Cartagena de Indias, de corrupción y de pobreza

Cartagena de Indias, “la ciudad amurallada”, la ciudad para mostrar, es la misma donde las mayorías que la habitan padecen cada día de manera más abierta, en sus condiciones de vida, las consecuencias de la corrupción y negligencia de sus gobernantes: un 29,2 por ciento de su población en condiciones de pobreza, el 5,5 en pobreza extrema, refleja sin tapujos la realidad de una ciudad profundamente desigual.


En esta capital de departamento el pasado 6 de mayo se celebró una elección atípica, con una sorpresa: menos de un cuarto de la población habilitada para votar escogió el alcalde que administrará el municipio los próximos 19 meses. Sin embargo, pareciera que el barco se hunde sin haber zarpado, pues la Procuraduría manifiesta que el nuevo alcalde, el señor Antonio Guerra, se encuentra inhabilitado para ocupar el cargo.

 

Con una abstención de más del 77 por ciento, clara evidencia de la distancia que conservan las mayorías con quienes dicen representarlos, el pasado domingo 6 de mayo se celebró en Cartagena la elección atípica para la alcaldía del municipio. 72.111 votos bastaron, en una ciudad habitada por 1.013.375 personas, para que Antonio Quinto Guerra Varela, avalado por el Partido Conservador, y respaldado por el Centro Democrático, el Partido Liberal y el Partido de la U, ganara esta contienda. Todos los partidos tradicionales a una, con apetito incontenible, unidos por el presupuesto y las rentas de esta ciudad, centro de turismo y de pobreza ampliada


Elegido con apoyo unánime de los de siempre, y pese a ello, las cosas no parecen sencillas para el nuevo alcalde de la ciudad amurallada, pues la Procuraduría asegura que presentará una solicitud de nulidad electoral ante la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo, debido a que Guerra se encontraría inhabilitado para ocupar este cargo por haber celebrado contratos con la Gobernación de Bolívar y el Ministerio de Vivienda hace menos de un año, tiempo límite para contratar por parte de quien desee ser funcionario de este nivel.


El enredo con la alcaldía de Cartagena


Esto no es lo único que llama la atención de este proceso electoral, pues no se trata de las primeras elecciones atípicas celebradas en Cartagena durante los últimos años. La reciente historia administrativa del municipio deja entrever una realidad que no escapa de la tragicomedia que es Colombia: una mezcla entre corrupción, clientelismo y una institucionalidad inoperante.

 

En el 2012, el entonces alcalde electo Campo Elías Terán, perteneciente al partido Alianza Social Independiente –ASI–, entregó su cargo debido a serias complicaciones de salud que al año siguiente terminaron con su vida. Para ese momento el presidente Juan Manuel Santos designó por decreto a Carlos Otero Gerdts, lo que generó controversia pues Otero había sido muy cercano a la campaña presidencial del jefe de Estado, y porque el designado, solo 3 meses antes de su nombramiento había empezado a militar en el partido ASI; pero además, siendo director del Fondo de Desarrollo Rural Integrado se vio involucrado en escándalos de asignación de recursos y cupos que favorecieron a parlamentarios de varios departamentos costeños –Atlántico, Bolívar, Córdoba y Sucre–.


En el 2013 Dionisio Vélez Trujillo, candidato de la coalición integrada entre el Partido Verde y el Partido Liberal, ganó las elecciones atípicas; el abstencionismo, con un registro superior al 70 por ciento, batió el récord conocido allí hasta entonces. Su corta gestión en la alcaldía (finales de julio del 2013 hasta diciembre de 2015), quedó en el ojo de la Contraloría General de la Nación, quien lo acuso por detrimento patrimonial y peculado, pues Vélez Trujillo realizó un pago por 2.500 millones de pesos a una agencia de asesoría privada para lograr un préstamo de 250.000 millones de pesos, que fueron supuestamente utilizados en obras de infraestructura vial, de salud y educativa, que al final del periodo no estaban terminadas.


En el 2015, con una participación electoral del 53.52 por ciento, la ciudadanía cartagenera eligió con 127.440 votos a Manuel Vicente de Jesús Duque Vásquez, mejor conocido como “Manolo Duque”, quién el 1 de septiembre de 2016 fue enviado a la cárcel por corrupción, sindicación desprendida del proceso seguido para la selección de la Contralora distrital. En efecto, Manolo Duque y 14 concejales de la ciudad se reunieron para acordar el nombramiento de Nubia Fontalvo (quién también participó de dicha reunión) como contralora distrital, a cambio de su compromiso de ponerse al servicio de la alcaldía.


En este mar de “tu me das, yo te doy”, en el 2017 Juan Manuel Santos designó como alcalde encargado a Sergio Londoño Zurek, joven político perteneciente a su gabinete, quién tuvo que pagar en marzo pasado 5 días de arresto y una multa por 10 SMMLV debido a las demoras en el inicio de la construcción del alcantarillado de las comunidades Tierrabaja y Puerto Rey, ordenado por la Corte Constitucional en el 2015 a través de la sentencia T9-69.


Para rematar, el recién elegido alcalde ha sido acusado por los medios de comunicación de recibir apoyo para su campaña de la señora Enilse López, mejor conocida como “La Gata”. Estas acusaciones se basan en el respaldo político que le dio públicamente la senadora Karen Curé del partido Cambio Radical, reconocida como el brazo político de López, y se complementan con unas fotos en donde se ve al actual alcalde acompañado de Miguel Cruz y Hugo Rada, personajes cercanos a López.

 


Recuadro:


Cartagena es dos ciudades contenidas en una. Bien nos dice el profesor Libardo Sarmiento en su libro “Cartagena de Indias, el mito de las dos ciudades”, que la Heroica colonial se contrasta pero a la vez se conjuga con la otra ciudad de pobreza y rebusque.


La economía cartagenera se mueve gracias a diferentes sectores productivos, entre los que destacan el turismo, la industria y refinería, específicamente la producción de sustancias químicas, las zonas francas y el comercio. Sumado a esto, hay en la ciudad una gran cantidad de pequeñas empresas dedicadas, en su mayoría, al sector de servicios y al comercio; sin embargo, el 75 por ciento de estos establecimientos se encuentran en la informalidad, por lo que no sorprende que los índices de informalidad laboral estén por el 57,3 por ciento. De manera adicional, Cartagena posee un índice de desempleo de 7,4 por ciento, es decir, del total de sus habitantes 74.989 se encuentran sin trabajo. Todo esto quiere decir que la prosperidad que acompaña al sector empresarial de grandes capitales, se desdibuja para los pequeños empresarios y trabajadores, que en su mayoría viven del rebusque y la precariedad laboral.

 

La ciudadanía habla


El nivel de participación de la ciudadanía en estas elecciones puede interpretarse como un síntoma de la falta de legitimidad que tiene la institucionalidad en un municipio azotado por la corrupción, la desigualdad y la pobreza. Ejemplo de ello es lo sucedido en el corregimiento insular de Santa Cruz del Islote, en donde la comunidad se negó a recibir el material electoral como forma de protesta por la situación de abandono que viven desde hace décadas.
A pesar de que los partidos tradicionales le hayan dado su apoyo al actual alcalde, este ganó con una de las votaciones más bajas hasta ahora conocidas para una ciudad de este porte; es decir, el apoyo del Centro Democrático, del Partido de la U, del Partido Liberal y del Partido Conservador no fueron factor suficiente para motivar y movilizar a las urnas a una población incrédula y cansada de que los mismos de siempre sigan enriqueciendo su patrimonio particular a costa del sufrimiento de las mayorías, desde siempre excluidas de vida digna.

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Miércoles, 18 Abril 2018 06:26

¿Inocente o culpable?

¿Inocente o culpable?

La izquierda cerró filas en torno a Lula, asegurando su inocencia, con el argumento de la falta de pruebas, ya que el juez Sérgio Moro lo procesó por declaraciones de un ejecutivo de la constructora OAS, que al delatarlo se aseguró un trato privilegiado (delación premiada es la figura) por parte de la justicia.


Si los argumentos de Moro, y detrás suyo de la derecha brasileña, suenan cuestionables, los de quienes lo defienden tienen también sus puntos débiles. En efecto, entre Lula y las grandes constructoras brasileñas hubo relaciones carnales, con cruce de favores que pueden no ser ilegales, pero son cuestionables.


Durante años el ex presidente se dedicó a ofrecer su prestigio y el de su gobierno para lubricar negocios de las multinacionales brasileñas. En los dos primeros años después de dejar la presidencia (en enero de 2011) la mitad de los viajes realizados por Lula fueron pagados por las constructoras, todos en América Latina y África, donde esas empresas concentran sus mayores intereses. Durante este tiempo Lula visitó 30 países, de los cuales 20 están en África y América Latina. Las constructoras pagaron 13 de esos viajes, la casi totalidad por Odebrecht, OAS y Camargo Correa (Folha de São Paulo, 22-III-13).


