Domingo, 22 Noviembre 2020 05:51

La gran victoria de Putin en Estados Unidos

Partidarias del presidente con camisetas “Lesbianas por Trump” se manifestaron en Lansing, Michigan (EMILY ELCONIN / Reuters)

Visto desde el presente, la trayectoria vital de Donald Trump ha sido un entrenamiento para llegar a este preciso instante.

A este momento en el que los estadounidenses le han dicho en las urnas “estás despedido”.

Antes de que existiera Twitter, plataforma que usa para potenciar su ego, atacar al que no le complace y propagar conspiraciones sin fundamento, él se inventó un personaje alternativo que utilizó como un precedente de esta red social.

Se presentaba como John Barron o John Miller. En ambos casos era un relaciones públicas que telefoneaba a los diarios para explicar lo maravilloso que era Trump, fustigar a los que no le seguían la cuerda o relatar como todas las mujeres se le rendían.

“El mejor sexo de mi vida”, tituló en portada The New York Post , según chivatazo de Miller a partir de una supuesta confesión de Marla Maples, la que sería su segunda esposa. A los periodistas les fascinaba como ese relaciones públicas sonaba igual que Trump, pero negaba serlo.

En su Twitter sigue diciendo falsamente que ha ganado.

Antes de que formulará una retahíla de reclamaciones legales en contra del resultado electoral, Trump ha sobrevivido a un impeachment (proceso político por el Rusiagate ), dos divorcios, 26 acusaciones de acosos sexual, seis quiebras y unos 6.000 pleitos.

Esta vez, sin embargo, ha topado con Joe Biden y parece que se le ha acabado la suerte.

De los 33 litigios cuestionando la victoria del rival, ya se han resuelto 31, todos perdidos.

Sus abogados, Rudy Giuliani y Sidney Powell, apelaron el jueves a la existencia de “un complot centralizado” que afecta a todo EE.UU. Ni una prueba. La clave está en las máquinas de conteo automático de votos, que están manipuladas en un asunto en el que Powell implicó a Hugo Chávez, el dictador venezolano fallecido en el 2013, y al financiero George Soros, el sospechoso habitual de los conspiranoicos.

Los legisladores de Michigan, hospedados en el hotel Trump, dicen que no ven nada que cambie el resultado

Christopher Krebs, como responsable de la agencia de ciberseguridad. difundió un estudio del que se concluía que estas elecciones han sido “las más seguras”. Trump lo echó del cargo por dar “información incorrecta”.

El informe de ciberseguridad descartó una interferencia rusa. Esta vez, el megáfono para difundir ese mensaje destructivo no está en manos de Vladímir Putin y sus infiltrados del Kremlin. No, el megáfono lo sostiene el presidente Trump, que pregona en Twitter esas teorías en las que él es el ganador a costa de desvirtuar la realidad. Esta es la gran victoria de Rusia, subrayan los analistas. Para Biden, el obstruccionismo de Trump supone “enviar mensajes increíblemente dañinos al resto del mudo sobre cómo funciona la democracia”.

A las dos semanas de que se declarase ganador a Biden, a los expertos les queda claro que lo único que persigue Trump es hacer descarrilar el pilar de la democracia, que los dirigentes republicanos de varios estados anulen los votos populares y designen los votos electorales, todos a su favor. Este es el golpe trumpista .

El secretario de estado de Georgia, el republicano Brad Raffensperger, ratificó el viernes los resultados –“los números no mienten”–, después de un segundo recuento y, como el otro, concedió la victoria a Joe Biden. El gobernador Brian Kemp, también republicano, certificó los 16 votos electorales para el demócrata. Trump dispone hasta el martes para pedir otro recuento.

Este lunes es otra fecha decisiva. Michigan y Pensilvania (previa resolución de uno de los pleitos judiciales pendiente) deben ratificar la victoria de Biden.

Trump ha atacado fuerte en Michigan. Primero llamó a los dos miembros de la junta electoral del condado de Wayne, que abarca Detroit, quienes al día siguiente firmaron una declaración jurada intentando dar marcha atrás a su rúbrica del recuento. Ya estaban fuera de plazo.

Y este viernes, Trump invitó a la Casa Blanca a los principales legisladores republicanos en la cámara de Michigan. En un comunicado conjunto al concluir la visita, Mike Shirley, jefe de la mayoría en el Senado, y Lee Chatfield, líder en la cámara de representantes, señalaron “no ser conscientes de ninguna información que pudiera cambiar el resultado de las elecciones”. Biden lidera por más de 154.000 votos.

El tuit de Trump les dejó en mal lugar, porque dijo que se había hablado de un fraude masivo.

La presidenta del Partido Republicano de Michigan y el Comité Nacional solicitaron por carta este sábado aplazar dos semanas la certificación de la junta electoral (formada por dos republicanos y dos demócratas) para auditar el condado de Wayne.

La junta electoral estatal mantenía la cita del lunes. En caso de bloqueo (por empate a dos), eso iría al tribunal de apelación (controlado por conservadores) y, si no hubiera solución, la gobernadora Gretchen Whitmer (demócrata) tiene la potestad de quitar a los dos que se negaran a la ratificación. Todos los estados deben enviar el 8 de diciembre sus resultados al Congreso y el 14 votan los electores que representa la voluntad popular.

Los legisladores de Michigan pasaron la noche en el hotel Trump. Las fotos de la cena y las copas provocaron la sospecha de que el presidente les presionó, de que había una relación entre la visita a la Casa Blanca y la carta pidiendo la auditoría.

 

Francesc Peirón, Nueva York. Corresponsal

22/11/2020 02:33| Actualizado a 22/11/2020 10:49

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El Congreso de Perú prolonga la crisis que creó

Tras la renuncia del presidente Manuel Merino, acusado por la brutal represión a las protestas

El Parlamento unicameral debía elegir al reemplazante de Merino, pero 77 de los 130 congresistas boicotearon la elección de Rocío Silva Santisteban, candidata de izquierda. Merino estuvo en el cargo seis días. 

 

Al cierre de esta edición, los peruanos no tenían presidente. Luego de la renuncia de Manuel Merino -elegido el lunes pasado por el Parlamento que él presidía luego de destituir en una decisión calificada por diversos juristas como ilegal, al exmandatario Martín Vizcarra-, que cayó por las masivas protestas en contra de su gobierno, que duró menos de una semana, el Congreso prolongó la grave crisis política que ellos han creado. Ayer el Parlamento unicameral debía elegir al reemplazante de Merino, pero 77 de los 130 congresistas boicotearon la elección de la candidata única, Rocío Silva Santisteban, del izquierdista Frente Amplio, que debió haber sido una candidatura de consenso. Silva Santisteban obtuvo 42 votos a favor, pero 52 votaron en contra y otros 25 se abstuvieron. Los fujimoristas y otros grupos de la coalición de derecha, con muchos de sus miembros más importantes acusados de diversos cargos de corrupción, que destituyeron a Vizcarra y lo reemplazaron por Merino, originando la indignación ciudadana, expresada en masivas protestas, y la crisis política, estuvieron en primera fila para boicotear una salida a esa crisis que ellos originaron. Rechazaron la elección de Silva Santisteban. Una decisión irresponsable que prolonga y agrava la crisis que pone otra vez al Congreso como factor central de la crisis política en el país y amenaza encender nuevamente las masivas protestas en las calles.

De haber sido elegida, Silva Santisteban, de 57 años, poeta, periodista, docente universitaria y activista de los derechos humanos y de los derechos de la mujer, se habría convertido en la primera mujer en llegar a la presidencia en el Perú y también la primera persona de un partido de izquierda en gobernar el país. Fue una de las dos legisladoras, de los ocho integrantes de la bancada del Frente Amplio, que votaron en contra de la destitución de Vizcarra y de llevar a Merino al poder.

El vacío de poder por la no elección de un reemplazante de Merino podría favorecer el regreso del exmandatario Vizcarra. Hay una demanda ante el Tribunal Constitucional (TC) para que defina cuáles son los alcances de la figura de “incapacidad moral permanente” para destituir a un presidente, la razón usada en el Congreso para sacar a Vizcarra por cargos de haber recibido sobornos cuando era gobernador entre 2011 y 2014, acusación basada en unas declaraciones que todavía están en investigación. Si el TC señala que esa ambigua figura constitucional no aplicaba en este caso, como indican diversos juristas, se confirmaría que la destitución de Vizcarra fue inconstitucional, pero el TC deberá definir si su fallo es retroactivo o no, es decir, si deja sin efecto la destitución del expresidente y, por lo tanto, Vizcarra debería ser repuesto en la presidencia, o si su decisión rige como una aclaración doctrinaria de esa figura constitucional para el futuro. Importantes juristas se inclinan por esta segunda opción. Hay un debate abierto sobre el tema. El TC convocó para hoy lunes a una sesión de emergencia para ver este asunto.

