Sábado, 21 Marzo 2020 06:16

Sucesor designado

Sucesor designado

Es muy probable que en las próximas horas al menos 150 mil ciudadanos rusos hayan respaldado con su firma la carta abierta de más de un centenar de juristas, politólogos, intelectuales y activistas de los derechos humanos, en la cual piden al Consejo de Europa estudiar la legalidad de la reforma constitucional hecha por y para el titular del Kremlin, Vladimir Putin.

Pero nada va a cambiar por cuanto las enmiendas establecen que las obligaciones internacionales de Rusia no proceden cuando se contradigan con la legislación rusa y la Carta Magna –ya aprobada por las dos Cámaras del Parlamento, por la totalidad de las 85 Entidades federales, por la Corte Constitucional y firmada por el presidente– para entrar en vigor y obtener "legitimidad" sólo necesita que, en medio del feroz avance del Covid-19, se lleve a cabo la "votación popular" el 22 de abril.

Será una consulta que –como está planteada, sin el reglamento estricto de un referendo, observadores internacionales ni el requisito de ser aprobada por la mayoría absoluta del padrón– ya está ganada por el único beneficiario de la reforma: bastará con que la mitad de las boletas depositadas en las urnas favorezcan el "Sí" frente al "No" , de un paquete de 68 páginas de enmiendas que casi nadie ha leído y que requieren modificar al menos un centenar de leyes.

Desde que Putin anunció la reforma, a mediados de enero, quedó claro que su intención es perpetuarse en el poder y se supo quién es su sucesor designado: él mismo.

Esta certeza se afianzó cada vez más con la inverosímil rapidez con que se aprobó la iniciativa presidencial en cada etapa del procedimiento de formulación de una Constitución que amplía sobremanera sus facultades e incluso le permite gobernar hasta 2036, si al término de su actual mandato dentro de cuatro años opta por la reelección.

La prisa por estar por encima de todos lo antes posible obedece a su obsesión de no convertirse en pato cojo en el que hubiera sido su último periodo conforme a la anterior Constitución y sin otras opciones (presidencia del Consejo de Estado, en primer lugar) donde reubicarse para seguir gobernando. De hecho, en cualquier momento, dependiendo de cómo evolucionen las cosas, Putin puede dejar la Presidencia y, con la adecuada ley aún por promulgar, cambiar de sillón, a uno mejor.

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Miércoles, 08 Enero 2020 08:49

Nubarrones sobre AL

Nubarrones sobre AL

Las luchas populares contra un neoliberalismo resurgente y las agresiones de la ultraderecha que han tomado por asalto a América Latina (AL) presentan a la izquierda global una paradoja peculiar: suceden en un momento en que la izquierda institucional y partidaria ha perdido la hegemonía que había conquistado y ahora se encuentra desgastada.

El capitalismo global enfrenta una crisis orgánica que es tanto estructural como política. Estructuralmente enfrenta una crisis de la sobreacumulación y ha volcado hacia una nueva ronda de expansión violenta en el mundo en busca oportunidades para descargar el excedente de capital acumulado y prevenir el estancamiento. Políticamente el sistema enfrenta una descomposición de la hegemonía capitalista y una crisis de la legitimidad del Estado.

Esta crisis dual se vislumbra en AL. El golpe de Estado en Bolivia y la tenaz resistencia a la toma fascista; el alzamiento en Ecuador contra la restauración neoliberal; las rebeliones en Haití, Chile y Colombia; el regreso al poder de los peronistas en Argentina, seguido por la destitución electoral del Frente Ampio en Uruguay, entre otros acontecimientos recientes, apuntan todos hacia una temporada de gran flujo e incertidumbre en la región.

En las últimas décadas las élites trasnacionalmente orientadas en AL condujeron a la región hacia la nueva época global, caracterizada por la acumulación como “planta de estufa”, la especulación financiera, la calificación crediticia, la Internet, las comunidades cerradas, las ubicuas cadenas de la comida chatarra y los malls y supertiendas que dominan los mercados locales. Estas élites forjaron una hegemonía neoliberal en la década de 1990.

Los gobiernos izquierdistas llegaron al poder en los primeros años del nuevo siglo impulsados por la rebelión de masas contra el monstruo de la globalización capitalista. El giro a la izquierda suscitó grandes expectativas e inspiró las luchas populares alrededor del mundo. Sin embargo, los esfuerzos de los estados por llevar a cabo las transformaciones tropezaron con el poder estructural del capital trasnacional.

Con excepción de Venezuela durante el auge de la Revolución Bolivariana, se destacó la ausencia de cualquier cambio a fondo en las relaciones clasistas y de propiedad, no obstante los cambios producidos en los bloques de poder político, un discurso en favor de las clases populares y una expansión de los programas de bienestar social financiados por impuestos sobre las industrias extractivistas corporativas. La extensión de la minería y la agroindustria trasnacional corporativa resultó en una mayor concentración de las tierras y el capital y reforzó el poder estructural de los mercados globales sobre los estados izquierdistas.

Las masas populares reclamaban transformaciones más sustanciales. En su afán por atraer la inversión corporativa transnacional y expandir la acumulación extractivista, los estados izquierdistas suprimieron las demandas para mayores transformaciones. Desactivaron los movimientos sociales, absorbiendo sus dirigentes al Estado capitalista y supeditaron los movimientos de masas al electoralismo de los partidos de izquierda. Dada la ausencia de mayores transformaciones estructurales que pudieron haber respondido a las causas profundas de la pobreza, los programas sociales se vieron sujetos a los vaivenes de los mercados globales sobre los cuales los estados izquierdistas no ejercían control.

En cuanto estalló la crisis financiera mundial a partir de 2008, estos estados tropezaron con los límites de una reforma redistributiva enmarcada en la lógica del capitalismo global. Experimentaron altos niveles de crecimiento, mientras la economía global siguió su ritmo de expansión y en tanto los precios de los commodities permanecieron altos gracias al apetito voraz de China por las materias primas. La crisis socavó la capacidad de los gobiernos de sostener los programas sociales, llevándolos a negociar concesiones y austeridad con las élites financieras y las agencias multilaterales, como sucedió en Brasil, Argentina, Ecuador y Nicaragua. Las tensiones resultantes avivaron las protestas y abrieron espacio para el resurgimiento de la derecha.

En cuanto la crisis económica y los trastornos políticos abrieron espacio de maniobra para la derecha, ésta pasó a la ofensiva, a menudo violentamente, intentando recuperar el poder político directo. El viraje a la derecha ha entrañado una escalada de represión en toda la región y una movilización de los partidos y las cámaras empresariales de la ultraderecha, culminando más recientemente con el golpe de Estado en Bolivia, en tanto la región parece volver a la época de las dictaduras y los regímenes autoritarios. La derecha acude al racismo, el autoritarismo y el militarismo en su empeño por expandir el poder corporativo trasnacional. La derecha se desempeña ahora en utilizar el poder político directo que ha recuperado para imponer violentamente una plena restauración del neoliberalismo. La chispa que hizo estallar las más recientes protestas de masas fue una nueva ronda de medidas neoliberales.

Las crisis estructurales del capitalismo mundial históricamente constituyen momentos en que se producen prolongados trastornos sociales y políticos. A escala mundial, la crisis en espiral de la hegemonía parece estar activando una crisis general de la dominación capitalista. El capitalismo global entra en un prolongado estancamiento. El crecimiento de la economía global en años recientes ha sido basado en un consumo insostenible impulsado por el endeudamiento, la frenética especulación financiera en el casino global y la militarización impulsada por el Estado, en tanto el mundo entra a una economía global de guerra y se intensifican las tensiones internacionales.

La clase capitalista transnacional en América Latina intenta trasladar la carga de la crisis a los sectores populares por medio de una renovada austeridad neoliberal en su afán por restaurar la rentabilidad capitalista. Pero es poco probable que la derecha tenga éxito. La incapacidad de ésta de estabilizar su proyecto se da cuando la izquierda institucional/partidaria ha perdido la mayor parte del poder y la influencia que había alcanzado. Por tanto, surge un abismo entre las sociedades civil y política. Hay un pronunciado desfase en AL –sintomático de un fenómeno de la izquierda a escala mundial– entre los movimientos sociales de masa que están pujantes en la actualidad y una izquierda partidaria que ha perdido la capacidad de mediar entre las masas y el Estado con un proyecto propio viable. El escenario más probable es un empate momentáneo mientras se reúnen los nubarrones.

