¿Noche de paz? En el mundo hay más de 40 conflictos armados activos

Las religiones predican paz, pero la Tierra está en guerra permanente. Muchas de ellas, por choques de creencias y defensas fundamentalistas de dogmas de fe. En los conflictos armados, más o menos activos o larvados, aunque todos sin declaración oficial de cese de hostilidades o procesos de desarme sellados, hay 67 países involucrados y 775 movimientos insurgentes.


Otro año que vivimos peligrosamente... con más de una cuarentena de conflictos armados a lo largo y ancho del planeta. Algunos de larga duración, como el del Sáhara Occidental, con entre 14.000 y 21.000 muertos, que inició las hostilidades en 1970. O el colombiano, que aún mantiene en vilo a las fuerzas de seguridad con las FARC, el ELN, los paramilitares y los capos de la droga y sus poderosos cárteles, y que se inició allá por 1964 y ha acabado con la vida de más de 220.000 personas desde entonces. Pero también el de la República del Congo y que, a día de hoy, tiene al Ejército en una ofensiva en la región sureña de Katanga para combatir al movimiento rebelde e independentista Mai-Mai y que sólo desde 1997, año a partir del cual la contabilización de las víctimas se elabora con rigor objetivo, ha dejado más de 2.700 víctimas mortales.


Las más longevas de las confrontaciones bélicas no respetan continentes. Ni sistemas políticos. También han estado activas largas décadas, pese a los esfuerzos diplomáticos internacionales por conseguir algún tipo de armisticio. Cuatro de los más representativos siguen con la llama del enfrentamiento encendida. El conflicto palestino-israelí colisiona, desde 1948 -es decir, desde el instante mismo de la proclamación del Estado hebreo- la defensa del territorio, principio en el que asienta la doctrina de Tel Aviv, con la búsqueda del reconocimiento mundial a la creación de un Estado palestino en la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. Más de 120.000 personas han perdido la vida desde entonces.


En este escalafón hay que mencionar la guerra declarada y abierta entre las dos Coreas. A cuenta del paralelo 38, una superficie de 160 millas de largo y 2,5 de ancho que sigue siendo uno de los puntos más conflictivos del planeta desde la conflagración que duró entre 1950 y 1953 y que dividió en dos la península coreana. Más de 900 muertos. Una tensión permanente que guarda muchas similitudes con Cachemira. En este caso, entre Pakistán, India y grupos rebeldes que, desde 1947, reivindican este territorio al borde del Himalaya, entre los dos gigantes asiáticos, que conservan sus rencillas desde su segregación. Entre 47.000 y 100.000 muertos, según las fuentes que se consulten. ¿Demasiadas? No parece, si se tiene en cuenta que no ha pasado ni un sólo día, desde esa lejana fecha, en el que no haya habido algún intercambio de disparos.


El cuarto en discordia afecta a Indonesia, donde aún persisten ataques esporádicos a lo largo de la llamada Línea, entre movimientos separatistas indígenas de la Papúa indonesa y de la Papúa Occidental, que ocupan la mitad de Nueva Guinea, y que ha costado la vida, desde 1969, a unas 100.000 personas.

 

El centro de investigación IRIN -originariamente, Integrated Regional Information Network- que, durante 17 años, hasta enero de 2015, perteneció a la estructura de Naciones Unidas y que, a partir de esa fecha, se auto-declara organización independiente dedicada a la información y el análisis de los conflictos bélicos asegura que, en 2017, hay más de cuarenta hostilidades activas en todo el mundo, que involucran, en mayor o menor medida, a 67 países, para un total de 775 grupos rebeldes armados, bien sean milicias, guerrillas o movimientos anarquistas, separatistas o terroristas. De ellos, África sufre el mayor número de embestidas. Nada menos que 29 de sus naciones, con 240 movimientos. Le sigue Asia, con 16 países y 171 grupos, Europa -10 Estados y 81 facciones- y Oriente Próximo, con 7 países, pero con una cifra más que notable de insurgencia activa: 253 organizaciones. América ha soltado lastre de manera extraordinaria: 6 naciones y 27 movimientos insurrectos, la práctica totalidad de ellos, cárteles de narcotráfico.


De todos ellos, 43 obtienen el tratamiento oficial de conflicto de origen independentista: 21 en Asia y 12 en Europa.


Sin embargo, también hay conflictos olvidados. Alejados de los focos de atención mediática de guerras como la de Irak, Siria, Afganistán o Ucrania. Aunque sean pasajeros en el tiempo. Estos son diez de esas guerras abiertas sin apenas repercusión internacional. Muchos de ellos pueden considerarse conflictos larvados. En estado latente. Otros, mantienen una intensidad oscilante, según los años. Pero todos están en activo y conservan su capacidad de destrucción.


10.- Guerra civil de Somalia


Estado creado en 1960, colapsó en 1991 cuando el presidente Siad Barre fue depuesto de sus funciones. Sin gobierno, el país fue presa de grupos insurgentes y señores de la guerra durante varios años. Un Ejecutivo débil y muy variopinto en su configuración política logró formarse en 2000. Fue un intento baldío de controlar el país. Hasta que, en 2012 se celebraron las primeras elecciones desde 1967.


El nuevo gabinete que salió de las urnas intentó estabilizar Somalia, pero su misión se ha visto permanentemente violentada por las acciones de grupos insurgentes que se relacionan con Al-Shabab y Al-Qaeda. Tropas estadounidenses entraron en 2007 en el país en otro intento de instaurar la paz, pero los movimientos armados lo impidieron.


9.- Guerra de Darfur


No news, good news? En este caso, la premisa no se cumple. Darfur continúa siendo atacado por parte de las fuerzas gubernamentales sudanesas. El año 2016 fue especialmente sangriento para la población civil. Hasta el punto de que, además, Naciones Unidas estima que la región soportó el desplazamiento de más de 190.000 personas. Las fuerzas de pacificación de la ONU han sido asediadas por el Ejército sudanés, que se ha hecho con el control de la zona. Más de 2,6 millones de personas han tenido que trasladarse para evitar los efectos de la guerra. Y la lucha continúa.


8.- Guerra civil de Myanmar


Antes conocido como Burma. En guerra desde hace décadas. La contienda civil se inició en 1948. Desde el golpe militar de 1962, varios grupos armados se oponen al control militar del poder. Hay numerosos grupos étnicos que combaten por ser el movimiento dominante que se enfrente al gobierno militar. Desde el Ejército Arakan de Liberación, al Ejército Chin Nacional o el Kachin. Pero hay una docena. Todo pretende crear el caos en Myanmar. Un acuerdo de cese el fuego fue firmado por la cúpula armada del gobierno y varios de los grupos insurgentes en 2016. Sin embargo, tres de ellos se negaron a rubricar el tratado y mantienen activas las hostilidades. En los últimos tiempos, estos movimientos tuvieron fricciones en la frontera china. No hay visos de que pueda pararse tampoco esta guerra de más de siete décadas.


7.- Guerra civil de Sudán del Sur


El último estado en nacer tampoco ha tenido un parto incruento. Desde diciembre de 2013, más de 50.000 personas han perdido la vida en este conflicto nacional que también cuenta con 1,6 millones de desplazados. A pesar de que hay cerca de 14.000 cascos azules que han tratado de impedirlo. En un intento de acabar con la guerra civil, el presidente Salva Kiir firmó un acuerdo de paz con el líder rebelde Machar en 2015 por el que hacía a este último vicepresidente. Pero en 2016 la violencia rompió el trato y todo intento posterior de restablecer la estabilidad. Pese a que Machar abandonó el país, Sudán del Sur sigue en pie de guerra. Está, incluso, en una nueva escalada, con aumento del número de muertos y la reducción a casi la mitad (7.500) de efectivos de la ONU.


6.- La insurgencia en el Norte del Cáucaso


Esta región rusa ha protagonizado una violencia habitual desde hace dos décadas. A pesar de que se ha reducido el número de muertos en los últimos dos años. Pero, aun así, varios grupos insurgentes se han unido al Estado Islámico, que han realizado emboscadas contra el Ejército de Rusia. Oficialmente, el Kremlin dice haber cesado sus actividades de contra-terrorismo en el área pero, extraoficialmente, las escaramuzas y los ataques continúan rompiendo el frágil equilibrio en la región, que delimita con los mares Negro, Azov y Caspio.


5.- La Guerra de la Cabinda, en Angola


Conocida también como la Guerra Civil de Angola o la Guerra olvidada de Angola. Región rica en petróleo, varios líderes insurgentes han intentado la separación del resto del estado y acceder así a la fuente de riqueza del oro negro. El gobierno angoleño ha repelido todos los intentos, la mayor parte de ellos, cruentos. En 2009, las autoridades del país declararon acabada la guerra; sin embargo, las hostilidades son frecuentes. Y los intentos de la autoproclamada República de Cabinda de conseguir el reconocimiento exterior a una hipotética independencia, también. Tan sólo Francia lo ha hecho. Para el resto del mundo, Cabinda pertenece a Angola.


4.- La Guerra del terror en Egipto


El grupo terrorista Walayat Sinai lleva atacando las instituciones egipcias desde 2005, aunque la intensidad de sus actos ha experimentado numerosos altibajos. En los últimos tiempos declara una alianza con el Estado Islámico. Su objetivo declarado es el gobierno egipcio, pero las víctimas han sido, mayoritariamente, civiles. Las autoridades de El Cairo han intensificado las reacciones contra Walayat Sinai. Amnistía Internacional ha mostrado una creciente preocupación por la desaparición misteriosa de supuestos terroristas de esta organización en manos del gobierno lo que, a su juicio, dificulta las negociaciones de paz.


