¿Pueden los locos ser sujetos políticos? ¿Y las locas?

Da vueltas en medio de la sala, levanta la voz sin motivo, desborda carcajadas mirando a los ojos al centenar largo de activistas que la escuchamos perplejos y algo incómodos. “No-soy-normal”, repite Conchi una y otra vez, golpeando cada palabra, como queriendo remachar un diagnóstico de esquizofrenia que moldea su vida con tanta intensidad como su vocación militante.


Conchi es una de las tres militantes de los Grupos de Apoyo Mutuo (Flipas-GAM), que participó en la Escuela de Movimientos Sociales Ramón Fernández Durán, que llevó su cuarta edición al periférico barrio Buenos Aires, en la coqueta Salamanca ( http://escuelaramonfdez.org ). La parroquia acogió a la escuela integrada por activistas de CGT, Ecologistas en Acción y Baladre, a las que este año se sumó el colectivo Reas, focalizado en la economía solidaria.


Los GAM están en Madrid, Barcelona y un puñado de ciudades y buscan “afrontar el sufrimiento psíquico desde lo colectivo”. Se definen como una “comunidad de lucha contra las etiquetas, la marginación social, la manipulación y la violencia”. Rechazan tanto a la industria farmacéutica como al modelo psiquiátrico paternalista y opresor. Para trabajar en colectivo la locura, crean espacios “seguros, diversos y libres”, en los que se organizan y se cuidan mutuamente.


A diferencia de otros colectivos similares, los GAM no trabajan con especialistas, sino “en primera persona”, porque confían en que su emancipación sea obra de ellos y ellas mismas. Se consideran “supervivientes de la psiquiatría” y por lo mismo trabajan “reivindicando la dignidad y consideración social de la locura y motivando a quien sufre para que desarrolle una cosmovisión y un modelo de relación con el entorno que desplace su sufrimiento y le de sentido a su vida”.


Algunos de sus textos se pueden encontrar en el blog del colectivo (goo.gl/P7pjG4) o en los “Mapas locos” que se pueden bajar de la página otraesquizofreniaesposible (goo.gl/eipeJp).


El hecho de que un puñado de movimientos, entre los más activos, anti-capitalistas y anti-patriarcales del Estado Español, se hayan decidido a trabajar con colectivos de locos y locas, los lleva a un lugar especial, ya que se internan en uno de los temas más duros y dolorosos, algo visible en la incomodidad y la emoción que provocan sus intervenciones. Para las izquierdas pragmáticas y electorales no rinde trabajar con estos colectivos, ya que deben dedicar mucho tiempo y energías a cuestiones que interesarían, apenas, a minorías sin posibilidad de influir en la sociedad.


Nada más lejano a la realidad. No se trata de trabajar con el dolor ajeno, aunque hay algo de eso. Primero, porque la locura no está fuera de nosotros, nos forma y nos moldea, en una sociedad donde no existen sanos y enfermos porque toda ella padece enfermedad. Segundo, porque siento que trabajar con el dolor es la única forma de crecer como personas y como colectivos. De lo contrario, mejor dedicarnos a otras cosas, como bloquear nuestros dolores consumiendo y votando.


“Tenés que enfrentarte a que no te internen”, dice Víctor del GAM. “Vivimos en un hilo”, agrega Conchi. “Está el riesgo de la sobredosis, por eso la cuestión es engañarlos durante la internación”. Aborda una cuestión que ignoramos los que nunca estuvimos internados: “Medicada no puedes quedar embarazada”, remata ante el silencio atento de la sala.


En casi todos los países de la región existen colectivos que trabajan con locos y locos. O, mejor, que descubrieron que sólo en comunidad hay posibilidades de vivir mejor, porque lo colectivo dignifica. Es salud.


En Argentina un grupo de psiquiatras crearon la emisora La Colifata en el hospital Borda, en 1991, que aún funciona y fue replicada en una decena de países. Entre ellos en Uruguay, donde Radio Vilardevoz creada en 1997 en el hospital Vilardebó, emite todos los sábados y tiene amplio reconocimiento social.


En los GAM españoles trabajan ellos y ellas solos, enfocados en la auto-emancipación. En ese proceso se han convertido en sujetos políticos, que ya no sólo pelean por salvarse cada quien sino, como dice Conchi, por “sanar la sociedad”.

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Domingo, 15 Abril 2018 06:07

Cuba en un momento crucial

Cuba en un momento crucial

Vivimos tiempos duros, días dramáticos. Donald Trump, ya de por sí insano y aventurero, siente que en Estados Unidos camina sobre arenas movedizas. Emmanuel Macron advierte que la protesta obrera tiende a juntarse con la ecologista, la de médicos, jueces y abogados, los estudiantes y las zonas rurales abandonadas a su suerte y busca apoyo en la derecha más rancia, dando concesiones a los católicos y el nacionalismo xenófobo. Vladimir Putin ve crecer las abstenciones y las protestas públicas y siente la fragilidad de la base económica de la potencia imperial rusa, que es fundamentalmente exportadora de petróleo y gas. Todos ellos buscan un diversivo exterior que afirme su poder y convierta a la oposición en antipatriótica.

El aventurerismo y agresividad de un loco racista, hijo de un nazi y de padres del Ku Kux Klan, se suma al del Napoleón III y medio de pacotilla y al del ex general de la KGB convertido en zar y, pese a la cautela del gobierno chino que está colgado del freno, el mundo corre como un tren sin control hacia el precipicio de una guerra mundial.

Cualquier medida mal calculada, provocación excesiva o bravuconada de Tel Aviv, podría desencadenar en Medio Oriente una guerra entre, por un lado, Estados Unidos más Inglaterra y Francia, ex potencias colonialistas en la zona, e Israel, país que coloniza brutalmente Palestina y, por otro, Rusia, Siria e Irán. En esa guerra ineludiblemente sería involucrada China y, después, la India y Pakistán, asícomo las dos coreas. Toda Asia ardería, desde Turquía hasta Japón y Trump, ya lanzado, se llevaría entre las patas a Cuba y Venezuela y podría ocupar México para compensar en parte los desastres humanos y materiales que sufriría Estados Unidos por primera vez en su historia.

Aunque las armas nucleares quizá no fuesen utilizadas en un primer momento, serían incorporadas tarde o temprano, como lo prueba el genocidio en Hiroshima y Nagasaki o la guerra de Corea de 1952, cuando el alto mando estadunidense valoró el uso de la bomba atómica contra chinos y norcoreanos. La humanidad retrocedería siglos, si no milenios, y esa guerra destruiría la base natural de la civilización actual.

Este es el cuadro en el que, dentro de una semana, la Asamblea Nacional cubana deberá escoger al sustituto de Raúl Castro, como presidente de la República, debido al vencimiento de su mandato. Castro seguirá siendo jefe de las Fuerzas Armadas –que son el eje del Estado y controlan buena parte de la economía isleña– y también secretario del Partido Comunista, que está entrelazado con el Estado y en buena parte sometido a éste, pero igualmente mejorarán la condiciones para dar al César lo que es del César y a la lucha por el socialismo lo que debe ser de Marx.

O sea, para una separación entre el capitalismo de Estado y sus formas estatales concretas, determinadas por el intercambio de mercancías y las necesidades de la intervención en el mercado capitalista internacional y el partido, que lucha por construir el socialismo. Porque éste significa desaparición –no el fortalecimiento– del Estado, planificación democrática de la economía y quiere decir supresión de la ganancia y del interés privado o nacional como resorte principal de las actividades y su sustitución por el interés colectivo, la solidaridad y el altruismo.

Cuba, por eso, no deberá reemplazar simplemente un presidente. Deberá modificar radicalmente el funcionamiento y características del Estado y del partido para hacer frente en las mejores condiciones posibles a la terrible fase en que entra la humanidad y, con ella, la independencia de la isla, para organizar la resistencia y la reconstrucción en caso de que eso fuese necesario.

Tendrá, por tanto, que ampliar al máximo la participación democrática del pueblo cubano en la discusión profunda y pormenorizada de los desafíos que enfrenta la isla, así como de los medios para hacerles frente y rearmar una economía local que es muy frágil por la carencia de recursos y su dependencia del turismo, que es muy volátil, sobre todo en tiempos de conflictos graves.Las bocas deben abrirse, todas las voces honestas deben ser escuchadas para elevar la conciencia colectiva y preparar al pueblo cubano para decidir sobre sí mismo y ser protagonista del destino nacional.

Las diversas orientaciones existentes en Cuba y en el mismo Partido Comunista cubano deben debatir abiertamente con la sociedad. La tendencia predominante, influenciada por la ex Unión Soviética, con su partido único centralizado y monolítico y su visión estalinista de la revolución cubana y del comunismo, no es la única existente. Junto a ella está la comunista heterodoxa o ecléctica, heredera del guevarismo y de pensamiento crítico y también existe una vagamente socialdemócrata o socialcristiana. En el país, en la burocracia y la burguesía hay capas procapitalistas que deben ser vencidas en una lucha ideológica, no con medidas policiales o administrativas, mientras actúen dentro de la ley.