Un telegrama enviado por la embajada de Brasil en Mozambique, luego de una de las visitas de Lula, destaca el papel del ex presidente como verdadero embajador de las multinacionales. “Al asociar su prestigio a las empresas que operan aquí, el ex presidente Lula desarrolló, a los ojos de los mozambiqueños, su compromiso con los resultados de la actividad empresarial brasileña”, escribió la embajadora Lígia Scherer.


En agosto de 2011, Lula comenzó una gira latinoamericana por Bolivia, donde llegó con su comitiva en un avión privado de Oas, la empresa que pretendía construir una carretera para atravesar el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), lo que provocó masivas movilizaciones de las comunidades indígenas, apoyadas por la población urbana. De allí siguió viaje en el mismo avión a Costa Rica, donde la empresa disputaba una licitación para construir una carretera que finalmente se le adjudicó por 500 millones de dólares.


Se trata de empresas muy poderosas, que cuentan con cientos de miles de empleados y negocios en decenas de países. La casi totalidad de las obras de infraestructura contempladas en el proyecto Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), en total más de quinientas obras por 100.000 millones de dólares, fueron o están siendo construidas por las constructoras brasileñas. El estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) es el principal financiador de estas obras, pero lo hace a condición de que el país que recibe el préstamo contrate empresas brasileñas.


El papel de Lula es el de promover “sus” empresas, contribuyendo a allanar dificultades gracias a su enorme prestigio y a la caja millonaria del BNDES, que llegó a ser uno de los bancos de fomento más importantes del mundo, con más fondos para invertir en la región que la suma del FMI y el Banco Mundial.


Algunas de esas obras generaron conflictos graves, como el que llevó al gobierno de Rafael Correa a expulsar a Odebrecht de Ecuador por graves fallas en la represa sobre el río Sao Francisco, aun antes de ser inaugurada.


El poder de las grandes empresas brasileñas se hace sentir de modo particular en los pequeños países de la región. En Bolivia, Petrobras controla la mitad de los hidrocarburos, es responsable del 20 por ciento del PBI boliviano y del 24 por ciento de las recaudaciones tributarias del Estado.


Como embajador de las multinacionales brasileñas, Lula no comete ningún delito. Sin embargo, esas mismas empresas financian las campañas electorales del Partido de los Trabajadores, aunque también financian a la mayor parte de los partidos. No son donaciones, sino inversiones: por cada dólar o real que ponen en la campaña, reciben siete en obras aprobadas por los mismos cargos municipales, estatales o federales que ayudaron a ascender [1].


El asunto de la corrupción tiene una faceta legal y otra ética. Se puede no cometer ningún delito, pero ser corrupto. Por lo menos desde la ética que profesó siempre la izquierda en todo el mundo. Cuando los cargos de los partidos tradicionales importaban coches libres de impuestos, en el Uruguay de las vacas gordas, se atenían estrictamente a las leyes que ellos mismos habían aprobado. La izquierda, hagamos memoria, mentaba corrupción aunque no existiera delito.


En el caso de Lula, y más allá del juez Moro, la izquierda debe hacerse preguntas. ¿Es legítimo mantener relaciones carnales con empresas multinacionales que han dado sobradas muestras de sobreexplotar a sus trabajadores? ¿Podía Lula ignorar la corrupción que saltó en su primer gobierno consistente en comprar decenas de diputados, y que recibió el nombre de mensalão? ¿Podía ignorar los tremendos casos de corrupción de la estatal Petrobras y de las constructoras?


La legitimidad no tiene nada que ver con la justicia. Nadie va preso por cometer actos reñidos con la ética de la izquierda, que siempre proclamó rigurosidad en ese sentido. Mirar para otro lado porque no nos conviene o porque son los “nuestros”, es de un pragmatismo suicida. La gente común termina por percibir las mentiras. Luego da un paso al costado, probablemente para siempre.


[1] Zibechi, R., Brasil Potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo. Editorial Quimantú (2012)

Por Raúl Zibechi
Brecha (Uruguay)

 

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“¿Por qué hay tanta enfermedad del balero?”

Presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, el senador Pepe Mujica está muy preocupado por lo que ocurre en Brasil con su amigo Lula y por su impacto en la región. En diálogo con PáginaI12 no se privó de ninguna definición sobre ningún otro tema.

 

Cerca de cumplir 83 años el mes que viene y con 14 años de su vida como preso político, el senador José Pepe Mujica ya fue otra vez senador, y también ministro de Agricultura y Presidente en los gobiernos del Frente Amplio que gobierna Uruguay desde 2005. Sigue siendo un protagonista de la política, en el mundo y sobre todo desde su chacra de siempre, en las afueras de Montevideo, donde recibió a PáginaI12

 

–En la Argentina se está debatiendo actualmente la posibilidad de que se apruebe un proyecto de despenalización del aborto. Uruguay lo discutió en 2012, cuando usted era presidente.


–Desde que el mundo es mundo, hay abortos. Cuanto más oculto y menos reconocido lo tenemos, más perjudicamos a las mujeres pobres, castigamos doblemente a las mujeres pobres. El paso a la legalización parte de este primer escalón, primero tenderle una mano social a la mujer si quiere retroceder en la decisión que tome. Si lo dejamos como un fenómeno clandestino, eso es imposible. Es decir, una atención social y psicológica de ayudarla si quiere retroceder. Creo que se terminan salvando más vidas con un procedimiento así de cara, de frente, reconociéndolo, que en el otro, al decir no, el aborto no. Pero sigue existiendo, porque somos hipócritas si no nos enteramos de que existe y que termina en una sociedad de mercado, siendo un estupendo negocio para algunos, y caro. Más claro: las mujeres que tienen la necesidad de abortar y que tienen poder económico van a resolver al problema clínicamente, bien atendidas. Las mujeres que están en el fondo de la sociedad, que tienen problemas sociales, se van a jugar la vida. Por esto nosotros decidimos. Porque no es que me gusta o no me gusta. El problema es que existe. En Uruguay, es una vieja manera de pensar.


–¿Es realismo?


–No se puede tapar lo que existe. Eso nos llevó a que en 1912 hubo un gobierno que le dio el divorcio a la mujer por su sola voluntad, que reconoció la prostitución con carnet de salud y aportes sociales. ¿Por qué, porque me gusta la prostitución? No, no, pero existe, es tan vieja como el mundo. Porque a un gobierno se le ocurra que no existe no va a dejar de existir. El alcohol lo mismo. Allá por 1915 hubo un gobierno acá que no pensó en la Ley Seca como en los Estados Unidos. No: nacionalizó la producción de alcohol de boca para garantizar que fuera un alcohol bueno. De ahí sacaba recursos para atender la salud pública, entre ellos las consecuencias del alcoholismo. Esa filosofía ha estado muy metida en Uruguay: no negar la evidencia de la realidad y tratar de organizarla lo mejor posible. Me considero un humilde heredero de esa tradición. La marihuana, ¿qué, la marihuana es una maravilla? No, es una joda, yo no creo que ninguna adicción sea buena. Si la intentamos legalizar, por lo menos tenemos un elemento de control y le damos un golpe al narcotráfico por el lado de romper el mercado. Hay una cierta armazón en todo: no negar la evidencia de la realidad y aceptándola, tratar de organizarla lo mejor que se pueda para que tenga un costo menor.


–Brasil está viviendo uno de los terremotos políticos de la región más importantes de los últimos años. ¿Qué impacto cree que puede tener en la democracia brasileña y en la región el escenario posible de que le prohíban postularse a un candidato como Lula, que podría ser electo con más de 60 por ciento?


–No lo puedo medir, pero no es la primera vez que Brasil hace dibujos de terror. Hay que recordar el suicidio de Getúlio Vargas. Curiosamente debe ser el pueblo más alegre de América Latina, un pueblo de samba, hermoso, mestizo. Si en la Argentina pasaba lo de Lula era un incendio. Daban vuelta Buenos Aires. Eso por las tradiciones que tiene el pueblo argentino. Brasil no es así, es distinto, no tiene esa tradición de luchas colectivas, de masas, de múltiples organizaciones sociales que se mueven. ¿En qué desemboca? No sé. Porque si han hecho tanta barbaridad (hay que recordar lo de Dilma y eso), no parece que tengan espíritu de detenerse así como así. De todas maneras no la van a tener fácil. Parte de la opinión a favor de Lula es la consecuencia sociológica de las reformas conservadoras que están metiendo. Lo meten a Lula en cana, pero los efectos de las reformas conservadoras los siente la gente. Y la gente se expresa políticamente. El PT, a la caída de Lula estaba hecho pelota. Y el PT sin Lula es muy poco, pero con Lula es mucho porque es un símbolo que está nucleando todo eso.


–¿Cuál es su enfoque sobre el tema de la corrupción?


