De las "misiones de paz" a la "ayuda humanitaria"

Por fin conocemos en detalle la participación de militares en el gobierno de Jair Bolsonaro. Un informe del diario Zero Hora, de Porto Alegre, asegura que 100 oficiales ocupan los escalones superiores del gobierno, desde el presidente y su vice hasta ministros, gerentes de las grandes estatales y puestos clave para el funcionamiento del aparato estatal (goo.gl/oG4W4N).

Los uniformados se desplegaron en lugares estratégicos que les permiten tomar o vetar decisiones sobre cuestiones que van mucho más allá de la seguridad nacional o las agencias de inteligencia. Tienen peso decisivo en las gerencias de Petrobras, Eletrobras, la represa binacional de Itaipú y la Zona Franca de Manaus. Por sus cargos en los ministerios y otras entidades, supervisan la extracción de minerales, el sistema de comunicaciones, las carreteras e hidroeléctricas.

La presencia militar es especialmente fuerte, además de los siete ministros con que cuentan, en Ciencia y Tecnología (con cinco altos cargos, además del ministro), Educación, Infraestructura, Justicia, la Caixa Económica Federal (cuarto banco de Brasil) y la Secretaría General que rodea a un presidente en conflicto con su vice, al que no ha querido traspasarle el mando durante su larga internación hospitalaria, por sencilla desconfianza. Los militares no se han limitado a los espacios que siempre han controlado, como Defensa o el Gabinete de Seguridad Institucional, sino que controlan los principales resortes de la administración.

Pero el dato que permite comprender lo que está sucediendo, es que “el núcleo duro de los militares en el gobierno de Bolsonaro son oficiales "boinas azules", que comandaron o tuvieron funciones en Misiones de Paz de las Naciones Unidas”, explica el periodista Kaiser Konrad en el citado reportaje. En este punto empiezan a develarse los nexos entre las misiones de paz y las políticas internas en Brasil y en la región.

Cinco generales del actual gobierno son veteranos de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (Minustah), donde Brasil jugó un papel determinante entre 2004 y 2017. Otros tres militares de alto rango actuaron en misiones de paz en Bosnia y Angola, entre ellos el vice Hamilton Mourão, quien fue además agregado militar en la embajada en Caracas. No es casualidad que haya sido Mourão el que pregona una "salida" para Maduro, que consiste en crear un "corredor de escape" (goo.gl/tUuL6d).

Desde hace varios años venimos señalando las conexiones entre la presencia de militares brasileños en la Minustah y la ocupación militar de las favelas, entre otras políticas de orden interno que se extienden cada vez a más estados de Brasil. Hace 10 años destacamos que los militares brasileños reconocían que "las técnicas empleadas en la ocupación de la favela Morro da Providéncia, son las mismas que las tropas brasileñas utilizan en la misión de paz de las Naciones Unidas en Haití" (goo.gl/4pN4RB). Tomando el caso de Brasil, señalaba a propósito de las llamadas políticas sociales, que "el plan Hambre Cero es compatible con la militarización de las favelas" (goo.gl/XXKNTW). Ahora es necesario dar algunos pasos más, a la vista de los planes para intervenir en Venezuela.

Primero, la mayoría de las tropas de paz en Haití pertenecieron a países latinoamericanos. Más de la mitad de los 7 mil soldados provenían de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay, El Salvador, Paraguay, Honduras y Guatemala. Buena parte de ellos con gobiernos progresistas. Las fuerzas armadas de Brasil tuvieron la jefatura de la Minustah durante más de una década.

Como la tropa y los oficiales van rotando, es posible que en esos 13 años más de 30 mil efectivos de la región hayan participado en la "misión de paz", una de cuyas tareas consiste en entrenarse en "ayuda humanitaria".

Segundo, las fuerzas armadas de Brasil llevaron a Haití su experiencia militar en las favelas y las políticas socioeconómicas exitosas en el país, e importaron las experiencias obtenidas en la isla. Una investigación de Tamara Jurberg (goo.gl/3chj6x) analiza las relaciones entre la misión y las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), creadas en Río de Janeiro cuatro años después del inicio de la Minustah, para "pacificar" las favelas. Concluye que Haití fue "una herramienta para mejorar las propias operaciones militares internas", o sea, el control de los pobres.

Tercero, el autoproclamado Juan Guaidó anuncia que Brasil abre el segundo centro de acopio de ayuda en el estado de Roraima, limítrofe con Venezuela. Los militares brasileños serán los encargados de ingresar al país esa "ayuda humanitaria", coordinando con Colombia. Un general brasileño pasa a integrar, por primera vez en la historia, el Comando Sur de las fuerzas armadas de Estados Unidos (goo.gl/Gxd4XU).

No habrá una invasión clásica, con bombardeos y desembarcos de marines. La invasión es la "ayuda humanitaria", estrategia que los militares prepararon durante 13 años en Haití, con el apoyo de gobiernos progresistas.

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Lunes, 11 Febrero 2019 06:43

Distancia del poder

Distancia del poder

Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, y Yanis Varoufakis, ex ministro de hacienda griego y forjador de la iniciativa política de izquierda DIEM25 (Democracy in Europe Movement 2025), sostuvieron un breve intercambio por medio digital.

El primero afirmó: “He estado preguntándome cómo será el lugar especial en el infierno para aquellos que promovieron el Brexit sin siquiera tener el bosquejo de un plan para conseguirlo de forma segura”. El segundo replicó: "Probablemente sea muy similar al lugar reservado para quienes diseñaron una unión monetaria sin una unión bancaria apropiada y, una vez que la crisis estalló, transfirieron cínicamente las gigantescas pérdidas de los bancos a los hombros de los más débiles que pagan impuestos".

Este intercambio es indicativo de las grandes tensiones que se han creando y profundizado en la Unión Europa y en el mecanismo monetario del euro como moneda común.

Es sólo uno de los diversos elementos de dichas tensiones que han cobrado un creciente impulso nacionalista, populista y xenófobo en los países de la región. La situación económica se ha sostenido sin superar la crisis financiera de 2008, con una fragilidad institucional y mayor desigualdad económica en muchas de esas naciones. El proyecto de una Europa integrada política y económicamente está en una de sus etapas más bajas.

El Brexit está en el centro del conflicto como expresión de las contradicciones existentes. Los políticos británicos han mostrado durante mucho tiempo su incapacidad para formular un proyecto nacional y se han empantanado en un plan que no cuaja.

Una de las preguntas que surgen al respecto tiene que ver con las fuertes discrepancias que hay entre la ciudadanía y los políticos; esto, en términos de las voluntades que se expresan cuando se vota y los mandatos que se reciben y cómo se ejecutan en el tiempo.

Vale la pena considerar si los políticos pro Brexit siguen representando la voluntad de los votantes en el referendo de 2016 una vez que se conocen más las consecuencias adversas del proceso. Habrá que discutir cómo se estipulan las responsabilidades de los legisladores y de los responsables del gobierno. Gran Bretaña tiene un sistema parlamentario, y es ahí donde se ha sostenido la primera ministra mediante una serie de componendas partidarias.

Un proceso similar en cuanto a la representatividad y capacidad de gobernar se aprecia ahora en España. Con una derecha relanzada, un secesionismo catalán duro y manifestaciones de rompimiento en materia presupuestal ponen al borde de la caída al gobierno en funciones.

En Venezuela, el conflicto político y social escala día tras día. Las estructuras legales son endebles y la injerencia externa se amplía incluso con la avenencia de la oposición al gobierno. El sistema está roto.

