo que está reformulándose es un modo de pensar la política, en un país en que el voto es voluntario. Un cambio radical de criterio parido de la fuerza espontánea de la rabia acumulada. Los chilenos se incitan entre sí a no bajar los brazos. El momento es ahora.


A quince días del estallido no se cansan, pero les está costando el cuerpo. Minutos antes de que la violencia comenzara a perseguir a los jóvenes, el director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), Sergio Micco, recibía en el organismo a la prensa para difundir las últimas cifras de detenidos y lesionados. Aunque todos saben que estas estadísticas no logran reflejar la magnitud del conflicto --el mismo Micco lo dice-- suelen ser las más esperadas y son actualizadas todos los días. Respecto de ayer, crecieron las acciones judiciales (de 167 a 179), las querellas por torturas (de 120 a 132) y los registros de detenciones (4316 a la fecha). El sello de la represión chilena es la cantidad de lesiones oculares, que afectan a por lo menos 157 personas.


“Nos preocupan mucho. En muchas manifestaciones pacíficas se han utilizado perdigones. El otro debate planteado en la opinión pública es qué tipo de perdigones se están utilizando. No solamente de goma, sino también de goma con interior metálico o derechamente metálico”, planteó Micco. Es por esto que el INDH solicitó un peritaje internacional para conocer la composición y la presión de los perdigones, según los carabineros “una vía intermedia” entre el lacrimógeno y las balas. Una suerte de mal menor.


Micco, quien tiene militancia en la Democracia Cristiana y posturas contrarias al aborto y el matrimonio igualitario, asumió la dirección de la institución hace sólo cuatro meses. Fue en medio de una polémica, ya que parlamentarios de la oposición vieron su designación como una operación del Gobierno. En su momento agrupaciones feministas le exigieron una postura más tajante ante los sucesos, a la vez que le reconocieron el importante trabajo que viene realizando el INDH. En el encuentro con la prensa, centrándose en la objetividad de las cifras, Micco eligió no brindar apreciaciones políticas sobre temas de la agenda, como la acusación constitucional contra Piñera y el ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, por violación a los derechos humanos. En las últimas horas también se conoció la primera acción penal por delitos de lesa humanidad contra ambos políticos.


El lunes o martes ingresará a la Cámara de Diputados la acusación contra Piñera por su responsabilidad política en los crímenes y su incapacidad para manejar la crisis de modo democrático. Para algunas tendencias políticas la aplicación contra Chadwick es simplemente una maniobra para salvar al presidente de la parte que le toca. Esta iniciativa recoge otro de los gritos de las calles: la renuncia del mandatario. “La única salida institucional a la crisis es la acusación constitucional a Piñera. Los estados de emergencia autorizan a restringir la libre circulación pero no a atentar contra la vida de las personas. Piñera declaró la guerra al pueblo y sacó al ejército a la calle con un costo de 25 muertes. De niños baleados, heridos, maltratados, con casos de violencia sexual. Ha puesto en grave peligro la seguridad de la Nación y es el principal responsable de esas muertes”, dijo a Página/12 Pamela Jiles, parlamentaria del Frente Amplio, quien en una de las sesiones del Congreso encaró al ex ministro con un cartel con las cifras de niños víctimas de las fuerzas represoras, acción de la que los manifestantes se apropiaron y replicaron tanto en movilizaciones como en la virtualidad.


El alcalde de Recoleta, Daniel Jaude (Partido Comunista), quien marchaba ayer por Plaza Italia, se refirió también a la violencia del Gobierno: “El cambio que la ciudadanía pide hoy es que matar a nuestro pueblo no siga saliendo gratis. Una de las cosas que tiene que entender el sistema político es que un presidente que manda a asesinar, que se dice en guerra contra su pueblo, no puede éticamente no ser acusado constitucionalmente. ¿Cuántos muertos más necesitan? ¿Cuántas mujeres violadas en los regimientos de los cuarteles? ¿Cuántos balines incrustados? ¿Es un problema de cantidad?”. Para el funcionario, los montajes --se habla, por ejemplo, de operaciones para responsabilizar al pueblo en los incendios-- y la clandestinidad de la tortura no pueden salirle gratis al actual presidente de esta república que no deja de gritar y de arder.

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 “Mujeres de luto” caminó en absoluto silencio desde la estación Salvador hasta el Palacio de la Moneda.  Imagen: AFP

Página/12 compartió las dos marchas que este viernes sacudieron el centro de la ciudad. La de "Mujeres de luto",  con los brazos en alto, banderas de Chile en color negro y fotos de los muertos tanto en la dictadura como en estos días. Y la que juntó hasta a los barras de equipos opuestos y terminó reprimida por los Carabineros. Nuevas denuncias de torturas.

 

Chile despertó y no descansará hasta que haya un cambio estructural. Eso es lo que quisieron demostrar las miles de personas que se reunieron en Plaza Italia cerca de las 17 alrededor de una convocatoria denominada “La marcha más grande de todas”, con la intención de replicar el suceso del viernes pasado. Fue una movilización mucho más masiva que la de ayer en el mismo punto, que había agrupado sobre todo a jóvenes estudiantes y que con disfraces y máscaras conectó con el espíritu de Halloween. A quince días de iniciado el estallido, el pueblo se preocupó por dejar en claro que no se cansa. En tanto, el Gobierno le respondió nuevamente con hidrantes y gases lacrimógenos que no perdonan ni al que está lejos.


