Sábado, 22 Febrero 2020 06:34

Acuerdo de paz entre EE.UU. y los talibanes

Pomeo llega el viernes a Omán, primera escala de su gira por Africa y Oriente Medio.  ________________________________________ Imagen: AFP

Se firmaría el 29 de Febrero y pondría fin a 18 años de guerra

Empezó un alto el fuego de siete días en Afganistán que culminaría con la firma del acuerdo, informaron las partes por separado, luego de un año de negociaciones en Qatar.

 

Estados Unidos y el movimiento islamista talibán anunciaron ayer su intención de firmar un acuerdo de paz el próximo 29 de febrero para tratar de poner fin a 18 años de guerra en Afganistán, el conflicto militar más prolongado de la historia de Estados Unidos.

El anuncio llegó poco después de que los talibanes, Estados Unidos y el gobierno afgano confirmaran que este fin de semana entrará en vigor un pacto ya anunciado de alto el fuego durante siete días, del cual dependerá el éxito del resto del delicado proceso.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, dijo que, si la tregua tiene éxito, Estados Unidos firmará un acuerdo de paz con el movimiento insurgente el 29 de febrero, coronando más de un año de negociaciones entre ambas partes en Qatar.

Luego de la firma del acuerdo con Estados Unidos, los talibanes iniciarán negociaciones con el gobierno de Afganistán que, en última instancia, permitirían que Washington empiece a retirar a los miles de soldados que tiene en el país asiático desde 2001.

El gobierno afgano no ha participado de las negociaciones en Doha.

"Nos estamos preparando para que la firma tenga lugar el 29 de febrero", dijo Pompeo en un comunicado en el que, no obstante, condicionó el acuerdo a "una implementación exitosa del entendimiento de reducción de violencia" durante una semana. "Las negociaciones internas afganas comenzarán poco después, y este paso fundamental echará los cimientos para cumplir con un alto el fuego integral y permanente, y con una hoja de ruta para el futuro político de Afganistán", agregó.

Los talibanes confirmaron el acuerdo para firmar el pacto con Estados Unidos el 29 de febrero en Doha, capital de Qatar y sede de los contactos entre las partes. "Tras las largas negociaciones, ambas partes han acordado firmar el acuerdo en presencia de observadores internacionales" el sábado 29 de febrero, afirmó la formación insurgente en un comunicado.

Estados Unidos espera que, a partir de ambas negociaciones, pueda comenzar a retirar a sus soldados de Afganistán casi 18 años después de invadir el país para derrocar a los talibanes del gobierno por dar refugio al líder de Al Qaeda Osama Bin Laden. El objetivo de las negociaciones entre talibanes y gobierno afgano sería un alto el fuego nacional y una retirada escalonada de fuerzas estadounidenses, que totalizan unos 12.000 soldados y que según el Pentágono podrían reducirse a 8.000 "con el tiempo".

Los talibanes, además, se comprometieron a no dar refugio a organizaciones "terroristas" internacionales como Al Qaeda, según dijeron la semana pasada fuentes de ambas partes en declaraciones en "off" a varios medios estadounidenses.

Uno de los jefes de la delegación afgana en Qatar, Abdul Salam Hanafi, dijo la semana pasada que, luego de firmar el acuerdo de este mes, Estados Unidos y el gobierno afgano liberarán a 5.000 prisioneros talibanes y los rebeldes liberarán a 1.000 prisioneros.

El vocero del Consejo de Seguridad Nacional de Afganistán, Javed Faisal, y fuentes talibanes dijeron ayer más temprano que el acuerdo de "reducción de violencia" entre todas las partes entrará en vigor mañana. En Estados Unidos, los principales medios citaron a un funcionario de alto rango del Departamento de Estado que dijo que el alto el fuego de siete días comenzaría a regir ayer a la noche, pero no dijo a qué hora exactamente.  El funcionario habló bajo condición de anonimato, dijeron los medios.

En Pakistán, donde los talibanes también tienen presencia, un dirigente del movimiento insurgente dijo que, tras la firma del acuerdo del 29 de febrero, las negociaciones con el gobierno afgano comenzarán el 10 de marzo, informó el canal qatarí Al Jazeera.

Estados Unidos y los talibanes ya estuvieron a punto de firmar la paz el año pasado, pero el presidente Donald Trump se echó atrás a último momento, en septiembre, luego de la muerte de un soldado norteamericano en un ataque de los rebeldes.

Analistas han advertido que el camino a la paz en Afganistán no será fácil y que los acuerdos podrían naufragar en cualquier momento. En el peor de los casos, esos analistas han dicho que las partes en conflicto podrían aprovechar la distensión para reposicionar sus fuerzas en busca de asegurarse ventajas en el frente militar.

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La izquierda latinoamericana frente a Venezuela

Venezuela acabó por ser un peso político para las izquierdas, cada vez más y mejor aprovechado por las derechas para construir fantasmas de «venezuelización». Frente a un escenario en el que el proceso venezolano resulta cada vez más alejado de visiones emancipatorias, gran parte de las izquierdas carecieron de herramientas teórico-políticas para dar cuenta de lo que estaba ocurriendo.

El 30 de enero de 2005, en el estadio Gigantinho de Porto Alegre, el presidente Hugo Chávez declaraba la necesidad del socialismo. Con su característica camisa roja, el líder venezolano dijo:

«Negar los derechos a los pueblos es el camino al salvajismo, el capitalismo es salvajismo. Yo cada día me convenzo más, [entre] capitalismo y socialismo… no tengo la menor duda. Es necesario, decimos y dicen muchos intelectuales del mundo, trascender el capitalismo, pero agrego yo […] al capitalismo hay que transcenderlo por la vía del socialismo […].»

En estas declaraciones resonaba, lejanamente, aquella declaración del «carácter socialista» de la Revolución Cubana pronunciada por Fidel Castro en abril de 1961, en medio de fusiles y llamados a resistir la agresión imperialista. Venezuela no fue invadida, pero el chavismo extrajo una potente dosis de mística política de su victoria contra el golpe de Estado de 2002, apoyado por la oligarquía local y Estados Unidos, el paro patronal y la huelga en Petróleos de Venezuela (PDVSA) de 2002-2003, que provocó un fuerte golpe a la economía.

Frente a Chávez no había milicianos sino militantes sociales agrupados en el Foro Social Mundial, una articulación de partidos de izquierda y movimientos sociales movilizada contra la «mundialización del capital» y en favor de un cambio en las relaciones de fuerza a escala global. En este nuevo escenario post-socialismo real, el presidente bolivariano anunció, y enfatizó, que la nueva transición al socialismo debía ocurrir «¡En democracia!». Pero acto seguido aclaró: «Ojo pelao y oído al tambor: ¿en qué tipo de democracia? No es la democracia que míster Superman [por G. W. Bush] quiere imponernos desde Washington, no, esa no es la democracia». Y ahí subyace uno de los problemas neurálgicos del chavismo en sus dos décadas de hegemonía sobre la política venezolana. Si esa «no es» la democracia, ¿con qué tipo de democracia «superar» la democracia liberal? Y, en segundo lugar: además de la democracia, ¿qué diferenciaría a este «socialismo del siglo XXI» de las experiencias del socialismo real y las «democracias populares» del siglo XX en la Unión Soviética, el este de Europa, Asia y Cuba?

Se trataba entonces del momento épico de una «marea rosada» que se estaba completando. Ya estaban en el poder Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, y estaban por llegar Tabaré Vázquez, Evo Morales, Rafael Correa, Fernando Lugo, el enigmático Manuel Zelaya y, dos años más tarde, el más polémico Daniel Ortega. Venezuela parecía ocupar entonces el lugar de una suerte de «núcleo radical» alrededor del cual se iban ubicando regímenes nacional-populares o de izquierda democrática, más moderados y/o más novatos, que daban forma al inédito giro a la izquierda continental.

No obstante, el «socialismo del siglo XXI», que en sus comienzos contenía la promesa de una renovación de la izquierda que permitiera dejar atrás la historia del socialismo real, terminó por mostrar sus límites infranqueables. Lo que aparecía como una locomotora (la Revolución Bolivariana) para jalar a las fuerzas transformadoras latinoamericanas se fue transformando en un sistema crecientemente ineficiente y poco pluralista, y las semillas militaristas que contenía desde el comienzo terminaron por capturar el proceso político iniciado con el triunfo electoral de fines de 1998. En ese marco, Venezuela acabó por ser un peso político para las izquierdas continentales, cada vez más y mejor aprovechado por la derecha para construir fantasmas de «venezuelización» en cada país donde las fuerzas progresistas tienen posibilidades de triunfo. Como escribió el economista Manuel Sutherland: «En este infausto panorama, Venezuela constituye el mejor ‘argumento’ para las derechas más retrógradas. En cualquier ámbito mediático, aprovechan la situación para asustar a sus compatriotas con preguntas como: ‘¿Quieren socialismo? ¡Vayan a Venezuela y miren la miseria!’. ‘¿Anhelan un cambio? ¡Miren cómo otra revolución destruye un país próspero!’. Sesudos analistas aseveran que las políticas socialistas arruinaron el país y que la solución es una reversión ultraliberal de la revolución».

Frente a esta situación, las izquierdas carecieron de herramientas teórico-políticas para dar cuenta de lo que estaba ocurriendo, especialmente la izquierda congregada en el Foro de San Pablo. En el caso del Frente Amplio de Uruguay, existen visiones cada vez más críticas; en el Partido de los Trabajadores de Brasil, la detención de Lula da Silva y la llegada de la extrema derecha al poder parecen haber provocado un repliegue hacia posiciones más defensivas, lo que incluye la cuestión venezolana. En el Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia, el discurso es poco permeable a un balance crítico. Y aunque Bolivia estaba lejos de ser Venezuela, Evo Morales compartía algunas visiones no pluralistas del poder que lo llevaron a buscar la reelección una y otra vez, lo que a la postre desencadenó una crisis política y una ola de protestas que a su vez dieron lugar a un golpe de Estado policial-militar y a un giro conservador y un represivo gobierno dirigido por la senadora Jeanine Añez, quien entró en el Palacio con una enorme Biblia entre manos.

Mucho de lo que había hecho de Venezuela un modelo atractivo era profundamente contradictorio desde sus orígenes. El proceso venezolano combinó formas diversas de empoderamiento popular con el liderazgo ultracarismático de Chávez; redistribución de la renta petrolera con mecanismos de saqueo de los recursos estatales por parte de camarillas burocrático-militares que feudalizaron el Estado; democracia comunal «por abajo» con formas pretorianas y autoritarias «por arriba»; imaginación para impulsar proyectos posrentistas con absoluta incapacidad para llevarlos adelante; reforzamiento del rol del Estado con incapacidad de gestión pública. Y, desde la muerte de Chávez en 2013, un declive económico que condujo a una caída del PIB de más de 50% durante la gestión de Nicolás Maduro y una inflación de 130.000% en 2018 –según datos oficiales finalmente emitidos tras un largo silencio informativo oficial–.

