Viernes, 13 Marzo 2020 05:56

Epidemia de neoliberalismo

Epidemia de neoliberalismo

Hace siglos pudimos aprender la importancia de los entornos sociales y naturales donde los virus se arraigan y multiplican, porque convivimos con ellos y no siempre nos amenazan. La peste negra debió enseñarnos que virus prexistentes se multiplican y dispersan cuando se crean las condiciones apropiadas. En nuestro caso, esas condiciones las creó el neoliberalismo.

En Plagas y pueblos, William McNeill destaca algunas cuestiones de actualidad, cuando analiza la peste negra que barrió Europa desde 1347. Los cristianos, a diferencia de los paganos, cuidaban a los enfermos, "se ayudaban entre sí en épocas de pestilencia" y de ese modo contenían los efectos de la peste (Siglo XXI, p. 122). La "saturación de seres humanos", sobrepoblación, fue clave en la expansión de la peste (p. 163).

La pobreza, una dieta poco variada y la no observación de las "supersticiones", costumbres locales de los pueblos, por la llegada de nuevos habitantes, convirtieron las pestes en desastres (p. 155).

Braudel agrega que la peste, o "hidra de mil cabezas", constituye una constante, una estructura de la vida de los hombres ( Las estructuras de lo cotidiano, p. 54). Sin embargo, qué poco hemos aprendido.

La peste negra destruyó la sociedad feudal, por la aguda escasez de mano de obra a raíz de la muerte, en pocos años, de la mitad de la población europea y, también, por la pérdida de credibilidad de las instituciones. Este es el temor que ahora lleva a los estados a encerrar a millones.

La epidemia de coronavirus en curso, tiene algunas particularidades. Me voy a centrar en las sociales, porque ignoro cuestiones científicas elementales.

La epidemia actual no tendría el impacto que tiene, si no fuera por tres largas décadas de neoliberalismo, que ha causado daños ambientales, sanitarios y sociales probablemente irreparables.

Naciones Unidas por medio del Pnuma, reconoce que la epidemia "es reflejo de la degradación ambiental" (https://bit.ly/2TS42fL). El reporte señala que "las dolencias transmitidas de animales a seres humanos están creciendo y empeoran a medida que los hábitats salvajes son destruidos por la actividad humana", porque "los patógenos se difunden más rápido hacia rebaños y seres humanos".

Para prevenir y acotar las zoonosis, es necesario atajar "las múltiples amenazas a los ecosistemas y la vida salvaje, entre ellas, la reducción y fragmentación de hábitats, el comercio ilegal, la contaminación y proliferación de especies invasoras y, cada vez más, el cambio climático".

Las temperaturas a comienzos de marzo (invierno) en algunas regiones de España están hasta 10 grados por encima de lo normal (https://bit.ly/3aFvynq). Además, la evidencia científica vincula "la explosión de las enfermedades virales y la deforestación" (https://bit.ly/2IDBbGO).

La segunda cuestión que multiplica la epidemia son los fuertes recortes del sistema sanitario. En Italia, en los pasados 10 años se perdieron 70 mil camas hospitalarias, se cerraron 359 departamentos y numerosos hospitales pequeños fueron abandonados (https://bit.ly/39BjkMC). Entre 2009 y 2018 el gasto en salud creció 10 por ciento, frente a 37 por ciento de la OCDE. En Italia hay 3.2 camas por cada mil habitantes. En Francia 6 y en Alemania 8.

Entre enero y febrero el sector sanitario español perdió 18 mil 320 trabajadores, en plena expansión del coronavirus (https://bit.ly/2wJIR7W). Los sindicatos del sector denuncian "abuso de la contratación de interinos y la precariedad en el empleo", mientras las condiciones de trabajo son cada vez más duras. Esta política neoliberal hacia el sistema sanitario, es una de las causas por las que Italia ha puesto en cuarentena a todo el país y España puede seguir el mismo camino.

El tercer asunto es la epidemia de individualismo y de desigualdad, cultivadas por los grandes medios que se dedican a meter miedo, informando de forma sesgada. Durante más de un siglo, sufrimos una potente ofensiva del capital y de los estados contra los espacios populares de socialización, mientras se bendicen las catedrales del consumo, como los shoppings.

El consumismo despolitiza, desidentifica e implica una "mutación antropológica" (como alertó Passolini). Hoy hay más personas que desean tener mascotas que hijos (https://bit.ly/2W8J5Qm). Este es el mundo que hemos creado y del que somos responsables.

Las medidas que se toman, a largo plazo, pueden agravar las epidemias. El Estado suspende la sociedad al aislar y confinar a la población en sus casas, prohibiendo incluso el contacto físico.

La desigualdad es igual que en la edad media (hacia el 1500), cuando los ricos corrían a sus casas de campo cuando se anunciaba la peste, en tanto los pobres "se quedaban solos, prisioneros de la ciudad contaminada, donde el Estado los alimentaba, los aislaba, los bloqueaba, los vigilaba" (Braudel p. 59).

El modelo del panóptico carcelario digitalizado, que suspende las relaciones humanas, parece ser el objetivo estratégico del capital para no perder el control en la actual transición sistémica.

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Viernes, 13 Marzo 2020 05:51

La dimensión política del coronavirus

La dimensión política del coronavirus

 

Tras unas semanas en las que abundaron las críticas a China por su gestión de la crisis, varios países del mundo occidental han entrado en pánico por la gestión de la crisis provocada por el coronavirus.

En un momento en el que los esfuerzos de los estados están concentrados en la contención de la pandemia mundial de coronavirus (covid19), puede parecer una frivolidad preguntarse por sus repercusiones políticas. Sin embargo, a nadie se le escapa que antes o después llegarán. Por lo pronto, el impacto económico ya se está dejando notar: los principales índices bursátiles han registrado caídas —el jueves Wall Street cerró después de que el Dow Jones se dejase 1.700 puntos en la apertura— y sectores enteros de la economía y las cadenas de suministro se han visto golpeados.

El director de Foreign Policy In Focus, John Feffer, recogía en un artículo reciente algunos datos que no está de más reproducir aquí: se ha calculado que el tráfico mundial de contenedores de transporte se reducirá un 9,5% este mes de marzo, y del sector industrial al turístico —reservas hoteleras, restauración, aerolíneas y cruceros— e incluso el entretenimiento —cancelación de conciertos, exposiciones en museos, funciones de teatro y estrenos cinematográficos— las consecuencias ya se dejan notar.

China ha ajustado su previsión de crecimiento, que ha rebajado a un 5% del PIB del 6% previsto, y se espera una caída similar para Italia, cuyo gobierno ha anunciado ya una inversión adicional de 25.000 millones de euros. Según fuentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), Italia podría necesitar un rescate de 500 a 700 mil millones de dólares. El pasado martes la Unión Europea adelantó que activará un fondo de 25.000 millones de euros para hacer frente a la crisis, un día antes de que el Banco Central Europeo (BCE) alertase de la posibilidad de una crisis como la de 2008 si no se toman medidas cuanto antes.

Bloomberg presentaba hasta cuatro escenarios, en el peor de los cuales la economía global perdería 2,7 billones de dólares y algunas de las principales economías industriales verían caer su PIB hasta un 3%. Según sus autores, “las históricos bajos niveles de las tasas de interés y los elevados niveles de deuda” limitan el margen de maniobra de los estados europeos, haciendo que la “caja de herramientas sea poco adecuada para la tarea” de enfrentarse al daño económico que causará la pandemia.

“Si algo con una tasa de mortandad relativamente baja como el coronavirus, de entre un 1 y un 4%, en comparación con el 50% del ébola, puede ocasionar semejante daño a la economía global, quizá es que el paciente estaba sufriendo ya de algún tipo de dolencia previa”, observa Feffer. “Puede parecer ridículo esperar que un patógeno, incluso uno que se propaga al ritmo de una pandemia, pueda revertir una trayectoria que lleva desarrollándose un siglo, pero el estallido de coronavirus coincide con los ataques a la globalización económica desde diferentes sectores”, añade el director de Foireng Policy in Focus, quien cita el ejemplo de los ecologistas que cuestionan desde hace décadas la política de crecimiento y la mundialización.

En este sentido, el covid19, “como la pandemia de gripe de 1918, puede contribuir a una mayor fragmentación” o puede “servir como recordatorio de cómo la salud de la humanidad ha dependido de allende de las fronteras durante milenios” —las pandemias, recuerda el autor, siempre han estado relacionadas con los desplazamientos comerciales y militares— conduciendo a replantarse “cómo funciona el mundo”.

