Petrolera Exxon, primera gran corporación en demandar a Cuba bajo el amparo de la Helms-Burton

La petrolera estadounidense reclama más de 70 millones de dólares a Cimex y Cupet por el uso de propiedades nacionalizadas en 1960.

 

La petrolera Exxon Mobil presentó una demanda en un tribunal federal de Estados Unidos contra Cuba-Petróleo, propiedad del Estado cubano, y la empresa CIMEX S.A., por una refinería, gasolineras y otros activos incautados en 1960, meses después de la revolución encabezada por Fidel Castro.


El gigante petrolero estadounidense es la primera gran corporación en demandar a Cuba desde que el gobierno del presidente Donald Trump puso en vigor una sección inactiva de la Ley Helms-Burton de 1996, incrementando la presión sobre los gobiernos de La Habana y Caracas.


Bajo el Título III de la Ley, suspendido por los presidentes anteriores, los ciudadanos, la mayoría cubano-estadounidenses, pueden presentar demandas en cortes de
Estados Unidos contra compañías que se beneficien o hagan negocios con La Habana en propiedades nacionalizadas por el gobierno tras la revolución de 1959.


“El demandante presentó documentación contra la Corporación CIMEX S.A. y la Unión Cuba-Petróleo (…) por tráfico ilegal de propiedad confiscada en violación del Título III de la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática de Cuba (LIBERTAD) de 1996”, dice la demanda archivada en el tribunal del Distrito de Columbia.


La refinería Standard Oil en la bahía de La Habana, ahora operada por CUPET con el nombre “Ñico López”, fue la primera propiedad de Estados Unidos nacionalizada, luego de que la empresa se negara a procesar petróleo de la Unión Soviética debido a tensiones con Washington.
CIMEX S.A. opera estaciones de servicio en la isla con CUPET.


En la década de 1960, Estados Unidos certificó 5 mil 913 reclamos contra Cuba por valor de mil 900 millones de dólares, de las cuales Standard Oil y Mobil tenían una reclamación cada una por un total de 245 millones, según el Consejo de Comercio y Economía Cuba-EE.UU., una organización con sede en Nueva York experta en reclamaciones.
Un portavoz de Exxon Mobil dijo que, como práctica, la compañía no hace referencia a litigios pendientes.


Una norma cubana aprobada en 1996 sostiene que la ley Helms-Burton estadounidense es “ilícita, inaplicable” y considera “nula” toda reclamación de persona natural o jurídica en tribunales de Estados Unidos.

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Atrapada entre una Turquía agresiva, una dictadura siria surgida de las cenizas y facciones criminales yihadistas, la región autónoma de Rojava, recientemente bautizada como “Federación Democrática del Norte de Siria”, encabeza la revolución feminista. En medio del caos sirio, cuatro millones de kurdos, árabes, sirios y otros pueblos viven en armonía.

“Estamos al servicio de la gente. Nos transmiten todos los problemas que tienen y los intentamos solucionar. Hemos creado un mundo autoritario que va en contra de la naturaleza, y de la naturaleza humana propiamente, y tenemos que solucionarlo. Esta solución solo puede venir de una actuación colectiva. Es la labor de los jóvenes, sobre todo, crear alternativas para que este sistema de autoridad se quede vacío y sin sentido”.

(Leila, copresidenta del Ayuntamiento de Makhmur)

Kurdistán, es un territorio de Mesopotamia que nunca ha tenido Estado. Después de la Segunda Guerra Mundial se dio el desmembramiento del antiguo Imperio Otomano, que separó Kurdistan entre Irak, Irán, Turquia y Siria. Históricamente, el pueblo kurdo es uno de las varios que en Medio Oriente han padecido numerosas invasiones, ataques y genocidios.

Allí, desde el 2011, un proceso revolucionario democrático, permite a distintos pueblos, que profesan diversas religiones, construir una sociedad sin Estado, basado en la ecología, la liberación de las mujeres y la autonomía comunitaria. Este proceso está rodeado por un complejo juego de ajedrez de la geopolítica mundial. De un lado tienen a Turquía, quien mantiene una política represiva de aniquilación al pueblo Kurdo, y del otro lado a Siria (teatro de una guerra interna en curso desde hace ya 8 años, con claras manifestaciones de las primeras escaramuzas bélicas de la confrontación que hoy viven las principales potencias del orbe). La zona del norte de Siria, Rojava, fue abandonada ante el avance del Estado Islámico y retomada por las fuerzas militares Kurdas con apoyo militar de Estados Unidos (EU). La presencia militar estadounidense en Rojava ha servido como protección, un hecho coyuntural que le permitió al pueblo kurdo a tener mayor injerencia en la guerra en Siria, al tiempo que frenar los ataques turcos sobre Rojava.

El contexto actual no es muy favorable para este proceso de liberación, autonomía y renovación de estructuras sociales, política y militares: el 12 de diciembre del 2018 el Estado turco anunció una inminente operación militar que sería concretada el 13 de diciembre con el bombardeó de dos campos de refugiados. Trump pidió a Erdogan, en una llamada telefónica, que retrasará el ataque mientras retiraba las tropas estadounidenses del territorio kurdo para dejar campo libre a lo que, seguramente, será un genocidio. En efecto, el 19 de diciembre en medio de un escándalo diplomático que llevó en menos de 24 horas a la renuncia del secretario de Defensa gringo, Trump anunció el retiro de las tropas de su país.

Una revolución sin Estado

Los pueblos del Kurdistán viven bajo la ocupación de cuatro Estados nacionales, lo que les ha dejado profundas enseñanzas. Por ello, si bien hace 50 años reivindicaban un Estado kurdo independiente, en los últimos 15 años han replanteado su postura, considerando que los Estados nacionales son base fundamental de las estructuras que oprimen a los pueblos.

Ese cambio profundo de perspectiva se basa en un análisis influenciado por ejemplos de luchas populares que lograron conquistar el poder estatal y aun así mantuvieron ejercicios de represión que no cuestionaron la homogeneización de los idiomas, las culturas y las creencias, como por ejemplo la caída del bloque socialista, el Estado chino, el gobierno del Kurdistán Iraquí. Esta historia reciente es insumo para preguntarse, "¿Por qué la toma del poder, o el control de un Estado no libera a los pueblos?". La respuesta llevó a considerar que el Estado-Nación es una parte fundamental del problema de la liberación de los pueblos y por eso mismo un Estado no podrá sacarlos del modelo económico y cultural imperante.

Desde la mirada del movimiento kurdo, el Estado moderno tiene dos componentes: administración y poder. Consideran que la sociedad estuvo despojada por el Estado-nación de sus capacidades de auto-administración, es decir la administración de la vida comunitaria. Prueba de ello es que en países donde el Estado es débil, el común de los habitantes consideran que la sociedad y el Estado son dos cosas distintas, mientras en países de Estado omnipotente sus ciudadanos consideran que son el Estado. El poder en esta definición solo es considerado como poder para el control, la imposición y la hegemonía. En este marco, el Estado necesita de la sociedad y de su administración para existir y asegurar su poder, sin embargo la sociedad no necesita del Estado para existir y resolver su quehacer diario, por lo tanto para la experiencia Kurda se deben reafirmar los auto-gobiernos como mecanismo para disputarle el poder al Estado-Nación.

Estas conclusiones las teoriza Abdullah Ocalan, líder kurdo encarcelado en aislamiento desde febrero de 1999, en abierta violación del derecho internacional. Ocalan está recluido en una Isla vigilada por la Otan, donde en labor reflexiva permanente ha ido consolidando los 5 tomos de sus escritos que constituyen un Manifiesto por una civilización democrática. Allí plantea la necesidad de establecer un sistema político basado en la democracia directa desde las comunidades para la auto-administración de sus vidas. Propone un sistema llamado Confederalismo democrático, basado en tres principios: la ausencia de Estado-Nación, la liberación de las mujeres y la ecología. Lejos de una innovación teórica, Ocalan considera que se trata de dar a la sociedad herramientas para organizarse de la manera más natural posible.

De la teoría a la práctica

Después de largos debates en un movimiento que luchaba por el establecimiento de un Estado autónomo kurdo, esta propuesta está en proceso de implementación desde 2005 en Bakur, Kurdistán ocupado por Turquía. Comunidades organizadas asumen el Confederalismo democrático, articulando sus estructuras comunales de manera paralela al Estado, en un proceso confederal. Juntaron experiencias, cooperativas y construyeron lo que les faltaba para vivir sin Estado: escuelas, centros de salud, sistema de justicia, economía propia y guardia, las cuales fueron conformando el Congreso de la Sociedad Democrática –KCD–.

Ese sistema fue creciendo dentro del territorio y dentro de los mismos Estados donde la población kurda habita. El partido político creado por el KCD ganó hasta 103 municipios en la zona. Al ser elegidos establecieron consejos populares que agregan comunas de unas 50 familias, una suerte de parlamento municipal. Desde la misma campaña electoral, los candidatos dejaban claro que al ser elegidos establecerían ese modelo. El alcalde y la alcaldesa, bajo el principio de copresidencias mixtas (debe haber un representante hombre y una representante mujer), responden a las decisiones del Consejo, no del Estado, aunque formalmente hayan sido elegidos en el sistema electoral turco.

Desde 2011, en medio de la guerra en Siria y el retiro de las fuerzas militares sirias, el Confederalismo se extendió a Rojava, Kurdistán ocupado por Siria, en ausencia del Estado. Allí la organización de la sociedad tiene como unidad básica la Comuna, la cual está conformada por aproximadamente 50 familias o casas. Varias comunas conforman un cantón que aporta a la confederación. Un ejemplo de este proceso se encuentra en la ciudad de Afrin, en unos meses triplicó su población que llegó a 1.500.000 habitantes, con un millón de refugiados, efecto de la guerra en Siria. A pesar de un bloqueo absoluto, no se presenta escasez de alimentos ni de vivienda, gracias a la capacidad de las comunas de resolver las necesidades básicas del conjunto de la creciente población. Las comunas y los consejos populares administran los problemas cotidianos, desde la pelea vecinal hasta el sistema de acueducto.

La construcción de las comunas es la primera etapa del proceso de construcción de la administración propia. Sería un equivalente de la Juntas de acción comunales que se conocen en Colombia. Las comunas pueden ser territoriales o especializadas, estas últimas son encargadas de la agricultura, del manejo de agua, o cualquier otra necesidad. Las personas pueden ser parte de varias comunas, se articulan por veredas, conjunto de veredas o barrios y municipios en asambleas. Las decisiones se toman al nivel más local posible y por consenso, estas son las decisiones que se llevan a otras instancias para su coordinación. Es decir, nadie de otra comuna puede revertir una decisión comunal, se puede criticar, argumentar, intentar convencer, pero no revertir, a menos de haber podido convencer a sus miembros de reevaluar su decisión. Lo mismo pasa con las comunas de mujeres, cuyas decisiones no pueden ser cambiadas en instancias mixtas. Todas las delegaciones de las comunas a los espacios de coordinación son altamente rotativos, cada 2 o 3 meses, y con revocabilidad permanente. Esta estructura lleva a las comunas a organizar su autonomía económica, fortalecer la agricultura, la autonomía alimentaria para articular la relación campo-ciudad.

