El exgerente de campaña de Santos ingresa en prisión provisional por el caso Odebrecht

Roberto Prieto está acusado de recibir sobornos de la constructura brasileña que le habrían servido para "tapar huecos" durante la carrera presidencial

El que fuera gerente de las dos últimas campañas presidenciales de Juan Manuel Santos, Roberto Prieto, ha sido enviado a prisión provisional la mañana del martes por el escándalo de los sobornos de Odebrecht. El juez acepta las acusaciones de la Fiscalía de Colombia por falso testimonio, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito, entre otros delitos, por los contratos que firmó con la constructora brasileña. "Se torna necesario disponer una medida de aseguramiento para salvaguardar el proceso en su contra", dijo el magistrado en la audiencia.


“El indiciado tenía como modus operandi pedir dinero a empresas y personas diciendo que era requerido para ‘tapar huecos’ de las campañas políticas de Juan Manuel Santos”, ha declarado la fiscal del caso. Prieto, según la sentencia, recibió dinero (unos 230.000 dólares) de una de las empresas con las que Odebrecht hizo negocios en Colombia para construir la Ruta del Sol III, una de las mayores infraestructuras viales del país.


Parte de los sobornos que recibía el acusado los consiguió con contratos falsos y gracias a la posición de poder que ejercía alegando que era el responsable de las campañas electorales con las que el actual mandatario colombiano llegó al poder en 2010 y fue reelegido en 2014, según el juez.


En julio de 2017, la Fiscalía confirmó pagos de Odebrecht a las campañas tanto de Santos como de Óscar Iván Zuluaga, su adversario electoral. La investigación ya comprobó en marzo de ese año que la constructora había firmado un contrato en febrero de 2014 con la sociedad panameña Paddington, vinculada a la empresa colombiana Sancho BBDO, por un millón de dólares, para realizar una encuesta de opinión en las principales ciudades de Colombia. “Esta contribución habría sido efectuada, según los directivos de Odebrecht, con el fin de lograr una aproximación con el Gobierno del presidente Santos”, aseguró entonces este organismo.


El propio Prieto, en una entrevista con Blu Radio reconoció esta financiación ilegal. Ocurrió en la primera campaña, en 2010, cuando la compañía brasileña, investigada por tejer una amplia red de sobornos en América Latina, pagó los carteles del actual presidente de Colombia. “Yo ordené los afiches operativamente con plata de Odebrecht. Es una realidad. Eso fue una operación irregular”, aseguró. La ley electoral colombiana prohíbe aceptar fondos de una empresa extranjera.
En aquel momento, el exgerente exculpó a Santos. Tras las declaraciones de Prieto, el presidente colombiano difundió una declaración institucional a través de Twitter en la que condenó esa financiación, pero no la negó. El mandatario aseguró que no estaba al tanto de los pagos y pidió que se investigara y sancionara a los responsables de esas irregularidades. “Frente a la valoración de que hubo recursos no registrados en mi campaña de 2010, quiero expresar mi absoluto rechazo y condena frente a ese hecho”.


“Lamento profundamente y pido excusas a los colombianos por este hecho bochornoso, que nunca, nunca ha debido suceder y del que me acabo de enterar. No autoricé ni tuve conocimiento de esas gestiones, las cuales se hicieron en directa violación de las normas éticas y de control que exigí se impusieran en la campaña”, concluyó.

Bogotá 29 MAY 2018 - 13:29 COT

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Lunes, 28 Mayo 2018 06:47

Parece de novela

Parece de novela

Que exista la corrupción no es novedad. Que emane del gobierno tampoco. Que la haya en el sector privado es también sabido. Igual lo es que en muchas ocasiones se combinen.


Sin embargo, todo esto no tiene por qué obviarse. No tendría que volverse un asunto de costumbre. No debería considerarse como un hecho determinado culturalmente, o bien, un rasgo propio de la naturaleza humana como los filósofos consideraron alguna vez a la división del trabajo. Y aun no hay una secuencia genética que demuestre que tiene ese origen.


No es un mero inconveniente con el que hay que convivir y también callar. Considerarlo no es un síntoma de un moralismo trasnochado y, entonces, relegarlo a las notas de las páginas financieras o a las reseñas de sociedad de los periódicos o noticiarios.


En España explotó finalmente la investigación judicial de la extendida corrupción practicada por el Partido Popular, el que hoy gobierna ese país. La trama Gürtel tiene antecedentes en la administración de ese partido entre 1996-2004 y se volvió explosiva en la actual que empezó en 2011.


La corrupción no está sólo asociada con ese partido, y los casos judiciales son conocidos. Pero la envergadura de lo que hoy ocurre puede medirse por las penas impuestas a los participantes por la Audiencia Nacional. Las condenas a los 29 procesados suman 351 años de cárcel.


La mayor de ellas fue de 51 años para el empresario que armó la red de operaciones ilícitas; un ex alcalde recibió 38 años, un ex secretario de organización en una de las comunidades, 37, y el poderoso ex tesorero del partido, 31 años. De ahí para atrás.


El diario El País reportó hace unos días una investigación realizada con un grupo de expertos sobre los principales escándalos de corrupción en España. Afirma que desde el inicio de este siglo ha habido más de 2 mil casos, entre ellos, unos son paradigmáticos por la complejidad de las componendas y la participación de altos responsables del gobierno.


El llamado caso Gürtel es el que ha sido recientemente juzgado y sentenciado, fue considerado por ese grupo conforme a cuatro criterios básicos: el grado de sofisticación, que incluye la creación de un sistema para replicar las operaciones, la cantidad de dinero involucrada, el nivel de responsabilidad política de los participantes y el perjuicio político provocado.


El entramado de este caso de corrupción es realmente llamativo y los es, igualmente, su duración y la forma en la que penetró la estructura del Partido Popular. Se antojaría leerlo en una reseña novelada a la manera de escritores como Petros Márkaris, Phillip Kerr o bien el mismo Le Carré. Pero el hecho es que no se trata de la promoción de alguna editorial ni de éxitos de ventas en la librerías. Aquí la realidad, como se dice, va más allá de la ficción.


La corrupción es actualmente una manera primordial de la actividad política y de un sistema de transacciones entre empresas reales o fantasmas, bancos y otras entidades financieras con mecanismos altamente sofisticados.


Es un fenómeno social que claramente no es nuevo, pero sí cada vez más extendido, facilitado por la expansión de las relaciones globales de los movimientos de capitales. Las autoridades responsables de la vigilancia y control de tales operaciones van a la zaga. Se necesitan los medios para identificar la corrupción y combatirla, pero, sin duda, se requiere también de voluntad política y, sobre todo, legal para hacerlo.


Esto último es, tal vez, lo que llama la atención del caso Gürtel luego de años de investigaciones y procesos judiciales con muchas aristas que ya se han desvelado y otras que seguramente aparecerán después.


El caso Gürtel, así conocido por ser la traducción al alemán del apellido de quien armó la trama, Rafael Correa –otro elemento apto para una novela negra– involucra, según la información de 16 casos de corrupción preparada por El Periódico de Cataluña, unos 860 millones de euros que al tipo de cambio actual son casi 23 mil millones de pesos o mil 150 millones de dólares, en un periodo de 21 años, es decir, alrededor de 55 millones de dólares en promedio anual.
Aún falta la conclusión de la Operación Púnica, otra trama multimillonaria así conocida por estar centrada en el expolítico del PP de Madrid, Francisco Granados, cuyo nombre se asocia al árbol del granado que en latín es púnica granatum; otro elemento con sabor literario.


Es mucho dinero y sirve como rasero para calibrar los montos asociados con la corrupción en otras partes del mundo. Uno es muy sabido, se estima que la empresa constructora Odebrecht gasto 788 millones de dólares en sobornos en 12 países de América Latina y África. Las repercusiones del caso ya provocaron reacciones relevantes en algunos de esos países.


Hay pues, un entramado de corrupción que parece ser connatural al sistema económico y político de alcance global. La caída del comunismo en Europa oriental provocó un estallido de corrupción y la generación de los ya famosos oligarcas de esa región que se apropiaron como ladrones en despoblado de los activos públicos.


El menú de formas de corrupción es grande y sigue ampliándose; es una actividad altamente productiva y la verdad es que para muchos sigue siendo poco riesgosa. Está a la vista de todos, pero no siempre de quienes tienen que aplicar la ley.

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Lenín Moreno purga de correístas su Gobierno en su primer año al frente de Ecuador

El sucesor de Rafael Correa corrige las decisiones heredadas más conflictivas y apuesta por el liberalismo para enderezar la economía

Rafael Correa entregó la banda presidencial hace este jueves un año y se retiró del acto de investidura para no eclipsar a su sucesor y hasta entonces aliado, Lenín Moreno. En la fotografía política actual de Ecuador ya no hay espacio para el exmandatario ni para sus socios. En su primer año de Gobierno, Moreno ha depurado su Gabinete de correístas, ha dado marcha atrás en aspectos conflictivos de la anterior Administración —como la política económica o los ataques a la prensa— y ha dado vía libre para perseguir la corrupción del Ejecutivo de Correa. En el camino, su gestión ha sufrido un abultado desgaste perdiendo más de 30 puntos de aprobación al pasar de un 77% en agosto pasado a un 46% el presente mes.


