Martes, 13 Octubre 2015 08:00

Paz y poder dual en la transición.

Paz y poder dual en la transición.

Los diálogos de paz entre el gobierno del Presidente Santos y las Farc; entre el Estado colombiano y la insurgencia campesina revolucionaria en la Mesa de La Habana, han perfilado un momento fundacional de la nación. Porque se quiera o no, las conversaciones para terminar la guerra y sentar las bases de una paz estable y duradera se convierten en un parteaguas histórico que traza una frontera en el devenir de la sociedad y la nación.


La potencia desplegada por los sujetos sociales y políticos, configurados en el inexorable acontecer de los años recientes, ha promovido la configuración de nuevos horizontes sociales, culturales, institucionales e internacionales. La capacidad democratizadora de la multitud, la fuerza transformadora de las masas populares demuele las desuetas estructuras oligárquicas de dominación y subordinación de millones de seres humanos sometidos al trato arbitrario, a la explotación, la mentira, la manipulación y la humillación.


Gradualmente, el viejo establecimiento se viene al suelo. Se derrumba, y con él, los dispositivos de control y prevalencia de las roscas organizadas (nacionales, internacionales, regionales, locales y sectoriales) en el monopolio de la riqueza, de las rentas, del trabajo y los dispositivos de la hegemonía dominante: aparatos armados, medios de comunicación, sistemas de educación, regímenes jurídicos, redes institucionales e infraestructuras políticas de diverso alcance.


Quien quiera leer que lea. Quien tenga la lucidez para entender que entienda. Quien quiera interpretar a su manera, que lo haga, que proceda a conveniencia, designando las cosas de acuerdo a sus intereses, egoístas o comunales. La delirante ultraderecha dirá que camina un golpe de Estado comunista, Castro-chavista, en sus recientes palabras. Que acabaran con el Ejército; que se eliminara la propiedad privada; que se fulminara la democracia liberal; que la libertad de prensa morirá para implantar la verdad comunista; que la familia se disolverá, etc, etc. En fin, cualquier cantidad de ocurrencias como las que suele repetir el caudillo de marras en plan de meter miedo y no perder vigencia con su discurso de guerra y violencia.


Pero la realidad verdadera cobra forma. Estamos en una transición desde el viejo y agotado dominio oligárquico hacia una democracia ampliada, hacia una sociedad en paz con justicia social . Estamos en un momento de la democracia como autodeterminación de las masas .


Estamos ante la posibilidad de construir un poder independiente, paralelo, autónomo; es decir, una dualidad de poder, encontrar un caso sui generis en que, a través del propio Estado y de la conquista de la estructura jurídica superior del país, se puede consolidar y constituir un poder popular. La cuestión de la dualidad de poderes debe ser abordada en lo teórico con la urgencia que presenta la proximidad en el tiempo o el entrecruzamiento entre el reformismo burgués santista y el cambio radical jalonado por la insurgencia revolucionaria. Hay que actuar previendo giros sorpresivos, inesperados, que, obviamente, es preciso estimular o prevenir. No se puede vivir al remolque de los sucesos y la rutina.


Colapsan los viejos poderes de las rancias elites patrimonialistas y emergen los nuevos poderes populares, los poderes de los movimientos sociales, los poderes de la democracia avanzada, ampliada, de autentica participación, en la gramática de los consensos alcanzados en los diálogos de La Habana.
No se necesita mucha ciencia para advertir que la oligarquía no cumplirá lo pactado en materia agraria, política, de cultivos de uso ilícito y jurídico. Eso lo tenemos por sabido los revolucionarios. La elite ira tirando a la caneca de la basura cada documento que se firme. En ellos todo esto es un simulacro; su interés esencial, en la lucha de clases sustancial en curso, es doblegar, destruir al adversario. Masacrarlo. Exterminarlo. Impedir que avancen las conquistas populares. Su objetivo principal es reencauchar el régimen social de acumulación, apuntalarlo, oxigenarlo. No ahorraran recursos. Ni maniobra. Ni componenda. Vendrán nuevos paramilitarismos en otras envolturas y presentaciones. Vendrán montajes judiciales y penitenciarios. Proseguirá el juego mediático. El Ejército, como síntesis exacerbada y razón última del Estado, se reorganizara para acoplarlo a los nuevos cometidos de la geopolítica imperial: apropiación, saqueo y despojo de los recursos naturales, de las materias primas, de la riqueza amazónica, del agua, del petróleo, del oro, de la fuerza de trabajo, de la riqueza social. La proyectada reforma de la doctrina de la seguridad del Ejército corresponde más a un contexto continental de reafirmación de la hegemonía norteamericana, apropiación de los recursos naturales y desestabilización de gobiernos no afines a la Casa Blanca, tales como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Esta situación exige unas Fuerzas Militares preparadas para combatir con ejércitos regulares y no con guerrillas agrarias.


El cambio de la doctrina militar que se anunció hace algunos días por el comandante del Ejército no responde a los intereses de la paz interna, sino a una lógica global pensada e impulsada por Estados Unidos.


Durante el posconflicto los enemigos identificables de la paz y el progreso no serán las guerrillas comunistas sino los campesinos, indígenas, afrodescendientes y movimientos sociales que se movilizarán por la defensa de la tierra ancestral, el agua y el territorio, tal como pasa ahora en el Cauca, en Cali, Sumpaz, Putumayo, y La Guajira.

Para descalificar a estos actores sociales hay que ligarlos con el discurso de la amenaza "castro-chavista", un discurso hoy más común que nunca debido al conflicto fronterizo con Venezuela y a la cercanía del acuerdo con las FARC. La supuesta ideología cubano–venezolana sirve para encontrar enemigos dentro y fuera de las fronteras.


Avanzar, profundizar, consolidar lo conquistado en los diálogos es un reto permanente para las fuerzas revolucionarias del cambio. En eso no hay tregua. No se puede hacer pausa. Ya quisiera la elite dominante que se renunciara, desde abajo, a la lucha por el cambio radical del sistema imperante.
Todo se remite, en últimas, a las correlaciones de fuerza. Lo que ha ocurrido hasta el momento encarna esa realidad política.


Por eso hay que determinar y construir la correlación de fuerzas dentro de la "dualidad de poderes" mediante la política de alianzas entre las clases subalternas e intermedias durante la fase de transición. Para ello es vital caracterizar: a) la cantidad de fuerza; b) La Localización de la cantidad de fuerzas; c) El movimiento de la cantidad; d) La cantidad del poder efectivo que varía según la fase o momento del proceso de poder dual: no es una construcción acumulativa y unilineal, sino que tiene retrocesos y avances que dependen de la táctica y de la autonomía de lo político.


No exageramos si sugerimos la constitución de un poder dual en la coyuntura. No descubrimos nada nuevo sin querer insinuar que se trata de un vulgar calco de otros procesos.


Obviamente hay que entender que esa dualidad de poderes ocurre en el seno de un Estado democrático burgués de alto desarrollo institucional en un contexto económico subdesarrollado. En un país de desarrollo intermedio o subdesarrollo intermedio, pero con una gran capacidad de desarrollo institucional y de relaciones participativas en que una burguesía emergente en la década de los 60 construyó una gran alianza intradominante, superando conflictos internos mediante el consociacionalismo y, por consiguiente, capaz de crear estructuras de dominación muy estables en un país que durante 60 años no tiene golpes de Estado pero si una cruenta guerra interior.


Eso para decir que en el enigma de la psicología de las naciones y en lo que se puede llamar el 'temperamento' de los Estados, hay siempre una causalidad descifrable, un ciclo de datos reconocibles y situables. Pues bien, para quienes estudian el Estado en la América Latina, aquella continuidad o eje autoridad-legalidad-democracia que se ha dado en Colombia, aun en medio de la más feroz guerra, fue siempre, por lo menos en su apariencia preliminar, una suerte de 'misterio dado' de la historia regional.


Poder dual se presentó en la revolución inglesa del siglo XVII: existen allí fases de reproducción del poder dual: 1) Londres (burguesía presbiteriana v/s Oxford) (rey); 2) Burguesía presbiteriana (fracción en el ejército parlamentario) v/s Parlamento presbiteriano (burguesía acomodada y rica); 3) Levellers v/s Cromwell.


En la revolución francesa de 1789. En la revolución americana del siglo XVIII. En la revolución europea de 1848. En la Comuna proletaria de Paris. En la revolución soviética de 1917.


Poder dual ocurrió en la revolución minera boliviana de 1952, en la Asamblea popular de 1971, en La Paz. En el Chile de Salvador Allende, en 1973. Se registra en los procesos bolivariano y ecuatoriano.


El poder dual no está referido ni a un tiempo determinado, ni un a un lugar histórico preciso definido. Se habla de "dualidad de poderes" en toda transición política, de un fenómeno peculiar de toda crisis social y no propio y exclusivo de alguna revolución pasada.


La dualidad de poderes no existe necesariamente y en todos los casos; se produce solamente allá donde, en el momento de la crisis histórica, las clases básicas se ven obligadas a aceptar una fase de poder dual, porque no han podido imponer al punto su propio poder global. Es una falacia hablar por eso, en general, del poder dual como algo que debiera existir necesariamente en cierto momento; es una falacia, asimismo, hablar de su construcción imprescindible, como pródromo del poder global.


El poder dual es una realidad política y sociológica en los procesos de transformación revolucionaria y cambio radical del Estado y la sociedad civil. No obstante, hay que eludir la disolución del concepto de "dualidad de poderes", en tanto que sobre generalización.


De todas maneras todo poder dual es breve. La temporalidad o precariedad es el carácter natural e inevitable de este hecho anómalo porque la unidad es la voluntad principal de todo Estado.


Las preguntas que queremos formularnos a propósito de esta fenomenología política son las siguientes: ¿Emerge, de manera embrionaria, un poder dual en la actual coyuntura auspiciada con los diálogos de paz entre el Estado y la guerrilla de las Farc? ¿El campo de conflicto delineado además de incluir unos sujetos en reyerta promueve la emergencia y existencia de nuevos poderes sociales, políticos y estratégicos? ¿Se derrumba y colapsa el anacrónico Estado oligárquico y su vieja maquinaria gubernamental?


Para responder a estas preguntas, para sugerir y proponer unas hipótesis de trabajo político acudo a la reflexión y análisis de René Zavaleta Mercado, el pensador marxista boliviano, que desde su experiencia en la revolución boliviana de 1952 y en el gobierno de Salvador Allende, a principios de los años 70, abordo este importante aspecto en su obra El poder dual (1979). Problemas de la teoría del Estado en América Latina.


Como lo que se pretende es la identificación de un poder dual en la presente coyuntura y sus potenciales implicaciones, incorporo además el planteamiento de Boaventura de Sousa Santos sobre el poder y las características que presenta en estos momentos. Su construcción teórica al respecto ocurre en el debate con las teorías liberales clásicas del poder y su enfoque institucional del mismo y con las formulaciones de M. Foucault sobre el tema. De Sousa Santos nos plantea este campo analítico en la perspectiva de la lucha por la emancipación y la construcción de un Estado democrático que coincide con el fin esencial de la terminación de la guerra civil colombiana y la construcción de la paz.


En tal sentido, hay que considerar que el conocimiento de la naturaleza y estructura de poder es un paso muy grande hacia la adquisición de una táctica correcta, de unas consignas adecuadas al momento.


Sugiero, adicionalmente, para tratar el tema, acudir a un nuevo andamiaje teórico, el cual nos parece más oportuno para abordar el contexto de transformaciones que se presenta en Colombia en los años recientes; lo que supone ampliar, por supuesto, la visión de lo político y del poder a partir del concepto de "campo político" y también incorporar la noción de "campo de conflicto" como el lugar en que se dirime la disputa por el poder.