–El fenómeno de la corrupción ha golpeado por toda América latina, pero existe en el mundo entero. Pero es una cosa curiosa, porque en América Latina nos destripamos. Entre otras cosas rompemos todas las empresas. La Volkswagen, la empresa de fabricación de autos más grande del mundo, se mandó una joda de carácter sideral, no hay nadie en cana, y sigue facturando autos. Paga multas. A la banca Morgan la vacunaron con 3 mil, 4 mil millones dólares de multa. Pagan y a otra cosa. Y así sucesivamente. Nosotros destrozamos todo y una empresa (lo digo yo que, tengo una visión socializante) es también una construcción social. Si las pocas que tenemos las dejamos destrozadas, ¿a quién favorecemos? A las multinacionales de afuera. Yo preferiría no matar a la empresa porque la empresa es un esfuerzo colectivo, y una acumulación de conocimiento, de experiencia, de funcionamiento, romper eso es un disparate.


–Este fenómeno de la corrupción es interesante porque atraviesa a izquierda y a derecha por igual y hoy parece ser una preocupación de toda la sociedad. A riesgo de parecer ingenuo, ¿cómo se combate la corrupción?


–Si se está sembrando la imagen de que triunfar en la vida es tener plata y eso es lo que estamos vendiendo como un modelo, y triunfador es el que gana mucha plata, ¿qué nos vamos a asustar de la corrupción? ¡Es una consecuencia del modelo que estamos planteando y se lo planteamos a todas las clases sociales! Y el gurí que nace en la pobreza y sale de caño, está enfermo de lo mismo. Y el burócrata que tiene un puesto importante en el Estado está enfermo también de lo mismo. Es una consecuencia de esta cultura, no hay que asustarse. Entonces, recogemos lo que sembramos. Ahora bien, no sembramos una sociedad de santos, no nos preocupamos por una sociedad solidaria. Tácitamente nos preocupamos por una sociedad de “Hacé la tuya, y mirá que con eso vas a hacer más feliz”. Acá hay un problema de filosofía de la vida.


–¿Cuál sería?


–El capitalismo necesita que estemos ambicionando, queriendo, comprando cosas nuevas y deseando. Generar deseos. Paralelamente a esto tenés que hacerte esta pregunta: ¿por qué hay tantos psiquiatras? ¿Por qué tanta enfermedad del balero? Parece que entramos en el siglo de las enfermedades neuronales, lo que está demostrando que algo anda mal. “Pobre es el que necesita mucho” es la vieja definición de Séneca. O la definición de los aymara: “Pobre es el que no tiene comunidad, el que está condenado a estar rodeado de soledad.” Este ideal de vida que significa comprar más que está planteado, y que el éxito depende de la riqueza, no tiene fin y quedan por el camino los afectos, porque para cultivar los afectos se necesita tiempo.


–¿Por qué usted habla cada vez más del tiempo?


–Las relaciones personales necesitan tiempo. Los afectos (porque el ser humano es muy emotivo: primero sentimos, después pensamos) necesitan tiempo. Pero si el tiempo de nuestra vida se gasta en la lucha por tener dinero para pagar las deudas que tenemos, ¿qué tiempo tenemos para nuestros afectos? “Yo no quiero que a mi hijo le falte nada”, ¡pero le faltás vos, que no tenés tiempo jamás de salir con tu hijo! ¿Qué querés, sustituir los afectos con juguetes? Las cosas no van por ahí. Porque las cosas inertes no emocionan. Las emociones son consecuencia de las cosas vivas. Esto es tan elemental que tácitamente todo el sistema nos lleva por un camino que es muy contrario a nuestro sentir. En realidad cuando comprás, no comprás con plata. Comprás con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Ojo, yo no hago apología del atorrantismo. Toda cosa viva tiene necesidades materiales y si tienes necesidades materiales, hay que trabajar para enfrentarlas, y el que no trabaja está viviendo a costilla de alguno que trabaja. Pero la vida no es solo trabajar. Acá hay un concepto de límite que nos hace perder esta civilización. Hay un tiempo para trabajar. Pero la vida no se hizo solo para trabajar. La vida tiene sentido para vivirla porque es lo único que se nos va. Gasto tiempo para tener plata para comprar. Pero no puedo ir al supermercado a comprar tiempo de vida. Por eso el concepto de límite, el viejo concepto griego, “nada en demasía” es parte de defender la libertad. Porque, ¿cuándo sos libre? Cuando estás sometido a la ley de la necesidad no sos libre. Sos libre cuando tenés tiempo que lo usás en lo que a ti te gusta y a ti te motiva.


–Quiere decir que la cultura del consumismo fue más arrolladora que la comunicación de una cultura?


–¡Por supuesto! La otra es de la academia. Es la que podemos decir en el devenir. Pero la cultura consumista golpea todos los días en el seno de los hogares, de la mañana a la noche y prácticamente estamos inmersos. Y eso es funcional al sistema. El sistema necesita que estemos debiendo, que tengamos cuotas que pagar. Y necesita que andemos desesperados porque no nos alcanza y cada vez tenemos que comprar más, porque somos agentes de mercado. Y los economistas se agarran la cabeza si no marcha ese mercado interno. Pero esto tiene una onda, tampoco la derecha la va a satisfacer, la va a explotar. Ya vendrá el reflujo, es inevitable. Yo creo que es pendular, y si tuviera que esquematizarlo hay tiempos que parece que son más bien de acumulación, y tiempos donde la prioridad la tiene el reparto: ninguno son definitivos ni eternos. El gran problema que tenemos los latinoamericanos es que por llegar tarde a la fiesta del capitalismo, tenemos las venas abiertas. Es decir, buena parte de nuestros períodos de eventual prosperidad, se nos va para afuera porque necesitamos recurrir a la inversión directa extranjera, después tenemos que pagar la amortización y la ganancia, aparte de los desequilibrios que se nos pueden dar en el comercio. Tenemos poca capacidad de generar ahorro con el esfuerzo propio porque estamos prisioneros de nuestra propia cultura y esa cultura nos hace también como países, eternamente demandantes. Sin darnos cuenta queremos vivir como el primer mundo, estamos como admirando el consumo del primer mundo, pero no somos. Porque ellos acumularon mucho, saqueando África, saqueando a la India. Hay una historia, 200 años atrás nosotros estuvimos ahí en el pelotón de los saqueados.


–¿Hay una crisis de sucesión de los líderes fuertes?


–Los hombres trascendentes son muy importantes pero a la larga no pueden sustituir a las formaciones políticas. Si uno tiene la humildad estratégica de reconocer que vamos pasando, que la lucha es eterna y permanente, y que es en el fondo por mejorar la civilización humana, no solo por una cuota de poder, se da cuenta que tiene que contribuir a crear la rueda de la historia y esos son colectivos que quedan luego de nosotros. El mejor dirigente no es el que hace más, o el que ladra más, o el que tiene el letrero más grande, o marquesina, o aplausos, o reconocimiento. No: el mejor dirigente es el que deja una barra que lo suplante con ventaja, porque la vida se nos va y las causas quedan, y el camino queda. Porque la lucha no es ni siquiera coyuntural, la lucha es el camino eterno de la vida.


–¿Produzca un triunfo o produzca un fracaso?

–Nunca hay un triunfo total, porque tampoco nunca hay una derrota total. Y porque además antropológicamente somos gregarios. Solos somos insignificantes, por poderosos que nos parezca que somos. Hay que detenerse un poco en las consecuencias de ser gregario. La construcción de la civilización humana es la herencia más grande que recibimos cuando nacemos. Desde aquellos que descubrieron el fuego y la rueda, hasta los que han descubierto la biología molecular. Cuando nacemos recibimos sin darnos cuenta la herencia de ese formidable esfuerzo intergeneracional. Quiere decir que lo que se ha acumulado es la destilación de generaciones que nos llega a nosotros y eso es construcción colectiva. ¿Eso va en contra del individuo? No, es lo que ampara al individuo. Lo colectivo es lo único que permite que el individuo no esté en soledad y enfrente a la vida con otras posibilidades. En el derecho antiguo, en las tradiciones antiguas, después de la pena de muerte, la pena más rigurosa era que te expulsaran de la comunidad porque tenías que salir a vivir en un mundo feroz, sin respaldo colectivo. Esta etapa de la civilización trata de atomizarnos. Vivimos en la megalópolis, a veces en un bloque de apartamentos donde ni nos saludamos con los vecinos. Es el imperio de la soledad en el medio de la multitud. Porque cuanto más solos estemos, más manejables somos. Uno tiende a creer que somos nosotros, que “he logrado esto por mi esfuerzo personal”... No quiere decir que el esfuerzo personal no tenga importancia, claro que la tiene, la tiene siempre que esté el cosmos colectivo que nos rodea. Yo tengo compañeros en pila, pero si me da un ataque cardíaco, preciso un cardiólogo, y eso me lo da la sociedad. Si salgo con la Fusca y se me rompe, tendré amigos pero necesito un mecánico que lo entienda. Todo eso es la sociedad. No podríamos vivir sin eso. Pero sin embargo esto lo olvidamos. Esto es tan elemental que rompe los ojos. Por eso hay que construir cuestiones colectivas. Pero también hay otra cosa: cambiar el mundo no es changa eh, tiene algunos inconvenientes, y a veces nos han costado caro. Pero es como una avenida que pasan autos, y autos van y vienen y es un loquero. No podemos evitar que pasen autos, pero tenemos que aprender a cruzar la avenida sin que los autos nos pisen. La avenida es la vida. El cruce es el grado de independencia que tenemos acá. Si tenemos conciencia, la lucha es por que esta sociedad demandante no nos lleve del hocico. Porque creo, y este es un problema que tiene que incorporar la izquierda (o eso que llamamos izquierda, que llamamos progresismo, llamémosle como quieran): no alcanza con el desarrollo económico. Hay que entrarse a preocupar por la felicidad humana, porque esta vida se nos va.


