Declaración del president catalán Carles Puigdemont y su gobierno tras el referéndum celebrado en Catalunya.

 

La ley es muy clara cuando indica que, en caso de victoria del 'sí' en el referéndum, el Parlament proclamará la independencia de Catalunya en cuestión de 48 horas tras conocerse los resultados oficiales.

 

Los catalanes han votado finalmente en un referéndum de autodeterminación y lo han hecho a favor de la independencia. El 'sí' ha ganado en el referéndum con 2,02 millones de votos, lo que representa el 90% de los votos emitidos sobre un censo total de 5,3 millones de electores, mientras que 176.565 han votado 'no'. Un referéndum al que le seguirá, ya con toda seguridad, una huelga general. Y, muy probablemente una declaración de independencia desde el Parlament.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha anunciado que trasladará "en los próximos días al Parlament" el resultado del referéndum, para que este "actúe de acuerdo con lo que dice la ley del Referéndum". Aunque Puigdemont no lo haya especificado, la ley es muy clara cuando dice que, en caso de victoria del 'sí' en el referéndum, el Parlament proclamará la independencia de Catalunya en cuestión de 48 horas tras conocerse los resultados oficiales.

"Nos hemos ganado el derecho a tener un estado independiente en forma de república", ha afirmado Puigdemont. Un derecho que Puigdemont ha ligado ya no solo al resultado del referéndum -ha hablado antes de finalizar el escrutinio, aunque se daba por descontada la victoria del 'sí'-, sino más bien a la represión violenta por parte de los cuerpos policiales estatales durante la jornada. "Hoy España ha escrito una página vergonzosa en la historia de su relación con Catalunya", ha exclamado Puigdemont, en una declaración institucional desde el palau de la Generalitat, acompañado de todo su gobierno. El presidente catalán ha definido la actuación policial como "represión brutal", y ha lamentado que, pese a pertenecer a la UE, la "respuesta del Estado" ante el referéndum "ha sido la de siempre: violencia y represión".

"Europa ya no puede seguir mirando a un lado", ha opinado Puigdemont, que cree que la cuestión catalana "ya no es un asunto interno" español, sino que afecta a todo el club europeo. "Los catalanes nos hemos ganado el derecho a ser reconocidos", ha afirmado Puigdemont, que ha hecho una "apelación directa" a Europa, en tanto que "son ciudadanos europeos" los que hoy han visto conculcados sus derechos.

 

 

A la huelga antes de la proclamación de independencia


Poco antes de que Puigdemont preparara el camino para una declaración de independencia desde la sede del poder ejecutivo catalán, las entidades independentistas llamaban a la huelga general desde la plaza Cataluña. "El día 3 de octubre, todo el mundo a la calle", ha proclamado el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, al lado del presidente de la Assemblea Nacional Catalana, Jordi Sánchez. Las entidades soberanistas llaman así a secundar la huelga general ya convocada formalmente para el martes por diversos sindicatos minoritarios, y a la que muy probablemente se unan en las próximas horas UGT y CCOO.

De hecho, la dirigente de CCOO Dolors Llobet ya ha apuntado el camino, al anunciar que su sindicato pide un "paro de país" el mismo día 3. Llobet también ha planteado un ensayo del paro para mañana lunes, cuando ha pedido a los catalanes que se concentren a las doce del mediodía "delante de centros de trabajo y ayuntamientos", como "respuesta a la vulneraciñon de derechos" esta Al anuncio también se ha unido con entusiasmo la CUP, que ha pedido "una huelga general que paralice el país", en contra de un "bloque granítico" que se opone a las libertades en Catalunya, según palabras de su dirigente Quim Arrufat.

Los 2,02 millones de votos a favor de la independencia suponen un ligero incremento respecto a los casi 1,9 millones de la consulta del 9N del 2014. El conseller de Presidencia y portavoz del Govern, Jordi Turull, ha recordado que el censo de esa consulta era mayor -podían votar mayores de 16 años y extranjeros residentes-. Pero ha resaltado más que la policía estatal ha logrado cerrar un 13% de los colegios electorales, y que también ha confiscado urnas con votos ya emitidos. Además, ha explicado que el contexto de represión violenta puede haber desanimado de votar a un importante número de ciudadanos. Por todo ello, ha calculado que cerca de 780.000 catalanes no han podido ser contados en la consulta.

 

 

Rajoy: "Hoy no ha habido un referéndum"


Hemos pasado del "'votaremos' al hemos votado, y nos hemos contado", ha explicado Turull. Algo que no ve exactamente así el gobierno central. "Hoy no ha habido un referéndum", ha asegurado el jefe del Ejecutivo español, Mariano Rajoy, en comparecencia en la Moncloa, apenas unos minutos después del cierre de los colegios electorales en Catalunya. Ha calificado la jornada de "escenificación contra la legalidad", y ha asegurado -antes de conocerse los datos de participación- que "la gran mayoría" no han participado en ella.

Pese a que con estas palabras rebajaba, cuando no negaba el referéndum, en realidad Rajoy le ha dado importancia política. Por eso ha anunciado que convocará próximamente una reunión de todos los partidos con representación en la Cortes -incluyendo a los soberanistas catalanes- para "reflexionar sobre el futuro que hay que abordar juntos". Una reunión en la que podría deslizar alguna contrapartida a los partidos catalanes para que , según él mismo ha dado a entender. "No voy a cerrar ninguna puerta", ha señalado. Aunque ha añadido el matiz -difícilmente aceptable a estas alturas para el independentismo- de que su oferta de "diálogo" se mantendrá dentro de los límites de la "legalidad". Rajoy, además, comparecerá a iniciativa propia en el Congreso en los próximos días.