Dussel (2006), a partir de un análisis teórico minucioso de los momentos de lo político, sus dimensiones y esferas, plantea un acercamiento a lo concreto, conflictivo y crítico de la realidad política y sus posibilidades de deconstrucción y paralela construcción de un orden político alternativo. Asume el concepto de campo político, cercano al de P. Bourdieu, para delimitar el objeto de la y lo político y diferenciarlo de los otros campos del mundo cotidiano. De ahí que "el campo político es el espacio de interacciones, cooperación, coincidencias y conflictos, que remite a la esfera de las luchas hegemónicas por el poder" (2006). Agrega que: "Todo campo político es un ámbito atravesado por fuerzas, por objetos singulares con voluntad, y con cierto poder. Esas voluntades se estructuran en universos específicos [...] cada sujeto, como actor es agente que se define en relación a los otros" (Dussel, 2006).


El concepto de campo político, desplaza o más bien amplía el análisis hacia la sociedad civil y permite identificar la red de relaciones de fuerzas o nodos, en que cada ciudadano, cada representante o cada organización operan.


Resulta pertinente ampliar la noción de poder, que no se restringe a los espacios convencionales de gestión y acción política, sino que abarca todos los intersticios de la vida social. Como sostiene Foucault (1983), y profundiza críticamente De Sousa Santos, el poder no se localiza en una institución o en el Estado, no se posee, sino que se ejerce, y se encuentra diseminado en las distintas dimensiones de la vida social y política, en sus hogares moleculares. En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce. Nadie es dueño o poseedor, sin embargo, sabemos que se ejerce en determinada dirección; no sabemos quién lo tiene pero sí sabemos quién no lo tiene (1985).


Lo cierto es que la política y la lucha por el poder involucran una disputa sobre el conjunto de significaciones culturales, y el cuestionamiento a las prácticas dominantes relacionadas tanto con los universos simbólicos como con la redistribución de los recursos. En efecto, remite a la constitución de una nueva gramática social capaz de cambiar las relaciones de género, de raza, de etnia y la apropiación privada de los recursos públicos, e implica una nueva forma de relación entre el Estado y la sociedad (De Souza Santos, 2004).


En su carácter potencial, el poder reside en el pueblo (potentia). De acuerdo a Dussel (2006), a través de la red de interacciones y nodos –recurriendo a un concepto de Manuel Castells–, es capaz de generar un proceso de toma de conciencia del poder en-si y de constituir organizaciones para acceder al control del poder político institucional (potestas), es decir, orientarse hacia la objetivación del poder. De acuerdo al autor, el poder se tiene o no se tiene, en ningún caso se toma. Para una aproximación más cercana al funcionamiento del orden político vigente, el autor recurre al concepto de sistema, a partir del cual propone caracterizar a los sistemas como liberales, socialistas o de participación creciente.


En ese marco, se ubica el concepto de campo de conflicto (Melucci 1999) como operador metodológico. En primer lugar, para discernir entre los conflictos de carácter estructural o hegemónico que implican situaciones de crisis estatal y conllevan la posibilidad de una transformación de las relaciones, de aquellos corporativos o meramente coyunturales cuyo impacto y alcances son limitados, y no afectan a la estructura del poder. En segundo lugar, el campo de conflicto constituye sujetos, en episodios de conflictividad los sujetos se agregan, articulan, construyen discursos, pueden cambiar la cualidad y el alcance de la acción colectiva, en tanto que en situaciones históricas en que no existe conflictividad o ésta se reduce a cuestiones puntuales, los sujetos colectivos tienden a inhibirse e incluso a desaparecer. Ello permite abordar a los movimientos en su multiplicidad y variabilidad, en sus desplazamientos entre los diversos ámbitos del sistema y del campo político; así su identidad no es una esencia sino el resultado de "intercambios, negociaciones, decisiones y conflictos entre diversos actores" (Melucci, 1999).


En todo caso, en el del poder dual en ciernes, metodológicamente existe la necesidad de desplazarse del ámbito político–institucional y ubicarse en el espacio de las relaciones, articulaciones y tránsitos entre Estado y sociedad civil (Dagnino et. al. 2008).


El poder dual.


Zavaleta define el "poder dual" como la ruptura de la unidad de poder natural del Estado moderno, el cual se caracteriza por esa capacidad de generación de una estructura de dominación, no sólo institucional sino también social y cultural; es decir, una estructura de poder completa. El poder dual, por consiguiente, es una forma de romper esa unidad de poder a partir de formas de lucha que van conformando un contrapoder al poder de la burguesía. Zavaleta destaca la concepción leninista sobre la capacidad de las fuerzas revolucionarias para constituir un gobierno suplementario y "paralelo" al gobierno formal de la burguesía, dando lugar a un segundo poder.


La dualidad de poderes consiste en que lo que debía ocurrir sucesivamente ocurre sin embargo de una manera paralela, de un modo anormal; es la contemporaneidad cualitativa de lo anterior y lo posterior.


La dualidad de poderes:


- Señala un tipo de contradicción estatal o coyuntura estatal de transición;
- Anomalía que se presenta en el seno del poder del Estado (y a veces en el seno del aparato de Estado);
- Se produce en circunstancias determinadas debidamente circunscritas;
- Hablamos de una metáfora, un signo trópico; usamos la designación como símbolo de situaciones que son más complejas que lo que puede caber en una frase;
- No es un poder dual (un único poder con dos caras, una suerte de Jano), sino una dualidad de poderes: dos tipos de Estado que se desarrollan de un modo coetáneo en el interior de los mismo elementos esenciales anteriores; su sola unidad es una contradicción o incompatibilidad.


El doble poder se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: uno es el gobierno principal, el verdadero, el real gobierno de la burguesía, que tiene en sus manos todos los resortes del poder; el otro, que no tiene en sus manos ningún resorte del poder, pero que descansa directamente en el apoyo de las masas populares, agrarias y obreras.


El poder dual se describe como un hecho de facto y no como un hecho legal.


No es un poder dividido, sino dos poderes contrapuestos y enfrentados (cada polo está ocupado por una clase social, es ya el poder de una clase organizada).


Existen seis formas de Poder dual, de dualidad de poderes:


i) En la esfera de la economía.
ii) Territorial o geográfica.
iii) Intraclase dominante.
iv) Semifantasmal o falsa dualidad. Sirve solamente como apariencia para esconder una dualidad de poderes "verdadera", que no ha podido expresarse todavía. Pero es algo que sólo puede conocerse a posteriori; de otro modo, la encontraríamos en cada contradicción aparente, como el anuncio de un doble poder todavía inédito.
v) En los órganos políticos periféricos.
vi) En los órganos políticos superiores (dualidad estatal propiamente dicha).


Características distintivas de toda situación de dualidad de poderes son, a saber: el hecho de ser una fase transitoria por definición, que supone la emergencia, en el marco de un proceso revolucionario, de dos poderes con vocación estatal, uno de carácter principal, el otro embrionario y surgido desde abajo a partir de la iniciativa de las masas, ambos alternativos e incompatibles entre sí, donde lo que debía producirse sucesivamente en términos temporales –revolución democrático-burguesa primero, revolución socialista tiempo después– acontece de una manera paralela/simultanea, generando por lo tanto una dinámica de contemporaneidad cualitativa de lo anterior y lo posterior.


Poder dual, contrahegemonia y emancipación.


Avanzando en esta indagación del poder dual en la transición a la paz, acudimos a la reflexión teórica de Boaventura de Sousa Santos sobre el fenómeno del poder para entender su complejo entramado.


El autor construye una teoría política de carácter crítico–emancipatorio que propone una ampliación de los límites y el alcance de la noción de «poder», poniendo en cuestión la naturaleza del poder político público tradicionalmente privilegiado por la teoría política dominante. Este enfoque le permite adelantar una radiografía que identifica los múltiples poderes políticos en circulación y descubre las opresiones estructurales entrelazadas que se producen en las actuales sociedades neoliberales.


Desde hace algún tiempo, viene identificando en sus trabajos las bases para la elaboración de una nueva teoría política capaz de fundar, en la época de la globalización neoliberal y su resaca social y económica mundial, un nuevo contrato social global más solidario e incluyente que el hoy en crisis contrato social de la modernidad occidental.


La teoría política desarrollada por éste constituye una opción teórico–práctica contrahegemónica por dos motivos fundamentales. El primero, porque parte del análisis crítico de la realidad mundial contestando el liderazgo de la teoría política liberal dominante; el segundo, porque plantea caminos alternativos para la transformación personal y social desde posiciones que se inscriben en el horizonte de acción política y social de inspiración socialista, que tiene como centro de gravedad la búsqueda de los valores de justicia, igualdad y solidaridad, que él complementa con el de la diversidad. Su objetivo principal es el de crear un «nuevo sentido común político» (Santos, 1998: 340; 2003: 127) basado en la potenciación de la dimensión participativa de la política y en la repolitización global de la vida social, en contra de las dinámicas despolitizadoras estimuladas por la teoría política neoliberal hegemónica.


De la teoría política contrahegemónica de De Sousa Santos se puede afirmar, en general, que es portadora de una constitución «genética» que puede calificarse de crítica, emancipadora y utópica. Es crítica, en primer lugar, porque huye de las posturas pasivas y conformistas que asumen —e incluso celebran— la realidad dada y sospecha de aquellas actitudes dominadas por el fatalismo histórico, la creencia conservadora y resignada según la cual las cosas son como son y no se pueden cambiar. En lugar de ello, su teoría política crítica asume una posición de denuncia al examinar las condiciones de vida y poner en evidencia las numerosas relaciones de poder incrustadas en la corteza de las sociedades neoliberales contemporáneas, busca alternativas viables de pensamiento y acción, y contribuye a la formación de sujetos políticos rebeldes, solidarios y participativos que exigen transformaciones sociales estructurales en sentido progresista.


Es emancipadora, en segundo lugar, porque está radicalmente comprometida con los diferentes proyectos de lucha contra hegemónicos abanderados por los distintos movimientos sociales y políticos que alrededor del mundo impulsan la puesta en marcha de múltiples procesos de liberación de los grupos subordinados. La finalidad principal de estos procesos es la de combatir y erradicar el agravamiento de las injusticias económicas, políticas y sociales existentes, fomentando el mejoramiento global de la condición humana, y no sólo el de una minoría social privilegiada y el de un reducido grupo de países. De hecho, una de las principales aspiraciones que contiene su teoría política contrahegemónica es la de rescatar las voces silenciadas que resisten o, en palabras del sociólogo, «dar voz a los que no la tienen y aclarar teóricamente muchas de las causas del sufrimiento humano en este mundo globalizado e injusto en el que vivimos» (Santos apud Chavarría, 2004: 100).


La teoría política crítico–emancipatoria de Boaventura de Sousa Santos puede ser considerada, en tercer lugar, una teoría política que desempeña una función utópica, porque restituye el valor de conceptos tan denostados por el realismo político como «esperanza», «imaginación utópica», «cambio» o «futuro abierto», entre otros, y está fundada en anhelos de un cambio de rumbo que contienen una doble dimensión: la crítico–descriptiva, al desafiar el orden de cosas existente y la propositivo–transgresora, que se concreta en planteamiento de alternativas creíbles que funcionan como horizonte movilizador de la acción colectiva e individual. Para el filósofo alemán Ernst Bloch, el teórico contemporáneo más importante de la esperanza, el fenómeno utópico es un rasgo constitutivo del pensamiento humano que remite, en todo tiempo y condición, a la construcción de otro mundo posible más justo y decente. En el pensamiento filosófico de Bloch, la utopía, en su significado positivo, está relacionada con categorías como «lo nuevo», lo que «todavía no» es, «sueño diurno» y «conciencia anticipadora», entre otras, que adquieren un papel relevante en la sociología crítica de Boaventura de Sousa Santos. Tal y como la define formalmente, por «utopía», el pensador portugués entiende: «La exploración, a través de la imaginación, de nuevas posibilidades humanas y nuevas formas de voluntad, y la oposición de la imaginación a la necesidad de lo que existe, sólo porque existe, en nombre de algo radicalmente mejor por lo que vale la pena luchar y al que la humanidad tiene derecho» (Santos, 2003: 378). Ahora bien, en rigor terminológico, a su particular forma de entender la utopía, Santos (1995: 479; 2003: 379) la llama heterotopía, noción acuñada originalmente por el filósofo francés Michel Foucault. Con este concepto, que etimológicamente significa «otro lugar», Santos se refiere a la descentralización, dentro de un mismo lugar, de los proyectos y las prácticas emancipadoras.


