Jueves, 23 Julio 2015 06:10

El pájaro del dulce encanto

El pájaro del dulce encanto

Este nuevo aniversario de la revolución que triunfó en Nicaragua en 1979 me sorprende lejos, en el espacio y en el tiempo. Parece que fue ayer, tiende uno a decir cuando los acontecimientos que evoca son de verdad remotos, pero los relieves se los dan la memoria y el sentimiento, y por eso parecen tan cercanos aunque el tiempo siga poniéndoles encima esa pátina inevitable.


Lejos, en Santander, donde he terminado recientemente mi curso de una semana en el ciclo El autor y su obra, y he hablado de mis libros con participantes de muy diversas edades, que han llegado de muy distintas partes de España, convocados por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo.


Las clases se han celebrado hasta el mediodía en la casa del faro al borde de uno de los acantilados de esta península en cuya cima se alza el Palacio de la Magdalena, y desde las ventanas se ven pasar las embarcaciones que van entrando lentamente a la rada del puerto. La víspera fue el día de la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores, y una alegre procesión marina, entre un coro de sirenas de barcos, llevando a la Virgen en la nave capitana, pasó frente a esas ventanas. Qué escenario tan distinto y distante a aquel de la Plaza de la Revolución en Managua, cuando el aire se llenaba con salvas de fusilería y repicaban las campanas entre el agitar de las banderas.


Mis estudiantes no esconden su curiosidad al enfrentarse con alguien que les habla de los vericuetos de las invenciones literarias, de la factura de sus novelas, de sus procedimientos para escribir, de su encuentro diario con las palabras, habiendo sido protagonista de una revolución, y no se resisten a interrogarme sobre esa vida que un día llevé, y yo tampoco me resisto a responder. Siempre se recuerda con el gozo de la nostalgia.


Vida y literatura se mezclan de manera indisoluble. Y, otra vez, como ahora, se me termina preguntado: ¿volvería a hacer lo mismo, abandonar la literatura para entregarme a una revolución? ¿No me parece que si al fin de cuentas todo vino a resultar en lo contrario, aquella lucha no valió la pena? ¿No fue en balde tanto esfuerzo para volver a lo mismo de antes?
Quienes me hacen esas preguntas, convocados de lugares tan diversos como Madrid o Sevilla, Alicante o Granada, Murcia o Albacete, saben en qué vino a resultar la revolución en Nicaragua, aunque hayan llegado aquí seducidos por la literatura, a la que aman. Es, además, una revolución que en su momento de gloria levantó fervor en España.


Son las preguntas que poco después de que perdimos las elecciones en 1990, que pusieron fin a una década de revolución, intenté dilucidar en mi libro de memorias Adiós muchachos, y las respondo ahora otra vez a mis alumnos, quienes esperan con atención mis respuestas.


Y esas respuestas no han variado desde aquel entonces, en la medida en que los ideales que estaban conmigo, indisolublemente unidos a mí y a tantos otros la tarde en que entramos en triunfo a aquella plaza 36 años atrás, siguen siendo los mismos.


Los ideales tienen necesariamente una calidad que no se deteriora con el paso de los años, o nunca lo fueron. Libertad y democracia, equidad y justicia. Palabras simples, y tan necesarias, por las que dieron su vida miles de jóvenes que lucharon por derrocar a aquella dictadura de la familia Somoza; los mejores jóvenes, muchachos y muchachas, que ha dado Nicaragua en toda su historia, los más generosos, los más desprendidos, los más desapegados de intereses materiales, ambiciones de riqueza, o de poder personal. Somoza, y quienes huyeron con él a Miami, representaban, en cambio, todo lo contrario: el egoísmo más obsceno y el afán desmedido por la riqueza, tanto que fueron capaces de asesinar por ella.


Como he venido desde el otro lado del mar para hablar de la majestad de la invención, les relato a mis alumnos una historia que ha estado desde siempre en el imaginario anónimo de Nicaragua, y que se cuenta de boca en boca. Yo la escuchaba relatar de niño. Es la historia del pájaro del dulce encanto. Se trata de un pájaro de bello plumaje y colores refulgentes que vuela sobre las cabezas incitando a cogerlo, y cuando alguien alza las manos y lo atrapa, sólo queda en ellas un montón de excremento.


Esta no es sino una parábola de la frustración y el desengaño repetidos, la forma en que la sabiduría popular se previene a sí misma de no dar crédito a las quimeras que toda la vida acabarán convertidas en detritus; pero, al fin y al cabo, es una advertencia contra la inutilidad del esfuerzo por cambiar las cosas, y es allí donde la moraleja se vuelve perversa. Siempre vamos a tener, al final, las manos llenas de excremento, y la belleza de los sueños cumplidos no existe.


Pero no es cierto que seamos el único país de América Latina condenado a la repetición del fracaso. No podemos aceptar que nuestra historia sea un juego de espejos donde una dictadura refleja a otra, donde un caudillo encuentra su sucesor en otro caudillo, donde una familia se entroniza en el poder sólo para dar paso a otra familia en el poder. Donde la democracia, las instituciones firmes, la justicia libre de trampas corruptas, la libertad de elegir a los gobernantes, serán siempre sólo un remedo, o una burla, una pantomima trágica.


Quizás lo que nos ha ocurrido, les digo a mis estudiantes, y ya nos apuramos porque nos anuncian la ceremonia de entrega de los diplomas, es que hasta ahora ha revoloteado sobre nuestras cabezas el pájaro falso. Hermoso, pero falso. El otro, el verdadero, hay que hacerlo entre todos, pluma por pluma. El que realmente nos merecemos. Y no me cabe duda que un día lo tendremos.


Santander, julio de 2015
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Sobre fronteras, resquicios y pliegues

El gran reservorio de la vida en el planeta se encuentra en aquellas formas de vida, de acción y de adaptación que no son inmediatamente visibles y evidentes.


La innovación se lleva a cabo generalmente en las fronteras. Y cuando se habla de educación de calidad y de investigación de punta, se dice entonces que se busca mover o ampliar las fronteras del conocimiento; o que se lo ha logrado.


En inglés la expresión es más precisa y hermosa que en español. Push back the frontiers of knowledge puede traducirse, al mejor estilo chicano, como "empujar de pa' atrás las fronteras del conocimiento". Con lo cual se expresa de qué se trata esto: ampliar los grados de libertad, ampliar el perímetro de pensamiento y de acción.


Los cambios, las innovaciones, las sorpresas proceden generalmente, en la naturaleza como en la historia, por vía de las comisuras, los pliegues, los resquicios. Usualmente, toda gran innovación en ciencia, en tecnología o en filosofía, por ejemplo, procede de sectores frescos, antes desconocidos, inesperados.


El gran resorte de la vida en el planeta, que son las bacterias, por ejemplo, anidan en los intersticios, y encuentran en las esquinas y bordes las mejores condiciones de existencia, a partir de las cuales, cuando sea el momento propicio, se lanzan hacia los valles y las montañas. Literalmente. Al fin y al cabo, las bacterias no atacan a los organismos. Por el contrario, los invaden y trabajan desde adentro.


En los grupos sociales, en las políticas alternativas, en el sentido más amplio de la palabra, no sucede algo distinto. Se resguardan en los trasfondos y esperan, mientras se fortalecen, para acceder a espacios amplios y abiertos. Si un organismo, un grupo o una idea innovadora, por ejemplo, se lanza de una vez a campo abierto, puede perder las oportunidades y acabar siendo destrozada o eliminada.


La resiliencia de la vida en el planeta no se encuentra propiamente en aquellas especies que pastean tranquilamente en valles y llanuras. En condiciones extremas, de riesgo o peligro, esas son las primeras en desaparecer. El gran reservorio de la vida en el planeta se encuentra en aquellas formas de vida, de acción y de adaptación que no son inmediatamente visibles y evidentes.


El mundo de la obviedad, de lo que va de suyo, de lo abiertamente público y manifiesto se asimila evolutiva y epistemológicamente al sentido común y la banalidad. En el mundo de la cultura, lo banal es grotesco por manifiesto y chabacano, mientras que la elegancia se asimila a lo sutil y a la no ostentación, a la finura y al disimulo.


En los resquicios y pliegues se encuban posibilidades y oportunidades. Higiénicamente, de enfermedad y patologías, pues es en esos rincones en donde los microorganismos de toda índole hallan las más idóneas condiciones de vida: parásitos, bacterias, virus, por ejemplo. Pero, evolutivamente, la vida se encona en los claroscuros, aprovecha la luz, pero juega con las sombras, y espera, mientras actúa adaptativamente.


Existe una teoría que hace de los pliegues y repliegues un motivo propio de estudio y de trabajo: la teoría de catástrofes. Desarrollada originariamente por R. Thom, la teoría de catástrofes es de origen matemático e identifica siete catástrofes, que son, literalmente, pliegues, ausencia de valles y linealidades, caídas súbitas y demás. Las catástrofes elementales fueron identificadas por Thom como pliegues o flexiones, cúspide, cola de milano, mariposa y tres tipos de ombligo: hiperbólico, elíptico y parabólico.


Así, debemos poder aprender más allá de la obviedad y lo evidente: un sano ejercicio de escepticismo, una duda razonable, un sano ejercicio de sospecha. Sospecha de lo público, lo abierto, lo común y universal, por ejemplo. En este sentido, los elementos que aporta la teoría de catástrofes resultan sugerentes: considerar discontinuidades, atender a las divergencias, en fin, la importancia de la(s) histéresis; esto es, que un fenómeno determinado no pueda volver a su condición inicial.


Lo mejor de la filosofía y la ciencia está alimentado no de doctrinas, escuelas y autores, no de tradiciones y afiliaciones, sino de radicales ejercicios de independencia, crítica y skepsis (duda). Al fin y al cabo, no son las doctrinas las que permiten y garantizan el cambio de la humanidad, sino, perpetúan estados de cosas sidos. El cambio tiene lugar gracias a la sospecha, la independencia, el criterio propio y una cierta capacidad de adaptación permanente teniendo como atractor extraño justamente a los pliegues y resquicios.


Las plantas, el fundamento verdadero de la vida en el planeta, por ejemplo, aprovechan la luz, pero se concentran en las sombras y las oscuridades. Hunden sus raíces en la tierra, se mueven, se comunican y reproducen, pero lanzan al aire las formas mediante las cuales ellas mismas pueden hacerse posible y con ello hacer posible a la trama entera de la vida: las ramas, hojas, flores y frutos.


Es sólo cuando es absolutamente necesario, o bien, cuando se presenta una oportunidad que tiene una clara ventaja selectiva, que un organismo y una especie se lanzan a terreno abierto y al descubierto. Conquistan espacios vacíos y se apropian y transforman las geografías a las cuales se adaptan.


Decía Mandelbrot, el padre de los fractales, que la naturaleza misma es imperfecta, esto es, literalmente, fractal. No se funda, en absoluto, en sólidos perfectos, en geometría euclidiana. Un triángulo no es una montaña y una elipsis no es una nube, decía. Los fractales constituyen un ejemplo maravilloso de naturalización del conocimiento. Lo mismo cabe decir de la teoría de catástrofes.


El tránsito de intersticios y pliegues a valles y montañas es un proceso de aprendizaje tanto como de oportunidad. En ambos se combinan la necesidad y el azar, y ambos tejen las facilidades y las dificultades de la vida. En todos los niveles y escalas. Con una salvedad: si se ha ganado o conquistado ya un valle, una meseta o un pico de una colina o montaña, nunca hay que dejar del todo abandonado un refugio entre los resquicios, los rincones y los bordes. En muchas ocasiones de allí venimos. O allí podemos encontrar un refugio pasajero o permanente, si llega a ser necesario.


Ahora bien, por definición no vemos los pliegues, resquicios, bordes y pliegues, pues estamos habituados a las transparencias y las obviedades. Y en muchas ocasiones, para verlos, debemos construirlos; o cambiar, por completo, la mirada.

Viernes, 10 Julio 2015 06:59

"El neodesarrollismo se agotó"

"El neodesarrollismo se agotó"

Brasil de Fato – ¿Cómo estás viendo el escenario político brasilero?


João Pedro Stedile – Brasil está pasando por un periodo histórico muy difícil y complejo. Lo que hemos discutido en las plenarias de los movimientos populares es que estamos pasando por tres graves crisis. Una es la crisis económica, con la economía paralizada, falta de crecimiento de la industria, señales de desempleo y caída en los ingresos de la clase trabajadora.


