Sábado, 26 Noviembre 2016 07:11

Transgénicos 2.0: hora de parar

Transgénicos 2.0: hora de parar

Cuando el Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CDB) instale su conferencia global (COP 13) del 4 al 17 de diciembre en Cancún, con delegados de 194 países, tendrá en su mesa una serie de temas de enorme relevancia, algunos muy polémicos y muchos que reclaman atención urgente. (http://tinyurl.com/zl976jn) Un punto que reúne todas esas condiciones es la biología sintética y, dentro de ella, los llamados "impulsores genéticos": nuevas formas de ingeniería genética para manipular especies silvestres, que podrían eliminar o afectar seriamente poblaciones enteras, con impactos transfronterizos e impredecibles en los ecosistemas. (http://tinyurl.com/zkz86hg)

Monsanto, DuPont y muchas otras trasnacionales agrícolas, farmacéuticas y de energía tienen gran interés e inversiones en esto. En el caso de Monsanto, los dueños de la patente de la tecnología base (CRISPR-Cas9) le hicieron firmar que no la usará para desarrollar "impulsores genéticos", por los altos riesgo que implican. (http://tinyurl.com/gnao5vq)

La biología sintética abarca una serie de nuevas biotecnologías para la construcción artificial de secuencias genéticas, la alteración del metabolismo de microorganismos para hacerlos producir sustancias como principios activos farmacéuticos o cosméticos y hasta la construcción de organismos vivos completamente sintéticos, que el CBD llama "organismos sintéticamente modificados" (OSM). Conlleva nuevos impactos ambientales, a la salud y socio-económicos, ya que la mayoría de las sustancias que se busca sustituir con biología sintética –como vainilla, azafrán, vetiver, patchouli, aceite de coco, stevia, artemisina– son producidas por comunidades campesinas e indígenas en países del Sur. La industria de la biología sintética amenaza sus pequeñas fuentes de ingreso que les permiten sobrevivir y seguir cuidando la biodiversidad de campos y bosques. La industria presenta sus sustancias, que son excretadas por microbios manipulados, alimentados en tanques con azúcares transgénicas y de trabajo semi-esclavo, como "naturales". Los consumidores no tienen idea de qué se trata, pero al etiquetar "naturales" las industrias obtienen mejor precio y de paso compiten, no con las versiones sintéticas baratas de fragancias y saborizantes, sino con las verdaderamente naturales producidas por campesinos.

El CBD alberga el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad (que regula movimientos transfronterizos de transgénicos) y el Protocolo de Nagoya sobre acceso a recursos genéticos y participación en los beneficios derivados de su uso. Ambos protocolos deben revisar sus normas, porque la biología sintética plantea impactos y temas no previstos. Por ejemplo, que con biología sintética se reproduzcan secuencias de plantas u otros organismos, cuya información genética se bajó de Internet, sin pasar por ninguna autorización de acceso. Además, el Convenio en totalidad debe pronunciarse sobre los impactos socio-económicos y sobre cómo seguir considerando el tema de la biología sintética, incluyendo la papa caliente de los "impulsores genéticos", con altos riesgos e intencionalmente diseñados para tener alcances transfronterizos y globales.

Los impulsores construidos con ingeniería genética (gene drives por su nombre en inglés) son tan nuevos, que no existían cuando el CDB sostuvo su conferencia anterior en 2012. Se trata de una forma de "engañar" a las leyes de la herencia de las especies de cruzamiento sexual, sean plantas, insectos, animales o humanos. Normalmente, cada progenitor trasmite 50 por ciento de la información genética a su descendencia. Con impulsores genéticos, la meta es que el gen transgénico pase a 100 por ciento de la progenie, y que se distribuya mucho más rápido a toda la población.

La idea de "asegurar" que toda la herencia de un organismo mantenga una alteración genética existía desde antes, pero sólo con CRISPR-Cas9 se pudo hacer realidad. Se conocen pocos experimentos en laboratorio, con mosquitos, moscas y ratones, de dos equipos de investigadores de Estados Unidos. Kevin Esvelt, uno de los científicos que crearon los impulsores genéticos, ha advertido repetidamente que no se deben liberar al medio ambiente, porque su impacto intencional o accidental pueden ser catastrófico. Incluso para investigación, no existen instalaciones ni protocolos adecuados, ya que cualquier liberación accidental podría comportarse, en palabras de otro de sus inventores, como una "reacción mutagénica en cadena".

La tecnología CRISPR-Cas9 es como "un GPS con un par de tijeras". El GPS está diseñado para encontrar una secuencia genética y las tijeras (Cas9) para cortarla. Pero esas "tijeras" siguen activas en el organismo, por eso cuando se cruzan, cortan la información del otro progenitor y la sustituyen con la manipulada. Si se diseña para eliminar los genes que determinan el sexo femenino (es la intención en la mayoría de experimentos conocidos), quedarían sólo machos y la especie podría extinguirse. Esto no tiene en cuenta la complejidad dinámica de la naturaleza y las especies y puede ser que no funcionen como prevén las empresas. Pero sin duda causarán, como mínimo, graves problemas de desarreglos genéticos en poblaciones. ¿Se puede dejar una tecnología tan poderosa en manos de Monsanto y afines? ¿Quién puede tomar la decisión de eliminar –o intentar hacerlo– una especie entera? Por ejemplo, para Monsanto, el amaranto es una "plaga". El tema es tan grave que está incluso en la agenda de la Convención sobre Armas Biológicas. Ahora está en manos del CBD asumir el principio de precaución que está en su constitución y evitar que esta tecnología se pueda liberar. Más información sobre este y otros temas durante la COP 13: www.etcgroup.org

*Investigadora del Grupo ETC

Adquisición telúrica de Monsanto por Bayer. El ocaso de los campesinos de Estados Unidos y el mundo

La industria agrícola global sufre un giro telúrico de alcances geopolíticos cuando se han escenificado varias megafusiones a los dos lados del Atlántico-Norte, sumadas a la repentina aparición de China.

La adquisicíón de Monsanto, reina de los polémicos transgénicos, por Bayer, consagrada a la industria farmacéutica, sacudió al mundo agrícola.

Si para Hugh Grant, mandamás de Monsanto, la adquisición por Bayer es un "matrimonio celestial", para los ambientalistas Amigos de la Tierra condensa un “matrimonio hecho en el infierno (https://goo.gl/Fznu06)”.

Werner Baumann (WB), el mero mero de Bayer, exulta que la mega-fusión "creará un líder global en agricultura", ya que constituye el género de "abordaje revolucionario (sic) en el sector que será necesario para alimentar al mundo", cuando se espera un crecimiento de 3 mil millones de personas en 2050 que habrá que alimentar.

Para WB no se trata de un recorte de costos, sino de "crecimiento e innovación de dos empresas que son muy complementarias en términos de cobertura regional y productos de portafolios".

Mas allá de que Europa se opone a los transgénicos –no se diga del choque de dos culturas empresariales y alimentarias–, la amalgama de Monsanto y Bayer, los dos principales vendedores de cultivo de algodón en EU, oligopolizará 70 por ciento de los acres de cultivo.