¿Y los ciudadanos qué quieren? ¿Cómo expresan sus deseos y sus exigencias disímiles? ¿Cómo responden los regímenes democráticos a estas contradicciones? ¿Cuáles son las formas del autoritarismo o de apertura que prevalecen? ¿Qué sabemos y cómo lo sabemos? Me refiero a la democracia tal como existe en el siglo XXI. En esta región, los casos de Venezuela, Brasil o México muestran algunos de los puntos divergentes.

Un recorrido por el territorio político en América Latina muestra claramente la diversidad que adoptan los conflictos. La distancia entre los gobiernos y los ciudadanos crece, los grandes consensos se debilitan, las referencias comunes en la sociedad se desdibujan o son de corta duración.

Ningún gobierno debería abrogarse la representación unívoca de la voluntad o incluso de las preferencias de los ciudadanos. El acto de votar es un momento político que, para convertirse en compromiso entre quien elige y quienes gobiernan y legislan, exige referencias comunes que son, me temo, las que se han ido perdiendo.

Las sociedades no son homogéneas y no puede forzarse esa cualidad desde el Estado o el gobierno. Son las instituciones sociales y políticas, con sus inescapables imperfecciones, las que pueden provocar algún sentimiento de compromiso, incluso de lealtad, algunas referencias compartidas que hagan posible la convivencia social en el ámbito definido.

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Miércoles, 06 Febrero 2019 06:13

Rusia apuntala a los talibanes afganos

Rusia apuntala a los talibanes afganos

Representantes del grupo islámico confirmaron que una delegación viajaría a la tierra de su anterior enemigo. Se unirán a opositores como el ex presidente Hamid Karzai.

 

Desde Moscú. Moscú comenzó a celebrar ayer conversaciones de paz que han generado controversia aún antes de que haber comenzado. Hay enojo por el “diálogo intra-afgano” de dos días, tanto de los talibanes, que asistirán, como de la administración marginada del presidente Ashraf Ghani.


Representantes del grupo islámico fundado en la resistencia antisoviética confirmaron que una delegación arribó a la tierra de su anterior enemigo. Se unen a varias docenas de prominentes figuras de la oposición, entre ellas el ex presidente Hamid Karzai y Hanif Atmar, que se postula contra Ghani en las elecciones presidenciales de este año.


El gobierno afgano rechazado ha reaccionado enojado ante la perspectiva de conversaciones, describiéndolos como un intento de “ganar poder” y “no en los intereses de Afganistán”. Los talibanes, por su parte, se han negado durante mucho tiempo a comprometerse con el gobierno de Ghani, calificándolo de “títere” de los Estados Unidos.


Las tensiones y las controversias podrían explicar por qué el Kremlin se está distanciando de un evento que conserva claramente sus huellas dactilares. Oficialmente, Rusia afirma que las conversaciones están siendo organizadas por un oscuro grupo de refugiados afganos llamado Consejo para la Comunidad Afgana, con sede en Moscú, y no bajo los auspicios del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Kremlin o incluso una plataforma asociada.


Sin embargo, sería difícil que un evento de este tipo continúe sin el apoyo organizativo, de visas y de seguridad de las autoridades rusas. A los representantes talibanes les resultaría difícil pasar el control de pasaportes dado que su grupo sigue en la lista de organizaciones terroristas. Este detalle en particular se ha magnificado hasta el absurdo en los medios de comunicación rusos, que todavía están obligados a referirse al estado “prohibido” de los talibanes cuando informan sobre la invitación a Moscú.


El conflicto afgano liderado por Estados Unidos está ahora en su décimo octavo año. Durante mucho tiempo, Rusia no estaba dispuesta a involucrase. Pocos en Moscú se deleitaron ante la posibilidad de otra batalla prolongada en las montañas afganas; los recuerdos de la desastrosa campaña de la Unión Soviética en la década de 1980 aún están frescos en la mente. Pero en las etapas posteriores del conflicto, a medida que los talibanes fortalecían su posición y Estados Unidos debilitaba la suya, Rusia buscó recuperarse y cultivar una relación cercana con el grupo radical islámico.


Según varios informes, esa relación ahora tiene una dimensión militar. En 2017, el secretario de estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, acusó abiertamente al Kremlin de armar a los talibanes mientras combatía a las tropas estadounidenses. En marzo siguiente, el general John Nicholson, jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, repitió la declaración.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

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Martes, 05 Febrero 2019 06:25

Amanecer bajo tutela internacional

Amanecer bajo tutela internacional

Eramos medianamente libres y amanecimos bajo tutela internacional y hasta con el riesgo de que se reproduzca una solución militar extranjera como la que se dio en Costa de Marfil en 2010. Con París y Madrid a la cabeza, varios Estados europeos terminaron por reconocer al opositor Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Junto a otras del Viejo Continente, ambas capitales habían dado al presidente Nicolás Maduro un plazo de ocho días para que organizara nuevas elecciones y, en caso de no hacerlo, se reconocería al dirigente del Partido Voluntad Popular como el encargado de “llevar a la práctica un proceso electoral” según los términos empleados por el jefe del Estado francés, Emmanuel Macron. Es conmovedor comprobar el intenso y cínico compromiso de los occidentales con las democracias de América Latina y su indiferencia ante el destino de otras. Como tienen que amigarse con el presidente de Estados Unidos luego de infructuosos esfuerzos para seducirlo, Venezuela les viene como un número de lotería ganador. Es un país debilitado por la crisis, con un poder cuestionado, una oposición manipulable y una región cuyos dirigentes le rezan cada noche a los ángeles de Wall Street y han demostrado escasa valentía y una impericia diplomática que dan terror. Algo feo parece estar en plena elaboración, de lo contrario el vespertino Le Monde no habría publicado el lunes 4 de febrero un editorial donde defiende reiteradamente la idea de “respaldar sin intervenir” y termina escribiendo: “en una situación tan volátil, hay algo seguro: una intervención militar norteamericana, con la cual amenaza el presidente Trump, sería un grave error”. Precisamente, el ultimo ejemplo de una aventura colonial semejante data de 2010 y la protagonizó Francia en Costa de Marfil gracias al respaldo de las Naciones Unidas. 