A lo largo del feriado del Día de los Muertos, la ciudad presentó dos climas bien diferentes. Pasado el mediodía, un conjunto de emotivos rituales dio el protagonismo a los que ya no están y a los que el Estado torturó, desnudó, secuestró, abusó, violó, calcinó y disparó en esta etapa. Un enorme grupo de mujeres que se organizó por redes sociales con la consigna “Mujeres de luto” caminó en absoluto silencio desde la estación Salvador hasta el Palacio de la Moneda.


Todas vestían de negro. Llevaban los brazos en alto, racimos de flores, banderas de Chile en color negro, carteles en memoria de desaparecidos de la última dictadura militar, una tela con fotos de los muertos del Chile despierto. Nadie en esta manifestación se atrevía a faltar el respeto al silencio, y era tan pacífica que si alguien osaba enfrentarse a algún carabinero se lo reprendía (“no hace falta”). La numerosa columna avanzó por una Alameda que contiene todas las huellas del estallido. Vidrios rotos, locales calcinados, importantes edificios públicos --como la Biblioteca Nacional-- totalmente intervenidos por el aerosol. Al llegar a la casa de gobierno, las mujeres entonaron el himno de estas movilizaciones, “El derecho a vivir en paz”, de Víctor Jara, y “La cigarra” de María Elena Walsh.


La antigua Iglesia San Francisco estaba empapelada con las fotos de los jóvenes fallecidos en los últimos días, como Joshua Osorio, de 17 años, que murió calcinado. O la artista callejera Daniela Cardoso (36 años), colgada frente a sus vecinos, luego de ser abusada sexualmente por uniformados. Los familiares de desaparecidos y fallecidos no eran visibles en la marcha, si es que estaban. Muchos aún no han hecho denuncias y prefieren no hablar de lo sucedido. “Esta generación no pensaba que iba a vivir esto, por eso no le tuvimos miedo al toque de queda”, dice Valentina Barrios, una joven que todos los viernes participa de las rondas alrededor de la Moneda, organizadas por familiares de detenidos y desaparecidos. Dentro de las Juventudes Comunistas ella es compañera de un joven que fue detenido y torturado en un regimiento granadero de Iquique, del cual circularon impactantes fotos ayer. “Estaba en una marcha, lo agarraron, con patadas, hubo simulación de fusilamiento, abuso sexual, le pusieron corriente, le pegaron, tiene un derrame en el ojo”, enumeró trágicamente Valentina.


Más temprano, una comunidad de sahumadoras había homenajeado a desaparecidos y muertos --29, según dijeron-- con una ceremonia en Plaza Baquedano que tomaba aspectos de una tradición mexicana. “Sahumar es armonizar, liberar energías, dar paz. Sanar. Limpiar, también, en algún sentido”, explicó Roxana Campos Araya, la mujer que conducía el ritual. Reunidas en ronda, con caracolas y sahumerios, las mujeres iban colocando en la tierra cruces con los nombres de los caídos. Pensaban enterrarlas en el Museo Nacional de Bellas Artes. “Quisimos ponerles cuerpo a los muertos y hacer un homenaje colorido. Era importante trenzar un rezo para ayudarles a elevarse y hacerlos visibles”, comentó otra de las sahumadoras, llamada Sayen. Un tercer grupo femenino ofreció una performance de expresión corporal respecto de los heridos. Estaban vestidas de negro y tenían gasas en los ojos.


Si por esas horas la calle era de las mujeres que reivindicaban los derechos humanos y hacían visibles a las víctimas de la violencia del Estado, hacia la tarde el clima de Plaza Italia cambió radicalmente. El pueblo todo con sus variados reclamos en carteles se juntó allí después de que Carabineros dispersara con hidrantes --aquí conocidos como guanacos-- a manifestantes en la Moneda. Los gases eran poderosos. No son pocos los que dicen que son cada vez más tóxicos. Eran arrojados, como ayer, desde la estación de metro de Baquedano, y también había un foco represivo en el Parque Bustamante. Los manifestantes entregaban agua con bicarbonato y barbijos. Los parques linderos estaban también colmados.


“¿Qué otra figura más que Piñera logró juntar a dos barrabravas opuestas?”, decía Jorge, que tomaba una cerveza y señalaba las banderas de Colo Colo y Universidad de Chile agitadas por sus hinchas en cercanía. Por todos lados sonaban cacerolas, tambores, silbatos; flameaban banderas chilenas y mapuches. “El que no salta es paco” fue uno de los cánticos más repetidos. Como dato de color, la movilización sumó a un grupo de manifestantes llegados de Limache (región de Valparaíso) en una caminata. “Mi hijo recibió siete perdigones en la espalda por venir a ayudar a la Cruz Roja. Tengo 79 años y salgo a pelear igual”, expresaba Carlos sosteniendo un cartón que cuestionaba el sistema jubilatorio. Daba especial importancia al hecho de poder expresarse en un medio de comunicación: “El periodismo acá oculta todo. No muestra esto”. A quince días de la explosión social, el pueblo de Chile demostró entonces varias cosas: que luchará por sus muertos, que buscará a sus desaparecidos y que no dejará las calles hasta ser escuchado.

