Domingo, 24 Marzo 2019 05:34

La represión ya está en marcha

La represión ya está en marcha

Para contener a los 3.000 manifestantes de París, hubo muchos policías y símbolos como el recurso al Ejército francés.


El nombre del partido presidencial La República en Marcha se volvió ayer “La Represión en Marcha”. Los chalecos amarillos que, en toda Francia, participaron en la décima novena jornada de manifestaciones pusieron al frente de sus marchas ese cartel en signo de repudio al denso operativo policial con el que, esta vez, el Ejecutivo decidió impedir que se repitieran los saqueos de la semana pesada. Para contener a los 3.000 manifestantes de París hubo no sólo muchos policías sino, además, muchos símbolos. El más pesado es el recurso al Ejército francés. Los incendios y las depredaciones del sábado 16 de marzo en la Avenida de los Campos Elíseos, la convergencia entre los chalecos amarillos más radicales y los Black Blocs y la destrucción de las insignias bandera de las marcas del lujo mundial (el restaurant Le Fouquet’s, de Hugo Boss, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp, Zara) desencadenaron una purga inédita entre los altos mandos policiales, la prohibición de manifestar en ciertos barrios de París y otras ciudades así como la implementación de un red represiva sin precedentes. A medio día, más de 5.000 “controles preventivos” habían sido realizados por las fuerzas del orden. Capitales provinciales como Niza, Toulouse o Burdeos prohibieron a los chalecos toda manifestación en los centros donde se encuentran las boutiques de lujo. En París, los Campos Elíseos, los alrededores del Palacio presidencial y de la Asamblea Nacional fueron vedados a los manifestantes por los 6.000 miembros de las fuerzas de seguridad desplegados en París.


La imagen más impactante es, sin embargo, la presencia del Ejército francés cuya primera misión, el operativo Centinela diseñado en 2015 para proteger de los ataques terroristas los lugares públicos, fue ampliada ahora a la represión. El muy cuestionado Ministro de Interior, Christophe Castaner, dictó la consigna “impunidad cero”. La democracia macronista ha sido incapaz de resolver la crisis de los chalecos amarillos y terminó desplazando al Ejército para resguardar los símbolos de la ostentación y la riqueza. La imagen del gobierno se ha ido degradando a la par de la de los chalecos amarillos. El movimiento paga el tributo de las escenas de violencia y destrucción que las manifestaciones dejan a su paso. En los últimos días, una encuesta de opinión realizada por Odoxa demuestra la erosión de los chalecos: el 58% de los encuestados considera que la violencia le ha restado mucho crédito a los chalecos amarillos mientras que un 55% anhela que se terminen las manifestaciones. Las cifras son igualmente adversas para el gobierno. 76% cree que el Ministro de Interior no podrá mantener el orden público, 70% siente que Emmanuel Macron es igualmente incapaz y 67% piensa lo mismo del Primer Ministro Édouard Philippe. Cuatro meses de crisis debilitaron a todos los actores. El movimiento comenzó el 17 de noviembre con dos identidades permanentes: una, a lo largo de la semana, con la ocupación de las rotondas: la otra, el sábado, con las manifestaciones en las ciudades. Los intentos oficiales de desactivar la tensión no se completaron. Incluso si los chalecos se dividieron y fueron perdiendo impacto y respaldo (en un momento 76% de la población los apoyaba), la onda amarilla prosiguió su ruta. El telón que tapaba la Francia desértica se desplomó. El decorado de la felicidad liberal quedó al desnudo y, desde entonces, los chalecos han ido sembrando su propia agenda ante la impotencia política del gobierno y el presidente.


“Emmanuel Macron, el vértigo autoritario”, escribe el portal de información Mediapart. Unos 350 universitarios firmaron este fin de semana un texto contra “el grave peligro que corre la población con la política del gobierno”. La derecha, en cambio, se posiciona en contra de los chalecos amarillos. Uno de sus portavoces más camaleónicos, el filósofo Bernard-Henry Lévy, acusa a los chalecos de encarnar un “nihilismo mortífero”. Ese “vértigo” se explica por la obsesión de evitar que los sectores más duros del movimiento hagan causa común con los Black Blocs, tal y como ocurrió a mediados de marzo. Con el paso de las semanas, los grupos políticos radicales se mezclaron con los chalecos amarillos. El último que subió al escenario fue Black Bloc. Estos radicales vestidos de negro y pasamontañas están constituidos por una mezcla de antifascistas, anarquistas y los llamados autónomos. En un bar de París, uno de los Black Bloc explica a PáginaI12 que la situación insurreccional creada por los chalecos amarillos resultó un terreno de acción propicio y, sin que haya habido ninguna coordinación previa, “se plasmó en la calle de forma irremediable porque nadie acepta que la respuesta a una demanda social sea la represión salvaje”. Julien es un Black Bloc miembro del llamado “Comité invisible” que en 2007 publicó un famoso ensayo, “La Insurrección que viene” (La Fabrique Edition). Este libro, en sus primeras línea, constata que “cualquiera sea el ángulo desde el que se lo mire, la situación presente no tiene salida”. Por ello postula que la “insurrección no es sólo necesaria, sino también ineluctable”. A su manera, para ellos, los chalecos amarillos han sido el tambor que activó el nacimiento de esa insurrección.


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"No podemos dejar que el temor a la ultraderecha nos lleve al feminismo liberal"

Nancy Fraser, filósofa política, intelectual y feminista estadounidense, es profesora de la New School for Social Research y una de las impulsoras del denominado Feminismo del 99%. Este viernes aterrizó en Madrid para participar en un ciclo de conferencias organizadas por El Grupo de Estudios Críticos, un proyecto de estudios del Centro Estudios del Museo Reina Sofía, en colaboación con Medialab. En esta entrevista con Público, Fraser desgrana las claves de este movimiento feminista, la necesidad de cambiar el modelo capitalista y los riesgos a los que nos enfrentamos en esta tarea.

¿Qué es el feminismo del 99% y cuáles son los principales ideas?


Es un intento de dar nombre y un conjunto de ideas a un nuevo activismo feminista que se está desarrollando en los últimos años y que creemos que representa una alternativa real al tipo de feminismo que ha sido el predominante, al menos en USA, Reino Unido o Francia y algunos otros países (no estoy muy segura si en España). Hasta hace muy poco en estos países el feminismo liberal ha sido la forma más dominante y se ha centrado principalmente en las preocupaciones de las mujeres de clase media alta o las mujeres del top 10%. Son ellas las que se han beneficiado de este feminismo y han encontrado su camino para prosperar en jerarquía empresarial.
Le han dado al feminismo un mal nombre, diría yo. Porque lo han asociado con el elitismo, el individualismo, el consumismo… La idea de que las feministas son mujeres de carrera que se han hecho a sí mismas. No sé si es totalmente así, pero de esta forma lo entiende la gran mayoría de mujeres de la clase trabajadora. Personas que ven el presente, no como un momento de crecimiento, sino todo lo opuesto: un tiempo en el que las condiciones de vida van en declive, en el que se pierde el trabajo seguro, en el que se reducen salarios. En definitiva, un montón de caos en la vida.


Creo que este feminismo liberal ha perdido su credibilidad. Desde el punto de vista de EEUU, la derrota de Hillary Clinton en las elecciones de 2016 en favor de Donald Trump fue como una alarma para despertarse, porque las cifras indican que un 52% de mujeres blancas votaron por Trump.


Es una estadística sorprendente. Mostró que el feminismo corporativo de Clinton no era un feminismo para todas las mujeres. Ahora tenemos este nuevo tipo de activismo que es anti-austeridad, que defiende los estándares de la vida de una forma más amplia, que se interesa por los derechos de los migrantes, sobre la situación de las mujeres trabajadoras, las de color… Cuando escribimos el manifiesto para el feminismo del 99%, queríamos promover ese nuevo giro del feminismo. Lejos del liberalismo individualista y más cerca de las preocupaciones de la gran mayoría de mujeres, y también de hombres.


