Viernes, 10 Junio 2016 06:58

La nueva Venezuela

La nueva Venezuela

 

Las crisis sistémicas suelen provocar mutaciones de larga duración que no dejan nada en su lugar. La crisis de la dominación española sobre nuestro continente se trasmutó en una realidad completamente nueva. Las sociedades que se estabilizaron hacia la segunda mitad del siglo XIX poco tenían que ver con las existentes hacia 1810, cuando la Revolución de Mayo en el virreinato del Río de la Plata.

 

Esos periodos críticos habilitan, también, el nacimiento de relaciones sociales diferentes a las hegemónicas que son, en última instancia, una de las claves de bóveda del cambio social. No es durante la grisura de la estabilidad cuando nace lo nuevo, sino en medio de las bravas tormentas, siempre que seamos capaces de innovar, de trabajar creando.

 

En Venezuela está sucediendo algo similar. Detrás o debajo de la crisis política, de la ofensiva de la oposición y de Washington, de la parálisis del gobierno, de la corrupción que atraviesa todo el país, de arriba abajo, de la escasez y de las interminables colas para comprar alimentos, late otro país. Un país productivo, solidario, donde las personas no pelean entre sí por apropiarse de harina, azúcar y arroz, un país en el que pueden compartir lo que hay.

 

Un extenso e intenso recorrido por comunidades de los estados de Lara y Trujillo, desde la ciudad de Barquisimeto hacia la región andina, permite comprobar esta realidad. Se trata de una amplia red de 280 familias campesinas integradas en 15 organizaciones cooperativas, junto a 100 productores en proceso de organización, que integran la Central Cooperativa de Servicios Sociales de Lara (Cecosesola), que abastecen las tres ferias urbanas con 700 toneladas de frutas y verduras cada semana, a precios 30 por ciento por debajo del mercado, ya que eluden coyotes e intermediarios.

 

La visita directa a cinco cooperativas rurales, algunas con más de 20 años y otras en proceso de formación, permite comprender que la cooperación campesina tiene una fuerza extraordinaria. Una sencilla cooperativa de 14 productores en Trujillo, a 2 mil 500 metros de altura, consiguió comprar tres camiones, construir una bodega, la casa campesina y un galpón, produciendo básicamente papas y zanahorias de forma manual, sin tractores porque sus tierras están en pendientes. Un pequeño milagro que se llama trabajo familiar y comunitario, porque todas las cooperativas tienen tierras comunes que cultivan entre todos y todas.

 

Trabajo y debate para corregir errores. Eso que antes llamábamos autocrítica y quedó olvidada en algún agujero negro del ego masculino/militante. Las 3 mil reuniones anuales que realizan los mil 300 trabajadores asociados de Cecosesola, abiertas a la comunidad, son extensas, ásperas y frontales, en las que no se ocultan las desviaciones personales que perjudican al colectivo. Como decimos en el sur, no se andan con chiquitas. Van de frente, sin anestesia ni diplomacia, lo que no resquebraja sino consolida el ambiente de hermanamiento.

 

La red de 50 organizaciones comunitarias (15 rurales y 35 urbanas) abastece a más de 80 mil personas por semana en las tres ferias de consumo familiar, que cuentan con 300 cajas simultáneas. En estos momentos de escasez, abastecen la mitad de los alimentos frescos de una ciudad de un millón de habitantes, por lo que se forman colas hasta de 8 mil personas en la feria central, la más concurrida de todas, ya que el gobierno cerró algunos de sus mercados por carecer de productos.

 

Las cooperativas rurales producen verduras y frutas; las unidades de producción comunitaria urbanas elaboran pastas, miel, salsas, dulces y artículos de higiene y del hogar. En total, son 20 mil socios de los sectores populares de Barquisimeto los que están directamente involucrados en la red.

 

Los ahorros en la producción, las ferias y las colectas les permitieron construir el Centro Integral Comunitario de Salud, que tuvo un costo de 3 millones de dólares, cuenta con 20 camas y dos quirófanos donde realizan mil 700 cirugías anuales a mitad de precio que en las clínicas privadas, gestionado por casi 200 personas de forma horizontal y asamblearia. Además, tienen un fondo cooperativo (una suerte de banco popular) para financiar cosechas, comprar vehículos, insumos médicos y otras necesidades de las familias.

 

Todo, absolutamente todo, lo consiguieron con el trabajo propio y el apoyo de la comunidad. No recibieron un solo bolívar del Estado a lo largo de más de 40 años. ¿Cómo lo hicieron? Algunos documentos elaborados por la red lo explican en dos conceptos: ética y cooperación comunitaria.

 

No es que no haya problemas. Los hay, y muchos, con casos de aprovechamiento individualista, como en todas partes. El documento Ética y revolución, difundido en marzo pasado, dice: En nuestro país aceleradamente se va imponiendo una nueva modalidad de propiedad privada, al intentar adueñarse cada quien del espacio que se le antoje según su conveniencia. Ante eso son intransigentes. Es el mismo espíritu que los lleva a fijar los precios sin atender los del mercado, sino por acuerdos entre productores, tomar los acuerdos por consenso, eliminar las votaciones, percibir todos los mismos ingresos y trabajar para desmontar las jerarquías de poder internas.

 

La guía no es el programa, ni la relación táctica/estrategia, sino la ética. ¿Sin ética hay revolución?, finaliza el citado documento. La historia nos dice que los sectores populares pueden derrotar a las clases dominantes, como sucedió en medio mundo desde 1917. Lo que no está demostrado es que podamos establecer modos de vida diferentes del capitalismo.

 

Los trabajadores de Cecosesola pueden llevar de sus ferias la misma cantidad de productos que el resto de la comunidad. Si hay un kilo de harina por persona, es para todos igual, formen o no parte de la red. Esto es ética. La escasez es para todos. Sin privilegios.

 

Esa es la nueva Venezuela. Donde la ética es guía y norte. Aunque estén rodeados de mezquindades, siguen su camino. ¿No era ese el espíritu revolucionario?

 

 

Publicado enSociedad
Miércoles, 20 Abril 2016 06:47

Fidel Castro: El pueblo cubano vencerá

Fidel Castro: El pueblo cubano vencerá

Constituye un esfuerzo sobrehumano dirigir cualquier pueblo en tiempos de crisis. Sin ellos, los cambios serían imposibles. En una reunión como esta, en la que se congregan más de mil representantes escogidos por el propio pueblo revolucionario, que en ellos delegó su autoridad, significa para todos el honor más grande que han recibido en la vida, a este se suma el privilegio de ser revolucionario que es fruto de nuestra propia conciencia.


¿Por qué me hice socialista, más claramente, por qué me convertí en comunista? Esa palabra que expresa el concepto más distorsionado y calumniado de la historia por parte de aquellos que tuvieron el privilegio de explotar a los pobres, despojados desde que fueron privados de todos los bienes materiales que proveen el trabajo, el talento y la energía humana. Desde cuándo el hombre vive en ese dilema, a lo largo del tiempo sin límite. Sé que ustedes no necesitan esta explicación pero sí tal vez algunos oyentes.


Simplemente hablo para que se comprenda mejor que no soy ignorante, extremista, ni ciego, ni adquirí mi ideología por mi propia cuenta estudiando economía.


No tuve preceptor cuando era un estudiante de leyes y ciencias políticas, en las que aquella tiene un gran peso. Desde luego que entonces tenía alrededor de 20 años y era aficionado al deporte y a escalar montañas. Sin preceptor que me ayudara en el estudio del marxismo-leninismo; no era más que un teórico y, desde luego, tenía una confianza total en la Unión Soviética. La obra de Lenin ultrajada tras 70 años de Revolución. ¡Que lección histórica! Se puede afirmar que no deberán transcurrir otros 70 años para que ocurra otro acontecimiento como la Revolución Rusa, para que la humanidad tenga otro ejemplo de una grandiosa Revolución Social que significó un enorme paso en la lucha contra el colonialismo y su inseparable compañero, el imperialismo.


Quizás, sin embargo, el peligro mayor que hoy se cierne sobre la tierra deriva del poder destructivo del armamento moderno que podría socavar la paz del planeta y hacer imposible la vidahumana sobre la superficie terrestre.


Desaparecería la especie como desaparecieron los dinosaurios, tal vez habría tiempo para nuevas formas de vida inteligente o tal vez el calor del sol crezca hasta fundir todos los planetas del sistema solar y sus satélites, como gran número de científicos reconocen. De ser ciertas las teorías de varios de ellos, las cuales los legos no ignoramos, el hombre práctico debe conocer más y adaptarse a la realidad. Si la especie sobrevive un espacio de tiempo mucho mayor las futuras generaciones conocerán mucho más que nosotros, aunque primero tendrán que resolver un gran problema. ¿Cómo alimentar los miles de millones de seres humanos cuyas realidades chocarían irremisiblemente con los límites de agua potable y recursos naturales que necesitan?


Algunos o tal vez muchos de ustedes se pregunten dónde está la política en este discurso. Créanme que me apena decirlo, pero la política está aquí en estas moderadas palabras. Ojalá muchos seres humanos nos preocupemos por estas realidades y no sigamos como en los tiempos de Adán y Eva comiendo manzanas prohibidas. ¿Quién va a alimentar a los pueblos sedientos de África sin tecnologías a su alcance, ni lluvias, ni embalses, ni más depósitos subterráneos que los cubiertos por arenas? Veremos que dicen los gobiernos que casien su totalidad suscribieron los compromisos climáticos.
Hay que martillar constantemente sobre estos temas y no quiero extenderme más allá de lo imprescindible.


Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos. A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que el pueblo cubano vencerá.


Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala. He votado por todos los candidatos sometidos a consulta por el Congreso y agradezco la invitación y el honor de escucharme. Los felicito a todos, y en primer lugar, al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo.


Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible.

Fidel Castro Ruz
Abril 19 de 2016, al cierre del Séptimo Congreso del Partido

Publicado enInternacional
Jueves, 18 Febrero 2016 05:37

Hitler, Merkel y Renzi van a la ópera

Hitler, Merkel y Renzi van a la ópera

Desde luego, no hay que subestimar el poder de la música. Especialmente de la ópera que –al incorporar también lo visual y lo literario– puede ser un sugestivo vehículo de mensajes políticos.


Richard Wagner (1813-1883) tiene un claro mensaje político. Es un gran revolucionario de la ópera –y de la música (que abrió la puerta a la posterior llegada de dodecafonismo)–, pero, sobre todo, es un gran ideólogo.


Como uno de los pocos compositores que escriben sus libretos, mete en ellos mucho de su pensamiento racista, sexista y antisemita; si estira el lenguaje musical de su época, lo hace para transmitir mejor (con más dramatismo) sus ideas de la supremacía teutona y renovación radical de la especie humana.


Adolf Hitler tiene 12 años y por primera vez va a la ópera, a ver a Lohengrin: Me volví adicto inmediatamente. Mi entusiasmo por el maestro de Bayreuth no tenía límites, anota años más tarde en Mein kampf (1925).


