Aurelio Alonso: La unificación monetaria en Cuba no es un acto de magia

Hay un tema que por estos días ocupa tanto a especialistas y decisores como a ciudadanos comunes en Cuba y genera noticia y opiniones incluso más allá de nuestras fronteras: el anuncio, el pasado mes de octubre por el Consejo de Ministros, de un proceso de unificación monetaria.


Se habla mucho de las formas y el posible escenario, del cronograma aún indefinido y las consecuencias que tendría este proceso. El sociólogo Aurelio Alonso, ensayista, investigador, subdirector de la revista Casa de las Américas y Premio Nacional de Ciencias Sociales 2013, es uno de los expertos que ha dado su opinión.


-Aurelio, se respira por doquier la expectativa que ha despertado el anuncio de la unificación. Para adentrarnos en el tema sería bueno un breve recorrido por la historia de la circulación de dos monedas en nuestro país.


-Mira, si nos ponemos a rebuscar en la historia, este ha sido un país de dualidad monetaria desde que se hizo república. Incluso en los años de ocupación norteamericana, entre 1898 y 1902, circulaban no dos sino tres monedas: el dólar estadounidense, que ya entraba en la economía cubana; el doblón español, que se cotizaba por arriba de los cuatro dólares, y el luis de oro francés, el de más alta cotización.


Posteriormente, cuando se estableció el peso cubano, la economía nacional se organizó tan sujeta, tan dominada por la economía norteamericana, que el dólar también circulaba en muchos lugares y se mantuvo una paridad uno a uno entre ambas monedas que duró hasta el triunfo de la Revolución.

Incluso, en los años ´50 había muchos cubanos que tenían cuentas bancarias en dólares; había una fuga de divisas ordinaria, regular, por esa identidad, esa dolarización de la economía...


La gente dice ahora que la economía cubana está dolarizada... Bueno, dolarizada estuvo en la primera mitad del siglo pasado: ahora se re-dolarizó en cierta medida, en otras condiciones. Porque los conceptos tienen distintas connotaciones: no es lo mismo la dolarización en Ecuador, donde un presidente en los ´90 decidió darle la cara a la crisis dolarizando y eliminando la moneda nacional, que en otros países donde se dolarizó estableciendo una equivalencia artificial con la moneda nacional, como hizo Ménem en Argentina, lo que llevó a imponer el corralito financiero, una terapia de shock con la cual dio un golpe brutal a la clase media...


-Hablaba de la dolarización hasta 1959, cuando hubo un cambio radical con la Revolución, con una política diferente...

-Sí, y con un bloqueo brutal de los Estados Unidos, que fue comercial y también financiero. Recordemos que la moneda es también una mercancía, y la moneda estadounidense es un medio de cambio a nivel mundial. Se bloqueó la moneda norteamericana y Cuba decidió de todos modos mantener la equivalencia del dólar y el peso cubano para los cálculos de su economía, como se venía haciendo., en una situación en que no se sabía exactamente cómo iba a comportarse.

A nivel de pueblo, a nivel de consumidores, cuando nos hablan de doble moneda pensamos en el CUP, el peso cubano, y el CUC, el peso convertible. Nuestros economistas suelen plantear que la dualidad empezó en 1993, cuando se despenalizó el dólar... Sí y no, porque ya existía una diferencia establecida entre la macroeconomía del país, con la que se insertaba en el mercado mundial y en el CAME, donde el dólar se seguía evaluando como equivalente del peso, y el rublo también como equivalente del peso, y la economía interna, donde la moneda nacional no era convertible y no había equivalencia, se había convertido en un certificado, en una moneda interior...


¿Qué sucede? Cuando se derrumba el Campo Socialista y la economía cubana cae brutalmente -se derrumba entre un 35 y 36% el PIB, en más de un 75% la capacidad adquisitiva del país-, se viene todo abajo y el dólar empieza a circular más activo y a tasarse en el mercado negro... Empieza a subir. Según algunos autores llegó hasta 75, según otros hasta 120, pero muchos recuerdan que estuvo a 150 pesos. La despenalización del dólar logró que se fuera reduciendo hasta la cantidad que tenemos hoy. O sea, la decisión de 1993 fue acertada.


-Hablamos con mucha gente en la calle y se repiten las opiniones sobre la gran diferencia entre ambas monedas, el poco valor del peso, la extrañeza sobre dos monedas nacionales tan distintas una de otra, las ventas y servicios mejores en una moneda que en la otra, y el constante criterio de que es algo nocivo... Decía que la decisión de 1993 fue acertada, ¿cuál es la realidad 20 años después?


-Hoy la dualidad se ve con luces distintas a las de los ´90, hay grandes diferencias entre aquella etapa y el momento actual. El período de los ´90 comenzó con una caída en un barranco y el país tuvo que comenzar a apoyarse en otras vías de ingreso para reponer la economía. Fue, por ejemplo, el comienzo del turismo. El nivel del turismo hoy no es el de los ´90, tampoco el de los ingresos por servicios profesionales como los médicos; no existía el fenómeno de las remesas como existe hoy... Las remesas generan un dinero que no entra por la macroeconomía sino por la economía de la familia, que termina comprando en la TRD. Hay hoy una circulación monetaria distinta en el país, y una posibilidad de retornar a la búsqueda de una moneda única.
Claro, hay que ser realista. No existe una varita mágica. Esto no va a ser la solución de los problemas porque a veces se dice "bueno, no podemos seguir con la equivalencia 25 a uno, es demasiado, tienen que abaratarse los productos, o subir los salarios", pero la mayor capacidad de ingresos tiene que estar respaldada por un efecto productivo mayor en el país. Una economía nacional, un país, no puede comerse más de lo que produce, en términos monetarios, de números; incluso, la economía supone que existe una equivalencia entre lo que se llama Producto Nacional Bruto y el Ingreso Nacional Bruto; tiene que haber una correspondencia. Cualquier otra cosa es una anomalía económica.


-Para muchos, la pérdida de esa equivalencia y la doble circulación ha tenido un impacto económico que ha afectado profundamente en los últimos años las economías individuales.


-El sentido común nos lleva a pensar que la pérdida de esa correspondencia entre salario y capacidad adquisitiva para satisfacer las condiciones mínimas de vida es un resultado de la doble moneda, pero es la doble moneda el resultado de una situación económica en que se ha perdido esa capacidad, que es lo tiene que ver con el derrumbe de la primera mitad de los años ´90.


Hay muchas preguntas en este sentido. ¿Por qué la relación de 25 a uno? Porque es una relación que llega a establecerse con el dólar, porque el problema grave aquí es que el eje de la dualidad no está en la diferencia entre el CUC y el CUP, las dos monedas nacionales, una equivalente al dólar, establecida para ser equivalente al dólar... ¿Qué es un billete de un CUC? Es como si fuera un billete de 25 CUP. En este caso, la diferencia no está tanto en la moneda como en la administración de la distribución: con 25 CUP no se compra en la TRD; con un CUC sí. Es decir, hay una diferencia de acceso al mercado... Como esto expresa una equivalencia con el dólar, por detrás del CUC, el problema está en que hay que equilibrar la economía del peso cubano con el dólar, y hay que empezar a equilibrarla por el Estado...


Ya se ha llevado la economía en algunos medios empresariales a una relación de diez por uno, y se está operando con base en esa relación, por ejemplo, en las ventas del sector campesino al turístico, y se está haciendo también en las relaciones a nivel internacional con el dólar. Mientras más baja, más beneficia a la población la circulación interior, pero no puede ser una acción voluntarista, hay que buscar cuál es la equivalencia adecuada, la que responde a los balances financieros. Por eso este es un proceso largo, que puede durar tres, cuatro, cinco años, también para no recurrir a terapias de choque.


-Es un proceso que recién ha comenzado, que redimensiona la economía cubana y que se va a tomar su tiempo en el sector estatal, y mucho más para llegar al doméstico.

..
-Yo soy sociólogo, no economista, pero pienso que si se mantienen adecuadamente los pasos, sin precipitación, tomando las medidas poco a poco, esto no debe traerle a la población trastornos mayores que los que ya tiene. Los grandes trastornos para la población de este país se produjeron en los años ´90 y seguimos arrastrando la situación de entonces, y las fluctuaciones en los mercados mundiales, con los precios de los alimentos más elevados. Lo que va a sufrir la población hoy no va a ser más grave, pero tampoco va a haber necesariamente una mejoría sistemática. Puede ser que algunos productos bajen de precio, hay productos en las TRD que están sobre-tasados y hay que hacerlos menos caros, son precios establecidos arbitrariamente y hay que dejar que el mercado se mueva ahí.


Lo otro muy importante es la macroeconomía, porque cuando la empresa tenga que ajustar la tasa de uno a uno, cuando la economía estatal deje de pensar que el peso cubano hay que operarlo como equivalente al dólar y busque una tasa que se aproxime a la real, en los presupuestos se van a dar cuenta de que les sale más caro producir muchas cosas porque las materias primas que tasaban al equivalente de uno a uno van a ser ahora diez a uno. Entonces van a encontrar cuáles son los verdaderos precios de producción, y eso va a llevar, a mi juicio, a saber qué empresas estatales son rentables y cuáles no, a definir con qué se queda el Estado y con qué no.


Hoy hablamos de flexibilizar la economía, pero lo que hacemos es crear 180 tipologías de cuentapropismo, y eso no modifica en nada la economía del país. El Estado tiene que tener los elementos económicos para saber qué es lo que tiene que administrar, y de lo que tiene que administrar qué es lo que no está siendo rentable y si puede ser rentable. Y ver qué hace con lo que no puede ser rentable, si licita para ponerlo en manos de particular, de cooperativas, de capital extranjero, o si lo cierra.


Esta medida es necesaria para que el Estado sepa, en primer lugar, qué tiene que hacer, y, por supuesto, para que se opere con una sola moneda en el país.


-El tema de los salarios en relación con la dualidad monetaria sale una y otra vez a la luz en las encuestas en la calle... También se habla de la inexistencia de un cronograma definido...


-El anuncio del Consejo de Ministros plantea que se ha aprobado la confección de un cronograma, pero hasta ahora nadie sabe cuál es. Supongo que nadie sabe cuál es el cronograma porque no se puede prever o calendariar etapas. Lo otro que se dijo es que se iba a empezar por la economía estatal.
Por otra parte, los precios y los salarios sólo podrán casarse cuando el desarrollo económico lo permita, cuando una cuota de eficiencia mayor lo permita, y cuando los niveles de producción se incrementen y haya un mercado que vaya facilitando progresivamente el acceso. Tampoco es simple, tiene que ver con un mercado y, por ejemplo, a lo mejor el plátano baja y la frutabomba sube, en dependencia de la producción. En cualquier sociedad mercantil hay reglas que definen la diferencia entre productos de primera necesidad, intermedios y suntuarios. Y se trata de aproximarnos a un mercado que no nos domine, sin perder el esquema económico socialista, y esto implica que la empresa socialista se mantenga fuerte en los sectores donde tiene que mantenerse fuerte, pero que todo lo que no tenga por qué ser administrado por el Estado no lo sea.


-Uno de los encuestados dijo que nuestro peso convertible sirve sólo en Cuba, y con el cambio anunciado ya hay algunos deshaciéndose de los CUC que tenían ahorrados, por miedo a que se devalúen...


-La característica principal del peso convertible es que no es convertible; la convertibilidad está a nivel nacional. Es muy difícil la situación económica nuestra, de muchos vericuetos, es muy difícil ver y plantear soluciones.


En cuanto al temor de la devaluación del CUC, esa dinámica no va a ser tan rápida. Me parece que el que se deshaga ahora de los CUC se está adelantando demasiado a los acontecimientos.


Hay otro tema en este proceso: las cuentas bancarias, algo importante porque en Cuba hay una gran cantidad de CUC y de CUP en cuentas bancarias de ahorro. Se ha dicho que se va a garantizar protección a las cuentas bancarias, lo cual implica que esto no es una medida de choque, es algo que le costará al Estado y que hace más lenta la transformación

-¿Alguna conclusión?


