Miércoles, 07 Noviembre 2012 06:30

El ABCD de la crisis alimentaria

El ABCD de la crisis alimentaria

Hace unas semanas, coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, se nos alertó de una nueva subida de precio de los alimentos, con repercusiones que ya se contabilizan en los registros funerarios de los países más vulnerables, sobre todo en el Sahel. El argumento difundido, las malas cosechas que tuvo la agroindustria este año en Estados Unidos, ya sabemos que es mitad mentiroso, mitad incompleto y, por suerte, la información se nos amplía y las verdaderas causas afloran: el precio de la materia prima sube –como en las anteriores crisis alimentarias– (a) por las grandes cantidades de cereales que se destinan a elaborar combustibles (¿recuerdan hace seis y siete años, cuando se advirtió de los inconvenientes de esta nueva tecnología?); (b) por la especulación que de las futuras cosechas se hace en las bolsas financieras, y (c) –esto es más novedoso– por la cada vez mayor cantidad de tierra fértil que está pasando de las manos campesinas al patrimonio de bancos, empresas y fondos de inversión.

 

¿Quién está en todos esos negocios a la vez? ¿Quién hay detrás de la carne, del pan, de la pasta, de la leche… y no lo sabemos? ¿Quién tiene en el mismo local estanterías repletas de agrocombustibles hechos de maíz, lineales con piensos de soya para el engorde de animales y, un pasillo más allá, una mesa con un gestor que ofrece pensiones ligadas a la compra de hectáreas en Etiopía o bonos financieros referenciados al precio del trigo? Los cuatro “compro, vendo y especulo” de la comida a los que me refiero son, por este orden: ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus, conocidos por sus iniciales como los ABCD de la comercialización de materia prima. Cuatro empresas con sede en Estados Unidos que, si inicialmente consiguieron dominar y controlar el mercado mundial de los granos básicos, cereales y leguminosas, han ido ampliando en los últimos años sus negocios a estas nuevas áreas.

 

Son cuatro establecimientos, cuatro bazares, como esos que tienen todo lo que puedas imaginar y lo que no. Desde una jarra con forma de vaca para servir la leche por sus ubres de cerámica al siempre imprescindible cazamariposas entre la estantería de ropa íntima y las útiles llaves de ferretería o sacos de tierra de jardín. Sólo hay una diferencia: mientras en tiempos de crisis estos universos de barrio padecen la crisis como cualquier otro negocio, los ABCD de la comida, cuatro empresas monstruosas nacidas y crecidas en el regazo de mamá capitalismo y papa desregulación, ganan todo el oro del mundo diciendo que fabrican comida cuando en realidad lucran hambreando a millones de seres humanos. Y lo hacen desde la invisibilidad.

 


Es muy difícil sumergirse en las entrañas de estas empresas y sus infinitas subsidiarias, pero hay dos cosas obvias. Primera, si entre ellas cuatro controlan, como es el caso, ¡90 por ciento! del mercado mundial de cereales; si el mercado no tiene ninguna regulación (ni aranceles o cuotas de importación/exportación, ni reservas públicas de cereales, ni políticas de precios), y si las pocas normas que se dictan son supervisadas por las propias ABCD, es fácil deducir que son sus decisiones las que verdaderamente marcan el precio de dicha materia prima y, por lo tanto, de todos los alimentos que incluyen arroz, trigo, maíz, etcétera. Segunda, si las ABCD (junto con algunas entidades financieras) han degustado los brutales beneficios que les genera especular con la comida y la tierra de cultivo, como sangre para vampiros, seguirán chupando del hambre de los demás si nadie les pone coto. Dreyfus, por ejemplo, ha creado su propio instrumento de inversión Calyx Agro Ltc, para “obtener beneficios del creciente sector del agronegocio y del potencial de apreciación de la tierra, adquiriendo tierras que actualmente se explotan con baja tecnología o que se utilizan para el pastoreo”.

 

Las últimas crisis alimentarias han permitido que en la sociedad civil conociéramos y denunciáramos cómo la comida y la tierra se han hecho objetos de especulación. El foco se ha centrado en los bancos y sus actividades en los mercados financieros ligados a los alimentos, con campañas publicitarias del tipo “el negocio de alimentar el mundo” que han merecido todo el rechazo de la sociedad. Aunque el papel que juegan los ABCD es complejo y lejano, debemos tomar conciencia por su importancia en el precio de las materias primas. Por parte de los movimientos campesinos, en cualquier caso, la respuesta que ha llegado ha sido clara: soberanía alimentaria. También ahora hay que responder. Lo que necesitamos no son normas para que las ABCD ganen menos dinero: lo que se requiere son políticas en favor de la soberanía alimentaria para que la alimentación, que no es una mercancía, nos llegue de muchas, pequeñas y humanas agriculturas.

 

De todo un abecedario alimentario.

 


Por Gustavo Duch, Coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas

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Sábado, 08 Septiembre 2012 07:08

Comida que calienta

Comida que calienta
Dos de las mayores crisis planetarias que vivimos, la crisis alimentaria y la crisis climática, tienen como causa principal el sistema alimentario agroindustrial: desde la agricultura y pecuaria industrial a los supermercados forman una cadena que oprime a la gente y exprime al planeta, con Monsanto firmemente tirando de un extremo y Walmart del otro. México es un triste ejemplo de ello (Ver Comer o no comer ¿quién decide? La Jornada, 25/8/12)


El papel de esta cadena en provocar el caos climático es fundamental, pero como esta realidad es muy diferente de lo que nos dice la propaganda empresarial, muchos se preguntan en qué se basan estas afirmaciones. Una referencia obligada es el documento de Grain Alimentos y cambio climático, el eslabón olvidado (www.grain.org), que da cuenta de las principales entre más de 350 fuentes de las que parten.


La mayoría de los estudios oficiales –desde el Informe Stern del Reino Unido al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y otras instituciones– ubican a la agricultura industrial –a gran escala, en monocultivo, con alto uso de insumos (fertilizantes, agrotóxicos, semillas híbridas o transgénicas)– como causante de 11 a 15 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), dándole el tercer o cuarto lugar entre los factores causantes del cambio climático.


Sin embargo, esto no refleja la totalidad del problema, porque el sistema alimentario agroindustrial está directamente relacionado a porcentajes importantes de otros grandes factores identificados como causantes del cambio climático (transportes, producción de energía, deforestación).


La deforestación y cambio de uso de suelo, a lo que se atribuye hasta 20 por ciento de la emisiones de GEI globales, se debe entre 70 y 90 por ciento a la expansión de la frontera agrícola, que invade sabanas, cerrados, bosques y humedales para instalar monocultivos industriales de commodities controladas por trasnacionales, como soya, caña de azúcar, palma aceitera, maíz industrial y canola. Por tanto, entre 15 y 18 por ciento de las emisiones adjudicadas a deforestación son en realidad parte del sistema agroindustrial.

Otro factor es la gran cantidad de transportes que exige ese sistema alimentario, desde el traslado de cosechas a depósitos centralizados, a centros de procesamiento, puntos de distribución, venta y además una enorme cantidad de desplazamientos internacionales de alimentos que en su mayoría son innecesarios, pero se hacen por el lucro que obtienen las corporaciones comprando barato en un país y vendiendo caro en otros, o vendiéndonos caro el lujo de comer cualquier producto fuera de temporada en cualquier parte del mundo. Grain calcula que 5-6 por ciento de los gases debidos a transportes se deben al sistema alimentario.

