MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

El nuevo reto de Wikipedia: crear un idioma universal

La Wikipedia se ha convertido en la mayor enciclopedia de la historia. Es editada 350 veces por minuto y leída más de 8000 veces por segundo. A ella acceden 1.500 millones de dispositivos únicos mensualmente y se lee más de 15.000 millones de veces cada mes. Su próximo reto: crear un lenguaje universal para hacerse aún más grande.

 

El futuro empezó el 1 de abril de 2020. Ese día, el informático Zdenko Vrandecic hizo pública su visión: conseguir que Wikipedia –la enciclopedia on-line– no solo sea diez veces más grande, sino también más fiable y más actualizada. Wikipedia Abstracta es el nombre del proyecto. Por su objetivo y por la fecha en la que se publicó, el Día de los Inocentes en el mundo anglosajón, la idea de una Wikipedia abstracta casi suena a broma: lo que este informático quiere es inventar una especie de lenguaje universal. De esta manera, todos los artículos de la Wikipedia escritos, por ejemplo, en inglés podrían leerse también en suajili, y a la inversa.

A Vrandecic, un informático de 42 años, en el mundillo especializado se lo conoce como ‘Denny’. Nos recibe de buen humor y rodeado de cajas. Acaba de dejar su trabajo en Google y se ha trasladado a la localidad de Berkeley para centrarse en su nuevo proyecto, ahora como empleado de la Fundación Wikimedia.

El gigantesco libro de consulta on-line que es la Wikipedia comprende hoy más de 55 millones de artículos, 100 veces más entradas que la mayor enciclopedia impresa de todos los tiempos. En total hay más de 300 Wikipedias en diferentes idiomas y dialectos, desde el albanés hasta el yoruba y el zulú, pasando por el escocés y el yidis.

Pero ese tamaño y esa variedad engañan, advierten los expertos. El crecimiento explosivo ha quedado atrás, el número de contribuyentes activos se ha estancado. La fiabilidad de las entradas va en aumento, pero a cambio de una maraña de reglas que se lo ponen muy difícil a los nuevos autores. La mayoría de las entradas están elaboradas por hombres blancos procedentes de sociedades ricas. Los Países Bajos, por ejemplo, tienen más autores que toda África.

El objetivo es evitar la falta de diversidad. La mayoría de las entradas están hechas por hombres blancos de sociedades ricas. Los Países Bajos, por ejemplo, tienen más autores que toda África

La versión más grande es la de lengua inglesa, con más de seis millones de entradas. La alemana, con unos 2,5 millones de artículos, ocupa la segunda posición. Pero sorprendentemente hay más de un millón de entradas redactadas solo en alemán que carecen de versión en inglés. Versiones en otros idiomas están igualmente aisladas unas de otras, son como islas en un vasto océano.

Y eso es lo que quiere cambiar Vrandecic: desea que todas las entradas de la enciclopedia sean accesibles a todo el mundo, que todas las personas puedan disfrutar del conocimiento atesorado por la humanidad, incluido el de las regiones más apartadas del planeta.

El fracaso y las burlas

Cuando Wikipedia nació, esta idea habría sido impensable. La enciclopedia on-line llegó a Internet el 15 de enero de 2001, hace ya 20 años. Todo empezó con un fracaso. Jimmy Wales, hombre de negocios estadounidense, dirigía desde Florida una especie de revista en línea dirigida al público masculino llamada Bomis, con contenidos de deporte y erotismo. Esta base le permitió crear en el año 2000 una enciclopedia comercial on-line bajo el nombre de Nupedia. Pero la cosa no funcionó. Así que Wales abandonó su idea de negocio y transformó la enciclopedia en un proyecto amateur voluntario. Y llegó la sorpresa: empezó a crecer a un ritmo increíble.

Al principio, la Wikipedia era objeto de muchas burlas, «el equivalente académico a un Big Mac», decían. Pero, para pasmo de los críticos, los estudios demuestran que los artículos de la Wikipedia tienen una fiabilidad similar a los de la Encyclopædia Britannica. Los servidores de Wikipedia están gestionados por la matriz Wikimedia, una organización sin ánimo de lucro con sede en San Francisco y que se financia mediante unas donaciones que alcanzan un valor de 110 millones de dólares al año.

Sin embargo, aunque la Wikipedia es un éxito, muchos de sus problemas siguen sin resolverse. «La mayoría de las entradas están redactadas de una forma enrevesada –se lamenta Vrandecic–. El otro día estaba con mi hija en el parque, y por curiosidad me puse a mirar la entrada de ‘margarita’. Solo entendí la mitad porque no tengo un doctorado en Biología».

Como la comunidad de autores voluntarios no parece tener ganas de simplificar los textos, Vrandecic confía en que su programa de traducción sea capaz de elaborar versiones sencillas de una forma automática.

Vrandecic es un hombre polifacético. En la universidad estudió una dupla de carreras tan poco habitual como Informática y Filosofía. Y más tarde desarrolló Wikidata, una base de datos puros. Wikidata se usa de forma global, independientemente de cada idioma. La intención de Vrandecic es extender el principio en el que se basa Wikidata a artículos enteros de la enciclopedia.

Las ‘alucinaciones’

¿Y por qué no recurre a programas de traducción automáticos, como Google Translate? «Solo funcionan bien si los dos idiomas cuentan con enormes cantidades de textos en formato legible por máquina», responde. Cuanto menor es la cantidad de textos digitalizados, mayor es la cantidad de morralla que producen. En el mundo especializado se suele hablar de ‘alucinaciones’ para referirse a esos resultados que no tienen ni pies ni cabeza.

Por eso, Vrandecic está desarrollando algo tan ambicioso. «Queremos formular las entradas de la Wikipedia de manera que sean independientes de un lenguaje natural –dice–. Tomemos, por ejemplo, el concepto ‘la mitad’, que se puede expresar de una forma precisa e independiente de cualquier idioma mediante la fórmula ‘50%’. En el siguiente paso, a partir de ese ‘50%’ ya se podría generar el inglés ‘half’ o el francés ‘la moitié’».

Los nombres de lugares, por su parte, se pueden sustituir por códigos alfanuméricos. Por ejemplo, en Wikidata la ciudad de San Francisco tiene adjudicado el ‘Q62’. Los autores podrían utilizar estos datos, áridos pero sólidos, para formular a partir de ellos una entrada perfectamente legible de la Wikipedia en el idioma propio.

Lo del idioma universal es un sueño muy antiguo de la humanidad. El filósofo René Descartes ya propuso en el siglo XVII una «lingua universalis», una lengua de la verdad que permitiera «enumerar todos los pensamientos de los hombres y ponerlos en orden», además de «distinguirlos de forma que sean claros y simples».

«Nosotros somos mucho más modestos, nuestra lengua aspira a ser simple y funcional», dice Vrandecic. Por ejemplo, un armazón de datos puros sobre San Francisco podría ser más o menos así: «instance: San Francisco (Q62), class: object_with_modifier_and_of(».

Esta serie de expresiones de raíz informática no se parecerá a la lengua soñada por Descartes, no tendrá nada de armónica sucesión de pensamientos. Un software de renderizado será el encargado de transformar las series de elementos en un lenguaje comprensible para las personas, dando pie a un ‘artículo resumido’ que luego será pulido por los autores de las entradas de la enciclopedia.

Heather Ford, profesora de Medios Digitales en la Universidad Tecnológica de Sídney, ve un problema: en su opinión, la Wikipedia Abstracta es tan exigente que contribuirá a seguir reforzando el dominio de los países desarrollados en la enciclopedia.

Al contrario, replica Vrandecic: mediante una traducción precisa, las entradas elaboradas en idiomas minoritarios podrían encontrar un acceso más fácil a la Wikipedia inglesa. Además, las traducciones no serían un sustitutivo, sino una herramienta adicional para los autores, que siempre conservarían el control sobre sus textos: «Lo que quiero es que una entrada sobre la cultura amhara venga del amhara, y que una entrada sobre las danzas bengalíes también esté escrita por bengalíes».

Está previsto que la Wikipedia Abstracta presente sus primeros resultados para 2023.

Publicado enSociedad
China e India: dos gigantes condenados a relacionarse

Las relaciones entre China e India pueden rastrearse muy lejos en la historia, aunque adquirieron un cariz especialmente complejo desde finales de los años 40 con la independencia de la India y el establecimiento de la República Popular China.