Inmediatamente después de Rajoy ha hablado Pedro Sánchez. El líder del PSOE ha recogido las palabras del presidente español y le ha exigido que inicie un proceso de "negociación política" con la Generalitat. Sánchez le ha presionado para que "negocie, negocie y negocie y logre un acuerdo". El líder de Podemos, Pablo Iglesias, por su parte, ha pedido igualmenet diálogo, porque no quiere "que Cataluña se vaya de España". Pero también ha cargado contra el Gobierno del PP, por el "daño" que cree que ha hecho con su represión del referéndum, y contra el PSOE, por haber permitido que Rajoy se mantuviera al frente del Ejecutivo.

Desde Catalunya, la líder de la oposición en el Parlament y diputada de C's, Inés Arrimadas también ha hecho una oferta a Catalunya: un nuevo sistema de financiación y una reforma constitucional. Con el matiz de que debería someterse a "referéndum en toda España". El coordinador de Catalunya en Comú, Xavier Doménech, ha pedido la "máxima unidad de las fuerzas políticas del catalanismo", contra el "peor presidente" de España y para acabar con la "situación de excepción" que a su juicio vive Catalunya. El presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, finalmente, ha defendido "plenamente y sin fisuras" la actuación de la policía estatal este domingo.

 

 

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Sábado, 30 Septiembre 2017 07:12

Catalunya, lo urgente y lo importante

Catalunya, lo urgente y lo importante

 

El referéndum de Catalunya del próximo domingo formará parte de la historia de Europa y ciertamente por las peores razones. No voy a abordar aquí las cuestiones de fondo que, según las diferentes perspectivas, pueden leerse como cuestión histórica, cuestión territorial, cuestión de colonialismo interno o como una cuestión más amplia de autodeterminación. Son las cuestiones más importantes sin las cuales no se comprenden los problemas actuales. Sobre ellas tengo una modesta opinión. Es una opinión que muchos considerarán irrelevante porque, siendo portugués, tengo tendencia a tener una solidaridad especial con Catalunya. En el mismo año en que Portugal se liberó de los Felipes, 1640, Catalunya fracasó en los mismos intentos. Por supuesto que Portugal era un caso muy diferente, un país independiente hace más de cuatro siglos y con un imperio que se extendía por todos los continentes. Pero, a pesar de ello, había cierta afinidad en los objetivos y, además, la victoria de Portugal y el fracaso de Catalunya están más relacionados de lo que se puede pensar. Tal vez sea bueno recordar que la Corona española solo reconoció la “declaración unilateral de independencia” de Portugal veintiséis años después.

Sucede que, siendo estas las cuestiones más importantes, lamentablemente en este momento no son las más urgentes. Las cuestiones más urgentes son las cuestiones de la legalidad y la democracia. Me ocupo aquí de ellas por ser del interés de todos los demócratas de Europa y del mundo. Tal como fue decretado, el referéndum es ilegal a la luz de la Constitución vigente del Estado español y, como tal, en una democracia, no puede tener ningún efecto jurídico. Por sí mismo no puede decidir si el futuro de Catalunya está dentro o fuera España. Podemos tiene razón al declarar que no acepta una declaración unilateral de independencia. Pero la complejidad emerge cuando se reduce la relación entre lo jurídico y lo político a esta interpretación.

En las sociedades capitalistas y profundamente asimétricas en que vivimos, siempre hay más de una lectura posible de las relaciones entre lo jurídico y lo político. La oposición entre ellas es lo que distingue una posición de izquierda de una posición de derecha frente a la declaración unilateral de independencia. Una posición de izquierda sobre las relaciones entre lo jurídico y lo político, entre la ley y la democracia, se basa en los siguientes supuestos.

Primero: la relación entre ley y democracia es dialéctica y no mecánica. Mucho de lo que consideramos legalidad democrática en un determinado momento histórico empezó por ser ilegalidad como aspiración a una mejor y más amplia democracia. Hay, pues, que dar mucha atención a los procesos políticos en toda su dinámica y amplitud y nunca reducirlos a su coincidencia con la ley del momento.

Segundo: los gobiernos de derecha, sobretodo de la derecha neoliberal, no tienen ninguna legitimidad democrática para declararse defensores de la ley, dado que sus prácticas se asientan en violaciones sistemáticas de la ley. No hablo de la corrupción endémica. Hablo, por ejemplo, de la Ley de Memoria Histórica, de los Estatutos de autonomía en lo que se refiere a la financiación e inversión pactada con las Comunidades Autónomas, del cumplimiento fáctico de derechos reconocidos constitucionalmente, como el derecho a la vivienda, del recurso a políticas de excepción sin previa declaración constitucional. En estas condiciones la apelación del gobierno neoliberal al Estado de derecho es siempre una apelación disfrazada a un Estado de derechas. La izquierda debe cuidarse de no tener la menor complicidad con esta concepción oportunista de la ley.

Tercero: la desobediencia civil y política es un patrimonio inalienable de la izquierda. Sin ella, por ejemplo, no habría sido posible hace unos años el movimiento de los indignados y las perturbaciones que causó en el orden público. Desde la izquierda, la desobediencia debe ser igualmente juzgada dialécticamente, no por lo que es ahora, sino como una inversión en un futuro mejor. Este juicio sobre el futuro debe ser hecho no solamente por los que desobedecen (normalmente pagan un precio alto por ello), sino también por todos los que podrán beneficiarse de ese futuro mejor. O sea, la pregunta es si del acto de desobediencia se puede deducir con gran probabilidad que su dinámica es conducir a una comunidad política más democrática y más justa en su conjunto y no solamente para los que desobedecen.

