Sábado, 12 Junio 2021 06:01

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

La elección peruana ha generado una verdadera histeria entre las elites limeñas y una campaña de demonización del candidato cajamarquino. El escenario, de confirmarse la victoria de Pedro Castillo, tiene altas dosis de incertidumbre. Pero estas se vinculan poco con los fantasmas que promueve el anticomunismo zombi que recorre el país.

 

Lo que pasó en las elecciones peruanas es quizás lo más parecido a la «tempestad en los Andes» anunciada por Luis E. Valcárcel en un libro ya clásico prologado por José Carlos Mariátegui. Atraído por la idea de «mito», Mariátegui terminaba escribiendo: «Y nada importa que para unos sean los hechos los que crean la profecía y para otros sea la profecía la que crea los hechos». Lo ocurrido el pasado 6 de junio no es sin duda un levantamiento indígena como el que imaginó Valcárcel, ni tampoco uno como lo imaginara Mariátegui, como partero del socialismo. Pero fue un levantamiento electoral del Perú andino profundo, cuyos efectos cubrieron todo el país.

Pedro Castillo Terrones está lejos de ser un mesías, pero apareció en la contienda electoral «de la nada», como si fuera uno. Con los resultados del domingo, está próximo a transformarse en el presidente más improbable. No porque sea un outsider –el país está lleno de ellos desde que el «chino» Alberto Fujimori se hiciera con el poder en 1990, tras derrotar a Mario Vargas Llosa–, sino por su origen de clase: se trata de un campesino cajamarquino atado a la tierra que, sin abandonar nunca ese vínculo con el monte, se sobrepuso a dificultades diversas y llegó a ser maestro rural; en los debates presidenciales cerraba sus intervenciones con el latiguillo «palabra de maestro». 

Desde el magisterio, Castillo saltó al escenario nacional en 2017, con una combativa huelga de maestros contra la propia dirección sindical. Un reciente documental, titulado precisamente «El profesor», da varias pistas sobre su propia persona, su familia y su entorno. A diferencia de Valcárcel, cuyo indigenismo se insertaba en la disputa de elites –la cuzqueña andina y la limeña «blanca»–, Castillo proviene de un norte mucho más marginal en términos de la geopolítica peruana. Su identidad es más «provinciana» y campesina que estrictamente indígena. Desde allí conquistó al electorado del sur andino y atrajo también, aunque en menor proporción, el voto popular limeño.

Por eso, cuando Keiko Fujimori aceptó el desafío de ir a debatir hasta la localidad de Chota y dijo con disgusto «Tuve que venir hasta aquí», la frase quedó como uno de los traspiés de su campaña. Castillo había logrado sacar la política de Lima y llevarla a los rincones lejanos y aislados del país, que recorrió uno a uno en su campaña con un lápiz gigante entre las manos. 

La irrupción de Castillo en la primera vuelta –con casi 19% de los votos– generó una verdadera histeria en los sectores acomodados de la capital. Y acorde a la actual moda del anticomunismo zombi, se expresó en un generalizado «No al comunismo», manifestado incluso con carteles gigantes en las calles. No escaseó tampoco el racismo. Perú parece tener menos pruritos para expresarlo en público que los vecinos Ecuador o Bolivia.

Por ejemplo, el «polémico» periodista Beto Ortiz echó a la diputada de Perú Libre Zaira Arias de su set televisivo, mostrando que la «corrección política» no llegó a sectores de las elites limeñas. Luego la llamó «verdulera» y más tarde se disfrazó de indio –con su histrionismo habitual– para darle la bienvenida de manera socarrona al «nuevo Perú» de Pedro Castillo. 

La candidatura de Castillo fue, además, víctima constante del «terruqueo» (acusación de vínculos con el terrorismo) por sus alianzas sindicales durante la huelga de maestros y, sin experiencias previas en el terreno electoral, de sus propios tropiezos en entrevistas.

Como escribió Alberto Vergara en el New York Times: «Quienes utilizaron de manera más alevosa la política del miedo fueron los del campo fujimorista, las clases altas y los grandes medios de comunicación. Empresarios amenazaban con despedir a sus trabajadores si Castillo vencía; ciudadanos de a pie prometían dejar sin trabajo a su servicio doméstico si optaban por Perú Libre; las calles se llenaron de letreros invasivos y pagados por el empresariado alertando sobre una inminente invasión comunista». Hasta Mario Vargas Llosa abandonó su tradicional antifujimorismo –por el que incluso había llamado a votar por Ollanta Humala en 2011– y decidió darle una oportunidad a una candidata de apellido Fujimori.

Castillo está lejos de provenir de una cultura comunista. Militó varios años en la política local bajo la sigla de Perú Posible, el partido del ex-presidente Alejandro Toledo, y si bien se postuló por Perú Libre, no es un orgánico de este partido, que nació originalmente como Perú Libertario. Perú Libre se define como «marxista-leninista-mariateguista», pero muchos de sus candidatos niegan ser «comunistas».

El líder del partido, Vladimir Cerrón, definió el movimiento que se alineó detrás de Castillo como una «izquierda provinciana», opuesta a la izquierda «caviar» limeña. Castillo es un católico «evangélico compatible»: su esposa e hija son activas participantes en la evangélica Iglesia del Nazareno y él mismo se suma a sus oraciones. En la campaña se posicionó repetidamente contra el aborto o el matrimonio igualitario, aunque hoy varios de sus técnicos y asesores provienen de la izquierda urbana liderada por Verónika Mendoza, con visiones sociales progresistas. Habrá que ver la convivencia de tendencias en el futuro gobierno de Castillo, que no se anuncia fácil.

Castillo se autodefine también como «rondero», en referencia a los grupos campesinos que enfrentaron a la guerrilla de Sendero Luminoso, y funcionan muchas veces como instancia de autoridad en el campo, aunque en Cajamarca la guerrilla fue muy débil.

La incertidumbre de un futuro gobierno de Castillo no tiene que ver, precisamente, con la constitución de una experiencia comunista de cualquier naturaleza que sea. También parece muy improbable una «venezuelización» como la que anuncian sus detractores. Las Fuerzas Armadas no parecen fácilmente subsumibles, el peso parlamentario del castillismo es escaso, las elites económicas son más resistentes que en un país puramente petrolero como Venezuela y la estructuración del movimiento social no anticipa un «nacionalismo revolucionario» de tipo chavista o cubano.

Las declaraciones del «profe Castillo» muestran cierto desprecio de tipo plebeyo por las instituciones, poca claridad sobre el rumbo gubernamental y visiones sobre la represión de la delincuencia –defensa de la justicia rondera– que pueden justificar un tipo de justicia «comunitaria» por mano propia que a menudo deriva en linchamientos puros y duros, muy comunes en el mundo andino. 

La presencia en el gobierno de la «otra izquierda» –urbana y cosmopolita– puede funcionar como un equilibrio virtuoso entre lo progresista y lo popular, aunque también será fuente de tensiones internas. Algunos comparan a Castillo con Evo Morales. Hay sin duda simbologías e historias compartidas. Pero también hay diferencias. Una es puramente anecdótica: en lugar de exagerar sus logros en una clave meritocrática, Morales dice no haber terminado el secundario (aunque algunos de sus profesores aseguran lo contrario). La otra es más importante a los efectos del gobierno: el ex-presidente boliviano llegó al Palacio Quemado en 2006 tras ocho años de trayectoria como jefe del bloque parlamentario del Movimiento al Socialismo (MAS) y la experiencia de una campaña presidencial en 2002, además de tener detrás una confederación de movimientos sociales con fuerte peso territorial, articulador en el MAS. Castillo tiene, por ahora, un partido que no es propio y un apoyo social/electoral aún difuso.

El «miedo blanco» a Castillo se vincula, más que a un peligro real de comunismo, a la perspectiva de perder poder en un país en el que las elites habían sorteado el giro a la izquierda en la región y cooptado a quienes ganaron con programas reformistas como Ollanta Humala. Dicho de manera más «antigua»: el «miedo blanco» lo es a la perspectiva de un debilitamiento del gamonalismo, como se llamó en Perú al sistema de poder construido por los hacendados antes de la reforma agraria, y que perduró por otras vías y de otras formas en el país. Nadie sabe si las elites podrán cooptar también a Castillo, pero hay en este caso un abismo de clase más profundo que en el pasado y el escenario es de manera más general menos previsible. La «sorpresa Castillo» es demasiado reciente y en muchos sentidos es un desconocido incluso para quienes serán sus colaboradores. 

Posiblemente la tempestad electoral anuncie otras próximas si las elites quieren seguir gobernando como se habían acostumbrado a hacerlo.

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Elecciones en Perú: terminó el conteo y Pedro Castillo sumó más votos

El fujimorismo se resiste a aceptar su derrota electoral y tensa más un ambiente ya bastante polarizado. Sin pruebas, insiste en hablar de fraude electoral.

 

Desde Lima. Con el cien por ciento de las actas electorales procesadas, el profesor y sindicalista de izquierda Pedro Castillo es el ganador de las elecciones y presidente electo, pero no puede haber una proclamación oficial porque hay votos impugnados y pedidos de nulidad de otros votos, que deben ser revisados. De acuerdo a diversos expertos, el resultado es irreversible, pero la derecha se niegue a aceptarlo. Castillo gana con 50,2 contra 49,8 por ciento de la derechista Keiko Fujimori, una ventaja de 70 mil votos.

Hay unos 150 mil votos, de más de18,7 millones, que faltan ingresar al cómputo final porque están observados y eso debe resolverse. Esos votos no cambiarían el resultado, por lo que el fujimorismo pretende anular otros 200 mil votos en zonas que apoyaron ampliamente al candidato de la izquierda. No habrá un resultado oficial y proclamación del presidente electo hasta que se resuelvan los votos observados y los pedidos de nulidad hechos por el fujimorismo, una acción final desesperada de una derecha que con todo su poder económico y mediático perdió estas elecciones.

"El profesor Pedro está tranquilo"

El maestro rural que en julio debe asumir la presidencia del Perú mantuvo durante el jueves reuniones con diversos colaboradores, conversó con el presidente argentino Alberto Fernández, recibió la felicitación del mandatario boliviano Luis Arce y recibió la visita del excandidato presidencial de centroderecha George Forsyth. Castillo no habló, pero sí lo hizo su vicepresidenta, Dina Boluarte. “El profesor Pedro está tranquilo, sereno, descansando de la campaña que ha tenido”, dijo. Con los resultados sobre la mesa, Boluarte destacó que éstos daban como ganador a Castillo, pero señaló que esperarán “con serenidad y calma” que se definan los votos observados y los pedidos de nulidad y se oficialice el resultado para declarar su victoria.

“La señora Keiko Fujimori está hablando de fraude sistemático, rechazamos esas afirmaciones. Le digo al pueblo peruano que no se deje engañar por mensajes de terror y odio. Llamo a la señora Fujimori a reflexionar y no polarizar más a la población. Hay que saber perder con dignidad y humildad”, declaró a la prensa la vicepresidenta virtualmente electa.