“Que defina el TC. La población y la comunidad internacional esperan que defina el TC”, señaló ayer Vizcarra, que espera una decisión que podría regresarlo al poder. “Ha salido un dictadorzuelo”, señaló, en referencia a Merino. Felicitó a los jóvenes por haberse movilizado y calificó de “héroes” a los dos estudiantes asesinados por la policía. El viernes, la fiscalía ordenó el impedimento de salida del país de Vizcarra por dieciocho meses por la investigación de recibir sobornos que se le ha abierto.

En las calles toda la indignación se ha dirigido contra Merino y el Congreso por la decisión de destituir al exmandatario tomada por parlamentarios que en buena parte están cuestionados por cargos de corrupción, pero los manifestantes se han preocupado en aclarar que su movilización no ha sido en defensa de Vizcarra. Así coincidieron en decírselo a PáginaI12 varios jóvenes que protestaban contra Merino el sábado en la noche. “No estamos aquí para defender a Vizcarra, estamos para defender la democracia. Vizcarra tendrá que ser juzgado en su momento”, nos dijo Ximena Guevara, abogada de 26 años. Opiniones similares hubo muchas. Todas las voces pedían la salida de Merino, muy pocas el regreso de Vizcarra. “Es por la democracia, no es por Vizcarra”, era una frase muy escuchada, y leída en los cartelones.

Mientras el Congreso se reunía para decidir a quién elegir para reemplazar a Merino y salir de la crisis que el propio Congreso creó, en las afueras del Parlamento, y en las calles y plazas de todo el país, miles que en la última semana protestaron exigiendo la salida de Merino seguían movilizados, en vigilia esperando esa decisión. Exigían que la persona elegida para asumir la presidencia del país no sea uno de los 105 congresistas de la coalición que llevó a Merino al poder. Advertían que si eso ocurría, entonces las protestas se reanudarían. Los manifestantes solamente estaban dispuestos a aceptar la elección de uno de los diecinueve legisladores que votaron en contra de la destitución de Vizcarra que llevó al poder a Merino. Al final, el Congreso no eligió a nadie en la votación de ayer en la noche y prolongó la incertidumbre, el vacío de poder y la crisis.

El Congreso puso a Merino en el poder, en una decisión calificada por la mayoría del país como un golpe parlamentario, y la calle lo sacó del cargo. Fueron seis días de protestas continuas hasta la caída del brevísimo régimen de Merino, señalado como “usurpador”. Había sido nombrado presidente el lunes por el Congreso que él presidía, tomado posesión del cargo el martes, nombrado el jueves a su gabinete ministerial, dominado por la extrema derecha, y el domingo se vio obligado a renunciar. La muerte la noche del sábado de dos jóvenes en las protestas antigubernamentales gatillaron las horas finales de la muy cuestionada y precaria presidencia de Merino, que había formado un gobierno con lo más rancio del ultra conservadurismo peruano.

Los fallecidos son dos estudiantes universitarios, Jack Pintado, de 22 años, e Inti Sotelo, de 24 años. Pintado falleció por múltiples impactos de perdigones en la cara, cuello y tórax, Sotelo de un balazo en el pecho. Sus muertes y los heridos son dramático testimonio de la brutal represión del gobierno ultraderechista de Merino contra las protestas ciudadanas. Sobre esa represión, Merino no asumió ninguna responsabilidad en su breve mensaje de renuncia. Pero ahora podría ser procesado por esos hechos.

Las dos muertes ocurrieron en el centro de Lima, escenario de las mayores protestas, que desde el lunes en la noche, cuando fue destituido Vizcarra y nombrado Merino en su reemplazo con el respaldo de congresistas denunciados por corrupción, se repitieron simultáneamente en todo el país, y en la capital se dieron en diversos distritos, desde los barrios populares hasta las zonas residenciales exclusivas. Han sido las protestas más grandes que recuerde el país en mucho tiempo.

La movilización del sábado, como las anteriores, era pacífica, hasta que, como ocurrió en las anteriores ocasiones, la policía atacó a los manifestantes, la gran mayoría jóvenes, disparando gases y perdigones. Disparaban al cuerpo. Un joven caminaba con la nube de gases lacrimógenos que comenzaba a cubrir el lugar levantando un cartelón en el que se leía: “Mamá, salí a defender a mi patria, si no regreso me fui con ella”. Unos metros más allá caían los dos estudiantes que ya no regresarían a sus casas.

Este domingo, Merino, cuya situación era insostenible, renunció a la presidencia en un breve mensaje televisado de poco más de cinco minutos. Su renuncia cambió las protestas en celebraciones. Los gritos de “Merino no me representa”, “Fuera los corruptos”, cambiaron por el “Sí se pudo”. Apenas Merino terminó de hablar anunciando su renuncia, se escucharon cacerolazos en todas las ciudades del país, en todos los barrios de Lima. Cacerolazos que en los últimos días habían sido de protesta, este domingo fueron de celebración.

En las masivas movilizaciones de ayer domingo en calles y plazas de todo el país, que se prolongaron desde muy temprano hasta la noche, había festejo por la caída del gobierno denunciado como “usurpador”, pero también dolor por la muerte de los dos estudiantes, y expectativa por lo que vendría en las siguientes horas. Muchos salieron a manifestarse vestidos de negro, en señal de luto por los dos estudiantes asesinados durante la represión a las movilizaciones ciudadanas. 

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Lunes, 16 Noviembre 2020 07:05

Buenas y malas

Buenas y malas

La buena noticia es que la derrota de Trump fue por una cifra récord de 78.7 millones de votos que entregaron el triunfo a su contrincante demócrata Joe Biden y su compañera de fórmula Kamala Harris (primera mujer y primera persona de color en obtener la vicepresidencia), frenando así por ahora –si es que el presidente finalmente acepta irse– el avance de un proyecto neofascista en Estados Unidos.

La mala noticia es que Trump obtuvo 73 millones de votos –el segundo total más alto jamás registrado para un candidato presidencial– incrementando en más de 9 millones su base electoral de hace cuatro años, a pesar de su promoción de una agenda populista de derecha con todos sus detalles racistas y xenófobos (aun así, elevó su numero de votantes latinos y afroestadunidenses, algunos sectores de mujeres y de la comunidad gay) y su manejo criminal de la pandemia.

Como muchos concluyen, se derrotó a Trump pero no al trumpismo y sus raíces y razones seguirán presentes.

No es que nada cambie. Por ejemplo, Biden ha prometido que de inmediato renovará la protección contra la deportación a los soñadores –inmigrantes que llegaron siendo menores de edad– afectando a unos 700 mil, en su mayoría mexicanos; reanudará la protección temporal para cientos de miles de inmigrantes y propondrá una reforma para legalizar a más de 11 millones de indocumentados, entre otras medidas. Más aún, ha prometido reingresar de inmediato al Acuerdo de París sobre cambio climatico y a la Organización Mundial de Salud, entre otras cosas. Son cambios limitados pero significativos, y los que han argumentado que Trump y Biden daban lo mismo para México y otros países latinoamericanos, tal vez deberían consultar tanto a sus paisanos aquí adentro como a los jóvenes de todo el mundo que temen por el futuro de su planeta.

Pero Biden no es ningún salvador, y los progresistas no se han olvidado de que es un político neoliberal con una larga carrera de 47 años como representante fiel del establishment. Vale repetir que para el amplio abanico de progresistas en Estado Unidos, esta elección nunca se trató de una contienda entre Biden y Trump, sino de una batalla para rescatar derechos básicos y otras conquistas sociales democráticas contra un asalto neofascista.

Biden hizo campaña esencialmente ofreciendo un "regreso a la normalidad", pero progresistas coinciden en que esa normalidad, producto de cuatro décadas de neoliberalismo bipartidista, fue justo lo que llevó a una crisis que culminó con el fenómeno de Trump.

Pero al mismo tiempo han florecido fuerzas progresistas que se han expresado a través de las campañas de Bernie Sanders y otros, como movimientos sociales masivos incluyendo los de por la justicia racial, inmigrantes, ambientalistas, antiarmas, de derechos indígenas, derechos de las mujeres, y más, que no sólo fueron fundamentales en la derrota de Trump en esta elección, sino que son la clave para el futuro del país.

El triunfo de Biden y Harris marca sólo el inicio de la próxima etapa de una lucha para la democratización de Estados Unidos, reiteran casi todas las fuerzas progresistas, las cuales ya han estado abordando que significa reconstruir un país donde amplias capas sociales han sido devastadas por el neoliberalismo (incluidas algunas que forman parte de la base de Trump). Saben que será sólo por sus esfuerzos de organización y movilización constante que se lograrán los cambios necesarios para democratizar a fondo este país. Esa es la buena noticia.