Otra es la crisis social, cuyos problemas, sobretodo en las grandes ciudades, como falta de vivienda, de transporte público, aumento de la violencia contra la juventud en las periferias y de millones de jóvenes que no están consiguiendo entrar en la universidad apenas aumentan. Los 8 millones de jóvenes que se inscribieron en el ENEM (examen nacional de enseñanza media, requisito obligatorio para entrar en las universidades públicas brasileras), por ejemplo, disputaron 1,6 millones de lugares. Y los que no entran, para dónde van?


La última es la grave crisis política e institucional, en que la población no reconoce la legitimidad y liderazgo en los políticos electos. Eso se debe al sistema electoral, que permite que las empresas financien sus candidatos. Para tener una idea, apenas las diez mayores empresas eligieron 70% del parlamento. O sea, la democracia representativa fue secuestrada por el capital, y eso generó una hipocresía de los electos y una distorción política insuperable. Eso se refleja en las pautas que el parlamento adopta y en las ideas que ellos defienden, que no tiene nada que ver con los electores. Por ejemplo: en la sociedad brasilera tenemos 51% de mujeres. Se presentó un proyecto para garantizar 30% de representación femenina, pero ellos bloquearon. Y, con eso, vamos a mantener apenas el actual 9%!


¿Cómo evalúa las propuestas que predominan en el debate público para superar este escenario?


Las clases dominantes, aquellas que poseen el poder económico en nuestra sociedad, son bastante inteligentes. No es en vano que gobiernan hace 500 años. Percibieron la gravedad de la crisis, y por eso abandonaron el pacto de alianzas de clase con los trabajadores, representado por la elección de Lula y Dilma, que resultó en el programa neodesarrollista.


El neodesarrollismo, como programa de gobierno, se agotó. Los sectores de la burguesía que hacían parte y se beneficiaban de ese programa salieron de escena, y apuestan ahora a otro programa. El programa de este sector para salir de la crisis es básicamente la defensa de Estado mínimo, utilizando máscaras como la disminución de ministerios, menos intervención del Estado en la economía, retiro de derechos laborales – con el objetivo de que el costo de la mano de obra disminuya y se retomen las altas tasas de ganancia, pudiendo competir mejor en el mercado mundial con la competencia. El tercer elemento es la realineación de la economía y de la política externa con Estados Unidos. Por eso critican las políticas de los Brics, de Unasur, de Mercosur y defienden abiertamente el regreso del Alca.


Ese es el programa de la clase dominante para salir de la crisis. No es otra cosa que la vuelta al neoliberalismo. Y para alcanzar estos objetivos accionan sus operadores políticos en los espacios que detentan hegemonía completa, como es el caso del Congreso Nacional, del Poder Judicial y de los medios de comunicación burgueses. Estos tres poderes están actuando permanentemente y de forma articulada entre si para que este programa sea implementado. Y el partido ideológico que está articulando esa unidad entre los tres espacios es la Red Globo.


El gobierno ha tomado diversas iniciativas de política económica, medidas provisorias y ajuste fiscal. ¿Cómo los movimientos están viendo estas iniciativas?


Para nosotros, el gobierno de Dilma no entendió la naturaleza de la crisis instalada, ni lo que está aconteciendo en la sociedad brasilera. Tampoco la disputa ideológica que se dio en el segundo turno de las elecciones, una tremenda lucha de clases.
El gobierno erró al montar un ministerio muy dependiente de partidos conservadores, que inclusive votan contra el gobierno en el parlamento. Llega a ser ezquizofrénica. Tal vez sea el peor ministerio desde la nueva república, y está resumiendo la crisis a un problema de déficit en el presupuesto. Sin embargo, el déficit en el presupuesto es apenas consecuencia de la crisis, y no adelanta tomar medidas paliativas. Tal como explicó el profesor Belluzzo, "el motor de la economía pifeó, y el gobierno está preocupado con la chapa y pintura". Por increíble que parezca, todas las medidas paliativas y las iniciativas que el gobierno tomó no sólo no resuelven la crisis citada, como tienden a agravarlas, porque quedan en la apariencia de los problemas y no van a las causas. Peor, muchas de las medidas, en especial las de economía, van en la dirección del programa de la burguesía, o sea, retiran derechos de los trabajadores. Aumentar la tasa de interés es todo que el sector hegemónico de los capitalistas quieren: ganar dinero con rentismo y con especulación. Si el gobierno no muda de rumbo, no muda su política económica y no toma iniciativas que coloquen el debate en la sociedad, de la necesidad de una reforma política profunda, continuará cayendo en la impopularidad y en la incapacidad de salir de la crisis.


En esa coyuntura compleja, ¿hay posibilidades de golpe?


Las clases dominantes, los capitalistas, los empresarios y la derecha, como campo ideológico, son muy diversos en una sociedad tan compleja como la nuestra. Por más que la Globo se esfuerce para darles unidad, no consiguen tener consenso en la forma de ver los problemas y en las propuestas para la salida de la crisis.


Es cierto que hay sectores más radicales de la derecha que quieren golpe, impeachment, hasta por el parlamento. Pero creo que una confusión institucional no interesa a los sectores empresariales. Lo que ellos quieren es que el gobierno asuma el programa de ellos. Solo eso. Por otro lado, los mismos motivos para tener proceso de impeachment para Dilma podrían ser aplicados a los gobernadores Geraldo Alckmin (PSDB), Beto Richa (PSBD), etc, lo cual generaría una confusión generalizada.
Infelizmente creo que el gobierno cayó en esa trampa. Y mismo asumiendo el programa de la clase dominante, las tres crisis no se resuelven. Por eso estamos en un periodo de confusiones que no se resolverá a corto plazo.


¿Y cuál es la propuesta de los movimientos populares frente a esta situación?


Por parte de los movimientos populares la situación también es compleja. Los movimientos y las fuerzas populares, que encuadran todas las formas organizativas, como partidos, sindicatos, movimientos sociales, pastorales, etc, no han tenido la capacidad de organizar una plataforma común, un programa único de salida de la crisis.


Tenemos ideas generales, en teoría, como, por ejemplo, el entendimiento de que apenas saliremos de la crisis económica si el gobierno abandona el superávit primario y, en lugar de pagar 280 mil millones de reales en intereses por año, invirtiera esos recursos públicos en la industria para generar empleos, en obras públicas de transporte, vivienda o educación.


Ya en la crisis política, solo iremos a superarla si tenemos una reforma política profunda. Son ideas
generales, en torno de reformas estructurales necesarias. Sin embargo, es necesario construir un programa que unifique todos los sectores sociales y de unidad a las acciones de movilización de masas.


Por ahora, apenas los sectores organizados de la clase trabajadora se están movilizando. El pueblo en general está quieto, mirando por televisión de forma asustada las noticias de la crisis y de la falta de alternativas.


De un lado, el pueblo ve todos los días a la burguesía tomando iniciativas contra el, y un gobierno inerte e incapaz. Y de nuestra parte, no conseguimos llegar hasta esa masa con nuestras propuestas, inclusive porque los medios de comunicación están controlados por la burguesía.


¿Cómo estás viendo el proceso de la operación "Lava-Jato" y las denuncias de corrupción que envuelven a las empresas y a Petrobras?


Hay muchos aspectos que envuelven este tema. Claro que existen personas y empresarios que se apropian personalmente de estos recursos e inclusive los envían para el exterior, y por lo tanto son corruptos.


Pero la corrupción en la sociedad brasilera es mucho más amplia. Está presente en la gestión de recursos públicos, que envuelven políticos de todos los partidos y otros sectores sociales.


Cuando un profesor de la USP con dedicación exclusiva abre un escritorio de consultoría, o tiene un segundo empleo, el también está siendo corrupto. Pero todo eso lo resolveremos con procesos de participación popular en la gestión de los recursos públicos y métodos permanentes de fiscalización por parte de la sociedad.


Pero el caso más patético del "Lava-Jato" es que culpan a este o aquel. El problema de fondo es el método de las elecciones. Mientras haya financiamiento de las empresas en las campañas electorales habrá "Lava-Jato".


La solución real no es apenas querer arrestar fulan o mengano, es cambiar el sistema. Precisamos de una reforma política profunda. El Congreso ya dio varias pruebas, inclusive en las últimas semanas, que no quiere mudar nada. La única salida sería convocar una asamblea constituyente exclusiva, que haga la reforma del sistema político brasilero. Claro que la realización de un plebiscito popular, que legalice la convocatoria de la asamblea, solamente llegará si las masas salen a las calles a luchar por la asamblea constituyente. O sea, va a depender de una nueva correlación de fuerzas. Pero esa es la única salida política para combatir la corrupción.


También es importante resaltar que todas las entidades de abogados y jueces han denunciado los abusos de poder del Juez Sérgio Moro, extrapolando sus funciones y utilizando, junto a los medios de comunicación, la fuga de informaciones, de denuncias premiadas y prisiones con claro sesgo partidario.


No se ve la misma divulgación, empeño y ninguna prisión en casos semejantes de corrupción de los trenes de San Pablo, por ejemplo, o en el caso del conocido "mensalão mineiro", o mismo de las estafas practicadas por el gobierno de Aécio/Anastasia en las empresas estatales de Furnas y Cemig, en Minas Gerais.


El juez Moro se prestó a alimentar un odio de la clase media contra los petistas, como si todos estuvieran envueltos con corrupción, todos fuesen culpables, cuando el verdadero culpable es el sistema electoral, que ellos no quieren mudar.
¿Y cómo evalúas el proyecto del senador Serra (PSDB), que retira a Petrobras del pré-sal?


El proyecto de Serra, en debate en el Senado, es la prueba más cabal de como los parlamentares de la derecha aplican el programa de la burguesía en el Congreso Nacional para salir de la crisis.


El proyecto retira de Petrobras la prioridad de explorar el pré-sal. Es todo lo que las empresas transncionales precisan, ya que no será más necesario gastar con investigación, dado que se sabe dónde está el petróleo. No hay ningún riesgo, basta ir y buscarlo.


En un país continental como el nuestro, el Estado brasilero no tiene ninguna condición de fiscalizar lo que las empresas harían en alta mar, ni para dónde y cuánto petróleo llevarían.


Si Petrobras está atravesando dificultades financieras y no puede operar todos los pozos, es preferible que vaya más suave con la explotación de reservas, garantizando que todo el pueblo brasilero tenga el control sobre ellas.


Y claro, es preciso que los trabajadores de Petrobras tengan mayor participación en la gestión de la empresa, sino acontece lo mismo que con el mineral de hierro, cuando Fernando Henrique Cardoso privatizó la Vale do Rio Doce y entregó gratuitamente a los capitalistas estadounidenses.


Hoy, se exportan miles de millones de toneladas de hierro por año, y el pueblo brasilero no tienen ningún beneficio con esa riqueza natural, aunque según la constitución debería ser utilizada en beneficio del bienestar de toda la población.


Espero que el Senado tenga juicio y rechazar ese proyecto, o mismo que la presidenta lo vete después, y que los petroleros se mantengan movilizados y en lucha por la defensa de Petrobras.


¿Cuáles son las iniciativas que los movimientos populares están tomando para posicionarse en esa coyuntura?


Estamos haciendo todos los esfuerzos para construir plenarias unitarias entre todos los frentes de masa, principalmente en los estados, y estimular a los sectores organizados que luchen. En algunos estados esa unidad es más visible, como pasó con la lucha de los profesores en Paraná y Minas Gerais.


A nivel nacional, las centrales sindicales, en especial la CUT (Central Única de Trabajadores), ha hecho el esfuerzo de coordinar las iniciativas de movilización de la clase trabajadora en defensa de sus derechos. Y existe una disposición, caso avance el proyecto de tercerización, de realizar una huelga general en todos los sectores de la economía, para boicotear esa medida que hace parte del proyecto de la burguesía.


Creo que ya hay una unidad bastante grande y disposición de lucha en defensa de los derechos de los trabajadores, pero todavía no avanzamos para construir un programa alternativo para la clase.


Ustedes también están proponiendo un frente político, que está siendo llamado de Grupo Brasil. El tema de los frentes amplios o frente de izquierda ha aparecido. ¿Cómo el MST está viendo estas propuestas?


