Bogotá, enferma de ruido

Sucede en la ciudad, que parece un autódromo, no por la velocidad de los carros, motos o ciclomotores que la recorren, pero sí por el intenso ruido que desprenden sus motores y que rompen la tranquilidad, como la posibilidad de conversar sin gritar, de caminar sin padecer el fastidio de ese estruendo, multiplicado por el ulular de sirenas de las ambulancias, bullicio, estruendo, que lleva al límite la estabilidad emocional de millones de personas, revolcando sus estómagos, aturdiendo sus oídos, haciéndolos soñar con una vida apacible, con la calma del silencio solo roto por el trinar de las aves que saludan el nuevo día o su final.

Sucede así por todas partes de la urbe, por el centro, el sur, el norte, el occidente, ocurre en las veinte localidades en que la misma está distribuida, en casi todos sus barrios. En unos por efecto de motocicletas que vibran por falta de filtros que apacigüen el sonido de su escape; en otros, producto de carros que pasan a alta velocidad haciendo rechinar sus llantas al llegar a una esquina, como por efecto de otros que parecen un equipo de sonido con motor y del cual emana un intenso bullicio capaz de romper ventanales. Y como si fuera poco, ahoga la tranquilidad el ruido que sale de algunas casas –que más bien parecen bares o discotecas–, como en otros barrios ocurre por el intenso sonido desprendido de las turbinas de aviones, como de los motores que impulsan las máquinas de construcción.

En esa cotidianidad, en la que el ruido al máximo es la normalidad, el recuerdo de otros tiempos no es extraño, como tampoco lo es el deseo de emigrar al campo, un anhelo que en el cuerpo de miles de jubilados va llenando poblaciones cercanas a la capital, transformando zonas rurales, otrora agrícolas, en barrios cuasicapitalinos repletos de carros y, con el tiempo, –como maldición– del mismo ruido del que buscan resguardarse.

Y no solo es irritación lo que suscita esta cotidianidad que ahoga en decibeles superiores a lo que puede resistir el sistema auditivo. También es dolor de cabeza, fatiga crónica, malestar estomacal, stress, irascibilidad, así como un indisposición general que se va acumulando hasta hacernos propensos a un infarto.

¿Cómo nos afecta el ruido?

Millones de personas en Bogotá conviven con el ruido. La jornada empieza temprano en la madrugada, aun en la oscuridad de la noche, acompañada de miles de pisadas acompasadas con murmullos, el rodar de carros, autobuses y estruendosas motocicletas que transitan por las calles de los barrios, anunciando que la luz del sol está por aparecer, una función que desde tiempos inmemorables fue exclusiva de las aves. Y así como comienza, así mismo termina; en realidad esta ciudad nunca duerme. Si bien nuestro aparato auditivo se “acostumbra” al bullicio cotidiano, la exposición constante al ruido emitido por millones de motores es altamente nociva. Es el caso de las personas que habitan o trabajan cerca de las avenidas principales o autopistas, por ejemplo, quienes se rebuscan el diario como vendedores ambulantes, sin ninguna protección auditiva.

Precisamente, tratando de identificar el grado de afectación que padecen en su rutinaria labor, fueron medidos los niveles del ruido en las avenidas Caracas, Carrera 30 y Calle 45 de la localidad de Teusaquillo, en diferentes jornadas, al medio día y en las horas pico de la tarde. El promedio de la intensidad sonora registrado fue de 88.7 dB, alcanzando registros máximos de hasta 98.9 dB y mínimos de 79.3 dB; entre las fuentes de ruido destacan automóviles, motocicletas, buses zonales y biarticulados; además de los automotores, los bares producen altas cantidades de ruido.

El ruido, cualquiera sea su origen, no sólo afecta el sentido de la audición, también provoca diversos trastornos fisiológicos y, para el caso de quienes trabajan en las calles, las consecuencias pueden ser, entre otras, alteraciones de los ritmos cardiaco y respiratorio, aumento de la presión arterial, perturbación del equilibrio hormonal. De igual forma, se identifica que las personas víctimas de vecinos ruidosos, padecen perturbaciones en la calidad del sueño debido a los desvelos frecuentes y, aún si lograran conciliar el sueño suelen despertar con sensación de fatiga. Son constantes los casos de personas que registran una considerable disminución de la duración del sueño profundo y esto deteriora el humor; por último, altera el equilibrio psicológico pues ocasiona ansiedad y agrava trastornos existentes, produce tendencia a la agresividad y/o a la irritación, apatía, desconcentración y desatención y deterioro de las relaciones interpersonales, todo por no poder gozar de un momento pleno de descanso.

