Trabajar menos, ganar tiempo, ganar vida. Por la reducción de la jornada

El miedo es una respuesta de supervivencia. El miedo nos impulsa a correr, a saltar; el miedo puede hacernos actuar como si fuéramos sobrehumanos. Pero tiene que haber un sitio hacia el que correr. Si no, el miedo solamente es paralizante. Así que el truco de verdad, la única esperanza, es dejar que el horror que nos produce la imagen de un futuro inhabitable se equilibre y se alivie con la perspectiva de construir algo mucho mejor que cualquiera de los escenarios que muchos de nosotros nos habíamos atrevido a imaginar hasta ahora. Naomi Klein, Esto lo cambia todo

 

Puede que sea por una falta de distancia temporal con la crisis que estamos viviendo ahora mismo, pero es fácil sentir la tentación de clasificar nuestra era en una época Antes del COVID-19 y una Después del COVID-19. Desde luego parece que en estos términos pensamos cuando recordamos las cosas que hacíamos antes del confinamiento y cómo cambió todo radicalmente después. El impacto está siendo (y será) tal que parece casi comprensible que hayamos olvidado lo que los dos últimos años supusieron para el ecologismo, convertido, por primera vez, en un movimiento de masas mundial. Millones de personas salieron a las calles de todo el mundo exigiendo a los gobiernos que escuchen a los científicos y reaccionen antes de que sea demasiado tarde. Es fundamental retomar esta lucha y tomar impulso porque tanto la actual pandemia como el cambio climático están causados en última instancia por un sistema que considera que no existen límites físicos y ecológicos en su búsqueda de beneficio. Con la crisis del coronavirus hemos visto que cuando un desastre de estas magnitudes afecta a nuestra sociedad, son las condiciones de los servicios públicos de salud, de vivienda, de trabajo, de cuidados las que determinan cuánto sufriremos y con qué grado de desigualdad. Del mismo modo, serán precisamente unos servicios públicos robustos y unas condiciones laborales y sociales mejores las que nos permitirán afrontar del mejor modo posible las peores consecuencias del cambio climático (temperaturas más altas, incendios, inundaciones…).

En octubre de 2018, solo un par de meses después de que Greta Thunberg dejase de ir a clase los viernes para exigir acción contra el cambio climático, el IPCC publicó un informe especial sobre los impactos de un calentamiento global por encima de los 1,5 ºC en el que se avisaba de que, para poder descartar estos escenarios, eran necesarios «cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad». ¿Pero y si  existiera un precedente? ¿Y si hubiera una medida que se pudiera tomar de inmediato, que fuese a tener un impacto muy grande en la reducción de emisiones y en la movilización social y que, además, se ha tomado repetidamente a lo largo de la historia del capitalismo? Hablamos, por supuesto, de la reducción de la jornada laboral.

Los cronocrímenes del capital

Tal vez una de las mayores enseñanzas de El capital de Marx es que el capitalismo es un «cronocrimen» a gran escala: una parte minoritaria de la sociedad roba sistemáticamente el tiempo de vida de la mayoría, enriqueciéndose durante el proceso y aumentando la desigualdad social. Hemos descubierto demasiado tarde que el mismo sistema que nos roba el tiempo individualmente a cada persona además ha estado destruyendo las condiciones de vida en la Tierra, desposeyéndonos por tanto de nuestro tiempo de una manera adicional, también como especie. Por ello, cuando decimos que el capitalismo es el culpable del cambio climático tenemos que entender que, en última instancia, la lucha contra el trabajo asalariado debe ser uno de los pilares de la lucha climática. Nos roban el tiempo de vida hoy y nos roban el tiempo de vida de mañana.

La lucha entre la clase trabajadora y la burguesía con motivo de la duración de la jornada laboral ha sido uno de los elementos fundamentales del metabolismo capitalista durante los últimos doscientos años y, de hecho, uno de los principales focos de la lucha obrera, a menudo ofuscado, ha sido la lucha por la reducción de la jornada laboral. Desde la reclamación de la reducción de la jornada a doce horas hasta lograr la jornada de ocho horas, la lucha por trabajar menos para el patrón ha sido una de las señas de identidad del movimiento obrero. Sin embargo, parece que la jornada laboral de ocho horas (al menos sobre el papel) se ha asentado como la cantidad «natural» de horas que hay que trabajar y, al menos en España, la reducción de esta cantidad no ha vuelto a aparecer como una reivindicación de la clase trabajadora durante los últimos cien años de un modo mayoritario (y cuando ha aparecido ha sido, generalmente, con poco éxito), desde que la última reducción se consiguiese con la huelga de la CNT en La Canadiense. Los trabajadores y las trabajadoras siempre hemos necesitado tener más tiempo libre y regalarle menos tiempo a nuestros jefes. Sin embargo, ahora esta necesidad vital y humana se convierte en una necesidad existencial: tenemos que pasar menos tiempo en el trabajo para poder ganar más tiempo sobre la Tierra. No habrá transición ecológica ni esta podrá ser justa sin una jornada laboral que comience a disminuir cuanto antes.

Hay que puntualizar que cuando decimos reducción de jornada nos referimos a una reducción del tiempo de trabajo que no conlleve una reducción de salario, implementando si es necesario desde la administración un período de transición en el que el Estado se asegure de que esto ocurre. Además, existen múltiples formatos de reducción de jornada, como puede ser trabajar directamente un día menos o seguir trabajando la misma cantidad de días pero menos horas. Consideramos que lo fundamental es trabajar menos, y que distintas personas encontrarán más beneficioso uno u otro formato dependiendo, por ejemplo, de las responsabilidades de cuidado a su cargo. Por ejemplo, la federación de sindicatos del sector público de Islandia firmó recientemente un nuevo contrato en el que se reduce la semana laboral de cuarenta a treinta y seis horas sin pérdida salarial, y dentro del acuerdo se incluye que serán los trabajadores y trabajadoras en cada lugar de trabajo quienes decidirán cómo se implementará y repartirá la disminución de horas.

En España hemos visto hace poco un ejemplo de cómo «los momentos son los elementos del beneficio», como decía Marx: es decir, de por qué es tan fundamental para el beneficio del empresario exprimir todos los segundos posibles del tiempo que pasamos en el puesto de trabajo. Nos referimos a la reacción a las medidas impulsadas por el gobierno del PSOE para implementar un control de horario en las empresas y así intentar luchar contra la espectacular cantidad de horas extras no remuneradas que los empresarios de este país roban a la clase trabajadora (¡unos tres millones de horas por semana!). Pudimos ver en televisiones y periódicos los argumentos más peregrinos para que nos apenásemos por los pobres emprendedores y empresarios cuyos negocios no iban a ser rentables si no podían robar impunemente más horas de vida a los trabajadores. Hablamos de aumentar el robo de tiempo vital en forma de plusvalía incrementando el tiempo de trabajo por el que no se recibe compensación ni siquiera formalmente. Por lo tanto, si esta es la pelea que presentan para, simplemente, ¡no cumplir la ley!, podemos imaginarnos cómo sería si se plantease de manera seria y decidida la reducción de la jornada laboral. Sí, existen estudios sobre cómo esto aumentaría la productividad de muchas empresas y sobre cómo en última instancia podría ser beneficioso también para ellas, pero en general estos beneficios solo los asumirán como tales una vez hayan sufrido la derrota y hayan debido aceptar una reducción de las horas de trabajo.  Poco a poco van surgiendo en distintos países empresas que implementan una jornada laboral más corta, y aunque sea por aumentar su productividad es positivo que ocurra, pero hay que tener en cuenta por un lado que hay muchos sectores en los que no es cierto que trabajar menos horas vaya a hacer que el proceso sea más productivo. Esto variará mucho de sector en sector: en aquellos en los que se trata con personas, como por ejemplo la sanidad, la atención sería de más calidad, y una fábrica necesitaría inversiones para conseguir mantener la productividad. Por otro lado, no podemos olvidar del beneficio a nivel global que los capitalistas obtienen de la función disciplinadora del trabajo: la clase propietaria siempre ha peleado para que no se consigan estos avances, aunque les beneficien a largo plazo.

Reducción de jornada: win, win, win

La reducción de jornada es una medida que contiene un «triple dividendo». En primer lugar, el trabajo existente se reparte entre más gente, lo que permite reducir el desempleo. Vivimos en una sociedad altamente disfuncional, en la que una parte de las personas trabajan mucho más de lo que recoge su contrato, regalando cada mes decenas de horas adicionales a sus empleadores, mientras que otra parte de la población no consigue trabajar todo lo que le permitiría tener un salario digno y necesita acumular varios trabajos de jornada reducida. De hecho, a los millones de personas con trabajos precarios lo de una reducción de jornada les podría sonar a broma pesada: «¡Mis problemas vienen porque trabajo de menos, no de más!». Junto a otro tipo de medidas que podrían debatirse y que no son necesariamente excluyentes, como el trabajo garantizado o la renta básica, la reducción de jornada permitiría redistribuir el trabajo de un modo más racional, haciendo que quien trabaja demasiado pueda descansar más y que los que lo necesiten puedan acceder a un empleo.

En segundo lugar, está claro que trabajar menos tiene beneficios individuales: menos estrés, más tiempo libre y mejoras en la calidad de vida. Esto lo ha sabido la clase trabajadora desde su nacimiento y es algo que deberíamos volver a recordar. Además, cualquier proyecto de transición ecológica justa debe ser capaz de ofrecer a la mayor parte de la población una visión de un mundo mejor, y disponer de más tiempo propio ha de ser una parte central en ella. De un modo naif podemos pensar que, si los fines de semana pasaran a durar tres días, la gente lo que haría es consumir más, derrochar más o tomar más aviones; es decir, que no ganaríamos nada porque lo único que haríamos es ceder más espacio al consumismo exacerbado en el que se basa nuestro actual sistema de producción. Este era precisamente el argumento de la burguesía contra las vacaciones: el proletariado llevaría una vida disoluta si disponía de tiempo libre en lugar de seguir la vida ordenada que proporciona el trabajo. Sin embargo, existen estudios que indican lo contrario: que cuanto más largas son las jornadas de trabajo más se tiende a dedicar el ocio a este tipo de consumo[1]. Como tenemos poco tiempo, necesitamos actividades que satisfagan nuestras necesidades de diversión y entretenimiento de un modo inmediato y superficial, por eso vamos a pasar el rato a un centro comercial o de compras o a alguna capital europea en un viaje exprés de fin de semana.

Por último, y vinculado a este último punto, hay también muchos estudios que muestran que existe una relación entre trabajar más horas y patrones de consumo con mayor huella de carbono[2]. Cuanto más trabajamos más tendemos a utilizar productos intensivos en energía; por ejemplo, tendemos a coger más el coche porque no nos podemos permitir perder tiempo, así como a comer más productos precocinados porque no tenemos tiempo para dedicárselo a la alimentación. Estudios sistemáticos hechos en Estados Unidos muestran que menos horas de trabajo tienden a tener una huella ecológica y de carbono y unas emisiones de dióxido de carbono menores[3].

La virtuosidad de esta medida está clara en todos los sentidos, pero de cara a conseguir que se convierta en hegemónica en poco tiempo puede resultar interesante, e incluso necesario, vincularla lo más posible al problema ecológico. Por ejemplo, se podría forzar a que entrase en los paquetes de «emergencia climática» que los gobiernos están aprobando poco a poco. Así quedaría claro que la cosa no se queda en greenwashing, porque esto es pura lucha de clases… hasta cierto punto. Es posible que no nos quede otra, a nivel climático, que trabajar menos y lo que queremos es que esto se lleve a cabo desde un punto de vista progresista: por ejemplo, no queremos que aumente la diferencia actual en cantidad de tiempo libre existente entre las distintas capas sociales, haciendo que las capas más ricas trabajen menos pero sigan teniendo salarios más que razonables, mientras que los más pobres se vean más golpeados y sean abocados a tener más de un trabajo, por poner un ejemplo extremo de por dónde podría avanzar esta medida y que desgraciadamente podemos imaginar con facilidad.

No hay que inventar trabajos verdes: ya existen

Una de las ideas de las movilizaciones feministas de los últimos años que va calando en los imaginarios colectivos de los sectores progresistas (y cada vez más de los mainstream) es la de «poner los cuidados en el centro»  (y de nuevo la pandemia nos ha mostrado que, a la hora de la verdad, cuidar y ser cuidados es lo único que importa). Se derivan muchas implicaciones a partir de la puesta en valor de todas esas labores reproductivas que han estado siempre ocultas. La separación entre las esferas productiva y reproductiva realizada a lo largo de siglos por el capitalismo ha llevado a que las únicas actividades que se consideran relevantes, dignas de elogio y reconocimiento en la sociedad sean aquellas que generan actividad económica directamente (o sea, plusvalía), las que se encuentran de modo explícito inmersas en esa rueda tautológica y destructiva que es la autovalorización del capital. El cuidado de niños y niñas, de las personas ancianas, de personas dependientes, de nuestras casas e incluso de las casas de las clases superiores, el trabajo emocional en nuestras familias, colectivos y comunidades, y hasta el cuidado de nuestro ecosistema más inmediato, es decir, todas ellas actividades ligadas históricamente a la feminidad,han sido, por tanto, merecedoras de un puesto muy bajo en la escala de valores burguesa.

Con la crisis sanitaria y social del COVID-19 hemos podido ver de primera mano lo que son los trabajos esenciales para que la sociedad siga funcionando y cuáles no, y cómo se maltrata precisamente a quien cumple esas funciones. Resulta, además, que los cuidados son actividades extremadamente bajas en carbono, por lo que los llamados «trabajos verdes» tendrán que girar en gran medida en torno a este tipo de tareas. Pero ante todo, se trata de generar una visión en la que ese tiempo libre que se libere se dedique a cuidarnos los unos a las otras, a pasar más tiempo con nuestras familias (entendida esta en el sentido más diverso que podamos imaginar), a poder dedicarnos a la crianza, a cuidar de nuestros parques, barrios, jardines y ecosistemas. Tenemos que aprovechar el tiempo vital del que volvemos a disponer para regenerar el tejido comunitario y asociativo que hemos perdido en estos años.

Como hemos mencionado, existen otras medidas relacionadas y que son totalmente compatibles con la reducción de jornada laboral, como una Renta Mínima Universal mucho más útil y ambiciosa que el Ingreso Mínimo Vital implementado (de un modo francamente malo) por el Gobierno de coalición. Algo que comparten todas estas medidas en cierto modo es que son formas concretas que toma el derecho a existir, el más fundamental de todos los derechos. Como además salir de la lógica productivista del capital es condición necesaria para que nuestra especie pueda, literalmente, seguir existiendo de un modo digno en este planeta, entonces podemos decir que estamos luchando por un derecho a la existencia a nivel planetario y ecológico.

Fridays for Future

La semana laboral de cuatro días no sería solo un momento Polanyi defensivo que nos permita limitar las esferas de la vida dominadas por el mercado, una victoria difícil de revertir una vez sea hegemónica que nos sirva como trinchera para afrontar mejor las luchas venideras. Es también un punto de partida que nos permite imaginar un futuro distinto, y mejor. Tal vez esa sea una de las mayores virtudes de esta lucha: que mezcla en una reivindicación concreta tanto la mirada corta como la mirada larga. Nos podrá parecer una reivindicación más o menos difícil de conseguir, y puede que genere reticencias al inicio en una sociedad en la que nos definimos por el trabajo de un modo tan fundamental, pero cualquiera puede figurarse fácilmente cómo sería su vida si su fin de semana durase tres días. Es decir: es una medida que todo el mundo puede imaginarse implementada y visualizar cuál sería el impacto material concreto en sus vidas. Pero es que además la reducción de la semana laboral nos abre la puerta a imaginar un mundo en el que trabajemos no cuatro, sino tres o dos o incluso un solo día; es decir, genera de un modo inmediato un imaginario nuevo, en el que el trabajo pueda no ser el centro de nuestras vidas. Y en la lucha climática tal vez lo que más necesitemos sea esto, visiones concretas de cómo puede ser el mundo en un futuro que no sean el colapso y la degradación absoluta, sino una sociedad en la que el tiempo que no pasemos realizando un trabajo (que sea además beneficioso socialmente) realmente podamos dedicarlo a pasear con nuestra gente, a hacer fiestas al aire libre, a disfrutar de nuestros ríos y nuestras playas, a cuidarnos y querernos y a cuidar y a querer nuestro entorno. Si queremos un planeta habitable tendremos que hacer decrecer mucho la esfera material de producción, pero tenemos que conseguir crecer exponencialmente el tiempo disponible para todas las personas.

Este septiembre el Euromillones ha sacado una nueva campaña de publicidad en la que se ven distintas actividades para las que no solemos tener tiempo escritas con la típica tipografía utilizada en relojes digitales, junto a la frase «cuando te toca el Euromillones, te toca todo el tiempo del mundo para hacer con él lo que siempre has querido», junto al eslogan «dueños del tiempo». Tenemos que mostrarles a los que actualmente son dueños de nuestro tiempo que no queremos que nos toque la lotería para poder aprender a tocar el piano, hacer yoga o estar con nuestras familias: vamos a recuperar nuestro tiempo luchando por una sociedad en el que la cantidad de tiempo disponible no dependa de nuestros millones.

Desde hace tiempo el activismo climático fantasea con un Pride propio. Pride es una película británica de 2014 que cuenta la historia de un grupo de activistas del colectivo LGBT que deciden apoyar las huelgas mineras de 1984 en Reino Unido. Para conseguir victorias contra el cambio climático que permitan además que la mayoría viva mejor vamos a necesitar un movimiento parecido, que consiga establecer alianzas entre el nuevo movimiento ecologista y las clases trabajadoras, y la lucha por una jornada laboral más corta puede ser una de las demandas que puedan unir a todos estos grupos en luchas concretas, que es de donde brotan los vínculos y emociones que podemos ver en Pride. Greta Thunberg inspiró a millones de jóvenes en todo el mundo haciendo una huelga climática, recordánonos cuál es el arma más potente de la que disponemos los que no disponemos de nada más que de nuestra fuerza de trabajo. Y el nombre que se han dado estos jóvenes que han seguido su ejemplo ha sido Fridays for Future, que han decidido dejar de ir al colegio los viernes para luchar por nuestro futuro. El potencial es evidente, pues, para articular una lucha en torno a, por ejemplo, la semana laboral de cuatro días: dejemos de trabajar los viernes, o no tendremos un futuro. Reapropiémonos de nuestro tiempo ahora para reapropiarnos de nuestro tiempo en el futuro. Fridays for Future hoy, literalmente, para luchar por Thursdays for Future mañana.

