Comunismo a los 70, colapso ruso y ascenso chino

La República Popular China celebra el 1º de Octubre su septuagésimo aniversario con la mosca detrás de la oreja. En el imaginario cultural oriental tal efeméride no tiene una significación sustancial, de la importancia del sexagésimo, por ejemplo, que si cierra un círculo; no obstante, su relevancia puntual deviene de hallarse a menos de un lustro de superar la longevidad de la Unión Soviética, en tiempos su más directo rival en el liderazgo comunista. ¿Al igual que la URSS, China ha alcanzado su fecha de vencimiento de 70 años?

Es sabido que los dirigentes chinos comparten cierta inquietud por llegar a enfrentar un destino similar al de la extinta URSS aun siendo tantas las diferencias que, a priori, distancian a una y otra realidad.

Los setenta años de la URSS y de la China Popular presentan similitudes y contradicciones evidentes. En 1987, Mijaíl Gorbachov, al mando de la perestroika y la glasnost, reconocía las enormes dificultades encontradas para implementar su proyecto regenerador tanto en el plano interno como externo. Fue aquel un año marcado por la evaluación histórica, de Stalin a Brezhnev, pero también de los primeros resultados efectivos en materia de derechos humanos, de libertad de expresión, de toma de conciencia del deterioro ambiental y, sobre todo, de las primeras muestras de tensiones políticas profundas que, a la postre, resultarían determinantes para el final precipitado de la URSS: el irredentismo nacionalista y la fractura en el PCUS de la mano del enfrentamiento entre Gorbachov y el primer secretario de Moscú, Boris Eltsin.

El estado general que presenta China a la misma edad política tiene poco que ver con aquel estado de cosas. Para empezar, la experiencia oriental de la reforma no es un hecho extraordinario sino que representa un estado permanente desde hace décadas. Además, aun reconociendo las dificultades, Beijing ofrece un balance de los cambios que globalmente pueden considerarse mucho más exitosos. El colapso que amenazaba el proyecto gorbachoviano y la propia URSS no es equiparable al estado general de la China actual. Por último, mientras Moscú se abonaba al adjetivo radical para impulsar los cambios, en Beijing se sigue apostando por una transformación progresiva y sin aspavientos.

Una economía desigual

La decrepitud y el caos de la economía soviética tampoco guardan parangón con la economía china, la segunda a nivel mundial. La reforma en Moscú se centraba entonces en el fomento de las empresas mixtas, una etapa largamente superada ya en China. El gran acierto de las autoridades orientales fue incorporar el mercado de manera progresiva y aceptar la diversificación controlada de las formas de propiedad. Y apuestan por la innovación. Este año, China avanzó tres plazas en el ranking de países más innovadores del mundo, situándose en la posición 14 de un total de 129 economías estudiadas. Nada que ver, pues, con el panorama decepcionante que nos ofrecía la economía soviética entonces. Aun así, en ambos casos, los cambios en el modelo de desarrollo excluyen los cambios sistémicos. A Gorbachov se le fue de las manos el proceso. Xi Jinping tiene esto muy presente cuando promueve campañas ideológicas como la de “permanecer fiel a la misión fundacional”.

El talón de Aquiles territorial

Los nacionalismos periféricos desempeñaron un papel muy relevante en la crisis soviética. Desde algunas minorías (como los tártaros de Crimea) a los pueblos bálticos o la guerra armenio-azerí por el control de Nagorni-Karabaj daban cuenta de las complejas entrañas del “pueblo soviético”. En China, las tensiones que detectamos en Tíbet, en Xinjiang o, en otro marco, en Hong Kong o, más allá, en relación a Taiwán, nos indican una similar intensidad del problema nacional-territorial que como en la URSS es periférico y a la vez central. Una diferencia sustancial, no obstante, es que la crisis nacionalista soviética pilló a la URSS con un nacionalismo ruso decaído, que debió ser en buena medida reconstruido tras la disolución soviética. Por el contrario, el nacionalismo Han, apoyándose en una demografía abrumadora, desempeña una función catalizadora esencial. Pero sin duda la trayectoria de la URSS representa una advertencia que en China se toman muy en serio, especialmente a la vista de que su modelo autonómico fue importado de dicho país.

El mundo exterior

Es igualmente asimétrica la realidad china y soviética. La apertura exterior de China se encuentra a años luz del limitado marco de interdependencia establecido con el exterior e incluso con los demás países socialistas. Es más, Beijing se apunta a liderar la globalización cuando su rival estratégico principal, Estados Unidos, se adhiere al proteccionismo. A la inversa, en lo político, los compromisos internacionales de China y su papel en la gobernanza global le confieren una dimensión notablemente inferior a la desempeñada por la URSS, aun entonces referente inexcusable de la bipolaridad mundial.

La defensa y la seguridad

Gorbachov vivía como una pesadilla la situación de confrontación con los países occidentales. La firma del Tratado INF (fuerzas nucleares de alcance intermedio) en 1987 supuso para Moscú un respiro de alivio como el propio líder soviético llegó a confesar en sus memorias. La importancia del complejo militar-industrial en la URSS y China tampoco admiten comparación a pesar de que hoy día, China ya supera a Rusia en gasto militar. Aunque la defensa constituye un ámbito de atención preferente, Beijing descarta interés alguno en involucrarse en una carrera de armamentos que, a la postre, dilapidó ingentes recursos de la economía soviética hasta determinar en parte su ruina.

Y el Partido

¿Puede entrar China en una espiral de deterioro similar a la vivida en la URSS a partir de 1987? Hay factores de crisis en China nada desdeñables, desde los problemas económicos a los territoriales, pero por el momento no revisten la gravedad sistémica que presentaban en la URSS de 1987, a sus 70 años.

La clave final del desenlace reside en la salud política del Partido. Se comprende por ello la insistencia china en preservar la unidad de ese “país interno” que constituyen sus más de 90 millones de militantes, revistiéndose obsesivamente de lealtad y disciplina.

Gorbachov quería salvar el socialismo y la URSS y fracasó en ambos empeños. Xi Jinping quiere perennizar el mandato del PCCh y proyectar a China como la potencia central del sistema internacional en el siglo XXI sin abdicar de su peculiar socialismo. La vía asiática tiene, no obstante, más envergadura como proyecto nacional, a diferencia de la ambición global que proyectaba la URSS.

En este aniversario en ámbar persiste, no obstante, el reto que el líder chino Zhao Ziyang y Gorbachov debatieron en un encuentro en el Jardín de la Alegría General de Zhonanghai: ¿es posible desarrollar la democracia en un sistema unipartidista? Una cuestión central que entonces unía las preocupaciones de los dirigentes soviéticos y chinos y que hoy, desaparecida ya la URSS, también se esfumó de la agenda china.

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

Publicado enPolítica
Jueves, 12 Septiembre 2019 06:40

China prepara a sus mandos para “la lucha”

China prepara a sus mandos para “la lucha”

Hong Kong y la guerra comercial amenazan con empañar el 70º aniversario de la República Popular

Douzheng (“lucha”). Esa va a ser la palabra clave en el vocabulario político de China en el futuro próximo, según ha dejado claro el presidente chino, Xi Jinping. Un futuro marcado en las próximas semanas por una fecha clave: El 1 de octubre se celebrará el 70 aniversario de la fundación de la República Popular de China, una efeméride que Pekín lleva planificando al milímetro desde hace años. No quiere que nada empañe un homenaje por todo lo alto a los logros desde 1949. Pero la conmemoración llega en momentos complicados: las protestas en Hong Kong y la guerra comercial en Estados Unidos son dos grandes nubarrones en el horizonte.

El panorama para lo que queda de año y el próximo, al menos, es de dificultades, a los ojos de Pekín. El Gobierno acaba de aprobar una veintena de medidas para estimular el consumo. La guerra comercial con EE UU pesa en el crecimiento económico, que el FMI calcula que será del 6,2% —una décima de punto menos que su pronóstico inicial—, el más débil en tres décadas. Aumentan las tensiones geopolíticas. Varios Gobiernos occidentales siguen la estela de Washington y se muestran cada vez más escépticos hacia China. El propio Xi ha estrenado el curso político con un sombrío discurso.

