El discurso de Joe Biden: sin anuncios y con un llamado vacío a la unidad

Joe Biden prestó juramento como el 46º Presidente de los Estados Unidos. En su discurso, habló muy poco sobre política o la situación que enfrentan millones de personas. En cambio, habló en términos vagos sobre la necesidad de "democracia" y "unidad" al comenzar su intento de restaurar la fe en las instituciones de Estados Unidos.

 

Poco después de que Estados Unidos llegara a 400.000 muertes por coronavirus y fuera sacudido por la toma del Capitolio por la extrema derecha, Joe Biden asumió como Presidente. En una escena distópica, políticos del Partido Demócrata, un sacerdote y celebridades se subieron a un escenario frente a un campo sin público, lleno de banderas en un Washington D.C. altamente militarizado, que ha llegado a ser conocido como "la fortaleza DC". Todos llevaban máscaras.

La toma de posesión de Biden se produce en un contexto en el que millones de personas esperan un cambio y quieren acabar con los problemas que aquejan a la clase obrera y a los oprimidos en los Estados Unidos. Desde erradicar la violencia racista de la policía hasta conseguir derechos básicos como sindicatos, un salario digno, vivienda asequible y el llamado Medicare for All, millones han puesto sus esperanzas de reformas progresivas en Biden. El discurso de unidad trató de ocultar el hecho de que estas expectativas chocan con los intereses del gran capital y con el Trumpismo que, a pesar de que se fue de Washington, todavía goza de un importante apoyo público.

Por primera vez en 150 años, el presidente saliente se negó a asistir a la inauguración. Esta mañana temprano, Donald y Melania Trump fueron llevados a Florida en el avión presidencial Air Force One. El ex vicepresidente Mike Pence, sin embargo, asistió a la inauguración como el último paso en la rehabilitación de su imagen y su re aceptación en el establishment político.

La ceremonia intentó claramente destacar la diversidad racial y complacer, aunque superficialmente, a los mayores movimientos de los últimos cuatro años, Black Lives Matter y la Women’s March (Marcha de las Mujeres). Kamala Harris, la primera mujer y afroamericana en ocupar la vicepresidencia, prestó juramento ante Sonya Sotomayor, la primera latina en la Corte Suprema.

A pesar de los intentos de mantener la continuidad con las ceremonias pasadas, nada en la escena era normal. Todo el espectáculo consistía en apuntalar la imagen de la democracia norteamericana y sus instituciones, que se vieron sacudidas por las protestas de la derecha hace sólo unas semanas.

Desde entonces, Donald Trump y la extrema derecha han sido disciplinados y censurados tanto por las grandes empresas como por la clase política. Ayer, Trump hizo un discurso concediendo la elección y deseándole buena suerte a Biden--- pero también prometiendo que "volverá de alguna manera". Se rumorea que Trump está tratando de organizar su propio partido político. Mientras que la extrema derecha fue disciplinada en el corto plazo, no van a desaparecer y todo indica que Biden lo sabe.

Biden tiene que caminar por una fina línea entre una extrema derecha radicalizada por un lado, y una base cada vez más progresista en el Partido Demócrata por el otro. En los días anteriores a la asunción, sus declaraciones incluyeron algunas políticas y promesas progresistas. Se dispone a emitir órdenes ejecutivas para detener la construcción del muro fronterizo y poner fin a la prohibición de viaje que pesa sobre algunos países musulmanes, y prometió una amplia respuesta de COVID, incluyendo la duplicación del salario mínimo federal, un amplio programa de vacunación, y cheques de 1.400 dólares para todos los que califiquen. Las primeras dos promesas son de corte simbólico y fácilmente realizables, las últimas tres seguramente serán resistidas por el establishment.

Pero estas políticas estuvieron ausentes en el discurso de asunción. En realidad se podría decir que la política estuvo ausente. Fue un discurso vacío... completamente desprovisto de una hoja de ruta de lo que será su presidencia. Fue un discurso construido alrededor de la glorificación de la democracia estadounidense y vacíos llamados a la unidad. Su discurso tenía el único propósito de apagar los fuegos que se desataban sobre la política del país. Pero dado el alcance de la pandemia y la crisis económica, esto es una bofetada en la cara de la gente que está luchando.

Democracia y unidad vacías

La palabra que más sonó en la ceremonia fue "democracia", que según ellos ha sido probada y sacudida por Donald Trump. De hecho, Joe Biden abrió su discurso diciendo: "Hemos aprendido de nuevo que la democracia es preciosa. La democracia es frágil. Y en este momento, amigos míos, la democracia ha prevalecido". Cada orador habló de la "fuerza" de la democracia norteamericana --- así como la necesidad de fortalecerla, apreciarla y revigorizarla en la presidencia de Biden. La idea central fue la supuesta vuelta a la normalidad.

En su discurso, Biden pidió el fin de la "guerra incivil". Continuó diciendo, "la política no tiene por qué ser un fuego ardiente", llamando a los estadounidenses a unirse a pesar de los desacuerdos. Prometió ser un presidente para todos y escuchar a todos, incluyendo a los votantes de Trump. Esta unidad, para Biden, se basa en la historia y en una identidad como estadounidenses. Demás está decir que en un país profundamente dividido y polarizado, la unidad no es más que una quimera.

Irónicamente, Biden dijo que "Para superar estos desafíos, para restaurar el alma y asegurar el futuro de EE. UU., se requiere mucho más que palabras". Requiere la más evasiva de todas las cosas en una democracia: la unidad." Pero de hecho, palabras fue lo único que tuvo para ofrecer. Muchos presidentes usan su discurso de inauguración para señalar las políticas que buscan aprobar, Biden no. Mencionó la pandemia sólo cuatro veces en su discurso. La unidad y la democracia, sin embargo, fueron mencionadas 14 y 15 veces, respectivamente.

"Entiendo que muchos de mis compatriotas vean el futuro con miedo y temor. Entiendo que se preocupan por sus trabajos. Pero la respuesta no es volverse hacia adentro, retirarse a las facciones competidoras.... Podemos hacerlo si abrimos nuestras almas en vez de endurecer nuestros corazones." Abrir nuestras almas no paga la renta ni pone comida en la mesa.

La falta de contenido del discurso fue un cálculo intencional: Biden y su equipo saben que tendrá que enfrentarse a su base para satisfacer a Wall Street. Al cambiar el foco de atención de la política a nociones abstractas, Biden se apoya sobre el bipartidismo como una cubierta para sus próximas traiciones a sus (ya lúgubres) promesas de campaña.

Otro objetivo claro de esta "unidad" y "democracia" es restaurar la hegemonía estadounidense en el extranjero; proyectar la imagen de un Estados Unidos fuerte y capaz dispuesto a liderar el mundo una vez más. En este ámbito, Biden y Trump están de acuerdo: las prioridades son disciplinar a China y alinear a los aliados de EE.UU. para sostener la hegemonía imperialista americana. Biden ya ha anunciado que reconocerá a Juan Guaido como el líder de Venezuela, y está tomando el mando justo en el momento en que los EE.UU. se preparan para reprimir la caravana de inmigrantes de Honduras.

La antidemocrática democracia de EE. UU.

Esta glorificación de la "democracia" estadounidense es a la vez risible y una ilusión peligrosa para la clase obrera y los oprimidos. Como hemos visto en los últimos meses, sus instituciones desde el Colegio Electoral, a la Corte Suprema, al Senado, son completamente antidemocráticas por diseño. Biden no está interesado en crear un sistema más democrático, sino más bien en relegitimar las instituciones que han sido empañadas por los años de Trump. Enmarcando los últimos meses como un triunfo de la democracia sobre la extrema derecha, pinta a Trump como una anomalía y se propone reforzar el poder represivo del Estado en sus ataques contra la extrema derecha.

El concepto de unidad también se está desplegando de forma intencionada y cínica. Biden ciertamente llamará a la unidad contra las políticas "divisivas" como la demanda de nuestros derechos básicos: el derecho a la asistencia sanitaria o a un medio ambiente limpio en el que vivir. Es una palabra clave para Biden que busca "bipartidismo"--- a un Partido Demócrata que a pesar de tener los votos le dará la espalda a las demandas progresistas. Busca un consenso bipartidista, lo que seguramente significa que cualquier concesión que Biden ofrezca será por la gran presión ejercida por su base social que ya, en el último año, ha mostrado su disposición a movilizarse en las calles.

Una débil unidad

El hiper enfoque en la democracia y la unidad también revela lo débil que es la presidencia de Biden. A un país en crisis económica, política y sanitaria, Joe Biden le ofreció palabras vacías. ¿Por qué? Porque está tratando desesperadamente de mantener la coalición anti-Trump que lo llevó a la presidencia y se expandió a medida que Trump se volvió más errático y se inclinó hacia la supremacía blanca conspirativa de la extrema derecha.

Biden fue elegido por una amplia coalición que incluía a todos, desde el ex presidente repubicano George W. Bush hasta Bernie Sanders y la dirección del Democratic Socialists of America (DSA). Era el favorito de Wall Street, a pesar de cierta inquietud capitalista por el exceso de gastos. Fue capaz de tejer esta coalición con la única promesa que se exhibe hoy en día: que volvería a legitimar las instituciones, calmaría el tumultuoso terreno político, y traería la estabilidad para que el capitalismo y el imperialismo puedan seguir funcionando como de costumbre. Su promesa central: nada cambiará fundamentalmente.

