Boris Johnson tiene por delante mucho por negociar con la UE.   ________________________________________ Imagen: AFP

El Brexit se concreta este 31 de enero, pero el proceso llevará su tiempo y tendrá sus complejidades

El caballo de batalla de Boris Johnson es un modelo de bajos impuestos, escasa regulación laboral y enormes incentivos a la inversión extranjera. El problema es que choca con el modelo regulatorio europeo. 

 

A más de tres años del referendo, luego de dos elecciones generales, tres primer ministros y tres extensiones de los plazos de negociación, el Reino Unido saldrá de la Unión Europea este viernes 31 de enero a la medianoche hora del continente europeo, 11 británicas, que hasta en el reloj hay divergencias. Aún así la separación no sucederá de un saque. El viernes se consumará el divorcio de un matrimonio de 47 años, pero la pareja seguirá bajo el mismo techo. El Reino Unido continuará tanto en el mercado común europeo como en la unión aduanera y contribuirá al presupuesto del bloque hasta el 31 de diciembre mientras las dos partes intentan negociar un tratado de libre comercio post-Brexit.

El primer ministro Boris Johnson quiere un amplio tratado de libre comercio con el bloque europeo, pero al mismo tiempo, desea que el Reino Unido post-Brexit sea un “Singapur en el Támesis”, frase que no terminó de definir, aunque alude a un modelo de bajos impuestos, escasa regulación laboral y enormes incentivos a la inversión extranjera. La Unión Europea ha sido muy clara. Es imposible cerrar un “amplio tratado de libre comercio” en un año como desea Johnson y, además, el acuerdo se debe basar en el mantenimiento de las regulaciones y estándares europeos para la industria, el comercio, los servicios y las finanzas, algo que se da de cabeza con el “Singapur en el Támesis”.

Página12 dialogó con John Christensen, fundador y director de Tax Justice Network (TJN) la organización que el matutino británico The Guardian describe como “líder mundial de la lucha contra la evasión impositiva y las guaridas fiscales”

-- ¿Cómo definiría este concepto de Singapur en el Támesis?

– Es el caballo de batalla de Boris Johnson. La idea es un país ultra desregulado, con bajos impuestos, un paraíso fiscal en la puerta misma de la Unión Europa. Johnson quiere que el Reino Unido aproveche la ventaja comparativa que le da la geografía respecto a la UE de la misma manera que Singapur aprovecha su proximidad con las economías asiáticas, las más dinámicas del mundo. Con este modelo el Reino Unido, que ya tiene en la City de Londres a uno de los paraísos fiscales del mundo, se convertiría en un imán para oligarcas financieros, multinacionales y todas las formas posibles de lavado de dinero. El problema de este modelo es que para poder implantarlo necesita hacer a un lado toda la regulación europea en lo que concierne al intercambio automático de información, a los impuestos a multinacionales, a la publicación de información de compañías y a los fideicomisos, los Trusts, que son clave en el secreto financiero británico.

-- Como usted dice la City de Londres ya es uno de los grandes centros de secreto financiero y evasión global. ¿Qué impacto puede tener un modelo que va a extremar aún más estos rasgos en el Reino Unido, la Unión Europea y el mundo?

-- Creemos que eso es una amenaza no solo para la Unión Europea sino para el mundo, porque el objetivo es liderar una carrera a la baja en la política impositiva y en la regulación de servicios financieros. El peligro es que así se erosione la regulación en la Unión Europea, Estados Unidos y el resto del mundo precipitando una carrera des-reguladora total. Londres es el segundo centro de wealth managment (gestión patrimonial de grandes fortunas) después de Suiza. Creemos que muy pronto superará a Suiza. Estos centros de “wealth managment” sirven para que los ricos evadan dinero y también para atraer fondos del crimen organizado y la corrupción. Con un "Singapur en el Támesis" se convertirían en la principal fuente de riqueza a expensas del resto de la economía y la sociedad, en especial, del "Welfare State" (Estado de bienestar).

-- ¿Qué impacto específico tendrá sobre la Unión Europea?

-– La Unión Europea se viene moviendo hacia una armonización económica, con mayor regulación y transparencia. Lo que tendrá enfrente es un modelo que compite yendo en la dirección exactamente opuesta. Por eso pensamos que la Unión Europea tiene que adoptar una posición dura en la negociación que se hará después de este 31 de enero. Si el Reino Unido quiere tener acceso completo al mercado europeo financiero y productivo debe seguir el modelo regulatorio de la Unión Europea. Este alineamiento con las regulaciones europeas debe ser dinámico, es decir, que el Reino Unido no solo tiene que mantener el actual alineamiento con el marco regulatorio europeo, sino que tendrá que actualizarlo en caso de que el bloque apruebe nuevas normas como condición para tener pleno acceso al mercado europeo.

-– Hasta ahora Boris Johnson ha rechazado este tipo de alineamiento. ¿Le parece que el primer ministro es capaz de apostar a todo o nada con tal de cumplir este proyecto del Singapur en el Támesis? ¿O cree, por el contrario, que es una táctica para presionar a la Unión Europea?

-–A mi juicio es una postura negociadora dura inicial para obligar a la Unión Europea a flexibilizar su posición. Por su parte, la UE ha sido muy clara de que quieren un acuerdo rápido siempre que el Reino Unido acepte que tiene que estar alineado con la regulación europea para tener acceso a su mercado. Es decir, que haya reglas de juego equitativas (“level playing field”) para la competencia económica. No se ve cómo se pueden compatibilizar estas posiciones. Está claro que Johnson va a estar bajo una intensa presión de su propio partido para no mantener un alineamiento regulatorio con la Unión Europea, de manera que la negociación va a resultar muy complicada. Existe el peligro de que terminemos con un “Hard Brexit”. Al mismo tiempo Johnson sabe que esto va a ser tan perjudicial para el conjunto de la economía que no lo va a hacer. El acuerdo va a tomar mucho más que este año de negociación.

-– Pero Johnson ya aprovechó bien su mayoría absoluta en el parlamento para cambiar la ley. Y la cambió prohibiendo que haya una extensión del período de transición con la UE más allá del 31 de diciembre.

-– Las leyes las aprueba el parlamento. El parlamento puede cambiarlas. Está muy bien eso de ir a una negociación con las manos atadas, pero no creo que la UE le preste atención porque saben que a Johnson no le conviene salir de la Unión Europea sin un acuerdo. Saben también que Johnson quiere un acuerdo, pero en el que no tenga que alinearse con las regulaciones europeas. Por eso las negociaciones van a tomar mucho más tiempo. Cinco años. Quizás 10.

-– Imaginemos el escenario opuesto. Que el Reino Unido por propia voluntad de Johnson, por la presión de su propio partido o los accidentes de una negociación político-diplomático, termina saliendo de la UE sin acuerdo. ¿Qué impacto tendrá para el Reino Unido?

-– El impacto será muy fuerte en el sector industrial, el financiero, el de los servicios porque el Reino Unido no tendrá el mismo acceso al mercado europeo con el que tiene la mitad de sus intercambios comerciales. La UE es el mercado financiero más importante que tiene el Reino Unido. La industria automotriz estará terminada porque su producción está integrada a la europea y los aranceles que deberán pagar con un Hard Brexit harán que este sector sea muy poco competitivo. Las multinacionales japonesas del sector automotriz, por ejemplo, necesitan que el Reino Unido esté dentro de la UE, no afuera. Esa fue la premisa para elegir al Reino Unido como base de operaciones: su pleno acceso al mercado europeo. Es muy posible que sea también el fin del sector agrícola que se verá inundado por la producción mucho más barata de otros países, Estados Unidos por ejemplo.

-– A muchos extranjeros les asombra esta obsesión del Reino Unido con la Unión Europea que terminó en la salida del bloque. Ahora la propuesta de Johnson es la del “Singapur en el Támesis”. Pero esto también parece basarse en una idea distorsionada. En Singapur el 22 por ciento de la producción se debe a empresas estatales, más del doble del promedio internacional y mucho más todavía que lo que tiene el Reino Unido. Entre el 80 y el 85% de la vivienda es del estado. No creo que este sea el Singapur en el Támesis que están persiguiendo los conservadores.

-– Para nada. Singapur es un modelo social demócrata en lo que tiene que ver con la educación, con la vivienda, con la industria. Al mismo tiempo es un centro financiero de lavado de dinero igual que Londres. Esta es la parte que reivindica Johnson. Pero es curioso porque la primera vez que leí de este modelo del Singapur en el Támeses fue en Alemania después de una reunión entre la entonces primer ministra Theresa May y Angela Merkel. Menciono esto porque este modelo se ha discutido en Europa, pero no aquí en el Reino Unido. Los medios prácticamente no lo han cubierto. No he visto nada en la BBC. Algo en el  Financial Times. Pero el ciudadano de a pie no es lector del Financial Times. Estamos avanzando hacia un modelo que nadie conoce.

-– El modelo choca con lo que quiere la Unión Europea. Pero parecería que tampoco las élites, a las que este gobierno representa, quieren pagar el precio de este modelo que muy probablemente sería un Hard Brexit.

 -– El Partido Conservador está repleto de lobistas de los sectores financieros y multinacionales. La retórica será populista de derecha, pero la realidad es otra. La retórica es que hay que ser competitivos. Esa es la palabra clave que usan. Yo hablé con ministros, incluido el de finanzas, Sajid Javid, que dicen que quieren bajar el impuesto corporativo a un 15 y hasta un 10 %. El impuesto corporativo no es solo importante por las multinacionales. La mayoría de los multimillonarios tienen sus activos invertidos en las corporaciones. El impuesto a los ingresos no significa nada para ellos: el corporativo sí. Esto es parte de la estrategia del Singapur en el Támesis. Es la idea de atraer a los multimillonarios y élites para que vengan a Londres a disfrutar una tasa corporativa que puede ser reducida al 15, al 10%, que hasta podría ser abolida en el curso de esta década. Pero el precio será muy alto para el sector financiero y el industrial.

-- ¿Cómo afectaría este “Singapur en el Támesis” al mundo en desarrollo?

-– Va a ser desastroso no solo porque son los más afectados por el lavado de dinero, la evasión y elusión impositivas, sino porque están más expuestos a esta dinámica de la carrera a la baja para reducir impuestos a las corporaciones y desregular el mercado laboral como incentivos para atraer inversiones. Si se reducen mucho los impuestos corporativos acá, si incluso se eliminan, como algunos en el gabinete lo han discutido conmigo, la presión será muy fuerte sobre otros países del mundo desarrollado, pero aún más del mundo en desarrollo. 