Nuestro manifiesto le da un nombre a este movimiento e intenta articular el pensamiento que lo puede convertir en un movimiento radical, genuinamente transformador y antisitémico.


¿Y se puede construir esto dentro de un sistema capitalista o hay que construir un nuevo sistema?


Definitivamente necesitamos un nuevo sistema de algún tipo. El actual sistema de capitalismo liberal financiero está en una crisis aguda y necesita cambios estructurales muy profundos: en nuestra relación con la naturaleza, un cambio en la relación entre producción y reproducción, entre el trabajo asalariado y la vida familiar… un cambio en sistema democrático.
Si este es un cambio que nos llevará más allá del capitalismo está todavía por ver. Tampoco sabemos si existe una forma de capitalismo que pueda responder adecuadamente a esta aguda crisis. Pero no creo que tengamos que responder a esa pregunta ahora. Mi corazonada es que necesitaremos movernos más allá del capitalismo.


Entonces ¿se va construyendo sobre la marcha y no como otras teorías políticas que marcaban un camino?


Creo que es un poco de los dos. A través de nuestras luchas vamos descubriendo cuánto puede o quiere darnos este sistema; si puede o no solucionar nuestros problemas y también descubrimos por el método de práctica y error cuáles son los cambios que necesitamos, cuáles son los que realmente queremos. Es decir, hay un proceso de ignición en el pensamiento que va sucediendo a través del activismo.


Diría que en mi vida he aprendido casi tanto del activismo como lo hice en la enseñanza universitaria formal. Este manifiesto propone algunas ideas como un boceto de lo que una alternativa puede llegar a ser, pero es más con un espíritu de intentémoslo y veamos como resulta. No es un dogma.


¿Cuáles son las principales ideas que contiene?


Una de las principales ideas es que el eje de las desigualdades de género en nuestra sociedad se debe a la separación que hace el capitalismo entre la producción de materias primas por lucro y la reproducción social o la producción de seres humanos. Es decir, La vida familiar y el sector social y la vida comunitaria.


Esa separación no existía antes del capitalismo. Todas estas actividades eran parte del mismo universo social. Cuando el capitalismo introdujo la idea de producción por beneficio en las fábricas, dividió nuestras vidas en estas dos partes y la división está organizada por género: la responsabilidad de las mujeres es trabajar en la esfera social (tanto privadamente sin recibir salario o como profesoras, enfermeras…).


Mientras, los hombres trabajan en las industrias, en el ejército… Esta división, en mi opinión, es la pieza central de la subordinación moderna de las mujeres. Ha habido otras formas pero funcionaban de otra manera. Es una organización en la que el trabajo de producción se paga en dinero y el de reproducción social, que es que realizan las mujeres, no se pagan en su inmensa mayoría. Esto pone a las mujeres en una desventaja estructural en la sociedad.


Simplemente entender esta dicotomía de producción y reproducción, nos propone un largo camino para pensar qué es lo que tiene que cambiar. Tenemos que reintegrar aspectos de la vida que ahora están separados y contrapuestos uno contra otro. No tenemos tiempo de cuidar a nuestra familia, si al mismo tiempo estás realizando un trabajo exigente, un trabajo pagado a tiempo completo, o incluso múltiples trabajos como mucha gente tiene que hacer hoy en día. En Estado Unidos las profesoras cobran muy poco, y muchas de ellas cogen un segundo trabajo en Wallmart por las tardes para ser capaces de ganar lo suficiente para vivir. Esto es tremendo. Cómo puedo, además, realizar los trabajos de reproducción social. Especialmente si los hombres, en una gran mayoría, no hacen la parte que les corresponde del trabajo de cuidados.


¿Cuál es el rol que deberían jugar los hombres?


Los hombres deberían convertirse en feministas también. Este feminismo para el 99% es un movimiento para mejorar la vida de todo el mundo, superando la desigualdad de género, la desigualdad de raza… todas las desigualdades. Pero no es un movimiento contra los hombres. Es un movimiento contra una estructura social, un sistema que crea todas estas desigualdades.


Esta crisis financiera que vivimos ¿es una crisis del sistema, o es el sistema en sí mismo?. La rebaja de salarios, la desinversión en servicios públicos… ¿Es una consecuencia o un plan organizado?


Hemos sufrido una tremenda reorganización del capitalismo en el tránsito de la anterior forma de capitalismo social demócrata, que era menos globalizado y menos financiero y que daba más apoyo estatal a la esfera de la reproducción social. No era un sistema perfecto, en absoluto, pero eso fue transformado en este capitalismo neoliberal y financiero.
En 2007 y 2008 tuvimos casi una fisión nuclear del sistema financiero mundial. Pero la crisis financiera es sólo uno de los cabos de una crisis mucho más amplia, que también incluye una crisis ecológica; una crisis democrática; de migración, y de los cuidados o de la reproducción social, tiene que ver con la desinversión en todas las necesidades sociales y la incorporación de las mujeres en los trabajos pagados a tiempo completo.


Todos estos son los distintos cabos de una sola gran crisis, que podemos llamar una crisis general del capitalismo neoliberal financiero. La crisis lo inunda todo debido al carácter contradictorio e insostenible de este sistema.

¿Y es el feminismo del 99% la respuesta a esta debacle?


El feminismo del 99% está emergiendo como una de las respuestas a esta crisis. Los supremacistas blancos también están respondiendo a esta crisis, los movimientos populistas… Hay una gran abanico de movimientos intentando dar respuestas. Nosotras somos una de las fuerzas que ha saltado en esta situación abierta e incierta y tratar de ofrecer una alternativa


¿Y cuáles son los riesgos?


Los riesgos son que este movimiento del 99% pueda perder contra movimientos de extrema derecha supremacistas y anti-inmigrantes, que son muy desagradables, como Trump en Estados Unidos o Vox aquí en España. El otro riesgo es que nos asustemos tanto de los movimientos ultraconservadores que en lugar de pelear por lo que realmente queremos, nos volvamos hacia el feminismo liberal. Y volver a esa alianza de feminismo y liberalismo no es la solución, porque entraríamos en un círculo vicioso: neoliberalismo, trumpismo, neoliberalismo, un trumpismo peor. Hasta que realmente lleguemos a un fascismo, del que aún estamos lejos.


Es necesaria una ruptura en el ciclo. Pero no podemos volver a las trincheras, a defender lo que tenemos o intentar no perder lo que ganamos, porque seguiremos en ese ciclo vicioso.


En España tenemos a partidos de derechas promoviendo un feminismo liberal que incluye la regulación de la prostitución y los vientres de alquiler entre sus postulados. Supongo que es a esto a lo que se refiera cuando dice no volver al neoliberalismo.


La gente está entendiblemente asustada de estas derechas extremas y pueden cometer el error de pensar que no pueden defender lo que creen, sino que toca defender el statu quo. Y es un error en mi opinión, porque defender el statu quo es lo que ha generado estos estos movimientos de extrema derecha.


Usted ha sido muy crítica con lo que denomina feminismo domesticado o de la élite. En España, Ana Patricia Botín, la presidenta del mayor banco se declaró feminista no hace mucho.¿Puede ayudar esto de alguna forma a la igualdad?


No la conozco, pero imagino nombres como Sheryl Sandberg, (directora ejecutiva de Facebook), Christine Lagard (directora gerente del FMI) o Hillary Clinton. Estas son tres caras, y probablemente la que me menciona encaja en este modelo. A ellas me refiero cuando afirmo que dan al feminismo un mal nombre. Si la gente llega a pensar que eso es feminismo, van a concluir que este movimiento no puede hacer nada por ellos y que porqué deberían apoyarlo si hace cosas que les hacen daño.


