MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Viernes, 10 Julio 2015 06:48

Llegó la calma después de la tormenta

Llegó la calma después de la tormenta

Un país que apenas representa el 2 por ciento del PIB de la Zona Euro suscitó un odio incandescente cuando decidió plantar fronteras y oponer la consulta democrática frente a una política económica dictada desde afuera. El costo del No.


Las Bolsas ya anticipan un acuerdo estable entre Grecia y sus acreedores, pero nada borrará estas dos semanas de confrontación, de acoso, de chantajes y de agravios en donde los principales actores del eje de la Unión Europea se descalificaron con sus posiciones. El primero de ellos, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien salió a hacer campaña por el Sí cuando se avecinaba el referendo griego, rebasando en mucho los diques de su mandato. El presidente del Consejo europeo, el polaco Donald Dusk, un hombre muy por debajo de la estatura que requiere su mandato y cuyo país, Polonia, no es ni siquiera parte del euro. "El juego de pocker se acabó", les dijo Dusk a los griegos a mediados de junio. El holandés Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, con etiqueta de socialdemócrata pero de una ferocidad y una intransigencia dignas de un prestamista. La prensa holandesa lo apoda "el perro de compañía de Alemania". El presidente francés, François Hollande, apretado entre la alianza con Berlín, los 42.000 millones de euros que Grecia les debe a los bancos franceses y las rupturas de su partido. La canciller alemana Angela Merkel y sus erróneos cálculos políticos: apostó por el Sí en el referendo del pasado 5 de julio y, con él, por la caída del Ejecutivo de Alexis Tsipras. Ello la condujo a congelar todas las opciones previas. Detrás de ella cerraron filas el resto de los dirigentes del Eurogrupo, liberales, conservadores y socialdemócratas.


¿Y qué decir de la tormentosa y vulgar avalancha de adjetivos deshonrosos que periodistas, intelectuales y dirigentes políticos desparramaron sobre Grecia? Los trataron de vagos, de corruptos, de gastar el dinero de la Unión Europea, de vivir de préstamos y de no haber saneado la economía. El francés y socialista Pascal Lamy, ex comisario europeo para el Comercio y ex director de la OMC (organización mundial del comercio), se despachó con la siguiente frase: "Los griegos son un pueblo orgulloso, resistente, apasionado, pero también un poco despreocupado y gastador" (declaraciones en la radio France Info). El pasado 8 de julio, el ex presidente francés Nicolas Sarkozy dijo en el canal TF1: "El problema al que se confronta Grecia hoy radica en que los griegos no trabajan lo suficiente". Nada puede ser más tramposo. Un estudio publicado ayer por la muy racional OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) desarma ese argumento: Grecia es el país de Europa donde se trabaja más horas... y el que trabaja menos es Alemania. Los griegos trabajan 671 horas más que los alemanes, 2042 horas contra 1371 en Alemania o 1489 para los franceses (en este informe, México es el país donde más horas se trabaja). En cuanto a la corrupción, en la clasificación de la ONG Transparencia Internacional, del total de 175 países que la componen Grecia se ubica en el puesto número 69, al mismo nivel que Italia, Rumania o Bulgaria. Y en lo que atañe a la ausencia de esfuerzos en Grecia, este argumento es otra ficción: entre 2009 y 2015 hubo ocho planes de austeridad a cambio de los prestamos obtenidos: suba de impuestos, tasas suplementaria, disminución de los servicios públicos, recortes en los gastos de educación y salud, congelamiento de las jubilaciones, etc, etc. El organismo de consulta France Strategie calcula que entre 2008 y 2013 el porcentaje de pobres creció en un 30 por ciento. En suma, Grecia asumió en estos años "la cura de austeridad más extensa que haya conocido la zona euro" (diario Le Monde del 09/07/2015). "Mi país se convirtió en un laboratorio de la austeridad y la experiencia fracasó", dijo el primer ministro griego el pasado 8 de julio ante el Parlamento Europeo. En 2009, el PIB de Irlanda cayó en un 6,4 por ciento, el de España en un 3,6 por ciento, Portugal cayó en un 3 por ciento y el de Grecia, en 2010, en un 8,9 por ciento. Entre 2009 y 2014 el déficit público de Grecia pasó del 15,2 al 2,7 por ciento. Grecia fue el único país de Europa que bajó su salario mínimo: este pasó de 680 a 586 euros. El economista Thomas Piketty, autor del libro El Capital en el siglo XXI, observó en el canal BFM que "nunca se había visto a un país que en tiempo de paz realiza un ajuste presupuestario del 12 por ciento de su PIB con, de paso, una economía que se hunde en un 25 por ciento".


Luego viene la nauseabunda letanía de los editorialistas y filósofos que calificaron a Tsipras y a Syriza de "antisemita", "jefe de una coalición con la extrema derecha", "nacional populista" que organizó un "referendo chapucero", "aficionado", "enceguecido por una ideología", "extremista de izquierda", "populista "o, colmo de la idiotez, "el Hugo Chávez de Europa" (Le Nouvel Observateur). Hasta las derechas de América latina se compraron el libreto de populismo en sus sesudas manipulaciones. En realidad, todo aquello que se sitúa fuera del circuito que va del conservadurismo liberal a la socialdemocracia es descalificado con la etiqueta de "populista". Resulta claro, sin embargo, que los intereses de un pueblo no son los mismos que los de la elite tecnócrata de Bruselas. Un país que apenas representa el 2 por ciento de PIB de la zona euro suscitó un odio incandescente cuando decidió plantar fronteras y oponer la consulta democrática frente a una política económica dictada desde afuera. Syriza materializó con su consulta las críticas que se le hacen constantemente a la Unión Europea. Entre ellas, la principal, "el déficit democrático". A Tsipras y a su equipo le achacaron todos los males acumulados por su países en los últimos años con la complicidad –y a menudo la intervención aliada– de sus socios europeos. Ahora le exigen, como lo dijo el presidente francés, François Hollande, "propuestas verosímiles y serias". Liberales, seudoprogresistas y socialistas se unieron bajo esa bandera: Tsipras no es ni serio, ni verosímil.


