https://economiafeminita.com/ambiente-feminismo-y-pandemia/

Utilizo el término posturismo como una metáfora de lo que el capitalismo agonizante es capaz de hacer con tal de salvar las ganancias y su acumulación en manos de una minoría: amputarse, con la esperanza de que luego aparezca una prótesis inteligente, un órgano importante, pero sacrificable en nombre de concentrar sus esfuerzos en la apropiación de zonas estratégicas, fuentes de agua, minerales, gas, maderas, petróleo y trabajo humano.

Desde que el virus Sars-CoV-2 salió de la frontera de China para alcanzar Italia y las zonas más exclusivas de esquí en Europa y Estados Unidos, se difundió la imagen que el agente infeccioso microscópico acelular que solo puede replicarse dentro de las células de otros organismos, eso es, el virus, viajaba en avión, utilizaba la octava potencia mundial que produce más C02 (la industria aeronáutica), un sistema de transporte moderno que es urgente modificar y que era aparentemente imparable1. Más aún, viajaba en avión y se hospedaba en hoteles, en ciudades y aldeas especiales al servicio de la anestesia y la ceguera de los sectores medios y altos que huyen de casa en cuanto pueden, para hacerle de turistas en destinos de los que no ven nada. Puede ser que el nombre de Ischgl, la exclusiva estación de esquí de Tirol, sea desconocido en América Latina, pero es asociado en Europa a un lugar clave de difusión de la pandemia. Así Vail, en Colorado, es asociado a la infección de los ricos esquiadores estadounidenses, mexicanos, colombianos, brasileños que regresando a casa infectaron a sus empleadas domésticas y a amplios sectores de la población. En el hemisferio norte, el covid 19 se propagó en invierno y afectó primeramente a las zonas de recreación invernal, pero no se detuvo y alcanzó la primavera y el verano, con su industria de sol y playa, con lo que el sector turismo alcanzó un 45 por ciento de pérdidas mundiales. No te muevas, quédate en casa: una puñalada mortal al sector turismo que, en 2018 contribuyó con 8,8 billones de dólares a la economía mundial y generó el 10,4 por ciento de toda la actividad económica2.

El coste del turismo lo conocemos: concentración de la mano de obra local, despojada de sus trabajos tradicionales para entrar al sector de servicios, desaparición de actividades productivas, destrucción de la flora y la fauna terrestre y marina (en México y Belize, la destrucción de la segunda barrera coralina del mundo por el impacto de los cruceros y por los desechos de cientos de cuartos de hoteles), aniquilación de la ritualidad tradicional en nombre de una falsa festividad para uso y consumo de la fluctuante y poco pensante población turística. Esto sin hablar de la violencia que acompaña las actividades ilícitas que rodean las zonas turísticas, desde la trata de mujeres y niñas para la prostitución y la pornografía forzadas hasta el narcotráfico, y que afectan a regiones cuando no a países enteros. Y pensando todavía menos en que la contraparte del turismo, con sus viajes organizados para que los pasaportes de los países del norte industrial den acceso a cualquier país a sus portadores, son los viajes sin descanso ni comodidades, con peligros y discriminaciones, de poblaciones desplazadas por las guerras, las hambrunas, los desastres ecológicos y el capitalismo de mercado.

Hay ciudades en el mundo cuya población ha preferido mudarse antes que seguir soportando a miles de personas ajenas en sus calles; pensemos en Venecia, por ejemplo. Y ciudades, como Alepo, cuya población ha debido huir por los bombardeos. Así como regiones de pastoreo devoradas por las pistas de esquí, comunidades que temen por la desaparición de sus mujeres jóvenes, costas destruidas por la invasión hotelera, asesinatos selectivos de las mujeres y hombres que dirigen la resistencia de las comunidades indígenas asentadas en playas que los ministerios de turismo promocionan. La industria del ocio no escatima aliarse con sicarios y otros delincuentes con anuencia de los funcionarios de Estado que se ocupan de turismo3, para que quemen zonas de protección ambiental para ampliar las construcciones y aniquilar bosques, manglares, fuentes de agua, selvas y aldeas.

El ecocidio propio del capitalismo es evidente en la industria turística, así como la producción de valor en detrimento de quienes lo producen. Pero el turismo puede ser sacrificado con tal de incrementar la presión sobre la actividad extractiva y la expoliación de los recursos naturales a las comunidades que los defienden como vida. El extractivismo es un sistema de producción que devora ecosistemas naturales, culturales, sociales y de producciones locales.


Desde que el covid-19 fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud en marzo de 2020, la población mundial ha sido bombardeada por una información tendiente a no permitir que circulen más noticias que las que conciernen a la enfermedad, su propagación, sus efectos mortales, con el fin de provocar un terror que suspende la voluntad de saber y actuar. Confinada y a la espera de una solución única, poco probable en realidad, como el descubrimiento de una vacuna efectiva, la población mundial vive en un presente desinformado y controlador. Los medios de información y una parte de la academia han actuado como reproductores y justificantes de los discursos de alarma que sirven de cobertura al capital extractivo. Mientras fiscalizamos las veces que la vecina se lava las manos, las poblaciones migrantes se han encontrado atrapadas en zonas de frontera y confinamiento que van de la más deshumana incuria y hacinamiento, como en Grecia y en Marruecos, a la dispersión y abandono como en México.

Todos detenidos, menos las actividades más destructivas contra el ambiente que garantizan la apropiación y acumulación de valor por parte de las minorías capitalistas que pretenden no ofrecer nada a cambio del uso de los mantos acuíferos para irrigar campos de soya o maíz transgénicos, bañados en pesticidas que envenenan esa misma fuente de agua. Nada a cambio de los cerros y bosques que desaparecen bajo una maquinaria que escarba la superficie de la tierra para extraerle minerales; una actividad destructiva que no produce siquiera trabajos y salarios justos: las zonas mineras son las más pobres en términos de redistribución y bienestar para la población local4.

Durante este período de encierro profiláctico, las mujeres han sufrido un doble embate: por un lado se han visto obligadas a convivir estrechamente con hombres potencialmente agresivos y, por otro, a volver a asumir la satisfacción gratuita de las exigencias de reproducción de la sociedad (atención de enfermos e infantes, alimentación, cuidados higiénicos, alimentarios, etcétera) desde una posición imposible de combatir si se está aislada. La pandemia se ha tornado útil para expulsar los sujetos femeninos del mercado de trabajo capitalista, asalariado, para que ofrezcan servicios gratuitos funcionales al patriarcado y al capitalismo mismo, en el momento que ya no necesitan una gran cantidad de mano de obra.

Durante los últimos 8 meses de alerta sanitaria global, se ha incrementado la violencia de género como efecto de una precisa determinación capitalista de regresar al orden binario de las posiciones “femeninas” y “masculinas” en un mundo del trabajo donde no se contempla la redistribución de la riqueza entre sectores relativamente amplios de la población. Actualmente, las mujeres pueden ser llamadas o menos a tener hijas/os, según su condición de clase y situación migrante, pero no a decidir libremente sobre sus cuerpos y su capacidad reproductiva. En México hay 400 mujeres presas por aborto (todas ellas pobres y muchas indígenas) y las manifestaciones del 28 de septiembre por el derecho a decidir fueron reprimidas en diversos estados, incluyendo la capital del país, gobernada por una mujer que supuestamente apoya las demandas femeninas. Igualmente, mientras no se prestan las atenciones que las víctimas de desaparición, violencia sexual, feminicidio se merecen, un nuevo conservadurismo discursivo hoy responsabiliza a las mujeres de las condiciones de vida, la salud, la alimentación, la flexibilidad laboral y la obediencia a la ley de su núcleo de convivencia.

Para pensar el carácter concentracionario de la economía extractivista, que nos expolia también de las condiciones de una vida digna, en un ambiente que implica desde el aire hasta el derecho al agua y a una salud y educación pública de calidad, es suficiente pensar que los ¡22 hombres más ricos del mundo tienen más dinero que todas las mujeres de África!5. Gracias a la evasión de impuestos de las empresas que influencian la política, la erosión de los derechos laborales, el recorte de gastos sociales, la expoliación de tierras comunales para la implementación de megaproyectos desarrollistas no requeridos por los pueblos, la brecha se ensancha aunque aparentemente el mundo está detenido. Según la organización caritativa británica Oxfam, 2 mil 153 multimillonarios tenían más riqueza que 4 mil 600 millones de individuos en 2019, siendo que el 1 por ciento más rico de la población acumula el 82 por ciento de la riqueza mundial6. Si a la empresa de gestión de inversiones Black Rock se le considerara como un país, sería el cuarto más rico del mundo después de China, Estados Unidos y Japón. La asociación ciudadana Attac Acordem, de Catalunya, la califica “el nuevo dueño del mundo”7. Si en marzo de 2020 sufrió una crisis, en junio se había recuperado totalmente, mientras que, durante los últimos 8 meses, millones de personas han perdido el trabajo y otros tantos están realizando trabajo a distancia en sus casas, donde deben combinar tareas productivas con tareas de reposición, sin derechos claros al descanso y a la finalización de la jornada laboral.

Eso es lo que ha sucedido desde que el miedo a la muerte por medio de una enfermedad descrita en términos de terror y combatida (es una metáfora militar que se utiliza a diario) desde gobiernos influenciados por una institución global como la Organización Mundial de la Salud, financiada en un 76 por ciento por donantes privados, en un 9.8 por ciento por uno solo de ellos, Bill Gates8, por un sector médico empobrecido y desprotegido, mientras la prensa nos habla de un mundo de actividades suspendidas y pececillos en las aguas de Venecia. Recordemos que la soberanía sanitaria implica el derecho al aborto y el derecho de las mujeres a decidir sobre el número de hijas/os que quieren tener; la soberanía alimentaria, la producción campesina de semillas locales y agua limpia, ya que toda la población tiene derecho a alimentarse sanamente y la agroecología implementada por campesinas y ecofeministas es un modo de lograrlo; la soberanía territorial, poder decidir sobre los proyectos que se llevan a cabo en el lugar de vida de las comunidades y poner fin a las agresiones de sicarios y grupos militares, policiacos y paramilitares contra las mismas.

