La OTAN renueva su unidad ante Rusia y afirma estar dispuesta a pagar el alto coste de su apoyo a Ucrania
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, interviene por videoconferencia durante la sesión plenaria de la tercera jornada de la 68º sesión anual de la Asamblea Parlamentaria. — Gustavo Valiente / EUROPA PRESS

La organización promete más dinero y armas, en unos momentos de gran incertidumbre por el atrincheramiento de Rusia en el este y sur de ese país, y la incapacidad de ninguno de los adversarios para imponerse al otro. De momento, la OTAN también trata de sacar a Rusia de su enroque.

Los treinta países de la OTAN han reafirmado en la Asamblea Parlamentaria de la Alianza Atlántica reunida en Madrid su firme compromiso con la integridad territorial ucraniana y han prometido más asistencia humanitaria y más armas para Ucrania, que ha vuelto a reclamar su entrada en la organización.

Los 269 diputados de los países miembros de la OTAN reunidos en Madrid han reconocido que la guerra se va a prolongar aún mucho tiempo y han prometido más recursos para Ucrania. En concreto, su secretario general, Jens Stoltenberg, ha llamado a invertir mucho más en gasto militar. Más allá incluso de ese 2% del PIB al que ya se comprometieron todos los aliados y que Stoltenberg ha considerado como el mínimo a aportar, aunque, según ha dicho en Madrid, suponga “duros tiempos para muchos”.

Zelenski, de nuevo protagonista principal (e incómodo) en el escenario atlántico

El momento más álgido de la Sesión Plenaria que cerró este lunes la sexagésimo octava sesión anual de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN la ofreció el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, un convidado habitual de las reuniones del bloque militar. En su intervención, que aplaudieron con entusiasmo y en pie los asistentes, Zelenski volvió a reclamar la entrada de su país en la OTAN “lo antes posible”.

La participación constante de Zelenski en las reuniones del gigante militar ya le podrían hacer merecedor de un puesto siquiera honorífico en la Alianza. Más aún después de que hace unos días, cuando uno de sus misiles cayó en territorio polaco y mató a dos civiles, Zelenski no tuviera ningún reparo en reclamar a sus amigos de la OTAN, como si fuera uno más del club, una inmediata respuesta militar contra Rusia, a quien aún hoy día acusa del incidente.

Este gesto no gustó mucho en algunas instancias de la OTAN, especialmente en Estados Unidos, donde se empieza a mirar con irritación el tono exigente y demandante del antiguo actor de comedia devenido en presidente de un país en guerra.

No ha sido el único caso. El pasado 5 de noviembre, el asesor presidencial ucraniano Mijailo Podoliak instaba a Estados Unidos y la OTAN a atacar a Irán por el aparente suministro a Rusia de drones de combate. Un día después, el propio Zelenski reiteraba la necesidad de “castigar” a Teherán.

En su alocución ante la Sesión Plenaria de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, Zelenski aludió a los valores democráticos de los países de la OTAN, que, según el presidente ucraniano, comparte su país, obviando de un plumazo la erradicación en los últimos años y por su Gobierno de una decena de partidos opositores, acusados de ser la quinta columna de Rusia, o la persecución por motivos étnicos de ciudadanos ucranianos de origen ruso, húngaro o rumano.

O quizá los valores comunes a los que se refería Zelenski eran los de carácter bélico que han llevado a los países de la OTAN a lanzarse a una guerra “por delegación” contra Moscú alegando que Ucrania solo es el primer paso de la conquista rusa de Europa.

Zelenski pide a la OTAN que proteja la central nuclear que bombardean los propios ucranianos

Zelenski, que acusó a Rusia de crímenes de guerra y genocidio amparados en la guerra, también reclamó en su intervención televisada que la OTAN proteja la planta nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa y donde un accidente o una bomba podrían ocasionar un desastre atómico mayor incluso que el de la central también ucraniana de Chernóbil, en 1986.

“Todas nuestras naciones están interesadas en que no haya ningún incidente grave en nuestras instalaciones nucleares”, dijo Zelenski a los diputados de la OTAN. Zelenski obvió que la central está bajo control ruso, tiene militares rusos estacionados y que los ataques de artillería lanzados contra las instalaciones provienen de posiciones ucranianas. Zelenski acusa a los rusos de autosabotaje y de bombardearse a sí mismos.

Al tiempo que se producía la reunión de la OTAN, Rusia acusaba a Ucrania de bombardear la central nuclear. Según el consejero delegado de la empresa estatal de energía atómica de Rusia (ROSATOM), Alexéi Lijachev, la central de Zaporiyia “podría sufrir en cualquier momento un desastre nuclear”. Lijachev consideró “obvio” que el Gobierno de Zelenski “considera aceptable un pequeño incidente nuclear”, cuyo objetivo sería provocar una escalada militar y llevar a la intervención de la OTAN.

