Las urgencias y el pragmatismo demolieron el pensamiento crítico

Una de las principales características del pensamiento crítico fue siempre la capacidad de mirar largo y lejos, de otear por encima de los árboles para divisar el horizonte. Esa mirada larga ha sido la brújula que no se perdía ni siquiera en las peores situaciones. En momentos de guerras y genocidios, la esperanza provenía de la convicción de que se sigue caminando en la dirección elegida.

Por lo tanto, cultivar la memoria es una cuestión básica, casi un instinto para sobrevivir y crecer. No para aferrase al pasado sino para afirmar las raíces, la cosmovisión, la cultura, la identidad que nos permiten seguir siendo y caminar, caminar, caminar….

El pensamiento crítico se viene ahogando en la inmediatez, se pierde en la sucesión de coyunturas en las que apuesta por el mal menor, ruta casi segura para perderse en el laberinto de los flujos de información, sin contexto ni jerarquización. El sistema aprendió a bombardearnos con datos, con las últimas informaciones que sobreabundan en medio de la escasez casi absoluta de ideas diferentes a las hegemónicas.

Estos años buena parte de la izquierda y de la academia la emprendieron contra Trump. Lógico y natural. Pero parecen haber olvidado que algunos de los desarrollos más oprobiosos vienen de los años de Barack Obama, el progresista que inició la guerra en Siria, que promovió el golpe de Estado en Egipto y decenas de intervenciones contra los pueblos en América Latina, Asia y África.

Dedicar todos los análisis a las coyunturas implica dejar de lado los factores estructurales. De ese modo, no pocos analistas que presumen de un pensamiento crítico, “olvidan” que los gobiernos progresistas profundizaron el extractivismo (acumulación por despojo o cuarta guerra mundial). Cuando los incendios en la Amazonia, esta corriente mayoritaria atacaba a Bolsonaro (con toda razón), pero no quiso mirar que bajo el gobierno de Evo Morales sucedía exactamente lo mismo.

Sinceramente, no veo la menor urgencia en que retornen gobiernos progresistas que ya han mostrado los límites de las administraciones que encabezaron. En Bolivia, señala Rafael Bautista, era necesario derrotar a la derecha y la gente lo hizo, pero “la usurpación que hace el MAS de la victoria popular, creyendo que fue obra exclusivamente suya la recuperación democrática, está conduciendo a ese desencantamiento que es lo que, precisamente, sucedió previamente para que el golpe pasado sea legitimado por una revuelta social” (Alai, 4 de enero de 2021).

Si el pensamiento crítico naufraga en la cortedad de miras, ha optado también por culpar de todos los problemas a la derecha. De este modo, al amputarse la autocrítica con la excusa de no dar argumentos al adversario, queda impedido de aprender de los errores, de confrontar abiertamente y debatir en colectivo para llegar a conclusiones comunitarias que orienten la acción.

¿Dónde están las autocríticas del brasileño PT, del MAS de Eco o de Alianza País de Rafael Correa? Para evitar el debate acuñaron la idea de “golpe”, que se aplica en cualquier coyuntura que sea adversa. O de “traición”, para dar cuenta de casos tan sonados como los del ecuatoriano Lenin Moreno y el uruguayo Luis Almagro, olvidando que fueron elegidos por Correa y Mujica respectivamente.

Podría seguir argumentando situaciones y conceptos que han desviado o impedido los debates y, peor, los aprendizajes siempre necesarios. Hay un punto, empero, en el que seguimos atascados sin poder avanzar, ni tender puentes, ni hacer balances. Me refiero al papel del Estado en los procesos revolucionarios.

Algunos nos negamos a considerar que los Estados estén en el centro del horizonte emancipatorio, mientras muchos otros no conciben la acción política por fuera de la institución estatal. No es un asunto menor. Es el rompeolas contra el que se estrellarán las futuras generaciones, incluyendo los movimientos indígenas y feministas, los más pujantes en estos años.

Se viene difuminando una idea nefasta que dice: si las personas, los colectivos o los movimientos adecuados llegan al Estado, por ese sólo hecho lo modifican, cambian su carácter. Como si el Estado fuera una herramienta neutra, utilizable tanto para oprimir y reprimir como para liberar pueblos y ajustar cuentas con la clase dominante.

La experiencia histórica, desde la revolución rusa hasta los últimos gobiernos progresistas, habla por sí sola. Pero al parecer recordar y hacer balance es un ejercicio demasiado pesado para un pensamiento indolente, que busca acurrucarse en la tibieza de las comodidades antes que acampar a la intemperie.

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Reflexión socio-política y proyección de Únete

La acción sindical está sometida a cambios, no de otra manera podría ser, mucho más cuando el mundo que hoy conocemos –y como parte de un todo el mismo mundo del trabajo– está sometido a una transformación inimaginable hasta hace pocas décadas.