Otro 8-10 por ciento lo atribuyen, basados en numerosos datos, a la industria de procesamiento y empacado de alimentos, 1-2 por ciento a la energía para refrigeración y otro 1-2 por ciento a la venta en almacenes. Por tanto, el procesamiento, empacado y venta al menudeo de alimentos es responsable de entre 15 a 20 por ciento adicionales de emisiones de gases de efecto invernadero.


Esta forma de producción, distribución y consumo industrializado produce un desperdicio de comida gigantesco: desde los establecimientos agrícolas a los procesadores, distribuidores y comerciantes, se estima que ¡la mitad de la comida se desecha! Esto, muestra Grain, sería suficiente para alimentar seis veces a todos los hambrientos del mundo. La mayor parte de esa comida desperdiciada se descompone en basureros. Según informes oficiales, de 3 a 5 por ciento de las emisiones de gases proviene de grandes basureros urbanos. El 90 por ciento de esos gases se debe a descomposición de alimentos.


Resumiendo, el sistema alimentario agroindustrial es responsable de emisión de gases de efecto invernadero de entre 11-15 por ciento por agricultura industrial, 15-18 por ciento por deforestación, 15-20 por ciento por transportes, procesamiento, empacado, refrigeración y venta en supermercados y 3-4 por ciento por descomposición de alimentos que van a parar a los basureros. En suma es responsable por entre 44 y 57 por ciento de las emisiones que provocan el cambio climático. Otros estudios sobre las emisiones de la cría intensiva de animales –no desglosados en los datos anteriores– sitúan los porcentajes en la franja superior.


Además, la agricultura industrial usa (y contamina con agrotóxicos) 70 por ciento del agua potable global. De lo que queda, entre sólo cinco corporaciones del sistema alimentario global –Danone, Nestlé, Unilever, Anheuser-Bush y Coca Cola– consumen, privatizando de facto, suficiente agua para satisfacer los requerimientos domésticos diarios de agua de cada persona en el planeta.


Paradójicamente, esta cadena agroindustrial ni siquiera da de comer a la mayoría: el 70 por ciento de la población del mundo se alimenta gracias a lo producido por campesinos y agricultores familiares, indígenas, recolectores, pescadores artesanales, huertas urbanas. (Ver “Quién nos alimentará?”, Grupo ETC, www.etcgroup.org ).


Las alternativas existen y están a la mano: salir de la cadena agroindustrial, apoyando y fortaleciendo la red alimentaria campesina, la producción culturalmente diversa y descentralizada, sin tóxicos, los mercados locales. Así además se pueden reconstituir los suelos, el mayor factor de absorción y retención de carbono del planeta.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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“Segunda revuelta juvenil” que viene: se profundizan crisis alimentaria y financiera
La peor sequía en Estados Unidos en el reciente medio siglo ha destruido la sexta parte de su cosecha de maíz, lo que ha provocado una hiperinflación alimentaria, cuando se agrava la crisis financiera a ambos lados del Atlántico del norte y los precios altos del petróleo resisten ser abatidos (Financial Times, 11/8/12).

El impacto ha alcanzado a los procesadores de alimentos, que incluyen Nestlé, Kraft y Tyson, “los que ya advirtieron que le trasladarán (sic) los altos precios a los consumidores”.

Los gobernadores demócratas de Delaware y Maryland “urgieron a la Casa Blanca a renunciar al mandato gubernamental de mezcla de etanol, debido al subabastecimiento de maíz”.

El alza de los precios alimentarios “revivió las memorias de la crisis 2007/2008”, que “desencadenó revueltas en más de 30 países (¡súper sic!), desde Bangladesh hasta Haití”.

La tesis nodal de mi reciente libro coloca El detonador alimentario global (subtítulo) como principal causante de Las revoluciones árabes en curso” (título).

La crisis multidimensional provocada por la especulación financiera de los 13 banksters en Wall Street y La City (agudizada por el narcolavado de la banca israelí/anglosajona y su obsceno financiamiento al teledirigido “terrorismo global” disfrazado de jihadista/Al Qaeda) se ha gangrenado en todos sus componentes: financiero, económico, alimentario, energético, sociopolítico y, más que nada, civilizatorio.

Hoy se repite la segunda vuelta de 2007/2008, lo cual se agrava con los tambores de guerra de Israel contra Irán en una atmósfera que rememora “1914”, como advirtió el almirante estadunidense James G. Stavridis, comandante de la OTAN para el sector europeo (SACEUR): “Estamos en 1914 (¡súper sic!) y no sabemos qué va a pasar en 1914, y no podemos hacer nada (sic)”, cuando los eventos deciden y los gobernantes han perdido el control (Dedefensa.org, 5/8/12). ¡Uf!

Ha sido un verdadero milagro que no haya estallado aún la tercera guerra mundial (“cuarta” para los halcones del CPD; ver Bajo la Lupa, 5/8/12) en el estrecho de Ormuz, principal fractura tectónica de la geopolítica, mientras Estados Unidos asfixia a China en sus territorios marítimos.

La crisis multidimensional desencadenó la primera revuelta juvenil del siglo XXI: desde OccupyWallStreet (acusados por Bill Kristol de “antisemitas”), pasando por los “indignados” europeos, hasta #YoSoy132. Hoy el agravamiento de la crisis multidimensional es susceptible de profundizar la revuelta juvenil global.

Los precios del trigo también se dispararon debido a la sequía en varias regiones del mundo y a las elevadas temperaturas: Rusia, Kazajstán, Australia, Argentina y China.

Un estudio del MIT demuestra que la hiperinflación alimentaria y la elevación de la temperatura afectan más el crecimiento económico de los países en vías de desarrollo que a los países desarrollados (beyondbrics, 13/8/12).

México es el segundo mayor importador de maíz, después de Japón. Según el Financial Times (13/8/12), “un mercader (sic) en México realizó la mayor compra de maíz de Estados Unidos desde 1991: 1.5 millones de toneladas”. ¿Quién será el agraciado “comprador comercial (sic)”, cuando México exhibe su mayor sequía en siete décadas, con la consecuente alza estratosférica de productos alimentarios? ¿Quién estará haciendo negocio con el hambre de México?
Desde el alucinante SAM (Sistema Alimentario Mexicano) de Casio Luiselli, funcionario de López Portillo, hasta el aciago Congreso saliente (que solamente rota a sus inmutables líderes) –que aprobó la conversión de maíz al etanol–, el binomio cogobernante PRIAN ha despedazado la agricultura durante 32 años, ha puesto al borde de la hambruna a los pletóricos miserables de México y ha colocado en peligro su alimento básico: la tortilla (Bajo la Lupa, 23/4/08; 1 y 7/8/10). En su momento critiqué que el disfuncional Congreso prianista deseaba que los mexicanos comiésemos motores en lugar de tortillas, debido a la demencial aprobación de transformar el maíz en etanol.

A propósito, Manuel Sánchez González, miembro de la junta de gobierno del Banco de México, durante la séptima conferencia anual de directores generales de JP Morgan México (“La economía mexicana en tiempos difíciles”, 31/7/12) colisiona con el superoptimismo de Pedro Aspe en el Club de Industriales.

Pareciera que Calderón no está actualizado de la grave crisis del maíz ni de la ponencia de Manuel Sánchez González, quien se preocupa por la alta probabilidad de no tener “una convergencia de los precios”, lo cual afectará la estabilidad financiera (paridad del peso) y el crecimiento económico debido a una inflación de 4.3 por ciento (mayor al objetivo de 3 por ciento), que “se vio afectada de manera notable (sic) por una alza en los precios agrícolas”, no se diga la “significativa dependencia de los ingresos provenientes del petróleo” y sus precios “inusualmente altos”.