 

Por María Daniela Yaccar

Desde Santiago

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Sábado, 02 Noviembre 2019 07:01

Chile.Imágenes de una revuelta del futuro

Chile.Imágenes de una revuelta del futuro

La revuelta chilena viene del futuro. Es una crisis de los límites del neoliberalismo. Quienes tuvieron a Chile por modelo, sepan que allí ya toparon el final del camino, con fuego y desgobierno. Chile era el país emblema de las democracias capitalistas en América Latina. Lejos de la pobreza estatista y corrupta que marca muchas realidades de la región, en Chile el orden de mercado parecía satisfacer a las mayorías, y la elección de un empresario derechista y corrupto como presidente parecía un aval de masas a ese orden. Incluso parecía un sistema que procesaba las movilizaciones de 2011, y que no se veía golpeado por las demandas masivas de fin al sistema privado de pensiones de la dictadura o las demandas del movimiento de mujeres. El gobierno derrotó de forma humillante a uno de los sindicatos más grandes y fuertes, el de profesores, apenas un mes antes de la revuelta. El 7 de octubre fue el Cyber Monday, una jornada especial de ventas por Internet. Los resultados ayudan a explicar saqueos e incendios en un país en donde el problema es la obesidad y no el hambre. Las empresas ganaron 271 millones de dólares en un día de ventas, pero según una encuesta publicada esa semana, el 69 por ciento de las personas creía que las ofertas eran falsas y engaños de las empresas.

Lo que se observa no es sólo resistencia, sobre todo, es rebelión ultramoderna; sus protagonistas no son hambrientos desesperados, sino miserables que descubren la dignidad en la lucha. Sin duda, hay pobreza, pero es la desigualdad y no la carencia lo que encabrona. No son víctimas, sino una multitud que usa la creatividad y la vida contra la lujosa miseria neoliberal. En las grandes ciudades de Chile, los televisores de última generación son más baratos que el arriendo de una vivienda y comer sale más caro que vestir de marcas. En los disturbios y saqueos iniciados el 18 de octubre, se ha repetido la imagen de manifestantes que queman televisores ultra HD y jeans de última moda, mientras la comida de los supermercados desaparece con salvajismo, ya sea por saqueos sin consigna o comprada a sobreprecios en los comercios que quedan en pie protegidos por el Estado o por ciudadanos temerosos de estar en un futuro desconocido. En el Chile de la revuelta, ni el Estado ni el mercado pueden garantizar algo más que balas y usura, su legitimidad está en el suelo.

La revuelta de octubre se ha ido descomponiendo en un millar de rebeliones cotidianas. A lo largo de todo el país hay marchas de miles a diario, y los muertos, heridos y torturados se siguen contando en cifras inauditas, pero sin desanimar a las masas. La violencia y la anormalidad de casi dos semanas en ciudades acostumbradas a la calma ha ido alejando a las capas medias de las formas más radicales de protesta que se vieron en la primera semana. Pero en enormes franjas de trabajadores y otros grupos del pueblo, la revuelta se sigue viviendo como una fiesta, o por lo menos como la única garantía de no volver a la normalidad de la deuda y la explotación sin vida. Travestis en barricadas demandando derechos para las suyas, artistas feministas en la primera línea de la refriega, donde comparten escenario con gente disfrazada de Pokémon y colectivos de otakus antifascistas. Todos, por supuesto, son trabajadores, y todos tienen razones para odiar a los ricos, pero su identidad no se ancla en revivir otro siglo, sino en parir el propio. Son la clase trabajadora contra el capital, rehaciéndose sin permiso. El futuro llegó, la normalidad es pasado, todo es posible, incluso la vida.

El estado de excepción, que debía restaurar la normalidad, fue absolutamente desobedecido la semana que duró, ya fuera por las masas que coparon las calles en pleno toque de queda o por los grupos más activos que se enfrentaron directamente a los militares. El retiro del ejército de las calles dejó al presidente Piñera debilitado y a los militares humillados tanto por la desobediencia y el rechazo de las mayorías como por varias acusaciones de violaciones a los derechos humanos. De todas formas, ha sido Carabineros el principal actor de la violencia estatal, dejando miles de presos y heridos, entre ellos, decenas de personas ciegas por balas supuestamente disuasivas, y cargando ya centenares de acusaciones formales de tortura, secuestros, golpizas, abusos sexuales, violaciones y asesinatos en la calle y en las comisarías, ocurridos durante la revuelta. En el desplome moral del neoliberalismo, la policía ha sido poco más que una patota de matones en guerra abierta contra su pueblo.

El gobierno sigue cayendo, entre cambios de gabinete, cancelación de citas internacionales (Apec y Cop25), y debe responder por las violaciones a los derechos humanos y por un pueblo que se volvió ingobernable. La izquierda, la militancia que se supone debería haber estado más preparada para este momento, ha sido víctima de la explosión de futuro. No logra determinar la crisis. No ha tenido capacidad de incidir en el desarrollo de los hechos, y en el mejor de los casos lograría destituir a Piñera mediante una acusación constitucional ya en marcha en el Congreso, lo que no es poco, pero llega tarde. Por otra parte, la militancia de izquierda, de todos los partidos y colectivos que habitan desde el muy criticado Partido Socialista hasta los anarquistas más radicales, ha vivido una experiencia de lucha y enfrentamiento inédita. La decisión demostrada por las mayorías en estas semanas obliga a un desarrollo de la crítica anticapitalista, obliga a un salto cualitativo, sensible a la crítica desde abajo de la clase trabajadora. A pesar de que la izquierda no supo cómo actuar políticamente en los momentos más radicales de la insurrección –nadie podría saberlo–, demuestra completa conciencia de acompañar y fortalecer el desarrollo de la lucha de masas que emergió. Se hace parte de un asambleísmo en los barrios, construye aceleradamente organizaciones populares mientras que despliega las que por décadas han ido creciendo desde abajo. Se vienen años de lucha interesantes. En un país en que el movimiento popular del siglo XX, al alcanzar los límites de la democracia, fue destruido por una dictadura, emerge hoy un conocimiento de alcance global para quienes se sienten derrotados por el avance neoliberal: sepan que nada es definitivo, que se puede pelear.