En total, unos 19 Estados de los 28 europeos se sumaron al tren franco español luego del ultimátum del pasado 26 de enero: además de Paris y Madrid están el Reino Unido, Alemania, Holanda, Portugal, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Lituania, Estonia, Letonia, Luxemburgo, República Checa, Polonia, Bélgica, Croacia, Hungría y Austria. El pasado 31 de enero, la buena conciencia de la Unión Europea, es decir el Parlamento Europeo, aprobó tanto el reconocimiento de Juan Guaidó como un llamado a los 28 países miembros de la Unión a hacer lo mismo. La tarea de poner a los 28 de acuerdo no es nada sencilla, tanto más cuanto que algunos dirigentes como Emmanuel Macron y Pedro Sánchez (foto) en España parecieron debilitar premeditadamente los esfuerzos que estaba haciendo la UE para acercar una solución. Madrid sacó el hacha de la amenaza y Macron fue uno de los primeros en dinamitar el trabajo que la Unión Europea había emprendido en Caracas a favor de una solución negociada entre la Asamblea Nacional y la presidencia. El 21 de enero, la Alta representante de la Unión Europea para la política Exterior, Federica Mogherini, adelantó que el Grupo de Contacto Internacional de la UE, donde estaban países moderados como México y Uruguay, iniciaría el 7 de febrero en Montevideo una primera reunión de trabajo. Federica Mogherini firmó un comunicado común con el presidente uruguayo Tabaré Vázquez donde ambos explicaban que la reunión apuntaba a generar las “condiciones necesarias para que emerja un proceso político y pacífico para que los venezolanos determinen su propio porvenir”. Entre tanto, Emmanuel Macron copió a Donald Trump y en un tuit denunció el carácter “ilegitimo” de la elección de Nicolás Maduro. Resulta por demás obvio que con un gesto así ningún grupo internacional de contacto tiene legitimidad para sentar a las partes a negociar. Washington, Ottawa, Buenos Aires, Brasilia, Bogotá, los otros países latinoamericanos que reconocieron a Guaidó más París, Madrid y Berlín, ya habían tomado posición contra Maduro antes de cualquier nueva negociación. El famoso e inútil Grupo de Lima es sólo una cortina de humo. Y si Europa no pactó un reconocimiento en conjunto fue porque el pasado primero de febrero, en la reunión que tuvo lugar en Bucarest entre los 28 cancilleres de la UE, países como Italia, Grecia y Hungría bloquearon la adopción de una posición común. Roma alegó que el texto propuesto por le UE equivalía a una “injerencia” en los asuntos internos de Venezuela. El papel que desempeñó Madrid ha sido grotesco, tanto como el diario propagandístico que es el portavoz del socialismo liquido, El País. En Francia, sólo el líder de la izquierda radical de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, llamó a “resistir” y a no reconocer a los “golpistas” sino a Maduro como presidente.


Por lo pronto, queda en pie la apuesta de la diplomacia de la UE. Este jueves se llevará a cabo en Montevideo la reunión del Grupo Internacional de Contacto antes anunciada por Mogherini. El espectáculo será espléndido: la Unión Europea jugando de equilibrista entre sus propias contradicciones y América Latina haciendo el papel de nenito inmaduro que no puede hacer sus deberes solo si no vienen a ayudarlo los adultos. En el centro están los gringos y su prepotencia verbal y armada. Trump está rodeado de halcones especialistas en golpes de Estado y encubrimientos de crímenes contra la humanidad en América Central, Elliot Abrams, o en falsificadores de armas de destrucción masiva para invadir un país (Irak), John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de la Administración de Donald Trump. Bolton, grosero y matón como su referente, mandó un tuit en el que le recomienda a Nicolás Maduro consagrarse a “un retiro agradable y tranquilo en alguna bella playa (…) en lugar de estar en otra zona playera como Guantánamo”. La opción armada norteamericana está en pie. En 2010 se dio un caso similar de un país con dos presidentes. Fue en Costa de Marfil cuando, luego de las elecciones, Laurent Gbagbo, el Jefe del Estado saliente, y Alassane Ouattara, reivindicaron sus respectivas victorias en la consulta presidencial. Ambos bandos se enfrentaron con un saldo de muchos muertos. Igual que ahora con Venezuela y la diplomacia latinoamericana, los países africanos no fueron capaces de componer una solución. La Misión de la ONU en Costa de Marfil (ONUCI) y la potencia colonial, Francia, intervinieron militarmente: las tropas francesas (Operación Licorne), al amparo de una resolución de las Naciones Unidas (N°1975), bombardearon el palacio presidencial y campamentos militares de Laurent Gbagbo. El ex mandatario fue destituido y Alassane Ouattara se hizo cargo de la presidencia. Aquí la potencia colonial es Washington. La diferencia es que el patoterismo trumpista bien puede pasarse por encima la ONU o cualquier instancia internacional. Si ocurre, los aliados latinoamericanos de Washington tendrán la responsabilidad histórica de haber traicionado a todo el mundo, incluso a la misma oposición venezolana.


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 Canadá envía 40 millones de dólares a Guaidó


Otra ayudita desde el Norte

El Grupo de Lima se reunió ayer en Ottawa, Canadá, para debatir sobre la situación política en el país caribeño, formular una estrategia para apoyar al autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, así como abordar la crisis humanitaria y migratoria. Por el momento, descartaron la opción militar, pero pidieron a las Fuerzas Armadas venezolanas que muestren lealtad a Guaidó. Al inicio del encuentro, además, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau (foto), anunció el envío de ayuda humanitaria a Venezuela por unos 40 millones de dólares.


“Hacemos un llamado a la Fuerza Armada Nacional de Venezuela para que manifieste su lealtad al presidente encargado. Asimismo, le instamos a no impedir el ingreso y el tránsito de la ayuda humanitaria a los venezolanos”, apuntó el Grupo de Lima en su declaración conjunta al término de su reunión de emergencia. De los 14 miembros del Grupo de Lima, 11 reconocieron a Guaidó: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú. Los tres que no lo hicieron fueron México, Guyana y Santa Lucía. El gobierno del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador tampoco envió representantes a la reunión en Ottawa ya que considera que la postura del Grupo de Lima no es compatible con el diálogo sobre la base de la neutralidad. También estuvieron presentes en Canadá representantes de la Unión Europea, Francia, Alemania, Holanda,

Portugal, España y el Reino Unido así como Julio Borges, presidente del partido Primero Justicia de Venezuela y representante de Guaidó en el Grupo de Lima. El ministro británico para Europa y América, Alan Duncan, declaró ayer, por su parte, que el Grupo de Lima no abordó durante su reunión la posibilidad de una intervención militar en Venezuela. “No ha habido ninguna mención a una intervención militar. Estamos buscando una salida constitucional apropiada por el bien del pueblo de Venezuela”, dijo Duncan en declaraciones a periodistas.

En la apertura del encuentro, Trudeau, había anunciado el envío de unos 40 millones de dólares en ayuda humanitaria al país caribeño. “La ayuda busca responder a las necesidades más urgentes de los venezolanos en el terreno, principalmente los más de tres millones de refugiados”, dijo el premier, al inaugurar la cumbre. “El grueso de estos fondos se destinará a socios confiables y países vecinos, para ayudarlos a apoyar a Venezuela y a los venezolanos”, agregó.

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El Estado, la economía y la sociedad venezolana, en quiebra

El autor, ex ministro de Hugo Chávez en los inicios de la Revolución Boliviariana, critica la deriva “burocrática” y “corrupta” del Estado venezolano a las puertas de un conflicto que puede desembocar en una invasión o una guerra civil.

La jugada terminó por completo al revés. El Estado venezolano —al que llegaron centenares de activistas de las bases proliferantes de la revolución querida y, también, una infinidad de ladrones venidos de todos los círculos —viejos y nuevos— del cazaretismo, hoy no es sino un paria del mundo tratando de vender las riquezas de su subsuelo bajo el intermedio de un Estado completamente corrompido, viviendo de una bibliografía revolucionaria ya convertida en religiosidad discursiva cada vez mas torpe y mentirosa.

En realidad, viendo el mundo que vivió el siglo XX, lo que nos toca es simplemente hacer el trueque entre lo que fue imposible —es decir, las revoluciones marxistas-leninistas— y un tiempo actual donde reina la hegemonía del capital financiero. No solo ocurrió en Venezuela. La mayoría de los países de nuestramérica —a partir de las revueltas que construyeron un ideario intermedio entre una democracia radical y de base, y un liderazgo que se encaminaba a la toma del poder de Estados dependientes y absorbidos por una economía de dependencia— hoy en día se desmorona entre su misma ambigüedad, hasta quedar derrotados por santuarios de derecha para los cuales esos mismos Estados —incluidos el nuestro— estuvieron hechos.


