Movimientos en la pandemia: desobedecer en tiempos de cuarentena

La red de cooperativas de Barquisimeto (Venezuela), los proyectos de apoyo mutuo en las favelas de Río Janeiro (Brasil) y las experiencias frente a la virus en las comunidades del norte del Cauca (Colombia) son los escenarios de esta nueva entrega de “Movimientos ante pandemia”, una serie realizada por el periodista y analista uruguayo Raúl Zibechi. 

 

“Estamos más y mejor organizados que antes”, asegura Teresa Correa, evaluando la experiencia de la red Cecosesola (Central Cooperativa de Servicios Sociales de Lara) durante estos meses de pandemia y cuarentena. “Nuestro propósito fundamental es el proceso educativo”, agrega Lizeth, “para irnos transformando desde la reflexión colectiva”.

Cecosesola, establecida en Barquisimeto, sur de Venezuela, es una red de 50 cooperativas urbanas y rurales, una funeraria y un centro de salud. Abarcan las áreas agrícola, de pequeña producción industrial, ahorro y crédito. Cuentan con 17 puntos de venta entre ellos tres grandes mercados con 300 cajas y una red rural integrada por 280 pequeños productores.

Son más de 20.000 asociados y 1.300 trabajadores que reciben el mismo ingreso y funcionan en unas 300 asambleas anuales, sin dirigentes ni estructura directiva. La red de producción y distribución de alimentos y artículos de limpieza moviliza más de 10.000 toneladas mensuales, con precios 30% inferiores a los ofertados en el mercado. En ellos se aprovisiona el 40% de la población de una ciudad de 1,2 millones de habitantes.

“En situaciones difíciles nos reinventamos”, dice Gustavo Salas, uno de los fundadores del movimiento, “porque en plena pandemia es más difícil reunirnos”. Destaca que se han saltado la cuarentena en varias ocasiones, “pero el Gobierno nos ha respetado porque hicimos lo que debía hacerse”.

Jorge Rath asegura que se han venido preparando mucho tiempo para situaciones como esta, a través del diálogo y ahora del cuidado mutuo. “Sobre todo cuidamos el ámbito comunitario, que consiste en no separarnos aunque haya que mantener distancia física”. En opinión de los miembros de Cecosesola, comunidad y separación son tan opuestos como dirigentes y dirigidos.

“A los profesionales de la salud se nos está presentando la oportunidad de cambio, desde la jerarquía y lo convencional, porque en este momento se demandan soluciones creativas”, es la reflexión del doctor Carlos Jiménez, que forma parte del Centro Integral Cooperativo de Salud. La red de salud popular atiende a más de 220.000 personas al año. Son cinco consultorios, cuatro laboratorios y un centro cooperativo que integra la medicina convencional y la tradicional.

El Centro de Salud, un edificio de tres plantas diseñado por las cooperativas en debate con los arquitectos, tampoco tiene gerentes ni dirigentes y la gestión depende de la asamblea semanal donde participan todos los trabajadores, desde enfermeras y cocineras hasta médicos y el personas de mantenimiento.

 “Una cosa que aprendimos es cómo manejarnos con el poder”, reflexiona Gustavo. “Cuando una ley o un decreto no van con nuestras necesidades, desobedecemos pero sin ir al enfrentamiento. Nos violamos las leyes, como ahora que nos seguimos reuniendo a pesar de que no se puede, y buscamos la forma de seguir adelante para mantenernos unidos. No pedimos permiso”.

Lograron imponer sus criterios pasando por encima del toque de queda, “porque una feria que atiende por día 7.000 personas no puede adaptarse a horarios restringidos”, explica Gustavo. “Después de varias semanas la gobernadora nos felicitó y nos dio salvoconductos las 24 horas, porque hay que empezar a recoger a la gente a las cuatro de la madrugada”.

De ese modo, la red consigue el respecto de la comunidad y del gobierno. “Y transformamos el sistema, porque no actuamos según su lógica”, remata Gustavo.

Teresa explica algunos de los cambios notables que se están produciendo durante la pandemia: “No hay combustible. Eso nos llevó a reorganizar todo. Los médicos iban en sus coches al trabajo, pero ahora dependen de los camiones que hacen una ruta recogiendo a todos los trabajadores. Y ahí está lo bonito. El cardiólogo se tiene que subir al camión con todos los demás compañeros, en una forma de integración colectiva que antes no se daba”.

