“Es vital comprender de qué modo mueren las democracias”

Autor de una trilogía de libros indispensable sobre el ascenso, apogeo y caída del Tercer Reich, considera que del nazismo “siempre se aprende algo nuevo”. Evans estudió a fondo los orígenes del fenómeno y sus implicancias sociales y culturales.

 

Nacido en Londres en 1947, Richard J. Evans es uno de los especialistas más destacados en la historia de la Alemania moderna. De 1989 a 1998 fue profesor de Historia en el Birkbeck College de la Universidad de Londres y entre 1998 y 2014, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge, entre otros pergaminos que posee. Desde hace veinte años se dedica a estudiar el fenómeno del nazismo. Algunos de sus libros sobre el tema son In Hitler’s Shadow, Telling Lies about Hitler y la indispensable trilogía sobre el monstruoso poder que tuvo Hitler que ahora la editorial Península acaba de reeditar para la Argentina: el primero es La llegada del Tercer Reich, donde Evans parte del 1900 y se pregunta cómo si en el inicio del siglo XX Alemania era considerada una de las naciones más progresistas, dinámicas y admirables del mundo, en pocos años, guiada por Hitler y sus partidarios, condujo a la ruina a Europa, causó la mayor destrucción inimaginable y destrozó, para siempre, el sueño y la vida de millones de seres humanos. El segundo volumen de la trilogía, El Tercer Reich en el poder, analiza su historia una vez al frente de los órganos de gobierno y las instituciones alemanas, mientras que el tercer libro El Tercer Reich en guerra relata el desarrollo del nacionalsocialismo político y militar desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, hasta su final en Europa, el 8 de mayo de 1945.


“El nazismo fue con toda seguridad la más perversa y destructiva fuerza de la Historia. Por eso es importante conocerla. Con la trilogía, apunto a presentarle al público lector en general los más recientes conocimientos sobre el tema, por lo que hacerlo de un modo legible y fácilmente comprensible eran metas significativas”, señala Evans en la entrevista exclusiva con PáginaI12, sobre los objetivos que lo llevaron a investigar tan profundamente al nazismo desde su prehistoria, pasando por su apogeo del terror y hasta llegar a su final. “También traté de que se comprendan cabalmente las implicancias que tuvo para la gente común, incluyendo para ello anécdotas y diversos tipos de documentos”, agrega el prestigioso historiador.


–Después de todo lo que se ha investigado, ¿por qué sigue usted tan interesado en continuar con sus investigaciones acerca del Tercer Reich?

–En verdad, a largo de mi carrera abarqué un amplio espectro de temas dentro de la historia alemana, que exceden en su mayoría a éste. Mi tesis doctoral cubrió el período entre los años 1894 a 1933, analizando la decadencia de los valores liberales en Alemania, tomando como ejemplo el movimiento feminista. Luego, escribí un estudio acerca de la epidemia de cólera de 1892 en Hamburgo, utilizándola como punto de comparación entre los enfoques inglés y alemán de las relaciones entre la sociedad y el Estado, y de la libertad individual (Hamburgo se enorgullece de ser una ciudad de impronta liberal, al estilo “inglés”). Pero también dicté un curso sobre la Alemania nazi, y cuando los abogados del caso de Irving por difamación (ver recuadro) me pidieron que les recomendara una Historia del Tercer Reich generosa en detalles, al encontrarme imposibilitado de hacerlo, decidí utilizar esta experiencia que me dio la enseñanza como punto de partida para desarrollar una historia general. Sucede entonces que solo estuve estudiando el Tercer Reich durante las últimas dos décadas. Ahora mismo, estoy trabajando en las teorías conspirativas que involucran a Hitler, como parte de un proyecto a larga escala que dirijo en Cambridge, basado precisamente en este tipo de teorías. Ya que surgieron muchas investigaciones acerca de la Alemania nazi en los últimos veinte años, y muchas nuevas fuentes de información se hicieron públicas, es un tema del que siempre estamos aprendiendo algo nuevo.


–En la primera parte de su trilogía, La Llegada del Tercer Reich, narra cómo los nazis destruyeron la democracia y se adueñaron del poder en Alemania. ¿Por qué es tan importante conocer el origen de los nazis?

–Especialmente hoy, en que la democracia se halla bajo amenaza en casi todas partes como no lo estaba desde los años 30, es vital comprender de qué modo mueren las democracias y a dónde nos pueden conducir los regímenes totalitarios.


–¿Por qué los nazis encontraron una oposición tan débil a sus planes de transformar Alemania en un Estado totalitario? ¿Por qué tantos se dejaron seducir por Hitler?
–Los nazis, que nunca sacaron más del 37 por ciento de los votos en una elección abierta, transformaron el gobierno (al que accedieron el 30 de enero de 1933) en una dictadura, combinando básicamente la acción sobre las masas y la violencia criminal contra sus opositores, e incorporando ciertas medidas legales (o pseudolegales) destinadas a dotar de legitimidad a su destrucción de la democracia y de las libertades civiles. En ese marco, donde el desempleo trepaba a más del 30 por ciento de la fuerza laboral, sus oponentes eran débiles y se hallaban divididos. La poderosa retórica de Hitler, unida a su sofisticada propaganda, convencieron a muchos de que él iba a devolverle la grandeza a Alemania, resolvería el problema del desempleo, y restauraría tanto la estabilidad como el orden.


–Su trilogía cubre cultura, economía, industria, comercio, arte, educación, religión... ¿Cómo fue afectada cada una de estas áreas por el nazismo? ¿Alguna lo fue más que otras?
–Como sistema totalitario, el nazismo afectó todas las áreas de la vida. Se clausuraron todas las instituciones y establecimientos independientes (exceptuando aquellos que dependían del ejército o de la Iglesia), a la vez que se los forzó a unirse al partido nazi, o a alguna de sus fuerzas afines. Los objetivos de los nazis eran: utilizar la educación y la cultura para preparar a los alemanes para una nueva guerra por la conquista de Europa y el exterminio racial, administrar la economía de modo tal que se les hiciese viable proveer al país de armamento a gran escala, poner los templos religiosos al servicio de estas metas, diseñar activamente los principios centrales y rectores de la sociedad y de la política social, antes que estudiarlos meramente de modo pasivo. Tal como lo cuento en mi libro, su éxito sólo fue parcial: los nazis no pudieron dominar totalmente las iglesias, la economía no logró sostener el reabastecimiento de armas al ritmo y la escala que ellos requerían, y los alemanes, en general, no se mostraron muy entusiasmados con otra guerra, dada su experiencia con la Primera Guerra Mundial.


–¿En los orígenes del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nsdap) estaban ya presentes las raíces del antisemitismo alemán?
–El antisemitismo alemán tuvo sus raíces en la aparición de teóricos y agrupaciones políticas de finales del siglo XIX. Hasta fines de la Primera Guerra Mundial, siguió siendo un fenómeno marginal. La mayoría de los alemanes no era antisemita, mucho menos los socialistas, comunistas y liberales, quienes se oponían firmemente al antisemitismo. Solo una vez que los nazis llegaron al poder esta tendencia se generalizó, especialmente como resultado de la propaganda de su régimen.


–En La llegada del Tercer Reich usted analiza, entre otros aspectos, los primeros seis meses del gobierno de Hitler. En ese periodo específico, ¿se puede ya observar la destrucción metódica del sistema democrático?
–Sí, por supuesto: desde la asunción de Hitler, el 30 de enero de 1933 hasta la creación del Estado de Partido Unico, en julio, se da una combinación de fuerza, chantaje, amenazas y decretos.


–En el segundo volumen de su trilogía, usted trata específicamente la cuestión del racismo. ¿Cómo elaboró este capítulo en particular?
–Quería demostrar como el régimen nazi desplegó sus políticas de racismo a todo nivel, desde la selección eugenésica de la raza “aria” por medio de la esterilización forzada de los discapacitados mentales y de los minusválidos hasta la discriminación contra los supuestos “degenerados”: gente como los gitanos, los criminales, los homosexuales y otros tantos. Pero sobre todo, por supuesto, contra la escasa minoría judía de Alemania, a quienes se percibía (bastante erróneamente) como una potencial amenaza contra la Nación en la guerra que se avecinaba.


–¿Las Leyes de Nuremberg de 1935 fueron las que establecieron los principios básicos de la política racial en el Estado nazi?
–Las Leyes de Nuremberg hicieron foco únicamente en los judíos, considerados por los nazis como una amenaza palpable. Efectivamente, se los marginó y se les privó del derecho al voto. Pero hubo muchas otras medidas antisemitas no cubiertas por estas leyes, destacándose la “arianización”, o expropiación de los negocios de los judíos, y luego también la discriminación hacia otras minorías raciales.


–En su libro queda claro que la llamada “Solución Final” estuvo orientada no solamente hacia los judíos, sino también hacia los discapacitados (tanto físicos como mentales). ¿Los métodos de persecución y aniquilamiento fueron los mismos?
–No, la expresión “Solución Final para el problema judío en Europa” era explícita. Todos los judíos, según se decidió en 1941, habían de ser exterminados, porque todos ellos estaban supuestamente envueltos en una conspiración para destruir a Alemania. Los minusválidos y otros eran vistos como meros obstáculos para que Alemania ganase la guerra, a los que había que barrer del camino como si fuesen “subhumanos”. La inhalación de gas se utilizaba para ejecutar a los discapacitados en los hospitales mentales, y cuando la Iglesia Católica la objetó en 1941, los grupos que se especializaban en ejecución por gas fueron redestinados a matar judíos. Pero también hubo judíos asesinados en grandes cantidades por fusilamiento en fosas, o por confinamiento en los ghettos, donde se morían de hambre.


–Más allá del Holocausto, usted ha estudiado en profundidad la sociedad alemana. ¿Cómo la describiría? ¿Era consciente del horror?
–La mayoría de los alemanes sabía acerca del exterminio judío. Muchos estaban disconformes con eso, pero no podían hacer nada, dadas las condiciones dictatoriales imperantes. Los alemanes sentían culpa, y luego de la guerra negaron haberse enterado del exterminio.


–¿Qué pasó con la cultura? ¿Fue de vital importancia para sumar a la sociedad a la causa nazi?

–La cultura fue subordinada a la propaganda, pero Hitler también inició una cruzada contra el modernismo artístico, como artista fallido que era, por lo cual sus políticas culturales fueron más que meras políticas. Se suponía que los artistas alemanes debían servir a los propósitos raciales, políticos y militares del régimen. El grueso de los artistas modernistas abandonó el país en 1933, o poco después.


–¿Cuándo se rebelaron los alemanes contra el régimen nazi? ¿Fue cuando sus pueblos y grandes ciudades empezaron a ser bombardeados por las fuerzas de los Aliados?

–La moral y la confianza del público alemán en el régimen empezó a flaquear con la derrota de Stalingrado, y luego, más que otra cosa por la destrucción que los bombarderos aliados causaron a las ciudades alemanas. Hamburgo, en julio de 1943, con 40 mil muertos y cuyo centro de la ciudad fue totalmente arrasado por una tormenta de fuego, significó un punto de inflexión. Pero los alemanes siguieron adelante porque se reafirmaron en la creencia de que luchaban por Alemania, y no por los nazis. En los últimos meses, cayeron en una completa desilusión pero el régimen los mantuvo bajo control por medio de una oleada final de terror.


–La naturaleza violenta que constituía al nazismo, ¿al final se volvió contra la propia Alemania?

–Si, al final Hitler creyó que el pueblo alemán le había fallado y que no merecía sobrevivir, por lo que ordenó que todo fuera destruido. Por fortuna, fue mayormente desobedecido.

–Según su opinión, ¿existe alguna garantía de que nunca habrá un Cuarto Reich? A pesar de todo el horror pasado, en estos tiempos la ultraderecha e incluso los partidos neonazis están creciendo y tienen representantes en los Parlamentos de toda Europa.

–A los partidos populistas y anti inmigrantes les está yendo mejor que antes, pero más que nada en el antes llamado bloque del Este, donde las raíces de la cultura democrática son poco profundas. En Alemania, incluso, el partido de extrema derecha Alternativa Para Alemania (AFD) tiene simpatizantes de Europa del Este. Pero los verdaderos neonazis siguen siendo un movimiento completamente marginal.


–En el mismo sentido, ¿piensa usted que hoy en día se debería reafirmar la conciencia colectiva y la memoria histórica?

–Sí, aunque ya son muy fuertes dentro de la mismísima Alemania. Sin embargo, me preocupa seriamente la reivindicación de los antisemitas y los simpatizantes nazis, como Stepán Bandera en Polonia. Y no me siento cómodo con la extendida creencia (que en algunos países, recibe apoyo oficial), de que Stalin era tan malo, o peor incluso, que Hitler. Ambos eran muy diferentes, y aunque Stalin era, en verdad, un genocida a gran escala, no consideraba a otras razas como si fueran inferiores, y tampoco trató de conquistar el mundo, ni siquiera Europa.