3.- La Guerra híbrida de África


Empezó en Mozambique, pero se extendió por África central y meridional hasta naciones como Zambia, Angola o Malawi. Inicialmente, surgió entre el gobierno mozambiqueño y RENAMO, el movimiento de resistencia nacional del país. La violencia se intensificó en 2013 y las tenciones siguen abiertas. De hecho, otro grupo, FRELIMO, el llamado Frente de Liberación, es el que tiene el control actual en la región. Entre ambos movimientos hay una lucha sin cuartel. El gobierno de Mozambique, una de los poderes económicos del subcontinente africano, teme la extensión del conflicto a otras latitudes si interviene de forma más directa.


2.- Tensiones militares en el Mar de China Oriental


Durante meses, Japón y China han elevado el tono por la hegemonía en el Mar de China Oriental. Ambos han incrementado, además, su presencia militar en la zona. Y se han producido algunas escaramuzas. China ha ampliado recientemente su flota naval y el número y la afluencia de sus patrulleras en las aguas internacionales. También Japón ha incrementado a más de 500 vuelos directos la frecuencia de sus incursiones aéreas. En disputa, las islas Senkaku/Diaoyu, que fueron reclamadas por Japón desde 1895. China reaccionó en los setenta del siglo pasado solicitando la soberanía sobre nueve de las islas de este micro-archipiélago. Japón echó más leña al fuego en 2012, cuando su gobierno adquirió tres islas de manos privadas.


1.- El conflicto de Nagorno-Karabaj


La violación del cese el fuego en abril de 2016 muestra que las tensiones por la disputa de las fronteras de esta región limítrofe entre Armenia y Azerbaiyán están lejos de remitir. Con un 95% de población armenia, de culto cristiano ortodoxo, el territorio pertenece a Azervaiyán, con unos habitantes mayoritariamente musulmanes. Tras el colapso de la Unión Soviética, iniciaron las hostilidades, en guerra abierta. A comienzos de los noventa, la región declaró su independencia. Desde el acuerdo de paz de 1994 las violaciones del acuerdo han sido frecuentes. Y violentos. Cinco soldados azeríes fueron asesinados por separatistas armenios en febrero de 2017 durante una batalla fronteriza entre ambas fuerzas.

 

Fuera de este decálogo, hay otro conflicto, el de Yemen, que no sólo se podría encuadrar dentro de las contiendas bélicas semi-olvidadas. También es otro ejemplo de control de información y de opacidad. Sobre todo, desde que Arabia Saudí se hizo con la comandancia militar de la alianza del Golfo. Sin olvidar su capacidad para extender las tensiones a toda la región, otra de las más convulsas, ya de por sí, del planeta. Porque Riad ha gastado sumas ingentes de dinero en esta guerra, hasta descuadrar un presupuesto que habitaba en el superávit por los petrodólares, que también está utilizando para hostigar a su enemigo, Irán.


Yemen sufre una guerra civil que es un auténtico collage: luchas tribales, movimientos yihadistas y grupos que, sencillamente, luchan por la supervivencia. Pero, por encima de todo, lo que está en juego es la hegemonía del wahabismo saudí (suní) y la milicia chií Huthi, apoyada por Teherán. Naciones Unidas cree que tres cuartas partes de sus 28 millones de habitantes precisan de algún tipo de ayuda humanitaria. Su economía está colapsada y la esperanza de vida de la gente resulta una quimera. Por si fuera poco, a comienzos de diciembre, se hizo oficial el asesinato de Abdalá Saleh, el ex presidente del país y antiguo aliado rebelde. Probablemente a manos huthies, que le consideraban un traidor, según fuentes saudíes.


El último Global Peace Index, del Institute for Economics and Peace, que incluye datos de 2015, ya revelaba que eran malos tiempos para la paz. Durante ese año, el número de muertes en combate había sido el más alto de los últimos 25 años, debido a los altos niveles de intensidad terrorista y a la mayor oleada de refugiados y desplazados desde la Segunda Guerra Mundial. La violencia, dice el estudio, tiene un alto coste. Nada menos que de 13,6 billones de dólares, si se mide en poder de capacidad de compra. Más que la economía de China a precios actuales del mercado. O cinco dólares por persona y día, si pagáramos todos los habitantes del planeta. U once veces el montante de la Inversión Extranjera Directa (FDI, según sus siglas en inglés) que fluye cada ejercicio económico por el mundo. Sólo en 2015.


Su versión de 2017 reconoce una ligera mejoría, que queda en stand by ante el creciente gasto militar de las grandes potencias. Estos son los cinco países que, a juicio de este barómetro, de reconocido prestigio internacional, lograron los mejores y peores resultados en los exámenes sobre pacificación de sus territorios.

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Domingo, 24 Diciembre 2017 08:00

Perfidia e ilegitimidad del Estado

Perfidia e ilegitimidad del Estado

La Justicia Especial para la Paz (Jep), uno de los temas más espinosos del acuerdo de paz firmado entre el Gobierno y las Farc, desnuda de nuevo el carácter del Estado colombiano.

 

Te he buscado donde quiera que yo voy
Y no te he podido hallar [...]
Y tú
Quien sabe por dónde andarás
Quien sabe qué aventura tendrás
Que lejos estás
¡De mi...!
¡De mi...!
¡De mi...!

 

Este es el bolero que al cumplirse el primer aniversario de la firma de los acuerdos de paz entre el Estado y las Farc-Ep, le está cantando Timochenco a Santos. Es el símil romántico, que a pesar del profundo dolor del amante excluido del corazón del amado, es menos grave que la realidad colombiana: un Estado de perfidia, de mafias, de corrupción y de ilegitimidad.

Durante el mes de octubre y las dos primeras semanas de noviembre del año que está por terminar una parte de la opinión pública quedó estupefacta al ver las maniobras realizadas por el Congreso de la República para volver cenizas los acuerdos de paz: la engavetada del proyecto de ley estatutaria que reglamenta la Justicia Especial para la Paz –Jep– por parte del presidente de la Cámara, las 7 sesiones del Senado donde no hubo quórum para aprobar el articulado por la desbandada de sus miembros, las cuatrocientas proposiciones para quemar tiempo, las pancartas y avisos del Centro Democrático, los gritos del dueño de este partido contra los integrantes de las barras. Pero más estupefacta quedó esa opinión después del alegrón que tuvo por el fallo unánime de la Corte Constitucional, que supuestamente le daba vía libre a la Jep. Entonces, los más conscientes de ese segmento de la opinión pública sintieron que les hervía la sangre, se irritaron, renegaron, maldijeron, se golpearon la cabeza contra las paredes y le lanzaron zapatazos al televisor donde veían las noticias con las que quedaba en evidencia que las cúpulas de los poderes se habían amangualado para burlarse de la manera más grosera e infame, no solo de quienes habían firmado los acuerdos de paz sino de los ciudadanos comunes y mortales.

¿Cómo comprender la trama?

Para entender el engaño es preciso ir al principio. Colombia ha estado gobernada desde el primer día de su independencia, por un hilo conductor aferrado a tres verbos: excluir-reprimir-exterminar. El verbo más arraigado en el alma de las élites que han gobernando es excluir: de la tenencia de la tierra, de la educación, del trabajo, de la cultura, de la vivienda, de la participación política, del ingreso nacional y de todos los derechos fundamentales. Si las clases populares y medias reclaman sus derechos legítimos, viene el segundo verbo: reprimir. Se les judicializa, encarcela y tortura. Pero si aun levantan su voz, se les extermina para siempre. Así, se han borrado de la faz de la tierra todas las disidencias, no solo las individuales, sino las colectivas: comunidades y pueblos enteros, sus sueños políticos y culturales han sido exterminados.

Con motivo del proceso de paz con las Farc las élites dominantes se dividieron. El sector más conservadurista y ultramontano se declaró enemigo del proceso de paz desde el principio, y, se fue endureciendo a medida que las negociaciones iban dando resultados positivos, mientras el gobierno mantenía hasta el final un doble discurso. De una parte, el del presidente Santos, que unos días hablaba de paz y otros atizaba el fuego con ardentía, ordenando que se diera de baja a Timochenco y a sus mejores hombres. Y, de otra parte, la de su Ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón, que más parecía un mariscal de campo, puesto allí para exterminar hasta el último de los guerrilleros, a quienes calificaba de culebras y ratas.

Esta facción de las élites, excluyente por antonomasia, tan pronto se firmaron los acuerdos se sintió herida de muerte y acentuó su odio contra los disidentes, a quienes ayer los persiguieron y les cerraron todas las vías legales, obligándolos a empuñar las armas para defender sus vidas, familias y bienes, y hoy han tenido el valor de dejarlas, para luchar solo con la fuerza de las palabras. Ese desafecto con el proceso y con los acuerdos de paz de una parte de las élites, ha sido calificado por los medios de comunicación, los partidos políticos y gremios económicos como una "polarización" de la sociedad. Esa apreciación es falsa. No es cierto que en Colombia exista hoy una polarización. Aquí no hay dos bandos que se quieran matar. Lo que sucede es que la facción de las élites desafecta a la paz, a base de mentiras, consejas y falacias –que algunos llaman posverdad o verdad líquida–, radicaliza sus posiciones para dividir la sociedad y obtener réditos políticos.

Esa facción de las élites está poseída de tanta mezquindad, exclusión, odio y ánimo vengativo, como aquella élite que desangró a Colombia entre la segunda y sexta décadas del siglo XX. Esa élite representada ahora en las tres ramas del poder público, en los órganos de control, el régimen electoral, los gremios económicos y los medios de comunicación, ha entorpecido y saboteado el cumplimiento y desarrollo de los acuerdos suscritos entre el Estado y Farc-Ep, hasta el punto de pretender que los antiguos guerrilleros no vivan, hablen o transiten en los espacios públicos, calles y plazas a los que tenemos derecho todos los hijos de este país. El lenguaje y las actitudes de los voceros de esa élite señalan sin ningún equívoco, que son una amenaza real para la existencia de una sociedad civilizada.