 

Así lo comprende Únete*, quien por ello está acometiendo un proceso de reflexión y estudio, a través de seminarios permanentes, con el fin de renovar su proyección estratégica de cara a la cambiante realidad nacional, de tal manera que sus propuestas y sus posiciones frente a la sociedad sean lo más ajustadas a los cambios contemporáneos, desarrollando, para ello, herramientas teóricas y metodológicas que le permitan orientar su acción política.

Tras este propósito, Únete y desdeabajo construyeron un espacio de capacitación y debate colectivo con el fin de activar discusiones entre todos los afiliados y la ciudadanía en general. El primero de ellos se llevó a cabo el viernes 20 de octubre, he aquí un resumen.

 

Procesos de subjetivación política

 

En primera medida hemos dicho que entendemos la política en doble vía: por un lado como la capacidad de decidir sobre los asuntos de la vida en sociedad, pero también como la técnica de los juegos de poder por acceder a una posición de liderazgo y mantenerse allí, lo que demanda entenderla mucho más allá del juego electoral. Mirada que exige reconocer que son los actores colectivos, los sujetos que dependiendo de su grado de consciencia y de libertad quienes, en propiedad de ciertos recursos (un proyecto colectivo, una forma de vida, y sabiendo identificar a sus contrarios o enemigos), van ganando fuerza, disputando posiciones de poder y construyendo un orden social a la medida de sus posibilidades.

A partir de este punto de partida, en la primera sesión de debate abordamos una pregunta central: ¿cómo se constituyen los sujetos en la historia? Resulta que el movimiento obrero, el movimiento social más fuerte durante todo el siglo XX, en sus teorizaciones tradicionales muy centradas en el economicismo marxista, consideraba que eran las condiciones objetivas, es decir las contradicciones económicas entre el sistema de capacidades de producción y el sistema de necesidades de consumo, las que iban irreversiblemente a conducir, mediante la lucha de clases, hacia una sociedad cada vez más igualitaria y libre. ¿Qué pasó? Pues que esto no sucedió, el determinismo económico no puede explicar el fracaso de dichos proyectos, pues dejó de lado los elementos políticos y culturales, los que sí permitían comprender cómo proseguía la reproducción social, las subjetividades, la identidad de los grupos sociales, es decir, cómo se reproducía el sistema, más allá de lo económico.

La intelectualidad crítica ha debatido largamente sobre este tema, pues ha considerado importante entender cómo es que existiendo tanta desigualdad, tanta pobreza y miseria, los más necesitados no se unen para socializar el poder y la riqueza de manera que todos podamos vivir de mejor manera. Este es, en sí, el debate de cómo los sujetos del abajo toman consciencia de sus condiciones objetivas y tratan de construir entre todos un nuevo proyecto de sociedad. ¿Esta consciencia se construye, se genera, se desarrolla o se transmite? ¿Qué papel podría jugar en este esfuerzo una federación sindical?

 

Subalternidad, antagonismo y autonomía

 

Autores como Massimo Modenesi1, resumen en estas tres categorías los procesos de subjetivación política que desde las teorías criticas han aportado al debate de la construcción de sujetos con respecto a su grado de libertad respecto de la clase dominante. Por ésta entienden a la porción de la población con mayores privilegios en términos de acceso a recursos económicos, culturales, sociales y políticos, constituida, además, en la guía intelectual y moral de toda la sociedad. Los sujetos de menor independencia con respecto a esta clase, aquellos que interpretan su mundo, crean sus aspiraciones y sus formas de vida desde los referentes legitimados por quienes dominan, están en la subalternidad; mientras que aquellos que logran sus propios referentes, y niveles de cohesión –con un horizonte de sociedad distanciado del actual sistema– se encuentran en la categoría de la autonomía.

Subalternidad:
La subalternindad es una categoría que nos ayuda a abrir el espacio de los sujetos de cambio mucho más allá de las constipadas categorías del economicismo ideologizante que utiliza una categoría como explotado u oprimido, y va más allá de la mera clase trabajadora o el proletariado. Acuñada por Antonio Gramsci, el sujeto subalterno es una categoría que alude al estado subjetivo de todo un corolario de actores que tienen una aceptación relativa y apenas un rechazo relativo del sistema actual. Tal sujeto acepta las relaciones de dominación que lo determinan como naturales, y a lo sumo realiza un ajuste de las mismas para lograr que su vida sea más llevadera. Este sujeto lleva incorporados los intereses de la clase dominante, si bien no sus condiciones materiales y económicas, sí sus valores, su personalidad, su razonamiento cotidiano y su discurso.

Antagonismo:
La subjetividad antagonista da un paso más adelante, surge del rechazo en mayor grado a las relaciones de dominación y pasa a un segundo momento de confrontación y de lucha por sobre sus dominadores, sus patrones, y las agrupaciones políticas que estos representan (partidos, sindicatos, gremios etcétera). Ésta se constituye a partir de la experiencia de la lucha contra un contradictor o enemigo determinado, y con ella va dando forma a un aumento de fuerzas organizativas, políticas, económicas y culturales en contra de la clase dominante.