Estamos viendo la necesidad de construir dos espacios complementarios de frentes, de unidad. Un frente de lucha de masas, que la CUT y los movimientos populares están halando.


Sin embargo, eso no es suficiente. Es necesario otro frente político, que consiga aglutinar los movimientos populares, partidos, entidades, pastorales e intelectuales para debatir un proyecto para Brasil. O sea, un frente que no es ni partidaria, ni electoral. Es un frente político para pensar el futuro y tener un proyecto alternativo al de la burguesía.


Claro que en la construcción de ese frente existen diferentes opiniones e iniciativas. Es probable que tengamos hasta varios frentes políticos. Tal vez no sea posible tener unidad en ese campo, ya que las ideologías, intereses de partidos y vanidades personales a veces se sobreponen a la necesidad de la unidad. Y hace parte de la lucha de clases esa diversidad.


Como MST, estamos apostando en un frente político, popular y nacional que aglutine todas las fuerzas que votaron en Dilma en el segundo turno. Esa es una referencia ideológica. Probablemente sectores más a la derecha o más a la izquierda no quieran participar. No porque no querramos, sino porque tienen un proyecto diferente.


Hay una propuesta de realizar, en setiembre o en torno a la semana de la patria, una grande plenaria nacional en Minas Gerais, que reúna representantes, militantes de todas las fuerzas populares (partidos, sindicatos, movimientos populares, pastorales e intelectuales) para debatir un programa popular para enfrentar a la derecha y a la crisis.


Y en la Reforma Agraria, ¿cuál es el análisis que el movimiento está haciendo de las medidas del gobierno Dilma?


La Reforma Agraria también está paralizada, como parte de esta crisis, de falta de un proyecto de país. Felizmente hubo cambios en el Ministerio de Desarrollo Agrario y en el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria), y tenemos compañeros serios y comprometidos con la Reforma Agraria, lo cual nos ayuda mucho a resolver problemas pendientes, el pasivo de estos últimos diez años.


Tenemos 120 mil familias acampadas que el gobierno precisa asentar. Tenemos un déficit de más de 100 mil casas en los asentamientos, falta de asistencia técnica, y los proyectos de agroindustria están parados. Si el señor Levy (Ministro de Economía) no molesta, creo que esos problemas emergenciales serán resueltos por el nuevo equipo.


Sin embargo, lo que está colocado es la necesidad de un nuevo proyecto de Reforma Agraria, en aquello que llamamos de Reforma Agraria Popular, que se basa en los nuevos paradigmas que van más allá de la necesaria democratización de la propiedad de la tierra.


También precisamos organizar una producción que priorice el cultivo de alimentos saludables a toda la población. La matríz tecnológica debe volcarse para la agroecología, instalar agroindustrias y cooperativas en todos los asentamientos como forma de aumentar el empleo y los ingresos de los asentados.


Precisamos democratizar la educación y ampliar el acceso a la escuela en todos los niveles. Y para que ese nuevo proyecto de Reforma Agraria se realice, dependerá del programa y de la movilización de toda la clase trabajadora. El MST y los sin tierra solos no consiguen avanzar más.


De ahí nuestro esfuerzo de envolvernos con otras articulaciones políticas y populares, ya que el avance de la Reforma Agraria Popular depende de los cambios generales, de las reformas estructurales de la sociedad brasilera.


Usted está yendo para el encuentro de los movimientos populares de América Latina con el Papa Francisco, en Bolivia. ¿Cómo será ese nuevo encuentro?


Desde la elección del Papa Francisco, por iniciativa de el, hemos construido canales y puentes de interlocución. Hicimos seminarios en el Vaticano para debatir temas de la desigualdad. Elaboramos un documento sobre el peligro de los transgénicos y agrotóxicos.


Quedamos bastante contentos con la nueva encíclica del Papa, sobre ecología, en la cual incorpora varios debates que han acontecido en los movimientos campesinos y entre los científicos comprometidos con la verdad. En octubre de 2014 realizamos el encuentro en el Vaticano entre el Papa y 180 líderes populares del mundo entero.


Ahora estamos dando secuencia a ese diálogo, y vamos a reunir 1500 líderes de toda América Latina para debatir con el, en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.


Aquí de Brasil estamos yendo con 250 delegados. Nuestra delegación está dividida siempre entre los tres sectores de los movimientos populares: tierra (campesinos), techo (lucha por la vivienda) y trabajo (sectores sindicales y populares que se organizan entorno al trabajo).


Tengo certeza que el encuentro será muy provechoso, y pretendemos sacar una carta común de compromiso entre los movimientos populares y el Papa Francisco, como representante máximo de la comunidad de los millares de católicos de todo el mundo.


Las posiciones del Papa en los diferentes temas en que ya se ha posicionado ha sido una grata sorpresa para todos, no solo para los movimientos populares, sino para la sociedad en general. En Roma defendió tres tesis fundamentales, como un programa mínimo para salvar la humanidad: "Ningún campesino más sin tierra. Ninguna familia sin una casa digna, y ningún trabajador sin trabajo y sin derechos". Creo que ahora vamos a avanzar hacia nuevos temas.


Traducción1 de la entrevista realizada a João Pedro Stédile, líder del MST (Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra), por Brasil de Fato.


Link entrevista: http://www.brasildefato.com.br/node/32389


1 Traducción del portugués de Angela Garofali Patrón, Economista.

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La izquierda latinoamericana se mueve a la derecha

En más o menos los últimos 15 años hemos visto la ocurrencia de un importante viraje en la orientación política de América Latina. En un gran número de países los partidos de izquierda llegaron al poder. Sus programas han enfatizado la redistribución de los recursos para auxiliar a los segmentos más pobres de la población. Han buscado también crear y fortalecer aquellas estructuras regionales que incluyeran a todos los países de América Latina y el Caribe, pero excluyendo a Estados Unidos y Canadá.


De inicio, estos partidos tuvieron el logro de reunir a múltiples grupos y movimientos que buscaban apartarse de los partidos tradicionales orientados a la política de derecha y a los vínculos cercanos con Estados Unidos. Buscaron probar, como afirma el lema del Foro Social Mundial, que otro mundo es posible.


Los iniciales entusiasmos colectivos comenzaron a desvanecerse en múltiples frentes. Elementos de la clase media comenzaron a sentirse más y más perturbados no sólo por la rampante corrupción en los gobiernos de izquierda, sino también por los modos más y más ásperos en que estos gobiernos tratan a las fuerzas de oposición. Este viraje a la derecha de algunos simpatizantes iniciales de un cambio de izquierda es normal, en el sentido de que es común que esto ocurra en todas partes.


No obstante, estos países enfrentan un problema mucho más importante. Hay, y siempre ha habido, esencialmente dos izquierdas latinoamericanas, no una. De ellas, una está compuesta por aquellas personas y aquellos movimientos que desean remontar los más bajos estándares de vida en los países del Sur, utilizando el poder del Estado para modernizar la economía y, por tanto, ponerse al corriente respecto de los países del Norte.


La segunda, bastante diferente, está compuesta por aquellas clases más bajas que temen esa modernización, que no mejorará las cosas sino que las pondrá peor, al incrementar las brechas internas entre los más acomodados y los estratos más bajos del país.


En América Latina, este último grupo incluye las poblaciones indígenas, es decir, aquellas cuya presencia data de antes de que varias potencias europeas enviaran sus tropas y sus colonos al hemisferio occidental. También incluye a las poblaciones afrodescendientes, es decir, a quienes fueron traídos de África como esclavos por los europeos.


Estos grupos comenzaron a hablar de promover un cambio civilizatorio basado en el buen vivir. Estos segmentos sociales arguyen en favor del mantenimiento de modos tradicionales de vida controlados por las poblaciones locales.
Estas dos visiones –la de la izquierda modernizante y la de quienes proponen el buen vivir– pronto comenzaron a chocar, a chocar seriamente. Así, si en las primeras elecciones que ganó la izquierda las fuerzas de izquierda contaron con el respaldo de los movimientos de las capas empobrecidas, eso ya no fue cierto en las subsecuentes elecciones. ¡Muy por el contrario! Conforme transcurrió el tiempo, los dos grupos hablaron más y más acremente y dejaron de comprometerse unos con otros.


El resultado neto de esta partición es que ambos grupos –los partidos de izquierda y las clases más bajas– se movieron a la derecha. Los representantes de las clases más bajas se vieron aliados de facto con las fuerzas derechistas. Su demanda central comenzó a ser el derrocamiento de los partidos de izquierda, sobre todo del líder. Esto fue algo que podría haber resultado, con toda claridad, en el advenimiento al poder de gobiernos derechistas que no están más interesados en el buen vivir que los partidos de izquierda.


Entretanto, los partidos de izquierda promovieron políticas desarrollistas que ignoraron en grado significativo los efectos ecológicos negativos de sus programas. En la práctica, sus programas agrícolas comenzaron a eliminar a los pequeños productores agrícolas, que habían sido la base del consumo interno, en favor de las estructuras megacorporativas. Sus programas comenzaron a semejar, de muchas maneras, los programas de los previos gobiernos de derecha.


En resumen, el progreso de la izquierda latinoamericana, tan notable en años recientes, se está desbaratando por la amarga lucha emprendida entre las dos izquierdas latinoamericanas. Aquellas personas y grupos que han intentado alentar un diálogo significativo entre las dos izquierdas han constatado que no son bienvenidos por ninguno de los dos bandos. Es como si ambos lados dijeran, están con nosotros o están contra nosotros, pero no hay camino intermedio. Es muy tarde, pero tal vez no sea demasiado tarde para que ambas partes revaloren la situación y rescaten de la destrucción a la izquierda latinoamericana.
Traducción: Ramón Vera Herrera


© Immanuel Wallerstein

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Lunes, 06 Julio 2015 14:54

El descubrimiento del movimiento

El movimiento que la burguesía vio por primera vez en la historia de la humanidad occidental fue denominado como "revoluciones"; y, más exactamente, como revoluciones del orbe celeste. En otras palabras, se trató de la idea de movimiento cíclico, regular, periódico.

Puede decirse, en categorías históricas, que la primera vez que la humanidad vio el movimiento y se lo apropió consiguientemente fue con la burguesía. En efecto, la burguesía es la primera clase social que ve el movimiento. Antes, con la única excepción de Heráclito —quien nunca figuró, en absoluto, en las primeras líneas de la filosofía y del pensamiento occidental—, primó la estabilidad, la quietud; dicho filosóficamente: el ser.


La forma en que la burguesía descubre el movimiento es, antecedidos por Descartes, gracias a Galileo, Copérnico, Kepler y Newton. Ese movimiento configura toda la modernidad y la corriente principal de pensamiento hasta nuestros días. Pues bien, las herramientas para comprender y explicar el movimiento fueron, oportunamente, el cálculo —el cálculo diferencial y el cálculo integral— y, posteriormente, la estadística ("ciencia del estado"), con todas sus variables y subcapítulos, principalmente.


El movimiento que la burguesía vio por primera vez en la historia de la humanidad occidental fue denominado como "revoluciones"; y más exactamente, como revoluciones del orbe celeste. En otras palabras, se trató de la idea de movimiento cíclico, regular, periódico. Correspondientemente, el movimiento fue conceptualizado en la forma de "dinámica" y de "sistemas dinámicos", una expresión que corresponde, propiamente hablando, a la física clásica o la mecánica celeste.


Así las cosas, la naturaleza, el mundo y la sociedad fueron subsiguientemente explicados en términos de movimientos pendulares, sistemas dinámicos, ciclos (por ejemplo en economía, ciclos de producción y ciclos de crisis), períodos (acaso períodos de gobierno), y demás. Como consecuencia, la mecánica clásica permeó a todas las ciencias que nacieron en la modernidad, incluyendo, desde luego, a las ciencias sociales y humanas. En efecto, en política, por ejemplo, los conceptos clásicos son todos de origen físico: masa, poder, fuerza, movimiento, acción–reacción, caída libre, inercia. Posteriormente se agregarían otros conceptos de cuño físico, como energía, potencia, fricción, rozamiento, y aceleración y desaceleración, por ejemplo; estos últimos muy en boga en economía y finanzas en los últimos tiempos.