Por William I. Robinson, profesor de sociología, Universidad de California en Santa Bárbara

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Domingo, 15 Diciembre 2019 07:04

Los juegos de la desigualdad.

Los juegos de la desigualdad.

“El deporte no es mejor, ni peor que la sociedad. Es el espejo o reflejo de ella”, Willi Daume. Dirigente del deporte olímpico alemán. (Vargas, Carlos E. 2019)

 

Sin sorpresas, con una disputa que comprometió a los departamentos del Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá D.C., así trascurrieron y finalizaron los llamados Juegos NacionalesDeportivos de Colombia-del Bicentenario, en esta ocasión-,realizados del 15 al 30 de noviembre de 2019 y que tuvieron como sede Cartagena, pero con subsedes en otros municipios del departamento de Bolívar, Bogotá, Cali y Nilo (Cundinamarca).

Esta justa deportiva es el máximo evento deportivo del país. Se caracteriza por el carácter multideportivo, practicados en categoría abierta, cada cuatro años desde 1928, como iniciación del ciclo selectivo y de preparación de los deportistas que representan al país en competiciones o eventos internacionales. Desde la edición de 1988, participa una representación deportiva de cada uno de los 32 departamentos, Bogotá D.C. y el representativo de las Fuerzas Militares de Colombia.

Las justas 2019 demandaron una inversión de $150.000 millones, de los cuales el gobierno nacional aportó $ 66.000 millones: $44.000 millones para infraestructura y $ 22.000 millones para logística e implementación.

Espejo de una realidad inocultable, lo deportivo, como lo económico y lo político, también está concentrado en Colombia. No podía ser de otra manera, en tanto los presupuestos con que cuentan los departamentos son desiguales, como las oportunidades deportivas y educativas a que puede acceder la juventud que los habita.

En esta ocasión, 6.617 deportistas (2.739 mujeres y 3.878 hombres), compitieron en 38 disciplinas y 48 modalidades deportivas. Y se distribuyeron 2001 medallas: 622 de oro, 621 de plata y 758 de bronce. El oro, el 67 por ciento quedó en manos de las tres entidades territoriales que siempre han ganado los juegos: Valle del Cauca (Campeón con 165), Antioquia (148) y Bogotá (105). Las 204 preseas de oro restantes se distribuyeron entre 19 departamentos. Con un gran lunar: una tercera parte de los 32 departamentos que componen el territorio nacional no alcanzaron medalla de oro alguna (11 departamentos: Sucre, San Andrés, Caquetá, Arauca, Chocó, Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés y Guaviare). El departamento de Guainía no participó con deportista alguno. El 85 por ciento del total de la medallería (oro, plata, bronce), se distribuye entre los primeros 8 departamentos. Entre todos los participantes, 6 departamentos no lograron conseguir medalla alguna: Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés, Guaviare y por supuesto, Guainía.

Desde 1928 hasta hoy

Hasta la fecha,y desde 1928, se han realizado 21 justas, de las cuales sólo 3 entidades territoriales han ganado todos los eventos: Valle del Cauca, con 8 triunfos (1941, 1950. 1954, 1960, 1970, 1974, 1996 y 2019), Antioquia, con 8 triunfos (1980, 1985, 1988, 1992, 2000, 2008, 2012 y 2015) y Bogotá, como Departamento de Cundinamarca, con 5 triunfos (1928, 1932, 1935, 1936 y 2004). La sede y subsedes de los Juegos Nacionales, siempre han sido departamentos de la región andina, del Caribe o del Pacífico; sólo en una ocasión en un departamento de los Llanos Orientales (Villavicencio, Meta, 1985), de los cuatro existentes (Vichada, Arauca, Casanare y Meta) y nunca se han realizado en uno de los 6 departamentos de la Amazonía (Amazonas, Guaviare, Guainía, Vaupés, Caquetá y Putumayo).

Es preciso resaltar que las ciudades sedes de los Juegos Nacionales se benefician de un desarrollo urbanístico importante en cuanto a obras de infraestructura deportiva y general, vías de comunicación, hotelería y turismo, comunicaciones y talento humano.

Lo hasta acá anotado deja en claro que nuestros Juegos Nacionales Deportivos, reflejan y acentúan la desigualdad y la exclusión. Continuar con el modelo de concentración de los resultados deportivos en sólo tres entidades territoriales, la realización de éstos en las mismas regiones geográficas, seguir excluyendo a la región de la Orinoquía o Llanos Orientales y fundamentalmente la Amazonia, es dejar en el ostracismo gran parte de la población y extensión territorial.

Concentración y desigualdad

Recordemos que Colombia es el país con mayor desigualdad de Suramérica y el cuarto país más desigual del mundo. La concentración de la riqueza y de los ingresos es expresamente reflejada en un índice de Gini de 53. El Dane (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), asegura que “Colombia es cada vez más desigual”, “La situación de pobreza multidimensional entre los departamentos es muy elevada”. Según la entidad, “mientras en el 2018, en el total nacional, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional fue 19,6%, en los departamentos las diferencias son muy altas. Por ejemplo, Guainía tiene un indicador del 65%, seguida de La Guajira con 51,4%, Chocó con 45,1%, Norte de Santander con 31,5%, y Caquetá con 28,7%. En contraste, las zonas con menores niveles de incidencia de la pobreza multidimensional fueron: Bogotá (4,4%), San Andrés (8,9%), Cundinamarca (11,5%), y Risaralda (12,5%)” (Portafolio, julio 12 de 2019).

Un Ministerio de la continuidad

La política pública social en Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física en Colombia, en armonía con el resto de políticas públicas, están orientadas a aumentar la brecha de la desigualdad, a intensificar la exclusión y marginamiento, tal como lo acaba de ratificar el presidente Duque y el Ministro, Ernesto Lucena Barrero, del recién creado Ministerio del Deporte:  ya aprobaron la realización de los XXII Juegos Deportivos Nacionales Y VI Paranacionales, en el Eje cafetero: Caldas, Quindío y Risaralda para el año 2023, por lo cual, los beneficios económicos, urbanísticos, logísticos y del sector del deporte continuarán su concentración en las regiones más prósperas (fundamentalmente la región Andina o zona central), abandonando la periferia y las regiones más pobres del país.

Tambiéncabe destacar, que se mantiene la exclusión en la educación; se aumenta cada día la deuda social con niños, niñas y adolescentes de los estratos 1, 2 y 3 que se encuentran en el sistema educativo oficial colombiano, al no disponer de un profesional de la Educación Física, Recreación y Deporte en la básica primaria oficial, privando a más de cuatro millones de niños, niñas y adolescentes, en las edades más sensibles del desarrollo (5 - 12 años aproximadamente), de las bondades y derechos de una formación integral, con profesionales idóneamente formados en este campo. (Arcopref. Declaración de Cali, 2018. Congreso Nacional de Educación Física) y que contempla la UNESCO, en la CARTA INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN FÍSICA, LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE, en su artículo 7: “7.1 Todo el personal que asuma la responsabilidad profesional de la educación física, la actividad física y el deporte debe tener las cualificaciones, la formación y el perfeccionamiento profesional permanente apropiados”, firmada por Colombia en el año 2015.

Desde la Asociación Red Colombiana de Profesores de Educación Física, Recreación y Deporte, “Arcopref”, una organización con más de 5.000 profesores, entrenadores, estudiantes y profesionales afines, con presencia en los 32 departamentos del país, seguiremos tejiendo, investigando, formando, gestionando, organizando, luchando y avanzando cada día en la ruta de propiciar cambios sustanciales orientados a cerrar la brecha de la desigualdad, promover la inclusión social, la equidad y la paz, desde la Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física.

