Ecuador:  balance del paro nacional. Habla Jaime Vargas, presidente de la Conaie

Entrevista de Gloria Muñoz Ramírez

Quito, Ecuador. En octubre de 2019 Ecuador vivió un levantamiento popular con el involucramiento de todos los sectores sociales del país. La participación de los pueblos indígenas definió la derogación del decreto 833 con el que el gobierno de Lenín Moreno pretendía eliminar el subsidio a los combustibles, haciendo así imposible la vida. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) fue clave durante los 13 días del Paro Nacional en el que el Estado reprimió las movilizaciones, dejando un saldo de 11 muertos y cientos de heridos y detenidos. Jaime Vargas Vargas, presidente de la Conaie desde 2017, fue uno de los dirigentes de la protesta emblemática. De origen amazónico, Vargas hace una valoración del levantamiento indígena y popular, repasa lo que significó para los pueblos la llegada de los presidentes Rafael Correa y Lenín Moreno “de supuesta izquierda”, y habla de los planes electorales de la Conaie, que no se descarta para la contienda presidencial.

–¿Cuál es la valoración que hace la Conaie del proceso del paro nacional y levantamiento indígena de octubre?

–El levantamiento de octubre fue diez veces más grande que el primer levantamiento de 1990. Hemos posicionado la fuerza política, ideológica y de resistencia. En estos últimos 12 años, los pueblos y nacionalidades hemos estado viviendo un momento muy crítico, de atropello a nuestros derechos humanos, despojos de nuestros territorios, invasiones de las transnacionales, pero hemos resistido desde nuestras bases. Durante estos 12 años hemos estado llenos de persecución política. Muchos líderes fuimos declarados terroristas, secuestradores, subversivos, guerrilleros, de todo nos han calificado. Pero ésa es nuestra dinámica de seguir luchando.

–¿En qué momento político y organizativo se encuentra la Conaie?

–En este momento, luego del paro nacional, la Conaie se posicionó como una de las organizaciones más fuertes en el Ecuador y en toda América Latina, porque hemos despertado a todos los pueblos en América. La Conaie es una organización nacional que ha hecho escuchar su voz y se ha hecho respetar. En anteriores movilizaciones la Conaie sacaba a su gente, hacía una marcha y a veces teníamos que paralizar, pero la gente de la ciudad nunca salía o nos decían que éramos indios y que nos regresáramos a la selva, que éramos vagos, que solamente éramos atrasapueblos que veníamos a ensuciar las ciudades. Pero esta vez no. Tuvimos otra plataforma, otra forma de pensar, con la interculturalidad del pueblo ecuatoriano. Era no pensar en mí, sino en que mi lucha debía ser para la sociedad, para un pueblo organizado.

Se derogó el decreto 883 impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y eso quiere decir que se luchó para el pueblo ecuatoriano, para los 16 millones de ecuatorianos. Sólo 1 por ciento, los banqueros y los que se creen dueños de la patria, dijo que los indígenas no los representamos. Nosotros dijimos que claro que nunca los vamos a representar, así como ellos tampoco nunca nos van a representar a nosotros. La Conaie representa a las 15 nacionalidades y 18 pueblos, a las organizaciones sociales. Y eso es lo que hemos hecho. Cuando estaba Correa nos decían que la patria era de todos, ¿pero qué patria es de todos? La que está llena de corrupción, de odio, de discriminación, de racismo, de desigualdades, de injusticia social, de asesinatos e inseguridad nacional.

–¿Cómo vivieron ustedes el proceso de su lucha en el gobierno de Rafael Correa y el discurso progresista?

–En tiempos del expresidente Correa el movimiento indígena vivió un momento muy crítico porque dividió a las organizaciones, a los pueblos y nacionalidades. Había un grupo que defendía al correísmo y había otros que defendían a su pueblo. En la Amazonía tenemos a la organización histórica de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniaie) y ahí había dos presidentes de la misma organización. Uno avalado por el correísmo y otro por el gobierno tradicional. Unos gritaban por el correísmo, otros por su libertad, por el territorio. Eso es lo que vivimos.

–¿Y con los megaproyectos en los territorios indígenas qué pasó?

–Hubo gente que decía sí al correísmo e iba a favor de las transnacionales. Entonces había una pelea entre nosotros, había amenazas en nuestras comunidades. Había quienes defendían la minería, el petróleo, la consulta, el convenio. Eso ha pasado en todo el mundo y por eso han desaparecido pueblos indígenas, por los intereses económicos. Los gobiernos neoliberales tienen que asesinar, tienen que matar al pueblo para acabar con él y quedarse con sus territorios para sacar los recursos que necesitan.

¿En Bolivia a quién están matando? ¿A un banquero? ¿A un empresario? ¿A una derecha? Asesinan a los indígenas, y eso es lo que nos indigna a nosotros. En Chile están matando al pueblo mapuche, en Colombia al pueblo nasa, al pueblo indígena, al campesino, al que lucha por defender su territorio y su derecho. En México han matado al campesino, en Brasil a los pueblos indígenas. Los grandes empresarios quieren acabar con todo. En Perú acabaron con el movimiento indígena, con los hermanos awajún, aquí han asesinado a los shuar, achuar, kichwa.

–¿Qué es lo que pasa cuando presidentes como Rafael Correa o Lenín Moreno se presentan como progresistas o de izquierda y promueven proyectos extractivistas?

–Rafael Correa y Lenín Moreno decían que eran de la izquierda progresista y ahora están con la derecha, en vez de entregarse al pueblo. Por eso es importante la oposición. Mucha gente del gobierno piensa que la oposición es un enemigo y tiene que pelear contra ella. Escuché un discurso medio favorable del nuevo presidente de Argentina que decía que la oposición que perdió no será su enemigo, sino una persona que le permita avanzar. A ver si lo cumple.

La oposición te permite mejorar tu pensamiento y tu estrategia de gobierno. Se trata de conversar y asegurar que no vas a aceptar sus intereses personales, pero sí los colectivos que generen desarrollos para el país. Aquí en el Ecuador se explota desde hace más de 40 años, pero nuestras comunidades siguen viviendo en la miseria. Por eso decimos que no somos pobres, sino que nos hicieron pobres. Trajeron la pobreza a nuestros territorios, que son ricos. La gente pobrepobre vive en las ciudades llenas de criminales, prostitución, alcoholismo, drogadicción, corrupción. No tienen ni ríos dónde bañarse.

El Sumak kawsay del que hablamos en la Constitución es vivir en nuestro mundo, que si te enfermas encuentras la farmacia en la selva, donde el mercado es libre porque un niño puede tomar un anzuelo, coger un pescado y cocinar.

–¿Cuál es la situación en Ecuador respecto a las consultas sobre proyectos en territorios indígenas?

 

 –Aquí está el derecho a la consulta previa, libre e informada, pero no hay una herramienta o mecanismo que garantice este proceso, porque no es vinculante. He estado reunido con todos los pueblos de América Latina y tenemos la misma situación y la misma problemática de invasiones, de asesinatos, de criminalización, de despojo y consultas. Cuando hablamos de consulta no sólo está enfocado al tema del extractivismo, sino también a la construcción de vías y de grandes proyectos.

En el Ecuador el derecho a una consulta no garantiza nada, porque preguntan y dices que sí o que no pero ellos en el gobierno toman las decisiones y aplican la ley. Ese es uno de los problemas. En las consultas llegan y te dicen, “miren compañeros indígenas, ustedes no tienen agua potable, sus hijos no tienen becas, pero habrá bonos solidarios, bonos de vivienda, becas y cada dirigente ganará dos mil dólares”. ¿Eso es consulta o es engaño? La gente acepta, pero no les dan ni proyecto ni los dos mil, solamente trago, pan, coca cola. Eso pasó en Ecuador durante estos años, son las estrategias para engañar a los pueblos indígenas desde el Estado y las transnacionales.

–¿Cómo fue el diálogo de la Conaie con el gobierno durante el paro y qué proceso siguió? ¿Qué pasó con el Parlamento de los pueblos?

–Nunca hubo diálogo ni negociación. Lo único que hicimos fue decirle al gobierno que ese decreto no lo aceptaba el pueblo ecuatoriano, porque se afectaba todo y se decretó sin consulta. De ahí el levantamiento. Se instaló la mesa técnica no para dialogar, sino para debatir, que es otra cosa. Dijimos que no discutiéramos sólo el subsidio, sino también la política económica del país. Le dije al ministro de Economía Richard Martínez que necesitábamos que trajera todos los contratos petroleros para revisarlos y saber cómo estaban funcionando las empresas públicas, bajo qué términos llegaron los acuerdos con el FMI, qué busca el Fondo, dijimos que queremos discutir también el tema de la deuda externa con China. Nos dijo que eso lo podíamos discutir después. En este contexto la Conaie convocó y abrió el abanico para que llegaran todos los sectores sociales e instaló el Parlamento de los pueblos, nacionalidades y organizaciones sociales, con casi 200 organizaciones del país con las que discutimos la parte económica, política y social-ambiental. Debemos discutir qué vamos a hacer. Hablar sobre el extractivismo, sobre las inversiones internacionales. Definimos una propuesta del pueblo ecuatoriano y el gobierno debe cumplirla. No debe ser una propuesta del indígena, no de un sector, sino del pueblo ecuatoriano. Y así estamos, eso estamos construyendo en este momento. Eso es lo que habla el parlamento de pueblos, nacionalidades y organizaciones. Están los estudiantes, los académicos, nuestros científicos, todos.

–¿Cuál es la postura electoral de la Conaie?

–Estamos pensando en una posición electoral. No puedo decir nada oficialmente, pero ese es el camino. Cuando te proyectas a ese nivel tienes que empezar desde abajo, y para eso tenemos que construir una plataforma de unidad, de acuerdos, de todo. No sería impensable un candidato de la Conaie para la presidencia. Cuando salgo la gente a veces me saluda llamándome el próximo presidente de la República, lo mismo le sucede a Leonidas Iza. Lo dice el pueblo.

–Un presidente indígena parece que no es garantía de nada...

–El presidente puede llegar a ser indígena, puede ser cholo, puede ser afro, puede ser hombre o mujer, un campesino, una maestra, un abogado, pero que sea presidente del pueblo. Ser indígena no garantiza exactamente ser bueno, es cierto.

–Hay ejemplo ya en otros países...

–Bueno, no puedo hablar de Bolivia, pero están ahí las cosas. Puede ser un indígena que sea más derechista que cualquiera, pero todo depende de cómo actúen.

–¿Y tampoco se garantiza el plurinacionalismo?

–Ser indígena tampoco garantizaría el plurinacionalismo, eso se debe construir entendiéndonos, participando, debatiendo. El gobierno no puede construir solito un Estado plurinacional. Sin indígenas, no se puede construir, sin mestizos tampoco. Si el policía se pone una whipala ya dicen que es plurinacional, pero eso no es. El Estado plurinacional es garantizar derechos, tomar decisiones, hablar de libertades, de autonomía, de verdadera justicia social donde la gente viva feliz. Pero para llegar a eso hay que hacer un trabajo duro y complicado.

–Pero a la derecha no le va a gustar…

–Nuestros militares y policías se han hecho robocops, pero esperemos que no se transformen en Power Rangers. Nosotros los pueblos y las nacionalidades estamos también organizados, estamos viviendo en nuestros territorios. No estamos armados, estamos decididos a defender el territorio, la patria, la soberanía nacional, a hablar de derechos humanos, de libertades. El Estado invierte casi dos mil millones de dólares anuales para sostener a la policía y las fuerzas armadas.

¿Qué beneficio sacamos? El Estado tiene miedo. ¿Por qué están armándose? ¿Es guerra con quién? Con el pueblo. Así no se construye ni se hace un buen gobierno, eso no significa ser un gobierno de todos. Habrá que dialogar y reclamar nuestros derechos, pero parados. Yo no tengo miedo al gobierno, pero sí algo puedo temer a la derecha, porque son terribles. Hemos recibido amenazas. Anteayer dejaron un mensaje en el departamento en Puyo y sólo pensé, “está bien, si creen que matando o amenazando a un dirigente indígena van a sacar algo es mejor, pero es encender, es explotar”.

–¿Coincide con que es tiempo de los indígenas y de las mujeres?

–Es tiempo de la juventud, de los pueblos indígenas en América Latina y del mundo. Es el momento. Tenemos toda la capacidad de decidir y de demostrar que hay una posibilidad. Es tiempo de las mujeres también. Hay grandes lideresas.