Desde el principio convierte a aquella pequeña ciudad bávara en un nido de nacional-socialismo, con su llegada al poder en el corazón cultural del Tercer Reich, y a Wagner en su compositor oficial; tras la victoria final planea ascender su música a niveles aún superiores.


Curioso: la mayoría de notables nazis no comparte el wagnerismo del Führer (el teatro en la Colina Verde a menudo se ve vacío y se llena sólo por fuerza); alemanes comunes y corrientes al ir a la ópera prefieren otro repertorio (Verdi o Puccini).


Así que si bien no hay que desestimar la influencia de Wagner (ante todo en la medida en que el mismo Hitler se lo cree, planeando –tal vez– las invasiones al son de sus óperas o las de Beethoven o Strauss), darle demasiada importancia (como esto de explicar el auge del nazismo o la subsiguiente guerra con el poder de su música) es igualmente erróneo.
Una falacia que sintetiza –y aniquila– magistralmente Woody Allen en uno de sus clásicos one-liners: No puedo escuchar tanto Wagner... me dan ganas de invadir Polonia (Manhattan murder mystery, 1993).


Aquí Lenin –y no sólo aquí– está en las antípodas. Cuando invade Polonia (la guerra polaco-bolchevique de 1919-1921), seguramente no escucha la música. No puede. Le hace mal. Lo vuelve emotivo y débil, como confiesa en una ocasión.
Una distinción crucial –la separación de música y política (y muestra de su indudable humanidad, Slavoj Zizek dixit)– que no hacen los nazis, con Hitler a la cabeza, todos melómanos-genocidas (algunos músicos semiprofesionales).


A pesar de esto, y citando la misma confesión de Lenin, un columnista inglés –en contexto del bicentenario del natalicio de Wagner (2013)– lo fustiga por ignorar cultura y priorizar política, una de las razones por la que fracasó su revolución.


La clase política inglesa dominada por filisteos es, según él –en este aspecto–, leninista: ignora la vida artística, una señal de la sociedad fallida; un ejemplo a seguir es la clase política alemana –y Angela Merkel en particular–, que regularmente va a Bayreuth, dando así señal de salud de la sociedad civil (The Guardian, 2/8/13).


Curioso: tener uno de los festivales musicales más democráticos del mundo (los Proms de Londres), ignorado por políticos, pero concurrido por representantes de 99 por ciento de la sociedad –gracias a boletos baratos–, es muestra de enfermedad; tener uno de los más elitistas (el de Bayreuth), accesible –por precios astronómicos de boletos– sólo a uno por ciento de la sociedad (la élite económica y política), es muestra de salud.


Y todavía estas apariencias: una vez la canciller Merkel –que no enloquece tanto por Wagner, el más wagnerista es su esposo– va a la ópera con un vestido que ya lució una vez (austera, como la crisis lo demanda, elogia el amarillista Bild).
Chismes y escándalos. Lo único que desde hace años es capaz de producir Bayreuth. El mejor Wagner ya está en otra parte: en Salzburgo, en Berlín, en Milán...


Milán. Matteo Renzi va allí a inaugurar la tempo-rada en La Scala. Tocan a Verdi: Juana de Arco. Pero la música es lo de menos. Va a hacer noticia: El premier italiano desafía la seguridad por una noche en la ópera (The Guardian, 7/12/15).
Los terroristas –dicen los servicios secretos– van a volar el teatro, pero el valiente político va. Un espectáculo que de manera conveniente tapa las protestas antiausteridad afuera que ya son la costumbre en las inauguraciones de La Scala.


Daniel Barenboim, sin embargo –su ex director musical argentino-israelí, conocido interprete y defensor de Wagner (Lo peor que le pasó fue el amor de Hitler a su música)–, una vez capta la atención fustigando desde el podio recortes a la cultura.
En fin. La ópera –al parecer–, puro problema. El gran Pierre Boulez (1925-2016) –compositor y conductor francés que falleció en enero pasado– tiene una elegante solución: Volarlas todas (Der Spiegel, 1967).


¿Mera provocación? Más bien protesta contra la estagnación del género, critica la cultura burguesa (la ópera de París está llena de polvo y mierda) y parte de su incansable promoción de nueva música (dodecafonismo/serialismo).


Curioso: alguien en la policía suiza lo lee y guarda la memoria casi 40 años. Tres meses después de los atentados de 9/11 Boulez es sacado de su cama en un hotel en Basilea y acusado de terrorismo (BBC, 4/12/01).
Todo –en sí bastante operístico– huele a venganza.


Pero no es que no tiene gusto por la ópera, sólo es muy particular (Berg). Una vez incluso –¡en Bayreuth!– realiza Der Ring... (1976) en escenario industrial del siglo XIX como una saga capitalista. Con Jean Genet planean una ópera sobre la guerra de Argelia...


Pero Boulez es más radical allí donde se inclina por la música pura. Con la sola fuerza de su creatividad cuestiona el statu quo. La política no le hace falta. Su gesto –muy leninista, de separación, pero a rebours– es subversivo. Incluso: anticapitalista (Counterpunch, 7/1/16).


De allí que iniciativas como la Ópera contra el racismo y xenofobia –una serie de conciertos este febrero en diferentes ciudades alemanas–, aunque nobles (y en espíritu muy antiWagner), se quedan cortas.


Lo revolucionario, emancipatorio, no es combinar la música y la política. Es ser fiel a cada una de estas esferas.
Lenin y Boulez se dan la mano sin saberlo.


Por Maciek Wisniewski, periodista polaco
Twitter: @periodistapl

Publicado enPolítica
Sábado, 26 Septiembre 2015 12:39

El Papa Francisco, ¿hace una revolución?

El Papa Francisco, ¿hace una revolución?

Las revoluciones en el cruce del desierto

 

El éxodo bíblico1 ocurrió muy seguramente cerca del año 1450 antes de nuestra era y debió de suceder bajo el reinado del faraón Amenhotep II, el séptimo de la dinastía XVIII de Egipto. El hecho es que el pueblo de Israel, con sus distintas tribus, vivía en ese país, muy cerca del delta del Nilo y en calidad de pueblo extraño. Era oprimido con durísimos trabajos y con brutales malos tratos. Un líder muy fuerte y decidido, nombrado en la biblia como Moisés, acaudilló la salida masiva del pueblo con dos propósitos, romper la opresión y establecerse en una tierra de libertad o "tierra de promisión". La travesía fue larga y penosa hasta llegar a la región de Canaán, entre el Mar Mediterráneo y el río Jordán, región que hoy corresponde al Estado de Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza.

 

Moisés representaba en los años de peregrinación por el desierto, la ortodoxia, es decir, lo que la oficialidad religiosa consideraba mandato y voluntad de su dios Yahveh. Sin embargo, cuando se empezaba a sentir que algo no funcionaba o que sería mejor de otra forma, cuando sentía que el guía y legislador Moisés se equivocaba y que su equivocación empezaba a imponer cargas innecesarias a los agobiados caminantes, el pueblo se rebelaba y actuaba de otra forma. Moisés, entonces, conciente que las cosas no volverían atrás, asumía pose de legislador, convencido de cuidador del "orden establecido" y, con tono mayestático, declaraba "a partir de hoy manda Yahveh..." y estatuía el cambio como voluntad de Dios y nueva norma. Es apenas normal suponer hoy que el pueblo debía de reírse socarronamente y decirse: "¡cuál Dios, cuál Moisés! ¡Hemos sido nosotros quienes lo hemos hecho!".

 

Cuando las revoluciones vienen de arriba, por decreto o por golpe de estado, cuando no tienen un pueblo en su base, un pueblo que las haya querido y buscado, que las haya luchado y exigido, es imposible que se sostengan. Una revolución, para que sea digna de su nombre, para que se construya y perdure como tal, debe ser construida por el pueblo que, fatigado de una situación amarga, injusta e indeseada, se rebela y se organiza para hacerla. Así, al menos, en la saga mosaica que acabamos de evocar.

 

Los papas del siglo XX que intentaron revoluciones

 

Saltando siglos y ubicándonos en la segunda mitad del siglo veinte, nos encontramos con tres papas de la iglesia romana que intentaron, el primero iniciar y los otros dos madurar procesos revolucionarios intensos al interior de su propia iglesia2. Juan XXIII, quien había llegado incluso a proponer una reconciliación de la iglesia católica con el socialismo como doctrina –como socialismo utópico– y a encontrar afinidades entre su propuesta de sociedad y las derivadas de las utopías cristianas, propició el gran revolcón que se llamó "Concilio Ecuménico Vaticano II"3 entre 1962 y 1965. Se abrieron las puertas a una gran revolución eclesiástica que continuó Paulo VI a la muerte de su mentor. A pesar de todos los empeños de la curia vaticana por abortar las transformaciones emprendidas por Juan XXIII, Paulo VI las ahondó con valentía y en extrema soledad, las mantuvo y las defendió de los ataques de los centros de poder del mundo entero. A su muerte, Juan Pablo I, el Papa que sólo duró 33 días, pretendió radicalizar aún más lo iniciado: el retorno a la pobreza evangélica, la renuncia a ser un Estado, el divorcio de los grandes centros de poder político del mundo, la alianza estratégica con los empobrecidos de la tierra. Hay pruebas documentales de que fue envenenado. Luego se desató una furibunda contrarreforma que se mantuvo por 35 años y retrocedió lo avanzado a épocas de mayor oscurantismo que el abordado inicialmente. Un Papa polaco, visceralmente anticomunista, y un Papa alemán –que había participado en las juventudes nazis– reversaron a la Iglesia hacia una época entre medieval y barroca4. ¡Tres papas revolucionarios!, los tres boicoteados sistemáticamente, uno asesinado, sus revoluciones reversadas. Una vez más, como en los tiempos del éxodo y de Moisés, la revolución no se hace si no nace desde las bases de un pueblo o de una organización.

 

Para entender la agenda política del papa Francisco

 

Francisco llegó al Vaticano cuando la contrarrevolución marchaba a galope firme y daba señales de instalar a la Iglesia para siempre en las glorias y esplendores del pasado. Cuando el argentino Jorge Mario Bergoglio, una vez elegido, adoptó el nombre de Francisco, se estremeció de susto la anquilosis eclesial. Ese nombre susurraba cosas y evocaba las viejas rebeldías del Francisco del siglo trece, el de Asís, el poeta, pacifista y transgresor.

 

Si uno se atiene a la historia de Bergoglio, nada nuevo habría que esperar de él y de su presidencia de la Iglesia romana. Sus posturas como superior provincial de los jesuitas, como Obispo auxiliar y como Cardenal primado de Buenos Aires frente a las mujeres, el movimiento social, las diversidades sexuales y de género, los sacerdotes apresados por la dictadura, los religiosos en barrios de miseria, la teología de la liberación, los procesos libertarios y liberacionistas del continente, dan fe de un religioso conservador del statu quo político y religioso, centrado puramente en los intereses de la Iglesia como aparato controlador de los cuerpos, las opciones y las conciencias.