Sin embargo, ante los hechos registrados en las últimas semanas, queda la duda si en verdad las élites se fracturaron debido a las diferentes concepciones sobre el conflicto interno, o, simplemente hubo entre ellas la más perfecta división del trabajo para engañar no solo a la insurgencia sino a toda la población y a la comunidad internacional. En efecto, la Justicia Especial para la Paz, que es el único punto de los acuerdos, nuevo en el ordenamiento jurídico colombiano, ha sido incumplido gracias a la decidida acción de la cúpula de todos los poderes. Esas acciones conjuntas para entorpecer la implementación de los acuerdos permiten concluir que las dos élites querían someter a las Farc-Ep. Las herederas de Laureano Gómez lideradas por Uribe, a plomo físico. Las demás, encabezadas por Santos, unas veces a plomo y otras a punta de muñequeo dialéctico. Así lo reconoció Santos, con gran satisfacción, en su alocución del 16 de mayo de 2016: "Las Farc se han sometido a nuestra Constitución y a nuestras leyes".

La Jep es la esencia de los acuerdos

Pese a que en los dos extremos del espectro político hay posiciones encontradas frente al contenido de los acuerdos de paz, ninguno de los dos tiene la razón. Por una parte, no es verdad que se les haya entregado el país a las Farc, como dice la extrema derecha, ni lo acordado y suscrito por las partes representa un avance sustancial, que desborde el contenido de la Carta Política del 91, ni las intenciones progresistas que la precedieron, como lo pretenden hacer creer los más optimistas, ubicados en la punta contraria. En esencia, todo lo convenido y firmado en Cartagena y en el Teatro Colón ya está escrito y hace parte de la Constitución: la reforma agraria integral, la participación política, la obligación del Estado de reparar las víctimas, las drogas como un problema de salud pública. Todo está ahí. Es decir, no ha sido falta de normas, sino del poder en manos del pueblo para hacerlas cumplir. Es exactamente lo mismo que ha pasado con las 310 páginas firmadas por las dos partes: Estado y Farc-Ep. Es el más perfecto estatuto, el más completo tratado de paz. Pero mientras el Estado tiene todos los poderes, incluyendo el de las armas, las Farc-Ep fueron sometidas, desmovilizadas, concentradas en unos potreros sin servicios –hasta en lo más simple el Estado ha incumplido– y desarmadas por su propia voluntad.

Por desgracia para el proceso, el reciente fallo de la Corte Constitucional fue un engaño en el engaño, o una revictimización en la buena fe de los colombianos. Cuatro fueron los puntos que se convirtieron en petardos para acabar con la Justicia Especial para la Paz. En primer lugar, los particulares que promovieron el paramilitarismo, que apoyaron económicamente las masacres, no están obligados a concurrir a la Jep. Solo pueden llegar a esa justicia de manera voluntaria.

En segundo lugar, la Jep ya no será órgano de cierre definitivo, relacionado con crímenes cometidos en la guerra, como fue el objetivo primordial de los negociadores, con dos propósitos. Por una parte, darle legitimidad al nuevo tribunal, y por la otra, proveerlo del control total de sus determinaciones. La Corte Constitucional no se dejó arrebatar ese trozo de poder y conservó para sí la última palabra, en materia de tutelas, cuando este recurso se presente contra sentencias proferidas por el tribunal de la Justicia Especial de Paz.

En tercer lugar, los conflictos de competencia no serán resueltos por el propio sistema especial, sino por el cuestionado Consejo Superior de la Judicatura. En su origen la Jep había creado dos salas para resolver los incidentes de competencia, conformadas con magistrados de la Corte Constitucional, de la jurisdicción especial o de autoridades indígenas, para resolver los conflictos en los que no estuviera claro cual era la instancia judicial competente para conocer de algún asunto. La idea inicial era mantener la autonomía e independencia de la justicia ordinaria. La Corte bombardeó este principio de la Jep, y le entregó este instrumento de poder al organismo más señalado de arbitrariedades en la rama judicial.

Finalmente, la Corte Constitucional acabó con la responsabilidad de mando que la Jep había creado. En este tema, la Corte no solo se burló de quienes firmaron los acuerdos y de todos los colombianos, sino de la fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda. En efecto, el presidente de la Corte Constitucional le pidió concepto sobre este delicado asunto a Bensouda, quien fijó sus puntos de vista. Luego de conocer la tesis de la fiscal internacional, la Corte de manera unánime se apartó del concepto que había pedido. Por supuesto, esta actitud de burla extrema abre las puertas para que un día la justicia internacional venga por antiguos guerrilleros, militares o altos funcionarios del Estado a quienes en Colombia los hayan excluido de responsabilidad.

La conducta de la Corte Constitucional le sirvió de inspiración al Congreso de la República, para darle el golpe mortal a la Jep. Efectivamente, el órgano legislativo, después de más de un mes de trabas a la ley estatutaria que debía reglamentar el funcionamiento del tribual especial, creó nuevos requisitos e inhabilidades a los magistrados ya nombrados, así como restricciones adicionales a los exguerrilleros para participar en política. ¡Cómo sería el desmantelamiento de la Jep que hasta Uribe y el Centro Democrático, opuestos sistemáticamente al nuevo tribunal, esta vez votaron con entusiasmo!

Delito de perfidia e ilegitimidad del Estado

Tal como han ocurrido los hechos, desde cuando el Estado colombiano comenzó la negociación con las Farc-Ep, hasta las decisiones tomadas por la Corte Constitucional, el Congreso y los órganos de control, Colombia ha incurrido en el delito de perfidia, consagrado expresamente en el Primer Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra, que establece: "Está prohibido matar, herir o capturar a un adversario recurriendo a la perfidia. Los actos que invitan a la fe de un adversario que le llevan a creer que tiene derecho, o está obligado a conceder la protección en virtud de las normas de derecho internacional aplicables en los conflictos armados, con la intención de traicionar esa confianza, constituyen perfidia" (1). Al respecto de la prohibición de matar, en este año, hasta el 31 de octubre, habían sido asesinados 32 exguerrilleros de las Farc-Ep, sin que el Estado haya hecho nada para contener los agentes oficiales o paramilitares ejecutores de estos crímenes. Se ignora cuál será el tope de antiguos guerrilleros que los asesinos tienen en mente para volver trizas lo único real que queda del proceso: los desmovilizados.

Con todos estos hechos y actitudes el Estado colombiano ha traicionado la confianza, no solo del ejército insurgente Farc-Ep, sino de la comunidad internacional que sirvió de garante del proceso, que entendió que era limpio y de buena fe. El Estado que desde hace más de veinte años se había convertido en un ente ilegítimo, por el alto grado de corrupción, la miseria de un segmento importante de la población y la carencia de soberanía, hoy ha perdido el respeto del mundo (2). No solo ha incumplido la palaba empeñada con la insurgencia, con la sociedad y la comunidad internacional, sino que ha pisoteado el documento que firmó el jefe de Estado, quien para hacerlo más creíble ante el mundo utilizó una pluma incrustada en una bala de los millones que tenía destinadas a asesinar al enemigo interno. ¡Qué respeto, consideración y dignidad merece un Estado que no solo incumple su palabra para engañar a su enemigo, sino que niega y borra el documento firmado!

¡Excelente mensaje para Eln! Esa guerrilla debe estar pensando en exigirle al Estado que de inmediato hagan parte de la mesa de negociación el Fiscal, el Procurador, el Contralor, todas las Cortes, el sistema electoral, el Congreso en pleno, los gremios económicos y los medios de comunicación. En suma, el establecimiento total, porque el Presidente no es el jefe de Estado, ni el que decide en temas de guerra y paz (3).

1. Artículo 37 del Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra, de 12 de agosto de 1949.
2. Ballén, Rafael, Ilegitimidad del Estado. Reforma radical o revolución de la diversidad. Bogotá, Temis, 2ª ed., 2007.
3. Ballén, Rafael, Los males de la guerra. Colombia 1988-2008, Bogotá, Temis-Universidad Libre, 2010.

*Profesor investigador y escritor. Ph.D en derecho público por la Universidad de Zaragoza. Autor de más de dos docenas de libros (ficción y no ficción) y más de ciento cincuenta artículos entre científicos y de divulgación. Exmagistrado y exprocurador delegado ante la Corte y ante el Consejo de Estado.

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¿Final en La Habana?: Con varios nudos ciegos

El presidente Juan Manuel Santos, designó al ex vicepresidente Gustavo Bell jefe del equipo negociador del Gobierno en el proceso de paz con la guerrilla del ELN. El periódico desdeabajo en su edición N°227 de agosto de 2016, ya lo había anunciado, a continuación el artículo mencionado.

 

 

Aunque es previo al cambio y modificación de la estadía clandestina de los frentes, en palabras no públicas de Iván Márquez y Pablo Catatumbo, está envolatado el acuerdo Gobierno-Farc, con respecto al “nombre, extensión y número de las áreas Terrepaz”. Mientras Eln-Gobierno no ocupen su asiento de Mesa Abierta en Quito, el Día D con Farc, no culmina el conflicto armado. Hay algo: Gustavo Bell Lemos, Exvicepresidente de la República (1998-2002), suena en pasillos del Palacio de Nariño, como nuevo jefe de la delegación gubernamental en la Mesa con Eln. Preocupa, que el discurso del SÍ arranca, con limitaciones de audiencia.

 

...En la guerra y en sus episodios culminantes se manifiestan con el más alto grado el amor a la patria, la fidelidad a sus leyes, la devoción por los compañeros y por la causa defendida [...] Ni siquiera los más firmes pacifistas pueden negar que la guerra exalta virtudes emotivas. El valor, la abnegación, la fidelidad, la amistad entre combatientes, la camaradería, la lealtad. (Negrillas en este artículo). (Tratado de polemología (Sociología de las guerras). Gaston Bouthoul.

Pág. 530 final y 531. Publicación del E.M.E. Madrid. 1984.)

