Trump declara la guerra a las joyas tecnológicas de Silicon Valley

Unas guerras de Trump son de puro bluff. Otras son vulgarmente electoreras. Y otras son verdaderas.

En la taxonomía de las "guerras de Trump" se puede categorizar que la guerra que libra contra las joyas tecnológicas de Silicon Valley es verdadera.

WSJ, muy cercano a Trump, reportó que el Departamento de Justicia –el mismo que abrió el pestilente asunto de Odebrecht en toda Latinoamérica– inició una investigación antimonopolio ( anti-trust) contra Alphabet/Google, susceptible de "presentar una nueva línea de escrutinio regulatorio" (https://on.wsj.com/2IerSMR).

La hasta ahora indolente Comisión Federal Comercial (FTC, por sus siglas en inglés) –la autoridad antimonopolio dentro del Departamento de Justicia– se alista a un choque con los gigantes tecnológicos de Silicon Valley y ha creado una nueva comisión para desmantelar las adquisiciones del tipo de las que realizó Facebook con Instagram.

El mundo legal en EU es de los más caros y complejos del planeta y FTC ha contratado abogados que manejan "nuevas teorías antimonopolio" que pueden facilitar la atomización de empresas pantagruélicas como Amazon que llegó a un valor de "capitalización de mercado" de un billón de dólares –como Apple–, equivalente al PIB de México, la quinceava economía global.

La FTC había iniciado en 2013 una amplia investigación de Google, pero Obama se rajó.

A un año y medio de la crucial elección presidencial, el tema monopólico del GAFAT (Google/Apple/Facebook/Amazon/Twitter) es de alto impacto.

La senadora Elizabeth Warren, candidata presidencial del Partido Demócrata, ha lanzado una vigorosa campaña para la atomización de los gigantes tecnológicos de Silicon Valley.

Steve Bannon, estratega de Trump, declaró la guerra contra el "globalista" monopolio del GAFAT y arremetió contra la “destructiva presidencia de Baby Bush” a quien despreció de “instrumento de los globalistas (https://politi.co/2QGRRk4), al unísono de los "malignos" jerarcas de Silicon Valley: "2/3 partes o 3/4 partes de sus administradores provienen de Asia" y "roban los empleos de los estadunidenses" (https://bit.ly/2Wlg8C7).

The Washington Post reveló que su matriz Amazon será escrudiñada por antimonopolio ahora que ha pasado bajo la jurisdicción de FTC (https://wapo.st/2WaU0FV).
Uno de los peores pecados capitales que cometió GAFAT, en particular, el maligno Twitter, es haber censurado en forma selectiva la sacrosanta libertad de expresión para favorecer sus intereses neofascistas/neoliberales/neopinochetistas en Latinoamérica, debido a su "manejo" por el español Pepe López de Ayala, aliado del cadavérico Partido Popular (https://bit.ly/2vmxf6V).

En EU, donde Twitter cuenta con otra gerencia, ha sido imputada de perseguir la agenda de la "derecha": Trump y varios pesos pesados del Partido Republicano se han quejado que "Facebook, Google y Twitter inc, suprimen las posturas conservadoras".

Silicon Valley apoyó a Hillary Clinton contra Trump. Quizá esa fue la razón por la que Obama se rajó de perseguir al monopolio del GAFAT.

El cofundador Chris Hughes había fustigado a Facebook, en la fase de su único patrón Mark Zuckerberg –quien detenta 60 por ciento de las acciones–, como una "amenaza a la democracia" (https://bit.ly/2LCGzOU) al "controlar tres plataformas esenciales de la comunicación: Facebook/Instagram/WhatsApp".

También WhatsApp ha sido denunciada desde Brasil hasta India de manipular las tendencias electorales (https://bit.ly/2vXbwm1).

FTC se dispone a investigar a Facebook por prácticas monopólicas (https://on.wsj.com/2Kp5aob) y Bloomberg, muy hostil a Trump, enuncia que el escrutinio antimonopólico de Google, Apple y Facebook, afectó sus cotizaciones bursátiles (https://bloom.bg/2XmGIrh).

Según Shira Ovide, "Google debería estar muy temerosa. Pero muy temerosa" (https://bloom.bg/2XptvxB).

Desde hace mucho que GAFAT ha sido colocada en la picota bipartidista en EU y, en especial, en Europa, donde ha empezado a ser aplacado el máximo Leviatán tecnológico de todos los tiempos que ha sometido al género humano a una esclavitud invisible.

AlfredoJalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalife

 

Publicado enInternacional
Concentración industrial y poder de mercado

Hasta la década de los años 1970 los estudios sobre organización industrial cubrían temas como la concentración y el poder de mercado, los canales de competencia, escalas de producción, integración vertical y horizontal, las empresas multiproducto y sus economías de alcance. Quizás faltaba en el paisaje el vínculo con el sistema financiero, pero por lo menos el poder que viene asociado a la concentración industrial era una parte clave de la preocupación de los economistas. Pero en los años de 1970 ese tipo de estudios se fue eclipsando y en la investigación sólo quedó espacio para los estudios que glorificaban las virtudes del libre mercado. La nomenclatura misma de "organización industrial" se fue utilizando cada vez más para referirse a un campo de estudios que mostraban que los principales postulados de la teoría neoclásica seguían siendo válidos.

Hoy, las cosas están cambiando. Muchos economistas se han dado cuenta de que no pueden tapar el sol de la evidencia con el frágil dedo de la teoría neoclásica. Los estudios sobre estructuras y dinámicas industriales toman nuevos bríos y muestran, sin lugar a dudas, que ha incrementado la concentración industrial y que el poder de mercado de las empresas dominantes también ha crecido. Las fuerzas que explican este aumento de la concentración industrial son variadas y muchas tienen que ver con fenómenos bien conocidos en la historia del capitalismo industrial. (Por cierto, la concentración industrial es un fenómeno que se presenta también, y con gran intensidad, en los servicios: la terminología de ‘concentración industrial’ no es la mejor).

Pero muchos organismos vinculados con el mundo de la política económica se resisten a encarar la realidad. El informe sobre la economía mundial de este año del Fondo Monetario Internacional dedica un capítulo al tema de la concentración y el aumento del poder de mercado de las grandes corporaciones. Desgraciadamente, el FMI encuentra que el incremento de la concentración es moderado, lo que no concuerda con la mayoría de las investigaciones en el mundo académico. Además, para el FMI las fuerzas que explican la concentración industrial tienen más que ver con el buen desempeño de algunas corporaciones y menos con fenómenos perversos como la construcción de barreras a la entrada o con el mundo de las prácticas desleales en el comercio. Para el FMI la introducción de tecnologías de la información ha sido un fuerte estímulo para el aumento de la concentración industrial. Según el organismo, ese resultado se encuentra respaldado por un interesante estudio de Mordecai Kurz, de la Universidad de Stanford. Sin embargo, esa investigación presenta un cuadro más alarmante de lo que quiere reconocer la lectura del FMI. Finalmente, a pesar de dedicarle un capítulo en su informe sobre la economía del planeta, el FMI encuentra que el aumento de la concentración industrial ha tenido un efecto "modesto" a escala macroeconómica.

La realidad contrasta con el informe del FMI. La vinculación malsana con fuentes de crédito, así como la fusión y la adquisición de empresas para incrementar sus economías de escala y de las llamadas economías de alcance, son dos procesos típicos que promueven la concentración y no son precisamente buenos para la salud macroeconómica. Ambos están relacionados con el poderío del sector financiero y contribuyen a cambiar el modus operandi de las grandes corporaciones que terminan por privilegiar las ganancias de muy corto plazo, abandonar los proyectos de largo aliento y, por supuesto, sacrificando el medio ambiente. Las oleadas de fusiones y adquisiciones de los años anteriores a la crisis de 2008 son claro testimonio de esto.

Lo más importante en este tema es que la concentración industrial está íntimamente vinculada con la creciente desigualdad y con el desempeño de la economía mundial. La evidencia de numerosos estudios revela que las grandes corporaciones utilizan su poder de mercado para manipular precios, incrementar sus márgenes de ganancias sobre los costos y para imponer menores salarios y prestaciones en mercados laborales cada vez más fragmentados. El golpe a las clases trabajadoras es una exacción doble que pasa por los precios y los salarios.

Otros instrumentos que han contribuido a incrementar la concentración industrial incluyen la larga duración de las patentes y los contratos de licencias que involucran todo tipo de restricciones para los licenciatarios. El cambio en la legislación que permitió ampliar la duración de las patentes refleja el poder que han tenido las grandes corporaciones para moldear la agenda del Poder Legislativo.