En una alocución la semana pasada desde la Academia Nacional de Gobierno, donde se forman los mandos del Partido Comunista de China, el presidente chino ha advertido: “El desarrollo de nuestro país ha entrado en una etapa en la que todo tipo de riesgos y desafíos se acumulan y concentran”, en áreas desde la economía al medioambiente, pasando por la Defensa. Xi ha mencionado también específicamente “Hong Kong, Macao y Taiwán”.

Hasta 60 veces llegó el presidente a mencionar la palabra douzheng en su discurso. Un término con muchas connotaciones en China: habitual durante la Revolución Cultural y los tiempos de Mao Zedong, había caído en desuso durante la época de reformas de Deng Xiaoping. Xi la empleó muy conscientemente: para motivar a los cuadros más jóvenes y para cerrar las filas del partido en torno a él. “Intenta utilizar esos desafíos en beneficio propio, tanto para aumentar su poder como para impulsar su programa político”, opina la consultora Trivium.

"Una orden de movilización"

“Este discurso es como una orden de movilización, una especie de pequeña ‘Revolución Cultural’ que en vez de movilizar a la gente corriente se centra en movilizar a los mandos, pidiéndoles que estén listos para la lucha y sean valientes en ella. Así, está marcando el camino por el que irá el Partido en el futuro: una ‘filosofía de lucha’, en vez de la ‘sociedad armoniosa’ (el lema del previo presidente, Hu Jintao) que aliviaba los conflictos sociales y buscaba el compromiso”, opina en una entrevista telefónica el comentarista político independiente Wu Qiang en Pekín.

Las palabras de Xi también preparan, opina Wu, la respuesta a los dos grandes desafíos inmediatos que afronta China: la guerra comercial y Hong Kong. El presidente ha usado ambos para fortalecer su liderazgo, según el analista, pero lograr avances requerirá —considera— algún tipo de compromiso. Xi “tiene que compaginar el papel de líder duro y de negociador. Este llamamiento a la lucha es para curarse en salud ante un futuro compromiso. En cierto modo, es una preparación estratégica para compromisos que puedan llegar en la disputa con Estados Unidos y en las protestas en Hong Kong”, subraya el experto.

Desde la semana pasada, el Gobierno chino ha dado sendos pasos para intentar suavizar ambos problemas, o al menos ponerles sordina hasta después de los festejos del aniversario. En una llamada telefónica, el equipo negociador chino ha acordado una reunión a primeros de octubre con su contraparte estadounidense en Washington, pese a la entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses el 1 de septiembre. Pekín también ha eximido de aranceles suplementarios a varios productos de EE.UU, en un gesto de buena voluntad este miércoles.

Y en una comparecencia junto a la canciller alemana, Angela Merkel, el primer ministro chino, Li Keqiang, dejó claro el viernes pasado que —al menos de momento, y ante el público— la jefa del gobierno hongkonés, Carrie Lam, cuenta el apoyo de Pekín en su anuncio de retirar oficialmente el proyecto de ley de extradición que originó las protestas. Una rama de olivo a los manifestantes, aunque para ellos no es suficiente y las movilizaciones continúan. Preguntado sobre esa medida, Li puso de manifiesto que su Gobierno respalda los esfuerzos de Lam para “poner fin a la violencia y el caos de acuerdo con la ley, para restablecer el orden”.

Con todo, la opción de esperar y ver puede resultar solo un parche temporal en ambas crisis. Hong Kong se prepara para un nuevo fin de semana de protestas, el décimo quinto, tras los destrozos del anterior. El gobierno autónomo no descarta declarar la ley de emergencia para acabar con las movilizaciones, según confirmaba la secretaria de Justicia hongkonesa, Teresa Cheng, a los medios de la excolonia británica este martes.

En el frente comercial, pocos analistas esperan que las negociaciones en Washington vayan a arrojar resultados concretos; es probable que el tira y afloja continúe hasta el año próximo, cuando Estados Unidos celebrará elecciones. El periódico China Daily subrayaba la semana pasada que “bajo ninguna circunstancia China sacrificará sus intereses nacionales para satisfacer las exigencias de EE UU”.

Tras los festejos del 1 de octubre, asoma un calendario delicado. En octubre también se celebrará la primera reunión del pleno del Comité Central del Partido en más de un año; en noviembre, elecciones de distrito en Hong Kong; un mes más tarde se conmemora el 20 aniversario del regreso de Macao a la soberanía china, un evento al que está previsto que acuda Xi y que puede movilizar a los manifestantes hongkoneses. En enero llegará otro momento al que China no quita ojo: las elecciones en Taiwán, la isla independiente de facto que Pekín considera parte de su territorio, y en la que se siguen muy de cerca los acontecimientos en Hong Kong. La douzheng, la “lucha”, acaba de empezar.

Por Macarena Vidal Liy

Hong Kong 11 SEP 2019 - 14:29 COT

Publicado enInternacional
40 años de la revolución sandinista: debatir es necesario

Quienes crean que la crítica y la autocrítica son inútiles, o peligrosas, pueden leer los discursos e intervenciones de Lenin después de 1917, ante sus compañeros, en los congresos y plenos del partido y de los soviets. Observarán la rigurosidad de sus análisis, implacables con los errores y desviaciones, intransigentes con sus más cercanos camaradas.

 

Siempre fue así, pero desde la toma del poder ganó en densidad y precisión, indagando siempre temas nuevos. Le exasperaban la burocracia y las trampas que sus compañeros se hacían para rehuir los problemas que creaban o no eran capaces de resolver. Todos los revolucionarios, en todo tiempo, fueron implacables con el campo en el que militaban, porque se jugaban la vida y despreciaban los cargos.

 

Cuando se cumplen 40 años del triunfo de la revolución sandinista, no se han escuchado análisis profundos de las izquierdas hegemónicas, pese a que el proceso encabezado por Daniel Ortega naufraga en la corrupción y la represión, dejando tras de sí una estela de asesinados, torturados, presos y exiliados. Un connotado académico dijo, días atrás, que la masacre de abril fue de una "sobriedad ejemplar (...) muestra de un temple y una capacidad de respuesta constructiva, generosa, patriótica".

 

Los análisis más serios provienen estos días de ex comandantes que han abandonado el FSLN en diversos momentos. Mónica Baltodano, Dora María Téllez, Luis Carrión, Henry Ruiz y Óscar René Vargas, entre los más conocidos. Por razones de espacio me centraré sólo en dos de ellos.

 

Baltodano considera al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como una dictadura, en artículo publicado en Brecha (https://bit.ly/2LOHStj). Asegura que la inmensa mayoría de “comandantes de la revolución, guerrilleros, combatientes populares y gente del pueblo que se incorporó masivamente a la insurrección final, repudia el orteguismo, sus atrocidades y la represión desatada, que incluye –según las conclusiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos– crímenes de lesa humanidad”.

 

Denuncia la represión policial-militar y paramilitar desatada por Ortega contra estudiantes y campesinos, que no duda en calificar como "masacre", perpetrada a partir de las movilizaciones populares de abril de 2018 contra los recortes en el sistema de pensiones.

 

Aliado con banqueros, grandes empresarios y con Estados Unidos, a partir de 2007 Ortega se convirtió, según la ex comandante, "en paladín del capitalismo y del libre mercado, de las facilidades a las trasnacionales, del brutal extractivismo, de la explotación de los recursos naturales y de la privatización de toda la riqueza pública". Le indigna que algunos partidos de izquierda e intelectuales apoyen al régimen, "aun después de la matanza que dejó cientos de muertos, miles de heridos y mutilados, así como más de 70 mil refugiados políticos".

 

Carrión se centra en la autocrítica, pero luego de reconocer que fue parte de lo que denuncia en un extenso artículo en la revista Envío (https://bit.ly/2Otr6lC). Se detiene en la descripción de las realizaciones de la revolución en la salud y la educación, el empoderamiento de los sectores populares y la reforma agraria. La crítica comienza con el hecho de que los sandinistas asumieron un poder absoluto, que los llevó incluso a colocar a la sociedad y a los movimientos bajo su control, siguiendo la lógica del "partido único".