–Más allá de su investigación histórica, ¿siente usted que sus libros contribuyen a reafirmar la conciencia contra el nazismo?
–Ciertamente, espero que sí.

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Miércoles, 29 Noviembre 2017 07:16

¿Son compatibles el capitalismo y la democracia?

¿Son compatibles el capitalismo y la democracia?

La estabilidad social y económica bajo el capitalismo afronta dos problemas esenciales. Por un lado, las continuas crisis y la feroz competencia inter-capitalista hacen de la acumulación de capital un proceso inseguro. Por el otro, el conflicto en la distribución del ingreso constituye una permanente amenaza de ruptura social. La democracia está en el corazón de estas dos fuentes de tensiones sistémicas.


Para introducir un par de definiciones operativas, aquí entendemos por democracia un sistema en el que todos los ciudadanos adultos tienen el derecho al voto (sufragio universal) ), hay elecciones libres y se protegen los derechos humanos bajo el imperio del estado de derecho. El capitalismo es un sistema en el que una clase dominante se apropia del excedente del producto social ya no por la violencia, sino por medio del mercado.


El surgimiento del capitalismo se llevó a cabo en un entorno de estados monárquicos y autocráticos, por no decir dictatoriales. La necesidad de preservar los derechos de propiedad de la clase capitalista era una de las prioridades de esos estados. El movimiento de ideas comenzó a cambiar con la sacudida de las revoluciones en Estados Unidos y en Francia. Aún así, la constitución de Estados Unidos (1787) no menciona el sufragio universal y en cambio otorgó a cada estado la facultad de regular el derecho al voto. La mayoría sólo otorgó ese derecho a los propietarios. No fue sino hasta la décimo quinta y décimo novena enmiendas (1870 y 1920 respectivamente) que se garantizó el voto universal. En Francia la revolución terminó con la monarquía pero el sufragio universal se otorgó hasta 1946.


La palabra democracia fue utilizada hasta principios del siglo veinte en un sentido peyorativo o como sinónimo de un sistema caótico en el que las clases desposeídas terminarían por expropiar a los propietarios del capital. La clase capitalista pensaba que detrás del sufragio universal se ocultaba el peligro de que la mayoría democrática pudiera abolir sus privilegios. Pero gradualmente la presión de una masa que aunque no tenía derecho al voto sí formaba parte de la economía de mercado se hizo irresistible. También la perspectiva de la clase capitalista fue transformándose: un régimen monárquico parecía ser cada vez menos adecuado para garantizar el cumplimiento de los contratos y los derechos de propiedad. A pesar de todo, capitalismo y democracia siguieron siendo vistos como procesos antagónicos hasta bien entrado el siglo veinte.


Al finalizar la primera guerra mundial la reconstrucción de las economías capitalistas en Europa no permitió consolidar un orden social adecuado para el capitalismo y en varios países se abrió paso al fascismo. La Gran Depresión debilitó al capital y generó un sistema regulatorio en el que una adecuada distribución del producto se erigió en prioridad del estado. Ese sistema permitió el crecimiento robusto y la distribución de beneficios a través del estado de bienestar durante las tres décadas de la posguerra. La clase capitalista aceptó a regañadientes la regulación del proceso económico por el estado. La legitimidad del capitalismo se fortaleció a través de una menor desigualdad y un mejor nivel de vida para la mayor parte de la población. En ese período democracia y capitalismo parecían marchar de la mano en sincronía.


Pero en la década de 1970 resurge la tensión por la disminución en la rentabilidad del capital, una caída en la tasa de crecimiento, nuevas presiones inflacionarias y otros desajustes macroeconómicos. La política económica que había mantenido el estado de bienestar fue desmantelada gradualmente, al mismo tiempo que se declaraba la guerra contra sindicatos y las instituciones ligadas a la dinámica del mercado laboral. En ese tiempo comenzó también el proceso de desregulación del sistema financiero. Se acabó por destruir el régimen de acumulación basado en una democracia que buscaba mayor igualdad y se reinició el ciclo natural de crisis que siempre había marcado la historia del capitalismo. El neoliberalismo es la culminación de todo este proceso.


Hoy la democracia se encuentra más amenazada porque la vía electoral no parece permitir cambios en las decisiones fundamentales de la vida económica. Las cosas empeoraron al estallar la crisis de 2008. Los mitos sobre equilibrios macroeconómicos ayudaron a imponer políticas que frenan el crecimiento e intensifican la desigualdad. La austeridad fiscal y la llamada política monetaria no convencional son los ejemplos más sobresalientes. Si a esto agregamos la incompetencia de los funcionarios públicos, su entrega a los intereses corporativos y del capitalismo financiero, así como el tema de la corrupción, tenemos una combinación realmente peligrosa.


El capitalista puede despedir a un obrero, pero no al revés. Por eso capitalismo y democracia no son hermanitos gemelos. Más bien son enemigos mortales. Por eso Hayek, uno de los ideólogos más importantes del neoliberalismo, no titubea en recomendar la abolición de la democracia si se trata de rescatar al capitalismo.
Twitter: @anadaloficial

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Domingo, 26 Noviembre 2017 09:23

Participación para la participación

Participación para la participación

El lunes 30 de octubre comenzó el primer ciclo de audiencias preparatorias dedicado a la participación de la sociedad civil, tema consignado en el primer punto de la Agenda de negocación pactada entre el Gobierno y el Eln. Debe terminar el 16 de noviembre, pero lo visto hasta ahora anuncia un proceso promisorio aunque lleno de dificultades.

 

Parece un simple juego de palabras. Pero no lo es. Como se sabe, el primer punto de la Agenda de la Negociación se refiere a la “participación de la sociedad en la construcción de la paz”. ¿Qué significado darle a esa participación; con qué alcances y con qué contenido? No son preguntas de inmediata respuesta, pese a los antecedentes registrados en otros procesos que ha vivido el país. Y por ello resulta interesante la alternativa que encontró la mesa de Negociación hoy radicada en Quito: comenzar con unas audiencias preparatorias en las que se le consulte a la gente, justamente, qué piensa de la participación y cómo podría adelantarse, incluidos los temas que se consideran prioritarios y los alcances deseados de las propuestas. Los resultados de esta consulta preparatoria, que ya es, en sí, una participación, servirán para que la Mesa - es decir las dos partes- acuerden la forma, la dinámica y los alcances de la participación de la sociedad que vendrá enseguida.

 

Una respuesta entre escéptica y entusiasta

 

Casi que sobra recordar que en el proceso adelantado con las Farc, también se intentó una participación de la sociedad civil, aunque con diferente significado, y el resultado fue poco más que desalentador. Para todo el mundo fue evidente que las propuestas no se tuvieron en cuenta, como no fuera para negarlas. Se recordará la advertencia del gobierno de que “el modelo no se toca”. Y las pocas que lograron considerarse, o fueron corregidas después del plebiscito o se están incumpliendo ahora en las leyes de la implementación. El antecedente inmediato era, pues, negativo.

No obstante, la convocatoria se hizo y fue exitosa. Más de 230 representantes de organizaciones sociales y cívicas, gremios y autoridades locales, de la mayor diversidad de todo el país, a la par que organizaciones internacionales y multilaterales se hicieron presentes en el sitio escogido en las afueras de Bogotá. Dos ciclos de tres días cada uno. Vienen ahora otras que se realizarán de manera virtual o en espacios cerrados en Bogotá. La organización ha corrido por cuenta del Pnud. Asisten a las audiencias las delegaciones a la Mesa de Quito de cada una de las partes: dos mujeres combatientes del Eln y una mujer y un hombre del Gobierno. Y para reafirmar la seriedad y rodear de garantías el proceso, se han hecho presentes representantes de los “países garantes” y de los que se han denominado “países de apoyo”.

Los organizadores son conscientes, y así lo han declarado, que es apenas una muestra, forzosamente incompleta, de la sociedad colombiana, pero de alguna manera representativa y sobre todo suficiente para alimentar con ideas genuinas y novedosas la decisión que se habrá de tomar acerca de la participación, la cual desde ya se sabe que pretende, esa sí, cubrir la totalidad del país, en su diversidad, superando las obvias dificultades de espacio y de tiempo. Se escucharon, entre otras, expresiones de organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes y sindicales; organizaciones de mujeres, de jóvenes y de la comunidad Lgbti; algunos gremios empresariales, gobernadores y alcaldes; organizaciones de derechos humanos y plataformas por la paz. Llamó la atención la convocatoria por regiones: Arauca, Magdalena Medio, Nororiente, Pacífico y Suroccidente.

Como era de suponerse, aunque las preguntas de la convocatoria eran apenas dos, muy sencillas y concretas, o sea ¿cómo sugiere que deban ser los criterios, los contenidos y las formas de la participación? y ¿qué experiencias propias de participación puede mencionar?, las respuestas estuvieron marcadas por las problemáticas propias de cada expresión, y las de las comunidades de base de las regiones –hay que decirlo– por sus propios sufrimientos. De todas maneras, si algo estuvo, de principio a fin, como un reclamo permanente fue la necesidad de que cualquier forma de participación que se adoptase debería conducir a una reivindicación, a una modificación o reforma o a una política pública con la cual el gobierno (o el Estado) quedara comprometido. La palabra que se ha venido utilizando, tal vez con poca fortuna, es “vinculante”. La participación de la sociedad civil tiene que ser “vinculante”. En términos coloquiales pero categóricos: ¡no tiene sentido adelantar todo un proceso dispendioso solamente para “botar corriente”! Obviamente el Gobierno se opone, desde ya, a semejante exigencia. La representante de la delegación del gobierno, Luz Helena Sarmiento, para evitar un desacuerdo frontal sugiere una expresión sustitutiva: participación “incidente”. No hay todavía una explicación a fondo, pero es fácil deducir que se trata de una participación en la cual los resultados se tendrán en cuenta para las conclusiones, es decir, “incidirán” en ellas, pero sin ningún compromiso de que las propuestas serán aceptadas. He ahí, evidentemente, el punto crucial de las discrepancias en esta primera fase del proceso de negociación.

 

Dos maneras de interpretar la participación

 

Un aspecto sí parece convocar el consenso: la participación debe ser de abajo hacia arriba, partiendo de localidades y regiones; lo más amplia posible, y sobre todo incluyente, es decir recogiendo absolutamente toda la diversidad. Se agrega que debe ser informada, para lo cual no faltaron las insistencias en procesos pedagógicos. Y claro, con todas las garantías, sobre todo de seguridad, para las personas que participan. Sin embargo, las modalidades como éstos y otros atributos habrán de materializarse son extremadamente diversas; en algunos casos implican posiciones opuestas. Para el Gobierno –y algunas de las plataformas de paz- por ejemplo, es claro que se trataría de un proceso rápido. Se aspira a que en mayo del próximo año ya toda la negociación de Quito haya concluido con la firma de un acuerdo. En estas circunstancias el proceso, si bien parte de las localidades (para el gobierno solamente donde hay presencia del Eln) tomaría la forma de una escalera de representaciones o delegaciones hasta el nivel nacional. Es el resultado obtenido allí, decantado y concentrado, lo que se presentaría, para su consideración, a la mesa de Quito. Para las organizaciones sociales y comunitarias, en cambio, aunque hay muchas otras ideas, sería fundamental que una representación de la propia mesa de Quito “bajara” a todas las regiones del país, a escuchar lo que tienen que decir. Esto está muy relacionado con los contenidos. Es evidente que quieren discutir sobre aspectos de fondo como la pertinencia del modelo minero energético existente, sobre la tierra y el apoyo a la economía campesina, incluida la fórmula de la sustitución de cultivos ilícitos, sobre el modelo hoy privatizado de la salud y la educación, entre otros aspectos. Habría claramente una conexión con lo que salió –y se está incumpliendo– del acuerdo de La Habana. Y sobra decir que para el gobierno se mantiene como línea roja la “intangibilidad del modelo”.

En el fondo, lo que existe es una discrepancia esencial sobre lo que se entiende por participación en esta oportunidad. Para el gobierno es un mecanismo, casi que de trámite, enteramente subordinado a las necesidades de la negociación del conflicto militar con el Eln. Para éste, por el contrario, es un componente esencial que incluso define el sentido de los siguientes puntos de la Agenda, esto es la “democracia para la paz” y las “transformaciones para la paz”. Pero no es fácil de entenderlo porque no tiene antecedentes en ninguno de los llamados procesos de paz en Colombia. Ni siquiera por parte de las organizaciones sociales y cívicas. De ahí la oscilación entre quienes consideran que los resultados deben ir a Quito –como antes a La Habana– para que allí las partes los introduzcan como parte de su negociación y los que no ven al Eln como interlocutor sino al gobierno (el Estado) por lo cual el proceso con cierta autonomía sería una suerte de participación transformadora.