En la comuna es donde se generan los principales acuerdos y propuestas de funcionamiento social, uno de los cuales es el sistema de justicia y de defensa. Uno de los comités que genera la comuna es el de consenso y paz, que se conforma por personas delegadas de la comunidad. Desde esta comisión se postulan personas para conformar la defensa civil. Además de esta comisión y defensa civil mixta –de hombres y mujeres–, se conforma un comité de consenso y paz de mujeres y una defensa civil de mujeres, donde se trabajan los conflictos relacionados con género. Las personas que integrar la defensa civil deben pasar primero por un periodo de formación sobre resolución de conflictos –sin armas– y feminismo, y posteriormente entrenamiento militar. Además de la defensa civil existen fuerzas armadas de hombres (YPG) y de mujeres (YPJ).

Sin Estado y con autogobierno

Las comunas, toman decisiones cotidianas sobre el uso de la tierra, la repartición de la misma, fijan precios máximos para la venta de productos en las tiendas, se encargan del agua, de la gestión de residuos y basura. Funciona en una vereda, en una ciudad o en un campo de Refugiados.

Además de lo local, las asambleas de cantones y de todo Rojava están articuladas en una Administración Autónoma del Norte y el Este de Siria, antiguamente la Federación Democrática del Norte de Siria, la cual permite crear instituciones comunales en cuanto a educación, defensa y reconstrucción. En esta estructura, la Administración autónoma tiene dos misiones principales: la diplomacia y la reconstrucción de las áreas destruidas.

Nace un nuevo sistema educativo

Osman Khalil, miembro del Comité de Administración Escolar del cantón de Kobanê, relata los avances del nuevo modelo desarrollado en medio de la guerra y la escasez:

“Hemos elaborado un plan de estudios que tiene en cuenta las nuevas líneas del modelo de Autonomía Democrática, que es un modelo inclusivo y, por lo tanto, los alumnos pueden estudiar en su lengua materna (que puede ser kurdo, árabe o siríaco) desde el primer grado, mientras que al mismo tiempo están aprendiendo las otras dos lenguas del cantón. Una vez que han llegado al quinto grado, también aprenden inglés o francés”.

El nuevo modelo insiste en lo multicultural, pone la relación con las familias en el centro del proyecto educativo, así como la formación continua del cuerpo profesoral y el enfoque psicosocial, ya que como resultado de la guerra las niñas y los niños viven con diversos traumas.

Una amenaza, una esperanza

El Confederalismo democrático es una amenaza para los Estados-nación. Esto se refleja en una zona como la ciudad de Afrin, un oasis en el desierto de la guerra, la cual fue objeto de un ataque turco con la complicidad de EU y Rusia en enero 2018. Había que eliminar, no dejar crecer, este experimento. El Estado turco tiene pleno conocimiento de esta amenaza y pretende atacar a Rojava, razón por la cual en este momento 100.000 combatientes de YPG y YPJ están defendiendo militarmente su proyecto comunal en contra de Estados locales, coaliciones internacionales de Europa y EU y presencia militar de Rusia. En este panorama, el régimen sirio podría llegar a un acuerdo con la Administración Autónoma para contener o evitar una invasión turca en su territorio.

El encuentro de los valores de Rojava con las luchas territoriales latinoamericanas es también una luz de esperanza. En los últimos cuatro años han nacido comités de solidaridad en todo el continente donde se unen naciones indígenas, afro-descendientes, campesinado, grupos juveniles, de mujeres, de trabajadores, entre otros. Los valores radicales de la revolución Kurda pretenden acabar con el concepto de toma del poder y poner la liberación de las mujeres en el centro del proceso. Esto no deja de sorprender a quienes veían en Medio Oriente unas guerras infinitas y poco entendibles de este lado del mundo. Pero más importante aún, ha conquistado corazones y nos regala esperanza.

La revolución de Rojava, mucho más que un fenómeno aislado, ha despertado solidaridades y esperanzas en todo el mundo. Lejos de las teorías sobre el fin de la historia y de los proyectos revolucionarios, demuestra con una mezcla de perceptivas marxistas, cosmovisión de pueblos originarios e influencias libertarias que las revoluciones todavía existen en el siglo XXI.

 

Para conocer más visitar las siguientes páginas:

http://ocalan-books.com/#/espanol
kurdistanamericalatina.org
https://www.facebook.com/pg/Comit%C3%A9-de-Solidaridad-Kurdist%C3%A1n-Colombia-891778574315391/posts/

Publicado enEdición Nº256
Miércoles, 30 Enero 2019 05:52

La libertad, causa común

La libertad, causa común

Este año será el del 40 aniversario de la revolución que derrocó a la dictadura de la familia Somoza. Cuando se rompa ese ciclo que parece fatal en nuestra historia, donde las tiranías parecen repetirse sin fin, la piedra que Sísifo ciego debe empujar eternamente hasta la cima de la montaña no tendrá que rodar de nuevo al plan del abismo. Habremos cambiado dictadura por democracia.

La derrota definitiva del régimen del último Somoza se debió a tres factores fundamentales: el primero de ellos el alzamiento popular encabezado por el Frente Sandinista, y que a partir de octubre de 1977 logró prender en todo el país, vertebrado por la participación creciente de miles de jóvenes de ambos sexos y de todas las clases sociales, hasta llegar a convertirse en una verdadera insurrección nacional.


El siguiente factor fundamental fue el respaldo que los jóvenes en armas recibieron de todos los sectores ciudadanos, sin ningún distingo, muchos alentados por su compromiso cristiano. La aparición del Grupo de los Doce, formado por empresarios, sacerdotes, profesionales, intelectuales, le dio a la organización guerrillera peso político nacional e internacional.
Y el tercero de ellos, pero no el menos importante, la gran alianza latinoamericana que se logró forjar, sin que esta convergencia de voluntades tuviera una identidad ideológica. Los presidentes se guiaban más bien por el repudio a un régimen que había perdido toda legitimidad, no tenía consenso nacional, y se basaba nada más en la represión brutal. Era la última de las viejas tiranías familiares de las “repúblicas bananeras”, un término acuñado por O’Henry en su novela De coles y reyes.


En esta alianza fueron fundamentales Venezuela, Panamá, Costa Rica, México y Cuba; el solo apoyo de Cuba, con cuyo sistema los comandantes guerrilleros sandinistas se identificaban, no hubiera sido suficiente. Más bien es lo contrario. Este apoyo, con pertrechos de guerra, fue posible en términos políticos porque los otros países, con sistemas basados en la democracia representativa, estuvieron presentes; y algunos de ellos prestaron también auxilio bélico, como Venezuela y Panamá, y recursos materiales, como México, para no hablar de Costa Rica, que se convirtió en retaguardia de la lucha armada.


La llegada de Jimmy Carter a la presidencia de Estados Unidos en 1977 abrió una puerta nueva en las relaciones de Washington con América Latina, como pudo verse con la firma ese mismo año de los tratados Torrijos-Carter que devolvieron a Panamá la soberanía del canal. Y la intimidad de medio siglo con la dinastía de los Somoza llegó a su fin con la nueva doctrina de derechos humanos proclamada por Carter. Somoza no entendía aquella hostilidad imprevista que también fue clave para acabar con su reinado.


Omar Torrijos conocía bien la calaña de Somoza, cegado por su obscena voluntad de quedarse para siempre en el poder. Rodrigo Carazo era presidente de un país democrático por convicción y tradición; Costa Rica había soportado por el último medio siglo la vecindad de una dictadura de aquella calaña, y quería para Nicaragua un gobierno igualmente democrático. Y Carlos Andrés Pérez, que venía de la tradición socialdemócrata de Rómulo Betancourt, sabía cuánto se parecía la dictadura de Pérez Jiménez, bajo la que se había visto obligado a exiliarse de Venezuela, a la del viejo Somoza, fundador de la dinastía.


Y en aquel alineamiento de los astros, que fue tan propicio a la caída del último Somoza, la figura del presidente José López Portillo, de México, resultó crucial. Su respaldo fue constante, oportuno y generoso. Me recibió no pocas veces, y puso en sintonía a su gabinete para darnos apoyo, antes y después del triunfo de la revolución. Rompió relaciones diplomáticas con Somoza en mayo de 1979, y nos había pedido que le dijéramos cuál sería la mejor oportunidad para hacerlo. Cuando vino por primera vez a Managua en 1980 en visita oficial, alguno de sus secretarios le preguntó durante el vuelo qué tratamiento habría que dar a Nicaragua en cuanto a ayuda material, y él respondió que igual a cualquier estado de México.


Era el fruto de una larga y generosa tradición. Hubo nicaragüenses que combatieron del lado de las fuerzas revolucionarias en México, uno de ellos el poeta Solón Argüello, secretario privado del presidente Francisco Madero, y fusilado en 1913 tras el golpe de Estado que culminó con la usurpación del dictador Victoriano Huerta; combatientes mexicanos pelearon contra Somoza durante la revolución, y murieron en tierra nicaragüense, como la inolvidable Araceli Pérez Darias.


El presidente Plutarco Elías Calles respaldó con armas a los insurrectos liberales que se alzaron en Nicaragua en defensa de la Constitución en 1925. El presidente Emilio Portes Gil acogió a Sandino en Yucatán en 1929. Y México fue clave en las gestiones del Grupo Contadora para lograr los acuerdos de paz de 1987 que llegaron a poner fin al conflicto armado con la Resistencia Nicaragüense.


En América Latina nada es nunca hacia adentro. La libertad ha sido siempre una causa común.


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El asesinato de Rosa Luxemburgo (para voces)

“El 15 de enero de 1919 –del cual acaba de conmemorarse el centenario– [en Berlín] en medio de la Revolución Alemana, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht –líderes espartaquistas– quedan arrestados por órdenes de Friedrich Ebert, el líder del partido socialdemócrata, el SPD. Son llevados al lujoso Hotel Eden, convertido en cuartel general de una unidad élite de los Freikorps (GSKD) –cuerpos paramilitares protonazis, embriones de la SA– comandada por el capitán Waldemar Pabst (...). Después de golpear y llevarse a Liebknecht que acabaría fusilado en el parque cercano de Tiergarten, los soldados golpean a Rosa y la fuerzan hacia la salida. El soldado Otto Runge le pega violentamente con la culta del fusil en el cráneo (...) en el piso recibe otro golpe de Runge y sangrando de nariz y boca queda arrastrada al carro (...) A las alturas de Nürnberger Straße, a unos 40 metros de la entrada al hotel [el teniente Hermann Souchon] le dispara un tiro a quemarropa. Rosa Luxemburgo muere instantáneamente (...)” (Klaus Gietinger, The murder of Rosa Luxemburg, Verso 2019, p. 15).