Las izquierdas latinoamericanas leyeron –y aún leen– Venezuela a partir de los imaginarios del «cerco» construidos en relación con Cuba desde los años 60. De esta forma, el «socialismo petrolero» venezolano –tal como lo denominó el propio Chávez en 2007– es exculpado de manera regular por el retroceso al que está llevando a la sociedad venezolana. Predomina en estas visiones el antiliberalismo fuertemente afincado en las izquierdas regionales y que tiende a minimizar los problemas democráticos, en el marco de lo que en Francia denominan «campismo»: la sobredeterminación de las variables geopolíticas en el análisis de cualquier realidad nacional.

Así, el antiimperialismo se desacopla de su dimensión emancipatoria para asumir una dimensión justificatoria –e incluso celebratoria– de diversos regímenes supuestamente enemigos del Imperio (la popularidad de Muamar Kadafi en algunos sectores de las izquierdas continentales es un buen ejemplo de ello). La narrativa sobre el «poder popular» –a menudo abstracta– se vuelve una forma de encubrir los déficits democráticos y, más aún, las (abundantes) violaciones de los derechos humanos por parte de las fuerzas represivas del Estado. De este modo, el «silencio Cuba», al decir de Claudia Hilb, de muchas izquierdas latinoamericanas –y de más allá también– devino en un «silencio Venezuela», que no significó, como tampoco ocurrió en el caso de la isla, no hablar de Venezuela, sino evitar enfrentar los problemas, desechando los datos empíricos y apelando de manera mecánica a las «agresiones imperiales» como única variable explicativa, tras años de hacerlo del mismo modo con la hoy pasada de moda «guerra económica».

Existen diversas correas de transmisión del discurso oficial venezolano hacia el resto de la región. Además de medios como Telesur, durante años la Revolución Bolivariana, al igual que en su momento la cubana, organiza diversos eventos de solidaridad, que sirvieron para organizar a una masa intelectual disponible para diversos tipos de pronunciamientos «solidarios», más o menos automáticos. Algunos han sido más organizados, e incluso apéndices de las embajadas, y otros menos, pero en general se fue construyendo un discurso sobre Venezuela que congeló la foto del golpe de 2002 y es incapaz de ver las aporías del bolivarianismo y los desplazamientos en la coyuntura política.

Hoy es imposible, por ejemplo, pensar el clivaje que atraviesa el país como un enfrentamiento «transparente» entre la izquierda y la derecha, o el pueblo y la oligarquía. En gran parte de las izquierdas regionales, se subestima la profundidad y la multidimensionalidad de la crisis, así como la degradación –política y moral– de la elite cívico-militar bolivariana. La «gente común» puede ser sacrificada sin problemas en el altar antiimperialista y funcionan eficazmente latiguillos como «la oposición es peor», «el problema son las sanciones estadounidenses», etc. Junto con ello, se minimizan los ataques al Estado de derecho y a la propia institucionalidad nacida de la Constitución bolivariana de 1999: la Asamblea Nacional Constituyente actúa como un poder supraconstitional y sin contrapesos, un poder de facto que no se concentró en redactar una Constitución sino en legitimar cualquier medida del gobierno sin necesidad de enmarcarse en una república constitucional.

Esto no significa, sin duda, que no existan agresiones e injerencias imperiales. Ni que los neocons que rodean a Donald Trump, como Elliot Abrams o John Bolton (quien finalmente terminó distanciado del presidente), no sean peligrosos. Pero precisamente esto ilumina otra cuestión: el discurso antiimperialista latinoamericano tiene como contrapartida un débil interés por estudiar el «Imperio» realmente existente, sus dinámicas políticas, sus (in)consistencias y sus intereses geoestratégicos concretos. Tampoco se trata de negar que en la oposición haya sectores financiados por Estados Unidos, halcones anticomunistas estilo Guerra Fría, antipopulistas racistas y elitistas retrógrados. Ni tampoco apelar al ni-nismo: «ni con Maduro ni con el Imperio». Sino, por el contrario, se trata de pensar la realidad venezolana en una doble clave: antiimperialista y democrática, sin sacrificar ninguno de los términos de la ecuación. La pregunta es sencilla: incluso si Maduro sale airoso de esta última batalla contra el «presidente encargado» Juan Guaidó, ¿qué tipo de futuro se puede esperar para Venezuela? ¿Qué energías vitales tiene la Revolución Bolivariana para encarnar los «nuevos comienzos» que Maduro promete una y otra vez para enfrentar la degradación societal que vive el país? El último nuevo comienzo es la dolarización informal de la economía.

Sin una izquierda más activa y creativa respecto de Venezuela, la iniciativa regional fue quedando, sin contrapesos, en manos de las derechas del continente. En la última reunión del Foro de San Pablo en La Habana, la secretaria ejecutiva, Mónica Valente, dijo que el vigésimocuarto encuentro de este espacio que reúne a gran parte de las izquierdas de la región «puede tener la misma importancia histórica de los años 90 cuando cayó el Muro de Berlín». No se refería específicamente a Venezuela, sino al «giro a la derecha» latinoamericano. Pero si se puede hablar de un Muro de Berlín regional, este se vincula de manera directa a la implosión de la Revolución Bolivariana –precisamente en el primer país que se declaró socialista después de 1989–. Por este solo hecho, el balance de esta experiencia es indispensable para cualquier renovación política y teórica de las izquierdas latinoamericanas.

Esta es una tarea importante, aunque las victorias de Andrés Manuel López Obrador en México y Alberto Fernández en Argentina hayan matizado la idea de un giro a la derecha tout court en la región.

Por Pablo Stefanoni | 22/02/2020 

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Elizalde llamó a la creación de espacios de resistencia frente a tales estrategias de dominación en el ámbito digital. Foto: Cubaperiodistas.

La misión de las nuevas generaciones en América Latina es lograr la soberanía tecnológica, afirmó el catedrático español Ignacio Ramonet durante un debate en el Pabellón Cuba, en La Habana.

El doctor en Semiología e Historia de la Cultura disertó sobre el colonialismo 2.0 y los desafíos de la izquierda latinoamericana junto a la periodista e investigadora cubana Rosa Miriam Elizalde, quien abordó el surgimiento e impulso de internet y su progresión desde el entorno militar hasta el contexto universitario y civil.

Ramonet recordó que Fidel Castro fue uno de los primeros que entendió la importancia de internet y dispuso en Cuba la fundación de la Universidad de Ciencias Informáticas para el desarrollo de una ciencia y tecnología nacionales.

Internet nos plantea, por una parte, el enfrentamiento cultural y la presencia activa en el ciberespacio, que ocupa todo un universo simbólico, económico y cultural, liderado por grandes potencias, las cuales pujan por ese territorio digital, puntualizó.

El autor de El imperio de la vigilancia señaló que el colonialismo digital de Estados Unidos limita el ascenso de otros países e industrias cuyos contenidos pueden seducir a las grandes masas y citó los múltiples intentos para frenar a la empresa china Huawei.

Igualmente, reconoció varios ejemplos que demuestran la carrera de Corea del Sur por lograr la descolonización, entre estos, la expansión de la cultura K pop, los doramas y producciones como la multipremiada cinta Parásitos, ganadora del premio Óscar a la mejor película.

Por su parte, la doctora en Ciencias de la Comunicación Rosa Miriam Elizalde mencionó cifras relevantes para la región latinoamericana, señalada como la más dependiente en términos de infraestructura, plataformas y contenidos estadounidenses; en tanto, precisó que el 90% de todo el tráfico de datos del continente pasa por servidores de la superpotencia norteamericana.

Destacó, además, la expansión simbólica del imperio norteamericano, cuyos contenidos, estructuras y mensajes monopolizan la red de redes, devenida territorio ideal para la ciberguerra, el espionaje y la manipulación.  “El totalitarismo estadounidense utiliza este escenario para reforzar sus apetencias coloniales”, aseguró.

Las naciones latinoamericanas ocupan el ranking entre los diez países que consumen más tiempo en las redes sociales, el 81% de los jóvenes del continente utilizan regularmente Facebook y el 50% de las personas que carecen de agua potable o no acceden a los servicios básicos tienen perfiles en alguna red social norteamericana, según estudios recientes del Banco Interamericano de Desarrollo.

La también vicepresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba describió el actual panorama regional sujeto a ser el polígono de prueba en el contexto digital con ejemplos como Bolivia, donde se crearon 6 000 cuentas falsas a través de la inteligencia artificial para generar la percepción de un supuesto respaldo al reciente golpe de Estado.

En consecuencia, Elizalde llamó a la creación de espacios de resistencia frente a tales estrategias con ejemplos como Venezuela y Argentina, que han demostrado la posibilidad, desde la izquierda, de enfrentar a la gran maquinaria de manipulación de la derecha.

Creado en 2013, el espacio Dialogar Dialogar es una plataforma para el debate con las nuevas generaciones en la nación caribeña y rinde homenaje a su inspirador, el intelectual cubano Alfredo Guevara, reconocido por sus ideas y capacidad para polemizar con los jóvenes.

20 febrero 2020 

(Tomado de Cubaperiodistas)

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El agotamiento del desarrollo, la confesión de la CEPAL

Lo que puede ser interpretado como la confesión de una derrota que afecta a toda América Latina ha pasado casi desapercibida. Se acaba de admitir que todas las estrategias de desarrollo implementadas en la región están agotadas. No sólo eso, sino que además se fracasó en todas ellas. Esa es la confesión de la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

A pesar de la gravedad de la declaración, no reaccionaron ni los gobiernos, ni la prensa, ni los actores ciudadanos directamente vinculados a la temática del desarrollo. Es más, la secretaria de CEPAL, Alicia Bárcena, avanzó más afirmando que el extractivismo, o sea la exportación de materias primas, es el que está agotado porque “concentra riqueza en pocas manos y apenas tiene innovación tecnológica” (1).

Estamos ante la confesión de la máxima autoridad del organismo económico más importante del continente, el que por un lado tendría que haber contribuido a evitar ese fracaso, y por el otro, haber asegurado el camino hacia lo que ellos conciben como un desarrollo virtuoso que reduce la pobreza y la desigualdad. Reconocer que nada de eso ha sucedido es admitir que la CEPAL no tenía estrategias realmente efectivas para ese propósito, o si se asume que sus propuestas eran las adecuadas, entonces los gobiernos serían los culpables por no haberlas seguido. Cualquiera de las dos posibilidades tienen muy graves connotaciones.

La admisión del fracaso

Resulta sorprendente que semejante confesión pasara desapercibida. Habría que preguntarse si la secretaria ejecutiva de la CEPAL reconoce eso en público porque ya todos los saben, y como muchos que son responsables de un modo u otro, nadie se ofenderá ni exigirá asumir las responsabilidades por ese fracaso. Es que hay un aire de fatalismo creciente en el continente que se siente en estas y otras situaciones que hacen a las estrategias de desarrollo.