 

La conversión de las organizaciones sociales en "correas de trasmisión" de la dirección del FSLN, en la peor tradición estalinista, fue de la mano de la acusación de contras (contrarrevolucionarios) a quienes no se alinearan con las decisiones de arriba. En ningún terreno se aceptó pluralidad, ni siquiera en las organizaciones de mujeres, de campesinos o de pobladores urbanos. Todo debía pintarse de rojinegro, reconoce Carrión.

 

Con el paso de los años, podemos entender la política hacia los miskitos de la Costa Caribe, a quienes se les intentó imponer la lógica sandinista, que sentían como una nueva colonización. Se trató de los tradicionales errores de una política centrada en el Estado, pese a lo cual los propios sandinistas intentaron corregirlos con la declaración de autonomía, en lo que considera "un mérito del gobierno revolucionario".

 

Diferente es el trato que recibió el campesinado, que Carrión estima clave para el descarrilamiento de la revolución. Sostiene que la guerra entre los sandinistas y la contra apoyada por Estados Unidos, no se habría generalizado "si no se hubiera producido un alzamiento masivo contra la revolución de los campesinos del centro del país, desde el norte hasta el sur".

 

En este aspecto, considera que hubo un abuso con las confiscaciones de tierras que, inicialmente, afectaban sólo a los somocistas pero luego se aplicaron a las personas que no apoyaban la revolución. Un problema adicional es que las confiscaciones "las ejecutaron funcionarios y dirigentes políticos que venían de las ciudades con una visión ideológica del campo, sin conocer la identidad de la sociedad campesina".

 

El sandinismo reprodujo la actitud colonial/patriarcal de los partidos de izquierda hacia los campesinos y los pueblos originarios. Según Carrión, "una incapacidad de relacionarse con el campesinado, que hablaba otro idioma, distinto al de quienes llegaron al campo representando a la revolución".

 

Por último, los comandantes abordan el problema de un poder revolucionario que reproduce las culturas políticas ya existentes en las sociedades pre-revolucionarias. Así como Stalin (y el conjunto del partido bolchevique) reprodujo la herencia del poder zarista, Ortega se inserta en la tradición autoritaria de Nicaragua, donde la dictadura de Somoza duró medio siglo y fue precedida por otras similares.

 

¿Cómo hacer para no reproducir y para transformar las culturas políticas hegemónicas? Este es el núcleo del debate que nos debemos y que, por ahora, sólo los movimientos de mujeres y de pueblos originarios comienzan a responder.

Publicado enPolítica
Viernes, 12 Julio 2019 06:03

El sueño de la razón

El sueño de la razón

El triunfo de la revolución nicaragüense en 1979, hace 40 años, fue fruto del heroísmo de miles de jóvenes combatientes que lograron derrotar al ejército pretoriano de Somoza, pero también lo fue, y en una medida trascendental, de una hábil y brillante operación política que movilizó a la población, despojó de temores a la clase media, pospuso las aprehensiones de los empresarios, logró un sólido respaldo internacional y una interlocución con el gobierno de Estados Unidos.

 

Una "transición ordenada" fue negociada con la administración Carter, lo que implicaba la salida de Anastasio Somoza al extranjero con su familia y allegados y la formación de un mando militar conjunto entre oficiales de la Guardia Nacional y comandantes guerrilleros. No resultó así al final, porque el vicepresidente Francisco Urcuyo, que sólo debía entregar el mando a la Junta de Gobierno organizada en el exilio, desconoció el acuerdo, y eso precipitó el avance de las fuerzas insurgentes del FSLN y el desmoronamiento del ejército.

 

Los jóvenes en armas, y la gente que los apoyaba, jugándose también la vida, entendían poco de artificios ideológicos, y su urgencia era derrocar a una dictadura opresora y corrupta. Y allá abajo empezaron a juntar fuerzas antes de que se llegara a firmar un acuerdo de unidad entre las tres tendencias en que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se hallaba dividido.

 

Pero hay pecados capitales que definen la historia de un proceso revolucionario, y definen, a final de cuentas la historia misma. Un pecado capital de los líderes de la revolución nicaragüense consistió en poner la ideología por encima de las posibilidades de la realidad. El socialismo, como idea redentora, despreció la realidad, y ésta terminó imponiéndose.

 

Las concepciones leninistas sobre el poder no dejaban de flotar arriba, en el estrato de la vanguardia, encarnada en los nueve comandantes, dueños del papel de conducir una revolución que, contraria a cualquier molde, se había hecho con novedad e imaginación.

 

Desde el primer momento, en el proceso revolucionario convivieron dos planos: las intenciones de crear a largo plazo un Estado socialista bajo la guía de un partido único o al menos hegemónico, y la proclama de pluralismo político, economía mixta y el no alineamiento internacional.

 

Antes de un año, la unidad de fuerzas políticas diversas que había hecho posible el derrocamiento de la dictadura saltó en añicos. Muy temprano el FSLN decidió que la responsabilidad de gobernar era en exclusiva suya, y este fue otro pecado capital. No sólo alejó a sus aliados, sino que les estorbó o impidió, que formaran o consolidaran partidos de oposición. Cuando fueron llamadas las elecciones de 1984, ya en auge la guerra de los contras, quiso atraerlos de nuevo, pero la administración Reagan les impidió participar como parte de la estrategia de cerco y debilitamiento que ya estaba en marcha.

 

En términos estratégicos, la revolución se amparó en el campo soviético, y en Cuba, para el apoyo militar, y para los suministros básicos que incluían el petróleo; mientras del otro lado prevalecía el embargo comercial de Estados Unidos junto con una decidida política de aislamiento que, a los ojos del mundo, situaba a David frente a Goliat.

 

La única posibilidad de redimir a los pobres era creando riqueza, pero la estatización de sectores claves de la propiedad, empezando por la agraria, y los controles del comercio exterior e interior, resultaron en fracaso, y la guerra vino a desbarajustar las iniciativas de transformación social que eran la razón de ser de la revolución.

 

La empresa privada sobrevivía maniatada, sin iniciativas ni confianza, sujeta a las expropiaciones arbitrarias, y después se fue también por el embudo de la debacle que representó la falta de divisas para los suministros básicos, la inflación y el desabastecimiento.

 

Nadie en la dirigencia sandinista imaginó a Mijaíl Gorbachov sustituyendo a los viejos carcamales del Kremlin, ni que años después aterrizaría el canciller Eduard Shevardnadze en Managua con la notificación de que era necesario entenderse con Estados Unidos para que la guerra de los contras terminara; es lo que se había acordado entre Washington y Moscú. Tampoco fue previsible la desaparición de la Unión Soviética ni la caída del Muro de Berlín.

 

Cuando se impuso la necesidad de los acuerdos de paz con la contra, que también se había quedado sin respaldo del Congreso de Estados Unidos, vinieron, como consecuencia, las elecciones de 1990, que el sandinismo perdió. El proyecto hegemónico colapsó y las concepciones ideológicas cogieron rápidamente herrumbre.

 

La revolución terminó entonces mediante una gran paradoja: por la vía de unas elecciones que eran el símbolo de la democracia representativa, que la teoría marxista rechazaba por opuestas a la democracia popular.

 

Quizás el más aleccionador de los pecados capitales de la revolución, vista ahora como un fenómeno ya lejano, es la concepción del poder político para siempre en manos de un partido, que viene a terminar indefectiblemente en el poder de una persona o de una familia.

 

Siempre resulta que el sueño de la razón produce monstruos.

 

www.sergioramirez.com

 

Publicado enPolítica
Miércoles, 29 Mayo 2019 06:34

La canción corregida

La canción corregida

El festival Centroamérica Cuenta se clausuró en San José, la capital de Costa Rica, con un concierto en el que subieron al escenario Luis Enrique Mejía Godoy, el tío, y Luis Enrique Mejía López, el sobrino, conocido como Luis Enrique "el salsero". La gente coreaba con entusiasmo las canciones del repertorio, y en un momento culminante ambos interpretaron a dúo El Cristo de Palacagüina, una canción emblemática de los tiempos de la revolución sandinista, compuesta por el hermano y tío de los dos artistas, Carlos Mejía Godoy.