El Estado debe dar libertad para elegir cualquier profesión o actividad prohibiendo sólo las que favorezcan la delincuencia o afecten la salud. Al mismo tiempo, debe favorecer la actividad solidaria y colectiva y el cooperativismo real, donde sean los cooperativistas quienes decidan todo en asambleas, tras escuchar el parecer de los técnicos y economistas.

Sin democracia no hay socialismo. La desaparición del Estado será posible construyendo otro, de transición, desde abajo, entre todos, decidiendo y actuando solidariamente. La Constitución debe ser discutida por todos para que todos la acepten y se rijan por ella. La reorganización de las empresas, de la industria y el plan de vivienda, también. Los sindicatos deben representar a los trabajadores y dejar de ser una rama del partido y del Estado, que aún está en una fase capitalista estatal. Hay que entrar en una nueva fase.

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Temas recurrentes: corrupción y seguridad nacional

La gente reclama por todas partes y se queja con regularidad de la corrupción y la seguridad nacional. Virtualmente, no hay país en el mundo donde esto no ocurra. Si alguien en algún país no habla públicamente utilizando ese lenguaje, es sólo porque quienes están en el poder responden con una represión excepcionalmente ruda.

De otro modo, estos temas son centrales en la política y la geopolítica de todos los países del mundo. La situación de un país en particular está sujeta también a la discusión que al respecto tengan personas situadas fuera de sus fronteras. Los ciudadanos en el exilio hablan del asunto. Los movimientos sociales en otros países hablan de eso también. Y otros gobiernos también lo hablan.

Sin embargo, la larga lista de personas que discuten estos asuntos públicamente dicen cosas muy diferentes acerca de ellos según el caso de algún país particular. Nos corresponde mirar con mayor cercanía el lenguaje que utiliza la gente y las descripciones de la realidad que hacen si hemos de entender qué está ocurriendo y cómo debemos evaluar los reclamos y las quejas.

La corrupción es, virtualmente, inescapable. Por regla general, mientras más rico es el país mayores son los montos que puede acumular mediante la corrupción. Nos informan todo el tiempo en los titulares de la prensa acerca de alguna figura política de alto nivel o algún ejecutivo de alguna corporación de alto nivel a quienes se acusa de corrupción y se les procesa por ello e inclusive se les encarcela. También nos enteramos de lo mismo con personas de menores niveles. Pero la prensa es menos propensa a hablar de estas personas.

¿Cómo puede alguien practicar la corrupción? La respuesta es bastante simple. Uno tiene que estar situado en un sitio donde el dinero fluya de una persona en la cadena a otra. Sin duda existen algunos individuos cuyos valores internalizados les impiden jugar el juego. Pero son más raros de lo que admitimos públicamente.

¿Cuál es el propósito de denunciar algunas de las sinvergüenzadas de la corrupción? Puede ser el deseo de un cambio de gobierno. La crítica pública puede conducir a manifestaciones callejeras o a otras formas organizadas de esfuerzos antigubernamentales. Tales esfuerzos pueden tener éxito o fracasar, pero el cambio de gobierno sigue siendo su objetivo.

Al mismo tiempo, el gobierno y otras personas en posiciones dominantes pueden acusar a los manifestantes antigubernamentales de ser corruptos y, por tanto, alegar que no están en posición de denunciar a nadie en el gobierno de esto.

Cuando vemos a algún gobierno hablando de otros, las acusaciones de corrupción reflejan primordialmente intereses geopolíticos. De nuevo, por regla general, un gobierno no acusa a otro gobierno de corrupción si es un aliado o si es un gobierno que preferimos que se mantenga en el poder. No obstante, un gobierno puede denunciar a otro por corrupción cuando considera enemigo al otro gobierno o si cuando menos prefiere que tal gobierno sea retirado del poder. O un gobierno puede restringir su acusación pública de otro gobierno por corrupción, mientras sugiere en lo privado que dicha restricción es temporal y que continuarla depende de algún viraje en la posición del gobierno en cuestión.

El problema de la seguridad nacional tiene una gama semejante de significados. Los gobiernos esperan restringir, inclusive eliminar, la discusión pública sobre la corrupción o de las alianzas geopolíticas invocando el tema de la seguridad nacional. Éste es un método relativamente eficaz de lograr varios fines. Los gobiernos pueden hacer un reclamo de seguridad nacional sin tener que probar su validez. Pueden argumentar que brindar la evidencia en sí mismo viola la seguridad nacional.

Un modo de contrarrestar tal bloqueo es la filtración, hecha por gente que desde dentro confía en que la prensa esparza la palabra de que el reclamo en torno a la seguridad nacional es un invento cuyo propósito es silenciar a la oposición. Y tal filtración (también conocida como "dar el pitazo") es contrarrestada por el gobierno procesando al informante por poner en riesgo la seguridad nacional.

Un lenguaje aliado de la seguridad nacional es el del espionaje. El espionaje es también universal. No obstante, es costoso y difícil. Por tanto, lo ejercen más extensamente y sin duda con mayor eficacia los gobiernos más ricos. Y los espías pueden ser castigados con mayor severidad.

Quien lea esto puede haberse dado cuenta que me abstuve de utilizar el nombre de algún país en particular en este comentario. Esto, porque este artículo no trata de ninguna situación política o geopolítica de algún país particular. El punto esencial que estoy intentando es que casi no hay nada salvo "noticias falsas", a como se utiliza la expresión en los días que corren. Pero debemos recordar que invocar la falsedad de las noticias acerca de acusaciones en sí mismo es un modo de intentar suprimir la discusión pública.

¿Estamos entonces indefensos para ver lo que realmente ocurre? ¿No hay manera de discernir la realidad? Por supuesto que no. Podemos involucrarnos, cada uno de nosotros, en la necesaria tarea detectivesca de tamizar por entre el uso de estos temas recurrentes vis-à-vis una situación particular, con el fin de realizar un análisis relativamente plausible.

El punto es que ser un detective implica trabajo, muchísimo trabajo. Pocos de nosotros tenemos el gusto, el dinero y el tiempo para realizar esto. Por tanto, subcontratamos este trabajo a otros: uno o más movimientos sociales particulares, uno o más periódicos, uno o más individuos, etcétera. Para hacer esto necesitamos confiar en los subcontratistas y hacer que se renueven regularmente. Un gran trabajo. Pero a menos que hagamos esto, nosotros mismos o dependamos de subcontratistas de primera, estamos condenados o empantanados por la utilización de estos temas recurrentes. Y nos quedamos sin poder hacer nada.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Lunes, 02 Abril 2018 08:00

Más que “cantos a la bandera”

Más que “cantos a la bandera”

Tal y como estaba programado, el pasado 11 de marzo quienes habitamos el territorio colombiano fuimos convocados para elegir un nuevo poder legislativo. Y como es ya recurrente, a tal llamado respondió menos del 50 por ciento de quienes estaban en capacidad de hacerlo: 17.818.185 ciudadanos, es decir, el 48.82 por ciento del censo electoral.

 

Una participación con algunos datos que es importante resaltar: 1´137.133 votos anulados por mal diligenciados (6.38% del total), 871.444 votos no marcados (4.89%), clara expresión de descontento con el régimen político vigente o con los llamados “padres de la patria”, y 835.445 votos marcados en blanco (4.68% del total), que expresan que no tienen identidad con ninguno de los candidatos en cuestión, y que están por otro tipo de régimen político.

 

La suma de estos tres “detalles” da un total de 2´844.022, es decir, el 15.96 por ciento del censo electoral, un porcentaje superior al obtenido por la mayoría de los participantes en esta cita electoral*

 

De igual manera, como estaba proyectado, los partidos tradicionales, es decir, la derecha de distinto matiz retuvo el control del legislativo. Supieron aprovechar la coyuntura electoral para tensar las fibras clientelares por tantos decenios tejidas, pero también para acercarse a las mayorías sociales, como es costumbre con una interpretación engañosa de los problemas sociales, manipulando las necesidades más sentidas de quienes viven más urgidas de algún favor o de algún ingreso para sobrellevar cada día. Tendremos, por tanto, por cuatro años más, la aprobación de leyes para mantener el modelo de acumulación y desigualdad imperante hasta hoy.

 

Aunque los resultados son contrarios a las necesidades de los marginados y excluidos del país, los diversos matices en que se organiza e identifica la izquierda y sectores progresistas, no solo conservaron la representación en el legislativo sino que la incrementaron. Las fuerzas de izquierda, sumaron 2.627.614 votos (17,56%), lo que les significa 19 senadores. A estos se suman los 5 a que tiene derecho las Farc por derecho propio. Si bien estamos ante un avance es inocultable que la izquierda no se perfila todavía como una corriente política de mayorías.