La interpretación de las leyes antimonopolio se ha ido debilitando desde hace mucho. Algunos casos connotados, en los que se involucran unas pocas corporaciones gigantes, no deben engañar: las leyes antimonopolio son, en la actualidad, una caricatura de lo que fueron hace cuatro décadas. Todo esto sirve para recordar que, en su evolución, el capitalismo va modificando la estructura del Estado.

Twitter: @anadaloficial

Publicado enEconomía
Más de 100 grupos neoliberales defienden los intereses de la industria del tabaco contra la regulación pública

TheGuardian ha investigado la relación entre las principales multinacionales del tabaco y los grupos de prensamiento, lobby e investigación académica

Más de 100 organizaciones neoliberales de todo el mundo han adoptado posturas favorables a la industria del tabaco o han recibido donaciones de las tabacaleras

Malboro niega que sus donaciones a think tanks tenga ninguna relación con su lobby a favor de eliminar regulaciones para los productos del tabaco: "Es una insinuación ridícula"

Think tanks neoliberales de todo el mundo conforman una poderosa voz de apoyo a los fabricantes de tabaco en su batalla contra una regulación más dura, según muestra una investigación de The Guardian. La industria del tabaco ha sido tratada con distancia durante mucho tiempo y por muchos gobiernos porque los datos son evidentes: sus productos matan a más de 7 millones de personas al año. Sin embargo, la industria ha encontrado apoyo en think tanks neoliberales, incluidos algunos de los más prestigiosos.


Al menos 106 think tanks en una veintena de países han aceptado donaciones de las tabacaleras o han criticado las políticas de control del tabaco solicitadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según un detallado análisis elaborado por The Guardian. Los expertos en salud pública afirman que un control público fuerte salva vidas.


Los grupos examinados por The Guardian se han opuesto de diversas maneras a las cajas de cigarrillos sin promociones, han escrito a los legisladores en apoyo a nuevos productos tabacaleros o han difundido las investigaciones financiadas por esta industria. En un caso extremo, un think tank radicado en el continente africano cuestionó el vínculo entre el cáncer y el tabaco, señalando que "todavía tiene que quedar científicamente demostrado". Posteriormente retiró tal afirmación.


Patricio Márquez, experto en prácticas globales de salud en el Banco Mundial, señala que esta actividad puede afectar a los esfuerzos de salud pública. "Los think tanks han creado un arsenal de pruebas con el objetivo de influir en la toma de decisiones políticas", señala.


The Guardian ha examinado una de las mayores redes de think tanks neoliberales independientes del mundo, organizada por Atlas Network, una organización sin ánimo de lucro radicada en Arlington, Virginia, cerca de Washington DC. Atlas Network dice conectar "una red global de más de 475 organizaciones independientes de la sociedad civil en unos 90 países con las ideas necesarias para progresar en libertad".


Donaciones de la industria tabacalera


Al menos 53 think tanks neoliberales han aceptado donaciones de grandes empresas tabacaleras, según documentos de estas empresas y revelaciones a las que ha tenido acceso The Guardian. La mayoría de los think tanks se ha negado o no ha respondido a las peticiones para revelar sus donantes.


Oposición a los impuestos al tabaco


Al menos 25 think tanks neoconservadores se han opuesto a los impuestos al tabaco argumentando que no son efectivos, que son regresivos o que aumentan el tráfico ilegal. En algunos casos, las campañas contra los impuestos son muy amplias, aunque los expertos señalan que los impuestos “están generalmente reconocidos como la forma más eficaz” de reducir el consumo


Oposición a los paquetes lisos


Al menos 30 think tanks neoliberales estaban entre los 47 firmantes de una carta de think tanks a la Organización Mundial de la Salud en la que mostraban su oposición al empaquetado liso en el año 2016. Y al menos 14 think tanks neoliberales escribieron a la FDA en apoyo a la solicitud de Philip Morris International para vender nuevos productos en EEUU.
Philip Morris International, British American Tobacco (BAT), Japan Tobacco, Altria y Reynolds American han donado a think tanks neoliberales analizados por The Guardian. Los productores niegan cualquier posibilidad de que las donaciones puedan influir en la actividad de los think tanks.


Algunos del los think tanks son muy influyentes en sus países, tienen buenos contactos y algunos han recibido financiación de puestos diplomáticos. En Estados Unidos, the Heritage Foundation, Cato Institute y Americans for Tax Reform han aceptado donaciones de la industria tabacalera y han opinado sobre la política del tabaco. En Reino Unido, el Adam Smith Institute y el Institute of Economic Affairs han hecho lo mismo.


Por ejemplo the Heritage Foundation aceptó donaciones del fabricante de Marlboro en EEUU, Altria, en 2012, 2013, 2014 y 2016. En 2018, un académico de la institución declaró ante la Administración de Drogas y Alimentos de EEUU (FDA) a favor de IQOS, el nuevo producto internacional de Philip Morris, que calienta, pero no quema el tabaco, argumentando que tenía una "trayectoria impresionante".


En respuesta a las preguntas de The Guardian, los think tanks afirman que son totalmente independientes, que no están influidos por ninguna donación y que abogan por posiciones a favor de las empresas, así como por la baja regulación e impuestos reducidos como parte de una filosofía más amplia de libre mercado. Algunos dicen que no están en contra de todos los controles al tabaco, que celebran el auge de los cigarrillos electrónicos en mercados más ricos y que están en contra de los "impuestos regresivos" sobre los cigarros que, afirman, afecta a las rentas bajas.


"Además de la publicidad, tienen a los think tanks"


Los think tanks existen para influir en las políticas, a menudo a través de asesoramiento percibido como independiente y ajeno a los intereses de empresarios y políticos. A diferencia de los lobbys, los think tanks no están obligados a revelar su financiación. Sin embargo, el mundo del think tank ha sido cada vez más controlado en los últimos años tras salir a la luz donaciones de gobiernos extranjeros y corporaciones.


En algunos casos, los think tanks parecen operar como una cámara de resonancia en la que organizaciones dentro de la red se apoyan en las investigaciones de otros para llegar a conclusiones similares.


"Además de la comercialización y publicidad [del tabaco], que está orientada a generar consumo, tienen este mecanismo adicional [los think tanks] para influir en la toma de decisiones políticas de una forma que proteja los intereses de la industria", afirma Patricio Márquez, del Banco Mundial.


"Se tiene que respetar la libertad de expresión siempre y cuando todo sea transparente", señala Márquez. "De esa forma, todo el mundo es consciente de a quién representas. De la misma forma que hacemos cuando recibimos subvenciones", añade.


Think tanks neoliberales se han posicionado a favor de las empresas tabacaleras en varios países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, España, Canadá, República Checa, Croacia, Francia, Alemania, Georgia, Irlanda, Serbia, Argentina, Chile, Perú, Honduras, Venezuela, India, Nepal, Pakistán, Ghana, Sudáfrica, Japón, Australia y Nueva Zelanda.
No todas las organizaciones de la red analizadas por The Guardian están activas en la política del tabaco y algunas lo han hecho únicamente en situaciones aisladas. Algunos think tanks publican documentos de política en torno al escepticismo con el cambio climático, la educación privada, las protecciones de las patentes farmacéuticas, la desregulación energética y otras causas conservadoras. En India, The Guaridan ha encontrado un think tank que ha realizado declaraciones alineadas con las propuestas de los expertos en sanidad pública sobre el control al tabaco.


"Estas empresas tabacaleras y otras grandes compañías no son filántropos", recuerda Stan Glantz, director de la biblioteca de documentos sobre tabaco de la Universidad de California en San Francisco. Glantz argumenta que su objetivo es influir en el debate político y señala que lo han intentado a través de varios grupos, pero han sido más exitosos con aquellos que apoyan el libre mercado y los valores neoliberales.


La respuesta de la industria


Los productores de tabaco niegan que haya nada problemático en que los think tanks defiendan posiciones favorables a la industria. Altria, Philip Morris International, British American Tobacco (BAT), RJ Reynolds y Japan Tobacco International han donado dinero a think tanks neoliberales en la última década.


Philip Morris afirma a The Guardian que "las ideas no están en venta", un sentimiento reflejado también por otra empresas tabacaleras. "Hemos trabajado y continuaremos haciéndolo con organizaciones cuidadosamente seleccionadas de todo el mundo que comparten nuestro deseo de promover políticas que producen mejoras significativas en la salud pública", señala PMI, el productor de los cigarrillos Marlboro. "Es ridículo insinuar que apoyar una organización puede hacer que esta tome determinadas acciones que de otra forma no tomaría", añade.


"Las afirmaciones que sostienen que nuestras contribuciones a organizaciones comprometidas con un cambio positivo en la sanidad pública crean un conflicto de interés no se sostienen, son irracionales y equivocadas", aseguran desde PMI.