 

Por Luis Thielemann Hernández

1 noviembre, 2019

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“El diluvio es tan fuerte que nubla la vista”. Entrevista a Raúl Zibechi sobre las actuales revueltas latinoamericanas

De las actuales revueltas latinoamericanas, del papel de los pueblos indígenas, los jóvenes y las mujeres, del rol de Estados Unidos, de las elecciones en Bolivia y en Argentina, de la coyuntura en México, de la ultraderecha y del qué sigue para quienes buscan un mundo más digno, habla en entrevista Raúl Zibechi, periodista y escritor uruguayo, conocedor, caminante y acompañante de diversas luchas de América Latina.

¿Qué está pasando en Latinoamérica? ¿Por qué ahora las revueltas en Ecuador, Haití, Chile?

Estamos ante el fin de un período marcado por el extractivismo, fase actual del neoliberalismo o Cuarta Guerra Mundial. En este sentido, creo que estamos ante el otoño del extractivismo, porque su período de oro fue antes de la crisis de 2008, cuando los altos precios de la commodities permitieron mejorar la renta de los más pobres sin tocar a los ricos, sin reformas estructurales, como reforma agraria, urbana, impositiva, y así.

Las revueltas son bien diferentes en cada país. En Ecuador tenemos un levantamiento -han habido una decena desde 1990- bien organizado y dirigido por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que por primera vez fue parcialmente desbordada por los pobres urbanos. En Chile, en cambio, es un estallido, sin convocantes ni direcciones pero con una creciente organización territorial a través de asambleas populares. Los sectores más organizados son los mapuche, los estudiantes y las mujeres, que están jugando un papel destacado.

Creo que la gente está harta, enojada, cansada de tanta desigualdad y de empleos, salud y educación basura. Lo que hay son servicios pésimos para gente descartable. Eso es percibido sobre todo por los más afectados, las y los jóvenes, que ven que no tienen futuro en este sistema. La gente aprovecha grietas, como el paro de los transportistas en Ecuador, para hacerse escuchar.

¿Cuál es tu lectura de lo que ocurre en Bolivia, en cuanto a las elecciones presidenciales en las que se reeligió Evo Morales y las posteriores movilizaciones?

Un fraude más. Evo Morales y la camarilla que lo rodea, como el vicepresidente Álvaro García, se aferran al poder que es lo único que les importa. Ésta es una lección importante: carentes de toda ética, a los dirigentes de izquierda sólo les queda su obsesión por el poder. Esto merece un análisis profundo. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué sucedió para que el interés único sea el poder y todo lo que lo reviste, como el lujo y el control de la vida de los demás?

Morales no debió presentarse a estas elecciones porque convocó un referendo y ganó el No a su candidatura. Violentó la voluntad popular y ahora vuelve a hacerlo. Es claro que la derecha pretende aprovechar esta situación, pero no olvidemos que la OEA a través de Luis Almagro defiende el régimen de Morales y esto me parece muy sintomático. Quienes hablan de golpe de Estado ocultan que hay un pacto con la derecha, los militares y la OEA, o sea Estados Unidos, para sostener al gobierno de Morales.

Debemos reflexionar por qué la izquierda no imagina soltar el poder, porqué no conciben la política sin aferrarse al Estado. Entre otras cosas, porque abandonaron la construcción de poderes populares, porque no les interesa que la gente esté organizada y hacen todo lo posible por evitarlo, incluso a través de la represión y el terrorismo de Estado, como en Nicaragua.

¿Qué papel juegan los pueblos indígenas en las revueltas?

Son el núcleo principal, junto a las mujeres y los jóvenes. Lo que sucede en Chile tiene tres antecedentes: la lucha del pueblo mapuche, la de los estudiantes desde hace más de un década y la de las mujeres que el año pasado ocuparon universidades y plantaron cara al patriarcado académico. Me hace mucha gracia cuando dicen que Chile se despertó. Los que despertaron fueron los periodistas y académicos que estaban en el limbo. Los de abajo nunca durmieron. Un año atrás la respuesta de todo Chile al asesinato de Camilo Catrillanca fue impresionante, con cortes de calles durante un mes en Santiago y en otras treinta ciudades.

Los pueblos originarios tienen dos grandes cualidades. La primera es la organización territorial comunitaria que se está profundizando al aparecer el activismo juvenil y de mujeres, que democratizan las comunidades. La segunda es que encarnan formas de vida potencialmente no capitalistas, algo que ningún otro sector de la sociedad puede ofrecer a las luchas. Educación, salud y alimentos en clave no mercantil, a lo que debe sumarse la construcción de poderes de otro tipo, no estatales.

Por eso los pueblos son referentes para todos los que luchan. Por eso los blancos urbanos agitan banderas mapuche y las mujeres, estudiantes y campesinas ecuatorianas aceptan la orientación de los indígenas. Me gustaría decir que los pueblos originarios son hoy el principal referente de las revueltas, incluso de sectores de las clases medias urbanas. En Quito las mujeres profesionales limpiaban diariamente los baños de la Casa de la Cultura, mientras las mujeres y varones originarios debatían en asambleas improvisadas. Lo hicieron como gesto de respeto y de aceptación activa de su liderazgo, en una actitud que debe hacernos reflexionar desde el corazón, porque emociona profundamente.

Uruguay rechaza la Guardia Nacional que, por cierto, en México se aprobó. ¿Cual es el saldo de las fuerzas armadas en las calles?

En los próximos años veremos cada vez más militares en las calles. Lula y Dilma, en Brasil, los llevaron a las favelas y nadie levantó a voz, porque son negros y porque son “delincuentes”. El tema del crimen organizado es una pretexto perfecto, porque sirve para limpiar la conciencia de las clases medias de la izquierda, que son las que menos violencia sufren.