El problema es que millones de personas quieren un cambio, de hecho, millones de personas necesitan un cambio debido a la crisis económica y la pandemia. Casi medio millón ya han perdido sus vidas. Y estas masas pueden chocar con la administración Biden.

Biden está tratando de usar la zanahoria de la unidad y el garrote de los ataques de la extrema derecha a la democracia para mantener su coalición. Pero las grietas ya están empezando a mostrarse. Biden prometió $2000 a todos los estadounidenses, pero sólo proporcionará $1,400. Esto enfureció a muchos de sus votantes progresistas, y provocó críticas del ala progresista del Partido Demócrata. Por otro lado, The Wall Street Journal criticó la medida, diciendo que estaba gastando demasiado. Esto es indicativo de las presiones sobre Biden como presidente.

Claro, en las próximas semanas y meses puede dar algunas concesiones, pero como demostró hoy, no es un reformista. Si queremos un cambio, tendremos que luchar por él. Biden y los demócratas quieren que nos sentemos y confiemos en que, porque han tomado el poder todo estará bien. Pero tanto la historia como el momento actual muestran que esto es una mentira. No podemos confiar en este partido del capital para proteger a la clase obrera más de lo que podemos confiar en el otro partido del capital. Debemos organizarnos y luchar tanto por nuestras demandas como contra los próximos ataques de Biden.

La frágil unidad burguesa que se creó con el asalto al Capitolio presenta en realidad una oportunidad para la clase obrera y los oprimidos. Millones de personas están hambrientas de cambios, y eso puede alentar a la clase obrera y al movimiento antirracista a no sentarse a esperar que los políticos progresistas negocien con el establishment y Wall Street por sus derechos o a luchar eficazmente contra la extrema derecha y decidir ganarlos en las calles. La Izquierda debe ser un factor en la reorganización de la clase obrera y el resurgimiento del movimiento Black Lives Matter; es hora de promover un gran movimiento nacional que tome el camino de la movilización y unifique todas las luchas, que todos los agravios y dificultades impuestas a la clase obrera, los negros, la gente de color, los inmigrantes, las mujeres, la comunidad LGBTQ+ se conviertan en un solo grito para conquistar todas nuestras demandas. Este es un primer paso para crear las condiciones para una lucha que puede llegar lejos, una lucha dirigida a desafiar al imperialismo bipartidista y arrancar el sistema podrido de raíz.

Por Tatiana Cozzarelli /  Ezra Brain

Miércoles 20 de enero | 19:13

Publicado enInternacional
Martes, 19 Enero 2021 06:20

Arce y la economía boliviana

Arce y la economía boliviana

Si algo tienen en común los gobiernos neoliberales en la región es que la eficiencia ha demostrado ser un ingrediente más de su propaganda y uno menos de su gestión.

Bolivia no ha sido la excepción. Apenas 11 meses de gestión económica de Áñez bastaron para dañar la estabilidad de la economía con mejor desempeño del continente de la última década y para empobrecer las familias. La caída del PIB de Bolivia en 2020 superará 8 por ciento, un registro que si bien no destaca en contraste con sus vecinos, sobresale porque es el único país que en plena pandemia, en lugar de estimular la economía, ¡tomó medidas de ajuste! Un estudio realizado por el CEPR ( Economic Policy Responses to a Pandemic: Developing the Covid-19 Economic Stimulus Index) muestra que Bolivia está entre los países de América Latina que menos impulso fiscal dedicaron para enfrentar la crisis generada por la pandemia: menos de 0.5 por ciento del PIB (frente a 2 por ciento promedio ­global). En este breve y destructivo ciclo de neoliberalismo, Bolivia generó más de un millón de nuevos pobres durante la ­(indi)gestión de Áñez.

La victoria electoral del MAS en octubre sentó las bases para que, a partir de noviembre, con el nuevo gobierno, comenzara a suministrarse el antídoto. En sólo dos meses, Luis Arce se puso manos a la obra y llevó a cabo un amplio despliegue de políticas económicas, que se podrían agrupar en tres ejes: 1) humanitarias (para los más necesitados); 2) ordenar la casa, y 3) volver a crecer.

Humanitarias. Lanzamiento del Bono contra el hambre, equivalente a 140 dólares entregados mensualmente entre diciembre y marzo, que constituye un suplemento directo a los más necesitados para enfrentar la urgencia social.

Nuevo régimen de reintegro del IVA, que devuelve 5 por ciento del precio neto a quienes tengan salarios inferiores a mil 250 dólares, medida que mejora el ingreso de las clases medias y bajas.

Aumento de 3.4 por ciento en los ingresos de los jubilados para 2020.

Disminución del precio de los alimentos gracias al restablecimiento del certificado de abasto interno para la soja, de tal forma que la industria deberá destinar un mínimo de 15 por ciento de harina solvente a precio justo al mercado interno.

Ordenadoras. Final de la fiesta de 11 meses de contrabando: intensificación de la supervisión aduanera, crecimiento notable del número de decomisos y detenciones de funcionarios amañados.

Abrogación de decretos de Áñez perjudiciales para los intereses del público, como: a) decreto que autorizaba el uso de semillas transgénicas; b) decreto que difería el impuesto a las utilidades de las empresas (IUE), la rebaja de la base imponible del impuesto a las transacciones; c) decreto que permitía la libre exportación agropecuaria, de pollo y carne, y eliminaba el requisito del certificado de abasto interno; d) decreto que extendía la explotación del registro mercantil sin respetar debidos procesos; e) decreto que habilitaba la importación de vehículos usados, que daña el ambiente, la balanza comercial, envejece el parque automotor y deteriora los ingresos fiscales.

Desactivó juicios de arbitraje internacional por incumplimiento de pagos con la firma Dopprlmayr, la firma austriaca proveedora de Mi Teleférico por deudas no canceladas en el gobierno de facto.

Emisión de un bono navideño para incentivar a pequeños ahorristas.

Extensión del alícuota adicional de 25 por ciento de la alícuota al impuesto a las utilidades (AA-IUE) si su rentabilidad supera 6 por ciento, que hasta ahora sólo afectaba a los bancos y otras empresas financieras.

Sanción del impuesto a las grandes fortunas, que logrará que unas 150 familias contribuyan al esfuerzo común de sacar el país adelante.

Volver a crecer. Se ordenó la capitalización de 100 por ciento de los beneficios de 2020 de la banca y otras entidades financieras, con el objetivo de fortalecer el sistema financiero, aumentar la solidez de los bancos y expandir el crédito (ya que no podrá ser distribuido como ­dividendos).

Reprogramación y refinanciamiento automático de créditos cuyas cuotas vencieron durante la pandemia, que serán diferidas sin penalidades ni recargas.

Creación y reglamentación de dos fideicomisos para la reactivar la industria nacional y el combate al contrabando que atenta contra la producción nacional, especialmente de textiles, que resurgió durante el gobierno de Áñez.

Créditos de fomento agrario a 3 por ciento anual de interés.

Reactivación de la construcción del tren metropolitano cochabambino (más de 17 millones de dólares de inversión).

Reactivación de la planta procesadora de banano de Unabeni.

Más de 5 millones de dólares invertidos en BOA, empresa que estaba en proceso de desguace para venderla a precio de saldo (abandono de rutas rentables, retraso pagos tributarios y del mantenimiento de las aeronaves).

Un total de 130 millones de dólares destinados a créditos para reactivar la industria nacional, a 5 por ciento de interés y hasta 10 años de plazo, con el principal propósito de sustituir importaciones de bienes finales e intermedios.

Reactivación de plantas y proyectos productivos paralizados, en particular la industria del litio y la planta de urea paralizados por problemas técnicos, sospechosos de haber sido plantados para facilitar la apropiación privada a precio de saldo.

El Arce-presidente no ha dejado de ser Arce-economista. El conjunto de acciones tomadas en este corto periodo tiene un objetivo claro: que Bolivia retome la senda de una economía eficiente y con rostro humano, y que se logre a la mayor brevedad posible. Por ahora, va en el camino correcto.

Por Guillermo Oglietti y Alfredo Serrano Mancilla*

*Celag

Publicado enInternacional
Miembros del Partido Alternativa Feminista marchan frente el Servicio Electoral de Chile, en enero de 2020.EDGARD GARRIDO / Reuters

Las listas de candidatos que disputarán una banca en abril evidencia el descrédito de los partidos políticos tradicionales

Chile ha cerrado las inscripciones para postular a la convención que redactará la nueva Constitución chilena, la primera en su historia escrita en democracia. El órgano de 155 miembros será electo el 11 de abril y tendrá características únicas: será paritario entre hombres y mujeres, como nunca antes había sucedido en el mundo, y tendrá 17 escaños reservados para los pueblos indígenas, la mayor cantidad que haya tenido un proceso constituyente. Como nunca antes en Chile, además, una gran cantidad de independientes buscan integrar la convención, al margen de los partidos políticos que sufren una crisis de representación profunda y estructural, que no han logrado revertir en la última década. De acuerdo con la información preliminar del Servicio Electoral (Servel), 2.213 personas se han postulado por fuera de las listas de las colectividades, las que fueron patrocinadas por medio millón de ciudadanos (480.977).