Autonomía:
La consciencia de las condiciones objetivas de su grupo social se encuentra aquí mucho más desarrollada; con este nivel de comprensión de la vida, ya no solamente rechaza el poder de su enemigo, sino que abordando un “poder hacer” autónomo sobre su propia vida; es el paso de la protesta a la propuesta. Aquí el sujeto tiene formaciones políticas propias; la experiencia de la emancipación da paso al proceso de subjetivación política que se lleva a cabo.

De acuerdo a este esquema teórico, y para poder dar paso a una discusión entre todos/as, podemos decir de manera esquemática que el desarrollo de una consciencia política cada vez más desarrollada, es producto de:

- La afirmación subjetiva de las condiciones objetivas. Investigar y conocer mejor el lugar que se ocupa en la estructura social y las relaciones intrínsecas de los problemas sociales entre sí, para saber el grado de dominación en que se encuentra.
- Generar el sentido de pertenencia a un grupo subalterno particular, a través de las relaciones de filiación y amistad con quienes se sufre de la dominación que se quieren romper.
- La identificación de un responsable de la dominación, un antagonista claro al cual debe derrotarse, aquello contra lo cual debe enfrentarse el grupo subalterno para superarlo material, cultural y simbólicamente.
- La articulación de un discurso alternativo, de otra forma de hacer las cosas y de procesar la experiencia, como determinantes de la politización generadora de la consciencia de la voluntad de luchar para afirmarse como sujeto.

Podemos decir, en este sentido, que desde diferentes experiencias se asume una consciencia particular del lugar que ocupamos en la sociedad, y al asumirnos como tales se supone una cierta capacidad de acción que debe desarrollarse y generar condiciones para su desarrollo. En la proyección de largo plazo debemos considerar la fase o grado de autonomía en que nos encontramos y aquella a la que pretendemos llegar. Cómo construimos planes y estrategias que vayan arraigando territorial, política y culturalmente en sujetos determinados, en un proyecto alternativo de sociedad, y cómo podemos dinamizar esos avances, son tareas del activismo si queremos trascender al plano político.

 

Herramientas de medición

 

Ahora, bien para podernos proyectar de mejor manera, es preciso tener herramientas de análisis que nos permitan evaluar cuáles son los lugares y actores estratégicos por considerar, y cómo vamos avanzando con ellos desde la subalternidad, al antagonismo, hasta la autonomía integral. Vale decir que estas son solo categorías analíticas que no existen en la realidad, pues en ella estos grados de libertad se entrecruzan y se desarrollan de manera simultanea, dependiendo de las circunstancias. Sin embargo, proponemos algunos parámetros que pueden irse evaluando, desde el primero hasta el ultimo, como herramientas de formulación y evaluación de los avances en el desarrollo de nuestros propósitos.

1. Conocer la formación objetiva del grupo subalterno: Por ejemplo, si queremos construir un sindicato de las servidoras en una empresa estatal debemos saber muy bien el perfil ocupacional de quienes lo pueden integrar, su origen social, sus ingresos, el tipo de contrato que tienen etcétera, detalles que nos brindan una radiografía del sujeto que queremos proyectar.


2. Conocer su adhesión activa o pasiva a formaciones políticas dominantes. Es preciso conocer cómo se alinean –o no– sus intereses con los de los partidos, sindicatos u organizaciones de los de arriba, de la clase dominante. Por ejemplo, identificar en qué medida simpatizan con los planteamientos del Centro Democrático u organizaciones similares, o si ya es militante pleno de tales formaciones políticas, en qué medida influyen o se dejan influir por los programas de estas formaciones, y en qué medida divide, descompone, renueva o construye nuevas formaciones de grupos subalternos.


3. Identificar el nacimiento de nuevas formaciones políticas de los grupos dominantes, para mantener el consenso: saber identificar la creación de nuevos partidos y sindicatos por parte de los grupos dominantes, tratando con ello de recoger y neutralizar las demandas y reivindicaciones populares, y de prolongar su dominio social.


4. Cómo se construyen las reivindicaciones: precisar en que medida estás responden a las necesidades y las demandas del grupo, así como su carácter cuestionador del orden vigente, si es restringido, parcial, territorial, sectorial o global.
5. Identificar la constitución de nuevas formaciones políticas desde los grupos subalternos, pero con viejos liderazgos y viejas prácticas políticas: también es importante reconocer cómo surgen nuevos sindicatos, comités, partidos, organizaciones desde abajo; pero también saber hasta qué punto reproducen lo que quieren combatir, o cómo la permanencia de anquilosados dirigentes obstruyen o cooptan el desarrollo del movimiento.


6. La formación de fuerzas innovadoras desde los grupos subalternos: identificar o construir nuevas tendencias o nuevas fuerzas políticas y organizativas, lo más autónomas posibles de los grupos dominantes, y ver el grado de adhesión que logran entre los grupos subalternos más cercanos, ya sea activa o pasivamente.

