A un día del voto en Chile preocupa la abstención

Con la esperanza de que una mayor afluencia a las urnas beneficie más al candidato oficialista, Alejandro Guillier, que al derechista Sebastián Piñera, el gobierno lanzó varias campañas invitando a los chilenos a acudir a las urnas.

A un día de las elecciones presidenciales la mayor preocupación, sobre todo del oficialismo, es incentivar el escuálido 46,6 por ciento de votantes que se registraron en la primera vuelta, con la esperanza de que una mayor afluencia a las urnas beneficie más al candidato oficialista, Alejandro Guillier, que al derechista Sebastián Piñera.


En Chile el voto no es obligatorio, por lo que el nivel de abstencionismo suele ser alto. Por esta razón, el Gobierno lanzó varias campañas invitando a los chilenos a acudir a las urnas, tanto por televisión, como a través de carteles luminosos y anuncios publicitarios en las calles de Santiago. “#Elecciones2017: No dejes que otros decidan por ti el futuro que quieres para Chile. En esta segunda vuelta ¡no te restes, súmate!”, es el mensaje que transmite el gobierno por sus cuentas en redes sociales.


En la primera vuelta electoral, el 19 de noviembre, el candidato de Chile Vamos, Piñera, salió primero con cerca del 37 por ciento de los sufragios, seguido por Guillier, La Fuerza de la Mayoría, con el 22,7 y la centroizquierdista Beatriz Sánchez, del Frente Amplio (FA), con un sorprendente 20,27. En la acumulación de estos dos porcentajes, avalados por el respaldo explícito del FA, se centran las esperanzas del oficialismo.


En las atiborradas calles de Sanhattan, como llaman a la exclusiva zona de modernas oficinas de la ciudad, abundan las compras navideñas pero el principal tema de conversación es el balotaje del domingo .Un empleado de un restaurante de ese barrio, al que acuden a almorzar cientos de personas cada, comentó que los diálogos entre parroquianos, son “el debate televisivo, si cumplirán lo que prometen Piñera o Guillier, o cómo subirá o bajará la bolsa el lunes”.


En la comuna de Las Condes, tradicionalmente favorable al candidato de Chile Vamos, algunos vecinos hablan de la importancia de ir a votar este domingo porque en la primera vuelta Piñera no ganó con la ventaja que auguraban las encuestas, de modo que “es más importante que nunca ir a votar para que haya un cambio”, dice un vecino.


En las comunas más populares, como La Florida, donde muchos vecinos han logrado acceder a la educación universitaria gratuita por la reforma impulsada por el actual gobierno de Michelle Bachelet, los comentarios son diferentes. “Votaremos por Guillier, necesitamos que la educación universitaria gratuita llegue a más personas”, cuenta María Fernanda, mientras limpia la vereda de su casa.


En Santiago Centro, un vendedor ambulante cuenta que hay mucha preocupación en las calles por el rumbo de la economía si no gana Piñera, aunque para él los cambios de este Gobierno “no se verán en años y seguramente con el tiempo extrañaremos a Bachelet”. Julieta Parra, una estudiante de arquitectura de 24 años, que vive en la comuna de Puente Alta, votó en la primera vuelta por la candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez. “La voté por convicción, por lo mismo este domingo votaré contra Piñera, marcando la opción de Guillier, para que los derechos que hemos ganados las mujeres en Chile sigan avanzando. La ley de aborto en tres causales es una victoria para nuestra dignidad y, por lo tanto, no puedo permitirme que la derecha, al igual como pasó durante la dictadura, nos quiten lo que por tantos años luchamos”, enfatizó Parra.
Mañana a partir de las 8 de la mañana y hasta las 18 horas, los chilenos mayores de 18 años podrán acudir a sus mesas de votación, al igual que miles de chilenos en el exterior, que se inscribieron previamente en su consultado. Es una elección con sólo dos opciones, de modo que se estima que los resultados definitivos estarán cerca de las 21.

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Viernes, 15 Diciembre 2017 22:19

Las elecciones más raras del mundo

Las elecciones más raras del mundo

El jueves 21 Cataluña acude a las urnas con un gobierno destituido y varios candidatos presos o en el exilio. Las encuestas pronostican que ni independentistas ni unionistas conseguirán la mayoría. La llave estaría en manos de Podemos y sus aliados.

Se llama “caganer” y es el símbolo catalán de la Navidad. Tal como indica su nombre, se trata de un muñeco defecando. Los hay de los más variados: desde aquellos que representan al futbolista Lionel Messi hasta los que homenajean al olvidado Barack Obama. Como no podía ser de otra manera, tampoco faltan los rostros (y traseros) más famosos de la política de Cataluña. Sí, Cataluña, ese territorio que a esta hora supuestamente sería independiente, pero resulta que no lo es. A pesar de la “solemne declaración” del parlamento, de las promesas del presidente Carles Puigdemont y de los discursos lanzados por otros líderes nacionalistas, hoy los caganers (o al menos los encargados de fabricarlos y venderlos) siguen rigiéndose bajo las estrictas leyes españolas.


En vísperas de una nueva Navidad, las vitrinas que exhiben a los simpáticos muñecos de este año comparten paisaje con los carteles que anuncian elecciones. La cita electoral será el jueves 21, apenas 72 horas antes de Nochebuena. Dicho de otra forma, una parte de la sociedad catalana brindará el 24 por la victoria, mientras que otro sector de la población aprovechará la celebración para tratar de evadirse de la derrota. Lo que aún no está claro es quiénes beberán para festejar y quiénes lo harán para olvidar.


El año 2017, el más convulso de la historia reciente de España, está a punto de terminar, pero no lo hará sin antes ofrecer una última postal de la crisis catalana. Una crisis que ni empezó hace 12 meses ni acabará en otros 12, pero que ha llegado a su punto álgido en este último trimestre. Nunca, jamás, Cataluña había estado tan cerca y a la vez tan lejos de la pretendida libertad. Nunca, jamás, el Estado español había respondido con tal virulencia. Y nunca unas elecciones de carácter autonómico se habían desarrollado bajo un clima tan anormal y extraño como el actual.


BREVE CRONOLOGÍA. Este puzle incompleto tiene varias fechas clave. Tomen nota. 1 de octubre: Cataluña celebra un referéndum no reconocido por el Estado; la Policía carga violentamente contra los que pretendían votar y deja cientos de heridos. 10 de octubre: Después de varias idas y venidas, Puigdemont entra al hemiciclo y declara la independencia... para suspenderla pocos segundos después, ofreciendo así un proceso de negociación al Estado español, ese mismo del que tanto él como al menos 2.044.038 ciudadanos (los que votaron “sí” en el referéndum) se querían separar. 27 de octubre: fracasado el intento negociador, el presidente regresa a la sede legislativa y declara, ahora sí, el nacimiento del Estado catalán. La respuesta del Estado llegó esa misma noche: aplicación del artículo 155 de la Constitución española y cese del govern.


Los hechos posteriores han recorrido las pantallas de todo el mundo. Puigdemont y varios de sus consejeros huyeron a Bruselas para evitar un más que seguro encarcelamiento; el vicepresidente Oriol Junqueras y otros siete miembros del gobierno catalán que se quedaron en Barcelona declararon ante un juez en Madrid y, a continuación, ingresaron en calidad de presos preventivos en dos prisiones de Madrid. A todo ello (y a todos ellos) se sumaban los presidentes de las asociaciones civiles independentistas Asamblea Nacional Catalana (Anc) y Omnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, respectivamente, quienes llevan durmiendo en sendos calabozos desde el 16 de octubre, cuando se convirtieron en los primeros presos políticos catalanes del siglo XXI.


Quizás el público más precavido pueda creer que todo esto ha sido el costo de llevar a la práctica la independencia de Cataluña, y que ahora los presos aguardan que su nuevo Estado efectúe las gestiones diplomáticas necesarias ante la vecina España para liberarlos. Nada más lejos de la realidad: la declaración de independencia lanzada por Puigdemont el pasado 27 de octubre solamente fue eso, una declaración. Desde entonces no hubo ni el más mínimo gesto, intento o acción destinada a poner en pie las estructuras necesarias para actuar como país. Ni siquiera se empezó a actuar como tal. Nada. Absolutamente nada.


Desde su exilio en Bélgica, el destituido presidente ha dicho en reiteradas ocasiones que actuó así para evitar un brote imparable de violencia. Sus temores, ha repetido, se centraban en la actitud que pudiese asumir el gobierno de Rajoy si la administración catalana tiraba hacia adelante en la creación del nuevo Estado. Ante ello, el Ejecutivo nacionalista prefirió aparcar sus planes. En lugar de caminar hacia la Cataluña prometida, eligió presentarse en las elecciones autonómicas convocadas desde Madrid al calor de la intervención de la autonomía.


CANDIDATOS PRESOS. No en vano, estas son las elecciones de Rajoy. Él las preparó. Él las convocó. Y será también él quien deberá aclarar si respetará el resultado, sobre todo si vuelven a ganar los independentistas. En esta ocasión, los dos grandes partidos que promueven el proceso soberanista –Pdecat y Erc– han decidido acudir por separado. De esta manera, en el bloque favorable a la ruptura con España competirán un candidato preso (Oriol Junqueras, de Erc) y otro huido (Puigdemont, por Junts Per Catalunya, nombre adoptado por su formación para esta cita electoral).


La situación es absolutamente surrealista. Vean un ejemplo, quizás el más claro y rotundo: el próximo 21 a la noche, los informativos podrían anunciar que el ganador de las elecciones es un recluso de la cárcel de Estremera. ¿Curioso, no? Hay más. En estos fríos días de otoño, el Tribunal Supremo prepara una nueva investigación contra decenas de dirigentes independentistas, lo que podría derivar en otra ola de encarcelamientos. Algunos de ellos, como la dirigente de Erc Marta Rovira, figuran en las listas electorales que la ciudadanía tendrá a su alcance en los comicios del próximo jueves. Hoy es una candidata; mañana podría ser una presa política.


En ese contexto, Junqueras acaba de presentar otro reclamo ante el juez Pablo Llarena para que le dejen hacer campaña en libertad. El magistrado del Supremo –que acabó asumiendo todas las causas relacionadas con el referéndum soberanista y la posterior declaración de independencia– se negó recientemente a soltarlo, argumentando que tanto él como el ex consejero de Interior, Joaquim Forn, y los presidentes de Anc y Omnium podrían incurrir en “reiteración delictiva”. Llarena ha descubierto que los independentistas seguirán siéndolo cuando vuelvan a estar en la calle. Dicho de otra forma, sabe que los políticos catalanes no se convertirán al españolismo por el mero hecho de haber sido encarcelados. Aun así (o quizás precisamente por eso), seguirán presos hasta nuevo aviso.


¿QUIÉN GANA A QUIÉN? En realidad, Rajoy creía y cree (o quiere seguir creyendo) que esta convocatoria de elecciones por él diseñada puede servir para cambiar la correlación de fuerzas en Cataluña. Su sueño es ver caer a los independentistas y, al mismo tiempo, comprobar cómo suben los unionistas. Sus unionistas. Entre ellos está el PP, pero sobre todo Ciudadanos, la nueva marca de la derecha española. O también el Psc, filial regional del Psoe. En la pasada legislatura, estas tres formaciones “constitucionalistas” no sumaban la mayoría necesaria para controlar el Parlament, o al menos para condicionar la política de los nacionalistas. No obstante, las encuestas auguran que las cosas podrían llegar a cambiar el día 21. Si eso ocurre, será gracias al fenómeno de Ciudadanos, al que los sondeos coinciden en ubicar como segunda fuerza por detrás de Erc, e incluso en situación de empate técnico.


Todo esto tiene una explicación. O mejor dicho, una razón de ser. El auge soberanista, con su referéndum y su acto de proclamación de la República catalana, también ha movido las entrañas en los sectores españolistas, tanto fuera como dentro de Cataluña. Y Ciudadanos, el partido que es tan de derechas como el PP pero que –a diferencia de la formación de Rajoy– no tiene a ningún imputado ni condenado por corrupción, podría lograr convertirse en la referencia electoral de ese resurgir del patriotismo español, ya sea en Barcelona o en Madrid. De hecho, el diario El País publicó hace algunas semanas un estudio en el que este partido –liderado por el barcelonés Albert Rivera– también avanzaba posiciones de manera considerable al nivel del Estado, donde podría convertirse en una seria opción de gobierno.
“Su posible crecimiento en las elecciones del 21 de diciembre se debe, en buena parte, a que el PP catalán se desploma”, afirmó a Brecha el director del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Cataluña, Antoni Biarnés. A su juicio, esta formación derechista ha logrado ser vista como “un voto útil porque se prefigura como mayoritario, lo cual tiene un efecto de atracción”. “Su buen resultado en los comicios del jueves próximo le dará alas en la política estatal, pero desde ya descarto que aquí vaya a tener el respaldo suficiente para formar gobierno. Eso será imposible”, pronosticó este experto.


Con estos datos sobre la mesa, hoy nadie se atreve a pronosticar quién ganará las elecciones del día 21. Ya no se habla tanto de partidos, sino de bloques. Por un lado, el independentista, compuesto por Erc, Junts Per Catalunya y la anticapitalista Cup. Por otro, el unionista, con Ciudadanos, PP y Psc. “Por lo que dicen las encuestas, ninguno de estos dos bloques va a tener mayoría absoluta, así que no creo que vayan a ser unas elecciones de cambio, sino que posiblemente tengan una continuidad con lo que hemos vivido durante estos últimos meses”, afirmó a Brecha Sandra Bermúdez, politóloga y profesora del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.


LAS ENCUESTAS.