Cuando el partido de Correa revalidó su victoria electoral con unos resultados muy ajustados y controvertidos favorables a Moreno, nadie imaginaba que el exmandatario tardaría solo un par de meses en censurar a su sucesor en redes sociales y en llamarle “traidor”. La delicada situación económica del país fue el detonante de la fricción. Correa había prometido dejar “la mesa servida” tras lidiar con dos años de caída de ingresos por el bajo precio del petróleo, pero Moreno descubrió que en realidad había heredado una deuda de más de 50.000 millones de dólares. Los libros habían sido maquillados por fuera de los límites legales y las cuentas reales dificultaban la ejecución del programa de Gobierno. El jefe de Estado, vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013, había prometido construir 325.000 viviendas y subir el bono de Desarrollo Humano —un programa de asistencia estatal— hasta los 150 dólares para los más necesitados.


Tras confiar la gestión económica en Carlos de la Torre y, después, en María Elsa Viteri, dos nombres cercanos al correísmo, el mandatario cambió de rumbo antes de iniciar su segundo año de gestión. Richard Martínez, líder de los empresarios y defensor de una receta económica liberal, asumió en un sorpresivo nombramiento la cartera de Economía y Finanzas hace una semana.


La designación de un empresario para dirigir la política económica reveló definitivamente la estrategia de depuración de rostros correístas, forzada por la corrupción y la ruptura dentro del partido que representaba hasta hace no mucho a Moreno y Correa, Alianza PAIS, de la que este último es fundador. Antes de los dos ministros de Economía, fueron destituidos o sustituidos aliados muy cercanos al expresidente por diferencias políticas o por investigaciones de corrupción.


El vicepresidente Jorge Glas fue el primero en dejar el cargo, al ser condenado a seis años de cárcel por el caso Odebrecht. El presidente del Parlamento, José Serrano, que fue ministro de Interior con Correa, también fue destituido, así como el fiscal general, Carlos Baca Mancheno, exasesor presidencial del exmandatario. El ministro de Interior, César Navas, y el de Defensa, Patricio Zambrano, dejaron sus carteras por su fallida gestión del secuestro de tres trabajadores del diario El Comercio a manos de disidencias de la antigua guerrilla colombiana de las FARC. Finalmente, la canciller María Fernanda Espinosa, que ocupó varios cargos con Correa y que ha sido duramente criticada por sus tibios pronunciamientos sobre Julian Assange —recluido en la Embajada de Ecuador en Londres— y Venezuela, ha aparcado su responsabilidad esta semana para enfocarse durante un mes en su candidatura a la Asamblea General de la ONU. Si se hace con el puesto, no regresará al Gobierno de Moreno.


La separación entre morenistas y correístas se agudizó a finales de 2017, tras medio año del nuevo Gobierno, coincidiendo con la campaña por la consulta popular que ganó Lenín Moreno y que cerró las puertas a un eventual regreso de Correa como candidato a la presidencia. La disputa facilitó la salida de las autoridades de control cuestionadas por su subordinación al expresidente.


Ley de Comunicación


La consulta separó además a los disidentes del bloque de Alianza PAIS en la Asamblea Nacional. Los más fieles a Correa se desafiliaron del partido e iniciaron los trámites para fundar un nuevo movimiento. Aunque en teoría la bancada del partido y sus disidentes votan de forma independiente, en la práctica han apoyado los mismos proyectos. Sobre todo los más polémicos, como el rechazo de la propuesta de crear una comisión que investigase la presunta financiación de las FARC a Rafael Correa en su primera elección.


Para culminar el desmarque de Moreno, esta semana llegó al Parlamento la reforma a una de las leyes icónicas de la Administración de Correa, la de Comunicación. En la nueva redacción de la norma, se elimina la Superintendencia de Comunicación, criticada por los medios al ejercer de juez y parte en las sanciones a la prensa. Aunque la propuesta legislativa mantiene el espíritu regulador sobre el periodismo, se han suprimido los límites a la publicación de información controvertida o la obligación de difundir datos de “interés público”.


La factura de la corrupción y los problemas económicos


En menos de un año, Lenín Moreno ha dilapidado la buena imagen que cosechó con sus primeros gestos de desmarque de Correa. Los avances en la investigación de la corrupción y la denuncia sobre la mala gestión económica de su predecesor le generaron una aprobación del 77% en agosto, según la firma Cedatos. Hoy no llega al aprobado (46%), pues las principales preocupaciones ciudadanas siguen siendo la crisis económica (27,3%), el desempleo (25,5%) y la corrupción (15,2%). Incluso, pese a que los ecuatorianos colocan en quinto lugar (con un 33%) el combate a la corrupción como una de las tareas en las que la Administración actual ha sido más eficiente. Lo que más inquieta al país respecto del panorama económico es la abultada deuda, que excede de los 50.000 millones de dólares, y la falta de transparencia a la hora de presentar las cifras oficiales. Tampoco ha sido suficiente el cambio en las formas y el tono conciliador con el que quiso, ya desde la campaña, distinguir su gestión como presidente. Aunque los ciudadanos creen que Moreno ha sido eficiente en defender la libertad de expresión (66%) y generar diálogo (57%), el descrédito (53,7%) supera, ahora, a quienes sí confían en el mensaje presidencial (42,3%).

Guayaquil 23 MAY 2018 - 18:14 COT

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¿Qué tan exitoso fue el golpe de Estado?

El 7 de abril de 2018, Luiz Inácio Lula da Silva fue arrestado en Brasil y llevado a la prisión en Curitiba para comenzar una sentencia por dos años. Fue presidente de Brasil de enero de 2003 a enero de 2011. Era tan popular que cuando dejó el cargo en 2011, tenía una tasa de aprobación de 90 por ciento.


Casi de inmediato fue acusado de incurrir en corrupción mientras estaba en su puesto. Él negó los cargos. Sin embargo, fue condenado, y la condena la sostuvo la corte de apelaciones. Ahora sigue apelando su sentencia ante la Suprema Corte.


No obstante, de acuerdo con una interpretación de la ley brasileña, él puede ser encarcelado una vez que la corte de apelaciones afirme su sentencia sin esperar al juicio ante la Suprema Corte. Pero él exigió un habeas corpus, que lo habría podido mantener fuera de la cárcel hasta agotar todas las posibles apelaciones. La demanda fue rechazada en una votación de 6-5. De ahí en adelante, el juez que lo acusó desde el inicio y que ha sido particularmente hostil hacia Lula, Sergio Moro, se movió con rapidez para ponerlo tras de las rejas.


¿Cuál fue la razón para este rudo trato que no se le ha aplicado a otros que enfrentan cargos más graves? Para entender eso, debemos revisar la historia reciente de Brasil y el papel de Lula.


Lula era un líder sindical que fundó un partido obrero, el Partido dos Trabajadores (PT). Éste era el partido de los desclasados y uno que representaba un cambio fundamental en Brasil y en América Latina como un todo.


Lula contendió para presidente en varias elecciones sucesivas. Tal vez le robaron la elección en por lo menos una ocasión. Finalmente ganó en octubre de 2002.


El sistema electoral brasileño conduce a una profusión de partidos, ninguno de los cuales ha sido nunca capaz de ganar una pluralidad mayor que 20 por ciento de los escaños en la legislatura, mucho menos la mayoría. Por tanto, para gobernar, el partido con una pluralidad debe hacer arreglos con otros partidos de inclinaciones bastante diferentes en lo ideológico.


Pese a esta limitación, Lula fue capaz de formar un gobierno y obtener respaldo legislativo para realizar significativas transferencias de recursos al tercio más pobre de la población, lo que explica su popularidad. Fue también capaz de conducir a los estados americanos a forjar nuevas estructuras interestatales que no incluyeran ni a Estados Unidos ni a Canadá.


Las redistribuciones internas y los realineamientos geopolíticos desagradaron muchísimo tanto a EU como a las fuerzas de la derecha brasileña. Una cuestión que hizo difícil para ellos contrarrestar a Lula fue el hecho de que el estado de la economía-mundo en la primera década del siglo XXI era muy favorable a las llamadas nuevas economías emergentes, también conocidas como BRICS (la B siendo de Brasil).


Pero los vientos de la economía-mundo dieron un viraje y, repentinamente, los ingresos para el Estado brasileño (y por supuesto el de muchos países) se hicieron más escasos.
La derecha encontró una renovada abertura en el apretón financiero que siguió. Culparon a la corrupción de las dificultades económicas y alimentaron un impulso judicial al que llamaron lava jato (o autolavado, literalmente lavado a presión en portugués), que evocaba el lavado de dinero, algo que de hecho era algo generalizado.


En 2011, Lula fue sucedido en la presidencia por Dilma Rousseff, una líder más conservadora en el PT brasileño. Cuando algunos miembros del PTB dentro del gabinete fueron condenados por corrupción, la derecha lanzó una jugada para enjuiciar a Dilma. No se le acusó de corrupción a ella pero sí de una inadecuada supervisión de sus subordinados en posiciones de liderazgo.


Ésta era una excusa muy frágil. Como Boaventura de Sousa Santos lo puso: la única política impecablemente honesta en Brasil era acusada de corrupción por los votos de los más corruptos funcionarios de la tierra.