 

Con eco

 

Esperamos este tipo de ejercicios formativos motiven a personas y organizaciones de todo tipo para que repliquen estos espacios en sus territorios y que envíen sus conclusiones de vuelta, para retroalimentar el trabajo, enriqueciendo nuestra posición como proyecto de país alternativo.

Adicional a esto, recomendamos las lectura de Raúl Zibechi y Decio Machado (2016): Cambiar el mundo desde arriba: los límites del progresismo. Capítulo 2, publicado por Ediciones Desde Abajo, para ejemplificar cómo se reproducen ciertas tendencias en los proyectos alternativos.

 

* Federación nacional de trabajadores del estado, los servicios públicos y la comunidad.
** Modonessi, Mássimo. (2010) Subalternidad, antagonismo, autonomía. Marxismo y subjetivación política. Buenos Aires: CLACSO- UBA Sociales Publicaciones - Prometeo libros, 2010

Publicado enEdición Nº241
"El pensamiento crítico está más vital que nunca"

"El pensamiento crítico en América latina está más vital que nunca", dijo ayer a este diario el secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Pablo Gentili. Anoche tarde llegó a Medellín Raúl Zaffaroni. Hoy ya estará Luiz Inácio Lula da Silva, que se quedará hasta el miércoles. Mañana tocará Medellín Pepe Mujica. Y próceres fundadores de CLACSO como Theotonio dos Santos y Aldo Ferrer. Todos participarán de la VII Conferencia de Ciencias Sociales que funcionará hasta el viernes con 26.500 participantes.


"Es la conferencia de Ciencias Sociales más grande del mundo", dijo Gentili. "Y no solo por los asistentes, que marcan un record, sino por la cantidad simultánea de paneles, talleres de trabajo y conferencias magistrales."


"Lula o Mujica no llegan a Colombia porque se reúnen cuatro amigos", afirmó el secretario ejecutivo de Clacso. "Saben que serán partícipes de un gran foro del pensamiento abierto, con el foco colocado en los procesos de transformación democrática, en la justicia social y en la lucha por la paz en América Latina y en el mundo. A un intelectual legendario como Aníbal Quijano lo invitan permanentemente de todos lados. Muchas veces dice que no. Pero en las actividades de Clacso participa. Y lo mismo pasa con el portugués Boaventura da Sousa Santos."


Además de Lula y Mujica, darán conferencias especiales el vicepresidente de Bolivia Alvaro García Linera, la senadora uruguaya Lucía Topolansky, el ex jefe de gobierno de la ciudad de México Cuauhtemoc Cárdenas y el cubano Juan Valdés, que hablará sobre los cambios institucionales en la isla.


"La situación mundial que cambió pone a los países de América Latina ante la necesidad de continuar políticas progresistas, nacionales, populares, de izquierda y ciudadanas, según como se las clasifique en los diferentes países de la región", explicó Gentili. "Quizás las gran cantidad de inscriptos se deba a una gran avidez no tanto por escuchar un balance sino los desafíos sobre el futuro en la Argentina, en Brasil, en Ecuador y en Venezuela. Es un espacio de la izquierda mundial muy plural, muy abierto porque la izquierda no quiere generar pensamientos dogmáticos sino plantear controversias y discutir hacia dónde vamos."


"Lo que queda claro es que al ser tan complejas y dilemáticas las salidas, es importante recurrir al análisis", afirmó Gentili. "Sabemos qué se hizo y qué no se hizo con la pobreza, con la desigualdad, con la seguridad ciudadana, con el Estado, con las instituciones democráticas, con la participación social y con las migraciones. Pero para entender qué sucedió y cuáles son los desafíos del futuro los intelectuales precisan de la política. ¿Cómo entender, si no, que con un aumento de la inclusión social se hayan alcanzado en algunos países niveles tan altos de violencia, y de violencia policial? No hay que tenerle miedo a la discusión".


Ricardo Sánchez Angel y Arturo Escobar plantearán los escenarios futuros de Colombia en medio del proceso de paz y con derivaciones de la guerra civil más vieja del mundo que se proyectarán durante décadas, como el efecto de las violaciones a los derechos humanos, los millones de desplazados y los cambios en la propiedad de la tierra.


"Es una guerra que nos avergüenza a todos, porque América latina en su conjunto no consiguió ayudar a Colombia a encontrar una solución", señaló Gentili. "Por eso la Conferencia de Ciencias Sociales y las XXV Asamblea de Clacso expresarán su apoyo a la paz no de un modo paternalista sino como una forma de contribuir a la solidez del proceso pacificador en el futuro." Y añadió Gentili: "No podemos avanzar en los procesos de integración regional, pensar en América latina como un continente articulado e integrado si uno de nuestros países está en guerra."