Con una inocencia que no le queda, la británica BBC cuestiona: “¿Cuál es exactamente (sic) el interés del gigante Bayer en Monsanto, el mayor productor de semillas del mundo (https://goo.gl/n9JTpk)?”

Bayer no vende sólo aspirinas; "sus actividades van desde la producción e investigación de medicinas hasta semillas, pesticidas, abonos e ingeniería genética. Del negocio de la compañía alemana, 49 por ciento procede del sector médico. Del resto, 26 por ciento corresponde a su división especializada en materiales científicos (llamada Covestro), y 22 por ciento a lo que la empresa denomina ciencia de los cultivos", según BBC.

Su "interés en el negocio agrícola y su captura de Monsanto" –cuya marca tendrá que ser borrada de la faz de la tierra por el rechazo de ambientalistas y consumidores europeos por su laxa producción de transgénicos– radica en posicionarse como "líder agrícola global", ya que “la mitad del volumen de negocio del nuevo conglomerado –que será el mayor suministrador agrícola del mundo– estará relacionado con la agricultura”, a juicio de la BBC.

¿Cuál es la razón del giro brutal de Bayer de su principal enfoque farmacéutico?

Según el portal ruso Sputnik, “la compra de Monsanto se da en una época de reorganización en el sector agrícola mundial (https://goo.gl/NpXqmP)”.

En 1996 existían 600 empresas independientes de cultivo, cuya mayoría ha sido adquirida por seis grandes jugadores, tres de Estados Unidos (Monsanto, Dow Chemical y DuPont), dos de Alemania (Bayer y BASF) y uno de Suiza (Syngenta), que ahora controlan 63 por ciento del mercado global.

Las tres recientes grandes adquisiciones o megafusiones –las estadunidenses Dow Chemical y DuPont (130 mil millones de dólares); ChemChina y Syngenta (44 mil millones), y ahora Bayer/Monsanto (66 mil millones) “reducirá de seis a cuatro el número de jugadores globales en el sector agribusiness (https://goo.gl/NgTZ1n)”.

Llama la atención la quietud de la alemana BASF, que opera en más de 80 países con ingresos por 78 mil millones de dólares en 2015.

Nada nuevo bajo el sol agrícola cuando una de las tendencias inherentes a la globalización financiera es su oligopolización, cuando no su monopolización, como expuse desde hace 16 años en mi libro El lado oscuro de la globalización: post globalización y balcanización (https://goo.gl/JylqXV)”.

Es notorio el malestar de los medios anglosajones, como The New York Times y Financial Times, que ahora se propulsan como defensores de los agricultores y consumidores en Estados Unidos, cuando sus homólogos en el "México neoliberal itamita", Latinoamérica, África y Asia nunca les importaron un comino (http://nyti.ms/2cITuKR).

Según The New York Times, las cuatro principales adquisiciones del agribusiness en el lapso de un año "han creado la posibilidad de mayores costos para los agricultores", mientras Roger Johnson, presidente de la Unión Nacional de Agricultores de Estados Unidos, invoca en el desierto la amenaza a la "seguridad nacional".

The New York Times mueve el tapete del muerto en pleno periodo electoral para impedir la adquisición alemana de Bayer, que "ha capturado la atención de los legisladores y reguladores en Washington", ahora preocupados por sus regulaciones antitrust, que aplican en forma selectiva.

Por lo pronto, la implacable calificadora Fitch amenazó con degradar a Bayer, lo cual denota el malestar anglosajón.

La consolidación global, que tiende a un oligopolio de cuatro empresas –donde ha aparecido China, cuya estatal (¡ojo!) ChemChina adquirió a la suiza Syngenta–, se escenifica cuando los precios de los cultivos se han desplomado –en particular la soya y el maíz–, lo cual presagia el ocaso de los campesinos en el mundo, de por sí al borde de la extinción en países como el "México neoliberal itamita", totalmente (des)integrado al esquema agrícola estadunidense.

El aniquilamiento en el "México neoliberal itamita" de sus miserables campesinos –25 por ciento de la población (¡31 millones!), más de la mitad inactiva–, con un salario de muerte de 60 dólares al mes (https://goo.gl/FSSlST), antecedió la agonía similar de los agricultores de Estados Unidos, quienes han emitido su canto de cisne por la venta de Monsanto, sin contar la futura robotización agrícola con la participación de drones (aviones automatizados).

Y eso que Estados Unidos, superpotencia agrícola cabal, subsidia generosamente su sector agrícola con 956 mil millones de dólares (https://goo.gl/q9e8rq), casi el PIB nominal de México. ¿Cómo competir?

WB, mandamás de Bayer, comentó que necesitan el consentimiento de 30 jurisdicciones y la aprobación de los reguladores de EU, Canadá, Brasil y la Unión Europea. Es curioso que WB que no haya citado a México.

Se da por descontado que la disfuncional Comisión Federal de Competencia (sic) Económica del "México neoliberal itamita", franquicia del proyecto irredentista de Estados Unidos, obedecerá lo que ordene Washington.

Las muy bien lubricadas "comisiones" en el "México neoliberal itamita" –nidos parasitarios de su kakistocracia– nunca son escudriñadas por el Congreso ni por los ciudadanos, operan con opacidad, como la fracasada Comisión Nacional (sic) de Hidrocarburos, que encabeza el itamita Zepeda Molina, acoplada al entreguista Fondo Mexicano (sic) del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, donde destaca Federico Reyes-Heroles, que ni ha de saber de qué color es el "oro negro" que remata; ya no se diga el inolvidable SAM, que ni fue "Sistema" ni "Alimentario" ni "Mexicano" (https://goo.gl/9CqVy0) y que provocó una hambruna artificial en México, hoy totalmente capturado por los esquemas estadunidenses y, peor aún, arrumbado en la irrelevancia ante el giro telúrico de la oligopolización agrícola global.

www.alfredojalife.com

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Publicado enEconomía
El amaranto, alimento esencial para la civilización en América

El amaranto, semilla del huauzontle, probablemente ayudó hace miles de años a los cazadores-recolectores a evitar morir de hambre y construir una nueva civilización.


Se ha hallado evidencia de que este pariente cercano de la quinoa –hoy alimento favorito en las tiendas naturistas del mundo– estuvo entre las primeras plantas cultivadas en el actual Illinois, en Estados Unidos.


Algunos científicos han sugerido que la agricultura se desarrolló por primera vez porque los cazadores-recolectores llevaban una vida tan fácil que tuvieron tiempo de inventar técnicas agrícolas. Pero un nuevo estudio apoya una teoría diferente: un incremento inusitado de la población obligó a la gente a encontrar nuevas formas de producir alimento o perecer de hambre.


Investigadores usaron artefactos antiguos que han sido fechados por radiocarbono para dar un estimado de lo que ocurría a la población en ese tiempo, con la idea de que más personas dejarían más objetos que los arqueólogos pudieran encontrar.