El problema de este tipo de daños es que son casi imperceptibles para quienes los padecen, al punto que no se asumen como patologías, pues no presentan síntomas inmediatos, pero son progresivos al punto de que, cuando son descubiertos, ya son irreversibles. Los más frecuentes, según el Observatorio de salud y medio ambiente1 en España, son “la pérdida de capacidad auditiva y los acúfenos o tinnitus y los extrauditivos entre los que destacan: las alteraciones del sueño, enfermedades cardíacas, enfermedades mentales (estrés, depresión, ansiedad o demencia), complicaciones al nacer o disminución del desarrollo cognitivo y rendimiento de los niños y niñas. También debemos tener en cuenta los efectos indirectos del ruido sobre la salud. Por ejemplo, el ruido del transporte podría conducir a inactividad física a causa de las alteraciones del sueño o a la reticencia a caminar en entornos ruidosos”.

El ruido altera los ecosistemas urbanos

No sólo el bienestar de las personas resulta alterado por esta problemática, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente –Pnuma– (2022), “[…] la contaminación acústica crónica, como el ruido del tráfico, puede afectar a la comunicación acústica y modificar comportamientos en diversas especies. Abandonar los lugares ruidosos puede parecer la respuesta obvia; sin embargo, algunos animales se adaptan a las condiciones de ruido y modifican los momentos o el patrón de vocalización para asegurarse de que se siga escuchando su señal […]; en los parques de Bogotá los copetones empiezan antes su canto matutino en los lugares con un tráfico diurno denso. Algunas ranas sincronizan su canto con las pausas de ruido”.

Pese a estas adaptaciones, es importante tener en cuenta que “[…] en ocasiones las posibles parejas consideran los patrones de vocalización modificados menos atractivos, lo que afecta al éxito reproductivo. Además, si el comportamiento de las especies no es flexible a la hora de producir o recibir señales, esta incapacidad para comunicarse puede desterrarlas de sus hábitats, con posibles implicaciones ecológicas importantes”.

¿Qué hacer?

Sería necio hacer oídos sordos a la problemática del ruido que sofoca impunemente a todos los seres vivos sin distinción, pues es el contaminante más común y se define como cualquier sonido calificado de molesto, inoportuno o desagradable por quien lo percibe. Para no tener problemas en la audición, lo normal son 55 dB; Bogotá promedia hasta 85 dB cada día, por lo tanto, la disminución del ruido es una cuestión de salud pública inaplazable, por lo que es indispensable crear y preservar cada vez más espacios silenciosos a fin de contar con territorios sonoros urbanos agradables. Entre las posibles soluciones que sugiere el Pnuma se encuentra la creación de cortinas de árboles ubicadas a lo largo de las avenidas, la adecuación de barreras acústicas en puntos críticos de la ciudad podrían disminuir hasta en 7 decibeles los niveles del ruido, algo por garantizar y reforzar alrededor del aeropuerto.

Sin embargo, la reducción de la emisión en el origen es la alternativa más eficaz, con medidas como la restricción del tráfico vehicular, así como aplicar normas que obliguen al uso de vehículos que emitan mínimos de ruido, sin poder contar con bafles de alta intensidad. En el caso de las motocicletas, como de las ciclomotos, obligar a la industria que las produce a incorporarles silenciadores cuyo no uso por parte de usuarios sea motivo de sanciones pecunarias. Lastimosamente la mayoría de la gente solo asume responsabilidad cuando ve afectado el bolsillo. Una desmotivación al uso del vehículo particular, a partir de un servicio masivo de transporte público eficiente, a bajo o sin costo alguno, debe ser propósito por lograr. Medidas como reubicación de fábricas e industrias de diverso tipo también deben estar en la agenda. Y una amplia y constante campaña de cultura sobre convivencia y buen vivir, deberá ser política que trascienda a quien esté al frente de cada alcaldía, transformándose en normas de normas.