Las Naciones Unidas han exigido una “inmediata suspensión de la producción del etanol (por mandato del gobierno de Estados Unidos) y miembros del G-20 –que incluyen Francia, India y China– han expresado su preocupación por la política del etanol de Estados Unidos (Financial Times, 13/8/12).

Curioso: el saliente gobierno calderonista, instalado en el masoquismo, y el pusilánime Congreso “mexicano”, han guardado silencio para no importunar la desquiciante política del etanol en Estados Unidos (extensiva al TLCAN).
Michael Klare (Tom Dispatch, 8/8/12) describe “Las guerras del hambre en nuestro futuro” a resonancia apocalíptica y augura que la “gran sequía” de 2012 tendrá “consecuencias severas”, con “disturbios sociales generalizados y conflictos violentos”.

En el ámbito internacional, la gran sequía “tendrá sus efectos más devastadores (sic)” debido a que “muchos países dependen de las importaciones de granos de Estados Unidos”.

Existe “alarma de inestabilidad en África, donde el maíz es su alimento básico”, mientras se auguran “crecientes disturbios populares en China”.

El alza de los precios alimentarios en Estados Unidos y China conllevará a una “desaceleración de la economía global y a una mayor miseria mundial, con consecuencias sociales impredecibles (sic)”. ¿Impredecibles?

Michael Klare hace alusión a la novela/película Juegos del hambre, de Suzanne Collins, que describe “un futuro distópico, posapocalíptico y escaso de recursos que intensifica la violencia”.

Michael Klare concluye que la “sequía persistente y el hambre forzarán a millones de personas a abandonar sus tierras tradicionales para huir a las favelas”, cuando los “efectos sociales y políticos aparecerán a finales de este año o el año entrante”.

A mi juicio, la crisis multidimensional, cuyo corolario superlativo epitomiza la “crisis alimentaria”, es consecuencia de la desregulación del modelo neoliberal y su cartelización a tendencia oligopólica.

Los cárteles alimentarios de Estados Unidos (ver Radar Geopolítico, Contralínea, 30/1/11, y Bajo la Lupa, 19/1/11, 16/2/11 y 27/4/11), que inclusive se dan el lujo de no cotizar en bolsa, han usado los alimentos como arma geoestratégica y han impedido el desarrollo agrícola de las regiones periféricas a Estados Unidos, ya no se diga la tecnificación genética de la agricultura por Monsanto, que sirve doblemente el propósito de maximizar las ganancias y controlar políticamente la hambruna global.

alfredojalife.com
@AlfredoJalife

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Cuando piensa en “terrorismo alimentario,” ¿qué es lo que se imagina? ¿Complots diabólicos para contaminar productos en las góndolas de los supermercados? Si usted fuera Buddy Dyer, el alcalde de Orlando, Florida, podría haberse imaginado a un grupo que sirve alimentos a personas sin hogar en uno de los parques de la ciudad. Por estos días se está mencionando mucho al alcalde Dyer precisamente por que consideró que los activistas del colectivo Food Not Bombs de Orlando son “terroristas alimentarios.” En las últimas semanas, al menos veintiún personas fueron arrestadas en Orlando, la ciudad de Disney World, por servir gratuitamente comida en un parque.

Food Not Bombs, o como se le llama en español “Comida, no bombas”, es una organización internacional de base que lucha contra el hambre. Como su nombre lo indica, es un movimiento que se opone a la guerra. En su página de internet dice: “Food Not Bombs comparte gratuitamente alimentos veganos y vegetarianos con personas que padecen hambre en más de mil ciudades alrededor del mundo como forma de manifestarse contra la guerra, la pobreza y la destrucción del medio ambiente. Habiendo más de mil millones de personas que pasan hambre cada día, ¿cómo es posible que gastemos más dólares en la guerra?” Los lunes a la mañana y los miércoles a la noche, el colectivo de Orlando coloca una mesa en el parque Lake Eola Park de esa ciudad y sirve allí la comida que prepara.

Desde hace un tiempo, la policía de Orlando viene arrestando a quienes sirven los alimentos. Hace poco, por ejemplo, arrestó a Benjamin Markeson, que estaba perplejo cuando me dijo: “Creemos que terrorismo es arrestar gente por intentar compartir comida con las personas pobres y hambrientas de la comunidad y satisfacer así una necesidad de la propia comunidad. Lo único que hacemos es venir al parque y servir comida a personas pobres que tienen hambre. No sé cómo pueden calificar a eso de terrorismo.”

El abogado Shayan Elahi tampoco lo sabe. Como representante del colectivo Food not Bombs de Orlando ante la justicia, presentó una petición para obtener una medida cautelar contra las acciones llevadas a cabo por la municipalidad ante el juzgado del noveno distrito judicial de Florida, presidido por el magistrado Belvin Perry Jr. El juez Perry apareció en las noticias últimamente como el sensato juez que entiende en el juicio por asesinato contra Casey Anthony, que se lleva a cabo actualmente en Orlando. Mientras que las cadenas de cable realizan una cobertura completa de lo que sucede en el juzgado, Elahi espera que Perry tenga tiempo para ocuparse en persona del caso.

En el centro de la cuestión se encuentra una ordenanza municipal, la ordenanza de “Alimentación a grandes grupos,” que exige la solicitud de un permiso a los grupos que deseen servir alimentos, aunque sea en forma gratuita, a grupos de veinticinco personas o más. Todo grupo puede gestionar dichos permisos sólo dos veces por año. Food Not Bombs Orlando ya utilizó las dos autorizaciones que recibió para este año.

La Asociación por los Derechos Civiles de Florida ha solicitado al Alcalde Dyer que ofrezca una disculpa por calificar al grupo Food Not Bombs de “terrorista”. El acto delictivo no debería ser ofrecer comida a más de veinticinco personas, sino que más de veinticinco personas necesiten alimentos.

El Dr. Elahi vincula estas medidas represivas al proceso de gentrificación que está planificado para el centro de Orlando: “El alcalde creó el Consejo de Desarrollo del centro de Orlando y su objetivo general es básicamente expulsar a todos aquellos que, según ellos son ‘los otros’ y no se adecuan a su idea de quién debería estar en el centro. Y estamos tratando de mostrarle al alcalde que los tiempos han cambiado, que estamos en un momento en el que todo el mundo sufre y que cada vez más personas de las que vienen cuando servimos alimentos de Food Not Bombs son trabajadores pobres.”

Una resolución aprobada la semana pasada por la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos expresa cabalmente el mensaje principal de Food Not Bombs. En la resolución, los alcaldes exhortan al gobierno a poner fin a las guerras en Afganistán y en Irak cuanto antes sea estratégicamente posible, y destinar el dinero a satisfacer las necesidades vitales que tenemos aquí, en Estados Unidos.

La región central de Florida se ha visto duramente golpeada por la recesión y figura entre los lugares con más altos índices de ejecuciones hipotecarias y quiebras del país. La Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación recientemente advirtió que se prevé que los precios de los alimentos se mantengan elevados durante lo que resta del año. La misma proyección se hace para los próximos. A principios de este año, los precios de los alimentos alcanzaron los niveles observados durante la crisis alimentaria de 2007 y 2008, que hizo estallar disturbios en varios países pobres del mundo. En Grecia, las masivas manifestaciones de protesta y la huelga general contra las medidas de austeridad han paralizado Atenas.