En una de sus estrofas, que es su clímax, la canción dice que María sueña a su hijo convertido en carpintero, como José su padre, pero el niño más bien piensa "mañana quiero ser guerrillero".

Desde atrás, un joven nicaragüense exiliado alza su voz para corregir la letra: "¡mañana quiere ser ingeniero!" Y su reclamo recibe sonoros aplausos que se alzan entre los que premian a los cantantes.

Hay un mar de fondo en esa enmienda gritada a voz en cuello. Para la generación de los abuelos de este muchacho, la lucha guerrillera fue vista como una incuestionable necesidad, basada en la convicción de que para derrocar a la tiranía de los Somoza era imprescindible irse a la montaña, entrar en la clandestinidad, pasar a una vida de penurias y peligros constantes, el primero de ellos la muerte.

En tiempos de soledad, cuando el apostolado de la guerrilla no correspondía a muchos, sino a los escogidos, se daba el ejemplo ético con la propia vida en una lucha que nunca se concebía a corto plazo; la hora del triunfo sonaría mucho después, y la verían otros, cuya conducta estaría determinada por el ejemplo recibido de quienes se habían sacrificado para que llegara aquel momento luminoso, situado en un futuro lejano e impreciso.

Desde las catacumbas de la clandestinidad, igual que los primeros cristianos, el advenimiento del reino no estaba en duda, pero se trataba de una utopía sin tiempo. Tratar de acelerarla era desviarse de la ruta trazada por la historia, caer en el cortoplacismo, uno de los pecados capitales contra el fervor ideológico.

La ambición pura de convertirse en guerrillero como destino moral, renunciando a las pompas mundanas, emparentaba al cristianismo primitivo con la militancia clandestina, pues aquel también demandaba sacrificio sin esperanza en esta vida, sino en una futura, que se hallaba fuera de los límites de la realidad, colocada más allá de la propia muerte. La patria celestial aquí era la patria libre del imperialismo, del dominio oligárquico, de la explotación y el vasallaje. La patria socialista.

Ahora la consigna "¡Patria libre o morir!", una escogencia sin colores intermedios, que se pronunciaba desde la convicción solitaria, se ha transformado en "¡Patria libre y vivir!" Aquella copiaba a la de "¡Patria o muerte, venceremos!" con la que Fidel Castro, desde el poder, cerraba sus discursos en la tribuna, y, en los peores momentos, alzaba como escudo el ejemplo de Numancia: frente al cerco enemigo, mejor muertos que esclavos.

Pero la generación del muchacho exiliado que corrige desde atrás del auditorio la canción, ya lo vio todo. Vio la utopía deformarse en un proyecto de poder que terminó pareciéndose en nada a la que, desde su pureza cerrada, en la inocencia de la historia, soñaban aquellos otros jóvenes, como el poeta Leonel Rugama, quien, rodeado en una casa de seguridad en Managua por los soldados de Somoza, armados hasta los dientes, ante la exigencia de rendirse había gritado "¡Qué se rinda tu madre!" antes de ser acribillado a tiros.

Ese grito de victoria en la muerte fue convertido en consigna de lucha por el sandinismo, y los jóvenes que se alzaron en rebelión en abril de 2018 lo adaptaron, sin reformarlo. Desarmados, pero nunca rendirse. Ahora no se trata de un reino lejano en la bruma de la historia, sino de cosas palpables e inmediatas, donde el corto plazo se vuelve imprescindible: libertad, justicia, democracia. Si vamos más atrás, era la consigna del propio Sandino: "Patria y libertad".

Un futuro que se puede contemplar de cerca. Por eso ingeniero, no guerrillero. Un sistema abierto que se pueda construir con base en elementos concretos y que resuelva con eficacia el viejo asunto del atraso mediante la multiplicación de las oportunidades, empezando por la educación.

Los jóvenes que resisten en Nicaragua, o que se han visto forzados al exilio, tienen un proyecto de futuro que no pasa por los horrores de una confrontación violenta. En las luchas armadas hay siempre un líder triunfante, que al llegar al poder por medio de los fusiles, querrá quedarse en el poder por la fuerza de los fusiles.

Una transición democrática, en cambio, permitirá construir instituciones para asentar los nuevos liderazgos. Gobernantes electos sin posibilidad de relegirse, que no devengan en caudillos para siempre, ni puedan imponer regímenes familiares. Romper con la vieja tradición que nos ha sumido en la abyección y la arbitrariedad.

sergioramirez.com

Facebook: escritorsergioramirez

Twitter: sergioramirezm

Instagram: sergioramirezmercado

 

Publicado enInternacional
Petrolera Exxon, primera gran corporación en demandar a Cuba bajo el amparo de la Helms-Burton

La petrolera estadounidense reclama más de 70 millones de dólares a Cimex y Cupet por el uso de propiedades nacionalizadas en 1960.

 

La petrolera Exxon Mobil presentó una demanda en un tribunal federal de Estados Unidos contra Cuba-Petróleo, propiedad del Estado cubano, y la empresa CIMEX S.A., por una refinería, gasolineras y otros activos incautados en 1960, meses después de la revolución encabezada por Fidel Castro.


El gigante petrolero estadounidense es la primera gran corporación en demandar a Cuba desde que el gobierno del presidente Donald Trump puso en vigor una sección inactiva de la Ley Helms-Burton de 1996, incrementando la presión sobre los gobiernos de La Habana y Caracas.


Bajo el Título III de la Ley, suspendido por los presidentes anteriores, los ciudadanos, la mayoría cubano-estadounidenses, pueden presentar demandas en cortes de
Estados Unidos contra compañías que se beneficien o hagan negocios con La Habana en propiedades nacionalizadas por el gobierno tras la revolución de 1959.


“El demandante presentó documentación contra la Corporación CIMEX S.A. y la Unión Cuba-Petróleo (…) por tráfico ilegal de propiedad confiscada en violación del Título III de la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática de Cuba (LIBERTAD) de 1996”, dice la demanda archivada en el tribunal del Distrito de Columbia.


La refinería Standard Oil en la bahía de La Habana, ahora operada por CUPET con el nombre “Ñico López”, fue la primera propiedad de Estados Unidos nacionalizada, luego de que la empresa se negara a procesar petróleo de la Unión Soviética debido a tensiones con Washington.
CIMEX S.A. opera estaciones de servicio en la isla con CUPET.


En la década de 1960, Estados Unidos certificó 5 mil 913 reclamos contra Cuba por valor de mil 900 millones de dólares, de las cuales Standard Oil y Mobil tenían una reclamación cada una por un total de 245 millones, según el Consejo de Comercio y Economía Cuba-EE.UU., una organización con sede en Nueva York experta en reclamaciones.
Un portavoz de Exxon Mobil dijo que, como práctica, la compañía no hace referencia a litigios pendientes.


Una norma cubana aprobada en 1996 sostiene que la ley Helms-Burton estadounidense es “ilícita, inaplicable” y considera “nula” toda reclamación de persona natural o jurídica en tribunales de Estados Unidos.

Publicado enInternacional
Atrapada entre una Turquía agresiva, una dictadura siria surgida de las cenizas y facciones criminales yihadistas, la región autónoma de Rojava, recientemente bautizada como “Federación Democrática del Norte de Siria”, encabeza la revolución feminista. En medio del caos sirio, cuatro millones de kurdos, árabes, sirios y otros pueblos viven en armonía.

“Estamos al servicio de la gente. Nos transmiten todos los problemas que tienen y los intentamos solucionar. Hemos creado un mundo autoritario que va en contra de la naturaleza, y de la naturaleza humana propiamente, y tenemos que solucionarlo. Esta solución solo puede venir de una actuación colectiva. Es la labor de los jóvenes, sobre todo, crear alternativas para que este sistema de autoridad se quede vacío y sin sentido”.

(Leila, copresidenta del Ayuntamiento de Makhmur)

Kurdistán, es un territorio de Mesopotamia que nunca ha tenido Estado. Después de la Segunda Guerra Mundial se dio el desmembramiento del antiguo Imperio Otomano, que separó Kurdistan entre Irak, Irán, Turquia y Siria. Históricamente, el pueblo kurdo es uno de las varios que en Medio Oriente han padecido numerosas invasiones, ataques y genocidios.