Por su parte, Japan Tobacco Internacional explica: "Varios grupos por todo el mundo comparten nuestra visión de que cualquier regulación, relacionada o no con el tabaco, si no se comprueba y demuestra, puede tener graves efectos secundarios. Todo el mundo tiene claro que fumar tiene riesgos para la salud, somos totalmente transparentes en este asunto. Y, por eso, es importante que los productos del tabaco estén regulados".


"Como muchas otras empresas, apoyamos organizaciones que piensan como nosotros en temas que son importantes para nuestros negocios y nuestros consumidores", señala BAT.
Altria, el productor estadounidense de los cigarrillos Marlboro y donante a decenas de think tanks norteamericanos afirma: "Como la mayoría de las grandes corporaciones, Altria y sus empresas apoyan y son miembros de organizaciones de políticas centradas en asuntos que afectan a nuestros intereses".

 

Por Jessica Glenza - Nueva York
02/02/2019 - 20:10h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Publicado enSociedad
Miércoles, 09 Enero 2019 06:46

Hechiceros en el sector bancario

Hechiceros en el sector bancario

En el año 180 de la era presente, el retórico Luciano de Samósata escribió un relato que cautivó a sus seguidores. Su historia cuenta cómo Éucrates pudo apropiarse en secreto de la fórmula mágica que utilizaba un afamado mago egipcio. El conjuro le permitía dar vida a objetos inanimados y ponerlos a su servicio.
Con la fórmula mágica hizo que una escoba fuera a recoger agua, pero concluida esa tarea la escoba siguió trayendo más agua. Al no poder detenerla, Éucrates, desesperado, la partió con un hacha, sólo para descubrir que las dos mitades cobraban vida y continuaban su trabajo hasta que la casa del mago se inundó. Sólo el regreso del hechicero irritado permitió detener la marcha inexorable de las escobas.


La potencia de la moraleja llamó la atención de Goethe, quien en 1798 la desarrolló en su poema Die Zauberlehrling, el aprendiz de brujo. El mensaje es de cautela: no se deben desatar fuerzas que no pueden ser controladas. La historia revela que el mensaje ha sido raramente escuchado. Un ejemplo lo encontramos en el mundo financiero.
El dogma neoliberal afirma la necesidad de eliminar regulaciones y liberar el potencial innovador en el sector financiero para generar innovaciones, mejores productos y mejor servicio. Hace unas cuatro décadas comenzó a ser aplicada esa fórmula, y hoy los resultados están a la vista.


La desregulación en el sector financiero de la economía mundial ha guiado a gobiernos y organismos internacionales desde hace más de cuatro décadas. Las instituciones que impulsaron esta corriente van desde el Fondo Monetario Internacional hasta el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en Basilea, Suiza. Desde la academia, los economistas neoliberales también transmitieron el mensaje de que la desregulación mejoraría la eficiencia y promovería el crecimiento.


Para alcanzar el objetivo de estabilidad del sistema bancario se fomentó una cultura de desregulación que promoviera la innovación. Y como las escobas de Éucrates, las innovaciones no tardaron en multiplicarse. Ingeniería financiera, técnicas de bursatilización, derivados y otros productos exóticos proliferaron para que, en teoría, los riesgos fueran cada vez más manejables, mientras se hacía cada vez más frágil la estructura del sistema bancario.
La política sobre estabilidad del sistema bancario descansa en los acuerdos del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) del BPI. En 1988 entró en vigor el primero de esos acuerdos, llamado Basilea I, con requisitos de capitalización para garantizar que los bancos privados pudieran absorber pérdidas sin comprometer el sistema bancario. Ese acuerdo introdujo la evaluación del capital con el método de activos ponderados por riesgo, con el fin de contar con una medida más rigurosa de la fortaleza o debilidad de un banco. La regla establecida fue que el capital mínimo de un banco debe ser de 8 por ciento del total de los activos ponderados por riesgo, y en los años que siguieron ese porcentaje aumentó hasta 12 por ciento en los bancos de los países de la OCDE. Pero ese incremento se debió más a la eliminación de muchos activos riesgosos de las hojas de balance de los bancos a través de operaciones de titulización: disminuyó el capital necesario para cumplir con el requisito de Basilea I, pero los riesgos no se redujeron. La innovación financiera vino al rescate de los bancos y les permitió seguir apostando en el casino de alto riesgo.


Basilea II buscó corregir algunos defectos de Basilea I. El nuevo acuerdo estaba comenzando a ser implementado, cuando estalló la crisis de 2007-2008. La ironía es que Basilea II reafirma la autonomía de los bancos en la evaluación de sus riesgos y reafirma la confianza en el uso de fórmulas de autorregulación basadas en un enfoque microprudencial. Hoy, Basilea III busca disciplinar la autoregulación e incorpora nuevos requisitos sobre apalancamiento. Pero este último acuerdo sigue afirmando el principio fundamental de permitir los métodos basados en modelos internos (de los bancos) para la evaluación de riesgos.


La desregulación del sector permitió la gestación de innovaciones, como la ingeniería sobre la titularización de todo tipo de instrumentos y la creación de derivados exóticos para explotar nuevos mercados en búsqueda de mayor rentabilidad. Estas innovaciones en el sector bancario-financiero hacían creer que el riesgo era más manejable, pero debilitaron las condiciones de estabilidad sistémica. Cada banco desarrolló su modelo interno para reducir sus requerimientos de capital, al tiempo que mostraban que se estaba reduciendo el riesgo: la microeficiencia desembocó en un macroproblema.


En una transición histórica, el crecimiento desorbitado del sector financiero y bancario a escala mundial ha transformado estructuras capitalistas en plataformas para la especulación. Creyendo promover la eficiencia, la desregulación fomentó la inestabilidad. Algún día el hechicero regresará a casa para disciplinar a los aprendices con una megacrisis que pondrá fin a la pesadilla de la desregulación financiera.


Twitter: @anadaloficial

Publicado enEconomía
"La raíz de la crisis está en el neoliberalismo y en las estructuras institucionales mundiales"

“En la cúspide de la pirámide del sistema están las finanzas, debajo las empresas, después la sociedad, las necesidades humanas y por último el medio ambiente. Tendría que ser justo al revés", sostiene Bourboulon en la entrevista


"El crecimiento de la economía es limitado porque los recursos naturales se están agotando. El planeta también tiene límites, por tanto, hay que pensar en otro modelo de producción"


"En el sector financiero, los lobbies son extremadamente poderosos. Son ellos los que bloquean las reformas políticas europeas"

 

Isabelle Bourboulon, periodista, escritora y miembro de ATTAC Francia – grupo de presión a favor de la introducción de una tasa a las transacciones financieras internacionales, está en España para presentar el libro "10 años de crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas" (ATTAC). La principal denuncia es el impacto negativo que producen los mercados financieros "cortoplacistas y antidemocráticos" provocadores de la desigualdad social, la pobreza y el cambio climático. 

10 años de crisis. ¿Cuál es la alternativa al mercado financiero “desregulado”?


La alternativa es difícil de poner en marcha porque los Gobiernos europeos no han tomando decisiones acertadas, ni las están tomando. Desde hace 10 años, las reformas que se han llevado a cabo –con la intención de evitar otra crisis– han sido incompletas y superficiales, por tanto, estamos en riesgo de caer en otra. No deberíamos confiar más en los Gobiernos actuales. El problema de la hegemonía de las finanzas a nivel mundial se soluciona con voluntad política y ciudadana, con el objetivo de regular y limitar el poder de los bancos. Los ciudadanos tenemos un papel clave en este sentido, podemos denunciar, protestar y actuar.


En Francia, ATTAC acaba de ganar dos juicios. Apple y el banco francés BNP nos denunciaron por realizar acciones de desobediencia cívica. En relación a Apple, ocupamos una de sus tiendas más grandes de Francia, protestamos porque muchas multinacionales no pagan impuestos donde deberían. En el caso del banco, sacamos todas sus sillas a la calle (luego las devolvimos), nos acusaron de robo. Nuestra acción era simbólica y por supuesto pacífica. El juez en ambas sentencias dictaminó que las acciones eran de interés general, por tanto, vamos a seguir realizándolas porque demuestran que tenemos legitimidad sobre los mercados. Muchos expertos y políticos llevan años diciendo que los mercados se autorregulan solos pero la crisis demostró que no es cierto.


¿Si las empresas fueran más transparentes en materia fiscal habría menos desigualdad?


En general, las grandes empresas pagan muy pocos impuestos, en el sector financiero pasa lo mismo con los bancos. No existe armonía fiscal a nivel europeo, las grandes empresas optan por la optimización fiscal, es decir, declaran sus impuestos en países donde la tasa es muy baja, como hace Apple y eso hace daño a las pequeñas empresas locales. Reformar las finanzas es complicado, el sistema está desregulado y liberalizado, los capitales pasan de un país a otro a golpe declick. La Comisión Europea está tratando de armonizar las leyes fiscales a nivel europeo, pero hasta ahora no se ha actuado. Por eso no se puede confiar en las autoridades, en la mayoría de ocasiones, son cómplices de los mercados.