La originalidad del concepto está en el rechazo de la idea de un lugar único considerado la sede por excelencia de la emancipación social, sino que pone el acento en una concepción múltiple y plural de la utopía. Según esta visión, en el presente existen experiencias concretas —algunas plenamente disponibles, otras tan sólo en estado latente— que tienen posibilidades reales de desarrollarse en la dirección de una sociedad mejor. Pero estas experiencias se encuentran socialmente descentradas, localizadas en el centro, aunque también en los márgenes de la sociedad. Conviene matizar, a fin de evitar errores de interpretación, que la teoría política contrahegemónica de Santos no defiende, en el lenguaje de Bloch (1977: 134, 147), una «utopía abstracta», la que está cargada de tintes idealistas y se entrega a una ensoñación atemporal e ilusoria situada más allá del devenir histórico. Por el contrario, de Sousa Santos aboga por lo que Bloch (1977: 135, 147) llama utopía concreta, la que no se refiere a un sueño imposible ni irrealizable, sino que está relacionada con lo probable o, mejor dicho, con la búsqueda de «lo real–posible» (Bloch, 1977: 135). La utopía concreta de Santos se refiere, pues, a direcciones, caminos y tendencias alternativas que son empíricamente realizables, pero que todavía están madurando, de modo que remiten a un futuro abierto por el que vale pena luchar.


Los ejes sobre los que se articula la teoría política contrahegemónica de Boaventura de Sousa Santos pueden dividirse en cinco, que se sintetizan del siguiente modo. El primero es la elaboración de un marco analítico amplio que examina de manera crítica las diferentes y entrecruzadas relaciones de poder que se dan en las sociedades del centro, la periferia y la semiperiferia del sistema mundial capitalista.


El segundo es la propuesta de reconfigurar la capacidad reguladora del Estado en el contexto de la globalización neoliberal. Esta idea implica el restablecimiento del debilitado poder regulador del Estado en materia económica y social mediante diferentes líneas de acción, como la recuperación de la función redistributiva de la riqueza y los recursos públicos, así como la transformación teórico–práctica del Estado en un «novísimo movimiento social» (Santos, 2005: 330), planteamiento según el cual el Estado es concebido como una organización política híbrida formada por una conjunto heterogéneo de flujos, redes, movimientos y organizaciones en el que interaccionan actores e intereses estatales y no estatales, tanto a escala local como global, de los que el Estado es el elemento coordinador.


El tercer eje temático es el desarrollo de una concepción sustantiva y contrahegemónica de la democracia (cf. Aguiló, 2008, 2009a). Ésta adquiere la forma de una democracia radical o de alta intensidad como complemento enriquecedor —y democratizador— de la democracia representativa liberal, por la que toma opción la teoría política hegemónica. El objetivo principal de la democracia radical planteada por Santos es el de convertir las relaciones de poder en relaciones de autoridad compartida.


El cuarto eje de análisis apunta hacia la crítica de las concepciones etnocéntricas de los derechos humanos y su reconstrucción en un proyecto intercultural y cosmopolita subalterno a través del diálogo horizontal de culturas.


En quinto y último lugar, la transformación de la universidad en una institución académica y social de carácter intercultural e incluyente, regida por el conocimiento como factor de emancipación y promotora activa de la democracia epistémica y la justicia cognitiva (cf. Aguiló, 2009b). Todos estos ejes de la teoría política de Santos desembocan, a su vez, en un objetivo común: la reinvención en el siglo XXI del dañado valor de la emancipación social.


La teoría liberal clásica del poder y el enfoque de Foucault.


Para elaborar su análisis del poder, Boaventura de Sousa Santos entra en diálogo y discusión con dos grandes concepciones sobre el poder y la política provenientes de orientaciones epistémicas e ideológicas diferentes: la teoría política liberal clásica y el pensamiento político de Foucault.


Una cartografía crítica del poder.


Las consideraciones de Boaventura de Sousa Santos (1989a, 1991, 1995, 1998, 2002, 2003, 2006a, 2006b) sobre la mecánica y las formas de poder existentes en las sociedades capitalistas contemporáneas le llevan a construir una teoría política contrahegemónica que incluye una nueva cartografía del poder político y de sus modos de producción. Este análisis estructural del poder tiene un doble objetivo: el primero, en la línea de Foucault, consiste en revelar y criticar las ocultaciones que producen los discursos políticos (neo) liberales dominantes sobre lo político; el segundo es el de amplificar los conceptos de «poder político» y «derecho» más allá de los angostos límites que establece la teoría política liberal clásica. El análisis cartográfico de los poderes políticos que circulan en las sociedades capitalistas contemporáneas permite a Santos identificar distintos sistemas de opresión y elaborar, como propuesta alternativa, un mapa de la emancipación social fundado en procesos de democratización radical.


Más que del poder, en abstracto, como si fuera una substancia externa, trascendente y autónoma, Santos habla habitualmente, adoptando una perspectiva contextual y relacional, de relaciones intersubjetivas e intergrupales de poder.


Desde una perspectiva general, Santos (2003: 303) define el concepto de «poder» como «cualquier relación social regulada por un intercambio desigual». Estos intercambios desiguales engloban de manera virtual todas aquellas condiciones —bienes materiales, recursos, oportunidades, símbolos, valores, entre otras— que afectan, e incluso determinan, nuestra vida personal y social. Las relaciones de poder, según la definición anterior, constituyen procesos de intercambio desigual entre individuos o grupos sociales; son, en otros términos, conjuntos de relaciones sociales entre sujetos iguales en la teoría pero desiguales en la práctica.


Bajo la influencia del pensamiento de Foucault, Santos (2003: 328) distingue dos dimensiones distintas del poder. Por un lado, el ejercicio del poder cósmico, aquel centrado en el Estado, jerárquicamente organizado y que tiene unos límites formales establecidos por relaciones burocráticas e institucionalizadas. En términos comparativos se corresponde con el poder estatal teorizado por Foucault. Por el otro, y en contraposición, está el poder caósmico, el poder descentralizado e informal que no tiene una localización específica, emerge de intercambios sociales desiguales, se ejerce desde varios microcentros de poder de manera caótica y no tiene unos límites predefinidos. Es otra manera de referirse al poder disciplinario foucaultiano.


La cartografía estructural que desarrolla Santos tiene como foco prioritario de atención analizar las formas de desigualdad social que producen las relaciones de poder. La idea clave sobre la que se sustenta el análisis es que las relaciones de poder no existen ni ocurren de manera aislada, sino que se producen en secuencias o cadenas, de manera que el poder actúa a través de complejas redes políticas y sociales. Es lo que Santos (2003: 301) llama constelaciones de poder, definidas como «conjuntos de relaciones entre personas y entre grupos sociales» (Santos, 2003: 306). Teniendo en cuenta la definición anterior del poder ofrecida por Santos, conviene percatarse de que las constelaciones de poder no se basan en la solidaridad, la cooperación o el reconocimiento mutuo entre las personas, sino que constituyen relaciones sociales asimétricas en las que una de las partes tiene la capacidad para tratar las necesidades e intereses de la otra de manera desigual. En su funcionamiento, las constelaciones de poderes combinan componentes cósmicos con una pluralidad de componentes caósmicos.


Santos intenta encontrar una vía de análisis que no reproduzca las deficiencias de la teoría liberal del poder ni las de la concepción foucaultiana. Respecto a la primera, critica lo que denomina la «ortodoxia conceptual» (Santos, 1989a: 3; 1998: 139) de la teoría política liberal: la idea según la cual el Estado, en comparación con la vida espontánea y prepolítica propia del estado de naturaleza, guiada por la conservación de los derechos naturales individuales y la satisfacción de los intereses privados, es una construcción artificial. Es, en efecto, el planteamiento que legitima la dicotomía entre lo público y lo privado, núcleo duro de la ortodoxia conceptual liberal. De ella forman parte otras importantes dicotomías e ideas, como la escisión entre lo colectivo y lo individual, la tensión entre el derecho natural y el derecho positivo, la que se establece entre la ley y el contrato, la despolitización de la sociedad civil, el confinamiento de la democracia al ámbito público, la reducción de los poderes políticos al poder político liberal y la del derecho al derecho legal estatal.


Con relación al análisis foucaultiano del poder, Santos plantea dos críticas. La primera se refiere a la visión extremadamente fragmentaria y homogeneizante que Foucault tiene del poder disciplinario. Para Santos, el poder caósmico–disciplinario no es tan disperso ni carente de centro como creía Foucault. Si, como afirmaba el filósofo, el poder pervade todos lados, en realidad no está en ninguna parte, de ahí la necesidad de establecer un principio de estructuración y jerarquización que sirva como instrumento de diferenciación interna del poder disciplinario, porque no todos los poderes sociales son iguales, ni son idénticas sus lógicas de acción: el poder caósmico no se ejerce de la misma manera en la fábrica, en la familia o en la escuela. La conceptualización de Foucault no distingue, por tanto, las condiciones específicas de cada uno de los poderes sociales en circulación. La segunda crítica está relacionada con la concepción monolítica y pura que Foucault tenía del poder jurídico. El error de Foucault, en opinión de Santos, está en identificar equivocadamente lo jurídico con lo estatal, ya que en multitud de sociedades pueden encontrarse cuerpos normativos no reconocidos formalmente por el Estado, como la legalidad indígena o la ley gitana, ordenes jurídicos en competencia con la ley oficial estatal. Para Santos, el poder jurídico no es un cuerpo aislado e impermeable, sino flexible y heterogéneo que tiende vínculos estables con otros tipos de poder social. Sostiene, de hecho, que una de las características fundamentales de la modernidad occidental es el llamado isomorfismo estructural entre el derecho y la ciencia: la idea según la cual el orden social tiene que ser el reflejo del orden científico, premisa que llevó al derecho a convertirse en una especie de alter ego de la ciencia moderna. Se trata de hacer ver la interrelación que hay entre el poder jurídico y el poder disciplinario, aspecto que el análisis de Foucault había descuidado. Critica, además, que en la teoría foucaultiana del poder es posible encontrar una cierta devaluación del poder jurídico estatal, reducido a una forma más de poder entre la multiplicidad de poderes sociales, cuando, según Santos, el Estado sigue teniendo una posición central en la configuración de las relaciones de poder.


El marco analítico que construye Boaventura de Sousa Santos (1989b: 250; 1991: 181; 1995: 417; 1998: 150; 2002: 369; 2003: 316; 2006a: 52-53) trata de cartografiar aquellas relaciones sociales estructurales de poder que generan injusticia y desigualdad. Este mapa, cuya lente de enfoque se ciñe a las sociedades capitalistas que forman parte del sistema mundial, no adoptar una perspectiva nortecéntrica de análisis, en el sentido de prestar atención a las dinámicas globales que afectan no sólo a los países del centro del sistema mundial capitalista, sino también, y especialmente, a los márgenes del sistema mundial, en los que se encuentran los países periféricos y semiperiféricos.


Haciendo uso de una metáfora espacio–temporal, Santos distingue seis espacios–tiempo estructurales. Internamente, cada uno de los espacios–tiempo estructurales está constituido por seis elementos que determinan su sentido y alcance: el primero es una unidad de práctica o agencia social, la dimensión activa del espacio–tiempo que organiza la acción colectiva e individual a partir de un criterio principal de identidad; el segundo se refiere a una forma institucional privilegiada, que se encarga de crear pautas, estructuras, modelos y procedimientos de normalización, así como de organizar las relaciones sociales en secuencias rutinarias hasta lograr que los modelos establecidos se naturalicen y formen parte del sentido común; el tercero lo forma una dinámica de desarrollo, que es el principio de racionalidad que imprime la orientación de la acción social y define la pertenencia de las relaciones sociales a uno u otro espacio estructural; el cuarto elemento concierne a un mecanismo de poder, relativo a formas de intercambio desigual entre individuos o grupos. Las diferentes formas de intercambio desigual originan diferentes formas de poder y aunque cada una de ellas posea un lugar de acción privilegiado pueden estar presentes en todos los espacio–tiempo. El quinto elemento es una forma de derecho, referida a los marcos legales y normativos que contribuyen a la prevención y solución de conflictos; la sexta y última dimensión de los espacios–tiempo de las sociedades neoliberales es una forma de conocimiento que incluye estilos específicos de razonamiento y aspectos retóricos y argumentativos.