–En 2016 usted señaló que “si a la izquierda le toca perder terreno, que lo pierda y aprenda” En este marco, ¿cuáles cree que son las “lecciones” que la izquierda tiene que aprender en el proceso político que viene?


–El duelo derecha-izquierda compone la historia humana, es un devenir constante. La forma que toma es contemporánea, pero es la cara eterna de la humanidad ese duelo. Triunfar en la vida no es llegar a un objetivo. Triunfar en la vida es levantarse y es volver a empezar cada vez que uno cae. Entonces, si la lucha es continua, tiene que ser colectiva porque solo lo colectivo se hereda. Pero además, los errores y la falta de humildad de creernos tan soberbios de creer que tenemos la verdad absoluta revelada y que somos absolutamente imprescindibles, y perdemos capacidad de negociación entre nosotros mismos y nos atomizamos. La gente de izquierda tiende a dividirse por ideas y la gente de derecha tiende a juntarse por intereses. La gente de izquierda es demasiado poética, la otra es demasiado realista. Para enfrentar eso hay que juntarse, colectivos grandes. Para lograr colectivos grandes, hay que aprender a transar con las diferencias y lograr puntos medios. Pero somos frecuentemente, tan soberbiamente intelectuales que dejamos por el camino a todos los que dijeron y queremos cosas cuadraditas, perfectas que solo están en el esquema de nuestra cabeza. La vida no es así. Y reventamos las fuerzas que pueden servir para enfrentar los desafíos que nos pone la grosa unidad de la derecha (que tiene sus contradicciones y a patadas también), pero tiene un instinto superior porque tiene intereses que custodiar. Creo que ha sido una constante.


–Hay un concepto que usted repite. Se lo cito: “Inventamos la república con la idea de que los hombres somos iguales, por lo menos ante la ley”.


–Todos sabemos que hay algunos que son mucho más iguales que otros. El que tiene mucha guita tiene abogados mucho mejores. Pero igual es una afirmación de principios que hay que defenderla. Debiera ser un camino ideal por el cual luchar. Los defectos que tiene no quieren decir que tengamos que volver al absolutismo. No merece ser despreciado, hay que defenderlo. Pero me parece que los que rengueamos por la parte izquierda o los que tenemos sentimientos solidarios no debiéramos desligar nunca nuestra forma de vivir y vivir como viven la mayoría de nuestro pueblo y no como viven las minorías privilegiadas.


–¿Cómo sería en la práctica?


–La izquierda tiene que cultivar una conducta. A la mesa ubérrima a la que nos invitan los señores por urbanismo a veces tenemos que concurrir y sentarnos, pero no es nuestra mesa. Nuestra mesa es la mesa común y corriente del pueblo común y corriente. Hay que vivir como se piensa, porque de lo contrario terminamos pensando como vivimos. La izquierda del futuro debe defender eso y debe preocuparse de esto. Yo no puedo cambiar la realidad de muchísima gente que está muy jodida, y si no lo puedo hacer, tengo que vivir a tono como vive la mayoría de la gente de mi sociedad. Porque eso es la República, eso es el republicanismo. Entonces yo he dicho, a los que les guste mucho la plata hay que correrlos de la política. En la política hay que buscar gente que viva con sencillez, con sobriedad. No quiero usar nunca más la palabra austeridad porque dejan a la gente sin laburo y a eso le llaman austeridad. Muy frecuentemente se pierde esa frontera. Y cuando sos referente no podés cometer esos errores porque el hombre de la calle ve esas cosas. Y si perdemos la confianza de la gente que defendemos, somos unos impostores. No creo que haya que ser monjes cartujos, no, pero hay que vivir como el pelotón de la sociedad, como la inmensa mayoría. Y ser coherente con un discurso que apunte a la igualdad, a la distribución, a la equidad, y que no puede solucionar todos los problemas, pero que los tiene que expresar. Yo creo que frecuentemente la izquierda en América Latina se equivocó en ese camino. Te tienden la alfombra roja, te ponen la corneta, te ponen toda una serie de instituciones que vienen del feudalismo, te las meten en los gobiernos, y creo que eso es una trampa. Soy desconfiado viejo, allá por la época de Nikita Jrushchov fui a la Unión Soviética y me llevaron a un hotel. Había unas alfombras que me hacían cosquillas en los tobillos y yo me hago la pregunta:“¿Para qué hicieron un hotel con este lujo en una revolución proletaria?” Ya no me gustó. Y empecé a mirar y me di cuenta que empezaba a haber una clase acomodada. Guarda: la forma de vivir también tiene que ver con lo que terminás pensando. Pero además esto se toca con la libertad: si no andás en la vida liviano de equipaje, tenés que preocuparte después de una cantidad de cosas materiales. Todo es complicado y difícil. Muchos sirvientes, que te afanan esto o lo otro... Dejá, si se puede vivir con enorme sencillez tranquilo. La sobriedad y la sencillez en el fondo son una terrible comodidad.

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Temas recurrentes: corrupción y seguridad nacional

La gente reclama por todas partes y se queja con regularidad de la corrupción y la seguridad nacional. Virtualmente, no hay país en el mundo donde esto no ocurra. Si alguien en algún país no habla públicamente utilizando ese lenguaje, es sólo porque quienes están en el poder responden con una represión excepcionalmente ruda.

De otro modo, estos temas son centrales en la política y la geopolítica de todos los países del mundo. La situación de un país en particular está sujeta también a la discusión que al respecto tengan personas situadas fuera de sus fronteras. Los ciudadanos en el exilio hablan del asunto. Los movimientos sociales en otros países hablan de eso también. Y otros gobiernos también lo hablan.

Sin embargo, la larga lista de personas que discuten estos asuntos públicamente dicen cosas muy diferentes acerca de ellos según el caso de algún país particular. Nos corresponde mirar con mayor cercanía el lenguaje que utiliza la gente y las descripciones de la realidad que hacen si hemos de entender qué está ocurriendo y cómo debemos evaluar los reclamos y las quejas.

La corrupción es, virtualmente, inescapable. Por regla general, mientras más rico es el país mayores son los montos que puede acumular mediante la corrupción. Nos informan todo el tiempo en los titulares de la prensa acerca de alguna figura política de alto nivel o algún ejecutivo de alguna corporación de alto nivel a quienes se acusa de corrupción y se les procesa por ello e inclusive se les encarcela. También nos enteramos de lo mismo con personas de menores niveles. Pero la prensa es menos propensa a hablar de estas personas.

¿Cómo puede alguien practicar la corrupción? La respuesta es bastante simple. Uno tiene que estar situado en un sitio donde el dinero fluya de una persona en la cadena a otra. Sin duda existen algunos individuos cuyos valores internalizados les impiden jugar el juego. Pero son más raros de lo que admitimos públicamente.

¿Cuál es el propósito de denunciar algunas de las sinvergüenzadas de la corrupción? Puede ser el deseo de un cambio de gobierno. La crítica pública puede conducir a manifestaciones callejeras o a otras formas organizadas de esfuerzos antigubernamentales. Tales esfuerzos pueden tener éxito o fracasar, pero el cambio de gobierno sigue siendo su objetivo.

Al mismo tiempo, el gobierno y otras personas en posiciones dominantes pueden acusar a los manifestantes antigubernamentales de ser corruptos y, por tanto, alegar que no están en posición de denunciar a nadie en el gobierno de esto.

Cuando vemos a algún gobierno hablando de otros, las acusaciones de corrupción reflejan primordialmente intereses geopolíticos. De nuevo, por regla general, un gobierno no acusa a otro gobierno de corrupción si es un aliado o si es un gobierno que preferimos que se mantenga en el poder. No obstante, un gobierno puede denunciar a otro por corrupción cuando considera enemigo al otro gobierno o si cuando menos prefiere que tal gobierno sea retirado del poder. O un gobierno puede restringir su acusación pública de otro gobierno por corrupción, mientras sugiere en lo privado que dicha restricción es temporal y que continuarla depende de algún viraje en la posición del gobierno en cuestión.

El problema de la seguridad nacional tiene una gama semejante de significados. Los gobiernos esperan restringir, inclusive eliminar, la discusión pública sobre la corrupción o de las alianzas geopolíticas invocando el tema de la seguridad nacional. Éste es un método relativamente eficaz de lograr varios fines. Los gobiernos pueden hacer un reclamo de seguridad nacional sin tener que probar su validez. Pueden argumentar que brindar la evidencia en sí mismo viola la seguridad nacional.