En cuanto al posturismo, apoyemos la muerte de la hotelería y de la mercantilización de nuestros lugares de vida, démosle una patada a los capitalistas de Air B&B y volvamos a decir, como era común en México, “mi casa es tu casa” a todas las amigas y amigos viajeros y migrantes.

 

1 No es casual que en plena crisis del transporte aéreo, con muchos vuelos suspendidos y empresas que quiebran, la fabricante europea Airbus cree tres prototipos de aviones enteramente propulsados por hidrógeno, los ZeroE, para paliar las críticas del movimiento ecologista y la negativa de muchos jóvenes verdes de viajar en avión. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/airbus-crea-primer-avion-propulsado-totalmente-hidrogeno_15938
2 Carmen Porras Núñez, El turismo mundial crece más que la economía global por octavo año sucesivo, 28 de febrero de 2019, Hosteltur, https://www.hosteltur.com/127128_el-turismo-mundial-crece-mas-que-la-economia-global-por-octavo-ano-sucesivo.html#:~:text=La%20aportaci%C3%B3n%20del%20turismo%20a,%26%20Tourism%20Council%20(WTTC).&text=En%202018%2C%20el%20sector%20contribuy%C3%B3,de%20toda%20la%20actividad%20econ%C3%B3mica.
3 El caso más notorio es el de las comunidades garífunas de Honduras, asentadas frente al mar Caribe, que se resisten al despojo por parte de la industria turística. En los últimos 10 años, desde el golpe de estado de 2009, se han incrementado las persecuciones, la criminalización, la desaparición y el asesinato y el despojo de sus territorios, para la instalación de mega proyectos hoteleros que son otorgados con la complicidad del Estado de Honduras. El estado en ocasiones se apoya en los migrantes que regresan de Estados Unidos donde han adquirido costumbres de propiedad privada. María Ángeles Fernández y J.Marcos, “Los proyectos turísticos asedian al pueblo garífuna de Honduras. La desaparición de cuatro jóvenes afrodescendientes evidencia la violencia y la persecución que viven estas comunidades”, Público, 16 de agosto de 2020, https://www.publico.es/internacional/comunidad-garifuna-proyectos-turisticos-asedian-pueblo-garifuna-honduras.html y cfr. https://ofraneh.wordpress.com/2017/04/27/honduras-220-anos-de-resistencia-y-la-sobrevivencia-de-la-matrifocalidad-del-pueblo-garifuna/
4 En México, la Cámara Minera reconoce que la minería representa el 2.4 del producto interno bruto (PIB) nacional y 8.2 por ciento del PIB industrial, pero no informa acerca de la destrucción ambiental, el envenenamiento de acuíferos, del aire y de la tierra, ni de la brutal explotación de las y los trabajadores. México es el primer productor de plata del mundo, pero Fresnillo, la ciudad de donde se extrae más mineral, cuenta con un 46% de su población en condición de pobreza. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sostiene que 40 por ciento de quienes habitan en ocho de los 10 municipios que más oro producen en el país viven en extrema pobreza. Cfr: https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/IEPSM/Documents/Fichas-Monitoreo-y-Evaluacion-2017-2018.pdf
5 Oxfam Internacional, “Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global y cómo combatirla”, https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla
6 Oxfam Internacional, “Tiempo para el cuidado”, 20 de enero de 2020, en: https://www.oxfam.org/es/informes/tiempo-para-el-cuidado
7 ATTAC ACORDEM (acció ciutadana orientada a la democràcia econòmica) es una asociación de ciudadanas y ciudadanos constituida en enero de 2010. Está federada a ATTAC España y pertenece a la red del movimiento internacional ATTAC (asociación para la tasación de las transacciones financieras en ayuda al ciudadano) En su boletín del 12 de julio de 2020 publicó “Conoce a BlackRock, el nuevo dueño del mundo”, en el cual no solo lo describe como el mayor administrador de activos y “banco en la sombra” del mundo, más grande que el banco más grande del mundo (chino), con más de 7 billones de dólares en activos bajo administración directa y otros 20 billones de dólares administrados a través de su software de monitoreo de riesgos Aladdin, sino que ha promovido el fin de la independencia del banco central uniendo la política monetaria con la política fiscal. La crisis de COVID-19 presentó la oportunidad perfecta para ejecutar esta propuesta en los EE.UU., y esta empresa privada fue designada para administrarla. En marzo de 2020, se le otorgó un contrato sin licitación bajo la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus (Ley CARES) para desplegar un fondo ilícito de 454.000 millones de dólares establecido por el Tesoro en asociación con la Reserva Federal. Este fondo, a su vez, podría ser apalancado para proporcionar más de 4 billones de dólares en crédito de la Reserva Federal. Mientras el público estaba distraído con protestas, disturbios y cierres, BlackRock repentinamente emergió de las sombras para convertirse en la “cuarta rama del gobierno”, manejando los controles del dinero fiduciario impreso a pedido del banco central. https://www.acordem.org/2020/07/12/conoce-a-blackrock-el-nuevo-dueno-del-mundo/
8 https://elordenmundial.com/financiacion-organizacion-mundial-salud-oms/

 

 

 

 

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Publicado enSociedad
Viernes, 14 Agosto 2020 05:50

De espacio abierto a espacio de acción

De espacio abierto a espacio de acción

¿El Foro Social Mundial, que celebra su vigésimo aniversario en 2021, es sólo un espacio abierto o puede, debería ser, también un espacio de acción? Esta cuestión ha sido discutida durante años en su Consejo Internacional y hasta ahora no hubo posibilidad de llegar a una conclusión.

Hemos firmado la carta, Frei Betto, Atilio Borón, Bernard Cassen, Adolfo Perez Esquivel, Federico Mayor, Riccardo Petrella, Ignacio Ramonet, Emir Sader, Boaventura Santos, Roberto Savio,  Aminata Traoré, todos firmantes de la declaración de Porto Alegre. Hemos perdido, desde 2005, brillantes compañeros (Eduardo Galeano, José Saramago, Francois Houtart, Samir Amin, Samuel Ruiz Garcia, Immanuel Wallerstein).  Pero hemos compartido mucho con ellos y creemos saber lo que pensarían. Los que estamos vivo hemos querido enviar este mensaje al FSM, para que tenga un elemento más de estímulo y de reflexión. El espíritu de nuestra iniciativa queda representado en el mensaje de adhesión del Premio Nobel para la Paz, Adolfo Perez Esquivel: “gracias por la iniciativa de revivir la fuerza y esperanza del FSM, hace tiempo estabamos pensando en algo semejante de volver a encontrar caminos que nos identifiquen en la diversidad del pensamiento y de las acciones para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Desde ya queridos hermanos sumo mi firma y les abrazo”.

En el FSM de Porto Alegre del 2005 algunos de nosotros lanzamos el ”Manifiesto de Porto Alegre”, preocupados por la creciente marginalización del FSM en la escena global. Sabíamos que rompíamos la regla de que el Foro no puede hacer declaraciones pero nos pareció una manera de contribuir con los ricos debates de Porto Alegre a la política internacional.  Al año siguiente se difundió el “Llamado de Bamako”, en el mismo sentido. Ninguno de ellos tuvo respuesta.

Después de 15 años, nuestra preocupación se ha revelado sumamente real. El Foro nació en el 2001 por el esfuerzo generoso y visionario del grupo brasileño y el apoyo que encontraron en la época de Lula. La progresiva internacionalización llevó al FSM a todos los continentes. La idea de abrir un espacio a los movimientos sociales y a intelectuales críticos para intercambio de experiencias y de ideas, en pos de combatir al pensamiento único del neoliberalismo, era una idea revolucionaria y de gran impacto en el mundo. Ante la amenaza del inicio de la guerra de EEUU contra Irak el FSM mostró su inmenso potencial convocando a multitudinarias marchas de rechazo coordinadas globalmente. Sin embargo, ese tipo de iniciativas no prosperó.   

Desgraciadamente, el FSM no ha aceptado ningún cambio de sus reglas y prácticas, aunque estamos en la víspera de dos décadas de su creación. La idea de un espacio abierto, sin posibilidad de interactuar con el mundo exterior como un sujeto político global, ha hecho del Foro un actor marginal, que ya no es punto de referencia. En estos últimos años por lo menos tres grandes movimientos populares han movilizado millones de personas en el mundo: el de la lucha en contra del cambio climático, por la igualdad de género, y el antirracismo. Allí el FSM ha estado totalmente ausente como actor colectivo global. Pero la idea creativa del FSM, de luchar en contra del neoliberalismo con una visión holística y no sectorial, mantiene toda su fuerza y vigencia, junto a las luchas anticoloniales, antipatriarcales y por el respeto a la naturaleza y los bienes comunes que hoy nos convocan.

Se necesita acción. El mundo ha cambiado, y no para mejor. Hoy, no sólo nos enfrentamos a las devastadoras consecuencias de cuarenta años de capitalismo neoliberal, estamos dominados por los mercados financieros y amenazados por el rápido cambio climático que podría hacer imposible la vida humana en la tierra. La pobreza masiva y las desigualdades crecientes dividen nuestras sociedades, junto con el racismo y la discriminación.

La resistencia también está creciendo. 2019 ha visto un flujo abrumador de movimientos principalmente de jóvenes, en una gran cantidad de ciudades importantes de todo el mundo. Ellos saben que el viejo mundo está muriendo, y con impaciencia quieren construir un mundo nuevo, de justicia y paz, donde todos los hombres y mujeres sean iguales, donde se conserve la naturaleza y la economía esté al servicio de la sociedad. Se están preparando muchas alternativas, pero no hay un espacio que pueda reunirlas y construir nuevas narrativas comunes y globales, basadas en experiencias de base y capaces de guiar acciones futuras. Los activistas y académicos progresistas están tan fragmentados que corren el riesgo de perder no solo la batalla sino también la guerra.

