Martes, 30 Junio 2020 06:15

Capitalismo rosa y pinkwashing político: utilización del Orgullo 2020

Escrito por Francis Reina Corbacho
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Donald Trump posando con una bandera LGTBIDonald Trump posando con una bandera LGTBI

De McDonald's a Israel, pasando por Coca Cola, Apple, Ciudadanos o el Partido Popular, las luchas del colectivo LGTBI son utilizadas por personas, países, empresas y partidos políticos en lo que se conoce como homonacionalismo, capitalismo rosa y/o pinkwashing. Estrategias, todas, que desvirtúan y manipulan el sentido del Orgullo, que no es otro que la conmemoración y la reivindicación política de una revuelta que significó justo lo contrario a lo que pretende institucionalizar el Capitalismo: solidaridad, interseccionalidad y lucha colectiva no por las élites sino por un mundo donde quepamos todos y todas.

 

Explica Naomi Klein en su libro No Logo: El poder de las marcas, que su generación heredó la idea de que “para lograr progresos verdaderos, se consideraba necesario descolonizar la imaginación de ambos géneros”. Como la imaginación colectiva de lo que significaba ser hombre o ser mujer la inoculaban socioculturalmente los mass media, y la idea que proyectaban esos medios de la sexualidad y de las expresiones de género era heterocentrista, prototípica, estereotipada y fruto del marco político, socioeconómico y cultural dominante, “era seguro que, si lográbamos subvertirlos y lograr que nos representaran mejor, podían convertirse en nuestros salvadores”. La respuesta, subraya la activista canadiense, “provocó que (…) las empresas, los responsables de los medios de comunicación y los productores de cultura popular aceptaran con gran rapidez muchas de nuestras exigencias de representación, aunque quizá no por las razones que nosotros esperábamos”.

En efecto, las razones eran diametralmente distintas, pero esa alteración de la representación hegemónica ayudó (y ayuda) sobremanera a la normalización de la diversidad. El potencial transformador de la visibilidad pública y mediática ha de analizarse sin sectarismos ni falsas dicotomías (las luchas culturales son tan materiales y reales como la lucha de clases). Sin embargo, no es menos cierto que paralelamente a ello y como consecuencia de una descafeinización deliberada, la significación política y el contenido reivindicativo del movimiento contestatario que dio origen a la celebración anual del Orgullo, los históricos disturbios de Stonewall, han trocado paulatinamente hasta convertirse en una gigantesca ventana de oportunidad para que el capitalismo lleve a cabo, una vez más, su dictadura de consumo voraz. Como dijo Richard Goldstein en The Village Voice, esa apropiación del cuestionamiento de los géneros y de las ansias de la liberación sexual como nueva fuente de riqueza “resultó ser la salvadora del capitalismo tardío”.

Con la fagocitación de la naturaleza combativa del Orgullo, el capitalismo —y también la derecha política— que tradicionalmente nos ha estigmatizado, oprimido y puesto en cuestión, se ha incorporado con una perversa naturalidad al tren de la igualdad sexual. Y lo ha conseguido socavando y desvirtuando el origen, la esencia y los aspectos más reivindicativos del movimiento (véase el homonacionalismo, el capitalismo rosa o el pinkwashing) para sacar rédito al colectivo LGTBI. Así hoy, por un lado, las derechas y ultraderechas confeccionan dinámicas discursivas y gestos simbólicos en defensa de los derechos LGBTI como subterfugio para disfrazar o incluso legitimar ofensivas machistas, xenófobas y racistas y, por otro, las empresas adoptan estrategias de marketing en pro de la tolerancia y la diversidad sexual para aparecer ante la opinión pública como agentes de progreso (pese a que, en los once meses restantes, la defensa de los derechos laborales -o los derechos, en general- de las personas LGTBI brillen por su ausencia). Unas maniobras de las que también se benefician personajes públicos relacionados con diversas polémicas. La bandera LGTBI es para algunos el trozo de tela con el que camuflar sus comportamientos inmorales.

Sólo así, comprendiendo este fenómeno de asimilación, podemos entender cómo VOX o Trump, que representan política e institucionalmente una de las mayores amenazas a nuestras libertades como colectivo, “defienden” -en realidad, utilizan- a las personas LGTBI frente a los “inmigrantes que ponen en peligro la identidad cultural europea”; el objetivo con el que H&M saca líneas de ropa exclusivas relacionadas con las reivindicaciones LGTBI al tiempo que sus trabajadores y trabajadoras textiles denuncian, como hace unos días en India, cobrar dos dólares a la hora; o la aceptación de Carlos Sobera (que nada tiene que ver con el colectivo ni nunca se ha manifestado a favor de nuestros derechos y libertades), criticado por hacer apología de las casas de apuestas, a participar en el pregón del Orgullo de Madrid.