Allí, desde el 2011, un proceso revolucionario democrático, permite a distintos pueblos, que profesan diversas religiones, construir una sociedad sin Estado, basado en la ecología, la liberación de las mujeres y la autonomía comunitaria. Este proceso está rodeado por un complejo juego de ajedrez de la geopolítica mundial. De un lado tienen a Turquía, quien mantiene una política represiva de aniquilación al pueblo Kurdo, y del otro lado a Siria (teatro de una guerra interna en curso desde hace ya 8 años, con claras manifestaciones de las primeras escaramuzas bélicas de la confrontación que hoy viven las principales potencias del orbe). La zona del norte de Siria, Rojava, fue abandonada ante el avance del Estado Islámico y retomada por las fuerzas militares Kurdas con apoyo militar de Estados Unidos (EU). La presencia militar estadounidense en Rojava ha servido como protección, un hecho coyuntural que le permitió al pueblo kurdo a tener mayor injerencia en la guerra en Siria, al tiempo que frenar los ataques turcos sobre Rojava.

El contexto actual no es muy favorable para este proceso de liberación, autonomía y renovación de estructuras sociales, política y militares: el 12 de diciembre del 2018 el Estado turco anunció una inminente operación militar que sería concretada el 13 de diciembre con el bombardeó de dos campos de refugiados. Trump pidió a Erdogan, en una llamada telefónica, que retrasará el ataque mientras retiraba las tropas estadounidenses del territorio kurdo para dejar campo libre a lo que, seguramente, será un genocidio. En efecto, el 19 de diciembre en medio de un escándalo diplomático que llevó en menos de 24 horas a la renuncia del secretario de Defensa gringo, Trump anunció el retiro de las tropas de su país.

Una revolución sin Estado

Los pueblos del Kurdistán viven bajo la ocupación de cuatro Estados nacionales, lo que les ha dejado profundas enseñanzas. Por ello, si bien hace 50 años reivindicaban un Estado kurdo independiente, en los últimos 15 años han replanteado su postura, considerando que los Estados nacionales son base fundamental de las estructuras que oprimen a los pueblos.

Ese cambio profundo de perspectiva se basa en un análisis influenciado por ejemplos de luchas populares que lograron conquistar el poder estatal y aun así mantuvieron ejercicios de represión que no cuestionaron la homogeneización de los idiomas, las culturas y las creencias, como por ejemplo la caída del bloque socialista, el Estado chino, el gobierno del Kurdistán Iraquí. Esta historia reciente es insumo para preguntarse, "¿Por qué la toma del poder, o el control de un Estado no libera a los pueblos?". La respuesta llevó a considerar que el Estado-Nación es una parte fundamental del problema de la liberación de los pueblos y por eso mismo un Estado no podrá sacarlos del modelo económico y cultural imperante.

Desde la mirada del movimiento kurdo, el Estado moderno tiene dos componentes: administración y poder. Consideran que la sociedad estuvo despojada por el Estado-nación de sus capacidades de auto-administración, es decir la administración de la vida comunitaria. Prueba de ello es que en países donde el Estado es débil, el común de los habitantes consideran que la sociedad y el Estado son dos cosas distintas, mientras en países de Estado omnipotente sus ciudadanos consideran que son el Estado. El poder en esta definición solo es considerado como poder para el control, la imposición y la hegemonía. En este marco, el Estado necesita de la sociedad y de su administración para existir y asegurar su poder, sin embargo la sociedad no necesita del Estado para existir y resolver su quehacer diario, por lo tanto para la experiencia Kurda se deben reafirmar los auto-gobiernos como mecanismo para disputarle el poder al Estado-Nación.

Estas conclusiones las teoriza Abdullah Ocalan, líder kurdo encarcelado en aislamiento desde febrero de 1999, en abierta violación del derecho internacional. Ocalan está recluido en una Isla vigilada por la Otan, donde en labor reflexiva permanente ha ido consolidando los 5 tomos de sus escritos que constituyen un Manifiesto por una civilización democrática. Allí plantea la necesidad de establecer un sistema político basado en la democracia directa desde las comunidades para la auto-administración de sus vidas. Propone un sistema llamado Confederalismo democrático, basado en tres principios: la ausencia de Estado-Nación, la liberación de las mujeres y la ecología. Lejos de una innovación teórica, Ocalan considera que se trata de dar a la sociedad herramientas para organizarse de la manera más natural posible.

De la teoría a la práctica

Después de largos debates en un movimiento que luchaba por el establecimiento de un Estado autónomo kurdo, esta propuesta está en proceso de implementación desde 2005 en Bakur, Kurdistán ocupado por Turquía. Comunidades organizadas asumen el Confederalismo democrático, articulando sus estructuras comunales de manera paralela al Estado, en un proceso confederal. Juntaron experiencias, cooperativas y construyeron lo que les faltaba para vivir sin Estado: escuelas, centros de salud, sistema de justicia, economía propia y guardia, las cuales fueron conformando el Congreso de la Sociedad Democrática –KCD–.

Ese sistema fue creciendo dentro del territorio y dentro de los mismos Estados donde la población kurda habita. El partido político creado por el KCD ganó hasta 103 municipios en la zona. Al ser elegidos establecieron consejos populares que agregan comunas de unas 50 familias, una suerte de parlamento municipal. Desde la misma campaña electoral, los candidatos dejaban claro que al ser elegidos establecerían ese modelo. El alcalde y la alcaldesa, bajo el principio de copresidencias mixtas (debe haber un representante hombre y una representante mujer), responden a las decisiones del Consejo, no del Estado, aunque formalmente hayan sido elegidos en el sistema electoral turco.

Desde 2011, en medio de la guerra en Siria y el retiro de las fuerzas militares sirias, el Confederalismo se extendió a Rojava, Kurdistán ocupado por Siria, en ausencia del Estado. Allí la organización de la sociedad tiene como unidad básica la Comuna, la cual está conformada por aproximadamente 50 familias o casas. Varias comunas conforman un cantón que aporta a la confederación. Un ejemplo de este proceso se encuentra en la ciudad de Afrin, en unos meses triplicó su población que llegó a 1.500.000 habitantes, con un millón de refugiados, efecto de la guerra en Siria. A pesar de un bloqueo absoluto, no se presenta escasez de alimentos ni de vivienda, gracias a la capacidad de las comunas de resolver las necesidades básicas del conjunto de la creciente población. Las comunas y los consejos populares administran los problemas cotidianos, desde la pelea vecinal hasta el sistema de acueducto.

La construcción de las comunas es la primera etapa del proceso de construcción de la administración propia. Sería un equivalente de la Juntas de acción comunales que se conocen en Colombia. Las comunas pueden ser territoriales o especializadas, estas últimas son encargadas de la agricultura, del manejo de agua, o cualquier otra necesidad. Las personas pueden ser parte de varias comunas, se articulan por veredas, conjunto de veredas o barrios y municipios en asambleas. Las decisiones se toman al nivel más local posible y por consenso, estas son las decisiones que se llevan a otras instancias para su coordinación. Es decir, nadie de otra comuna puede revertir una decisión comunal, se puede criticar, argumentar, intentar convencer, pero no revertir, a menos de haber podido convencer a sus miembros de reevaluar su decisión. Lo mismo pasa con las comunas de mujeres, cuyas decisiones no pueden ser cambiadas en instancias mixtas. Todas las delegaciones de las comunas a los espacios de coordinación son altamente rotativos, cada 2 o 3 meses, y con revocabilidad permanente. Esta estructura lleva a las comunas a organizar su autonomía económica, fortalecer la agricultura, la autonomía alimentaria para articular la relación campo-ciudad.