De allí el grito del líder del Podemos, Pablo Iglesias, en el parlamento europeo. Dirigiéndose al grupo socialista del Europarlamento les dijo: "¡Defiendan al pueblo griego! ¡Defiendan los derechos sociales y pongan fin a esta maldita coalición que nos lleva derecho a la pared!". Por "maldita coalición" hay que entender esa hermandad a contracorriente que desde hace ya muchos años unificó a liberales y socialdemócratas. Parece que no hay vida, ni aire, ni pensamiento fuera de ese conducto. Puede que, entre concesiones y chantajes, los acreedores de Grecia obliguen a Atenas a imponer un ajuste más importante del que Tsipras estaba dispuesto a implementar. Puede que, de alguna manera, Grecia pierda de nuevo ante el Eurogrupo. Pero algo substantivo, emocionante y esencial ha ganado para siempre: hemos sido testigos de que es posible decir no, que es verosímil desafiar a los grandes conglomerados de intereses, que se puede proceder así sin sacar a Marx del cajón o la Revolución de los sueños, que es concebible ser libres aunque haya que pagar por ello, que existen procedimientos políticos y democráticos de refutación radical, que se puede ser uno mismo, exclusivo, fuera del abrumador consenso, que es legítimo conservar su identidad genuina en contra de las recetas y los cepos. Es apasionante haber visto que todas esas cosas hermosas y palpitantes se volvieron a reinventar en Grecia, el país del sol y de los olivos que inventó esa figura siempre por recrear que es la democracia.


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Grecia pidió un nuevo rescate a la Unión Europea

El premier heleno, Alexis Tsipras, recibió tanto ovaciones por parte de los eurodiputados izquierdistas como abucheos de los representantes conservadores al hablar ayer ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo.

 

El gobierno griego solicitó ayer un nuevo rescate internacional de tres años y hoy presentará en detalle un plan de reformas económicas que sus acreedores exigen como condición para evitar la salida del euro. El premier heleno, Alexis Tsipras, recibió tanto ovaciones por parte de los eurodiputados izquierdistas como abucheos de los representantes conservadores al hablar ayer ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia. Allí, el líder griego se mostró confiado en que su país cumplirá con el ultimátum de los líderes de la Eurozona de alcanzar el esperado acuerdo para el domingo próximo como máximo.


Previo a la presentación del premier heleno, el vocero del presidente del Eurogrupo, Michel Rejins, confirmó en Bruselas que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) recibió una "solicitud de apoyo" de parte de Grecia. El portavoz agregó que la petición será evaluada por el Grupo de Trabajo del Euro y no en una teleconferencia de los ministros de Finanzas de la Eurozona, como estaba previsto hasta el martes. En la carta de solicitud, el ministro de Finanzas griego, Euclides Tsakalotos, pidió un programa de ayuda financiera de tres años y prometió "implementar inmediatamente", desde el lunes próximo, reformas económicas relativas a la fiscalidad y las jubilaciones. Sin dar más detalles sobre las medidas, agregó que serán dirigidas a fortalecer las áreas de sostenibilidad fiscal y crecimiento económico a largo plazo. El objetivo de Grecia, expresó Tsakalotos, es afrontar las obligaciones de deuda y asegurar la estabilidad financiera. "Grecia está comprometida a honrar sus obligaciones financieras con todos sus acreedores de manera completa y a tiempo. Confiamos en que los Estados miembro aprecien la urgencia de nuestra solicitud de crédito", añadió.


El MEDE consiste en un fondo especial para asistir financieramente a los países que integran la Eurozona. El pedido de rescate al MEDE era el primer paso que exigieron a Grecia los líderes de la Eurozona en una cumbre de emergencia celebrada ayer. Dicho encuentro marcó la reanudación de las negociaciones con Atenas tras el rotundo triunfo del No en el referéndum antiajuste convocado por Tsipras y celebrado el domingo pasado. Para obtener la ayuda financiera, Atenas debe presentar ahora una propuesta detallada de reformas económicas antes de una cumbre de los 28 líderes de la Unión Europea (UE).
En su discurso, Tsipras confirmó la solicitud de lo que sería su tercer rescate financiero desde 2010, pero esta vez al MEDE, por una cifra cercana a los 50.000 millones de euros. El líder europeo expresó que confía en que, en los próximos días, su gobierno logrará cumplir las obligaciones, siempre y cuando sean satisfactorias tanto para Grecia como para la Eurozona.
En la Eurocámara, Tsipras dijo que el acuerdo que busca debe poner fin de una vez por todas a la crisis financiera de su país, y no ser sólo un parche temporal, y agregó que también debe repartir las cargas de forma justa entre los griegos. "Necesitamos asegurar la financiación a mediano plazo de nuestro país con un programa de crecimiento", aseguró.


El jefe de gobierno también insistió en la necesidad de reestructurar la deuda externa de 320.000 millones de euros o del 180 por ciento del PBI nacional, algo a lo que muchos de los acreedores del país, sobre todo Alemania, se oponen rotundamente. "Pido un recorte de la deuda para poder ser capaces de restituir el dinero", agregó.


Los aplausos resonaron desde las bancas ocupadas por los partidos de izquierda europeos cuando Tsipras dijo que la ayuda a Grecia debe ir a parar a los griegos y no a los bancos. En tanto, desde la bancada de los partidos conservadores, por el contrario, arreciaron las críticas al premier heleno luego de que defendiera la convocatoria del referéndum y apuntara contra los ajustes exigidos a Atenas desde 2010, acusando a los acreedores de haber sometido a su país a un "experimento de austeridad" que, dijo, fracasó.


En Grecia, en tanto, los ahorristas padecieron ayer el octavo día consecutivo de corralito, mientras que los bancos y la Bolsa permanecen cerrados desde el lunes pasado. Los griegos no pueden sacar más de 60 euros diarios ni enviar dinero al exterior ni pagar cuentas sin un permiso especial. Además, 35 aerolíneas que vuelan al país heleno eliminaron la posibilidad de que los griegos cancelen el costo de los billetes aéreos con tarjetas de crédito emitidas en ese país. De este modo, sólo queda disponible la posibilidad de abonar los pasajes en efectivo.


La crisis del país mediterráneo enervó a los líderes europeos, que acusaron a Tsipras, electo con la promesa de poner fin a los ajustes, de prolongar y exacerbar la situación de manera innecesaria durante seis meses. En los últimos cinco años, Grecia ya recibió dos rescates por 240.000 millones de euros de los otros países de la Eurozona y del FMI, el último de los cuales expiró el 30 de junio, el mismo día en que Atenas incumplió un pago de deuda con el Fondo y cayó en mora con el organismo de crédito internacional.

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Lucha la Unión Europea en cuatro frentes para evitar posible colapso

Cuatro grandes crisis en la periferia de Europa amenazan con colapsar a la Unión Europea (UE), lo que significaría un retroceso de décadas para este ambicioso proyecto de unificación continental cuya idea surgió tras la Segunda Guerra Mundial.