 

La búsqueda de paz justa y algunos corrientazos del conflicto armado aquí, franquean “episodios culminantes”, con sus exaltaciones (Ver: epígrafe). El pulso por la dejación de armas en su trayecto y cronograma –con Plebiscito y X Conferencia Farc a bordo– tiene de anfitrión, la conversación Gobierno-Farc, ¡todavía sin garantías ni confianza entre las partes! Grave asunto. “Nuestro gobierno en Washington, sabe que el Poder en su país, ha sido eficaz en el magnicidio”: Frase del Secretario de Estado de Estados Unidos, en reunión con el Secretariado de Farc. ¿Decir autoexculpatorio?, ¿premonitorio? Con memoria de lutos, es una interrogación siempre abierta frente al futuro inmediato.

 

En este tenor, durante el debate en la Universidad Nacional (Julio 28), «Acuerdos de Paz y Constituyente: experiencias de los 90 y proceso actual», el catedrático Alberto Cienfuegos, lanzó una pregunta: –Ojalá nunca, en una posibilidad que no es extraña en nuestra historia, ¿qué posición mantendrá Farc, después de un primer ataque a un miembro del Secretariado? Más allá de la izquierda, un trasfondo y peligro que en la imaginería de paz, la sociedad no asume aún con toda responsabilidad.


¡Zuás!, Santos tras una paz rebanada

 

Ausente la confianza entre las partes, sin afán y ajuste con la necesidad temporal-política del Presidente; antes de cualquier traslado seguro, y, de la protegida concentración campamentaria de los frentes guerrilleros; el tiempo Día D para la firma final en La Habana, “aunque pronto”, requiere no solo uno, sino dos momentos con acuerdo y territorios distintos: la “separación de tropas” con base en el cese bilateral de fuegos y hostilidades–firmado ya–, y, el de llegada a campamentos para el inventario de las armas y explosivos. Así, el lapso del Día D sigue determinado por la correlación real operativa en el terreno. Esa que existe entre el Ejército y las ‘retaguardias guerrilleras’ Farc.

 

En efecto, la correlación de las presencias en condición guerrillera y el dominio y líneas del Ejército –superpuestas en alrededor de 60 municipios, con el Eln–, marcan el «territorio operativo» del conflicto. Las áreas y lugares, donde es necesario hacer y verificar la “separación de tropas”, libre de amenaza a las poblaciones circundantes. Valga un ejemplo: en el Cañón de las Hermosas el Ejército movía antes un solo helicóptero, ahora, dispone de dos; y el oficial al mando, tiene orden ante “el primer indicio de retirada guerrillera”, de copar su antigua zona.

 

Al envolate en estos dos momentos, se suma otro. Relacionada con el Plebiscito, hubo una noticia desde el jueves 28 de julio, que estuvo escondida más de una semana. Con retraso, la periodista Diana Caderón dio a conocer que “el Presidente tuvo en sus manos, una encuesta que contrató con tres firmas, cuyo resultado es contrario al Sí. La ratificación de los Acuerdos, pende de la conveniencia de las élites dominantes, y la puja por un reacomodo de posiciones, entre las fracciones Santos Uribe.

 

En ángulo incidente, con el paso de los días el Eln engruesa el hilo de expectativa. El pasado lunes, sin actividad de José Noé Ríos y del general (r) Herrera Verbel, hubo movimiento de viaje a Caracas, relacionado con la Mesa Gobierno-Eln. Al parecer, hay una nueva comisión con perfil más alto. Sólo en función protocolar, Frank Perl hará el enlace. Un hecho que pudo acelerar el encuentro Santos - Maduro.

 

La culpabilidad histórica del régimen y de la naturaleza oligárquica del poder en el origen del conflicto armado, no pasa virgen en toda esta coyuntura de Mesa en La Habana y de la Mesa en ciernes con Eln. A pesar de su ventaja quedó a la vista, que el Estado colombiano, permisivo de intervenciones extranjeras, y una sucesión de sus Gobiernos, fue incapaz de asestar una derrota militar, con toma y ocupación de infantería, en los sitios profundos del repliegue guerrillero. Casi que como acusación y por esta razón, con diferencia a procesos anteriores de paz aquí, y de otros conflictos armados, la insurgencia –Farc y Eln– aumenta la capacidad negociadora: reivindica territorios, un concepto de dejación de armas –conlleva un lapso de “paz armada”–, y no se conforma sólo con “garantías políticas”, en la mira de un inmediatismo electoral, como fue el caso del M-19.

 

Este hecho sorprendió al Poder.

 

Otorga además, una capacidad de maniobra como actor político, que no alcanza potencialidad en la opinión del colombiano común, ante el distanciamento urbano y los índices de ‘desligitamación’ del actor insurgente. En este aspecto, Vera Grabe, desmovilizada guerrillera, expresó en el mismo evento del 28 de julio en la UN, que a finales de los 80 los jefes del M-19 fueron recibidos como héroes. “Navarro llenaba plazas en los municipios donde llegaba”, dijo. Una circunstancia muy distinta al impacto de Farc hoy, con efecto en el Plebiscito.

 

Plebiscito y su convocatoria sin júbilo

 

La paz en su nuevo capítulo: acuerdo Gobiernno-Farc no convoca muchedumbre. En una parte de la población, de la geografía metropolitana y su influencia, y en la larga cadena de víctimas de la insurgencia en décadas, el acontecimiento del Plebiscito repone todo episodio adverso, con sentimientos negativos e individuales, sin olvido. Excepción hecha, de los círculos militantes con sus periferias de apoyo y de una parte de la escasa población de las áreas directas del conflicto. En la sicología del colombiano raso, el Plebiscito pone al frente que ...esos recuerdos rechazados no se quedan inactivos, sino que se combinan constantemente entre sí, al impulso de los acontecimientos que los hacen volver a la consciencia, aunque modificados o deformados. (Idem. Tratado de polemología... Pág. 733).


Sin “dos mesas (Farc y Eln) un solo proceso”, la Mesa de La Habana disminuye su potencia en contenido, como fin del conflicto. Margen que amplía la figuración Eln como «actor definitivo» en la culminación del conflicto armado, en medio y sin rebaja, del distanciamiento o ilegitimidad del actor insurgente. Reduce el júbilo. El actor politiquero tradicional –impulsor del Plebiscito– aún con el interrogante de la diligencia real del aparato oficial en “comprar votos”, encontró esta vez, la autopista para su visaje. Reduce el júbilo. A su vez, la categoría personal interesada, de candidatos a reelección en corporaciones y precandidatos presidenciales, de las vocerías de izquierda; no aumenta el júbilo.

 

En cuanto al distanciamiento urbano del actor insurgente y su efecto ante el pueblo, cabe releer el poema En la muerte de Ernesto Ché Guevara, de Fina García Marruz. (Ver: Contra corriente, revista cubana de pensamiento. Oct. Nov. Dic. 1996. Año 2, número 6. Págs. 108-109.)

 

...Cuando dijiste que era
preciso convertirse en una fría
máquina de matar,
retrocedimos espantados.
El respeto se convirtió en recelo,
todo se volvió aún más confuso.
Te recordé, sermón nuestro de la montaña, piedra de fundación, Acta de Montecristi.*
Donde la respuesta al enemigo brutal no fue el odio que nos hace semejantes a él sino el amor, no la oscura venganza sino la alta justicia, serenamente armada.

 

Recuadro

Imágenes azotadas asaeteadas cruzan por el mar del tiempo perdido

 

Alguna vez fui Aureliano del oro o Martí de la plata en los sueños de la moneda mundial.
Alguna vez firmé documentos con Máximo Gómez para la liberación de Cuba.
Alguna vez Lezama abrió los fuelles de sus pulmones submarinos para afirmar que la isla
Arrojaba y concentraba la mayor cantidad de luz del mundo, en ese momento.
Imagino una conversación de Fidel y Gabo (sucedió):
En el aeropuerto de La Habana, hablaban de la misión del Che en Angola.
Gabo, comparando las manchas de las moscas en los bombillos pálidos y el bochorno en los accesos a los ascensores de los edificios de Barranquilla o de cualquier sitio ecuatorial del África.
Alguna vez olió a rosas y no a basura podrida en las costas del continente isla.
Alguna vez ya cansados de la madurez anciana de los lechos nos levantamos
Erguidos y juveniles otra vez para cambiar el mundo.
Alguna vez los muertos yacientes en el fondo del mar volvieron a soñar con los ojos abiertos y despiertos.
Alguna vez fue alguna vez y volverá a ser.

 

MH2

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Gustavo Bell es nombrado como nuevo negociador ante el ELN

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, designó hoy al ex vicepresidente Gustavo Bell jefe del equipo negociador del Gobierno en el proceso de paz con la guerrilla del ELN en reemplazo de Juan Camilo Restrepo.

“He decidido nombrar como nuevo jefe negociador al ex vicepresidente Gustavo Bell. Él será el nuevo jefe de la delegación y con él vamos a conformar el equipo que lo acompañará a partir del 9 de enero”, dijo Santos en declaraciones a la prensa.

Bell, que fue vicepresidente durante el Gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), asumirá el cargo el 9 de enero, cuando debe empezar en Quito el quinto ciclo de negociaciones con el ELN (Ejército de Liberación Nacional).

El ELN expresó a través de Twitter que el nombramiento de Bell es un cambio “positivo”, y que espera sea un impulso en la mesa de negociación hacia “una paz con transformaciones de fondo”, por lo que destacó su deseo de construir juntos “una estrategia para sacar a la violencia de la política”.

El abogado, historiador y periodista, de 60 años, reemplazará en el cargo a Restrepo, quien representaba al Gobierno desde el inicio de las negociaciones, en febrero pasado, y anunció su retiro a comienzos de este mes por motivos profesiones y personales.