Junta Directiva Nacional de ARCOPREF

Abelardo Sanclemente

Presidente nacional

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Empate técnico en Uruguay, con leve ventaja para la coalición de derecha

Cuando las dos hinchadas festejaban un demorado triunfo en las calles, el árbitro (en este caso la Corte Electoral) suspendió el partido. La diferencia entre los candidatos Luis Lacalle Pou y Daniel Martínez al cierre del escrutinio de la Corte Electoral es tan ajustada que la definición dependerá de los votos observados.

Las encuestas y los medios hegemónicos daban como ganador al derechista Lacalle Pou, pero héte aquí que, nuevamente, la militancia de base del Frente Amplio, redobló el esfuerzo y la esperanza, remontó la brecha y el quietismo de una burocracia partidaria anquilosada, para poder soñar con un cuarto gobierno frenteamplista consecutivo.

El resultado final se conocerá entre el jueves o viernes, de acuerdo al presidente de la Corte Electoral, José Arocena, pero el candidato derechista, al frente de la llamada coalición multicolor, llevaba un leve ventaja que conservaría computados los 35.262 votos observados (1,3% del total de sufragios emitidos). La Corte no anunció ganador, debido a que la diferencia es menor a los votos observados.

En la primera vuelta, el frenteamplista Daniel Martínez le sacó más de 253.000 votos de diferencia a Lacalle Pou sobre un total de 2,4 millones de votantes. Lacalle, líder del partido Nacional, llega a la segunda vuelta al frente de una coalición multicolor de todos los partidos de la derecha contra el centroizquierdista Frente Amplio, que gobierna el país por tres mandatos consecutivos, desde hace casi 15 años.

En el mapa de la votación del 27 de octubre, el Frente mostró la pérdida de votos en departamentos fronterizos con Brasil y hubo traspaso de votos identificados tradicionalmente con la centroizquierda para la extrema derecha, con agenda fanático-evengelista, pero también a la militarista y reaccionaria presentada por el nuevo partido Cabildo Abierto, encabezado por el exjefe del Ejército Guido Manini y apoyado por Jair Bolsonaro, que sorprendió al sacar más votos que el partido Colorado.

El llamado bloque “multicolor” no es otra cosa que la conjunción de los sectores oligárquicos con el neoliberalismo de los Chicago boys y una ultraderecha con fuerte arraigo militar, incluyendo componentes fascistas en su interior. La derecha liberal, una vez más, vuelve a hacer alianza con sectores filofascistas a la hora de ordenar la casa.

En la elección de 2004, cuando fue elegido el hoy otra vez presidente Tabaré Vázquez, el Frente Amplio interrumpió 170 años de gobiernos de los partidos tradicionales, blanco o nacional y colorado.

Esta vez, el centroizquierdista Frente Amplio iba por un cuarto gobierno -sin mayoría legislativa- mientras que el Partido Nacional, segundo en la primera vuelta electoral, necesitó de los colorados y de la ultraderecha. El objetivo de la coalición multicolor, la de todos contra el Frente Amplio, era interrumpir el ciclo progresista en Uruguay, impedir junto a la prensa hegemónica, que accediera a su cuarto mandato consecutivo. Y aparentemente lo lograron.

El Partido Nacional llegaba a la segunda vuelta como favorito sin haber mostrado siquiera un proyecto de país, sino la descalificación del Frente Amplio. Durante casi un mes, en el escenario electoral se habló mucho y se dijo casi nada. Pero la ultraderecha se hizo escuchar y gritó fuerte su discurso, mientras Lacalle Pou evitaba salpicarse sin explicar cuál será el lugar de estos discursos en un eventual gobierno suyo.

Este noviembre los muros de Montevideo amanecieron con pintadas latinoamericanistas entre las calles colmadas de propaganda electoral, las rebeliones sociales contra los paquetes neoliberales comenzaron a estallar en toda la región. La la anestesiada militancia frenteamplista comenzó a despertar desde las bases, tras no lograr la dirigencia imponer a Daniel Martínez en la primera vuelta electoral.

En casi 15 años de gobierno, el Frente Amplio logró disminuir la desigualdad, mostró avances en el sistema educacional laico, público y gratuito, políticas de género, aumento del salario real de los trabajadores e incluso disminuyó la perversa dependencia económica en relación a su enormes vecinos Argentina y Brasil, fundamental para garantizar la paz social y la estabilidad económica. Pero en 15 años de gobierno se olvidó de muchas cosas.

En este balotaje, sólo en Montevideo y Canelones –donde reside prácticamente la mitad de la población uruguaya- resultó vencedor Daniel Martínez, mientras en el resto de los departamentos fue Luis Lacalle Pou el que obtuvo la mayoría. En algunos casos, como en Paysandú y Salto, esta diferencia fue muy pequeña.

El martes comenzará el escrutinio secundario, en el que se cuentan los votos observados (de funcionarios de las mesas, la Corte y custodios de seguridad). Entre jueves y viernes se sabrán los resultados oficiales. También hay que tener en cuenta que los votos anulados pueden ser recurridos por los delegados de los partidos, lo que también podría significar alguna diferencia en el porcentaje final.

La crisis de la democracia

Hay que tener en cuenta que la crisis mundial generó un quiebre general de confianza en la democracia. El 27 de octubre el ultraderechista partido Cabildo Abierto obtuvo en la primera vuelta de las elecciones 11 diputados y tres senadores, una bancada que Luis Lacalle Pou necesitará para gobernar.

En un país seguro, los medios de comunicación y la derecha fueron construyendo el imaginario colectivo de que Uruguay era un país inseguro, lo que se sumó a problemas reales como una desocupación del 9%, el elevado costo de la vida, los problemas habitacionales, en un país de poco más de tres millones de habitantes.

Una evidencia de ello es el resultado del plebiscito –simultáneo a la primera vuelta electoral- para una reforma constitucional que autortizara la actuación del Ejército en las calles, en la seguridad pública. La propuesta fracasó, pero logró el 43% de apoyo.

El aparato mediático, manejado por los grandes medios de comunicación, los evangelistas y el Opus Dei reinstalaron en las llamadas redes sociales los debates en torno al aborto, al matrimonio igualitario, a la ley trans y a la noción de familia. El ultraderechista líder de Cabildo Abierto, el general Guido Manini, ha dejado claro que es necesario restablecer el orden patriarcal: “Ya no es el obrero contra el patrón, el empleado contra el empleador; ahora es mujer contra marido y contra hijos”.

La derecha vendió un producto: el cambio. “Está bueno cambiar”, “#Ahora sí”. Léase “alternancia plural”, concepto que el propio Lacalle Pou definió al final de la campaña. ¿Un cambio hacia qué, hacia dónde? Lo difícil no es suponer qué es lo que buscan, sino cómo lo lograrán, porque poco dice sobre el cambio el documento empresarista, represivo, conservador de la coalición multicolor “Compromiso por el país”.

Nadie sabe qué pactó Lacalle Pou con el combo de partidos y grupos de derecha y ultraderecha, y no fueron solo cargos en ministerios y organismos y empresas del Estado. Lacalle afirmó que no derogará las leyes de la denominada agenda de derechos, pero eso no alcanza: todos saben que hay muchas formas de impedir su vigencia.

Un triunfo del bloque multicolor de Todos contra el Frente, significará la pérdida de conquistas populares, laborales y sociales. Tiene y tendrá como una de sus principales armas al poder mediático, portavoz del poder fáctico, y el punitivismo judicial, muy intrincado con lo social.

Para la población la alternativa no era nada clara. O se elegía un cuarto gobierno del FA sin mayoría legislativa o un gobierno nacionalista (blanco) que necesitará de los colorados y de la ultraderecha para gobernar, mientras en la región sonaban otra vez las botas y balas de militares, el terrorismo de Estado y las presiones del FMI y la secretaria general de la OEA, procónsul del imperio estadounidense.

De cara al balotaje el escenario latinoamericano fue más intenso que en la primera vuelta. A la liberación de Lula, le siguió el golpe racista, xenófobo proestadounidense en Bolivia y noticias cada vez más cruentas de la represión en Chile. Juramento con biblias y nuevos testamentos, la wiphala en llamas, los ojos que los carabineros chilenos sacaron con sus disparos a más de doscientas personas.