Ahí está, precisamente, la clave: cambio o continuidad. Y es también ahí donde entrará en juego la formación política a la que hoy todos otorgan un papel protagónico a la hora de buscar posibles acuerdos de gobierno: Catalunya en Comú (Cec), la candidatura impulsada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y el líder de Podemos a nivel estatal, Pablo Iglesias. Las encuestas los ubican en una quinta posición, justo por delante del PP y de la Cup y algo por detrás del Psc, que se quedaría cuarto. En tercer lugar figura Junts Per Catalunya, mientras que el segundo y primer puesto está disputado entre Erc y Ciudadanos. Es entonces cuando entra en juego Cec, que podría inclinar la balanza hacia un lado u otro. O también hacia ninguno. Con respecto a los resultados de las últimas elecciones catalanas (2015), salvo el avance de Ciudadanos y un retroceso similar de la Cup y del PP (de alrededor de dos puntos porcentuales) –los partidos más alejados entre sí en la cuestión catalana–, parecería que los sucesos que tanto conmocionaron a Cataluña en los últimos meses no modificaron esencialmente las preferencias políticas de los electores catalanes.


El número uno de esta lista es Xavier Domènech, un político catalán que actualmente es diputado en el Congreso de Madrid y que rechaza tanto la política represiva del gobierno español como la vía unilateral empleada hasta ahora por Puigdemont y Junqueras. Los “comunes” –término que se utiliza para identificar a los representantes de esta candidatura de izquierdas no nacionalista– quieren, ante todo, diálogo. Y también un referéndum. Acordado, eso sí. Y respetado por todas las partes.


“Se trata del partido clave en estas elecciones, ya que tendrá en su mano ofrecer la llave de gobierno a las fuerzas independentistas o, en su lugar, a aquellas que apuestan por la continuidad del modelo territorial hasta ahora vigente”, destaca Bermúdez. En esa línea, el director del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Cataluña también mostró sus dudas sobre cuál sería la carta que elegiría esa formación ante un tablero endiablado. “Creo que no tienen buen encaje ni en un lado ni en otro, por lo que será muy complejo que lleguen a algún tipo de acuerdo”, comentó Biarnés.


En principio, la opción favorita de Catalunya en Comú sería un acuerdo con Erc, partido al que ya ha invitado a elegir entre la derecha que representa el Pdecat de Puigdemont o la alternativa de izquierda que podría construir junto a los comunes. Domènech tampoco descarta explorar vías de entendimiento con el Psc, aunque primero le pide que se aleje clara y rotundamente del PP. “Extenderemos la mano a los que defiendan una agenda social”, afirmó el candidato de Cec durante un desayuno informativo celebrado el pasado lunes 11 en Barcelona.


¿REPETIMOS? En caso de que ningún acuerdo fuese posible, Cataluña podría verse abocada a un escenario similar al vivido por el conjunto del Estado español entre diciembre de 2015 y octubre de 2016, período en el que tuvieron que celebrarse dos elecciones generales debido a la imposibilidad de llegar a pactos de gobierno entre las distintas formaciones. Finalmente, Rajoy consiguió mantenerse en el gobierno durante una nueva legislatura gracias a la abstención del Psoe en el parlamento durante la votación de investidura.


A pesar del complejo escenario que advierten las encuestas, Biarnés ve difícil que en el escenario político catalán pueda producirse una situación similar a la que se registró en el Estado. “No es imposible, pero es poco probable”, afirmó el politólogo, quien advirtió que en unas segundas elecciones “tampoco cambiarían mucho las cosas”, ya que “no se observa un posible trasvase de votos de un bloque a otro”. Por su parte, Bermúdez cree que resultará fundamental saber “cuál va a ser la lectura que el bloque soberanista haga de los resultados, tanto si consiguen la mayoría absoluta en escaños y votos como si no la logran”.


En el primer supuesto, todo indica que Puigdemont y Junqueras –aunque sea desde el exilio uno y desde la cárcel otro– buscarán presionar a Rajoy para tratar de llegar a algún tipo de acuerdo en torno a un referéndum acordado. Si fracasan nuevamente, podrían volver a apostar por la vía de la unilateralidad. Para ello contarían nuevamente con el respaldo de la Cup, la formación anticapitalista que, según coinciden en señalar prácticamente todas las encuestas, podría perder algo de apoyo en las urnas, aunque mantendría su presencia en el parlamento catalán.


Ya sea en un escenario u otro, Cataluña (República para unos, comunidad autónoma para otros) podría enfrentarse a una legislatura corta, de transición. Lo que no está claro es hacia dónde. “Sólo puedo decirle que hay caso catalán para rato”, dice en tono serio el presidente del Colegio de Politólogos y Sociólogos. Ese “rato” puede ser largo. Muy largo.



Era jueves y votaste a un preso


Las elecciones del próximo 21 de diciembre en Cataluña tendrán varias particularidades. Una de ellas será, precisamente, el día elegido por el gobierno de Mariano Rajoy para llamar a las urnas: un jueves. O lo que es lo mismo, una jornada laborable. Ante esa situación, las personas que lo necesiten (debido a que trabajen tanto a la mañana como a la tarde) podrán tener hasta cuatro horas de permiso para acudir a votar. En caso de que tengan la mañana o la tarde completamente libre, deberán acudir en la franja horaria con mayor disponibilidad.


Otra de las particularidades de esta “fiesta de la democracia”: algunos de sus invitados están en la cárcel. Es el caso del candidato de Erc, Oriol Junqueras, pero también del número dos por Junts Per Catalunya, Jordi Sánchez (encarcelado en su calidad de presidente de la Anc) o Joaquim Forn, ex consejero de Interior y séptimo integrante de esa misma candidatura nacionalista. Al no estar condenados, tienen intactos sus derechos a postularse como candidatos e incluso ser elegidos. Lo que no está claro es qué ocurrirá si Junqueras cuenta con el respaldo suficiente para ser el próximo mandatario, o si los tribunales permitirán que tanto él como los otros dos presos puedan acceder a sus respectivas actas de parlamentarios.


También hay dudas sobre el escenario que se abriría si el destituido president Carles Puigdemont lograse los apoyos necesarios en el próximo Parlament para ser investido nuevamente en el cargo. Si bien el Tribunal Supremo canceló la euroorden que estaba pendiente contra el líder nacionalista y otros cuatro consejeros que lo acompañan en Bruselas, al día de hoy sigue vigente el pedido de encarcelarlos si regresan a España, donde quieren juzgarlos –al igual que en el caso de los políticos actualmente presos– por el delito de “rebelión”. Si hoy es el candidato exiliado, mañana podría ser el presidente preso.

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Las lecciones de Alabama para el Partido Demócrata

 

Algunos analistas han descrito la inesperada victoria del demócrata Doug Jones en las elecciones especiales para el Senado de Estados Unidos en Alabama como un terremoto político. Sin embargo, las ondas sísmicas comenzaron hace décadas, durante la lucha por los derechos civiles de las décadas de 1950 y 1960, con ecos que se remontan a los días de la Guerra Civil estadounidense, así como a la larga y violenta era de la esclavitud. El camino de Jones hacia el Senado bien podría haber comenzado en la tarde del 1º de diciembre de 1955, en una parada de autobús de Montgomery, Alabama, cuando una mujer afroestadounidense llamada Rosa Parks se subió a un autobús y decidió sentarse en una de las diez filas delanteras, reservadas para los pasajeros blancos. El conductor le ordenó que se trasladara a la parte trasera del autobús, único sector en el que podían permanecer las personas afrodescendientes, y llamó a la policía cuando ella se negó a dejar el asiento. Parks fue arrestada y esto condujo al lanzamiento de la era moderna de los derechos civiles.


Cuando falleció, una cadena de noticias la describió como “una costurera cansada, no una revoltosa”. Pero lo cierto es que Rosa Parks era una rebelde de primera categoría. Sabía exactamente lo que estaba haciendo; era secretaria de la sede local de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por su sigla en inglés). Tras su arresto tuvo lugar una rápida organización de la comunidad afroestadounidense, que el 5 de diciembre lanzó el Boycott al Servicio de Autobuses de Montgomery, liderado por Martin Luther King Jr. El liderazgo de la lucha sabía que se necesitaba un movimiento social dedicado y organizado para vencer la segregación y el racismo institucional. Sus históricos logros sentaron las bases para la victoria de Doug Jones. Fueron la organización y movilización de base actuales, especialmente el movimiento de mujeres afroestadounidenses, lo que le otorgó el escaño en el Senado.


Es importante reconocer lo irremediablemente defectuoso que era Roy Moore como candidato republicano. Primero llegaron las impactantes acusaciones de al menos nueve mujeres que afirman que Moore las acosó o agredió sexualmente cuando eran adolescentes, una de ellas cuando tenía solo 14 años de edad. En el marco del creciente movimiento nacional #YoTambién, destinado a terminar con el acoso y abuso sexual de mujeres, los numerosos relatos del acoso sexual perpetrado por Moore constituyeron un punto crítico. Varios senadores prometieron que, si ganaba las elecciones, lo expulsarían del Senado de Estados Unidos. Esto fue hasta que otra persona que se ha descrito a sí misma como agresor sexual, el presidente Donald Trump, decidió otorgarle su apoyo incondicional a Moore y comenzó a hacer una agresiva campaña a su favor.


Pero incluso si el abuso sexual en serie a menores no alcanza para descalificar a un candidato al Senado, muchas de las declaraciones y acciones de Moore como juez de Alabama sí deberían tener el peso suficiente. Fue destituido dos veces del cargo de presidente electo de la Corte Suprema de Alabama por negarse a seguir órdenes de tribunales federales. En 2003 se negó a retirar una estatua de los Diez Mandamientos de las instalaciones del Palacio de Justicia. En 2016 fue nuevamente suspendido por negarse a implementar el fallo de la Corte Suprema federal que legalizaba el matrimonio entre personas del mismo sexo.


Recientemente, cuando uno de los pocos afroestadounidenses presentes en un evento de campaña le preguntó en qué momento del pasado pensaba que Estados Unidos había sido grandioso, Roy Moore se refirió a la época de la esclavitud: “Creo que era grandioso en la época en que las familias estaban unidas, aunque tuviéramos esclavitud. Nos cuidábamos entre todos”. Moore afirma que a los musulmanes, como Keith Ellison, no se les debería permitir ocupar cargos en el Congreso, y compara al Corán con “Mi lucha”, de Hitler. También apoya la derogación de todas las enmiendas de la Constitución de Estados Unidos que se hicieron después de la Décima original, incluidas las que proscriben la esclavitud y otorgan a las mujeres y afroestadounidenses el derecho al voto: “Esto eliminaría varios problemas. Ya saben, mucha gente no entiende hasta qué punto algunas de estas enmiendas han intentado arruinar por completo la forma de gobierno que procuraban nuestros Padres Fundadores”. La esposa de Moore, al asegurarle al público en su último acto de campaña antes de las elecciones del martes que su esposo no era antisemita, declaró enfáticamente: “Las noticias falsas les dirán que no nos gustan los judíos. Les comento todo esto porque también las he visto. Quisiera poner las cosas en su lugar, aprovechando que tenemos prensa aquí presente. Uno de nuestros abogados es judío”.


Los resultados de las elecciones especiales de Alabama no solo deberían servir como una lección para el Partido Republicano, sino también para el Partido Demócrata. El éxito radica en activar a las personas, motivar al pueblo a participar y luchar contra las crecientes restricciones para votar; no en adaptar el mensaje en el vano intento de captar a los votantes “indecisos”.


Jones ganó gracias al registro de votantes, la movilización de las organizaciones de base y la enorme participación electoral de la comunidad afroestadounidense. Según las encuestas a boca de urna realizadas por CNN, Doug Jones recibió el 98% de los votos emitidos por las mujeres afroestadounidenses y el 93% de los votos de los hombres afroestadounidenses. En contraste, el 63% de las mujeres blancas votaron por el presunto pederasta Roy Moore, al igual que el 72% de los votantes blancos. En estas elecciones de Alabama se presentó a votar un mayor porcentaje de electorado afroestadounidense que en las elecciones que ganó Barack Obama en 2008 y 2012.


Doug Jones ganó con una ventaja de solamente 1,5% de los votos, un margen suficientemente grande como para evitar un recuento de votos, pero muy estrecho de todas formas. No hubiera ganado sin la ardua labor de los movimientos de base de Alabama, que trabajaron durante años –con escaso apoyo del Partido Demócrata nacional– para registrar a los ciudadanos afroestadounidenses y de bajos recursos en el padrón electoral. Los movimientos sociales construyen poder y logran cambios, y los demócratas harían bien en prestar atención a las lecciones de Alabama, desde la resistencia a la esclavitud y la era de la lucha por los derechos civiles, hasta la inesperada victoria de Doug Jones.

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En Colombia también crece la nueva cultura política

El proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC ha generado una coyuntura política y social contradictoria: por un lado está acelerando las “locomotoras” energética y minera, con decenas de emprendimientos extractivos, pero también está moviendo la vieja cultura partidista que había frenado el desarrollo de procesos sociales autónomos.


El 5 de diciembre se realizó en Medellín el Primer Encuentro de Comunidades Afectadas por el Desarrollo, al que acudieron dieciséis procesos locales y regionales de todo el país. Más de un centenar de integrantes de comunidades en resistencia trazaron un diagnóstico colectivo sobre los problemas que afrontan en sus territorios, que pueden sintetizarse en violencia paramilitar y estatal para facilitar la implantación de las multinacionales mineras y petroleras, y las grandes obras de infraestructura.


En el diagnóstico apareció que las autoridades y las instituciones no son confiables, ya que modifican las reglas del juego para satisfacer las exigencias de los empresarios. Quienes siguen adelante pese a las advertencias, suelen ser víctimas de los grupos criminales (narco-paramilitares) y del propio Estado que enjuicia ambientalistas y defensores de los bienes comunes.


En estos momentos las instituciones se empeñan en impedir y deslegitimar las “consultas populares” que se promueven en diversos municipios contra los proyectos mineros e hidroeléctricos. Cada vez que la población pudo expresarse, ha pronunciado un No contundente en contra de los proyectos extractivos.


Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes del Encuentro fue constatar cómo la cultura política de obediencia y subordinación a las dirigencias políticas, se va agrietando. Entre los procesos presentes había vínculos con diversas fuerzas políticas, pero la mayoría no tenían ninguna relación con partidos ni guerrillas.

