Lunes, 14 Diciembre 2020 06:04

Vacunas

Vacunas

Los gobiernos están aprobando con rapidez el uso de las vacunas contra el Covid-19. Se han desarrollado varias de ellas. Son tres las que se consideran generalmente, las creadas por: Pfizer, Moderna y Astra Zeneca (véase la útil reseña publicada sobre ellas en https://elpais.com/ciencia/2020-11-23/ las-diferencias-abismales-entre-las -vacunas-de-pfizer-moderna-y-oxford.html ?prm=enviar_email).A esas habría que añadir la Sputnik V, de Rusia.

En medio de la larga pandemia y sus severas consecuencias en materia de salud, el alto número de los fallecimientos producidos, las presiones sobre los sistemas sanitarios, los efectos adversos en la educación y los muy altos costos económicos y cuyo saldo negativo aún no se conoce, la disponibilidad de vacunas resulta un suceso relevante.

Hay, sin embargo, elementos de suspicacia al respecto. Una tiene que ver, por supuesto, con su eficacia. Fueron desarrolladas con mucha celeridad tratándose de un producto complejo con las características de una vacuna y que, usualmente, requiere de más pruebas clínicas que fueron obviadas y una idea de sus consecuencias en lo que se llama inmunidad de rebaño y en distintos individuos.

En este caso, según se sabe, no se conocen suficientemente las formas variadas en las que ataca el virus al cuerpo humano; así se registran casos que van desde los asintomáticos –pero contagiosos–, los leves, los difíciles, los graves, hasta los que provocan consecuencias duraderas y, claro, los que producen la muerte.

En cuanto a la relación de esto con el patrón de los contagios también hay vacíos. Esto se asocia con la forma agresiva en que se propaga el virus y las recurrentes acciones de prevención impuestas por las autoridades.

También se vincula con las reacciones de ciertos grupos que ven en la vacunación una forma de represión de las libertades individuales, que se ligan sobre todo con las medidas de confinamiento, pero también con el simple uso de un cubrebocas, que es un medio de obstaculizar la propagación del virus, aunque haya un negacionismo testarudo al respecto entre algunos gobernantes y segmentos de la población.

La investigadora belga Els Torreele que trabaja ahora en el Instituto para la Innovación y la Utilidad Pública en Londres, donde se investiga sobre la reforma del sistema mundial de desarrollo de medicamentos, critica en una entrevista la falta de transparencia en la creación de las vacunas contra el Covid-19.

Primero, apunta Torreele al hecho de que se gasten más de 4 mil millones de euros de dinero público en un resultado económico privatizado. Hay, pues mucha inversión pública, pero el control sigue en el ámbito privado, es decir: propiedad intelectual, fijación de precios, ensayos clínicos y los datos que se hacen públicos.

Al respecto, señala que en el Reino Unido el gobierno aprobó recientemente el uso de la vacuna de Pfizer a partir de información publicada en una nota de prensa de la propia empresa. Claro que la pregunta obvia es acerca de la función de los órganos especializados en salud y regulación de los gobiernos y cómo actúan. Hay incógnitas acerca de la duración del efecto de inmunidad que generan las vacunas y de las posibilidades de una nueva fase de contagios.

La vacuna de Pfizer, recientemente autorizada por Cofepris en México debe mantenerse a temperaturas ultra frías de alrededor de 70 grados bajo cero. ¿Existe esa capacidad de almacenamiento, mismo que se vincula directamente con los medios efectivos de distribución en el desigual territorio del país? Por otra parte, está el proceso mismo de vacunación; esta vacuna se administra en dos dosis con diferencia de 21 días y la inmunidad se alcanza hasta una semana después de la segunda dosis. Hay que repetir el proceso y hacer que la gente vaya dos veces a inyectarse.

El problema logístico será enorme y las posibles fallas, desastrosas. Y, sin embargo, en el planteamiento que se ha ido creando por largo tiempo con respecto a la naturaleza misma de la pandemia, las consecuencias que ha provocado y en buena medida la discutible gestión política emprendida, estamos encaminados a seguir el curso de las decisiones que se han tomado con respecto de las vacunas y en un contexto de mucha incertidumbre.

