Sábado, 18 Mayo 2019 07:00

La batalla por las calles

La batalla por las calles

Cuba y el control de la protesta pública.

Luego de que el gobierno decretara la cancelación de las tradicionales “congas” de la diversidad sexual, unas doscientas personas marcharon en La Habana por los derechos de la comunidad Lgtbiq, un acontecimiento que terminó con varios detenidos y levantó críticas contra la actuación policial. El episodio echa luz sobre los límites de la “apertura” cubana y la compleja posición de las disidencias.
La primera convocatoria había sido anunciada para la mañana en la ciudad de Santiago de Cuba, la segunda más importante del país, casi mil quilómetros al sureste de La Habana. Pero hacia las nueve ya era evidente su fracaso: sólo una veintena de personas había acudido a la Plaza de Marte para participar en la inédita marcha del orgullo gay. Ese sábado 11 en la tarde, en declaraciones a un medio digital alternativo, Ezequiel Fuentes Morales, uno de los congregados, aseguró que “aunque la comunidad (Lgtbiq) está disgustada, teme a la represión y prefiere callar”.


Por primera vez la celebración no era organizada bajo el auspicio del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), institución adscripta al Ministerio de Salud Pública y dirigida por la socióloga y diputada Mariela Castro, hija del todavía primer secretario del Comité Central del Partido Comunista, Raúl Castro.


Días atrás, el Cenesex había anunciado que este año no saldrían a la calle sus tradicionales “congas por la diversidad”. Como argumento justificatorio, se expuso “la agudización de la agresividad contra Cuba y Venezuela (que) ha envalentonado a grupos (que) intentan tergiversar la realidad de Cuba, y (…) pretenden utilizar nuestra conga para desacreditar, dividir y sustituir el verdadero sentido de esta actividad”.
Durante la última década, las “congas por la diversidad” –una suerte de marcha de la diversidad en versión tropical– han constituido el momento cumbre de las Jornadas Cubanas contra la Homofobia y la Transfobia, que cada mes de mayo tienen sus “sedes centrales” en La Habana y en alguna capital de provincia escogida a tal efecto. Este año la elección recayó en la centroriental ciudad de Camagüey, la tercera de la isla en cuanto a población e importancia, pero una de las más conservadoras debido a la influencia de iglesias, como la católica.


Mientras se discutían allí los planes para los festejos (no fue hasta mediados de la semana anterior que las autoridades aprobaron una versión limitada de la programación original), en La Habana se desataba una tormenta de mensajes, convocatorias y contraconvocatorias a través de Facebook y otras redes digitales. La esencia de los debates podía resumirse en dos posiciones: aceptar la suspensión de la conga e incorporarse al resto de la cartelera preparada por el Cenesex, o acudir el sábado en la tarde al céntrico Paseo del Prado capitalino, para marchar sin autorización oficial. A pesar del fracaso matutino en la “cuna de la Revolución”, a las cuatro y media de la tarde unos doscientos habaneros optaron por esa última opción.


LA CALLE, DE LOS REVOLUCIONARIOS.


La de las calles fue una de las primeras batallas libradas por Fidel Castro y sus seguidores luego del 1 de enero de 1959. Pocas victorias han tenido una importancia mayor. Un estudio publicado en 2015 por la investigadora Claudia González Marrero, doctoranda en el Centro de Estudios para la Cultura de la Universidad Justus Liebig, de Berlín, lo resalta desde su propio título: “La calle es de los revolucionarios: Políticas normativas e imaginario social cubano”.


El monopolio de la movilización popular y de la representación de sus intereses constituye una fuente esencial de legitimidad para la dirigencia isleña. “Expresiones de disconformidad o cuestionamiento público han sido conductas, si bien no negadas, reorientadas y absorbidas por el propio proceso normativo. Las críticas han sido aceptadas siempre que sean emitidas desde los espacios instituidos y organizados para ello”, apunta la estudiosa al describir una dinámica de poder que ha evolucionado a la par del país.


Los hechos confirman su efectividad. No fue hasta el 5 de agosto de 1994 que en La Habana se produjeron los únicos disturbios de alguna consideración, que registra la historia reciente de Cuba. Significativamente, las contramarchas que aquella tarde pusieron fin a los desórdenes avanzaron bajo la consigna de“¡Esta calle es de Fidel!”, remarcando un derecho de posesión que el gobierno-partido está obligado a conservar.


Tal privilegio es refrendado por la nueva Constitución, que de manera implícita subordina libertades individuales, como las de reunión, manifestación y asociación, a la “necesidad de proteger nuestra soberanía e independencia”, según explicación brindada en el Parlamento por el secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta. Aun así, teniendo en cuenta las numerosas normas que habrán de complementar la carta magna aprobada el 24 de febrero, no faltó quien especulara respecto a la posibilidad de que fuera establecida una suerte de protocolo para la convocatoria ciudadana de marchas y otras iniciativas de esa índole. Como anticipándolo, a comienzos de abril fue autorizada una manifestación en contra del maltrato animal, que reunió en La Habana a casi medio millar de personas. Poco después, la solicitud para un evento similar era recibida por el gobierno de la central ciudad de Santa Clara, y en otras, como Camagüey y Pinar del Río, grupos interesados en el tema se preparaban para presentar las suyas.


En definitiva, la tendencia fue cortada de raíz a finales del mes pasado, con la destitución del funcionario que había dado luz verde a la solicitud capitalina y la denegación de la presentada ante las autoridades santaclareñas. La facultad “movilizadora” seguirá siendo derecho exclusivo del gobierno, el partido y las organizaciones de masas que se le subordinan.


¿POR QUÉ LOS ANIMALES Y LA COMUNIDAD LGTBIQ?


La marcha por la diversidad sexual, que finalmente tuvo lugar el 11 de mayo en La Habana, fue cubierta por una miríada de corresponsales extranjeros, que pudieron enviar a sus redacciones una jugosa cosecha informativa. Como era de esperar, el momento cumbre de la tarde se produjo cuando la marcha arribó al final de la zona peatonal del Prado y pretendió cortar el tránsito de la concurrida calle San Lázaro para continuar rumbo a Malecón.