La razón para que la derecha se involucrara en esta farsa fue que el vicepresidente –que sucedería a Dilma tras su enjuiciamiento– era Michel Temer, quien había puesto a Dilma en la plataforma que era parte de una coalición electoral.


Temer asumió el cargo de inmediato y rechazó la idea de unas prontas elecciones que casi con toda seguridad habría perdido. En cambio, una de las primeras cosas que emprendió fue arreglar que los cargos sustanciales contra sí mismo por corrupción fueran retirados.


El motivo para enjuiciar a Dilma parece claro. Se trataba de evitar que Lula contendiera en la próxima elección para presidente. El punto de vista de consenso es que Lula habría vuelto a ganar. La única manera de pararlo era acusarlo a él de corrupción. La fuerza del PT estaba vinculada cercanamente al carisma de Lula. Cualquier otro candidato hubiera sido incapaz de obtener el respaldo en todas partes que Lula habría obtenido.


Una vez que Lula fue amenazado con el inmediato encarcelamiento, las dos principales fuerzas populares expresaron su fuerte oposición a lo que afirmaron era un golpe de Estado. Una de tales fuerzas fue la Central Única de Trabajadores (CUT), que alguna vez encabezó Lula, y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), la organización rural más grande de Brasil.


El dirigente del MST, João Pedro Stedile, explicó las razones de su respaldo. El MST había tenido muchos desacuerdos con Lula y se había desencantado con su rechazo a romper con las políticas neoliberales. Pero aquellos que intentaban evitar que Lula contendiera eran en verdad antagonistas de todas las cosas positivas que Lula había logrado e instaurarían severas medidas retrógradas.


El MST y la CUT organizaron significativas movilizaciones contra el encarcelamiento, pero enfrentados con la amenaza de la intervención de las fuerzas armadas (y la posible restauración de un régimen militar), Lula decidió presentarse a su arresto. Él está ahora encarcelado.


La cuestión ahora es si este golpe de Estado de la derecha puede tener éxito. Esto ya no depende de Lula personalmente. La historia puede absolverlo pero la lucha actual en Brasil y en América Latina como un todo depende de la organización política en la base.


El gobierno de Temer proseguirá con fiereza sus políticas neoliberales. Y sin duda Temer se presentará como candidato para las elecciones. Temer no tiene vergüenza ni conoce límites por lo que arriesga ir demasiado lejos muy aprisa.


Una de las principales características estructurales del moderno sistema-mundo en el que nos encontramos es la gran volatilidad de la economía-mundo. Si llegara a hundirse más de lo que está al presente, puede muy bien haber un repunte del sentimiento popular hacia el régimen. Si comenzara a incluir a grandes segmentos de los estratos profesionales, sería bastante posible una alianza con los desclasados.


Aun entonces no será fácil cambiar las realidades políticas de Brasil. Es probable que el ejército esté pronto a evitar que un gobierno de izquierda llegue al poder. Sin embargo, no debemos desesperar. El ejército ya fue derrotado una vez antes y fue expulsado del poder. Puede ocurrir de nuevo.


En resumen, el panorama para Brasil y América Latina como un todo es altamente incierto. Dado su tamaño y su historia, Brasil es una zona clave en la lucha a mediano plazo, en favor de un resultado progresista en la contienda entre la izquierda y la derecha globales que resuelva en su favor la crisis estructural.


Brasil amerita nuestra cercana atención colectiva y nuestra activa participación solidaria.


Traducción: Ramón Vera-Herrera

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“El fútbol, en su obscenidad, es pornográfico, por eso envicia” dice Yesid Llerena

El reputado cronista deportivo Yesid Llerena, considerado uno de los mejores conocedores del balompié en la actualidad, accedió a hablar con desdeabajo en torno a sus revelaciones sobre la descomposición que vive el fútbol nacional y que ha denunciado recientemente en la obra Y adentro, la caldera. El periodista Llerena, accedió a entrar en contacto con nuestro equipo de redacción “desde algún lugar de las montañas de Colombia” en donde se ha refugiado tras la persecución que él alega ser víctima por parte de las autoridades y otros oscuros personajes.

 

da: ¿Qué opina del escándalo más reciente sobre el pago de coimas a dirigentes del fútbol nacional?

YLl: El fútbol nació corrupto, vive corrupto y morirá corrupto; es un espejo del hombre. Uno y otro terminarán por extinguirse.

 

da: Pero, entonces, ¿por qué cree usted que el fútbol sigue siendo tan popular?

YLl: El fútbol es popular porque la estupidez es popular. Eso lo dijo Borges, hace muchísimos años.

 

da: La paradoja es que ustedes los periodistas son los encargados de engrandecer el fútbol y darle visos de legitimidad…

YLl: Sin el periodismo deportivo el fútbol no existiría; sería una entelequia, un juego de abalorios entre iniciados en la utópica república de Castalia. Nosotros los periodistas, vivimos de él y para él; por eso miramos a un lado para no estropear el espectáculo. Es uno de los mayores engaños que viven hoy los pueblos –ayer fue la religión–. Las masas necesitan el fanatismo para respirar y sobrevivir. El fútbol es a las masas lo que el circo era a la antigua Roma; entre más ídolos caen destrozados por las fieras, mejor el espectáculo.

 

da: Y con todo, ha habido grandes periodistas especializados en fútbol. ¿A quién admira usted sobre todos los demás?

YLl: El que quiera aprender de fútbol debe leer las crónicas del desaparecido Osvaldo Ardizzone; terminará eso sí, amando más la poesía que el fútbol… Ardizzone fue el último poeta del fútbol, Petrarca el del amor.

 

da: Pero la corrupción en el fútbol no es exclusiva a Colombia, en todas partes se cuecen habas…

YLl: Yo sé cómo es este mundo. Trabajo en eso. El fútbol, el deporte, está podrido, te digo. En Colombia como en España, en Inglaterra, en Australia y Alemania.

 

da: Lo cierto es que la gente necesita ídolos, por eso hay Cristiano Ronaldos, Messis, James, Falcaos.

YLl: Los ídolos del fútbol hoy son más populares que los del cine y la televisión; eso habla bien del cine y la televisión.

 

da: ¿Y usted qué opina de las apuestas en el fútbol?

YLl: No vaya usted a ser nunca tan ingenuo de apostar. Es imposible vencer el cerebro que está en el bunker de las casas de apuestas. Lo sabe todo. Ese cerebro está conectado con otros en Singapur, Varsovia y Mendoza. El fútbol de todo el mundo está interconectado por esa central de minería de datos. A las casas de apuestas es difícil ganarles.

 

da: Pero existen porque hay gente que gana con las apuestas. Si nadie ganara, desaparecerían.

YLl. Allí está el truco. Hay que saber a quién se deja ganar, qué tanto puede ganar y con qué frecuencia.

 

da: Hábleme más sobre las casas de apuestas…

YLl: Vea, el gobierno les tiene el ojo puesto; los gringos, los europeos, la Fifa, la Federación. La Fifa dice que son un cáncer en el fútbol. Son gente no grata para muchos, a pesar de prestar una función muy importante. La sociedad necesita catalizar una pasión irrefrenable como es ganar en el juego; todos quieren jugar para ganar; y no hay mayor satisfacción que ganarle al azar. Por eso existen.

 

da: Y del otro lado hay redes de apostadores que quieren sacarle a esas casas una tajada.

YLl: Son los más peligrosos. Ellos y las casas de apuestas ilegales. Ese es el verdadero cáncer del fútbol.

 

da: ¿Conoce apostadores profesionales, de esos que sistemáticamente ganan a las casas de apuestas?

YLl: Sí, claro, tengo una amiga, a quien no puedo citar por nombre, ella una vez me dijo: “Para ser exitosa, debes dejar a un lado el equipo de tu alma, yo era de los verdes, pero ya no voy al estadio; y, además, desde que se popularizó que las mujeres asistan a los estadios, el fútbol se tornó más violento, los machos necesitan exhibirse más ante las hembras; ahora mi oficio se reduce a ciencia y matemática. Hay que crear tablas estadísticas; hacer ranquin de datos. Nada es fácil; si lo fuera todo el mundo ganaría en las apuestas y no es así. Somos muy pocos los que tenemos la paciencia, la disciplina y la cabeza fría para hacerlo”. ¿Se fija? Esa gente sábelo qué hace y en lo que se mete…

 

da: ¿Y qué más le dijo su amiga?

YLl. Lo que yo presentía, de esas cosas del fútbol que nadie se atreve a hablar, pero que adentro sabemos y callamos para no hacer añicos la ilusión, esa ilusión, ese pacto de creer que hay fair-play para no tirar por la borda la magia del juego.

 

da: Entonces, ¿el fútbol no es más que una ilusión?

YLl: El deporte, y el fútbol, como rey de todos los deportes, es la caverna de Platón, donde se ven solo sombras y todos niegan la realidad que las proyecta.

 

da: ¿Por qué el fútbol mueve pasiones?

YLl. Porque la humanidad se hastió del sexo, sobre todo de su faceta más artística, más estética, el erotismo; ahora solo queda la obscenidad de la pornografía; el fútbol, en su obscenidad, es pornográfico, por eso envicia.