 

El monje budista Xuanzang visitó en el siglo VII la ciudad de Nalanda, hoy ubicada en el estado indio de Bihar. La fama de este religioso Ch’an ayudó enormemente a que algunas de sus reflexiones sobreviviesen al paso del tiempo. La forma más común entonces para referirse a India dentro de China era probablemente Tianzhu, aunque Xuanzang convino en utilizar Yìndù (印度), nombre que mantiene vigencia hasta nuestros días. “Todos los seres vivos giran sin cesar en la rueda de la transmigración a través de la larga noche de la ignorancia, sin una estrella que los guíe. [...] La brillante luz de hombres santos y sabios, que guía al mundo como el resplandor de la luna, ha hecho que este país sea eminente, y por eso se llama Yìndù. [...] La luna tiene muchos nombres, y este es uno de ellos”. Lo dijo sin cortapisas: India es la brillante luna del mundo.

La influencia del budismo, nacido de las entrañas mismas de India, a lo largo de la historia china es incuestionable. Y aunque estos antecedentes pudieran llevar a pensar lo contrario, las relaciones entre los dos estados en las últimas décadas distan mucho de ser tranquilas, viéndose empapadas de una resbaladiza mezcla de conveniencia y desconfianza.

La virtud es un elemento central en el pensamiento confuciano que alcanza a su misma visión sobre el mundo y sobre las relaciones entre países. La máxima “Xiu shen, qi jia, zhi guo, ping tianxia”, o “cultivar el yo, regular la familia, gobernar el estado y armonizar el mundo” aparece en el Gran Saber (Dà xuě) como una línea maestra: todas las personas, todos los países y, en general, todos los sujetos pueden favorecer a la armonía global. Es precisamente la armonía en el sistema-mundo uno de los elementos confucionistas que el Partido Comunista Chino viene rescatando para su accionar desde antes del liderazgo de Jiang Zemin (1993-2003). Presumir de Confucio pareciera más amable que hacerlo del poder nuclear.

Hay un punto en común en este sentido con el gobierno de Narendra Modi. India dispone de cerca de 150 ojivas nucleares, algo menos de la mitad que la República Popular China. Y lo que es más relevante: unas pocas menos que Pakistán. La primera prueba de un arma nuclear de fisión en el caso de India se produjo en 1974: su nombre, “Smiling Buddha”. La de China, en 1964, fue apodada simplemente “596”. Sin pasar de ser una mera anécdota, este contraste se conecta con dos formas diferentes de operar en la escala internacional. Al tiempo que China ofrece al resto del mundo lo que define como relaciones de mutua ganancia (obviando a menudo su propio tamaño y poder), el gobierno del Chaiwalla Modi ha decidido llevar por bandera Bollywood, ayurveda y mucho yoga.

El elefante y el dragón

En 2015, la ONU celebró el Día Internacional del Yoga tras una intensa campaña del recién asumido Primer Ministro indio. Tan relevante le parece a su gobierno esta disciplina que fue la punta de lanza de su primera intervención frente a la Asamblea General de la ONU en 2014, una puesta en escena que no hacía sino advertir lo que sería la espina dorsal de su proyecto político: el nacionalismo hindú o hindutva. “El yoga no se trata solo de ejercicios, se trata de una manera de descubrir el sentido de identidad de uno mismo, el mundo y la naturaleza”, dijo. Es precisamente el enaltecimiento de esta identidad hindú como un objeto totalizante donde contener a través de la negación las diversas formas de ser indio lo que choca con el esfuerzo de muchos gobiernos desde Gandhi de amalgamar las diferencias y convertir esta pluralidad en la Marca India. Fuera de las fronteras indias Modi se esfuerza en mostrar el lado amistoso e inclusivo del hinduismo, al tiempo que no se priva de dificultar el acceso a la ciudadanía de la población no hindú.

Si es importante la imagen que un país ofrece al resto, tanto o más lo es la precaución y las reservas con las que el mismo mira hacia fuera. Desde buena parte de los espacios de pensamiento político en China se percibe la desconfianza que muchos gobiernos y sociedades occidentales tienen hacia el proyecto del PCCh. A través de “valores universales”, se cree, las “fuerzas occidentales hostiles” buscan torcer el rumbo del país y su reforma.

En 2014 Xi Jinping propuso que el PCCh se adhiriera al concepto de la Perspectiva General de Seguridad Nacional. “Observando la seguridad de la gente como el objetivo; la seguridad política como el principio fundamental; la seguridad económica como la base; la seguridad militar, cultural y social como las garantías; y la promoción de la seguridad internacional como una fuente de apoyo, forjaremos el camino de la seguridad nacional con características chinas”. No por repetido pierde importancia el concepto de “características chinas”. En este caso, la seguridad nacional incluye la noción de seguridad ideológica. Es decir, aquella situación en la que la ideología dominante está relativamente segura y libre de amenazas internas y externas.

Y si en China se hizo explícita la voluntad de asegurar el socialismo con características propias como guía de la nación, en India el gobierno del Bharatiya Janata Party (BJP) ha abandonado su moderación inicial y ha intentado erigir el hindutva en ideología de Estado. Esta radicalización coincide con la victoria de Modi en 2019, que le otorgó 303 de los 545 diputados que forman el Lok Sabha. En realidad, el hindutva hunde sus raíces en el período colonial o Raj británico (1858-1947). Intelectuales como Madhavrao Golwalkar creían que los tiempos dorados de la civilización hindú fueron “contaminados” por las invasiones cristianas, musulmanas y británicas, fundamentalmente. Golwalkar y otras figuras fundaron en 1925 el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), organización en la que el propio Modi militó, que posibilitó su paso de vendedor de té a gobernador del complejo estado de Bujarat (2001-2014) y que hoy él mismo emplea como fuerza de choque no oficial.

La impronta de las ideas fundacionales de las RSS en el gobierno de Modi se hace palpable en su visión de la población musulmana como enemigo interno “contaminante” al excluirla de la identidad india, y externo, al colocar el conflicto con la República Islámica de Pakistán en el centro de su política exterior. En el siempre tenso equilibrio nuclear, militar y propagandístico entre el propio Pakistán y el Estado indio juega un papel crucial la voluntad de la RP China de aumentar el tamaño de su esfera de influencia en la región, especialmente desde que la segunda revolución del PCCh, liderada por Deng Xiaoping, Hu Yaobang, Zhao Ziyang y otros sectores del partido catapultara el crecimiento económico del dragón.

La política exterior de los dos gigantes asiáticos se cruza en muchos puntos por la propia inercia. Es tan grande la influencia que ambos Estados ejercen a su alrededor, tan masiva la gravedad que generan, que de forma inevitable se condicionan mutuamente. A pesar de la divergencia ideológica de partida, Pakistán vio desde su fundación en 1947 con buenos ojos la posibilidad de que China creciera en tamaño y poder para servir de contrapeso de India. En 1956, Zhou Enlai y Huseyn S. Suhrawardy firmaron el Tratado de Amistad sino-pakistaní, paso fundamental en una estrecha relación que ha ido consolidándose hasta nuestros días.

La partición del Raj británico dio lugar a la que todavía hoy es una de las fronteras más tensas del planeta: la indo-pakistaní. Las batallas de “baile” que a menudo se dan entre militares de uno y otro lado bajo los vítores de las hinchadas nacionales que asisten a la línea divisoria pueden confundir a un espectador ajeno, pero el conflicto se siente tan cotidiano como el panipuri en las calles de Delhi. Y, cómo no, la presencia de China en el conflicto se hace notar. En la práctica, apoya a Pakistán en la cuestión de Cachemira, mientras este se posiciona del lado del PCCh en lo que a Taiwán, el conflicto del Tíbet y las cuestiones de Xinjiang se refiere.

En este idilio, el elemento militar es central. Como el propio Ministerio de Asuntos Exteriores pakistaní reconoce en su página web, “la colaboración en Defensa constituye la columna vertebral de la relación. [...] La cooperación abarca intercambios militares de alto nivel, conversaciones estructuradas de defensa y seguridad, ejercicios conjuntos, capacitación de personal en las instituciones de ambos, producción conjunta de defensa y comercio de defensa”. Por otro lado, el comercio entre los dos países es amplio y fluido, lo que no es baladí. Que China sea el principal socio comercial de Pakistán no es una gran sorpresa. Al fin y al cabo, lo es de muchos países en vías de desarrollo a través de sus inversiones en infraestructura. Uno se asegura la inversión y la energía que necesita, mientras el otro obtiene una privilegiada puerta de acceso al mercado islámico. Ahora bien, ser el principal socio comercial de uno de tus vecinos al tiempo que éste mantiene tira y aflojas con otro más poderoso enrarece la convivencia regional. China trata de ser neutral atendiendo a su doctrina para las relaciones internacionales, pero la estrechez de sus vínculos con Pakistán atiranta su relación con India.