No vienen tiempos fáciles para quienes tienen convicciones democráticas. Las izquierdas –partidarias o no– se han dado cuenta que deberán abrirse a la autocrítica y discutir seriamente cómo desarrollar un abordaje que permita dialogar –sobre todo con los jóvenes- con todas las miradas anticapitalistas y no eluda la existencia del orden patriarcal, que es racista y colonial.

Durante la campaña hubo también terrorismo mediático. El presidente del Centro Militar, coronel Carlos Silva Valiente, dijo que la búsqueda de detenidos desaparecidos en dictadura (1973-1985) es un “gastadero de plata y un curro”, expresó que en Uruguay no hubo dictadura, cuestionó las leyes sociales del gobierno del Frente Amplio y advirtió que están dadas las condiciones para un golpe de Estado, porque no hay democracia.

En vísperas de las elecciones, el Centro Militar envió un mail en el que afirma que «culminará el proceso de redención de los derechos y valores del pueblo oriental, heridos, socavados, despreciados por 15 años de asonada frenteamplista».

¿Se mantendrán calmas las aguas hasta jueves o viernes?

Rubén Armendáriz. Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Ruido de sables por el neoliberalismo en Chile

El fantasma de un golpe de Estado es la excusa para firmar un acuerdo bajo el pomposo enunciado: "Por la paz y una nueva constitución". Desbordados por la explosión social, la firma garantiza la continuidad del orden neoliberal, con nuevo etiquetado. Chile Vamos, nicho del pinochetismo, junto a socialistas, democristianos, Revolución Democrática y Convergencia Social; 14 partidos se coaligan. Su objetivo, romper el espinazo de las movilizaciones que han creado estructuras, débiles pero capaces de cuestionar el orden. De ellas han surgido cabildos abiertos y una organización en ciernes para enfrentar el poder constituido. Estudiantes, jubilados, profesionales, trabajadores, sectores medios, feministas, el pueblo mapuche participan propuestas para llamar a una asamblea constituyente. Un hartazgo a tanta injusticia social, corrupción y sordera de una élite política que por décadas ha levantado un modelo concentrador y excluyente, justificando la desigualdad con el argumento de responder a una distribución equitativa acorde a las leyes del mercado.

Las manifestaciones han continuado pese al pacto y la represión. Los movimientos sociales han decidido resistir y mantener las reivindicaciones por una asamblea constituyente que ponga fin al ciclo neoliberal. Así, lo atestigua la encuesta de la Universidad de Chile, donde 55.3 por ciento dice participar de alguna forma de protesta; 87.8 por ciento cree que los cambios de gabinete no solucionan los problemas actuales; otro 80.3 por ciento considera necesario redactar otra constitución, y más de 90 por ciento pide una reforma al sistema de pensiones, salud, educación y mercado laboral. El sondeo desnuda el descrédito de los partidos y la desconfianza hacia las instituciones políticas. Así, el presidente recibe sólo 2.8 de confianza entre un máximo de 10 y un mínimo de uno. Los ministros, 2.6; parlamentarios 2.5 y partidos 2.4.

El miedo sacude al poder. El gobierno, con aval de gran parte de la oposición, salvo el Partido Comunista y Humanista, opta por la violencia como arma política, recordando los peores días de la dictadura. Gobierno y oposición presentan las movilizaciones como parte de un engranaje en manos de delincuentes que asaltan supermercados, rechazan el diálogo, siembran caos y violan la propiedad privada. El presidente de Renovación Nacional, Mario Desbordes, declara el 13 de noviembre: "Sólo quedan uno o dos días" para encontrar un acuerdo que ponga fin al levantamiento popular, y el gobierno amenaza con decretar el estado de sitio, agitando la bandera de un ruido de sables. Manuel Cabieses, director de Punto Final, señala: “El rumor del peligro golpista –real o supuesto– surgió cuando el presidente de Renovación Nacional sentenció que sólo quedaban uno o dos días para pacificar el país. Se estima que este ex teniente de carabineros y ex funcionario de la Gendarmería mantiene una relación privilegiada con las instituciones armadas. La maniobra, en todo caso, permitió a los desprestigiados partidos recuperar protagonismo. Lo hizo mediante la suplantación de identidades. Las masas populares y las organizaciones sociales –que tuvieron fugaz aparición con la mesa de Unidad Social– fueron suplantadas por partidos situados en el peldaño más bajo de la estima ciudadana. Horas después del pacto gobierno-oposición, el pueblo salió otra vez a las calles reiterando sus demandas democráticas y fue reprimido con extrema dureza”. Gobierno y oposición, al borde de un ataque de nervios, firman el documento "Por la paz y una nueva constitución". Sus promotores dicen recoger las reivindicaciones ciudadanas, llaman a la desmovilización, esgrimiendo la paz como escenario para convocar a un plebiscito sobre la reforma constitucional en abril de 2020. La traición se ha consumado.

Jorge Sharp, alcalde de Valparaíso militante de Convergencia Social y otros 72 correligionarios, presentan su renuncia: “El acuerdo de paz social, y una nueva constitución, firmado por partidos políticos, es contrario, en esencia a las demandas que las diferentes y diversas manifestaciones han enunciado en la calle. Su construcción se realizó por un conjunto de directivas partidarias y parlamentarios que no representan la voluntad mayoritaria de la movilización, excluyendo, en definitiva a ese Chile que despertó. […] Las decisiones tomadas por las instancias superiores del partido nos indican que éste no constituye el espacio que permite impulsar de forma adecuada la política de transformaciones democráticas que requiere el momento actual. Es por ello que a través de esta carta comunicamos nuestra renuncia a Convergencia Social”.

El rechazo a las demandas de una asamblea constituyente con delegados electos desde abajo y las propuestas de los cabildos abiertos, serán desestimados. Primero por la imposibilidad de ser elegidos bajo la actual ley electoral y en segundo lugar, esgrimiendo el ruido de sables que acompañará todo el proceso. Así, la espada de Damocles de las fuerzas armadas pende sobre la cabeza de los chilenos, verdaderos cancerberos del orden neoliberal. Sin embargo, los grandes cambios sociales no se detienen ni con la ignominia ni con la traición. Así lo hizo ver el presidente Allende en su último discurso: “El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse […]. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. […] Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor”.

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Uruguay: cuarto mandato de la izquierda o giro a la derecha

"No perder lo bueno, hacerlo mejor" dice la pintada en una pared por la avenida 18 de julio camino a la Plaza Cagancha. Y, la respuesta debajo: "nosotros podemos". Así conviven las consignas de la coalición de centro-izquierda Frente Amplio (FA), que gobierna Uruguay desde hace quince años, con la del Partido Nacional (Blanco) en alianza con otras formaciones de derecha y ultraderecha, horas antes del ballottage del domingo 24 de noviembre.

En la Plaza Cagancha, militantes frenteamplistas entregan volantes de la fórmula Daniel Martínez-Graciela Villar sin inmutarse por la presencia a unos pocos metros de un puestito opositor de la fórmula Luis Lacalle Pou-Beatriz Argimón. Del parlante de los blancos se escucha cumbia: primero Gilda, después Lia Crucet. 

 A esta segunda vuelta el ex senador Lacalle Pou, de 46 años, llega con ventaja frente al ex intendente de Montevideo, Martínez, de 62 años. Según los últimos sondeos, el candidato opositor obtiene entre 49 y 51,5 por ciento de intención de voto y su rival socialista cuenta con un apoyo de 43, 44, 5 por ciento. 

La frase de José "Pepe" Mujica "las izquierdas en el mundo se dividen por las ideas y las derechas se juntan por intereses" sirve para entender el dato novedoso de esta contienda: el neoliberal Partido Colorado junto al ultraderechista Cabildo Abierto y dos formaciones minoritarias (Partido Independiente y Partido de la gente) se aliaron con los blancos en un "compromiso por el país" en el que prometen "hacer más con menos", reducir el déficit fiscal ( 4,9 por ciento del PIB) sin subir impuestos ni tarifas y combatir la inseguridad.