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Daniel Urresti, exgeneral y exministro fue el congresista más votado.  Imagen: AFP

Daniel Urresti ganó repitiendo sus mensajes de mano dura contra la delincuencia

Las elecciones legislativas dejaron preocupaciones: un exgeneral procesado por asesinato fue el candidato con más votos; un partido xenófobo y promotor de la pena de muerte quedó como tercera fuerza y una secta evangélica en segundo lugar. 

 

Las elecciones parlamentarias del domingo dejaron varias sorpresas y preocupaciones: un represor procesado por asesinato como el candidato más votado, la aparición como tercera fuerza en el Congreso de un partido radical xenófobo y promotor de la pena de muerte ligado al encarcelado ex militar Antauro Humala, hermano del ex presidente Ollanta, y la irrupción como segundos en la votación nacional de una secta evangélica ultraconservadora. Un escenario complicado para un nuevo Congreso atomizado, en el cual habría diez bancadas para 130 escaños. La primera fuerza parlamentaria, la centro derechista Acción Popular, tendrá solamente 24 legisladores.

El represor convertido en el congresista con mayor respaldo de votos es el exgeneral y exministro del Interior Daniel Urresti. Su oscura historia está ligada a los años del conflicto armado entre el Estado y el grupo maoísta Sendero Luminoso, que dejó 70 mil muertos. Urresti fue enviado en los años 80 como capitán del ejército a Ayacucho, zona andina donde nació Sendero y fue el epicentro del conflicto. Asumió la dirección de inteligencia, puesto clave en las operaciones militares. Eran tiempos en los cuales los secuestros, torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y matanzas de comunidades campesinas, cometidas por militares y senderistas, eran cosa cotidiana en esa región.

En noviembre de 1988, el periodista Hugo Bustíos fue asesinado por los militares. Fue acribillado y luego volado con una granada en un paraje rural de Ayacucho cuando iba en una moto a cubrir el asesinato de dos personas. Los militares, que sabían de su viaje, lo habían estado esperando. Varios testimonios involucran en el crimen a Urresti, que como jefe de inteligencia tenía un importante puesto de mando. Una campesina, que vivía cerca al lugar, lo ha acusado de haberla violado el mismo día del asesinato del periodista y amenazado con matarla si hablaba. El hoy congresista electo niega los cargos y califica a sus acusadores de “delincuentes” y “terroristas”.

Después de largos años de impunidad, Urresti fue procesado, pero en 2018 fue absuelto. Sin embargo, la Corte Suprema anuló el juicio por una serie de irregularidades y el militar deberá ser juzgado nuevamente, pero ahora eso no podrá ocurrir porque estará protegido por la inmunidad parlamentaria.

 Urresti fue ministro del Interior del ex presidente Ollanta Humala (2011-2016), cargo desde el cual empezó a construirse una imagen de luchador contra la inseguridad ciudadana, aspecto clave para su triunfo electoral del domingo. Se formó esa imagen con operativos policiales con más espectacularidad y difusión mediática, que efectividad. En octubre de 2018 postuló a la alcaldía de Lima, con un mensaje de mano dura contra la delincuencia, quedando segundo. Fue derrotado, pero había comenzado a construir una base electoral.

Ahora Urresti ha ganado la elección parlamentaria repitiendo sus mensajes de mano dura contra la delincuencia. Postuló como cabeza de lista por el partido Podemos Perú, agrupación nueva formada por el cuestionado empresario José Luna, que se ha hecho millonario con el negocio de la educación universitaria de baja calidad y que tiene varias acusaciones de corrupción. En sus primeras declaraciones como congresista electo, Urresti ha buscado acercarse al gobierno de Martín Vizcarra, ofreciéndole apoyo. Después de esta victoria electoral, el represor se posiciona como un posible candidato presidencial para las elecciones de abril de 2021.

Otro que aspira a ser candidato en 2021 es Antauro Humala. El partido Unión por el Perú (UPP), que respalda a Antauro, se ha convertido en la tercera fuerza del Congreso con 17 legisladores. Pero Antauro la tiene más complicada porque está en prisión cumpliendo una condena por el asalto a una comisaría que dejó cuatro policías muertos en enero de 2005, en un farsesco intento de derrocar al ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006). Cumple su condena en 2024, por lo que no podrá ser candidato. Pero UPP ha anunciado que utilizará su fuerza en el Parlamento para pedir la excarcelación de Antauro y que se habilite su candidatura.

UPP sorprendió con su votación en las zonas andinas más empobrecidas. Antauro y los de UPP disparan contra el modelo neoliberal y se dicen de izquierda, pero asumen posturas que los ubican en la ultra derecha: tienen un discurso xenófobo -proponen prohibir que se les dé trabajo a los extranjeros-, exigen la pena de muerte y que los militares salgan a las calles para controlar la seguridad. Homofóbico, alguna vez Antauro habló de fusilar a los homosexuales. Este extraño personaje, entre pintoresco y peligroso, es el otro gran ganador, junto al represor Urresti, de las elecciones parlamentarias del domingo.

También está la sorpresa de la secta evangélica Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal, que a través del Frente Popular Agrícola del Perú (Frepap), dejó a todos mudos con su segundo lugar, con 8,9 por ciento. Hasta el domingo nadie los tomaba en serio. Se hace llamar “israelitas” y su mayor presencia está en las zonas rurales, especialmente amazónicas y andinas.

“Los homosexuales tienen el mal enquistado en su corazón y en su sangre, pero van a tener oportunidad de conocer el decálogo universal y mediante eso van a entrar en la moral. Nuestro señor Dios de Israel creó hombre y mujer. Promoveremos en los colegios una educación con moral”, han sido las declaraciones con las que el vocero de los israelitas, Wilmer Cayllahua, probable congresista, debutó luego de su inesperado segundo lugar en las elecciones. 

El fujimorismo, duramente derrotado, ya ha comenzado a moverse para buscar acuerdos con esta secta mesiánica y ultraconservadora.   

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Caetano Veloso, en 2012. Getty Images

Bolsonaro logra revertir su caída de popularidad gracias a la mejora de la economía y el descenso de los asesinatos pese a los indicios de deterioro democrático

El músico Caetano Veloso ha alzado su voz este fin de semana para alertar de que “el fascismo está mostrando sus garras” en Brasil. 51 años después de ser encarcelado por la dictadura militar, el cantante explica en un vídeo en inglés difundido en redes sociales este fin de semana que “el Gobierno brasileño no solo ha emprendido una guerra contra las artes y los creadores, sino contra la Amazonia y los derechos humanos en general”. Los artistas, los indígenas, otras minorías y la prensa se han convertido en el último año en blanco de la furia y el desprecio del presidente Bolsonaro y sus seguidores. Los representantes de 45 grupos indígenas reunidos en una reciente cumbre lo acusaron de haber “puesto en marcha un proyecto político de genocidio, etnocidio y ecocidio”. Sin embargo, la economía mejora, los asesinatos caen y la popularidad de Bolsonaro ha empezado a subir en un cambio de tendencia.

La democracia brasileña, cuya erosión comenzó en el proceso de impeachment a la expresidenta de izquierdas, Dilma Rouseff, en 2016, se deteriora más rápido desde que Bolsonaro, de extrema derecha, ganó las elecciones. Cualquier crítica es considerada casi una traición. Y los indicios alarmantes se suceden. Pero esto no impide que, a lomos de la mejora de la economía y el descenso de los asesinatos, la popularidad del presidente haya dejado de empeorar.

El porcentaje de brasileños que considera que el Gobierno lo está haciendo bien o muy bien ha aumentado cinco puntos, hasta el 34%, desde agosto. Los que lo califican de malo o muy malo han caído ocho puntos, según una encuesta difundida la semana pasada antes de que se conociera que durante el primer año de Bolsonaro en la presidencia se han creado 644.000 empleos formales, la mayor cifra desde 2013, en vísperas de la recesión.

La denuncia de la Fiscalía contra el periodista Glenn Greenwald, contra el criterio de la policía, por supuesta implicación en el pirateo de teléfonos de autoridades que sirvieron de base a las revelaciones sobre el entonces juez Sergio Moro han sido duramente criticadas por diversas asociaciones defensoras de la libertad de prensa y otras libertades de Brasil y el extranjero. El aluvión de críticas a las autoridades judiciales brasileñas ha sido tal que este lunes la Fiscalía General del Estadosse ha desvinculado de la decisión, que el fiscal del caso tomó en ejercicio de su autonomía, según explica la oficina del fiscal general una nota. La ciudad de São Paulo celebra hasta fin de mes un festival que reúne casi medio centenar de obras artísticas censuradas en el año que Bolsonaro lleva en el poder.

Ese es el ambiente sobre el que alerta el músico, que en el corto vídeo confiesa: “Nunca creí que vería semejante retroceso mientras estuviera vivo”. En su mensaje también menciona su lucha contra la dictadura y la censura. Veloso y Gilberto Gil, entonces representantes el movimiento musical Tropicalia, fueron encarcelados durante un mes en 1968 acusados de ofender a la bandera y el himno nacional. Ambos tuvieron que exiliarse al ser excarcelados.

El músico usa el escaso minuto de su declaración para recomendar el documental La democracia en peligro, de su compatriota Petra Costa, nominada a los Oscars. La cinta es una retrospectiva desde la mirada personal de su directora sobre los vertiginosos últimos años, desde el proceso que llevó a la destitución de Rousseff hasta la elección de Bolsonaro.

Por Naiara Galarraga Gortázar

São Paulo 27 ENE 2020 - 13:20 COT

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Este es el primer grupo de 138 integrantes de personal médico enviado a Wuhan para brindar ayuda. El gobierno chino suspenderá los viajes organizados dentro de China y al extranjero para intentar contener la epidemia provocada por el coronavirus.Foto Xinhua

Pekín. La expansión del coronavirus 2019-nCoV, que ha cobrado 56 vidas, con mil 975 casos confirmados, “se está acelerando” y coloca a China en una “situación grave”, reconoció el presidente Xi Jinping, al tiempo que las ciudades desde el centro del país hasta Hong Kong tomaron medidas para detener los contagios entre la población.

“Mientras tengamos una confianza firme, trabajemos juntos y con políticas precisas seremos, con seguridad, capaces de ganar la batalla”, dijo Xi durante una reunión en esta ciudad con dirigentes del Partido Comunista.

En su mensaje, reproducido por la cadena estatal CCTV, el mandatario afirmó: “estamos llevando a cabo medidas de control y prevención de enfermedades, pero ahora mismo nos enfrentamos a una crisis de salud pública extremadamente grave”. Agregó que “la vida es de suma importancia. Cuando se desata una epidemia, se emite una orden. Es nuestra responsabilidad prevenirla y controlarla”.