Quizá no se equivocaba del todo el editor del Global Times, Hu Xijin, al afirmar que “nos encontramos ante la primera fase de un enorme cambio”, ni tampoco exageraba el sociólogo Jósczef Böröcz al decir que “la humanidad se encuentra a prueba […] ¿Cómo reaccionan las culturas, clases e individuos a un desafío colectivo de esta importancia? ¿Qué culturas, clases e individuos son capaces de ajustarse a las respuestas colectivas adecuadas? ¿Qué produce reacciones sociales absolutamente antisociales? ¿Quién se dedica a pseudoactividades irrelevantes? Y la mayor pregunta de todas: ¿Qué culturas, clases e individuos serán capaces de sobrevivir o cuáles se irán por el desagüe?”

Primero Schadenfreude, luego pánico

Como se ha señalado ya en varios lugares, y el propio Feffer recoge, la primera reacción de muchos comentaristas occidentales al brote de covid-19 en Wuhan fue de Schadenfreude, un término alemán de uso frecuente en los medios con el que se describe el sentimiento de alegría por la desgracia ajena. ¿Cuántos medios no hablaron de un ‘Chernóbil chino’? Se lo

preguntó The Guardian, lo afirmó la revista Newsweek y, como por desgracia acostumbra a suceder, en España se repitió acríticamente en diarios como el ABC y en todos los telediarios de importancia. Foreign Policy llegó a acusar a China de haber “puesto en riesgo al mundo” con su “incompetencia”.

Muy diferente era el juicio de las autoridades sanitarias competentes: después de visitar el país, el director ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para brotes epidémicos y emergencias sanitarias, Bruce Aylward, elogió en una rueda de prensa a finales de febrero la respuesta china y señaló que el resto de países no están preparados, “pero pueden estar listos rápidamente si hay un cambio de mentalidad sobre cómo vamos a manejar la enfermedad”.

En una entrevista con el medio estadounidense Vox publicada a comienzos de este mes, Aylward desarrollaba sus conclusiones. “La cuestión es la velocidad, todo se reduce a la velocidad: cuanto más rápido se puedan encontrar los casos, aislarlos y rastrear sus contactos, más éxito se tendrá”, exponía. Lo que demuestra la respuesta de China en 30 provincias, continuaba, “es que si uno se lo propone, se arremanga y comienza el trabajo sistemático de encontrar los casos y rastrear los contactos, se puede modificar la forma del estallido, reducir la presión y prevenir que mucha gente enferme y que los más vulnerables mueran”.

o se trata solamente de medidas comunes como el aislamiento de casos y la suspensión de reuniones públicas, sino de construir instalaciones hospitalarias especializadas, acelerar las pruebas —los resultados se conocen en un espacio de cuatro a siete horas— y garantizar su gratuidad, agilizar las recetas de medicamentos y crear una red para su distribución a las poblaciones afectadas, así como adquirir aparatos de respiración asistida, oxígeno, material de laboratorio. E incluso a pesar de ese esfuerzo hercúleo “hubo problemas con los suministros en algún punto”. ¿Y qué hay del aislamiento de ciudades enteras o del seguimiento de ciudadanos a través de sus teléfonos móviles? “Los aislamientos a los que se refiere, las preocupaciones por los derechos humanos, reflejan la situación en lugares como Wuhan, [los aislamientos] se concentraron en Wuhan y otras dos o tres ciudades que explotaron [con casos de COVID-19], estos lugares se descontrolaron al comienzo [de la epidemia] y China tomó la decisión de proteger a China y al resto del mundo.”

Ahora que el covid19 se extiende por Europa y Estados Unidos, la comparación en la gestión de la pandemia ha dejado en evidencia la “dolencia previa” de la que hablaba Feffer. En EEUU, hogar de 28 millones de personas sin seguro médico, las enfermeras se han quejado por la falta de equipos y también lo ha hecho el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) por la escasez de material de laboratorio para las pruebas de detección después de haber sufrido retrasos y errores.

En Nueva York el cierre de escuelas se ha considerado como “la última opción”, ya que significaría dejar a 114.000 estudiantes sin hogar sin la posibilidad de recibir atención médica o comida. En Counterpunch resumía bien la situación JP Sottile al escribir que estos últimos cuatro años la Casa Blanca “ha estado privando de oxígeno a las agencias federales, reduciendo sus recursos y su personal”, avanzando en el programa neoliberal de tres décadas que convierte así a Donald Trump en “el omega al alfa de Ronald Reagan”. “Cualquier ‘incompetencia’ relacionada con el coronavirus que veáis en las noticias es una característica intrínseca de todo ello, no un error”, denunciaba Sottile.

Cabe recordar que todo esto sucede mientras China clausuraba recientemente 16 hospitales de emergencia en Wuhan, enviaba 250.000 mascarillas y cuatro expertos en el control de la epidemia a Irán —donde las sanciones estadounidenses agravan la crisis— y un millar de ventiladores pulmonares, dos millones de mascarillas ordinarias y 100.000 mascarillas de alta tecnología a Italia.

En un artículo en Politico, el representante permanente de Italia ante la UE, Maurizio Massari, volvía a reclamar a Bruselas que relajase el acceso al crédito y difícilmente podía ocultar su indignación ante la respuesta de sus socios europeos: “Italia ya ha pedido que se active el Mecanismo de Protección de la Unión Europea para el suministro de equipos médicos para protección individual, pero por desgracia ni un solo país europeo ha respondido a la llamada de la Comisión, únicamente China ha respondido bilateralmente”. “Ciertamente, esto no es un buen signo de solidaridad europea”, apostillaba Massari.

El jueves la embajada china en Madrid informaba de la llegada de un cargamento de 1,8 millones de mascarillas y 100.000 reactivos. Alemania ya ha prohibido la exportación de material médico, provocando la indignación de Suiza y Austria. Berna ha llamado al embajador alemán a consultas en protesta por el bloqueo de un cargamento de 240.000 mascarillas médicas en la frontera, mientras que la ministra de Economía austríaca, Margarete Schramböck, ha exigido a Berlín que deje de retener los suministros.

“No puede ser que Alemania esté reteniendo productos destinados a Austria por el simple hecho de encontrarse almacenados en un Alemania”, declaró Schramböck, “estos productos son para el mercado austríaco, y los movimientos unilaterales de Alemania lo único que hacen es causar problemas a otros países”. Tan poco para tantos valores europeos.

China ha donado más de un millón de máscaras y otro material médico a Corea del Sur, 5.000 trajes protectores y 100.000 máscaras a Japón y 12.000 kits de detección a Pakistán, pero a pesar de todo ello algunos medios occidentales parecen concentrarse en atacar al país que más ayuda.

En España es digna de mención la rápida progresión del economista Juan Ramón Rallo quien, desde su columna en El Confidencial —programáticamente titulada Laissez faire— ha pasado de calificar de “extralimitación liberticida” la decisión de Francia de requisar los stocks de mascarillas para evitar el acaparamiento y la especulación a explicar a sus lectores por qué las medidas adoptadas por China para contener el Covid-19 son un ejemplo a seguir.

Aunque este cambio ha dado pie a numerosas bromas, pocos lectores parecen haber reparado en el último parágrafo de su artículo: “Pero, a la vez, los casos de Hong Kong y Singapur también nos recuerdan que, con restricciones muchísimo menores a las de China pero con un seguimiento exhaustivo de los contagiados y de sus contactos y una extrema responsabilidad individual hacia los demás (tomarse en serio la higiene y minimizar las salidas innecesarias de casa), también es posible frenar el ritmo de contagio. No hace falta hacer como China para obtener resultados chinos: pero sí es imprescindible actuar con profesionalidad y diligencia. Si no lo hacemos, confundiremos la inoperancia, pasividad y negligencia de un partido político específico con la inoperancia de un régimen amplio de libertades. Y la epidemia vírica será seguida por una epidemia autoritaria.”

Beijing vs. Singapur

Después del crack del 29 millones de personas en el mundo quedaron fascinadas por la capacidad de resistencia a la crisis —supuesta o relativa, dependiendo del observador— de dos países de políticas diametralmente opuestas: Italia, donde se aceleró el corporativismo con la nacionalización de bancos y la creación de empresas mixtas y estatales, y la URSS, donde el sistema de economía planificada protegía relativamente al país de los shocks de la Gran Depresión.

Con la crisis del Covid-19 podría ocurrir algo parecido, salvando por descontado todas las distancias. La derecha ya parece haber tomado como ejemplo Singapur, como atestiguan algunos artículos publicados hasta la fecha. Pocas sorpresas: la combinación de una economía de libre mercado, por una parte, y de un longevo gobierno autoritario del Partido de Acción Popular (PAP) que se encarga de vigilar su cumplimiento, por la otra, convierte a la ciudad-estado en un modelo atractivo para la derecha.