Una de las canciones más famosas de Disney, que no queda muy lejos de Lake Eola Park, se llama “Muy pequeño el mundo es” y dice así: “Compartimos tanto, que es hora de darnos cuenta, de que después de todo, el mundo es muy pequeño.” Hagamos que la fantasía se convierta en realidad. Compartir alimentos no debe ser un delito.

Publicado el 30 de junio de 2011

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


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Martes, 03 Agosto 2010 15:59

Brasil:. El Congreso absuelve al MST

ALAI AMLATINA, 03/08/2010.- El MST nunca desvió dinero público para realizar ocupaciones de tierra: ésta es, en resumen, la conclusión de la CPMI (Comisión Parlamentaria Mixta de Investigación), integrada por diputados federales y senadores, instaurada para comprobar si había fundamento en las acusaciones, orquestadas por los señores latifundistas, de que los movimientos comprometidos con la reforma agraria se apoderaron de recursos oficiales.

En ocho meses fueron convocadas trece audiencias públicas. Y fueron examinadas exhaustivamente las cuentas de decenas de cooperativas de agricultores y de asociaciones de apoyo a la reforma agraria. No se encontró nada anormal. Según el relator, el diputado federal Jilmar Tatto (PT/SP), “fue una CPMI innecesaria”.

Aunque no tan innecesaria, pues demostró oficialmente que las denuncias de la bancada ruralista en el Congreso son infundadas. Y se constató que las entidades y movimientos volcados a favor de la reforma agraria desarrollan un trabajo serio de mejoramiento de la agricultura familiar y de calificación técnica de los agricultores.

Lo que pretendían los denunciantes era reavivar la antigua política –descartada por el gobierno de Lula– de criminalizar a los movimientos sociales brasileños. Ese tipo de terrorismo es bien conocido en la historia de nuestro país: Monteiro Lobato fue encarcelado por propagar que había petróleo en el Brasil (lo que perjudicó los intereses usamericanos); fueron llamados comunistas los que defendían la creación de Petrobras; y terroristas los que luchaban contra la dictadura y en pro de la redemocratización del país.

La Comisión Parlamentaria significó, para quien insistió en instaurarla, un tiro salido por la culata. Quedó claro para diputados y senadores bien intencionados que es necesario votar cuanto antes el proyecto de ley que prevé la desapropiación de propiedades rurales que utilizan trabajo esclavo en sus tierras. Y resolver cuanto antes la cuestión de los índices de productividad de la tierra.

La investigación sacó a la luz, no el supuesto bandidaje del MST y sus afines, como acusaban los señores del latifundio, sino la importancia de esos movimientos para ayudar a la población sin tierra. Éstos cuidan de la organización de campamentos y asentamientos y de ese modo evitan la migración que refuerza, en las ciudades, el cinturón de favelas y el contingente de familias y de personas desamparadas, sujetas al trabajo informal, al alcoholismo, a las drogas, a la criminalidad.

Según Jilmar Tatto, los enemigos de la reforma agraria “montaron toda una acusación, un discurso rabioso, sembraron dudas en relación al desvío de recursos públicos, y conocieron que la montaña había parido un ratón. Porque no había ningún desvío. Las entidades y el gobierno enseñaron todas sus cuentas. Fueron transparentes y en ningún momento se consiguió identificar ni un centavo de desvío del erario público. Quedaron desmoralizados (los denunciantes), y resolvieron ausentarse de los trabajos de la CPMI. (...) Fue un trabajo productivo, en el sentido de dejar claro que no hubo desvío de recursos públicos para realizar las ocupaciones de tierras en el Brasil. Lo que sí hubo fue una oposición montando una acusación muy seria contra el gobierno y contra el MST”.

Los diputados sensibles a la cuestión social se convencieron, gracias al trabajo de la comisión, de que es necesario aumentar los recursos para la agricultura familiar; garantizar que la legislación laboral sea aplicada en la zona rural; e incentivar más las plantaciones alternativas y los alimentos orgánicos, sobre cuya calidad nutricional no recae la desconfianza que pesa sobre los transgénicos. Y, sobre todo, intensificar la reforma agraria en el país, desapropiando, como lo exige la Constitución, las tierras improductivas.

Datos recientes muestran que, en el Brasil, se ocupan 3 millones de ha (hectáreas) para la producción de arroz y 4,3 millones para fríjol. Según el geógrafo Ricardo Álvarez, si lo comparamos con los 851 millones de ha que forman este coloso llamado Brasil, veremos que las cifras son raquíticas. Apenas el 0,85% del territorio nacional está ocupado con el cereal y la leguminosa. Un aumento de apenas 20% del área plantada significaría pasar de 7,3 a 8,7 millones de ha, con fuerte impacto en la alimentación del pueblo brasileño.

Para Álvarez, el aumento de la producción llevaría a la caída de precios, que es malo para el productor, y bueno para los consumidores. Le correspondería entonces al gobierno implantar una política de ampliación de la producción de alimentos, garantizar precios mínimos, forzar a la ocupación de la tierra, combatir el latifundio, crear empleos en el campo y atacar el hambre. Lo cual sería una actuación más eficaz, gracias a ese 20% de aumento del área plantada, que el asistencialismo alimentario.

El latifundio ocupa hoy más de 20 millones de ha para soja. Al comienzo de los años 90, esa cantidad andaba por los 11,5 millones. La caña de azúcar subió de 4,2 a 6,5 millones de ha en el mismo período. En cambio el arroz y el fríjol sufrieron una reducción del área plantada. Hoy el brasileño consume más masa que la tradicional combinación de arroz y fríjol, de gran valor nutritivo.

Álvarez concluye: “No faltan tierras en el Brasil, faltan políticas de distribución de las mismas. No faltan empleos, falta voluntad de enfrentar la tierra improductiva. No falta comida, falta orientar la producción para atender a las necesidades básicas de nuestra población”. (Traducción de J.L.Burguet)

Por Frei Betto, escritor, autor de “Calendario del Poder” (Rocco), entre otros libros. www.freibetto.org Twitter:@freibetto
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Una leyenda del Kollasuyo, cuenta que el zorro volvía del cielo con tremenda barriga llena. En eso, los loros le rompieron a picotazos la cuerda por la que se descolgaba provocando se reventara contra los altos picos de la cordillera de los Andes. Del estallido se desparramó la quinua que había robado a los habitantes celestiales.
 
Así, la comida de los dioses fue sembrada en el mundo. Desde entonces la quinua vive en las tierras altas del altiplano, donde aguanta la falta de agua y las bajas temperaturas. Los dioses permitieron que de esa manera sus hijos disfrutaran de lo que ahora se llama el “trigo de los Incas”.
 
Los mercados mundiales donde se cotiza todo, jamás le dieron importancia a esta comida de indios que se cultiva y es dieta de los seres humanos desde hace unos 5.000 años antes de Cristo, hasta que se supo sobre sus bondades. La quinua es nutricionalmente completa pues tiene un adecuado balance de proteínas, carbohidratos y minerales.
 
Para los campesinos del altiplano boliviano, este insumo es fundamental en su dieta y es por eso que se llenaron de furia al enterarse que dos gringos de la Colorado State University la patentaron en 1994 (US Patent 5304718). La denuncia internacional les obligó a renunciar a su atrevimiento.
 
El “trigo de los Incas”, comenzó a ser notada por el mundo cuando los astronautas se alimentaron con un preparado en base a este nutritivo grano. Su escasa producción fue en incremento desde entonces. El precio, fue saltando siempre hacia adelante.
 
Los precios internacionales oscilan actualmente por 2.500 dólares la tonelada. La quinua Real que es la variedad más buscada llegó en un momento a 3.000 dólares. Frente a la soya que se cotiza por alrededor de 350 dólares la tonelada, la quinua es, sin duda, el nuevo “grano de oro”.
 