Cuarto: el referéndum de Catalunya configura un acto de desobediencia civil y política y, como tal, no puede tener directamente los efectos políticos que se propone. Pero esto no quiere decir que no pueda tener otros efectos políticos legítimos e incluso que pueda ser la condición sine qua non para que los efectos políticos pretendidos se obtengan en el futuro mediante futuras mediaciones políticas y jurídicas. El movimiento de los indignados no logró realizar sus propósitos de “¡democracia real ya!”, pero no cabe duda de que, gracias a él, España es hoy un país más democrático. La emergencia de Podemos, de otros partidos de izquierda autonómica y de las mareas ciudadanas son, entre otras, prueba de eso mismo.

A partir de estos presupuestos, una posición de izquierda sobre el referéndum de Catalunya podría consistir en lo siguiente. En primer lugar, declarar inequívocamente que el referéndum es ilegal y que no puede producir los efectos que se propone (declaración hecha). En segundo lugar, declarar que ello no impide que el referéndum sea un acto legítimo de desobediencia y que, aun sin tener efectos jurídicos, el pueblo de Catalunya tiene todo el derecho a manifestarse libremente en el referéndum (declaración omitida). Y que esta manifestación constituye en sí misma un acto político democrático de gran transcendencia en las actuales circunstancias.

La segunda declaración sería la que realmente distingue una posición de izquierda de una posición de derecha. Y tendría las siguientes implicaciones. La izquierda denunciaría al Gobierno español en las instancias europeas y lo demandaría judicialmente ante los tribunales europeos por violar la Constitución al aplicar medidas de estado de excepción sin pasar por su declaración legal. La izquierda sabe que la complicidad de Bruselas con el Gobierno español se debe exclusivamente al hecho de que España está gobernada en estos momentos por un gobierno de derecha neoliberal. Y también sabe que defender la ley sin más es moralista y sin ningún efecto, pues, como afirmé arriba, bien sabemos que la derecha neoliberal (como la que está ahora en el poder en España) solo respeta la ley (y la democracia) cuando sirve a sus intereses. La izquierda social y política se organizaría para viajar en masa y desde todas las regiones del Estado español a Catalunya el domingo para apoyar presencialmente en las calles y plazas a los catalanes en el ejercicio pacífico de su referéndum y ser testigo presencial de la eventual violencia represiva del Gobierno español. Buscaría la solidaridad de todos los partidos de izquierda de Europa, invitándolos a viajar a Barcelona y a ser observadores informales del referéndum y de la violencia, en caso de que esta se produjera. Se manifestaría pacífica e indignadamente (repito, indignadamente) por el derecho de los catalanes a un acto público pacífico y democrático. Documentaría minuciosamente y presentaría queja judicial de todos los actos de violencia represiva. Si el referéndum resultara violentamente impedido, quedaría claro que lo habría sido sin ninguna complicidad de la izquierda.

Al día siguiente del referéndum, cualquiera que fuera el resultado, la izquierda estaría en una posición privilegiada para tener un papel único en la discusión política que se seguiría. ¿Independencia? ¿Más autonomía? ¿Estado federal plurinacional? ¿Estado libre asociado distinto de la caricatura que trágicamente representa Puerto Rico? Todas las posiciones estarían sobre la mesa y los catalanes sabrían que no necesitarían las fuerzas de derecha locales, que históricamente siempre se coludieron con el gobierno central contra las clases populares de Catalunya, para hacer valer la posición que la mayoría entendiera ser mejor. Es decir, los catalanes, los europeos y los demócratas del mundo conocerían entonces una nueva posibilidad de ser de izquierda en una sociedad democrática plurinacional. Sería una contribución de los pueblos y naciones de España a la democratización de la democracia en todo el mundo.

 

Traducción: Antoni Aguiló.

 

 

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Francisco: el Papa latinoamericano que trajo la fe a sus feligreses

Un día para el Papa. Como cualquier creyente emocionado por la visita del máximo jerarca de la iglesia católica a la ciudad de Bogotá, a las 4:00 de la mañana estuvimos en pie para salir rumbo al parque Simón Bolívar. La madrugada oscura y fría nos recibió. En las calles: silencio y poco tráfico vehicular.

 

El amplio cordón de seguridad implementado para este evento, tal vez nunca antes lo había vivido la ciudad: desde las 6 de la mañana avenidas, carreras y calles, en un radio de varias manzanas, fueron cerradas y solo habilitadas a partir de las 7 de la noche. Por ello, llegar al parque en cualquier vehículo –carro o moto– era imposible, caminar era la única opción.

 

Como nosotros, miles caminaban con igual propósito y dirección; jóvenes, niños, niñas, abuelos, abuelas y adultos, marcaron distintos ritmos de pasos para llegar al parque. Entre los miles había cientos rebuscándose el día o la semana, vendiendo productos como sillas, comida, agua, camisetas, camándulas, gorras, afiches y otro sinnúmero de objetos. Había que estar preparado, ya que la misa iniciaría a las 4:30 de la tarde.

 

Cuando llegamos a nuestro destino, el reloj marcaba las 6 de la mañana; a los periodistas nos dieron ingreso por una puerta para “invitados especiales”, sin mucha fila. En las otras entradas las personas esperaban la apertura de las puertas desde las 4:00 de la mañana o mucho antes, incluso algunos llegaron días antes a la capital para lograr participar en el evento (Ver recuadro Hilda Sarmiento).

 

Un ritual con oración, cantos, devoción y persistencia

 

Empieza a ingresar la multitud. Cada uno, o en grupos, buscan el mejor de los sitios para ubicarse y desde allí poder ver y escuchar al Papa; poco a poco toda la explanada se va llenando, unos se sientan, otros recuestan su humanidad sobre el césped...

