Martes, 23 Febrero 2021 05:45

Qué hay detrás de la suba del bitcoin

Qué hay detrás de la suba del bitcoin

El bitcoin alcanzó el viernes pasado un nuevo record al superar los 55 mil dólares. Más allá de la baja circunstancial de este lunes, al ubicarse en 53.400 dólares, desde marzo de 2020 el incremento en el precio supera las 10 veces. El avance de la cotización de la criptomoneda se hizo exponencial durante los últimos meses. 

Algunos analistas internacionales alertan sobre el riesgo de burbuja especulativa que podría causar importantes pérdidas para inversores principalmente minoristas, mientras que los optimistas vaticinan que el valor se encuentra lejos de su techo.

Parte de la suba de la cotización del bitcoin y de otras criptomonedas se explica por un contexto de liquidez extraordinaria en el mundo. 

Las principales economías del planeta -empezando por Estados Unidos- lanzaron planes de estímulos sin precedentes para contrarrestar el impacto de la pandemia sobre la demanda de los mercados internos.

Economistas internacionales de distintas corrientes relacionan ese incremento del circulante con un aumento de los precios del oro, las commodities agrícolas y también otros derivados financieros entre los que aparece el bitcoin.

Para los defensores de la criptomoneda el bitcoin es el nuevo oro digital y para los escépticos es un activo sin valor ni aporte a la estructura monetaria internacional. El incremento exponencial del precio empieza a generar apuestas en distintos frentes. Por un lado existe un interés creciente de instituciones de peso reputacional en participar del negocio.

En las últimas semanas se conoció la compra de gran cantidad de bitcoin de Tesla, el ingreso del banco más antiguo de Estados Unidos Bank of New York Mellon al nicho de ofrecer custodia de la criptomoneda y el anuncio de Mastercard para procesar pagos de monedas digitales. Esto parece legitimar el mercado y darle sustento a los nuevos valores.

Sin embargo en el otro frente las críticas contra las criptomonedas y la especulación detrás de los activos como bitcoin se vuelven cada vez más potentes. 

La alerta es principalmente para inversores sin grandes conocimientos financieros que -como ocurre en toda burbuja- se suman a la ola de compra sin considerar la posibilidad de caídas sustanciales del precio.

Entre los inversores menos sofisticados no se suelen utilizar elementos de cobertura que protejan el capital en caso de un crash de las cotizaciones. En 2017 las cotizaciones del bitcoin también habían anotado un aumento monumental pasando de menos de 1000 dólares a 20.000 en dos años y luego para caer rápidamente a 3000.

El consultor Nouriel Roubini es uno de los economistas de prestigio en el establishment financiero que se muestra más escéptico del crecimiento del bitcoin. En un artículo reciente para el Financial Times hizo una crítica lapidaria contra la criptomoneda. “Es solo un juego de una burbuja de activos especulativos, peor que la tulipomanía, ya que las flores tenían y siguen teniendo utilidad", apuntó.

"Elon Musk quizás lo esté comprando. Pero eso no significa que todos deban hacer lo mismo", advirtió el economista. Para plantear que el uso de las criptomonedas no tiene sentido dentro de la estructura de pagos moderna. “Ni siquiera están denominados de una manera consistente que permita a los usuarios comparar precios relativos de bienes. Esta dependencia de diferentes tokens es efectivamente un retorno al trueque”, mencionó. 

El economista agregó que “los Picapiedras tenían un sistema monetario más sofisticado basado en un punto de referencia: los hombres de las cavernas de dibujos animados usaban conchas marinas”.

Por último Roubini criticó la “supuesta” descentralización de las monedas digitales. "Los mineros oligopolistas controlan la mayor parte de la minería de bitcoins. Muchos están fuera del alcance de las fuerzas del orden occidentales, lo que crea una pesadilla para la seguridad nacional", planteó.

Detalló que alrededor del 99 por ciento del comercio de bitcoins se realiza en intercambios centralizados, que pueden ser pirateados.

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Quién es Keith Gill, el líder de la rebelión de GameStop

Los grandes fondos lo acusan de haber estafado a los pequeños inversores

La demanda señala que Keith Gill provocó un alza artificial del precio de las acciones para convertirse en multimillonario.

Keith Gill, el máximo referente de la revolución bursátil originada en el caso GameStop, es blanco de una demanda colectiva, acusado de haber manipulado el precio de las acciones de la tienda de videojuegos.

La denuncia fue presentada en Massachusetts y señala que Keith Gill, también conocido por su apodo en YouTube como "Gatito rugiente" (Roaring Kitty en inglés), engañó a pequeños inversionistas para que compren acciones de Gamestop, se inflen artificialmente y, de esa forma, convertirse en multimillonario.

La tienda de videojugos Game Stop estaba marcada por los analistas financieros por una posible cotización a la baja y muchos operadores habían comprado opciones de venta en corto, una apuesta que generó grandes pérdidas a partir de la tendencia alcista que lograron miles de inversores minoristas con sus operaciones.

Este jueves Gill se presentó ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos para explicar su accionar. El broker afirmó que "no es un inversor profesional" ni brinda "asesoría financiera por una comisión". "Me gustan las acciones de Gamestop", afirmó.

"La idea de que usé las redes sociales para promocionar las acciones de GameStop entre inversores inconscientes es ridícula", señaló el especialista en el análisis del mercado y agregó: "Fui muy claro al exponer que mi canal tenía solo propósitos educativos y que mi estilo agresivo de inversión probablemente no fuera adecuado para la mayoría de personas que miran el canal".

Actualmente, el valor de las acciones de GameStop se encuentra en 44 dólares, lo que supone que los inversores que entraron en el mercado en la cima de la "revolución" provocada por Gill, a finales de enero, han registrado notables pérdidas.

El episodio ha revelado los riesgos (tanto para beneficios como para pérdidas) de las operaciones bursátiles para inversores no sofisticados, y el desigual acceso al mercado financiero más avanzado del mundo. 

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Lo que la izquierda debería pensar sobre los impuestos

Cada vez se oye más a menudo que “los impuestos no pagan el gasto del gobierno”. La idea de que los impuestos son en el mejor de los casos innecesarios y que en el peor de los casos son un problema, está ganando fuerza entre la izquierda. El tesoro [británico] ha tanteado la posibilidad de incrementar los impuestos incluyendo la retirada de rendijas en el sistema que benefician a los más ricos. Es importante que estos cambios están siendo considerados por un ministro conservador. ¿Cómo debería responder el partido Laborista?

De momento, la línea oficial es que las subidas de impuestos no son pertinentes durante la actual crisis económica: el portavoz de Starmer ha dicho que “este es el peor momento para hablar de subidas de impuestos”. Esta respuesta se basa en el teoría keynesiana convencional por la cual en una crisis provocada al menos parcialmente por una falta de gasto, debe evitarse cualquier cosa que reduzca aun más el gasto del sector privado. Y aunque esto ha provocado cierto enfado entre la izquierda, que correctamente considera prioritaria la justicia impositiva, hay un cada vez más un bullicioso grupo en la izquierda que protesta en contra de incrementos impositivos por razones distintas.

El alegato comienza con que no hay de hecho ninguna conexión entre la imposición y el tamaño del sector público: el gasto del gobierno puede ser incrementado a cualquier nivel, así se afirma, sin necesidad de preocuparse por incrementar los ingresos fiscales para “pagar por” ello. El razonamiento detrás de esa afirmación se presenta a menudo de forma compleja, pero esencialmente se reduce a una simple observación: el Banco de Inglaterra –una institución del sector público- es el emisor de la libra esterlina. Siempre que el Banco de Inglaterra quiera seguir emitiendo libras en nombre del gobierno, este podrá gastar sin necesidad de gravar impuestos.

El argumento es técnicamente correcto en términos técnicos –el gobierno del Reino Unido nunca se quedará sin libras. Pero la conclusión de que “los impuestos no pagan el gasto” es incorrecto. Esto es porque se mezclan dos diferentes significador de “financiar”. El primero es el acto de liquidar una transacción. Es bien entendido por el público en general que cuando se hace un pago –al comprar en el supermercado, por ejemplo- esto llevará a cambios en los saldos de los balances: el efectivo del comprado, ya sea en dinero físico o electrónico, será reducido y el balance del supermercado será incrementado por el mismo importe.

“Pago” en este sentido se refiere a los tecnicismos de la transacción: ¿tiene el comprador suficiente dinero efectivo para comprar el bien o servicio? Si no, la transacción no puede llevarse a cabo. Dado que una falta de efectivo nunca puede limitar el gasto del gobierno en un sentido técnico del término, se dice, los impuestos no pagan o financian el gasto. El gasto, en cambio, “se paga” con el nuevo dinero que el Banco de Inglaterra emite electrónicamente.

De nuevo, esto es técnicamente correcto –pero es una estrecha, mecanicista y a últimas engañosa definición de cómo el gobierno “paga” su gasto-.  Lo que realmente importa son los bienes y servicios que los balances de dinero efectivo pueden comprar. El gobierno puede adquirir más cosas imprimiendo más dinero si se cumplen dos condiciones. La primera es que haya cierta atonía en la economía: en otras palabras, que haya desempleo o subempleo que pueda emplearse para producir bienes y servicios. La segunda condición es que el sector privado (hogares y empresas) estén dispuestas a aceptar el dinero extra creado por el gobierno.

Siempre que esas condiciones se cumplan, hay de hecho una barra libre para el gobierno debido a su habilidad de imprimir dinero fresco. Pero mientras que la mayoría de economías operan con cierta atonía –siempre hay personas desempleadas- esta capacidad tiene límites. En algún momento, se llegará al punto en el que los bienes y servicios comprados por el gobierno no puedan ser nuevamente producidos, de modo que el gobierno tenga que competir por los recursos económicos con el sector privado.

De igual modo, la disposición a aceptar más efectivo en los balances tiene sus límites: en algún momento los tenedores de esas libras creadas nuevamente las usarán para gastar en bienes y servicios, o adquirirán activos como casas o acciones de empresas. Los inversores podrían vender en los mercados de divisas por otras monedas, reduciendo así el valor de la libra.

Existe, por tanto, un límite a cuánto puede “pagar" el gobierno por su gasto con la impresión de nueva moneda. Más allá de este límite, el gobierno debe o tomar dinero prestado, o gravar impuestos. Este es el sentido en el cual los impuestos “pagan por” el gasto: hacen que haya recursos económicos disponibles para el gobierno que de otra manera no estarían disponibles.

Al gravar impuestos, el gobierno puede reducir el gasto de algunos individuos, o reducir el gasto en ciertos bienes y servicios. Por ejemplo, gravando a aquellos con mayores ingresos, el consumo en lujos altamente contaminantes puede ser reducido. Así más recursos estarán disponibles para otras actividades, como la construcción de infraestructuras para el transporte o para la provisión de necesidades de consumo para los trabajadores.