Gran demanda mundial
 
El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), destaca la gran demanda de la quinua en el mundo entero. En el último número de su revista “Comercio Exterior”, su director Pablo Antelo Gil, señala que este pequeño grano, se ha convertido en el manjar de restaurantes y hogares europeos.
 
Dice, Antelo Gil, que la quinua es utilizada por los 50 restaurantes vegetarianos más importantes de Europa y Estados Unidos, donde el grano es presentado en los platos más exóticos y requeridos por el paladar de los exigentes.
 
De pronto, las sopas de quinua, las laguas y la ph’isara, se degustan universalmente. La gama de alimentos preparados va desde los dulces hasta los salados, por lo que el futuro de este producto es definitivamente positivo para sus cultivadores.
 
Pocas, pero malas noticias
 
 Datos del Consejo Nacional de Comercializadores y Productores de Quinua (Conacoproq), confirman que la quinua pasó de cotizarse en $us 862 la tonelada en 1999 a $us 2.500 este año. Estas cifras son superadas por la Quinua Real, cultivada únicamente en la zona de los salares de Uyuni y Coipasa, cuyo promedio actual es de $us. 3.000 la tonelada.
 
Los datos del año 2008, señalan que hasta entonces se cultivaron 51.382 hectáreas, con una producción de 23.654 toneladas métricas, de las cuales 10.300 se exportaron de forma legal con certificación orgánica. Un total de 4.350 TM se destinaron al mercado interno y lamentablemente 9.000TM salieron del país vía contrabando. La mala noticia, es que esta ilegal actividad va en crecimiento, sobre todo hacia el Perú, que acapara el producto para venderlo al exterior con valor agregado.
 
Otra mala noticia es la escasa cantidad de tierras destinadas a su cultivo. La soya superó el millón de hectáreas, pero su precio es diez veces menor que el de la quinua.
 
Asignatura pendiente
 
El IBCE señala en su publicación que el consumidor busca salud y calidad en los alimentos por lo que es el principal motivo para el crecimiento de los requerimientos de quinua en el mercado internacional. Entre los productos orgánicos, este alimento es el más buscado y las exigencias para su adquisición, son cada día más altos.
 
Las ventas bolivianas se han limitado a materia prima. Es una asignatura pendiente la industrialización. La incorporación de valor agregado es urgente como una de las tareas que puede decidir a la adopción de políticas de Estado tendentes a incentivar su cultivo.
 
Si el mundo exige quinua, es hora de iniciar un masivo cultivo del producto que se ha convertido en el verdadero “grano de oro” del siglo XXI.

http://alainet.org/active/39414
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El alimento de uno de cada tres habitantes del planeta peligra por la desertificación del suelo. El 40% de las tierras es árido, entre un 15% y un 25% más que en 1990. Además, esos terrenos secos están concentrados en países en vías de desarrollo o pobres. Sin embargo, los 193 Estados miembros de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) no pudieron ponerse de acuerdo después de dos semanas de debate en su novena conferencia, que se celebró hasta la semana pasada en Buenos Aires, sobre un aumento significativo de los fondos para doblegar el fenómeno.

La CNULD logró aprobar el primer mecanismo conjunto para medir la desertificación, pero dispuso un aumento de sólo el 4,3% de su presupuesto para los próximos dos años, a 16,3 millones de dólares, frente al 39% que propusieron los países pobres. EE UU y Japón fueron algunos de los países ricos que se opusieron a un incremento significativo con el argumento de la crisis económica mundial, y apenas cedieron a su pretensión de sostener un "crecimiento cero" en los gastos.

En uno de los discursos más impactantes de la conferencia, el ministro de Medio Ambiente de Brasil, Carlos Minc, denunció la debilidad de las bases financieras y científicas de la CNULD, que viene a ser como la hermana pobre de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático, que en diciembre celebrará en Copenhague una conferencia clave para el futuro posterior al Protocolo de Kioto. Algunos delegados del Tercer Mundo razonaron que tal vez sea porque la desertificación no afecta a las tierras de los países ricos, que prefieren concentrar los esfuerzos económicos en la cita danesa. Minc propuso un fondo anual de 400 millones de dólares para luchar contra el cambio climático, pero con asignaciones específicas para acciones de adaptación contra la desertificación. Agregó que este combate particular "tendría una ventaja más, muy importante y que no debería olvidarse: la inclusión social de millones de personas miserables, con hambre, desasistidas y lanzadas de un lado para otro como bola de pimpón en busca de su planeta, que ya no existe para ellas".

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, envió un mensaje a la conferencia de Buenos Aires en el que advirtió que la estrategia de acciones concretas que se trazó la CNULD para el periodo 2008-2018 "es central para mejorar el sustento de más de 2.000 millones de personas afectadas". Cada año, estos fenómenos restan un 1% de la productividad mundial de las tierras, y afectarán a casi el 70% del planeta en 2025 si no se aplican estrategias para detenerlos, según el organismo de la ONU. El secretario ejecutivo de la convención, el beninés Luc Gnacadja, fue más optimista el sábado: "Hay un reconocimiento de que necesitamos duplicar la productividad de la tierra para 2030, porque de lo contrario nos afectará a todos".

Posibles soluciones

La UE planteó una propuesta de crear un fondo de 100 millones de euros anuales adicionales a los existentes para combatir la desertificación y también el cambio climático hasta 2020. La directora de Asuntos Internacionales de la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea, Soledad Blanco, explicó que el fondo debería financiarse con el mercado del carbono, ayudas de los países desarrollados y también de los emergentes más avanzados, como China, India y Brasil. La viceministra sueca de Medio Ambiente, Asa-Britt Karlsson, reconoció los riesgos del incremento de hambrunas y la compulsión a la emigración, al tiempo que criticó que la convención abunde en cuestiones institucionales.

Uno de los anfitriones, el director de Conservación del Suelo y Lucha contra la Desertificación de Argentina, Octavio Pérez Pardo, planteó que el mundo lleva invertidos 226.000 millones de dólares en mitigar el cambio climático (reducción de emisiones de dióxido de carbono), mientras que sólo ha dedicado 500 millones en adaptación a ese cambio mediante una mejor gestión de suelos, bosques y recursos hídricos. "En esta convención sobre desertificación, hay obligaciones y deberes de países desarrollados y en desarrollo. Los primeros deben apoyar las iniciativas, y los segundos, desarrollarlas. Hay países, como Namibia, que desarrollaron iniciativas, como la rotación de cultivos, y países que han cooperado poco. No estamos conformes para nada con los resultados", concluyó Pérez Pardo.

Países en desarrollo defendieron el uso del conocimiento de los pueblos indígenas en este combate. La conferencia de la CNULD albergó por primera vez un encuentro de científicos, en el que algunos, como Richard Thomas, de la Universidad de la ONU, y Bertus Kruger, de la Fundación para la Investigación del Desierto de Namibia, denunciaron que las grandes compañías extractoras de materias primas contribuyen a la degradación.

ALEJANDRO REBOSSIO - Buenos Aires - 05/10/2009

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Sábado, 15 Agosto 2009 06:29

Verdades ocultas sobre nuestra comida

Mucha gente no sabe que el aumento de la producción a través de variedades de cultivos de alto rendimiento (semillas mejoradas” o híbridos) conlleva la disminución de nutrientes, vitaminas y proteínas en los alimentos producidos. Es un efecto conocido desde hace décadas por agrónomos e investigadores agrícolas llamado “efecto dilución”. El incremento drástico del rendimiento de los cultivos por hectárea basado en semillas híbridas, uso de fertilizantes sintéticos e irrigación eleva el volumen de materia cosechada, pero es menos nutritivo, principalmente porque la misma cantidad de nutrientes se diluyen en mayor cantidad de hojas, granos o frutos.