En un plano teórico tendríamos una tensión entre la democracia representativa que, por cierto, tiene una de sus periódicas apariciones el próximo año y la democracia participativa que, si bien cuenta con múltiples instrumentos en la Constitución y las Leyes, no ha alcanzado nunca el calado que se le está pidiendo. Esa es la inquietud que ha quedado, por lo pronto, de este primer ejercicio de consulta con la sociedad. Ya veremos qué sucede en las audiencias que faltan, en las próximas semanas. Un rasgo significativo consiste en que fueron varios, incluidos los representantes de MAP-OEA y Naciones Unidas, quienes se refirieron a la importancia y a la pertinencia de la Participación, independientemente de la negociación de Quito, vista la crítica situación política, con innegables déficit de democracia, que se vive hoy en Colombia.

 

Edición completa periódico desdeabajo N°241

noviembre 20 - diciembre 20 de 2017

Publicado enColombia
Jueves, 23 Noviembre 2017 11:50

Participación para la participación

Participación para la participación

El lunes 30 de octubre comenzó el primer ciclo de audiencias preparatorias dedicado a la participación de la sociedad civil, tema consignado en el primer punto de la Agenda de negocación pactada entre el Gobierno y el Eln. Debe terminar el 16 de noviembre, pero lo visto hasta ahora anuncia un proceso promisorio aunque lleno de dificultades.

 

Parece un simple juego de palabras. Pero no lo es. Como se sabe, el primer punto de la Agenda de la Negociación se refiere a la “participación de la sociedad en la construcción de la paz”. ¿Qué significado darle a esa participación; con qué alcances y con qué contenido? No son preguntas de inmediata respuesta, pese a los antecedentes registrados en otros procesos que ha vivido el país. Y por ello resulta interesante la alternativa que encontró la mesa de Negociación hoy radicada en Quito: comenzar con unas audiencias preparatorias en las que se le consulte a la gente, justamente, qué piensa de la participación y cómo podría adelantarse, incluidos los temas que se consideran prioritarios y los alcances deseados de las propuestas. Los resultados de esta consulta preparatoria, que ya es, en sí, una participación, servirán para que la Mesa - es decir las dos partes- acuerden la forma, la dinámica y los alcances de la participación de la sociedad que vendrá enseguida.

 

Una respuesta entre escéptica y entusiasta

 

Casi que sobra recordar que en el proceso adelantado con las Farc, también se intentó una participación de la sociedad civil, aunque con diferente significado, y el resultado fue poco más que desalentador. Para todo el mundo fue evidente que las propuestas no se tuvieron en cuenta, como no fuera para negarlas. Se recordará la advertencia del gobierno de que “el modelo no se toca”. Y las pocas que lograron considerarse, o fueron corregidas después del plebiscito o se están incumpliendo ahora en las leyes de la implementación. El antecedente inmediato era, pues, negativo.

No obstante, la convocatoria se hizo y fue exitosa. Más de 230 representantes de organizaciones sociales y cívicas, gremios y autoridades locales, de la mayor diversidad de todo el país, a la par que organizaciones internacionales y multilaterales se hicieron presentes en el sitio escogido en las afueras de Bogotá. Dos ciclos de tres días cada uno. Vienen ahora otras que se realizarán de manera virtual o en espacios cerrados en Bogotá. La organización ha corrido por cuenta del Pnud. Asisten a las audiencias las delegaciones a la Mesa de Quito de cada una de las partes: dos mujeres combatientes del Eln y una mujer y un hombre del Gobierno. Y para reafirmar la seriedad y rodear de garantías el proceso, se han hecho presentes representantes de los “países garantes” y de los que se han denominado “países de apoyo”.

Los organizadores son conscientes, y así lo han declarado, que es apenas una muestra, forzosamente incompleta, de la sociedad colombiana, pero de alguna manera representativa y sobre todo suficiente para alimentar con ideas genuinas y novedosas la decisión que se habrá de tomar acerca de la participación, la cual desde ya se sabe que pretende, esa sí, cubrir la totalidad del país, en su diversidad, superando las obvias dificultades de espacio y de tiempo. Se escucharon, entre otras, expresiones de organizaciones campesinas, indígenas, afrodescendientes y sindicales; organizaciones de mujeres, de jóvenes y de la comunidad Lgbti; algunos gremios empresariales, gobernadores y alcaldes; organizaciones de derechos humanos y plataformas por la paz. Llamó la atención la convocatoria por regiones: Arauca, Magdalena Medio, Nororiente, Pacífico y Suroccidente.

Como era de suponerse, aunque las preguntas de la convocatoria eran apenas dos, muy sencillas y concretas, o sea ¿cómo sugiere que deban ser los criterios, los contenidos y las formas de la participación? y ¿qué experiencias propias de participación puede mencionar?, las respuestas estuvieron marcadas por las problemáticas propias de cada expresión, y las de las comunidades de base de las regiones –hay que decirlo– por sus propios sufrimientos. De todas maneras, si algo estuvo, de principio a fin, como un reclamo permanente fue la necesidad de que cualquier forma de participación que se adoptase debería conducir a una reivindicación, a una modificación o reforma o a una política pública con la cual el gobierno (o el Estado) quedara comprometido. La palabra que se ha venido utilizando, tal vez con poca fortuna, es “vinculante”. La participación de la sociedad civil tiene que ser “vinculante”. En términos coloquiales pero categóricos: ¡no tiene sentido adelantar todo un proceso dispendioso solamente para “botar corriente”! Obviamente el Gobierno se opone, desde ya, a semejante exigencia. La representante de la delegación del gobierno, Luz Helena Sarmiento, para evitar un desacuerdo frontal sugiere una expresión sustitutiva: participación “incidente”. No hay todavía una explicación a fondo, pero es fácil deducir que se trata de una participación en la cual los resultados se tendrán en cuenta para las conclusiones, es decir, “incidirán” en ellas, pero sin ningún compromiso de que las propuestas serán aceptadas. He ahí, evidentemente, el punto crucial de las discrepancias en esta primera fase del proceso de negociación.

 

Dos maneras de interpretar la participación

 

Un aspecto sí parece convocar el consenso: la participación debe ser de abajo hacia arriba, partiendo de localidades y regiones; lo más amplia posible, y sobre todo incluyente, es decir recogiendo absolutamente toda la diversidad. Se agrega que debe ser informada, para lo cual no faltaron las insistencias en procesos pedagógicos. Y claro, con todas las garantías, sobre todo de seguridad, para las personas que participan. Sin embargo, las modalidades como éstos y otros atributos habrán de materializarse son extremadamente diversas; en algunos casos implican posiciones opuestas. Para el Gobierno –y algunas de las plataformas de paz- por ejemplo, es claro que se trataría de un proceso rápido. Se aspira a que en mayo del próximo año ya toda la negociación de Quito haya concluido con la firma de un acuerdo. En estas circunstancias el proceso, si bien parte de las localidades (para el gobierno solamente donde hay presencia del Eln) tomaría la forma de una escalera de representaciones o delegaciones hasta el nivel nacional. Es el resultado obtenido allí, decantado y concentrado, lo que se presentaría, para su consideración, a la mesa de Quito. Para las organizaciones sociales y comunitarias, en cambio, aunque hay muchas otras ideas, sería fundamental que una representación de la propia mesa de Quito “bajara” a todas las regiones del país, a escuchar lo que tienen que decir. Esto está muy relacionado con los contenidos. Es evidente que quieren discutir sobre aspectos de fondo como la pertinencia del modelo minero energético existente, sobre la tierra y el apoyo a la economía campesina, incluida la fórmula de la sustitución de cultivos ilícitos, sobre el modelo hoy privatizado de la salud y la educación, entre otros aspectos. Habría claramente una conexión con lo que salió –y se está incumpliendo– del acuerdo de La Habana. Y sobra decir que para el gobierno se mantiene como línea roja la “intangibilidad del modelo”.

En el fondo, lo que existe es una discrepancia esencial sobre lo que se entiende por participación en esta oportunidad. Para el gobierno es un mecanismo, casi que de trámite, enteramente subordinado a las necesidades de la negociación del conflicto militar con el Eln. Para éste, por el contrario, es un componente esencial que incluso define el sentido de los siguientes puntos de la Agenda, esto es la “democracia para la paz” y las “transformaciones para la paz”. Pero no es fácil de entenderlo porque no tiene antecedentes en ninguno de los llamados procesos de paz en Colombia. Ni siquiera por parte de las organizaciones sociales y cívicas. De ahí la oscilación entre quienes consideran que los resultados deben ir a Quito –como antes a La Habana– para que allí las partes los introduzcan como parte de su negociación y los que no ven al Eln como interlocutor sino al gobierno (el Estado) por lo cual el proceso con cierta autonomía sería una suerte de participación transformadora.

En un plano teórico tendríamos una tensión entre la democracia representativa que, por cierto, tiene una de sus periódicas apariciones el próximo año y la democracia participativa que, si bien cuenta con múltiples instrumentos en la Constitución y las Leyes, no ha alcanzado nunca el calado que se le está pidiendo. Esa es la inquietud que ha quedado, por lo pronto, de este primer ejercicio de consulta con la sociedad. Ya veremos qué sucede en las audiencias que faltan, en las próximas semanas. Un rasgo significativo consiste en que fueron varios, incluidos los representantes de MAP-OEA y Naciones Unidas, quienes se refirieron a la importancia y a la pertinencia de la Participación, independientemente de la negociación de Quito, vista la crítica situación política, con innegables déficit de democracia, que se vive hoy en Colombia.

Publicado enEdición Nº241
Miércoles, 11 Octubre 2017 06:43

Límites comunicacionales a la democracia

Límites comunicacionales a la democracia

Washington Uranga señala las relaciones entre democracia y comunicación y advierte que menos comunicación democrática implica también menos democracia política.

 

Resulta impensable pensar la sociedad contemporánea al margen de la comunicación en su acepción más amplia, porque al esencial encuentro entre personas diversas en el ámbito público es necesario sumar todo la potencia y los alcances que los desarrollos tecnológicos han aportado para multiplicar el impacto de los procesos comunicacionales.
Nadie pondría en duda –aun al margen de las diferentes miradas que coexisten en la académico y en lo político– que la democracia política está íntimamente vinculada –cuando no supeditada– al sistema de medios de comunicación. Dicho de manera más contundente: democracia y comunicación son interdependientes y están mutuamente condicionados. Es inimaginable pensar en medios democráticos si no es en el marco de una democracia política. No menos cierto y comprobable es que sin comunicación democrática no existen tampoco posibilidades de una democracia que legítimamente lo sea.


En síntesis podría decirse que en una sociedad democrática entre las funciones esenciales del sistema de medios se incluye la de producir información, favorecer la educación, ser medio de visibilización de las culturas y fuente de entretenimiento. Debe agregarse la tarea de colaborar en la supervisión de la gestión del poder político, como parte de la responsabilidad y del servicio ciudadano. Al menos éstas son tareas insoslayables para los medios de comunicación en nuestras sociedades actuales.


Para que ello sea posible se necesita un sistema de medios que refleje también en la estructura de propiedad la diversidad de perspectivas políticas, sociales y culturales que existen en la sociedad. Pero, dada la lógica del capitalismo, la única manera de encuadrar esta realidad dentro de una perspectiva plural y diversa es mediante el establecimiento de normas surgidas de la democracia misma que garanticen la pluralidad y pongan límite a los abusos del poder económico.


Este fue, sin duda, uno de los propósitos fundamentales de la ley de servicios de comunicación audiovisual (26.522) hoy prácticamente desguazada por decisión del Poder Ejecutivo encabezado por Mauricio Macri con inocultable propósito político y económico y para favorecer a quienes hoy son sus principales aliados.


Pero al margen del debate sobre la ley y de la incumplida promesa del oficialismo de discutir una nueva norma para regular las llamadas “comunicaciones convergentes” resulta preocupante para la democracia que la alianza gobernante, además de contar con la incondicionalidad, la complicidad y el blindaje informativo mediático de un sistema de medios altamente concentrado en su propiedad, continúe propiciando –por los medios a su alcance y usando el poder que le da el ejercicio del gobierno– la aniquilación de todas las manifestaciones disonantes del escenario comunicacional. No conforme con el coro de las voces amigas, el objetivo es acallar toda disidencia, controlar la información, invisibilizar a los actores que piensan diferente. Y para ello se usa el Poder Judicial, potestades discrecionales del Ejecutivo y, por supuesto, la capacidad de ahogo económico del Estado mediante el uso discriminatorio de la pauta oficial. Para destruir empresas, perseguir comunicadores y privar de posibilidades a la comunicación alternativa en general.


En este escenario el debate trasciende lo comunicacional. Si la ciudadanía no tiene la posibilidad de acceder a fuentes diversas y alternativas de información, si quienes piensan de manera distinta al oficialismo no encuentran medios para expresarse sin condicionamientos, lo que está en juego no es solamente el derecho a la comunicación, sino la democracia misma. Riesgo quizás no advertido por buena parte de la ciudadanía que, sin embargo, sufrirá las consecuencias con fuerte impacto en sus condiciones de vida.