La mala noticia es que, si fracasan, advierten algunos, como el periodista Chris Hedges, podría regresar un régimen fascista cristiano más disciplinado que el de Trump, y por lo tanto más peligroso.

El país que pretende ser "faro de la democracia" para el mundo ahora necesita del resto del mundo para encender y mantener esa luz aquí adentro.

"Lo único que hicimos mal fue quedarnos en el desierto demasiado tiempo; lo único que hicimos bien fue el día que empezamos a luchar". Eyes on the Prize. Springsteen y Seeger Sessions.

https://open.spotify.com/track/ 6H58IiE3Pjg2V3CGTTYLFB?si= fx3OVHibRmyziBpqo4_HDQ


 Joe & Kamala: la agenda de Davos

Carlos Fazio

A casi dos semanas de los comicios, la distopía electoral estadunidense exhibe aristas propias de una "república bananera" y profundiza la crisis múltiple de la "democracia" liberal, anclada en un bipartidismo cuya dicotomía liberalismo vs. conservadurismo más que antagonizar se complementan y combinan para retroalimentar la cultura dominante y reproducir el consenso y, con ello, el sistema de dominación con sus estructuras y mecanismos.

Todo indica que Donald Trump y el nacional trumpismo, como producto de la descomposición del capitalismo y de la generación en sus entrañas del totalitarismo y el neofascismo, va de salida; que la retórica patriotera, populista, chovinista, nativista, machista, negacionista, racista y xenófoba apoyada en la cultura del miedo del matón de la Oficina Oval, ha sido derrotada.

Como definió el profesor Cornel West, la elección fue "entre el fascistoide de la Casa Blanca y el ala neoliberal del Partido Demócrata"; "entre el peor y el malo" (Atilio Borón dixit). El 20 de enero próximo Joe Biden y Kamala Harris llegarán al gobierno a hacer el control de daños; pero la naturaleza del sistema seguirá intacta. En virtud del pragmatismo que caracteriza la vida política en EU, ambos tratarán de aplicar correctivos y limar la herencia más extremista del prepotente y peligroso Trump. Pero no llegarán a cambiar el status quo, sino a reproducir la lógica del imperialismo, con su base clasista común –hoy más elitista y excluyente−, la de la plutocracia monopólica y financiera (la "guerra de clases" de Buffett, pero con esteroides), cuyo núcleo se resume en la esencia blanca, anglosajona y protestante( white, anglosaxon, protestant).

Como ha señalado Biden, dado que el mundo necesita un líder y EU debe retomar ese papel, su misión −con eje en un "credo" basado en estereotipos y mitos difundidos en el imaginario popular, como el de la Tierra prometida, el Destino manifiesto− será regenerar el sistema capitalista, monopolista-estatal, imperialista. Su mensaje ha sido Build back better (Volver a construir mejor), eufemismo para aplicar la agenda salvacionista del great reset y la "nueva normalidad" de Davos. Lo que augura un recrudecimiento de la diplomacia de guerra, consustancial al papel de EU como potencia hegemónica del capitalismo mundial, desafiado hoy por China en los campos de la producción y las comunicaciones de 5G, y del multilateralismo en Naciones Unidas.

A diferencia de Trump, quien pese a su fama de apocalíptico fue el único presidente de EU que no inició ninguna guerra en décadas, Biden sabe cómo hacerlo, ya que durante 40 años en los laberintos del poder en Washington −36 como senador y ocho como vicepresidente de Obama, quien lo apadrinó a la presidencia− fue cómplice, beneficiario o testigo de los jugosos contratos y concesiones ofrecidas a las corporaciones del complejo militar-industrial; uno de los arquitectos claves en la implementación del Plan Colombia en 1999 (con Clinton), que militarizó y paramilitarizó a la sociedad de ese país, con saldo de 7.4 millones de desplazados y la reconversión de los narcotraficantes en narcoterroristas después del 11 de septiembre de 2001, con Bush, para justificar el modelo de "guerra a las drogas" que luego se exportó a México durante el gobierno de Felipe Calderón; proporcionó cobertura política para la invasión a Irak de George W. Bush con eje en la fake news sobre las armas de destrucción masiva; después del crash de las hipotecas subprime de 2008 apoyó el salvataje concedido por el Tesoro a los banqueros corruptos; como vicepresidente del premio Nobel de la Paz, Obama, el "somnoliento" Joe (como lo llamó Trump) impulsó la doctrina de la "guerra preventiva" de Bush para desatar una gue-rra civil en Siria y un largo etcétera.

Amén de que con una renovada retórica propagandística de guerra fría, Biden calificó al gobierno de Putin como "sistema de cleptocracia autoritario" y llamó "matón" al presidente chino Xi Jinping. Y de que con Kamala Harris haya declarado que Venezuela y Cuba son "dictaduras", lo que augura la continuación de la política bipartidista de "cambio de régimen", misma que según Obama no funcionó durante 60 años con la isla.

Como lo demuestran los millonarios donativos para las campañas de Trump, (Mike) Pence, Biden y Harris, los partidos Demócrata y Republicano responden a los intereses de los grandes fondos de inversión y las corporaciones, lo cual −aunque representa a fracciones diferenciadas del gran capital− les imprime una similar identidad clasista. Ambos partidos son administradores del imperio. La polarización en EU no es entre ellos, sino refleja la contradicción antagónica básica del sistema capitalista: capital/trabajo; deriva de la desigual distribución de la riqueza, contradicción que en la coyuntura electoral los aparatos ideológicos y otros mecanismos de control y poder del Estado han ocultado, para imponer la ideología de la clase dominante.

La fórmula Biden-Harris fue acuñada por los intereses del complejo digital-financiero, por lo que el poder real seguirá en manos de BlackRock, Vanguard, State Street; los consorcios digitales (Big Tech) de los plutócratas del Silicon Valley: Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft);las grandes compañías farmacéuticas y fundaciones privadas como Gates y Wellcome Trust. La agenda de Davos requiere al dúo Biden/Harris, no a los ahora disfuncionales Trump/Pence. Y con Larry Fink "asesorando" a la FED, a partir de enero Washington intentará una nueva "revolución"mundial; la instauración de una distopía planetaria sin precedente.

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Un plan de la derecha dura para que Trump contraataque

Echar a Fauci y al director del FBI, ensuciar candidatos, vengarse de Pfizer

 

La derecha dura norteamericana está agitada, en parte movilizada en tratar de demostrar que los demócratas hicieron fraude, y en parte preparando una transición si la andanada de litigios no alcanzan para dar vuelta las votaciones. Tienen fe, porque saben que su líder Donald Trump no tiene escrúpulos, y están planeando una agenda para "tirar bombas" en el camino. La revista digital The Federalist, que se coloca a milímetros de la derecha lunática y miliciana, jugando desde adentro de lo más conservador del partido republicano, acaba de resumir la agenda en Doce Pasos. Son temas que circulan en esos ambientes y que la subdirectora de la revista Joy Pullman resumió en su edición de este martes.

Pullman, que se presenta como "feliz madre de seis hijos" y autora de libros como "32 Juegos clásicos", afirma que las "pruebas de fraude" no paran de crecer, pero que un "líder astuto" sabe "hacer la guerra en varios frentes". El enemigo son los demócratas y "el complejo mediático que lleva cuatro años mintiendo" y quiere imponer a Joe Biden como presidente. Lo que recomienda Pullman es que Trump forme "un grupo de acción directa" que plante explosivos políticos. La lista mezcla alegremente fantasías paranoides y golpes bajos.

Lo primero debería ser publicar los documentos del supuesto Spygate, la interminable acusación de Trump de que el gobierno de Barack Obama espiaba sus mails y comunicaciones durante la campaña. Cuatro años de gobierno no aportaron ni una prueba de que esa fantasía fuera realidad, aunque es una de las fantasías favoritas del presidente. Pullman afirma, sin dar nombres ni evidencia, que "importantes funcionarios de inteligencia ocultan esta información" y que es hora de que el presidente los obligue a revelarla y la publique.

Al mismo tiempo que se revela esta conspiración demócrata, la autora recomienda perdonar a las víctimas de otra, el Rusiagate, que sí terminó con prisiones a diversos mentirosos y operadores políticos. Todos víctimas, afirma Pullman, del "estado profundo" que fue, es y siempre será demócrata. Como ambas "conspiraciones" pasan por el FBI, también hay que echar a su titular, el "desleal" Chris Wray, "que no investiga la corrupción al más alto nivel de esa institución".