27/09/2020

Referencias

Se puede encontrar mucha información sobre los impactos sociales y ecológicos de la reducción de jornada en los trabajos hechos por el grupo de investigación británico Autonomy:

The Shorter Working Week: a report from Autonomy

The Shorter Working Week: a powerful tool to drastically reduce carbon emissions

The Ecological Limits of Work:

La New Economics Foundation coordina esta newsletter donde periódicamente recogen artículos y noticias relacionadas con la reducción de la semana laboral en Europa: Achieving a shorter working week across Europe

[1] J. B. Fitzgerald, J. B. Schor, A. K. Jorgenson, «Working Hours and Carbon Dioxide Emissions in the United States, 2007-2013», Social Forces, v, 96, n.º 4, junio de 2018, pp. 1851-1874 https://academic.oup.com/sf/article/96/4/1851/4951469

[2] J. Nässén, J. Larsson, «Would shorter working time reduce greenhouse gas emissions? An analysis of time use and consumption in Swedish households», Environment and Planning C: Government and Policy 2015, v. 33, pp. 726-745.

[3] K. Knight, E. A. Rosa, J. B. Schor, «Reducing Growth to Achieve Environmental Sustainability: The Role of Work Hours», Political Economy Research Institute, n.º 304, 2012 https://www.peri.umass.edu/media/k2/attachments/4.2KnightRosaSchor.pdf

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Viernes, 25 Septiembre 2020 05:24

Derribar estatuas

Derribar estatuas

“El riesgo de un destructor de estatuas es convertirse en una”, cita Carlos Monsiváis, al final de su ensayo De monumentos cívicos y sus espectadores, a Jean Cocteau.

Líneas arriba había escrito que uno de los primeros actos de liberación de un pueblo es la destrucción de monumentos a héroes y caudillos, que de ese modo dejaban de serlo.

A raíz de la oleada de derribos de monumentos, multiplicada luego del asesinato de George Floyd por la policía en Estados Unidos, aparecieron críticos de tales derribos, quienes se rasgan las vestiduras porque, dicen, las estatuas son parte del espacio público.

El episodio más reciente sucedió en Popayán, capital del Cauca, en el sur de Colombia. El 16 de septiembre un grupo de misak y nasa derribaron el monumento a Sebastián de Belalcázar, fundador de la ciudad y de Guayaquil, Quito y Cali. Recibió el título real de gobernador vitalicio de Popayán, además de otras condecoraciones.

Su estatua fue colocada en el Morro de Tulcán, un cerro de Popayán donde había una pirámide ceremonial construida por pueblos originarios que fue literalmente, decapitada para instalar la estatua ecuestre del conquistador, como demostró hace medio siglo el antropólogo colombiano Julio César Cubillos (https://bit.ly/3mKFYci).

Ante los lamentos de la oligarquía local, que fue la que en 1940 instaló el monumento sobre el sitio sagrado, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) recordó a la población que en lo que va de este año "han sido asesinados 65 integrantes de las comunidades indígenas en el Cauca", algo que no a todos parece importarle. Saluda "el acto de valentía" del pueblo misak al "decolonizar el pensamiento y reconstruir nuestra propia historia" (https://bit.ly/3kF7KoL).

Recuerda que Belalcázar es sinónimo de "genocidio, racismo, esclavitud y discriminación a los pueblos indígenas" y que en vida fue uno de los mayores genocidas de los pueblos originarios de América Latina (https://bit.ly/3kF7KoL).

No tengo tan claro como Monsiváis si el derribo de monumentos anticipa la rebelión o si la acompaña. El año pasado en Chile, más de 30 figuras de militares y conquistadores fueron marcadas con graffities o les arrojaron pintura, desde Arica en el norte, hasta el sur mapuche. Recuerdo cómo los jóvenes se enardecían, en la Plaza de la Dignidad, ante la estatua del general Baquedano ("héroe" de la guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, según la historiografía de arriba) que fue pintada y tapada parcialmente con banderas mapuches.

A lo largo de Chile, y al calor de la revuelta popular que barrió el país desde octubre, rodaron esculturas de Colón, la estatua del colonizador y militar Francisco de Aguirre (en cuyo lugar colocaron la escultura de una mujer Diaguita) y el busto de Pedro de Valdivia, en Temuco, cuya cabeza fue colgada en la mano del guerrero mapuche Caupolicán.

El 12 de octubre de 1992, los zapatistas realizaron una gran marcha en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y derribaron la estatua de Diego de Mazariegos, frente a la iglesia de Santo Domingo. "Si volvieron a levantarla no importa. Nunca podrán levantar de nuevo el miedo a lo que representaba", escribió en mayo de 2015 el subcomandante insurgente Galeano.

Menos de 15 meses después, se encendió el Ya Basta! de la insurrección zapatista. En este caso, la frase de Monsiváis es tan acertada como justa.

Pero quisiera detenerme en la cita de Cocteau, que trae el escritor mexicano. Una de las características más notables de la revolución zapatista es que nunca pretendió sustituir a los villanos derribados por personajes más nobles, en el mismo pedestal. No se trata de derribar a un conquistador genocida para colocar a un "hermano" libertador en su lugar. La cosa es mucho más profunda.

Las estatuas son una herencia colonial. Como los estados. Representan la cultura de la clase dominante. Los pueblos originarios tienen otra forma de representar sus cosmovisiones en la arquitectu-ra, como las pirámides, que enseñan también modos jerárquicos de ver el mundo. Tampoco se tratade sustituir estatuas coloniales por pirámides sacramentales.

En el lugar de los tiranos, los zapatistas construyen, crean, inventan mundos nuevos y diferentes, clínicas de salud, escuelas, espacios de vida para seguir viviendo. Las juntas de buen gobierno, por ejemplo, pertenecen a ese tipo de creaciones colectivas, donde el jefe es el pueblo, donde las mujeres y los varones que gobiernan obedecen al colectivo. Rotan para no petrificarse en el lugar de mando, porque no tienen vocación de monumentos, sino de servicio.

En estos momentos en que los de arriba están asesinando bases de apoyo zapatistas en el ejido de Tila, tzotziles en Aldama, nasas y misak en el Cauca, y pueblos negros, originarios, campesinos y de periferias urbanas en todo el continente, podemos reflexionar para qué resistimos y damos la vida: no para cambiar de caporales, sino para vivir en un mundo sin mandones.

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Viernes, 25 Septiembre 2020 05:06

De nuevo en primavera

Manifestación contra el gobierno de Sebastián Piñera, en Santiago de Chile AFP, MARTIN BERNETTI

Chile, hacia una nueva Constitución

 

El próximo 25 de octubre el pueblo chileno abrirá un inédito proceso constituyente. Así lo indican todas las encuestas de cara al plebiscito de esa fecha. Para juristas, académicos e integrantes del movimiento social, la nueva carta magna supondrá apenas el inicio de una larga discusión sobre el proyecto de país que deberá atender las demandas sociales surgidas de la revuelta popular.

El día en que se cumplirá un año de la llamada «marcha más grande de Chile», que sólo en Santiago convocó a más de 1 millón de personas, asoma como otro hito en la historia del país. El próximo 25 de octubre –es decir, dentro de un mes– el pueblo chileno decidirá en un plebiscito si quiere una nueva Constitución política y qué tipo de órgano será el encargado de redactarla.

En la votación habrá dos papeletas con dos opciones a marcar en cada una: apruebo o rechazo (en referencia a la creación de una nueva Constitución), y convención mixta (un órgano constituyente compuesto a partes iguales con miembros del Congreso y miembros elegidos popularmente) o convención constitucional (con todos sus miembros elegidos popularmente). Todos los sondeos desde noviembre pasado adelantan un triunfo por abrumadora mayoría para la combinación apruebo-convención constitucional. La última encuesta Pulso Ciudadano, de Activa Research, de la primera quincena de setiembre, estimó que el 75,1 por ciento del total del padrón electoral se inclinará por el apruebo y que el 57 por ciento lo hará por la convención constitucional.

El proceso constituyente tendrá una naturaleza inédita en la historia chilena si vence el apruebo, ya que permitiría abrir la deliberación del nuevo texto a través de canales de participación popular. Ni la Constitución vigente de 1980, fraguada entre cuatro paredes por la dictadura de Augusto Pinochet, ni los anteriores textos constitucionales –los más duraderos fueron los de 1833 y 1925– nacieron al calor de un diálogo democrático.

«Chile recién se está poniendo al día en un cambio político que se produjo hace décadas en América Latina. Casi todos los países de la región han incorporado mecanismos de democracia directa. Pero en Chile hay una extrema rigidez institucional que mantuvo intacta la estructura heredada de la dictadura de Pinochet, hasta que el estallido social del 18 de octubre remeció el sistema político, como culminación de un ciclo de protestas que venía desde el movimiento estudiantil de 2006», indica a Brecha Claudia Heiss, jefa de la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Chile.

El cronograma

La convocatoria al plebiscito de octubre quedó zanjada el 15 de noviembre de 2019 en el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, suscrito por el grueso de los partidos políticos como respuesta a las demandas de la revuelta popular. El día elegido para la votación era originalmente el 26 de abril, pero el covid-19 obligó a aplazar la fecha.

De hecho, el proceso constituyente se inscribirá en un contexto de crisis sanitaria. Por eso, el Servicio Electoral de Chile (Servel) publicó un protocolo sanitario para proteger a los electores y a los vocales de mesa. «Votar en el plebiscito no será más peligroso que ir al supermercado», afirmó el presidente del consejo directivo del Servel, Patricio Santamaría, el 14 de setiembre. Sin embargo, en los últimos días el organismo descartó que las personas contagiadas por coronavirus puedan votar. El 11 de este mes, en tanto, el presidente, Sebastián Piñera, había anunciado la extensión del estado de catástrofe por 90 días más, por lo que la jornada de votación será con toque de queda durante la noche.

Pese a las restricciones sanitarias, se prevé una alta concurrencia a las urnas: en la última encuesta Pulso Ciudadano el 75,1 por ciento se mostró seguro o muy seguro de ir a sufragar, aunque la participación no es obligatoria. La alta concurrencia está motivada por el clamor de sepultar la Constitución de Pinochet, que, aunque reformada 46 veces, «mantiene el statu quo, ya que es un proyecto de ingeniería social que levantó la dictadura para neutralizar al gobierno de la Unidad Popular y al ciclo histórico de crecimiento del Estado y los derechos sociales que va desde 1940 a 1970», dice a Brecha Jaime Bassa, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valparaíso y activo participante en las asambleas y los cabildos territoriales autoconvocados desde el 18 de octubre.

Cambiar la Constitución es determinante, agrega Bassa, ya que la de 1980 «entrega la provisión de derechos sociales como la salud, la vivienda, la educación y la seguridad social a empresas privadas. Es un diseño que mercantiliza la vida, genera precariedad y bloquea los cambios. Promueve un Estado subsidiario y una economía neoliberal». Cita como ejemplo de esto que, en lugar de consagrar el derecho público a la salud, la actual carta magna establece que «cada persona tendrá el derecho a elegir el sistema de salud al que desee acogerse, sea este estatal o privado».

El acuerdo del 15 de noviembre estableció que el órgano constituyente deberá aprobar su reglamento y cada una de las normas constitucionales por un cuórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio. Si triunfa la opción de formar una convención constitucional, sus integrantes serán votados bajo el mismo sistema electoral que rige para la votación de diputados. En Chile hay 155 diputados electos bajo un esquema proporcional de 28 distritos electorales, por lo que la convención tendrá el mismo número de miembros. El acuerdo también fijó un plebiscito ratificatorio (con voto obligatorio) para validar el nuevo texto. El 24 de diciembre se aprobó la ley 21.200, que modificó el capítulo V de la actual Constitución para regular todo el proceso venidero.

La pandemia alteró los planes iniciales y sólo el 27 de marzo de este año el Servel agendó las tres fases del ciclo completo. Tras el citado plebiscito de entrada, el 11 de abril de 2021 se elegirán los integrantes del órgano constituyente. Nueve meses después de instalada la convención (su período de trabajo se puede extender a 12 meses si se solicita prórroga, por única vez) se convocará al plebiscito ratificatorio o de salida. Si el proceso sigue la ruta trazada, Chile podría tener una nueva Constitución, a más tardar, en 2022 y con otro presidente de la república: la elección presidencial será el 21 de noviembre de 2021.

La legitimidad de la Constituyente

Fruto de la presión del movimiento social y de algunos partidos políticos, en los últimos meses se añadieron nuevas normas al acuerdo del 15 de noviembre. En marzo pasado se aprobó la paridad de género para una eventual convención constitucional. Además, las candidaturas independientes podrán presentar sus propias listas, siempre y cuando sean respaldadas por firmas ante notario del 0,4 por ciento de quienes votaron en cada distrito en la última elección de diputados. El trámite entraña una gran dificultad en el contexto de pandemia y, en virtud de ello, se le solicitó al Servel autorizar firmas electrónicas, sin tener respuesta aún.

Por otro lado, el pasado 7 de julio el Senado aprobó, en general, una reforma para reservar escaños de la Constituyente a pueblos originarios. Aún no se ha definido el número ni el mecanismo de asignación.

«La legitimidad se juega en varias dimensiones, no se agota en la dicotomía independientes/militantes partidarios. La clave para la reconfiguración de las relaciones de poder es que en la deliberación constituyente participen los grupos que estructuralmente han sido más postergados. El carácter paritario de la convención contribuye a enfrentar una de las exclusiones más fuertes de la sociedad chilena, que es el tema de género. Los escaños reservados para los pueblos originarios también son un factor de legitimidad importante», precisa Bassa.

Heiss concuerda en la trascendencia de la paridad de género: «El solo hecho de que la convención constitucional esté forzada a tener mujeres habla de un nivel de inclusión que no ha habido nunca en Chile y en ninguna asamblea constituyente en el mundo. Incorporar a la discusión política actores nuevos –actrices, en este caso– es algo totalmente novedoso».

Sin embargo, hay expertos que ven una «trampa» en la baja probabilidad de que participen de la convención actores del mundo independiente, por ejemplo, líderes vecinales. En esos términos y en varios medios se ha referido, desde el año pasado, el abogado penalista Mauricio Daza a la casi obligatoria necesidad de las candidaturas independientes a postularse dentro de la lista de algún partido político para tener alguna opción real de integrar la Constituyente.

«No estoy de acuerdo con esa lectura. Las puertas para la participación ahora están más abiertas que en el acuerdo del 15 de noviembre. Creo que es un buen camino canalizar las demandas de las bases en alianzas virtuosas con los partidos políticos. Estos podrían recuperar su rol. Los electores tenemos la última palabra en elegir bien a nuestros representantes y no permitir que viejos rostros de la política quieran reciclarse en la Constituyente. Lo que pasa es que los partidos han subvertido el sentido de las instituciones protegiendo el interés privado por sobre el interés general», plantea Bassa.

Sin ir más lejos, el Frente Amplio, una coalición de fuerzas de izquierda que germinó en 2017, pretende abrir la mitad de sus candidaturas a la Constituyente a ciudadanos que no militan en partidos. «El mundo social es el espacio natural del Frente Amplio. Tenemos militantes e independientes que han estado liderando las demandas de la ciudadanía. La Constituyente es para la confrontación de ideas y no una asamblea de técnicos o expertos», comenta a Brecha Jorge Ramírez, presidente del partido frenteamplista Comunes.

Según Valentina Moyano, integrante de la organización latinoamericana Red de Politólogas, es muy probable que «no todas las personas que ocupen un escaño en la convención provengan de sectores populares». Para la cientista política, la legitimidad de la asamblea no pasa por cuántos independientes la integren, sino más bien «por hacer vinculantes los cabildos, las asambleas y los espacios de organización fuera de la arena institucional partidaria».

En línea con la posición de Moyano, Heiss cree que la aprobación del reglamento de la futura convención «será la gran oportunidad para incorporar mecanismos de participación incidente y directa de la ciudadanía». Heiss proyecta que, si la Constituyente trabaja «a puertas cerradas, como una cocina», no tendrá legitimidad política.

Para Esteban González, coordinador de la mesa de Unidad Social en la comuna santiaguina de Pedro Aguirre Cerda, la legitimidad del proceso tampoco se juega exclusivamente en la incorporación de independientes a la convención. González, que trabaja con alrededor de 40 organizaciones sociales del territorio comunal, cree que «la calle es ancha y puede caber todo el mundo mientras busquemos el objetivo común. Vamos a apoyar a los candidatos que defiendan los principios constitucionales necesarios para el Chile que queremos».

En tanto, la Coordinadora 8M, organización que vela por las reivindicaciones feministas, dice que, si bien tiene una posición crítica sobre el acuerdo del 15 de noviembre, llamará a votar apruebo y convención constitucional con los mismos recaudos. «No es sólo porque los sectores políticos impugnados sentaron las reglas del juego del plebiscito. Hay un contexto político de impunidad respecto de las violaciones a los derechos humanos y la prisión política ocurridas durante la revuelta. Hay un escenario de polarización política, en que fuerzas reaccionarias de ultraderecha, incluso neofascistas, han desplegado acciones de masa muy violentas. Llamamos a desbordar el acuerdo del 15 de noviembre», dijo a este semanario Karina Nohales, una de las voceras de la coordinadora. Remite a las marchas del rechazo, que se han dirigido desde los sectores acomodados de Santiago hacia el centro cívico y cuyos adherentes han agredido a los del apruebo bajo una actitud complaciente de Carabineros.

La Constitución: el principio de todo

La importancia de la Constitución radica, según Bassa, en que «determina los márgenes entre los que se mueve el legislador». Ciertamente, agrega el abogado, la nueva carta fundamental «no será la solución a todos los problemas sociales, ni el país cambiará al día siguiente de su aprobación». Bassa acepta que las demandas de la ciudadanía están reguladas por las leyes y no por la Constitución. Sin embargo, «si la carta magna establece que las cotizaciones previsionales son propiedad privada, la ley no puede avanzar hacia un sistema solidario».

Una interpretación similar ofrece Heiss, para quien es relevante entender que «la Constitución no es una política pública: no va a contener la política de vivienda, salud, educación o pensiones». Sin perjuicio de ello, la académica de la Universidad de Chile sostiene que incluir los derechos sociales en el nuevo texto constitucional le daría una «orientación normativa» al sistema político para que «haga carne» esas necesidades ampliamente compartidas por la sociedad chilena. «La Constitución, más que cerrar una conversación de cambio político, la inicia», aclara la politóloga.

Hay un punto que provoca cierto ruido en el movimiento social: el funcionamiento paralelo del Congreso durante los nueve meses (o 12 si se accede a la prórroga) de ejercicio de la Constituyente. Temen que el Poder Legislativo tramite leyes que vayan a contrapelo del espíritu transformador que regirá la asamblea encargada de redactar la nueva carta magna. Bassa no detecta un problema aquí, por cuanto «muchas leyes que están jurídicamente por debajo de la Constitución van a quedar fuera de juego. Es decir, muchas leyes vigentes podrían ser inconstitucionales cuando se apruebe la nueva Constitución, ya que esta es una norma de mayor jerarquía».

Para Heiss, en tanto, la sorpresiva reaparición, el 30 de agosto, del exsenador derechista Pablo Longueira –formalizado por delitos tributarios y luego sobreseído de esos cargos– para anunciar su voto por el apruebo y su candidatura a la Constituyente responde a «manotazos de ahogado» de su sector político, cuya finalidad es capturar el tercio de la convención y torpedear los cambios estructurales: «El 89 por ciento de las donaciones para la campaña del plebiscito son del rechazo, pero saben que van a perder. Ellos han acuñado el término rechazar para reformar, pero no han transformado nada en 30 años. Es un argumento que tiene poco asidero y es bastante antidemocrático, es de una profunda desconfianza en la voluntad popular».