Médicos en el camión junto a vendedoras o limpiadoras, una dinámica que suena a revolución cultural, sin la cual no hay cambios profundos ni duraderos. “Las respuestas a la situación actual refuerza, algo del nosotros que es la coherencia, que nace en la conversación permanente que nos transforma en un cerebro colectivo”, remata Jorge.

 

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En esta situación tan difícil, me parece necesario poner el foco en las luces que brillan entre los sectores populares. Tengo claro que el sistema se está reforzando, que oscuros nubarrones nos amenazan —desde el crecimiento de la desigualdad y el poder del 1%, hasta la represión y el control digital—, pero nada ganamos si nos apegamos solo a los que nos oprime. Mi punto de partida es el Ya Basta! colectivo y comunitario, como nos enseñan los pueblos originarios de Chiapas.

Las favelas de Rio de Janeiro cargan con el estigma de la violencia y el narcotráfico, porque es el modo que los poderosos —desde los medios hasta las academias— encontraron para camuflar la pobreza que genera este sistema. Sin embargo, allí crece la resistencia y la organización, superando enormes dificultades.

Inessa es militante del Movimiento de las Comunidades Populares que completó 50 años y está presente en diez estados de Brasil. Vive en la comunidad Chico Mendes, en el morro de Chapadao, en la zona norte de Rio de Janeiro. “Estamos aquí desde 1994. Comenzamos con deporte comunitario y crecimos con una escuela jardín, para niños y niñas de la comunidad. Con la pandemia la cerramos desde el 21 de marzo”.

También trabajan con adultos, gestionando empleo e ingresos de forma autónoma, con una tienda y una barraca de materiales de construcción, que gestionan colectivamente. Reciclan aceite con el que fabrican productos de limpieza y tienen un grupo de compras colectivas con casi 20 familias. Quizá el área más potente sea el Grupo de Inversiones Comunitarias (GIC), un banco popular donde cientos de vecinos aportan dinero todos los meses y pueden pedir préstamos sin acudir al banco ni al mercado financiero. Con los intereses, ayudan a las familias que necesitan, aportan a funciones sociales como la salud y una parte va al Movimiento.

Durante el cierre provocado por la pandemia, vendedores y empleadas domésticas de la comunidad quedaron sin ingresos, además de diez personas que trabajan en la guardería del movimiento y en el transporte infantil. En base a una red previa de amigos y profesores “que apoyan este proyecto y respetan nuestra autonomía”, realizaron colectas para comprar cestas de comida para la comunidad y mantener al personal de la guardería. Cincuenta personas reciben cestas de comida gracias al trabajo de trece militantes.

Gizele es comunicadora e integra el Frente de Movilización de la Maré, creado hace apena seis semanas por un grupo de comunicadores comunitarios que venían actuando en la favela desde hace 15 o 20 años. “Nace cuando el aislamiento social se hace obligatorio en toda la ciudad y nuestra preocupación era la forma como los gobiernos se dirigen a la favela. Pensamos en un plan de comunicación para poder trabajar en base a las necesidades y en el lenguaje de la favela”.

La Maré es un complejo de dieciséis favelas con 140.000 habitantes, pegada a la bahía de Guanabara y muy cerca del aeropuerto internacional. Tiene los peores índices de letalidad por coronavirus. Mientras en barrios de la burguesía como Leblon la tasa de letalidad es de apenas el 2,4% de los infectados, en la Maré trepa hasta el 30,8%, según datos de O Globo.

Alquilaron un carro de sonido explicando las medidas elementales como lavarse las manos, no formar aglomeraciones, limpiar la casa —aunque casi no hay agua— y localizar los hospitales más cercanos. “Estamos haciendo 30 pancartas por semana que colgamos en las comunidades, haciendo hincapié en la solidaridad porque el abastecimiento de agua es precario y debemos compartirla en base a la ayuda mutua, porque del gobierno no llegada nada”, dice Gizele.