Un modo de contrarrestar tal bloqueo es la filtración, hecha por gente que desde dentro confía en que la prensa esparza la palabra de que el reclamo en torno a la seguridad nacional es un invento cuyo propósito es silenciar a la oposición. Y tal filtración (también conocida como "dar el pitazo") es contrarrestada por el gobierno procesando al informante por poner en riesgo la seguridad nacional.

Un lenguaje aliado de la seguridad nacional es el del espionaje. El espionaje es también universal. No obstante, es costoso y difícil. Por tanto, lo ejercen más extensamente y sin duda con mayor eficacia los gobiernos más ricos. Y los espías pueden ser castigados con mayor severidad.

Quien lea esto puede haberse dado cuenta que me abstuve de utilizar el nombre de algún país en particular en este comentario. Esto, porque este artículo no trata de ninguna situación política o geopolítica de algún país particular. El punto esencial que estoy intentando es que casi no hay nada salvo "noticias falsas", a como se utiliza la expresión en los días que corren. Pero debemos recordar que invocar la falsedad de las noticias acerca de acusaciones en sí mismo es un modo de intentar suprimir la discusión pública.

¿Estamos entonces indefensos para ver lo que realmente ocurre? ¿No hay manera de discernir la realidad? Por supuesto que no. Podemos involucrarnos, cada uno de nosotros, en la necesaria tarea detectivesca de tamizar por entre el uso de estos temas recurrentes vis-à-vis una situación particular, con el fin de realizar un análisis relativamente plausible.

El punto es que ser un detective implica trabajo, muchísimo trabajo. Pocos de nosotros tenemos el gusto, el dinero y el tiempo para realizar esto. Por tanto, subcontratamos este trabajo a otros: uno o más movimientos sociales particulares, uno o más periódicos, uno o más individuos, etcétera. Para hacer esto necesitamos confiar en los subcontratistas y hacer que se renueven regularmente. Un gran trabajo. Pero a menos que hagamos esto, nosotros mismos o dependamos de subcontratistas de primera, estamos condenados o empantanados por la utilización de estos temas recurrentes. Y nos quedamos sin poder hacer nada.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Domingo, 08 Abril 2018 05:55

Brasil, un gigante abatido

Brasil, un gigante abatido

El país que hace una década aspiraba a ser una potencia en el mundo se hunde en la crisis política y moral

“¿Cuándo se jodió el Brasil? En 1500, cuando llegaron los portugueses”. La ironía de Clovis Rossi, uno de los más respetados periodistas brasileños, podría ser suscrita por millones de compatriotas. Es una sensación muy común, como si algo fuese mal desde el principio, como si sus problemas estuviesen tan anclados en la historia que difícilmente encontrarán solución. La rapiña colonial, un sangriento régimen esclavista que llegó casi hasta el siglo XX, una independencia sin héroes proclamada por el heredero de un rey portugués… Con un bagaje así, son muchos los que piensan que su país ya nació jodido y que la desigualdad social, la violencia y la corrupción forman parte de su naturaleza.

Hace apenas una década, todo era muy diferente. En 2008, mientras la crisis económica hundía a Europa y a EE UU, Brasil batía marcas de crecimiento, con un 7,5%. El viejo mito del país del futuro parecía a punto de ser realidad. Aquello era una potencia en ciernes, un gigante con una población de 200 millones que aspiraba a jugar un papel de primer orden al frente de la coalición de las naciones emergentes. Tanto confiaba el mundo en Brasil y tan seguros de sí mismos estaban los brasileños que de una tacada se hicieron con las sedes del Mundial de fútbol y de los Juegos Olímpicos. Y al comando, un héroe popular, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cortejado por la elite de la política mundial.


Como si todo aquello hubiese sucedido en 1500 y no antes de ayer, Brasil es hoy un país arrasado por la crisis política y moral. Ni siquiera la recuperación de la economía, después de tres años desastrosos, ha conseguido aliviar el ánimo. Brasil tiene un presidente, Michel Temer, rechazado por más del 90% de sus ciudadanos. Tiene un Congreso con decenas de parlamentarios, incluidos los líderes de los principales partidos, investigados por corrupción. Sufre 60.000 asesinatos al año, con una guerra cotidiana en las favelas, y amontona entre rejas más de 725.000 personas, la tercera población carcelaria del mundo. Hasta Lula va camino de la cárcel, condenado por corrupción y dejando tras de sí la imagen de un país desgarrado, entre la rabia de sus seguidores y la euforia de los que celebran su desgracia.


Tanto se ha enfangado Brasil que, por primera vez desde el retorno de la democracia, en 1985, los mandos del Ejército se permiten hacer pronunciamientos políticos y lanzar amenazas veladas. Ahora se descubre que “muchos brasileños han perdido la vergüenza de defender la dictadura”, como apunta Clovis Rossi, veterano reportero del diario Folha de S.Paulo. Son los que han colocado en la segunda posición de las encuestas para las elecciones del próximo octubre al ultraderechista Jair Bolsonaro, un tipo que se ha negado a condenar el asesinato de la concejal y activista de Río de Janeiro Marielle Franco, otra reciente conmoción en el país.


Pero, sin remontarnos a 1500, ¿cuándo realmente empezó a torcerse todo? Hay una fecha clave, 2013. Ya con la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, en el poder, la apuesta del Partido de los Trabajadores (PT) por protegerse de la crisis mundial inyectando dinero público en la economía daba síntomas de agotamiento. Y de repente explotó el malestar social. La chispa fue por un motivo que parecía nimio, la subida del transporte público, y la mecha prendió por todo el país con grandes movilizaciones, protagonizadas por jóvenes de izquierda. Rousseff aún ganó las elecciones del año siguiente por el margen más estrecho de la historia, pero la situación se deterioró a toda velocidad. Brasil se precipitó a la peor crisis económica en un siglo. Para completar lo que Rossi llama una “combinación letal”, las investigaciones de los contratos de la petrolera pública Petrobras revelaron que el sistema político se alimentaba de una gigantesca red de corrupción.


“En los años anteriores el consumo se había extendido y estaba surgiendo una nueva mentalidad de exigencia con la calidad de los productos”, explica la socióloga Fátima Pacheco. “Esa idea se trasladó a la política. El viejísimo dicho de "roba pero hace" se transformó en "si roba, no hace". La tensión se desbordó en las calles entre 2015 y 2016. Ahora los manifestantes eran otros: la clase media que sufría la crisis y se indignaba con los escándalos. Los hasta entonces socios de centro derecha del PT reaccionaron destituyendo a Rousseff. Para la izquierda, fue el equivalente a un golpe de Estado. A Rousseff la sustituyó alguien tan impopular como ella, su vicepresidente, Michel Temer. “Y la pérdida de credibilidad se extendió a todo el sistema político”, apunta Pacheco.


Clovis Rossi tiene 75 años y por primera vez en su vida asistirá en octubre a unas elecciones sin Lula. Ausente el que, a pesar de todo, seguía siendo el favorito, nadie tiene la menor idea de lo que puede suceder. Con un debate público cada vez más violento y la amenaza de Bolsonaro, muchos brasileños temen que lo peor aún esté por llegar.

 

Xosé Hermida
São Paulo 8 ABR 2018 - 03:02 COT

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Sábado, 07 Abril 2018 06:51

En el país de lo imprevisible

En el país de lo imprevisible

La impunidad olímpica con la que actuó el juez Moro, conduciendo un juicio de manera totalmente arbitraria y atropellando reglas básicas, abrió espacios amplios y peligrosos para que por todo el país se repitiesen tribunales de excepción.

 

Llegó el horario determinado por el juez Sergio Moro para que el ex presidente Lula da Silva se presentase en la sede de la Policía Federal en Curitiba –cinco de la tarde de ayer–, y nada.

La opción natural sería que entonces lo buscasen en la sede del Sindicato de Metalúrgicos en San Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de San Pablo, donde Lula está desde las siete de la noche del jueves, luego que de manera absolutamente sorpresiva el juez Sergio Moro, en otra ruptura legal, determinase su prisión inmediata.

Pero, al final, nada de lo previsto ocurrió: ni Lula se presentó ni la Policía Federal lo buscó. Con miles de personas alrededor del edificio, una acción de los policiales podría tener consecuencias catastróficas.

Lo ocurrido ayer es bastante simbólico del ambiente en que Brasil ingresó desde la extemporánea decisión del juez Sergio Moro: todo pasa a ser absolutamente imprevisible.
Esa imprevisibilidad será, a partir de ahora, la tónica dominante en el país. Más allá de lo que efectivamente ocurra con Lula da Silva, quedó clara la inconstancia jurídica que alcanza, o mejor dicho, tiene su epicentro en la corte suprema de la nación, cuya presidenta, Carmen Lúcia Antunes, no tiene la menor preocupación en siquiera intentar disfrazar sus maniobras claramente destinadas a perjudicar al ex presidente.