COVID-19 es sólo otra crisis, que por primera vez afecta a todas las personas al mismo tiempo, a pesar de que no con la misma intensidad. El mundo se ha convertido en una aldea en la que somos interdependientes. Nunca antes había sido tan claro que, de hecho, tenemos que actuar y hacerlo juntos. El Foro Social Mundial todavía tiene un gran potencial para darle voz y ayudar a los movimientos a poner sus alternativas en un contexto global donde los nuevos discursos y prácticas puedan converger. Es por eso que, los que participamos en el FSM desde su inicio y firmamos las declaraciones de Porto Alegre y Bamakò, pedimos un “renovado foro social mundial,». Nos enfrentamos a una crisis global multidimensional; se necesita acción a nivel local, nacional y global, con una articulación adecuada entre ellos. El FSM es el marco ideal para promover esta acción. De eso se trata esta iniciativa.

Por [email protected] [email protected] | 14/08/2020

Publicado enPolítica
Sábado, 25 Abril 2020 08:23

#PrimeroElSerHumano

#PrimeroElSerHumano

 Acción común para una nueva vida en el planeta

 Una campaña para aprovechar la actual crisis provocada por el coronavirus como una ocasión para cambiar el sistema político, económico y social en el que vivimos y situar al ser humano como bien a salvaguardar en su contexto natural y en equilibrio ecológico.

Si las crisis son una oportunidad para la transformación, esta que vivimos nos pone ante el espejo roto de lo que hemos sido y hemos hecho contra la especie humana y la naturaleza. Depredadores y asesinos de la vida y de las relaciones sociales, negadores de los desastres naturales provocados por la mano del hombre y excluyentes de los colectivos más vulnerados.

Ante este panorama, las personas que conforman el equipo del periódico desde abajo han puesto en marcha la campaña #PrimeroElSerHumano que, sumándose al lema más publicado y seguido en estos tiempos “quédate en casa”, reclama una acción “por un cambio en las circunstancias de nuestro mundo, el presente y el futuro, en el cual, con equilibrio ecológico, debemos procurar una realidad totalmente diferente a la vivida hasta ahora por el ser humano”.

La actual crisis provocada por la pandemia de ese virus “monárquico” está poniendo en serio peligro los derechos y libertades de las ciudadanías del mundo. Son muchas las voces que demandan un cambio de rumbo, una salida del sistema para transformar una realidad que nos oprime y excluye. Sabemos que el mundo no volverá a ser lo mismo después de este período, pero hay que evitar que vuelva a ser igual o peor que antes de la irrupción de la COVID-19.

Poner al ser humano primero no es una apuesta desde el antropocentrismo, sino una nueva mirada al mundo para contar con el otro y con la naturaleza; para situar el “nosotras” por delante del “yo”; para que lo social, que enriquece lo individual, esté por encima de lo económico; para que el mundo siga en su proceso de metamorfosis y que ésta sea en pro de toda la humanidad, para que los valores éticos primen sobre los intereses financieros y partidistas.

Se necesita esa “constelación ética” de la que hablaba el maestro Javier Darío Restrepo, entendiendo “que la vida humana se dignifica cuando se vuelve hacia el otro; crece cuando sale de sí y se vive en función del otro; por el contrario, se empequeñece cuando se vuelve sobre sí misma y se repliega en el yo”.

Hay que evitar, como dice Francesca Gargallo, que el temor a la supuesta crisis económica con la que se amenaza a la población ofrezca como única salida a la gente la vuelta a la ´normalidad` del ecocidio que nos gobernaba antes de la epidemia del SARS-CoV-2.

Desde abajo pide la movilización social para evitar que la pasividad termine por legitimar el mismo poder que “ha llevado a la humanidad a la situación que hoy padece”. Hay que aprovechar la “unidad” y la “solidaridad social” que ha aflorado en el aislamiento para escuchar las voces y los sonidos de la gente común, para dar “un grito de esperanza y sueño en un futuro a favor de la humanidad y del conjunto de la naturaleza, hermanados en fraternidad y respeto por un derecho que debe ser común al conjunto de especies y formas de vida que habitamos en esta parte del universo”.

Lee el texto y firma la invitación para unirte a esta campaña en:

https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39322-primero-el-ser-humano.html?utm_source=sendinblue&utm_campaign=PrimeroElSerHumano&utm_medium=email

24ABR2020

Publicado enColombia
https://economiafeminita.com/ambiente-feminismo-y-pandemia/

Utilizo el término posturismo como una metáfora de lo que el capitalismo agonizante es capaz de hacer con tal de salvar las ganancias y su acumulación en manos de una minoría: amputarse, con la esperanza de que luego aparezca una prótesis inteligente, un órgano importante, pero sacrificable en nombre de concentrar sus esfuerzos en la apropiación de zonas estratégicas, fuentes de agua, minerales, gas, maderas, petróleo y trabajo humano.

Desde que el virus Sars-CoV-2 salió de la frontera de China para alcanzar Italia y las zonas más exclusivas de esquí en Europa y Estados Unidos, se difundió la imagen que el agente infeccioso microscópico acelular que solo puede replicarse dentro de las células de otros organismos, eso es, el virus, viajaba en avión, utilizaba la octava potencia mundial que produce más C02 (la industria aeronáutica), un sistema de transporte moderno que es urgente modificar y que era aparentemente imparable1. Más aún, viajaba en avión y se hospedaba en hoteles, en ciudades y aldeas especiales al servicio de la anestesia y la ceguera de los sectores medios y altos que huyen de casa en cuanto pueden, para hacerle de turistas en destinos de los que no ven nada. Puede ser que el nombre de Ischgl, la exclusiva estación de esquí de Tirol, sea desconocido en América Latina, pero es asociado en Europa a un lugar clave de difusión de la pandemia. Así Vail, en Colorado, es asociado a la infección de los ricos esquiadores estadounidenses, mexicanos, colombianos, brasileños que regresando a casa infectaron a sus empleadas domésticas y a amplios sectores de la población. En el hemisferio norte, el covid 19 se propagó en invierno y afectó primeramente a las zonas de recreación invernal, pero no se detuvo y alcanzó la primavera y el verano, con su industria de sol y playa, con lo que el sector turismo alcanzó un 45 por ciento de pérdidas mundiales. No te muevas, quédate en casa: una puñalada mortal al sector turismo que, en 2018 contribuyó con 8,8 billones de dólares a la economía mundial y generó el 10,4 por ciento de toda la actividad económica2.

El coste del turismo lo conocemos: concentración de la mano de obra local, despojada de sus trabajos tradicionales para entrar al sector de servicios, desaparición de actividades productivas, destrucción de la flora y la fauna terrestre y marina (en México y Belize, la destrucción de la segunda barrera coralina del mundo por el impacto de los cruceros y por los desechos de cientos de cuartos de hoteles), aniquilación de la ritualidad tradicional en nombre de una falsa festividad para uso y consumo de la fluctuante y poco pensante población turística. Esto sin hablar de la violencia que acompaña las actividades ilícitas que rodean las zonas turísticas, desde la trata de mujeres y niñas para la prostitución y la pornografía forzadas hasta el narcotráfico, y que afectan a regiones cuando no a países enteros. Y pensando todavía menos en que la contraparte del turismo, con sus viajes organizados para que los pasaportes de los países del norte industrial den acceso a cualquier país a sus portadores, son los viajes sin descanso ni comodidades, con peligros y discriminaciones, de poblaciones desplazadas por las guerras, las hambrunas, los desastres ecológicos y el capitalismo de mercado.

Hay ciudades en el mundo cuya población ha preferido mudarse antes que seguir soportando a miles de personas ajenas en sus calles; pensemos en Venecia, por ejemplo. Y ciudades, como Alepo, cuya población ha debido huir por los bombardeos. Así como regiones de pastoreo devoradas por las pistas de esquí, comunidades que temen por la desaparición de sus mujeres jóvenes, costas destruidas por la invasión hotelera, asesinatos selectivos de las mujeres y hombres que dirigen la resistencia de las comunidades indígenas asentadas en playas que los ministerios de turismo promocionan. La industria del ocio no escatima aliarse con sicarios y otros delincuentes con anuencia de los funcionarios de Estado que se ocupan de turismo3, para que quemen zonas de protección ambiental para ampliar las construcciones y aniquilar bosques, manglares, fuentes de agua, selvas y aldeas.

El ecocidio propio del capitalismo es evidente en la industria turística, así como la producción de valor en detrimento de quienes lo producen. Pero el turismo puede ser sacrificado con tal de incrementar la presión sobre la actividad extractiva y la expoliación de los recursos naturales a las comunidades que los defienden como vida. El extractivismo es un sistema de producción que devora ecosistemas naturales, culturales, sociales y de producciones locales.


Desde que el covid-19 fue declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud en marzo de 2020, la población mundial ha sido bombardeada por una información tendiente a no permitir que circulen más noticias que las que conciernen a la enfermedad, su propagación, sus efectos mortales, con el fin de provocar un terror que suspende la voluntad de saber y actuar. Confinada y a la espera de una solución única, poco probable en realidad, como el descubrimiento de una vacuna efectiva, la población mundial vive en un presente desinformado y controlador. Los medios de información y una parte de la academia han actuado como reproductores y justificantes de los discursos de alarma que sirven de cobertura al capital extractivo. Mientras fiscalizamos las veces que la vecina se lava las manos, las poblaciones migrantes se han encontrado atrapadas en zonas de frontera y confinamiento que van de la más deshumana incuria y hacinamiento, como en Grecia y en Marruecos, a la dispersión y abandono como en México.

Todos detenidos, menos las actividades más destructivas contra el ambiente que garantizan la apropiación y acumulación de valor por parte de las minorías capitalistas que pretenden no ofrecer nada a cambio del uso de los mantos acuíferos para irrigar campos de soya o maíz transgénicos, bañados en pesticidas que envenenan esa misma fuente de agua. Nada a cambio de los cerros y bosques que desaparecen bajo una maquinaria que escarba la superficie de la tierra para extraerle minerales; una actividad destructiva que no produce siquiera trabajos y salarios justos: las zonas mineras son las más pobres en términos de redistribución y bienestar para la población local4.