Sin sostén

El fujimorismo se resiste a aceptar su derrota electoral y tensa más un ambiente ya bastante polarizado. Sin pruebas, insiste en hablar de fraude y busca ganar en mesa lo que ha perdido en las urnas. Keiko ha dicho que todavía hay 500 mil votos que faltarían revisarse, una cifra inflada.

Los fujimoristas dicen que los votos observados pendientes de sumarse al cómputo final -unos 150 mil que inflan a 300 mil- son en su mayoría suyos, algo de lo que no hay evidencia. La tendencia de lo que ya se ha avanzado es validar la mayor parte de esos votos. El fujimorismo necesitaría no solo que se validen todos esos votos observados, sino que al menos el 80 por ciento sean a su favor, algo que desafiaría toda lógica de una elección muy reñida. En su principal bastión electoral, Lima, Keiko obtuvo 65 por ciento.

Como esos votos no le dan para voltear el resultado, el miércoles en la noche el fujimorismo sacó una última carta: demandar la anulación de unos 200 mil votos de regiones donde Castillo gana ampliamente, en algunos casos con más del 80 por ciento. La mayor parte son de zonas rurales, bastión electoral de Castillo. Sus argumentos no se sostienen.

Para pedir esa nulidad señalan que hay mesas de sufragio en las que sus miembros -tres, elegidos por sorteo- son de una misma familia, y, sin ninguna evidencia, saltan a la conclusión que serían familias partidarias de Castillo que coparon las mesas. Ya han salido varios de esos supuestos familiares acusados por el fujimorismo a aclarar que llevan el mismo apellido, pero no tienen ninguna relación familiar. Y no estuvieron en las mesas por su voluntad, sino que salieron elegidos en un sorteo. El plazo para impugnar a los miembros de mesa había vencido largamente antes de las elecciones.

El fujimorismo señala que hay actas en las cuales las firmas de algunos miembros de mesa no coincidirían exactamente con las de sus documentos de identidad, con lo que pretenden hablar de una supuesta suplantación. No hay ninguna pericia que determine que esas firmas no pertenecen a los miembros de mesa designados por sorteo. Y ninguna evidencia de suplantación.

También indican que hay actas de mesas donde casi todos los votos van a Castillo y Keiko saca muy pocos o en algunos casos ninguno y aseguran que eso “es imposible” y por eso exigen que todos los votos de esas mesas sean anulados. Esas actas son de zonas rurales en las que Castillo superó el 90 por ciento, por lo que esa baja o nula votación de Keiko en algunas mesas está lejos de ser “imposible”.

Así de endebles son los argumentos del fujimorismo para tratar de anular votos de Castillo y ganar en mesa. Abogados de los principales y más caros estudios de Lima trabajan con el fujimorismo para anular los votos de los ciudadanos más pobres del país, los de las zonas rurales, y con eso cambiar el resultado electoral.

Desconocer y deslegitimar

“Tienen derecho a solicitar la nulidad de votos, pero una cosa es pedir la nulidad y otra que tengan posibilidades que ese pedido se apruebe. Las razones que han dado para pedir la nulidad de votos son poco atendibles. Se busca anular votos donde Castillo gana abrumadoramente, pero los mismos problemas en otras mesas no los tocan. Este reclamo lo único que hace es alargar el fin del proceso electoral, y en el ínterin tenemos una campaña política y mediática muy fuerte hablando de fraude. La estrategia es manchar el proceso electoral y si no hay manera de revertirlo, desconocer los resultados y deslegitimar al gobierno electo”, le declaró a Página/12Fernando Tuesta, politólogo y exjefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), encargada de organizar las elecciones y contar los votos.

Los pedidos de nulidad de votos presentados por el fujimorismo deberán ser resueltos por la justicia electoral de cada región donde se ubicaban las mesas electorales cuestionadas. Esa decisión puede ser apelada al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), proceso que tomará varios días. Con argumentos sin base, el pedido de anulación de votos no debería pasar, con lo que se confirmaría oficialmente la victoria de Castillo. Pero hay fuertes presione sobre la justicia electoral.

Pedido de prisión preventiva

Al tiempo que los votos decretan su tercera derrota electoral consecutiva y sus desesperados recursos retrasan el anuncio oficial de esa derrota, Keiko Fujimori enfrenta la posibilidad de volver a la cárcel. La fiscalía ha pedido su prisión preventiva por no cumplir con las reglas de conducta de la comparecencia con restricciones en el proceso por lavado de dinero, organización criminal y obstrucción a la justicia que se le sigue por recibir más de 15 millones de dólares en secreto y en efectivo para sus campañas electorales de 2011 y 2016. Keiko ya estuvo varios meses en prisión preventiva por este caso.

Para Fujimori, esta elección, que se resiste a perder, es la diferencia entre zafar de un juicio con la inmunidad presidencial o enfrentar un proceso con un pedido de la fiscalía, que tiene un caso sólido, de 30 años de prisión.    

Por Carlos Noriega

11 de junio de 2021

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Elecciones en Perú: nace un gobierno acechado por las  corporaciones

El futuro según tres analistas peruanos si se confirma el triunfo de Pedro Castillo

Un país polarizado, un margen de victoria estrecho, minoría en el Congreso, oposición abierta de los grandes medios y una derecha que no va a querer dejarlo gobernar. 

El triunfo electoral del izquierdista Pedro Castillo, no confirmado oficialmente, pero a estas alturas prácticamente un hecho con un conteo de votos al 99 por ciento, es la victoria del Perú marginado, de los más pobres, del interior del país sobre Lima, del mundo rural andino menospreciado por las élites del país. La victoria del cambio en un país marcado por grandes inequidades. También el triunfo sobre el miedo que impuso la derecha con una masiva campaña que anunciaba “una dictadura comunista” si ganaba Castillo.

El profesor de escuela rural se encontraría con un complicado escenario, un país polarizado y políticamente muy fragmentado, un ambiente de marcada división, sin mayoría parlamentaria, con el poder económico y los grandes medios en contra. Y con una población muy golpeada por la pandemia y una grave crisis económica.

Tres analistas consultados por Página/12 examinan el escenario que se abre en un eventual gobierno del profesor y sindicalista de izquierda.

Debilidad de origen

“Lo que se viene es un escenario de conflicto. Lo más probable es que la derecha se resista a los cambios y no deje gobernar a Castillo y lo confronte. En ese escenario de agudizar el conflicto está Keiko, que busca mantener la polarización del país a partir de un conflicto abierto con Castillo para así tratar de mantener su liderazgo en la derecha después de tres derrotas electorales. Para darle estabilidad a su gobierno, lo primero que tendría que hacer Castillo es formar un gabinete plural que le baje el tono al conflicto, que tiene que ser un gabinete de centroizquierda, y como primeras acciones combatir la pandemia y reactivar la economía”, señala el sociólogo Alberto Adrianzén.

En la opinión del politólogo Eduardo Dargent, profesor de la Universidad Católica, “con la élite en contra, un Congreso opositor en el que habrá sectores de derecha antidemocráticos que hablan de golpe, un duro contexto de pandemia y crisis económica, el principal reto de un gobierno de Castillo es desmontar el enorme miedo que se ha creado en su contra, y para eso debe formar un gabinete ministerial que dé confianza en el manejo de la economía. Esto no significa que sea un gabinete que se corra a la derecha, eso sería un error, sino un gabinete con técnicos de izquierda reconocidos que den confianza de un manejo serio. En el Perú los tiempos son muy cortos, si Castillo no logra rápido cierta estabilidad y control, su popularidad se desparramaría”.

Gobierno de coalición

Para el historiador y analista político Nelson Manrique “el destino de un gobierno de Castillo dependerá con qué equipo construye gobierno. Hay un conjunto de cuadros de izquierda, particularmente de Juntos por el Perú de Verónika Mendoza (coalición progresista que apoyó a Castillo en la segunda vuelta), que tienen competencia profesional y credibilidad política. Depende de Castillo aprovechar ese capital o cerrarse en un proyecto partidario de Perú Libre (partido por el que postuló y que se define como marxista-leninista) como quisiera Vladimir Cerrón (fundador y secretario general del Partido Libre). Cerrarse en un proyecto partidario sería un error. Esa decisión va a marcar cuál será el escenario y el margen de juego que va a tener su gobierno”.

Manrique considera que “existe margen” para que Castillo lleve adelante sus propuestas de cambio, como la renegociación de contratos con las empresas transnacionales. Pero aclara: “Si nos quedamos en el Congreso, llevar adelante esos cambios sería imposible, hacerlo dependerá de en qué medida Castillo es capaz de movilizar a la sociedad civil para cambiar la correlación de fuerzas con el Congreso, que no le favorece”.

Pactar o no pactar

“Castillo debe hacer un gobierno popular, que implique un cambio de modelo, para tener un Estado más redistributivo, fiscalizador, más regulador. Una especie de modelo socialdemócrata de izquierda. Si el Congreso no lo deja hacer un gobierno de este tipo, la alternativa sería el enfrentamiento”, dice Adrianzén. Sin embargo, advierte que “veo un gobierno de Castillo débil, y existe la posibilidad que en esa debilidad pacte con la derecha y modifique sus planteamientos. Eso generaría una nueva gran frustración. La posibilidad de un levantamiento popular en ese caso dependerá si hay gente capaz de movilizar esa decepción”.

Adrianzén considera que las denuncias de supuesto fraude electoral lanzadas, sin pruebas, por la derecha, apuntan a debilitar a Castillo. “Esas denuncias de fraude no creo que lleguen a desconocer los resultados electorales, pero sí buscan ensuciar el triunfo de Castillo, desprestigiarlo y deslegitimarlo para debilitarlo y así la derecha esté en mejor posición para pactar con él y domesticarlo para que modifique sus planteamientos, como hicieron con Ollanta Humala, o, si eso no ocurre, debilitarlo para tumbárselo”.

“El principal riesgo de un gobierno de Castillo enfrentado a las élites y con el Congreso en contra, es de un desgobierno y desorden, de una presidencia accidentada y probablemente corta”, advierte Dargent.

Disparen al Congreso 

“En el Perú es muy fácil que el Congreso destituya un presidente, hay una figura legal no definida para hacerlo que es la incapacidad moral, si se tienen los votos se puede usar sin mayores razones”, recuerda Manrique. Esa figura fue invocada para destituir a Martín Vizcarra.

Los tres analistas coinciden en que, si bien diversos grupos de derecha del fragmentado nuevo Congreso, que tendrá diez bancadas, hacen mayoría, no alcanzan los dos tercios necesarios para destituir al presidente. Pero advierten que eso puede cambiar.

Castillo ha levantado como su principal bandera cambiar la Constitución que viene de la dictadura de Alberto Fujimori, pero el Congreso debe darle luz verde para convocar una Asamblea Constituyente y su mayoría de derecha se opone. Tendría la alternativa de reunir poco más de dos millones de firmas para convocar un referéndum para una Asamblea Constituyente. Algunos constitucionalistas dicen que esa salida no es constitucional, otros la respaldan.