Otras medidas, como el día sin carro, aunque son viables, no tienen efectos más allá de las 24 o menos horas que implican.

Día sin carro y sin moto: un canto a la bandera

El pasado 1 de febrero de 2024, se llevó a cabo la vigésimo sexta jornada del día sin carro, “medida de restricción vehicular […] inicialmente reglamentada según el Decreto Distrital 1098 de 2000 […] con el fin de prohibir la circulación de vehículos automotores y motocicletas en la ciudad de Bogotá, entre las 5:00 a.m. y las 9:00 p.m”, aplicando algunas excepciones2. Pese a la gran promoción de dicha medida, la Secretaría de Medio Ambiente presentó resultados no muy alentadores en cuanto a la disminución del ruido y, en consecuencia, de la contaminación acústica en la capital. (Ver tablas 1 y 2).

La Secretaría instaló 15 puntos de monitoreo en diferentes partes de la ciudad para realizar la medición de los decibles, y encontró que en sólo tres lugares hubo una disminución del nivel del ruido y de apenas en 2 dB, aproximadamente. En contraste, y contra todo pronóstico, el ruido aumentó en 6 ubicaciones, siendo el más considerable el reportado en la estación 5 con un incremento de más de 3 dB.

Tabla 1 Resultado de operativos a Ruido Ambiental

En general, la ciudad carece de una conciencia orientada a la disminución de la contaminación acústica. Obstinada frente a la normativa que impone sanciones como las establecidas en la Resolución 0627 de 2006, la ciudadanía insiste cada día en producir más y más ruido, transgrediendo los derechos colectivos y el bienestar propio, de sus familiares y seres queridos. Realidad auspiciada por autoridades permisivas que no ejecutan la ley y perpetuada por legisladores que no enmiendan los enormes vacíos legales en cuanto a la prevención de la contaminación acústica que es hoy, y desde hace mucho, un grave problema de salud pública.

Tabla 2 Resultado de operativos a Ruido Ambiental

Ruido y contaminación

El ruido es un sonido indeseado y molesto que se genera en fuentes fijas o móviles y se propaga en distintas dimensiones y direcciones, siendo muy difícil de controlar, pese a esto, reducirlo es aparentemente sencillo. La acumulación de ruidos demasiado fuertes y persistentes por largos periodos en el transcurso del día se denomina contaminación acústica. De acuerdo con el informe Fronteras 2022: Ruido, llamas y desequilibrios3, […] la contaminación acústica es un grave problema ambiental y suele citarse como uno de los principales riesgos ambientales para la salud en todos los grupos de edad y sociales, y una carga adicional para la salud pública. La exposición prolongada a niveles elevados de ruido es perjudicial para la salud y el bienestar de los seres humanos […]. Es importante señalar que, si bien el ruido está en todas partes, la estratificación económica que rige a las grandes metrópolis, sí determina la vulnerabilidad de las personas que las habitan.

Medición del ruido

La presión o intensidad del sonido suele expresarse en decibelios (dB). Dado que el rango de presión acústica que puede detectar el oído humano es muy grande, la escala de decibelios es logarítmica: se basa en potencias de 10.

En la escala de decibelios, el sonido audible más bajo, percibido prácticamente como silencio absoluto, en 0 dB. A un sonido con una presión 101 veces mayor que la de 0 dB se le asigna un nivel 10db. Sin embargo, el oído suele percibir este incremento de 10 dB como un sonido el doble de fuerte. A un sonido 100 veces más intenso que 0 dB, a 102, se le asigna un nivel de 20 dB, y así sucesivamente. Es decir, con cada incremento de 10 dB la presión acústica se multiplica por 10.

Ilustración 1 Medición del ruido4

Bogotá en materia de ruido

Bogotá es una de las ciudades más ruidosas del mundo, y una de las cinco metrópolis de mayor contaminación acústica en Latinoamérica pues promedia cada día hasta 83 decibeles en zonas de tráfico e industriales o de comercio, solo superada por Ciudad de México, Sao Paulo, Lima y Buenos Aires, la más ruidosa de todas.