Rápido crecimiento poblacional


Descubrieron que la población del este de Norteamérica casi se duplicó hace 6 mil 900 años y continuó en rápido crecimiento hasta hace 5 mil 200 años, poco antes de que las plantas se domesticaran por primera vez en la región, hace unos 5 mil años.


Uno de los investigadores, Elic Weitzel, antropólogo en la Universidad de Utah, señaló: “Sostenemos que las poblaciones humanas se incrementaron de forma significativa antes de la domesticación de plantas en el este de Norteamérica, lo cual sugiere que la gente se vio empujada hacia la domesticación cuando las poblaciones rebasaron la oferta de alimentos silvestres.


La transición hacia la domesticación de alimentos permitió que las poblaciones humanas se elevaran drásticamente en todo el mundo y posibilitó nuestro modo de vida. La gente empezó a vivir cerca de los campos de cultivo. Siempre que se tienen comunidades sedentarias, comienzan a expandirse. Las aldeas se transforman en ciudades. Una vez que se alcanza eso, se tiene toda clase de cambios sociales. En realidad no vemos una sociedad de nivel Estado hasta que ocurre la domesticación.


La agricultura fue inventada en 11 ocasiones diferentes alrededor del planeta; se cree que la primera fue la domesticación del trigo, hace unos 11 mil 500 años, en Medio Oriente. La primera evidencia en el este de Norteamérica es el cultivo de calabaza en Phillips Spring, Misuri, hace unos 5 mil 25 años.


De allí siguió la plantación de semillas de girasol hace 4 mil 840 años en Hayes, Tennessee, y grandes cantidades de huanzontle, calabaza, girasol e Iva annua en Riverton, Illinois, hace unos 3 mil 800 años.


Weitzel, autor principal de un documento en la revista Royal Society Open Science, añadió: Durante la mayor parte de la historia la gente vivió de alimentos silvestres: lo que pudiera cazar o recolectar. Sólo en fechas relativamente recientes realizó el cambio hacia un método por completo distinto de conseguir su alimento. Es importante entender por qué ocurrió esta transición.


Para calcular los niveles de población, los investigadores dividieron 3 mil 750 artefactos de antigüedad conocida en periodos de 100 años durante los pasados 15 mil años.


La presunción es que si se tienen más personas, dejaron más objetos que pudieran ser fechados, explicó Wetzel. Si había más gente, era concebible que se tuvieran más fechas de radiocarbono.


Encontraron seis periodos de elevación o disminución significativa de la población durante ese tiempo, incluido el súbito ascenso antes de la introducción de la agricultura. El profesor Brian Codding, quien también participó en la investigación, enfatizó que la gente en ese tiempo aún habría capturado peces, ciervos, aves y tortugas.


Esas personas producían comida para ellos y sus familias (mediante la agricultura), y todavía cazaban y recolectaban alimentos, expuso.


Para el tiempo en que los europeos llegaron a Illinois, ya había granjas bien establecidas y productivas, aunque para entonces el amaranto al parecer ya había sido remplazado como el cultivo favorito.


El explorador francés Jacques Marquette escribió en 1669: La tribu illinois cultiva maíz indio y lo tiene en gran abundancia; tiene calabazas tan grandes como las de Francia, y gran cantidad de raíces y frutos. También hay caza excelente de cabras salvajes, osos, ciervos, pavos, patos, palomas y grullas.


Más tarde añadió: Vivían de la caza, que abundaba en ese país, y del maíz indio, del que siempre obtenían buena cosecha; en consecuencia, nunca padecieron hambruna.

The Independent
Traducción: Jorge Anaya

Martes, 12 Enero 2016 06:50

Un mapa de señales del cuerpo

Un mapa de señales del cuerpo

La especialista subraya la necesidad de "habitar el propio cuerpo de manera consciente", algo que requiere un entrenamiento, en una época signada por la cultura de la belleza y la juventud, que comporta la negación de la vejez y la muerte.


El verano propone un tiempo distinto, con otras rutinas o sin ellas. Hay quienes descubren su cuerpo en esta época, cuando hay que mostrarlo. Otros, encuentran una oportunidad para mirarlo de otra manera. Mi cuerpo mi maestro. Guía holística de los síntomas corporales (Editorial Albatros) es un libro de la psicóloga Alicia López Blanco, que propone prestar atención a las señales del cuerpo, que a través de síntomas, dolores, enfermedades, pide un cambio. En este libro, López Blanco comparte el método de interpretación de los síntomas corporales, que desarrolló y puso a prueba a lo largo de más de 30 años de experiencia clínica como terapeuta corporal y psicóloga.


"En mi familia de origen, la enfermedad era moneda corriente. Se relacionaba amor con padecimiento y se valoraba la enfermedad como un medio de comunicación. Creo que este estilo primario de relacionarme con los síntomas me fue conformando como persona al tiempo que generó en mí algunas conductas reactivas: mi pasión por la danza y mi interés por investigar y aprender sobre la salud del organismo y la persona entera", cuenta.


–¿Se aprende a observar el propio cuerpo?


–Una cosa es observar la imagen reflejada en un espejo y otra habitar el propio cuerpo de manera consciente. El entrenamiento para lograr esto último implica el registro de lo que nuestro cuerpo nos comunica a través de sensaciones y sentimientos. Para entender el lenguaje de los síntomas necesitamos estar en el "aquí y ahora" de sus murmullos y tratar de decodificar con qué podrían estar relacionados. Muchas técnicas corporales promueven la conciencia corporal: la gimnasia consciente, la eutonía, el método Feldenkrais y la expresión corporal, entre otras.

–¿Qué podemos aprender de nuestros síntomas corporales?

–Todo síntoma corporal expresa, por un lado, una necesidad, y por otro, nos reclama que realicemos un cambio. Es evidente que no le estamos prestando atención a alguna cosa que nos provoca malestar, o si somos conscientes de eso, no estemos haciendo nada para que cambie. Puede relacionarse con nuestro estilo de vida o con cualquier cosa que necesitemos modificar: una relación disfuncional, una situación laboral, una falta de sentido de la vida, un problema de hábitat, una sensación de agobio, o lo que sea. El síntoma desnuda esa realidad y nos convoca a accionar en la dirección de nuestro bienestar.


–En sus años de experiencia como terapeuta, ¿encontró enfermedades de mujeres y enfermedades de hombres? Es decir, ¿enfermedades que se repiten en unos y otras?


–He observado que las mujeres somos mucho más sintomáticas que los hombres. Puede que sea porque estamos más atentas a nuestras sensaciones o porque somos más sensibles y proclives a "poner el cuerpo", algo que ve su máximo exponente en la maternidad. Sin que esto sea absoluto, y solo como tendencia, solemos tener más síntomas relacionados con el sistema endocrino, desajustes hormonales varios, o con el sistema inmune, enfermedades autoinmunes o cáncer, entre otras. Los hombres suelen padecer más trastornos del sistema cardiovascular o respiratorio.


–El cuerpo suele ser visto como un objeto a admirar o a consumir, rara vez se lo considera como un vehículo de malestares más profundos, ¿por qué es así?