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Francia: la huelga contra la reforma de pensiones bate records

Las huelgas en los transportes, que hicieron de las fiestas navideñas un rompecabezas para la gente, superaron incluso las que paralizaron al país en 1995 y 1986.

Cambió el año, aunque no el conflicto. El movimiento social que estalló el 5 de diciembre de 2019 contra la reforma del sistema de pensiones promovido por el presidente Emmanuel Macron continúa en plena vigencia. Es, hoy, la crisis social más extensa de la historia contemporánea. Las huelgas en los transportes, que hicieron de las fiestas navideñas un rompecabezas para la gente, superaron incluso las que paralizaron a Francia en 1995 cuando el entonces primer ministro liberal Alain Juppé presentó una reforma sobre el mismo tema.


En 2020, tanto la presidencia como los sindicatos, incluidos los reformistas, mantienen sus posiciones. Durante el saludo de Año Nuevo, Emmanuel Macron reiteró que “el proyecto se llevará adelante”. El jefe del Estado volvió a defender la idea según la cual se trata de “un proyecto de justicia y de progreso social”. Esa era en todo caso la filosofía que figuraba en la plataforma electoral de Macron durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2017.


La idea de una reforma del sistema de pensiones ya aparecía en las propuestas y apuntaba a transformar el actual sistema por una “jubilación universal por puntos” y terminar así con los 42 regímenes jubilatorios existentes. El proyecto inicial, cuya meta consistía en “renovar el modelo social”, pasó a ser un factor de confrontación.


El Ejecutivo mantuvo sus intenciones difusas y cuando al fin detalló el contenido de la reforma surgieron tres dudas: una, el valor real del punto: dos, la casi certeza de que, envuelta en una retórica de caramelo, la reforma extendería de facto la edad de la jubilación a los 64 años ante los 62 actuales: tres, la fuerte sospecha de que, al final, los cambios introducidos pretenden transformar el sistema de reparto por el de capitalización.


Desde entonces, hubo varias jornadas de manifestaciones, paros de trenes, metros y autobuses y una postura invariable de los sindicados: no a la reforma. Se esperaba que el jefe del Estado abriera una ventana hacia alguna negociación posible, pero sus palabras de año nuevo cerraron esa perspectiva.


El tema lo lleva el jprimer ministro Edouard Philippe y las negociaciones con los sindicatos están, por el momento, bloqueadas. Habrá que esperar hasta después de la próxima jornada de manifestaciones convocada para el 9 de enero por el frente sindical para observar si, según su peso, se produce algún avance.


Con cada semana que transcurre asoma una nueva sospecha. La última puso en escena al monstruo de las conquistas sociales, la multinacional norteamericana de las finanzas BlackRock, de quien se asegura que está detrás de la reforma macronista. Y como el jefe de la rama francesa de BlackRock, Jean-François Cirelli, recibió hace algunos días una de las distinciones más altas que otorga el Estado francés, La Legión de Honor, los rumores no hicieron más que acentuarse. Este gesto fue denunciado como una “provocación” por la izquierda francesa, tanto más provocativo cuanto que los sindicatos, los partidos de oposición y ciertos comentaristas han denunciado los intentos de BlackRock por “influenciar” la controvertida reforma macronista.


Varios sectores sociales temen que la reforma de las pensiones, con esa empresa como operador oculto, desemboque en una drástica transformación del modelo actual. La diferencia es radical: en el modelo francés, las jubilaciones están financiadas mediante las cotizaciones que pagan los trabajadores. Estas son luego “repartidas” o distribuidas por el Estado entre los cotizantes. En un sistema por capitalización, es el capital que han acumulado los trabajadores el que finanza la jubilación. En realidad, esta eventualidad es más un fantasma que una realidad. Incluso si hay sectores que sí podrían optar por la capitalización, no es el caso de la mayoría. Sin embargo, en un momento de alta sensibilidad como este, cualquier rumor adquiere la dimensión de una verdad, sobre todo porque buena parte de la opinión pública se siente traicionada por el mandatario. Su planteo de “renovar” el modelo francés ha mostrado que se trata también de hacer recortes y economías. Allí radica la desconfianza con la que, una mayoría de franceses, percibe al Ejecutivo. El gesto de entregarle la Legión de Honor al directivo de una empresa que hace fortuna con la especulación financiera es una torpeza más en la larga serie negra que ha acumulado el gobierno.


La confrontación persiste en su máxima intensidad. El gobierno, a través de el secretario de Estado de Transportes, Jean-Baptiste Djebbari, acusa a la CGT de asumir un sindicalismo de “oposición sistemática a toda reforma”, e incluso “intimidatorio”. El líder de la CGT, Philippe Martinez, responsabiliza al gobierno de estar jugando a que “la situación se pudra” para forzar la aceptación de la reforma. Lo cierto es que ya se entró en una marca histórica con los 30 días ininterrumpidos de huelga. Se superó el record de 1995 y hasta el de 1986-1987, cuando una huelga en los transportes se había prolongado durante 28 días. Con lógico mal humor y paciencia, la gente hace largas colas para intentar subirse a los pocos transportes públicos que circulan. El 9 de enero están previstas las próximas manifestaciones y recién el 22 de el proyecto de ley será presentado en el Consejo de Ministros. De aquí en adelante la única opción es caminar.


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Chile insurrecto en 2019: el derecho de vivir en rebeldía

“Miren como nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan en realidad, …miren como nos hablan del paraíso, cuando nos llueven balas como granizo”.

Violeta Parra, canción “¿Qué dirá el Santo Padre?”, 1963.

 

La insurrección espontánea del pueblo chileno

Cuando el presidente Sebastián Piñera, semanas antes del 18 de octubre de 2019, declaró que Chile era como un “Oasis” de estabilidad, dentro de la convulsionada América Latina, estaba lejos de imaginar lo que pocos días después sucedería en su propio país. Es decir, el estallido social múltiple y espontáneo de todas las clases populares y todos los sectores subalternos chilenos, desplegado en absolutamente todo el territorio de esa extensa faja de tierra que se llama Chile. Una desafortunada declaración del presidente, que es reveladora del alto grado de divorcio que tiene toda la clase política chilena respecto de su propio pueblo, y también, de la enorme insensibilidad de esa degradada y corrompida elite política respecto de la situación social real que vive la inmensa mayoría de su población.

Divorcio profundo e insensibilidad enorme frente al pueblo y a sus sufrimientos cotidianos, que se expresó una vez más en el ridículo “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, firmado por casi todos los partidos políticos chilenos el 15 de noviembre de 2019, acuerdo que absurdamente propone diferir seis meses, un año, y hasta dos años y medio la solución de las muy urgentes demandas populares, además de “administrar” el conflicto y proponer por enésima vez que sea resuelto desde arriba y por los de arriba, por los políticos y por los ricos, cuando son precisamente ellos los principales responsables de la terrible situación que hoy padecen todos los sectores subalternos de la sociedad chilena.

Grave y terrible situación social del pueblo chileno en general, que es la que explica la masiva y contundente respuesta que toda la gente tuvo al apoyar a los estudiantes que se brincaban los torniquetes del metro, en protesta por el aumento de treinta pesos en el precio de un viaje (aumento de cuatro centavos de dólar aproximadamente). Apoyo que se desencadenó principalmente frente a la brutal represión que esos estudiantes sufrieron por parte de la policía de los carabineros, en respuesta de su acto de protesta, y que casi de inmediato derivó en la irrupción de las diversas y múltiples demandas específicas de cada uno de los diferentes sectores que componen al hoy insurrecto pueblo chileno.

Por eso, uno de los primeros lemas de la rebelión, fue el de la consigna de “No son treinta pesos, son treinta años”, lo que aludía al hecho de que más allá de ese injusto pequeño aumento al precio del transporte, lo que ya era demasiado era la acumulación de ofensas y de agravios en contra de todos los sectores subalternos chilenos, realizados durante las tres décadas del llamado régimen de la “concertación”, por parte de las clases y sectores dominantes de ese país. Porque durante los seis lustros posteriores a la terrible dictadura de Augusto Pinochet, la educación chilena se convirtió en la más cara del planeta, mientras los servicios de salud se degradaban en calidad y subían también de precio, al mismo tiempo en que las pensiones de los jubilados se evaporaban y reducían a casi nada, y los salarios también se encogían considerablemente. Y todo esto dentro de un país que, si solamente renacionalizara sus minas de cobre, como lo hizo en su tiempo Salvador Allende, podría recibir muchísimo dinero, el que sería sin duda suficiente para financiar los cambios económicos urgentes que hoy demanda el conjunto de la población de Chile.[1]

Educación y salud exageradamente caras y malas, y salarios y pensiones ridículamente bajos, que se explican por el hecho de que Chile fue el primer país del mundo en donde se aplicaron las medidas económicas neoliberales, las que además, fueron implementadas por una dictadura militar feroz y sanguinaria, lo que hizo de ese país una suerte de experimento puro y radical de dicho montaje neoliberal. Es decir, un caso extremo donde florecieron los efectos más negativamente neoliberales del planeta, en esos campos mencionados de la educación, la salud, el salario o las pensiones, pero también en el funcionamiento de un Estado desmantelado, ineficaz y fallido, y por ende, más brutalmente represivo, o en la conformación de una clase política parasitaria, puramente decorativa e inútil, o hasta en la proliferación de servicios caros y malos, como en el caso del transporte, entre muchas otras de las expresiones de este neoliberalismo extremo y desmesurado.[2]

Además, y como complemento de este contexto neoliberal extremo, los erráticos y perversos gobiernos de la concertación, igual los de derecha que los de pretendida izquierda, han criminalizado siempre al digno movimiento mapuche, aplicando absurdamente en contra de él una ley antiterrorista. Al mismo tiempo, y como ha sucedido en todo el mundo, también en Chile se ha acendrado y agudizado la violencia machista contra las mujeres, aumentando los abusos, la discriminación en mil formas, y también los trágicos y criminales feminicidios.

Suma terrible de agravios y ofensas de los grupos dominantes chilenos en contra de sus clases populares, que el 18 de octubre de 2019 llegó al punto de ebullición de la “economía moral de las multitudes” chilenas, desencadenando el “¡Ya basta!” de toda la población, a todo lo largo y ancho del amplio territorio chileno.[3]

De este modo, todo Chile reaccionó frente a esos treinta años de agravios y burlas de los gobiernos de la “concertación”, y de las clases dominantes que controlan a estos gobiernos, para apoyar primero a los estudiantes en lucha en contra del aumento al precio del transporte, pero luego y de inmediato, para establecer la agenda social de sus propias y más fundamentales demandas. Y esto lo hizo saliendo masivamente a la calle de modo espontáneo, autoconvocado, y llenando las principales avenidas de todo Santiago, de Valparaíso, de Concepción, de Temuco, y de todo Chile, con masivas y combativas marchas, mítines y manifestaciones, pero también con pintas, con grafitis, con murales, con periódicos murales, lo mismo que con performances, con alegría, con solidaridad, con camaradería, y con una inmensa avalancha de creatividad popular, de sabiduría subalterna y de arte callejero, es decir, del original arte verdadero. Y todas estas enérgicas luchas y protestas, realizadas en medio de risas, cantos, bailes, juegos, parodias y montajes, que nos recuerdan una vez más que la fuente de todas las creaciones sociales realmente relevantes es el pueblo mismo, las clases y los sectores subalternos, o sea el noventa y nueve por ciento de la población explotada, despojada, despreciada y reprimida por el todavía dominante sistema capitalista, en sus expresiones nacionales, y también a nivel mundial.

Vasta y firme protesta popular, que el 25 de octubre de 2019, logró reunir en la Plaza de la Dignidad de Santiago de Chile, antes conocida como Plaza Italia, a un millón quinientas mil personas, movilizando simultáneamente en el resto del territorio chileno a otro millón y medio de gente, dando así la medida de esta verdadera rebelión popular chilena, hoy todavía en curso.