La emergencia climática y la pandemia requieren una reestructuración fundamental de la economía. El nivel de inversión que se necesita implica que los cuellos de botella son inevitables, requiriendo reducciones en el gasto en algún otro lugar. Por ejemplo, un mejor aislamiento de los hogares puede significar una reducción del gasto en nuevas calefacciones.

Hace un flaco favor y es confuso afirmar, por ejemplo, que el Green New Deal puede implementarse sin aumentar los impuestos a los ricos: los tecnicismos monetarios son más bien irrelevantes –lo que importa es que el consumo despilfarrador de los ricos tiene que ser reducido para liberar los recursos para el gasto social útil.

Los cambios discutidos por el Tesoro británico incluyen igualar las tasas impositivas de las ganancias de capital a las del ingreso, eliminar las desgravaciones de las pensiones a los más ricos e incrementar los impuestos a las empresas. Esto son cambios progresivos y que se necesitan desde hace un buen tiempo. La propuesta de cambios también ha congregado un amplio apoyo público. Oponerse a ellos supone alinearse con los ricos en vez de con la clase trabajadora y los más pobres.

Al mismo tiempo, los progresistas deben continuar abogando por el activismo fiscal para mantener los puestos de trabajo y transformar la economía. La pretensión de que los incrementos de la deuda pública debidos a la pandemia deben ser pagados son simplementes incorrectos y deben ser refutados.

El deficit público se mantendrá en niveles elevados hasta que la crisis se acabe y el ratio entre deuda y PIB incrementará –tal y como debe ocurrir, por otra parte-. El Banco de Inglaterra puede y debe continuar usando su poder de emitir moneda para asegurar que el incremento de la deuda pública ocurra sin generar inestabilidad financiera o económica.

Pero los ingresos impositivos y el tamano del estado no pueden divergir de manera constante en el tiempo. Aquellos que quieran un mayor y más eficaz estado deben abogar por cambios progresivos en el sistema fiscal que aseguren que el ingreso aumenta más o menos al mismo tiempo que los gastos en el largo plazo. Esto no quiere decir que los dos sean igual: no lo deben ser. El déficit público ha sido el estado normal de las cosas durante décadas –pero los déficits fiscales no puedes crecer sin límite alguno.

No debemos permitir que el argumento de que “los impuestos no pagan el gasto” erosionen el sistema impositivo, incrementen la desigualdad y abran la puerta a los fanáticos del mercado a abogar por la necesidad de rebajar el gasto en programas sociales básicos. Si queremos ver un cambio de sistema, es momento de que la izquierda abogue por una reforma fiscal progresiva en sus propios términos.

Por Jo Michell

economista post-keynesiano, profesor de la University of West of England.

05/02/2021

Publicado enEconomía
¿IVA de 19 por ciento para toda la canasta?

Soplan vientos que traen el eco de gravar la totalidad de alimentos con el IVA en un 19 por ciento. Es la propuesta facilista para recomponer el déficit fiscal que sobrelleva el país, medida que le representaría un recaudo adicional al gobierno nacional de 771 mil millones de pesos al mes –9.3 billones de pesos al año, algo superior al 0.9% del PIB–. ¿Por qué es improcedente esta medida y cuáles serían sus consecuencias?

 

De nuevo el debate sobre la necesidad de realizar una reforma estructural tributaria gana espacio a nivel nacional. Esta vez producto de la difícil situación fiscal del país, agravada por la pandemia del covid-19 en 2020 y con ella la caída de ingresos del gobierno nacional de un 2.5 por ciento del PIB y el aumento del gasto público para enfrentar la crisis social y económica en curso.

Como en otras ocasiones, sectores defensores de los privilegios de pocos proponen como uno de los pilares para mejorar las arcas públicas la universalización del impuesto al valor agregado –IVA– para todo el conjunto de bienes y servicios de la canasta familiar. Una propuesta improcedente, como permite afirmarlo las mismas cifras oficiales sobre los impactos recaudatorios y en la distribución de ingresos de diferentes opciones alternativas de reforma del IVA.



Algunas consideraciones generales de contexto

 

En el Gráfico 1 puede apreciarse, a manera de preámbulo, cuán regresivo resultaría ser la generalización de la tarifa del 19 por ciento del IVA a la totalidad de bienes y servicios consumidos por los hogares en Colombia, ya que este impuesto como proporción del ingreso total de los hogares variaría desde el 24 por ciento para el caso de los hogares en pobreza y el 17 por ciento para el de hogares en vulnerabilidad, que resultan ser muy superiores al de los hogares con mayores ingresos de la denominada clase alta (el 7% para los hogares del decil 10 con los mayores ingresos y 12%, en promedio, para los deciles 7 a 9).

Así pues, a diferencia de lo argumentado recientemente en ciertos círculos especializados a nivel internacional, no es cierto que a priori el IVA generalizado pueda resultar progresivo dado el nivel y composición de los gastos en bienes y servicios que realizan los hogares según nivel de ingreso en el caso de un país como Colombia, con elevados niveles tanto de pobreza monetaria (cercano al 35.7% en 2019, justo antes de la pandemia del covid-19 que la recrudeció de manera significativa en 2020) como de concentración de ingresos y de riqueza.

Ante estas circunstancias, resulta claro que el diseño de una reforma del IVA en Colombia ha de ser enmarcado, en sentido estricto, en una visión de economía política que pondere debidamente los principios constitucionales de equidad, progresividad y eficiencia, aparte de los de simplicidad y transparencia, a la luz de propósitos básicos como los de inclusión social, reducción de la pobreza y la desigualdad societal.

 

La clasificación del gasto según grupos de la canasta familiar

 

El Dane, con base en la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares (Enph) 2016-2017, seleccionó la nueva canasta y revisó la metodología aplicada al Índice de Precios al Consumidor. Entre los cambios están los nuevos ponderadores a nivel de las 12 divisiones, grupos de gasto y clases de gasto para cada una de las clases sociales1.

En la misma destaca el peso específico del grupo de alimentos en el gasto de los hogares en el país, a saber –siempre en por ciento–: 13.89 a nivel general, el 22.10 para los hogares en pobreza, el 20.56 para los hogares en vulnerabilidad, el 14.57 para los hogares de la denominada clase media y el 7.51 para los hogares de la clase de ingresos altos.

A su vez, el gasto conjunto en alimentación y arriendos llega a representar el 39.05 del gasto total para el agregado de hogares en el país, llegando incluso hasta el 53.73 del gasto en el caso de los hogares en pobreza, el 48.43 en el de los hogares en vulnerabilidad, el 39.94 en el de los hogares de clase media y el 29.88 en el de los hogares de ingreso alto.

 

El gasto total de los hogares y su composición

 

De acuerdo con esta encuesta de 2016-2017, el gasto total mensual de las unidades de gasto alcanzó 27.4 billones de pesos mensuales (328.8 billones de pesos al año), distribuidos fundamentalmente en: alimentos y bebidas no alcohólicas (4.4 billones de pesos mensuales, equivalente al 15.9 por ciento del gasto total); alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (7.9 billones de pesos mensuales, 28.7% del gasto total); bienes y servicios diversos (5.0 billones de pesos mensuales, 18.3%) y transporte (2.6 billones de pesos mensuales, 9.5%), entre otros.

En estas condiciones, la distribución del IVA del 19 por ciento a toda la canasta familiar a nivel de las clases sociales muestra cómo el recaudo se concentraría en lo fundamental en los hogares de la clase media (44%), seguido por los hogares en vulnerabilidad (26%), los hogares en pobreza (19%) y, finalmente, los de la clase alta (11%), destacándose cómo el peso del impuesto IVA sobre el ingreso representaría el 24.4 por ciento para los hogares en pobreza, mientras que para aquellos de altos ingresos sería de tan sólo el 10.8 por ciento y mucho menos para el 1 por ciento de los hogares más ricos de la clase alta para los que el IVA a la canasta familiar sólo afectaría el 7.3 por ciento de su ingreso.

El efecto de la medida es inocultable. De ahí que la propuesta debiera orientarse a no gravar la canasta básica de los hogares en pobreza y vulnerabilidad, ni tampoco a los rangos o sub-deciles de ingresos bajos de la clase media, para que con ello se lograran mejoras sustanciales en el índice Gini de concentración de ingresos al poder pasar de 0.5438 a 0.5166.

Ante esta composición del gasto de los hogares en el país, universalizar la tarifa del IVA del 19 por ciento a la canasta familiar de bienes y servicios generaría un recaudo aproximado de 62 billones de pesos al año (6.2% del PIB).

 

 

 

La potencia del impacto

 

Mediante una microsimulación del IVA a toda la canasta familiar, se estima que su universalización al 19 por ciento para todos los bienes y servicios, si todos los demás factores permanecen constantes, reconfiguraría de manera apreciable la estructura de las clases sociales, con un aumento de la proporción de hogares en pobreza extrema, pobreza y vulnerabilidad y una reducción de la de hogares de clase media, en la medida en que:

(i) cerca del 23 por ciento de los hogares en pobreza no extrema serían expulsadas a la pobreza extrema,
(ii) un 16 por ciento de los hogares vulnerables serían expulsados a la pobreza, y
(iii) un 23 por ciento de los hogares de la clase media serían expulsadas a vulnerabilidad.

Como queda claro, de así proceder ello conduciría a un inaceptable empobrecimiento y agudización de la vulnerabilidad de amplios grupos poblacionales, ya de por sí golpeados por la política económica en voga desde décadas atrás, y más agravados con la pandemia del covid-19, consecuente con un aumento del índice Gini de concentración del ingreso de un 0.5438 antes del impuesto IVA a 0.5705 después del mismo a toda la canasta básica para toda la población.

La importancia de este tipo de impactos ha sido reconocida por organismos internacionales y círculos de expertos al punto de recomendar que con la ampliación de la base gravable del IVA a bienes y servicios de la canasta familiar se implanten medidas de compensación (créditos fiscales, devolución de IVA, entre otros) focalizada a favor de los hogares en pobreza y vulnerabilidad. A pesar de lo anterior, dados los altos niveles de informalidad como de precariedad de ingresos de amplios grupos de nuestra sociedad y ante los graves vacíos en la interoperabilidad y robustez estadística de los registros administrativos en un país como Colombia, se generan importantes desigualdades, injusticias, asimetrías, inequidades, falencias en la cobertura de la población y elevados costos de transacción no solo para la administración pública sino también para los mismos hogares elegibles.

En cuanto a la pretendida corrección de este tipo de políticas en Colombia, resulta muy aleccionadora la experiencia de la devolución del IVA, debido a que hasta el presente tan sólo llega a cubrir a un millón de hogares pobres (esto es, apenas un 23.3% de los hogares pobres en 2019, antes del recrudecimiento de la pobreza con la pandemia en 2020), lo cual constituye una muestra de la inadecuada capacidad gubernamental para lograr una oportuna e integral aplicación de medidas compensatorias a los hogares pobres y vulnerables, los cuales serán claramente afectados con la universalización de este impuesto. Así pues, en economías altamente informales y con precarios sistemas de información hay una alta brecha entre la imposición tributaria a la canasta familiar y la cobertura y efectividad de las compensaciones para hogares en pobreza y vulnerabilidad, por ejemplo.