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Plataforma en Defensa de la Constitución: "Participar en elecciones de gobernadores para derrotar el autoritarismo"

La Plataforma Ciudadana en defensa de la Constitución ha emitido un documento fijando posición sobre las elecciones a gobernadores a realizarse el próximo 15 de octubre. Este espacio de defensa de la Constitución del ’99 integrado por ex ministros de Chávez, destacados intelectuales y profesionales y luchadores sociales, destaca en su el título del material que ha hecho llegar a nuestra redacción la necesidad de participar en esas elecciones. En él reconoce las dificultades y las múltiples razones que hacen que los venezolanos desconfíen “de un Poder Electoral que no es ni la sombra de lo que fue”.


Luego de cuestionar el funcionamiento, la convocatoria y lo antidemocrático del Constituyente aborda la crisis que está sufriendo el pueblo venezolano y afirma entre otros conceptos que desde el gobierno se ha abandonado “sigilosamente y por la puerta de atrás el proyecto de la revolución bolivariana”.


En el texto se reconoce así mismo que haya un sector de la población que esté pensando en no ir a votar pero se invita a esos ciudadanos a reflexionar y defender sus derechos constitucionales participando del acto comicial.


A continuación reproducimos el documento completo que cuenta con la firma de: Gustavo Márquez Marín, Edgardo Lander, Héctor Navarro, Santiago Arconada, Oly Millán Campos, Esteban Emilio Mosonyi, Fredy Gutiérrez Trejo, Ana Elisa Osorio, Juan García, Gonzalo Gómez, Carlos Carcione, Cliver Alcalá Cordones, en nombre de la Plataforma en Ciudadana en Defensa de la Constitución.


Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución
PARTICIPAR EN LAS ELECCIONES DE GOBERNADORES PARA DERROTAR EL AUTORITARISMO


1. A propósito de la participación en las próximas elecciones de gobernadores, son muchas y variadas las razones que tendríamos los venezolanos para desconfiar de un Poder Electoral, que no es ni la sombra de lo que fue, después de haber sido constructor y operador de uno de los sistemas electorales más confiables del mundo, probado y certificado por calificados observadores internacionales hasta el 6 de diciembre de 2015. Comenzó a perder su investidura y majestad de Estado, luego del descalabro electoral sufrido por el Gran Polo Patriótico en las elecciones parlamentarias del 6D, al convertirse progresivamente en un instrumento del Gobierno-PSUV en su disputa por el poder con la MUD-AN. El CNE comenzó a soslayar los mandatos de la Constitución al declinar sus competencias ante tribunales de control y de primera instancia, cuando acató decisiones inconstitucionales emanadas de los mismos, de suspensión del proceso de recolección del 20% de la firmas para convocar el referéndum revocatorio presidencial promovido por la MUD. Posteriormente, actuando al margen de la Constitución, se permitió extender el período constitucional de ejercicio de los gobernadores al diferir para el 2017 las elecciones regionales previstas para finales de 2016. Por si fuese poco, cohonestó la convocatoria inconstitucional de la ANC por el Presidente de la República, en franca usurpación de la soberanía popular constituyente (art. 347), para luego subordinarse a ella al reconocerla como el “poder constituyente originario”, con carácter plenipotenciario y supraconstitucional. Fue así como adelantó para octubre de 2017 las elecciones de gobernadores y Consejos Legislativos Regionales (CLR) que ya había fijado para diciembre de 2017 y por mandato de la ANC, suspendió indefinidamente la elección de dichos Consejos. Ante las dudas de que el órgano electoral se preste para alterar los resultados de las elecciones de gobernadores, debemos estar conscientes de que si actúa plenamente la ciudadanía dispuesta a que no se violen ni sus derechos ni su voluntad, en la vigilancia y control antes, durante y después del evento electoral, será muy difícil que eso ocurra porque el sistema de auditorías, cómputo, totalización y registro está vinculado a la validación de sus representantes. No obstante, la conducta errática del CNE, propia de un ente que objetivamente carece de autonomía por estar supeditado a las decisiones de una ANC monopartidista, autoerigida como un suprapoder con la pretensión de gobernar por encima de la Constitución, hace que el escenario de las elecciones de gobernadores se vea borroso e incierto. Por todas estas razones comprendemos a aquellos ciudadanos que en esta oportunidad piensen no ir a votar, creen que la abstención puede ser una forma de rechazo, pero los llamamos a que reflexionen y se decidan a votar, y si no encuentran un candidato de su preferencia voten nulo pero no renuncien a su derecho a la participación. Porque al mismo tiempo, se ofrece con la potencialidad de convertirse en una oportunidad para romper la inercia autoritaria en marcha, con el rescate del irrenunciable derecho del pueblo soberano a expresarse y decidir mediante el sufragio universal la elección de las autoridades regionales, en la ruta hacia el restablecimiento pleno de la Constitución.


2. Por razones obvias, el foco de atención de la gran mayoría de los [email protected], de los que viven de su trabajo y de aquellos que habiendo cumplido con su vida laboral útil dependen de una pensión; de los que habitan barrios populares y urbanizaciones; de los [email protected] del campo y la ciudad; de [email protected] militares y [email protected][email protected] y también, de [email protected] profesionales y té[email protected], está puesto en la lucha cotidiana por sobrevivir a los rigores de una crisis económica y social que erosiona aceleradamente sus condiciones de vida y de trabajo sin perspectiva de que su situación cambie sino todo lo contrario. Al mismo tiempo, ese pueblo lacerado por la crisis, está cada vez más consciente de que ésta tiene su origen en la incapacidad y falta de voluntad del Gobierno-PSUV, para corregir los gravísimos errores cometidos en el manejo de la economía en tiempos de colapso del petroestado y del modelo rentístico-extractivista, sumado al conflicto político institucional resultante de la polarización política, que ha dejado como saldo un debilitamiento alarmante de la institucionalidad y la gobernabilidad democrática. La pulverización del salario y el ingreso familiar por la acción corrosiva de la inflación, combinada con el cierre o ralentización de la actividad de industrias y comercios devenida por la caída de las importaciones de insumos y de las ventas, ha creado un círculo vicioso infernal que está lanzando a la precarización social a millones de compatriotas, atrapados en la vorágine creada por la dinámica de la acción y reacción de dos fuerzas que se realimentan: la inflación y la escasez. A esas penurias se agrega el incremento de la inseguridad hasta en los más remotos rincones del territorio nacional, en buena medida impulsada por el auge de la economía ilícita subterránea basada en la especulación cambiaria, el bachaqueo, contrabando y el lavado de activos provenientes del narcotráfico y la corrupción, al posicionarse en algunos casos por encima de la economía lícita. Estos flagelos estimulados por el paralelismo cambiario, promovido por el propio gobierno a través de la política suicida del anclaje cambiario y los múltiples valores de cambio, han conducido a la cesión de la soberanía monetaria al Banco de la República de Colombia, ya que en la práctica, el valor de referencia que fija los precios internos y la relación del bolívar con el dólar estadounidense es el del peso colombiano. Frente a esta evidente debacle del bolívar que empobrece a la gran mayoría de los venezolanos y enriquece a unos cuantos burócratas y empresarios parásitos corruptos y mafiosos, la opción tomada por el gobierno ha sido la de aplicar un gigantesco ajuste neoliberal encubierto con el camuflaje de una “guerra económica” frente a la cual luce inerme. Dejando así a los venezolanos a merced de la “mano invisible del mercado”, siguiendo el patrón neoliberal, abandonando sigilosamente por la puerta trasera, el proyecto de la revolución bolivariana aunque proclamando cínicamente su defensa mientras hunde la pala para enterrarlo.


3. Este gobierno que se autocalifica de revolucionario y antiimperialista, en lugar de avanzar hacia la superación del modelo rentístico-extractivista primario-exportador y capitalista dependiente, optó por impulsar el plan de los 15 motores de la llamada “agenda económica bolivariana” que tienen como eje estratégico transversal, la profundización y ampliación de ese modelo agotado, a través de la entrega al gran capital transnacional de las grandes reservas de minerales estratégicos (coltan, oro, fosfatos, níquel, diamantes, uranio, bauxita, hierro, carbón, cobre, plata etc.), de recursos pesqueros, petroleros y de la biodiversidad, cuya explotación arrasará grandes extensiones de bosques naturales y afectando cuencas hidrográficas estratégicas que constituyen el patrimonio natural intergeneracional más preciado del país. Es también preocupante la situación de los pueblos indígenas, los eternos sacrificados en aras de la convivencias de ambas cúpulas polarizadas. Para dar un ejemplo, el pueblo e´ñepá del estado Bolívar, al cabo más de dos años de haber introducido ante el Tribunal Supremos un reclamo contencioso para la demarcación de sus tierras colectivas, todavía no ha recibido respuesta alguna. Entre tanto el decreto anticonstitucional y antinacional del mal llamado Arco Minero amenaza con expropiar, deforestar, contaminar e incluso desalojar sus milenarias comunidades destruyendo así su hermosa cultura originaria que, por otra parte, cuenta con una agricultura autóctona muy productiva. Denunciamos que hay sectores influyentes en la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente presionando para revocar todos los derechos colectivos de estos pueblos discriminados y oprimidos. La figura de las “zonas de desarrollo estratégico nacional” y los contratos que regularán las empresas mixtas que se están conformando entre el Estado y las transnacionales, en el Arco Minero y la Faja Petrolera del Orinoco por ejemplo, suponen que los territorios en los cuales se pondrá en marcha los “15 motores” para la explotación minera, petrolera, turística, industrial, agrícola etc., tendrán un “régimen especial” distinto al del resto del país en materia ambiental, laboral, económica y de seguridad. Bajo ese esquema se supeditan los derechos individuales, civiles, políticos, laborales y sociales, al objetivo central de la actividad extractivista definido como “de interés general”. Las inversiones que allí se produzcan estarán protegidas por la jurisdicción internacional que rige el Banco Mundial a través del CIADI y otras juntas de arbitraje internacional, a la cual se someterá la República. En la práctica lo que se está adelantando a través de este plan antinacional, es la privatización de nuestros recursos naturales y la desterritorialización del país. Empero, esta monstruosa entrega de la soberanía económica y territorial al imperialismo neocolonial, es presentada por el gobierno-PSUV como una cruzada por la independencia nacional.


4. El Gobierno-PSUV ha optado por invisibilizar el drama social que viven los venezolanos silenciando las estadísticas económicas y sociales e intentando evadir su responsabilidad explicándolo solo como consecuencia de la llamada “guerra económica”. Pero la verdad termina imponiéndose, porque ya no es posible ocultar con publicidad la escasez de medicinas y graves deficiencias en la atención médico-asistencial, la insuficiencia alimentaria derivada de la escasez y encarecimiento de los alimentos, el deterioro galopante de las redes de servicios públicos de transporte, agua potable, electricidad, gas, telecomunicaciones y el preocupante éxodo de [email protected] jóvenes perteneciente a todos los estratos sociales que desesperanzados están migrando hacia otros países. La situación que hoy vivimos no sería la misma si el Presidente Maduro en lugar de destinar en los últimos 24 meses 64 mil millones de dólares para pagar el servicio de una deuda externa que se sospecha ilegítima, hubiese decretado una moratoria mientras se adelanta una auditoría pública y ciudadana de la misma, para luego plantear la reestructuración negociada de la que resulte legítima. Con parte de esos recursos se habrían podido atender las importaciones esenciales y financiar un plan económico de emergencia enfocado en el restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos y en la superación del modelo rentístico-extractivista agotado. Tampoco lo sería, si hubiese adelantado una acción decidida para rescatar los grandes capitales fugados procedentes de la corrupción, sancionando a los responsables. Privilegiar la deuda frente a la gente se corresponde con la lógica neoliberal (FMI), enfrentada por la revolución bolivariana.. Por otra parte, todos los venezolanos sin excepción debemos rechazar las amenazas de intervención militar y las sanciones económicas aplicadas por EEUU a Venezuela, que aumentarán el sufrimiento de nuestro pueblo y comprometen la soberanía y la paz de la Nación, sin embargo, las medidas tomadas por el gobierno para enfrentar la injerencia imperialista, no van en la dirección de cohesionar la voluntad nacional frente a la agresión yankee.


5. No solo el liderazgo del Gobierno-PSUV luce deslegitimado y cada vez más distante de la mayoría de los venezolanos por su incapacidad y falta de voluntad política para encarar la crisis estructural de la sociedad venezolana en el marco de la Constitución. En iguales condiciones está el liderazgo de la MUD, por su accionar inconsecuente con las demandas urgentes del pueblo, al concentrarse en sacar del poder “como sea”, primero a Chávez y ahora a Maduro, con un doble juego que pendula entre la conspiración golpista violenta y la participación democrática, subordinado a la geopolítica imperial para la región. Ante ese desgaste mutuo en su disputa por el poder, ambos factores impulsan la polarización para cerrarle el paso a cualquier liderazgo emergente que realmente exprese las necesidades y aspiraciones más sentidas del pueblo venezolano, que impulse la restitución de la Constitución, el fortalecimiento del Poder Popular como sujeto fundamental de la transformación social y la construcción de un nuevo modelo productivo endógeno sustentable que rompa con el rentismo extractivista primario-exportador.