-Es importante que el país tenga una moneda fuerte, pero para que el país tenga una moneda fuerte hay que levantar la economía. Para que el peso cubano tenga fuerza hay que levantar la economía. Este proceso anunciado es decisivo, porque el proyecto de reforma avalado en los lineamientos necesita un saneamiento monetario. No podemos seguir viviendo con un presupuesto nacional con una equivalencia del dólar y el peso, engañándonos en cuanto a la rentabilidad de nuestro aparato económico estatal, porque ello introduce el caos en la economía.


Este camino de transformación monetaria y económica a partir de los lineamientos tiene que ser un camino de experimento y error, para saber con qué instrumentos vamos a hacerle un espacio atractivo al crecimiento del mercado en el país. En esto también van a jugar muchos factores como la política exterior de Estados Unidos, pero tampoco podemos planificar con esperanzas de mejoría en ese sentido; tenemos que planificar con la mirada puesta en lo que podemos hacer por nosotros mismos.


(Tomado de Cuba Contemporánea)

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Jueves, 26 Diciembre 2013 10:19

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

Izquierda y progresismo: la gran divergencia

ALAI AMLATINA, 24/12/2013.- Uno de los mayores cambios políticos vividos en América Latina en los últimos veinte años fue el surgimiento y consolidación de los gobiernos de la nueva izquierda. Más allá de la diversidad de esas administraciones y de sus bases de apoyo, comparten atributos que justifican englobarlos bajo la denominación de "progresistas". Son expresiones vitales, propias de América Latina, en cierta manera exitosas, pero ancladas en la idea de progreso. Su empuje, e incluso su éxito, está llevando a que esté en marcha una divergencia entre este progresismo con muchas de las ideas y sueños de la izquierda latinoamericana clásica.


Para analizar estas circunstancias es necesario tener muy presente la magnitud del cambio político que se inició en América Latina en 1999 con la primera presidencia de Hugo Chávez, y que se consolidó en los años siguientes en varios países vecinos. Quedaron atrás los años de las reformas de mercado, y regresó el Estado a desempeñar distintos roles. Se implantaron medidas de urgencia para atacar la pobreza extrema, y su éxito ha sido innegable en casi todos los países. Vastos sectores, desde movimientos indígenas a grupos populares urbanos, que sufrieron la exclusión por mucho tiempo, lograron alcanzar el protagonismo político.


Es también cierto que esta izquierda latinoamericana es muy variada, con diferencias notables entre Evo Morales en Bolivia y Lula da Silva en Brasil, o Rafael Correa en Ecuador y el Frente Amplio de Uruguay. Estas distintas expresiones han sido rotuladas como izquierdas socialdemócrata o revolucionaria, vegetariana o carnívora, nacional popular o socialista del siglo XXI, y así sucesivamente. Pero estos gobiernos, y sus bases de apoyo, no sólo comparten los atributos ejemplificados arriba, sino también la idea de progreso como elemento central para organizar el desarrollo, la economía y la apropiación de la Naturaleza.


El progresismo no sólo tiene identidad propia por esas posturas compartidas, sino también por sus crecientes diferencias con los caminos trazados por la izquierda clásica de América Latina de fines del siglo XX. Es como si presenciáramos regímenes políticos que nacieron en el seno del sendero de la izquierda latinoamericana, pero a medida que cobraron una identidad distinta están construyendo caminos que son cada vez más disímiles. Es posible señalar, a manera de ejemplo, algunos puntos destacados en los planos económico, político, social y cultural.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 era una de las más profundas críticas del desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus ideas fundamentales, incluso con un talante anti-capitalista, y rechazaba expresiones concretas, en particular el papel de ser meros proveedores de materias primas, considerándolo como una situación de atraso. También discrepaba con instrumentos e indicadores convencionales, tales como el PBI, y se insistía que crecimiento y desarrollo no eran sinónimos.


El progresismo actual, en cambio, no discute las esencias conceptuales del desarrollo. Por el contrario, festeja el crecimiento económico y defiende las exportaciones de materias primas como si fueran avances en el desarrollo. Es cierto que en algunos casos hay una retórica de denuncia al capitalismo, pero en la realidad prevalecen economías insertadas en éste, en muchos casos colocándose la llamada "seriedad macroeconómica" o la caída del "riesgo país" como logros. La izquierda clásica entendía las imposiciones del imperialismo, pero el progresismo actual no usa esas herramientas de análisis frente a las desigualdades geopolíticas actuales, tales como el papel de China en nuestras economías. La discusión progresista apunta a cómo instrumentalizar el desarrollo y en especial el papel del Estado, pero no acepta revisar las ideas que sostienen el mito del progreso. Entretanto, el progresismo retuvo de aquella izquierda clásica una actitud refractaria a las cuestiones ambientales, interpretándolas como trabas al crecimiento económico.


La izquierda latinoamericana de las décadas de 1970 y 1980 incorporó la defensa de los derechos humanos, y muy especialmente en la lucha contra las dictaduras en los países del Cono Sur. Aquel programa político maduró, entendiendo que cualquier ideal de igualdad debía ir de la mano con asegurar los derechos de las personas. Ese aliento se extendió, y explica el aporte decisivo de las izquierdas en ampliar y profundizar el marco de los derechos en varios países. En cambio, el progresismo no expresa la misma actitud, ya que cuando se denuncian derechos violados en sus países, reaccionan defensivamente. Es así que cuestionan a los actores sociales reclamantes, a las instancias jurídicas que los aplican, incluyendo en algunos casos al sistema interamericano de derechos humanos, e incluso a la propia idea de algunos derechos.


Aquella misma izquierda también hizo suya la idea de la democracia, otorgándole prioridad a lo que llamaba su profundización o radicalización. Su objetivo era ir más allá de la simples elecciones nacionales, buscando consultas ciudadanas directas más sencillas y a varios niveles, con mecanismos de participación constantes. Surgieron innovaciones como los presupuestos participativos o los plebiscitos nacionales. El progresismo, en cambio, en varios sitios se está alejando de aquel espíritu para enfocarse en mecanismos electorales clásicos.Entiende que con las elecciones presidenciales basta para asegurar la democracia, festeja el hiperpresidencialismo continuado en lugar de horizontalizar el poder, y sostiene que los ganadores gozan del privilegio de llevar adelante los planes que deseen, sin contrapesos ciudadanos. A su vez, recortan la participación exigiendo a quienes tengan distintos intereses que se organicen en partidos políticos y esperen a la próxima elección para sopesar su poder electoral.


La izquierda clásica de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ese era una de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y la izquierda lo aprovechaba una y otra vez ("nos podremos equivocar, pero no robamos", era uno de los slogans de aquellos tiempos). En cambio, el progresismo actual no logra repetir ese mismo ímpetu, y hay varios ejemplos donde no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de políticos claves dentro de sus gobiernos. Asoma una actitud que muestra una cierta resignación y tolerancia.


Otra divergencia que asoma se debe a que la izquierda latinoamericana luchó denodadamente por asegurar el protagonismo político de grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial se ubicó en esa misma línea, y conquistó los gobiernos gracias a indígenas, campesinos, movimientos populares urbanos y muchos otros actores. Dieron no sólo votos, sino dirigentes y profesionales que permitieron renovaron las oficinas estatales. Pero en los últimos años, el progresismo parece alejarse de muchos de estos movimientos populares, ha dejado de comprender sus demandas, y prevalecen posturas defensivas en unos casos, a intentos de división u hostigamiento en otros. El progresismo gasta mucha más energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y se ha distanciado de organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de los derechos humanos, etc. Se alimenta así la desazón entre muchos en los movimientos sociales, quienes bajo los pasados gobiernos conservadores eran denunciados como izquierda radical, y ahora, bajo el progresismo, son criticados como funcionales al neoliberalismo.


La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio, se está apartando de esa postura ya que enfatiza a la justicia como una cuestión de redistribución económica, y en especial por medio de la compensación monetaria a los sectores más pobres y el acceso del consumo masivo al resto. Esto no implica desacreditar el papel de ayudas en dinero mensuales para sacar de la pobreza extrema a millones de familias. Pero la justicia es más que eso, y no puede quedar encogida a un economicismo de la compensación.


Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política pero que cada vez tienen mayores distancias con las prácticas de gobierno. Se proclama al Buen Vivir pero se lo desmonta en la cotidianidad, se llama a industrializar el país pero se liberaliza el extractivismo primario exportador, se critica el consumismo pero se festejan los nuevos centros comerciales, se invocan a los movimientos sociales pero se clausuran ONGs, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.


Estos y otros casos muestran que el progresismo actual se está separando más y más de la izquierda clásica. El nuevo rumbo ha sido exitoso en varios sentidos gracias a los altos precios de las materias primas y el consumo interno. Pero allí donde esos estilos de desarrollo generan contradicciones o impactos negativos, estos gobiernos no aceptan cambiar sus posturas y, en cambio, reafirman el mito del progreso perpetuo. A su vez, contribuyen a mercantilizar la política y la sociedad con su obsesión en la compensación económica y su escasa radicalidad democrática.


El progresismo como una expresión política distintiva se hace todavía más evidente en tiempo de elecciones. En esas circunstancias parecería que varios gobiernos abandonan los intentos de explorar alternativas más allá del progreso, y prevalece la obsesión con ganar la próxima elección. Eso los lleva a aceptar alianzas con sectores conservadores, a criticar todavía más a los movimientos sociales independientes, y a asegurar el papel del capital en la producción y el comercio.


El progresismo es, a su manera, una nueva expresión de la izquierda, con rasgos típicos de las condiciones culturales latinoamericanas, y que ha sido posible bajo un contexto económico global muy particular. No puede ser calificado como una postura conservadora, menos como un neoliberalismo escondido. Pero no se ubica exactamente en el mismo sendero que la izquierda construía hacia finales del siglo XX. En realidad se está apartando más y más a medida que la propia identidad se solidifica.


Esta gran divergencia está ocurriendo frente a nosotros. En algunos casos es posible que el progresismo rectifique su rumbo, retomando algunos de los valores de la izquierda clásica para buscar otras síntesis alternativas que incorporen de mejor manera temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio, lo que en todos los casos pasa por desligarse del mito del progreso. Es dejar de ser progresismo para volver a construir izquierda. En otros casos, tal vez decida reafirmarse como tal, profundizando todavía más sus convicciones en el progreso, cayendo en regímenes hiperpersidenciales, extractivistas, y cada vez más alejados de los movimientos sociales. Este es un camino que lo aleja definitivamente de la izquierda.


Por Eduardo Gudynas, analista en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), Montevideo.

Twitter: @EGudynas

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Apoteosis geopolítica de EU con los hidrocarburos de México

Estados Unidos se encuentra atribulado en el gran Medio Oriente y se escenifica una fractura geopolítica en el Mar Negro –con las vacilaciones de sus aliados Turquía y Ucrania–, mientras Obama arranca una apoteosis energética con la captura de los hidrocarburos de México, principalmente en las aguas profundas del Golfo de México –a ser rebautizado como Golfo de Estados Unidos– y con el polémico cuan tóxico shale gas (gas esquisto/lutitas).


Así, Obama puede contener tanto el retorno triunfal de Rusia al escenario internacional como el pacífico ascenso armónico de China.
La apoteosis es de Estados Unidos, a nivel de país; la derrota es de México, como país –no a nivel personal fiduciario de Peña/Videgaray/Aspe–, que es prácticamente anexado al esquema geopolítico de Washington (ver Bajo la Lupa, 15/12/13) para formar próximamente parte del Comando Norte.


No deseo conjeturar sobre la insólita cuan asimétrica visita del vicepresidente Joe Biden al secretario de Hacienda, previa a la incrustación del "México neoliberal itamita" a la seguridad energética de Norteamérica, pero las suculentas ganancias serán para las trasnacionales anglosajonas, mientras Pemex muere de agonía lenta y a la CFE le propinan el último clavo en su féretro.


Estamos ya en el esquema de seguridad energética de Norteamérica, donde los mexicanos serán maltratados por el nuevo apartheid energético anglosajón.


México –amén de su extinción como Estado libre, independiente y soberano, y su suicidio nacional– obtendrá solamente migajas, según el reporte de JP Morgan (28/11/2013): las trasnacionales de Estados Unidos invertirán 15 mil millones de dólares al año, lo cual redundará en un máximo de 0.5 por ciento en el PIB. ¡Todo por casi nada!