Este tipo de feminismo, lo que realmente hace, es lo que en el manifiesto llamamos: la dominación de la igualdad de oportunidades. Que cree que la clase dominante que gobierna, debe tener igualdad entre hombres y mujeres. Es decir, que la gente que arruina la vida de muchas personas no sólo deben ser hombres, sino también mujeres. Es una aspiración absurda.

Muchos partidos conservadores se han subido al carro del feminismo, aunque no quieren usar la palabra feminismo. Dicen que luchan por la igualdad. ¿Necesitamos redefinir el concepto de igualdad?


Totalmente. Creo que la mayoría a lo que se llama igualdad es, en realidad, meritocracia. Entienden el problema de la discriminación como una infrarreprosentación de las mujeres en la cima y que es necesario eliminar esa desigualdad para que las mujeres puedan subir de acuerdo a su talento, en relación a sus méritos. Esto deja totalmente intacta la estructura jerárquica y no puede beneficiar al 99% de las mujeres. Sólo beneficia al 1%, o pongamos que al top 10%. Es decir a la clase directiva profesional.


Estas mujeres pueden tener éxito en lo que hacen sólo porque contratan con sueldos muy bajos y en trabajos muy precarios a mujeres migrantes pobres de otras razas para limpiar sus casas, cuidar a sus hijos o atender a sus padres ancianos en residencias de la tercera edad. En otras palabras: hay una relación directa entre esta noción de igualdad y el incremento de la desigualdad. Es una idea de igualdad de clase que dice que las mujeres deben ser iguales a los hombres de su misma clase y al diablo con todas las demás. Definitivamente el feminismo liberal hace necesario redefinir una nueva idea de igualdad.

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“Hay que prepararse ya para las consecuencias del cambio climático”

La exministra ecuatoriana preside en Buenos Aires la reunión de cooperación Sur-Sur

Para María Fernanda Espinosa, la diplomática ecuatoriana que preside la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, hay que acelerar las medidas defensivas contra el cambio climático. “El objetivo es construir resistencia y capacidad de adaptación, prepararse ya para las consecuencias del cambio”, especialmente en los países más pequeños y menos desarrollados, los que más sufrirán en las próximas décadas. El clima, la desigualdad económica y las migraciones han sido, junto al asunto urgente de la mujer, los grandes temas de la reunión Sur-Sur que los 193 países de la ONU han mantenido el jueves y el viernes en Buenos Aires.


“Un tema muy importante es la reforma de los mecanismos internos en la Asamblea General de la ONU y cómo tomar decisiones en una época en que los consensos son cada vez más raros; eso, sin embargo, difícilmente saldrá en un titular”, dice Espinosa durante una entrevista desarrollada en su hotel bonaerense. “La Asamblea adopta decisiones, pero luego cada país debe aplicarlas y ahí tenemos un déficit”, reconoce.


Aunque se trabaja mucho en la reforma interna, las urgencias planetarias concentran la atención. El cambio climático, para empezar: quién paga la factura, cómo se reparten responsabilidades y cómo se afrenta algo que ya resulta inevitable. Serán los temas de la gran conferencia de Nueva York, en septiembre. La presidenta de la Asamblea General cree que hay razones para el optimismo. Estados Unidos se ha retirado de los Acuerdos de París y su presidente, Donald Trump, incluso niega que exista el calentamiento, “pero cientos de ciudades estadounidenses y varios estados están aplicando los Acuerdos de París, China ha decidido cambiar su matriz energética y emprender la reconversión tecnológica, igual que India, y en general estamos en el camino correcto. Lo que ocurre”, subraya, “es que hay que acelerar”.


No se trata solamente de evitar que la temperatura planetaria suba más de dos grados respecto a la era preindustrial, algo que, según un informe de la ONU en noviembre, ya está a punto de ocurrir, sino de prepararse para las consecuencias del calentamiento. “Soy latinoamericana, sé que los países pequeños y con menos recursos serán los más afectados, y lo que debemos hacer ahora es redireccionar esfuerzos para construir resiliencia ante los fenómenos naturales”, dice Espinosa.


Una de las consecuencias del cambio climático será el agravamiento de las migraciones. Hoy, 250 millones de personas están en movimiento, el 80% de ellas dentro de África. La cuestión migratoria afecta muy especialmente a los países del sur, principales emisores y principales receptores, y tiene su raíz, como siempre a lo largo de la historia, en la desigualdad, que genera pobreza y violencia. “Hay demasiada gente marginada de los frutos de la globalización; si no conseguimos reducir las desigualdades y no cumplimos el objetivo de crear 600 millones de nuevos puestos de trabajo antes de 2030, los problemas serán gravísimos”, afirma.


La antigua ministra ecuatoriana se enciende al hablar de la mujer. “Solo 20 de los 193 países están dirigidos por mujeres; solo el 25% de los parlamentarios son mujeres; las mujeres cobran, a igual trabajo, una media del 20% menos; y los números de la violencia contra la mujer hieren: una de cada tres mujeres en el mundo ha sido víctima de violencia”, explica, antes de recordar que 20 millones de niñas están anualmente en riesgo de sufrir la mutilación genital.


Espinosa proclama la necesidad de respetar todas las religiones, pero precisa que incluso las religiones tienen como límite la dignidad humana. En referencia no explícita a algunos países musulmanes, recuerda que “quienes han firmado la Carta de las Naciones Unidas están obligados a cumplirla”. Y asegura que si la mujer no se integra con igualdad de derechos en la política y el trabajo, ninguno de los objetivos económicos de la ONU podrá cumplirse. El programa Spotlight, patrocinado por la ONU y la Unión Europea y dirigido a combatir la violencia contra niñas y mujeres, ha sido una de las novedades en la reunión de Buenos Aires.


Durante la reunión, Venezuela denunció que las presiones internacionales contra el régimen de Nicolás Maduro habían supuesto ya una pérdida económica de 24.000 millones de dólares. Hay quien presiona a los dirigentes de la ONU para que dejen de reconocer a Maduro como presidente, pero eso solo podría hacerse con una improbable decisión mayoritaria de la Asamblea General. ¿Puede hacer algo la organización? “Es un problema muy difícil”, admite Espinosa, “y la solución no pasa ni por la intervención militar ni por la violencia. Hacen falta diálogo y concertación. Podemos ayudar, pero la clave está en los propios venezolanos”.

Por Enric González
Buenos Aires 22 MAR 2019 - 15:42 COT

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El gobierno de Macron, en la encerrona amarilla

Los meses pasan y el presidente francés Emmanuel Macron no termina de salir de la pesadilla política e institucional que surgió en noviembre de 2018 cuando estallaron las primeras manifestaciones de los chalecos amarillos. Sábado tras sábado, con mayor o menor éxito, la ola amarilla no se disuelve. El Ejecutivo empezó a respirar con alivio durante las últimas semanas cuando se notó claramente que la movilización amarilla perdía su fuerza. Pero este fin de semana la convergencia en la Avenida de los Campos Elíseos entre los chalecos amarillos y los llamados “black bloc” derivó en un nuevo episodio de escenas de violencia y destrozos espectaculares cuyos objetivos fueron los símbolos de la riqueza ostentativa: los grupos de violentos aprovecharon la manifestación de los chalecos para saquear y destruir uno de los emblemas mundiales de la opulencia y el signo distintivo de los Campos Elíseos, el restaurant Le Fouquet’s. También arremetieron contra el local central de Hugo Boss, un banco, Lacoste, Nespresso, Foot Locker, Longchamp o Zara. La gran Avenida donde se concentran los comercios más caros del planeta atraviesa uno de los barrios más acomodados de la capital francesa. Desde el principio de las manifestaciones, los chalecos amarillos hicieron de esa exquisita zona urbana su plato de resistencia. El 24 de noviembre y el primero de diciembre de 2018 hasta el Arco de Triunfo y su Tumba del Soldado desconocido fueron saqueados. El impacto de las últimas imágenes ha sido enorme y el gobierno tuvo que salir a apagar el incendio político que se le venía encima por su incapacidad de mantener el orden público. El Primer Ministro francés, Édouard Philippe, anunció que, en adelante, las manifestaciones en el barrio y en la misma Avenida de los Campos Elíseos estaban prohibidas. Luego del anuncio cayó la primera cabeza: Philippe adelantó la destitución del Prefecto de París, Michel Delpuech. 