“Si Castillo insiste en convocar un referéndum sin aprobación del Congreso creo sería un error que le daría al Congreso una razón para destituirlo”, dice Dargent. Adrianzén discrepa: “La Asamblea Constituyente va a ser una fuente de conflicto, pero Castillo no la puede dejar de hacer. Movilizarse para juntar las firmas para un referéndum es lo primero que debe hacer en el gobierno. Si Castillo no logra sacar la Constituyente sería una gran derrota”

Por Carlos Noriega

10 de junio de 2021

Desde Lima

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Pedro Castillo hablando a sus seguidores. Foto: Reuters

Pedro Castillo, el candidato de Perú Libre, se ha declarado vencedor de las elecciones presidenciales la noche de este martes. "Seremos un gobierno respetuoso de la democracia, de la Constitución actual y haremos un gobierno con estabilidad financiera y económica", ha dicho Castillo a sus seguidores en Lima.

 

El candidato se ha adelantado a los funcionarios de la oficina electoral, que aún no han llegado al 100% del escrutinio, y que ahora mismo cuentan las papeletas de los peruanos en el extranjero y las localidades rurales aisladas, de los Andes y de la Amazonia. Según el recuento oficial, que va ahora mismo por el 99,39%, Castillo lidera las votaciones con un 50,24% frente a los 49,75% de Keiko Fujimori. Unos escasos 84.000 votos separan a los dos.

Castillo pidió a los órganos del sistema electoral peruano que sean "respetuosos con la voluntad del pueblo peruano" porque el reporte de sus interventores, al finalizar su propio cómputo de votos, le confirma que "el pueblo se ha impuesto en esta gesta". y ha instado a sus seguidores a no caer en ninguna provocación.

"Hay ciertas zancadillas como la subida del dólar, que para mañana va a subir unos puntos más, el costo del pan, del pollo, de la canasta familiar. Mentira, lo que pasa es que hay cierta incertidumbre que el pueblo ya no las cree y por eso debo decirles que acabo de tener conversaciones con el empresariado nacional donde está mostrando su respaldo al pueblo", destacó.

El maestro y exlíder sindical dijo además que ha tenido reuniones con representantes del empresariado peruano, que le mostraron su respaldo, y a quienes les aseguró que tendrá "un gobierno con estabilidad financiera y económica".

Igualmente, Castillo agregó que ha recibido el saludo de "algunas embajadas y gobiernos de América Latina" por el resultado favorable en las elecciones.

Hasta el momento, restan 523 actas por ser contabilizadas, en su mayoría del voto peruano en el exterior.

A diferencia de la denuncia de supuesto fraude hecha el lunes sin fundamento por Fujimori, en la que señaló que había más de mil actas impugnadas, la ONPE indicó en su informe que existen tan solo 454 actas con reclamaciones que tendrán que ser sometidas a evaluación para ser admitidas en el recuento.

Investigan a cónsul peruano en EE.UU

Por otro lado, el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que ha abierto una investigación preliminar contra el cónsul general del Perú en Hartford (Estados Unidos), después que se filtrara un audio suyo diciendo que esperaba que ganase Keiko Fujimori en las actas que estaba transportando hacia Lima.

"Como se informó ayer, el ministerio de Relaciones Exteriores adoptó la inmediata decisión de entregar la custodia de las 56 actas en sobres sellados pertenecientes a la jurisdicción del Consulado General del Perú en Hartford, a la Cónsul general adscrita de dicha oficina, a fin de que ella las traslade a Lima y las entregue a la ONPE", precisó la cancillería.

Fujimori denunció en la víspera un presunto "fraude sistemático" en los comicios del domingo por aparentes irregularidades para favorecer a Castillo, pero esta versión fue desestimada este martes por los órganos electorales y las misiones de observación electoral que supervisaron el sufragio.

No hay fraude

Este martes, los observadores han descartado que hubiera fraude electoral como ha reclamado Keiko Fujimori. Según la presidenta de la Asociación Civil Transparencia, Adriana Urrutia, en Perú no existe evidencia ni indicio alguno de "fraude sistemático" en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, y tan solo ha habido "algunos casos aislados" de incidentes que están ya siendo investigados.

El conteo sigue muy despacio desde el final de los comicios y se espera que se prolongue durante toda la jornada del miércoles, aunque no significará que haya ya un ganador definitivo, pues un tribunal electoral será el encargado de dirimir respecto a las discrepancias que surjan en las mesas de votación. Si se impugna un acta, un jurado especial tendrá un plazo de un día para dar su respuesta al respecto. Y, en último caso, si no hay conformidad hay posibilidad de apelación al Jurado Nacional de Elecciones, que tendrá 7 días para contestar.

La responsable de la organización, encargada de velar por el correcto funcionamiento de las instituciones y la democracia en el país, salió así al paso de la denuncia "infundada" emitida este lunes por la candidata presidencial Keiko Fujimori, quien afirmó que hubo un "fraude sistemático" en la votación del pasado domingo.

"Hay una clara intención de boicotear la voluntad popular", dijo en una rueda de prensa Fujimori, quien va perdiendo en el recuento de votos ante su rival, Pedro Castillo.

"No existe fraude. Existen tan solo casos aislados que merecen ser investigados", indicó la politóloga, al señalar que además de la falta de sustento aportada por la denuncia de Fujimori, existe la evidencia recogida por más 1.400 voluntarios de la organización que apuntan que "la votación se realizó en la absoluta normalidad".

Así, insistió: "No tenemos evidencia en nuestros reportes de que se pueda hablar de un fraude sistemático".

En ese sentido, la presidenta de Transparencia indicó que corresponde al partido fujimorista Fuerza Popular "dar cuenta de por qué usó la palabra fraude" en su denuncia y reiteró el pedido a que no se utilice falsamente en este contexto electoral, "pues no hay evidencia de que exista, y es momento en que hay que confiar en el trabajo de las autoridades, en el proceso electoral y en el respeto al voto".

"En un proceso del voto que ya es de por sí polarizado, decir fraude viene a generar zozobra. Solo hay que esperar con calma y tranquilidad los resultados", añadió.

Urrutia recordó también que, ante dichos emitidos por la candidata, como que había más de 1.300 actas electorales observadas, la realidad es que son tan solo 485, como puede verse libremente en la página de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

A juicio de la politóloga, denunciar "fraude" solo genera "desconfianza en las autoridades electorales, en el proceso en sí mismo y por tanto lleva a desconfiar de los resultados y merma la legitimidad del representante elegido".

9 junio 2021

(Información de EFE)

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Elecciones en Perú: Pedro Castillo, a punto de cantar victoria

Keiko Fujimori, en desventaja, habló de irregularidades y de fraude

Con el 96,42 por ciento de los votos contabilizados, el candidato de izquierda obtenía 50,29 por ciento y Keiko 49,71 por ciento. El maestro rural hizo un llamado a “respetar y defender la voluntad popular”.

 

Desde Lima

La izquierda se acerca al triunfo. Por lo estrecho del resultado todavía no hay una definición, pero con cada nuevo reporte del conteo oficial, su candidato, el profesor y sindicalista Pedro Castillo, aumenta sus opciones de victoria sobre la derechista Keiko Fujimori. Un país envuelto en la incertidumbre y la tensión estuvo todo el lunes pendiente del avance del conteo oficial de la elección presidencial del domingo. Y terminó el día sin una certeza absoluta del ganador. En un final de infarto, una campaña que ha polarizado y dividido al país se definía por décimas. Terminó el lunes sin un ganador, pero Castillo se estabilizaba como el probable triunfador. Hubo movilizaciones de los simpatizantes del candidato izquierdista “para defender el voto”. Se dieron algunos enfrentamientos con la policía. Al cierre de esta nota, con el 96,42 por ciento de los votos contabilizados, Castillo obtenía 50,29 por ciento y Keiko 49,71 por ciento. Estas décimas de distancia entre uno y otro implican una diferencia de solamente 91 mil votos sobre 18,1 millones de votos ya contados. 

Denuncia endeble

Con los resultados en contra, Keiko rompió su silencio la noche del lunes para hablar de “irregularidades” y “fraude”. Lanzó la temeraria acusación en una conferencia de prensa en la que no aceptó preguntas. Miembros de su partido que la acompañaron cuestionaron a los fiscales de mesa de su contrincante por impugnar votos y presentaron un par de casos de supuestas cédulas marcadas o con una alta votación para Castillo que, sin mayores evidencias, indicaron que sólo un fraude podía explicar. Fue una denuncia endeble, que sonó a un acto desesperado de quien se ve derrotado. Antes de la votación, con las encuestas en contra, medios afines al fujimorismo comenzaron a crear un escenario para denunciar un fraude si el resultado no les favorecía. El lunes, Keiko activó ese escenario.

"Vigilia ciudadana"

Poco después, Castillo le respondió haciendo un llamado a “respetar y defender la voluntad popular”. Habló desde un balcón de su local partidario en Lima ante sus entusiasmados seguidores. “Tenemos que ser respetuosos de la voluntad popular. Seré el primero en hacer respetar la voluntad del pueblo peruano”, señaló. La multitud rompió en aplausos. Convocó a “una vigilia ciudadana en defensa de la democracia” y calificó de “héroes y heroínas de la democracia” a sus fiscales de mesa, cuestionados por el fujimorismo. Hizo un llamado “a la más amplia cordura, a la tranquilidad”. Entre aplausos y vítores terminó diciendo “solo el pueblo salvará al pueblo”.

Keiko comenzó el lunes adelante en el conteo oficial. El primer reporte al 42 por ciento del total de votos dado cerca de la medianoche del domingo le había dado casi seis puntos de ventaja. La hija del encarcelado exdictador Alberto Fujimori, que busca restaurar el régimen fujimorista, pasó todo el día lunes en su local partidario viendo como con en el transcurrir de las horas la presidencia se le volvía a escapar por tercera vez consecutiva. Y, otra vez, como en 2016, por muy pocos votos.

Durante el lunes, con cada nuevo reporte del organismo encargado de contar los votos, el candidato que ha desafiado el statu quo neoliberal fue acortando la distancia. En la tarde, cuando el recuento bordeaba al 90 por ciento, había pasado al primer lugar. Y fue ampliando de a pocos su mínima ventaja con cada nuevo informe del conteo de votos, publicados aproximadamente cada media hora en la página web de la Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE). El país seguía con angustia, de uno y otro lado, esos reportes.

El voto del interior

El repunte de Castillo en el conteo oficial se explica porque se registran primero los votos de las zonas urbanas más cercanas a los centros de cómputo. Ahí estaban los votos de Lima y otras ciudades donde Keiko ganaba. Cuando fueron llegando en mayor cantidad los votos del interior y de las zonas rurales, Castillo comenzó a reducir la distancia y pasó adelante.

El maestro de izquierda gana en casi todo el país, pero la candidata de la derecha lo equipara en votos con su triunfo en Lima -que concentra un tercio de electores y donde obtenía 65,6 por ciento según el resultado oficial ya al cien por ciento en la capital- y en otras regiones de la costa. En las zonas andinas y rurales, pobres y marginadas, Castillo ganaba ampliamente, en algunas regiones superando el 80 por ciento. Esos votos, los últimos en contarse, le daban la victoria en el incierto lunes postelectoral.