Cada uno de dichos espacios constituye una constelación de relaciones de poder que (re)producen intercambios desiguales. Estos espacios–tiempo estructurales integran las formas de sociabilidad y hábitos relacionales hegemónicos en la vida cotidiana, de ahí su carácter estructural, pues desempeñan el papel de núcleos configuradores del orden social y político imperante en las actuales sociedades capitalistas del sistema mundial, condicionando el tipo de relaciones de familia, trabajo, consumo y vecindad, entre otras. Aunque entre los espacios– tiempo se establecen articulaciones mutuas, cada uno de ellos tiene una lógica propia y presenta un funcionamiento autónomo. Así, para Santos (2003: 309), las sociedades neoliberales pueden definirse como series de constelaciones políticas formadas por seis modos específicos de producción de poder. Además de ello, las sociedades neoliberales también son conjuntos de constelaciones jurídicas y de constelaciones epistemológicas.

Veamos el examen de las constelaciones políticas y de los seis modos básicos de producción de poder, quedando pendiente el estudio de los modos de producción de derecho y de los modos de producción de conocimiento.

El primero de los espacios–tiempo estructurales que conforman el modelo de análisis de la organización de las sociedades neoliberales propuesto por Santos es el espacio doméstico, que puede definirse como el conjunto de relaciones sociales que se dan entre los miembros de la familia: entre los cónyuges, entre éstos y sus hijos y entre los propios hijos, principalmente. El objetivo de estas relaciones es el producir y recrear el ámbito de lo doméstico y del parentesco: la división sexual del trabajo, la gestión de los bienes y de las responsabilidades familiares, entre otros aspectos. En este espacio–tiempo, las relaciones entre sujetos se organizan en torno al patriarcado, la forma de poder dominante. Es el sistema de control y dominación de los varones sobre la reproducción social las mujeres en tanto sujetos individuales y colectivos. La dominación patriarcal, sin embargo, basada en la autoridad masculina, no se circunscribe al espacio doméstico, sino que se extiende e invade el resto de espacios por medio de instituciones económicas, políticas, mediáticas, legales, culturales, religiosas y militares que descalifican, discriminan o excluyen las diferentes maneras de significar, conocer y sentir de las mujeres. La unidad de práctica social característica de este espacio es la diferencia sexual y generacional.


Las instituciones privilegiadas son el matrimonio y la familia –entiéndase la familia nuclear, formada por cónyuges de distinto sexo con hijos legítimos–. El principio de racionalidad operativo es la maximización de la afectividad. La forma de conocimiento propia es el familismo o cultura familiar. Por último, la forma hegemónica de derecho es el derecho doméstico.


En segundo lugar, se encuentra el espacio de la producción, en el que se desarrollan relaciones sociales en torno a valores económicos de cambio derivados de procesos productivos. Las relaciones que se dan en este espacio–tiempo son de dos tipos: relaciones de producción —relaciones capital–trabajo— y relaciones en la producción —relaciones trabajo– trabajo—. El modo de poder propio es la explotación, entendida en el sentido que le atribuía Marx, es decir, como el intercambio desigual de trabajo humano por un salario que está por debajo de su valor real. A la explotación humana hay que añadir la explotación de la naturaleza, concebida por el capitalismo como res extensa cartesiana: materia pasiva, inerte, cuantitativa, desprovista de dignidad alguna, que puede ser manipulada y explotada a placer.


La unidad de práctica social la forman la clase social y la naturaleza. La dimensión institucional se materializa en la fábrica y la empresa. La dinámica de desarrollo actuante es la optimización del lucro y la maximización de la degradación de la naturaleza. El cuerpo normativo que rige estas relaciones es el derecho de producción y la forma epistemológica que despunta es el productivismo o, de manera más general, la cultura empresarial.


El tercer lugar lo ocupa el espacio de mercado, constituido por relaciones sociales que tienen como base la distribución y el consumo de valores de cambio en el libre mercado. La modalidad de poder, adoptando una perspectiva marxista, es el fetichismo de las mercancías, que guarda relación directa con la explotación. Con este concepto, Marx hacía referencia a la cosificación de los seres humanos y a la personificación de los objetos que se produce en la sociedad capitalista. En los intercambios mercantiles, las mercancías aparecen dotadas de un carácter autónomo, es decir, no evidencian las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción necesarias para fabricarlas. Como resultado de ello, el trabajador percibe el objeto producido como algo extraño a su actividad: es la sensación de alienación que le provoca el hecho de ser un mero instrumento alquilado para la elaboración de un objeto que no le pertenece y que en el mercado se relaciona como si fuera una persona, mientras que las personas, en la esfera productiva, lo hacen como si fueran objetos. El fetichismo de las mercaderías alude también a la falta de libertad que, según Marx, padece el consumidor, ya que las posibilidades de quien compra están condicionadas por la posición que ocupa en la organización social. En este espacio–tiempo, la unidad de práctica social es el cliente o consumidor. La institución social central es el mercado. El principio de racionalidad se traduce en la maximización de la utilidad y la mercantilización total de las necesidades. La forma jurídica es el derecho del intercambio y la forma epistemológica relevante es el consumismo o cultura de masas.


El cuarto espacio–tiempo estructural es el espacio de la comunidad, definido como la serie de relaciones sociales desarrolladas en torno a la producción de territorios físicos y universos simbólicos que favorecen la identificación colectiva. El dispositivo de poder activo es la diferenciación desigual, mediante la cual se identifica diferencia con inferioridad: el sujeto o grupo percibido socialmente como diferente con relación a los códigos socioculturales imperantes de regulación es, en virtud de su diferencia empírica —de género, etnia, orientación sexual, biológica, entre otras—, clasificado como inferior. Los procesos de diferenciación desigual funcionan creando mecanismos de identidad —o inclusión— y diferencia —o exclusión— utilizados para discriminar entre miembros externos e internos a la comunidad. En esta constelación política, jurídica y epistemológica, la unidad de práctica social es la etnicidad, la raza, la nación, el pueblo o la religión. Las instituciones de normalización adoptan la forma de la comunidad, el barrio, la región, las organizaciones populares de base y las iglesias. La racionalidad que guía la acción es la maximización de la identidad. El cuerpo de leyes que regula estas relaciones es el derecho de la comunidad y las formas dominantes de saber son la cultura local y el conocimiento de la tradición.


El espacio de la ciudadanía, en quinto lugar, es aquel en el que predominan las relaciones de obligación política vertical, entre el Estado y los ciudadanos. El mecanismo específico de poder es la dominación. En tanto que está centrada en el Estado y es ejercida por él, la dominación es la modalidad de poder más fuertemente institucionalizada, de aquí que sea la única forma de poder que la teoría política liberal clásica considere como poder político. En la teoría política crítica de Boaventura de Sousa, en cambio, el espacio ciudadano es una de las varias formas de poder social. Su unidad de práctica social es la ciudadanía. El aparato institucional es el Estado. El modo de racionalidad la maximización de la lealtad. El marco legal lo proporciona el derecho territorial y las formas de conocimiento son el nacionalismo educacional y cultural y la cultura cívica.


En sexto y último lugar, se encuentra el espacio mundial, definido como el conjunto de relaciones sociales que la división internacional del trabajo produce en las sociedades nacionales (Santos, 2003: 313).


La forma propia de poder es el intercambio desigual, en el sentido más estricto del término, y se refiere a los relaciones de intercambios económicos desiguales realizados entre el centro, la periferia y la semiperiferia del sistema mundial. Es una forma de poder muy estudiada por los teóricos del sistema mundial, del imperialismo comercial y las teorías de la dependencia. El Estado–nación es la unidad de práctica social. El entramado institucional lo forman el sistema interestatal, los organismos internacionales y las organizaciones supraestatales. El principio de racionalidad es la maximización de la eficacia. El patrón normativo que reglamenta los intercambios en el sistema mundial es el derecho sistémico y la forma epistemológica que sobresale es la ciencia.


A partir de sus reflexiones sobre la naturaleza del poder político y su dinámica de funcionamiento en las actuales sociedades capitalistas, Boaventura de Sousa Santos diseña un complejo mapa en el que identifica los lugares estructurales que producen y reproducen relaciones políticas de poder. Es un marco analítico propuesto como alternativa teórica que resulta, por un lado, de una crítica a la teoría liberal del poder que intenta desactivar la dicotomía entre Estado y sociedad civil y sus corolarios —anclaje del derecho y la política en el nicho del Estado, profesionalización de la política, distinción entre lo público y lo privado, etcétera— y, por el otro, de la adhesión crítica a la concepción foucaultiana del poder. En un esfuerzo por superar, entre otras deficiencias, el carácter fragmentario y disperso de la teoría política de Foucault, Santos localiza y distribuye, de manera más específica y detallada que aquél, el poder social en seis espacios–tiempo estructurales: el doméstico, el productivo, el mercantil, el comunitario, el ciudadano y el mundial. Ello le permite mostrar que «la naturaleza política del poder no es el atributo exclusivo de una determinada forma de poder, pero sí el efecto global de una combinación de diferentes formas de poder y de sus respectivos modos de producción» (Santos, 1991: 181; 2003: 310).


Una de las aportaciones más interesantes del análisis del poder que plantea la teoría política contrahegemónica de Boaventura de Sousa Santos es la idea según la cual las sociedades capitalistas no deben considerarse formaciones sociales articuladas en torno a un derecho único, el derecho estatal, ni a una política única, la expresada en la relación entre el Estado y la sociedad civil por vía de la representación política democrática. Al contrario, son concebidas como una pluralidad de constelaciones jurídicas, políticas y epistemológicas relacionadas entre sí. Este juego de poderes políticos, jurídicos y epistemológicos en relación recíproca le permite adoptar a Santos una perspectiva relacional que diluye la dicotomía jurídico–política liberal entre lo público–político y lo privado–personal, evitando caer así tanto en la «hiperpolitización del Estado» como en su reverso, la «despolitización de la sociedad civil» (Santos, 1989b: 249; 2003: 128) causada por la teoría política liberal.


Al asumir como natural la división entre lo público y lo privado, la teoría política liberal menospreció la idea de una pluralidad de poderes políticos en circulación social e invirtió sus energías en llevar a cabo una cierta democratización del poder estatal en tanto que única forma reconocida de poder político–público. Sin embargo, y como contrapartida, no reconocer que el poder, más allá del ejercido por el Estado sobre la ciudadanía, actúa en múltiples espacios y se reproduce de muchas maneras —mediante discursos y prácticas que abarcan desde la violencia física hasta mecanismos simbólicos e institucionales más sutiles, tales como las leyes vigentes, las costumbres heredadas y la mentalidad en boga—, condujo a una teoría política ciega y conservadora que dejaba en una situación de vulnerabilidad a quienes en el ámbito considerado privado padecían actos discriminatorios. La teoría política liberal no es, en este sentido, crítica ni emancipatoria, pues no denuncia las injusticias de formaciones sociales que atenazan a los colectivos más débiles, invisibiliza y legitima las discriminaciones sexistas, económicas, étnicas y culturales y no plantea elementos para enfrentar las varias formas de opresión —discriminación, abusos, explotación, exclusión, falta de oportunidades, entre otras— que condicionan la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. No es, en definitiva, una teoría política solidaria con quienes sufren relaciones políticas de sujeción. Por esta razón, unos de los méritos más notables de la teoría política crítica de Santos es el de ampliar los límites del poder político y la opresión.


Cuando una determinada construcción social o relación de poder es despolitizada, es decir, privatizada y no sujeta a responsabilidad política, hasta el punto de convertirse en una realidad naturalizada, se está evitando que quien la sufre pueda emanciparse de una situación injusta.