Singapur, con todo, no llega a los seis millones de habitantes. China, en cambio, tiene más de 1.400 millones, lo que la convierte en el país con más población del mundo. A diferencia de Singapur, su sistema político es una evolución del que existía en los estados del “socialismo realmente existente” antes de su desintegración, y mantiene, a pesar de la liberalización de buena parte de su economía, elementos socialistas. Los muchos comentarios que ha provocado la respuesta china a la crisis del coronavirus estos días traen a la memoria ¿Comunismo sin crecimiento? (1975) de Wolfgang Harich.

Este libro —una larga conversación entre el filósofo alemán y Freimut Duve, un socialdemócrata germano-occidental— abordaba el replanteamiento del marxismo a la luz de la crisis ecológica desde una óptica pesimista, partiendo de la tesis que aquélla establecía límites a la abundancia material con la que el marxismo tradicionalmente había vinculado la libertad comunista y la consiguiente extinción (o abolición) del Estado. En palabras de Harich, “mi creencia en la superioridad de modelo soviético de socialismo se ha hecho inquebrantable desde que he aprendido a no considerarlo ya desde el punto de vista de la —por otra parte absoluta— competencia económica entre el Este y el Oeste, sino a juzgarlo, ante todo, según las posibilidades que ofrece su estructura para sobreponerse a la crisis ecológica, para el mantenimiento de la vida en nuestro planeta, para la salvación de la humanidad”. Según Harich, únicamente un sistema comunista, con su centralización administrativa y economía planificada, permitiría combinar medidas de emergencia como la limitación del consumo y de la población o el racionamiento de productos de acuerdo a un principio de igualdad.

El libro de Harich fue ampliamente debatido en su momento en España, donde Manuel Sacristán le achacó tres defectos: “En primer lugar, es inverosímil si se tiene en cuenta la experiencia histórica, incluida la más reciente, que es la ofrecida por la aristocracia de los países del llamado ‘socialismo real’; en segundo lugar, el despotismo pertenece a la misma cultura del exceso que se trata de superar; en tercer lugar, es poco probable que un movimiento comunista luche por semejante objetivo. La conciencia comunista pensará más que bien que para ese viaje no se necesitaban las alforjas de la lucha revolucionaria. A la objeción (repetidamente insinuada por Harich) de que el instinto de conservación se tiene que imponer a la repugnancia al autoritarismo, se puede oponer al menos la duda acerca de lo que puede hacer una humanidad ya sin entusiasmos, defraudada en su aspiración milenaria de justicia, libertad y comunidad.”

A la luz de la crisis del Covid-19, los argumentos de Wolfgang Harich merecen reflexión. En una entrevista concedida en 1979 al semanario Der Spiegel, Harich defendía “que hay parámetros de alcance global que sólo pueden resolverse con un poder centralizado”, y añadía que “éste, en mi opinión, debe contar con plenos poderes dictatoriales” (aquí conviene matizar que Harich hablaba de una dictadura fideicomisaria y no de un despotismo soberano). “No soy un sádico, no me gustan las dictaduras duras, no me despiertan ninguna simpatía”, aseguraba, “sólo anticipo que si todo sigue como hasta ahora, entonces revertir las consecuencias sólo será posible con una tiranía terrible, temible”.

La pandemia de coronavirus ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la eficacia de un sistema centralizado como el chino para frente hacer los graves problemas a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI. Las llamadas que han hecho algunos desde las redes sociales y desde la nueva izquierda a la política de curas durante la pandemia son loables, pero quedan empequeñecidas ante la magnitud del problema. La autoorganización o los movimientos sociales, por encomiables que sean, pueden servir para crear una red barrial de distribución de alimentos o tareas —que no es poco, en los tiempos que corren—, pero no para la organización y traslado de personal médico, y menos aún para fabricar aparatos de respiración, material de laboratorio o mascarillas en una crisis como ésta: de eso se encarga el Estado. El tiempo corre, y a medida que avanza la única alternativa, advertía Harich en la entrevista, “será entonces la autodestrucción en libertad, democracia y economía de mercado o un golpe de timón con medidas muy duras”. Entonces “quizá vendría, como teme el socialdemócrata Richard Löwenthal, un nuevo cesarismo con una nueva guardia pretoriana, que destruye todo lo que se cruza a su paso”. “El riesgo”, terminaba un sombrío Harich, “está ahí”. Si el dilema económico en los veinte se planteó, por tomar una conocida expresión de Thomas Mann, como una elección entre “Roma o Moscú”, el de este siglo XXI podría acabar siendo —si no se encuentra una solución socialista democrática a tiempo— entre Beijing o Singapur. El tiempo corre.

Por Àngel Ferrero

13 mar 2020 07:16

Publicado enPolítica
Viernes, 13 Marzo 2020 05:26

En Chile cayó la cortina liberal

En Chile cayó la cortina liberal

Usted se ha preguntado en algún momento cómo un presidente multimillonario, que apoya las leyes más agresivas del neoliberalismo pueda ayudar a la masa poblacional de su país. La respuesta con seguridad sería una sola palabra: imposible.

El caso más aleccionador para demostrarlo es el del presidente chileno Sebastián Piñera que cuando en 2017 se vio obligado por ley a presentar una declaración de patrimonios e intereses, alegaba tener un capital de 600 millones de dólares. Ahora resulta que en 2020, la revista Forbes, dedicada a exaltar las riquezas de las personas más adineradas, divulgó que en realidad Piñera posee 2 880 millones, casi 5 veces mayor en solo tres años, y el quinto lugar de los millonarios chilenos.

Piñera amasó su fortuna a inicios de la década de los años 80, cuando regresó de Estados Unidos con las franquicias de las primeras tarjetas de crédito. Seguidamente fue contratado como asesor de un banco del que se hizo socio y diversificó sus negocios financieros a través de compra-venta de empresas como una aerolínea, un canal de televisión y un equipo de fútbol, además de inmobiliarias.

Este impulsor de políticas neoliberales y gran admirador del dictador Augusto Pinochet, exacerbó las penurias de la mayoría de la población desfavorecida al imponer en octubre pasado, un aumento del 30 % en el precio del pasaje en la red de transporte.  

El detonante no se hizo esperar para miles de jóvenes, estudiantes, obreros y clase media, que no les alcanza el dinero para sufragar la canasta básica familiar y los servicios privatizados de agua, electricidad, alcantarillado, educación y atención médica.  

Con enorme ferocidad, el presidente de esa descolorida democracia ha lanzado todas sus armas políticas y hasta represivas para contener las manifestaciones estudiantiles y obreras que han tenido lugar por todo el territorio nacional. 

Las manifestaciones se propagaron por todas las ciudades las que han sido contrarrestadas con una represión generalizada al estilo de la dictadura de Pinochet, las que han dejado a lo largo de cuatro meses alrededor de 35 muertos, decenas de heridos y miles de detenidos.

Se cuentan 525 jóvenes que han perdido uno o los dos ojos debido a los perdigones y balines de goma lanzados por la gendarmería, pero de esas violaciones de los derechos humanos contra todo un pueblo, los grandes medios de comunicación hegemónicos las ignoran o las minimizan.

En esa nación de América latina el nivel de desigualdad social medido por el Índice Gini es de 0,45. Esa tabla internacional comienza en una escala de 0, que representa ausencia de desigualdad y la 1 desigualdad máxima.  

La hasta hace poco divulgada como la vitrina del neoliberalismo, se ha desbaratado y sus cristales se expanden por la geografía chilena. 

Cuando parecía que tras las feroces represiones policiales, las protestas desaparecerían de las calles y poblados chilenos, una nueva ola ha surgido y como respuesta el presidente, en vez de hablar sobre los infortunios que padece el pueblo, pidió al Congreso aprobar proyectos de ley para modernizar el cuerpo de Carabineros, el sistema nacional de inteligencia, y permitir la participación del Ejército en el resguardo de la infraestructura crítica. O sea, más represión.

La respuesta a ese inmenso malestar popular es que en Chile hay más personas endeudadas que trabajadores remunerados.

En ese país austral, la fuerza laboral es de 8,5 millones de personas y, observen bien, 11 millones de ciudadanos mayores de 18 años tienen deudas. De ellos, 4,6 millones no las pueden pagar, piden nuevos créditos y los compromisos crecen como soga al cuello.

Un gran número de jóvenes cuando terminan estudios superiores deben hasta 80 000 dólares por lo que la deuda los perseguirá durante muchos años.

La mercantilización de los servicios básicos resulta elevadísima lo cual lleva a la mayoría a endeudarse y gastar fuertes sumas de dinero para acceder a la atención médica, educación, agua, electricidad, servicio de alcantarillado pues en el país casi todo esta privatizado.

El crecimiento del país se ha concentrado desde hace años en manos de unos pocos: el 1 % de la población acumula el 33 % de la riqueza generada, mientras que el 50 % de los hogares de menores ingresos solo el 2,1 %.

Estudios de Instituciones nacionales e internacionales reflejan que la pobreza multidimensional que considera el acceso a la salud, educación, trabajo, seguridad social, vivienda, entorno y cohesión social, alcanza al 25 % de sus habitantes.