 

Transcurren las horas y con ellas los rayos del sol empiezan a hacer de las suyas; todos buscan como cubrirse el rostro: abren sombrillas, se colocan cachuchas o sombreros, algunos menos prevenidos se cubren la cabeza con su chaqueta, pero no faltó quienes aguantaron el calor con actitud estoica; algunos deshidratados fueron retirados de la multitud por la defensa civil. Pese a esto, la alegría fue notable, llenos de esperanza y fe observaban las pantallas del parque para enterarse de lo dicho por el Papa en la Plaza de Bolívar. (Ver recuadro Mildren).

 

Las conversaciones animan la espera, que ciertamente es larga. De los bolsos sale agua y comida en general, lo que le da a la espera un símil de día de campo; unos y otros comparten, seguramente hablan de las impresiones que tienen del Papa, o de cualquier otra cosa. Aquí y allí se hacen nuevas amistades. El reloj ya marca más allá del medio día y la ansiedad en los rostros, por la pronta llegada del tan esperado, gana en intensidad. Los ojos de muchos se dirigen en dirección al lugar por donde entrará Francisco, buscan aquí y allí, como tratando de atraerlo, como diciéndole “aquí estamos...”.


Dos aguaceros fueron la siguiente prueba para quienes esperaban con ansiedad la llegada de Francisco. Ahora, en medio del barro y el agua, miles de miles escuchan las presentaciones musicales de diferentes artistas, junto a la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Un concierto de cantos gregorianos y oraciones que sembró en el parque un ambiente místico.

 

El minutero sigue su ritmo cíclico y ahora, pasadas las 2 pm, marca el momento definido por los organizadores de este encuentro para el inicio de un ritual de “armonización”, en el que diferentes sacerdotes llegados directamente de Roma convirtieron el parque en santuario, una iglesia con más de un millón de creyentes, apta para celebrar la eucaristía. En ese momento se prohibió el consumo de alimentos y la venta de productos al interior del lugar.

 

Han limpiado de malas energías el terrero, dice un espontáneo, seguramente ya viene el Papa contesta otro, el comentario se extiende. El rumor crece, la gente se mueve con mayor intensidad y toda su humanidad, no solo su vista, se dirige hacia la ruta de ingreso; comentan, señalan, parece que viene; ya se escuchan los motores de los carros, sobrevuela el helicóptero.

 

En efecto, minutos después, a las 4 pm, Francisco pisó el parque y el vehículo que lo transportaba inició un recorrido por todo su interior. Mientras así sucedía, el clima cambió su ciclo y el agua dio paso de nuevo al sol; la euforia en el parque creció, para ese momento cientos de personas tenían los ojos aguados, y otros tantos estaban inmóviles, conmocionados por la presencia de aquel a quien tanto deseaban ver y escuchar. Mientras tanto, periodistas y camarógrafos se tumbaban los unos contra otros, todos buscando el mejor ángulo para captar al Pontífice. Cuando el recorrido terminó, muchas personas lloraron de alegría.

 

Una misa de recuerdo

 

4:30 pm, el Papa ya está en el altar adecuado para la eucaristía, entonces el silencio lo cubre todo, no se escuchaba ni una sola voz diferente a la de las personas que estaban en la tarima-capilla. Los padrenuestros se oían en un coro de un millón de personas, las conversaciones cesaron, solo había espacio para la oración, los rezos y los cantos acompañados por la Filarmónica de Bogotá.

 

En la capilla, un Papa cansado pero con ánimo suficiente para no defraudar a sus feligreses. Una multitud anhelante, tal como lo dijo en la homilía Francisco, multitudes anhelantes de una palabra que potencie sus vidas, que renueve y encauce el sentido de la existencia humana. En su Celebración, Francisco enfatizó en la injusticia y la inequidad existente en Colombia, y otros lugares del mundo, donde los intereses personales o de pequeños grupos permanecen ajenos al bienestar colectivo, lo que para él es la mayor forma de irrespeto hacía la vida.

 

A todas esas tinieblas Jesús las disipa
y destruye con su mandato en la barca
de Pedro: «Navega mar adentro».

 

Respetando la ceremonia, las personas guardaron silencio cuando así se requería, pero ante las palabras alentadoras, de alegría y fe que dio el papa Francisco, haciendo el llamado a la defensa de la vida, los aplausos, sin mesura, llegaron alegres y eufóricos.

 

Una eucaristía larga pero bien recibida. Faltando pocos minutos para las 7:00 de la noche, finalizó la primera misa campal del papa Francisco en Colombia, y sobrepasando las medidas de seguridad, algunos feligreses corrieron a la tarima donde estuvo Francisco con la esperanza de encontrarlo tras bastidores; luego, el parque se fue desocupando y como sorpresa el cielo se iluminó con fuegos artificiales, la gente gritó y aplaudió de alegría; el evento tuvo uno de los mejores cierres.

 

Luego, cansados por la larga jornada y las contradictorias emociones despertadas durante estas 14 horas de trabajo, nos encontramos nuevamente caminando con miles de feligreses, quienes a pesar del cansancio emprendieron su camino entonando cantos religiosos; al final sólo alegría y entusiasmo se reflejaba en los rostros y palabras de los asistentes. Una vez más, aquellos movidos por su fe demostraron que ninguna condición o situación difícil es suficiente para desfallecer.