Las premisas de la insurrección: los movimientos sociales en Chile

Tal y como ha acontecido con la mayoría de las movilizaciones y los movimientos antisistémicos de los últimos cinco lustros, también la insurrección chilena reciente es una mezcla compleja de elementos claramente espontáneos, con otros elementos derivados de estructuras y de movimientos organizados anteriormente. Porque si las jornadas recientes de lucha de octubre, noviembre y diciembre de 2019, desplegadas en todo el suelo chileno, son un claro conjunto de impresionantes, masivas y combativas movilizaciones sociales de todo el pueblo chileno, y no todavía, un claro movimiento antisistémico global y articulado de ese mismo pueblo, también es cierto que al interior de esas movilizaciones, y como parte de sus protagonistas centrales, convergen varios movimientos sociales chilenos, de diferentes grados de radicalidad, pero también de antigüedad, extensión, grado de organización y de implantación dentro del tejido social, claramente diversos.[4]

Convergencia de varios movimientos y organizaciones anteriormente existentes, provocada por la enérgica acción contestataria y espontánea de todos los subalternos chilenos, que nos permite entender tanto los perfiles y las configuraciones concretas de los modos de protesta en las marchas, mítines, plantones, performances y manifestaciones de las últimas ocho semanas transcurridas, como también la agenda social de las principales demandas de esta vasta y masiva movilización de toda la sociedad chilena en general.

Entonces, el primer movimiento importante que está presente dentro de esta amplia movilización general, es sin duda el movimiento estudiantil chileno, movimiento que es central dentro del conjunto, y no sólo porque fue él quien produjo la chispa inicial que detonó el incendio popular, ni tampoco solamente porque de sus filas salen la mayoría de los combatientes populares de la llamada “primera línea” de la confrontación con los criminales carabineros,[5] sino también y sobre todo, porque es este movimiento estudiantil el que había protagonizado, hasta antes de ahora, las principales protestas sociales masivas en contra de los sucesivos gobiernos de la concertación, escenificando la protesta del “Mochilazo” en 2001, la revolución pingüina en 2006, y la amplia rebelión estudiantil en 2011, la que con su demanda de “Educación gratuita y de calidad”, logró el 4 de agosto de ese mismo año de 2011, sacar a la calle en todo Chile a dos millones de personas descontentas y solidarias con dicha protesta estudiantil.[6]

Movimiento estudiantil que en Chile, igual que en todo el mundo, nació al calor de la revolución cultural mundial de 1968, y que desde entonces y hasta hoy, ha sido un activo y audaz protagonista de todas las protestas sociales rebeldes, a la vez que una fuente nutricia importante de las organizaciones de izquierda y de los movimientos sociales más diversos. Por ejemplo, en Chile, del importante Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), o de las fracciones urbanas (mapurbes) del movimiento mapuche, aunque también, en ocasiones, de líderes que rápidamente se integran a la corrupta clase política chilena, y olvidando su inmediato pasado radical, se reconvierten en vacíos y domesticados políticos “políticamente correctos”.

Un segundo movimiento social, que ha estado también presente en la insurrección reciente del pueblo chileno, es el movimiento indígena mapuche. Lo que, entre muchos otros modos de manifestación, también se hizo evidente en la multitudinaria concentración del 25 de octubre en Santiago de Chile, en la que las banderas que agitaban los manifestantes no eran las banderas de la nación chilena, sino más bien las banderas mapuche, enarboladas tanto por los propios mapurbes o mapuches urbanos, como también por los miles y miles de simpatizantes de su justa y combativa causa. Porque al igual que todos los pueblos indígenas de América Latina, que después del 1 de enero de 1994 y de los saludables efectos que en todos los movimientos indígenas latinoamericanos tuvo el levantamiento neozapatista, también el movimiento mapuche pasó a la ofensiva desde hace dos décadas, en particular, después de los radicales e importantes sucesos de Lumaco del año de 1997.

Con lo cual, y desde su sector más avanzado, el que se ha agrupado en la Coordinadora Arauco Malleco, este movimiento mapuche se ha declarado explícitamente como un movimiento radicalmente anticapitalista, que al fusionar la mejor herencia de la cosmovisión mapuche, leída en clave radical y contestataria, con los mejores aportes de las tradiciones marxistas igualmente críticas y antisistémicas, nos recuerda y no casualmente, a la rica y compleja experiencia del neozapatismo mexicano. Lo que no solamente ubica a esta Coordinadora Arauco Malleco como uno de los movimientos indígenas anticapitalistas más avanzados de Latinoamérica, sino que la convierte también en un potente y protagónico actor de las vastas movilizaciones sociales recientes, actor que además, alimenta la vertiente y el sentido potencialmente antisistémicos y radicales de estas mismas movilizaciones.[7]

El tercer movimiento que se ha hecho presente en la amplia movilización generalizada de los subalternos chilenos, es la llamada “Ola feminista”, la que irrumpió con mucha fuerza hace dos o tres años, y que también le ha impreso su sello a dicha movilización. Pues más allá de que el vistoso y agudo performance del colectivo feminista “Las Tesis” de Valparaíso, escenificado originalmente el 25 de noviembre de 2019 en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fue replicado, adoptado y adaptado en todo el planeta, está el hecho de que este movimiento feminista chileno ha sido muy activo y ha estado muy presente en las ocho semanas de movilización hasta hoy transcurridas. Presencia evidente y llamativa de las mujeres, que no sólo deriva de que ellas son “la mitad del cielo”, como dijo Mao Tse Tung, sino también de la circunstancia de que en Chile, al igual que en muchas otras partes del mundo, se ha acendrado enormemente en los últimos años la violencia machista, la que abarca desde maltratos, abusos y excesos de todo tipo, hasta el terrible feminicidio. Lo que naturalmente, ha potenciado también la protesta de las mujeres y la respuesta feminista de muchas de ellas.

Respuesta feminista que en sus corrientes más avanzadas, ha superado ya las limitadas posturas del “empoderamiento” de la mujer frente al hombre, y de ubicar al hombre como su enemigo, para asumir en cambio que los verdaderos enemigos, tanto de mujeres como de hombres, son el sistema capitalista mundial todavía vigente, y junto a él, el patriarcado también refuncionalizado en términos capitalistas, los que limitan y empobrecen tanto a las mujeres como a los hombres, al asignarle a cada género absurdos y ridículos roles y funciones sociales hoy ya totalmente insostenibles. Postura feminista inteligente y avanzada, que no casualmente coincide con las posturas de las compañeras neozapatistas respecto de estos mismos problemas.[8]

Además de estos tres movimientos señalados, el volcán chileno hoy activado por la erupción popular, ha relanzado hacia el centro del proscenio a otros movimientos más pequeños en cuanto a su base social, o a otras formas de descontento menos organizadas y menos constantes, como el movimiento en contra de las Administradoras de los Fondos de Pensiones (No +AFP), o las luchas por un sistema de salud barato y de buena calidad, pero también el combate por el aumento de los salarios, por el aumento de las pensiones, o en contra de la escandalosa corrupción tanto de la clase política como de la clase empresarial chilenas.

E igualmente, y en mucho como un resultado directo de la muy vasta y generalizada movilización de todo el pueblo chileno, se han multiplicado por todas partes las Asambleas y los Cabildos de barrios, de territorios, de instituciones, de centros, o de corporaciones de todo tipo, despertando nuevamente el natural e instintivo sentido comunitario que poseen siempre todas las clases populares y subalternas del globo terráqueo, sentido que en cuanto encuentra un espacio propicio, vuelve a generar de manera espontánea y natural las formas de la democracia directa, el funcionamiento dialógico de los debates y las discusiones de los grandes problemas, y las formas de organización horizontales y abiertas, que cada vez más caracterizan a todos los movimientos realmente anticapitalistas y antisistémicos del mundo. Rasgos diversos que materializan ese sentido comunitario, que se hicieron evidentes hace pocos años en todas las rebeliones populares de 2011, incluida la rebelión estudiantil chilena, pero que también caracterizan sin duda a todos los movimientos antisistémicos de América Latina, como el neozapatismo mexicano, o las bases de los Asentamentos y de los Acampamentos del Movimiento de los Sin Tierra brasileño (pero no sus líderes), o como las comunidades indígenas realmente radicales de Bolivia, Ecuador, Colombia, o también Chile, entre otras.

Formas asamblearias y de funcionamiento a partir de la democracia directa, de las extensas bases de la movilización chilena de estos finales de 2019, que nos recuerdan a la Argentina del año de 2002, cuando como se ha dicho, “todo el país era como una inmensa Asamblea”, y cuando las movilizaciones pacificas del pueblo argentino lograron derrocar en un sólo año a cinco presidentes sucesivos, acuñando además la sabia consigna dirigida a la totalidad de su clase política, incluidos desde los partidos de la ultraderecha y la derecha hasta los de las supuestas izquierda y ultraizquierda, de “¡Que se vayan todos, que se vayan todos y que no quede ni uno solo!”.[9]

Sabia consigna de rechazo total a la entera clase política argentina, que hoy ha sido retomada también por el pueblo chileno, el que se ha dado cuenta por enésima vez de lo lejanos que están todos los políticos y todos los partidos políticos chilenos, sin excepción, de la sociedad civil y de los ciudadanos de a pie de ese país. Lo que se hace evidente nuevamente, en la absurda y vacía propuesta del “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, la que una vez más sería convocada, elaborada y definida, desde arriba y por los de arriba, y organizada y administrada de acuerdo a los tiempos, las componendas, los límites y los sesgos de esos mismos políticos corruptos que no representan a nadie más que a sí mismos, y que no responden a ningún interés social, sino solamente a sus más mezquinos y limitados intereses personales.

Frente a lo cual, el Chile hoy insurrecto debate la opción de reivindicar en cambio una Constitución construida desde abajo y por el pueblo subalterno mismo, la que podría comenzar a discutirse y elaborarse inmediatamente desde las Asambleas y Cabildos de base ya existentes, y de manera paralela a la construcción de una Asamblea Nacional Popular de todos los subalternos de Chile, Asamblea que más adelante podría refrendar y erigir en ley esa nueva Constitución, desde la conformación de un también nuevo gobierno, basado en el principio del “Mandar obedeciendo”.

Porque uno de los desafíos centrales que hoy se plantean a la vasta movilización general y al conjunto de los movimientos sociales de esta insurrección chilena, es el de dar este paso hacia adelante, y entonces oponer al vacío proyecto de su degradada clase política, este proyecto de conformar de inmediato una gran Asamblea Nacional de Asambleas y Cabildos, o Asamblea General Nacional, que construya desde abajo y de inmediato un nuevo gobierno que mande obedeciendo, junto a una nueva Constitución que defina el modo de funcionar del nuevo Chile postcapitalista, sin explotación, sin desigualdad, sin despotismo, sin despojo, sin jerarquías y sin discriminaciones de ningún tipo.

Las encrucijadas actuales de la insurrección chilena

Como lo ha explicado agudamente Walter Benjamin, en sus Tesis sobre la Filosofía de la Historia, cada presente que busca los elementos de su propia autocomprensión esencial, establece para ello conexiones selectivas y diferentes con los respectivos pasados que le anteceden. Lo que significa que, para entender la esencia profunda de esta insurrección popular chilena de finales de 2019, puede ser útil compararla y conectarla no con los sucesos y procesos de los tres trimestres anteriores de 2019, ni con los de los recientes años de 2018, 2017, 2016, etc., sino con otros pasados anteriores y un poco más lejanos. Por ejemplo, con el Chile de 1970-72, y sobre todo el de octubre de 1972 a septiembre de 1973.

Porque pensamos que la tarea que el pueblo chileno está abordando ahora mismo, en estos umbrales del año cronológico de 2020, es la misma tarea que intentaba acometer entre octubre de 1972 y septiembre de 1973, hasta antes del infame golpe de Estado pinochetista. Y esa tarea no es otra que la de la construcción del poder popular de todas las clases y sectores subalternos chilenos, y desde ella, como una perspectiva futura posible, la de la supresión de todo el sistema capitalista en Chile, con su inmensa cauda de explotación, opresión, represión y desigualdad.

Pues si repasamos la historia del gobierno de la Unidad Popular y el papel que dentro de ella tuvo el Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno, veremos que desde 1970 y hasta septiembre de 1972, el MIR impulsó siempre la amplia movilización de las masas, las tomas de fábricas, fundos y territorios, la ampliación progresiva del 'Área social del Estado', y la creación de formas de poder local de los trabajadores del campo y la ciudad, que sentaran las bases de un futuro poder revolucionario.

Pero cuando la situación social y política comienza a polarizarse, y comienza a aparecer claramente, a fines de 1972, el riesgo de un golpe de Estado militar en contra del gobierno de Salvador Allende, el MIR radicaliza sus planteamientos y su discurso. Entonces, y haciendo suya la iniciativa de las clases populares mismas, de la creación espontánea que el propio pueblo ha hecho de los Comandos o Consejos comunales en octubre de 1972, como respuesta a los paros patronales y al paro capitalista, el MIR propone generalizar, extender y profundizar esta creación popular, multiplicando esos Consejos o Comandos comunales en todo Chile, y conformándolos como las nuevas formas del poder popular.

