Pandemia, crisis ecosocial y capitalismo global

Las epidemias no son fenómenos naturales. Hay que verlas, más bien, como fenómenos sociohistóricos de aparición relativamente reciente. Las primeras epidemias humanas surgieron en el contexto de la revolución neolítica. La expansión de la agricultura y la ganadería transformaron profundamente nuestra relación con el medio. La destrucción y transformación de los hábitats para ampliar las tierras de cultivo y la domesticación de animales para usarlos como alimento o como bestias de carga es lo que permitió que las vacas nos trasmitieran el sarampión y la tuberculosis, los cerdos la tosferina o los patos la gripe. Las primeras sociedades urbanas, el desarrollo del comercio, la esclavitud y las guerras entre imperios crearon las condiciones para que las primeras enfermedades infecciosas se convirtieran en epidemias. Las transformaciones en las formas de relacionarnos con la naturaleza asociadas a los cambios en nuestros modos de vida crearon las condiciones para la propagación de las infecciones, incluyendo la posibilidad de la zoonosis, esto es, el contagio de enfermedades de animales a humanos.

Asociamos al medioevo con la peste bubónica. La peste negra, la gran epidemia que afectó a Eurasia a mediados del siglo XIV, ha sido la pandemia más devastadora de la historia de la humanidad, provocando la muerte de entre el 30 y el 60% de la población europea. Introducida por marinos, penetró en Europa desde Asia a través de las rutas comerciales que recababan en puertos como el de Mesina. Las condiciones sociales y demográficas en las ciudades y pueblos medievales hicieron el resto. A falta de una explicación convincente de las causas del flagelo, la ignorancia de la época sirvió para propagar otra de las pandemias recurrentes en la historia humana: la necesidad de buscar un chivo expiatorio a los males propios; en esa ocasión, fueron los judíos a quienes se acusó de envenenar los pozos que abastecían de agua a las poblaciones, reanudándose así los pogromos ya iniciados con la Primera Cruzada en el siglo XI.

La expansión colonial de los imperios europeos provocó oleadas pandémicas de nuevas enfermedades que asolaron el orbe. La viruela, con la inestimable ayuda de las encomiendas, acabó con parte de la población indígena del Nuevo Mundo. En el Congo, un lentivirus portado por los macacos se propagó a la misma rapidez con la que los colonos belgas se apresuraron a saquear los recursos naturales del aquel vasto territorio considerado la finca particular de Leopoldo II. El lentivirus del macaco continuaría su propio desarrollo histórico hasta convertirse en el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) asociado al SIDA. En Bengala, el imperio británico se propuso transformar en arrozales el inmenso humedal de Sundarbans, el manglar más importante del mundo situado en el delta donde confluyen los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna. La proliferación de enfermedades infecciosas se interpuso en los planes de la administración colonial. La historia en este punto sería tan prolija como las atrocidades cometidas en la era colonial.

Con la revolución industrial, el cólera, la sífilis y la tuberculosis provocarán las grandes pandemias de esa época. Son enfermedades estrechamente relaciona- das con las condiciones de vida de la población, por lo que la proliferación de barriadas donde se hacinaba a la clase trabajadora en condiciones miserables e insalubres creó el caldo de cultivo para su desarrollo.

Covid-19: la pandemia de la era del capitalismo global

Cada pandemia es hija de su época. La del Covid-19, la primera gran pandemia global stricto sensu, ha sido posible gracias a la combinación de dos hechos estrechamente relacionados: 1) la presión que ejercemos los seres humanos sobre el conjunto de los ecosistemas y 2) la globalización. Aunque habitualmente se ha contemplado esta pandemia en términos exclusivamente sanitarios, tiene como trasfondo la crisis ecosocial provocada por el capitalismo global.

La presión humana sobre los ecosistemas está erosionando la biodiversidad y los equilibrios protectores que aquellos ofrecen frente a elementos patógenos. La comunidad científica no se cansa de subrayar los riesgos que supone la pérdida de biodiversidad en la propagación de las enfermedades infecciosas. Los virus se constituyen verdaderos espacios de amortiguación frente a la virulencia de los patógenos. Ahora que se vuelve a hablar del virus del Nilo, los expertos señalan que las áreas con mayor diversidad de aves muestran tasas más bajas de infección porque los mosquitos –que sirven de vector de infección– disponen en ese caso de menores probabilidades para encontrar el huésped adecuado. Una saludable cobertura vegetal que albergue una amplia variedad de especies animales protege a los seres humanos de la transmisión de enfermedades a través de los mosquitos porque estos se diluyen en el entorno. Se ha establecido que existe una relación entre el advenimiento de epidemias y la deforestación. Los estudios realizados en torno al ébola muestran que este virus, cuyo origen ha sido localizado en varias especies de murciélago, aparece en las zonas de África Central y Occidental más afectadas por la deforestación. La tala de los bosques provoca que las especies de murciélagos que habitaban en ellos tengan que posarse ahora en los árboles de los hábitats ocupados por humanos, aumentando la probabilidad de interacción y transmisión.

Sin embargo, las zonas de amortiguación ecológica están siendo erosionadas a una velocidad sin precedentes. La intensísima intervención humana sobre la Tierra está simplificando la naturaleza. La apropiación humana de la biomasa terrestre y la destrucción de la integralidad de los ecosistemas que ello conlleva no encuentran parangón en la historia. Una muestra de ello es que, del total de la biomasa de vertebrados terrestres, la mayoría es ganado (59%) o seres humanos (36%), y solo alrededor del 5% está compuesta por animales silvestres (otros mamíferos, aves, reptiles y anfibios).1 La destrucción y simplificación de la naturaleza nos hace más vulnerables ante organismos patógenos que en sus ecosistemas naturales mantenían un equilibrio que ahora se rompe al entrar en contacto con el nuestro. El segundo factor que interviene en las pandemias contemporáneas es la globalización, que además de impulsar la destrucción de la naturaleza al incrementar la explotación de los recursos naturales y extender el modelo de ganadería industrial de alta intensidad, facilita la propagación de los brotes infecciosos gracias al desarrollo vertiginoso de unos sistemas de transporte que mueven ingentes cantidades de personas y mercancías por todo el planeta. La globalización ha hecho del mundo una aldea global donde todos sus rincones son accesibles en poco tiempo. Así pues, en el trasfondo de esta pandemia se encuentran las consecuencias de los comportamientos del sapiens contemporáneo. La alteración de los hábitats y la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas que provoca el capitalismo mundial derrumban las barreras que podrían amortiguar la expansión de los patógenos, al mismo tiempo que los estilos de vida globalizados tienden puentes cada vez más efectivos para su propagación.

Del optimismo tecnológico a las pandemias recurrentes

El higienismo y el descubrimiento de vacunas y antibióticos consiguieron atenuar en gran medida el alcance y los efectos de las epidemias a lo largo del siglo XX. Los éxitos cosechados con estas tecnologías terapéuticas han sido tan relevantes que su generalización propició que las enfermedades infecciosas dejaran de ser una de las principales causas de mortalidad en el mundo. Hace apenas un cuarto de siglo la muerte por enfermedades infecciosas representaba aún el 33% de los fallecimientos; hoy apenas alcanza el 19% del total.2 La rapidez y eficacia con que se han desarrollado y producido las vacunas contra el Covid ha sorprendido y provocado la admiración de casi todo el mundo.

Sin embargo, aunque en la actualidad las principales causas de muerte sean las enfermedades cardiovasculares y los cánceres (enfermedades asociadas en alto grado a los hábitos y a los estilos de vida urbanos), el optimismo tecnológico no debería hacernos olvidar que es imposible pretender acabar con todos los virus que provocan las infecciones, fundamentalmente porque forman parte de la trama de la vida, con sus interacciones y equilibrios naturales. Su desaparición completa equivaldría a la desaparición de la propia vida, entendida como la trama en la que se desarrolla la existencia concreta de cualquier individuo. De ahí que las enfermedades nunca sean aconteceres aislados al margen del sistema social y ecológico del que forman parte, como tampoco la salud está al margen de sus determinantes económicos y socioambientales.

Los avances terapéuticos pueden sumergirnos en un ilusionismo tecnológico que nos impida atender a las causas (los modos de vida) al concentrar la atención sobre los efectos (las enfermedades). La enorme superficie de naturaleza desriesgo de enfermedades infecciosas. Las zoonosis y las enfermedades por coronavirus se sucederán con más frecuencia si no preservamos los ecosistemas naturales. Un estudio de la Universidad de Brown ha estimado que entre la década de los ochenta del siglo pasado y la primera del nuevo siglo el número de brotes epidémicos de enfermedades infecciosas se ha multiplicado por tres.3 La pandemia del Covid-19 parece estar confirmando algo que venía observando con preocupación la comunidad científica desde hace tiempo: desde la segunda mitad del siglo XX, coincidiendo con la gran aceleración de la actividad económica y sus correspondientes impactos sobre la naturaleza, han aparecido muchos microbios patógenos en regiones en las que nunca habían sido advertidos. Es el caso del VIH, del ébola en el oeste de África o del zika en el continente americano, sin olvidar el SARS que apareció en 2002 en el sudeste asiático y las más recientes gripes porcinas (H1N1) y aviar (H5N1). Muchos de esos virus (en torno al 60%) son de origen animal, algunos provenientes de animales domésticos o de ganado, pero en su mayoría –más de las dos terceras partes– procedentes de animales salvajes.4 Por muy elevada que sea la inversión en farmacología, no cabe esperar una remisión de las pandemias en el futuro más inmediato mientras no cambiemos de forma sustancial el modo de vida predominante asociado al capitalismo global.