Cuando menos, estemos conscientes de la situación en que estamos ahora y admitamos que no tenemos muchas opciones. Pero sí tenemos el derecho de exigir a los responsables de la gestión de esta etapa de la pandemia y de la vacunación una efectiva responsabilidad con la población.

Gobierno y ciudadanos, a los que no se puede forzar a vacunarse, hemos de estar conscientes de lo que todo esto significa, en cuanto a las expectativas que se generan, el desempeño y cumplimiento de todas las partes involucradas en el proceso y las adaptaciones que esta nueva etapa va a exigir, sobre todo ahora que la nueva ola de contagios y fallecimientos se ha agravado.

En materia de la economía y en el marco de la pandemia, el gobierno ha rentabilizado lo que se ha llamado como una “austeridad subsidiada”, por medio de las abundantes remesas que se reciben y el aumento de las exportaciones demandadas por la industria de Estados Unidos. En cuanto a la cuestionable gestión de la pandemia y ahora el proceso de vacunación, no hay de donde subsidiarse.

Publicado enSociedad
Martes, 08 Septiembre 2020 05:39

Homo Desescalado

Homo Desescalado

La segunda oleada de covid 19 en España

 

UNO Desde un punto de vista técnico/físico, caer es una de las tantas formas posibles de bajar. Seguramente, no la más agradable y sí la más dolorosa. En esto piensa Rodríguez ahora que comienza la desescalada/desescaída del verano. Y viene pensándolo desde que trascendió que el Comité Científico de Expertos para asesorarse en las medidas óptimas para la desescalada del encierro por fases/zonas era poco menos que una acatarrada fantasía febril (aunque muy útil para justificar sin derecho a réplica las decisiones complicadas y --en más de una ocasión-- contradictorias a cargo de una especie de Majestic 12 en el que los mismos investigadores eran los ovnis que nadie vio pero por los que todos juraban).

¿Cuál era el plan? Más simplón que simple: felicitar por buen comportamiento/confinamiento entre marzo y junio; alentar desde Moncloa a "salir a disfrutar y a recuperar la economía"; que cada autonomía alcanzara la "nueva normalidad" a su manera y por las suyas; y que en julio-agosto-septiembre la pandemia se tomase un respiro para que, cuando asfixiase de nuevo en octubre, la culpa fuese de otoño ruso-napoleónico y mejor ni pensar en el invierno. Pero no. Se quedó. Como Messi quien, teoriza Rodríguez, jugará en el Barça su mejor año o se lesionará/contagiará por doce meses. Y así España --reino de la rectificación a posteriori y no de la planificación a priori-- como país más apestado de Europa. Territorio donde, con ejercicio de negadora auto-hipnosis, ya se rindieron homenajes (como si el virus se hubiese rendido, como si no siguiesen sumando y restando) a quienes cayeron y luchan. De ahí, de eso, la relativización de la segunda oleada como "cuestión semántica" (rebautizada como "segunda curva"); los rebrotes de un brote que nunca se fue; y el vértigo de cifras inexactas mientras se mareaba más el pavo real que la perdiz plebeya con la salida del casanovesco Don Juan (Carlos I) entendida como Comisión: Posible dejándolo aferrado a una de esas salientes, que tanto le gustan a Tom Cruise, acaso con la promesa de volver a buscarlo si el clima mejora.

Ahora Rodríguez --como millones de españoles-- desescala a solas y por las suyas y reprimiendo tentación de cortar soga de la que cuelga o de usarla para colgarse de otro modo.

DOS Y Rodríguez evoca con nostalgia aquello de la cuesta de septiembre y las dificultades para pagar las facturas de las vacaciones y recargar el tanque y arrancar los motores del curso. Ahora todo eso ha cambiado y la cuesta se ha convertido en abismo. Lo alguna vez titánico ahora es Titanic. Ahora sí, de verdad, en serio: lo ya no tan nuevo ni normal asumido como, apenas, lo que hay y lo que queda. No el resto de la vida pero sí los restos de la vida.