Por otra parte, Mao decía que todo es dialéctica. Es decir, cualquier fenómeno tiene su opuesto a través del cual se explica su existencia. Sucede que India también influye a través de su política exterior en asuntos que llevan décadas enquistados en la sociedad china. En 1951 China completó la anexión del Tíbet tras derrocar a su débil y solitario ejército, acabando con el que había sido el territorio “tapón” entre ella e India durante siglos. Desde entonces el ejemplo de la, en adelante, Región Autónoma del Tíbet, reforzó en la India el recelo ante lo que conciben como una esencia expansionista que acompaña a China. Es popular en la India, aunque de difícil rastreo, la noción de los “cinco dedos”. Según esta creencia Mao y, en consecuencia, el Partido Comunista de China tendrían una voluntad expansionista que alcanzaría los territorios de Ladakh, Nepal, Sikkim, Bhután y Arunachal Pradesh. Pese al alto grado de especulación que rodea a esta convicción, lo cierto es que arroja información de interés al respecto de cómo India percibe a China.

En tibetano, China es llamada “Gyanak”, que puede traducirse como “Tierra Ominosa” o “Tierra Impía”, al tiempo que a la India se le dice “Gyakar”, “Tierra Sagrada” o “Tierra Blanca”. En 1959, tras la disolución del gobierno local tibetano por parte de Beijing y el exilio del decimocuarto Dalai Lama a India bajo el paraguas de la CIA, el líder del budismo tibetano conformó allí un gobierno en el exilio que permanece hasta nuestros días. No obstante, el volumen de la influencia china en el planeta dificulta enormemente que los tibetanos sumen Estados a su causa —no así celebridades—.

Ni siquiera India da soporte explícito al impulso secesionista, aunque sí ofrece refugio a monjes y migrantes. Se estima que 100.000 tibetanos viven exiliados bajo la protección que les brinda el elefante asiático. El gobierno chino, como se puede intuir, no ve con buenos ojos este accionar ya convertido en una política de Estado. Si algo caracteriza a los países socialistas es su afán por rechazar las injerencias de terceros Estados, tanto más el PCCh. Este hecho, unido al mencionado vínculo sino-pakistaní, tensa todavía más el precario equilibrio existente en varios puntos de la frontera entre las dos potencias.

Hindi Chini bhai bhai

Jawaharlal Nehru fue el Primer Ministro de India desde la independencia en 1947 hasta su muerte en 1964. A él se le atribuye en la cultura popular nacional el eslogan “Hindi Chini bhai bhai”, que pudiera ser traducido como “la India y China son hermanos”. Su postura frente a las pretensiones territoriales del vecino, ingenua en primer lugar y perdedora más adelante, hizo que quedase colgada sobre su figura histórica la pesada etiqueta de tibio. Algunos sectores de la sociedad india ven todavía hoy en Nehru a un presidente que consintió a China avanzar militarmente sobre territorios indios para completar su “esfuerzo liberador” en Asia.

Las grandes amistades a veces son más fáciles de enunciar que de sostener, planteamiento que es reforzado al observar el desarrollo histórico de las relaciones sino-indias. El nacionalismo de dos países antaño coloniales pero que hoy ostentan el cargo de, como mínimo, potencias regionales, condujo inevitablemente a choques de intereses. Atrás quedaron los años del “Hindi Chini bhai bhai”, si es que alguna vez llegó a tener esta idea algo de profundidad. La línea McMahon, diseñada bajo criterios arbitrarios y coloniales por el Reino Unido, se mantiene hoy como frontera oficial entre los dos Estados. Los territorios de Aksai Chin y Arunachal Pradesh fueron testigo de la guerra sino-china de 1962 y desde entonces se han ido sucediendo pequeños núcleos de conflicto allí y en zonas como Ladakh. Si bien durante décadas después de la guerra se vivió una realidad de paz tensa en la frontera, desde 2013 la disputa se ha intensificado enormemente.

Coincidiendo con la entrada de Xi Jinping y Narendra Modi al liderazgo de una y otra nación se ha venido produciendo una escalada de tensión que desembocó finalmente en las escaramuzas de 2020. Que los dos Estados acordasen la no utilización de armas de fuego en la frontera no imposibilita de manera tajante la aparición de violencia, como pudo constatarse en varios puntos de Ladakh y Sikkim, aunque sí parece acotar las posibilidades para el ascenso a conflicto armado. El establecimiento de campamentos en los laterales de la línea divisoria entorpece el nexo y afecta a la política interna de ambos países. Adentro de India, de hecho, ciertas fracciones nacionalistas —especialmente ubicadas en Twitter y otras redes sociales— comenzaron a referirse al Primer Ministro como “ModiXi”, en un juego de palabras con tres aristas: “ModiXina”, “ModiXi Jinping” y “Modiji”, siendo “ji” una coletilla cariñosa, a menudo empleada en tono sarcástico idéntica a la que se emplea a veces para referirse a Nehru(ji).

En definitiva, tan descomunal es la influencia que China e India ejercen en el Asia oriental, el sudeste asiático y el Asia central como decisivas son las relaciones entre ambos: de hecho, existen muchos actores secundarios especialmente dependientes de las decisiones que tomen el uno respecto al otro, como Pakistán o Corea del Norte. Además, pareciera que del tipo de vínculo que llegue a diseñar un gobierno con el país vecino se extrae una parte crucial de su legitimidad, especialmente desde el lado indio, tal como Modi está padeciendo en carne propia.

Por Eduardo García Granado

@eduggara

26 feb 2021 06:46

Publicado enInternacional
México y Argentina firman un acuerdo para crear la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe

El canciller Marcelo Ebrard dio el anuncio a través de un mensaje en redes. El proyecto busca poner satélites en órbita y desarrollar la industria aeroespacial.

 

México y Argentina firmaron un acuerdo para crear la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe (ALCE), informó este viernes el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, a través de un mensaje difundido sus redes sociales.

"Firmamos compromiso con Argentina para crear la Agencia Espacial Latinoamericana y del Caribe (ALCE). Gratitud a Felipe Solá y al Gobierno de Alberto Fernández, así como a todos los miembros de la CELAC. Construimos futuro hoy desarrollando tecnología propia. ¡Buena noticia!", escribió Ebrard.

"A mayor cohesión en América Latina y del Caribe, mayor autonomía relativa y mayor posibilidad de negociación en el mundo. Es un tema geopolítico y estratégico", dijo Ebrard.

La iniciativa contempla que las agencias de cada país latinoamericano realicen aportes en función de una misma agencia regional, que además de explorar el espacio, ayude a compartir imágenes satelitales y tenga como fin la observación del planeta. 

El proyecto fue presentado por Javier López Casarín, presidente Honorario del Consejo Técnico del Conocimiento y la Innovación de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), a través de una videoconferencia en internet.

"Marca una nueva etapa en la cual la región se incorpora a una ruta de búsqueda del conocimiento y en pro de la humanidad", sostuvo López Casarín.

La idea de crear una agencia espacial regional surgió como una de las iniciativas de México cuando asumió la presidencia temporal de la CELAC, en 2020. 

Durante la reunión estuvieron presentes funcionarios de México y Argentina, así como el director de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue; el embajador de Argentina en México, Carlos Tomada; y Dolly Montoya Castaño, rectora de la Universidad Nacional de Colombia.

"Nuestro país tiene grandes expectativas en la posibilidad de avanzar en una colaboración con los países de la región", señaló Diego Hurtado, secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación del Ministerio de Ciencia de Argentina. 

El eje México-Argentina

No es el primer acuerdo que ambos países firman este año. En agosto pasado, México y Argentina anunciaron que producirían de manera conjunta la vacuna contra el covid-19, desarrollada por la Universidad de Oxford y los laboratorios AstraZeneca, para distribuirla a otros países de América Latina.

Sin embargo, diversos problemas con las pruebas experimentales de la vacuna detuvieron momentáneamente el proyecto que, sin embargo, ha evidenciado la cooperación entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Alberto Fernández.

Otro punto de la cooperación entre ambos países se produjo cuando Fernández pidió a López Obrador interceder en la negociación de la deuda de Argentina con sus acreedores, lo que resultó en una solución satisfactoria para el país sudamericano.

Publicado: 9 oct 2020 16:12 GMT

Personal de la Cruz Roja de Indonesia con trajes protectores rocía desinfectante en una carretera de Yakarta, el 28 de marzo de 2020.Ajeng Dinar Ulfiana / Reuters

Ante la propagación del covid-19, necesitamos decidir si promulgamos la lógica "más brutal de la supervivencia del más apto" o algún tipo de "comunismo reinventado", sostiene el filósofo esloveno.

A medida que el pánico por el coronavirus se extiende por el mundo, tenemos que decidir si promulgamos la "ley de la jungla" —la lógica "más brutal de la supervivencia del más apto"— o algún tipo de "comunismo reinventado" que incluya coordinación y colaboración global para afrontar la pandemia, sostiene el filósofo esloveno Slavoj Zizek en un reciente artículo de opinión para RT. 