 

da: ¿Y por qué es cada vez más popular el fútbol?

YLl. La respuesta no podía ser más sencilla: porque no ha aparecido un sustituto más corrupto.

 

da: ¿Cuál es entonces el lado oscuro del fútbol?

YLl: Conozco ese mundo, te lo he dicho; y ahí nadie se salva.

 

da: Hablemos de su gran amigo, el también periodista deportivo Arturo Camacho, que por cierto se encuentra desaparecido hace varias semanas. Hay mucho ruido en el ambiente sobre lo que él hacía….

YLl: De él se dicen muchas cosas. No me consta nada.

 

da: Pero dicen que él incubaba el ambiente, que normalizaba cualquier resultado y dejaba a todos convencidos de que así es el fútbol, que toda probabilidad cabe en él; que no hay nada extraño, que todo es fruto de las malas o buenas decisiones de los jugadores, de los técnicos, de los árbitros; pero que en ningún momento dejaba entrever que puede haber una sombra de manipulación.

YLl: Arturo es mi amigo, mi gran amigo y no voy a dar opiniones sobre él. Siguiente pregunta…

 

 

da: ¿Cree que el fútbol mide la cultura de un pueblo?

YLl: Sí, definitivamente sí. El fútbol y el dinero miden la cultura de un pueblo; entre más dinero mueve más es su incultura.

 

da: Pero, no entiendo, siendo usted periodista deportivo y especializado en fútbol, parecería no gustar de su oficio.

YLl. Amo y odio el fútbol; ¿acaso no es lo mismo amar que odiar, como decía Catulo?

 

da: Y esa pasión, bien sea de amor o de odio, ¿no tiene límites?

YLl: La imbecilidad humana no tiene límites; el fútbol tampoco.

 

da: ¿Qué quiere decirnos para concluir?

YLL. Que aquí, en este lugar donde me he refugiado, en donde creo estar a salvo de las persecuciones de las que soy víctima, he pensado cuál es el futuro del fútbol. Concluí que es el mismo que hace doscientos años tenían los coches de caballo, las novelas realistas y el ajenjo entre los románticos.

 

da: Por último, hábleme de libro en el que usted hace todas estas denuncias.

YLl: Se llama Y adentro, la caldera. Sale próximamente a librerías, justo antes del Mundial, para revelarle al país la otra cara del fútbol, la más sombría.

 

da: Pero ¿usted escribió el libro? Porqué aparece otro autor atribuyéndose la obra.

YLl: Por supuesto que soy el autor, solo que, por razones personales, y que prefiero no discutir en este momento, he pedido a un conocido escritor que aparezca él como autor; y él ha aceptado generosamente, cosa que le agradezco.

 

da: ¿Lo que llaman un escritor fantasma?

YLl: Sí, algo así.

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Cartagena de Indias, de corrupción y de pobreza

Cartagena de Indias, “la ciudad amurallada”, la ciudad para mostrar, es la misma donde las mayorías que la habitan padecen cada día de manera más abierta, en sus condiciones de vida, las consecuencias de la corrupción y negligencia de sus gobernantes: un 29,2 por ciento de su población en condiciones de pobreza, el 5,5 en pobreza extrema, refleja sin tapujos la realidad de una ciudad profundamente desigual.


En esta capital de departamento el pasado 6 de mayo se celebró una elección atípica, con una sorpresa: menos de un cuarto de la población habilitada para votar escogió el alcalde que administrará el municipio los próximos 19 meses. Sin embargo, pareciera que el barco se hunde sin haber zarpado, pues la Procuraduría manifiesta que el nuevo alcalde, el señor Antonio Guerra, se encuentra inhabilitado para ocupar el cargo.

 

Con una abstención de más del 77 por ciento, clara evidencia de la distancia que conservan las mayorías con quienes dicen representarlos, el pasado domingo 6 de mayo se celebró en Cartagena la elección atípica para la alcaldía del municipio. 72.111 votos bastaron, en una ciudad habitada por 1.013.375 personas, para que Antonio Quinto Guerra Varela, avalado por el Partido Conservador, y respaldado por el Centro Democrático, el Partido Liberal y el Partido de la U, ganara esta contienda. Todos los partidos tradicionales a una, con apetito incontenible, unidos por el presupuesto y las rentas de esta ciudad, centro de turismo y de pobreza ampliada


Elegido con apoyo unánime de los de siempre, y pese a ello, las cosas no parecen sencillas para el nuevo alcalde de la ciudad amurallada, pues la Procuraduría asegura que presentará una solicitud de nulidad electoral ante la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo, debido a que Guerra se encontraría inhabilitado para ocupar este cargo por haber celebrado contratos con la Gobernación de Bolívar y el Ministerio de Vivienda hace menos de un año, tiempo límite para contratar por parte de quien desee ser funcionario de este nivel.


El enredo con la alcaldía de Cartagena


Esto no es lo único que llama la atención de este proceso electoral, pues no se trata de las primeras elecciones atípicas celebradas en Cartagena durante los últimos años. La reciente historia administrativa del municipio deja entrever una realidad que no escapa de la tragicomedia que es Colombia: una mezcla entre corrupción, clientelismo y una institucionalidad inoperante.

 

En el 2012, el entonces alcalde electo Campo Elías Terán, perteneciente al partido Alianza Social Independiente –ASI–, entregó su cargo debido a serias complicaciones de salud que al año siguiente terminaron con su vida. Para ese momento el presidente Juan Manuel Santos designó por decreto a Carlos Otero Gerdts, lo que generó controversia pues Otero había sido muy cercano a la campaña presidencial del jefe de Estado, y porque el designado, solo 3 meses antes de su nombramiento había empezado a militar en el partido ASI; pero además, siendo director del Fondo de Desarrollo Rural Integrado se vio involucrado en escándalos de asignación de recursos y cupos que favorecieron a parlamentarios de varios departamentos costeños –Atlántico, Bolívar, Córdoba y Sucre–.


En el 2013 Dionisio Vélez Trujillo, candidato de la coalición integrada entre el Partido Verde y el Partido Liberal, ganó las elecciones atípicas; el abstencionismo, con un registro superior al 70 por ciento, batió el récord conocido allí hasta entonces. Su corta gestión en la alcaldía (finales de julio del 2013 hasta diciembre de 2015), quedó en el ojo de la Contraloría General de la Nación, quien lo acuso por detrimento patrimonial y peculado, pues Vélez Trujillo realizó un pago por 2.500 millones de pesos a una agencia de asesoría privada para lograr un préstamo de 250.000 millones de pesos, que fueron supuestamente utilizados en obras de infraestructura vial, de salud y educativa, que al final del periodo no estaban terminadas.


En el 2015, con una participación electoral del 53.52 por ciento, la ciudadanía cartagenera eligió con 127.440 votos a Manuel Vicente de Jesús Duque Vásquez, mejor conocido como “Manolo Duque”, quién el 1 de septiembre de 2016 fue enviado a la cárcel por corrupción, sindicación desprendida del proceso seguido para la selección de la Contralora distrital. En efecto, Manolo Duque y 14 concejales de la ciudad se reunieron para acordar el nombramiento de Nubia Fontalvo (quién también participó de dicha reunión) como contralora distrital, a cambio de su compromiso de ponerse al servicio de la alcaldía.


En este mar de “tu me das, yo te doy”, en el 2017 Juan Manuel Santos designó como alcalde encargado a Sergio Londoño Zurek, joven político perteneciente a su gabinete, quién tuvo que pagar en marzo pasado 5 días de arresto y una multa por 10 SMMLV debido a las demoras en el inicio de la construcción del alcantarillado de las comunidades Tierrabaja y Puerto Rey, ordenado por la Corte Constitucional en el 2015 a través de la sentencia T9-69.


Para rematar, el recién elegido alcalde ha sido acusado por los medios de comunicación de recibir apoyo para su campaña de la señora Enilse López, mejor conocida como “La Gata”. Estas acusaciones se basan en el respaldo político que le dio públicamente la senadora Karen Curé del partido Cambio Radical, reconocida como el brazo político de López, y se complementan con unas fotos en donde se ve al actual alcalde acompañado de Miguel Cruz y Hugo Rada, personajes cercanos a López.

 


Recuadro:


Cartagena es dos ciudades contenidas en una. Bien nos dice el profesor Libardo Sarmiento en su libro “Cartagena de Indias, el mito de las dos ciudades”, que la Heroica colonial se contrasta pero a la vez se conjuga con la otra ciudad de pobreza y rebusque.


La economía cartagenera se mueve gracias a diferentes sectores productivos, entre los que destacan el turismo, la industria y refinería, específicamente la producción de sustancias químicas, las zonas francas y el comercio. Sumado a esto, hay en la ciudad una gran cantidad de pequeñas empresas dedicadas, en su mayoría, al sector de servicios y al comercio; sin embargo, el 75 por ciento de estos establecimientos se encuentran en la informalidad, por lo que no sorprende que los índices de informalidad laboral estén por el 57,3 por ciento. De manera adicional, Cartagena posee un índice de desempleo de 7,4 por ciento, es decir, del total de sus habitantes 74.989 se encuentran sin trabajo. Todo esto quiere decir que la prosperidad que acompaña al sector empresarial de grandes capitales, se desdibuja para los pequeños empresarios y trabajadores, que en su mayoría viven del rebusque y la precariedad laboral.