 

Por tanto, la alegría reinante en muchos sectores de la sociedad y del activismo refleja un triunfo parcial. Un triunfo que de no ser correspondido de manera adecuada ante sus bases por los elegidos, con una labor realmente alternativa fuera y dentro del Congreso, terminaran actuando, pese a su disciplina, constancia, propuestas, etcétera, en contra de los mismos sectores que los eligieron. De ahí que una primera explicación que le deben a sus bases es aquella donde les indiquen por qué su trabajo en el hemiciclo será limitado, sin resultados concretos, pese a sus deseos y proyectos por presentar en los meses venideros.

 

¿Por qué sucedería esto? Porque, más allá de su disciplina y consecuencia, son minoría y, por tanto, todos aquellos proyectos de ley que presenten y no le sirvan al establecimiento serán negados, es decir, simplemente estarán declamando “cantos a la bandera”, al tiempo que legitimando una instancia legal que de manera recurrente actúa de espaldas al país nacional.

 

Ante esto, sería urgente y necesario que la lógica de la política de los movimientos o grupos que lograron poner un representante en los muros del Congreso, trasciendan de los escenarios institucionales y vayan más allá de estos, propiciando espacios y discusiones frente a la democracia realmente existente, denunciando que la participación de la sociedad y las decisiones de la vida en su conjunto –educación, salud, vivienda, economía, naturaleza, etcétera– no pueden quedar talladas solamente en el voto de cada tantos años, sino que debe ser producto de una participación cotidiana y constante.

 

En igual sentido, estos representantes de la gente de a pie deben concretar una labor educativa constante para poder sustentar los sueños que sostienen la pugna por una nueva sociedad, una labor constante, donde las razones de sus actos y de sus luchas contra el poder estén siempre antecediendo y acompañando todos sus procederes. Al actuar así, estarán mostrando que no olvidaron que se deben a la gente, no solo cuando buscaron su voto, sino ahora que ya están ungidos, y que sin el apoyo de esas gentes, no son nada, a pesar de todo lo que los puedan inflar los medios de comunicación oficiosos.

 

Labor educativa y disputa de poder por encarar que también debe llevar a estos congresistas a convocar sesiones legislativas alternativas, sesiones en las cuales extiendan para su debate, ante la sociedad que concurra a su llamado, los proyectos de ley que pretenden tramitar, a la vez que retoman todas las iniciativas que esos mismos sectores les presenten, discutiendo con ellos formas alternas de hacerlos realidad si, como es predecible, no encuentran eco en la cava santanderista.

 

Un proceder de reflexión y debate, así como de organización, al cual debería asistir la mayor cantidad posible de senadores y representantes considerados así mismos como alternativos, como una muestra y evidencia de su conciencia de que su labor durante los próximos cuatro años será formal, cuando más.

 

Proceder alternativo para transformar la sociedad, toda vez que el voto no debe ser un simple acto formal, de elegir y ser elegido, sino el mandato para que una persona un día cualquiera deja de ser un empleador o trabajador por cuenta propia para asumir un nuevo rol: el de político profesional. Nuevo rol con una misión fundamental: llevar la voz de las mayorías allí donde el poder pretende seguir armándose de legalismo y enredos jurídicos para justificar su concentración de poder y la prolongación de privilegios.

 

Una misión, la de hacer que los sin voz la recuperen, que trasciende tal encomienda, debiendo llegar hasta lo organizativo, y más allá de esto, hasta la construcción con todas las manos dispuestas para ello de otra legalidad y de otra estructura estatal. Labor constante, persistente, en la cual a la par que desestructura lo existente se estructura lo que apenas muestra sus primeras formas.

 

No es una labor fácil ni con resultados inmediatos, pero sí impostergable, si de verdad se pretende que las elecciones dejen de ser el rito por medio del cual se legitima el poder realmente existente. Un rito, que como lo pudimos constatar en las que tuvieron como fecha el 11 de marzo, está carente de realismos y de una visión integral del poder.

 

Y así es porque algunos candidatos alternativos ofrecen proyectos como en bazar, sin asidero en la real geopolítica que nos circunda y el contexto económico que vivimos; mientras otros –tal vez todos– concitan a sus votantes sin tomar en cuenta la correlación de fuerzas y, por tanto, lo irreal de sus promesas, lo cual los acerca a la demagogia.

 

Entonces, comprensión y sensatez con la geopolítica, así como con el contexto económico y la correlación de fuerzas, pensando siempre en el país que requerimos para vivir en felicidad, demanda de otro modelo social, el cual va tomando forma en pequeñas, medianas y grandes acciones. La educación dicen que es una labor pequeña –tal vez porque sus frutos no son perceptibles en lo inmediato– pero en realidad su dimensión es inmensa. Desde el legislativo también es posible hacer magisterio, acompañado de organización, para que el voto popular no quede reducido a entonar “cantos a la bandera”.

 


 

* Registraduria Nacional del Estado Civil. Elecciones 2018. Boletín 52-Senado de la República. En registraduria.gov. Link: http://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/99SE/BXXXX/DSE99999.htm

 

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Sábado, 31 Marzo 2018 10:51

Más que “cantos a la bandera”

Más que “cantos a la bandera”

Tal y como estaba programado, el pasado 11 de marzo quienes habitamos el territorio colombiano fuimos convocados para elegir un nuevo poder legislativo. Y como es ya recurrente, a tal llamado respondió menos del 50 por ciento de quienes estaban en capacidad de hacerlo: 17.818.185 ciudadanos, es decir, el 48.82 por ciento del censo electoral.

 

Una participación con algunos datos que es importante resaltar: 1´137.133 votos anulados por mal diligenciados (6.38% del total), 871.444 votos no marcados (4.89%), clara expresión de descontento con el régimen político vigente o con los llamados “padres de la patria”, y 835.445 votos marcados en blanco (4.68% del total), que expresan que no tienen identidad con ninguno de los candidatos en cuestión, y que están por otro tipo de régimen político.

 

La suma de estos tres “detalles” da un total de 2´844.022, es decir, el 15.96 por ciento del censo electoral, un porcentaje superior al obtenido por la mayoría de los participantes en esta cita electoral*

 

De igual manera, como estaba proyectado, los partidos tradicionales, es decir, la derecha de distinto matiz retuvo el control del legislativo. Supieron aprovechar la coyuntura electoral para tensar las fibras clientelares por tantos decenios tejidas, pero también para acercarse a las mayorías sociales, como es costumbre con una interpretación engañosa de los problemas sociales, manipulando las necesidades más sentidas de quienes viven más urgidas de algún favor o de algún ingreso para sobrellevar cada día. Tendremos, por tanto, por cuatro años más, la aprobación de leyes para mantener el modelo de acumulación y desigualdad imperante hasta hoy.

 

Aunque los resultados son contrarios a las necesidades de los marginados y excluidos del país, los diversos matices en que se organiza e identifica la izquierda y sectores progresistas, no solo conservaron la representación en el legislativo sino que la incrementaron. Las fuerzas de izquierda, sumaron 2.627.614 votos (17,56%), lo que les significa 19 senadores. A estos se suman los 5 a que tiene derecho las Farc por derecho propio. Si bien estamos ante un avance es inocultable que la izquierda no se perfila todavía como una corriente política de mayorías.

 

Por tanto, la alegría reinante en muchos sectores de la sociedad y del activismo refleja un triunfo parcial. Un triunfo que de no ser correspondido de manera adecuada ante sus bases por los elegidos, con una labor realmente alternativa fuera y dentro del Congreso, terminaran actuando, pese a su disciplina, constancia, propuestas, etcétera, en contra de los mismos sectores que los eligieron. De ahí que una primera explicación que le deben a sus bases es aquella donde les indiquen por qué su trabajo en el hemiciclo será limitado, sin resultados concretos, pese a sus deseos y proyectos por presentar en los meses venideros.

 

¿Por qué sucedería esto? Porque, más allá de su disciplina y consecuencia, son minoría y, por tanto, todos aquellos proyectos de ley que presenten y no le sirvan al establecimiento serán negados, es decir, simplemente estarán declamando “cantos a la bandera”, al tiempo que legitimando una instancia legal que de manera recurrente actúa de espaldas al país nacional.

 

Ante esto, sería urgente y necesario que la lógica de la política de los movimientos o grupos que lograron poner un representante en los muros del Congreso, trasciendan de los escenarios institucionales y vayan más allá de estos, propiciando espacios y discusiones frente a la democracia realmente existente, denunciando que la participación de la sociedad y las decisiones de la vida en su conjunto –educación, salud, vivienda, economía, naturaleza, etcétera– no pueden quedar talladas solamente en el voto de cada tantos años, sino que debe ser producto de una participación cotidiana y constante.

 

En igual sentido, estos representantes de la gente de a pie deben concretar una labor educativa constante para poder sustentar los sueños que sostienen la pugna por una nueva sociedad, una labor constante, donde las razones de sus actos y de sus luchas contra el poder estén siempre antecediendo y acompañando todos sus procederes. Al actuar así, estarán mostrando que no olvidaron que se deben a la gente, no solo cuando buscaron su voto, sino ahora que ya están ungidos, y que sin el apoyo de esas gentes, no son nada, a pesar de todo lo que los puedan inflar los medios de comunicación oficiosos.