En plan revancha y venganza, Pullman recoge una idea fija de su publicación y de la derecha trumpista, que los demócratas están haciendo listas de todos los que apoyaron a Trump para "arruinarlos". En este artículo la subdirectora no repite lo que se afirma en otros artículos, que los setenta millones de votantes republicanos pueden ser perseguidos, pero sí habla de las figuras públicas "que van a perder contratos en los medios" por su apoyo a trump. Su consejo es que los republicanos actualmente en el gobierno comiencen a compilar sus propias listas y a filtrarle información a los "medios afines" sobre "ñoquis, corruptos" y progres que hacen cosas como ir a un seminario contra el racismo.

Más macartista todavía es el llamado a que las listas incluyan a toda persona que sea nombrada como futuro funcionario de Joe Biden. Ahí se recomienda publicar todo, e-mails, papeles privados, cualquier cosa que pueda comprometerlos o sonar mal. "¡Transparencia!", se entusiasma la sudirectora.

Siguiendo con la venganza, hay que echar al eminente inmunólogo Anthony Fauci, "un politiquero cualquiera que destruyó este país al insistir en que lo moral es sacrificar a una nación entera para frenar un virus que tiene una tasa de survabilidad del 99,5 por ciento". Fauci es tanto "un saboteador" como un proveedor de temas para "la histeria de los medios". Para terminar de enterrar a Fauci y otros científicos, afirma Pullman, basta publicar las comunicaciones privadas entre agencias y científicos, lo que mostraría "como se hizo callar a los disidentes". 

También hay que castigar a Pfizer, la compañía que acaba de anunciar que está llegando a una vacuna posible. Según Pullman, la empresa le avisó la buena noticia a Biden al mismo tiempo o antes que a Trump, que le había comprado de antemano dos mil millones de dólares en vacunas. La venganza sería publicar hasta la fórmula.

Dos medidas que Pullman recomienda tomar de inmediato son promesas de campaña de su líder. Una es simplemente ordenar que todas las tropas americanas en zonas de combate "estén en casa para Navidad", sin importar las consecuencias. La autora explica que Trump puede dar la orden y listo, y más ahora que tiene a un leal en el Pentágono. La otra medida es terminar el muro en la frontera con México y "buscar todas las maneras posibles de frenar la invasión que viene". Pullman está convencida de que en algún lugar de Centroamérica ya están saliendo caravanas de inmigrantes ilegales aprovechando que un demócrata puede ser presidente en enero.

Y siguiendo con sus fantasías, la subdirectora del medio aconseja publicar toda la información sobre supuestos fraudes electorales directamente desde la Casa Blanca. Para ilustrar el problema pone varias pantallas de Facebook y Twitter con los mensajes en rojo de que la información "es discutible", "un acto de censura". Y ya que estamos fantaseando, se da el gusto de pedir que el gobierno de su líder publique la información sobre otra fantasía de la derecha norteamericana, que Planned Parenthood, la ONG que ayuda a mujeres de bajos recursos a obtener salud básica y abortos, "trafica con órganos y células de los niños abortados".

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Martes, 10 Noviembre 2020 06:31

El nuevo capataz

El nuevo capataz

¿Quién ocupaba la Casa Blanca el 15 de abril de 1961, cuando Estados Unidos intentó invadir Cuba?

¿Quién comandó “la más importante de las operaciones secretas de toda la historia de Estados Unidos”, como la califica Cuba Debate?

¿Quién alentó a la CIA a poner en marcha “una fuerza mercenaria organizada, financiada y armada por el gobierno de los Estados Unidos, proveniente de Guatemala y de la Florida”?

“La verdad es que ningún otro presidente le dio tanta importancia a la CIA como Kennedy constatarúa el ex director de la CIA William Colby en sus Memorias” (https://bit.ly/2JShRtp).

Fracasada la invasión en los combates en las arenas de Playa Girón, gracias al compromiso y la sangre de miles de cubanos, el clan Kennedy se dedicó a preparar nuevas invasiones a la isla revolucionaria, estableciendo en Miami la estación de la CIA más grande e importante del mundo.

Podríamos seguir hablando de John Kennedy a propósito, por ejemplo de la “crisis de los misiles” soviéticos en Cuba, o de la escalada en la presencia militar estadounidense en Vietnam. En los casi tres años que ocupó la presidencia, se registró un aumento exponencial de EEUU en el país asiático, pasando de varios centenares a 16 mil efectivos, lanzando una guerra que años después tocaría su apogeo. Kennedy también fue el creador del Cuerpo de Paz para acoger voluntarios dispuestos a “ayudar” a los países del tercer mundo.

John Kennedy pasaba por ser un hombre moderno, joven, un ícono de las aspiraciones de la juventud estadounidense de la época, pero también de la minoría negra. Era demócrata y ese partido siempre fue identificado como progresista, al lado claro de los republicanos.

Lo anterior, para colocar al futuro presidente Joe Biden en su justo lugar.

Recomiendo la lectura de un informe de la revista digital Rampant, de izquierda socialista, que comienza recordando que “Joe Biden no es solo un leal soldado del neoliberalismo, ha sido el arquitecto de gran parte del panorama político infernal de hoy” (https://bit.ly/2IjrtwR).

En la década de 1970, Biden “lideró la lucha contra la eliminación de la segregación en las escuelas”, siendo “el único miembro del Comité Judicial del Senado que bloqueó a dos personas negras designadas para el Departamento de Justicia”.
Según la publicación, “Biden votó en contra de la abolición del anacrónico y antidemocrático Colegio Electoral, una reliquia de la esclavitud, que instaló de manera antidemocrática tanto a Bush como a Trump”.

En la década de 1980, Biden se destacó por sus campañas contra el derecho al aborto y fue “uno de los arquitectos originales de la desastrosa Guerra contra las Drogas”. Defendió a los segregacionistas y supremacistas blancos, apoyó las reformas impositivas retrógradas de Reagan para favorecer a los ricos, mientras “abogó por recortes en la seguridad social”

En la década de 1990, Biden “se opuso a la igualdad de derechos para la comunidad LGBTQ”, fue diseñador del Plan Colombia, apoyó la desregulación del sistema financiero que facilitó la brutal concentración de riqueza y, según varios medios, realizó acoso a mujeres.

En los 2000 votó a favor de la Ley Patriota, apoyó la guerra en Irak, apoyó el apartheid y la limpieza étnica en Palestina. Se opone al servicio de salud Medicare para todos los estadounidenses, a la legalización de la marihuana y apoya las sanciones de Venezuela.

Los datos están ahí, y cada quien es libre de aceptarlos o rechazarlos, aunque creo que no admiten discusión.

Pensar que Biden es mejor que el fascista de Trump, es siempre una opción que, además, nos ayuda a sentirnos mejor. Algo tal vez necesario en estos momentos de pandemia y militarización crecientes.

Pero es una opción totalmente alejada de la realidad. De Barack Obama se dijo algo similar a lo que se decía de Kennedy, por el simple hecho de que en vez de ladrar, como Trump, sonríe, y es afrodescendiente. Bajo la presidencia de Obama se pergeñaron los golpes contra Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras, se dinamitó la “primavera árabe”, se produjeron los bombardeos israelíes sobre la franja de Gaza con más de 400 niños muertos y 2.400 heridos y EEUU apoyó activamente el derrocamiento del presidente Mohamed Morsi, el primer jefe de Estado egipcio surgido de elecciones. Faltan Libia, Siria y la brutal guerra en Yemen, entre otras agresiones.

Me sorprende lo fácil que es engañarnos ante la acumulación de evidencias. Si calificamos a Trump como fascista, ¿qué diríamos de Biden? ¿Y de Obama?

Mientras sigamos creyendo que alcanza con cambiar de mandones, seguiremos siendo prisioneros de los finqueros, que esos no cambian a menos que los expulsemos, recuperando la hacienda.

9 noviembre 2020

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El Congreso de Perú destituyó al presidente Martín Vizcarra

Acusado de “incapacidad moral permanente”, una figura constitucional ambigua

Una mayoría de legisladores votó a favor de la salida del mandatario, cuando le faltaban ocho meses de gestión. Es acusado de haber recibido sobornos años atrás cuando era gobernador; una investigación aún en curso.

 

 

Cayó el presidente Martín Vizcarra. Menos de dos meses después de haberse librado de un primer intento de destitución, Vizcarra fue destituido esta noche por el Congreso, que lo ha acusado de “incapacidad moral permanente”, una figura constitucional ambigua que deja un amplio margen de interpretación. Es acusado de haber recibido sobornos años atrás cuando era gobernador. Una acusación basada en unos testimonios todavía en proceso de investigación, pero que para un Congreso enfrentado al jefe de Estado ha sido suficiente para sacarlo del cargo. La derrota de Vizcarra fue amplia. Hubo 105 votos, de los 130 miembros del Congreso unicameral, a favor de la destitución del presidente, superando con holgura los 87 que se necesitaban. Solamente 19 votaron por salvar al mandatario y hubo cuatro abstenciones.