Durante medio siglo, todos los procesos de base sintonizaban con alguna de las corrientes hegemónicas en el escenario nacional, razón por la cual la convergencia y articulación de las luchas resultaba extremadamente difícil.


No pretendo concluir que esa cultura partidista esté en vías de extinción, ni mucho menos, sino que se están abriendo espacios para que la diversidad y la heterogeneidad puedan caminar juntas.


A mi modo de ver, hay varias razones que hacen posible que una cultura organizativa más autónoma y horizontal se vaya abriendo paso en Colombia.
La primera se relaciona con el proceso de paz que, al debilitar la polarización, deja espacios para otras formas de hacer política que hasta este período eran casi marginales.


La segunda se relaciona con el desgaste de las estructuras y los modos jerárquicos, patriarcales y caudillistas, que ostenta aún un sector mayoritario de las izquierdas. Ese desgaste hace que muchos colectivos rehúyan poner en pie grandes estructuras nacionales y se sientan más cómodos con formas flexibles y “livianas” de articulación (en el sentido de que no desean grandes aparatos organizativos “pesados”), que han mostrado ser muy eficaces para desplegar iniciativas respetando la diversidad.


La tercera tiene que ver con el fortalecimiento de nuevas formas de hacer ancladas en culturas juveniles y en colectivos de mujeres, más horizontales, pero también recelosas de subordinarse a las instituciones estatales porque todas ellas vienen mostrando sus límites.


Los militantes del colectivo Kavilando, que dinamizaron la convocatoria, así como los militantes nasa y de grupos campesinos de base, tienen claro que en Colombia se abre un nuevo período histórico pautado por la profundización del extractivismo que viene siempre acompañado de grupos ilegales violentos, que les abren trocha despejando poblaciones que obstaculicen la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial.


Un militante que resiste la construcción de una hidroeléctrica en su región, esbozó el nuevo escenario político de forma muy clara: “La guerra no ha finalizado, sólo está mutando”.


De lo que se trata, para los participantes del Primer Encuentro de Pueblos Afectados por el Desarrollo, es de enfrentar esta nueva etapa de la guerra con una nueva cultura política que pasa, necesariamente, por el protagonismo de las comunidades, sin intermediarios, sin aparatos políticos ni militares.

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Lunes, 11 Diciembre 2017 07:53

Risa no chistosa

Risa no chistosa

Los grandes criminales políticos tienen que ser expuestos y expuestos especialmente a la risa. No son grandes criminales políticos, sino gente que permitió grandes delitos políticos, algo que es totalmente diferente, dijo Bertolt Brecht.

 

La filósofa Hannah Arendt, en una entrevista en 1974 con el escritor francés Roger Errera, ofreció esta cita de Brecht para argumentar que alguien como Hitler no puede ser considerado un idiota porque fracasó su proyecto, ni un gran hombre por las dimensiones de su proyecto; no es ni lo uno ni lo otro. Recuerda que la oposición a Hitler, antes de que tomara el poder, consideraba a Hitler un idiota, y después, casi para justificar su triunfo, de repente lo volvió en un gran (obviamente no en el sentido positivo) hombre.


Brecht agrega, según Arendt, que uno puede decir que la tragedia aborda los sufrimientos de la humanidad de una manera menos seria que la comedia. Arendt opina que esto es verdad, y agrega que “lo que verdaderamente es necesario, si uno desea mantener su integridad bajo estas circunstancias (...) es recordar tu vieja manera de ver tales cosas y decir: ‘no importa lo que haga y si él mató a 10 millones de personas, él sigue siendo un payaso’”.


Arendt, como Orwell y un sinnúmero de otros escritores y filósofos que enfrentaron algunas de las épocas más oscuras de la historia moderna, se han vuelto referentes urgentes en esta coyuntura estadunidense en los intentos por buscar alguna manera de entender algo tan obsceno, patético y peligroso como el fenómeno Trump.


Arendt podría ser una reportera en la era de Trump, la cual arrancó con, entre otras cosas, una gran ofensiva contra la prensa justo con el motivo que ella identificó hace más de 40 años: “El momento en que ya no contamos con una prensa libre, cualquier cosa puede suceder. Lo que hace posible para un totalitario o cualquier otra dictadura gobernar es si el pueblo no está informado (...) Si todos siempre te mienten, la consecuencia no es que te crees las mentiras, sino más bien que ya nadie cree nada (...) Y un pueblo que ya no puede creer en nada no puede tomar decisiones. Queda privado no sólo de su capacidad de actuar, sino de su capacidad de pensar y de juzgar. Y con un pueblo así uno puede hacer lo que se le antoje”.


El mundo tiene enfrente a un bufón peligroso; conservadores, liberales y progresistas advirtieron aun desde antes de la elección que el fenómeno Trump es un proyecto neofascista, totalitario y/o plutocrático. La semana pasada, hasta el ex presidente Barack Obama casi se atrevió a decirlo, al señalar que si los estadunidenses no protegen su democracia, existe el riesgo de que las cosas se puedan deshacer rápidamente y sugiriendo que Estados Unidos podría irse por el camino de la Alemania nazi, reportó Ap.


Claro que Obama no asumió –como nunca lo ha hecho, igual que todas las fuerzas liberales a lo largo de la historia moderna en este y otros países– ninguna responsabilidad por la llegada de un Trump. Cualquier estudiante crítico de historia sabe algo sobre cómo el surgimiento de un fascista y su toma del poder –como el caso de Hitler– no se puede explicar sin entender el papel trágico de las pugnas internas y a veces arrogantes de fuerzas liberales y hasta progresistas en abrir las puertas, claro, no a propósito.


Hoy día, ante Trump, esto se repite: corrientes liberales –sobre todo el Partido Demócrata y su cúpula, junto con sus apologistas intelectuales– rehúsan aceptar la responsabilidad fundamental que les corresponde (no fue el único factor) por el surgimiento y triunfo del fenómeno Trump. Siguen culpando a los rusos, o al ex jefe de la FBI, a Wikileaks, y hasta al que ofrecía la mejor opción ante la amenaza neofascista, su propio senador, Bernie Sanders. Con eso, siguen permitiendo la circulación de ese veneno que amenaza esa democracia que tanto dicen defender, mientras a veces parecen dedicar más tiempo a combatir corrientes más progresistas dentro y fuera de sus filas.


Llega el fin de un año que ha puesto en jaque la viabilidad de lo que se llama democracia en Estados Unidos, y que literalmente amenaza al mundo. Ahora aquí adentro se vive entre la persecución de los más vulnerables, elogios y justificación del racismo histórico, la ofensiva contra los derechos y libertades civiles, la destrucción abierta de normas laborales y ambientales resultado de luchas sociales, y un depredador sexual en jefe apoyando a pedófilos y llamando mentirosa a cualquier mujer que no esté de acuerdo, y por supuesto la degradación de cualquiera que se atreva a cuestionar la realidad trumpiana, sobre todo los periodistas. Ni hablar de la amenaza que representa en otras partes del mundo (y al planeta en sí), desde Corea hasta Medio Oriente, Sudamérica y México.


Los críticos y opositores que siguen jugando el juego del poder en Washington explican que hay que tener paciencia, esperar elecciones, cabildear con más efectividad, realizar investigaciones, presentar más informes y educar a los ciudadanos. Algunos casi gozan al explicar qué tan peor están las cosas de lo que uno pensaba. Fueron derrotados, pero no son minoría (eso dicen que es significativo en una democracia) –de hecho, casi todas las posiciones de los opositores al proyecto en el poder gozan del respaldo de las mayorías– sea en migración, política económica, medio ambiente, salud, educación, guerras y más– según casi todas las encuestas. Si es así, entonces pareciera que este proyecto tipo neofascista no vive del apoyo popular, sino de la decisión de opositores institucionales de permitir su existencia por supuesto respeto al proceso democrático, aparentemente aun si esto amenaza esa democracia que tanto dicen defender.


Tal vez la risa indignada –y honesta– es vital frente a todo esto, como afirma Brecht. De hecho, grandes cómicos –Stephen Colbert, John Oliver, Noah Trevor, Samantha Bee, y todo un elenco de caricaturistas editoriales– son por ahora los mejores reporteros críticos de este momento. La risa que invitan es esencial para recordar que estos enanos peligrosos en el poder no son grandes. Pero no es suficiente, se necesita que despierten los gigantes dormidos en este país.

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La campaña presidencial en Colombia comienza a definirse en torno a seis nombres

La campaña de las presidenciales en Colombia entró este domingo en una nueva fase en la que comienzan a despejarse las incógnitas sobre las candidaturas. La elección del senador Iván Duque como aspirante del Centro Democrático, la formación liderada por el expresidente Álvaro Uribe, termina de conformar el abanico de figuras políticas que, según las encuestas, tienen más posibilidades de llegar, al menos, a una segunda vuelta. La carrera hacia los comicios convocados para mayo de 2018 se define, principalmente, en torno a seis nombres.

 

La revista Semana publicó este domingo un macrosondeo que vaticina un panorama fragmentado, una competición entre quienes apoyaron y rechazaron los acuerdos de paz con las FARC promovidos y la necesidad de tejer alianzas, tarde o temprano. Lo encabeza con el 18,7% Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y antiguo gobernador del departamento de Antioquia, quien defiende la reconciliación del país tras más de medio siglo de guerra y rehúye las etiquetas ideológicas. Tras algunas desavenencias sobre la fórmula y los tiempos con Claudia López, concurrirá con la líder del Partido Verde y el del progresista Polo Democrático, Jorge Enrique Robledo, bajo las siglas de la Coalición Colombia.


El exregidor de Bogotá Gustavo Petro, que en un sistema político tradicional ocuparía un espacio marcadamente de izquierdas, figura también, de momento, entre los favoritos. No obstante, su movimiento, Colombia Humana, debería buscar el apoyo de otros sectores, por ejemplo, el de la exministra de Trabajo de Santos Clara López o la Unión Patriótica. Tampoco descarta tratar de involucrar a Humberto de la Calle, pero el candidato del Partido Liberal se ha mostrado prudente con respecto a sus planes.
De la Calle fue jefe del equipo negociador del Gobierno con las FARC, es abogado y tiene una dilatada carrera política –fue vicepresidente de Ernesto Samper hace dos décadas-. Desde el primer momento, cuando decidió participar en esta campaña, se mostró convencido de la necesidad de una coalición amplia de fuerzas que estuvieron a favor de los acuerdos. Su proyecto político busca rebajar el clima de creciente indignación de los colombianos y desconfianza en las instituciones con un programa rotundo contra la corrupción.


En el espectro de las figuras políticas más conservadoras destacan Germán Vargas Lleras, Iván Duque y Marta Lucía Ramírez. El primero, dirigente de Cambio Radical, fue vicepresidente hasta el pasado marzo. Ahora contaría, según la encuesta de Semana, con un 12% de los apoyos, por lo que, en cualquier caso, debería llegar a un acuerdo con otras formaciones. Duque es ya oficialmente el aspirante del Centro Democrático, pero tras la alianza forjada por Uribe y el también expresidente Andrés Pastrana tendrá ahora que medir apoyos con Ramírez, del Partido Conservador y exministra, y quizá también el exprocurador Alejandro Ordóñez. Este último, con solo el 1,2% de intención de voto, es superado incluso por el Rodrigo Londoño, Timochenko, candidato de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, nacida de la antigua guerrilla.

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Movimientos sociales de izquierda: ¿qué táctica electoral?


La dificultad central de los movimientos sociales de izquierda es determinar la táctica electoral que les posibilitará ganar tanto en el corto plazo como en el mediano plazo. En la superficie parece que ganar en el corto plazo está en conflicto con ganar en el mediano plazo.

En el corto plazo, el objetivo primordial de un movimiento de izquierda debe ser el defender las necesidades urgentes de supervivencia de toda esa franja que constituye 99 por ciento de la población, pero en especial aquella gente situada en los estratos más pobres. Para lograr esto, un movimiento tiene que controlar las instituciones del Estado a todos los niveles. Esto significa participar en las elecciones.

En todos esos lugares donde las instituciones electorales permiten alguna transferencia de poder de una serie de funcionarios electos a otra serie de oposición, la necesidad obvia de los movimientos de izquierda es ganar dichas elecciones. Ganar esas elecciones puede, no obstante, desactivar la capacidad de los movimientos de izquierda para ganar la batalla de mediano plazo que entraña la opción fundamental de cuál sistema (o sistemas) saldrá ganador de la crisis estructural de nuestro sistema-mundo capitalista existente. El modo de evitar esto es nunca involucrarse en la política electoral.

Involucrarse en las elecciones tiene dos efectos negativos sobre los movimientos sociales de izquierda. Primero, los distrae de organizar la batalla de mediano plazo. Y desilusiona a los miembros, que lo ven como venderse por el llamado a votar por personas que no están comprometidas con transformar el sistema-mundo.

¿Habrá alguna serie de tácticas electorales que haga posible escapar a estas consecuencias? Yo pienso que puede haber. La primera, y en un sentido la cosa más fácil de hacer, es discutir en extenso al interior del movimiento de izquierda la diferencia entre las temporalidades del corto plazo y el mediano plazo y el papel de las tácticas electorales en la lucha.

Justo el discutir este aspecto dentro del movimiento social de izquierda ayudaría a mantener junto el movimiento de izquierda y restauraría la confianza mutua. La discusión debería enfocarse en torno a los dos más grandes peligros. En el corto plazo, ganar las elecciones requiere de los votos de muchos que no tienen interés alguno en transformar el mundo. Estas personas exigen un precio por su respaldo.

Qué tan alto es el precio, varía. Qué tan mínimo puede ser el pago que un movimiento social pueda hacer, también varía. Cada batalla electoral es diferente.

El otro peligro es la desilusión. De nuevo, cada situación varía. Pero evitar las ilusiones es siempre la forma de combatir la desilusión. Por supuesto deben celebrarse las victorias nacionales o locales. Pero nunca deben tratarse como algo más que victorias que frenan la brecha, porque se dirigen a proteger a los estratos más pobres.