De este modo, y durante todo el periodo que va de octubre de 1972 hasta el 11 de septiembre de 1973, el MIR asumirá la consigna de “Crear, crear, crear, poder popular”, promoviendo la expropiación de empresas, industrias, campos y territorios, e impulsando la gestación de una “Asamblea del Pueblo” que sustituya al propio Parlamento, Asamblea apoyada en los cientos y miles de Asambleas permanentes de fábricas, oficinas, liceos, escuelas, fundos y poblaciones, y también en los Comités Coordinadores Comunales, que agrupan y coordinan a los Comités de Vigilancia y Autodefensa, a las Juntas de Vecinos, a las Juntas de Abastecimiento Popular, a los Centros de Madres, a las Organizaciones de Estudiantes, y a un largo etcétera de estructuras asamblearias de base que entonces prosperan y proliferan por todo el tejido de la activa y combativa sociedad chilena de aquellos tiempos.[10]

Observando entonces con cuidado este año de 1973 en la historia de Chile, y comparándolo con la situación actual de la insurrección chilena de 2019, es inevitable recordar también el año de 1917 en la historia de Rusia. Porque igual que Lenin asumió esa creación espontánea y desde abajo gestada por el pueblo ruso, que fue la organización de los Soviets de Obreros, Campesinos y Soldados, descubriendo en ella las formas del genuino poder popular, y también las bases principales de la situación de la dualidad de poderes que entonces vivía el proceso de la revolución rusa, así también el MIR recuperó la creación espontánea y desde abajo de los Consejos Comunales de los Trabajadores chilenos, impulsándolos como formas y embriones del poder popular, y también como figuras de la situación del doble poder que vivió Chile en ese año de 1973. Porque en ambas historias, la encrucijada principal que se planteaba al pueblo ruso y al pueblo chileno respectivamente, era la de potenciar, consolidar y estructurar más orgánicamente ese poder popular de los subalternos, para entonces pasar a la ofensiva, y derrocando a los poderes burgueses dominantes, sustituirlos con ese nuevo poder popular recién conformado. Una encrucijada central, que aunque sea de una manera muy incipiente y germinal, parece dibujarse también ahora en este Chile insurrecto de las vísperas del año 2020. Y si en el caso de Rusia, esa encrucijada abrió el camino a la imponente experiencia de la revolución rusa de 1917-1927, luego tristemente desmontada, desconstruida y anulada por el stalinismo,[11] en el caso de Chile dicha encrucijada fue atajada y reprimida brutalmente por el infame golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Pero la historia es testaruda, y trabaja siempre tenazmente por caminos complejos, a veces ocultos y subterráneos, pero no por ello menos eficaces ni poderosos. Pues ese umbral abierto por el MIR y por el pueblo chileno en 1973, que alcanzó a vislumbrar la posibilidad real de “tomar el cielo por asalto”, no desapareció para nada de la contramemoria subalterna de las clases y los sectores populares chilenos, alimentando constantemente a todas las rebeliones, protestas, movilizaciones y movimientos del pueblo chileno, durante los últimos nueve lustros transcurridos. Y también, naturalmente a la actual insurrección de estos finales de 2019. Porque dada la amplitud territorial, la masividad, y también la gran diversidad de sectores, grupos, clases y movimientos que hoy confluyen en esta rebelión general de todo el pueblo chileno, pensamos que una vez más comienza a esbozarse la pregunta respecto de la posible conformación más orgánica, consciente y sistemática, del poder popular de los subalternos en Chile. El que se perfila ya en las decenas y centenas de Asambleas y Cabildos que proliferan en todo el territorio, y que con su activa deliberación y acción constantes, han mantenido viva la protesta y la movilización por ya más de dos meses continuos.

Sin embargo, si la tarea de construir el poder popular, y desde él destruir y superar al capitalismo, sigue siendo tan vigente y urgente como en 1917 y en 1973, en cambio los modos y las estrategias para organizar ese poder popular, y para enfrentar eficazmente y eliminar totalmente al capitalismo, se han modificado profundamente. Porque después de la revolución cultural mundial de 1968, comenzó lentamente a caducar la estrategia del cambio social radical basada en la construcción de un Partido de vanguardia altamente centralizado, jerarquizado y vertical, que encarnando la consciencia lúcida de todo el proceso histórico, dirigía a las masas populares hacia la victoria. En cambio, y a diferencia de esa estrategia pre-1968, que fue totalmente válida y legítima hasta 1968, las nuevas condiciones del actual capitalismo mundial en su etapa de crisis terminal, imponen también nuevas formas de lucha y una nueva estrategia global, en la que una red de resistencias plural y múltiple, estructurada de manera horizontal y desconcentrada, y en la que ningún grupo, individuo, sector o movimiento hegemoniza a los demás, ni tampoco los homogeneiza, lleva a cabo, simultáneamente, múltiples luchas diversas en todos los frentes posibles de la resistencia anticapitalista, y también acciones coordinadas de todos los miembros de esa red de resistencias. Luchas diversas y acciones coordinadas que, por acumulación de miles de pequeñas heridas infligidas al capitalismo, y de miles de pequeñas o de grandes victorias obtenidas en estas luchas anticapitalistas, terminan por hacer colapsar al entero sistema capitalista, primero a nivel nacional y después a nivel mundial.

Modo radicalmente diverso de crear el poder popular y de enfrentar y eliminar al capitalismo, que ha sido generado y defendido por los nuevos movimientos antisistémicos de todo el mundo y también de América Latina, como por ejemplo por el neozapatismo mexicano,[12] pero también por los sectores autonomistas radicales de los piqueteros argentinos, o por las bases aunque no por los líderes del Movimiento de los Sin Tierra brasileño, lo mismo que por los indígenas radicales y realmente anticapitalistas del Movimiento Pachacutik de Bolivia, del sector amazónico de la CONAIE ecuatoriana, o de la propia Coordinadora Arauco Malleco de Chile.

Formas horizontales, dialógicas, no hegemonizantes ni homogeneizantes de organizar la lucha y los movimientos, que de modo espontáneo se ha reproducido también en la actual rebelión del pueblo chileno, la que funciona de manera horizontal, desde los métodos de la democracia directa, y apoyada en las estructuras de las Asambleas y Cabildos, para exigirle al poder y a los poderosos de Chile la satisfacción de sus principales demandas.

           

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El gobierno de Sebastián Piñera y las clases dominantes chilenas están realmente asustados y preocupados frente a la amplitud, la masividad, la fuerza, la determinación, la diversidad y el coraje rebeldes mostrados por el pueblo chileno en los dos últimos meses. Por eso, oscilan entre proponer o conceder pequeños cambios cosméticos e insustanciales, como los magros aumentos de las pensiones y los salarios, o la ridícula propuesta del Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, y de otra parte intensificar la represión y el terrorismo en contra de los sectores y grupos insurrectos, llegando hasta el sádico uso de una cierta variante del gas pimienta, o aprobando leyes absurdas para justificar su persecución política a los militantes populares, lo mismo que agitando incluso el espantajo de la amenaza de un nuevo golpe militar.

Y eso es porque, en un lapso muy breve, la insurrección de octubre-diciembre de 2019 ha logrado movilizar a todo el pueblo chileno, creando los embriones de un posible poder popular de todos los subalternos, y definiendo una agenda social que, asumida radicalmente, podría más adelante encaminar a esta vasta movilización popular por una senda genuinamente anticapitalista y antisistémica. Aunque es claro que existe siempre el riesgo de un camino contrario, en el que esta masiva e imponente movilización general comience a decaer y refluya, aceptando una vez más la usurpación de la inútil clase política chilena, la que en este escenario se apropiaría la demanda de una nueva Constitución, y realizaría un proceso en el que al final quedaría en pie la misma constitución pinochetista actual, sólo levemente remozada y maquillada, y en la que las clases dominantes irían otorgando pequeñas e irrelevantes concesiones a cuentagotas, mediante minúsculos e insustanciales cambios en la educación, las pensiones, la salud y los salarios, como los que ya han desarrollado en el pasado los sucesivos gobiernos de la concertación, tanto de supuesta izquierda como de derecha, en los últimos treinta años.

Pero por ahora la moneda está todavía en el aire. Y Chile está hoy, sin duda alguna, en una de las posiciones de vanguardia dentro de las actuales luchas sociales de toda América Latina. Y el modo en que esta moneda caiga, definirá el futuro general de la sociedad chilena para las próximas tres o cinco décadas por venir. Entonces, y desde la rica experiencia de la contramemoria popular chilena, que atesora y mantiene vivas las principales herencias del MIR, junto a la potencia hasta hoy acumulada por los más activos y combativos movimientos chilenos recientes, el movimiento estudiantil, el movimiento mapuche, el movimiento feminista, el movimiento barrial y territorial, unidas a la fuerza y poder de los tradicionales e importantes movimientos obreros y campesinos, seamos tenazmente optimistas, recordando la sabia sentencia de Jules Michelet: “Creo en el futuro, porque yo mismo participo activamente en su propia construcción”.

 

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[1] Sobre este punto, cfr. Julián Alcayaga, “El cobre y el financiamiento de las demandas sociales”, en el sitio en internet América Latina en Movimiento, en https://www.alainet.org/es/articulo/203932.

[2] Sobre este contexto neoliberal extremo del caso chileno, cfr. la entrevista al historiador Sergio Grez, “Esta vez el poder se siente realmente amenazado”, en El Ciudadano, año 15, núm. 237, nov. de 2019, pp. 8-9.

[3] Sobre este concepto fundamental de la “economía moral de la multitud”, cfr. Edward P. Thompson, Costumbres en común, Ed. Crítica, Barcelona, 1995, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Edward Palmer Thompson y la ‘economía moral de la multitud’ en el mundo del siglo XXI”, en el libro De Carlos Marx a Immanuel Wallerstein. Nueve Ensayos de Historiografía Contemporánea, Ed. Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago de Chile, 2010, pp. 191-228, y "Edward Palmer Thompson en América Latina: sobre la economía moral de las multitudes latinoamericanas", en Autoctonía, vol. III, núm. 1, enero-junio de 2019.

[4] Sobre la diferencia de caracterización entre una movilización social y un movimiento social, y sobre sus principales implicaciones, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Planeta Tierra, los movimientos antisistémicos hoy”, que es el Prólogo del libro de Immanuel Wallerstein, Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos, Ed. Contrahistorias, México, 2008, y también Antimanual del buen rebelde, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2015.

[5] Sobre esta “primera línea” de los combates callejeros, y sobre su modo logístico de actuar y de enfrentar a los infames criminales carabineros, cfr. Camilo Cáceres, “Crónica de la Primera Línea: una batalla de David contra Goliat”, en The Clinic, 7 de noviembre de 2019, p. 23. Y es importante subrayar que el comportamiento extremadamente brutal y criminal de esos carabineros, que tiran directamente a la cara y a los ojos de los manifestantes, se hizo posible por el hecho de que Sebastián Piñera decretó el “Estado de Emergencia”, después de declarar que este conflicto social era una “guerra”, lo que dio manos libres y permiso de impunidad total a dichos carabineros. Pero se trata de un verdadero crimen que ha causado asombro y escándalo en el mundo entero, razón por la cual Piñera, que además tiene menos del 5% de aprobación de los chilenos, debería de renunciar de inmediato.

[6] Sobre el movimiento estudiantil chileno de 2011, cfr. Raúl Zibechi, “Chile: otra educación es posible”, y Joana Salem Vasconcelos, “Sobre el movimiento estudiantil chileno de 2011”, ambos textos incluidos en Contrahistorias, núm. 18, México, 2012. Véase también la revista Diatriba. Revista de Pedagogía Militante, núm. 1, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, noviembre de 2011.

[7] Sobre la historia general del movimiento mapuche, cfr. Fernando Pairican, Malon. La rebelión del movimiento mapuche 1990-2013, Ed. Pehuén, Santiago de Chile, 2014, libro muy interesante aunque con conclusiones muy poco radicales y muy discutibles, de las que nosotros diferimos completamente. Sobre la Coordinadora Arauco Malleco, cfr. la “Declaración de Principios de la CAM”, en Contrahistorias, núm. 25, 2016, y Héctor Llaitul y Jorge Arrate, Weichan. Conversaciones con un weichafe en la prisión política, Ed. Ceibo, Santiago de Chile, 2012. Sobre el contexto más general de las luchas indígenas actuales en América Latina, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Movimientos antisistémicos y cuestión indígena en América Latina, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2018.