Como ya se vió, el peso de los gastos en los rubros de alimentos y de arriendo de vivienda para los hogares en pobreza casi que duplica el correspondiente a los hogares de la clase de altos ingresos (un 54% en el primer caso), en este artículo se muestra, a manera de ejemplo, el impacto fiscal y en redistribución de ingreso de la implantación de una tarifa general del IVA del 19 por ciento para alimentos.


El IVA sobre alimentos

 

El gasto de los hogares en alimentos, según la Enph 2016-2017, fue de 4.06 billones de pesos mensuales en 2017 –esto es, 48.7 billones de pesos al año–. Los alimentos de mayor consumo son las carnes (28%), panes y cereales (18%), leche, queso y huevos (15%), y legumbres (14%) (Cuadro 1).

 


Gravar todos los alimentos con el IVA a la tarifa general del 19 por ciento, le representaría un recaudo adicional al gobierno nacional de 771 mil millones de pesos al mes –9.3 billones de pesos al año, algo superior al 0.9% del PIB–, el cual recaería –siempre en por ciento– en un 37 sobre los hogares de la clase media, un 33 sobre vulnerables, un 25 sobre los empobrecidos y apenas un 5 sobre los de la clase alta.

Aplicar este tipo de medidas, si todos los demás factores permanecen constantes, llevaría a expulsar, por ejemplo, a un conglomerado de 963 mil personas (5.6%) en vulnerabilidad a la pobreza, e incrementaría la inequidad en la distribución de ingresos en el país al elevarse el índice de Gini de concentración de 0.5438 a 0.5502.

Ahora bien, si se aplicara el IVA sobre alimentos a una tarifa del 19 por ciento para los hogares de los deciles 9 y 10 de más altos ingresos en el país se evitaría dicho incremento de la concentración y, por el contrario, podría incluso reducirse muy ligeramente de 0.5438 a 0.5407, aparte de generar un recaudo de cerca de 0.23 por ciento del PIB al año.

Por ello, lo procedente es aplicar una tarifa del 19 por ciento del consumo imputado –según lo estimado con base en la Enph del Dane para los hogares de diferentes clases y deciles de ingreso– para los hogares de altos ingresos, y con una tarifa del 0 por ciento para el resto de hogares.

 

El caso de otros componentes de la canasta

 

Siguiendo similar planteamiento para el caso de los otros rubros importantes en la canasta de consumo como son los arriendos pagados e imputados, la electricidad, gas y agua, por un lado, y alimentación y restauración fuera del hogar, es importante que el gobierno nacional y el Congreso de la República aprobaran el IVA en cuestión sobre los arriendos pagados e imputados para el caso de las personas jurídicas con mayores ingresos operacionales, así como la aplicación de la tarifa del 19 por ciento sobre el consumo de electricidad, gas y agua de las empresas.

Dado que los servicios de intermediación financiera medidos indirectamente se definen como la remuneración indirecta que obtienen las instituciones financieras y de seguros en las operaciones de préstamos, depósitos y seguros que realizan, así como la diferencia entre el tipo de interés de referencia que se fija para cada operación financiera y el tipo de interés que pagan las instituciones financieras, se debería implantar este mismo IVA a este tipo de servicios en cabeza de las entidades financieras y de seguros, aparte de los reducidos costos de transacción y simplicidad de su recaudo.

 

Escenarios alternativos para la imposición del IVA a la canasta familiar

 

Como síntesis de lo anterior, resulta de gran utilidad analizar la sensibilidad de los impactos en recaudo tributario y los cambios en la distribución de ingreso entre hogares a variaciones en la población de hogares sujeta al gravamen del IVA del 19 por ciento en el país. Como se aprecia en el Cuadro 2, si se aplicara el IVA universal en el porcentaje indicado a todos los hogares colombianos el recaudo adicional alcanzaría a un 6.2 por ciento del PIB al año y el índice Gini de concentración de ingresos se agravaría aún más al pasar de 0.5438 a 0.5705, en tanto que si sólo se aplicara el IVA a toda la canasta de los hogares del decil 10 de más altos ingresos con la tarifa del 19 por ciento y de 0 para el resto de los hogares, se aumentaría el recaudo al 1.8 por ciento del PIB al año y se reduciría apreciablemente el índice Gini de concentración al descender de 0.5438 a 0.5209.

Ahora bien, si se aplicara a la canasta de los hogares de los deciles 9 y 10 de mayores ingresos con la tarifa indicada y del 0 por ciento para el resto de hogares, se incrementaría el recaudo al 2.7 por ciento del PIB al año y se alcanzaría una reducción del índice Gini de 0.5438 a 0.5144.

Lo que demuestra con claridad suficiente la robustez de un diagnóstico de política pública que consulte con rigor las ventajas y desventajas existentes entre recaudo, equidad y progresividad a la luz de objetivos precisos de política económica y social.

En términos de eficacia del recaudo y redistribución de ingreso sobresalen, sin duda alguna, las alternativas de gravar focalizadamente a la canasta de los hogares de mayores ingresos en el país con la tarifa ya definida y del 0 por ciento para el resto de hogares, y en particular del 10 si no se quisiera afectar a algunos sectores de la clase media.

Así, entonces, existirían algunas variantes sobre estos tipos de opciones, para no mencionar otras, que facilitarían sopesar la más deseable en términos de recaudación, graduación, focalización y tarificación bajo los postulados de política pública aquí en referencia, así como en consonancia y estricta coherencia con los demás componentes de la reforma estructural tributaria.

Una opción deseable de política podría consistir en aplicar la referida tarifa del IVA a las personas naturales pertenecientes al 5 por ciento de las que cuentan con los mayores ingresos en el país, como una primera etapa, lo que generaría recursos tributarios por cerca de un 0.8-1.0 por ciento del PIB al año; luego, en la segunda etapa, se podría ampliar la aplicación del IVA pero con una tarifa del 15 por ciento al resto de las personas naturales pertenecientes al 10 por ciento de las con mayores ingresos en el país, que aportaría un recaudo adicional del orden del 0.5-0.6 por ciento del PIB al año, y, cuando sea conveniente e indispensable, en la tercera etapa se extendería la aplicación de este impuesto con una tarifa del 10 por ciento para las personas naturales del decil 9 de ingresos, que recaudaría en torno a un 0.3 por ciento del PIB al año, llegándose en este punto a un aporte recaudatorio acumulado del IVA a la canasta de consumo de los hogares del país próximo al 1.8-2.0 por ciento del PIB al año.

De acuerdo con lo ya argumentado, la mejor forma procedimental, si no única, de aplicar el gravamen, dadas las actuales restricciones en los registros administrativos y en la interoperabilidad de los sistemas de información gubernamental2, sería la de aplicarlo directamente a los hogares sujetos al gravamen a través tanto de la declaración del impuesto sobre la renta y complementarios para el caso de los arriendos pagados e imputados, por ejemplo, como del mismo recibo del pago de servicios como la electricidad, gas y agua a condición de que se corrijan los graves sesgos de la estratificación actual.

 

En suma…

 

Dicen que un buen gobierno es aquel que garantiza felicidad, seguridad y bienestar a la sociedad con la que organiza la vida diaria. Y para garantizar tal tríptico no puede dejar de lado la justicia, en este caso en el campo económico, tributario y fiscal. Realizar tal precepto no es posible sin trascender las promesas. En este caso, invertir la política impuesta en Colombia desde décadas atrás con la cual se invirtió en 180 grados la lógica de “quien tiene más debe pagar más”, y para ello hemos tratado de dejar la evidencia sin que las neblinas impidan apreciarla en su debida manera.

Queda evidente, entonces, que otra política tributaria sí es posible, pero para hacerla realidad hace falta mucho más que argumentos… El reto queda para el conjunto nacional.

 

1 https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/precios-y-costos/indice-de-precios-al-consumidor-ipc/ipc-actualizacion-metodologica-2019/ipc-ponderadores.
2 Es de reiterar que el programa de devolución del IVA actualmente llega a menos del 23% de los hogares en pobreza en el país y que, según información oficial suministrada a la Corte Constitucional, a agosto todavía había más del 45% de los hogares en situación de desplazamiento forzado interno a los que no les había llegado ningún programa social del Gobierno nacional.

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Jueves, 28 Enero 2021 07:43

¿Cuánto vale el agua?

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Desde muy pequeña escuché la frase de mamá diciéndome que no gastara el agua porque “gota a gota el agua se agota”. No es casual, el uso que desde siempre han hecho en casa de varias técnicas para aprovecharla al máximo, por ejemplo recoger el agua de la ducha, la lluvia o la lavadora y reutilizarla para lavar los pisos o vaciar el sanitario. A veces me preguntaba si era por un bien común o sólo porque al final de cuentas el recibo de pago llegaba más barato, aun así, desde muy pequeña tomé conciencia de la importancia de cuidar de este recurso y no malgastarlo, tanto así que me sentía mal por jugar con el agua.

Así educada, no fue extraño mi asombro cuando a principios del mes de diciembre me encontré con la noticia de que el agua comenzaría a cotizar dentro del mercado de futuros en la Bolsa de Valores y aunque no soy economista, y poco conozco del funcionamiento de maniobras financieras, sé que colocar el recurso más valioso y preciado del mundo en manos de los que controlan la economía mundial es jugar con fuego. Por eso desde mi posición como mujer, bióloga y ser vivo, quiero hablar un poco sobre lo que para mí representa el agua y argumentar porqué es fundamental la protección y conservación de las cuencas hídricas, así como garantizar su acceso y goce pleno a todos los seres que habitan este planeta.

En primer lugar, la vida en nuestro planeta tuvo origen en el agua e incluso hay organismos que viven exclusivamente en ambientes acuáticos. Este líquido es tan importante que gran parte de las exploraciones en otros planetas se hacen buscando esta sustancia. Pero ¿Por qué preocuparnos si el agua en la Tierra corresponde al 70 por ciento de la superficie? Bueno, lastimosamente el 97,5 por ciento corresponde al agua de mar (no sé si alguna vez la hayas probado, pero no suele quitar la sed), el otro 2,5 por ciento es agua dulce, de la cual un escaso 0,007 está disponible para consumo. Por lo tanto, la disponibilidad del recurso es reducida y para nosotros como sociedad y como especie es importante la gestión sobre este.