 

La ciudadanía habla


El nivel de participación de la ciudadanía en estas elecciones puede interpretarse como un síntoma de la falta de legitimidad que tiene la institucionalidad en un municipio azotado por la corrupción, la desigualdad y la pobreza. Ejemplo de ello es lo sucedido en el corregimiento insular de Santa Cruz del Islote, en donde la comunidad se negó a recibir el material electoral como forma de protesta por la situación de abandono que viven desde hace décadas.
A pesar de que los partidos tradicionales le hayan dado su apoyo al actual alcalde, este ganó con una de las votaciones más bajas hasta ahora conocidas para una ciudad de este porte; es decir, el apoyo del Centro Democrático, del Partido de la U, del Partido Liberal y del Partido Conservador no fueron factor suficiente para motivar y movilizar a las urnas a una población incrédula y cansada de que los mismos de siempre sigan enriqueciendo su patrimonio particular a costa del sufrimiento de las mayorías, desde siempre excluidas de vida digna.

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Miércoles, 18 Abril 2018 06:26

¿Inocente o culpable?

¿Inocente o culpable?

La izquierda cerró filas en torno a Lula, asegurando su inocencia, con el argumento de la falta de pruebas, ya que el juez Sérgio Moro lo procesó por declaraciones de un ejecutivo de la constructora OAS, que al delatarlo se aseguró un trato privilegiado (delación premiada es la figura) por parte de la justicia.


Si los argumentos de Moro, y detrás suyo de la derecha brasileña, suenan cuestionables, los de quienes lo defienden tienen también sus puntos débiles. En efecto, entre Lula y las grandes constructoras brasileñas hubo relaciones carnales, con cruce de favores que pueden no ser ilegales, pero son cuestionables.


Durante años el ex presidente se dedicó a ofrecer su prestigio y el de su gobierno para lubricar negocios de las multinacionales brasileñas. En los dos primeros años después de dejar la presidencia (en enero de 2011) la mitad de los viajes realizados por Lula fueron pagados por las constructoras, todos en América Latina y África, donde esas empresas concentran sus mayores intereses. Durante este tiempo Lula visitó 30 países, de los cuales 20 están en África y América Latina. Las constructoras pagaron 13 de esos viajes, la casi totalidad por Odebrecht, OAS y Camargo Correa (Folha de São Paulo, 22-III-13).


Un telegrama enviado por la embajada de Brasil en Mozambique, luego de una de las visitas de Lula, destaca el papel del ex presidente como verdadero embajador de las multinacionales. “Al asociar su prestigio a las empresas que operan aquí, el ex presidente Lula desarrolló, a los ojos de los mozambiqueños, su compromiso con los resultados de la actividad empresarial brasileña”, escribió la embajadora Lígia Scherer.


En agosto de 2011, Lula comenzó una gira latinoamericana por Bolivia, donde llegó con su comitiva en un avión privado de Oas, la empresa que pretendía construir una carretera para atravesar el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), lo que provocó masivas movilizaciones de las comunidades indígenas, apoyadas por la población urbana. De allí siguió viaje en el mismo avión a Costa Rica, donde la empresa disputaba una licitación para construir una carretera que finalmente se le adjudicó por 500 millones de dólares.


Se trata de empresas muy poderosas, que cuentan con cientos de miles de empleados y negocios en decenas de países. La casi totalidad de las obras de infraestructura contempladas en el proyecto Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), en total más de quinientas obras por 100.000 millones de dólares, fueron o están siendo construidas por las constructoras brasileñas. El estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) es el principal financiador de estas obras, pero lo hace a condición de que el país que recibe el préstamo contrate empresas brasileñas.


El papel de Lula es el de promover “sus” empresas, contribuyendo a allanar dificultades gracias a su enorme prestigio y a la caja millonaria del BNDES, que llegó a ser uno de los bancos de fomento más importantes del mundo, con más fondos para invertir en la región que la suma del FMI y el Banco Mundial.


Algunas de esas obras generaron conflictos graves, como el que llevó al gobierno de Rafael Correa a expulsar a Odebrecht de Ecuador por graves fallas en la represa sobre el río Sao Francisco, aun antes de ser inaugurada.


El poder de las grandes empresas brasileñas se hace sentir de modo particular en los pequeños países de la región. En Bolivia, Petrobras controla la mitad de los hidrocarburos, es responsable del 20 por ciento del PBI boliviano y del 24 por ciento de las recaudaciones tributarias del Estado.


Como embajador de las multinacionales brasileñas, Lula no comete ningún delito. Sin embargo, esas mismas empresas financian las campañas electorales del Partido de los Trabajadores, aunque también financian a la mayor parte de los partidos. No son donaciones, sino inversiones: por cada dólar o real que ponen en la campaña, reciben siete en obras aprobadas por los mismos cargos municipales, estatales o federales que ayudaron a ascender [1].


El asunto de la corrupción tiene una faceta legal y otra ética. Se puede no cometer ningún delito, pero ser corrupto. Por lo menos desde la ética que profesó siempre la izquierda en todo el mundo. Cuando los cargos de los partidos tradicionales importaban coches libres de impuestos, en el Uruguay de las vacas gordas, se atenían estrictamente a las leyes que ellos mismos habían aprobado. La izquierda, hagamos memoria, mentaba corrupción aunque no existiera delito.


En el caso de Lula, y más allá del juez Moro, la izquierda debe hacerse preguntas. ¿Es legítimo mantener relaciones carnales con empresas multinacionales que han dado sobradas muestras de sobreexplotar a sus trabajadores? ¿Podía Lula ignorar la corrupción que saltó en su primer gobierno consistente en comprar decenas de diputados, y que recibió el nombre de mensalão? ¿Podía ignorar los tremendos casos de corrupción de la estatal Petrobras y de las constructoras?


La legitimidad no tiene nada que ver con la justicia. Nadie va preso por cometer actos reñidos con la ética de la izquierda, que siempre proclamó rigurosidad en ese sentido. Mirar para otro lado porque no nos conviene o porque son los “nuestros”, es de un pragmatismo suicida. La gente común termina por percibir las mentiras. Luego da un paso al costado, probablemente para siempre.


[1] Zibechi, R., Brasil Potencia. Entre la integración regional y un nuevo imperialismo. Editorial Quimantú (2012)

Por Raúl Zibechi
Brecha (Uruguay)

 

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“¿Por qué hay tanta enfermedad del balero?”

Presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, el senador Pepe Mujica está muy preocupado por lo que ocurre en Brasil con su amigo Lula y por su impacto en la región. En diálogo con PáginaI12 no se privó de ninguna definición sobre ningún otro tema.

 

Cerca de cumplir 83 años el mes que viene y con 14 años de su vida como preso político, el senador José Pepe Mujica ya fue otra vez senador, y también ministro de Agricultura y Presidente en los gobiernos del Frente Amplio que gobierna Uruguay desde 2005. Sigue siendo un protagonista de la política, en el mundo y sobre todo desde su chacra de siempre, en las afueras de Montevideo, donde recibió a PáginaI12

 

–En la Argentina se está debatiendo actualmente la posibilidad de que se apruebe un proyecto de despenalización del aborto. Uruguay lo discutió en 2012, cuando usted era presidente.


–Desde que el mundo es mundo, hay abortos. Cuanto más oculto y menos reconocido lo tenemos, más perjudicamos a las mujeres pobres, castigamos doblemente a las mujeres pobres. El paso a la legalización parte de este primer escalón, primero tenderle una mano social a la mujer si quiere retroceder en la decisión que tome. Si lo dejamos como un fenómeno clandestino, eso es imposible. Es decir, una atención social y psicológica de ayudarla si quiere retroceder. Creo que se terminan salvando más vidas con un procedimiento así de cara, de frente, reconociéndolo, que en el otro, al decir no, el aborto no. Pero sigue existiendo, porque somos hipócritas si no nos enteramos de que existe y que termina en una sociedad de mercado, siendo un estupendo negocio para algunos, y caro. Más claro: las mujeres que tienen la necesidad de abortar y que tienen poder económico van a resolver al problema clínicamente, bien atendidas. Las mujeres que están en el fondo de la sociedad, que tienen problemas sociales, se van a jugar la vida. Por esto nosotros decidimos. Porque no es que me gusta o no me gusta. El problema es que existe. En Uruguay, es una vieja manera de pensar.


–¿Es realismo?


–No se puede tapar lo que existe. Eso nos llevó a que en 1912 hubo un gobierno que le dio el divorcio a la mujer por su sola voluntad, que reconoció la prostitución con carnet de salud y aportes sociales. ¿Por qué, porque me gusta la prostitución? No, no, pero existe, es tan vieja como el mundo. Porque a un gobierno se le ocurra que no existe no va a dejar de existir. El alcohol lo mismo. Allá por 1915 hubo un gobierno acá que no pensó en la Ley Seca como en los Estados Unidos. No: nacionalizó la producción de alcohol de boca para garantizar que fuera un alcohol bueno. De ahí sacaba recursos para atender la salud pública, entre ellos las consecuencias del alcoholismo. Esa filosofía ha estado muy metida en Uruguay: no negar la evidencia de la realidad y tratar de organizarla lo mejor posible. Me considero un humilde heredero de esa tradición. La marihuana, ¿qué, la marihuana es una maravilla? No, es una joda, yo no creo que ninguna adicción sea buena. Si la intentamos legalizar, por lo menos tenemos un elemento de control y le damos un golpe al narcotráfico por el lado de romper el mercado. Hay una cierta armazón en todo: no negar la evidencia de la realidad y aceptándola, tratar de organizarla lo mejor que se pueda para que tenga un costo menor.