La ciudad de Wuhan, que está en cuarentena por ser el epicentro del nuevo virus, continuó con la suspensión del transporte público local, foráneo e internacional, que incluye desde trenes hasta aviones, la prohibición de la circulación de casi todos los vehículos por el centro y el cierre todos los puntos de concentración pública masivos.

Los síntomas de la extraña enfermedad son parecidos a los de un resfriado o una gripe, con tos y fiebre y, en los casos más graves, problemas respiratorios. Puede agravarse y derivar en una neumonía, que podría ser letal. Los científicos dicen que tiene un periodo de incubación de 14 días.

El ejército envió a la zona tres aviones con 450 médicos y personal sanitario especializado –algunos de ellos con experiencia en la lucha contra el ébola y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS)– y trabajarán en distintos hospitales, donde están ingresados numerosos pacientes infectados con el virus.

Los hospitales están saturados, ya que la población acude a ellos desesperadamente al presentar alguno de los síntomas. Ante la emergencia, el gobierno construye un nuevo centro médico en la zona para que esté activo en 10 días para recibir, a partir del 3 de febrero, a un millar de pacientes. A este se sumará otro hospital con mil 500 camas, pero estará listo en 15 días, según reportes de prensa locales.

Las autoridades chinas pusieron en marcha entre el jueves y viernes pasados medidas similares sanitarias de aislamiento en 15 ciudades próximas a Wuhan: Ezhou, Huanggang, Chibi, Qianjiang, Zhijiang, Jingmen, Xiantao, Jingzhou, Xiaogan, Huangshi, Xianning y Enshi. Ayer, incluyó Yichang, Suizhou y Jingzhou. En en total suman 50 millones de habitantes, más que las ciudades Nueva York, Londres, París y Moscú juntas.

La Comisión Nacional de Salud elevó, en su reporte más reciente, las cifras que ha dejado la misteriosa afección a nivel nacional: 56 muertos, mil 975 contagios confirmados y 2 mil 684 casos sospechosos. En el informe, indicó que se instalarán puntos de inspección en el país y todos los viajeros que presenten síntomas de neumonía serán “inmediatamente trasladados” a un hospital.

China entró el sábado en el Año de la Rata, pero las festividades fueron mínimas. Muchos lugares turísticos, muy frecuentados en estos días, como la Ciudad Prohibida, la plaza Tiananmen, partes de la Gran Muralla o el parque Disneyland de Shanghái, fueron cerrados para reducir el riesgo de contagio. Las personas se dedicaron a suministrar víveres, cubrebocas y medicamentos, que ya escasean.

En tanto, la líder de Hong Kong, Carrie Lam, declaró una emergencia por virus en el centro financiero asiático, donde se han confirmado cinco casos, lo que supuso la inmediata cancelación de las visitas oficiales a la China continental y de las celebraciones oficiales del Año Nuevo lunar, así como el cierre del parque Disneyland en el enclave.

También se interrumpirán los vuelos de entrada y salida y los viajes en tren de alta velocidad entre Hong Kong y Wuhan, mientras las escuelas, que ahora están de vacaciones por el Año Nuevo lunar, permanecerán cerradas hasta el 17 de febrero. El territorio somete a análisis médicos a 122 personas sospechosas de haber sido contagiadas.

La Comisión Municipal de Salud de Shanghái informó que una paciente con neumonía por el nuevo coronavirus fue curada y que, de acuerdo con las nuevas pruebas de sangre realizadas, la persona ya no porta el virus en su sistema, informó el viernes el diario local Beijing Daily.

La mujer de 56 años, identificada como Chen, vivió en Wuhan mucho tiempo. Desarrolló síntomas como fiebre y fatiga el pasado día 10 y llegó a Shanghái 48 horas después. Fue hasta el pasado día 15 que ingresó a un hospital en dicha ciudad para ser atendida, narra el periódico.

El virus se expande y ya está presente en cuatro continentes: hay cinco casos en Tailandia, tres en Japón, Malasia y Singapur por separado, dos en Corea del Sur y Vietnam, respectivamente, mientras en Taiwan y Nepal un caso cada uno.

Francia confirmó tres personas contagiadas con el virus, la primera vez que aparece la afección en Europa, al tiempo que Estados Unidos reportó su segundo nuevo caso. A estas naciones se sumaron Canadá, con un contagio confirmado, y Australia con cuatro.

EU retira a sus ciudadanos

El gobierno de Estados Unidos anunció que organiza un vuelo para desalojar al personal diplomático y a otros ciudadanos que se encuentran en China, informó el Departamento de Estado. El vuelo directo de Wuhan a San Francisco partirá el martes.

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Diab ingresa al palacio presidencia de Baabda, al este de Beirut.  Imagen: AFP

En medio de una crisis económica y de representatividad

El nuevo primer ministro dijo que "se esforzará por hacer todo lo necesario para cumplir con todas las demandas de los manifestantes". 

 

Líbano ha formado un nuevo gobierno luego de meses de punto muerto provocado por protestas masivas contra la élite gobernante del país y su peor crisis económica en décadas. Hassan Diab, el primer ministro, dijo que su nuevo gabinete "se esforzará por hacer todo lo necesario para cumplir con todas las demandas de los manifestantes" al anunciar su alineación el martes por la noche.

Diab, un ex profesor de ingeniería eléctrica de 61 años, describió a su gobierno como un "equipo de rescate" formado por expertos que ayudarían al país a superar sus dificultades actuales. El nuevo gobierno fue reunido por el grupo libanés Hezbolá y sus aliados, que constituyen el bloque más grande en el parlamento, casi tres meses después de que el ex primer ministro Saad Hariri renunciara ante las protestas nacionales.

Pero solo unas horas después de que se anunció el nuevo gobierno esta semana, los manifestantes estaban de vuelta en las calles fuera del parlamento en la capital Beirut. “Se están burlando de nosotros. Este nuevo gobierno está hecho de un color. Nada ha cambiado y nada cambiará ", dijo Nour, una maestra de Beirut que solo dio su nombre de pila, en una manifestación contra el nuevo gabinete el martes por la noche. “Solo quieren que estemos desesperados y que nos conformemos con este nuevo gobierno, pero no está bien. Estamos pidiendo un nuevo país”, agregó.

Cientos se reunieron para la protesta tras el anuncio de Diab. En la madrugada del miércoles estallaron pequeños enfrentamientos entre manifestantes y policías, que dispararon gases lacrimógenos y granadas de sonido para dispersar a la multitud. Se produjo después de grandes protestas durante el fin de semana que vieron a más de 500 personas heridas en ambos lados. Las protestas a nivel nacional estallaron hace tres meses en respuesta a un nuevo impuesto sobre el servicio de mensajería WhatsApp, una medida destinada a aliviar los problemas financieros del Líbano.

Las protestas se convirtieron en un movimiento más amplio que tenía como objetivo derrocar todo el sistema político del país y los partidos que han mantenido el poder desde el final de la guerra civil de 1975-1990. Una de las demandas clave de los manifestantes fue la formación de un gobierno tecnocrático y no político que pudiera ver al Líbano a través de su crisis actual. Diab afirmó que "cada ministro en este gobierno es un tecnócrata y funciona alejado de los partidos políticos".

Pero los observadores han notado que muchos de los expertos supuestamente independientes tienen vínculos con los partidos políticos, y el hecho de que todos fueron elegidos por un bloque político ha llevado a acusaciones de que es "un gobierno de un solo color". La composición del gabinete fue decidida por el Movimiento Patriótico Cristiano Libre (FPM), liderado por el actual presidente, Michel Aoun, y sus aliados parlamentarios, de los cuales el Hezbolá respaldado por Irán es uno.

El partido del ex primer ministro sunita, Hariri, junto con sus aliados, el Partido Socialista Progresista y las Fuerzas Libanesas, no formará parte del gobierno, una rareza en el Líbano, donde los gobiernos generalmente se forman por consenso entre los diferentes sectas del país.

"Desde que Diab fue nominado como primer ministro, la escritura estaba en la pared", dijo Sami Atallah, director ejecutivo del Centro Libanés de Estudios de Política en Beirut. “El proceso de selección de los candidatos, la forma en que se tomaban las decisiones, indicaron que volvimos a las mismas reglas de compromiso donde los escaños se dividían entre los partidos políticos. La esencia del juego no cambió. Es vino viejo en una botella nueva”.

Atallah agregó que "nada estaba cambiando fundamentalmente" en la forma en que Líbano ha sido gobernado durante décadas. El gabinete de 20 miembros de Diab está compuesto por expertos en su campo. Incluye un récord de seis mujeres, que ocupan los ministerios clave de defensa, justicia y trabajo.

En la primera reunión del gabinete ayer, el presidente de Líbano, Aoun, dijo a los ministros que tenían una misión "delicada" por delante. "Es necesario trabajar para abordar la situación económica, restaurar la confianza de la comunidad internacional en las instituciones libanesas y tranquilizar a los libaneses sobre su futuro", dijo el presidente.

El apoyo financiero de la comunidad internacional se considera crucial para ayudar al país a salir de su crisis económica. El Líbano es uno de los países más endeudados del mundo, con una relación deuda / PIB del 152 por ciento. En el presupuesto de 2016, los pagos de intereses representaron casi la mitad de todo el gasto público.

La crisis económica se profundizó en las últimas semanas a medida que los bancos impusieron controles informales de capital, que a su vez, han impuesto restricciones sobre cuánto dinero pueden retirar los clientes. A medida que el valor de la libra libanesa continúa bajando, muchas personas ven desaparecer sus ahorros. Pero muchos países que tradicionalmente brindaron ayuda financiera al Líbano, especialmente en el Golfo, están cada vez más preocupados por la creciente influencia de Hezbolá en el país.

Diab dijo el martes que su primer viaje al extranjero sería a la región del Golfo. Con un "gobierno de un solo color" que está fuertemente influenciado por el grupo militante chiíta, Líbano puede tener dificultades para asegurar el apoyo allí, y más lejos en Washington, donde la administración de Donald Trump adoptó un enfoque mucho más duro para Hezbolá.

Sin embargo, de manera más inmediata, es poco probable que el nuevo gobierno reprima las protestas que se apoderaron del país durante los últimos tres meses. “Ya vimos la reacción en la calle. Creo que podría ser aún más fuerte ", dijo Atallah. “Se remonta al mismo problema. El problema es mucho más estructural. Es por eso que las protestas ocurrieron en primer lugar: protestan contra todo el sistema de gobierno”.