 

Si uno se atiene, en cambio, a la sensibilidad humana y espiritual de Francisco -hombre capaz de llorar con los más empobrecidos y enfermos, de oír a la gente triste, abandonada y sola–, y a su simplicidad de vida –hombre de pocas insignias de poder y jerarquía, de predicación sencilla y al alcance de los más humildes, capaz de andar en autobús y en metro como un ciudadano común, de comer y gustar lo que come y gusta la gente del pueblo–, puede esperar de él posturas con fuerza profética y capacidad para desmontar el aparataje imperial y soberbio del Vaticano y sus enclaves pequeños y grandes a lo largo y ancho del mundo. Esto solo contiene, ya de suyo, chispas capaces de incendiar revoluciones.

 

Si uno considera lo que ha pasado con jerarcas de la Iglesia –caso de Hélder Cámara en Brasil, de Oscar Arnulfo Romero en El Salvador y de Gerardo Valencia en Colombia, entre muchísimos otros– que al ser elegidos representaban lo más conservador, intransigente y cerrado de la Iglesia alrededor de proyectos políticos radicalmente de derechas y burgueses, pero que al comenzar a andar con los pueblos pobres asumieron una radical conversión cristiana hacia su proyecto político liberador y hacia sus luchas, queda mucho por esperar de Francisco en la línea de un apoyo decidido y eficiente a las luchas de los pueblos por su dignidad, sus derechos y sus libertades. Al fin y al cabo, nada es rectilíneo en la historia humana ni en la historia de las personas.

 

Francisco ha dado claras señales de una radical conversión a las luchas y búsquedas, aún revolucionarias y estructurales, de los pueblos, desde el momento mismo de su instalación en el máximo poder eclesiástico romano. Leamos algunas de las más sintomáticas: a) Ante los movimientos sociales, en Roma (2014) y en La Paz (2015), el Papa ha reiterado su compromiso y su alegría de ver a la iglesia involucrada plenamente con los movimientos populares porque "Queremos un cambio de estructuras, este sistema ya no se aguanta: no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos, no lo aguanta la tierra"5; b) La encíclica "Laudato sí" –"Alabado seas"–6, toda ella está confeccionada como un análisis estructural del problema ambiental del Planeta, no como un mero problema coyuntural; su análisis desemboca en audaces denuncias al sistema neoliberal de mercado y a los centros de poder imperial que masacran y aniquilan pueblos y la vida misma, convocando a todos los pueblos del mundo a rebelarse activa y organizadamente.

 

Francisco en Cuba y en E.U., ¿con que propósitos?

 

Cuando este periódico se difunda estará en curso o habrá trascurrido la visita a Cuba (19–22 septiembre) y habrá sucedido lo mismo con su visita de seis días a los Estados Unidos (22–27 septiembre) y tendremos balances de ambos eventos. Me aventuro, sin embargo, a unas suposiciones que derivo del comportamiento que ha adoptado el pontífice en sus largos dos años de gobierno de la iglesia católica: a) Se habrá afirmado como hombre de espíritu libre y profundo que anima a la revolución cubana a seguirse construyendo como alternativa frente a la deshumanización del libre mercado; la habrá invitado a la plena acogida de todas las diversidades humanas, incluidas las diversidades religiosas; desde la isla habrá llamado al gobierno de los Estados Unidos a un sincero y efectivo levantamiento del bloqueo, del embargo económico y de todas sus funestas derivaciones contra los derechos humanos. Obviamente, habrá hecho una defensa radical de los derechos humanos amenazados en el mundo entero, sobre todo en los países del que se cree primer mundo. Habrá valorado el socialismo como vía para la racionalización del uso de la tierra, del suelo y del subsuelo y para la garantía de un mundo en equidad y en justicia. Habrá levantado una vez más su voz contra los muchos crímenes que contra la humanidad ha cometido el capitalismo neoliberal depredador y eliminador de la vida; b) En los Estados Unidos, y ante la ONU, habrá repetido los mismos mensajes anteriores y algo más: habrá denunciado la pasión imperialista de los americanos y todas las formas de imperialismo. Se habrá ido lanza en ristre contra el colonialismo en todas sus formas, particularmente contra la colonización de los cuerpos y de los espíritus, de la economía, de la geografía y de la vida. Habrá desenmascarado los consumismos como rostros brutales del despiadado saqueo planetario, como irracionalidad y como evasión de las sendas espirituales del vivir humano.

 

Pero nunca un Papa va a hacer una revolución

 

Como no pudo el viejo Moisés hace 36 siglos, tampoco podrá un Papa solo promover revoluciones en lugar alguno del mundo o de la historia. Tal vez sí, y esto ya es un aporte valiosísimo, un Papa que se decida con audacia a cuestionar los aparatos de poder, las hegemonías capitalistas y las omnipotencias del mercado, a señalar nuevos caminos para la fe, a convocar a los pueblos a la unidad y a despertar conciencia crítica, vigilante y participante en sus feligresías del mundo, podrá promover revoluciones aplazadas y urgentes por distintos lados del Planeta. Queda claro que un Papa a solas no hará una revolución ni siquiera en su propia casa –allá donde se cree que él manda más–, pero puede, si pone su poder simbólico al servicio de esa causa, promover e impulsar el milagro político-religioso de las nuevas alianzas entre cristianos, otros creyentes, movimientos sociales de base y movimientos políticos revolucionarios.

 


 

* Animador de Comunión sin fronteras - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
1 El libro del Éxodo es el segundo de la Biblia cristiana y forma parte del llamado Antiguo Testamento. Es una saga que recoge distintos momentos del pueblo de Israel en su cruce del desierto hacia tierras de libertad, historia que se da, según "el libro de libros", en un período de cuarenta años.
2 Juan XXIII, papa entre 1958–1963; Paulo VI, entre 1963–1978; Juan Pablo I, un mes del año 1978.
3 Un concilio ecuménico es una asamblea magna de la iglesia católica que, convocado por el Papa, reúne a todos los obispos del orbe alrededor de asuntos conexos con el derecho eclesiástico, con los dogmas y sus interpretaciones, con sus posturas morales y/o con sus prácticas litúrgicas
4 Juan Pablo II gobernó entre 1978 y 2005; Benedicto XVI, entre 2005 y 2013.
5 Papa Francisco en La Paz, Bolivia, frente a los movimientos sociales, Julio de 2015.
6 El título "Laudato sí" es tomado del "Cántico de las criaturas" de San Francisco de Asís que en su original italiano empieza "Laudato sí, mi signore – Alabado seas, mi Señor".

Publicado enEdición Nº 217
Adolfo Sánchez Vázquez: por un socialismo idealmente existente

De lo que aquí hemos hablado es del socialismo que quería Sánchez Vázquez, una opción inspirada por un marxismo nuevo, abierto, crítico, como era en definitiva el marxismo que correspondía al pensamiento de Marx. Se trata de reflexiones que han recorrido la historia de las sociedades modernas, y que han sido pensadas y abordadas desde diferentes y, quizá para algunos, insólitos miradores.

En 1949 un físico alojado en Princeton y llamado Albert Einstein, en un artículo publicado en el primer número de la legendaria, hoy benemérita, revista Monthly Review, se preguntaba ¿Por qué el socialismo? Y se respondía: porque sólo hay un camino para eliminar los graves males que definen la crisis de nuestro tiempo, cuya matriz identificaba con la anarquía económica propia del capitalismo, así como con la constitución de una oligarquía del capital privado frente a la cual ni siquiera una sociedad organizada democráticamente podía poner freno. Este camino, proponía Albert Einstein, es el de una economía socialista acompañada por un sistema educativo orientado a fines sociales.


Al mismo tiempo, el revolucionario sabio alemán advertía: Una economía planificada no es el socialismo. Como tal, puede ir acompañada por una esclavitud total del individuo. De aquí el gran desafío aún no resuelto del socialismo: ¿cómo evitar que la burocracia se vuelva una fuerza todopoderosa? ¿Cómo proteger los derechos individuales para desde ahí asegurar la existencia de un contrapeso democrático al poder de las burocracias?


Es probable que aquel mundo de la anarquía capitalista haya mutado, debido precisamente a la concentración productiva global y al poderío tecnológico formidable en manos de las multinacionales. Quizá, hoy tendríamos que hablar de una desbocada Alta Finanza que controla los resortes primordiales de la asignación de los recursos, la división del trabajo y de los medios de producción y de disuasión a escala planetaria. Sabemos también de la enorme capacidad desplegada por la gran corporación para controlar mercados, manipular la opinión pública y condicionar –o determinar– las decisiones fundamentales de los estados en materia económica y social. Planeación hay, pero no control social emanado de la democracia.


Pero, a la vez, tendríamos que reconocer que este poder burocrático-financiero ha exacerbado su centralización al calor de la propia crisis actual y que, además, de cara al desorden mundial impuesto al fin de la guerra fría, se corre el riesgo de que el mundo avanzado opte por una suerte de remilitarización del mundo que articule el ejercicio de este poder burocrático-financiero. Un poder capaz, sin duda, de planear, pero en función de intereses y objetivos propios adversos al interés general y la protección de las mayorías.


En esta perspectiva, aquella oligarquía que identificó Einstein como una amenaza al orden democrático de su tiempo, tendría que ser vista como un esbozo optimista e ingenuo del actual Brave New World donde la estatalización progresiva de los medios de producción, por ejemplo en modalidad público-privada tan cara a nuestros gobernantes y sus epígonos, haría posible la planeación pero no emanada ni sujeta a la deliberación y la participación de los trabajadores. De aquí la pertinencia y actualidad, históricamente legítima y coherente, del discurso de don Adolfo Sánchez Vázquez que en su momento fue indiscutiblemente atrevido y audaz.


¿Por qué el socialismo?, se preguntaba el sabio de Princeton. Porque es necesario y deseable, respondería nuestro filósofo. Pero sólo será real, realmente existente, si cumple estrictamente con la condición, en realidad la restricción, democrática. La democracia no es para después, ni puede ser sustituida por la providencia o la destreza burocrática, mucho menos por la carismática que recoge las frustraciones políticas mayoritarias. Y es aquí donde entra con legitimidad y exigencia el tema de las reformas y los tiempos. El ritmo, la gradualidad que hacen posible la combinación democracia-socialismo.


De aquella crisis de nuestro tiempo descrita en alucinante síntesis por Einstein, pasamos a la histérica cruzada contra el hombre y la democracia sociales, desatada por el desplome del régimen de la revolución contra el capital de que hablaba Gramsci al referirse a la Revolución de Octubre. Hoy se insiste en sustituir todo esto con una avasalladora revolución contra la sociedad y sus estados de bienestar, montada por los ricos en aras de la libertad y la globalidad, pero contra la igualdad y la fraternidad.