La unidad, la solidaridad y la posición internacional de la UE están en entredicho debido a la crisis de deuda griega, al papel de Rusia en Ucrania, al intento de Gran Bretaña de cambiar sus relaciones con el bloque y de la masiva llegada de inmigrantes a Europa a través del mar Mediterráneo.


Si la UE no es capaz de lidiar correctamente con cualquiera de estos problemas, podría agravar los demás, y ampliar así los peligros que enfrenta el Proyecto Europa.


La suspensión de pagos de Grecia y el riesgo de que la nación pueda salir de la zona euro es el reto más inmediato para la noción de una unión integrada de los estados y pueblos europeos.


Las consecuencias a largo plazo de una salida de Grecia de la zona euro afectarían por completo al proyecto europeo. Sentaría un precedente que podría minar la misma razón de ser de la UE, escribieron Fabian Zuleeg y Janis Emmanouilidis en un análisis para el Centro Europeo de Política, con sede en la capital belga.


El efecto helénico


Aunque Grecia responde por apenas 2 por ciento del producto interno bruto y de la población de la UE, la bancarrota del país –tras dos rescates, sus socios europeos le prestaron cerca de 200 mil millones de euros (220 mil millones de dólares)– es un enorme golpe para el prestigio del bloque.


Incluso antes de conocerse al resultado del referendo griego del domingo anterior, el ambiente en Bruselas era tenso, con los griegos que culparon a los alemanes, mientras la mayoría de los demás países comunitarios señalaron a los griegos, a su vez los economistas keynesianos atribuyeron la crisis a la obsesión con la austeridad de las autoridades europeas, que hacen énfasis en el éxito que tuvieron los rescates que se llevaron a cabo en otros estados del bloque.


Con su destino aún incierto, Atenas ya dejó en evidencia que los fundadores del euro fueron ingenuos cuando declararon que la membresía al bloque monetario era inquebrantable.


Ahora, sus socios podrían intentar dar un portazo detrás de Grecia y tomar medidas rápidas para mantener unidos al resto de los miembros, quizás enmendando algunos de los errores que se cometieron al llevar a cabo la unión monetaria, aunque es probable que la oposición alemana evite cualquier intento de emisión conjunta de bonos gubernamentales.


La próxima vez que una recesión o un alza de los rendimientos de los bonos soberanos sacuda a la zona euro, los mercados recordarán el precedente de Grecia.


Con la tensión ya desatada en el Mediterráneo oriental debido a la guerra civil en Siria, el eterno conflicto palestino-israelí, la división no resuelta de Chipre y las disputas marítimas sobre yacimientos de gas, una Grecia quebrada podría volverse hacia Rusia en busca de apoyo.


A cambio, los griegos podrían vetar la próxima extensión de sanciones de la UE contra Moscú, o incluso ofrecerle acceso a instalaciones navales que una vez usó Estados Unidos.


Atenas ya lidia con el flujo de refugiados que huyen del conflicto en Siria e Irak y que llegan a las islas del Egeo, en busca de la ruta más segura para atravesar Europa en dirección a los países más prósperos del continente, como Alemania o Suecia.
La incapacidad para resolver la crisis griega después de cinco años de discusiones podría hacer parecer débil a la UE a los ojos del presidente ruso, Vladimir Putin; del presidente chino, Xi Jinping, y de otros que busquen expandir su poder.


Las autoridades de Bruselas son conscientes de que la crisis de la zona euro ha provocado renacionalización de la toma de decisiones en algunas materias y minado el poder blando del modelo de reglas europeas basado en la gobernación supranacional.


Además, la postura de la UE ya se ha debilitado en temas relacionados con el comercio mundial y las negociaciones por el cambio climático.


Y lo peor aún puede estar por venir.


La exigencia de Gran Bretaña de renegociar los términos de su pertenencia a la Unión y someter el resultado a un incierto referendo en 2017 aumenta el riesgo de que el bloque se quede sin el miembro que es su segunda mayor economía, su principal centro financiero y su principal potencia militar.


Dada la enemistad de Rusia con los británicos, a quienes ven como el aliado más cercano de Estados Unidos, Putin seguramente se sentiría favorecido si Gran Bretaña abandona al bloque.


La salida debilitaría a aquellos que apoyan una respuesta contundente al comportamiento de Rusia en Ucrania y Georgia, y dejaría al bloque continental sin el principal socio de confianza de Estados Unidos en la región, aunque seguiría perteneciendo a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).


Todo ello podría fortalecer la posición de Putin en las negociaciones con la canciller federal alemana Angela Merkel, quien ha liderado a la diplomacia europea en su intento de devolver a Ucrania el control de la totalidad de su territorio.

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Tsipras: "Es un problema europeo y requiere soluciones europeas"

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha acudido esta mañana al Parlamento Europeo para explicarse. Tsipras ha presentado la crisis griega como un problema más amplio que afecta a todo el proyecto comunitario. En su opinión, la difícil situación en Grecia manifiesta "la incapacidad europea para encontrar una solución duradera al problema de la deuda. Es un problema europeo y los problemas europeos requieren soluciones europeas".


Recibido este miércoles con aplausos y abucheos casi a partes iguales en la sede de la Eurocámara en Estrasburgo, Tsipras ha expuesto su diagnóstico del deterioro en su país y ha mostrado su confianza en el acuerdo con Europa. "Pedimos un compromiso productivo y justo. Creo que juntos podemos lograrlo". A la entrada en el hemiciclo lo esperaba un grupo de diputados, entre ellos el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Todos ellos le han aplaudido y estrechado la mano antes de que Tsipras llegara al escaño desde el que ha pronunciado su discurso.


Tras aludir varias veces al respaldo obtenido en el referéndum del pasado domingo, Tsipras ha apelado a un acuerdo "que permita salir de manera definitiva de la crisis, que demuestre que al final del túnel hay luz". Para lograrlo, hacen falta "soluciones creíbles" que hagan recaer el peso "entre los que pueden asumirlo". El primer ministro griego ha prometido reformas por lo que ha reconocido son errores de su propio país. "Grecia ha llegado prácticamente a la quiebra porque durante muchísimos años los Gobierno han creado un Estado clientelista y han permitido la corrupción". Frente a ese modelo de "oligarquía y carteles", Tsipras ha prometido "reformas genuinas cuyo propósito es cambiar Grecia y que Gobiernos anteriores no quisieron aplicar".


