Martes, 04 Diciembre 2018 05:48

Los marxistas en su laberinto del siglo XXI

Los marxistas en su laberinto del siglo XXI

Diría Francisco, no el Papa de Roma, sino mi recién fallecido padre ¡que terquedad la tuya, intentar debatir lo que nadie parecer querer cambiar! Y es que es el pragmatismo se viene imponiendo como razón política en las propias izquierdas. Solo los más osados se atreven a plantear uno u otro tema teórico que muestre algún nivel de atasco en su implementación en la praxis. Lo hacen a sabiendas que desde múltiples lugares se le acusará de revisionistas, renegados, intelectuales pequeño burgueses o, hasta de ser parte de la nómina de algún servicio secreto internacional, hecho del cual los acusados no se habían enterado hasta la fecha. A pesar de ello, tomo aire para buscar aliento y me decido a hacer las veces de secretario de multitudes diversas y, en consecuencia, procedo a tomar nota de los planteamientos y dudas que en tono de murmullos se escuchan cada vez con mayor insistencia en distintos lugares de lucha de nuestraamérica. La única intención de este escriba –aunque sospecho que dirán que tengo ocultas e innobles intenciones– es la de intentar contribuir a la construcción de una agenda compartida sobre los desafíos epistémicos, conceptuales y de acción de los socialistas libertarios a finales de la segunda década del siglo XXI.

Por supuesto me refiero al socialismo científico sistematizado por Karl, el nacido en Tréveris. Fíjense que digo que él “sistematizó” y en ningún momento que creó, porque Marx fue un científico social y no un religioso, ni un infalible gurú. Y allí dos problemas iniciales, sobre los cuales volveré más ampliamente en otros artículos. El primero de ellos reside en el hecho que a través del tiempo ha surgido una especie de ortodoxia marxista que se siente facultada para establecer los cánones del marxismo, la legalidad y legitimidad del pensar la transformación, que ha convertido el pensamiento crítico en estático alejado del dinamismo dialéctico, para el cual categorías como imperialismo, obrero fabril, partido revolucionario, trabajadores, ideología, alienación, entre otras, no han sufrido cambios en el terreno concreto de la lucha de clases a más de un siglo de haberlas definido inicialmente. Marx siempre estuvo atento a la influencia de las realidades históricas concretas en la teoría, entendiendo que la dialéctica no era una externalidad analítica, sino que tocaba al propio pensamiento socialista. El segundo de ellos, es la creciente invisibilización del hecho que Carlos Marx se reclamó socialista científico, algo que ahora pasan por alto muchos apologistas neo metafísicos que atacan sin cesar cualquier apelación a la mentalidad científica. La transformación estructural de las sociedades capitalistas para abrir paso al socialismo no es un acto solo de voluntad –que la requiere- sino también de pensamiento estructurado, de conocimiento en profundidad de las ciencias puestas al servicio de la liberación del hombre por el hombre. En consecuencia, el marxismo es el pensamiento científico transdisciplinario que reflexiona, estudia y propone ideas para el cambio estructural de las sociedades a partir del estudio de cada coyuntura histórica, nunca en abstracto, ni desde el inmovilismo cognitivo.


Marx fue un hombre de su tiempo histórico. Como pocos comprendió el impacto del desarrollo científico y tecnológico en el modo de producción capitalista. Carlos Marx fue un enamorado de las posibilidades que encerraban la primera y segunda revolución industrial para romper las profundas y estructurales desigualdades acumuladas por siglos. Por ello interpretó de manera acertada el impacto de la relación del trabajo colectivo de los obreros industriales y fabriles alrededor de las máquinas y las innovaciones, en los procesos de producción de mercancías. Construyó una interpretación única y singular respecto a la conciencia de esa clase social, constituida en el corazón del modo de producción, a la cuál caracterizó como el motor de la nueva historia de la lucha de clases y de las posibilidades de construcción de la vida colectiva del común, el socialismo.