–Brasil está viviendo uno de los terremotos políticos de la región más importantes de los últimos años. ¿Qué impacto cree que puede tener en la democracia brasileña y en la región el escenario posible de que le prohíban postularse a un candidato como Lula, que podría ser electo con más de 60 por ciento?


–No lo puedo medir, pero no es la primera vez que Brasil hace dibujos de terror. Hay que recordar el suicidio de Getúlio Vargas. Curiosamente debe ser el pueblo más alegre de América Latina, un pueblo de samba, hermoso, mestizo. Si en la Argentina pasaba lo de Lula era un incendio. Daban vuelta Buenos Aires. Eso por las tradiciones que tiene el pueblo argentino. Brasil no es así, es distinto, no tiene esa tradición de luchas colectivas, de masas, de múltiples organizaciones sociales que se mueven. ¿En qué desemboca? No sé. Porque si han hecho tanta barbaridad (hay que recordar lo de Dilma y eso), no parece que tengan espíritu de detenerse así como así. De todas maneras no la van a tener fácil. Parte de la opinión a favor de Lula es la consecuencia sociológica de las reformas conservadoras que están metiendo. Lo meten a Lula en cana, pero los efectos de las reformas conservadoras los siente la gente. Y la gente se expresa políticamente. El PT, a la caída de Lula estaba hecho pelota. Y el PT sin Lula es muy poco, pero con Lula es mucho porque es un símbolo que está nucleando todo eso.


–¿Cuál es su enfoque sobre el tema de la corrupción?


–El fenómeno de la corrupción ha golpeado por toda América latina, pero existe en el mundo entero. Pero es una cosa curiosa, porque en América Latina nos destripamos. Entre otras cosas rompemos todas las empresas. La Volkswagen, la empresa de fabricación de autos más grande del mundo, se mandó una joda de carácter sideral, no hay nadie en cana, y sigue facturando autos. Paga multas. A la banca Morgan la vacunaron con 3 mil, 4 mil millones dólares de multa. Pagan y a otra cosa. Y así sucesivamente. Nosotros destrozamos todo y una empresa (lo digo yo que, tengo una visión socializante) es también una construcción social. Si las pocas que tenemos las dejamos destrozadas, ¿a quién favorecemos? A las multinacionales de afuera. Yo preferiría no matar a la empresa porque la empresa es un esfuerzo colectivo, y una acumulación de conocimiento, de experiencia, de funcionamiento, romper eso es un disparate.


–Este fenómeno de la corrupción es interesante porque atraviesa a izquierda y a derecha por igual y hoy parece ser una preocupación de toda la sociedad. A riesgo de parecer ingenuo, ¿cómo se combate la corrupción?


–Si se está sembrando la imagen de que triunfar en la vida es tener plata y eso es lo que estamos vendiendo como un modelo, y triunfador es el que gana mucha plata, ¿qué nos vamos a asustar de la corrupción? ¡Es una consecuencia del modelo que estamos planteando y se lo planteamos a todas las clases sociales! Y el gurí que nace en la pobreza y sale de caño, está enfermo de lo mismo. Y el burócrata que tiene un puesto importante en el Estado está enfermo también de lo mismo. Es una consecuencia de esta cultura, no hay que asustarse. Entonces, recogemos lo que sembramos. Ahora bien, no sembramos una sociedad de santos, no nos preocupamos por una sociedad solidaria. Tácitamente nos preocupamos por una sociedad de “Hacé la tuya, y mirá que con eso vas a hacer más feliz”. Acá hay un problema de filosofía de la vida.


–¿Cuál sería?


–El capitalismo necesita que estemos ambicionando, queriendo, comprando cosas nuevas y deseando. Generar deseos. Paralelamente a esto tenés que hacerte esta pregunta: ¿por qué hay tantos psiquiatras? ¿Por qué tanta enfermedad del balero? Parece que entramos en el siglo de las enfermedades neuronales, lo que está demostrando que algo anda mal. “Pobre es el que necesita mucho” es la vieja definición de Séneca. O la definición de los aymara: “Pobre es el que no tiene comunidad, el que está condenado a estar rodeado de soledad.” Este ideal de vida que significa comprar más que está planteado, y que el éxito depende de la riqueza, no tiene fin y quedan por el camino los afectos, porque para cultivar los afectos se necesita tiempo.


–¿Por qué usted habla cada vez más del tiempo?


–Las relaciones personales necesitan tiempo. Los afectos (porque el ser humano es muy emotivo: primero sentimos, después pensamos) necesitan tiempo. Pero si el tiempo de nuestra vida se gasta en la lucha por tener dinero para pagar las deudas que tenemos, ¿qué tiempo tenemos para nuestros afectos? “Yo no quiero que a mi hijo le falte nada”, ¡pero le faltás vos, que no tenés tiempo jamás de salir con tu hijo! ¿Qué querés, sustituir los afectos con juguetes? Las cosas no van por ahí. Porque las cosas inertes no emocionan. Las emociones son consecuencia de las cosas vivas. Esto es tan elemental que tácitamente todo el sistema nos lleva por un camino que es muy contrario a nuestro sentir. En realidad cuando comprás, no comprás con plata. Comprás con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Ojo, yo no hago apología del atorrantismo. Toda cosa viva tiene necesidades materiales y si tienes necesidades materiales, hay que trabajar para enfrentarlas, y el que no trabaja está viviendo a costilla de alguno que trabaja. Pero la vida no es solo trabajar. Acá hay un concepto de límite que nos hace perder esta civilización. Hay un tiempo para trabajar. Pero la vida no se hizo solo para trabajar. La vida tiene sentido para vivirla porque es lo único que se nos va. Gasto tiempo para tener plata para comprar. Pero no puedo ir al supermercado a comprar tiempo de vida. Por eso el concepto de límite, el viejo concepto griego, “nada en demasía” es parte de defender la libertad. Porque, ¿cuándo sos libre? Cuando estás sometido a la ley de la necesidad no sos libre. Sos libre cuando tenés tiempo que lo usás en lo que a ti te gusta y a ti te motiva.


–Quiere decir que la cultura del consumismo fue más arrolladora que la comunicación de una cultura?


–¡Por supuesto! La otra es de la academia. Es la que podemos decir en el devenir. Pero la cultura consumista golpea todos los días en el seno de los hogares, de la mañana a la noche y prácticamente estamos inmersos. Y eso es funcional al sistema. El sistema necesita que estemos debiendo, que tengamos cuotas que pagar. Y necesita que andemos desesperados porque no nos alcanza y cada vez tenemos que comprar más, porque somos agentes de mercado. Y los economistas se agarran la cabeza si no marcha ese mercado interno. Pero esto tiene una onda, tampoco la derecha la va a satisfacer, la va a explotar. Ya vendrá el reflujo, es inevitable. Yo creo que es pendular, y si tuviera que esquematizarlo hay tiempos que parece que son más bien de acumulación, y tiempos donde la prioridad la tiene el reparto: ninguno son definitivos ni eternos. El gran problema que tenemos los latinoamericanos es que por llegar tarde a la fiesta del capitalismo, tenemos las venas abiertas. Es decir, buena parte de nuestros períodos de eventual prosperidad, se nos va para afuera porque necesitamos recurrir a la inversión directa extranjera, después tenemos que pagar la amortización y la ganancia, aparte de los desequilibrios que se nos pueden dar en el comercio. Tenemos poca capacidad de generar ahorro con el esfuerzo propio porque estamos prisioneros de nuestra propia cultura y esa cultura nos hace también como países, eternamente demandantes. Sin darnos cuenta queremos vivir como el primer mundo, estamos como admirando el consumo del primer mundo, pero no somos. Porque ellos acumularon mucho, saqueando África, saqueando a la India. Hay una historia, 200 años atrás nosotros estuvimos ahí en el pelotón de los saqueados.


–¿Hay una crisis de sucesión de los líderes fuertes?


–Los hombres trascendentes son muy importantes pero a la larga no pueden sustituir a las formaciones políticas. Si uno tiene la humildad estratégica de reconocer que vamos pasando, que la lucha es eterna y permanente, y que es en el fondo por mejorar la civilización humana, no solo por una cuota de poder, se da cuenta que tiene que contribuir a crear la rueda de la historia y esos son colectivos que quedan luego de nosotros. El mejor dirigente no es el que hace más, o el que ladra más, o el que tiene el letrero más grande, o marquesina, o aplausos, o reconocimiento. No: el mejor dirigente es el que deja una barra que lo suplante con ventaja, porque la vida se nos va y las causas quedan, y el camino queda. Porque la lucha no es ni siquiera coyuntural, la lucha es el camino eterno de la vida.


–¿Produzca un triunfo o produzca un fracaso?