¿A dónde se dirigía? Nadie parece saberlo. “Todos los amigos de mi grupo que nos reunimos ese día nos pusimos de acuerdo en Facebook. Por lo que se decía, siempre pareció que la caminata tendría lugar en el Parque Central y el Prado”, contó a Brecha una joven comunicadora social para quien la culminación “natural” de la cita era la “besada” pública, que en la ocasión protagonizaron decenas de parejas. De ahí en más, “creo que todo el mundo tenía sus propios planes. Una amiga mía, por ejemplo, iba preparada para seguir luego hacia el José Antonio (el círculo social José Antonio Echevarría, donde el Cenesex desarrollaba a esa misma hora una fiesta)”.


Muchos, en efecto, lo hicieron. Si bien al día siguiente las portadas de numerosos diarios extranjeros resaltaron la “fuerte represión ordenada por el régimen”, lo cierto es que sólo cuatro personas terminaron esa tarde en el asiento trasero de un coche de patrulla. Cotejando las imágenes y los testimonios de algunos de los presentes, es posible definir casi con exactitud el momento de la confrontación. Sobre su principal animador no quedan dudas: fue el biólogo Ariel Ruiz Urquiola, quien hace un año se vio envuelto en un enmarañado proceso judicial contra funcionarios del Cuerpo de Guardabosques y vecinos suyos en una finca que usufructúa en el paradisíaco Valle de Viñales. Con independencia de la publicación que se revise, es su detención la que acapara los lentes, por el dramatismo de verlo forcejear entre varios agentes vestidos de civil. Los fotorreporteros tuvieron poco más con que trabajar, pese al fuerte dispositivo policial montado en torno del Prado.


“Todo indica que la apuesta de algunas conocidas figuras de la llamada disidencia, que nunca se preocuparon ni ocuparon con propuestas ni mensajes constructivos por nuestros derechos como personas Lgtbi, era por enrarecer aun más el ambiente”, opinó Francisco Rodríguez Cruz en su blog, Paquito el de Cuba, un conocido reportero de la prensa estatal que se autodefine como “martiano, comunista y gay”. “Fue la agencia Efe la que reportó que en ese grupo había quienes al parecer tenían la intención de provocar un incidente (…), y es evidente que en parte lo lograron”, lamentó.


En los últimos años, el activismo por los derechos de los animales y de las personas con orientaciones sexuales diversas ha asumido buena parte de la centralidad mediática que en otros tiempos acaparaba la lucha contra la discriminación racial. De hecho, durante los debates populares sobre la nueva Constitución, el artículo 68 del proyecto (relativo a la posibilidad del matrimonio igualitario) fue uno de los más discutidos, motivando cerca del 10 por ciento de las intervenciones y propuestas. La campaña animalista, pese a no estar contemplada en el texto, también ganó notoriedad, aunque su mayor impacto estuvo en Internet y entre algunos sectores urbanitas, fundamentalmente capitalinos.


Para muchos, el matrimonio igualitario funcionó como una suerte de cortina de humo durante la consulta. El programa televisivo de mayor popularidad en el país, el humorístico Vivir del cuento, lo alertaría en una de sus emisiones. Como en la ficción, muchas reuniones terminaron centrándose en las implicaciones que tendría la hipotética modificación constitucional y no en temas como la política económica o la relación del Partido Comunista con el Estado.


Desde el exterior tampoco faltan los dobles raseros. Regularmente llegan a La Habana generosos donativos individuales para proyectos centrados en la protección de animales callejeros, la conservación del medioambiente o la promoción de colectivos minoritarios, por citar sólo algunos de los más comunes. La casi totalidad de tales emprendimientos se unifican bajo una premisa, al menos formalmente: no “recurrir a gobiernos, partidos políticos, ni Ong de ninguna parte (mucho menos a instituciones estatales cubanas)”. La frase textual pertenece a Isbel Díaz Torres, líder de Abra, un centro social y biblioteca libertaria definido como “empeño autoemancipatorio” por sus miembros. Tres años de campaña internacional permitieron allegar los fondos para que comenzara a funcionar en mayo de 2018, declaró, por entonces, el propio Isbel, quien el sábado se vio impedido de participar en la marcha del Prado, tras ser detenido junto con su pareja por la policía.


Entre las publicaciones más recientes de su perfil en Facebook llama la atención una que recuerda el Día Internacional de la Objeción de Conciencia al Servicio Militar (este 15 de mayo), asumiendo una posición contrapuesta a la del gobierno de La Habana, que en las últimas semanas ha manifestado su preocupación por la agresividad estadounidense y ha reafirmado la defensa como una de sus “tareas estratégicas”. Vale apuntar que la base de las Fuerzas Armadas Revolucionarias radica en los conscriptos del servicio militar, que por ley están obligados a cumplir todos los hombres mayores de 18 años; significativamente, la homosexualidad es uno de los contados motivos de exoneración.


“Con el matrimonio igualitario y la ley de protección animal se aplicó aquello de ‘jugar con la cadena, pero no con el mono’: con seguridad, alguna gente se extendió en esos tópicos para no meterse en problemas opinando sobre otros que podían ser complicados. Si fue una ‘habilidad’ del gobierno, fue una muy buena”, reflexiona un profesor universitario que durante el proceso de consultas integró uno de los cientos de dúos de “facilitadores” encargados de conducir las asambleas y recoger las opiniones de sus asistentes. La misma sombra de duda puede proyectarse sobre el fin último de muchos de los emprendimientos “alternativos” que florecen en la isla. Entre el activismo militante y el oportunismo media una frontera en extremo difusa.


CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA.


Esta marcha “dilata lo que otros activistas hicimos cuando el peligro parecía incluso mayor. Esa memoria estimula a la de hoy, esos rostros de ahora son una certeza que ansío pueda ser la de muchas otras esperanzas. La batalla real comienza ahora”, escribió esta semana el dramaturgo cubano Norge Espinosa, que reside en España. Sus palabras se alinean con las de creadores como el actor Luis Alberto García, y los músicos Silvio Rodríguez y Vicente Feliú, críticos de la actuación de la policía y las “mentalidades que tienen la retranca puesta en todo lo que se intenta mejorar”, según el último. Opiniones similares predominan en las redes sociales y en los despachos noticiosos fechados en La Habana.