 

Retos de esta visita para la sociedad católica

 

Francisco y su visita demuestra que gran parte del país se siente animada al escuchar un mensaje que les haga creer que otro mundo es posible, un mensaje que reclama justicia, dignidad y cambio –como lo habló el Papa–. Esto nos lleva a unas preguntas: ¿Cómo concretar ese mundo distinto que es urgente y necesario? ¿Cuál sería la forma para avanzar en una propuesta que pase del discurso a la práctica, que llene de esperanza a las mayorías nacionales? Esto es parte de los interrogantes y retos que deja esta visita papal a sus feligreses, retos que deberían articularse con todas las personas que ven la urgencia de darle forma a otra Colombia, fundida sobre justicia y fraternidad, así como sobre una democracia directa, radical, refrendataria.

 

Es más que claro que los mensajes del papa Francisco llaman a superar las barreras de los diferentes credos, invitando a reflexionar y actuar, reivindicando los derechos fundamentales de los diferentes pueblos que hasta la fecha son víctimas de injusticia, inequidad, desigualdad y violencia. Y esto, hasta los mismos feligreses lo captaron (ver recuadro Jhon Pinzón).

 


 


Recuadro 1

 

Hilda Sarmiento: “A las 4 de la mañana nos vinimos para acá”

 

desdeabajo (da): ¿De dónde viene usted?
Hilda Sarmiento (HS): De Boquerón-Tolima, ya llevo unos días en Bogotá

 

da. ¿Y cómo se preparó para venir a ver al Papa?
HS. Primeramente con la confesión, y pedirle perdón a Dios por todo lo que uno ha cometido, y estar contento con él, darle gracias por darnos licencia de ver aquí al santo Papa.

 

da. Cuéntenos cómo fue su día de hoy para llegar acá, ¿a qué hora se levantó?
HS. Me levanté a las 2:30 de la mañana, recé el santo rosario, primero que todo, luego me bañé, me organicé y a las 4 de la mañana nos vinimos para acá.


da. ¿Desde dónde?
HS. Desde Banderas.


da. ¿Y en qué se vino?
HS. Nos vinimos en el carro de mi hijo, nos trajo hasta La Esperanza, y de ahí para acá nos vinimos a pie. Hicimos fila por la entrada número 7 y a las 6:10 de la mañana ya nos dejaron ingresar.

 

da. ¿Y por qué se vino tan temprano?
HS. Para lograr quedar adelante, más cerca de ver el santo Papa y estar más en comunicación de la vista de la televisión y de todos los programas, durante la mañana, antes de que él ingrese aquí, al parque.

 

da. Cuéntenos, ¿qué dejó de hacer hoy por venir a ver al Papa?
HS. Pues prácticamente era un día que lo tenía ya dedicado para venir, no tenía cosas para hacer porque tenía un día dedicado a Dios y a la virgen, y venir a ver la visita del santo Papa.

 

da. ¿Y usted que hace generalmente?
HS. Yo estoy viviendo en Boquerón con mi esposo y mis hijos –ellos van a visitarnos–, la pasamos allá en una finquita pequeñita que tenemos, colaborando también allá en la iglesia de Boquerón.

 

da. ¿Y usted que espera que diga el Papa hoy?
HS. El viene a traernos la paz, el amor, la unión, el perdón y estar más unidos.

 

Recuadro 2


Jhon Pinzón: “Francisco la sacó del estadio”

 

da. ¿Por qué vino a ver al Papa?
J.P. Porque el papa Francisco es lo mejor que le ha podido pasar a Colombia en los últimos años y a la religión católica. La verdad es que estamos muy fascinados de tenerlo a él aquí, muy cerca. La verdad es que es indescriptible la sensación que el papa Francisco causa en toda persona, Independientemente de la edad y del credo.

 

da. ¿Cree usted que el papa Francisco ha hecho una ruptura en la iglesia católica, en comparación con los últimos papas?
J.P. El papa Francisco tiene la bendición de Dios; todos los anteriores han tenido su oportunidad de liderar la iglesia católica, pero la verdad es que Francisco la ha sacado del estadio. Estamos fascinados.

 

da. ¿Desde qué horas esta aquí?
J.P. Desde las 4:00 de la mañana, vengo de aquí cerquita para estar acá, casi de primeritas, para verlo.

 

da. ¿Qué sacrificios hizo usted para poder estar aquí?
JP. No, la verdad es que para ver el Papa no es un sacrificio; estar cerca de Dios un tiempo, todo el tiempo que uno le dedique a Dios es una bendición muy grande, para la familia y para el país.

 

Recuadro 3


Mildren: “Hicimos cola desde las 2 de la mañana”

 

da. ¿Usted desde dónde viene?
Mildren. Desde Guatemala

 

da. ¿Cuándo llegó?
Mildren: El día de ayer a las 4:00 de la tarde

 

da. ¿Y cómo hizo para llegar hoy acá?
Mildren. Pues estuvimos haciendo cola desde las 2 de la mañana. Caminando por la puerta 7, luego esperamos para entrar hasta las 6 de la mañana. Tuvimos que correr y todo pero vale la pena estar aquí.

 

da. ¿Por qué se vino desde tan lejos?
Mildren: La verdad es una emoción grande ver al Papa, no solo ver sino recibir también su bendición, y aunque no lo viéramos de cerca por lo menos saber que está aquí con nosotros, para nosotros es una gran bendición. Y poder llevar ese mensaje a nuestro país. A toda nuestra gente.

 

da. ¿Tenían previsto este gasto de venir a Colombia?
Mildren. No, para nada. Pero la verdad es que Dios lo hace todo y aquí estamos.

 

da. ¿A qué se dedica en su país?
Mildren. Tengo un pequeño negocio de floristería. Me dedico a todo lo que es decoración.