Para definir el comunismo que tiene en mente, el filósofo recuerda las declaraciones del director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien indicó la semana pasada que "esta epidemia se puede retrasar, pero solo con un enfoque colectivo, coordinado e integral que involucre a toda la maquinaria del Gobierno". Zizek enfatiza que este enfoque integral "debería ir mucho más allá de la maquinaria de los gobiernos individuales", abarcando "la movilización local de personas fuera del control estatal, así como una coordinación y colaboración internacional fuerte y eficiente".

Si miles de personas son hospitalizadas, se necesitará "un número enormemente mayor de máquinas respiratorias", y para obtenerlas, el estado debe "intervenir directamente" de la misma manera que lo haría en condiciones de guerra "cuando se necesitan miles de armas", así como "confiar en la cooperación de otros estados", explica el autor del artículo. "Al igual que en una campaña militar, la información debe compartirse y los planes deben coordinarse por completo", detalla el filósofo.

"Se acabó lo de 'EE.UU. (o quien sea) primero'"

La pandemia de coronavirus no solo pone de manifiesto el límite de la globalización del mercado, sino también el límite "aún más fatal del populismo nacionalista que insiste en la soberanía estatal plena", asegura Zizek, agregando que "se acabó lo de 'EE.UU. (o quien sea) primero', ya que EE.UU. solo puede salvarse a través de coordinación y colaboración global".

Lejos de apelar "a una solidaridad idealizada entre las personas", el analista argumenta que la crisis actual "demuestra claramente que la solidaridad y la cooperación global están en el interés de la supervivencia de todos y cada uno de nosotros, que es la única cosa egoísta racional que se puede hacer".

Dejar atrás el punto de vista "cínico vitalista"

Desde un punto de vista "cínico vitalista", uno "estaría tentado a ver el coronavirus como una infección beneficiosa" que permite a la humanidad "deshacerse de los viejos, débiles y enfermos, como sacando la hierba medio podrida, y así contribuir a la salud global", apunta el filósofo, para destacar que el enfoque comunista amplio que está defendiendo "es la única manera" de "dejar atrás un punto de vista vitalista tan primitivo".

Entretanto -alerta- los signos de reducción de la solidaridad incondicional "ya son perceptibles en los debates en curso". En este sentido, recuerda las recientes informaciones sobre el llamado protocolo de los 'tres sabios' en el Reino Unido, según el cual, tres consultores de alto nivel en cada hospital "se verían obligados a tomar decisiones sobre el racionamiento de la atención, como ventiladores y camas, en caso de que los hospitales estuvieran abrumados con pacientes", negando la atención vital a una parte de enfermos.

¿En qué criterios se basarán? ¿Sacrificar a los más débiles y mayores? ¿No abrirá esta situación espacio para una "inmensa corrupción"? ¿No indican tales procedimientos que nos estamos preparando "para promulgar la lógica más brutal de la supervivencia del más apto"? Estas son las cuestiones que se hace el filósofo, antes de reiterar que "la elección final es: esto o algún tipo de comunismo reinventado".

Publicado: 31 mar 2020 17:14 GMT

Publicado enSociedad
Maduro recibe el respaldo de Putin a su presidencia al visitar Moscú

Moscú. Con un claro propósito doble –demostrar al anfitrión que controla la situación en Venezuela y, a sus enemigos y críticos, que goza del pleno respaldo de una potencia nuclear–, el presidente Nicolás Maduro vino a Moscú para reunirse este miércoles con su homólogo ruso, Vladimir Putin, quien reiteró que reconoce a su huésped como gobernante legítimo y abogó por un arreglo político de la crisis en el país sudamericano.

"Rusia apoya de manera consecuente todos los órganos de poder legítimos de Venezuela, incluidos la presidencia y el Parlamento", dijo Putin según el escueto comunicado distribuido por su oficina de prensa. Algunos medios dieron por seguro que el titular del Kremlin se refirió a la Asamblea Nacional declarada en desacato en Venezuela, de Juan Guaidó, el autoproclamado "presidente encargado", pero en los otros párrafos del comunicado se infiere que Putin, al hablar de Parlamento, aun sin nombrarla tenía en cuenta a la Asamblea Nacional Constituyente, creada por Maduro.

Por si quedaran dudas, Putin afirmó: "Desde luego apoyamos el diálogo que usted, señor presidente, y su gobierno, mantienen con fuerzas de la oposición. Cualquier negativa a sostener esa conversación sería irracional, perjudicial para el país y una amenaza para el bienestar de la población". Y remató: "Siempre respaldamos a las autoridades legítimas".

Maduro agradeció el apoyo de Rusia, muy importante en el contexto del anuncio de nuevas sanciones de la administración de Donald Trump, y destacó el carácter ascendente de la cooperación bilateral en ámbitos tan variados como la alimentación, la medicina, la energía y los armamentos.

"Venezuela y Rusia siempre hemos demostrado que podemos superar juntos cualquier dificultad", enfatizó.

Al respecto, Putin mencionó que los intercambios en materia agropecuaria, "tomando en cuenta las dificultades que atraviesa Venezuela por las presiones foráneas, pueden considerarse una suerte de cooperación humanitaria, en la medida en que esta producción guarda relación directa con el bienestar de la gente y satisface sus necesidades de alimentación". En este sentido, cabe destacar que el suministro de trigo ruso a Venezuela alcanzará este año 600 mil toneladas, frente a las 254 mil toneladas que se enviaron el año anterior.

El mandatario ruso también anunció que Rusia proporcionará a Venezuela un millón 500 mil vacunas contra la gripe y tiene posibilidades de ampliar ese suministro hasta 5 millones.

Poco trascendió de las conversaciones a puerta cerrada, primero en una reunión con los miembros de las respectivas comitivas y luego durante un almuerzo oficial.

Se supo sólo que Maduro, quien llegó a Moscú el mediodía del martes, tuvo ocasión de ofrecer a sus interlocutores locales –sobre todo a través del viceprimer ministro Yuri Borisov, encargado de la industria militar, y del director ejecutivo de la petrolera Rosneft, Igor Sechin– una versión optimista de la situación en Venezuela ante la preocupación que muestran los principales consorcios rusos que han invertido, según estimó el propio Putin, 4 mil millones de dólares en el país sudamericano.

Llamó la atención en el Kremlin que Maduro –acompañado de Cilia Flores, su esposa, que ostenta el título de primera combatiente de la República Bolivariana– haya adelantado su viaje a Moscú, en principio programado para octubre siguiente, coincidiendo con un momento en que otras figuras de la cúpula gobernante tampoco están en Venezuela. Es el caso de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que asiste al periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, junto con el canciller Jorge Arreaza, y del presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, quien se encuentra de visita en Corea del Norte.

Maduro, se comenta aquí, quiso mostrar a Putin que él y otros miembros del primer círculo del gobierno venezolano pueden ausentarse del país porque, como presidente, cuenta con la lealtad de la plana mayor del ejército, encabezado por el general Vladimir Padrino.

Durante esta visita de Maduro no se firmó ningún convenio ni se hizo público algún proyecto de cooperación nuevo. Hay filtraciones interesadas que, por ejemplo, apuntan a que la petrolera venezolana PDVSA trasladará a Moscú su oficina en Europa, que ahora tiene en Lisboa, y se sondeó la posibilidad de inaugurar un vuelo directo entre las dos capitales.


Diamantes, oro y petróleo: la cooperación minera entre Rusia y Venezuela

 

Rusia y Venezuela preparan una serie de proyectos conjuntos en el ámbito energético

 

Rusia tiene experiencia en minería y procesamiento, en la refinación en caso del oro, señaló, mencionando una larga historia de la cooperación entre los dos países. Moscú tiene la oportunidad de reforzar los vínculos con un socio en una región importante y tendrá acceso al producto que necesita para su economía.

"El oro y los diamantes no son tan valorados en la industria de la joyería como en la fabricación de herramientas técnicas, sin las cuales la ingeniería de precisión y la industria aeroespacial serían imposibles", destacó.

Por su parte, Venezuela obtendrá una base financiera para abordar sus problemas internos y para fortalecer el clima socioeconómico necesario para estabilizarla, afirmó el analista.

Asimismo, la cooperación en el sector del combustible y la energía, principalmente en la producción de petróleo, es prometedora, opinó, y señaló que "es la base para el desarrollo de cualquier industria en los próximos años, aunque se avecina energía alternativa". Sin embargo, la era del petróleo no terminará inmediatamente, asegura el experto.

Las inversiones darán a Venezuela la posibilidad de restaurar el sector de los combustibles y fortalecerán el clima socioeconómico, según el experto.

Sin embargo, durante el encuentro de los dos mandatarios no se anunciaron planes concretos. Para el analista, la designación de la dirección del desarrollo de cooperación y la ausencia de proyectos específicos es algo natural, dado los acontecimientos recientes en Venezuela.