–Pareciera haberse generado la creencia de que un "cuerpo perfecto" es sinónimo de una "vida perfecta", o su contrapartida, que sin un cuerpo considerado bueno es imposible tener una buena vida. Esta imagen ideal desafía valores sociales deseables como la aceptación de lo diferente, el respeto por las características personales y la apropiación de lo que cada etapa de la vida tiene para brindar. Estamos en una cultura que valora la juventud, la belleza, el "está todo bien" o el "no me vengas con pálidas", y suele dejar afuera realidades como el padecimiento y la muerte. Luego la vida misma se encarga de hacer contrastar a las personas con estos temas que lamentablemente no tienen la visibilidad necesaria. En mi libro trato de que los síntomas, las enfermedades, y los traumas en el cuerpo, derivados del maltrato y abuso de todo tipo, aumenten su presencia en el imaginario popular. De nada sirve negar o excluir lo que de todas maneras va a aparecer por la puerta menos esperada.


–Usted dice que cuando el cuerpo se enferma, nos está dando una señal de que algo no anda bien y reclama un cambio.¿Cómo incorporar esta mirada a la vida cotidiana, que exige estar siempre bien y medicarnos apenas aparece un síntoma?


–Si nos lo proponemos, todos podemos cambiar. Esa exigencia de estar siempre bien podemos desobedecerla y aceptar que estamos como podemos. Si no escuchamos lo que nuestro cuerpo nos pide, tarde o temprano empezará a hablar cada vez más fuerte y, cuando grite, puede que sea demasiado tarde. El poder está en nosotros, no en pastillas mágicas. Y con esto no quiero decir que no se tomen medicamentos si son necesarios, sino que además de eso algo tenemos que hacer nosotros para estar mejor.


El desequilibrio y la mesa


"Todos los estados patológicos pueden mejorarse a través de la alimentación", dice Susana Zurschmitten, licenciada en Nutrición, en el libro Alimentación para sanar. Nutrición del cuerpo, nutrición del alma (Editoral Albatros). "Siempre que se produzcan síntomas físicos de desequilibrio, hay herramientas dentro de nuestra alimentación cotidiana para ayudar a resolverlos o aliviarlos", plantea.


En el libro propone conocer los valores de los alimentos que ingerimos, pero no solo los nutritivos o energéticos sino aquellos que apelan a nuestros afectos que muchas veces quedaron registrados en ciertos rituales en torno a la comida o en ciertos platos.


"El cuerpo es noble. Cada cuidado que le demos nos lo devolverá en salud, energía, buena disposición, belleza", resume Zurschmitten. Porque la salud no está vista como ausencia de enfermedad sino como un estado que se traduce en energía, buena disposición y estado de ánimo, deseos de hacer, entre muchos otros aspectos que hacen a una vida mejor.

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Lunes, 14 Diciembre 2015 05:31

Grasas sí, grasas no

Grasas sí, grasas no

La autora cuestiona la idea de que una dieta sana es la que contiene un nivel de grasas bajo y tira abajo la pirámide alimentaria tal y como la hemos estudiado.


Las recomendaciones de investigadores, nutricionistas, etc., han variado cada cierto tiempo. Lo que hoy es "malo" mañana es "bueno", y viceversa. Pensemos en ejemplos como el pescado azul, los huevos, los frutos secos, etc.


El último cambio se acaba de publicar en la prensa: una información de la Federación Española de Nutrición, Alimentación y Die¬té¬tica (Fesnad) en un trabajo de revisión de la literatura científica de los últimos diez años de los efectos de las grasas sobre la salud, ha puesto en evidencia que un consumo moderado de quesos y demás productos lácteos, no desnatados, no afecta a las temidas cifras de colesterol de nuestro organismo. Esto sí que es una sorpresa, cuando llevan demonizando las grasas saturadas desde hace años.


Tal vez las costumbres de la sociedad norteamericana ya nos estaban dando pistas de que algo fallaba en las recomendaciones y las pirámides alimentarias al uso. Después de los consejos del Gobierno hacia la población de que eliminara todo lo posible de su dieta las grasas saturadas, la epidemia de obesidad, diabetes, resistencia a la insulina y enfermedades cardiovasculares no ha hecho más que aumentar.


¿De verdad eran las grasas saturadas la causa de todo esto? Tal vez deberíamos fijar nuestra atención en otro macronutriente masivamente consumido por la población estadounidense: los cereales refinados, en sus muchas variantes, que son recomendados como la parte más importante de nuestra ingesta de alimentos diaria en la pirámide alimentaria.


Ya en el año 2001, el doctor Walter C. Willett, de la Harvard Medical School y uno de los más reputados especialistas en nutrición mundiales, recomendaba un cambio en la pirámide alimentaria, dando la misma importancia en proporción a la ingesta de lípidos y a la de hidratos de carbono. No olvidemos que cuando consumimos grasas estamos ingiriendo vitaminas liposolubles como la A y la D, y moléculas esenciales para nuestro cuerpo, como el colesterol, la lecitina, etc.


Cómo distinguir las grasas


En los alimentos que consumimos encontramos tres tipos de ácidos grasos, dependiendo de la estructura química que tengan: grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas. La diferente estructura química lleva a una gran diferencia en sus propiedades físicas y su comportamiento en nuestro organismo.


Las grasas saturadas son sólidas a temperatura ambiente. Las encontramos en los productos animales como carnes de ternera, cordero, cerdo, etc. La manteca de cerdo o la mantequilla extraída de la leche son ejemplos de grasas saturadas. También algunos vegetales tienen grasas saturadas, como el cacahuete o el coco.


Con el aceite de coco también se han cambiado las recomendaciones. Como es una grasa saturada se desaconsejaba su uso, pero en culturas como la hindú, en la que se utiliza para cocinar, no se observan niveles más altos de colesterol que en la cultura occidental.


Así que todas estas grasas no son tan perjudiciales según las últimas afirmaciones científicas. Por descontado, estamos hablando siempre de consumos moderados. Se han demonizado estos alimentos, ahora eximidos de culpabilidad, mientras se nos ha estado recomendando el consumo de sustancias químicas con probados efectos secundarios (las llamadas estatinas) para bajar unos niveles de colesterol cuyo límite máximo cada vez se pone más bajo, a pesar de no haberse demostrado que causen enfermedades cardiovasculares en la población sana. Lo que sí está sobradamente demostrado son los efectos dañinos sobre la salud de los niveles demasiado bajos de colesterol.


Las grasas monoinsaturadas, por su parte, son sensibles a las temperaturas altas. Esto quiere decir que se convierten en productos tóxicos cuando se calientan demasiado. Un conocido ejemplo es el ácido oleico, que, por su fórmula química, es un omega 9, y lo encontramos en el aceite de oliva, en las nueces de macadamia y en los aguacates. Sobre el efecto beneficioso para la salud de estas grasas ya hace tiempo que hay consenso.