 

da. ¿Dónde se está quedando en Bogotá?
Mildren. En el Hotel Casa Real Bogotá

 

da. ¿Con cuántas personas viene?
Mildren. Solo dos, nunca habíamos salido solas del país. Pero nos animamos.

 

da. ¿Qué espera que diga el Papa hoy?
Mildren. Pues yo lo que espero es que me deje un mensaje que me quede grabado en el corazón y, sobre todo, para llevarlo a mi gente.

 

da. ¿Cuál es la importancia de la visita del Papa a Colombia?
Mildren: Pienso que así como en mi país, donde también hay mucha violencia, solo con la visita del Papa nosotros ya tenemos una forma diferente de pensar, sobre todo de recibir paz en nuestros corazones. Y veremos a los demás como nuestros hermanos y no como nuestros enemigos.

 

da. ¿Había viajado anteriormente a Colombia?
Mildren: La verdad no, pero me gustó, muy bonito país.

Publicado enEdición Nº239
Martes, 26 Septiembre 2017 06:57

Tensión en Cataluña

Tensión en Cataluña

España entró ayer en la recta final hacia el referéndum de independencia que Cataluña quiere celebrar el domingo en un clima de alta tensión que incluyó al fiscal general del Estado especulando por primera vez con la detención del jefe del Gobierno catalán.


La posibilidad de que el líder independentista Carles Puigdemont ingrese en prisión por diversos delitos vinculados al referéndum “queda abierta”, advirtió el fiscal general José Manuel Maza en una entrevista con la emisora Onda Cero. Maza aseguró que la Fiscalía “está convencida de que Puigdemont está incurriendo en delitos de desobediencia, malversación y prevaricación” al seguir adelante con la organización de la consulta soberanista del 1 de octubre pese a que fue suspendida por el Tribunal Constitucional español. Las declaraciones reflejan el nerviosismo y la incertidumbre que respira España a seis días de la consulta soberanista.


Puigdemont insistió ayer en que el domingo “habrá urnas y papeletas, y algo que todavía es más importante para la celebración de un referéndum: habrá votantes”, pero el gobierno de Mariano Rajoy viene asegurando que el plebiscito no tendrá lugar.


Después de que la semana pasada un operativo policial acabara con la detención de 14 personas, incluidos altos funcionarios del gobierno catalán, y la confiscación de millones de papeletas y carteles, la Guardia Civil se presentó ayer en 31 ayuntamientos catalanes que apoyan el referéndum para solicitar documentación.


Las condiciones de la posible votación el domingo son también un misterio: el referéndum carece de reconocimiento nacional e internacional, tarjetas censales, junta electoral o campaña opositora. Aun más difícil de prever es qué ocurrirá a partir del lunes.


Puigdemont promete que una victoria del “sí” a la ruptura por España –que se da por hecho, porque muchos partidarios del “no” ven ilegal la consulta y no votarán– provocaría la declaración unilateral de independencia.


Cataluña celebró ya una consulta no oficial el 9 de noviembre de 2014. El entonces jefe regional, Artur Mas, fue condenado en marzo a dos años de inhabilitación por un delito de desobediencia. El Tribunal de Cuentas le notificó ayer que reclama una fianza de más de 5,2 millones de euros por el dinero público gastado en esa consulta.

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Lunes, 25 Septiembre 2017 06:49

Pariendo nuevas relaciones sociales

Movilización encabezada por Barrios de Pie, la Ccc y la Ctep junto a organizaciones sindicales hacia Plaza de Mayo en el día de San Cayetano, bajo la consigna “Pan, paz, tierra, techo y trabajo”, el 7 de agosto

 

Dos décadas de movimiento piquetero en Argentina.

 

La energía social no se evapora. Suele transmutarse y convertirse en algo diferente a lo que supo ser. Tras dos décadas, el movimiento piquetero ha mutado en una infinidad de iniciativas: centros sociales y culturales, espacios educativos y de formación, empresas recuperadas y emprendimientos productivos. Una parte de los que siguen siendo pobres, uno de cada tres argentinos, engrosa la llamada economía popular.

El 12 de abril de 1997 una joven de 25 años fue muerta por disparos de la policía durante la segunda pueblada en Cutral Có, durante una movilización de docentes. La pequeña ciudad fue escenario de las primeras protestas masivas por la privatización de las empresas públicas de petróleo y gas natural, Ypf y Gas del Estado, que generó un estado de pobreza y desocupación masivas.

Con poco más de 45 mil habitantes, Cutral Có y Plaza Huincul forman un conglomerado urbano en la provincia patagónica de Neuquén. La región desértica atrajo a miles de trabajadores de todo el país por el empleo que ofrecía la explotación de los yacimientos petrolíferos, los buenos sueldos que pagaba la estatal y las bonificaciones de hasta un 20 por ciento por tratarse de una “zona desfavorable”.

Cuando el gobierno de Carlos Menem decidió privatizar Ypf, en 1993, en medio de la algarabía del Consenso de Washington, los sueños de tres generaciones se convirtieron en pesadillas. Los desocupados comenzaron a organizarse como “fogoneros”, nombre que luego daría paso al más permanente de piqueteros.

Aquel 12 de abril cortaban la ruta 17. Cuando llegó la policía los vecinos salieron masivamente a las calles y los gendarmes tuvieron que replegarse entre insultos y pedreas. Hubo enfrentamientos cuerpo a cuerpo, 13 manifestantes heridos y una empleada doméstica que cruzaba la calle, de nombre Teresa Rodríguez, abatida por un proyectil. Su nombre se convirtió pronto en emblema de un movimiento que estaba llamado a cambiar el mapa político del país al hundirse el modelo neoliberal.