Tras la renuncia de Restrepo, Santos dijo que aprovechará la coyuntura para cambiar a todo su equipo de representantes en la mesa de conversaciones.

Santos dijo que la primera misión que tendrá Bell será discutir la probable prórroga del alto el fuego y de hostilidades que el Gobierno y el ELN cumplen desde el 1 de octubre y que se extenderá hasta el 9 de enero.

El ELN ha manifestado que está dispuesto a extender el primer acuerdo de tregua suscrito con el Gobierno desde su fundación, en 1964, pero que la decisión solo será tomada cuando las partes se encuentren de nuevo para la quinta ronda de conversaciones.

El jefe de Estado agradeció el trabajo del equipo negociador que encabezó Restrepo y dijo que espera que se llegue a un acuerdo de paz con ese grupo, tras el pacto de paz que su Gobierno firmó hace poco más de un año con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

“Yo no tengo sino palabras de agradecimiento y de elogio por al equipo negociador encabezado por el doctor Juan Camilo Restrepo. Ayer mismo (el lunes) me volví a reunir con él para analizar la situación en este momento”, dijo Santos.

Además de ejercer la vicepresidencia en el Gobierno de Pastrana, Bell ha sido ministro de Defensa, gobernador del departamento de Atlántico, director del diario “El Heraldo” de Barranquilla y actualmente se desempeña como embajador en Cuba, donde acompañó de cerca a la delegación del Gobierno que protagonizó el proceso de paz con las FARC.

(Con información de DPA)

 

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¿Final en La Habana?: Con varios nudos ciegos

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Las distinciones que la prensa invisibilizó. Jeremy Corbyn y Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz

Los medios de comunicación ingleses no informaron que el líder de la oposición de ese país ganó el premio de la paz por su "trabajo político sostenido y para el desarme y la paz". La Oficina internacional de la Paz también reconoció al académico norteamericano Noam Chomsky y a un grupo de activistas anti bases nucleares.

A pesar de que el líder laborista Jeremy Corbyn y el filósofo lingüista norteamericano Noam Chomsky ganaron el premio Sean MacBride de la Paz, junto con activistas de bases antimilitares japoneses, su reconocimiento no tuvo trascendencia mediática. Los tres fueron galardonados por su sostenida y poderosa labor política en pro del desarme y la paz, pero los grandes medios de comunicación ingleses no se hicieron eco de la noticia que hacía referencia al líder de la oposición.


La Oficina Internacional de la Paz entrega el Premio Sean MacBride a individuos, organizaciones o movimientos por su trabajo en las áreas de paz, desarme y derechos humanos. Este año, seleccionaron a Corbyn, al renombrado académico Chomsky y al All Okinawa Council Against Henoko New Base. Éste último fue reconocido por su compromiso de cerrar la Base Aérea Marina Futemna y su oposición a la construcción de otra base militar en Henoko, mientras que Chomsky recibió el premio por sus esfuerzos de décadas apoyando la paz, su postura antiimperialista y sus críticas a la política exterior militarista de Estados Unidos.


En particular, el premio al líder laborista fue entregado el viernes pasado, en Ginebra ante el silencio de los medios de comunicación hegemónicos de su país. Los activistas de bases antimilitares, por su parte, ya lo recibieron a finales de noviembre, en Barcelona, y el año que viene se le entregará el premio a Chomsky, en Estados Unidos.


“Como líder del Partido Laborista y Líder de la Oposición sigue llevando sus principios personales a su vida política -afirmando abiertamente que no podía presionar el botón nuclear y argumentando fuertemente a favor de una reorientación de las prioridades- para recortar el gasto militar y destinarlo a salud, bienestar y educación”, dijo la Oficina Internacional de Paz. “Se ha mantenido fiel a los principios que ha defendido durante tanto tiempo para garantizar una verdadera seguridad y bienestar para todos, para sus electores, para los ciudadanos del Reino Unido y para la gente del mundo”, agregaron.


Pero en los últimos días los internautas advirtieron lo que había sucedido y que ninguno de los medios tradicionales había mencionado. "Qué hubiese pasado si era Theresa May?", fueron algunos de los comentarios de los usuarios de twitter, que se refirieron a la primera ministra inglesa.

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El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, estrecha la mano a Álvaro Gil-Robles en presencia de los otros miembros del Comité de Escogencia.

 

El exdefensor del Pueblo español, miembro del comité de selección de los magistrados de la JEP, asegura que el tribunal refleja la pluralidad de la sociedad

 

Álvaro Gil-Robles (Lisboa, 1944) ha dedicado su vida a los derechos humanos. Fue defensor del Pueblo en España entre 1988 y 1993 y el primer comisario con esas atribuciones en el Consejo de Europa hasta 2006. En los últimos seis meses ha viajado con frecuencia a Colombia para participar en la selección de los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), el sistema de justicia transicional encargado de juzgar los crímenes cometidos durante más de medio siglo de guerra entre el Estado y las FARC, y de los integrantes de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad

Fue uno de los cinco miembros del llamado Comité de escogencia, el grupo de expertos que eligió a los candidatos. Le acompañaban el peruano Diego García Sayán, designado por el secretario general de Naciones Unidas; el argentino Juan Méndez, propuesto por la delegación en Colombia del Centro Internacional de Justicia Transicional; el colombiano José Francisco Acuña Vizcaya, elegido por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia; y la profesora Claudia Vaca, por la Comisión Permanente del Sistema Universitario del Estado.

El comité estudió más de 2.000 de perfiles, hizo decenas de entrevistas y nombró a 82 personas en un proceso abierto que recogió unas 15.000 observaciones de la ciudadanía. Tras alcanzar del silencio de las armas, se trataba, según Gil-Robles, de “construir un sistema por el cual la sociedad colombiana se reconcilie con ella misma”. Un procedimiento para que “víctimas y verdugos encuentren un espacio donde la justicia resuelva o intente resolver todos los dramas humanos que se han producido durante este tiempo”

El conflicto armado con la guerrilla más antigua de América comenzó en 1964 y causó 220.000 muertos y seis millones de desplazados. Colombia afronta, ahora que las FARC ya se han desmovilizado y concurrirán a las elecciones, el gran reto de mirar al pasado y cerrar heridas. Este es el sentido de un órgano de justicia especial. “No quiere decir: ‘Han terminado las armas, hacemos una amnistía y aquí se acabó’. No. Abrimos un espacio en que los han tenido las armas se integren en la sociedad y participen en la vida política y en la vida social, pero no vamos a dejar impunes los crímenes que se hayan cometido. Por unos y por otros. Este es el origen de la JEP”, explica Gil-Robles.

Este tribunal juzgará en la próxima década a exguerrilleros, paramilitares y militares que hayan acusados de conductas criminales. “Que sea un tribunal, no una decisión política, el que diga si alguien es inocente o culpable y la pena que tiene que cumplir”, continúa. “Es un proceso muy importante para las víctimas, el futuro de Colombia y la construcción de un Estado de derecho. Va a haber justicia y va a haber paz. Es una experiencia muy importante y única”.

La comisión, que recibió el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), hizo trabajo de selección sin interferencias, sin ni siquiera cobrar. “Si usted quiere y acepta, es un servicio al pueblo colombiano y a la democracia en general. Eso te da mucha libertad, mucha independencia. Y algunas noches que no duermes”, concede el jurista, que detectó el respaldo del proceso de paz de las organizaciones de víctimas. Sin embargo, nadie pudo evitar la expectación y la presión social. “No hay que negar que el país está dividido. Arrancar así supone mucha responsabilidad en un país con 53 años de guerra”.

La composición del sistema de justicia para la paz -que ha sido modificado por la Corte Constitucional y el Congreso- refleja, en su opinión, la diversidad de Colombia. El 53% de los integrantes del tribunal y las distintas salas son mujeres, el 10% son indígenas y el 10%, afrocolombianos. Más del 60%, además, procede de lugares distintos a Bogotá. “Era importante que este proceso respondiese a unos aires nuevos, a una idea nueva, que en la JEP pudiesen sentirse reconocidos todos los colombianos, no solo aquellos de una esfera de poder social, económico y político. El colombiano de fuera de Bogotá o Medellín... Los hemos ido a buscar. Hemos intentado que toda la sociedad colombiana esté representada allí, tanto en la JEP como en la comisión de la verdad”, razona.

Pero la pelota está ahora en el tejado de las autoridades, del Ejecutivo de Juan Manuel Santos, que la semana pasada instaló la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, y de los políticos de distinto signo. “Ahora el reto es que el Gobierno implemente lo que nosotros hemos ido poniendo encima de la mesa. Hay que dar posesión a los magistrados y hacer que empiece a funcionar ya. Eso es lo importante. Lanzar ese mensaje de que lo que se ha hecho va a funcionar”, considera Gil-Robles. “Porque hay miles de personas pendientes de ser juzgadas. Esto no puede esperar”.

 

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“Nos quitaron tanto que ya no podemos soñar en paz”

El sofocante calor nos dejó inmóviles y no podíamos seguir nuestro camino... En ese momento el rancho era lo más valioso que teníamos; cuatro troncos clavados en la tierra eran la base de la estructura que nos cubría y servía para tener un poco de sombra. El techo estaba construido con una especie de paja. Me quedé observándola. Me dicen que es una caña que crece en el río y para trabajarla deben dejarla al sol para que se seque, luego, la organizan y tejen para que sirva como sombra.

Sentados en sillas de plástico, nos encontrábamos cuatro personas en silencio, esperando pacientes a que el sol bajara un poco. Yo era el único de la ciudad. Ellos, un niño de tres años que no hablaba español, Moisés Epiayu era su nombre, con sus pies descalzos jugaba con las piedras y su imaginación; Jaleth Epiayu, una joven de unos catorce años, vestía una manta verde con algunos tejidos en el cuello, era ella quien estaba pendiente del menor; Agustina Epiayu, la mayor de todos, tejía una mochila de varios colores. En sus manos se veía la experiencia. Mirada penetrante, a tal punto que parecía que al posar sus ojos sobre alguien veía hasta lo más profundo del alma; su cabeza canosa tenía los recuerdos más asombrosos de ese extraño territorio.