Tiempos nublados cuando no sombríos. Tiempos de democracia difícil. "¿Vale la pena hoy el objetivo, la meta, el ideal o la utopía del socialismo –se preguntaba y preguntaba don Adolfo en los primeros años del nuevo siglo– a quienes no conocieron ni vivieron esa experiencia de lucha, a las generaciones que siguen sufriendo los males del capitalismo, exacerbados en su fase neoliberal? ¿Ha valido la pena la alternativa social a la que se asocia –con razón o sin ella– el fracaso de la experiencia histórica que tantos sacrificios y sufrimientos costó?"2


Y (se) contestaba: "No ha valido la pena la experiencia histórica del 'socialismo real' porque, en definitiva, en ella no se han dado los valores socialistas. Pero, puesto que la historia no está predestinada (...) la perspectiva de un socialismo necesario deseable y posible, aunque incierta y no inmediata, sigue abierta para la izquierda que siempre ha luchado por la igualdad y la justicia (...) ha de abrirse desde el presente en la medida en que se lucha por la democracia efectiva, por ampliar las libertades reales y conquistar espacios de igualdad y justicia social (...) Sin renunciar a la reivindicación de sus sacrificios y logros del pasado, la izquierda debe asumir este pasado críticamente, sacando de él las lecciones que sean necesarias".3


Optimismo en el corazón, aparejado a la razón cautelosa y celosa del rigor y del recuento puntual de la historia. "Ciertamente, los errores teóricos se pagan prácticamente y, a veces, con un enorme costo humano, y de ahí la importancia del conocimiento para la acción. Si el marxismo fue certero al descubrir que el capitalismo, por su propia naturaleza, tiende a la expansión constante, fue un grave error considerar que ya en el siglo pasado había alcanzado un límite infranqueable (Marx), o que ya en los albores de este siglo era una capitalismo 'agonizante' (Lenin)."4


Por ello el filósofo insistiría en que hoy es, todavía más necesario que ayer, cultivar una dosis mayor de escepticismo frente a todo dogmatismo y, sobre todo, una dosis constante de crítica de todo lo existente, de la injusticia y la justicia simulada; de la mala educación y de sus gesticuladores; pero también de los justos tan dados a la autosatisfacción complaciente y la celebración del privilegio entendido como reconocimiento.


No sobra, más bien falta repetirlo: "El socialismo entendido en sus justos términos hasta ahora no existe (...) lo que se llama 'socialismo real' tiene algo de realidad, pero poco de socialismo. Hay que reconocer que el socialismo sigue siendo una aspiración".5

 

1 Esta es la última parte del texto presentado en el coloquio internacional Adolfo Sánchez Vázquez a cien años de su nacimiento, en la Facultad de Filosofía y Letras, Ciudad Universitaria, 7 de agosto de 2015.
2 Adolfo Sánchez Vázquez, ¿Vale la pena el socialismo?, p. 1, en < file:///Users/admin/Desktop/vale-la-pena-el-socialismo.pdf>
3 Adolfo Sánchez Vázquez, Vale la pena el socialismo, pp.1 y 13 en file:///Users/admin/Desktop/vale-la-pena-el-socialismo.pdf
4 Adolfo Sánchez Vázquez, Vale la pena el socialismo, p. 11.
5 Entrevista de Hugo Vargas en Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas), México, UNAM, 1995.

Publicado enSociedad
Jueves, 23 Julio 2015 06:10

El pájaro del dulce encanto

El pájaro del dulce encanto

Este nuevo aniversario de la revolución que triunfó en Nicaragua en 1979 me sorprende lejos, en el espacio y en el tiempo. Parece que fue ayer, tiende uno a decir cuando los acontecimientos que evoca son de verdad remotos, pero los relieves se los dan la memoria y el sentimiento, y por eso parecen tan cercanos aunque el tiempo siga poniéndoles encima esa pátina inevitable.


Lejos, en Santander, donde he terminado recientemente mi curso de una semana en el ciclo El autor y su obra, y he hablado de mis libros con participantes de muy diversas edades, que han llegado de muy distintas partes de España, convocados por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo.


Las clases se han celebrado hasta el mediodía en la casa del faro al borde de uno de los acantilados de esta península en cuya cima se alza el Palacio de la Magdalena, y desde las ventanas se ven pasar las embarcaciones que van entrando lentamente a la rada del puerto. La víspera fue el día de la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores, y una alegre procesión marina, entre un coro de sirenas de barcos, llevando a la Virgen en la nave capitana, pasó frente a esas ventanas. Qué escenario tan distinto y distante a aquel de la Plaza de la Revolución en Managua, cuando el aire se llenaba con salvas de fusilería y repicaban las campanas entre el agitar de las banderas.


Mis estudiantes no esconden su curiosidad al enfrentarse con alguien que les habla de los vericuetos de las invenciones literarias, de la factura de sus novelas, de sus procedimientos para escribir, de su encuentro diario con las palabras, habiendo sido protagonista de una revolución, y no se resisten a interrogarme sobre esa vida que un día llevé, y yo tampoco me resisto a responder. Siempre se recuerda con el gozo de la nostalgia.


Vida y literatura se mezclan de manera indisoluble. Y, otra vez, como ahora, se me termina preguntado: ¿volvería a hacer lo mismo, abandonar la literatura para entregarme a una revolución? ¿No me parece que si al fin de cuentas todo vino a resultar en lo contrario, aquella lucha no valió la pena? ¿No fue en balde tanto esfuerzo para volver a lo mismo de antes?
Quienes me hacen esas preguntas, convocados de lugares tan diversos como Madrid o Sevilla, Alicante o Granada, Murcia o Albacete, saben en qué vino a resultar la revolución en Nicaragua, aunque hayan llegado aquí seducidos por la literatura, a la que aman. Es, además, una revolución que en su momento de gloria levantó fervor en España.


Son las preguntas que poco después de que perdimos las elecciones en 1990, que pusieron fin a una década de revolución, intenté dilucidar en mi libro de memorias Adiós muchachos, y las respondo ahora otra vez a mis alumnos, quienes esperan con atención mis respuestas.


Y esas respuestas no han variado desde aquel entonces, en la medida en que los ideales que estaban conmigo, indisolublemente unidos a mí y a tantos otros la tarde en que entramos en triunfo a aquella plaza 36 años atrás, siguen siendo los mismos.


Los ideales tienen necesariamente una calidad que no se deteriora con el paso de los años, o nunca lo fueron. Libertad y democracia, equidad y justicia. Palabras simples, y tan necesarias, por las que dieron su vida miles de jóvenes que lucharon por derrocar a aquella dictadura de la familia Somoza; los mejores jóvenes, muchachos y muchachas, que ha dado Nicaragua en toda su historia, los más generosos, los más desprendidos, los más desapegados de intereses materiales, ambiciones de riqueza, o de poder personal. Somoza, y quienes huyeron con él a Miami, representaban, en cambio, todo lo contrario: el egoísmo más obsceno y el afán desmedido por la riqueza, tanto que fueron capaces de asesinar por ella.


Como he venido desde el otro lado del mar para hablar de la majestad de la invención, les relato a mis alumnos una historia que ha estado desde siempre en el imaginario anónimo de Nicaragua, y que se cuenta de boca en boca. Yo la escuchaba relatar de niño. Es la historia del pájaro del dulce encanto. Se trata de un pájaro de bello plumaje y colores refulgentes que vuela sobre las cabezas incitando a cogerlo, y cuando alguien alza las manos y lo atrapa, sólo queda en ellas un montón de excremento.


Esta no es sino una parábola de la frustración y el desengaño repetidos, la forma en que la sabiduría popular se previene a sí misma de no dar crédito a las quimeras que toda la vida acabarán convertidas en detritus; pero, al fin y al cabo, es una advertencia contra la inutilidad del esfuerzo por cambiar las cosas, y es allí donde la moraleja se vuelve perversa. Siempre vamos a tener, al final, las manos llenas de excremento, y la belleza de los sueños cumplidos no existe.


Pero no es cierto que seamos el único país de América Latina condenado a la repetición del fracaso. No podemos aceptar que nuestra historia sea un juego de espejos donde una dictadura refleja a otra, donde un caudillo encuentra su sucesor en otro caudillo, donde una familia se entroniza en el poder sólo para dar paso a otra familia en el poder. Donde la democracia, las instituciones firmes, la justicia libre de trampas corruptas, la libertad de elegir a los gobernantes, serán siempre sólo un remedo, o una burla, una pantomima trágica.


Quizás lo que nos ha ocurrido, les digo a mis estudiantes, y ya nos apuramos porque nos anuncian la ceremonia de entrega de los diplomas, es que hasta ahora ha revoloteado sobre nuestras cabezas el pájaro falso. Hermoso, pero falso. El otro, el verdadero, hay que hacerlo entre todos, pluma por pluma. El que realmente nos merecemos. Y no me cabe duda que un día lo tendremos.


Santander, julio de 2015
sergioramirez.com
Facebook: escritorsergioramirez
Twitter: sergioramirezm

Publicado enInternacional
Antonio García, &quot;Gaitán y la revolución colombiana&quot;

Gaitán y el problema de la revolución colombiana", la obra del Maestro Antonio García Nossa publicada en los primeros días de junio por ediciones desdeabajo, es una iniciativa saludable que retoma y reedita una obra, que a pesar de haber sido publicada originalmente en 1955, mantiene plena vigencia en sus aportes para comprender el carácter del régimen político colombiano y de la clase social que lo controla.

 

La obra, sin duda, constituye una interpretación y análisis integral de la personalidad humana, social y política de Jorge Eliécer Gaitán, identificado como el "hombre necesario", líder paradigmático, el cual es interpretado y analizado integralmente, a profundidad por García Nossa, en el contexto y escenario histórico colombiano del siglo XX, con proyecciones latinoamericanas y caribeñas.

 

En el contexto vital de Gaitán, se aplica la reflexión del filósofo español José Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi circunstancia". Y Gaitán, fue en grado máximo producto del momento histórico internacional y nacional, razón por la cual él mismo definió su simbiosis humana y vivencial exclamando en su apoteosis popular: "¡Yo no soy un hombre, soy un pueblo!"

 

Lo relevante e ilustrativo de este ensayo de Garcìa Nossa, se encuentra en cuanto identifica el pensamiento vivo e integral de Gaitán, aún vigente en su plataforma ideológica y legado programático fundamental, dimensión que justifica y explica plenamente la recuperación y proyección histórica, presente de su ideario, el cual comprende no solamente el recorrido del pasado como antecedente histórico, sino el mensaje y significado trascendente que se mantiene vigente en su pensamiento crítico y propositivo, caracterizado por su clara denuncia, objetividad, autenticidad y ética transparente.