El futuro ministro de Interior del Frente Amplio en Uruguay, Gustavo Leal, se desempeña ahora en ese ministerio y se dedica a perseguir las bocas de venta de pasta base, con una saña especial ya que derriba sus viviendas cuando son encarcelados. No son narcos, en el sentido estricto, sino pobres que sobreviven en la delincuencia, a los que aplica métodos represivos idénticos a los que utiliza Israel con los palestinos. Sin embargo, se han descubierto en Europa cargamentos de cocaína de hasta cinco toneladas embarcados en el puerto de Montevideo.

La salida de los militares es inevitable, porque los de arriba declararon la guerra a la población. Y eso no tiene ninguna relación con izquierda o derecha, es una cuestión de clase y de color de piel, es la política del 1% para sostenerse arriba.

¿Qué lectura le das a México en este contexto latinoamericano?

Desde hace tiempo en México se viene incubando algo similar a lo de Chile, un fenomenal estallido que ha sido postergado por la guerra primero y ahora por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Pero la olla acumula presión y es inevitable que en algún momento suceda un enorme levantamiento, cuando la rabia supere el miedo. No sabemos cuándo, pero el proceso está en marcha, porque la política de profundización del extractivismo del actual gobierno es una maquinaria de acumulación de rabias.

Por otro lado, veo en México un poder débil, un gobierno que se echa atrás frente al narco como sucedió en Culiacán, pero le mete presión a los pueblos como sucedió en Morelos, cuando asesinaron al defensor comunitario Samir Flores Soberanes. AMLO negocia con el narco y pasa por encima de los pueblos originarios, lo que revela la miseria ética de su gobierno. Dice que se trató de salvar vidas, lo que puedo entender. Pero, ¿quién defendió la vida de Samir y de tantos otros asesinados en ste, su primer año de gobierno?

Argentina y las elecciones ¿Es la solución el regreso al progresismo?

El problema es que regresa otra cosa que no es el progresismo. En Argentina no vuelve el kirchenismo de 2003, sino un régimen peronista muy represivo, que será más parecido al Perón de 1974 o al de Menem de 1990. El ciclo progresista se terminó, aunque haya gobiernos que se reclaman de esa corriente. El progresismo fue un ciclo de altos precios de las commodities, que permitió traspasar ingresos a los sectores populares por los altos superávits comerciales. Pero además de este factor económico, el ciclo se termina por otro factor decisivo: se termina la pasividad, el consenso entre clases, se activan los movimientos y esto marca un límite claro al ciclo que sólo era posible por la aceptación abajo de las políticas de arriba.

Creo que el nuevo gobierno tiene que enfrentar enormes dificultades por el peso de la deuda que deja Macri, que fuerza a una política de austeridad. El problema es la expectativa popular de que las cosas cambien rápidamente y se produzca una mejora notable en la actividad económica y los salarios.

Sabemos que esto no es posible, entonces se abre un período de imprevisibilidad en el cual la gente no va a esperar pasivamente que le entreguen beneficios. En Argentina veremos una potente profundización del extractivismo, en particular el petróleo y el gas de Vaca Muerta.

Costa Rica y Panamá con revueltas estudiantiles. ¿Qué papel juegan los juegan los jóvenes?

Los jóvenes son uno de los sectores más activos. Si los indígenas están siendo despojados y las mujeres violadas y asesinadas, los jóvenes saben que no tienen futuro, porque una vida digna no puede consistir en trabajo ocho o diez horas en un Oxxo, que con el viaje de ida y vuelta a la casa suma casi catorce horas sometidos al empleo, sin tiempo ni ánimo para hacer otra cosa que consumir con lo poco que le queda de su salario. En el mejor de los casos que tenga un salario.

Sólo una minoría tiene acceso a estudios superiores, con becas que les garantizan hasta los 40 años una vida cómoda, lo que supone un contraste agudo con los jóvenes de los sectores populares, indígenas y negros. Salen de sus barrios y son objeto de la violencia policial o del narco, lo que sugiere que viven en una situación de aguda fragilidad. Esto los lleva en ciertos momentos a integrarse al crimen organizado, que les garantiza una vida más cómoda. Pero sobre todo acumulan rabia, mucha rabia.

En Ecuador, veteranos dirigentes comunitarios estaban sorprendidos de que los jóvenes se les fueran encima a los gendarmes, a mano pelada, por pura bronca, sin medir consecuencias. Consiguieron reducir a cientos de policías que luego fueron entregados a la ONU o a otras autoridades, porque los dirigentes intervinieron para que no los lastimaran, que si fuera por ellos los liquidaban ahí mismo, al pie de las barricadas. Porque esta juventud pobre no tiene experiencias de lucha organizada y tiende a sacarse la rabia atacando a sus enemigos, en lo que puede generar auténticas masacres. Pero están ahí, desbordando todas contenciones imaginables: desde la familia y el barrio hasta los aparatos represivos y, por supuesto, las organizaciones de izquierda. Aquí tenemos que trabajar duro para organizar.

El papel de la ultraderecha y el caso de Bolsonaro en Brasil

Desde el momento que Bolsonaro accedió al gobierno, atraviesa una sucesión de tropiezos, enseñando una enorme incapacidad para gobernar. Se han desatado crisis en su propio partido, entre el presidente y sus aliados, con los empresarios y los grandes agricultores. La verdadera ultraderecha son las fuerzas armadas, en particular el ejército, que juega el papel de estabilizador del gobierno.

