Venezuela elegirá constituyentes a fin de julio

El presidente venezolano firmó las bases de la convocatoria a la reforma de la Constitución, que la oposición ya dijo que “desconoce”. La iniciativa contempla que se elijan 540 asambleístas constituyentes: 364 en una votación por municipios y 176 representantes de los trabajadores, los indígenas, los estudiantes y los campesinos. La autoridad electoral anunció que los comicios serán a fin de julio.

 

“La única vía hacia la paz", así definió el presidente venezolano Nicolás Maduro su convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que es rechazada por la oposición. Maduro dio un discurso al término de la “Marcha de la Paz” realizada por el chavismo en Caracas, en respuesta a las masivas manifestaciones opositoras que llevan casi dos meses.


El mandatario llevó el decreto con las bases de la Constituyente al Consejo Nacional Electoral (CNE), que apenas un par de horas después aprobó lo presentado. "Trabajaremos en una propuesta de cronograma que culmine en una elección para la Asamblea Nacional Constituyente para finales de julio", dijo la presidenta del CNE, Tibisay Lucena. También anunció que el 10 de diciembre se harán las postergadas elecciones regionales de alcaldes y gobernadores.


Según precisó Maduro, los constituyentes serán elegidos por "voto universal, directo y secreto" y en "ámbitos territoriales y sectoriales".Serán 540 las personas encargadas de redactar una nueva Constitución, de las cuales 364 surgirán de una votación por municipios y 176 serán elegidas entre ocho sectores de la sociedad: trabajadores; campesinos y pescadores; estudiantes; personas con alguna discapacidad; pueblos indígenas; pensionados; empresarios, y comunas y consejos comunales. Esos grupos deberán postularse ante el poder electoral, que será el que definirá su inclusión en los comicios.


El mandatario cerró hoy con su discurso una nutrida concentración de militantes chavistas, que participaron de la llamada “Marcha de la Paz” para condenar la violencia en las manifestaciones opositoras. Desde el antichavismo acusan por los incidentes a la represión de la Guardia Nacional Bolivariana y a “colectivos” del chavismo.


"Vamos a elecciones ya, Constituyente democrática, basta de odio, basta de fascismo, de bandas armadas, que saquean, que roban", sostuvo Maduro en referencia los 53 muertos registrados desde el 1 de abril, cuando comenzaron las protestas opositoras. "El dilema está claro: constituyente o guarimba (protesta violenta); votos o balas", agregó.


El presidente propuso que la Asamblea Constituyente se instale 72 horas después de la proclamación de sus delegados y sesione en el Parlamento venezolano, único poder controlado por la oposición.


Ya los legisladores opositores anticiparon su rechazo a la convocatoria hecha por Maduro. La Asamblea Nacional aprobó una declaración que dice "desconocer las bases comiciales para la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente fraudulenta". "Ellos van a decidir qué sector vota, por quién vota, y cuándo elije. (...) Lo que propone Maduro es que él va a determinar quién es quién, quién es trabajador, obrero, empresario", se quejó Julio Borges, presidente del Legislativo. Convocaron a nuevas manifestaciones para mañana.


La iniciativa para reformar la Constitución también ha generado algunas fisuras en el oficialismo e incluso fue rechazada por la fiscal general Luisa Ortega Díaz, que cuestionó el método propuesto para elegir a los constituyentes.

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Una mujer depositando su voto.

 

La decisión estaba en manos de Cajamarca, un pueblo de 20.000 habitantes, pero los efectos serían determinantes para todo Colombia. Ganaron los defensores del medio ambiente que, después de la larga batalla jurídica (y hasta política), vencieron a la compañía minera sudafricana AngloGold Ashanti, dueña del proyecto La Colosa, uno de los más grandes yacimientos auríferos del país. A través de una consulta popular, en la que 16.312 personas podían votar, el pequeño poblado determinó cuál será el rumbo ambiental de su región y abrió un debate nacional sobre otros trabajos de exploración que se adelantan. Con un abrumador 6.165 contra 76, se impuso el rechazo a la explotación minera. Las calles de Cajamarca se llenaron para celebrar que el pueblo estaba haciendo historia.

“¿Está usted de acuerdo Sí o No que en el municipio de Cajamarca se ejecuten proyectos y actividades mineras?” Era la pregunta que debían responder los ciudadanos. Con que 5.438 votaran por el no, el permiso que el Estado había otorgado quedaría sin efectos. Y así fue. En los primeros boletines de la Registraduría Nacional, los defensores del medio ambiente ya eran ganadores.

Aunque para la explotación todavía faltaba un par de años, según los planes de la compañía minera, desde hace varios ya venían haciendo trabajos de exploración. La meta era extraer 28 millones de onzas de oro en una zona que hace de despensa agrícola y tesoro hídrico en Colombia. Por eso, desde hace ocho años, cuando se conocieron las intenciones de la empresa sudafricana, nadie le quitó los ojos de encima al proyecto. Ni los ambientalistas, a los que se unieron organizaciones jurídicas y cívicas, ni quienes abogaban por los mineros artesanales que, con el no victorioso, según ellos, se quedarían sin trabajo. AngloGold siempre se defendió. Aseguró que desde que empezaron sus labores de exploración han implementado los estándares más exigentes de la industria. “Podemos decir que el impacto generado hasta hoy es de baja intensidad, puntual, mitigable y compensable”, declaraba la compañía hace unos días.

Voces como las del director de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia -Andi- también se manifestaron contra la consulta. Bruce Mac Master, su director, aseguraba que en el tema ambiental existen normas y entidades que estudian si un proyecto es viable o no. “Es absurdo atacar los proyectos considerados como viables y sostenibles, afectando a toda la población que se puede beneficiar de los mismos”, decía en una entrevista con la agencia Colprensa. Según él, si no fuera por la minería legal, no habría industria cementera, de construcción, metalúrgica o agroquímica. Pero para los ciudadanos, los argumentos a favor del medio ambiente estuvieron por encima.

“Los explosivos usados para minería a cielo abierto contaminan el aire con metales pesados, presentes en el subsuelo. El drenaje ácido de las minas a cielo abierto libera cadmio y arsénico, tóxico para el ambiente y la gente”, razona Carlos Lozano Acosta, de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente. Según él, la decisión de este domingo servirá para otras regiones, no solo de Colombia, que están enfrascadas en conflictos ambientales. “Lo que pasó hace realidad la promesa de participación y de centralización de la Constitución de 1991. Es una voz que debe ser acatada por el Estado. Es un ejemplo para otros países”.

Por primera vez, una consulta popular de iniciativa ciudadana y con un enfoque ambiental demostró que los caminos participativos que el Estado garantiza en el papel, pueden ser posibles en la realidad. El desenlace de esta historia, sin embargo, está todavía por verse.

Los más pesimistas temen que no se respete la voluntad del pueblo y que no se revoquen los titulos mineros existentes con AngloGold. Otros dicen que la lucha continuará hasta que el proyecto desaparezca de la zona. Un final con el que los promotores del no sueñan desde enero del año pasado, cuando se propuso hacer la consulta. Meses más adelante, en mayo, la Corte Constitucional le dio un empujón a la idea, al declarar inconstitucional un apartado del Código de Minas que no permitía a los municipios decidir (prohibir) sobre la minería. La estocada final apareció en octubre, cuando otro pronunciamiento de la Corte señaló que las consultas populares en temas mineros son constitucionales. En ese momento, empezó la carrera de ambas partes por llevarse la mayoría de votos.

Jimmy Torres, del comité ambiental del Tolima, asegura que el camino a seguir es blindar la consulta. “Esto es un paso muy importante, pero no el final. Ahora debemos velar para que se cumpla lo que se decidió en las urnas”, decía desde Cajamarca, a donde llegaron organizaciones internacionales para acompañar el proceso. “Unirnos para proteger el agua y la tierra debe ser una meta. El agua no tiene color político, es la fuerza que nos une”, señalaba en la tarde del domingo.

 

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Anuncian primer acuerdo en diálogos de paz entre ELN y gobierno colombiano

Como resultado de las conversaciones que tienen lugar en Quito entre negociadores del insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN) y del gobierno colombiano, fue anunciado hoy un primer acuerdo en los diálogos de paz.


Según explicaron los jefes de ambas delegaciones, comandante Pablo Beltrán, del ELN, y Juan Camilo Restrepo, representante del gobierno del presidente Juan Manuel Santos, las partes acordaron comenzar a trabajar en la participación de la sociedad civil en el proceso, y en las acciones humanitarias.


Para ello, apuntaron, se crearán dos sub-mesas que trabajarán simultáneamente en ambos temas.


También se abordó e inicio la gestión para el desarrollo del acuerdo de Caracas del 30 de marzo de 2016 en lo referente a la conformación de un grupo de países para el apoyo y la cooperación.


Además de Ecuador, en cuyo territorio se desarrollan las conversaciones, la lista de países garantes incluye a Brasil, Chile, Cuba, Noruega y Venezuela, y de según lo anunciado por Beltrán este jueves, podrían sumarse también Alemania, Suiza, Suecia, Holanda e Italia.


Tras el anuncio hecho este jueves en esta capital, Restrepo comentó que este primer acuerdo demuestra que el diálogo comenzó por buen camino.


“Es algo muy positivo para un proceso de negociación demoró más de dos años en llegar a la fase público, aseveró el funcionario, quien adelantó que una de las metas de la mesa de negociaciones que se abrirá mañana es conseguir un cese del fuego bilateral”.


“Queremos ir avanzando de forma gradual hacia un escenario en que estén dadas las condiciones para pactar un cese del fuego y de hostilidades con el ELN”, recalcó.


De su lado, Beltrán se congratuló que pese a la existencia de diferencias antagónicas, ambas partes vayan encontrando un camino.