Además confeccionaron 5.000 carteles, todos a mano, que colocaron en comercios, iglesias y asociaciones de vecinos con recomendaciones sobre higiene. “Empezamos con cuatro comunicadores y hoy tenemos diez colectivos integrando el Frente de Movilización de la Maré y 50 vecinos. La gente se va sumando a la movilización y a la búsqueda de alimentos y de materiales de limpieza. Es todo un desafío lidiar con una nueva realidad, la falta de agua, de dinero, la internet que no funciona bien”.

Crear organización en una favela es casi imposible, porque los activistas están atenazados entre las tremendas carencias y la suma de policía militar, milicias paramilitares,

“Esta semana empecé a pensar que si la gente está luchando con la pandemia dentro de la favela, con apoyo mutuo y solidaridad, después de la pandemia podemos hacer la revolución”, se entusiasma Gizele, que nunca había vivido tanto entusiasmo y organización entre sus vecinos. “Operaciones policiales, militarización, tanques de guerra, hambre, falta de agua, y ahora lo estamos viviendo todo junto y nos organizamos porque nadie conoce mejor de nuestras necesidades”.

Timo nació en Alemania, se graduó como geógrafo y desde hace diez años vive en la Maré, en el morro de Timbau. Con un pequeño grupo de amigos gestionan un espacio que elabora cerveza artesanal y ofrece cine para niños. “Los trabajos previos son los que ahora consiguieron reaccionar ante la situación. Aquí en Timbau hay una antigua fábrica de cemento convertida en viviendas y ahí trabajamos con los niños, en una campaña de movilización para identificar las familias con más necesidades”.

Hay 4.000 familias censadas que necesitan ayuda en alimentos, solo en esa favela. Consiguieron donaciones para 2.000 canastas que elaboraron y entregaron un grupo integrado sobre todo por mujeres. “Son los pequeños grupos que ya venían funcionando lo que permite conseguir ayuda y contactar a los que necesitan en base a un censo de solidaridad de los pobladores de la favela. Aquí el trabajo no puede ser individual, las respuestas que demos deben ser colectivas”.

 

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Hay mucha más información para compartir. Por ejemplo, la tenaz resistencia de las comunidades del norte del Cauca, en el “Proceso de Liberación de la Madre Tierra”. Las comunidades de la zona y la Guardia Indígena detuvieron a 31 soldados y policías y decomisaron tres fusiles por “atentar contra la liberación de la Madre Tierra” al atacar la finca la emperatriz, recuperada por el pueblo nasa.

 

Por Raúl Zibechi

14 may 2020 06:00

La asamblea de las comunidades decidió entregarlos a una comisión integrada por la Defensoría del Pueblo y el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). El Estado se comprometió a no volver a reprimir y a crear una comisión para resolver los conflictos entre comunidades y fuerza armada.

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El capitalismo, un obstáculo para la igualdad y la democracia: la historia de EEUU

La Guerra Fría acabó con el legado del New Deal. El paso del tiempo y Trump están destruyendo ahora el legado de la Guerra Fría. Mientras que el capitalismo era cuestionado y desafiado en las décadas de 1930 y 1940, hacerlo se convirtió en tabú después de 1948. Sin embargo, a raíz de la crisis de 2008, se recuperó el pensamiento crítico acerca del capitalismo. En particular, un argumento está ganando terreno: el capitalismo no es el medio para alcanzar la igualdad económica y la democracia, sino más bien el gran obstáculo para su realización.


Durante el New Deal, la administración Roosevelt presionada desde abajo por una coalición de sindicatos (Congress of Industrial Organizations) y por la izquierda política (dos partidos socialistas y un partido comunista), revirtió la dirección tradicional (de desigualdad creciente) de la distribución de la renta y de la riqueza en Estados Unidos. Se produjo un cambio hacia una mayor igualdad. Así, la historia de los EEUU ilustra la idea que defiende Thomas Piketty en su libro El Capital en el siglo XXI (2014) sobre la profundización de la desigualdad a largo plazo, que únicamente se ve interrumpida puntualmente. De hecho, la transformación que provocó el New Deal fue una de esas interrupciones, y estuvo basada en el tipo de impuestos hacia las empresas y los ricos que Piketty defiende ahora para corregir o revertir las desigualdades capitalistas.