Creo que el gran problema de Brasil es la tremenda inseguridad en la vida cotidiana que sufren las camadas populares, en general pobres y negras, que las lleva a buscar refugio en las iglesias evangélicas y pentecostales, así como en figuras que dan una imagen de “seguridad”, como Bolsonaro. Lo que debemos respondernos es porqué los sectores populares abandonaron al Partido del Trabajo (PT) y se volcaron hacia la ultraderecha.

La respuesta simplista es que están influidos por los medios. Una posición que defienden académicos que se creen inmunes a los medios y que subestiman las capacidades populares. La realidad es que la vida de quienes viven en favelas es tremenda: precariedad laboral, abrumadora presencia de la policía militar, crímenes y asesinatos por parte del Estado, salud y educación de pésima calidad, temor por los hijos, que caen víctimas de las balas en porcentajes alucinantes. Las madres temen por sus hijos y éstos por su futuro. Un clima ideal para la captura ultraderechista, en particular de los varones que se sienten desplazados por el empoderamiento de sus pares.

En este contexto, ¿cuál es el papel de Estados Unidos?

La región está siendo escenario de una disputa por la hegemonía global entre Estados Unidos y China. La penetración china está mostrando que es incluso peor que la yanqui. En Ecuador se construyen obras de infraestructura, como represas hidroeléctricas, con esclavos chinos que conmutan sus condenas trabajando en condiciones forzadas, con castigos corporales inclusive. Nadie debe creer que el capitalismo y el imperialismo chinos seas menos opresivos o agresivos que el yanqui.

El problema es que Estados Unidos necesita reposicionarse en América Latina para compensar su creciente debilidad en África, Asia y Oriente Medio. Una de las tendencias que veremos en el futuro inmediato, es la destrucción de los Estados-nación, proceso que ya ha comenzado en México y en países de Centroamérica. Por ese lado, debemos esperar lo peor.

¿Hacia dónde?

La principal característica de este período post ciclo progresista, es la inestabilidad. Las derechas no pueden gobernar, como lo demuestran Chile y Ecuador. Pero los progresismos tampoco, como lo demuestran Bolivia y Nicaragua. Pero cuidado, el problema no es tal o cual gobierno (el gobierno siempre es un problema), sino el sistema. Estas revueltas no son contra un presidente sino contra un modelo de destrucción de la naturaleza y de control social masivo a través de políticas sociales y militarización, que se complementan para mantener a la población sojuzgada.

La respuesta de hacia dónde, no puede ser otra que la organización popular en cada territorio, para resistir y construir los mundos nuevos. Me gusta hablar de arcas, porque es necesario sobrevivir colectivamente el diluvio que viene. Desinformémos puede ser considerada como un arca de la inter-información de los abajos, como el mecanismo para acoplar nuestras conductas, como diría Alberto Maturana. O sea, una información hacia adentro del campo popular o arcas colectivas, que es imprescindible para orientarnos en algún sentido emancipatorio, pero sobre todo para mover-nos en medio de una tormenta que no deja ver nada, porque el diluvio es tan fuerte que nubla la vista.

28 octubre 2019 0

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Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal

El pasado 24 de octubre conmemoramos el 74 aniversario desde la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas, el esfuerzo multilateral más articulado que el mundo haya realizado en la búsqueda de la resolución pacífica de conflictos, del desarrollo y el bienestar para nuestros pueblos.

Hoy, cuando transitamos el ineludible camino hacia el desarrollo sostenible, es más urgente que nunca reafirmar que la igualdad debe ser motor del desarrollo regional y estrategia para cerrar las brechas estructurales que se han profundizado en América Latina y el Caribe.

Vivimos un cambio de época que exige una transformación de nuestro estilo de desarrollo que se base en el fortalecimiento de la democracia, los derechos humanos, el multilateralismo, la paz, la igualdad y la sostenibilidad.

La región aún es la más desigual del orbe, y si bien la primera década de este siglo estuvo marcada por avances en la reducción de la pobreza y la desigualdad de ingreso, quedan muchas brechas por cerrar.

Los rezagos estructurales en esta segunda década han quedado más evidentes que nunca en productividad, extractivismo, evasión fiscal, abusos y corrupción. Los gobiernos han optado por medidas de austeridad con recortes en el gasto social y baja inversión, limitando además los derechos laborales. Se han transversalizado los abusos de tal manera que el tráfico de influencias entre el poder económico y el político se ha generalizado en todo el espectro ideológico.

Es necesario renovar el pensamiento y la métrica sobre las desigualdades. Es necesario medir la riqueza y no sólo la pobreza. Incorporar la desigualdad en la propiedad y no sólo en el ingreso.

En Chile, por ejemplo, con un PIB per cápita de 25 mil dólares al año, la mitad de los trabajadores recibe un sueldo inferior a 550 dólares al mes y casi todos los servicios –educación, salud, medicación, transporte, electricidad, agua, etcétera– impactan en los salarios. En términos de patrimonio, el uno por ciento más rico detenta 26.5 por ciento de la riqueza, y el 10 por ciento más rico concentra 66.5 por ciento, mientras el 50 por ciento más pobre accede a un magro 2.1 por de la riqueza del país.

Se requiere erradicar la cultura del privilegio que caracteriza a la región, abordando las renuncias fiscales y la evasión fiscal en favor de los pocos. Simplemente la evasión cuesta 340 mil millones de dólares al año en la región (6.7 por ciento de su PIB).

Se requiere abordar a fondo la igualdad de género, pues las mujeres tienen menos posibilidades de participar en el mercado laboral debido a la alta carga de trabajo doméstico no remunerado. Su tasa de actividad es 24.2 por ciento menor a la de los hombres. Abordar, también, las brechas en capacidades humanas que menoscaban el desarrollo pleno de las personas y son ineficientes: 40 por ciento de los jóvenes de 20 a 24 años no concluyeron la secundaria y persisten las desigualdades étnicas.