La Unesco menciona que […] el agua es un factor propicio o limitante para cualquier desarrollo social y tecnológico, además de una posible fuente de bienestar o miseria, cooperación o conflicto [...]1 , el acceso a agua potable es parte fundamental de la calidad de vida de las personas. Pero, ¿acaso te has cuestionado cuántas personas tienen derecho al agua potable? En Colombia, por ejemplo, sólo las grandes ciudades cuentan con tratamiento de agua y por eso, personalmente sólo soy capaz de tomar agua del grifo sin miedo a enfermarme en Bogotá. A pesar de ello he tenido la posibilidad de tomar agua de la montaña gracias a que existen lugares protegidos, que lastimosamente se reducen cada vez más por falta de regulación y compromiso con la protección de las cuencas hídricas. Uno de los mayores problemas es la contaminación del agua, pero ¿quién la contamina? Bueno, empecemos por resaltar que gran parte de las aguas que pasan por entornos urbanos o los desagües de ciertas zonas no son tratadas antes de regresar al ecosistema, seguido de la infiltración en la tierra que puede darse con las heces fecales de las vacas en ganadería, los pesticidas usados en agricultura o el vertido directo o indirecto de los químicos utilizados en toda la industria, incluyendo la minería.

Lo que quiere decir que en Colombia el agua no está al alcance de todos, porque a pesar de tener una riqueza hídrica impresionante no se puede tomar agua directamente de los ríos, así que la compras envasada o hierves el agua que obtengas ya sea del grifo, del río o de la lluvia –en caso de no tener otra fuente cercana. Según la ONU2, en el mundo 3 de cada 10 personas carecen de acceso a servicios de agua potable segura, su escasez afecta a más del 40 por ciento de la población mundial y se prevé que este porcentaje aumente. Y aunque dentro de la agenda 2030 uno de los objetivos se relacione con el acceso al agua potable para todas las personas, es angustiante ver que a pesar de la importancia de gestionar el recurso hídrico, el crecimiento económico de los países desarrollados sigue estando basado en la explotación de los países en desarrollo.

Producto de todo ello y mucho más, pensar que el agua empezará a cotizarse en la Bolsa al mismo nivel que el oro y el petróleo, debe hacernos reflexionar respecto a los beneficios que obtendrán las empresas a partir de los bienes reales que harán parte de los juegos especulativos y los perjuicios que dichas acciones traerán a la humanidad; porque hay que tener en cuenta que no se adquiere el recurso hoy, sino el derecho a usarla en el futuro. Y aunque lo promuevan como una estrategia para la conservación y gestión de este precioso recurso para la vida, hay que ver que lo que sucede en Wall Street con el petróleo o el café termina determinando el desarrollo de un país como el nuestro.

Ante tamaña realidad, los llamados países en desarrollo que aún conservan parte de sus recursos hídricos objetos de especulación, deben poner más atención en la protección de cuencas hídricas y las personas deben apropiarse de sus territorios para que los recursos que de por sí nos pertenecen y deben ser administrados como comunidad no entren en el ciclo de enriquecimiento de multinacionales, porque cuando se habla de la explotación, extracción y uso del agua, lo que está en juego no es solamente la riqueza de unos cuantos sino la necesidad de garantizar la vida actual y de las futuras generaciones.

El año 2020, con la crisis pandémica que sacudió a la humanidad, demostró la necesidad de cambiar el enfoque de desarrollo económico instaurado en políticas de extracción y explotación de recursos, de ahí la crucial necesidad de pensar cuál es nuestro lugar en la Tierra y fortalecer la decisión de apropiarnos de nuestro territorio para formular políticas públicas que permitan la gestión y el manejo de los recursos con el fin de garantizar la vida, así como el desarrollo social, económico y cultural de las poblaciones humanas. Según un informe del Banco Mundial […] Colombia es uno de los países con más abundancia de agua en el mundo, sin embargo, la forma en la que se gestionan y usan los recursos hídricos revela claros desafíos […]3. Ante el panorama actual, donde el agua es cotizada en la Bolsa y el acceso a los recursos sigue siendo inequitativo, debemos reflexionar sobre la gobernabilidad de nuestros territorios y cómo nuestra intervención es cada vez más urgente para proteger la vida. Derecho que nos corresponde como seres humanos, para quienes la vida depende del agua. Ponerle un precio a ella es ponerle un precio a la vida.

1 http://www.unesco.org/new/es/natural-sciences/environment/Water
2 https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/water-and-sanitation/
3 World Bank Group (2020), Colombia un cambio de rumbo, seguridad hídrica para la recuperación y crecimiento sostenible. Informe de Seguridad Hídrica de la Práctica de agua para Colombia.

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Miércoles, 27 Enero 2021 08:34

Fútbol, en las bolsas de la especulación

https://www.cleanpng.com/png-marcus-rashford-0-team-sport-england-national-foot-3782881/

Las noticias procedentes del mundo del fútbol, son cada vez más sorprendentes. Al final de la primera semana de enero algunos portales deportivos entregaron la información sobre el futbolista más caro del mundo, y sobre otros que le siguen en esa bolsa de especulación y mercadeo financiero en que ha terminado lo que otrora fue un juego, simplemente eso, una oportunidad de encuentro, recreación, competencia circunstancial, compartir de alegrías y relajamiento. La noticia estaba soportada en información brindada por el centro investigador Cies Football Observatory.

La noticia, presentada como lo más normal del mundo, como si no ocultara la esencia del modelo social que ahora nos domina, confirmaba que con un precio de 165 millones de euros (algo así como 709 mil millones de pesos) Marcus Rashford, delantero del Manchestar United F.C. (de la Premier League) figura como el jugador más caro del mundo.

Con algunos millones menos que su astronómica cotización, en segundo lugar destaca Ering Haaland, delantero del Borussia Dortmund (de la Bundesliga de Alemania) tasado en 152 millones de euros.

Pero no solo delanteros. Según el CIES, porteros, mediocampistas y demás también cotizan a cifras con muchos ceros. Por ejemplo, Bruno Fenandes, mediocampista del Manchestar United F.C. está cotizado en 151 millones de euros. Por su parte, Ederson Moraes, portero del Manchestar City F.C. está cifrado en 80 millones de euros.

En este mercado, más que deporte estrictamente hablando, los jugadores más referidos por el contorno colombiano, y que de por sí ya registraban con cifras que asombraban a todos los aficionados, quedan relegados a puestos distantes. Por ejemplo, el delantero del Barcelona Lionel Messi, en el 97 y valorado en 54 millones de la moneda europea. Y Cristiano Ronaldo, jugador de la Juventus, tasado “apenas” en 47 millones de igual moneda, figura en la posición 131.

Toda una locura. ¿Cómo fue posible que un deporte barrial, espacio de encuentro, abrazos, alegría y llanto colectivo, de compartir, momento de recreación y descanso, terminará transformado en fuente de especulación, intrigas de todo tipo, presiones inimaginables, manipulaciones, casino nacional y global tras el que se mueven intereses puros e impuros? Sin duda, la lucha de los gobernantes por el control de la Fifa, multinacional deportiva, no es casual.
¿Cómo fue posible que lo que era un simple intercambio de destrezas, capacidad física, agilidad corporal y mental, quedará transformado en una inmensa empresa mercantil con miles de tentáculos que no deja dormir a innumerable cantidad de niños y jóvenes en su ilusión por llegar a ser los mejores jugadores de su ciudad, país y mundo, no solo para destacar como simples y buenos deportistas sino para ganar infladas bolsas de dinero? Niños y jóvenes que desde ese momento han perdido la esencia del deporte, lo espontáneo, el compartir incluso sin reglas, como es el espíritu del juego en general, el divertirse, el batirse en capacidades momentáneas, para quedar sumidos en el afán por el triunfo, ocupando como todo trabajador un lugar exacto dentro de un tinglado predeterminado por otros.

Niños y jóvenes, en buena proporción habitantes de barriadas populares, que ven en la destreza con la pelota la oportunidad para salir de la marginalidad. Una ilusión coronada por muy pocos, pese al esfuerzo de tantos miles; una ilusión frustrada para muchos por la lógica en que se soporta todo intercambio mercantil: se compra y se vende lo que es útil a alguien, lo que sirve para algún propósito, y en ese tire y afloje entre oferta y demanda, no hay lugar para todos pues de por medio está el interés y cálculo del empresario, para quien especula con la fuerza de trabajo de otros, quien se embolsilla los dividendos primero que cualquier trabajador/jugador.

Es un mercadeo de ilusiones y capacidades físicas en el cual al jugador, producto de las grandes cifras que devenga, olvida que es un trabajador, uno que cumple con su jornada y está sometido a intensas sesiones laborales, ahora súper exigentes, en tanto tiene que desempeñarse cada semana en por lo menos dos partidos, además de someterse a la rutina diaria de formación y mantenimiento físico que demanda prolongadas sesiones de trabajo.

Un trabajador, que si le va bien alcanza la jubilación tras 20 años de cumplir con el patrón, como le sucedía antes a todo el que tuviera trabajo fijo, derecho perdido pero que sí lo ostentan quienes trabajan controlando la número cinco. Son jóvenes enrolados a los 13 años de edad, que si les va bien a los 18 o 20 ya reciben al año ingresos que un obrero de salario mínimo no alcanza a reunir ni sumando sus ingresos de toda una vida, y que a los 35 ya ven cerrado su ciclo laboral Tal vez se retiran con lesiones físicas, con el desgaste del cuerpo que todo obrero sufre, en este caso con lesiones de rodilla, tobillos, pies, hombros, cabeza, pero no siempre es así, en ocasiones salen con aceptable salud. En todo caso, a mitad de sus vidas pueden dedicarse a cualquier otro oficio. Un lujo que pocos pueden darse.

De esta manera, en esa demencial descompensación, donde el individualismo es alentado al máximo, convertidos en figuras del espectáculo, en referentes de millones de personas, no es extraño que el consumo quede como alternativa y posibilidad: ellos son marca pero además no consumen sino las marcas que destacan en ese momento, y no solo sucede con la ropa y similares, también autos y hasta aviones. De eso se trata, así colonizan sus mentes: ostentar, destacar, lucir, figurar. Ya no son personas, ya son mercancía, una cosa, algo que un tercero maneja a su antojo.

Pocos logran zafarse de esa lógica perversa, defendiendo su capacidad integral, y cuando eso sucede, en tanto personalidades del espectáculo, logran impactar a millones de personas, estimulando actitudes críticas, rupturas con el vil mercadeo de la sociedad en general en que hemos caído.

Es una realidad que sucede con el fútbol, extendida a todos los otros deportes, entre ellos el básquet, el beisbol, por no alargarnos enumerando nombres.

Una realidad que no puede negarnos la ilusión de recuperar el deporte como simple juego, espontáneo compartir de ilusiones, alegrías y tristezas, espacio para integrar, para formar comunidad, al tiempo que nos formamos en cuerpo y espíritu.

 


 

Otra maravilla

 

No solo algunos jugadores, trabajadores de una empresa llamada deporte y en particular fútbol, devengan ahora inmensas sumas de dinero, también los perciben con muchos ceros los técnicos o entrenadores de esos equipos, que equivalen, por colocar un ejemplo, a ingenieros o profesionales cualificados de un sector específico de la producción.

Y aunque tienen sueldos inmensos cuando se desempeñan al frente de un equipo cualquiera en la liga profesional, la mesada se multiplica por mucho cuando son contratados por la Federación de Fútbol de un determinado país.