A pesar del inmenso capital y del apoyo de los medios de comunicación hegemónicos con que cuenta Piñera su aceptación como presidente se sitúa en la bajísima cifra del 13 %, pero aferrado al poder solo piensa en buscar formas de contrarrestar las protestas juveniles y obreras que ya no soportan ni pueden vivir en las penurias de ese sistema neoliberal.

Por Hedelberto López Blanch | 13/03/2020

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

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Jueves, 12 Marzo 2020 06:16

Panorama favorable para Arce

Panorama favorable para Arce

A estas alturas del año, Bolivia debería estar a las puertas de una cita electoral que nada tendría que ver con la presidencial. Lo previsto, según el cronograma del año pasado, era que en la segunda quincena de este marzo se celebraran las elecciones subnacionales (departamentos y municipios). Sin embargo, la interrupción del orden democrático alteró absolutamente todo lo planificado, y estamos ahora a menos de dos meses para decidir quién será el próximo presidente de Bolivia.

Estos son unos comicios totalmente anómalos por muchas razones: 1) llegan bajo la gestión de un Gobierno no electo; 2) están muy próximos a la elección anterior (20 octubre de 2019); 3) no compite quien fuera el principal elector del país en los últimos 15 años (Evo Morales quedó proscrito incluso para ser candidato a senador); 4) muchas instituciones (MIT, CEPR, CELAG) han demostrado que no hubo fraude en contra de lo que la OEA manifestó sin prueba alguna; 5) existen muy pocas garantías democráticas debido al alto grado de persecución judicial contra dirigentes del anterior Gobierno y; 6) Bolivia está envuelta en una grave crisis institucional y política.

Después de todo gran sismo es fundamental conocer e identificar cómo se han reacomodado los sentidos comunes de la ciudadanía en todos los planos, desde lo ideológico, las subjetividades económicas y, por supuesto, hasta las preocupaciones cotidianas. Es por ello que, a continuación, vamos a presentar algunos rasgos característicos de la Bolivia de hoy en base a la encuesta elaborada por Celag (2.000 casos, presencial, en todo el país, tanto rural como urbana).

1) Nuevamente se constata algo que ningún golpe de Estado puede lograr: hacer desaparecer a la principal fuerza política del país de un plumazo. El candidato por el MAS, Luis Arce (foto), tiene una intención de voto del 33,1%, y muy por detrás queda Jeanine Áñez, con 20,5%; luego le siguen Carlos Mesa (17,4%) y Fernando Camacho (7,4%). Aún es pronto para saber si esa diferencia le permite a Arce ganar en primera vuelta (requiere superar 40 puntos con diferencia de 10 sobre el segundo); pero lo que sí se puede afirmar es que, por ahora, es la opción electoral con más apoyo en el país, como lo ha sido en los últimos años.

2) Arce tiene aún espacio para crecer en votos. Su techo electoral está próximo al 40%. Pero debemos tener en cuenta que el nivel de desconocimiento es muy alto (casi 25%), y, por ende, aún tiene mucho margen para subir en intención de voto. Arce tiene la ventaja de contar con una evaluación muy positiva como ministro de Economía (54,8%), y además, en términos comparativos, la población boliviana le ve con mayor capacidad de gobernar y mayor compromiso con los necesitados que sus rivales.

3) Por su parte, Áñez se perfila como la gran competidora para Arce. La actual presidenta de facto no tiene tanta intención de voto (20,5%) como potenciales votantes (40%). Su techo electoral duplica a su intención de voto. Y la única razón es simple: ella se convierte en la probable canalizadora del voto útil contra Evo. Este fue el fenómeno político que marcó la elección anterior y que provocó que el espíritu de la segunda vuelta se colara en la primera. Y esta vez la gran incógnita está en saber si los votantes paceños afines a Mesa estarán dispuestos a apoyar a Áñez (la candidata del Oriente). No obstante, Áñez también tiene sus puntos débiles: por un lado, casi dos tercios (64,6%) creen que ella no debería haberse postulado como candidata a presidenta y, por otro lado, más de la mitad (54,4%) cree que ella hará fraude en la próxima elección.

existe una gran sensación negativa (angustia y enojo) en torno a varios problemas: violencia contras las mujeres (80,4%), potencial devaluación de su moneda (68,5%), temor a perder el empleo (63,3%). Y, además, el 82,6% cree que sigue habiendo racismo y que ello es algo a superar, el 85,5% considera que los bonos sociales son necesarios, y sólo un 31,1% piensa que las privatizaciones mejoran el funcionamiento de la economía.

Estos son ejemplos claros que demuestran que el proceso de cambio en Bolivia no pasó en balde, y aún predominan estos sentidos comunes en el imaginario colectivo. Eso hace que el panorama electoral sea más favorable para Arce que para el resto. Aunque visto lo visto en los meses pasados, todo puede pasar en esta próxima contienda electoral; antes, durante y también después. 

Director, Celag

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Piñera llega a mitad de mandato con la amenaza de ser inhabilitado "por impedimento físico o mental"

Tres diputados de oposición buscan que se incapacite al presidente chileno como medida urgente de salida a la crisis.

Sebastián Piñera, el presidente del Chile del estallido social, ha estado de aniversario: este martes cumplió dos años de gobierno. Su Ejecutivo quiso celebrarlo en La Moneda, con una ceremonia en mayúsculas, con despliegue de la alfombra roja incluido.

El mandatario chileno llega la mitad de su mandato con una aprobación de entre el 6 y el 10%, unas cifras récord en el país sudamericano, y con la revuelta social avivada. El fin del verano austral y el inicio de curso en escuelas y universidades han reactivado las protestas, que en las últimas semanas volvieron a ser masivas.

La revuelta que vive el país centró el discurso del presidente, que por enésima vez puso énfasis especial en el "resguardo del orden público". Desde el inicio de la crisis ha repetido esta idea como un mantra: "El 18 de octubre se desató una ola de violencia inédita (...) cuya magnitud nunca antes habíamos conocido", dijo. "Todos tenemos un desafío: condenar la violencia, sancionar a los violentistas", añadió Piñera. Luego llamó a apoyar a los Carabineros, cuya actuación ha sido fuertemente cuestionada por organismos internacionales acusados de violar los derechos humanos.

La celebración de también ha servido para recordar una efeméride que ha coincidido en el calendario: los 30 años de la vuelta a la democracia. El presidente apeló a la figura del primer presidente de la transición, Patricio Aylwin, y reivindicó la "política de los acuerdos" que se instauró a partir de 1990, con el final de la dictadura de Pinochet. Unos pactos, pero, que los manifestantes hace meses que reprochan en las calles porque significaron la continuidad del modelo neoliberal diseñado e instaurado por el pinochetismo. Aunque el lema del estallido haya sido, precisamente, "no son 30 pesos son 30 años", en alusión al aumento del transporte público que desató las primeras protestas, el jefe de Estado hoy espetó: "Fueron 30 años muy fecundos para Chile".

Los grandes ausentes de la celebración fueron los partidos de oposición, que decidieron restarse del acto. Para ellos, "no hay nada que celebrar". Tampoco para los miles de estudiantes que salieron a protestar por el centro de Santiago en una nueva jornada reivindicativa que terminó con la ocupación de varios institutos, barricadas y el cierre de algunas estaciones de metro. La policía intervino para dispersar a los jóvenes y se reportaron varios heridos.

Un escenario inédito

Cinco meses hace que Piñera mantiene un pulso continuado con la calle. No hay manifestación en la que la gente no grite "¡Renuncia, Piñera!". Pero el mandatario no tiene intención alguna de dar un paso al costado.

La Constitución chilena, diseñada e implementada bajo la dictadura, blinda la figura del presidente. El texto establece, en su artículo 53, que le corresponde al Senado declarar, cuando el presidente presente la dimisión de su cargo, "si los motivos que la originan son o no fundados y, en consecuencia, admitirla o desecharla", y escuchar previamente la opinión del Tribunal Constitucional al respecto. La Cámara Alta también puede declarar la "inhabilidad" del presidente cuando "un impedimento físico o mental" le incapacite para ejercer sus funciones. Precisamente, esto último es lo que ha empezado a estudiar el órgano legislativo. Tres diputados de oposición han encargado un informe a la comisión competente para que detalle cómo se debería aplicar el mecanismo para inhabilitar al presidente "por impedimento físico o mental". "Es un aspecto que está en la Constitución señalado de manera bastante ambigua, bastante vaga", dijo el presidente del Senado, Jaime Quintana.