Es la primera vez en Chile que se permite a los independientes conformar sus propias listas. Sumando las de los partidos y bloques tradicionales, por lo tanto, llegan a 79 las listas que se han presentado en todo el país, de acuerdo al medio Tres quintos, lo que augura un alto nivel de diversidad y fragmentación.

Los independientes, sin embargo, no son un grupo homogéneo, aunque pertenecen sobre todo al centro y la izquierda, donde la sociedad se organizó por fuera de las colectividades del sector. La derecha oficialista del presidente Sebastián Piñera, pese a los problemas del Gobierno y de la coalición Chile Vamos, logró juntarse en una sola lista con miras a la conformación de la convención constitucional, que debería empezar a funcionar entre mediados de mayo y comienzos de junio.

Entre los independientes se encuentra la lista FyF Vota Feliz –de Felices y forrados, una firma de asesorías previsionales–, cuya fórmula para la obtención de respaldos está siendo estudiada por el Servel, por posibles vulneraciones de la ley.

Pero una parte de los independientes son expresión de determinadas organizaciones sociales, como el movimiento No+AFP (críticos al actual sistema de pensiones) y la Coordinadora feminista 8M. Existen, además, listas de candidatos formados por asambleas territoriales que se originaron luego de las revueltas del 18 de octubre de 2019, como la Lista del pueblo. También la sociedad civil se ha organizado para tener representación en la convención, como lo hizo Independientes no neutrales, que llegó en poco tiempo a conformar una orgánica nacional. El movimiento ha presentado 105 candidatos en 23 de los 28 distritos que existen en todo el territorio, con el patrocinio de unas 78.000 personas.

“Evidentemente, no da lo mismo un independiente de otro”, comenta la periodista Patricia Politzer, integrante de Independientes no neutrales y candidata a la convención. Remarca la importancia de que medio millón de personas hayan respaldado candidaturas de independientes en solo tres semanas, en medio de una pandemia y de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

“Hay una parte importante de la ciudadanía, fuera de los partidos, que está interesada en participar de la política, pero no de la forma en que se ha estado ejerciendo en el último tiempo, por lo que está fuertemente desprestigiada”, señala la autora de libros como Altamirano, una de las independientes que obtuvo una mayor cantidad de patrocinantes. Lo ejemplifica: “En 2017, cuando los partidos fueron obligados legalmente a refichar a sus militantes, el conjunto de las colectividades no alcanzó las 400.000 personas en el plazo de un año”. Para Politzer, sin embargo, no se trata de dejar caer a los partidos: “Sin partidos la alternativa es el fascismo”, asegura Politzer. “Pero para la redacción de una nueva Constitución debe configurarse una convención diversa y muy pluralista que contenga la mayor cantidad de miradas posibles”.

Los partidos políticos y el Congreso sufren una crisis estructural de representación. De acuerdo al informe Diez años de auditoría a la democracia del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con datos de 2008 a 2018, tanto las colectividades como el Parlamento son las dos instituciones en las que menos confianza tienen los chilenos. En el proceso de elección de candidatos a la convención constituyente, partidos de todos los sectores ocuparon las clásicas técnicas de negociación que alejan a la ciudadanía. No ayuda que el mismo día en que se elegirán a los convencionales, el 11 de abril, se celebren las elecciones de alcaldes, concejales y las primeras democráticas de gobernadores (elegidos hasta ahora por el gobierno nacional). En total, 2.768 cargos que se llenarán en tres meses.

“Un sector importante de la sociedad politizada y activada tiene una desconfianza muy grande en los partidos y, por lo tanto, no se ven representados. Esto explica tanto interés por inscribir listas y se ha instalado tan fuertemente un discurso de la importancia de la independencia y de apoyar a candidatos independientes”, asegura Marcela Ríos, representante asistente en Chile del PNUD. “Quizá en algunos distritos los partidos van a lograr mantener el predominio y la correlación de fuerzas habitual, pero en muchos otros lugares se podrían dar mezclas distintas. Una de las principales interrogantes de la convención está en si los partidos quedarán o no desplazados. El desafío de los independientes es transformar los respaldos en votación”, analiza la socióloga.

Pueblos indígenas

Para los 17 escaños reservados para pueblos indígenas se han presentado 199 candidatos, de acuerdo a los datos preliminares del Servel. Los elegidos conformarán un solo distrito a nivel nacional. Se aseguró un cupo para cada una de las 10 etnias, pero la mapuche tendrá siete escaños, mientras que la aymara obtendrá dos. “Ocuparemos un porcentaje relevante dentro de la convención, que se aproxima al 12,8% que representa la población indígena del país”, asegura Salvador Millaleo, abogado constitucionalista mapuche, académico de Derecho de la Universidad de Chile, cuyo partido –el socialista– dejó fuera de las candidaturas a la convención. Millaleo explica que nunca antes a nivel mundial un órgano constituyente tuvo este número de escaños reservados para sus etnias originarias, lo que resulta especialmente llamativo en un país como Chile, “con una historia hostil a los derechos de los pueblos indígenas”.

Millaleo describe el engorroso proceso de negociación que con mucha dificultad terminó con el acuerdo de los 17 escaños reservados. La ley recién se promulgó el 23 de diciembre pasado y, pese a las dificultades, como la ruralidad y la pandemia, en solo algunas semanas todas las etnias originarias lograron levantar a sus candidatos a la convención. “Considerando las postulaciones de los partidos y las independientes, los candidatos de los pueblos indígenas son dirigentes y representan a sus bases y territorios”, asegura el académico.

Los independientes, sin embargo, tienen un camino cuesta arriba para superar a los partidos, que tienen oficio, estructura y financiamiento para ganar elecciones. En la franja electoral, por ejemplo, todos los independientes tendrán el mismo tiempo disponible que el partido que obtuvo menor votación en las últimas elecciones. Marta Lagos, fundadora del sondeo Latinobarómetro, es escéptica: “Existe una sensación de que el llamado a la convención constitucional había cambiado esta condición estructural de la democracia chilena –una democracia representativa que se organiza a través de los partidos– y que se podría modificar esta condición a través del concurso de los independientes. Pero la convención constitucional estará mayoritariamente ocupada por miembros elegidos a través del sistema de partidos, lo que va a producir una tremenda reacción negativa en contra de la convención”, analiza Lagos. “Va a haber renovación y tiraje de la chimenea, sin duda, pero va a ser minoritario”, concluye Lagos, que dirige hace 25 años la mayor encuestadora de América Latina.

Po Rocío Montes

Santiago de Chile - 15 ene 2021 - 15:44 UTC

Publicado enInternacional
Robotización y el fin de trabajo: mito o realidad

La digitalización y la robotización son una realidad que ha venido para quedarse.

La eclosión de la tecnología y el advenimiento de la cuarta revolución industrial con la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial a la cabeza, suponen un nuevo paradigma en el mundo del trabajo.  Unos cambios que se producen a una velocidad de vértigo que, junto con los efectos de la globalización económica de las últimas décadas, ha venido a desintegrar muchas de las certezas sobre las que se han construido las narrativas de la vida laboral del último medio siglo. El cambio forma parte de la historia del progreso de nuestras sociedades y, como en otros cambios de época, generan problemas que nos interpela a construir nuevas coherencias. La característica principal y la novedad de los cambios a los que nos enfrentamos es su velocidad. Todo va rápido, muy rápido, y no tenemos engrasados los mecanismos de gobernanza necesarios para diseñar políticas públicas que sean capaces de responder a las necesidades del nuevo mundo que emerge.

No podemos responder a las nuevas realidades con las formas y parámetros del pasado

Son muchos y diversos los frentes que hay que atender, pero quizás el factor crítico fundamental es, que no podemos responder a las nuevas realidades con las formas y parámetros del pasado. Necesitamos una mirada nueva. En las sociedades posmodernas emergen nuevas formas de vivir y trabajar que hay que estudiar y regular. Repensar cómo garantizar deberes y derechos laborales en un mundo en el que la tecnología viene a jugar un papel central y que está transformando la naturaleza y las formas de vida y del trabajo. La digitalización y la robotización son una realidad que ha venido para quedarse. Las máquinas, con los algoritmos y la inteligencia artificial, nos harán mucho más productivos, rápidos y eficientes sobre todo en aquellos trabajos rutinarios, repetitivos o predecibles. Su implantación en muchos sectores genera la sensación de que las personas nos quedaremos sin trabajo. Una profecía que no tiene por qué ser autocumplida si somos capaces de responder con inteligencia y construir un nuevo contrato social para la era digital.

Sería pretencioso tener respuestas para todos los problemas o preguntas. Es evidente que la tecnología cambia la fisonomía de la sociedad y transforma estructuralmente nuestras formas de vida. La revolución tecnológica es imparable y no puede ser un proceso acrítico. Tenemos que gobernarla para minimizar los impactos negativos como las nuevas brechas digitales y aprovechar con inteligencia las nuevas oportunidades que ofrece. El riesgo de que una parte de la sociedad pueda quedar relegada es evidente, generando nuevos problemas sociales.