La política marxista que se selló en el estalinismo —es decir, el Estado, el pensamiento, la conducción y la política misma— de alguna manera castigó el subconsciente político de los pueblos hasta llevarlos a su completa impotencia. Las alternativas a dejarse llevar por soberanismos sobrellevados por caudillismos y aparatos del Estado se hicieron trizas por la misma estructura de dependencia.

Venezuela es probablemente el episodio más patético de esta historia, convertido en un Estado mafioso, de estructuras corporativas y burocráticas, plagado de paramilitarismo y bandas armadas, que administran los restos de un gigantesco movimiento popular creado desde la revuelta popular del 27 de febrero del 89. Hoy todo ese piso está quebrado, convertido en un ente de representación de una dinámica de Estado y obligado a una negociación electoral que recomponga las estructuras del Estado que necesita el orden mundial y no precisamente solo los Estados Unidos. El orden mundial no lo comanda nadie en particular, sino las grandes riquezas financieras y corporativas desde China hasta los EE UU.


Los Estados que luego tomaron la forma de Estados burgueses —es decir, gobiernos que en sus diferentes ideologías servían particularmente a las clases propietarias— absorbieron la totalidad de la riqueza nacional convirtiéndose ellos mismos en administradores de las exportaciones y de los impuestos. En el ámbito de nuestramérica, se convirtieron en estructuras de caudillos y Estados comandados regionalmente que, a la final, terminaron en una absoluta dependencia del capitalismo industrial y postindutrial que se desarrolló en los últimos dos siglos.


Lo cierto es que a estas alturas, tanto la sociedad como la economía y el Estado, están totalmente quebrados. Las semanas y meses que vienen pueden estar plagados de posibilidades intervencionistas, hasta de guerras civiles.


¿Cuál es la tarea del movimiento popular? Esta tarea consiste —y ya son años repitiendo lo mismo— en configurar su misma autonomía en medio de una hambruna y un colapso de Estado que no tiene precedentes. La política ya no puede ser el Estado, no es una conjunción entre sociedad, economía y Estado, derivando de ella las diversas ideologías que articulan sus diversas maneras de administrar dicha totalidad. Tomando las palabras de Raul Cerdeiras, filósofo argentino, la política es una invención de la subjetividad, fuera del Estado. Allí donde nos hacemos creadores de algo que no ratifique sino desvanezca los lazos sociales y económicos, sin depender de ninguna institución que restituya el bendito Estado burgués. Desgraciadamente, no lo hemos podido hacer. El Estado primero se chupó las fuerzas revolucionarias y con Maduro las terminó destruyendo, siendo parte de ese orden mundial, pero acoplado a geopolíticas inconvenientes a los EE UU.

Es necesario crear una tercera fuerza. El Gobierno está contra la pared y la oposición es una vendetta de fuerzas que hoy han sabido quebrar la base rentista del Estado con el apoyo de los EE UU y ahora de la Unión Europea. El Estado constituido se quedará sin dinero y la oposición peleará por quien administrará los restos. Obviamente, tenemos una confrontación por delante que, en realidad, enfrenta dos geopolíticas en tiempos de una guerra sin fin, no entre Estados sino entre pueblos que estas mismas potencias desmoronan, haciéndose con sus riquezas naturales.


Por ello, repetimos, el paramilitarismo, la misma catástrofe corrupta de las Fuerzas Armadas en sus liderazgos, tiene que ser confrontada por una derivación guerrera, organizada y honesta, que reponga el ideario emancipador que nació hace más de 30 años. Lo demás es discusión y pelea de pacotilla entre bandas que necesitan apropiarse de los restos de esta patria. Restablezcamos lo que fue esa magnífica coordinación de movimientos y milicias que ayudo como nadie a saldar la rebelión del 13 de abril [levantamiento popular para exigir el regreso de Hugo Chávez tras el golpe de Estado de 2002], y empezar a hacer una política totalmente distanciada del Estado. Los tiempos que vendrán tienen sabor a lo horroroso, pongamos nuestros cuerpos, inteligencia y colectividad, a evitarlo y producir política.

Por ROLAND DENIS
EX VICEMINISTRO VENEZOLANO DE PLANIFICACIÓN ENTRE 2002-2003

PUBLICADO
2019-01-30 10:47:00

 

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Miércoles, 30 Enero 2019 08:26

En marcha

En marcha

Una nueva componenda, para concretar un golpe de Estado contra el gobierno de Nicolás Maduro está en marcha. Una sincronizada cascada de acciones da fe de ello:

 

1. Enero 4, reunión del Grupo de Lima –integrado por 14 países de la región, catalogando al gobierno venezolano como dictadura, desconociendo la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, por asumir su segundo mandato presidencial el 10 de enero. México no firma y opta por una vía que privilegia el diálogo.


2. Enero 10. Desconocimiento por parte del Consejo Permanente de la OEA del gobierno venezolano por “ilegítimo”. La resolución fue aprobada por 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Por otra parte, llama a todos los estados miembros y a los observadores permanentes de este organismo a adoptar las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren necesarias para contribuir “a la restauración del orden democrático en Venezuela” y a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en ese país.


3. Enero 11, Paraguay rompe relaciones con Venezuela al desconocer la legitimidad del gobernante venezolano. Igual proceder, en la práctica, han tomado todos los países firmantes de la declaración del Grupo de Lima, entre ellos Colombia que ha roto desde meses atrás los canales diplomáticos de contacto con el país vecino, asumiendo el liderazgo regional, junto a Mauricio Macri, presidente argentino, y el recién posesionado Jair Bolsonaro en Brasil, para provocar la caída de su par venezolano.


4. Enero 11. Autoproclomación de Juan Guaidó, presidente del parlamento venezolano cómo gobernante de Venezuela, dando paso con ello a la conformación de un gobierno paralelo o una dualidad de poderes que busca atizar un levantamiento militar y una confrontación civil en Venezuela.


5. De manera inmediata. el secretario General de la OEA, Luis Amagro, brindó su aval al autoproclamado presidente. La declaración no extraña, ya que en varias ocasiones, a lo largo del 2018, había llamado a dar un golpe contra Maduro.


6. Enero12. El gobierno de Brasil reconoce a Juan Guaidó. Por su parte el presidente de Colombia emite una declaración donde reconoce “[…] a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único órgano democrático y legítimo que existe en ese país”. El presidente de esa Asamblea es el autoproclamado Guaidó.


7. De manera simultánea, todas las declaraciones de los países integrantes del Grupo de Lima aluden al gobernante venezolano como dictador, desatando una ofensiva en procura de crear en la opinión pública la inclinación por un golpe militar o similar en el país suramericano.


8. Como eco de esta acción, los informativos colombianos, de manera constante y sin brindar a sus radioescuchas, lectores o televidentes información de contexto, aluden al Presidente venezolano como dictador. La desinformación como norma gana espacio a todo nivel.

 

Como una acción previa para poner en marcha esta sincronizada arremetida, Mike Pompeo, secretario de Estados de los Estados Unidos y exdirector de la CIA, se había reunido los días 1 y 2 de enero con los presidentes de Colombia y de Brasil. Ya en abril de 2018 había estado presente en varios países de la región afinando compromisos en contra de Cuba, Nicaragua Bolivia y Venezuela.