Marx construyó una teoría que hemos denominado marxismo, no como un nuevo relato teológico, sino como un método para actualizar de manera permanente el presente y el devenir de las luchas. Karl, el gigante revolucionario no podía prever –ni era su tarea histórica– que precisamente el desarrollo tecnológico que ocurriría 150 años después de la elaboración del Manifiesto Comunista (1848) conocería una tercera y cuarta revolución industrial (1960-2019/ 2020- ) que ahora no solo deja de agrupar a los trabajadores en fábricas para la producción de mercancías, sino que comienza a expulsarlos de ellas, impactando la idea de lo colectivo en la producción, reconfigurando también el papel de otras clases sociales consideradas en algún momento subalternas al proyecto socialista.


El problema es que la reflexión sobre estas dinámicas es muy precaria aún en América Latina y el Caribe y ahora, para colmo, se nos anuncian las consecuencias inmediatas de la primera ola del desembarco (década de los 20 del siglo XXI) de una cuarta revolución industrial (fábricas 4.0, expulsión en masa de amplios sectores de la clase obrera de las fábricas, crisis humanitaria laboral en los países altamente industrializados, ALC como simple campo de extractivismo de materias primas de viejo y nuevo cuño), así como de la llamada era de la singularidad (fusión de tecnología con vida humana), en medio de una crisis ecológica planetaria sin precedentes.


¿Cuál es el impacto de estas nuevas realidades en el plano teórico general del socialismo, en las organizaciones revolucionarias y en el propio programa de acción de las luchas socialistas? Sobre esto seguiremos escribiendo, como simples secretarios de múltiples voces que reclaman un espacio y una agenda emergente para mantener viva y con posibilidades de disputa del poder la idea socialista por parte de quienes vivimos del trabajo en el siglo XXI.

 

Publicado enPolítica
Lunes, 11 Julio 2011 06:42

Humala, versión pragmática

“Estados Unidos es un socio importante para el Perú. Es trascendente fortalecer nuestras relaciones con Estados Unidos”, señaló el presidente electo Ollanta Humala durante su visita a Washington esta semana. Con estas palabras, y su viaje a Estados Unidos antes de asumir el poder el 28 de julio, Humala –que ganó las elecciones a la cabeza de la coalición progresista Gana Perú y cuya candidatura apoyada por la izquierda nunca tuvo las simpatías de la embajada norteamericana– ha querido enviar un claro mensaje de sus intenciones de mantener buenas relaciones con Washington. Relaciones que ha dicho estarán marcadas, al menos por el lado peruano, por el pragmatismo y no por la ideología.
 

Durante su estadía en Washington, Humala se reunió con el presidente Barack Obama, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el encargado de seguridad nacional de la Casa Blanca, Thomas Donilon. Con ellos trató temas como las relaciones comerciales entre ambos países y el narcotráfico, dos asuntos potencialmente conflictivos entre ambos países. El próximo presidente peruano también tuvo una cita con el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, a quien le dijo que su gobierno apoyará el fortalecimiento del organismo interamericano.
 

En el equipo de Humala se recibió muy bien el gesto de Obama de reunirse con el electo presidente peruano, a pesar de que ese encuentro no estaba en agenda. Humala y Obama conversaron durante unos 30 minutos en la Casa Blanca. El encuentro no previsto se produjo cuando Obama ingresó al salón de la Casa Blanca en el que Humala se reunía con Thomas Donilon. “Fue un gesto de alta deferencia política”, dijo el embajador Luis Chuquihuara, miembro de la comitiva peruana, al comentar la decisión de Obama de reunirse con Humala fuera de agenda. “El diálogo con el presidente Obama –-señaló Chuquihuara– fue altamente apreciado por el presidente electo.”
 

“(Barack Obama) mira con mucha expectativa al Perú y su crecimiento económico, y coincide en que este crecimiento tiene que ser para todos; de lo contrario, si el crecimiento económico no se convierte en desarrollo, obviamente la tarea no está concluida”, declaró Humala a la salida de su reunión con Obama.
 