Más allá de la crisis sanitaria

Urge hacer una lectura de esta pandemia más allá de la crisis sanitaria que ha provocado que nos permita extraer las oportunas enseñanzas. La pandemia ha revelado aspectos cruciales de cómo vivimos y nos comportamos. Una de las primeras cosas que mostró fue la clamorosa desigualdad existente en todos los ámbitos sociales. Se repitió con mucha frecuencia, y es cierto, que por ser global representaba una amenaza para todas las personas, pero se omitió frecuente- mente, no siendo menos verdad, que no todas eran igual de vulnerables a esa amenaza. El confinamiento fue muy revelador en este sentido. Uno de los ejemplos más claros de la inequidad en esos meses distópicos fue la división del trabajo: la existencia de una gran brecha entre quienes conservaban su empleo y podían trabajar desde su casa sin exposición ni riesgo y aquellos que perdían su empleo o se veían obligados por la naturaleza de sus funciones a salir a la calle y exponerse al virus. Otra manifestación reveladora de la desigualdad ha sido el "apartheid vacunal" al que se ha sometido a las poblaciones y pueblos más pobres del mundo. Esta segregación ha mostrado que, aunque vivimos en un mundo global, no por ello dejar de ser un mundo fragmentado por los juegos de intereses económicos y geopolíticos del poder. El criterio de reparto aplicado en los planes de vacunación en las sociedades ricas (primeros los mayores y los sanitarios, luego el resto de la población según su edad) no se ha utilizado en las relaciones internacionales, donde todo se ha dejado en manos de las grandes farmacéuticas, las reglas del mercado y la "filantropía" de unos estados que lo que realmente buscan es alcanzar mayor influencia global.

Si nuestra salud se sostiene sobre ecosistemas bien conservados, nuestra sociedad se sostiene sobre las personas menos reconocidas y remuneradas: personal sociosanitario, temporeros, equipos de limpieza, repartidores, reponedores, transportistas, empleadas del hogar o cajeras de supermercados. Justamente la gente a la que el sistema condena a la precariedad y a los sueldos más bajos.  Mientras descubrimos la importancia de todas estas ocupaciones que fueron declaradas en su día esenciales, los medios de comunicación se hacen eco de la noticia de que los directivos de los bancos obtienen remuneraciones y bonos equivalentes a la suma del sueldo medio de miles trabajadores que esos mismos bancos han anunciado que quieren despedir, pudiéndose así comprobar que el salario no se fija por la utilidad del trabajo que se desempeña sino por el prestigio social que concede el ejercicio del poder.

Todo ello invita a que nos replanteemos cómo y a qué otorgamos valor. Y otorgar valor a una cosa no es sinónimo de ponerle un precio, a menos que nos deslicemos hacia la estupidez de la que habla Machado en boca de su Juan de Mairena. Tal vez sea esta la causa última de la pandemia: la incapacidad que tiene la civilización capitalista de valorar adecuadamente lo que socialmente resulta más necesario.

Por Santiago Álvarez Cantalapiedra

Director de FUHEM Ecosocial y de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global.

19/07/2021

Publicado enInternacional
Pfizer planea pedir la autorización para una tercera dosis de refuerzo en agosto

La farmacéutica prevé empezar los ensayos clínicos en Estados Unidos en verano 

 

La farmacéutica Pfizer y su socia BioNTech anunciaron este jueves que están desarrollando una dosis de refuerzo contra la variante delta, coincidiendo con el aumento de las preocupaciones a nivel mundial por su rápida propagación. Y cuando tenga suficientes datos sobre su eficacia planea pedir a Estados Unidos que autorice una tercera dosis de su vial, que podría administrarse de seis a ocho meses después de las dos dosis originales. 

La compañía recibió los primeros datos sobre un estudio inicial que muestra que una tercera dosis de su vacuna contra el coronavirus es segura y puede aumentar los niveles de anticuerpos neutralizantes de 5 a 10 veces en comparación con la vacuna original, señaló el jefe de investigación de Pfizer, Mikael Dolsten, en una entrevista.

La farmacéutica también está en conversaciones con reguladores de otros países y de la Unión Europea sobre los nuevos resultados, señaló Dolsten. 

En un comunicado, ambas compañías expresaron su creencia de que una tercera inyección de su actual vacuna, que requiere dos dosis, tiene el potencial de mantener los "niveles más elevados" de protección contra todas la variantes actuales, incluida la delta. 

Sin embargo, apuntaron que se mantienen vigilantes y que desarrollan una versión actualizada de la vacuna. "Como se ve en las evidencias del mundo real publicadas por el Ministerio de Salud de Israel, la eficacia de la vacuna ha disminuido seis meses después de la vacunación, al mismo tiempo que la variante Delta se está convirtiendo en la dominante en ese país", dijeron las compañías en un comunicado recogido por varios medios locales.

Las farmacéuticas apuntaron que los hallazgos en Israel son consistentes con los estudios realizados por las compañías que ya informaron con anterioridad de que podría ser necesaria una tercera dosis de la vacuna transcurridos entre seis y doce meses del segundo pinchazo.

Según la nota, los ensayos clínicos podrían arrancar en agosto, si cuentan con los permisos de las autoridades competentes.

En Estados Unidos la variante Delta representa más del 50 % de las muestras secuenciadas. El principal epidemiólogo del Gobierno estadounidense, Anthony Fauci, señaló este jueves que las tres vacunas aprobadas en EE.UU. contra la Covid-19 -Pfizer, Moderna y Johnson&Johnson- "son efectivas contra la variante Delta", según los primeros estudios sobre su efectividad contra esta nueva variación.

Efectividad del 95% contra la Delta

De hecho, un estudio publicado recientemente en la revista Nature confirma la gran eficacia las dos dosis de Pfizer y AstraZeneca frente a la variante Delta que, si bien puede escapar a algunos anticuerpos monoclonales de laboratorio, la vacunación completa genera una repuesta neutralizante en el 95 % de las personas.

El estudio, encabezado por científicos franceses, también indica que Delta es menos inhibida por los anticuerpos presentes en las personas que han pasado la Covid-19 o que han recibido una sola dosis de las citadas vacunas.

La variante Delta es ya predominante en países como India -donde surgió- Gran Bretaña o Portugal, y se estima que, "en algunas semanas o meses", será la mayoritaria en toda Europa, señala el Instituto Pasteur, cuyo investigador Olivier Schwartz encabezó el equipo.

Los investigadores estudiaron la reactividad de los anticuerpos monoclonales y de los anticuerpos del suero sanguíneo de 103 personas con una infección previa por SARS-CoV-2 y de 59 vacunadas con una o dos dosis.

La variante Delta del coronavirus es "menos sensible a los anticuerpos neutralizantes que la Alfa", según los resultados del estudio, y sugiere que consigue escapar de los anticuerpos que se dirigen a ciertas partes de la proteína Spike, que es la que usa el virus para entrar en las células.

El análisis de la sangre de pacientes recuperados de Covid-19 en los doce meses previos reveló que necesitan concentraciones de anticuerpos "cuatro veces más elevadas" para neutralizar la variante Delta en comparación con la Alfa.

Además, una sola dosis de las vacunas Pfizer-BioNTech o AstraZeneca fue poco o nada eficaz contra las variantes Beta y Delta; solo alrededor del 10 % de los individuos fueron capaces de neutralizar la variante Delta después de una dosis.

AP

Agencias

09/07/2021 09:05Actualizado a 09/07/2021 10:41

Sábado, 12 Junio 2021 05:52

La pandemia, comienzo del siglo XXI

La pandemia, comienzo del siglo XXI

El mundo del siglo XX, nacido de la Revolución Industrial y la idea de progreso sin límites, terminó el 11 de marzo de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud catalogó al Covid-19 como pandemia, sostiene el actual viceministro de Medio Ambiente de Argentina Sergio Federvosky, que acaba de estrenar su documental “Punto de no retorno”. En esta nota, Federovisky advierte sobre el agotamiento del modelo ambiental actual y se mete en la discusión entre ecologistas y desarrollistas.

 

¿En qué momento pierde, o perderá, sentido la veneración del crecimiento económico en tanto se pretenda seguir concretándolo según los estándares vigentes de progreso? ¿En qué momento la pandemia actual, y las futuras, impondrán un debate respecto de la inviabilidad de perseguir el desarrollo de acuerdo con la anómala matriz de relación entre la sociedad y la naturaleza que arrastramos desde hace doscientos años?

No basta conciliar en un término medio el cuidado de la naturaleza con la renta financiera o la preservación del ambiente con el progreso. En este tema los términos medios son solo una pequeña demora en el derrumbe. Simplemente se trata de redefinir el progreso”. La frase no es de un fundamentalista verde, como le gusta al progresismo productivista estigmatizar en la actualidad a los que defienden el derecho a buscar otro modo de explotar los recursos, producir bienes y consumir. La frase es del Papa Francisco en su encíclica Laudato si.

El calentamiento global, en los hechos, plantea la misma opción de hierro que la que vivimos con el coronavirus: la salud de la población y del planeta versus la economía capitalista de mercado. Justamente, el Papa señala que “el ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos de mercado no son capaces de defender”.