Esto contrasta con el entusiasmo con que se discutía sobre desarrollo en el pasado reciente, tanto por políticos como académicos y militantes. Desde inicios de los años 2000 proliferaron en América Latina todo tipo de ensayos sobre otros modos de organizar el desarrollo, incluyendo cambios en el papel del Estado, la regulación de los mercados y las políticas públicas. Aquel ímpetu estuvo directamente asociado con los gobiernos progresistas, y a medida que éstos languidecieron, las expectativas con sus versiones del desarrollismo también menguaron.

La CEPAL navegó bajo distintas tensiones y ambigüedades frente a los ensayos desarrollistas del siglo XXI. Nunca fue una promotora entusiasta de algunas de sus versiones, coma la bolivariana, pero contribuyó a legitimar los modos más moderados, como el de Brasil bajo Lula da Silva. No abandonó sus propias propuestas, como las que en los años noventa postulaban la “transformación productiva” o la inserción en la globalización comercial. Más allá de los énfasis, la CEPAL se mantuvo fiel al credo del crecimiento económico como motor indispensable del desarrollo, y ponía su esperanza en ciertas regulaciones para educir la pobreza y la desigualdad.

Crecimiento económico y extractivismos

Asegurada la adhesión al crecimiento económico, se hacen concesiones que no lo pongan en riesgo. En ello está el origen de la aceptación de los extractivismos. De ese modo, la CEPAL llegó a apoyar el concubinato de los extractivismos con todo tipo de planes y estrategias de desarrollo, conservador o progresista, enfocándose en que se mejorara la gestión tecnológica (más limpios), se aumentara el dinero recaudado (económicamente más beneficiosos), y que se apaciguara la protesta ciudadana (menos conflictivos). Toleró los extractivismos a pesar que ello iba en contra de la temprana prédica cepalina que cuestionaba un desarrollo basado en exportar materias primas. Lo hizo porque esperaba que permitiera acumular capital que de alguna manera sirviera a cambios estructurales y a reducir la desigualdad. Como consecuencia, la CEPAL nunca fue una voz enérgica en denunciar sus severas consecuencias negativas.

Por ello, es tremendamente llamativo que ahora, en 2020, se reconozca que los extractivismos concentran la riqueza, apenas tienen innovación tecnológica y son parte de ese desarrollo que fracasó. Todo eso es lo que han dicho las organizaciones ciudadanas, unos cuantos políticos y un puñado de académicos, desde hace más de una década, sin ser reconocidos por la CEPAL.

Por el contrario, la comisión contribuyó a un nacionalismo de los recursos naturales, que sobre todo desde el discurso progresista insistía, en las exportaciones de materias primas para asegurar el crecimiento económico, y desde allí desplegar planes sociales. La discusión se centró, por ejemplo, en la recaudación fiscal sobre los extractivismos y no en el tipo de desarrollo que éstos implicaban. No se entendió que ese modo de apropiación de recursos naturales tienen impactos locales de todo tipo, pero que además generan condiciones que impiden una diversificación productiva.

Como ya se adelantó, esta situación es llamativa porque esa adhesión a los extractivismos en cierto modo contradice la prédica inicial de la CEPAL a favor de la industrialización y la autonomía comercial. Recordemos que el mandato fundacional de la comisión, en 1948, y luego bajo Prebisch en la década de 1950 y parte de 1960, se volcó a defender una industrialización, la revisión de los términos de intercambio, e incluso un mercado común continental. No es que estuvieran en contra de grandes emprendimientos mineros o petroleros, sino que consideraban como condición de atraso que éstos sirvieran únicamente al papel de proveedores de materias primas hacia el mercado internacional. Los extractivismos, en cambio, debilitan las opciones para una industrialización y a la vez imponen subordinaciones en el comercio externo, ya que deben aceptarse todas sus reglas si se quieren seguir exportando materias primas.

Cambio de rumbo y vuelco estructural

Con el paso del tiempo, la CEPAL poco a poco se apartó de aquellos propósitos para atender otras prioridades en el desarrollo. Por ejemplo, las propuestas cepalinas de la década de 1990 de una “transformación productiva con equidad” sumó un abanico tan enorme de metas, que varias de ellas terminaron siendo contradictorias entre sí (2). Por ejemplo, su adhesión a la globalización entorpecía su propuesta de industrialización, mientras que la insistencia en el crecimiento económico hacía imposible una sustentabilidad real. El “regionalismo abierto” de la CEPAL acentúo esos problemas (3). Las propuestas cepalinas nunca tuvieron un contenido teórico ni un apoyo político que permitiera atacar los obstáculos a la industrialización o a otra inserción comercial.

Más recientemente parecería que la CEPAL se recuesta más sobre el debate global acerca del desarrollo, como el que ejemplifica la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible o los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin duda, nadie puede estar en contra de perseguir algunas de las metas en esas plataformas, como asegurar el agua potable o el saneamiento, pero esos esquemas no suplantan ni resuelven las especificidades latinoamericanas.

Entonces no puede sorprender que la CEPAL tenga muchas dificultades en lidiar con la coyuntura actual y se sienta más cómoda en el pasado reciente. Se lanzan múltiples estudios sobre asuntos muy actuales, como el impacto de China en el continente, pero a la vez se sigue apuntando al neoliberalismo de las décadas de 1980 y 1990 como explicación de los problemas de hoy. Es así que cuando Bárcena admite que América Latina perdió las opciones de industrializarse, de promover la innovación y de reducir la brecha de desigualdad (otra confesión demoledora), lo explica culpando al neoliberalismo, que a su vez refiere a Milton Friedman y el Consenso de Washington.

Al hacerlo de ese modo, es como si se olvidara que en siglo XXI la región pasó por una fase de fenomenal crecimiento económico y en varios países se desmontaron unas cuantas de aquellas reformas de mercado. En sus explicaciones se desvanece la variedad de regímenes políticos que se sucedieron en el continente, cada uno con su ensayo sobre el desarrollo, desde Néstor Kirchner en Argentina a Juan Manuel Santos en Colombia, o desde Hugo Chávez en Venezuela a la irrupción de la extrema derecha en Brasil. Cualquier análisis del desarrollo actual requiere analizar estas circunstancias latinoamericanas.

Del mismo modo, no está nada claro si realmente se entienden todas las implicancias que tiene confesar el agotamiento del programa extractivista en particular y del desarrollo en general. Es que Bárcena afirma que hace falta una “vuelta estructural del modelo” para revertir ese agotamiento. Ese es otro propósito compartible, pero la duda está en qué entienden por “estructural” y por cambio en la CEPAL. Una reversión en las estructuras que resultan en las exportaciones de materias primas implicaría, por un lado una desvinculación selectiva de la globalización, y por el otro una integración regional dentro de América Latina aunque bajo otras premisas en organizar la industrialización. Es necesaria una postura muy distinta frente a la globalización, a los mercados globales y a su institucionalidad, como los acuerdos de la Organización Mundial de Comercio. La CEPAL nunca avanzó decididamente en ese tipo de cuestionamientos y alternativas, y por ello no está claro cuán estructural es el cambio que pregonan.

Los fantasmas de Prebisch

¿Qué dirían los fantasmas de Prebisch y sus compañeros de aquella CEPAL si escucharan que hoy se reconoce que todas las opciones de desarrollo fracasaron? ¿Qué sentirían al constatar que las materias primas siguen siendo los principales rubros de exportación de América Latina? ¿Cómo reaccionarían al observar la sucesión de planes de industrialización que no llegan a consolidarse?

Estas y otras interrogantes están vigentes porque la mirada de aquel estructuralismo inicial y los debates sobre el desarrollo de cuño prebischiano siempre criticaron la dependencia en exportar materias primas propia de los extractivismos. Una y otra vez intentaban apartarse de esa adicción.

No puede negarse que la situación actual de América Latina es muy distinta a la de 1948, cuando se creó la CEPAL. Por lo tanto es comprensible que las propuestas actuales difieran de las de aquellos años. Del mismo modo, las ideas de Prebisch de aquel tiempo, enfocadas en un “desarrollo hacia adentro”, no pueden ser trasladadas a la actualidad como un todo, aunque muchos de sus aportes siguen vigentes, y varios de los que fueron desechados merecerían ser resucitados. Tampoco puede olvidarse que el mismo Prebisch actualizó sus concepciones sobre el desarrollo, como lo hizo en 1981 en uno de sus últimos libros, “Capitalismo Periférico” (4).

Pero lo que sí se echa de menos son actitudes como las de Prebisch y su equipo en aquella CEPAL, avanzando en análisis críticos y rigurosos, independientes pero a la vez comprometidos con América Latina, y enfocados en buscar alternativas. Decía Prebisch en 1963: “Es todavía muy fuerte en América Latina la propensión a importar ideologías, tan fuerte como la propensión de los centros a exportarlas”, y para ser más claro agregaba: “Ello es residuo manifiesto de los tiempos de crecimiento hacia afuera”. No rechaza el aporte desde otros ámbitos y regiones, pero insistía en que “nada nos exime de la obligación intelectual de analizar nuestros propios fenómenos y encontrar nuestra propia imagen en el empeño de transformar el orden de cosas existente” (3).

Aquella “vieja” CEPAL producía ideas novedosas como respuestas a los problemas más agudos de su tiempo, y muchas de ellas fueron muy incisivas y por ello fueron tan resistidas. Los gobiernos no eran indiferentes, algunos las rechazaban otros intentaban aplicarlas cada uno a su manera. Había una visión, una aspiración y hasta un sueño de una gran narrativa de cambio, el “empeño” en transformar el orden actual, y es ese talante el que se fue desvaneciendo con el paso de los años.

Es esa postura, esa intransigencia en buscar el camino propio, la que más se necesita hoy en día dado que se reconoce que la propia idea de desarrollo está en crisis. No solo ha colapsado la concepción del crecimiento económico perpetuo, sino que eso también ha arrastrado en su caída a la categoría desarrollo. La confesión muestra que la CEPAL de alguna manera lo comprende, y que seguramente también lo entienden muchos dentro de unos cuantos gobiernos latinoamericanos. Es insostenible la tesis simplista de un crecimiento económico que asegura el desarrollo, ya que casi todos los países pasaron recientemente por una fase de expansión pero sin solucionar problemas como formalidad del empleo, equidad o industrialización. Hoy también es evidente que la propia idea de desarrollo está agotada. Se ha probado de todo, y el resultado final ha sido muy magro.

Este reconocimiento sería una oportunidad notable para abordar otro tipo de alternativas que estén ubicadas más allá del desarrollo. Pero como todos son más o menos responsables de este agotamiento, parece ser que siguen operando las barreras que impiden dar ese paso. Tal vez sea necesario rescatar del olvido a los fantasmas de Prebisch para, como él decía, “encontrar nuestro propio camino”

 Notas:

(1) América Latina ha perdido el tren de la política industrial y la innovación, I. Fariza entrevista a A. Bárcena, El País, 7 febrero 2020.

(2) La transformación productiva con equidad. La tarea prioritaria del desarrollo en América Latina y el Caribe en los años noventa. CEPAL, Santiago, 1990.

(3) El regionalismo abierto en América Latina y el Caribe. La integración económica al servicio de la transformación productiva con equidad. CEPAL, Santiago, 1994.