Por Cristian González Farfándesde Santiago 
24 septiembre, 2020

Publicado enInternacional
Escuela, Universidad y educación en la cuarta revolución industrial [i]
  1. Paradoja y cuarta revolución industrial

La transición entre la tercera y cuarta revolución industrial está sosteniendo la paradoja según la cual, desde distintos lugares de enunciación, ni la élite capitalista ni el anticapitalismo defienden la continuidad de los procesos de la vieja máquina educativa newtoniana que emergió en la primera y segunda revolución industrial.  Esta convergencia sui generis es lo que denomino como la paradoja educativa del siglo XXI.

Esta paradoja facilita que se sostenga la noción de “crisis educativa permanente” generada por el capitalismo cognitivo, especialmente desde la tercera revolución industrial. Las limitaciones que observamos en muchos de los análisis educativos, respecto a cómo salir de esta paradoja, han contribuido al caos epistémico que propicia la generación de un “nuevo” discurso del “sentido común pedagógico”.  Esto lo podemos evidenciar con narrativas que dan cuenta de un consenso forzado por el “sentido que dan las coincidencias”, despolitizado por las similitudes de lo común, en el cuál parecieran quedar atrapados, en una frágil burbuja, derechas e izquierdas educativas, jerarquías y docentes de aula.

Ello explica la popularidad de discursos como los del maestro Franceso Tonucci, quien, sin meterse en los problemas estructurales de la escuela derivados de la contradicción entre capital y trabajo, sostiene una narrativa que recrea ese “sentido común docente”. Cuando Tonucci sintetiza sus ideas en frases fuerzas como “la escuela no puede seguir igual” está expresando el sentido común inmanente a la paradoja educativa del siglo XXI.  Por ello el discurso de Tonucci es replicado por sectores de las derechas e izquierdas educativas, mientras unas y las otras no terminan de percibir claramente la anomalía de esta coincidencia sostenida en el tiempo. El problema estas narrativas de sentido común docente no resuelven los problemas, sino que adornan y despolitizan los diagnósticos.

De esta paradoja solo se puede salir de manera colectiva repolitizando el debate. Pero repolitizar va mucho más allá de consignas y la repetición de frases fuerzas de nuestros maestros clásicos. Repolitizar implica una renovada aproximación crítica a la realidad actual de una educación pública profundamente impactada por la aceleración de la innovación tecnológica en un contexto de reseteo de la sociedad capitalista que conocimos. Urge salir de la paradoja trabajando en las nuevas diferencias entre escuela capitalista y escuela emancipadora anticapitalista, las nuevas expresiones de lo alternativo, en una realidad de cambio incesante.

Ante la paradoja de narrativas atrapadas en el éter de aparentes similitudes, el capital aprovecha esta confusión para avanzar en una agenda de destrucción del derecho a la educación y la escuela/universidad pública, tomando y resemantizando a denominaciones e ideas que daban identidad a las viejas resistencias. Por ello vemos al capitalismo cognitivo hablando de pertinencia, transdisciplinariedad, complementariedad, visión integrada, entre otros, instrumentalizando muchas de las ideas alternativas, en el camino a nuevos modelos de privatización educativa. Precisamente, la pandemia del COVID-19 le posibilitó al capital la implementación de una brutal neo privatización educativa encubierta con narrativas de sentido común docente, especialmente sobre el sostenimiento del vínculo pedagógico. La parálisis interpretativa que deriva de la paradoja educativa del siglo XXI es el marco desde el cual se está produciendo un asalto y sometimiento por desposesión, de la identidad de las resistencias.

La situación paradójica ocurre mientras se abren paso escenarios dramáticos para la escuela, liceo y universidad que hemos conocido, ante lo cual es urgente romper con la burbuja de éter compartido en la cual nos metió el capital. Se hace necesario “pinchar” y deshacer este sentido común” de la burbuja, para abrir paso a nítidas diferencias político pedagógicas de interpretación y accionar respecto a la actual situación educativa. Muchas de las clásicas interpretaciones, de las añejas consignas, de las certezas educativas de la izquierda pedagógica, hoy resultan insuficientes para enfrentar al reconfigurado discurso del capital.

El capitalismo ha decretado la obsolescencia de la vieja máquina educativa newtoniana, pero pareciera no haber podido construir consenso político ni hegemonía para el surgimiento de una nueva máquina educativa para la cuarta revolución industrial. En otros textos he planteado que esta “nueva situación” de salidas educativas irresolutas debe ser usada para avanzar en una perspectiva anticapitalista que no tema a la contradicción, incluso respecto a algunos de nuestros paradigmas. A la inversa, las contradicciones contextualizadas y mediadas por la disputa entre capital y trabajo, pueden ayudar a disipar y salir de la paradoja educativa del siglo XXI. Salir del falso consenso que se cobija en el “sentido común pedagógico” instalado, pasa por identificar las contradicciones, así como la dialéctica entre lo global y lo local, en un nuevo contexto educativo y social estructuralmente impactado por la aceleración de la innovación tecnológica.

La izquierda pedagógica tiene que ser capaz de plantarse ante la realidad de la transición de la tercera a la cuarta revolución industrial, manteniendo los fundamentos de nuestras tradiciones político-pedagógicas y organizativas, pero abriéndonos a las nuevas situaciones y demandas que se están generando.

 

 

¿Cuarta revolución industrial?

Mientras la primera revolución industria fue signada por la máquina de vapor y el uso de nuevos elementos químicos en la producción industrial, la segunda despegó con el uso de la electricidad en las fábricas industriales y la sociedad moderna. La primera y segunda revolución industrial marcaron el rumbo de la reingeniería social del capitalismo industrial y de la escuela, liceo y universidad que surgieron o se reestructuraron en ese contexto. La tercera revolución se masificó cuando se desarrolló la informática en las industrias, la programación en el modo de producción y se incorporó la robótica al ensamblaje de mercancías.

Entre 1961 (desembarco de Unimate) y la segunda década del siglo XXI, la aceleración de la innovación tecnológica llevó al diseño de las fábricas 4.0 y el impulso del auge de la virtualidad comunicacional y las mercancías digitales en la cotidianidad de nuestras vidas. La cuarta revolución industrial implica la integración de la inteligencia artificial, informática, análisis de metadatos, reconocimiento biométrico, inteligencia artificial, biología digital, conexión 5G y 6G, internet de las cosas y robótica de cuarta generación en los procesos industriales y la cotidianidad (incluida la educación).

Pero como sus predecesoras, la cuarta revolución industrial implica también un reordenamiento de la sociabilidad, consumo, democracia, trabajo, política y educación. Por ello hemos planteado que estamos a la puerta de un nuevo modo de vivir y convivir, de trabajar y consumir, de aprender y estudiar, de amar y juntarnos, de reproducirnos e integrarnos, de participar y ser gobernados.  El COVID-19 ha sido usado como la puerta de entrada masiva a nuestra cotidianidad de las dinámicas virtuales y digitales que caracterizan a la cuarta revolución industrial

Agendas educativas neoliberales

La crisis del COVID-19 le permitió al capitalismo cognitivo del siglo XXI avanzar en aspectos vinculados a la construcción de la nueva máquina educativa capitalista. Estos aspectos fueron:

a) la consolidación del paradigma neoliberal de sociedad educadora mediante la transferencia de la responsabilidad de los Estados nacionales a las familias, en lo que respecta al financiamiento de los requerimientos mínimos de partida para garantizar el derecho a la educación. En el marco de la cuarentena planetaria por la pandemia del Coronavirus, fueron las familias, los y las docentes, los y las estudiantes quienes tuvieron que asumir los costos de compra, reparación y actualización de computadores, pago de los planes de datos para la conexión a internet y en muchos casos del acceso a plataformas privativas. Los Estados Nacionales, en su mayoría, se desentendieron de manera olímpica de sus responsabilidades de dotar de computadores y acceso gratuito a la internet a docentes y estudiantes, lo cual derivó en una brutal exclusión de importantes sectores de la población escolar existente en febrero de 2020. El neoliberalismo dio un salto cuántico en poco tiempo, en la consolidación de su paradigma de sociedad educadora;

b) el inicio de un nuevo modelo de neo privatización educativa asentado en el “sentido común docente”, en el cuál los requerimientos de infraestructura tecnológica, dotación y mecanismos de trabajo, fueron asumidos por los particulares, los y las docentes. Estas nuevas expresiones privatizadoras del capital en educación, además de lo expuesto en el apartado anterior, se mostraron con la flexibilización de los horarios laborales del personal docente y la sobre carga de trabajo que demandan los procesos de enseñanza y aprendizaje en contextos virtuales y con contenidos digitales. Pero ello en realidad apunta a la pauperización del salario y las condiciones de trabajo docente, para avanzar en la apropiación de partes significativas del presupuesto educativo reorientándolo al mercado con el discurso de lo tecnológico, pero como desposesión incesante. Esto lo estamos viendo en muchos países de América Latina en los cuales, donde a la par que se produce una sobrecarga de trabajo, se reducen contratos de trabajo y puestos de enseñanza. El caso de Uruguay es emblemático en este sentido, pues allí se produjo una reducción de 50.000 horas docentes que afectaron 2.000 puestos de trabajo educativo.

c) la instalación en los sistemas escolares de la disputa entre educación presencial en la escuela versus educación virtual en casa, algo que existía marginalmente antes de la pandemia. Esto no es un tema menor, sino que forma parte del proceso de reestructuración educativa en la sociedad capitalista del siglo XXI. Esta disputa será intensificada, no solo para abrir paso a dinámicas virtuales de encuentro y modelos digitales de aprendizaje, sino para reestructurar la institucionalidad y dinámicas educativas en el corto y mediano plazo. Pareciera que el capital busca construir hegemonía para el advenimiento de un nuevo tipo de sistema escolar y escuela;

d) la aparición de las plataformas privativasvirtuales y las trasnacionales de los contenidos digitales como “elementos de avanzada” en los escenarios educativos. El Estado fue mostrado como incapaz de asumir las dinámicas virtuales y digitales, mientras, los sectores privados de las trasnacionales de la tecnología se mostraron eficaces y se legitimaron como “actores esenciales” en las nuevas dinámicas.  El Estado al no desarrollar plataformas virtuales que pudieran funcionar con toda la población docente y estudiantil conectada, al no garantizar repositorios educativos digitales apareció como incompetente; lo público como ineficiente y lo privado como oportuno y eficaz;

e) la demostración pública y notoria de las limitaciones de muchos docentes para enfrentar la demanda de educación virtual, lo cual en realidad mostraba el desfase y descuido de la formación docente (inicial y continua) como parte del cerco de destrucción de la escuela pública. Pero ello, pareciera ser parte de una estrategia sostenida de instrumentalización de lo educativo que impedía tener un pie en la tradición, otro en la innovación y la mirada en la relación del presente con el mañana.

La desinversión educativa de las últimas décadas, especialmente en equipamiento tecnológico y conectividad, mostró a la escuela como un lugar de retaguardia, lejana a la idea en la primera y segunda revolución industrial de vanguardia del conocimiento.  Esta imagen negativa, generada tanto por las limitaciones de las instituciones educativas para la incorporación de lo tecnológico a las aulas, como por la apertura paradigmática al cambio epocal de los actores educativos, facilitó el emerger de un espíritu colegiado conservador, que veía la aceleración de la innovación tecnológica como diversión o distracción en las aulas. A esta realidad, en muchos casos, desde las alternativas solo se pudo responder con la apelación a la tradición y la ratificación de la escuela como un espacio de socialización, de encuentro, para aprender a convivir, a compartir, a construir un destino común. Resultó mucho más difícil presentar propuestas diferenciadas para entrarle a lo digital y virtual, porque en buena medida la epistemología de la máquina educativa newtoniana de la primera y segunda revolución industrial y su instrumentalización, seguía marcando la percepción del magisterio, incluso en sectores críticos.

Esto comporta la necesidad de revisar críticamente los enfoques manejados en el campo de las pedagogías críticas y las educaciones populares y, de quienes hemos estado profundamente vinculadas a la construcción de alternativas.  En los últimos tiempos, desde la teoría crítica en educación se ha venido despreciando el impacto de la aceleración de la innovación tecnológica y científica en el campo educativo y este error ha dificultado la construcción de alternativas realmente situadas en la disputa entre capital y trabajo en el presente, en el siglo XXI.

Las críticas a lo escolar desde las alternativas, suelen desestimar el impacto de las revoluciones industriales en lo educativo, generando un problema de endogamia sui generis, porque los proyectos emancipatorios no pueden desvincularse, aunque sea críticamente, del desarrollo científico y tecnológico.

La paradoja educativa del siglo XXI de la cuál le hemos venido hablando, se podrá diluir cuando se evidencie que la crítica a la vieja máquina educativa newtoniana, formulada por el capitalismo cognitivo y por las alternativas, se hace desde lugares de enunciación y horizonte radicalmente distintos. Ello implica pensamiento crítico realmente situado en el movimiento social actual de cambio incesante y aceleración constante.

Mientras para el capitalismo la escuela está obsoleta porque no tiene la capacidad de prever y proveer (señalado nítidamente desde el Informe Faure,1972) de manera eficiente los requerimientos del modo de producción, mercado y profesiones profundamente impactado por la aceleración de la innovación tecnológica, para las alternativas pedagógicas la vieja escuela construida como una máquina no permite la construcción de mentalidades creativas, decoloniales y anti neoliberales, humanistas y ecológicas, anti patriarcales y anti raciales. Pero esta distinción de sentido común pedagógico por sí sola no garantiza que las segundas entiendan los desafíos educativos actuales y generen propuestas y narrativas para preservar la escuela presencial como institución educativa de importancia vital para los y las pobres, para la democratización del conocimiento.

Eso sí, la paradoja educativa del siglo XXI que establece consensos mínimos respecto a la necesidad de que cambien la estructura y procesos de la vieja máquina educativa newtoniana, se puede convertir en una oportunidad para el pensamiento crítico anti capitalista, pues abre grietas en la concepción monolítica capitalista de lo escolar, las cuales deben ser aprovechadas por las alternativas para que irrumpa lo anti sistémico. Pero ello también obliga a movilizar nuestras percepciones, valorando de manera importante la aceleración de la innovación tecnológica y científica en la construcción de un modelo educativo libertario del siglo XXI

 

 

  1. Obstáculos y algunas características del sistema mundo que parecieran marcar el emerger de la nueva máquina educativa capitalista

El epicentro de la reproducción cultural de la vieja escuela, el currículo pre establecido, la programación de contenidos diarios, resulta ser ahora el mayor obstáculo para el emerger de la nueva máquina educativa capitalista.  Desde las alternativas pedagógicas siempre cuestionábamos el carácter reproductor y homogeneizador del currículo pre establecido, formulando la idea de currículos contextualizados a partir de colectivos pedagógicos comunitarios, que abrieran paso a la descurricularización del hecho educativo; descurricularización que se refería a la elaboración de parámetros comunes y desarrollos educativos particulares. La paradoja de la cual les he venido hablando, se expresa en esta circunstancia en el hecho que ahora el capitalismo también comienza a ver el currículo pre establecido como un obstáculo.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué de esta extraña coincidencia? ¿Por qué esta formulación del capitalismo cognitivo? Esto sucede por el fenómeno de la creciente aceleración de la innovación científica y tecnológica. Usemos el principio newtoniano del movimiento, del desplazamiento, para entender esta expresión de la crisis de la máquina educativa newtoniana de la primera y segunda revolución industrial y comprender este “nuevo consenso” de la paradoja educativa del siglo XXI. Para entender las razones del capitalismo cognitivo del siglo XXI, pensemos por un momento que la escuela durante la primera y segunda revolución industrial se desplazaba de manera uniforme a 20 kilómetros por hora y la innovación lo hacía a diez o quince kilómetros por hora.  Esto les daba tiempo a los sistemas escolares para que cada cierto tiempo pudieran incorporar contenidos relacionados al conocimiento emergente, hacer reformas curriculares que dieran cuenta de lo novedoso de relevancia para el modo de producción, alienación y consumo capitalista. El problema ocurre cuando en la tercera revolución industrial la aceleración de la innovación adquiere una velocidad inusitada de 30, 40 o 100 kilómetros por hora, mientras la vieja máquina educativa newtoniana continúa marchando a sus acostumbrados veinte kilómetros por hora. Este movimiento asincrónico entre rutinas escolares de enseñanza-aprendizaje y aceleración de la innovación científica y tecnológica se convierte en un “nudo gordiano”. El capitalismo intento resolver esta asincronía postulando en la tercera revolución industrial una máquina educativa transdisciplinaria, pero no supo cómo hacerlo ni construir consenso para ello. Aprendida la lección, intenta ahora en la cuarta revolución industrial transformar la vieja máquina educativa newtoniana en una nueva máquina educativa compleja de perspectiva caótica convergente.

La creciente distancia entre lo que se enseña (escuela) y las innovaciones que ocurren en el campo de la ciencia y tecnología, se expresan en la rápida obsolescencia de los currículos. Lo nuevo resulta especialmente difícil de incorporar a las instituciones educativas con la celeridad con la que las innovaciones marchan. Esta asimetría se refleja en el currículo preestablecido y sus dinámicas de actualización; el currículo prestablecido comienza a ser un obstáculo para el capital.

Las reformas educativas pretendían cumplir la actividad de los Pits o Boxes en las carreras de carros. Pero contrario a lo que ocurre en estas paradas técnicas de las pistas de carreras o pi stop, los protocolos de cambio educativo expresadas en el currículo pre establecido son tan lentos que cuando la máquina educativa newtoniana vuelve a la “pista de carrera”, lo único que ha conseguido es duplicar la distancia existente previamente, en este caso entre lo que enseña y el mundo de la innovación científica y tecnológica.

Esto no es un tema menor porque una de las tareas centrales de la escuela, pautada por el contrato social de la primera y segunda revolución industrial (incluida la post guerra y el surgimiento de la UNESCO) fue la democratizar el conocimiento. Si la aceleración de la innovación científica y tecnológica no logra ser capturada por la escuela y democratizada entre los estudiantes y las comunidades, está en peligro una de las tareas centrales asignadas a la escuela, liceo y universidad por ese contrato social. 

Este desfase o movimiento asincrónico se expresa de manera nítida en el currículo prefijado, o los planes de estudio expresados en tareas diarias. Por mucho que se realizaran “reformas curriculares” dentro de este movimiento escolar asincrónico respecto a la aceleración de la innovación científica y tecnológica, estas “reformas” terminaban expresando algún momento del pasado de la innovación, casi nunca el presente, mucho menos el mañana. El conocimiento escolar fue perdiendo la capacidad predictiva, de anticipar y, la posibilidad de actualizar en el presente. Esto no es nuevo, de hecho, el llamado Informe Faure de la UNESCO señalaba a comienzos de los setenta del siglo XX, que la educación había perdido sus capacidades de prever y proveer, pero cincuenta años después la escuela, liceo y universidad fue incapaz de dar cuenta de ello.