–Nunca hay un triunfo total, porque tampoco nunca hay una derrota total. Y porque además antropológicamente somos gregarios. Solos somos insignificantes, por poderosos que nos parezca que somos. Hay que detenerse un poco en las consecuencias de ser gregario. La construcción de la civilización humana es la herencia más grande que recibimos cuando nacemos. Desde aquellos que descubrieron el fuego y la rueda, hasta los que han descubierto la biología molecular. Cuando nacemos recibimos sin darnos cuenta la herencia de ese formidable esfuerzo intergeneracional. Quiere decir que lo que se ha acumulado es la destilación de generaciones que nos llega a nosotros y eso es construcción colectiva. ¿Eso va en contra del individuo? No, es lo que ampara al individuo. Lo colectivo es lo único que permite que el individuo no esté en soledad y enfrente a la vida con otras posibilidades. En el derecho antiguo, en las tradiciones antiguas, después de la pena de muerte, la pena más rigurosa era que te expulsaran de la comunidad porque tenías que salir a vivir en un mundo feroz, sin respaldo colectivo. Esta etapa de la civilización trata de atomizarnos. Vivimos en la megalópolis, a veces en un bloque de apartamentos donde ni nos saludamos con los vecinos. Es el imperio de la soledad en el medio de la multitud. Porque cuanto más solos estemos, más manejables somos. Uno tiende a creer que somos nosotros, que “he logrado esto por mi esfuerzo personal”... No quiere decir que el esfuerzo personal no tenga importancia, claro que la tiene, la tiene siempre que esté el cosmos colectivo que nos rodea. Yo tengo compañeros en pila, pero si me da un ataque cardíaco, preciso un cardiólogo, y eso me lo da la sociedad. Si salgo con la Fusca y se me rompe, tendré amigos pero necesito un mecánico que lo entienda. Todo eso es la sociedad. No podríamos vivir sin eso. Pero sin embargo esto lo olvidamos. Esto es tan elemental que rompe los ojos. Por eso hay que construir cuestiones colectivas. Pero también hay otra cosa: cambiar el mundo no es changa eh, tiene algunos inconvenientes, y a veces nos han costado caro. Pero es como una avenida que pasan autos, y autos van y vienen y es un loquero. No podemos evitar que pasen autos, pero tenemos que aprender a cruzar la avenida sin que los autos nos pisen. La avenida es la vida. El cruce es el grado de independencia que tenemos acá. Si tenemos conciencia, la lucha es por que esta sociedad demandante no nos lleve del hocico. Porque creo, y este es un problema que tiene que incorporar la izquierda (o eso que llamamos izquierda, que llamamos progresismo, llamémosle como quieran): no alcanza con el desarrollo económico. Hay que entrarse a preocupar por la felicidad humana, porque esta vida se nos va.


–En 2016 usted señaló que “si a la izquierda le toca perder terreno, que lo pierda y aprenda” En este marco, ¿cuáles cree que son las “lecciones” que la izquierda tiene que aprender en el proceso político que viene?


–El duelo derecha-izquierda compone la historia humana, es un devenir constante. La forma que toma es contemporánea, pero es la cara eterna de la humanidad ese duelo. Triunfar en la vida no es llegar a un objetivo. Triunfar en la vida es levantarse y es volver a empezar cada vez que uno cae. Entonces, si la lucha es continua, tiene que ser colectiva porque solo lo colectivo se hereda. Pero además, los errores y la falta de humildad de creernos tan soberbios de creer que tenemos la verdad absoluta revelada y que somos absolutamente imprescindibles, y perdemos capacidad de negociación entre nosotros mismos y nos atomizamos. La gente de izquierda tiende a dividirse por ideas y la gente de derecha tiende a juntarse por intereses. La gente de izquierda es demasiado poética, la otra es demasiado realista. Para enfrentar eso hay que juntarse, colectivos grandes. Para lograr colectivos grandes, hay que aprender a transar con las diferencias y lograr puntos medios. Pero somos frecuentemente, tan soberbiamente intelectuales que dejamos por el camino a todos los que dijeron y queremos cosas cuadraditas, perfectas que solo están en el esquema de nuestra cabeza. La vida no es así. Y reventamos las fuerzas que pueden servir para enfrentar los desafíos que nos pone la grosa unidad de la derecha (que tiene sus contradicciones y a patadas también), pero tiene un instinto superior porque tiene intereses que custodiar. Creo que ha sido una constante.


–Hay un concepto que usted repite. Se lo cito: “Inventamos la república con la idea de que los hombres somos iguales, por lo menos ante la ley”.


–Todos sabemos que hay algunos que son mucho más iguales que otros. El que tiene mucha guita tiene abogados mucho mejores. Pero igual es una afirmación de principios que hay que defenderla. Debiera ser un camino ideal por el cual luchar. Los defectos que tiene no quieren decir que tengamos que volver al absolutismo. No merece ser despreciado, hay que defenderlo. Pero me parece que los que rengueamos por la parte izquierda o los que tenemos sentimientos solidarios no debiéramos desligar nunca nuestra forma de vivir y vivir como viven la mayoría de nuestro pueblo y no como viven las minorías privilegiadas.


–¿Cómo sería en la práctica?


–La izquierda tiene que cultivar una conducta. A la mesa ubérrima a la que nos invitan los señores por urbanismo a veces tenemos que concurrir y sentarnos, pero no es nuestra mesa. Nuestra mesa es la mesa común y corriente del pueblo común y corriente. Hay que vivir como se piensa, porque de lo contrario terminamos pensando como vivimos. La izquierda del futuro debe defender eso y debe preocuparse de esto. Yo no puedo cambiar la realidad de muchísima gente que está muy jodida, y si no lo puedo hacer, tengo que vivir a tono como vive la mayoría de la gente de mi sociedad. Porque eso es la República, eso es el republicanismo. Entonces yo he dicho, a los que les guste mucho la plata hay que correrlos de la política. En la política hay que buscar gente que viva con sencillez, con sobriedad. No quiero usar nunca más la palabra austeridad porque dejan a la gente sin laburo y a eso le llaman austeridad. Muy frecuentemente se pierde esa frontera. Y cuando sos referente no podés cometer esos errores porque el hombre de la calle ve esas cosas. Y si perdemos la confianza de la gente que defendemos, somos unos impostores. No creo que haya que ser monjes cartujos, no, pero hay que vivir como el pelotón de la sociedad, como la inmensa mayoría. Y ser coherente con un discurso que apunte a la igualdad, a la distribución, a la equidad, y que no puede solucionar todos los problemas, pero que los tiene que expresar. Yo creo que frecuentemente la izquierda en América Latina se equivocó en ese camino. Te tienden la alfombra roja, te ponen la corneta, te ponen toda una serie de instituciones que vienen del feudalismo, te las meten en los gobiernos, y creo que eso es una trampa. Soy desconfiado viejo, allá por la época de Nikita Jrushchov fui a la Unión Soviética y me llevaron a un hotel. Había unas alfombras que me hacían cosquillas en los tobillos y yo me hago la pregunta:“¿Para qué hicieron un hotel con este lujo en una revolución proletaria?” Ya no me gustó. Y empecé a mirar y me di cuenta que empezaba a haber una clase acomodada. Guarda: la forma de vivir también tiene que ver con lo que terminás pensando. Pero además esto se toca con la libertad: si no andás en la vida liviano de equipaje, tenés que preocuparte después de una cantidad de cosas materiales. Todo es complicado y difícil. Muchos sirvientes, que te afanan esto o lo otro... Dejá, si se puede vivir con enorme sencillez tranquilo. La sobriedad y la sencillez en el fondo son una terrible comodidad.

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Temas recurrentes: corrupción y seguridad nacional

La gente reclama por todas partes y se queja con regularidad de la corrupción y la seguridad nacional. Virtualmente, no hay país en el mundo donde esto no ocurra. Si alguien en algún país no habla públicamente utilizando ese lenguaje, es sólo porque quienes están en el poder responden con una represión excepcionalmente ruda.

De otro modo, estos temas son centrales en la política y la geopolítica de todos los países del mundo. La situación de un país en particular está sujeta también a la discusión que al respecto tengan personas situadas fuera de sus fronteras. Los ciudadanos en el exilio hablan del asunto. Los movimientos sociales en otros países hablan de eso también. Y otros gobiernos también lo hablan.

Sin embargo, la larga lista de personas que discuten estos asuntos públicamente dicen cosas muy diferentes acerca de ellos según el caso de algún país particular. Nos corresponde mirar con mayor cercanía el lenguaje que utiliza la gente y las descripciones de la realidad que hacen si hemos de entender qué está ocurriendo y cómo debemos evaluar los reclamos y las quejas.

La corrupción es, virtualmente, inescapable. Por regla general, mientras más rico es el país mayores son los montos que puede acumular mediante la corrupción. Nos informan todo el tiempo en los titulares de la prensa acerca de alguna figura política de alto nivel o algún ejecutivo de alguna corporación de alto nivel a quienes se acusa de corrupción y se les procesa por ello e inclusive se les encarcela. También nos enteramos de lo mismo con personas de menores niveles. Pero la prensa es menos propensa a hablar de estas personas.