¿Qué propone para que la ciudadanía tome el control de las finanzas?


En ATTAC trabajamos en base a dos pilares. Por un lado, trabajamos la parte teórica con expertos y economistas heterodoxos sobre cómo reducir la desigualdad, medidas relacionadas con el medio ambiente o la transparencia de las empresas, entre otros. Por otra parte, trabajamos la acción ciudadana. Cuando ocupamos Apple pintamos los cristales de la tienda con pintura blanca con la intención de protestar contra la opacidad de una empresa que no paga todos sus impuestos. Grabamos y compartimos las acciones para hacer ruido y concienciar a la sociedad. Es un trabajo a largo plazo y vamos a extenderlo a toda Europa.


¿Qué papel deben asumir los movimientos sociales?


El rol de los movimientos sociales es denunciar, protestar y actuar. La última manifestación que ATTAC organizó en Francia en contra de la reforma del ferrocarril reunió a partidos políticos y organizaciones sociales. Salieron unas 200.000 personas a la calle. Estamos concienciando poco a poco a la ciudadanía y no solo en materia de finanzas, también en relación al problema del medio ambiente y el cambio climático. Susan George, una de las fundadoras de ATTAC, señala que “en la cúspide de la pirámide del sistema están las finanzas, debajo las empresas, después la sociedad, las necesidades humanas y por último el medio ambiente”. Tendría que ser justo al revés.


La Tierra nos está avisando de que las consecuencias de la actividad humana degenerativa se acercan.


El crecimiento de la economía es limitado porque los recursos naturales se están agotando. El planeta también tiene límites, por tanto, hay que pensar en otro modelo de producción. Por otro lado, hay que tener en cuenta el cambio climático, estamos a punto de superar la temperatura límite acordada en el Acuerdo de París. Habría que pensar en otro modelo económico completamente diferente que no esté basado sobre el crecimiento ni en el neoliberalismo.


¿Qué modelo propone?


Existen alternativas locales. Yo vivo en el norte de Marsella y muchos productores están renovando su sistema de producción y de comercialización, se agrupan para producir productos con mejor calidad, biológicos u orgánicos. Son alternativas pequeñas y territoriales. Hay que empezar a consumir y producir de manera responsable. El problema es que las alternativas no se traducen en políticas. También creo que los jóvenes están más sensibilizados con el medio ambiente y el cambio climático y están empezando a formar comunidades y cooperativas, llevan a cabo muchas iniciativas y eso es esperanza para el futuro.


La nueva ministra para la Transición Ecológica en España, Teresa Ribera, ve poco futuro al carbón y pretende derogar el impuesto al sol.


Entre las promesas políticas y lo que se lleva a cabo hay una gran diferencia. En Francia también nos prometieron cerrar las centrales nucleares pero producen el 75% de la electricidad del país y no es viable. Alemania es un buen ejemplo de políticas públicas basadas en energías renovables.


El lobby financiero tiene un papel importante en este escenario.


En el sector financiero, los lobbies son extremadamente poderosos. Son ellos los que bloquean las reformas políticas europeas en muchas ocasiones. El impuesto de transacciones financieras internacionales lo bloquearon ellos.


¿Cómo deben interactuar los actores económicos para lograr la prosperidad?


La convergencia de todos las organizaciones de la sociedad civil es fundamental. En primer lugar, habría que crear una alianza global y convergente para lograr esta prosperidad. Por parte de los Gobiernos no hay mucho que esperar. En España, con el cambio de Ejecutivo veremos si se cumplen las expectativas, de momento, el Presidente ha roto con la dinámica anterior nombrando mayoría de ministras y eso es significativo, esperemos que no se quede solo en una estrategia de marketing. A nivel europeo, creo que Pedro Sánchez se va a llevar bien con Emmanuelle Macron.


¿Estamos saliendo de la crisis?


No. Seguimos inmersos en ella. Estamos en una crisis estructural, no coyuntural. La raíz está en el neoliberalismo y en las estructuras institucionales mundiales. Vamos a seguir en crisis. Los recursos naturales se agotan, las desigualdades se agravan y no creo que sea posible seguir creciendo. Los gobiernos socialistas no pueden solucionarlo, los préstamos sociales se irán reduciendo y mientras aumenta la riqueza de los fondos de inversión. Las finanzas no se han regulado adecuadamente a nivel mundial, por tanto, mañana mismo podríamos entrar en una nueva crisis.


Pero estamos a tiempo de encontrar soluciones.


Macron dijo en Francia que implantaría más políticas sociales y protegería a los más vulnerables pero no lo ha llevado a cabo, solo ha aprobado reformas en contra de las necesidades humanas. La presión europea pesa. Vivimos en una época en la que el poder político ya no controla casi nada, el poder se concentra en las multinacionales, los mercados financieros y los grandes bancos. Es una visión pesimista y precisamente por eso queremos involucrar a los ciudadanos para que todos ejerzamos como contrapoder.

15/06/2018 - 20:31h

Publicado enInternacional
Lunes, 04 Junio 2018 07:00

En otra parte

En otra parte

Las crisis económicas no se resuelven, son una forma del conflicto y por lo tanto sólo logran superarse de manera recurrente. La forma en que se superan es el asunto relevante, así como el tiempo en el que se extienden sus repercusiones.


Desde 2008, cuando estalló la crisis financiera más reciente, se ha alterado significativamente el proceso de acumulación de capital y su expresión política.


La globalización preconizada como una forma superior del orden mundial que abarcaba no sólo a los mercados de productos, trabajo y capitales, sino que se extendía a la pretendida expansión de la democracia, como si fuese un producto más de exportación, está abiertamente cuestionada.


El nacionalismo económico, político y étnico resurge como un brusco movimiento de péndulo. El vínculo entre la crisis de 2008 y el cuestionamiento de ese orden que llamamos (neo)liberal es un tema clave.


Y lo es, precisamente, para el movimiento nacionalista y populista encarnado por la presidencia de Donald Trump y la preminencia de uno de sus principales ideólogos y activistas, como Steve Bannon, aun ahora que está físicamente fuera de la Casa Blanca y de la agencia de Breibart que presidió.


Es un discurso bien articulado y que está en plena ejecución. Ha puesto contra las cuerdas a los intelectuales, los tecnócratas y la prensa liberales en Estados Unidos y también en la Europa unitaria, como lo demuestran el Brexit, las recientes elecciones en Italia, la degradación permanente en la que está sumida Grecia o bien el protagonismo ruso.
El recorrido de este proceso es ya palmario y previsiblemente se va extender mucho más en un entorno de descomposición política creciente. Tal vez luego alcance a estabilizarse en un escenario muy diferente al que existe, incluso ahora ya en pleno cambio.


En este entorno muchas de las discusiones que se ventilan públicamente por todas partes parecen desenfocadas, como si los hechos no fuesen suficientemente claros. Me parece que la disputa electoral en México adolece de esta deficiencia y en un panorama nacional y mundial en mutación.


Trump prometió en su acalorada campaña a la presidencia el nacionalismo como base de la recomposición de la hegemonía estadunidense. Cumple y su base electoral está contenta. De corrección política no quiere saber nada y le luce.


Las medidas que ha tomado son controvertidas, como es el caso de la reforma tributaria que premió con una rebaja de impuestos a las corporaciones y a los estrato con mayores ingresos. El argumento central en el primer caso es reforzar la competitividad de los productos hechos en ese país; en el segundo, es que se destinará una mayor parte del ingreso disponible a la inversión.


En materia de comercio exterior y gestión monetaria su argumento ha sido que las pautas vigentes son desventajosas para los intereses de Estados Unidos. El enfrentamiento con China ha sido abierto, pero también inconsistente.


En cuanto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte la posición ha sido de fuerza y bastante manipulación, hasta la reciente imposición de aranceles al acero y el aluminio que, de facto, obstaculizan un arreglo. Al mismo tiempo, se abre una pugna con Europa cuando la inestabilidad económica y política de la región es cada vez más grande.


Nadie puede asegurar el desenvolvimiento de la pugna ya creada. Si Trump consigue imponer sus condiciones, aunque no sea completamente, será una expresión fehaciente de nuevas relaciones de poder internacional. El acercamiento de Corea del Norte, el reposicionamiento en el Medio Oriente con el beneplácito saudí y el enfrentamiento con Irán son muestras de lo que se gesta.


Es ese entorno hay que situar los escenarios que se pueden crear y el ejercicio del poder económico, político y militar desde Washington será también distinto al que se respondía hasta ahora.