[8] Sobre este tema en general, cfr. Pierre Bourdieu, La dominación masculina, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000. Sobre la postura de las mujeres neozapatistas, vale la pena ver sus distintos discursos incluidos en el libro El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista I. Participación de la Comisión Sexta del EZLN, Ed. EZLN, México, 2015, y sobre el grupo feminista de “Las Tesis”, cfr. el periódico The Clinic, 5 de diciembre de 2019.

[9] Sobre esta proliferación de Asambleas y Cabildos de todo tipo, en todo el territorio chileno, cfr. el artículo “Calle, Asambleas y Cabildos”, de Margarita Iglesias y Ximena Valdez, en el periódico Le Monde Diplomatique, núm. 213, año XX, diciembre de 2019, pp. 10-11. Respecto de este punto, es interesante también revisar los trabajos del historiador Gabriel Salazar, quien plantea la tesis de que en Chile habría una fuerte tradición histórica, que podríamos nosotros calificar de verdadera larga duración, de funcionamiento asambleario popular y de gestación del poder popular constituyente, tradición que se habría hecho presente tres veces en los siglos XIX y XX, y que aparecería nuevamente hoy. Sobre esta tesis, cfr. Gabriel Salazar, En el nombre del poder popular constituyente (Siglo XXI), Ed. LOM, Santiago de Chile, 2016, El poder nuestro de cada día, Ed. LOM, Santiago de Chile, 2016, y la entrevista “El tipo de Asamblea Constituyente que se propone, no representa realmente la voluntad soberana del pueblo”, en el periódico El Ciudadano, año 15, núm. 238, diciembre de 2019, pp. 4-6.

[10] Sobre este papel del MIR en el periodo de 1970-1972, y luego de octubre de 1972 a septiembre de 1973, cfr. los textos de Miguel Enríquez reunidos en el libro Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile. Discursos y documentos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Coedición del Centro de Estudios Miguel Enríquez-Ed. LOM, Santiago de Chile, 2004. Véanse también el folleto Chile. Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Textos escogidos 1970-1975, Ed. del MIR, Santiago de Chile, 1978, y el folleto En el camino del poder popular, folleto núm. 1 de la “Serie del Poder Popular”, Ediciones El Rebelde, Santiago de Chile, agosto de 1973, donde los discursos originales de Miguel Enríquez presentan ligeras variantes, a veces importantes, respecto de las transcripciones incluidas en el libro recién citado.

[11] Sobre esta trágica suerte de la revolución rusa de 1917, y sobre su ulterior involución histórica, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “La revolución rusa en el espejo de la larga duración”, en Revista de Historia y Geografía, núm. 37, Ed. Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago de Chile, noviembre de 2017.

[12] Sobre esta nueva estrategia para la revolución social radical, que se ha desarrollado después de 1968, y que ahora es defendida y promovida entre otros movimientos antisistémicos del mundo, también por el neozapatismo mexicano, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Mandar Obedeciendo. Las lecciones políticas del neozapatismo mexicano, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2015, y La tierna furia. Nuevos ensayos sobre el neozapatismo mexicano, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2019.

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Iván Duque presenta nueva política de seguridad: 34.000 policías más y miembros del Esmad en las calles de Colombia

También contempla un nuevo modelo de vigilancia y control, desarme general, modelos étnicos de convivencia, y corresponsabilidad con autoridades regionales, entre otros aspectos.

El presidente de Colombia, Iván Duque, presentó este viernes su nueva Política de Convivencia y Seguridad Ciudadana, durante un recorrido realizado por Antioquia. 

De acuerdo con el Gobierno colombiano, la nueva política tendrá varios aspectos centrales, entre los cuales figuran un nuevo modelo de vigilancia y control, más capacidad de control de las calles, desarme general, seguridad ciudadana para poblaciones con mayor riesgo, modelos étnicos de convivencia, y corresponsabilidad con autoridades regionales.

De estos aspectos, sobresale el del control de las calles, para lo que se estipula la incorporación de 34.000 nuevos policías en 4 años, es decir, unos 8.500 uniformados por año.

El número no solo crecerá, dado que según la directriz, también muchos de los agentes que se han dedicado a labores administrativas serán destinados al patrullaje. A su vez, se contará con el apoyo del sector de vigilancia y seguridad privada.

Además, se planea que gradualmente la Policía deje de prestar el servicio del control del tránsito, que le corresponde a los municipios, para integrar a esos agentes en labores de seguridad.

Asimismo, estipula aumentar ampliamente la cantidad de efectivos del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad). "Deberá fortalecerse la capacidad de los escuadrones móviles antidisturbios, multiplicar su número, mejorar su respuesta, intensificar su entrenamiento, del mismo modo que la formación", señala el documento.

Esto último va en contra de la solicitud realizada por el comité del paro, que ha liderado las protestas sociales del último mes, y exige el desmonte total del Esmad, por considerarlo un cuerpo represivo y violador de los derechos humanos.}

Publicado:21 dic 2019 03:41 GMT

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Miércoles, 11 Diciembre 2019 08:25

La crisis de Colombia con P mayúscula

Verona, sin título, escultura (Cortesía del autor)

¿Estamos viviendo en América Latina un momento histórico trascendental, el inicio de la segunda Independencia, como el que se vivió hace dos siglos? La respuesta puede ser afirmativa, si miramos el panorama. En México se consolida un gobierno progresista; en Argentina ha ganado las elecciones, por mayoría aplastante, un candidato progresista que se dispone a asumir el gobierno en pocos días; en Chile un paro nacional completa cuarenta y cinco días para imponer el cambio de una constitución heredada de la dictadura sangrienta de Pinochet por una constitución progresista; en Bolivia un golpe de Estado depone el gobierno progresista de Evo Morales, pero la resistencia contra los golpistas crece, y una parte del ejército se ha puesto del lado del presidente legítimo. En Ecuador, el paquetazo tributario de Lenin Moreno, ordenado por el FMI, se quemó en la puerta del horno por la rebelión indígena que copó la capital y que obligó a Moreno a huir a Guayaquil y a plegarse a las demandas populares; en Colombia, un paro nacional, que estalló el 21 de noviembre, contra el gobierno de Iván Duque y sus proyectos de reformas neoliberales (tributaria, laboral y pensional) completa una semana.


A lo anterior debe agregarse la conformación del Grupo de Puebla, liderado por México y por el gobierno electo de Argentina, e integrado por cerca de cuarenta personalidades progresistas de América Latina con el fin de promover un frente común continental contra el neoliberalismo y las políticas económicas regresivas del FMI.


En tales circunstancias, el Paro Nacional de Colombia contra el gobierno de Iván Duque Márquez, cobra una importancia especial. A diferencia de paros anteriores, como el de septiembre de 1977, el actual movimiento reúne íntegras las corrientes ciudadanas que luchan por un cambio profundo en la vida colombiana: trabajadores de todos los oficios, estudiantes, intelectuales, artistas, educadores, hombres y mujeres, que llevan una semana en las calles, marchando pacíficamente, enfrentando con alegría, música, y sin miedo, la represión de las fuerzas de policía (grupo Esmad) y la acción de los vándalos organizados por la extrema derecha para infiltrarse en las marchas y provocar disturbios que desacrediten el movimiento social y propicien la intervención represiva de la policía, no contra los vándalos, sino contra los ciudadanos que protestan pacíficamente.


Un factor similar, como en 1810, identifica a los pueblos latinoamericanos en 2019: la pérdida del miedo. Los manifestantes están demostrando que ya no le tienen miedo ni a las fuerzas represivas del gobierno, ni a los dictados del FMI, ni a los militares, ni al imperio. ¿Qué saldrá de ello? Posiblemente la segunda independencia, o quizá también nuevas dictaduras militares, como en los tiempos infelices de la Guerra Fría, que serán el último coletazo del régimen opresor agonizante. Sí, puede asegurarse, que la marcha que han iniciado los pueblos latinoamericanos, no tiene reversa, como no la tuvo la que iniciaron en 1810.


La acción de los manifestantes colombianos que protestan en la totalidad del territorio nacional, contra un gobierno, contra un régimen clasista, exclusivista y mediocre, presidido por un mandatario incapaz, nos muestra el surgimiento de un nuevo poder invencible: el Poder Ciudadano.


El presidente errático, Iván Duque, no ha entendido, ni podrá entender, que él no manda, sino que debe obedecer, como corresponde a un servidor público, cualquiera que sea su rango, y con mayor razón si ha sido elegido por los ciudadanos, para servirles en el cargo de presidente de la República. Él presidente no tiene que hacer propuestas. Su obligación es escuchar las propuestas de los ciudadanos y proceder a darles curso. Lo contrario es absolutismo. Viola por completo los principios de la democracia.


En uno de sus tantos dislates, en su intervención durante la “conversación” con los mandatarios regionales electos, dijo Iván Duque que “debemos trabajar por una Colombia con P mayúscula”. Pues, bien. Por ahora tenemos una gran crisis en Colombia y un Paro con P mayúscula. Un Paro mayúsculo.

 

 

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Soldado colombiano anuncia su suicidio tras ser intimidado por el Ejército al apoyar el paro contra Duque

Brandon Cely Páez, de 21 años, denunció en un video grabado previo a su muerte que un superior lo señaló por ser de "izquierda extremista".

Un soldado del Ejército colombiano anunció en un video que se quitaría la vida después de ser intimidado por mandos superiores, tras mostrar su apoyo al paro nacional. El sábado pasado, el joven de 21 años fue encontrado muerto. 

El orgánico del Batallón de Infantería 13, Brandon Cely Páez, grabó un mensaje de despedida en el que explicaba las razones detrás de su decisión. "No me han dejado otra opción que hacer este video para protestar y apoyar a mis compañeros estudiantes", dice el soldado. 

Según contó Brandon Cely, un superior lo acusó de ser de "izquierda extremista" y un "disociador", por apoyar el paro nacional en Colombia. "Yo, para salvaguardar mi bienestar, pedí poder salir de la base, lo que acarrea en la Justicia Penal Militar de dos a seis años de cárcel por el delito de deserción", dice.   

Tras mostrar su apoyo a los estudiantes, quienes "no han dejado de callar", Cely aseveró que como soldado no puede expresar su respaldo al movimiento estudiantil, porque le han "quitado la voz y el voto en el Ejército". "Apoyo totalmente y plenamente al paro colombiano [...] Como soy soldado y no puedo mencionar esto, he decidido acabar con mi vida para evitar inconvenientes a mis familias y a mis seres queridos", sentenció. 

Respuesta del Ejército

Tras la difusión del video, el Comando de la Décimo Tercera Brigada del Ejército informó que Cely Páez, quien tenía quince meses prestando su servicio militar, "falleció en hechos que son materia de investigación". 

Según un comunicado de prensa de la dependencia, el caso ya está siendo investigado por la Justicia Civil Militar, con el acompañamiento del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de la Nación.

Además, la Décimo Tercera Brigada informó que se conformó una comisión interdisciplinaria para "establecer las circunstancias de modo, tiempo y lugar en el que que ocurrieron los hechos". 

Protestas

Miles de personas en Colombia salieron a la calle este martes en la sexta jornada de protestas tras el paro nacional decretado por organizaciones sindicales, estudiantes y colectivos de derechos humanos.

Estos sectores han exigido al Gobierno de Iván Duque implementar una amplia agenda de demandas sociales, que van desde cambiar el sistema público de pensiones hasta la correcta implementación de los Acuerdos de Paz, que pusieron fin al conflicto armado con las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A estas demandas, los diversos sectores sociales han sumado el esclarecimiento y la sanción a los responsables de la muerte de Dilan Cruz, un joven de 18 años que falleció tras recibir el impacto de una granada de gas lacrimógena en la cabeza, lanzada por un antidisturbio, cuando participaba en una protesta en Bogotá. El día de su muerte, el lunes, Dilan se iba a graduar como bachiller en el Colegio Ricaurte IED (Institución Educativa Distrital), una entidad pública.