Según el secretario ejecutivo la colaboración entre Clacso y la política la entendieron personalidades como Evo Morales y su ministro secretario general de gobierno, Juan Ramón Quintana Taborga. "Evo participó de reuniones promovidas por Clacso con organizaciones sociales y Quinta directamente fue un becario Clacso." Por eso, "los que investigan deben entender cómo se gestionan las políticas públicas y cómo los ritmos de la política, sobre todo en la gestión, no son los mismos que los de la investigación académica".


"Particularmente en los últimos tres años nos fijamos el desafío de investigar y a la vez intervenir políticamente colaborando con conocimiento que sirva para trazar políticas públicas, y para eso aprendimos mejor cómo acercar ese conocimiento a quienes están a cargo de la ejecución."


"El pensamiento social crítico está guiado por los principios de la igualdad, de la justicia social, del fortalecimiento y la radicalización de la democracia, por la necesidad de destruir los poderes opresores, por la lucha contra el racismo y contra toda forma de violencia", dijo Gentili. "Es un pensamiento libertario e inconformista, que siempre quiere más porque la democracia siempre se puede fortalecer."


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Publicado enCultura
Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz

Acaba una semana para la paz desde el arte y la cultura, desde la academia, la política y la calle. Es hora de hacer una valoración, lo más honestamente subjetiva posible, de lo que ha sido, lo que pudo ser y lo que supondrá de cara al futuro cercano de Colombia.


Señalemos en primer lugar que creemos en el proceso de paz que se adelanta, y que los acuerdos que se firmen en La Habana entre el gobierno y las FARC serán una primera piedra en la construcción del edificio de una sociedad pacífica, que no significa sin conflicto.


Los conflictos, los personales y los colectivos, son innatos a la naturaleza del ser humano y hay que aprender a gestionarlos sin agresiones y sin la eliminación del contrario, que no es un enemigo sino alguien con el derecho, como todos, a pensar diferente. Porque después del posible, y deseado, acuerdo negociado en la capital cubana quedarán muchas otras violencias que solucionar, todas las estructurales que mantienen las inequidades y la desigualdad social.


Esta cumbre celebrada en Bogotá, pese al poco seguimiento hecho por los medios masivos, ha mostrado el interés y las ganas de mucha gente, artistas, gestores culturales, políticos y ciudadanía en general, en dialogar y expresarse para intentar alcanzar acuerdos que permitan lograr una convivencia pacífica.


Sería tema para otro debate estudiar por qué se comunican tan mal este tipo de eventos. Es curioso ver cómo se difunden las violencias, las maldades y los aspectos negativos de la sociedad y se ignoran o excluyen de la agenda informativa los efectos de lo mucho y bueno que ofrece Bogotá, y toda Colombia, en actividades culturales, artísticas, deportivas y de ocio.


El imaginario colectivo sigue preso de la "información " de unos medios que priman el espectáculo y la violencia por encima de la formación y la información. Le siguen disparando a la paz desde fuera y desde dentro.


Pienso que la política (algunos políticos), las empresas (algunos empresarios), y los medios (algunos de ellos) muestran dos caras y no le apuestan con todo a la paz.

Volviendo a esta semana de eventos, que ha contado con casi trescientas personas invitadas entre ponentes y participantes locales, nacionales e internacionales, creo oportuno también, por si sirve para futuros encuentros, criticar la concentración de actividades en el mismo horario y en distintos escenarios, lo que dificulta asistir y escuchar lo que de interesante, que seguro ha sido así, se haya propuesto en todas ellas.


De lo que he podido ver, al margen de lo que ya he escrito resaltando las palabras de Juan Manuel Roca, Alfredo Molano, Patricia Ariza, León Valencia y Sergio de Zubiria, destacaría tres eventos:

 

"Arte, cultura y educación en la construcción de paz"


En la segunda jornada tuvo lugar, en el escenario del teatro Jorge Eliécer Gaitán, un conversatorio que, bajo la moderación de Ángela Beltrán, contó con la presencia de Jesús Martín Barbero, Renato Ortiz, Mario Hernández y Patricia Ariza. Los cuatro panelistas han hablado sobre un tema que tendría que formar parte, sí o sí, no sólo de la agenda política de los diálogos de paz, sino de cualquier iniciativa que pretenda construirla. Han situado la educación, como no podía ser menos, en el centro de los debates de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia.

En un país como Colombia esa necesidad educativa, desde el arte y la cultura, es aún mayor pues se trata de superar los más de sesenta años de guerra silenciada. Una educación humanista, y mestiza, que ilustre en el diálogo y en la participación, desde el respeto y el reconocimiento del otro, todo ello necesario en la construcción de una comunidad que pretenda una convivencia pacífica.

Hablar de educación en una cumbre de arte y cultura para la paz es situarla en su justo término como base y fundamento de una sociedad que quiere superar la violencia estructural que condiciona todas las demás violencias. Como ha señalado en otras ocasiones acertadamente Martín Barbero, vivimos en una sociedad educativa que necesita apostarle a la escuela pública como lugar de encuentro para la transformación social y cultural de las mayorías.