El reporte CRS (Congressional Research Service, 18/11/13) calculó, 25 días antes de la reforma suicida Peña/Videgaray/Aspe, sus implicaciones para Estados Unidos y su seguridad energética. ¿Dónde quedó la seguridad energética de México?


Las oportunidades de inversiones para las empresas de Estados Unidos serán significativas y su interés radica en los pletóricos yacimientos de aguas profundas y del shale gas.


La Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos se habían adelantado a la captura de las aguas profundas de Pemex mediante el acuerdo transfronterizo de hidrocarburos de EU/México de 2012 (H.R. 1613 y S. 812) que facilita el desarrollo conjunto de petróleo y gas natural en la parte mexicana del Golfo de México.


La reforma suicida de Peña/Videgaray/Aspe llega muy a tiempo: 19 días antes de la expiración de la moratoria unilateral de Estados Unidos para iniciar la exploración de hidrocarburos en la transfrontera.


El reporte señala otra legislación que trata con los procesos de aprobación con Estados Unidos para la infraestructura (¡supersic!) de la energía de Norteamérica, que incluye oleo/gasoductos (H.R. 3301). ¡Desmantelamiento total de Pemex!


Hoy la mayor parte de las exportaciones de petróleo de México a Estados Unidos se realiza con tankers y requiere de conexiones internacionales de oleoductos que serán suplidas por las trasnacionales de Estados Unidos.


Viene lo interesante: El TLCAN excluía inversiones privadas en el sector energético de México, pero estos temas serán abordados durante las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP).


El "México neoliberal itamita" está en estado de sitio desde el TLCAN, pasando por el acuerdo transfronterizo de hidrocarburos hasta el ATP (que engloba a la neoliberal Alianza del Pacífico de México, Chile, Perú y Colombia).


El reporte admite que las oportunidades para las trasnacionales de Estados Unidos y sus inversionistas son mayúsculas tanto en el sector de los hidrocarburos como de su infraestructura (¡supersic!) y otros servicios en los campos petroleros ( v. gr. refinerías). ¡Negocio redondo!

Una de las áreas donde las trasnacionales de Estados Unidos se despacharán con la cuchara grande, después de las aguas profundas del Golfo de México, es con el shale gas del noreste mexicano: La cuenca Eagle Ford de Texas se puede extender hasta México. ¡Uf!


Llama la atención que la expansión de los cárteles de estupefacientes en esa región haya coincidido con la geología de shale gas, lo que avizora que su violencia se evanescerá mágicamente.


El reporte reconoce que las trasnacionales de Estados Unidos y las empresas privadas de México ganarán más de la reforma energética que el pueblo (¡supersic!) de México y coincide con Bajo la Lupa en que sus dos principales áreas de interés son las aguas profundas del Golfo de México y el shale gas.


El reporte no toma en cuenta la toxicidad del fracking y pareciera que las cada vez mayores protestas ciudadanas en Estados Unidos pueden ser paliadas con el traslado de sus trasnacionales al lado mexicano, que será el conejillo ambiental de Indias de las experimentaciones extractivas del polémico shale gas.


Lo que no se han llevado las trasnacionales de Estados Unidos a través del TLCAN lo harán mediante la próxima incrustación del "México neoliberal itamita" al ATP que jerarquizará la tecnología de la que carecen tanto Pemex como México. Lo que queda de Pemex, totalmente desmantelado por la reforma suicida de Peña/Videgaray/Aspe, será liquidado mediante el ATP.


Sin contar el levantamiento de las sanciones a Irán, el reporte pronostica que el precio del barril disminuirá, lo cual, a mi juicio, conviene a Estados Unidos, pero perjudica al México eterno que carece de experiencia en materia de regulación.


México desaparece energéticamente y cede su lugar a la poderosa metarregión geoeconómica/geopolítica de Norteamérica, donde advendrá un diluvio debido a la inundación de hidrocarburos, según Bloomberg (16/12/13), que se extralimita en sus cuentas alegres.


ExxonMobil, cuyas acciones se dispararon con la reforma, predice que la producción de Norteamérica superará a todos los miembros de la OPEP con excepción de Arabia Saudita.


Según los pronósticos anuales de Exxon presentados en el muy influyente think tank CSIS,) el mismo día de la entrega de los hidrocarburos de México al esquema de Norteamérica, contempla que en 2040 (¡supersic!) solamente Europa y la región de Asia-Pacífico serán importadores de crudo.


A mi juicio, la captura energética es la continuación de la guerra por otros medios y Estados Unidos usa el arma energética de Norteamérica para someter a sus rivales geoeconómicos: Europa y China.


Una cosa son las ganancias de Estados Unidos y otra las pérdidas de México en la integridad energética. La extracción de hidrocarburos por Estados Unidos en la parte mexicana (hoy su tercer abastecedor, con 12 por ciento) pronto desplazará a Arabia Saudita del segundo lugar (17 por ciento); Canadá es el primero (23 por ciento).


Las implicaciones geopolíticas son enormes: Estados Unidos, con las reservas de hidrocarburos de Canadá y México bajo su control mediante la seguridad energética de Norteamérica, domina(rá) una de las mayores reservas de hidrocarburos del mundo, que lo hace menos dependiente de la OPEP en general, y de Arabia Saudita en particular.


Se trata de un " game changer": de una jugada energética de profundas implicaciones geopolíticas donde el gran vencedor darwiniano es Estados Unidos y el gran perdedor es México.
alfredojalife.com
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¿Privatización de Pemex para la guerra de EU contra China?

Después de su fallido intento de guerra en Siria y sus acumulados fracasos bélicos durante una generación desde Afganistán hasta Irak, (Estados Unidos) pasó a una feroz contraofensiva en los ámbitos financiero, mercantil y energético donde el "México neoliberal itamita" es literalmente deglutido por la principal apoteosis geopolítica del siglo de Washington hasta ahora.


Los movimientos financieros de Obama son muy significativos: acaba de invitar al ex gobernador del Banco Central de Israel, Stanley Fischer, a ser vicepresidente de la Reserva Federal para colaborar con el secretario del Tesoro, el israelí-estadunidense y ultraortodoxo religioso Jacob Joseph Lew.


Se profundiza el eje financiero Casa Blanca/Wall Street/Banco Central de Israel cuyo ex gobernador Jacob Aharon Frenkel (http://www.muckety.com/Jacob-A-Frenkel/641.muckety) exhibe perturbadores nexos con la aseguradora AIG y el banco lavador Wells Fargo/Wachovia ( The Guardian, 3/4/11).


AIG (http://www.muckety.com/American-International-Group-Inc/5000105.muckety) implicada en el pestilente doble cobro de seguros del 11/9 (Bajo la lupa, 26/9/04; 22/12/04; 22/06/05, y 6/05/13) se cuece aparte.


Por cierto, Frenkel fue detenido en Hong Kong por el robo de una maleta en una tienda, según el rotativo israelí Haaretz, 7/8/13. No cabe duda: la cleptomanía es adictiva.

Las guerras son ya geoeconómicas, geofinancieras y geomercantiles en las diversas regiones del planeta.


Nada menos que Robert Zoellick, anterior presidente del Banco Mundial, visualiza al TLCAN, del que fue su arquitecto, como la piedra estratégica de toque de un núcleo de Norteamérica para la economía global que pudiera rivalizar a los ascendentes poderes como China, según reporta Shawn Donnan del Financial Times, 2/12/13). Aquí se encuentra una de las claves geopolíticas de la reforma energética entreguista/masoquista de Peña/Videgaray/Aspe (Ver Bajo la lupa, 11/12/13).


En el Banco Mundial han despachado los planificadores de la estrategia de EU, como Robert McNamara (ex secretario del Pentágono), y Paul Dundes Wolfowitz (ex subecretario del Pentágono).


Según Zoellick, la triada EU/Canadá/México deberá moverse hacia adelante para asegurar que Norteamérica asuma tal papel (Nota: rivalizar con China), con el fin de tener una posición unificada (sic) en la diplomacia global y en los debates económicos.


La idea estratégica de Zoellick radica en que los tres países de Norteamérica, de casi 500 millones de habitantes, son "autosuficientes en energía (¡súper-sic!), con una infraestructura integrada y manufacturas y servicios industriales interconectados y una política exterior común (¡súper-sic!).

Sin duda, el doble talón de Aquiles de China son los alimentos y los hidrocarburos, pero le faltó a Zoellick enunciar el proyecto de una divisa común de Norteamérica, de acuerdo con el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés: http://www.americanfreepress.net/html/cfr_making_moves.html) y del canadiense Instituto Fraser (http://oldfraser.lexi.net/publications/critical_issues/1999/amero/).


En la geoestrategia metamercantilista de Zoellick, Norteamérica estará bien posicionado para rivalizar (¡súper-sic!) con los mil 300 millones de chinos en la era del megarregionalismo (¡súper-sic!), que significa también la era del imperativo estratégico en comercio. ¿Entrará el "México neoliberal itamita" a una guerra –sea comercial, financiera, cibernética o militar, o multidimensional– contra China y al lado de EU?


Zoellick delineó su nueva estrategia para contener a China, en el marco de la Doctrina Obama del pivote, en la Universidad Baylor Texas en Octubre( http://es.scribd.com/doc/191367450/Zoellick-20131015) y adjudicó su linaje a la genealogía estratégica de Otto von Bismarck, a quien Donnan califica de astuto político prusiano del siglo XIX y arquitecto de la unificación alemana.


Ambos, Zoellick y Donnan soslayan la defenestración de Bismark y la posterior desintegración de Alemania como consecuencia de sus dos guerras mundiales.


El banquero Zoellick, hoy miembro del influyente CFR, pertenece a la cúpula del poder de EU: anterior director de Goldman Sachs, subsecretario de Estado, presidente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), accionista de la mafiosa gasera Enron y profesor de seguridad nacional en la Academia Naval.


El TLCAN –firmado en 1986 y formalizado en 1992 en el contexto de la caída del Muro de Berlín y de la disolución de la URSS– es ahora empujado a un nivel superior en la coyuntura de la guerra multidimensional que avizora EU contra China(http://www.dodbuzz.com/2013/12/12/call-made-to-congress-for-china-war-) y a la que empinan al "México neoliberal itamita" totalmente absorbido al esquema estratégico de Norteamérica, pero sin mexicanos, y próximamente a ser insertado al Comando Norte después de haber sido incrustado al cibercomando mediante la polémica Ley Telecom, cuando todos las rutas del neoliberalismo –de PRI, PAN y los elementos antinacionales del PRD– convergen en la Nueva Roma de EU: Norteamérica.


La pertenencia de Canadá y México al proyecto de la Asociación Transpacífico de 12 miembros (TPP, por sus siglas en inglés) y a la Asociación Transatlántica de Inversiones y Comercio (TTIP, por sus siglas en inglés) facilita las cosas a los dos océanos que domina la poderosa marina de EU, que se da el lujo de proyectarse hasta Sudamérica mediante la Alianza del Pacífico (miembros latinos: México, Chile, Perú y Colombia) con el fin de contener al BRICS: primordialmente a Brasil y a China.


Donnan reseña que en la agenda jerárquica comercial de EU yacen tales dos potenciales tratados comerciales regionales que son vendidos (sic) con la capacidad de propinar un golpe (¡súper-sic!) estratégico –el cual, a mi juicio, va con dedicatoria a China.


Pese a las apariencias, la reunión de cancilleres del TPP en Singapur, que no concluyó en ningún acuerdo, está a punto de dar un golpe sonoro para su próxima concreción ( ABC News, 12/12/13).


De hecho, Donnan decreta la irrelevancia de la OMC, pese a su reciente logro unificador: en realidad no se encuentra más en el centro de la agenda comercial global de negociaciones, y ahora vivimos en una era del megarregionalismo (¡súper-sic!) en lugar del multilateralismo, lo cual refrenda la tesis de mi libro Hacia la desglobalización (Jorale Editores, 2007).


La globalización se desglobaliza y los grandes del mundo tripolar geoestratégico (EU/Rusia/China) se reparten sus respectivas esferas de influencia, cuando Brasil se ha quedado un tanto rezagado en Sudamérica debido a la brutal contraofensiva de EU (v. gr. la Alianza del Pacífico) y la guerra financiera contra la plaza bursátil de Sao Paulo).