Leyéndolos, pareciera que Cuba se detuvo el sábado en la tarde. En realidad, no ha sido así. Lo ocurrido en el Prado quedó –en buena medida– allí; a las provincias han llegado sólo ecos lejanos y videos filmados con móviles, que para la mayoría de la población no pasan de registrar “cómo la policía dispersó la marcha de los maricones”. Al cubano promedio, sobre todo al “del campo”, lo siguen convocando más las urgencias cotidianas que los pulsos contra el gobierno. Conscientes de ese divorcio entre las elites capitalinas y el país profundo, las autoridades evitaron en todo momento informar sobre lo acontecido en el Prado. A la par, fueron anunciadas medidas contra el acaparamiento y la especulación, a favor del incremento de la cantidad de productos que se comercializan de forma controlada, y la próxima entrada en funcionamiento de nuevos servicios de transporte.


Al redactarse esta nota, el presidente Miguel Díaz-Canel completaba una intensa semana de apariciones públicas visitando su provincia natal, Villa Clara, centro de la comunidad Lgtbiq en la isla, que en la jornada de marras permaneció en absoluta tranquilidad. Mirado a contraluz, el recorrido parece destinado a trasmitir un mensaje claro, a tenor de las reiteradas imágenes del mandatario dialogando ante grandes concentraciones de sus conciudadanos: al margen de lo sucedido el sábado, las calles no han cambiado de manos.

Por Amaury Valdivia
17 mayo, 2019

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Miércoles, 15 Mayo 2019 05:32

Empecemos por la comunicación

Empecemos por la comunicación

Carlos Valle sostiene que la situación política y social actual requiere fortalecer espacios en la esfera pública para que se puedan escuchar las historias y los reclamos del pueblo, a fin de crear un ambiente de convivencia y respeto que permita el impulso de una atmósfera democrática.

En muchas culturas se comprende el universo como una unidad integral. Todos los seres humanos desde nuestro nacimiento somos dependientes de los demás. El líder sudafricano contra el aparheid, Biko, solía decir que no hay mayorías o minorías, sino solo pueblo. Reconocer la igualdad de los seres humanos no debe ocultar las enormes desigualdades que persisten en el mundo. Basta mencionar la cantidad de seres humanos cuyas posibilidades de sobrevivir y llegar a ser personas son muy remotas. El problema se presenta cuando algunos sectores se sienten con más derechos sobre los bienes de la tierra y las personas. La injusticia humana nos acompaña desde tiempos inmemoriales. Realidades desiguales requerirán tratamientos desiguales, si se procurara lograr la igualdad.


¿Cómo enfrentar esta lamentable realidad? Un camino es el de la comunicación, porque los seres humanos hemos sido creados para comunicarnos entre todos y con la creación, porque hace a la esencia de la vida. Pero cuando tratamos de comprender la situación actual, percibimos que nuestro mundo se ha ido moviendo hasta llegar a establecer un modo de vida donde los que se han adueñado de los bienes definen como debe funcionar la vida de la comunidad. El enorme desarrollo tecnológico dominado por una economía liberal de mercado ha permitido acrecentar las brechas entre ricos y pobres. Los conglomerados de comunicación, que se han ido constituyendo, han reforzado los postulados establecidos acrecentando las injusticias, estimulando la promoción del individualismo, cancelando de esta manera toda posibilidad de cambio. De allí que los criterios de la información que promueven se definen en función de la preservación de esos postulados y de la obtención de beneficios para sus dueños. Sus armas son la negación del diálogo como la apertura y la inclusión, con la amenaza constate de la desinformación, por medio de una desvergonzada censura acompañada por la diseminación del odio y la mentira.


Si nos empeñamos en recrear una auténtica democracia, hay que crear espacios para la formación y desarrollo de las capacidades de comunicación, donde nadie se sienta marginado, que permita proteger la cultura local producida por el pueblo y no sea avasallado por los intereses comerciales, o de las grandes potencias. Es el derecho de los individuos y de las comunidades ser sujetos y no objetos de la comunicación, de participar en la producción y distribución de sus mensajes. Hay que sacar a la luz a los invisibilizados y excluidos de la sociedad. Porque no es posible comunicar sin escuchar, no se debería pretender interpretar el sentir y las necesidades de la gente si no se aprende antes a escucharla y comprenderla. La comunicación es un proceso de compartir, de dar y de recibir, de sorprender y ser sorprendido.


La situación política y social actual requiere fortalecer espacios en la esfera pública para que se puedan escuchar las historias y los reclamos del pueblo, a fin de crear un ambiente de convivencia y respeto que permita el impulso de una atmósfera democrática, donde se discuta y planee cómo compartir la vida comunitaria en toda su diversidad.


En un mundo dominado por la concentración del dominio de la información hay que abrir espacios allí donde no los hay por la denuncia y el anuncio a fin de crear nuevos tiempos. Hay un derecho inalienable al acceso a recibir y dar información como elemento esencial para el desarrollo de una comunidad democrática.


Por Carlos A. Valle, comunicador social. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas.

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Cuba 2018-2019: Coyuntura y perspectiva

El tránsito entre 2018 y 2019 en Cuba tuvo dos peculiaridades. Por un lado, sirvió para rememorar el 60 Aniversario del inicio de un proceso que se propuso transformar el país en cuatro direcciones: independencia nacional, justicia social, buen gobierno y una economía próspera y sustentable. Ese proceso, que ha implicado 60 años de resistencias y sacrificios populares, tomó rápidamente el título que mantiene hasta hoy: la Revolución Cubana.

Si hubiera que hacer un balance sintético, se podría decir que en esos 60 años el país alcanzó por primera vez el ejercicio pleno de su soberanía y se transformó en un actor a nivel global por sus políticas anti-hegemónicas y de solidaridad internacional; avanzó sustancialmente en salud pública y educación, aunque quedaron lagunas en sectores como la vivienda y el transporte público; eliminó los grandes casos de corrupción y creó un sistema político nuevo, más ajustado a la voluntad popular, aunque mediado por la figura y genio de un líder como Fidel Castro, lo que unido al clima de plaza sitiada en el que tuvo que sobrevivir, condujo a un régimen democrático imperfecto con una institucionalidad vertical y autoritaria, en el cual la burocracia estatal y partidista adquirió una excesiva discrecionalidad; no pudo construir un modelo económico próspero y sustentable, independiente del sostén externo, mientras que las fuerzas productivas estuvieron restringidas por un sistema de administración altamente centralizado y poco creativo.


Al analizar las falencias de este proceso siempre habrá que recordar que el gobierno cubano estuvo y está bajo la constante presión de una política persistentemente hostil de un poderosísimo enemigo, otrora socio privilegiado: los Estados Unidos.