¿Cómo puede alguien practicar la corrupción? La respuesta es bastante simple. Uno tiene que estar situado en un sitio donde el dinero fluya de una persona en la cadena a otra. Sin duda existen algunos individuos cuyos valores internalizados les impiden jugar el juego. Pero son más raros de lo que admitimos públicamente.

¿Cuál es el propósito de denunciar algunas de las sinvergüenzadas de la corrupción? Puede ser el deseo de un cambio de gobierno. La crítica pública puede conducir a manifestaciones callejeras o a otras formas organizadas de esfuerzos antigubernamentales. Tales esfuerzos pueden tener éxito o fracasar, pero el cambio de gobierno sigue siendo su objetivo.

Al mismo tiempo, el gobierno y otras personas en posiciones dominantes pueden acusar a los manifestantes antigubernamentales de ser corruptos y, por tanto, alegar que no están en posición de denunciar a nadie en el gobierno de esto.

Cuando vemos a algún gobierno hablando de otros, las acusaciones de corrupción reflejan primordialmente intereses geopolíticos. De nuevo, por regla general, un gobierno no acusa a otro gobierno de corrupción si es un aliado o si es un gobierno que preferimos que se mantenga en el poder. No obstante, un gobierno puede denunciar a otro por corrupción cuando considera enemigo al otro gobierno o si cuando menos prefiere que tal gobierno sea retirado del poder. O un gobierno puede restringir su acusación pública de otro gobierno por corrupción, mientras sugiere en lo privado que dicha restricción es temporal y que continuarla depende de algún viraje en la posición del gobierno en cuestión.

El problema de la seguridad nacional tiene una gama semejante de significados. Los gobiernos esperan restringir, inclusive eliminar, la discusión pública sobre la corrupción o de las alianzas geopolíticas invocando el tema de la seguridad nacional. Éste es un método relativamente eficaz de lograr varios fines. Los gobiernos pueden hacer un reclamo de seguridad nacional sin tener que probar su validez. Pueden argumentar que brindar la evidencia en sí mismo viola la seguridad nacional.

Un modo de contrarrestar tal bloqueo es la filtración, hecha por gente que desde dentro confía en que la prensa esparza la palabra de que el reclamo en torno a la seguridad nacional es un invento cuyo propósito es silenciar a la oposición. Y tal filtración (también conocida como "dar el pitazo") es contrarrestada por el gobierno procesando al informante por poner en riesgo la seguridad nacional.

Un lenguaje aliado de la seguridad nacional es el del espionaje. El espionaje es también universal. No obstante, es costoso y difícil. Por tanto, lo ejercen más extensamente y sin duda con mayor eficacia los gobiernos más ricos. Y los espías pueden ser castigados con mayor severidad.

Quien lea esto puede haberse dado cuenta que me abstuve de utilizar el nombre de algún país en particular en este comentario. Esto, porque este artículo no trata de ninguna situación política o geopolítica de algún país particular. El punto esencial que estoy intentando es que casi no hay nada salvo "noticias falsas", a como se utiliza la expresión en los días que corren. Pero debemos recordar que invocar la falsedad de las noticias acerca de acusaciones en sí mismo es un modo de intentar suprimir la discusión pública.

¿Estamos entonces indefensos para ver lo que realmente ocurre? ¿No hay manera de discernir la realidad? Por supuesto que no. Podemos involucrarnos, cada uno de nosotros, en la necesaria tarea detectivesca de tamizar por entre el uso de estos temas recurrentes vis-à-vis una situación particular, con el fin de realizar un análisis relativamente plausible.

El punto es que ser un detective implica trabajo, muchísimo trabajo. Pocos de nosotros tenemos el gusto, el dinero y el tiempo para realizar esto. Por tanto, subcontratamos este trabajo a otros: uno o más movimientos sociales particulares, uno o más periódicos, uno o más individuos, etcétera. Para hacer esto necesitamos confiar en los subcontratistas y hacer que se renueven regularmente. Un gran trabajo. Pero a menos que hagamos esto, nosotros mismos o dependamos de subcontratistas de primera, estamos condenados o empantanados por la utilización de estos temas recurrentes. Y nos quedamos sin poder hacer nada.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

Publicado enSociedad
Domingo, 08 Abril 2018 05:55

Brasil, un gigante abatido

Brasil, un gigante abatido

El país que hace una década aspiraba a ser una potencia en el mundo se hunde en la crisis política y moral

“¿Cuándo se jodió el Brasil? En 1500, cuando llegaron los portugueses”. La ironía de Clovis Rossi, uno de los más respetados periodistas brasileños, podría ser suscrita por millones de compatriotas. Es una sensación muy común, como si algo fuese mal desde el principio, como si sus problemas estuviesen tan anclados en la historia que difícilmente encontrarán solución. La rapiña colonial, un sangriento régimen esclavista que llegó casi hasta el siglo XX, una independencia sin héroes proclamada por el heredero de un rey portugués… Con un bagaje así, son muchos los que piensan que su país ya nació jodido y que la desigualdad social, la violencia y la corrupción forman parte de su naturaleza.

Hace apenas una década, todo era muy diferente. En 2008, mientras la crisis económica hundía a Europa y a EE UU, Brasil batía marcas de crecimiento, con un 7,5%. El viejo mito del país del futuro parecía a punto de ser realidad. Aquello era una potencia en ciernes, un gigante con una población de 200 millones que aspiraba a jugar un papel de primer orden al frente de la coalición de las naciones emergentes. Tanto confiaba el mundo en Brasil y tan seguros de sí mismos estaban los brasileños que de una tacada se hicieron con las sedes del Mundial de fútbol y de los Juegos Olímpicos. Y al comando, un héroe popular, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cortejado por la elite de la política mundial.


Como si todo aquello hubiese sucedido en 1500 y no antes de ayer, Brasil es hoy un país arrasado por la crisis política y moral. Ni siquiera la recuperación de la economía, después de tres años desastrosos, ha conseguido aliviar el ánimo. Brasil tiene un presidente, Michel Temer, rechazado por más del 90% de sus ciudadanos. Tiene un Congreso con decenas de parlamentarios, incluidos los líderes de los principales partidos, investigados por corrupción. Sufre 60.000 asesinatos al año, con una guerra cotidiana en las favelas, y amontona entre rejas más de 725.000 personas, la tercera población carcelaria del mundo. Hasta Lula va camino de la cárcel, condenado por corrupción y dejando tras de sí la imagen de un país desgarrado, entre la rabia de sus seguidores y la euforia de los que celebran su desgracia.


Tanto se ha enfangado Brasil que, por primera vez desde el retorno de la democracia, en 1985, los mandos del Ejército se permiten hacer pronunciamientos políticos y lanzar amenazas veladas. Ahora se descubre que “muchos brasileños han perdido la vergüenza de defender la dictadura”, como apunta Clovis Rossi, veterano reportero del diario Folha de S.Paulo. Son los que han colocado en la segunda posición de las encuestas para las elecciones del próximo octubre al ultraderechista Jair Bolsonaro, un tipo que se ha negado a condenar el asesinato de la concejal y activista de Río de Janeiro Marielle Franco, otra reciente conmoción en el país.


Pero, sin remontarnos a 1500, ¿cuándo realmente empezó a torcerse todo? Hay una fecha clave, 2013. Ya con la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, en el poder, la apuesta del Partido de los Trabajadores (PT) por protegerse de la crisis mundial inyectando dinero público en la economía daba síntomas de agotamiento. Y de repente explotó el malestar social. La chispa fue por un motivo que parecía nimio, la subida del transporte público, y la mecha prendió por todo el país con grandes movilizaciones, protagonizadas por jóvenes de izquierda. Rousseff aún ganó las elecciones del año siguiente por el margen más estrecho de la historia, pero la situación se deterioró a toda velocidad. Brasil se precipitó a la peor crisis económica en un siglo. Para completar lo que Rossi llama una “combinación letal”, las investigaciones de los contratos de la petrolera pública Petrobras revelaron que el sistema político se alimentaba de una gigantesca red de corrupción.


“En los años anteriores el consumo se había extendido y estaba surgiendo una nueva mentalidad de exigencia con la calidad de los productos”, explica la socióloga Fátima Pacheco. “Esa idea se trasladó a la política. El viejísimo dicho de "roba pero hace" se transformó en "si roba, no hace". La tensión se desbordó en las calles entre 2015 y 2016. Ahora los manifestantes eran otros: la clase media que sufría la crisis y se indignaba con los escándalos. Los hasta entonces socios de centro derecha del PT reaccionaron destituyendo a Rousseff. Para la izquierda, fue el equivalente a un golpe de Estado. A Rousseff la sustituyó alguien tan impopular como ella, su vicepresidente, Michel Temer. “Y la pérdida de credibilidad se extendió a todo el sistema político”, apunta Pacheco.


Clovis Rossi tiene 75 años y por primera vez en su vida asistirá en octubre a unas elecciones sin Lula. Ausente el que, a pesar de todo, seguía siendo el favorito, nadie tiene la menor idea de lo que puede suceder. Con un debate público cada vez más violento y la amenaza de Bolsonaro, muchos brasileños temen que lo peor aún esté por llegar.

 

Xosé Hermida
São Paulo 8 ABR 2018 - 03:02 COT

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