Estamos avanzando en hacer las reglas del juego, aseguró el guerrillero.


La fase pública de las conversaciones entre el gobierno y el ELN iniciada en Quito el 7 de febrero pasado tiene como objetivo poner fin a un conflicto armado de más de 50 años de duración, y que ha costado decenas de miles de muertos y millones de desplazados.


Esos diálogos tienen como antecedente directo los acuerdos de paz firmados el año pasado por las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo con el gobierno de Santos.


Mesa de diálogo entre el ELN y el Gobierno de Colombia se abordará en dos subcomisiones


La mesa pública de diálogo entre el gobierno de Colombia y el Ejército Liberación Nacional (ELN) funcionará en dos subcomisiones, donde se abordarán los temas de paz y acciones humanitarias, con el fin de poner fin al conflicto armado que vive la nación neogranadina desde hace más de 50 años.


“Hemos precisado la forma en que se abordarán los temas de participación de la sociedad en la construcción de la paz y de dinámicas y acciones humanitarias. Hemos acordado para el efecto la creación de dos sub-mesas que trabajarán simultáneamente en estos temas, manteniendo la integralidad de la Mesa de Conversaciones”, expresa el comunicado conjunto, publicado en el portal web del grupo insurgente.


Ambas delegaciones – que se encuentran en Quito, Ecuador– acordaron, además, iniciar las actividades para desarrollar la agenda, pautada en Venezuela en marzo del año pasado, con el fin de fortalecer el diálogo entre las partes.


“Iniciamos la gestión para el desarrollo del acuerdo de Caracas del 30 de marzo de 2016 en lo referente a la conformación un grupo de países para el apoyo y la cooperación”, indica el comunicado.


“Tomamos las disposiciones para completar las delegaciones de la Mesa, escuchamos a los dos gestores de paz recientemente nombrados, y avanzamos en la elaboración del reglamento para el funcionamiento de la Mesa”, agrega el texto.


Esto forma parte de los procesos de paz que se llevan a cabo en Colombia para garantizar la estabilidad en la nación. El 24 de noviembre de 2016, el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) firmaron el acuerdo definitivo de paz que marcó un hito en el proceso de fin de la guerra que ha cobrado la vida de 260.000 y que registra al menos 45.000 desaparecidos y más de seis millones de desplazados.


(Con información de Prensa Latina/ AVN)

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"El proceso que está por abrirse con el ELN no puede ser exprés, de paz barata"

Carlos Alberto Ruiz Socha es asesor jurídico de la delegación de paz del ELN con autorización del Gobierno colombiano y de Noruega, uno de los países garantes. En 1998 y 2000 participó en los encuentros llevados a cabo en Maguncia (Alemania) y Ginebra (Suiza) entre esta guerrilla, el Gobierno y representantes de la sociedad civil para explorar vías de solución al conflicto armado.


Antes de poner rumbo a Quito, donde este martes se instalará la mesa de conversaciones entre el ELN y el Gobierno de Santos tras la liberación del excongresista Odín Sánchez y el indulto a dos presos, el abogado Carlos Alberto Ruiz Socha participó en Bilbo en una conferencia sobre la construcción de la paz. En entrevista con GARA, el asesor jurídico de la guerrilla –autorizado por el Gobierno colombiano y apoyado por Noruega, uno de los países garantes– remarca la importancia de abordar las causas del conflicto, porque «no se trata solo de hablar del tránsito de la guerrilla a la legalidad con garantías y seguridad jurídica, sino de acordar una mínima agenda de lo que llamaríamos la deuda social con los sectores más pobres». Ruiz Socha también ejerció de asesor de las FARC-EP en La Habana.


Las reuniones mantenidas a principios de enero en Quito lograron destrabar el proceso y fijar una nueva fecha para la instalación de la mesa de conversaciones, en suspenso desde el 27 de octubre. ¿Qué ambiente se vivió durante esas jornadas?


Hubo un ambiente positivo, de cordialidad, de respeto por la diferencia y de voluntad por ambas partes de llegar a un acuerdo que destrabara la situación. Era la primera vez que el jefe de la delegación del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, se veía con la del ELN. Hubo un talante de diálogo y de ánimo constructivo. El ELN claramente flexibilizó su posición renunciando a postular a los dos comandantes que había propuesto inicialmente y proponiendo, en su lugar, a dos presos lisiados de guerra que caben dentro de la categoría de «delito político» que el Gobierno pedía. También apartó temporalmente la discusión sobre el derecho humanitario. No polemizó y facilitó la fase pública.


Usted también ha ejercido de asesor jurídico de la delegación de paz de las FARC-EP en La Habana. ¿Qué diferencias y similitudes ve entre ambas mesas?


Ambas insurgencias han manifestado una voluntad de superar el conflicto armado por la vía dialogada, señalando la necesidad de abordar sus causas políticas, económicas y sociales, y a sabiendas de que un conflicto tan profundo no se supera de la noche a la mañana. No se trata únicamente de hablar del tránsito de la guerrilla a la legalidad con garantías y con seguridad jurídica, sino de acordar una mínima agenda de lo que llamaríamos la ‘deuda social’ con los sectores más pobres. Eso quedó plasmado en la Agenda de 2012 entre el Gobierno y las FARC y aunque, tras la renegociación por la victoria del «No», hubo muchos recortes a las aspiraciones que se habían formulado, hay un conjunto de compromisos que el Estado debe cumplir. En ese sentido, el ELN considera prioritario hablar de lo que está pasando con los sectores sociales que sufren las consecuencias de un modelo económico y social excluyente. Ambas insurgencias están motivadas por esa idea de transformación social. Las diferencias están impuestas por los tiempos y algunas concepciones. Obviamente, el modelo de diálogo con las FARC no contaba con la sociedad civil como actor protagónico. En el caso del ELN, los diálogos contarán no solo con las dos partes contendientes sino que en la agenda está estipulado que habrá un papel protagónico de las organizaciones sociales. Esa es una primera diferencia, porque en La Habana no estaba concebido así. El propósito de la Agenda con el ELN es ir consensuando una serie de medidas que vayan generando un nuevo clima de entendimiento, porque el ELN ha expresado que solo bajo nuevas circunstancias hablará del tema de las armas. Dicho esto, destacaría que ambos procesos son complementarios. El país tiene que interesarse y luchar por la implementación de lo acordado en La Habana y por articular los diagnósticos y propuestas que surjan de la mesa con el ELN.


La participación de la sociedad es uno de los ejes del diálogo de Quito. Sin embargo, el plebiscito del 2 de octubre registró un récord histórico de abstención, situándose en el 62%. ¿Cómo se pretende activar a una sociedad cuando menos apática?


Sin lugar a dudas, hay una inmensa cantidad de personas que se sienten apáticas e indiferentes. Lo han sido frente a la guerra y existe el riesgo de que lo sean frente a la paz. Es cierto que la abstención puede ser reflejo de esa apatía, pero también de un cansancio que no necesariamente es apatía. Se sienten defraudados por la clase política, por sus rutinas y mecanismos. Existe una cultura que ha banalizado y menospreciado el dolor del conflicto. A una parte de la población no le interesa qué camino se va a tomar, ni en la guerra ni en la paz. Esa apatía generalizada no será vencida de la noche a la mañana, pero puede que en la medida en que los sectores organizados convoquen a otros sectores arrinconados por la cultura de la indolencia y por el analfabetismo político se sientan interpelados y, paulatinamente, participen.


En 2018 habrá elecciones presidenciales en Colombia, los procesos de cambio en los países de la región no atraviesan por su mejor momento, la Casa Blanca ha afirmado que revisará el acuerdo con las FARC... ¿Cómo se vive desde dentro esta complicada coyuntura?


El ELN ha valorado esas dificultades, pero la peor apuesta sería cerrar toda posibilidad porque el entorno es negativo. Aunque es arriesgado lo que se abre, hay mucha fuerza y esperanza por parte de los sectores organizados y también de gobiernos y corrientes progresistas de la región que se identifican con el proceso. Se van a debatir temas difíciles pero, si hay voluntad, serán abordados con rigor para buscar un entendimiento básico, no un cambio radical. Lo que no puede ser, y en eso he sido crítico respecto al proceso de La Habana, es una paz barata que se limita a un proceso de resolución del conflicto armado, en el caso de las FARC parcialmente, porque la extrema derecha sigue atentando contra los movimientos populares. En lo que llevamos de año, han asesinado a ocho líderes sociales. En 2016, fueron 117. Estamos ante una campaña de exterminio.


No percibo una paz positiva en el sentido de que aún no se han producido transformaciones sociales creíbles y fehacientes. No ha supuesto una redistribución básica; en Colombia los sectores pudientes no han sacrificado en lo más mínimo sus expectativas de negocio –más bien han aumentado–. Aun así, es una paz por la que debemos trabajar. Así como el proceso con las FARC duró casi cinco años, el que está por abrirse con el ELN no puede ser un proceso exprés, de paz barata. Debe ser lo más acelerado posible; no se trata de cuánto tiempo dure, sino de que refleje una voluntad real de cambio, y no de engaño.


El Gobierno de Santos es consciente de que puede avanzar mucho pero que, seguramente, quedará una parte pendiente. El ELN tiene una visión a medio y largo plazo y es consciente de que no se negocia con un Gobierno sino con el establishment. No es el mejor momento por los factores internacionales, pero es el que ha tocado.


El ELN ha expresado en reiteradas ocasiones su disposición a dialogar con Álvaro Uribe.