"Basta con que los dos presidentes anunciaran que están volviendo a la cooperación mutua, volviendo a fortalecer los lazos y que esta será la dirección en la que se moverán de inmediato. Creo que empresas concretas, basándose en estos acuerdos, probablemente ya tienen proyectos en desarrollo, que se pondrán en práctica", concluyó.

Las inversiones rusas en proyectos mineros en Venezuela podrían ascender a los 1.000 millones de dólares.

Sptunik

Publicado enInternacional
El programa secreto de ayuda exterior de Trump

El plan del presidente ronda los 40.000 millones, la mayor donación a otras naciones desde el Plan Marshall

 

 

Donald Trump se queja a menudo de que los medios no reconocen el mérito de sus logros. Y puedo pensar en al menos un caso en el que eso es cierto. Que yo sepa, casi nadie está hablando de que bajo su mandato ha tenido lugar un gran —aunque oculto— aumento en la ayuda exterior, el dinero que EE UU da a los extranjeros. De hecho, el programa oculto de Trump, que actualmente ronda los 40.000 millones de dólares anuales, constituye probablemente la mayor donación a otras naciones desde el Plan Marshall. Por desgracia, la ayuda no va ni a países pobres ni a los aliados de Estados Unidos. En vez de eso, se dirige a ricos inversores extranjeros.

Pero antes de llegar a eso, hablemos un momento de una afirmación que Trump hace a menudo sobre un aspecto muy visible de su estrategia económica: los aranceles que ha impuesto a las importaciones de China y otros países. Trump insiste una y otra vez en que China paga estos aranceles y representan miles de millones en beneficios para EE UU. Sin embargo, esta afirmación es falsa. Normalmente, los aranceles los pagan los consumidores del país importador, no los exportadores. Y podemos confirmar que esto es lo que está ocurriendo con los aranceles de Trump: los precios de los productos sujetos a esos impuestos han aumentado drásticamente, más o menos en línea con los aumentos de los aranceles, mientras que los precios de los productos no sujetos a los nuevos impuestos no han subido. De modo que los aranceles de Trump no son un impuesto para los extranjeros, independientemente de lo que él piense. Por otro lado, sus otras políticas han dado a determinados extranjeros un gran respiro fiscal.

Recuerden que el único gran logro legislativo de Trump hasta ahora es la Ley de Reducción de Impuestos y Empleo de 2017. El núcleo de ese proyecto de ley fue una brusca reducción de la tributación empresarial, hecho que llevó a una drástica caída de la recaudación fiscal, del orden de 140.000 millones de dólares el año pasado.

¿Quién sale ganando con este recorte impositivo? Los defensores del proyecto de ley afirmaron que los beneficios llegarían a los trabajadores en forma de salarios más altos e insistieron en la importancia de la avalancha de anuncios de incentivos para las empresas a principios de 2018. Pero aquellos incentivos no fueron en realidad muy grandes y no continuaron. De hecho, a estas alturas está claro que la oleada de incentivos, tal y como estaba planteada, trataba sobre todo de evadir impuestos: al adelantar los pagos que iban a hacer de todas formas, las empresas podían deducir el gasto con el antiguo tipo impositivo, más elevado. Ahora que esta opción ha expirado, los incentivos han vuelto a su nivel normal o incluso han descendido un poco.

¿Y qué decir del argumento según el cual los recortes fiscales propiciarían un aumento de la inversión empresarial que tirará de los salarios? Pues que tampoco está ocurriendo; en lo que respecta a la inversión empresarial, el recorte fiscal ha sido un gran fiasco. Entonces, ¿quién se está beneficiando de la rebaja de impuestos? Básicamente, los accionistas, que han recibido dividendos más altos y han visto grandes ganancias de capital ya que las empresas no utilizan este dinero caído del cielo para invertir, sino para recomprar sus propias acciones. Y una buena parte de estas ganancias de los accionistas ha ido a parar a extranjeros.

Al fin y al cabo, vivimos en una era de finanzas globalizadas, en la cual los inversores ricos poseen activos en muchos países. Los estadounidenses poseen billones en capital extranjero, tanto directamente en forma de acciones extranjeras como indirectamente en forma de acciones de empresas estadounidenses con filiales extranjeras. Los extranjeros, a su vez, tienen grandes intereses en EE UU, de nuevo tanto a través de la posesión directa de acciones como mediante la operación de sus filiales corporativas.

En conjunto, los extranjeros poseen el 35% del capital en empresas sujetas a la fiscalidad estadounidense. Y como consecuencia de ello, los inversores extranjeros han recibido el 35% de los beneficios de la rebaja fiscal. Como he dicho antes, eso es más de 40.000 millones anuales. Para poner esto en perspectiva, los aranceles que Trump ha impuesto a China han recaudado 20.000 millones hasta ahora. Aunque China pagase esos aranceles —cosa que no está haciendo— eso se quedaría muy corto con respecto al regalo que Trump ha hecho a los inversores extranjeros. Alternativamente, podemos comparar el obsequio de Trump a los inversores extranjeros con nuestro gasto real en ayuda exterior. En 2017, EE UU gastó 51.000 millones en “asuntos internacionales”, pero una buena parte de eso corresponde al coste de operar embajadas o a la ayuda militar. Las desgravaciones fiscales de Trump para los inversores extranjeros son considerablemente mayores que la cantidad total que gastamos en ayuda exterior propiamente dicha. Ahora bien, la economía estadounidense es casi inconcebiblemente enorme y produce más de 20 billones de dólares en productos y servicios anualmente. Además, EE UU es un país en el que los inversores confían a la hora de saldar deudas, así que la rebaja de impuestos, por irresponsable que sea, no está provocando ningún estrés fiscal inmediato.

De modo que el regalo de Trump a los inversores extranjeros no nos va a hacer ni bien ni mal, aunque probablemente sea suficiente para garantizar que la rebaja fiscal será, sobre todo, un claro lastre para el crecimiento económico: aunque la rebaja de impuestos tenga algún efecto positivo sobre los beneficios totales generados en EE UU (lo cual resulta dudoso), este se verá probablemente más que contrarrestado por el aumento del porcentaje de beneficios que perciben los extranjeros en vez de los ciudadanos estadounidenses. Así y todo, incluso en EE UU, 40.000 millones por aquí, 40.000 millones de dólares por allá, y al final estamos hablando de dinero de verdad. Es más, parece oportuno señalar que aunque Trump se jacte de quitar dinero a los extranjeros, sus políticas reales están haciendo exactamente lo contrario.

Por PAUL KRUGMAN

26 JUL 2019 - 11:35 COT

Paul Krugman es premio Nobel de Economía © The New York Times, 2019.

Traducción de News Clips.

Publicado enInternacional
Vamos a hacer la tarea: Integrarse en la cooperación internacional

Distintos informes de Naciones Unidas muestran la realidad de América Latina y el Caribe, región que, como estudiante, se compromete a cambiar pero siempre tiene malas calificaciones. Así sucede con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, en cuya concreción el mayor avance corresponde a la forma de medición de indicadores y la armonización de políticas públicas en cada uno de los países. A la ONU, como institución escolar, le conviene este deficiente estudiante, pues bajo la trampa del desarrollo sostenible y la cooperación internacional, puede someter las agendas de cada uno de los países para mantener el aparente equilibrio en el actual orden internacional.

 

El pasado abril se presentó el informe correspondiente al avance cuatrienal sobre el progreso y desafíos regionales en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe. El documento recoge información de varios: Fondos, Programas y Organismos especializados de las Naciones Unidas.

Recordemos que la Agenda 2030 establece diecisiete Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) que incluyen poner fin a la pobreza, garantizar seguridad alimentaria, vida sana y bienestar, educación inclusiva y de calidad, igualdad de género, agua y saneamiento, energías sostenibles, crecimiento económico sostenido, infraestructuras resilientes, reducir la desigualdad, asentamientos humanos inclusivos y seguros, consumo y producción sostenibles, combatir el cambio climático, conservar los océanos, proteger los ecosistemas, promover sociedades pacíficas e inclusivas y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible. Una larga lista de tareas y la realidad es contundente: faltará tiempo para cumplirlos, si es que en verdad existe interés por parte de los poderes reales de cada uno de los países para hacerlos efectivos.

Para la implementación de esta Agenda, diseñaron instrumentos para el seguimiento y consecución de los ODS. Nuestra región avanzó de forma significativa en el nivel de institucionalidad e instrumentos para implementar la Agenda 2030. Casi cuatro años, desde el momento de su aprobación y hasta ahora, se ha generado información estadística necesaria para evaluar en verdad el avance de las metas. Según lo informado a la Comisión Estadística de las Naciones Unidas, trabajó en cinco ejes estratégicos: i) actualización de los niveles de disponibilidad de datos y de estándares internacionales, pero sin definir aún el desarrollo metodológico de los indicadores; ii) definición de criterios para la aplicación de las directrices y presentación de datos; iii) propuesta de indicadores provisionales con fines de monitoreo inmediato; iv) actividades relativas al desglose de datos e intercambio de metadatos estadísticos, y v) perfeccionamiento anual de los indicadores y el plan para el examen ampliado de 2030.