Los años siguientes fueron testigos de la masificación de un nuevo movimiento integrado por desocupados, que fue creciendo de modo exponencial desde las pequeñas ciudades del interior hasta Buenos Aires, donde la desindustrialización había dejado un tendal de familias destrozadas. El movimiento piquetero hizo historia. Entre 1997 y 2002 provocó puebladas y levantamientos en varias ciudades, y tuvo su pico en las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 que forzaron la renuncia del presidente Fernando de la Rúa, provocando la crisis institucional más profunda de la historia argentina.

Con los años el movimiento piquetero se convirtió en un actor político-social de primer orden, llegó a controlar 200 mil planes sociales y vastos territorios de las periferias urbanas, sobre todo en el conurbano de Buenos Aires. En los años siguientes la mayoría de los movimientos se plegaron a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, algunos de sus militantes incluso obtuvieron cargos en ministerios. Otros se convirtieron en partidos electorales con muy baja adhesión en votos, y unos pocos siguen en los territorios contra viento y marea.


CUESTIÓN DE NÚMEROS.


No existe un censo, ni siquiera una cartografía, que consiga abarcar el inmenso continente de las iniciativas que pueden considerarse herederas del movimiento piquetero. Una de ellas, de las más potentes, por cierto, surgió una década después de las jornadas de diciembre de 2001 bajo el nombre de Movimiento de Trabajadores Excluidos. Ha puesto en pie 300 cooperativas con autonomía organizativa y financiera, más otros 300 talleres, merenderos y comedores. Suma 2 mil militantes y unos 25 mil adherentes a las cooperativas y grupos rurales.

En paralelo, en todo el país hay 400 fábricas recuperadas gestionadas por sus obreros y obreras, que crecieron de forma constante durante la década de ascenso exponencial del Pbi. Funcionan 100 bachilleratos populares donde varios miles de adultos de los sectores populares terminan el secundario. Son alrededor de 16 mil asociaciones comunitarias y emprendimientos productivos. El último censo de las revistas culturales, autogestionadas e independientes, agrupadas en Arecsia, reveló que casi 200 publicaciones tienen 5 millones de lectores, un 15 por ciento de la población argentina.

En 2011 una infinidad de emprendimientos de base crearon la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep), que cuenta con más de 250 mil afiliados, tiene una fuerte incidencia en la política social e interactúa con el Ministerio de Desarrollo Social para obtener salarios sociales y otros beneficios para sus cooperativas y microempresas.

Uno de los referentes de esta corriente, Juan Grabois, sostiene que “la Ctep es una especie de Cgt de los excluidos”. Mientras la central sindical agrupa a trabajadores con patrón, “nosotros agrupamos a los que trabajan por cuenta propia” (véase entrevista). Sería algo así como el sindicato de los excluidos del mercado formal de trabajo: cartoneros, campesinos, artesanos, vendedores ambulantes, feriantes, motoqueros, cooperativistas, microemprendedores y obreros de empresas recuperadas.
Grabois tiene buenas relaciones con el kirchnerismo, aunque nunca se ha alineado, cuenta con el favor del papa Francisco, que simpatiza con la Ctep, y analiza la década progresista: “La cuestión es que para los años 2010, 2011, Argentina había crecido muchísimo desde el punto de vista del Pbi, y nuestros compañeros seguían igual o un poquitito mejor, o sea, el crecimiento del Pbi no había impactado en los pobres, en el último decil”.

En su opinión, pese a las políticas sociales y al crecimiento no se resolvieron ni la precariedad laboral ni el tema de la vivienda, “ni los problemas estructurales de ese 25 por ciento que fue pobre en 2001, siguió siendo pobre en 2011 y todavía sigue siendo pobre, y que son los trabajadores de la economía popular”. En suma, de los emprendimientos familiares o colectivos que en su momento caracterizaron al movimiento piquetero.

“En el 99 –explica Grabois– el poder territorial lo ejercían los punteros, ahora el poronga del barrio es el narco, el puntero desapareció. Y el único contrapoder que hay son los movimientos populares o los curas villeros en las villas donde están, que son muy pocas, o alguna iglesia evangelista, que en general prefiere no meterse demasiado. Pero ni el Estado ni la política tradicional tienen territorialidad en los barrios”.

 

MOVIMIENTOS EN LOS TERRITORIOS.


Un caso particular es el que se observa en Córdoba, la tercera ciudad argentina, con poco más de un millón de habitantes. Lejos de las disputas políticas de la capital, muchos movimientos pueden trabajar juntos ante un gobierno provincial tan represivo que criminaliza a los jóvenes pobres por el sólo hecho de portar gorras y salir de sus barrios-guetos.

Como en el resto del país, una de las principales novedades que aportó el movimiento piquetero consistió en un enorme salto adelante en la organización territorial en las periferias urbanas, que habían sufrido la desindustrialización de la década neoliberal de 1990.

Una decena de “organizaciones territoriales” suman varios miles de militantes que apoyan las tomas de tierras urbanas, la organización de cooperativas autogestionadas de producción y de servicios, la educación y la salud, así como a mujeres violentadas y la alimentación en barrios populares a través de merenderos y copas de leche.

En los trabajos territoriales se ha consolidado un patrón de acción que, con escasas diferencias, siguen todos los movimientos pospiqueteros. La toma de tierras es el primer paso. La mitad de la población de Córdoba tiene problemas de vivienda, ya sea por hacinamiento o por imposibilidad de pagar alquileres. Han recuperado decenas de espacios en la periferia de la ciudad y en poblaciones cercanas. En pocos años consiguieron levantar viviendas de materiales sólidos pese a la permanente presión policial.