(4) Capitalismo periférico. Crisis y transformación. R. Prebisch. México, Fondo de Cultura Económica, 1981.

(5) Hacia una dinámica del desarrollo latinoamericano. R. Rebisch. México, Fondo de Cultura Económica, 1963 (2da ed., 1971), pág. 20.

Eduardo Gudynas es analista en temas de ambiente y desarrollo en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). La versión completa de este artículo está disponible en EconomiaSur.com Twitter: @EGudynas

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Rojava . “Si no fuera por las mujeres, esta revolución no existiría”

Entrevistamos a Arîn Hêlîn, internacionalista de Castilla que forma parte del movimiento de mujeres del Norte y Este de Siria: “La lucha de las mujeres en Rojava me ha hecho sentir más amor hacia mi propio género y hacia el resto de compañeras, y entender que el patriarcado trata de dividir a las mujeres porque así somos más vulnerables y no podemos defendernos”.

 

Conversamos con Arîn Hêlîn, internacionalista procedente de Castilla, miembro de la academia de Jineolojî de Rojava en el Norte y Este de Siria y participante de la campaña Women Defend Rojava impulsada por Kongra Star, la organización paraguas del movimiento de mujeres en el territorio. Esta campaña trata de impulsar y organizar el papel de las mujeres en la defensa de la Revolución de Rojava alrededor del mundo, con una perspectiva muy clara: no sólo se busca que las mujeres se levanten para defender Rojava, sinó que se levanten contra el patriarcado.


  • • Haciendo un poco de retrospectiva, porque llevas aquí mucho tiempo, ¿qué es lo que te trajo a Rojava?
    Después de estar un tiempo en el Estado español trabajando en apoyo a la revolución de Rojava y a la causa del movimiento de liberación del Kurdistán, y de haber hecho varios viajes a Bakur (el Kurdistán del norte, bajo el Estado turco), decicí venir a Rojava con la intención de ver con mis propios ojos cómo se estaba desarrollando esta revolución, tratar de profundizar en el sentir, en la filosofía del movimiento de liberación y al mismo tiempo conocer a la sociedad y el desarrollo de la revolución desde un lado más práctico.
  • • Entonces ya estabas envuelta en el movimiento de liberación desde antes de venir a Rojava, ¿por qué?
    En 2015 yo estaba bastante agotada de las dinámicas contraproducentes sobre todo del movimiento anitautoritario o anarquista en el Estado español, y de repente se hizo famosa la revolución de Rojava por la guerra contra el Estado Islámico en la ciudad de Kobane. Empecé a investigar un poco más el movimiento de liberación kurdo y empecé a implicarme, a conocer a personas interesadas en el mismo tema y rápidamente me moví a Bakur a conocer a los refugiados de Kobane. Ver la ilusión, la esperanza, la motivación y la resistencia que tenían por recuperar Kobane frente a ISIS, a pesar de la guerra y la dureza de la sitación en la ciudad de Suruç, me dio mucha fuerza para continuar con los trabajos de solidaridad y apoyo al movimiento kurdo cuando volví al Estado español.
  • • ¿Qué has estado haciendo en Rojava?
    Estuve primero en la Comuna Internacionalista, trabajando con la sociedad. Cuando estalló la guerra en Afrîn tuve la suerte de poder estar allí participando en el centro de información para la resistencia, para dar visibilidad a la invasión turca en el cantón. Fue un trabjao muy duro porque fue una guerra muy cruenta y la resistencia fue histórica, pero como mi especialidad son los medios de comunicación, creo que hicimos una gran labor. Cuando se estabilizó la situación, ya que la guerra y la violencia en Afrîn nunca se han detenido, comencé a participar en la Academia de Jineolojî, lo que más tarde se convertiría en el instituto Andrea Wolf. Hicimos educaciones, investigaciones, estuvimos escribiendo un libro sobre el movimiento de las mujeres kurdas, su historia, su filosofía... Más tarde, cuando volvía a haber un cierto riesgo de que hubiera otra ocupación del territorio de Rojava, empecé a participar en el movimiento de mujeres de Kongra Star para levantar la campaña de Women Defend Rojava y así organizar la solidaridad de las mujeres con la revolución de Rojava.
  • • ¿Cómo funciona el movimiento de mujeres, tanto en su base ideológica como en la práctica?
    Lo primero es que creo que el área de la mujer ha sido lo que más se ha desarrollado en todos estos años en la revolucion de Rojava. El movimiento de mujeres e individualmente mujeres de todo tipo son la vanguardia de esta revolución. Esta revolución, si no fuera por las mujeres, no existiria. Y te hablo de casos particulares como del movimiento entero, como puede ser Kongra Star, o las casas de mujeres de Mala Jin, o la academia de Jineolojî. Y te hablo de mujeres de todas la etnias (he conocido mujeres árabes, siríacas, kurdas, yazidíes) que han dado grandísimos pasos para que realmente haya un desarrollo de las mujeres en esta región del mundo.

Respecto a cómo funciona, el movimento tiene una estructura general, donde trabajan hombres y mujeres juntos, y luego tiene una estructura paralela donde sólo participan mujeres. Esto es muy importante, porque una de las cuestiones teóricas dentro de la filosofía de Abdullah Öcalan es que las mujeres necesitan tener espacios propios para poder desarrollarse, para poder acompañarse, para poder empoderarse entre ellas. Esto no quiere decir dejar de lado todo el trabajo que tenga que ver con el resto de géneros, pero sí que hacen falta espacios propios donde las mujeres puedan desarrollar según sus perspectivas, según sus lineas, segun sus necesidades.

Entonces hay de todo: dentro de las comunas debería haber un comité de mujeres donde se reunen para debatir y discutir sus problemas y buscar soluciones conjuntas, existe Kongra Star como organización paraguas del movimiento de mujeres con los diferentes comités que la conforman (el de justicia, el de sociedad, el de economía), donde se promueven crear cooperativas para que las mujeres tengan independencia económica, o donde impulsan una serie de asambleas judiciales donde las mujeres tratan por ejemplo casos concretos de violencia de género... Son estructuras o asambleas donde las mujeres deciden sobre todos estos temas que atañen directamente a la mujer.

Tanto en el territorio de mayoría kurda como en el de mayoría árabe las mujeres, tanto en el área de las mujeres como en el área general, son las que impulsan los trabajos, las que llevan las iniciativas a cabo, las que ponen energía y entusiasmo y las que además están convencidas de que no van a tolerar un retroceso al sistema anterior. Todo lo que han ganado estos años es para ellas completamente un cambio de vida, ya que antes una mujer no podía divorciarse, no tenía la custodia de sus hijos, no tenia derecho a heredar o heredaba la mitad que sus hermanos varones, o no podían salir de su casa a trabajar... Las mujeres no están dispuestas a volver atrás, y esto es lo que hace tan poderoso el sistema de estructura mixta y no mixta que se ha creado en Rojava.

Desde Europa y todo Occidente, tenemos una mirada concreta, cargada de prejucios, sobre la mujer en Oriente Medio. ¿A ti te ha cambiado esa mirada?

Para cualquier europea estar aquí siempre es un relativo choque por cuestiones como el velo, la manera que tienen de expresarse, sus propias concepciones o culturas... Pero después de estar aquí un timepo largo esas cosas se normalizan y ya te da igual si una mujer lleva un velo o no porque lo que tienen dentro de la cabeza resulta que es muchísimo más importante. Yo he conocido mujeres que llevan velo y que tienen una ideología o una filosofía política muchísimo más radical que la mía, o una gran valentía para exponerse y para luchar, como mujeres que después de vivir bajo ISIS han sobrevivido y han decidido montar un movimiento de mujeres en Raqqa. A veces, desde nuestra cómoda postura occidental, ni tan solo les preguntamos a estas mujeres qué es lo que quieren, por qué se ponen un velo o no, qué les supone la religión en su vida... Cuando tratamos de buscar las respuestas sin preguntar a las personas implicadas directamente resulta un poco paradójico.

¿Qué te ha aportado a ti como mujer tu experiencia en Rojava?

Como mujer específicamente lo que más me ha aportado es una nueva visión o sentimiento de respeto y valoración al resto de mujeres. El hecho de trabajar en un movimiento no mixto, convivir 24h con el resto de compañeras, con toda la filosofía del movimiento de liberación de las mujeres kurdas, la filosofía de Abdullah Öcalan y de las mártires que han dado la vida por esta lucha, me ha aportado más amor a mi propio género, me ha hecho sentir más amor, respeto y dar mucho más valor al resto de compañeras, y entender que el patriarcado trata de dividir a las mujeres porque así somos más vulnerables y no podemos defendernos.

Muchos colectivos y militantes empezamos a ver desde la batalla de Kobane un referente en la lucha de las mujeres del Kurdistán. Hemos hablado de las mujeres como vanguardia o de las estructuras autónomas de mujeres, por ejemplo, pero ¿qué otras cosas nos puede aportar el movimiento de liberación de las mujeres al movimiento feminista en el Estado español?

Para mi hay dos cosas muy básicas en que el movimiento de mujeres son un gran ejemplo. La primera es la autoorganización. No es possible llevar una lucha a largo plazo, una lucha que realmente sea radical y que busque cambios reales en la sociedad si no nos autoorganizamos formalmente. Sin esta organización no podremos dar pasos tanto para la liberación de la mujer como para la liberación del resto de géneros oprimidos y de esta manera, a su vez, una liberación total para toda la sociedad.

¿Qué quieres decir con organizarnos «formalmente»?

Va muy combinado con lo segundo que quería decir. Cuando una persona tiene una organización para la que trabaja y al mismo tiempo con la que se compromete y asume una serie de responsabilidades, es possible dar pasos tanto tácticos como estratégicos a medio y largo plazo. Esto es una de las bases para buscar cambios que afecten a la vida de las personas. Uno de los grandes problemas que tenemos en Europa es la informalidad que viene dada por el individualismo, en que hoy estoy aquí con este colectivo, trabajo un tiempo aquí, pero luego por ciertas circunstancias individuales o por problemas que no se saben resolver, los colectivos se parten y se tiene que volver a empezar desde el principio. Se dan por este motivo problemas como los saltos generacionales o no conocer nuestra historia. No se pueden lograr avances o planes a largo plazo porque la mayoría de las personas no quieren tener compromisos a largo plazo: hoy estoy aquí y mañana me marcho a Cuba, o a México o a la Índia, porque mi individualidad me lo permite.

El nivel de compromiso que tienen aquí estas mujeres es el que hace que realmente una revolución, en mejor o peor medida, haya sido y continúe siendo posible ocho años después. Sin ese nivel de compromiso, sin ese nivel de organización, esto no sería posible. Es para mí una de las cosas que en la sociedad occidental tenemos que mirar: qué nivel de compromiso tenemos y a qué nivel de organización podemos llegar.

Otro tema que hablábamos era la unidad de las mujeres, cómo valorarnos más entre nosotras, por ejemplo. Nos encontramos que en nuestro territorio hay una infinidad de corrientes y matices que dividen la lucha en mil colectivos. ¿Cómo construyen aquí la unidad de las mujeres?