El Jefe del gobierno le reprochó a los responsables policiales que la “estrategia” que se había elaborado en la contención de los manifestantes esta vez no se aplicó “en condiciones satisfactorias”. El problema radica en que esas “condiciones satisfactorias” implican el uso reiterado de un arma represiva, el BLD, la cual, en estos cuatro meses de protestas, dejó decenas de personas mutiladas con ojos, pies y manos arrancadas por los proyectiles BLD. El poder traslada así su gestión aproximativa de esta crisis hacia la actuación de la policía. No queda alternativa: si reprime demasiado son unos salvajes, y si no lo hace no cumple con su deber. El uso desmedido de la fuerza por parte de las unidades policiales motivó incluso una advertencia de las Naciones Unidas. El pasado seis de marzo, La Comisaria de la ONU encargada de los Derechos Humanos, la ex presidenta de Chile Michelle Bachelet, interpeló a las autoridades francesas para que se llevara a cabo una “investigación profunda sobre el uso excesivo de la fuerza”.


Toda la construcción política diseñada por la presidencia para salir de la crisis amarilla se vino abajo. El poder inventó un “debate nacional” entre los franceses durante el cual se debía discutir sobre los grandes problemas del país, entre ellos los planteados por los chalecos amarillos. Macron participó en persona y hasta la indigestión en esos debates transmitidos por la televisión. La receta pareció dar sus resultados. El “Presidente de los ricos” descendió a las arenas del pueblo al tiempo que, entre divisiones internas, cierto cansancio, infiltraciones radicales y violencia, los chalecos amarillos perdían su movimiento ascendente. Emmanuel Macron reencarnó en Francia el perfil de nuestro Domingo Faustino Sarmiento: “la espada, la pluma y la palabra”. Con la espada reprimió, con la pluma se dirigió a Francia para convocarla al debate y con la palabra instauró un diálogo con la sociedad. La invariable lógica que se instituyó en esta confrontación no varió y el gobierno vuelve a estar en la encerrona amarilla. Las manifestaciones nunca fueron extraordinariamente masivas pero si muy extendidas y violentas. El último fin de semana de vandalismos en los Campos Elíseos los Black Bloc se infiltraron entre los chalecos amarillos y repitieron las escenas que habían protagonizado el primer de mayo de 2018 en el distrito 5 de París cuando destruyeron un McDonald’s. Los Black Bloc están compuestos por activistas de la ultraizquierda y otras corrientes oriundas de horizontes políticos diversos. Aunque la gran mayoría de los chalecos amarillos no son ultra violentos, estos episodios tienen una doble consecuencia: al mismo tiempo que apuntan a la inoperancia del gobierno también empañan la imagen de los chalecos y los arrincona en el espacio público.


El poder no encuentra la salida, tanto más cuanto que, en lo esencial, no ha expuesto sus respuestas a la triple crisis que lo acecha: política, social e institucional. Ese es el diagnóstico que hacen todos los comentaristas, desde la derecha hasta la izquierda. En su último editorial, el vespertino liberal Le Monde escribió: “es la eficacia del Estado y de su jefe así como la de los poderes públicos la que está en tela de juicio”. Le Monde sugiere que, a partir de los chalecos amarillos, es “el mandato de Macron lo que está en suspenso”. Esa es la sensación que subsiste: la de una leve pero persistente sombra amarilla que perturba el sueño del gobernante, lo mantiene en “suspenso” sin que este acierte con la ventana que lo extraiga de la pesadilla.


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Domingo, 17 Marzo 2019 05:44

La vuelta de los chalecos amarillos

La vuelta de los chalecos amarillos

Según los organizadores, más de 200 mil personas participaron. Hubo 109 detenidos y 12 heridos en choques con la policía.


Después de semanas de declive, el movimiento de los “chalecos amarillos” cobró un nuevo impulso ayer, aunque con violencia, mediante gran manifestación en París salpicada de enfrentamientos con la policía, saqueo de tiendas e incendio de barricadas en la famosa avenida de los Campos Elíseos, que se saldaron con 109 detenidos y 12 heridos leves.


En total 32.300 personas manifestaron en Francia, según cifras del ministerio de Interior. Según los “chalecos amarillos” fueron 230.766 los manifestantes. Las protestas se produjeron mientras el presidente Emmanuel Macron pasaba el fin de semana esquiando en los Pirineos, en el suroeste francés, con su esposa Brigitte.


“Voy a pasar dos o tres días aquí para reponer fuerzas y reencontrarme con el paisaje y caras amigas”, había dicho Macron al diario regional La Depeche du Midi. Pero a causa de los incidentes, Macron suspendió su fin de semana para regresar a París donde tenía previsto asistir por la noche a un reunión de crisis en el ministerio de Interior, anunció la presidencia francesa.


Los primeros brotes de violencia se registraron poco antes del mediodía en la famosa arteria parisina, donde se habían congregado unos 10.000 manifestantes. Mientras algunos grupos coreaban lemas anticapitalistas o antipoliciales, otros erigieron barricadas y saquearon tiendas de grandes marcas como Hugo Boss y Lacoste al grito de “¡revolución!”.


El conocido restaurante Fouquet’s, frecuentado por políticos y famosos, fue objeto de una gran destrucción, con cristales rotos, mesas derribadas, pintadas en la fachada y el toldo de la entrada incendiado. También se declaró un incendio en un banco, situado en la planta baja de un edificio de apartamentos, que se vio envuelto por las llamas. Los bomberos evacuaron a los residentes y extinguieron el fuego. Doce personas resultaron heridas leves, entre ellas dos policías, según los bomberos. Entre los manifestantes, un hombre resultó herido en los Campos Elíseos, probablemente por una bala de goma que le impactó en el ojo.


El ministro del Interior, Christophe Castaner, denunció en Twitter que los autores de estos actos “no son ni manifestantes, ni alborotadores, son asesinos”. Castaner describió actos de “profesionales del destrozo y del desorden” y pidió a la policía responder con “la mayor firmeza a estos ataques inadmisibles”. El primer ministro, Edouard Philippe, se dirigió por la tarde a la avenida parisina para constatar los daños y agradecer a la policía por su labor. Unas 237 personas fueron detenidas, según un registro comunicado por las autoridades. La fiscalía de París comunicó que 106 personas fueron acusadas de delitos o infracciones. Cifras comunicadas por el ministro del Interior dan cuenta de unos 7.000 a 8.000 manifestantes el sábado en la capital francesa, entre ellos 1.500 “ultraviolentos”.


Hacía semanas que no se veían en París escenas de saqueos y enfrentamientos de este tipo, que recuerdan a las que se registraron en los mismos Campos Elíseos a finales de noviembre y principios de diciembre, y cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo. A poca distancia de los escaparates destrozados, junto al Arco de Triunfo, otros manifestantes, muchos de ellos vestidos de negro y con capucha o casco en la cabeza, lanzaron adoquines a las fuerzas del orden, que respondieron con gases lacrimógenos y cañones de agua. Según imágenes difundidas por las televisiones, otro grupo trató de atacar un camión de la gendarmería.