El propio Santos ha invitado al Centro Democrático a ser parte de la delegación gubernamental y el ELN acepta que haya un representante de Álvaro Uribe. Es una fórmula que ya ha ensayado. Personalmente estuve en los diálogos celebrados en Maguncia en 1998, y dos años más tarde en Ginebra, entre el ELN y la sociedad civil. ¿Quiénes estaban ahí? Entre otros, el empresario Sabas Pretelt de la Vega –ministro de Interior de Uribe–. Allí se planteó que el diálogo debía ser entre todo el arco de la sociedad civil y que dentro de ella están empresarios, ganaderos, latifundistas con concepciones de extrema derecha, sindicalistas y defensores de derechos humanos con propuestas de transformación social, porque si realmente se quiere llegar a un consenso sobre los cambios básicos que requiere el país, hay que dialogar con quienes detentan el poder, sea Santos, Uribe, Vargas Lleras... para saber cuáles son sus expectativas y qué están dispuestos a ceder. Esto agrega complejidad al proceso pero también nitidez. La esperanza es que cedan en algo, porque puedes firmar un acuerdo como en La Habana, pero si los poderes fácticos no están dispuestos a ceder en algo, va a ser muy difícil y van a impedir que Santos cumpla. Y si no se abordan los problemas básicos, a la vuelta de diez años tendremos otras expresiones de resistencia más o menos organizadas.


Con la experiencia acumulada a lo largo de casi dos décadas, ¿qué expectativas tiene frente a este nuevo proceso?


Dignificar la política no significa un trato cordial entre las partes contrarias, sino atajar la corrupción o la muerte por hambre de niños. No es decente que se esté asesinando por pensar distinto, por organizar a las comunidades o que estemos haciendo un recuento de niños muertos de hambre: 100 en la Guajira, 70 en el Putumayo y otros tantos en el Chocó, y que nada pase mientras los recursos se pierden en las redes de la corrupción. Debe haber demostraciones de que efectivamente existe un interés por solucionar los problemas básicos de la población más empobrecida. Se trata de que los sectores mayoritarios que han estado excluidos de los beneficios sociales y económicos tengan la posibilidad de plantear sus diagnósticos y que vean cómo sus derechos empiezan a ser respetados gradualmente. Deben de tener la certeza de que ahora sí se les está atendiendo en lo más básico. Eso significaría que estamos en otra dimensión.

Fuente: Gara

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Las voces desplazadas del conflicto en Colombia

Las negociaciones en Ecuador entre el ELN y el Gobierno de Bogotá presentan una oportunidad para la participación en el proceso de paz de las personas que se han visto obligadas a huir de la violencia.

 

Dalila ve que en su país de acogida sus antiguos compañeros de guerrilla comparten mesa con el Gobierno colombiano. “El ELN me incorporó a las filas a los diez años. No fue voluntario, fue en contra de la decisión de mi familia”, recuerda en Ecuador, más de veinte años después. Desertó a los 17 años. Tomó la decisión definitiva en mitad de una misión, al encontrarse con sus padres: “Cuando los vi, me quité el equipo, me aflojé el arnés, puse el fusil a un lado... ves a tus papás, después de tanto tiempo”. Dalila busca las palabras. “Toda tu niñez, toda tu alma vuelve. Esa mujercita ruda, valiente, ya no lo eres. Tu niñez vuelve automáticamente”.


Decidir escapar del conflicto es sólo el primer paso del proceso que ha llevado a más del 12% de la población a buscar una nueva vida fuera de Colombia. Sólo Siria tiene más desplazados. Para aquellos que huyen, Ecuador es el destino preferente. En 2016, había 56.840 colombianos refugiados en este país vecino, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Entre 150.000 y 200.000 personas, además, esperan aún una respuesta a su solicitud de asilo.


El acuerdo de paz con las FARC no ha supuesto el fin de los desplazamientos internos y externos. El conflicto en el país enfrenta a las guerrillas, Ejército y paramilitares. “La violencia en Colombia no se sabe de quién viene”, reflexiona Carmelo, un refugiado que ha rehecho su vida en Ecuador y que está muy dispuesto a impulsar el proceso de participación y que éste incluya a las víctimas en el extranjero. “Desde hace muchos años, al Estado colombiano no le importan las personas que hemos salido por este conflicto”, explica Venus, que comparte con Carmelo la necesidad de que sus voces sean tenidas en cuenta en las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). “Tenemos que coger fuerza ahora que se está dando este proceso en Ecuador”. La participación ciudadana abarca tres de los seis puntos principales de la agenda del ELN.


Los otros actores de la violencia


Pedro y su esposa Gladys llegaron a Ecuador hace medio año porque les aseguraron que así salvarían a su hija. Ellos son parte de los cerca de 400 colombianos que siguen llegando al país cada mes. Pedro cuenta su historia con entereza, aunque no pueda evitar las lágrimas: “Venimos de la ciudad de Medellín. Recibimos amenazas de muerte. Tuvimos un problema con una niña de 19 años que nos la secuestraron y estuvo años pasando lo que nunca tenía que haber sido”. Su hija fue violada, torturada y obligada a trabajar con “ellos”.


Ellos son la Oficina de Envigado, un viejo cártel que, tras la muerte de Pablo Escobar, comenzó a funcionar como parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). “Estas organizaciones son las que antes eran los paramilitares, lo que pasa es que mutan, van cambiando de nombre. No les llaman organizaciones porque si no estarían dentro del conflicto. Les llaman bandas para que quede más invisibilizado”, cuenta Venus.


Para Simón, la violencia ha venido desde las guerrillas, los paramilitares y el Ejército. Lleva mucho tiempo huyendo, pero apenas un mes en Ecuador. “Vivía en un sector en el que uno no podía pasear más allá de dos cuadras porque lo mataban. No podía a veces tampoco salir a trabajar”. Simón tuvo que escapar de la Comuna 13, en Medellín, cuando el Gobierno lanzó la Operación Orión. El 16 de octubre de 2002, este operativo militar incluyó 1.000 uniformados de la fuerza pública y, según la Corporación para la paz y el Desarrollo Social (Corpades), casi 3.000 paramilitares. El saldo fue de 88 muertos, 80 civiles heridos, 370 detenciones arbitrarias y 95 desapariciones forzadas. “Sacaron a los milicianos, pero ya todo el que vivía allí... no podía salir. Y, si no salías, entonces eras miliciano”, asegura Simón. “Personas que no tenían nada que ver fueron asesinadas”.


Participar de verdad


Entre estas personas, el proceso de paz despierta esperanza pero también rechazo y, sobre todo, muchas preguntas. El acuerdo con las FARC abrió la puerta a que los desplazados puedan volver a su tierra. El Gobierno ha habilitado leyes e instituciones para facilitar su retorno. Las negociaciones con el ELN aumentan esas dudas. “El diálogo es una mentira”, descarta Dalila, que cree que ya dedicó demasiados años de su vida a la guerrilla. Para ella o para Simón, implicarse en los mecanismos de participación puede entrañar riesgos. “Nunca sabes quién es el guerrillero o quién es el paraco (paramilitar). No sabes con quién estás hablando”.


El miedo y la falta de respuestas llevaron a algunos refugiados a votar No en el plebiscito del pasado octubre. El suyo no fue un No a la paz, fue un No a un acuerdo que temen que pueda ser interpretado como el final de sus problemas y, por tanto, que les obligue a volver. Desde ACNUR se lanza un mensaje de tranquilidad: “Ecuador se ha comprometido a no devolver a las personas que huyan por el conflicto colombiano”.


Carmelo y Venus ven una gran oportunidad en las negociaciones entre el ELN y el Gobierno de Colombia. A contrarreloj, junto a asociaciones de refugiados y organizaciones como la Misión Scalabriniana, preparan en Ecuador las propuestas que enviarán a la Mesa Social para la Paz y articular así la “tercera pata de la mesa” que pide el ELN: la participación ciudadana. Una declaración de intenciones que, esperan, tenga más protagonismo que en los Acuerdos de La Habana con las FARC.
Pedro, que apoya las negociaciones de paz, pide que “el Gobierno ponga los ojos en estas zonas dominadas por organizaciones armadas como la Oficina”. Venus, en cambio, solicita que el Gobierno acabe con la invisibilidad de los desplazados: “El 90% de los que cruzamos la frontera no somos migrantes económicos como el Gobierno quiere hacer ver al mundo”.


La lucha de estas personas también es volver a empezar. A Pedro se le quiebra la voz cuando recuerda que ha dejado en Colombia a sus padres e hijos, pero consiguió recuperar a su hija. Ella ahora es madre de un niño fruto de la violación por al menos tres de los líderes de la Oficina. Dalila ahora es capaz de hablar con otros de su pasado. Simón, pese a las dificultades diarias —xenofobia y falta de oportunidades, causada por su acento— se gana la vida como vendedor ambulante y ha mandado su primera remesa a Colombia. Carmelo, que considera que su historia es de éxito, anhela el fin del conflicto: “Esta no tiene que ser la paz ni de Santos, ni de Uribe, ni la de los gobernantes. La paz tiene que ser construida desde abajo”.


Los nombres de las personas que aparecen en el reportaje han sido modificados por su seguridad.

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¿Paz negativa? ¿Paz positiva? ¿Paz diferencial?

Con la paz en curso es conveniente preguntarse de qué paz estamos hablando. La paz es un concepto complejo, polisémico y polivalente que necesita ser discernido en sus múltiples caras.


Una epistemología de la paz exige precisar cuándo nos referimos a la paz negativa, a la paz positiva, a la paz diferencial y a la cultura de la paz como pivote de la reconciliación.


Colombia y su Estado acumulan décadas de esfuerzos orientados a superar el fenómeno de la guerra y la confrontación bélica que ha significado un gigantesco daño en diversos ámbitos de la sociedad. Miles de muertos, desaparecidos, millones de desplazados y niveles extremos de pobreza son pruebas de una tragedia de proporciones descomunales, solo comparables con los daños ocasionados a la especie humana por la primera y segunda guerras mundiales, ocurridas en el siglo XX.

Origen de la violencia politica.