Según Victoria Torres5, ingeniera de sonido y maestra en ingeniería acústica, Bogotá tiene una saturación de contaminación acústica por el tráfico vehicular que corresponde al 70 por ciento de tal fenómeno. En Colombia existe la resolución 0627 de 2006 que establece los niveles permitidos de ruidos en dos horarios distintos: diurno, entre las 07:01 y 21:00 horas y nocturno, entre las 21:01 y las 07:00; y en cuatro sectores urbanísticos: residencial, comercial, industrial y rural. En Bogotá hay cinco localidades clasificadas como las más contaminadas: Fontibón, Engativá, Chapinero, Antonio Nariño, Suba y Usaquén. Las actividades económicas dedicadas a la venta y consumo de bebidas embriagantes son unas de las mayores fuentes de sonidos molestos, que además de contaminar el medio ambiente perturban la tranquilidad y la convivencia en los vecindarios, al punto de convertirse en un problema de seguridad ciudadana.

Fontibón presenta una problemática particular respecto de las demás localidades referidas, con un epicentro de contaminación acústica especialmente crítico en el barrio Modelia; ubicado entre las avenidas Boyacá (al oriente), El Dorado (al norte) y Ciudad de Cali (al occidente). En este sector, como en los aledaños al aeropuerto El Dorado, los habitantes acusan la reducción en el tiempo de sueño debido al ruido producido por el tráfico aéreo y, además, denuncian perjuicios a la salud de diversos tipos causados por el ruido emitido por los establecimientos comerciales destinados para el entretenimiento nocturno.

Ilustración 2 de Informatico Ahora6

La OMS estableció en 1999 los límites a los niveles de ruido recomendados para cada horario y sector urbanístico. En el día es aconsejable no superar los 70 decibeles que equivalen al ruido emitido por un automóvil a un metro de distancia; esto para zonas de tráfico y comerciales y un máximo de 55 decibeles durante el día en zonas residenciales. En concordancia, la Resolución 0627 de 2006 en el artículo 9° establece los estándares máximos permisibles de niveles de emisión de ruido expresados en decibeles correspondientes a los diferentes sectores y horarios tipificados7.

De acuerdo con el informe más reciente del programa Bogotá Cómo Vamos, el 61 por ciento de la ciudadanía en la capital expresa insatisfacción con respecto al nivel del ruido que padecen; en contraste con el 14 por ciento que se siente satisfecha, siendo este uno de los ítems más preocupantes; destacando junto con la calidad del aire, el agua, los escombros y las basuras en las calles. La Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia registró durante el primer trimestre del anterior año 120.631 llamadas tramitadas por incidentes de ruido a la línea 123, para atención de emergencias; en 2022 se registraron un total de 309.448 llamadas por igual motivo.

  Ana LapeñaLaiglesia, ECODES (2023) Observatorios de Salud y Medio Ambiente: Ruido y Salud. DKV Instituto de la Vida Saludable. Octubre de 2023.

2   Consultar: artículo 1° del Decreto Distrital 036 de 2023 y 047 de 2024.

3  Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Fronteras 2022: Ruido, llamas y desequilibrios – Nuevos temas de interés ambiental, 2022, Nairobi (Kenya).

4 Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Fronteras 2022: Ruido, llamas y desequilibrios – Nuevos temas de interés ambiental, 2022, Nairobi (Kenya). En https://wedocs.unep.org/bitstream/handle/20.500.11822/38059/Frontiers2022_SP.pdf?sequence=5&isAllowed=y pág. 8

5 Tomado de Informativo Ahora Canal Capital en https://www.youtube.com/watch?v=1OjLkiwE-7g&t=1043s&ab_channel=CanalCapital

6 Tomado de Informativo Ahora Canal Capital en https://www.youtube.com/watch?v=1OjLkiwE-7g&t=1043s&ab_channel=CanalCapital

7 Ver: https://www.mincit.gov.co/ministerio/normograma-sig/procesos-de-apoyo/gestion-de-recursos-fisicos/resoluciones/resolucion-627-de-2006.aspx

Información adicional

Autor/a: Daniel Vargas Castillo
País: Colombia
Región: Suramérica
Fuente: Periódico desdeabajo N°310, 18 de febrero - 18 de marzo de 2024

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