Estos objetivos se definen en torno a los conceptos de igualdad, sostenibilidad ambiental y convergencia productiva, por alcanzarse en democracia y en el marco de sociedades pacíficas. En tal propósito, parece ser que la guerra comercial entre Estados Unidos y China, genera preocupaciones entorno al nuevo orden global que pudiera configurarse producto de ello. Naciones Unidas no sólo señala los peligros derivados de esta confrontación, sino su preocupación por la no cooperación de todos los organismos para evitar una fragmentación del mundo del trabajo, mayor desigualdad y eventuales riesgos para las democracias establecidas. La premisa es que el sistema económico internacional se caracteriza por la tensión entre las soberanías nacionales y la necesidad de ceder cierta parte de esa soberanía para lograr, por medio de la cooperación internacional, beneficios que cada Estado no podría alcanzar actuando en soledad. En ese sentido, la tarea que la comunidad internacional tiene ante sí consiste en avanzar hacia el multilateralismo.


Desde 2016 la región comenzó a integrar la Agenda 2030 en distintas visiones, estrategias y planes nacionales de desarrollo. Sin embargo, los indicadores muestran que frente a la reducción de pobreza y desigualdad, los avances se estancaron en el último quinquenio. A partir de 2015 la pobreza y la pobreza extrema aumentaron en torno al 30 y al 10 por ciento respectivamente. Según la Cepal, en el año 2018 cerca de 182 millones de personas vivían en pobreza y 63 millones en extrema pobreza. A partir de los datos de 18 países de América Latina en 2016 (Gráfico IV.3), se estima que, si no se considerarán las pensiones de las personas mayores de 65 años, la pobreza en ese segmento podría elevarse del 15,2 al 46,7 por ciento, mientras que la pobreza extrema subiría del 4,3 al 24,2 por ciento.

 

 

La estructura económica (productiva) de la región es muy heterogénea, con peso preponderante del sector de baja productividad, con marcada desigualdad de ingresos de los hogares. El 80 por ciento de los ingresos totales de los hogares latinoamericanos proviene del trabajo, que constituye el principal motor para la superación de la pobreza y poder gozar de protección social. Asimismo, desde el punto de vista de los ingresos, el acceso a las prestaciones contributivas es muy desigual: con referencia al 2015, solamente el 6,2 por ciento de las personas de 65 años y más, que se encontraban en el primer quintil de ingreso per cápita, percibía pensiones contributivas, lo cual refleja trayectorias laborales precarias, marcadas por la informalidad, e ingresos laborales reducidos. Un tercio de la población de América Latina carece de acceso a pensiones en la vejez.

También resaltan el hambre y la desnutrición. El número de personas subalimentadas en la región se incrementó en 2,4 millones entre 2015 y 2016, alcanzando un total de 42,5 millones, equivalente al 6,6 por ciento de quienes viven en esta parte del mundo. Según estimaciones de la OIT para 2016, en América Latina y el Caribe, alrededor de 10,5 millones de niños, niñas y adolescentes se encuentran en situación de trabajo infantil, es decir, el 7,3 por ciento de la población regional con edades entre 5-17 años. Brasil, México y Perú son los países donde el trabajo infantil es más frecuente en números absolutos. Para el caso colombiano, en el 2017 la cantidad de niños, niñas y adolescentes trabajadores sumaban 796.000 registros.

Preocupa en la región, la limitada incorporación tecnológica en el sistema productivo, en zonas heterogéneas en sus estructuras productivas, que inciden para acentuar la elevada desigualdad que la misma registra, lo que expresa altos porcentajes de informalidad en el empleo total (gráfico I.12). Obviamente, los países de esta parte del mundo no han logrado transformar su estructura productiva como si lo consiguieron en las economías asiáticas exitosas. En América Latina y el Caribe, la inseguridad ha incidido en el desarrollo de una cultura autoritaria que redunda en una aceptación cada vez mayor de propuestas de “mano dura” y “tolerancia cero”. Es decir, la violencia sigue en aumento (Gráfico IV.20), cuyos efectos, según el organismo internacional, erosionan la confianza en la democracia y la convivencia social.


El documento insiste en apostarle a la cooperación multilateral. Enuncian que en el pasado fue útil para integrar la economía mundial y mitigar el riesgo de confrontaciones, y reseñan la propiciada por el régimen monetario internacional en los acuerdos de Bretton Woods de 1944. Una integración en el orden mundial de los países desarrollados, que excluye o subordinn a las economías de la periferia. No cooperar, insisten, generaría rivalidad tecnológica, tensiones geopolíticas e incertidumbre en el comercio internacional y la economía digital.

 

 

Sus observaciones recaen sobre el presupuesto público, como herramienta para la asignación de recursos y donde, en efecto, deben priorizarse políticas públicas para el financiamiento de la implementación de la Agenda 2030.

En los próximos años, los discursos de cooperación recaerán en la gestión de los ecosistemas naturales, la sostenibilidad de las ciudades, la transición energética y el cambio climático. Pero de qué nos sirve todo ello si no hemos cumplido con lo básico, si quienes dominan en nuestros países son como el estudiante vago, que quiere adelantarse en el curso pero se va tirando el año.

Publicado enColombia
Vamos a hacer la tarea: Integrarse en la cooperación internacional

Distintos informes de Naciones Unidas muestran la realidad de América Latina y el Caribe, región que, como estudiante, se compromete a cambiar pero siempre tiene malas calificaciones. Así sucede con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, en cuya concreción el mayor avance corresponde a la forma de medición de indicadores y la armonización de políticas públicas en cada uno de los países. A la ONU, como institución escolar, le conviene este deficiente estudiante, pues bajo la trampa del desarrollo sostenible y la cooperación internacional, puede someter las agendas de cada uno de los países para mantener el aparente equilibrio en el actual orden internacional.

 

El pasado abril se presentó el informe correspondiente al avance cuatrienal sobre el progreso y desafíos regionales en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe. El documento recoge información de varios: Fondos, Programas y Organismos especializados de las Naciones Unidas.

Recordemos que la Agenda 2030 establece diecisiete Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) que incluyen poner fin a la pobreza, garantizar seguridad alimentaria, vida sana y bienestar, educación inclusiva y de calidad, igualdad de género, agua y saneamiento, energías sostenibles, crecimiento económico sostenido, infraestructuras resilientes, reducir la desigualdad, asentamientos humanos inclusivos y seguros, consumo y producción sostenibles, combatir el cambio climático, conservar los océanos, proteger los ecosistemas, promover sociedades pacíficas e inclusivas y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible. Una larga lista de tareas y la realidad es contundente: faltará tiempo para cumplirlos, si es que en verdad existe interés por parte de los poderes reales de cada uno de los países para hacerlos efectivos.

Para la implementación de esta Agenda, diseñaron instrumentos para el seguimiento y consecución de los ODS. Nuestra región avanzó de forma significativa en el nivel de institucionalidad e instrumentos para implementar la Agenda 2030. Casi cuatro años, desde el momento de su aprobación y hasta ahora, se ha generado información estadística necesaria para evaluar en verdad el avance de las metas. Según lo informado a la Comisión Estadística de las Naciones Unidas, trabajó en cinco ejes estratégicos: i) actualización de los niveles de disponibilidad de datos y de estándares internacionales, pero sin definir aún el desarrollo metodológico de los indicadores; ii) definición de criterios para la aplicación de las directrices y presentación de datos; iii) propuesta de indicadores provisionales con fines de monitoreo inmediato; iv) actividades relativas al desglose de datos e intercambio de metadatos estadísticos, y v) perfeccionamiento anual de los indicadores y el plan para el examen ampliado de 2030.

Estos objetivos se definen en torno a los conceptos de igualdad, sostenibilidad ambiental y convergencia productiva, por alcanzarse en democracia y en el marco de sociedades pacíficas. En tal propósito, parece ser que la guerra comercial entre Estados Unidos y China, genera preocupaciones entorno al nuevo orden global que pudiera configurarse producto de ello. Naciones Unidas no sólo señala los peligros derivados de esta confrontación, sino su preocupación por la no cooperación de todos los organismos para evitar una fragmentación del mundo del trabajo, mayor desigualdad y eventuales riesgos para las democracias establecidas. La premisa es que el sistema económico internacional se caracteriza por la tensión entre las soberanías nacionales y la necesidad de ceder cierta parte de esa soberanía para lograr, por medio de la cooperación internacional, beneficios que cada Estado no podría alcanzar actuando en soledad. En ese sentido, la tarea que la comunidad internacional tiene ante sí consiste en avanzar hacia el multilateralismo.