Creo que es posible para los movimientos sociales el navegar en esos peligrosos bajíos de la política electoral. Al negarse a abrazar o a rechazar definitivamente la política electoral, podemos descubrir que ganar en el corto plazo puede entrenar a los miembros para la batalla de mediano plazo.

De ese modo, los movimientos sociales de izquierda podrían, de hecho, hacer ambas cosas a la vez –ganar las batallas del corto plazo y del mediano plazo. En realidad, lejos de entrar en conflicto una con la otra, ésta es la única forma en que los movimientos sociales de izquierda puedan triunfar en cualquiera de estas batallas.

Traducción: Ramón Vera-Herrera

© Immanuel Wallerstein

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Domingo, 03 Diciembre 2017 14:34

El triste Sur de nuestra América

El triste Sur de nuestra América

Algo hay que celebrar en la primera vuelta de las elecciones chilenas del pasado mes: las proyecciones de los institutos encargados de los sondeos se equivocaron olímpicamente. La agrupación Frente Amplio tendría, acorde a los institutos, 8% de los votos.


Bueno: tuvo el 20%, y con eso se hizo fuerza esencial para que, en la segunda vuelta, el derechista Sebastián Piñera sea derrotado.


Los integrantes del Frente Amplio son jóvenes. Tan jóvenes que entre sus dirigentes nadie tenía 35 años, edad mínima para presidir Chile. Comparada la edad de su candidata, Beatriz Sánchez, a la de los creadores del Frente Amplio, a sus 46 años la conocida periodista suena a veterana.


El ex presidente Sebastián Piñera obtendría, acorde a los sondeos, 45% de los votos. Tuvo que contentarse con 36%. Irá debilitado a la segunda vuelta, el 17 de diciembre.


En la primera, sin embargo, hubo un dato que merece atención: el diputado José Antonio Kast, declarado admirador de Augusto Pinochet, obtuvo 7,9% de los votos.


Asusta que pasado tanto tiempo un católico ultraconservador logre semejante cantidad de votos. Entre otras preciosidades, Kast aseguró, el 19 de noviembre que ‘si estuviese vivo, estoy seguro de que hoy el general Pinochet votaría por mí’.


Siete elecciones después del fin, hace ya 27 años, de la más sangrienta dictadura padecida por Chile el tenebroso fantasma de Augusto Pinochet sigue acechando a la sociedad chilena.


¿Sería un reflejo de la gran ola que sacude a Sudamérica trayendo el retorno de una derecha desenfrenada? Es como si el muy derechista Piñera no fuese suficiente para parte significativa del electorado.


En la vecina Argentina el gobierno de Mauricio Macri, reforzado por los resultados de las elecciones que renovaron parte del Congreso ahora en octubre, destroza conquistas sociales de décadas. A ejemplo de su vecino Michel Temer, alzado a la presidencia brasileña gracias al golpe institucional del año pasado, Macri implementa lo que llama de ‘reformas’.


Con una inflación que seguramente será muy superior a los 25 por ciento este año, el gobierno de Macri anunció que el reajuste de las jubilaciones será de 5,1. Bastante más sonoros son los aumentos de las tarifas de gas (58 por ciento) y luz (47 ahora y otros 28 en febrero).


Desde el inicio del régimen macrista, en diciembre de 2015, el precio de la energía eléctrica de los argentinos subió astronómicos 1.200 por ciento. El gas tuvo un aumento más modesto: 400 por ciento.


El país está corroído por la creciente violencia contra movilizaciones populares, por una interferencia cada vez más descarada del gobierno  en el judiciario, por la condena absurda de la militante social Milagro Sala, por la implacable campaña de asfixia a medios de comunicación que no se arrodillan frente al altar en que Mauricio Macri está instalado.


Alrededor de 32% de los argentinos viven en la situación que los organismos internacionales llaman de estado de pobreza. Pero Macri y sus asesores no cesan ni por un minuto sus reiteradas exaltaciones a la recuperación nacional.


En el vecino Brasil el cuadro es aún más sombrío. El gobierno de Temer impuso lo que también llama de ‘reformas’ y anuncia, día sí y el otro también, que el país está en pleno proceso de recuperación.


Entre otras hazañas aplaudidas frenéticamente por la sacrosanta e invisible institución llamada mercado está la reducción de los gastos públicos que destrozó el ya muy débil sistema de salud pública y provocó destrozos en la educación pública en todos sus niveles.


Otra reforma destrozó conquistas de más de medio siglo: la legislación laboral. Como resultado, un trabajador que no cobre siquiera el salario mínimo (que corresponde a unos 300 dólares) tendrá que cubrir la diferencia para llegar a la contribución social mínima. O sea, pagar para trabajar.


Mientras entrega al gran capital global partes esenciales del patrimonio público, empezando por el petróleo y la energía eléctrica, el más impopular presidente de la historia brasileña acompaña, sonriente, las acciones de la más mediocre y antiética legislatura desde el final de la dictadura, en 1985.


Entre otras maravillas, sus excelencias del Congreso lo libraron dos veces de ser llevado a la corte suprema para responder por escándalos de corrupción. En un caso insólito y que en otras circunstancias sería risible, Temer fue absuelto por exceso de pruebas en su contra.


Tanto en la Argentina de Macri como en el Brasil de Temer, los sacerdotes del neoliberalismo más fundamentalista tienen bien iluminados sus altares. Las misas negras enriquecen a los ricos muy ricos y sofocan a los de siempre, los ninguneados, los que se hicieron visibles bajo los gobiernos de los Kirchner, de Lula da Silva y de Dilma Rousseff y ahora volvieron a ser invisibles.


El uno por ciento de los brasileños ganan a cada año lo mismo que el 52 por ciento de la población. O sea, el único y concreto programa de recuperación impuesto por el gobierno de Temer es el que ayuda a preserva privilegios.


En semejante escenario, una victoria de Sebastián Piñera en Chile, el domingo 17 de diciembre, significaría la consolidación de un triángulo de entreguismo y retroceso. Eso que los dueños del capital llaman de reforma y recuperación.


Pobre, pobre Sur de América.

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Una crítica libertaria de la izquierda del capitalismo

 

La proletarización del intelectual casi nunca genera un proletario. ¿Por qué? Porque la clase burguesa, bajo la forma de la educación, le impartió desde la infancia un medio de producción que –sobre la base del privilegio educativo– hace que el intelectual sea solidario con dicha clase, y en una medida acaso mayor, hace que esta clase sea solidaria con él. Tal solidaridad puede pasar a un segundo plano, e incluso descomponerse; pero casi siempre sigue siendo lo bastante fuerte como para impedir que el intelectual esté siempre listo para actuar, o sea, para excluirlo estrictamente de la vida en el frente de batalla que lleva el verdadero proletario
 
Walter Benjamín, Reseña de “Los Empleados”,

 

de Siegfried Krakauer

El capital ha proletarizado al mundo y a la vez ha suprimido visiblemente las clases. Si los antagonismos han quedado subsumidos e integrados y ya no hay lucha de clases, entonces no hay clases. No hay clases rebeldes, ni tampoco sindicatos en el sentido genuino del término. En efecto, si el escándalo de la separación social entre poseedores y desposeídos, entre dirigentes y dirigidos, entre explotadores y explotados, ha dejado de ser la fuente principal de conflicto social y las escasas luchas que se originan transcurren siempre dentro del sistema sin cuestionarlo jamás, eso es porque no hay clases en lucha, sino masas a la deriva. Los sindicatos y los partidos “obreros”, la carcasa de una clase disuelta, persiguen otro objetivo: el mantener la ficción de un mercado laboral regulado y de una política socialista. Hoy en día el obrero es la base del capital, no su negación. Éste a través de la tecnología se adueña de cualquier actividad y su principio estructura toda la sociedad: realiza el trabajo, transforma el mundo en mundo tecnológico de trabajadores consumidores, trabajadores equipados con artefactos técnicos que viven para consumir. Fin de una clase obrera aparte, exterior y opuesta al capital, con sus propios valores; tecnificación, generalización del trabajo asalariado y adhesión a los valores mercantiles. Genocidio cultural y fin también de la polarización abrupta de las clases en el capitalismo. La sociedad no se divide en un 1% de elite financiera que decide y un 99% de masas inocentes y uniformes sin poder de decisión. Las masas se hallan terriblemente fragmentadas, jerarquizadas y comprometidas de grado o por fuerza con el sistema; sus fragmentos intermedios, cada vez más numerosos, enfermos de prudencia, desempeñan un papel esencial en la complicidad. La división entre oligarquías dirigentes por un lado y masas excluidas por el otro queda amortiguada con un amplio colchón de clases medias (middle class), una categoría social diferenciada, con sus propios intereses y su propia conciencia “ciudadana”. Las clases medias son al capitalismo de consumo, a la sociedad del espectáculo, lo que la clase obrera fue para la utopía socialista y la sociedad de clases. Las clases medias modernas no se corresponden con la antigua pequeña burguesía, sino con las capas de asalariados diplomados ligados al trabajo improductivo. Han nacido con la racionalización, la especialización y burocratización del régimen capitalista, alcanzando dimensiones considerables gracias a la terciarización progresiva de la economía (y de la tecnología que la hizo posible). Son los estudiantes de antaño: ejecutivos, expertos, cuellos blancos y funcionarios. Cuando la economía funciona dichas clases son pragmáticas, luego partidarias en bloque del orden establecido, o sea, de la partitocracia. Denominamos partitocracia al régimen político adoptado habitualmente por el capitalismo. Es el gobierno autoritario de las cúpulas de los partidos (sin separación de poderes), nacido de un desarrollo constitucional regresivo (que suprime derechos), y constituye la forma política más moderna que reviste la dominación oligárquica. El Estado partitocrático determina de alguna forma la existencia privada de las clases en cuestión. El divorcio entre lo público y lo privado es lo que dio lugar a la burocracia administrativo-política, parte esencial de estas clases. Por su situación particular, las clases medias son dadas a contemplar el mercado desde el Estado: lo ven como mediador entre la razón económica y la sociedad civil, o mejor, entre los intereses privados y el interés público, que es así como consideran su interés “de clase”. Igual que la antigua burguesía, sólo que ésta contemplaba el Estado desde el mercado. Sin embargo, Estado y mercado son las dos caras de un mismo dios –de una misma abstracción– por lo que desempeñan el mismo papel. En condiciones favorables, las que permiten un consumismo abundante, las clases medias no están politizadas, pero la crisis, al separar el Estado partitocrático del Estado del bienestar consumidor, determina su politización. Entonces de su seno surgen pensadores, analistas, partidos y coaliciones hablando en nombre de toda la sociedad, teniéndose por su representación más auténtica.

Nos encontramos inmersos en una crisis que no sólo es económica sino total. Se manifiesta tanto en el plano estructural en la imposibilidad de una sobrecapacidad productiva y un crecimiento suficiente, como en el plano territorial con los efectos destructores de la industrialización generalizada. Tanto en el plano material, como en el moral. Sus consecuencias son la multiplicación de las desigualdades, la exclusión, la degradación psíquica, la contaminación, el cambio climático, las políticas de austeridad y el aumento del control social. En la fase de globalización (cuando ya no existe clase obrera en el sentido histórico de la expresión) se ha producido de forma muy visible un divorcio entre los profesionales de la política y las masas que la padecen, que se acentúa cuando la crisis alcanza y empobrece a las clases medias, la base sumisa de la partitocracia. La crisis considerada sólo bajo su aspecto político es una crisis del sistema tradicional de partidos, y por descontado, del bipartidismo. La corrupción, el amiguismo, la prevaricación, el despilfarro y la malversación de fondos públicos resultan escandalosos no porque se hayan institucionalizado y formen parte de la administración, sino porque el paro, la precariedad, los recortes presupuestarios, las bajadas salariales y la subida de impuestos afectan a dichas clases. Las clases medias carecerán de pudor, serán indiferentes a la verdad, pero son conscientes de sus intereses, puestos en peligro por la clase política tradicional. Entonces, los viejos partidos ya no bastan para garantizar la estabilidad de la partitocracia. En los países del sur de Europa la ideología ciudadanista refleja perfectamente esa reacción desairada de las clases susodichas. Contrariamente al viejo proletariado que planteaba la cuestión en términos sociales, los partidos y alianzas ciudadanistas la plantean exclusivamente en términos políticos. Se dirigen a un nuevo sujeto, la ciudadanía, conjunto abstracto de individuos con derecho a voto. En consecuencia, consideran la democracia, es decir, el sistema parlamentario de partidos, como un imperativo categórico, y la delegación, como una especie de premisa fundamental. Así pues, el vocabulario progresista y democrático de la dominación es el que mejor corresponde a su universo mental e ideológico. Hablan en representación de una clase universal evanescente, la ciudadanía, cuya misión consistiría en cambiar con la papeleta una democracia de mala calidad por una democracia buena, “de la gente”. Así pues, el ciudadanismo es un democratismo legitimista que reproduce tópico por tópico al liberalismo burgués de antaño y con mucho alarde trata de correrlo hacia la izquierda. La crema fundadora de los nuevos partidos ciudadanistas proviene del estalinismo y del izquierdismo; para ella la palabrería democrática equivale a una actualización de las viejas cantinelas autoritarias y vanguardistas de corte leninista, que todavía asoman como actos fallidos en la prosodia verbal de algunos dirigentes. Formalmente pues, se sitúa en la izquierda del sistema. Claro, ya que es la izquierda del capitalismo.