El actual gobierno de Alan García ha sido un aliado incondicional de Washington, algo que en el equipo político de Humala aseguran que cambiará. “Con la elección de Humala, Estados Unidos pierde un aliado incondicional en la región. Humala quiere tener buenas relaciones con Estados Unidos, pero no será el aliado incondicional de Washington que ha sido Alan García. Seguramente habrá puntos de tensión y negociación en esas relaciones”, le señaló a Página/12 Sinesio López, sociólogo y miembro del equipo técnico y político de la coalición Gana Perú que gobernará con Humala.
 

Los principales focos de tensión y negociación entre Estados Unidos y Perú serán el Tratado de Libre Comercio (TLC) –criticado por Humala, aunque ha bajado el tono a esos cuestionamientos– y la política antidrogas que la administración norteamericana impulsa en el Perú y que ha sido duramente criticada por los expertos de Gana Perú en el tema.
 

Sobre el TLC con Estados Unidos, Humala aseguró en Washington que respetará los tratados firmados por el actual gobierno, dejando de esta manera en claro que no tiene la intención de denunciar unilateralmente este tratado comercial, como en algún momento de la campaña electoral se especuló que haría. Pero su equipo de gobierno no oculta sus cuestionamientos al TLC, que han asumido como una realidad inevitable, y plantea la necesidad de renegociar este acuerdo comercial.
 

“Se va a plantear renegociar algunos puntos del TLC, como lo que se refiere a los derechos de autor y patentes, que es un tema central. Por lo que se establece en el TLC en el tema de patentes, las medicinas han subido de precio. En eso, el próximo gobierno debe pelear mejores condiciones para nuestro país. Este puede ser un factor de tensión en las relaciones con Estados Unidos”, le dijo a este diario Sinesio López.
 

En el tema de la lucha contra las drogas, el equipo de Gana Perú ha planteado cambiar la política antidrogas norteamericana, que ahora se aplica en el país y que concentra la represión sobre los campesinos cocaleros con la erradicación forzada de los cocales, por una política de alianza con los cocaleros para trabajar con ellos en un programa de erradicación concertada. Dos visiones distintas que se verán enfrentadas cuando Humala asuma la presidencia. Aquí, el próximo presidente peruano tendrá un tema complicado y un potencial punto de conflicto con Washington.
 

“El de la Amazonia será otro tema complicado. Estados Unidos ningunea a todos los países amazónicos y cree que ellos son los únicos que pueden proteger la Amazonia. El gobierno peruano va a defender su derecho sobre la Amazonia y sus recursos y biodiversidad. Ese será un punto de tensión”, asegura Sinesio López.
 

Por Carlos Noriega

Desde Lima

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Tras el golpe de Estado en Honduras, un nuevo enemigo se ha visualizado como pretexto para la intervención militar en la región. Se trata de la influencia negativa de los países que integran la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), el fantasma del socialismo del siglo XXI y el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, mentor de tales iniciativas. Por este motivo, Mauricio Funes, presidente de El Salvador y miembro del FMLN, ha dejado claro cuáles son sus aliados estratégicos. En recientes declaraciones manifestó rotundamente que su gobierno "no va a dar ni un solo paso tendente a la incorporación al Alba y al socialismo del siglo XXI", recalcando que tampoco cuestionará las relaciones con Estados Unidos, entre otros motivos, por los casi 3 millones de salvadoreños que allí residen. Recordemos que una parte del PIB de El Salvador proviene de las remesas de sus inmigrantes afincados legal o ilegalmente en dicho país.

Las palabras pronunciadas por Funes deben adscribirse a esta nueva coyuntura. El golpe militar de Honduras podemos decir que ha prosperado, más allá de la repulsa de los organismos internacionales y la heroica resistencia. Nada hace presagiar el retorno de Manuel Zelaya a la presidencia. De esta manera, lo que se planificó para Chile en 1973 se ha conseguido en Honduras en 2009. Un golpe de Estado avalado por el Congreso, la Suprema Corte, las fuerzas armadas y los principales partidos de la oposición. Así no se pondría en duda su legitimidad. Es cierto que entre uno y otro hay muchas diferencias, pero la estrategia es la misma. Ahora los gobernantes que deseen ir por el camino del Alba u otras alternativas a la globalización neoliberal sufrirán las consecuencias. Es mejor ponerse el parche antes de la herida. Toca tranquilizar a las oligarquías locales para que mantengan las fuerzas armadas en sus cuarteles.