Las grasas poliinsaturadas son los componentes principales de las membranas celulares de nuestro organismo, así como las vainas de mielina de los axones nerviosos. Son grasas muy sensibles a las condiciones externas, líquidas a temperatura ambiente. Es el caso del aceite de girasol, soja, sésamo, lino, etc. Estos aceites se deterioran con más facilidad aún que el de oliva al calentarse. También los frutos secos y el pescado tienen abundantes ácidos grasos de este tipo. Y también a este grupo pertenecen los ahora famosos omega 3 y omega 6, ambos necesarios para el organismo. Sin embargo, actualmente la dieta occidental está claramente desequilibrada hacia un consumo demasiado alto de omega 6, que es proinflamatorio. Contienen más omega 6 (o derivados) que omega 3, que es antiinflamatorio, las carnes de animales alimentados con piensos, algunos frutos secos, los aceites de sésamo, maíz, girasol, soja, etc.


La panacea del omega 3


Los pescados en general, y el pescado azul en particular, son ricos en omega 3. Recordemos que no hace muchos años se desaconsejaba el consumo de pescado azul por ser muy graso. Desgraciadamente, en este momento, tenemos que ser prudentes con el consumo de pescado azul, pero no por su grasa, sino por su alto contenido en mercurio.


La carne de animales criados en libertad que se alimentan con hierba tiene una cantidad de omega 3 mucho más alta, ya que la hierba de los pastos es rica en esta grasa y los animales hacen este cambio metabólico de forma mucho más eficaz, mientras que los animales criados en granjas con pienso toman harinas de maíz y soja, ricas en omega 6. Es decir, un mismo alimento, la carne, puede contener porcentajes y tipos de grasas distintos en función de cómo se ha alimentado.


Las grasas modificadas o trans


Las llamadas grasas trans son grasas modificadas para ser más estables a las condiciones ambientales y así ser más duraderas cuando se utilizan en productos de bollería, alimentos precocinados, etc. Un ejemplo es la margarina, derivada del aceite de girasol, y transformada químicamente para ser sólida y estable, que nos han vendido durante años como la alternativa sana a la mantequilla.


Son productos extraños a nuestro metabolismo. Nuestro organismo no tiene las enzimas para desembarazarse de ellos, con lo cual se convierten en toxinas y se acumulan en nuestros tejidos grasos. En este caso, sí se ha encontrado la relación de estas grasas con los niveles más altos de colesterol.

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Jueves, 18 Junio 2015 06:39

Obscenos despilfarros

Obscenos despilfarros

ALAI AMLATINA, 17/06/2015.- Según Evangelii gaudium, la exhortación apostólica del papa Francisco, en la cultura predominante el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Y explica que una de las causas de esta situación es la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos sin problema su prevalencia sobre la persona y la sociedad. Pues bien, reconocido esto, podemos afirmar que una de sus principales consecuencias es el despilfarro irresponsable en distintas áreas de la vida. Hay despilfarro de alimentos, de agua, de energía. Despilfarro en los gastos militares, en la asignación de los fondos públicos, en la dinámica del motor capitalista que apuesta por una producción y consumo sin límite. Despilfarro en el mundo del deporte y la tecnología, y en el estilo de vida de los sectores y países ricos. Veamos algunos datos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calcula que el volumen mundial de despilfarro de alimentos ronda los 1,600 millones de toneladas y que solo un bajo porcentaje de los alimentos desperdiciados es compostado; una gran parte termina en los vertederos y representa un porcentaje elevado de los residuos sólidos urbanos. Asimismo, reporta que el volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician equivale al caudal anual del río Volga en Rusia, o tres veces el volumen del lago de Ginebra. En la producción de esos alimentos se usan 1,400 millones de hectáreas, equivalentes al 28% de la superficie agrícola del mundo. El monto en metálico del despilfarro de alimentos (excluyendo el pescado y el marisco) alcanza los 750 millones de dólares anuales.

Con respecto al despilfarro en gastos militares, los datos son escandalosos. Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, en 2014 los gastos militares en el mundo sumaron 1,747 billones de dólares. Los cinco mayores inversores en defensa fueron Estados Unidos, con 581,000 millones de dólares; China, 129,000 millones; Arabia Saudí, 81,000 millones; Rusia, 70,000 millones; y Reino Unido, 62,000 millones de dólares. En promedio, se estima que en el mundo se gastan unos dos mil millones de dólares por minuto en armas. Un dato obsceno si consideramos la precariedad en la que viven millones de seres humanos y la necesidad de paz mundial que demandan los pueblos.

Por otra parte, la académica española Adela Cortina denomina a la época actual como la "era del consumismo". Y explica que sociedad consumista no es lo mismo que una sociedad en la que todo el mundo consume, porque es lógico y evidente que toda la gente debe consumir para sobrevivir. Una sociedad consumista es aquella en la que se consumen bienes fundamentalmente superfluos. Si esto es así, la mentalidad consumista conduce al derroche inútil y pernicioso de recursos. De ahí la necesidad de propiciar estilos de vida orientados a reducir el nivel de consumo. El modelo despilfarrador se basa en la producción constante de nuevas necesidades, por ello la reducción del consumo de bienes superfluos es imprescindible para caminar hacia una sociedad sostenible en la que se pueda vivir mejor con menos tenencias. Es decir, la sencillez como alternativa para el futuro. O dicho en palabras de Mahatma Gandhi, "necesitamos vivir simplemente para que otros puedan simplemente vivir".

Otro despilfarro ofensivo es la del ámbito del fútbol entre los equipos con presupuestos millonarios. Según World Soccer World, en 2014, el salario anual de los 10 jugadores mejor pagados ascendió a más de 300 millones de dólares. Con ese dinero se podría financiar, por ejemplo, dos presupuestos del pago de pensiones en El Salvador (actualmente, el monto anual es de 128 millones de dólares). También el derroche de fondos públicos en obras de infraestructura o programas de inversión social mal planificados y administrados que terminan siendo fuente de corrupción. Derroche ofensivo es, además, el mostrado por las personas más ricas del mundo, que gastan parte de sus fortunas en extravagancias.

Ahora bien, la pregunta ineludible es ¿cómo contrarrestar la cultura del derroche y propiciar procesos de una nueva cultura de solidaridad y austeridad? Esto es, cómo cambiar la competitividad individualista por la cooperación competente y cordial; la acumulación excluyente de la riqueza por el acceso equitativo a los bienes que garanticen la satisfacción de las necesidades fundamentales; el consumismo sin límites por el uso racional de los recursos. En definitiva, cómo pasar del afán egocéntrico al espíritu de concordia. Citamos dos textos que en su momento fueron críticos y propositivos en este sentido, y que siguen siendo de actualidad en lo que respecta a valores que propicien un nuevo estilo de vida.