Consciente de que buena parte de los países europeos sienten frustración tras dos rescates millonarios que no han enderezado el país, el líder griego se ha referido a una cuestión controvertida: el destino de esos préstamos de 320.000 millones de euros en total concedidos a Grecia desde la crisis. "Hemos de ser sinceros: el dinero que se ha dado a Grecia nunca le ha llegado al pueblo griego. Son fondos que se dieron para salvar a los bancos griegos y a los europeos", ha afirmado. Esas palabras han provocado aplausos en un hemiciclo salpicado con carteles de con el no de la papeleta griega (oxi en griego).


Sin entrar en las medidas que su Gobierno tiene que detallar como muy tarde mañana para que la eurozona acceda a negociar el nuevo rescate que solicita Atenas, Tsipras ha lanzado un deseo al aire: "Espero que en los próximos días consigamos responder a esta coyuntura tan grave, en beneficio de Grecia y de Europa".


El dirigente heleno no se ha referido directamente a los estrechos plazos de negociación que se ha dado la eurozona para solucionar el problema. Atenas ya ha presentado formalmente la petición de rescate y mañana tendrá que desgranar las medidas que ofrece para lograr un nuevo compromiso de los socios. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también presente en la Eurocámara, ha dibujado un panorama aterrador si no fructifican las negociaciones: "Si no llegamos a un acuerdo debemos contemplar incluso el peor escenario, en el que pierden todas las partes. Eso podría dar lugar a la quiebra en Grecia y a la insolvencia del sistema bancario. Y afectaría a toda Europa, en el sentido geopolítico".


"Los extremistas le aplauden"


Multitud de eurodiputados han querido responder esta mañana a las palabras de Tsipras, algunas con grandes dosis de emotividad. El líder del Partido Popular Europeo en la Eurocámara, Manfred Weber, ha sido muy crítico con Tsipras, al que ha espetado: "Europa ya no confía en usted para negociar". También ha ironizado con los apoyos que cosecha entre dos polos opuestos de la Eurocámara, la izquierda minoritaria y los euroescépticos conservadores. "Los extremistas de Europa le aplauden", ha recalcado.


En un tono mucho más suave, el presidente de los socialdemócratas, Gianni Pittella, ha excluido un futuro de la UE sin Tsipras y ha apelado a la sensatez del mandatario griego: "Confío en que el primer ministro griego demuestre su visión política y su responsabilidad por el bien del pueblo griego".


Entre la riada de intervenciones del debate, que comenzó poco después de las 10 de la mañana, ha destacado la de Pablo Iglesias, que ha agradecido al pueblo griego "haber levantado mejor que nadie la bandera europea". En su opinión, "Europa no se está destruyendo por preguntar al pueblo, sino por el totalitarismo financiero y la arrogancia del pueblo alemán".



Grecia pide un tercer rescate por 50.000 millones a tres años

 

Atenas ha cumplido a mediodía de hoy la primera condición para evitar su salida del euro: el Gobierno griego ha enviado ya la solicitud del tercer programa de ayuda financiera al mecanismo europeo de rescate (Mede), un bazuca de medio billón de euros creado en la fase más aguda de la crisis europea. "La solicitud ha llegado", ha confirmado a este diario un portavoz del Mede. El Eurogrupo de ministros de Finanzas de la zona euro, que preside Jeoren Dijsselbloem, la analizará hoy en una reunión por teleconferencia.


El tercer rescate es de 50.000 millones de euros en tres años, y a cambio Atenas se compromete a reformar las pensiones de manera inmediata.


Quedan varias condiciones más por delante antes de la cumbre europea del próximo domingo. Grecia debe detallar mañana las medidas prioritarias que propone, sobre la base de la propuesta del pasado 30 de junio. La canciller alemana, Angela Merkel, dejó claro ayer que esos detalles tienen que desembocar en un plan "más duro" por parte de Grecia. El Eurogrupo lo analizará el sábado. Y los líderes del euro deberían dar su visto bueno el domingo. El BCE se ha comprometido a mantener a la banca griega –a punto de quedarse sin efectivo—a flote hasta el próximo lunes.

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OCDE: padecen economías mediocre crecimiento, con débil productividad

Las economías globales atraviesan por una etapa de crecimiento mediocre, en un entorno de debilitamiento de la productividad y de inversiones, incluido México, dijo ayer el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), José Ángel Gurría Treviño.


La desaceleración de la productividad en la última década se ha sumado a las inquietudes respecto a las perspectivas económicas de largo plazo, por lo que es necesario reactivarla para incrementar el crecimiento y el bienestar de la población, dijo el directivo durante la Cumbre Internacional de Productividad.


La OCDE entiende que la productividad tiene que ver con trabajar de forma más inteligente, más que con trabajar más arduamente, y refleja la capacidad de generar más resultados o productos mediante una mejor combinación de los insumos, gracias a las innovaciones tecnológicas y nuevos modelos de negocios.


En un reciente estudio de la OCDE, el ex funcionario mexicano indicó que la brecha entre las empresas con alta productividad y las demás se ha incrementado con el tiempo. Durante la primera década de este siglo, la productividad laboral de las empresas más avanzadas aumentó a una tasa anual promedio de 3.5 por ciento en el sector manufacturero, pero sólo 0.5 por ciento en las empresas menos avanzadas.


Esta brecha, dijo Gurría Treviño, es mayor entre las empresas de servicios, una circunstancia preocupante porque el peso de este sector en la mayoría de las economías va en aumento. Los servicios como logística, finanzas y comunicación son esenciales para la participación de las empresas en las cadenas globales de valor, abundó.


La OCDE identificó cuatro principales políticas adecuadas para sostener el aumento de la productividad: reformas al mercado de productos y leyes de quiebras; políticas que faciliten la movilidad laboral; más inversión pública en la investigación básica, y políticas de innovación que garanticen la igualdad de condiciones entre empresas nuevas y las ya establecidas.
Al referirse a México, el ex secretario de Hacienda señaló que el proceso de convergencia con Estados Unidos en materia de productividad laboral se ha detenido en las últimas décadas.
Apuntó: la ampliación de la desigualdad salarial refleja una creciente dispersión de los salarios medios en las empresas. Elevar la productividad de las empresas más rezagadas, a través de una mejor difusión de la tecnología y del conocimiento, contribuirá a contener el aumento de la desigualdad salarial.
Gurría consideró importantes las reformas estructurales aprobadadas en esta administración federal, pero se requieren de avances con grandes esfuerzos y reformas. El proceso de reformas no termina nunca y es un constante mirarse al espejo para saber qué es necesario ajustar.
El secretario general de la OCDE afirmó que la nueva ola de productividad debe basarse en un concepto incluyente y compartido, que sea impulsada por tecnologías del conocimiento para las pequeñas y medianas empresas, y por habilidades y destrezas que doten a la fuerza de trabajo de herramientas para hacer frente y beneficiarse de la era digital.

