Jueves, 10 Mayo 2018 06:13

“Seamos realistas, sigamos pidiendo lo imposible”

Escrito por J. Ignacio Chaves
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“Seamos realistas, sigamos pidiendo lo imposible”

La “noche de las barricadas”, el 10 de mayo de 1968, fue la constatación de que las calles pueden ser de la ciudadanía. Una nueva Comuna de París casi un siglo después de aquella primera en la que un movimiento popular llegó a gobernar la capital francesa.


Todavía hoy podemos y debemos soñar las utopías que nos mantienen vivos medio siglo después de unos hechos que las pintadas marcaron en la historia y que buscaban un cambio social que aún permanece encerrado bajo los adoquines.


La realidad hoy es tan dura como virtual, por ello es pertinente continuar soñando. Es tiempo de creer en ideales que nos sitúen en un horizonte de ilusión para combatir la indecencia de un sistema que nos oprime mientras nos hace creer que tenemos algo. Pero ese algo nos cuesta tanto que no merece la pena contar con ello. Nos venden humo y compramos quimeras, por eso es mejor perseguir las utopías que hace ahora cincuenta años movilizaron una sociedad que se negaba a seguir tragando anzuelos.


Aunque los poderes nos lo sigan negando, hay que continuar insistiendo. Porque somos las ciudadanías de las resistencias y las insistencias. En un mundo que se pliega en banda ignorando las injusticias y las exclusiones, en sociedades que protegen al poderoso mientras persiguen al oprimido, hay que persistir y gritar “prohibido prohibir”, “la imaginación al poder” y todas aquellas arengas de las que ahora se cumplen cinco décadas y que supusieron un grito contra las autoridades, el sistema y el poder establecido.


Podemos poner en cuestión los resultados y las consecuencias, pero el significado de aquél movimiento estudiantil y obrero en un París adormecido y aburguesado, y sus reflejos en otras latitudes, son parte destacada de la historia del mundo. Allá se juntaron el “a las barricadas” anarquista de la Guerra Civil española con el “cambiar la vida” de Rimbaud y con el “transformar la sociedad” de Marx. El mayo francés fue un oasis en un desierto. Un lugar en donde la belleza estaba en la calle y en el que los muros hablaban. Pintadas y más pintadas inundaban las paredes exclamando y gritando consignas políticas y eslóganes sociales, pero también poemas y canciones libertarias y reivindicativas que propugnaban otra existencia y una manera distinta de vivir.


En ese mes de movilizaciones hubo una “semana rabiosa” de trece días en la que se concentraron la mayoría de los eventos destacados de las acciones estudiantiles que contaron después con el apoyo de la clase trabajadora y con la simpatía y respaldo de la ciudadanía en general. La movilización inicia el 3 de mayo en el patio de la Universidad de La Sorbona en solidaridad con sus compañeros de la de Nanterre.


El lunes 6 de mayo más de medio millón de estudiantes secunda la huelga general convocada. El martes 7 se produce una multitudinaria manifestación tras una pancarta que reza “Viva la Comuna”, el barrio Latino está en estado de sitio, los sindicatos comienzan a “pellizcarse” y la solidaridad con el movimiento crece tanto en el interior del país como en el extranjero.


Al principio, la propia izquierda no entendía al movimiento estudiantil. Marchais, del Partido Comunista Francés, los denunciaba en L´Humanite y pedía “Es necesario combatirlos y aislarlos…, se trata, en general, de hijos de grandes burgueses… son pseudo revolucionarios.”


Daniel Cohn-Bendit, entonces uno de los líderes estudiantiles de la Universidad de Nanterre, donde comenzó todo, declaraba a Le Nouvel Observateur que “Es al sistema en conjunto al que atacamos en nuestras reivindicaciones: al poder político, al capitalismo, a su concepción de la Universidad.”


El día 10 de mayo de 1968 es recordado como “la noche de las barricadas”, un punto de inflexión en un conflicto que venía palpitando desde que se creara en la citada universidad el “Movimiento 22 de marzo” en contra de las reformas universitarias y que contenía el malestar de una juventud estudiantil que veía con asombro y preocupación cómo la Francia gaullista iba decayendo social, económica y políticamente. La represión policial fue contundente y la resistencia de las y los manifestantes heroica. Según datos oficiales de la época hubo más de quinientos detenidos, cerca de mil personas heridas y el barrio Latino quedó prácticamente arrasado. Fue la mecha que prendió el movimiento popular favorable al estudiantado y sus propuestas.