EU se está quedando con todos los recursos estratégicos de Norteamérica entre los que destaca su flagrante apartheid contra los mexicanos (nativos y migrantes) y, en particular, su control financierista de la dupla Peña/Videgaray que padece el síndrome de Estocolmo.
Un día de estos los mexicanos nos enteraremos que Norteamérica (EU/Canadá/México) declaró la guerra a China.


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Domingo, 15 Diciembre 2013 05:50

"Llegó la primavera con sus frutos"

La ternura y la inteligencia juntas son armas muy disuasivas. Escuchando hablar al teólogo brasileño Leonardo Boff se entiende rápidamente por qué su amigo Joseph Ratzinger lo apartó de la Iglesia cuando se publicó uno de los libros fundadores de la Teología de la Liberación escritos por Boff, Iglesia, carisma y poder. Mucho antes de ser papa, Ratzinger fue amigo de Leonardo Boff, pero en cuanto el severo teólogo alemán empezó a trepar la escalera del poder vaticano no dudó en levantar la mano para sentar a Leonardo Boff en el mismo sillón donde, muchos siglos antes, la Santa Sede juzgó a Galileo Galilei. Leonardo Boff pagó el tributo de sus ideas. Perdió el derecho de ejercer el sacerdocio.


Han pasado muchos años y muchos combates y Leonardo Boff no perdió ni un ápice de esa inteligencia que envuelve las cosas en una mezcla de racionalidad y revelación juvenil. El paisaje que rodea su casa de Petrópolis es idílico, frondoso y absorbente como las ideas que este intelectual de 75 años va exponiendo con la frescura de un adolescente. Con el título "El papa del pueblo", la revista Time eligió al papa Francisco como personalidad del año. "Lo que hace a este Papa tan importante es la rapidez con la que capturó la esperanza de los millones de personas que habían abandonado toda esperanza en la Iglesia", escribe Time.

Leonardo Boff no está lejos de pensar lo mismo. Se acaba el año de la elección de Bergoglio como primer papa no europeo de la historia. En esta entrevista con Página/12, Leonardo Boff hace un balance de las esperanzas suscitadas por Francisco, de las perspectivas de transformación que se levantan en el horizonte, de los actos ya cumplidos y de los que vendrán. El teólogo brasileño está convencido de que, con Francisco, llegó mucho más que un hombre que viene de lejos: en su visión, con él llegaron al Vaticano otra filosofía de la vida, de la política, otra práctica pastoral, otra sociología y otro cristianismo inspirados en la raíz misma del continente.


–Pasan los meses y, a su manera, el papa Francisco sigue dando sorpresas. ¿Cómo analiza usted este momento particular del catolicismo a través de una figura que está desplazando casi todos los centros de gravedad del Vaticano?

–Estamos en una situación totalmente nueva. Nosotros venimos de un invierno muy duro y riguroso con Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora sentimos la primavera con sus flores y sus frutos. Francisco es un papa que sorprende, que cada día inventa cosas nuevas. Es la primera vez que un papa no viene de la vieja cristiandad europea, sino de la periferia, o sea de América latina. Las iglesias de América latina eran iglesias espejo mientras que las iglesias de Europa eran iglesias fuente. Ahora, después de 500 años, nuestras iglesias se han convertido en iglesias fuente. Nuestras iglesias tienen sus tradiciones, sus reflexiones, sus liturgias, han creado un estilo de cristianismo ligado a la liberación, al compromiso social. De ese caldo espiritual, político y religioso viene el papa Francisco. El nuevo papa tiene otro tipo de mensaje, no es el cristianismo viejo, doctrinario, disciplinar. Se trata de un cristianismo de profunda comunión con todas las personas, libre de doctrinas castradoras, con un mensaje basado en la sencillez y la pobreza. Eso es inédito en la historia del papado. Hay que tener en cuenta que sólo 24 por ciento de los cristianos está en Europa, 62 por ciento en América latina y los demás en Asia y Africa. Esto significa que, hoy, el cristianismo es una religión de Tercer Mundo. Tuvo sus raíces en el Primer Mundo, pero eso ya pasó. Francisco es muy consciente de esto. Por eso tiene la fantasía creadora y es capaz de decir "hay que cambiar". Y creo mucho en su fantasía, en su libertad, en su corazón, en su libertad espiritual. La Iglesia necesita corazón, no poder. Donde hay poder no hay amor ni compasión. Francisco tiene amor y compasión. Y no quiere saber nada de poder ni de tradiciones.


–Para usted entonces Francisco es un papa de combate.


–Creo que Francisco combina dos cosas: la ternura de Francisco y el rigor del jesuita. Es franciscano en la forma de vivir humilde, popular, pero es un jesuita de la racionalidad moderna: analiza los fenómenos, identifica la causa principal y, cuando descubre, interviene con mucha determinación. Creo que el Papa es una combinación feliz entre ternura y vigor. Eso es lo que necesitamos en la Iglesia. Hacia afuera es un pastor, hacia adentro es muy riguroso. Cuando estuvo en Río de Janeiro, el discurso más duro que pronunció fue para los obispos y cardenales. Les dijo que no eran pobres ni interiormente, ni exteriormente, que eran duros con el pueblo y que no fueron capaces de hacer la revolución de la ternura, de la compasión, de la compenetración con el pueblo. En Roma dice lo mismo: los ministros de la Iglesia tienen que salir de la fortaleza hacia el pueblo, y el pueblo debe poder venir y sentirse en su casa. La Iglesia no está para condenar a nadie sino para acoger, perdonar, suscitar esperanzas y tener compasión con quienes tienen problemas. Esa es la característica más bella y evangélica de Francisco.
–Usted cree que Francisco puede realmente reformar la Iglesia.


–Yo creo que Francisco, antes de reformar la curia y la Iglesia, ya reformó el papado. El estilo del Papa es otro. El papado tiene un ritual, en las vestimentas, en los símbolos del poder. Francisco renunció a todo eso e hizo el trabajo contrario: logró que el papado se adaptara a sus convicciones, a sus hábitos. Por eso renunció a todos los símbolos de poder. Dijo: "la Iglesia tiene que ser pobre como Jesús". ¡San Pedro no tenía un banco y Jesús no entendía nada de contabilidad! Jesús era un profeta que traía fe, esperanzas. Francisco rescata la tradición más vieja de la Iglesia y rehúsa llamarse papa. Papa es un título de los emperadores. Francisco se considera un obispo de Roma que gobierna la Iglesia en la caridad, no en el derecho canónico. Eso cambia todo. Francisco es más que un nombre: es un proyecto de Iglesia, de una sociedad más sencilla, solidaria, es el proyecto de una simpleza voluntaria, de una sobriedad compartida. Posiblemente, esto va a crear una crisis entre los obispos y cardenales. Ellos se creen príncipes de la Iglesia y el Papa no quiere nada de eso. Francisco quiere que se renueve el pacto de las catacumbas cuando, al final del Vaticano II, 30 obispos se reunieron en las catacumbas e hicieron votos de vivir en la pobreza, abandonar los palacios y vivir en el medio del pueblo. Esa es la propuesta para toda la jerarquía de la Iglesia. Esa será para mí la gran revolución de Francisco.


–¿Con qué fuerzas Francisco podrá cambiar las malas tendencias profundas de la Iglesia? Por ahora hemos oído un mensaje pastoral muy entusiasta, pero para llegar a la trasformación completa hay un gran paso. ¿Acaso se apoyará en la Teología de la Liberación, tan reprimida por Juan Pablo II y Benedicto XVI?


–Es un papa muy inteligente. Francisco criticó mucho a los conservadores. El 11 de septiembre aceptó encontrarse con Gustavo Gutiérrez (el otro inspirador de la Teología de la Liberación). Eso me parece muy importante para apoyar esa teología que es, además, en cierta forma, el lugar de donde él viene. La Argentina tiene una Teología de la Liberación propia, que es la teología de la cultura popular. Francisco se apoyó en esa teología que se diferencia de la teología de la liberación común porque no trabaja en torno del conflicto de clases, sino en torno de la cultura dominante, la cultura dominada, cultura del silencio que hay que liberar. El está en esa línea. Y de allí viene su novedad. Ya eligió ocho cardenales de todo el mundo para crear una instancia de decisión. Sería fantástico si Francisco invitara a mujeres a dirigir los destinos de la Iglesia en la perspectiva de la globalización. Hasta hoy, el cristianismo era algo occidental que se fue convirtiendo en algo cada vez más accidental. Tiene que ser ahora globalizado. Para ser global, tiene que tener otras dimensiones. La Iglesia no encontró su lugar en la globalización. La Iglesia es muy romanizada, eurocéntrica. Pero Francisco tiene la visión del jesuita San Francisco Javier, misionero de China, según la cual la Iglesia tiene que salir. Para mí la mejor manera es crear una red de iglesias y comunidades que se encarnen en las culturas y tenga rostros chinos, japoneses, africanos, latinoamericanos. Es otro tipo de presencia de la Iglesia, no como poder, sino como una instancia de apoyo a todo lo que es humano. El cristianismo se suma a otras religiones, a otros caminos espirituales, y renuncia así a su privilegio de excepcionalidad, como si fuera la única Iglesia verdadera, la única religión válida. No. El cristianismo está junto a las demás para alimentar valores humanos, para salvar a nuestra civilización, que está amenazada.


–Sin embargo, el discurso tradicional del Vaticano aún se mantiene.


–Sí, yo creo que él seguirá manteniendo el discurso tradicional de defensa de la vida, contra el aborto, pero con una diferencia: antes, los temas de la moral sexual, familiar, del celibato de los sacerdotes o del sacerdocio de las mujeres, eran temas prohibidos, no se podían discutir. Ningún cardenal, obispo o teólogo podía hablar de esto. Francisco no, él dejó abierta la discusión. El va a abrir una amplia discusión en la Iglesia y va a recoger elementos que se pueden tornar universales. Francisco abrió muchos espacios. No sé hasta qué punto podrá avanzar con esto, pero sí habrá una amplia discusión en la Iglesia. Posiblemente se logre permitir que las iglesias locales, por ejemplo en Africa, donde hay otras culturas tribales, otra relación con la sexualidad, puedan actuar de otra forma ante la utopía cristiana, una forma que no sea sólo la occidental. Ahora tenemos una sola manera de ser cristiano, pero hay otras. En América latina estamos demostrando que es posible un cristianismo afro-indígena-europeo, una mezcla de tres grandes culturas. Por eso aquí la Iglesia tiene otro rostro, es más abierta, más comprometida con los cambios que benefician al pueblo. Tenemos que universalizar esto porque la injusticia mundial es muy grande. Y este papa es muy sensible ante los últimos, los invisibles. Ahí está su centralidad.


–Ya ha pasado cierto tiempo luego de la renuncia del papa Benedicto XVI. Ese hecho fue un enorme terremoto para los católicos del mundo. ¿Cuál es hoy su análisis sobre ese momento de fractura sin el cual el papa Francisco no hubiese llegado al sillón de Pedro?

–Yo creo que cuando Benedicto XVI leyó el informe de más de 300 páginas sobre la situación interna de la Iglesia, sea lo que concernía los problemas del banco del Vaticano, sea los escándalos sexuales que implicaban a obispos y cardenales, creo que eso lo golpeó profundamente. Benedicto XVI sintió que no tenía fuerza física, ni psíquica, ni espiritual para enfrentar un lío semejante. Ese problema no venía desde afuera, del mundo, de la sociedad, no: el problema venía desde dentro de la Iglesia, de su parte más central que es la curia romana. Eso lo escandalizó. Benedicto fue muy humilde al reconocer que otra persona debía venir con más fuerza, con más y determinación y otra visión de la Iglesia para crear un horizonte de esperanzas y credibilidad que la Iglesia había perdido totalmente.


–El banco del Vaticano y todos los escándalos ligados a él fueron uno de los desencadenantes de la renuncia de Benedicto XVI. Apenas asumió, las primeras medidas que adoptó el papa Francisco atañen justamente el banco. ¿Cree usted que podrá llevar a cabo la reforma final de esa institución financiera comprometida con la mafia y la circulación de dinero opaco?