Ya se supo que el calor no mataba al portado sino --como todos los veranos-- a los portadores. Ya está claro que no vinieron los turistas a este debilitado país cuyo fuerte era el "sector servicios" y donde todos se besan y se abrazan demasiado. Ya volvió de vacaciones Pedro Sánchez (Rodríguez está seguro de que su gurú comunicacional lo entrenó en ese paso-pasarela elástico como de quien entra en discoteca febril y sabatina). Ya compareció largamente para decir --¿se lo dice al Covid-19?-- que "no vamos a permitir que otra vez tome el control de nuestras vidas". Y reclamar, ante empresarios top, "unidad democrática" bajo el lema de "España Puede" (¿puede qué? ¿puede caer al vacío más vacío?) perdiendo de vista que una de las claves de la democracia es la existencia de una oposición firme y justa y equilibrada. Lástima que al otro lado del precipicio sólo resuenen renovados aullidos del PP y de sus sherpas de Vox para ver si provocan avalancha. Y Ciudadanos enganche piolet al centro a la derecha como coalición alternativa. Y chille el cada vez más perseguido y persecutorio y arrinconado No Podemos. Y pataleen pataletas independentistas y Diada más tóxica que nunca. Y las ayudas europeas que --recién luego de ajustar/conciliar demorados Presupuestos Generales del Estado tan difíciles de sacar/empujar como roca de Sísifo-- se repartirán más a la velocidad de la sombra que de la luz. Y el arnés ya no aguanta y la mochila está cada vez más pesada. "Salimos más fuertes" fue el irreal slogan gubernamental con el que --con vértigo por saltar desde trampolines con vistosos clavados-- se dio la bienvenida al verano más frígido que se recuerde. "Entramos más débiles" es el slogan de la realidad de los gobernados --descubriendo recién en el aire que la piscina donde clavarse está vacía-- que ya se anticipa el otoño más glacial e inolvidable.

TRES Y adiós a las oscuras golondrinas y otro buitre canta ahora y Rodríguez espera que no sea un réquiem. Allí van enmascarillados chicos y chicas: de regreso con mínimas medidas de seguridad a colegios abiertos que acaso durarán así menos que un recreo. Muchos de ellos --juntándose no para rendir botellones pero sí para tomar apuntes-- reprobados a lo largo del verano. Culpables del aumento de infectados por práctica desenfrenada del mayúsculo Ocio Nocturno (que a Rodríguez le suena a vampírico villano de la DC/Marvel Comics) y de no preocuparse por la salud de padres y abuelos: héroes de la Transición, forjadores de la España Moderna, y tan serviciales para la serie Cuéntame a la que, cualquier día de estos, llegará el coronavirus y se aprovechará para sacarse de encima a medio reparto para repartir entre menos; siempre y cuando Hacienda no pida certificado de buena salud fiscal y detecte algún ilegal descuéntame.

¿Qué pide Rodríguez para este otoño? Poco y nada. Intentar volver a los viejos tiempos en los que las noticias eran algo más que hipótesis, rumores, conspiranoias, estudios y repeticiones en loop de "especialistas". Rodríguez jura que ya no hace falta que le instruyan en cómo lavarse manos o ponerse/sacarse mascarilla o mantener distancia de seguridad. Pero sí --habiendo teléfonos y televisores inteligentes-- que le expliquen cómo es que aún no existe una epidemia astuta que se ocupe nada más de los que no se cuidan ni cuidan.

De nuevo: no es mucho desear y es poco pedir. Su ambición es poca y su humildad es inmensa. Rodríguez ni siquiera le exige a la tan tonta como atontadora Tenet de Christopher Nolan --en la que se puede desescalar hacia arriba-- que sea algo mínimamente comprensible. La única tensión que le produjo fue la de arriesgarse al regreso al cine así como una inmensa gratitud hacia --vuelve pronto-- el igual de espectacular pero tanto más claro James Bond.

Rodríguez sólo pide poder seguir siguiendo, con la consciencia tranquila y la cabeza en alto. Y no mirar demasiado hacia ese abajo con crisis económica y política y social y sanitaria: All Together Now! y Carry That Weight (y sí, quienes vendieron más discos en lo que va del 2020 son/fueron/serán The Beatles y, ah, hubo que postergar el relanzamiento de Let It Be). Ese abajo que, de pronto, puede estar arriba. Más arriba aún. Subiendo mientras se va desescalando: forma más graciosa de decir cayendo, cayendo en desgracia, mientras se tararea no lo de déjalo ser sino lo de dejar de ser

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