En el contexto del paro nacional, que ha sido reprimido por las autoridades, Duque inició el lunes la Gran Conversación Nacional, como le ha llamado al diálogo con alcaldes, gobernadores electos, empresarios y representantes de organismos de control del Estado —Procuraduría y Fiscalía— para encontrar una salida a las protestas antigubernamentales. 

No obstante, tras reunirse con el mandatario este martes, los líderes de las protestas se negaron a aceptar un diálogo ampliado propuesto por la Presidencia y anunciaron la convocatoria a una nueva protesta el miércoles 27 de noviembre

27 nov 2019 02:49

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Dilan Cruz, nueva víctima de la violencia de Estado

Y el temido desenlace se impuso. Este lunes 25 de noviembre en horas de la noche el cuerpo de Dilan Cruz, joven que apenas estaba empezando a vivir los años felices de la vida, los de la imaginación, la rebeldía, la creación, los del compartir desinteresado con todos los suyos, los de rumba y amores pasajeros y no tanto, los de mirar la vida en azul, no resistió las consecuencias del impacto recibido por un disparo de esas armas de “prevención” con que “contienen” los “agentes del orden” la protesta ciudadana, esa misma que dicen estar protegida por las leyes que resume la Constitución Nacional.

Dylan, quien de manera desprevenida participaba en una acción colectiva el pasado sábado 23 del mes en curso en Bogotá a la altura de la Avenida 19 con Carrera 4, y como todos los videos lo confirman no portaba arma alguna ni estaba amenazando la vida de nadie ni era motivo de inseguridad alguno, fue atacado por un policía del Esmad, los mismos que de manera reiterada son denunciados por la actitud violenta con que se interponen ante los actos de reclamo, de protesta, de exigencia de cambio y de vida digna que en unas ocasiones lideran estudiantes, en otras trabajadores, pero también campesinos o indígenas.

Su actitud violenta, y la forma como están preparados para proteger el “orden” y la “santa propiedad privada”, quedó nuevamente en evidencia cuando uno de ellos propinó el reciente 21 de noviembre una violenta patada, con golpe de karate, en el rostro de una joven que en medio de una acción de protesta reclama en solidaridad con un compañero que estaba siendo atacado por el Esmad. Patada premeditada, con fuerza, potencia que puede dejar lesiones de diverso tipo.

Es una actitud de ataque, no de prevención ni de contención, que desde siempre deja huellas de dolor y sangre en las protestas a donde llegan. La memoria de los estudiantes y activistas en general recuerdan con fuerza el vil asesinato de Nicolás Neira (Bogotá, Primero de Mayo de 2005, Carrera 7 x 18), un joven que como Dilan apenas despuntaba a la vida; registro en la memoria que también se extiende a Óscar Salas (Bogotá, 8 de marzo de 2006) quien cursaba estudios en la Universidad Distrital.

Los indígenas asesinados producto del exceso de fuerza con que actúan los “agentes del orden”, además de la decena de lesionados por disparos de gases lacrimógenos accionadas en línea directa contra sus humanidades, así como de disparos no convencionales (cápsulas recargadas de balines), como por golpes contundentes con fuerza potenciada por el odio que parecen inyectarles en los cursos donde los forman, o en las “motivaciones” de que son objeto momentos antes de entrar en acción, desnudan a todas luces por qué y para qué fueron creados en 1999 por el gobierno de Andrés Pastrana, y la manera como han cumplido con tal propósito.

En todos estos casos de asesinatos y lesionados, unos graves y con secuelas para toda la vida, otros que no dejan impedimento físico, la sociedad demandó justicia y reclamó castigo por un tiempo pero luego parece que la paquidermia de una justicia que cuando queda en manos de las Fuerza Pública poco prospera. Pero ahora todo indica que las cosas serán distintas: la sociedad colombiana, conmocionada por un despertar sin precedentes no aguanta más las injusticias del poder y entre ellas los excesos de sus cuerpos de choque. Esa sociedad hoy llora ante el Hospital Universitario San Ignacio la muerte de un joven que apenas empezaba a gozar la vida y además de reclamar justicia al adelantar juicio imparcial sobre quien recaiga la culpa por lo sucedido (que debería extenderse al mando directo de quien accionó el arma, estableciendo claridad sobre las motivaciones impartidas antes del suceso) también demanda poner punto final a un cuerpo que como el Esmad no protege a la sociedad sino que la ataca y violenta, creando un ambiente de odio que solo extiende bases para el contraataque y hasta para la venganza.

Ante estas evidencias, una voz debe ganar eco en todo el país: ¡Desmonte del Esmad y de todo grupo policial, militar y de choque que atente contra los derechos humanos!

 


Recuadro

 

Esmad (1999-2019)

Secuela de muerte

 

Noviembre 8 de 2001. Carlos Giovanni Blanco, estudiante de Medicina de la Universidad Nacional había recibido un disparo de arma corta en el pecho durante una protesta reprimida por el ESMAD.

Noviembre 20 de 2002. Jaime Acosta, a sus 18 años, de la Universidad Industrial de Santander participaba por primera vez en una protesta estudiantil. Los estudiantes vieron caer a Jaime Acosta, pálido y con un hueco en el pecho. Se murió a la entrada de la universidad. Le disparó un miembro del ESMAD que nunca identificaron.

Mayo 1 de 2005. Nicolás Neira murió en un hospital de Bogotá, después de recibir una paliza por tres agentes. Tenía quince años.

Septiembre 22 de 2005. Jhonny Silva Aranguren, estudiante de Química de la Universidad del Valle, fue asesinado por el ESMAD tras el ingreso de ese cuerpo policial a la institución académica. En medio de un corte de luz se genera una persecución en el campus. Mientras Jhonny intentaba huir, recibió un disparo en la nuca que le quitó la vida.

Marzo 8 de 2006. Óscar Leonardo Salas de 20 años estudiante de cuarto semestre de lingüística de la Universidad Distrital de Bogotá. En medio de una manifestación el estudiante se desplomó sin vida después de que una canica le destrozara el ojo y le llegara hasta el cerebro.

Julio del 2010. Jhonny Silva el estudiante de la Universidad del Valle, cayó asesinado en Cali de un balazo durante un enfrentamiento contra el ESMAD

2010. Durante un paro de transportadores en Bogotá, un joven de 20 años llamado Edgar Bautista le reclamó a un agente del Esmad por haber golpeado a una niña. La respuesta fue dispararle a quemarropa un gas lacrimógeno en el pecho.

Noviembre 10 de 2011. Belisario Camayo Guetoto, un indígena del Cauca que se había unido con otras personas que exigían recuperar sus tierras usurpadas murió en enfrentamientos con la policía de un disparo de fusil.

2013. Durante el paro agrario el campesino Víctor Alberto Triana Benavides recibió una golpiza que terminó quitándole la vida en un hospital de Facatativá.

Abril 11 de 2015. Siberston Guillermo Pavi Ramos de 19 años de edad, fue asesinado por la fuerza pública en medio de las acciones de Recuperación de la madre tierra, en el departamento del Cauca.

Abril 21 de 2016. Miguel Angel Barbosa murió a causa del impacto de una granada de gas lacrimógeno lanzada por el ESMAD en medio de la represión a estudiantes de la Universidad Distrital en la sede tecnológica de Ciudad Bolívar.

Mayo 19 de 2016. Brayan Mancilla, niño de 12 años, muere al recibir un proyectil en su cabeza por parte del ESMAD. El niño transitaba por el lugar cuando se realizaba un desalojo forzado a una familia que habitaba el sector.

Junio 12 de 2016. Naimen Lara y un mototaxista fueron asesinados. Los efectivos agredieron a quienes se estaban movilizando en contra del cierre del hospital de tercer nivel de Chiriguaná y dispararon contra el docente Naimen Lara pasando una de las motos sobre un mototaxista.

Junio 2 de 2016. Gersai Ceron, Wellington Quibarecama Nequirucama y Marco Aurelio Diaz, fueron asesinados por el ESMAD en el cuarto día del Paro nacional agrario, en la zona de Las Mercedes en Cauca.

Julio 12 de 2016. Luis Orlando Saiz, constructor, murió tras recibir una granada propinada y dirigida hacia su rostro por el ESMAD en medio de las protestas del paro camionero en el departamento de Boyacá sobre la vía Tunja – Duitama.


El odio policial

No es solo el Esmad, cuerpo de choque del establecimiento, es el cuerpo policial y militar como conjunto el que está formado con un espíritu antisocial, con la consideración de que todo aquel que exprese ideas contra el gobierno es un subversivo y como tal hay que tratarlo.

Evidencia de ello fue la acción desatada el 19 de agosto de 2011 y por medio de la cual la policía acabó con la vida de Diego Felipe Becerra, joven grafitero que en el momento de los hechos se aprestaba a realizar un mural en Bogotá, en la calle 116 con la Avenida Boyacá.

Como es de memoria pública, luego de los hechos la Policía, con espíritu de cuerpo trató de negar lo sucedido, sindicando al asesinado por porte ilegal de armas.


 

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Noviembre 22, tras una noche de cacerolazos que con el característico sonido metálico de las ollas, cucharas y palos fueron cubriendo las sombras que surgen tras el ocultamiento del sol, la ciudad despierta con la inquietud e inseguridad de lo que pudiera suceder a lo largo de un día que también debiera ser de denuncias y protestas contra el mal gobierno, uno que además no tiene personalidad y está sometido a su protector y creador, así como a las demandas de los grandes grupos económicos, tanto nacionales como internacionales.

La inconformidad social demanda que así sea, pero además la confianza despertada por la alegría y masividad de las protestas del día anterior brinda la fuerza necesaria para que las voces de exigencia se extiendan a lo largo y ancho del territorio sabanero. Fuerza, voces y denuncias, que también debieran estar presentes a lo largo del país.

 

La jornada

 

El reloj no alcanza a marcar más allá de las 7 am cuando ya es evidente que en diferentes estaciones del transporte público, como Molinos, Tintal, Terreros, y Usme, portal de Las Américas, las gentes hacen sentir su inconformidad contra el tipo de vida que le depara la actual sociedad y el gobierno que ahora soportan. En Patio Bonito y en sectores de Ciudad Bolívar tomaban forma saqueos sobre almacenes de cadena, como Surtimax y Ara; sobre la Autopista Sur se llevaban a cabo bloqueos. Al mismo tiempo, estaciones de Transmilenio ubicadas en el centro de la ciudad son atacadas por grupos no identificados.

Transcurren las horas y la tensión gana cuerpo sobre la capital del país. El transporte público comienza a sentirse disminuido, realidad agravada tras cada hora y que se incrementará hasta prácticamente desaparecer apenas iniciando la tarde. ¿Respuesta adecuada de quienes administran el sistema –ante una amenaza real de exponer la vida de quienes aborden el servicio– o manipulación de una inseguridad creada de manera artificial para someter a la ciudadanía a extensas jornadas de caminata y así despertar repudio contra la protesta social, la genuina, que aún no termina por tomar forma por parte alguna?

Con las primeras horas de la tarde también llegan los rumores sobre grupos de pobladores robando, y con ello la amenaza de toque de queda, la que en primera instancia queda reducida a ley seca a partir de las 12 m y hasta las 6 am del sábado;
al tiempo que grupos de activistas empiezan a desplazarse para concurrir al cacerolazo citado para las 4:30 en la Plaza de Bolívar, de la cual son desalojados por el Esmad con disparos de gases lacrimógenos, todo esto a pesar que simplemente estaban allí armados de ollas y actitud pacífica para expresar su descontento por el régimen económico y su política neoliberal, así como el gobierno que las aplica dispuesto cada vez más al servicio de los grupos corporativos dominantes en Colombia.

Mientras esto sucede en esta parte de la ciudad, en sectores del sur la refriega no se detiene, aunque sostenida por pequeños grupos de pobladores; en ningún momento alcanza a percibirse una actitud organizada de los mismos. Paralelo a esto, por el norte, occidente, sur y oriente de la urbe, numerosos grupos de trabajadores/as se desplazan a pie hacia sus casas; entre estos, quienes caminan por las troncales de Transmilenio lo hacen ocupando sus carriles, y los pocos buses que aún circulan quedan bloqueados al ritmo de los transeúntes.

Para esta hora –5-6 pm– el rumor de toque de queda gana más intensidad, así como el eco de supuestos salteadores de viviendas que en grupos ponen en peligro la vida y pertenencias de los pobres, ya que tales rumores provienen de barrios del sur de la capital.