Si Lacalle Pou se impone este domingo, pondrá fin a un proyecto de país de los últimos 15 años que mejoró, aunque con algunas limitaciones, los indicadores económicos. Así lo destacó el candidato oficialista Daniel Martínez en diálogo con Página12. " Somos el país más igualitario de Latinoamérica; el salario real creció un 60 por ciento; la pobreza bajó del 34 por ciento al 8 por ciento; la indigencia del 4,5 al 0,1 por ciento, universalizamos el sistema de salud". 

En un banco de Plaza Cagancha, que es como un retiro del movimiento de la calle central, Maicol Pereira dice que "la promesa de cambio de la oposición es un retroceso". Mate en mano, este trabajador en una empresa de limpieza, de 34 años, explica por qué vota al Frente Amplio. "En 15 años el salario creció siempre por encima de la inflación. La derecha quiere vender que estamos en crisis cuando es record la venta de autos 0km. No ves un ´cachilo´ (como llaman a los autos viejos)".

En este período de tres gobiernos del FA a partir del 2005 se crearon 300 mil puestos de trabajo, pero en los últimos años se perdieron 50 mil y hoy la tasa de desocupación es del 9 por ciento. 

María José Vieitez, de 35 años, está desempleada desde hace más de un año. "Estoy enojada con el Frente Amplio pero le voy a dar el voto igual", dice, y agrega. "Lacalle Pou es un cheto, no sabe lo que cuesta un kilo de arroz". 

Pasa haciendo propaganda con una bandera amarilla (de un sector de los blancos) un señor que se define "de centro". Eduardo Rodríguez, economista jubilado, dice que vota por "la unión de la oposición". "Voto por que el Estado no sea magnánimo, que dé libertad, que no obligue a la bancarización. Que no controle lo que comprás", concluye y entrega un volante.

Una mujer pasa y al rechazarle el papel le dice: "no voto en contra de los trabajadores".  

"No queremos que se venga Venezuela", le retruca Miriam Silva, madre y abuela de 6 niestos. "No quiero que mis nietos se vayan del país, dice esta militante del Partido Nacional y terapeuta con medicina natural. 

El "fantasma del populismo" circula entre los que proclaman un cambio. "¿Sabes lo que acordaron Lula, Chávez y Fidel en el Foro de San Pablo?, se indigna Susana que teme decir el apellido. Y agrega esta jubilada, de 75 años. "Quiero vivir en democracia, sin comunismo". 

El peligro Manini Ríos

De camino al hotel, un taxista y ex jugador de Racing de apellido Falero incomoda cuando dice "se va a terminar el recreo", retomando la frase de Guido Manini Ríos de que "hay que terminar el recreo de todo malandraje".

De las derechas aliadas, la que más preocupa es Cabildo Abierto, liderada por el excomandante en jefe del Ejército.  Manini Ríos fue destituido en marzo por Tabaré Vázquez por no haber denunciado la confesión del represor Nino Gavazzo de que arrojó al Río Negro el cuerpo del tupamaro Roberto Gomensoro, en 1973. 

"Ya lo conocemos" dice el titulo del editorial de La Diaria repudiando que el electo senador rompiera la veda pidiendo a los militares que no voten al Frente Amplio. "Llama la atención que Manini Ríos decidiera avalar una idea que intentó refutar durante la campaña: la de que Cabildo Abierto es un partido militar", sostiene el diario sobre el video de Manini Ríos que circuló por estas horas en las redes sociales . 

En esa grabación dijo: "Vemos que aquellos que desde el gobierno han atacado sistemáticamente la institucion armada hoy les piden su voto. Son los mismos que hace tan solo un año aprobaron una ley de retiros que afectó principalmente a las jerarquías más bajas... Son los mismos que despectivamente llegaron a llamarlos ´carne con ojos".... Manini Ríos se refería unas declaraciones por las que Mujica en su momento pidió disculpas. 

Cabildo abierto consiguió once bancas en Diputados  y tres en el Senado: Lacalle Pou necesita de los legisladores de los partidos aliados para contar con mayoría parlamentaria. Guido Manini Ríos pone en cuestión la agenda de derechos que aprobó el Frente Amplio en estos 15 años como las leyes de legalización del aborto, marimonio igualitario y regulación del cannabis, entre otras.

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Puño en alto, Martínez festeja su triunfo este domingo, a la espera del ballotagge. foto2: Simpatizantes de Lacalle Pou celebran la elección de su candidato.   ________________________________________ Imagen: AFP

 El socialista obtenía un 39,9 por ciento de los votos, frente a Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional, que obtenía 29. Ernesto Talvi (12,5) y Guido Manini Ríos (10,7) apoyarán a Lacalle en la segunda vuelta. 

 

Eran las 20.30 de la noche cuando los uruguayos ya tenían una certeza: que el candidato Daniel Martínez, del Frente Amplio, era el ganador, pero que no le alcanzaba para imponerse en primera vuelta. Con los datos de las proyecciones del escrutinio anunciados por las consultoras Factum y Equipos Consultores, el socialista obtenía un 39,9 por ciento de los votos, frente a Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional (Blanco), que obtenía 29 por ciento. En tercer lugar, se ubicaban el colorado Ernesto Talvi (12,5 por ciento) y el ultraderechista Guido Manini Ríos (10,7 por ciento). Tanto el economista neoliberal Talvi como el excomandante en jefe del Ejército anunciaron su apoyo a Lacalle Pou para el ballottage, que se realizará el 24 de noviembre.

Pasadas las 21 horas, Martínez se dirigió a sus a seguidores desde su comando de campaña en el centro montevideano. “Se siente se siente, Martínez presidente”, cantaba la militancia. El exintendente de la capital, de 62 años, llevaba una bandera de Uruguay en su hombro izquierdo, secundado por su compañera de fórmula Graciela Villar. “La fuerza más importante del Uruguay se llama Frente Amplio. Es la apuesta a las certezas, a la estabilidad, y no la apuesta al ajuste con un destino incierto. En esta nueva etapa que se abre los ciudadanos van a elegir a personas concretas. Acá están Graciela y Daniel, vamos que podemos”, sostuvo. 

El Frente Amplio pierde la mayoría parlamentaria con la que gobernó durante tres períodos consecutivos a partir de 2005, y deberá pugnar en solitario por la Presidencia.

Eran las 22. 30 cuando habló Lacalle Pou ante sus simpatizantes, acompañado por su compañera de fórmula Beatriz Argimón. El ex diputado y senador de 46 años, que se candidatea por segunda vez a las presidenciales, insistió con su idea de campaña: “queremos cambiar el país….Se va a instalar el Uruguay de la tolerancia”. Quiero pertenecer a un gobierno que no les diga a los uruguayos que no les van a subir los impuestos y las tarifas y después les mienta". El abogado, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle --recordado por sus políticas neoliberales-- dijo que agradecía el apoyo de los otros partidos para formar una coalición variopinta. 

Consultado por Página12, el historiador Gerardo Caetano señaló los desafíos para la coalición de centro-izquierda oficialista. “El Frente Amplio se confirma como la primera fuerza política. De cara al ballottage, la situación de ventaja es para Lacalle Pou. El hecho novedoso es el partido ultraderechista de Manini Ríos: el voto de Cabildo Abierto será clave para la segunda vuelta. Ese partido tiene la llave de las mayorías legislativas” afirmó el politólogo.

De su lado, Adolfo Garcé, profesor del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de La República dio su opinión sobre esta elección. “El Frente Amplio lleva 15 años gobernando. Siempre surge un poco de descontento, de promesas incumplidas. Por ejemplo, la desocupación es baja (8 por ciento), pero se fueron perdiendo puestos de trabajo en los últimos años. El déficit fiscal viene en aumento desde hace tres años. El gobierno tuvo que subir impuestos en 2016 y eso generó malhumor”.

El economista Alberto Couriel, quien fue 25 años senador del FA, señaló a este diario que mientras la coalición oficialista siempre se preocupa por el gasto social, el empleo y la salud, la derecha siempre está preocupada por el déficit fiscal. “La derecha ve al déficit fiscal como si fuera todos los males del mundo. Ya vemos las experiencias de Macri, Bolsonaro y Piñera. La derecha va a implementar un ajuste clásico: recortar el gasto, lo que conlleva a una menor demanda interna y la caída del salario real.