En mi opinión se construye la unidad a través del respeto. Un respeto mutuo por las individualidades, por los colectivos y por las diferencias. Claramente una mujer árabe casada de 50 años no es lo mismo que una mujer siríaca de 20, por ejemplo, pero coinciden en ciertas cosas: viven bajo un mismo estado, en un mismo territorio, tienen una serie de objetivos comunes de liberación de género y también de liberación de la tierra en contra de la opresión, pero aún así respetan sus diferencias. En base al respeto a las diferencias y al respeto por la autonomía, porque tanto la mujer siríaca como la árabe como la kurda tienen sus organizaciones, pero se juntan todas ellas por ejemplo en la asamblea de mujeres del Norte y Este de Siria. Y esa asamblea, recogiendo todas las diferencias, recogiendo todas las necesidades, recogiendo todos los proyectos que necesitan los diferentes colectivos que existen, logran desarrollar una política común donde se respeta la autonomía y las diferencias de cada una de ellas.

Creo que esto también tiene mucho que ver con dónde enfocamos los problemas. Cuando tu problema es que un invasor como Turquía va a venir y va a asesinarte, te va a violar o te va a raptar, ciertos otros problemas pueden pasar más desapercibidos, sean problemas de diferencias ideológicas, étnicas, culturales o religiosas. Hay una serie de problemas comunes y esos son vistos como problemas de todas. Y no estoy diciendo que necesitemos ese tipo de problemas para organizarnos colectivamente o coordinadamente dentro de un territorio como el Estado español. Estoy diciendo que cuando seamos capaces de evaluar cuáles son los problemas que todas sufrimos, así como entender y respetar cuáles son los problemas que sufren ciertos colectivos de mujeres o de otros géneros en concreto, en los territorios en los que convivimos, seremos capaces de lograr ciertos acuerdos y objectivos comunes para luchar contra esos problemas. Siempre respetando las diversidades que existen.

Me venía a la cabeza que las diferencias en Rojava son entre grupos étnicos o religiosos, pero en nuestro territorio, aunque también existan grupos de colectivos específicos como por ejemplo Gitanas Feministas, a menudo entre los colectivos autónomos de mujeres se trata más de diferencias ideológicas o de dónde ponemos el foco de la lucha que no porque los perfiles de mujeres sean muy diferentes. ¿Es por la diferencia cultural o por diferencias en la manera como planteamos nuestra militancia y organización?

Creo que hay una gran diferencia histórica. Nosotras no podemos compararnos con las mujeres de Oriente Medio a nivel histórico, a nivel cultural, a nivel religioso o a otros niveles. No tiene sentido tratar de transportar una cosa que existe directamente a otra parte del mundo porque no va a funcionar. Hay ciertas bases que pueden servirnos como modelos, reajustándolos a los lugares de donde provenimos, pero nunca puedes hacer un copia y pega.

Lo que sí que considero que deberíamos preguntarnos si todas esas diferencias lo son o no y de dónde vienen. Yo creo que lo que ocurre particularmente y profundamente en Europa con la mujer es la pérdida total de la historia. Ahora se está recuperando la historia de la mujer con muchos libros, investigaciones... pero necesitamos mirar la historia con un objetivo que vaya más allá de «estos fueron los hechos y hemos llegado hasta aquí», sinó que a partir de estos hechos veamos de qué manera nos ha influenciado para que ahora estemos en este punto. Ver de qué manera nos afecta a nuestra personalidad como mujeres europeas, porque con una revisión de la historia desde el punto de vista de la mujer y analizando mucho más profundamente cuál es la historia común que hemos vivido vamos a ser más capaces de dar pasos a objetivos y necesidades comunes.

Otro de los temas que generan mucha división y debate es el tema del sujeto. Aquí vemos una reivindicación clara del sujeto «mujeres», tanto en el movimiento de mujeres como en la campaña internacional Women Defend Rojava, por ejemplo. ¿Cómo lo podemos analizar desde la perspectiva feminista en el estado?

Esta es una de las grandes preguntas, y es a lo que me refería antes. No podemos traducirlo porque hay unas grandes diferencias, y con esto no quiero decir que en Oriente Medio no existan los transexuales, la homosexualidad, las personas no binarias... Sinó que tal y como conciben aquí los géneros, cuál es su cultura, su tradición y su historia, la reivindicación del sujeto mujer es una cuestion muy importante, igual que creo que lo es para todo el planeta. Porque hay una realidad y es que hay muchas personas en este planeta que se identifican con el sujeto «mujer», que están oprimidas, y que acumulan una serie de características comunes que hacen que tengan una lucha común. Y no es una cuestión de no visibilizar otras identidades de género, que son oprimidas por el mismo sistema que ha oprimido a la mujer, y han de ser respetadas. Lo importante al final es cómo respetando nuestras diferencias podemos generar alianzas para luchar contra un patriarcado que nos tiene a todas violentadas.

Delante de esa violencia, uno de los aspectos centrales de la liberación del Kurdistán, y uno de los más famosos, es la cuestión de la autodefensa. ¿Se entiende de la misma manera que en el Estado español, dónde cada vez más toma más fuerza este concepto?

En general todo el mundo occidental ve a las mujeres kurdas con el kalashnikov en la mano luchando contra el Daesh, y es cierto que la defensa física o militar es una parte muy importante, sobre todo en una región donde la guerra está siempre presente. Pero la autodefensa no se reduce a eso sinó que es un concepto holístico que supone defenderte de todas las amenazas, de todas las violencias que se practican contra nuestros cuerpos, contra nuestras mentes y contra nuestras vidas desde todas las áreas. La autoeducación, por ejemplo, es una de las más importantes áreas de la autodefensa, para poder tomar tus propias decisiones. O también proteger el medioambiente, porque tenemos que defender aquello que nos está permitiendo la vida.

La teoría de la rosa dice que la autodefensa es como una rosa: mantiene su belleza, da alegría al mundo, pero al mismo tiempo tiene espinas con las que defenderse para no ser cortada. Todos los seres vivos tienen mecanismos de autodefensa mientras que los seres humanos la hemos dejado en manos de grupos externos como puede ser la policía, el ejército, un marido, unos padres... Cuando nosotras no somos capces de autodefendernos a nivel individual y colectivo – que quiere decir proteger el lugar donde vivmos, protegernos a nosotras mismas físicamente, nuestra capacidad de pensamiento, de decisión, tener una capacidad económica para sostenernos tanto individual como colectivamente... – estamos perdiendo una de las facultades que son propias de cualquier ser que está vivo. Y esto es lo que resulta absurdo.

Respecto al papel de los hombres en la liberación de la mujer en Rojava, ¿cuál es y cómo se aplica en la práctica?

Las mujeres no necesitan a los hombres para liberarse, las mujeres se liberan a sí mismas, y lo importante es que las mujeres se liberen a sí mismas para poder también liberar a la sociedad. El papel que tienen que jugar los hombres – no en la liberación de las mujeres sinó en su propia liberacion y en la liberación de la sociedad –, es reconstruirse a sí mismos. Si ellos mismos no son capaces de entender que también están oprimidos por este sistema patriarcal, y rechazar los privilegios que este sistema patriarcal les da porque suponen violencias para otras personas, la liberación completa de la sociedad no es posible. Las mujeres y otros géneros podemos apoyar, pero si ellos mismos no quieren va a ser una lucha entre enemigos más que entre compañeros.

A nivel práctico resulta muy complejo, requiere todavía de mucho tiempo. Por ejemplo en Rojava siempre que se dan educaciones se da Jineolojî, dónde se habla de la historia de la mujer, del patriarcado... para que los hombres se hagan preguntas tanto sobre las mujeres como sobre sí mismos que a menudo ni siquiera se habían planteado antes.

Has mencionado varias veces Jineolojî, ¿podrías explicarnos qué es?

Es una propuesta que nace de Abdullah Öcalan y que es desarrollada por el movimiento de las muejres kurdas, pero se trata de una propuesta para todas las mujeres del mundo. Básicamente lo que plantea es una ciencia de la mujer y de la vida, es decir, revisar las ciencias y conocimientos que han sido desarrollados hasta ahora y mirarlos desde el punto de vista de la mujer. Por ejemplo, ver desde qué punto de vista se ha escrito la historia y reinterpretarla y reescribirla como mujeres. Y así con todas las áreas de la vida: la sociología, la etimologia, la epistemología, la economía... Es un proyecto muy amplio que las mujeres del movimiento de liberación del Kurdistán ponen sobre la mesa y es una invitación al resto de mujeres del mundo a que participen de redefinir esos conocimientos de manera que nos lleven a la libertad, a una sociedad que utilice los conocimientos en favor de la sociedad y no en favor del poder.

Para acabar, ¿alguna historia de alguna mujer o alguna experiencia que te haya marcado respecto a la lucha de las mujeres en Rojava?

Vamos a poner dos ejemplos. El primero es de una internacionalista: yo pasé un tiempo relativamente largo con Şehîd Hêlîn Qeraçox, Anna Campbell, y para mí a parte de ser una gran compañera y una gran amiga fue un gran ejemplo de vanguardia de mujer revolucionaria, que creo que es indispensable. La manera que tenía de acercarse a las personas, el interés por conocer, su mente completamente abierta a comprender y a replantearse todos los dogmas, conocimientos o teorías que ella tenía antes, con los que ella había venido en su mochila desde Europa... Sus ganas de combatir, su respeto por la diversidad, su felicidiad, el cuidado que hacía de las compañeras, prestándoles atención... Şehîd Hêlîn es el ejemplo de que no sólamente las mujeres kurdas pueden ser vanguardia sinó que cualquier mujer que este realmente decidida a luchar por la liberación de las mujeres y de toda la Humanidad, da igual si es en su tierra o en otra, es una vanguardia para el movimiento de mujeres en el mundo.