Ha sido un resultado inesperado. Había incertidumbre si se alcanzarían los 87 votos, pero nadie esperaba un resultado tan amplio. Partidos que habían anunciado su voto contra la destitución del mandatario, terminaron haciéndolo a favor. La salida del jefe de Estado se da en medio de la grave crisis sanitaria y económica por la pandemia del coronavirus, y cuando a Vizcarra le quedaban solo ocho meses de gestión y las elecciones ya han sido convocadas para abril. Al momento del cierre de esta edición, el presidente Vizcarra no se había pronunciado.

Vizcarra, que asumió en marzo de 2018 luego que su antecesor, Pedro Pablo Kuczynski renunció por cargos de corrupción, levantó durante su breve gestión las banderas de la lucha contra la corrupción. Ahora ha sido destituido por cargos de corrupción. Se enfrentó al anterior Congreso de mayoría fujimorista, que blindaba la corrupción política, el que disolvió constitucionalmente en septiembre del año pasado y llamó a elecciones legislativas. El nuevo Congreso elegido en ese proceso que convocó es el que ahora lo ha destituido acusándolo de corrupción.

Con la salida de Vizcarra asumirá la presidencia el titular del Congreso, Manuel Merino, miembro del partido centroderechista Acción Popular, la principal bancada del Congreso, con 24 miembros. Durante el primer intento frustrado de destituir a Vizcarra, Merino, político poco conocido hasta que asumió la presidencia del Congreso en marzo pasado y cuestionado por su labor en este cargo, tocó sin éxito la puerta de los cuarteles para pedir apoyo de los militares para que él asuma el poder. Asumirá la presidencia este martes. 

El primer proceso de destitución contra Vizcarra fue por la supuesta contratación irregular de un funcionario de tercer nivel. En esta ocasión, los cargos son más graves. Al presidente se lo acusa de haber recibido sobornos de dos empresas constructoras por 2,3 millones de soles (unos 660 mil dólares) cuando era gobernador de la pequeña región de Moquegua, entre los años 2011 y 2014. Se señala que las coimas se habrían entregado por una obra de irrigación y por la construcción de un hospital.

Tres empresarios de dos constructoras que son procesados en el caso del llamado “club de la construcción”, un cartel de empresas que se repartían obras públicas pagando sobornos, que buscan un acuerdo con la fiscalía para canjear sus testimonios por una reducción de sus eventuales condenas, aseguran haberle pagado sobornos a Vizcarra para hacerse con esas obras. Un exministro del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (2016 – 2018), José Hernández, viejo amigo de Vizcarra desde antes que éste fuera gobernador y con quien compartió gabinete ministerial, ha declarado ante las autoridades haber servido de intermediario para el pago de esas coimas.

“Aquí estoy, no me corro”, comenzó Vizcarra su defensa de 51 minutos ante el Congreso. Puso el énfasis en señalar que en este momento de crisis por la pandemia, una economía severamente golpeada y las elecciones ya convocadas, su destitución generaría una inestabilidad que complicaría la grave crisis sanitaria y económica.

Sobre los cargos que se le imputan, calificó de “falsas” esas acusaciones y las atribuyó a una supuesta venganza de empresarios del “club de la construcción” por haber cortado sus beneficios ilegales cuando llegó al gobierno. “Se trata de hechos no probados. ¿Puede destituirse a un presidente solo por dichos no corroborados?”, argumentó. Los votos le respondieron que eso sí era posible.

Durante el largo debate parlamentario abundaron los ataques contra el mandatario. Incluso quienes votaron contra la destitución del presidente, por evitar un escenario de inestabilidad, según argumentaron, señalaron que había “indicios razonables” que complican al jefe de Estado en el supuesto cobro de sobornos cuando era gobernador y que éste debía ser investigado y eventualmente juzgado cuando termine su gestión.

Junto a preocupaciones sinceras por la corrupción, legisladores con un pasado y un presente, propio o de sus partidos, ligado a la corrupción, se disfrazaron de moralizadores, y con impostada convicción, desafiando la memoria y la inteligencia de quienes los oían, se prodigaron en discursos anticorrupción para exigir la destitución de Vizcarra.

Entre quienes votaron por sacar al presidente estuvieron los legisladores del fujimorismo, con una larga historia vinculada a la corrupción, y que hoy saborearon su venganza contra el hombre que les hizo perder su mayoría en el Parlamento y apoyó los procesos anticorrupción que llevaron a prisión a su jefa Keiko Fujimori. También lo hicieron legisladores del partido ultranacionalista Unión por el Perú, cuyo principales parlamentarios están acusados de corrupción y que es dirigido desde la cárcel por el ex militar Antauro Humala -hermano el expresidente Ollanta- en prisión desde 2004 por la muerte de cuatro policías durante la toma de una comisaría en un frustrado intento de derrocar al expresidente Alejandro Toledo; de Podemos Perú, partido dirigido por un empresario que se ha hecho millonario con el negocio de universidades de baja calidad y que hace dos días fue detenido acusado de haber sobornado magistrados para lograr la irregular inscripción de su partido; de un partido que responde a una secta evangélica; la mayor parte de los congresistas de Acción Popular, la agrupación del reemplazante de Vizcarra; un sector de la pequeña bancada del izquierdista Frente Amplio, que solo tiene ocho integrantes, y algunos otros parlamentarios.

Entre los pocos que se opusieron a la destitución de Vizcarra estuvieron legisladores del centrista partido Morado y un par de legisladoras del Frente Amplio, entre algunos otros. Ellos rechazaron la destitución por los riesgos de inestabilidad en esta difícil coyuntura, pero exigieron que la fiscalía investigue las acusaciones contra Vizcarra, algo que ya está en curso.

Una encuesta de Ipsos publicada hace unos días revela que el 79 por ciento de la población se oponía a cortar el mandato presidencial en esta coyuntura. Vizcarra tenía una aceptación de entre 54 y 57 por ciento, mientras que su reemplazante tiene una aprobación que apenas está entre 22 y 24 por ciento, según recientes encuestas de Ipsos y del Instituto de Estudios Peruanos, respectivamente.

Ahora a Vizcarra le espera enfrentar las investigaciones de la fiscalía y probablemente los tribunales. El mismo destino de los últimos presidentes peruanos


El titular del Congreso asumirá el Poder Ejecutivo tras la destitución de Martín Vizcarra

Quién es Manuel Merino, el próximo presidente de Perú

Tras la destitución del presidente Martín Vizcarra por la ambigua figura de "incapacidad moral permanente", el titular del Congreso unicameral de Perú, Manuel Merino, se convertirá este martes en el próximo mandatario del país sudamericano. 

Y pese a que en pocas horas manejará el Poder Ejecutivo de Perú, Merino no es de las figuritas más conocidas en la arena política local. Es que este ingeniero agrónomo y ganadero, de 59 años, fue un político de segunda línea siempre ligado a Acción Popular (AP), el partido centrista fundado en 1956 por Fernando Belaunde Terry. 

En el currículum de Merino, además de su pasado empresarial, se destaca la banca ocupada en el Congreso durante dos períodos: 2001-2006 y 2011-2016. Ambos cargos fueron en representación del departamento noroccidental de Tumbes, tierra natal de Merino.

Merino volvió al Congreso en enero de este año, cuando se realizaron elecciones para escoger el Parlamento luego de que Vizcarra disolviera el anterior en septiembre de 2019. La victoria de AP -la primera minoría del parlamento- lo proyectó a la Presidencia del cuerpo. Pero los flashes finalmente se posaron sobre él durante el primer intento frustrado de destituir a Vizcarra: el titular del Parlamento peruano había tocado sin éxito la puerta de los cuarteles para pedir apoyo de los militares para que él asuma el poder. 

Luego, Merino pidió disculpas públicas. “Tal vez hacer una llamada en las circunstancias de ese día puede haber sido inoportuna, por eso yo le expreso mis sinceras disculpas a las Fuerzas Armadas”, dijo luego de que dos altos jefes militares informaran al Ministerio de Defensa que Merino los había llamado para procurar el aval de ambos al proceso de vacancia que estaba por debatir el Congreso.

La primera gran incógnita que tendrá que decidir el próximo presidente -prestará juramento el martes a las 17 (hora local)- es resolver si convocará a elecciones de inmediato (tal como indica la Constitución) o esperará hasta el 11 de abril, fecha que había pautado el ahora expresidente Vizcarra para las próxima votación nacional.