En su programa de gobierno Lacalle Pou plantea reducir el gasto del Estado para superar el déficit fiscal de 4,9 por ciento del PIB que arrastra el país. Entre otras medidas criticadas por el oficialismo, propone reducir la reposición de vacantes en el sector público para bajar erogaciones.

Si bien la inversión en educación es de un 4,2 por ciento del PBI, Garcé alertó sobre un aspecto a resolver, parte de los reclamos de la ciudadanía. “Hay deserción de estudiantes de secundario de los barrios más pobres. Cuatro de cada diez estudiantes termina el liceo, y son los que viven en barrios acomodados. Entonces es un problema de desigualdad”.

Los uruguayos decidieron este domingo sobre una reforma constitucional que promovía la creación de una guardia nacional que pondría a 2.000 militares en las calles en tareas de seguridad. El impulsor del plebiscito, el senador blanco Jorge Larrañaga, dio una palabras tras conocer el resultado desfavorable: un 46 por ciento de los votos --necesitaba superar el 50 por ciento--. “No contábamos con ningún candidato a la presidencia apoyándonos. El millón y pico marca que estamos felices y contentos porque hemos jugado un papel importantísimo para el resultado que tiene hoy el Partido Nacional”.

La Teja y Pocitos

La Teja, a pocos kilómetros del centro, tiene un habitante ilustre: Tabaré Vázquez. El presidente uruguayo vivió toda su vida en este barrio de clase media baja y de obreros. En el Club Progreso Tabaré votó por la mañana ante la mirada atenta de simpatizantes del Frente Amplio.

Se veían banderas rojo, azul y blanco en cada cuadra. En autos, sobre los hombros de “chiquilines”, en pintadas en los postes de luz. Un pasacalle anunciaba: “Los uruguayos votamos a conciencia y con memoria”.

 “El Frente me ayudó y me dio libertad” dijo la trans que es enfermera y que está haciendo los papeles para cambiarse el nombre; en su documento figura como Luis Alberto García. “Mujica nos dio la cédula y la Mides (una política social)”, aseguró con orgullo. Durante este período de gobierno se aprobó la Ley integral para personas trans.

Daniel Martínez votó antes del mediodía en el barrio Pocitos, una zona que contrasta con la Teja. Allí se ven más banderas blanca y celeste (del Partido Nacional) en las ventanas de edificios y casas de uruguayos con alto poder adquisitivo. El ex presidente de la petrolera Ancap, de padres blancos que siempre le criticaron sus ideas de izquierda, fue al Colegio Marista Champagnat.

Mate en mano, Martínez dijo que la jornada era “una fiesta en la calle" y que había hablado por teléfono con el candidato argentino Alberto Fernández en momentos en que también se votaba en la otra orilla.

 De Pocitos es oriundo Lacalle Pou. Fue al colegio secundario en la British School, en Carrasco. En este barrio de clase media acomodada el jubilado Juan Illa sostuvo con convicción: “Soy blanco de toda la vida. Quiero un cambio. Este gobierno hizo cosas buenas, pero hay que mejorar la seguridad”.

El tema seguridad era una obsesión para los vecinos electores de este barrio.

Un cantante de tango amateur de nombre Mauricio Petri, señaló su balcón del semipiso, frente a la escuela Brasil. Dueño de un local de ropa, improvisó ante esta cronista el tango “Uno” y después -dijo--le voy a cantar “Volver”. Este señor votó por el Partido Colorado por tradición familiar. “El Frente Amplio estuvo 15 años, hay crisis. Nadie compra nada hasta después de las elecciones”, dijo.

En menos de un mes, los uruguayos definirán si se mantienen en el camino de los últimos 15 años o si optarán por un giro a la derecha.

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El debate electoral en Uruguay

Derechos civiles bajo amenaza

Aborto legal, matrimonio igualitario, regulación del cannabis y leyes en favor de peones rurales, empleadas domésticas y personas trans.

Por Mercedes López San Miguel

Desde Montevideo

En 15 años de gobiernos del Frente Amplio, Uruguay avanzó con una agenda de derechos: aborto legal, matrimonio igualitario, regulación del cannabis, ley de jornada laboral del peón rural, ley para empleadas domésticas, ley integral para personas trans.

Luis Lacalle Pou, diputado por el Partido Nacional desde el año 2000 –entonces tenía 26 años—y que en 2015 se instaló en el Senado, no votó ninguna de las mencionadas leyes. Hijo de una familia patricia, Lacalle Pou se define “muy creyente” y contrario al aborto. “Voté en contra todas las veces y creo que hay que trabajar para que no se produzcan más abortos” dijo a la agencia EFE.

El abogado recibido en la Universidad Católica sostiene que si pudiera volver el tiempo atrás, daría su apoyo al matrimonio igualitario. En una entrevista televisiva, Lacalle Pou se mostró a la defensiva diciendo que estuvo a favor de “14 de los 24 artículos de la Ley para personas trans”, pero, al mismo tiempo no podía justificar por qué no votó el artículo sobre la operación de cambio de sexo.

Desde el FA temen que los blancos, de llegar al poder, deroguen las leyes de derechos. Daniel Martínez les preguntó a los simpatizantes: “¿qué garantías tenemos que no habrá retrocesos?”.

El estudiante de Diseño gráfico, Santiago Ripa, con cigarro de marihuana en mano, explica a esta cronista por qué votó al socialista Martínez. “Mis padres fueron de izquierda durante la dictadura. En 15 años de gobierno se ha logrado equidad, mejorar la salud y la educación. Claro que falta mucho por hacer, ta”. Ripa, de 26 años, votó por segunda vez y en ambos casos por el FA. “Lacalle Pou quiere bajar cupos en educación. Representa a los de arriba”.

Como este joven estudiante, desde 2014 se registraron 48.296 personas en el Instituto de Regulación y Control del Cannabis. Según las cifras oficiales, son 37.890 adherentes en farmacia, 7513 por cultivo doméstico y 3896 miembros de clubes.

La Ley de regulación de producción, venta y consumo de marihuana se sancionó en diciembre de 2013 sólo con los votos del bloque frenteamplista. El senador blanco Jorge Larrañaga sostuvo entonces: “Uruguay se va a convertir en territorio liberado”.

El exintendente de Montevideo, Mariano Arana, brindó en diálogo con Página/12 otros ejemplos de la nutrida agenda social. “No fueron sensibles los que dijeron que tradicionalmente apoyaban el trabajo del campo. ¿Cuándo se acordaron de los peones rurales? Si no hubiera sido por el Frente Amplio nadie se acordaba de ellos”. El referente frenteamplista se refería a la Ley 18.441 del año 2008 que limitó la jornada laboral de los peones rurales a máximo 8 horas diaria y estableció el pago de horas extras. Arana sostuvo también: “Mi madre trabajó en el servicio doméstico, sometida a múltiples arbitrariedades y barbaries. Por primera vez las empleadas domésticas tienen una ley que las proteja“, dijo en alusión a la norma sancionada en 2006.

Sin embargo, persiste una deuda con los derechos humanos. El Frente no logró derogar la Ley de Caducidad y se mantiene intacto el pacto de silencio en las altas jerarquías militares. El excomandante del Ejército, Guido Manini Ríos ocultó a la justicia penal la confesión del represor José Nino Gavazzo sobre la desaparición de Roberto Gomensoro en 1973. Gavazzo había sido exculpado en la causa por falta de pruebas. Por eso, Tabaré Vázquez destituyó a Manini Ríos en marzo de este año. “En Uruguay solamente un pequeño grupo de criminales estatales ha sido juzgado y condenado”, señaló Crysol, Asociación de ex presos y presas políticas.

Macarena Gelman, nieta del poeta argentino e hija restituida de María Claudia García Iruretagoyena y Marcelo Gelman, desaparecidos por el Plan Cóndor, advirtió en una entrevista radial: “las políticas de los gobiernos que no fueron del Frente Amplio han sido bloqueadoras en cuanto a las búsquedas de desaparecidos. Volverían dificultades que hoy estamos sorteando”. En marzo de 2012, durante el gobierno de José Mujica, el Estado uruguayo pidió perdón a las víctimas de la dictadura tras el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso Gelman.