• Luxemburgo que ya estaba en muy mal estado, fue golpeada por Runge de la misma manera [que Liebknecht], llevada inconsciente y asesinada. Su cuerpo fue atado con piedras y arrojado al canal [Landwehrkanal] para volver a aparecer sólo meses después. Esta operación [de deshacerse del cuerpo] fue a cargo del teniente [Kurt] Vogel(Pierre Broué, The german revolution 1917-1923, Brill 2015, p. 257).


• “Cuando los Freikorps vinieron a arrestarla, Rosa estaba leyendo el Fausto de Goethe: ‘Pensaba que [sólo] la iban a encarcelar [otra vez], no tenía idea de la que la iban a asesinar y metió unos libros en el bolso, para llevárselos consigo...’” (bit.ly/2RrApUi).


• “Luxemburgo y Liebknecht eran la amenaza al capitalismo y por eso fueron asesinados. No porque eran la ‘amenaza a la democracia’ (sic) o algo... –añade Gietinger en otro lado– y no es por eso que los mandara a asesinar el capitán Pabst. Lo hizo –siguiendo las órdenes del gobierno socialdemócrata (vide: el pacto ‘Ebert-Groener’)– porque ellos amenazaban al sistema al que él servía, el del imperialismo pruso-germano, de la guerra, de la dominación mundial y uno que la dirigencia de la SPD apoyaba con fervor desde 1914” (bit.ly/2T7u1ya).


• [Rosa] era y acabó siendo una judía polaca en un país que no le agradaba nada [Alemania] y en un partido [SPD] que pronto llegó a odiar (Hannah Arendt, Rosa Luxemburg, 1870-1919, en: Men in dark times, 1968, p. 44).


• “El 31 de octubre de 1918, Ebert –ungido ante el colapso del viejo orden en una jugada astuta de las élites en el canciller– les decía a los representantes del gobierno imperial: ‘Me da pavor imaginarme el momento en que las masas bajo la influencia de los ‘independientes’ –los espartaquistas/comunistas– demanden la implementación de nuestro [propio] programa (¡sic!) –el Programa de Erfurt (1891)– y/o la república” (bit.ly/2RD1GmN).


• “‘Las masas –dice Rosa en el Congreso de fundación del KPD, en diciembre de 1918– aprenden a ejercer el poder ejerciéndolo. No hay otra manera (...) Su educación se realiza cuando pasan a la acción [zur Tat greifen]’. Rosa Luxemburgo se refiere aquí –recuerda Michael Löwy– a una famosa cita de Goethe: ‘Am Anfang war die Tat!’ [¡Al comienzo no era el Verbo, sino la Acción!] (...) Unos días más tarde, sería asesinada por los Freikorps movilizados por el gobierno socialdemócrata bajo la batuta del ministro Gustav Noske y en contra del levantamiento obrero [de masas] en Berlín” (bit.ly/2UifQqt).


• “El liderazgo ha fallado. Aun así el liderazgo puede y debe ser recreado por las masas y desde las masas. Las masas son el elemento decisivo –subrayaba Rosa en su último artículo escrito poco después de la sofocación de la insurrección berlinesa y el día anterior de su propio arresto–, una roca sobre la que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estuvieron a la altura; ellas han convertido esta ‘derrota’ en una de las derrotas históricas que serán el orgullo y la fuerza del socialismo internacional” (Rosa Luxemburgo, “ Die Ordnung herrscht in Berlin”, en: Die Rote Fahne, No. 14, 14/1/1919).


• “‘¡El orden reina en Berlín!’ –escribía Rosa en una alusión a las cínicas y ‘clásicas’ palabras: “ L'ordre règne à Varsovie!”, pronunciadas por un canciller francés tras la sangrienta sofocación de la insurrección nacional polaca por las tropas tsaristas en 1831– ¡Estúpidos secuaces! Su ‘orden’ está construido sobre la arena. Mañana la revolución se levantará vibrante y anunciará con su fanfarria, para el terror de ustedes: ‘¡Yo fui, yo soy, y yo seré!” ( Ibídem).


• “Enfrente del capitán Pabst, en cuya oficina estaba sentada, Rosa se puso a arreglar el dobladillo de su vestido que se rompió durante el traslado y –convencida aún de que pronto la iban a trasladar a la prisión de Moabit– leyó tranquilamente unas páginas de Goethe y su Fausto (...)” (Gietinger, “ The murder...”, p. 14).


• “Con su asesinato –escribió famosamente Isaac Deutscher, otro destacado marxista polaco-judío, el biógrafo de Trotsky– la Alemania de los Hohenzollern festejó su último triunfo y la Alemania nazi su primero” (bit.ly/2HfQqUX).

Por MACIEK WISNIEWSKI
Periodista polaco
Twitter: @MaciekWizz

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Jueves, 10 Enero 2019 06:57

La inauguración del pasado

La inauguración del pasado

Los comienzos de año son propicios para los augurios que anuncian un tiempo nuevo, tanto en el plano individual como en el colectivo. De vez en cuando, estos augurios se traducen en actos concretos de transformación social que rompen de manera dramática con el statu quo. Entre muchos otros, destaco tres actos inaugurales que ocurrieron en 1 de enero y tuvieron un impacto trascendente en el mundo moderno.


El 1 de enero de 1804, los esclavos de Haití declararon la independencia de la que en ese momento era una de las colonias más rentables de Francia, responsable de la producción de cerca del 40 % del azúcar entonces consumido en el mundo. De la única revuelta de esclavos exitosa nacía la primera nación negra independiente del mundo, el primer país independiente de América Latina. Con la independencia de Haití el movimiento por la abolición de la esclavitud ganó un nuevo y decisivo ímpetu y su impacto en el pensamiento político europeo fue importante, especialmente en la filosofía política de Hegel. Sin embargo, como se trataba de una nación negra y de exesclavos, la importancia de este hecho fue negada por la historia eurocéntrica de las grandes revoluciones modernas. Los haitianos pagaron un precio altísimo por la osadía: fueron asfixiados por una deuda injusta, solo liquidada en 1947. Haití fue el primer país en conocer las consecuencias fatales de la austeridad impuesta por el capital financiero global del que aún hoy es víctima.

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista era depuesto en La Habana. Nació la Revolución cubana encabezada por Fidel Castro. A escasos kilómetros del país capitalista más poderoso del mundo emergía un gobierno revolucionario que se proponía llevar a cabo un proyecto de país en las antípodas del big brother del norte, un proyecto socialista muy consciente de su novedad y especificidad históricas, inicialmente tan distante del capitalismo norteamericano como del comunismo soviético. Tal y como Lenin cuarenta años antes, los revolucionarios cubanos tenían la conciencia de que el pleno éxito de la revolución dependía de la capacidad del impulso revolucionario para extenderse a otros países. En el caso de Cuba, los países latinoamericanos eran los más cercanos.

Poco tiempo después de la revolución, Fidel Castro envió al joven revolucionario francés, Regis Debray, a varios países del continente para conocer la forma en la que se estaba recibiendo la revolución cubana. El informe elaborado por Debray es un documento de extraordinaria relevancia para los tiempos de hoy. Muestra que los partidos de izquierda latinoamericanos seguían muy divididos respecto de lo que había pasado en Cuba y que los partidos comunistas, en especial, mantenían una enorme distancia e incluso sospecha con relación al "populismo" de Fidel. Por el contrario, las fuerzas de derecha del continente, bien conscientes del peligro que representaba la Revolución cubana, estaban organizando el contraataque; fortalecían los aparatos militares e intentaban promover políticas sociales compensatorias con el apoyo activo de Estados Unidos. En marzo de 1961, John Kennedy anunciaba un plan de cooperación con América Latina, a realizarse en diez años (Alianza para el Progreso), cuya retórica pretendía neutralizar la atracción que la Revolución cubana estaba generando entre las clases populares del continente: “Vamos a transformar de nuevo el continente americano en un crisol de ideas y esfuerzos revolucionarios, como tributo al poder de la energía creadora de los hombres libres, y como ejemplo al mundo, de que la libertad y el progreso marchan tomados de la mano”.

La expansión de la Revolución cubana no fue como se preveía y sacrificó, en el proceso, a uno de sus más brillantes líderes: el Che Guevara. Pero la solidaridad internacional de Cuba con las causas de los oprimidos todavía no ha sido contada. Desde el papel que tuvo en la consolidación de la independencia de Angola, la independencia de Namibia y el fin del apartheid en Sudáfrica, hasta los miles de médicos cubanos esparcidos por las regiones más remotas del mundo (más recientemente en Brasil), donde nunca hasta entonces habían llegado los cuidados médicos. Sesenta años después, Cuba continúa afirmándose en un contexto internacional hostil, orgullosa de algunos de los mejores indicadores sociales del mundo (salud, educación, esperanza de vida, mortalidad infantil), pero ha fracasado hasta ahora en la acomodación estable del disenso y la implantación de un sistema democrático de nuevo tipo. En el plano económico se atreve, una vez más, a lo que parece imposible: consolidar un modelo de desarrollo que combine la desestatalización de la economía con el no agravamiento de la desigualdad social.


El 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) inició una insurrección en el estado de Chiapas, en el sudeste de México, por vía de un levantamiento armado que ocupó varios municipios de la región. La lucha de los pueblos indígenas mexicanos contra la opresión, el abandono y la humillación irrumpía sorprendentemente en los noticieros nacionales e internacionales, justo el día en el que el Gobierno de México celebraba la suscripción del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés) con Estados Unidos y Canadá, con la proclamada ilusión de haberse juntado así al club de los países desarrollados. Durante un breve período de doce días hubo varios enfrentamientos entre la guerrilla indígena y el ejército mexicano, al fin de los cuales los zapatistas renunciaron a la lucha armada e iniciaron un vasto e innovador proceso de lucha política, tanto a nivel nacional como internacional. Desde entonces, la narrativa política y las prácticas del EZLN se constituyeron en una referencia ineludible en el imaginario de las luchas sociales en América Latina y de los jóvenes progresistas en otras partes del mundo. El portavoz del EZLN, el Subcomandante Marcos, él mismo no indígena, se afirmó rápidamente como un activista-intelectual de nuevo tipo, con un discurso que combinaba las aspiraciones revolucionarias de la Revolución cubana, entretanto descoloridas, con un lenguaje libertario y de radicalización de los derechos humanos, una narrativa de izquierda extrainstitucional que sustituía la obsesión por la toma del poder para la transformación del mundo en un mundo libertario, justo y plural “donde quepan muchos mundos”.

Uno de los aspectos más innovadores de los zapatistas fue el carácter territorial y performativo de sus iniciativas políticas, la apuesta por transformar los municipios zapatistas de la Selva Lacandona en ejemplos prácticos de lo que hoy podía prefigurar las sociedades emancipadoras del futuro. Veinte y cinco años después, el EZLN enfrenta el desafío de concitar un amplio apoyo para su política de distanciamiento y suspensión con relación al nuevo presidente de México, Andrés Manual López Obrador, electo por una amplia mayoría del pueblo mexicano con una propuesta que pretende inaugurar una política de centroizquierda sin precedentes en el México posrevolucionario de 1910.