Presentada como un “ultimátum” al presidente Macron, esta jornada 18 de movilización contra la política fiscal y social del gobierno francés, se produce tras una serie de debates en Francia con los que el gobierno esperaba canalizar la ira de los manifestantes y hacer emerger propuestas concretas. “¡Nos desmovilizamos un poco la semana pasada pero no estamos muertos, Macron! ¡Vamos por ti!”, dijo Murielle, una “chaleco amarillo” que participaba en una marcha que salió del noroeste de París. En otras ciudades de Francia también hubo manifestaciones, como Lyon (centro este), Montpellier (sur) o Burdeos (suroeste).

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Millones de jóvenes de más de 150 países se manifestaron en escuelas y plazas públicas en el denominado "Viernes por el futuro", convocado por la activista sueca Greta Thunberg, de 16 años y propuesta para al Nobel de la Paz, en protesta por la falta de medidas de los gobiernos para combatir el calentamiento global y para exigir que respeten los tratados ambientales, como el Acuerdo de París. Las marchas se realizaron en lugares como Bogotá, Sidney, Berlín, Bruselas, Londres, Madrid, Montreal y Ciudad de México. La imagen, en Hong Kong. Foto Afp

Millones de jóvenes se manifestaron este viernes en escuelas y plazas públicas en más de mil 700 lugares de más de 150 países en el denominado Friday for future (viernes por el futuro), una movilización convocada por la activista sueca Greta Thunberg a favor de proteger el medio ambiente.

Estudiantes de todo el mundo dejaron las aulas para realizar una huelga mundial en protesta contra la falta de medidas de los gobiernos para combatir el calentamiento global, "los océanos suben de nivel, nosotros también", exclamaron los manifestantes en Sídney, "el cambio climático es peor que Voldemort", se leía en la pancarta de un joven en Wellington, Australia, aludiendo al brujo antagonista de los libros y películas británicas de Harry Potter, símbolos de una generación.

En Londres otros miles marcharon con carteles que afirmaban: "El futuro está en nuestras manos y faltamos a las lecciones para enseñarte una". En Roma, miles de alumnos comenzaron su protesta en el Coliseo antes de marchar por el centro histórico. Unas 10 mil personas salieron a las calles de Lausana, Suiza; y miles más en Zúrich; en Washington otros mil 500 jóvenes se reunieron frente al Congreso a gritar "¡acción climática ahora!" agitando carteles con consignas como "nuestro planeta, nuestro futuro".

En Madrid se desarrolló la marcha europea más concurrida, a la que acudieron 4 mil 500 personas según las cifras de las fuerzas de seguridad, aunque los estudiantes estimaron casi 50 mil.

El denominador de las demandas fue exigir a los gobiernos en el orbe que respeten tratados del ámbito medioambiental como el Acuerdo de París y tomen medidas contra el avance del cambio climático.

En la capital gala, entre 29 mil jóvenes, de acuerdo con la policía, y unos 40 mil, según los organizadores, desfilaron entre los monumentos del Panteón y el parque de los Inválidos, además un grupo bloqueó durante tres horas la entrada de la sede del banco Société Générale en en cuadrante de la Defensa para denunciar el financiamiento a proyectos "ecocidas".
Las multitudes más impresionantes se vieron en Bogotá, Sídney, Berlín, Bruselas, Londres, Madrid y Montreal, ciudad donde participaron unas 150 mil personas, de acuerdo con los organizadores. Estas protestas en capitales y ciudades como Copenhague, Viena, Zúrich, París, Lisboa, Melbourne, Chile, Brasil y Ciudad de México, llevaron a las calles a decenas de miles de simpatizantes de este movimiento que comenzó en agosto de 2018 cuando la activista Thunberg, de 16 años, cobró popularidad por manifestar su inconformidad en horas de clase por el cambio climático frente al Parlamento sueco.

Su nombre fue postulado para recibir el Nobel de la Paz, "hemos nacido en este mundo, vamos a tener que vivir con esta crisis toda nuestra vida. También lo harán nuestros hijos, nietos y las generaciones venideras. No vamos a aceptar esto. Estamos en huelga porque queremos un futuro y vamos a continuar", exclamó la joven en una concentración en Estocolmo. Científicos afirman que el uso de combustibles fósiles libera gases de efecto invernadero que atrapan el calor y elevan las temperaturas en el mundo, provocando más inundaciones, sequías, olas de calor y un aumento del nivel del mar; la promesa de la conferencia sobre el clima de París de 2015 de limitar el incremento de la temperatura mundial a 2 grados centígrados sobre las existentes antes de la industrialización, requiere una reducción radical en el uso de carbón y combustibles fósiles.

 

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Todo preparado para la gran rebelión estudiantil por el clima

Los estudiantes de educación secundaria y superior están llamados a un paro este viernes 15 de marzo en la primera gran huelga internacional contra el cambio climático y la falta de políticas para atajarlo.

 

La juventud se planta por su futuro. Es un lema válido para prácticamente cualquier reivindicación estudiantil pero en este caso se refiere, literalmente, a la posibilidad que ese futuro exista para esos jóvenes. “La ONU ya ha dictado que en 2030 tenemos que tener ya una serie de medidas drásticas o no habrá planeta que recuperar”, señala Irene Rubiera, portavoz de Fridays for Future Madrid. “No sé cuántos años van a tener Pablo Casado, Pedro Sánchez y toda esta gente en ese momento, pero sé que serán muy mayores y les importará todo mucho menos”. A ella le va la vida en ello: tiene 19 años.


La lista de eventos globales para la gran huelga estudiantil internacional programada para este viernes 15 de marzo, que tiene el fin de exigir a los gobiernos implementar medidas inmediatas y realistas para frenar el cambio climático y dejar el aumento de temperatura global medio a un máximo de 1,5ºC respecto a los niveles preindustriales, ya supera las 1.300 convocatorias en más de cien países. A nivel estatal, son medio centenar las ciudades donde se han programado concentraciones y manifestaciones, según ha recopilado la plataforma Juventud por el Clima - Fridays for Future.


Es el colofón de un movimiento, Fridays for Future —los ‘viernes por el futuro’—, que tiene una impulsora y cara bien visible en Greta Thunberg, una adolescente sueca de 16 años que comenzó todo esto cuando decidió dejar de asistir a clase para que el gobierno sueco redujera sus emisiones, y una herramienta clara: la huelga. “Como dice Thunberg, nosotros estamos ahora en clase estudiando para un futuro que no vamos a tener, así que es una manera de simbolizar que no vamos a estudiar para un futuro que no tenemos”, explica Rubiera.
Sin precedentes en Europa


En países como Alemania, Australia, Bélgica, Francia o Suiza, los paros y protestas de los viernes están siendo masivos desde hace un mes y han cosechado un éxito sin precedentes en algunos de ellos, más si cabe resaltando que las movizaciones son impulsadas y llevadas a cabo por jóvenes de secundaria que, de esta forma, están elevando la voz contra un problema que los adultos no parece que acaben de tomar demasiado en serio.


En España la iniciativa ha tardado algo más en arrancar, “quizá porque aquí tenemos menos tradición de asociacionismo juvenil”, opina Rubiera. Aunque hace dos meses un grupo de estudiantes se plantó ante la sede de la Generalitat de Girona, el pasado 1 de marzo se producía el primer Friday for Future convocado a nivel estatal, que conseguía tímidas protestas frente al Congreso —unas 500 personas en Madrid—, y en la plaza de Sant Jaume, en Barcelona, además de en otras ciudades como Girona, Málaga o Valencia.