Esta concepción curricular poco permeable a lo nuevo, tenía (y tiene) un correlato en las demás partes de la máquina educativa newtoniana: las didácticas, la planeación, evaluación, gestión, supervisión, por lo que la máquina educativa newtoniana, exigida al máximo, solo lograba (y logra) crujir en sus cimientos, pero resulta insuficiente para logra cumplir con las tareas que le demanda el capitalismo cognitivo del siglo XXI. Lo dramático y constitutivo de la paradoja, es que este movimiento desfasado de la escuela tampoco puede ser defendido por las alternativas.

Para el capitalismo cognitivo del siglo XXI resulta central resolver este desfase y generar un movimiento sincrónico entre aceleración de la innovación y rutinas escolares. Su interés no es ya el del liberalismo radical de inicio de los sistemas escolares, sino el pragmatismo del conocimiento asociado al modo de producción, consumo y gobernabilidad en el contexto de la cuarta revolución industrial. Es decir, el capital del siglo XXI abandonó cualquier rasgo de democratización del conocimiento en lo escolar y lo que procura es hacerlo funcional a la epistemología del modo de producción y sociedad capitalista de la cuarta revolución industrial.

El capitalismo cognitivo del siglo XXI requiere que la escuela transfiera en tiempo real lo emergente, pero asociado a los nuevos formatos de empleo, consumo, alienación y gobernabilidad que aparecen mediados por lo científico y tecnológico. Por ello demanda que el centro de trabajo escolar sea el desarrollo de la competencia de aprender a aprender que cincuenta años atrás definiera el Informe Faure. La nueva máquina escolar capitalista por emerger, si lo logra, deberá resolver este desfase en la “cámara de combustión” de la máquina educativa newtoniana. Si entendemos esta “nueva” dinámica podremos construir alternativas contextualizadas al actual momento histórico.

Para las alternativas anti capitalistas, conocer y apropiarse de la aceleración de la innovación científica y tecnológica puede permitir avanzar en el uso de los nuevos estilos de aprendizaje para fortalecer el pensamiento crítico, lo cual tiene como punto de partida el debate sobre la pertinencia y uso de lo nuevo, para la construcción de una sociedad de mayor justicia social.  La aceleración de la innovación científica y tecnológica debe ser puesta al servicio de la construcción de una sociedad de iguales, del socialismo libertario.

La escuela con perspectiva emancipadora no puede quedar ajena a este debate y cambio epocal. Ignorar y desestimar el impacto profundo en lo escolar de la aceleración de la innovación científica y tecnológica no nos protege de sus efectos, sino que coloca a los pobres y trabajadores en el terreno de nuevas formas de ignorancia, que limitan las posibilidades actuales de las resistencias y luchas. Eso sí, al ser nuestro lugar de enunciación distinto, nuestra teleología también lo es.

Esta “nueva realidad” no está limitada a lo escolar, sino que tiene impacto en todos los ámbitos. La aceleración de la innovación científica y sus mercancías tecnológicas está comenzando a impactar las nociones de democracia, consumo, sociabilidad, planteando novedosos desafíos éticos a la escuela y reconfiguración de su papel en el sostenimiento del sistema mundo capitalista. 

La democracia representativa burguesa está abriendo paso a la democracia digital consultiva permanente, que instrumentaliza la participación, apuntando a formas autoritarias de gobernabilidad y para ello el capital requiere una escuela tecnologizada y con epistemología digital, que enseñe a participar de manera frágil en las decisiones que otros orientan.

Para el capital la escuela en entornos virtuales de aprendizaje y contenidos digitales es un lugar donde no se piensa críticamente, sino que se consume tecnología y chatarra tecnológica, como requisito para generar nuevas dinámicas de reproducción cultural y conocimientos funcionales.

La participación en línea y mediante dispositivos móviles y fijos apunta a sustituir la democracia del voto; el voto digital y permanente hace efímera y difusa la participación; una escuela que consulte a diario y de maneras múltiples, en formatos virtuales y narrativas digitales ayudaría a abrir paso a esas nuevas dinámicas de hegemonía política autoritaria. La democracia solo es posible si los electores tenemos capacidad crítica de posicionarnos ante la decisión que debemos tomar y esto intenta ser suprimido.

Pero la escuela presencial no se salva de estas dinámicas si se queda ajena al mundo digital y virtual de la cuarta revolución industrial, sino que el sostenimiento de su movimiento asincrónico solo cavaría la tumba para su desaparición; al menos en el formato que la hemos conocido.

El consumo en la cuarta revolución industrial apunta a la supremacía del comercio electrónico; según la Organización Mundial de Comercio, actualmente el impacto del comercio en línea solo representa el 0,03% a escala mundial y el 2% en los países de la OCDE, por ello el capitalismo cognitivo requiere una educación acelerada de la población en ese sentido y la escuela será demandada en esa dirección, como lo fue en el pasado en la construcción de lógica consumista.

Las dinámicas virtuales y digitales de consumo han comenzado a adquirir un nuevo protagonismo en lo escolar, fenómeno que irrumpió de manera abrupta a escala planetaria en la pandemia del COVID-19, con la cuarentena preventiva y el modelo de escuela y universidad virtual en casa. El aislamiento preventivo en el marco del Coronavirus potencio el consumo “delivery” y con el ello el comercio electrónico. Millones de familias aprendieron de manera muy rápida modalidades de comercio y compra que no habían experimentado en el pasado reciente o lo habían hecho de manera muy ocasional. La cultura de la compra digital demanda de una escuela que pueda explicar y enseñar su performance, a través de las distintas cotidianidades escolares.

El modelo de construcción de mercancías digitales y de funcionamiento de las fabricas 4.0 apuntan a generar un modelo de trabajo virtual y a una presencia de lo digital como cotidianidad en muchos entornos laborales. Esta reconfiguración del mundo del trabajo demanda un correlato en lo escolar, que posibilite la normalización de lo nuevo y la consolidación de la hegemonía del presente capitalista.

El problema es que ese debate se está dando en los márgenes y cavernas de lo alternativo, no el centro de las resistencias educativas. Es urgente impulsar, avivar y expandir este debate para poder situarnos en novedosas agendas de pensamiento crítico en los espacios escolares, construyendo de manera colectiva narrativas e imaginarios que permitan situar a los futuros trabajadores(as) en novedosas formas de resistencia y lucha.

Esto solo es posible con pensamiento crítico desde adentro del fenómeno educativo que se está dando en el marco de la aceleración de la innovación científica y tecnológica. Por ello, es que muchos gremios docentes y sindicatos de trabajadores de la educación acertadamente han hecho suya la exigencia de internet universal, construcción de plataformas autónomas de las grandes corporaciones digitales y dotación de equipos informáticos a las escuelas, docentes y estudiantes, como una ruta para comenzar a repensar lo educativo en un contexto tan radicalmente distinto como el actual.

Otro aspecto a ser abordado en este contexto es el de los estilos de construcción de conocimiento y la convergencia de los enfoques de los campos científicos. Están surgiendo nuevos enfoques epistemológicos de las ciencias, derivados de la propia aceleración de la innovación científica y tecnológica que deben ser analizados desde una perspectiva crítica, porque las olas del cambio están llegando a las orillas de la escuela, liceo y universidad.

Tenemos que revisar el estatus epistémico del debate entre lo disciplinar y los transdisciplinario. Pareciera que la investigación que privilegiará el capital en la cuarta revolución industrial ya no será solamente disciplinar ni transdisciplinaria, sino de convergencia caótica convergente contextual.

¿De que se trataría esta convergencia caótica convergente contextual?  La verdadera investigación de punta, por ejemplo, sobre el cerebro humano tan importante en la colonización digital del capitalismo cognitivo, ya no se hace solo con equipos y elementos de la biología, genética o psicología, sino que son de carácter transdisciplinar y multidisciplinar a la vez, con fuertes bases disciplinares. Las investigaciones sobre el cerebro convocan hoy a neurólogos, químicos, físicos cuánticos, especialistas en electro dinámica, informáticos, biólogos digitales entre otros, aprendiendo cada uno a trabajar en la hibridación creativa de sus campos, sin perder con ello su identidad.

Estas integraciones en las formas de construir ciencia implican una plasticidad novedosa en las formas de investigar, que van más allá de la dicotomía entre los disciplinar y lo transdisciplinario. Esta complejidad difusa de integración científica, pareciera tener capacidad de convergencia entre lo que se descubre y lo que se requiere, entre lo emergente y lo pertinente, desde cuya lógica lo contextual adquiere renovadas expresiones. 

Este estilo de hacer ciencia real, rebasa los fórceps del llamado método científico único, tarea que parecía imposible de ser abordada desde la lógica del capital en el pasado reciente. 

Este paradigma emergente de la ciencia capitalista, derivado de la aceleración de la innovación científica y tecnológica en su relación con el modo de producción, reproducción cultural, consumo y alienación choca con los enfoques y estilos de trabajo disciplinares de las instituciones educativas, por lo cual el capitalismo comienza a presionar por una redefinición ya no solo cosmética sino estructural de las formas de aprender a aprender en las instituciones escolares.

Pero es justo decirlo, esto también desafía nuestras viejas certezas sobre las narrativas y miradas epistémicas de las resistencias. Está emergiendo un estilo de trabajo multidisciplinario para el aprendizaje, el cual pareciera romper con los modelos de enseñanza-aprendizaje centrados en asignaturas o disciplinas e implicará un ocaso de los discursos de transversalidad transdisciplinaria de las materias escolares. Del éxito de esta operación de reestructuración educativa dependerá la utilidad que el capital le vea a la escuela en el futuro próximo.

La convergencia caótica convergente contextual pareciera ser la epistemología de la máquina educativa newtoniana que intenta construirse en la cuarta revolución industrial. Pero el capital no quiere volver a pasar por la larga espera sin resultados de la tercera revolución industrial.  Por ello, a la par que impulsan esta tensión en lo escolar, plantean modelos híbridos de aprendizaje o de educación en casa con entornos virtuales y digitales. La reproducción cultural que demanda el capitalismo cognitivo lo lleva a ensayar nuevos formatos para lo escolar, algunos de los cuales trascienden la escuela conocida.

Por último, está el papel de contención de lo escolar, lo cual fue tensionado con las nuevas experiencias de relocalización en la casa del mundo del trabajo y el aprendizaje. El capitalismo pareciera explorar formas de contención que le resulten más eficaces para el modelo de gobernabilidad digital y que de paso le permitan aminorar costes. La pandemia del COVID-19 se convirtió en un experimento planetario de escenarios y diversas alternativas de abordaje, como lo hicieron los ministerios de educación nacional.  Los modelos de educación en casa, de universidad en casa, fueron ensayos planetarios de ayudas económicas focalizadas que avanzaron en otras expresiones de contención del campo escolar.

Pero resulta imposible ver el movimiento de lo escolar, sin repensar el papel de las ciudades y del campo en la nueva normalidad de la post pandemia y la cuarta revolución industrial.  Las ciudades como formas centrales de organización social del capitalismo de la primera y segunda revolución industrial, comenzaron a ver su ocaso con la tercera revolución industrial. La ciudad como máquina social y para el mundo del trabajo, comienzan a tener un nuevo performance respecto en su relación con el mundo fabril y la gobernabilidad.

Las fábricas cada vez requieren menos fuerza de trabajo humana, mientras una parte importante del empleo y la producción comienza a resituarse en las casas, otrora epicentros de lo privado en las ciudades. Otras formas de mercancías recuperan un nuevo estilo artesanal, de orfebrería digital.

Como quedó evidenciado en la crisis del COVID-19, el comercio-consumo explora nuevas formas de su concreción en la cotidianidad, dentro del cual la ciudad en su viejo concepto se convierte en difusa, se transfigura y, la casa se asume como la celda central de organización del nuevo entramado. La lógica informática reconfigura a la ciudad y dentro de ella la casa adquiere una nueva centralidad.

Por supuesto que las casas están ubicadas en ciudades, aldeas o en territorios alejados, pero ese contexto comienza a ser secundario; lo central son las dinámicas internas de la “casa” en materia de consumo, educación, sociabilidad, empleo, trabajo. Este concepto de “celdas centrales” derivado de la informática implica un reordenamiento de la gobernabilidad sin precedentes. A ello contribuyen las crecientes innovaciones en elementos como la inteligencia artificial, la big data, el análisis de metadatos, el reconocimiento biométrico facial, la biología digital, el internet de las cosas.

El otrora espacio “privado” pareciera convertirse en la célula fundamental de estructuración del mundo capitalista del siglo XXI, ya no como familia, sino como territorio eje donde se realice la explotación y dominación inmanentes al capitalismo.

Todo ello requiere un nuevo tipo de máquina educativa, modalidades diferentes de lo escolar. Este es un proceso que no se logró concretar en la transición prolongada entre la segunda y tercera revolución industrial y ahora entra en una nueva fase de demanda “insatisfecha” en la cuarta revolución industrial. Por ello, en la transición el capitalismo cognitivo de la tercera década del siglo XXI comienza a requerir mayor plasticidad escolar, un currículo abierto, modelos didácticos difusos, otro estilo docente.

  1. Las nuevas instituciones educativas

Imaginemos por un momento como podría ser esa otra escuela capitalista, esa otra máquina educativa, a partir de los fragmentos dispersos que hallamos en numerosas declaraciones y análisis de los documentos emanados de los organismos de desarrollo económico, así como de las instancias de pensamiento capitalista.

Pareciera que todo apunta a una escuela estructurada alrededor de definiciones breves de estándares de aprendizaje (ya no currículo prescrito), que se actualizan en tiempo real, con didácticas contextuales e integradas donde el docente no es el depositario del saber sino un articulador dialógico y experencial de los aprendizajes existentes en el aula, en el marco de la llamada sociedad de la información.

Instituciones educativas cuyo “perfil de egreso” estarán en permanente movimiento y, en consecuencia, sus parámetros en desplazamiento incesante movilizan la acción cotidiana de lo escolar.  Por ello, todos los títulos profesionales generados en las tres primeras revoluciones industriales parecieran haber entrado en desuso y obsolescencia programada. Esto ocurre ante la ignorancia supina de los sistemas escolares en general y las universidades en particular.

Aprender en el contexto de aceleración de la innovación tecnológica demandará nuevas formas de enseñanza-aprendizaje. Aunque parezca increíble, la “nueva” escuela capitalista requerirá desarrollar aspectos lúdicos para los distintos estilos de construcción de saberes que caracterizan a las distintas ciencias. Lo lúdico es una incitación a aprender de manera continua más allá de los horarios y estructuras escolares.  Lo escolar adquiere unos límites difusos, con estructuras disipativas de enseñanza-aprendizaje. El aprender a aprender se convierte en trabajo permanente alienado, que se vehiculiza a través de lo lúdico. Ello no implica un cuestionamiento a lo lúdico, sino una advertencia respecto a su instrumentalización.

Todo lo que se está advirtiendo en documentos, conferencias y discursos del capital respecto a lo educativo apunta a la economía de los procesos de enseñanza-aprendizaje, fomentando la sostenibilidad a largo plazo de los entornos virtuales y los contenidos digitales, combinando presencialidad con virtualidad. Tal vez tenga el nombre que intento resumirlo durante la pandemia de “modelo hibrido” o adquiera otro diferente, pero pareciera que este giro será un rasgo distintivo de la escuela por venir.

Claro está, cuando trato de relacionar una institución como esta con la realidad social del mundo de los y las hijas de les trabajadores y de la situación económica en nuestra américa, queda claro que esta es una escuela para élites, para la clase media alta. Ello nos coloca como dilema, el desarrollar nuevas narrativas para enfrentar esta segmentación de lo educativo y las nuevas formas que derivan de esa segmentación, no como aislamiento sino como encuentro crítico con esta realidad.

La máquina educativa newtoniana de la primera y segunda revolución industrial fue disciplinar; la máquina educativa de la tercera revolución industrial debió ser transdisciplinaria pero no logro materializarse en lo concreto de la institucionalidad. Ahora se comienza a hablar de una transición en la cual las instituciones educativas deben expresar la trasmutación entre el pensamiento complejo y la convergencia caótica. Pareciera que el capitalismo está manejando varios escenarios en la coyuntura post pandemia. Veamos alguno de ellos

 

 

Escenario uno

El escenario uno es el de transformación radical de la escuela, de la máquina educativa newtoniana. En este escenario la supervivencia de la escuela dependerá de desarrollar un nuevo formato, lo cual implica repensar las dinámicas de enseñanza-aprendizaje y el performance de la formación docente (inicial y permanente).  Para el surgimiento de la nueva máquina educativa difusa, han ido definiendo un conjunto de elementos que denomino de convergencia compleja y caótica.

Esta convergencia caótica no es otra cosa que la intención de convertir a la escuela en un espacio con formación disciplinar de base muy fuerte dentro de áreas multisciplinarias, con perspectiva y trabajos en proyectos siempre transdisciplinarios que involucren al unísono todos los campos que se enseñaban por separado en la escuela, así como otros “campos emergentes”.

Ello demanda que los procesos de enseñanza-aprendizaje se vayan adaptando a lo contingente, a lo emergente, a lo contextual y la tendencia del empleo. En vez de la imagen de los Pits, en este caso ilustra mejor la figura de una locomotora a altísima velocidad que debe desprenderse de vagones e incorporar otros, sin detenerse nunca; vagones además que varían de tamaño, longitud y carga. 

Por ello, el modelo de currículo pre establecido, del docente como administrador curricular pierde todo sentido para las definiciones del capitalismo cognitivo de la cuarta revolución industrial.

Desde esa perspectiva, la formación docente basada en el viejo modelo tiene sus días contados. Para salir de este atolladero parecieran reorientar la formación de los futuros educadores y los que están en servicio, hacia el performance del docente como intelectual de la educación. Claro está un intelectual funcional. El problema es que las propias universidades y centros de formación (inicial y permanente) de los y las docentes están atascados en el modelo de administración del currículo pre establecido.

El modelo de estándares de aprendizaje pareciera ser el modelo que más se aproxima al currículo abierto del futuro. Los viejos programas curriculares por grado o materia, para cada año escolar o semestre, pueden ser sustituidos por el modelo de estándares, un número pequeño de “competencias” a lograr, habilidades a fomentar y capacidades humanas a fortalecer, pero ya no desde los viejos esquemas disciplinares sino desde áreas de aprendizaje que integren viejas disciplinas y creen campos transdisciplinarios de convergencia.

Esto apunta a “aprender a aprender” a trabajar integrando las epistemologías de viejas disciplinas con un pragmatismo orientado al fin coyuntural.

Se trataría de trabajar desde la “utilidad” de los estudiantes, de los “centros de interés estudiantil” para llevarlos a la necesidad del mercado. Para ello, todo el trabajo de la neurociencia resultará fundamental, además de los desarrollos del análisis de metadatos llevados al plano escolar.  