En segundo lugar y paradójicamente, 2018-2019 también marcó la primera gran transformación política postrevolucionaria: la transferencia de poder de la generación histórica que dirigió la Revolución a otra más joven compuesta por mujeres y hombres nacidos por lo general después de 1959.


Esa transferencia necesitó de una nueva constitución en la cual el sistema político cubano se reconoce por primera vez como un estado socialista de derecho, con todo lo que ello implica.


El proceso de redacción, discusión, aprobación y proclamación de esta nueva Magna Carta, que no estuvo exento de las tendencias verticalistas de la cultura política cubana, ocupó la atención primaria de la ciudadanía entre julio del 2018 y abril del 2019, incluyendo una consulta popular que fue un gran ejercicio de deliberación democrática.


La última fecha sirvió también para hacer un balance del primer año de gobierno del presidente electo en abril del 2018, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.


Ese balance, pues, desbordó los marcos del calendario formal. Díaz-Canel, ingeniero de formación, pero cuadro político con una amplia trayectoria partidista y gubernamental, recibió como herencia un proceso de reforma económica y política en marcha, diseñado en lo fundamental durante los 12 años de gobierno de su predecesor, el general Raúl Castro.
El objetivo central de esa estrategia es crear lo que la propaganda oficial ha designado como un “socialismo próspero y sustentable” a partir de una “actualización del modelo económico y social” cubano.


Ello no es una ruptura con los logros alcanzados bajo el liderazgo de Fidel Castro, más sin embargo, como afirmara el propio Raúl Castro el 27 de julio del 2007: “Para lograr este objetivo habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios.”


Durante su mandato el expresidente y actual primer secretario del Partido Comunista de Cuba insistió más de una vez que el principal enemigo que enfrentaba esta transición era “la vieja mentalidad”, con lo cual quedó evidente lo que muchos analistas, incluyendo el que suscribe, han señalado: bajo el signo de la unidad existe una aguda lucha entre dos tendencias, la que privilegia el cambio y la innovación y la que insiste en el continuismo y la inmovilidad.


Como lo han demostrado los 12 años precedentes, no puede haber continuidad sin transformación y sin adaptación a las cambiantes circunstancias domésticas y externas. Desde el poderoso centro ideológico del Partido se insiste en la consigna de “somos continuidad”, lo que puede socavar en la conciencia y las esperanzas ciudadanas sobre la necesidad del cambio.


En un sistema de partido único siempre hay el peligro de confundir realidad con propaganda; después de todo cualquier constructo ideológico-propagandístico no es más que una interpretación de la realidad y la realidad puede ser muy terca. No hay que olvidar un precepto fundamental del marxismo: la práctica es el criterio de la verdad.


Aunque tanto Raúl Castro como Díaz-Canel, han enfatizado que la batalla principal que enfrenta Cuba es la de la economía, el año que pasó será recordado, sobre todo, por los cambios políticos impulsados por las propias autoridades cubanas, entre los cuales se encuentra una importantísima ampliación del espacio público con el impulso oficial al uso de Internet, a la presencia de las autoridades en las redes sociales y al énfasis en el gobierno electrónico.


En este balance del 2018, sigue siendo deficitario el proceso de transformación económica. Tanto desde el gobierno como en los círculos académicos se reconoce que no se alcanzan las metas propuestas y que quedan muchas políticas aprobadas por implementar.


Hay dos elementos claros: toda la política del presidente Díaz-Canel tiene por objetivo actualizar el modelo socio económico con vistas a crear ese tan ansiado socialismo próspero y sustentable; y el presidente personalmente realiza un enorme esfuerzo de trabajo y comunicativo para lograrlo.


Pero el 2018 terminó en medio de graves escaseces.


Los desafíos que enfrenta el gobierno cubano en materia internacional son enormes debido a la creciente hostilidad de la administración de Donald Trump y los graves acontecimientos en Venezuela. También hay aspectos positivos en que sustentarse pero no siempre se aprovechan todas las reservas con la premura necesaria.


Sin embargo, no se debe olvidar, hoy más que nunca, que economía y política se encuentren indisolublemente imbricadas.


En el futuro no podrá hablarse de un balance político positivo de este período, no importa cuánto se logre en ese terreno, si el devenir económico del país no se encamina firme e irrevocablemente hacia las metas trazadas en los documentos principales conocidos abreviadamente como Lineamientos, Conceptualización y Visión 2030.


Y ahí es donde está el gran déficit de los últimos años, incluido el 2018, y el gran desafío del 2019 y los futuros. Se sabe y está definido lo que hay que hacer, pero no se acaba de lograr que el gobierno en su totalidad implemente con audacia y vigor lo acordado. Y el tiempo se nos está acabando.


Por Carlos Alzugaray

Diplomático, escritor y educador, es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

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La economía cubana ante el cambio de Gobierno

El nuevo poder ejecutivo que se formará a partir del 19 de abril próximo estará conformado por personas que nacieron después de la revolución y que por ende no cuentan con la legitimidad histórica de quienes lucharon en la Sierra Maestra.

 El Presidente Raúl Castro llega al fin de su mandato sin haber logrado aplicar el 75% de las reformas aprobadas por el Parlamento, por el Partido Comunista (PCC) y por la población, en asambleas de debate barrial. Deja en manos del nuevo mandatario problemas tan complejos como la unificación de la moneda o la apertura de la empresa privada. 

“El periodo de Raúl Castro no ha generado el crecimiento económico que proclamó, pero los cambios en la sociedad no han sido menores. La expansión de derechos de propiedad, religión, acceso a internet y viajes de los últimos años han producido una cultura política mucho más vocal, plural y menos controlable por el partido-Estado”, es el balance del profesor cubanoamericano Arturo López Levi.


Durante el último año, los cambios se han paralizado, no hay nuevas aperturas, no se entregan más licencias de autónomos para abrir hostales o restaurantes, se congeló la creación de cooperativas y no existe un mecanismo para legalizar las pymes, a pesar de que el propio Raúl Castro aseguró en el Congreso del PCC que serían autorizadas, dentro del plan de reestructuración económica.


La unificación monetaria es el siguiente desafío que se enfrenta la economía: entre las dos monedas existen cinco tasas de cambio diferentes. Según el doctor en economía cubano Juan Triana, cuando se dé ese paso quebrarán el 60% de las empresas estatales, que hoy importan sus insumos gracias a una tasa de cambio más favorable. El también economista y profesor Pavel Vidal cree que, a pesar de todo, la única salida es “desmantelar toda la estructura productiva e instituciones que han mostrado su inefectividad por décadas”. Sin embargo, el cierre de estas empresas deficitarias provocaría un mínimo de 1,5 millones de desocupados.