Una de las consecuencias de la gestión de la crisis de 2008 fue la enorme expansión de la liquidez monetaria a partir de las inyecciones que hizo la Reserva Federal. Los activos totales en su balance eran a principios de septiembre de 2008 de 905 mil millones de dólares (billones de allá), llegaron a un máximo de 4 mil 509 billones (trillones de allá) en diciembre de 2014 y a finales de mayo sumaron 4 mil 327 billones. Sólo el poder del dólar en los mercados sostiene la situación.


Con eso se previno el colapso de las transacciones económicas, la quiebra de los bancos y el desplome de la producción. Pero el costo mayor se provocó en los precios relativos de los activos en la economía. Así, por ejemplo, se cayeron los precios de los bienes raíces mientras se elevaban los de las acciones de las empresas y con ello creció la especulación financiera. El ambiente político interiorizó los efectos sociales de la crisis.


Ahora, el Congreso dominado aún por los republicanos se apresta a deshacer parte de las regulaciones impuestas tras la crisis para limitar las operaciones altamente especulativas que los grandes bancos hacen con el dinero de los depositantes a diferencia de lo que hacen con su propio capital (la llamada regla Volker, por el antiguo presidente de la Fed).


El ciclo de expansión financiera sostenido en el crecimiento de la deuda y las inversiones especulativas va a recrearse; se ha convertido en la forma predominante del modo de funcionamiento del capitalismo. Ocurrirá ahora en el nuevo entorno de auge del proteccionismo, la expansión militar, la confrontación política, el nacionalismo y el racismo siempre presente.

Publicado enEconomía
Fabian Scheidler: “La idea de que hay una economía libre y por otro lado un Estado regulador es un mito”

La megamáquina, el sistema capitalista, está conduciendo el planeta a una serie de crisis ecológicas, económicas y sociales. Pero ¿cómo se formó dicho sistema? ¿Dónde hunde sus raíces históricas? Hablamos con Fabian Scheidler, historiador, escritor y periodista alemán.

 

El fin de la megamáquina desvela las raíces de las fuerzas destructivas que amenazan el futuro de la humanidad en nuestros días. La primera parte de este ensayo, que aún no se ha publicado en castellano, nos guía hacia los orígenes del poder económico, militar e ideológico desde hace 5.000 años. La segunda y más importante parte repasa la formación y expansión del sistema-mundo moderno a través de los últimos cinco siglos.


Scheidler desmantela las mitologías del progreso de occidente, mostrando cómo la lógica de la acumulación infinita de capital ha devastado desde el principio tanto a las sociedades humanas como a los ecosistemas. Piezas clave de este proceso: el desarrollo evolutivo del poder estatal y del capital, la ofensiva contra los movimientos igualitarios, el rol de los ejércitos mercenarios y el “complejo metalúrgico”, la Reconquista, la esclavitud y el colonialismo, la emergencia de la ciencia mecanicista, el advenimiento de la disciplina estatal y del trabajo remunerado, la revolución de las energías fósiles, el alzamiento de los movimientos de trabajadores, mujeres y anticoloniales y el correspondiente ascenso del nacionalismo y el fascismo, los filtros de la “democracia guiada”, los movimientos antisistema después de la Segunda Guerra Mundial, la involución neoliberal, y por último los límites económicos y ecológicos del sistema.


El capítulo final muestra las nuevas posibilidades para el cambio sistémico, así como los nuevos peligros que aparecen con el incremento de la inestabilidad y el colapso venidero de la megamáquina en el siglo XXI.


Fabian Scheidler nació en 1968 en Bochum (Alemania), estudió historia y filosofía en la Universidad Libre de Berlín y dirección teatral en Frankfurt. Desde 2001 trabaja como autor para medios impresos, televisión, teatro y ópera. En 2009 fundó con el periodista David Goeßmann el magazine televisivo alternativo Kontext TV. Entre sus invitados se encuentran Noam Chomsky (que además es patrocinador oficial de Kontext TV), Vandana Shiva, Immanuel Wallerstein, Jeremy Scahill, Amy Goodman, Yanis Varoufakis y muchas otras personalidades.
Fabian Scheidler publica regularmente en la revista Blättern für deutsche und internationale Politik (editada por Saskia Sassen, Jürgen Habermas y otros). En 2009 obtuvo Premio Otto Brenner para el periodismo crítico, en 2010 trabajó como coordinador del “Tribunal de los bancos” para Attac en el teatro Volksbühne en Berlín. Como dramaturgo y autor de teatro trabajó muchos años para el conocido teatro Grips en Berlín. En 2013 se representó su ópera “Muerte de un banquero” (Música: Andreas Kersting) en el teatro Gerhart-Hauptmann en Görlitz. En 2015 se publicó su libro El fin de la megamáquina. Historia de una civilización fracasada y en 2017 Caos. La nueva era de las revoluciones.


En tu libro te concentras en el periodo de los últimos cinco siglos, pero en la primera parte llegas hasta cinco milenios antes, ¿porqué te propusiste esta ambiciosa tarea?


Porque tenemos que confrontarnos con procesos y crisis globales, en las cuales hay que preguntarse si no estamos ante una crisis civilizatoria y si podemos seguir adelante con un modelo como el que venimos implementando desde los últimos cinco milenios. También tenemos la crisis financiera que aún está ahí con cada vez mayores crashes financieros. Al parecer las élites globales no son capaces de controlar esas crisis globales. Es decir, las respuestas a esa crisis global no son proporcionadas de forma sistemática. Por eso me pregunté dónde están las raíces de esa crisis. Las respuestas a menudo se remontan a la década de los setenta o los ochenta y hablan de la vuelta del neoliberalismo, pero lo cierto es, como trato de demostrar, que se remonta a un periodo mucho anterior.


¿No se corre entonces el riesgo de caer en el reduccionismo catastrofista?


Necesitamos un análisis más profundo de la realidad de —al menos— los últimos cinco siglos para comprender dónde tiene su origen todo ello y cuáles fueron los movimientos de resistencia desde el principio. Me remonto mas atrás en el tiempo para preguntar cómo se crea la dominación, ya que esto no es algo que haya existido siempre en la historia de la humanidad.


En los 200.000 años durante los cuales el homo sapiens ha existido sobre la faz de la tierra, lo que llamamos civilización en el sentido de una sociedad estructurada de forma jerárquica con estructuras de poder, que ha existido los últimos 500 años, es en relación muy poco tiempo.


El foco de tu investigación está en la dominación, ¿cómo podemos solucionar a ese respecto la crisis en la que nos encontramos?


La pregunta está en qué estructuras nos bloquean. No nos falta el conocimiento. Por ejemplo, en el caso del cambio climático, su existencia está clara desde hace 30 o 40 años. Tenemos este problema y tenemos que abandonar los elementos fósiles combustibles. En el caso del hambre global tenemos conferencias sobre el hambre desde hace décadas. Sin embargo, sigue aumentando la brecha entre pobres y ricos y 800 millones de personas pasan hambre. No falta conocimiento y hay que preguntarse qué estructuras de poder están fomentando esta situación.


¿Cuál es tu crítica a la economía de mercado?


Hay una historia que es el mito de que la economía de mercado se ha desarrollado de forma libre a partir del espíritu precursor y que, por otro lado, está el Estado que lo regula, que es malo y despótico. Desde el punto de vista histórico, sin embargo, se puede reconocer que las instituciones estatales y las instituciones económicas, como las primeras sociedades de acciones en el siglo XVII, estaban muy relacionadas.


Las primeras sociedades de accionistas estaban muy militarizadas y perseguían el objetivo de sacar dinero para los accionistas con métodos militares. O un poco antes, la forma primitiva del sistema capitalista en la Alta Edad Media. Las ciudades-estado de Venecia y Génova eran estructuras que tenían una gran flota militar. Mas tarde fueron los grandes comerciantes y las casas financieras, los bancos.


La idea de que tenemos una economía libre que se desarrolla y por otro lado un Estado que la regula más o menos es un mito que nos ocupa hasta hoy: ¿porqué los gobiernos no pueden poner límites a las energías fósiles o a los negocios del capital transnacional? En mi libro distingo entre cuatro clases de poder que se han ido formando en la historia. Uno es la violencia física, que se puede manifestar de formas muy diversas, entre ellas por supuesto, la militar o estatal. En la Edad Moderna los Estados se militarizaron cada vez mas de forma muy íntimamente ligada a las instituciones de acumulación del capital.


¿Por qué le das tanta importancia en el libro al concepto de acumulación infinita del dinero?