Desde finales de los años 20 del siglo pasado, la disputa por la tierra, monopolizada por un puñado de grandes latifundistas, herederos coloniales de la misma, ha sido el motor de un conflicto cruzado por la muerte y la sangre. Indígenas y campesinos han sido los protagonistas de históricas luchas por la democratización de la propiedad rural, recurriendo a reclamos legales y acciones de hecho con tomas de latifundios y grandes fundos dedicados a la ganadería extensiva (http://bit.ly/1UYmmOJ ).

La defensa de los privilegios asociados a la propiedad rural dio origen a una casta política proclive a la violencia, justificada con dogmas religiosos y discursos de un cerril anticomunismo contrainsurgente, opuesto a elementales ideas de la democracia política como la justicia social, los derechos políticos y la igualdad ciudadana.

El asesinato de Gaitán, el 9 de abril de 1948, la “violencia” de los años 50, el surgimiento de las guerrillas rurales (Farc, ELN y EPL), la violencia del narcotráfico, el paramilitarismo y la violación masiva de los derechos humanos, como el de la vida e integridad personal, son los rostros imprescindibles de la guerra civil generalizada que atrapó casi 60 años de la historia nacional.

El conflicto colombiano es una de tantas de las guerras civiles registradas en el mundo después de la segunda guerra mundial, muchas de las cuales han sido superadas mediante diálogos y negociaciones entre las partes para poner fin a las reyertas sangrientas, con acuerdos y pactos políticos que incorporan derechos, garantías y medidas de democracia incluyente.

La salida negociada de la guerra.

Luego de décadas en que se ha intento superar el enfrentamiento armado con políticas institucionales de negociación civilista, por primera vez se da en Colombia un proceso sólido, coherente y consistente, diseñado claramente para obtener los resultados concretos que estamos viviendo en los actuales momentos en que ocurre la masiva desmovilización de los frentes guerrilleros de las Farc.

Los procesos fracasados.

No pudo Belisario Betancur en los años 80; tampoco Gaviria, en los 90; menos Pastrana en el Caguan, al despegar el nuevo siglo. Fracaso Uribe Vélez en sus planes de guerra para exterminar las guerrillas con el masivo apoyo financiero y logístico del Estado Norteamericano y la participación de los grupos paramilitares involucrados en masacres y exterminios masivos de población agraria cercana a la resistencia armada.

La Mesa de La Habana.

Desde el 2010, Santos se enfocó en esa tarea. Sobre la experiencia histórica y con el modelo de negociaciones exitosas en el plano internacional (Irlanda, Salvador, Sur África, Guatemala, Nepal, etc) se planificó políticamente una salida a la guerra colombiana.

En tal sentido, los acumulados científicos, iniciados desde los años 50 en el mundo, de las Ciencias sociales en materia de paz, conflicto, violencia, cultura de paz y soluciones dialogadas, contribuyeron al diseño y proyección de la nueva estrategia de paz.

Esquema que parte del reconocimiento de la naturaleza política del conflicto armado y de sus actores protagónicos.

Han transcurrido casi seis años de encuentros, diálogos, acuerdos, firma de documentos y desencuentros y el resultado hoy es una contundente realidad de extinción de los episodios bélicos sangrientos.

Hoy millones de seres humanos de este país construyen hechos de paz y convivencia.

La paz es hoy un hilo conductor de grandes masas ciudadanas en las veredas, municipios, regiones y departamentos.

De paz habla el Estado, la iglesia, los partidos, la sociedad civil y la multitud en su individualidad diversa y plural.

La paz es, entonces, es un asunto de muchas implicaciones que requiere ser pensada y practicada en forma densa, coherente y adecuada.

Es cierto, la paz es una palabra popular a la que millones se refieren. Es un leitmotiv colectivo. Se habla de la paz como un derecho constitucional, de la paz cristiana, de la paz como un mensaje de Dios, de la paz como reconciliación.

Son muchas las interpretaciones y explicaciones de la misma y su presencia en el sentido común, en el mundo de vida, como lo ha sido la violencia, adquiere preponderancia, hegemonía cultural e ideológica.

Los dispositivos centrales de la sociedad, los que apalancan la organización de la familia, la comunidad y la sociedad, como el Estado, la iglesia, la escuela, los partidos, los medios de comunicación, las redes sociales, los sindicatos, las juntas comunales, enfocan y priorizan su discurso y quehacer en la reconciliación y la convivencia. En el rechazo de la violencia como metástasis del conflicto.

Las preguntas de la paz.

Colocados en este escenario conviene, entonces, formularse varias cuestiones e inquietudes: ¿Qué es la paz? ¿Cuáles son sus manifestaciones concretas? ¿A qué paz nos referimos en estos momentos? ¿Qué categorías deberían ser los referentes mentales del compromiso y la voluntad individual y colectiva para construir la paz? ¿Cuál el contenido y la metodología de la denominada pedagogía y didáctica de la paz? ¿En qué consiste una cultura de la paz?

Las anteriores son problemáticas que necesitan ser pensadas, reflexionadas y debatidas en el seno de la sociedad y en los diversos ámbitos en que la misma se configura como articulación asociativa de individuos y ciudadanos.

La paz no se construye a punta de intuición o dando palos de ciego. La misma se hace racionalmente, pensando sólidamente cada una de sus aristas y ejes constitutivos.

La ciencia de la paz.

Por supuesto, han sido las Ciencias sociales, como campo científico, las que más han hecho para entender la paz. Esa ha sido una de sus prioridades desde que finalizo la segunda guerra mundial y, más concretamente, desde los años 50 del siglo XX. Eminentes científicos han dedicado sus vidas a esa trascendental tarea. Johan Galtung (http://bit.ly/2k6Coc2 ), un destacado sociólogo y matemático noruego, hizo de la paz y la solución de los conflictos, su prioridad científica vital. Casi el 70% de las investigaciones acumuladas por la humanidad son de su hechura comprometida (http://bit.ly/2kzdfKA ).

Hoy en el mundo, existen muchas universidades, centros de investigación y redes científicas enfocadas en el estudio riguroso de la paz y su construcción, en el examen de sus conceptos fundamentales como el conflicto, la violencia, la cultura de la paz y la concertación dialogada.

En Colombia vamos a requerir que muchas universidades, muchos científicos, muchos centros de pensamiento concentren sus esfuerzos en esta materia. Varias décadas del siglo en curso tendrán como eje constitutivo e instituyente el tema de la paz.

Las 3 Rs.

A manera de ejemplo me refiero a lo que los expertos denominan las 3 Rs como desafíos principales del postconflicto. Se trata de la Reconstrucción para curar y reparar los daños de la guerra; la Reconciliación para deshacer el metaconflicto; y la Resolución para crear las condiciones que erradiquen el conflicto original.

Como lo que pretendemos no es agotar en estas breves líneas la reflexión de un vasto tema que compromete diversas disciplinas sociales como la sociología, el derecho, la antropología, la psicología, la económica, la ciencia militar, la polemologia y otras áreas del conocimiento, para cerrar solo queremos referirnos a las preguntas formuladas en este texto.

La epistemología de la paz.

En tal sentido, es pertinente aclarar que una de las tareas intelectuales de mayor importancia en la actualidad colombiana es superar las epistemologías de la violencia para dar paso a las de la paz. El reto es darle cuerpo a un denso pensamiento en este vital asunto. Necesitamos muchos “pazologos”, para decirlo en tono amigable.

Paz compleja.

La paz es una realidad y un concepto complejo, amplio y multidimensional que se requiere analizar. Es una síntesis polisémica, porque aloja los diversos significados reconocidos en cada cultura. También es polivalente, ya que puede ser utilizada en distintos ámbitos, escalas y circunstancias personales y sociales. Y, asimismo, está dotada de cierta plasticidad, ya que se adapta en cada uno de estos ámbitos sin perder su significado central de regulación pacífica de los conflictos. La Paz es por tanto una idea muy dinámica, operativa transversalmente a todos los espacios humanos. Por todo ello sirve de cohesión para cada ámbito pero a su vez cumple esta misma función para el resto de las relaciones con otras actividades humanas; favorece el enlace, la conexión, el diálogo en y entre las distintas realidades humanas (http://bit.ly/2l3FgdL ).

El interés teórico por la paz se ha manifestado inicialmente en las religiones y la filosofía, pero adquirió una entidad diferente a partir de las primera y segundas guerras del siglo XX, como un intento de poner freno a las formas bélicas de resolución de conflictos. Concretamente a partir del año 1950, la investigación para la paz se constituye como disciplina académica. Por esos años, la paz fue definida como “situación de no-guerra, la paz negativa” (http://bit.ly/2l3FgdL ). Se estudiaban temas como la carrera armamentista y los procesos de paz entre estados, particularmente desde la perspectiva de las relaciones internacionales.

Hay diferentes concepciones de paz, según las culturas y las personas.

En todas las culturas y lenguas existe una conceptualización de la Paz, también en todos los ámbitos geográficos y en todos los momentos históricos.

Con el paso del tiempo las prácticas e ideas de paz se fueron haciendo cada vez más complejas y también, como sucede con otras experiencias, hubo préstamos de unos grupos humanos a otros. Así las ideas de paz que conocemos en la actualidad, (http://bit.ly/2l3FgdL ), surgen a partir de diferentes culturas y diversas tradiciones filosóficas y su avance depende justamente de su capacidad para integrar las múltiples fuentes que han surgido de las distintas experiencias humanas (grupos, sociedades, comunidades científicas, disciplinas, religiones, filosofías, etc.). La Paz, como todo el conocimiento humano, es el resultado de las experiencias de las comunidades culturales a lo largo de la historia, y su virtud depende en buena medida de su capacidad para escuchar con similar interés las aportaciones de cada cultura, anota Muñoz. Es completamente imprescindible recoger las aportaciones de las distintas tradiciones (la griega antigua, el judeo-cristianismo, el islam, el taoísmo, el hinduismo, los indígenas de todas las partes del mundo, Kant, Gandhi, Luther King, etc.), porque cada cultura acumula un gran volumen de experiencias y conocimientos. Además, y esto es importante, por las circunstancias del mundo contemporáneo, no existirá Paz si no es global e incluyente, y para ello es necesario que confluyan todas las experiencias de regulación pacífica de los conflictos, observa Muñoz.