Y es que cada año el mes de junio se convierte en un ejemplo bastante explícito donde marcas, partidos, personas, multinacionales… se aprovechan, parasitan, deforman y mercantilizan nuestras reivindicaciones. Veamos los ejemplos más  representativos de este Orgullo 2020.

McDonald's y Burguer King

Cartuchos de patatas multicolor, envases de hamburguesas con eslóganes igualitarios, decoración especial en sus locales, arco iris en sus redes sociales… Llega junio y las cadenas de comida rápida estadounidenses se empapan de tolerancia con motivo del World Pride. Sin embargo, el año pasado vimos cómo un joven de veinticinco años sufrió un ataque homófobo en uno de los locales de McDonald's en Barcelona sin que nadie de la empresa (ni responsable del local ni vigilante de seguridad) protegiera al agredido ni sancionase al agresor.

En los últimos años, gracias a las redes sociales, hemos conocido denuncias de clientes y colectivos LGTBI por situaciones de discriminación y odio en los locales de ambas cadenas: echaron a una pareja gay por besarse dentro del Burger King de la Plaza de los Cubos de Madrid al “haber niños delante” (2014); un miembro de la franquicia británica de McDonald's increpó a dos jóvenes por besarse en el local ya que, según él, estaban “haciendo sentirse incómoda a la gente” (2015); un chico de 19 años fue detenido por agredir a una pareja gay que se encontraba dentro de uno de estos restaurantes en Gijón (2017); un guardia de seguridad de McDonald's agredió a un joven en la franquicia de Buenos Aires al grito de “puto sucio”, tras sacarle del baño a golpes (2019); Alexa, mujer trans puertoriqueña, murió asesinada a balazos tras viralizarse en redes sociales un vídeo donde un cliente del McDonald´s de la capital de Puerto Rico denunciaba que “un hombre vestido de mujer” había intentado usar el aseo de mujeres del local (2020).

Amazon, Coca-Cola, Apple o Zara

Rebajas en todos los productos LGTBI (cintas, calcetines, banderas, camisetas, pulseras…), botellines con frases en pro de la diversidad sexual, manzanitas de colorines y colecciones chic para ir a la última. ¿Qué mejor forma de disfrazar las continuas denuncias por el nulo respeto de la legislación y del derecho laboral de sus trabajadoras y trabajadores que, en el mes del Orgullo, participar con sus productos en el #LoveIsLove?

Eso sí, seguimos vendiendo libros LGTBIfóbicos tipo “Hijos gay, padres heterosexuales” de Richard Cohen, autor de “Comprender y sanar la homosexualidad”, como Amazon (y La casa del Libro, El Corte Inglés…) en España; retiramos carteles donde anunciamos nuestras bebidas con una pareja homosexual por las presiones de la ultraderecha, como Coca-Cola en Hungría; aprobamos una aplicación donde se firman textos contra los derechos LGTBI, como Apple con la app “Manhattan Declaration”; o expulsamos a refugiados LGTBI sirios de nuestras tiendas, como Zara en Ámsterdam, cuando estaban siendo agredidos por parte de un cliente tras identificarlos como personas del colectivo.

Ciudadanos y el Partido Popular

Más allá de sus políticas neoliberales (y, por tanto, contra la mayoría de los y las LGTBI, y ya no digo del precariado del colectivo o de las personas trans, que sufren un paro sistemático del 85%), anti-inmigración (que también afecta a las personas que huyen de países donde la condición sexual puede llevarte a la cárcel, en el mejor de los casos), conservadoras en lo social (cuando no explícitamente machistas y LGTBIfóbicas), etcétera, el Partido Popular y Ciudadanos son dos partidos que tan sólo con las declaraciones públicas de sus integrantes se antojarían incompatibles con la reivindicación de las libertades sexuales. Para Rajoy “el matrimonio siempre ha sido una institución entre un hombre y una mujer”, y “llamarlo matrimonio hace que mucha gente se sienta herida”. Para Aznar, “la unión entre homosexuales no puede ser llamada matrimonio porque esto ofende a la población”.

Ana Botella, la de las manzanas y las peras, decía que “el matrimonio entre homosexuales es tratar de la misma manera lo que es diferente” porque “un hombre y una mujer es una cosa, dos hombres es otra cosa y dos mujeres es otra cosa, como supongo que un trío también será otra cosa” (¡!). Según Albert Rivera, “llamar matrimonio a una unión homosexual genera tensiones innecesarias y perfectamente evitables en la sociedad, sin aportar ninguna mejora a las parejas homosexuales ni a la calidad de su ciudadanía“. Y pese a todo, ambos partidos incluyeron la bandera LGTBI el pasado día 28J en sus logotipos partidistas, portaron pancartas en uno de los últimos Orgullos y aparecen nada más y nada menos que encabezando nuestra manifestación más multitudinaria (y más visible) junto al resto de organizaciones.