Porque en realidad es una curiosidad en la historia de la humanidad. Hay muchas sociedades en las que se acumuló riqueza. Pero la lógica del capital sobrepone la acumulación de dinero por encima de cualquier otra cosa y a cualquier precio. Eso se ha desarrollado a lo largo de los siglos. Durante la Edad Media era normal acumular una determinada riqueza y dedicarse a no hacer nada, a exhibir dicha riqueza o disfrutarla. Los negociantes trabajaban cuatro a seis horas al día porque querían disfrutar la riqueza. Al mismo tiempo, debido a la competencia entre diversos actores, comenzó la tendencia de reinvertir el dinero.


La invención de la contabilidad doble es un buen ejemplo, pero sobre todo la aparición de las sociedades de accionistas muestran la separación de la riqueza de las personas concretas y cómo ésta se convirtió en una institución allá por el siglo XVII.


La situación de las sociedades de accionistas hoy es que en el derecho, ya sea alemán o americano, sus jefes están obligados por ley a multiplicar la riqueza del accionariado independientemente de si la sociedad en su conjunto se beneficia con ello o no. Con independencia de los daños sociales o ecológicos. Las mayores 500 empresas del mundo suponen un 40% del producto social mundial. Yo las llamo monstruos, máquinas en cuyo código genético se encuentra la orden de crear dinero a partir de dinero por todos los medios posibles. Y estamos ante la pregunta de si podemos sacar ese código de la economía porque es destructivo y por los límites del propio planeta.


El origen del dinero y su relación con la guerra es otro de los aspectos principales de tu libro, ¿podrías explicarlo?


La versión estándar en los libros de economía es la de Adam Smith, que aseguraba que a partir de la inclinación natural del ser humano al trueque, desde hace 250 años apareció la economía de mercado. Para esta versión no hay pruebas históricas o antropológicas. No se encuentran sociedades de cazadores en las cuales de una forma natural se desarrolle una economía de mercado a partir de la economía del trueque.


Una de las primeras sociedades que tuvo un sistema monetario verdadero fue la antigua Grecia. El dinero se utilizaba para pagar a los soldados. El ejército se utilizaba para llevar a cabo guerras y para hacer esclavos que a su vez se empleaban en las minas de plata con las que se hacían las monedas. Era un círculo de guerra, esclavitud y monetarización de los Estados.


El Estado necesitaba dinero para pagar a su ejército. Ello lo vemos en la Antigüedad así como en la Edad Moderna. Los Estados eran dependientes de una monetarización creciente de la sociedad porque su poder dependía del ejército y éste estaba compuesto por soldados, que solamente se pueden financiar con dinero.


La financiacion de los Estados dependió desde muy pronto del crédito, que se utilizaba para financiar las guerras. El crédito se extendió desde el siglo XIV por toda Europa, influyendo de forma masiva en la política. Se necesitaba mucho dinero para comprar los grandes cañones. Y este dinero lo emprestaban casas de crédito, que al mismo tiempo tenían las minas de plata y cobre en su posesión.


Por supuesto, lo importante es qué entendemos por dinero. Si una sociedad está intricada de la economía financiera en el sentido de que todo se vuelve posible comprar, entonces normalmente se da una gran polarización social según vemos en la historia.


En tu libro describes con detalle el rol de España en el desarrollo de la Megamáquina, ¿podrías enumerar los puntos principales al respecto?


España fue uno de los primeros poderes hegemónicos del sistema-mundo moderno, de la megamáquina capitalista. Pero no era independiente para desarrollar su imperio militar y colonial, sino que fue financiada por los bancos genoveses. Colón no nació por casualidad en Génova.


El Estado español y el expolio fueron en aquel momento una especie de precalentamiento para el capital transnacional. La brutal fiebre del oro y la plata de los conquistadores en Latinoamérica, y el genocidio asociado a ella, fue espoleada por los bancos acreedores de Génova, pero también de Ausburgo y de Amberes, que querían recuperar su inversión. Ello explica por una parte la monstruosidad de la conquista, como describe por ejemplo Bartolomé de las Casas.


Solo en las minas de plata de Potosí, en la actual Bolivia, cientos de miles de indígenas fueron explotados hasta la muerte, para extraer la plata para las economías capitalistas y los ejércitos de Europa. Metales preciosos, como explico en el libro, jugaron un rol esencial en la historia del poder y la dominación ya desde los imperios más antiguos.


Las minas de plata de Las Médulas en el norte de España eran centrales para el imperio romano, ya que con la plata que se extraía de ellas se pagaba a los ejércitos con los cuales Roma devastó el Mediterráneo y media Europa. Ya por aquel entonces las minas estaban relacionadas con violaciones extremas de los derechos humanos y con la destrucción de la naturaleza. En ellas trabajaban esclavos y dejaron unos paisajes ruinosos, que aún pueden ser observados hoy día.

 

Carmela Negrete

publicado
2018-04-01 06:25:00

Publicado enPolítica
Frank Ackerman y la economía para el peor escenario

La teoría económica neoclásica asume que los agentes económicos son racionales y están bien informados. Además, supone que en nuestro mundo los llamados eventos extremos casi no ocurren y, por tanto, pueden ser ignorados. Este supuesto es uno de los pecados originales de la teoría económica neoclásica, y va de la mano con la creencia de que la incertidumbre no existe.

Por eso decía John Maynard Keynes que los economistas se han asignado una tarea inútil que consiste en afirmar, en medio de una tormenta, que cuando concluya la tempestad el mar estará nuevamente en calma.

El economista Frank Ackerman acaba de publicar un importante libro cuyo título puede traducirse como Economía para el peor escenario (Londres: Anthem Press). El subtítulo de ese texto informa sobre su alcance: Eventos extremos en el clima y las finanzas. Y es que el punto de partida de Ackerman es el hecho de que los eventos extremos en los mercados financieros se han hecho cada vez más frecuentes, y en eso se parecen a los trastornos climáticos que hoy se repiten con mayor asiduidad e intensidad.

Para empezar, Ackerman nos recuerda que la teoría económica neoclásica está obsesionada por lo que acontece en el equilibrio o en su vecindad. Y en ese contexto uno de sus supuestos más importantes es que los eventos discretos que rodean el punto de equilibrio tienen una distribución normal (en forma de campana). Esencialmente, eso quiere decir que podemos ignorar la presencia de eventos extremos, que aquí definimos de manera poco rigurosa como aquellos acontecimientos que se encuentran lejos del promedio. En términos un poco más técnicos, se puede decir que los eventos que están a más de cuatro desviaciones estándar del promedio pueden ser ignorados tranquilamente.

Una de las virtudes de la exposición de Ackerman es que, mediante ejemplos sencillos, permite aclarar conceptos que son a la vez complejos y relevantes. Y los ejemplos le sobran para demostrar que esos eventos extremos son mucho más frecuentes de lo que la teoría tradicional nos quiere hacer creer. En efecto, las crisis financieras, los huracanes cada vez más poderosos y las ondas de calor más intensas tienen la peculiaridad de presentar su fea cara de manera recurrente, a diferencia de lo que el dogma de la distribución normal implica. Y para profundizar en el análisis, Ackerman propone un enfoque alternativo basado en la llamada ley potencial, según la cual la probabilidad de que ocurra cierto evento es inversamente proporcional a algún exponente o potencia de la magnitud del evento. Más allá de los detalles técnicos, la conclusión es que los eventos peligrosos son más frecuentes de lo que se piensa.

¿Por qué son más frecuentes los eventos extremos? Ackerman ofrece varias explicaciones. En materia de eventos climáticos, la respuesta está asociada al hecho de que la inestabilidad aumenta al acercarnos a ciertos umbrales críticos. Por ejemplo, la mayoría de los científicos considera que el umbral de un incremento de 1.5 grados centígrados en la temperatura global promedio ya fue rebasado y que a partir de ese punto los eventos extremos, como huracanes fuerza cinco en la escala Saffir-Simpson, serán cada vez más frecuentes.

En el ámbito de los mercados financieros, la inestabilidad se incrementa porque muchos títulos y activos (de papel) que son intercambiados carecen de un referente claro en la economía real. Su precio depende cada vez más de las expectativas de los agentes y es más vulnerable frente a eventos como el comportamiento de rebaño y las corridas irracionales. Además, Ackerman nos recuerda que la desregulación que se introdujo en los recientes decenios es una fuente adicional de inestabilidad y volatilidad. La crisis de 2008 es, desde luego, un ejemplo sobresaliente de la dificultad que experimenta la teoría convencional para dar cuenta de la presencia de eventos extremos. Y hoy los episodios de colapsos relámpago (flash crash) propiciados por las transacciones de alta velocidad y el empleo de algoritmos para (supuestamente) reducir riesgos están agravando la volatilidad. El resultado es que los eventos extremos se están haciendo cada vez más frecuentes.