Paz negativa, positiva y diferencial.

La paz es ausencia de la guerra y violencia directa, en su acepción “negativa”; es democracia ampliada y derechos humanos, en su interpretación “positiva”; y siembra progresiva cuando aún persiste la violencia, es paz “diferencial”.

La paz “negativa” nos llegó con el Cese al fuego y de hostilidades, unilateral, en principio según determinación de las Farc, y bilateral, desde mediados del 2016, con resultados tangibles en la caída de los índices de muerte, de acuerdo a las entidades que hacen los seguimientos respectivos.

La paz “positiva” da sus primeros pasos con implementaciones legales e institucionales para otorgar amnistías e indultos; reconocer los derechos de las víctimas con la Justicia Restaurativa Especial de Paz; dar garantías políticas como Oposición y de seguridad a las Farc; ofrecer salud y educación técnica de calidad a los excombatientes; y entregar tierras con créditos a los campesinos.

Pero la paz, hoy, apenas si es “diferencial, pues por ahora ella se da en aquellos espacios e instancias en las que se pueden identificar acciones que crean paz, a pesar de que estén en contextos en los que existen los conflictos violentos como el que protagonizan el ELN y las bandas criminales.

La cultura de la paz.

Siendo que la violencia es directa, cultural y estructural, la tarea que debemos emprender desde ya es la de configurar una cultura de la paz como un conjunto de “valores, actitudes y conductas”, que: i) plasman y suscitan a la vez interacciones e intercambios sociales basados en principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia y solidaridad; ii) que rechazan la violencia y procuran prevenir los conflictos interviniendo sus causas; iii) que solucionan sus problemas mediante el diálogo y la negociación; y iv) que no solo garantizan a todas las personas el pleno ejercicio de todos los derechos, sino que también les proporcionan los medios para intervenir plenamente en el desarrollo endógeno de sus sociedades (http://bit.ly/2ksnEoK ).

Bucarmanga, 4 de febrero del 2017.

Publicado enColombia
Viernes, 27 Enero 2017 06:38

Trump, Assad y Al Sisi: rasgo común

Trump, Assad y Al Sisi: rasgo común

A los reporteros nos encantan las cifras. Entre más grande es la multitud, mejor es la nota. A los políticos también les gustan. Entre más grandes son las masas, mayor es su popularidad. Ni pregunten quién dijo: "Estaba ahí y dije mi discurso. Me asomé a la explanada y era como un millón; millón y medio de personas". Ah... esos millones.

En 2011, cuando las multitudes en la plaza Tahrir llegaron a cientos de miles, Al Jazeera calculó un millón de egipcios. O quizá fue un millón y medio de personas en el centro de El Cairo. Ellos ayudaron a derrocar a Hosni Mubarak con ayuda del ejército, claro, el protector del pueblo. Expertos consideran que lo más que puede atestar el distrito de Tahrir son 300 mil personas. Pero ¿qué importa? Era una revolución.

Así fue como Mohamed Mursi ganó la primera elección democrática en la historia moderna de Egipto, pero dos años después las multitudes volvieron a las calles de la nación árabe más poblada y ahora querían derrocar a Mursi y a la mano dura del protector del pueblo, el ejército. Una petición del movimiento de la juventud reunió, según reportes, 22 millones de firmas y tenían de su lado al general, quien más tarde sería mariscal de campo y posteriormente, presidente, Abdel Fattal al Sisi. Sus publicistas anunciaron que su coup d’etat tuvo el respaldo de los inconformes que participaron en "las manifestaciones más concurridas en la historia de la humanidad". Aseguraron que en todo el país se congregaron 33 millones de personas: más de un tercio del total de la población egipcia. Esto era fantasioso, pero obsesivo.

No es de extrañar que Donald Trump se encontró con Sisi el año pasado y afirmó que el líder egipcio era "un tipo fantástico". Y no olvidemos que la administración de Obama se creyó la información no verificada sobre las firmas en la tristemente célebre "petición". El Departamento de Estado, entonces encabezado por Hillary Clinton, declaró que Estados Unidos no podía contravenir la voluntad de "22 millones de personas que hablaron (sic) y cuyas voces fueron escuchadas". Pero fue esa escala de los 33 millones lo que el ejército utilizó para proclamar su legitimidad. Cuando la BBC reportó esta exageración digna de Hollywood, los acólitos de Al Sisi citaron a su vez a la cadena británica, lo que dio autenticidad a la fantasía.

El servicio en árabe de la BBC tenía sus dudas y señaló que "decenas de miles" habían exigido el derrocamiento de Mursi, pero el daño estaba hecho. Una televisora local egipcia afirmó: "CNN informó que 33 millones de personas estuvieron hoy en las calles. La BBC señala que es la movilización más grande de la historia". La cadena británica no autentificó dicha cifra, como señaló el periodista Max Blumenthal, uno de los pocos escritores estadunidenses que cuestionaron esta exageración tan publicitada.

Después, un "oficial militar anónimo", que pudo o no haber existido, afirmó que 17 millones protestaron contra el gobierno de Mursi y exigieron nuevas elecciones. Si bien es una cifra ligeramente menos ambiciosa que 22 millones o 33 millones, este número también fue una alucinación; un "hecho alternativo" como han existido otros. Pero que dé un paso al frente un hombre que entendía de popularidad personal, que estaba hambriento de admiración y quien, sin duda, también pensaba que Al Sisi es "un tipo fantástico". Este eminente estadista nos dijo que "17 millones de personas en las calles no es lo mismo que una elección, pero es una increíble manifestación del poder popular". Sí, fue Tony Blair.

Nuevamente "hechos alternativos". ¿Pero qué se podía esperar de lord Blair de Kut al Amara, quien nos dio armas de destrucción masiva y alertas de 45 minutos y quien aparentemente no notó al millón de británicos (de acuerdo con la BBC) que marcharon por las calles inglesas en 2003 porque no querían invadir a Irak?

La cifra egipcia de 2013 cayó brevemente a 14 millones, pero incluso esa cantidad era bastante "alternativa". Un bloguero egipcio determinó que si cada manifestante en El Cairo ocupaba un espacio de 0.45 metros cuadrados, el total de manifestantes pro Sisi que podían caber en el centro de todas las ciudades egipcias eran sólo 2.8 millones. Bastante pobre. Ni siquiera el doble del millón y medio que logró reunir Trump.

Pero hablemos del millón de Trump por un momento. Cuando los libaneses quisieron condenar el asesinato de su ex primer ministro, Rafiq Hariri, en 2005, cientos de miles se congregaron en el centro de Beirut y exigieron que las tropas sirias se retiraran de su país. A los reporteros les gustó llamar a esto "la revolución del cedro". ¿Fueron 500 mil manifestantes, como sugirió Ap? ¿O entre 800 mil y 1.2 millones, como proclamaron otros? Digamos que fue un millón, aunque Hezbolá logró un mitin en apoyo a Siria con quizá medio millón (posiblemente hasta 800 mil), unos días más tarde.

Mientras Washington rondaba Damasco, el presidente Bashar al Assad se sintió agraviado por los manifestantes antisirios. La revolución del cedro era un título que no inventaron los libaneses, sino un funcionario del Departamento de Estado estadunidense. Assad alegó que sus antagonistas en Beirut eran menos y habló de las cámaras "sesgadas" y las tomas que jamás hacían acercamientos.

Pero podemos ver a lo que el extraño vocero de Trump se refería cuando dijo que "este es el público más concurrido jamás visto en una toma de posesión". Independientemente de lo que hayan sido los resultados finales de la elección estadunidense que le dieron la victoria a su patrón, Sean Spicer dijo mentirosamente lo que su amo en realidad deseaba escuchar: que la voluntad del pueblo debe cumplirse. Las multitudes cuentan. Cuando el ejército egipcio protagonizó el golpe, Blair, el amigo de Al Sisi, de hecho afirmó que se había cumplido "la voluntad del pueblo".

Quizá el número de participantes en un acto está sustituyendo a las encuestas, que hace mucho tiempo eran equivalentes a elecciones en la imaginación colectiva, y el número mágico de un millón (o millón y medio) es la nueva obsesión de los presidentes estadunidenses, como ha sido de los presidentes árabes durante años. Enfoquémonos en Trump, pero no nos pongamos obsesivos. Lo único que dijo es que vio "una increíble manifestación del poder de la gente".

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

Publicado enInternacional
Revocatoria. El año en que haremos historia

Como buen camaleón esperó 16 años resguardado en diferentes partidos. Ahora, algunos confundidos y con amnesia político-histórica de los abusos por él cometidos en su primera administración, le dan la oportunidad de repetirlos. Enrique Peñalosa II, ejemplo de lo que el pueblo no debe aceptar.

 

Los que siempre se lucraron del esfuerzo de todos/as, los que han manejado esta ciudad como si fuera propiedad privada, necesitaban recuperar lo parcialmente perdido durante 12 años. Y para ello no ahorraron esfuerzos, logrando su propósito en las elecciones de 2015.

 

No ocultan su ambición ni mezquindad. Desde los primeros días de la nueva alcaldía Peñalosa fueron con todo contra las políticas y logros que favorecían a los sectores populares capitalinos. Por ello, desde esas primeras semanas, diversos sectores ciudadanos preocupados por la ciudad que vamos a heredar a las futuras generaciones, nos dimos cita para fijar un qué hacer.