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12

Traducción: Celita Doyhambéhère

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Sábado, 25 Enero 2020 05:57

Por la vía rápida

Por la vía rápida
Apenas el presidente Vladimir Putin mencionó, en su mensaje ante los miembros del Parlamento ruso, la conveniencia de hacer enmiendas a la Constitución, la Cámara Baja aprobó en lo general la iniciativa de reforma constitucional del Kremlin que modifica 22 artículos y crea las bases para que él procure continuar gobernando después de 2024, cuando concluya su cuarto y último (de acuerdo con la actual Carta Magna) mandato en la presidencia.

Sorprendidos todos, se discute aquí qué era menos esperado para comenzar el año: si las propuestas de Putin para poner de cabeza el sistema político o la celeridad con que quiere llevar a cabo el cambio cardinal. ¿Por qué ahora?, tomando en cuenta que le quedan cuatro años como presidente.

Por ello, la reforma de Putin plantea –salvo su obvio deseo de perpetuarse en el poder– más preguntas que respuestas. Y las prisas escapan a toda lógica: para qué crear un grupo de 75 incondicionales –sólo 11 expertos en derecho– para supuestamente analizar las iniciativas y, antes de que ese conjunto de comparsas diera una sola opinión, mandar el borrador a la Cámara Baja. ¿Qué se puede esperar de una Asamblea Constituyente que no habrá y de un referéndum que no lo será, sino una simple votación popular a saber bajo qué reglas?

La reforma constitucional urgente, sólo se explica con que es insostenible el mito de la popularidad de Putin, mientras crecen los riesgos que el malestar de la población implica para las elecciones legislativas del otoño del año siguiente.

Putin quiere dejar resuelto su futuro –y el de los privilegiados magnates de su entorno– al margen de los resultados que arrojen las urnas. Porque, a diferencia de lo que ofreció para reforzar el Parlamento, sus enmiendas buscan sólo ampliar las facultades del Presidente (para los 4 años que le quedan) y convierten al Consejo de Estado, ahora simple órgano consultivo, en la máxima instancia de poder, si así lo establece la ley aún por promulgar.

En suma, antes de las legislativas de 2021, Putin quiere tener todas las riendas del poder para decidir conforme a los resultados de la votación. Sin embargo, ese intento de resolver por la vía rápida su futuro como gobernante, puede quedarse en papel mojado, ya que la última palabra la tienen no sus operadores políticos, sino los rusos.

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Fernando Mayorga. Sociólogo y doctor en ciencias políticas. Catedrático en la Carrera de Sociología y Director general del Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU) de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

Con el politólogo boliviano Fernando Mayorga.

Sociólogo y doctor en ciencia política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Mayorga dialogó con Brecha sobre la situación boliviana y el escenario político de cara al próximo 3 de mayo, día de las elecciones presidenciales.

—¿Corre riesgo el Estado plurinacional, que acaba de cumplir 14 años?

—Para modificar el Estado plurinacional como entidad constitucional sería necesaria una asamblea constituyente y eso no parece posible hoy. Si bien es cierto que Carlos Mesa prefiere volver a la República y Fernando Camacho se inclina por hablar de un nuevo federalismo, las nuevas autoridades deberán seguir con el Estado plurinacional. Pero si bien no podrán modificar esa denominación, es cierto que hoy el país se encuentra en un retroceso en sus políticas públicas y que ha vuelto a estar en manos de una oligarquía histórica.

—¿Cuál es la situación del Mas para las próximas elecciones? ¿Hay críticas en Bolivia a la fórmula integrada por Luis Arce y David Choquehuanca?

—El Mas, pese a todas las críticas recibidas desde la oposición –que hoy es gobierno a partir del golpe de Estado– sobre la dictadura que habría impuesto Evo Morales, es la fuerza política más democrática del país. La candidatura del binomio Luis Arce-David Choquehuanca es cuestionada aquí por algunas fuerzas y organizaciones sociales del Pacto de Unidad [la alianza de las principales organizaciones sociales que apoyan al Mas],y eso hay que leerlo en dos claves complementarias. Por un lado, porque es parte de la lógica asambleísta y comunal de los bolivianos, y es también parte de los mecanismos históricos del sindicalismo boliviano. Y por otro lado, porque demuestra la expresión democrática en el interior del Mas.

—¿Cómo podría describirse al gobierno actual de Bolivia?

—En este momento el gobierno de Bolivia está en manos de lo que fuera la oposición al Mas, que está fragmentada. La propia presidenta Jeanine Áñez es parte del movimiento Bolivia Dice No, surgido para oponerse a la candidatura de Morales en la elección de octubre. Se trata de un partido que no alcanzó el 5 por ciento de los votos. Quienes hoy gobiernan fueron parte de una oposición que desde el triunfo del Mas en las presidenciales de 2005 no logró articular una fuerza que pudiera enfrentarlo. El único candidato que mantiene su partido y está listo para presentarse legalmente es Carlos Mesa, con Comunidad Ciudadana. Por eso se da la curiosa paradoja de que el liberal Jorge “Tuto” Quiroga será el candidato presidencial del Movimiento Nacionalista Revolucionario, cuando en 2014 fue candidato del Partido Demócrata Cristiano y viene originalmente del partido liderado por el general Hugo Banzer, Acción Democrática Nacionalista, un partido de derechas. Otro que espera presentarse, pero aún no está claro con qué sello lo hará, es el empresario Samuel Doria Medina, derrotado en las elecciones de 2005 y 2009.

—¿Hay garantías para la presentación electoral del Mas en los comicios?

—Hubo un pedido de proscripción que fue desechado por el Tribunal Supremo Electoral. La personería jurídica del Mas está intacta para presentar candidatos en todos los cargos, en todo el país. Es pronto para elaborar hipótesis sobre el curso que puedan tomar los hechos electorales. Todo está en permanente movimiento y cambio. Hay que esperar que las cosas decanten con el correr de los días y ver qué ocurre con las candidaturas. Pero a fines de diciembre, cuando las encuestadoras preguntaban la intención de voto de Andrónico Rodríguez a la cabeza del Mas, su candidatura alcanzaba el 40 por ciento. Luego cuando ya Evo Morales se estableció en Buenos Aires y los debates por los candidatos fueron mayores, algunas encuestadoras preguntaban por el voto al Mas independientemente de cuál fuera el candidato y la intención de voto se mantuvo en ese 40 por ciento.

—Las acusaciones de corrupción parecen ser un elemento común de las nuevas derechas de la región. ¿Qué pasa hoy en Bolivia con la acusación en este sentido contra Luis Arce?

—No sólo Arce es acusado de corrupción, también lo es Carlos Romero, exministro de Gobierno. Andrónico Rodríguez es acusado de “sedición y terrorismo”. Estas dos palabras son las más usadas para acusar a dirigentes sociales, dirigentes del Mas o exfuncionarios del gobierno depuesto. Tanto jueces como fiscales aceptan esas acusaciones para perseguirlos y minar la unidad del Mas o de algunas agrupaciones sociales con miras a las elecciones del 3 de mayo. Habrá que esperar que efecto surten. Por lo pronto el Mas denunció que detrás de algunas de esas acusaciones está la mano de la Usaid, una agencia de Estados Unidos que fue invitada por la presidenta Áñez a supervisar las elecciones del 3 de mayo.

 

Por Fabián Kovacic 

24 enero, 2020

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Sindicatos de trabajadores protestan este viernes en París contra las reformas del Gobierno de Macron. / Reuters

Un 70 % de los franceses está a favor de que el movimiento de protesta continúe. "Lo único que hemos entendido de este proyecto es que vamos a tener que trabajar más", asegura el líder del sindicato CGT, Philippe Martínez.

 

El Gobierno del presidente francés, Emmanuel Macron, aprobó este viernes su reforma de las pensiones con protestas en las calles de los sindicatos opuestos que, aunque no lograron movilizar tanto como al empezar el movimiento hace siete semanas, cuentan con un apoyo mayoritario de la opinión pública.

En esta séptima jornada de manifestaciones nacionales desde el 6 de diciembre, la Confederación General del Trabajo (CGT) que encabeza el movimiento contabilizó 1,3 millones en los desfiles de todo el país y de 350.000 a 400.000 personas solo en el principal en París, entre la plaza de la República y la de la Concordia.

En el transporte público, donde los paros se han mantenido de forma ininterrumpida durante 51 días pero con mucho menor impacto desde hace un par de semanas, se cancelaron el 30 % de los trenes regionales y el 40 % de los cercanías en París.

Además, en el metro de la capital dos de las 14 líneas (las automáticas) funcionaron con normalidad, mientras que el resto estuvieron en servicio pero con menos trenes de los habituales y en algunos casos únicamente durante las horas punta.

En otros sectores, el porcentaje de huelguistas fue del 4,42 % en las diferentes administraciones públicas, frente al 2,51 % el 16 de enero, el último día de manifestaciones, según el Ejecutivo, y del 13 % en el colectivo de los profesores.

Una población insatisfecha que quiere continuar las protestas

Macron, por boca de la portavoz del Ejecutivo, Sibeth Ndiaye, no se privó de lanzar dardos en dirección de los sindicatos que se le oponen al denunciar "los actos de violencia y de radicalidad de ciertos bloqueos" en los últimos días, conforme las huelgas perdían fuelle.

La semana próxima se abre el día 30 una conferencia de financiación en la que sindicatos y patronal buscarán una fórmula para reducir alrededor de 12.000 millones de euros de déficit que se calcula tendrá el sistema actualmente en vigor en 2027 cuando se ponga en marcha el sistema por puntos.

Pero la CGT y las otras centrales que piden la retirada del proyecto, que no es seguro que participen, ya han anunciado para la víspera otra jornada de movilización en las calles, a la que se podrían añadir dos más el 30 y el 31. "Lo único que hemos entendido de este proyecto es que vamos a tener que trabajar más", se quejó el líder de CGT, Philippe Martínez, que sabe que su principal activo, más allá de una capacidad de movilización que va a la baja, es la opinión pública.

Un 70 % de los franceses está a favor de que el movimiento de protesta continúe, según el instituto demoscópico BVA, y un 61 % opina que Macron debería escuchar esa oposición y retirar su proyecto, de acuerdo con otra encuesta de Elabe.

Dos proyectos de ley para antes de verano

El Consejo de Ministros aprobó dos proyectos de ley para la reforma que empezarán a tramitarse en el Parlamento el 3 de febrero (el 17 en el pleno de la Asamblea Nacional) para su aprobación antes del verano.