El escenario es inédito en Chile y por eso desde la Comisión de Constitución, a cargo de redactar el informe, explicaron que consultarán el derecho comparado para proponer a la Sala un procedimiento. El sociólogo y analista político Alberto Mayol explica que en Chile no hay mecanismos para generar "un escenario sencillo" de salida del presidente: "Se concentra el poder del jefe de Estado y del jefe del gobierno en la misma persona por eso no están las herramientas para provocar una salida de forma institucional, sin que se genere un descalabro, pero tampoco están las condiciones para que siga", explica el experto. "Es un camino sin salida porque lo que sostiene al presidente son las dificultades de sacarlo", añade.

El camino que ha empezado a explorar el Senado no es, para el sociólogo, "muy elegante, pero es una salida". A su parecer, la estabilidad del país manteniendo el mandatario "se podría dar sólo si él quedara como una especie de jefe de Estado dedicado a firmar papeles y se creara algún comité o triunvirato que fuera el verdadero administrador político".

Un presidente solo

Se hace difícil pensar como Piñera podrá mantenerse en el cargo por dos años más en el actual contexto. Además de la polarización, que aumenta cada día que se acerca el 26 de abril, para cuando se ha convocado el plebiscito para votar a favor o en contra de una nueva Constitución, el presidente ha perdido apoyos y ha recibido críticas incluso desde su propio sector. "Es complicado pensar cómo van a ser los dos años que restan de mandato. Quizás el 27 abril será el momento para empezar a pensar esto porque sabremos si continuará esta agenda de oportunidad institucional que implica el cambio de Constitución", comenta Julieta Suárez, integrante de la Red de Politólogas. Para ella, si bien ha habido casos en algunos países latinoamericanos, como Argentina, "no es común una renuncia presidencial antes de finalizar mandato y eso puede ser considerado como interrupción del orden institucional".

Mayol destaca la falta de "razones" del presidente para llegar al final de su gobierno: "No tiene apuesta que pueda vertebrar su salida; no le sirve el cambio constitucional –no le tocará a él firmar la nueva Carta Magna–; no le sirve mantener la actual Constitución; no le sirve apostar a alianzas con la centro-izquierda, con izquierda ni con la derecha más dura; no puede mantener el orden dentro de la propia centro-derecha".

Este martes fue el senador Alejandro Guillier, su rival en las últimas presidenciales, quien aseguró que hay varios sectores del país, entre ellos políticos y empresarios, que piensan en destituirlo. El parlamentario apuntó que el camino es adelantar las elecciones: "Hay muchos que admiten que esto no se sostiene dos años más, aunque no quieran decirlo en público", sostuvo.

Según Mayol, "es impensable" que el presidente de Chile cayera por la presión de la izquierda o de las organizaciones sociales. "La historia de del país está escrita a partir de la vieja oligarquía y el nuevo empresariado, que son los sectores con capacidad y eficacia de poder", asegura. En su opinión, una posible salida del presidente sólo podría producirse si "el sector empresarial y de la derecha estuvieran disponibles para esa salida en razón de alguna buena e importante consideración, como la estabilidad financiera, la tasa de ganancia u otros factores similares".

El calendario para este mes se prevé movido, con 20 movilizaciones por el pueblo mapuche, el derecho al agua; y por un nuevo sistema de pensiones, entre otras. La respuesta del mandatario y del conjunto del Ejecutivo ante las distintas protestas convocadas y el nivel de represión que se viva en cada una de ellas marcarán el mes y medio de campaña para el plebiscito y, por el otro, el horizonte presidencial.

santiago de chile

12/03/2020 09:59

Por Meritxell Freixas

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La OMS declara el brote de coronavirus pandemia global

 

El director general de la organización asegura que está preocupado por los niveles alarmantes de propagación del virus y de inacción

El coronavirus ya es oficialmente una pandemia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la declaró así este miércoles durante una rueda de prensa en la que su director general recordó una y otra vez que este es un problema global y que todos los países van a tener que poner mucho de su parte para combatir el virus. Las palabras del eritreo Tedros Ghebreyesus bascularon entre la esperanza —“la pandemia puede ser controlada”— y la severidad. El máximo responsable de la OMS empezó su discurso dando un áspero toque de atención: “Estamos muy preocupados por los alarmantes niveles de propagación y gravedad, y por los alarmantes niveles de inacción”.

Ghebreyesus explicó que en las últimas dos semanas se han multiplicado por 13 los casos de Covid-19 fuera de China, epicentro del brote. Se han registrado más de 118.000 positivos en 114 países y las muertes ascenden ya a 4.291. Y fue muy claro con lo que va a suceder a partir de ahora: “En los próximos días y semanas esperamos que el número de casos, de muertes y de países afectados aumente aún más”. Los expertos interpretan la declaración de la OMS más como un mensaje político que técnico, en el sentido de que el virus ya estaba extendido por muchos países y gran parte de la población mundial ya estaba potencialmente expuesta a él.

 “Con esta declaración está diciendo que el coronavirus no es una cuestión que concierne solo a los países que tienen difusión epidémica de la enfermedad sino que concierne al conjunto de países de la OMS”, señala Ildefonso Hernández, vocal de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas) y catedrático de esta especialidad en la Universidad Miguel Hernández. “La definición de pandemia no está tasada”, añade. “Se usa más bien para reforzar esa idea de que todos los países deben sentirse concernidos y todos ellos deben aplicarse planes de preparación y respuesta”. Coincide con él Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología: “La declaración de pandemia quiere decir muy poco. Tiene quizás valor desde el punto de vista de la opinión pública, pero realmente no hay un dintel, un valor o número de países a partir del cual se puede decir que es pandemia; de facto ya lo era antes”.

Consciente del nivel de alarma que puede generarse entre la población al hablar de pandemia, el propio Ghebreyesus subrayó que “no se puede usar a la ligera”. “Es una palabra que, mal usada, puede causar un miedo irracional, o la aceptación injustificada de que la lucha se ha acabado, lo que llevaría a un sufrimiento innecesario y a muertes”, dijo. E insistió en que la nueva denominación no cambia las cosas, ni lo que está haciendo la OMS “ni lo que deberían hacer los países”. El director general recordó que su organización lleva semanas alertando de la gravedad de la situación: “Hemos estado pidiendo cada día a los países que tomen medidas urgentes y agresivas. Hemos dado la señal de alarma alto y claro”.

Además de dar un toque de atención a algunos Estados, Ghebreyesus quiso mencionar a los que han hecho un gran esfuerzo para contener el virus. Recordó que más del 90% de todos los contagios se han producido únicamente en cuatro países, y que dos de ellos (China y Corea del Sur) ya han conseguido rebajar el número de casos. También señaló que que 81 naciones no han comunicado ningún caso de coronavirus y que 57 han registrado 10 casos o menos: “No podemos decirlo más alto, más claro o con más frecuencia: todos los países están a tiempo de cambiar el curso de esta pandemia”. Y añadió: “Si los países detectan, hacen el test, aíslan, buscan los contactos y movilizan a su ciudadanía en la respuesta, los que solo tienen un puñado de casos de Covid-19 pueden prevenir que se conviertan en grupos de transmisión y que estos se conviertan en transmisión comunitaria”.

Pere Godoy cree que hay esperanza: “Habrá que ver si vamos a ser capaces por primera vez de frenar y echar para atrás una pandemia. Yo estoy pecando de optimismo pero creo que se puede llegar a frenar, aunque los datos van en contra de mi opinión. Si las medidas de distanciamiento social funcionan y somos capaces de ir controlándolo lo veo posible”. Ghebreyesus aseguró que incluso los países con transmisión comunitaria o con grupos de transmisión grandes han conseguido cambiar el rumbo del coronavirus. “Varios países han demostrado que el virus puede ser reprimido y controlado. El desafío para muchos países que ahora se encuentran en ese punto no es si pueden hacer lo mismo, es si lo van a hacer”, añadió.

La declaración de pandemia no tiene mayores consecuencias para España, asegura Hernández, que fue director general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad entre 2008 y 2011, donde preparó la Ley General de Salud Pública. “No le afecta especialmente porque España está coordinada permanentemente con la Unión Europea, donde existen unos mecanismos de coordinación estables a nivel técnico y político, y porque también participa con frecuencia en las reuniones de coordinación de la OMS”, explica. Además, “España ya está concernida con el asunto”. Según las últimas cifras oficiales, este miércoles se contaban más de 2.200 contagiados y 55 fallecidos.

“En cambio”, continúa Hernández, “hay otros países pueden estar viéndolo desde la barrera. A ellos la OMS les dice 'pónganse a trabajar, preparen sus servicios sanitarios y háganse preguntas para saber si van a poder afrontarlo”. Preguntas como si tienen suficientes pruebas diagnósticas para detectar el virus o el material sanitario necesario para hacer frente a la llegada de enfermos a los hospitales. “Lo normal es que lo hayan hecho ya, pero por si acaso les está avisando, recordando que no pueden estar indiferentes ante esto”, concluye el epidemiólogo.