Desterrar del ámbito del poder político estatal fenómenos socioculturales hoy dominantes, como el patriarcado heterosexista o la producción y el consumo capitalistas, sólo contribuye a aumentar las desigualdades entre personas, naturalizar relaciones de subordinación y desarticular lo privado como espacio político para la vindicación ciudadana. Puede decirse que Santos, en este aspecto, presenta un concepto de libertad que conecta con la tradición política republicana, para la cual la libertad no es la libertad liberal como ausencia de interferencia, sino la emancipación de las relaciones de dominación despótica o, como la entiende el filósofo Philip Pettit (1999: 40 ss.), la ausencia de dominación arbitraria. Llama la atención, a este respecto, cómo el Estado de derecho democrático–liberal es capaz de convivir cómodamente con formas despóticas de poder exentas de cualquier control democrático. Es lo que de Sousa Santos (2005: 354 ss.) conceptualiza como fascismos sociales. Son relaciones sociales que, aunque están formalmente incluidas en el marco del Estado y del contrato social, se rigen por la arbitrariedad y el autoritarismo del fuerte sobre el débil: «La vulnerabilidad del individuo en el fascismo social no resulta [...] de la imposición de un poder estatal tiránico frente al individuo, sino, por el contrario, del abandono total del individuo —muchas veces propiciado por el mismo Estado— de tal manera que cualquier poder, de cualquier tipo, puede aspirar a regular el comportamiento individual y a dispensar los bienes públicos a su antojo» (Santos y García Villegas, 2001: 45). Desde luego, una teoría política que convive tranquilamente con una abundancia de despotismos y esclavitudes sociales cotidianas es difícilmente transformadora y deficitariamente democrática.


Digamos para concluir que el debate sobre el poder dual en la transformación sociopolítica apalancada por los diálogos de paz debe incluir estas consideraciones de orden analítico. No es posible avanzar en la construcción de un pacto final de paz en marzo del 2016 sino se identifican claramente los elementos de dicha realidad que, por supuesto, la delegación santista intenta conducir en los términos de un cambio político monitoreado en función de los intereses de la elite dominante en el Estado.


Notas.


La transición que actualmente ocurre en el campo político a raíz del proceso de paz bien puede interpretarse a la luz de las elaboraciones teóricas de Leonardo Morlino, reunidas en el texto "Cómo cambian los regímenes políticos?" (1985), donde plantea un modelo de reformas políticas promovidas desde las elites dominantes en el Estado, las que advertidas de una crisis estructural en el funcionamiento del Estado implementan procesos de reformas y ajustes institucionales para no perder el control de la sociedad y las instituciones. Ver en el siguiente enlace electrónico dicho texto http://bit.ly/1K4Gplm Este enfoque no es el que se comparten este trabajo pero hay que abordarlo para entender cómo y en qué piensa la clase directiva colombiana a propósito del proceso de paz.
El concepto de la democracia como autodeterminación de las masas elaborado por René Zavaleta Mercado es ampliado por Luis Tapias en su texto "Cuatro conceptos de la democracia" al que se puede acceder en el siguiente enlace electrónico http://bit.ly/1OxB6kT

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"Syriza debe liberarse del europeísmo infantil"

Vasilopoulou hace una revisión crítica de los pasos dados por su partido en torno de las negociaciones con la troika. Y espera que el gobierno pueda aliviar las exigencias del acuerdo.


Corina Vasilopoulou es periodista, diputada regional y portavoz de Syriza en la región de Atica, la más poblada de Grecia, con Atenas como capital. Ella es de Syriza y sigue apoyando al premier, Alexis Tsipras, aunque a la pregunta de "¿cómo está?" al saludarla, responda con honestidad "recuperándome del choque". Corina no puede ocultar la decepción que supuso la firma del tercer memorándum con la Troika después de que el 61 por ciento del pueblo griego se pronunciara en contra y admite, durante esta entrevista en un coqueto bar del centro de Atenas, que a Syriza se le dio una segunda oportunidad "porque se le reconoció la lucha pese a haber sido derrotado" pero que ahora quiere ver resultados concretos, que se noten en la vida diaria de la gente.


–¿No le quedaba otra salida a Alexis Tsipras que firmar el memorándum de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI?


–Yo pienso, pero viéndolo ahora (después todos somos profetas), que Syriza cometió muchos errores y que debería haber tomado antes medidas más drásticas para que no nos quedáramos sin liquidez. Yo prefiría que Syriza no hubiera firmado, que saliera a decir a la gente que nos estaban chantajeando y que así no podíamos seguir. Lo mejor hubiera sido consultarle a la gente con una pregunta clara, no como la del referéndum.


Para mí, como para la mayoría de los de Syriza, fue un gran golpe, un golpe que no esperábamos. No sé si éramos demasiado inocentes y optimistas pero lo cierto es que nos llevó luego casi a la depresión. Ahora yo sigo apoyando al partido pero desde un punto de vista más crítico, a la espera de que cumpla con sus promesas de aliviar las exigencias del memorándum.


–Esta decepción también le pasó factura a la democracia porque la abstención en las elecciones de septiembre fue muy alta y la desafección de la ciudadanía hacia la política ahora es más que palpable.


–Sin duda. Syriza tiene una prórroga y depende de ellos honrar esa prórroga, porque el entusiasmo de enero ya no existe y ahora la gente quiere ver resultados concretos para mejorar su vida y una ética realmente diferente en la práctica política. A pesar de esto hay que reconocer que el pueblo griego demostró un coraje que nadie se esperaba. Con tanto chantaje internacional, con tantos medios de comunicación en contra y una propaganda feroz, con los bancos cerrados, se votó un 'no' rotundo en el referéndum y eso es algo de admirar.


–También fue un golpe muy duro para otras nuevas formaciones de izquierda en Europa, como Podemos. ¿Cómo podría hacer el partido de Pablo Iglesias para revertir ese efecto dominó?


–No sé si a Podemos lo que más le afectó es lo sucedido con Syriza o sus propios problemas, como las disputas internas o no tener principios demasiado claros. Posiblemente fue una mezcla de ambos. En cualquier caso, yo les diría que no opten por la moderación porque, si yo fuera española y quisiera un partido moderado, votaría al PSOE (Partido Socialista Español). Podemos tiene que volver a sus raíces y tomar como modelo lo que están haciendo los nuevos gobiernos municipales de izquierda, como el de Ada Colau en Barcelona o Manuela Carmena en Madrid.


–Syriza también sufrió en su seno serias fracturas: sectores contrarios a la postura de Tsipras abandonaron el partido y gobiernos como el suyo. en la región de Atica, quedaron divididos entre quienes apoyan al premier y quienes no. ¿Cómo se gestiona ahora toda esa disidencia interna?


–En Atica la gobernadora, Rena Dourou, llegó a un equilibrio inteligente porque, aunque es de Syriza y apoya a Tsipras, es consciente de que gobierna para todos, no solo para los de Syriza. Dos de sus ocho gobernadores adjuntos se fueron del partido y uno de ellos, Lafazanis, creó la nueva formación Unidad Popular, que compitió con Tsipras en estas elecciones. También se marcharon de Syriza varios diputados regionales que, sin embargo, permanecen en el gobierno. Rena colabora con todos y, por ejemplo, ahora está moviéndose con ellos en contra de la privatización del Puerto de Pireo (la cesión del puerto más importante de país a la que accedió Tsipras a demanda de los acreedores internacionales). O sea que el gobierno de Atica sigue siendo de izquierda y, por lo menos en el plano local, todavía podemos trabajar hacia cosas más grandes. Lo mismo espero ver a escala nacional.


–El primer objetivo que se marcó Tsipras en su nuevo programa es la renegociación de la deuda. ¿Le harán más caso los del Eurogrupo al haber sido revalidado por las urnas?


–Por un lado seguro que sí porque (Angela) Merkel esperaba quitárselo de encima y ahora ve que no, que tendrá que seguir lidiando con él. Pero lo de la deuda es algo que supera a Tsipras y a Grecia porque si no vas por el camino revolucionario y con las armas les dices "chau no pagamos", habrá que esperar que ellos se pongan de acuerdo –el FMI está a favor de la quita de la deuda y la UE está en contra– y si lo hacen también tendrá un fuerte costo político.


–¿Es posible, como asegura Tsipras, implementar una austeridad "suave"?


–La vida cotidiana ahora será muy dura porque la gente seguirá pagando unos impuestos que Syriza prometió que anularía, el desempleo sigue ahí, el sueldo básico no aumentó y las relaciones laborales siguen desmanteladas. Yo quiero que Syriza proteja la casa de la gente, que no se pliegue a las exigencias de los acreedores para que la gente se vaya de su casa si no la puede pagar. Quiero que haga algo con la salud pública, que es un desastre, y para que la gente pueda calentarse en invierno porque todavía no eliminó esta tasa especial impuesta hace tres años que equipara el petróleo de la calefacción con la nafta. Yo, en general, quiero que Syriza haga todo lo que pueda para proteger a los más débiles y que revise su relación con la Unión Europea. No hablo de una salida de la Unión pero sí liberarse de este europeísmo infantil, porque hay que ser consciente de que la Europa de los pueblos no existe. Lamentablemente yo no veo un cambio político en Europa, así que un partido de izquierda, como quiere llamarse Syriza, tendrá que replantearse muy seriamente cómo actuar con un continente neoliberal.

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Rousseff cede poder en Brasil para salvar la presidencia

Acosada por la crisis económica, amenazada por los mercados, triturada por las encuestas y hostigada por la oposición, la presidenta brasileña Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), trata de cerrar uno de sus múltiples frentes para salvar su mandato con una medida tajante: dar ministerios a sus volubles aliados parlamentarios, los diputados del ideológicamente ambiguo Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB) a cambio de un apoyo estable en el Congreso. La presidenta compareció hoy solemnemente ante el país para informar que ha decidido reformar el Gabinete y dar siete ministerios a miembros de este movimiento, uno más de los que contaba hasta ahora, incluido el emblemático Ministerio de Sanidad, que goza del mayor presupuesto en el país. El peso del PMDB en el Gabinete es aún mayor si se tiene en cuenta que Rousseff, en una medida de ajuste, ha suprimido ocho ministerios, de 39 a 31. El vicepresidente, Michel Temer, también del PMDB, sigue en su puesto y continuará ejerciendo la difícil labor de puente entre el grupo parlamentario del PMDB, decisivo a la hora de aprobar leyes, y el Gobierno, que necesita con urgencia, precisamente, que el Parlamento dé salida una batería de medidas de ajuste fiscal encaminadas a enderezar la situación económica y a tranquilizar a los inversores y a los mercados. El pasado nueve de septiembre, la agencia de calificación Standard and Poor´s rebajó de la nota de crédito del país al nivel de bono basura en un batacazo mediático que sacudió el país y que le hizo despertarse ya por completo del sueño de prosperidad que envolvió a la sociedad brasileña durante la década anterior.


La reforma ministerial venía incubándose desde hacía un mes, y la clase política, paralizada, se había vuelto, en los últimos días, una marea de rumores y de quinielas, cuando no de ministros que, como el saliente de Sanidad, Arthur Chioro, se enteraban de su destitución de un telefonazo sorpresivo.


Las relaciones entre los diputados del PMDB y el Gobierno han sido, desde que comenzó esta segunda legislatura de Rousseff, ambivalentes. Por una lado, su presencia en el Gobierno y la personalidad pausada y conciliadora de Temer garantizaba cierto apoyo. Por otro, la hostilidad manifiesta del presidente del Congreso brasileño, Eduardo Cunha, enemigo declarado del Gobierno y de Rousseff y con influencia en muchos diputados, hacía temblar todos los pronósticos y, de continuo, colocaba zancadillas en las leyes que Rousseff quería aprobar para reconducir la economía. Cunha, cada vez más cuestionado por sus propios correligionarios, está siendo investigado en el Caso Petrobras y mantiene una sospechosa cuenta de 5 millones de dólares en Suiza. Pero él se dice inocente y asegura que es objeto de una cacería política por parte del Gobierno. Su carrera política depende, de hecho, en que pueda seguir presentándose ante sus parlamentarios afines y la opinión pública como víctima mientras trata de despejar las acusaciones judiciales. La próxima semana Rousseff comprobará si la subasta de ministerios ha sido acertada, en una votación sobre recortes presupuestarios.