¿Qué hacer frente a este escenario? Frank Ackerman aconseja abandonar el uso de herramientas tradicionales como el análisis costo-beneficio, que supone asignar un precio a todo lo que tiene valor, además de asumir que podemos lidiar con la incertidumbre suponiendo simplemente que el futuro será como el pasado. Al final del día, lo que se necesita es asumir una postura más cercana (aunque no idéntica) al principio de precaución. En realidad no existen los datos rigurosos para medir la probabilidad de que surja un evento extremo. Pero como sus efectos son tan devastadores, nadie debe ignorarlos. La conclusión es que estos eventos y sus consecuencias están regidos por mecanismos que no tienen nada que ver con una supuesta eficiencia de los mercados y su mítica capacidad de ajuste automático. Para reflexionar sobre todo esto, la lectura del libro de Ackerman es indispensable.

Twitter: @anadaloficial

Publicado enEconomía
“En materia digital, Latinoamérica es un continente roto”

El exdirector de Google para América Latina reflexiona en Madrid sobre los horizontes y riesgos de la transformación tecnológica

En marzo de 2016, el jugador de Go surcoreano Lee Sedol disputó cinco partidas de este milenario juego contra AlphaGo, un programa de ordenador diseñado por Google para imitar la inteligencia humana. AlphaGo ganó cuatro de las partidas. Para Gonzalo Alonso (México, 1970), exdirector de Google para América Latina, CEO de la consultora digital ClowderTank y eminencia en lo que a inteligencias artificiales se refiere, es lo más cerca que un algoritmo ha estado de poner en peligro a una persona. Lo cual no quiere decir, claro, que la violenta transformación digital en la que estamos inmersos no tenga sus riesgos, de los que ayer alertó en un ciclo de conferencias organizado por Casa de América en Madrid.


Alonso habla rápido. Las ideas le vienen a pares a la cabeza. En uno de los antiguos salones del Palacio de Linares reflexiona sobre la pregunta que también da nombre a la conferencia: ¿qué sabemos de la transformación tecnológica? “En realidad, muy poco. Ese es el problema”, responde. “Muy poco de qué funciona y qué no. Sabemos, eso sí, que es el fenómeno con más velocidad en el ambiente político, social y económico de los últimos 300 años. Y ese es parte del problema”.


“Hoy el que gana es el más asertivo, no el que más reflexiona. Lo que premiamos como sociedad son esas cosas afines a la tecnología: rapidez, habilidad, lo que me empodera, lo que me habilita… Pero, al final, los que conectan todos los puntos son los seres humanos”, explica. “Intentamos alcanzar una locomotora a la que no llegamos. Nos va a llevar mucho tiempo estudiar y comprender este fenómeno, incluso cuando haya pasado”. Alonso identifica tres elementos de este cambio tecnológico: “El fenómeno en sí, los modelos de negocio para implementar ese fenómeno en la sociedad, y luego está el ser humano. Es donde más tiempo deberíamos reflexionar, y es donde menos tiempo ponemos. Hay que frenar esa locomotora y reflexionar sobre el ser humano”.


“Dedicamos horas en pensar cómo nos va a matar Skynet [el antagonista de la saga de ciencia ficción Terminator: una fría inteligencia artificial que entiende la extinción del hombre como el siguiente paso en su evolución lógica], pero no en que cada foto que publico de mi hijo antes de que tenga conciencia digital es una foto que le estoy robando con un acto brutal de inconsciencia, sin reflexionar en que yo recibí una vida digital intacta”, dice.


En un momento de su libro La inmortalidad (1988), Milan Kundera escucha la radio desde la cama. Y reflexiona que en tiempos de Goethe —allá por los siglos XVIII y XIX— un hombre podía conocer, comprender el mundo que le rodeaba. Kundera habla de la confianza en la técnica que demanda un mundo desarrollado: él no sabía cómo funcionaba la radio, solo que pulsaba un botón y la escuchaba. “¡Es lo que yo llamo sistemas de fe!”, replica Alonso. “Fe en que el semáforo cambiará, en que el coche arrancará. En el momento en que estos pequeños actos de fe empiezan a ser pequeñas anomalías en el sistema, empiezan los problemas”.


Para ilustrar el tiempo que vivimos, Alonso habla de la historia del láser. Construido en los 50, no fue hasta los 70 que se le encontró una aplicación práctica: las operaciones oculares. “Hasta entonces”, recuerda, “todo eran experimentos. Calienta aquello, quema esto”. Para él, ahora estamos viviendo de nuevo esos 15, 20 años de desconcierto. “Hay que pensar y hacer las preguntas adecuadas. Por ejemplo, ¿está bien dar toda la data? ¿Las organizaciones están lo suficientemente reguladas? Son cosas que damos por supuestas sin pararnos a reflexionar”. Siguiendo con la ciencia ficción, uno piensa en aquella escena de Parque Jurásico en la que un doctor se reprocha el haber estado tan pendientes de si podían lograr su objetivo que no se pararon a pensar en si debían.


Como CEO que es y cuando se le pregunta por algún motivo para confiar en los CEO, Alonso lo tiene claro: “¡Ninguno!”. “Solo encuentro razones para desconfiar. Las plataformas deberían venir con razones validadoras por las cuales yo te doy mi data. Y escoger. Pero cuando desconectas Facebook, sigue habiendo pequeños códigos de otras plataformas que envían información a Facebook de lo que haces. Eso no está bien. Es una invasión a una propiedad intelectual. Hay que encontrar cómo delimitar estos abusos, o esos actos de fe de los que hablaba se van a caer”.


“Estamos en una especie de lejano oeste. ¡Y presumimos!”, explica antes de mostrarse partidario de una regulación mucho mayor del terreno digital. “La legislación debería ser mucho más rápida”. Y cita el ejemplo de Estonia: “En México creo que hay 17 bancos. En Estonia [con un millón y medio de habitantes] hay 340. La diferencia es la especialización: banco para estudiantes, para profesores, para enfermeras…”. Al final, Uber no funciona solo porque sea cool y más barato: habilita todo un sistema de creencias de fe que me ayudan a llegar a otro estadio digital”, defiende.


Mecanismos de control


“Si puedes chequear 14 veces al día tu Twitter, creo que puede haber sociedades que chequeen 14 veces qué pasa en el Congreso. Y no existen. Tenemos mecanismos para tomar mejor el pulso. Desconfiar, cuestionarnos. La legislación ha de ser un catalizador de crecimiento”, expone. “Disrumpir no es romper, es tomar algo y llevarlo al próximo nivel”, explica. “De ahí surge un modelo como el de Android: un ecosistema que conecta con el mismo sistema operativo, pero te habilito a millones de personas con talento”. ¿Android en vez de Apple, entonces? "Es que el camino Apple me parece muy nocivo. Son excluyentes, y la inclusión es mucho más poderosa que exclusión".


Acotando el terreno, ¿cómo ve Alonso su región, Latinoamérica? “En materia digital es un continente roto. Roto. Excluyente. Hacemos tonterías que nos alejan del modelo europeo: en lugar de tener un sistema de transmisión interbancario para toda Latinoamérica, cada país tiene el suyo propio. En lugar de hacer un XML para toda la facturación del continente, cada país hace el suyo. Si Latinoamérica se homologara en las cosas más sencillas, sería una segunda europotencia para los negocios y con mucho más poder cautivador. Ahora somos una bola de repúblicas desorganizadas”, reflexiona. “Por otro lado, veo que los grandes avances en cosas como fintech [tecnología financiera] vienen de allí, donde entendimos que juntar factura electrónica con pago electrónico hace la magia”.


Y vuelve a los peligros. “El peor escenario que imagino es que acabemos teniendo vidas muy públicas y muy poco organizadas. Temo que esto sea un desorden muy airado. Temo la ruptura de la privacidad. Qué efectos tendrá en el ser humano. No lo sabemos”. Y se aleja de la pesadilla de la inteligencia artificial: “Definitivamente, Skynet no va a destruirnos”, dice antes de recordar que aún queda tiempo para que se cumpla esa profecía que empiezan a repetir los budistas: cuidado cuando te reencarnes en una máquina.

 

Por JORGE MORLA
Madrid 7 FEB 2018 - 20:49 COT

Parece exageración pero no lo es; parece irreal pero tampoco lo es. En la sociedad de mercado, todos los obreros y empleados –en algún grado significativo– nos prostituimos al vender servicios laborales materiales o intelectuales, pues tales labores exigen esfuerzo físico, concentración mental, algún importante componente sentimental y afectivo y, en especial, una buena dosis de obediencia. Al decir del economista institucionalista Ronald Coase, a uno le pagan no sólo por trabajar sino, en particular, por ser aquiescente con los patronos. Los trabajadores más obedientes y que suelen hacer los trabajos más indeseables, los cuales van en contravía de sus ideologías políticas y sus valores morales, se comportan tan servilmente como lo hacen los mercenarios.