El punto central de ambos es la convergencia de los 42 regímenes de pensiones actuales en un sistema universal por puntos en el que cada euro cotizado dará los mismos derechos en el momento de la jubilación. Aunque la edad mínima de jubilación seguirá siendo de 62 años, se introduce la noción de "edad de equilibrio" que servirá para garantizar la regla del equilibrio financiero.

En la práctica, los que se jubilen antes de llegar a esa "edad de equilibrio" -que variará en función de la esperanza de vida- tendrán una penalización, y una bonificación los que se mantengan más tiempo en actividad.

PARÍS

24/01/2020 19:08

EFE

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Cinco apuntes sobre el paradójico tiempo político latinoamericano

2020, ¿dónde están los horizontes?

Después del declive del período progresista, 2020 revela la evolución de un convulso y amenazante nuevo tiempo político para América Latina. Pero este tiempo particular es lo menos cercano a un tiempo lineal y predecible. Es en cambio, un tiempo extraño, amorfo, fragmentado, volátil. Y también paradójico, porque al mismo tiempo, de esta extraordinaria crisis que vivimos brotan nuevas subjetividades, solidaridades, pulsiones de vida y emancipación, nuevas formas de hacer política. Proponemos cinco apuntes preliminares que, sin pretensión de completud o prescripción, buscan sumar al crucial debate latinoamericano.

El lustro que se va cerrando en este 2020 revela la evolución de un convulso y amenazante nuevo tiempo político para América Latina, después del declive del período progresista. Tiempo en el que se ven agudizarse las contradicciones sociales, económicas, políticas, geopolíticas, territoriales y ambientales. ¿Quién no fue estremecido, de una u otra forma, por el 2019? No estamos sólo ante una ‘tormenta’; se nos están moviendo las placas tectónicas. Todo, a escala global, se mueve bajo nuestros pies. Y seguirá pasando. Los inicios del 2020, con cosas como los incendios en Australia o las confrontaciones bélicas en Irán, dan muestras de cómo nos la estamos jugando entre puntos de inflexión y eventos límite.

Pero este tiempo particular es lo menos cercano a un tiempo lineal y predecible. Es en cambio, un tiempo extraño, amorfo, fragmentado, volátil. Y también paradójico, porque al mismo tiempo, de esta extraordinaria crisis brotan nuevas subjetividades, nuevas solidaridades, nuevas pulsiones de vida y emancipación, nuevas formas de hacer política. El que ha sido entendido como un tiempo ‘distópico’, es en realidad uno profundamente paradojal.

Aún retumba la pregunta: ¿qué hemos aprendido de la experiencia progresista reciente? Son reflexiones necesarias, vitales. Pero el frenético cambio de época actual nos desborda y en la marcha nos exige también tratar de comprender qué es lo que está ocurriendo ahora; hacia qué escenarios nos estamos insertando; cuáles son las amenazas a las que nos enfrentamos, y con qué potencialidades y posibilidades contamos.

Proponemos algunas reflexiones, que en realidad son parciales, preliminares, experimentales y en cierta forma fragmentadas sobre los actuales tiempos en América Latina. Buscan sumar al debate, sin ninguna pretensión de completud o prescripción. Son cinco apuntes que apenas buscan cartografiarnos, y que se unen a una cadena de voces, pensares y sentires que navegan este bravo río nuestroamericano.

  1. Nuevo tiempo político: inestabilidad y neoliberalismo de tercera generación

Algunos en los últimos meses/años han anunciado lo que sería el surgimiento de un “nuevo ciclo” o “ nueva ola ” progresista (en buena medida motivado por la llegada de AMLO en México y Fernández en Argentina, junto a otras figuras político-partidistas emergentes en otros países); otros en cambio, plantearon la llegada de una ola arrasadora de las derechas, que propinaría una prolongada derrota a los progresismos y restauraría el viejo orden previo a este período. Sin embargo, el nuevo tiempo latinoamericano no parece estacionarse en una matriz ideológica dominante, en una discursividad y simbología hegemónica, o en una correlación de fuerzas consolidada. Lo que parece determinar este tiempo es la alta inestabilidad e hibridación.

Esto de ninguna manera supone decir que nos encontramos ante un nuevo ‘fin de la historia’, un vacío político o una especie de tiempo ‘post-ideológico’, pero sí nos permite pensar en al menos tres aspectos:

  1. a) que la política se ha vuelto mucho más contingente, y que esto está relacionado con diversos factores materiales y simbólicos que están en profunda crisis. El creciente descontento social, la crisis hegemónica y el descrédito de la política en general; los límites histórico-estructurales de las economías dependientes de la región; la profunda crisis de la economía global; la inestabilidad ambiental y climática. Estos y otros factores, precarizan la perdurabilidad política;
  2. b) que, en este sentido, los factores que producen conflictividad se maximizan, potenciando la actual situación; y
  3. c) que el agotamiento, descrédito y la insostenibilidad de los proyectos políticos que han sido dominantes están haciendo prevalecer un pragmatismo, sin mayores distinciones, que desdibuja aún más la diferenciación binaria izquierda/derecha y progresismo/neoliberalismo. Esto le da prevalencia a una política cortoplacista, del acontecimiento, de lo instrumental. A esto se le puede atribuir que hoy, hablemos de tiempos de ‘confusión’.

El tiempo híbrido e inestable que vivimos es por tanto un tiempo de enorme incertidumbre, atomizante, accidentado, de efectos dominó. Pero no por ello se evaporan los formatos políticos dominantes. Mutan, se fusionan, se camuflan. El progresismo no desaparece, más bien re-aparece, con la forma propia del tiempo que vivimos. Mientras Alberto Fernández afirmaba en 2019 que inauguraba la rama del “ liberalismo progresista peronista ”, el Foro de Sao Paulo se descafeína y más que hablar de la revolución, en ese año revindica en su lema cosas como la “Prosperidad” (término más propio de liberales y neoliberales).

Pero similar cosa ocurre con el neoliberalismo. Varias voces han propuesto, a raíz de las protestas contra políticas neoliberales que se han suscitado en varias partes del mundo durante 2019, que estaríamos ante el fin del neoliberalismo . Sin embargo, el hecho que este esté siendo tan contestado –en realidad lo es prácticamente desde que se comenzó a imponer– no implica necesariamente su fin, sino que también revela el terreno que ha ganado previamente, y lo que podría ser su potencial radicalización.

Esto último podría estar configurando un neoliberalismo de tercera generación: si desde los años 80 y 90 (primera generación), se logra imponer la receta ortodoxa del llamado ‘Consenso de Washington’, el cual genera grandes estallidos sociales y caídas de gobiernos; si desde la década de 2000, se abre el camino a lo que hemos llamado un ‘neoliberalismo mutante’ (segunda generación), que en cambio presenta un modo heterodoxo, híbrido, más versátil y flexible de ejecutar sus políticas, combinando, por ejemplo, corporativización, desregulación o financiarización, con formas de intervención estatal, algunos mecanismos de distribución social de excedentes y formas de inclusión cultural; en la actualidad, ante la clara agudización de las tensiones y contradicciones sociales, políticas y geopolíticas de la época, y el alto nivel de contestación que genera este formato capitalista contemporáneo, se configura un cierto agotamiento de los mecanismos de poder de imposición/hegemonía neoliberal, lo que nos coloca ante la potencial conformación de un neoliberalismo extremo que, sin renunciar a sus lógicas privatizantes, mercantilizantes, desregularizadoras y corporativizantes, recurra a mucho mayores niveles e intensidades de violencia organizada y sistemática. En este sentido, queda la interrogante de si la restauración y el mantenimiento de la tasa de ganancia capitalista, la apropiación de recursos estratégicos y el control de mercados neoliberal, se posibilitaría a costa de la instalación de un régimen de guerra permanente.

  1. Regímenes de gubernamentalidad y descontento social: ¿polarización entre el estado de excepción y la revuelta?

El agotamiento de algunos mecanismos tradicionales de intermediación (estados de bienestar y políticas de asistencia social masiva, sistema de partidos e instituciones electorales, marcos jurídicos de derechos civiles), sea por el socavamiento de su legitimidad o por representar un obstáculo ante la necesidad que tiene el capital de un ajuste radical, ha abierto canales importantes a expresiones más extremas para dirimir los asuntos políticos: explosiones sociales, para-política y crimen organizado, migraciones masivas, militarización de la sociedad, estados de guerra y suspensión fáctica de derechos.

Además de pulsiones de libertad y rebeldía, las revueltas y movilizaciones sociales masivas del año 2019 en América Latina son también el síntoma de estas y las varias contradicciones descritas en este artículo, llevadas a un punto de ebullición. Están a flor de piel, a la vuelta de la esquina, pueden surgir en cualquier lugar y en cualquier momento, incluso en los menos pensados (como ocurrió en Chile y Colombia). Son coyunturales, ciertamente, pero llegados a este punto, son también constitutivas de este particular tiempo político.

La contracara de ello se evidencia con el desarrollo de un escenario de “situación extraordinaria” o de “emergencia”, que sirve de pilar a la normalización y permanencia de regímenes de excepción en la región . Desde hace varios años, tanto en gobiernos conservadores como en progresistas (desde el Gobierno de Bolsonaro en Brasil, pasando por el de Lenin Moreno en Ecuador, hasta el de Nicolás Maduro en Venezuela), han comenzado a proliferar normativas de emergencia y nuevas doctrinas de seguridad nacional, donde prevalecen los criterios de eficiencia política en detrimento del estado formal de derechos sociales consagrados; aumento dramático de la militarización de la vida, así como narrativas beligerantes aludiendo al combate al ‘enemigo público’ (o cualquier otra categoría que tipifica ‘amenazas’, como la de ‘terrorista’). Las protestas de 2019 sacaron a relucir de formas más explícitas la centralidad del estado de excepción en este período político, algo que hay que entender en su más amplio sentido: no sólo como un decreto gubernamental particular para una coyuntura determinada, sino un modo de gobernabilidad permanente estructurado fundamentalmente por lógicas de guerra –y valga recordar la ya famosa frase de Sebastián Piñera en octubre de 2019 ante las protestas en Chile, “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”. ¿Puede ser el estado de excepción permanente una marca del neoliberalismo de tercera generación?