Estos tres acontecimientos buscaron inaugurar nuevos futuros a partir de rupturas drásticas con el pasado. De diferentes formas, apuntaban hacia un futuro emancipador, más libre de opresión y de injusticia. Cualquiera que sea hoy nuestra evaluación con el beneficio de la posterioridad del presente, no cabe duda de que tales levantamientos alimentaron las aspiraciones liberadoras de las poblaciones empobrecidas y vulnerables, víctimas de la opresión y la discriminación. ¿Había lugar para un acontecimiento de este tipo el 1 de enero de este año? Supongo que no, dada la ola reaccionaria que atraviesa el mundo. Más bien, hubo una amplia posibilidad para momentos inaugurales de sentido contrario, reinauguraciones de un pasado que se creía superado.

El acontecimiento más característico de este tipo fue la posesión de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. Su llegada al poder significa el retroceso en términos de civilización a un pasado anterior a la Revolución francesa de 1789, al mundo político e ideológico que se oponía ferozmente a los tres principios estrella de la revolución: igualdad, libertad y fraternidad. De la revolución triunfante nacieron tres familias políticas que pasaron a dominar el ideario de la modernidad: los conservadores, los liberales y los socialistas. Divergían en el ritmo y el contenido de los cambios, pero ninguno de ellos ponía en duda los principios fundadores de la nueva política. A todos ellos se oponían los reaccionarios, que no aceptaban tales principios y querían resucitar la sociedad prerrevolucionaria, jerárquica, elitista y desigual por mandato de Dios o de la naturaleza. Eran totalmente hostiles a la idea de democracia, que consideraban un régimen peligroso y subversivo. Dada la cartografía política posrevolucionaria que ubicó espacialmente las tres familias democráticas en izquierda, centro y derecha, los reaccionarios fueron relegados a los márgenes más remotos del mapa político, donde solo crecen las hierbas dañinas: la extrema derecha. Pese a su deslegitimación, la extrema derecha nunca desapareció totalmente porque los imperativos del capitalismo, del colonialismo y del heteropatriarcado, sea directamente, sea a través de cualquier religión a su servicio, recurrieron a la extrema derecha siempre que la vigencia de los tres principios se reveló como un estorbo peligroso. Ese recurso no siempre fue fácil, porque las diferentes familias políticas democráticas se opusieron con éxito a la extrema derecha. Cuando esta oposición no tuvo éxito, la propia democracia se puso en cuestión, acorralada contra la pared de la alternativa entre ser totalmente eliminada o desfigurada hasta el punto de ser irreconocible. Bolsonaro, un neofascista confeso, admirador de la dictadura y defensor de la eliminación física de los disidentes políticos, representa, por ahora, la segunda opción.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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Miércoles, 09 Enero 2019 07:00

Los desafíos de la continuidad

Los desafíos de la continuidad

“La continuidad de la revolución está asegurada por las nuevas generaciones y la unidad del pueblo”, asegura una de las frases más repetidas del discurso oficial cubano. Pero el Partido Comunista cuenta cada vez con menos militantes y es evidente la desmovilización de un pueblo consciente de los privilegios que disfrutan las familias de los principales dirigentes y empresarios del país.

La anécdota tal vez no rebase las fronteras del mito, mas poco importa. El desenlace concuerda perfectamente con la personalidad que convirtió al Che Guevara en un símbolo de la lucha revolucionaria.


Corrían los años iniciales de la década de 1960 y en Cuba comenzaban a sentirse las escaseces provocadas por el bloqueo estadounidense, los errores del nuevo gobierno y el reto de por primera vez intentar satisfacer las necesidades de toda la población. Apostando por un futuro mejor, el país afrontaba con entereza un presente de privaciones en el que incluso una maquinilla de afeitar o un juego de ropa interior pasaban a convertirse en artículos de lujo. Al mismo tiempo se exigían “sacrificios” de los ciudadanos, con largas jornadas de trabajo (a veces hasta 14 horas), con el objetivo de que el país pudiera desarrollarse.


Ni siquiera los domingos quedaban reservados al descanso. Ese día los trabajos voluntarios se extendían como una marea que podía llevar al ingeniero a sembrar plantas de café o al agricultor a levantar las paredes de una obra en construcción.


En aquellos tiempos difíciles el Che parecía inmune al desánimo o el cansancio. Incapaz de aceptar que no todos compartieran su entusiasmo, podía llegar a ser injusto. Así sucedió en una ocasión, cuando increpó a uno de los empleados del Ministerio de Industrias por quejarse de tantos sacrificios. El cuestionado le respondió: “Usted habla así, comandante, porque tiene una dieta especial”. La respuesta desarmó al argentino.


Cuenta la leyenda que esa misma noche el Che confrontó a su esposa en busca de la verdad. En efecto, como las familias de otros altos dirigentes, ellos recibían una asignación adicional de alimentos, ropas y artículos para el hogar. Nada que en cualquier otro país pudiera considerarse muestra de ostentación, aunque sí lo suficiente como para marcar estatus. A la mañana siguiente, el ministro-guerrillero buscó por todas partes a su subordinado y, al encontrarlo, lo abordó con un reclamo de disculpa. “Ayer hablabas con razón”, le dijo, “yo tenía una dieta especial”. Poco antes había exigido que nunca más le dispensaran un trato de privilegio.

LOS MÁS IGUALES.

A comienzos de noviembre, Ciber Cuba, un conocido sitio digital, aseguró que “el nieto guardaespaldas de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro”, se había mudado a la lujosa residencia que hasta pocos días antes ocupaba el embajador español en La Habana.


La “noticia” encontró amplio eco en redes sociales y otras publicaciones sin que nadie se asegurara de su veracidad. Un recorrido por la urbanización en la que se ubica el inmueble hubiera permitido comprobar que lo dicho era falso: la vivienda sigue perteneciendo al representante de Madrid en la isla y la salida del anterior embajador se debía simplemente al proceso de relevos que se emplea en servicios diplomáticos de todo el mundo.


Pero Ciber Cuba había conseguido incrementar el número de sus lectores y cuestionar la imagen de las autoridades, objetivo último de su línea editorial. La facilidad con que lo hizo parte de una circunstancia notoriamente pública: los lujos que disfrutan las familias de los principales dirigentes y empresarios del país.


Un ejemplo que lo evidencia es la familia del primer secretario del Partido Comunista. Si bien la historia sobre su nieto era un bulo, la idea en la que se basó no resulta descabellada. De hecho, en el propio reparto Cubanacán, en una vivienda similar a la señalada en el artículo, vive la sexóloga Mariela Castro Espín, la hija más mediática de Raúl Castro. En promedio, las mansiones de esa barriada del oeste de La Habana –en la que antes de 1959 residían muchas de las familias más adineradas de la isla– superan los 600 metros cuadrados y se ubican en parcelas en las que menudean las piscinas y canchas de tenis.


Por el contrario, para el cubano común la vivienda se mantiene como un problema virtualmente insoluble. Durante los últimos años el maquillaje de las cifras oficiales ha hecho descender la proporción de los inmuebles “en regular y mal estado” desde casi 70 por ciento del fondo habitacional a poco menos de 40 por ciento, pero no ha conseguido evitar el reconocimiento de que harían falta alrededor de 660 mil nuevas viviendas para satisfacer las necesidades acumuladas a lo largo de décadas.


Un plan anunciado a comienzos de noviembre por el presidente Miguel Díaz-Canel pretende cambiar tan adverso panorama contando con la “producción local de materiales y otras reservas insuficientemente aprovechadas”, mas la situación económica de La Habana pone entre signos de interrogación sus posibilidades de éxito (datos de organismos internacionales ubican a Cuba entre los países del continente con menores consumos per cápita de cemento y acero, por ejemplo, y las perspectivas no anticipan un escenario más favorable).


Cualquiera sea el caso, ni la intención ni la realidad apuntan a que las edificaciones proyectadas vayan a semejarse a las lujosas propiedades de urbanizaciones como Cubanacán, desde las que parten cada mañana miles de autos hacia las oficinas donde se decide el rumbo de la nación.


Los privilegios de sus habitantes no se limitan a un techo de mejores condiciones o a disponer de vehículos propios (lujo sumamente valioso debido a la endémica crisis del transporte público). La cúpula dirigente también tiene acceso a opciones de mayor calidad en cuanto a recreación, alimentación o incluso atención médica. Como un símbolo, el más avanzado centro hospitalario del país, el Cimeq (el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas), se levantó en el corazón del también exclusivo reparto Siboney, colindante con Cubanacán. Entre sus pacientes se han contado Hugo Chávez, y Fidel y Raúl Castro. Mientras en sus instalaciones se suceden los más avanzados artilugios tecnológicos, en los hospitales de provincia siguen utilizándose jeringuillas de vidrio y las listas de espera quirúrgica se extienden por meses o hasta años.


HIJO DE PAPÁ.

Una norma no escrita pero férrea impide a la prensa estatal hablar de tal orden de cosas. Sólo en una ocasión, en noviembre de 2015, un periódico de circulación local, Tribuna de La Habana, se atrevió a publicar una críptica alusión a las interminables y costosas vacaciones de Antonio “Tony” Castro, uno de los hijos de Fidel.


Poco antes se había conocido que durante una de sus estancias en un lujoso resort de la costa turca del Egeo, sus guardaespaldas habían golpeado a un paparazzi que intentaba fotografiarlo. Por aquellas semanas el presidente Erdogan preparaba una visita a Cuba, y las autoridades de Ankara se apresuraron a echar tierra sobre el asunto, pero el rotativo cometió la imprudencia de llevar a imprenta el comentario de marras. En él se hablaba satíricamente de un supuesto Gulliver júnior y sus viajes por el mundo. “Navegar en la flota de papá es un privilegio hereditario”, ironizaba el autor del texto, al retratar un personaje casi idéntico a Tony Castro, pero con otro nombre: un playboy que a lo largo de la última década ha tenido bajo su control los destinos del deporte nacional, el béisbol. Más allá de sus pretendidos o reales méritos, cabría preguntarse si –de no haber contado con su apellido– le habría sido tan fácil agenciarse el puesto de médico del equipo nacional de ese deporte, y luego la presidencia de su federación en Cuba y la vicetitularidad de la Confederación Mundial. Todo ello sin perder oportunidad de asistir a las fiestas de cuanta celebridad veranea en la isla y convertirse –en 2013– en el campeón nacional de golf.

EL PARTIDO.

Una de las máximas del discurso oficial cubano proclama que “la continuidad de la revolución está asegurada por las nuevas generaciones y la unidad del pueblo”. La frase, sólo con ligeras variaciones, es repetida como un mantra por dirigentes y campañas de comunicación.


Sin embargo, los hechos dibujan un país mucho más diverso y complejo que el que por décadas siguió el liderazgo de Fidel Castro. Su muestra más significativa se presenta dentro del Partido Comunista. Aunque sus órganos directivos preservan como un secreto de Estado los detalles de su funcionamiento, a ojos vistas un problema de fondo pone en peligro su vitalidad actual y futura: cada día menos “cubanos de a pie” aceptan militar en sus filas.