 

Una mercancía cualquiera no escoge, más bien es elegida por algún caprichoso consumidor. Una prostituta tampoco elige a su cliente, más bien es un objeto del deseo y capricho del cliente que tenga suficiente poder adquisitivo. En contravía del equívoco y sospechosamente inocente aserto del economista ultra liberal Milton Friedman, en el sentido de que en el mercado tenemos libertad de elegir, la evidencia muestra más bien que nos formamos en habilidades, funciones, modales y competencias que son demandadas por los que, al comprar nuestros servicios laborales, nos remuneran para servirles.

 

En la perspectiva de (Nussbaum, 1999) la similitud del trabajo sexual con otras ocupaciones es la obediencia a quien paga el servicio y las diferencias residen en la calidad de la relación contractual y prestigio social de la profesión. Quienes hoy ejercen la prostitución están sometidas a la estigmatización y al ultraje.

 

Los límites de la legalización del viejo oficio

 

Mientras el prohibicionismo y el paternalismo buscan extinguir la prostitución, la perspectiva liberal busca legalizarlo y regularlo. Por cierto, algunas tendencias feministas son compatibles con el prohibicionismo, pues sus exponentes encuentran que la prostitución es una expresión del machismo y se presta para que las prostitutas sean instrumentalizadas.

 

En la expansiva sociedad de mercado del siglo XX la prostitución se reconoce como una actividad económica más y en opinión de economistas liberales como (Posner, 1994), debe regularse y ofrecerse garantías y seguridad social. Países como Dinamarca y Holanda adoptaron esta visión y se preocupan por el control sanitario y la formalización de esta actividad donde sus practicantes además gozan de protección social y contribuyen al sistema impositivo. No obstante, la igualdad ante la ley es una quimera en un mundo donde imperan desigualdades extremas entre países y al interior de estos. Como acertadamente lo arguyen (Holmes, S. and Sunstein, C., 2013), los derechos humanos son costosos y dependen tanto de los propios recursos del individuo como de la solidaridad y los tributos sociales, y suele suceder que los migrantes pobres y los marginales sean tratados como ciudadanía de quinta sin protección ante la ley. La marcada diferencia en las clases sociales afecta el mercado ocupacional en general y, en particular, el de la prostitución.

 

Una importante paradoja del liberalismo es que los derechos y garantías suelen hacerse efectivos sólo para quienes tienen suficientes recursos monetarios e influencia. La ley no puede borrar las enormes desigualdades sociales, políticas y económicas.

 

En Colombia, después de reforma constituyente de 1991, se han dado pasos importantes hacia la regulación de la prostitución. Con la sentencia T-629 de 2010 se subrayó que el ejercicio de tal oficio no es punible, y se propuso una serie de medidas para que quienes lo ejercen se empoderen a través del conocimiento de sus derechos y deberes. No obstante, entre los años 2004 y 2013 según el Instituto de Medicina Legal, 238 trabajadoras sexuales fueron asesinadas, entre quienes el 9 por ciento tenía entre 10 y 17 años. El año pasado, a raíz de una acción de tutela tramitada por varias trabajadoras sexuales que fueron violentadas por la fuerza pública, la Corte Constitucional falló a su favor y ordenó al Ministerio del Trabajo regular el trabajo sexual en el país.

 

En Colombia la desigualdad socioeconómica y la segregación espacial también se manifiestan en la ubicación de ciertos oficios, entre ellos el que nos ocupa. La Secretaria Distrital de la Mujer en Bogotá, durante los años 2013 y 2015 llevó a cabo un registro de quienes ejercen el trabajo sexual y halló que el 95 por ciento son mujeres (los otros casos son hombres e intersexuales), y que el 50 por ciento se inició en tal labor entre los 18 y 25 años, y el 25 por ciento entró en condiciones de explotación sexual. Es decir que este oficio es esencialmente de las mujeres jóvenes porque, en opinión de ellas, en estos rangos de edad el oficio es más rentable.

 

Las personas en ejercicio de la prostitución está mayormente concentrado en la localidad de Los Mártires con el 26% de las trabajadoras sexuales de Bogotá. De ellas hay un porcentaje elevado (77%) que se encuentran afiliadas al régimen subsidiado en salud. En esta localidad en comparación con las otras el oficio está más concentrado. Los Mártires ha sido catalogada como de alto impacto y con el Decreto 187 de 2002 se reglamentó el permiso para ejercer estas actividades al interior de su territorio. Aunque esta población goza de protección constitucional el 50 por ciento de los registrados declara haber enfrentado alguna violación de sus derechos. Falta aún más para que las y los trabajadoras/es sexuales emprendan acciones colectivas que presionen la generación de actos legislativos que dignifiquen el oficio más antiguo de la humanidad, el oficio que tiene el mérito de unir el alma con el cuerpo.

 

Mercados de la felicidad y construcción de convivialidad

 

El recientemente fallecido filósofo Zygmunt Bauman afirmó en una de sus últimas entrevistas que: “[...] sea cual sea tu rol en la sociedad actual, todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda. El reverso de la moneda es que, al ir a las tiendas para comprar felicidad, nos olvidamos de otras formas de ser felices como trabajar juntos, meditar o estudiar” (Bauman, 2016). Tal reflexión resume muy bien las teorizaciones de autores como Marcel Mauss (Mauss, 1990) y (Graeber, Fragments of an Anarchist Anthropology, 2006) pues en el intercambio mercantil cada comprador busca exprimir la utilidad del bien o servicio que le ofrece el vendedor, y entre ellos no se construye una relación social de amistad, convivialidad o de afecto. Pero cuando se construyen relaciones humanas, en particular de amistad y de afecto, hay un intercambio mutuo y obligado de presentes, detalles y regalos.

 

La prostitución es uno de los servicios más codiciados en los mercados de la felicidad, y podría ser una labor en la que, literalmente, se una el cuerpo con el alma, dada la intimidad e intercambio de caricias, afectos y secretos que comparten clientes y trabajadoras sexuales.

 

En la antigua Grecia quienes se dedicaban a la prostitución eran mujeres libres, eruditas y prestantes en la sociedad. Después, con el cristianismo, se dio importancia al matrimonio con el fin de reducir prácticas como la masturbación, la prostitución, el incesto y la homosexualidad. Ya en la era victoriana se introdujo la preocupación por la moral y la salud pública.

 

Tanto en la práctica como en la teoría se ha planteado que las acciones de política pública deben traducirse en un incremento del bienestar de la población, incluso algunos hablan de incrementar la felicidad. Este tema es bien subjetivo, lo que puede hacer felices a uno no necesariamente se cumple con otros; para unos está asociado al tema de la riqueza material para otros la palabra se asocia al terreno emocional o espiritual. Aunque pueden existir muchas interpretaciones, una interesante para los hacedores de política pública es esta dada por Veenhoven: “La felicidad es un disfrute subjetivo de la vida como un todo, se puede alcanzar mayor felicidad para mayor número de personas por acción del gobierno”. Mientras cada vez más sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo toman el ingreso como medida de felicidad hay otras como Bután que en lugar de PIB (Producto Interno Bruto) hablan de FNB (Felicidad Nacional Bruta) donde aspectos muy importantes como la equidad, el buen gobierno, la conservación del medio ambiente o la conservación de tradiciones y de valores de su cultura, son fundamentales en su registro.

 

El Departamento Nacional de Planeación de Colombia realiza la Encuesta de Percepción Ciudadana; con base en 9.710 entrevistados de las seis regiones y de las áreas metropolitanas de Cali, Barranquilla, Medellín y Bogotá estableció para 2016 que la región centro-oriente (que incluye a Bogotá y a los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander) es la segunda con mayor percepción de felicidad dentro del territorio nacional. Aunque esta zona se destaca por ser el principal polo de desarrollo del país, es importante resaltar que al interior de esta zona a las poblaciones segregadas necesitan las provean de condiciones de vida que incrementen su bienestar o su felicidad.

 

Bibliografía

Bauman, Z. (11 de November de 2016). El Mundo. Obtenido de elmundo.es/líderes: http://www.elmundo.es/papel/lideres/2016/11/07/58205c8ae5fdeaed768b45d0.html
Graeber, D. (2006). Fragments of an Anarchist Anthropology. Chicago: Prickly Paradigm Press.
Holmes, S. and Sunstein, C., (2013). The Cost of Rights: Why Liberty depends on Taxes . London: W. W. Norton & Company.
Mauss, M. (1990). The Gift: The form and reason for exchange in archaic societies. London: Routledge.
Nussbaum, M. (1999). Wheter from Reason or Prejudice. En M. Nussbaum, Sex and Social Justice (pp. 276-298). New York: Oxford University Press.
Posner, R. (1994). Sex & Reason. Boston: Harvard University Press.

Publicado enEdición Nº236
Página 1 de 3