Todo estos factores, y sobre todo en la medida en la que se agudicen estas contradicciones, podría configurar una polarización entre el estado de excepción y la revuelta popular. Esto no debe ser entendido como un nuevo binarismo; más bien representa los puntos de fuga extremos (desbordamiento y beligerancia) propios de estos escenarios. Tampoco nos debe remitir a pensar esto como procesos homogéneos. El estado de excepción hoy en América Latina se está desarrollando como un complejo ensamblaje de políticas, articulaciones, territorializaciones, discursos diferenciados y estados afectivos, que varía dependiendo del país y la coyuntura. Del mismo modo, la revuelta hoy se compone de actores bastante heterogéneos, con motivaciones, emocionalidades y métodos muy diferentes que no podemos sólo interpretarlos romántica y abstractamente como la ‘revolución de los pueblos’.

La cuestión es que, sea un plan o una tendencia, el estado de excepción no es una modalidad irresistible, sino que también depende de su propia viabilidad en el tiempo y de la correlación de fuerzas del momento. Y en esto es crucial el rol que han jugado la revuelta y las movilizaciones, en la medida en la que, en primera instancia rechazan directamente en las calles la opresión y el sistema de cosas imperante, y en segunda instancia, ejercen fuerza para revertir la suspensión de la democracia, abriendo camino más bien para posibilitar a esta, para expandirla y potenciarla.

  1. La condición insurrecta del nuevo tiempo: hartazgo, desobediencia y nuevas subjetividades

En medio de las diferentes formas, motivaciones e intensidades de las masivas movilizaciones latinoamericanas de 2019, podemos hallar algunos elementos compartidos a escala regional, que además son respuesta al avance de los procesos de neoliberalización y conservadurismo (propio tanto de gobiernos de derecha como de izquierda) en este nuevo tiempo político.

Un factor compartido en las protestas es una sensación de profundo hartazgo. Hartazgo de las políticas empobrecedoras neoliberales, de una corrupción absolutamente generalizada, de la imposibilidad de construir futuro para los jóvenes, de gobiernos y élites difíciles de reemplazar, de las enormes dificultades para ver materializado un cambio social. Pero es un hartazgo que debe ser entendido no sólo como uno de carácter coyuntural, sino también de más largo alcance. Es difícil poder determinar el peso diferenciado de otros factores más históricos, y mucho más en la vasta diversidad de los sujetos y grupos que se movilizan; sin embargo, es importante valorar aspectos como el efecto de desencanto producto del largo desgaste de la izquierda (proceso que podríamos ubicar a partir de 1989, con la caída del muro de Berlín), lo que incluye a la fallida experiencia del período progresista latinoamericano reciente; o la sensación de colapso y pérdida de horizonte ante la crisis ambiental/climática global (que afecta principalmente a las generaciones recientes). Estos y otros aspectos más, componen este particular espíritu de hartazgo del tiempo político actual, un hartazgo que, por tanto, lo entendemos como cualitativamente diferente a aquellos del pasado.

De estas movilizaciones también se desprenden, emergen y/o evidencian nuevos códigos de lo político y nuevas subjetividades, que en muchos casos no están adscritos ni necesariamente se articulan con las narrativas y organizaciones tradicionales de las izquierdas, pero que igualmente revelan una particular e interesante politicidad de insubordinación, viralidad, contagio social y disposición al cambio (además de otras formas de organizarse, mirar y sentir la política). Estas nuevas subjetividades están presentes en mayor medida entre los grupos de jóvenes (algunos muy jóvenes); desbordan las convocatorias de los grupos de izquierda tradicional (como por ejemplo ocurriera en Colombia o Ecuador con los sindicatos) y se movilizan con dinámicas de ‘auto-convocados’ (recurriendo en buena medida a las redes sociales); y actúan con frecuencia bajo un fuerte espíritu de desobediencia, pudiendo registrarse una pérdida de miedo a la represión (lo que resalta por ejemplo en el caso de Colombia, con su brutal historial represivo; o en el caso de Chile, en donde a medida que el Gobierno arreciaba la violencia de los cuerpos de seguridad, las movilizaciones de vigorizaban más).

Todo este hartazgo generalizado puede ser muy significativo si, más que un sentir coyuntural, es la expresión del espíritu de la época. Lo es porque con la persistencia de su fuerza va agotando, socavando y haciendo caducar los modos de gobernabilidad política dominantes, las formas en las que se ejerce el poder (planteando el potencial escenario de cambio en el estado de cosas); lo es porque parece negado a subordinarse a lo mismo. No obstante, su fuerza positiva es muy heterogénea, en muchos sentidos contingente, y presenta enormes desafíos para conformar un proyecto amplio, articulado y sostenido de lo común. Está atravesada por la fragmentación propia de esta época. Y sobre todo, posee un poderoso componente nihilista, que si bien es desafiante puede también ser atomizante. Esta condición es también una expresión el paradójico tiempo político latinoamericano.

En todo caso, esta enorme diversidad del descontento también ha conseguido elementos aglutinadores en narrativas, prácticas y códigos de movimientos sociales, principalmente desde los diferentes movimientos feministas, que han logrado no sólo posicionar en los debates y políticas la defensa de derechos de las mujeres en la sociedad, y transversalizar la crítica al patriarcado en numerosos temas políticos centrales, sino también lograr, en varios países, masividad en la convocatoria y movilizaciones, convirtiéndose en referente y a la vez en horizonte de muchas de estas perspectivas de cambio que están en juego. Del mismo modo, los diferentes ecologismos latinoamericanos y las luchas de los pueblos indígenas y campesinos también han logrado permear en los imaginarios y narrativas de las demandas sociales, imprimiendo además valores y dimensiones socio-ecológicas clave para pensar la política, y visibilizando las luchas en los territorios y por los bienes comunes, que en variados casos se convierten en banderas y emblemas de las movilizaciones sociales en un país.

La gran pregunta que ha surgido, es si luego del declive del período progresista estamos ante un nuevo ciclo de luchas sociales en América Latina. Así lo parece, y de hecho, también parece estar conectado, en ciertas dimensiones constitutivas, con movilizaciones y revueltas ocurridas en otras partes del mundo como Hong Kong, Francia, Irak, Líbano, Catalunya, entre otras. Si pudiésemos hablar de un levantamiento de carácter mundial, el punto de inicio de este ciclo corto de movilizaciones podríamos ubicarlo en 2011, cuando brotaron protestas en el Sur Global, como las llamadas ‘Primaveras Árabes’, y en el Norte Global, como la de los Indignados, Occupy Wall Street entre otros. Lo que se comparte en el conjunto de estas luchas es la resistencia al efecto neoliberalizador provocado después de la Crisis Económica Mundial 2008-2009; la ampliación y fortalecimiento de una diversidad de luchas identitarias y de mecanismos de organización y acción más descentralizados (una especie de movimiento post-altermundialista), y la disposición a una comunicación viralizada y reticular que propone otra relación espacio-tiempo en las movilizaciones sociales.

  1. El malestar en la globalización tardía: ¿hacia dónde puede converger el descontento social?

El descontento masivo es prácticamente condición propia del régimen neoliberal y la globalización. Es amplio, cada vez más amplio. Pero este descontento no necesariamente garantiza, como lo pensara Marx en el siglo XIX, la inevitable revolución social y el derribo del capitalismo. Así como ocurriera en Italia, el período de enorme crisis económica en Alemania, después de la Gran Depresión de inicios de la década de los 30 del siglo XX, sería capitalizado por el nazismo, con las devastadoras consecuencias que ya conocemos. Así que, una ola de descontento puede también catapultar procesos reaccionarios.

El gran hartazgo social y la profunda crisis económica global desencadenada desde 2008/2009, allana el camino para una abierta disputa por la capitalización y canalización de todo este descontento. A pesar de que los poderes, grupos y rostros tradicionales también se mantienen en competencia, destacamos de manera general y panorámica otros actores que tienen y tendrán trascendencia en esta disputa regional:

  1. a) Iglesias evangélicas y fundamentalismos religiosos : con un notable trabajo de expansión, difusión y captación, las iglesias evangélicas y pentecostales han registrado un extraordinario crecimiento en América Latina (en unos países más que en otros), fundamentalmente entre las clases populares. Bolsonaro se catapulta a la presidencia de Brasil, a partir del apoyo de estas iglesias; la vanguardia del golpe consumado después de la renuncia de Evo Morales en Bolivia en noviembre de 2019, anuncia el regreso de la biblia al Palacio Quemado; y Nicolás Maduro en Venezuela declara en diciembre de ese año, sin pudor, su alianza con el sector evangélico y propone la creación de “ un poderoso Movimiento Cristiano Evangélico por Venezuela ”. La iglesia evangélica refresca al capitalismo individualista con una nueva teología de la prosperidad, mientras promueve una teocratización de la política, es decir, una penetración de lógicas religiosas en las prácticas de poder y organización. El tiempo de auge de diversos fundamentalismos parece evidenciar cómo podrían llenarse los vacíos que ha dejado el debilitamiento de la política secular, y su creciente incapacidad para construir horizontes emancipadores y prometedores.
  2. b) El crimen organizado : ha evolucionado notablemente en los últimos lustros, mejorando y versatilizando notablemente su disposición de armamento, tecnologías, entrenamiento y financiamiento en comparación con las fuerzas de seguridad de los gobiernos; al mismo tiempo, se ha expandido geográficamente, ha transnacionalizado su accionar, ha incrementado sus volúmenes de ingreso y se ha diversificado económicamente, y ha penetrado considerablemente instituciones estatales (en grados diversos dependiendo del país). En este marco, el crimen organizado ha ampliado notablemente su capacidad para ofrecer ingresos a la población en las economías ilícitas, ha conformado en algunos territorios sistemas de protección y asistencia social (lo que se ha dado a llamar ‘ Estados sustitutos ’) y proporciona acceso a los símbolos de status social (dinero, armas, autos, mujeres), sobre todo en la población más joven. Su expansión sobre los tejidos sociales se ha producido tanto en lugares donde el Estado ha dejado más en el abandono a la población, como en los territorios donde ha logrado penetrar más al Estado y a la política en general (principalmente en países de Centroamérica, Brasil, Colombia, México, Venezuela, Perú, Ecuador y Bolivia). Esto último revela no sólo la relevante dimensión política del crimen organizado, sino también su potencial para producir nuevas formas de estatalidad.
  3. c) ‘Nuevas derechas’ y extremas derechas : del seno de la política latinoamericana ha surgido con fuerza un nuevo perfil de extrema derecha, que tiene en Jair Bolsonaro su principal figura. Bolsonaro, que pasó de ser un outsider a ganar rápidamente popularidad y convertirse en Presidente de Brasil, se ha caracterizado por una postura nacionalista conservadora, partidario de un Estado religioso (antisecularista), defensor de las armas y el militarismo, ultra-liberal, anti-comunista y anti-izquierda, anti-feminista y de la diversidad sexual, racista y con posiciones alineadas a los Estados Unidos. El descontento social, los errores de la izquierda, el discurso populista, el uso del miedo y el apoyo de sectores poderosos tanto económicos como religiosos, han posibilitado este vertiginoso y significativo ascenso. En numerosos países de la región, emergen figuras de similar perfil, como el empresario boliviano Luis Fernando Camacho, quien se asumió a la cabeza del movimiento para derrocar a Evo Morales en noviembre de 2019 y que es en la actualidad candidato presidencial para 2020; el ex-candidato presidencial chileno, José Antonio Kasty su movimiento Acción Republicana, quien obtuvo 8% de votos en las elecciones de 2017; u otros grupos y dirigentes que buscan crecer, aunque siguen siendo minoritarios. Cabe destacar también que una parte de las derechas latinoamericanas (que no son sólo sectores partidistas, sino también económicos, comunicacionales, académicos, etc.) se ha vuelto, en general, más flexible y adaptable a los nuevos escenarios políticos y el electorado; planteando nuevas figuras políticas (algunas de ellas jóvenes), otorgando algunas concesiones sociales, culturales y hasta ambientales (sea en el discurso o en políticas puntuales) y relaciones geopolíticas más abiertas. Estas ‘nuevas derechas’, que también se presentan como la alternativa para salir de la ‘amenaza’ del progresismo, buscan traducir y captar, de maneras más moderadas, el descontento social.
  4. d) Las izquierdas : después de la debacle del período progresista, las izquierdas buscan renovación y refrescamiento. Ciertamente, experiencias como la de Colombia Humana, el liderazgo de Gustavo Petro y diversas coaliciones locales y regionales, han logrado sumar voluntades y electores para la toma del poder del Estado en ese país; podríamos también mencionar los esfuerzos del movimiento Nuevo Perú bajo el liderazgo de Verónica Mendoza, o la oficina colectiva ‘Gabinetona’ encabezada por la diputada Áurea Carolina (Cámara Municipal de Belo Horizonte, Brasil), como otras expresiones de ese intento de refrescamiento. Coaliciones como estas y otras similares pueden ser potenciadas, en la medida en la que logren capitalizar el descontento social, traducir las nuevas expectativas o bien que se logren presentar como la ‘salida’ a lo establecido (como pasó con Alberto Fernández, quien logró concentrar parte de los votos del descontento con Macri). Sin embargo, hemos mencionado que profundos cambios también están ocurriendo en las perspectivas sociales y culturales en la región y que las izquierdas están enfrentado un importante proceso de agotamiento que tiene que ser discutido y asumido. El entrampamiento permanente en el reformismo (cuando estas fuerzas llegan a gobernar), que en plazos más largos tiende siempre a socavar y mermar los procesos de cambio impulsados previamente por el descontento popular y la emergencia de nuevos movimientos políticos, ha dejado a lo largo del tiempo profundas decepciones y sensaciones de hartazgo en parte de sus seguidores. Por otro lado, las izquierdas dominantes han sido muy determinadas por un talante desarrollista, verticalista, personalista, autoritario, patriarcal, dogmático y anti-ecológico que se encuentra muy arraigado y que se ha expresado tanto en sus prácticas de organización interna, como en sus relaciones políticas y sus gestiones de gobierno. Estos patrones generan profundos distanciamientos con corrientes político-culturales que promueven miradas y accionares alternativas en, e incluso fuera, de las izquierdas. Como si fuese poco, estas izquierdas dominantes tendieron a criminalizar esta otredad en el seno de estos sectores críticos, ridiculizándola o señalándola como promotores del imperialismo estadounidense, por el hecho de tratar de poner sobre la mesa temas fundamentales que debían ser enfrentados. ¿Qué es la izquierda hoy? ¿Son AMLO y Fernández los referentes de la izquierda hoy en América Latina? ¿Sigue siendo el Gobierno de Maduro un punto de honor para las izquierdas? ¿Están estas logrando comunicar y posicionar un proyecto político emancipador en el grueso de la población? Estas son preguntas ineludibles. Sectores de la sociedad e incluso movimientos sociales ya no ven sentido, pertinencia y pertenencia en el binarismo izquierda/derecha. Otros perciben que la izquierda es sólo una variante del mismo formato de poder dominante. Esto no debe ser interpretado necesariamente como un ‘neutralismo’, ‘centrismo’ o una forma de apoliticidad. En cambio, muestran otros entramados de pensamiento político, otras coordenadas, otras epistemes de la transformación que no deberían ser desmeritadas. Efectivamente, las izquierdas son diversas y también existen disputas entre sus sectores; pueden transformarse y crearse corrientes novedosas, aunque siguen siendo marcadas por los sectores tradicionalmente dominantes (generalmente concentrados en los partidos políticos). Sin embargo, es necesario resaltar que estas se encuentran ante una encrucijada histórica, no sólo ante la posibilidad de condensar el descontento social, sino también de materializar una transformación favorable a los pueblos y la naturaleza. Sin poder resolver mínimamente este dilema, podrían también ser absorbidas en el descrédito y hartazgo generalizado que atraviesa a la política tradicional.
  5. e) Movimientos sociales, organizaciones populares de base y plataformas de articulación : como ya hemos mencionado, diversos movimientos han logrado incidir políticamente en procesos reivindicativos, de ejercicio de derechos, de defensa de territorios y comunidades, y de posicionamiento de temáticas particulares en los debates públicos. Entre estos están la defensa de los derechos de igualdad de género y diversidad sexual, derechos de la naturaleza, negativa a grandes proyectos extractivistas como los mineros e hidroeléctricos, derechos de los pueblos indígenas y consultas populares, entre otros. La insistente movilización, que varía dependiendo de los países, ha logrado instalar y fortalecer conceptos, demandas sociales y políticas que, además de tener un profundo impacto cultural, conforma condiciones y correlaciones de fuerza para pedir más democracia. Más que transformar el descontento en la toma del poder del Estado, estos sectores de la sociedad promueven formas de apropiación de los procesos políticos a escala local y regional, y la consolidación de pilares políticos desde abajo, para la conformación de una base de disputa desde donde afrontar este complejo tiempo latinoamericano. Sin embargo, es también importante resaltar que estos sectores son también atravesados por las paradojas y tensiones propias de este tiempo político. Por ejemplo, la creciente violencia generada desde las estructuras de poder estatal y territorial, así como las condiciones de precariedad socio-económica, merman sus capacidades y potencialidades transformadoras; por otro lado, se generan grandes dificultades para poder trascender, incidir y articular más allá de una política local, sin tener que ser absorbidos por la política tradicional de partidos. Dilemas como estos son significativos al momento de pensar cuáles han sido y/o podrían ser los alcances de la transformación a partir de la política ‘desde abajo’.
  6. Estamos al interior del ‘futuro’: repensarnos lo común en tiempos paradójicos

América Latina está hoy, de nuevo, en el punto de mira mundial, pues ha sido la región dónde han brotado la mayor cantidad de estas movilizaciones recientes a nivel planetario. Estas expresiones populares han representado un gran refrescamiento del clima político regional, aunque parecen insertas en el escenario de lo que podría ser un largo período muy contradictorio y conflictivo.

Las paradojas de estos tiempos que corren, probablemente se desarrollen entre aperturas y clausuras de oportunidades, procesos, posibilidades. Cada ámbito, espacio, escala en disputa es y será vital: derechos laborales, mega-proyectos extractivos detenidos, expansión de economías locales comunitarias, bosques conservados, transiciones hacia energías renovables, tierras recuperadas, políticas climáticas globales, revisión y moratorias del pago de la deuda externa, organización popular para las luchas, y un muy largo etcétera.

Sin embargo, cuando pensamos no sólo en la imperiosa necesidad de un cambio civilizatorio, de trascender el sistema histórico capitalista, sino también en los dramáticos escenarios que podrían cambiar drásticamente las condiciones de vida en el planeta Tierra, se hace necesario reconocer que nos encontramos ante una extraordinaria paradoja temporal reflejada en el central dilema transición/ruptura (transformaciones paulatinas/cambio radical), dilema que parece llegar a un punto de tensión máxima. Por un lado, la transformación de una serie de patrones, infraestructuras, cosmovisiones, sistemas, estructuras de poder, instituciones y tecnologías dominantes requieren de tiempos relativamente prolongados para materializarse; por el otro, la posibilidad de que se desate tanto un colapso sistémico como un planeta socio-ecológicamente hostil, exige un muy rápido viraje en relación a las tendencias actuales. Las izquierdas y la amplia diversidad de movimientos sociales, organizaciones populares y pueblos movilizados trazan diferentes rutas para la transformación (locales, a través del Estado, orientado a lo simbólico, territorializando, etc); sin embargo, todas se debaten, implícita o explícitamente, entre estas diferentes temporalidades. Las opciones y caminos a tomar serán cruciales en el desenlace de los acontecimientos próximos.

Esta época de confusión y desasosiego, nos deja con muchas más preguntas que respuestas, y con una carga muy grande de incertidumbre. Los horizontes se difuminan, su visualización parece bloqueada. ¿Qué es el futuro? ¿Cómo nos imaginamos el curso de la extraordinaria crisis actual? ¿Cómo nos imaginaríamos el colapso del sistema global? ¿Qué pasa si pensamos que ese colapso, antes que una ola gigante arrasando una ciudad (al estilo hollywoodense), antes que la idea religiosa y literaria del “fin del mundo” o el “fin de los tiempos”, es un largo período de crisis en la historia reciente de la humanidad en el que cambian drásticamente las estructuras sociales y las condiciones de vida; pero en el que sigue la vida bajo otras condiciones?

Creemos que estamos ya al interior de esta crisis. Estamos al interior del ‘futuro’, del cambio climático, de los límites del planeta, de la extraordinaria crisis de los patrones energéticos y los metabolismos sociales. Se trata de un proceso continuo, que sigue en desarrollo, aunque lográramos en 10 años disminuir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Es necesario, vital, asumir esta interioridad nuestra en el ‘futuro’, aprender a lidiar con ello, y repensarnos desde ahí. Algo que de ninguna manera implica que transitaremos pasivamente una senda que ya está trazada. Más bien conviene recordar que la muy alta carga de incertidumbre que determina al sistema global, supone también que hay un camino abierto para la creación, para la producción de lo nuevo.