Sin vuelta atrás

Este planteo recorre el documental “Punto de no retorno”, que acabo de estrenar (1). La idea de “Punto de no retorno” debe interpretarse en sus varias acepciones. Climatológicamente hablando, el punto de no retorno es un concepto que deriva de la dinámica de los ecosistemas y que constituye el clivaje para el calentamiento global. Es el umbral tras el cual nada, por más que se lo intente de todos los modos esperables y posibles, vuelve a su situación anterior. El cambio climático, ese proceso que estamos transitando y cuyas consecuencias ya estamos padeciendo, atravesará un punto de no retorno si se supera un umbral de 1,5 grados centígrados en la temperatura promedio del planeta, según señaló el panel de expertos que asesora a Naciones Unidas. Nadie sabe cómo será el clima cuando eso haya ocurrido, presumiblemente en los próximos quince o veinte años, es decir mañana.

“Punto de no retorno” remite también a las imágenes que nos deja la pandemia, una calamidad directamente relacionada con el desastre ambiental provocado por el vigente modelo económico, de consumo, de explotación de los recursos. No volveremos a ser los mismos, tampoco en términos ambientales, que éramos en marzo de 2020: el coronavirus nos empujó violentamente al siglo XXI, una época en la que -según nos informa el gen que portan los jóvenes- el progreso no se obtiene desollando viva a la naturaleza.

Por último, “Punto de no retorno” supone, paradójicamente, un punto de partida. Como se dice en el documental, el punto de no retorno no es el fin del mundo, sino el fin del mundo tal como lo conocemos. El escenario ambiental actual implica que arranca otro mundo, más vulnerable, más inestable, más impredecible. Y la humanidad deberá adaptarse a ese nuevo escenario. Es decir, un nuevo punto de partida. El asunto es hacia dónde.

Mundo Covid

El Covid-19 y el cambio climático son dos caras de una misma moneda: el deterioro ambiental creciente. Tres enseñanzas deja -o debería dejar, si somos capaces de aprehenderlas- la pandemia.

¿De dónde viene? Más allá de especulaciones geopolíticas acerca de la fuga del virus de un laboratorio de Wuhan, de lo cual hay tantas evidencias científicas como del terraplanismo, se trata de una nueva zoonosis, de esas que cubrieron gran parte de la agenda sanitaria de las últimas décadas. Vaca loca, gripe aviar, fiebre porcina, Ébola, Sars, VIH. Todas expresiones de alguna mutación eventual de un virus que “salta” de su confinamiento en los ámbitos de ciertas especies o ecosistemas hacia la especie humana. Sin el avasallamiento de ciertos ambientes, sin la “conquista” y destrucción de determinados ecosistemas, y sin forzar el vínculo innecesario con ciertas especies silvestres la zoonosis, en tanto infección a los humanos procedente de los animales, esto sería mucho más improbable, como demuestra la concentración de estas epidemias en este último y corto espacio de tiempo. Y sin la brutal industrialización de la “fabricación” de animales en serie para su consumo (desde factorías de salmones hasta granjas de hacinamiento de pollos) la probabilidad de ocurrencia de este “salto” viral hacia los humanos descendería drásticamente.

La naturaleza “regresa”. ¿Qué pasa cuando se pone en pausa el modelo de producción y consumo? La primera cuarentena estricta en casi todo el planeta desató la sorpresiva aparición de cielos limpios o animales fuera del hábitat al que los empujamos. La gran sorpresa es: ¿qué nos sorprende? Lo que debiera sorprender, o mejor dicho llamar a la reflexión, es la ajenidad respecto de la naturaleza que hemos desarrollado progresivamente. El desafío intelectual que propone esa irrupción de la naturaleza en nuestras vidas es el de qué hacer cuando la actividad socio-productiva recupere su condición anterior a la pandemia. Y allí pasamos a la tercera enseñanza del Covid.

No es la actividad, es el modelo. En La retórica reaccionaria (2), el economista Albert Hirschmann nos revela con pasmosa contundencia cuáles son las matrices conceptuales prevalecientes en los argumentos automáticos con los que se contrarresta cualquier intento de modificación positiva de la realidad.

En lo ambiental, de manera equivalente, se apela a un discurso catastrofista cuya finalidad es la de desacreditar, o más bien ridiculizar, todo deseo de promover un sistema de producción y consumo menos insustentable. La inercia natural del modelo provoca que, terminada la pandemia, el esfuerzo de los gobiernos (los mismos que en general se presentan como adalides de la lucha contra el calentamiento global) esté enfocado en recuperar el tiempo económico perdido, a como dé lugar. O sea, exacerbando aquello de tomar a la naturaleza de rehén. Y si alguien se atreve a señalar que hay que modificar el modo de extracción de recursos naturales, producción y consumo, aparecerá otro que lo acuse de “querer volver a las cavernas” o de pretender “vivir sin hierro” -si, por caso, cuestiona la minería.

El modo dialéctico utilizado es el de llevar al paroxismo el argumento, desacreditándolo. ¿Las únicas dos opciones son las cavernas o el marasmo? No resulta a priori una opción intelectualmente verosímil y más bien se parece a un chantaje. Porque ocurre que el problema no es la detención de la actividad humana, cosa que nadie está promoviendo, sino que lo que deja al desnudo la zoonosis que derivó en la pandemia es que se trata de un cierto modelo de vinculación entre la sociedad y la naturaleza el que está en crisis. El modelo del siglo XX.

El fin del siglo XX

El coronavirus dejó estas enseñanzas y, al menos desde lo simbólico, parece haber clausurado una época. Eric Hobsbawm aplicó un criterio historiográfico único y revolucionario para determinar la duración del siglo XX. Describe como una etapa histórica coherente al período que va desde la Primera Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín: el siglo XX corto. En algún punto se emparenta con nociones como las de Jacques Lacan o Slavoj Zizek en el sentido de que una época, más allá de su duración, se define por los valores comunes y prevalecientes, que determinan un “piso ético”.

La relación entre la sociedad y la naturaleza adquirió una conformación y, por ende, una percepción determinada, a partir de la Revolución Industrial. “No faltan conocimientos ni poder, pero los éxitos de la moderna agricultura mecanizada y de la explotación de los bosques se obtienen al precio de arruinar en una medida peligrosamente grande el suelo del planeta y cambiando de clima de un modo desfavorable para todas las formas de vida”. Así definía el historiador inglés John Bernal la modalidad según la cual el hombre del siglo XX “irrumpe” y “rompe” el equilibrio anterior con la naturaleza. Es el precio a pagar, agregaba, para obtener el bienestar económico deseado. “Después de cada una de nuestras victorias, la naturaleza se toma revancha”, advertía, intuitivo, Federico Engels.

Más allá de que sea el sistema dominante como triunfador coyuntural de su disputa en la Guerra Fría, el capitalismo es, desde el punto de vista de su propia constitución, un modelo fracasado. Ya lo decía James O’Connor cuando señalaba que en apenas doscientos años, un suspiro en la historia de la humanidad, el capitalismo desfondó sus arcas: puso su capital de trabajo, la naturaleza, al borde de la extinción. Y su capacidad de reproducción al borde de lo imposible: solo le ha quedado el amuleto de la tecnología presuponiendo que es la deidad moderna que lo salvará cuando los límites del crecimiento estén desbordados.

También el Papa, inspirado tácitamente en el francés Edgar Morin, tiene una lectura sobre la fetichización de la tecnología: “Buscar solo un remedio técnico a cada problema ambiental que surja es aislar las cosas que en realidad están entrelazadas y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial”. Es decir que los problemas ambientales son emergentes de procesos, resultado de múltiples factores y, principalmente, consecuencia de decisiones económicas que diseñan, por acción u omisión, escenarios ambientales posteriores.

A partir de la posguerra, con la matriz de la Revolución Industrial potenciada, el modelo promocionó el hiperconsumo y con ello la explotación indetenible de los recursos naturales, subrayando la tendencia a deglutir el capital natural del planeta. Su contracara histórica, el socialismo soviético, no le fue en saga.

Mientras el capitalismo era intrínsecamente depredatorio de la naturaleza, los teóricos soviéticos, amparados en que su accionar era ineluctablemente favorable a los intereses del pueblo, proclamaban insólitamente que había que “reconstruir” a la naturaleza y “cambiar la geografía” para ponerla al servicio de la humanidad. Los desastres están a la vista.

Ambos sistemas, con la herencia victoriosa del capitalismo, compartían la idea de que el progreso se obtiene a partir de sojuzgar a la naturaleza, de servirse de ella, de considerarla apenas como el reservorio de los recursos que el hombre captura para su beneficio. En los hechos, la propia definición de recurso natural que impuso la economía da cuenta de su sesgo conceptual: son los elementos de la naturaleza que el ser humano utiliza para garantizar su bienestar y desarrollo. El resto, de acuerdo con esa mirada, carece de importancia.

Bienvenidos al siglo XXI

La irrupción de la pandemia, más por su magnitud que por su esencia, impone la revisión del vínculo entre la sociedad y el medio natural. Un vínculo que, aun cuando su enunciación parezca abstracta o lejana, es el que define los pilares del modelo de explotación de los recursos y su posterior consumo. Aquel piso ético que enunciaba Lacan cuando desafiaba a sus contemporáneos a ser coherentes con “el horizonte de la época”, no es igual en el siglo XX que en el siglo XXI. En el siglo XX, el progreso se medía en toneladas de hormigón, en hectolitros de plaguicidas volcados sobre los campos, en cantidad de megarepresas hidroeléctricas y ríos rectificados, en volumen de basura producida en ciudades con habitantes que cada vez consumen más cosas superfluas.