El maestro comenzó diciendo el título, según él pretencioso, de su charla: "Educación estética y reconstrucción de la memoria"; para continuar señalando el desfase existente entre el tipo de actitud que las negociaciones de paz están exigiendo a la población y lo que entrega el sistema educativo a la sociedad: una escuela, sobre todo la secundaria, que se ha quedado atrasada respecto al tipo de sujeto que reclama el país para la paz.

Lo que dificulta el difícil y complejo proceso de construir una ciudadanía de paz. Para Jesús, el ser humano no es sólo razón, sino que también es sentidos, y la escuela es el lugar donde se acaba con ellos al acabar con el juego y eliminar el sentir. Algo que en la historia llevó, según señalaba Ulrich Beck, a estropear, a joder, a Occidente cuando separó el trabajo del juego.

Esos sentidos y sentires pasan por el cuerpo, y la matriz de ellos, que sería la lectura y la escritura, no se enseñan como parte del gozo sino de la obligada tarea, lo que termina matando la expresividad.

Recordó como Schiller ya planteaba que la formación estética era clave en la construcción de ciudadanía. Si Colombia quiere transformar la educación tendría que comenzar por cambiar la rutina de los maestros, porque o la escuela crea autores o meros imitadores. Toda persona nace con sentidos para ser autor (a) y es la escuela la que debe enseñarle a descubrirse como tal. Demandó pedirle al Estado que cambiar la escuela significa cambiar el tipo de sujetos que produce para que sean capaces de reinventar el país. Reclamó la necesidad de imaginación, tanta como la que requirió Einstein para pensar la teoría de la relatividad, y que fue, según Bachelard, la misma que necesitó Beethoven para crear la novena sinfonía. Imaginación para que la memoria deje de ser vengativa, porque necesitamos una memoria capaz de hacer el duelo por todos las personas trastornadas por los muchos sufrimientos habidos. Así contaremos con "una ciudadanía abierta al riesgo, a la improvisación y a todos los lados de este país".

El brasileño Renato Ortiz, tras destacar la relevancia que tendrá la paz de Colombia para toda la región, señaló la importancia de abordar los cambios que inciden en la relación de la cultura con la política. Desde el debate en torno a la autonomía y la libertad del artista hasta la política cultural practicada por el Estado y las instituciones, pasando por la discusión entre cultura popular y elitista y la llamada cultura de masas. La herencia de todo ello es significativa para afrontar, a su juicio, las necesarias transformaciones. Éstas se dan en la presencia de nuevos elementos en el debate actual en torno a la cultura, como son: la dimensión tecnológica, la globalización, el lugar de la técnica en la cultura o la noción de progreso. Pero su discurso se centra más en la esfera de la política y su relación con la cultura. Es en el ámbito de la construcción del estado nacional donde hay una fuerte relación política y cultura. Para él, hasta hace unos años la cultura era vista como el espacio capaz de despertar la conciencia política de la gente; hoy, la cultura es poder. Un poder que afecta las prácticas sociales cotidianas sin que seamos conscientes de ello.

También planteó la transformación que ha supuesto el reconocimiento de la diversidad cultural, y la que supone la introducción de conceptos de la política en la cultura: la ciudadanía cultural. Pero la inquietud surge al preguntarse que gran parte de la política actual no pasa por la cultura.

Con la pregunta ¿cuál educación para cuál paz?, Mario Hernández reclamó la necesidad de espacios para hablar y para construir cultura de resistencia al pensamiento único, y para darle contenido a la idea de paz. Es necesario hacer una valoración de la política de educación y plantear una propuesta de transformación.

Para él, firmar los acuerdos no significa que vayamos a tener sociedad en paz; algo que pensamos una gran parte de la población. Hace falta mucho más que eso, retomar el mercado interno, abandonado con la inserción al capitalismo; reducir las brechas producidas por la concentración de la riqueza; contar con un sistema político abierto que permita los contrastes, y que el Estado piense en la ciudadanía.


Según Mario, Colombia cuenta con una sociedad "que aprendió a vivir el sálvese quien pueda y con una cultura y una economía mafiosas".


Si queremos una sociedad sin violencia son necesarias rutas de transformación social que no son posibles sin pactos. Una sociedad en paz es la que reconoce su constitución diversa y cuenta con una democracia real, o sea, con verdadera y efectiva participación.

La educación tiene que ser un derecho fundamental y no lo es en la Constitución política de 1991 y ser crítica y no repetitiva, democrática y no jerárquica, asumir las desigualdades para construir nuevas prácticas, superar el individualismo, dignidad de las personas, desde la cuna hasta la tumba que nos incite a reconocer quienes somos.