Las inesperadas e inspiradoras movilizaciones en Chile, al igual que las de Colombia, por mencionar dos buenos ejemplos, muestran, por un lado, que las predicciones lineales y deterministas se quedan cortas; el factor sorpresa desborda incluso a los propios actores que están impulsando esos procesos. Por otro lado, reflejan cómo en la propia insubordinación social, cómo desde el propio seno del conflicto, se producen también nuevos marcos de relacionamiento y solidaridad, nuevas subjetividades, cargadas con potentes pulsiones de vida e irreverencia. Incluso en los escenarios más adversos, se evidencia la sustancia y emergen los factores constitutivos de lo común.

El nuevo tiempo político latinoamericano, en el que la fragmentación se vuelve normalidad, en el que se revelan con mucha claridad los límites de los proyectos dominantes de las izquierdas, en el que los grandes referentes se encuentran en crisis, y se avizoran enormes obstáculos, parece señalarnos la vital importancia de re-centrar la política en torno a lo común. Esto es, colocar en el centro, en el punto de partida, una política en consonancia con la reproducción de la vida humana y no humana en el planeta Tierra, con la expansión de redes de solidaridades y resiliencia; de celebración de la otredad, de la diversidad; de la simbiosis y el mutualismo; de la defensa de una cosmovisión complementaria, holística, inmanente y reproductiva; pero también de desafío colectivo al estadocentrismo y a los inviables proyectos políticos dominantes.

No parece que el tiempo turbulento que nos toca transitar pueda ser sorteado con éxito sin privilegiar una política del cuidado. Cuidar del otro (humano y no-humano), de esa otredad, en defensa de la vida.

Antes que en el ‘fin de los tiempos’, estamos ante una particular historia que apenas empieza.

Por Emiliano Teran Mantovani*

Rebelión

*Emiliano Teran Mantovani es sociólogo y miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela

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Los activistas climáticos deben evitar "la enfermedad de Davos"  Jem Bendell

Cuando el presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF) anunció el tema para Davos 2020, explicó que: “La gente se está rebelando contra las ‘élites’ económicas porque creen que les han traicionado…

Por si no te diste cuenta, el profesor Klaus Schwab no recibió bien la noticia. No estaba celebrando el levantamiento de la gente pidiendo un sistema económico diferente frente a las crisis climática y ecológica causadas por la sociedad industrial consumista. En su lugar, estaba alertando a los delegados de Davos de la amenaza al sistema que sustenta sus privilegios. Es importante entender esto, ya que enmarca cualquier respuesta potencial que el WEF y sus delegados puedan dar a los activistas climáticos que participan en la cumbre este año. Puede parecer razonable comprometer a las elites mundiales en la búsqueda de un cambio rápido, pero después de que yo mismo lo he estado intentado durante años, las pruebas que apoyan esta estrategia son escasas. Explicaré por qué, antes de abordar lo que los activistas podrían plantearse en su lugar.

Recuerdo cuando en 2013 el profesor Schwab me recibió en Davos como uno de los “jóvenes líderes mundiales”, diciéndonos que no había nada malo en ser elite. Recuerdo que pensé que depende de cuánta explotación, injusticia y degradación medioambiental nos mantiene en ese lujo y si tenemos la clase de influencia equivocada en el mundo. ¿Por qué alertaría a las elites de la reacción negativa actual? Es en parte una invitación a que intenten abordar los problemas mundiales con más intensidad. A medida que la ciencia y los efectos del cambio climático empeoran cada mes, el profesor Schwab dijo “...nuestros intentos de mantener el calentamiento global a 1,5º C se están quedando peligrosamente cortos”. Dibujó un escenario preocupante como contexto para lanzar un nuevo “Manifiesto de Davos” sobre el papel de las empresas en la sociedad. Échale un vistazo al texto y el manifiesto parece positivo al invitar a los ejecutivos de las empresas a centrarse más en los problemas globales como el cambio climático que en la maximización de beneficios. Sin embargo una lectura más profunda revela que el Foro y su estrategia hacia el desastre climático mundial no es inefectivo ni, lo que es peor, realmente antitransformador porque distrae de lo que se necesita realmente.

En el Manifiesto de Davos no se declara nada sobre cambiar el sistema que nos está llevando a una pesadilla ecológica. No hay nada en el Manifiesto sobre que las empresas no socaven la democracia o el papel del Estado para hacer las intervenciones necesarias en los mercados, para promover la justicia social, mientras reducen la desigualdad y la destrucción medioambiental. Por ello, el Manifiesto de Davos ignora la causa de los problemas a los que supuestamente está respondiendo. La sección final del manifiesto llama a que las corporaciones globales se impliquen de manera más positiva en los asuntos globales. Pero demuestra cómo sus autores no tuvieron en cuenta que creer en la representación política significa que hay un problema con que las empresas globales ejerzan más influencia global.

¿Puede cambiar algo si las elites se dan cuenta de que hace falta cambiar el sistema económico? Algunos lo pueden esperar. Podrían apuntar a cómo Davos está dando la bienvenida este año a algunos representantes de los movimientos de protesta. Los activistas primerizos pueden, por un momento, verse seducidos por la idea de que pueden salvar a la humanidad usando las palabras correctas a la hora del canapé. Sin embargo la WEF siempre ha dado la bienvenida a activistas y contrarios para ayudar a legitimar sus paneles sobre asuntos globales. Esos mismos paneles ofrecen a los jefes corporativos y a los economistas neoliberales otra plataforma más para hacer girar sus limitadas narrativas sobre cualquiera que sea la preocupación pública que acapare las noticias ese año.

Los activistas necesitan aprender de lo que no ha funcionado. Podrían hablar con activistas que durante décadas han intentado que las elites se comprometan. Cuándo fui esa vez a Davos el secretario general de Amnistía, Kumi Naidoo, me dijo que los activistas necesitan entender que el acceso no implica influencia. Los activistas también podrían mirar a los precedentes de si aquellos en el poder normalmente cambian o no cambian los sistemas que sustentan sus privilegios. En particular, los activistas climáticos necesitan aprender sobre economía y poder con la rapidez suficiente para encontrar caminos para el cambio que tienen más trayectoria que pedir a los jefes de grandes organizaciones que cambien lo que no tienen poder para cambiar. No tenemos tiempo para que los activistas climáticos cojan la “enfermedad de Davos” y piensen que pueden cambiar el mundo pidiéndoselo a las élites actuales.

Una vez dentro de los pasillos del poder, los activistas pueden escuchar lo que yo escuché a menudo en los eventos de Davos. “Oh, a los críticos les gusta quejarse, pero no tienen soluciones que ofrecer”. Esa es una mentira conveniente, mientras los delegados intentan asegurarse los unos a los otros que son personas decentes y capaces, a medida que el mundo en el que tuvieron éxito comienza a desmoronarse a su alrededor. Había muchas más soluciones políticas para los problemas mundiales de pobreza, desigualdad y conservación cuanto teníamos un clima estable. Mira cualquier manifiesto del Partido Verde de finales de los 80 y con esas políticas quizá no hubiésemos llegado ahora a esta crisis. En su lugar, organizaciones como el WEF y sus miembros apostaron por un Estado menos influyente, extendiendo los mercados y facilitando el capitalismo financiero global, con el mantra de que el crecimiento económico nos salvaría de todos los problemas. Recuerdo un evento de Davos en el que se nos dieron unas pequeñas tarjetas que nos preguntaban que reflexionásemos seriamente sobre una cosa que podríamos hacer “para contribuir al crecimiento económico”. Ahora que ha pasado el tiempo me puedo reír de esto, pero en ese momento la tarjeta me apuñaló el alma.

¿Cuáles son las soluciones ahora, a medida que el clima cambiante amenaza con desestabilizar nuestras sociedades? Es claramente más difícil después de décadas perdidas con la ideología neoliberal. Todavía necesitamos una transformación económica, pero no para detener el desastre, simplemente para ayudar a reducir los daños y comprar algo de tiempo extra para la humanidad. Expliqué en un blog de Extinction Rebellion (XR) algunas de las ideas sobre políticas para esa transformación. La clase de cambios para conseguir rápidamente unas emisiones de carbono cero son tan drásticos que tienen que venir acompañados de fuertes políticas de redistribución de riqueza si no queremos que deriven en revueltas generalizadas.

Sin embargo también necesitamos admitir que la amenaza de perturbaciones a las que ahora se enfrenta la humanidad no tiene precedentes. Se necesita un paradigma de debate político completamente nuevo, al que llamo Adaptación Profunda. ¿Podrían las elites en el poder unirse a ese proceso sin traer sus ideologías obsoletas de crecimiento, progreso, emprendimiento heroico y supremacía tecnológica? Después de haber debatido con ellos en cumbres durante las décadas pasadas lo dudo seriamente. Como escribí a los ejecutivos que expresaban su apoyo a XR, les dije que el mejor manifiesto de los lideres económicos debería comenzar con “hemos fracasado, estamos equivocados”.

Así que ¿por qué molestarse en hablar sobre Davos?

Creo que los debates en Davos ofrecen una prueba de fuego para ver qué harán las elites en el poder cuando despierten a la escala del desastre al que se enfrenta la humanidad. Los resultados iniciales sugieren que seguirán reinventando los mismos mensajes autoapaciguadores sobre cómo usar su poder con más empatía. Quizá mientras construyen un bunker en secreto, con la vana esperanza de que sus guardas de seguridad acudirán a trabajar si la sociedad comienza a desmoronarse.

Cualesquiera que sean las iniciativas verdes del WEF, nuestro creciente caos climático prueba que el modelo corporativo de dirigir el mundo ha fracasado. El único manifiesto que necesitamos de Davos es sacar el dinero de sus miembros de la política y de los medios y dejar que la gente ordinaria decida cómo responder a la crisis global que han presidido las elites actuales.

Si algún activista está leyendo esto ahora desde Davos le recomiendo que olvide cualquier esperanza de ver alguna medida significativa de los delegados actuando como una “clase” de personas que trabajan juntos para responder a tus preocupaciones. No sucumbas a esa “enfermedad de Davos”. En su lugar, busca desobedientes potenciales que podrían ayudarte a hacer lo que ya has decidido que es importante. Así que dirígete directamente a los billonarios y pídeles una donación totalmente desinteresada para tu activismo de base. Si ellos piden influenciar de alguna manera lo que estás haciendo, diles que vayan a masajear su ego con otros. Luego, después de eso, encuentra algún líder de alguna organización benéfica importante, de un sindicato o un líder espiritual que aparezca en Davos y debate sobre los pasos a seguir para una huelga general global que demande que todas las empresas coloquen la mitigación y la adaptación climática antes que el crecimiento de sus negocios y de la maximización de beneficios.

jembendell.com

Traducido por Eva Calleja

Publicado enMedio Ambiente