Voto en el exterior

En el fujimorismo no se resignaban a una nueva derrota y se aferraban a la esperanza del voto en el extranjero para voltear el resultado. Cerca de un millón de peruanos estaban habilitados para votar en el exterior, pero el avance del conteo de este voto, que el lunes llegaba al 26 por ciento, registraba un ausentismo por encima del 60 por ciento. En el conteo parcial de este voto, Keiko obtenía el 61,9 por ciento, que era algo más de 48 mil votos, mientras Castillo alcanzaba 30 mil votos. Faltarían contarse unos 300 mil votos del exterior. En Argentina, con el conteo al 99,7 por ciento, habían votado algo más de 46 mil peruanos, solamente un 37 por ciento de los habilitados para hacerlo. Keiko ganaba con 57,3 por ciento. Keiko dijo estar “muy optimista” de que el voto del exterior “equipare el resultado”.

Castillo, que había recibido los primeros resultados en su natal Cajamarca, una región andina del norte del país, viajó en la mañana del lunes a Lima. Fue a su local partidario en el centro de la ciudad, donde sus seguidores se aglomeraban en la calle. Salió a un balcón del segundo piso y saludó levantando los brazos. Fue recibido con aplausos y arengas. A esa hora los resultados oficiales todavía daban ganadora a Keiko. Al final de la tarde, ya con los resultados parciales a su favor, volvió a aparecer en el balcón. Frente al local partidario el ambiente ya era de victoria. En la noche volvería a pararse en ese balcón para responderle los intentos de Keiko de ensuciar el proceso electoral que le daba la victoria a la izquierda.

 

Por Carlos Noriega

08 de junio de 2021


Pedro Castillo: el hombre del Perú invisibilizado

Por Marco Teruggi

08 de junio de 2021

Desde Lima

Perú vive horas históricas. Pedro Castillo, un hombre del país invisible, rural, pobre, con sombrero blanco y un liderazgo en ascenso, puede convertirse en el próximo presidente. Así lo indican los números que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) arroja cada media hora y que todos siguen en radios, televisores, redes sociales, viendo como Castillo, progresivamente, se ubica por delante de su contrincante, Keiko Fujimori que se queda con pocas posibilidades de victoria.

La tendencia aparece como difícilmente reversible. Fujimori afirmó en la noche del lunes que los votos del extranjero podrían “emparejar” el resultado, y denunció la existencia de “indicios de fraude en las mesas (…) planificado y sistemático”. El anuncio de la candidata de Fuerza Popular ocurrió cuando Castillo la aventajaba por 90.000 votos, con el 94.47% de las actas, tanto del Perú como de fuera, contabilizadas.

No se trata de una elección más: el resultado dirá no solamente quién será el próximo presidente, sino qué tipo de modelo económico, político, se intentará construir y qué conflictos habrá en un país en crisis política prolongada. Castillo, quien durante la primera vuelta electoral figuraba en la categoría “otros” en las encuestas electorales, y era conocido centralmente por su dirigencia en la huelga docente del 2017, emergió producto de esa crisis y de sus aciertos.

La trascendencia de la elección fue clara desde que se supo que el maestro campesino, candidato del partido Perú Libre, pero sin provenir de su estructura, iba a enfrentar a Fujimori. La amenaza percibida por el statu quo peruano, los poderes empresariales, mediáticos, partidos de derecha, fue proporcional a la campaña de miedo, muchas veces terror, que se desplegó contra Castillo y lo que significaría un gobierno bajo su presidencia.

El despliegue contra el candidato de izquierda resultó apabullante, en el marco de un país con fuerte concentración mediática en manos del grupo El Comercio y medios aliados. Los principales periódicos y canales de televisión pasaron a afirmar día tras día que su victoria llevaría al país al comunismo, una crisis económica, con aumento del dólar, desempleo, robo de ahorros, expropiaciones masivas. Esa amenaza, en el marco de un país golpeado por la pandemia y la recesión, se unió a otra: los puentes que existirían entre Castillo y el terrorismo.

Esto último buscó activar los resortes de miedos, traumas y dolores anclados en la sociedad peruana, de forma distinta en el interior del país respecto a la capital, Lima. Castillo fue terruqueado, palabra usada en la política peruana para acusar a alguien de terruco, es decir terrorista o cercano a lo que fue Sendero Luminoso. El dispositivo de miedo buscó así ligar al candidato presidencial con la crisis económica y la violencia, dos fantasmas profundos de la historia reciente peruana.

La campaña mediática del miedo estuvo acompañada de un proceso de construcción de una imagen democrática y maternal de Keiko Fujimori. Una de las expresiones más simbólicas de esa operación fue el rol que cumplió Mario Vargas Llosa al llevar adelante un apoyo activo a Fujimori. El premio Nobel de literatura giró integralmente su postura de treinta años. En el 2016, por ejemplo, cuando Keiko Fujimori llegó a segunda vuelta y finalmente perdió por 40.000 votos ante Pedro Pablo Kuczynski, había afirmado: “Keiko Fujimori es Fujimori, todo lo que representó Fujimori está vivo en la candidatura de Keiko Fujimori y sería una gran reivindicación de una de las dictaduras más corruptas y sangrientas que hemos tenido en la historia del Perú”.

Uno de los momentos culmines de ese giro ocurrió durante el acto de cierre de Fujimori el jueves antes de las elecciones. Allí, entre repeticiones del estribillo de campaña “hoy enfrentamos una grave amenaza, al comunismo le tenemos que ganar”, Álvaro Vargas Llosa, hijo de Mario, subió al escenario para abrazar a Keiko y afirmar que “la causa de la libertad es hoy Keiko Fujimori”.

La violencia mediática, así como la unificación de actores históricamente enfrentados, fue reflejo de la amenaza percibida ante una posible victoria de Castillo, quien llegó con una propuesta central: refundar la patria a través de un proceso constituyente. El candidato de Perú Libre puso sobre la mesa la necesidad de desmontar la Constitución redactada en 1993 bajo Alberto Fujimori y recuperar la soberanía sobre los recursos estratégicos mineros, energéticos, centrales en la economía peruana.

La velocidad con la cual emergió su liderazgo puede explicarse por la existencia de un descontento social profundo del orden de lo económico y lo político. Uno de los últimos acontecimientos que evidenció esa situación fueron las masivas movilizaciones de noviembre, que ocurrieron ante la destitución del presidente Martín Vizcarra llevada adelante por el Congreso, seguido del nombramiento de Manuel Merino al frente del Ejecutivo. Éste último se mantuvo cinco días en la presidencia hasta renunciar debido a la magnitud de las protestas.

Ese acontecimiento mostró tres elementos centrales. En primer lugar, la descomposición política, partidaria, institucional, en un país donde todos los presidentes desde el 2001 han sido acusados por corrupción -al igual que Keiko Fujimori-, y el anterior, Alberto Fujimori, fue condenado a 25 años de presión por crímenes de lesa humanidad. En segundo lugar, la magnitud de una movilización que no se había visto en Lima desde la marcha de los cuatro suyos en el año 2000, contra Fujimori. En tercer lugar, la poca organización de quienes se movilizaron, la poca capacidad en el país de sindicatos, partidos y movimientos.

El liderazgo de quien encabeza las encuestas y podría ser el próximo presidente emerge de ese contexto político, y en una situación de profunda desigualdad social entre las provincias y la capital, y al interior de la misma Lima, como lo muestra, por ejemplo, el contraste en la zona de Miraflores y los cerros de Villa María del Triunfo.

La dimensión de lo que está en juego podría influir sobre los tiempos para que sea anunciado un resultado oficial. La denuncia de fraude Fujimori, predecible en caso de resultado adverso como el que se presentó a lo largo del recuento, podría afectar ese proceso. En cuanto a Castillo, quien se encuentra en Lima, ha demostrado tener apoyo popular movilizado, algo que podría ser determinante en caso de una pulseada para que sea anunciado el resultado final. 

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Pedro Castillo con una leve ventaja sobre Keiko Fujimori en el conteo rápido

A la espera de las cifras oficiales, el conteo rápido de Ipsos, que es más preciso que la boca de urna, invirtió el orden de la encuesta siempre en un marco de extrema paridad. Le dio una ligera ventaja al candidato de la izquierda con 50,2% sobre su rival derechista que alcanza un 49,8%.

Los peruanos se fueron a dormir con la incertidumbre de quién será el próximo presidente. Un conteo rápido al cien por ciento, realizado por Ipsos con una muestra de actas electorales representativas de todo el país, le daba una ligera ventaja al izquierdista Pedro Castillo con 50,2 por ciento y a la derechista Keiko Fujimori un 49,8 por ciento. La diferencia está dentro del margen de error. Alfredo Torres, director de Ipsos, explicó que era necesaria una diferencia de dos puntos para declarar un ganador. “Esto es un empate técnico. El resultado puede cambiar”, dijo Torres. Antes, una encuesta a boca de urna, también de Ipsos, había colocado primero a Keiko con 50,3 por ciento y a Castillo le daba 49,7 por ciento. Con estas cifras quedó instalada la incertidumbre.

Al momento del cierre de esta edición no había resultados oficiales. Los primeros se anunciaron para las 23:30 hora local (1:30 de la madrugada hora de Argentina). Con una diferencia tan estrecha esos primeros resultados parciales no definirían con certeza un ganador, por lo que habría que esperar hasta este lunes para aclarar la situación.

Castillo fue el primero en pronunciarse. Lo hizo una hora después de conocerse los primeros resultados a boca de urna, que recibió en su natal pueblo de Tacabamba, en la provincia de Chota de la andina región de Cajamarca. Pidió calma y esperar los resultados oficiales.

“Hay que mantener la calma, hay que ser prudentes. El pueblo es sabio, sabe lo que hace, es inteligente. Compañeros, hermanos, compatriotas, llamo a la más amplia cordura. Lo que hemos escuchado no es nada oficial. Esperemos los datos oficiales. Hermanos, tranquilidad”, dijo, hablándole desde un balcón a sus partidarios, que estallaron en aplausos y gritos de “sí se puede”. Tenían la esperanza que los resultados oficiales reviertan las cifras a boca de urna. El conteo rápido a favor de Castillo alimento esa esperanza.

Poco antes, en un mensaje enviado por Twitter, Castillo había llamado a “defender el voto”. “Convoco al pueblo peruano de todos los rincones del país a asistir en paz a las calles para estar vigilantes en la defensa del voto”, escribió. Sus partidarios se reunieron en las afueras del local de Tacabamba donde estaba el candidato.

Después se pronunció Keiko. Coincidió en que esperaría los resultados oficiales. Habló minutos antes que salga el conteo rápido, que volteó el resultado y ponía primero a Castillo. “Esta campaña ya culminó y será fundamental tender los puentes y encontrar los espacios de diálogo entre todos los grupos políticos. Aquí no hay un ganador o un perdedor, lo que se tiene que buscar es la unidad de todos los peruanos. Desde ya invoco a la prudencia, la calma y la paz a ambos grupos. Por esa prudencia vamos a esperar los resultados oficiales”, dijo desde su local partidario en Lima.

Horas antes había recibido los resultados a boca de urna junto a su esposo, sus dos hijas y militantes cercanos lugar. Al escuchar las cifras que le daban una mínima ventaja saltó de júbilo, comenzó a aplaudir y a abrazarse con todos. Desde el fujimorismo se encargaron de entregar esas imágenes triunfalistas a la televisión. Luego, con su mensaje, le bajaría el tono a ese inicial triunfalismo. Simpatizantes fujimoristas se reunieron en ambiente celebratorio en las afueras del local partidario. El conteo rápido fue un duro golpe.