También queda evidente que el ambiente político está definitivamente contaminado, en un año electoral muy conturbado. Sin Lula, aumenta de manera exponencial la posibilidad de que entre abstenciones, votos nulos y votos en blanco, se supere el total del eventual ganador, haciendo con que su gobierno pierda legitimidad antes aún de empezar.
La impunidad olímpica con que actuó al menos desde 2015 el juez de primera instancia Sergio Moro, conduciendo un juicio de manera totalmente arbitraria y atropellando reglas básicas de cualquier conducta mínimamente íntegra, todo eso frente a la omisión cobarde de las instancias superiores, abrió espacios amplios y peligrosos para que por todo el país se repitiesen tribunales de excepción. Lo mismo con relación a las acciones de la Policía Federal, que a nombre de una supuesta autonomía pasó a actuar de manera absolutamente indiscriminada, sin límites ni reglas.


A todo eso deben sumarse dos fuertes fuentes de imprevisibilidad: una, la actuación descontrolada y muchas veces inmoral de los grandes conglomerados de comunicación, que manipulan mientras incomunican, creando de esa manera una clase media cada vez más idiotizada –y, como reflejo, exacerbando ánimos al extremo– ha sido pieza fundamental para que sean imprevisibles sus próximos pasos.


La otra es lo que ocurre en la economía, o más precisamente lo que quedará de la alta velocidad con que el gobierno ilegítimo de Michel Temer destroza el patrimonio nacional.
Para completar un cuadro abrumador, los militares vuelven a marcar posición. Y los antecedentes, como conocemos todos los que vivimos en las comarcas de esta nuestra pobre América, indican que cuándo los cuarteles empiezan a hablar por encima del tono recomendado, nos llevan, o deberían llevar, a niveles elevados de preocupación y temor.
El gobierno corrupto y plagado de bucaneros, encabezado por un pigmeo ético llamado Michel Temer, no es exactamente débil: es anémico. No tiene ni una gota de respeto popular, ni vestigio de legitimidad, ni pimienta de poder efectivo. Es un balcón de compra y venta, actuando junto al Congreso de peor nivel ético, intelectual, político y moral de las últimas muchísimas décadas.


Hay un vacío de poder, hay desvaríos judiciales, el más popular líder político tiene su futuro inmediato nebuloso, luego de un juicio arbitrario en que no surgió ni una miserable prueba en su contra. Los medios hegemónicos de comunicación siguen ennegreciendo su imagen con manipulaciones indecentes, lo que no hace más que fortalecer a los crecientes contingentes de simpatizantes que, pese a todo, Lula mantiene.


La economía, que apenas empezaba a dar muestras de respirar sin aparatos, puede estancar o volver a caminar hacia atrás.


El desempleo, que alcanza a poco más de trece millones de brasileños –cuatro veces la población de Uruguay, poco más que una Cuba entera, cuatro veces Grecia, cuatro veces Portugal–, no cede, pese al discurso tan optimista como mentiroso de un gobierno que miente como quien respira, es otra fuente de tensión permanente.
Tan, pero tan imprevisible se transformó mi país, que ya no se trata de intentar prever cómo será mañana.


La pregunta ahora es otra: ¿habrá mañana?

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Andorra investiga a 35 personas por el saqueo de PDVSA

Un juzgado indaga la estructura de la petrolera venezolana por un desfalco de 2.000 millones

La Justicia de Andorra ha reclamado a las autoridades de Venezuela el organigrama de la compañía estatal Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA) y de sus filiales. La petición se enmarca en la investigación que desarrolla el país europeo para desentrañar el cobro de 2.000 millones de euros en comisiones ilegales que el gigante petrolero pagó a funcionarios y empresarios próximos al chavismo entre 2007 y 2012.

La jueza de Andorra Canòlic Mingorance ha remitido también a Venezuela una lista de 35 personas, en su mayoría exaltos directivos de la compañía, para conocer con exactitud sus cargos, responsabilidad, competencia o relación con esta empresa pública, la principal del país.


Respecto a las filiales de la petrolera, la magistrada quiere conocer con precisión cuáles eran cien por cien de PDVSA para determinar si se trata de fondos públicos o privados.
Mingorance investiga a varios expresidentes y altos directivos de la compañía durante la etapa de Gobierno de Hugo Chávez (1999-20013) que depositaron 2.000 millones de euros en la Banca Privada d´Andorra (BPA). El país pirenaico permaneció blindado hasta el año pasado por el secreto bancario.


“Para entender el sistema de corrupción es necesario determinar cuál era la ocupación y la responsabilidad de la persona sobornada”, justifica la jueza, que afirma que los 2.000 millones de euros que transitaron por la BPA “provendrían de la corrupción en el marco de pagos de comisiones ilegales a través de PDVSA y otras corporaciones públicas como la Corporación Eléctrica S. A. (Corpoelec Electricidad de Caracas)”.


Los pagos de los presuntos sobornos se abonaron entre 2007 y 2012 en Andorra, un país de 78.000 habitantes a 7.400 kilómetros de Caracas. El dinero circuló por una compleja telaraña de 37 cuentas a nombre de sociedades panameñas. Los fondos saltaron después desde El Principado a paraísos fiscales como Suiza o Belice, según las pesquisas policiales.


Entre los 35 nombres de la lista de la juez de Andorra, se encuentran Nervis Villalobos, exviceministro de Energía y Petróleo encargado del suministro de electricidad entre 2001 y 2006; Javier Alvarado, exviceministro de Energía y expresidente de Corpoelec, la eléctrica estatal; y Diego Salazar, primo de Rafael Ramírez, exministro de Energía, expresidente de PDVSA y representante hasta el pasado diciembre del Gobierno de Nicolás Maduro en la Organización de Naciones Unidas (ONU).


Salazar fue detenido por las autoridades venezolanas y la fiscalía de ese país está investigando a Villalobos y Alvarado por distintos delitos de corrupción, blanqueo y asociación ilícita vinculados a PDVSA.


Mingorance afirma que los investigados “aprovechándose de su influencia en los círculos de poder, organizaron un sistema de comisiones en relación con los contratos públicos de la empresa PDVSA que comportaba que las empresas que accedían a las licitaciones se veían obligadas a contratar con su entramado para poder conseguir las adjudicaciones, cobrando millones de euros los implicados por asesoramiento, a menudo verbales, en contrapartida por sus gestiones donde el pago era imprescindible para acceder a los mercados públicos de PDVSA y sus filiales”.


Los 1.347 millones del exviceministro


El auto de la jueza andorrana, fechado el pasado febrero, asegura que Villalobos manejó 11 sociedades panameñas en la BPA por las que circularon 1.347 millones, “con la única justificación de facturas poco detalladas que se hacían entre ellas mismas”.


La magistrada afirma que la estructura societaria “estaría ideada para ocultar el origen y propietario de los fondos” y destaca que salvo en la titularidad de la sociedad Trismas Foundation, en todas las demás cuentas vinculadas a las sociedades panameñas, figuraba el gestor del banco Pablo Laplana.


Villalobos, cliente de la BPA desde 2007, fue detenido en Madrid el pasado octubre por una causa distinta a petición de EE. UU., que ha reclamado su extradición. También, figura como investigado en un juzgado de la Audiencia Nacional por presuntos sobornos de la ingeniería asturiana Duro Felguera.

 

Madrid 7 ABR 2018 - 04:08 COT

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El juez Moro ordenó el arresto exprés de Lula

Moro no esperó a recibir los recursos de la defensa del líder del PT: determinó que se presente a la Policía antes de las cinco.

 

Dieciocho horas después de que su pedido de hábeas corpus preventivo fuese negado por el Supremo Tribunal Federal, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, favorito para las elecciones de octubre, fue objeto de una orden de prisión expedida por el juez de primera instancia Sergio Moro. Se trata del mismo juez que lo condenó en un juicio que, en opinión de juristas y abogados no solo de Brasil sino de algunas de las más prestigiosas escuelas de derecho del mundo, estuvo plagado de arbitrariedades y manipulaciones, sin que hubiese una única prueba en su contra.


Moro determinó que Lula da Silva se presente a la Policía Federal en Curitiba, capital de Paraná, antes de las cinco de la tarde de hoy. En un comunicado lleno de formalismos, Sergio Moro prohíbe expresamente el uso de esposas, “atendiendo a la dignidad del cargo que ocupó”.


Tanto el Tribunal Federal Regional de Porto Alegre, la segunda instancia que confirmó y aumentó la condena de Lula, como Sergio Moro, rechazaron siquiera recibir los recursos que habían sido presentados por la defensa del ex presidente. Como argumento, afirmaron que se trataba de una “maniobra claramente destinada” a postergar el cumplimiento de la detención, aunque la presentación de recursos esté prevista con todas las letras en la legislación vigente.