 

Previo a la maniobra geopolítica en marcha, a lo largo del 2017 y 2018, la OEA intentó por varios conductos aislar a Venezuela del escenario regional, lo que motivó la misma renuncia a este organismo por parte del país suramericano. Intentos de bloqueo diplomático que fueron accionados al tiempo que se estimulaba un alzamiento social, el cual se prolongó por varios meses del 2017 y con especial énfasis en Caracas, a través de movilizaciones de todo tipo. Al final de esta confrontación, cientos de los manifestantes habían caído presos, algunos voceros de la oposición habían corrido igual suerte, y la coordinación de las fuerzas opuestas al gobierno venezolano estaba rota. Las contradicciones en cuanto a los resultados obtenidos, las acciones por proseguir y qué hacer ante las elecciones presidenciales que se avecinaban, terminaron por fracturarlos.


Llegada la campaña electoral –enero/abril de 2018–, la mayoría de los integrantes de la coordinación opositora se abstuvo de participar de la campaña presidencial. Al final de los comicios Maduro fue elegido con el 57 por ciento de los votos.

 

Soberanía popular

 

Que el gobierno de Nicolás Maduro y su dirección al frente de Venezuela está cuestionada, no hay duda, pero no por ello los gobernantes de la región pueden saltarse el derecho de cada pueblo a resolver sus problemas con autonomía, basados en el respeto a su soberanía y derecho a vivir en paz.

 

Más allá de los resultados de los comicios de abril pasado, la economía y la prolongada crisis social de su país son quienes le han colocado a Maduro el Inri de impopular. No es para menos. Más allá del bloqueo económico emprendido por los Estados Unidos y el conjunto de medidas internacionales para llevar a este país a la ingobernabilidad, están las medidas del propio gobierno y de la dirigencia venezolana, incapaces de desatar el liderazgo social y emprender una gestión de verdad revolucionaria para encarar los destinos de su patria. Imaginación, audacia, autogestión, poder popular, soberanía alimentaria, industrialización autónoma que rompa la matriz petrolera del país, ingresos dignos, estos y otros retos son los que tendría que resolver el liderazgo social, más allá del gobierno.

 

Contrario a ello, una gestión cada vez más burocrática y enclaustrada, aislada de las dinámicas diarias de los millones de connacionales que padecen una inflación inimaginable y un desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar, con una presencia cada vez más autoritaria del Estado, es la que cuestiona al líder venezolano, así como a todo el equipo que lo acompaña, con las Fuerzas Armadas como soporte y sustento, de cuya cohesión depende la continuidad del jefe de Estado.

 

Por ahora, con el doble gobierno en marcha, con el llamamiento a las Fuerzas Armadas a fracturarse, así como la instigación al alzamiento social, lo que está en marcha es una peligroso y arriesgada maniobra por parte de los Estados Unidos y sus países satélites, que más allá del destino que corra Maduro puede terminar en una confrontación civil interna.

 

Alineada Venezuela cada vez más con China y Rusia, países que le apuestan a la recuperación y estabilidad económica del país suramericano, invirtiendo para ello significativas sumas de dinero y comprometiendo acompañamiento a todo nivel, decisión que aruña con evidencia el patio trasero y última retaguardia del otrora incuestionable imperio gringo, provocan, no sin cálculo, la furia de su enemigo del Norte, lo que puede desatar en este territorio una disputa geopolítica global, tipo Siria, que terminaría por descuadrar el mapa regional americano, en especial el de Sur y Centro América, así como El Caribe, algo que no depararía nada bueno para todos nuestros pueblos, incluido el colombiano.

 

El que juega con candela, puede desatar incendios. Duque y todos aquellos a quienes él representa, el poder real a la sombra hoy en Colombia y en la región, pueden terminar como pirómanos.

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Martes, 29 Enero 2019 15:51

En marcha

En marcha

Una nueva componenda, para concretar un golpe de Estado contra el gobierno de Nicolás Maduro está en marcha. Una sincronizada cascada de acciones da fe de ello:

 

1. Enero 4, reunión del Grupo de Lima –integrado por 14 países de la región, catalogando al gobierno venezolano como dictadura, desconociendo la legitimidad del nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro, por asumir su segundo mandato presidencial el 10 de enero. México no firma y opta por una vía que privilegia el diálogo.


2. Enero 10. Desconocimiento por parte del Consejo Permanente de la OEA del gobierno venezolano por “ilegítimo”. La resolución fue aprobada por 19 votos a favor, 6 en contra, 8 abstenciones y una ausencia. Por otra parte, llama a todos los estados miembros y a los observadores permanentes de este organismo a adoptar las medidas diplomáticas, políticas, económicas y financieras que consideren necesarias para contribuir “a la restauración del orden democrático en Venezuela” y a implementar medidas para atender la crisis humanitaria en ese país.


3. Enero 11, Paraguay rompe relaciones con Venezuela al desconocer la legitimidad del gobernante venezolano. Igual proceder, en la práctica, han tomado todos los países firmantes de la declaración del Grupo de Lima, entre ellos Colombia que ha roto desde meses atrás los canales diplomáticos de contacto con el país vecino, asumiendo el liderazgo regional, junto a Mauricio Macri, presidente argentino, y el recién posesionado Jair Bolsonaro en Brasil, para provocar la caída de su par venezolano.


4. Enero 11. Autoproclomación de Juan Guaidó, presidente del parlamento venezolano cómo gobernante de Venezuela, dando paso con ello a la conformación de un gobierno paralelo o una dualidad de poderes que busca atizar un levantamiento militar y una confrontación civil en Venezuela.


5. De manera inmediata. el secretario General de la OEA, Luis Amagro, brindó su aval al autoproclamado presidente. La declaración no extraña, ya que en varias ocasiones, a lo largo del 2018, había llamado a dar un golpe contra Maduro.


6. Enero12. El gobierno de Brasil reconoce a Juan Guaidó. Por su parte el presidente de Colombia emite una declaración donde reconoce “[…] a la Asamblea Nacional de Venezuela como el único órgano democrático y legítimo que existe en ese país”. El presidente de esa Asamblea es el autoproclamado Guaidó.


7. De manera simultánea, todas las declaraciones de los países integrantes del Grupo de Lima aluden al gobernante venezolano como dictador, desatando una ofensiva en procura de crear en la opinión pública la inclinación por un golpe militar o similar en el país suramericano.


8. Como eco de esta acción, los informativos colombianos, de manera constante y sin brindar a sus radioescuchas, lectores o televidentes información de contexto, aluden al Presidente venezolano como dictador. La desinformación como norma gana espacio a todo nivel.

 

Como una acción previa para poner en marcha esta sincronizada arremetida, Mike Pompeo, secretario de Estados de los Estados Unidos y exdirector de la CIA, se había reunido los días 1 y 2 de enero con los presidentes de Colombia y de Brasil. Ya en abril de 2018 había estado presente en varios países de la región afinando compromisos en contra de Cuba, Nicaragua Bolivia y Venezuela.

 

Previo a la maniobra geopolítica en marcha, a lo largo del 2017 y 2018, la OEA intentó por varios conductos aislar a Venezuela del escenario regional, lo que motivó la misma renuncia a este organismo por parte del país suramericano. Intentos de bloqueo diplomático que fueron accionados al tiempo que se estimulaba un alzamiento social, el cual se prolongó por varios meses del 2017 y con especial énfasis en Caracas, a través de movilizaciones de todo tipo. Al final de esta confrontación, cientos de los manifestantes habían caído presos, algunos voceros de la oposición habían corrido igual suerte, y la coordinación de las fuerzas opuestas al gobierno venezolano estaba rota. Las contradicciones en cuanto a los resultados obtenidos, las acciones por proseguir y qué hacer ante las elecciones presidenciales que se avecinaban, terminaron por fracturarlos.