Caro peaje en la economía

La OMS es consciente de que las medidas para ralentizar la expansión del virus “están cobrándose un caro peaje en las sociedades y las economías, como ocurrió en China”. Los países, aseguró el director general, “tienen que encontrar el equilibrio entre proteger la salud, minimizar el trastorno económico y social y respetar los derechos humanos”. Y recordó qué se espera de los miembros de la organización: “Preparad vuestros hospitales, proteged y entrenad a vuestros sanitarios. Cuidémonos unos a otros”.

Ghebreyesus reconoció que algunos países están teniendo dificultades para lidiar con la primera pandemia provocada por un coronavirus de la historia. Unos, enumeró, por “falta de capacidad”, otros por “falta de recursos” y el resto por “falta de decisión”, dijo, subrayando una vez más la idea de que no todos los mandatarios mundiales se han tomado suficientemente en serio la amenaza.

Ghebreyesus terminó la rueda de prensa asegurando: “Estamos junto en esto, para hacer las cosas adecuadamente, con calma y para proteger a los ciudadanos del mundo. Puede hacerse”.

Por Elena G. Sevillano

Madrid - 11 mar 2020 - 13:23COT

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Jueves, 12 Marzo 2020 06:01

Domingo viralizado

Domingo viralizado

Domingo. Tocan la puerta de casa. Atiendo “¿Está enterado que hay una peste mundial de coronavirus?” “Sí”. “Por eso mismo, no sé si sabe que aquí en la Biblia --es una mujer de vestimentas austeras, frugales, imperativas--, ya estaba todo previsto”. “Ah”. “Venimos entonces a ofrecérsela como bálsamo y explicación”. No sé si repito con exactitud la expresión de la predicadora, que ya había sacado una reproducción del Apocalipsis de su repleto bolso. Estábamos ante un tema donde la Biblia perdía todo su interés pues se convierte en predictiva, clausurando sus paradojas y metáforas. Pasaba a dictaminar sin eslabones intermedios, sobre las complejas maquinarias que producen el pánico mundial. Sin embargo, a condición de respetar la necesaria distancia con las alegorías y la lógica internas de los lenguajes --sea el de la infectología o el de la teología--, todo puede conducirnos a interpretar creativamente hechos aún no sucedidos. La fuerza de esos lenguajes --de todo lenguaje--, es precisamente el respeto de lo imprevisible. No obstante, no se lo dije a la catequista. Los criterios de interpretación surgidos de pensamientos mesiánicos, milenaristas o escatológicos son atractivos, porque ahorran los pasos desconocidos inherentes a todo pensamiento. Apoyándose en un uso meramente literal de la Biblia, ella pierde el encanto inmemorial de no predecir nada. La retiran entonces de lo más valioso que tiene, hacer que toda lengua esté en estado de disquisición permanente. A la lectura rígidamente profética de la Biblia puede desde siempre oponérsele la lectura que indaga en los múltiples senderos en que se bifurcan sus magníficas metáforas y relatos.

A la vuelta de casa hay un lavadero atendido por una pareja de nacionalidad china, que viajaron a su país y aun no retornaron. Un pesado tejido de sospechas, hablados en voz baja, rodea esta circunstancia que podría tener múltiples significaciones. Pero sabemos que ahora hay solo una. Como con la interpretación de la Biblia bajo un pavor determinista, tomada por un providencialismo sin gracia, un virus anunciaría a toda la humanidad que habría un camino unívoco de salvación, que de tan estrecho y claustrofóbico, necesitaría de la proliferación de actitudes de sospecha, de prejuicios que serían imprescindibles para la expulsión del mal. Por cierto, hay un problema médico, los virus son misteriosos, pequeñas partículas que para algunos encierran el secreto del origen de la vida, y que alojadas en bondadosos huéspedes --un mosquito, una rata, un murciélago--, pueden dispersarse o diseminarse afectando los cuadros celulares establecidos, en principio del cuerpo humano. Que se contaminan entre sí. He aquí un dilema, que afecta las bases universales de convivencia. Si el calentamiento global se presenta como el peligro del productivismo voraz, la dispersión fatal de un virus puede verse como la absurda inmovilización de la vida productiva ¿No son necesarios, entonces, mejores acercamientos a lo que ahora expondría a nuevos riesgos las bases generales de la civilización humana? Algo ocurre cuando el dengue es solo una amenaza social, y el coronavirus se gradúa según la metafísica de la peste. Y cuando un virus es noticia, pero toda noticia tiene forma de “viralización”.

Deberíamos percibir entonces la necesidad de una nueva visita a las doctrinas de la culpa. No la podemos suponer en el que involuntariamente transmite un bacilo, en la infracción de un impensado portador que tos en un avión o del que escupe en el ascensor ignorando que está “prohibido escupir en el suelo desde 1903”. Ascendida a la categoría de pecado, la capacidad que tiene el virus de desmadejar o desmantelar un cuadro humano asociativo es pavorosa. Interesa como profecía, no como evento de la salud pública. En el primer caso interesa por ser un equivalente de la contaminación mística, en el segundo por la posible diferencia con el dengue, al ser un virus de los “tirifilos”. Mientras escribo esto recrudecen en mi computadora los avisos, irrumpiendo sistemáticamente, como asaltantes descuidistas de la pantalla, advirtiendo que “usted puede tener un virus” ¿Yo? Millones en el mundo deben estar recibiendo el mismo sermón. Aprendimos que la red informática contiene como concepto central el de virus --como la infectología y quizás toda la medicina--, dándole otra dimensión al peso que tiene el contagio y la infección en el modo masivo de existencialidad contemporánea.

Ya, nos conduce al hecho de que hay infecciones en una doble bifurcación, biológica e informática. Si el tono general de los medios de comunicación es la magnificación de catástrofes, el de la medicina o del poder médico en general, no debe ser el de manejo de poblaciones a través de normas y protocolos inmunizadores que parecen siempre aceptables. Sin duda lo son, taparse la boca ante un acceso de tos, cuidarse al dar las manos, medidas que parecen minúsculas, pero tienen profundo calado disociativo en las relaciones diarias. La cuarentena, ancestral método que aísla totalmente a poblaciones o conjuntos humanos, puede ser aceptable, pero no podemos pasar por alto que la inevitabilidad de estas medidas, amparadas en la costumbre y en la ciencia popular ya establecida, no pueden pasar por alto que no solo la venta de medicamentos, sino la venta de noticias, exige demasiado la invocación de una calamidad cercana. El esquema de la calamidad con su salida utópica, difícil pero “para usted posible”, es un encuadre que gobierna noticias, conversaciones e ideologías mediáticas. Un ejemplo es la noticia de que “en un planeta lejano a cien mil años luz las condiciones de vida son iguales a las de la tierra”. Perfecto, hay peligro de calentamiento o de virus, pero hay solución. Lógicamente demorada por esa ingente cantidad de luz que habría que recorrer. Con paciencia usted lo logra.

Creo que es lo que quiso decir Albert Camus con La Peste, donde deseó palpar un humanismo moral con forma de una rebeldía contra el poder anónimo de la desesperanza. Eligió, según recuerdo, el sacrificio de un puñado de médicos que no se rendía ante la evidencia de ese apocalipsis, de esa “revelación de la peste” en la ciudad argelina de Orán. Que ocurriera en una ciudad localizable, daba cierto realismo a esta fábula moral, inspirada en el Diario de la Peste de Daniel Defoe, este sí un escrito alcanzado por una increíble actualidad. Va recogiendo los datos de los afectados puntuales y de cómo los rodea el rumor y la fábula. No había diarios cuando ocurre esa peste en Londres en el silgo XVII. En Milán, la peste del 1600 la describe Manzoni en el clásico Los novios, como trasfondo del episodio amoroso central. La peste bubónica de Buenos Aires en 1871 debido al mosquito Aedes Aegypti -el del dengue, entonces no identificado-, es un dramático espacio histórico para reflexionar sobre lo que hoy ocurre. La fiebre amarilla modificó Buenos Aires, se consideró la peste como resultado de la guerra contra Paraguay y flotaba en el ambiente la culpabilidad presunta de los inmigrantes italianos. Se incluía la demonización de los conventillos de San Telmo. Queda el gran cuadro mitológico de Blanes, con el doctor Argerich inclinándose con su fúnebre galera ritual, ante la muerte de una inmigrante

En la novela de Camus, el sacerdote Paneloux pontifica diciendo que la peste, transmitida por las ratas, no afectará a los creyentes. Fulminará solo a los ateos. Los médicos laicos, en tanto, debaten con su propio sacerdocio. Las incógnitas éticas ante el peligro de la vida humana colectiva, y sobre los dilemas científicos cuando no alcanzan para definir lo que exige, en verdad, el concurso de un sentido de resistencia y solidaridad. Todo ocurre en Orán inspirado en una peste real ocurrida a mediados del siglo XIX.