El de “cubano de a pie” es un término que motiva escozor entre la ortodoxia gobernante debido a su constante empleo por parte de agrupaciones disidentes; sin embargo, pocas figuras semánticas permiten contraponer de forma tan absoluta las dos visiones de país que coexisten en la isla: de una parte, los triunfadores (vinculados al entramado estatal o al emergente sector privado); de la otra, la masa. Mientras los primeros se movilizan en autos propios o del gobierno, los segundos penan por llegar a sus destinos empleando los más disímiles medios de transporte. Un abismo separa al satisfecho conductor de su compatriota que espera su transporte bajo el sol junto a cualquier avenida o carretera vecinal. Y el gobierno no pretende ni puede cerrarlo.


“La gente está cansada”, confiesa a Brecha un ex oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que luego de más de treinta años de servicio activo, y de misiones internacionalistas en Etiopía y Angola, se ve obligado a depender de la ayuda de un hijo emigrado para llegar a fin de mes. Toda su vida adulta militó en el partido. Por mucho tiempo tal condición fue uno de sus mayores orgullos, pero las decepciones lo condujeron a la tarde en que entregó “el carné” como colofón de una discusión con funcionarios llegados a su núcleo (agrupación básica de la formación política) para “exigir” de los ciudadanos “mayor compromiso y enfrentamiento con lo ‘mal hecho’”. Con lo “mal hecho” se referían a comportamientos ilegales de los ciudadanos como, por ejemplo, comprar en el mercado negro. “Siguiendo su lógica, debíamos combatir a medio mundo, pero ninguno se preocupaba por que las calles de nuestro barrio llevaran años sin alumbrado y llenas de baches, o de que los precios suban todos los días como una espiral sin fin. No me sorprende que en tantos núcleos zonales los jubilados nos estemos dando de baja en masa y que sean tan pocos los jóvenes que quieran convertirse en militantes.”


A semejanza de lo ocurrido en la Unión Soviética durante sus últimas décadas de existencia, desde hace años en Cuba el partido y su rama juvenil (Unión de Jóvenes Comunistas) han tenido que nutrir su membresía con funcionarios de la administración pública y el sector empresarial. Para muchos, el carné rojo constituye un impulso fundamental en sus carreras en los ámbitos del Estado. Poniéndolo en los términos de un joven directivo del Ministerio de Comercio Interior, “ser del partido implica ser ‘confiable’, y ser confiable es la premisa para ocupar cualquier cargo”. Cabría agregar que un militante con tal grado de confiabilidad difícilmente será un militante cuestionador.

DIVERSIDADES.

Una vanguardia política anquilosada y un gobierno lastrado por la corrupción y la burocracia resaltan entre las causas de la disminución del “fervor revolucionario” que en otras épocas se percibía en la isla. Además, las nuevas reivindicaciones de derechos (como aquellos de la comunidad Lgbt) y las nuevas circunstancias económicas –con su carga de desigualdades– llevan años contribuyendo a una heterogeneidad social que comienza a reclamar cauces políticos.


Así lo resaltaba en una entrevista reciente Ricardo Torres, doctor en ciencias económicas y subdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana. “La diversidad de Cuba en todos los ámbitos tiene que estar presente en la representación del Estado y del gobierno, y no solamente a nivel de los representantes, sino en la toma de decisiones. Nuestro sistema político tiene que aspirar a representar esa diversidad. Si se queda al margen, corremos el riesgo de que esa enajenación aumente y se solidifique.”
Sobre la necesidad de una representación política de la diversidad existe un gran consenso en sectores intelectuales cubanos. Algunos, como Mirtha Arely del Río, doctora en ciencias jurídicas y profesora titular de la Universidad Central de Las Villas, alertan que no basta con crear espacios formales “para canalizar la participación del pueblo en los asuntos del Estado”. En contraposición con la práctica cotidiana, la investigadora consideraba algunos meses atrás –en un artículo para la revista Cuba Socialista, la publicación teórica del Comité Central del Partido Comunista de Cuba– que el ejercicio de la ciudadanía no debe asumirse “como un mero fin (…) esto puede llevarnos a dar por democráticas formas o modos de participación que en realidad no lo son, como cuando nos concentramos más en las cifras, en el número de participantes o de asistentes y no en la calidad de la participación, o cuando se da por democrático un proceso en el que los ciudadanos sólo intervinieron para dar su aprobación respecto a decisiones ya tomadas o incluso ejecutadas”.


Las circunstancias en las que se dio el recién concluido debate sobre la reforma constitucional parecieran destinadas a corroborar su tesis. A poco de iniciarse, el joven profesor universitario cubano José Raúl Gallego, doctorando en la Universidad Iberoamericana de México, alertó sobre las dificultades que enfrentaría la campaña de discusión popular sobre el anteproyecto de la reforma debido a factores como la premura con que se pretendía desarrollarla, la incapacidad de sus organizadores para motivar el interés de la ciudadanía, o la falta de confianza de esta última en la utilidad o conveniencia de sus intervenciones. “En medio de este panorama, preguntémonos con franqueza: ¿cuán numerosa será la cantidad de personas que sacrificarán parte de su tiempo para realizar un estudio concienzudo del anteproyecto y llegar a esas reuniones con planteamientos meditados?”


Luego de concluido el proceso, las autoridades publicaron estadísticas aparentemente halagüeñas, pero que para los cubanos no pasan de un lugar común. En primer lugar, porque los altos índices de asistencia en las cerca de 135 mil asambleas celebradas en todo el país estaban garantizados; la inmensa mayoría tuvieron lugar en centros de trabajo y estudio, en los que la participación se consideraba poco menos que obligatoria. En segundo lugar, porque cada encuentro contó en promedio con 11 intervenciones. Discusiones pobres a la luz de la cantidad de artículos (224) del texto que el discurso oficial lleva meses presentando como “decisivo para el futuro del país”.

SOBREVIVIR A FIDEL CASTRO.


En la oriental ciudad de Santiago de Cuba, en el cementerio de Santa Ifigenia, reposan las cenizas de Fidel Castro. Movido por una singular interpretación de la modestia, el comandante en jefe decidió que su tumba se ubicara junto a la del héroe nacional José Martí, el paradigma humano y político de mayor relevancia en el imaginario de la nación. Poco después del entierro de Fidel, Raúl Castro completó la remodelación del camposanto trasladando hasta allí los restos de los próceres independentistas Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, padre y madre de la patria, respectivamente.


Cada día, cientos de personas visitan el lugar. La mayoría de los extranjeros lo hace como parte de recorridos turísticos que han convertido Santa Ifigenia en una atracción más de la llamada “capital del Caribe”. Los cubanos, en tanto, casi siempre llegan en visitas organizadas por centros de trabajo o estudiantiles, o diversas organizaciones sociales.
Desde su muerte, los homenajes a Fidel Castro se han convertido en lugar común para la ortodoxia revolucionaria. A su iniciativa se han atribuido todos los logros de los últimos 60 años. Un ejemplo reciente de ello fue cuando el primer vicepresidente del país, Salvador Valdés Mesa, semanas atrás, convocó a consultar los escritos del comandante “en busca de todas las respuestas que necesitamos para rescatar la ganadería”.


Las implicaciones del predominio de la figura de Fidel en la política actual ha sido un tema debatido en círculos de la izquierda cubana disidente en los últimos años. “No es posible hacer un extracto de millones de rostros y sintetizarlos en uno solo; millones de nombres no pueden diluirse en cinco letras”, argumentaba por ejemplo un año atrás la periodista Mónica Rivero, en un artículo colgado en Internet por Late, una revista progresista de jóvenes periodistas latinoamericanos. “La unipersonalidad de estas décadas ha sido trágica para la isla de la revolución. Y no lo es menos el hecho de que ahora se enarbole una bandera de continuidad que se abraza al pasado como si se colgara del futuro”, afirmó.
A tanto tiempo de aquel 1 de enero que la colocó en el centro de los grandes acontecimientos mundiales, la Cuba de 2019 intenta encontrarse entre infinidad de retos e interrogantes. Por entonces, el propio Fidel Castro se apresuró a disipar las esperanzas de quienes creían que luego del triunfo todo sería más fácil, también a aclarar que la revolución no podría ser jamás la obra de un solo hombre.

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Sábado, 05 Enero 2019 07:20

La esperanza secuestrada

La esperanza secuestrada

Los ideales que inspiraron a la revolución cubana están secuestrados por una clase burocrática que avanza en el camino del agotamiento y la desmovilización interna.

Soy un producto “genuino” de la obra revolucionaria: nacido en 1987, mis recuerdos de los últimos años de bonanza económica subsidiada por la Unión Soviética son prácticamente inexistentes, pero comienzan cuando la participación y la entrega de la mayoría iban sin cuestionamientos tras los llamados a tareas colectivas desde el liderazgo del país, especialmente de Fidel.


Fui educado en plena crisis de los años noventa por profesores que, sin tener casi qué comer, no dejaron de ir a las escuelas. Fui dirigente de los Pioneros y la federación estudiantil de la enseñanza media; soy graduado de periodismo en una universidad cubana en la que no tuve que pagar un centavo por matrícula o libros, y participé con entusiasmo, tras mi graduación, en el llamado para “cambiar todo lo que debe ser cambiado” en el sistema de medios estatales del país.


Hoy, en cambio, soy considerado un “subversivo” y un “mercenario” por el sistema en el que he decidido seguir viviendo, aunque sea al margen de la legalidad y en condición de outsider de la institucionalidad estatal y gremial.


¿Mi falta? Impulsar un ejercicio de la comunicación pública y el periodismo fuera del control del Partido Comunista, que hace balance y seguimiento del poder y de su pensamiento.


Y ahí llegué después de confirmarme que, desde dentro, muy poco o nada se puede hacer para transformar una estructura que perdió hace muchos años su capacidad autorregenerativa y sólo reproduce conservadurismo.


En manos de esa estructura está construir y multiplicar sentidos que reproduzcan y mantengan activos los “ideales” de un modelo único en el mundo. Y aunque deteriorados por el efecto de años de sacrificios materiales e idas y venidas políticas (pero especialmente por el sostenido distanciamiento entre el discurso oficial y la realidad cotidiana), los valores fundacionales de la revolución cubana todavía subsisten y generan capital de movilización.


El altruismo, la solidaridad, las ansias de justicia social, el humanismo y la defensa de la soberanía nacional emergen lo mismo en el edificio donde un vecino necesita ayuda que ante coyunturas de desastres, discriminaciones, actos de inhumanidad e injerencia externa.


Pero esos mismos valores (fomentados, enseñados, inculcados) han comenzado a diluirse entre jóvenes y adolescentes que hoy, en creciente mayoría, se muestran menos interesados en replicar sacrificios y retóricas y ponen la prosperidad económica como la meta principal de sus vidas.


Ante la realidad del bloqueo económico y político desplegado por Estados Unidos desde inicios de los años sesenta, construir a la defensiva ha sido imperativo. Pero también pretexto.


Bajo el antiguo precepto de que en plaza sitiada cualquier disidencia es traición, la capacidad de respuesta del sistema socialista cubano ante lo diferente se ha configurado y mantenido en niveles sumamente bajos.