Es el caso de la Selección de Fútbol de Colombia, cuyo último técnico, Carlos Queiroz, salió en tiempo récord por bajos resultados, y para finiquitar su contrato tocaba cancelarle hasta dos millones de dólares. Si eso es perdiendo, ¿cómo será presentando óptimos resultados?

Pues bien, las informaciones procedentes de esa misma institución indican que en su reemplazo llegará Reinaldo Rueda, con quien discuten si la suma por pagarle, a él y su equipo técnico –integrado por Alexis Mendoza y Bernardo Redín– rondaría los 3,5 millones de dólares, por fuera de los cuales quedan las primas o bonificaciones por clasificar al mundial de este deporte, así como por lograr los mejores lugares en el mismo.

Y mientras esto sucede en el deporte, y en otras muchas profesiones donde las directivas se lucran de inmensos ingresos, las centrales obreras mantienen la discusión sobre el salario mínimo, que ahora en Colombia es de 908.500 pesos. En realidad el debate debe invertirse y discutirse el salario máximo, una vía para ir atacando la ascendente desigualdad social existente y creciente en nuestro país.

 

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¿IVA de 19 por ciento para toda la canasta?

Soplan vientos que traen el eco de gravar la totalidad de alimentos con el IVA en un 19 por ciento. Es la propuesta facilista para recomponer el déficit fiscal que sobrelleva el país, medida que le representaría un recaudo adicional al gobierno nacional de 771 mil millones de pesos al mes –9.3 billones de pesos al año, algo superior al 0.9% del PIB–. ¿Por qué es improcedente esta medida y cuáles serían sus consecuencias?

 

De nuevo el debate sobre la necesidad de realizar una reforma estructural tributaria gana espacio a nivel nacional. Esta vez producto de la difícil situación fiscal del país, agravada por la pandemia del covid-19 en 2020 y con ella la caída de ingresos del gobierno nacional de un 2.5 por ciento del PIB y el aumento del gasto público para enfrentar la crisis social y económica en curso.

Como en otras ocasiones, sectores defensores de los privilegios de pocos proponen como uno de los pilares para mejorar las arcas públicas la universalización del impuesto al valor agregado –IVA– para todo el conjunto de bienes y servicios de la canasta familiar. Una propuesta improcedente, como permite afirmarlo las mismas cifras oficiales sobre los impactos recaudatorios y en la distribución de ingresos de diferentes opciones alternativas de reforma del IVA.



Algunas consideraciones generales de contexto

 

En el Gráfico 1 puede apreciarse, a manera de preámbulo, cuán regresivo resultaría ser la generalización de la tarifa del 19 por ciento del IVA a la totalidad de bienes y servicios consumidos por los hogares en Colombia, ya que este impuesto como proporción del ingreso total de los hogares variaría desde el 24 por ciento para el caso de los hogares en pobreza y el 17 por ciento para el de hogares en vulnerabilidad, que resultan ser muy superiores al de los hogares con mayores ingresos de la denominada clase alta (el 7% para los hogares del decil 10 con los mayores ingresos y 12%, en promedio, para los deciles 7 a 9).

Así pues, a diferencia de lo argumentado recientemente en ciertos círculos especializados a nivel internacional, no es cierto que a priori el IVA generalizado pueda resultar progresivo dado el nivel y composición de los gastos en bienes y servicios que realizan los hogares según nivel de ingreso en el caso de un país como Colombia, con elevados niveles tanto de pobreza monetaria (cercano al 35.7% en 2019, justo antes de la pandemia del covid-19 que la recrudeció de manera significativa en 2020) como de concentración de ingresos y de riqueza.

Ante estas circunstancias, resulta claro que el diseño de una reforma del IVA en Colombia ha de ser enmarcado, en sentido estricto, en una visión de economía política que pondere debidamente los principios constitucionales de equidad, progresividad y eficiencia, aparte de los de simplicidad y transparencia, a la luz de propósitos básicos como los de inclusión social, reducción de la pobreza y la desigualdad societal.

 

La clasificación del gasto según grupos de la canasta familiar

 

El Dane, con base en la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares (Enph) 2016-2017, seleccionó la nueva canasta y revisó la metodología aplicada al Índice de Precios al Consumidor. Entre los cambios están los nuevos ponderadores a nivel de las 12 divisiones, grupos de gasto y clases de gasto para cada una de las clases sociales1.

En la misma destaca el peso específico del grupo de alimentos en el gasto de los hogares en el país, a saber –siempre en por ciento–: 13.89 a nivel general, el 22.10 para los hogares en pobreza, el 20.56 para los hogares en vulnerabilidad, el 14.57 para los hogares de la denominada clase media y el 7.51 para los hogares de la clase de ingresos altos.

A su vez, el gasto conjunto en alimentación y arriendos llega a representar el 39.05 del gasto total para el agregado de hogares en el país, llegando incluso hasta el 53.73 del gasto en el caso de los hogares en pobreza, el 48.43 en el de los hogares en vulnerabilidad, el 39.94 en el de los hogares de clase media y el 29.88 en el de los hogares de ingreso alto.

 

El gasto total de los hogares y su composición

 

De acuerdo con esta encuesta de 2016-2017, el gasto total mensual de las unidades de gasto alcanzó 27.4 billones de pesos mensuales (328.8 billones de pesos al año), distribuidos fundamentalmente en: alimentos y bebidas no alcohólicas (4.4 billones de pesos mensuales, equivalente al 15.9 por ciento del gasto total); alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (7.9 billones de pesos mensuales, 28.7% del gasto total); bienes y servicios diversos (5.0 billones de pesos mensuales, 18.3%) y transporte (2.6 billones de pesos mensuales, 9.5%), entre otros.

En estas condiciones, la distribución del IVA del 19 por ciento a toda la canasta familiar a nivel de las clases sociales muestra cómo el recaudo se concentraría en lo fundamental en los hogares de la clase media (44%), seguido por los hogares en vulnerabilidad (26%), los hogares en pobreza (19%) y, finalmente, los de la clase alta (11%), destacándose cómo el peso del impuesto IVA sobre el ingreso representaría el 24.4 por ciento para los hogares en pobreza, mientras que para aquellos de altos ingresos sería de tan sólo el 10.8 por ciento y mucho menos para el 1 por ciento de los hogares más ricos de la clase alta para los que el IVA a la canasta familiar sólo afectaría el 7.3 por ciento de su ingreso.

El efecto de la medida es inocultable. De ahí que la propuesta debiera orientarse a no gravar la canasta básica de los hogares en pobreza y vulnerabilidad, ni tampoco a los rangos o sub-deciles de ingresos bajos de la clase media, para que con ello se lograran mejoras sustanciales en el índice Gini de concentración de ingresos al poder pasar de 0.5438 a 0.5166.

Ante esta composición del gasto de los hogares en el país, universalizar la tarifa del IVA del 19 por ciento a la canasta familiar de bienes y servicios generaría un recaudo aproximado de 62 billones de pesos al año (6.2% del PIB).

 

 

 

La potencia del impacto

 

Mediante una microsimulación del IVA a toda la canasta familiar, se estima que su universalización al 19 por ciento para todos los bienes y servicios, si todos los demás factores permanecen constantes, reconfiguraría de manera apreciable la estructura de las clases sociales, con un aumento de la proporción de hogares en pobreza extrema, pobreza y vulnerabilidad y una reducción de la de hogares de clase media, en la medida en que:

(i) cerca del 23 por ciento de los hogares en pobreza no extrema serían expulsadas a la pobreza extrema,
(ii) un 16 por ciento de los hogares vulnerables serían expulsados a la pobreza, y
(iii) un 23 por ciento de los hogares de la clase media serían expulsadas a vulnerabilidad.

Como queda claro, de así proceder ello conduciría a un inaceptable empobrecimiento y agudización de la vulnerabilidad de amplios grupos poblacionales, ya de por sí golpeados por la política económica en voga desde décadas atrás, y más agravados con la pandemia del covid-19, consecuente con un aumento del índice Gini de concentración del ingreso de un 0.5438 antes del impuesto IVA a 0.5705 después del mismo a toda la canasta básica para toda la población.

La importancia de este tipo de impactos ha sido reconocida por organismos internacionales y círculos de expertos al punto de recomendar que con la ampliación de la base gravable del IVA a bienes y servicios de la canasta familiar se implanten medidas de compensación (créditos fiscales, devolución de IVA, entre otros) focalizada a favor de los hogares en pobreza y vulnerabilidad. A pesar de lo anterior, dados los altos niveles de informalidad como de precariedad de ingresos de amplios grupos de nuestra sociedad y ante los graves vacíos en la interoperabilidad y robustez estadística de los registros administrativos en un país como Colombia, se generan importantes desigualdades, injusticias, asimetrías, inequidades, falencias en la cobertura de la población y elevados costos de transacción no solo para la administración pública sino también para los mismos hogares elegibles.

En cuanto a la pretendida corrección de este tipo de políticas en Colombia, resulta muy aleccionadora la experiencia de la devolución del IVA, debido a que hasta el presente tan sólo llega a cubrir a un millón de hogares pobres (esto es, apenas un 23.3% de los hogares pobres en 2019, antes del recrudecimiento de la pobreza con la pandemia en 2020), lo cual constituye una muestra de la inadecuada capacidad gubernamental para lograr una oportuna e integral aplicación de medidas compensatorias a los hogares pobres y vulnerables, los cuales serán claramente afectados con la universalización de este impuesto. Así pues, en economías altamente informales y con precarios sistemas de información hay una alta brecha entre la imposición tributaria a la canasta familiar y la cobertura y efectividad de las compensaciones para hogares en pobreza y vulnerabilidad, por ejemplo.

Como ya se vió, el peso de los gastos en los rubros de alimentos y de arriendo de vivienda para los hogares en pobreza casi que duplica el correspondiente a los hogares de la clase de altos ingresos (un 54% en el primer caso), en este artículo se muestra, a manera de ejemplo, el impacto fiscal y en redistribución de ingreso de la implantación de una tarifa general del IVA del 19 por ciento para alimentos.


El IVA sobre alimentos

 

El gasto de los hogares en alimentos, según la Enph 2016-2017, fue de 4.06 billones de pesos mensuales en 2017 –esto es, 48.7 billones de pesos al año–. Los alimentos de mayor consumo son las carnes (28%), panes y cereales (18%), leche, queso y huevos (15%), y legumbres (14%) (Cuadro 1).

 


Gravar todos los alimentos con el IVA a la tarifa general del 19 por ciento, le representaría un recaudo adicional al gobierno nacional de 771 mil millones de pesos al mes –9.3 billones de pesos al año, algo superior al 0.9% del PIB–, el cual recaería –siempre en por ciento– en un 37 sobre los hogares de la clase media, un 33 sobre vulnerables, un 25 sobre los empobrecidos y apenas un 5 sobre los de la clase alta.

Aplicar este tipo de medidas, si todos los demás factores permanecen constantes, llevaría a expulsar, por ejemplo, a un conglomerado de 963 mil personas (5.6%) en vulnerabilidad a la pobreza, e incrementaría la inequidad en la distribución de ingresos en el país al elevarse el índice de Gini de concentración de 0.5438 a 0.5502.

