Europa apuesta abiertamente por el militarismo y Rusia responde con la amenaza de una guerra nuclear
El presidente ruso, Vladimir Putin, pronuncia su discurso anual ante la Asamblea Federal, en Moscú, Rusia, el 29 de febrero de 2024. — Gavriil Grigorov / REUTERS

La UE defiende una “economía de guerra” para atajar la amenaza de Rusia, que, por su parte, advierte del riesgo de un conflicto nuclear si Europa envía tropas a Ucrania.

Europa vive una peligrosa escalada de tensión con Rusia tras presentarse la nueva estrategia de defensa europea, de marcado carácter militarista, y después de que Francia sugiriera enviar tropas a Ucrania. La respuesta rusa no se ha hecho esperar y el presidente Vladímir Putin ha advertido del alto riesgo de una guerra nuclear si los europeos tratan de confrontar directamente a Moscú en Ucrania.

“Deben darse cuenta (los europeos) de que también tenemos armas que pueden alcanzar objetivos en su territorio. Todo esto realmente amenaza con un conflicto con el uso de armas nucleares y la destrucción de la civilización. ¿Acaso no lo entienden?”, inquirió Putin este jueves en su discurso anual sobre el estado de la nación.

La advertencia rusa sigue a una semana de desafíos desde la cúpula de la UE, plasmada finalmente en la apuesta de Bruselas por una carrera armamentística sin precedentes, cuyo objetivo no es simplemente disuadir a Moscú, sino aprovechar estos vientos de guerra para hacer buenos negocios.

De nuevo, el miedo al enemigo común se convierte en el ariete de la clase política europea, aliada con la industria militar del continente que quiere seguir los pasos de los grandes imperios armamentísticos estadounidenses y sus pingües beneficios en las guerras de este siglo, desde Irak a la propia Ucrania.

“La amenaza de una guerra puede no ser inminente, pero no es imposible”, alertó este miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen ante los Veintisiete, para a continuación llamar al rearme de Europa y a la creación de esa estrategia común que dispare la industria militar.

Tropas europeas en Ucrania, la última línea roja

El plan de Von der Leyen pone la guinda a las inquietantes declaraciones que hizo esta semana el presidente de Francia, Emmanuel Macron, al plantear la posibilidad de que tropas europeas puedan combatir en Ucrania.

La frustración europea, incapaz de dar más de sí para ayudar a Ucrania, crece. Las recientes victorias rusas en Avdivka, Severne y Stepove, en la región de Donetsk, o el último avance sobre Robótine, en Zaporizhia, aplastando los magros logros de la contraofensiva lanzada en junio pasado por Ucrania, dejan al ejército ucraniano en una posición muy delicada y dan vía libre a futuras ofensivas rusas a mayor escala hacia el oeste.

La escasez de hombres y municiones es un problema muy grave para el ejército ucraniano, de ahí la desesperada propuesta francesa de enviar tropas al frente como único medio de detener a los rusos. De momento, sin embargo, la mayor parte de los miembros de la UE, además de Estados Unidos y Canadá, rechazó el envío de tropas a Ucrania, porque ello implicaría una confrontación directa entre la OTAN y Rusia, y posiblemente significaría el fin de la propia Europa.

En todo caso, ahí ha quedado la sugerencia francesa, matizada después al indicar que podrían ser fuerzas de apoyo logístico y no combatientes las que se despacharan a ese país y que se diera tal paso mediante acuerdos bilaterales con Kiev.

Gastar más, gastar mejor, gastar europeo… en armas

La flamante estrategia de defensa europea impulsada por Von der Leyen, propone la compra conjunta” de armas por los 27, tal y como se hizo la UE con la adquisición de las vacunas para combatir la pandemia de COVID o de gas, tras suspenderse las compras de este combustible a Rusia por su invasión de Ucrania.

También contempla un incremento notable en la inversión militar europea para hacer frente a una posible escalada bélica a nivel regional y global. Se buscarán canales para modificar la legislación comunitaria a fin de permitir la financiación de empresas fabricantes de armas y municiones, y se promoverá esa compra conjunta de armamento a empresas europeas, pues en estos momentos la mayor parte de las adquisiciones se hacen fuera de la UE.

Se trata de producir armamento a gran escala y más deprisa, comprar las armas con macro contratos que abaraten las adquisiciones y con una estandarización para los Veintisiete de los modelos de armas. “Gastar más, gastar mejor, gastar europeo”, según Von der Leyen. En la visión de la presidenta de la CE, la nueva estrategia de defensa quiere hacer de la industria armamentística uno de los pilares de la Europa surgida del cambio de paradigmas geopolíticos que ha supuesto la guerra de Ucrania.

Además de los 50.000 millones de euros hasta 2027 que acaban de ser aprobados por la UE para Ucrania, de los que solo una parte irán a la adquisición de armamento, Von der Leyen propuso la compra de armas para el paíscon el dinero de los beneficios extraordinarios generados por los activos financieros rusos en el exterior congelados tras la invasión. Este movimiento genera desconfianza en algunos miembros de la Unión pues abre las puertas a la injerencia del poder político en los movimientos financieros internacionales.