El otro caso es el de una mujer madre de dos hijos şehîd, sus dos hijos mayores. Uno es Agîrî, que cayó en Raqqa, y el otro Saxin; que cayó en Afrîn. Esta mujer está activa en la comuna de su barrio, ayudando a los refugiados que han venido de Serêkaniyê, va a todos los entierros que hay, a todas las manifestaciones... Ella es kurda, su marido es árabe, y puedes ver un poco la nación democrática y el impulso del movimiento de mujeres dentro de la casa. Y sobre todo puedes ver esa energía de la que hablan tanto el movimiento de liberación de las mujeres: tiene una energia muy especial, capaz de sobrellevarlo todo, de sentir empatía, de poner energía, de dar valor a todas las personas que tiene a su alrededor. Ella siempre cuenta que tiene una conexión especial con sus hijos que han caído mártires, y que cuando su primer hijo cayó, ella lo sintió. Sabía antes de que vinieran a darle la noticia que su hijo había caído mártir y que se encontraba en el lugar donde ponen los cuerpos. Decía: «eran las 10 de la mañana y de repente tuve mucho frío. A partir de unas horas vinieron a buscarme y me dijeron que exactamente a esa hora habían puesto a mi hijo en la cámara frigorífica.» Y de alguna manera cuando lo necesita sus hijos vienen a verla. Siempre dice: «vosotras quizás como europeas estas cosas no os las creáis, diréis que estamos un poco locas, pero esto es una realidad para mí.» Las mujeres kurdas, y árabes yo creo, tienen una conexión muy fuerte con sus hijos, con la naturaleza. Esta energía que puede parecer muy mística, muy inexplicable, es una realidad muy fuerte que hace tener una conexión muy diferente con todo el entorno en el que viven y con las personas que quieren. Es una de las cosas que yo nunca jamás voy a olvidar y que me hace pensar dónde ha quedado dentro de nuestra naturaleza como personas esa conexión con las personas a las que amamos, con la naturaleza que nos rodea, dónde ha quedado toda esa energía que ya no somos capaces de sentir de esa manera. Y para mí es una de las cosas más impresionantes y esta mujer es increíble, ¡tienes que conocerla!

publicado

2020-02-13 09:00

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Ataque a fuerzas de EU deja varios soldados muertos en Afganistán

Kabul. Personal militar estadunidense y afgano fue atacado a tiros durante un operativo en la provincia de Nangarhar del este de Afganistán, informaron las fuerzas militares de Estados Unidos el sábado.

Varios elementos estadunidenses murieron o resultaron heridos en el ataque, pero el número exacto u otros detalles no fueron proporcionados, dijo un funcionario de Estados Unidos que aceptó a hablar sobre el incidente sólo a condición de mantener el anonimato.

El coronel Sonny Leggett, un vocero de las fuerzas de Estados Unidos, indicó en un comunicado que personal tanto afgano como estadunidense se encontraba "enfrascado en un tiroteo directo".

“Estamos evaluando la situación", dijo Leggett, sin brindar información sobre posibles muertes ni otros detalles.

El Talibán y un grupo afiliado al Estado Islámico operan en Nangarhar. El incidente ocurre mientras Washington busca poner fin a la guerra de 18 años en Afganistán, la más larga en que se haya enfrascado Estados Unidos

El enviado por la paz de Washington, Zalmay Khalilzad, se ha estado reuniendo con representantes Talibanes en Qatar en semanas recientes con la intención de llegar a un pacto para disminuir las hostilidades y concretar un acuerdo de paz que daría inicio a las negociaciones entre afganos en ambos lados del conflicto.

En su discurso durante el Estado de la Unión el martes, el presidente Donald Trump hizo referencia a negociaciones de paz al señalar que los soldados estadounidenses no deberían fungir como “policías” de otras naciones.

“En Afganistán, la determinación y el valor de nuestros combatientes de guerra nos ha permitido lograr enormes avances, y las negociaciones de paz se encuentran en curso", sostuvo.

Ap | sábado, 08 feb 2020 16:04

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América Latina retrocede al período colonial

Los grandes conflictos en el mundo actual giran en torno a la lucha por la superioridad tecnológica. La guerra comercial entre China y Estados Unidos la ganará quien consiga el liderazgo en inteligencia artificial, definida por algunos analistas como "la electricidad del siglo XXI".

Sin embargo, los países de América Latina profundizan su tradicional rezago en investigación y desarrollo (I+D). Si esta tendencia se mantiene, y todo induce a pensar que no habrá cambios, los países de la región serán el patio trasero de la superpotencia de turno, ahora de EEUU y mañana tal vez de China.

Lo más grave, empero, es que estamos retrocediendo al mismo lugar que ocupamos durante la Colonia: exportadores de materias primas (commodities) e importadores de productos manufacturados. Esta realidad profundizará la dependencia de los países latinoamericanos y los condenará a seguir siendo los más desiguales del mundo.

Los datos de los últimos años avalan esta apreciación.

Brasil, México y Argentina, los tres países que concentran casi el 90% de la investigación latinoamericana, muestran caídas significativas en su inversión, luego de una década de crecimiento entre 2007 y 2016: Brasil del 2%, México del 3% y Argentina del 10%, según el informe El estado de la ciencia publicado por la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología.

La inversión promedio de la región en I+D en 2016 fue del 0,67% del PIB, que equivale apenas al 3,1% del total planetario. "La inversión en América latina cayó por segundo año consecutivo, lo que constituye un cambio de la tendencia que había arrancado en el año 2000", dijo Rodolfo Barrere, uno de los coordinadores del estudio.

El reciente informe sobre patentes en el mundo, elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), señala que la región sigue cayendo ya que la solicitud de patentes en 2018 representó apenas el 1,7% del total mundial, frente al 3,1% que había representado en 2008. América Latina es la única región del mundo donde cayó el número absoluto de patentes registradas: en 2008 fueron 59.550 y en 2018 solo 56.000.

En el mismo lapso, Asia pasó del 50% de las solicitudes de patentes en el mundo, al 67%, lo que muestra la pujanza del continente, el único que mantiene un crecimiento constante. La inversión en I+D entre los países desarrollados (OCDE), gira en torno al 2,5% del PIB; en Asia-Pacífico es el 2,4% y en América Latina apenas el 0,7%, según datos del Banco Mundial.

En 2019 la inversión en I+D cayó de forma estrepitosa en Brasil, el único que superaba el 1% de inversión en el sector. Mientras el presupuesto militar de Brasil creció un 22% respecto al año anterior, el gasto en ciencia y tecnología se despeñó un 12% y el de educación un 16%.

Si observamos la evolución de la lista de las 500 supercomputadoras más veloces del mundo, el resultado es igualmente desalentador. El único país que aparece en la lista es Brasil con tres superordenadores, vinculados a la petrolera Petrobras.

China encabeza la lista con 228 superordenadores, duplicando la cantidad de EEUU (con 117) y a enorme distancia de Japón (con 29). Pero diez años atrás, China ocupaba un modesto quinto puesto (con 21 superordenadores), mientras EEUU ostentaba la supremacía absoluta con 277. América Latina, por el contrario, quedó estancada.

El economista brasileño Marco Antonio Martins sostiene que su país está muy lejos de incorporarse a la Cuarta Revolución Industrial, ya que no tiene la menor capacidad para desarrollar la manufactura 4.0. Para la región es un desastre, ya que Brasil es el único que tiene capacidad de desarrollar tecnologías propias y de arrastrar a sus vecinos.

​Martins divide los países en tres categorías, respecto a I+D: aquellos que disputan la vanguardia tecnológica, como Alemania, EEUU y China; los que intentan encontrar un espacio para cambiar el paradigma tecnológico, como India, y aquellos como Brasil que "están simplemente ignorando la cuestión". Considera que Brasil tendrá más dificultades con las tecnologías digitales que las que tuvo en la era fordista de la producción en cadena.

El primer problema que enfrenta Brasil, según Martins, es la incapacidad del Estado para encarar un proyecto de desarrollo con continuidad y que no sea capturado por intereses particulares. Para eso es necesario crear centros de planificación estatales y que las decisiones macroeconómicas se subordinen a las directrices industrialistas.

El segundo problema es que Brasil aún no consiguió "internalizar el paradigma tecnológico de la microelectrónica", ya que no tiene grandes empresas nacionales con dominio de esas tecnologías clave en lo que fue la Tercera Revolución Industrial. Peor aún, porque el país perdió la empresa mejor capacitada para operar en esa área: la aeronáutica Embraer, entregada a Boeing.

En estas condiciones, Brasil se limitará a ser mero usuario de las nuevas tecnologías, sin la capacidad de crearlas o desarrollarlas de forma independiente. Por eso el economista sostiene que su país "va a sobrevivir eliminando puestos de trabajo" y se limitará a "importar cada vez más equipamientos, insumos y bienes acabados".

En suma, será un país de subocupados, con una industria pequeña generadora de pocos empleos y desligada de las cadenas de tecnologías más sofisticadas.

Desde hace casi un siglo, "la economía nacional no se encontraba en una situación tan colonial", concluye Martins. La participación de la industria en la generación de riqueza es similar a la de 1940, antes del proceso de industrialización generado bajo la segunda presidencia de Getulio Vargas (1951-1954) y la de Juscelino Kutbitsheck (1956-1961).

Si la anterior es la situación de Brasil, la única potencia regional con posibilidades de salir del subdesarrollo, puede imaginarse el futuro del resto de la región, tironeada entre la subordinación a EEUU y la alianza con China: en ambos casos, destinada a ser mera exportadora de materias primas.

21:15 GMT 03.02.2020(actualizada a las 00:24 GMT 04.02.2020) URL corto

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La ocupación israelí en Medio Oriente, la más prolongada en la historia moderna

El plan de Trump más que un regalo para Tel Aviv

 

Beirut. Cuando los dos defraudadores políticos salieron esta semana en la Casa Blanca con la tragicomedia más desquiciada y ridícula en la historia de Medio Oriente, era difícil saber si reír o llorar.

El plan de "paz" de 80 páginas de la Casa Blanca contiene 56 referencia a la Visión en las primeras 60 páginas, y sí, con V mayúscula en cada ocasión para sugerir, supongo, que el "trato del siglo" era una revelación sobrenatural. No lo es, aunque tal vez fue escrita por un súper israelí.

Dice adiós a los refugiados palestinos, al famoso y malhadado "derecho al retorno" y a todos los que hoy languidecen en los campamentos de Medio Oriente; adiós a la vieja ciudad de Jerusalén como capital palestina; adiós a la UNRWA, la agencia de ayuda de Naciones Unidas. En cambio, da la bienvenida a una ocupación permanente israelí en Cisjordania y a la anexión total de casi toda colonia judía construida allí en contravención del derecho internacional.

Es un hecho, por supuesto –y lo ha sido durante días– que esta tontería puede arrojar un poco de polvo mágico sobre las tribulaciones de los líderes de Estados Unidos e Israel. Cuando los dos rufianes, el indiciado Donald Trump y Benjamin Netanyahu, acusado de corrupción, recibían sonrientes el aplauso de sus partidarios en Washington, quedó claro al instante que este mendaz documento –que contiene absurdos, parodia y banalidad en casi igual proporción– destruye para siempre cualquier esperanza de un Estado palestino independiente de cualquier tipo. No es lo que dice, pero uno solo tiene que echar un ojo a la palabrería, en la que la ocupación israelí, la más prolongada en la historia moderna, se describe como un enclave de seguridad y el acuerdo de Oslo es desechado como un pacto que produjo oleadas de terror y violencia.

Cierto, todos deben leer las 80 páginas. Y todo lector debe repasarlas dos veces, en caso de que en la primera lectura pasen por alto algunas indignidades adicionales infligidas a los palestinos.

El documento no sólo es un regalo a Israel. Encarna todas las demandas israelíes presentadas a Washington (y algunas más) y destruye de hecho todo esfuerzo hecho por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, toda resolución de la ONU sobre la retirada israelí, todo esfuerzo de la Unión Europea y del Cuarteto para Medio Oriente de producir una resolución justa a la guerra palestino-israelí.