Para ganar la batalla del futuro habrá que diseñar nuevas coherencias que concilien las capacidades de la digitalización y la robotización con las habilidades humanas. El nuevo mundo del trabajo requerirá de una colaboración eficiente entre humanos y máquinas abriendo nuevas oportunidades y nichos laborales. Como bien dice el economista José Martín Moisés Carretero, director de Red2Red, “el peligro no está en la digitalización, sino en la no digitalización”. Estamos en medio de una gran batalla en el que hay que encajar la nueva realidad con una legislación y un mercado laboral pensada para el viejo mundo.

Estamos en un momento complicado en el que el viejo mundo no acaba de morir y el nuevo mundo no acaba de imponerse generando confusión

Estamos en un momento complicado en el que el viejo mundo no acaba de morir y el nuevo mundo no acaba de imponerse generando confusión. Albert Cañigueral ha publicado un interesante libro “El trabajo ya no es lo que era” en el que desgrana de forma brillante y detallada los problemas, retos y oportunidades del mundo del trabajo. El texto describe bien que el reto del empleo y de la competitividad de nuestra sociedad dependerá de nuestra capacidad de sumar inteligencias, la humana y de la inteligencia artificial, para generar progreso y nuevos puestos de trabajo. Algo que requiere un reajuste urgente de las capacidades y habilidades de los trabajadores y los profesionales. Como ha pasado a lo largo de la historia, las formas del trabajo han ido evolucionando, y de la misma forma deben hacerlo la formación, la regulación y la protección de los derechos. La tecnoaceleración está transformando nuestra manera de vivir y trabajar generando nuevas oportunidades pero también algunas externalidades preocupantes que hay que gestionar.

Una de las características de la era digital y su impacto en el mundo del trabajo es la emergencia de los trabajadores no estándares, esto es, aquellos trabajadores que tienen relaciones laborales no tradicionales como es el caso del freelance u otras modalidades como el trabajador de plataforma. Una realidad que se ha visibilizado por la polémica de los derechos de los riders y las sentencias condenatorias a algunas plataformas como Deliveroo Glovo por la contratación de sus servicios como falsos autónomos. Hasta ahora no había estado en el centro de la agenda política, pero es una realidad creciente que afecta a millones de personas en el que los riders apenas representan una son el 7% de la población activa. Hay otros colectivos como los trabajos de oficina, encuestadores, o trabajadores en remoto que según estudios de La Fundación de Estudios Progresistas Europeos (FEPS) puede llegar al 11% de los trabajadores activos en Europa.

Entre el conjunto de los trabajadores de esta economía de demanda, se estima que el 40% lo hacen a través de pantallas de ordenador, no suele ser su ocupación principal o bien lo combina con otros trabajos e ingresos. La digitalización y sus nuevas formas de generación de valor y empleo, está fragmentando el mercado laboral y la naturaleza de las relaciones laborales con la precarización de importantes colectivos profesionales con la emergencia de la llamada economía de plataforma. Una nueva realidad que cambia las narrativas y el lenguaje del trabajo confundiendo economía colaborativa con economía de plataforma. La profesora Luz Rodríguez, defiende que debemos proteger los derechos de las personas que trabajan independientemente de su modalidad de contratación. La plataforma ejerce de intermediaria obteniendo beneficios mientras que el trabajador pierde derechos. Una situación insostenible en la que hay que repensar la arquitectura de la protección social.

El problema no es la tecnología, sino los modelos de negocio que se han desarrollado ante la falta de regulación y políticas públicas, que van muy por detrás de la realidad del mercado y de  sociedad

Es evidente que no se puede volver atrás en el proceso de digitalización, pero es urgente regularlo mejor. Asistimos a un proceso de concentración en el que las BigTech capturan mucho valor y generan grandes beneficios sin contribuir a los sistemas de protección social. El problema no es la tecnología, sino los modelos de negocio que se han desarrollado ante la falta de regulación y políticas públicas, que van muy por detrás de la realidad del mercado y de  sociedad.

Trabajar es resolver problemas de otras personas” como nos recuerda el sociólogo finlandés Esko Kilpi. La digitalización y la robotización no va a hacer desaparecer el trabajo, pero sí lo va a transformar, por lo que necesitamos pensar y actuar rápido. Las necesidades de nuestras sociedades son crecientes y cada revolución industrial ha visto emerger nuevas formas de trabajo y nuevos empleos. En la nueva sociedad digital, el trabajo no va a desaparecer, pero se va a transformar. En una economía de demanda en el que la flexibilidad y la adaptabilidad es clave para competitividad, la tecnología y la sociedad algorítmica permiten gestionar de manera mucho más eficiente los picos de productividad o demanda, y las empresas adoptan modelos de búsqueda de talento adaptado a esa nueva realidad. El modelo de trabajo tradicional tal y como lo habíamos conocido quedará obsoleto para una buena parte de la población activa en los próximos años. En la medida que no seamos capaces de regularlo estaremos abocados a la inestabilidad permanente. La flexibilidad es positiva, pero no puede convertirse en precariedad.

La digitalización, los algoritmos y los robots van a formar parte de nuestra vida. Tenemos que diseñar nuevas respuestas para los retos de los nuevos tiempos. Por lado, apostando de forma decidida por el reskilling de millones de trabajadores para adecuar sus habilidades a la nueva sociedad digital. Por otro, regulando de forma decidida las nuevas formas de trabajo no convencional para permitir desarrollar nuevas formas de vivir y trabajar garantizando los deberes y derechos de los trabajadores. El futuro no está predeterminado, hay que construirlo, de nuestra capacidad de responder a los nuevos retos dependerá que evitemos la distopía de una sociedad sin trabajadores.

Por Pau Solanilla | 16/01/2021

Publicado enSociedad
Del punk al hiphop y el trap: así evolucionan las tribus urbanas

Los tiempos cambian con lo digital, pero el trasfondo sigue ahí: los jóvenes buscan cómo evadirse de las preocupaciones cotidianas y romper con lo establecido.

Por las tardes, el histórico mercado de Sant Antoni de Barcelona cobra una fuerza especial. La música emana de las escaleras que llevan al subterráneo, un gran espacio generado con la reforma del recinto y mediante el cual se pueden admirar los restos del baluarte de la muralla del siglo XVII. Sin embargo, cuando suena la música la atención la acaparan los jóvenes que allí se resguardan.

Bailan hiphop, el sonido de una de las subculturas urbanas con más tirón de los últimos años, y que sigue manteniendo la calle como uno de sus principales espacios de encuentro y expresión, pese al auge imparable de todo lo digital. Los jóvenes no lo tienen nada fácil para trabajar o emanciparse y, tras unas piruetas de break dance que quitan el aliento, hay ganas de alejarse de quebraderos de cabeza, buscar respuestas a dudas vitales y lucirse, sin olvidar que también les mueve un afán inconformista y rompedor.

Sitios consagrados al hiphop hay varios en Barcelona –están las academias y también la calle, como la zona del Macba, la meca del skate–, pero el coronavirus ha puesto muchas restricciones a la enseñanza. Además, los jóvenes cuentan que la Guardia Urbana desaloja con frecuencia a quienes se reúnen en el Macba, así que Sant Antoni ha cobrado aún más protagonismo del que ya tenía. La Policía ahí aparece menos, hay un techo y está ventilado.

Kevin, de 22 años, hace tres o cuatro meses que acude, pero baila desde los 16, cuando le encandiló el programa estadounidense America's Best Dance Crew (ABDC). Empezó yendo a una academia, hasta que hace nada ha comenzado a perderle el miedo a Sant Antoni. "Hay gente con mucho nivel", recalca. Este sitio gusta porque se aprende y se baila freestyle (estilo libre), y eso significa darse la capacidad a uno mismo para imaginar y echar abajo límites puede que innecesarios.

Se enseñan unos a otros –al lado de Kevin entrenan Carmen y Sara, de 18 y 19 años, que son bailarinas de danza contemporánea pero que también quieren saber de break–, así que los bajos del mercado se convierten en escuela de baile y de vida. Kevin dice que "mucha de la gente que está aquí viene de barrios marginales", y añade, sin entrar en detalles, que en su caso es migrante. No cuesta imaginar que no lo habrá tenido fácil, pero ya es por la tarde y es hora de dejarse llevar por el hiphop. "Ha sido un punto de apoyo y una manera de superarme a mí mismo. Lo que aprendes aquí sirve para fuera", subraya.

Para Josselyne, de 26 años y que hace año y medio que entrena, ha sido una vía de escape ante los problemas que ella tiene en casa. Fuera de ella, las cosas tampoco van muy bien en global: en Catalunya, la tasa de emancipación juvenil ha caído a mínimos, hasta el 19,7%, y la de paro es del 25,3%, 6,3 puntos más que hace un año, según la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre.

Josselyne reflexiona que los jóvenes, ante dificultades laborales o de estudios, o al no poder pagar la universidad, se dicen: "Si no puedo progresar en esto, me hago fuerte en el break dance y doy lo mejor de mí", alimentando así el ego. Asegura que cada uno puede aportar, ni que sea "un poco del amor" que se lleva dentro al salir a bailar.