No sabemos todavía cómo será definido el progreso en el siglo XXI. Pero sí ya podemos intuir con alto grado de certeza que no será a través de proyectos que deriven en más hectáreas de bosques arrasadas, en número de especies desaparecidas o en humo que sale de las chimeneas de las fábricas. En este nuevo contexto, el Riachuelo -otrora un síntoma de la pujanza industrial- antes que una aberración ambiental es un anacronismo.

Soy consciente de que muy probablemente seré empujado al plantel de los ecologistas irredentos que no comprenden que el crecimiento necesita divisas y las divisas necesitan exportaciones y las exportaciones necesitan de recursos naturales, renovables o no, pero siempre destinados a ser extraídos a cómo dé lugar (por supuesto, la corrección política moderna añadirá que esa explotación será “sustentable” -sin identificar su significado- y que deberá tener valor agregado local).

Solo diré lo siguiente:

Se acepte o no, la humanidad hoy transita una era cuyas relaciones están determinadas por un modelo insustentable, sin futuro dentro de los límites tangibles de este planeta. La ética de la época, asimismo, impone una transición entre un mundo viejo, de valores arcaicos, antropocentrista, que fundamenta una estructura capitalista irreconciliable con cualquier definición de sustentabilidad, y otro que no conocemos, aunque imaginamos, más sustentable, más “asociado” a la naturaleza y, de ser posible, igual de productivo. Y ante la obvia y descalificadora pregunta acerca de cuál sería el sistema que respete esas premisas y al mismo tiempo satisfaga las necesidades económicas de la sociedad, la respuesta es: no sé. Seguramente nadie lo sabe con certeza, porque las sociedades van diseñando sus nuevos sistemas a medida que los van descubriendo. No sabemos cómo será el modelo que reemplace a éste, pero estamos obligados a encontrarlo.

El siglo XX terminó el 11 de marzo de 2020, en el mismo momento en el que la Organización Mundial de la Salud catalogó al covid-19 como pandemia. ¿Entramos ya en el siglo XXI?

 

Por Sergio Federovisky | 11/06/202

 

Notas:

  1. www.pdnr.fundacionambienteymedio.org
  2. Capital Intelectual, 2021

Sergio Federovisky. Biólogo, periodista ambiental, actual viceministro de Ambiente de Argentina, autor del documental Punto de no retorno.

© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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Alimentos en el mundo: 40% más caros en un año

La FAO señala que es la mayor suba en una década

El precio de los alimentos registró en mayo la mayor subida de la última década, según FAO; la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. De acuerdo con el índice de precios de materias primas agrícolas que elabora mensualmente la entidad, el salto con respecto al mismo mes del año anterior fue del 39,7%, el mayor aumento interanual en más de diez años.

Ese es el resultado de doce meses consecutivos de alza en el índice promedio, que en este mes de mayo tuvo, además, el mayor encarecimiento mensual de todo el período de diez años: 4,8% con respecto al mes de abril. 

La evolución del precio de los alimentos básicos a nivel internacional tuvo, como elemento más destacado en mayo, la suba de los aceites vegetales, el azúcar y los cereales como causa principal del crecimiento del índice. 

Maíz y trigo fueron los cereales que mayor repinte tuvieron en mayo, aunque ambos terminaron el mes con tendencia a la baja en las últimas jornadas. Pese a ello, el trigo avabnzpo en el mes un 6,8 por ciento. En el caso del maíz, lo más destacado es su evolución en el último año, acumulando un aumento del 89,9%. Con estos resultados, el incremento del subíndice de cereales fue en mayo del 6% respecto del mes de abril.

El subíndice de precios del aceite vegetal subió un 7,8% en mayo, debido principalmente al aumento de las cotizaciones del aceite de palma, soja y colza. En el caso del subíndice de precios del azúcar el aumento fue del 6,8% desde abril, debido en gran parte a los retrasos en la cosecha y las preocupaciones sobre la reducción de los rendimientos de los cultivos en Brasil, el mayor exportador de azúcar del mundo.

En tanto, el precio de la carne aumentó un 2,2% respecto del mes anterior, mientras que los productos lácteos se encarecieron un 1,8% mensual.

Perspectivas

Por otra parte, la FAO ofreció esta semana su primer pronóstico respecto de la producción mundial de cereales en 2021, que estima en casi 2.821 millones de toneladas, lo que supone un incremento del 1,9% en comparación con 2020 y un nuevo máximo histórico, liderado por el crecimiento anual proyectado del 3,7% de la producción de maíz.

Asimismo, se espera que la utilización mundial de cereales en 2021/22 aumente en un 1,7%, hasta 2.826 millones de toneladas y se pronostica que el consumo total de cereales en alimentos aumentará a la par con la población mundial, mientras que también se prevé un mayor uso de trigo para la alimentación animal.

Sobre la base de esos pronósticos, se prevé que las existencias mundiales de cereales al cierre de las campañas agrícolas en 2021/22 aumenten en un 0,3%, hasta 811 millones de toneladas, poniendo así fin a tres años consecutivos de disminución.

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Origen del coronavirus: China denunció a Estados Unidos por "manipulación política" y le pidió que abra sus laboratorios

Tras el pedido de investigaciones en Wuhan 

"El mundo conoce desde hace tiempo la oscura historia de los servicios de inteligencia estadounidenses", aseguró Zhao Lijian, vocero de la Cancillería china. 

China apuntó este jueves contra la "oscura historia" de los servicios de inteligencia estadounidenses, luego de que el presidente Joe Biden les encargara una investigación sobre los orígenes del coronavirus. La Cancillería china negó las responsabilidades del gigante asiático y denunció que Estados Unidos se vale de la pandemia "para participar en la estigmatización y la manipulación política". El miércoles Biden reabrió las heridas entre ambas potencias al ordenar a las agencias de inteligencia estadounidenses que le informen en un plazo de 90 días si la covid-19 surgió por primera vez en China de una fuente animal o por un accidente de laboratorio. 

China apuntó este jueves contra la "oscura historia" de los servicios de inteligencia estadounidenses, luego de que el presidente Joe Biden les encargara una investigación sobre los orígenes del coronavirus. La Cancillería china negó las responsabilidades del gigante asiático y denunció que Estados Unidos se vale de la pandemia "para participar en la estigmatización y la manipulación política". El miércoles Biden reabrió las heridas entre ambas potencias al ordenar a las agencias de inteligencia estadounidenses que le informen en un plazo de 90 días si la covid-19 surgió por primera vez en China de una fuente animal o por un accidente de laboratorio. 

"Los motivos y propósitos de la administración Biden son claros", dijo Zhao Lijian, vocero del ministerio de Relaciones Exteriores de China, en rechazo a una nueva investigación sobre la pandemia y la teoría del origen en un laboratorio, hipótesis que fue calificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como "extremadamente improbable". "El mundo conoce desde hace tiempo la oscura historia de los servicios de inteligencia estadounidenses", aseguró Zhao en referencia a las falsas acusaciones de Washington sobre armas de destrucción masiva que justificaron su invasión a Irak.

Zhao acusó a Estados Unidos de querer "utilizar la pandemia para participar en la estigmatización y la manipulación política y eludir responsabilidades”, y aseguró que al gobierno del demócrata Joe Biden "no le importan los hechos y la verdad, ni le interesan los hechos, ni el rastreo de origen científico serio".

En sus declaraciones, el vocero de la Cancillería china fue incluso más allá e hizo referencia a una teoría que sostiene que el ejército estadounidense creó el coronavirus. En ese marco, le pidió a Washington "hacer lo mismo que China e inmediatamente cooperar con la OMS en la investigación de rastreo de origen de manera científica".

China es muy sensible a las acusaciones de que podría haber hecho más para detener la propagación de una pandemia que ya dejó más de 3,5 millones de muertos y paralizó economías en todo el mundo desde que se conoció el primer caso en la ciudad china de Wuhan a fines de 2019. Beijing rechaza constantemente la teoría de que el virus pueda haber surgido de un laboratorio de virología en Wuhan y acusa a Estados Unidos de "vender conspiraciones", "politizar la pandemia" y desviar la atención de sus "propios fracasos" para frenar al nuevo virus.

Volver a la teoría de la fuga de un laboratorio "es una falta de respeto a la ciencia y también una alteración en la lucha mundial contra la pandemia", planteó Zhao. La idea de que el virus salió de un laboratorio de Wuhan, no obstante, está ganando cada vez más adeptos en Estados Unidos.

Citando un informe de los servicios de inteligencia estadounidenses, The Wall Street Journal informó el domingo que tres personas del Instituto de Virología de Wuhan fueron hospitalizadas con una enfermedad estacional en noviembre de 2019, un mes antes de que Beijing revelara la existencia de un misterioso brote de neumonía.

La hipótesis del origen natural, respaldada como la más probable por el equipo de expertos de la OMS que recientemente visitó China, sostiene que el virus surgió en los murciélagos y luego pasó a los humanos, probablemente a través de una especie intermediaria. Esta teoría es ampliamente aceptada, a pesar de que con el paso del tiempo los científicos no han encontrado un virus ni en los murciélagos ni en otro animal que coincida con la firma genética del SARS-CoV-2.