Durante este período de encierro profiláctico, las mujeres han sufrido un doble embate: por un lado se han visto obligadas a convivir estrechamente con hombres potencialmente agresivos y, por otro, a volver a asumir la satisfacción gratuita de las exigencias de reproducción de la sociedad (atención de enfermos e infantes, alimentación, cuidados higiénicos, alimentarios, etcétera) desde una posición imposible de combatir si se está aislada. La pandemia se ha tornado útil para expulsar los sujetos femeninos del mercado de trabajo capitalista, asalariado, para que ofrezcan servicios gratuitos funcionales al patriarcado y al capitalismo mismo, en el momento que ya no necesitan una gran cantidad de mano de obra.

Durante los últimos 8 meses de alerta sanitaria global, se ha incrementado la violencia de género como efecto de una precisa determinación capitalista de regresar al orden binario de las posiciones “femeninas” y “masculinas” en un mundo del trabajo donde no se contempla la redistribución de la riqueza entre sectores relativamente amplios de la población. Actualmente, las mujeres pueden ser llamadas o menos a tener hijas/os, según su condición de clase y situación migrante, pero no a decidir libremente sobre sus cuerpos y su capacidad reproductiva. En México hay 400 mujeres presas por aborto (todas ellas pobres y muchas indígenas) y las manifestaciones del 28 de septiembre por el derecho a decidir fueron reprimidas en diversos estados, incluyendo la capital del país, gobernada por una mujer que supuestamente apoya las demandas femeninas. Igualmente, mientras no se prestan las atenciones que las víctimas de desaparición, violencia sexual, feminicidio se merecen, un nuevo conservadurismo discursivo hoy responsabiliza a las mujeres de las condiciones de vida, la salud, la alimentación, la flexibilidad laboral y la obediencia a la ley de su núcleo de convivencia.

Para pensar el carácter concentracionario de la economía extractivista, que nos expolia también de las condiciones de una vida digna, en un ambiente que implica desde el aire hasta el derecho al agua y a una salud y educación pública de calidad, es suficiente pensar que los ¡22 hombres más ricos del mundo tienen más dinero que todas las mujeres de África!5. Gracias a la evasión de impuestos de las empresas que influencian la política, la erosión de los derechos laborales, el recorte de gastos sociales, la expoliación de tierras comunales para la implementación de megaproyectos desarrollistas no requeridos por los pueblos, la brecha se ensancha aunque aparentemente el mundo está detenido. Según la organización caritativa británica Oxfam, 2 mil 153 multimillonarios tenían más riqueza que 4 mil 600 millones de individuos en 2019, siendo que el 1 por ciento más rico de la población acumula el 82 por ciento de la riqueza mundial6. Si a la empresa de gestión de inversiones Black Rock se le considerara como un país, sería el cuarto más rico del mundo después de China, Estados Unidos y Japón. La asociación ciudadana Attac Acordem, de Catalunya, la califica “el nuevo dueño del mundo”7. Si en marzo de 2020 sufrió una crisis, en junio se había recuperado totalmente, mientras que, durante los últimos 8 meses, millones de personas han perdido el trabajo y otros tantos están realizando trabajo a distancia en sus casas, donde deben combinar tareas productivas con tareas de reposición, sin derechos claros al descanso y a la finalización de la jornada laboral.

Eso es lo que ha sucedido desde que el miedo a la muerte por medio de una enfermedad descrita en términos de terror y combatida (es una metáfora militar que se utiliza a diario) desde gobiernos influenciados por una institución global como la Organización Mundial de la Salud, financiada en un 76 por ciento por donantes privados, en un 9.8 por ciento por uno solo de ellos, Bill Gates8, por un sector médico empobrecido y desprotegido, mientras la prensa nos habla de un mundo de actividades suspendidas y pececillos en las aguas de Venecia. Recordemos que la soberanía sanitaria implica el derecho al aborto y el derecho de las mujeres a decidir sobre el número de hijas/os que quieren tener; la soberanía alimentaria, la producción campesina de semillas locales y agua limpia, ya que toda la población tiene derecho a alimentarse sanamente y la agroecología implementada por campesinas y ecofeministas es un modo de lograrlo; la soberanía territorial, poder decidir sobre los proyectos que se llevan a cabo en el lugar de vida de las comunidades y poner fin a las agresiones de sicarios y grupos militares, policiacos y paramilitares contra las mismas.

En cuanto al posturismo, apoyemos la muerte de la hotelería y de la mercantilización de nuestros lugares de vida, démosle una patada a los capitalistas de Air B&B y volvamos a decir, como era común en México, “mi casa es tu casa” a todas las amigas y amigos viajeros y migrantes.

 

1 No es casual que en plena crisis del transporte aéreo, con muchos vuelos suspendidos y empresas que quiebran, la fabricante europea Airbus cree tres prototipos de aviones enteramente propulsados por hidrógeno, los ZeroE, para paliar las críticas del movimiento ecologista y la negativa de muchos jóvenes verdes de viajar en avión. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/airbus-crea-primer-avion-propulsado-totalmente-hidrogeno_15938
2 Carmen Porras Núñez, El turismo mundial crece más que la economía global por octavo año sucesivo, 28 de febrero de 2019, Hosteltur, https://www.hosteltur.com/127128_el-turismo-mundial-crece-mas-que-la-economia-global-por-octavo-ano-sucesivo.html#:~:text=La%20aportaci%C3%B3n%20del%20turismo%20a,%26%20Tourism%20Council%20(WTTC).&text=En%202018%2C%20el%20sector%20contribuy%C3%B3,de%20toda%20la%20actividad%20econ%C3%B3mica.
3 El caso más notorio es el de las comunidades garífunas de Honduras, asentadas frente al mar Caribe, que se resisten al despojo por parte de la industria turística. En los últimos 10 años, desde el golpe de estado de 2009, se han incrementado las persecuciones, la criminalización, la desaparición y el asesinato y el despojo de sus territorios, para la instalación de mega proyectos hoteleros que son otorgados con la complicidad del Estado de Honduras. El estado en ocasiones se apoya en los migrantes que regresan de Estados Unidos donde han adquirido costumbres de propiedad privada. María Ángeles Fernández y J.Marcos, “Los proyectos turísticos asedian al pueblo garífuna de Honduras. La desaparición de cuatro jóvenes afrodescendientes evidencia la violencia y la persecución que viven estas comunidades”, Público, 16 de agosto de 2020, https://www.publico.es/internacional/comunidad-garifuna-proyectos-turisticos-asedian-pueblo-garifuna-honduras.html y cfr. https://ofraneh.wordpress.com/2017/04/27/honduras-220-anos-de-resistencia-y-la-sobrevivencia-de-la-matrifocalidad-del-pueblo-garifuna/
4 En México, la Cámara Minera reconoce que la minería representa el 2.4 del producto interno bruto (PIB) nacional y 8.2 por ciento del PIB industrial, pero no informa acerca de la destrucción ambiental, el envenenamiento de acuíferos, del aire y de la tierra, ni de la brutal explotación de las y los trabajadores. México es el primer productor de plata del mundo, pero Fresnillo, la ciudad de donde se extrae más mineral, cuenta con un 46% de su población en condición de pobreza. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sostiene que 40 por ciento de quienes habitan en ocho de los 10 municipios que más oro producen en el país viven en extrema pobreza. Cfr: https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/IEPSM/Documents/Fichas-Monitoreo-y-Evaluacion-2017-2018.pdf
5 Oxfam Internacional, “Cinco datos escandalosos sobre la desigualdad extrema global y cómo combatirla”, https://www.oxfam.org/es/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla
6 Oxfam Internacional, “Tiempo para el cuidado”, 20 de enero de 2020, en: https://www.oxfam.org/es/informes/tiempo-para-el-cuidado
7 ATTAC ACORDEM (acció ciutadana orientada a la democràcia econòmica) es una asociación de ciudadanas y ciudadanos constituida en enero de 2010. Está federada a ATTAC España y pertenece a la red del movimiento internacional ATTAC (asociación para la tasación de las transacciones financieras en ayuda al ciudadano) En su boletín del 12 de julio de 2020 publicó “Conoce a BlackRock, el nuevo dueño del mundo”, en el cual no solo lo describe como el mayor administrador de activos y “banco en la sombra” del mundo, más grande que el banco más grande del mundo (chino), con más de 7 billones de dólares en activos bajo administración directa y otros 20 billones de dólares administrados a través de su software de monitoreo de riesgos Aladdin, sino que ha promovido el fin de la independencia del banco central uniendo la política monetaria con la política fiscal. La crisis de COVID-19 presentó la oportunidad perfecta para ejecutar esta propuesta en los EE.UU., y esta empresa privada fue designada para administrarla. En marzo de 2020, se le otorgó un contrato sin licitación bajo la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica del Coronavirus (Ley CARES) para desplegar un fondo ilícito de 454.000 millones de dólares establecido por el Tesoro en asociación con la Reserva Federal. Este fondo, a su vez, podría ser apalancado para proporcionar más de 4 billones de dólares en crédito de la Reserva Federal. Mientras el público estaba distraído con protestas, disturbios y cierres, BlackRock repentinamente emergió de las sombras para convertirse en la “cuarta rama del gobierno”, manejando los controles del dinero fiduciario impreso a pedido del banco central. https://www.acordem.org/2020/07/12/conoce-a-blackrock-el-nuevo-dueno-del-mundo/
8 https://elordenmundial.com/financiacion-organizacion-mundial-salud-oms/

 

 

 

 

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Publicado enEdición Nº273
El coronavirus abrió la era de la imprecisión y la incertidumbre

Desde hace más de un siglo, la rigurosidad científica quedó atada a la hiperprecisión. Las Ciencias Sociales han estado fuertemente influenciadas por el paradigma dominante de la Mecánica, asumiendo que casi siempre puede existir una relación precisa y, por tanto, previsible, entre muchas variables que interactúan entre sí. La certidumbre en el comportamiento de todas las aristas posibles en torno al objeto de estudio es premisa fundamental para llevar a cabo cualquier análisis implacable. De hecho, cuando la incertidumbre aparece, el marco teórico hegemónico en Economía, el neoclásico, presupone escenarios ciertos para resolver la ecuación. Una fórmula muy habitual es el uso desmesurado del ceteris paribus, todo lo demás constante, asumiendo así que muchas variables no alteran su comportamiento ante cualquier fenómeno que se produzca. Y no sólo ocurre esto en la Economía. También en otras Ciencias Sociales, como la Teoría política y la Sociología, se acude a métodos similares para eliminar la mínima distorsión que genere lo incierto. Un buen ejemplo de ello es la Teoría de la elección racional.