 

Para fundamentar nuestro propósito asistimos al Concejo de Bogotá, donde, sin gran discusión 32 concejales militantes de los partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical, la U, parte del Verde, Centro Democrático, le aprobaron al “nuevo” Alcalde el cuestionado y demandado Plan Distrital de Desarrollo, en el cual, entre otras perlas, resalta su artículo 133 numeral 3. Otras fuentes de financiación “tales como la venta de acciones de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), entre otros, de tal forma que le permita generar recursos en el corto y mediano plazo”.

 

Carta blanca. Ese entre otros significa “lo que quiera vender”, además que lo facultan a reestructurar lo que desee del Distrito, llevando a cabo una campaña de despidos y desconocimiento de lo actuado por anteriores administraciones. De esta forma la actual administración está en contravía del artículo 259 de la Constitución Política, que explicita sobre el funcionario elegido de manera popular, y su plan de gobierno “[...] imponen por mandato al elegido el programa que presentó al inscribirse como candidato”, que para el caso del capitalino el tipo de procederes aquí comentados nada tienen que ver con lo anunciado en su plan de campaña. Es más, el hoy Alcalde también entregó al Concejo Territorial de Planeación Distrital un documento diferente, violando así la ley 152 de 1994.

 

Es por ello que los ciudadanos reunidos de manera voluntaria decidimos asumir, de acuerdo a la Constitución Política y su artículo 103 “La revocatoria del mandato”, a la par de las leyes 131 y 134 de 1994 y la 1757 de 2015, que son las que regulan la participación ciudadana.

 

Para darle vía a este propósito, y de acuerdo a lo estipulado por la Ley, decidimos: 1. Organizar el comité “Unidos revoquemos a Peñalosa”, y así poder realizar el proceso respectivo, 2. Recolectar los apoyos necesarios, en total 271.818 firmas del censo electoral, equivalente al 30 por ciento de los 906.058 votos obtenidos para llegar al cargo, 3. Pasar a la verificación de lo recogido por parte de la Registraduría y su viabilidad constitucional, 4. Que ésta convoque a la votación popular en Bogotá, 5. Movilizar a la ciudadanía para que se acerque a las urnas con una participación no inferior a 1.092.230 bogotanos lo cual equivale al 40 por ciento de los votos válidos del total obtenidos el 25 de octubre de 2015 y de estos votos 548.000 deben ser por el SÍ, lo cual equivale a la mitad mas uno del dato anterior, 6. Una vez convalidada esta votación, liderar una nueva elección, en esta ocasión por alguien que encabece la alcaldía de la capital del país colocando al frente un proyecto de ciudad colectivo, elaborado con la ciudadanía, para que de verdad favorezca a las mayorías de quienes acá habitan.

 

El propósito de este año es hacer historia, por nuestros hijos y nietos. Por primera vez en la “democracia más antigua de América”: revocar lo que estorba y elegir a quien le sirve al pueblo y no a los intereses del gran capital.

 

Esfuerzo nada fácil pero que SÍ es posible. A la par que avancemos tras este empeño, sus aliados tratarán de cambiarle la imagen: entregarán viviendas en Bosa con Germán Vargas Lleras; aprobarán y harán efectiva la entrega de dinero –con Juan Manuel Santos al frente– para diferentes proyectos urbanos. Lo ensalzarán, con el apoyo de los grandes medios de comunicación. En fin, harán lo posible y lo imposible para dividir y boicotear este proceso, pero pese a todo ello debemos avanzar como un solo cuerpo en pro de su Revocatoria.

 

* Dirigente CUT-Bogotá.

Publicado enEdición Nº231
"Si nos quedamos en lo que los políticos pueden hacer por nosotros habremos fracasado en todos los sentidos"

El autor de 'El fin de la clase media' y 'Nosotros o el caos: así es la derecha que viene' vuelve a las librerías con los 'Los límites del deseo: guía de instrucciones para el capitalismo del siglo XXI'
"Creo que ahora mismo en el mapa europeo la gran fuerza es la derecha populista, que está teniendo votos incluso en aquellos lugares que eran propios de la izquierda"


El autor de 'El fin de la clase media' o 'Nosotros o el caos: así es la derecha que viene" continua en su análisis de los cambios socioeconómicos de los últimos años. Con 'Los límites del deseo: instrucciones de uso del capitalismo del siglo XXI', el periodista y abogado Esteban Hernández elabora una radiografía del sistema económico en el que la sociedad occidental se encuentra inmersa.


A lo largo de su libro habla reiteradamente de "mecanismos" y "resistencias" para frenar las dinámicas del neocapitalismo. ¿A qué resistencias y mecanismos se refiere?


Opciones hay muchísimas. En primer lugar sustituir a algunas personas que están al frente de los puestos de mando y poner a otros que nos lleven por un camino más beneficioso. Se puede poner palos en la rueda en el caso de la financiarización y la Unión Europea puede tomar medidas que combatan la precarización laboral. Además es importante que los impuestos se inviertan en la misma sociedad y poner límite a la avaricia de las empresas.


¿Es cierto que como individuos podemos hacer poco para frenar el sistema?


Eso es un error enorme, si nosotros nos quedamos en lo que los políticos pueden hacer por nosotros, habremos fracasado en todos los sentidos. A lo largo de la historia, se han originado un montón de resistencias que la gente ha planteado por sí misma con independencia de lo que los políticos hacían. En el caso del mundo laboral es muy evidente, los sindicatos nacieron fruto de situaciones de necesidad y sin pasar por mediaciones políticas.
Yo creo que ahora estamos delegando demasiado en lo que los políticos pueden hacer y nos olvidamos un poco de mecanismos mediante los que nosotros sí podamos tener una incidencia. En el mundo del trabajo podemos necesitar mecanismos distintos porque es complicado defender tus derechos sin que te partan la cara pero esto no significa que sea imposible. Es obvio que hay determinadas cosas que se pueden hacer y esas cosas que se pueden hacer, insisto, no podemos dejarlas en manos de otros.


¿Cree que ese cambio que apunta en 'Los límites del deseo' vendrá desde las instituciones o desde comunidades más pequeñas?


No tengo ni idea porque ambas cosas en este momento en concreto tienen muy poco poder a la hora de actuar. Es verdad que instituciones como la Unión Europea tienen muchos mecanismos para hacer cosas pero también hay falta de voluntad, entonces es necesario generar un cambio social para que efectivamente esto se lleve a cabo. Tenemos mecanismos enormes para favorecer nuestra vida y los estamos utilizando en sentido contrario, eso se pude cambiar pero tiene sus dificultades.


Por otro lado las comunidades pequeñas necesitan crecer y desarrollarse para crear algo más consolidado. Uno de los grandes problemas que existe es que hay muchas cosas que se pueden hacer y hay una escasa voluntad por parte de la gente de ponerse en relación con los demás para poder hacer lo que esté en su mano. Si queremos cambiar las cosas, tenemos que poner iniciativas en común y trazar nuevas experiencias porque si no, estaremos absolutamente aislados y lo que hagamos carecerá de eficacia.


Según esta teoría, lo que se necesita para cambiar las cosas es que la gente sea primero consciente de la situación en la que está y reaccione. ¿Cree que la educación es una buena herramienta en este sentido?


Desde luego que sí, hay elementos obvios y uno de ellos es la educación pero tampoco podemos esperar a que la educación pueda darnos sus frutos al cabo de X años. Yo creo que estamos en un momento de urgencia y necesitamos una solución ahora. Es evidente que la gente está desanimada y hace falta una chispa. Esa chispa puede ocurrir. Pongo el ejemplo político: en un momento determinado en España estaba todo parado y una determinada formación metió una chispa y a partir de ahí la política se reactivó, puede ocurrir igual en otros terrenos.


Menciona en su ensayo que un rasgo de la sociedad actual es que sí existe capacidad para indignarse pero que se trata de una indignación que olvidamos a los pocos minutos.


Sí, es un tipo de resistencia muy útil para cualquier tipo de poder porque se trata fundamentalmente de un desahogo. Si además del desahogo, que está bien, empezáramos a generar iniciativas en los ámbitos en los que estemos sería mucho más fácil que las cosas fueran de otra forma.
¿Cree que la izquierda de este país está cumpliendo su función en el sentido de luchar contra las fuerzas económicas?


En absoluto, yo creo que ahora mismo en el mapa europeo la gran fuerza es la derecha populista, que está teniendo votos incluso en aquellos lugares que eran propios de la izquierda. Esto significa que, evidentemente, la izquierda está haciendo algo mal.


En España hay un partido de poder que está agotado por la corrupción y el partido de la oposición, que es socialista, está a punto de hacer crack por sus crisis internas. Si en este contexto, Podemos es solamente la tercera fuerza es porque se han equivocado en algo.


Es evidente que la derecha populista europea ha tenido un mensaje muy poderoso alrededor del mundo material, del trabajo, de las posibilidades vitales, de las condiciones de vida... todo ligado al dinero, a lo económico, a lo que de te da el sustento. Si la izquierda española no da esta perspectiva, será cada vez más irrelevante.


Otro de los asuntos que aborda es la percepción que tiene la sociedad acerca del sistema económico. El capitalismo es un sistema que funciona a base de crisis pero a la gente le da una sensación de estabilidad.


El capitalismo viene de crisis pero mucha gente se ha criado en un lapso de tiempo en el que la sociedad tenía una estabilidad, por lo tanto es lógico que se tenga esa percepción. Desde el punto de vista de las generaciones inmediatamente anteriores, en España se vivió un desarrollo grande que venía acompañado de la promesa de un mundo mejor. Tú pensabas que tus hijos iban a estudiar y por tanto iban a vivir mejor que tú, pensabas que esto era un camino acumulativo y que de mayor ibas a tener más recursos y más posibilidades que de joven..., la sociedad tiende a confiar en esto y de repente se quiebra y llega la crisis. Sin embargo, hasta ese momento había una sensación de ir a favor de los tiempos por lo que es normal que la gente no solo tenga la percepción de la estabilidad, si no una necesidad de dicha estabilidad.