6. En estas circunstancias difíciles e inciertas, quienes hemos asumido la responsabilidad de defender la Constitución derogada de facto por la ANC y apostamos a una salida a la crisis siguiendo la ruta constitucional, hacemos un llamado al pueblo venezolano a participar en las elecciones de gobernadores, asumiéndola como una oportunidad para derrotar el autoritarismo del gobierno y la conducta irresponsable y antipopular de la MUD, para demostrar nuestra vocación democrática ejerciendo la soberanía popular y, para abrirle cauce al proceso de reinstitucionalización del país, votando por los que mejor expresen una política con independencia de las cúpulas o votando nulo.


Firman:


• Gustavo Márquez
• Héctor Navarro
• Edgardo Lander
• Esteban Emilio Mosonyi
• Santiago Arconada
• Oly Millán Campos
• Fredy Gutiérrez
• Juan García Viloria
• Ana Elisa Osorio
• Cliver Alcalá Cordones
• Gonzalo Gómez
• Carlos Carcione

 

Por: Aporrea.org | Jueves, 28/09/2017 08:54 PM |

 

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Lunes, 25 Septiembre 2017 11:39

Participación social de niño/as y jóvenes

Participación social de niño/as y jóvenes

De la norma a la realidad, discursos y acciones que abren interrogantes sobre la realidad de la participación social en nuestro país.

 

¿Un encuentro más? En junio de 2016 sesionó en Pereira el “Encuentro Interamericano de participación de la infancia y la adolescencia en políticas públicas” coordinado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Instituto interamericano del niño y la niña –IIN, al cual confluyeron diferentes procesos participativos de México, El Salvador, Perú, Ecuador, Uruguay y Colombia. Niños y adolescentes del país anfitrión dieron cuenta de cómo se realizan consultas y mesas de trabajo para enriquecer estrategias y programas. ¡Estamos cambiando el mundo!1, entonaban al unísono las voces más jóvenes de la región.

 

¿Una ilusión juvenil institucionalizada? El interrogante no es gratuito pues, más allá del evento, resalta una tensión muy profunda entre los imaginarios institucionales de participación y las lógicas locales en las que cobran vida, como lo permite deducir Freiman Quiñones, joven integrante del Consejo Nacional Asesor y Consultivo (de cuál institución o proceso), cuando afirma que “sólo somos reconocidos como indicadores, no hay empoderamiento en las regiones; [...] no somos tomados en cuenta”.

 

En el mismo sentido asiente María Camila Hoyos, compañera de Freiman en el Consejo: “una de las principales causas por las que nosotros los jóvenes no participamos es por la deficiencia de educación que cultive un pensamiento crítico”.

 

Estos jóvenes líderes distantes en sus regiones, el primero procedente de Tumaco-Nariño y la segunda de Popayán-Cauca, desarrollan por cuenta propia procesos de articulación y movilización social entre sus pares, promoviendo soluciones a las necesidades sentidas de la población. Terminan señalando cómo “la falta de continuidad, tanto nacionalmente como a nivel local, entorpece los ejercicios participativos, el impacto es menor”.

 

De buenas ideas está empedrado...

 

A comienzos de la década del 1990 la Constitución Política de Colombia consagró la participación social como un derecho garante del cumplimiento y protección de los demás derechos fundamentales; de manera especial en lo concerniente a niños, niñas y adolescentes. Es así como la ley 1098 de 2006 articula este principio empoderándolos como “sujetos titulares de derechos”. Por su parte, la Convención de los Derechos del Niño declara que “tendrán derecho a la libertad de expresión”, entendiéndola como “la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo”2.

 

En consonancia con este marco regulatorio de derechos, el sistema educativo nacional contempla estimular el ejercicio deliberante de participación a través del Gobierno Escolar, una reproducción del sistema de gobierno democrático nacional al interior de cada salón de clases, a lo largo y ancho de esta geografía; “en cada establecimiento educativo del Estado estará conformado por el rector, el consejo directivo y el consejo académico3”.

 

Desde entonces, la institucionalidad afinó su mirada hacia los más pequeños, los niños (“la persona entre 0 y 12 años”), los adolescentes (“la persona entre 12 y 18”) y los jóvenes4 (“de 14 a 28 años”); generando mecanismos de participación y control social desde su interior en sintonía con los imaginarios contractualistas de ciudadano moderno participativo.

 

Del pasado al presente

 

Lejanas y vetustas parecen ahora ideas decimonónicas cuando a la infancia le correspondía ser la edad “que sabe sentir y ver más bien que reflexionar i discurrir” (Catecismo de Astete). Siguiendo los discursos contemporáneos, en las escuelas se pretende formar sujetos autónomos y autocríticos, capaces de agenciar su propia vida y la de sus comunidades; reflexivos y comprometidos con el desarrollo individual y colectivo. Empero, están ancladas entre nosotros representaciones sobre la niñez en sentido deficitario, como menores de edad, recipientes sin contenido, tabula rasa, inocencia angelical o estultez manifiesta. En esta ingente Colombia de múltiples y simultáneas realidades, circulan en campos y ciudades ideas tales como “cuando los adultos hablan los niños callan”, “son cosas de niños”, “¡llora como una niña!”, o, llanamente, “no le ponga cuidado, eso se le pasa, así es que aprende”.

 

De igual manera se cierne sobre jóvenes y adolescentes una espesura de sospecha, desconfianza y riesgo latente. Circulan entre doctos y legos ideas que refieren a los adolescentes como “adolecer” (al que naturalmente le falta algo), apelando a supuestas raíces etimológicas, o alumno como “a-lumini” (sin luz); en todo caso no como un ser completo, más bien como un sujeto a medio camino de ser.

 

Un proceso por ser y en lucha constante. El reconocimiento de las voces, sentires y necesidades de nuestros niños y niñas está lejos de parecerse al discurso oficial e institucional que promulgamos; nuestras prácticas (Foucault) dan cuenta de realidades diferentes, evidencian tensiones constantes entre el deber ser y los hechos concretos; baste para ello revisar nuestros tenebrosos indicadores de utilización, infanticidio, abuso sexual, trabajo infantil o reclutamiento de niños, niñas y jóvenes.

 

De esta manera y de acuerdo a lo establecido oficialmente, en las instituciones educativas los niños y niñas líderes se postulan periódicamente a cargos de elección popular para representar a sus compañeros y servir de puente con las instancias de decisión y poder en las comunidades. Debemos señalar con sorna y escándalo que el gobierno escolar hace bien su trabajo, reproduce a pie juntillas el mundo de los adultos en su deseo por acumular capital simbólico (Bourdieu). Durante los procesos electorales del gobierno escolar se pueden ver en las instituciones educativas esquemas electoreros y corruptos, compra de votos, campañas de desprestigio, tráfico de influencias y, sobre todo, promesas falsas.

 

Sueño latente

 

Con todo, algunas de las transformaciones en la historia reciente del país han sido protagonizadas por los jóvenes, así lo refieren algunos líderes estudiantiles del denominado movimiento de la séptima papeleta en la década de 1990. “Para mí [...] fue una reafirmación de que no nos dejaríamos callar por la mafia, de que saldríamos a defender la democracia y que reformaríamos el país”; dice Claudia López, por aquella época estudiante de biología de la Universidad Distrital en Bogotá, hoy senadora (pre)candidata a la presidencia de la República.

 

De igual manera, y en el entrecruzamiento de fuerzas sociales, individuos e imaginarios que tensionan las formas de comprender y relacionarse con la niñez, resulta pertinente señalar algunas experiencias exitosas de participación vinculadas con el territorio que habitan las comunidades. Participar en abstracto no es un ejercicio potente, no lo es tampoco la instrumentalización de los sujetos estandarizados como indicadores en mecanismos que ellos mismos desconocen. Así, por ejemplo, la comunidad indígena Zenú, en el norte del país, cuenta con escenarios de incidencia pública y organización social llamados Cabildos Menores y Mayores. Se estimula que los jóvenes accedan a estos espacios y roles representativos de la vida pública; la condición para ello es formular soluciones a las problemáticas de la comunidad y comprometerse con su desarrollo; así lo manifiesta Elkin Roqueme como representante del cabildo, “para uno ser tenido en cuenta debe proponer y liderar, comprometerse, sino ¿pa’ qué?, no sirve de na’.” Los ojos vigilantes de la comunidad ejercen un estricto control social haciendo que las palabras superen el proselitismo clientelista y se traduzcan en acciones de impacto común.

 

De manera similar, en otras latitudes del país, en el sangrante departamento del Cauca, grupos indígenas desarrollan un modelo de educación alterno al establecido por la institucionalidad nacional. Allí los centros educativos no adelantan Proyectos Educativos Institucionales (PEI) con los esquemas de gobierno escolar antes señalados, en cambio, articulan Proyectos Educativos Comunitarios (PEC) que potencian el liderazgo y la participación colectiva, antes que la representatividad mesiánica de un solo individuo. Nuevamente, es la comunidad la encargada de agenciar los procesos sociales de los más pequeños, protegerlos, acompañarlos y guiarlos de acuerdo con propósitos colectivos. Es una participación con los pies en la tierra, más bien, en el territorio.

 

Los retos y tensiones que se configuran alrededor de los procesos participativos de niños, niñas y adolescentes dan cuenta de la complejidad del tejido social en Colombia, la fragilidad de la niñez tanto como la necesidad imperativa de construir formas pacíficas de resolución de conflictos. Su participación fortalece los canales de comunicación así como el desarrollo local en la comunidad. Es una oportunidad para ser mejor que nosotros mismos, para sanar heridas abiertas; después de todo, una sociedad que no protege la niñez está condenada al fracaso toda vez que se niega la posibilidad de aprender de los más sabios, aprender de sus niños; mientras reproduce esquizoidemente la historia de maltratos y abusos que vivieron los adultos de hoy en día, quienes han olvidado, o decidido olvidar, cómo fue ser niño, cómo entonces sabían que las cosas podrían ser mejor.

 

* Docente de la línea de “Socialización política” en Cinde, filósofo, opción en Antropología, Universidad de los Andes, Magíster en Educación Universidad Pedagógica Nacional.
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1 Eslogan institucional del Icbf.
2 Convención Internacional de los Derechos del Niño Artículo 13.
3 Ley 115 general de educación de 1994 Artículo 142.
4 Estatuto de Ciudadanía Juvenil Artículo 5.

Publicado enEdición Nº239
Lunes, 25 Septiembre 2017 11:34

El intento de golpe militar

El intento de golpe militar

Durante las jornadas de julio, en las que obreros y soldados recibieron una derrota, el Gobierno Provisional no dejó ni un momento de acusarlos de ser agentes de la contrarrevolución1. Y los bolcheviques, particularmente, de ser “espías alemanes”. Todo ello era evidentemente falso. Sin embargo, la contrarrevolución sí existía, y no precisamente entre las masas descontentas sino en las alturas del poder burgués, sus partidos, los restos de los monárquicos, la Iglesia y la alta oficialidad. Y lo más significativo: en el propio gobierno, a pesar de la participación en el mismo de los partidos conciliadores. Todos interesados en deshacerse de los soviets, especialmente de los revolucionarios allí presentes. El plan había comenzado a desarrollarse desde el momento mismo en que se consolidó la derrota, la cual, al mismo tiempo, había puesto de presente, paradójicamente, la debilidad e impotencia del gobierno de la última coalición. Contemplaba, como culminación, un golpe militar, el 27 de agosto, fecha que, según algunos astutos como el entonces Comisario en el Frente de Guerra, Savinkov, era la más adecuada porque se completaban los seis meses de la revolución de febrero. El líder escogido para semejante empresa era el General Kornílov a quien el propio Kerenski había entregado desde mediados de julio el mando supremo de las Fuerzas Armadas con sede en el Cuartel General de Mohilev.

 

Sobre la derrota se reorganiza la reacción

 

No hay que subestimar el impacto del fracaso y la posterior represión. Sobre todo de la gran calumnia que no sólo afectó al partido Bolchevique sino que sumió en el desconcierto y la más profunda depresión a la mayoría de los obreros y soldados más activos comenzando por los bastiones de Petrogrado, Viborg y Kronstadt. Fue precisamente este ambiente, al debilitar la resistencia, el que facilitó la represión. Aunque no significaba apoyo para el Gobierno. Es cierto que en un primer momento, los bolcheviques perdieron simpatizantes e influencia, pero el crecimiento de socialistas revolucionarios (eseristas) y mencheviques no indicaba una pérdida de radicalidad, sino, como se vería más adelante, una transformación –fraccionamiento– de los partidos conciliadores. Una vez se disipó la bruma y la pesadilla de la inverosímil calumnia, en pocas semanas se retomó el sendero de la radicalización.