Campaña de miedo

Castillo estuvo adelante en todas las encuestas desde el comienzo de la campaña de segunda vuelta hace dos meses. Una masiva campaña de miedo en su contra, con amplio apoyo mediático, asustando con una supuesta “dictadura comunista y chavista” si ganaba Castillo, y algunas inconsistencias al presentar sus propuestas de cambio, fueron haciendo crecer a Keiko como el mal menor, y en la última semana la elección comenzó a dársele vuelta al candidato que levantó las banderas del cambio del modelo económico neoliberal. Ha sido una campaña desigual, con la cancha inclinada a favor de Keiko, que tuvo el apoyo de los grandes medios y de todo el poder económico.

Lima, bastión de Keiko; el interior votó por Castillo

Keiko ganó en Lima y otras cinco regiones de la costa. En la capital, que concentra un tercio del electorado, obtuvo cerca del 70 por ciento. Si se ve territorialmente, la mayor parte del país votó en su contra. Castillo triunfaba en la mayoría de regiones del interior, y en las zonas del sur andino, las más pobres y marginadas, lo hacía ampliamente. En algunas de esas regiones andinas superaba el 80 por ciento. La elección deja una notoria división del país, territorial y social. División con la que deberá lidiar el próximo gobierno en un contexto de polarización y serios problemas de gobernabilidad.

El nuevo gobierno asumirá luego de cinco años de un período presidencial convulsionado, con cuatro presidentes -uno que duró menos de una semana-, dos Congresos y los últimos jefes de Estado procesados por corrupción. El expresidente Pedro Pablo Kuczynski, elegido en 2016 por un mínimo margen de votos, como en esta elección, renunció en marzo de 2018 en medio de una guerra con el Congreso de mayoría fujimorista; lo reemplazó su vice, Martín Vizcarra, que en septiembre de 2009 en uso de sus facultades constitucionales disolvió el Congreso y llamó a elecciones parlamentarias. El nuevo Parlamento, sin mayoría fujimorista y fragmentado en pequeñas bancadas, destituyó a Vizcarra en noviembre de 2020 por cargos de corrupción en investigación. Su remplazante, el legislador Manuel Merino, tuvo que renunciar antes de cumplir una semana en el cargo por las masivas protestas sociales en su contra y fue sustituido por el actual mandatario Francisco Sagasti.

Los analistas estiman que este nuevo período presidencial podría ser tan inestable como el que se cierra. La extrema polarización de esta campaña y la fragmentación política, expresada en un Congreso con diez bancadas en el cual el cual nadie tendrá mayoría propia, amenazan extender para el nuevo período presidencial los problemas de gobernabilidad e inestabilidad.

Los dos candidatos comenzaron el día con el tradicional desayuno electoral. Castillo lo hizo en el patio de su casa en Cajamarca. Keiko se desplazó de su vivienda en una exclusiva zona de Lima al distrito popular de San Juan de Lurigancho, el más grande la capital del país, donde se armó una mesa al aire libre para desayunar ante la prensa. Los dos estuvieron acompañados de sus familias. Coincidieron en agradecer el apoyo recibido y en pedir a la población que vaya a votar.

Los dos candidatos votaron rodeados de simpatizantes. Castillo lo hizo primero, al mediodía, en su natal poblado de Tacabamba. Llegó caminando, flanqueado por una multitud, mientras desde los balcones de la estrecha calle recibía los aplausos de los vecinos. Antes de votar, visitó la casa de sus padres. Luego de sufragar dio un mensaje de unidad.

“Saludo al país por esta fiesta democrática. Espero que el día de hoy, más allá de la fiesta política, los peruanos podamos entender que si no nos unimos no podremos sacar al país de esta crisis”, señaló el candidato. Tenía previsto viajar a Lima para recibir los resultados, pero suspendió su viaje porque dijo que se quedaría con sus padres que estaban delicados de salud.

Keiko votó en un colegio de un barrio residencial de Lima. Una de las zonas acomodadas donde tiene amplio respaldo. En su territorio en estas elecciones, fue recibida y despedida con aplausos. Fue una entrada y salida tumultuosa y desordenada. “Gracias a los que nos han apoyado”, fueron sus breves palabras.

El incidente más grave en el proceso electoral se produjo cuando fue a votar la candidata a la vicepresidencia en la fórmula de Castillo, Dina Boluarte. Lo hizo en un barrio de clase media de Lima. Para la candidata de la izquierda que recibe importante respaldo en el interior del país y en zonas populares, pero amplio rechazo en los barrios residenciales de la capital, fue como entrar en territorio enemigo. Fue abucheada e insultada. Estaba custodiada por la policía, lo que evitó que se vaya más allá de la agresión verbal. Mientras le gritaban de todo, la candidata levantaba los brazos. Una lamentable muestra del nivel de intolerancia al que han llegado ciertos sectores en esta campaña y de la polarización que se ha dado en el país. 

Por Carlos Noriega | 07/06/2021


Quien gane el ballottage heredará un escenario complejo

Elecciones en Perú: el país atraviesa una inédita crisis sanitaria, económica y política

Perú tiene el mayor nivel de mortalidad en el mundo por la covid-19 y económicamente es uno de los más golpeados. Grandes inequidades y exclusiones como consecuencia del modelo neoliberal. 

Por Carlos Noriega

07 de junio de 2021

Desde Lima

Un país en una profunda crisis sanitaria, económica, social y política, de las peores que recuerde su historia, es el que encontrará el próximo gobierno. Una crisis a la que se suma la extrema polarización y división que ha dejado esta campaña electoral. A ese complicado escenario se agrega una inestabilidad política que ha marcado los últimos cinco años.La salud en tiempos de pandemia y la economía serán los dos grandes retos del nuevo gobierno. Además de lograr estabilidad en un fragmentado y agitado ambiente político.

El durísimo golpe de la pandemia - Perú tiene el mayor nivel de mortalidad en el mundo y económicamente es uno de los más golpeados- ha puesto en trágica evidencia las debilidades y grandes inequidades y exclusiones de un modelo neoliberal que se había vendido como exitoso por sus buenas cifras macroeconómicas, pero que se ha desmoronado por sus grandes carencias sociales.

Perú impuso una temprana y rígida cuarentena cuando estalló la pandemia, la primera en la región, pero con un 70 por ciento de trabajadores en la informalidad, con precariedad salarial y sin derechos laborales, muchos sobreviviendo día a día, poca ayuda gubernamental para aguantar la cuarentena, deficientes servicios públicos y la incapacidad de un Estado debilitado por el modelo neoliberal, la cuarentena tuvo muchas fisuras y los contagios se multiplicaron.

Un sistema de salud precario 

La pandemia colapsó un sistema de salud precario, desfinanciado y abandonado por treinta años de neoliberalismo. Esta campaña electoral se ha desarrollado con el trasfondo de dramáticas escenas de hospitales desbordados, gente muriendo sin poder ser atendida por falta de camas y de oxígeno, negocios privados lucrando en nombre del libre mercado con la desesperación de miles y elevando los precios de la atención médica, del escaso oxígeno y de los medicamentos.

Enfrentar la pandemia será la primera tarea urgente del próximo gobierno. Entre tantos problemas, heredará un programa de vacunación en marcha, que en febrero comenzó lento, pero se viene acelerando, y contratos ya cerrados por 60 millones de dosis de  vacuna y un plan para inmunizar a toda la población mayor de 18 años para diciembre. El actual gobierno ha anunciado que cuando deje el poder en julio ya estarán vacunados diez millones de personas, un tercio de la población. El próximo gobierno deberá darle continuidad al programa de vacunación.

“El próximo gobierno va a recibir una segunda violenta ola de la pandemia en franco descenso y un programa de vacunación estabilizado, pero va a encontrar un precario sistema de salud. Deberá duplicar la capacidad hospitalaria, pagar deudas laborales al personal de salud, contratar más personal y trabajar mucho para mejorar el sistema de atención primaria de salud que está en una situación delicada. Se necesita aumentar la inversión, Perú es uno de los países de la región que menos invierte en salud, y hacer una profunda reforma y modernización del sistema sanitario. El tema de la salud debería ser una prioridad absoluta para el próximo gobierno”, le declaró a PáginaI12 el exministro de Salud Víctor Zamora.

Aumentaron el desempleo y la pobreza

Con la crisis de 2020, el PIB cayó once puntos, hay más de dos millones de nuevos desempleados y 3,3 millones han caído en la pobreza, la que se ha elevado de 21,2 a 31,1 por ciento, lo que significa un retroceso de diez años en su reducción. Además de esta cifra de pobreza, medida en términos monetarios, hay otro 35 por ciento considerado oficialmente no pobre pero que vive en situación de vulnerabilidad. La deuda externa, aunque sigue siendo baja en relación al PIB comparada con otros países de la región, subió de 27 a 36 por ciento del PIB. El déficit fiscal se elevó de 1,6 por ciento en 2019 a 8,9 por ciento en 2020.

“La magnitud de la crisis es enorme. La situación es muy grave, difícil, complicada. Se está recuperando el PIB, pero no el empleo. Para reactivar la economía se necesita un programa inmediato de inyectar ingresos a la economía, a través de inversión pública, créditos a las empresas y bonos de ayuda económica a la población. En Perú se entregaron solamente dos bonos universales de apoyo económico a la población durante la larga cuarentena (de unos 200 dólares cada uno). Estos bonos, además de ser una compensación por los efectos de la cuarentena, reducen la pobreza y tienen un contenido reactivador de la economía porque incrementan la demanda. El próximo gobierno debería entregar dos bonos universales a la población, pero lamentablemente ninguno de los dos candidatos contempla su entrega. No habrá reactivación económica si no se enfrenta y se vence la pandemia. Por eso es muy importante avanzar en la vacunación, que es lo que nos dará la inmunidad de rebaño”, le señaló a este diario el economista Humberto Campodónico, catedrático de la Universidad de San Marcos y columnista del diario La República.

El actual gobierno ha proyectado para este año un crecimiento del PIB de 10 por ciento, pero diversos economistas consideran optimista este pronóstico. A favor del nuevo gobierno jugará el alto nivel de los precios internacionales de minerales, como el cobre, que constituyen la principal exportación del país. 

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Arturo Cruz

Arrestaron al ex ministro sandinista al regresar a su país desde Estados Unidos

 

El candidato presidencial Arturo Cruz fue detenido este sábado en el aeropuerto de Managua cuando regresaba de Estados Unidos al ser sospechado de atentar "contra la sociedad nicaragüense", informó el Ministerio Público.

Cruz "está siendo investigado por la Policía Nacional por contar con fuertes indicios de que ha atentado contra la sociedad nicaragüense y los derechos del pueblo", señaló. La Policía Nacional comunicó a su vez que "realiza todas las diligencias investigativas pertinentes y remitirá al investigado a las autoridades competentes para su enjuiciamiento y determinar las responsabilidades penales".