En los bombardeos de los últimos días, un proyectil impactó contra el tejado de uno de los almacenes de combustible nuclear, según un comunicado del Ministerio de Defensa ruso. Lijachev dijo que el establecimiento de una zona de seguridad en torno a la central ya no dependía tanto del Gobierno de Kíev sino de Washington, el único con el poder suficiente para dictar términos a Zelenski.

La OTAN cierra filas contra Rusia, de nuevo en Madrid

La Asamblea de la OTAN ha servido para reiterar el espíritu europeo de unidad ante el enemigo ruso.

Además del compromiso para seguir ayudando a Ucrania con dinero y armas, la Asamblea Parlamentaria de la OTAN ha servido, sobre todo, para reiterar el espíritu europeo de unidad ante el enemigo ruso. “Que deje en paz a Ucrania, que respete su soberanía. Y hasta que eso ocurra, todos vamos a seguir unidos junto a Ucrania en su lucha por la libertad”, afirmó Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español.

Sánchez también ofició de anfitrión de sus colegas de la Alianza Atlántica en junio pasado, cuando la OTAN celebró su cumbre en Madrid y estableció su nuevo concepto estratégico, con Rusia como su principal enemigo.

La guerra va a durar aún mucho tiempo, como han reconocido los participantes en la Asamblea Parlamentaria de la OTAN. Pero eso no quiere decir que antes no se puedan poner en marcha unas negociaciones que se empiezan a demandar con creciente insistencia, incluso dentro de la OTAN. En el propio Congreso de Estados Unidos han sido varios ya los grupos, tanto del gobernante Partido Demócrata, en su ala más progresista, como del opositor Republicano, los que han pedido que se abra un camino de negociación con Rusia, ante las dudas de que Moscú pueda ser derrotado a medio plazo en el campo de batalla.

Más dudas sobre una pronta derrota de Rusia en Ucrania

La retirada rusa de Jersón no ha traído de momento una gran contraofensiva ucraniana, porque la orilla oriental del río Dniéper se ha convertido en un búnker ruso. Ahora, parte de esas fuerzas estacionadas desde marzo en Jersón están reforzando las unidades que combaten encarnizadamente al ejército ucraniano en Lugansk, Donetsk y otras zonas del Donbás, en el este.

Tras la inicial contraofensiva de septiembre, que logró recuperar plazas tan importantes como Izium o Limán, los avances ucranianos se han visto frenados por una feroz resistencia rusa. El ejército ruso aún mantiene bajo su poder casi una quinta parte del territorio ucraniano y esta situación no ha variado apenas desde hace meses, por mucho que Stoltenberg insistiera en Madrid en su optimismo por el curso de la guerra.

Ucrania en una carrera contrarreloj ante la llegada del invierno

En Ucrania las condiciones meteorológicas están empeorando, pero no disminuye la presión rusa sobre las ciudades. En su mensaje a la nación del domingo por la noche, Zelenski reconoció que “el número de los bombardeos rusos sigue siendo, desafortunadamente, extremadamente elevado”.

Y ese es el peligro que corre la contraofensiva ucraniana. Los rusos pueden parapetarse, esperar y seguir dañando las infraestructuras críticas civiles de Ucrania a voluntad, desde sus posiciones en las áreas ocupadas o desde territorio ruso, con misiles tierra-tierra o con misiles aire-tierra, que aún no ha utilizado apenas. En Siria, el actual comandante en jefe de las fuerzas rusas en Ucrania, el general Serguéi Surovikin, utilizó unas pocas escuadrillas de aviones rusos de última generación para arrasar localidades enteras donde se resguardaban los rebeldes al régimen de Bashar al Asad. Si esas armas son empleadas en el invierno ucraniano, los daños al suministro energético serían ingentes, sin tener que exponer al grueso del ejército ruso.

En esta situación, el Gobierno de Zelenski apenas tendría un par de meses antes de que el colapso fuera total en sus ciudades. Y Zelenski lo sabe, de ahí sus maniobras desesperadas antes de que Estados Unidos y sus aliados decidan que ya es hora de parar una guerra que no puede ganar nadie.

Por eso en Madrid Zelenski ha seguido exigiendo: “Ucrania necesita sistemas de defensa antiaéreos y antimisiles en gran cantidad y calidad”. Y por eso, Stoltenberg ha dado un aviso de alerta, quizá la frase más importante de toda la Asamblea: “Tenemos que estar preparados para apoyar a Ucrania por mucho tiempo. Y sí, sé que ese apoyo tiene un precio”. Aunque, añadió, si ganara Rusia, “ese precio sería mucho mayor”.

Información adicional

Autor/a: Juan Antonio Sanz
País: Ucrania
Región: Euroasia
Fuente: Público

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