En pocas palabras, conforme a este "trato" perverso, condenado al fracaso desde los primeros segundos, Israel obtendrá para siempre la totalidad de Jerusalén, la mayor parte de Cisjordania, será dueño de casi toda colonia judía en territorio ocupado y dominará a un pueblo palestino desarmado, trunco y neutralizado, el cual debe prometer referirse a Israel como "el Estado nacional del pueblo judío" (aunque casi 21 por ciento de su población es árabe), censurar sus propios libros de texto, arrestar e interrogar a quien ose oponerse al ocupante israelí, y que tendrá un puñado de aldeas fuera de las murallas de Israel a las que podrá llamar su capital.

Cierto, es un documento único e histórico el que los maquinadores de Trump (en especial su yerno Jared Kushner) han producido, puesto que su creencia de que los palestinos soñarían con aceptar un conjunto tan absurdo y desquiciado de demandas políticas no tiene precedente en el mundo occidental. Pero ¿cuándo debemos los periodistas ponerle un freno, me pregunté al terminar de leer las 56 "Visiones" –hay otras, por cierto, en minúsculas, así como varias "misiones"– y la lista de prohibiciones impuestas a los palestinos?

Entre estas prohibiciones figura, debemos hacer notar, la instrucción de que "el Estado de Palestina no puede afiliarse a ninguna organización internacional si tal afiliación contradice los compromisos del Estado de Palestina con la desmilitarización y el cese de la guerra política y judicial contra el Estado de Israel". Así que adiós también a la protección de la Corte Penal Internacional.

Algunos de mis colegas sufrieron una apoplejía, como Marwan Bishara, de Al Jazeera. Farsa, fraude, demencia, surrealismo, oportunismo, populismo y cinismo. Usó todas esas descripciones. Gideon Levy, mi héroe del diario israelí Haaretz, no se mostró tan apopléjico, más bien apocalíptico. Es "el último clavo en el ataúd de ese cadáver viviente llamado solución de dos estados", escribió, y crea una realidad "en la que el derecho internacional, las resoluciones de la comunidad internacional y en especial las instituciones internacionales carecen de sentido".

No hay Estado palestino, cito a Levy, y jamás lo habrá. Tendrá que ser una democracia entre Jordania y el Mediterráneo –derechos iguales para israelíes y palestinos–, o Israel se volverá un Estado de apartheid. Trump ha creado "un mundo en el que el yerno del presidente de Estados Unidos es más poderoso que la Asamblea General de Naciones Unidas. Si se permiten los asentamientos, todo está permitido". Así es.

Pero ¿los escritores, periodistas y "expertos" tenemos todavía las herramientas para hacer frente a esta locura? ¿No es momento –no solo el fin de la moralidad, la justicia, la integridad, la dignidad– de hacer una pregunta más importante que nunca: cuándo los periodistas dejarán de tomar en serio estas tonterías (y a sí mismos)? Ya sólo escribir de esta vacilada de Trump como si fuera real o viable, o incluso discutible, es degradante, humillante, ridículo. No sólo para la gente de los medios, sino para quienes deben sufrir las consecuencias de este espantoso documento, los palestinos y todos los que han apoyado de buena fe sus perfectamente razonables demandas de libertad y justicia.

Pocas horas después de leerlo me di cuenta de que, para cada musulmán antiisraelí que cree en la fantástica y demencial verborragia de la "conspiración sionista", estas 80 páginas de la Casa Blanca reforzarán sus desquiciadas creencias. En casos como este, tal vez deberíamos invitar a nuestros comediantes a volverse reporteros. O pedir a nuestros cartonistas que escriban la nota. O tal vez deberíamos volver a esa vieja tira cómica. Aunque usted no lo crea, para que se entienda lo que ocurre. "Aunque usted no lo crea: un presidente de Estados Unidos dio a una potencia extranjera el poder de ocupar eternamente la tierra de otro". Para mí, eso captura la historia en 15 palabras.

Pero no olvidemos que, a cambio de su abyecta rendición, los palestinos obtendrán dinero, dinero y más dinero: millones de billetes verdes desglosados en páginas de gráficas y planes de financiamiento, y turismo fast track (esa frase se usa realmente en el documento), así como "inversiones masivas", "mejoramiento social" (sic), autodeterminación (sic de nuevo, creo) y “una vía hacia una vida nacional dignificada, respeto, seguridad y oportunidad económica…”

Y ¿acaso nuestro Boris Johnson no le dijo a Trump que es "un paso positivo hacia delante"? ¿Y nuestro Dominic Raab no la llamó una "propuesta seria", digna de "consideración genuina y justa"?

Aunque usted no lo crea, de hecho.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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Palestina cortó relaciones con Estados Unidos e Israel

La Liga Árabe rechazó el plan de paz de Estados Unidos para Medio Oriente durante una cumbre extraordinaria en Egipto. En ella el presidente palestino, Mahmud Abbas (foto), anunció que cortarán relaciones con los Estados Unidos e Israel. "Hemos informado a Israel y Estados Unidos de que no habrá ninguna relación con ellos, incluido el ámbito de la seguridad", expresó el presidente palestino. El encuentro en El Cairo fue convocado para discutir la iniciativa de paz presentada esta semana por el presidente estadounidense Donald Trump. Abbas sostuvo que nunca aceptaría ese plan. ”No voy a dejar registrado en mi historia que he vendido Jerusalén", dijo el presidente palestino. Agregó que mantiene firme su compromiso de poner fin a la ocupación israelí.

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Evo Morales en entrevista con Brecha en Buenos Aires / Foto: Guido Piotrowski

El expresidente de Bolivia duda de que el nuevo gobierno reconozca un eventual triunfo del Mas en las elecciones de mayo. Insiste en la legitimidad de su intento de reelección y cree que la solución al problema de los liderazgos en la izquierda regional pasa por un cambio de mentalidad en los latinoamericanos. En diálogo con Brecha, arremetió contra quienes cuestionan el modelo extractivo en su país y habló sobre su vínculo con el feminismo.

 

Camisa blanca de manga corta, pantalón negro y zapatos al tono, Evo Morales circula por las oficinas de su búnker porteño en la calle Chile, barrio de San Telmo, pegado a su teléfono celular. Es miércoles de mañana y el cierre de candidaturas en Bolivia apremia, por los plazos: el último día es el 3 de febrero. Desde temprano estuvo reunido con más de 20 representantes de diferentes departamentos de Bolivia. En una sala grande definen los candidatos de modo asambleario, todos en ronda. Tras la puerta cerrada se escuchan las diferentes voces. Morales observa, escucha, opina. Sale de la oficina y ante la expectativa de los cronistas saluda sonriente, camina, entra en otra oficina, habla con un interlocutor en Bolivia. El equipo de Brecha había sido citado para la entrevista con el expresidente a las 8.30. La espera termina a las 12.45, cuando Evo Morales finalmente ingresa al salón y se dispone a sentarse para responder a las preguntas. “Pido disculpas por la demora”, dice.

Un día antes, Luis Arce, el candidato presidencial del Movimiento al Socialismo (Mas) y ex ministro de Economía de Morales, aterrizó en suelo boliviano para iniciar la campaña electoral. Lo esperaba el gobierno de Jeanine Áñez con la amenaza de detenerlo bajo acusaciones de corrupción, el lawfare de moda: por no controlar el uso del Fondo Indígena en diferentes proyectos aprobados para su ejecución. La propia fiscal de la causa se encargó de desmentir la existencia de una orden de detención contra Arce y sólo le tomó declaración, a la espera de que sus abogados accedan al voluminoso expediente de veinte cuerpos que forman la causa. Eso fue motivo de debate en las oficinas de la calle Chile, donde ya manejan cifras de las primeras encuestas: 35 por ciento de intención de voto para Arce y algo más del 15 por ciento para Carlos Mesa. La mandataria Áñez aparece un poco más abajo. El dirigente cívico Fernando Camacho y Jorge “Tuto” Quiroga ni siquiera figuran con guarismos significativos, al menos según los sondeos en manos del equipo de prensa de Morales. “Van a buscar perseguirnos”, dice el expresidente, y los asambleístas asienten.

Cuando Brecha le pregunta por su posible candidatura prefiere esquivar el tema. “Estoy para apoyar a los compañeros”, suelta al pasar. Al atardecer del miércoles se conocerá el comunicado del Mas donde se informa que Evo aceptó inscribirse como candidato a la Asamblea Legislativa Plurinacional. Sin embargo, el documento aclara que la inscripción es sólo para habilitar, legalmente y en los plazos establecidos por el cronograma electoral, una eventual candidatura en caso de que las asambleas decidan elegirlo como representante. “El debate de las candidaturas finales aún se está desarrollando”, aclara el comunicado de prensa.

—Después de 14 años en el poder y tras el golpe de Estado ya consumado, ¿qué enseñanzas saca en limpio y qué autocrítica hace hoy sobre su gestión?

—Primero, siempre con el pueblo, todo para el pueblo. Esa es la lucha histórica de la gente marginada. La lucha viene desde la colonia, pasando por la república. Y para estar con el pueblo nos pareció importante tener en cuenta tres cosas: en lo político, la refundación de Bolivia; en lo económico, la nacionalización; y en lo social, la redistribución de la riqueza. Lo más difícil para mi gestión fue la refundación, dejar el Estado colonial y contar con un Estado plurinacional en Bolivia, donde todos tengan los mismos derechos. Se acabó el Estado impostor, las autoridades aparentes, el Estado fallido, las amenazas de hacer desaparecer Bolivia. A partir del Estado plurinacional [se impulsaron] las mejores oportunidades para los más excluidos, que están dentro del movimiento indígena, y para las mujeres. Y todo incluido en la Constitución. En lo económico, para estar con el pueblo, han sido importantes las nacionalizaciones de los recursos naturales y de las empresas estratégicas.

Acá hay una profunda diferencia con la derecha boliviana y con el sistema capitalista, que consideran la salud y la vivienda como servicios. Para nuestro movimiento son derechos. Los servicios básicos son un negocio privado para el capitalismo. Mientras que para nosotros, en el socialismo comunitario, son derechos humanos. Por lo tanto, nuestra defensa va no sólo por los derechos individuales y personales, sino también por los derechos colectivos y de la comunidad. En la cuestión del comercio, para estar con el pueblo, es importante un programa de solidaridad, complementariedad y competitividad.

—¿Y la autocrítica de su gestión?

—[Duda antes de contestar.] En el tema de autocrítica y debilidades… Cuando tu hermano es presidente, algunos sectores tienen mucha y exagerada ambición. Algunos reclaman incluso cosas indeseables para otros sectores sociales. Entonces no están pensando en Bolivia, sino solamente para su sector o para una legión de ciudadanos. Pero cuando se maneja con transparencia el gobierno, con datos económicos, esos sectores lo entienden, aunque les cuesta aceptarlo. Y quiero decir que en la lucha de clases, ideológica, programática, es necesario discutir y trabajar. Los mismos movimientos sociales nos decían en las reuniones que ellos no venían a discutir y evaluar políticas sino a distribuir proyectos y obras. No querían debate ideológico. Y eso hay que trabajarlo durante el proceso de transformación. La realidad es que hay casi tres millones de bolivianos y bolivianas que subieron de la clase humilde o pobre a la clase media y se olvidaron de donde vienen, prefieren no tener compromisos con la sociedad, y ya traen nuevas expectativas. No toman en cuenta que todavía hay muchas familias en la situación en la que ellos estaban antes.