El capital moviliza su centro pedagógico hacía enfoques y metódicas que antes pertenecían a las alternativas, eso sí resemantizadas, con un eclecticismo y pragmatismo singular.  

Por ello hablamos del ocaso de la lógica de administración curricular, en un movimiento que pareciera colocar a la práctica pedagógica en el terreno de la “creación” controlada. Claro está creación sería funcional al sistema.

Lo rutinario, lo “añejo” se podría transferir mediante modelos virtuales de enseñanza y contenidos digitales interactivos, concentrando la escuela en las tareas prácticas creativas y de actualización en tiempo real. Este modelo híbrido de aprendizaje pareciera abrirse espacio a partir de la pandemia del COVID-19, en el terreno paradigmático aún no en el práctico.

Hagamos un ejercicio de imaginación para entender de lo que está hablando el capitalismo cognitivo. Pensemos en una escuela en el cuarto grado, donde en vez de un grueso programa y de numerosos libros de textos, el docente y el alumno solo tengan a comienzo del año escolar una hoja de papel con los estándares que guiaran sus procesos de enseñanza-aprendizaje durante un año.

La labor de supervisión tendría que tener capacidad para poder acompañar estas dinámicas, lo cual demandaría un altísimo nivel de análisis y procesamiento de información en tiempo real. Adiós a los papeleos burocráticos, para eso estará la inteligencia artificial y la big data, por supuesto las pruebas estandarizadas para mantener el sistema escolar dentro de los parámetros del aprendizaje deseado y creación controlada.

Ello reconvierte la profesión docente, que dejaría a un lado el viejo rol del poder del saber máximo en el aula, para reconvertirla en una actividad que auspicia el emerger de conocimientos de los estudiantes, los coloca para la socialización conjunta en el aula y fundamentalmente le da orientación a los que se aprende, “sentido práctico” al saber. Pero ello exige un manejo multidisciplinar del docente, capaz de acompañar en tiempo real los procesos de la aceleración del conocimiento científico y tecnológico.  Pero seguramente todos no podrán adaptarse a este cambio y por ello se pretenderá dejar en evidencia a estos docentes que “no se actualizan”, como ocurrió durante la pandemia del COVID-19.  Esto podrá generar un reordenamiento laboral en el campo educativo que puede dejar sin empleo a miles de docentes.

Pero sigamos con el ejemplo. Todos los profes de cuarto grado tendrían los mismos estándares de trabajo, pero cada aula se convertiría en un escenario de desarrollo de distintas posibilidades de llegar a lo esperado e incluso traspasar esa frontera. Ello implicaría una movilidad constante de los estándares, para permitir el mayor nivel de aprovechamiento de lo aprendido con sentido utilitario. En esa lógica, lo humanístico aparece como innecesario, como accesorio, camino que ya había iniciado la cultura evaluativa con la definición de prioridades de aprendizaje con las pruebas PISA o del LLECE para citar solo dos ejemplos.

El docente tendría que ir a la escuela, con esos estándares en la cabeza, pero con libertad de acción diaria. La dirección y supervisión tendrían que encontrar sentido a este caos y monitorear la direccionalidad en tiempo y medida.  Los textos serían variables y la información que se maneje múltiple. La experiencia de sentido práctico de lo que se aprende tendría en los territorios el escenario de ensayo, de prueba y utilidad de lo aprendido y desarrollado.

Ello conllevaría un caos inicial muy grande porque incluso las experiencias alternativas se fundamentan en currículos preestablecidos. El libro digital, fácilmente editable y ajustable en tiempo real, pareciera sustituir al libro impreso, pero ningún libro de texto podría acompañar esta dinámica. El mundo editorial tendría que multiplicar las ofertas, anticipando rangos de contextos. En realidad, cada docente, cada escuela construiría cada año, mes y semana su propio recorrido curricular, más allá de los viejos modelos de diseños curriculares.

Estaríamos hablando de una escuela de la movilidad, una nueva máquina educativa difusa, con componentes de enorme plasticidad, muy lejos del modelo de máquina educativa newtoniana, de partes con diseños y estructuras permanentes.

Esta dinámica sería en todos los niveles de los sistemas escolares, incluidas las universidades. Este caos podría abrir paso a una nueva máquina educativa difusa y caótica de pensamiento convergente, altamente excluyente y socialmente segmentadora.  

La universidad pareciera tener mayor dificultad que la escuela y liceo para transformarse, para adaptarse a lo nuevo. La universidad se convirtió en una institución que se auto modela, muchas veces impermeable a lo que ocurre en el mundo exterior. A pesar que ello choque con el orgullo institucional, muchas de ellas están viviendo a escala exponencial el drama del movimiento asincrónico entre aceleración de la innovación y rutinas educativas.

Un ejemplo dramático de ello fueron los debates de la Conferencia Regional de Educación Superior, la CRES2018, realizada en Córdoba, Argentina, cuyos debates y deliberaciones podemos compartir en un 98 o 100%, aclarando eso sí, que la mayoría de cosas que se dijeron allí pudieron haber sido dichas una década atrás. Lo correcto no significa que sea actual o pertinente.

Estoy convencido que la mayor resistencia será la universitaria, por ello el capitalismo está construyendo prototipos de la universidad de la cuarta revolución industrial, como Singularity University para intentar modelar lo nuevo en la educación superior.

Escenario dos

La otra “alternativa” capitalista consiste en impulsar un modelo abiertamente híbrido con contenidos digitales y virtuales de última generación y, labor de aprendizaje remoto en casa, combinado esto con encuentros para fomentar el trabajo en equipo virtual-presencial que demanda la cuarta revolución industrial.

Todos sabemos que esto resulta más fácil decirlo que hacerlo. Por ello planteo que este giro está iniciando un proceso de segmentación escolar nunca ocurrida antes, conforme se sitúan las escuelas frente a esta dinámica de aceleración de la innovación científica y tecnológica. El ensayo ocurrido en la pandemia del COVID-19, permitió segmentar la educación en escuelas de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta, dejando a miles de estudiantes fuera de alguna de estas alternativas.  Esta segmentación pareciera que apunta a sostenerse en el futuro, con un carácter disolutivo de las instituciones educativas de tercera, cuarta y quinta. Es decir, estamos a las puertas de un intento del capital de elitizar el acceso y permanencia en los sistemas escolares.

El modelo abiertamente híbrido con contenidos digitales y virtuales de última generación tiene varios obstáculos. El primero, las posibilidades reales de conexión y acceso a equipos. La experiencia del COVID-19 mostró que más del 50% de los estudiantes no tenían posibilidades reales de darle continuidad por mucho tiempo a un modelo educativo que recarga sobre ellos los costos de la conectividad y el equipamiento.  Es decir, en términos prácticos este modelo es para el segmento de la población profesoral y estudiantil que tiene posibilidades económicas y materiales para participar.

Por otra parte, no todos las y los estudiantes cuentan con una familia o allegados que les apoyen en la prosecución de estudios en un formato tan radicalmente novedoso como éste.  Esta diferenciación, incluso entre quienes pueden acceder a las plataformas y contenidos digitales, crea una nueva segmentación. Este modelo pareciera basarse en dejar cada vez más gente atrás, promoviendo la sobrevivencia de los que mejor puedan adaptarse. Postulan el darwinismo educativo.

Otro obstáculo son los estilos de aprendizaje de los estudiantes, pues un número importante tienen la necesidad de estímulo y acompañamiento, resultando poco eficientes en las rutinas de aprendizaje a distancia. No se trata de una superioridad de capacidades de aprendizajes, sino de distintos estilos de comprensión y motivación para aprender. Por otra parte, como lo vimos en la pandemia del COVID-19, no todos los estudiantes que pueden y quieren conectarse, tienen el estilo de aprendizaje requerido para las rutinas virtuales y digitales. Al no contar con docentes que les acompañen y aclaren, esta diferenciación se convierte en dramática.

Esto entra en sincronicidad con las características del mundo del empleo en la cuarta revolución industrial, que demandará menos de la mitad del trabajo estable del presente, así que quienes se queden atrás serán “culpados” de tener “limitaciones” o “incapacidades”, nunca reconocerán que su rezago educativo es el resultado del sistema, en su dinámica de desmontaje de la máquina educativa newtoniana.

La televisión educativa para los desconectados del mundo digital, no tendría nada de educativa, sino que procurará mantener la relación del Estado con los individuos, en el proceso de transición. La televisión educativa que se oferta corresponde al concepto de transferencia de conocimiento y no de educación para emanciparse, y muestra el impulso del paradigma capitalista en educación.

Las respuestas educativas de muchos gobiernos respecto a los procesos de enseñanza aprendizaje en contextos de cuarentena por el COVID-19, parecieran ensayar una especie de colchón de caída suave para la nueva exclusión que la transición genera.

Ante los problemas de conexión a internet, precarias posibilidades de compras de planes de datos por parte de las familias, docentes y estudiantes, carencias de equipos y limitaciones para el acceso a plataformas virtuales privativas, los gobiernos han lanzado a la vieja máquina educativa newtoniana al pasado, al rincón de la obsolescencia. La televisión y radio educativa como se está ofertando no dan cuenta de las características digitales y virtuales del aprendizaje en el marco de la cuarta revolución industrial, y forma parte de ese engañoso colchón que amortigua la caída hacia el foso de la exclusión. Mañana, cuando egresen del sistema escolar estos estudiantes, seguramente dirán con cinismo que sus problemas para conseguir trabajo e insertarse en el mundo de la cuarta revolución es una muestra de los problemas o crisis de los sistemas educativos.

En este segundo escenario la orientación es más económica y tiende a ir disminuyendo progresivamente la necesidad de la escuela presencial. Esta mirada se fundamenta en el individualismo y la competencia, valores centrales del capitalismo.

 Tercer escenario

El problema es que un desmontaje abrupto de los sistemas escolares traería enormes repercusiones sociales y generaría múltiples resistencias estudiantes, docentes y de las familias, como lo evidenció la crisis del COVID-19. No se descartan “otras alternativas” pero en cualquier caso el gran aglutinador es la necesidad de acompañar la aceleración de la innovación.

En este tercer escenario la escuela que conocemos y que hemos definido como máquina educativa newtoniana no sería desmantelada, sino que se procuraría su progresivo rechazo social por inutilidad práctica. Para lograrlo, unos sectores del capital están planteando modelos escolares alternativos basados en la virtualidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje y conocimiento en formatos digitales, cuyos egresados sean exitosos en contraste a los egresados de las escuelas que conocemos hoy.

Se trata de contraponer “experiencias pilotos” que contengan los escenarios uno y dos versus la escuela tradicional, para que sea la sociedad quien demande el ocaso de la vieja escuela

Entre estos tres escenarios caben todas las combinaciones posibles, pero ellos contienen las claves de lo nuevo por emerger para la lógica del capital. Tal vez en los próximos años todo guarde la apariencia de seguir igual, en una situación inacabada de crisis educativa, pero ello solo serán los estertores de un modelo educativo que ya resulta funcional para quienes los pusieron en marcha: el capital.

  1. La escuela alternativa por hacer

Siempre planteamos la necesidad de transformar la escuela reproductora de conocimientos por una escuela creadora y recreadora de saberes, memoria ancestral y conocimiento, una escuela para cambiar la mentalidad de los hombres y mujeres que transformarán al mundo. Mi punto de vista es que usemos las grietas enormes que abre el capitalismo en el presente, respecto a su propuesta de escuela, para abrir paso a la nuestra, la de las alternativas anti sistema. Veamos los aspectos de la grieta que podemos usar para replantear una escuela nueva desde nuestra perspectiva:

Grieta uno: el currículo

Siempre ubicamos al currículo como uno de los componentes de las pedagogías que tenía un rol central en la reproducción cultural. Entendiendo currículo en el sentido más amplio, como programas, planes de estudio, dinámicas escolares no develadas de enseñanza-aprendizaje, guías de aprendizaje, libros de textos, entre otros.

La incomprensión de los mecanismos de ajuste de la máquina educativa newtoniana hizo que muchos consideráramos en algún momento, que si se producía un “currículo alternativo” se podía transformar la escuela, la máquina educativa newtoniana. En realidad, lo que hacíamos era cambiar una polea de la máquina educativa newtoniana, por otra que permitiera hacer funcionar mejor la máquina.  Aunque esto era progresivo no resolvía el problema estructural de la reproducción.

Cualquier currículo pre establecido apunta a una reproducción cultural, sea esta de carácter hegemónico o con pretensiones contra hegemónicas. Al final, todo currículo prestablecido se convierte en una camisa de fuerza.

Ahora que el capitalismo comienza a postular que el modelo de currículo preestablecido no permite acompañar e incorporar a lo escolar los resultados de la aceleración de la innovación científica y tecnológica y que por ende hay que ir a un proceso de currículo abierto y en permanente ajuste, aprovechemos para descurricularizar lo educativo. Esto no es un “cada quien haga lo que mejor le parezca”, sino que demanda una nueva forma de construir la agenda educativa, el currículo creativo liberador.

Mientras el capitalismo lo asume como un cambio constante de directrices desde un centro, nosotros deberíamos plantearlo como el resultado del trabajo permanente de colectivos pedagógicos, que desde la escuela, liceo y universidad construyan los ejes centrales interactivos de los Proyectos Educativos Nacionales y las definiciones de los campos de aprendizaje por grado y nivel de enseñanza.

Ello podría generar un movimiento incesante de cambio que se convierta en revolución permanente desde lo educativo. Pero ello demandaría la construcción compartida de un novedoso campo conceptual y del horizonte de transformación. Esto implicaría una redefinición del rol y performance docente que podría trasladar las rutinas reproductivas hacia dinámicas creativas emancipatorias.

Por ello, aprovechemos la tensión que usa el capital sobre el campo curricular para abrir paso a la ruptura con la reproducción. Apostemos por un nuevo enfoque curricular que tenga tres grandes ejes: democratización del conocimiento de última generación, contextualización transformadora centrada en el pensamiento crítico y elevación de la capacidad creativa contextual de las escuelas, liceos y universidades. Todo ello profundamente vinculado a los territorios sin perder el vínculo con las dinámicas de conjunto, es decir, impulsar una dialéctica transformadora entre lo local y lo global. Se trata de resistir a lo permanente y asumir lo curricular en permanente movilidad, pero con una orientación al cambio radical.

Grieta dos: las didácticas

Nos han pretendido encerrar en una disputa sobre diversas dinámicas didácticas, lo cual apunta a la supremacía de una sobre otra, que es una forma de mecanización del acto pedagógico. Así como toda propuesta didáctica tenemos que valorarla a la luz de su matriz político-ideológica, es falso que un solo modelo didáctico pueda acompañar la actividad educativa. El monismo didáctico es otra forma de alienación, otra mecanización del acto pedagógico.

En las aulas hay momentos en los cuales un enfoque didáctico resulta más adecuado que otro, mientras que al siguiente ya no es apropiado. Las modas didácticas y el monismo didáctico no son otra cosa que esfuerzos por hacer funcional el campo didáctico a la reproducción, independientemente de su signo político-ideológico.

El modelo de convergencia caótica contextual que comienza a postular el capitalismo cognitivo, tiene que ser aprovechado para generar enfoques didácticos que integren las distintas epistemologías de construcción del saber mediados por una ontología liberadora.

Quien les diga que una u otra didáctica es la correcta, aún sin pretenderlo está apostando por la reproducción y no por la creación liberadora de conocimientos y saberes. 

Grieta tres: la gestión escolar

Todo el sistema de administración escolar (supervisión, dirección, control y fiscalización) estaba montado sobre la lógica del cumplimiento de tareas y el ensamblaje de aprendizajes que deberían ser monitoreados para que no se rompiera la cadena de producción educativa. Por ello, sus ejes estaban basados en el seguimiento de la administración curricular. Lo emergente pareciera apuntar a un enfoque curricular abierto que rompe con la tradición de la administración curricular, esto puede generar una obsolescencia de todos los protocolos y performance administrativo del campo escolar.

Aprovechemos este momento de caos para generar propuestas de administración escolar basadas en lo colectivo, en la subordinación de las representaciones a lo asambleario que es propio del funcionamiento de los colectivos pedagógicos. Esto puede generar formas de control de la gestión escolar mucha más democráticas, dialógicas participativas y en abierta ruptura con lo punitivo.

Grieta cuatro: el docente como intelectual

En cualquiera de los escenarios escolares que se plantea el capitalismo cognitivo, se requiere un docente que trascienda su rol clásico de administrador curricular dando paso a la “creación controlada”.

Aprovechemos esta fisura para avanzar en el impulso de un ejercicio de la profesión docente como un intelectual de lo educativo. Gramsci insistió hasta la saciedad sobre la necesidad de trabajar en la formación de intelectuales orgánicos, que en educación se expresan en su trabajo en la recuperación del saber pedagógico, la memoria histórica de la localidad y la sociedad en la cual está inscrita la escuela, la posibilidad de orientar su trabajo hacia la ruptura con la explotación y las desigualdades, así como el manejo de las distintas aristas de la aceleración de la innovación científica y tecnológica. La intelectualidad orgánica en educación exige una recuperación del trabajo dialógico, del aprender juntes, el trabajo colectivo.

Grieta cinco: la formación docente

Lo anterior demandará un nuevo enfoque de la formación inicial y permanente de los y las docentes, reubicándola en la creación pedagógica, lo lúdico y la justicia social. La actual formación docente es de inercia heredada de la primera y segunda revolución industrial y su obsolescencia está ya marcada tanto por el capital como por la perspectiva del trabajo.

Desde nuestro punto de vista la formación docente hoy requiere ser sacada de las universidades pedagógicas y relocalizada en las escuelas y liceos. Formación docente que debería fundamentarse en los métodos de trabajo de los colectivos pedagógicos transformadores.  Aprovechemos la demanda de un nuevo enfoque de la formación docente para generar dinámicas basadas en la praxis reflexiva y el diálogo crítico.

Grieta seis: la aceleración de la innovación científica y tecnológica

Nuestras escuelas, liceos y universidades tienen sus raíces echadas en el modelo frontal de enseñanza (pizarrón) y en el libro impreso como referentes del saber. Por ello han desestimado a un nivel irracional el impacto de la aceleración de la innovación científica y tecnológica en lo educativo. A lo sumo el laboratorio de informática intentó ser la expresión de actualización en la escuela, liceo y universidad, respecto a las nuevas dinámicas de comunicación y aprendizaje.

La aceleración de la innovación ha descentrado la lógica del modelo frontal de enseñanza, colocando en múltiples formatos las posibilidades de desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje. La pandemia del COVID-19 introdujo a la fuerza las dinámicas de lo virtual y lo digital, que quiebran de manera dramática con la tradición escolar del modelo frontal de enseñanza.

Lo virtual se relaciona a la localización de la relación entre estudiantes y docentes, es decir los escenarios. Lo virtual está más vinculado al medio de comunicación, es decir a las plataformas de video conferencias, correos electrónicos. Lo virtual intenta semejar la presencialidad. Lo virtual ocurre en un entorno de programación (bits), pero en lo educativo se centra en el medio.