El primero es de Robert Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy, quien en un conocido discurso en la universidad de Kansas, en 1968, planteó la diferencia entre el producto interno bruto y la felicidad interior bruta:

Durante demasiado tiempo parecía que habíamos cambiado la excelencia personal y los valores de la comunidad por la mera acumulación de cosas materiales. Nuestro producto nacional bruto (...) cuenta la contaminación del aire y la publicidad de los cigarrillos, y las ambulancias que borran la carnicería de nuestras carreteras. Cuenta las cerraduras especiales para nuestras puertas y las cárceles para las personas que las rompen. (... ) Cuenta el napalm y cuenta las ojivas nucleares y los coches blindados de la Policía para luchar contra los disturbios en nuestras ciudades (...) A pesar de ello, el producto nacional bruto no permite medir la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación o la alegría de su juego. No incluye la belleza de nuestra poesía o la fortaleza de nuestros matrimonios (...) Tampoco mide ni nuestra inteligencia ni nuestro valor, ni nuestra sabiduría ni nuestro aprendizaje, ni nuestra compasión ni nuestra devoción a nuestro país; en definitiva, mide todo, salvo lo que hace que la vida valga la pena.

El segundo texto es de Ignacio Ellacuría, quien al proponer un cambio radical de civilización que vaya a la raíz de los problemas y en dirección contraria al orden dominante, habla de una civilización "donde la pobreza ya no sería la privación de lo necesario y fundamental debido a la acción histórica de grupos, clases sociales o naciones, sino un estado universal de cosas en que estén garantizadas la satisfacción de las necesidades fundamentales, la libertad de opciones personales y un ámbito de creatividad personal y comunitaria que permita la aparición de nuevas formas de vida y cultura, nuevas relaciones con la naturaleza, con los demás hombres, consigo mismo y con Dios. [Una civilización] que realmente da espacio al espíritu, que ya no se verá ahogado por el ansia de tener más que el otro, por el ansia concupiscente de tener toda suerte de superfluidades, cuando a la mayor parte de la humanidad le falta lo necesario. Podrá entonces florecer el espíritu, la inmensa riqueza espiritual y humana de los pobres y los pueblos del Tercer Mundo, hoy ahogada por la miseria y por la imposición de modelos culturales más desarrollados en algunos aspectos, pero no por eso más humanos".

Por Carlos Ayala Ramírez, director de radio YSUCA, El Salvador

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Francia prohíbe la venta libre del Roundup, herbicida estrella de Monsanto

La ministra francesa de Ecología, Ségolene Royal, anunció este domingo la prohibición de la venta libre a particulares del Roundup, herbicida estrella de Monsanto, para luchar contra los efectos nefastos de los pesticidas.


Francia debe encabezar la ofensiva para el final de la utilización de pesticidas en los jardines, dijo la ministra en la cadena France 3. He pedido que se deje de poner en venta libre el Roundup de Monsanto, gigante estadunidense de biotecnología agrícola, señaló la ministra.


El Roundup volvió a estar en el centro de la actualidad después de que, en marzo, el glifosato, su principio activo, fue considerado cancerígeno probable para el hombre, pese a que las pruebas son limitadas, por el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (CIIC) con sede en Lyon, en el centro-este de Francia.


Fue precisamente en marzo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que el glifosato probablemente sea cancerígeno, por lo que también en Colombia el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, pidió que se dejara de utilizar el herbicida. El presidente de ese país, Juan Manuel Santos, llevó a su vez esa petición al Consejo Nacional de Estupefacientes, organismo que aprobó a mediados de mayo la suspensión del polémico pesticida contra los cultivos de la hoja de coca.


El glifosato se empleó durante más de 20 años en los programas antinarcóticos de cultivos por aspersión de Colombia con el patrocinio de Estados Unidos, incluso a pesar de las constantes protestas de los agricultores del país sudamericano de que esas fumigaciones aéreas destruían campos enteros de café y de otros productos legales.


Ecuador saludó la decisión de Colombia de no utilizar el herbicida glifosato en las aspersiones aéreas para la erradicación de cultivos de hoja de coca, a raíz de las advertencias sobre sus posibles efectos nocivos para la salud. Previamente, el gobierno de Estados Unidos dijo que respetaba la decisión colombiana y legisladores demócratas también expresaron su apoyo.

El gusto por la cocina facilitó la aparición del cerebro humano

El cerebro es una herramienta muy útil, pero muy cara de mantener. Se suele estimar que, aunque solo constituye el 2% de la masa del cuerpo, consume el 25% de la energía. En reposo, este órgano gasta casi diez veces más que el músculo. Esa característica ha hecho necesario buscar explicaciones a los mecanismos que utilizó la evolución para hacer posible la expansión del cerebro, que ha doblado su tamaño desde hace algo más de dos millones de años, cuando se sitúa la aparición de los primeros humanos.


Un problema fundamental es la alimentación. Para explicar el origen de la gran cantidad de energía necesaria para alimentar el cerebro humano, algunos investigadores, como el español Manuel Domínguez-Rodrigo, han apuntado a una dieta cada vez más carnívora. Otros, sin embargo, consideran que la carne sola no resolvería el problema.


Richard Wrangham, profesor de antropología biológica de la Universidad de Harvard (EE UU), estima que, si comiésemos como los chimpancés, necesitaríamos cinco kilos de alimento diario para sobrevivir. Además, procesar toda esa comida, en la que se incluyen frutas y algunos animales pequeños, requeriría pasar seis horas diarias masticando. En su opinión, el cambio que habría liberado la energía necesaria de la comida es la cocina. Pasados por el fuego, los alimentos se vuelven más fáciles de digerir y en la misma cantidad que crudos dejan más calorías en el organismo


La semana pasada, Félix Warneken, Alexandra G. Rosati, de las universidades de Harvard y Yale (EE UU), publicaron los resultados de un estudio que sugiere que el germen de la capacidad para cocinar habría aparecido hace más de seis millones de años, cuando vivió el último ancestro común entre los humanos y el chimpancé, nuestro pariente más cercano. En un grupo de experimentos con chimpancés, mostraron que estos animales prefieren la comida cocinada a la cruda, entienden lo que sucede con la comida cruda cuando se cocina y pueden aplicar ese conocimiento en distintos contextos, y son capaces de guardar o arriesgar comida cruda a cambio de tener la oportunidad de cocinarla para comérsela después.


Este gusto por la comida cocinada y la capacidad para entender cómo se produce habría permitido que los humanos comenzasen a pasar sus alimentos por el fuego poco después de controlarlo. Pese a esta tendencia, el problema para la hipótesis de Wrangham se encuentra en la dificultad para encontrar pruebas definitivas del uso del fuego hace casi dos millones de años, cuando comenzaron los cambios que permitieron la aparición de los humanos modernos. Muchos antropólogos consideran que no existen evidencias fiables de dominio del fuego hasta hace medio millón de años, otro momento en el que se observa un salto adelante en la evolución del tamaño cerebral. Para ellos sería posible que el aumento del consumo de carne facilitase la primera revolución y la cocina de los alimentos, la segunda.


Algunos hallazgos recientes, como los realizados en la cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica, indican, no obstante, que los humanos de hace más de un millón de años, probablemente Homo erectus, ya utilizaban el fuego, aunque no es sencillo determinar si eso significaba que eran capaces de dominarlo o mantenían fuegos obtenidos de fuentes naturales.


Una incorporación antigua de la cocina sería una manera de explicar cómo fue posible la transformación física de los humanos que protagonizaron los erectus. La dieta más fácil de procesar habría permitido una reducción en el tamaño de los colmillos y la longitud del intestino, liberando energía para cebar un cerebro en crecimiento.