Desde 2016 la región comenzó a integrar la Agenda 2030 en distintas visiones, estrategias y planes nacionales de desarrollo. Sin embargo, los indicadores muestran que frente a la reducción de pobreza y desigualdad, los avances se estancaron en el último quinquenio. A partir de 2015 la pobreza y la pobreza extrema aumentaron en torno al 30 y al 10 por ciento respectivamente. Según la Cepal, en el año 2018 cerca de 182 millones de personas vivían en pobreza y 63 millones en extrema pobreza. A partir de los datos de 18 países de América Latina en 2016 (Gráfico IV.3), se estima que, si no se considerarán las pensiones de las personas mayores de 65 años, la pobreza en ese segmento podría elevarse del 15,2 al 46,7 por ciento, mientras que la pobreza extrema subiría del 4,3 al 24,2 por ciento.

 

 

La estructura económica (productiva) de la región es muy heterogénea, con peso preponderante del sector de baja productividad, con marcada desigualdad de ingresos de los hogares. El 80 por ciento de los ingresos totales de los hogares latinoamericanos proviene del trabajo, que constituye el principal motor para la superación de la pobreza y poder gozar de protección social. Asimismo, desde el punto de vista de los ingresos, el acceso a las prestaciones contributivas es muy desigual: con referencia al 2015, solamente el 6,2 por ciento de las personas de 65 años y más, que se encontraban en el primer quintil de ingreso per cápita, percibía pensiones contributivas, lo cual refleja trayectorias laborales precarias, marcadas por la informalidad, e ingresos laborales reducidos. Un tercio de la población de América Latina carece de acceso a pensiones en la vejez.

También resaltan el hambre y la desnutrición. El número de personas subalimentadas en la región se incrementó en 2,4 millones entre 2015 y 2016, alcanzando un total de 42,5 millones, equivalente al 6,6 por ciento de quienes viven en esta parte del mundo. Según estimaciones de la OIT para 2016, en América Latina y el Caribe, alrededor de 10,5 millones de niños, niñas y adolescentes se encuentran en situación de trabajo infantil, es decir, el 7,3 por ciento de la población regional con edades entre 5-17 años. Brasil, México y Perú son los países donde el trabajo infantil es más frecuente en números absolutos. Para el caso colombiano, en el 2017 la cantidad de niños, niñas y adolescentes trabajadores sumaban 796.000 registros.

Preocupa en la región, la limitada incorporación tecnológica en el sistema productivo, en zonas heterogéneas en sus estructuras productivas, que inciden para acentuar la elevada desigualdad que la misma registra, lo que expresa altos porcentajes de informalidad en el empleo total (gráfico I.12). Obviamente, los países de esta parte del mundo no han logrado transformar su estructura productiva como si lo consiguieron en las economías asiáticas exitosas. En América Latina y el Caribe, la inseguridad ha incidido en el desarrollo de una cultura autoritaria que redunda en una aceptación cada vez mayor de propuestas de “mano dura” y “tolerancia cero”. Es decir, la violencia sigue en aumento (Gráfico IV.20), cuyos efectos, según el organismo internacional, erosionan la confianza en la democracia y la convivencia social.


El documento insiste en apostarle a la cooperación multilateral. Enuncian que en el pasado fue útil para integrar la economía mundial y mitigar el riesgo de confrontaciones, y reseñan la propiciada por el régimen monetario internacional en los acuerdos de Bretton Woods de 1944. Una integración en el orden mundial de los países desarrollados, que excluye o subordinn a las economías de la periferia. No cooperar, insisten, generaría rivalidad tecnológica, tensiones geopolíticas e incertidumbre en el comercio internacional y la economía digital.

 

 

Sus observaciones recaen sobre el presupuesto público, como herramienta para la asignación de recursos y donde, en efecto, deben priorizarse políticas públicas para el financiamiento de la implementación de la Agenda 2030.

En los próximos años, los discursos de cooperación recaerán en la gestión de los ecosistemas naturales, la sostenibilidad de las ciudades, la transición energética y el cambio climático. Pero de qué nos sirve todo ello si no hemos cumplido con lo básico, si quienes dominan en nuestros países son como el estudiante vago, que quiere adelantarse en el curso pero se va tirando el año.

Publicado enEdición Nº257
Sábado, 23 Marzo 2019 06:17

Bye Bye Unasur

Bye Bye Unasur

La dramática situación en Venezuela –producto de fenómenos fundamentalmente internos y dinámicas complementarias internacionales que la han agudizado al máximo– tuvo un efecto devastador para la diplomacia sudamericana: contribuyó al derrumbe de Unasur a una década de su creación. Un conjunto de factores diversos convergieron en una coyuntura muy particular y ello hizo posible el deterioro y posterior desplome de aquel organismo de concertación sub-regional que tuvo, en sus primeros años, éxitos que merecen reconocerse y subrayarse. Desde 2014 se manifestaron cuestiones que facilitaron la irrelevancia y el declive de Unasur: a) el gradual desinterés de Brasil –durante el segundo mandato de Dilma Rousseff primero y aún con la breve presidencia de Michel Temer después– de invertir recursos diplomáticos en América del Sur; b) la desafortunada elección del ex presidente Ernesto Samper al frente de la Secretaría General de la Unión de Naciones Suramericanas; c) la acefalía en la conducción de Unasur desde principios de 2017 en medio de distintas estrategias simultáneas de diferentes países destinadas más a la obstrucción de candidaturas que al logro de un candidato de consenso; d) el fracaso de las gestiones de buenos oficios auspiciadas por Unasur con la participación de los ex mandatarios José Luis Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos, ante la profundización de la crisis en Venezuela en el marco de irresponsabilidades compartidas por parte del gobierno y de la oposición; e) el establecimiento del llamado Grupo de Lima en agosto de 2017 con el fin de debilitar, cercar y aislar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela; f) la mediocre presidencia pro témpore de la Argentina entre abril de 2017-abril 2018 que nunca citó una cumbre de mandatarios, de cancilleres o de ministros de Defensa; g) la suspensión de la participación de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay en el bloque sudamericano justo cuando la presidencia pro témpore pasaba a Bolivia; y h) la salida definitiva de Colombia (agosto 2018) y Ecuador (marzo 2019) del mecanismo de concertación.

En breve, el comportamiento concreto de la mayoría de los participantes de Unasur llevó a su descrédito y ocaso. Es como si los principales protagonistas hubieran optado, contra sus intereses de largo plazo para sostener un ámbito de acción conjunta con una voz unificada ante cuestiones regionales y globales, por una lógica de corto plazo dictada por cálculos político-electorales domésticos y por imaginar la quimera de una presunta “relación especial” individual respecto a Estados Unidos.


La sepultura de Unasur –a la que, repito, muchos contribuyeron– se materializó con la propuesta de los presidentes Piñera y Duque (foto) de crear Prosur. El cónclave de hoy 22 de marzo en Santiago de Chile será el lanzamiento formal de esta iniciativa; iniciativa bastante inoportuna, aún ambigua y que parece una nueva fuga hacia adelante del multilateralismo regional que se caracteriza por su alta formalización y baja institucionalización. En los escasos pronunciamientos de sus proponentes se ha invocado que el propósito principal es la “defensa” de la democracia y de la economía de mercado, al tiempo que se ha puesto de manifiesto su vocación expresamente ideológica como producto del avance de las derechas y el retroceso del progresismo en el área.


¿A qué apunta esta propuesta todavía indefinida? Se inscribe, de algún modo, en un cambio de eje geopolítico del Atlántico al Pacífico en momentos en que el gobierno de Donald Trump acentúa los elementos de contienda, en desmedro de los de colaboración, en relación a China. Dos actores medios de la región –Colombia y Chile– aprovechan el vacío de dirección y credibilidad del Brasil de Bolsonaro y de la desorientación estratégica de la Argentina de Macri. Es sorprendente que el otrora poderoso eje Buenos Aires-Brasilia haya quedado supeditado a las confusas aspiraciones de Santiago y Bogotá. Los postulados de corte neoliberal de los convocantes parecen generar una adhesión inmediata como si ello fuese funcional a un modelo de desarrollo productivo, inclusivo y competitivo de la región en medio de fuertes polarizaciones a nivel de todos los países de América del Sur. Habrá que ver, asimismo, en que traduce la idea de “defensa” de la democracia y de la economía de mercado.


La actitud hasta ahora poco constructiva –en el sentido de la ausencia de un aporte concreto a salidas pacíficas– de los participantes del nuevo foro respecto a la angustiosa crisis venezolana, la resignada aceptación sin cuestionamiento a las sanciones materiales impuestas por Washington a Caracas y la desconsideración de alternativas exploratorias de diálogo político como las sugeridas por el Mecanismo de Montevideo (México y Uruguay más el Caricom), el Grupo Internacional de Contacto para Venezuela (involucrando países de Europa y Latinoamérica) y aún por el Vaticano, insinúan que Prosur está más inclinado a seguir al Norte que mirar al Sur.