–En el banco del Vaticano hay mucho dinero de la mafia, apoyada y comprometida con altas figuras de la curia romana. En este sentido, hay un riesgo que pesa sobre el Papa. Cuando la mafia se siente agredida es capaz de cometer crímenes, de eliminar personas. Por eso es muy inteligente que el Papa no viva en los departamentos pontificiales sino en una Casa de Huéspedes, es muy inteligente también que no coma solo, sino con muchas personas. Francisco dijo en broma que así era más difícil envenenarlo. Pero más allá de esto, creo que Francisco va a inaugurar una dinastía de papas del Tercer Mundo, de Africa, de Asia, de América latina. Con eso se enriquecerá el catolicismo con valores de otras culturas que nunca fueron respetadas sino colonizadas. El cristianismo de América latina es un cristianismo de colonización. Hicimos muchos esfuerzos para crear un cristianismo nuestro, con nuestros santos, nuestros mártires. Nuestro cristianismo tiene su propio rostro, que no es el viejo rostro europeo. Esto va a facilitar que el cristianismo sea una propuesta buena para la humanidad, no solamente para los cristianos. Nuestro cristianismo tiene otro elemento de ética, de humanidad, de espiritualidad para un mundo altamente materializado, tecnológicamente sofisticado. Francisco encarna ese contrapunto, esa dimensión. Su propuesta tiene futuro.

por Eduardo Febro
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Sábado, 14 Diciembre 2013 07:02

Lo que falta aún en derechos humanos

Lo que falta aún en derechos humanos

La casona de la calle Londres número 38, de estilo neoclásico, en pleno centro de Santiago, es un espacio de memoria recuperado por las organizaciones de familiares de víctimas de la dictadura. Fue sede del Partido Socialista hasta el golpe de Estado de septiembre de 1973, cuando el régimen la convirtió en un centro de detención y tortura por el que pasaron 2000 personas entre ese año y 1975. A la entrada se colocaron 98 placas intercaladas entre los adoquines que corresponden a detenidos de ese lugar que fueron ejecutados y desaparecidos. Esas placas de piedra recuerdan a los transeúntes y visitantes curiosos un asunto pendiente: hace falta conocer la verdad pero también es necesario que se haga justicia. Los organismos de derechos humanos esperan que si Michelle Bachelet le gana el ballottage de mañana a su rival de la derecha Evelyn Matthei, la líder socialista lleve adelante medidas significativas para avanzar con las causas vinculadas con los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet.

 

En la historia personal de la candidata favorita quedaron las huellas de las botas. Tenía poco más de veinte años cuando su padre Alberto Bachelet, un general leal a Salvador Allende, falleció a causa de las torturas que le provocaron sus compañeros de armas. Ella y su madre, Angela Jeria, estuvieron presas en el centro de detención Villa Grimaldi, y tras ser liberadas se exiliaron. El padre de la otra candidata, Fernando Matthei, era amigo de Bachelet pero no hizo nada por salvarlo, siendo que ocupaba el cargo de director de la Academia de Guerra Aérea cuando el lugar funcionaba como un campo de concentración. Como si cuarenta años no fueran suficientes, la candidata de la derecha dijo en el último debate electoral que prefería no usar el término dictadura. "Yo lo llamo gobierno militar, mi padre estuvo ahí (...) la figura de Pinochet es súper rara." Matthei votó por el Sí a la continuidad de Pinochet en el plebiscito de 1988 y se manifestó en contra de la detención del general en Londres, diez años después.


Durante el gobierno de Bachelet (2006-2010) se inauguró el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en esta ciudad, un espacio construido especialmente para hacer memoria de lo ocurrido entre 1973 y 1990. Sin embargo, su gestión no terminó de allanar el camino hacia la búsqueda de verdad y justicia, como tampoco lo hicieron anteriores gobiernos de centroizquierda de la Concertación –hoy la alianza incluye al Partido Comunista y lleva el nombre de Nueva Mayoría–. El decreto de Amnistía, aprobado en 1978 y nunca derogado, exime de responsabilidad penal a los responsables de violaciones a los derechos humanos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. Si bien la justicia chilena, a partir de fallos de la Justicia internacional, empezó a ignorar el decreto de indulto y encarceló a cientos de militares chilenos por crímenes cometidos durante la dictadura pinochetista, el hecho de que el decreto de indulto no haya sido derogado es incompatible con los tratados internacionales, según denunciaron organizaciones como Amnistía Internacional. En 2006, la CorteInteramericana de Derechos Humanos dictaminó que la mencionada ley va a contramano de las obligaciones del Estado chileno, que debe asegurar que no se obstaculicen las investigaciones, los procesos y los castigos de los responsables de crímenes de lesa humanidad.

 

En esa línea, Mireya García, vicepresidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), señaló a esta enviada la pesada herencia de 17 años de dictadura. "A 40 años del golpe no podemos seguir así, con una cultura que tiende a transgredir los límites en materia de derechos humanos e integridad de las personas. Hay una herencia y una formación dictatorial incólume en las Fuerzas Armadas y policiales; una manutención del Estado extremadamente represivo."


Como muestra de la impunidad con la que actúa, el Ejército chileno actualmente paga sueldos a ex agentes de los organismos represivos que figuran como personal "a honorarios", según se puede comprobar en la página institucional de esa rama y reveló la agencia EFE.


En 1991, el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Comisión Retting) documentó 2296 casos de asesinados políticos, de los cuales casi mil fueron casos de desaparición forzada. En 2004 y 2005 el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech) señaló que 28.459 personas fueron detenidas por motivos políticos y la mayoría de ellas torturadas. El total de personas desaparecidas es de 3216.


En los últimos años varios procedimientos judiciales se transfirieron de los tribunales militares a los civiles, para garantizar mayor independencia e imparcialidad. Hasta la fecha, al menos 262 personas fueron condenadas por violaciones a los derechos humanos y hay abiertos más de 1100 procedimientos legales. Pero Mireya García no se contenta. "La Justicia empezó a operar tarde, recién hace diez o quince años. Faltan miles de procesos por abrir. Y el tiempo conspira en contra: hay menos antecedentes, represores que mueren, y así se dificulta cada vez más poder establecer la verdad y la justicia."


Por otro lado, para la Justicia chilena los abusos sexuales infligidos a las mujeres víctimas de la represión fueron invisibilizados. "Ni siquiera en los casos en que se identificó y se dio por acreditada la violencia sexual ésta recibe alguna clase de respuesta jurídica", señala un estudio realizado por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales, Corporación Humanas y Parque por la Paz Villa Grimaldi. Según el estudio, en ningún caso los tribunales consideraron que se hubiera cometido un delito.


A todo esto, organismos defensores de los derechos humanos calificaron de "chantaje" y rechazaron la oferta de ex jefes de la policía secreta de entregar información sobre los crímenes cometidos durante la dictadura a cambio de la reducción de las penas carcelarias. El abogado de Manuel Contreras (ex jefe de la DINA), René López, propuso una mesa de diálogo entre los familiares de detenidos desaparecidos y los represores condenados. Su cliente acumuló 300 años de cárcel.


En el programa de gobierno de Bachelet figura un camino promisorio. "Estableceremos en forma expresa en la carta fundamental que los crímenes de lesa humanidad cometidos, tanto en tiempo de guerra como en tiempo de paz, son delitos imprescriptibles cualquiera sea la fecha en que se hayan cometido y no susceptibles de amnistía, ni indulto general o particular."


García espera que esta vez se cumpla.


"La derogación del indulto estuvo en todos los programas de la Concertación; se presentaron cinco o seis proyectos y ninguno fue aprobado. Cuando se intentó modificar el Código de Procedimiento Penal la Democracia cristiana se opuso. Esperamos que el próximo gobierno tome decisiones significativas y que Bachelet nos reciba."


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Domingo, 01 Diciembre 2013 12:09

Bachelet en su laberinto

Bachelet en su laberinto

No hubo sorpresas. La candidata de Nueva Mayoría, ex Concertación, Michelle Bachelet, obtuvo la primera mayoría relativa, (46.75 por ciento), insuficiente para ser elegida en primera vuelta, teniendo que volver a presentarse el 15 de diciembre con la representante de la derecha pinochetista, Evelyn Matthei, segunda mayoría relativa. Entre ambas aspirantes hay una horquilla porcentual de 22 puntos. En el camino quedaron cuatro representantes de la izquierda anti-binominal, partidarios de convocar una asamblea constituyente. Esa izquierda no obtuvo más de 15 por ciento. Pero en un sistema proporcional equilibrado, Marco Enrique Ominami y su coalición: Si tu quieres, Chile cambia, hubiese obtenido seis diputados; el pacto "nueva Constitución para Chile (igualdad y ecologistas) tres y el Partido Humanista cuatro.


Lo llamativo ha sido el porcentaje de quienes decidieron no acudir a votar. De un total de 13 millones de ciudadanos convocados concurrieron escasamente 6 millones, poniendo de manifiesto el grado de desafección y la falta de credibilidad en un sistema electoral espurio que impide una representación de las voluntades políticas presentes en la vida pública chilena. La abstención superó 50 por ciento. Y si el sistema binominal dañó a la izquierda, otros tres candidatos de la derecha también se han visto perjudicados.


Si no hay muchas novedades, Michelle Bachelet será relegida en segunda vuelta. Y para ello no necesita nuevas alianzas. Quienes apoyaban a la antigua Concertación en el momento crucial hoy están en sus filas, como el Partido Comunista. Si bien Bachelet ha buscado lavar su cara neoliberal y reinventarse, sus consejeros y equipo económico, salvo excepciones, repiten, compartiendo el ideario social-liberal. Por otro lado, la composición del nuevo Parlamento, ambas cámaras, diputados y senadores, le impide cumplir sus promesas realizadas al partido comunista, tratando de mostrar un giro a la izquierda.


Salvo cambios de última hora, Nueva Mayoría, coalición de Bachelet, obtuvo mayoría simple, Concertación, PC e independientes suman 71 diputados de 120. De ellos, seis pertenecen al Partido Comunista y otros cuatro son independientes, aliados a Nueva Mayoría. El resto son demócrata-cristianos, socialistas, del Partido por la Democracia y del Socialdemócrata radical. En el Senado sus fuerzas suman 21 de un total de 38 escaños.


En Chile, Pinochet y la derecha hicieron una política de amarre que impide cualquier reforma estructural sin tener las 3/5 partes de los parlamentarios. Entre ellas, por ejemplo, derogar la ley de amnistía e impunidad por crímenes de lesa humanidad, modificar la ley electoral binominal, desprenderse de la ley antiterrorista de 1982 o reducir la autonomía de las fuerzas armadas para nombrar sus comandantes en jefe.


Veamos algunos casos concretos. La reforma constitucional requiere una mayoría de dos tercios, 80 diputados y 26 senadores. Bachelet y su coalición no han logrado esta cifra. Así es imposible convocar a una asamblea constituyente. Por otro lado, la reforma electoral, verdadero nudo gordiano del régimen, necesita contar con las tres quintas partes, es decir, 72 diputados y 23 senadores, otro imposible. Y en cuanto a la tan cacareada promesa de reforma educacional, debe aunar un total de 69 diputados y 22 senadores. En este caso, podría llegar a conseguir acuerdos puntuales, pero nuevamente nada garantiza que su contenido sea muy diferente del imperante en la actualidad, siendo un handicap para los cuatro flamantes diputados provenientes del movimiento estudiantil: Camila Vallejo y KarolCariola, dirigentes estudiantiles del Partido Comunista, y Giorgio Jackson y Gabriel Boris, independientes. Ahora tendrán un Congreso poco receptivo a proponer reformas en el sistema educativo que cambien la doctrina neoliberal que le caracteriza.


Con Bachelet en La Moneda habrá más de lo mismo. La única reforma que podrá encarar, su mayoría simple lo permite, es la fiscal, de importancia básica; la duda razonable entra en escena. Chile, el país más desigual de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, debe emprender cambios profundos en la estructura impositiva; sin embargo, tiene poco margen de negociación y entre sus filas no hay acuerdo. Por otro lado, los conflictos étnicos y el genocidio del pueblo mapuche, reprimido, perseguido y expulsado de sus tierras, parece no sufrir modificaciones, mientras no se le reconozca su condición de pueblo originario.