Lo que estamos viendo es que con este sistema la posibilidad de trazar tu propio proyecto vital está eliminada, ya no es una cuestión de elección, estamos aquí hoy y mañana no sabemos. Esto genera mucha inestabilidad, mucha inseguridad y por lo tanto, mucho descontento.


¿Cree que la clase media ha variado en sus condiciones de vida desde la publicación de 'El fin de la clase media' en 2014?


La clase media existe por dos motivos: uno porque todavía queda clase media en cuanto a los recursos económicos y en segundo lugar porque la mayor parte de la sociedad se percibe así. Es raro el español que dice que no es clase media, incluso gente con muy pocos recursos materiales se percibe como tal. Así que, aunque solo sea en este nivel, la clase media existe.


Ocurre que a día de hoy se trata de una clase muy debilitada porque muchos han descendido y, aunque algunos hayan ascendido en la escala social, es continua la sensación de que la posición es provisional.


La gran diferencia entre la clase media de hace unas décadas y la actual es que antes las personas que formaban parte de esta clase pensaban que iban a seguir ahí, ahora sabes que cualquier movimiento te puede llevar a cualquier lado malo. Esta ruptura cambia radicalmente la percepción que la clase media tenía de sí misma.


Según esta lógica, ¿un médico y un obrero de la construcción realmente pertenecen a la misma clase social?


Si nos fijamos en los recursos materiales, no es así y, precisamente por eso, cada vez hay menos clase media, y cada vez hay más gente dentro de esta clase que subsiste con los recursos propios de las clases populares y menos que están muy por encima de eso. Yo insisto en dos aspectos: uno de ellos es la percepción, y el otro es que antes había una serie de bienes sociales de los que incluso la clase obrera disfrutaba.


Una persona de clase obrera de hace cuatro décadas tenía la sensación de que las cosas iban a ir a mejor pero también una serie de bienes materiales que respaldaban esa idea. Empezando por la vivienda, en los 70 la mayor parte de la vivienda era de creación oficial con lo cual el acceso era mucho más sencillo. Además, existía un transporte público que era relativamente barato y se disfrutaba de bienes como la energía con unos precios no tan elevados. Es verdad que los salarios eran bajos pero había una serie de compensaciones en términos del Estado del bienestar que mejoraban tu nivel de vida y además tus hijos podían ir a la Universidad e intentar trazar un futuro mejor.


Esto ha desaparecido por completo, es todo lo contrario, no me extraña que la clase obrera de esa época pensara que, de alguna manera, pertenecía a la clase media. Es cierto que materialmente no lo eran pero los bienes sociales de los que disfrutaba les permitía pensar de esa manera pensar sobre sí misma.


En 'Los límites del deseo' también analiza el funcionamiento de la Universidad. ¿Cree que la precarización de los recién titulados es un fallo del sistema o, por el contrario, existen empresas fundamentadas precisamente en esta mano de obra?


Fallo del sistema no es, porque estamos metidos en un tipo de gestión financiarizada y una de las patas es la de reducir costes. Si tú puedes tener mano de obra a bajo coste la aprovechas. Es el caso de los becarios y el de mucha otra gente, no es algo coyuntural, es una mecánica de gestión que se utiliza en muy distintos estratos. Mientras la lógica de gestión siga siendo ésta, estas situaciones se producirán, más incluso si sigue habiendo un exceso de mano de obra en las profesiones. Es una consecuencia de lógica de un tipo de gestión.


En la presentación de 'Los límites del deseo' se dijo que al libro le faltaba política y que ofrecía una visión cruda de la realidad. ¿Qué piensa acerca de estas afirmaciones?


En cuanto a la visión cruda, es como cuando intentas hacer una fotografía, la imagen no es ni cruda ni deja de serlo, simplemente capta lo que está afuera. Insisto en esto: independientemente de como sea la realidad, en el instante en que la conoces puedes empezar a cambiarla, si es cruda, será el punto de partida, no el de llegada. Sea como sea la situación en la que estamos, hay que intentar ir hacia lugares que nos sean beneficiosos. Es una cuestión de pensar: “Esto es crudo y tengo que dar un paso adelante para modificarlo”.


En cuanto a la política, si entendemos la política como una idea de “siéntente bien, vamos a pasárnoslo bien todos juntos, vamos hacer cosas”, pues no, aquí no hay nada de eso. Si entendemos la política como algo más serio, establecer mecanismos de resistencia, porque el conocimiento de la realidad te lo permite, pues entonces es política 100%. Ahora, si lo que decimos es: "Bueno, vamos a dejarlo todo en manos de una gente que nos va a ayudar a sentirnos mejor", malo.

 

Por Ana Caro
26/12/2016 - 19:10h

Publicado enSociedad
Viernes, 16 Diciembre 2016 07:55

Voces de paz: ¿Partido-movimiento?

Voces de paz: ¿Partido-movimiento?

Voces de paz, agremiación política civil de la resistencia campesina y popular, emerge como la expresión de una corriente social comprometida con la construcción de la paz. ¿Será un partido-movimiento?


Introducción.


La implementación de los acuerdos de paz sobreviene y se dan una seria de acontecimientos de la mayor trascendencia.

La noticia de la constitución de la nueva agrupación política por parte de las Farc, Voces de paz (http://bit.ly/2hGEnGk ), es un hecho que impacta el campo político, el cual amerita una profunda reflexión.

Nos encontramos en el tránsito de la guerra de guerrillas de movimientos a una guerra política de posiciones para la construcción de una nueva hegemonía nacional y popular.

En tal sentido conviene plantearse, de manera preliminar, unas cuestiones para contribuir a que este esfuerzo se abra paso y consolide como un horizonte de posibilidades para las masas populares y la democracia ampliada que nos ha traído la paz.

¿Qué prácticas aberrantes del pasado deben superarse para lograr atraer a millones de ciudadanos, sumidos en la apatía política y en un repudio despolitizado de la corrupción y el neoliberalismo? ¿Qué formas de organización debe darse la nueva asociación política?

¿Voces de paz debe constituirse como un partido-movimiento que lo asimile con los potentes movimientos sociales surgidos en los años recientes, como una confluencia de expresiones campesinas, populares, indígenas, intelectuales, ambientalistas, feministas y afro descendientes?

¿Qué papel debe atribuirse a su equipo de dirección?

Lo organizativo. Superar viejas y malsanas prácticas.

La construcción de una nueva agremiación política por parte de las Farc, ponen en el centro del debate la problemática de la organización y la estructura de una nueva fuerza política.

Ante los desafíos abiertos en el ámbito institucional como resultado de los Acuerdos de paz, resulta indispensable abordar un debate político y organizativo para afrontar esta nueva etapa política.

Se trata de problemas o tensiones que no son novedosos, la novedad es la oportunidad de cambio social y político que vive nuestro país.

De manera puntual, se requiere asumir modelos organizativos que aborden desafíos inmediatos: superación de la forma partido tradicional, despliegue instituyente hacia lo social, eliminación de tendencias burocráticas y centralistas, creación de mecanismos que promuevan la democracia y la pluralidad internas, etc.

El ‘devenir Príncipe’ de las clases subalternas, anota Gramsci, supone dotarse de una consistencia organizativa y un proyecto estratégico claro que supere las posiciones 'subversivistas' inorgánicas que “mantienen un estado febril sin porvenir constructivo”.

Dicha consistencia no debe caer, sin embargo, en una excesiva centralización en la que los órganos de dirección suplanten al partido y ahoguen la iniciativa política de las bases y otras formas organizativas de clase.

Son innumerables los ejemplos de organizaciones que se fueron fosilizando a causa de un creciente dogmatismo ideológico, una férrea centralización o dinámicas irreversibles de burocratización tan bien descritas por Robert Michels.

El desafío pasa, entonces, por diseñar e implementar mecanismos concretos que inhiban esta tendencia y permitir que las organizaciones se mantengan como espacios vivos y dinámicos.

Gramsci resalta la necesidad de un programa intensivo de formación que permita que “todo miembro del Partido sea un elemento político activo, sea un dirigente”. La formación política no pasa sólo por aspectos teóricos sino que aborda cuestiones relacionadas con la intervención práctica y con el fomento de una determinada ética militante, alejada del narcisismo vanguardista, el oportunismo burocrático y la sacralización del partido marcada por el conservadurismo y la burocratización

Un militante de la paz no debería ser un soldado acrítico sino ante todo un organizador, para quien la lealtad y el crecimiento de su organización es importante, pero aún más la creación de una sociedad abigarrada y en movimiento capaz de resistir y sobre todo crear alternativas a la dominación neoliberal.

El problema de la organización de la nueva fuerza política debe ser afrontado de forma democrática y productiva, traduciendo sus conclusiones en orientaciones y líneas de actuación.

El partido-movimiento[1].

Si algo tendrá que caracterizar a Voces de paz, para diferenciarse claramente de las maquinarias clientelares tradicionales, será su especial vinculación con distintos movimientos sociales y populares. En esto, les resulta aplicable, en mayor o menor medida, la definición de “partido-movimiento” sugerida por Herbert Kitschelt (2006) (Ver http://bit.ly/2h2AqYJ ) para referirse, fundamentalmente, a los partidos de la izquierda libertaria surgidos en distintos países a principios de los ochenta.