Para controlar han echado mano a varias prácticas cuestionables en el ordenamiento y la aplicación de la justicia. La primera es la vaguedad en las regulaciones, por ejemplo, con prohibiciones de crear o distribuir “contenidos lesivos a los valores éticos y culturales”, sin definir cuáles son esos valores.


Otra muestra es la discrecionalidad en la aplicación de las leyes y el doble rasero en las decisiones: centenares de solicitudes esperan ser aprobadas en el registro de asociaciones del Ministerio de Justicia desde hace una década, pero en menos de tres años un artista extranjero consigue que le dejen tener una Ong en Cuba; sencillamente porque tiene la voluntad (a favor) del más alto nivel de “dirección del país” de su lado.


INDEFENSIÓN.


A todo ello súmese la dificultad para acceder a la justicia colegiada para reclamar una decisión de la administración estatal. En la inmensa mayoría de los casos quien decide si procede la reclamación ante un decomiso policial, por citar un caso, es el jefe de los policías; y el afectado no tiene oportunidad de llevar esa decisión a un tribunal.
Todo ello ha colocado a los ciudadanos en una situación de indefensión tal ante el Estado que se rompe cualquier ideal del rol del funcionariado como “servidor público” en un sistema de justicia social. Por más que lo digan, los funcionarios en Cuba no se deben al pueblo, sino a sus jefes.


En las últimas décadas la aspiración democrática que radica en las bases mismas del socialismo ha sido moldeada y resignificada a conveniencia de la gobernabilidad. Y ese es un juego peligroso para el prestigio.


De un día para otro hemos pasado de ir a prisión por tener dólares estadounidenses en las manos, a necesitarlos desesperadamente. Hemos pasado de ser discriminados en tierra propia al no poder entrar a hoteles o tener teléfonos celulares, a ser el segundo mayor mercado de ingresos para el turismo y generar una de las fuentes de divisas más frescas para la exhausta economía nacional con las “recargas de saldo”.


Y para aportar el gesto más reciente, los voceros oficiales han pasado de condenar al béisbol profesional como “la pelota esclava”, a firmar un acuerdo con la organización de las Grandes Ligas estadounidenses para que los peloteros cubanos puedan contratarse en “la gran carpa” a través de la federación del deporte en el archipiélago.


Cada decisión ha respondido a una coyuntura distinta, pero las consecuencias en las vidas de las personas han sido demasiado concretas como para no poner en crisis la subjetividad de los valores que las han sustentado.


La práctica-pragmática política de 60 años en el gobierno, en manos de las mismas personas, comienza a pasar factura en la credibilidad. Hemos visto demasiados ires y venires de un punto a su opuesto, dichos o ejecutados por las mismas personas.


Quien lo señale, lo alerte, cae con mucha facilidad en el bando de los incómodos. La “debilidad político-ideológica” cae como sambenito cuando se pone en cuestión una decisión “de arriba”. Casi todo aquel que ha tenido un pensamiento propio, incluso hereje, ha pagado consecuencias por intentar hacer más flexible el orden dentro de la plaza sitiada.


Pero ¿cómo creer a quien donde dijo “digo” dice “Diego”? El cinismo, la simulación a conveniencia, se convierten en “antivalores” útiles para capear las consecuencias de ser transparente u honesto en un momento en que no es “conveniente” políticamente. En ese proceso muere la sincera participación en la construcción colectiva de un proyecto, aunque no se haya dejado de creer en los mismos valores compartidos.


Está inconclusa nuestra república (la de José Martí, “con todos y para el bien de todos”) porque una “vanguardia” autoerigida en poseedora de todo el saber y el poder, legitimada por un sistema representativo de votación indirecta, afirma gobernar en nombre de todos, aunque en realidad sea en nombre de su tranquilidad.


Si socialismo es socializar el poder, la propiedad, la riqueza, el conocimiento, la información… todavía hay oportunidad para construir consenso; pero no de la mano de un aparato que fabrica enemigos a conveniencia.


En cada joven que ha sido sancionado, señalado como problemático, obligado a aceptar una imposición que con el paso del tiempo los mismos que la impusieron flexibilizan, se ha levantado un valladar y sembrado el germen de la desconfianza.


Los ideales se agotan cuando quienes deben mantenerlos frescos, vitales, persisten en el camino de la exclusión. Van avanzando en su ruta sólo con los dóciles y con los que tienen el don de la oportunidad (para simular sus posturas o esconderlas y adaptarlas a las circunstancias), y esa puede ser la receta perfecta para entrar a un callejón sin salida mientras se afirma buscar la ruta que conduce al campo abierto de todas las libertades.

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La Comuna de París y la caída de la Columna Vendôme

Corría el año 1871 cuando el pueblo de París se levantó contra la injusticia y experimentó el autogobierno.

Concluiremos esta primera serie de artículos sobre la praxis utópica con una breve visita a París durante la Comuna de 1871. París acababa de ser sitiada por el Ejército prusiano, que poco antes había humillado al de Napoleón III e invadido la mayor parte de Francia. La república fue proclamada el 4 de septiembre de 1870, pero estaba lejos de ser aquella con la que soñaban los republicanos que se habían opuesto al despotismo de “Napoleón el Pequeño”. Los políticos monárquicos que se habían resignado a adoptar esta forma a condición de dirigir el Gobierno solo tenían dos objetivos inmediatos: sellar a cualquier precio una paz apresurada con el invasor, y yugular la amenaza socialista exacerbada por las privaciones de la guerra y el derrocamiento tan esperado de la tiranía bonapartista.


Ese gobierno, instalado en Versalles, estaba dirigido por Adolphe Thiers, político resucitado que antaño había servido al rey Luis Felipe. Este viejo cascarrabias había de pasar a la posteridad como uno de los más sanguinarios enemigos de los pobres en la historia del mundo. Los parisinos vieron el armisticio que firmó con Bismarck en enero de 1871 como una traición y una afrenta a sus sufrimientos y a su bravura: durante el sitio se vieron obligados a comer ratas y ortigas, pero no capitularon jamás.


Los obreros, mayoritarios en los barrios del este, eran quienes más habían sufrido, pues no tenían los medios de comprar víveres en el mercado negro. Exigían a voces más justicia social, algo que la clase dirigente no estaba en absoluto dispuesta a concederles pero que les prometían las diferentes facciones socialistas ¬—en esa época, la palabra no designaba a los gestores socialdemócratas sometidos al capital, al estilo del PSOE, sino a todos los componentes políticos del movimiento obrero: de los proudhonianos antiautoritarios a los blanquistas jacobinos, pasando por los miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores—. Su ánimo era, pues, muy beligerante. Y estaban armados: la Guardia Nacional, milicia burguesa, se había ampliado a los obreros para asegurar la defensa de la capital cuando los principales cuerpos del Ejército habían capitulado. Disponía de 500.000 fusiles y de 200 o 300 cañones.


El 17 de marzo, Thiers decide el desarme del pueblo. Ordena que se tome la artillería de la Guardia Nacional, instalada en tres alturas de París, en tres barrios populares: Montmartre, Belleville y Ménilmontant. Pero las tropas enviadas a toda prisa para retirar los cañones fraterniza con la multitud que se ha congregado para impedírselo. En toda la ciudad se levantan barricadas. Dos generales implicados en la represión de las jornadas de junio de 1848, Lecomte y Clément-Thomas, son linchados en la calle Rosiers, el centro de París. Como el ambiente de la capital se había vuelto perjudicial para él, Thiers vuelve a Versalles para preparar la reconquista militar de la ciudad insurrecta. Decenas de miles de habitantes ricos abandonan la ciudad siguiendo su estela.


Thiers puede contar con Bismarck. El canciller vencedor libera rápidamente a 60.000 soldados franceses, capturados en el este del país, que van a engordar las filas de las tropas de Versalles. Thiers se apresura, además, a reclutar a un ejército profesional en los campos, poco favorables a París y a los “distribuidores”. En pocas semanas dispondrá de 130.000 hombres, la mayoría de origen rural y buenos católicos, comandados por oficiales aguerridos en las expediciones coloniales. La “Nueva Atenas”, que se ve a sí misma como capital mundial del ateísmo y de la libertad, está confrontada una vez más a sus dos enemigos eternos: la beatería venenosa de los curas y el militarismo arrogante de los soldados.


El 26 de marzo se elige a los 92 miembros de la Comuna, la instancia municipal que va a ejercer de facto el poder en París durante dos meses escasos. Pero los representantes electos del partido de Thiers —cuyo programa completo reside en su nombre: el Partido del Orden— rechazan ocupar su puesto, y los moderados no tardan en dimitir. En cuanto al viejo Auguste Blanqui, el jefe histórico del sector republicano más combativo, fue arrestado en provincias el mismo día de la insurrección parisina. En total son 70 los delegados activos, divididos en varias facciones, ninguna de ellas mayoritaria. El grupo principal está formado por jacobinos moderados, cuyas principales figuras son Charles Delescluze, que había cumplido cuatro años de cárcel en Guyana bajo el Segundo Imperio, y Félix Pyat, figura del periodismo antiimperial. Los blanquistas son una decena y defienden una dictadura revolucionaria. El resto se divide entre independientes, como el escritor Jules Vallès, e internacionalistas, como Eugène Valin y Benoît Malon. 25 de sus miembros son obreros y dos, pintores, uno de los cuales se llama Gustave Courbet, uno de los principales pintores realistas de su época.


La primera decisión de la Comuna es crear diez comisiones. Después anula los alquileres que se debía a los propietarios desde octubre de 1870 y requisa las viviendas dejadas vacías por los huidos para alojar en ellas a la gente que está en la calle debido a los bombardeos lanzados durante el asedio. El 28 de marzo, la bandera roja se adopta como emblema de la Comuna. Instaura también, para los miembros de la asamblea municipal, el imperativo por el que son “permanentemente controlados, supervisados, discutidos, revocables y responsables”. Esta exigencia de democracia directa es sin duda lo que mejor caracteriza las aspiraciones igualitarias de los comuneros, y lo que más inquietaba a sus enemigos. La Comuna comienza a requisar las fábricas y talleres abandonados por sus patrones para confiarlos a cooperativas obreras. Una Unión de las Mujeres para la Defensa de París, primera organización feminista francesa, es creada por la agitadora rusa Elisabeth Dimitrieff y la obrera encuadernadora Nathalie Lemel, y recluta ampliamente en los barrios populares. Influenciadas por las ideas de la socialista Flora Tristán, sus miembros reclaman igualdad de salarios y el derecho de voto para las mujeres —que no se concederá a las francesas hasta 75 años después—, reformas a las que la Comuna se había comprometido pero que no tendrá tiempo de poner en marcha. Es a sus mujeres valientes y luchadoras a las que la prensa reaccionaria calificará de “petroleras” y pintará como arpías surgidas de los tugurios para incendiar los barrios ricos.