Quince días después, organizado en apenas tres semanas y de forma telemática —”tenemos un grupo grande de coordinación nacional, otros de gente que trabaja en los institutos y otro de diseñadores de carteles”, cuenta la activista del nodo madrileño de la organización—, el movimiento pretende llegar mucho más lejos y multiplicar las protestas tanto en número de asistentes como de ciudades. Aquí, además, las universidades se han apuntado para unir fuerzas para defender el planeta, lo que supone un potente aliado del movimiento.
Escuchen a los científicos


Quien busque un decálogo de reivindicaciones, más allá del cumplimiento de temas básicos que la comunidad internacional apoya de palabra pero no de acción —como es el caso del malogrado Acuerdo de París o no sobrepasar, como dicta el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), los 1,5 ºC— no lo encontrará. “Solo pedimos una cosa, que escuchen a los científicos. Yo tengo 19 años y no sé cuáles son las medidas concretas para abordar el problema, pero sé que hay gente que ya las tiene y nosotros pedimos que se les escuche”, indica Rubiera.


La juventud llama a hacer caso a los científicos y estos devuelven el cumplido. Más de 12.000 de Alemania, Australia y Suiza presentaron este martes en Berlín un manifiesto por el que secundan la huelga juvenil. La lista con todos los nombres se entregará este viernes a los activistas alemanes, un país que cuenta con más de 180 protestas programadas para ese día.
Políticos, sin interés


Desde el movimiento ven con preocupación la falta de interés de los dirigentes españoles. “Nos preocupa que estando en campaña electoral no hablen mucho de esto”, indica la activista, “lo ven muy lejos, no ven que es un problema muy serio que hay que abordar de manera inmediata, y eso es un problema”.


Desde el ecologismo nos les faltan apoyos, también logísticos, aunque en Fridays for Future dejan claro desde el principio que es un movimiento apartidista y que no ha surgido de ninguna organización. La Alianza por el Clima, una federación internacional formada por 400 organizaciones, que ha expresado su agradecimiento y apoyo al movimiento, recuerda que “la evidencia científica señala al cambio climático como la principal amenaza para el planeta tierra y nuestros medios de vida, y que disponemos de un plazo tan limitado para frenarlo que todas las acciones cuentan”.


En España, Ecologistas en Acción, a través de un comunicado, remarca que “el compromiso de perseguir una ruta segura de descenso de las emisiones, capaz de limitar el incremento de la temperatura global por debajo en 1,5 ºC, es la única respuesta posible a las demandas de la activista climática Greta Thunberg”. Para la confederación, la ola de movilizaciones iniciada por la adolescente sueca “denuncia con claridad cómo los actores políticos tradicionales no han estado ni están a la altura del reto que supone cambio climático”. Asimismo, reclama a los partidos políticos, sindicatos, empresas y organizaciones que han mostrado su apoyo a la huelga “que canalicen su acuerdo con las movilizaciones juveniles planteando los cambios necesarios en sus propias entidades y asuman el cumplimiento de objetivos coherentes con las indicaciones del IPCC”.


También Greenpeace se ha volcado con los jóvenes, llamando a la movilización “la revolución de las tizas de colores” y animando a toda la sociedad “a sumarse y empujar por un nuevo comienzo, una nueva oportunidad de ponernos manos a la obra para buscar soluciones. El tiempo es escaso y hay mucho trabajo que hacer”.


Desde Unidos Podemos también se apoyan la movilización, tal como aseguró su secretario de Organización, Pablo Echenique este miércoles. Equo, el partido verde enmarcado en la coalición, ha llamado a secundar la huelga y ha asegurado que apoyará “cualquier acción relacionada con la lucha contra el calentamiento global”.

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Autodefensas de abajo, sentido común de los pueblos

La Guardia Indígena del Cauca, nacida más de dos décadas atrás para defenderse de las incursiones de paramilitares, militares y guerrillas, marcó un hito en la historia reciente de esas formas de garantizar la vida de los pueblos. Fue reorganizada en grandes asambleas de los pueblos nasa y misak y cuenta con alrededor de 3.500 guardias elegidos por sus comunidades, en 18 cabildos o territorios ancestrales.


Prestan servicio varones y mujeres de 12 a 50 años, no sólo se defienden de enemigos externos, usando sus bastones de mando, eligen coordinadores y prestan gran atención a la formación y la educación de sus miembros, que tiene como una de sus tareas centrales aplicar la justicia comunitaria como forma de mantener la armonía en los pueblos.
Una década atrás surgió la Guardia Cimarrona entre los pueblos negros de Colombia, inspirada en la historia de libertad y resistencia territorial del palenque. Ahora que las FARC dejaron las armas están apareciendo otros grupos armados, a menudos narcos y paramilitares, que deben ser abordados desde la autodefensa por la guardia.


“La Guardia Cimarrona es una propuesta de protección y auto-protección comunitaria para la reconciliación, la construcción de convivencia y el logro de una paz con justicia social”, señala una ponencia que abordas las tareas de la guardia (goo.gl/yjoCPP).


Sus formas de acción son múltiples: protección cultural desde los usos y costumbres; protección espiritual de los territorios y comunidades; protección político territorial y jurídica, con la aplicación de los sistemas de justicia propia; y protección individual y colectiva por las comunidades.


Recientemente ha nacido una Guardia Comunitaria Wichi en la localidad de Sauzalito, en la región del Impenetrable Chaco, norte de Argentina (4 millones de hectáreas de bosques nativos en región semiárida) Cuenta con 300 integrantes que piensan llevar a más de mil para proteger sus 100 mil hectáreas del narco que saquea madera, peces y miel y pretende introducir drogas entre las y los jóvenes.


Días atrás se formó una nueva autodefensa, la Guardia Indígena Whasek, en Nueva Pompeya. Hace más de un mes la guardia interceptó una camioneta del Centro de Integración Comunitario dependiente del gobierno nacional e incautó el vehículo, que ahora se usa para el patrullaje del territorio.


Finalmente, el año pasado se creó el Consejo de Recuperación Territorial (CRT), que volvió a reunirse en Miraflores a fines de febrero, que promovió la recuperación de 3.700 hectáreas, donde “están implementando pequeñas represas para almacenar agua para animales, huertas, fabricación de ladrillos, corrales para los chivos, chanchos y aves”, según relata Alfredo Galarza. Además quieren construir una escuelita, mientras las viviendas van dejando la improvisación del plástico y los palos para levantar paredes de adobe y ladrillos. Las tres localidades del Chaco son pequeños pueblos de cinco a diez mil habitantes.


“Dentro del CRT hay compañeros qom que integran el Consejo Qarashe, que es una organización indígena piquetera, que a su vez es un desprendimiento de la Organización Toba Qompi, legendaria organización indígena”, sigue el relato. El concepto de organización indígena piquetera me parece alucinante, y revela la profundidad que adquirieron los movimientos en los últimos años, que van trenzando sus experiencias vitales.


El Consejo consiguió que se construyan muchas viviendas en Miraflores, que en su mayoría “están a nombre de las mujeres de la organización, que son las que sostuvieron los piquetes y formaron la primer cooperativa de canastos Onolec Lagaraiq. Algunas de las mujeres de la cooperativa, han participado de los encuentros de mujeres a nivel nacional y a fines de 2018 hicieron el primer encuentro de Mujeres y Saberes sin la ayuda de ninguna organización, partido, ni sindicato”.


Onolec Lagaraiq (una sola palma en lengua qom), es una cooperativa de artesanas que nace en 2011 para evitar la explotación de los coyotes que lucraban con su trabajo (goo.gl/kWM2HP). El consejo Karashe ha conformado cooperativas de cestería, miel, madera y se disponen a inaugurar una radio, que nos dice Alfredo “consiguieron con sus propios recursos, además de una salita de primeros auxilios manejada por un enfermero qom”. Van a poner en marcha canchas de basquetball y ya tienen tres equipos de fútbol femenino indígena.


Como hubiera dicho León Felipe, vengo a cantar “cosas de poca importancia”…esas pequeñas cosas que están cambiando el mundo, abajo y a la izquierda.