Soportada sobre esta realidad, en gran parte especulación y pánico creado por una política de terror orquestada desde los grupos de poder, a las 6:30 pm toda la ciudad queda bajo toque de queda por regir a partir de las 9 pm; desde las 8 pm en las localidades de Kennedy, Bosa y Ciudad Bolívar. En Soacha y Fusagasugá se mantiene igual disposición vigente en esos municipios desde el día anterior.

A esta hora ya es claro que el establecimiento, así como décadas atrás creó el paramilitarismo como instrumento de control social –bajo el terror del fusil y la motosierra– ahora implementa la confrontación de pueblo contra pueblo, a través de reales o ficticios copamientos y hurtos de residencias. Su efecto inmediato: centenares de pobladores, armados de palos y machetes aguardan al filo de sus apartamentos y casas, haciendo guardia a lo largo de la noche y la amanecida, a los que no han de llegar los supuestos maleantes. Mientras tanto el poder descansa a todo dar.

El control extendido sobre las ciudades también llega a las fronteras con el cierre de las que nos separan de Venezuela y Ecuador. Según el parecer oficial, todo el país está bajo riesgo de ‘no se sabe que’.

Como mensaje de seguridad sobre la atemorizada población nacional, pero sobre todo de Bogotá y Cali, quedan en disposición unidades del Ejército Nacional para que refuercen los operativos policiales. Sin duda, no hay mejor mecanismo de control que el miedo, aunque sea inducido.

Ante el anuncio de toque de queda los caminantes aceleran su paso y los pocos vehículos de transporte público que prestan su servicio, en particular los que aún no son parte de Transmilenio, recortan sus rutas, pareciendo cada vez más circulares, y hacen su agosto en noviembre.

La noche prolonga sus sombras y en multitud de barrios sus pobladores empiezan a sonar cacerolas.

En mensaje televisivo, el inquilino de la Casa de Nariño anuncia que la semana que entra citará reunión para un diálogo nacional. El Comando de Paro tiene la tarea de no dejar dilatar, como siempre hace el poder, acuerdo alguno, y concretar de inmediato reformas que le hagan sentir al poblador común y corriente, al que estuvo sometido a largas caminatas para llegar a su sitio de trabajo o para regresar desde el mismo a casa, así como a quienes perdieron una noche de sueño esperando a quien no habría de llegar, que la lucha aun es moza pero que los logros pueden ya palparse, aprestándose de esta manera para la intensa jornada de confrontación social que vendrá con el 2020.

 

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Publicado enColombia
Y ahora, Colombia: estudiantes, sindicatos e indígenas se lanzan a un paro general contra las reformas económicas del Gobierno

El presiente colombiano ha criminalizado la protesta y ha dispuesto medidas de seguridad que incluyen el cierre de las fronteras

Los convocantes de la huelga rechazan las reformas laboral y de pensiones que quiere llevar a cabo el Gobierno

También reclaman la implementación del Acuerdo de Paz que se firmó en 2016 entre el Estado y la guerrilla de las FARC

María García Arenales 

20/11/2019 - 21:48h

Las protestas callejeras en América Latina no cesan. Primero fue el turno de Ecuador y después de Chile y Bolivia, que siguen siendo escenario de manifestaciones multitudinarias y una fuerte represión estatal, y este jueves se suma otro país más a las movilizaciones: Colombia.

Sindicatos, organizaciones sociales, estudiantes, indígenas y partidos políticos opositores del país han sumado fuerzas para protestar contra las políticas económicas y sociales del Gobierno que preside Iván Duque en un paro nacional que podría ser uno de los más multitudinarios de los últimos años.

La convocatoria de esta huelga general es resultado del descontento social que se ha ido acumulando en los últimos meses y que se agudizó cuando a principios de octubre la Central Unitaria de Trabajo (CUT) advirtió que la reforma laboral y de pensiones que planea implementar el gobierno de Duque "busca empeorar las condiciones de los trabajadores y pretende aumentar las ganancias de los empresarios". 

Los organizadores del paro nacional recuerdan que esas reformas que se estarían discutiendo contemplan, entre otras medias, un recorte del salario mínimo para jóvenes, un aumento en la edad de jubilación y en la cotización de los trabajadores.

Sin embargo, el presidente colombiano ha señalado en varias ocasiones que su gobierno no ha presentado ninguna reforma en materia laboral o de pensiones ante el Congreso y, si se llegara a dar el caso, ha asegurado que sería de forma consensuada entre el Ejecutivo, empresarios, sindicatos y representantes de los gremios trabajadores.

Más allá de esas posibles reformas, el pueblo colombiano tiene otros muchos motivos para salir a la calle este jueves. El incesante asesinato de líderes sociales en todo el país, un desempleo en aumento que ronda ya el 11%, la corrupción, la crisis en la educación pública y las políticas de seguridad impulsadas por el Gobierno para combatir el narcotráfico son algunas de las razones de la huelga.

Otro de los principales reclamos es también la implementación del Acuerdo de Paz, que fue firmado en 2016 entre el gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Pese a que han pasado 15 meses desde que Duque asumió el poder, el Ejecutivo sigue sin haber definido su política respecto al acuerdo, que además pasó por uno de sus peores momentos el pasado mes de agosto, cuando el exlíder guerrillero Iván Márquez anunció que el grupo insurgente retomaría las armas porque el Gobierno no había cumplido con lo pactado.

"La protesta ayuda a colocar el mensaje de que hay un acuerdo de paz que implementar. Siempre hemos dicho que este Gobierno simula la paz, pero es más amigo de la guerra y lo demuestra con todas las políticas que quiere implementar para militarizar los territorios, de volver al glifosato y de no respetar la política internacional como un elemento de soberanía", cuenta a eldiario.es el analista colombiano Luis Eduardo Celis, experto en temas de conflicto y construcción de paz.

El Ejecutivo que dirige Duque también se vio sacudido en las últimas semanas por la renuncia del ministro de Defensa, Guillermo Botero, tras ser acusado de ocultar la muerte de varios menores en un bombardeo militar contra un campamento de un grupo disidente de las FARC. Si bien esas muertes generaron una oleada de indignación en el país, no han sido ni mucho menos el único incidente por el que el Ejército está en entredicho.

De hecho el fantasma de los falsos positivos, como se conoce a las ejecuciones extrajudiciales de civiles que son presentados como bajas en combate, volvió de nuevo a Colombia el pasado mes de mayo, cuando el periódico The New York Times dio a conocer una directriz operacional del Ejército que presionaba a los militares para duplicar las muertes y capturas, tal y como ya se hizo en la década de los 2000 bajo el Gobierno del derechista Álvaro Uribe.

Fuerte desaprobación

Teniendo en cuenta el contexto, no hay duda de que el presidente Duque, que llegó al poder impulsado por Uribe, se encuentra en el peor momento de su mandato. Según la última encuesta de Gallup publicada a principios de este mes, la desaprobación de su gestión se sitúa en el 69%, la más alta de un mandatario en 14 años, mientras que su popularidad apenas alcanza un 26%.

"Es un gobierno errático, que carece de un proyecto que convoque a la mayoría de la sociedad. Está viviendo una situación de desgaste y descrédito enorme", asegura Celis. Además, el gobernante Centro Democrático sufrió una dura derrota en las elecciones locales y regionales de octubre, perdiendo ciudades como Medellín y la propia capital, Bogotá.

La criminalización de la protesta

El paro de este jueves en Colombia coincide con un momento en el que varios países de América Latina viven fuertes estallidos sociales, como es el caso de Chile y Bolivia. Ante el temor de que en Colombia se pueda producir un efecto contagio, en los últimos días Duque no ha dejado de alertar sobre la violencia que se puede desatar durante la huelga.

El Gobierno ha ordenado extremar las medias de seguridad hasta el punto de cerrar temporalmente las fronteras para "evitar el ingreso de extranjeros que puedan alterar el orden público". El Ejecutivo también ha criminalizado la protesta en todo momento y la desinformación en la red ha sido una constante para intimidar a la población.

La Policía Nacional ha realizado numerosos allanamientos en casas de estudiantes y activistas vinculados a la marcha, hecho que los organizadores del paro consideran una provocación.

"Es una protesta normal, pero parece que el Gobierno fuera a parar una guerra. El Ejecutivo ha dicho que tiene información sobre que habrá instigadores de violencia y que se podrían repetir las imágenes de países como Bolivia, Chile y Ecuador, pero no hay ningún informe creíble al respecto", sostiene el investigador Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares)..

"También hay que tener en cuenta que los sectores de la derecha podrían infiltrarse en la marcha para causar violencia para ayudar así al gobierno populista de Duque, que necesita crear un nuevo enemigo", añade. 

El paro nacional más importante y violento que ha vivido Colombia se produjo en septiembre de 1977 contra el gobierno de Alfonso López Michelsen, que no fue capaz de cumplir las expectativas generadas ni de cambiar el rumbo económico del país como había prometido. En aquella ocasión, la represión estatal contra los manifestantes fue contundente.

De momento, la convocatoria de este jueves ya se ha convertido en una gran confluencia de expectativas frustradas y reclamos de diferentes sectores de la sociedad y, aunque sus resultados son imprevisibles, sin duda supondrá un punto de inflexión en el liderazgo de Duque.

Publicado enColombia
El inolvidable Octubre 2019: El retorno de la victoria ancestral. La Caja de Pándora

Octubre, el mes de la resistencia de los pueblos ancestrales en contra de la colonización y neocolonización, y por la construcción de la otra historia, esta vez coincidió con un estallido social que concitó a las mayorías ecuatorianas, desmnudando la catadura del régimen existente. Las impresiones derivadas del mismo son múltiples y con luces diversas.

 

Lo que no esperaban recorrió el país con fuerza de huracán. Energía, presión contenida tras más de una década de judicialización y criminalización de la lucha social y la disidencia política perpetrada por la estrategia correísta-progresista en contra de la resistencia de los pueblos opuestos a su proyecto de modernización conservadora.

Inconformidad latente con la cual choca el paquete económico neoliberal del gobierno de Moreno, el que sin medir de manera adecuada el ambiente social y político dominante en toda la sociedad ecuatoriana, con el Decreto 833, que incrementa el precio de la gasolina y el Diesel e incrementa las tarifas del transporte público, libera la energía social de la ira popular; respuesta de mayorías a la coacción de un capitalismo salvaje sobre la vida humana y natural.


La respuesta social ante el Decreto de marras, el llamado al paro nacional y al levantamiento indígena por parte de las organizaciones sociales, fue rebasado por lo que Benjamín denomina la violencia divina*. Se refiere así a un estallido popular cuya fuerza es una respuesta violenta a la violencia simbólica y sistémica del capital, una energía social que trasciende las demandas concretas y justas de los pueblos.


La característica principal de la violencia divina es que no es medio para ningún fin, es simplemente expresión de la inconformidad que destruye lo fundado. A pesar de ello, las organizaciones sociales encauzaron el estallido, resolviéndolo en la mesa de diálogo que exigieron a Moreno.


Es esta violencia divina la que el Gobierno y sus aliados, de manera cínica e hipócrita, descalifican como actos vandálicos y de saqueo. A la luz de la historia reciente es oportuno preguntar de dónde proviene el saqueo y el vandalismo: ¿Acaso la sucretización de la deuda privada en 1983, el feriado y salvataje bancario en 1999 y la corrupción correísta entre 2007 y 2017 no es violencia y saqueo a su máxima expresión? ¿Acaso la política extractivista que han implementado las élites gobernantes en toda la historia del país no es expresión de una violencia extrema del capitalismo en contra de la humanidad y la naturaleza? Ante esta historia de violencia estructural, la ira social no solo es comprensible, sino que se justifica. La respuesta enérgica de los pueblos en contra de la violencia del capitalismo y sus agendas políticas cada vez más salvajes, es parte de la historia de resistencia planetaria; es evidente en las protestas de los Chalecos amarillos de Paris 2018, en las protestas de Hong Kong 2019, en las actuales protestas de Haití, Barcelona y Chile, solo para citar algunas protestas de las escenificadas a lo largo de de los últimos dos años.


Es en estas circunstancias que dos hechos fundamentales lograron articular la protesta social para conquistar la victoria: 1) la presencia del pueblo Sarayaku, cuya autoridad simbólica reside en la autonomía de su proyecto de vida, que no busca disputar la administración del Estado, sino luchar por la construcción de una vida distinta en el marco del kawsak sacha –la selva libre–. 2. La marcha de las mujeres convocada por Blanca Chancoso, histórica dirigente indígena, que congregó una inmensa presencia femenina en las calles de Quito en rechazo de la represión estatal. Esta voz femenina no eligió al Estado ni sus símbolos como interlocutor de su demanda, sino que interpeló a la sociedad quiteña a unirse en contra de la violencia patriarcal, desatada por la declaratoria del estado de excepción.