Ahora bien, si se aplicara el IVA sobre alimentos a una tarifa del 19 por ciento para los hogares de los deciles 9 y 10 de más altos ingresos en el país se evitaría dicho incremento de la concentración y, por el contrario, podría incluso reducirse muy ligeramente de 0.5438 a 0.5407, aparte de generar un recaudo de cerca de 0.23 por ciento del PIB al año.

Por ello, lo procedente es aplicar una tarifa del 19 por ciento del consumo imputado –según lo estimado con base en la Enph del Dane para los hogares de diferentes clases y deciles de ingreso– para los hogares de altos ingresos, y con una tarifa del 0 por ciento para el resto de hogares.

 

El caso de otros componentes de la canasta

 

Siguiendo similar planteamiento para el caso de los otros rubros importantes en la canasta de consumo como son los arriendos pagados e imputados, la electricidad, gas y agua, por un lado, y alimentación y restauración fuera del hogar, es importante que el gobierno nacional y el Congreso de la República aprobaran el IVA en cuestión sobre los arriendos pagados e imputados para el caso de las personas jurídicas con mayores ingresos operacionales, así como la aplicación de la tarifa del 19 por ciento sobre el consumo de electricidad, gas y agua de las empresas.

Dado que los servicios de intermediación financiera medidos indirectamente se definen como la remuneración indirecta que obtienen las instituciones financieras y de seguros en las operaciones de préstamos, depósitos y seguros que realizan, así como la diferencia entre el tipo de interés de referencia que se fija para cada operación financiera y el tipo de interés que pagan las instituciones financieras, se debería implantar este mismo IVA a este tipo de servicios en cabeza de las entidades financieras y de seguros, aparte de los reducidos costos de transacción y simplicidad de su recaudo.

 

Escenarios alternativos para la imposición del IVA a la canasta familiar

 

Como síntesis de lo anterior, resulta de gran utilidad analizar la sensibilidad de los impactos en recaudo tributario y los cambios en la distribución de ingreso entre hogares a variaciones en la población de hogares sujeta al gravamen del IVA del 19 por ciento en el país. Como se aprecia en el Cuadro 2, si se aplicara el IVA universal en el porcentaje indicado a todos los hogares colombianos el recaudo adicional alcanzaría a un 6.2 por ciento del PIB al año y el índice Gini de concentración de ingresos se agravaría aún más al pasar de 0.5438 a 0.5705, en tanto que si sólo se aplicara el IVA a toda la canasta de los hogares del decil 10 de más altos ingresos con la tarifa del 19 por ciento y de 0 para el resto de los hogares, se aumentaría el recaudo al 1.8 por ciento del PIB al año y se reduciría apreciablemente el índice Gini de concentración al descender de 0.5438 a 0.5209.

Ahora bien, si se aplicara a la canasta de los hogares de los deciles 9 y 10 de mayores ingresos con la tarifa indicada y del 0 por ciento para el resto de hogares, se incrementaría el recaudo al 2.7 por ciento del PIB al año y se alcanzaría una reducción del índice Gini de 0.5438 a 0.5144.

Lo que demuestra con claridad suficiente la robustez de un diagnóstico de política pública que consulte con rigor las ventajas y desventajas existentes entre recaudo, equidad y progresividad a la luz de objetivos precisos de política económica y social.

En términos de eficacia del recaudo y redistribución de ingreso sobresalen, sin duda alguna, las alternativas de gravar focalizadamente a la canasta de los hogares de mayores ingresos en el país con la tarifa ya definida y del 0 por ciento para el resto de hogares, y en particular del 10 si no se quisiera afectar a algunos sectores de la clase media.

Así, entonces, existirían algunas variantes sobre estos tipos de opciones, para no mencionar otras, que facilitarían sopesar la más deseable en términos de recaudación, graduación, focalización y tarificación bajo los postulados de política pública aquí en referencia, así como en consonancia y estricta coherencia con los demás componentes de la reforma estructural tributaria.

Una opción deseable de política podría consistir en aplicar la referida tarifa del IVA a las personas naturales pertenecientes al 5 por ciento de las que cuentan con los mayores ingresos en el país, como una primera etapa, lo que generaría recursos tributarios por cerca de un 0.8-1.0 por ciento del PIB al año; luego, en la segunda etapa, se podría ampliar la aplicación del IVA pero con una tarifa del 15 por ciento al resto de las personas naturales pertenecientes al 10 por ciento de las con mayores ingresos en el país, que aportaría un recaudo adicional del orden del 0.5-0.6 por ciento del PIB al año, y, cuando sea conveniente e indispensable, en la tercera etapa se extendería la aplicación de este impuesto con una tarifa del 10 por ciento para las personas naturales del decil 9 de ingresos, que recaudaría en torno a un 0.3 por ciento del PIB al año, llegándose en este punto a un aporte recaudatorio acumulado del IVA a la canasta de consumo de los hogares del país próximo al 1.8-2.0 por ciento del PIB al año.

De acuerdo con lo ya argumentado, la mejor forma procedimental, si no única, de aplicar el gravamen, dadas las actuales restricciones en los registros administrativos y en la interoperabilidad de los sistemas de información gubernamental2, sería la de aplicarlo directamente a los hogares sujetos al gravamen a través tanto de la declaración del impuesto sobre la renta y complementarios para el caso de los arriendos pagados e imputados, por ejemplo, como del mismo recibo del pago de servicios como la electricidad, gas y agua a condición de que se corrijan los graves sesgos de la estratificación actual.

 

En suma…

 

Dicen que un buen gobierno es aquel que garantiza felicidad, seguridad y bienestar a la sociedad con la que organiza la vida diaria. Y para garantizar tal tríptico no puede dejar de lado la justicia, en este caso en el campo económico, tributario y fiscal. Realizar tal precepto no es posible sin trascender las promesas. En este caso, invertir la política impuesta en Colombia desde décadas atrás con la cual se invirtió en 180 grados la lógica de “quien tiene más debe pagar más”, y para ello hemos tratado de dejar la evidencia sin que las neblinas impidan apreciarla en su debida manera.

Queda evidente, entonces, que otra política tributaria sí es posible, pero para hacerla realidad hace falta mucho más que argumentos… El reto queda para el conjunto nacional.

 

1 https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/precios-y-costos/indice-de-precios-al-consumidor-ipc/ipc-actualizacion-metodologica-2019/ipc-ponderadores.
2 Es de reiterar que el programa de devolución del IVA actualmente llega a menos del 23% de los hogares en pobreza en el país y que, según información oficial suministrada a la Corte Constitucional, a agosto todavía había más del 45% de los hogares en situación de desplazamiento forzado interno a los que no les había llegado ningún programa social del Gobierno nacional.

Publicado enEdición Nº275
Martes, 26 Enero 2021 10:08

¿Cuánto vale el agua?

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Desde muy pequeña escuché la frase de mamá diciéndome que no gastara el agua porque “gota a gota el agua se agota”. No es casual, el uso que desde siempre han hecho en casa de varias técnicas para aprovecharla al máximo, por ejemplo recoger el agua de la ducha, la lluvia o la lavadora y reutilizarla para lavar los pisos o vaciar el sanitario. A veces me preguntaba si era por un bien común o sólo porque al final de cuentas el recibo de pago llegaba más barato, aun así, desde muy pequeña tomé conciencia de la importancia de cuidar de este recurso y no malgastarlo, tanto así que me sentía mal por jugar con el agua.

Así educada, no fue extraño mi asombro cuando a principios del mes de diciembre me encontré con la noticia de que el agua comenzaría a cotizar dentro del mercado de futuros en la Bolsa de Valores y aunque no soy economista, y poco conozco del funcionamiento de maniobras financieras, sé que colocar el recurso más valioso y preciado del mundo en manos de los que controlan la economía mundial es jugar con fuego. Por eso desde mi posición como mujer, bióloga y ser vivo, quiero hablar un poco sobre lo que para mí representa el agua y argumentar porqué es fundamental la protección y conservación de las cuencas hídricas, así como garantizar su acceso y goce pleno a todos los seres que habitan este planeta.

En primer lugar, la vida en nuestro planeta tuvo origen en el agua e incluso hay organismos que viven exclusivamente en ambientes acuáticos. Este líquido es tan importante que gran parte de las exploraciones en otros planetas se hacen buscando esta sustancia. Pero ¿Por qué preocuparnos si el agua en la Tierra corresponde al 70 por ciento de la superficie? Bueno, lastimosamente el 97,5 por ciento corresponde al agua de mar (no sé si alguna vez la hayas probado, pero no suele quitar la sed), el otro 2,5 por ciento es agua dulce, de la cual un escaso 0,007 está disponible para consumo. Por lo tanto, la disponibilidad del recurso es reducida y para nosotros como sociedad y como especie es importante la gestión sobre este.

La Unesco menciona que […] el agua es un factor propicio o limitante para cualquier desarrollo social y tecnológico, además de una posible fuente de bienestar o miseria, cooperación o conflicto [...]1 , el acceso a agua potable es parte fundamental de la calidad de vida de las personas. Pero, ¿acaso te has cuestionado cuántas personas tienen derecho al agua potable? En Colombia, por ejemplo, sólo las grandes ciudades cuentan con tratamiento de agua y por eso, personalmente sólo soy capaz de tomar agua del grifo sin miedo a enfermarme en Bogotá. A pesar de ello he tenido la posibilidad de tomar agua de la montaña gracias a que existen lugares protegidos, que lastimosamente se reducen cada vez más por falta de regulación y compromiso con la protección de las cuencas hídricas. Uno de los mayores problemas es la contaminación del agua, pero ¿quién la contamina? Bueno, empecemos por resaltar que gran parte de las aguas que pasan por entornos urbanos o los desagües de ciertas zonas no son tratadas antes de regresar al ecosistema, seguido de la infiltración en la tierra que puede darse con las heces fecales de las vacas en ganadería, los pesticidas usados en agricultura o el vertido directo o indirecto de los químicos utilizados en toda la industria, incluyendo la minería.

Lo que quiere decir que en Colombia el agua no está al alcance de todos, porque a pesar de tener una riqueza hídrica impresionante no se puede tomar agua directamente de los ríos, así que la compras envasada o hierves el agua que obtengas ya sea del grifo, del río o de la lluvia –en caso de no tener otra fuente cercana. Según la ONU2, en el mundo 3 de cada 10 personas carecen de acceso a servicios de agua potable segura, su escasez afecta a más del 40 por ciento de la población mundial y se prevé que este porcentaje aumente. Y aunque dentro de la agenda 2030 uno de los objetivos se relacione con el acceso al agua potable para todas las personas, es angustiante ver que a pesar de la importancia de gestionar el recurso hídrico, el crecimiento económico de los países desarrollados sigue estando basado en la explotación de los países en desarrollo.

