Lunes, 14 Mayo 2018 10:59

Un sainete en tres actos

Escrito por Yesid Llerena
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Un sainete en tres actos

Primer acto: Salen a la escena, ataviados de sus galas, los más reconocidos, respetables e influyentes jerarcas del fútbol sudamericano y representan una graciosa coreografía.

A un mes de inaugurarse el Mundial de Rusia y cuando el exjerarca del fútbol sudamericano, Nicolás Leoz, —27 años al frente de la Conmebol, 1986-2013— está a punto de ser extraditado a los Estados Unidos tras perder todas las instancias de apelación en la justicia paraguaya, es innegable el deplorable estado de las cosas en el fútbol internacional.

En lo local, todo sigue igual… acusaciones recíprocas entre directivos por corrupción, sobornos, tráfico de influencias; en fin, lo de siempre, lo de nunca acabar y que nunca acabará porque nadie quiere que acabe el espectáculo, la fantasía, la magia en que vivimos ensimismados: la ilusión de un fútbol revestido de fair play en todas sus instancias.

Leoz es acusado de asociación delictuosa de crimen organizado, asociación de fraude electrónico, fraude electrónico, asociación para el lavado de dinero y lavado de dinero. ¡Qué horror! ¿O no tanto? Si por estos mismos delitos han sido acusados desde el presidente global de la Fifa, el hasta hace unos años prístino Sepp Blatter, suizo, sus vicepresidentes y decenas de dirigentes del fútbol de decenas de países asociados a la Fifa; así como otros dirigentes del fútbol sudamericano, como el máximo jerarca del fútbol argentino, el célebre y “respetadísimo” Julio Grondona (toda una figura pública en su país) y el también expresidente de la Federación Colombiana de Fútbol (y quien ahora hace parte del “cartel de los sapos”) Luis Bedoya. Entonces, ¿cuál es la sorpresa?

Otro expresidente de la Conmebol, el paraguayo Juan Angel Napout, fue declarado culpable en el FIFA-Gate y su condena se revelará el 11 de junio en Nueva York, donde se encuentra preso. También fue hallado culpable por un jurado de la Corte Federal del Distrito de Brooklyn el brasileño José María Marín, quien recibirá su sentencia el 30 de mayo. Todo esto a horas del comienzo del Mundial de Rusia. Pero estas noticias pasarán desapercibidas ante la euforia que despierta la mayor fiesta del fútbol, la copa cuatrienal.

La corte estadounidense declaró culpables a Napout y a Marín de formar un grupo con fines criminales y de fraude electrónico relacionado con la Copa Libertadores y la Copa América. Marín además fue declarado culpable por fraude electrónico para la Copa do Brasil. Leoz, es sabido, es uno de los 42 exdirigentes del fútbol de nuestro continente y empresarios deportivos acusados de corrupción por el gobierno estadounidense tras el llamado Fifa-Gate, que se destapó en 2015.


La mayoría de esos dirigentes aceptaron los cargos o resolvieron convertirse en delatores de sus colegas (como en el caso de Bedoya). Los tres que insistieron en su inocencia, están siendo juzgados en Nueva York.


En la retorcida lógica jurídica/ética/religiosa que gobierna el espíritu norteamericano, el cielo —o el perdón, o las dos cosas— se alcanza gracias a "la extrema indulgencia divina", aun si se ha cometido los más atroces pecados o delitos; todo es posible siempre y cuando haya confesión, delación, arrepentimiento. Como dice el ancestral proverbio "el que peca y reza, empata"; y todos sabemos que, en el fútbol, el empate es un gran resultado, sobre todo ante la inminencia de una estruendosa derrota por goleada como lo puede ser pasar el resto de la vida tras las rejas.


En el mismo juicio que cursa en los Estados Unidos, el argentino Alejandro Burzaco, exdirector de la empresa de televisión Torneos y Competencias, compareció como "testigo protegido de las autoridades estadounidenses" y denunció un amplio engranaje de sobornos a exdirectivos de la Conmebol, incluido el propio Leoz, para la concesión de los derechos de televisión de torneos internacionales de fútbol.


Nicolás Leoz, entonces presidente de la Conmebol, recibió 600.000 dólares por año, cifra que aumentó para fines de la década del 2000 —cosas de la inflación— a un millón de dólares anuales, por contratos concedidos a T&T para la transmisión de la Copa Libertadores, la Copa Sudamericana y la Recopa Sudamericana.

Burzaco, prendió el ventilador y reveló que Leoz, al igual que Julio Grondona y Ricardo Teixeira, expresidentes del fútbol de las federaciones argentina y brasileña, votó por otorgar la sede del Mundial Catar-2022 a cambio de sobornos. ¡Ejemplar actitud de los tres más poderosos dirigentes del fútbol sudamericano!