De 67 años, Cruz presentó dos meses atrás su candidatura para las elecciones presidenciales del 7 de noviembre por la Alianza Ciudadana por la Libertad (CXL, derecha). Según la Policía se lo investiga por delitos contemplados en la Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo y Soberanía, aprobada en diciembre.

Esa norma castiga "actos que menoscaben la independencia, la soberanía y la autodeterminación, que inciten a la injerencia extranjera en los asuntos internos, pidan intervenciones militares, se organicen con financiamiento de potencias extranjeras para ejecutar actos de terrorismo y desestabilización".

Cruz fue embajador de Nicaragua en Estados Unidos entre 2007 y 2009, bajo el gobierno sandinista. Tras renunciar a ese cargo retornó a sus actividades académicas en el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE).

El candidato había viajado a Estados Unidos en una fecha no indicada y regresaba al país este sábado sin que se haya informado el motivo de su viaje. Un día antes de su detención había advertido a través de Twitter que consideraba retirarse de la contienda electoral. Si las autoridades nicaragüenses "continúan la danza de inhibiciones y quedamos sin otros candidatos lo lógico es que este servidor no participe en este proceso (...) hay que considerar seriamente participar en ese ejercicio espurio", escribió en la red social.

La detención de Cruz ocurre cuatro días después delarresto de la también aspirante opositora a la presidencia Cristiana Chamorro. Chamorro, de 67 años, estaría desde el miércoles incomunicada en su casa y bajo vigilancia policial, según denunciaron sus familiares. Numerosos países han reclamado al presidente Daniel Ortega su liberacióninmediata. Chamorro es la opositora con mayor respaldo ciudadano y se ubicaría segunda en las preferencias del electorado detrás de Ortega.

06 de junio de 2021

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 Simpatizantes del candidato a la Presidencia de Perú Pedro Castillo, se congregan para el cierre de su campaña de cara a la segunda vuelta presidencial del próximo 6 de junio, en la plaza Dos de Mayo, en Lima. — Stringer / EFE

Castillo ha encauzado la ira popular contra un aparato estatal pervertido por el abandono del interior, la corrupción sistemática y el modelo económico de libre mercado, que durante décadas ha dominado Perú y no ha sido capaz de sepultar sus enormes desigualdades.

 

Sin traje ni corbata, con sombrero "chotano" y un discurso descentralizado, Pedro Castillo encarna los valores humildes y campesinos de la zona andina del Perú, donde el candidato presidencial es aupado por maestros y agricultores, que ven en él una figura cercana y ajena a las élites limeñas.

"(Castillo) es pobre como nosotros, es una persona campesina. Él ha sufrido y ha vivido en carne propia como nosotros ahora estamos viviendo, trabajando con el sudor de nuestra frente", resumió a Efe la agricultora y vendedora de frutas Marcelina Condor. 

"Y cuando gane nos va a apoyar", agregó la joven desde el mercado municipal de Chota, capital de la humilde provincia homónima del norte de los Andes peruanos, perteneciente a la región de Cajamarca. 

Hijo de campesinos analfabetos, Castillo ha encauzado la ira popular contra un aparato estatal pervertido por el abandono del interior, la corrupción sistemática y el modelo económico de libre mercado, que durante décadas ha dominado Perú y no ha sido capaz de sepultar sus enormes desigualdades. 

Con una ligera ventaja en las encuestas frente a la derechista Keiko Fujimori, su rival en las elecciones del domingo, el candidato de Perú Libre -el "partido del lápiz"- tiene su bastión en el mal llamado "Perú profundo", ensalzado por el voto izquierdista pero conservador social de una población rural y pobre, relegada durante décadas por las élites capitalinas. 

La voz rural andina 

Como rondero, agricultor, maestro de escuela rural y sindicalista, Castillo ha logrado captar votantes fervientes entre los sectores más representativos de la sierra peruana, principalmente el magisterio rural y las rondas campesinas. 

Desde el distrito cajamarquino de Tacabamba, de donde es oriundo el candidato, el maestro Tomás Rolando aseguró a Efe que el postulante izquierdista es "el verdadero cambio que necesita la zona rural", sobre todo en materia de educación, salud y agricultura. 

"(Los maestros rurales) vivimos lamentablemente desabastecidos en todos los sentidos y la esperanza en el profesor Pedro está centrada en que él ha vivido nuestras experiencias de sacrificio y esfuerzo para trabajar en las zonas más alejadas", manifestó Rolando, quien antes de la pandemia se levantaba a las 3.00 de la madrugada todos los días para evitar llegar tarde a la escuela. 

El respaldo al paisano también es abrumador entre los campesinos de la región de Cajamarca, muchos de ellos ronderos, para quienes Castillo resulta una figura familiar, que luce como ellos el típico sombrero de paja y ala grande y acude a votar montado en una yegua. 

Y, claro, lo ven lejos de los enjuagues de la lógica centralista que encarna la hija y heredera política del expresidente encarcelado Alberto Fujimori (1990-2000), quien creció rodeada de guardaespaldas en el palacio presidencial. 

"Somos hinchas del lápiz porque queremos para la agricultura, pues esa la Keiko para la agricultura no ofrece nada", espetó a Efe el rondero Segundo, mientras labraba la tierra, sin soltar la pala de madera que sujetaban sus callosas manos. 

Le faltó tiempo para añadir, insatisfecho: "Somos del lápiz porque del otro (Fuerza Popular) no tenemos que ver ná". 

El rechazo a un modelo 

Para el sociólogo Pedro Sánchez, ese voto a Castillo revela a todas luces "el fracaso rotundo" de la reforma estructural que había iniciado el Perú en 2002 con el proceso de regionalización, impulsado durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) para superar el excesivo centralismo de Lima.

El maestro representa "ese reclamo de las provincias, del interior", que rechaza "un modelo que todavía no ha llegado homogéneamente a todos los sectores del país", resumió a Efe el docente principal de la Universidad Nacional de Cajamarca. 

En el mismo sentido se expresó el profesor de educación primaria Wilson Carranza, un vecino de Tacabamba convencido de que el Perú está "a un paso de consolidar la lucha del pueblo que ha venido año tras año organizándose, saliendo a las calles y reclamando sus derechos".  

"En nuestro Estado, lamentablemente, el poder ha estado solamente en un grupo, y eso ha llevado a que la clase trabajadora despierte y alce su voz", sostuvo a Efe Carranza, quien no pudo dejar de mencionar la gran huelga de profesores que lideró Castillo en 2017 y lo puso en el candelero mediático. 

Así, el apoyo sin fisuras detrás del candidato es también un altavoz del descontento de las clases populares al ver que los sistemas económico y político vigentes no han sabido resolver las enormes brechas sociales ni los han sacado de la pobreza. 

Arraigado antifujimorismo 

Tampoco serán pocos los que apostarán de mala gana por el maestro tan solo para evitar que Fujimori logre alcanzar el sillón presidencial. 

Para militantes "antifujimoristas", como la comerciante María Medina, los anticuerpos que genera la "trinidad" del padre, hija y espíritu constitucional de 1993 no les dejan otra opción que votar por el "nuevo". 

"Ya no queremos a gente corrupta y Pedro no tiene ninguna caída todavía", aseveró a Efe la mujer, en alusión a la acusación de más de 30 años de prisión que afronta la candidata de Fuerza Popular por presunto lavado de dinero.

Chota. 04/06/2021 17:25

Carla Samon Ros / EFE

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Pedro Castillo, el candidato de los «likes invisibles»

La campaña de Pedro Castillo en Perú careció, hasta último momento, de una estrategia profesional y programada en las redes sociales. Sin embargo, comunidades de usuarios lograron promover su imagen «desde abajo», particularmente desde Facebook, la red social a la que muchos daban por muerta.

Pedro Castillo, el sindicalista docente, ha sorprendido en todos los planos. Desconocido hasta el momento para el público general, el candidato del partido Perú Libre ha llegado al balotaje en Perú y competirá contra Keiko Fujimori, probablemente la política actual más conocida —para bien y para mal— en el país. Una de las facetas más sorpendentes de Castillo se vincula a su presencia (o, en realidad, a su ausencia) en las redes sociales. Cuando entró al balotaje, tenía apenas 3.000 seguidores en Twitter y en la actualidad tiene 79.000 contra más de un millón de Keiko Fujimori. De un modo irónico, podría haber sido inicialmente denominado «el candidato sin likes». Pero, ¿en qué medida ha sido así? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI —cuando los consultores en comunicación enfatizan permanentemente la importancia de una estrategia política integrada en las distintas plataformas— un candidato esté cerca de ganar la presidencia en estas condiciones? En última instancia, ¿cuál es la distancia entre las redes sociales y la «realidad»?

La política se basa en acuerdos. Por tanto, un cuadro político puede reunir los votos necesarios para ganar e incluso gobernar —y estar fuera de las redes sociales—, si tiene apoyo político suficiente. El ex-presidente uruguayo José «Pepe» Mujica, nunca tuvo un perfil oficial. Alberto Fernández, actual presidente de Argentina, no tenía más que 30.000 seguidores en Twitter cuando se conoció que sería quien enfrentaría al entonces presidente Mauricio Macri. En el caso de Alberto Fernández (hoy con 2 millones de seguidores) es evidente que recibió gran parte de esa nueva audiencia gracias a Cristina Fernández de Kirchner, puesto que llegó a esa posición apalancado por la estructura de militancia que construyó la actual vicepresidenta de Argentina. El caso de Castillo es completamente diferente, pues ninguna estructura previamente consolidada y unificada le cedió su capacidad de amplificación como para llegar a la instancia del balotaje. La microestructura de Perú Libre era desdeñable frente a semejante desafío. A escasos días del balotaje, resulta pertinente plantearse dos interrogantes. Por un lado, ¿qué elementos podemos tomar en cuenta entonces para explicarnos tamaña singularidad? Y por el otro, ¿qué puede enseñar esta experiencia atípica de comunicación digital que ha debido atravesar desafíos tan intensos en una brecha muy corta de tiempo?

 #MerinoRenuncia y la «Generación del Bicentenario»

Siguiendo la costumbre de Cronos, el sistema político peruano se come a sus propios hijos. Desde que se inició la investigación por el Lava Jato en Perú, no quedó ningún ex presidente en pie. Las acusaciones por corrupción los arrasaron a todos. La crisis política llevó, además, al nacimiento, en noviembre de 2020, de la llamada «Generación del Bicentenario», como se ha denominado al movimiento que salió a las calles a defender la democracia en el Perú.  Poniendo en discusión las severas desigualdades que atraviesan a la nación andina, la «Generación del Bicentenario» respondió también a la decisión del Congreso de sacar del poder a Martín Vizcarra (vice y luego sucesor de Pedro Pablo Kuczynski). El consultor político argentino Mario Riorda, lo calificó al hecho de histórico, por producirse «en el país con mayor desafección política de la región». Con el hashtag #MerinoRenuncia como insignia, los jóvenes inundaron Facebook, Instagram y TikTok.