Javier, de 27 años, acude desde hace un par de años, motivado por "una duda existencial". Todos recuerdan también que pueden surgir rivalidades, pero que estas se zanjan retándose en las denominadas "peleas de gallos".

Un componente de clase tras la estética

La expansión de lo digital ha hecho más complejo el análisis de la evolución del fenómeno que mucha gente conoce como el de las tribus urbanas, si bien pese a que los tiempos cambian no lo hacen tanto las motivaciones de los jóvenes para adentrarse en ellas. Eduard Ballesté, que es investigador postdoctoral del grupo Jovis.com vinculado a la Universitat Pompeu Fabra (UPF), prefiere usar el concepto de subcultura al de tribu urbana, pues cree que este "ha perdido un poco el sentido" por su connotación de algo exótico. Especifica que una subcultura urbana no se ciñe solo a una música o estética, sino que hay un "componente de clase" detrás, y ayuda a dirimir con frustraciones e incertidumbres vitales. También está la vertiente comercial, con marcas de ropa y otros productos que tratan de sacar tajada.

En la segunda mitad del siglo XX surgieron el mod, el punk o el hiphop, y este sigue haciéndose notar: Ballesté cita el fenómeno del rapero Morad del barrio de la Florida de L'Hospitalet. El trap también está en boca de muchos. Edu Bertrand y Mike Bonet han impulsado la asociación Hip Hop Collective.

Explican que esta subcultura tiene cuatro elementos principales: los raperos, los dj, los grafiteros y el break dance, baile que se estrenará como deporte olímpico en los juegos de París 2024. Bertrand destaca que empezar en el hiphop es "accesible para todos" y permite conectar con gente muy diversa. Él empezó con el break hace dos décadas, yendo al Jamboree. Bailó en plaza Catalunya y, cuando alguien se iba de vacaciones y volvía con un VHS de break, "era como un tesoro". Ahora hay academias, su entidad y Youtube. Bonet añade que el hiphop se basa en la unidad y la fraternidad, pero ahora se prima la individualidad. "Es raro tener un grupo estable a no ser que te dediques a eso de manera profesional", indica.

La difusión en redes sociales como elemento diferenciador

Puede que hayan influido en ello las redes sociales, que a la par facilitan las críticas. Luego está el trap, al cual se hacen muchas referencias alimentadas por fenómenos como los de Rosalía y C. Tangana, pero no hace trap todo el que tiene una canción con Auto-Tune, según el doctor en filosofía Ernesto Castro.

La música trap se popularizó a principios de este siglo en Estados Unidos como subgénero del rap y versaba acerca del tráfico de drogas, pero ha acabado mezclado con géneros como el reguetón o el flamenco. Castro opina que Rosalía y C. Tangana deberían encajarse en la fórmula "artista urbano", mientras que el "trap español" designaría lo que tiene que ver con la metamúsica –el estilo de vida– originada con la crisis del presente a partir de un género musical.

Entre los pioneros del trap en España sitúa a KEFTV VXYZ y PXXR GVNG. Hay patrones que se repiten. Según defiende Castro en su libro El trap: filosofía millennial para la crisis en España (Errata Naturae, 2019), "se puede establecer un sólido paralelismo entre el trap y el punk: si el punk fue la metamúsica babyboomer de la crisis de los años 70 que dio origen al neoliberalismo, el trap es la metamúsica millennial de la crisis de los años que vinieron a partir de 2010". Las fronteras entre un mero estilo de música y una subcultura a veces son difíciles de establecer.

Ahora mucho se mueve por Internet, como Youtube –echen un vistazo al K-pop coreano–. Ballesté considera que no se puede hablar de subculturas en lo que es estrictamente digital, puesto que cree que tiene mucha importancia la identificación con el barrio, pero sí que se ha perdido rigidez. Un ejemplo prepandemia: "Puedes escuchar punk, pero el fin de semana bailar en una discoteca más comercial".

Barcelona

09/01/2021 09:01

Jordi Bes

Publicado enCultura
Imagen de una de las movilizaciones de noviembre de 2019 que obligaron al gobierno chileno a abrir el camino a una nueva Constitución.Foto Afp

Los candidatos independientes, en desesperada carrera contra el tiempo para reunir miles de firmas

 

Santiago. A unos días de que concluya en Chile el plazo (11 de enero) para inscribir candidaturas a las elecciones de delegados constituyentes, gobernadores, concejales municipales y alcaldes, a realizarse simultáneamente el 11 de abril de 2021, la oposición de centroizquierda carece de aptitud para unir fuerzas y aspirar a derrotar a la derecha –que sí irá unida al próximo ciclo electoral–, arriesgando especialmente quedar lejos de la mayoría de dos tercios necesaria para aprobar un texto constitucional que termine con el neoliberalismo en el país.

La dispersión de la centroizquierda parece concretarse en cuatro listas electorales y podrían llegar hasta seis; a eso habrá que sumarle aquellas que logren armar los independientes: la sociedad civil organizada, gestora y protagonista del alzamiento social del 18 de octubre de 2019, cuya movilización con millones en las calles durante semanas obligó a la élite política a ceder, abriendo el tránsito a terminar con la Constitución del dictador Augusto Pinochet.

Los independientes, que desprecian a los partidos políticos (marcan 2 por ciento de aprobación) y ven en éstos una expresión del abuso, privilegios y corrupción institucionalizada, están empeñados en levantar sus propias candidaturas, en una desesperante carrera contra el tiempo porque deben reunir hasta aquella fecha fatal entre centenares y miles de firmas, dependiendo si son candidaturas unipersonales o van en listas, en cada uno de los 28 distritos electorales del país, según el tamaño de cada uno.

Los partidos se tardaron todo lo que pudieron en aprobar la reducción parcial de los requisitos de entrada a los independientes y lo hicieron hace tres semanas; y si bien bajaron a la mitad las firmas a conseguir, impidieron que las listas de la sociedad civil pudieran hacer pactos electorales entre ellas, algo que las potenciaba enormemente. Han recurrido entonces a ofrecer cupos en sus listas a representantes del mundo civil, con la esperanza de arrastrar votos y así lograr un "lavado de cara".

Pero hay decenas de nombres que se han apuntado para ir por cuenta propia o en listas desconocidas, la gran mayoría personas de centroizquierda, que si logran concretar sus candidaturas van a dispersar aún más la votación progresista que, pese a ser mayoría electoral, quedaría subrepresentadas en el total de delegados a la Convención Constitucional.

"La experiencia más inmediata del efecto de dispersión de varias listas versus la competencia unitaria de un pacto minoritario, fue la elección de diputados en 2017, en que Chile Vamos (la coalición derechista del presidente Sebastián Piñera) obtuvo 38 por ciento de los votos pero se quedó con 46 por ciento de la representación parlamentaria. Si esto se replica en mayor magnitud, entonces esta minoría podría quedar aún más sobrerrepresentada en 2021, porque en los sistemas proporcionales el pacto que compite en única lista suele beneficiarse en representación y obtiene más escaños a raíz de la división que se produce al frente, en este caso la centro izquierda", dice Mauricio Morales, académico de la Universidad de Talca.

En las últimas horas proliferan los llamados desesperados a la unidad e incluso los presidentes de los partidos Socialista, Radical y por la Democracia suscribieron una carta llamando a la unidad, ejercicio para el ridículo cuando durante semanas ellos rechazaron de manera implícita y explícita la posibilidad de ir en alianza con el Partido Comunista (PC) –que junto a las nóveles y erráticas fuerzas del Frente Amplio (FA) conforman la lista Chile Digno–, priorizando su pacto con la Democracia Cristiana (DC), furiosamente anticomunista.

Pero "a confesión de parte relevo de pruebas": en una entrevista publicada el domingo en el diario La Tercera, el presidente de la DC, Fuad Chahin, reconoció que "había una conciencia compartida de que la unidad era un camino imposible, pero nadie se atrevía a decirlo; 18 partidos más los independientes, es imposible que entremos en una única lista", sentenció.

Mauricio Morales cierra cualquier oportunidad a la unidad de la centroizquierda. "A estas alturas casi no existe opción de una lista única de oposición. Para que eso ocurriera, tendría que contar con el concurso de Humanistas y Ecologistas Verdes, además del FA y del PC. Por tanto, el camino a esa lista única está prácticamente cerrado. Lo que están haciendo los presidentes de partido que insisten en la unidad son manotazos de ahogado. Si hubiese existido voluntad, esto se habría resuelto con mayor antelación. Es mucho más honesto reconocer que no se competirá en una sola lista, a seguir insistiendo en algo sobre lo que no existe consenso ni voluntad política".

Lucía Dammert, politóloga de la Universidad de Santiago, dice que hay razones estratégicas, ideológicas y electorales que explican la ausencia de unidad. "Existe un mundo de centroizquierda y otro que se autodenomina de izquierda y que buscan diferenciarse. Eso puede traer en algunos casos beneficios electorales pero también otros de largo plazo para remarcar diferencias y probablemente hay negociaciones que impiden una mirada más estratégica de la unidad".