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Lunes, 06 Julio 2015 06:49

El triunfo de la soberanía popular

El triunfo de la soberanía popular

La Nación le ganó a las instituciones europeas y financieras, la soberanía democrática a la tecnocracia, un pueblo a una camisa de fuerza cosida por una ideología devastadora e inhumana. El triunfo del "no" en Grecia consagra la legitimidad democrática de un país por encima de la vandálica dominación de un modelo colectivo cuya única ambición es someter y ganar dinero. Ni los agravios, ni las amenazas, ni las groserías, ni los chantajes, ni las agresiones a la historia y la identidad de un país y de un movimiento político trastornaron el rumbo de la voluntad popular en una Grecia que ingresó al espacio europeo en 1981 (Comunidad Económica Europea en ese entonces) y hoy, cuando su PIB apenas pesa el 2 por ciento de la Unión Europea, es el principal factor de cuestionamiento de ese sistema. Grecia midió sin confusión el impacto de los sucesivos planes de ayuda y austeridad que se abatieron sobre el país a partir de 2009.


En 2008, por ejemplo, el PIB griego era un 7 por ciento inferior al promedio de la UE. En 2013, el diferencial subió al 28 por ciento. El comandante supremo de los paraísos fiscales en Europa y actual presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se equivocó de mundo cuando, luego de la victoria de Syriza en enero de 2015, afirmó: "Decir que todo va a cambiar porque hay un nuevo gobierno en Atenas es tomar sus deseos por la realidad". Luego, agregó: "No puede haber una elección democrática contra los tratados europeos". ¿Y ahora qué? Las consultas democráticas son más que una comedia cuya gran función consiste en hacerle creer a la gente que es libre. Como dice un diplomático argentino en París: "¿Cómo le van a hablar a Grecia de democracia si el copyright de la palabra la tienen ellos?".


Tal como está plasmada en los acuerdos europeos, la política monetaria está fuera del control de los Estados, es decir, del pueblo. Pero cuando éste vota "no", ¿qué ocurre a partir de ahora? ¿Grecia afuera del euro y de la UE? Un pavoroso silencio se apoderó de los medios que, hace apenas 24 horas, vociferaban una calamitosa sinfonía de análisis e infamias. Algunas voces empezaron a pedir "solidaridad y responsabilidad" (justamente, el primer término desapareció del envoltorio del euro).


Parte del camino futuro se diseñará hoy en París durante un encuentro entre la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés, François Hollande. El palacio presidencial del Elíseo anunció que ambos dirigentes se reúnen "para evaluar las consecuencias del referendo en Grecia". Los dos dirigentes también convocaron a una cumbre extraordinaria de la Zona Euro para mañana. Berlín dio una información complementaria clave. Según un comunicado difundido anoche, "los dos dirigentes están de acuerdo en que el voto de los ciudadanos griegos sea respetado". No está sin embargo garantizado que Berlín mueva su postura, es decir, "la solidaridad a cambio de reformas". Tal vez la aplastante victoria del "no" acerque ahora las posiciones de París y Berlín y trastorne un poco la relación de fuerzas. Merkel y Hollande se habían distanciado dos días antes del referéndum. Hollande quería que se llegara a un acuerdo antes de la consulta, mientras que Merkel lo congeló todo para después. Quizás, igualmente, el "no" masivo lleve a que la presidencia francesa saque del cajón con naftalina una de las propuestas formuladas por Hollande cuando era candidato: utilizar las reservas europeas para el desarrollo. Sin embargo, los nubarrones se mueven sobre el cielo europeo como ejércitos hostiles. Nada dice que, pese a las palabras más apaciguadas de unos y otros, se logre un acuerdo con los acreedores de Grecia y con la gran perdedora de esta fase, la troika. Prueba de ello, el número dos del Ejecutivo alemán y líder de los socialdemócratas, Sigmar Gabriel, dijo tajantemente que un nuevo proceso negociador con Grecia era "difícilmente imaginable".


También trascendió que inmediatamente después de que se conocieran los resultados, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, habló por teléfono con Hollande. Ambos estuvieron de acuerdo en "tonificar las negociaciones" entre Atenas y sus acreedores. Sopla ahora un viento de pánico. Después de Tsipras, el hombre más citado era el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien repitió hasta el cansancio que la pertenencia a la Zona Euro era un proceso "irreversible".


Ganó Tsipras, Grecia, otra fisonomía posible de Europa y perdió Angela Merkel. Las urnas griegas precipitaron a la canciller alemana hacia la peor derrota desde que llegó al poder, en 2005. La capitana de Europa, de la competitividad a cualquier precio, la gran defensora de su sistema bancario por encima de los intereses comunitarios, la militante extrema de la ortodoxia presupuestaria y de las reformas estructurales perdió ante la cuna de la democracia. Pero esa derrota puede trabar el camino de una negociación con Atenas, principalmente el desbloqueo de un tercer plan de ayuda por unos 30.000 mil millones de euros. Para ser aprobado, hace falta el consenso de los parlamentos nacionales, y el de Alemania, la Bundestag, es, al igual que la población alemana, mayoritariamente hostil. La Eurozona navega desde hace rato sin brújula y en medio de tironeos importantes debido a la confrontación de las posiciones. Las de Alemania, en particular, las de su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, pesan mucho. Schäuble es uno de los más tórridos partidarios de aceptar que la Eurozona se consolide sin Grecia. La partida de ajedrez entre los líderes europeos es apretada y muy incierta.


El "no" es un incontestable triunfo de la soberanía popular, pero no una garantía de justicia y solución para Grecia. Vapuleados y despechados, los países del sur de Europa –Portugal, Grecia, España, Italia– son objeto de una cruzada de menosprecio perfectamente retratada en las siglas con las cuales se los identifica en los círculos tecnócratas del Viejo Continente: PIGS (Portugal, Italy, Greece, Spain). PIGS, en inglés, quiere decir "cerdos".