El Partido Comunista, que lleva décadas de lucha criticando los gobiernos de la Concertación, denunciando la corrupción, la impunidad y el déficit de una Constitución antidemocrática, no podrá satisfacer a su electorado hipotecando su futuro. En este contexto, los conflictos se agudizarán en una sociedad excluyente y represiva, sin libertad de prensa y con enormes déficits democráticos. Bachelet seguramente se enrocará. Eso dará lugar no sólo a su muerte política, sino a la emergencia de una alternativa democrática en la mejor tradición del pensamiento socialista de Salvador Allende.

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"Las protestas muestran que salir de la miseria es el inicio de otras demandas"

Casi al final de esta entrevista, que no fue una entrevista sino una conversación cuya duración, sin saber muy bien cómo, se acabó extendiendo más de lo previsto, la presidenta Dilma Rousseff me repitió, entre risas, una idea que ya había esbozado a mitad de la charla y que, según ella, explica extraordinariamente bien algunas paradojas brasileñas.

 

– No te olvides de que por aquí tienes que tener cuidado, porque te detienen por tener un perro y por no tenerlo.


Una de esas paradojas, quizá la más llamativa, se produjo hace unos meses. Brasil vivió en junio pasado una catarsis nacional. Centenares de miles de brasileños ocuparon las calles de las principales ciudades del país, las mayores protestas en una generación, cansados, según coincidieron numerosos analistas independientes, de las deficiencias crónicas de los servicios públicos, educación, sanidad, y la percepción de una clase política plagada por la corrupción y la desidia. Puesto que millones de personas han abandonado la pobreza en Brasil en los últimos años con las políticas primero de Luiz Inácio Lula da Silva y luego de la propia Rousseff, las motivaciones últimas de los manifestantes no resultaban obvias de inmediato. El movimiento sorprendió tanto al Gobierno como al resto del mundo, pese a que protestas aparentemente similares habían estallado también en otros países. Los inversores internacionales agudizaron los oídos, temerosos siempre de la estabilidad institucional. Cierta prensa internacional comenzó a dudar de Brasil como país de éxito. No pocos de los gobernantes cuestionados en otros países por sus ciudadanos, especialmente por los más jóvenes, se mostraban acorralados y desorientados. Rousseff fue la única en advertir de inmediato la importancia de lo que estaba sucediendo, la única en tomar la iniciativa política de escuchar a la calle y la única en remontar en pocos meses el desplome de popularidad que aconteció durante aquellos días extraordinarios. Así que comienzo la conversación preguntándole en qué momento preciso fue consciente de la gravedad de la situación y de la necesidad de reaccionar políticamente.


– Al inicio. Nos dimos cuenta de que había un aspecto importante en las manifestaciones, que era un descontento con la calidad de los servicios públicos. Nadie estaba en esas manifestaciones pidiendo una marcha atrás. Un retroceso. Lo que se pedía era que hubiese un avance.


Estamos sentados en un sofá del amplio y luminoso despacho de la presidenta en el vanguardista palacio de Planalto, en Brasilia, el lunes por la mañana, una visita con motivo de la aparición este martes de la edición de EL PAÍS en portugués para Brasil. Le enseño en el iPad las pruebas que la redacción en São Paulo está realizando.


Pero Rousseff insiste en que no vamos a mantener una entrevista formal –"no, no, yo hoy no voy a hablar; voy a decir la importancia que tiene para Brasil la llegada de EL PAÍS por su calidad editorial, por su posicionamiento internacional; creo que es un gran paso para nuestro país; puedes hacerme dos o tres preguntas, pero no voy a hacer una rueda de prensa hoy"–. Me promete una entrevista en profundidad en un futuro sin determinar, y accede a mantener una breve conversación sobre los dos o tres asuntos que más me interesan y por los que Brasil ha ocupado espacio este año en la prensa internacional: las protestas de junio, el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA, en sus siglas en inglés) y la desaceleración económica del país que, hasta que ocurrió, presentaba un crecimiento chino del 7,5% en 2010, la tasa más robusta en el último cuarto de siglo. El año pasado acabó con un crecimiento del 0,9%, que acaba de ser revisado al alza.


Democracia, crecimiento y protestas


Pero de momento, seguimos hablando de las protestas de junio. No pocos las descalificaron como un subproducto de grupos antisistema y aun otros aprovecharon para presentarlas como una desautorización de la presidenta, su Gobierno y sus políticas, aunque pronto quedó claro que era la inmensa clase media de este país de dimensiones continentales, o más bien sus vástagos, comprendidos y no pocas veces alentados por sus mayores, los que reivindicaban un nuevo contrato social pese al fortísimo crecimiento económico de los últimos años, o precisamente a causa de ello. Esta última idea es la que defiende Rousseff.


– Esas manifestaciones fueron fruto de dos procesos: la democratización y el crecimiento. El crecimiento del salario, del empleo, del crecimiento de las políticas sociales que elevaron a la clase media a millones de personas. Esas personas que salieron de la miseria tenían reivindicaciones relacionadas con cuestiones de salud, de educación, de movilidad urbana.


– Usted diría que básicamente se trataba de la clase media.


– ¿La que hizo las manifestaciones? Nuestra clase media no tiene los mismos patrones de renta que puede tener la estadounidense, ¿no?. Hablamos de la nueva clase media. Porque hay una cosa interesante en Brasil. Si sumas la clase media que hoy es mayoritaria en Brasil en términos porcentuales, con las clases alta y media alta, tienes un 60% del país. Nosotros nos centramos mucho en las clases más pobres. Pero también tenemos que tener una política para las clases medias en lo que se refiere a la calidad de los servicios públicos.


– ¿Y qué aprendió usted, como gobernante, de aquellas protestas?


– Dos cosas. Primero, aprendemos que las personas, siempre, cuando tienen democracia quieren más democracia. Cuando tienen inclusión social, quieren más inclusión social. O sea, que en política y en la acción de Gobierno, cuando obtienes una meta, solo es el principio. Salir de la miseria solo es el principio. Es el principio de otras reivindicaciones. Eso es que las protestas muestran. Segundo, que un Gobierno tiene que escuchar la voz de las calles. Un Gobierno no puede quedarse aislado escuchándose a sí mismo. Ser capaz de convivir con manifestaciones es intrínseco a la democracia. No es un episodio fortuito, o un punto fuera de la curva: es la curva.


Rousseff abandona por un momento el aire de seriedad extrema que ha empleado desde que arrancó la conversación. No sé si se dispone a poner fin al encuentro, pero con la idea de la curva sonríe abiertamente mientras se acerca al borde del sillón, parece animarse, y comienzo a albergar esperanzas de que la charla tenga más recorrido del que la presidenta le auguró en el arranque. Mientras, ella continúa de forma decidida.


– Es la curva. Y esa es una cuestión importante. ¿Por qué? Porque el Estado tiene poder represor y de coerción. Entonces, si no sabe tratar con las manifestaciones, cae en un equívoco político serio. Fueron manifestaciones pacíficas. ¿Que hubo grupos infiltrados que eran violentos? Los hubo. Ahora, esos grupos no pueden ser la razón para descalificar las manifestaciones. Hoy hay en Brasil la conciencia de que esa violencia no tiene nada que ver con la democracia. Esa gente de caras tapadas que destruye propiedades públicas y privadas y hiere a las personas no está ejerciendo la democracia: está ejerciendo la barbarie. Eso es una cosa. Ahora, las manifestaciones pacíficas... ¿sabes lo que hacen? Rejuvenecer al país. Hacen que el país sea más capaz de tratar con sus características, con su diversidad, con sus diferencias... Y ser capaz de tratar con las diferencias, lo quiera o no la gente, es intrínseco a la democracia. Entonces, mirar a las manifestaciones como algo que tienes que escuchar y no reprimir es fundamental.


El 'shock' de la violencia policial


Fundamental o no, lo cierto es que la policía actuó con una cierta violencia no justificada por el transcurso de las manifestaciones, que las imágenes de los agentes golpeando a grupos de jóvenes sorprendieron e irritaron a amplias capas de la población, y contribuyeron a reforzar el movimiento de protesta. No por los hechos en sí, seguramente, sobre todo en un país donde la policía se emplea a fondo y no siempre con la forma debida en las favelas y otras zonas desfavorecidas, sino porque por primera vez muchos ciudadanos veían cómo las víctimas esta vez eran jóvenes de las clases medias urbanas. Eso supuso un shock no menor para muchos, le digo a Rousseff.


– Sí. Hubo, de hecho, momentos de exageración en la represión policial, principalmente al comienzo, ¿no? Hubo también violencia por parte de las manifestaciones. Pero como te he dicho, creo que a partir de un determinado momento, todos intentaron evitar la confrontación. Hubo momentos equivocados, al principio, pero después todo el mundo aprendió.


La que más aprendió fue, sin duda, la propia presidenta, que remontó de forma extraordinaria en la apreciación popular por su reacción ante los acontecimientos de junio y a quien la última encuesta publicada le otorga, ahora mismo, el triunfo en las próximas elecciones presidenciales ya en la primera vuelta. Una capacidad de reacción que a estas alturas de su mandato ya no debería sorprender a nadie, si es que alguna vez alguien dudó, al principio, de las capacidades políticas de Rousseff, que durante años ejerció de eficaz funcionaria pública sin mostrar deseo alguno, al contrario de tantos otros, de lanzarse a una carrera política por el primer sillón de la República.
La oportunidad de las reformas


Al hilo de las protestas, la presidenta propuso al país cinco grandes reformas con la intención de utilizar el clima político generado en el país para sacar adelante su ambiciosa agenda en temas sociales, sanidad, infraestructuras de transporte, así como cambios políticos tendentes a frenar la corrupción, endémica, y favorecer la transparencia. En un sistema político como el brasileño, con una multiplicidad de pequeños partidos (solo la coalición que sostiene a la presidenta, lo que se conoce como la base, cuenta con diez formaciones), cualquier intento de reforma tiene asegurado, para empezar, la oposición de muchos, si no de casi todos. Pero Rousseff no iba a desaprovechar la oportunidad. ¿Se puede arreglar el malestar ciudadano tal como se expresó en junio con estas cinco grandes reformas?, le pregunto.


– Creo que sí. Contribuyó a que hubiera una salida, institucional, a esas manifestaciones. En el caso de la salud, nosotros hicimos el programa Más Médicos. Todo lo que nosotros prometimos en los cinco pactos lo hemos cumplido. Prometimos una mejora considerable en la cuestión de la salud pública. No solo inversiones en centros de salud, puestos de urgencia, atención en hospitales, pero también en médicos. En Brasil teníamos una cantidad inmensa de zonas sin atención médica: las periferias de las grandes regiones metropolitanas, las ciudades del interior... Y en las más lejanas era peor: las situadas en las fronteras, y en el norte y noreste del país. También escaseaban los médicos para determinadas poblaciones: la población indígena, y población quilombola [núcleos rurales formados en el siglo XIX por esclavos negros huidos]. Por el lado de los servicios públicos: el Pacto por la Movilidad Urbana resultó en una inversión de 143.000 millones de reales (45.000 millones de euros) en transporte urbano: metro, VLT [tranvía], BRT [sistema rápido de autobuses, como el Transmilenio de Bogotá], y carriles exclusivos para autobuses. Es la primera vez que un Gobierno federal hace ese volumen de inversiones. Es bueno recordar que en Brasil no se consideraba adecuado invertir en metro en la década de los noventa. ¿Por qué no? Porque se decía lo siguiente: el país no tiene renta suficiente para invertir en metro. [Más] el pacto de educación. Y el pacto por la reforma política, que hemos enviado al Congreso, y que creo que es fundamental, porque implica una reforma electoral que trate de todo: de financiación de campañas, pero también, como consecuencia, una mejora sistemática en la cuestión ética que es la corrupción. Ahora bien, la condición de esos pactos es la estabilidad fiscal.


– ¿Y eso está asegurado?


– La semana pasada, la base de apoyo político que el Gobierno tiene en el Congreso, que es mayoritaria, propuso un pacto por la responsabilidad fiscal, de tal manera que no va a haber ni aumento de gastos ni reducción de ingresos. Todos ellos han firmado un documento.