 

Labor educativa y disputa de poder por encarar que también debe llevar a estos congresistas a convocar sesiones legislativas alternativas, sesiones en las cuales extiendan para su debate, ante la sociedad que concurra a su llamado, los proyectos de ley que pretenden tramitar, a la vez que retoman todas las iniciativas que esos mismos sectores les presenten, discutiendo con ellos formas alternas de hacerlos realidad si, como es predecible, no encuentran eco en la cava santanderista.

 

Un proceder de reflexión y debate, así como de organización, al cual debería asistir la mayor cantidad posible de senadores y representantes considerados así mismos como alternativos, como una muestra y evidencia de su conciencia de que su labor durante los próximos cuatro años será formal, cuando más.

 

Proceder alternativo para transformar la sociedad, toda vez que el voto no debe ser un simple acto formal, de elegir y ser elegido, sino el mandato para que una persona un día cualquiera deja de ser un empleador o trabajador por cuenta propia para asumir un nuevo rol: el de político profesional. Nuevo rol con una misión fundamental: llevar la voz de las mayorías allí donde el poder pretende seguir armándose de legalismo y enredos jurídicos para justificar su concentración de poder y la prolongación de privilegios.

 

Una misión, la de hacer que los sin voz la recuperen, que trasciende tal encomienda, debiendo llegar hasta lo organizativo, y más allá de esto, hasta la construcción con todas las manos dispuestas para ello de otra legalidad y de otra estructura estatal. Labor constante, persistente, en la cual a la par que desestructura lo existente se estructura lo que apenas muestra sus primeras formas.

 

No es una labor fácil ni con resultados inmediatos, pero sí impostergable, si de verdad se pretende que las elecciones dejen de ser el rito por medio del cual se legitima el poder realmente existente. Un rito, que como lo pudimos constatar en las que tuvieron como fecha el 11 de marzo, está carente de realismos y de una visión integral del poder.

 

Y así es porque algunos candidatos alternativos ofrecen proyectos como en bazar, sin asidero en la real geopolítica que nos circunda y el contexto económico que vivimos; mientras otros –tal vez todos– concitan a sus votantes sin tomar en cuenta la correlación de fuerzas y, por tanto, lo irreal de sus promesas, lo cual los acerca a la demagogia.

 

Entonces, comprensión y sensatez con la geopolítica, así como con el contexto económico y la correlación de fuerzas, pensando siempre en el país que requerimos para vivir en felicidad, demanda de otro modelo social, el cual va tomando forma en pequeñas, medianas y grandes acciones. La educación dicen que es una labor pequeña –tal vez porque sus frutos no son perceptibles en lo inmediato– pero en realidad su dimensión es inmensa. Desde el legislativo también es posible hacer magisterio, acompañado de organización, para que el voto popular no quede reducido a entonar “cantos a la bandera”.

 


 

* Registraduria Nacional del Estado Civil. Elecciones 2018. Boletín 52-Senado de la República. En registraduria.gov. Link: http://resultados2018.registraduria.gov.co/resultados/99SE/BXXXX/DSE99999.htm

 

Publicado enEdición Nº244
Viernes, 02 Marzo 2018 06:04

Votar en Colombia

Votar en Colombia

El voto en blanco y las luchas contra las injusticias

En este año 2018 se celebran elecciones legislativas y presidenciales en el país andino con un panorama un tanto desalentador. El cuadro político que tiene Colombia actualmente no invita al optimismo. A ello contribuyen hechos tan graves como la falta de implementación de los acuerdos de paz de La Habana, la no puesta en marcha en toda su extensión de la Justicia Especial para la Paz y los asesinatos de líderes y lideresas sociales.


Los movimientos por el voto en blanco, sobre todo para el Senado, van tomando fuerza. Pero lo más importante son las campañas contra la violencia y el fraude, contra las injusticias y por una política transparente. En un país en el que la Misión de Observación Electoral señala los riesgos electorales presentes en el territorio.

Cuando se cumplía un año de la firma oficial del Acuerdo entre guerrilla y Gobierno en Cartagena de Indias, septiembre 26 de 2017, la Fundación Paz y Reconciliación publicaba el informe “Cómo va la paz” en donde destacaban, además de la negativa a dar luz verde a la Ley de Amnistía, los incumplimientos generalizados, el aumento de los asesinatos sistemáticos, la falta de compromiso político o la debilidad institucional. Ahí llama mucho la atención la poca presencia del presidente y su equipo de gobierno para respaldar los acuerdos y denunciar lo no cumplido.

Sobre la Justicia Especial para la Paz, que alguien revise a ver cuáles de los objetivos que se propuso se está cumpliendo. No se está satisfaciendo el derecho de las víctimas (todas y cada una) a la justicia; a la sociedad colombiana no se le ha ofrecido la verdad; no se ha dado la reparación a las víctimas; no se está luchando con ganas, medios y resultados contra la impunidad; no hay plena seguridad jurídica para quienes participaron en el conflicto armado y no está verdaderamente contribuyendo al logro de una paz estable y duradera.


Los cifras sobre asesinatos de personas relacionadas con la defensa de los derechos civiles y la paz no coinciden, según la fuente que las facilite. Mientras la Fiscalía reconoce el asesinato de 101 personas entre enero 2017 y enero 2018, para el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) en el año recién terminado mataron a ciento setenta líderes y lideresas sociales. Eso supone un aumento en 2017 del 45,2 % en relación al año anterior. A eso hay que sumar las veintiuna personas asesinadas en el primer mes de 2018. Al margen de la lucha de datos, son hechos muy graves, que no deberían suceder y que demandan una mayor y mejor acción por parte del Estado, y del Gobierno, para parar este derramamiento de sangre. No es suficiente con que la ONU se muestre preocupada por los asesinatos, en cualquier otro país, o en otras circunstancias, serían considerados delitos de lesa humanidad. Porque estas muertes no son, como dicen algunos miembros de la Administración, “líos de faldas” o “ajustes de cuentas”, son crímenes de Estado. Y así no se alcanza la paz.


Según un informe de la Unión Europea, elaborado por la Comisión Internacional de Verificación de los Derechos Humanos en Colombia, tan sólo se ha cumplido el 18,5 % de lo establecido en los acuerdos de paz. Además, señala la actitud negadora del paramilitarismo por parte del Gobierno.

A ello se suma un escenario político en el que, pese a contar con un presidente flamante premio Nobel de la Paz, los “presidenciables” no encantan, por diferentes motivos, entre la población. También está en entredicho la clase política por su calidad, su capacidad, los vínculos, algunos demostrados pero “desoídos” y otros ignorados, con la corrupción y el crimen, y sus propuestas programáticas, que no convencen ni a sus propios correligionarios.


Según la Registraduría Nacional de la República, un total de 36.024.467 ciudadanas y ciudadanos colombianos están llamados a votar en las legislativas del 11 de marzo, para las que se instalarán 103.345 mesas ubicadas en 11.231 puestos de votación atendidos por 688.537 personas elegidas como jurados en todo el país.

En esas elecciones, en las que serán elegidos ciento dos senadores y ciento sesenta y seis congresistas para la Cámara de Representantes, el horizonte no está muy definido. El asunto es complicado empezando porque la papeleta de voto es un tarjetón de tamaño poco manejable en el que hay que marcar con un aspa, una X, el partido y el nombre del candidato (a) que se elige, en el caso de optar por una lista preferente (la mayoría de los partidos), o solamente marcar el partido o coalición si se hace por una lista no preferente (la dirección decide su representante).

Para la Cámara de Representantes se eligen por circunscripción en los treinta y dos departamentos más Bogotá D.C. En ésta se presentan catorce partidos generalistas, dos con listas no preferentes (GSC Colombia Justa Libres y FARC), seis movimientos para la circunscripción especial de comunidades indígenas y cuarenta y dos asociaciones para la circunscripción especial de comunidades afro-descendientes.


Para el Senado de la República, de circunscripción única, son veintitrés los partidos que se postulan, cinco de ellos con listas no preferenciales (GSC Sí se puede, GSC Unión con fortaleza, Partido Somos, GSC Colombia Justa Libres y FARC), más siete listas de candidatos de la circunscripción especial de comunidades indígenas. El Senado es una instancia que está muy desacreditada, lo que no significa que la Cámara lo esté menos y que sea una particularidad colombiana, ya que el descrédito político está extendido en todo el mundo.


Las peculiaridades del sistema político colombiano hacen que esta votación no tenga una incidencia clara en la posterior presidencial, aunque puede arrojar alguna luz sobre las y los candidatos mejor posicionados.


Con los datos de los cuatro estudios de otras tantas entidades de sondeo realizados en el mes de febrero, el voto en blanco ganaría en las elecciones presidenciales que tendrán lugar el 27 de mayo en su primera vuelta. ¿Es bueno para las y los candidatos que las encuestas les sitúen en un buen lugar? Visto lo que sucedió en el plebiscito del pasado 2 de octubre, probablemente no. Había tal convencimiento del triunfo del sí, que el pasotismo de la mayoría urbana hizo que el “no” le ganará la partida. Si algún medio o encuesta da por ganador a alguien en particular, sus seguidores o posibles votantes pueden no ejercer su derecho al voto y los rivales movilizarse en masa para que no se cumpla el vaticinio.