Fabulísticamente, la historia de la humanidad es la historia de sus pestes, catástrofes y también de los miedos ante el Cordero abriendo los Siete Sellos para revelar el destino humano. La ciencia médica podrá decir, esperemos la próxima vacuna y la consecuente mutación del virus. Todos esperamos. Pero falta analizar el modo paralelo de la aparición de la lengua de los virus, esa suerte de anticristo de las computadoras y redes, planificado en las fábricas de Antivirus. El lenguaje de los grandes medios comunicacionales se presenta con una aparente inmediatez. Al suprimir ilusoriamente las mediaciones, las lejanías y el tiempo real, que es amorfo y brumosamente cotidiano, todo virus puede asumir el modo de una diseminación total. Por eso le digo, señora catequista, que usted tiene razón, no desprecio el arte escéptico de las profecías, pero no del modo panfletario en que las presenta. Ningún problema de la biología humana es solo biológico, pero si evitamos tratarlo apocalípticamente, es también muy fácil encontrarlo en los vocabularios de la diferencia social, la dominación financiera y el control de las naciones. 

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Imagen de la represión contra Patricio Bao, de 69 años.

La represión es una constante desde que empezó la revuelta social en octubre pasado

Los uniformados no solo deciden sobre la vida y la muerte de millones de chilenos. Eligen el lugar, el momento y las víctimas a quiénes les caerán encima. El ataque contra Patricio Bao se viralizó.

Desde Santiago. Los carabineros como significante más elocuente del aparato represivo han superado la teoría de Hobbes en el Leviatán. No solo deciden sobre la vida y la muerte de millones de chilenos. Eligen el lugar, el momento y las víctimas a quiénes les caerán encima. Patricio Bao tiene 69 años. Fue apaleado el 8M cuando había acompañado a la marcha a su esposa e hijas. Indefenso, terminó con diez puntos en la cabeza y cuatro en el párpado derecho. Su historia se mediatizó porque un video del ataque que sufrió se volvió viral.

Por muy poco no ingresó al listado de personas con trauma ocular o pérdida de la visión. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) son 445 hasta el 18 de febrero. En esta ciudad se sale de la casa, el trabajo, un bar o el hotel donde se está alojado, pero nunca se sabe en qué condiciones se regresa. Si sano, herido o envuelto en una mortaja.

Lo pudimos comprobar el lunes bien entrada la tarde, sobre la avenida Alameda, en las cercanías del Palacio de la Moneda. Una caminata de pocas cuadras se transformó en la retirada inmediata del lugar. Los sufrientes a diario, santiaguinos de a pie, hombres y mujeres que buscaban el Metro para salir de la zona o esperaban el bus en la parada, fueron atacados con chorros de agua, gas lacrimógeno y gas pimienta. ¿Qué hacían? Simplemente miraban a su alrededor, filmaban a los carabineros con sus celulares y unos pocos les gritaban “Pacos culiados”.

Los uniformados formateados en los usos y costumbres de la dictadura de Pinochet están cebados. De nada sirvieron los cursos sobre Derechos Humanos que les dio el gobierno. Reciben un doble mensaje. Porque el principal es despejar la calle y gastar la munición disponible si fuera necesario. Una joven quedó paralizada por el gas pimienta junto a las vallas que protegen los jardines que rodean La Moneda. La gente solidaria discutía con qué antídoto ayudarla. Agua tibia, leche fría, agua con bicarbonato, lo que hubiera a mano. Un muchacho gaseado caminaba sin ver mientras a sus espaldas los carabineros se enseñoreaban en la calle. Los dos o tres activistas que arrojaban piedras a cien metros no eran el blanco elegido por la represión. Al menos esta vez. Había que alejar de la Alameda las presencias molestas.

El doctor en Ciencias Políticas y Sociología Rodolfo Fortunatti profundizó en lo que pasa desde su columna El Estado contra las personas, allá por noviembre: “Si para quienes detentan las altas posiciones de poder y de riqueza la verdadera sorpresa de esta coyuntura fue la revuelta social, para el pueblo llano protagonista de la protesta, en cambio, la causa de todos los asombros fue el comportamiento del poder, ese modo desnudo y lacerante que vino a sacudir la conciencia política. Vio en los soldados que ocuparon las calles a las mismas fuerzas prepotentes, abusadoras y violentistas de la dictadura, como si la cultura cívica en democracia y derechos humanos de las últimas tres décadas, no los hubiera permeado, porque no lo ha hecho”.

Fortunatti es demócrata cristiano. No habla desde una barricada, ni desde las calles insurrectas. Pero su opinión es un buen termómetro para tomarle la temperatura al hartazgo y la ruptura que vive la mayoría de la sociedad chilena con el gobierno derechista de Sebastián Piñera. En la esquina de Teatinos y Alameda, a pasos de La Moneda, o más allá en la peatonal Ahumada, los carabineros rociaron con un cóctel de agua y gas a todo aquel que pudiera ser un testigo incómodo. Pero la gente ya no les teme. Tiene más rabia que miedo, como Carlos Vivanco, un estudiante secundario de 18 años que quedó ciego de su ojo izquierdo: “Me quisieron meter dolor, pena, miedo, pero siento que me hizo el efecto contrario: tengo más rabia que miedo”, decía allá por diciembre.

Es una de las 34 personas que sufrieron pérdida de la visión o estallido según el INDH porque les dispararon con balines o perdigones. Ellas se reúnen en un espacio colectivo cuya sigla es VTO: Víctimas de Trauma Ocular. Hay que transitar por las mismas calles donde los condenaron a vivir con algún tipo de discapacidad visual y comprender la perversión del método empleado para reprimirlos. Al estruendo de un disparo o una rociada de gas pimienta puede sobrevenir la ceguera. Si será momentánea o para siempre lo determinarán los Pacos, mote que proviene de la manera en que se llamaba antiguamente a los carabineros (Personal A Contrata de Orden y Seguridad).

El brazo armado del Estado en las calles de Santiago tiene sus mentores en el Congreso, la Justicia y los medios oficiales. A la rebelión popular de octubre, se le respondió con una ley que incorporó el “desorden público” como delito en el Código Penal. El proyecto de senadores y diputados oficialistas tuvo entre sus pregoneros a Gonzalo Fuenzalida Figueroa, integrante de la comisión de Seguridad Ciudadana y político de Renovación Nacional, el partido de Piñera.

En marzo del año pasado publicó en su cuenta de Twitter un afiche con la frase “No todos los menores de edad son blancas palomas” acompañado por el dibujo de un niño que apuntaba con un cuchillo en la mano y se cubría con un antifaz. De esa forma buscaba acompañar la iniciativa presidencial para ampliar los controles de identidad a los menores de 14 años. Es este fascismo social del que habla el portugués Boaventura de Sousa Santos, o el fascismo penal que menciona en un artículo la doctora en teoría política chilena Camila Vergara, el que mueve el músculo represivo del Estado. Los carabineros son la cara más expuesta de un gobierno que desde octubre de 2019 acumula 32 muertos, 3.765 heridos, 1.835 víctimas de torturas y violaciones, además de unas 10 mil detenciones,.

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Martes, 10 Marzo 2020 06:13

Italia: Covid-19 y xenofobia

Italia: Covid-19 y xenofobia

¿Qué pasa en Italia? No es difícil rastrear el coronavirus a lo largo de las rutas de peregrinos musulmanes de Irán, pero parece mucho más difícil explicar la extraordinaria expansión del virus en Lombardía y otras 14 provincias italianas. ¿Por qué las autoridades de ese país pusieron en cuarentena a 16 millones de sus ciudadanos y al mismo tiempo no pueden explicar por qué la parte más rica de su país ha engendrado tantos casos de coronavirus en todo el mundo? A lo ancho de Europa, visitantes recientes a Italia han regresado como portadores, infectados y con potencial de infectar a sus familiares y amigos, así como a desconocidos en sus propios países. ¿Acaso hay algo que no sepamos acerca de Italia?

Primero, una digresión importante. En el momento en que escribo, 7 mil 375 personas han dado positivo y 366 han muerto en esa nación. Sin embargo, son sólo 20 más que los muertos en dos aviones Boeing 737 Max que se desplomaron en Indonesia y Etiopía, por terribles y trágicos que hayan sido estos desastres. Y, como todos sabemos, cada año fallecen hasta 626 mil personas por resfriado común o de jardín. Como repite todo el tiempo Alex Thomson en el Canal 4 británico: "perspectiva, perspectiva, perspectiva". Después de todo, cuando un experto habló en ese mismo canal del coronavirus y la Segunda Guerra Mundial en la misma oración, hace una semana, me hice algunas preguntas simples. Sí, actualmente hay más de 100 mil casos en todo el planeta, de los cuales casi 4 mil han muerto. Pero, ¿acaso la cifra total de muertos en la Segunda Guerra Mundial no estuvo cerca de 70 millones? ¿Acaso la Unión Soviética no perdió 20 millones de almas en la guerra contra Hitler?