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Jueves, 27 Mayo 2021 06:02

Pandemia: primer balance global

Pandemia: primer balance global

El Panel Independiente de Preparación y Respuesta ante las Pandemias, establecido por la resolución 73.1 (may 20) de la Asamblea Mundial de la Salud, presentó este mes el informe Covid-19: hagamos que sea la última pandemia. Se trata, me parece, del documento más autorizado y completo de los muy numerosos dedicados a evaluar lo ocurrido y a proponer políticas y acciones en el ámbito de la salud y otras políticas públicas, que permitan aproximar la realidad a la promesa desmedida que encapsula su título. Es un documento de extensión manejable, no alcanza 100 páginas, con un ilustrativo resumen de apenas siete fojas. Ambos documentos pueden leerse en https://theindependentpanel.org/ (hacia finales de mayo, en español sólo aparecía el resumen). El panel ha sido copresidido por Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda, y Ellen Johnson Sirleaf, ex presidente de Liberia, y compuesto por otros 11 integrantes que aportan "una combinación de conocimientos y calificaciones en enfermedades infecciosas, brotes y emergencias; políticas nacionales y globales de salud y financieras, economía, causas de los jóvenes y bienestar de niñas y mujeres".

Como una cadena de omisiones e insuficiencias se califica a las reacciones de gobiernos e instituciones a las primeras manifestaciones de una pandemia de alcance global y evidente gravedad. “La prevención careció de consistencia y de la financiación necesaria. El sistema de alerta fue demasiado lento –y endeble–. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no tuvo suficiente poder. La respuesta ha acentuado las desigualdades. Faltó liderazgo político a escala mundial.” Esta desoladora lista de falencias no se había reunido y reconocido con tan meridiana claridad.

A principios de 2020, "demasiados países optaron por esperar y ver qué pasaba en lugar de establecer una estrategia de contención agresiva". El resultado fue la imposibilidad de evitar que la pandemia se propagase por el mundo. "Ni los sistemas nacionales ni los internacionales consiguieron satisfacer las demandas iniciales y urgentes de suministros." Al "menosprecio de la ciencia en la toma de decisiones" –subrayado enfáticamente por el panel– se sumó un respeto constante e invariable a la lógica y operación de los mercados. Los dictados de éstos y de las ganancias privadas se impusieron a la preeminencia debida del interés público y de los imperativos sociales. Esta última conclusión sólo aparece entre líneas en el documento del panel, sin llegar a formularse de manera explícita.

"La falta de planificación y las deficiencias en materia de protección social han hecho que la pandemia amplíe las desigualdades, con una repercusión socioeconómica desproporcionada sobre las mujeres y las poblaciones vulnerables y marginadas, incluyendo a los migrantes y los trabajadores del sector informal. Los efectos sobre las personas con problemas de salud subyacentes se han visto agravados. Asciende a millones la cantidad de niños más desfavorecidos que han tenido que abandonar sus estudios de forma anticipada por la pandemia." Tras su primer año, la pandemia y la forma en que se le hizo frente han arrojado un mundo más desigual; han acentuado las desventajas de los grupos vulnerables, por género, etnia o posición laboral; han detenido y disminuido los avances conseguidos en el combate de otras enfermedades y han afectado el futuro, al impactar negativamente la educación en todos sus grados.

La urgencia inmediata, reconocida por el panel, es "acabar con la pandemia". Para ello se requiere que los países de ingresos altos se comprometan a suministrar vacunas, a través de canales multilaterales como Covax, “a los 92 países de ingresos bajos y medianos […] al menos mil millones de dosis al 1º de septiembre de 2021 a más tardar y más de 2 mil millones de dosis para mediados de 2022”. Se requiere, además:

"[Un] acuerdo sobre la concesión voluntaria de licencias y la transferencia de tecnología [sobre] las vacunas", en cuya ausencia y tras un plazo de tres meses, "debe entrar en vigor de forma inmediata una renuncia a los derechos de propiedad intelectual" en términos del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio de la OMC.

Los 19 mil millones de dólares que se estima necesarios para "vacunas, medios de diagnóstico, tratamientos y fortalecimientos de los sistemas de salud" deberán ser movilizados, en 60 por ciento, por el G7 y el resto "por otros miembros del G20 y otros países de ingresos altos", junto con la aprobación de "una fórmula basada en la capacidad de pago para financiar dichos bienes públicos universales de manera continuada".

Las siete recomendaciones puntuales del panel "para garantizar que un futuro brote no se convierta en pandemia" se expondrán y analizarán en la siguiente nota, en dos semanas.

Mauricio de Maria y Campos (1943-2021)

In memoriam

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Sin Copa América: ‘Golazo’ del Paro Nacional al gobierno Duque

Las manifestaciones no paran de cosechar resultados. A medida que las movilizaciones no cesan en todo el territorio nacional, fruto de una ardua resistencia social, este gobierno ha tenido que retirar la Reforma Tributaria –la cual abrió la Caja de Pandora del descontento–, luego llegó el reconocimiento parcial al derecho a la educación superior y universitaria gratuita (reivindicación aún por conquistar en toda su extensión e iomplicaciones), en pasado día 19 la reforma a la salud mordió el polvo que inunda las potronas congregacionales (lo ue no implica la derrota de la Ley 100/93, base del actual sistema de salud, precario, intermediado por privados, objeto de lucro y discriminación) y, el día 20 fue público que la Copa América 2021, evento deportivo y comercial aplazado el año pasado debido al estallido pandemico no se reaizará en Colombia.

Copa América, un bálsamo idóneo para este gobierno el cuál en cabeza del jefe de Estado Iván Duque ha demostrado su gran fascinación por el espectáculo y los grandes eventos, tanto así que, en un desesperado intento por conservar la sede, el gobierno colombiano le solicitó a la Conmebol el aplazamiento del certamen hasta fin de año para no perder sus candidatura como sede, una petición algo descabellada teniendo en cuenta que el calendario ya se ha visto trastocado por los estragos de la pandemia, y los millonarios contratos de patrocinio no dan espera.

El punto de quiebre para que el país fuera librado de este espacio de negocios, lo dio el comunicado oficial por parte del Departamento de Estado norteamericano en el cual invita a los ciudadanos estadounidenses a evitar viajar al territorio colombiano, llamando la atención sobre los altos niveles de covid-19 que se presentan en el país, además de acusar altos niveles de delincuencia, secuestro y amenaza de ataques terroristas por parte de grupos al margen de la ley.

Un comunicado que no sorprende pues suscribe todas las narrativas catastrofistas que maneja el mandamás de la región a la hora de referirse a los países bajo su órbita, pues para ellos todo es o terrorismo o conspiración. Este llamado de atención por parte del gobierno grindo a sus subditos terminó por decantar el veredicto final de la Conmebol, la que optó por Argentina como úncia sede –originalmente se desarrollaría en ambas sedes.

Sin espectáculo se quedó este gobierno, el mismo que aún no abre canales de dialogo expeditos para facilitar la negociación del paro que está en vísperas de cumplir un mes de su primer jornada nacional. Pérdida que le resta escenarios para lavar su cara ante la comunidad nacional e internacional.

Espectáculo también enfriado en la copa local, por ahora suspendida y sin fecha exacta para los partidos finales. Una realidad que disipa escenarios para la manipulación, al tiempo que reduce escenarios para negocios ahora reclamados por los empresarios de todo nivel.

El levantamiento social le deja algo muy en claro al establecimiento y es que no hay ‘circo’ que valga para acallar el clamor popular. Decisión de la Conmebol en horabuena para la resistencia social pues le da a las elites donde más les duele, al desarticular una de las herramientas que por excelencia han utilizado para distraery engañar: la sed de justicia social y de un país diferente pudo más que la sed de goles.

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Las nueve personas que se hicieron millonarias con las vacunas contra el coronavirus

"Gracias a las ganancias descomunales", según Oxfam

 

La organización internacional Oxfam publicó una investigación que reveló cómo el desarrollo de las vacunas para combatir el coronavirus desencadenó en que al menos nueve personas se convirtieran en multimillonarios. Según indicó la ONG, esas nuevas fortunas surgieron "gracias a las ganancias descomunales de los grupos farmacéuticos que tienen el monopolio sobre la producción de vacunas contra el covid-19".

El informe resaltó que la fortuna acumulada de los nueve multimillonarios citados (19.300 millones de dólares, 16.000 millones de euros) "permitiría vacunar 1,3 veces al conjunto de países de ingresos bajos", los cuales "solo han recibido 0,2 por ciento de las vacunas producidas en el mundo".

Los nombres de los nuevos millonarios

Las cifras se basan en la clasificación de la revista estadounidense Forbes, y las publica la "People's Vaccine Alliance", de la cual Oxfam es parte, organización que agrupa a organizaciones y personalidades que demandan vacunas anticovid gratuitas en todo el mundo.

Las dos fortunas del grupo que sobresalen son las del presidente de Moderna, Stéphane Bancel, con 4.300 millones de dólares (3.500 millones de euros), y el presidente y cofundador de BioNTech, Ugur Sahin, con 4.000 millones (3,200 millones de euros).

La lista también incluye a dos de los inversores de Moderna, el inmunólogo Timothy Springer (2.200 millones de dólares) y el científico Robert Langer (1.600 millones de dólares), al presidente de esta compañía biotecnológica estadounidense, Noubar Afeyan (1.900 millones de dólares), así como al director general de una empresa con un acuerdo para fabricar y envasar la vacuna de Moderna, Juan López-Belmonte (1.800 millones de dólares). 