La mayoría de los nuevos partidos y alianzas, dirigidos principalmente por profesores, economistas y abogados que, inspirándose en el cambio de rumbo de la izquierda populista latinoamericana y griega, o lo que viene a ser lo mismo, identificando las instituciones tal cuales como el principal escenario de la transformación social, trasladan a los consistorios y parlamentos las energías que antes se disipaban en las fábricas, en los barrios y en la calle. En realidad tratan de cambiar una casta burocrática mala por otra supuestamente buena a través de comicios y posteriores componendas, algo en lo que siempre habían fracasado el neoestalinismo y el izquierdismo. Aspiran a convertirse en la nueva socialdemocracia –para el caso ibérico, bien constitucionalista o bien separatista–. Todo depende de los votos. La revolución ciudadanista empieza y termina en las urnas. Las reformas dependen exclusivamente de la aritmética parlamentaria, o sea, de la gobernabilidad institucional, algo que tiene que ver más con la predisposición a los pactos de la socialdemocracia vieja o del estalinismo renovado. Se han de conseguir nuevas mayorías políticas “de cambio” para asegurar la “gobernanza”, ya que nadie desea una ruptura social, ni siquiera los que persiguen una ruptura nacional, sino una “democracia de las personas”: una partitocracia más atenta con sus creyentes. La desmovilización, el oportunismo y la rápida burocratización que ha seguido a las diversas campañas electorales demuestran que los agitadores de la víspera se vuelven gestores responsables a la hora de instalarse en las instituciones. El resto de los mortales han de conformarse con ser espectadores pasivos del juego mezquino de la política con sus representaciones gestuales de cara a la galería, puesto que la actividad institucional ha eliminado precisamente del escenario a “las personas”. El espectáculo político es un poderoso mecanismo de dispersión.

La derecha del capital ha venido apostando por la desregulación del mercado laboral y por la tecnología, generando más problemas que los que pretendía resolver. Por el contrario, imitando el modelo desarrollista latinoamericano, la izquierda del capital apuesta en cambio por el Estado, ya que en periodos de expansión económica mundial, con el precio de las materias primas por las nubes, podía desviarse parte de las ganancias privadas hacia políticas sociales, y en periodos de recesión podía evitarse que las masas asalariadas, y sobre todo las clases medias, soportaran todo el coste de la crisis: algo de neokeynesianismo en el cocido neoliberal. De ahí viene una cierta verborrea patriótica anti Merkel o anti troika, pero no antimercado: se quiere un Estado social soberano “en el marco de la Unión Europea”, es decir, bien avenido con las finanzas mundiales. Aunque la crisis no pueda superarse, puesto que es “una depresión de larga duración y alcance global” según dicen los expertos, la reconstrucción del Estado como asistente y mediador quiere demostrar que se puede trabajar para los mercados desde la izquierda. Y especialmente para el mercado que explota la materia prima “sol, playa y discoteca”, el petróleo de acá. Es más, los partidos ciudadanistas se creen en estos momentos los más cualificados para dejar las incineradoras en su sitio, respetar la privatización de la sanidad, imponer recortes y cobrar nuevos impuestos. Para los ciudadanistas el Estado es tan sólo el instrumento con el que tratar de maquillar las contradicciones generadas por la globalización, no el arma encargada de abolirla. La preservación del Estado y no el fin del capitalismo es pues la prioridad máxima de los nuevos partidos, de ahí que su estrategia de asalto a las instituciones, ridículo sucedáneo de la toma del poder leninista, se apoye sobre todo en los electores conformistas y resignados decepcionados con los partidos de siempre y subsidiariamente, en los movimientos sociales manipulados. Por desgracia, los abogados y los militantes con propensión a convertirse en vedettes han conseguido monopolizar la palabra en la mayoría, neutralizando así todo lo que estos movimientos podían tener de antiautoritario y subversivo. La actividad institucional promueve una lectura reformista de las reivindicaciones colectivas y anula cualquier iniciativa moderada o radical de la base.

En definitiva, el ciudadanismo no trata de cambiar la sociedad sino de administrar el capitalismo –dentro de la eurozona– con el menor gasto y también con la menor represión posible para las clases medias y sus apoyos populares. Intenta demostrar que una vía alternativa de acumulación capitalista es posible y que el rescate de las personas (el acceso al estatuto de consumidor) es tan importante como el rescate de la banca, es decir, que el sacrificio de dichas clases no solamente no es necesario, sino que es contraproducente: no habrá desarrollo ni mundialización sin ellas. Quiere aumentar el nivel de consumo popular y volver al crédito a mansalva, no transformar de arriba abajo la estructura productiva y financiera. Por consiguiente, apela a la eficacia y al realismo, no al decrecimiento, los cambios bruscos y las revoluciones. El diálogo, el voto y el pacto son las armas ciudadanistas, no las movilizaciones, las ocupaciones o las huelgas generales. Pocos son los ciudadanistas que se han significado en una lucha social. Lo que quieren es un diálogo directo con el poder fáctico, y con “las personas” un diálogo virtual-mediático. Las clases medias son más que nada clases pacíficas y conectadas al espacio virtual: su identidad queda determinada por el miedo, el espectáculo y la red. En estado puro, o sea, no contaminadas por capas más permeables al racismo o la xenofobia tales como los agricultores endeudados, los obreros desclasados y los jubilados asustados, no quieren más que un cambio tranquilo y pausado, desde dentro, hacia lo mismo de siempre. En absoluto desean la construcción colectiva de un modo de vida libre sobre las ruinas del capitalismo. Por otra parte, en estos tiempos de reconversión económica, de extractivismo y de austeridad, hay poco margen de maniobra para reformas, por lo que los partidos ciudadanistas “en el poder” han de contentarse con actos institucionales simbólicos, de una repercusión mediática perfectamente calculada. En la coyuntura actual, el nacionalismo resulta de gran ayuda, al ser una mina inagotable de poses. Las burocracias ciudadanistas dependen de la coyuntura mundial, del mercado en suma, y éste no les es favorable ni lo será en el futuro. En definitiva, sus gestos rompedores ante las cámaras han de esconder su falta de resultados cuanto más tiempo mejor, a la espera o más bien temiendo la formación de otras fuerzas, antiespectáculo, anticapitalistas o simplemente antiglobalizadoras, más decididas en un sentido (un totalitarismo mucho más duro) o en otro (la revolución).

El capitalismo declina pero su declive no se percibe igual en todas partes. No se ha considerado la crisis como múltiple: financiera, demográfica, urbana, emocional, ecológica y social. Ni se tiene en cuenta que fenómenos tan diversos como la egolatría post moderna, el nacionalismo y las guerras periféricas son responsabilidad de la mundialización capitalista. En el sur de Europa la crisis se interpreta como un desmantelamiento del “Estado del bienestar” y un problema político. En el norte, con el Estado del bienestar aún mal que bien en pie, tiende a tomarse como una invasión musulmana y una amenaza terrorista, o sea, como un problema de fronteras y de seguridad. Todo depende pues del color, la nacionalidad y la religión de los asalariados pobres (working poor), de los inmigrantes y de los refugiados. La división internacional del trabajo concentra la actividad financiera en el norte europeo y relega el sur al rango de una extensa zona residencial y turística. Por eso el sur es mayoritariamente europeísta y opuesto a la austeridad; su prosperidad depende del “bienestar” consumista norteño. El norte es todo lo contrario; su prosperidad y buena conciencia “democrática” dependen de la eficacia sureña en el control de los pasos fronterizos y de las aguas mediterráneas. La reacción mesocrática es contradictoria, pues por una parte la ilusión de reforma y apertura domina, pero, por la otra, se impone el modo de vida industrial en burbuja y la necesidad de un control absoluto de la población, lo que a la postre significa un estado de excepción “en defensa de la democracia”. A eso Bataille, Breton y otros llamaron “nacionalismo del miedo”. Las mismas clases que votan a los ciudadanistas en un sitio, votan a la extrema derecha en el otro. Los libertarios –los amantes de la libertad entendida como participación directa en la cosa pública– han de entender esto como propio de la naturaleza ambivalente de dichas clases, que se dejan arrastrar por la situación inmediata. Han de denunciar este estado de cosas e intentar construir movimientos de protesta autónomos en el terreno social y cotidiano “a defender”. Pero si las condiciones objetivas para tales tareas están dadas, las subjetivas brillan por su ausencia. Hoy por hoy, las clases medias llevan la iniciativa y los ciudadanistas la voz cantante. No abunda la determinación de usar la inteligencia y la razón sin dejarse influir por los tópicos característicos del ciudadanismo. La abstención podría ser un primer paso para marcar distancias. No obstante, la perspectiva política solamente se superará mediante una transformación radical –o mejor una vuelta a los comienzos– en el modo de pensar, en la forma de actuar y en la manera de vivir, apoyándose aquellas relaciones extra-mercado que el capitalismo no haya podido destruir o cuyo recuerdo no haya sido borrado. Asimismo mediante un retorno a lo sólido y coherente en el modo de pensar: la crítica de la concepción burguesa posmoderna del mundo es más urgente que nunca, pues no es concebible un escape del capitalismo con la conciencia colonizada por los valores de su dominación. La necesaria desaculturación (desalienación) que destruya todas las identidades de guardarropía (tal como las llama Bauman) que nos ofrece el sistema, así como todos los disfraces deconstructivos del individualismo castrado, ha de cuestionar seriamente cualquier fetiche del reino de la mercancía: el parlamentarismo, el Estado, la “máquina deseante”, la idea de progreso, el desarrollismo, el espectáculo... pero no para elaborar las correspondientes versiones “antifascistas” o “nacionales”. No se trata de fabricar una teoría única con respuestas y fórmulas para todo, una especie de moderno socialismo de cátedra, ni de anunciar la epifanía de una insurrección que nunca acaba de llegar. Tampoco se trata de forjar una entelequia (pueblo fuerte, clase proletaria, nación) que justifique un modelo organizativo arqueomilitante y vanguardista, claramente reformista, ni mucho menos de regresar literalmente al pasado sino, insistimos, de lo que se trata es de salirse de la mentalidad y la realidad del capitalismo inspirándose en el ejemplo histórico de experiencias convivenciales no capitalistas. La obra revolucionaria tiene mucho de restauración, por eso es necesario redescubrir el pasado, no para volver a él, sino para tomar conciencia de todo el acervo cultural y toda la vitalidad comunitaria sacrificadas por la barbarie industrial. El olvido es la barbarie.

Es verdad que las luchas anticapitalistas aún son débiles y a menudo recuperadas, pero si aguantan firme y rebasan el ámbito local, a poco que el desarreglo logre aniquilar políticamente a las clases medias, pueden echar abajo la vía institucional junto con el modo de vida dependiente que la sostiene. No obstante, la crisis en sí misma conduce a la ruina, no a la liberación, a menos que la exclusión se dignifique y tales fuerzas concentren un poder suficiente al margen de las instituciones. La crisis todavía es una crisis a medias. El sistema ha tropezado sobradamente con sus límites internos (estancamiento económico, restricción del crédito, acumulación insuficiente, descenso de la tasa de ganancia), pero no lo bastante con sus límites externos (energéticos, ecológicos, culturales, sociales). Hace falta una crisis más profunda que acelere la dinámica de desintegración, vuelva inviable el sistema y propulse fuerzas nuevas capaces de rehacer el tejido social con maneras fraternales, de acuerdo con reglas no mercantiles (como en Grecia), amén de articular una defensa eficaz (como en Rojava o en Oaxaca). La estrategia actual de la revolución (el uso de la exclusión y las luchas en función de un objetivo superior) ha de apuntar –tanto en la construcción cotidiana de alternativas como en la pelea diaria– hacia la erosión de cualquier autoridad institucional, la agudización de los antagonismos y la formación de una comunidad arraigada, autónoma, consciente y combativa, con sus medios de defensa preparados.

Los libertarios no desean sobrevivir en un capitalismo inhumano con rostro democrático y todavía menos bajo una dictadura en nombre de la libertad. No persiguen fines distintos a los de las masas rebeldes, por lo tanto no deberían organizarse por su cuenta dentro o fuera de las luchas. Se han de limitar a hacer visibles las contradicciones sociales confrontando sus ideas con las nuevas condiciones de dominación capitalista. No reconocen como principio básico de la sociedad un contrato social cualquiera, ni la lucha de todos contra todos o la insurrección permanente; tampoco pretenden basar ésta en la tradición, el progreso, la religión, la nación, la naturaleza, el yo o la nada. Pelean por una nueva sociedad histórica libre de separaciones, mediaciones alienantes y trabas, sin instituciones que planeen por encima, sin dirigentes, sin trabajo-mercancía, sin mercado, sin egos narcisistas y sin clases. Y asimismo sin profesionales de la anarquía. El proletariado existe por culpa de la división entre trabajo manual y trabajo intelectual. Igual pasa con las conurbaciones, fruto de la separación absurda entre campo y ciudad. Ambos dejarán de existir con el fin de las separaciones.

El comunismo libertario es un sistema social caracterizado por la propiedad comunal de los recursos y estructurado por la solidaridad o ayuda mutua en tanto que correlación esencial. Allí, el trabajo –colectivo o individual– nunca pierde su forma natural en provecho de una forma abstracta y fantasmal. La producción no se separa de la necesidad y sus residuos se reciclan. Las tecnologías se aceptan mientras no alteren el funcionamiento igualitario y solidario de la sociedad, ni reduzcan la libertad de los individuos y colectivos. Conducen a la división del trabajo, pero si ésta debiera producirse por causa mayor, nunca sería permanente. Al final, iría en detrimento de la autonomía. La estabilidad va por delante del crecimiento, y el equilibrio territorial por delante de la producción. Las relaciones entre los individuos son siempre directas, no mediadas por la mercancía, por lo que todas las instituciones que derivan de ellas son igualmente directas, tanto en lo que afecta a las formas como a los contenidos. Las instituciones parten de la sociedad y no se separan de ella. Una sociedad autogestionada no tiene necesidad de empleados y funcionarios puesto que lo público no está separado de lo privado. Ha de dejar la complicación a un lado y simplificarse. Una sociedad libre es una sociedad fraternal, horizontal y equilibrada, y por consiguiente, desestatizada, desindustrializada, desurbanizada y antipatriarcal. En ella el territorio recobrará su importancia perdida, pues contrariamente a la actual, en la que reina el desarraigo, será una sociedad llena de raíces.

 

1-Charla en la Cimade, Béziers (Francia), 29 enero 2016.