Además de considerar evidente que hay "una resistencia por parte de la generación que administró los partidos de centroizquierda por muchos años, que se resiste a cambiar", también hace notar que "lo único claro en toda la oposición es que no hay, salvo el alcalde Daniel Jadue, del PC, una figura electoral que los aglutine".

En cuanto al destino de los independientes, cree que "individualmente pueden jalar una gran votación, pero es más auspicioso para aquellos que tratarán de ir en cupos de los partidos, que tienen máquinas aceitadas; hay independientes que han sido cabezas de movimientos sociales o de organizaciones de la sociedad civil que pueden tener un impacto mayor, pero no es claro hoy cómo van a jugarse".

Dammert cree probable un escenario en que la gente concurra en masa a votar independiente como castigo a los partidos y así las listas de independientes recibir un apoyo inusitado, lo cual dependería del contexto al final de la campaña

Por Aldo Anfossi

Especial para La Jornada

Publicado enInternacional
Eleonor Faur es socióloga (UBA) y doctora en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Es profesora del IDAES, de la Universidad Nacional de San Martín e investigadora del Instituto de Desarrollo Económico y Social (UNGS-IDES).

Eleonor Faur, especialista en relaciones de géneros, familia y políticas públicas

La investigadora explica en qué consisten las políticas de cuidado desde una perspectiva de género e invita a desandar la organización generizada de ciertos comportamientos. Además, la Educación Sexual Integral, los estereotipos en las infancias, las masculinidades y el debate alrededor del aborto.

 

Es autora de Masculinidades y desarrollo social. Las relaciones de género desde las perspectivas de los hombres (2004), El cuidado infantil en el siglo XXI. Mujeres malabaristas en una sociedad desigual (2014) y Mitomanías de los sexos (con Alejandro Grimson, 2016), entre otras publicaciones.

Pionera en el estudio de los sistemas de cuidado desde una perspectiva de género, Faur se refiere a las tareas de cuidado en un año signado por una mayor permanencia en los hogares, los dispositivos de transmisión de mensajes, la Educación Sexual Integral (ESI), el surgimiento del movimiento Ni Una Menos, el derecho al aborto, y la importancia de “abrir espacios de reflexión y apuntar a un objetivo que en realidad es un horizonte, que es el horizonte de la igualdad”.

--¿A qué nos referimos cuando hablamos de cuidados?

--El cuidado es un elemento central del bienestar humano. No hay nadie que pueda vivir sin ser cuidado o sin haberlo sido. Y aunque hay algunos momentos de la vida en los cuales necesitamos cuidados de una manera más intensa, en realidad a lo largo de toda nuestra vida necesitamos cuidados. Al mismo tiempo somos proveedores y proveedoras de cuidados. Estamos hablando de una serie de actividades que se requieren para que una vida sea vivible, que haya un bienestar físico y emocional, que haya lazos entre las personas que habiliten una vida social agradable. Entonces, aunque todos y todas necesitamos cuidados y todos y todas tenemos la capacidad de cuidar, lo cierto es que, a nivel social, institucional y político, desde hace por lo menos dos siglos los cuidados se han organizado de una cierta manera por la cual se supone que se proveen básicamente dentro del ámbito de los hogares y que somos las mujeres las principales responsables de ofrecer esos cuidados. La organización del cuidado tiene una marca de género muy clara. Ahí tenemos uno de los nudos críticos de la cuestión de los cuidados que, hace varias décadas, estamos tratando de desandar y desanudar desde la academia y el activismo feminista. No se cuida solo en el hogar, sino en distintos escenarios públicos, comunitarios y privados, y no sólo las mujeres tenemos la capacidad de cuidar. Sin embargo, son muchos los engranajes sociales, institucionales, políticos y culturales que definen esta organización del cuidado como una organización generizada. El problema es que, frente a la escasez de políticas públicas, la variable de ajuste para que no se profundice el déficit de cuidados termina siendo la elasticidad del tiempo de trabajo no remunerado de las mujeres.

--¿Qué observó, en términos de cuidados, en estos tiempos de pandemia y aislamiento?

--Las transformaciones a nivel social --en este tipo de cuestiones también--, muchas veces llegan de formas que uno no espera. Al mismo tiempo que uno defiende la necesidad de políticas para acelerar ciertos cambios sociales, hay veces que estos últimos vienen de la mano de un torbellino, digamos, que nadie imaginó. Por ejemplo, en los años ‘80, ‘90, las fuertes crisis económicas en América Latina hicieron que las mujeres salieran masivamente al mercado de trabajo. Esto, junto con una historia de mayores niveles educativos y de haber ido construyendo una aspiración de mayor autonomía. La crisis del coronavirus, el estar todos y todas guardados en nuestras casas, supuso una intensificación de las tareas domésticas y de cuidado. En los hogares donde hay una pareja conviviente --que es alrededor de la mitad de los hogares de nuestro país--, esa intensificación de los cuidados pudo haber tenido algún tipo de impacto y de movimiento para los varones adultos. Si bien todavía no tenemos datos representativos que puedan revelar cuál fue la medida de ese cambio, dentro de la escasa información que tenemos lo que se ve es que hay un aumento de participación y dedicación para ambos géneros, pero que sigue manteniéndose una brecha. Las mujeres dedican más tiempo a los cuidados y al trabajo doméstico. En los casos de personas con hijos en edad escolar son casi siempre las madres las que acompañan las tareas, viendo si se conectan, viendo si le tienen que prestar el celular en caso de sectores populares con dificultades de conexión. Ojalá quede una memoria de lo duro que es el trabajo cotidiano de sostenimiento del hogar; hay que ver cómo se empuja también desde las políticas públicas para generar nuevas condiciones para la organización de los cuidados.

--¿Cómo se desarma y desanda esta imagen tan establecida de los roles y las tareas de cuidado?

--Hay muchas maneras. A lo largo de las últimas décadas algo ha ido cambiando. Hay pequeñas transformaciones que todavía son demasiado incipientes. Por ejemplo, todo el auge del feminismo juvenil... Cuando trabajaba en mi tesis sobre cuidados, en los primeros 2000, y decía que era sobre cuidados, la gente me decía “¿sobre qué?”. Era un tema que no estaba en agenda ni siquiera de las feministas; es decir, sí había una agenda feminista sobre esto, pero no era el tema de batalla. Hoy esto circula en las redes sociales, en las conversaciones. Ya es una buena señal. Además, hay grupos trabajando sobre masculinidades, pero todavía más con la agenda de ver cómo se generan o cómo se sostienen masculinidades no violentas que sobre cómo compartir los cuidados.

--En esto, también la Educación Sexual Integral tiene mucho que aportar.

--Sí, la Educación Sexual Integral es una herramienta muy poderosa, que se está trabajando y se está empezando a visualizar en las prácticas pedagógicas pero que todavía hay que reforzar. Históricamente, la escuela fue una de las instituciones que nos formó a las mujeres para con los cuidados. Luego de muchos años y décadas de investigaciónm, Catalina Wainerman señaló cómo representaban la literatura infantil escolar y los libros de lectura de las escuelas primarias las imágenes familiares y las imágenes de géneros. El leitmotiv era “Mi mamá me mima” y las imágenes mostraban a las mujeres cocinando y a los hombres volviendo del trabajo agotados, leyendo el diario o mirando la tele. Lo mismo entre niños y niñas: salían de picnic y las niñas preparaban la ensaladita mientras que los nenes remontaban los barriletes. Todo eso habita nuestro inconsciente. Algo de esto empezó a cambiar a finales del siglo XX, cuando en los libros escolares empezaron a haber familias que no eran necesariamente mamá, papá e hijitos; mujeres que participaban del mercado de trabajo y no solamente con el delantal puesto, lavando los platos o atendiendo al resto de la familia. Son muchas las imágenes que nos atravesaron y que siguen estando presentes en algunas escuelas todavía. Entonces, también desde la perspectiva de los cuidados la ESI es muy importante, porque tiene entre sus componentes centrales la reflexión sobre la construcción social de relaciones de género. El universo a transformar es inmenso. Es necesario transformar desde las leyes, desde las políticas, desde la ESI, desde la escuela, pero también desde nuestras propias prácticas cotidianas.

--Las formas de transmisión de mensajes, además de variadas, son silenciosas. Se puede enseñar que el llanto es una emoción de todas las personas, pero con frecuencia los chicos y las chicas se angustian si el que llora es el padre, por ejemplo.

--Exactamente, son tantos los dispositivos de transmisión de mensajes y esa idea de que los varones no lloran, los hombres no lloran, muchas veces puede estar solapada, de manera imperceptible en películas, en dibujos animados, donde simplemente vemos pocos varones llorando, mientras abunda la imagen de mujeres emocionadas hasta las lágrimas. Esas cuestiones forman parte de una sensibilidad social que, si bien cambia, todavía está muy presente. Entonces, es importante comprender que los cambios culturales profundos, como las transformaciones en los estereotipos y en las dinámicas de género, se van desarrollando en capas. No sucede todo al mismo tiempo ni somos conscientes de todo. No hay recetas tampoco. Es fundamental tener esto en cuenta, porque con el auge del feminismo también nos hemos llenado de mandatos y recetas. Hay muchas cuestiones que permean nuestras sensibilidades, nuestras subjetividades. La tarea es más de filigranas, una tarea lenta, una tarea que requiere de autorreflexión y muchas preguntas: “¿por qué te preocupás cuando tu papá llora?”, más que “¡ay, bueno, pero es normal que los varones lloren!”. La ESI es un desafío importantísimo. Es un derecho y al mismo tiempo tiene una complejidad que es más un proceso que un resultado. Hay que dar lugar a la reflexión, a sorprendernos de lo que nos encontramos, a permitir que se habiten las dudas y las preguntas con mayor libertad. Porque si nos llenamos rápidamente de certezas estamos escondiendo muchas de las cuestiones que están ahí todavía persistiendo.