Disciplina y socios parlamentarios


El compromiso de los socios parlamentarios de la presidenta de no aumentar el gasto es importante, lo que no evita, sin embargo, que afloren las críticas sobre la idoneidad y el equilibrio entre las distintas partidas del presupuesto. Brasil recauda un 36% del PIB en impuestos, pero los servicios que ofrece a sus ciudadanos no son los europeos, al menos en infraestructuras. En pensiones, por el contrario, gasta en proporción igual que algunos países de Europa del sur, en los que la proporción de ancianos es tres veces mayor. En determinados casos, se pueden lograr pensiones elevadas a edades relativamente tempranas, mientras todos los agentes económicos coinciden en la necesidad de invertir más en infraestructuras.


– No debe ser fácil asegurarse la disciplina, con una coalición de gobierno tan amplia y tan dispar.


– Mi base está muy tranquila. Nunca una coalición fue tan activa y proactiva.


– ¿Cómo lo ha logrado?


– Porque nos quedamos afónicos de tanto escuchar y discutir. Yo hoy tengo una reunión a las seis de la tarde, y puede durar hasta las 10 de la noche, el tiempo que sea necesario. Nunca un Gobierno ha conseguido de los parlamentarios en esta época del año, que es cuando más se gasta, una firma colectiva [de compromiso para no gastar].


– Y respecto a las críticas de que con un 36% del PIB de carga fiscal no alcanza para las necesidades más imperiosas, ¿en qué se va el dinero, presidenta?


– No es lo que pasa ahora. Porque ahora, a nosotros se nos critica por haber bajado los impuestos. No sé si usted lo sabe.

– Lo sé.


– Entonces, ellos deben resolver si nos detienen por tener un perro o por no tenerlo. Por las dos cosas no se puede [la presidenta ríe abiertamente]. Tienen que resolver si nos critican por reducir los impuestos o por no reducirlos. Aquí en Brasil es complicado.


— Eso del lado de los ingresos. ¿Y del lado de los gastos, hay algo en lo que deba recortar? Pensiones, funcionarios públicos...

 

– Nosotros no estamos en esa fase, no tenemos una deuda como la de España. Tenemos un 35% de deuda neta [el 58%, según la metodología internacionalmente aceptada]. Tenemos superávit primario. La discusión en Brasil es si el superávit primario será del 1,8%, 1,9% o 2%. Esa es la discusión. No es si aumentamos la deuda. Es diferente, aquí. Yo quiero tener un paro del 5,2%. Y no lo quiero aumentar. Y me dicen que hay que aumentarlo. ¡Que lo aumenten ellos! Nosotros seguiremos evitando que crezca el desempleo. Por eso hemos desgravado las nóminas [las cotizaciones a la Seguridad Social han pasado de retirarse de las nóminas a retenerse de los ingresos brutos de las empresas]. No hemos reducido los derechos sociales. La renta está creciendo. Aquí es así.


– Aunque ahora han pasado unos años de bajo crecimiento, no ve riesgos.

 

– Esta semana han recalculado el PIB. Y el crecimiento del PIB del año pasado, que era del 0,9%, ha pasado a ser de un 1,5%. Y nosotros sabíamos que no era del 0,9%. Que estaba subestimado. Y eso pasa en otros países también. En Estados Unidos siempre están revisando su PIB. Nosotros este año vamos a crecer bastante más del 1,5%.


Nadie discute que Brasil es una historia de éxito y que se trata de una historia de éxito que dispone todavía de mucho recorrido, lo que no quita para que también se escuchen voces de alerta, o de queja, o peticiones de reformas profundas en el complejo sistema burocrático del país, asuntos todos que en conjunto pueden restar atractivo a la afluencia de capital externo, imprescindible para afrontar las enormes obras de infraestructura necesarias para asegurar en el futuro próximo tasas elevadas de crecimiento y riqueza. Un informe del banco central calcula que una empresa promedio necesita unas 2.600 horas al año para calcular el pago de sus impuestos, cinco veces más que la media en América Latina y diez veces más que la media mundial. Por otra parte, basta pasar unos días en el país para comprobar el elevado nivel de precios en las grandes ciudades, en las que los alquileres de oficinas en las mejores zonas no tienen rival en todo el continente, incluido Estados Unidos. Según la revista The Economist, Brasil es el segundo mercado, después de Japón, donde más cuesta encontrar mano de obra cualificada por la enorme demanda, y donde, en las escalas más altas de las empresas, las multinacionales a veces acaban pagando más a los ejecutivos brasileños que a sus jefes en Londres o Nueva York. Antes, hablando de las protestas de junio pasado, la presidenta me aseguró que no cree que el real esté excesivamente sobrevaluado.


Quejas, fundadas o no


Ahora le pregunto por los temores sobre la seguridad jurídica, por la excesiva burocracia o por las condiciones draconianas de algunas licitaciones que airean determinadas empresas extranjeras, que por otra parte ven la inmensa oportunidad de negocio que suponen las decenas de miles de millones de dólares que Brasil va a licitar en obras públicas para los próximos años para asegurarse crecimiento económico y progreso social.


– Pues sí, pero las condiciones se han revelado bastante atractivas. Y mira, no voy a hablar de las [licitaciones] pasadas. Ya habíamos licitado cuatro aeropuertos. Voy a hablar sólo de las más recientes. Nosotros hemos licitado una carretera; el mayor campo de petróleo que jamás ha tenido Brasil, el de Libra, con una participación muy significativa de empresas como Shell, Total y las dos mayores chinas, la CNOOC y la CNPC. Enseguida hemos licitado otros dos aeropuertos [en Río de Janeiro y Belo Horizonte]. Todas las empresas que participaron eran de primer nivel en gestión aeroportuaria. De España, Ferrovial; la que ganó fue una de Singapur, Changi, con la [brasileña] Odebrecht, y la CCR con los aeropuertos de Múnich y Zúrich. Y además estaban Aéroports de Paris, Schiphol [Holanda], Fraport [que opera el aeropuerto de Fráncfort]... En fin, las mayores operadoras del mundo. Nosotros consideramos que tuvimos mucho éxito, fue un resultado muy bueno. Para solo un aeropuerto, 19.000 millones (de reales, 6.090 millones de euros), un 243% o 245% sobre el precio inicial. Entonces, las condiciones de rentabilidad no eran tan malas. ¿Cómo alguien paga un 243%, 245% por encima del precio inicial? La puja mínima estaba en 4.000 millones [de reales, 1.280 millones de euros] y ganó quien pagó 19.000, y entre los cuatro mil y los 19.000, hubo [pujas por] 13.000, 14.000, 16.000 millones. ¿Está bien la historia, no?


–Sí está bien, sí.


–Esta semana tenemos [licitaciones de] carreteras, y campos de gas. En los campos de gas, si no me equivoco, 12 empresas ya han pagado la garantía para participar. Y el de las carreteras, no estaba cerrado, pero creo que hasta hace poco ya había siete grandes grupos interesados. Y creemos que durante diciembre habrá varias subastas. Vamos a terminar este año con un balance muy positivo en las licitaciones. No creo que haya otro país que haya hecho esto. Quisiera saber dónde se han sacado adelante tantas licitaciones. Y eso que no he hablado de las licitaciones de las líneas de transmisión eléctrica, que se subastaron en la semana anterior a la pasada, ni las licitaciones de generación de energía, que siempre ocurren en esta época del año.


– ¿Cómo es en general su relación con los empresarios?


– Yo considero que es muy buena, porque he hablado con la gran mayoría de los que han participado [en las licitaciones].
– Digo con los brasileños.


– ¡Pero si todos los [empresarios] brasileños están en esto!


– ¿Puede que ellos, pese a todo, se llevaran mejor con el presidente Lula que con la presidenta Rousseff? ¿Es usted más exigente?
– No creo que sea así. Creo que hay un poco de leyenda.


EE UU y sus espionajes


El 1 de septiembre pasado, un canal de televisión reveló, basándose en documentos del ex analista de la NSA Edward Snowden, que Estados Unidos había espiado el teléfono móvil particular de la presidenta Rousseff. Dos meses antes, en julio, el diario O Globo ya había detallado la magnitud del espionaje de los estadounidenses en Brasil. La reacción de la presidenta fue contundente, hizo saber su malestar en público, exigió explicaciones y disculpas a Washington y canceló una visita al poderoso vecino del norte. Pasado un tiempo, y calmadas las aguas, le pregunto a Rousseff si el espionaje afectará a medio plazo a sus relaciones con EE UU.


–Esta es una cuestión hoy global. Es evidente que el grado de espionaje hecho por Estados Unidos fue bastante variado y diverso. Nosotros no consideramos que por causa de ese espionaje haya un problema en la relación económica y comercial o de inversiones. No lo vemos así.
La presidenta endurece ahora el tono.


–Creemos que es importante cada vez más la concienciación de que eso no es posible. Una relación como la de Brasil y Estados Unidos, que los dos países quieren que sea estratégica, no puede tener como característica una violación, ni de los derechos civiles de mi población ni de mi soberanía. Lo que nosotros dijimos al Gobierno estadounidense fue justamente eso: que no cabía, en ese momento, una visita. Primero, porque ellos no sabían qué datos tenía Snowden. Ni mucho menos nosotros. Porque nosotros no tenemos la más mínima capacidad de tener esa información. Como ellos no la tenían...


–¿Usted supo del espionaje solo cuando se publicó?


–Nosotros no lo sabíamos.


–No tuvo un informe de sus servicios secretos advirtiéndole...


– No, no. Creo también que en el caso de Angela Merkel debe haber pasado lo mismo, en el caso de Francia, debe haber sucedido lo mismo, no sé lo que pasó en España. Entonces, ¿qué ha ocurrido? Ha pasado en cualquier momento, sobre cualquier cosa, puede aparecer otra denuncia. ¿Y qué pedimos al Gobierno de Estados Unidos? Primero, una petición de disculpas formal, y segundo, una declaración de que no volvería pasar. Ellos estaban, te voy a decir, ellos estaban bastante avergonzados, lo lamentaron mucho, no hubo ninguna actitud, diría así, que faltase al respeto de ninguna norma diplomática. Al contrario, hubo una manifestación del Gobierno estadounidense diciendo que lo lamentaba, pero no estaban condiciones de resolver el problema solo con Brasil, ya que el problema afectaba a otros amigos.


–¿Y cómo se siente usted al saber que su teléfono personal había sido espiado?


–Yo, como persona, no tengo lo que los estadounidenses llaman bad feelings, pero como presidenta tengo que indignarme. Porque no se trata de una invasión de mi privacidad; se trata de una invasión de la privacidad de la presidenta de la República. Ahí, el indignarme es una cuestión de honrar a mi país, porque es una violación de derechos personales míos, pero sobre todo de la soberanía de mi país. Eso es algo que no se admite. Que no se puede admitir.


Dura y exigente, con matices


Los 25 minutos acordados han finalizado. Aun así, convenzo a la presidenta, cuyos gestos indican que la conversación ha llegado a su fin, de que aclare una última cuestión. Rousseff tiene fama de exigente con sus subordinados, de que las reuniones con los funcionarios son de una extraordinaria dureza, de que alguno salió de cierta sesión de trabajo con las orejas gachas e incluso con lágrimas en los ojos. En una entrevista hace años, cuando aún era ministra, le preguntaron si era cierto que sus broncas a los ministros eran legendarias, incluso al entonces presidente Lula.


– No, al presidente, no, contestó ella.


Esa capacidad de imponerse con inflexibilidad cuando considera que el trabajo no se ha hecho correctamente o cuando los resultados no son los que espera, se ha constituido, según algunos conocedores del gobierno, en una de las claves del éxito de su gestión, pero contrasta vivamente con la imagen relajada, sonriente, amable y cercana que Rousseff ha ofrecido a lo largo de la conversación. Naturalmente, no es lo mismo sentarse con un periodista que presidir una reunión de trabajo con funcionarios. Así que le pregunto directamente qué hay de cierto en la fama que la precede de ser implacable con sus funcionarios.


– Yo soy muy exigente, sí. Porque yo...


– ¿Porque lo es consigo misma también?


– No, no, no es por eso. Yo no estoy aquí para quedarme eternamente. Yo estoy aquí para hacer un trabajo y marcharme. Vivo en una democracia. Por lo tanto, si no soy exigente, no lograré cumplir en cuatro años lo que debo cumplir. Es una razón política. Y tiene también que ver con el hecho de que soy mujer. Antes se decía que yo era muy dura, no que era muy exigente. Y entonces dije una vez que era una mujer muy dura rodeada de hombres tiernos. Todos los hombres son tiernos.