 

El pensamiento y acción social de Gaitán, así como la profunda emoción y proyección popular de su voz, persisten en este siglo XXI, como puede comprobarse con la movilización y sentimiento popular reflejado en el persistente culto y recuperación de su memoria. Esta situación, explicable, en tanto los grandes problemas de la revolución colombiana que planteara en su momento Gaitán en el orden humano, social, económico, agrario, educativo, ético e institucional, apuntaban a transformar el instinto del pueblo en conciencia de sus problemas.

 

Estos problemas se hallan presentes, es más, están potenciados, profundizados y agravados los conflictos sociales en nuestro país, como puede comprobarse con la crónica presencia de la violencia atroz, genocidios y magnicidios reconocidos como crímenes de lesa humanidad, realidades paralelas a la metástasis de la corrupción.
El Nobel José Saramago en su "Ensayo sobre la ceguera, señala que el pasado y el presente, cuando no tienen futuro, es como si no existiesen. En el caso de Gaitán y su legado, encontramos que los varios conflictos históricos que denunciara, están sin resolver como la multiviolencia, concentración de la riqueza y el poder excluyente en todas sus expresiones, como lo comprueba el monopolio sobre la tierra, el crédito y las oportunidades a través de los indicadores oficiales, internacionales y nacionales, los cuales explican objetivamente el por qué las tesis, plataforma y programas fundamentales de Gaitán están presentes y tienen futuro en el contexto de las luchas sociales del pueblo colombiano.

 

Estas razones fundamentales y sus proyecciones, ameritan conocer, interpretar y analizar los antecedentes y prospectiva de la trayectoria histórica, social y política de Gaitán en el horizonte de su vigencia, en la medida que no se trata de un criterio arqueológico sino de un pensamiento vivo.

 

Es aquí donde cabe invocar el pensamiento de Marx en el XVIII Brumario de Luis Bonaparte en referencia al idealismo de Hegel: Las personas o sociedades que no conocen la historia o la olvidan, están condenados a repetirla, primero como tragedia y luego como comedia.

 

En esta dimensión, en el Mensaje final de este trabajo afirma su autor: "Lo peor de la historia que hemos vivido, no es sólo su costo de sangre inocente y el rebajamiento del hombre a un plano inferior al de sus instintos, sino la incapacidad de comprender esa historia y de asimilarla como una experiencia. La consigna de nuestra generación, si es que ha comprendido esa enseñanza y no se niega a predicarla a costa de todos los sacrificios, es la de que esa historia no puede repetirse. Recordemos lo que señalaba Antonio Gramsci: "La crisis consiste en que muere lo viejo y no nace lo nuevo".

 

¿Cómo fue estructurada la obra?

 

En el esquema de este trabajo se deslindan los grandes conceptos y objetivos de la lucha de Gaitán, identificando específicamente ideas sobre libertad, seguridad, bienestar, igualdad, propiedad y filosofía, acerca de la aplicación de principios sobre reforma o revolución.

 

Los temas fundamentales se encuentran clasificados así:

 

- El hombre como producto de su pueblo.
- Inmersión en el estilo y tradición de las luchas generacionales de su época.
- Tradición y drama de las ideas sociales en el referente de la historia contemporánea y el pensamiento gaitanista.
- Problemas de la revolución colombiana y contenidos teóricos y prácticos gaitanistas.
- Conceptualización sobre qué es y qué no es revolución.
- Conceptos fundamentales sobre: pan y libertad, democracia y propiedad: económica, social, política, cultural e internacional.
- Conceptos específicos sobre reforma y revolución agraria.

 

A su vez, estos temas se encuentran divididos en tres etapas:

 

- Crisis del orden tradicional y despertar de las luchas sociales: de la primera guerra (1914-1919) a la gran depresión: 1929–1930.
- Reforma como capitulación social: de la gran depresión a la segunda guerra mundial: 1930-1945.
- Crisis del orden tradicional, proceso de contra-revolución y desmoronamiento del sistema republicano y multiviolencia: 1942-1946-1953.

 

En ese sentido, los fundamentos y elementos del proceso como ejercicio de recuperación de memoria histórica, facilita la asimilación, interpretación y análisis del tiempo, espacio y ritmo del gaitanismo en la perspectiva de comprender la actual situación crítica, que afecta el presente y futuro de la sociedad colombiana.

 

La resistencia al cambio por parte de los sectores dominantes, y las diversas expresiones de las rebeliones populares pacíficas y armadas, amerita atenta lectura, en cuanto contribuye a rescatar el legado histórico de Gaitán y su aplicación en el presente, interpretándolo conscientemente como una guía política de nuestro tiempo, orientada a transformar el instinto de rebelión popular en conciencia revolucionaria, organizada, movilizada y orientada en el horizonte de construir y lograr profundos cambios estructurales de la vida colombiana. El mensaje de Gaitán, referido a los problemas y propuestas de reformas democráticas que planteó en su tiempo, sigue pendiente de resolución.

 

Pensamiento y acción

 

El pensamiento económico de Jorge Eliécer Gaitán, y sus años de formación, se inician en 1924 con su tesis de grado como abogado de la Universidad Nacional: "Las ideas socialistas en Colombia"; posteriormente viaja a Europa y en Italia recibe el título de su profesor Enrico Ferry por su trabajo sobre la premeditación en el delito, cum laude.

 

Al regresar al país, es elegido a la Cámara de Representantes en listas del Partido Liberal, denunciando la masacre de los trabajadores de la zona bananera de la United Fruit, crisis que precipita la caída del gobierno hegemónico conservador de medio siglo.

 

En 1936 Gaitán participa como congresista en la reforma Constitucional, defendiendo normas como la función social de la propiedad y fundamentos sobre la cuestión agraria y el derecho laboral, entre otros avances democráticos. En esos mismos años organiza el movimiento denominado Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria –Unir–, cuya plataforma básica contempla la reforma agraria y el régimen de baldíos favorable a los campesinos sin tierras.

 

La Unir se presenta a elecciones y es derrotada, razón por lo cual Gaitán regresa al Partido Liberal para organizar una disidencia radical del sector liberal gaitanista, para enfrentar al liberalismo oficialista, dirigido por el ex presidente Eduardo Santos (1938-1942).

 

La disidencia de Gaitán, inicia una campaña contra las oligarquías y la corrupción administrativa. La primera administración de López Pumarejo denominada Revolución en marcha" (1934-1938), inició reformas importantes como la universitaria y laboral. Sin embargo, en su segunda administración (1942-1945), entra en descomposición. En ese proceso, el 10 de julio de 1944 ocurre el fracasado golpe militar del Coronel Diógenes Gil en Consacá –Nariño–, asumiendo la presidencia Alberto Lleras (encargado 1945-1946), hasta entonces Ministro de Gobierno. El presidente López Pumarejo regresa al Gobierno, para renunciar posteriormente, presionado por la campaña de Gaitán con la bandera de la restauración moral y democrática de la República", atacando al "hijo del ejecutivo" Alfonso López Michel, acusado de negocios privilegiados, utilizando su calidad de hijo del Presidente.

 

En este contexto, el movimiento popular del liberalismo de Gaitán se desarrolla impetuosamente llevándolo a la Jefatura Única del Partido Liberal, reformando los Estatutos en la denominada "Plataforma del Colón" que lo define como "partido del pueblo". Es el gaitanismo en marcha, con la candidatura presidencial del Jefe Único obteniendo mayorías electorales en octubre de 1947 al Congreso de la República, Asambleas Departamentales y Concejos Municipales.

 

Entre tanto el líder prepara el que sería conocido como el Plan Gaitán (1947), incluyendo en él reformas para el sector agrario, bancario, financiero, educativo. Para esta elaboración contó con la asesoría de economistas y juristas de gran categoría, como Antonio García Nossa, Guillermo Hernández Rodríguez, Luis Rafael Robles, profesores de la Universidad Nacional de Colombia, así como de Antonio Ordoñez Ceballos, Contralor General de la República.

 

El Plan fue presentado anticipadamente al Congreso, y derrotado con votos liberales, incluyendo el del liberal Augusto Espinosa Valderrama, Presidente de la Cámara. El error de Gaitán fue haber presentado de manera prematura estas propuestas, sin esperar las elecciones de 1948 donde hubiera triunfado tal iniciativa de no presentarse la estrategia de los partidos tradicionales oficialistas, liberal y conservador, al lanzar un candidato liberal oficialista: Gabriel Turbay, para impedir el ascenso de Gaitán a la presidencia de la República.

 

Es en este contexto que se presentó la candidatura presidencial del conservador Mariano Ospina Pérez, impulsada por el Jefe máximo Laureano Gómez Castro, sectario Jefe ultraconservador, de ideología falangista, personaje que impulsa la consolidación hegemónica del poder de derechas mediante la violencia. Se observa, que la suma de los votos de los dos candidatos liberales superaba el resultado precario del Presidente conservador.

 

Aprovechando el gobierno de Mariano Ospina Pérez (1946-1950), y con inocultable presión política de parte de Laureano Gómez, logra éste ser elegido para el período 1950-1954 (retiro 1951), para reasumir el poder en 1953 y ser derrocado el 13 de junio del mismo año por el golpe militar del General Gustavo Rojas Pinilla con las banderas "Paz, justicia y libertad", acto que fue justificado como golpe de opinión por el jurista y ex-presidente liberal Darío Echandía.

 

Es pertinente recordar que Laureano Gómez había convocado e integrado la Asamblea Nacional Constituyente y Legislativa, con la finalidad de protocolizar la reforma del Estado de acuerdo con su ideología corporativista y fanatismo religioso y política sectaria.

 

Esta Asamblea Constituyente luego fue utilizada por el General Rojas Pinilla para legitimar su poder y posteriormente prolongarlo mediante su ampliación, lo que originó la oposición del bipartidismo tradicional que culminó con un paro político, soportado por un lock out del sector empresarial, organizado y movilizado por un "Frente civil", luego denominado "Frente Nacional" para no malquistarse con las Fuerzas Armadas, logrando de estas su apoyo, como ocurrió al desertar Rojas el 10 de mayo de 1957 con su viaje a España, encargando el ejercicio del poder a una pentarquía de altos oficiales, supuestamente para reasumir la dirección del gobierno una vez se calmara la crisis política. Sin embargo, los cinco altos oficiales, representantes de las diversas armas, pactaron con los altos dirigentes de los partidos tradicionales, procediendo a la entrega del poder y el marginamiento de Rojas como resultado de un Plebiscito que avalara la propuesta de elegir un nuevo gobierno con los partidos tradicionales, como ocurrió. Este fue el tiempo y la realidad nacional en la cual concentra su análisis Antonio García. Lo que vendría después es la tragedia de una historia repetida, una y otra vez, alimentada en sus distintos sucesos por una oligarquía que amasa el poder y se niega a cambiar su esencia.

 

Finalmente, habría que decir que esta nueva edición de Gaitán y el problema de la revolución colombiana, no sólo tiene como significado la recuperación histórica como ejercicio académico sino que adquiere vida política y social al interpretar y analizar el pasado como antecedente para el presente y fundamento prospectivo de vida para superar los conflictos en Colombia.