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El gabinete de Luis Arce: mezcla de juventud, gestión y militancia 

El presidente de Bolivia mantuvo equilibrios dentro del MAS

La nueva ministra de la Presidencia, Maria Nela Prada, aseguró que el país se encuentra "en etapa crítica" y que "no es momento de enfrentamientos".

 

Con promesas de renovación y críticas a la pesada herencia del gobierno de facto, el presidente de Bolivia, Luis Arce, tomó posesión a su nuevo gabinete en la Casa Grande del Pueblo. "Teníamos que conformar un gabinete que esté a la altura de grandes desafíos. Por eso hemos recurrido a lo mejor que podíamos traer, porque lo que nos resta a los bolivianos y a las bolivianas es simplemente trabajar para salir de la crisis", señaló Arce. 

Algunas pulseadas internas sumadas al histórico retorno a Bolivia del expresidente Evo Morales retrasaron la ceremonia de jura del nuevo gabinete. De los 16 ministros nombrados, apenas tres son mujeres aunque ocuparán cargos importantes como el ministerio de la Presidencia, el de Planificación del Desarrollo y la cartera de Trabajo. A su vez Arce destacó que trabaja en un nuevo decreto para crear el ministerio de Culturas, que también quedará a cargo de una mujer. Durante el gobierno interino de Jeanine Áñez la cartera había sido reducida a un viceministerio dependiente de la cartera de Educación.

Entre los nuevos nombramientos hay exfuncionarios, dirigentes y académicos, y lo que prima es el bajo perfil y la experiencia en gestión pese a la juventud. El domingo, el vicepresidente David Choquehuanca tomó juramento a Arce, quien gobernará el país durante los próximos cinco años. La recuperación de la economía y el impacto de la pandemia de coronavirus serán los principales retos que deberá asumir su gobierno. Como muestra de las urgencias que atraviesa Bolivia, los ministros se reunieron con el presidente apenas finalizado el acto protocolar.

A la hora de resaltar a sus nuevos colaboradores, Arce destacó que "hay muchos jóvenes profesionales que han emergido y que son producto de nuestra revolución, jóvenes indígenas que ahora tienen un título, todos estos jóvenes profesionales comprometidos con su país están en este gabinete". Brutalmente honesto, el presidente de Bolivia afirmó que deberá encarar un gobierno "austero" y solicitó a cada ministro un "reporte ejecutivo" de la forma en que están recibiendo sus despachos.

El principal nombramiento de Arce fue sin duda la nueva ministra de la Presidencia, Maria Nela Prada, cruceña e hija de la expresidenta de la Cámara de Diputados, Betty Tejada. Prada fue además la encargada del discurso de agradecimiento durante la ceremonia de nombramientos. Se trata de la primera mujer que ocupará esa cartera fundamental para el gobierno boliviano. Milita en el MAS desde 2005 y fue jefa de gabinete de Arce en su paso por el ministerio de Economía.

En su discurso de posesión, Prada indicó que el país se encuentra "en etapa crítica" y que "no es momento de enfrentamientos". Anticipó que a la nueva administración le toca "sanar heridas, porque venimos de sentir miedo, incertidumbre, luto en las familias en cada uno de los rincones del país". Destacó que "hay dolor en las familias, comunidades y ciudades, pero también hay esperanza", enfatizando el compromiso de luchar "contra todo tipo de violencia contra la mujer".

Otro nombramiento importante es el del canciller Rogelio Mayta, quien fue abogado de las víctimas de la llamada "masacre de octubre", una etapa oscura de la historia boliviana que tuvo lugar en 2003. Una serie de masivas protestas terminaron con la renuncia del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, responsable de las más de 60 muertes que dejó la represión de aquellas manifestaciones contra la decisión del exgobernante de exportar gas natural boliviano a Estados Unidos a través de un puerto chileno, en un momento en que la cobertura de la red de gas en Bolivia era mínima.

En Economía fue designado Marcelo Montenegro, exjefe de Análisis y Estudios Fiscales en esa misma cartera. También fue presidente del Banco de Desarrollo Productivo, brazo operativo del presidente aunque de perfil bajo. En tanto, el ministerio de Justicia será ocupado por el joven abogado Iván Lima, exmagistrado del Tribunal Supremo de Justicia que señaló en varias oportunidades la necesidad de encarar una profunda renovación de la justicia en Bolivia y Latinoamérica.

En el ministerio de Defensa el elegido fue el exparlamentario y expresidente de la Cámara de Diputados, Edmundo Novillo. Para la cartera de Salud, muy importante en tiempos de pandemia, fue nombrado Edgar Pozo, reconocido médico y director del Instituto Nacional del Tórax. El ministerio de Planificación del Desarrollo quedó a cargo de Felima Mendoza, exfuncionaria del ministerio de Economía, mientras que la socióloga Verónica Navia Tejada se hará cargo del ministerio de Trabajo.

Para la politóloga Helena Argirakis, el nuevo gabinete de Arce refleja "la búsqueda de equilibrios así como el mantenimiento de ciertos rasgos fundamentales que caracterizan al MAS respecto a la diversidad del bloque nacional popular". Consultada por PáginaI12, Argirakis destacó la presencia de un equilibro entre "la experiencia y la innovación, la diversidad regional del país y la formación profesional, política, sindical y social".

En tanto, el analista político Marcelo Arequipa destacó que la "sorpresa" es "la idea de una combinación bien potente entre jóvenes muy bien preparados pero además con una identidad bien marcada, producto de la década de ascenso a las clases medias". En tanto el sociólogo Juan Carlos Pinto aseguró que "se hizo justicia con algunos compañeros que siempre estuvieron, antes y ahora, como los casos de Prado, Lima, Mayta y Novillo. Respecto a las caras nuevas, Pinto aseguró que "habrá una exigencia para combinar representación con capacidad de gestión".

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Lunes, 09 Noviembre 2020 05:55

¿Qué nos pasa?

 El presidente Donald Trump, quien se niega a reconocer su derrota en las elecciones, estuvo el fin de semana en su club de golf en Sterling, Virginia.Foto Afp

En lo más esencial, lo que ocurrió en Estados Unidos fue la derrota de un proyecto neofascista. Las grandes coaliciones de fuerzas progresistas que fueron claves para vencer al inquilino de la Casa Blanca incluyen organizaciones de migrantes de varias esquinas del mundo, sindicalistas, la comunidad gay, integrantes de movimientos por la justicia racial y de derechos civiles, ambientalistas y contra las armas, o sea, el gran mosaico multirracial que está en la lucha por los derechos fundamentales, la dignidad y la justicia.

El sábado bailaron en calles, plazas, barrios y centros de trabajo porque se triunfó contra una bestia derechista. Pero notable por su ausencia, e incluso por su desdén, en esta fiesta popular, es uno de los movimientos progresistas más importantes del mundo, el de México. ¿Qué pasó?

Ha dejado asombrados, indignados y dolidos a progresistas en Estados Unidos, incluidos líderes sociales mexicanos, escuchar a los que suponían eran sus aliados en México y otros países latinoamericanos expresar que la elección estadunidense no era más que una contienda entre dos caras del mismo aparato imperial en Washington y, por lo tanto, daba igual quien ganara. Aún más alarmante, dirigentes y activistas en México circularon opiniones de que incluso Trump sería preferible o más conveniente para la relación bilateral. Y para colmo, algunos hasta emplean los argumentos tramposos seudolegalistas de los estrategas de Trump para justificar su posición en relación con la pugna electoral estadunidense.

Ese argumento en algunos circuitos progresistas en México y otras partes de América Latina de que los demócratas son igual o peores que los republicanos se comparte o por lo menos se entiende por sus contrapartes aquí, pero en esta coyuntura ese no es el punto. Se está luchando contra un proyecto neofascista de una derecha con amplios vínculos con fuerzas derechistas en América Latina y Europa, o sea, contra un enemigo común. Ese es el punto.

Por ahora se logró derrotar a uno de sus líderes más peligrosos para el planeta, y extraña que algunos progresistas al otro lado de la frontera no se sumen a la fiesta o por lo menos envíen felicitaciones a los que dieron esa lucha.

Pareciera que de repente funciona el muro de Trump para la izquierda. De repente los que están en lucha contra las mismas fuerzas de la derecha tanto en Estados Unidos como en México y otros países latinoamericanos son separados por una barrera. Esto no se trata de cúpulas ni de posiciones oficiales (aunque parece que hay algunos progresistas mareados allá arriba), sino de luchas populares democratizadoras y de esos principios básicos de cualquiera que se identifique como progresista: la solidaridad y el internacionalismo.

Aquí ese enemigo llegó al poder declarando que los mexicanos eran criminales y por eso era urgente construir un muro para frenar su ingreso, fue quien giró órdenes para arrebatar a niños de los brazos de sus padres para colocarlos en jaulas, quien estableció un estado de terror permanente contra los migrantes obligando a padres a despedirse de sus hijos cada día recordándoles que si no regresaban a casa es porque fueron detenidos por la migra, con ese temor cotidiano viven los niños. ¿Eso da igual?