Durante los últimos meses las autoridades han recalcado que no permitirán la acumulación de riquezas. “El asunto es que no me dejan crecer más, tengo una fábrica de 10 000 m2 y 300 obreros”, afirma un empresario y agrega que “la inversión que tenía prevista en Cuba tuve que realizarla en Ecuador”.


Los sectores más ortodoxos temen que las reformas lleven hacia el capitalismo y se oponen a estos cambios. La retirada de Raúl Castro del Gobierno conllevará a la salida del grupo más reacio a las transformaciones y podría dejar las manos libres al nuevo presidente y su equipo para acelerar las reformas. El ex diplomático cubano Carlos Alzugaray cree que “Raúl dejará que Díaz Canel, o quien sea electo, actúe con la menor interferencia posible” desde el PCC, donde se concentrarán los dirigentes de históricos.


El cubano de a pie se limita a juzgar al Gobierno en su conjunto por no haber alcanzado la prosperidad prometida. Raúl Castro eliminó las trabas para viajar, generalizó el uso de internet, multiplicó por cinco el número de autónomos, permitió el acceso de los cubanos a los hoteles de turismo y autorizó la compraventa de casas, a pesar de lo cual Betsy, una joven de 20 años, asegura que no ve “nada destacable en su gestión”. Para le gente común, el tema económico es clave a la hora de realizar un juicio.


Los daños causados por el Bloqueo de los EE UU parece un tema ya gastado a los ojos de los cubanos aunque la intensificación del mismo durante 2017 haya afectado duramente la económica nacional y la de los pequeños empresarios en particular. El miedo sembrado por la administración Trump a viajar a Cuba redujo el número de turistas estadounidenses, una buena parte de los cuales llegaban por Airbnb para hospedarse en casa particulares y comer en restaurantes privados.


Trump dispara al corazón de la industria más dinámica de la isla —15% de crecimiento anual— buscando hacer el mayor daño económico y social posible. En esencia mantiene el fundamento del embargo descrito en un documento del Departamento de Estado el 6 de abril de 1960: “... debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. (...) Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.


El nuevo poder ejecutivo que se formará a partir del 19 de abril próximo estará conformado por personas que nacieron después de la revolución y que por ende no cuentan con la legitimidad histórica de quienes lucharon en la Sierra Maestra. El profesor López Levi considera que “el nuevo liderazgo depende más de una legitimidad por gestión, medida en estabilidad social, seguridad pública, crecimiento económico y mejoría del bienestar de la población”. Pavel Vidal agrega que el próximo presidente cubano “necesitará convencer de que tiene la autoridad y la disposición para completar los objetivos trazados y profundizar el proceso de reformas económicas, sobreponiéndose a las fuerzas internas que se resisten a los cambios”.

 

Fernando Ravsberg
La Habana (Cuba)

publicado
2018-03-31 06:00:00

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Partido Comunista de China se abre al Socialismo del Siglo 21

La apertura debativa al Socialismo científico del Siglo 21, por parte de la única potencia mundial gobernada por un Partido Comunista, aparece como brisa oxigenante en una coyuntura de obstáculos a la evolución del postcapitalismo global.                                                                          
 

1. El Diario del Pueblo abre el debate

 
En un evento de trascendencia histórica, el diario oficial del Partido Comunista de China (PCC)   ---Renmin Ribao o Diario del Pueblo---  introdujo el 16 de enero del presente el Socialismo del Siglo 21 al debate público del país.  En una página entera sobre la crisis capitalista y sus alternativas elogia la propuesta del Socialismo del Siglo 21 por su creatividad y por tematizar el papel del poder en los cambios sistémicos. Juzga también que la teoría tendrá grandes implicaciones para el futuro de la humanidad. Esas son palabras mayores de un periódico que es el diario más importante de la República Popular de China, que imprime 2.52 millones de ejemplares en mandarín; entre tres a cuatro millones a nivel global y que es el décimo periódico más vendido del globo.
 

2. De la UE a China, de Berlin a Beijing

 
El Partido Comunista de China ha abierto, por lo tanto, el espacio de debate oficial  al único modelo científico de la civilización postcapitalista que hoy día existe, y que presentamos en  la Oficina de la Unión Europea en Berlin, a fines de octubre del 2011, con eurodiputados y la vanguardia científica mundial en la materia. La publicación sobre el S21 en Renmin Ribao, con la autoría de dos profesores de la Shanghai University of Finance and Commerce (Xiaoqin Ding) y de la Chinese Academy of Social Sciences (Cheng Enfu), sigue a apenas cuatro semanas de la publicación de dos páginas enteras sobre la misma temática en uno de los dos semanarios alemanes más importantes, Die ZEIT. Ese periódico de corte liberal, que cuenta con un tiraje de 600.000 ejemplares, publicó el 15 de diciembre una larga entrevista sobre el Socialismo científico y democrático del Siglo 21, que me hiciera su redacción de economía en la norteña ciudad de Hamburg.

 
3. El tiempo objetivo del Socialismo del Siglo 21 ha llegado
 

El hecho, de que el Socialismo científico del Siglo 21 haya entrado en las páginas del diario oficial de la principal potencia socialista del mundo (China) y en la prensa burguesa decisiva de la  cuarta potencia capitalista mundial (Alemania), se debe a tres factores.

 
1. Ante la crisis existencial del capitalismo, sectores de su clase intelectual realizan búsquedas trans-clasistas para encontrar la salvación del sistema. En China, en cambio, la maduración del proceso de “reforma y apertura” obliga a encaminar la política nacional hacia una forma superior de Socialismo científico y democrático, so pena de caer en el modelo de Hongkong y Taiwan. Esa necesidad sistémica interna es agravada por la Nueva Guerra Fría, que el pelele del complejo militar-industrial anglosajón-sionista, Barak Obama  inició en el año de 2009, para destruir el proyecto histórico principiado por Mao Tse Tung.
 

2. La segunda razón del éxito radica en la calidad del paradigma científico del Socialismo del Siglo 21, que ha logrado el movimiento respectivo de investigadores y grupos sociales en largos años de trabajo. Lo que hoy es el sujeto colectivo de vanguardia nació hace tres lustros en la cooperación de las Escuelas de Bremen (Peters, Stahmer, Dieterich) y Glasgow (Cockshott, Cottrell); se enriqueció con los movimientos sociales de la Patria Grande en el Bloque Regional de Poder Popular y, hace algunos años se convirtió en sujeto tricontinental, con la participación de “los hijos del Dragón”.