El esquema planteado de que "ser pilo paga" lo que hace es reproducir las desigualdades sociales del país. Se necesita otro pacto para otra educación, que afecte las estructuras que reproducen los conflictos. No situar la educación como un negocio, sino situarla en el lugar estratégico que le corresponde por su relevancia.


Educar para la democracia es dar a las humanidades la importancia que se merecen, como plantea Martha Nussbaum. Terminó afirmando que hay que cambiar el derrotero "porque como vamos, vamos mal".

 

En palabras de Patricia Ariza el conflicto no es solamente armado, sino cultural. El desplazamiento es un daño cultural inenarrable, que no es reconocido, creando un vacío al desplazar memorias, relatos o canciones. La gente desplazada ha transformado Bogotá. En el país, en su opinión, hay un imaginario engatillado que hay que transformar. Hay que hablar de cultura, no de farándula. El discurso contra insurgente está en los medios, hace falta un cese al fuego cultural porque está impidiendo que el proceso de paz avance como debe. ¿Cómo poder participar en una cultura que disminuya la violencia, las muertes?


Ariza presentó un vídeo en el que trabaja con víctimas para hacer entender el dolor y permutar saberes con testigos de verdades que no son tenidas en cuenta. Poder conseguir obras colectivas que lleguen al público "mi cuerpo es mi casa", una indagación en el conflicto que les y nos transforma. Convertir el dolor en fuerza y resistencia. La autora teatral está llena de preguntas y detesta el posconflicto porque el conflicto es base de la vida.


Anteriormente, en el mismo escenario, se había mostrado el documental "Cocineras de sueños ancestrales" en Tabaco, donde denuncian las políticas impuestas en Cerrejón para explotar la minería a cielo abierto más grande del mundo. La población desplazada quiere recuperar la tierra para sembrar, salvar el maíz, guardar las semillas. Porque perder las semillas es perder el territorio. Quieren volver a Tabaco sin multinacionales y seguir haciendo la receta del chiqui-chiqui.


Ese mismo día, a primera hora de la mañana, en el teatro México, hubo un debate en torno a las políticas culturales en el que seis personalidades de la política respondieron las preguntas hechas por siete representantes de la cultura. Entre las respuestas destacar las de Piedad Córdoba pidiendo darle un espacio a la cultura en La Habana, reclamando invertir el 1 % del PIB en cultura como demanda la UNESCO o preguntándose qué papel juegan los medios en la reconciliación, y las de Iván Cepeda solicitando que los asuntos de las grandes decisiones no se queden solo para los políticos y que se haga pedagogía para la paz día a día porque es de todos y debe ser una construcción diaria. Entre los cuestionamientos, los del líder del hip-hop de Engativá, Dager, al preguntarse cómo generar el arte para la transformación social ya que a ellos no se les considera importantes, sino populares y se les discrimina. Su planteamiento es que la resistencia se hace con la propia cultura frente a la mierda de los medios. Afirmó que a él le salvó el hip-hop.

 

Miradas profundas a la vida desde la fotografía


Cayó la noche del miércoles 8 y el escenario del teatro J. E. Gaitán se iluminó con la presentación del libro de Jesús Abad Colorado Mirar de la vida profunda.

El primer libro dedicado a recoger exclusivamente el trabajo de este reportero gráfico ha sido publicado por Paralelo 10 bajo el sello de la editorial Planeta. Con la financiación de coleccionistas de arte, esta obra, que fue presentada en la edición de este año de la feria ARCO en Madrid el pasado 20 de marzo y que lo será nuevamente en el Museo de Arte Moderno de Medellín el próximo 5 de mayo, nos muestra la mirada del autor sobre las víctimas de un conflicto armado que desangra Colombia desde hace décadas.


Con la visión del periodista que narra con las imágenes y que trabaja con la cabeza y el corazón, las xx fotografías hacen un recorrido por los últimos 25 años de esta guerra encubierta.


Sus fotografías escriben y describen los hechos, cuentan y narran la historia de un pueblo que resiste con dignidad los embates de todos los actores armados de un conflicto que, como todos, se ceba en una población civil que no gana nada. La lucha de Jesús es contra el olvido, y lo hace a través de retratar los rostros y los cuerpos de las víctimas, las grandes olvidadas de esta y de todas las guerras. Colorado afirma que sin memoria no hay futuro y su libro es un ejercicio de introspección y de memoria. Conmueve al público tanto como con sus instantáneas, como con el discurso, pausado, crítico, argumentado y lleno de sentido y sentimiento con el que acompaña las fotos que pasan por la pantalla.


Con una memoria portentosa que le permite acordarse de los nombres de las personas retratadas y de los hechos que las rodean Chucho Abad toca aquellas fibras de la realidad de este país que a veces queremos ignorar o silenciar. Su trayectoria profesional, en la que no ha tomado partido por ninguno de los actores armados del conflicto sino únicamente por las víctimas del mismo, independientemente de qué bando las haya afectado, y su constancia y acompañamiento a las personas civiles que han sufrido la guerra le permiten abordar la temática con la sinceridad y naturalidad de quien documenta los hechos sin perturbarlos con su presencia.