 

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Democracia de la Tierra y los Derechos de la Naturaleza

Vandana Shiva afirma que para la gente, una “democracia viva” es aquella que afecta a todos los aspectos de la vida, no solo a la vida humana, porque nos encontramos en un momento de la evolución en el que cualquier libertad de la especie humana debe incluir a la de otras especies, tanto animales como vegetales.

 

En un momento en que, alrededor del mundo, todo lo que existe debajo de la tierra está siendo extraído por corporaciones, que obtienen 17.000 millones de dólares de beneficios. Con toda esa cantidad de dinero, todas las restricciones e impedimentos legales, se derriban por la fuerza del dinero.

Hace unos meses atrás, casi por cinco días hubo imágenes del lodo rojo vertido en Hungría. Nadie conectaría el lodo rojo con el aluminio de las puertas de los salones, pero es la parte final de su producción. El aluminio está hecho con bauxita, por cada tonelada extraída de las minas, se produce una tonelada de desechos; 1300 barriles de agua son usados, 30.000 kilovatios de energía, pero todo esto es externalizado. Todo esto, en cada mina, es tomado debajo de la tierra y tornado a la superficie.

Por eso estuvimos felices, con el gran movimiento de resistencia contra la minería en la India que comenzó en 2006, en uno de los sitios más sagrados de la India llamado Niyamgiri, hogar de la tribu ancestral Dongria Kondh. Niya, significa “ley”. “La Montaña que se levanta sobre la Ley Universal” es el nombre en hindi para esta montaña. Los indígenas de la zona dijeron: “si ustedes derriban esta montaña, destruyen nuestro mundo”; porque todo está definido por esta montaña. Pero también tenían buenas razones científicas porque todos los arroyos y ríos que riegan el valle bajan de esta montaña, porque la bauxita es una muy buena fijadora de agua. Cada depósito de bauxita está junto a ríos y arroyos que salen de ella.

Existe una gran compañía con sede en India de nombre Vedantas, que justamente significa “El fin de los Vedas”. Los Vedas son el mayor grado de aprendizaje en esta cultura, detrás de ellos, está el real conocimiento del mundo. Esta compañía, que está devastando los derechos de la gente y sus ecosistemas, sobornan a las cortes, al Gobierno, y lograron, protecciones en cada nivel del Estado. Los indígenas de la zona fueron a la Corte Suprema, y un juez planteó, al aprobar este proyecto minero, que “todas las tribus y gentes de la selva debían ser civilizadas, debían ser sacadas de las junglas. Y la única manera de hacerlo era hacer funcionar la mina para que existiese crecimiento económico”. Esta montaña alberga tanta biodiversidad, tantas condiciones para la reproducción de especies, tenían semillas de más de 60 clases de mangos cultivados, piñas, naranjas, plantas medicinales, etcétera, y no necesitaban nada del mundo exterior, excepto sal; y a cambio de ella, tenían tanto para dar al resto del mundo.

Continuamos y persistimos apoyando con asesoramiento en el nivel científico y en la batalla jurídica. El Gobierno, eventualmente, tuvo que aceptar con vergüenza que había aprobado la construcción de esta mina. La compañía se retiró de la zona donde había trazado sus planes de operación y se acordó que se dejaría intacta la Montaña.

 

Economía

 

La única razón por la que la extracción petrolera, minera y todas las actividades destructivas que contaminan y destruyen la vida, sea definida como necesaria, es debido a una tramposa manera de presentar la relación costo-beneficio. Los costos siempre están ocultos y los beneficios siempre se encuentran exagerados. Además, los beneficios que, en realidad van a parar a las corporaciones se presentan como si la pobre tribu de repente se hubiese vuelto millonaria. Nunca dicen a dónde va el dinero. Nunca dirán que, en este momento, los commodities, que incluyen minerales y comidas –han convertido a la comida en commodities– es donde la mayoría del dinero hambriento de inversiones está yendo.

Cuando se trata de los ricos, los gobiernos tienen el dinero para gastar, así fue con los sesenta billones de dólares que dieron a los bancos. Desafotunadamente, siempre tienen el dinero para gastarlo en las cosas equivocadas; en bombas, en aviones de combate. Tienen el dinero para gastar en subvencionar a las grandes corporaciones e instituciones financieras, pero cuando se trata de asegurarse que el campesino reciba por sus productos un precio correcto, que la niñez tengan cobertura de salud, que todos puedan tener alimentos, entonces, de repente, están cortos de dinero. De pronto se han vuelto pobres. Y esta esquizofrenia de poseer riqueza ilimitada cuando se trata de ayudar a los ricos y tornarse miserables cuando se trata de ayudar a los pobres, es la fuente del error cuando definimos la economía.

La economía ya no es más eco-nomía; tiene la misma raíz lingüística que la palabra ecología. Ambas comparten su raíz en la palabra Oikos, que significa hogar. El hogar al que nos referimos es este planeta. Ecología es la ciencia de esta casa; la economía supuestamente debería ser la administración del manejo de este hogar. Mientras esto estuvo en manos de las comunidades locales, mientras estuvo en manos de sociedades democráticas, manejamos bien el hogar. No matamos a nuestros ríos, no talamos o destruimos nuestras selvas, no extrajimos hasta el último pedazo de mineral; no creamos hambre a través de un sistema alimentario que constantemente clama haber terminado con el hambre y la pobreza.

Hoy la economía es un elemento tan distante a cualquier noción de hogar y pertenencia. Ni al planeta ni a los hogares en términos de las economías domésticas de las familias. Oikos es un concepto vacío, vacío de hogar. Ya no se refiere al hogar-planeta, ni a la administración del hogar-familia de las economías domésticas.

 

La globalización

 

La globalización corporativa fue impulsada en las últimas dos décadas a través de dos instrumentos: el primero, aplicado hasta hace poco, en países del Sur; el ajuste estructural. Por supuesto, ahora el ajuste estructural está a las puertas en Islandia, Grecia y Portugal; es decir, el FMI ya no solo impone medidas de ajuste en el Tercer Mundo, ahora se ha vuelto un sistema global para hacer pagar a los pueblos y a la gente los errores generados por la codicia y la deshonestidad de las entidades financieras.

Cuando el mundo financiero es ahora, en sí mismo, tan deshonesto. Ahora las finanzas son 70 veces más grandes que la economía de bienes y servicios. Entonces, cuando unas finanzas son 70 veces más que el sector real de la economía, esas finanzas querrán controlar toda la economía. Este dinero hambriento está tan desesperadamente hambriento, que quiere la última gota de agua, la última biomasa, el último pedazo de alimento, etcétera, y lo quiere tomar en contra de los derechos de la naturaleza y de los derechos de la gente.

En India tenemos un poderoso artículo, el Nº21, que establece que el Estado “tiene la obligación de proteger la vida”. Este es el artículo en el que se basa cada proceso judicial ambiental, y se ha ganado cada uno de ellos, desde la minería de canteras, hasta la agricultura industrial contra la campesina, etcétera. El “deber del Estado de proteger la vida” significa que hay límites para las actividades comerciales que amenazan la vida. El primer caso ganado en la Suprema Corte de la India, tuvo un maravilloso juez, que sentenció que cuando el comercio amenaza la vida, el comercio debe ser detenido, porque la vida debe continuar.

El segundo instrumento es el de la globalización económica –la globalización corporativa. Esta perversión es la Organización Mundial del Comercio (OMC) y los nuevos Tratados de Libre Comercio que se imponen a los países, desde que se la detuvo exitosamente en Seattle. Un pequeño puñado de activistas sentimos que era tiempo de que los asuntos del libre comercio sean tratados por la esfera pública. Esto no era “libre comercio”, sino comercio forzoso; esto no era sobre el bienestar de la gente o de los pueblos, sino sobre el bienestar de las corporaciones.

En un debate con la gente de la OMC en Washington, ellos sostenían que el libre comercio trataba sobre la democracia, sobre el derecho de la gente de elegir y comprar lo que quieren, cuando lo quieran y elegir el país de donde lo quieren. Les contesté que este modelo confisca la libertad de los ciudadanos al producir cosas que la gente podría proveerse por sus propios medios para manejar sus vidas y así evitar convertirse en consumistas. El consumismo es lo opuesto a la libertad. La palabra consumo viene de la edad media, para referirse a las personas que morían de tuberculosis, para graficar el modo en el que morían consumidos por la enfermedad. Pero ahora la palabra consumo supuestamente define nuestros más altos estándares de vida. Nuestras economías se destruyen en el nombre del consumo y el derecho de cada uno a comprar lo que quiere, pero el hecho es que no todos podemos ser consumidores.

Lo que tenemos es una situación desquiciada en la que un gran país como China parece ser el único productor para el mundo. Este país ingresó a la OMC en el año mismo de la masacre de Tianamén con la aprobación de los EU, porque las corporaciones querían trasladar sus fábricas allá para reducir los costos con mano de obra barata y maximizar los beneficios de este modo, así como se mudaron a la India para abaratar los costos del software. ¿Pero quiénes han hecho todo este dinero? ¡Cuarenta billones de dólares como ganancias anuales adicionales extraordinarias para IBM y la industria del software!, esto es lo que llaman outsourcing; sacar las industrias de su base nacional.

Pero la mayor operación de outsourcing es trasladar la contaminación y las industrias extractivas para que actúen con mayor intensidad en los países del Sur. Finalmente, tienes un sistema que piensa que el crecimiento sin fin y el consumismo ilimitado pueden seguir adelante sin tomar en cuenta los límites ecológicos del planeta, sin los límites económicos de la gente. Pero si la gente está desempleada ¿cómo van a ser consumidores?

La gente está comprando más y más todos los productos defectuosos de China y lo hace cada vez porque las cosas se estropean bastante rápido. Si en una aldea tú haces tus propios zapatos de cuero, te duraran por 5 o 10 años, haces un buen chal –todavía uso el chal y el sari que me tejió mi madre– y te durará un buen trecho de tu vida, compras un producto que imita una gran marca en China y al segundo día, mágicamente, se ha desintegrado. Entonces, hay muchas y muchas ventas para hacer, porque el mismo producto se venderá 500 veces debido a su rápido desgaste; y así, compras muchas veces en el más claro anonimato, porque no importa de dónde venga el producto.

Ésta es otra marca de la globalización: borra la fuente en donde se produce, la torna anónima. Le dicen que no importa de dónde venga el producto, usted no tiene por qué saber esto. Después de Seattle, el jefe de la reunión de la OMC, dijo que la esta organización es la ‘Constitución del Mundo’. ¿Quién escribió la Constitución del Mundo? Monsanto, porque ellos escribieron la parte sobre los derechos de propiedad intelectual forzando a que sea necesario firmar tratados adicionales sobre este tema.

Siempre ha existido comercio, pero todo estaba basado en decisiones soberanas de los gobiernos respecto de lo que se debía intercambiar. Era comercio basado en soberanía. El nuevo comercio resta importancia a la soberanía. Los nuevos tratados incorporados a la OMC, no estuvieron antes en el Gatt1, son los tratados de propiedad intelectual que proclaman que las semillas son propiedad de Monsanto, porque la semilla es su creación. Ahora Monsanto está tomando el papel de Dios: “Hemos inventado la vida en la tierra, deben pagarnos regalías”. ¿En qué se traduce el pago de las regalías en lo referente a las semillas? Hemos aprendido una muy amarga lección. Antes era imposible para una compañía proclamarse inventores de la vida, porque una especie tiene su integridad, la vida tiene su integridad, su complejidad, etcétera. Si te molestas en poner un gen tóxico en una semilla y preparas un OGM2, no será este gen el que defina la reproducción de la próxima generación de semillas, sino la cadena original de la semilla en la que insertaste el gen tóxico. Así que la vida, en sí misma, no puede ser “ingeniada”, no es sujeto de la ingeniería. La introducción de un gen no es “ingeniería” de la vida.

La Navdanya, “el nuevo regalo”

Por ello empezamos Navdanya, para decir que esto es improcedente y que, además, una patente sobre una semilla significa que un campesino no puede guardar semillas. Los representantes de Monsanto combatieron este riesgo en la OMC, convertiendo en un delito al almacenamiento tradicional de semillas de los agricultores. Los derechos de propiedad intelectual fueron la criminalización de los derechos de guardar e intercambiar semillas. Esto constituye una clara violación a los derechos de la naturaleza y los derechos de los agricultores.

Empezamos Navdanya, que significa nueve semillas y al tiempo significa “el nuevo regalo”. El nombre de las nueve semillas lo aprendí de un agricultor indígena. Estaba haciendo selección de semillas y no estaba segura de que el concepto que circulaba en esa época, recursos genéticos3, fuese el apropiado para nuestro trabajo. Durante una investigación sobre recolección de semillas en un área y encontramos a un agricultor con nueve tipos de cultivos. Debido a mi oposición a los monocultivos, cada vez que veo a un agricultor con más de un cultivo, lo celebro. Le dije: tiene nueve cultivos, ¡qué bien!, el agricultor se volteó casualmente y me dijo: Sí, Navdanya... Le dije, me contestas como si fuese algo muy significativo, ¿lo es? Él me contestó: ¿No sabe usted nada? En ese momento entendí que puedes tener un PHD y en realidad no saber mucho.

No sabía que las nueve semillas recreaban los nueve planetas del sistema solar y que representaban el balance de la nutrición en nuestros cuerpos. Es una cosmología sobre la armonía ecológica de la vida, sobre la armonía nutritiva en nuestros cuerpos. Y ahí, me dije a mí misma: ¡Claro! Ésta es la palabra, porque las personas que están en Navdanya pueden enseñarnos sobre las maneras de recreación de la vida. Nya significa nuevo y Nav también significa “regalo”, y este es el nuevo regalo para la humanidad: la idea de que compartir no es un crimen, que los bienes comunes son vitales para nuestra sobrevivencia. Desde que empezamos este trabajo en 1987, declaramos todos los años que todos nuestros miembros –no se necesita dinero para ser miembro, solo firmar un compromiso– estamos comprometidos con la protección de la vida, la protección de la agrobiodiversidad; hemos recibido estas semillas de nuestros ancestros, que las han compartido y almacenado, y es nuestro deber seguir almacenando y compartiendo las semillas, por lo que no obedeceré ninguna ley que declare ilegal el cumplimiento de mi tarea por el futuro de la tierra y de nuestras comunidades.