En la comuna es donde se generan los principales acuerdos y propuestas de funcionamiento social, uno de los cuales es el sistema de justicia y de defensa. Uno de los comités que genera la comuna es el de consenso y paz, que se conforma por personas delegadas de la comunidad. Desde esta comisión se postulan personas para conformar la defensa civil. Además de esta comisión y defensa civil mixta –de hombres y mujeres–, se conforma un comité de consenso y paz de mujeres y una defensa civil de mujeres, donde se trabajan los conflictos relacionados con género. Las personas que integrar la defensa civil deben pasar primero por un periodo de formación sobre resolución de conflictos –sin armas– y feminismo, y posteriormente entrenamiento militar. Además de la defensa civil existen fuerzas armadas de hombres (YPG) y de mujeres (YPJ).

Sin Estado y con autogobierno

Las comunas, toman decisiones cotidianas sobre el uso de la tierra, la repartición de la misma, fijan precios máximos para la venta de productos en las tiendas, se encargan del agua, de la gestión de residuos y basura. Funciona en una vereda, en una ciudad o en un campo de Refugiados.

Además de lo local, las asambleas de cantones y de todo Rojava están articuladas en una Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria, antiguamente la Federación Democrática del Norte de Siria, la cual permite crear instituciones comunales en cuanto a educación, defensa y reconstrucción. En esta estructura, la Administración autónoma tiene dos misiones principales: la diplomacia y la reconstrucción de las áreas destruidas.

Nace un nuevo sistema educativo

Osman Khalil, miembro del Comité de Administración Escolar del cantón de Kobanê, relata los avances del nuevo modelo desarrollado en medio de la guerra y la escasez:

“Hemos elaborado un plan de estudios que tiene en cuenta las nuevas líneas del modelo de Autonomía Democrática, que es un modelo inclusivo y, por lo tanto, los alumnos pueden estudiar en su lengua materna (que puede ser kurdo, árabe o siríaco) desde el primer grado, mientras que al mismo tiempo están aprendiendo las otras dos lenguas del cantón. Una vez que han llegado al quinto grado, también aprenden inglés o francés”.

El nuevo modelo insiste en lo multicultural, pone la relación con las familias en el centro del proyecto educativo, así como la formación continua del cuerpo profesoral y el enfoque psicosocial, ya que como resultado de la guerra las niñas y los niños viven con diversos traumas.

Una amenaza, una esperanza

El Confederalismo democrático es una amenaza para los Estados-nación. Esto se refleja en una zona como la ciudad de Afrin, un oasis en el desierto de la guerra, la cual fue objeto de un ataque turco con la complicidad de EU y Rusia en enero 2018. Había que eliminar, no dejar crecer, este experimento. El Estado turco tiene pleno conocimiento de esta amenaza y pretende atacar a Rojava, razón por la cual en este momento 100.000 combatientes de YPG y YPJ están defendiendo militarmente su proyecto comunal en contra de Estados locales, coaliciones internacionales de Europa y EU y presencia militar de Rusia. En este panorama, el régimen sirio podría llegar a un acuerdo con la Administración Autónoma para contener o evitar una invasión turca en su territorio.

El encuentro de los valores de Rojava con las luchas territoriales latinoamericanas es también una luz de esperanza. En los últimos cuatro años han nacido comités de solidaridad en todo el continente donde se unen naciones indígenas, afro-descendientes, campesinado, grupos juveniles, de mujeres, de trabajadores, entre otros. Los valores radicales de la revolución Kurda pretenden acabar con el concepto de toma del poder y poner la liberación de las mujeres en el centro del proceso. Esto no deja de sorprender a quienes veían en Medio Oriente unas guerras infinitas y poco entendibles de este lado del mundo. Pero más importante aún, ha conquistado corazones y nos regala esperanza.

La revolución de Rojava, mucho más que un fenómeno aislado, ha despertado solidaridades y esperanzas en todo el mundo. Lejos de las teorías sobre el fin de la historia y de los proyectos revolucionarios, demuestra con una mezcla de perceptivas marxistas, cosmovisión de pueblos originarios e influencias libertarias que las revoluciones todavía existen en el siglo XXI.

 

Para conocer más visitar las siguientes páginas:

http://ocalan-books.com/#/espanol
kurdistanamericalatina.org
https://www.facebook.com/pg/Comit%C3%A9-de-Solidaridad-Kurdist%C3%A1n-Colombia-891778574315391/posts/

Publicado enEdición Nº256
Miércoles, 30 Enero 2019 05:52

La libertad, causa común

La libertad, causa común

Este año será el del 40 aniversario de la revolución que derrocó a la dictadura de la familia Somoza. Cuando se rompa ese ciclo que parece fatal en nuestra historia, donde las tiranías parecen repetirse sin fin, la piedra que Sísifo ciego debe empujar eternamente hasta la cima de la montaña no tendrá que rodar de nuevo al plan del abismo. Habremos cambiado dictadura por democracia.

La derrota definitiva del régimen del último Somoza se debió a tres factores fundamentales: el primero de ellos el alzamiento popular encabezado por el Frente Sandinista, y que a partir de octubre de 1977 logró prender en todo el país, vertebrado por la participación creciente de miles de jóvenes de ambos sexos y de todas las clases sociales, hasta llegar a convertirse en una verdadera insurrección nacional.


El siguiente factor fundamental fue el respaldo que los jóvenes en armas recibieron de todos los sectores ciudadanos, sin ningún distingo, muchos alentados por su compromiso cristiano. La aparición del Grupo de los Doce, formado por empresarios, sacerdotes, profesionales, intelectuales, le dio a la organización guerrillera peso político nacional e internacional.
Y el tercero de ellos, pero no el menos importante, la gran alianza latinoamericana que se logró forjar, sin que esta convergencia de voluntades tuviera una identidad ideológica. Los presidentes se guiaban más bien por el repudio a un régimen que había perdido toda legitimidad, no tenía consenso nacional, y se basaba nada más en la represión brutal. Era la última de las viejas tiranías familiares de las “repúblicas bananeras”, un término acuñado por O’Henry en su novela De coles y reyes.


En esta alianza fueron fundamentales Venezuela, Panamá, Costa Rica, México y Cuba; el solo apoyo de Cuba, con cuyo sistema los comandantes guerrilleros sandinistas se identificaban, no hubiera sido suficiente. Más bien es lo contrario. Este apoyo, con pertrechos de guerra, fue posible en términos políticos porque los otros países, con sistemas basados en la democracia representativa, estuvieron presentes; y algunos de ellos prestaron también auxilio bélico, como Venezuela y Panamá, y recursos materiales, como México, para no hablar de Costa Rica, que se convirtió en retaguardia de la lucha armada.


La llegada de Jimmy Carter a la presidencia de Estados Unidos en 1977 abrió una puerta nueva en las relaciones de Washington con América Latina, como pudo verse con la firma ese mismo año de los tratados Torrijos-Carter que devolvieron a Panamá la soberanía del canal. Y la intimidad de medio siglo con la dinastía de los Somoza llegó a su fin con la nueva doctrina de derechos humanos proclamada por Carter. Somoza no entendía aquella hostilidad imprevista que también fue clave para acabar con su reinado.


Omar Torrijos conocía bien la calaña de Somoza, cegado por su obscena voluntad de quedarse para siempre en el poder. Rodrigo Carazo era presidente de un país democrático por convicción y tradición; Costa Rica había soportado por el último medio siglo la vecindad de una dictadura de aquella calaña, y quería para Nicaragua un gobierno igualmente democrático. Y Carlos Andrés Pérez, que venía de la tradición socialdemócrata de Rómulo Betancourt, sabía cuánto se parecía la dictadura de Pérez Jiménez, bajo la que se había visto obligado a exiliarse de Venezuela, a la del viejo Somoza, fundador de la dinastía.


Y en aquel alineamiento de los astros, que fue tan propicio a la caída del último Somoza, la figura del presidente José López Portillo, de México, resultó crucial. Su respaldo fue constante, oportuno y generoso. Me recibió no pocas veces, y puso en sintonía a su gabinete para darnos apoyo, antes y después del triunfo de la revolución. Rompió relaciones diplomáticas con Somoza en mayo de 1979, y nos había pedido que le dijéramos cuál sería la mejor oportunidad para hacerlo. Cuando vino por primera vez a Managua en 1980 en visita oficial, alguno de sus secretarios le preguntó durante el vuelo qué tratamiento habría que dar a Nicaragua en cuanto a ayuda material, y él respondió que igual a cualquier estado de México.