Producto de todo ello y mucho más, pensar que el agua empezará a cotizarse en la Bolsa al mismo nivel que el oro y el petróleo, debe hacernos reflexionar respecto a los beneficios que obtendrán las empresas a partir de los bienes reales que harán parte de los juegos especulativos y los perjuicios que dichas acciones traerán a la humanidad; porque hay que tener en cuenta que no se adquiere el recurso hoy, sino el derecho a usarla en el futuro. Y aunque lo promuevan como una estrategia para la conservación y gestión de este precioso recurso para la vida, hay que ver que lo que sucede en Wall Street con el petróleo o el café termina determinando el desarrollo de un país como el nuestro.

Ante tamaña realidad, los llamados países en desarrollo que aún conservan parte de sus recursos hídricos objetos de especulación, deben poner más atención en la protección de cuencas hídricas y las personas deben apropiarse de sus territorios para que los recursos que de por sí nos pertenecen y deben ser administrados como comunidad no entren en el ciclo de enriquecimiento de multinacionales, porque cuando se habla de la explotación, extracción y uso del agua, lo que está en juego no es solamente la riqueza de unos cuantos sino la necesidad de garantizar la vida actual y de las futuras generaciones.

El año 2020, con la crisis pandémica que sacudió a la humanidad, demostró la necesidad de cambiar el enfoque de desarrollo económico instaurado en políticas de extracción y explotación de recursos, de ahí la crucial necesidad de pensar cuál es nuestro lugar en la Tierra y fortalecer la decisión de apropiarnos de nuestro territorio para formular políticas públicas que permitan la gestión y el manejo de los recursos con el fin de garantizar la vida, así como el desarrollo social, económico y cultural de las poblaciones humanas. Según un informe del Banco Mundial […] Colombia es uno de los países con más abundancia de agua en el mundo, sin embargo, la forma en la que se gestionan y usan los recursos hídricos revela claros desafíos […]3. Ante el panorama actual, donde el agua es cotizada en la Bolsa y el acceso a los recursos sigue siendo inequitativo, debemos reflexionar sobre la gobernabilidad de nuestros territorios y cómo nuestra intervención es cada vez más urgente para proteger la vida. Derecho que nos corresponde como seres humanos, para quienes la vida depende del agua. Ponerle un precio a ella es ponerle un precio a la vida.

1 http://www.unesco.org/new/es/natural-sciences/environment/Water
2 https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/water-and-sanitation/
3 World Bank Group (2020), Colombia un cambio de rumbo, seguridad hídrica para la recuperación y crecimiento sostenible. Informe de Seguridad Hídrica de la Práctica de agua para Colombia.

Publicado enEdición Nº275
Fútbol, en las bolsas de la especulación

Las noticias procedentes del mundo del fútbol, son cada vez más sorprendentes. Al final de la primera semana de enero algunos portales deportivos entregaron la información sobre el futbolista más caro del mundo, y sobre otros que le siguen en esa bolsa de especulación y mercadeo financiero en que ha terminado lo que otrora fue un juego, simplemente eso, una oportunidad de encuentro, recreación, competencia circunstancial, compartir de alegrías y relajamiento. La noticia estaba soportada en información brindada por el centro investigador Cies Football Observatory.

La noticia, presentada como lo más normal del mundo, como si no ocultara la esencia del modelo social que ahora nos domina, confirmaba que con un precio de 165 millones de euros (algo así como 709 mil millones de pesos) Marcus Rashford, delantero del Manchestar United F.C. (de la Premier League) figura como el jugador más caro del mundo.

Con algunos millones menos que su astronómica cotización, en segundo lugar destaca Ering Haaland, delantero del Borussia Dortmund (de la Bundesliga de Alemania) tasado en 152 millones de euros.

Pero no solo delanteros. Según el CIES, porteros, mediocampistas y demás también cotizan a cifras con muchos ceros. Por ejemplo, Bruno Fenandes, mediocampista del Manchestar United F.C. está cotizado en 151 millones de euros. Por su parte, Ederson Moraes, portero del Manchestar City F.C. está cifrado en 80 millones de euros.

En este mercado, más que deporte estrictamente hablando, los jugadores más referidos por el contorno colombiano, y que de por sí ya registraban con cifras que asombraban a todos los aficionados, quedan relegados a puestos distantes. Por ejemplo, el delantero del Barcelona Lionel Messi, en el 97 y valorado en 54 millones de la moneda europea. Y Cristiano Ronaldo, jugador de la Juventus, tasado “apenas” en 47 millones de igual moneda, figura en la posición 131.

Toda una locura. ¿Cómo fue posible que un deporte barrial, espacio de encuentro, abrazos, alegría y llanto colectivo, de compartir, momento de recreación y descanso, terminará transformado en fuente de especulación, intrigas de todo tipo, presiones inimaginables, manipulaciones, casino nacional y global tras el que se mueven intereses puros e impuros? Sin duda, la lucha de los gobernantes por el control de la Fifa, multinacional deportiva, no es casual.
¿Cómo fue posible que lo que era un simple intercambio de destrezas, capacidad física, agilidad corporal y mental, quedará transformado en una inmensa empresa mercantil con miles de tentáculos que no deja dormir a innumerable cantidad de niños y jóvenes en su ilusión por llegar a ser los mejores jugadores de su ciudad, país y mundo, no solo para destacar como simples y buenos deportistas sino para ganar infladas bolsas de dinero? Niños y jóvenes que desde ese momento han perdido la esencia del deporte, lo espontáneo, el compartir incluso sin reglas, como es el espíritu del juego en general, el divertirse, el batirse en capacidades momentáneas, para quedar sumidos en el afán por el triunfo, ocupando como todo trabajador un lugar exacto dentro de un tinglado predeterminado por otros.

Niños y jóvenes, en buena proporción habitantes de barriadas populares, que ven en la destreza con la pelota la oportunidad para salir de la marginalidad. Una ilusión coronada por muy pocos, pese al esfuerzo de tantos miles; una ilusión frustrada para muchos por la lógica en que se soporta todo intercambio mercantil: se compra y se vende lo que es útil a alguien, lo que sirve para algún propósito, y en ese tire y afloje entre oferta y demanda, no hay lugar para todos pues de por medio está el interés y cálculo del empresario, para quien especula con la fuerza de trabajo de otros, quien se embolsilla los dividendos primero que cualquier trabajador/jugador.

Es un mercadeo de ilusiones y capacidades físicas en el cual al jugador, producto de las grandes cifras que devenga, olvida que es un trabajador, uno que cumple con su jornada y está sometido a intensas sesiones laborales, ahora súper exigentes, en tanto tiene que desempeñarse cada semana en por lo menos dos partidos, además de someterse a la rutina diaria de formación y mantenimiento físico que demanda prolongadas sesiones de trabajo.

Un trabajador, que si le va bien alcanza la jubilación tras 20 años de cumplir con el patrón, como le sucedía antes a todo el que tuviera trabajo fijo, derecho perdido pero que sí lo ostentan quienes trabajan controlando la número cinco. Son jóvenes enrolados a los 13 años de edad, que si les va bien a los 18 o 20 ya reciben al año ingresos que un obrero de salario mínimo no alcanza a reunir ni sumando sus ingresos de toda una vida, y que a los 35 ya ven cerrado su ciclo laboral Tal vez se retiran con lesiones físicas, con el desgaste del cuerpo que todo obrero sufre, en este caso con lesiones de rodilla, tobillos, pies, hombros, cabeza, pero no siempre es así, en ocasiones salen con aceptable salud. En todo caso, a mitad de sus vidas pueden dedicarse a cualquier otro oficio. Un lujo que pocos pueden darse.

De esta manera, en esa demencial descompensación, donde el individualismo es alentado al máximo, convertidos en figuras del espectáculo, en referentes de millones de personas, no es extraño que el consumo quede como alternativa y posibilidad: ellos son marca pero además no consumen sino las marcas que destacan en ese momento, y no solo sucede con la ropa y similares, también autos y hasta aviones. De eso se trata, así colonizan sus mentes: ostentar, destacar, lucir, figurar. Ya no son personas, ya son mercancía, una cosa, algo que un tercero maneja a su antojo.

Pocos logran zafarse de esa lógica perversa, defendiendo su capacidad integral, y cuando eso sucede, en tanto personalidades del espectáculo, logran impactar a millones de personas, estimulando actitudes críticas, rupturas con el vil mercadeo de la sociedad en general en que hemos caído.

Es una realidad que sucede con el fútbol, extendida a todos los otros deportes, entre ellos el básquet, el beisbol, por no alargarnos enumerando nombres.

Una realidad que no puede negarnos la ilusión de recuperar el deporte como simple juego, espontáneo compartir de ilusiones, alegrías y tristezas, espacio para integrar, para formar comunidad, al tiempo que nos formamos en cuerpo y espíritu.

 


 

Otra maravilla

 

No solo algunos jugadores, trabajadores de una empresa llamada deporte y en particular fútbol, devengan ahora inmensas sumas de dinero, también los perciben con muchos ceros los técnicos o entrenadores de esos equipos, que equivalen, por colocar un ejemplo, a ingenieros o profesionales cualificados de un sector específico de la producción.

Y aunque tienen sueldos inmensos cuando se desempeñan al frente de un equipo cualquiera en la liga profesional, la mesada se multiplica por mucho cuando son contratados por la Federación de Fútbol de un determinado país.

Es el caso de la Selección de Fútbol de Colombia, cuyo último técnico, Carlos Queiroz, salió en tiempo récord por bajos resultados, y para finiquitar su contrato tocaba cancelarle hasta dos millones de dólares. Si eso es perdiendo, ¿cómo será presentando óptimos resultados?

Pues bien, las informaciones procedentes de esa misma institución indican que en su reemplazo llegará Reinaldo Rueda, con quien discuten si la suma por pagarle, a él y su equipo técnico –integrado por Alexis Mendoza y Bernardo Redín– rondaría los 3,5 millones de dólares, por fuera de los cuales quedan las primas o bonificaciones por clasificar al mundial de este deporte, así como por lograr los mejores lugares en el mismo.

Y mientras esto sucede en el deporte, y en otras muchas profesiones donde las directivas se lucran de inmensos ingresos, las centrales obreras mantienen la discusión sobre el salario mínimo, que ahora en Colombia es de 908.500 pesos. En realidad el debate debe invertirse y discutirse el salario máximo, una vía para ir atacando la ascendente desigualdad social existente y creciente en nuestro país.

 

Publicado enEdición Nº275
Miércoles, 20 Enero 2021 05:10

Noticia de ASSA 2021

Noticia de ASSA 2021

Primera parte: el dilema principal


La conferencia anual de la Asociación Estadounidense de Economía ( ASSA 2021) fue inusual este año, por razones obvias. En lugar de que 13.000 economistas académicos y profesionales acudieran a una ciudad estadounidense para presentar y discutir cientos de artículos enviados durante unos días, debido a la pandemia de COVID-19, ASSA 2021 fue virtual. A pesar de eso, se presentaron una gran cantidad de artículos, junto con sesiones plenarias de los “grandes y buenos” de la teoría y la política económica convencionales.