Ni los brujos más entrenados, ni los economistas más excelsos o los estrategas políticos más finos son capaces de vaticinar qué ocurrirá en adelante, con Grecia y con Europa. Salida de Grecia del euro, derrumbe bancario, crisis y camino sin salida con los acreedores. Es una hora llena de sombras donde la única luz proviene de las urnas griegas. Pero la decisión no es de los electores griegos, sino de quienes tienen el timón de un sistema perverso y asfixiante. A ellos no les importa el voto popular sino las cuentas. Anoche, la Place de la République, en París, se llenó de gente festejando. Grecia inundó la noche de esperanzas, pero con eso no se ablanda el caparazón de la troika (FMI, Banco Central Europeo, Comisión de Bruselas), ni se cambia el libreto de su biblia ortodoxa. Perdió la troika, desde luego, pero el poder de decisión final lo tienen ellos. El proceso de negociación con Grecia, las exigencias planteadas, la corresponsabilidad de Europa con la crisis, han sido un oprobio. La Unión Europea ya cifró su identidad moderna y su mensaje de cara al mundo cuando puso al frente de la Comisión Europea a un manipulador de paraísos fiscales y un experto en ayudar a empresas a evadir impuestos a costa de sus socios europeos.

Como lo escribe Pascal Riché en un editorial del semanario Le Nouvel Observateur, "el rostro que ofrece Europa, en este año 2015, es espantoso". Es el rostro de una Europa con el corazón seco, sin ambición, sin proyecto colectivo. Se entiende que, en Grecia, esta Europa dé ganas de votar no: no a esas humillaciones, no al egoísmo, a la ausencia de visión; no al tratamiento humillante a los países más frágiles, que pasa por sermones y castigos. Y no a esa Zona Euro de la que, desde hace años, se conoce el mal funcionamiento, pero cuya reforma se aplaza constantemente.


Grecia, a quien los alemanes, ingleses, franceses o los países nórdicos, tomaban por una colonia de vacaciones, sacó de sus entrañas ese "oxi" (no) con el cual, en la historia, los pueblos terminan por derribar las opresiones. Esta es financiera, consensuada, globalizada y aceptada por una aplastante cantidad de seres humanos que confunden la libertad y el bienestar con el consumo. Pero el "oxi" dio sus primeros pasos en Atenas. Allí empezó también esta historia humana común que es la democracia.


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Stiglitz: "Los líderes europeos atacan la democracia griega sin entender que los planes de la Troika han fracasado"

El premio Nobel de Economía y expresidente del Consejo de Asesores Económicos de Bill Clinton en la Casa Blanca, Joseph Stiglitz, ha denunciado, en su última columna sindicada previa al referéndum en Grecia, que "Europa ataca a la democracia griega" porque "la verdadera naturaleza de la disputa sobre la deuda es mucho más sobre el poder y la democracia que sobre el dinero y la economía".

El artículo del catedrático de la Universidad Columbia es demoledor: "No recuerdo que ninguna depresión haya sido jamás tan deliberada, ni haya tenido consecuencias tan catastróficas" como la que ha sufrido Grecia al cumplir las exigencias de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. "Es alarmante que la Troika se haya negado a aceptar su responsabilidad por todo ello o a admitir lo erróneos que han sido sus previsiones y modelos. Pero es aún más sorprendente que los líderes europeos ni siquiera hayan aprendido" de ese desastre: una caída del 25% del PIB y un desempleo juvenil que se ha disparado por encima del 60%.

"Pocos países han conseguido lo que ha logrado Grecia en cinco años"


Stiglitz, quien también fue vicepresidente y economista-jefe del Banco Mundial, asegura que "incluso si la deuda griega se reestructurase más allá de todo lo imaginable, el país permanecería en depresión si los votantes eligiesen en el referéndum cumplir los objetivos de la Troika". Y rinde homenaje a los esfuerzos de los griegos por superar la crisis:

"Pocos países han conseguido nada semejante a lo que los griegos han logrado en los últimos cinco años. Y, pese a que el coste de sufrimiento humano ha sido extremadamente elevado, las últimas propuestas del Gobierno griego se han esforzado por acercarse a las demandas de los acreedores".

"Hay que decirlo claramente: en realidad, casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha llegado allí. Ha ido a pagar a los acreedores del sector privado, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una mísera parte de eso, pero ha pagado un alto precio para preservar los sistemas bancarios de esos países".

Más aún, el eminente economista afirma que "el FMI y los otros acreedores oficiales no necesitan el dinero que se le está reclamando a Grecia". Porque "nada de esto es sobre dinero, sino sobre el empleo de ultimátums para obligar a Grecia a arrodillarse y a aceptar lo inaceptable".


Stiglitz fustiga duramente a los líderes europeos que exigen a Syriza que mantenga la política económica de austeridad y los acusa de haber creado una Eurozona "que nunca fue un proyecto muy democrático. La mayor parte de sus gobiernos no buscaron la aprobación de sus ciudadanos antes de entregar su soberanía financiera al BCE. Cuando Suecia lo hizo, los suecos dijeron 'No'. Entendieron que el desempleo se dispararía si la política monetaria del país fuera decidida por un banco central centrado obsesivamente en la inflación (...) y que la economía sufriría porque el modelo económico de la Eurozona se fundamenta en relaciones de poder que perjudican a los trabajadores".

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Sábado, 27 Junio 2015 18:37

La eurozona se blinda ante crisis griega

La eurozona se blinda ante crisis griega

Bruselas. La zona euro empezó este sábado a blindarse ante un irreversible default de Atenas y una eventual salida del euro, tras rechazar la prórroga del programa de rescate pedida por el gobierno griego, que anunció un referendo sobre las propuestas de sus acreedores.

"El programa de ayuda expirará el martes por la noche", dijo el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, en conferencia de prensa luego de una reunión de ministros de más de tres horas, la quinta que se organiza por Grecia en menos de diez días.


Esa fue la respuesta de los ministros de Finanzas de la zona euro a su colega griego Yanis Varoufakis, que había pedido que se extendiera el programa, que vence el martes, por unos días o semanas para poder celebrar en condiciones medianamente normales el referendo anunciado para el 5 de julio sobre la oferta de los acreedores.


Esto, cuando el martes Atenas debe pagar al Fondo Monetario Internacional un vencimiento de mil 500 millones de euros que de no hacerlo colocaría el país en default.


Según un documento filtrado el viernes, los acreedores -UE y FMI- proponían prolongar cinco meses el actual plan de rescate prestando a Grecia 15 mil 500 millones de euros (12 mil millones del lado europeo y 3 mil 500 millones del FMI) a cambio del cumplimiento progresivo y estricto de una serie de reformas y ajustes.


El gobierno griego rechazó la oferta estimando que el plazo de extensión y la financiación ofrecidos son muy cortos. Y añadió que las condiciones impuestas en materia de fiscalidad y pensiones, entre otros, son "medidas recesivas y socialmente destructivas".