Los tres últimos multimillonarios de la tabla son cofundadores de la empresa china CanSino Biologics: se trata de Zhu Tao (1.300 millones de dólares) cofundador y director científico de la empresa, Qiu Dongxu (1.200 millones de dólares), cofundador y vicepresidente senior y Mao Huihua (1.000 millones de dólares), también cofundador y vicepresidente senior.

Asimismo, otras ocho personas que ya eran multimillonarios, con inversiones en empresas farmacéuticas, aumentaron su riqueza conjunta en 32.200 millones de dólares. Esta lista está encabezada por Jiang Rensheng, presidente de la farmacéutica Zhifei, y Cyrus Poonawalla, fundador del Serum Institute de India, el mayor fabricante de vacunas del mundo.

Ese listado lo completan: Tse Ping (Sinopharm), Wu Guanjiang (Zhifei), Thomas y Andreas Struengmann, (BioNTech de Alemania y Mega Pharma de Uruguay), Pankaj Patel (Cadila Healthcare), Patrick Soon-Shiong (ImmunityBio).

"Estas vacunas fueron financiadas con fondos públicos y deberían ser, ante todo, un bien público mundial", sostuvo Sandra Lhote-Fernandes, de Oxfam Francia, quien pidió "poner fin urgentemente a estos monopolios".

A su turno, Anna Marriott, Gerente de Políticas de Salud de Oxfam, expresó: “ Creamos rápidamente nuevos multimillonarios de vacunas, pero fallamos en vacunar a los miles de millones que desesperadamente necesitan sentirse seguros".

Por su parte, la Comisión Europea aseguró este miércoles que la Unión Europea (UE) será "constructiva" en la Organización Mundial del Comercio (OMC) a la hora de evaluar un levantamiento de patentes de vacunas anticovid, pedido por Washington. Sin embargo, aclaró que primero propondrá adoptar medidas que permitan aumentar rápidamente la producción de vacunas.

Además, países africanos, europeos y de otros continentes, así como organizaciones internacionales presentes en una reunión en París sobre las economías africanas, demandaron levantar las patentes de las vacunas anticovid para permitir su producción en África.

No obstante, "miembros claves del G20, como el Reino Unido y Alemania, continúan bloqueando las iniciativas que apuntan a levantar las barreras ligadas a la propiedad intelectual sobre las vacunas", denunció Oxfam, que señaló también una "posición ambigua" de Francia sobre el tema.

Listado completo de los nuevos multimillonarios y sus fortunas

  • • Stéphane Bancel, director general de Moderna: 4.300 millones de dólares.
  • • Ugur Sahin, director general y cofundador de BioNTech: 4.000 millones de dólares.
  • • Timothy Springer, inmunólogo e inversor fundador de Moderna: 2.200 millones de dólares.
  • • Noubar Afeyan, presidente de Moderna: 1.900 millones de dólares.
  • • Juan López-Belmonte, presidente de ROVI, una empresa con un acuerdo para fabricar y envasar la vacuna de Moderna: 1.800 millones de dólares.
  • • Robert Langer, científico e inversor fundador de Moderna: 1.600 millones de dólares.
  • • Zhu Tao, cofundador y director científico de CanSino Biologics: 1.300 millones de dólares.
  • • Qiu Dongxu, cofundador y vicepresidente senior de CanSino Biologics: 1.200 millones de dólares.
  • • Mao Huihua, también cofundador y vicepresidente senior de CanSino Biologics: 1.000 millones de dólares.
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Imagen: EFE

La situación de hambre empeoró con la pandemia en 55 países del mundo 

En América Central después de Haití padecen falta de alimentos y malnutrición poblaciones de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Más de 75 millones de niños sufrieron retrasos en el crecimiento.

Por Elena Llorente

Al menos 155 millones de personas en 55 países del mundo sufrieron inseguridad alimentaria (falta de alimentos y malnutrición) aguda en 2020. La situación, que ya era grave por los conflictos, los problemas económicos y las condiciones meteorológicas extremas, se agravó con la llegada de la covid y sus consecuencias económicas, y puede empeorar todavía más durante 2021, según el Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias elaborado por la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias en la que colaboran, entre otras, la Unión Europea, la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y el PMA (Programa Mundial de Alimentos), estas dos últimas con sede en Roma.

La inseguridad alimentaria aguda, considerada la fase 3 de los niveles de seguridad alimentaria mencionados en el Informe Mundial (la 4 es situación de emergencia y la 5 de catástrofe), alcanzó en 2020 el nivel más alto de los últimos cinco años, aumentando 20 millones más que el año anterior. Y en esta grave situación están implicados numerosos países de África y Asia pero también de Centroamérica y el Caribe, estando Haití entre los primeros 10 países del mundo con el más alto nivel de la propia población en crisis alimentaria. Los primeros cuatro países de esta lista elaborada en 2020 son la República Democrática del Congo, donde el 33% de la población (21,8millones de personas) está en crisis alimentaria, Yemen con el 45% de la población (13,5 millones) en esa situación, Afganistán con el 42% (13,2 millones) y Siria con el 60% de la población (12,4 millones) en similares condiciones. Haití ocupa el lugar número 10 de esta lista, con el 40% de la población en serias dificultades (4,1 millones de personas).

Además, en los 55 países con crisis alimentarias - entre los que están incluidos además de Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua-, más de 75 millones de niños sufrieron retrasos en el crecimiento.

Pese a que las organizaciones internacionales se habían propuesto reducir la hambruna en el mundo a bajos niveles en 2030, la situación ha empeorado. Entre los motivos que han ayudado a difundir el hambre en las naciones del África Subsahariana están los conflictos -que persisten en numerosos países como Sudán, República Democrática del Congo, Somalia, República Centroafricana, Burkina Faso, Mozambique, Etiopía, entre otros -. La gente trata de escapar y emigra, dentro del propio país o a países limítrofes, en condiciones desesperantes. Y esto no sólo ha llevado a una escasez en general de alimentos para esas familias sino también a la no asistencia médica que hubiera requerido el tratamiento del coronavirus. En 2020, unos 100 millones de personas padecieron inseguridad alimentaria por los conflictos, contra los 77 millones de 2019.

La segunda razón, explicó el Informe Mundial, fueron las conmociones económicas, muchas de ellas atribuidas a la covid-19 19 pero no sólo, y que significaron que en 2020 más de 40 millones de personas sufrieran inseguridad alimentaria en 17 países, contra los 24 millones en ocho países de 2019.

Por último han influido en muchos de estos países las condiciones meteorológicas extremas, como sequías que obstaculizaron la agricultura y plagas de insectos que se difundieron, y los huracanes. En este último caso, América Central, por ejemplo, fue afectada por dos huracanes, Eta y Iota, en 2020 lo que intensificó la difícil situación alimentaria de la población que ya era vulnerable a causa de la pandemia.

En América Central y el Caribe aumentó considerablemente la inseguridad alimentaria en 2020, con 11,8 millones de personas en crisis (8,1 millones más que en 2019). En 2021 una agudización de la crisis alimentaria se espera en Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y posiblemente también en Nicaragua, precisó el Informe que no se ocupó de los otros países de Centroamérica (Belice, Costa Rica y Panamá), como tampoco de las naciones de América del Sur ni de México, probablemente por considerarlas en mejores condiciones en general.

En Haití, alrededor de un millón de personas estaban en serias dificultades alimentarias en 2020, lo que además no era sólo un problema de las zonas rurales sino también de las zonas metropolitanas, es decir, en torno a las ciudades, precisó el informe. Y para 2021 se calcula que la situación empeorará. Se estima que 4,4 millones de habitantes sufrirán crisis alimentaria.

En Guatemala, entre noviembre 2020 y marzo 2021, más de 3,7 millones de personas padecían crisis alimentaria, mientras unas 500.000 estaban aún en peores condiciones, es decir en emergencia. En Honduras, 2,9 millones estaban en crisis y más de 600.000 en emergencia entre diciembre 2020 y marzo 2021. En El Salvador, unas 684.000 personas estaban en crisis alimentarias y 95.000 en emergencia entre noviembre 2020 y febrero 2021. En Nicaragua, cerca de 400.000 personas estaban en crisis o peor en setiembre 2020.

Guatemala además es un caso particular porque por su territorio circulan normalmente miles de migrantes cuyo objetivo es llegar principalmente a Estados Unidos. Cuando se cerraron las fronteras a causa de la covid, muchos migrantes debieron quedarse en Guatemala y se vieron forzados a buscar trabajo cuando había un alto nivel de desempleo. Según IOM (Organización Internacional de las Migraciones) los migrantes que se quedaron en Guatemala perdieron sus empleos o vieron reducidas notablemente sus horas de trabajo. Hay una notable preocupación además respecto a la difusión de la covid porque en las áreas afectadas por los huracanes, mucha gente se tuvo que desplazar y fue a vivir a refugios donde la higiene es escasa y faltan el agua y los medios para prevenir el contagio. La pandemia y la especulación, por otra parte, como ha sucedido en otros países, produjeron un considerable aumento de precios de los alimentos. Por ejemplo en julio de 2020 el precio de los porotos negros, un alimento muy consumido en toda América Central, era un 45% más alto que en 2019, indicó el Informe.