Sin embargo, estamos en un mientras tanto en el que no tenemos certezas y, en consecuencia, hay pocas posibilidades de ser preciso. Se buscan infinitas maneras de calcular el verdadero número de contagiados, pero son todas aproximaciones y estimaciones en base a múltiples hipótesis. Todas ellas han sido actualizadas constantemente porque el margen de error es demasiado amplio como para ser consideradas como válidas.

Ni siquiera podemos tener certidumbre del número real de fallecidos por Covid-19 (cada país tiene su propio protocolo para contabilizarlo). Tampoco somos capaces de tener certezas sobre la duración de esta pandemia. No se conoce a ciencia cierta el momento en el que llegará la vacuna; y aún no sabemos si los métodos paliativos para tratar este virus son eficaces al 100%.

En el ámbito económico, no conocemos con exactitud el impacto de la pandemia. Son múltiples los organismos internacionales especializados en esta temática que realizan sus cálculos sobre efecto en el PIB, la pobreza, la producción mundial, la actividad comercial o el empleo. Y todos ellos van constantemente actualizando el valor porque es imposible prever el alcance de la pandemia a medida que avanzan los días. Por ejemplo, la OIT hace dos semanas estimaba que el coronavirus pondría en riesgo hasta 25 millones de empleos y, en cambio, su balance a día ya habla de 195 millones de empleos perdidos a tiempo completo.

Algo similar pasa y pasará aún más con todo análisis geopolítico, político y sociológico. Lo que ayer fuera negativo, hoy podría ser considerado positivo. En clave geopolítica, véase la mutante valoración de China, que pasó de ser el “culpable” a hoy ser el “ejemplo”. Así está sucediendo en cada asunto fundamental de nuestras vidas. Germinan infinitas dudas e incertidumbres acerca la evolución de nuestra valoraciones y sentidos comunes resultantes en torno a: (i) el rol de Estado, (ii) lo público y lo colectivo frente a lo privado y lo individual, (iii) los liderazgos vencedores, (iv) las nuevas fórmulas democráticas que podrían aparecer, (v) el autoritarismo presidencialista, (vi) los dilemas éticos basados en la relación intergeneracional, (vii) la globalización resultante, (viii) la exaltación de los nacionalismos, (xix) las relaciones internacionales y el orden geopolítico, (x) la antipolítica y la revalorización de expertos y científicos, (xi) el límite de la comunicación ante la ineficacia en la gestión, (xii) el papel de los organismos internacionales, (xiii) la preferencia por un mayor proteccionismo, (xiv) la moral ciudadana y, (xv) la libertad como derecho ante la necesidad de ser controlados para aminorar los efectos de la pandemia.

Todo es verdaderamente incierto e impreciso. Tanto así que estamos en una situación genuina en la Historia: Sociedad y Estado, por el instinto de la vida, paralizan en parte a las fuerzas económicas del capitalismo. Esto perturba el orden económico global, sin saber absolutamente nada, a ciencia cierta, de cuál será el resultado en los próximos meses. Las especulaciones son continuas por parte de políticos, periodistas, intelectuales y científicos. La mayoría tiene sus propios sustentos teóricos y argumentos muy legítimos para interpretar este complejo presente y realizar predicciones sobre el futuro inmediato. El debate es bienvenido y necesario, pero seguramente sería fructífero si asumiéramos la única variable que podemos contar como cierta: estamos en plena época de incertidumbre, en la que forzar a ser hiperpreciso nos llevaría a un camino contraproducente.

Es por ello que, quizás, se abra una nueva época, presente y futura, para introducir un marco referencial en el que la incertidumbre y la imprecisión estén presentes en nuestro intento de estudiar lo que nos pasa y pasará como sociedad. En este sentido, es más que recomendable acudir al trabajo de Silvio Funtowicz y Jerome Ravetz, Science for the Post-normal Age, en la revista Futures, en el que realmente explican la necesidad de trabajar con otro enfoque, de la Ciencia Postnormal, para lograr analizar y tomar decisiones cuando los factores son inciertos, hay mútiples valores en disputa y los riesgos son altos.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director CELAG

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Las mujeres y su lucha en defensa del ambiente

Hace cuatro años en su casa asesinaron a balazos a Berta Cáceres. Tenía 44 años. Durante una década encabezó en Honduras la lucha contra la empresa Desarrollos Energéticos, empeñada en construir la represa Agua Zarca en el río Gualcarque, sagrado para la cultura lenca. La noticia del crimen dio la vuelta al mundo y obligó a las autoridades hondureñas a investigar a los asesinos intelectuales y materiales. Un alto ejecutivo de dicha empresa, Roberto Castillo, fue arrestado por participar en la planeación del crimen. Otros 10 implicados fueron detenidos, entre ellos integrantes del ejército. Un equipo internacional de abogados afirmó que el asesinato de Cáceres lo planearon durante meses y que involucraba a empleados de la compañía, personal de su seguridad y agentes del Estado.

Berta era maestra y en 2015 fue galardonada con el Premio Medioambiental Goldman. Durante su vida recibió numerosas amenazas y protestó contra los asesinatos de otros luchadores sociales. En julio de 2017, la empresa anunció que como “gesto de buena voluntad” suspendía la construcción de la represa. Los ejecutivos de más alto rango de la hidroeléctrica son miembros de la poderosa familia Atala Zablah, ligada al gobierno y las finanzas internacionales. Ello explica por qué sólo siete sicarios fueron condenados por el crimen. Los peces gordos, siguen libres. Honduras es el país más mortífero en el planeta para activistas ambientales. Le siguen Brasil, Filipinas y Colombia. El año que mataron a Berta, asesinaron a dos integrantes de su asociación y a otros 11.

Casi 10 por ciento de las víctimas por causas ambientales son mujeres, en especial indígenas. Son las más vulnerables a la violencia que patrocinan los intereses económicos coludidos con la clase dirigente en América Latina, Asia, África y Oceanía. El número de asesinadas crece cada año y los que movieron las manos criminales gozan de impunidad en la mayoría de los casos.

Por ejemplo, Emilsen Manyoma, en Colombia, quien defendió los derechos de su comunidad frente a proyectos agrícolas y mineros; en Filipinas, y también por minería, Leonela Tapdasan; y en Guatemala, Laura Vásquez. Es común calificar a muchas defensoras del ambiente como terroristas. Sólo luchan pacíficamente por la integridad de las tierras donde viven.

Es lo que sucede en Brasil, donde sicarios al servicio de los consorcios agroexportadores, mineros, hidráulicos y madereros, actúan impunemente en la Amazonia. La última década fueron asesinados unos 300 defensores medioambientales; en la mayoría de las veces se trató de indígenas, entre ellos decenas de mujeres. Apenas 14 casos fueron juzgados. El asedio se agravó con la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro.

Las mujeres han logrado trascender fronteras por defender la naturaleza: la inglesa Ingrid Newkirk, fundadora de Personas para el Trato Ético de los Animales. Dian Foosey, cuyo trabajo en Ruanda y Congo en pro de los gorilas de montaña se plasmó en la película Gorilas en la niebla. La Nobel de la Paz Wangari Maathai, impulsora de la reforestación en Kenia y de puestos de trabajo para las mujeres. La hindú Vandana Shiva, defensora de la biodiversidad y la bioética. Jane Goodall, estudiosa de los chimpancés en Tanzania. La canadiense Sheila Watt-Cloutier, defensora del pueblo Inuit y el Ártico. O la costarricense Xinia Herrera, por conservar la biodiversidad de su país.

En México las mujeres destacan en la formación de los primeros grupos ecologistas, desde Baja California hasta la Península de Yucatán. Las autoridades al servicio de los intereses empresariales las han combatido y, con frecuencia, descalifican sus luchas por el agua limpia y los bosques; por denunciar los daños que causa la minería y la ocupación caótica de la franja litoral. Las matan, como a Betty Cariño, Juventina Villa y Fabiola Osorio. Fundamentales para conservar la biodiversidad y la seguridad alimentaria, las mujeres que viven en el medio rural de México padecen una profunda desigualdad y son víctimas del patriarcado tradicional. Ellas requieren apoyo prioritario. No lo olvidemos hoy y siempre.

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Hardt y Negri: ‘Asamblea’, o cómo articular las luchas de la multitud (II)

En esta segunda entrega del análisis de la última obra de Hardt y Negri, abordamos las propuestas que ofrecen ambos autores en Asamblea para la organización de los ciclos de luchas y la institución de nuevas formas de vida.

Tomando como punto de partida la afirmación según la cual “no sabemos de qué es capaz la multitud cuando se reúne en asamblea”, en su última obra Hardt y Negri plantean la necesidad de producir las condiciones necesarias para liberar la potencia creativa de todas aquellas expresiones subjetivas de carácter subversivo. Como ya apuntamos en la primera parte de este texto, los autores desarrollan esta tesis siguiendo dos ejes principales: el de la organización interna de los movimientos políticos y sociales y el de la institución de las formas de vida que se generan al margen del modelo neoliberal.

En este sentido, con la noción de asamblea se hace alusión al espacio en que la toma de decisiones se produce desde la horizontalidad y en base a los principios de la democracia absoluta, pero también al conjunto de dispositivos que cabe poner en funcionamiento para conseguir, tanto la destitución del poder constituido, como la constitución de una nueva articulación de las relaciones en el campo social. De esta manera, si los procesos de destitución y constitución se definen, en sentido estratégico, como el principal objetivo alrededor del cual plantear las luchas en el contexto actual, los autores apuntan a la organización y a la institución como las vías más adecuadas para llevar a la práctica tal aspiración.