Como se observa, el movimiento fue descubierto, hablando históricamente, por la burguesía, pero inmediatamente ese movimiento fue interpretado en términos de sistemas físicos —inertes, por tanto—, para lo cual se desplegaron numerosas herramientas de control, predicción y manipulación del movimiento. Ésta configura la historia que desde el siglo XVI corre, grosso modo, hasta nuestros días. Todo lo demás, son detalles.


Sin embargo, por numerosos caminos, de manera anodina, la segunda mitad del siglo XX hizo el aprendizaje de otras clases de movimiento, que ya no eran periódicos, cíclicos o regulares. En términos sociales, se trata de la crisis financiera de 1929 hasta la Blitzkrieg de Hitler en la Segunda Guerra Mundial; desde la caída del muro de Berlín, anticipados por la Perestroiska y el Glasnot, hasta la crisis del sistema financiero a partir de 1998 con sus diversas fases y expresiones: la crisis de las "punto.com", de las hedge funds, las subprime, la crisis del sistema hipotecario, la crisis del techo de la deuda de Estados Unidos, la crisis del sistema financiero, la crisis y recuperación de los países (PIGS; acrónimo para "cerdos"): Portugal, Irlanda, Grecia y España.


Y ello para no hablar de la crisis que significó Chernóbil, la crisis de Fukushima, en Japón, o los terremotos, tifones, huracanes y tornados alrededor del mundo, por mencionar tan solo los ejemplos más conocidos.


Pues bien, el final del siglo XX y lo que va del XXI hicieron el descubrimiento de un tipo de movimiento para el cual la burguesía, como clase histórica, y su ciencia, no estaban preparadas. Se trata de movimientos súbitos, imprevistos, irreversibles, incontrolables. Los nombres que se adscribieron a esta clase de movimientos son conocidos ya hoy en día: caos, catástrofes, sistemas no–lineales, sistemas alejados del equilibrio, redes libres de escala, fractales, redes complejas. En correspondencia con ello, fueron descubiertas otras clases de disciplinas, enfoques y conceptos, tales como emergencia, autoorganización, e inteligencia de enjambre, entre otros.


A todas luces, a partir de los años 1970 hasta la fecha, emerge un conjunto de nuevas ciencias dedicadas al estudio de esa clase de movimiento de los cuales no podía ni puede ocuparse la burguesía: movimientos caracterizados por inestabilidades, fluctuaciones, turbulencias, no–linealidad, por ejemplo.


Pues bien, es sobre esta clase de movimientos que se ocupan las ciencias de la complejidad, que son un tipo de ciencia perfectamente distinto de la ciencia clásica o de la modernidad. Sin ambages, las ciencias de la complejidad corresponden a una fase perfectamente distinta de la historia de la humanidad. No ya aquella que se concentra en el orden, el equilibrio y la estabilidad. Tampoco aquella se ocupa de movimientos cíclicos, periódicos, previsibles y regulares.


La gran prensa, la ciencia normal, la corriente principal de pensamiento, o como se los quiera denominar: (a) hace un acto de negación ante las dinámicas no–lineales, impredecibles, súbitas e irreversibles; o bien, (b) se esfuerza por explicarlas en términos de ciclos más amplios o más angostos, de movimientos pendulares más largos o más breves, y así sucesivamente.


La crisis del mundo es, manifiestamente, una crisis de pensamiento; adicionalmente. Negarse a ver lo evidente, negarlo, o desviar la atención de la impredecibilidad y las dinámicas que no pueden ser controladas en manera alguna es el objeto propio de la educación y la ciencia normales, y de sus áulicos, la gran prensa, la publicidad y la propaganda.


Hoy, como ayer (por ejemplo, en el siglo XIX), conviven tres corrientes de pensamiento, así: unos se obstinan en la idea de equilibrio (= fijismo): "Nada es nuevo bajo el sol, y todo es nuevo bajo el sol"; "vino viejo en tonel nuevo", y demás expresiones semejantes. Estos abogan por el ser, el equilibrio, la estabilidad y la continuidad de lo mismo. Otros, ven las dinámicas pero las mecanizan y las explican de forma analítica, y así, las pierden de vista y son incapaces de comprenderlas y explicarlas. Y finalmente, una tercera corriente se da a la tarea, denodada, de explicar la sorpresa, la novedad, el cambio, las fluctuaciones y las inestabilidades, en fin, la importancia de la impredecibilidad, y aprovechar semejante complejidad. Los primeros representan el pasado. Los segundos, el poder y el statu quo. Los terceros apuntan hacia ciencia revolucionaria y revolución en el mundo.


Nuestra época descubre y asiste al mismo tiempo a un tipo de movimiento jamás concebido en la historia de la humanidad. Movimiento súbito, imprevisto, impredecible, no cíclico, regular o periódico, en un fin, un movimiento no–lineal. Así las cosas, más nos vale dirigir la mirada hacia las formas de explicar, comprender y aprovechar las dinámicas caracterizadas por complejidad creciente. Sin grandilocuencias, una buena parte de nuestra historia futura dependerá de ello.

La protesta contra los partidos predominantes

En los países donde existen elecciones impugnadas, comúnmente hay dos partidos predominantes que se consideran cercanos al centro o en los alrededores de la visión de los votantes en dicho país. En los últimos años ha habido un número relativamente grande de elecciones donde un movimiento de protesta gana la elección o por lo menos gana los suficientes escaños como para que deba conseguirse su respaldo de modo que pueda gobernar un partido predominante.


El ejemplo más reciente de esto es Alberta, en Canadá, donde el Nuevo Partido Democrático (NPD), compitiendo en una plataforma razonablemente hacia la izquierda, de un modo inesperado y sorprendente, desbancó del poder a los Conservadores Progresistas, partido de ala derecha que había gobernado la provincia sin dificultad por muy largo tiempo. Lo que hizo de este hecho algo más sorprendente fue que Alberta tiene la reputación de ser la más conservadora provincia de Canadá, y es la base del primer ministro canadiense, Stephen Harper, en el cargo desde 2006. El NPD ganó inclusive 14 de 25 escaños en Calgary, la residencia y bastión del propio Harper.


Alberta no es el único caso. El Partido Nacional Escocés (PNE) arrasó en las elecciones en Escocia, tras una historia de ser un partido marginal. El ultraderechista partido polaco Justicia y Ley derrotó al candidato de lo que se había considerado un partido conservador pro-negocios, la Plataforma Cívica. Syriza, en Grecia, haciendo campaña con una plataforma anti-austeridad, está ahora en el poder, y el primer ministro, Alexis Tsipras, lucha por alcanzar sus objetivos. En España, Podemos, otro partido que combate la austeridad, de manera constante sube en las encuestas y parece empeñado en dificultar –si no es que impedir– que permanezca en el poder el gobierno del partido conservador, el Partido Popular. India está celebrando un año en el poder de Narendra Modi, que compitió en una plataforma que se dedicó a desbancar del poder a los partidos y las dinastías del establishment.


Estas plataformas de protesta, todas, tienen algo en común. Todas utilizaron una retórica de campaña que podríamos llamar populista. Esto significa que aseguraron estar luchando contra las élites del país, aquellas con demasiado poder que ignoran las necesidades de una vasta mayoría de la población. Estas plataformas enfatizaban las brechas (en salud y bienestar) entre las élites y todos los demás. Deploraban la caída del salario real de los estratos medios. Enfatizaron la necesidad de proporcionar empleos, usualmente en instancias en las que ocurría un aumento significativo del desempleo.


Además, estos movimientos de protesta siempre señalaron la corrupción en los partidos en el poder y prometieron ponerle un freno, o al menos reducirlo. Y todo esto, junto, lo presentaron como un llamado al cambio, a un real cambio.


No obstante, tenemos que mirar más de cerca estas protestas. No son, de ningún modo, parecidas. De hecho, hay una división fundamental entre ellas, algo que notamos tan pronto como miramos el resto de su retórica. Algunos de estos movimientos de protesta se sitúan a la izquierda –el NPD en Alberta, Syriza en Grecia, Podemos en España, el PNE en Escocia. Y algunos están claramente a la derecha: Modi en India, el Partido Justicia y Ley en Polonia.


Quienes se sitúan a la izquierda enfocan sus críticas, centralmente, en torno a aspectos económicos. Los situados a la derecha primordialmente hacen aseveraciones nacionalistas, por lo común con énfasis xenófobo. Aquellos a la izquierda quieren combatir el desempleo con políticas gubernamentales que promuevan la creación de empleos, incluida, por su puesto, una mayor colecta fiscal entre los más acaudalados. Quienes se sitúan a la derecha quieren combatir el desempleo evitando la migración, aun al punto de expulsar a los migrantes.


Una vez en el poder, a estos movimientos de protesta –sean de izquierda o derecha– les resulta muy difícil cumplir las promesas populistas que hicieron para resultar electos. Las grandes corporaciones tienen instrumentos importantes con los cuales limitar las medidas que se tomen contra ellas. Actúan a través de esta entidad mítica llamada mercado, auxiliadas e instigadas por otros gobiernos e instituciones internacionales. Los movimientos de protesta encuentran que, si empujan muy duro, el ingreso del gobierno se reduce, por lo menos en el corto plazo. Pero para quienes votaron por ellos, el corto plazo es la medida de su aprobación continua. El día de gloria de los movimientos de protesta corre el riesgo de estar muy limitado. Así que entran en arreglos, lo que enoja a la mayoría militante de sus simpatizantes.


Uno debe recordar siempre que los simpatizantes de un cambio en el gobierno son siempre una multitud abigarrada. Algunos son militantes que buscan un extenso cambio en el sistema-mundo y en el papel que su país juega en éste. Algunos sólo están hartos de los partidos predominantes tradicionales, que son vistos como que se cansaron y dejaron de ser responsivos.

Algunos dicen que un nuevo grupo en el poder no puede hacer nada peor que quienes estaban antes. En resumen, estos movimientos de protesta no son un ejército organizado, sino una inestable alianza flotante de muchos grupos diferentes.
Son tres las conclusiones que podemos extraer de esta situación. La primera es que los gobiernos nacionales no tienen un poder ilimitado para hacer lo que quieren. Están en extremo constreñidos por la operación del sistema-mundo en su totalidad.


La segunda conclusión es que, no obstante, pueden hacer algo para aliviar los pesares de las personas ordinarias. Pueden hacerlo, precisamente mediante reasignaciones del ingreso vía impuestos y otros mecanismos. Tales medidas minimizarán las penurias de quienes son los beneficiarios. Los resultados pueden solamente ser temporales. Pero de nuevo les recuerdo que vivimos todos en el corto plazo y que cualquier ayuda que podamos obtener en el corto plazo es un avance, no un retroceso.


La tercera conclusión es que si un movimiento de protesta va a ser un participante serio en el cambio del sistema-mundo no debe limitarse a un populismo cortoplacista, sino que debe involucrarse en una organización de mediano plazo que afecte la lucha mundial en este periodo de lucha sistémica y de transición a un sistema-mundo alternativo, uno que ya comenzó y está en curso.


Es solamente cuando los movimientos de protesta de izquierda aprenden cómo combinar las medidas de corto plazo, que minimizan las penurias, con los esfuerzos de mediano plazo por inclinar la lucha bifurcada en pos de un nuevo sistema, que podremos tener la esperanza de arribar al resultado que deseamos: un sistema-mundo relativamente democrático y relativamente igualitario.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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Martes, 26 Mayo 2015 07:39

La "indignada" de Barcelona

La "indignada" de Barcelona

Colau, activista de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, anunció que terminará con los desalojos y los cortes de luz y de agua que golpean a los sectores más necesitados. Sus rivales la tachan de populista y radical.

 

La gran ganadora de la izquierda española y la futura intendenta de Barcelona, Ada Colau, anunció ayer que no bien asuma el cargo terminará con los desalojos y los cortes energéticos y de agua que golpean a los sectores más necesitados, promesas que sus aliados de Podemos impulsan para el resto del país.


"Ahora la ciudad de Barcelona es injusta, hay ciudadanos de primera y de segunda. Nosotros aprobaremos un plan de choque de 30 medidas, entre las que se incluye acabar con los desahucios (desalojos), con la pobreza energética, generar trabajo de calidad y luchar contra la corrupción", prometió Colau, la dirigente social que se convertirá en la primera intendenta "indignada" de Barcelona.