Reconozcamos al fin que el actual estilo dominante de desarrollo es inviable y produce un desarrollo escaso y distorsionado por tres motivos fundamentales: porque produce poco crecimiento, genera y profundiza desigualdades y es ambientalmente destructivo. Un estilo de desarrollo que alentó expectativas de movilidad social y progreso y por ello, ante su fracaso, hay gran exasperación, impaciencia y desencanto hacia la clase política, especialmente en los jóvenes.

Lo hemos dicho: la desigualdad es ineficiente, se reproduce y permea el sistema productivo. Por el contrario, la igualdad no es sólo un principio ético ineludible, sino también una variable explicativa de la eficiencia del sistema económico a largo plazo. Debemos reconocer que las desigualdades son más profundas, duraderas, inelásticas y resilientes de lo que usualmente pensamos. Esta realidad estalla hoy en malestar en los pueblos de la región y demanda a escuchar sus voces y a construir propuestas de desarrollo que los incluya a todos.

Se abre para la región la oportunidad de un quiebre civilizatorio donde se replanteen los pactos sociales con amplia participación ciudadana y con mirada a mediano y largo plazo.

Llegó la hora de la igualdad y de un nuevo estilo de desarrollo. Es hora de replantear los pactos sociales y superar un modelo económico basado en la cultura del privilegio que prioriza el interés privado sobre el público, el capital sobre el trabajo, la acumulación sobre la redistribución, el crecimiento sobre la naturaleza, los privilegios sobre los derechos, la diferenciación social sobre la igualación, las jerarquías sobre las relaciones horizontales.

Hoy Naciones Unidas y la Cepal han de redoblar sus esfuerzos para construir propuestas basadas en evidencias que permitan superar el lastre de la desigualdad y que entreguen a nuestros pueblos la dignidad que merecen.

Por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal

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Lunes, 28 Octubre 2019 07:03

La invitación de Sanders

El socialista democrático Bernie Sanders, precandidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, tiene gran respaldo de los jóvenes en su lucha contra la desigualdad económica y su efecto corruptor en el poder. La imagen, en Iowa.Foto Afp

Si hay algo en el cosmos político estadunidense que resiste ser tragado por el hoyo negro de la era trumpiana es la luz que brilla de jóvenes indignados y viejos veteranos de luchas por la justicia social y los derechos humanos que se oponen al modelo neoliberal impuesto sobre este país.

Y es el "socialista democrático" Bernie Sanders quien está ganando –aún si pierde al final– la contienda electoral presidencial al haber definido un eje central de la pugna política del país a través de su llamado por una "revolución política" contra la "clase multimillonaria" en el poder.

El candidato más viejo cuenta con un amplio apoyo de los jóvenes –una generación cuya mayoría, según las encuestas, favorece al "socialismo"– y sigue encuadrando su campaña con la consigna de Ocupa Wall Street por un gobierno de, para y a favor del 99 por ciento contra el uno por ciento más rico. "No podemos continuar con una clase multimillonaria cuya avaricia y corrupción ha estado en guerra contra las familias trabajadoras del país por 45 años", repite, mientras acude a las huelgas de maestros y otros sindicatos.

En un mitin reciente en Nueva York, preguntó si todos los presentes estaban dispuestos a luchar por los derechos y bienestar de personas que ni conocen como si fuera para sí mismos. "Porque si están dispuestos a hacer eso, a amar, a luchar por un gobierno de compasión, justicia y decencia; si están dispuestos a repudiar el deseo de Trump de dividirnos, si están dispuestos a confrontar la avaricia y corrupción de la élite empresarial, si ustedes y millones de otros están preparados hacer eso, entonces no tengo duda de que no sólo ganaremos la elección, sino que juntos transformaremos a este país".

No deja de denunciar la severa desigualdad económica y su efecto corruptor del poder, y regresa a sus propuestas, que incluyen un seguro de salud universal, universidad pública gratuita, fin de la deuda estudiantil, incremento del salario mínimo, fin del encarcelamiento masivo y racista, una reforma migratoria integral con acceso a la ciudadanía, defensa de los derechos de las mujeres... (https://berniesanders.com/es/). Sanders, quien recientemente presentó un proyecto detallado para una economía verde, ha abordado el tema del cambio climático desde hace más de tres décadas (https://youtu.be/A_CHrx7PzYw).

En respuesta a algunos acontecimientos recientes en el exterior, Sanders ha comentado: "Aplaudo los movimientos de base encabezados por indígenas de Ecuador, quienes se enfrentaron a la represión y bloquearon la agenda de austeridad del FMI. Las élites económicas siguen promoviendo la austeridad a nivel mundial, haciendo la vida intolerable para la gente trabajadora. Estados Unidos debería dejar de apoyar eso". En referencia a las protestas populares en Líbano e Irak, y en otras partes del mundo, declaró que "si queremos un futuro progresista, necesitamos construir un movimiento global de y para la gente trabajadora".

A pesar de ser el precandidato presidencial demócrata con mayor recaudación de fondos y el primero en superar un millón de donantes individuales, realizar hace una semana el mitin electoral más grande de cualquier candidato en lo que va de esta contienda y que en las encuestas nacionales sigue entre los primeros 3 (de unos 21 precandidatos ahora) en las preferencias, los medios y expertos del establishment han hecho todo para descartarlo como un candidato "viable", mientras la cúpula demócrata no oculta su desdén. Y es que esa cúpula democrata, igual que la republicana, están ligadas a la misma cúpula económica.