Sin embargo, el fuego no es lo único que diferencia la dieta humana de la de los chimpancés. En una época de crisis, cuando los cambios climáticos transformaron los bosques tropicales en los que vivían los ancestros humanos en regiones de sabana, se produjeron innovaciones que cambiarían el rumbo evolutivo de aquellas especies de primates. Entre otras cosas, las proteínas de origen animal ganaron espacio en la dieta, a través de la carroña y, luego, de la caza, pero en general se añadieron fuentes diversas de alimentos energéticos. El uso de herramientas, que también se empezó a generalizar en aquel tiempo, ayudaría a sustituir los grandes aparatos digestivos y el tiempo necesario para masticar la comida necesaria para sobrevivir. En un estudio publicado en PNAS, Wrangham y otros colaboradores calcularon el tiempo que los chimpancés, los humanos y algunas especies extintas pasaban cada día masticando y comiendo. Los chimpancés ocupan en estos menesteres el 48% de su tiempo frente al 4,7 estimado para los humanos. Una especie extinta como el Homo erectus empleaba el 6,1% de su tiempo a masticar y comer y los neandertales llegaban al 7%.


Esta liberación de tiempo y energía, además de facilitar cambios físicos habría tenido consecuencias sociales. Eudald Carbonell, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y codirector de los yacimientos de Atapuerca, considera que el control del fuego y su aplicación a la cocina fue relevante para el crecimiento del cerebro humano. Sin embargo, recordando que los grandes cambios evolutivos no suelen tener una explicación única y simple, considera que el papel más relevante del fuego en la humanización "fue sobre todo la introducción del lenguaje". En su opinión, esta herramienta con la que se construyó la sociedad surgió alrededor del fuego y fue "el lenguaje el factor fundamental que impulsó el crecimiento del cerebro".

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Miércoles, 18 Febrero 2015 06:16

Riesgos de la sequía

Riesgos de la sequía

La aceleración del cambio climático y su impacto sobre la producción agrícola implica que se necesitarán profundas mutaciones sociales en las próximas décadas para alimentar la creciente población mundial, alertaron investigadores en una conferencia científica anual.


Según los científicos, la producción alimentaria deberá duplicarse en los próximos 35 años para abastecer la población mundial de 9000 millones de habitantes en 2050, contra 7000 millones en la actualidad.


Alimentar al mundo "implicará algunos cambios en términos de minimizar el factor climático", dijo el estadounidense Jerry Hatfield, director del Laboratorio Nacional para la Agricultura y el Medio Ambiente. La volatilidad de las lluvias, las frecuentes sequías y el incremento de las temperaturas afectan los cultivos de granos, por lo que se deberá adoptar medidas, afirmó, durante la reunión anual de la asociación estadounidense para el avance de la ciencia.


"Si se evalúa la producción desde el 2000 al 2050, básicamente deberíamos producir la misma cantidad de alimentos que produjimos en los últimos 500 años", pronosticó. Pero globalmente, los niveles de uso de la tierra y la productividad continuarán degradando el suelo, advirtió.


"En lo que respecta a la proyección para el Medio Oeste (de Estados Unidos), estamos convencidos de que las temperaturas se incrementarán bastante", afirmó Kenneth Kunkel, climatólogo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estadounidense, refiriéndose a la región cerealera del centro del país.


Kunkel estudió el impacto del calentamiento global en el Medio Oeste, donde la mayor amenaza para la seguridad alimentaria es la sequía. La probabilidad es alta de que esa región registre la peor sequía en el siglo XXI de las que se produjeron en el último milenio, lo que constituye una amenaza directa para los habitantes del área, alertaron científicos en la apertura de la conferencia, celebrada en San José, California.


El cambio climático se está produciendo tan rápidamente que los seres humanos pronto enfrentarán una situación sin precedentes, dijo Kunkel.


Pero James Gerber, un experto agrícola de la Universidad de Minnesota, dijo que reducir el desperdicio de alimentos y el consumo de carnes rojas ayudaría. La reducción del número de cabezas de ganado disminuye el impacto ambiental, incluidas las emisiones de metano, un potente gas que produce el efecto invernadero.


Gerber dijo que los científicos identificaron "tendencias bastante preocupantes" como la disminución global de las reservas de granos, que brindan a la sociedad una importante red de seguridad.


El científico también expresó su preocupación sobre el hecho de que la mayoría de la producción de granos está concentrada en áreas vulnerables al calentamiento climático. Gerber no descartó un mayor uso de los organismos genéticamente modificados (OGM) como medio de incrementar la disponibilidad de alimentos.


Paul Ehrlich, presidente del Centro para la Conservación Biológica de la Universidad de Stanford, consideró que el problema requiere "un real cambio social y cultural en todo el planeta". "Si tuviéramos 1000 años para resolverlo estaría muy tranquilo, pero podríamos tener 10 o 20 años" solamente, advirtió.

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"Es fundamental reeducar lo que comemos y cómo lo comemos"

Llenar la nevera, más allá de calmar estómagos, puede resultar a veces un práctico ejercicio para remover consciencias. Esta es en parte la sensación que queda después de leer 'El negocio de la comida' (Icaria, 2014), un exhaustivo ensayo de la periodista e investigadora Esther Vivas, que desgrana una a una las devastadoras y en la mayoría de casos ignoradas consecuencias de nuestros hábitos de alimentación. Desde la especulación en el precio de los alimentos básicos como el trigo o el arroz, hasta las condiciones laborales de las agricultoras... un recorrido de la tierra al plato por el que la autora denuncia los impactos que el sistema del agronegocio tiene sobre la sociedad, la economía, la salud, el medio ambiente, la igualdad o la pobreza, y en el que, pese al panorama desesperanzador, se exponen modelos de alternativas viables.


En 'El negocio de la comida' denuncia todas las consecuencias que arrastra un sencillo alimento. Después de leerlo da la sensación de que uno no puede salir a comprar sin contribuir a empobrecer ciertos países, contaminar el medio ambiente, enriquecer a especuladores o enfermarse... ¿De verdad es posible un consumo de alimentos responsable?


Evidentemente cuando uno analiza en profundidad el modelo agroalimentario y mira a las entrañas de ese sistema dominado por la agroindustria y los supermercados, a veces puede generar una situación de impotencia por los impactos tan negativos. Desde mi punto de vista lo que es fundamental es tener la información. Tener otras miradas de este sistema agroalimentario y a partir de ahí poder forjar un criterio propio para, a partir de la información, poder pasar a la acción. Necesitamos datos para poder decidir por nosotros mismos. El libro trata de analizar en profundizar la cara oculta de este modelo agroalimentario para indignarnos y poder plantear alternativas al mismo.