Habla con sus fotos del dolor y de la entereza, denuncia a la prensa que da cabida a las clases dirigentes y a quienes dirigen la guerra pero que no ceden un lugar para las víctimas.


Bojayá, Trujillo, Machuca, Peque, Granada, san José de Apartadó, San Carlos,... innumerables los lugares afectados por la violencia e ignorados por una sociedad que se aísla para no ver los desplazamientos de unos pueblos sin lágrimas que solamente esperan solidaridad.


Ubertina Martínez, Aniceto, Eugenio Palacio, Patricia, Diego, María,... tantas y tantas personas desconocidas e invisibles pese a tener un nombre y un lugar, que muestran la tragedia humana, su capacidad de resistir y su dignidad y que tan solo esperan vivir en paz.

Hablar de esa otra Colombia es hablar de la esperanza de un pueblo que resiste con el arte, con la poesía y con la naturaleza, con ríos que son como las venas que hay que caminar para encontrar esos corazones grandes que se reconozcan en las diferencias cuando se miren en el espejo roto de la guerra. 

Para nunca mas ponerle precio a la vida en un país que sí tiene caballitos de mar.

Antes de que Chucho presentara su libro, pisó el escenario el rapero de Medellín Jeison Castaño, Jeihhco, director de la Casa Kolacho de la comuna 13. Con las letras de tres canciones gritó que son potencia y resistencia, que escriben memoria con la música y sus grafitis y que su trabajo es una revolución sin muertos. Confía en que el país pueda cambiar porque en todas partes hay amor e ilusiones.

 

La otra cumbre


Además de la cumbre oficial, en la que artistas destacados del teatro, la literatura, el cine, la fotografía, la música; políticos de distintos signos y colores; gestores de culturas locales o nacionales; intelectuales de diferentes ramas y academias, y periodistas de medios escritos, radiales y televisivos, ha habido otra reunión, también oficial pero un poco al margen de la otra.


Ha sido la cumbre de la calle y de los movimientos sociales, la de los barrios y las organizaciones de base. En la carpa instalada en el Centro de Memoria, paz y reconciliación de la capital colombiana se han dado cita la otra intelectualidad, los otros músicos con sus otras músicas, las artesanas con sus artesanías, la otra pintura y sus pintoras, la otra fotografía y la otra comunicación.


Un foro en el que colectivos de diferentes partes de Bogotá y de otras localidades del país han debatido sin tanta intermediación y sin moderadores. Han explicado y socializado sus acciones y sus actuaciones, sus intereses y sus propuestas con las que trabajan a diario en otras condiciones no tan favorables y con otros efectos no tan visibilizados. Pero su labor es encomiable y necesaria porque están al pie de obra, frente a las realidades sociales de la gente del común en las regiones y en los barrios marginados del país.


Su tarea no llenará periódicos ni noticieros, pero llena vacíos y demandas que no cubren ni administraciones públicas ni gobiernos. Proponen la conversación horizontal y pausada, las acciones colaborativas y los talleres compartidos.
En esta otra cumbre se han narrado las experiencias sin pretensiones políticas de gentes que están codo con codo con la ciudadanía en las calles y en los barrios a través de la palabra, de la música y de cualquier manifestación cultural que convoque e incluya.

Entre la multitud de asociaciones presentes, una mención especial para la Corporación Estrategias Alterativas de Participación (CEAP), quienes han abierto al público asistente los micrófonos de su emisora corredor itinerante para dar la palabra a la cultura popular, a las palabras que no se escuchan en las emisoras generalistas. Una propuesta comunicativa que "abre la calle a los oídos de la gente"

El viernes 10 de abril, por las ondas de la emisora pasaron, entre otras personas, Alirio González, director escuela audiovisual infantil de Belén de los Andaquíes, quien pidió creer y crear a través de la cultura para alcanzar una sociedad pacífica y equitativa; Monina Morris, antropóloga que trabaja con habitantes de calle, que declaró desconfiar de la paz y apostarle al conflicto si se enfrenta desde un diálogo respetuoso que no elimine al otro; el colectivo I-Echo de la localidad de Chapinero, y el grupo de rap Ráfagas de rimas, quienes despidieron la velada interpretando una de sus canciones.

 Esperemos, si no la paz al menos el fin de la guerra. Que eventos como éste sirvan para empujar la conciencia. Que se escuchen las demandas de una sociedad civil que no quiere más balas, sino más letras y más notas; que prefiere la justicia social a la "seguridad democrática", que pide más pan y menos piedras, más poesía y menos policía.

Una cumbre para la paz que hay que escalar cada día. El arte, la cultura, los medios y la política tienen que iniciar la subida; seguro que, aunque la cima esté lejos, les acompañará la ciudadanía.

Este encuentro ha sido una muestra.

Domingo, 12 de abril de 2015

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