Lo digital en educación está mucho más vinculado a los contenidos. Un libro digital, un video grabado, una video-caricatura son elementos digitales. Se refiere a los instrumentos que guardan los saberes y conocimientos.

La educación virtual supone una interacción dinámica entre lo virtual y lo digital. La incomprensión de la distinción entre educación frontal y educación virtual hace que creamos que porque estemos hablando por zoom durante 3 horas estamos haciendo educación virtual. En ese caso lo que estamos es sustituyendo la pizarra del modelo frontal por la pantalla, con el agravante que vemos al libro en la lógica del modelo anterior.

Para que una educación virtual sea realmente tal, debe comportar medios virtuales de comunicación y digitales de conocimiento. Ahora, estos medios digitales no pueden ser un remedo de la epistemología plana de la primera y segunda revolución industrial, una caricatura computarizada del modelo frontal de enseñanza.  Se requiere que los materiales educativos digitales sean breves, acompañados de imágenes y sonidos, interactivos y con posibilidades de agregar conocimiento en tiempo real, con conocimiento escalar y de hipervínculo que permita ir progresivamente y a ritmo diferenciado ir profundizando en cada área del saber.  Los contenidos digitales de la educación virtual deben ser de convergencia caótica interdisciplinar, que implica que una “ventana” tras otra “ventana” lleven a las distintas aristas vinculadas al saber y sus complementariedades. Esta vinculación es dinámica y se cruzan con todas las posibilidades complejas del conocimiento.

Esta mutación puede ser una gran oportunidad para generar contenidos integrales alternativos, pero ello demanda una rápida y adecuada apropiación de las técnicas digitales desde una epistemología libertaria.

Hoy el 99% de los contenidos digitales han sido generados por las corporaciones tecnológicas, lo cual demanda una contraofensiva desde las resistencias anti sistema. La negación a introducirse en estos debates y disputas epocales, resulta ser funcional a la imposición de un nuevo modelo educativo reproductor y a los surgimientos de exclusiones y segmentaciones educativas desconocidas en el pasado reciente.

Desde las resistencias tenemos que estudiar y trabajar el algoritmo de control derivado del uso que se le está dando a la big data, los metadatos, la inteligencia artificial, la nanotecnología y el 5G, para desde allí construir nuevos enfoques. Y esto no es un tema de los informáticos, sino de todos los campos del conocimiento.

Grieta siete: la ciencia

La noción de ciencia que se ha intentado hegemonizar es la ciencia del capital. Eso no niega la enorme potencialidad liberadora del conocimiento científico, sino que ratifica que a su interior también subyace la disputa político-ideológica. Nos han distraído con debates sobre estilos científicos, sobre metódicas para evitar que avancemos en una visión integral de las ciencias.

El discurso anti ciencia que parte de su deriva capitalista y desconoce otras posibilidades, emerge como una supuesta alternativa anti científica, dinámica que tiene una enorme epistemología y teleología metafísica y obscurantista.

Otra ciencia posible es urgente y necesaria y ello demanda la construcción de una escuela científica alternativa, algo que es satanizado por sectores de las alternativas influenciados por el discurso de la nueva era.

Nuestra apuesta es por utilizar la fisura que actualmente se abre para promover una escuela que vaya más allá del laicismo pragmático y se adentre en el mundo de la otra ciencia posible.

Grieta ocho: lo profesional

La mayoría de las profesiones del presente se corresponden a demandas del modo de producción y gobernabilidad de la primera y segunda revolución industrial Como en la lucha de clases nadie logra imponerse al 100%, desde las alternativas al modelo capitalista se logró defender las carreras humanistas y sociales, así como enfoques alternativos en las restantes.

Sin embargo, el desarrollo de la aceleración de la innovación científica y tecnológica en el marco de la cuarta revolución industrial, ha dejado obsoleta muchas de las antiguas carreras y ha hecho que surjan nuevas demandas profesionales. Por ejemplo, buena parte de las tareas que hacía la sociología y que demandaba meses de trabajo, se pueden hacer hoy con análisis de metadatos e inteligencia artificial. Por supuesto que la tecnología del capital no desarrolla pensamiento crítico, pero la disputa no puede ser entre la tradición y la innovación en materia sociológica, es posible desarrollar pensamiento crítico en entornos virtuales y con contenidos digitales.

Lo urgente es incorporar la apropiación de estas herramientas y modelos de procesamiento de información a carreras como la sociología. Pero el problema es aún más complejo. Hoy la frontera es difusa entre campos como la sociología, ciencias políticas, estudios jurídicos, psicología social, antropología, estadísticas, entre otras.  Pareciera que la tendencia es a unificar campos y aproximarnos cada vez más a las convergencias disciplinares en un número cada vez más reducido de profesiones.

Esto puede ser una oportunidad de oro para romper con la epistemología disciplinar y avanzar en formas mucho más integrales y dinámicas de construir perfiles profesionales.

Estos perfiles profesionales tendrán en la cuarta revolución industrial una duración limitada y contextual, lo cual se integra a la demanda emergente de currículo abierto.

Este debate, que recién comienza a abrir el capital, nos debe permitir avanzar en nuevas definiciones profesionales centradas mucho más en lo humano, lo ecológico y la justicia social.  Aprovechemos las grietas para abrir paso a otro mundo y otra educación posible.

 

[i] Texto trabajado para un libro colectivo de la Cooperativa Laboratorio educativo 

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Congreso Mundial de educación la más importante convergencia de fuerzas en defensa de la educación pública

Luis, formas parte del equipo que convoca al Congreso Mundial de Educación 2020 en defensa de la escuela pública y contra el neoliberalismo educativo. ¿Cómo se llega a esta convocatoria, cuáles fueron las convergencias que lo hicieron posible?

En marzo de este año, desde el Observatorio Internacional de Reformas Educativas y Políticas Docentes (OIREPOD) lanzamos la iniciativa de crear un Grupo de Contacto Internacional (GCI) para que dialogaran de manera horizontal, plural y democrática las organizaciones gremiales, sindicales, movimiento pedagógico, organizaciones de educación popular y pedagogos críticos que luchan contra el neoliberalismo educativo.

Esta iniciativa tuvo una gran acogida y más de un centenar de organizaciones y movimientos de América y el mundo se sumaron a la iniciativa. Funcionamos con los mecanismos de comunicación de este periodo, especialmente las plataformas virtuales. Establecimos un diálogo fluido de tres tipos, la primera de manera permanente a través de un grupo virtual de comunicación en WhatsApp, la segunda mediante foros todos los viernes por la tarde en los que dialogamos cinco o seis organizaciones sobre la coyuntura y perspectivas y, tercero, mediante reuniones internas y diálogos bilaterales.

Este proceso fue hermoso porque conocimos las iniciativas que cada uno(a) adelantaba, nos reconocimos en las coincidencias, respetando las diferencias. Muches habíamos escuchado lo que los otres estaban haciendo, pero no habíamos tenido la oportunidad de conocernos y reconocernos en las luchas de los otres. Las organizaciones tomaron rostro, palabra, mensaje, sonrisa, alegría, determinación y así nos fuimos (re) encontrando.

En el transcurso de estos seis meses fue surgiendo la idea de convocar a una cita internacional, para juntar ideas movilizadoras, reflexiones críticas y proyectos transformadores. Se trataba de ir juntando esfuerzos, respetando los desarrollos de cada uno(a), aprovechando las experiencias de ese ser colectivo que se iba formando.

Fue muy importante conocer las luchas que cada gremio, sindicato, organización estaba librando en el marco de la pandemia, para desde allí reconocernos en las similitudes de nuestros desafíos. No se trató solo de un diálogo de ideas sino de un intercambio de experiencias. El hacer se fue convirtiendo en nuestro hacer. Comenzaron a hacerse cotidiana la firma de respaldo a las luchas que unos y otras librábamos, fuimos construyendo un espíritu colectivo.

Recuerdo que fue la compañera Mercedes Martínez de la Federación de Maestros y Maestras de Puerto Rico (FMPR) la primera, quien de manera pública expresó este sentir compartido, esa necesidad de encontrarnos en un evento internacional. Lo hizo en uno de los foros de los viernes y a partir de ese momento el murmullo y sentir colectivo fue tomando cuerpo.

El apoyo a la idea fue creciendo, en el entendido que este encuentro fuera un punto de relanzamiento del camino recorrido, abriéndonos a otros diálogos, miradas y encuentros. Es decir, el Congreso Mundial de educación no es un punto de llegada, sino una parte importante del camino hacia el encuentro y la unidad de quienes luchamos contra el neoliberalismo educativo. Y desde esa perspectiva se decidió convocar para los días 26 y 27 de septiembre, al I Congreso Mundial de Educación 2020: en defensa de la educación pública y contra el neoliberalismo educativo Este Congreso Mundial es la más importante convergencia mundial de fuerzas a favor de la educación pública, gratuita, laica, científica, popular y presencial.

¿Puedes mencionar algunos de los gremios, sindicatos, organizaciones y personalidades que forman parte del Grupo de Contacto Internacional?

Claro. Desde Canadá hasta la Patagonia, saltando el mar hacia Europa, Asia y África, múltiples voces y organizaciones se sumaron. Entre otros, la Federación de Maestros de Puerto Rico, sindicatos de profesores universitarios de EEUU, la CNTE y la CNSUESIC de México, ASOPROF, AEVE y el sector educativo de la CGT de Panamá, APSE y SINDEU de Costa Rica, Sectores de FECODE y ADE de Colombia, SINASEFE, ANDES, FASUBRA, APOESP para nombrar algunos de Brasil, la corriente del MUD dentro del Colegio de Profesores de Chile, Las coordinadoras de maestros urbanos y rurales de Bolivia, FeNaPES y la Intersindical de Formación Docente de Uruguay, el SUTEP de Perú, la CONADU-H, el SUTE de Mendoza, varios SUTEBAS para mencionar algunos de Argentina, el FOVEDE de Venezuela, la Asociación de Pedagogos de Cuba, el USTEC de Cataluña, la Intersindical de Valencia en España, la FERC CGT de Francia, la corriente clasista del sindicato de maestro de Australia. Ruego me excusen si se me escapan algunos. También forman parte movimientos de educación popular como la CEIP-H y ENDYEP de Argentina, el CEAAL, la Coalición Chilena por el derecho a la Educación, la Mesa Amplia en defensa de la Educación Pública de Colombia, la red Mesoamericana de educación Popular Alforja, entre otros y, destacados académicos como Marco Raúl Mejía, Jurjo Torres Santomé, Peter McLaren, Luis Hernández Navarro, Oscar Jara, Rosa Cañadel, Catherine Walsh.

Una vez que anunciamos la convocatoria al Congreso Mundial se han incorporado al movimiento el Foro Mundial de Educación del Foro Social Mundial (FME /FSM), la Campaña Latinoamericana por el derecho a la Educación (CLADE), estamos en conversaciones con la CTU de Chicago y la UTLA de los Ángeles, la Federación de Maestro de Inglaterra, el sindicato de maestros de Australia y sindicatos de Suiza.

Como te das cuenta una parte importante del movimiento lo conforman sindicatos y gremios tanto docentes como de empleados del sector educación, pero ello se hace en convergencia con movimiento social e intelectualidad educativa.

¿Cuál es la fecha y propósito del Congreso Mundial de Educación?

Como te indiqué el Congreso Mundial se realizará el 26 y 27 de septiembre de 2020, de modo virtual y podrá ser seguido en directo por el público a través del YouTube de Otras Voces en Educación y los Facebook y páginas web de las organizaciones participantes.

Los propósitos son elevar el nivel de diálogo entre organizaciones que luchan en defensa de la educación pública a nivel mundial, generar un documento que sintetice la opinión del movimiento y establecer mecanismos de articulación y coordinación en la etapa posterior al Congreso Mundial. Los interesados en conocer más o establecer contacto con el comité organizador lo pueden hacer escribiendo a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

¿El Congreso Mundial de educación 2020 abordará las nuevas formas de privatización educativa que se han puesto en marcha en la pandemia del COVID-19?

En efecto. En el marco de la pandemia hemos visto y denunciado como en el orbe avanza el paradigma neoliberal de sociedad educadora. Las responsabilidades de los Estados nacionales de garantizar las condiciones mínimas para desarrollar el derecho a la educación han sido transferidas a les ciudadanes, a las familias, docentes y estudiantes quienes han tenido que repotenciar sus equipos, comprar computadores, pagar los planes de datos a internet para garantizar la continuidad del vínculo pedagógico. Muchos Estados se desentendieron de su responsabilidad en garantizar esas condiciones mínimas.

El avance de la agenda neoliberal de sociedad educadora se torna especialmente dramático en los países llamados de ingresos medios bajos o bajos, en los cuales a les docentes se les ha hecho muy difícil asumir las responsabilidades que corresponden a los Estados. Incluso en los países de ingresos altos, no todes las familias, estudiantes y docentes cuentan con los ingresos suficientes para poder costear equipos y conexión.

Este congreso, como lo plantea el documento de convocatoria, tiene el desafío de analizar esta situación y proponer rutas de resistencia ante este avance neoliberal. En ese marco, nos proponemos también revisar cuál es la perspectiva del capitalismo cognitivo de la cuarta revolución industrial en materia educativa, para poder plantearnos resistencias y alternativas acordes a la actualidad de la lucha en defensa de la educación pública.

También discutiremos los intentos de muchos gobiernos de convocar a una vuelta a clases presenciales en contextos de elevación de los contagios.

En lo particular me interesa mucho ver la posibilidad que este congreso postule ideas transformadoras para los sistemas educativos en un contexto de impacto directo de la aceleración de la innovación tecnológica en lo educativo, en lo escolar.

Entrevista Luz Palomino (CII-OVE)

Por: Otras Voces En Educación | Jueves, 03/09/2020 06:31 PM

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Sábado, 29 Agosto 2020 05:26

La era de TikTok

La era de TikTok

Política, guerra y nuevo lenguaje de masas

 

Por primera vez en la historia de Internet, una red social proveniente de China conquista a los usuarios de Occidente. TikTok se ha convertido en un verdadero experimento que divide a Estados Unidos de China, pero que, además, se cuela en guerras y campañas políticas. ¿De qué se trata esta red social? ¿Por qué en política ganan los que primero llegan a ella y no los que mejor la usan? ¿Qué está pensando la izquierda (si es que está pensando algo) sobre TikTok?

TikTok está en boca de periodistas, analistas internacionales, políticos y empresarios de todo el mundo. No podría ser de otra manera. Por primera vez en la historia de eso que llamamos internet, una red social proveniente de China (en este caso, propiedad de la empresa china ByteDance), conquista las mentes de los usuarios en Occidente. Pero el 6 de agosto, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que impuso 90 días para que ByteDance venda sus operaciones con TikTok en Estados Unidos a una empresa nativa, por considerarla una amenaza a la seguridad nacional. El establishment de Estados Unidos está desesperado ante los avances de China en tecnologías de la información y la comunicación, y está dispuesto a hacer lo que sea necesario para no perder totalmente el control de la situación.

Mientras tanto, cosas aparentemente extrañas e incomprensibles para quienes no forman parte de la «Generación Z» (nacidos entre 1994 y 2010, es decir, los que siguen a los millennials) en TikTok, como el éxito ultra-viral en base al método de lip sync (mecanismo principal de generación de contenido en esa red, junto a los challenges) sobre la base de una publicidad rusa que ha inundado los celulares de todo el mundo: mi pan su chállenles sum. El lip sync no es más que la sincronización de movimientos labiales con vocales habladas o cantadas, simulando así el cantar o hablar en vivo.

En estos momentos, Oracle (líder en software para empresas que van desde base de datos hasta sistemas de gestión), Microsoft (que casi no existe en el mercado de las redes sociales, y apenas posee Skype y LinkedIn), y también Twitter, se encuentran en una carrera furiosa dentro del mundo corporativo para quedarse con TikTok. Oracle es el favorito de Trump, por las relaciones de su dueño con el actual presidente republicano.

TikTok es una plataforma de microvideos que acaba de cerrar el primer semestre de 2020 con más de 2.000 millones de descargas en todo el mundo. La pandemia ha sido el clímax de una explosión cultural y social liderada por esta red a escala global, y también en Latinoamérica. TikTok llegó a la política para quedarse, como conflicto geopolítico y corporativo, pero también como la expresión del nuevo lenguaje de las masas hiperconectadas. Un nuevo lenguaje que, por supuesto, ya se viene incubando en YouTube y las stories de Instagram, pero que ha dado un salto específico en TikTok al tratarse de una red puramente basada en videos verticales, que ocupan toda la pantalla y que se guían por un algoritmo más agresivo que no se basa en los seguimientos (órdenes conscientes) sino en el tiempo que cada usuario pasa frente a los videos (interés inconsciente). Por eso, Zuckerberg presentó el 5 de agosto una nueva función para Instagram, llamada Reels, como punta de lanza para contener a una audiencia en fuga.

Como si todo esto fuera poco, TikTok ha sido el vehículo de una humillación política personal para Trump, con un espectacular sabotage fans del pop coreano (k-popers) y usuarios de TikTok enfurecidos por la represión policial de las protestas de #BlackLiveMatters tras el asesinato de George Floyd. Los organizadores del primer acto de campaña de Trump presumían de tener más de un millón de solicitudes para el pabellón de 19.000 personas. Brad Parscale, jefe de campaña de Trump, puso un escenario exterior para que su jefe pudiese dirigirse también a los ciudadanos que no habían logrado entrar en el abarrotado BOK Center de Oklahoma, en Tulsa. Como comentó la prensa, la sorpresa vino cuando Trump se encontró con miles de butacas libres y una pista medio vacía. Del aforo de 19.000 personas, solo acudieron 6.200, según las cifras del Departamento de Bomberos de la ciudad de Tulsa.

Antes de Estados Unidos, el uso de TikTok en la campaña presidencial de la India ya había sido significativo (como ya había ocurrido con WhatsApp): en mayo de 2019, durante las presidenciales, millones de adolescentes disputaron la campaña sin ningún tipo de participación oficial con diferentes hashtags. Pero esto ya es cosa del pasado, pues al calor del conflicto militar entre China e India por Cachemira, el gobierno prohibió en julio de 2020 a TikTok y 59 aplicaciones más provenientes de China. Uno de los principales beneficiarios es Mark Zuckerberg, que está acaparando una enorme cantidad de esa gigantesca audiencia ahora huérfana. TikTok tenía en India 120 millones de usuarios y por este bloqueo sus pérdidas podrían alcanzar los 6000 millones de dólares.

Pero no solo Trump desconfía de TikTok. El asesor general de Biden, Dana Remus, dijo a los empleados en un correo electrónico que deberían «abstenerse de descargar y usar TikTok en el trabajo y dispositivos personales», citando preocupaciones sobre la privacidad y seguridad de los datos. Aaron Presman, en su newsletter Data Sheet, de la revista Fortune, imagina que Obama también estaría de acuerdo con lo que está haciendo Trump. Sin embargo, afirma que «el problema de las políticas unilaterales de Internet de China y los esfuerzos aún más aterradores requieren una respuesta global seria y unificada. Quizás el próximo habitante de la Casa Blanca esté más a la altura de la tarea».