—Eso es un desafío para todos los gobiernos progresistas de la región. Cómo reaccionar ante las nuevas expectativas generadas tras las mejoras logradas por las gestiones gubernamentales.

—Fue todo un desafío para nuestro gobierno, y falta mucho para saber cómo reaccionar y seguir avanzando. En el caso de la administración, nosotros trabajamos los datos y llegamos a la conclusión de que las exageradas subvenciones estatales son una sangría para la economía nacional. No garantizan el futuro económico del país. Hay que combinar la inversión pública hecha para ampliar el aparato productivo con el aspecto laboral y social. De ahí viene la redistribución de la riqueza que permite terminar con la pobreza.

—Esos sectores que según usted reclaman demasiado al gobernante de turno, ¿son aquellos que en noviembre pedían su renuncia? Me refiero a la Central Obrera Boliviana (Cob) y a algunos sindicatos mineros.

—No diría eso… Creo que el pedido de renuncia que ellos hicieron hacia mí fue por una cuestión de miedo. Yo mismo no podía entender cómo la Cob podía pedir mi renuncia para dar oportunidad a la derecha. Ese fue un error político de la Cob, pero no por las reivindicaciones sectoriales de las que hablé antes. Porque ellos mismos me han propuesto que sea candidato a presidente, defendieron mi candidatura y se movilizaron por ella. Hubo un momento en que los tomó el temor y se lanzaron a pedir mi renuncia. Eso lo van a llevar como un error histórico.

—La postulación de Andrónico Rodríguez y de Orlando Gutiérrez, dirigente de la Cob, ¿marca diferencias entre el Mas, la Cob y los mineros?

—No. Estamos unidos. Nunca antes hubo cuatro candidatos. Estamos todos convencidos de que es importante la unidad, porque quien tiene la responsabilidad de conducir el nuevo proceso cuenta con el apoyo de todos.

EL MODELO EXTRACTIVISTA

—Una de las cuestiones comunes a los gobiernos progresistas o de izquierda de los últimos años es la generación de riqueza a través de una matriz similar a la del neoliberalismo: el extractivismo. ¿Cómo se enfrenta este problema?

—El sistema capitalista, además de destrozar el planeta, quiere que los llamados países subdesarrollados se lo cuidemos para su beneficio. Eso no lo comparto. Por supuesto que tenemos que cuidar el ambiente, y en eso soy un convencido. El ser humano no va a poder vivir sin la madre tierra. Y ella va a existir mejor sin el ser humano. Nosotros le planteamos a la Onu como prioridad los derechos de la madre tierra. Recién hace 70 años que en el mundo se dieron cuenta de que los seres humanos tenemos derechos y aparecieron los derechos humanos, los derechos políticos, sociales y económicos. Y recién en 2007 se declararon los derechos de los pueblos indígenas. Pero lo más importante aquí es que los derechos de la madre tierra no existen. Sin la madre tierra no hay vida, y por lo tanto, no hay humanidad.

Cuando se trata de aprovechar nuestros recursos naturales con una planificación a corto, mediano y largo plazo que respete los derechos de la tierra, aquí eso no se vivencia. Cuando el neoliberalismo explotaba el petróleo en reservas forestales, no había nadie que reclamara, ni las Ong ni las fundaciones. Cuando nosotros llegamos al gobierno y empezamos a hacer exploraciones respetando las zonas de reserva natural, empezaron las protestas financiadas desde Estados Unidos o por multinacionales.

—Hay sectores de la izquierda no financiados por Estados Unidos que reclaman contra el modelo extractivista…

—¿Quiénes son esos sectores en Bolivia? Son los troskos que se convierten en la extrema derecha. Ahora se escucha en Bolivia la frase “Otra izquierda es posible”. Y eso lo plantean los troskos. Durante el golpe [no hicieron] ni una manifestación contra la dictadura, y se dicen de izquierda. No puedo hablar de lo que ocurre en otros países con este tema de la explotación de los recursos naturales. Pero te diré lo que hicimos en Bolivia. Dimos valor agregado a nuestros recursos naturales para no tener dependencia en ciencia y tecnología. Eso fue una prioridad.

¿Cuál es el problema que tenemos no sólo los sudamericanos, sino los latinoamericanos en general? Algunos países plantean la liberación política, social y cultural. Y mi experiencia me dice que hay que acompañarla con liberación económica. La liberación política o ideológica sin liberación económica no tiene mucho futuro. Nosotros con las nacionalizaciones hemos garantizado esta liberación, económica y política. Pero el gran problema latinoamericano es que después tenemos que pasar de la nacionalización a la industrialización, con ciencia y tecnología.

—¿Y eso no se logra con las llamadas tecnologías limpias?

—Eso tenemos que lograrlo, por supuesto, con la defensa de la madre tierra y buscando y discutiendo nuevos caminos. Pero para eso los latinoamericanos necesitamos avanzar en ciencia y tecnología.

EL GOLPE Y LA OEA

—Hablando del golpe: ya en 2015 y 2016, tanto Nicolás Maduro desde Venezuela como “Pepe” Mujica en Uruguay habían desautorizado y criticado el rol del secretario general de la Oea, Luis Almagro. ¿Por qué usted, incluso con el golpe en ciernes, demoró tanto en darse cuenta del papel que ahora le atribuye a Almagro, que va en esa misma dirección?

—Fue un error de parte del gobierno nacional [se refiere a su gobierno]. Almagro tiene doble discurso. Alababa nuestra economía, el proceso de cambio. Entiendo que es un gran agente del imperio estadounidense y opera con planes contra los pueblos, incluso sin respetar los estatutos de fundación de la Oea. Debo reconocer como boliviano y como expresidente que fue un error creer que Luis Almagro podría garantizar un proceso democrático en nuestro país.

Pero pese al informe final de la auditoría electoral hemos ganado en la primera vuelta. El informe observa 226 mesas con irregularidades. Si es así, se piden nuevas elecciones en esas mesas y no en toda Bolivia. Si nosotros tenemos en cuenta las 36 mil mesas del país, 226 son mucho menos del 1 por ciento. Incluso si todos esos votos se hubieran contado para la oposición, igual hubiéramos ganado en primera vuelta. Es un golpe de la Oea.

REELECCIÓN Y REFERÉNDUM

—Muchos de los gobiernos de izquierda o progresistas latinoamericanos no han sabido generar una descendencia política de sus liderazgos. ¿Cómo se soluciona esta carencia?

—[Duda, recorre la mesa con la mirada y juega con el grabador.] Yo no creía mucho en eso… Pero ahora me convencí de que es un tema importante. No sé si se trata de trabajar liderazgos de manera conjunta o cuál es la solución. Nunca creí que fuera tan importante el líder que gestó transformaciones profundas en cada uno de sus países. Hay que repensar esta situación.

De todos modos, sigo pensando que siempre está primero el proyecto político de liberación, el programa del pueblo, y luego vienen los cargos correspondientes. Así debe ser. Pero al parecer será una característica latinoamericana que el pueblo dependa siempre de un líder. Hay que cambiar la mentalidad de los latinoamericanos.

—Se lo pregunto porque usted perdió un plebiscito popular en 2016, cuando quería volver a presentarse como candidato presidencial, y de todos modos decidió insistir con el argumento de que “el pueblo lo pidió”. Y finalmente todo terminó en un golpe de Estado. ¿Cómo se entiende esa argumentación?

—En ese referéndum ganó la mentira.

—Pero usted mismo había admitido que estaba preparado para una eventual derrota…

—Pero, por eso, distintos sectores sociales y políticos reaccionaron y buscaron otra vía constitucional para habilitarme como candidato. Mi candidatura no ha sido ilegal ni anticonstitucional. Se buscó jurisprudencia en América Latina con casos ejemplares en Honduras, Nicaragua, Costa Rica… No ha sido un invento de nosotros, los bolivianos.

LOS DOS FEMINISMOS

—Hace algunos meses el exvicepresidente de Nicaragua durante la revolución sandinista, Sergio Ramírez, declaró que la nueva izquierda debe concentrarse en redistribuir la riqueza, pero no discutir la supremacía del capital. ¿Comparte esa visión sobre el rol de la nueva izquierda?

—La redistribución es importante, pero al margen de eso es importante de manera paulatina cerrar las enormes brechas de desigualdad entre familias. Es la única forma de garantizar el socialismo comunitario, del siglo xxi, como usted quiera llamarle. La salud y la educación tienen que ser derechos básicos entre los derechos humanos. Y además de eso tener una economía sin profundas asimetrías, y para eso es importante la redistribución de la riqueza.

—¿Cómo observa al movimiento feminista que va creciendo en América latina?

—Soy feminista. He peleado desde mis años de lucha sindical hasta la lucha electoral para que las hermanas tengan los mismos derechos. Pero dentro del feminismo hay dos líneas. Para un grupo de feministas el primer enemigo es el varón y para otro grupo somos una familia, todos, respetando los derechos de igualdad y equidad. En Bolivia, hasta 1952 las mujeres estaban totalmente marginadas, igual que el movimiento indígena. No tenían participación. Y tanto en la política electoral como en la sindical, la mujer siempre es más honesta que el varón.

—¿Considera que su gobierno logró mejorar el estado de derechos de la mujer?

—Totalmente. Ahora más mujeres acceden a ser bachilleres [liceo y educación secundaria] y a la universidad, y más mujeres salen profesionales. Hay más esperanza de vida y, sobre todo, hay más mujeres en la Asamblea Legislativa Plurinacional. En el mundo somos el segundo o tercer país en participación legislativa de las mujeres.

—Usted ha tenido algunas frases machistas que la prensa se encargó de recopilar, como aquella en la que dice “después de mis años de gestión me voy con mi cato de coca, mi quinceañera y mi charango”…

—[Se ríe.] Yo soy bromista, me gustan las coplas populares. Y en Carnaval las coplas populares tienen algo de machistas. Pero en mi gestión, como nunca antes, se ha garantizado la equidad de género. Repito, las bromas tienen algo de picante y son machistas, tanto en las coplas como en los versos. Pero todas las bolivianas saben que soy feminista.

ELECCIONES Y PLAN B

—¿Qué datos manejan en las encuestas para las elecciones del 3 de mayo?

—Antes de definir los candidatos ya el Mas iba primero en todas las encuestas.

—¿Usted será candidato?

—Por ahora no tengo candidatura desde aquí.

—¿Qué pasa si el Mas gana las elecciones y el gobierno de Áñez no reconoce su triunfo?

—Eso reclama un plan B. Yo también pienso que eso pasará. Pero falta mucho todavía, habrá veedores internacionales, y el proceso electoral está en pleno desarrollo.

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