 

El texto invita a reflexionar la teoría y práctica relacionadas con el problema de la revolución colombiana, interpretada y analizada como pensamiento y acción, como teoría y como práctica, orientada a superar los conflictos y el atraso de la sociedad colombiana en relación a sus potencialidades, en el horizonte de construir una sociedad más libre, moderna, democrática, participativa y con igualdad de oportunidades, donde la vida y la felicidad sean los fundamentos y metas, no sólo esperanzas, de las relaciones humanas, sociales, políticas e institucionales.

Publicado enEdición Nº 214
Martes, 23 Junio 2015 11:29

Todos se van

Todos se van

En frente de la intimidante presencia del juez Generoso se encuentra la pequeña Nieve, con su vestido blanco, dándole la espalda a los asistentes de la austera sala de justicia –¿Con quién te quieres quedar? le pregunta el juez a la niña, ¿Con tu padre? –ella gira la cabeza a la izquierda para verlo sobre el hombro mientras éste, con gesto de satisfacción, le pica el ojo izquierdo; –o ¿con tu madre?, continúa el Juez y Nieve vuelve a girar su mirada, esta vez a su derecha, y recibe de ella, su "mami", una sonrisa nerviosa, fingida. Pasan los segundos pero Nieve no habla, de su delicada boca, cuyos labios parecen cocidos con aguja baquetera, no salió palabra que diera respuesta a su deseo, lo cual generó, inevitablemente, desconcierto en quienes nos encontramos en la sala de cine esperando lo que inocentemente creíamos era una respuesta sencilla; nada más lejos de la realidad del personaje de Nieve, quien momentos después del juicio nos aterrizó en su realidad al confesarnos desde las viejas páginas de su confidente amigo sin voz, que es la presencia de su padre Manuel lo que logró enmudecerla, como siempre lo hace. Pero ya es tarde, sus palabras, las únicas que la ayudan, resuenan en la oscura cueva del lobo, quien, vestido con piel de oveja, logró obtener la custodia de su hija gracias a la influencia de su jefe Armando.

 

En estas parafraseadas escenas que corresponde a Todos se van, la última producción del director cinematográfico Sergio Cabrera, se sintetiza en buena medida la trama de la conmovedora historia. Cabrera, el mismo que en la década de los noventa realizó La estrategia del caracol y que, dígase de paso, fue superada lamentablemente como la película más taquillera en la historia del cine nacional hace pocos meses por Uno al año no hace daño de Dago García (expresando categóricamente con ello que el progreso lineal no existe), vuelve a la pantalla grande con una versión libre de la primera parte de la novela homónima escrita por la cubana Wendy Guerra. En esta historia se relata una compleja historia familiar donde el foco esta puesto en Nieve Guerra, una niña de 8 años que vive en el contexto de la Cuba de los años 80.

 

Este contexto, al serle tan familiar a Cabrera, fue en parte lo que lo llevó a realizar la adaptación al cine de Todos se van, pero más allá del contexto fue en sí el hecho de identificarse con esa niña que tiene miedo de perder a sus padres, de estar confundida dentro y, a la vez, poniéndole pecho a una sociedad cuyo Estado pretende controlar todo. En sí, Cabrera identificó su vida con la historia de Nieve porque su infancia y adolescencia las vivió en la China de la Revolución Cultural, lugar donde vio, sobre todo, las implicaciones en la vida cotidiana de un Estado autoritario, donde es éste quien tiene la custodia de los niños y, por tanto, es el principal responsable de su suerte. Además, fue en este lugar donde Cabrera se identificó con las corrientes de pensamiento izquierdista que lo llevaron a participar en movimientos guerrilleros como el Epl, cosa que Nieve Guerra no hace ni logra identificarse, como bien se muestra en la segunda parte de la novela. Sin embargo, con el tiempo Cabrera se alejó de estos movimientos pero sin dejar de ser un cineasta que en entrevistas y en sus propias obras manifiesta un pensamiento crítico*.

 

Tal es la crítica de su pensamiento que lo lleva a exponer la opresión del Estado cubano en Todos se van, pero de tal forma que no es una crítica en la que cae en los lugares comunes de los enemigos acérrimos de la revolución cubana, sino que su postura está basada en una lógica distinta manifiesta al mostrar cómo una niña sufre tanto el autoritarismo familiar como el estatal, sin dejarse victimizar. Esta Cuba de Todos se van no es la construida a partir de sesgos ideológicos, sino la vivida desde las formas cotidianas que le caracterizan. Una cotidianidad de la que muchos se van y se quieren ir, en este caso, por razones de carácter político.

 

Además, Todos se van es una historia con pocos personajes pero que demuestran un grado de complejidad poco común en el cine nacional, el cual está lleno de sobreactuaciones, de interpretaciones de personajes que a nadie convence. Así, dentro de estos pocos personajes está Eva y Manuel, los padres de Nieve, quienes nos van a contar con sus propias historias no sólo cómo afectan con sus acciones la vida de su hija, sino cómo es vivir teniendo dos vidas, una en público –diciendo lo que debe decirse– y la otra en el vigilado espacio del hogar, diciendo lo que realmente se piensa.

 

En ese orden de ideas, Eva, al momento actual de la historia, está casada con su segundo esposo Dan, un sueco hippy que se la pasa semidesnudo y trabaja en la planta nuclear con los rusos. Esta mujer, que en sus años mozos trabajaba con Mauricio haciendo marionetas para las obras de teatro y cuyos personajes relevantes eran por ejemplo el Che, ahora es una locutora de radio que cautelosamente incomoda al gobierno al poner músicos que hacen parte de la lista negra o que no hablan bien de la revolución, que parece ser igual de malo. Y Manuel es un alcohólico escritor de obras de teatro, frustrado al tener que escribir con "el estilo de la revolución" y no con su propia voz.

 

En pocas líneas, y para la memoria de quien lee la nota: este film es un drama que muestra el sufrimiento de Nieve por un suceso recurrente en su vida: el hecho de que todos se van, o quieren irse, y ella queda sola con su Diario; logrando con esto meterse con maestría en un tema demasiado espinoso, en el cual hay que saber caminar para no pisar las profundas huellas dejadas por los pesados discursos dogmáticos.

 

* Una muestra de esta afirmación se ve en la conferencia titulada "La corrupción creativa y otros venenos" que presentó en Casa América en el 2009. http://www.casamerica.es/temastv/la-corrupcion-creativa

Publicado enEdición Nº 214
La tormenta, el centinela y el síndrome del vigía

A loas compañeroas de la Sexta:
A loas interesadoas:


Aunque no lo parezca, ésta es una invitación... ¿o un reto?


Si usted es adherente a la Sexta, si usted es de un medio libre, autónomo, alternativo, independiente o como se diga, si usted está interesado en el pensamiento crítico, entonces tome como suya esta invitación al Seminario "El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista". Si, además de aceptar la invitación, quiere asistir, por favor siga este link: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/registro-al-seminario-de-reflexion-y-analisis-el-pensamiento-critico-frente-a-la-hidra-capitalista/


Si usted ha sido invitada, invitado, invitadoa como ponente, una misiva parecida a ésta le llegará por el mismo medio en que se le contactó. La diferencia estriba en que la carta invitación a ponentes tiene una "cláusula secreta".


Bien, la invitación es, como quien dice, la envoltura.


Dentro, más abajo y a la izquierda, está...


El reto.


Oh, lo sé. Los clásicos inicios de las reflexiones zapatistas: desconcertantes, anacrónicos, desubicados, absurdos. Como no queriendo, como así nomás, como "ahí les dejamos", como "ahí lo vean", como "va en su cuenta". Como si aventaran una pieza de un rompecabezas y esperaran a que se entendiera que no están describiendo una parte de la realidad, sino que están imaginando la imagen completa. Como que miran el rompecabezas ya completado, con sus figuras y colores cabales, pero con los bordes de las piezas visibles, como señalando que el conjunto lo es gracias a las partes, y, claro, que cada parte adquiere su sentido en su relación con las otras.


Como si la reflexión zapatista emplazara a ver que falta lo que falta, y no sólo lo que hay, lo que se percibe como inmediato.
Algo como lo que hizo Walter Benjamin con el "Angelus Novus" de Paul Klee. Al reflexionar sobre la pintura, Benjamin la "completa": ve al ángel, pero también ve lo que el ángel ve, ve hacia dónde es arrojado por lo que ve, ve la fuerza que lo agrede, ve la huella brutal. Ve el rompecabezas completado:


"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se muestra a un ángel que parece a punto de alejarse de algo que le tiene paralizado. Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso." (X, "Tesis sobre filosofía de la historia")


Entonces es como si nuestras reflexiones fueran un reto, un enigma del Acertijo, un desafío de Mr. Bane, un comodín en las manos del Guasón mientras inquiere "¿Por qué tan serios?".


Como si el gato-perro, súper héroe y súper villano, Sherlock y Moriarty, irrumpiera acosando con preguntas: ¿qué miramos?, ¿por qué?, ¿hacia dónde?, ¿desde dónde?, ¿para qué?


Es como si lo pensáramos al mundo, cuestionando su torpe girar, debatiendo su rumbo, desafiando su historia, disputando la racionalidad de sus evidencias.


Es como si, por un momento apenas, fuéramos...


El centinela.


Usted puede ver que, por lo regular, en una instalación militar hay puestos en su periferia. Se les llama "Puestos de Observación", "Puestos de Guardia" o "Puestos del Vigía". El trabajo de esos puestos es vigilar los alrededores y los accesos al establecimiento, de modo de saber qué o quién se aproxima o se mueve o permanece en los alrededores del lugar. Bien, ese puesto de vigilancia (en los campamentos zapatistas le decimos "la posta", ignoro la razón; por ejemplo, decimos "te toca la posta a las 0000 hrs", "el relevo de la posta es a las 1200″, etc.), avisa o advierte al resto de la instalación, y contiene o detiene a quien trata de ingresar sin autorización. Quien ocupa el puesto de observación es el guardia, el vigía, el centinela. Además de observar y estar atento a lo que ocurre, el centinela es quien da la voz de alarma en caso de ataque y frente a cualquier eventualidad.


Según nosotras, nosotros, zapatistas, la reflexión teórica, el pensamiento crítico tiene ese trabajo de centinela. A quien trabaja con el pensamiento analítico, le toca el turno de guardia en el puesto del vigía. Podría extenderme sobre la ubicación de ese puesto en el todo, pero por ahora sólo baste plantear que es una parte también, nada más, pero nada menos. Digo esto por aquellos, aquellas y aquelloas (no olvidar la equidad de género y el reconocimiento de la diversidad) que pretenden:
.- O estar por encima y afuera del todo, como algo aparte, y se esconden detrás de la "imparcialidad", la "objetividad", la "neutralidad". Y dicen que analizan y reflexionan desde la asepsia de un imposible laboratorio materializado en la ciencia, la cátedra, la investigación, el libro, el blog, el credo, el dogma, la consigna.