Pero ahora regresemos a Italia. ¿Por qué es un centro del coronavirus en Europa? Mis viajes en las pasadas semanas han incluido Líbano, Turquía e Irlanda, así que Italia no ha estado en mi radar periodístico. De hecho, pude haber dejado al aire esta pregunta sobre la gente del norte de Italia si no hubiera escuchado un comentario hecho por el embajador italiano en Dublín, Paolo Serpi, a la RTE, la radiodifusora nacional irlandesa.

Serpi explicaba al auditorio del noticiario Drivetime que no deberían dramatizar en exceso o ponerse histéricos sobre el coronavirus. Los miembros de la UE –la república de Irlanda está en la Unión Europea, por supuesto, y sólo reporta 21 casos y ningún deceso– son responsables unos de otros. "Es una situación seria, pero no queremos transformarla en un drama cuando no lo es", comentó el hombre de Italia en Irlanda. Y lo mismo decimos todos.

Pero entonces el signor Serpi se refirió al norte de Italia, y añadió de pronto: "Tiene la mayor población china de Italia a causa de la industria textil. Por eso Italia fue el primer país europeo que se vio afectado en esa escala".

Siempre he sospechado que los periodistas y los policías tenemos mucho en común. Los dos vivimos de las estupideces humanas. Así pues, cuando leí esas palabras del signor Serpi, naturalmente me pregunté qué es lo que no nos han dicho acerca del brote de coronavirus en Italia. O si lo que nos han dicho es correcto. Porque los colegas italianos reportan que ni siquiera entre la mayor comunidad china del norte de Italia –en Prato, cerca de Florencia– ha habido un solo caso de coronavirus. Hay unos 300 mil chinos en Italia y 20 mil en la población de Prato, que es de 190 mil, es decir, uno de cada 10.

Los chinos son propietarios de casi toda la industria textil de Prato y, desde mucho antes de la actual pandemia, escritores y periodistas han examinado lo que esto significa para los italianos locales. Simple: la industria tradicional del vestido en la ciudad ha sido tomada por inmigrantes chinos, que importan textiles baratos de Wenzhou, en la provincia de Zhejiang –tierra natal de la mayoría de los chinos de Prato– y producen camisas, pantalones y sacos de bajo precio, así como prendas de lujo para casas de moda como Gucci y Prada. Las etiquetas llevan la preciosa –y precisa– leyenda: "Hecho en Italia".

Cuando el redactor del New Yorker DT Max visitó Prato, en la primavera de 2018 –casi dos años antes del brote de coronavirus–, encontró 6 mil negocios registrados a nombre de ciudadanos chinos y una infección de xenofobia entre los residentes italianos. Citó las palabras de un senador derechista, Patrizio La Pietr, a un diario local: la ciudad debía enfrentar la "ilegalidad económica china", cuya economía subterránea había "puesto a Italia de rodillas, eliminando miles de empleos, y exponiendo a incontables familias a padecer hambre". Residentes nativos acusan a los inmigrantes chinos de llevar a Prato crimen, guerra de mafias y basura. Una peletera italiana, quien declaró a Max que su marido fue obligado a dejar de producir bolsos por la competencia china, comentó de los inmigrantes: "Copian, imitan. No hacen nada original".

Max advirtió que la ciudad, tradicionalmente de izquierda, ahora votaba por políticos de derecha. Cierto, había evidencia de mafias chinas en Prato, las cuales, curiosamente, operaban sin ninguna conexión con la variedad local italiana. Había multitud de talleres clandestinos, pero también fábricas chinas de ropa bien administradas y modernas. Algunos empresarios chinos se cuentan entre los hombres y mujeres más ricos de Prato, y sus hijos asisten a una universidad de élite en Milán. Hay relaciones amistosas entre chinos e italianos.

Vayamos, sin embargo, a los orígenes de la población china de Prato. Con mucho, la vasta mayoría procede de Wenzhou, en la provincia costera de Zhejiang, a 800 kilómetros de Wurhan, el epicentro del brote original de coronavirus. Sin embargo, actualmente las autoridades chinas han puesto en cuarentena a 30 millones de personas alrededor de Wenzhou –algunas literalmente encerradas en sus casas, según un informe reciente del Washington Post–, hacia donde se ha extendido la enfermedad respiratoria. Wenzhoy tiene las mayores infecciones de coronavirus fuera de la provincia de Hubei, cuya capital es Wuhan, donde también viven más de 100 personas originarias de Wenzhou. Cuando el brote cundió, según el Post, 20 mil personas fueron puestas en cuarentena en hoteles de Wenzhou. Algunos visitantes a Wenzhou recibieron duros tratos al regresar a su casa en otros lugares de la provincia de Zhejiang. Al parecer la xenofobia, como el coronavirus, no conoce barreras.

Esto nos lleva de vuelta a los chinos de Wenzhou en Prato. Hasta fechas recientes había vuelos directos regulares entre Wenzhou y Roma, y se pensaría que esta era una clara forma de transmisión del virus desde China hasta una ciudad ubicada a escasos 35 kilómetros de Florencia. Sin embargo, parece que no es así. Miles de chinos de Prato, según los periódicos locales, se han aislado voluntariamente en sus casas por dos semanas, sin ninguna prueba de que puedan ser portadoras del virus; consideran este acto como un deber cívico hacia sus vecinos tanto chinos como italianos. Las condiciones miserables en las que muchos de esos chinos trabajan en Prato no han conducido, según parece, a un brote de coronavirus. Lo mismo se aplica al barrio chino de Roma, en la colina Esquilina, donde no se ha reportado ningún caso.

Entonces, ¿qué se puede concluir de los comentarios del signor Serpi? ¿En verdad la comunidad china es la explicación de por qué Italia es el primer país europeo afectado por el coronavirus en semejante escala? ¿O acaso deben los chinos permanecer lejos de los italianos en caso de que contraigan la infección de aquellos cuyas familias han vivido en Italia durante cientos de años?

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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 Multitudinaria marcha en Santigo de Chile por el 8 de marzo. Foto: ATON

La Coordinadora 8M de Chile hizo un positivo balance de las multitudinarias marchas que se realizaron en Santiago y en otras ciudades del país por la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

De acuerdo a la organización, alrededor de 3,5 millones de mujeres marcharon en todo el país, dos millones de las cuales lo hicieron en Santiago, expresó la vocera Alondra Carrillo.

"Calculamos que dos millones de mujeres marcharon por la Alameda el día de hoy, llegaron desde distintos puntos de Santiago a movilizarse en este espacio y durante toda la jornada se han desarrollado movilizaciones en otras regiones que nos hacen estimar la cifra en aproximadamente en tres millones y medio de mujeres que han estado en la calle en esta jornada en todo Chile", dijo la vocera.

Además, cuestionó los datos de Carabineros que cifró en apenas 150 mil las personas que participaron de la protesta y dijo que, a su juicio, no se trata de un error.

"Es absurdo y todo el mundo lo ha hecho notar, pero no es un error, Carabineros no lo dice a modo de equivocación, lo dice para intentar negar lo que está ocurriendo y lo que está ocurriendo es que la revuelta popular sigue su curso y sigue su curso con la potencia del movimiento feminista. Este 8 de marzo lo que hace es reabrir la revuelta popular que se inauguró el 18 de octubre y que ha puesto en tela de juicio la forma en que se organiza Chile, la vida cotidiana", planteó Carrillo.

Críticas por la represión de Carabineros

La dirigenta además cuestionó el actuar de la Policía, acusando que hubo represión en diversos puntos de la marcha que se desarrolló por Alameda durante la jornada.

"Hubo represión en la Plaza de la Dignidad, hubo represión en Universidad Católica, donde se gaseó con gas pimienta a las manifestantes. El INDH declaró que estaban gravemente afectadas por el uso de este mecanismo disuasivo", aseveró.

"Además, se intentó cortar la marcha a la altura de U. de Chile y de La Moneda y en Los Héroes, o sea, Carabineros intervino en múltiples puntos con gas lacrimógeno, con gas pimienta, con agua del 'guanaco'. La represión fue tan brutal como lo ha sido todos estos meses", agregó.

Asimismo la Coordinadora reiteró el llamado a la huelga general feminista para este lunes 9 de marzo.

"Hemos compartido más de 100 formas de adherir a la huelga, la idea es que todas podamos mostrar nuestra adhesión de la forma que podamos con toda la radicalidad que sea posible. Si es posible para, paramos; si es posible organizarnos en los territorios para socializar este trabajo no remunerado que hacemos en la casa, la idea es que lo hagamos", aseveró.

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