--Entre otras cosas, ¿cuánto de miedo hay detrás de aquellos sectores que se oponen a la ESI?

--Hay una férrea oposición que se expresa en este slogan absolutamente brillante desde el punto de vista comunicacional que dice “Con mis hijos no te metas”. Creo que es una mezcla de activar temores basados en el prejuicio: “que la ESI adoctrina a les niñes”, “que es el nuevo fachismo”. Por un lado, está todo ese temor y, por otro, hay realmente una férrea defensa de ciertas corporaciones religiosas que han encontrado un lenguaje simple y directo para llegar a las familias que tienen dudas. Funcionan a partir de provocar lo que suele denominarse el “pánico moral”, que es eso de “Con mis hijos no”. Estos movimientos vienen de los años ‘90; desde ahí se está hablando de una supuesta ideología de género con una asociación fuerte que se estableció entre el Vaticano y algunos sectores evangélicos conservadores -subrayo porque los evangélicos no son todos conservadores. Estas grandes corporaciones religiosas fueron permeando fuertemente en la capilaridad social a través de iglesias, parroquias y de una cantidad de educadores y educadoras de este tipo de espacios y, en los últimos años, vía redes sociales. Estas posiciones se reflejan también en los triunfos de Jair Bolsonaro, en Brasil, y de derechas muy rancias a lo largo de la región.

--En varios de sus libros aborda el tema de las masculinidades. ¿A qué refiere el concepto?

--Empecé a abordar las masculinidades en los ‘90. En esos años había diferentes maneras de pensar las masculinidades y no todas eran feministas. Había algunas miradas reactivas también con relación a “las mujeres ya avanzaron muchísimo” o “ahora los discriminados somos nosotros”. Siempre un poquito de pánico moral hay alrededor de los movimientos que buscan detener las grandes transformaciones igualitarias. Hubo algunos pensadores y algunas pensadoras que empezaron a trabajar las masculinidades desde una perspectiva feminista, esto es, comprender que las identidades de género --sean femeninas, masculinas o de la diversidad-- se producen y se desarrollan en una particular configuración de relaciones sociales de género. Cuando hablamos de masculinidades estamos hablando de una posición dentro de una práctica de género, y al mismo tiempo, de los efectos de esa práctica en los cuerpos y en las subjetividades masculinas. Es imposible ver las masculinidades por fuera de las prácticas de género. No hace sentido desvincularlas de un mundo de relaciones de poder, así como tampoco tienen sentido los feminismos si los desvinculamos del análisis de las relaciones sociales de género.

--Hay varias posiciones e ideas sobre el feminismo. ¿Qué entiende usted por feminismo?

--Cuando pienso en feminismo lo que pienso es un movimiento emancipatorio que ha trabajado desde hace muchísimos años por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en primer lugar. Luego con la feliz movilización de la diversidad sexual aprendimos que cuando hablamos de igualdad de género no estamos solamente refiriéndonos a un esquema binario donde sólo existen varones y mujeres, presuntamente heterosexuales. En realidad, el feminismo nunca pensó en la heterosexualidad como una pauta universal ni mucho menos. Hoy definir al feminismo es pensar en la igualdad entre géneros, la igualdad entre personas, la igualdad de derechos y la necesidad de igualación de oportunidades para permitir mayores libertades. Todo ello, a través de una serie de dispositivos sociales y políticas públicas. Lo importante es abrir espacios de reflexión y apuntar a un objetivo que en realidad es un horizonte, que es el horizonte de la igualdad.

--Las luchas de mujeres lograron instalar el debate alrededor de la legalización del aborto, la decisión sobre el propio cuerpo, entre otras cuestiones de suma relevancia. ¿Cuánto se ha avanzado en lo que tiene que ver con vivir la sexualidad libremente?

--La posición de feminidades y masculinidades en relación con la sexualidad es un proceso que viene transformándose hace muchas décadas. Hubo un tema importante que fue la píldora anticonceptiva en los años ‘60. En el momento en que se empieza a desligar tecnológicamente la sexualidad de la reproducción tenemos un paso ganado. Entonces ahí las mujeres también se hacen más dueñas de su cuerpo, de su sexualidad, de sus deseos. Pero por supuesto, yendo al contexto argentino, definitivamente el estallido feminista, que lo ubico en el Ni Una Menos, y después el debate del aborto, trajo una nueva ola, asentada en mas de 30 años de Encuentros Nacionales de Mujeres (hoy plurinacionales y conteniendo a las disidencias). Hay una historia larga de feminismo en la Argentina, sobre todo después de la recuperación democrática. Todo eso trajo transformaciones muy importantes en la subjetividad y en la sexualidad femenina y en los últimos años eso se ve cada vez más claro. Empieza a aparecer esto que llamamos una nueva pedagogía del deseo, donde se empiezan a generar ciertas reglas que, para mí, no deben confundirse con recetas: la libertad y el consenso en los vínculos sexo-afectivos.

--¿Cuáles son los estereotipos más comunes en la infancia y cuánto puede aportar la ESI para terminar con ellos?

--Los estereotipos más frecuentes en la infancia siguen siendo que las nenas son dulces y emotivas y los varones son hiperactivos e inquietos y menos detallistas. Habría que mirar si eso responde realmente a algo verdadero o cuánto de lo que pusimos nosotros y nosotras socializando niños y niñas de esa manera no se expresa después en personalidades diferentes. Yendo a la ESI, en relación con estas cuestiones de género, lo importante es poder dejar atrás estereotipos, aceptar que las personas no son sólo una cosa. Dar lugar para que niños, niñas, niñes vayan encontrando cómo quieren vivir, cómo se sienten, a sabiendas de que la identidad es un proceso de construcción permanente. Para mí la ESI tiene eso como una de las batallas: poder dar lugar al desarrollo de cada persona en los términos en los cuales esa persona sienta que va a vivir de la manera más cercana posible a su propia forma de sentir y de pensar, siempre que no vulnere derechos de otras personas. Ese apropiarse de la propia vida es generar todas las condiciones para vivir una vida libre de violencias en la cual podamos promover y proteger los derechos de cada persona, con independencia de su identidad sexo-genérica. 

Publicado enSociedad
Sábado, 19 Diciembre 2020 05:45

Bitcoin: Son una burbuja o son el futuro

Bitcoin: Son una burbuja o son el futuro

El bitcoin subió hasta 23 mil dólares, más del 200 por ciento en el año. ¿Es una maniobra especulativa o anticipa lo que viene?

 

El precio de las criptomonedas volvió a dispararse la semana pasada. El bitcoin se ubicó en un nuevo pico de cotización: superó los 23 mil dólares. Se trata de un incremento de más del 200 por ciento en el año. Otros activos digitales como ethereum también acompañaron este boom de inversiones y triplicaron su valor en lo que va de 2020.

Las subas de las criptomonedas generaron un nuevo debate en el mundo de las finanzas. Por un lado los fanáticos de estas tecnologías consideran que el salto de las cotizaciones es una muestra de los cambios estructurales que enfrenta el mundo.

El argumento es que la pandemia alteró patrones de comportamiento de la población para generar una adopción acelerada en el uso de las plataformas digitales. Esto explica el aumento de las ganancias de las plataformas de comercio electrónico como Amazon pero al mismo tiempo una creciente expectativa sobre la masificación de los criptoactivos.

Los principales defensores de las monedas digitales plantean que son el dinero de internet y que en un mundo cada vez más interconectado su crecimiento es natural. La confianza en la tecnología es tan grande que algunos inversores vaticinan que bitcoin es el reemplazo del oro.

La gran transformación que proponen las criptomonedas es una ruptura con los intermediarios. Los individuos no necesitan un banco ni grandes sistemas de pago montados por bancos centrales para asegurar que no serán estafados enviando una transferencia.

Las empresas no necesitan contratar servicios costosos para recibir los pagos de sus clientes ni acceder a la información de sus cobros. Las transacciones en las redes de bitcoin y otras criptomonedas pueden monitorearse sin perder la seguridad.

Al igual que todo proceso de transformación acelerado las nuevas monedas digitales despiertan el fanatismo pero también el rechazo de distintos sectores de las finanzas. Los inversores escépticos comparan el salto de precios de las criptomonedas con las grandes burbujas financieras como la de los tulipanes holandeses.

Los argumentos en contra del bitcoin y de su tecnología no son sólo vinculados a la especulación. Muchos critican el gasto de energía desproporcionado que requiere la red de esta moneda digital para poder asegurar las transacciones entre cuentas.