.- O trastocan su papel de vigías y se adjudican el de nuevos sacerdotes doctrinarios. Siendo apenas centinelas, se comportan como si fueran el cerebro dirigente que muta en tribunal penal a conveniencia. Y desde ahí ordenan lo que debe hacerse, juzgan y absuelven o condenan. Aunque hay que reconocerles que el hecho de que nadie les haga caso, marcadamente la realidad siempre rebelde, no los inhiba de su delirio (etílico, no pocas veces).


El centinela tiene que ver con el puesto del vigía en cuestión. Pero ya volveremos sobre esto en alguna de nuestras intervenciones en el seminario.


Por ahora, baste decir que, abrumado, sobrepasado por la tarea de observación crítica en un mundo tramposamente instantáneo, en su turno en el puesto de guardia, el vigilante puede caer en...


El síndrome del vigía.


Bien, pues resulta que el centinela "agota" su capacidad de vigilancia después de un período.


Este "agotamiento" (al que nosotras, nosotros, zapatistas, llamamos "el síndrome del vigía") consiste, grosso modo, en que la persona que está en el puesto de vigilancia desarrolla, después de un tiempo de estar de guardia, una especie de "percepción en bucle" o "constancia de la percepción". Es decir, reproduce en su percepción consciente una y otra vez la misma imagen, como si nada se alterara, o como si los cambios fueran parte de la misma normalidad de la imagen. Tiene que ver, supongo, con algo de percepción visual, pero también con el deseo de que nada altere la rutina. Así, por ejemplo, el vigilante no desea que un peligro aparezca, y ese deseo lo traslada a lo que vigila. "Todo está bien, no va a pasar nada malo", se repite una y otra vez, y eso se traslada a su valoración de la realidad. Su objetivo es poder entregar un reporte de vigilancia lacónico: "sin novedad".


Esto que les explico es producto de una observación empírica, no de un estudio científico. A lo largo de años y años de vigilancia, es lo que concluimos de nuestra propia (y reducida) experiencia. Con la persistente duda de si ciencia o usos y costumbres, preguntamos con alguien que sí le sabe a eso de la neurociencia. Nos dijo que el fenómeno existe, aunque no está precisado el mecanismo que lo provoca (antes de que quieran degollarme las distintas corrientes o posiciones en psicología, aclaro que lo único que confirmé es que el fenómeno es real, comprobable). Ahora bien, ¿por qué se da? bueno, ahí véanlo ustedes -sería bueno que, ya en eso, se pongan de acuerdo en cuál es el objeto de conocimiento de la "ciencia" de la psicología-.


Bueno, esa persona nos explicó lo que es la "atención selectiva" y nos mandó un libro de ésos de los de antes (o sea que se entiende lo que explica). Palabras más, palabras menos, se trata de que sólo atendemos una pequeña parte de lo que vemos en un determinado momento e ignoramos el resto. Bueno, pues ese resto que ignoramos es la "ceguera al cambio" o "ceguera por inatención". Es como si, al filtrar las partes de la imagen que vemos, nos volviéramos ciegos a lo que no seleccionamos como importante.


Por ahora no desarrollaremos esto, pero, en resumen, el "síndrome del centinela" consiste en que:


a).- No se vigila el todo, sino sólo una parte de ese todo.


b).- Cuando se "cansa", la guardia no percibe los cambios que se presentan en la zona vigilada porque le son imperceptibles (es decir, no son dignos de atención).


Para contrarrestar eso, usamos varios recursos:


Uno de ellos es la vigilancia no directa, la "visión periférica" o, en término coloquiales, "mirar por el rabillo del ojo". Esto es que la mirada indirecta permite detectar alteraciones de la rutina. También debe de haber una explicación de esto en la neurociencia, pero creo que nos falta estudio.


Otras formas de solucionar la fatiga del centinela, son: poner dos o más vigías cubriendo el mismo punto; o reducir el tiempo de vigilancia y aumentar la frecuencia del relevo.


Puede y hay otras formas de que la tarea del centinela se cumpla.


Pero lo importante es que hay que estar avizores de cualquier señal de peligro. No se trata entonces de advertir el peligro cuando ya está presente, sino de mirar los indicios, valorarlos, interpretarlos, en suma, pensarlos críticamente.
Por ejemplo: esos nubarrones en el horizonte, ¿significan que viene una lluvia pasajera, cuál es su intensidad, se dirige hacia acá o se aleja?


¿O se trata de algo más grande, más terrible, más destructivo? Si es así, habrá que alertar a [email protected] de la inminencia de...

La tormenta.


Bueno, el asunto es que lo que nosotros, nosotras, zapatistas, miramos y escuchamos es que viene una catástrofe en todos los sentidos, una tormenta.


Pero..., resulta que nosotras, nosotros, zapatistas, también miramos y escuchamos que personas con grandes conocimientos dicen, a veces con su palabra, siempre con su actitud, que todo sigue igual.


Que lo que la realidad nos está presentando, son sólo pequeñas variaciones que no alteran en nada importante el paisaje.
O sea que nosotras, nosotros, zapatistas, vemos una cosa, y ellos ven otra.


Porque vemos que se sigue recurriendo a los mismos métodos de lucha. Se sigue con marchas, reales o virtuales, con elecciones, con encuestas, con mítines. Y, de manera concomitante, surgen y se desarrollan los nuevos parámetros de "éxito", una especie de aplausómetro que, en el caso de las marchas de protesta, es inverso: mientras más bien portada sea (es decir mientras menos proteste), mayor su éxito. Y se hacen organizaciones partidarias, se trazan planes, estrategias y tácticas, haciendo verdaderos malabares con los conceptos.


Como si fueran equivalentes Estado, Gobierno y Administración.


Como si el Estado fuera el mismo, como si tuviera las mismas funciones de hace 20, 40, 100 años.
Como si el sistema fuera también el mismo y mismas las formas de sometimiento, de destrucción. O, para ponerlo en términos de la Sexta: las mismas formas de explotación, represión, discriminación y despojo.


Como si allá arriba el Poder hubiera mantenido invariable su funcionamiento.


Como si la hidra no hubiera regenerado sus múltiples cabezas.


Entonces pensamos que en nosotros o en ellos, hay el "síndrome del centinela".


Y nosotros, nosotras, zapatistas, miramos de reojo esos movimientos en la realidad. Ponemos entonces más atención, subimos a lo alto de la ceiba para tratar de ver más lejos, no lo que pasó, sino lo que viene.
Bueno, pues lo que vemos no es nada bueno.


Vemos que viene algo terrible, más destructivo si posible fuera.


Pero otra vez vemos que quienes piensan y analizan nada dicen de eso. Siguen repitiendo lo de hace 20 años, 40 años, un siglo.


Y vemos que organizaciones, grupos, colectivos, personas, siguen en lo mismo, presentando falsas opciones excluyentes, juzgando y condenando a lo otro, a lo diferente.


Y más: despreciándonos por lo que decimos que vemos.


Entonces, pues ya ve usted, somos zapatistas. Y eso quiere decir muchas cosas, tantas que en los diccionarios de su lengua de usted no existen palabras para eso.


Pero también quiere decir que siempre pensamos que podemos estar equivocados. Que tal vez todo sigue sin cambios fundamentales. Que tal vez el Mandón sigue mandando igual que hace décadas, siglos, milenios. Que puede ser que lo que viene no es algo grave, sino apenas una descompensación, un reacomodo de ésos que ni lapena valen.


Entonces o nada de pensamiento, de análisis, de teoría, o lo mismo de siempre antes.


Entonces nosotros, nosotras, zapatistas, pensamos que tenemos que preguntar a otros, a otras, a otroas, de otros calendarios, de geografías distintas, qué es lo que ven.


Creo que es como cuando a un enfermo le dicen que sí, que ya está muy grave, o sea que "está cabrón", decimos acá. Y entonces pues, como quien dice, hay que buscar una segunda opinión.


Entonces decimos que está fallando el pensamiento, la teoría. Sea que falla la nuestra, sea que fallan los otros pensamientos. O tal vez fallan los dos.


Entonces, pues somos desconfiados, desconfiadas, como de por sí. Pero sí un poco lo confiamos las compañeras, compañeros y compañeroas de la Sexta. Pero bien sabemos que el mundo es muy grande, y que hay otros, otras, otroas, que también le hacen a eso de pensar, analizar, mirar.


Entonces pensamos que necesitamos pensarlo al mundo, y también pensar así su calendario y su geografía de cada quien.
Y pensamos que más mejor si hacemos ahora sí que como un intercambio de pensamientos. No como se dice un intercambio de mercancías, como en el capitalismo, sino como si dijéramos que echemos trato de que yo te lo digo mi pensamiento y tú me lo dices el tuyo. O sea como una reunión de pensamientos.


Pero entonces no pensamos que es una reunión así nomás, sino que tiene que ser grande, muy grande, mundial se dice.
Y, bueno, nosotros, nosotras, zapatistas, no conocemos mucho. Si acaso y batallando, algo lo sabemos de nuestroas compañeroas, compañeras y compañeros de la Sexta.


Entonces vemos que a esas reuniones de pensamientos en algunas partes les dicen "seminarios", creemos que porque "seminario" quiere decir "semillero" o sea que ahí se hacen semillas que a veces rápido crían y a veces tardan.
Y entonces decimos que hagamos un semillero de ideas, de análisis, de pensamientos críticos de cómo está actualmente eso del sistema capitalista.


Entonces el seminario o semillero no es un sólo lugar ni en un sólo tiempo. Sino que tarda y es en muchas partes.
Y entonces pues por eso decimos que es dislocado, o sea que no todo en un sólo lugar, sino que muchas partes y en muchos lados. Y decimos que es mundial, bueno, pues porque en todos los mundos hay pensamientos críticos, que se están preguntando qué pasa, por qué, qué hacemos, cómo, y esas cosas que se piensan en la teoría.


Pero entonces, pensamos, en algún lado empieza y en un tiempo.


Entonces, pues, empieza en un lugar ese semillero colectivo, y ese lugar es en un caracol zapatista. ¿Por qué? Bueno porque acá los pueblos zapatistas lo usamos el caracol para alertar y para llamar al colectivo.


Así que, por ejemplo, si hay un problema de la comunidad, o un asunto que hay que resolver, pues se toca el caracol y ya todo el pueblo sabe que hay reunión del colectivo para que el pensamiento hable su palabra.
O para ver cómo hacemos para resistir.


Así que digamos que el caracol es uno de los instrumentos del centinela. Con él avisa que hay un peligro.


Entonces el lugar es, pues, un caracol zapatista: el caracol de Oventik, montañas del sureste mexicano, Chiapas, México.
Y la fecha del inicio es el 3 de mayo. ¿Por qué el 3 de mayo?