Un artículo reciente de Donald R. Davis (Declining fruit and vegetable composition. What´s the evidence?, HortScience, vol. 44/1, febrero 2009) analiza varios estudios anteriores sobre el tema. Concluye que tanto en el caso de los granos como en el de hortalizas y frutas se registra una disminución de nutrientes, paralelo al aumento de producción por hectárea. En el caso de hortalizas hay disminución de calcio y cobre de 17 hasta 80 por ciento, junto a la disminución de otros nutrientes, como hierro, manganeso, zinc y potasio. Un estudio del año 2004 que midió la cantidad de proteínas y cinco vitaminas (A, C y tres del complejo B) sobre 43 hortalizas encontró disminución también de estos elementos: hasta 6 por ciento en proteínas y de 15 a 38 por ciento para tres de las 5 vitaminas estudiadas. Otros análisis sobre maíz y trigo confirman la misma tendencia.

En su revisión, Davis concluye que como la selección de laboratorio para producir híbridos se basa en aumentar el volumen de los granos, frutas y hojas, compuestos mayormente de carbohidratos, no se toma en cuenta que este incremento focalizado implica la dilución de “docenas de otros nutrientes y fitoquímicos”. No es un factor despreciable: la Organización para la Agricultura y la Alimentación de Naciones Unidas (FAO) denomina esta creciente falta de micronutrientes en los alimentos “el hambre oculta”. Según este organismo, mil millones de personas sufren deficiencia de hierro, factor asociado en los países pobres al 20 por ciento de los casos de muerte durante el embarazo y la maternidad. También en esos países uno de cada tres menores de cinco años sufren retardo de crecimiento por falta de micronutrientes, y 40 millones de personas sufren problemas de visión o ceguera por falta de vitamina A, entre otros ejemplos. Por otra parte, mil millones de personas consumen demasiadas calorías y son obesas.

La “revolución verde”, basada en aumentar el rendimiento de pocos cultivos, promover la uniformización de los campos con semillas híbridas, mecanización y uso intensivo de agrotóxicos produjo más volumen de comida, pero menos variada y que cada vez alimenta menos. Al mismo tiempo favoreció la concentración del comercio agroalimentario en una veintena de corporaciones trasnacionales que monopolizan desde las semillas y los agrotóxicos hasta la distribución y procesamiento de los alimentos.

Además de ser menos nutritivos, esos alimentos contienen cada vez mayor cantidad de residuos de agrotóxicos y químicos, debido a su industrialización y empaque. Son un generador “silencioso” pero continuo y omnipresente de enfermedades, que van del aumento significativo de alergias a efectos más graves como problemas neurológicos, malformaciones de nacimiento, debilitamiento inmune, infertilidad y cáncer. De paso, los agrotóxicos y fertilizantes sintéticos destruyen los suelos y contaminan las aguas.

El cúmulo de este desarrollo enfermo y enfermante son los cultivos transgénicos. Además de basarse en híbridos –a los que se les introduce materiales genéticos de virus, bacterias y especies con las que nunca se cruzarían en la naturaleza–, son resistentes a varios agrotóxicos, por lo que su aplicación masiva deja residuos de esos venenos hasta 200 veces mayores que sus similares convencionales también cultivados con químicos.

A los efectos de los agrotóxicos, los transgénicos suman nuevos impactos por el hecho mismo de la manipulación a la que son sometidos. Por ello, la Asociación Americana de Medicina Ambiental se pronunció en mayo de 2009 exhortando a sus miembros, pacientes y público en general a evitar el consumo de transgénicos.

Obviando estas realidades, muchos gobiernos y organismos internacionales se hacen eco del discurso de las trasnacionales de los agronegocios y nos dicen que se necesita producir mayores volúmenes de alimentos con más agricultura industrial y transgénica para “resolver” el hambre en el mundo. Digamos: comer mal, pero comer algo. Sin embargo, tampoco eso sucede. Aunque cada vez se producen mayores cantidades de alimentos, paralelamente aumenta el número de hambrientos y desnutridos. Más cantidad no significa que llega a los que lo necesitan. Por el contrario, debido a que los alimentos se transforman cada vez más en mercancías en manos de empresas, cada vez hay más pobres y hambrientos que no pueden pagarlos.

La solución real está justamente en lo contrario: que la producción de alimentos sea local y diversificada, en manos de campesinos y agricultores de pequeña escala que usan semillas locales y brindan alimentos sanos y nutritivos, que no sólo se alimentan a sí mismos, sus familias y comunidades (la mitad de la población mundial), sino que también producen la mayor parte de los alimentos que se consumen dentro de sus países. Al no cegarse con la alta producción de un solo cultivo y no usar agrotóxicos favorecen la cosecha de muchas otras variedades en conjunto con cada cultivo, fuente de muchos otros nutrientes.

Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

 

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Lunes, 27 Julio 2009 06:14

El abogado del Diablo

La Pontificia Academia de Ciencias organizó entre el 15 y el 19 de mayo, en el Vaticano, la semana de estudio Plantas transgénicas para la seguridad alimentaria en el contexto del desarrollo. Restricciones a la introducción de la biotecnología para mitigar la pobreza. Un largo número de expertos, aunque con muy corta pluralidad en sus posiciones, se sumergieron –a puerta cerrada– en el apasionante mundo de los transgénicos para presentar argumentos que permitan a la Iglesia católica adoptar un posicionamiento frente a tan polémico asunto.

La posición de salida se adivinaba desde la introducción del documento de presentación oficial, cuando dice: “La oposición a la biotecnología agrícola generalmente es ideológica. El enorme potencial de la biotecnología vegetal para producir alimentos en mayor cantidad y de elevado valor nutricional para los pobres se perderá si la regulación de los OGM no remplaza el principio precautorio por principios científicos”.

O más adelante, cuando se afirma que “… necesitamos equiparnos con argumentos acerca de por qué la seguridad alimentaria de los pobres necesita tener acceso eficiente a la tecnología transgénica y que la extrema regulación precautoria es injustificada; argumentos para mostrar las consecuencias sociales y económicas de la excesiva regulación y para conocer cómo cambiar la regulación basada en la ideología por la regulación basada en la ciencia”.

Los pobres analizados como simples ratoncitos de laboratorio. Pobres ratoncitos pobres que movidos por creencias e ideologías (y eso lo dice una institución bajo la protección directa del Vaticano) se encadenan a los principios de la precaución. Los pobres ratoncitos pobres que no se dejan salvar y engordar por la sabiduría científica, que ahora parece contar con la infalibilidad de la curia para garantizar su inocuidad.

Pues sí, la oposición a los alimentos transgénicos es ideológica, por supuesto. Desde una ideología que no se quiere genuflexionar frente al todopoderoso dios transgénico, en el nombre de Cargill, de Syngenta y del (Espíritu) Monsanto. Que vive temerosa de las plagas bíblicas que profetizaron la plaga del Ángel exterminador que ya llegó sobrevolando y fumigando venenos sobre las comunidades campesinas pecadoras por vivir junto a campos transgénicos. Muerte y enfermedades que caen del cielo en forma de nube densa de plaguicida. Amén.
Desde una ideología que rechaza la extremaunción del medio ambiente y de la población campesina. Sabemos que sin campesinado no hay un medio ambiente vivo y viceversa. Aunque en los textos de la organización del acto se lea: “Los científicos del sector público tienen la responsabilidad de explicar a la sociedad (las ventajas de la biotecnología vegetal) y que el rechazo a la tecnología de los OGM limitará los esfuerzos para aliviar la pobreza y el hambre para salvar la biodiversidad y proteger el ambiente”.