Luchas sin vanguardias: el problema de la organización

En su producción anterior, Hardt y Negri hablan de manera profusa sobre las formas de articular la multitud. En Asamblea, los autores plantean de manera explícita el problema de la organización de las revueltas que se han producido los últimos años. Cabe recordar, por este lado, que nos encontramos en un contexto caracterizado no solo por la existencia de centros de poder diseminados, lo que conlleva que sea difícil plantear un combate focalizado y con unos objetivos claros, sino también, en muchas ocasiones, en un marco en el que destaca la ausencia de líderes, lo que en principio podría implicar dificultades a la hora de decidir la estrategia a seguir en las luchas. En este sentido, en Asamblea se aborda la cuestión de cómo tomar la iniciativa, por parte de los movimientos políticos y sociales, cuando el esquema tradicional de una vanguardia dirigente que representa los intereses de la masa ha dejado de ser, en buena medida, operativo.

Desde esta perspectiva que proponen los autores, el proletariado está formado en la actualidad por todas aquellas y todos aquellos capaces de generar una riqueza en términos colectivos y que, en este sentido, sufren de una manera u otra la explotación capitalista, tanto en lo que respecta a la producción estrictamente material como a la (re)producción inmaterial expresada en la creación de formas de vida. El espacio amplio y heterogéneo de la multitud cuenta así entre sus filas con las expresiones subjetivas que escapan del patrón patriarcal, heteronormativo y racista. Asimismo, junto con los sectores que integran la clase trabajadora tradicional, la multitud se conforma a través de lo que los autores llaman el proletariado intelectual o el cognitariado, las y los estudiantes, la mano de obra del sector terciario y los sectores productivos no tradicionales. Si se quiere decir en términos de Deleuze y Guattari, con la multitud se expresa en la actualidad el devenir minoritario de todo el mundo.

Los autores inciden así en uno de los puntos centrales de su obra. En la línea tanto de los movimientos autónomos italianos de los años setenta como de las demás luchas que se dan alrededor del año 68 en distintas partes del mundo, en Las verdades nómadas (1985) se plantea la necesidad de articular los movimientos llamados minoritarios que, cada vez más, ocupan un espacio central a la hora de dinamizar las luchas. En este texto, surgido de un intercambio epistolar entre Negri y Guattari cuando el primero se encontraba en la cárcel de máxima seguridad de Rebibbia, los autores empiezan por rechazar la organización centralista de las luchas. En su lugar, reivindican un multicentrismo funcional con capacidad para neutralizar los efectos del capitalismo y, al tiempo, para articular las luchas de los movimientos enfrentados al poder constituido. Asimismo, los autores plantean la posibilidad de llegar a una coimplicación multivalente entre la clase obrera tradicional y las trabajadoras y los trabajadores del sector terciario, así como con las precarias y precarios. Estos elementos constituyen el doble eje de lo que los autores definen como un método de agregación molecular, en referencia a las luchas que se dan por debajo del ámbito de la representación política.

De esta manera se avanzan, asimismo, algunos de los elementos que Negri tratará posteriormente en títulos como La fábrica de la estrategia (2004), desde la perspectiva de renovación del aparato conceptual marxista que apuntamos en la primera parte de este análisis. A partir del ejemplo que ofrece la toma del poder por parte de Lenin, aunque situados ahora en el contexto del capitalismo postindustrial, Negri trata de caracterizar la emergencia de una nueva subjetividad colectiva ―los soviets del nuevo siglo― alrededor de dos elementos principales. En primer lugar, la necesidad de organizar las luchas, así como las relaciones sociales en su conjunto, sobre la base de la toma colectiva y directa de las decisiones. En segundo lugar, las posibilidades que por esta parte ofrecen los procesos productivos basados en el avance de los dispositivos tecnológicos; sobre todo en la medida en que tales dispositivos pueden contribuir a una actividad más autónoma, es decir, desligada de los procesos capitalistas de atribución de valor, por parte de las nuevas figuras productivas.

Como se puede observar, los rasgos característicos del espacio que constituye la multitud, como un todo abierto y dinámico, atravesado por una heterogeneidad radical aunque con capacidad para proponer unos objetivos en común, obligan a plantear la cuestión de la organización interna del movimiento o los movimientos. En este sentido, el dilema sobre la necesidad o no de una organización para las luchas expresa, en opinión de los autores, un falso problema: no hay duda de que los ciclos de luchas y los movimientos que los protagonizan necesitan proponer unos objetivos y la orientación más adecuada para conseguirlos. En todo caso, esto no supone que se deban recuperar los liderazgos caracterizados por la concentración de funciones y la dirección vertical, de arriba a bajo, con que se ejerce el poder. Son los movimientos mismos, desde el interior y en sentido horizontal, los que deben decidir hacia dónde y cómo se orientan las luchas. En este sentido, si con la noción de liderazgo se hace alusión a la posibilidad de organizar las acciones de manera eficaz, regular y masiva, con capacidad para conmover las relaciones a todos los niveles, más que eliminar esta posibilidad, se trata de llevar el liderazgo al lugar de la inteligencia colectiva que se pone de manifiesto en el interior de los propios movimientos. No se trata, pues, de rechazar la noción de liderazgo, sino de eliminar su carácter trascendente y, por tanto, separado del movimiento.

La propuesta de Asamblea pasa así por invertir el plano en que la tradición marxista ha elaborado buena parte del análisis de las luchas contra el capital. Como apuntan los autores, de lo que se trata ahora es de dar la vuelta a las dos mitades del centauro, de manera que la parte pensante y, en este sentido, las decisiones y el poder ejecutivo sobre la estrategia a seguir se alberguen en la base, en manos de la militancia y del movimiento. Reservando asimismo la posibilidad, en sentido táctico y de manera provisional, de abstraer una parte del movimiento para que se encargue de tareas de tipo representativo. En vez de mantener el esquema según el cual el proletariado debe devenir una clase en sí y para sí a través de la mediación y la organización de una cúpula dirigente, los autores reivindican la posibilidad de organizar las luchas sobre un plano de inmanencia, en la medida en que es el movimiento mismo el que puede diseñar, a través de sus acciones, un principio fuerte y compartido de articulación colectiva.

Igualmente, Asamblea alerta sobre el peligro de reproducir las relaciones que se dan en el interior del sistema capitalista cuando se trata de organizar las luchas. Lo que, dicho así, puede parecer una evidencia, no lo es tanto si tenemos en cuenta el contexto biopolítico en el que nos movemos. De esta manera, si se trata de combatir el poder de mando capitalista, el tipo de organización que se de a sí mimo el movimiento debe prefigurar y constituir un ensayo ―si bien a dimensión reducida― del conjunto de relaciones a las que se trata de dar vida con cada nuevo ciclo de luchas. En este sentido, puede servir como base y ejemplo el potencial productivo de la multitud, que late rebelde bajo las redes de la explotación capitalista.

Luchas descentralizadas: el problema de la institución

Una vez que se han dado algunas claves para pensar la organización de las luchas en manos de los movimientos, falta por apuntar cómo se puede llegar a concretar los efectos de tales luchas mediante la creación de un proceso institucional de carácter abierto e inacabado, aunque duradero y estable. Con estas dos líneas, siguiendo la lectura de Maquiavelo que los autores no abandonan a lo largo de su obra, tendríamos garantizadas para los movimientos y sus ciclos de luchas la virtud (que se concentra en las capacidades estratégicas de la multitud) y la fortuna (que se expresa, como veremos a continuación, a través de la creación institucional del común).

Para empezar, si se trata de instituir las relaciones de la multitud es porque Hardt y Negri no rechazan la toma del poder como vía para construir un nuevo orden social. Esto es lo que lleva a los autores a abandonar la terminología que habían utilizado hasta este momento, en referencia a la tensión que se produce entre la capacidad productiva de la multitud y la capacidad de absorción del capitalismo. En los títulos anteriores, siguiendo la distinción spinoziana entre la potestas y la potentia, los autores definían el poder imperial, propio del capitalismo en la actualidad, mediante el término de biopoder, reservando la noción de biopolítica para la potencia creativa de la multitud. Ahora, en Asamblea, Hardt y Negri utilizan el mismo término ―poder― para referirse a la gestión de la propiedad capitalista (Poder) y a la articulación del espacio del común (poder) ―si bien utilizando la mayúscula o la minúscula para la letra inicial en cada caso―.

Así pues, quizá de forma más clara que en ningún otro lugar de su obra, los autores inciden en Asamblea sobre este punto: de la misma manera que no se trata de abandonar el espacio de la organización y del liderazgo, sino de dotarlo de un contenido liberador y eficaz para las luchas colectivas en el contexto actual, ahora se trata de tomar el espacio del poder no solo de otro modo, sino, sobre todo, con unos objetivos distintos de los que plantea el sistema capitalista. En definitiva, se trata de crear un espacio estable para las relaciones autónomas de la multitud y, pues, para la construcción y la defensa de la riqueza que emerge del común.

En este sentido, si ―como ya apuntamos en el texto anterior― hasta ahora los autores habían utilizado la noción de éxodo, en Asamblea, en cambio, esta estrategia del poder dual, que se expresa desde el interior y en contra del sistema, se complementa tomando elementos de otras dos vías que no rechazan, en este caso, la toma del poder institucional: la del reformismo antagonista y la de la hegemonía.

Mediante la noción de éxodo se trata de prefigurar, a pequeña escala y partiendo de la organización de los propios movimientos, la articulación futura de un espacio amplio y estable de relaciones al margen del sistema capitalista. Entre los ejemplos actuales que ofrecen los autores encontramos los centros sociales ocupados de Italia en los años setenta y, más recientemente, las acampadas surgidas alrededor del ciclo de luchas de 2011. La segunda vía trata de infiltrarse, por medios electorales, en las instituciones, con el objetivo de transformarlas desde el interior. Proyectos de carácter municipalista y partidos como Podemos o Syriza ―aunque este caso constituye un ejemplo del fracaso de la hipótesis basada en el reformismo antagonista―, se encontrarían entre las propuestas de este tipo. Por último, la estrategia de la hegemonía plantea la destitución más o menos rápida del orden establecido, sin desestimar la vía electoral, a lo que debe seguir la construcción de un nuevo espacio institucional a todos los niveles. Las experiencias que se han dado en algunos países de América Latina durante las dos últimas décadas, pueden constituir una muestra por esta parte. En este sentido, se trataría de hacer confluir las tres líneas ―los tres rostros de Dioniso para el (auto)gobierno de la multitud, como apuntan los autores― con el propósito de llevar más allá el alcance, habitualmente relativo, y de fortalecer la capacidad de resistencia, a menudo frágil, de los proyectos de carácter prefigurativo.