En esos cuatro estudios mencionados, los resultados son dispares. Haciendo política ficción, que más o menos es lo que son esas encuestas, me atrevo a hacer una sumatoria de sus resultados y lo que nos presentan es que Sergio Fajardo lidera las opciones con una media del 17,3 %, seguido de Gustavo Petro y su “Colombia Humana” con el 16,23 %, a continuación el exministro Vargas Lleras con el 10,3 % y, a cierta distancia, el representante del Gobierno en las negociaciones de La Habana, Humberto de la Calle, con el 6,53 % y la también exministra y cabeza del Partido Conservador Marta Ramírez con el 5,9 %.


El voto en blanco lidera la intención en dos de los escrutinios pero no aparece en las otras. Lo mismo que el joven delfín candidato del Centro Democrático, Iván Duque, que solamente es mencionado en dos de ellos.


El estudio de “Cifras y conceptos” también incluye preguntas sobre la imagen favorable o desfavorable de los aspirantes presidenciales, dando Fajardo la mejor con 41 % y Londoño la peor con el 81 %, aunque éste, junto a Gustavo Petro y Piedad Córdoba son tres de los menos desconocidos. La encuesta pregunta, además, si tienen decidido ya su voto para la primera vuelta y, curiosamente, el 46 % ya lo tienen.


Que en Colombia se diga que parece que la intención de voto lleva hacia el centro-izquierda al país, el único del continente que nunca ha tenido un gobierno de izquierdas, será motivo más que suficiente para que la derecha movilice todo su arsenal, por desgracia no solamente el electoral, para minar esa opción.


Parece que Sergio Fajardo, exalcade de Medellín, y Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, son los que tienen más opciones. Pero que las tengan les puede perjudicar y hacer que sus posibles votantes se inhiban y que los rivales se activen. Y para la casi segura segunda vuelta, es más difícil la unión de los sectores más progresistas que la de las derechas, más obedientes y pactistas con tal de evitar al enemigo.


En cualquier caso, la sugerencia es que la ciudadanía vote y no bote el voto. Que se decante por opciones confiables y comprometidas con la población y la justicia social. Es una oportunidad para dar continuidad a un proceso de paz necesario y que el país camine por la senda de la convivencia pacífica, desde el respeto, la solidaridad y la responsabilidad. Votar es un ejercicio de ciudadanía democrática; exigir después responsabilidades, también.

 

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"La democracia está rota porque todavía sentimos en carne y hueso que no funciona por sí sola"

Christian Felber (Salzburgo, 1972), profesor universitario, activista y cofundador del movimiento ATTAC en Austria —entre otras muchas cosas—, es conocido por ser el padre de la economía del bien común, una teoría que propugna un modelo económico basado en la ética y donde el Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza dejaría paso a otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la confianza, la honestidad, la responsabilidad, la cooperación, la solidaridad, la generosidad o la sostenibilidad ecológica.

En su último libro, titulado Por un comercio mundial ético (Deusto), publicado hace escasos días, da un paso más allá y denuncia los excesos del libre comercio mundial "convertido en la religión de nuestra era". Aboga por que las relaciones comerciales internacionales estén reguladas por Naciones Unidas y se atengan también a criterios éticos. Para lograr este objetivo, sin embargo, es necesario avanzar hacia lo que Felber denomina "democracia soberana", superando a la actual democracia representativa, que él cree que "no funciona".

¿Qué aporta de nuevo su libro con respecto a su best-seller 'La economía del bien común'?


La dimensión internacional. Muchas personas me han preguntado qué tiene que hacer un país para implementar la economía del bien común y lo que expongo con detalle es cómo podría funcionar un sistema internacional de comercio ético y cómo serían las relaciones internacionales resultantes. Lo que intento demostrar en este libro es que el comercio, al igual que el capital, no es un fin en sí mismo, sino un medio que sirve a unos fines que ya están definidos. Fines como los derechos humanos, las condiciones laborales, la defensa del medio ambiente, la cohesión social y la diversidad cultural. El derecho internacional tiene que sobreponer los fines a los medios y someter los medios a los fines.


¿Qué entiende usted por comercio ético?


El comercio ético debe servir a los derechos humanos y a los valores fundamentales de una sociedad democrática. Su objetivo es la plena implementación de los derechos humanos, del desarrollo sostenible —los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU— y de una buena vida para todos o incluso del bien común mediante balances comerciales equilibrados entre países y posibilitando que los países con un nivel inferior de industrialización y tecnología den alcance a los países más desarrollados. Ahora impera el libre comercio y lamentablemente, eso no se está haciendo; se está haciendo justo lo contrario.


Eso le iba a decir, que parece que lo tiros no van por ahí. La pujanza del neoliberalismo sigue en todo lo alto.


Sí, efectivamente, pero al menos tenemos el marco legal. Al igual que la economía del bien común, las diferentes constituciones de los países democráticos establecen que el capital es un medio y que el fin de la actividad económica debe ser el bien común, el bien de la comunidad. Nosotros simplemente aplicamos lo que ya dicen las diferentes constituciones democráticas.


Si ya tenemos el marco legal, ¿qué falta entonces? ¿Voluntad política?


Es un problema de democracia y de poder. No es cierto que no haya alternativas al neoliberalismo; sí las hay, y una inmensa mayoría de la población las apoya, pero los ciudadanos no tienen poder para cambiar las cosas. Por eso, la otra pata de nuestra propuesta es avanzar hacia una democracia soberana. Hacen falta otros mecanismos democráticos.


¿La democracia actual entonces no es soberana?


La democracia está rota, no funciona. El poder está concentrado en los parlamentos y en los gobiernos y éstos a su vez están instrumentalizados por los poderes económicos. Esa es la debilidad de la democracia actual. El único derecho que ahora tiene el cuerpo soberano, el pueblo, es elegir unos representantes cada cuatro años que luego hacen lo que les da la gana sin dar muchas explicaciones. No hay forma de controlarlos de manera efectiva ni de destituirlos; no hay forma de elegir entre varias propuestas; no hay forma de cambiar una constitución. Quien cambia una constitución es un parlamento y quien incluye en los tratados europeos el mandato marco para la política comercial de la UE son los parlamentos y organismos europeos

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Y ahí es donde entraría en juego la democracia soberana


Una verdadera democracia soberana implica desarrollar la división de poderes. Está muy bien que ya tengamos el poder legislativo, ejecutivo y judicial pero eso no es suficiente. Los ciudadanos tienen que moverse, impulsar plataformas de iniciativas civiles, promover la creación de asambleas democráticas en los municipios, en muchos municipios, participar en la toma de decisiones y publicar los resultados de sus decisiones. De esta forma, los ciudadanos optarían por otras vías totalmente distintas para regular el comercio internacional.


Eso parece difícil: no me imagino a Mariano Rajoy, que también habla de valores y de democracia, apoyando una democracia soberana como la que usted propone.
Con un buen libro no lo voy a convencer. El mejor libro no va convencer a ningún gobernante mientras los grupos de presión sigan siendo tan poderosos. Pero puedo convencerlo con un movimiento ciudadano fuerte, un movimiento popular que crezca poco a poco, de abajo a arriba. Cuantos más ciudadanos, municipios, regiones, comarcas e instituciones se involucren, mayor será la presión. Entonces Mariano Rajoy empezaría a escuchar. Pero para que eso ocurra, los ciudadanos tienen que involucrarse, tienen que querer ser libres.


¿Cree que los ciudadanos no quieren ser libres o es que no saben cómo hacerlo?


Ambas cosas. La ciudadanía no tiene la información suficiente porque se la están hurtando. Los economistas tienen mucha culpa de ello, porque nos dicen todos los días que el libre comercio es lo mejor que tenemos. El neoliberalismo se ha terminado por imponer en todos los campos, hasta en las cátedras universitarias. El CETA es un tratado de 1.598 páginas de coerción legal creado para proteger desmesuradamente los derechos de los inversores y de las multinacionales, pero nos lo venden como algo maravilloso. Eso es simple proteccionismo bajo la máscara del neoliberalismo. Pero hace falta un segundo requisito: la ciudadanía debe tener una voluntad hacia la libertad más fuerte que la tiene hoy. La voluntad de libertad de la ciudadanía aún hoy es demasiado tenue porque todavía sentimos en carne y hueso que la democracia no funciona por sí sola, sino que es fruto de un esfuerzo continuo. Hay que moverse, para que los políticos, por ejemplo, no hagan una cosa totalmente distinta a lo que han prometido.


¿Con un comercio ético habría más abundancia y menos austeridad?


Habría más abundancia emocional, ética, de valores inmateriales, abundancia de calidad de vida, de felicidad, pero no necesariamente consumiríamos la misma cantidad de cosas que estamos consumiendo ahora.


¿Debemos consumir menos?