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El Frente Amplio busca evitar un ballotage con la derecha

El río, que los uruguayos llaman mar, fluye tranquilo y constante en este viernes de sol. Una tranquilidad que parece de otro mundo si se la compara con las crisis económicas de Argentina y Brasil, y más aún con la revuelta popular que se vive en Chile.


Cuando este domingo 27 de octubre los uruguayos vayan a las urnas tendrán la opción de votar por la continuidad del proyecto del centro-izquierdista Frente Amplio (FA), tras 15 años de gobierno. Un proyecto que mejoró, con algunas limitaciones, indicadores económicos y cambió la matriz energética. Y en el que por primera vez hay renovación, dado que no se postulan los políticos históricos José “Pepe” Mujica y Tabaré Vázquez, que termina en marzo su segundo mandato.

El candidato del FA es el exintendente de Montevideo, el socialista Daniel Martínez, quien lidera los sondeos (le otorgan entre 40 y 43 por ciento), pero no le alcanzaría para ganar en primera vuelta. Martínez se enfrenta a una oposición de derecha fragmentada: en segundo lugar en intención de votos se ubica el senador Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional o Blanco (entre 24 y 29 por ciento), con su promesa de shock y reducción de un déficil fiscal que hoy es de 4,9 por ciento, similar al de Argentina.

En el tercer lugar aparece el candidato del Partido Colorado, Ernesto Talvi (entre 11 y 13 por ciento) seguido muy de cerca por el ultraderechista Guido Manini Ríos, excomandante en jefe del Ejército que lidera Cabildo Abierto (entre 9 y 12 por ciento). Un Bolsonaro a la uruguaya.

Por la peatonal Pérez Castellano en la Ciudad Vieja una pintada enuncia: “Tus sueños al Frente”, en apoyo al partido de los colores rojo, azul y blanco. Un vendedor de un local de artesanías, Juan De Carli, afirma que siempre votó al Frente Amplio. “Es la opción del cambio. El acceso al estudio, a la medicina gratis gracias al Fonasa (Fondo Nacional de Salud). Se pasó de 380 mil afiliados a mutuales a 2 millones y medio de afiliados al sistema integral”. En el puesto de enfrente, buscando unos discos de vinilo, Mario Pérez, dueño de una pequeña empresa se sincera: “Quiero que se vayan. No soy de izquierda. Los uruguayos estamos mal. Tenemos mucho asistencialismo a los pobres. Yo tengo que laburar, bo”. Se le pregunta a quién va a votar, duda y responde: “no votaría a nadie”.

El enojo de este señor de 57 años contrasta con la explicación de Daniel Olesker, ex ministro de Salud y Desarrollo Social durante el gobierno de Mujica (2009 a 2014). “En estos 15 años hubo un aumento del 60 por ciento del salario; se crearon 300 mil puestos de trabajo, más los 300 mil empleos informales que se blanquearon. Hubo un cambio tributario: se bajó el IVA y se eliminó el impuesto a los sueldos. Esto contribuyó a que creciera el mercado y también el turismo interno”. El economista sintetiza: aumento salarial, más empleo y reducción de la carga tributaria de los trabajadores. Y da un ejemplo. “una pareja de una docente y un cajero hoy tienen en términos de poder de compra el doble de lo que era en 2004”.

Olesker destaca que en estos gobiernos del FA Uruguay fue saliéndose de la dependencia con Argentina y Brasil que tenía en los años noventa. “Se dio una modalidad de crecimiento económico más diversificado, con fuentes de energía renovables”. Tras la última crisis energética, Uruguay cambió su matriz productiva: hoy la electricidad es 97 por ciento de energías eólicas y solares. Asimismo, crece la expectativa por la inversión de una nueva papelera UPM, que miran de reojo los ambientalistas. Se va a instalar en el centro del país, entre Paso de los Toros y Durazno.

De su lado, el candidato Lacalle Pou, hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle, presenta un plan de gobierno haciendo énfasis en “Austeridad, Competitividad, Seguridad Social, Conocimiento y Cultura”. El senador afirma que bajará el gasto sin aumentar impuestos ni tarifas públicas. “Se puede ahorrar en torno a 900 millones de dólares por año” afirma el candidato de la derecha, prometiendo “eficiencia” en la asignación de recursos en las empresas públicas sin restar fondos a educación, salud o vivienda. Este conjunto de expresiones de buena voluntad de parte del aspirante neoliberal, exhibe un aroma familiar para quien vivió la experiencia de la debacle de Macri. Los críticos de Lacalle Pou sostienen que un eventual gobierno de la derecha reducirá el gasto social. Y recuerdan que “Cuquito”, como llaman al hijo de “Cuqui” Lacalle, no ahorró elogios a Macri ni a Piñera.

Más complicado estuvo por estas horas el candidato Ernesto Talvi, quien tuvo que aclarar que “jamás” aseguró que Chile fuera un país modelo. El economista liberal asegura que durante la campaña dijo “hasta el cansancio” que tomaba a Chile “como ejemplo en dos aspectos, en el manejo del dinero de los contribuyentes y del Estado y en la política que los ayudó a salir a la conquista de los mercados del mundo”.

“La región se incendia y mira con admiración a Uruguay”, titula el diario local La República. Hay mucho por rescatar de un modelo que navega por aguas tranquilas.

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Evo ganó pero iría a ballottage con Mesa

 El presidente de Bolivia se imponía con el 45 por ciento de los votos, pero le faltaban puntos para evitar la segunda vuelta. Carlos Mesa obtenía un 38 por ciento.

Con incertidumbre y tensión, el desenlace de las elecciones en Bolivia se prolongaba hasta casi la medianoche del domingo. El escrutinio se plantó a las 2 horas y 20 minutos de haberse cerrado la votación con el 83,76 de los sufragios computados. Con ese porcentaje Evo Morales deberá revalidar su victoria en la primera vuelta en un segundo turno. No sacaba el 10 por ciento de diferencia sobre Carlos Mesa indispensable para ganar sin el 50 % más uno de los votos. El presidente les habló a sus partidarios en el Palacio Quemado, la ex Casa de Gobierno, anunciando su cuarta victoria electoral consecutiva, pero dejó en suspenso si se podría evitar el ballottage. Carlos Mesa, el candidato de Comunidad Ciudadana (CC) se había pronunciado antes: “Hemos logrado un triunfo, estamos en segunda vuelta”. El denominado conteo rápido como lo llaman acá, hacia presumir que los resultados totales y definitivos se conocerían relativamente temprano. Pero no pasó. Entre las 20.20 (hora de Bolivia) y el cierre de esta edición, festejaba el MAS, el partido del gobierno, y también CC, la segunda fuerza.

La demora en conocerse el 16,24 por ciento de los votos pendientes, según los medios, distintos analistas y el propio Tribunal Supremo Electoral (TSE), se debía a que provienen del campo, donde el MAS ha mantenido una hegemonía histórica. El voto rural será el que en definitiva decida qué pasará con la continuidad de Morales en el gobierno.

Al cierre de esta edición ni siquiera se podían tener datos del TSE. Esa incógnita sobre los sufragios de las zonas más alejadas de las grandes ciudades se trasladó a las calles de esta capital, donde tanto masistas como partidarios del ex presidente Mesa se adjudicaban la victoria. Unos con realismo y cautela. Es que Evo efectivamente sacaba el 45,28 por ciento de los votos, pero le faltaban los puntos necesarios para evitar la segunda vuelta; y otros porque cuando se conoció el 83,76 de los sufragios emitidos, llegaban a la segunda vuelta con el 38,16 para Mesa. La diferencia de 7,12 por ciento entre los dos candidatos, tomado en cuenta que ninguno superaba el 50 %, marcaba la certeza de un nuevo turno electoral.