 
3. La tercera razón reside en la lógica de la evolución objetiva de la especie, cuya verdad ideal  ---es decir, en forma de idea---  ha sido captada con sublime inteligencia en la sentencia de Victor Hugo, de que nadie puede impedir una idea, cuyo tiempo ha llegado.

 
4. La única alternative disponible

 
La apertura debativa al Socialismo científico del Siglo 21, por parte de la única potencia mundial gobernada por un Partido Comunista, aparece como brisa oxigenante en una coyuntura de  obstáculos a la evolución del postcapitalismo global. Entre ellos, hay que mencionar a la sedimentación definitiva  de los gobiernos progresistas latinoamericanos en el desarrollismo burgués. Es correcto apoyar a Evo, Chávez, Correa et al como alternativa socialdemócrata al neoliberalismo. Pero, ninguno de ellos ha creado estructura institucional alguna, que trasciende a la economía de mercado o al parlamentarismo burgués, ni lo va a hacer. Los consejos estratégicos de Fidel, si bien han sido de carácter defensivo-estratégico en las últimas décadas y no proactivos a favor del desarrollo del socialismo científico post-soviético, ya no se oyen. Y el poco tiempo que le queda a Raúl, lo dedica a la salvación de  la Revolución Cubana, tratando de organizar la transición del modo de producción de Stalin al modo de producción de la Nueva Economía Política de Lenin y Deng Hsiao Ping.

 
Los movimientos de protesta surgidos a raíz de la crisis de 2008, a su vez, están en una etapa de maduración teórica que tomará mucho tiempo todavía para parir Nuevos Proyectos Históricos postcapitalistas, con solidez objetiva. El agotamiento del populismo “socialista” de Chávez, las sistemáticas confusiones creadas por los intelectuales burgueses y los “postmodernos socialistas”, completan el panorama.

 
5. Los pueblos con la ciencia construyen el Socialismo del Siglo 21

 
Ante el abandono de la alternativa postcapitalista por los gobiernos progresistas latinoamericanos, el Segundo Encuentro Internacional del Bloque Regional de Poder Popular (BRPP) ---que se realizó en Barquisimeto, Venezuela, en marzo del 2009---  se efectuó bajo el lema: Los pueblos con la ciencia construyen el Socialismo del Siglo 21. Hemos seguido trabajando con esta lógica, independientes y sin el dinero de los Estados, y el éxito nos ha dado la razón. A tal grado, que ahora se abre la posibilidad de que nuevamente un Estado socialista entre en la dinámica de la evolución del futuro post capitalista.
 

Bajo el beato signo del dragón, tendríamos que modificar entonces la consigna de Barquisimeto, volviendo a decir que “Los pueblos con la ciencia y los Estados progresistas construyen el Socialismo del Siglo 21.” Esta sería una Santa Trinidad que encantaría al Angelus Novus de la historia.
 

 Ultima modificacion el Lunes, 23 de Enero de 2012 22:06

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La Habana, 15 de mayo. El líder de los campesinos cubanos, Orlando Lugo, reabrió hoy el debate sobre el futuro del sector agrícola, pidiendo que se rompa el monopolio estatal del comercio agrícola y se permita el usufructo permanente de la tierra.

La cuestión del monopolio comercial es un tema aún sin resolver, dijo Lugo al diario Juventud Rebelde. La declaración surgió apenas una semana después de que empezó a circular el plan económico aprobado por el Partido Comunista de Cuba (PCC), que sólo decidió transformar ese sistema de distribución de alimentos, que está en la mira de los productores desde hace al menos un año.

Si en Cuba existen una producción privada y diversificada, no puedes tener una comercialización monopolizada, respondió Lugo en la entrevista. Tenemos que buscar muchas formas de compraventa. Si me preguntaran, diría que tiene que ser directa.

El líder de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (Anap) abundó en esta forma: Si una cooperativa quiere vender productos y quiere tener un punto de venta, que lo tenga. Si un hotel quiere comprarle un producto a una cooperativa, ¿por qué no lo puede hacer? ¿Por qué hay que hacerlo obligatoriamente a través de una empresa?

Bajo el actual sistema, los agricultores están obligados a vender la mayor parte de su cosecha al monopolio estatal llamado acopio, y luego pueden concurrir al mercado con la oferta sobrante.

El plan económico que decidió el sexto congreso del PCC, en abril, mantiene el acopio, aunque aceptando mecanismos de gestión más ágiles, así como la posibilidad de que el productor concurra al mercado con sus propios medios.

Pero la declaración de Lugo mostró la insatisfacción del sector con ese acuerdo. La suerte del campo es uno de los asuntos más discutidos en los últimos años en Cuba, en la medida en que la isla tiene ociosa casi un tercio de tierra cultivable y debe importar alimentos a precios crecientes, que este año llevarán la factura a unos mil 500 millones de dólares o casi la quinta parte del total de importación de bienes en 2010.

El vicepresidente Marino Murillo informó al parlamento en diciembre pasado que el debate sobre acopio era tan amplio que estaban sobre la mesa todas las opiniones posibles: desde endurecerlo hasta eliminarlo. La opinión que ahora expone Lugo ya se había manifestado el año pasado, en el congreso de la Anap.

La Anap tiene unos 400 mil miembros, entre campesinos privados y cooperativistas. Este sector tiene cerca de 25 por ciento de la tierra cultivable y genera alrededor de 57 por ciento de la producción agrícola.

Lugo también consideró que el actual régimen de entrega de tierras en usufructo, que tiene un tope de diez años, es un freno para el desarrollo del campo. Es un límite y una contradicción, señaló el líder de la Anap y consideró que la tierra tendría que entregarse en forma permanente, así como reconocer la herencia del título.

El plan del PCC anunció modificaciones a ese sistema, sin entrar en detalles. En su informe al congreso, el presidente Raúl Castro anticipó que se ampliarán los actuales límites de los lotes en usufructo, que ahora son de 13.42 hectáreas para quienes no tienen propiedades rurales.