Llegada la campaña electoral –enero/abril de 2018–, la mayoría de los integrantes de la coordinación opositora se abstuvo de participar de la campaña presidencial. Al final de los comicios Maduro fue elegido con el 57 por ciento de los votos.

 

Soberanía popular

 

Que el gobierno de Nicolás Maduro y su dirección al frente de Venezuela está cuestionada, no hay duda, pero no por ello los gobernantes de la región pueden saltarse el derecho de cada pueblo a resolver sus problemas con autonomía, basados en el respeto a su soberanía y derecho a vivir en paz.

 

Más allá de los resultados de los comicios de abril pasado, la economía y la prolongada crisis social de su país son quienes le han colocado a Maduro el Inri de impopular. No es para menos. Más allá del bloqueo económico emprendido por los Estados Unidos y el conjunto de medidas internacionales para llevar a este país a la ingobernabilidad, están las medidas del propio gobierno y de la dirigencia venezolana, incapaces de desatar el liderazgo social y emprender una gestión de verdad revolucionaria para encarar los destinos de su patria. Imaginación, audacia, autogestión, poder popular, soberanía alimentaria, industrialización autónoma que rompa la matriz petrolera del país, ingresos dignos, estos y otros retos son los que tendría que resolver el liderazgo social, más allá del gobierno.

 

Contrario a ello, una gestión cada vez más burocrática y enclaustrada, aislada de las dinámicas diarias de los millones de connacionales que padecen una inflación inimaginable y un desabastecimiento de productos básicos de la canasta familiar, con una presencia cada vez más autoritaria del Estado, es la que cuestiona al líder venezolano, así como a todo el equipo que lo acompaña, con las Fuerzas Armadas como soporte y sustento, de cuya cohesión depende la continuidad del jefe de Estado.

 

Por ahora, con el doble gobierno en marcha, con el llamamiento a las Fuerzas Armadas a fracturarse, así como la instigación al alzamiento social, lo que está en marcha es una peligroso y arriesgada maniobra por parte de los Estados Unidos y sus países satélites, que más allá del destino que corra Maduro puede terminar en una confrontación civil interna.

 

Alineada Venezuela cada vez más con China y Rusia, países que le apuestan a la recuperación y estabilidad económica del país suramericano, invirtiendo para ello significativas sumas de dinero y comprometiendo acompañamiento a todo nivel, decisión que aruña con evidencia el patio trasero y última retaguardia del otrora incuestionable imperio gringo, provocan, no sin cálculo, la furia de su enemigo del Norte, lo que puede desatar en este territorio una disputa geopolítica global, tipo Siria, que terminaría por descuadrar el mapa regional americano, en especial el de Sur y Centro América, así como El Caribe, algo que no depararía nada bueno para todos nuestros pueblos, incluido el colombiano.

 

El que juega con candela, puede desatar incendios. Duque y todos aquellos a quienes él representa, el poder real a la sombra hoy en Colombia y en la región, pueden terminar como pirómanos.

Publicado enEdición Nº253
Lunes, 28 Enero 2019 06:29

Debate imperial

Debate imperial

No deja de asombrar la arrogancia imperial de un país donde se puede debatir abierta y públicamente si se debe o no intervenir en otro país. Casi nadie cuestiona si es legítimo o no ese debate; o sea, si Estados Unidos tiene el derecho y la autoridad moral –después de su larga historia de intervenciones y guerras ilegales, todas realizadas engañando a este pueblo– de definir el futuro de otro país.


Para los políticos, sobre todo en momentos de crisis como el que está azotando al régimen de Trump, estas aventuras intervencionistas pueden ser muy útiles. La decisión tiene casi nada que ver con el pueblo estadunidense, sino con la suposición de la cúpula de este país de que tiene el derecho, y hasta el deber, de cambiar cualquier régimen que no coopera con o sirve a sus intereses.


La gran mayoría de la población estadunidense no está enterada de lo que ocurre en Venezuela, al igual que en otros países declarados como enemigos.


Recientemente William Arkin, experto en asuntos militares y de seguridad nacional, renunció a NBC News porque, entre otras cosas, no aguantaba más la manera en que los medios masivos reportan sobre las guerras de Estados Unidos. Al ser entrevistado por otro noticiero, señaló que la inmensa mayoría de estadunidenses no podrían nombrar los nueve países que actualmente son bombardeados por Washington. El propio locutor tuvo que confesar que él tampoco. ¿Habrá otro país en el mundo que está en guerra contra otros países, o que está interviniendo, pero cuya población no pueda ni nombrar al enemigo ni ubicarlo en un mapa?


Pero igual que en todas las guerras, invasiones e intervenciones lanzadas en los pasados 170 años, incluso contra México, la propaganda oficial envuelta en bonitos listones de retórica sobre la defensa de la democracia, la libertad y los derechos humanos, tristemente aún parece funcionar, sobre todo cuando no es cuestionada por los medios y con las redes sociales comprobando qué tan efectivas son para promover incluso la propaganda del régimen más mentiroso que ha habido en la historia moderna.


Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela hubo un consenso bipartidista en Estados Unidos en favor de un cambio de régimen; nada más había diferencias en cómo lograrlo (igual que en el caso de Cuba). Eso quedó de nuevo comprobado en el transcurso de esta semana, cuando la demócrata de mayor rango en Washington, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, tuiteó el jueves que Estados Unidos respalda al pueblo de Venezuela, a quienes se levantan contra el gobierno autoritario y exigen respeto por los derechos humanos y la democracia, posición respaldada por varios en el Congreso.


Hubo disidentes de este consenso en Washington. El senador Bernie Sanders, por un lado, deploró la represión del gobierno de Maduro, pero a la vez advirtió: “tenemos que aprender las lecciones del pasado y no estar en el negocio de cambio de regímenes o apoyando golpes como lo hemos hecho en Chile, Guatemala, Brasil y República Dominicana…” La nueva representante Ilhan Omar declaró que “un golpe en Venezuela respaldado por Estados Unidos no es la solución… Tenemos que apoyar a México, Uruguay y el Vaticano para facilitar un diálogo pacífico”. Ro Khanna, otro diputado, expresó su diferencia con Dick Durbin y otros líderes de su partido al afirmar que Estados Unidos no debería nombrar al líder de Venezuela, y se sumó a la posición de Omar. La diputada y precandidata presidencial demócrata, Tulsi Gabbard, dijo que Wa-shington debe quedarse fuera de Venezuela y dejar que ese pueblo determine su futuro. Nosotros no queremos que otros países escojan a nuestros líderes; entonces tenemos que dejar de intentar escoger los de ellos.


Y también hubo expresiones en contra de la intervención estadunidense por intelectuales y activistas de este país.


Pero al escuchar este debate sobre si intervenir o no en Venezuela entre ciudadanos, políticos y activistas aquí, es difícil no pensar: ¿Quién les está preguntando? ¿Quién los nombró no sólo jueces de lo que ocurre en otro país, sino quién les dio el derecho de decidir o no el futuro de otro pueblo?

 

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Maduro busca afianzar la lealtad de los militares

Mientras el mandatario venezolano decía frente a la tropa: “Vamos a dejar a punto y tono todo el sistema de armas, toda la unión cívico-militar”, el opositor Guaidó convocaba a dos movilizaciones para esta semana.