Tras la Segunda Guerra Mundial, la reanudación del proceso de acumulación capitalista abatió al New Deal y ha llevado desde entonces al capitalismo global contemporáneo a una nueva profundización de la desigualdad. Lo que Piketty propone ahora de nuevo como una solución, ya ha demostrado ser un remedio meramente temporal. La transformación ha sido a su vez revertida. Después de 1945, las empresas y los ricos utilizaron sus beneficios y sus altas rentas y riquezas para comprar todavía más control de los dos principales partidos políticos. Ese control adicional les permitió desmantelar el New Deal y mantenerlo derribado.


Así, la historia de Estados Unidos ejemplifica algo más que la tendencia capitalista a profundizar en la desigualdad y cómo el uso de los impuestos estuvo en grado de revertir esa desigualdad. También nos muestra cómo y por qué esa transformación no pudo ser más que temporal. La lección de esta historia invita al escepticismo acerca de si las políticas progresistas basadas en impuestos -o, de hecho, cualquier política progresista- puede ser algo más que temporal, dado el probado éxito del capitalismo para revertirlas. Tal escepticismo se fortalece cuando las transformaciones que se han dado en otros países capitalistas se revelan, del mismo modo, como meras interrupciones temporales de una tendencia básica hacia desigualdades cada vez más profundas.


La conclusión que se extrae de la historia de EEUU no es que los esfuerzos para revertir la profundización de la desigualdad estén predestinados al fracaso. Más bien muestra que las meras reformas, como los cambios en la legislación fiscal, son inadecuadas para alcanzar dicho objetivo. Para que las reformas se mantengan -para superar una fragilidad que ya se ha repetido varias veces a lo largo de la historia-, es necesario ir hacia un cambio del sistema de base. Puesto que el capitalismo tiende a profundizar la desigualdad y ha demostrado que puede derrotar las inversiones de esta tendencia -convirtiéndolas en temporales-, es el capitalismo lo que debemos superar para resolver su inherente problema de desigualdad.


Lo mismo puede decirse respecto a la contradicción estructural del capitalismo con la democracia. La etiqueta de “democracia” que muchas naciones modernas usan para describirse a sí mismas ha sido siempre inapropiada. La esfera política es, en efecto, al menos formalmente, un lugar donde las decisiones gubernamentales las toman personas que rinden cuentas, finalmente, en unas elecciones basadas en el sistema una-persona-un-voto. En este preciso sentido, es cierto que los ciudadanos ejercen el derecho democrático a participar en la toma de decisiones que les incumben, por medio del control electoral que ejercen sobre los funcionarios gubernamentales.


Sin embargo, la esfera económica nunca se organizó de una forma democrática. Los líderes de las empresas -los propietarios, los accionistas y los directores que ellos eligen- toman todas las decisiones básicas que afectan a la empresa. Esto incluye decidir qué, cómo y dónde producir, así como qué hacer con los ingresos netos (o excedentes o ganancias) de la empresa. Los líderes no rinden en absoluto cuentas a las personas -todos los demás empleados- que deben que vivir con los resultados de esas decisiones empresariales básicas. Estos empleados son excluidos de participar en las decisiones económicas clave que les afectan y que configuran sus vidas. En resumen, se ha aplicado la etiqueta “democracia” a sociedades cuya esfera política es democrática, al menos formalmente, pero cuya esfera económica no lo es en absoluto.


La rigidez ideológica de la mayoría de las tendencias anti-estatismo en la historia de los Estados Unidos sirvió muy bien para mantener el foco en la oposición entre Estado/público e individuo/privado a la hora de pensar y actuar en favor del cambio social. La democracia se redefinió, en términos prácticos, como la liberación del individuo/privado de la intrusión del Estado/público. La calidad democrática de la empresa individual/privada -la estructura central de la economía- estaba exenta del análisis, en lo que se refiere a su incompatibilidad estructural con la democracia. La naturaleza jurídica de las empresas capitalistas, que tienen personalidad individual igual que las personas de carne y hueso, también ayudó a distraer la atención de su estructura antidemocrática. Del mismo modo, el compromiso del gobierno estadounidense con una “política exterior democrática” fomentó la reproducción en otros lugares de la misma estructura económica antidemocrática que caracterizaba a los EEUU.