Estábamos sin agua y sin nada que comer. Rompí el silencio y pregunté, “¿falta mucho para llegar al resguardo?”, Agustina, detuvo su labor y se quedó mirándome con algo de gracia en su rostro: “la carretera en donde nos encontramos es la entrada del resguardo”, dijo. Me quede en silencio, pensativo, ¿cómo era posible que ese fuera el resguardo cuando llevábamos caminando más de una hora sin encontrar nada?, ¿era posible vivir en medio de cactus y arena? La mujer interrumpió mis pensamientos diciéndome “antes esta tierra era muy distinta, podía encontrar árboles y mucho verde, pero todo cambió cuando llegaron con sus máquinas y comenzaron a romper la tierra”.

 

Recuerdos de otro tiempo

 

La mujer se quedó mirando la tierra con tal nostalgia que me dejó mudo. Sus ojos brillantes parecían perdidos en otro tiempo, y aunque mirábamos la misma tierra, ella parecía que lograba verla como en el pasado, como cuando no era un árido desierto. Se acomodó en la silla y volvió al tejido de la mochila, en ese momento comenzó el relato que me contaría una pequeña parte del sufrimiento de su pueblo y su territorio.

“Aquí existimos desde el origen. Los primeros habitantes de mi pueblo bailaban, cantaban, reían y soñaban en estas tierras, de ellos venimos, por ellos nos mantenemos. Generación tras generación nuestra cultura pasa de unas a otras, nuestra lengua, nuestros tejidos, nuestros sueños. Hoy en día eso se está yendo. Así cómo ve el suelo, así está nuestra cultura, se está secando, se está muriendo, como también se está muriendo nuestro territorio.

Esa muerte tiene un culpable, o bueno, culpables que no son de aquí, que llegaron hace años desconociendo las leyes y costumbres que dejaron nuestros antepasados. Aquí usted podía encontrar cultivos, podía ver árboles grandísimos que nos servían para estos días de calor, veía los animales caminando tranquilos, pájaros volando y trinando; en el río podía pescar tranquilamente. Se vivía bien. Teníamos tierra, no había límites para caminar.

Por cultura, en nuestro pueblo siempre ha existido la distancia territorial entre familias; por esa época cada familia tenía su casa, de la otra, a una distancia importante. No quiere decir que no nos conocíamos, todo lo contrario, siempre nos estábamos visitando; celebrábamos nuestras fiestas, cultivábamos y teníamos lo necesario. Hoy ya nada es como en ese tiempo, no tenemos cultivos, tierra, ni siquiera agua”.

 

El motor de la destrucción

 

En ese momento Moisés se había quedado dormido en los brazos de su hermana, ella miraba hacia el horizonte y escuchaba la historia de su abuela, historia que de seguro ya conocía de memoria. Mi cuerpo sudaba por el intenso calor, miré al cielo pero no había ni una nube, el sol estaba en su máximo esplendor. Agustina siguió con su relato.

“Hace años comenzamos a sentir que llegaban carros y máquinas a diferentes partes del territorio”. Se quedó pensando y señaló hacia el norte. “Por allá, sí allá, fue la primera vez que los vimos, se veían a muchos kilómetros de aquí. Han pasado casi quince años de eso y hoy ya los tenemos a unos metros de nuestro resguardo, rompieron el suelo, acabaron con todo. La mina valía más que nosotros.

Como le dije, sabíamos que estaban en nuestra tierra, y un día llegaron unos hombres de la ciudad muy bien trajeados; pidieron reunirse con nuestros líderes y autoridades. Entonces se organizó la reunión y allí esos hombres empezaron a hablar de la razón de sus máquinas; decían que nos iban a traer beneficios; que gracias a las máquinas iba a llegar el progreso y podríamos vivir mejor. Nos pintaron un mundo muy distinto al nuestro y nosotros les creímos que era mejor”.

 

“Así empezó nuestra tragedia”

 

El sol había bajado un poco y decidimos volver a caminar rumbo al caserío. Así como su lento caminar, Agustina me seguía contando su historia, sus nietos siempre caminaron delante de nosotros.

“Al pasar el tiempo, la mina empezó a poner cercas a nuestro territorio, decían que ahora eran los propietarios de estas tierras, que las habían comprado. Siempre estuvimos callados, había quienes no estábamos de acuerdo con lo que estaba pasando, pero las autoridades decían que esa era parte de la tierra que necesitaban para sus proyectos, que pronto empezarían a llegar los beneficios, que solamente necesitábamos tener paciencia.

La mina empezó a crecer; cada día sentíamos cómo temblaba la tierra, pero no sabíamos lo que pasaba. Veíamos grandes nubes de humo a kilómetros de nuestras tierras, pero no le hacíamos mucho caso. Solo una persona fue capaz de ir a ver lo que estaba ocurriendo.

Eduardo era mi hijo mayor, a él siempre le gustó caminar día y noche nuestro territorio, caminaba hasta tan lejos que muchas veces regresaba a los tres o cuatro días, vivía muy feliz en esta tierra. Conocía tan bien cada camino que solo con ver la humareda podía saber de dónde salía; por su pensamiento siempre estaba rondando la curiosidad de ir a ver lo que ocurría en ese lugar. Un día se fue sin avisarnos, pues cada vez que tocaba el tema, en la casa le decíamos que era mejor no ir por allá, que no pensara en eso”.

La voz de Agustina se empezó a cortar, se le hizo un nudo en la garganta, siguió caminando sin hablar, yo la acompañaba en silencio. De pronto me contó: “un sueño me despertó esa noche, el espíritu que siempre nos habla me dijo que algo estaba mal, que mi hijo no estaba bien, que le iba a pasar algo y que así empezaría nuestra tragedia. Eduardo apareció muerto cinco días después, lo trajo el río de vuelta con dos disparos en la espalda”. En ese momento la mujer no pudo seguir hablando.

 

La mina dejó de ser amable

 

El resto del trayecto lo hicimos en silencio. Después de un rato aparecieron varias casitas de ladrillo pero no se veía gente. Agustina me llevó a una casa de donde salieron varias personas a recibirnos, todos hablaban en su lengua, no podía entender nada de lo que conversaban. En el lugar nos recibieron con chicha. Moisés y Jaleth nos dejaron y siguieron caminando hacia otra casa que estaba muy cerca. Yo me refrescaba con la bebida en medio de un idioma distinto.

Llegó la noche. En la casa solo tenían un pequeño bombillo que medio iluminaba la parte exterior; doña Agustina me llamó para seguir hablando, me senté en un banquito de madera y preste toda mi atención.

“Nunca respondieron por lo que le había pasado a mi hijo, decían que eso eran por problemas que tenía con otra gente, pero en el pueblo sabíamos que no era cierto, pues a Eduardo todo el mundo lo quería.

Cada día la mina se acercaba más a nosotros. Al poco tiempo escuchamos la primera explosión, el piso volvió a temblar con tanta fuerza que en varias casas sus paredes quedaron agrietadas. La humareda que salió al aire fue tan grande que empezó a venirse hacia nuestro resguardo; desde ahí empezamos a respirar el polvillo de esa mina.

A los pocos meses la gente se empezó a enfermar, los niños tenían tos y quienes vivían en dirección de la mina comenzaron a tener brotes y manchas en sus cuerpos. La tierra también empezó a enfermarse pues las matas se empezaron a secar; la siguiente cosecha de frutas salió dañada, dentro de cada fruta salía una cosa negra. No se salvó nada.

Las autoridades no aguantaron más lo que pasaba y llamaron a esos hombres, esta vez no llegaron tan amables como antes, ahora decían que nosotros solo traíamos problemas y pedíamos plata. Se negaron a escuchar y se fueron, nunca volvimos a hablar con ellos pero ellos no le dieron fin a sus planes”.

 

Nos quitaron todo

 

Una de las mujeres de la casa nos ofreció comida y el relato de la mujer fue interrumpido mientras comimos. Al terminar, doña Agustina siguió su historia.
“Con el pasar de los años la cerca de la mina empezó a llegar al borde de nuestros ranchos. Un día nos taparon los caminos tradicionales para recoger el agua del rio. En ese momento todo el pueblo salió a pedir una explicación y llegó una carta informando que esas tierras también las habían comprado, ahora eran propiedad privada y no podíamos pasar. La opción que nos dieron para el acceso al agua era mandar un camión con agua todos los días para así suplir las necesidades diarias.

Eso nos afectó toda nuestra forma de vida porque allí, en el río, era uno de los lugares donde teníamos toda nuestra vida; pescábamos, cocinábamos, recogíamos el agua para la casa, nos bañábamos, pasábamos parte del día ahí. Si usted insistía con ingresar a esa parte de nuestro territorio, le echaban la policía y el ejército”.

 

La gente se empezó a enfermar

 

“Desde pequeña mi mamá me enseñó a curar porque ella era curandera. A nosotros en los sueños nos hablan los espíritus que nacieron con nosotros, ellos nos dicen cómo trabajar con un enfermo, nos avisan cuando algo malo va a pasarle a la comunidad o a alguien en particular, pero eso cambió con la llegada de la mina porque con tanto ruido de las máquinas, explosiones y temblores de la tierra, soñar se volvió difícil. A tal punto había cambiado todo que ya era casi que imposible encontrar la manera de comunicarme con los espíritus, ellos están bravos con nosotros por haber permitido el daño a nuestra tierra; ya no pueden dormir tranquilos.

Pero la enfermedad avanzaba. El polvillo era continuo, los niños estaban empeorando. La gente me venía a buscar porque sabían que yo heredé los saberes de mí madre. Entonces yo salía a buscar la medicina para sanarles los males pero no la encontraba, es que ya no había nada, todo estaba seco, y pensar que antes nacían hasta en los patios”.