La isla tiene 6 millones 600 mil hectáreas de tierra cultivable y considera ociosas un millón 868 mil hectáreas, de las cuales se habían entregado en usufructo hasta marzo pasado un millón 191 mil hectáreas o 63 por ciento. Sin embargo, 77 por ciento de la tierra entregada (922 mil hectáreas) se considera puesta en uso, una fórmula que indica algún tipo de faena preliminar, pero no necesariamente el inicio de la explotación.

Por Gerardo Arreola
Corresponsal
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Al contrario que algunos países vecinos, como Argentina y Chile, en Brasil apenas se han dado pasos tímidos para acabar con la impunidad de los crímenes cometidos durante el régimen militar que gobernó el país entre 1964 y 1985 y amparados por la Ley de Amnistía de 1979. Pero las cosas podrían cambiar muy pronto: el Supremo Tribunal Federal (STF) brasileño, equivalente a lo que en España sería el Tribunal Constitucional, comenzará hoy a debatir una acción judicial presentada por la Orden de Abogados de Brasil (OAB) para resolver el alcance de esa amnistía.

Lo que la Orden de Abogados pretende es que se clarifique de una vez por todas el significado del primer artículo de la ley, que otorgó la impunidad por los "crímenes de cualquier naturaleza" relacionados con delitos políticos o cometidos por motivación política. La posición de la OAB es que ese perdón generalizado no puede aplicarse a crímenes contra la humanidad como son torturas, secuestros y asesinatos. "El Estado no puede autoamnistiarse", ha resumido el presidente de la asociación, Ophir Cavalcante.

El ministerio público federal se posicionó en contra de revisar la ley con el argumento de que la Ley de Amnistía fue producto del acuerdo entre diferentes sectores del régimen militar y de la autoridad civil, incluida la OAB, para facilitar la transición.

La Abogacía General de la Unión (AGU) adoptó la misma postura, alegando que no hay controversia jurídica en torno a lo que quiere decir la ley: perdonó todos los delitos con motivación política, fuesen practicados por militares o por sus oponentes. Lo cierto es que, en aquel momento, la aprobación de la norma permitió el regreso a Brasil de políticos, artistas y otros exiliados. Pero no parece que fuese muy factible el debate democrático en el contexto de un régimen autoritario que se cubría así las espaldas para cuando llegase la hora de la democracia.

Búsqueda de consenso

El Supremo Tribunal brasi-leño, de 11 miembros, quiere alcanzar el máximo consenso posible en un caso tan polémico y que reaviva las emociones de uno y otro lado. Uno de sus miembros, José Antonio Dias Toffoli, no podrá votar porque estaba en la AGU cuando esta dio su parecer contrario a la revisión de la amnistía. Y otro, Eros Grau, sufrió en sus carnes las torturas practicadas por el régimen por defender a opositores a la dictadura.

Si el STF falla a favor de mantener la amnistía en los términos que rigen hasta ahora, a la sociedad civil le queda la vía de la Justicia internacional, que fue tan relevante para acabar con la impunidad en Argentina y Chile. Aunque probablemente los brasileños no podrán contar con la ayuda del juez Baltasar Garzón, la Corte Interamericana de Derechos Humanas se ha pronunciado de forma contundente contra las leyes de impunidad y ha agrietado las normas en este sentido en el Cono Sur.

El Supremo Tribunal tiene otra acción judicial en curso, interpuesta por el ministerio público, para tratar de la apertura de los archivos de la dictadura. Algunos documentos están siendo ya catalogados por el Archivo Nacional, de la República, pero no así los más relevantes: los que dan fe de las torturas y las listas negras de subversivos.

Las fuerzas armadas aseguran que los documentos fueron destruidos, pero no lo creen así las asociaciones de víctimas y familiares. El ministerio público está en contra de revisar la amnistía, pero se pronuncia a favor de abrir el archivo.

Por NAZARET CASTRO - 28/04/2010
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Nueva York, 11 de enero. La elección de Barack Obama, cambios demográficos y generacionales en Miami, y el traslado del poder pacífico y exitoso en La Habana han generado expectativas de un cambio en la política estadunidense hacia Cuba por primera vez en 50 años.

El presidente electo y algunos de sus asesores, además de una amplia gama de expertos y ex políticos, indican que habrá una nueva disposición, y hasta tal vez motivación, para modificar la política bilateral hacia la isla este mismo año.

En el sitio de Internet de la campaña presidencial de Obama se prometía que “en el caso de Cuba, se otorgargá poder a nuestros mejores embajadores de libertad al permitir viajes y remesas a la isla ilimitados de familias cubanoestadunidenses. El empleo de diplomacia intensiva y de principios también (un presidente Obama) enviará un mensaje importante: si un gobierno pos Fidel da pasos significativos hacia la democracia, empezando con la liberación de todos los prisioneros políticos, Estados Unidos está preparado para dar pasos que lleven a normalizar las relaciones y aflojar el embargo que ha gobernado las relaciones entre nuestros dos países durante las últimas cinco décadas”.

Además, Obama no se retractó, a pesar de severas críticas durante la campaña, de abrir un diálogo sin condiciones con líderes de regímenes “enemigos”, donde incluyó a Raúl Castro.

Para los principales expertos en la relación, la política estadunidense hacia Cuba, formulada en gran medida por Miami, comprobó su fracaso cuando Fidel Castro trasladó el liderazgo del gobierno a Raúl Castro y un equipo de dirigentes, dejando a Washington y al exilio en Miami reducidos a meros espectadores. El consenso entre los principales centros de análisis y los grandes medios es que Washington, por su propia política, se marginó en esta transición.

“El fracaso más grande en la historia”

En un informe recientemente emitido por el influyente centro de análisis de políticas Brookings Institution se afirma: “si uno compara resultados a objetivos declarados, la política estadunidense hacia Cuba podría ser el fracaso más grande en la historia de la política exterior estadunidense. Después de un embargo de casi cinco décadas y varios intentos para aislar y minar el régimen de Castro, Fidel ha entregado el poder a su hermano Raúl. Hoy, Estados Unidos tiene pocas palancas para promover el cambio en Cuba. De hecho, Cuba goza de relaciones normales con virtualmente cada país del mundo más allá de Estados Unidos”.

Julia Sweig, experta en la relación bilateral y directora del programa de América Latina del Consejo de Relaciones Exteriores, subrayó que en esa coyuntura que Fidel Castro logró “manejar su propia sucesión”, y “lo está haciendo pacíficamente”, negociando la expectativas y sentando las bases para la próxima etapa de la vida política de la isla. Eso comprobó, dijo, que desde hace tiempo se debería de haber levantado el embargo y otras restricciones, las cuales sólo han limitado la política exterior estadunidense justo en esta coyuntura.