El ministro de Finanzas francés, Michel Sapin, estimó este sábado que "el destino" de Grecia está "en la zona euro", pero reconoció que la salida de ese país de la moneda única puede ser "una consecuencia" del referendo.


"Grecia se queda en la zona euro, es su destino y ningún país desea la salida de Grecia de la zona euro", afirmó Sapin en conferencia de prensa.
"Desgraciadamente, a pesar de los esfuerzos a todos los niveles y del apoyo pleno y total del Eurogrupo", la propuesta de los acreedores fue rechazada por las autoridades griegas, "que rompieron las negociaciones unilateralmente" el viernes por la noche, según un comunicado del Eurogrupo que no fue refrendado por el ministro griego.


Dijsselbloem precisó que los ministros de la zona euro se reunirían inmediatamente después de su conferencia de prensa, sin el colega de Grecia, para evaluar las "consecuencias" y "preparar lo que sea necesario para garantizar la estabilidad de la zona euro".
Este rechazo a la extensión del programa "dañará seguramente la credibilidad del Eurogrupo como unión democrática de Estados miembros, me temo que el daño será permanente", dijo Yanis Varoufakis a la prensa.


"Nosotros esperamos que de aquí al martes haya un acuerdo. Y en ese momento, le diremos al pueblo griego que vote sí" en el referendo, explicó.
Varoufakis rechazó además que el referendo se convierta en un plebiscito a favor o en contra de seguir en la eurozona.


"Cualquier pregunta al pueblo de Grecia del tipo euro o salida del euro violaría todo tratado fundamental de la Unión Europea", explicó, añadiendo que no existen actualmente reglamentos para salir de la moneda única.


En Atenas el jefe de gobierno griego Alexis Tsipras se entrevistó por teléfono con la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, que el viernes le recordaron que la reunión del Eurogrupo de este sábado era "crucial y decisiva".


"Tsipras subrayó que (...) el referendo se celebrará sea cual sea la decisión del Eurogrupo", indicó una fuente del gobierno griego a la AFP.
Con el anuncio de la consulta, Tsipras sorprendió a todos y se aventuró en una apuesta que en 2011 le costó el cargo al socialista Yorgos Papandreou.
Apenas se anunció el resultado del Eurogrupo, el Banco Central Europeo (BCE), salvavidas de los bancos griegos, anunció que preparaba una reunión de su Consejo de Gobernadores para el domingo con el objetivo de decidir cuál es el camino a seguir.


En los últimos meses el BCE ha suministrado ayuda de urgencia al sector bancario griego mediante una línea de créditos de emergencia (ELA).
Pero el presidente del BCE, Mario Draghi, insistió siempre en el hecho de que esas ayudas se atenían a unas reglas estrictas: un programa de ayuda de los socios para Grecia, y la solvencia de los bancos.


Este mecanismo fue prolongado día a día esta semana, en medio de una incertidumbre creciente.


Según la prensa griega los depósitos en los bancos griegos habrían caído la semana en unos 6 mil millones de euros. Entre diciembre, fecha en que se anunció el proceso electoral que llevó a Syriza al poder, y mayo los depósitos cayeron 35 mil millones de euros, según datos del Banco de Grecia.
Este sábado en el centro de Atenas podía verse a pequeños grupos de entre tres y diez personas haciendo cola frente a los cajeros automáticos.
En la segunda mayor ciudad de Grecia, Tesalónica (norte), algunos bancos se quedaron sin dinero, según constató un reportero de la AFP, y en una sucursal del Banco Nacional había una cola de 50 personas.


"Hay mucho miedo respecto a lo que va a pasar", dijo Nikos, un empleado de 52 años de una empresa privada.

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La protesta contra los partidos predominantes

En los países donde existen elecciones impugnadas, comúnmente hay dos partidos predominantes que se consideran cercanos al centro o en los alrededores de la visión de los votantes en dicho país. En los últimos años ha habido un número relativamente grande de elecciones donde un movimiento de protesta gana la elección o por lo menos gana los suficientes escaños como para que deba conseguirse su respaldo de modo que pueda gobernar un partido predominante.


El ejemplo más reciente de esto es Alberta, en Canadá, donde el Nuevo Partido Democrático (NPD), compitiendo en una plataforma razonablemente hacia la izquierda, de un modo inesperado y sorprendente, desbancó del poder a los Conservadores Progresistas, partido de ala derecha que había gobernado la provincia sin dificultad por muy largo tiempo. Lo que hizo de este hecho algo más sorprendente fue que Alberta tiene la reputación de ser la más conservadora provincia de Canadá, y es la base del primer ministro canadiense, Stephen Harper, en el cargo desde 2006. El NPD ganó inclusive 14 de 25 escaños en Calgary, la residencia y bastión del propio Harper.


Alberta no es el único caso. El Partido Nacional Escocés (PNE) arrasó en las elecciones en Escocia, tras una historia de ser un partido marginal. El ultraderechista partido polaco Justicia y Ley derrotó al candidato de lo que se había considerado un partido conservador pro-negocios, la Plataforma Cívica. Syriza, en Grecia, haciendo campaña con una plataforma anti-austeridad, está ahora en el poder, y el primer ministro, Alexis Tsipras, lucha por alcanzar sus objetivos. En España, Podemos, otro partido que combate la austeridad, de manera constante sube en las encuestas y parece empeñado en dificultar –si no es que impedir– que permanezca en el poder el gobierno del partido conservador, el Partido Popular. India está celebrando un año en el poder de Narendra Modi, que compitió en una plataforma que se dedicó a desbancar del poder a los partidos y las dinastías del establishment.


Estas plataformas de protesta, todas, tienen algo en común. Todas utilizaron una retórica de campaña que podríamos llamar populista. Esto significa que aseguraron estar luchando contra las élites del país, aquellas con demasiado poder que ignoran las necesidades de una vasta mayoría de la población. Estas plataformas enfatizaban las brechas (en salud y bienestar) entre las élites y todos los demás. Deploraban la caída del salario real de los estratos medios. Enfatizaron la necesidad de proporcionar empleos, usualmente en instancias en las que ocurría un aumento significativo del desempleo.


Además, estos movimientos de protesta siempre señalaron la corrupción en los partidos en el poder y prometieron ponerle un freno, o al menos reducirlo. Y todo esto, junto, lo presentaron como un llamado al cambio, a un real cambio.