La noticia de la orden de prisión del más popular presidente brasileño de las últimas seis décadas, originada en dos tribunales que actuaron claramente de manera arbitraria, sorprendió al país. Lula y sus abogados creían que ella no ocurriría antes de por lo menos el martes 10.
Al principio de la noche de ayer, uno de los abogados del ex presidente, un renombrado y veterano jurista llamado José Roberto Batochio, dijo que la ansiedad por mandarlo detener antes de que los recursos fuesen examinados “revela una arbitrariedad sin fin”. Agregó que intentará algún recurso de urgencia, pero que si resulta inútil el expresidente deberá acatar la determinación de Moro y presentarse a la Policía Federal.
Cuando se supo de la decisión, Lula estaba reunido con asesores y amigos en el instituto que lleva su nombre. A los pocos minutos salió en un automóvil sin hablar con nadie y se dirigió al Sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo del Campo, en el cinturón industrial de San Pablo, que presidió durante la dictadura y fue la cuna de su carrera política.
Según la noticia era conocida en el país, dirigentes de otros partidos de izquierda convocaban marchas populares para dirigirse a la residencia del ex presidente, también en San Bernardo. Y la dirección del Partido de los Trabajadores, el PT, pidió una concentración en el mismo sindicato.
La CUT (Central Única de Trabajadores) convocó movilizaciones para hoy en todo el país, y estudiaba decretar un paro general en caso de que Lula sea efectivamente detenido, lo que parecía inevitable.
En los últimos días, en conversaciones con amigos e integrantes de su círculo personal más cercano, Lula da Silva admitía que difícilmente no iría preso. Al fin y al cabo, decía, verlo tras las rejas era el objetivo central del golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff en 2016. La pasividad con que la Corte Suprema actuó en el pasado miércoles, rechazando por un voto la concesión de un hábeas corpus preventivo, confirmó las previsiones de Lula, quien se mostró bastante afectado.
Ayer, antes de que se conociera la orden de prisión, él dijo a los amigos con quien se reunió que era preciso “movilizar a la gente en las calles”, aunque admitió que eso difícilmente ocurriría antes que lo llevasen preso, algo que previó que ocurriría la semana que viene. “Y será importante mantener a la gente en las calles mientras yo esté preso”, dijo, para mantener a la militancia activa en su defensa.
Alrededor de las ocho de la noche, se supo que Lula debería permanecer en el Sindicato de Metalúrgicos, en lugar de dirigirse a su casa. La propuesta de los sindicalistas era mantenerse en vigilia permanente al lado del expresidente, con la idea de obligar a la Policía Federal a invadir el local a partir de las cinco de la tarde de hoy.
Mientras gruesas columnas de manifestantes se dirigían al Sindicato, Lula examinaba con sus abogados y miembros de su círculo más íntimo y de confianza qué hacer.
Hasta conocer la orden de detención, Lula había decidido presentarse tan pronto fuese notificado. La previsión era que eso ocurriría luego que sus recursos fuesen rechazados por el Tribunal Regional Federal, semana que viene. La intempestiva medida adoptada por sus integrantes, de siquiera recibir los recursos, y de inmediato acatada por Sergio Moro, lo llevó a repensar el asunto. Para el expresidente, Moro actuó de manera totalmente arbitraria e inadmisible, lo que provocaría otro tipo de actitud.
En varios momentos Lula reiteró la necesidad de una “resistencia pacífica”, evitando enfrentamientos.
Luego de la decisión de Moro, aumentaron las preocupaciones de que aumente la inestabilidad social, y crezca el riesgo de convulsión callejera, con enfrentamientos entre defensores y acusadores de Lula da Silva.
Al parecer, ninguna de esas preocupaciones se les ocurrió a los seis miembros de la Corte Suprema que el pasado miércoles le negaron un hábeas corpus preventivo hasta que se agotasen todas las instancias a las cuales podría –y podrá– recurrir.

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Brasil: los intereses de Estados Unidos detrás de la decisión contra Lula

La votación de los once ministros del Supremo Tribunal Federal (STF), la noche del miércoles 4 de abril, supone el fin de la carrera política de Luiz Inácio Lula da Silva, tal como deseaban los militares, los grandes empresarios, el gobierno de EEUU y un sector importante de la sociedad brasileña.

 

La ofensiva permanente de la derecha durante los últimos cinco años, le permitió cumplir con su sueño más deseado: descabalgar a Lula de las elecciones presidencialesde octubre, para las cuales era el favorito con el 35% de apoyo popular, muy lejos de los demás candidatos.

El STF votó negativamente el habeas corpus presentado por Lula, que le hubiera permitido esperar el resultado del juicio por enriquecimiento ilícito que fue confirmado en segunda instancia. El tribunal se apegó a la jurisprudencia que dice que todo procesado cuya pena es confirmada en segunda instancia, entrará en prisión. En efecto, Lula fue condenado a más de 12 años por un tribunal federal en enero pasado.

Parece necesario repasar las razones que llevaron a cada uno de esos sectores a apoyar la condena a Lula, más allá de su presunta culpabilidad. Muchos políticos deberían estar también en los tribunales por delitos aún más graves, como el actual presidente Michel Temer, en una clara muestra de doble rasero de la justicia, las instituciones y la propia sociedad brasileña.

En primer lugar, para los EEUU los gobiernos de Lula no fueron especialmente problemáticos, por lo menos si nos atenemos a las declaraciones de ambas partes. Salvo en un punto: el proyecto de autonomía en defensa, plasmado en la construcción de un submarino nuclear, además de la capacidad de fabricar cazas de quinta generación y la potenciación de la base de satélites de Alcántara, cerca de la línea ecuatorial.

"Casualmente", desde que Dilma Rousseff fue descabalgada del gobierno en agosto de 2016, los tres proyectos enfrentan serias dificultades, aunque las autoridades se empeñan en negarlo. La tercera fabricante mundial de aviones comerciales, Embraer, que firmó un acuerdo con la sueca Saab para los cazas brasileños, está en proceso de fusión con la estadunidense Boeing, lo que puede frustrar el desarrollo que daría autonomía a la fuerza aérea.

Respecto al submarino nuclear, sólo insistir en que está a cargo de la constructora Odebrecht en acuerdo con la francesa DCNS, que está siendo seriamente investigada por la justicia, y que puede desbaratar todo el programa estratégico. No puede ser casual que sólo Odebrecht esté en el ojo de la justicia cuando todas las empresas de la construcción operan del mismo modo.

EEUU está cerca de llegar a un acuerdo con el gobierno de Temer para operar la base de Alcántara, que por su ubicación geográfica permite un ahorro de hasta el 30% en combustible. Este es junto al submarino nuclear uno de los puntos más sensibles para el Pentágono.

La segunda cuestión son los grandes empresarios, que habían mantenido una actitud favorable a los gobiernos del PT, por lo menos hasta el año 2012. Sin embargo, el fortalecimiento del movimiento sindical y la irrupción de las camadas más pobres de los trabajadores en el movimiento huelguístico de 2013, que batió todos los récords históricos en cantidad de huelgas, los convencieron de la necesidad de interrumpir el curso de empoderamiento del movimiento obrero.


En este sentido, vale recordar que la federación industrial de Sao Paulo (FIESP), la más potente del país y una de las más poderosas del mundo, volvió a jugar el mismo papel tuvo en 1964 cuando fue la principal artífice del golpe de Estado militar que derribó a Joao Goulart.

La tercera incógnita son las fuerzas armadas. Bajo los gobiernos de Lula (2003-2010) fueron uno de los sectores más privilegiados. Se programó un rearme importante, como sólo se había producido bajo la dictadura militar (1964-1985). Se fortaleció el complejo industrial-militar con sede en la ciudad paulista de Sao José dos Campos, con acuerdos con empresas europeas que le abrieron nuevos negocios a las compañías brasileñas involucradas en la defensa.


Pero sobre todo, se definió una Estrategia Nacional de Defensa que fue acordada con los altos mandos, el gobierno y los empresarios, que define nuevos y más ambiciosos proyectos para las Fuerzas Armadas.

Dos de ellos establecen la creación de una segunda base naval en la desembocadura del Amazonas, que se sumaría a la actual localizada en Río de Janeiro. En paralelo, el fortalecimiento de la vigilancia de los yacimientos off shore en la plataforma marítima, implica la proyección de una poderosa flota de submarinos convencionales y nucleares.

Las razones que llevaron al viraje militar tienen dos asideros. La primera es la política sutil pero persistente de los EEUU, que nunca vieron con buenos ojos la construcción del submarino nuclear ni la autonomía satelital, proyectos que socavaron persistentemente detrás del escenario. Aunque un sector de los militares brasileños tiene fuertes inclinaciones nacionalistas, existe otro sector muy dependiente de la lógica estadounidense que coloca a Venezuela, Rusia e Irán como los nuevos demonios que juegan el mismo papel que el comunismo, bajo la doctrina de seguridad nacional que llevó a los golpes de Estado de las décadas de 1960 y 1970.