 

A pesar de todo, la debilidad del gobierno era ostensible. Los conciliadores ya eran mayoría en el gabinete, pero habían perdido toda iniciativa. Definitivamente, la dualidad de poder es una situación inestable, necesariamente transitoria. Kerensky busca entonces una alternativa de recuperación y concibe la idea de convocar a una gran “Conferencia Nacional”, en esta oportunidad en Moscú considerada la pacífica ciudad de las nobles tradiciones opuesta aparentemente a la revoltosa Petrogrado. La propuesta encuentra respaldo entre los grupos del poder reaccionario y la convoca para el 13 de agosto, teniendo cuidado de excluir a los bolcheviques. En el fondo su aspiración era construir una base social que le permitiera concentrar en sus manos todos los atributos del gobierno.

 

La gran Conferencia Nacional de Moscú se inauguró pues con gran pompa. Asistieron todas las llamadas “fuerzas vivas” de la sociedad. Industriales y banqueros, los principales Generales, el Clero y el profesorado, los líderes Kadetes. Incluso algunos mencheviques y eseristas miembros del Ejecutivo de los soviets y de los sindicatos. Simultáneamente y a manera de protesta, las corrientes revolucionarias encabezadas por los bolcheviques logran decretar una huelga general en Moscú y realizan una gran manifestación el día doce. El clima político entre los obreros y soldados ya había cambiado de signo.

 

En todo caso, el proyecto reaccionario iba más allá. Otra era la solución de la “mano fuerte”. Quien realmente salió victorioso de la Conferencia, y sin estar presente, fue el Generalísimo Kornílov en quien, de manera explícita, ponían su esperanza tanto los que aspiraban a una restauración monárquica como los que buscaban un reacomodo republicano pero sin paz y sin tierra. Pero especialmente la alta oficialidad militar que venía reclamando la recuperación de la disciplina en las fuerzas armadas y el orden en los campos. Su base fundamental era el “comité principal de la Asociación de Oficiales del Ejército y la Flota”. Y detrás de éste, grupos oscurantistas como los “Caballeros de San Jorge”. Kornílov no era ni un gran militar ni un hombre inteligente. Todo su prestigio provenía de no haber tenido escrúpulos en fusilar “desertores” y perseguir a los campesinos que ocupaban las haciendas. Reputación que le había merecido al mismo tiempo el odio de la población y de los propios soldados. Sin embargo, era, según creían, el indicado para poner fin a la inestabilidad, liquidando los soviets y sus dirigentes revolucionarios. Los kadetes, cuya eminencia gris era el exministro Miliukov, ya le habían expresado su respaldo.

 

La hora de la sublevación

 

El plan era relativamente sencillo. Se trataba de atacar y ocupar (por el sur y por el norte) Petrogrado. Para ello Kornílov, con el apoyo de Kerenski, había trasladado desde el frente suroccidental a las proximidades de la ciudad, el tercer cuerpo de caballería y la llamada “División salvaje”, formada por despiadados montañeses caucásicos al mando del tenebroso Krimov. Esta era la encargada de ocupar la sede del Soviet y detener (en realidad ahorcar) a los dirigentes bolcheviques. Así mismo se había concentrado cerca de Viborg una División Cosaca. En realidad, Kornílov tenía puesta toda su seguridad y toda su confianza en los cosacos, sus paisanos, un temible cuerpo de caballería, conformado por un pueblo campesino, diferenciado étnicamente, que había hecho de esta actividad, orientada a la represión de desórdenes sociales, su razón de ser. Lo que ignoraba era que en ellos también se iba a presentar la confrontación entre soldados y oficiales.

 

El punto de partida era, paradójicamente, la derrota en el frente de la guerra. El 21 de agosto los alemanes rompen el frente ruso y toman Riga. La circunstancia (se sospecha que fue planeada) es aprovechada por la reacción para volver a las acusaciones en contra de lo bolcheviques “derrotistas”. Confiaban en una reacción “patriótica” de la población. Kerenski ayudó con la expedición el 23 de agosto de un decreto en el que elogiaba a los oficiales y criticaba las medidas democratizadoras en el ejército que permitían el “irrespeto” por parte de los soldados. Al mismo tiempo, en la ciudad se desarrolla una estrategia de provocación para llevar a los bolcheviques a un levantamiento. El 25 de agosto se prohíbe el periódico bolchevique; el 26 doblan el precio del trigo. Pero los bolcheviques no caen en la trampa. Se encarga entonces a Dutov, coronel de cosacos, organizar una simulación de levantamiento. La idea, en todo caso, era argumentar la existencia de “disturbios” para justificar la ocupación militar.

 

El 26 de agosto ya la movilización está en marcha. Fue entonces cuando se pudo apreciar, a la luz del día, la participación de las embajadas de los países aliados (y detrás, sus gobiernos), especialmente Inglaterra. Una circunstancia vino entonces a dificultar el desarrollo del plan. O mejor, se puso de presente la existencia de dos planes. En realidad Kerenski formaba parte del mismo (¡autogolpe!), pero tenía previsto que la sublevación terminara en la conformación de un Directorio (¿cívico-militar?) que habría de entregarle, como gobierno, un poder absoluto. Es en ese momento cuando descubre que Kornílov, contando con el apoyo de los grupos reaccionarios, aspiraba a lograr la dimisión del gobierno provisional y a quedarse con el poder. No sólo iba a liquidar los bolcheviques sino a barrer también a los mencheviques y socialrevolucionarios. Kerenski decide entonces remover a Kornílov y nombrar en su lugar al General Lukomski y así se lo hizo saber en un mensaje oficial del Consejo de Ministros. Le ordenan devolver a sus lugares de origen a todas las tropas desplazadas. La reacción de Kornílov no se hizo esperar y el 27 de agosto, en un airado manifiesto al pueblo ruso, abre las cartas: “Obligado a entrar en acción abiertamente, declaro que el gobierno provisional, bajo la presión de la mayoría bolchevista de los soviets, obra de completo acuerdo con el Estado mayor Alemán, y que, con miras al próximo desembarco de fuerzas enemigas en la orilla del Riga, destruye el ejército y perturba el país desde el interior2.” El problema para Kerenski era que, a pesar de haber nombrado a Savinkov (uno de los estrategas del plan) en el Ministerio de Guerra, en realidad, no tenía mando sobre tropas.

 

El triunfo fue de los obreros y los soldados

 

La idea de Kerenski era, obviamente, lavarse las manos y echar toda la culpa a Kornílov. En la madrugada del 28 reune a Alexéiev y Terechenko para acordar la explicación de los “malentendidos” ya que la Asociación de Oficiales continúa respaldándolo, pero ya era tarde y todo Petrogrado estaba enterado de la ruptura. Comienzan entonces una serie de negociaciones que se prolongan hasta el 29. Miliukov propone convencer a Kornílov de que acepte la fórmula de reemplazar a Kerenski por el General Alexéiev. Fue entonces cuando entró en escena el “Comité para la lucha contra la contra-revolución”, organismo creado en la reunión conjunta de los comités ejecutivos (obreros, soldados y campesinos) de los Soviets, el 27 de agosto. El desenlace propuesto fue otro: a cambio de una lucha consecuente contra la reacción que liquidara el golpe, se proponía la conformación de un nuevo gabinete sin los Kadetes y se aceptaba un gobierno fuerte a través de una especie de Directorio.

 

No obstante, quienes realmente aseguraron la defensa de Petrogrado y derrotaron la contrarrevolución fueron los millares de obreros movilizados, organizados y conscientes. Sólo formalmente atendían las órdenes del Gobierno Provisional; en la práctica respondían a las orientaciones del Comité de Defensa Popular que desde entonces comenzó a identificarse como el Comité Militar Revolucionario. La labor se concentró en las barriadas obreras. Un papel importante le correspondió a la Organización Militar de los Bolcheviques cuya actividad inicial se concentró en la persuasión de los soldados movilizados. Se formaron grupos de obreros (Guardia Roja) para defender barrios y fábricas. El 29 de agosto ya cubrían toda la ciudad.

 

El resultado fue asombroso. En muchos regimientos los soldados se pronunciaron en contra de Kornílov y los oficiales. Se formaron destacamentos en Kronstadt y en Viborg. Hasta el punto que Kerenski tuvo que pedir auxilio a los marinos de Kronstadt para defender el Palacio de Invierno ante cualquier eventualidad. Entraron en acción los sindicatos y particularmente los ferroviarios. La famosa División Salvaje llegó hasta Luga pero los ferroviarios impidieron la movilización de los trenes; mientras tanto el Soviet de la ciudad se encargaba de distribuir entre los soldados copias de la destitución de Kornílov. El día 29 Krimov, ante la desmoralización, reconoce que es imposible seguir adelante. Entre los cosacos ocurrió lo impensable, los soldados se enfrentaron a sus oficiales y por primera vez entraron a formar parte de un Soviet.

 

El 30 de agosto la sublevación ya se había evaporado. Fue ante todo un triunfo político y no el resultado de victorias militares. Kornílov ni siquiera se movió del Cuartel General en Mohilev. Lo importante no fueron los combates, aunque la demostración de fuerza y decisión cumplió su papel. Pero el alcance político fue más allá de la derrota del intento de golpe militar reaccionario. No se defendía a Kerenski sino a la revolución. No tanto a su pasado como a su futuro. Aunque todavía no se veía claro el camino que habría de seguirse. La opción de la revolución simplemente democrático-burguesa había caducado en los hechos. La descomposición del ejército había llegado a su punto máximo. Es cierto que el arreglo en las alturas se mantuvo en el plano de la reconfiguración del Gobierno Provisional a través de una suerte de dictadura de Kerenski y la oferta (de nuevo) de Asamblea Constituyente para noviembre. Es cierto también que los oficiales comprometidos en la aventura, incluido Kornílov, fueron exculpados. -Ellos fueron, por cierto, la base de la guerra civil que se desencadenaría a partir de 1918-. Sin embargo, los obreros y los soldados, y más adelante los campesinos, ya habían aprendido bastante y sobre todo habían adquirido seguridad en su propia fuerza. Contaban con una nueva base organizativa forjada precisamente en la lucha que acababan de librar. La confianza en los viejos partidos reformistas se había erosionado. La suerte estaba echada.

 

1 Ver “Las Jornadas de Julio” Desde Abajo, 20 de julio de 2017.
2 Ver Trotsky, L. “Historia de la Revolución rusa”. T. II, p. 150. Ed Sarpe, Madrid, 1985.

Publicado enEdición Nº239
Más de 8 millones de venezolanos votan a pesar de los focos de violencia opositores

Los focos de violencia y el boicot absoluto de la oposición lograron rebajar mucho la participación en las constituyentes celebradas en Venezuela este domingo, pero aún así más de ocho millones de venezolanos (un 41,53% del censo) acudieron a las urnas en una jornada electoral muy tensa y con grandes medidas de seguridad en torno a los centros de votación.



Un total de 8.089.320 venezolanos participaron ayer en las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela. Así lo anunció la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, a las 23.50 horas (5.50 en España). Al tratarse de unos comicios boicoteados por la oposición, que ni siquiera ha presentado candidatos, la clave estaba en la participación, que fue del 41, 53% del censo.


Los resultados ofrecidos por el poder electoral del país caribeño refuerzan la posición del presidente, Nicolás Maduro, porque esa participación es en su casi totalidad de sus seguidores, y supera lo que obtuvo en las presidenciales de 2013, cuando logró el apoyo de poco más de 7 millones de personas. Y es mucho mayor que el obtenido en las últimas votaciones, las legislativas de 2015, en las que el chavismo perdió con 5,6 millones de votos frente a los 7,7 de la oposición.


No obstante, cabe esperar que la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no reconozca las cifras. De hecho, su excandidato a la presidencia, Henrique Capriles, ya ha anunciado protestas para hoy y ha llamado a sus partidarios a marchar a Caracas el día en el que se constituya el nuevo órgano electo.


Maduro reconoce que está negociando con la oposición


“Voy a dedicar toda mi vida para que esta revolución levante cabeza, superemos los errores y las debilidades”. Nada más conocerse los resultados, el presidente venezolano compareció ante sus seguidores concentrados en la plaza Bolívar. Reconoció que en las últimas semanas había mantenido negociaciones con la oposición (algo que ya había anunciado la víspera el expresidente español, José Luis Rodríguez Zapatero), asegurando que les ofreció presentarse a las elecciones pero que estos lo rechazaron. Además, afirmó que esta semana los 537 asambleístas (faltan por elegir los 8 que representarán a los pueblos indígenas) tomarán posesión.


Ahí se abrirá un nuevo frente con la MUD, que rechaza la legitimidad de esta Asamblea y se aferra al Parlamento elegido en diciembre de 2015 y que fue declarado en desacato por el Tribunal Superior de Justicia. Maduro también ha realizado una maniobra para sumar a los opositores al juego político: abrir el plazo de inscripción para las elecciones a gobernadores que deberían de celebrarse en diciembre. “Abandonen la violencia y mídanse en las urnas”, retó.