Para el lunes 13 de mayo se plantea una huelga general en toda Francia. Ese día tuvo lugar la manifestación más grande desde la Liberación al finalizar la Segunda Guerra Mundial, casi un millón de personas desfilaron por las calles de París desde la plaza de la República hasta la de Denfert-Rochereau.


El encierro de trabajadores de la fábrica Renault en sus instalaciones, el miércoles 15 de mayo, da mayor fuerza al movimiento de huelga. Esa factoría se convierte en la “Nanterre obrera”. Sin la coordinación sindical de las grandes centrales, Francia se paraliza al unirse al paro diez millones de trabajadoras y trabajadores.
Por esos días, Herbert Marcuse declaraba a Le Monde y a Le Nouvel Observateur “Me identifico con las motivaciones profundas de una lucha estudiantil que ataca no sólo a las estructuras perimidas de la Universidad, sino a todo un orden social, donde la prosperidad y la cohesión tienen por fundamento la incentivación de la explotación, la competencia brutal y una moral hipócrita.” Y un grupo de escritores e intelectuales de la época, entre los que se encontraban Gorz, Lacan o Sartre, hacían una declaración pública en la que sostenían “Estamos dispuestos a afirmar que, frente al sistema establecido, el movimiento estudiantil es de una importancia capital y quizás decisiva, ya que, sin hacer promesas y, por el contrario, descartando toda afirmación prematura, opone y mantiene una potencia de rechazo capaz, creemos nosotros, de abrir un porvenir.”


Cinco décadas después, la pregunta podría ser ¿qué nos queda de aquél mayo francés del 68? Tal vez, como se afirma en la contraportada del libro de Serrat Crespo “Sed realistas, pedid lo imposible” (Barcelona, Edhasa 2008) “El recuerdo de un espectáculo de gritos y carreras y de imaginación desbordada que denunciaba una manera de ver la política y la vida.” Si asumimos que eso fue así, y que, por desgracia, sigue siendo así, la vida y la política actuales ameritan que sigamos gritando e imaginando que otro mundo es posible, mejor, por supuesto, y que tenemos que continuar la lucha hasta encontrarlo. No sabemos bien si será debajo de los adoquines, tras las fronteras que nos excluyen, al otro lado del océano o en la Luna. Pero en algún sitio está y la tarea es seguir buscando esa utopía.


Nos queda, en cualquier caso, la memoria y la esperanza de que sí se puede. Lo decían la juventud y el proletariado, lo recogieron las paredes en aquellas pintadas creativas y reivindicativas y está escrito en la historia: “La imaginación al poder”, “Quieren haceros creer que el ser es el tener”, “Amnistía: acto por el que los soberanos suelen perdonar las injusticias que ellos han cometido”, “Nadie llega a comprender si no respeta, conservando su propia naturaleza, la libre naturaleza del otro”, “La revolución debe hacerse en los hombres antes de realizarse en las cosas”, “El sueño es realidad”, “Desabrochad vuestro cerebro tan a menudo como vuestra bragueta”, “Solo puede haber revolución donde hay conciencia”, “Cambiad la vida, transformad su modo de empleo”, “No a la revolución con corbata”.


La imaginación, la creatividad y la rebeldía al servicio de la ilusión y la esperanza pintando la vida con los deseos perseguidos. Poesía y política para la reflexión y la acción. Esos muros franceses gritaban, y todavía hoy muchas paredes alrededor del mundo siguen clamando, por un cambio social que, por una vez y para siempre, favoreciera a esa mayoría que no cuenta, sean estudiantes, trabajadoras, obreros, pensionistas u otros colectivos explotados.


Dicen que las paredes tienen oídos, pero lo peor es que algunos oídos siguen teniendo paredes. Recordar sucesos y movimientos como el acaecido en aquel mayo francés continúa siendo necesario para la transformación de la realidad y la toma de conciencia, para seguir creyendo que lo que protestaban los muros es posible.