Era el fruto de una larga y generosa tradición. Hubo nicaragüenses que combatieron del lado de las fuerzas revolucionarias en México, uno de ellos el poeta Solón Argüello, secretario privado del presidente Francisco Madero, y fusilado en 1913 tras el golpe de Estado que culminó con la usurpación del dictador Victoriano Huerta; combatientes mexicanos pelearon contra Somoza durante la revolución, y murieron en tierra nicaragüense, como la inolvidable Araceli Pérez Darias.


El presidente Plutarco Elías Calles respaldó con armas a los insurrectos liberales que se alzaron en Nicaragua en defensa de la Constitución en 1925. El presidente Emilio Portes Gil acogió a Sandino en Yucatán en 1929. Y México fue clave en las gestiones del Grupo Contadora para lograr los acuerdos de paz de 1987 que llegaron a poner fin al conflicto armado con la Resistencia Nicaragüense.


En América Latina nada es nunca hacia adentro. La libertad ha sido siempre una causa común.


sergioramirez.com
Facebook: escritorsergioramirez
Twitter: sergioramirezm
Instagram: sergioramirezmercado

Publicado enInternacional
El asesinato de Rosa Luxemburgo (para voces)

“El 15 de enero de 1919 –del cual acaba de conmemorarse el centenario– [en Berlín] en medio de la Revolución Alemana, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht –líderes espartaquistas– quedan arrestados por órdenes de Friedrich Ebert, el líder del partido socialdemócrata, el SPD. Son llevados al lujoso Hotel Eden, convertido en cuartel general de una unidad élite de los Freikorps (GSKD) –cuerpos paramilitares protonazis, embriones de la SA– comandada por el capitán Waldemar Pabst (...). Después de golpear y llevarse a Liebknecht que acabaría fusilado en el parque cercano de Tiergarten, los soldados golpean a Rosa y la fuerzan hacia la salida. El soldado Otto Runge le pega violentamente con la culta del fusil en el cráneo (...) en el piso recibe otro golpe de Runge y sangrando de nariz y boca queda arrastrada al carro (...) A las alturas de Nürnberger Straße, a unos 40 metros de la entrada al hotel [el teniente Hermann Souchon] le dispara un tiro a quemarropa. Rosa Luxemburgo muere instantáneamente (...)” (Klaus Gietinger, The murder of Rosa Luxemburg, Verso 2019, p. 15).


• Luxemburgo que ya estaba en muy mal estado, fue golpeada por Runge de la misma manera [que Liebknecht], llevada inconsciente y asesinada. Su cuerpo fue atado con piedras y arrojado al canal [Landwehrkanal] para volver a aparecer sólo meses después. Esta operación [de deshacerse del cuerpo] fue a cargo del teniente [Kurt] Vogel(Pierre Broué, The german revolution 1917-1923, Brill 2015, p. 257).


• “Cuando los Freikorps vinieron a arrestarla, Rosa estaba leyendo el Fausto de Goethe: ‘Pensaba que [sólo] la iban a encarcelar [otra vez], no tenía idea de la que la iban a asesinar y metió unos libros en el bolso, para llevárselos consigo...’” (bit.ly/2RrApUi).


• “Luxemburgo y Liebknecht eran la amenaza al capitalismo y por eso fueron asesinados. No porque eran la ‘amenaza a la democracia’ (sic) o algo... –añade Gietinger en otro lado– y no es por eso que los mandara a asesinar el capitán Pabst. Lo hizo –siguiendo las órdenes del gobierno socialdemócrata (vide: el pacto ‘Ebert-Groener’)– porque ellos amenazaban al sistema al que él servía, el del imperialismo pruso-germano, de la guerra, de la dominación mundial y uno que la dirigencia de la SPD apoyaba con fervor desde 1914” (bit.ly/2T7u1ya).


• [Rosa] era y acabó siendo una judía polaca en un país que no le agradaba nada [Alemania] y en un partido [SPD] que pronto llegó a odiar (Hannah Arendt, Rosa Luxemburg, 1870-1919, en: Men in dark times, 1968, p. 44).


• “El 31 de octubre de 1918, Ebert –ungido ante el colapso del viejo orden en una jugada astuta de las élites en el canciller– les decía a los representantes del gobierno imperial: ‘Me da pavor imaginarme el momento en que las masas bajo la influencia de los ‘independientes’ –los espartaquistas/comunistas– demanden la implementación de nuestro [propio] programa (¡sic!) –el Programa de Erfurt (1891)– y/o la república” (bit.ly/2RD1GmN).


• “‘Las masas –dice Rosa en el Congreso de fundación del KPD, en diciembre de 1918– aprenden a ejercer el poder ejerciéndolo. No hay otra manera (...) Su educación se realiza cuando pasan a la acción [zur Tat greifen]’. Rosa Luxemburgo se refiere aquí –recuerda Michael Löwy– a una famosa cita de Goethe: ‘Am Anfang war die Tat!’ [¡Al comienzo no era el Verbo, sino la Acción!] (...) Unos días más tarde, sería asesinada por los Freikorps movilizados por el gobierno socialdemócrata bajo la batuta del ministro Gustav Noske y en contra del levantamiento obrero [de masas] en Berlín” (bit.ly/2UifQqt).


• “El liderazgo ha fallado. Aun así el liderazgo puede y debe ser recreado por las masas y desde las masas. Las masas son el elemento decisivo –subrayaba Rosa en su último artículo escrito poco después de la sofocación de la insurrección berlinesa y el día anterior de su propio arresto–, una roca sobre la que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estuvieron a la altura; ellas han convertido esta ‘derrota’ en una de las derrotas históricas que serán el orgullo y la fuerza del socialismo internacional” (Rosa Luxemburgo, “ Die Ordnung herrscht in Berlin”, en: Die Rote Fahne, No. 14, 14/1/1919).


• “‘¡El orden reina en Berlín!’ –escribía Rosa en una alusión a las cínicas y ‘clásicas’ palabras: “ L'ordre règne à Varsovie!”, pronunciadas por un canciller francés tras la sangrienta sofocación de la insurrección nacional polaca por las tropas tsaristas en 1831– ¡Estúpidos secuaces! Su ‘orden’ está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para el terror de ustedes: ‘¡Yo fui, yo soy, y yo seré!” ( Ibídem).


• “Enfrente del capitán Pabst, en cuya oficina estaba sentada, Rosa se puso a arreglar el dobladillo de su vestido que se rompió durante el traslado y –convencida aún de que pronto la iban a trasladar a la prisión de Moabit– leyó tranquilamente unas páginas de Goethe y su Fausto (...)” (Gietinger, “ The murder...”, p. 14).


• “Con su asesinato –escribió famosamente Isaac Deutscher, otro destacado marxista polaco-judío, el biógrafo de Trotsky– la Alemania de los Hohenzollern festejó su último triunfo y la Alemania nazi su primero” (bit.ly/2HfQqUX).

Por MACIEK WISNIEWSKI
Periodista polaco
Twitter: @MaciekWizz

Publicado enInternacional
Jueves, 10 Enero 2019 06:57

La inauguración del pasado

La inauguración del pasado

Los comienzos de año son propicios para los augurios que anuncian un tiempo nuevo, tanto en el plano individual como en el colectivo. De vez en cuando, estos augurios se traducen en actos concretos de transformación social que rompen de manera dramática con el statu quo. Entre muchos otros, destaco tres actos inaugurales que ocurrieron en 1 de enero y tuvieron un impacto trascendente en el mundo moderno.


El 1 de enero de 1804, los esclavos de Haití declararon la independencia de la que en ese momento era una de las colonias más rentables de Francia, responsable de la producción de cerca del 40 % del azúcar entonces consumido en el mundo. De la única revuelta de esclavos exitosa nacía la primera nación negra independiente del mundo, el primer país independiente de América Latina. Con la independencia de Haití el movimiento por la abolición de la esclavitud ganó un nuevo y decisivo ímpetu y su impacto en el pensamiento político europeo fue importante, especialmente en la filosofía política de Hegel. Sin embargo, como se trataba de una nación negra y de exesclavos, la importancia de este hecho fue negada por la historia eurocéntrica de las grandes revoluciones modernas. Los haitianos pagaron un precio altísimo por la osadía: fueron asfixiados por una deuda injusta, solo liquidada en 1947. Haití fue el primer país en conocer las consecuencias fatales de la austeridad impuesta por el capital financiero global del que aún hoy es víctima.