A diferencia de Biden, //www.tiktok.com/@bernie">Bernie Sanders tiene en TikTok un espacio personal muy bien llevado a partir de contribuciones de sus jóvenes seguidores. Alexandria Ocasio-Cortez no tiene un perfil oficial pero contenidos sobre ella son furor en la red. El caso más destellante es el de Matt Little, un senador por el estado de Minnesota prácticamente desconocido hasta hace poco y //www.tiktok.com/@littlesenator?referer_url=https%3A%2F%2Fwww.businessinsider.com%2Ftrump-tiktok-ban-minnesota-state-senator-matt-little-140000-followers-2020-8&;referer_video_id=6820841093433658629">que como tiktoker ha acumulado más de 143.000 seguidores desde que abrió su cuenta en febrero. Aquí la grieta tiene que ver con una cuestión generacional, no partidaria: el público objetivo de cada uno marca la diferencia.

Diciembre de 2018 es el punto de partida de este proceso de beligerancia digital, político y económico que tuvo su primer highlight con la crisis en torno a Huawei y el 5G, que continúa hasta hoy. A escala mundial, solo la empresa china Huawei puede ofrecer un servicio que complete de tramo a tramo la instalación de la nueva tecnología 5G. El 5G hará mucho más fluida la banda ancha al aumentar la velocidad de conexión (entre 10 y 500 veces más), allanando el camino para las «ciudades inteligentes» y el «internet de las cosas». De esta manera China ya viene poniendo en entredicho la dominación de Estados Unidos sobre la infraestructura que dominará el futuro de Internet, lo cual le valió el apoyo de los proveedores de servicios de telecomunicación («telcos») en esta cruzada de Trump. Detrás de Estados Unidos se conforma un bloque junto a Japón, Australia y el Reino Unido, que bloquean a Huawei. Trump se atribuye explícitamente haber logrado que el primer ministro Boris Johnson anunciara, el pasado 14 de julio, prohibir a las «telcos» que operan en terreno británico la compra de equipos de Huawei a partir de 2021. Esto es lo mismo que ha filtrado el propio Johnson.

Pero el caso con TikTok marca un aumento en el conflicto sino-estadounidense, porque como explicó Juan Elman, «TikTok no es Huawei». La empresa que lidera el desarrollo global en 5G juega un rol vital para su economía doméstica y sus proyectos de expansión. La relación con el Partido Comunista Chino, además, es mucho más estrecha que en el caso de ByteDance, que ha tenido roces con el aparato de seguridad por contenidos políticos sensibles. Ni TikTok ni su empresa madre son socios estratégicos de Beijing.

La compañía propietaria de la aplicación, ByteDance, ha negado reiteradamente las acusaciones contra TikTok sobre excesos en la recopilación de información. Las acusaciones del establishment estadounidense contra China no tienen nada que envidiar a las denuncias de Edward Snowden de hace mucho tiempo atrás, y la realidad es que es TikTok es incluso menos agresivo que Zuckerberg en el tratamiento de los datos. ByteDance buscó incesantemente limpiar su imagen en Estados Unidos (y en el mundo). Creó nuevos puestos de trabajo con el objetivo de llegar a 10.000 empleados y contrató más de 35 lobistas para conseguir llegada a las personas más influyentes en Estados Unidos. Además, abrieron centros de transparencia en Los Ángeles y Washington para mostrar a expertos como trabajan y contrataron como CEO a Kevin Mayer (antiguo jefe de Direct-to-Consumer & International, una división empresarial de Walt Disney donde dirigía los servicios de streaming) para que no puedan decir que los dirigen desde China.

El miércoles 29 de julio, Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Facebook/Instagram/WhatsApp), Sundar Pinchai (Google) y Tim Cook (Apple) comparecieron ante el congreso de Estados Unidos. En China, la historia de las GAFA (como se conoce a estas empresas) es jugosa y está llena de idas y vueltas. Zuckerberg llegó a aprender mandarín para poder seducir a Xi Jinping y penetrar en ese mercado, pero no lo logró y desde hace un tiempo, frustrado, es un activo opositor del Partido Comunista Chino. De este modo, busca presentarse como un garante de los intereses estadounidenses, como ya lo dejó en claro en una audiencia anterior luego del escándalo de Cambridge Analytica. Preguntados sobre si el gobierno de Xi Jinping les roba información a las GAFA, Zuckerberg fue el único que contribuyó claramente a acentuar la escalada que Trump encabeza: «Creo que está bien documentado que el gobierno chino roba tecnología a empresas estadounidenses».

TikTok ya no se trata solamente un fenómeno púber e infanto-juvenil. Las audiencias son cada vez más impacientes y se cansan cada vez más rápido, debido a la sobresaturación de contenido. Para impactar hay que ir a las referencias más básicas (música, emojis), que es lo que expresa TikTok: una suerte de Blitzkrieg por la atención humana. Además, los contenidos que se suben a TikTok después se consumen en Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, porque la empresa no tiene una política de limitar sino más bien de impulsar el derrame. En ese sentido, también funciona como un editor de contenido. Los videos de un minuto hace tiempo resultan viejos y extenuantes.

El progresismo de habla hispana tiende a llegar tarde a estos cambios y debe ponerse en guardia. Así lo explica Iago Moreno, joven experto en música y comunicación política que ha realizado un original análisis sobre el impacto de TikTok en la política de India, Israel, Brasil y España. Moreno sostiene que «por muy importante que sea entender el modo en el que el tecnopopulismo explota las redes sociales, es aún más necesario que no confundamos el síntoma con la causa».

El consultor en comunicación política Antoni Gutiérrez Rubi remarcó con claridad las reglas de una intervención exitosa en TikTok: «Activismo lúdico. Hacer del activismo una experiencia festiva y divertida. La música es el lenguaje central (...) introducir la música, el canto y el baile como expresiones genuinas y vitales de los contenidos políticos cotidianos, la imitación y el juego de rol. Usar la parodia como una poderosa estrategia de deconstrucción de personajes y canalizador de crítica y propuesta política. El talento de las multitudes. La mejor campaña es la que hace la gente anónima (...) Abrirse al desborde creativo de las multitudes y explorar el ARTivismo ciudadano. Pasar de la perfecta publicidad al poderoso atractivo de lo amateur, de lo imperfecto, de lo natural, de lo diverso. La campaña es una fiesta. Usar TikTok como parte de un ejercicio de creación de clima movilizador en los equipos de campaña y en el voluntariado».

A fuerza de golpes, la intelligentsia emanada de las costumbres sociales y culturales de los siglos XIX y XX ha comprendido que tiene que seguir con atención los vaivenes del mercado digital. Ahí es donde se está librando una guerra por el poder. Más allá de cualquier posicionamiento político, esto es lo que está demostrando, por ejemplo, la significativa demanda de la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner contra Google.

TikTok se ha abierto paso en América Latina. Ya tiene más de 5 millones de usuarios en la Argentina y el 45% de ellos tiene entre 13 y 26 años. Como en muchos otros casos, la diferencia en este punto la marca el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, el primero de su tipo en toda Latinoamérica que //www.tiktok.com/@buenosaires">abrió una cuenta institucional para informar sobre prevención en torno al coronavirus. Rodríguez Larreta, ubicado en la centroderecha, se rodea de un equipo altamente profesional, que cuida de mostrarlo descontracturado y divertido, pero sin exponerlo al cringe como algunos creen que ha ocurrido con la cuenta de la presidenta de su propio partido (PRO), //www.tiktok.com/@patriciabullrich">Patricia Bullrich (el cringe refiere al sentimiento de vergüenza, aversión o reticencia ajena ante alguien). Otra incursión significativa es la de //www.tiktok.com/@joseantoniokast">José Antonio Kast, el presidente del Partido Republicano de Chile y ex candidato a presidente ubicado en la extrema derecha.

El caso de España es una muestra de lo que podría ocurrir en las próximas campañas políticas de América Latina, especialmente en aquellos países más politizados. Allí, según releva El Confidencial, TikTok ya ha sido descargada más de 14 millones de veces y todos los grandes partidos tienen cuenta en esta red, pero de momento (como en el resto del mundo) la mayor guerra se da entre comunidades de simpatizantes, en su mayoría adolescentes. La llamada Generación Z es, de hecho, la que constituye el núcleo de TikTok. El emergente partido de extrema derecha Vox ha llegado primero aquí y está tomando la delantera. No tiene desperdicio observar algunas figuras del ecosistema de Vox en TikTok, como la niña //www.tiktok.com/@micaelaesdevox">@micaelaesdevox, aunque puede resultar estremecedor.

Más allá de quien se quede con TikTok en Estados Unidos, en el resto del mundo, ha llegado para quedarse. Como ha explicado Al Ries, el creador del concepto de posicionamiento en 1972 y uno de los más destacados cerebros del marketing, «es mejor ser el primero que ser el mejor».

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Franco "Bifo" Berardi: "Asistiremos al colapso final del orden económico global"    

Entrevista al filósofo italiano

El autor de Lá fábrica de la infelicidad cree que ese final de ciclo "podría abrir la puerta a un infierno político y militar esencialmente caótico. El caos es el verdadero dominador de la época pandémica". Bifo habla también de vacunas, medio ambiente, virtualidad y vínculos humanos hundidos en una "epidemia de soledad".

 

“Estamos en un umbral que puede durar años”, sentencia Franco “Bifo” Berardi, escritor, filósofo y activista italiano, en diálogo con Página/12. En un momento que "no es para conclusiones", analiza el escenario y prevé alternativas. Escribe, en un extenso mail, que “el caos es el dominador de la época”, y que son posibles “un colapso final del orden económico global” y un despliegue de comunidades autónomas con eje en la igualdad. Descree del poder del Estado. El verdadero poder, para él, está en el capitalismo. Recorre varios temas que hacen a este hecho total que es la pandemia. Vacuna, medio ambiente, virtualidad, vínculos humanos hundidos en una "epidemia de soledad".

En cuarentena, aparte de pintar, Bifo ha escrito un texto muy original y literario llamado Crónica de la psicodeflación, que contiene una definición del coronavirus"virus semiótico""fijación psicótica" que  “prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global" y ha bloqueado “el funcionamiento abstracto de la economía”. Luego publicó Más allá del colapso. El escritor nacido en Bolonia en 1949 tiene historia. Ha participado de las revueltas juveniles del '68, fue amigo de Félix Guattari, frecuentó a Foucault. Fundó revistas, creó radios alternativas y señales de TV comunitarias. Algunos de sus libros destacados son La fábrica de la infelicidadGeneración post-alfaFélix La sublevación. Actualmente es profesor de Historia Social de los Medios en la Academia de Brera, en Milán.

-Con el coronavirus la filosofía ha quedado en el centro de la escena. ¿Cuál es su misión en esta pandemia?
-Es la misma desde hace miles de años: entender, concebir, disponer el pensamiento colectivo. El filósofo intenta transformar lo que percibimos en la experiencia común en conceptos que permitan iluminar el camino. Es muy simple, pero tal vez el ejercicio se hace problemático. Si lo que entendemos de la realidad implica que no hay salida ética, política ni científica de una situación, si la imaginación filosófica no logra imaginar otra salida que la barbarie, otro horizonte que la extinción, el trabajo se vuelve muy duro. Tenemos que reconocer y contar lo que nos parece inevitable desde el punto de vista del entendimiento, pero al mismo tiempo siempre recordar que tal vez el imprevisto subvierte los planos del inevitable. Esa es la misión de la filosofía: imaginar lo imprevisible, producirlo, provocarlo, organizarlo.

-En Más allá del colapso plantea dos escenarios: “Lo que queda del poder capitalista intentará imponer un sistema de control tecno-totalitario. Pero la alternativa está aquí ahora: una sociedad libre de las compulsiones de acumulación y crecimiento económico”. ¿De qué manera podría construirse una alternativa? 
-Las consecuencias actuales de la pandemia y del lockdown (confinamiento) son muy contradictorias. Hay tendencias divergentes, hasta opuestas, en la esfera económica, la del poder. De un lado asistimos al desmoronamiento de los nudos estructurales de la economía. El colapso de la demanda, del consumo, una deflación de largo plazo que alimenta la crisis de la producción y el desempleo, en una espiral que podemos definir como depresión, pero es algo más que una depresión económica. Es el fin del modelo capitalista, la explosión de muchos conceptos y estructuras que mantienen juntas a las sociedades. Al mismo tiempo asistimos al enorme fortalecimiento del capitalismo de las plataformas y las empresas digitales en su conjunto. La relación entre sistema financiero y desmoronamiento de la economía productiva aparece incomprensible: Wall Street confirma su tendencia positiva, casi triunfal. ¿Se está produciendo una enorme burbuja económica que en el futuro próximo podría explotar? ¿O, al contrario, eso significa que la abstracción financiera se ha hecho totalmente independiente de la realidad de la economía social? Creo que en el próximo año asistiremos al colapso final del orden económico global, que podría abrir la puerta a un infierno político y militar esencialmente caótico. El caos es el verdadero dominador de la época pandémica. Un caos que el capitalismo no puede someter. No hay una alternativa política visible en el futuro próximo. Hay revueltas. Las habrá. Pero no se puede imaginar una estrategia política unificante.

-Ha escrito que la igualdad, “destruida en la imaginación política en los últimos 40 años”, podría ganar protagonismo. ¿No contrasta esta idea con lo que está sucediendo aquí y ahora? El virus profundizó la pobreza, el desempleo, la desigualdad.
-En la situación caótica que se puede desplegar van a proliferar las comunidades autónomas, las experimentaciones igualitarias de supervivencia. Claro que hoy se manifiesta un tentativo de las fuerzas empresariales, mafiosas, neoliberales de apoderarse lo más posible de la riqueza social, los recursos físicos y monetarios. Pero eso no va estabilizar nada. Todas las medidas de estabilización que están intentando las fuerzas políticas de gobierno en Europa como en otros lugares no pueden estabilizar nada en el largo plazo. El crecimiento no volverá mañana ni nunca. La Ecosfera terrestre no lo permitirá; no lo está permitiendo. La demanda no subirá, no solo porque el salario va disminuyendo, sino también porque la crisis producida por el virus no es solo económica. Es esencialmente psíquica, mental: es una crisis de las esperanzas de futuroEn esta situación tenemos que imaginar formas de vida autónoma post-económicas, de auto-producción de lo necesario, de auto-defensa armada contra el poder, de coordinación informática global.

-¿Qué cree que significa esta pandemia para el ordenamiento geopolítico mundial?
-El caos toma el lugar de comando. No existe de manera objetiva. Hay caos cuando los acontecimientos que interesan nuestra existencia son demasiado complejos, rápidos, intensos para una elaboración emocional y consciente. El virus, invisible e ingobernable, ha llevado al caos a un nivel definitivo. No puedo prever los puntos donde el desmoronamiento produzca efectos más notables. Lo que me parece muy probable es un proceso de guerra civil en los Estados Unidos. Según un artículo publicado en el Dallas News hace algunos días no habrá guerra civil, sino una situación caótica de terror permanente. Los ciudadanos americanos siguen comprando armas de fuego, si bien ya hay más de un arma por cada ciudadano, incluidos niños y abuelos. El trumpismo no ha sido una locura provisional. Es la expresión del alma blanca de un país que nació y prosperó gracias al genocidio, la deportación, la esclavitud masiva. Los efectos globales de la desintegración de los Estados Unidos no se pueden prever.

-Una vez que aparezca una vacuna, ¿cree que la humanidad se relajará y el daño ecológico volverá a profundizarse o se podrá repensar la relación con el medio ambiente? ¿Existe el riesgo de una vida en estado pandémico permanente?
-Claro que existe. El Covid ha sido solo uno de los virus que pueden proliferar contagiosamente. No puedo explayarme sobre la posibilidad de una vacuna eficaz porque no soy biólogo, pero no creo que la experiencia del coronavirus termine con la vacuna. La pandemia 2020 sólo ha sido el comienzo de una época de catástrofes globales, a nivel biológico, ambiental y militar. El efecto de la pandemia sobre el medio ambiente es contradictorio también. De un lado ha habido una reducción de los consumos de energía fósil, un bloqueo de la polución industrial y urbana. Del otro, la situación económica obliga a la sociedad a ocuparse de los problemas inmediatos y posponer las soluciones de largo plazo. Y no hay largo plazo a nivel de la crisis ambiental, porque los efectos del calentamiento global ya se despliegan. Pero al mismo tiempo podemos imaginar (y proponer) la creación de redes comunitarias autónomas que no dependan del principio de provecho y acumulación. Comunidades del sobrevivir frugal.

-Maristella Svampa, socióloga argentina, postula que la metáfora del enemigo invisible en el discurso político oculta la dimensión medio ambiental del virus. ¿Coincide?
-Coincido. El Covid-19 es una emergencia particular del colapso ambiental. Las elites políticas no me parecen a la altura del problema, lo que dicen no me parece muy importante. La política en su conjunto es impotente. ¿Qué hacen los políticos “buenos” (como Conte en Italia)? Aplican la disciplina sanitaria obligatoria, se pliegan a la decisión científica, que toma el lugar de la decisión política. ¿Qué hacen los malos (Bolsonaro, Trump….)? Se niegan a la decisión científica y afirman la autonomía de la política. Pero la política se ha vuelto un juego sin razón, sin conocimiento. La potencia del político es la locura, la venganza, la rabia contra la impotencia. Si la política ha sido durante la edad moderna una expresión de la voluntad, ahora está muerta porque la voluntad humana ha perdido su eficacia sobre el proceso real.

-¿Cómo imagina que serán los vínculos después de la pandemia? ¿Cómo son ahora?
-La pandemia marca una ruptura antropológica de una profundidad abismal. Pensemos en el acto más humano de todos: el beso, el acercarse de los labios, el acariciar paulatino y dulce de la lengua al interior de la boca de otro ser humano. Este acto se ha vuelto el más peligroso y anti-social que se pueda imaginar. ¿Qué efecto va a producir esta novedad en el inconsciente colectivo? Una sensibilización fóbica al cuerpo y la piel del otro. Una epidemia de soledad, y por tanto, de depresión. A nivel social el distanciamiento implica el fin de toda solidaridad. A nivel del inconsciente equivale a la bomba atómica. Tenemos que reinventar la afectividad, el deseo, el tocamiento, el sexo, pero… ¿tenemos la fuerza psíquica para hacerlo? No me parece. Pero lo repito con fuerza: estamos en un umbral, no podemos saber cómo saldremos de la oscilación en la que el inconsciente está capturado.

-Agamben ha escrito sobre la limitación de la libertad, “aceptada en nombre de un deseo de seguridad inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerlo”. ¿Qué piensa sobre el control del Estado con la pandemia como trasfondo?
-El Estado se identifica cada vez más con las grandes agencias de control informático, de captura de enormes cantidades de datos. No existe más como entidad política, territorial. Sigue existiendo en la cabeza de los soberanistas de derecha y de izquierda. No existe la política, ha perdido toda su potencia; no existe el Estado como organización de la voluntad colectiva, no existe la democracia. Son todas palabras que han perdido su sentido. El Estado es el conjunto de la disciplina sanitaria obligatoria, de los automatismos tecno-financieros, y de la organización violenta de la represión contra los movimientos del trabajo. El lugar del poder no es el Estado, una realidad moderna que se acabó con el fin de la modernidad. El lugar del poder es el capitalismo en su forma semiótica, psíquica, militar, financiera: las grandes empresas de dominio sobre la mente humana y la actividad social.