Lo que tenemos que hacer es limitar la capacidad de compra ecológica de la humanidad. La Tierra nos brinda un regalo de recursos naturales gigantesco cada año. Y este regalo en forma de recursos naturales deberíamos repartirlo de forma equitativa entre los 8.000 millones de habitantes del planeta adjuntando a nuestra cuenta bancaria financiera una cuenta ecológica, en la que abonaríamos el presupuesto ecológico, lo que podemos consumir cada año. Todo el mundo recibiría el mismo derecho de consumo ecológico, independientemente de su capacidad de compra. ¿No dicen los liberales dicen que los derechos tienen que ser iguales para todos?


A los mercados eso no les gustaría


Hay que empezar por derribar el mito de que los mercados se autorregulan. Ese es un criterio que hay que tener en cuenta para que los mercados puedan funcionar. Las empresas podrían tratar de producir más de lo necesario, sí, pero no podrían vender porque no existiría la demanda ecológica. Eso es un diseño inteligente de los mercados.
Explíquese, por favor.


Permítame que me alargue un poco entonces. Los economistas clásicos creen en el mito de que los mercados se autorregulan y se estabilizan por sí solos. Pero eso ocurre en los ecosistemas, no en los mercados. Los mercados son reducciones sociales, construcciones culturales que implican relaciones de poder, y hay tres cosas que nunca lograrán por sí solos: nunca jamás lograrán balances comerciales equilibrados, nunca jamás disminuirán la desigualdad ni nunca jamás limitarán el consumo ecológico. La gran visión de la economía del bien común es completamente opuesta: para que la economía sea estable a largo plazo hay que limitar la desigualdad, equilibrar los balances comerciales y limitar el consumo de recursos naturales por parte de la humanidad. Los mercados son diseñados al 100% por los seres humanos, así que tendríamos que tener en cuenta estos factores a la hora de hacerlo para que sean más inteligentes y efectivos.


Usted en el fondo habla de derrotar al neoliberalismo imperante


Trabajamos para transformar el pensamiento económico y la economía práctica en su conjunto y no para poner parches. Requiere un gran esfuerzo, pero estamos en ello. Hace falta.


¿Es optimista al respecto?


Me imagino un escenario positivo. Soy optimista a largo plazo, aunque a corto plazo no tengo ni idea. Pero sí, soy optimista porque las buenas ideas, las ideas con autoridad natural, se terminan imponiendo a la larga. A corto plazo será más difícil porque los imperios que se basan en la violencia son más fuertes, aunque si no tienen una autoridad natural, tienen una fecha de caducidad, sólo que no sabemos cuándo ocurrirá eso. Y el escenario positivo es que cada vez más empresas eligen el balance del bien común, sobre todo en Europa.

 

14/02/2018 18:30 Actualizado: 15/02/2018 11:10

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“En materia digital, Latinoamérica es un continente roto”

El exdirector de Google para América Latina reflexiona en Madrid sobre los horizontes y riesgos de la transformación tecnológica

En marzo de 2016, el jugador de Go surcoreano Lee Sedol disputó cinco partidas de este milenario juego contra AlphaGo, un programa de ordenador diseñado por Google para imitar la inteligencia humana. AlphaGo ganó cuatro de las partidas. Para Gonzalo Alonso (México, 1970), exdirector de Google para América Latina, CEO de la consultora digital ClowderTank y eminencia en lo que a inteligencias artificiales se refiere, es lo más cerca que un algoritmo ha estado de poner en peligro a una persona. Lo cual no quiere decir, claro, que la violenta transformación digital en la que estamos inmersos no tenga sus riesgos, de los que ayer alertó en un ciclo de conferencias organizado por Casa de América en Madrid.


Alonso habla rápido. Las ideas le vienen a pares a la cabeza. En uno de los antiguos salones del Palacio de Linares reflexiona sobre la pregunta que también da nombre a la conferencia: ¿qué sabemos de la transformación tecnológica? “En realidad, muy poco. Ese es el problema”, responde. “Muy poco de qué funciona y qué no. Sabemos, eso sí, que es el fenómeno con más velocidad en el ambiente político, social y económico de los últimos 300 años. Y ese es parte del problema”.


“Hoy el que gana es el más asertivo, no el que más reflexiona. Lo que premiamos como sociedad son esas cosas afines a la tecnología: rapidez, habilidad, lo que me empodera, lo que me habilita… Pero, al final, los que conectan todos los puntos son los seres humanos”, explica. “Intentamos alcanzar una locomotora a la que no llegamos. Nos va a llevar mucho tiempo estudiar y comprender este fenómeno, incluso cuando haya pasado”. Alonso identifica tres elementos de este cambio tecnológico: “El fenómeno en sí, los modelos de negocio para implementar ese fenómeno en la sociedad, y luego está el ser humano. Es donde más tiempo deberíamos reflexionar, y es donde menos tiempo ponemos. Hay que frenar esa locomotora y reflexionar sobre el ser humano”.


“Dedicamos horas en pensar cómo nos va a matar Skynet [el antagonista de la saga de ciencia ficción Terminator: una fría inteligencia artificial que entiende la extinción del hombre como el siguiente paso en su evolución lógica], pero no en que cada foto que publico de mi hijo antes de que tenga conciencia digital es una foto que le estoy robando con un acto brutal de inconsciencia, sin reflexionar en que yo recibí una vida digital intacta”, dice.


En un momento de su libro La inmortalidad (1988), Milan Kundera escucha la radio desde la cama. Y reflexiona que en tiempos de Goethe —allá por los siglos XVIII y XIX— un hombre podía conocer, comprender el mundo que le rodeaba. Kundera habla de la confianza en la técnica que demanda un mundo desarrollado: él no sabía cómo funcionaba la radio, solo que pulsaba un botón y la escuchaba. “¡Es lo que yo llamo sistemas de fe!”, replica Alonso. “Fe en que el semáforo cambiará, en que el coche arrancará. En el momento en que estos pequeños actos de fe empiezan a ser pequeñas anomalías en el sistema, empiezan los problemas”.


Para ilustrar el tiempo que vivimos, Alonso habla de la historia del láser. Construido en los 50, no fue hasta los 70 que se le encontró una aplicación práctica: las operaciones oculares. “Hasta entonces”, recuerda, “todo eran experimentos. Calienta aquello, quema esto”. Para él, ahora estamos viviendo de nuevo esos 15, 20 años de desconcierto. “Hay que pensar y hacer las preguntas adecuadas. Por ejemplo, ¿está bien dar toda la data? ¿Las organizaciones están lo suficientemente reguladas? Son cosas que damos por supuestas sin pararnos a reflexionar”. Siguiendo con la ciencia ficción, uno piensa en aquella escena de Parque Jurásico en la que un doctor se reprocha el haber estado tan pendientes de si podían lograr su objetivo que no se pararon a pensar en si debían.


Como CEO que es y cuando se le pregunta por algún motivo para confiar en los CEO, Alonso lo tiene claro: “¡Ninguno!”. “Solo encuentro razones para desconfiar. Las plataformas deberían venir con razones validadoras por las cuales yo te doy mi data. Y escoger. Pero cuando desconectas Facebook, sigue habiendo pequeños códigos de otras plataformas que envían información a Facebook de lo que haces. Eso no está bien. Es una invasión a una propiedad intelectual. Hay que encontrar cómo delimitar estos abusos, o esos actos de fe de los que hablaba se van a caer”.


“Estamos en una especie de lejano oeste. ¡Y presumimos!”, explica antes de mostrarse partidario de una regulación mucho mayor del terreno digital. “La legislación debería ser mucho más rápida”. Y cita el ejemplo de Estonia: “En México creo que hay 17 bancos. En Estonia [con un millón y medio de habitantes] hay 340. La diferencia es la especialización: banco para estudiantes, para profesores, para enfermeras…”. Al final, Uber no funciona solo porque sea cool y más barato: habilita todo un sistema de creencias de fe que me ayudan a llegar a otro estadio digital”, defiende.


Mecanismos de control


“Si puedes chequear 14 veces al día tu Twitter, creo que puede haber sociedades que chequeen 14 veces qué pasa en el Congreso. Y no existen. Tenemos mecanismos para tomar mejor el pulso. Desconfiar, cuestionarnos. La legislación ha de ser un catalizador de crecimiento”, expone. “Disrumpir no es romper, es tomar algo y llevarlo al próximo nivel”, explica. “De ahí surge un modelo como el de Android: un ecosistema que conecta con el mismo sistema operativo, pero te habilito a millones de personas con talento”. ¿Android en vez de Apple, entonces? "Es que el camino Apple me parece muy nocivo. Son excluyentes, y la inclusión es mucho más poderosa que exclusión".