Robert Reich recientemente escribió que la disputa política aquí ya no es de demócratas contra republicanos, sino "la democracia contra la oligarquía", y por ello Sanders, como en parte la otra precandidata progresista Elizabeth Warren, cuentan con tanto apoyo abajo y generan tanto temor en las cúpulas.

Sanders está convocando una respuesta a décadas de políticas neoliberales aplicadas dentro de Estados Unidos. Muchos esperan que lo que representa rescate a este país de sí mismo, ante el abismo obsceno y peligroso en que se encuentra.

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Lunes, 28 Octubre 2019 06:57

La afrenta continental

La afrenta continental

Latinoamérica, que nominalmente comienza al sur del río Bravo y llega hasta la vecindad Antártica, anida más de una veintena de naciones que ahora, en tiempos de redes sociales y trascendentes despertares indígenas, parecen estarse hablando como nunca después del ciclo independentista en la segunda década del siglo XIX.

Se dice fácil. La dudosa "integración" regional siempre brilló en el discurso, aunque no quedase claro si con ella se pretendía poner en orden el "patio trasero" de Estados Unidos, su "zona de interés" irrenunciable desde la Doctrina Monroe, o por el contrario construir un bloque regional para dejar de ser del interés exclusivo de Washington, el Pentágono y las grandes corporaciones estadunidenses que han ocupado, cultivado, explotado, extraído y extenuado las riquezas naturales del subcontinente durante 170 años. Un proceso que se inicia con la invasión a México y la enajenación de la mitad de su territorio, y lo continúan las bananeras, petroleras y mineras que ocuparon y saquearon la que algunos románticos llaman "Nuestramérica". El número de golpes de Estado, invasiones militares y filibusteras, guerras civiles y amafiamientos territoriales propiciados, patrocinados y sostenidos por Estados Unidos es tal que a ningún país del área la faltan episodios de injerencia y daño directo.

La afrenta imperial, permanente hasta hoy, nunca generó respuestas continentales. Para impedirlo han servido la Cuarta Flota, la CIA, la devaluadísima Organización de Estados Americanos (OEA), los tratados de libre comercio y la "renta" permanente de territorios (plantaciones, bases militares, campos petroleros) en Centroamérica, grandes extensiones de Sudamérica y colonias explícitas como Puerto Rico: el síndrome de Guantánamo devora las ambiciones yanquis. Este sí que ha sido nuestro destino manifiesto, la verdadera maldición de la Malinche.

Sin esquematizar demasiado, las revueltas populares en aparente reacción en cadena, revelan un descontento unánime contra el estado de cosas propiciado por los intereses yanquis. Así como los países se libraron de España hace dos siglos, ¿podrán desafiar con eficacia la tutela imperial de Washington? Es mucho estirar la liga tal vez, pero no se recuerda un ciclo de concatenaciones y simultaneidades en la revuelta como ahora. Contra las políticas económicas impuestas por las agencias internacionales. Contra los gobiernos que las implementan y sostienen corrupta y autoritariamente. Contra desigualdad inherente al capitalismo. Chile es la última mecha que prende, pero ya antes de Ecuador vimos desafíos nacionales en Haití, Nicaragua, Honduras, Brasil y Argentina, así como la reacción electoral, antineoliberal en principio, y por hartazgo ante la violencia y la corrupción en México, que ha de verse a la luz de las recientes experiencias "progresistas" en la región, que no dejaron de obedecer las reglas del capitalismo y le fueron funcionales hasta ser sustituidas inestablemente por gobiernos proyanquis.

El actual ciclo de protesta popular –al que los gobiernos responden con violencia, mala fe, manipulación mediática y criminalización estúpida como vemos en Haití, Ecuador y Chile, y antes en Nicaragua– encuentra al imperio sumergido en una bancarrota moral interna sin precedente, a merced del granguiñolesco titular de la Casa Blanca y sus pocos émulos en la región, más allá del peligrosísimo payaso Bolsonaro y el desvergonzado títere Almagro, quien degradó totalmente lo que quedaba de la OEA. Macri ya se va.

Cuba y Venezuela, en resistencia nacional, atraviesan una dificultad crónica bajo bloqueo, que en el caso venezolano hace poco alcanzó para generar grandes protestas de signo contrario a las que vemos en Haití, Ecuador y Chile, y que a diferencia de éstas, cuentan con el respaldo de Washington, la OEA, el trono de España y la Comunidad Europea. Bolivia también experimenta turbulencia. Con un gobierno incómodo para Washington, el Fondo Monetario Internacional y la OEA, las protestas no revisten tanto reclamos contra la política económica impulsada por el FMI y los intereses estadunidenses, como por el presunto fraude electoral y un descontento larvado en muchos sectores bolivianos, no sólo en la derecha, tras la tercera relección de Morales y el grupo de empresarios y políticos que lo rodean.

Para que el actual ciclo de descontento no acabe como la "primavera árabe" en un reforzamiento autoritario, una brutalidad neoliberal más descarnadamente fascista y fundamentalista (adelantada por Bolsonaro, no se rían) y un desmembramiento de las fuerzas reunidas (estudiantes, mujeres, indígenas, trabajadores, artistas, intelectuales), se necesita poner en primer lugar de cualquier estrategia aquello que cancele el predominio imperial de Washington.

¿Qué sigue después de inundar las plazas, tumbar o arrodillar presidentes? La ilusión de lograrlo votando gobiernos que prometen cambiar el rumbo no ha sido suficiente, y como vimos en Brasil, Chile y Argentina, rebota en regímenes de ultraderecha. Falta mucho por andar.

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