"El carácter prolongado de la mayoría de las crisis alimentarias indica que las tendencias medioambientales, sociales y económicas a largo plazo agravadas por los crecientes conflictos y la inseguridad están menoscabando la resiliencia de los sistemas agroalimentarios. Si las tendencias actuales no se revierten, la frecuencia y la gravedad de las crisis alimentarias se incrementarán”, dijo en un comunicado de la Red Mundial contra las crisis alimentarias. La Red mundial hizo hincapié además en la necesidad de actuar urgentemente y con decisión y pidió a la comunidad internacional que se movilice contra el hambre.

En este sentido, también el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el prólogo del informe, destacó que "los conflictos y el hambre se refuerzan mutuamente” y que “hemos de combatir el hambre y los conflictos juntos para resolver cada uno de estos problemas...Debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para terminar con este círculo vicioso. La lucha contra el hambre es uno de los fundamentos de la estabilidad y la paz", indicó. En marzo de 2021, Guterres constituyó un Equipo de Tareas de alto nivel para la prevención de la hambruna cuyo objetivo es llamar la atención a alto nivel y de forma coordinada sobre la prevención de las hambrunas y movilizar apoyo para los países más afectados. 

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Varias personas protestan ante las oficinas de Johnson & Johnson en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) pidiendo que liberalicen las patentes. Nic Bothma / EPA - EFE

En qué consiste? ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Cuánto se tardará en aplicar? ¿Será suficiente para aumentar la producción? Esto es lo que se sabe y lo que no sobre el apoyo de EEUU a la suspensión temporal de las protecciones de propiedad intelectual de las vacunas anti-COVID y sus consecuencias

 

Estados Unidos ha asombrado al mundo con su apoyo a la suspensión temporal de las patentes de las vacunas contra la COVID-19. La medida ha sido calificada de "trascendental" e "histórica" por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero, para muchos, aunque importante, es solo el primer paso y aún queda camino por delante para aumentar el suministro de dosis y acabar con la enorme brecha en la vacunación entre países ricos y pobres.

De momento, sobre la medida, hay poco conocido y mucho por saber. "Muchos se preguntan si la exención acelerará las cosas. Esa es la pregunta clave. Y la respuesta es que no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que el statu quo no está funcionando. La exención es una parte necesaria de un cambio más transformador", resume Matthew Herder, director del Instituto de Derecho de la Salud de la Facultad de Derecho de Schulich, en Canadá.

¿Qué ha anunciado EEUU?

Katherine Tai, representante de Comercio Exterior estadounidense, comunicó este miércoles en un tuit el apoyo del Gobierno de Joe Biden y Kamala Harris a la exención de las protecciones de propiedad intelectual para las vacunas contra la COVID-19.

"El Gobierno cree firmemente en las protecciones de la propiedad intelectual, pero en aras de poner fin a esta pandemia, apoya la exención de esas protecciones para las vacunas COVID-19", dice el comunicado de Tai. Su argumento: "Las circunstancias extraordinarias de la pandemia exigen medidas extraordinarias".

La decisión supone un giro de 180 grados en la posición que Washington había mantenido hasta ahora en los debates sobre el levantamiento de los derechos de propiedad intelectual durante la pandemia. Llega tras meses de rechazo, y en un momento en el que EEUU –uno de los países ricos que han acaparado vacunas– figura entre los más avanzados en la inmunización: un 32% de la población está completamente vacunada y se han puesto alrededor de 75 dosis por cada 100 habitantes.

La presión por parte organizaciones de la sociedad civil, expertos y líderes mundiales hacia los gobiernos y las farmacéuticas para que apoyen esta medida ha sido cada vez mayor, mientras el virus sigue haciendo estragos en lugares como India y la desigualdad en la distribución de las vacunas persiste. La Organización Mundial de la Salud también ha abogado por la medida y ha elogiado a EEUU por su decisión, al igual que numerosas organizaciones sociales.

¿Es una idea nueva?

No. En la Organización Mundial del Comercio (OMC) se ha debatido hasta nueve veces desde octubre una propuesta que presentaron India y Sudáfrica a favor de una exención temporal de derechos de propiedad intelectual, algo previsto en el seno del organismo. La iniciativa ha recabado en todos estos meses el respaldo de decenas de países, principalmente los de menores ingresos, que defienden que puede ayudar a expandir el acceso a las vacunas.

Ahora, hasta 60 países copatrocinan la propuesta, a la que hasta el momento se habían opuesto sistemáticamente un grupo de miembros, principalmente aquellos con industrias farmacéuticas y biotecnológicas importantes, entre ellos, Australia, Brasil, Reino Unido, Japón y la Unión Europea, además de EEUU.

¿Qué pasa con esta propuesta?

La propuesta de India y Sudáfrica no se ciñe solo a las patentes, que otorgan a las empresas un monopolio sobre la producción y buscan proteger sus invenciones de la competencia durante un tiempo limitado. Tal y como está planteada en este momento, si saliera adelante, se suspenderían de manera temporal, mientras dure la pandemia, varias provisiones del llamado Acuerdo de los ADPIC, que es el marco normativo internacional del sistema de propiedad intelectual en el comercio: derechos de autor y los que se derivan de ellos, dibujos y modelos industriales, patentes y protección de la información no divulgada.

Sin embargo, tras meses de estancamiento en los debates y posturas enfrentadas, los impulsores de la propuesta anunciaron hace una semana que revisarán el texto en un intento de conciliar posiciones. Los detalles sobre los cambios se desconocen, pero se está trabajando en un calendario para discutirlos. Sobre la mesa está la posibilidad de reunirse en la segunda quincena de mayo. El texto revisado se presentaría, según fuentes de Ginebra, en la reunión formal del Consejo de los ADPIC, prevista para principios de junio.

Este movimiento se produjo pocos días antes de que EEUU se pronunciara a favor de una exención. Pero en su escueta declaración, Tai solo mencionó tal medida para las vacunas, mientras la iniciativa de India y Sudáfrica también se refiere a medicamentos, pruebas de diagnóstico y otras tecnologías. Esto, a juicio de algunas fuentes consultadas por elDiario.es, puede anticipar ciertas líneas rojas. Tras el anuncio de EEUU, las organizaciones sociales han pedido que no se ciña solo a las vacunas, sino que cubra igualmente otras herramientas médicas para la COVID-19.

"El peligro siempre está en los detalles. La transparencia y la publicación de los textos de negociación son fundamentales en todos los asuntos comerciales relacionados con la propiedad intelectual", ha dicho Tahir Amin, abogado experto en propiedad intelectual, en Twitter. "Tenemos que asegurar que se mantenga el espíritu de la propuesta presentada en octubre y no quede en una versión descafeinada del texto inicial", dice a elDiario.es Vanessa López, directora de Salud por Derecho, quien cree que la suspensión temporal de las patentes "puede marcar un antes y un después" en la lucha contra el virus.

¿Qué ocurrirá ahora?

Ahora toca negociar. La representante de EEUU ha dicho que el país participará "activamente" en las negociaciones para que haya una exención. Para que haya un acuerdo concreto, tiene que estar por escrito, y ahora toca hablar de qué se quiere hacer específicamente, cómo se quiere hacer, durante cuánto tiempo y con qué condiciones, y cómo se plasma eso en un texto que convenza a todo el mundo.

"Habrá que negociar hasta llegar a los elementos más técnicos, como qué aspectos de los acuerdos deben ser levantados, ya que no solo hay que considerar las patentes, sino los secretos comerciales, diseños industriales, copyright, etc.", dice Adrián Alonso Ruiz, investigador en políticas de innovación y acceso a medicamentos, que considera que la propuesta es positiva.

¿Cuánto pueden tardar?

EEUU ha dejado claro que estas negociaciones "llevarán tiempo" dada "la naturaleza basada en el consenso de la institución y la complejidad de los temas involucrados". La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, ha defendido que se debe responder "urgentemente porque el mundo está mirando y la gente está muriendo", y pide que el texto revisado se ponga sobre la mesa cuanto antes.

En la OMC hay una "regla de oro": las medidas se adoptan por consenso de todos los miembros, una de las razones por las cuales el debate ha permanecido bloqueado hasta este momento. "Las normas de la OMC permiten que se adopte una exención por mayoría de tres cuartos, pero en la práctica la OMC nunca ha abandonado la toma de decisiones por consenso en favor de una votación", ha dicho Thomas Bollyky, director del programa de salud global del Consejo de Relaciones Exteriores.

En otras palabras, hay que esperar, ya que la iniciativa requiere también el apoyo del resto de países para salir adelante. Algunas voces consideran que el cambio de rumbo de EEUU, la mayor potencia económica, puede persuadir a los países detractores para que se comprometan y lleguen a algún tipo de acuerdo. Nueva Zelanda apoyó a las pocas horas la idea de trabajar por una exención.

Este jueves, Ursula von der Leyen dijo que la UE "está lista para discutir" cómo una renuncia de la protección de la propiedad intelectual para las vacunas "podría ayudar a lograr el objetivo de combatir esta crisis".

"Es tarde para seguir debatiendo, necesitamos que la UE abandone el bloqueo para salvar millones de vidas en todo el mundo", dice López. El Gobierno de España ha apoyado este jueves la postura de EEUU y ha dicho que "marca el camino", aunque pide ir más allá.

Los países a favor de la medida han defendido estos meses que los problemas actuales en el acceso a las vacunas solo pueden abordarse eficazmente mediante la exención, pero hasta hace una semana algunas delegaciones seguían sin estar convencidas y otras han argumentado que podría ser contraproducente. Las organizaciones sociales vaticinan que el Gobierno de EEUU se enfrentará ahora a una "intensa presión" por parte de la industria farmacéutica para diluir los acuerdos.