Con el anuncio de los resultados terminaba una jornada que volvió a poner de manifiesto la profunda división existente en Venezuela. Más allá de la separación física, que en Caracas se representa por la fractura entre el Oeste chavista y el Este opositor, el abismo es casi de identidad. Atravesar la capital era como pasar de un mundo a otro en apenas unos minutos. En una de esas Caracas paralelas, la gente votaba y en las calles se podía transitar sin problema. En la otra, el Este, las arterias seguían bloqueadas y se registraban enfrentamientos y escaramuzas entre manifestantes y agentes de la Guardia Nacional Bolivariana. Vamos, lo mismo que en jornadas anteriores pero con mayor intensidad.


Como en los últimos días, hay que dividir la historia en dos partes. Ambas transcurren en paralelo, no se cruzan, pero forman parte de un país que sigue fracturado.


Muchos menos "guarimberos" en la marcha opositora


La enésima marcha de la semana estaba convocada a las 10.00 horas. Recomendación para periodistas que tengan en mente venir a Caracas: las diez de la mañana no son las diez de la mañana. Es una hora aproximativa. “Se convoca a las diez pero suele salirse a las once o las doce”, reconocía sin rubor un hombre del que luego hablaremos más en detalle.


Por el momento, volvamos a Altamira. A mediodía, la plaza no llegaba ni a un cuarto de entrada. Curiosamente, el número de jóvenes encapuchados (aka “guarimberos”) era sensiblemente inferior que otros días. En esta ocasión, el grueso de los manifestantes se acercaba más a lo que tradicionalmente ha sido la base opositora: gente de clase media-alta a la que se le detecta el estatus a kilómetros. La mayoría vestía de blanco (un sutil guiño a las “mujeres de blanco” contrarias al Gobierno cubano), siguiendo la recomendación de la Mesa de la Unidad Democrática.


Embozados y señores y señoras del Este de Caracas tienen una relación extraña, porque están juntos pero tampoco demasiado revueltos. Los primeros, reciben su ayuda económica y alimentaria. Los segundos, pueden parapetarse tras ellos como fuerza de choque. He presenciado muchas protestas en diversas partes del mundo. Un común denominador suele ser que el Gobierno acuse a los manifestantes de estar pagados por una “mano negra” para salir a la calle. Como si, equivocado o no, uno no tenga capacidad propia para movilizarse. Por eso, siempre me ha resultado difícil creerme estas afirmaciones. Hasta ahora. Porque muchos de los chavales que ejercen como arietes de las protestas antichavistas sí que sacan algo. Lo primero, comida, que los vecinos bajan de casa o compran. Estamos hablando, en un buen porcentaje, de adolescentes en situación de exclusión, no de los hijos de los barrios ricos como Chacao o Altamira.


Por otro, dinero. Podría enumerar todos los rumores que me han llegado estos últimos días, que van desde gente que ha visto a otra gente pagando a los encapuchados desde un coche hasta la existencia de una tarificación dependiendo de hasta dónde está dispuesto a llegar el manifestante. Eso no puedo corroborarlo. Lo que es cierto, porque lo he visto, es que los encapuchados aprovechan el contexto para sacarse unos “bolos”. Y que tienen tanta costumbre de pedir “una ayudita” a los manifestantes que es evidente que es una práctica habitual.


Así estaban a las 11 de la mañana, parando a los coches que llegaban a Altamira, pidiéndoles esa “ayuda” a cambio de franquearles el paso. Una actividad que no terminaba de convencer a todos. “Esta gente está cobrando a los vehículos por pasar, hay que denunciarlo”, protestaba un chaval, que llamaba la atención sobre la diferencia de clase y educación entre unos y otros. Otro señor, le contradecía: “No obligan a nadie”, pero necesitan colaboración. Al final, terminaba asumiendo que los “guarimberos” son un mal menor para mantener la estrategia de desestabilización.


Este último señor, el anteriormente mencionado, no quería dar su identidad argumentando encontrarse en “régimen de presentación”. Es decir, en libertad vigilada. Hace unos meses fue arrestado en otra protesta y tiene prohibido manifestarse. Ayer había roto ese veto y defendía vehemente a los encapuchados. “¿Y el Black Block en Berlín, en Francia, en España, en EEUU? Se encapuchan. Se visten de negro para que no les identifiquen”, argumentaba. “Pero estos son grupos de izquierdas”, rebatía el joven, visiblemente molesto. “Pero es que este no es un Gobierno de izquierdas. Aquí se tomaron la franquicia de izquierdas, pero no pueden serlo. Aquí compraron la franquicia, pero la izquierda no hace lo que hacen ellos, que matan a la gente de hambre mientras que pagan todo el dinero a las multinacionales extranjeras”. Momento de desconcierto.

Termina la conversación.


Tampoco daba tiempo para más porque minutos después un fuerte despliegue de la Policía Nacional Bolivariana irrumpía en la plaza lanzando gases lacrimógenos. En un abrir y cerrar de ojos, estaba vacía. Impresiona ver al convoy motorizado, como cuadrigas de la legión romana algo desordenadas, abrirse paso por el bastión opositor. Apenas una decena de chavales responde con cuatro piedras. A partir de ese momento comienzan las escaramuzas. Cuando marchan los agentes, los opositores vuelven a reunirse, tímidamente. Hasta que los uniformados regresan y los cada vez más exiguos manifestantes ponen pies en polvorosa.


Así se estaba desarrollando la mañana hasta que, pasado el mediodía, un artefacto explotaba al paso de una fila de agentes en pleno Altamira. La deflagración dejó siete policías heridos, según datos del Ministerio Público de Venezuela. Y la imagen de los pocos opositores que aguantaban en las inmediaciones aplaudiendo de júbilo al paso de los heridos. Ojo, que este no fue el único incidente del día. En Caurimare y Los Ruices, también en el este, los choques se alargaron hasta que oscureció.


Desde la tarde, manifestantes y policías se encontraban separados por 500 metros en un acceso a la autopista Francisco Fajardo. Se miraban los unos a los otros y aguantaban, hasta que los integrantes de la protesta (que son los que pretendían romper el cerco policial) lanzaban alguna andanada. En este punto, alguno de los antichavistas usó un arma de fuego. Aquí, uno tira de experiencia, por encontrarse allí cuando uno de los policías se salvó del disparo, que le rozó el hombro. En El Paraíso, un barrio del oeste de Caracas donde se mezclan los sectores populares con zonas residenciales, se produjeron fuertes disturbios. Hacia las 17.00 horas, desde la autopista que bordea los bloques que abren la parroquia, se escuchaba la detonación de perdigones.


Al menos 10 muertos, entre manifestantes y policías


A todo este caos hay que añadirle el hecho más grave. Al menos diez personas, según los datos del Ministerio Público, murieron durante las protestas a lo largo de todo el país. En esta lista se incluyen desde manifestantes hasta policías. Se trata de la primera ocasión, al menos en dos décadas, en la que se registran muertos durante unas elecciones en Venezuela relacionados con protestas contra los comicios.


Una vez analizado el “parte de guerra” nos trasladamos al oeste, a los barrios donde los vecinos pudieron votar sin problemas. También, al Poliedro, el centro de contingencia en el que miles de personas depositaron su papeleta debido a que los colegios de sus lugares de origen estaban cerrados o amenazados por la oposición. Aquí hay que hacer una acotación. Reflexionar sobre el concepto de “normalidad”. Porque es cierto que las votaciones en las zonas donde no hay mayoría opositora se han desarrollado sin sobresaltos. Pero tampoco se puede calificar como “normal” que una legión de votantes tenga que desplazarse y votar, en un proceso convocado por el Gobierno, a kilómetros de su domicilio.


“Votar es importante porque vamos a tener paz y libertad. Ya estamos cansados de las guarimbas, las trancas y las quemaceras de cauchos que no nos dejan trabajar”. José Mora, que llevaba hora y media esperando en un colegio de Catia a las 14.00 horas, simboliza el discurso que uno podía encontrarse a las puertas de cualquier centro de votación.


Como en la constituyente cabe todo, porque la teoría dice que de lo que se trata es de incluir en la Carta Magna derechos que han ido aplicándose a través de políticas públicas desde la victoria de Chávez, cada elector tenía su lista de requerimientos. Entre todos, sin embargo, destacaba el de la pacificación. Porque ya son más de cien días de protestas y enfrentamientos, dentro de un ciclo que, en realidad, se abrió con la victoria electoral de Nicolás Maduro en abril de 2013. Desde entonces, las protestas han ido in crescendo. Aunque también es cierto que las dificultades, especialmente económicas, se han multiplicado. “Vamos a ver si se calma esto y viene la paz, porque estamos hartos de tanta trancadera de calle”, afirmaba Mireia Godoy, residente junto al Cuartel de la Montaña, en el 23 de Enero, el lugar donde están enterrados los restos de Hugo Chávez.


Al margen de las cuestiones urgentes en un país en el que más de 100 personas han muerto en los últimos meses de protestas, la “profundización” en el proceso bolivariano era la segunda idea más repetida. “Debemos seguir el legado de nuestro comandante Chávez, dar el poder al pueblo. Estamos ante algo nunca visto”, afirmaba Carmen Romero en su centro de votación del 23 de enero.


En esta zona, una de las grandes preocupaciones era garantizar la participación. A falta de conocer qué dirán exactamente los líderes de la oposición, ya se puede avanzar que ni siquiera se van a creer las cifras. Durante toda la jornada, sus canales informativos reiteraban que los colegios electorales estaban vacíos. Como en cualquier parte del mundo, eso es cierto dependiendo del lugar al que uno se dirija. Es imposible que todos los centros registren una afluencia masiva a todas horas. En realidad, da igual porque la respuesta estaba escrita.


“Tenemos un mínimo, que son siete millones y medio de votos. Pero es un mínimo”, afirmaba Borman Angulo, coordinador nacional de Juventud y Deporte de Voluntad Popular. Teniendo en cuenta esto, era previsible que si las cifras que ofrecía el CNE eran superiores a los votos que se arroga la MUD, bastaba con considerar que se había exagerado. Si estaban por debajo, a pesar de no reconocerlos se lo plantearían como derrota.


No hace falta ser un analista brillante para vaticinar que las tensiones no terminan con las urnas. Lo único que cambia es el terreno de juego.

31/07/2017 08:24 Actualizado: 31/07/2017 09:19
ALBERTO PRADILLA


Caracas como dos ciudades: una vota y la otra se encierra entre basura


En medio existen grises pero la diferencia es abismal entre el centro y el oeste, donde la mayor parte de colegios están abiertos, y el este, encerrado en sí mismo, lleno de barricadas y con la basura desparramada por el suelo.

caracas
30/07/2017 18:37 Actualizado: 30/07/2017 18:40
alberto pradilla
@albertopradilla


Con música y cohetes, antes de que amanezca, feudos del chavismo como el barrio 23 de enero despertaban a los votantes a las 6 de la mañana. La hora es intempestiva para un domingo, pero en Venezuela es tradición madrugar mucho, hacer cola para votar lo antes posible y ya disponer de toda la jornada. “Queremos ser los primeros para venir”, decía Carmen Romero, una mujer que llevaba desde las 5 esperando para votar en la escuela pública de la popular barriada. “Estamos viviendo en nuestras carnes la cuestión de los terroristas que están en el este. Aquí, por el contrario, estamos tranquilos y votamos para frenar la violencia”, afirmaba. El votante más ideológico habla de “profundización en el proceso” para explicar su participación electoral. En las filas, antes de las urnas, lo que más se escucha es un llamamiento a votar por la pacificación.
Hoy, cuando 19 millones de electores de un censo total de 30 millones está convocado a las urnas, siguen existiendo dos Caracas que viven de espaldas una a la otra. En medio existen grises, que no todo es tan fácil, pero la diferencia es abismal y real entre el centro y el oeste, donde la mayor parte de colegios están abiertos, y el este, encerrado en sí mismo, lleno de barricadas y con la basura desparramada por el suelo.


Habrá que ver hasta dónde están dispuestos a llegar los opositores durante las protestas. Sus fuerzas flaquean


“Hoy es uno de los días más importantes para que el venezolano chavista salga a votar”. Gustavo Borges, calado con gorra verde de estrella roja y el brazalete con la bandera de Venezuela, también es de los primeros en el colegio del 23 de enero. Insiste en que la constituyente convocada por el presidente, Nicolás Maduro, es la vía para destensar la situación. Quizás para dar ejemplo, que aquí son mucho de simbología, el jefe de Gobierno ha sido también madrugador a la hora de cumplir con la papeleta. Pasadas las 6 de la mañana, el máximo mandatario venezolano reivindicaba que el suyo era “el primer voto por la paz, por la soberanía, la independencia y la tranquilidad futura de Venezuela”.