La próxima semana Rousseff comprobará si la subasta de ministerios ha sido acertada, en una votación sobre recortes presupuestarios. Pero la reforma ministerial no sólo persigue esa estabilidad. También afecta al partido de Rousseff, el PT. El ministro de la Casa Civil, Aloizio Mercadante, una suerte de primer ministro, fiel escudero de Rousseff, ha sido rebajado a ministro de Educación. En su puesto ha sido nombrado el ministro de Defensa, Jaques Wagner, hombre mucho más de la confianza de Lula. La influencia del carismático ex presidente brasileño en todo este cambio es, según la prensa brasileña, evidente. El periódico O Estado de S. Paulo publicaba hoy al respecto una foto reveladora, en la que se apreciaba, en el Palacio de la Alvorada, en Brasilia, residencia oficial de Rousseff, al propio Lula conversando mientras camina al lado de un dirigente del PT, unos pasos por detrás de la presidenta.


Rousseff ha anunciado además una batería de medidas para contener el gasto en los ministerios enfocadas a dar impresión de austeridad de cara al resto del país: los ministros se reducen el sueldo en un 10%. Asimismo, se suprimirán 3.000 empleados municipales repartidos en varios municipios y se elaborarán planes para ahorrar en alquileres, gastos de luz, agua y teléfonos.

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Viernes, 25 Septiembre 2015 06:35

El intrascendente retorno de Tsipras

El intrascendente retorno de Tsipras

Depurada de su ala izquierda "antiausteridad", la coalición Syriza retorna al gobierno con porcentajes similares de votos e idénticos aliados, pero sin el entusiasmo que generó hace ocho meses. Alexis Tsipras asume un nuevo gobierno en una Grecia resignada.

 

"Estas elecciones pretenden legalizar la capitulación de Grecia", había advertido el ex ministro de Finanzas Yannis Varoufakis horas antes de que se abrieran las urnas, en la noche del domingo pasado. Sin participar activamente en la campaña, quizá porque como buena parte de los griegos de izquierda se sienten derrotados, Varoufakis anunció que votaría a Unidad Popular, la escisión de Syriza.


Tal vez la mayor muestra de la impotencia de la izquierda griega sea precisamente la sonora derrota de la Unidad Popular, que hasta ahora contaba con casi una treintena de diputados, pero que en el próximo parlamento no estará presente porque no superó la barrera del 3 por ciento en las elecciones del domingo.


El éxito de Alexis Tsipras es el del pragmatismo. Luego de haber visto gobernar a conservadores, socialistas y radicales sin que nada cambie, el descreimiento de la sociedad en sus elegidos parece cada vez mayor. Luego de cuatro elecciones en tres años, la austeridad no afloja y no hay perspectivas de cambio en el horizonte. La abstención aumentó en diez puntos respecto de la votación de enero, cuando Syriza llegó por primera vez al gobierno en medio de un enorme entusiasmo de la izquierda de la izquierda no sólo europea, que se mantuvo durante varios meses.


TODO IGUAL, PERO...

Si se comparan los resultados del domingo pasado con los de hace nueve meses podría afirmarse en principio que nada sustancial ha cambiado en el escenario electoral griego. Syriza se mantiene al frente con poco más del 35 por ciento, perdiendo menos de un punto y cuatro escaños con relación a enero. Con 28 por ciento, Nueva Democracia, el principal partido de la derecha, retiene todos sus votos, registrando un leve avance que le supone un diputado más. Los nacionalistas llamados Griegos Independientes, que gobernaron junto a Syriza entre enero y agosto, pierden tres escaños, pero los dos partidos juntos suman 155 diputados, cinco por encima de la mayoría absoluta.


El resto de las fuerzas se mantienen casi igual. Los ultraderechistas de Amanecer Dorado, los comunistas y los centristas sufren pocos cambios. Los socialistas del Pasok recuperan parte de su electorado, pasando de 13 a 17 escaños, pero muy lejos del 44 por ciento de seis años atrás. Son pequeñas variaciones debidas, en gran medida, al aumento de la abstención.


En efecto, los griegos que no acudieron a votar, pese a que el voto es obligatorio, crecieron hasta el 45 por ciento del electorado. El nivel de participación del domingo fue uno de los más bajos que se recuerden.


El clima de desinterés dominó durante toda la campaña. Es que votar por la sumisión a los dictados de la eurozona, aun como mal menor, no es algo que pueda levantar entusiasmo. El movimiento social griego, que ha puesto en pie decenas de iniciativas autogestionadas, desde centros de salud hasta emisoras de televisión, pasando por fábricas y periódicos, deberá ahora decidir los caminos a seguir. Agotadas las vías institucionales como factores de cambio, la profundización de ese tipo de emprendimientos parece un camino razonable.


LA TRAGEDIA INACABADA.

La gran incógnita de la política griega podrá develarse recién en octubre, cuando el nuevo Ejecutivo deba afrontar las exigencias acordadas en el último memorándum con los acreedores, en Bruselas. El tercer "rescate" firmado en agosto prevé duros ajustes y reformas durante tres años a cambio de hasta 86.000 millones de euros en créditos. En ese sentido, el jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, no deja margen a Tsipras: "Si lo que hemos acordado no se respeta esta vez, la reacción de la Unión Europea y de la eurozona será bien distinta" a la que fue hasta ahora, amenazó el jerarca (El País, Madrid, 21-IX-15). Tsipras hizo campaña prometiendo que suavizará los efectos más nocivos del acuerdo de semanas atrás, que contravenía todas las promesas que llevaron a Syriza al poder a comienzos de año y al gigantesco No del plebiscito de julio. En octubre los acreedores evaluarán el comportamiento del gobierno griego con base en las reformas que se le exigen y que se comprometió a realizar.


La primera y quizá la más dura serán los recortes en las pensiones; se prevé además desincentivar la jubilación anticipada y multar a aquellos que se retiren antes de la edad legal de 67 años. El nuevo Ejecutivo deberá realizar ajustes en el sector financiero, y cambios en los estatutos del Banco de Grecia. Habrá más privatizaciones, incluyendo los puertos del Pireo y Tesalónica, antes de mediados de octubre.


Si se aprueban estas reformas podrían llegar 3.000 millones de euros en noviembre y se podría comenzar a debatir una reestructuración de la deuda, sin quitas, iniciar el desbloqueo de fondos para recapitalizar los bancos y poner fin al control de capitales.


Un think tank citado por El País destaca que "es posible que el tercer rescate descarrile y eso active la amenaza de grexit (salida del euro) que Berlín usó en la última negociación" con Tsipras. Por eso desde Alemania presionan para que en Atenas se forme un gobierno amplio que involucre a la Nueva Democracia para impulsar las reformas. "Esta vez los griegos saben de veras que no tienen otra opción", comentó Theodore Pelagidis, del centro Brookings (El País, 21-IX-15).
Desde una posición opuesta, Varoufakis comenta en un artículo en el diario británico de izquierda The Guardian que "el mayor vencedor ha sido la propia troika". El ex ministro sostiene que "Tsipras debe ahora aplicar una consolidación fiscal y un programa de reformas que están diseñados para fracasar. Las pequeñas empresas sin liquidez ni acceso a los mercados financieros tienen que pagar ahora los impuestos del próximo año teniendo en cuenta los beneficios proyectados para 2016. Los hogares tendrán que afrontar un escandaloso impuesto al patrimonio sobre apartamentos y tiendas que ni siquiera pueden vender. El aumento del Iva incrementará la evasión fiscal. Cada semana la troika exigirá más políticas antisociales y recesivas: recortes de pensiones, menores subsidios por niño, más desahucios" (Eldiario.es, 21-IX-15).


ALGO MÁS QUE CRISIS.

Varoufakis afirma que el primer ministro griego casi no tiene margen ni poder para negociar el tercer rescate. Sin embargo, estima que las cosas pueden tomar otro rumbo "si el nuevo gobierno continúa conectado a las víctimas del acuerdo con la troika, si se aprueban reformas auténticas que den confianza a las empresas para que inviertan, y si usa la intensificación de la crisis para arrancar concesiones reales a Bruselas".


La troika, dice Varoufakis, es el mejor amigo de los oligarcas, y viceversa. Si no se consiguió quebrar su control sobre la política griega cuando había fuerza política suficiente como para hacerlo, luego del referendo del 5 de julio, ahora será mucho más difícil.


El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos apoya a Syriza, pero cree que "el problema mayor fue que la izquierda europea en su conjunto no percibió que el Banco Central Europeo y el euro fueron creados según el más puro catecismo neoliberal" (latinamericanperspectives.com, 25-VIII-15). De esa afirmación deduce que "las instituciones europeas son hoy más neoliberales que los diferentes estados europeos y tienen un poder enorme para intervenir en ellos, sobre todo en los más pequeños y periféricos".


Es el momento más crítico para las izquierdas europeas, porque incluso las nuevas están mostrando límites impensados hace apenas dos años. De Sousa busca las razones estructurales de esos límites. Recuerda que la existencia de la izquierda siempre se constituyó en la creencia de que existen alternativas al capitalismo. Pero a partir de los años sesenta del siglo pasado la socialdemocracia comenzó a defender la regulación del sistema con elevados impuestos. "La caída del muro de Berlín –razona De Sousa– no fue sólo el fin del comunismo. Fue también el fin de la socialdemocracia", porque "dejó de haber razones para aceptar limitaciones drásticas a las ganancias del capital". De eso trata su análisis del neoliberalismo europeo, y sobre la insuficiente comprensión que tiene la izquierda de que la UE no es otra cosa que la dictadura de los banqueros. "El objetivo de las instituciones europeas es liquidar cualquier hipótesis de contestación a la política de austeridad", dice De Sousa. Al revés del sentido común hegemónico, el sociólogo asegura que la UE no está para construir la arquitectura de la integración europea, sino para evitar que haya alternativas al modelo. No comprenderlo, afirma, es errar en la política.

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Un nuevo Estatuto de los trabajadores para la era digital

Un estudio reciente de la OIT concluye que el 75% de las reformas estructurales realizadas en los últimos años en los mercado de trabajo de los diferentes países han consistido básicamente en reducir la protección social de los trabajadores, teniendo un escaso impacto en la reducción del paro o en el crecimiento económico. En este sentido, pese a la retórica de la flexiseguridad, las reformas estructurales en los mercados laborales se han concentrado por encima de todo en la flexibilización, en detrimento de las políticas de protección de los trabajadores. Nosotros los socialistas pensamos que ésta es una visión reductiva de lo que debe ser una reforma estructural y, por ello, proponemos un nuevo Estatuto que vuelva a convertir los derechos de los trabajadores en el eje central de la modernización de nuestro mercado laboral y, por ende, de nuestra economía.


Con este nuevo Estatuto queremos erradicar la precariedad laboral, simplificando el número de contratos y acabando con el uso fraudulento de la temporalidad, y también la precariedad no laboral, poniendo fin a la figura de los falsos autónomos y de las becas que encubren verdaderos contratos de trabajo. Así mismo, atacaremos la devaluación y desigualdad salarial, entre otras medidas, garantizando que los trabajadores y trabajadoras contratados por las empresas de servicios cobren lo mismo que los contratados por la empresa principal: el principio debe ser a igual trabajo, igual salario.


Esta propuesta no es en absoluto un intento nostálgico de retornar al pasado, ni tampoco se justifica solamente por la necesidad de derogar la reforma laboral del PP, sino que se trata, más bien, de enfocar el problema desde otra óptica: desde un nuevo marco que actualice los derechos de los trabajadores y el gobierno de las relaciones laborales a las nuevas realidades del siglo XXI. Y que todo ello se haga con consenso.


Desde que el primer Estatuto de los Trabajadores fue aprobado en España, en 1980, han tenido lugar una enorme cadena de transformaciones. En el ámbito de la economía, al tiempo que nos hemos integrado en la Unión Europea, España se ha abierto también al mundo con la globalización, convirtiéndose en una moderna economía de servicios. En lo social, las mujeres se han incorporado masivamente al mercado de trabajo, alterando su rol tradicional circunscrito al ámbito doméstico. Desde un punto de vista cultural, se han transformado las preferencias sobre las que se organiza el mundo del trabajo, de manera que las nuevas generaciones aspiran a compatibilizar el aprovechamiento de su tiempo personal (ya sea en relación con la formación de una familia o simplemente debido al desarrollo de una vida personal activa) con el éxito profesional.