Antes y después del mayo francés hubo muchos movimientos sociales, luchas políticas y reivindicaciones: de Ghandi a Martin Luther King pasando por la revolución cubana, la primavera de Praga, los movimientos de liberación del denominado Tercer Mundo, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam o el movimiento estudiantil de México en ese mismo año. El París de 1968 puso ese poso de esperanza obrera y juvenil que alimentó las propuestas de lucha contra el capital y el liberalismo como los movimientos ecologistas, feministas o altermundistas, de los 15M al Ocuppy Wall Street pasando por Yosoy132 o la mal llamada primavera árabe.


Sin más bandera que la imaginación, la creatividad y la ilusión por cambiar un mundo que se sigue resistiendo a ser modificado; con la insistencia y la resistencia de las rebeliones populares de los de abajo, de quienes no son escuchados y quedan afónicos gritando sus ansias de libertad, independencia y soberanía, fue una semilla importante y para nada baladí en una época de indignación y reclamos sociales, desde las universidades a las fábricas.


Una gran parte de ese movimiento quedó plasmado en los muros de París al llenarlos de proclamas y demandas: “Las barricadas cierran las calles pero abren los caminos”, “Tomen sus deseos por realidades”, “El patriotismo es un egoismo de masa”, “Si lo que ven no es extraño, la visión es falsa”, “Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre”, “Yo me propongo agitar e inquietar a las gentes. No vendo el pan, sino la levadura (Unamuno)”, “La libertad de los otros prolonga la mía hasta el infinito (Bakunin)”, “La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor (Breton)”, “Si usted piensa por los otros, los otros pensarán por usted”.


Las pintadas y aquella poética de las paredes inundaron una ciudad adormecida que despertó con las barricadas estudiantiles y con la recuperación de la utopía, buscando la arena de la playa bajo los adoquines. Como canta Ismael Serrano pidiendo a su papá que le narre esas luchas, las de los que siempre han perdido pero han resistido los embates de la historia, las peleas por la dignidad humana y por el reconocimiento.


Fue muy dura la derrota, todo lo que se soñaba / Se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas

 


Y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias / Pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza


Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis / Que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París


Sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual / Las hostias siguen cayendo sobre quien habla de más


En París, en mayo de 1968, la belleza estaba en la calle y las demandas en las paredes. La fuerza de las pintadas, que siguen siendo parte de esa comunicación ciudadana, reivindicativa pero también festiva, política y callejera, social y popular, que nos transmite lo que una parte importante de la población piensa y siente y plasma en sus muros, en esos espacios públicos a la vista de todas aquellas personas que las quieran leer.


En Bogotá, en la sede centro de la Alianza Francesa han estado expuestos durante mes y medio, casualmente cerraron la exposición antes de que llegara el mes de mayo, los grafitis de tres artistas colombianos en conmemoración de ese mes de las flores en el París de hace medio siglo. Bajo el título “La beauté est dans la rue”, Keshava, Chócolo y Toxicómano han plasmado su particular homenaje a aquel momento histórico. Tres maneras distintas de abordar un hecho que nos dejó mucha historia precisamente en las pintadas, en los grafitis que poblaron las calles de la ciudad de la luz. Los juegos de palabras críticas de Keshava junto al humor negro de Chócolo y las propuestas transgresoras de Toxicómano. Tres contestarios de hoy para mantener viva la protesta de hace medio siglo. Junto a sus pinturas, una pequeña selección de algunos de los carteles más destacados de la movida de entonces: “L´etat cest chacun de nous” (el estado somos cada uno de nosotros), “La police s´affiche aux beaux arts, les beaux arts affichent dans la rue” (la policía se muestra en las bellas artes, las bellas artes se exhiben en la calle) o “Sois jeune et tais toi” (sé joven y cállate).


Tal vez fue casi una derrota y se perdieron muchos sueños y algunas esperanzas. Pero lo cierto es que una juventud inconforme y rebelde rompió el cascarón y llenó las calles de belleza buscando otra manera de estar y ser en el mundo. No encontraron la playa, pero movieron las arenas y las conciencias.


Para que nada dé igual y las hostias no sigan cayendo sobre los de siempre, salgamos a esas calles y llenémoslas de pintadas, embellezcámoslas con gritos que pidan lo imposible.


La lucha continúa.


09 May 2018

 

Información adicional

  • Antetítulo:50 años del mayo francés
  • Autor:J. Ignacio Chaves
  • País:Francia
  • Región:Europa
  • Fuente:Paterasalsur
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