Este juramento significa la búsqueda de la verdad, y la verdad de la vida en la tierra es que la vida en la tierra es íntegra, no salió del laboratorio de Monsanto. Entró a su laboratorio y ellos pueden haberla mutilado, torturado, etcétera, pero no se creó en el laboratorio de Monsanto. Por tanto, guardar las semillas y mantenerlas libres de patentes es un elemento vital para la democracia de la tierra.

Otro tratado, otra columna de la globalización es el acuerdo agrícola sobre la tierra. Este acuerdo fue escrito por el vicepresidente de Cargill, que es la corporación más grande del mundo en el comercio de granos. Se convirtió en diputado para integrar la delegación estadounidense sobre agricultura, y así escribió el acuerdo sobre agricultura. Este documento es terriblemente aburrido, no tiene nada que ver con la tierra, no menciona a los alimentos, no menciona a los agricultores. Menciona impuestos de mercado, exportaciones competitivas y subvenciones domésticas.

Entre las semillas de Monsanto y los contenedores de Cargill, existe una sociedad. Cargill lleva y comercia las semillas que le pertenecen a Monsanto. Alrededor del mundo, todas las semillas que Cargill comercia fuera de los EU, le pertenecen a Monsanto. Y Monsanto, por supuesto, procura comprar todas las compañías de semillas, pero, desde luego, no pueden. Ellos poseen el 95 por ciento de las semillas genéticamente modificadas que se comercian en el mundo, pero también poseen una buena parte de las semillas no modificadas genéticamente, compran aquellas compañías que producen semillas orgánicas para cerrar las divisiones de producción orgánicas de estas compañías. No quieren, bajo ninguna circunstancia, estas divisiones, por ello, constantemente impulsan leyes que declaran ilegales los bancos de semillas, a fin de que todas las semillas sean patentadas.

En India, introdujeron el algodón genéticamente modificado de manera ilegal. Pero estaban tan confiados sobre su dominio en el mundo que pensaban que en un año estarían vendiendo el algodón genéticamente modificado de manera legal. Conozco mis leyes, sé que se deben hacer una serie de experimentos e investigaciones para aprobar una semilla genéticamente modificada, tenemos una Ley de Semillas que requiere varios procesos de experimentación previa, pero ellos pensaban que introducirían en la India los cultivos genéticamente modificados tal como lo hicieron en EU, sin obedecer ninguna ley o como lo han hecho en otras partes del mundo. Demandamos en la Suprema Corte y fueron forzados a pasar por todos los procedimientos legales y científicos para su aprobación.

Solamente llevaron dos clases de semillas de papas para experimentar. Recuerdo que fuimos una vez a una granja fuera de India para ver un experimento. Todos los años salen con la misma cosa, con que crearon un nuevo producto, una nueva calidad que siempre termina siendo una farsa. Decían haber incrementado la proteína en una papa, al poner genes de amaranto en ella. Por supuesto, el amaranto es muy proteico, es casi 40 por ciento de proteína. El problema con estas papas es que solo pudieron incrementar un pequeño porcentaje de proteína adicional y no sabían a papa. Estoy segura de que las papas en India tienen un alto nivel de proteína porque no “importan” la proteína de fuera, no la crean en laboratorio, y saben a papas. Pero una vez que vuelves un alimento en commoditie, ya no importan sus propiedades o para qué será usado. Si cultivo alimentos para comer, debo saber cómo se debe ver, cuál es su sabor, sé que esta clase de papa debe ser cocinada de esta manera, sé cómo deber ser preparado este arroz; una clase de arroz será buena para el estofado, otro será bueno para el arroz relleno, otro será bueno para los niños, otro será bueno para los ancianos, etcétera. Tenemos todo ese saber gracias a la diversidad. Pero cuando un alimento ha sido transformado en un commoditie, no importa. Irá a la industria del almidón. En Europa, a lo largo de un juicio contra una papa modificada genéticamente, se ha fallado a favor de esta papa bajo el argumento de que no será utilizada para consumo humano sino como fuente de almidón. Así han tratado de aprobarla, diciendo que una papa no es para comer. ¿Para qué cultivas una papa si no es para comer?, ¿acaso harán marcos para ventanas con las papas?, ¿de qué hablan?

Tomen el ejemplo de la soya, un cultivo que se usaba para comer y de repente existe un movimiento mundial para impedir la producción de la soya. No porque sea malo producir soya, sino que los acres de tierra que han incrementado los cultivos de soya en Argentina, Brasil, EU, serán transformados en combustible para autos, para torturar al material de la soya y fabricar, pienso. ¡Pero las vacas no quieren soya, lo que quieren es pasto! Su estómago está diseñado para procesar el pasto, son herbívoras; ahora no, de repente proclaman: ¡no comen pasto!

¡En EU la situación es una locura! El 70 por ciento de los cultivos va para el balanceado del alimento de las vacas, el 30 por ciento va para los agrocombustibles, ¿y todavía se piensan a sí mismos como el país super abastecedor de alimentos? ¡Ya no hay alimentos para abastecer a la gente después de la ganadería y el combustible! Este tipo de producción está creando falsa escasez. La primera falsa escasez es la de la biodiversidad. En la India, el algodón BT ha destruido 1500 variedades de algodón que solíamos sembrar. El precio del algodón ha subido de cinco y siete rupias, a 3200 el kilogramo, de estos cada 2400 rupias son derechos de royalties (regalías) pagadas a Monsanto, eso significa 200 millones de dólares anuales que le llegan a Monsanto sentados allá en su oficina de San Louis. Han quebrado a las compañías de India y las han comprado, controlan la industria del algodón, y han reemplazado a los señores de la tierra (terratenientes), convirtiéndose ahora en los señores dueños de la vida.

Los señores de la vida, que ahora se sientan a mirar cómo sus ganancias por propiedad intelectual se incrementan, mientras los campesinos se quiebran el lomo para poder pagar estas constantes tarifas que imponen las regalías y que alimentan a las corporaciones. Además, estas semillas han traído nuevos insectos y enfermedades desconocidas, compañías como Monsanto aparecieron ahora con una nueva generación de pesticidas y venenos más potentes como el Round Up y BT2. De hecho, ahora tienen un paquete que se llama el “paquete inteligente” o el “paquete g” para los organismos genéticamente modificados. Y no puedo evitar recordar una cita de Einstein que sostiene que “una señal de demencia es continuar haciendo lo mismo una y otra vez esperando un resultado distinto”. Monsanto utiliza genes tóxicos que han fallado en su intención de controlar las enfermedades, y esperan que doblando la carga tóxica de los genes logren milagrosos 16 resultados. Eso es demencial.

Los pobladores ancestrales siempre lo supieron, los campesinos que han pagado enormes sacrificios lo supieron; 200.000 campesinos indios cayeron en severas deudas, tanto que muchos, incluso, optaron por el suicidio, éstas son las estadísticas oficiales en India y todo comenzó con la globalización. Otro tratado similar es el Acuerdo General de Servicios y Comercio. Según este acuerdo, todo lo que existe bajo el sol es un servicio. El agua es un “servicio”, por ejemplo. Y todos los seres de la tierra son “proveedores de servicios”. Pero hay algo extraño en este tratado porque, si miran el sector de las semillas, cinco grandes corporaciones controlan este sector; si miran el comercio del sector alimentario cuatro grandes compañías controlan su comercio; si miramos la privatización del agua, cinco compañías controlan su privatización. Alrededor del mundo, la gente y los pueblos están diciendo, la comida no es un comodittie, el agua no es un comodittie, y la gente está luchando.

En el caso de los alimentos, la conversión de la comida en commodities no solamente ha empeorado su calidad... Por cierto, debo decirles honestamente que no puedo comer en EU. Me compro un pastelillo y me sabe amargo, porque mi lengua está todavía acostumbrada a los endulzantes naturales. Y cuando se habla de las terribles consecuencias de la industria alimenticia en EU, lo puedo comprobar por mí misma. Lo sé, no sabe a comida. Ni siquiera puedo lograr terminar un huevo, en serio, no puedo, porque todo tiene muchos preservantes y extraños sabores que no vienen de la comida.

Recuerdo que llevé un grupo de mujeres a un Festival Cultural de la Unesco en España y tuve el cuidado de pedirles que lleven algunas de las semillas que hemos preservado para que se muestren en el festival. Las semillas de mango son una comida que nosotros llamamos, “la comida olvidada” porque son alimentos que solíamos utilizar para comer pero que ya hemos perdido la costumbre de hacerlo; y al tercer día, las mujeres se me acercaron y me preguntaron ¿podemos tomar estos paquetes de semillas para comer?, les pregunté: ¿Por qué, acaso no les han dado comida? Y me contestaron: No, no podemos comer aquí, ¡Es abuction! (en hindi). ¿Qué significa abuction? Es algo tan desagradable, tan despreciable, tan deshecho que no se puede comer. La comida se ha degradado, el suelo se ha degradado, 70 por ciento del agua utilizada en el mundo es para la industria y la agricultura industrial destruye los ecosistemas. A través de este modelo alimentario se han destruido, 8500 especies de plantas que se utilizaban en India. Hoy, con el sistema de comercio globalizado, solo ocho son comerciadas globalmente y de ellas cuatro se siembran en el suelo de la India, las cuatro tienen patentes: maíz, sorgo, soya y algodón. Eso es todo. ¿Pueden imaginar la pobreza de nuestros ecosistemas?

Pero hay otra pobreza, el 40 por ciento de todos los impactos de los gases de efecto invernadero pueden ser atribuidos a la industria globalizada de alimentos. Este sistema, también está haciendo que la producción de alimentos sea más vulnerable, en la medida en que la temperatura se incrementa, los glaciares se derriten, el agua desaparece. Las represas se intensifican y causan más y más inundaciones.

Nuestro trabajo en Navdanya, que está por cumplir dos décadas y media, muy cuidadosamente nos ha permitido medir que las granjas que cultivan y crecen en medio de biodiversidad, que producen alimentos orgánicos en pequeña escala, en un determinado momento se transforman en abastecedoras de alimentos, es decir, se convierten en las granjas que utilizan monocultivos y agroquímicos, quebrando el anterior patrón de cultivos. Entonces, la idea de que debemos industrializar la agricultura sacando a nuestros agricultores tradicionales fuera de sus tierras, es una idea extremadamente distorsionada. Esta es la idea que se ha convertido en una Ley de la Tierra en India, es además la idea que está sirviendo de modelo para la Ley de la Tierra en África. El Presidente Obama vino a la India recientemente y solo habló de dos cosas; la primera fue vender aviones de combate para Boeing, justificándolo al decir: “quiero crear 15.000 puestos de trabajo para los estadounidenses”. Algo está mal, si la mayor superpotencia del mundo, tiene que mendigar empleos en la otra parte del mundo. Algo está terriblemente mal con la economía. La otra cosa que dijo es que quería que India se sume a las iniciativas de EU para introducir los OGMs y la agricultura industrial en África, puesto que “éste es el futuro de la seguridad alimentaria”.

 

Derechos de la naturaleza

 

Cualquier seguridad de la que se trate en este mundo, la de la biodiversidad, la alimentaria, de la supervivencia o cualquier otra que se pretenda, tiene en los ecosistemas protegidos por la diversidad y la naturaleza y que trabajan con estos, los mejores elementos para la seguridad. Porque estos ecosistemas funcionan mejor para y con la gente también.

Es por ello que el tema de los derechos de la naturaleza se vuelve tan interesante en nuestros tiempos. Porque el mundo ha atravesado 500 años de colonialismo, otros 50 años de neocolonialismo que lo hemos llamado “desarrollo” y otros 10 o 20 años de colonialismo recargado que llamamos globalización. Todo este mundo empieza a despertar de este mito que advierte que “si protegemos la naturaleza la gente tendrá cada vez menos”, y solo a través de la explotación y destrucción de la naturaleza podemos proveer más a los seres humanos; y por ello, debemos destruir, pedazo a pedazo, el mundo, debemos destruir cada bosque, cada selva, para poder tener crecimiento. Creo que estamos en un momento en donde este mito ha colapsado. No es capaz de proveer bienestar humano a ningún nivel. Así que, incluso para proveer bienestar a los humanos ahora debemos cambiar el modo y encontrar una nueva manera, y esa nueva manera es poner a los derechos de la naturaleza en primer término. Sobre la base de esos derechos de la naturaleza y la protección de la naturaleza, será posible que tengamos más agua limpia. Si nuestros ríos están protegidos tendremos más agua para nosotros.

Las mujeres eliminarían el hambre en el mundo en el mismo periodo en el que las mineras claman que erradicarán el hambre en una aldea mediante la extracción de oro. Las mujeres erradican de hecho el hambre, al proteger la biodiversidad, apoyar las pequeñas granjas, defender los sistemas de comida local, y solamente intercambiar (comerciar) aquello que no podemos sembrar en nuestros suelos.

¡Ese es el futuro! Proteger los derechos de la tierra, también nos protegemos nosotros. La idea de que los derechos humanos son opuestos a los derechos de la tierra es ecológicamente falsa, filosóficamente falsa, y es otro mito creado por esa antigua modernidad que pensaba que la naturaleza estaba muerta, la gente era estúpida y solamente las corporaciones podían crear riqueza. La naturaleza nos da riqueza, la gente maneja esa riqueza al co-crear con la naturaleza, y esto es cada vez más fácil de apreciar en cualquier población a lo largo del mundo.