– ¿Y entonces?


– Exigentes y duras son las mujeres. Tiernos y flexibles son los hombres.


– Pero, ¿es cierto o no que de reuniones que tuvo con funcionarios alguno salió llorando?


– Esa es una historia con [Sergio] Gabrielli...


– ¿Es una leyenda entonces?


– Decían que Gabrielli, que era presidente de Petrobras, fue a llorar al cuarto de baño, y después dijeron que era un señor soberbio. En la misma semana dijeron que fue a llorar al cuarto de baño, y que era un hombre muy soberbio. Y le empezamos a llamar el Soberbio Llorón [ríe abiertamente] ¿Conoces a Gabrielli?


– No.


– Pues fue con Gabrielli. Puedes comprobarlo. Al principio de la semana fue a llorar en el baño, y al final de la semana era un hombre soberbio. Y nosotros le llamábamos ¡Soberbio Llorón! Con su estatura! Y yo le preguntaba: ¿entonces, fuiste a llorar al baño? Se enfadaba mucho.


Y vuelve a reír. La historia es, pues, una leyenda. Pero, pese a los esfuerzos de la presidenta de difuminar con ironías las aristas de su carácter, ello no cambia mi percepción de que, pese al envoltorio, Dilma Rousseff lleva el Gobierno de su país con una determinación, un conocimiento del detalle y una energía que explican sin dificultad su triunfo en las urnas primero, y su sostenida popularidad en el tiempo en una era en la que los liderazgos se deshilachan con facilidad y los gobernantes tienen cada vez más difícil renovar sus mandatos y aun ejercer su poder. Nada de eso, sin embargo, parece estar sucediendo en Brasil en estos momentos.

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Cuba emprende el camino hacia la unificación de sus dos monedas

El Gobierno de Cuba ha anunciado el inicio de un proceso para eliminar la dualidad monetaria que rige en la isla, a fin de restablecer el "valor del peso cubano y de sus funciones como dinero", según informaron fuentes oficiales.

 

"Ha sido acordado por el Consejo de Ministros poner en vigor el cronograma de ejecución de las medidas que conducirán a la unificación monetaria y cambiaria", indica una nota oficial publicada en el diario Granma.


Actualmente en Cuba circulan dos monedas: el peso cubano (CUP), con el que la mayor parte de la población cobra sus salarios y paga productos y servicios básicos; y el peso convertible (CUC), moneda fuerte equiparable al dólar.


Sin precisar fechas concretas, la nota oficial indica que "se dará inicio al proceso por la unificación monetaria para las personas jurídicas y para las personas naturales".


En una primera etapa, los principales cambios serán en el sector de las personas jurídicas, "a fin de propiciar las condiciones para el incremento de la eficiencia, la mejor medición de los hechos económicos y el estímulo a los sectores que producen bienes y servicios para la exportación y la sustitución de importaciones".


El Gobierno cubano aclara que "ninguna medida que se adopte en el terreno monetario será para perjudicar a las personas que lícitamente obtienen sus ingresos" en cualquiera de las dos monedas.


"El proceso de unificación monetaria respeta los principios de que la confianza ganada por las personas que han mantenido sus ahorros en los bancos cubanos en CUC, otras divisas internacionales y CUP se conserve intacta", añade la nota.


También se garantiza que continuará aplicándose la política vigente de subsidios a precios minoristas y personas donde sea necesario, en tanto las condiciones económicas del país lo requieran.


El Gobierno cubano anuncia además que de "forma experimental" y en "lugares seleccionados", que no se precisan, se podrá pagar en pesos cubanos con la tasa de cambio de 25 CUP por 1 CUC.


La unificación monetaria es una de las medidas de mayor envergadura de las previstas en el plan de reformas económicas emprendido por Raúl Castro para "actualizar" el modelo socialista de la isla.


El propio presidente cubano ha reconocido que el actual sistema de doble moneda es uno de los "obstáculos más importantes para el progreso del país", según dijo el pasado mes de julio ante la Asamblea Nacional de la isla.

 

EFELa Habana22/10/2013 17:30 Actualizado: 22/10/2013 17:50

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Martes, 10 Septiembre 2013 06:01

Allende y su “ardiente paciencia”

Allende y su “ardiente paciencia”

En vísperas de elecciones en Chile, las palabras del presidente en sus horas finales evocan resonancias útiles para la reflexión contemporánea, aunque las realidades del siglo XXI en América Latina sean otras
 

Hace 40 años el drama de Chile conmovió al mundo. Terminaba bajo un golpe de Estado el intento nunca antes registrado en la historia: hacer cambios profundos de inspiración socialista, manteniendo el respeto a las normas democráticas. Caían, junto con los muros del palacio de la Moneda bombardeado de tierra y aire por la insubordinación armada, los sueños de una generación que creyó posible avanzar entonces, en tiempos de guerra fría, hacia una sociedad más justa e igualitaria, donde la libertad también estuviera vigente.


 
Ahora, cuando Chile se encamina hacia una elección presidencial llamada a poner las bases de un nuevo tiempo en su devenir político y democrático, las palabras de Allende en sus horas finales transmiten resonancias que —más allá de sus cuatro décadas— alumbran la reflexión contemporánea. Por cierto, estamos en el siglo XXI y las realidades son otras, pero vemos cómo rige hoy el peso de la desigualdad, de las desprotecciones y las exclusiones que castigan, especialmente, a los jóvenes. Por eso, hay en aquella retórica solemne de Allende una mirada anticipatoria a otros tiempos donde la búsqueda de una vida digna, humana y justa seguirá latiendo como una meta mayor. Una tarea solo abordable con “ardiente paciencia”, al decir de Pablo Neruda cuando recibe su Premio Nobel.


 
Solo 12 días separaron la muerte de Allende y de Neruda en aquel septiembre de 1973. Ya solo eso nos dice por qué el recuerdo de aquella fecha es tan conmocionante para la sociedad chilena y se la rememora en tantas partes del mundo. Allende no fue Neruda, pero cuando hoy leemos sus últimas palabras encontramos en ellas un eco de lo que dijera el poeta en el final de su discurso, en 1971, al recibir el Premio Nobel: “Solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres”.


 
Allende terminará de dirigirse a los chilenos y al mundo con una frase que hará historia. Recordémosla: “Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

 


Sin duda, Allende fue el hombre de la “ardiente paciencia” que por décadas buscó cumplir con sus anhelos y entregas, siempre colocando coherencia y consecuencia en la búsqueda de hacer realidad sus sueños. No pudo lograrlo. Los marcos de la guerra fría hicieron que interna y externamente se buscara abortar aquel intento, sofocándolo más allá de sus propios errores y supuestos equivocados. Aquel mundo, de bipolaridad extrema determinado por la tensión entre Washington y Moscú, no tenía espacio para un proyecto de esas características y al final la frontera de la guerra fría cruzó por Chile.


 
Se escucha el último discurso con el corazón apretado porque esas palabras nacen de las entrañas mismas de Allende. Sin un compromiso político con la oposición, el golpe emerge como una posibilidad: ya en junio de 1973 se había dado un intento fallido. Son palabras premonitorias donde prevé que una larga tragedia caerá sobre Chile; por eso siempre he creído que estaban largamente meditadas. Al conversar con él se intuía que, llegado el momento, sus decisiones tendrían un sentido profundo de responsabilidad con Chile, con su pueblo y su historia: no saldría vivo del palacio de la Moneda. “Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”, se le oye decir con total tranquilidad, pero sin dejar dudas de que su voluntad es defenderse en el palacio. Lo afirma como algo que está asumido de mucho antes.


 
Pero también en sus palabras asoma dos conceptos esenciales que cruzan toda la búsqueda de nuestro tiempo: construir sociedades donde rija la “libertad” con la misma fuerza que la “igualdad”. Y en quienes vengan después, libres para construir su propia historia, recaerá la tarea de abrirse paso hacia un tiempo donde se abran “las grandes alamedas”, imagen poética que evoca una idea de perspectiva larga, de persistencia en otear el horizonte teniendo clara la meta que se busca. Son alamedas con raíces profundas, derivadas “de la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos”, como también lo dice esa mañana.

 


El siglo XX, el siglo corto según Eric Hobsbawm, es una búsqueda para conciliar libertad con igualdad. Unos por privilegiar la libertad olvidaron la igualdad y otros preguntaron: ¿de qué sirve la libertad si el ser humano se va a dormir con hambre cada noche? Y entonces, en nombre de la igualdad, se extinguió la libertad para pensar, crear, emprender y buscar nuevas ideas y hacer realidad otros sueños. ¡Cuántas guerras se justificaron en nombre de uno u otro principio, como si ellos fueran antagónicos e incompatibles y no complementarios! Esta es la gran lección del siglo XX.


 
Allende vive su tiempo diciendo que la izquierda debe luchar por los cambios respetando la Constitución y las leyes —lo afirma en sus últimas palabras— a la vez que transformándolas para dar garantías a todos. Pero también debe saber oír el sentido de las demandas mayoritarias del pueblo. Por eso levantó su voz cuando los tanques entraron a Budapest en 1956 o en Praga en 1968, poniendo fin a aquella primavera.


 
Si en 1989 caen los socialismos reales con el fin del muro de Berlín, en 2007 y 2008 se derrumba el otro gran andamiaje: el del neoliberalismo extremo. Se viene al suelo esa otra ideología, cuyo dogma ha sido construir sociedades en torno al consumidor como expresión de libertad. En su promesa de privilegiar “el acto de elegir”, creó condiciones para que grandes ganancias y beneficios se concentraran en pocas manos: la libertad económica sin reglas ahogó las posibilidades de una mayor igualdad. Como nos lo recuerda el Banco Mundial, actualmente el 10% más rico del mundo recibe el 56% de la renta, mientras el 10% más pobre recibe el 0,7%. Y esto lo escribimos desde América Latina, no la región más pobre, pero si la región más desigual del mundo.

 


Ante eso, ¿no es válido ver en el discurso de Allende, un brochazo iluminador que llama a crear sociedades donde se garantice la libertad del ser humano para “construir una sociedad mejor”, con más igualdad? La creciente desigualdad de hoy no pueden perdurar, a la larga un sistema democrático no lo resiste. Son los ciudadanos y no los consumidores los que a través del voto exigirán a sus representantes un cambio de políticas y la libertad para luchar por otro orden social. Y Allende advierte que esto tendrá lugar “más temprano que tarde”.


 
Escuchar sus últimas palabras es escuchar un discurso tranquilo, sereno, calmo. Allende habla ya desde y para la historia. Allende está consciente que su sacrificio marcará un antes y un después, entiende que ese después llegará trayendo otros desafíos. Pero nos recuerda que hay un saber persistente y profundo cuando se lucha por una humanidad mejor: “Sigan ustedes sabiendo…”. Allí está la continuidad.


 
Hace 40 años se intuía que la defensa de los derechos humanos era importante, pero hasta no vivir en carne propia su violación se llegó a sentir profundamente su falta. Es como el aire que se respira: solo cuando se convierte en irrespirable extrañamos el cielo azul que tuvimos. Y por eso hoy sabemos que los derechos humanos son un todo: son la vida y su diversidad; son la libertad en todas sus expresiones; son las grandes estrategias y la vida cotidiana; son, en suma, el derecho a ser. Y así surgen los llamados derechos de tercera o cuarta generación, en donde también nos cabe asumir la ecología, el medio ambiente, junto a formas nuevas de democracia donde a la representación cabe dar espacio a formas nuevas de participación. Y con la presencia de las redes sociales por todo el mundo uno vuelve la mirada a Allende y se pregunta: ¿estamos ahora frente a las grandes alamedas virtuales por donde navegue el hombre libre?


 
Hoy, 40 años después, escribo desde otra América Latina. Una América Latina que encontró una senda democrática, que se sabe con otros desafíos y donde se construyen sociedades más justas, más libres y más tolerantes. Falta mucho por hacer, pero si los desafíos son distintos, los sueños y las utopías permanecen. Y hacer realidad estos sueños requiere de esa ardiente paciencia que nutrió la vida de Salvador Allende hasta el último suspiro.

 

Por Ricardo Lagos* 10 SEP 2013 - 00:01 CET
 
*Ex presidente de Chile.

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