Avalada por su activismo en contra de los desahucios (desalojos), Colau fue escogida para liderar la candidatura Barcelona en Comú, una amalgama de varios partidos de izquierda nacidos al calor de las protestas de los Indignados, como Podemos.


Tachada de populista, inexperta y radical por sus rivales, esta mujer de 41 años consiguió un 25,21 por ciento de los sufragios y 11 concejales para hacerse con el ayuntamiento de la segunda ciudad más poblada de España, con 1,6 millón de habitantes. Colau superó al actual alcalde conservador nacionalista Xavier Trias, que obtuvo diez ediles.


"Es una noche increíble, impensable hace un año. Gracias por demostrar que la gente de abajo, de los barrios populares, nos podemos organizar y podemos ganar", dijo tras su victoria.


De facciones redondeadas y pelo corto y ondulado, su rostro no era anónimo. Su liderazgo de la PAH (Plataforma de Afectados por las Hipotecas), una organización contra los desahucios de familias que no podían pagar la hipoteca, ya la habían convertido en una heroína entre los más afectados por la crisis. Y sus primeras medidas de gobierno deberían ser para ellos: paralizar los desahucios en la ciudad, ceder pisos vacíos a alquileres sociales, forzar a las compañías a reducir las tarifas del agua, la luz o el gas o introducir una renta de 600 euros para las familias en riesgo de pobreza.


Durante la campaña, recorrió a fondo las zonas más empobrecidas de esta turística ciudad mediterránea que esconde grandes diferencias entre los barrios ricos y pobres, agravadas por la crisis.


Sin pasado político ni militancia en ningún partido, Colau quiere acabar con los "privilegios" de los dirigentes. Así, se bajará el sueldo a 2200 euros mensuales –contra 143.000 anuales del actual alcalde nacionalista conservador Xavier Trias–, reducirá los coches oficiales y limitará los mandatos a dos legislaturas.


Se mueve en transporte público, viste camiseta y jeans. Además, vive en casa de alquiler con su compañero, también activista, y su hijo Luca, de cuatro años, que con poco más de un año ya sabía decir "sí, se puede", uno de los lemas de los Indignados inspirado en el "Yes, we can" de Barack Obama.


Estudiante de Filosofía, dejó la carrera cuando estaba a punto de terminarla para ayudar económicamente a su familia. Sus inicios fueron precarios: encuestadora, azafata, profesora particular hasta 2007, cuando entró en un centro de estudios económicos y sociales.


"El sueldo más alto que he tenido ha sido de 1500 euros", dijo recientemente. Cuarta hija de un diseñador gráfico y una comerciante, separados después, Colau nació el 3 de marzo de 1974 en Barcelona, pocas horas antes de que fuera ejecutado el último reo de la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), un conocido anarquista catalán.


"Mi madre me lo recuerda cumpleaños tras cumpleaños y eso marcó mi compromiso con la lucha por el cambio social", dice ella. De su mano asistió a su primera manifestación con sólo cinco años, un hábito del que ya no se desprendería.


Participó en sindicatos estudiantiles, movimientos antiglobalización, protestas en contra de la guerra de Irak y, sobre todo, asociaciones para reivindicar el derecho a la vivienda. Su trabajo desde la PAH, denunciando los excesos del sector bancario "en connivencia" con la clase política y frenando más de mil desahucios, le valió una agria animadversión del gobernante Partido Popular, que la calificó incluso de "terrorista", pero también le consiguió el Premio Ciudadano Europeo 2013 del Parlamento Europeo.


Ahora entrará en las esferas del poder que tanto había criticado. Asegura que lo hace con la intención de convertir Barcelona en "la punta de lanza de un cambio democrático en España y el sur de Europa".


EL PRESIDENTE ESPAñOL ADMITE EL DESPLOME, PERO DESCARTA HACER NINGUN TIPO DE CAMBIO EN SU GESTION


El poder de Rajoy en manos de la izquierda


La permanencia del Partido Popular en el gobierno de seis regiones depende de los acuerdos que alcancen, principalmente, los socialistas y Podemos tras los comicios de este domingo. Los resultados dibujan una España que cambia de bando.

 

Por Flor Ragucci
Página/12 En España
Desde Barcelona


Los innumerables casos de corrupción, los recortes sociales en respuesta a la crisis económica y el retroceso en derechos humanos que trajo consigo leyes sacadas en solitario como la "mordaza" hicieron que en las urnas gran parte de la población española tomara una decisión: no más mayorías absolutas del Partido Popular (PP) en el gobierno.


Así lo demuestra la pérdida de 10,5 puntos y más de 2,4 millones de votos del grupo de Rajoy en las elecciones municipales y regionales celebradas este domingo, con respecto a las anteriores, de 2011. Y así no le quedó más remedio que reconocerlo al presidente Mariano Rajoy en su primera aparición ante los medios tras los comicios. "Los resultados de ayer (por el domingo) no son los que nos hubiera gustado tener", admitió el primer mandatario, con seriedad.


Los conservadores no lograron mantener ninguna de las mayorías absolutas que hasta ahora tenían en ocho comunidades y su perpetuidad en el poder pende de un hilo, el que tejan los partidos de izquierda, que en las diferentes autonomías y ciudades le pisaron los talones en escaños. El PP ganó, sí, en número de votos, pero su diferencia mínima con el Partido Socialista (PSOE) –del que se aleja sólo por menos de dos puntos– no le alcanza para hacer frente a la potente irrupción de las nuevas candidaturas en las principales ciudades y en sus más sagrados bastiones.


"La victoria es incuestionable, pero hemos sufrido una notable pérdida de votos y no podemos estar satisfechos. Negarlo sería tan absurdo como negar que hemos ganado las elecciones", afirma Rajoy, apelando al hecho de haber sido la lista más votada, que su grupo utilizó como tabla de salvación el domingo al finalizar el recuento.


Los resultados de las elecciones dibujan una España que está a punto de cambiarse de bando y girar hacia la izquierda. Si PSOE y Podemos llegan a un pacto, el PP podría quedarse sin las intendencias de capitales clave, como Madrid, Valencia y Valladolid. También gracias a los posibles acuerdos entre estas formaciones, las comunidades de Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Valencia y Extremadura dejarían de estar bajo el control de los populares. Las únicas cuatro regiones a las que aún puede aspirar el partido de Rajoy son Madrid, Castilla y León, La Rioja y Murcia, pero sólo si Ciudadanos –la otra formación emergente que pisó fuerte en estos comicios– se resuelve a pactar con él.


El símbolo de la renovación política en España puede verse, principalmente, en el éxito cosechado por las plataformas herederas del 15M en sus dos ciudades más importantes: Madrid y Barcelona. En la capital, Manuela Carmena encabezó una candidatura ciudadana que, enarbolando los ideales de los Indignados, consiguió veinte concejales, sólo uno menos que Esperanza Aguirre, la elegida por Rajoy. Este resultado deja a las puertas de la intendencia a Ahora Madrid, una confluencia de izquierdas apoyada por Podemos que destronaría al PP, tras veinticuatro años ininterrumpidos de gobierno.


Ayer, en su primera lectura de los comicios ante la prensa, Manuela Carmena se mostró confiada en que será investida "alcaldesa" de Madrid gracias a la alianza con el candidato del PSOE, Antonio Miguel Carmona (ver aparte). "Es todo cuesta abajo", aseguró la ex jueza que, si el socialista la apoya con sus nueve concejales, lograría hacerse con el cargo. Carmena insiste en que durante la campaña quedó patente que ambas formaciones tienen el "objetivo común" de luchar contra la corrupción, aunque todavía no se han contactado más que para felicitarse por los resultados.


La líder de Ahora Madrid, eso sí, aseguró no haber perdido el tiempo y ya haber comenzado a celebrar reuniones con el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y con el juez decano de la capital para "impulsar una oficina para parar los desahucios", según explicó.


En Barcelona es donde el deseo de cambio llegó aún más lejos: Ada Colau, representante de la candidatura ciudadana Barcelona en Comú, consiguió el gobierno de la capital catalana con once escaños, frente a los diez del partido conservador que actualmente está en el poder, Convergència i Unió (CIU). Como la diferencia de votos, de todos modos, es escasa, la plataforma encabezada por la activista también tendrá que pactar para llevar a cabo su acción de gobierno, pero Colau dejó claro –en la rueda de prensa de ayer– con quién sí y con quién no está dispuesta a hacerlo. El PP, Ciutadans (sección catalana del partido conservador Ciudadanos) y CIU quedan afuera de todo acuerdo, subrayando que las diferencias con esas formaciones son insalvables porque corresponden a "otra forma de hacer política y a otro modelo de ciudad, frente a la ciudad injusta y de fomento de la precariedad que nos han impuesto", tal como manifestó ante los periodistas.


Ada Colau no bajó la guardia ni en sus primeras declaraciones tras la larga noche de victoria electoral y, después de agradecer las felicitaciones del todavía intendente de Barcelona, Xavier Trias, hizo público que ayer mismo la estaban citando para firmar contratos de último momento con grandes empresas con el fin de darles adjudicaciones antes del traspaso de poderes, a lo cual ella se opuso severamente. "Convocaremos públicamente, y con plena transparencia, a esas multinacionales que proveen los servicios públicos de la ciudad porque estamos en una situación de emergencia y de vulneración de derechos", aseguró la futura intendenta (ver pág. 22).


Tal como lo remarcó Ada Colau en su comparecencia, el vuelco electoral en otras ciudades como La Coruña, Madrid o Valencia también demuestran la trascendencia de lo que ella llamó "fuerzas del cambio". En esta última, el PP recibió uno de los embates más duros, dado que perdió la mayoría que ostenta hace veinte años, y ahora el gobierno de Rita Bárbera –que hasta hoy parecía intocable pese al despilfarro y la corrupción característicos de sus dos décadas de gestión– será posiblemente desbancado por un tripartito de izquierdas.


Quien no está hecho a los cambios es el presidente Rajoy, que remarcó que no tiene previsto hacer modificaciones ni en su gobierno ni en su formación. "Llevo muchos años en este partido y estoy muy cómodo y muy tranquilo. No me parece que el problema venga de cambiar o dejar de cambiar", declaró airoso el líder del Partido Popular.

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El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista

Pensamiento crítico: pensamiento que busca la esperanza en un mundo donde parece que ya no existe; que abre lo cerrado, que sacude lo fijo. El pensamiento crítico es el intento de entender la tormenta y algo más. Es entender que en el centro de la tormenta hay algo que nos da esperanza.


La tormenta viene, o más bien ya está aquí. Ya está aquí y es muy probable que se vaya intensificando. Tenemos un nombre: Ayotzinapa. Ayotzinapa como horror, y también como símbolo de tantos otros horrores. Ayotzinapa como expresión concentrada de la cuarta guerra mundial.


¿De dónde viene la tormenta? No de los políticos, son ejecutores de la tormenta nada más. No del imperialismo, no es producto de los estados, ni de los estados más poderosos. La tormenta surge de la forma en la cual la sociedad está organizada. Es expresión de la desesperación, de la fragilidad, de la debilidad de una forma de organización social que ya pasó su fecha de caducidad, es expresión de la crisis del capital.


El capital es de por sí una agresión constante. Nos dice todos los días tienes que moldear lo que haces de cierta forma, la única actividad que tiene validez en esta sociedad es la que aporta a la expansión de la ganancia del capital.


La agresión que es el capital tiene una dinámica. Para sobrevivir tiene que subordinar nuestra actividad cada día más intensamente a la lógica de la ganancia: hoy tienes que trabajar más rápidamente que ayer, que agacharte más que ayer.
Con eso ya podemos ver la debilidad del capital. Depende de nosotros, de que queramos y podamos aceptar lo que nos impone. Si decimos perdón, pero hoy voy a cultivar mi milpa, u hoy voy a jugar con mis hijos, u hoy me voy a dedicar a algo que tenga sentido para mí, o simplemente no nos vamos a agachar, entonces el capital no puede sacar la ganancia que requiere, la tasa de ganancia cae, el capital está en crisis. En otras palabras, nosotros somos la crisis del capital, nuestra falta de subordinación, nuestra dignidad, nuestra humanidad. Nosotros somos la crisis del capital y orgullosos de serlo, estamos orgullosos de ser la crisis del sistema que nos está matando.


