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Jueves, 13 Agosto 2020 06:04

¿Existe el capitalismo racial?

Escrito por ​Michael Walzer
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¿Existe el capitalismo racial?

Buena parte de la izquierda habla ahora del «capitalismo racial». ¿Existe algo así? Al parecer es solo una forma de unir dos esferas. Si el racismo fuera derrotado, seguiríamos teniendo capitalismo. Y tras la derrota del capitalismo, seguiríamos teniendo racismo.

 

Durante muchos meses me ha dejado perplejo la aparición de la frase «capitalismo racial» en la prensa de izquierda. ¿Qué significa?

Quizás el adjetivo «racial» sea simplemente un adjetivo calificativo ordinario. El capitalismo racial es un tipo de capitalismo, y entonces debe haber otros tipos que requieran otros adjetivos. En Estados Unidos, tenemos un tipo de capitalismo donde la mayoría de los trabajadores y las trabajadoras explotados, o una mayoría de los más explotados, son personas de color. La clase baja y el ejército de reserva están definidos tanto racial como económicamente. Por supuesto, ningún autor de izquierda sería indiferente a la explotación de trabajadores blancos, que aún podrían constituir la mayoría de la fuerza laboral estadounidense y que ciertamente son la mayoría de los trabajadores explotados en Europa. El fin del adjetivo, entonces, es tan solo centrar nuestra atención, por buenas razones, en los trabajadores no blancos. Pero ¿es la explotación de estos trabajadores una característica necesaria del capitalismo estadounidense?

La frase «capitalismo racial» no nos deja claro si la ubicación jerárquica de los trabajadores no blancos está determinada por la raza o por el capitalismo o por los dos, funcionando juntos de alguna manera. Para comenzar a responder esa pregunta, necesitamos mirar algunos ejemplos de capitalismo no racial.

La forma de capitalismo patrocinada por los comunistas chinos es, obviamente, no racial. Aunque los trabajadores explotados son, en la terminología occidental, personas de color, la terminología occidental no es aplicable aquí. Si los chinos importaran trabajadores blancos para realizar los trabajos menos calificados, eso podría hacer del capitalismo chino un capitalismo «racial», pero no ha habido noticias de tales importaciones. La versión depredadora del capitalismo que prevalece en la Rusia de Vladímir Putin tampoco es racial. Puede ser que los musulmanes se encuentren entre los trabajadores más explotados en Rusia, pero son en su mayoría caucásicos (algunos de ellos, los caucásicos originales), por lo que tendríamos que hablar de capitalismo religioso, donde el grupo privilegiado lo constituyen los cristianos ortodoxos, no las personas blancas. Pero nadie está haciendo eso. No tengo estadísticas, pero sobre la base de lo que he leído sobre China y Rusia, dudo que en Estados Unidos, en el capitalismo racial, la tasa de explotación sea más alta que en aquellos dos países, donde el capitalismo no es racial. El capitalismo «funciona» con y sin una clase baja y un ejército de reserva racializados.

¿Pero es eso correcto? El adjetivo «racial» a veces hace una afirmación mucho más fuerte: no es un adjetivo calificativo sino más bien un adjetivo que define. El capitalismo es necesaria e inherentemente racista. Olvídense de China y Rusia, que son recién llegados al capitalismo. El capitalismo occidental es la versión prototípica y ha sido racista desde el primer día (si acordamos que hubo un primer día): siempre y por siempre racista. ¿Significa esto que Manchester en 1844, donde, según la descripción de Friedrich Engels, todos los trabajadores explotados eran blancos, no era capitalista? No, pues esos trabajadores estaban produciendo telas de algodón cultivado y cosechado por esclavos negros en el sur de Estados Unidos.

Eso es cierto, pero no estoy seguro de que sea suficiente para una discusión sobre la necesidad. Consideren una posibilidad contrafáctica: si no hubiese habido esclavos negros disponibles, el reclutamiento de trabajadores irlandeses habría comenzado mucho antes de cuando se lo hizo. El capitalismo no habría detenido su ascenso aunque la trata de esclavos no hubiese tenido lugar.

Pero el ejemplo de Manchester y las plantaciones sureñas de los Estados Unidos sugiere lo que todos sabemos ahora: el capitalismo es un sistema económico global y depende de la explotación de personas de color en todo el mundo. Aquí, sin embargo, parece claro que la cuestión clave es la explotación, no el racismo. Dada la demografía global, la mayoría de los trabajadores en cualquier economía global serán personas de color. Incluso en un sistema global democráticamente o socio-democráticamente regulado, la mayoría de los trabajadores y la mayoría de los gerentes –la clase baja y la clase dominante– no serán blancos. De hecho, lo que con razón se consideraría racista sería la negativa de cualquier empresa transnacional a contratar personas de color. (En la ciudad de Pensilvania, donde crecí, la compañía siderúrgica local no contrataba y, por lo tanto, no explotaba, ni a judíos ni a personas negras. Supongo que este también es un ejemplo de capitalismo racial).

Todo esto sugiere que el capitalismo y el racismo deben ser analizados por separado. Algunas veces se superponen, como lo hacen hoy en Estados Unidos. Pero la superposición es circunstancial, no necesaria. Los dos fenómenos son distintos. No tienen sus destinos atados. Cada uno, por diferentes razones, requiere severas críticas y una oposición persistente. Hace muchos años había escritores socialistas que sostenían que el triunfo de la clase trabajadora liberaría a las mujeres, los judíos, los negros y todos los demás. Las luchas políticas independientes contra el sexismo, el antisemitismo o el racismo eran innecesarias; de hecho, distraían de la importantísima lucha de clases. Hoy, algunas personas de izquierda parecen creer que el fin del racismo traerá consigo la caída del capitalismo. Ambas teorías están equivocadas.

Incluso aunque el racismo fuera derrotado, seguiremos teniendo capitalismo; tras la derrota del capitalismo, seguiremos teniendo racismo. Poner el adjetivo y el sustantivo juntos nos da una falsa sensación de relación entre ambos fenómenos.

Podría tener sentido, entonces, prohibir la frase en las páginas de periódicos y revistas de izquierda. Pero como me opongo a prohibiciones de ese tipo, solo sugeriría que la frase siempre sea cuestionada por los editores. Los autores que la usan ¿tienen alguna idea de lo que significa? ¿O están solamente en contra del capitalismo racial, cualquiera sea su significado?

Nota: este artículo se publicó originalmente, en inglés, en la revista Dissent, donde se pueden ver también algunas respuestas. Traducción: Carlos Díaz Rocca.

Información adicional

  • Autor:​Michael Walzer
  • Fuente:Nueva Sociedad
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