No obstante, tenemos que mirar más de cerca estas protestas. No son, de ningún modo, parecidas. De hecho, hay una división fundamental entre ellas, algo que notamos tan pronto como miramos el resto de su retórica. Algunos de estos movimientos de protesta se sitúan a la izquierda –el NPD en Alberta, Syriza en Grecia, Podemos en España, el PNE en Escocia. Y algunos están claramente a la derecha: Modi en India, el Partido Justicia y Ley en Polonia.


Quienes se sitúan a la izquierda enfocan sus críticas, centralmente, en torno a aspectos económicos. Los situados a la derecha primordialmente hacen aseveraciones nacionalistas, por lo común con énfasis xenófobo. Aquellos a la izquierda quieren combatir el desempleo con políticas gubernamentales que promuevan la creación de empleos, incluida, por su puesto, una mayor colecta fiscal entre los más acaudalados. Quienes se sitúan a la derecha quieren combatir el desempleo evitando la migración, aun al punto de expulsar a los migrantes.


Una vez en el poder, a estos movimientos de protesta –sean de izquierda o derecha– les resulta muy difícil cumplir las promesas populistas que hicieron para resultar electos. Las grandes corporaciones tienen instrumentos importantes con los cuales limitar las medidas que se tomen contra ellas. Actúan a través de esta entidad mítica llamada mercado, auxiliadas e instigadas por otros gobiernos e instituciones internacionales. Los movimientos de protesta encuentran que, si empujan muy duro, el ingreso del gobierno se reduce, por lo menos en el corto plazo. Pero para quienes votaron por ellos, el corto plazo es la medida de su aprobación continua. El día de gloria de los movimientos de protesta corre el riesgo de estar muy limitado. Así que entran en arreglos, lo que enoja a la mayoría militante de sus simpatizantes.


Uno debe recordar siempre que los simpatizantes de un cambio en el gobierno son siempre una multitud abigarrada. Algunos son militantes que buscan un extenso cambio en el sistema-mundo y en el papel que su país juega en éste. Algunos sólo están hartos de los partidos predominantes tradicionales, que son vistos como que se cansaron y dejaron de ser responsivos.

Algunos dicen que un nuevo grupo en el poder no puede hacer nada peor que quienes estaban antes. En resumen, estos movimientos de protesta no son un ejército organizado, sino una inestable alianza flotante de muchos grupos diferentes.
Son tres las conclusiones que podemos extraer de esta situación. La primera es que los gobiernos nacionales no tienen un poder ilimitado para hacer lo que quieren. Están en extremo constreñidos por la operación del sistema-mundo en su totalidad.


La segunda conclusión es que, no obstante, pueden hacer algo para aliviar los pesares de las personas ordinarias. Pueden hacerlo, precisamente mediante reasignaciones del ingreso vía impuestos y otros mecanismos. Tales medidas minimizarán las penurias de quienes son los beneficiarios. Los resultados pueden solamente ser temporales. Pero de nuevo les recuerdo que vivimos todos en el corto plazo y que cualquier ayuda que podamos obtener en el corto plazo es un avance, no un retroceso.


La tercera conclusión es que si un movimiento de protesta va a ser un participante serio en el cambio del sistema-mundo no debe limitarse a un populismo cortoplacista, sino que debe involucrarse en una organización de mediano plazo que afecte la lucha mundial en este periodo de lucha sistémica y de transición a un sistema-mundo alternativo, uno que ya comenzó y está en curso.


Es solamente cuando los movimientos de protesta de izquierda aprenden cómo combinar las medidas de corto plazo, que minimizan las penurias, con los esfuerzos de mediano plazo por inclinar la lucha bifurcada en pos de un nuevo sistema, que podremos tener la esperanza de arribar al resultado que deseamos: un sistema-mundo relativamente democrático y relativamente igualitario.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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Martes, 09 Junio 2015 06:26

Acabar con el califato del mercado

Acabar con el califato del mercado

La discusión entre el gobierno griego y los responsables por las políticas de austeridad en Europa resume los dilemas de la humanidad en el nuevo siglo. De un lado de la mesa, la defensa en contra de la masacre humanitaria que ha sido impuesta al pueblo griego –especialmente a sus sectores mas frágiles: los más pobres, los sidosos, los niños, las mujeres–; del otro, los que responden por los dictámenes del mercado.


Ya van algunas décadas que se ha impuesto la centralidad del mercado. Se volvió al culto de que la mano invisible de la ley de la oferta y la demanda debiera decidir los destinos de la humanidad.


Ese genial engendro liberal sirve como pretexto para que las personas renuncien a conducir el destino de la humanidad. Bastaría con que cada una buscara satisfacer sus necesidades individuales para que, como por arte de magia, se generara no sólo el progreso sino también una adecuada y justa distribución de la riqueza.


Ese cuento de hadas, que ya había conducido a la humanidad a su peor crisis económica, en 1929, volvió, como en un pase de magia, para reordenar un mundo desviado por intervenciones estatales, derechos, soberanía. La lógica de los mercados por sobre las necesidades de las personas –esto es lo que está en juego en las negociaciones entre el gobierno griego y los que hablan en nombre de la troika–.


¿Puede la humanidad asistir pasivamente a esas negociaciones en que el poder del dinero pretende imponerse sobre lo que el pueblo griego –además de todo lo que ya ha sufrido– necesita? ¿Hasta cuándo algunos gobiernos seguirán pretendiendo hablar en nombre de la humanidad, mientras buscan imponer los intereses del capital especulativo sobre el 99 por ciento de la gente?


Sin embargo, los grandes medios lo muestran como una contraposición entre la racionalidad económica y el despilfarro de la gente. Los de la austeridad hablan como si representaran un modelo de éxito, que ha sacado a sus países de la recesión, con menos pobreza, menos exclusión social, con gobiernos que disfrutan de gran apoyo popular.


Sin embargo, no logran sacar a una de las regiones más ricas del mundo –Europa– de una crisis profunda y prolongada con sus recetas de austeridad y más austeridad. Mientras que gobiernos de América latina, después de sufrir la crisis de la deuda, dictaduras militares y los más radicales gobiernos neoliberales, logran retomar el crecimiento económico, disminuir las desigualdades y conquistar estabilidad política. Es desde ese punto de vista que Grecia resiste a las ofensivas predatorias del capital especulativo.


Lo que Grecia –y todos los países en crisis– necesita no es más austeridad, sino un acuerdo nacional por retomar el desarrollo, con generación de empleo y distribución de renta. Para ello, no tiene que mirar hacia Berlín, sino hacia América latina.
Para acabar con el califato del mercado, antes de que éste termine con lo mejor que construyó Europa –su Estado de bienestar social–.

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