Al parecer, algunos en México y América Latina que han luchado por la democratización de sus países, por los derechos humanos y civiles, contra la censura y los ataques a la prensa, por un planeta sustentable, por el agua, por la salud, por un salario digno, contra la represión, se les ha olvidado que tienen sus contrapartes en Estados Unidos que luchan, y por siglos, por eso mismo; sí, en diferentes circunstancias, condiciones y más, pero a fin de cuentas esencialmente por lo mismo.

Los que están en lucha contra ese proyecto neofascista y/o neoliberal en un país son por definición aliados de los luchan contra ese mismo monstruo en sus países. Es así de sencillo. Es un principio básico de quien se diga progresista, ¿no? Una injusticia contra uno es una injusticia contra todos, se decía.

¿Qué nos pasó?

https://www.youtube.com/watch? v=UDi2mJcByns&feature=youtu.be

https://www.youtube.com/watch? v=BlIREcAu0PI&feature=youtu.be

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Asumió Luis Arce y Bolivia deja atrás una página oscura

Esperamos ser recordados como el gobierno en el que el pueblo boliviano se levantó para recuperar la democracia, la dignidad, la paz, el crecimiento, y la justicia social” dijo el economista en su discurso de investidura como presidente. 

 

 “Esperamos ser recordados como el gobierno en el que el pueblo boliviano se levantó para recuperar la democracia, la dignidad, la paz, el crecimiento, y la justicia social” afirmó Luis Arce en su discurso presidencial, desde el recinto de la Asamblea Legislativa. A su lado estaba el vicepresidente, David Choquehuanca, los presidentes de las cámaras de senadores y diputados, Andrónico Rodríguez y Freddy Mamani respectivamente.

A esa hora el centro de La Paz era una celebración en la cual movimientos sociales, indígenas, mineros, sindicales, militantes del Movimiento Al Socialismo (MAS), venidos de diferentes partes del país rodeaban la Plaza Murillo. El festejo había comenzado la noche anterior, en la vigilia de las organizaciones realizada en cercanía de dónde tendría lugar el acto.

La presencia temprana de los movimientos se debió a la permanencia de las amenazas de un sector de la derecha hasta las últimas horas. La noche del sábado tuvo lugar en La Paz una nueva concentración y marcha bajo la consigna de pedido de auditoría y suspensión de toma de posesión. Si bien a esa hora resultaba claro que la transmisión de mando tendría lugar y que las fuerzas sociales de la derecha estaban mayoritariamente agotadas, las alertas ante posibles acontecimientos imprevistos se mantuvieron hasta último momento.

El escenario político fue uno de los puntos centrales del discurso del nuevo presidente. Se refirió a lo sucedido a partir del golpe de Estado como “una guerra interna y sistemática contra el pueblo, especialmente contra los más humildes (…) se sembró muerte, miedo y discriminación, recrudeció el racismo (…) la persecución contra dirigentes del MAS y de los movimientos sociales, hubo muertos, heridos, encarcelados, perseguidos, asilados y exiliados”.

La mención a las masacres de Sacaba y Senkata, ocurridas a pocos días del golpe en noviembre del año pasado, fue permanente y se realizó un minuto de silencio por quienes fueron asesinados. El nuevo presidente se refirió a las mismas como “símbolo de dignidad y resistencia”, homenajeó “a los caídos, a los héroes del pueblo que han recuperado la democracia”.

En la toma de posesión estuvieron presentes varias representaciones internacionales, como la del gobierno de Argentina, Paraguay, Colombia, España, Venezuela, Uruguay, Venezuela, Irán, Chile, Emiratos Árabes, así como delegaciones de partidos políticos de diferentes países, así como parlamentarios y movimientos bolivianos.

Quien no estuvo presente, como se preveía, fue Jeanine Añez, que había anunciado días antes su partida a la ciudad de Trinidad, en el departamento de Beni, desmintiendo una posible fuga del país. Quien sí estuvo por parte de la oposición fue el dirigente Carlos Mesa, segundo lugar en las elecciones de octubre, quien reconoció la victoria de Arce desde el inicio. Sin embargo, tanto él como su grupo parlamentario, abandonaron el recinto antes de los discursos.

“Debemos superar la división, el odio, el racismo y la discriminación entre compatriotas, ya no más persecución a la libertad de expresión, y ya no judicialización de la política, ya no más abuso de poder (…) ya no más impunidad, justicia hermanos, pero la justicia tiene que ser verdaderamente independiente”, afirmó Choquehuanca, en un mensaje de diálogo, unidad presente en ambos discursos.

El nuevo gobierno asume en un contexto de inestabilidad. Si, por un lado, quienes integraban el gobierno de facto están en retirada y posible escape del país para no tener que rendir cuentas, y por el otro Carlos Mesa busca conformarse como principal opositor, existe un sector, conducido en parte por Luis Fernando Camacho, tercero en las elecciones, quien encarna el ala más radical de la derecha. Ese mismo sector no reconoce la validez de los resultados ni la toma de posesión. ¿Qué harán a partir de ahora? Es una de las principales preguntas.

“Estos sectores minoritarios levantan la bandera de la democracia solo cuando les conviene, y cuando no recurren a la desestabilización, a la violencia, a golpes de Estado para hacerse del poder”, afirmó Arce, quien hizo referencia a la utilización que esos sectores hicieron de “grupos paramilitares”, que realizaron acciones hasta el día viernes, en Cochabamba o Santa Cruz.

El gobierno se enfrenta a una triple crisis, mencionada por Arce: democrática, producto de lo vivido con el golpe y el gobierno de facto; sanitaria por la pandemia, y económica. La gestión de Añez dejó números en rojo, con una caída del 11,1% del PIB, un déficit fiscal de 12,1%, un déficit de 8,7% del Tesoro Federal, y una deuda de 4 mil 200 millones de dólares contraída en los once meses pasados. “Día que pasa sin tomar acción día que se complica la situación”, afirmó el mandatario.

La expectativa social con el nuevo gobierno es grande. Tanto por parte de quienes se movilizaron hasta la Plaza Murillo, como las 36 nacionalidades indígenas, la organización de los Ponchos Rojos que fue parte de la seguridad presidencial, o la Central Obrera Boliviana, sino por amplias capas de la población que en menos de un año enfrentaron los impactos de una recesión, la pandemia, y un gobierno de facto que amenazó, persiguió y no dio respuesta a ninguna de sus promesas.

El nuevo mandatario se refirió a la cuestión internacional y afirmó, como ya había anticipado, que centrará esfuerzos en construir la “unidad política de la diversidad de América Latina y el Caribe” a través de la Celac, y mediante la Unasur en el terreno sudamericano, “como espacio de integración y mecanismo de concertación de políticas, donde nos encontremos todos independientemente de las orientaciones políticas de los gobiernos”. El nuevo gobierno boliviano aparece como un posible factor que permita acercar y trabajar junto a diferentes partes del progresismo latinoamericano.

La toma de posesión abre un nuevo momento dentro del proceso de cambio boliviano: “nos comprometemos a rectificar lo que estuvo mal y profundizar lo que estuvo bien”, afirmó Arce. Dentro de esta nueva etapa aparecen desafíos del orden interno, como pedidos de movimientos de que exista un recambio de cargos de dirección, como las amenazas de las fuerzas desestabilizadoras que ya anticiparon que no regresarán -o así parece- a las vías democráticas.

El domingo fue una fiesta en La Paz, ya Evo Morales se encuentra cerca del país, Bolivia deja atrás una de las páginas más oscuras de su historia reciente con una victoria democrática y un nuevo gobierno popular. 


Opinión

El desafío para Arce: aislar a los ultras envalentonados

Por Oscar Guisoni

No hay antecedente en la historia reciente de Bolivia de un presidente que asuma el mando luego de haber obtenido un apabullante triunfo en las urnas sin que ese espaldarazo le sirva demasiado para ordenar el caos que deja tras de sí el desastroso y breve gobierno de facto encabezado por Jeanine Añez. “Súper Luchito”, como le dicen sus allegados a Luis Arce, no la tiene fácil.

Entre los múltiples frentes que se encuentra abiertos, hay algunos que producen gran inquietud entre los dirigentes del MAS y el nuevo presidente boliviano. El más complejo es la cerrada resistencia, por parte de los grupos ultraderechistas que giran en torno al Comité Cívico de Santa Cruz de la Sierra y al golpista Luis Camacho, que  recibieron su asunción con bloqueos y movilizaciones y que se niegan a reconocer el resultado electoral, denunciando un supuesto fraude al más puro estilo Trump: sin prueba alguna.