Doña Agustina me mira resignada y termina su historia diciéndome: “es que esa mina nos ha quitado tanto que ya ni podemos soñar tranquilos, ya nos quitó la manera de poder soñar en paz y todo eso pasa porque la gente tiene miedo de pronunciarse, tiene miedo de hablar, las amenazas llegaron, hay señalamientos, y la gente teme y prefiere quedarse callada”.
Un modelo que se profundiza

Cuando doña Agustina terminó de compartirme su historia de vida, la historia propia y la de su pueblo, pensé que la tragedia que desde hace años padecen los wayúu a manos de Cerrejón, de igual manera la viven otros muchos pueblos y comunidades a lo largo y ancho de nuestro país.

Mirando a doña Agustina, en medio de la noche que ahora nos daba un respiro, concluí que los wayúu son un pueblo ocupado, un pueblo violentado hasta el extremo de no poder vivir un pueblo que perdió su tierra y su territorio. Y tienen a su enemigo ahí, al frente, el cual cuenta con todo el favor del poder que reside en Bogotá, pero también en Riohacha, en Cartagena... un poder que miente, que manipula, que amenaza y que, cuando es necesario, mete policía y mete ejército.

Mientras estos pensamientos me rondaban miraba con cuidado a mi alrededor, y nuevos pensamientos me cubrieron, entre ellos el recuerdo de que al poder es posible vencerlo, recordé que en varios pueblos de Colombia sus habitantes decidieron, con imaginación y convicción, decirle ¡basta! a la explotación minera, y ahora respiran con algo de tranquilidad; han ganado una batalla pero las multinacionales volverán a atacar, con el favor del gobierno, por otros frentes. Ellas son insaciables. El gobierno también.

Lo único que los parará definitivamente será la unión de todos en pos de un propósito común: proteger sus territorios, que es uno sólo, proteger sus vidas, que es una sola, así en apariencia parezcamos distintos. Unión con imaginación, unión con creatividad, unión por la vida.

Al terminar de pensar esto miré a doña Agustina y detallé que había terminado de tejer su mochila. Yo también había tejido la mia, dejando hilos sueltos para jalar de ellos, por parte de quien quisiera, en procura de una mochila tan grande como todo nuestro país, como la defensa de un presente con futuro, cimentado en el pasado, también lleno de luchas, de derrotas y de triunfos, finalmente de triunfos.

 

Edición completa periódico desdeabajo N°241

noviembre 20 - diciembre 20 de 2017

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El expresidente colombiano Álvaro Uribe.

 

Los expresidentes prometen la "reconstrucción" del país y el desmantelamiento de algunos puntos del acuerdo de paz

 

Los expresidentes de Colombia Álvaro Uribe y Andrés Pastrana ratificaron este viernes su alianza para las elecciones presidenciales de 20018. Cuando se cumple un año de la firma del acuerdo entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, los dos dirigentes, muy críticos con este proceso de paz, suscribieron un documento que promete la “reconstrucción” del país y la defensa de “políticas democráticas, amigas del progreso y enemigas de la corrupción”.

El papel de Uribe, líder del Centro Democrático, y Pastrana, representante del Partido Conservador, no es meramente simbólico. Los exmandatarios encabezan la oposición de parte de la sociedad a los acuerdos rechazados en el plebiscito y que tras ser modificados fueron aprobados por el Congreso. Y, además, no serán ajenos a la elección de la fórmula presidencial que debería culminar en las próximas semanas. Esta alianza, resalta el escrito, “elegirá un candidato para la Presidencia y para la Vicepresidencia, partiendo de los candidatos elegidos por el Centro Democrático y por las bases conservadoras [...] seleccionando a aquel que tenga la mayor posibilidad de llegar a la Presidencia de la República”. Finalmente, “los candidatos y compromisarios definirán el mejor método para elegir el candidato único de la coalición”.

El esbozo de su programa pone el acento en el fortalecimiento del sector privado en la economía, en el respaldo a las víctimas del conflicto armado y en la lucha contra el narcotráfico. Pero, sobre todo, pone negro sobre blanco algunos de sus planes con respecto al acuerdo de paz. Por ejemplo, respetar la incorporación en la política de los excombatientes y desmantelar el sistema de Justicia Especial para la Paz, uno de los pilares la transición de la antigua guerrilla. “Consideramos”, señalan Uribe y Pastrana, “que será conveniente para el país respetar aquellos aspectos que permitan la reincorporación de personas en armas y su tránsito a la vida política”. Sin embargo, advierten, “es necesario corregir los graves desequilibrios institucionales creados en la negociación”. “No permitiremos una Justicia especial que persiga a militares y al resto de colombianos de bien, en una cacería politizada. Tampoco un proceso que le quite la tierra a los colombianos honorables”, añaden.

Los expresidentes justifican esta decisión aduciendo que la justicia transicional, que acaba de ser modificada por la Corte Constitucional. “no puede servir a intereses políticos”. Así, pese a tener esta coalición una vocación conservadora, los dos apelan abiertamente al “centro” político y pretenden dirigirse a las víctimas, los pequeños y medianos empresarios, los agricultores y campesinos, militares en retiro, los representantes de la familia, jóvenes, iglesias y laicos.

 

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El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, este viernes en un acto conmemorativo de los acuerdos de paz. MAURICIO DUENAS

 

Santos pide paciencia para ver los beneficios de los acuerdos, las FARC acusan al Estado de incumplir lo pactado

 

Los acuerdos de paz entre Colombia y las FARC cumplieron este viernes un año en un clima agridulce, en medio de promesas y críticas. La buena noticia, el aspecto central de este proceso, es que la disputa entre el Estado y la guerrilla más antigua de América es ahora exclusivamente política. Los excombatientes se desmovilizaron, entregaron sus armas y fundaron un partido, con las mismas siglas y el mismo líder. Pero el contexto preelectoral que vive el país, donde en 2018 se celebran elecciones presidenciales y legislativas, contribuye a tensar el diálogo y las relaciones. Mientras, la sociedad sigue dividida ante la reincorporación de la insurgencia y ve que las autoridades todavía no han acabado con la violencia de las bandas criminales que siguen dominando algunas zonas rurales.

El presidente del Gobierno, Juan Manuel Santos, y el máximo dirigente de las FARC, Rodrigo Londoño o Timochenko, su nombre de guerra, volvieron al Teatro Colón de Bogotá. Hubo un apretón de manos en el mismo lugar en el que suscribieron el 24 de noviembre de 2016 un segundo acuerdo de paz, después de que el primero fuera rechazado en referéndum por estrechísimo margen. El mandatario trató de explicar que la reconciliación no depende solo del fin de un conflicto armado que dejó más de ocho millones de víctimas durante medio siglo. “Construir la paz es mucho más que poner punto final a los ataques, los atentados, los enfrentamientos. Y es mucho más difícil”, afirmó. Admitió “demoras, dificultades, errores”, aunque resaltó los avances de este proceso. En definitiva -igual que hizo horas más tardes en un viaje a La Montañita, en el suroccidente del país, uno de los municipios más golpeados por la violencia- pidió paciencia a los colombianos y a los antiguos combatientes.

Santos invitó a ver el vaso medio lleno. “Ahora las FARC, partido político, y la extrema derecha coinciden en esto último. En que deben de ver el vaso medio vacío. Y a los dos les conviene criticar al Gobierno, criticar al Estado por un supuesto incumplimiento”, dijo antes de dirigirse a la dirección de esa organización. “Sé que tienen reclamos, sé que tienen preocupaciones. Me reuniré hoy mismo con sus jefes, con su jefe máximo, aquí presente y con el mejor de los ánimos, como siempre lo he hecho, para resolver, en la medida de lo posible, sus inquietudes”. Esas cuitas tienen que ver, por ejemplo, con las asignaciones que el Estado prometió para impulsar proyectos productivos, con reformas que aún no han sido aprobadas y, en los últimos días, con un fallo de la Corte Constitucional que modifica algunos puntos del sistema de justicia especial –la llamada JEP- para quienes estuvieron involucrados en el conflicto.

 

De guerrillero a candidato

 

Lo expresó Timochenko en su intervención. “El mismo Congreso que aprobó hace un año el acuerdo de paz, hoy está empeñado de modo vergonzoso en hacerlo trizas en una conducta que envilece al Estado colombiano”, afirmó el líder de las FARC en referencia al debate sobre la justicia transicional en la Cámara. Este dirigente vive entre Colombia y La Habana, donde entre 2012 y 2016 se desarrollaron las conversaciones que desembocaron en los acuerdos. En menos de un año ha pasado de ser el principal referente de un grupo armado que practicaba el terror a candidato presidencial de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, un partido legal. En esta transición ha empezado a hacer política a todos los efectos. Y desde el Teatro Colón llamó a una movilización masiva para reclamar el cumplimiento de los acuerdos.

A estas tensiones se suman la firme oposición a aspectos relevantes de lo pactado del Centro Democrático, el partido del expresidente Álvaro Uribe, y la inestabilidad que aún asfixia a varios territorios rurales. El incierto futuro tras el alto el fuego con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la segunda guerrilla, que termina en enero. El incesante goteo de asesinatos de líderes sociales, “lo que más preocupa” al Gobierno en el ámbito de la seguridad, según Santos. Las disidencias, las bandas criminales como el Clan del Golfo y el narcotráfico.

La Fundación Paz y Reconciliación señala en un informe que “la incertidumbre es el signo al cierre de este primer año del acuerdo de paz”. Aun así, el mismo organismo también resalta que si el país “aún no le da el justo valor a este acontecimiento”, la comunidad internacional reconoce “el gran salto que ha dado Colombia”. Lo que ahora está en juego es la calidad de su transición.