El enorme potencial de la Generación del Bicentenario tuvo también su expresión en Twitter, como lo hizo notar Julián Macías Tovar, analista de redes sociales vinculado a Podemos (España) y responsable de Pandemia Digital. Macías Tovar logró exhibir la monstruosa superioridad de las comunidades que forzaron la caída del gobierno interino de Manuel Merino en la conversación de Twitter, dejando ver la potencia del uso de determinados hashtags (#MerinoNoEsMiPresidente con más de 370.000 tweets y #MerinoNoMeRepresenta con más de 130.000).

Desde el Perú rural (¿desconectado?) hacia la burbuja de Lima

Pocos meses después de las movilizaciones que echaron a Merino, se produjo la primera vuelta presidencial que colocó a Pedro Castillo y a Keiko Fujimori en el balotaje. Para Giovanna Peñaflor, analista política peruana y directora de Imasen, el fenómeno de Pedro Castillo está asociado a una peculiar catalización política proveniente del Sur peruano: «Hay que notar que el sur se viene manifestando de forma distinta al resto del país en cada proceso electoral (...) Es como una fuerza que cuestiona al establishment o a lo que se considera el statu quo. En algún momento fue Toledo, Humala, hoy Castillo. Hay que recordar que en el sur se dio con mayor fuerza el terrorismo y allí está una de las fuentes de la mayor generación de riqueza en el Perú, la gran minería. Donde la gran minería está presente, Castillo ha tenido una votación mayor. En el sur queda clara la incapacidad de los gobiernos para integrarla, salvo Arequipa que logra de alguna manera insertarse en el desarrollo con el tema extractivo».

A la hora de analizar un fenómeno político producido en esa zona del país, especialmente cuando no ha sido advertido en su desarrollo por la intelligentsia del país concentrada en Lima, surge lo siguiente. Dado que la preeminencia de Keiko Fujimori se da fundamentalmente en Lima y la de Castillo en el interior, ¿puede relacionarse esto con la menor conectividad de las regiones en las que Castillo se hizo fuerte? ¿O simplemente, como se viene señalando en otros casos a nivel internacional, tiene que ver con que en las redes nos retroalimentamos en burbujas con usuarios que piensan parecido a nosotros?

Por un lado, hay que observar que en Lima Metropolitana, entre la población de 6 años de edad o más, más de 80% se encuentra conectada a internet desde sus casas, mientras que en el resto del país ese porcentaje de conexión apenas supera el 40%. Sobre quienes sí acceden, se sabe que un 90% lo hace desde sus teléfonos móviles. Por otro lado, según un estudio de IPSOS de 2020, «13,2 millones de peruanos conectados son usuarios de redes sociales». Sobre esa masa, la penetración la lidera Facebook con el 94%, seguida de WhatsApp con el 86%, Instagram con el 60%, Twitter con el 29% y TikTok con el 18%.

Contra la percepción de que la desconexión del Perú rural habría sido la razón objetiva que impidió ver el avance de Castillo, varias señales permitieron advertir que el maestro de izquierda estaba posicionándose, no solo en el mundo offline, sino también en las redes sociales. Así lo documentó el cronista peruano Fernando Vivas, al citar un boletín de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica y Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

Vivas lo resume de la siguiente manera: «Pedro Castillo era el segundo candidato que más había crecido en cantidad de seguidores y de likes en Facebook entre el 5 de enero y el 15 de marzo, un mes antes de las elecciones (...) Había aumentado en 66,7% su número de fans (de 33,132 a 55,236), solo superado por Rafael López Aliaga, que lo hizo en 182,6% (de 23, 450 a 66, 372). En verdad, es poco en comparación a Keiko y a Humala que superan el millón en sus fanpages, y figuras como la candidata de izquierda Verónika Mendoza, con alrededor de medio millón. Sin embargo, todos estos crecieron poco o nada en el mismo periodo».

Al observar el boletín de la JNE observamos que el crecimiento en likes de Pedro Castillo es de 305,8%, justo detrás del ultraconservador López Aliaga con 678,5%. Como señala Vivas, «López Aliaga fue un fenómeno en todos los medios y redes, y su crecimiento en intención de voto fue registrado en las encuestas mucho antes que el de Castillo. Aparecía profusamente en la televisión y la prensa escrita (...) Era un outsider que tenía algo de insider peleonero. Y tenía la simpatía de un canal, Willax, que amplificaba todo lo que hacía y decía. En Twitter, la red oficial de los políticos era hiperactivo, con una cuenta que creó en el 2014 y que tiene 102.000 seguidores» (actualmente tiene más de 120). En la primera vuelta, Castillo obtuvo un 19,1%, Keiko un 13,3% y López Aliaga 11,7%.

Activismo digital e instalación «desde abajo»

 En un artículo muy ilustrativo, la corresponsal Jimena Ledgard declara que la aparición sorpresiva de Castillo en el primer puesto durante la primera vuelta «llevó a los comentaristas limeños a declarar que ‘el Perú sin internet ha hablado’, ofreciendo así una conveniente explicación frente a la inesperada victoria. Pero una conversación con los simpatizantes rurales y de clase trabajadora de Castillo revela una historia más compleja». Ledgard sostiene que «algunos jóvenes rurales peruanos desafían incluso más el estereotipo de que sus regiones están fundamentalmente desconectadas. El hashtag  #PedroCastilloPresidente tiene más de 7,7 millones de vistas en TikTok, con muchos de los creadores provenientes de zonas rurales en los Andes. Y aunque Castillo no tiene una página validada en Facebook (aunque actualmente ya han logrado verificar un perfil oficial), docenas de grupos en esta red social han aparecido orgánicamente para expresar su apoyo al candidato».

Tanto Ledgard como Vivas señalan la importancia de los grupos de Facebook pro-Castillo. Por su dinámica, los grupos de Facebook pueden ser públicos o privados. Entre ellos se cuentan Pedro Castillo Presidente 2021 (268.000 miembros), Pedro Castillo Presidente del Bicentenario (59.000 miembros), Pedro Castillo en Segunda Vuelta (62000 miembros), Todos con Pedro Castillo rescatar al Perú más Salud y Educación (43.300 miembros) o Pedro Castillo «Presidente de los Pobres» (43.400 miembros), incluyendo al menos a diez grupos de varias decenas de miles de miembros. Vivas señala que estos grupos se transformaron en un hervidero poco antes de la primera vuelta. De cara al balotaje, muchos de ellos superan las 800, 900, y hasta 1.700 publicaciones diarias.

Según Ledgard, también los grupos de Facebook por región son muy activos. Por ejemplo, Pedro Castillo Presidente-Región Cusco (39.400 miembros). «Nuestro enfoque es descentralizar la política. Por eso dejamos que las regiones hablen por sí mismas. Esto incluye las estrategias de comunicación. Damos algunas pautas a los seguidores de cada lugar, pero dejamos que ellos hagan sus propios spots», le explicó el politólogo Franco Pomalaya Neyra a Legard. Pomalaya Neyra es parte del equipo de redes de Perú Libre y está encargado de las transmisiones en vivo, proveniente del Colectivo Dignidad.

La gran pregunta es: ¿cómo han surgido estas fogosas comunidades que han instalado «desde abajo» al maestro izquierdista en la pelea electoral? La crónica de Fernando Vivas ofrece algunas pistas muy valiosas para entender este proceso a partir de registrar los cambios de denominación de varios de esos grupos de Facebook. «El grupo Pedro Castillo Presidente recién ha tenido su bautizo castillista el 12 de abril. Antes se llamó Folklor Peruana y antes de eso Programa Nacional Juntos Empadrona a tu Menor Hijo para Bono 200 soles. Esa ruta puede dar una idea de los motivos comunes que se traslapan en pocos meses: del impacto de la pandemia y la crisis, al cultivo del folclor y sus recompensas ‘identitarias’, y a la afección política en contexto electoral polarizado (...) El grupo Pedro Castillo Presidente 2021 se bautizó así el 9 de febrero último, pero sobre la base de otro grupo creado en el 2017 con el nombre Plazas Vacantes para los Docentes Perú. No es difícil inferir, en este caso, el entusiasmo de profesores con un candidato de origen y de agenda magisterial». 

Vivas continúa: «Comparamos el historial de los grupos de Castillo con el de los grupos más numerosos de apoyo a Keiko Fujimori y vimos que, en todos los casos, nacieron asociados a ella (...) En cambio, con Castillo es común esta reconversión, sino en los integrantes, al menos en los administradores del grupo, desde intereses ajenos a la política. He ahí el fenómeno de la novedad del outsider dejando una huella perfectamente legible en las redes». Vivas destaca que otros grupos pro-Castillo surgieron también con denominaciones en apoyo a otros líderes políticos como Francisco Sagasti o Daniel Urresti y advierte en ello una metabolización hiper-dinámica del proceso de toma de conciencia de «la Generación del Bicentenario».

En los grupos de Facebook, los simpatizantes de Castillo participan de discusiones políticas, comparten videos, artículos, memes y también se entrelazan íntimamente a través de WhatsApp. De esta manera, los grupos de Facebook se transforman en la punta del iceberg de una red mucho más cercana e irrastreable. La importancia de los grupos de WhatsApp (que tienen como límite inalterable los 256 miembros), ya la hemos visto en la campaña de Jair Bolsonaro, con la sutil diferencia de que aquí no ha operado ninguna empresa ni ningún mecanismo malicioso para enviar mensajes artificiosamente. Para poder conocer la actividad de estos grupos, Vivas sumergió en WhatsApp a un colaborador anónimo. Tras la investigación, aclara que en los grupos de WhatsApp «encontramos mensajes más íntimos y emocionales, subrayados con emoticones; además de mayor interacción y conversación. Las coordinaciones para reclutar personeros, por ejemplo, pasan más por estos grupos. En los grupos de Facebook prima la propaganda». Además, sostiene que «si en el Twitter prima la confrontación y la polarización, aquí son los mensajes de adhesión», y destaca las siguientes temáticas: «rechazo al ‘terruqueo’ a Castillo, el conservadurismo en materia de derechos (a un fan le asquea que Verónika Mendoza apoye el matrimonio gay) y las pocas menciones a Vladimir Cerrón (fundador de Perú Libre y gobernador de Junín acusado de corrupción)». Finalmente, Vivas subraya que «incluso en el grupo Perú Libre Ayacucho (...) en un post colocan un directorio de 40 grupos de WhatsApp que lo apoyan. Es común encontrar invitaciones específicas a agregarse a grupos de esa naturaleza».

Por todo esto, el investigador de la PUCP, Eduardo Mansilla Villanueva, argumenta en su texto «Las redes sí son el Perú. Sólo hay que saber cómo mirarlas» que «muchos repiten el mantra de ‘el Perú no es las redes’. En realidad, lo que quieren decir es que el Perú no es su red, aquella que les decía día a día que había un montón de conocidos entusiastas negando la realidad».

La confusión de activos digitales: un panorama propicio para las fake news

Las elecciones suelen desarrollarse alrededor de una pregunta. La lucha por formular esta pregunta, la mayoría de las veces define al vencedor. Pues es bien sabido que los comicios no se definen por los núcleos duros. La clave suele estar en un porcentaje que decide su voto más cerca de la elección. Se trata de un público que suele combinar sus posiciones de formas más difíciles de captar en los estudios preelectorales. Y es precisamente para movilizar a ese sector que resulta fundamental definir el marco, lo que está en juego en la votación.