El capital se desespera en esta situación. Busca todos los métodos posibles para imponer la subordinación que requiere: autoritarismo, violencia, reforma laboral, reforma educativa. También introduce un juego, una ficción; si no podemos sacar la ganancia que requerimos, vamos a fingir que existe, a crear una representación monetaria para un valor que no se ha producido, a expandir la deuda para sobrevivir y tratar de usarla al mismo tiempo para imponer la disciplina que se requiere. Pero esta ficción aumenta la inestabilidad del capital y además no logra imponer la disciplina necesaria. Los peligros para el capital de esta expansión ficticia se vuelven claros con el colapso de 2008, y con eso se hace más evidente que la única salida para el capital es a través del autoritarismo: toda la negociación alrededor de la deuda griega nos dice que no hay posibilidad de un capitalismo más suave, el único camino para el capital es el camino de la austeridad, de la violencia. La tormenta que ya está, la tormenta que viene.


Nosotros somos la crisis del capital, nosotros que decimos no, nosotros que decimos ¡ya basta del capitalismo!, nosotros que decimos que es tiempo de dejar de crear el capital, que hay que crear otra forma de vivir.


El capital depende de nosotros, porque si nosotros no creamos ganancia (plusvalor) directa o indirectamente, entonces el capital no puede existir. Nosotros creamos el capital, y si el capital está en crisis, es porque no estamos creando la ganancia necesaria para la existencia del capital, por eso nos están atacando con tanta violencia.


En esta situación, realmente tenemos dos opciones de lucha. Podemos decir Sí, de acuerdo, vamos a seguir produciendo el capital, promoviendo la acumulación de capital, pero queremos mejores condiciones de vida. Esta es la opción de los gobiernos y partidos de izquierda: de Syriza, de Podemos, de los gobiernos en Venezuela y Bolivia. El problema es que, aunque sí pueden mejorar las condiciones de vida en algunos aspectos, por la desesperación misma del capital existe muy poca posibilidad de un capitalismo más humano.


La otra posibilidad es decir Chao, capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos, entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas.


Aquí en este seminario estamos en el mero centro de esta segunda opción. Este es el punto de encuentro entre zapatistas y kurdos y miles de movimientos más que rechazamos el capitalismo, tratando de construir algo diferente. Todas y todos estamos diciendo Ya, capital, ya pasó tu tiempo, ya vete, ya estamos construyendo otra cosa. Lo expresamos de muchas maneras diferentes: estamos creando grietas en el muro del capital y tratando de promover su confluencia, estamos construyendo lo común, estamos comunizando, somos el movimiento del hacer contra el trabajo, somos el movimiento del valor de uso contra el valor, somos el movimiento de la dignidad contra un mundo basado en la humillación. Estamos creando aquí y ahora un mundo de muchos mundos.


Pero, ¿tenemos la fuerza suficiente? ¿Tenemos la fuerza suficiente para decir que no nos interesa la inversión capitalista, no nos interesa el empleo capitalista? ¿Tenemos la fuerza para rechazar totalmente nuestra dependencia actual del capital para sobrevivir? ¿Tenemos la fuerza para decir un adiós final al capital?


Posiblemente no la tenemos, todavía. Muchos de nosotros que estamos aquí tenemos nuestros sueldos o nuestras becas que vienen de la acumulación del capital o, si no, vamos a regresar la semana próxima a buscar empleo capitalista. Nuestro rechazo al capital es un rechazo esquizofrénico: queremos decirle un adiós tajante, y no lo podemos o nos cuesta mucho trabajo. No existe pureza en esta lucha. La lucha para dejar de crear el capital es también una lucha contra nuestra dependencia del capital. Es decir, es una lucha para emancipar nuestras capacidades creativas, nuestra fuerza para producir, nuestras fuerzas productivas.


En eso estamos, por eso venimos acá. Es cuestión de organizarnos, claro, pero no de crear una organización, sino de organizarnos de múltiples maneras para vivir desde ahora los mundos que queremos crear.


¿Cómo avanzamos, cómo caminamos? Preguntando, por supuesto, preguntando y abrazándonos y organizándonos.

Por John Holloway, profesor del posgrado en sociología en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Este es el texto de una ponencia presentada al Seminario sobre el pensamiento crítico frente a la hidra capitalista.

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Lunes, 06 Abril 2015 07:23

La "revolución pasiva" de Santos

La "revolución pasiva" de Santos

Truncha habrá de quedar la "revolución pasiva" de Santos con la que quiere remediar la crisis orgánica del sistema de dominación oligárquica que él encarna.

 

Ya se conoce el informe de la Comisión Historia encargada por la Mesa de conversaciones de La Habana que conforman el gobierno y las Farc del análisis del conflicto colombiano y sus víctimas, en el que se presentan las visiones de las raíces del conflicto, tanto en la realidad nacional, como en aspectos de orden internacional, las explicaciones de su extensión temporal y las graves consecuencias que ha tenido. Se trata de importantes estudios en los que, desde enfoques diversos, se presenta una visión global de la prolongada guerra nacional colombiana (http://bit.ly/1Ah17QJ).

El reto de hoy, para el pensamiento crítico, se refiere a la necesidad de caracterizar el actual proceso, su posible evolución, así como los desenlaces que pueda tener en el mediano y largo plazo. El funcionamiento de la Mesa de conversaciones ha creado un momento abierto e indefinido que, desde el lado revolucionario, debe permitir conquistar profundos cambios en la sociedad y el Estado, en el sentido de la superación de la crisis orgánica del sistema de dominación oligárquica.

Es evidente que en Colombia hay un enorme desprestigio de las instituciones actuales.

No hace falta acopiar muchos hechos, pues la percepción de crisis institucional es absoluta. Tal crisis institucional, al producirse paralelamente a una grave crisis económica como la que está en curso, deviene en lo que Gramsci llamaba crisis orgánica, como lo hemos planteado en otros análisis. Y que nosotros, desde hace años, llamamos crisis del régimen. Lo que es simplemente constatar un amplio sentimiento de repudio ante el sistema político vigente y los perversos daños que produce sobre la vida de millones de colombianos.

Sabemos por Gramsci que la irrupción de una crisis orgánica sólo es posible cuando el bloque dominante, que en nuestro país está conformado por la élite política, militar y empresarial, no puede resolver una grave crisis económica.

La reciente crisis en el sistema judicial a raíz de los escándalos por corrupción en la Corte Constitucional y el desorden masivo en otros ámbito del poder político, nos indican las dimensiones del desbarajuste del régimen tradicional. De igual manera lo muestra la crisis económica y fiscal del Estado.

Es en tal momento que se pone en cuestión absolutamente todo lo político, y se abre una oportunidad para la transformación real.

Santos, como representante del actual bloque oligárquico de poder, adelanta una "revolución pasiva" para desactivar y erradicar los factores de inestabilidad y colapso. Ese plan lo inició con su Ley de Víctimas y restitución de tierras y el reconocimiento de la existencia de una prolongada guerra civil que el gobierno de Uribe Vélez se empeñó en desconocer durante sus dos periodos gubernamentales.

El movimiento popular, social y las fuerzas revolucionarias plantean y proyectan una estrategia enderezada a concretar las más genuinas banderas de cambio democrático en la perspectiva del socialismo. Si los más desprotegidos, el pueblo, se organizan, pueden aprovechar el momento para disputarle el poder al débil bloque dominante y convertirse ellos mismos en la nueva clase dirigente. Entrar por la grieta del sistema.

Pero también puede suceder, por supuesto, que ese bloque dominante logre restaurarse y recuperar el control de la política.

Precisamente Gramsci llamó "revolución pasiva" a esta segunda opción, es decir, al proceso político cuyo objetivo es la reforma del sistema desde arriba. Esto es, donde el bloque dominante es el que dirige el inevitable cambio surgido con la crisis total.

 

La "revolución pasiva" del santismo

 

De todas las posibles respuestas a las crisis de hegemonía, una de ellas es la que normalmente va más asociada a los procesos de transición política marcados por la "revolución pasiva".

Señalemos de manera preliminar que, la "revolución pasiva" es una construcción categorial de gran amplitud, se trata de un criterio o canon de interpretación y no un programa/instrumento político como lo es para la burguesía que encarna el señor Santos. En ese sentido permite esbozar un ejercicio de aplicación analítico-interpretativa buscando dar cuenta de una combinación-desigual y dialéctica-de dos tensiones, tendencias o momentos: restauración y renovación, preservación y transformación o, como indica Gramsci, "conservación-innovación".

La "revolución pasiva" emerge como expresión de la "crisis orgánica" de la sociedad burguesa así como antítesis o fracaso de la revolución activa de las clases populares

Una revolución pasiva es un proceso de modernización impulsado desde arriba que recoge sólo parcialmente las demandas de los de abajo y con ello logra garantizar su pasividad, su silencio más que su complicidad. Se produce porque comparte el diagnóstico de que hace falta un cambio. Es posible cuando el bloque dominante acepta también que las viejas instituciones ya no son suficientes ni adecuadas para mantenerles en el poder, y cuando entiende que han de actuar antes de que otro sujeto tome el control de la situación. Es decir, la característica crucial de la revolución pasiva es que surge para disputarle la dirección del cambio a las organizaciones populares.

Constituye una especie de salida intermedia entre la dictadura y el cambio revolucionario. Para que pueda realizarse, tiene que existir una amenaza lo bastante fuerte para poder derribar un régimen y lo suficientemente débil para instaurar un nuevo sistema. En esta situación, mezclada de debilidad y fortaleza, algunos representantes de las clases políticamente débiles y económicamente fuertes logran integrar y hacer suya parte del programa de demandas de los grupos adversarios y consiguen, de este modo, realizar una revolución pasiva.

Posteriormente, si hay lucidez en el poder político asediado o en algunos de sus sectores, se inicia una segunda etapa, en la cual se asumen parte de las demandas de la oposición -salvo las más radicales, que serían las que llevarían a la superación total del viejo orden – así, se logra dirigir desde arriba el cambio y la transición.

Gramsci caracteriza estas maniobras políticas como un conjunto de procesos de "innovación-conservación" "revolución-restauración", o "revolución sin revolución". Se trata de una transformación desde arriba por la cual los poderosos modifican lentamente las relaciones de fuerza para neutralizar a sus enemigos de abajo.

Toda revolución pasiva es la expresión histórica de determinadas correlaciones de fuerza y, al mismo tiempo, un factor de modificación de las mismas. Por ello, en relación con su génesis, Gramsci anota que se trata de reacciones de las clases dominantes al "subversivismo esporádico, elemental e inorgánico de las masas populares" que "acogen cierta parte de las exigencias populares". O sea no caracterizada por un movimiento subversivo de las clases subalternas sino como conjunto de transformaciones objetivas que marcan una discontinuidad significativa y una estrategia de cambio orientada a garantizar la estabilidad de las relaciones fundamentales de dominación.

En el inicio del proceso está entonces una acción desde abajo –aunque sea, esporádica, elemental, inorgánica y no "unitaria"- la derrota de un intento revolucionario o, en un sentido más preciso, de un acto fallido, de la incapacidad de las clases subalternas de impulsar o sostener un proyecto revolucionario pero capaces de esbozar o amagar un movimiento que resulta amenazante o que aparentemente pone en discusión el orden jerárquico. En efecto, si bien el empuje desde abajo no es suficiente para una ruptura revolucionaria sin embargo alcanza a imponer –por vía indirecta- ciertos cambios en la medida en que algunas de las demandas son incorporadas y satisfechas desde arriba.

La singularidad de esos momentos es que determinados proyectos antagónicos se disputan entre sí la victoria, pero coincidiendo todos ellos en el descrédito de las instituciones previas o, dicho de otra forma, en la necesidad de superarlas. En la necesidad del cambio. Esto es importante, porque significa que proyectos políticos antagónicos pueden compartir un espacio común: el de la necesidad de un cambio. El corolario sale rápido: si esos proyectos políticos no perfilan y distinguen sus propias propuestas ideológicas, y si se mantienen en el llano discurso de deseo de superación de instituciones preexistentes, entonces tales proyectos políticos pueden ser en gran medida intercambiables.

La revolución pasiva implica por lo tanto la capacidad de las clases dominantes, frente a la explosión de las contradicciones sociales y políticas, de gobernar, integrar destruyendo las contradicciones fundamentales evitando que devengan protagónicas en la crisis orgánica.