El 2 de abril, la Comuna decreta la separación de la Iglesia y el Estado, así como el embargo de los bienes inmobiliarios que poseen las congregaciones religiosas. El arzobispo de París, Darboy, es detenido ese mismo día. Debe ser intercambiado por Blanqui, pero Thiers declina la propuesta: prefiere mantener encerrado al jefe emblemático del bando republicano y abandona al prelado a su suerte, calculando que, en el peor de los casos, su muerte proporcionaría un prestigioso mártir al Partido del Orden.


La mayor parte de las decisiones tomadas por la Comuna no se pondrá en marcha. Debía consagrarse prioritariamente al enfrentamiento con los versalleses. Como suele ocurrir en la historia mundial, la guerra civil obstaculiza la insurrección y pospone la revolución al improbable día después de la victoria.


El 5 de abril, la Comuna decreta la movilización y el armamento de los hombres de 19 a 40 años, que se cumple sobre la base del voluntariado. Aunque motivados, los reclutados no tienen experiencia militar y son propensos a la indisciplina. Solo un puñado de oficiales de profesión, como el coronel Louis Rossel y el general Jaroslaw Dombrowski, aceptan dirigir a las tropas comuneras, mucho menos numerosas que las de Versalles. A la relación de fuerzas cada vez más favorable a los versalleses se añade una serie de errores tácticos. Desde el 21 de marzo, estos se apoderan del fuerte de Mont-Valérien, que los comuneros no se han preocupado de ocupar. El 30 de marzo, los versalleses toman posiciones en la glorieta de Courbevoie, donde se alza hoy en día el horrible barrio de negocios de La Défense, símbolo muy tardío pero muy concreto de la victoria de los versalleses. Durante las tres semanas siguientes, los combates se limitan a escaramuzas, mientras que Thiers refuerza su ejército. A finales de abril lanza su ofensiva y los versalleses vuelan de victoria en victoria, retomando uno a uno todos los puntos estratégicos del extrarradio oeste. El 21 de mayo penetran en París por la puerta Saint-Cloud. Es el principio de la Semana Sangrienta. 

En los barrios conquistados, los versalleses proceden a una depuración sangrienta, fusilando sin juicio a todos los guardias nacionales que caen en sus manos. El 22 instalan cañones en las alturas de Chaillot y bombardean el centro de París. Muchos guardias nacionales se repliegan a los barrios obreros. Se levantan barricadas en las grandes arterias y en los cruces, pero la mayoría serán fácilmente sorteadas por las tropas de Versalles. Cuanto más penetran en los barrios populares, más feroces se vuelven. En la calle Rosiers, para vengar a Lecomte y a Clément-Thomas, atrapan en una redada a 43 habitantes del barrio y los ejecutan sumariamente.


Al día siguiente, 700 defensores del Barrio Latino son capturados y fusilados. Toda persona —hombre, mujer, niño— cuyos dedos huelan a pólvora es fusilada en el acto. El arzobispo Darboy y otros cinco rehenes son ejecutados como represalia. Al retirarse de los barrios centrales, los comuneros incendian varios edificios, entre ellos el palacio de las Tullerías y el Ayuntamiento. El 24 y el 25 tienen lugar combates encarnizados en los suburbios populares.


El 26, bajo la presión de la población enfurecida, 50 curas y gendarmes detenidos en Belleville son fusilados por los guardias nacionales. Viendo que serán masacrados pase lo que pase, algunos comuneros están decididos a vender caro su pellejo, mientras que otros huyen de París cuando aún están a tiempo. Al final de esa jornada sanguinaria, los comuneros ya solo mantienen Belleville y Ménilmontant, sus dos principales bastiones electorales.


Los últimos combates, los más desesperados, son los más encarnizados. El 27, Belleville es bombardeada y el cementerio de Père-Lachaise, en Ménilmontant, es teatro de sangrientos enfrentamientos cuerpo a cuerpo, al final de los cuales 147 comuneros son fusilados. El 28, los combates paran al final del día. La Comuna ha sido vencida.


El balance de esta carnicería varía mucho según las fuentes, pero parece encontrarse entre las 20.000 y las 30.000 víctimas —París tenía un millón y medio de habitantes—. Hubo después una serie de juicios con más de 10.000 condenas. 5.000 comuneros, entre ellos la anarquista Louise Michel, fueron deportados a Nueva Caledonia. Muchas figuras de la Comuna escaparon a tiempo de las balas de los verdugos y se refugiaron en el extranjero. En 1880, un gobierno menos reaccionario aprobó una ley de amnistía y los exiliados pudieron volver, y algunos de ellos jugaron un papel de primer orden en la vida política y cultural.


En cuanto a Courbet, fue delegado de Bellas Artes de la Comuna, y como tal presidió la demolición de la columna Vendôme, en el centro de París. Ese espantoso monumento había sido erigido por Napoleón I en su propia gloria y fundido con el bronce de los cañones de Austerlitz. Es a la vez como esteta y como amigo de la libertad que Courbet propuso su destrucción, que se produjo menos de una semana antes del principio de la Semana Sangrienta, conforme al siguiente decreto:


La Comuna de París, considerando que la columna imperial de la plaza Vendôme es un monumento de barbarie, un símbolo de fuerza bruta y de falsa gloria, una afirmación del militarismo, una negación del derecho internacional, un insulto permanente de los vencedores hacia los vencidos, un atentado perpetuo a uno de los grandes principios de la República francesa, la fraternidad, decreta:

Artículo único. La columna Vendôme será demolida.

El autor de El origen del mundo fue condenado a reembolsar los gastos de la reconstrucción de la columna verdusca, pero murió en 1877, antes de haber pagado la primera de las 33 cuotas de 10.000 francos que debía a una república copiosamente bautizada con la sangre de los pobres, y que honra a los tiranos y a los asesinos.

 

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Traducción: Gladys Martínez

publicado
2018-12-17 06:00:00

Publicado enInternacional
Víctor Serge Actor y testigo de la Revolución Rusa

Víctor Serge es un intelectual revolucionario. Un militante y un escritor cuyo destino muy pronto será el de un hombre acorralado por el poder soviético, la policía del mundo entero, los nazis. Fue constantemente vigilado, auscultado, sus cartas abiertas... Pero persiste, obstinado, convencido de que no hay otra alternativa. Escribe y lucha; escribe en toda circunstancia, en la prisión, en la deportación, en las rutas del éxodo, en las habitaciones provisorias. Busca contar su tiempo, revelar todo lo que se opone a la emancipación humana y a la creación de un mundo de justicia y libertad. Las dos cosas al mismo tiempo.

Diez rasgos para un ecosocialismo feminista y revolucionario

Llamamos ecosocialismo al razonamiento que consiste en vincular personas explotadas y oprimidas. Este razonamiento prepara la llegada de una sociedad socialista democrática, no productivista, sin dominación ni explotación, respetuosa y prudente respecto al resto de la naturaleza.

Concepto abierto, el ecosocialismo implica un cierto número de interpretaciones diferentes. Los francófonos probablemente conocen el ecosocialismo de JL. Mélenchon, que es de tendencia más bien estatista y soberanista. En algunos países, una socialdemocracia de gestión o de los partidos verdes muy mainstream afirman actuar con una perspectiva ecosocialista. No se puede por lo tanto hablar en general del ecosocialismo. Los diez rasgos propuestos más abajo resumen las concepciones ecosocialistas de la corriente marxista-revolucionaria internacional a la que pertenezco.

1. Nuestro ecosocialismo deriva de cuatro declaraciones:


-La necesidad de un programa de transición anticapitalista que ya considere las limitaciones ecológicas y aporte respuestas a la destrucción ecológica. Por lo tanto divergimos de las corrientes políticas que aplazan la protección y la restauración del entorno al “día de mañana” del postcapitalismo;
-la necesidad de una estrategia basada en la acción directa, democrática y auto-organizada de las personas explotadas y oprimidas, en una perspectiva internacionalista y en el respeto a la autonomía de los movimientos sociales así como en el derecho a la auto-organización de las mujeres y en general, de las capas oprimidas;

-la profundísima crisis de sentidos y valores que mina la sociedad capitalista. La dominación del valor abstracto y el patriarcado capitalista son la base de una inversión entre las necesidades y la producción, entre trabajo vivo y trabajo muerto, entre el planeta y el capital. El capital aliena así al ser humano de su naturaleza de animal social pensante, produciendo consciente y colectivamente su existencia;
-el balance ecológico catastrófico de los países del “socialismo real”, simbolizado por la catástrofe de Chernobil, de la desecación del Mar de Aral y de la campaña maoista para la eliminación de gorriones en China, por dar algún ejemplo.


Nuestro ecosocialismo es por lo tanto radicalmente anticapitalista, humanista, internacionalista, feminista y autogestionario. A la vez, es estrategia de lucha, programa de reivindicaciones y proyecto de sociedad.


2. Nuestro ecosocialismo tiene una fuerte dimensión ética que entronca en la perspectiva de una civilización humana digna de tal nombre


Seguirnos las huellas de Marx quien consideraba que “la naturaleza es el cuerpo inorgánico de la humanidad”. La destrucción de la naturaleza de la que formamos parte es nuestra propia destrucción y la de nuestros hijos. La expresión “crisis ecológica” es por eso muy limitada. La situación a que nos enfrentamos es mucho más que una crisis del funcionamiento de los ecosistemas debida a la lógica del beneficio: es una crisis sistémica de la civilización humana agudizada principalmente por una crisis de las relaciones entre la humanidad y el resto de la naturaleza.


Sustituir la producción de valor por la producción de valores de uso determinados democráticamente es una condición necesaria para ponerle fin; pero solo es una condición necesaria. Las destrucciones ecológicas, como la opresión de las mujeres, han existido mucho antes que el capitalismo, aunque fuese bajo otras formas y a escala local más que global. Por otro lado, como se ha dicho, el “socialismo real” burocrático ha sido también tan destructor del entorno como el productivismo capitalista.


Juntas, estas dos realidades, subrayan la necesidad de un proceso de revolución cultural a proseguir mucho más allá de la abolición del capitalismo. Se trata de romper con las visiones dominantes y utilitaristas, para inventar una relación con el entorno basada en el cuidado, la prudencia y el respeto.


3. El balance ecológicamente destructivo de la URSS, China y los países del Este se debe ante todo a la degeneración estalinista burocrática de la revolución


Esto ha implicado a la vez la renuncia a la revolución mundial y al abandono de las experiencias y concepciones ecológicas más avanzadas que se han desarrollado durante los primeros años del poder soviético. Pero el estalinismo no lo explica todo: a finales del XIX y principios del XX, el movimiento obrero y su ala revolucionaria estaban mayoritariamente impregnados por una visión de la naturaleza como materia a dominar, a modelar sin límites según la voluntad humana. Esta visión estaba presente y dominaba también a los oponentes de izquierda al estalinismo.


4. La emancipación de las mujeres requiere un movimiento autónomo y la construcción en su seno de una tendencia socialista. Por lo mismo, parar la destrucción ecológica exige la construcción en el seno de la izquierda de una corriente ecosocialista que intervenga, por así decirlo, en nombre del resto de la naturaleza en una perspectiva anticapitalista, internacionalista y anti-burocrática


Rechazamos la idea de que esta corriente esté condenada a predicar en el desierto por el hecho de que el Homo sapiens sea destructor e insensible por naturaleza. La humanidad ha causado muchas destrucciones ecológicas, pero no hay ninguna razón para pensar que la inteligencia y la sensibilidad humanas sean insuficientes para reaprender lo que hemos olvidado, cuidarnos del entorno, reconstruir los que se pueda, inventar una nueva relación con la vida en general.