-En los países de Latinoamérica, la dicotomía que se plantea en los textos filosóficos europeos (capitalismo-comunismo) no resuena del mismo modo. Aquí pensamos más en términos de un Estado presente. ¿Qué lectura hace de la pandemia respecto de dos escenarios con diferencias estructurales como América latina y Europa? 
-En América latina ha habido una fuerza particular, un discurso neo-soberanista de izquierda, lo que podríamos llamar populismo de izquierda, según la versión de Laclau, Jorge Alemán y otros. La experiencia lulista, la kirchnerista, la de Evo en Bolivia y el chavismo son experimentos de soberanía popular, democráticos, con intentos sociales. Han sido valiosos, tal vez más o menos exitosos. Pero al final todos han fracasado, porque la complejidad de la globalización capitalista no deja espacios de maniobra a nivel nacional, provocando la violencia de la reacción. La pandemia es una prueba de la imposibilidad de actuar en la dimensión nacional. Claro que puede haber una gestión racional de la pandemia, como la de Argentina, y una manera irresponsable y genocida como la de Brasil. Pero al final la pandemia está provocando un apocalipsis global que ninguna política racional puede evitar. Marca también el fracaso final de toda hipótesis soberanista, de izquierda y de derecha.

-¿Qué piensa de los movimientos “anticuarentena”? ¿La idea de la libertad ha sido cooptada por la extrema derecha?
-La palabra “libertad” es un malentendido de la filosofía moderna y del pensamiento político. Los que hablan de libertad en la época de los automatismos tecno-financieros no saben de qué están hablando. El enemigo de la libertad no es el tirano político, sino los vínculos matemáticos de las finanzas y los digitales de la conexión obligatoria. Hay una libertad ontológica que significa que Dios decidió de no determinar la dirección de la vida humana, dejando así el libre albedrío a los humanos. Pero la materia de que los organismos son compuestos determina profundamente la posibilidad de actuación del organismo. Y la materia social, la economía, la enfermedad, la proliferación viral son verdaderos matadores de la libertad. La modernidad ha sido capaz de inventar un espacio de libertad verdadero: la potencia de la política moderna (desde Maquiavelo hasta Lenin) ha sido la capacidad de elegir estratégicamente y actuar tácticamente de manera tal de plegar no toda la realidad, pero sí espacios relevantes de la realidad social, técnica, hasta médica. El fin de la modernidad marca también el fin de esta libertad marginal: la creación de automatismos tecno-financieros ha destrozado la potencia política de la voluntad; ha matado la democracia. La palabra libertad hoy significa solo libertad de explotar a los que no pueden defenderse, de hacer esclavos a los otros, de matar a los africanos que quieren sobrevivir migrando en Europa. Libertad hoy es una palabra asesina. Solo igualdad es una palabra que puede restablecer algo de humano entre los humanos.

-“Creo que la pandemia actual marca la salida definitiva de la época moderna de la expansión y el ingreso en la época de la extinción”, escribió. ¿Se ha puesto a imaginar cuánto tiempo nos queda? ¿La extinción es inevitable?
-Antes que nada no soy un adivino. Cuando digo que entramos en la época de la extinción quiero decir que en el horizonte futuro la sola conclusión lineal de las tendencias existentes (sobrepoblación, polución, calentamiento global, reducción del espacio habitable, multiplicación de los gastos militares, proliferación de las guerras, epidemia psicótica) no implica otra perspectiva realista que la extinción de la civilidad humana (que ya se está manifestando) y de la especie humana (que parece cada vez más probable). Pero soy convencido de que el inevitable muchas veces no se realiza porque el imprevisible tiende a prevalecer.

El regreso de la muerte

-Una de las tantas cosas que el virus modifica es cómo se viven la muerte y los duelos. En Más allá del colapso usted se refiere al regreso de la muerte a la escena del discurso filosófico. ¿Cómo puede leerse este cambio?

-La muerte ha sido removida, denegada, borrada en la escena imaginaria de la modernidad. El capitalismo ha sido el intento más exitoso de alcanzar la inmortalidad. La acumulación de capital es inmortal. La vida humana se identifica con su producto abstracto y logra vivir immortalmente en la abstracción. En consecuencia, rechazamos la idea de nuestra mortalidad individual, porque consideramos a la vida como propiedad privada que no se puede acabar. La destrucción sistemática del medio ambiente es la prueba de que no creemos en la mortalidad: no importa si matamos la naturaleza, porque es la sola manera de realizar la acumulación de capital, nuestra eternidad. Pero la pandemia nos obliga a reconocer que la muerte existe, que es el destino de cada ser viviente. La abstracción ha perdido su potencia, el dinero no puede nada frente a la muerte. El problema es que no estamos hablando (sólo) de la individual, estamos hablando de la extinción del género humano como horizonte de nuestra época.

Enfermedad virtual

-“Cuando la pandemia finalmente se disipe (suponiendo que lo haga), es posible que se haya impuesto una nueva identificación psicológica: online equivale a enfermedad”, escribió. ¿Puede explayarse sobre esto, y sobre qué lugar le quedará al cuerpo?

-Se podría verificar algo muy interesante: después de un largo plazo de tiempo en que la relación corpórea ha sido remplazada por la online podría verificarse una identificación psíquica de la dimensión online con la enfermedad, con un período de soledad y miedo. ¿Cómo se resolverá la oscilación? ¿Con una epidemia de autismo suicida o con una explosión de deseo liberatorio? No lo sabemos, pero podemos reflexionar sobre las alternativas que se van designando en el umbral.

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Lunes, 24 Agosto 2020 05:51

Entreactos

Una familia de LNU Lightning Complex en Vacaville, California, perdió su casa en uno de los incendios más grandes que han afectado a la entidad.Foto Afp

En el intermedio entre los espectáculos de las convenciones nacionales del duopolio político nacional, la letra que tal vez mejor resume el momento es la del coro de Getting Better de los Beatles: "tengo que admitir que está mejorando, un poco mejor todo el tiempo (no podría empeorar más...)".

Cuatro días del show político demócrata la semana pasada ofrecieron el mosaico de Estados Unidos de sectores sociales, razas, etnias, diversas corrientes políticas, algo que no se verá en los próximos cuatro días de la Convención Nacional Republicana, donde habrá un mar blanco presidido por la familia Trump... debería llamarse la Convención Nacional Trump.

Los demócratas lograron, por ahora, proclamarse unidos no por un gran entusiasmo en torno a su abanderado Joe Biden, sino en su tarea de derrotar a quien es el presidente más peligroso en la historia moderna del país. Biden fue presentado una y otra vez como un hombre "decente" y "experimentado", en marcado contraste con el actual ocupante de la Casa Blanca. Al concluir la convención demócrata la impresión general era de que muchos se sintieron "un poco mejor"… ya que las cosas no podrían estar peor.

Y las cosas están espantosas. La república está sobre el precipicio del autoritarismo, dixit los demócratas y hasta la izquierda no alineada. Estados Unidos sigue como el país "avanzado" con más contagios y muertes por Covid-19 y una crisis económica aproximando las dimensiones de la Gran Depresión, un asalto oficial constante contra los derechos civiles y laborales y la promoción del odio racial, la persecución brutal de migrantes y un presidente que está abiertamente amenazando con un golpe de Estado si no gana la relección.

Mientras arde (más de 500 incendios en California), o se inunda (dos huracanes amenazando a Florida), o millones se enferman, o millones más pierden sus empleos y sus casas en este imperio, el emperador juega golf después de enviar tuits como el de ayer: "Feliz domingo. Queremos DIOS". Punto.

Algunos comentan que es así como se escucha el último grito de un orden moribundo, el último acto histérico por una facción de la cúpula que sabe que está ante el fin de esta fase del imperio donde la "frontera" estadunidense era el mundo, y por ello esas justificaciones oficiales de "seguridad nacional" para intervenciones y guerras en varias esquinas del planeta, bajo el mito de que Estados Unidos era el "país esencial" como promotor global de la "democracia" y "la libertad".

"Pero hoy día esa frontera se ha cerrado", argumenta el historiador premio Pulitzer Greg Grandin. Después de siglos de empujar esa frontera a través del dominio, primero territorial y después económico y militar a escala mundial, hoy ese mito ha dejado de existir. Con ello “donde la frontera (del poder estadunidense) antes simbolizaba un renacimiento perenne, el muro fronterizo de Donald Trump… ahora surge como una lápida sepulcral”.

Grandin argumentó el año pasado que con el fin del expansionismo ilimitado de Estados Unidos, aparecen dos corrientes políticas, el nativismo –cuyo representante es Trump– y alguna versión de la socialdemocracia, y pronosticó que las próximas generaciones enfrentarán una decisión entre "el barbarismo y el socialismo".

Biden, en su discurso final en la convención demócrata, recurrió a una cita de Ella Baker, figura heroica del movimiento de derechos civiles desde los años 30 hasta los 80, que dice que si das luz a las personas, ellas encontrarán el camino. Pero eso sí, no mencionó que esa nieta de esclavos declaró en otro discurso en 1974: "tú y yo no podemos ser libres en Estados Unidos o cualquier otro lugar donde existan el capitalismo y el imperialismo".

Por ahora, ante la posibilidad de que las cosas empeoren, a veces hay indicaciones de que las cosas están mejorando.

Estados Unidos está en los entreactos.

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Pese al manejo desastroso que ha hecho Trump de la pandemia del Covid-19, podría relegirse si crece el abstencionismo entre la llamada Generación Z. Foto Afp

Patti Waldmeir (PW), del rotativo globalista Financial Times (18/8/20), arguye que "a los votantes estadunidenses más jóvenes les desagrada la selección" entre Trump y Biden "quienes no consiguen inspirar a la Generación Z", lo cual "podría significar un mayor abstencionismo".

Según PW, los centennials (Generación Z) representan sólo 10 por ciento de los votantes, pero pueden significar la diferencia si la elección es más apretada de lo que sugieren las encuestas actuales.

Mucho más allá de las controvertidas encuestas que no consiguen escrutar los "votos silenciosos" a favor de Trump por no ser "políticamente correctos", sobre todo para la aplastante mayoría de los multimedia que abominan al presidente Nº 45, la elección se antoja muy reñida, conflictiva y fraudulenta, cuando Trump ha puesto en tela de juicio el sufragio de 51 millones de votos mediante el polémico cuan anacrónico correo USPS, carente de vigilancia: desde la transmisión hasta la recepción de la boleta, no se diga su renvío y su conteo.

De acuerdo a PW, los centennials "tendrían la llave para que EU elija a su presidente de mayor edad en su historia": Biden, quien tendría 78 años en noviembre. Define a la Generación Z en forma laxa: nacidos entre 1995 y 2010 y que no muestran mucho entusiasmo por votar.

Pew Research Center mezcla a sufragantes centennials y millennials: entre 18 a 29 años, quienes exhiben una preferencia similar de 10 por ciento con Trump y 11 por ciento por Biden ( https://pewrsr.ch/3l4Clx7 ).

Definitivamente EU padece la "encuestitis", cuya industria maneja enormes cantidades de dinero, ya que redirecciona a un gran sector de sufragantes "volátiles".

PW cita una "encuesta Harris", anterior a la convención del Partido Demócrata que se celebró en forma virtual en Milwaukee (Wisconsin), donde se vuelve a refrendar la proclividad, todavía mayor a la del año pasado ( https://bit.ly/3aTcEuU ), de que 59 por ciento (¡super-sic!) del rango entre 18 y 39 años prefiere "vivir en un país socialista (¡mega-sic!) que en uno capitalista, 9 por ciento mayor al año pasado", lo que puede alejar a los "centristas", a cuyo segmento pertenece Biden.

Esa es precisamente la grave fractura ideológica en el seno del "antidemocrático" Partido Demócrata que tuvo que operar un fraude para sacar de la jugada en Iowa al "socialista" Bernie Sanders, judío progresista e ídolo de los "jóvenes socialistas".

Justamente, la coalición del Partido Demócrata, a quien hoy unifica más su aversión a Trump que sus ideales y programas, se halla fracturado entre sus multimillonarios Bloomberg/Soros, al unísono de los jerarcas de Silicon Valley que apuestan por Kamala Harris –la ungida vicepresidenta casada con Douglas Emhoff: israelí de Brooklyn y abogado de la industria cinematográfica de Hollywood (https://bit.ly/2YpXS9P)– y el ala "izquierdista" notablemente antisionista del Squad, encabezada por la millennial Alexandria Ocasio-Cortez.

Mucho se comenta que en la elección anterior la apatía de los millennials, agraviados por el fraude interno en Iowa, perjudicó a Hillary y favoreció a Trump.

Cabe señalar que los millennials han sido flagelados por "una segunda crisis financiera debido a las consecuencias económicas de la pandemia del Covid-19" cuando se encuentran muy endeudados (https://on.wsj.com/3hj86QP). A los millennials se les dificulta más que a sus generaciones previas iniciar una carrera y conseguir su independencia financiera cuando ostentan una tasa de desempleo de 12.5 por ciento mayor a sus antecesores.

¿Saldrán de su apatía, los hoy confinados centennials y millennials, para votar por correo, lo cual favorecería quizás a Biden?

No sólo los votos de los centennials "podrían detentar el equilibrio del poder en esta elección", sino que, también, a mi juicio, a mayor abstencionismo de los centennials (Generación Z) existirá una mayor probabilidad de que pueda relegirse Trump, pese a su manejo desastroso de la pandemia del Covid-19, pero a quien le beneficia el alza antigravitatoria de la bolsa de valores de Wall Street. El abstencionismo beneficia a Trump.

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Dani Rodrik propone un "nuevo Estado de Bienestar"

Definiciones del economista turco en la Universidad Di Tella

Si bien es crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. 

 

“Restituir las estrategias de desarrollo a través de un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial”, es el camino que se debería adoptar a nivel global para evitar la ruptura del contrato social, afirmó el reconocido

Rodrik es uno de los economistas más influyentes del mundo. De origen turco, es profesor de Política Económica Internacional en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y tiene una posición muy crítica sobre el rumbo que adoptó el capitalismo desde comienzos de los ´90. "No generó más consumo ni diversificación, sino crisis más frecuentes y más dolorosas. La globalización de las finanzas no implica nada bueno en término de las cosas que más importan", indicó en una charla organizada por la Universidad Torcuato Di Tella que tuvo como moderador a Eduardo Levy-Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de ese centro de estudios.

Si bien Rodrik es muy crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, también advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. En cambio, plantea que el desafío es más complejo, ya que el futuro del empleo no radicaría en la manufactura sino en los servicios y considera que el Estado no debe solo asegurar educación, salud e ingresos mínimos sino también involucrarse junto al sector privado en la generación de conocimiento y empleos para evitar el "dualismo productivo", uno de los grandes problemas de economías como la Argentina.

El dualismo está dado por un nicho muy productivo que genera poco empleo y otra gran cantidad de sectores poco productivos que emplean a mucha gente.

La pandemia aceleró problemas

Para Rodrik, la crisis de la pandemia del coronavirus profundizó tendencias pre-existentes que venían poniendo en jaque la sostenibilidad de la actual organización de la economía mundial.

En primer lugar está la caída del comercio mundial, que no comenzó con el coronavirus sino hace más de diez años, después del estallido de la crisis financiera de 2008. “Esto rompe con la tendencia que comenzó a principios de los ´90, de creciente integración comercial. La retracción se explica en primer lugar por la dramática caída de las exportaciones chinas en relación a su producto bruto interno, del 35 por ciento en 2007 al 20 por ciento en la actualidad. Algo similar a lo que ocurre en la India”, explicó Rodrik.

El economista también subrayó la “creciente tensión entre los supuestos beneficios de la hiper-especialización productiva y la diversificación”. La especialización radica en que cada país del mundo ocupe un rol en la cadena de valor según su mayor ventaja comparativa (bajos salarios, tecnología o recursos naturales, por ejemplo) mientras que la diversificación supone protección comercial para que el aparato productivo nacional amplíe el rango de actividades que abarca. Sucede que el neoliberalismo extremo y sus instituciones globales como la OMC y el FMI hacen énfasis en el supuesto beneficio de la especialización y en el perjuicio de la política de protección comercial y otras medidas regulatorias. Pero está claro que el capitalismo globalizado en su organización actual genera creciente desigualdad y exclusión social, considera Rodrik.

Vinculado a lo anterior está la tendencia a la desmejora en la distribución del ingreso, que también es previa a la pandemia. “Cada vez es más evidente que es imposible compensar a los ‘perdedores’ con las ‘ganancias’ de la hiperglobalización”, dice Rodrik.

El gran problema: la falta de autonomía

El mayor problema es la falta de autonomía que tienen los países para poder aplicar políticas tendientes a mantener el contrato social y apuntar al crecimiento”, explica el economista, y advierte que esta falta de grados de libertad para la política pública es una de las grandes diferencias frente al período de Bretton Woods, que rigió entre el final de la segunda guerra mundial y la disolución de la URSS.

Para Rodrik, hay un “buen escenario” posible en la post pandemia que consiste en lo siguiente: “un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto como para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial, para poder restituir las estrategias de desarrollo”. El “mal escenario” sería un endurecimiento del conflicto comercial, similar a la etapa que siguió a la crisis del ´30.

Un nuevo Estado de Bienestar

“América latina sufre un dualismo productivo, con sectores que tiene alta productividad pero no generan empleo y sectores muy atrasados que generan mucho empleo. Esto achica oportunidades para la franja de ingresos medios. El Estado de Bienestar tradicional plantea que con mayor educación y salud pública, los trabajadores pueden acceder a mejores trabajos y así elevar su condición de vida. Pero esto ya no funciona, porque no está disponible la oferta laboral de buenos trabajos. Hay que cambiar la perspectiva”, explica Rodrik.

Para el economista, el “nuevo Estado de Bienestar” debe involucrar más políticas de producción, con fuerte integración del sector privado. Indica que es una prioridad mejorar las habilidades de los trabajadores para que puedan maniobrar la tecnología pero también acomodar la tecnología a las habilidades de los trabajadores. En este sentido, elogió el camino institucional recorrido por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“La mejora de la productividad no tiene que venir únicamente del crecimiento de los sectores de punta. Teniendo en cuenta el grado de atraso de gran parte de la sociedad, simplemente sacar a la gente de la informalidad en favor de empleos de productividad media ya mejoraría mucho la situación”, considera Rodrik.

El futuro del empleo

“Puede haber protección para que determinadas industrias se modernicen. Pero no creo que los empleos manufactureros vayan a volver, no creo que ese sea el futuro en la economía. Los grandes generadores de empleo serán los sectores de servicios, salud, educación y retail”, analiza el economista.

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