Bueno, en nuestros pueblos es el día de la siembra, de la fertilidad, de la cosecha, de la semilla. Es el día de la Santa Cruz.
En los pueblos se acostumbra sembrar una cruz en donde nace el río, el arroyo o el manantial que le da vida al poblado. Así es como se señala que ese lugar es sagrado. Y es sagrado porque el agua es la que da la vida. Entonces el 3 de mayo es el día de pedir el agua para la siembra y la buena cosecha. Van entonces los pobladores a donde nace el agua a darle ofrendas. O sea que como que le hablan al agua, le dan sus flores, le dan su taza de atole, su incienso, su caldo de pollo sin sal. En otros pueblos le dan una copita de trago, pero en los pueblos zapatistas está prohibido el alcohol y entonces le dan refresco al agua.

El caldo de pollo que se le da al agua es sin sal, para que no se seca el agua. Al mismo tiempo que están en esa ceremonia de ofrenda, tocan música y empiezan la bailadera [email protected], niñ@s, [email protected], [email protected] Ya cuando termina la ofrenda, empieza la convivencia del pueblo. Se reparten la comida que llevan: atole agrio, pollo, frijol, calabaza. Todo lo que es comida, ahí lo comen en colectivo, junto al nacimiento del agua. Ya terminado eso, regresan en sus casas. Y ya por pura alegría, le siguen a la bailadera en el pueblo y comen en común y toman café con pan. También hay compas zapatistas que son albañiles, y entonces también lo celebran y cuentan que hacen una cruz de cualquier madera que encuentran y la ponen cuando empiezan la construcción. Dicen que porque es su responsabilidad del trabajador. O sea que el trabajador se hace así responsable de la construcción y le echa ganas para que queda bien, porque va en su cuenta que quede bien.


Entonces pues ya lo sabe usted. Ahí lo vea. Si acepta o no el reto, va en su cuenta.


Ojo: lo que sigue es sólo para ponentes. O sea que sólo va a ir en las invitaciones formales que se les mandan a [email protected] ponentes. No lo ande usted publicando porque es una...


Cláusula secreta:


Todo esto es para que usted entienda, como quien dice, el contexto del seminario.


¿Qué esperamos de usted?


Pues que entienda que vienen personas de muy lejos, que hacen el sacrificio de su paga y su tiempo para llegar a escuchar lo que usted va a exponer. No vienen por ocio, ni porque vayan a ganar algo. No vienen por moda o ignorancia. Vienen porque tal vez ven esos nubarrones en sus horizontes, porque las lluvias y vientos ya los azotan, porque el hambre de tratar de entender no se sacia, porque sienten que la tormenta se acerca.


Así como nosotros, nosotras, zapatista, le respetamos a usted, así le pedimos que respete a esas personas. Habrá [email protected] que [email protected] [email protected], pero la mayoría son [email protected] compas. Son personas que viven y mueren luchando, sin que nadie, como no seamos nosotros, nosotras, zapatistas, les lleve la cuenta. No hay para [email protected] museos, ni estatuas, ni canciones, ni poemas, ni sus nombres están en vagones del metro, calles, colonias. Son nadie, cierto. Y no a pesar de eso, sino precisamente por eso, para nosotras, nosotros, zapatistas, son todo.


Entonces, no se ofenda usted, pero no traiga consignas, dogmas, autos de fe, modas; no repita lo que ya dijeron otros antes o en otro lado; no aliente el pensamiento haragán; no trate de imponer el pensamiento dogmático; no difunda el pensamiento mentiroso.


Le pedimos que traiga su palabra y que ella provoque el pensamiento, la reflexión, la crítica. Le pedimos que prepare su mensaje, que lo afile, que le saque brillo. Que con él honre no a la academia y a sus pares, sino a quien lo recibe, ya sea como sacudida, o como bofetada, o como grito.


La semilla que para este seminario o semillero le pedimos, es la que cuestione, provoque, aliente, impulse a seguir pensando y analizando. Una semilla para que otras semillas escuchen que hay que crecer y lo hagan según su modo, según su calendario y su geografía.


Oh, sí, lo sabemos: no verá ni engrosado su prestigio, ni su cuenta bancaria, ni su caudal de fama. Tampoco verá si consiguió nuevos seguidores, discípulos, rebaños.


Es más, el único indicio de éxito no lo verá, y será que en muchas partes, en otros calendarios y en geografías diversas, otras, otros, otroas, desafíen todo y discutan, debatan, cuestionen, critiquen, imaginen, creen.
Eso le pedimos. Eso, sólo eso.


Desde la conserjería de la Escuelita, habilitada ahora como "Oficina de protocolo, diseño e impresión de invitaciones para bodas, XV años, divorcios, bautizos, graduaciones frustradas, seminarios y otros", y colgando unos letreros que dicen "Hoy no se fía, mañana tampoco", "Salvavidas sobre pedido", "Lleve su catalejo pirata, bara-bara-todo-legal-mi-buen-qué-pasóóó´", "En este establecimiento no se discrimina por razón de su miopía".

El SupGaleano

.
México, abril del 2015.

Publicado enPolítica
Viernes, 20 Febrero 2015 10:00

La tormenta perfecta

La tormenta perfecta

Hace años, a comienzos de los dos mil, en un hotel de Maracaibo donde debía presentar mi libro Adiós muchachos, me tocó ver el ir y venir de los participantes a un entusiasta cónclave de partidarios del comandante Hugo Chávez, recién llegado entonces a la presidencia, que se celebraba en otra sala vecina, todos de boinas y camisas rojas, broches en las boinas e insignias en las camisas, y todos con rostros sonrientes y entusiastas, como si acabaran de atrapar el futuro y no estuvieran dispuestos a soltarlo.


Para entonces yo ya venía de vuelta de mi propia revolución en Nicaragua, y precisamente en aquel libro de memorias contaba mis experiencias, un libro lleno de nostalgias por lo que pudo haber sido y no fue; y para quien quisiera leerlo buscando lecciones, que yo no me proponía dar, también estaba lleno de advertencias acerca de los errores y equivocaciones que una revolución incuba desde el primer día, a lo mejor sin proponérselo, pero que indefectiblemente conducen a la fatalidad.


Hay diferencias notables entre ambos procesos históricos, la primera de ellas que nosotros habíamos derrocado una dictadura familiar de larga data, haciendo tabla rasa del antiguo régimen, y en Venezuela el sistema democrático se había agotado, agobiado por la corrupción, lo que había dado paso a que las esperanzas se fijaran en Chávez, cuya figura había venido creciendo tras un fallido golpe de Estado. Pero la parafernalia revolucionaria que él desplegaba era muy parecida, en el discurso y en los símbolos.


Y esa vez, mientras escuchaba al otro lado del tabique corear las ardorosas consignas bolivarianas, me invadía un sentimiento confuso en el que se mezclaban mis recuerdos de cuando los diques se rompen, se sueltan las aguas caudalosas y entonces todo parece posible; mi respeto por la devoción con la que aquellos militantes improvisados, de diversas edades, compartían aquel sueño que creían realizable; y la voz que por dentro me decía que esa película yo ya la había visto. Aunque, por supuesto, no iba a cometer la arrogancia de meterme al salón donde sostenían su seminario, o taller, no sé qué cosa sería, a advertirles que sabía cuál era el final, porque yo lo había vivido.


Para entonces ya sabía que lo mejor de una revolución que alza su vuelo mesiánico ocurre el primer día, cuando se puede ver el mundo desde la altura, tan pequeño que se piensa que la empresa de transformarlo no tendrá mayores obstáculos, y que lo peor empieza al mismo día siguiente, cuando se decide que los sueños necesitan un reglamento. Y los sueños reglamentados se vuelven siempre pesadillas.


Es cuando el socialismo redentor empieza por acaparar la verdad absoluta, y para entrar en el reino de los justos se necesita del carnet, una estrecha vía de acceso exclusiva para quienes piensan de la misma manera, o fingen que piensan de la misma manera, que es la manera en que piensa el caudillo. Es cuando el romanticismo revolucionario se convierte en un método, y los sueños de cambio entran en un rígido orden burocrático. Cuando toda voz o pensamiento distinto se castiga primero como disidencia, y luego como traición. Cuando todos los errores que se cometen por estulticia burocrática, o por estrechez de miras, se achacan al infaltable imperialismo.


Ya había aprendido para entonces en mi propia experiencia algo que una vez escuché decir a Lula da Silva en Managua, cuando nosotros ya habíamos perdido la revolución y él seguía aún intentando ser presidente de Brasil: y es que el gran error de la izquierda, un error estratégico, era pensar que la democracia se dividía en democracia burguesa y democracia proletaria, cuando lo que existía era una sola clase de democracia, sin apellidos.


Aquellas palabras desafiaban el dictum de exclusión que sigue caracterizando a la izquierda populista de América Latina en el siglo XXI, y que sólo revela un sentimiento primitivo profundo, que es el de sentirse dueño exclusivo de la verdad: el dictum que divide al mundo entre feligreses y traidores. Para pertenecer a la fila de los buenos, hay que ponerse la camisa roja.


Bajo esta concepción simplista, todos los que no rezan el credo que el caudillo y su camarilla dictan están destinados a ser silenciados, o a pasar el resto de sus días en las prisiones políticas que el Estado redentor establece en beneficio de la sanidad ideológica, y de la permanencia sin fin de los mismos en el poder, ellos, sus esposas o sus hijos.


Cuando alguien se considera dueño exclusivo de la verdad y tiene en el puño las llaves del paraíso donde los justos con carnet deben vivir hacinados, todo lo malo que ocurra dentro de las fronteras cerradas de ese paraíso será culpa de quienes se niegan a ponerse la librea ideológica. Porque para quienes dictan la regla no es posible advertir que esa regla está fundamentalmente equivocada.


Mientras la regla excluya el consenso, mientras el sistema que todo lo quiere monopolizar niegue espacios de convivencia, mientras la democracia siga teniendo apellidos, mientras desde las tribunas oficiales se siga predicando el discurso obsoleto de que el pueblo está formado sólo por los partidarios del régimen, y todos los demás, cualquiera que sea su condición económica, aun los más pobres, son la derecha aliada del imperialismo, la tormenta seguirá acumulando nubes oscuras hasta convertirse en la tormenta perfecta.


Y el ogro burocrático, frente a la imposibilidad de lograr que la sociedad funcione con la normalidad pacífica que se necesita para la vida diaria, alimentos, medicinas, servicios básicos, lo único que puede hacer es ponerle más cercos a la libertad. Dictar más leyes y más reglamentos de control, más medidas de represión, confiscar más supermercados y farmacias, buscar más culpables, cuando la culpa está en el sistema mismo, que agotó hace tiempos sus sueños, y sólo conserva y multiplica sus pesadillas.


Los sueños mesiánicos comienzan siempre con grandes discursos y terminan en grandes colas.


Ciudad de México, febrero de 2015
www.sergioramirez.com
Facebook: escritorsergioramirez
Twitter: sergioramirezm

Publicado enSociedad