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Lunes, 11 Marzo 2019 05:26

Los sabios

Decenas de miles de niños y jóvenes en más de 50 países tienen programado realizar una huelga escolar el 15 de marzo, para exigir a los políticos que aborden la crisis del cambio climático y emprendan acciones ya. Muchos estudiantes se han sumado al movimiento que comenzó una joven sueca de 16 años.Foto tomada de Fridays for Future

Los niños y los jóvenes están llegando al rescate de los adultos que la están regando, poniendo en riesgo mortal y moral a sus sociedades y al planeta. Les piden que dejen de portarse de manera infantil y asuman eso que dicen querer enseñar a los menores de edad: responsabilidad.

El 15 de marzo, decenas de miles de niños y jóvenes en más de 50 países, incluidos Estados Unidos y México, tienen programada una huelga escolar para exigir a los políticos que aborden la crisis del cambio climático aquí y ahora.

Inspirados por una jovencita sueca, Greta Thunberg, ahora de 16 años, quien solita desde agosto de 2018 empezó a abandonar su escuela cada viernes para protestar frente al Parlamento de su país con una pancarta en la cual se leía: "huelga escolar por el clima", decenas de miles de estudiantes en cada vez más países se han sumado al movimiento descentralizado y encabezado sólo por jóvenes.

En enero, Thunberg viajó a Davos, donde acusó en su cara a multimillonarios, empresarios y políticos reunidos ahí de saber exactamente "los valores sin precio que han estado sacrificando para continuar ganando montos inimaginables de dinero". Y les advirtió: “yo no quiero su esperanza… Quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el pánico que yo siento cada día. Y después quiero que actúen”.

semanas antes, Thunberg tomó el podio en una conferencia mundial sobre cambio climático de la ONU, donde declaró: "ustedes dicen que aman más que todo a sus hijos, pero les están robando su futuro frente a sus propios ojos". Y acusó: "ustedes no son lo suficientemente maduros para decir las cosas como son".

Cuando la primera ministra británica, Theresa May, y otros políticos los criticaron por no ir a clases, la sueca respondió: "si ustedes piensan que deberíamos estar en la escuela, entonces sugerimos que ustedes tomen nuestro lugar en las calles". Jonas Kampus, otro activista en Suiza, respondió a estas críticas que "estudiar por un futuro que no existirá, no tiene sentido". A pesar de que no pueden expresarse por medio del voto por ser menores de edad, advierten que se harán escuchar de otras maneras.

“Somos el futuro sin voz de la humanidad… No aceptaremos una vida de temor y devastación. Tenemos derecho a vivir nuestros sueños y esperanzas… Ahora haremos escuchar nuestras voces. El 15 de marzo protestaremos en cada continente… Vamos a cambiar el destino de la humanidad les guste o no”, escribieron unos 150 estudiantes del nuevo movimiento en una carta colectiva publicada primero en The Guardian. “Demandamos que los que toman decisiones en el mundo asuman responsabilidad y resuelvan esta crisis. Nos han fallado en el pasado… la juventud de este mundo ha empezado a moverse y ya no nos quedaremos quietos”, advierten.

Thunberg aparentemente fue inspirada por los estudiantes de la prepa en Parkland, Florida, quienes después de que 14 de sus compañeros y tres trabajadores murieron en un tiroteo masivo en febrero de 2018, detonaron un movimiento sin precedente de jóvenes contra la violencia por armas de fuego: March for Our Lives. Ahora, uno de los líderes más destacados de ese esfuerzo, David Hogg, acaba de invitar a sus seguidores en Twitter –casi un millón– a sumarse a las huelgas escolares contra el cambio climático.

En Estados Unidos, el Sunrise Movement, también conformado por jóvenes, ha emprendido acciones directas en el Congreso y por todo el país exigiendo acción de los políticos ahora, impulsando el New Deal Verde, en colaboración con legisladores nuevos, como Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista más joven.

Como siempre, los jóvenes siembran la esperanza al desafiar a aquellos adultos que les dicen cómo pensar y actuar, y que les tratan de explicar la supuesta neta sobre "la realidad", cómo hay que aceptar los límites de lo posible y los invitan a aceptar la desilusión, disfrazada de sabiduría adulta. Pero ahora el futuro depende de escuchar la sabiduría antigua de los más jóvenes.

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Sábado, 09 Marzo 2019 06:34

La revuelta feminista y sus conexiones

Las más jóvenes, los sectores populares y las mujeres racializadas son las protagonistas de este momento histórico

Vivimos una extensión del feminismo sin precedentes: lo que antes era marginal se volvió sentido común. Los acontecimientos se suceden tan velozmente que a veces no podemos pararnos a pensar. ¿De qué está hecha esta revuelta que tambalea cimientos a escala global? ¿Cuáles son los ingredientes que agitan su potencia?


A veces se ha intentado responder esta pregunta desde la idea de olas, buscando identificar en cuál estamos, como si el momento actual hubiese concluido y pudiéramos analizarlo de forma estanca. Mi propuesta es enfocarlo de un modo distinto, que evite cierres apresurados y utilizar estas preguntas no tanto para definir, sino para escuchar los modos en los que está siendo contestado el poder contemporáneo, porque en ellos encontramos claves fundamentales para comprender nuestro presente.


La revuelta feminista que recorre nuestros cuerpos es radicalmente heterogénea y se produce al mismo tiempo en diferentes niveles: calle, escuela, institución, entornos laborales, medios de comunicación, redes sociales, sindicatos. Esta multiplicidad tiene lugar de manera simultánea en una serie de expresiones comunes: hartazgo ante la violencia, huelga como desafío, demanda inaplazable del aborto. Desde esta perspectiva, es posible repasar algunas de las imágenes que nos deja la revuelta y que hilan un feminismo radicalmente diverso y transformador.


Una revuelta que se inicia en el Sur


Las imágenes de movilizaciones históricas se mantienen muy presentes en nuestras pupilas. La mecha prendida en 2015 en Argentina con la movilización #NiUnaMenos tras una serie de feminicidios, entre los que se encuentra el de Chiara Páez –adolescente de 14 años embarazada en ese momento– y su réplica en México el 24 de abril de 2016, con una movilización que sacude el país entero, resitúan la cuestión de la violencia en términos de clase y la raza: ¿A qué violencias están sometidas las mujeres de las villas o de la periferia de la Ciudad de México? ¿Cómo resistir cuando tu casa se encuentra en la misma zona donde salir a la calle supone en sí mismo riesgo de desaparición o muerte? ¿Qué economías operan en la violencia contra las mujeres? ¿Cómo defenderse, cuidarse colectivamente, cómo no ceder al terror?


La convocatoria en Ciudad de México fue precedida por la acción #MiPrimerAcoso. Cientos de mujeres narraron en ese momento por primera vez abusos de todo tipo. Se iniciaba un proceso histórico: la ruptura del pacto de silencio que impera sobre la violencia. Comenzaron a organizarse grupos de denuncia contra el acoso en las universidades y se tejieron alianzas con las familias que buscaban incansablemente el regreso con vida de sus desaparecidas o batallaban por justicia ante los feminicidios. Las cruces rosas quedaron clavadas en los territorios allí donde la violencia se impuso, allí donde la hermana, la hija o la amiga desapareció, allí donde se encontraron sus restos: símbolos contra el olvido, resistencia contra el borrado de humanidad.


Más tarde, en España se gritará, con la fuerza de quienes sienten en primera persona aquello por lo que batallan, “hermana, somos tu manada”. Se recontruyó un nuevo nosotras no unitario en una realidad cargada de violencia e impunidad. Y también asistimos a las movilizaciones de las estudiantes chilenas por una educación libre de violencias, las de las mujeres en la India marchando juntas, encadenando fuertemente sus brazos, las turcas desafiando al régimen, y el #MeToo, no como causa de esta revuelta, como erróneamente se ha interpretado en ocasiones, sino como efecto de la oleada que nace desde el Sur y el Este, reconfigurando el mapa global de la protesta.