Otros plantean que los desarrollos de la física en nuevos campos como la cuántica transformarán en inservibles los protocolos de criptografía usados por las monedas digitales y por último algunos críticos aseguran que la blockchain no aporta una innovación poderosa porque las regulaciones de los Estados impedirán el desarrollo de monedas privadas.

Este último punto es posiblemente uno de los más sensibles. Las criptomonedas –a pesar de ser un foco de innovación y plantear cambios de paradigma para la arquitectura financiera internacional- son uno de los principales instrumentos para mover el dinero no declarado a nivel mundial y suelen utilizarse en actividades que bordean lo legal.

Por el momento los marcos regulatorios no son claros y los negocios vinculados a esta tecnología están atados a la incertidumbre de cambios normativos. Desde los países desarrollados no obstante existe cada vez más interés en establecer regulaciones homogéneas.

La tendencia de los países no es sólo a aplicar regulaciones sino a experimentar con la tecnología para reemplazar gradualmente los esquemas de emisión de billetes tradicionales. En el último año la palabra CBDC (monedas digitales de los bancos centrales) se ha puesto de moda y en algunos de los principales países del mundo comienza a ser una realidad. Es el caso de China que para el 2022 planea lanzar masivamente su modelo de Yuan Digital.

Publicado enEconomía
La RAE frente al lenguaje inclusivo: cuando la batalla del género se juega en la lengua

La Docta Casa responde a una consulta sobre el uso de "todes" o "chiques" rechazando la utilización de la letra 'e' como supuesta marca de género inclusivo. La decisión abre de nuevo el debate sobre la pertinencia del lenguaje

 

Una reciente respuesta de la RAE vía Twitter ha dado carpetazo (de momento) al debate sobre el lenguaje inclusivo. Una usuaria tuvo a bien preguntar este martes a través del hashtag #dudaRAE si utilizar "chiques o todes a cambio de chicos y todas es un idiotismo". La réplica de la Docta Casa dejaba claro que "el uso de la letra 'e' como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical ('chicos') ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género". 

Dicho lo cual, la RAE despachaba de nuevo el recurrente asunto del lenguaje inclusivo. Lo hacía, además, en casi idénticos términos a los utilizados cuando se le inquirió por la siempre controvertida 'x': "El uso de la 'x' como supuesta marca de gén. inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario e impronunciable; el masculino gramatical ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de gén.: 'Los chicos están felices'".

Así las cosas, la posibilidad de que se abra una brecha en la Academia en favor del lenguaje inclusivo queda blindada por el momento, pese a que el debate no tiene visos de remitir. Algo que, según los expertos, responde −entre otras cuestiones− a un proceso creciente de desestabilización del masculino genérico. Un proceso que, por cierto, no sólo afecta al español, otras lenguas romances están inmersas en debates similares en torno al género.

"Hay discursos cambiantes sobre el rol y la posición de las mujeres en la sociedad, muchas no se sienten interpeladas por este tipo de lenguaje, es una cuestión de representación y de cómo los hablantes moldean la lengua sobre la marcha", explica Maite Puigdevall, investigadora del grupo Lengua, cultura e identidad de la Universitat Oberta de Catalunya. Un proceso de cambio constante que la Academia recoge y estipula conforme al poder y la influencia que ocupa en una determinada comunidad lingüística.

"La academia siempre va por detrás −prosigue Puigdevall− las innovaciones lingüísticas las producen los y las hablantes como sujetos que hacen uso de esa lengua determinada, son las prácticas lo que importan y estas son muy diversas porque los espacios de práctica también lo son, la variedad de registros permiten esa flexibilidad de usos". Una cintura a la hora de dar su bendición a nuevas incursiones de la que, por el momento, carece la Docta Casa.

"Elle", un pronombre en disputa

A finales de octubre, otro dictamen de la RAE suscitó cierto revuelo. Todo a causa de la incorporación del pronombre "elle" en el llamado Observatorio de Palabras. Duró poco en el citado observatorio, apenas un mes. Luego desapareció. 

"Pronombre de uso no generalizado creado para aludir a quienes puedan no sentirse identificados con ninguno los dos géneros tradicionalmente existentes". Así aparecía definida la palabra de marras, pero no cuajó. Un tuit tardío de la RAE explicaba su exclusión: "Debido a la confusión que generaba la presencia de 'elle' en el Observatorio de Palabras, se ha preferido sacar la entrada. Cuando se difunda ampliamente el funcionamiento y cometido de esta sección, se volverá a valorar". Quizá sea eso, quizá sea una cuestión de tiempo.

MADRID

17/12/2020 22:40 ACTUALIZADO: 18/12/2020 10:12

JUAN LOSA

 @jotalosa

Publicado enCultura
Martes, 15 Diciembre 2020 05:24

Anarquismo y Reformas

Anarquismo y Reformas

 Una breve reseña de nuestro primer número en el periódico comunista con base en Nápoles, Prometeo, trata principalmente de un artículo de Merlino*, y el reseñante reflexiona sobre la incomprensión básica de quienes afirman saberlo todo y que nunca se equivocan. Dice, ‘Aunque la definición parezca extraña, existe sin dudas una categoría de anarquista reformista’.

Claramente Prometeo cree haber hecho un descubrimiento.

A pesar de lo implacentero de la palabra, que ha sido abusada y desacreditada por los políticos, el anarquismo siempre ha sido y nunca podría ser otra cosa que reformista. Preferimos usar la palabra reformador para evitar toda confusión posible con quienes oficialmente se les clasifica de ‘reformista’y que luchan por mejorías pequeñas y con frecuencia ilusorias para hacer que el régimen sea más aceptable, ayudando por lo tanto a reforzarlo; o quienes, de buena fe, buscan eliminar los males sociales mientras reconocen y respetan (en la práctica y si es que no en la teoría) las instituciones políticas y sociales mismas que han dado pie y alimentan aquellos males.

La revolución, en el sentido histórico de la palabra, significa la reforma radical de las instituciones, ejecutada raudamente por medio de la insurrección violenta del pueblo contra el arraigado poder y privilegio.

Y somos revolucionarios e insurreccionarios porque queremos no solamente mejorar las instituciones que existen ahora, sino destruirlas completamente, abolir todas y cada una de las formas de poder del humano sobre el humano y todo parasitismo, de todo tipo, sobre el trabajo humano. Porque, también, queremos hacerlo tan rápido como sea posible y porque estamos convencidos de que las instituciones nacidas de la violencia se mantienen con la violencia y solo caerán si se les opone violencia suficiente.

Pero la revolución no puede ocurrir a pedido. ¿Debemos, entonces,  permanecer como espectadores pasivos, esperando que el momento correcto se presente. E incluso tras una insurrección exitosa, podremos realizar repentinamente todos nuestros deseos y que por algún milagro convirtamos el infierno del gobierno y el capitalismo en el cielo del comunismo libertario — esto es, la libertad completa del individuo en solidaridad de intereses con otros?

Estas son ilusiones que echan raíz en suelo autoritario; pues los autoritarios ven a las masas del pueblo como materia prima a ser manipulada hacia el molde que sea que ellos quieran a través del ejercicio del poder por decreto, por la pistola y las esposas.

Pero aquellas no son ilusiones anarquistas. Necesitamos del consentimiento del pueblo y debemos por lo tanto persuadir por medio de la propaganda y el ejemplo. Debemos educar y buscar cambiar el ambiente de tal modo que la educación sea accesible para un número siempre creciente de personas.

Todo, tanto en la historia como en la naturaleza, ocurre gradualmente. Cuando una represa revienta (es decir, muy rápido, aunque siempre bajo la influencia del tiempo) es porque o bien la presión del agua ha crecido demasiado para que la represa siga conteniendo o por la desintegración gradual de las moléculas del material del que está hecho la represa. De igual modo, las revoluciones estallan bajo la creciente presión de aquellas fuerzas que buscan el cambio social y ese punto se alcanza cuando el gobierno existente puede ser derrocado y cuando, por procesos de presión interna las fuerzas del conservadurismo se debilitan progresivamente.

Somos reformadores hoy en tanto buscamos crear las condiciones más favorables y el mayor número posible de personas responsables y conscientes necesario para desencadenar una insurrección popular exitosa.

Hemos de ser reformadores mañana, cuando la insurrección haya triunfado y la libertad se haya obtenido, en tanto hemos de buscar, por todos los medios que la libertad disponga — por la propaganda, el ejemplo y la resistencia — incluyendo la resistencia violenta contra quienes destruirían nuestra libertad — ganarnos a un número siempre creciente de personas hacia nuestras ideas.

Pero nunca hemos de reconocer — y aquí es donde nuestro ‘reformismo’ difiere de aquel tipo de ‘revolucionismo’ que termina sumergido en las urnas de votación de Mussolini o de otros de su especie — nunca hemos de reconocer las instituciones [existentes]. Hemos de llevar a cabo todas las reformas posibles en el espíritu en el que un ejército avanza siempre arrebatando en su camino el territorio ocupado por el enemigo. Y siempre hemos de permanecer hostiles a todo gobierno — ya sea monarquista como el de hoy o republicano o bolchevique, como el de mañana.

Por Errico Malatesta

Marzo de 1924

Publicado enPolítica
Página 1 de 38