Europa baila al son de Zelenski y declara a Rusia como “Estado terrorista”
El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, durante una sesión plenaria en el Parlamento Europeo el 9 de noviembre de 2022. — Yves Herman / REUTERS

La Unión Europea ve cada vez más lejos una victoria ucraniana sobre Rusia en el campo de batalla y empieza a plasmar su nerviosismo ante el alargamiento de la guerra con acciones retóricas que solo incrementan la tensión. 

La declaración de Rusia por la Eurocámara “como un Estado promotor del terrorismo y como un Estado que utiliza medios terroristas” sigue punto por punto las directrices marcadas por el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, cuya estrategia de confrontación total con Moscú, si bien legítima como líder de un país invadido, marca desde Kíev el son que sigue Europa en esta crisis.

La proclamación de la Eurocámara, aun siendo simbólica, aleja toda posibilidad de unas negociaciones de paz en las que Bruselas tenga algún papel destacado, a pesar de la cada vez mayor implicación de los países europeos en la guerra, con armamento donado a Ucrania, asistencia económica para Kíev y formación en suelo europeo de las tropas ucranianas que combaten a las fuerzas rusas.

El documento no vinculante aprobado por el Parlamento Europeo subraya que esa calificación de Rusia como Estado “promotor del terrorismo” tiene su base en la agresión de las fuerzas armadas rusas contra civiles ucranianos, con asesinatos, torturas, violaciones y deportaciones masivas, así como por la destrucción de infraestructuras civiles y otras violaciones graves de los derechos humanos y del derecho internacional. Tales acciones, indica la declaración, “constituyen actos de terror contra la población ucraniana y crímenes de guerra”.

La reunión parlamentaria tuvo lugar pocas horas después de conocerse la muerte de un recién nacido en un bombardeo ruso en Zaporiya y de una decena más de personas en otros ataques con misiles. Además, amplias zonas de Kíev y otras ciudades ucranianas quedaron a oscuras y sin agua por la destrucción de infraestructuras críticas bajo el impacto de los proyectiles rusos en una de las jornadas más duras de la guerra desatada por Rusia el pasado 24 de febrero.

“El Estado terrorista sigue atacando a civiles e instalaciones civiles”, afirmó Zelenski al conocerse los primeros datos sobre víctimas mortales en los ataques rusos de este miércoles, antes de las votaciones de la declaración en el Parlamento Europeo. La resolución del Parlamento Europeo fue adoptada por 494 votos a favor, 58 en contra y 44 abstenciones.

Zelenski, satisfecho porque Europa le escucha

Rusia debe ser aislada a todos los niveles y debe rendir cuentas para poner fin a su política de terrorismo de larga data”, afirmó Zelenski en Twitter tras darse a conocer el documento. La calificación de Rusia como un Estado terrorista era una de las demandas que desde el principio de la guerra venía reclamando el líder ucraniano en todos los foros internacionales a los que se le invitaba.

Zelenski había exigido ese aislamiento internacional de Rusia y su expulsión de las instituciones de la ONU en las que participa Moscú, como el Consejo de Seguridad. La declaración del Parlamento Europeo repite las demandas ucranianas y pide a la Unión Europea y a sus estados miembros “que adopten medidas para iniciar un completo aislamiento internacional de la Federación Rusa”, incluida “la pertenencia de Rusia a organizaciones y organismos internacionales como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas”.

La declaración también solicita a los países de la UE que reduzcan sus relaciones diplomáticas con Moscú y con los representantes oficiales rusos “al mínimo estrictamente necesario”. Esta dirección fue ya apuntada por los países más rusófobos de la Unión Europea, como Polonia, República Checa, Lituania, Letonia o Estonia, cuyos Parlamentos nacionales ya declararon a Rusia un Estado promotor del terrorismo, además de calificar también como terrorista al Gobierno ruso.

Ese aislamiento reclamado por la Eurocámara no se restringe al ámbito político, sino también al cultural y al científico, por ejemplo. Así, demanda a los Estados miembros de la Unión Europea “que cierren y prohíban las instituciones rusas vinculadas al Estado, como los centros rusos de ciencia y cultura y las organizaciones y asociaciones de la diáspora rusa, que operan bajo los auspicios y el liderazgo de las misiones diplomáticas de Rusia y promueven la propaganda estatal rusa en todo el mundo”.

Si se siguen al pie de la letra estas recomendaciones del Parlamento Europeo, a partir de ahora, Dostoievski y Stravinski podrían ser considerados promotores de la propaganda y el terrorismo rusos.

¿Guerra u operación antiterrorista contra Rusia?

Hace nueve meses, el presidente ruso, Vladímir Putin, disfrazó la guerra y la calificó eufemísticamente como una “operación militar especial” a fin de conseguir el respaldo de la población rusa a ese ataque injustificado sobre Ucrania.