Como si fuera poco esta olla podrida, el abogado y empresario argentino Jorge Dehlon, de 52 años, implicado en las acusaciones, se suicidó en noviembre pasado arrojándose en las vías del ferrocarril en un suburbio de Buenos Aires tras ser acusado horas antes, por Buzarco, de ser uno de los dos empresarios que recibió sobornos por 4 millones de dólares.

 

Buzarco también señaló que Fox Sports, Televisa, TV Globo, MediaPro, Full Play y Claró fueron las televisoras que pagaron sobornos a la Fifa para asegurarse los derechos por trasmitir partidos.

 

El abogado de Leoz acudió a un simpático subterfugio legalista para defender a su cliente: "El delito de soborno privado no es un delito estipulado en el Código Penal de Paraguay", alegó en su desesperado intento por evitar la extradición del exdirigente de 87 años. Solo admitió haber aceptado, unos 130.000 dólares "en carácter de donación" en el año 2000 para "construir escuelas para indígenas en distintos puntos del país (de Paraguay)". Magnánima ánima la que anima el corazón del corrupto dirigente, todo a favor de la niñez desamparada.

 

Segundo acto: Aparece en la escena el Ángel Justiciero, el Gran Exterminador de la Corrupción

 

Todos los personajes quedan paralizados ante la aparición del Gran Ángel Justiciero: la justicia norteamericana, la llamada a imponer el orden, la cordura, la justicia y a restablecer las normas de la decencia entre esos demonios que rondan sueltos por el patio trasero norteamericano. "Venid a mi aquellos que me temen y queréis salvaros, convertíos en testigos protegidos de mi caridad infinita", dice el ángel emisario y abre sus inmensas alas para acoger a los delatores; los que no busquen refugio allí, recibirán la ira divina del Gran Dios Norteamericano, el mismo que se jacta de tener un “botón nuclear más grande que el tuyo”.

 

Aparecen, en esa fecha de mayo del 2015, hace exactamente tres años, la fiscal Loretta E. Lynch y el director del FBI, James B. Comey —primero protegido y ahora caído en desgracia frente a Trump— vestidos con sus alas y plumas de ángeles justicieros y revelan su plan: desenmascarar la corrupción en “una de las organización más corruptas del planeta”, como la señaló en su momento el entonces primer ministro británico, David Cameron.

 

¿A qué viene tanta sed de justicia, si el fútbol es un deporte menor en los Estados Unidos, frente al béisbol, el llamado “fútbol americano” y el baloncesto, incluso también, la natación y el hockey? No es más que otro capítulo de la geopolítica en la nueva Guerra Fría que libran los Estados Unidos y Rusia por su hegemonía en Occidente. Putin salió a defender la legitimidad de la designación del Mundial en Rusia y atacar, al entonces presidente Obama. Ucrania y Siria son dos de las regiones sobre las que las dos potencias miden sus fuerzas (como durante la guerra civil española lo fueron las potencias del eje y las fuerzas republicanas de todo el mundo).

 

Estados Unidos iza las banderas de la lucha anticorrupción viendo siempre la paja en el ojo ajeno y olvidando la viga en el propio de la corrupción en sus propias empresas como Alcoa, OCH-ZIFF, KBR Halliburton (por no mencionar los casos históricos de ATT en Chile, Chiquita Bananas, CocaCola y Drummond en Colombia); de las campañas políticas, como el escándalo que sacude hoy día la elección de Trump por sus nexos con los rusos y empresas como Cambridge Analytics para manipular las redes sociales a favor de la campaña del actual presidente; y para, en últimas, traerse la sede (y el control) de uno de los mayores negocios del planeta, el fútbol, a su casa, y arrancárselo de las manos a otros célebres corruptos, los suizos (cueva donde al amparo del centenario secreto bancario, hay cuentas cifradas donde se depositan los dineros de toda la corrupción global), y donde hoy reside la sede principal de la Fifa.

 

La Fifa, y su negocio, su negociado, el fútbol, maneja enormes cantidades de dinero procedente de torneos, patrocinios, derechos de televisión, entre otros. Y allí donde hay capital hay la sed inextinguible del dragón neoliberal, aquella representación de la fase superior del capitalismo. Por ello, la súbita presencia del Ángel Justiciero en este sainete.

 

Tercer acto: Pero ahora, el tercer acto está por comenzar, tomemos asiento, encendamos las pantallas. Volquemos la atención al Mundial de Rusia. Afuera hace frío, pero… adentro, está la caldera.

Información adicional

  • Antetítulo:“Y adentro… ¡la caldera!" El espectáculo sinfín del Fifa-Gate
Visto 302 vecesModificado por última vez en Viernes, 18 Mayo 2018 21:29

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