Krishna Udayakumar, director del Duke Global Health Innovation Center, cree que no se puede esperar que la negociación en la OMC sea sencilla o rápida. "Existe el riesgo de que las negociaciones se empantanen y no se llegue a un consenso". También, dice, teme que se caiga en la complacencia a la hora de abordar las necesidades "más amplias" de aumentar la fabricación de vacunas.

¿Y si hay un consenso en la OMC?

A grandes rasgos, si se adoptara la exención, podría permitir a las empresas de todo el mundo que están desarrollando vacunas hacerlo sin temor a ser demandadas por otra compañía que posee la patente del producto. Es probable que tenga que acordarse una compensación económica. A falta de más detalles, hay quienes señalan que una posible limitación puede ser que no cambien las legislaciones nacionales. Es decir, que haya países que sigan protegiendo las patentes conforme a sus leyes, cuya modificación puede ser difícil y lenta.

"Una vez adoptado el levantamiento, quizás algunos países tienen que reformar su legislación nacional para adaptarla, lo que supondrá trámites parlamentarios e implementación, así como la identificación de fabricantes interesados en participar en la producción", dice Alonso Ruiz.

¿Cómo ha reaccionado el sector al anuncio de EEUU?

Como era de esperar, está en contra. La Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas, que agrupa a compañías de todo el mundo, ha dicho en un comunicado que la decisión de EEUU es "decepcionante" y que una exención "es la respuesta simple pero incorrecta a un problema complejo". "No aumentará la producción ni proporcionará las soluciones prácticas necesarias para combatir esta crisis de salud global. Por el contrario, es probable que provoque trastornos", dice el texto.

"En medio de una pandemia mortal, la administración Biden ha dado un paso sin precedentes que socavará nuestra respuesta global a la pandemia y comprometerá la seguridad", se queja la Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA).

En general, el sector ha defendido en los últimos meses que la medida podía sentar un precedente "peligroso" y corre el riesgo de socavar la innovación en el sector farmacéutico.

"Tal vez el estribillo más común en el sector es que compartir la propiedad intelectual significa que las empresas y sus inversores tienen que renunciar a los altos rendimientos que garantizan las patentes y otras formas de monopolio. Como resultado, no habrá más incentivos para la innovación farmacéutica. Este es un argumento extraño en el contexto de las vacunas anti-COVID-19, porque las empresas se libraron en gran medida de los riesgos con grandes cantidades de financiación pública", dice Ellen 't Hoen, directora de Medicines Law & Policy, en un artículo.

¿Una exención será suficiente para incrementar la producción?

Existe cierto consenso entre los expertos y activistas partidarios de la medida, y es que tienen que ocurrir más cosas. En otras palabras, una exención de las patentes por sí sola no aumentaría el suministro mundial de vacunas, tiene que formar parte, dicen, de un paquete más amplio.

En primer lugar, hay que asegurar que tal medida vaya acompañada de lo que se conoce como "transferencia de tecnología", porque tan importante como tener los derechos para hacer una vacuna es tener los conocimientos técnicos para hacerla, que tendrían que ser proporcionados por las compañías desarrolladoras, y para eso se necesita su colaboración.

"Las transferencias de tecnología requieren que ambas partes, las empresas originarias de vacunas y las empresas receptora de vacunas, colaboren y compartan sus conocimientos. Si la empresa de vacunas originaria es reacia a colaborar, la renuncia a la propiedad intelectual por sí sola tendrá un impacto limitado", dice Julien Potet, de Médicos Sin Fronteras.

Por esta razón, hay quienes defienden que sin un apoyo mecanismos de transferencia de tecnología y know-how, difícilmente se podrán fabricar más vacunas. Pero, hasta la fecha, ningún fabricante de preparados eficaces contra el coronavirus se ha unido al Acceso Mancomunado a Tecnología contra la COVID-19 (C-TAP) de la OMS, plataforma creada para facilitar la puesta en común de estos avances.

En segundo lugar, muchas voces defienden que hace falta una inversión masiva en capacidad de producción, ya que podría hacer falta modernizar y construir fábricas, y producir más materias primas o ingredientes básicos, y otros elementos necesarios, como los viales o las jeringuillas. "Tenemos que sentar, de manera urgente, las bases de todo un sistema de abastecimiento que responda a las necesidades globales, no solo de ahora, también de las que lleguen con las nuevas variantes", señala López.

Alonso Ruiz explica que, una vez aprobada la medida, "hay que ver la capacidad y las ganas de la industria en entrar en acuerdos de transferencia tecnológica, habrá que coordinar la inversión económica para aumentar la capacidad de producción de materias primas, de líneas de fabricación, de cadenas de suministro". "Habrá que evaluar las plantas de fabricación, asegurarse de que los lotes de fabricación son de calidad y que responden a los requerimientos de las agencias reguladoras. Básicamente, ahora mismo nos enfrentamos a muchos de los problemas que teníamos ayer, pero hemos quitado una de las barreras".

Belén Tarrafeta, farmacéutica experta en gestión sanitaria y acceso a medicamentos, piensa que la exención es necesaria y un movimiento histórico, pero cree que "no va a resolver todos los problemas". "A corto plazo la redistribución de vacunas sigue siendo un problema a resolver, igual que el suministro de materias primas, y las limitaciones a las exportaciones de suministros necesarios para fabricar las vacunas".

Por estas razones, algunas voces creen que una exención no va a tener un efecto inmediato en la producción. "Recordamos que esta iniciativa fue propuesta en octubre del año pasado. Si se hubiese aprobado entonces, ya habría mucho camino andado", responde López. "No hay fórmulas mágicas que vayan a acabar con el problema de acceso a las vacunas de un día para otro y, al igual que las compañías propietarias del conocimiento y de las patentes han necesitado su tiempo, también lo necesitarán los nuevos fabricantes que se incorporen al mercado".

No obstante, también hay quienes piensan que si se adopta o avanza una exención, esta podría tener otros efectos de inmediato, como que las empresas entren en acuerdos de licencia voluntarias para intentar evitar que se adopte o para mitigar sus efectos. 

¿Habría capacidad de fabricación?

A lo largo de estos meses, países a favor de la medida, como Sudáfrica, han defendido que podría permitir "de inmediato a los países aprovechar la capacidad de producción no utilizada, accediendo a la capacidad sobrante en el mundo en desarrollo", lo que a su vez permitiría satisfacer la demanda de vacunas.

Sin embargo, uno de los argumentos más repetidos en contra de la exención y el intercambio de propiedad intelectual es que, en general, no hay productores de vacunas inactivos que puedan hacer uso de ella. 

"Este no parece ser el caso. Teva, una gran empresa farmacéutica israelí, intentó en vano obtener los derechos para producir las vacunas contra el coronavirus y recientemente anunció que abandonará la búsqueda de colaboradores. Empresas de Canadá, Bangladesh, Corea del Sur y Pakistán se han encontrado en la misma situación", escribe Ellen 't Hoen.

Tarrafeta cree que no está claro el problema que hay que resolver y "cuáles son las expectativas para resolverlo, también los tiempos". "Si el problema es la capacidad de producción global de vacunas, habrá que definir cuál es la capacidad total que necesitamos y para cuándo, y cuál es la capacidad actual. Esa capacidad de fabricación tiene que ir pareja a la capacidad de absorción –distribuir vacunas, organizar campañas...– de los sistemas sanitarios".

"Si lo que de verdad se necesita es aumentar la capacidad de producción con nuevos sitios de fabricación –como una medida esencial para asegurar una producción estable a largo plazo, es decir, no para los próximos seis meses, sino para los próximos años–, entonces la exención es necesaria como una primera medida, pero deberá ir acompañada por una transferencia tecnológica de la industria actual a nuevos fabricantes que creo que será difícil que se pueda forzar", señala.

Las formulaciones de vacunas son complejas. Pfizer, por ejemplo, ha asegurado que su vacuna de ARNm, una tecnología nueva, necesita 280 componentes de 86 proveedores en 19 países. También, dicen, necesita equipo y personal altamente especializado, "y transferencias de tecnología complejas que requieren mucho tiempo entre socios y redes globales de suministro y fabricación".

Según datos recopilados por la organización especializada Knowledge Ecology International (KEI), los fabricantes de vacunas contra el coronavirus generalmente comienzan a entregar los primeros lotes en menos de seis meses tras la transferencia de tecnología.

Potet, de MSF, cree que si hay un producto que podría beneficiarse rápidamente de una exención de propiedad intelectual, son los medicamentos de moléculas pequeñas, porque resulta "más fácil copiarlos" que las vacunas, mediante ingeniería inversa. "Producir a escala test de saliva que sean eficaces y de calidad podría permitir contener brotes de COVID-19 de manera mucho más eficiente", opina Tarrafeta.

Pero Estados Unidos, de momento, se ha limitado a las vacunas en su anuncio. "Una de las razones por las que EEUU apoyará una exención para las vacunas, pero no para los productos terapéuticos o de diagnóstico, es que las vacunas en los mercados extranjeros nos protegen. Las terapias y los diagnósticos en los mercados extranjeros no lo hacen", ha concluido James Love, director del KEI.

Por Icíar Gutiérrez

6 de mayo de 2021 22:53h

@iciar_gutierrez

Publicado enSociedad
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