La situación es completamente distinta en el este del país (por cierto, más opulento pero con menor proporción de habitantes). La oposición rechaza participar en las elecciones y ha llamado a manifestarse hoy a las 10.00 horas (las 18.00 en España). A las 8, en Altamira no había un alma. Una única señora preguntaba dónde había que concentrarse, asegurando que la convocatoria comenzaba a las 4 de la mañana. “No tenemos nada, estamos pasando hambre y por muchas dificultades”, aseguraba. La tensión es palpable. En Chacao, justo antes de llegar al feudo opositor, un grupo de motorizados partidarios del chavismo se enfrentaban con unos encapuchados que pretendían colocar una barricada. No lo consiguieron. Al final, los opositores abandonaban el lugar a la carrera. Da la sensación de que trancar las calles es la única estrategia sostenible para los antichavistas. Permite, con un número relativamente pequeño, dar una sensación de caos. Aunque lo de llenar de basura tu propio barrio es más incomprensible.


Habrá que ver hasta dónde están dispuestos a llegar los opositores durante las protestas de hoy, especialmente si se toma en cuenta que parece que sus fuerzas flojean. La víspera, Henrique Capriles y Leopoldo López llamaban conjuntamente a manifestarse. En realidad, es un modo de intentar tapar bocas, ya que en las últimas horas se había extendido la sombra de la duda en sus propias bases. Los más duros acusan a la dirigencia de ser excesivamente condescendientes con el chavismo. Sí. Han oído bien. Excesivamente condescendientes. La gestión de la frustración por asegurar que se frenarían unas elecciones que no podían suspender.


Tengan claro que el nivel de intimidación y presión es tal en los feudos opositores que el Gobierno ha tenido que habilitar cuatro centros de contingencia en Los Teques, Caracas, Maracaibo y Aragua. Es decir, que se han abierto polideportivos para que puedan votar personas que no pueden depositar su voto en su lugar de origen. Ayer, en el Poliedro, el centro preparado para los votantes de Caracas, varias personas explicaban que tenían que trabajar por las elecciones casi de modo clandestino. Además, algunos colegios han sido atacados y el material electoral ha tenido que ser trasladado a otros lugares

Publicado enInternacional
¡La Investigación Acción Participación vive!

El pasado 15 de junio, luego de tres días de conferencias, intercambio de saberes, entre otras acciones propias de eventos académicos, clausuró sesiones en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias, lo que para algunos era la Tercera Conferencia Mundial de Investigación Acción Participación (IAP), para otros la Conferencia de la Red de Investigación Acción de las Américas 2017 (Arna, por sus siglas en inglés) y tal vez para otros tantos, un evento académico de investigación en ciencias sociales. Sin dudarlo, los tres eventos confluyeron en uno solo.

 

Los tres “eventos” permitían observar tres intereses diferenciados: el primero, los de Arna, que pretendían acrecentar su red de Investigación Acción (IA), en la que este encuentro les permitía acercarse a un público incauto que en su mayoría no conocía los principios de la IAP, a un sector de académicos críticos que desde las universidades sus márgenes de acción y comodidad no les permite desplegar IAP, sino IA; el segundo, los investigadores y seguidores de la IAP, que ese espacio les permitía encontrarse para pensar la IAP en estos tiempos y adelantar acciones comunes; los terceros, que querían tener la experiencia de conocer investigaciones sociales, algunas denominadas IAP, así no todas lo fueran, y que sin saberlo fácilmente podían quedar enganchados en el primer interés.

 

Las tensiones fruto de los dos primeros intereses, sin ser un conflicto insalvable, sino una contradicción, se expresaron previo a la Conferencia, en y después de la misma, y no se reduce a un problema de opciones investigativas entre sectores académicos o de movimientos sociales, sino a una postura ética y política diferenciada. Esas tensiones pudieron pasar desapercibidas y todos haber retornado a sus lugares de origen con sensaciones encontradas. Sin embargo, la jornada de cierre fue engalanada por un grupo de participantes de diferentes países, que, a manera de protesta, realizaron unas rondas y cantos, acompañadas de pancartas, tanto al interior como en la parte externa del Centro de Convenciones. En tal ejercicio de expresión colectivo, se podía leer y escuchar que en la Conferencia no estaban: la participación, los pobres, los indígenas, los afros, el compromiso, entre otros componentes y sujetos propios de la IAP. Las voces querían mostrar la diferencia entre IA o al menos la versión Arna y la IAP.

 

Tal vez lo más significativo de tal Conferencia fue ese cierre no programado, espontáneo, en el que nuestra IAP, del sur, periférica, desde las otredades y ante todo emotiva, se negó a ser subsumida por la IA; expresión de vida, dejando claro que aún tiene un espacio en la realidad y en la academia, debate que recuerda, además, apartes de la gran lucha de las ciencias sociales en las décadas de los años sesenta y setenta.

 

Pero lo anterior no fue un resultado accidental, para quienes llegaron con el interés de encontrar la Tercera Conferencia Mundial de IAP, luego de los 20 y 40 años de la segunda y primera conferencias mundiales, se encontraron con apartes en el marco de la programación, la que en momentos se confundía con los intereses de Arna y la inocencia de mochos incautos que no lograban identificar la diferencia. Pero ese tercer grupo, que posiblemente era el mayoritario, no lograban observar cómo le cortaban sus alas a la IAP en la Conferencia, al eliminarle sus sentido ético y político de origen, diluyéndose, en experiencias investigativas, que si bien sociales y con efectos favorables en la comunidad, no correspondían siempre con el sentido mismo de la IAP. Lo que en parte es el reflejo de la pérdida del sentido original de la IAP en las ciencias sociales y en particular la forma forzada en que en las dinámicas propias y productivas de las Universidades se le quiere incorporar, dejando solo sus herramientas.

 

Ese estado de cosas se confirmó por medio de una consulta realizada a través del Grupo de Trabajo en Procesos y Metodologías Participativas de la Clacso, previo a tal Conferencia, en la cual se presentaron 53 investigaciones de América y dos de Europa, con un elemento común: en más de la mitad de esas investigaciones se observó la pérdida del sentido ético y político de la IAP, referido a que se comprendía en la investigación por el concepto participación, lo que fue más observable en el caso de las investigaciones realizadas en las universidades y en particular aquellas destinadas a obtener títulos de posgrado, por ello, uno de los resultados de dicho análisis se direccionó con la siguiente pregunta: ¿es posible que se esté diluyendo o resignificando la participación en el vasto espectro de lo que se está denominando como IAP?

 

De forma complementaria, el cruce de cinco misivas con las directivas de Arna previa al evento, en las que se preguntaba de manera insistente por el papel político de la IAP que no se observaba en la Conferencia, y en las que entre otros se recibieron respuestas como que no encontraban relación entre la investigación y la política y que, para eso sesionaría un evento complementario programado para luego de la Conferencia, o, se manifestó que se desconocía que era IAP, dando muestra de la crisis ontológica y epistemológica por la que atraviesa la misma.

 

Revisitando el legado

 

Sin embargo, la comprensión de la tensión entre los investigadores, seguidores y defensores de la IAP con los intereses de Arna y su forma de hacer las cosas, obliga a apartarnos de la Conferencia e irnos hacia Fals Borda y la IAP. En esa dirección, sin duda, son muchos los legados que el Maestro en su prolífera vida dejó como intelectual, comprometido no con la academia sino principalmente con la realidad de los marginados. Uno de ellos fue inspirado y llevado a cabo en su propia vida, tal vez por eso más que trasladarlo a una metodología investigativa, lo denominó una forma de vida, primera alerta que se requiere resaltar en la IAP.

 

De cierta forma, la IAP es la forma en que el Maestro comprendía debía desplegarse la vida de un intelectual orgánico (metodología de vida), en ella y sin duda alguna, traía implícita una metodología investigativa y a su vez un(os) método(s) y unas técnicas; el reduccionismo contemporáneo, el facilismo intelectual y la necesidad de ingresarla a la academia, en especial la Universidad, obliga al intelectual incorporarla como metodología investigativa, reservándose para él la metodología de vida. Tal vez acá está el primer quiebre con la versión original.

 

Ese legado, metodología de vida e investigativa, ha permitido irradiarse en vastos sectores académicos, pero también y tal vez de forma más significativa en los movimientos sociales, que demandan por otro mundo posible. Son varias las características diferenciadoras con otras formas de la acción del intelectual orgánico y de hacer investigación en las ciencias sociales, sin embargo, para fines prácticos cuatro preguntas básicas dan pistas: ¿Para qué la ciencia?, ¿quiénes hacen ciencia?, ¿cómo hacer ciencia? y ¿para quiénes la ciencia?

 

Para el Maestro, la primera ruptura que se observa va en dirección de responder la pregunta ¿para qué la ciencia?, ella no debía ser un fin en sí mismo, ni servir a los intereses del status quo, sino un medio que sirviera a los sectores marginados en el camino de su emancipación. La ciencia debía ser comprometida con una realidad que debía ser transformada, por eso su sentido crítico.

 

La segunda ruptura va en dirección de la respuesta ¿quiénes hacen la ciencia? La ciencia se concentraba en sectores académicos, los que en algunos casos, con pensamiento progresista o emancipatorio, mantenían ese espíritu “aséptico” de suponer que la ciencia se hacía por ejemplo en las universidades, allí se reflexionaba la realidad y desde allí se lanzaban rutas de trasformación. Es decir, los intelectuales se comprometían desde los discursos, pero se refugiaban en su zona de confort, sin asumir la condición consiente de estar materialmente con los de abajo. De cierta forma la IA, va en esa dirección y muchos académicos que mantienen hoy la criticidad, se refugian en esa concepción, y muchas de las investigaciones que hoy se presentan como IAP, en su fondo aproximaciones o IA.

 

Por otro lado, los intelectuales orgánicos en muchas ocasiones se trasladaban a esos sectores marginados y a pesar de esa convicción de servir, no lograban despojarse de su “arrogancia académica”, el reto entonces era que ese conocimiento hiciera sinergia con las experiencias y saberes de la comunidad, por eso y entre otros el hermoso diálogo de la IAP con la Educación Popular. El intelectual era un aportante al ágape que ocurría en la comunidad, haciendo del otro un par con saberes y experiencias diversas, las que no se ponían ni en un lugar preponderante y cada uno de los integrantes de la comunidad se transformaban mutuamente, al estar en una actitud de aprendizaje mutuo, continuado.

 

La tercera ruptura va en dirección a la pregunta ¿cómo hacer ciencia? Hasta ese momento –años 60– ninguna metodología científica había comprendido al Otro oprimido, popular, campesino, ...como par, la ciencia había separado entre conocer y saber (episteme y doxa), entre pensar y sentir; el reto entonces era validar esas experiencias, esas intuiciones, esos saberes previos en conocimiento científico, pero no era una búsqueda de llevar esos saberes populares a los estándares epistemológicos de las ciencias, era poner en duda esos estándares, para que al ser repensados se perfilara también Otra ciencia. Sin embargo, el centro no era ese saber cómo ciencia, sino como poder, por eso era una ciencia con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 

La cuarta pregunta ¿Para quién la ciencia?, en parte se responde en la pregunta anterior, ella debía servir al pueblo, para que apostara a sus búsquedas de emancipación y de trasformación de la realidad. Por esas preguntas, entre otras y sus parciales respuestas presentadas, la IAP presenta un sentido ético y político que no se puede perder de vista.

 

Esas diferencias significativas de la IAP con otras formas de hacer la ciencia, hacen que si bien haya relación parental con otras formas, como la IA, no implica que pueda ser subsumida en la Investigación Acción, sin desconocer por ello la importancia de esta última, sin embargo es claro que para los condicionantes de la academia y la Universidad en particular, lo que se viene haciendo como IAP se acerca mucho a la IA.

 

Entre otros motivos a los ya expuestos, en el Grupo de Trabajo Clacso de Procesos y Metodologías Participativas, se decidió conformar una comisión para que inicie una reflexión acerca de sentido de la IAP en la contemporaneidad. Una de las propuestas que rondó, estuvo a manera de emular el Congreso de la Sociedad Sociológica de Alemania de 1961, en el que los diferentes intereses encontrados presentaron propuesta de reflexión, es decir, lo que se buscaría es que a partir de reflexiones y experiencias se inicie un debate sobre la pertinencia de la IAP en nuestros tiempos y realidades, y los nuevos discursos, técnicas, entre otros, que debe incorporar.

 

Por otro lado, en la Primera Asamblea Global para la Democratización del Conocimiento, que era el evento complementario y paralelo a la Conferencia, un grupo de investigadores, seguidores y defensores de la IAP, construyeron un conjunto de propuestas encaminadas a refortalecer la IAP, en ese sentido acordaron estrategias de movilidad, necesidades de encuentro y una publicación que si bien respeta las reglas de la academia productiva capitalista, es decir la indexación, será conocida como desindexada.

Publicado enEdición Nº237