Han variado también las formas de organizar la empresa y la producción y el acelerado cambio tecnológico está transformando radicalmente el mundo del trabajo. Si en la revolución industrial los jornaleros y campesinos abandonaban el campo por las factorías en las ciudades, hoy en día, muchos ciudadanos dejan las interminables horas de oficina para poder realizar su jornada laboral desde casa. La era digital está todavía en su infancia pero ya empezamos a vislumbrar su gran impacto. Desde la expansión de la robótica, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), el impulso del "big data", la puesta en práctica de nuevos modelos de negocio basados en la economía colaborativa, hasta las múltiples posibilidades que ofrecerá la impresión en 3D, revolucionarán cada día más el ámbito del trabajo.


Así, las TIC ya están difuminando las fronteras entre el trabajo y la vida personal, hasta el punto de que, en una encuesta reciente, se revelaba que 8 de cada 10 trabajadores españoles encuestados mezclan su vida personal y profesional (con un 85% atendiendo tareas de trabajo en su tiempo libre, y un 80% realizando tareas personales en su jornada laboral). En esta misma línea, el avance tecnológico, al tiempo que vuelve obsoletas viejas profesiones, está dando lugar a nuevos tipos de empleos, de manera que, según un estudio reciente del departamento de trabajo de Estados Unidos, el 65% de los escolares de hoy en día, cuando sean mayores, estarán empleados en empleos que todavía no existen.


La magnitud y alcance de todas estas transformaciones presenta grandes oportunidades para nuestro futuro como país, pero también, sin duda, grandes retos. Como socialistas, queremos que esta nueva "carta magna" de los derechos del trabajador de la era digital asegure, de forma prioritaria, que todos los ciudadanos puedan tener un trabajo seguro y decente, con un salario justo, en la que todas las nuevas formas de empleo se integren en nuestro sistema de la Seguridad Social. Pero también, con esta nueva carta de derechos queremos ofrecer un marco abierto y flexible para la incorporación de todas aquellas nuevas profesiones que vayan emergiendo en la nueva era digital.


Así, debemos abordar el concepto de la flexibilidad, no solo desde la perspectiva de las necesidades de las empresas (que es importante, por supuesto), sino también teniendo en cuenta la mayor demanda que tiene el trabajador por el control de su propio tiempo. Esto se puede hacer, por ejemplo, utilizando un enfoque de fases de vida, en el que partamos de la idea de que, en la vida laboral, hay diferentes etapas, desde "la hora punta", entre los 25 y los 45, en la que el trabajador tiene que compatibilizar múltiples tareas de una importancia "vital" (formar una familia, periodos de formación, etc.) hasta otras fases menos apuradas.


Por otra parte, con el nuevo Estatuto trataremos otros asuntos urgentes que afectan a los derechos de los trabajadores y carecen de un tratamiento legal claro en la actualidad, como son la privacidad de las comunicaciones de los empleados en las redes sociales, la difuminación de las fronteras entre el trabajo y la vida privada facilitado por las TICs, o problemas emergentes relacionados con la seguridad y la salud en el lugar de trabajo.


El mundo laboral se haya inmerso en una revolución sin precedentes que presenta grandes oportunidades pero también grandes retos. España solo podrá reemplazar el paro estructural por la creación sostenida de empleo de calidad si transformamos nuestra economía a través de las herramientas y los vastos yacimientos de empleo que ofrece la transversalidad de la nueva economía digital. Pero, para lograrlo, debemos establecer un marco de derechos de los trabajadores acorde a la realidad del siglo XXI. Un nuevo escenario que refuerce el dialogo social y recupere la centralidad de la negociación colectiva, beneficiando a partes iguales a trabajadores y a empresarios, porque el carácter compensador siempre fue una seña de identidad del Derecho del Trabajo y el equilibrio entre ambos un elemento clave de nuestro Estado social y democrático. Una nueva carta de derechos que, en lugar de limitarse a enmendar los errores del pasado, anticipe las necesidades laborales de la España del futuro.

 

La autora es Secretaria de Empleo de la CEF del PSOE

Martes, 22 Septiembre 2015 06:33

Misma ecuación política, otro Tsipras

Misma ecuación política, otro Tsipras

A primera vista, las elecciones del pasado domingo en Grecia dejaron todo como estaba. El primer ministro seguirá siendo Alexis Tsipras. La coalición de gobierno seguirá uniendo en un matrimonio de circunstancias a la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) y a la derecha euroescéptica de los Independientes Griegos (Anel). Los términos a los que tendrá que ajustarse la política económica de ahora en adelante son los incluidos en el acuerdo de agosto con los acreedores del país. La única bandera que queda incuestionablemente en pie del programa económico original de Tsipras es el reclamo de una quita de la deuda: veremos si el Eurogrupo se aviene a satisfacerlo.


Semejante continuidad resultaría incompatible con la necesidad de llamar siquiera a nuevas elecciones, si no fuera porque el jefe de gobierno se vio obligado a reconstruir su base parlamentaria después de que la cuarta parte de los legisladores electos en las listas de su partido lo abandonara tras la aceptación in extremis de aquel acuerdo y sus condiciones crueles de ajuste. Tsipras no podía seguir gobernando así, al borde de sufrir una moción de censura cada vez que sesionara el Parlamento. Por otra parte, el mandato recibido en las elecciones de enero se había revelado de imposible cumplimiento: no era posible rechazar en sus términos principales el acuerdo con los acreedores y al mismo tiempo seguir en el euro. Lo que Syriza había prometido como dos objetivos compatibles entre sí fue devuelto en forma de dilema y ultimátum por los acreedores.


El partido pudo haber enfrentado esta situación unido, pero el mandato de los electores ya no iba a poder cumplirse en ningún caso. La minoría planteó abandonar la promesa de mantenerse en el euro y encarar la aventura de restablecer el dracma como moneda. La mayoría planteó mantenerse en el euro y realizar correcciones minimalistas al ajuste puesto como condición por el Eurogrupo. Sin unidad política y con un programa que difería del convalidado por los griegos a principio de año (se tomara la ruta que se tomara), volver a consultar a los griegos era indispensable: la renuncia de Tsipras no encerró ninguna sorpresa.


La apuesta de llamar a nuevas elecciones era tan arriesgada como obligada. Entre los riesgos estaban el de volver al llano y el de cansar a un electorado al que se lo convocaba a votar por tercera vez en el año (contando el referéndum de julio). El primero quedó descartado por el resultado electoral, que fue casi un calco del de enero, echando por tierra el "empate técnico" con los conservadores de Nueva Democracia que pronosticaban las encuestas. El segundo asomó su cabeza bajo la forma de 750.000 griegos que habían votado hace ocho meses y que esta vez decidieron quedarse en su casa. A la hora de la verdad, Tsipras perdió los 150.000 votos que se fueron con los disidentes, pero mantuvo casi el mismo porcentaje electoral con que fue elegido la primera vez.


Quienes prefieren que el pueblo sólo gobierne a través de sus representantes criticaron el llamado a elecciones por innecesario. Con los resultados en la mano, podrían sostener que tenían razón. Sin embargo, la elección era crucial para zanjar con la opinión ciudadana una discusión que no había ya modo de resolver puertas adentro de Syriza. Las preguntas a responder eran dos. Por un lado: ¿la izquierda debe aceptar el encargo de gobernar cuando los ciudadanos así lo deciden o sólo cuando el partido estima que las condiciones lo favorecen? Por el otro: ¿la izquierda debe llevar adelante su programa como si fuera un experimento, aun si no está segura de que hacerlo no les cause más dolor a sus ciudadanos que el que se les quiere evitar? Tsipras se había decantado por decir sí a lo primero y no a lo segundo. Los disidentes de Syriza, por decir que no o ignorar lo primero y por decir sí a lo segundo.


Una minoría (no hay que olvidarlo) de los griegos, los suficientes como para darle la posibilidad de formar una mayoría parlamentaria, estuvo esta vez de acuerdo con Tsipras. Hizo de Syriza el nuevo eje de la izquierda griega, confirmando el reemplazo del Pasok en esa función.


La situación económica precaria impide dar por hecha la emergencia de un nuevo bipartidismo. Los números tampoco lo certifican: la suma de Syriza y Nueva Democracia no alcanza ni el 65 por ciento. El propio Tsipras no prioriza un reordenamiento sobre el eje izquierda/derecha: al elegir a Anel para alcanzar la mayoría que también podría haber alcanzado eligiendo a los diputados del Pasok y de Izquierda Democrática (DA), busca un gobierno de "lo nuevo" en lugar de un gobierno incuestionablemente ubicado a la izquierda del centro. Da prioridad a una dicotomía que surge de la crisis económica del país, postergando (tal vez) una geometría más perdurable de un sistema político que sin duda seguirá en crisis mientras el país no haya recuperado la senda del desarrollo y reparado su maltrecho estado de bienestar.


* Vicepresidente del Laboratorio de Políticas Públicas (http://lppargentina.org.ar/)

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Viernes, 18 Septiembre 2015 05:06

Un cierre de campaña sin favorito

Un cierre de campaña sin favorito

Dos nuevos sondeos ponen codo a codo a Syriza con el partido conservador Nueva Democracia, con menos de un punto porcentual entre ellos. En Syriza hubo una sangría de los políticos antiajuste, que crearon el partido Unidad Popular.


El partido que lideró al último gobierno afirma estar en carrera para formar el siguiente. Pero faltando tres días para votar en la quinta elección general de Grecia en tres años, el entusiasmo parece haber mermado en Syriza, cuya oposición radical al ajuste una vez lo llevó al poder. Dos nuevas encuestas lo ponen codo a codo con el partido conservador Nueva Democracia, con menos de un punto porcentual entre ellos.


Mientras tanto, una reunión soporífera en una apacible zona suburbana de Atenas sugirió que los partidarios de Syriza habían perdido gran parte de su antiguo fuego –quizá no es sorprendente, ya que el partido está obligado a apoyar la austeridad a la que anteriormente se opuso con fuerza–. Sólo 30 griegos de mediana edad aplaudieron suavemente al importante trabajador del partido que, sentado sobre una plataforma, había tratado de reunirlos.


El militante de Syriza, Nivis Alexandros, discutió la afirmación de la oposición de que su partido de izquierda –derrotado en el Parlamento después de firmar en la línea punteada con la troika y los funcionarios financieros internacionales– tendría problemas para recuperar el poder el domingo. Los opositores sostienen que la mitad de los miembros de Syriza han desertado de la formación. "¡Tonterías!", dijo Alexandros, aunque admitió que en la región de la capital se habían producido algunas deserciones. "En Attica, entre el 12 y el 14 por ciento de los miembros ha desertado."


Se fueron de Syriza después de que su líder, el ex primer ministro Alexis Tsipras, cedió a la presión internacional para firmar el acuerdo sobre un tercer rescate. Pero todos esos antiguos partidarios y más apoyarían al partido, afirmó Alexandros.
Tsipras y su facción dentro de Syriza ya fueron superados por una facción de izquierda dura que favorece al Grexit, o salida del euro, sobre la austeridad –y cuyos miembros se fueron de Syriza para formar su propio partido– desencadenando así la elección.


A sólo 10 minutos a pie, esa facción antieuro, ahora renacida como un partido por derecho propio, estaba llevando a cabo su propia manifestación. La Unidad Popular (UP) puede ser nueva, pero sus carteles, que llevan una enorme "OXI" (del griego "No") al ajuste, están en todas partes y su propaganda por televisión es efectiva. Alrededor de 100 partidarios, agitando banderas rojas, saludaron ruidosamente cuando María Bolari, una ex diputada de Syriza, canalizó a algunos de los enojados que no estaban en la reunión de Syriza en otra plaza.