Mediante la revolución pasiva los segmentos políticamente más lúcidos de la clase dominante y dirigente intentan meterse "en el bolsillo" a sus adversarios y opositores políticos incorporando parte de sus reclamos, pero despojados de toda radicalidad y todo peligro revolucionario. Las demandas populares se resignifican y terminan esfumándose en la maquinaria de la dominación.

La revolución pasiva consiste, pues, en lograr el retorno a la "normalidad" del capitalismo. Se trata de resolver la crisis orgánica reconstruyendo el consenso y la credibilidad de las instituciones burguesas para mantener el orden oligárquico. Es decir: la continuidad del capitalismo. Lo que está en juego es la crisis de la hegemonía burguesa, amenazada por las rebeliones populares y la resistencia campesina revolucionaria armada.

Se pretende volver a legitimar las instituciones del sistema capitalista, fuertemente devaluadas y desprestigiadas por una crisis de representación política que hacía años no vivía nuestra sociedad.

Se plantean por tanto las siguientes cuestiones, ¿En qué medida los cambios reproducen o restauran el orden existente o lo modifican para preservarlo? ¿En qué medida "acogen cierta parte de las exigencias populares"? ¿Cuánta y qué parte? Las variaciones posibles son diversas pero acotadas por dos puntos límites: la revolución pasiva no es una revolución radical –al estilo jacobino o bolchevique- y la restauración progresiva no es una restauración total, un restablecimiento pleno del estatus quo anterior.

En relación a su dinámica, la modernización conservadora implícita en toda revolución pasiva, es conducida desde arriba. Ese arriba se refiere tanto al nivel de la iniciativa de las clases dominantes como a la cúpula estatal, ya que el lugar o el momento estatal aparece crucial a nivel estratégico para compensar la debilidad relativa de las clases dominantes, las cuales recurren, por lo tanto, a una serie de medidas "defensivas" que incluyen coerción y consenso.

Se conforma de tal manera un modelo de dominación basada en la capacidad de promover reformas conservadoras maquilladas de transformaciones "revolucionarias" y de promover un consenso pasivo de las clases dominadas.

 

Cesarismo y transformismo

 

La revolución pasiva se ve acompañada del cesarismo y el transformismo. Se apoya en un cesarismo progresivo (la presencia de una figura carismática que cataliza y canaliza las tensiones y encarna el paternalismo asistencialista) y el transformismo (el desplazamiento de grupos dirigentes progresistas del movimiento popular hacia posiciones conservadoras en puestos en las instituciones estatales).

En otros términos, hay dos momentos en el proceso de revolución pasiva.

El primero, la restauración. En ese primer momento el bloque dominante trata de bloquear (con el Cesarismo populista de derecha encarnado en Uribe Vélez) la organización popular que crece al calor de las demandas políticas, evitando de esa forma una transformación radical del sistema desde abajo.

El segundo, el transformismo (santista, en este caso). En este momento el bloque dominante recoge algunas de las demandas populares y las hace suyas, adaptándolas previamente a sus propias necesidades y confundiendo así a las masas populares en revuelta.

En nuestro caso, lo que resalta es el transformismo promovido por Santos. Por medio del transformismo Gramsci designa un proceso de deslizamiento molecular que lleva al fortalecimiento del campo de las clases dominantes, a través de un paulatino drenaje (absorción) por medio de la cooptación de fuerzas del campo de las clases subalternas o, si se quiere, viceversa, un debilitamiento del campo subalterno por medio del abandono o traición de sectores que transforman oportunistamente sus convicciones políticas y cambian de bando.

Con el transformismo, Gramsci quiere referirse a dos realidades: a) el proceso de absorción de las demandas menos radicales y la articulación de éstas en un programa más moderado; y b) la captación e integración de dirigentes de los grupos políticos rivales. A través del transformismo se logra quebrar la relación de fuerzas anterior que había obligado a adoptar la estrategia de reformismo político preventivo.

El transformismo aparece entonces como un dispositivo vinculado a la revolución pasiva en la medida en que modifica la correlación de fuerzas en forma molecular en función de drenar –por medio de la cooptación– fuerzas y poder hacia un proyecto de dominación en aras de garantizar la pasividad y de promover la desmovilización de las clases subalternas.

Aunque el concepto de revolución pasiva remite al ámbito superestructural es evidente que, más allá de la dimensión socio-política, es clara la referencia a una consolidación capitalista por medio de la intervención estatal en la vida económica en función anti-cíclica, como lo demanda la coyuntura creada con la caída de los precios del petróleo y sus efectos en los ingresos fiscales del gobierno. En este sentido cabe toda la extensión bicéfala de la expresión "formas de gobierno de las masas y gobierno de la economía" usada por Gramsci para referirse al estatalismo propio de una época de revolución pasiva.

Estamos en la situación del Estado ampliado, que incluye a la sociedad civil y pretende controlar las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas mediante la planificación.

En el tiempo de la revolución pasiva la concepción del Estado ampliado, vinculada con los procesos inéditos de difusión de la hegemonía no comporta la puesta en mora o la disminución de la concepción del Estado «según la función productiva de las clase sociales», sino significa una complejización radical de la relación entre política y economía, una intensificación molecular de una primacía de la política entendida como poder de producción y de gobierno de los procesos de pasivización, estandardización y fragmentación.

 

Consecuencias de la revolución pasiva

 

Las principales consecuencias de las transiciones políticas guiadas por el modelo de la revolución pasiva son las siguientes:

a) La ausencia de una verdadera participación popular, dado que son las cúpulas de las organizaciones políticas las que pactan y consensuan "por arriba" los contenidos y los plazos del proceso de transición.

b) La modificación, en parte, de la realidad política anterior. Especialmente, la oposición intenta enmascarar su debilidad presentando dichas modificaciones como cambios políticos profundos.

c) El debilitamiento de las fuerzas radicales opositoras y la integración de muchos miembros de dichas fuerzas en los antiguos grupos rivales a través de diversos mecanismos de aplicación de la estrategia del transformismo.

d) La inexistencia de una hegemonía alternativa. Hay que tener en cuenta que la revolución pasiva no siempre resuelve la crisis de hegemonía que la provoca, entendida como escisión entre sociedad política y sociedad civil con mayores o menores grados de intensidad, que son los que marcan el nivel orgánico o coyuntural de cada crisis de hegemonía. Conviene tener presente que Gramsci contempla diversas posibilidades de respuesta a dicha crisis:

a) Guerra civil entre los grupos que luchan por la hegemonía.

b) Reacción de la clase dominante a través de un nuevo tipo de dictadura o de una reestructuración de sus posiciones en la sociedad política mediante mecanismos diversos de reforma interna.

c) Insurrección revolucionaria de masas con dirección política que logra imponer un nuevo sistema.

d) Subversivismo de masas sin dirección política.

e) Solución cesarista de la crisis a través de un caudillismo.

f) Prolongación de la crisis y extensión del caos político y social por la incapacidad de respuesta de los grupos dominantes y la existencia de una sociedad civil débil e inerte.

g) Pacto y consenso entre las fuerzas antagónicas ante la imposibilidad de la victoria de una de ellas y, por lo tanto, construcción de un nuevo régimen en el que se integran parte de las demandas de cada una de las fuerzas intervinientes. Este pacto y consenso sirve para crear un nuevo dominio político, pero no resuelve el tema de la dirección social, cultural y económica. Y sólo la suma de dominio y dirección crea una nueva hegemonía.

Cerremos, esta parte señalando que ese el programa político de la burguesía con su intento de revolución pasiva impulsada desde las alturas seudo reformistas del santismo neoliberal. Lo que queda de ese experimento de Tercera vía es un mecanismo de expropiación de las demandas populares por la vía de "renovaciones", "modernizaciones" y "recomposiciones" parciales, que preparan el camino a restauraciones más de derecha en su totalidad. Es un detalle que no debemos ignorar.

Está en marcha una suerte de transición liberal, dirigida por el mismo bloque dominante. Ese gran poder privado y salvaje que teme un cambio desde abajo y desde la izquierda y que quiere retocar el sistema desde arriba y por derecha neoliberal.

Pretenden logra transformaciones importantes en la organización social, pero reduciendo al mínimo la "iniciativa popular" en la producción de esos cambios. Por eso aquello de que el modelo no se negocia, al decir de Humberto De La Calle.

La operación del bloque dominante es la misma: la restauración del sistema por medio del transformismo.

 

El programa de cambios democráticos

 

Por supuesto, lo visto es un lado de la cuestión política en el momento. Y la política es un arte cuyo principal instrumento es la estrategia. El desafío para los revolucionarios es identificar las rutas convenientes de acción. Por eso nos preguntamos ¿qué sucede cuando la iniciativa la toman nuestros enemigos? ¿Qué hacer cuando los segmentos más lúcidos de la burguesía intentan resolver la crisis orgánica de hegemonía, legitimidad política y gobernabilidad apelando a discursos y simbología "progresistas", poniéndose a la cabeza de los cambios para desarmar, dividir, neutralizar y finalmente cooptar o demonizar a los sectores populares más intransigentes y radicales?

¿Cómo enfrentar esa iniciativa? ¿De qué manera podemos deconstruir esa estrategia burguesa?

Gran parte de las reflexiones de los marxistas sobre la lucha de clases han girado en torno a la necesidad de asumir la iniciativa política por parte de los trabajadores y el pueblo. Desde luego, considerando siempre las condiciones concretas de la lucha social, que en este caso se ubica en una coyuntura de compleja y desigual combinación de las movilizaciones populares y de masas, pues, dentro del conglomerado de olas y mareas políticas que se entrecruzan, no todo aparece tan nítidamente diferenciado ni delimitado como pudiera suponerse.

Estamos ante un difícil desafío: pensar desde la teoría revolucionaria no en la posibilidad inmediata del asalto al poder o de una ofensiva abierta de las masas populares, sino en aquellos tiempos del proceso de la lucha de clases donde el enemigo pretende mantener y perpetuar el modelo neoliberal de manera sutil y encubierta. No lo pretende hacer de cualquier manera. Paradójicamente, las clases dominantes intentan resolver su crisis orgánica, garantizar la gobernabilidad y mantener sus jugosos negocios enarbolando nuestras propias banderas (oportunamente resignificadas). Resulta más sencillo enfrentar y golpear a un enemigo frontal que intenta aplastarnos enarbolando banderas neoliberales y fascistas, como en el caso de Uribe Vélez. Pero resulta extremadamente complejo responder políticamente cuando el neoliberalismo se disfraza de prospero, continúa beneficiando al gran capital en nombre de "la democracia", los "derechos humanos", la "sociedad civil", el "respeto por la diversidad", los diálogos de paz y la reparación de las víctimas con la restitución de las tierras despojadas por el paramilitarismo.

En otros terminos, resulta relativamente fácil identificar a nuestros enemigos cuando ellos adoptan un programa político de choque o represión a cara descubierta. Pero el asunto se complica notablemente cuando los sectores de poder intentan neutralizar al campo popular apelando discursivamente a una simbología "progresista". En esos momentos, navegar en el tormentoso océano de la lucha de clases se vuelve más complejo y delicado.

De tal manera que, a la capacidad de la oligarquía de operar recomposiciones de todo tipo, es necesario oponer una lucha política de tipo acumulativo, cuyas definiciones estratégicas no van más allá, en situaciones ideales, de la constitución de un "bloque o frente amplio popular" que opera un cambio importante en la relación de fuerzas.

Además, sabiendo que una comunidad política vive siempre en un ámbito institucional que tiene la apariencia de haber estado siempre ahí. Que hay instituciones que rodean y envuelven nuestra vida cotidiana, que también van cambiando, pues todo cambia. Y los sistemas políticos no son ajenos a ese proceso. La pregunta más obvia es ¿hacia dónde se debe cambiar?

Desde el campo popular y revolucionario, es inevitable ver nuevos procesos constituyentes, como ha sido planteado por la delegación revolucionaria en la Mesa de conversaciones en La Habana, es decir, procesos que constituyan nuevas instituciones políticas o que produzcan cambios radicales en los diseños vigentes hasta ese momento. Habitualmente estos procesos se refieren a la institución superior, la Constitución. Pero es preciso recordar acá que no todos los procesos constituyentes son iguales. A veces los procesos constituyentes tienen una perspectiva popular que refleja las demandas y exigencias de las gentes más desfavorecidas, esto es, lo que llamamos comúnmente el pueblo. Así fue claramente en los casos de Francia entre 1789 y 1792, de México en 1917, de Rusia en 1918 y 1924, de España en 1931 o de Italia en 1948. Sin embargo, otras veces los procesos constituyentes son dirigidos desde arriba, desde las mismas élites que gobernaban las instituciones previas.