Idénticas tesis a otros documentos científicos. “Y los bendijo, diciéndoles: sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la Tierra”. Libro del Génesis.

Los señores investigadores debieron buscar en su cónclave pruebas para excomulgar, por ejemplo, al gobierno alemán, cargadito de activistas antitransgénicos, hippies, ateos y seguro que además obsesionados defensores del condón, por su “excesiva regulación precautoria” (oxímoron neoliberal donde los haya) que hace que se equivoquen cuando acaban de prohibir el cultivo del maíz modificado genéticamente en su país por sus riesgos asociados. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

Señoras, señores, se ha iniciado el proceso de canonización de los alimentos transgénicos. Presenten sus pruebas y sus milagros.

Por, Gustavo Duch Guillot, Veterinarios Sin Fronteras

 

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Jueves, 02 Abril 2009 06:26

“El pecho no se da, se ofrece”

“Una mano lo envuelve./ Llora. Lo engaña un pecho. Prende los labios. Sorbe./ Más tarde su pupila la tiniebla deslíe y alcanza a ver dos ojos, una boca, una frente./ Mira jugar los músculos de la cara a su frente, y aunque quién es no sabe, copia, imita y sonríe.” Alfonsina Storni, “El hombre”.
 
Denomino sostén de pecho a la primera contención corporal que el adulto le ofrece al niño: más allá del acto de dar de mamar, la zona de contacto que predomina en este sostén es el pecho del adulto. Hay una tendencia bastante generalizada a llevar al bebé contra el pecho, atraerlo, darle apego en el cuerpo que sostiene. Otra forma de contención, con disminución de los contactos, podría designarse como sostén de brazo: se ayuda con los brazos a quien algo puede por sí mismo; el niño, pasados los primeros meses de vida, comienza a vivenciar la posición de sentado sobre los brazos del adulto que lo sostiene.
 
Y hay también un sostén de mano, en la función de acompañamiento. Hay un momento fundamental en el desarrollo, que es la aparición de la marcha. Esta adquisición comienza a gestarse, en parte, en los brazos del adulto: antes de que el niño pueda acceder a su propio sostén, y en diversas situaciones, es mantenido por los adultos en posición vertical, dejando apoyar levemente los pies del niño sobre la mesa, sobre el piso o sobre los muslos de quien lo sostiene. Este antecedente de la autonomía postural erecta nos muestra que el autosostén no es total, ya que parte del peso del niño es sostenido por el adulto; la posibilidad de la verticalidad y el apoyo plantar preludian la marcha. En esta acción el adulto ejerce un sostén con las manos, brindando su cuerpo como apoyo.
 
En comparación con las anteriores, en esta situación, la del sostén de mano, se observa un apoyo más localizado y discriminado. La adquisición de la marcha autónoma no implica una separación del contacto con el cuerpo del adulto. Si bien, en el lenguaje cotidiano, al referirse al niño ya no se lo designa como un “niño de pecho” o un “niño de brazos”, su cuerpo aún es sostenido, esta vez llevado de la mano.
 
Algunos compuestos de la palabra “mano” –del latín manus–, en los cuales el término “mano” se reduce a man, son, por ejemplo, mantener, mantenedor, mantenimiento, manutención. Estas palabras remiten a alimento y sustento: volvemos a encontrar, en esta acción de acompañamiento o sostén de mano, claras referencias al sostén de pecho. Si el “sustento” está en el sostén, la “manutención” está en la mano.
 
Las manos del adulto acompañarán en otros momentos los primeros pasos del niño. En la vida cotidiana, es común encontrar la acción ejercida por el adulto, quien toma con sus manos el tronco o las manos del niño, acompañando los primeros pasos de su marcha. Le “da una mano” en lo que está empezando a poder, lo acompaña.
 
En esta acción de comenzar a dar los primeros pasos, sostenido por el adulto o los hermanos mayores, el niño empieza a utilizar el piso, espacio de apoyo que compartirá con sus mayores. La mano del adulto funciona como un sostén y apoyo complementario y ambos se asocian en un plano semejante de verticalidad. El suelo está ahí para que ambos se apoyen, pero el adulto sigue sustentando desde su propio sostén. El suelo sirve de apoyo para el niño, pero no suplanta al sostén del adulto.
 
Esta función, entonces, está caracterizada por una complementariedad del propio sostén, que el niño comienza a desarrollar en el cuerpo del adulto.

Provocadores

Cuando el niño puede ya mantenerse en equilibrio –todavía inestable–, sosteniéndose por sus propios medios con la ayuda de los objetos que lo rodean, es frecuentemente incentivado a desplazarse. Este sostén que el adulto realiza lo denomino provocación. Los adultos provocan de distinta manera la aparición de la marcha. Es cotidiano en la crianza ver a una mamá o a un papá con sus brazos extendidos, esperando al niño que recorre el trayecto desde la pared, que le servía de apoyo, hasta sus brazos.
 
Se conoce la palabra “provocación” como la acción de incitar a una cosa y se la liga, generalmente, a un acto que tiene consecuencias negativas. El término “provocar” viene del latín provocare, formado por pro, delante, y vocare, llamar (otra acepción es “llamar para que salga afuera”, término derivado de “voz”). Este otro sentido alude entonces a un “llamado hacia adelante”, otorgándole a la palabra “provocar” un carácter de estímulo que, al estar desplegado en la relación, cobra el carácter de un vínculo estimulante. Es un llamado a entrar en una nueva acción que cambia su situación.
 
Si bien la marcha funciona como un modelo paradigmático, también podríamos analizar la provocación a la luz de otros aprendizajes. El ejercicio de esta función se caracteriza por la inclusión progresiva de un distanciamiento del cuerpo y del sostén del adulto.

Acompañantes

La función de sostén prioriza la relación corporal a través del eje del cuerpo. El niño es alzado desde su tronco. En épocas más tempranas aún, alrededor de los cuatro meses, es posible observar en los bebés movimientos de elevación del tronco (específicamente del pecho), solicitando ser alzados; en esta acción reproducen en forma activa el arqueamiento del cuerpo que se produce cuando el niño es tomado del tronco para ser alzado. El bebé que ha sido alzado en brazos con frecuencia transforma en forma activa una vivencia de cambio de posición que no puede generar con sus propios medios.
 
Las extremidades serán lugares de contacto y de sostén en otra instancia que llamamos acompañamiento: cuando el niño comienza a poder alternar los apoyos plantares en el suelo con un relativo equilibrio, el adulto lo sostiene de sus manos.
 
Durante la crianza, el sostén del adulto varía en una dirección que coincide con el desarrollo del tono muscular. El eje tónico postural, inscripto en el tronco, es el lugar hegemónico de la vida de relación en la primera etapa. Avanzado el tiempo, el territorio distal del cuerpo será una nueva zona de apoyo y de sostén.

Dar el pecho

“Nadie es capaz de sostener un bebé en brazos a menos que sepa identificarse con él”, escribió Donald W. Winnicott. El grado de indefensión en el cual se encuentra el ser humano al nacer coloca al adulto en la situación de anticiparse a las necesidades del niño. Muchas de las tareas que desarrollan los adultos en función del niño, o con el niño pequeño, se presentan en una relación de sostén. El niño “no puede” por sus propios medios desplazarse, acceder al alimento, higienizarse o abrigarse. El adulto “hace por él”, y esto ubica al niño en una relación de máxima dependencia.
 