También tenemos recientes las imágenes del Paro Internacional de Mujeres, impulsado por las argentinas en 2017, a raíz del brutal feminicidio de Lucía Pérez, de 16 años de edad, y que colmó la pretensión de asimilar socialmente la barbarie. Una huelga en el que la protesta contra el feminicidio, el derecho al aborto y las desigualdades económicas se entrelazan: “Sin nosotras no se produce y sin nosotras no se reproduce”. Desde Argentina, el desafío se expandió: ¿Qué significa parar cuando la realidad laboral es la precariedad extrema y la familiar depende del cuidado? ¿Cómo hacerlo dentro de una comunidad? ¿Cómo reinventan las mujeres el paro? ¿Qué circuitos económicos colapsan cuando las mujeres dicen «basta»? ¿Qué orden social y qué entramado de poder son cuestionados en cada situación?


Posteriormente, al calor de la huelga feminista convocada en España, adquirió forma otra intuición: si en este sistema las mujeres y quienes no se adecúan a las normas de género son explotadas y excluidas –como las empleadas domésticas, las migrantes, las disidentes sexuales o las trabajadoras del sexo–, amenazadas e, incluso, asesinadas, –en un sistema que impone la desigualdad y la violencia como formas de control–, ¿no será necesariamente el feminismo anticapitalista y antirracista? ¿No cuestiona el feminismo de raíz este orden intolerable? En otras latitudes, las mujeres zapatistas dicen algo que resuena fuertemente con estas preguntas: el capitalismo ataca nuestras comunidades, las mismas condiciones para la reproducción, la misma posibilidad de existir.


Por último, en nuestra memoria reciente aparecen las imágenes de las luchas por el derecho y la despenalización del aborto. Las irlandesas regresando a casa a votar en referéndum histórico; las polacas vestidas de negro, desafiando al régimen en su empeño por prohibirlo y penalizarlo; las argentinas tomando el parlamento, haciendo que sus demandas se conviertan en debate nacional y anudando pañuelos, el verde de las jóvenes, el blanco de las Madres de Plaza de Mayo y el de millones de mujeres en el mundo entero. ¿Qué discursos hegemónicos sobre el control del cuerpo de las mujeres se ven desplazados aquí? La autonomía, sobre la que pivotan buena parte de las reivindicaciones históricas del feminismo, se actualiza en varios aspectos: una nueva dimensión internacional –la autonomía de las de aquí pasa por las de allí–, el derecho de las personas trans a decidir sobre su cuerpo y el cruce con la clase, la edad y la procedencia: son las más jóvenes, los sectores populares y las mujeres racializadas las protagonistas en este momento histórico.
El feminismo como punto de partida incuestionable


El sentido del feminismo se está reconfigurando a través de todas estas nuevas prácticas. Mirar desde esta perspectiva implica asumir que no existe programa predefinido o agenda única que pueda imponerse para calcular avances o evaluar logros. En otras décadas, el feminismo se articuló en torno a la representación de la mujer, categoría que aglutinó al movimiento el movimiento; posteriormente, se cuestionó con la aparición de las diferencias entre mujeres y el reconocimiento de una enorme diversidad de feminismos –populares, comunitarios, negros, transfeministas, queer, descoloniales–. En la actualidad, sin negar nuestras diferencias, nos reunimos en torno a situaciones o problemas comunes. Estas situaciones tienen, además, la cualidad de reverberar a escala global: mensajes, reivindicaciones, discusiones y formas de acción circulan traspasando fronteras y haciendo que unas vibremos con la experiencia de otras. Esta articulación de las diferencias en un nuevo común no unitario es el problema filosófico-político de nuestro tiempo.


El trabajo de identificar situaciones o problemas comunes expresa la resistencia contra lo que podemos llamar lógica de separación: separación de experiencias, separación de cuerpos, separación de territorios. Ante un poder que separa la vida, la nueva revuelta feminista reconstruye los vínculos sociales rotos de maneras diversas. En el Estado de México, la Asamblea Nos Queremos Vivas Neza, formada ante el terrible aumento de niñas y mujeres desparecidas y/o asesinadas, afirma: “El miedo se transforma en amor por otras”. En la práctica de organizarse, reaparecen otras formas de estar juntas y juntos.


En estos lugares periféricos, vemos con terrible crudeza que nuestro tiempo está definido por la paradoja: al mismo tiempo que vamos ganando vamos perdiendo. Al mismo tiempo que adquirimos más fuerza, experimentamos mayor violencia. Al mismo tiempo que somos potencia, nos sentimos extremadamente vulnerables. El feminismo es hoy un punto de partida incuestionable porque sin él no existe justicia, igualdad ni cuidado de la vida. Y, sin embargo, nos vemos obligadas a gritar: “Disculpen las molestias, nos están matando”, que en lugares como México cobra un sentido absolutamente literal. Es importante reconocer la paradoja de nuestro tiempo, no para quedarnos en ella, sino para hacerla estallar.


Estallar la paradoja


En la revuelta feminista encontramos ingredientes que pueden permitir estallar la paradoja para conducirnos a horizontes distintos. En primer lugar, una comprensión de la categoría de lo humano más allá del paradigma de la racionalidad. El feminismo enseña que la existencia no es evidente, sino una posibilidad que emerge al hacernos cargo de la vulnerabilidad y de la potencia de los cuerpos radicalmente diversos. No hay autonomía como transcendencia, sino que aquélla se da siempre en un entramado situado de interdependencia. Las madres que buscan a sus hijas saben que sin el apoyo de las demás es imposible literalmente sostener la búsqueda.


El significado de la acción política también cambia radicalmente. Aparecen varios desafíos. El primero, inclusión y horizontalidad. ¿Cómo impedir que las diferencias entre mujeres –de clase, procedencia, sexo– se resuelvan en desigualdad? ¿Cómo seguir atentas a las exclusiones producidas por las categorías morales y políticas de la tradición que tratan de imponerse? ¿Cómo propiciar el protagonismo de las menos privilegiadas? El segundo, conexión. María de Jesús Patricio Martínez (Marichuy), representante indígena en las pasadas elecciones en México decía: “Se trata de conectar dolores”. ¿Podemos hacer que distintos dolores dialoguen entre sí para hacernos más fuertes? ¿Qué tipo de nosotrxs distinto puede emerger? El tercero, amplificación. ¿Cómo generar prácticas que interroguen lo que se considera privado –cuidado, sexualidad, afecto– en sus aspectos políticos? El último, una política de lo común que nos permita entendernos enredadas en permanente conversación: con resistencias no necesariamente identificadas como feministas, identidades minoritarias no normativas, las genealogías de las luchas de las que somos parte, el malestar de millones en distintas partes del mundo. El feminismo internacionalista debe revolverse contra las desigualdades producidas por el colonialismo sin reproducir al mismo tiempo identidades estancas.


La revuelta feminista está planteando una de las preguntas más difíciles de nuestro tiempo en un momento en el que cualquier alternativa se declara imposible: ¿Cómo queremos vivir en común con criterios de justicia e igualdad? Y una respuesta tentativa: ¿No lo estamos ensayando ya? En muchos lugares del mundo, este próximo 8 de marzo seguiremos practicando el horizonte transformador por el que transitamos con todas nuestras fuerzas.

Autora
Silvia L. Gil, feminista y profesora/investigadora de Filosofía. Es autora de Nuevos Feminismos. Sentidos Comunes de la dispersión (Traficantes de Sueños) y participa en distintos procesos de pensamiento y acción colectiva entre México y España.

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