Así pues, el nuevo espacio institucional debe impugnar la propiedad capitalista en favor de la producción cooperativa del común. Al mismo tiempo, la nueva creación institucional debe desbordar los límites impuestos por la soberanía y su materialización en el seno del aparato estatal. Decae así, igualmente, el peso de los mecanismos de representación en la esfera de lo político. Superar la soberanía quiere decir, en este caso, que no se acepta ni la abstracción que supone un sujeto unificado como el de pueblo ―o el de nación―, ni la alienación de la capacidad de decisión que, sobre este cuerpo político, acaba ejerciendo el modelo representativo. Como apuntan los autores, el objetivo de disminuir al máximo la distancia entre gobernantes y gobernados debe constituir, por esta parte, uno de los motores del nuevo espacio institucional. En este sentido, el comunismo se reivindica desde la posibilidad de llevar a la práctica procesos de producción, circulación y atribución del valor, así como también de expresión y de participación política, que ni caigan bajo las redes del Mercado ni se encuentren encerrados en los límites del Estado. Por este lado, como indican los autores, experiencias como el confederalismo democrático kurdo o las comunidades autónomas zapatistas ofrecen un ejemplo de buena parte de los aspectos implicados en la construcción de un nuevo espacio institucional.

Como dijimos al principio, Asamblea constituye por esta parte un espacio en el que desarrollar y concretar, en el que poner a trabajar conjuntamente las principales herramientas conceptuales que Hardt y Negri han forjado con su obra a lo largo de los últimos veinte años.

Por Miquel Martínez Josep Artés

Profesores de Filosofía

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Viernes, 27 Septiembre 2019 05:52

Cambio climático mental

Cambio climático mental

Nietzsche lanza un desafío pretendiendo cambiar el valor del movimiento partiendo del niño que juega a orillas del mar, imagen del niño como representante de la regresión, del retorno al origen, emergencia de la concepción de ‘‘un después”, un porvenir, una plenitud por alcanzar; giros que se ‘‘redimen” y el olvido como regalo de la memoria.

El niño que ‘‘juega” con el mundo, dice Rovatti, tiene un aspecto ultrahumano, cada uno de nosotros puede rememorar de sí mismo un tramo, detener la imagen, percibir en ella un cierto valor de permanencia que pertenece al acervo de las cosas sencillas, aquellas sencillas maravillas que acontecen cotidianamente como el brillo del sol, el murmullo del mar, la lluvia que cae, y yo agregaría la voz de un cande andaluz que dice: ‘‘como el rayo de luna, yo sólo quiero caminar, como corre la lluvia en el cristal, como el río corre hacia el mar”. Eso que hemos perdido y trato de rescatar mentalmente.

Y así entre la lluvia y el mar, la memoria y el olvido evoco las palabras de Nietzsche: ‘‘Inocencia es el niño y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí sola, un primer movimiento, un sagrado decir de sí que sí” (Así hablaba Zaratustra, ‘‘De las tres metamorfosis”).

Pero al mismo tiempo en todos nosotros se ocultan muchos falsos niños. Más el niño de ‘‘verdad” no se avergüenza de su llanto y lo torna risa, porque sus ojos son capaces de adivinar, y sonreír por ello, al distinguir y presentir las nuevas conchillas que la próxima ola le obsequiará. Ese niño de ‘‘verdad” me parece a mí el niño aquel del poema de Federico García Lorca:

‘‘El niño busca su voz. (La tenía el rey de los grillos). En una gota de agua / buscaba su voz el niño”. Y así como dice Guillén, haciendo alusión a la obra de García Lorca:

El niño que existe en el poeta –y los dos son uno– dispone las palabras en combinaciones caprichosas, como si estuviese jugando en una playa con piedras y conchas. Así jugaba Federico, entre su imaginación y sus manos, con el mundo.

¿Existirá la posibilidad del cambio climático y que nuestros descendientes jueguen a la orilla del mar en este juego de los países compitiendo a ver quién llega primero al infierno?

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Martes, 04 Diciembre 2018 05:48

Los marxistas en su laberinto del siglo XXI

Los marxistas en su laberinto del siglo XXI

Diría Francisco, no el Papa de Roma, sino mi recién fallecido padre ¡que terquedad la tuya, intentar debatir lo que nadie parecer querer cambiar! Y es que es el pragmatismo se viene imponiendo como razón política en las propias izquierdas. Solo los más osados se atreven a plantear uno u otro tema teórico que muestre algún nivel de atasco en su implementación en la praxis. Lo hacen a sabiendas que desde múltiples lugares se le acusará de revisionistas, renegados, intelectuales pequeño burgueses o, hasta de ser parte de la nómina de algún servicio secreto internacional, hecho del cual los acusados no se habían enterado hasta la fecha. A pesar de ello, tomo aire para buscar aliento y me decido a hacer las veces de secretario de multitudes diversas y, en consecuencia, procedo a tomar nota de los planteamientos y dudas que en tono de murmullos se escuchan cada vez con mayor insistencia en distintos lugares de lucha de nuestraamérica. La única intención de este escriba –aunque sospecho que dirán que tengo ocultas e innobles intenciones– es la de intentar contribuir a la construcción de una agenda compartida sobre los desafíos epistémicos, conceptuales y de acción de los socialistas libertarios a finales de la segunda década del siglo XXI.

Por supuesto me refiero al socialismo científico sistematizado por Karl, el nacido en Tréveris. Fíjense que digo que él “sistematizó” y en ningún momento que creó, porque Marx fue un científico social y no un religioso, ni un infalible gurú. Y allí dos problemas iniciales, sobre los cuales volveré más ampliamente en otros artículos. El primero de ellos reside en el hecho que a través del tiempo ha surgido una especie de ortodoxia marxista que se siente facultada para establecer los cánones del marxismo, la legalidad y legitimidad del pensar la transformación, que ha convertido el pensamiento crítico en estático alejado del dinamismo dialéctico, para el cual categorías como imperialismo, obrero fabril, partido revolucionario, trabajadores, ideología, alienación, entre otras, no han sufrido cambios en el terreno concreto de la lucha de clases a más de un siglo de haberlas definido inicialmente. Marx siempre estuvo atento a la influencia de las realidades históricas concretas en la teoría, entendiendo que la dialéctica no era una externalidad analítica, sino que tocaba al propio pensamiento socialista. El segundo de ellos, es la creciente invisibilización del hecho que Carlos Marx se reclamó socialista científico, algo que ahora pasan por alto muchos apologistas neo metafísicos que atacan sin cesar cualquier apelación a la mentalidad científica. La transformación estructural de las sociedades capitalistas para abrir paso al socialismo no es un acto solo de voluntad –que la requiere- sino también de pensamiento estructurado, de conocimiento en profundidad de las ciencias puestas al servicio de la liberación del hombre por el hombre. En consecuencia, el marxismo es el pensamiento científico transdisciplinario que reflexiona, estudia y propone ideas para el cambio estructural de las sociedades a partir del estudio de cada coyuntura histórica, nunca en abstracto, ni desde el inmovilismo cognitivo.


Marx fue un hombre de su tiempo histórico. Como pocos comprendió el impacto del desarrollo científico y tecnológico en el modo de producción capitalista. Carlos Marx fue un enamorado de las posibilidades que encerraban la primera y segunda revolución industrial para romper las profundas y estructurales desigualdades acumuladas por siglos. Por ello interpretó de manera acertada el impacto de la relación del trabajo colectivo de los obreros industriales y fabriles alrededor de las máquinas y las innovaciones, en los procesos de producción de mercancías. Construyó una interpretación única y singular respecto a la conciencia de esa clase social, constituida en el corazón del modo de producción, a la cuál caracterizó como el motor de la nueva historia de la lucha de clases y de las posibilidades de construcción de la vida colectiva del común, el socialismo.


Marx construyó una teoría que hemos denominado marxismo, no como un nuevo relato teológico, sino como un método para actualizar de manera permanente el presente y el devenir de las luchas. Karl, el gigante revolucionario no podía prever –ni era su tarea histórica– que precisamente el desarrollo tecnológico que ocurriría 150 años después de la elaboración del Manifiesto Comunista (1848) conocería una tercera y cuarta revolución industrial (1960-2019/ 2020- ) que ahora no solo deja de agrupar a los trabajadores en fábricas para la producción de mercancías, sino que comienza a expulsarlos de ellas, impactando la idea de lo colectivo en la producción, reconfigurando también el papel de otras clases sociales consideradas en algún momento subalternas al proyecto socialista.


El problema es que la reflexión sobre estas dinámicas es muy precaria aún en América Latina y el Caribe y ahora, para colmo, se nos anuncian las consecuencias inmediatas de la primera ola del desembarco (década de los 20 del siglo XXI) de una cuarta revolución industrial (fábricas 4.0, expulsión en masa de amplios sectores de la clase obrera de las fábricas, crisis humanitaria laboral en los países altamente industrializados, ALC como simple campo de extractivismo de materias primas de viejo y nuevo cuño), así como de la llamada era de la singularidad (fusión de tecnología con vida humana), en medio de una crisis ecológica planetaria sin precedentes.


¿Cuál es el impacto de estas nuevas realidades en el plano teórico general del socialismo, en las organizaciones revolucionarias y en el propio programa de acción de las luchas socialistas? Sobre esto seguiremos escribiendo, como simples secretarios de múltiples voces que reclaman un espacio y una agenda emergente para mantener viva y con posibilidades de disputa del poder la idea socialista por parte de quienes vivimos del trabajo en el siglo XXI.

 

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Jueves, 11 Enero 2018 06:53

La nueva tesis once

La nueva tesis once

En 1845, Karl Marx escribió las célebres Tesis sobre Feuerbach. Redactadas después de los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, el texto constituye una primera formulación de su propósito de construir una filosofía materialista centrada en la praxis transformadora, radicalmente distinta de la que entonces dominaba y cuyo máximo exponente era Ludwig Feuerbach. En la célebre undécima tesis, la más conocida de todas, declara: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. El término “filósofos” se utiliza en un sentido amplio, como referencia a los productores de conocimiento erudito, pudiendo incluir hoy todo el conocimiento humanista y científico considerado fundamental en contraposición al conocimiento aplicado.