En la hipótesis de un ballottage, se trataría de una elección muy diferente a esta. El MAS iría a esa instancia fijada para el 15 de diciembre con su base electoral intacta, pero competiría contra una oposición que se aglutinaría detrás de la candidatura de Mesa. Oscar Ortiz, de Bolivia dice NO, anunció su respaldo al ex presidente. Es previsible que el coreano-boliviano Chi Hyun Chung llame a votar por Mesa. Entre los apoyos en las urnas que juntaron el tercero y cuarto de los candidatos suman un 13,18 por ciento, un porcentaje que puede ser decisivo para dirimir el resultado en el ballottage.

El presidente les habló a sus partidarios en la ex Casa de Gobierno, acompañado por su compañero de fórmula, Álvaro García Linera: “Entendemos las informaciones preliminares y como siempre esperamos el voto del campo”, dijo y recordó cuando en 2002, en su primera incursión como candidato a presidente, los votos se demoraron por una nevada. “Vamos a esperar al último escrutinio del voto nacional para continuar con nuestro proceso de cambio”, agregó.

Mesa, en cambio, no esperó al cierre del escrutinio y ante su militancia salió a confirmar que forzaba el ballottage de diciembre: “Es un triunfo incuestionable que nos permite decir, con absoluta certeza y asusta seguridad, que estamos en segunda vuelta. Este triunfo se lo debemos a la claridad de pensamiento del pueblo boliviano. Mi agradecimiento a todas estas personas, millones de bolivianos que han decidido votar por Comunidad Ciudadana”-

Bolivia tiene nueve departamentos –el equivalente a nuestras provincias- donde Evo ganaba en cinco de ellos: La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí y Pando. Mesa triunfaba en Santa Cruz, Beni, Chuquisaca y Tarija. La votación para el Congreso le adjudicaba la victoria al MAS en ambas cámaras, aunque con el detalle clave de que en el Senado, el oficialismo cedía su mayoría (por la pérdida de siete bancas). Las fuerzas quedaban así: 18 senadores del MAS, 17 de la CC y uno de Bolivia dice No).

Los guarismos parciales de la elección dejaron a los dos principales candidatos despegados por una gran diferencia del resto. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) que había empezado el día destacando que se votó con normalidad en todo el país, a las seis de la tarde daba los resultados iniciales que llegaban desde el exterior. La primera mesa que se conoció fue de la Argentina. De la escuela Nº 16 República de Corea ubicada en Murguiondo 76, del barrio de Liniers. Ahí Evo sacó una diferencia aplastante sobre su rival: 45 votos a 10. Los sufragios de los bolivianos en otros países representan el 4,7 % del electorado. Un porcentaje nada desdeñable para las fuerzas que se presentaron a las elecciones.

Detrás de Evo y Mesa en las generales asomó la gran sorpresa de la votación. El coreano Chi Hyun Chung, un pastor evangélico que ataca al feminismo y la educación de género y que de la nada saltó al tercer puesto. Un fenómeno parecido ya vivió Brasil con Jair Bolsonaro y las iglesias apoyándolo. Ortiz quedó cuarto y el último de los nueve candidatos que superó el uno por ciento de los votos fue Felix Patzi, del Partido Tercer Sistema. Tanto él como los restantes desaparecerían del escenario electoral por no llegar al 3 % de los votos. La ley electoral boliviana prevé que si las fuerzas políticas no obtienen ese piso perderán su personería jurídica.

Por Gustavo Veiga

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Viernes, 20 Septiembre 2019 06:40

El poder de Netanyahu disminuye

El poder de Netanyahu disminuye

Existe una extraordinaria ironía en el destino de Netanyahu y el de Irán. El primero ha sido el capitán del Titanic, como lo llamó hace un par de días un académico israelí. El segundo –que se puede decir es mejor capitán– encabeza un par de buques tanque que salen y entran al Mediterráneo y al Golfo.

Irán también es el objetivo de la retórica del premier y su partido, Likud, ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU). ¿Recuerdan esas pruebas de caricatura que Netanyahu mostró ante la ONU, que supuestamente demostraba el tiempo que le llevaría a la república islámica fabricar un arma nuclear? Afirmó que a Irán "debían arrancársele los colmillos", con lo que quiso decir que el tirano nuclear islamita debía ser desarmado.

Y aquí estuvimos esta semana, con la bestia iraní, en efecto, disparándole a las plantas petroleras de Arabia Saudita, si bien recalco que los sauditas afirmaron que el ataque fue "incuestionablemente patrocinado" (aquí va un sic muy grande) por Irán. En otras palabras: fueron los hutíes quienes lo hicieron, pero los iraníes quienes están detrás del hecho.

Sin embargo, el hombre que encabezó el gran ataque antiraní en la ONU parece haber hundido su barco, y el hombre que una vez nos dijo en la conferencia de Herzeliya, hace muchos años, que Beirut era "el centro del terror", el entonces jefe del Estado Mayor, Benny Gantz, podría ser ahora quien dirija al Estado de Israel hacia el futuro.

¿Y el ganador? Irán, por supuesto.

Es extraña la frecuencia con que esto sucede. Los británicos pierden un buque petrolero al tiempo que un navío iraní aparece en el puerto sirio de Banias. ¿Y qué dijo Trump? Ni siquiera hizo su habitual alharaca para informar que más sanciones contra Irán serían reveladas "dentro de las próximas 48 horas" –tiempo suficiente para que a sus colaboradores se les ocurriera algo– y añadió que "hay muchas opciones".

Una opción para Trump, ahora que sabe el destino de Netanyahu, sería volverse en contra de los sauditas, cuyos hombres de inteligencia decapitaron al pobre Jamal Khashoggi hace un año. Le hicieron cosas inauditas antes de, seamos francos, tirarlo por un desagüe, a una fuente o a un lavabo del consulado. ¿Qué sabía el príncipe heredero saudita de este abismal y vergonzoso asunto?

Permítanme agregar otra otra pregunta: ¿habrán colocado el rostro de Khashoggi hacia la Meca, si es que lo sepultaron? Quizá Mike Pompeo pudo preguntar a Mohamed bin Salmán, con una amplia sonrisa, cuando se reunió con él miércoles pasado, qué es lo que sabe del espantoso asesinato de un viejo amigo mío.

Eso no fue amable. Los sauditas son nuestros aliados –recordemos que los británicos seguimos patrocinándolos– y ellos nos dicen que los ataques con drones de los hutíes/iraníes fue "poner a prueba la voluntad global". ¿Nuestra respuesta al asesinato de Khashoggi también fue una prueba para la voluntad global?

No que yo quiera apaciguar a Irán con sus ahorcamientos, torturas e injusticias, pero me sorprendió que en estos acalorados días en Medio Oriente nadie –ni Irán, ni Estados Unidos, ni los israelíes– recordaran que esta semana marcó el 37 aniversario de la matanza de Sabra y Chatila: una atrocidad creada por las milicias cristianas israelíes que Tel Aviv tenía en Líbano, y que asesinaron a mil 700 personas, en su mayoría palestinos en campos de refugiados a los que fueron enviados por un ministro derechista de Likud en 1982. Sí, el mismo partido Likud para el cual Netanyahu probablemente ya perdió la elección israelí.

Siempre me sorprenden estos aniversarios y cómo los olvidamos. Cómo ni un solo presidente o primer ministro o rey llegó al desolado cementerio lleno de maleza enredada donde yacen esos hombres, mujeres y niños muertos en el oeste de Beirut. Aún recuerdo sus semblantes, el olor, la vileza de las fosas comunes entre las que caminé.

Hace unos días pasé por ahí en taxi y me sorprendí al darme cuenta de que yo mismo ya los había olvidado.

En 1982 Beirut era conocida como "la capital del terror". En 1983 un pequeño ejército de atacantes suicidas se lanzó contra la embajada estadunidense, los marines y paracaidistas franceses.

¿El ataque contra Arabia Saudita fue ordenado por Irán? ¿Inspirado por Irán? ¿Ese país con el que estadunidenses, europeos y rusos, en su momento, lograron un acuerdo nuclear? El cielo nos guarde de los enemigos que se convierten en nuestros amigos, para luego volverse enemigos de nuevo, y del aliado que decapita a uno de mis colegas.

Hay muchas opciones, nos dice ahora el presidente estadunidense.

En efecto, las hay.

Traducción: Gabriela Fonseca

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