La relación del MAS con el Oriente, la zona más rica del país, ha sido conflictiva durante los 14 años de gobierno de Evo Morales. La llamada “Media Luna” protagonizó una intentona golpista que fue frenada por la Unasur en 2008 y fue central en el derrocamiento del líder indígena en 2019. La asunción de Arce encuentra a estos sectores envalentonados y movilizados. Aislarlos, estableciendo un cordón democrático con acuerdos de gobierno con los sectores opositores más moderados, será su primer desafío. El rol que juegue la embajada norteamericana, que en golpe contra Evo movió fuerte sus fichas, será importante. El cambio de gobierno en Washington no cambiará demasiado las estrategias de fondo aunque sí las formas de la nueva hostilidad.

El otro frente complejo es el militar. Las Fuerzas Armadas jugaron un rol definitivo en el golpe contra Evo cuando decidieron “sugerir” la renuncia del presidente, en medio de las movilizaciones de protestas de los policías y las clases medias urbanas que precedieron al golpe. Evo había logrado subordinar a los militares sin inconvenientes cuando asumió en 2005, pero esa relación se fue desgastando hasta llegar a un punto de no retorno en 2019. Arce tiene que despejar la bomba de tiempo pasando a retiro a los altos mandos más comprometidos con el gobierno de Añez, al mismo tiempo que se inician en los tribunales del país las demandas para que los responsables de las masacres ordenadas por la presidenta de facto paguen por sus delitos.

Otro escenario conflictivo lo espera en el frente económico. Marxista y keynesiano, el exministro de Economía de Evo tiene que volver a mostrar sus dotes como economista en un contexto que no es tan favorable como el que se encontró en 2005. Los precios de las materias primas que Bolivia exportan ya no son lo que eran y las reservas de gas, que fueron fundamentales para impulsar el desarrollo y la distribución de la riqueza durante el gobierno de Evo, están dando muestras de agotamiento.

Por si esto fuera poco, la pandemia tuvo también su correlato en la profundización de la recesión económica. La gestión de Añez en este terreno fue desastrosa. La compra de respiradores estuvo salpicada de denuncias de corrupción y el país no contaba con recursos ni infraestructura adecuada para enfrentar la emergencia sanitaria. Se sospecha que ni siquiera se han podido registrar todos los casos de contagios y hasta hay quien ha denunciado que el gobierno de Añez modificó a su gusto las cifras de fallecidos, intentando disimular el desmadre. Con la pandemia todavía en acción, el nuevo presidente deberá poner orden en un sistema sanitario desquiciado mientras que la oposición tratará de politizar el tema negándose a cumplir con las medidas de prevención y aislamiento.

Por último, “Super Luchito” deberá lidiar con un problema que tiene nombre y apellido: su predecesor, Evo Morales, quien no parece muy dispuesto a ceder protagonismo, por más que en sus declaraciones recientes ha tratado de demostrar que no está entre sus intenciones entorpecer el trabajo de su sucesor. Evo tiene un enorme peso político, equiparable al que ostenta en Argentina Cristina Kirchner. Sólo que, a diferencia de la actual vicepresidenta, es poco amigo del silencio y menos aún de delegar poder. La elección de Arce y Choquehuanca como fórmula ganadora fue una jugada magistral del expresidente que le permitió reconquistar el voto de las clases medias bajas y de otros sectores que el MAS había perdido en los últimos años, pero Evo ha sido criticado por los movimientos sociales que lo llevaron al poder por su empecinamiento en seguir en el cargo luego de haber perdido el referéndum que habilitaba su reelección. Entre los opositores su figura despierta odios enconados. Si prima su astucia política, debería pasar a un discreto segundo plano para poder respaldar a su delfín cuando éste lo necesite, sin debilitarlo en el camino.

En las fronteras, el Brasil radicalizado de Jair Bolsonaro aparece como el último fantasma con el que el nuevo presidente deberá lidiar. Lula jugó fuerte para frenar los intentos separatistas del Oriente en 2008, Bolsonaro movió ficha para precipitar la caída de Evo en 2019. En una región convulsionada por la crisis económica que generó la pandemia y hostigada por el auge de los movimientos de extrema derecha que se han hecho fuerte en todo Occidente, “Super Luchito” deberá demostrar que, además de buen economista, también es buen capitán de tormentas subiéndose a un barco en plena tempestad y con pocos salvavidas disponibles. 

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 ▲ En Pensilvania y otras ciudades de EU festejaron el virtual triunfo de Joe Biden.Foto Afp

China, Irán y palestinos degustan el "triunfo" pírrico de Joe Biden a sus casi 78 años –cuando a los demócratas, la católica Nancy Pelosi en la Cámara y el israelí-neoyorquino Schumer, no les fue muy bien que se diga–, mientras Edward Luce, corresponsal clintoniano del rotativo globalista Financial Times –vinculado a los intereses de los banqueros Rothschild/Soros– en un muy lúcido artículo, a tres días del resultado "oficial", había diluido la victoria de Biden, pese a su hazaña de haber recibido el mayor número de votos en la historia presidencial ( FT 04/11/20).

A juicio de Edward Luce, el "voto fue ardientemente cuestionado" cuando "EU se encuentra amarga, energética y casi equitativamente dividido (sic)". Con un "mandato equívoco" en el mejor de los casos, será magro lo que pueda conseguir el centrista Biden: "el más moderado de los contendientes del Partido Demócrata".

A lo sumo, "Biden será suertudo en empujar aún las partes incrementales (sic) de su agenda": amplias inversiones en la tecnología verde, las colegiaturas gratuitas para los estudiantes universitarios de clase media, y la opción pública (sic) para el seguro médico.

No se escenificarán "las esperanzas de cambios de época" de los progresistas que "han sido hechas añicos".

Considera Edward Luce que Biden no tendrá opción para abolir el filibusterismo en el Senado ni agregar nuevos estados como Puerto Rico y el distrito de Columbia ni expandir el tamaño de la Suprema Corte con el famoso “ package (empaquetado)” con el fin de diluir la mayoría de los republicanos que cuentan con seis de los nueve magistrados. Tan simple como que el líder senatorial triunfador Mitch McConnell "bloquee cualquier nominación de Biden".

Salvo un descalabro, cuando faltan tres senadurías por resolverse, los republicanos retendrán el control del Senado.

Lo mejor que puede aspirar Biden –quien, por cierto, mantiene una óptima relación con McConnell– es conseguir un "modesto (sic) estímulo" financiero para paliar el marasmo económico producto de los estragos pandémicos.

Luce predice el obstruccionismo jurídico de Trump quien difícilmente compartirá los estudios en sus manos sobre la vacuna contra el coronavirus y quien, en el mejor de los casos, hará desaparecer miles de documentos de la Casa Blanca.

Tampoco Biden podrá elevar el salario mínimo ni imponer mayores impuestos a la plutocracia de EU.

Así las cosas, "la presidencia de Biden corre el riesgo de ser atrapada entre dos fuerzas irreconciliables (sic): una derecha trumpiana empecinadamente atrincherada y una izquierda amargada (sic) de los d emócratas"–pese a que el combativo grupo SQUAD, que encabeza Alexandria Ocasio-Cortez, obtuvo tres escaños más en la Cámara que dificultarán la tarea de Nancy Pelosi que sufrió fuertes descalabros.

Edward Luce vislumbra correctamente el panorama tanto en el Senado, con probable mayoría de los republicanos, como en la Cámara donde los "demócratas perdieron varios asientos", cuando los "nuevos republicanos elegidos son todavía más trumpianos que Trump".

A mi juicio, puede suceder que se asiente un "trumpismo sin Trump" que enarbole el supremacismo blanco de los WASP (white anglosaxon protestant: blancos protestantes anglosajones; https://bit.ly/2I88Hsm), hoy a la defensiva reactiva que impugna su "derrota".

Biden sólo tendrá "libertad de maniobra" en su política exterior.

Edward Luce concluye que "el fantasma de Trump acosaría a Biden".

Guste o disguste, con o sin Trump, el trumpismo es una realidad en EU fracturado que vive su acelerada delicuescencia y el reflejo de su "democracia bananera" (https://bit.ly/3ldNICA).

Pobres ilusos a-históricos y anti-históricos que alucinan que a México le irá mejor con los demócratas que con los republicanos o con los republicanos que con los demócratas.

Sugiero consulten el Museo de las Intervenciones, en Churubusco, Ciudad de México (https://bit.ly/36ectbp).

La historia de México NO empezó con la imposición neoliberal de Daddy Bush a Salinas con su TLCAN.

México es un país milenario con varias civilizaciones y culturas en su seno de las que carece Estados Unidos.

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