 

“Rodilla en tierra para derrotar el golpe de Estado en marcha que pretende imponer un gobierno títere para que se roben los recursos de Venezuela”, aseguró el presidente constitucional Nicolás Maduro a los militares que participaron de unos ejercicios realizados en el Fuerte Paramacay, ubicado en el estado de Carabobo. Fue una demostración clara y palpable de la lealtad que mantiene la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) con el chavismo que, junto a los bastos sectores populares de la sociedad venezolana, representan el sostén del gobierno revolucionario. La oposición lo entiende y busca con desesperación fracturarla para poder avanzar en el quiebre institucional como única alternativa para hacerse del Estado venezolano.

Hacia el interior del gobierno nadie descarta la posibilidad de una acción armada. Mucho menos desde de la activa participación de la administración de Donald Trump en el armado de la autodesignación presidencial del diputado Juan Guaidó. En ese sentido, la presencia de Maduro en los ejercicios militares que continuarán realizándose en diferentes puntos del país, es todo un mensaje tanto hacia el interior de las fuerzas políticas y sociales que lo acompañan como para la oposición y el gobierno norteamericano.


“Vamos a dejar a punto y a tono todo el sistema de armas, toda la fuerza militar, todo el apresto operacional, toda la unión cívico militar, toda la capacidad miliciana para que nadie ose siquiera pensar en tocar nuestro suelo sagrado”, dijo Maduro frente a la tropa que lo rodeaba tras la finalización de las actividades. El presidente interactuó con los militares y luego de sostener que “tenemos que hacer respetar el poder de la nación venezolana, con el poder militar”, les dijo que la oposición quiere que las fuerzas armadas se conviertan en golpistas. Luego se desarrolló el siguiente diálogo:


–¿Ustedes son golpistas? –preguntó Maduro.


–No, comandante en jefe –respondió la tropa a voz en cuello.


–¿Ustedes son antiimperialistas?


–Sí, comandante en jefe, gritaron.


Poco después, Maduro los arengó con una consigna de tiempos de Chávez: “¡Traidores nunca, leales siempre!” y reiteró que se está trabajando en dejar a punto “todo el sistema de armas, toda la fuerza militar, todo el apresto operacional, toda la unión cívico militar, toda la capacidad miliciana para que nadie ose siquiera pensar en tocar nuestro suelo sagrado”, dijo y el mensaje salió con varios destinos.


En tanto, Guaidó dividió su domingo en dos actividades. Una de ellas fue ir a misa para luego concentrarse en lo que parece más disfrutar: las redes sociales, desde donde le reclamó a la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que “apresure su visita a nuestro país, para que sea testigo presencial de la grave crisis en la que vive todo el pueblo venezolano”. Luego anunció que va a anunciar, hacia el final del día, una nueva manifestación callejera. A través de su cuenta de Twitter indicó que realizará dos movilizaciones. La primera será el miércoles entre las 12 y las 2 de la tarde. Guaidó pidió que los opositores se expresen en sus lugares de trabajo y en sus casas. En ese punto dijo que es preciso convocar a los militares para que se sumen a la oposición. La otra marcha será el sábado, día en que se cumple el ultimátum que realizó la Unión Europea. “Será una movilización en toda Venezuela y en todo el mundo” se entusiasmó antes de bendecir a sus seguidores.


Poco antes, Guaidó buscó agradecer el respaldo a su aventura golpista por parte del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, con una descabellada comparación: “Hace 74 años se liberó el campo de concentración de #Auschwitz y hoy justamente cuando nuestro país lleva también una lucha por su libertad”. El tuit tuvo muchas respuestas donde sus seguidores ya le reclamaban por aquello de que está dispuesto a amnistiar a Maduro. Los seguidores le exigieron al diputado no tener ningún tipo de clemencia.


Mientras tanto, en las calles de Caracas la jornada se desarrolla de manera apacible pero, como reza el refrán, la procesión va por dentro. “Cómo te diría. Hay una tensa calma”, dice Harold a PáginaI12. El muchacho, de unos veinte años, dice que trata de mantenerse al margen de la crisis política pero reconoce que es imposible. “En todos lados, en las reuniones familiares se habla de la crisis”, señala y reconoce que la maniobra de Guaidó no tendrá éxito: “No se puede querer el poder llamando a una invasión extranjera. Eso no es de venezolano”, sostiene.


La charla transcurre en la Plaza Bolívar, a metros de donde está la casa donde nació el libertador. La tranquilidad del paseo se rompe cuando ingresan medio centenar de motociclistas. Son motorizados del Frente Félix de la Roca. Una de las que habla es Mayra Figueroa y sin dudarlo afirma, mientras sus compañeros no dejan de hacer sonar sus bocinas, que en Venezuela “hay un único presidente legítimo y es Nicolás Maduro porque es el que tiene los votos del pueblo y los frentes sociales. Acá no existe otro presidente que Nicolás Maduro. Que respeten la decisión de las madres venezolanas, de este pueblo motorizado. Acá todos somos soldados de paz pero si nos toca salir a luchar por nuestros hijos lo haremos”.


Mayra habla de defensa de su país pero también se refiere al bloqueo que está viviendo Venezuela: “Tenemos un país totalmente bloqueado económicamente. Todos entendemos el bloqueo internacional que vivimos desde hace tiempo pero no- sotros salimos a la lucha a tratar de defender de nuestra economía. Salimos a la calle a defender nuestra economía. Acá Nicolás Maduro no es el culpable de todo, aquí los culpables son los opositores, los diputados de la Asamblea Nacional que nunca hicieron una ley a favor del pueblo. Acá estamos los hijos de Chávez, los hijos de Bolívar”, dice y vuelven a sonar las bocinas y un cántico: “Guaidó pajúo (boludo), aquí manda Maduro”.


A pocos metros estaba Gleiman Vanegas, el titular del Frente Motorizado, quien aseguró que los movimientos populares que respaldan a Maduro no comparten las políticas de Donald Trump: “El quiere dominar al mundo pero con Venezuela no va a poder porque esta es una tierra de libertadores, somos hijos Bolívar y de Chávez. El presidente de este país se llama Nicolás Maduro, es el presidente constitucional elegido por el voto popular”. Consultado por el ultimátum para llamar a elecciones que la Unión Europea le hizo a Venezuela, la respuesta de Vanegas fue rotunda: “Acá en Venezuela ya hubo elecciones y en todo caso esperen hasta el 2025. La oposición tuvo su oportunidad y lamentablemente no quisieron participar. Un sector lo hizo y fue derrotado. Desde aquí le estamos diciendo que esperen su turno”. A su lado estaba Alexis Tobaros quien se salía de la vaina por hablar. Entonces le envió un mensaje a la Unión Europea: “Europa: preocúpate por tus ciudadanos y por tus políticas. Las políticas de Venezuela las maneja el presidente Nicolás Maduro Moros y su pueblo. Venezuela no es un país de guerra sino de paz. Ya llevamos 20 años de batalla, lucha y victoria y les avisamos que hasta el 2025 serán años de batalla, lucha y victoria para el pueblo revolucionario de Venezuela”, arengó.


El ultimátum de la UE fue rechazado de plano por el gobierno venezolano y aseguró, a través de un comunicado de la Cancillería, el plazo de ocho días para llamar a elecciones es una actitud “propia del estilo de las viejas potencias coloniales que representa”. Para el canciller Jorge Arreaza el anuncio de la Unión Europea es la confirmación de que decidieron “sumarse al plan de golpe de Estado orquestado por el gobierno de Estados Unidos”. Anoche, la televisión venezolana transmitió la entrevista que Maduro le concedió a la CNN de Turquía donde afirmó que “nadie puede darnos un ultimátum de este tipo. Si alguien quiere abandonar el país, lo puede hacer. Venezuela no está ligada a Europa. Esto es una insolencia total. Menospreciarnos porque estamos en el sur es insolente”, aseguró el presidente constitucional.