El ala derecha de la política estadounidense ha entendido y ha reaccionado desde hace tiempo a los movimientos sociales por la igualdad y la democracia como amenazas al capitalismo. Sus líderes construyen coaliciones tratando de movilizar a la opinión pública contra esos movimientos, en tanto que amenazas al “American way of life”. Esta derecha ha construido su ideología sobre la noción de que la democracia significa que el Estado evite entrometerse en las vidas y las actividades de las personas y las empresas, consideradas ambas como “individuos”. Para ellos, igualdad significa igualdad de oportunidades, no de resultados. Entienden la oportunidad como algo estrictamente desconectado de la riqueza, los ingresos y la posición social de nacimiento de cada individuo.


El ala izquierda de la política estadounidense ha intentado siempre mantener la idea de que el capitalismo es compatible con el igualitarismo y la democracia. También ha defendido que el capitalismo se fortalecería, y no se vería amenazado, si se acercara más a la igualdad y la democracia. En términos prácticos, compitió contra la derecha insistiendo en que las masas -los trabajadores de las empresas capitalistas- perderían la ilusión y la lealtad al capitalismo si este se entregaba a sus tendencias anti-igualitarias y antidemocráticas. El capitalismo, argumentaba y argumenta, se fortalecería y no se vería amenazado por una rebaja de la desigualdad y por una mayor democracia.


Tanto la izquierda como la derecha -y su concreción en la dirección de los partidos Republicano y Demócrata- viven temerosas, conscientes o no, de que la masa, la clase trabajadora, se distancie del capitalismo. “Populista” es el epíteto que expresa actualmente este miedo. Ambos partidos compiten por el apoyo de los líderes del capitalismo -los principales accionistas y las juntas directivas empresariales que éstas seleccionan-, ofreciendo sus estrategias alternativas como una forma de evitar, controlar o canalizar de forma segura la desafección masiva con el capitalismo.


El Partido Republicano ofrece una mezcla de (1) represión a los movimientos sociales igualitarios y democráticos (es decir, populistas), (2) apoyo y subsidio a los capitalistas, y (3) gestos y políticas simbólicas para complacer a ciertos sectores de la opinión pública (fundamentalistas religiosos, patriotas, nacionalistas anti-inmigración, etc.). El Partido Demócrata ofrece una combinación de apoyo gradual y limitado a los movimientos contra la desigualdad y a favor de más democracia política. Se ofrece a sí mismo como el medio para llevar a los grupos marginales a una participación plena en el capitalismo, manteniéndolos así alejados del populismo. La dirección de cada partido condena a los populistas e intenta asociarlos con el adversario. Los Demócratas ven el populismo representado en Trump; los Republicanos y bastantes Demócratas centristas, en Bernie Sanders. Ambas partes rara vez se refieren al “capitalismo” per se. Ambos se comportan como si no existiera crítica o alternativa alguna al capitalismo, o como si éstas no tuvieran sentido.


No solo el Partido Republicano, sino también el apoyo del Partido Demócrata, sirven y refuerzan al capitalismo, que es un obstáculo básico para la igualdad económica y la democracia. Como ni la igualdad económica ni la democracia han sido nunca alcanzadas, han servido durante mucho tiempo como objetivos a los que ambas partes se han comprometido “de boquilla”. La absurda contradicción de esta posición compartida ahora está dando paso al reconocimiento de que la lección que nos ha dado la historia estadounidense es que existe una necesidad de cambiar el sistema. Si, en lugar de las estructuras empresariales capitalistas, se produjera una transición hacia las cooperativas de trabajadores con organizaciones y procedimientos democráticos -lo que con toda probabilidad supondría una distribución de los ingresos netos entre los participantes de la empresa mucho menos desigual que la que se da en las condiciones actuales- se habría eliminado un obstáculo clave para un movimiento social más amplio hacia la igualdad y la democracia.

Por Richard D. Wolff
03/03/2018
es el autor de "Capitalism Hits the Fan y Capitalism’s Crisis Deepens". Es fundador de Democracy at Work.
Fuente:
https://www.counterpunch.org/2018/02/23/capitalism-as-obstacle-to-equality-and-democracy-the-us-story/
Traducción:
Sara Suárez Gonzalo

Publicado enInternacional