Miércoles, 01 Abril 2020 06:44

Lecciones de una pandemia

Escrito por Marxia Suárez
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Lecciones de una pandemia

El ser humano ingresa en el mundo material y externo al nacer, proceso que es individual para cada persona; es decir llega solo como un humano, quien para crecer, desarrollarse y adaptarse al nuevo ambiente necesita de acompañantes, empezando por sus padres, hermanos, familia y luego, con el tiempo, de la comunidad a la que pertenece. Es decir, difícilmente permanece solo o aislado después de su nacimiento.

Este proceso forma y transforma a las personas, que forjan su existencia dentro de algún grupo de semejantes, que influyen en su manera de ser y hacer. Se crea así la interdependencia y la vida social que es la esencia del existir humano, desde los ancestros que se forjó con agrupaciones por necesidad, colaboración, afinidad y/o afectos.

El sentido comunitario se incrementó y las organizaciones sociales adquirieron carácter humanizado, sentimental y emotivo entre ellas. Se conocían entre todos y valoraban los sentimientos, alegrías, desengaños, tristezas y sufrimientos. Había comunicación, respeto, comprensión, solidaridad y sobretodo relaciones interpersonales. Definitiva mente no se estaba SOLO.

Llegó la era digital con la pesada sombra de la individualidad, autoformación personal con interrelaciones virtuales, cero presencia real de la persona. A pesar de las múltiples conexiones y facilidades de relación; la esencia de la persona en colectivos se desvaneció completamente. Estamos actualmente muy acompañados, pero AISLADOS.

El planeta Tierra, nuestro GRAN HOGAR, está totalmente poblado de gente que no se conoce ni a sí misma, ni a los demás y, por tanto, no hay amistad auténtica, hermandad, solidaridad, respeto, menos afecto; es más, por intereses particulares se atenta contra la tierra, contaminándole, destruyendo, e irrespetando su generosa acogida.

Se ha ofendido a nuestro planeta y al ser humano por mucho tiempo; es hora de rendir cuentas. Una PANDEMIA nos ha convocado a reflexionar individualmente en las acciones tanto para ella, como para nuestros semejantes, que por su presencia se han visto obligados a convivir en soledad con la familia (célula fundamental de la sociedad) y también en comunidad. Comprender que si hay unidad entre personas es posible enfrentar las pruebas que se presentan sorpresivamente.

Claro que la pandemia es una exigente lección, porque al quedar dentro de un espacio limitado entre desconocidos familiares, se requirió esfuerzo, sacrificio, diálogo. Redescubriendo con el pasar de los días, a los tiempos, el valor de la FAMILA.

Sin embargo, esta soledad permitió un auto análisis personal, sintiendo el espacio silencioso de cada yo, con pensamientos de aburrimiento, incertidumbre y fragilidad. Fue necesario redescubrirse entre hermanos, padres, abuelos… tratar de buscar temas y afinidades comunes. Fue un espacio triste y oscuro a pesar de ser tiempo soleado, pero penetró en cada interior como una enseñanza por aprender, para toda la humanidad.

El coronavirus presentó la oportunidad de reflexionar y despertar como seres humanos terrenales; al atacar sin distinción a la raza humana, con la fortaleza de virus microscópicos, agresivos y veloces, doblegando el orgullo humano.

Los virus producen enfermedades, son considerados sin vida, porque no se reproducen como cualquier célula, sino que se duplican cuando se hospedan en ella, invadiéndole su interior a velocidades y cantidades increíbles, acabando así con la vida.

Una persona debe cuidar y preservar su vida de la mejor manera, valorando: su alimentación sana y saludable, el ejercicio físico dosificado a cada realidad, con formación corporal, intelectual y emocional correctas, solo así está dotando a su organismo de defensas internas naturales ante cualquier infección.

Esto genera un sistema inmunitario unipersonal, con un conjunto de elementos y procesos biológicos internos que permiten mantener el equilibrio entre agresiones externas: biológicas, patógenas, físico químicas, radiación, contaminación y/o agresiones internas en el cuerpo humano de virus, bacterias, tumoraciones, células cancerosas…

El sistema inmunológico bien cuidado; identifica la agresión y los agentes patógenos, para reaccionar ante ellos en defensa de la vida, formando moléculas solubles en la sangre, linfa y otros, también en diferentes tejidos y órganos; en la médula ósea se forman células con función inmunitaria (neutrófilos, eosinófilos, monocitos, dendritas y macrófagos…) que se movilizan por la sangre y el sistema linfático a los órganos afectados, para defenderlos.

Hay respuesta inmunitaria natural en el organismo por sí mismo y hay respuesta inmunitaria adquirida a través de la vacunación, para esta última hay que esperar que se creen o que exista. Se depende de lo externo.

En la inmunidad natural no, porque somos dueños de la ella cada uno, si hemos cuidado: mente y cuerpo consciente y consistentemente, en cada etapa de nuestra existencia.

Una célula infectada por un virus secretará interferones, activando de diferentes maneras las defensas antivirus en células cercanas a la infectada. En el ser humano se han identificado interferones de más de 20 genes y proteínas. Las proteínas identificadoras del germen patógeno son proporcionadas por las células, reconociendo la presencia de diferentes factores (virus, bacterias, parásitos, células tumorales).