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“El camino es el diálogo, no el intervencionismo”

El intento de golpe en Venezuela perdió impulso a pesar de la autoproclamación de Guaidó con el aval de Trump. Las calles recuperaron cierta calma y Maduro recibió el respaldo de los militares y el Poder Judicial. El Presidente acusó a EE.UU. y respaldó el diálogo propuesto por México y Uruguay.

 

El día después de que el líder opositor Juan Guaidó se autoproclamara presidente interino de Venezuela, las fuerzas armadas y el Tribunal Supremo de Justicia respaldaron al actual ocupante del Palacio de Miraflores, Nicolás Maduro, al tiempo que denunciaron que detrás de la autoproclamación hay un intento de golpe de estado. A su vez Maduro usó las redes sociales para llamar al diálogo. “Respaldamos la propuesta de los gobiernos de Uruguay y México, de crear una iniciativa internacional de diálogo entre las fuerzas políticas en Venezuela, para buscar en el marco de nuestra Constitución, que garantice estabilidad a todas y todos los venezolanos,” tuiteó. 

Por su parte, Guaidó optó por un bajo perfil –sólo sus allegados íntimos saben dónde está–y se limitó a usar las redes sociales para agradecer a algunos de los líderes que lo apoyaron, incluyendo a Mauricio Macri: “Agradecidos, señor presidente, por su reconocimiento a la voluntad de todo un pueblo, que hoy sigue de pie en busca de la democracia y la libertad de su tierra,” le escribió al mandatario argentino. Por la noche, en una entrevista con Univisión, Guaidó dijo que Maduro podría ser amnistiado si abandona el poder. “No podemos descartar ningún elemento”, dijo el líder opositor.


A diferencia del escenario de convulsión del miércoles, ayer las calles estuvieron más tranquilas y sin datos oficiales de muertos ni detenidos. Sin embargo, la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Conflictividad Social informó un total de 26 muertos en las último tres días.


“No aceptaremos jamás a un gobernante impuesto a la sombra de intereses oscuros”, proclamó ayer el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, desde el salón Bolívar del Ministerio en Caracas. En nombre de la institución castrense, Padrino rechazó las “acciones ilegales” con las que justificó intentan instalar un gobierno paralelo en Venezuela. Asimismo criticó los “alevosos llamados de algunos sectores para apartarla del sendero democrático”. “Rechazamos del modo más enérgico posible los groseros actos de injerencismo llevados a cabo por gobiernos extranjeros los cuales consideramos irrespetuosos del derecho internacional y del principio de autodeterminación de los pueblos, siendo además ofensivos a la dignidad de los venezolanos”, indicó y seguidamente agradeció a los países que apoyaron a Maduro: “Lo que va a solucionar los problemas del país es el diálogo. Además agradezco a los países que se han pronunciado por un diálogo constitucional. Nosotros no haremos nada que esté fuera de lo constitucional”. Asimismo y en la línea de lo que anunció horas después de la declaración de Guaidó, Padrino aseguró que las Fuerzas Armadas van a garantizar la paz ciudadana y el correcto funcionamiento de las instituciones del Estado. “No toleraremos hechos vandálicos o terroristas por parte de grupos que promuevan la violencia como perverso mecanismo para alcanzar sus fines”, finalizó.


Para su segunda alocución pública desde el miércoles, Maduro eligió ayer el Supremo Tribunal de Justicia (TSJ). Acompañado por el presidente del TSJ, Maikel Moreno, y las Fuerzas Armadas, Maduro ordenó cerrar su embajada y consulados en Estados Unidos y lanzó una crítica burlesca contra Guaidó: “Es un titubeante diputado, muy asustado que asume de la manera más vulgar e informal que desde ese momento, él es el presidente de un país. ¿Dónde se ha visto?”, preguntó irónico. Seguidamente leyó el artículo 233 de la Constitución venezolana, que explica las circunstancias para asumir las faltas del presidente de la república, y aseguró que ninguna de ellas está vigente en este momento. “En Venezuela no hay ninguna de las causales estipuladas en el artículo 233 para considerar abandono de cargo, falta absoluta ni ninguna de estas motivaciones. Al contrario la lectura estricta dice que en Venezuela hay un presidente constitucional elegido por el pueblo y ese presidente se juramentó y esta en los primeros días de un mandatario de seis años”. De la misma manera, el presidente del Tribunal denunció que en el país caribeño se está gestando un golpe dirigido por Estados Unidos, un país que subrayó tiene un vasto antecedente de conspiraciones y promociones de guerras en la región.


Además de decretar el cierre de la embajada en Washington, Maduro renovó el ultimátum a su par Donald Trump para que retire, antes del domingo, a su personal diplomático. Una medida que el mismo miércoles el magnate desestimó argumentando que él responde a Guaidó, quien dijo que mantendrá relaciones con el norte. “He decidido regresar todo el personal, diplomático y consular de nuestro país en el exterior y cerrar la embajada y todos los consulados en Estados Unidos”, dijo el presidente y subrayó que mantiene con firmeza su decisión de romper todo tipo de relaciones con Trump que, agregó, tiene la locura de creerse el policía del mundo. “Ahora ellos pretenden decir ‘desconocemos al gobierno de Maduro y nos quedamos’. ¿Qué creen? ¿Ellos creen que ya tienen un enclave colonial en Venezuela, donde deciden lo que les da la gana? No”, exclamó el gobernante en su efusivo discurso que lo comenzó agradeciendo a Rusia su apoyo: “Tuve una llamada de Putin con quien conversé unos veinte minutos. El siempre solidario con Venezuela, me expresó todo el apoyo de Rusia y su gobierno. Y me dijo que ahora más que nunca vamos a trabajar en acuerdos de cooperación”.


En la misma sala del Tribunal también estuvo el magistrado Juan José Mendoza, presidente de la Sala Constitucional, quien fue el encargado de exhortar a la Fiscalía a tomar medidas de inmediato ante la denunciada conducta delictiva del Parlamento controlado por la oposición. “Esta sala exhorta al Ministerio Público a determinar las responsabilidades que pudieran tener los integrantes de la Asamblea Nacional ante la objetiva materialización de conductas constitutivas de tipo delictivo”, dijo Mendoza en una declaración leída ante periodistas. Horas más tarde el fiscal general, Tarek William Saab, repudió los actos de Guaidó y la respuesta internacional pero sin anunciar por ahora ninguna acción en su contra. “Es inaceptable que los gobiernos de la región hayan reconocido a Guaidó porque con ello pretenden legitimar un cambio violento de la forma de gobierno republicano en el país”, lanzó.


A propósito de la decisión de Trump dejar a su diplomacia en el país caribeño, el jefe de la chavista Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Diosdado Cabello, dijo al cuerpo diplomático que si no hay relaciones, no habrá prerrogativas: “A lo mejor se va la luz en ese sector, no llega el gas”, amenazó Cabello al personal de la embajada de Caracas. Además ayer en su programa de televisión reveló que el martes, un día antes de la autoproclamación de Guaidó, el opositor le pidió una reunión. Según Cabello, Guaidó dijo cosas pero después hizo lo contrario, argumentando que había sido muy presionado. “Me dijo que fue muy presionado el día de hoy, que lo presionó todo el mundo. Presión vas a llevar de nosotros, para que sepas”, relató el número dos del chavismo.

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