Insisto en esto último: no hay mayor prueba del pinkwashing de las derechas y de la despolitización del Orgullo en nuestro país que ver encabezando nuestra manifestación a quienes llevaron al Tribunal Constitucional el matrimonio igualitario, compartieron junto a los sectores más conservadores y reaccionarios la defensa de la familia (heterosexual, claro) frente a las bodas entre personas del mismo sexo o a quienes, actualmente, co-gobiernan con partidos que quieren llevarnos a la Casa de Campo de Madrid por dejar “un hedor insoportable” en el Orgullo de la ciudad, comparan la educación afectivo-sexual con la pornografía o, entre otros posicionamientos LGTBIfóbicos, creen en las terapias psicológicas para “curar la homosexualidad”.

Trump, Israel y la oposición venezolana

Endurece las medidas contra las personas LGTBI en todos los ámbitos posibles (sociales, laborales, etc.) y veta a los militares trans. Quiere legalizar que una empresa pueda expulsar a alguien por su orientación sexual o que un hospital pueda negarse a tratar un paciente por ese mismo motivo. Su vicepresidente, Mike Pence, se negó a valorar si disparar a alguien por ser LGTBI es correcto o no y ha defendido públicamente las terapias de conversión. Sin embargo, Trump y su partido no dudaron en erigirse defensores del colectivo LGTBI (siempre y cuando fuesen hombres, blancos y ricos) frente a “la inmigración ilegal y el radicalismo islámico”. Este año no hicieron una declaración oficial ni utilizaron sus redes sociales para conmemorar el día, pero en la página oficial de Donald Trump se puede adquirir una camiseta con los colores arcoíris y el lema “Make America Great Again”.

Otro caso paradigmático es el que lleva poniendo en práctica desde hace años Israel, punta de lanza del genocidio palestino y uno de los mayores símbolos del pinkwashing de Estado. Como “lavado de cara“ a la política exterior israelí, el país se muestra al mundo como gayfriendly y pone en marcha todo su aparato mediático para publicitar el “paraíso de la diversidad” mientras bombardea Gaza y vulnera sistemáticamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Como dice Francisco Castillo, esta estrategia “permite ubicar al estado de Israel en el centro de la atención, pero no como un estado colonizador y represivo, sino como un estado garante de los derechos y libertades civiles del mundo moderno, sobre todo en un territorio como medio oriente, que es permanentemente estigmatizado para el cumplimiento de los intereses geopolíticos tanto del sionismo como de su mayor aliado, el imperialismo norteamericano”. Hace unos días, cuentas oficiales del Gobierno israelí festejaron el World Pride. 

Por cuestiones políticas, la oposición venezolana también utilizó la falsa defensa de los y las LGTBI como arma arrojadiza contra el Chavismo y contra Nicolás Maduro. Si bien es cierto que Maduro ha protagonizado comentarios execrables y repugnantes sobre la homosexualidad, la oposición en Venezuela (cuyos líderes proceden de grupos tan igualitarios como Tradición, Familia y Propiedad) manipula la cuestión de la diversidad sexual con fines golpistas. Como explica Marianela Tovar Núnez, activista feminista y LGTBI de la Universidad Central de Venezuela, “los intereses más oscuros logran encontrar su apología en la búsqueda de la justicia y la defensa de los oprimidos”.

Shangay Lily tenía razón: “Se alardea de democracia tolerante usando al colectivo para demostrar un inexistente grado de tolerancia. Así se distrae del clasismo (si aplicas la lucha de clases a estas minorías se desvela todo el pastel) que afectará al resto de la comunidad marginada. O de las invasiones, torturas, discriminaciones y demás abusos que el supuesto defensor de derechos humanos por mor de la comunidad LGTB está llevando a cabo”. Afortunadamente, muchas son las plataformas y cada vez son más los colectivos y las organizaciones que pugnan por la repolitización de la conmemoración de una revuelta que fue exactamente lo contrario de lo que quiere instaurar el capitalismo: solidaridad, interseccionalidad, anticapitalismo, transfeminismo, antirracismo, política de lo común, internacionalismo y lucha colectiva por un mundo donde quepamos todos y todas.

Por Francis Reina Corbacho

30 jun 2020 09:30

Información adicional

  • Antetítulo:LGTBIQ
  • Autor:Francis Reina Corbacho
  • Fuente:El Salto diario
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