Un interferón está formado por proteínas conocidas como citocinas que se comunican entre células, para desencadenar las defensas protectoras del sistema inmune, para la erradicación de patógenos. Deben su nombre por interferir la replicación viral. También activan las células asesinas naturales y los macrófagos, regulando la presencia de antígenos.

Síntomas como fiebre, dolor muscular generan la producción del interferón, muy valioso para combatir infecciones virales: activan células inmunes (macrófagos), identifican células cancerígenas, incrementan la capacidad de las células sanas para resistir las nuevas infecciones. En definitiva, es un agente proteico especial defensor de la salud humana.

El cuerpo humano ese gran laboratorio

No se valora la capacidad del laboratorio interior que tenemos las personas, que nos responsabiliza en su cuidado y respeto. Un constituyente básico es la alimentación cotidiana de todos, que por su importancia para la salud debe contar siempre entre los variados nutrientes, con una ración apropiada de proteinas, protagonistas interiores valiosas de salud y enfermedades humanas.

Hay proteinas animales y vegetales, que participan en el crecimiento, reparación y mantenimiento de músculos, órganos y tejidos. Actúan en la producción de hormonas y son parte de los neurotransmisores (transmiten impulsos nerviosos y del cerebro), son fuente de energía con el 10 al 15 por ciento de las calorías diarias. Son un componente vital del ser humano.

Las proteínas animales como la carne, pescado, huevos, leche, queso, tienen la totalidad de aminoácidos esenciales necesarios para el ser humano, se incorporan fácilmente al cuerpo y toman su tiempo en el proceso digestivo, su adquisición tiene valor económico.

Proteínas vegetales como los garbanzos, arveja, soja, pistachos, quinua y amaranto, tienen también los aminoácidos esenciales necesarios. Hay aminoácidos en otros granos como la lenteja, el maíz, frijol, frutos secos: nuez, almendras, semillas de girasol y zambo. Cereales como la avena, el trigo, pero no cubren todos los aminoácidos esenciales, pero siempre es posible completarlos al combinar entre ellos para que se complementen y cumplan con su papel en el organismo humano.

Tienen además fibra insoluble, tanto en cáscaras como en tallos. Esto favorece el tránsito intestinal y evacuación. Indudablemente, puede tomar más tiempo el proceso digestivo, pero son asimilables y sobretodo más económicos; al alcance de la mayoría. Se sugiere, sin necesidad de que sea en la misma comida, combinarles durante el día consumiendo legumbres con cereales, legumbres con frutos secos, cereales con frutos secos. Aportan además micronutrientes como calcio, magnesio, omega 3 y 6, complejo B, excepto B12.

Es decir, la naturaleza que estamos agrediendo tiene entre sus verdes sembríos todo lo que requiere el ser humano para vivir sano y por largo tiempo.

También hay las vitaminas que el cuerpo humano no puede sintetizar excepto la vitamina D y pero no puede funcionar correctamente sin ellas, deben ser suministradas en la alimentación personal, su carencia produce deficiencias y enfermedades. Son de dos clases: vitaminas solubles en agua son eliminadas por orina, sudor y solubles en grasas pueden incorporarse a grasas del cuerpo porque no se eliminan, debe respetarse la dosis establecida.

Entre las vitaminas hidrosolubles está la vitamina C conocida como preventiva de resfríos, cicatrización, radicales libres, se encuentra en frutas especialmente cítricas y vegetales (repollo, tomates, papas, lechuga). El complejo B tiene variedades (B1, B6, B12….) se encuentra en cereales integrales, leche, verduras, carne, maní, participa en el metabolismo de energía, es respaldo del sistema nervioso, ayuda en la visión normal, salud de la piel. B6 participa en la producción de glóbulos rojos. Cabe anotar que debe ingerirse de acuerdo a indicación médica, el exceso especialmente de B6 es dañino..

Las vitaminas liposolubles (solubles en grasas) como la vitamina A, útil para una buena visión, cuidado de piel y cabello, se obtiene en vegetales verdes, zanahorias, aceite de hígado de pescado, frutas.

La vitamina D (calciferol) presente en aceite de hígado de pescado y en la yema del huevo, puede formarse en la superficie de la piel, por acción de los rayos solares. Participa en la fijación del calcio, en la formación de la estructura ósea, la falta de esta vitamina produce raquitismo. Vitamina E es antioxidante, protege la pared celular hay en la soja, maíz, germen de trigo, huevos, hígado, nueces y semillas. Vitamina K apoya la coagulación sanguínea, se encuentra en hojas verdes, coles, espinacas, brócoli, espárragos, se produce en el intestino por bacterias presentes.

Pensando en una vida saludable, y en la no-saludable, resaltar la existencia de alimentos que aportan sustancias que ayudan al bienestar y buena salud, otros a menguar los efectos de las infecciones, de ahí que cuando nos alimentemos debemos considerar nuestra salud, en las defensas que ayudan a crear los alimentos cuando hay enfermedades, eso sí concienciando sólo si nos alimentamos bien, considerando los beneficios de los nutrientes, vitaminas y agua.

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  • Autor:Marxia Suárez
Visto 405 vecesModificado por última vez en Martes, 07 Abril 2020 19:47

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