La resistencia y lucha de la razón ancestral


Como resaltó tres décadas atrás, en resistencia que posicionó a los pueblos ancestrales como el actor histórico principal de los procesos de resistencia y transformación social que conoció nuestra región continental, de nuevo el movimiento indígena se constituye en el eje de la lucha en contra del renovado ciclo neoliberal en América del Sur y, por qué no decirlo, del continente.


Es así como en los días que corren, se produce un retorno de la lucha social liderada por los pueblos ancestrales en contra del capitalismo neoliberal, que además supone un salto y continuidad en su lucha contra el progresismo conservador. Frente a la violencia de la razón capitalista surge la resistencia y lucha de la razón ancestral, que se muestra con claridad en los pueblos indígenas pero que mora en toda la humanidad, en su camino de humanización articulada al respeto de la naturaleza. En el caso particular del Ecuador, son los pueblos ancestrales el fundamento cultural de nuestra sociedad, en ellos radica el mayor patrimonio de nuestro país y la fuerza telúrica de la resistencia anticolonial y anticapitalista. Las raíces de la sociedad ecuatoriana se hunden en la historia precolombina, de allí emerge su posibilidad de futuro.


La enseñanza de mujeres y jóvenes


En estas movilizaciones, además del movimiento indígena, protagonista principal de la lucha, y de las organizaciones de trabajadores, resaltó la presencia refrescante de las mujeres organizadas, como de las no organizadas, y de los jóvenes que en estas jornadas se bautizaron en la lucha política. Estos dos actores abrieron nuevas y emergentes formas de organización de la resistencia social, que plantean alternativas a las viejas estructuras de la izquierda, cooptadas por la razón de Estado, y que hoy frenan la resistencia social por su marcado conservadurismo y patriarcalismo. Estas nuevas formas, aún en ciernes, expresan otra manera de enfrentar al sistema, donde no se pospone la construcción de nuevas relaciones sociales a la espera de la instauración de un nuevo sistema. Estas nuevas relaciones están ligadas al cuidado, a las experiencia cotidiana, a los afectos, a la horizontalidad; se tejen en el aquí y ahora de la lucha. Esa es la enseñanza que nos dejan los jóvenes y las mujeres y esa ya es una inmensa victoria.


En contra y más allá de las dos estrategias capitalistas dominantes


El movimiento indígena y el resto de sectores sociales protagonistas de la resistencia y la lucha en contra de las directrices económica neoliberales, lograron establecer una línea autónoma respecto del gobierno neoliberal y los grupos de la derecha nacional y, también, respecto del progresismo conservador correísta. Una línea de autonomía que no solo se disputó y triunfó en el país, sino que logró establecer una diferencia clara en el contexto de la geopolítica regional.


Es fácil observar que en el conflicto político desatado en Ecuador, a lo largo de la primera quincena de octubre, se disputaba un conflicto mayor, que incluso rebasa el ámbito regional, y que tiene como ejes de disputa: por un lado, la línea tradicional del capitalismo neoliberal de la derecha alineada con el FMI y al Estado norteamericano en el eje occidental, al cual se articulan gobiernos latinoamericanos como los de Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Chile. En el otro lado se encuentra la línea del progresismo conservador alineado con la agenda del capitalismo ruso-asiático, que administró la mayoría de los Estados de SurAmérica y que hoy se encuentra en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y México.


Esas dos estrategia del capitalismo disputaban sus proyectos en el conflicto social desatado en Ecuador. Las estrategias utilizadas por unos y otros pretendían utilizar y sofocar el levantamiento autónomo de los pueblos para beneficio de sus propias agendas. El correísmo progresista buscaba apoderarse de las demandas de los pueblos para conseguir la destitución de Moreno y hacerse de nuevo con la administración del Estado, y así tapar sus actos de corrupción y saqueo de los recursos de la sociedad que perpetraron en su época de gobierno; y abrir de nuevo las puertas para el retorno del progresismo conservador en el subcontinente. Por su parte el gobierno de Moreno buscaba deslegitimar la protesta social al articularla con el correísmo, imponiendo de esta manera la política fondomonetarista, en complicidad con los grupos económicos más poderosos nacionales y transnacionales, con la derecha política socialcristiana –con quien ha gobernado durante dos años– y la derecha ideológica que intenta manejar la economía del país.


Sin embargo, la fuerza de la movilización social fisuró la disputa entre dos versiones del capitalismo y abrió el espacio de la autonomía de la lucha a los pueblos, que no disputaban el control del Estado, sino que enfrentaban el modelo neoliberal y con éste, el capitalismo. Así, los grandes perdedores en estas jornadas de lucha fueron: el Estado, el Gobierno, los socialcristianos –punta de lanza de la derecha tradicional–, los correístas, punta de lanza de la derecha progresista, y los medios hegemónicos de comunicación.


Tres grandes contradicciones


Los momentos críticos vividos por cualquier sociedad sacan, lo a flote lo mejor y lo peor de la misma. De lo mejor, ya hemos visto algunos aspectos, y de lo peor, fluyeron tres grandes contradicciones las mismas que articulan desde tiempo atrás a la sociedad ecuatoriana: el racismo colonial, la desigualdad clasista y el segregacionismo campo-ciudad.


Son estas contradicciones las que obligan al conjunto ecuatoriano a pensarse honestamente como sociedad y dejar de promulgar una falsa identidad nacional, una ciudadanía moderna, un tramposo interés general que no existe y menos aún en este país con un Estado aún colonial.


Contradicciones latentes. En medio de la resistencia de los más contra los menos, saltaron las minorías blanqueadas del país, tanto de Guayaquil y sobre todo de Quito, a condenar los “actos vandálicos de los indios”. Las élites guayaquileñas en la voz de Nebot abrieron su juego profundamente racista con la detestable frase que “los indios se queden en los páramos porque a su ciudad no entran”. Con ello no solo se deslindaron del mundo indígena, sino de la región de la Sierra y la Amazonía e incluso, del profundo pueblo costeño de origen ancestral, montubio y negro. La “blanquitud” quiteña, aliada de las cámaras empresariales y de los grandes medios de comunicación hegemónicos, salió a la defensa de la “franciscana ciudad de Quito”, de su patrimonio histórico y de su “hermoso” urbanismo, en contra de los “indios salvajes” que viene a “su” ciudad sin invitación. Se horrorizan, lloran, patalean por los daños perpetrados en “su” ciudad, pero nunca lanzaron una sola lágrima ni queja cuando sus empresarios y sus gobiernos acaban con la biodiversidad de los páramos, de las fuentes de agua, de la Amazonía destruyendo con ello los territorios de los pueblos ancestrales, dejándoles con tierras, agua y aire envenenados.


Son las mismas minorías blanqueadas que nunca protestan ni sufren cuando las corporaciones de constructores levantan edificios sin importarles dejar sin espacios verdes a la ciudad, sin cuestionarse por el aumento de vehículos que colapsan el tránsito y el aire. Nunca se quejan de que las comunidades aledañas a Quito sean despojadas de sus territorios por las constructoras, en complicidad con el gobierno municipal. No lloraron cuando destruyeron el patrimonio arqueológico para hacer el túnel del metro de Quito. No, no les duele su ciudad, les molesta que los dueños ancestrales de estas tierras vengan a “ensuciar” su proceso de blanqueamiento; les molesta que les recuerden que no están en Europa ni Estados Unidos, que no son ciudadanos del primer mundo al que su necio arribismo les hace desear.


Las victorias


Tras dos años de un gobierno de espaldas a las necesidades y deseos de diversidad de sectores sociales, y con la resaca de un correísmo negado a la protección de los territorios ancestrales y a la participación libre y deliberativa del descontento social, en solo 13 días de intensa lucha decidida, colectiva y solidaria, se logró revertir la realidad, dejando desnudo al poder formal.


Es así como de la primer quincena de este inolvidable octubre, emana una victoria simbólica y política para el movimiento indígena y las organizaciones sociales que lo acompañaron. La victoria política se manifiesta en la recomposición de la resistencia indígena y popular con autonomía del gobierno neoliberal y del progresismo conservador; en la convicción de que es posible resistir y frenar al neoliberalismo; en la presencia de nuevos y refrescantes actores sociales.


La victoria simbólica se expresa en el establecimiento de un diálogo de cara a la sociedad nacional y mundial pocas veces visto y que deja una enseñanza de transparencia política al mundo; en la presencia sin intermediación de los pueblos indígenas en la mesa de diálogo, afirmados en su diferencia y en su capacidad de pensar no solo sus nacionalidades, sino de pensar a la sociedad ecuatoriana en la mayoría de su composición social y cultural; en la participación indispensable de las mujeres en todo el proceso de la lucha que nos dice que sin nosotras no hay posibilidad de transformación; en la participación de los barrios de los sectores populares y de algunos sectores medios de Quito, y en el apoyo y acogimiento por parte de varios sectores de la ciudad, entre ellos las universidades, de los pueblos indígenas que arribaron a la misma y, por último, en la gran minga llevada a cabo para arreglar y limpiar la ciudad, escenario de la protesta, donde convergieron los pueblos indígenas y los habitantes de Quito, en una actitud de responsabilidad y cuidado pocas veces vista.


Tres luchas antisistémicas


Lo que tuvimos por todo el país fue una inmensa movilización, un alzamiento por la vida, un proceso de resistencia en el que convergieron las tres luchas antisitémicas: la antipatriarcal, la anticolonial y la anticapitalista. Si bien la última fue la que articuló esta vez la lucha en contra del modelo económico fondomonetarista, las otras dos fueron claves para consolidar la derogatoria del Decreto 883, punta de lanza de las políticas de ajuste.


La dirección del movimiento indígena como actor principal de esta intensa jornada en contra del paquete económico gubernamental cualificó la lucha anticapitalista con la fuerza de la resistencia anticolonial de los pueblos ancestrales. Este hecho amplia la lucha anticapitalista más allá de la discusión sobre el modelo económico y la hace bordear con la discusión del modelo civilizatorio, lo cual es muy importante para cuestionar las coordenadas impuestas por el paradigma del progreso, el crecimiento económico y el desarrollo como verdades del capitalismo, así como de la Modernidad; lo que pone de manifiesto no solo el modelo económico neoliberal, sino el modelo productivo y energético extractivista que está destruyendo a los pueblos, sus territorios y la naturaleza que los acoge.


Por su parte, la presencia de las mujeres y de lo femenino en general en las labores del cuidado, del abrigo, del sostén emocional, de la sanación; no detrás de…, sino en el centro de la lucha, fue fundamental para entender que el capitalismo se lo ejerce desde el mando patriarcal en contra de la vida social y natural. Se entiende con esta experiencia que la lucha anticapitalista es posible solo si es también antipatriarcal y anticolonial, que no hay privilegio ni primacía de una lucha sobre las otras, que su centralidad como lucha articuladora depende del contexto de la resistencia.


Construir el hecho histórico


La lucha como acontecimiento fue una victoria de los pueblos, ahora empieza la lucha por la victoria en la construcción del hecho histórico. De parte del establecimiento harán todo lo posible por despojar de la palabra que dote de sentido el acontecimiento como victoria de la humanidad sobre el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Desplegarán, de parte de la derecha ideológica neoliberal, una estrategia discursiva racista, clasista y machista para imponer su relato ideológico neoliberal que acusa al mundo indígena de violentos y salvajes; a la par que, de parte de la derecha ideológica progresista acusan al mundo indígena de incapaces, ingenuos y manipulables.


El triunfo fue sobre el terreno, ahora, en lo mediático, comunicativo, educativo, en el relato cotidiano, tratarán de revertir su derrota. Esta victoria, que es de todas y todos, no puede perderse en ese interregno, en el cual también el conjunto nacional debe estar presente, para cerrarle el paso a ese poder destructor que niega lo diferente, la memoria y los sueños colectivos. En este, como en otros escenarios, los pueblos tejen sus propios caminos, que tejen su memoria y su autonomía.

 

* Benjamín, Walter, Tesis de la filosofía de la historia, www.anticapitalistas.org/IMG/Benjamin–TesisDefilosoFiaDeLaHistoria.pdf

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