Ahora, la declaración del Parlamento Europeo de este 23 de noviembre, si se tomara al pie de la letra, convertiría a la guerra de Ucrania en una operación antiterrorista similar, por ejemplo, a la llevada a cabo por Estados Unidos y la OTAN en Afganistán. Se trata, claro está, de un paso simbólico el de la Eurocámara, pues la Unión Europea no tiene ningún poder real para replicar legal e internacionalmente al “terrorismo” ruso.

Este es uno de los aspectos más importantes de la declaración, pues se insta a la Unión Europea y a sus países miembros a que elaboren “un marco jurídico para la designación de Estados como promotores del terrorismo y Estados que utilizan medios terroristas”. El objetivo sería activar “medidas restrictivas” contra esos países.

Inmediatamente se pide al Consejo de la UE que inaugure esa lista con Rusia y que los socios de la Unión hagan lo mismo. La UE tiene listados de terroristas individuales y organizaciones terroristas, pero no de Estados acusados de terrorismo.

La declaración solicita “un apoyo renovado a las investigaciones independientes en curso de los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad cometidos por Rusia” y defiende “la creación de un tribunal especial que se ocupe del delito de agresión de Rusia contra Ucrania”.

El texto del Parlamento Europeo quiere también salir al paso de los primeros síntomas de cansancio que está ocasionando en Europa la crisis derivada de la guerra. El rechazo tiene más fuerza en el este y centro de Europa, en países como Hungría, Bulgaria o Eslovaquia, pero en Alemania, al borde de la recesión, los efectos de la guerra levantan cada día un mayor escepticismo en la participación europea en el conflicto.

Una encuesta realizada en octubre en Alemania indicó que un 40% de los habitantes de ese país creían que la OTAN había provocado a Rusia para que este país invadiera Ucrania. Ese porcentaje se elevaba hasta el 59% en las respuestas ofrecidas en las regiones que antaño pertenecieron a la Alemania comunista.

El 5 de noviembre, decenas de miles de personas se manifestaron en Roma a favor de la paz, reclamando el fin del envío de armas a Ucrania. Días antes, el 29 de octubre, era Praga el escenario de una multitudinaria protesta contra el apoyo del Gobierno checo, con armas y dinero, a la causa ucraniana.

La victoria está muy lejos para los dos bandos

La llegada del invierno a Ucrania, la destrucción rusa de las infraestructuras ucranianas (no hay prácticamente ni una sola instalación de suministro de energía intacta en el país) y la persistencia de los combates en el Donbás, sin que la victoria se decante por nadie, ofrecen malas perspectivas para quienes apostaban por un conflicto de rápida solución, en uno y otro bando. Mientras, el gasto militar aumenta en los países que apoyan con armas a Ucrania en el peor momento económico, con el cierre masivo de empresas por los altos precios de los combustibles y el anuncio de restricciones en el uso de las calefacciones en un invierno que se adivina crudo.

Pese a todo, la tesis que siguen vendiendo los gabinetes de información de Bruselas a la opinión pública europea, y que cada vez levantan más dudas, es que Rusia está muy debilitada para imponerse en el campo de batalla. Sin embargo, las líneas de defensa rusas están siendo reforzadas e incluso la cacareada victoria ucraniana en Jersón, por la retirada de las tropas del Kremlin, se contempla ya con más calma y menos triunfalismo al comprobar que buena parte de las fuerzas rusas que estaban allí estacionadas están siendo redirigidas hacia las zonas de combate.

Y aunque los bombardeos masivos rusos son vistos como crímenes de guerra por los líderes europeos, suponen también un revés militar para el Gobierno ucraniano, cuyos soldados ahora han de atender a miles de refugiados.

Si Ucrania registró una notable ventaja en su contraofensiva de septiembre, la guerra de posiciones podría ganarla ahora Rusia, atrincherada al este del río Dniéper y en el Donbás, desde donde puede bombardear a placer a las centrales hidroeléctricas, térmicas y de agua ucranianas.

Recientemente el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Mark Milley, afirmó que las líneas del frente al este de Járkov o en la sureña Jersón “se están estabilizando” y que parecía muy difícil que Ucrania pueda recuperar el 20 por ciento de su territorio que aún está bajo la bota rusa, a menos que, por alguna razón, “el ejército del Kremlin colapse, lo que no parece que vaya a suceder”.

En tales circunstancias, cuando la única solución podría ser comenzar a negociar un alto el fuego que, indefectiblemente, implique la cesión de territorio ucraniano a Rusia, como vaticinó Milley, no son de extrañar movimientos como el del Parlamento Europeo, en un salto diplomático sin red que posiblemente sea recibido con una escéptica sonrisa en el Kremlin.

Información adicional

Autor/a: Juan Antonio Sanz
País:
Región: Europa
Fuente: Público

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