En síntesis, asistimos a la inauguración de otra experiencia de comunidad sub-regional que sin un mínimo balance del precario estado de la integración en el área, se auto-postula como una modalidad novedosa de aglutinación a pesar del sesgo ideológico que lo caracteriza. Y lo hace en momentos en que Estados Unidos vuelve a proclamar la vigencia de la vetusta Doctrina Monroe y usar el discurso propio de la “diplomacia de las cañoneras”.


Juan Gabriel Tokatlian: Profesor plenario de la Universidad Di Tella.

Publicado enInternacional
Lunes, 04 Marzo 2019 05:57

Bill

Bill

Hijo de padre alcohólico, y de una madre que decidió abandonarlo y empezar una nueva vida en Boston, el pequeño Bill fue criado por sus abuelos en Vermont. En 1918, luego de volver de la gran guerra, comenzó una carrera como hombre de negocios en Wall Street, donde por esas épocas, “muchos perdían dinero y algunos pocos se hacían ricos”. Bill descubrió que los dueños de las acciones no conocían el estado real de las fábricas y comenzó a visitarlas una por una, a entrevistar operarios y elaborar precisos informes de asesoramiento. En sus relatos autobiográficos, Bill describe con precisión como, a la par del éxito financiero, experimentó una relación singular con el alcohol que había comenzado en el ejército y fue incrementándose hasta el punto de convertirlo en un bebedor empedernido. En 1929, el mercado de valores de Nueva York se derrumbó y mientras el indicador de cotizaciones iba graficando el colapso, y por la radio se relataban en vivo suicidios de operadores bursátiles lanzándose al vacío desde las torres, Bill comprendió que estaba en la ruina. Desempleado y hospedado en la casa de los padres de su esposa, su principal preocupación eran los demonios matinales, esa clase de terror que muchos alcohólicos padecen al despertar. Fue el comienzo de una serie de internaciones en hospitales. En los años 30, y en plena Ley Seca (1920-1933) el alcoholismo lejos de ser considerado una enfermedad, era sinónimo de degeneración, el reflejo de una personalidad perversa que debía corregirse. El encierro, las esterilizaciones, la aplicación de terapia electro-convulsiva e incluso la realización de lobotomías eran parte de las terapias habituales. En 1934, un amigo con problemas de alcohol lo visitó y le contó que llevaba meses sobrio, luego de asistir a un grupo religioso llamado Oxford. Para Bill este encuentro fue relevador, porque le permitió comprender que necesitaba creer en algo más allá de su voluntad, una fuerza espiritual que su amigo llamó Dios y que Bill redefinió como “poder superior”. Una fuerza, que según sus palabras, le permitió dejar de luchar en soledad contra la botella. Ese mismo año, en el pueblo de Akron, Ohio, derrotado por un mal negocio y a punto de entrar al bar del hotel, tuvo la necesidad imperiosa de hablar con otro alcohólico. A través de un sacerdote dio con el Dr. Bob (Robert Smith), un médico respetado, alcohólico, también en quiebra, que accedió a reunirse unos minutos con él. Este fortuito encuentro entre un broker de Wall Street y un médico fue el hito fundacional de una las iniciativas más originales creadas para ayudar a personas con problemas de alcoholismo: Alcohólicos Anónimos (AA), el programa de los doce pasos. Ambos crearon una sociedad de trabajo que se mantuvo hasta la muerte del médico en 1950. Estaban convencidos de que compartir la experiencia con otro alcohólico ejercía un notable impacto positivo en la evolución del problema. Bill lo dijo claramente y con el tiempo llego a convertirse en un lema: “solo un alcohólico puede ayudar a otro alcohólico”. Un alcohólico que necesita de otro, como el motor para salir del círculo vicioso de intentos fallidos. En contrapunto con varias de las escuelas psicológicas de la época, los fundadores de AA explicaron que el denominado “conocimiento de sí mismo” y “la fuerza de voluntad” no necesariamente eran útiles como herramientas para dejar de beber. Uno de los puntos centrales del programa de AA es asumir la condición de enfermo y cesar los intentos agotadores e inútiles, de controlar y/o moderar la forma de beber. De esto trata el famoso primer paso: “admitimos que éramos impotentes frente al alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”. El resto de los pasos se dedica a examinar los aspectos personales a modificar, a revisar (y reparar) el daño producido a los demás y llevar el mensaje a otros.

Los relatos de quienes trataron con Bill dan cuenta de un hombre atractivo, alto, con labia de vendedor y dueño de un notable sentido del humor. En las épocas dramáticas y solemnes de la prohibición siempre aclaró que no tenía problema alguno con el alcohol, y que le agradaban las botellas, las copas y las vitrinas; solo que él no podía tomar alcohol. Su propio alcoholismo era una fuente de anécdotas interminables, y le permitió llevar su experiencia a muchos alcohólicos que estaban asqueados de los consejos médicos o los discursos morales. En 1935 publicó el libro Alcohólicos Anónimos, un notable texto que reúne las ideas centrales del programa, hipotecó (y perdió) su casa para editar los primeros 5000 ejemplares. No fue precisamente un éxito editorial y Bill debió vivir más de dos años en casas prestadas y con la ayuda económica de amigos. En 1941, con la publicación de un artículo en The Saturday Evening Post, que daba a conocer la existencia de AA, se produjo una avalancha de pedidos desde todos los rincones del país, así como la multiplicación inmediata de grupos en ciudades y pueblos. El fenómeno AA tomó fama en forma abrupta e inundó los medios masivos de comunicación (en la actualidad ese libro lleva vendidos treinta millones de ejemplares y fue traducido a 60 idiomas). En simultáneo se produjeron controversias de todo tipo: en algunos grupos se mostraron reacios al ingreso de bebedores negros, de ex convictos, y también de mujeres. El explosivo crecimiento de AA motivó a Bill a diseñar las “Doce Tradiciones”, una serie de normas destinadas a favorecer el funcionamiento y la supervivencia de los grupos. Una de las más significativas reglas de AA está representada en la tercera tradición: “el único requisito para ser miembro de AA es querer dejar de beber”, lo que en términos prácticos significa que no existe criterio de exclusión ni de prohibición de ingreso para nadie. Las tradiciones, un esquema de organización de vanguardia, se refieren centralmente a la autogestión, al carácter no profesional de la práctica, a la necesidad de sostener el anonimato de sus integrantes, y de mantener independencia económica con empresas privadas, para evitar que asuntos de dinero interfieran con la tarea. Tras dos décadas desde su fundación, en 1955, Bill cedió la dirección de AA a sus miembros. Esos años estuvieron signados por la experimentación personal con LSD, que él creía que podía ayudar a otros alcohólicos, y su tratamiento psiquiátrico por depresiones recurrentes. Los experimentos con LSD, con el objetivo de producir un “despertar espiritual”, le valieron críticas desde todos los sectores, incluso desde sus compañeros de AA. En el acmé de su fama casi mundial, mantuvo enérgicamente su anonimato, declinó un cargo honorario en la Universidad de Yale, así como ser motivo de tapa de la revista Time. Fumador empedernido, murió a los 75 años de neumonía en el año 1971, en un hospital de la ciudad de Miami. La leyenda dice que, agobiado por la falta de oxígeno, su último deseo fue una copa y que su mujer Lois, con quien estuvo casado 53 años, empezó a los gritos, aunque otros dicen que se rio a carcajadas. En cualquier caso, murió sin volver a beber. La figura de Bill, que se autodefinió como un “espiritual de la imperfección”, es posible que aún no haya sido valorada en la justa medida. Su creación, AA, está actualmente presente en 184 países y el sistema de los doce pasos se ha diversificado (Narcóticos Anónimos, Jugadores Anónimos) y ha sido incorporado por muchos sistemas de tratamiento profesional que existen en la actualidad. En nuestro país, AA existe desde 1952 y actualmente hay 800 grupos. Un programa gratuito, anónimo, grupal, disponible todos los días de la semana y coordinado por pares, ha mostrado ser una de las respuestas de mayor humanidad y eficacia. Con su muerte y el fin de la necesidad de mantener su anonimato, miles de personas que siguieron su camino y salvaron sus vidas, finalmente conocieron el nombre completo de Bill: William Wilson.


William Wilson también es el nombre del famoso cuento de Edgar A. Poe, donde el doble del protagonista lo asedia y tortura hasta la muerte. Bill encontró en cada alcohólico un doble, un par, una imagen en espejo, pero en vez de resultarle un suplicio, devino en una asombrosa experiencia existencial de curación.

Publicado enSociedad
Página 1 de 5