La derecha salvadoreña puede sentirse satisfecha. Funes ha puesto límite a la acción de su gobierno y toma distancia con su organización, el FMLN. Sus dirigentes han decidido secundar la propuesta de una V Internacional, sumarse al Alba y avalar el Banco del Sur. La esquizofrenia está servida. Funes sale al quite y recalca que una cosa es el partido y otra su gobierno. De esta manera envió un recado a los miembros de Alba y en especial a Hugo Chávez. Si el FMLN, su organización, se siente cómodo con el llamado a una V Internacional, el gobierno que él preside recela. No son compañeros de viaje.

Hay que ser pragmático, subraya Funes. No hay motivo para pelearse con Estados Unidos ni nadar a contracorriente. En esta línea, acota: Estados Unidos "no me ha torcido el brazo", por lo cual es insensato "suscribir ningún documento que pueda poner en riesgo dicha relación". Sus palabras destilan miedo, complemento perfecto del accionar pragmático. Suscribirse al Alba supone asumir riesgos innecesarios.

Funes no quiere intrigas palaciegas que acaben en un golpe de Estado. La osadía del presidente Manuel Zelaya a la hora de elegir aliados y cambiar la línea de su gobierno no ha dado buenos frutos. Así, Funes prefiere aparcar cualquier atisbo de alternativa democrática en pro de salvar su gobierno. No quiere que se repita la experiencia hondureña en El Salvador.

Si la guerra contrainsurgente de baja intensidad logró éxitos, fue promoviendo la idea de derrota en la izquierda latinoamericana. Su argumento era simplista, pero convincente.

Tras la caída del muro de Berlín, poco o nada se podía hacer. El socialismo realmente existente era un desastre y el futuro pertenecía a la globalización neoliberal. El capitalismo había triunfado. En América Latina, Jorge Castañeda le dará forma a esta versión espuria en su obra La utopía desarmada. Sin muchos argumentos justificó la emergencia del unilateralismo y proclamó el fin de las luchas antimperialistas y anticapitalistas. Había que llevarse bien con Estados Unidos, el gendarme del planeta. No se podía seguir luchando contra molinos de viento.

Muchos fueron quienes cayeron en el canto de sus sirenas. El FMLN fue víctima propicia. Tras años de luchas en el campo militar, la guerra no se decantó hacia el FDR-FMLN. Muchos de sus dirigentes entraron en un proceso de regresión ideológica. Mauricio Funes ha sido uno. Durante la guerra contrainsurgente asumió responsabilidades, arriesgó su vida y derrochó valentía. Hoy deja ver un miedo enmascarado bajo el adjetivo de ser un hombre pragmático. Su gobierno ha decidido no dar la batalla contra la oligarquía ni de frente ni de costado. Han preferido olvidar las promesas que los llevaron al gobierno y obviar las esperanzas de un pueblo que confió y les dio la batuta de mando, tras décadas de luchas y muerte en el campo de batalla.

Al renegar de los principios democráticos en pro de una gestión que no incomode a la clase dominante salvadoreña y a Estados Unidos, Mauricio Funes y su gobierno cierran las puertas para construir un proyecto nacional, popular, de economía mixta, antimperialista y republicano. Valores inmersos en la lucha contra la desigualdad, la explotación, el hambre y la marginalidad social. Ahora sólo les queda poner a buen recaudo los dineros del gran capital y la oligarquía, así obtendrán un sobresaliente. Condición sine qua non para no verse sorprendidos por un golpe de Estado y lograr el éxito en futuras elecciones.

Por Marcos Roitman Rosenmann
Publicado enInternacional