Acotando el terreno, ¿cómo ve Alonso su región, Latinoamérica? “En materia digital es un continente roto. Roto. Excluyente. Hacemos tonterías que nos alejan del modelo europeo: en lugar de tener un sistema de transmisión interbancario para toda Latinoamérica, cada país tiene el suyo propio. En lugar de hacer un XML para toda la facturación del continente, cada país hace el suyo. Si Latinoamérica se homologara en las cosas más sencillas, sería una segunda europotencia para los negocios y con mucho más poder cautivador. Ahora somos una bola de repúblicas desorganizadas”, reflexiona. “Por otro lado, veo que los grandes avances en cosas como fintech [tecnología financiera] vienen de allí, donde entendimos que juntar factura electrónica con pago electrónico hace la magia”.


Y vuelve a los peligros. “El peor escenario que imagino es que acabemos teniendo vidas muy públicas y muy poco organizadas. Temo que esto sea un desorden muy airado. Temo la ruptura de la privacidad. Qué efectos tendrá en el ser humano. No lo sabemos”. Y se aleja de la pesadilla de la inteligencia artificial: “Definitivamente, Skynet no va a destruirnos”, dice antes de recordar que aún queda tiempo para que se cumpla esa profecía que empiezan a repetir los budistas: cuidado cuando te reencarnes en una máquina.

 

Por JORGE MORLA
Madrid 7 FEB 2018 - 20:49 COT

El insoportable autoritarismo del alcalde de Bogotá

La pobreza que caracteriza las intervenciones del Alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, para justificar su obstinación en la construcción de una troncal de transmilenio por la carrera séptima, no hace más que imprimirle una impronta de insoportable autoritarismo En efecto, controvertir con futilezas los argumentos técnicos, económicos, de contaminación ambiental, de afectación a la salud, de desvalorización de los bienes inmuebles, de afectación al trabajo, de inseguridad, esgrimidos con suficiencia y profundidad por expertos nacionales e internacionales y consignados en diversos documentos, refleja la ligereza y falta de responsabilidad con que un proyecto de la magnitud de una troncal de Transmilenio por la séptima se ha abordado por parte de la actual administración de la capital.

A continuación sintetizamos algunas de las razones que al comité de ciudadanos que defendemos la Séptima nos mueven a continuar con la oposición al mencionado proyecto, y que apoya una inmensa mayoría de habitantes de Bogotá, porque esta emblemática avenida es patrimonio de todos los habitantes de la capital.
1. Es un proyecto contaminante del medio ambiente que atenta de manera severa contra la salud de los ciudadanos de la Séptima y sus zonas aledañas, por la utilización del combustible diésel, altamente cancerígeno . Mientras que en Europa se restringe y tiende a eliminarse su uso, en Bogotá y el resto del país, como expresión de menosprecio por la salud de sus habitantes, se pretende incrementar la alta toxicidad causada por la combustión del diésel.
2. Existen conceptos de expertos según los cuales, las dimensiones de la Séptima –que en algunos tramos es demasiado angosta, solo 22 metros– exigirían como mínimo disponer de 32 metros para alojar los carriles que permitan, en cada sentido, movilidad fluida máxime, si se tiene en cuenta que el Transmilenio debe compartir el espacio con vehículos livianos (taxis, carros particulares, motos y bicicletas). Los anteriores señalamientos y la historia y tradición, que lleva tras de sí esta importante y emblemática vía, no admiten duda sobre la inconveniencia de imponer una troncal de Transmilenio.
3. Este proyecto vulnera, entre otros, los derechos fundamentales contemplados en los artículos 2, 8, 11, 23, 44, 49, 79 y 80 de la Constitución Nacional, no sólo de las personas que habitan sobre el corredor de la Séptima, de los comerciantes, de los transeúntes que diariamente recorren la avenida, si no de la ciudadanía en general, forzando el desplazamiento de algunos y desconociendo, adicionalmente, el enunciado y vigencia del Estado Social de Derecho, igualmente contemplado en el artículo primero de la Constitución Nacional
4. Si se implementa el proyecto de transporte pesado de Transmilenio por la Séptima, más que la Caracas, sufrirá nefastas consecuencias de mayor inseguridad, incremento de la polución del aire, deterioro urbano, mayor contaminación acústica y visual y depreciación de los inmuebles residenciales y comerciales circunvecinos, con el agravante aumento de las vibraciones mecánicas, ya existentes en algunos predios.
5. Monopolizar el uso del reducido espacio de que dispone la carrera Séptima para los buses, no solo afecta a los que viven entre las calles 32 y la 100, sino a los que viven de ésta hacia el norte, en su mayoría habitantes de clase media asalariada, que verían afectada su calidad de vida y bienestar, al tener que aguantarse un trancón interminable que se va a generar por la carrera Séptima, precisamente por no tener las dimensiones espaciales apropiadas requeridas para una movilidad fluida, aspecto que olímpicamente desconoce el alcalde Peñalosa. Al quedar un solo carril para que fluyan motos, bicicletas y carros particulares, el caos que se prevé será de una magnitud insoportable.
6. Es un crimen urbano el arboricidio que se dará con la construcción de esta troncal, convirtiendo la Séptima en una mole de cemento que afecta la estética de esta emblemática vía, que encierra un valioso patrimonio histórico y cultural. Las 21 estaciones que se anuncian en los diseños y que más parecen unos galpones, atentan contra el paisaje urbanístico de la avenida
Señor Alcalde, si usted fuera un exponente del ejercicio de la democracia y no como lo es, del autoritarismo y por ende del desconocimiento del buen juicio de una inmensa mayoría de ciudadanos y de expertos en movilidad (nacionales y extranjeros) que rechaza por inconveniente y justificadamente lesivo el proyecto de la troncal de Transmilenio por la carrera Séptima, expresado en diversos escenarios, no aduciría de manera tan simplista, populista y además polarizante (entre ricos y pobres), que el asunto de la oposición al proyecto en mención obedece a que por la Séptima viven los más ricos. Expresar lo anterior, refleja el absoluto desconocimiento de la heterogeneidad social y económica que caracteriza a la población que habita sobre el corredor de la Séptima y su área de influencia; es dejar, además sin sustento a un importante segmento de familias que viven de sus actividades comerciales ubicadas en esta avenida. Tratar de convencer –con costosas campañas– a los habitantes de barrios populares como El Codito y San Cristóbal Sur entre otros, de que ellos serán los más beneficiados con el “dichoso proyecto”, es una burda y engañosa utilización de los sectores menos favorecidos de la sociedad, en pro de beneficiar eso sí, a los más ricos.
Un Alcalde debe representar los intereses de la mayoría ciudadana y no, como en el caso de la troncal de Transmilenio por la Séptima, defender las ventajas económicas de unos pocos constructores, contratistas y hombres de negocios, que derivarán jugosas ganancias del proyecto que nos ocupa, a costa de la afectación de una inmensa mayoría de ciudadanos. Recuerde señor Alcalde que el interés particular no debe primar sobre el interés general.
Por las razones expuestas, reiteramos nuestro rotundo rechazo al proyecto de la troncal de Transmilenio por la carrera Séptima y solicitamos al Gobierno DistritaL la suspensión de dicho proyecto, a la vez que hacemos un nuevo llamado a concertar de manera democrática y participativa con los vecinos de la Séptima y la ciudadanía en general, la mejor solución para la movilidad de la ciudad y la renovación urbanística de esta vía. Esta transformación se debe dar con proyecciones de largo plazo que resultarían menos costosas, amigables con el medio ambiente, que propicien la salud, la innovación estética, acorde con los avances tecnológicos en armonía con la protección del medio ambiente, con los desarrollos modernos y sostenibles de movilidad y con la significación cultural e histórica, no solamente de la Séptima si no de nuestra ciudad capital.
Bogotá, Enero 5/2018

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Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:27

Revolución y democracia

Revolución y democracia

Vengo escribiendo que uno de los desarrollos políticos más fatales de los últimos cien años ha sido la separación e incluso contradicción entre revolución y democracia como dos paradigmas de transformación social. He afirmado que este hecho es, en parte, responsable de la situación de impasse en la que nos encontramos. Mientras que a principios del siglo XX disponíamos de dos paradigmas de transformación social y los conflictos entre ellos eran intensos, hoy, a comienzos del siglo XXI, no disponemos de ninguno de ellos. La revolución no está en la agenda política y la democracia ha perdido todo el impulso reformista que tenía, habiéndose transformado en un arma del imperialismo y estando secuestrada en muchos países por antidemócratas.