Para inclinar la balanza en su favor, Keiko Fujimori cuenta con un enorme aparato de comunicación digital. Como lo explica Héctor Venegas Díaz, de Politólogos Digitales: «El fujimorismo (...) tiene experiencia articulando pequeñas agencias con actores políticos o con la campaña central. Estos outlets o páginas satélites que también sirven para poner contenidos pueden ser mejor recibidos en vez que salieran en fan page de Keiko Fujimori o una que tenga el nombre del partido». Todo un gigantesco ecosistema –que lideran los grandes medios peruanos– blande en favor de Keiko una campaña «contra el comunismo» que según ellos representa Castillo, reforzando la imaginería de que un gobierno de Perú Libre sería «dictatorial como Venezuela y Cuba».

Las fake news están dirigidas a definir al segmento intermedio de indecisos. La campaña de Perú no podía ser la excepción. Aunque luego se derramen a todas las redes sociales, Twitter es el terreno más favorable a la difusión de las fake news, dada su mayor tolerancia a los bots y su prácticamente nulo control en la veracidad de los perfiles. Cuando Castillo venció en primera vuelta logró alzarse con 50.000 menciones, seguido por 35.000 menciones a López Aliaga y 22.000 menciones a Keiko. En definitiva, como señaló el experto en comunicación política Ignacio Ramírez, «la distribución de opiniones de la sociedad, que es lo que importa, no está reflejada en Twitter. Twitter no es representativo de nada, salvo de sí mismo». Nada más, ni nada menos.

Julián Macías Tovar investigó una acción sucedida el pasado 12 de mayo en la cual seguidores de Keiko Fujimori se concentraron frente al Hotel Sheraton de Lima «insultando a Pablo Iglesias creyendo o simulando que creían que se reunía con Pedro Castillo». Todo comenzó con una cuenta falsa de Perú Libre (@2021Libre, actualmente suspendida por la plataforma y que según el análisis de Macías Tovar pertenecía a opositores venezolanos). Desde esta cuenta, «anunciaron esta reunión que grandes medios nacionales e internacionales difundieron como si fuese real». Hasta Infobae, uno de los principales medios digitales en español de América Latina, se hizo eco. También publicaron el apoyo de Perú Libre a una supuesta agresión en un acto de Keiko lanzándole una piedra.

Esta cuenta ya había generado previamente otro daño contra Perú Libre, publicando un documento que, supuestamente, habrían firmado el 1 de mayo una serie de representantes del partido. Allí se sostenía que Castillo «no participaría de los debates de segunda vuelta de las elecciones Generales 2021 organizados por el Jurado Nacional de Elecciones». Este mensaje «circuló por redes sociales y mensajes en WhatsApp. Sin embargo, era falso», tal como lo explicó la periodista Karem Barboza Quiroz en El Comercio. Poco antes de ello, a pesar de negar que fuera un canal oficial de Perú Libre, los agentes de prensa de la organización de Pedro Castillo creían que la cuenta pertenecía a simpatizantes.

Todo esto revela, por un lado, que el poco organizado equipo de prensa de Pedro Castillo tenía plena conciencia de que la campaña en redes por su candidato obedecía a una lógica «desde abajo» y, por otro, de que para poder ordenar un choque político-partidario en presencia de los grandes actores de la opinión pública, como la televisión y los aparatos políticos vinculados al establishment, era precisa la profesionalización.

Un orden precario bajo el potente paraguas del anti-fujimorismo

Desde la primera vuelta, el equipo de prensa ha podido construir un equipo de redes. La dependencia de un esquema tradicional extrapolado a lo digital resulta evidente, pero eso no es ni puede ser el centro de las preocupaciones. El principal desafío pasó por centralizar la palabra y la imagen de Castillo en canales oficiales que sean reconocidos por la mayor cantidad de usuarios posibles, para evitar la dispersión y las confusiones.

A pesar de ello, la recta final no estuvo exenta de contratiempos. Los periodistas Diego Quispe y David Pereda sostienen que «la campaña de Castillo Terrones tuvo tropiezos y desorden en sus páginas oficiales. El 14 de mayo, el postulante colocó en Twitter una ilustración con la frase «Antes un dictador, ahora un profesor». El posteo se interpretó literalmente como que el docente cajamarquino es un totalitario rehabilitado. A pesar de su exponencial crecimiento en Facebook y Twitter, Castillo no explota Instagram ni tiene un TikTok oficial. Para Quispe y Pereda esto «evidencia su hermetismo electoral».

El publicista peruano Milton Vela, de Café Taipa, sostiene en el mismo artículo que en Fuerza Popular, la fuerza fujimorista, hay «más articulación en redes sociales que en Perú Libre, pero enfrenta una comunidad que favorece a Castillo por rechazo al fujimorismo, una espontánea organización más articulada por tener jóvenes con alta cultura digital que se moviliza». Allí reside la verdadera fortaleza de Castillo de cara a la segunda vuelta el 6 de junio: en las multitudinarias acciones callejeras y digitales que se desenvuelven en la última semana de campaña bajo los lemas #KeikoNoVa o #FujimoriNuncaMás.

Más allá del resultado final, el caso de Castillo exhibe con claridad la importancia de recordar que, como afirma Eduardo Mansilla Villanueva, las redes sociales son, ante todo eso: redes. Es decir, no son simplemente medios sociales (como los denominan algunos), sino fundamentalmente tramas de interacción configuradas por patrones de sociabilidad comunes. Y, en ese plano, para una amplia cantidad de segmentos sociodemográficos (en Perú y en muchos otros países), la forma de expresión y conexión que privilegia Facebook, así como la penetración que brinda, tiene la capacidad de ofrecer todavía una muestra mucho más significativa de procesos que anidan en el interior de los electorados que los datos más abiertos y más fácilmente obtenibles de Twitter.

La monitorización de comunidades en Facebook (especialmente restringida debido al Reglamento General de Protección de Datos y el escándalo de Cambridge Analytica), así como la investigación de conversaciones en WhatsApp (harto dificultosa por su oscuridad y privacidad), pueden ser, a pesar de su complejidad, tan o más provechosas para entender qué pasa en amplios segmentos de la opinión pública que los cada vez más extendidos análisis de datos de Twitter.

Nadie sabe demasiado qué desenvolvimientos se están produciendo a gran escala en esos ámbitos cerrados y semicerrados, pero sin dudas habrá que profundizar los muestreos y prestar atención a esos «likes invisibles». Mientras TikTok marca la era de los microvideos e Instagram busca mantenerse en la pelea por medio de los reels, el partido del lápiz, desde tierras andinas, nos sugiere un slogan inesperado: Facebook not dead

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Castillo y Fujimori cierran la campaña más polarizada en décadas en Perú

Los candidatos cerraron sus campañas con miras a la segunda vuelta de las elecciones. Estos mítines fueron el colofón de una de las campañas más polarizadas de las últimas décadas en el país.

 

Con promesas de un cambio de sistema o de "salvar" al país del "comunismo", así como de vencer a la pandemia de la covid-19, los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori cerraron sus campañas proselitistas con miras a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que disputarán este domingo en Perú.

El izquierdista Castillo y la derechista Fujimori protagonizaron este jueves multitudinarios mítines en la céntrica plaza Dos de Mayo y el distrito de Villa El Salvador, respectivamente, a pesar de que tanto el Gobierno como la Municipalidad de Lima recordaron que están prohibidas las concentraciones por la emergencia sanitaria.

Sin que las autoridades intervinieran para impedirlo, estos mítines fueron el colofón de una de las campañas más polarizadas de las últimas décadas en un país enfrentado entre las propuestas de cambio económico y político o de defensa del "modelo" neoliberal que impera desde hace tres décadas en Perú.

En los comicios del domingo, que todas las previsiones indican que serán peleados "voto a voto", se elegirá al gobernante que tomará la posta del interino Francisco Sagasti desde el próximo 28 de julio, el día del bicentenario de la independencia peruana.

Castillo llama al cambio

En un mitin de cierre multitudinario, y arropado por el clamor de sus partidarios, Castillo afirmó que en Perú "ha llegado el momento de no mirar ideologías, ni el color de la piel" para "concretar el clamor del pueblo" de un Gobierno que recupere "la riqueza para tener un país industrializado y próspero".

El candidato del partido ultraizquierdista Perú Libre se dirigió a sus seguidores desde el balcón de la sede de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), la mayor central sindical del país, para decirles que espera que "se vea concretado el clamor del pueblo de acá a unas cuantas horas".

Aseguró que, de ganar las elecciones, el suyo será "un gobierno del pueblo para reivindicar al pueblo" y reiteró propuestas como "recuperar" el gas natural del yacimiento de Camisea y "convocar a una Asamblea Nacional Constituyente" para cambiar la Constitución de 1993, promulgada durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), el padre de Keiko.

Castillo enfatizó, sin embargo, que va a ser respetuoso de la actual Constitución "hasta que el pueblo lo decida" y pidió "tranquilidad" al pueblo peruano y a los empresarios tras rechazar las acusaciones que afirman que es "comunista", "chavista" y quiere "robar" la propiedad privada.

También reiteró su compromiso de lograr que todos los peruanos mayores de 18 años estén vacunados contra la covid-19 el próximo 31 de diciembre y de trabajar para recuperar la economía nacional, duramente golpeada por la pandemia.

Fujimori lucha contra el "comunismo"

En Villa El Salvador, en la zona sur de la capital peruana, Keiko Fujimori protagonizó otro multitudinario mitin en el que pidió a sus compatriotas que apoyen su candidatura para "salvar a Perú del comunismo".

Acompañada por personajes como Álvaro Vargas Llosa, hijo del premio Nobel Mario Vargas Llosa, que hasta hace pocas semanas era su más acérrimo enemigo, la candidata del partido derechista Fuerza Popular refrendó la noción que esgrimió durante toda la campaña de que el voto no es por ella, sino por el "futuro" del país.

Fujimori ratificó también varias de sus propuestas de campaña, orientadas a que Perú logre "dar un cambio, pero no hacia atrás, sino adelante" y afirmó que impulsará el control de la covid-19, construirá nuevas postas médicas y hospitales, abrirá cien plantas de oxígeno e iniciará una masiva campaña de vacunación.

Reiteró, además, que impulsará la apertura de pymes con exenciones a la tributación y a la exigencia de licencias para operar, buscará la construcción de "formalidad" y que la hacienda peruana dejará de perseguir "abusivamente" a los emprendedores.

La candidata, quien niega que sus numerosas propuestas de gasto sean populistas y asegura que cuentan con la debida financiación, habló de dar créditos por unos 2.500 millones de dólares para los pequeños negocios e insistió en la entrega de un bono de 2.500 dólares a cada una de las más de 185.000 familias con víctimas mortales de la covid en el país.

Con estas concentraciones masivas, en las que no se respetó las normas mínimas de seguridad sanitaria ante la pandemia, los dos candidatos cerraron sus campañas hacia el balotaje, en el que participarán más de 25,2 millones de peruanos para elegir a su presidente para el período 2021-2026.

Lima

04/06/2021 02:02 Actualizado: 04/06/2021 09:09

David Blanco Bonilla (EFE)

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