El segundo, es el creciente papel de la derecha civil en los cuarteles. Muchos altos mando rechazan cualquier mención a los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura. La expresidenta Rousseff fue torturada por militares, actitud que es celebrada por varios altos mandos que nunca aceptaron la menor crítica a la represión de la dictadura.

Por último, las clases medias y medio altas han militado fervientemente contra Lula y los cuatro gobiernos del PT. Así como no hubo una ruptura con la dictadura, en Brasil tampoco hubo una descolonización social y cultural que hubiera democratizado la sociedad y las relaciones entre blancos y negros (que son el 54% de los brasileños). Esos lastres han provocado la actual polarización social y política, en respuesta al ascenso de los más pobres al rango de clases medias. Pero esas herencias están, también, en la base de la creciente descomposición de un país que se proyectaba como potencia global.

17:50 05.04.2018(actualizada a las 18:30 05.04.2018)URL corto

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Jueves, 05 Abril 2018 06:50

El culebrón peruano

El culebrón peruano

Si no fuera una tragedia nacional, lo que pasa en Perú hoy sería materia ideal para una larga y jugosa telenovela. Corrupción panamericana, videos clandestinos, espada sesgada de la justicia, lucha fratricida por el poder, chantajes y traiciones, mentiras y venganzas, todo sobre el telón de fondo de un sistema en descomposición, llamado eufemísticamente capitalismo de amigotes. El 21 de marzo, en sincronía con el cambio de estación, Pedro Pablo Kuczynski dejó la Presidencia de Perú en manos de su primer vicepresidente Martín Vizcarra.

PPK, como universalmente se le conoce, cayó por su propio peso, luego de las revelaciones de Marcelo Odebrecht sobre las millonadas que fluyeron, a lo largo de los años, del gigante brasileño de la construcción a las cuentas de PPK y de una cantidad impresionante de políticos. A tumbarlo, además de sus propios pecados, han contribuido sus reiteradas, arteras negativas de lo evidente, el indulto al ex dictador Alberto Fujimori, que provocó protestas indignadas en todo el país, y la estocada final suministrada por su mortal enemiga, Keiko Fujimori, cuya sed de venganza no pudo saciarse si no con la muerte política del hombre que, según ella, le había robado la Presidencia.

A la vigilia de un segundo proceso de vacancia –en el episodio anterior PPK se había librado gracias a la salida de uno de los dos partidos de izquierda (el Nuevo Perú de Vero Mendoza) y a la abstención de los secuaces de Kenji Fujimori, quien obtuvo en cambio la escandalosa liberación de su padre– cuando la suerte de Kuczynski estaba en el filo de la navaja, aparecen unos videos, grabados a escondidas por un congresista incondicional de Keiko infiltrado entre los disidentes de Kenji, conocidos como los Avengers. Los videos, que a muchos han recordado las grabaciones de Vladimiro Montesinos en los años 90 retratando la compra al contado de muchos diputados, enseñaron fehacientemente los intentos de canjear votos en favor de PPK con obras públicas en las regiones electorales de los congresistas.

En uno de los videos grabados por el congresista Moisés Mamani –quien, lejos de ser una blanca paloma, presentó unos falsos títulos de estudio para postular al Congreso, ha sido acusado de molestias por una colaboradora, desconoce una hija legítima para no pagarle alimentos y ha acumulado una inmensa e inexplicable fortuna– a pesar de las imágenes borrosas, se ven claramente Kenji Fujimori con dos congresistas de su corriente, el secretario de Comunicaciones y Transporte, Bruno Giuffra, y un alto funcionario tratando de convencer al videoasta clandestino para votar en favor de PPK a cambio de prebendas y obras públicas.

Mientras la prensa nacional se dividía en llamarlos Keikovideos o Kenjivideos, según las simpatías por uno de los hermanos, la hija del ex dictador hacía dos víctimas con una sola puñalada: las subrepticias grabaciones, además de guillotinar a un PPK ya moribundo, obligándolo a renunciar, han herido de muerte a su propio hermano (y principal competidor), que ahora arriesga no sólo el desafuero sino la propia cárcel.

Acaba así, en menos de 20 meses, la Presidencia de Pedro Pablo Kuczynski, un viejo lobbista con doble nacionalidad (peruana y estadunidense) y un largo currículum de intercambios entre poderes públicos e intereses privados, quien se metió en camisa de 11 varas al asumir el cargo sin respetar mínimamente sus propios electores.

En vez de ser acusado por el Congreso de permanente incapacidad moral –la causal, muy indefinida, puesta a votación– se le hubiese imputado su permanente incapacidad política, que lo llevó a ser humillado por su enemiga jurada, paralizado en sus políticas y finalmente tirado a la basura como algo inservible.

Son muy pocos los peruanos que lloran por la caída de PPK, considerando que en los últimos sondeos su popularidad se aproximaba a 10 por ciento de los encuestados.

Lo extraordinario de Perú es que sus anteriores cinco presidentes –con la excepción del honesto y capaz Valentín Paniagua, quien sólo duró ocho meses como interino– están siendo investigados (Alan García y PPK), requeridos por la justicia (Alejandro Toledo, huido en EU con su esposa), procesados (Ollanta Humala y su ex primera dama están purgando prisión preventiva) o condenados, como Alberto Fujimori, hoy nuevamente en libertad, pero con la posibilidad de regresar a la cárcel, según lo que dicte la próxima sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El tsunami LavaJato-Odebrecht, que ha embestido América Latina desde México hasta Chile revelando un impresionante entramado de corrupción, –que es, con todo, sólo la punta de un iceberg– en Perú no ha dejado títere con cabeza. Además de los cinco ex presidentes, que abarcan un periodo de casi tres décadas, un sinnúmero de políticos, funcionarios, alcaldes y candidatos han sido beneficiados por el ya famoso departamento de operaciones estructuradas de Odebrecht. Hasta la alcaldesa limeña de izquierda Susana Villarán pudo contrarrestar una fuerte ofensiva de la mafia capitalina para vacarla, gracias a las contribuciones brasileñas. Para no hablar de Keiko Fujimori, cuyas declaraciones de inocencia chocan frontalmente con la anotación encontrada en la memoria del celular incautado a Marcelo Odebrecht: Aumentar Keiko para 500 e eu fazer visita.

La Reina Grimhilde (la reina de Blancanieves) de esta película y su marido Mark Villanella siguen siendo investigados –y lo serán hasta 2019– por el presunto delito de lavado de activos bajo la ley de crimen organizado. En una entrevista a Diario Uno, Jaime Antezana, experto en temas de narcotráfico, luego de denunciar la presencia de 14 narcocongresistas –algunos capos del narcotráfico regional y algunos con dimensión nacional– afirma: “En consecuencia, creo que este partido (Fuerza Popular) podría ser considerado por su composición, por las investigaciones que llevan desde Keiko hasta muchos de sus miembros con severas denuncias, o bien una organización criminal o un narcopartido. En mi consideración podría ser un narcopartido”.

Mientras los dos hermanos, anudados en un llaveo mortal, precipitan en el abismo –Kenji ha amenazado, en típico estilo mafioso, de revelar todos los esqueletos en el clóset de la hermana– el nuevo presidente, Martín Vizcarra, enciende las esperanzas de la nación que, asqueada de tanta podredumbre institucional, ha empezado a corear un que se vayan todos prácticamente irreversible.

Vizcarra, un ingeniero civil cincuentón, puede exhibir un historial impecable. Cuando fue gobernador de Moquegua (2011-14), la región fue catapultada a los primeros lugares en tema de educación pública gracias a una fórmula realmente valiente: destinar 30 por ciento del presupuesto estatal al mejoramiento del sistema escolar. Hasta hace poco se desempeñaba como embajador de Perú en Canadá, pero antes había ocupado la cartera de transportes y comunicaciones en el gobierno de PPK, compatible con el cargo de vicepresidente. Tuvo que renunciar a la participación en el gobierno porque se le hizo pagar el pato del escándalo del aeropuerto de Chinchero, un negociazo sobre terrenos superpagados –los campos de papas más caros del mundo– en total beneficio de una sociedad de amigos del gobierno y en perjuicio del Estado. Conservó su cargo de vicepresidente pero PPK lo exiló en Canadá.

Su regreso a la patria como presidente ha sido saludado con entusiasmo en la esperanza de que pueda sacar el país de la crisis más grave desde el año 2000, cuando cayó la dictadura fujimorista. El optimismo no exime de la crítica: su primera movida en el ajedrez geopolítico del continente –la de seguir negando la invitación al presidente de Venezuela Nicolás Maduro, prohibiéndole el acceso a la Cumbre de las Américas que se celebrará en Lima en unos días– no parece una movida muy acertada.

Diferenciarse de PPK y separarse de la histeria antimadurista que, inspirada por Washington, contagia toda la derecha continental, hubiera sido un paso más digno, en el contexto latinoamericano, que figurar como el perrito dormido en la alfombra del imperio en ruinas.

Por Gianni Proiettis, periodista italiano

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