5. Nuestro ecosocialismo es radicalmente anticapitalista y en consecuencia marxista


Encontramos en Marx no solo una crítica irreemplazable de la lógica del capital sino también ideas preciosas y a menudo desconocidas que nutren directamente nuestra reflexión ecosocialista. Las principales son las siguientes:


-La naturaleza y el trabajo son las únicas fuentes de toda riqueza, la naturaleza es la fuente principal de los valores de uso;


-La única agricultura racional es la basada en los agricultores independientes o en la propiedad comunitaria del suelo (¡a distinguir de la propiedad estatal de los koljoses!). La única explotación forestal racional es la que huye de la búsqueda del lucro “cortoplacista”;


-La búsqueda de rentas (superbeneficio) estimula continuamente el pillaje de los recursos naturales, minerales y orgánicos, sobre todo la tendencia a una agroindustria cada vez más intensiva que agota los suelos, practica el monocultivo y privilegia la producción de carne;


-El capitalismo se basa en la desposesión. No hay capitalismo sin crecimiento y por lo tanto, sin reproducción ampliada constante, con un doble movimiento: por una parte, apropiación/explotación de la fuerza de trabajo contra un salario, y por otra, apropiación/pillaje de recursos naturales.


-El capital no es una cosa sino una relación social de explotación del trabajo que exige inputs en recursos naturales y orientado a la producción de plusvalor. “El único límite del capital, es el propio capital”, decía Marx: enigmática a simple vista, la frase significa simplemente que el capital proseguirá su obra de destrucción tanto tiempo como disponga de fuerza de trabajo y de otros recursos naturales para explotar. Por ello, el capital no puede fallar hasta haber franqueado los límites. Ningún mecanismo endógeno le permite considerar las fronteras de la sostenibilidad (“boundaries”).


-En consecuencia, la producción de plusvalía implica necesariamente la ruptura de los equilibrios en el intercambio material entre la humanidad y el resto de la naturaleza (“metabolic rift”). La acumulación capitalista agota a la vez la tierra y a la clase trabajadora. Parar el pillaje de recursos (la “gestión racional del intercambio material” sociedad-naturaleza) exige la abolición de la explotación de la fuerza de trabajo y la reducción del tiempo de trabajo.


6. Sin embargo, la obra de Marx y Engels está en tensión


Primero, está marcada en cierto grado por las ilusiones del progreso y la perspectiva de un “crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas”; Segundo, su pensamiento debe pasar la criba de los análisis (eco)feministas sobre el patriarcado.


Para Marx, como hemos visto, “el capital agota las dos únicas fuentes de toda riqueza, la tierra y el trabajador”. En esta cita, “el trabajador” incluye la trabajadora. Por lo tanto el trabajo está feminizado. Las mujeres asumen gratuitamente la mayoría de los trabajos de reproducción en el marco de la familia, y este trabajo esta “invisibilizado” en la sociedad capitalista. Marx dijo también, que “la apropiación privada de la Tierra, parecerá un día tan bárbara como la apropiación privada de un ser humano por otro”. Y por tanto, el capitalismo ha integrado el patriarcado preexistente que constituye una forma de apropiación de un ser humano por otro. Engels, lo había señalado: “en la familia, el hombre es el burgués, la mujer el proletario”.


Nuestro ecosocialismo desarrolla por tanto la frase de Marx para integrar explícitamente el trabajo de reproducción. La lógica capitalista que aumenta la explotación del trabajo asalariado y de los recursos tiende también a aumentar la opresión patriarcal de las mujeres. La apropiación del cuerpo de las mujeres, el trabajo doméstico que prestan gratuitamente y su discriminación en la esfera productiva, constituyen una forma específica de apropiación de riqueza por el capitalismo. Esta forma debe evidenciarse para que la crítica de este modo de producción sea completa.


7. Nuestro ecosocialismo trata de integrar todos estos aspectos


La opresión de las mujeres se combina con la explotación del trabajo asalariado y el pillaje de recursos, con la ruina de los campesinos independientes y la destrucción de comunidades indígenas.
Las luchas de las mujeres forman parte de la lucha de clases, sin limitarse a eso, porque la opresión patriarcal es una de las bases del capitalismo. Las luchas ambientales forman parte de la lucha de clases, sin limitarse a eso, porque el apetito insaciable del capital para consumir recursos es la inclinación de su dependencia del trabajo vivo que, por una parte, transforma esos recursos en valor, y por otra, reproduce en el ámbito doméstico, la fuerza de trabajo,


Las luchas campesinas y de los pueblos indígenas, forman parte de la lucha de clase, sin limitarse a eso, porque la bulimia capitalista implica la apropiación de todos los recursos y la mercantilización de todas las relaciones y en consecuencia también la proletarización generalizada.


Nuestro ecosocialismo es por lo tanto, no únicamente alianza antiproductivista de lo social y lo ambiental; es decir, alianza social-obrero-campesina-pueblos indígenas, sino que también tiene en cuenta el feminismo en lo social y lo ambiental. Es decir, eco feminismo socialista. Esta visión es la base de nuestra estrategia eco socialista de convergencia de las luchas.


John Bellamy Foster estima que hay una “ecología de Marx”. Su libro en este aspecto es claro y pone el reloj en hora respecto al pretendido productivismo marxista. Pero rechazamos la apología. “La ecología de Marx”, en nuestra opinión, es una obra inacabada. Nuestro ecosocialismo comporta rematar la construcción, superando los límites y, acaso, las contradicciones. Esta visión sin anteojeras es indispensable para considerar las nuevas cuestiones como los “derechos de la Madre Tierra”, el sufrimiento animal, etc.


8. Es una ilusión creer que un modo de producción basado en la apropiación del cuerpo de las mujeres y en la explotación de la fuerza de trabajo humana como recurso natural podría engendrar en la mayoría de la población una conciencia social respetuosa con los recursos naturales y con la naturaleza en general


En un sistema de producción generalizado de mercancías, es decir, de “cosificación” generalizada. La ideología dominante frente a la “naturaleza” forzosamente es una ideología del mercado, que considera el entorno como una reserva de recursos gratuitos. Las luchas ecológicas deben vincularse y acompasarse con las económicas y feministas, para transformarse en fuerza social de transformación del orden existente, Las cuestiones del trabajo, de la producción, de la reproducción y del desarrollo están en el centro de nuestro ecosocialismo. La naturaleza del Homo sapiens es producir socialmente su existencia mediante la expresión del trabajo, relación ineludible entre humanidad y naturaleza,


Pero la naturaleza humana solo existe en concreto mediante sus formas históricas. La respuesta a la crisis ecológica no consiste en “salir del trabajo” en “salir del desarrollo”, en “salir del consumo”, en “salir del crecimiento”, etc., que son abstracciones a- históricas. Consiste en salir del trabajo abstracto productor de valor, por tanto salir del modo de desarrollo capitalista centrado en el crecimiento del beneficio y del modo de distribución/consumo que de él se deriva.


9. Rechazamos la idea de que “la naturaleza” sufre a la humanidad como una enfermedad


La humanidad forma parte de la naturaleza que transforma. Otras especies han transformado la naturaleza en profundidad. Pero la transformación del Homo sapiens es distinta: lejos de ser “natural”, está determinada históricamente por las relaciones sociales de producción. Así, no hay “capacidad de carga” específica de la especie humana. En función de la productividad del trabajo, la “capacidad de carga” humana ha variado, por ejemplo, desde 8 humanos/km², para la agricultura de “tala y quema”; 25 humanos/km² para los primeros agricultores sedentarios; 100 humanos/km² en la agricultura de regadío del Antiguo Egipto,..


Por otro lado la historia presenta varios casos en que el progreso de la productividad del trabajo ha sido ecológicamente positiva (por ejemplo, en Europa Occidental el descubrimiento del papel de las leguminosas como “abono verde” ha frenado la deforestación). Actualmente, las tecnologías energéticas renovables suponen un progreso de la productividad cuya extensión generalizada se impone de manera urgente para evitar el cambio climático hacia un “planeta invernadero”. Pero en el marco capitalista productivista y “adorador del crecimiento”, tales tecnologías se añaden a las energía fósiles en vez de reemplazarlas, y se despliegan al servicio del beneficio. Razón por la que no detienen la destrucción medioambiental.


Así se ve bien, que el problema no es el progreso general, sino lo que Michael Löwy llama el “progreso destructivo” del modo capitalista de producción. Ese “progreso” produce bajo nuestros ojos y cada vez más rápido una naturaleza transformada y empobrecida. Está a punto de destruir millones de formas de vida, amenaza la existencia de cientos de millones de pobres, crea el riesgo de una caída de la humanidad en la barbarie, e incluso podría, eventualmente, a fin de cuentas, amenazar a la especie humana en su conjunto.


10. La “auténtica naturaleza” virgen no existe


Aquellos que piensan que la “auténtica naturaleza es la naturaleza sin Homo sapiens”, no tienen ninguna solución para la crisis sistémica. Su única alternativa lógica consistiría en desear la desaparición de los humanos (¡en tal caso, que nos muestren el ejemplo!)...Frente a estas concepciones misántropas, la cosmogonía de los pueblos indígenas (la Madre Tierra) constituye una fuente de inspiración. Pero no nos equivoquemos: esta cosmogonía no implica “defender los bienes comunes” que lo serian por naturaleza. En efecto, esta noción de los bienes comunes implica en cambio que ciertos bienes no serían, naturalmente, comunes. Muy al contrario, se trata de afirmar la legitimidad de un proceso de construcción social DEL COMÚN.


Ese proceso de definición democrática de lo que queremos instituir como común no está limitado a priori por ninguna naturaleza de las cosas. Una sociedad eco-comunista, sin clases, recuerda en ciertos aspectos a las llamadas sociedades “primitivas”. Ella instituiría LO común, Sin embargo será muy diferente, visto el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Esta sociedad elaborará un concepto de las relaciones humanidad-naturaleza que probablemente recordará en ciertos aspectos a la de los pueblos indígenas, pero también será diferente. Un concepto en el cual las nociones éticas de precaución, de respeto y de responsabilidad, así como maravillarse ante la belleza del mundo, se nutrirán permanentemente de la aprehensión científica a la vez más sutil y al mismo tiempo claramente incompleta. Pues a mayor progreso de la ciencia, más crece la conciencia de lo que no explica…


El texto que presentamos fue la intervención de Daniel Tanuro en la escuela de ecología del Center for Alternative Researches and Studies (CARES), recientemente inagurado en Senlis-sur -mer, Isla Mauricio.

Por Daniel Tanuro, ingeniero agrícola, ecologista y activista socialista valón, es dirigente de la LCR-SAP del Reino de Bélgica.
09/11/2018

 

 

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