A principios del siglo XXI esta tesis plantea dos problemas. El primero es que no es verdad que los filósofos se hayan dedicado a contemplar el mundo sin que su reflexión haya tenido algún impacto en la transformación del mundo. Y aunque eso haya sucedido alguna vez, dejó de ocurrir con el surgimiento del capitalismo o, si queremos un término más amplio, con la emergencia de la modernidad occidental, sobre todo a partir del siglo XVI. Los estudios sobre sociología del conocimiento de los últimos cincuenta años han sido concluyentes en mostrar que las interpretaciones del mundo dominantes en una época dada son las que legitiman, posibilitan o facilitan las transformaciones sociales llevadas a cabo por las clases o grupos dominantes.


El mejor ejemplo de ello es la concepción cartesiana de la dicotomía naturaleza-sociedad o naturaleza-humanidad. Concebir la naturaleza y la sociedad (o la humanidad) como dos entidades, dos sustancias en la terminología de Descartes, totalmente distintas e independientes una de la otra, tal como sucede con la dicotomía cuerpo-alma, y construir sobre esa base todo un sistema filosófico es una innovación revolucionaria. Choca con el sentido común, pues no imaginamos ninguna actividad humana sin la participación de algún tipo de naturaleza, comenzando por la propia capacidad y actividad de imaginar, dado su componente cerebral, neurológico. Además, si los seres humanos tienen naturaleza, la naturaleza humana, será difícil imaginar que esa naturaleza no tenga nada que ver con la naturaleza no humana. La concepción cartesiana tiene obviamente muchos antecedentes, desde los más antiguos del Antiguo Testamento (libro del Génesis) hasta los más recientes de su casi contemporáneo Francis Bacon, para quien la misión del ser humano es dominar la naturaleza. Pero fue Descartes quien confirió al dualismo la consistencia de todo un sistema filosófico.


El dualismo naturaleza-sociedad, en razón del cual la humanidad es algo totalmente independiente de la naturaleza y esta es igualmente independiente de la sociedad, es de tal manera constitutivo de nuestra manera de pensar el mundo y nuestra presencia e inserción en él que pensar de modo alternativo es casi imposible, por más que el sentido común nos reitere que nada de lo que somos, pensamos o hacemos puede dejar de contener en sí naturaleza. ¿Por qué entonces la prevalencia y casi evidencia, en los ámbitos científico y filosófico, de la separación total entre naturaleza y sociedad? Hoy está demostrado que esta separación, por más absurda que pueda parecer, fue una condición necesaria de la expansión del capitalismo. Sin tal concepción no habría sido posible conferir legitimidad a los principios de explotación y apropiación sin fin que guiaron la empresa capitalista desde el principio.


El dualismo contenía un principio de diferenciación jerárquica radical entre la superioridad de la humanidad/sociedad y la inferioridad de la naturaleza, una diferenciación radical que se basaba en una diferencia constitutiva, ontológica, inscrita en los planes de la creación divina. Esto permitió que, por un lado, la naturaleza se transformara en un recurso natural incondicionalmente disponible para la apropiación y la explotación del ser humano en beneficio exclusivo. Y, por otro, que todo lo que se considerara naturaleza pudiera ser objeto de apropiación en los mismos términos. Es decir, la naturaleza en sentido amplio abarcaba seres que, por estar tan cerca del mundo natural, no podían considerarse plenamente humanos.


De este modo, se reconfiguró el racismo para significar la inferioridad natural de la raza negra y, por tanto, la “natural” conversión de los esclavos en mercancías. Esta fue la otra conversión de la que nunca habló el padre António Vieira (famoso jesuita portugués, 1608-1697), pero que está presupuesta en todas las demás de las que habló brillantemente en sus sermones. La apropiación pasó a ser el otro lado de la superexplotación de la fuerza de trabajo. Lo mismo ocurrió con las mujeres al reconfigurar la inferioridad “natural” de las mujeres, que venía de muy atrás, convirtiéndola en la condición de su apropiación y superexplotación, en este caso consistente en la apropiación del trabajo no pagado de las mujeres en el cuidado de la familia. Este trabajo, a pesar de tan productivo como el otro, convencionalmente se consideró reproductivo para poderlo devaluar, una convención que el marxismo rechazó. Desde entonces, la idea de humanidad pasó a coexistir necesariamente con la idea de subhumanidad, la subhumanidad de los cuerpos racializados y sexualizados. Podemos, pues, concluir que la comprensión cartesiana del mundo estaba implicada hasta la médula en la transformación capitalista, colonialista y patriarcal del mundo.


En ese marco, la tesis once sobre Feuerbach plantea un segundo problema. Es que para enfrentar los gravísimos problemas del mundo de hoy –desde los chocantes niveles de desigualdad social a la crisis ambiental y ecológica, calentamiento global irreversible, desertificación, falta de agua potable, desaparición de regiones costeras, acontecimientos “naturales” extremos, etcétera– no es posible imaginar una práctica transformadora que resuelva estos problemas sin otra comprensión del mundo. Esa otra comprensión debe rescatar, a un nuevo nivel, el sentido común de la mutua interdependencia entre la humanidad/sociedad y la naturaleza; una comprensión que parta de la idea de que, en lugar de sustancias, hay relaciones entre la naturaleza humana y todas las otras naturalezas, que la naturaleza es inherente a la humanidad y que lo inverso es igualmente verdadero; y que es un contrasentido pensar que la naturaleza nos pertenece si no pensamos, de forma recíproca, que pertenecemos a la naturaleza.
No será fácil. Contra la nueva comprensión y, por tanto, nueva transformación del mundo militan muchos intereses bien consolidados en las sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales en que vivimos. Como he venido sosteniendo, la construcción de una nueva comprensión del mundo será el resultado de un esfuerzo colectivo y de época, o sea, ocurrirá en el seno de una transformación paradigmática de la sociedad. La civilización capitalista, colonialista y patriarcal no tiene futuro, y su presente demuestra eso de tal modo que ella solo prevalece por la vía de la violencia, de la represión, de las guerras declaradas y no declaradas, del estado de excepción permanente, de la destrucción sin precedentes de lo que continúa asumiendo como recurso natural y, por tanto, disponible sin límites. Mi contribución personal en ese esfuerzo colectivo ha consistido en la formulación de lo que denomino epistemologías del Sur. En mi concepción, el sur no es un lugar geográfico, es una metáfora para designar los conocimientos construidos en las luchas de los oprimidos y excluidos contra las injusticias sistémicas causadas por el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado, siendo evidente que muchos de los que constituyen el sur epistemológico vivieron y viven también en el sur geográfico.


Estos conocimientos nunca fueron reconocidos como aportes para una mejor comprensión del mundo por parte de los titulares del conocimiento erudito o académico, sea filosofía, sea ciencias sociales y humanas. Por eso, la exclusión de esos grupos fue radical, una exclusión abisal resultante de una línea abisal que pasó a separar el mundo entre los plenamente humanos, donde “solo” es posible la explotación (la sociabilidad metropolitana), y el mundo de los subhumanos, poblaciones desechables donde es posible la apropiación y la superexplotación (la sociabilidad colonial). Una línea y una división que prevalecen desde el siglo XVI hasta hoy. Las epistemologías del Sur buscan rescatar los conocimientos producidos del otro lado de la línea abisal, el lado colonial de la exclusión, a fin de poder integrarlos en amplias ecologías de saberes donde podrán interactuar con los conocimientos científicos y filosóficos con miras a construir una nueva comprensión/transformación del mundo.


Esos conocimientos –hasta ahora invisibilizados, ridiculizados, suprimidos– fueron producidos tanto por los trabajadores que lucharon contra la exclusión no abisal (zona metropolitana), como por las vastas poblaciones de cuerpos racializados y sexualizados en resistencia contra la exclusión abisal (zona colonial). Al centrarse particularmente en esta última zona, las epistemologías del Sur dan especial atención a los subhumanos, precisamente aquellos y aquellas que fueron considerados más próximos a la naturaleza. Los conocimientos producidos por esos grupos, pese a su inmensa diversidad, son extraños al dualismo cartesiano y, por el contrario, conciben la naturaleza no humana como profundamente implicada en la vida social-humana, y viceversa. Como dicen los pueblos indígenas de las Américas: “La Naturaleza no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Naturaleza”. Los campesinos de todo el mundo no piensan de modo muy diferente. Y lo mismo sucede con grupos cada vez más vastos de jóvenes ecologistas urbanos en todo el mundo.


Esto significa que los grupos sociales más radicalmente excluidos por la sociedad capitalista, colonialista y patriarcal, muchos de los cuales fueron considerados residuos del pasado en vías de extinción o de blanqueamiento, son los que, desde el punto de vista de las epistemologías del Sur, nos están mostrando una salida con futuro, un futuro digno de la humanidad y de todas las naturalezas humanas y no humanas que la componen. Al ser parte de un esfuerzo colectivo, las epistemologías del Sur son un trabajo en curso y todavía embrionario. En mi propio caso, pienso que hasta hoy no alcancé a expresar toda la riqueza analítica y transformadora contenida en las epistemologías del Sur que voy proponiendo. He destacado que los tres modos principales de dominación moderna –clase (capitalismo), raza (racismo) y sexo (patriarcado)– actúan articuladamente y que esa articulación varía con el contexto social, histórico y cultural, pero no he dado suficiente atención al hecho de que este modo de dominación se asienta de tal modo en la dualidad sociedad/naturaleza que sin la superación de esta dualidad ninguna lucha de liberación podrá ser exitosa.


En tal escenario, la nueva tesis once debería tener hoy una formulación del tipo: “Los filósofos, filósofas, científicos sociales y humanistas deben colaborar con todos aquellos y aquellas que luchan contra la dominación en el sentido de crear formas de comprensión del mundo que hagan posible prácticas de transformación del mundo que liberen conjuntamente el mundo humano y el mundo no humano”. Es mucho menos elegante que la undécima tesis original, cierto, pero tal vez nos sea más útil.

 

10 Ene 2018

Boaventura de Sousa Santos

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

 

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