Posteriormente Bolari dijo: "El memorandum del acuerdo que firmó Tsipras es totalmente opuesto a las ideas políticas de la izquierda. El ala izquierda de Syriza nunca creyó que las negociaciones tendrían éxito. Dentro de la zona euro, y sobre todo en Grecia, estamos viviendo con la barbarie del ajuste, con salarios un 40 por ciento más bajos y una tasa de desempleo oficial del 30 por ciento. Por cierto habrá dificultades cuando salgamos del euro, pero vamos a tener la oportunidad de imponer una manera diferente, suspendiendo el pago de la deuda, nacionalizando los bancos..."


"Para nosotros una nueva moneda será un instrumento para que la clase obrera proteja sus derechos. Nuestra visión no es el nacionalismo, sino un nuevo equilibrio entre las fuerzas sociales; a largo plazo, una revolución" sostuvo la dirigente. Es probable que el PU gane sólo un puñado de escaños pero los suficientes, tal vez, para privar a Syriza de cualquier liderazgo. Y otros desertores de Syriza, especialmente los votantes más jóvenes que alguna vez fueron su columna vertebral, han abandonado la política democrática por completo o se han unido a Amanecer Dorado, el partido neonazi que se encuentra en el tercer lugar en las encuestas a pesar de que algunos de sus líderes se enfrentan a juicio por asesinato y otros delitos. El líder del partido cerró su campaña anteayer (ver aparte). Ayer realizó el acto de cierre el candidato conservador, Vanguelis Meimarakis, quien se mostró seguro de la victoria de Nueva Democracia, prometió que "a partir del domingo se acabaron las mentiras" y anunció que formará un gobierno de amplio apoyo.


"Habrá inestabilidad después de las elecciones –anticipó Bolari–, porque hay una gran polarización en el país. Al igual que en los años del 2010 al 2013 habrá huelgas más grandes y el caos volverá a las calles. Cuando la gente votó por Syriza la última vez, fue capaz de poner en práctica sus propias políticas. Pero si gana nuevamente, simplemente impondrá los términos del Memorándum y la gente no lo va a aceptar."


Traducción: Celita Doyhambéhère.

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La OCDE rebaja sus previsiones de mejora del PIB mundial

De la intensidad del frenazo de la economía china, de cómo descodifiquen los mercados financieros su impacto en otros países emergentes, dependen ahora en buena medida las perspectivas de la economía mundial, que la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) cree más sombrías que unos meses atrás. Y, pese a su ligera recuperación, la economía de la zona euro no queda bien parada en el último análisis del foro de los países industrializados, publicado ayer. La OCDE considera "decepcionante" el crecimiento europeo y avisa de que el saneamiento de la banca está "incompleto".


La organización que dirige el mexicano Ángel Gurría recuerda que el crecimiento de la zona euro, que estima en el 1,6% para este año, se beneficia de una combinación de factores tan favorables como poco corrientes: petróleo barato —por el aumento de la oferta en EE UU y la moderación de la demanda china—, y la depreciación del euro o los tipos de interés muy bajos, efectos colaterales de la intervención masiva del Banco Central Europeo (BCE).


Pero el "viento de cola", como lo han bautizado los expertos, apenas ha hecho levantar el vuelo a las principales economías europeas. "El ritmo de la recuperación en la zona euro es decepcionante, dados los factores favorables de los que se beneficia", sintetizó la economista jefa de la OCDE, Catherine L. Mann.


Los analistas de la organización, que incluye a 34 países industrializados, estiman que el crecimiento de la zona euro debería haber aumentado en 1,7 puntos porcentuales este año solo por el impulso de ese "viento de cola", pero el avance real apenas será siete décimas mayor (del 0,9% de 2014 al 1,6% que se prevé en 2015).


"El foco en la zona euro debería ponerse mejorar la transmisión de la política monetaria a través del canal de crédito para hacer la relajación cuantitativa [la compra multimillonaria de bonos públicos que ha puesto en práctica el BCE] más eficaz", concluye la OCDE, que para ello reclama "un mayor refuerzo del sistema financiero, con un progreso continuo de la unión bancaria y medidas del supervisor para mejorar la calidad de los activos de la banca".
El crédito apenas crece


Su informe recalca que, pese a la intervención del banco central, que debería impulsar el crédito privado al hacer menos rentable la inversión en deuda pública, el volumen de préstamo concedido a compañías europeas apenas ha empezado a crecer a una tasa anual del 1% en los últimos meses. Por el contrario, en Estados Unidos el crédito bancario a empresas privadas crece ya a un ritmo del 8% anual. Una diferencia que se traduce en la inversión, unos de los motores del crecimiento: si en EE UU la inversión real ya es equivalente a la que había antes de la crisis, en la zona euro está aún un 15% por debajo.


La OCDE cree que el nudo que no permite a la economía europea beneficiarse como debía de la caída del petróleo o de la intervención del BCE está en los niveles de deuda. La comparación con Estados Unidos, que crece al 2,5% y tiene ya menos de la mitad de tasa de paro que la zona euro (5% frente a 11%), vuelve a ser esclarecedora: si el endeudamiento de familias y empresas rondaba el 215% del PIB en 2009, ahora ronda el 210% en la zona euro, frente al 190% en EE UU. Y el problema se ha enquistado en la banca.


"Los malos préstamos fueron reconocidos antes y saneados en un mayor grado en Estados Unidos", aduce el informe de la OCDE. "Aunque se ha hecho un progreso significativo en el saneamiento del sistema bancario en la zona euro, está incompleto, y los efectos de esas medidas pueden tardar un tiempo antes de dar lugar a un incremento del préstamo", concluye.

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Sábado, 05 Septiembre 2015 04:53

Renace el temor a una guerra de monedas

Renace el temor a una guerra de monedas

La inestabilidad de China fue el tema central en la primera jornada de la Cumbre del G-20 que se está llevando adelante en Ankara. El secretario del Tesoro de EE.UU. instó al gigante asiático a "abstenerse de toda devaluación competitiva".

 

La inestabilidad bursátil y económica de China fue el tema central en la primera jornada de la Cumbre del G-20 que se está llevando adelante en Ankara, a la que asisten los ministros de Finanzas y banqueros centrales. Tal y como lo había anunciado, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Jack Lew, instó al gigante asiático a abstenerse de toda devaluación competitiva. "China debe permitir que su tipo de cambio refleje los fundamentos económicos, evitar las distorsiones cambiarias persistentes y abstenerse de toda devaluación competitiva", dijo Lew, según un comunicado, a su homólogo chino, Lou Jiwei, durante una reunión bilateral. A su vez, la probable alza de la tasa de interés en Estados Unidos fue otro de los temas clave de la cumbre, que seguirá hoy.


Más allá de la advertencia de Estados Unidos a China, los participantes del G-20 buscaron tranquilizar los ánimos y transmitir confianza, sobre todo a los mercados. "El ambiente no es en absoluto poner a China en el banquillo de los acusados", aseguró uno de los funcionarios asistente a las reuniones, quien dijo tener "confianza plena" en la capacidad del gobierno chino para gestionar la desaceleración. No obstante, China "debe comunicar de forma más clara", estimó esta fuente, haciendo referencia a cierta confusión creada tras la devaluación del yuan en agosto. El objetivo es evitar que los países intenten superar la crisis sin una estrategia coordinada y apelen a la "guerra de monedas" para tratar de trasladarles los costos a los demás, ganando competitividad.


Por su parte, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, llamó a los países emergentes a ser "vigilantes" ante los efectos de la ralentización en China, que se refleja en reiterados brotes de pánico en las Bolsas y fuertes caídas de los precios del petróleo y otras materias primas.


Después de que Draghi dijera el jueves no tener ningún límite para apoyar a la economía de la Zona Euro, ahora los ojos se vuelven hacia su homóloga de la Fed, Janet Yellen. La publicación ayer de cifras sobre el empleo en Estados Unidos, menos buenas de lo previsto, no ayudó en nada para despejar la incertidumbre sobre un alza de las tasas de la Fed en septiembre. Semejante decisión podría estar justificada por la solidez de la economía norteamericana, pero enviaría una onda de choque a países emergentes, algunos de los cuales, como Brasil y Rusia, ya tienen serias dificultades.


Un endurecimiento monetario en Estados Unidos tendría un efecto de "aspirador" de capitales, atraídos por mejores rendimientos, en detrimento de la estabilidad financiera de las economías emergentes ya afectadas por la caída de las cotizaciones de las materias primas. También se fijarán estrategias en la lucha contra las prácticas de evasión fiscal de grandes multinacionales.


Saliendo de la esfera puramente económica, los responsables reunidos en Ankara abordaron la crisis migratoria en Europa. "Hablamos por primera vez del tema de las migraciones, en el marco de las migraciones laborales", dijo a la prensa el ministro turco de Trabajo, Ahmet Erdem. "Si tomamos en cuenta el rápido envejecimiento de la población mundial y una posible escasez laboral en un futuro, creo que este tema será discutido aún más en las reuniones del G-20 en los próximos años", auguró Erdem. El secretario general de la OCDE, Angel Gurria, llamó por su parte a apoyar una propuesta estructurada y ambiciosa del presidente francés, François Hollande, y la canciller Angela Merkel sobre cuotas obligatorias de acogida de migrantes en los países de la Unión Europea.


Los participantes también buscarán coordinar mejor la lucha contra la financiación del terrorismo, un tema candente y en particular en Turquía, país vecino de Siria, donde los jihadistas del grupo Estado Islámico controlan numerosos territorios. Francia tratará por su lado de movilizar fondos contra el calentamiento climático, en vísperas de la gran conferencia sobre el clima (COP 21) que se realizará en París a fin de año.

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El FMI pide medidas a los países del G20 para evitar un frenazo económico

El parón de China y el temblor de los mercados financieros marcarán la reunión de ministros de Finanzas del G20, el grupo de los países más industrializados —es decir, más ricos— que arranca el viernes. El documento previo del Fondo Monetario Internacional (FMI) para la cita también deja clara su preocupación: el organismo pide tanto a los gobiernos como a los bancos centrales que mantengan las políticas de apoyo al crecimiento.


Año tras año, cumbre tras cumbre, el G20 ve una recuperación económica global que no se acaba de consolidar y que permanece plagada de incertidumbres. El crecimiento mundial perdió fuelle en el arranque de 2015 con relación al final de 2014 y la ralentización de la economía china abona el pesimismo para lo que queda de año. Según el Fondo, en la mayoría de países avanzados la política monetaria "debería mantenerse acomodaticia" ya que la inflación queda lejos de los objetivos y, por tanto, no hay necesidad de frenar la máquina de imprimir dinero.


El mensaje llega el día en el que se celebra la reunión mensual del Banco Central Europeo (BCE) y apenas dos semanas antes de que la Reserva Federal (Fed) decida si aprueba ya la que sería la primera subida en 10 años de los tipos de interés, ahora en cero. La situación redobla la presión sobre el mayor banco central del mundo, aunque el FMI ya ha sido mucho más explícito este verano al pedir abiertamente a la Fed que aguarde.


Esta vez reclama una "comunicación efectiva" sobre lo gradual que será la subida del precio del dinero en EE UU (ya que las expectativas del mercado pueden no coincidir con la Fed) y es más directo con el BCE. El documento del Fondo resalta cómo el programa de compra de bonos a gran escala (la llamada expansión cuantitativa) que comenzó en marzo ha mejorado la confianza y las condiciones financieras en la zona euro, pero advierte de que este plan "debería extenderse si no hay suficiente mejora en la inflación" respecto a los objetivos de estabilidad de precios a medio y largo plazo.


El FMI también pide a los Gobiernos de países avanzados políticas de estímulo, aunque admite que el volumen de deuda pública supone un considerable problema —"reto", la palabra que suele preferir el organismo— en un entorno de crecimiento bajo y baja inflación (que hace que el peso real de ese pasivo contraído sea mayor).


El actual ritmo de reactivación ni siquiera está garantizado. "Sigue siendo relevante el riesgo de un estancamiento secular para las economías emergentes y los riesgos geopolíticos para los mercados emergentes como consecuencia de lo acontecimientos en Ucrania, Oriente Medio y parte de África", señala el Fondo.


Señala que los países del G20, que no dejan de expresar preocupación por la ralentización global, deben impulsar también reformas estructurales, sobre todo en el ámbito laboral y de liberalización de los mercados, para impulsar el crecimiento económico potencial.

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