El ex coronel Lawrence Wilkerson —mano derecha del general Colin Powell y ahora copresidente de la Iniciativa de política EU-Cuba de la Fundación Nueva América– consideró que esa coyuntura ofreció una apertura para cambiar la política estadunidense, pero fue desperdiciada comprobando que “nuestra política hacia Cuba es un fracaso”.

Wilkerson, junto con Patrick Doherty de la Fundación Nueva América, indicaron recientemente que un cambio en la política hacia Cuba sería la manera más inmediata, y relativamente fácil (dada la complejidad de otros asuntos exteriores) para que el nuevo presidente envíe una señal al hemisferio de un cambio en la política exterior de Washington. “Nuestra política hacia Cuba es un obstáculo para lograr una nueva relación con las naciones de América Latina” afirman, y señalan que sólo con el fin del embargo se podrá generar una relación más cercana con la región para abordar toda la gama de problemas conjuntos del hemisferio.

Así, con el fin del régimen de Bush, analistas e intelectuales de la cúpula política recomiendan una nueva política bilateral expresada en varios “grupos de trabajo” en diversos think tanks. Por ejemplo, un grupo destacado de ex dirigentes políticos y diplomáticos de la Brookings Institution propone que el próximo gobierno en Washington anule partes centrales de esta política, incluyendo eliminar todas las restricciones de viajes a Cuba y envío de remesas, suspender todos los elementos del bloqueo de comunicaciones, sacar a Cuba de la lista oficial del Departamento de Estado de países patrocinadores de terrorismo y ampliar relaciones a todos los niveles, incluyendo el oficial entre ambos gobiernos.

El presidente electo Barack Obama –quien en 2003 como candidato al Senado abogó por levantar el embargo– se atrevió a declarar durante su campaña en un foro en Miami patrocinado por la Fundación Nacional Cubano Americana (CANF, por sus siglas en inglés), que favorecía aflojar las restricciones a viajes y envío de fondos a la isla; adelantó que si hay muestras de un cambio hacia la democratización en la isla, “Estados Unidos debe de estar preparado a dar pasos para normalizar las relaciones y aflojar el embargo”.

Pero aunque la mayoría de los políticos de ambos partidos saben que esta política ha fracasado, todos saben que la política hacia La Habana es, en gran medida, más una política hacia Miami, donde el ala conservadora ha logrado monopolizar durante décadas el debate y la determinación de la política bilateral con la isla.

Sin embargo, hay cambios enormes en Miami que reducen cada vez más el poder de ese sector tanto en Florida como en Washington. Algunos de los propios líderes de esa comunidad lo reconocen.

Fue el hijo de Mas Canosa, Jorge Mas Santos, junto con el actual director de la CANF Francisco Pepe Hernández y su antecesor Joe García quienes invitaron y aplaudieron a Obama en Miami cuando éste reafirmó que deseaba establecer comunicación directa con Raúl Castro y su gobierno, algo que hace poco sería considerado como una traición. Sin embargo, fue un mensaje a las nuevas generaciones cubanas que se oponen a las restricciones impuestas a viajes y envío de remesas de Bush y líderes del ala conservadora de la comunidad cubana en Miami.

Obama y sus asesores seguramente registran los cambios políticos y demográficos en Miami, como también un cambio generacional que está alterando ese universo con enormes implicaciones políticas. Una encuesta de la Universidad Internacional de Florida realizada el mes pasado registró que por primera vez la mayoría de los cubanoestadunidenses (55 por ciento) se opone a la continuación del embargo. En sus sondeos del año pasado, 65 por ciento de los cubanoestadunidenses expresó su apoyo a un diálogo con el régimen cubano.

Diversos observadores subrayan que desde hace tiempo se anunció el “principio del fin” del sector conservador cubano que había controlado la política de Washington hacia La Habana, e incluso algunos de esa misma vieja guardia reconocen que los tiempos están cambiando. “Antes pensábamos que podíamos ir a Cuba, invadir y establecer la democracia por la fuerza, y que Estados Unidos nos ayudaría. Esos tiempos ya se acabaron. Un hombre como yo, que ha luchado y soñado, tiene que llegar a la conclusión que el futuro no pertenece a mi generación. El cambio en Cuba tiene que venir desde adentro”, dijo recientemente Francisco Hernández, director de la Fundación, a la columnista Ana Menéndez del Miami Herald.

Joe García, ex director de la CANF y quien este año estuvo cerca de derrotar al representante republicano Mario Díaz Balart en las elecciones federales, comentó a La Jornada hace unos meses que el apoyo al bloqueo se está deteriorando por sí mismo. “El embargo tiene un aspecto cuasi-religioso. Uno cree en el embargo. No puede probar que funciona… Es más religión que política porque la política es algo que uno cambia para tener efecto.”

Y García criticó la otra vertiente principal de la política hacia Cuba, al señalar que las iniciativas estadunidenses para apoyar a la sociedad civil cubana –entre cuyos promotores iniciales se cuenta él mismo– sólo acabaron beneficiado al exilio en Miami: “esos millones de dólares se han convertido en prebendas políticas en el exilio… la política hacia Cuba es política local simplemente, con poco efecto en Cuba”.

Sin embargo, los tres legisladores republicanos anticastristas de línea dura: Lincoln Díaz Balart, Mario Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen lograron su relección este año, lo que demuestra que aún cuentan con suficiente poder local para sobrevivir lo que fue el mayor reto que han experimentado en sus carreras. Pero regresan a un Washington donde son parte de la minoría debilitada en el Congreso y con un nuevo presidente que a diferencia de las últimas décadas, no comparte los mismos intereses.

Tanto los cambios en Cuba como en Miami, dicen algunos observadores, abren un espacio de maniobra sobre la relación bilateral muy diferente a la del último medio siglo para el nuevo presidente. Algunos indican que tal vez se optará por modificar la relación bilateral, sobre todo en el rubro de viajes y envío de remesas.

Ahora se verá si el cambio de régimen en Estados Unidos está dispuesto, por primera vez en 50 años, a reconocer el principio básico de la autodeterminación y no intervención en las relaciones internacionales en el caso de Cuba y con ello de que un cambio o no de régimen en la isla es asunto exclusivo de los cubanos en la isla.

David Brooks (Corresponsal/II y última)
 

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