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista era depuesto en La Habana. Nació la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro. A escasos kilómetros del país capitalista más poderoso del mundo emergía un gobierno revolucionario que se proponía llevar a cabo un proyecto de país en las antípodas del big brother del norte, un proyecto socialista muy consciente de su novedad y especificidad históricas, inicialmente tan distante del capitalismo norteamericano como del comunismo soviético. Tal y como Lenin cuarenta años antes, los revolucionarios cubanos tenían la conciencia de que el pleno éxito de la revolución dependía de la capacidad del impulso revolucionario para extenderse a otros países. En el caso de Cuba, los países latinoamericanos eran los más cercanos.

Poco tiempo después de la revolución, Fidel Castro envió al joven revolucionario francés, Regis Debray, a varios países del continente para conocer la forma en la que se estaba recibiendo la revolución cubana. El informe elaborado por Debray es un documento de extraordinaria relevancia para los tiempos de hoy. Muestra que los partidos de izquierda latinoamericanos seguían muy divididos respecto de lo que había pasado en Cuba y que los partidos comunistas, en especial, mantenían una enorme distancia e incluso sospecha con relación al "populismo" de Fidel. Por el contrario, las fuerzas de derecha del continente, bien conscientes del peligro que representaba la Revolución cubana, estaban organizando el contraataque; fortalecían los aparatos militares e intentaban promover políticas sociales compensatorias con el apoyo activo de Estados Unidos. En marzo de 1961, John Kennedy anunciaba un plan de cooperación con América Latina, a realizarse en diez años (Alianza para el Progreso), cuya retórica pretendía neutralizar la atracción que la Revolución cubana estaba generando entre las clases populares del continente: “Vamos a transformar de nuevo el continente americano en un crisol de ideas y esfuerzos revolucionarios, como tributo al poder de la energía creadora de los hombres libres, y como ejemplo al mundo, de que la libertad y el progreso marchan tomados de la mano”.

La expansión de la Revolución cubana no fue como se preveía y sacrificó, en el proceso, a uno de sus más brillantes líderes: el Che Guevara. Pero la solidaridad internacional de Cuba con las causas de los oprimidos todavía no ha sido contada. Desde el papel que tuvo en la consolidación de la independencia de Angola, la independencia de Namibia y el fin del apartheid en Sudáfrica, hasta los miles de médicos cubanos esparcidos por las regiones más remotas del mundo (más recientemente en Brasil), donde nunca hasta entonces habían llegado los cuidados médicos. Sesenta años después, Cuba continúa afirmándose en un contexto internacional hostil, orgullosa de algunos de los mejores indicadores sociales del mundo (salud, educación, esperanza de vida, mortalidad infantil), pero ha fracasado hasta ahora en la acomodación estable del disenso y la implantación de un sistema democrático de nuevo tipo. En el plano económico se atreve, una vez más, a lo que parece imposible: consolidar un modelo de desarrollo que combine la desestatalización de la economía con el no agravamiento de la desigualdad social.


El 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició una insurrección en el estado de Chiapas, en el sudeste de México, por vía de un levantamiento armado que ocupó varios municipios de la región. La lucha de los pueblos indígenas mexicanos contra la opresión, el abandono y la humillación irrumpía sorprendentemente en los noticieros nacionales e internacionales, justo el día en el que el Gobierno de México celebraba la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) con Estados Unidos y Canadá, con la proclamada ilusión de haberse juntado así al club de los países desarrollados. Durante un breve período de doce días hubo varios enfrentamientos entre la guerrilla indígena y el ejército mexicano, al fin de los cuales los zapatistas renunciaron a la lucha armada e iniciaron un vasto e innovador proceso de lucha política, tanto a nivel nacional como internacional. Desde entonces, la narrativa política y las prácticas del EZLN se constituyeron en una referencia ineludible en el imaginario de las luchas sociales en América Latina y de los jóvenes progresistas en otras partes del mundo. El portavoz del EZLN, el Subcomandante Marcos, él mismo no indígena, se afirmó rápidamente como un activista-intelectual de nuevo tipo, con un discurso que combinaba las aspiraciones revolucionarias de la Revolución cubana, entretanto descoloridas, con un lenguaje libertario y de radicalización de los derechos humanos, una narrativa de izquierda extrainstitucional que sustituía la obsesión por la toma del poder para la transformación del mundo en un mundo libertario, justo y plural “donde quepan muchos mundos”.

Uno de los aspectos más innovadores de los zapatistas fue el carácter territorial y performativo de sus iniciativas políticas, la apuesta por transformar los municipios zapatistas de la Selva Lacandona en ejemplos prácticos de lo que hoy podía prefigurar las sociedades emancipadoras del futuro. Veinte y cinco años después, el EZLN enfrenta el desafío de concitar un amplio apoyo para su política de distanciamiento y suspensión con relación al nuevo presidente de México, Andrés Manual López Obrador, electo por una amplia mayoría del pueblo mexicano con una propuesta que pretende inaugurar una política de centroizquierda sin precedentes en el México posrevolucionario de 1910.

Estos tres acontecimientos buscaron inaugurar nuevos futuros a partir de rupturas drásticas con el pasado. De diferentes formas, apuntaban hacia un futuro emancipador, más libre de opresión y de injusticia. Cualquiera que sea hoy nuestra evaluación con el beneficio de la posterioridad del presente, no cabe duda de que tales levantamientos alimentaron las aspiraciones liberadoras de las poblaciones empobrecidas y vulnerables, víctimas de la opresión y la discriminación. ¿Había lugar para un acontecimiento de este tipo el 1 de enero de este año? Supongo que no, dada la ola reaccionaria que atraviesa el mundo. Más bien, hubo una amplia posibilidad para momentos inaugurales de sentido contrario, reinauguraciones de un pasado que se creía superado.

El acontecimiento más característico de este tipo fue la posesión de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. Su llegada al poder significa el retroceso en términos de civilización a un pasado anterior a la Revolución francesa de 1789, al mundo político e ideológico que se oponía ferozmente a los tres principios estrella de la revolución: igualdad, libertad y fraternidad. De la revolución triunfante nacieron tres familias políticas que pasaron a dominar el ideario de la modernidad: los conservadores, los liberales y los socialistas. Divergían en el ritmo y el contenido de los cambios, pero ninguno de ellos ponía en duda los principios fundadores de la nueva política. A todos ellos se oponían los reaccionarios, que no aceptaban tales principios y querían resucitar la sociedad prerrevolucionaria, jerárquica, elitista y desigual por mandato de Dios o de la naturaleza. Eran totalmente hostiles a la idea de democracia, que consideraban un régimen peligroso y subversivo. Dada la cartografía política posrevolucionaria que ubicó espacialmente las tres familias democráticas en izquierda, centro y derecha, los reaccionarios fueron relegados a los márgenes más remotos del mapa político, donde solo crecen las hierbas dañinas: la extrema derecha. Pese a su deslegitimación, la extrema derecha nunca desapareció totalmente porque los imperativos del capitalismo, del colonialismo y del heteropatriarcado, sea directamente, sea a través de cualquier religión a su servicio, recurrieron a la extrema derecha siempre que la vigencia de los tres principios se reveló como un estorbo peligroso. Ese recurso no siempre fue fácil, porque las diferentes familias políticas democráticas se opusieron con éxito a la extrema derecha. Cuando esta oposición no tuvo éxito, la propia democracia se puso en cuestión, acorralada contra la pared de la alternativa entre ser totalmente eliminada o desfigurada hasta el punto de ser irreconocible. Bolsonaro, un neofascista confeso, admirador de la dictadura y defensor de la eliminación física de los disidentes políticos, representa, por ahora, la segunda opción.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Publicado enPolítica
Página 1 de 21