En India tenemos un muy antiguo y ancestral concepto sobre ser la familia de la tierra; pero no somos la única familia que vive en este planeta, somos una comunidad de la tierra, y debemos de vivir de tal forma que no desplacemos el espacio ecológico de ningún otro ser –que no se reduce solo al ser humano, sino a cualquier especie viva–. Este pensamiento supone un punto de partida bastante diferente al del crecimiento económico. El paradigma del crecimiento económico dice explota rápido, convierte a la naturaleza en dinero y tienes una solución mágica, pero como los nativos americanos dijeron, “solo cuando hayas matado el último pez y cortado el último árbol te darás cuenta de que no puedes comer el dinero”.

Los globalifílicos dicen que “los anti-globalizadores solamente saben a qué se oponen, pero no saben a favor de qué están”. Y mi respuesta permanente fue: estamos en contra de su avaricia, en contra de su explotación, estamos en contra de la injusticia que están perpetrando, porque sabemos a favor de qué estamos. Estamos a favor de la sustentabilidad, estamos a favor justicia y a favor de la paz. Y ese fue el debate contra el crecimiento que recoge “La Democracia de la Tierra”.

Pero este cambio tan singular está pasando en todas partes. Cuando ustedes ven la misma fotografía de AP en cada periódico del mundo podemos dar cuenta de que la noticia es programada, porque normalmente, diferentes medios deberían tener diferentes fotografías. Debería haber foto-diversidad. Pero cuando las cosas pasan espontáneamente en diferentes partes del mundo, puedes estar seguro que hay una gran corriente de cambio, que está creando verdaderas placas tectónicas en la consciencia de la gente. Por ejemplo en el Reino de Bután, cuyo Primer Ministro quieren volver su producción orgánica al 100 por ciento. En la actualidad es 70 pero quieren llegar al 100 por ciento. Algunos años atrás confirmaron que no medirían más el Producto Interno Bruto (PIB) porque es una falsa manera de medir cómo se va desempeñando el Reino. Plantearon medir la Felicidad Interna Bruta, y de hecho lo hicieron con 72 indicadores. El Gabinete debatía si deberían unirse o no a la OMC. Revisaron sus 72 indicadores y se dieron cuenta que la gente estaría descontenta con las consecuencias de adoptar las reglas para entrada a la OMC; entonces decidieron no entrar y así preservar su Felicidad Nacional.

La felicidad, por supuesto, puede parecer un término vacuo, pero la felicidad supone riqueza, que incluye la riqueza material, pero también incluye la espiritual y cultural. Ellos tienen cuatro pilares de sus índices de felicidad, que creo deberíamos tener en cuenta para profundizar sobre los derechos de la naturaleza en nuestras constituciones: 1) Armonía con la naturaleza 2) Dignidad y orgullo de la cultura local 3) Respeto a los ancianos y, 4) un Desarrollo Sostenible que respete todo lo anterior.

Estos cambios no son triviales. Cuando miran a su alrededor y miran la organización del mundo, tienen por una parte, unas pocas corporaciones que pueden, literalmente, controlar todo el planeta, todos sus recursos, tratando de controlar todos los gobiernos y convertirlos en Estados favorables a las corporaciones –por tanto, destruyendo la democracia–, y utilizando los recursos no renovables como si fuesen a durar para siempre. El petróleo en el Medio Oriente, por ejemplo.

Por otra parte, ustedes tienen 300 millones de especies a quienes podemos escuchar si queremos escuchar. Los pueblos indígenas lo hacen. Sé de tribus en India que lo saben exactamente; ellos dicen, “No, los venados no nos han dado su permiso para cazar”. Ellos piden permiso antes de cazar. Pescadores que pueden ver a varias millas de distancia en el océano cuantos cardúmenes de peces están cerca, qué otras especies están con ellos, dónde debería instalarse la red para atraerlos. Esta clase de inteligencia con la naturaleza está ahí, esperando ser aprendida. Esperando ser enseñada. Seis mil millones de personas de las cuales, la mitad está extremadamente vitalizada hacia los derechos de la naturaleza y otros están empezando a volverse sensibles a ello.

Luego tienes a la sociedad del consumo, del úsalo y tíralo, con sus grupos de privilegio diciéndole a más y más gente que no los necesitan. Incluso tienen una palabra para ellos, los llaman “personas redundantes”. ¿Cómo puede alguna persona, algún ser humano ser “redundante”? Los llaman “desechables”.

Solían decirnos que hemos sido lo suficientemente inteligentes como para crear el Estado de Bienestar y la seguridad social, pero esto ha sido desmantelado, ahí donde alguna vez existió; entonces todos seremos dejados de lado sin ninguna forma realista de seguridad social, así que tenemos que crear nuestra propia forma de seguridad, ¿de dónde crearemos estas forma de seguridad? Ahí es cuando los derechos de la naturaleza toman su lugar. La seguridad vendrá de nuestro respeto a la naturaleza y emergerá de la naturaleza en la medida en que encontremos formas colectivas de auto-sostenimiento.

Auto-sostenimiento colectivo, significa que construimos comunidad, que donde tenemos comunidad hay que defenderla, y donde la hemos perdido hay que recrearla. De la misma manera, cada espacio y aspecto del mundo que las grandes corporaciones desearían privatizar, lo defendemos ferozmente como nuestros bienes comunes; el agua es un bien común, las semillas son un bien común, los bosques y selvas son bienes comunes; el mar es un bien común, el aire es un bien común.

Porque, en definitiva, el asunto es que todos los bienes comunes son parte de la atmósfera que, desde luego, es un bien común que nos pertenece a todos y todos tenemos el derecho a compartirla, y no el derecho de los contaminadores, de primero contaminarla y repartirse ahora toda la atmósfera a través de los mercados de carbono.

El sistema dominante que está extendiendo su vida a través de las subvenciones de los gobiernos, es como un paciente en terapia intensiva, pero el oxígeno se le está acabando. Seis mil millones se les han pagado para salvar a los bancos, ya no hay mucho más para expropiar a la sociedad, ya no hay mucho para sacar de las arcas públicas de los gobiernos y del dinero público. Este sistema no puede continuar, quizá cinco años más, quizá diez años más, prefiero que dure lo menos posible. Necesitamos otro sistema, y ese otro sistema es la Democracia de la Tierra, ese otro sistema es el reconocimiento de que somos solo una más entre otras especies, que tenemos el deber de proteger a las demás pero, tal como todas las especies sobre la tierra que tienen el derecho de desarrollarse y proveerse del alimento que les da la tierra, nosotros también tenemos estos derechos fundamentales al agua y la comida. Estos derechos humanos están íntimamente conectados con los derechos de la naturaleza que son, desde mi punto de vista, los más significantes derechos humanos, la más importante lucha por la democracia de nuestros tiempos, es el más importante aspecto para la justicia, para la paz y para la sostenibilidad.

Las cosas pasan a tal velocidad que es posible que aquellos que les gustaría pensarse al margen de los problemas, no serán capaces de adaptarse a crisis como las del África, pero aquellos que han sido enseñados por la naturaleza, con la tierra y que digan: “Somos parte de ti madre tierra y estamos aquí para protegerte, te defenderemos con toda nuestra energía, con todo nuestro amor, todo nuestro cuidado”, esa energía es la que realmente podría hacer posibles los cambios.

 

*Adaptación de la conferencia magistral, realizada en 26 de noviembre de 2011, Quito-Ecuador.

**Científica, filósofa y escritora india. Activista a favor del Ecofeminismo, recibió el premio Nobel Alternativo en 1993, el Global 500 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y el premio Internacional del Día de la Tierra, también de Onu. 

Vandana con su decidida participación en el movimiento Chipko ha sido ejemplo e inspiración para nuestras luchas en defensa de la naturaleza y sus pueblos.

 

1Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, por sus siglas en inglés.

2Organismo Genéticamente Modificado.

3En 1987 no existía aún el concepto de biodiversidad. La biodiversidad se empleó a partir de la Conferencia Mundial sobre Diversidad Biológica, que conceptualizó la biodiversidad como la diversidad de formas de vida. En ese momento, solamente teníamos el concepto de recursos genéticos. Pero en cualquier otra lengua, este concepto se traduce como átomos de la planta. Y si vas con un agricultor y le dices “guarda los átomos de la planta”, el agricultor diría ¿pero qué son los átomos? Y luego tendrías que desarrollar toda esta larga discusión sobre el ADN y los genes que, de todas maneras, es incorrecta porque la vida no se reduce a los genes. La vida es mucho más.

 


 

 

Principios de la Democracia de la Tierra*

 

1.Todas las especies, pueblos y culturas tienen un valor intrínseco: todos los seres son sujetos dotados de integridad, inteligencia e identidad, y no objetos susceptibles de convertirse en propiedad de otros, de ser manipulados, de ser explotados o de ser desechados. Ningún ser humano tiene derecho a ser dueño de otras especies, de otras personas o de los conocimientos de otras culturas por medio de patentes y otros derechos de propiedad intelectual.

2.La comunidad de la Tierra es una democracia de toda la vida en su conjunto: todos somos miembros de la familia de la Tierra y estamos interconectados a través de la frágil red de la vida del planeta. Todos tenemos el deber de vivir de un modo que proteja tanto los procesos ecológicos de la Tierra como los derechos y el bienestar de todas las especies y de todas las personas. Ningún ser humano tiene derecho a inmiscuirse en el espacio ecológico de otras especies y de otras personas ni a tratarlas con crueldad y violencia.

3.Debe defenderse la diversidad en la naturaleza y en la cultura: la diversidad biológica y cultural constituye un fin en sí misma. La diversidad biológica es un valor y una fuente de riqueza (tanto material como cultural) que crea condiciones para la sostenibilidad. La diversidad cultural genera condiciones para la paz. Todas las personas tienen la obligación de defender la diversidad biológica y cultural.

4.Todos los seres tienen un derecho natural a su sustento: todos los miembros de la comunidad de la Tierra, entre los que se incluyen todos los seres humanos, tienen derecho a su propio sustento, es decir, a la comida y al agua, a un hábitat seguro y limpio, a la seguridad del espacio ecológico general. Los recursos vitales para tal sustento deben seguir siendo comunales. El derecho al sustento es un derecho natural porque es el derecho a la vida. Son derechos no otorgados por los Estados ni por ninguna gran empresa, y tampoco pueden ser anulados por acción estatal o empresarial alguna. Ningún Estado y ninguna compañía empresarial tiene derecho a cercenar ni a debilitar estos derechos naturales, ni a cercar los ejidos que sostienen la vida.

5.La Democracia de la Tierra está basada en las economías vivas y en la democracia económica: la Democracia de la Tierra se basa en la democracia económica. En la Democracia de la Tierra, los sistemas económicos protegen los ecosistemas y su integridad; protegen los medios de vida de las personas y satisfacen sus necesidades básicas. En la economía de la Tierra, no hay personas ni especies culturales imprescindibles. La economía de la Tierra es una economía viva. Está basada en sistemas sostenibles, diversos y pluralistas, que protegen la naturaleza y las personas, que son elegidos por éstas y que obran por el bien común.

6.Las economías vivas están levantadas sobre economías locales: es en el nivel local donde más cuidadosa, creativa, eficiente y equitativamente se consigue la conservación de los recursos de la Tierra y la creación de medios de vida sostenibles y satisfactorios. La localización de las economías es un imperativo social y ecológico. Sólo deberían ser producidos de forma no local y comercializada a larga distancia aquellos bienes y servicios que no pueden ser producidos localmente –es decir, empleando recursos y conocimientos locales. La Democracia de la Tierra está basada en unas economías locales vibrantes que sostienen, a su vez, economías de alcance nacional y global. En la Democracia de la Tierra, la economía global no destruye ni aplasta las economías locales; tampoco genera personas prescindibles. Las economías vivas reconocen la creatividad de todos los seres humanos y crean espacios para que las diversas creatividades alcancen la plenitud de su potencial. Las economías vivas son economías diversas y descentralizadas.

7.La Democracia de la Tierra es una democracia viva: la democracia viva se basa en la democracia tanto de la vida en su conjunto como de la vida cotidiana en particular. En las democracias vivas, las personas pueden influir en las decisiones que se toman sobre los alimentos que consumimos, el agua que bebemos y la sanidad y la educación de la que disponemos. La Democracia de la Tierra se basa en la democracia local; en ella, son las comunidades locales –organizadas sobre los principios de inclusión, diversidad y responsabilidad ecológica y social- las que gozan de la máxima autoridad en aquellas decisiones relacionadas con el medioambiente y los recursos naturales, así como con el sustento y los medios de vida de las personas. La delegación de autoridad en niveles de gobierno más distantes se realiza conforme al principio de subsidiariedad. La autonomía y el autogobierno son los cimientos de la Democracia de la Tierra.

8.La Democracia de la Tierra está basada en unas culturas vivas: las culturas vivas promueven la paz y crean espacios libres para la práctica de religiones diferentes y la adopción de credos e identidades distintas. Las culturas vivas permiten el florecimiento de la diversidad cultural partiendo del terreno de nuestra humanidad común y de nuestros derechos compartidos como miembros de una comunidad de la Tierra.

9.Las culturas vivas nutren la vida: las culturas vivas se basan en la dignidad de (y el respeto por) la vida en su conjunto (humana y no humana), las personas de todos los géneros y culturas y las generaciones presentes y futuras. Las culturas vivas son, pues, culturas ecológicas que no favorecen estilos de vida ni pautas de consumo y producción que sean destructivas para la vida, ni la sobreutilización y la explotación de los recursos. Las culturas vivas son diversas y están basadas en la veneración por la vida. Las culturas vivas reconocen la multiplicidad de identidades basadas en el lugar y en la comunidad local, pero, al mismo tiempo, reconocen también una conciencia planetaria que vincula al individuo con la Tierra y con la vida en su conjunto.

10.La Democracia de la Tierra globaliza la paz, la atención y la compasión: la Democracia de la Tierra conecta a las personas mediante círculos de asistencia, cooperación y compasión, en lugar de dividirlas mediante la competencia, el conflicto, el temor y el odio. Frente a un mundo de codicia, desigualdad y consumo excesivo, la Democracia de la Tierra globaliza la compasión, la justicia y la sostenibilidad. 

 

* https://www.nodo50.org/codoacodo/abril2009/vandana.htm