Esta tensión entre revolución y democracia recorrió todo el siglo XIX europeo, pero fue en la Revolución rusa que la separación, o incluso incompatibilidad, tomó forma política. Es discutible la fecha exacta en la que esto ocurrió, pero lo más probable es que fuera en enero de 1918, cuando Lenin ordenó la disolución de la Asamblea Constituyente en la que el Partido Bolchevique no tenía mayoría. La gran revolucionaria Rosa Luxemburgo fue la primera en alertar sobre el peligro de la ruptura entre revolución y democracia. En la prisión, Rosa Luxemburgo escribió en 1919 un panfleto sobre la Revolución rusa cuyo destino fue turbulento, pues solo mucho más tarde se publicó en su totalidad. En este texto, Rosa Luxemburgo escribe de manera lapidaria que la libertad solo para los partidarios del Gobierno o solo para los miembros de un partido no es libertad. La libertad es siempre y exclusivamente la de los que piensan diferentemente, y añade: “Con la represión de la vida política en el conjunto del país, la vida de los sóviets [1] también se deteriorará cada vez más. Sin elecciones generales, sin una irrestricta libertad de prensa y reunión, sin una libre lucha de opiniones, la vida muere en toda institución pública, se torna una mera apariencia de vida, en la que solo queda la burocracia como elemento activo. Gradualmente se adormece la vida pública y gobiernan unos pocos dirigentes partidarios de energía inagotable y gran experiencia. Entre ellos, en realidad, dirige solo un grupo pequeño de notables, y de vez en cuando se invita a una élite de la clase obrera a reuniones donde deben aplaudir los discursos de los dirigentes, y aprobar por unanimidad las mociones propuestas. En el fondo, entonces, una camarilla. Una dictadura, por cierto: no la dictadura del proletariado, sino la de un grupo de políticos. [...] Esas condiciones deben causar inevitablemente una brutalización de la vida pública: intentos de asesinato, caza de rehenes, etc.” [2]. Un texto premonitorio de alguien que sería, ella misma, asesinada dos años después.


Vivimos un tiempo de posibilidades desfiguradas. La revolución siguió una trayectoria que fue dando cada vez más razón a las previsiones de Rosa Luxemburgo y fue llevando a cabo una transición que, en vez de transitar al socialismo, acabó por transitar al capitalismo, como bien ilustra hoy el caso de China. Por su parte, la democracia (reducida progresivamente a la democracia liberal) perdió el impulso reformista y demostró no ser capaz de defenderse de los fascistas, como lo puso de manifiesto la elección democrática de Adolf Hitler. Además, el “olvido” de la injusticia socioeconómica (además de otras, como la injusticia histórica, racial, sexual, cultural y ambiental) hace que la mayoría de la población viva hoy en sociedades políticamente democráticas, pero socialmente fascistas.


Si el drama político del siglo XX fue separar revolución y democracia, me atrevo a pensar que el siglo XXI solo comenzará políticamente en el momento en el que revolución y democracia vuelvan a unirse. La tarea puede resumirse así: democratizar la revolución y revolucionar la democracia. Veamos cómo. Dadas las limitaciones de espacio, las orientaciones se formulan en términos de principios con escasa explicación.


Democratizar la revolución. En primer lugar, a veces son necesarias rupturas que rompen el orden político existente. Este, cuando se autodesigna democrático, es ciertamente una democracia de minorías para las minorías, en suma, una falsa democracia o una democracia de bajísima intensidad. La ruptura solo se justifica cuando no hay otro recurso para poner fin a este estado de cosas y su objetivo principal es el de construir una democracia digna del nombre, una democracia de alta intensidad para las mayorías, respetuosa con el encaje de las minorías. La revolución no puede correr el riesgo de pervertirse en la sustitución de una minoría por otra.


En segundo lugar, la ruptura, como el nombre indica, rompe con un determinado orden, pero romper no significa hacerlo con violencia física. El día de la toma del Palacio de Invierno murieron pocas personas y los teatros funcionaron con normalidad. Tal como en la Revolución del 25 de abril de 1974 en Portugal, en la que murieron cuatro personas y hubo un herido de gravedad.


En tercer lugar, los fines nunca justifican los medios. La coherencia entre unos y otros no es mecánica, pero deben ser equivalentes en los tipos de acción y de sociabilidad política que promueven. En este sentido, no es admisible que se sacrifiquen generaciones enteras en nombre de un futuro luminoso que hipotéticamente vendrá. Quienes más necesitan de la revolución son las mayorías empobrecidas excluidas, discriminadas y arrojadas por la sociedad injusta en zonas de sacrificio. Su futuro es mañana y es mañana que deben comenzar a sentir los efectos benéficos de la revolución.


En cuarto lugar, históricamente muchas revoluciones fueron rápidas en despolarizar sus diferencias con los enemigos y las antiguas clases dominantes, al mismo tiempo que polarizaban, a veces de manera brutal, sus diferencias con grupos revolucionarios, cuya línea política fue derrotada. Eso se llamó sectarismo y dogmatismo. Esta perversión dominó toda la izquierda política del siglo XX.


En quinto lugar, la lucha de clases es una lucha importante, pero no es la única. Las luchas contra las injusticias y discriminaciones raciales (colonialismo) y sexuales (heteropatriarcado) son igualmente importantes, y la lucha de clases nunca tendrá éxito si las otras tampoco lo tienen. Vivimos en sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales, y las tres formas de dominación actúan articuladamente. Al contrario, los hombres y las mujeres que luchan contra la injusticia se concentran, en general, en una de las luchas, descuidando las otras. Y en tanto las luchas se mantengan separadas, nunca tendrán éxito significativo.
Por último, no hay una única forma de emancipación social. Hay múltiples formas y, por eso, la liberación o es intercultural o nunca será.


Revolucionar la democracia. Primero, no hay democracia: hay democratización progresiva de la sociedad y del Estado. Segundo, no existe una forma legítima de democracia: hay varias y en su conjunto forman lo que designo como demodiversidad [3]. Tal como no podemos vivir sin biodiversidad, tampoco podemos vivir sin demodiversidad.


Tercero, en los distintos espacios-tiempos de nuestra vida colectiva, las tareas de democratización deben llevarse a cabo de modo diferente, y los tipos de democracia serán igualmente distintos. No es posible la democratización del Estado sin la democratización de la sociedad. Distingo seis espacios-tiempo principales: familia, producción, comunidad, mercado, ciudadanía y mundo [4]. En cada uno la necesidad de democratización es la misma, pero los tipos y los ejercicios de democracia son diferentes.


Cuarto, siguiendo el pensamiento político del liberalismo, las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales en las que vivimos redujeron la democracia al espacio-tiempo de la ciudadanía, el espacio que designamos como político, cuanto todos los otros son igualmente políticos. Por eso la democracia liberal es una isla democrática en un archipiélago de despotismos.


Quinto, incluso restringida al espacio de la ciudadanía, la democracia liberal, también conocida como representativa, es frágil, porque no puede defenderse fácilmente de los antidemócratas y de los fascistas. Para ser sostenible, debe complementarse y articularse con la democracia participativa, o sea, con la participación organizada y apartidaria de ciudadanos y ciudadanas en la vida política mucho más allá del ejercicio del derecho al voto, que obviamente es muy valioso, pero no suficiente.


Sexto, los propios partidos deben reinventarse como entidades que combinan dentro de sí formas de democracia participativa entre sus militantes y simpatizantes, en especial en la formulación de los programas de los partidos y en la selección de candidatos a cargos electivos.
Séptimo, la democracia de alta intensidad debe distinguir entre legalidad y legitimidad, entre la primacía del derecho (que incluye los derechos fundamentales y los derechos humanos) y la primacía de la ley (derecho positivo), o sea, entre rule of law y rule by law. La primacía de la ley (rule by law) puede ser respetada por dictadores, no así la primacía del derecho (rule of law).


Octavo, hoy en día gobernar democráticamente significa gobernar contra la corriente, ya que las sociedades nacionales están sujetas a un doble constitucionalismo: el constitucionalismo nacional, que garantiza los derechos de los ciudadanos y las instituciones democráticas, y el constitucionalismo global de las empresas multinacionales, de los tratados de libre comercio y del capital financiero. Entre los dos constitucionalismos hay enormes contradicciones, ya que el constitucionalismo global no reconoce la democracia como un valor civilizatorio. Y lo más grave es que, en la mayoría de las situaciones, en caso de conflicto entre ellos, el constitucionalismo global es el que prevalece. Quien controla el poder del gobierno no es necesariamente quien controla el poder social y económico. Es lo que sucede con los gobiernos de izquierda. Para que estos se sostengan, no pueden confiar exclusivamente en las instituciones. Deben saber articularse con la sociedad civil organizada y con los movimientos sociales interesados en profundizar la democracia; y disponer de medios de comunicación propios que compitan con los medios corporativos, en general subordinados a los dictámenes del constitucionalismo global.


Democratizar la revolución y revolucionar la democracia no son tareas sencillas, pero constituyen la única vía para frenar el camino al crecimiento de las fuerzas de extrema derecha y fascistas que van ocupando el campo democrático, aprovechándose de las debilidades estructurales de la democracia liberal. La miseria de la libertad será patente cuando la gran mayoría de la población solo tenga libertad para ser miserable.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez
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NOTAS


[1] El poder popular o los consejos de obreros, campesinos y soldados.
[2] Luxemburgo, R., Obras escogidas, Ediciones digitales Izquierda Revolucionaria, 2008, p. 402.
[3] Véase Santos, B. S. y Mendes, J. M., (eds.), Demodiversidad. Imaginar nuevas posibilidades democráticas, Akal, Madrid y México, 2017.
[4] Véase Santos, B. S., Crítica de la razón indolente. Contra el desperdicio de la experiencia. Para un nuevo sentido común: la ciencia, el derecho y la política en la transición paradigmática, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2003.

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