Da la impresión, por la dimensión de lo que cuenta, que un cambio de modelo tardaría mucho en llegar...
Yo creo que se pueden empezar a cambiar las cosas aquí y ahora. Una vez conocí a una persona que me decía que cuanto más conocía el funcionamiento de los supermercados y la gran distribución, menos compraba en ellos. Nuestra toma de conciencia implica cambios en nuestra vida cotidiana, siempre en función de nuestras inquietudes e intereses, claro. Pero los cambios, otras prácticas en el consumo, se pueden muchas de ellas llevar a cabo y de hecho muchas ya funcionan. Experiencias de grupos, cooperativas de consumo, huertos urbanos o el consumo ecológico son iniciativas en auge hoy en día y que demuestran que otros modelos son posibles.


En su libro señala un beneficiario claro del mercado alimentario: las multinacionales y grandes empresas. Es innegable su responsabilidad, pero ¿Qué hay de los Gobiernos? ¿Por qué no se están haciendo las normativas adecuadas?
En definitiva lo que vemos es que la administración actúa al servicio de los intereses del agronegocio y de los supermercados. La dinámica de puertas giratorias que vemos en otros ámbitos como el energético, también se dan en la agricultura y la alimentación. Sin ir más lejos, la actual directora de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, la señora Ángela López de Sá y Fernández, estuvo durante diez años en la directiva de Coca Cola. Hay un claro conflicto de intereses pues, entre quien está al frente de una agencia que tiene que cuidar de nuestra seguridad alimentaria y que viene de una empresa privada que utiliza algunos aditivos alimentarios en sus productos que dejan mucho que desear.
¿Y al resto de la sociedad, nos importa lo que comemos?

Lo que vemos en el contexto de crisis del sistema político y económico es que a pesar de que tomamos conciencia de la supeditación de las políticas sociales y económicas a los intereses de la banca y el poder económico, no sucede lo mismo con el análisis que hacemos de lo que comemos y cómo lo hacemos. La lógica que impera en las políticas de vivienda, por ejemplo, con el apoyo de la mayor parte de la clase política actual, es la que también se da en las políticas agroalimentarias. En definitiva se mercantilizan derechos y necesidades básicas, ya sean viviendas, salud, educación o alimentos.

Muy a menudo se señala a EEUU cuando hablamos de hábitos de alimentación poco saludables. En España siempre se ha aplaudido la dieta mediterránea. Es un país donde a las cadenas de comida rápida les cuesta más asentarse, no gustan tanto. Sin embargo los índices de obesidad infantil no dejan de crecer. Un 20% de los niños españoles son obesos. ¿Qué está pasando en España?

La dieta mediterránea se ha visto sustituida poco a poco por un modelo de alimentación fast food, con azúcares añadidos, grasas saturadas y alimentos procesados que tienen un impacto en nuestra salud. Además esto se ha agudizado con la crisis económica, en la que la pérdida de poder adquisitivo de muchas familias ha llevado a gastar más en comida, pero a comer menos y de peor calidad. Varios estudios evidencian cómo alimentos congelados, bollería, etc, han aumentado su consumo en los últimos años de crisis.

Esto es curioso, porque, aunque la carne y el pescado sí son más caros, otros muchos productos no. Un paquete de lentejas, por ejemplo, es más barato y alimenta a más personas, además de ser más sano, que una pizza congelada.
Sí, yo creo que aquí hay dos elementos. En primer lugar si cogemos una cesta de la compra más saludable, donde no sólo haya fruta y verdura, sino también pescado, carnes, leche, etc. y lo comparamos con una cesta de productos congelados, con bollería y tal, ésta sale más barata, según un informe reciente en Reino Unido.

Pero sí que es cierto que se podría comer bien gastando menos. Lo que pasa a menudo es que no sabemos, no nos han enseñado a cocinar ni a comer de una manera saludable. Y muchas veces hay una tendencia a comprar alimentos procesados porque consideramos que son mejores y porque son los más fáciles y rápidos de comer. Desde este punto de vista, yo creo que es fundamental una cierta reeducación de lo que comemos y cómo lo comemos.


Aquí se ve también una clara cuestión de clase social vinculada a nuestra alimentación. En general, las familias con menos recursos tienden a tener una alimentación de menor calidad, por una cuestión económica, pero también por un elemento educativo, cultural, de no valorar la alimentación.

Sin embargo la gastronomía vive un momento álgido. Por todos lados hay programas y concursos televisivos sobre cocina, blogs de recetas, guías de restaurantes, rutas y ferias. Cocinar está de moda... ¿Esto puede ayudar a cambiar los hábitos de una sociedad?

Bueno, se han puesto de moda unos determinados shows culinarios, pero que se quedan en el espectáculo y no profundizan en la educación y en unos criterios saludables para nuestra alimentación. Pero sí que es cierto que en la sociedad ha ido creciendo el interés por preguntarse qué comemos, o en apostar por una alimentación de más calidad, pero acostumbra a ser un interés de determinadas clases sociales, con personas con determinados estudios, que tienden a invertir y a apostar por una comida de calidad, pero no es una tendencia que llegue al conjunto de la población. Porque depende más de una inquietud individual que de unas políticas activas por parte de la administración. El reto está en que este cuestionamiento del modelo agroalimentario que empieza a aflorar en algunos sectores sea accesible al conjunto de la población, fruto de unas políticas que promocionen comer bien.

Una propuesta: imaginémonos que todos los comedores colectivos públicos apuestan por una alimentación ecológica, de proximidad campesina, en las escuelas, universidades, centros de salud, hospitales, etc. Todo esto nos permitiría no sólo comer bien, sino reactivar todo el sistema productivo campesino a escala nacional y por lo tanto sería una apuesta tanto a nivel social como económica.


En su libro, para explicar todos los factores que influyen en nuestra alimentación y sus alternativas, pasa por los movimientos feminista y ecologista y por otros movimientos ciudadanos y de soberanía popular. ¿No se entienden los unos sin los otros para un cambiar lo que comemos y cómo comemos?


Bueno, la mercantilización de lo que comemos es sólo un ejemplo más de cómo el sistema capitalista convierte nuestras necesidades en privilegios y en objeto de negocio por parte de unas pocas empresas. Es fundamental enmarcar la demanda de otros hábitos de consumo en un cuestionamiento global del sistema. De aquí que las alianzas del movimiento por la soberanía alimentaria, por el comercio justo, por un mundo rural vivo, es imprescindible que se unan con otros actores sociales para un cambio de rumbo de este sistema.


También es cierto que ha surgido un nuevo mercado en torno a lo alternativo. Vemos con frecuencia productos etiquetados como "justos" o "ecológicos". ¿Hay trampa?


Lo que vemos es que el capitalismo, los supermercados, las grandes empresas se visten de verde y de solidario si esto les cubre determinado nicho de mercado o les permite una estrategia de márquetin empresarial. Pero que pongan en sus estantes, o que abran líneas de productos ecológicos o de comercio justo, no implica una transformación o un cambio de estas políticas. No se trata de comprar sólo un producto etiquetado como ecológico o como justo, sino que tenga un componente de transformación social añadida. Hay productos etiquetados como ecológicos pero que igual vienen de América Latina, ¿Dónde está la justicia ecológica con un producto que tiene miles de kilómetros a sus espaldas, a pesar de que su cultivo sea libre de agroquímicos?

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