Un proceso constituyente implica a su vez un proceso destituyente, porque la constitución de nuevas instituciones se hace sobre la eliminación de las anteriores instituciones. Dicho llanamente, si quiero algo nuevo es porque no me gusta lo viejo o directamente no lo tengo; si quiero democracia ampliada es porque la que tengo es ficticia. Por eso puede afirmarse que una crisis institucional es el reflejo de una enorme grieta, de un proceso destituyente abierto de facto.

Así pues, hay momentos políticos, como el de hoy, en los que las instituciones vigentes se ponen en cuestión. Es entonces cuando se abre el debate sobre cómo han de cambiar, y en ese momento diferentes proyectos políticos confrontan entre sí en torno al tipo de instituciones nuevas que hay que crear.

Es por tal razón que los cambios de fondo que demanda Colombia, no se pueden lograr sin confrontar con las instituciones centrales del aparato de Estado oligárquico. Debemos apuntar a conformar, estratégicamente y a largo plazo —en términos de varios años y no de tres meses— organizaciones populares de lucha revolucionaria.

Así que no habrá transformación social radical al margen del movimiento de masas, en el entendido que los procesos de transición pacifista deben captar la hilazón entre el arte político y el arte militar, entre la fase político-militar y la técnico-militar, pues "las revoluciones siempre son guerras".

Publicado enColombia
"Cuba no termina de amoldarse a la palabra cambio"

Aleida Guevara, la hija del Che, visitó Argentina para promover el programa sanitario Operación Milagro, que cura de forma gratuita la ceguera leve a pacientes pobres latinoamericanos. Habla sobre la transición política y la apertura económica en marcha y brinda pistas y nombres sobre los posibles sucesores de Raúl Castro.

 

La similitud física de la alergóloga y pediatra Aleida Guevara con su padre es llamativa. La coordinadora del programa continental cubano Operación Milagro no necesita presentar documento para demostrar que lleva la sangre del líder revolucionario argentino-cubano en sus venas. Sin embargo, Aleida recuerda con mucho humor una anécdota donde su semejanza con el Che fue puesta en tela de juicio por una criatura de 6 años. "En una oportunidad, una paciente intentó llamar la atención de su hijo y le dijo: '¿Sabías que la doctora es la hija del Che?'; 'Imposible, mamá. ¿La hija del Che, tan gorda?'", rememora Aleida y estalla en una carcajada que le achina los ojos. Pelo rubio trigal hasta la altura de las orejas, ojos café, sencilla en su vestimenta, verborrágica, distendida en el trato, estuvo casi tres semanas en Argentina para inaugurar el Hospital Escuela Ernesto Che Guevara en el barrio San Martín de la ciudad de Córdoba e impulsar como madrina política las brigadas militantes que coordinan la Operación Milagro y el programa de alfabetización Yo sí Puedo en el litoral y la Patagonia.


—Vine al país por invitación de la fundación Un Mundo Mejor es Posible (Ummep), para reimpulsar las misiones solidarias de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) en Argentina, que son la Operación Milagro y el programa (de alfabetización) Yo sí Puedo. De alguna manera, la misión alfabetizadora es la madre de la Operación Milagro. Cuando comenzamos a trabajar con el Yo sí Puedo encontramos cierta resistencia en algunas personas. Al poco tiempo nos dimos cuenta de que la dificultad en la formación de la lectura provenía de su mala visión. Entonces decidimos caminar conjuntamente con las dos misiones, porque nadie puede aprender a leer si tiene problemas en sus ojos. En estos días, además, tuve el privilegio de encontrarme con jóvenes médicos egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana (Elam). Ellos son como mis hijos, su carácter y resistencia me da mucha energía.


 

—¿En qué consiste la Operación Milagro?


 

—Para contar qué es la Operación Milagro primero tengo que hablar de la Brigada Che Guevara. La brigada surgió como una idea para reagrupar a todos los egresados argentinos de la Elam. La mayoría trabaja en hospitales públicos y en zonas vulnerables, pero como Argentina es un país tan grande, hacía mucho tiempo que no se encontraban. Para reencontrarnos, entonces, fuimos a trabajar en la prevención de la afección de cataratas a un pueblo de Chubut muy chiquito, que se llama Gan Gan. La catarata es una ceguera leve y prevenible pero mucha gente sin cobertura de salud pierde la vista por no tratarla a tiempo. Uno de los primeros pacientes beneficiados con este programa, cuando recuperó plenamente la visión gritó emocionado: "Esto es un milagro". El nombre viene de ahí, de ese pequeño milagro que podemos alumbrar. En la última década, Cuba operó gratuitamente a más de 2 millones de personas con problemas de salud visual en toda la región. De ellos, 48 mil son argentinos. Cuando los egresados de la Elam no podían ejercer su título por un litigio con el colegio médico local, los doctores trataban a los pacientes argentinos en hospitales bolivianos fronterizos gracias a un acuerdo con Evo Morales. Ahora el hospital Ernesto Guevara, ubicado estratégicamente en Córdoba, a mitad de camino entre el norte y el sur, busca concentrar la atención de todos los argentinos con este problema visual.

 


—También en Brasil la llegada de médicos cubanos para trabajar en zonas vulnerables despertó críticas de la corporación médica. ¿Cómo viven esta situación?
—En Brasil hay cerca de 12 mil médicos cubanos, y queremos llegar a 14 mil. En Venezuela tenemos cerca de 11 mil médicos trabajando en misiones solidarias, como Barrio Adentro. La idea es llegar a zonas donde la cobertura sanitaria es muy floja. Por eso insisto en que nuestro objetivo no es desplazar a ningún colega. Todo lo contrario, la salud cubana intenta ocupar espacios vacíos, donde los más pobres de Latinoamérica sólo ven a los médicos en las series de televisión.

 


—¿Qué opina de los cambios anunciados en la política macroeconómica de Cuba? ¿La "perestroika" de su país se asemejará al abrupto giro económico instrumentado por otros gobiernos comunistas, como el chino o el vietnamita? ¿Cómo observa, en definitiva, la transición política iniciada por Raúl Castro?
—Para nosotros la palabra cambio es un poco difícil de aceptar. Porque cambio podría implicar que cambiamos de sistema político, que abandonamos el socialismo, y eso es inaceptable. Lo que estamos buscando son nuevas soluciones a viejos problemas, corregir políticas públicas que ya no resultan eficaces. Y lo hacemos de forma lenta, porque no podemos darnos el lujo de equivocarnos. En Cuba es muy importante la conciencia social, sin esa mística desaparecemos como país. Los cambios en economía no implican abandonar la formación política de los ciudadanos. Las dos cosas caminan de la mano. Son cambios lentos pero firmes. Por ejemplo, ahora se pueden vender las viviendas. Sólo la parte construida, porque la tierra, el lote, sigue siendo propiedad estatal.

 


—¿Los autos también entran en la lógica de compraventa?


 

—Claro, también podemos cambiar nuestros carros por dinero. En ese sentido la población tiene más posibilidades. Pero, insisto, esa puerta no está abierta del todo. Porque, ¿qué pasa? Ahora las familias adineradas de Miami buscan inundar La Habana con dólares, y eso podría disparar los precios de los inmuebles o de los autos. Esa situación no la podemos permitir.

 


—¿El liderazgo de Raúl Castro es muy diferente al de Fidel? ¿Qué ocurre con el desafío generacional de renovar los cuadros políticos de la revolución?

 


—Son parte del mismo proyecto. La personalidad de cada uno, en todo caso, es una anécdota. La cuestión generacional es un desafío porque Fidel, Raúl, en su momento el Che, han puesto la vara muy alta. Será muy difícil remplazarlos, pero ese camino ya está iniciado. Seguramente Raúl Castro dejará el gobierno en unos tres años, él ya anunció que este es su último período.


 

—¿Se anima a dar nombres para alistar en la posible sucesión?


 

—El vicepresidente primero, Miguel Díaz-Canel es un hombre muy respetado por el pueblo y un guevarista de pura cepa. Humilde, inteligente y con mucho carácter. Los cubanos ya ven en él un recambio posible, se sienten seguros con su continuidad.


 

—Es inevitable preguntarle por su padre. ¿Le resultó incómodo, en algún momento de su vida, ser la hija de un ícono revolucionario global?


 

—Todo lo contrario. La gente siempre me pregunta por el Che y entonces surgen los recuerdos personales que tengo de Ernesto Guevara papá. Yo tengo muy pocos recuerdos con papá, porque también fue poco el tiempo compartido. Él partió para el Congo cuando yo tenía 4 años. Sin embargo, esos momentos familiares fueron muy lindos. Papá era muy mimoso conmigo y mis hermanos, besaba muy apretado, casi que ni respirábamos cuando nos abrazaba. Así soy yo con mis hijos. Cuando llega la noche, mi hijo mulatico siempre me dice: "Mamá, ya estoy preparado para la sesión de besos". Y eso me quedó de mi papá, que era demasiado exigente con él mismo y con nosotros, pero también era muy tierno (dice Aleida con los ojos brillosos).


—¿Cómo está Fidel Castro? ¿Qué se sabe de él en la isla?


 

—A ver, primero quiero decir que estoy muy herida con ciertas informaciones malintencionadas que circulan sobre mi tío, porque yo a mi tío lo quiero tanto como a mi papá.


 

—¿Está hablando de Fidel cuando menciona a su tío?


 

—Claro, desde que soy bebé le digo tío. Realmente nos queremos mucho. A veces discutimos. Él es un poco terco, pero yo lo soy más. Por ejemplo, me insistía con que le pusiera Victoria a mi hija, en homenaje a una fecha revolucionaria que coincidía con el día de su nacimiento. Pero yo le di la discusión y la gané. La nombré Estefanía, y todos contentos igual. Ahora Estefanía le dice abuelo a Fidel. Una vez la maestra de la escuela me recriminó que Estefanía había insistido en clase con que tenía tres abuelos. Y yo le contesté cuál es el problema, está mi suegro, el Che, y Fidel, que es su tercer abuelo. Le expliqué la situación a la docente, que Fidel Castro había hablado con ella la noche anterior, y que él habla con ella como su abuelo. "Ah, entonces no hay ningún problema", me contestó apurada (risas). Lamentablemente hace mucho que no lo veo a Fidel, y lo extraño. Sé que está trabajando en el estudio de plantas medicinales y escribiendo sobre los peligros de una tercera guerra mundial nuclear, que él ve como muy próxima por el conflicto entre Rusia y Europa por Ucrania, esa es su última obsesión. Lamentablemente, la alta intromisión de Estados Unidos con la Otan cerca de Moscú le está dando algo de razón.


 

—Ya que lo menciona, ¿la administración de Barack Obama modificó el vínculo con Cuba? ¿Su gobierno es menos injerencista que sus colegas republicanos en el cargo?

 


—No, lamentablemente, la relación empeoró. Con la toma de poder de Obama pensábamos que un hombre negro, vamos, debería tener cierta sensibilidad social. Nos equivocamos radicalmente. El bloqueo comercial durante la era Obama ha sido peor. Hace poco tiempo atrás la Casa Blanca inició una persecución comercial a un banco francés por decidir abrir una línea de créditos para afianzar negocios en la isla. Lo mismo sucedió con un banco suizo, que afronta una multa millonaria comercial por intentar saltar el cerco económico contra Cuba.

 


—Cristina Fernández viene sosteniendo una posición política muy fuerte contra Estados Unidos en el contexto del litigio con los fondos buitre. ¿Cómo lee la posición argentina en este conflicto?


 

—Pienso que el mundo atraviesa un momento muy particular. Lo que el gobierno argentino intenta hacer en el caso de los fondos buitre es abrir un camino para otros países de la región. Por eso acompaño las palabras de la presidenta argentina. No nos pueden seguir robando nuestro futuro. No somos hombres y mujeres ignorantes, somos gente con cultura, y sobre todo somos pueblos con ganas de defender lo nuestro.

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