Si los adultos saben que el niño “no puede”, buscarán por todos los medios satisfacer sus necesidades: una de las formas es anticiparse a ellas desde una práctica del dar.
 
Dar anticipadamente nos remite a una acción de pasaje (de alimento, caricias, cuidado) de una persona a otra, en la cual el “pedido” del otro no fue expresado, manifestado, explicitado, pero el dador supone o entiende que cubre de esta manera una necesidad del otro. Muchas acciones de dar se ejercen a priori, anticipándose al pedido. Si bien se puede “dar” el pecho estando el niño en total pasividad, no ocurre así con la leche, pues para que ésta fluya el bebé debe ejercer una acción. Al niño se lo sostiene pero no se lo alimenta, sino que “se alimenta”; el pecho alimenticio no se da, se ofrece.

Ofrecer la leche

Frecuentemente, la alimentación del niño pequeño se ejerce en una situación tal que el adulto se encuentra sosteniendo al niño. En el caso del amamantamiento, el acto de sostén ubica a la madre y al niño en una situación de contacto corporal muy especial, que genera un vínculo alimenticio donde algo fluye desde un cuerpo hacia otro. Fluidez y contigüidad, corriente láctea que contacta los cuerpos y unifica ambos organismos; pero para que el raudal de leche (apoyo) fluya, el niño debe succionar; no recibe pasivamente.
 
El bebé se alimenta desde el borde más saliente del cuerpo humano (pezón), contraste notorio con su antigua alimentación placentaria. Este acto de alimentación, se trate del pecho de la madre o de la mamadera, se realiza en una situación de sostén, sostén de pecho.

El sostén de pecho tiene características particulares.

En el niño: gran parte de su cuerpo está en contacto con el del adulto, con excepción de algunas zonas; es contenido por el cuerpo del adulto; se encuentra en una posición tendiente a la horizontalidad, con elevación de la cabeza y descenso de los pies; su rostro está girado hacia el que sostiene; durante la mamada, el niño no aparta la mirada del rostro de su madre; en muchos momentos, tiene un brazo en contacto con el cuerpo del adulto y el otro con mínimos contactos. Sus manos pueden estar activas en simultaneidad con el movimiento de la boca.
 
En el adulto: se encuentra en posición sentado o recostado, rara vez deambula o está de pie; hay una tendencia inicial a ofrecer su costado izquierdo para el apoyo de la cabeza; la cabeza del bebé descansa en el ángulo del reverso del codo; las manos del adulto no cumplen una acción específica de sostén, pueden contactar, acariciar; el peso se dirige desde los brazos hacia el pecho o abdomen; generalmente, y en los comienzos, el adulto no realiza otras acciones al mismo tiempo que alimenta, salvo mirar al niño que succiona o dejar la vista perdida; gran parte de su cuerpo no está en contacto con el niño, sus brazos y pecho están a disposición de él; hay cierta quietud en ambos, sin muchos cambios posturales, salvo el pasaje de un pecho a otro o de un brazo al otro en situaciones de fatiga o cansancio.
 
La figura del amamantamiento se da en un fondo de sostén, fenómeno que por su importancia ha sido destacado por numerosos autores. En realidad, las satisfacciones que surgen de la relación madre-bebé son múltiples y no derivan todas de la alimentación: también están la tibieza del abrazo, el sosiego del mecimiento, las caricias y los encuentros de la voz y la mirada, y todo ello erotiza una relación que encuentra en el alimento un momento al principio privilegiado, pero que si fuera el único dejaría al niño en la más profunda anorexia, pues no sólo de leche vive el bebé (Sara Paín, Estructuras inconscientes del pensamiento. La función de la ignorancia. Ed. Nueva Visión, 1973).

En brazos

“Los bebés no recuerdan haber recibido un sostén adecuado: lo que recuerdan es la experiencia traumática de no haberlo recibido”, escribió Donald W. Winnicott. Más allá del acto de alimentación, el bebé suele encontrarse en posiciones similares en otras situaciones; es una de las formas más comunes de estar con él en los espacios de tiempo que transcurren entre el sueño, la alimentación, el baño y la higiene. Cuando el niño pequeño llora, en la mayoría de los casos, sea cual fuere el motivo del llanto, el adulto lo toma en brazos y lo sostiene; es el recurso más espontáneo que se observa. Desde ese lugar da y ofrece otras cosas para aliviar el llanto.
 
Cuando el “tener en brazos” se transforma en un sostén, adquiere el valor de un dar. La sola acción de tener en brazos no garantiza que se esté produciendo un acto de sostén. El sostén de apoyo se compone de actos y acontecimientos, más que de simples apoyos.
 
Cabría realizar una diferenciación entre los términos tener (agarrar, tomar, asir) y sostener . Tener no marca diferencia sobre lo que se tiene. Se tiene un objeto; se sostiene a una persona. Se puede tener lejos del cuerpo (en el sentido de poseer), pero en cambio, al sostener, el cuerpo se hace necesario.
 
Agarrar (de “garras”) es una acción de llevar hacia sí; como tomar y asir, no implica acciones a posteriori, no da cuenta de las acciones subsiguientes.
 
El sostén implica un acto de intercambio desde una asimetría empática. Sostener es consecuencia de un aprendizaje. Es común pensar que el adulto “debe saber” sostener al niño, como también saber decodificar sus pedidos. Este saber proviene de su propia experiencia en brazos de otro, es un saber inconsciente que debemos diferenciar del conocimiento. El mito del saber del cuerpo, en cuanto saber “natural” que habilita las acciones, se implanta como obstáculo culpabilizante en el aprendizaje del nuevo contacto vincular.
 
Si bien el juego con muñecas es una “preparación para”, no garantiza de por sí la eficacia del sostén. La muñeca no pide, sino que le hacen pedir. Entre el “deber” y el “saber” se instala la situación del “poder hacer”.
 
“Los bebés son muy sensibles al modo como se los sostiene; por eso lloran cuando están en brazos de una persona y descansan tranquilos en los de otra, ya desde muy pequeños. A veces una niña pequeña pide tener en brazos a un hermanito recién nacido, y esto constituye un gran acontecimiento para ella. Una madre prudente, si le permite hacerlo, no depositará en ella toda la responsabilidad, y estará presente todo el tiempo, lista para volver a tomar al bebé en sus brazos seguros. Una madre prudente no dará por sentado que la hermanita mayor se siente segura con el bebé en sus brazos; esto sería negar el significado de la experiencia.” (D. Winnicot, Los bebés y sus madres, ed. Paidós, 1989).
 
Si bien cada niño se expresa de forma diferente, el adulto, ante el llanto, recurre a una misma acción concreta: lo sostiene, lo tiene “upa”. La aflicción de los mayores ante el llanto del niño recién nacido los lleva a un dar envolvente, traen al niño hacia su cuerpo, lo abrazan.
 
Esta situación de dos cuerpos que se contactan conforma una relación de máxima cercanía e indiscriminación. No sólo se presenta cuando el bebé llora, sino que el abrazo constituye también una de las formas de estar con él. Esta conducta quedará impresa de tal forma que en cuanto el llanto irrumpa en el niño, aunque sea grande, buscará los brazos del adulto.

Por Daniel Calmels *
* Fragmentos de Del sostén a la transgresión. El cuerpo en la crianza, de reciente aparición (ed. Biblos).
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