 

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"Mientras sigan asesinando a líderes, negros e indígenas no podemos hablar de paz en Colombia"


Una líder afro, una activista indígena, una exguerrillera de las FARC y una antropóloga presentes en las negociaciones de La Habana analizan el primer año de aplicación de los Acuerdos de Paz en Colombia


Denuncian que los ataques contra los activistas se han disparado y temen que la violencia sexual quede impune tras el cambio en el modelo de justicia


"Se están remilitarizando los territorios, no para cuidar a los campesinos, indígenas y afros, sino para coparlos y empezar su práctica de la economía neoliberal"

 

Habían pasado pocas horas desde la movilización que rechazaba el asesinato de los dirigentes sociales y la corrupción política en Tumaco (Colombia). Hace 11 días, dos hombres entraron en la vivienda de Yeni Montaño y la asesinaron. La líder afrocolombiana trabajaba con comunidades desplazadas en la zona, uno de los epicentros de la población negra al sur del país, en la frontera con Ecuador, que cuenta además con miles de hectáreas de cultivos de coca.


"Ayer asesinaron a otra compañera", dice con el rostro serio Charo Mina Rojas a su llegada a la oficina de la ONG Alianza por la Solidaridad (ApS). La paz que hace un año se firmó no llega a los territorios donde vive su comunidad, dice. "Se está volviendo a ver una violencia brutal como hace años en estas zonas de un gran interés económico", alerta la activista afrocolombiana.


Mina fue una de las responsables del capítulo sobre etnias del acuerdo de paz que hace un año firmaron el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para poner fin a más de 50 años de conflicto armado que causaron la muerte de casi un millón de personas, 160.000 desaparecidos y el desplazamiento de casi siete millones de personas.


En estas negociaciones también estuvo Camila Cienfuegos, exguerrillera. Un año después de la firma, su conclusión es la misma: el proceso de paz "no puede avanzar" mientras bandas armadas estén ocupando los territorios y cobrándose la vida de los defensores.


"Mientras sigan asesinando a lideresas y líderes campesinos, afros, indígenas, a la insurgencia, a todo aquel que quiera un cambio estructural en nuestro país; mientras no se cumpla la implementación y los exiliados no puedan volver a sus territorios, no podemos hablar de paz", comenta Cienfuegos, que se enroló en la guerrilla con 14 años. Según Global Witness, al menos 37 activistas del medioambiente fueron asesinados en 2016, un 40% más que el año anterior.


"El mayor reto es mantenernos vivos sin que las jóvenes sean asesinadas y violadas, mantener niños sin armas en sus manos en Buenaventura. La aspiración de paz la tenemos todos, pero los retos son enormes", apostilló Minas en un seminario organizado por la ONG el pasado jueves.


Las dudas siempre estuvieron en la implementación. Y esta sigue siendo la asignatura pendiente. Denuncian que la jurisdicción especial establecida en el acuerdo para juzgar los crímenes cometidos en la guerra aún no está en marcha, los servicios básicos no llegan a algunas zonas y el ritmo del programa de sustitución de cultivos ilícitos es "lento".
"Se está erradicando la coca porque lo hacen los militares, pero la parte de la sustitución para que puedan sobrevivir no se está cumpliendo tanto. Además la producción de coca se disparó en 2016 hasta las 146.000 hectáreas", comenta Eliana Romero, responsable de Alianza por la Solidaridad en el país.


Ese negocio pretenden controlarlo ahora grupos paramilitares que ocupan los territorios tras los "vacíos" que dejaron los exguerrilleros, provocando el desplazamiento de centenares de personas, sobre todo de la comunidad afro e indígena, que dice sentirse desprotegida. "El Estado no está presente".


"El Gobierno quiere una paz neoliberal"


Aída Quilcué, activista indígena también presente en las negociaciones de La Habana (Cuba), denuncia que algunas zonas habitadas por las comunidades locales, una de las más expuestas a la violencia, están siendo testigo de un aumento de la presencia militar. "Se están remilitarizando los territorios, no para cuidar a los campesinos, indígenas y afros sino para coparlos y empezar su práctica de la economía neoliberal. Lo vemos en el Chocó y en todo el suroccidente colombiano", denuncia.


Quilcué considera que la firma de los acuerdos fue "un paso importante", pero la visión de las comunidades indígenas es diferente a la del Gobierno de Santos."Nosotros queremos la paz concebida como armonía en el territorio, pero el Gobierno quiere una paz neoliberal. Dice que los vacíos que dejó la guerrilla nos sirven para aplicar el desarrollo económico. Y aunque las concesiones de mineras e hidrocarburos ya se estaban produciendo, ahora se materializan", señala.


"Los exguerrilleros vivimos bajo la amenaza latente"


Otro de los temas más controvertidos del proceso fue el de la reinserción de los excombatientes de las FARC en la vida civil. Cienfuegos considera que padecen "inmensas dificultades" y no cuentan con "suficientes garantías" de seguridad tras retirarse de los territorios. "Estamos expuestas a bandas emergentes a nuestro alrededor, hace unos días asesinaron a dos personas con fusil, cuando se supone que ya no hay sectores armados. Es una amenaza latente", resume.


Asimismo, la exguerrillera denuncia que "no se están garantizando los derechos" contemplados para facilitar la reincorporación de los excombatientes, como los derechos a "la salud, a la educación y a ejercer la política". "No hay escuelas adecuadas, no hay jardines de infancia en nuestros territorios. La reincorporación no ha sido lo que uno esperaba", explica.


Pero Cienfuegos se muestra optimista. "Es posible una paz estable y duradera", sostiene la ahora dirigente del partido político de las FARC. "Poder llegar a una casa y que la gente no se asuste, eso también es construir la paz. Ahora nos encontramos con las comunidades y ven que también somos parte de ellas, que retornamos sin armas, con la palabra. Tenemos que dejar atrás los odios para poder hablar de reconciliación y dejar la diferencia a un lado para que la implementación sea posible", concluye.


El revés a la justicia para la violencia sexual


"La paz sin mujeres no va", exigieron las organizaciones de feministas al presidente Santos al inicio del proceso. En 2014, cuando se abrió el capítulo de las víctimas, lograron que se estableciera en la mesa de negociación de La Habana una subcomisión de mujeres que pudo revisar con una mirada de género el acuerdo. En ella estuvo presente también Pilar Rueda, antropóloga y asesora de la secretaría ejecutiva de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), creada tras las negociaciones.


"Las mujeres pusieron rostros e historias a cifras que ya venían circulando en la mesa. Ellas habían vivido de forma particular la guerra, y había un tipo de ataques que les afectaban de forma desproporcionada, como el desplazamiento forzado", recuerda.


Durante el proceso recibieron los ataques de los sectores más conservadores de la sociedad colombiana. "Cuando se votó el plebiscito, uno de los elementos más atacados por la Iglesia y la derecha fue el enfoque de género. Argumentaron dos cosas profundamente mentirosas que no supimos enfrentar: que promovía el homosexualismo y también, que destruye la familia tradicional", explica.


Se estima que al menos 12.092 personas han sido víctimas de delitos contra la libertad sexual durante la guerra. Uno de los logros de la subcomisión de género fue que el sistema de justicia transicional creado ad hoc fuera a juzgar los delitos de violencia sexual cometidos por todos los actores armados. El pasado miércoles, señala Rueda, esta victoria sufrió un revés. Durante el debate sobre la ley que da forma a esta jurisdicción, el Senado aprobó una propuesta del partido Centro Democrático, del expresidente Álvaro Uribe, que en la práctica, dice Rueda, excluye a los que han cometido delitos sexuales contra menores, que pasarán a la justicia ordinaria.


"Es terrible para las víctimas que pelearon para que quedara como un delito explícito con sus propios mecanismos de investigación, porque la impunidad en la justicia tradicional en temas de violencia sexual es fortísima", opina la antropóloga. "Excluirla es una cachetada muy fuerte, porque impide claramente a las víctimas que conozcan la verdad, que sus victimarios sean sancionados y que se les pueda reparar. Este iba a ser su espacio. La justicia ordinaria, en estos delitos, no funciona, ha sido profundamente machista, racista y clasista", lamenta. "Es tan serio, tan grave...Se ha abierto un hueco enorme de impunidad", corrobora Minas.


Rueda apunta que los delitos sexuales son "uno de los pocos que no se han reducido desde que se firmó el acuerdo". En 2016, "aumentaron un 8,3% en la casa y en la escuela". Así, la asesora recuerda que la violencia contra las mujeres "no se la inventó la guerra". "La hace más cruel, se vuelve un instrumento, se normaliza mucho más. Pero no hay mujer en Colombia que no esté en riesgo", esgrime.


Para ilustrarlo, asegura que, cada año, 22.000 mujeres y menores buscan asistencia sanitaria por abusos sexuales. "Más o menos 15 al día. Los principales agresores son sus padres, padrastros, sus hermanos, etc. Solo el 0,08% de la violencia corresponde a la que se produce en el conflicto armado", prosigue.


A pesar de las dificultades y la lentitud en la implementación denunciadas, Minas, Cienfuegos, Quilcué y Rueda coinciden en la importancia de apoyar el proceso iniciado hace cinco años. "Poder pensar que hay menos personas en armas, no saben lo que significa. Pensar que el hospital no está lleno de heridos, que cada vez hay menos minas antipersona, que hay desplazamiento, pero no en las dimensiones en las que lo había. La crisis humanitaria era desproporcionada", comenta la antropóloga.


Y concluye: "¿Se ha resuelto todo? No. ¿Se han reducido los homicidios? Sí. ¿Los ataques ahora son focalizados? También. ¿Hay que pelear contra la impunidad? Claro. No es posible que se nos siga señalando a los defensores, tenemos que cambiar el modelo de desarrollo...pero eso va a ser mejor sin balas y con mayor democracia".


Por Icíar Gutiérrez
23/11/2017 - 20:06h

Publicado enColombia