Cada año, hay un tema que tiende a dominar en las presentaciones convencionales. En años anteriores ha sido la economía del aumento de la desigualdad y el año pasado fue la economía del cambio climático. No es de extrañar que este año haya sido el impacto económico del COVID-19 y las políticas para hacer frente a la crisis de la pandemia.


Hubo dos grandes paneles sobre su impacto económico. El primero fue sobre lo que le estaba sucediendo a la economía estadounidense y hacia dónde se dirigía. El ex gobernador del banco central de la India, Raghuram Rajan,  de regreso en su cátedra neoclásica en la Universidad de Chicago, planteó el riesgo de que el aumento de la deuda corporativa se convierta en "problemas corporativos". Calculó que el actual apoyo monetario y fiscal ofrecido a las pequeñas y grandes corporaciones "tendrá que terminar eventualmente" y "en ese momento, emergerá el verdadero alcance de la angustia". Rajan cree que es necesario un "apoyo específico" para reducir la acumulación de deuda y así evitar futuras deudas incobrables en el sistema bancario, una política para banqueros recientemente defendida por el llamado Grupo de los Treinta banqueros.


Carmen Reinhart, recientemente nombrada economista en jefe del Banco Mundial y autora conjunta con Kenneth Rogoff del enorme (y controvertido) libro sobre la historia de la deuda pública, también se hizo eco de la preocupación de Rajan por el aumento de la deuda, no solo en las empresas de EEUU, sino en particular en las llamadas economías emergentes. En la Gran Recesión, el dólar estadounidense se apreció fuertemente frente a otras monedas, ya que se lo consideró un "refugio seguro" para el dinero en efectivo y los activos. Pero en esta recesión pandémica del COVID-19, el dólar se ha depreciado significativamente porque parece que los inversores temen que el gasto fiscal estadounidense sea demasiado grande mientras que las tasas de interés en dólares se han desplomado. Pero, ¿qué sucederá con la capacidad de las economías emergentes para pagar su deuda en dólares si el dólar comienza a subir de nuevo?


Lawrence Summers, el gurú del estancamiento secular, reconoció que la recesión pandémica ha prolongado la duración del estancamiento en las economías avanzadas. Los tipos de interés habían caído en territorio negativo y el estímulo fiscal se había elevado a nuevas cimas. Pero eso no acabará con el estancamiento a menos que “se adopten políticas estructurales”. No detalló cuáles debían ser, pero argumentó en contra del gasto fiscal no focalizado como la propuesta de cheque de 2.000 dólares por persona para todos los estadounidenses, que consideró simplemente un aumento de los ingresos de aquellos que realmente habían incrementado sus ingresos durante el COVID. Summers ha sido atacado por la izquierda por rechazar el pago de esos 2.000 dólares. Pero es una prueba de que la corriente convencional de la teoría económica está cada vez más preocupada de que el estímulo fiscal y monetario esté creando niveles de deuda descontrolados (a pesar de los bajos costes de interés) que tendrán que ser controlados en algún momento, y también que la generosidad de la Reserva Federal ha terminado principalmente por impulsar el mercado de valores y beneficiar a los más acomodados.


El economista de izquierda liberal y premio Nobel, Joseph Stiglitz, pidió un reajuste de la economía estadounidense cuando termine la pandemia. Quería revertir los recortes de impuestos a las corporaciones y privilegios implementados por Trump; incrementar las regulaciones ambientales; romper el poder de los monopolios tecnológicos y realizar inversiones públicas productivas. ¿Cuál es la probabilidad de que ocurra algo así con la administración Biden durante los próximos cuatro años?


Por el contrario, el ortodoxo de derecha John Taylor, de la Universidad de Stanford quería que la Fed acabara sus compras de bonos COVID de emergencia y otras facilidades crediticias lo antes posible, y que la nueva administración Biden fuera prudente a la hora de implementar un mayor gasto público. Para Taylor, el sistema de mercado es innovador y funciona. Durante el COVID, los negocios y las compras en Internet se han disparado y este era el camino a seguir, reemplazando las viejas formas por las nuevas. Pero eso no necesita más regulación, sino menos, de empresas como Uber o Amazon.


Quizás el artículo más interesante de esta sesión fue el de Janice Eberly, de la NorthWestern University, quien mostró que durante la caída de COVID, las empresas habían ahorrado enormes cantidades de gastos de capital en oficinas, viajes y otros equipos físicos, ya que el personal trabajaba desde casa (a su cargo). Esto ha brindado una oportunidad para que las empresas impulsen la productividad de la fuerza laboral sin gastos de capital adicionales y menos mano de obra: ¿una salida para el capitalismo después de la pandemia?


La segunda gran sesión fue sobre la economía mundial. Se mire como se mire, los panelistas coincidieron en que la crisis del COVID-19 es la peor en la historia del capitalismo. Pero lo que es peor aun, las economías podrían tardar algún tiempo en volver a sus niveles anteriores a la pandemia, si es que lo hacen alguna vez. Según las proyecciones actuales, la OCDE reconoce que eso no sucederá hasta 2022 e incluso entonces, el PIB mundial estará por detrás de su tendencia prepandémica.

 

El impacto en el comercio mundial ha sido aún más perjudicial. Según la Organización Mundial del Comercio, el crecimiento del comercio mundial nunca volverá a su trayectoria anterior.

 

 

 

Y como se argumentó en la sesión económica estadounidense, los niveles de deuda global se encuentran en niveles récord.

 

 

 

Dale Jorgenson, de la Universidad de Harvard, es un experto en el crecimiento de la productividad global y sus componentes. En su presentación, estimó que se recuperarían los diferenciales de crecimiento de la producción y la producción por trabajador entre las economías del G7 y las 'economías emergentes' de China e India.  "El crecimiento en las economías avanzadas se recuperará de la crisis financiera y económica de la última década, pero se restablecerá una tendencia a largo plazo hacia un crecimiento económico más lento".  Curiosamente, argumentó que la opinión de consenso de que el crecimiento económico de China se desacelerará porque su población en edad laboral está disminuyendo puede no ser la correcta, si China puede mejorar la calidad de su fuerza laboral a través de la educación y extender la edad laboral. Eso podría generar una tasa de crecimiento anual más cercana al 6% que el 4-5% pronosticada por muchos.


Kenneth Rogoff, la otra mitad del equipo de historiadores de la deuda Rogoff-Reinhart, presentó nuevamente su posición de que el nivel de la deuda global está cerca de un punto de inflexión. Sí, las tasas de interés son muy bajas, lo que hace que el servicio de la deuda sea sostenible. Pero el crecimiento económico también es bajo y si los costes de interés (r) comienzan a exceder el crecimiento (g), entonces podría sobrevenir una crisis de deuda. Por lo tanto, el problema de la sostenibilidad fiscal no ha desaparecido, como muchos argumentan. Por supuesto, Rogoff solo habla de la deuda del sector público (gráfico), cuando el problema de la deuda corporativa récord es mucho más preocupante para la sostenibilidad del crecimiento económico futuro en las economías capitalistas.

 

 

La respuesta de Joseph Stiglitz a la crisis de la deuda mundial posterior a la pandemia es cancelar las deudas de los países más pobres. Esto debe hacerse "creando un marco internacional que lo facilite de manera ordenada".  ¿Qué posibilidades hay de que esto sea acordado e implementado por el FMI y el Banco Mundial, y mucho menos por todos los acreedores privados como los bancos y los fondos de cobertura?


Mi impresión general de estos paneles es que la corriente principal de la teoría económica es bastante pesimista sobre una recuperación económica suficiente de la pandemia, tanto en los EEUU como a nivel mundial. Pero los “grandes y buenos” se debaten entre el requisito obvio de mantener el estímulo monetario y fiscal para evitar un colapso de la economía mundial y los activos financieros; y la inminente necesidad de poner fin a ese estímulo para evitar niveles de deuda insostenibles y una nueva crisis financiera. Ese es el dilema para la teoría economica capitalista.


Ese dilema también empuja a algunos artículos de economistas de la corriente principal a buscar maneras de pronosticar futuros colapsos financieros. Un documento nos recordó que en lo más profundo de la Gran Recesión, la Reina de Inglaterra visitó la London School of Economics. Cuando se le mostraron gráficos que enfatizaban la escala de los desequilibrios en el sistema financiero, hizo una pregunta simple: "¿Por qué nadie se dio cuenta?"  Pasaron varios meses antes de que recibiera una respuesta oficial de los economistas. Acusaron la falta de previsión de la crisis a la “psicología de la negación”. Hubo un "fallo a la hora de prever el momento, el alcance y la gravedad de la crisis y evitarla"(Las causas de la Gran Recesión). Ahora, en este artículo, los autores intentan lidiar con esta falta de previsión con el aprendizaje automático. Utilizando estas técnicas modernas, calculan que ahora pueden predecir crisis financieras sistémicas con 12 trimestres de antelación.


En AnsweringTheQueen_MachineLearningAn_preview van más allá al sugerir que el trabajo empírico puede ofrecer 'pistas preciosas' sobre por qué hay crisis financieras regulares y recurrentes en las economías modernas, aunque yo no pude ver cuáles eran.


En otro artículo, los autores analizan cinco grandes crisis financieras durante los últimos 200 años del capitalismo para ver qué políticas fueron más efectivas para recuperarse de las crisis. En  TwoHundredYearsOfRareDisasters_Fin_powerpoint  descubren que las crisis tenían “efectos persistentes tanto en los mercados financieros como en la actividad económica”.  ¡Sorpresa! Sin embargo, también encontraron que desde el fin del patrón dólar-oro "las caídas en la actividad económica tras una crisis en el centro financiero continúan siendo bastante prolongadas, los efectos en los mercados financieros son mucho menos persistentes".  En otras palabras, las inyecciones monetarias de los bancos centrales en monedas fiduciarias flotantes pueden preservar el valor de los activos financieros pero no ayudar a los activos productivos. Tal como hemos visto durante la recesión de COVID.

 

 

La otra preocupación sobre el impacto de COVID para la corriente principal es el posible colapso del comercio y las 'cadenas de valor globales'. Un documento establece claramente que las guerras comerciales internacionales y la reducción de la distribución óptima de proveedores internacionales por razones políticas era perjudicial.  CuttingGlobalValueChainsToSafeguard_preview (1) recorta el PIB de EEUU un 1,6% "pero apenas cambia la exposición de EEUU a una crisis extranjera" .


El impacto del COVID-19 no fue el único problema que concentró las mentes de la corriente principal de la teoría económica. No se ignoró la economía del cambio climático. Otro documento mostró que las soluciones de mercado de la teoría económica dominante para hacer frente al calentamiento global están fallando. El precio del carbono no estaba funcionando. Quizás es hora de acabar gradualmente con la propia teoría económica dominante. Un artículo planteó la posibilidad de que la inteligencia artificial pueda reemplazar pronto a los economistas y hacer todos los cálculos que hacen actualmente los humanos ( WillArtificialIntelligenceReplaceCom_powerpoint)
 

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