Estos partidos se caracterizaban por mantener rasgos organizativos y programáticos similares a los de un movimiento social. En lo organizativo mantienen procedimientos internos de toma de decisiones de tipo participativo y tienen una estructura más horizontal y menor jerárquica que la de otros partidos. Sus programas, por otra parte, tienden a centrarse en algunos temas concretos y a ser menos comprensivos. Pero, a diferencia de los movimientos sociales, se trata de formaciones que compiten en la arena electoral, sin que ello impida que, de vez en cuando, sigan recurriendo a formas de acción colectiva propias de los movimientos sociales, como es la protesta en la calle. No es tanto en los programas donde se espera encontrar diferencias, sino en los rasgos organizativos que permiten considerar a la nueva agremiación como un “partido-movimiento”.

Crear institucionalidad popular.

Un partido-movimiento debe otorgar un lugar central a la creación de una institucionalidad popular que exceda a las funciones de representación y buscar una articulación permanente entre las expresiones contemporáneas plebeyas. El nivel de protagonismo de los sectores plebeyos y populares y la capacidad de desbordar y exceder a las vanguardias jacobinas son buenos indicadores tanto de la salud de una organización política como de la potencia de un proceso de cambio político y social.

Características del partido-movimiento.

En primer lugar, la forma-movimiento señala ante todo la existencia de una multiplicidad de instancias organizativas que, en relación con la forma-partido, presentan mayores cotas de plasticidad, dinamismo, informalidad y descentralización.

En segundo lugar, se caracteriza por un tipo de acción y organización colectiva fundamentalmente extra-institucional y que, si bien puede producir impactos en la forma-Estado y las políticas públicas, no tiene como objetivo central la participación en los órganos de representación política sino una vertebración organizativa de lo social.

En tercer lugar y estrechamente vinculado a lo anterior, la forma-movimiento se ha especializado en una política situacional, que busca desplegar o fortalecer la potencia de auto organización de los sujetos afectados por una determinada problemática. Este trabajo en situación, que tiene su revés en un excesivo particularismo o sectorialización, ha permitido enriquecer y profundizar el conocimiento sobre los múltiples mecanismos de dominio y explotación pero también sobre las formas de resistencia y subjetivación política –pensemos la contribución del movimiento feminista o anticolonial por poner tan solo dos ejemplos–. Ha permitido a su vez a que sea en la forma-movimiento donde se han producido mayores niveles de innovación –organizativa, técnica, comunicativa, etc.– y donde se han ensayado prototipos organizativos capaces de adaptarse y anticiparse en muchos casos a los cambios sociales y subjetivos en curso.

La propuesta es pensar la relación partido/movimiento en términos de articulación y ensamblaje y no de dicotomía o disyunción.

El desafío es ensamblar las piezas de la forma-partido y la forma-movimiento, abordando la relación desde un análisis institucional interesado ante todo en su funcionamiento, sus dispositivos y su adaptabilidad a los objetivos y actores presentes en el actual momento político. Desde esta perspectiva, resulta indispensable analizar y extraer saberes organizativos de muchas experiencias de movimientos.

Como demuestra la historia, cuando el capital avanza y deja de someterse al mando democrático, la vida –incluido el planeta– se vuelve precaria y vulnerable. No es casual que las situaciones en las que se han articulado movimientos en los últimos años estén atravesadas por la desposesión y la precarización, rasgos centrales de la regulación neoliberal del conflicto capital-vida.

Lo que estos movimientos señalan son escenarios donde existe una disputa, viva y encarnada, por el significante democracia y la orientación de las políticas públicas: luchas por la vivienda; en defensa de la salud, la educación y otros servicios públicos; galaxia de micro-conflictos entorno al desempleo, la exclusión y la desregulación laboral; demandas y conflictos vinculados a la democracia urbana; redes por la defensa de los bienes comunes –naturales o digitales–,etc.

Un partido-movimiento debe habitar e intervenir en estas situaciones porque en ellas se juega la vida. Y para ello debe incorporar dispositivos más propios del mejor sindicalismo, las asociaciones vecinales y las redes, que de los partidos políticos tradicionales oligárquicos. En la actual ofensiva neoliberal sobre la vida el partido-movimiento tiene que ser capaz de articularse también como una agremiación social, combinando funciones de asesoramiento, organización, conflicto, negociación colectiva y defensa y ampliación de derechos.

El desafío de crear y fortalecer procesos de organización frente a la precarización y forzar una tendencia para fortalecer los salarios directos e indirectos es una cuestión inaplazable. Sabemos que para construir una nueva mayoría no bastará con buenos y honestos representantes institucionales. Necesitamos una sociedad abigarrada que acompañe y protagonice, desde múltiples situaciones y escenarios, el proceso de cambio social en curso, para lo cual precisamos de modelos organizativos que sepan ensamblar de la forma más virtuosa posible los mejores dispositivos de la forma-partido, la forma-sindicato y la forma-movimiento.

El Partido de Movimiento opera mediante una racionalidad política basada en la expresión –y con ello la tendencia a una ampliación de la potencia política de lo social que se despliega también en lo estatal– y tiene como referencia central a la 'sociedad en movimiento'. En segundo lugar, esto se traduce en un modelo organizativo de tres patas que, si bien funcionan de forma articulada, responden a lógicas y modos de hacer singulares: la institución, el territorio y las prácticas prefigurativas.

El trabajo institucional asume el desafío de implementar nuevas formas de expresión y representación radicalmente democráticas así como impulsar, con rigor y eficiencia, políticas públicas al servicio de los sectores populares.

Además de formar organizadores y promover una ética militante basada en la 'leninista sencillez', un partido-movimiento debe dotarse de instrumentos que aseguren su permeabilidad y apertura con una membresía laxa.

Lo que requiere de formas de participación que se adapten a la flexibilidad de los tiempos y las situaciones vitales de la gente –no todo el mundo puede o quiere participar en calidad de militante– y crear programas de trabajo y líneas de intervención que permitan una vinculación productiva al proyecto, sostenida en el hacer –con múltiples modos e intensidades– y no tanto en admirar, criticar o debatir ad nauseam las acciones de la dirección. Esto requiere una apuesta firme por una democracia interna que lejos de conformarse con plebiscitar decisiones ya tomadas, confía en la descentralización y en la inteligencia colectiva de sus bases para el diseño, ejecución y evaluación de los planes de trabajo y las orientaciones políticas.

El desafío no es construir una organización que tienda a unificar sobre sí a las fuerzas del cambio sino el articular con la máxima potencia política a la multiplicidad, es nombrar procesos dinámicos que exceden y desbordan a los actores políticos formales.

Lecciones para un partido-movimiento.

En términos estrictamente políticos emergen dos lecciones inmediatas para un partido-movimiento que intervenga en la coyuntura.

En primer lugar, el desafío no es construir una organización inmensa que tienda a unificar sobre sí a las fuerzas del cambio sino el articular con la máxima potencia política a la multiplicidad de actores con los que se comparte una construcción hegemónica 'en común'. Pasar del catch-all party al articulate-all party. Un partido-movimiento no busca absorber o subordinar a otras experiencias sino producir la mejor articulación posible con ellas, componiendo –no imponiendo– de ese modo un proceso expansivo de cambio. En la práctica esta articulación entre demandas y actores diferentes y asimétricos muestra toda su complejidad y emergen multitud de conflictos. Los procesos de confluencia ensayados en los últimos años reflejan esa dificultad, pero también una enorme potencia política y el desarrollo de una cultura de la articulación y una 'diplomacia de base' que deben ser optimizadas.

En segundo lugar, si no se expande no es política. Esta voluntad expansiva exige tener mirada larga y vocación mayoritaria, siendo capaces de desbordar a las organizaciones formales y determinadas identidades ideológicas para interpelar y afectar al conjunto de la sociedad. Y aquí es donde se requiere del mismo modo de significantes abiertos y prácticas discursivas inclusivas como de un contacto y cooperación material con la miríada de actores que habitan e intervienen en la formación de la cultura popular y el sentido común.

Sobre la dirección política[2].

Lo sabemos desde siempre, dice Monereo. Antonio Gramsci se encargó de recalcarlo con mucha fuerza: la clave de un partido en construcción, en un contexto de crisis orgánica, es su dirección política. Ésta será la tarea decisiva a definir en la nueva etapa de construcción de la paz, concretar con precisión el proyecto y el equipo dirigente capaz de realizarlo, sabiendo que no tenemos todo el tiempo del mundo y que los poderes nos acosarán. La lucha de clases es así y no caben falsos idealismos: pretender cambiar el sistema y que los poderes te aplaudan, no parece posible.

Hablo de equipo dirigente, de una dirección política capaz de construir organización en todas las localidades, pueblos, ciudades, en los centros de trabajo; de promover la existencia de centenares de círculos insertados sólidamente en el territorio y en el conflicto social, de formar a centenares de cuadros capaces de gestionar nuestro “sector público democrático”, de impulsar alianzas sociales y de construir una institucionalidad alternativa. La dirección política de una fuerza transformadora y antagonista es algo más que hacer ruedas de prensa, intervenir en tertulias o aparecer en las instituciones; es construir sentido común, propiciar formas de vida que promuevan la cooperación, la solidaridad, el apoyo mutuo. Para decirlo con más precisión: una dirección que construya poder social, hegemonía cultural y democratice las instituciones.

Dejo a consideración de los lectores estas primeras puntadas de un debate que se enfoca en el hecho más importante del salto de las armas a la política civilista.

Notas.

[1] Esta parte del análisis recoge en gran parte la reflexión de Nicos Sguiglia sobre el tema del partido-movimiento que se puede localizar en el siguiente enlace electrónico http://bit.ly/2gD0Y1i . Igualmente asumimos en enfoque de Irene Martin en el siguiente enlace electrónico http://bit.ly/2gLkLAB

[2] Remite al siguiente artículo de Manolo Monereo para establecer los alcances del tema del papel de la dirección política de un partido-movimiento. Ver siguiente enlace electrónico http://bit.ly/2h2zkft

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