Von der Leyen advirtió del riesgo de que el conflicto de Ucrania se amplíe y por ello anunció nuevas adjudicaciones en el programa europeo de producción de munición para doblar la fabricación europea hasta más de dos millones de rondas de proyectiles anuales. El problema es que esta munición llegue a tiempo al campo de batalla y que pueda ser efectiva en una nueva contraofensiva sin suficientes soldados.

Como consolación para Kiev, la nueva estrategia de defensa contempla a Ucrania como un miembro más de la UE para integrar paulatinamente su industria militar en la europea. Para ello, Von der Leyen anunció la creación de una oficina de innovación en defensa en Kiev que aproveche la experiencia ucraniana en la guerra contra Rusia.

Una economía de guerra para la UE

La clave de estos proyectos está en que los Veintisiete dediquen mucho más presupuesto a defensa. Este año serán ya 18 los países europeos que inviertan al menos el 2% de su Producto Interior Bruto en reforzar sus capacidades militares. Europa podrá carecer de un ejército común, pero desde luego ha levantado el banderín para una carrera armamentística común.

Aún a costa de las políticas sociales. La apuesta es “cambiar el paradigma y pasar al modo de economía de guerra, confirmó el comisario europeo de Mercado Interior y encargado de la industria de defensa, Thierry Breton. La industria europea de defensa “debe asumir más riesgos, con nuestro apoyo dándole mayor visibilidad”, agregó.

Y apuntando en la dirección de las sugerencias de Macron sobre la llegada de tropas europeas a Ucrania en virtud de pactos bilaterales con Kiev de los países que optaran por esta posibilidad, Breton señaló que la UE debe tener las capacidades para actuar con celeridad junto a sus aliados, pero “también de forma autónoma cuando la situación lo justifique”.

Breton propuso a principios de año la inversión de 100.000 millones de euros en los próximos doce meses en la industria de defensa europea, pero las diferencias entre los socios comunitarios han retrasado tal paso.

En todo caso, la apuesta militarista de la cúpula de la UE cuenta con el respaldo del Banco Europeo de Inversiones (BEI), cuya nueva presidenta, la española Nadia Calviño, ha indicado que hay que incrementar el poder de disuasión de la UE mediante una mayor capacidad militar.

Un enemigo común: Rusia

La nueva estrategia industrial de defensa europea, como pilar de esa “economía de guerra”, supondrá el mayor dispendio militar en el viejo continente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El fantasma del militarismo que precedió a ese conflicto y a la Primera Guerra Mundial recorre de nuevo Europa ahora con el pretexto de parar en seco los supuestos planes de atacar Occidente por parte de Rusia. Planes que este jueves insistió en negar Putin, sugiriendo que Rusia no podría sostener económicamente semejante iniciativa bélica.

Rusia está dedicando a la defensa cerca de un 6% de su PIB. Una ampliación de su teatro de operaciones a países cercanos le demandaría doblar ese porcentaje, como ocurría justo antes de colapsar la URSS, tras su invasión de Afganistán. Ahora, las sanciones impuestas por Occidente hacen imposible alcanzar siquiera semejante dispendio.

El presidente ruso señaló que Rusia está lista para distribuir sus recursos de manera “racional y eficiente”, pero se opuso a caer en la trampa de una carrera armamentística que llevaría, según el líder del Kremlin, al desgaste del país.

Rusia ha disparado su producción de armamento desde que empezó la guerra, con armas mucho más sofisticadas y con un fuerte ritmo de fabricación. Sin embargo, esa producción es dedicada en su mayor parte a la guerra en Ucrania. Para entrar en una auténtica carrera de armamentos, Rusia necesitaría estar acumulando stocks muy importantes de armas y no sufrir su uso y continuada renovación en el campo de batalla.

La propia carrera de armamentos promovida por Von der Leyen y los halcones europeos puede tropezarse con este mismo problema. Si se mantiene el foco bélico de Ucrania, buena parte de esa producción armamentística acabará en los campos ucranianos, eternizándose el dispendio sin hacer más fuerte militarmente a la UE, para regocijo, eso sí, de los fabricantes de armas sean europeos o los proveedores estadounidenses.

Y hay otro enemigo para la nueva estrategia de defensa europea peor que los propios rusos: la burocracia de la Unión. Si EEUU cuenta con el Acta de Producción de la Defensa, que permite al gobierno priorizar la producción de bienes necesarios para la seguridad nacional, en la UE no existe esa herramienta y todo queda supeditado a interminables negociaciones en todos los ámbitos. Una carrera armamentística bajo estos parámetros puede parecer más una carrera de caracoles que de galgos.

Información adicional

Autor/a: Juan Antonio Sanz
País:
Región: Euroasia
Fuente: Público

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