Luego deben resolver la supervivencia, ya que los llamados “planes sociales” cubren apenas un cuarto de las necesidades de las familias más pobres. Una vez resuelto el techo, la supervivencia diaria es lo más urgente. Con apoyo de militantes de las organizaciones, crean cooperativas que trabajan de forma autónoma. Desde los carreros que recogen residuos hasta la limpieza urbana colectiva contratada por el municipio.

Lo más interesante, porque se sale del asistencialismo, es que hay mucha producción: pollos y huevos, siembra de cereales, distribución de alimentos a partir de la articulación con pequeños productores orgánicos (la imprescindible alianza rural-urbana), cooperativas textiles de ropa, calzado y serigrafía.

Sólo en Córdoba hay más de cien cooperativas territoriales y autogestionadas donde trabajan 2 mil personas, un 80 por ciento mujeres. Arman decenas de miles de mochilas y cartucheras para niños y niñas de los sectores populares, con fondos estatales pero con trabajo cooperativo.

Cuentan incluso con una brigada de salud que recorre los barrios para monitorear la situación de las familias. En un barrio están comenzando la fabricación de dentaduras, algo que está fuera del alcance de los sectores populares. Desde hace muchos años funcionan, en casi todos los barrios populares, merenderos y comedores surtidos de alimentos conseguidos con movilizaciones, que se gestionan por los propios vecinos. Este año han crecido de forma exponencial por el ajuste del gobierno de Mauricio Macri.

El trabajo con mujeres es uno de los más complejos pero de los más sólidos. Ellas son la mayoría absoluta en todas las cooperativas, ya sean de producción o de servicios. Con cierto sigilo, para evitarse más problemas, han abierto espacios de acogida para mujeres violentadas por sus parejas, donde esperan iniciar una nueva vida con sus hijos e hijas, aprender un oficio y encontrar compañeras para sobrellevar sus dolores.

Quizá por eso cientos de mujeres cordobesas de los sectores populares acuden todos los años al Encuentro Nacional de Mujeres. Fruto del trabajo de base que realizan en los barrios periféricos, crece desde hace años un feminismo popular y plebeyo, potente y rebelde, que no ha sido cooptado por nadie y sostiene las resistencias en los territorios.

 


 

Organizar a los que están fuera

 
El sindicato de los excluidos


Dirigente de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep) y del Movimiento de Trabajadores Excluidos, Juan Grabois, de 34 años, es uno de los militantes más destacados de la generación que creció alentando al movimiento piquetero. Se define “católico bastante practicante” y en su oficina destacan un retrato de Evita y otro del papa Francisco. Lo que sigue es un fragmento de la entrevista realizada por la revista Almagro, titulada “El discurso de Macri es populismo de derecha”.

—¿Cuáles son las características principales de las agrupaciones que surgieron a fines de los noventa, que se denominan movimientos sociales?

—En todos los casos se verificaba la misma situación: eran trabajadores sin patrón, pero no porque hubiesen optado por organizaciones de carácter horizontal como una opción de vida, sino porque frente a la exclusión del empleo asalariado y a la imposibilidad, o la incapacidad, o la falta de necesidad formal del mercado laboral de absorber a la población económicamente activa, los compañeros iban inventando su propio trabajo.

—Pongamos en claro la forma de trabajo. ¿Son cooperativas que viven de los municipios u otros aportes estatales?

—Eso es una parte minoritaria de la economía popular. La cooperativa es la única forma jurídica que más o menos se puede adaptar a la realidad laboral de los compañeros nuestros, pero la economía popular en un 70 por ciento no está organizada bajo la forma de cooperativa. Es trabajo por cuenta propia en muchos casos, como puede ser un vendedor ambulante, un artesano, un horticultor, un cebollero, un cartonero.

—¿A quiénes les venden? Vamos al caso de los cartoneros, con los que trabajaste mucho.

—En la ciudad y en el conurbano ya está muy desarrollada la organización, pero en 2001 el cartonero se llevaba el material a su casa, lo acopiaba ahí, tenía un minibasural en su casa, y el fin de semana iba a un acopiador llamado “depósito”, “balancero”, y le vendía directamente. También había algunos casos en los que algún hijo de puta que organizaba una cuadrilla los explotaba, les pagaba dos mangos por hacer el laburo.

—¿Cuál fue la primera idea para agrupar a los cartoneros?

—Lo primero era reivindicar a ese trabajador como alguien que se estaba ganando el pan dignamente, que no tenía que ser perseguido y criminalizado, que el Estado tenía que reconocer que no era un delincuente, porque hasta el año 2002 era un delito agarrar la basura. Macri hizo famosa una frase suya que era que los cartoneros estaban robando la basura. Y efectivamente, hasta 2002, que se legalizó la actividad, desde el punto de vista jurídico era cierto. Lo primero era que la actividad no fuera criminalizada.

—¿Y cómo esas pequeñas agrupaciones terminan formando la Ctep?

—Esa experiencia histórica de los excluidos del mercado laboral fue la que en 2011 se consolida planteando la creación de un sindicato, que va nucleando las distintas actividades laborales conforme a su rama, entonces hay una federación de costureros y todos los oficios afines. Ya existe la sociedad obrera textil, que agrupa a los costureros. ¿Cuál es la diferencia? Que ellos agrupan a los costureros que tienen patrón, a los obreros de la industria textil, nosotros agrupamos a los que trabajan por cuenta propia.

 

 

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Domingo, 24 Septiembre 2017 07:31

La democracia y "la calle"

La democracia y "la calle"

 

El jueves 21 en las ciudades grandes de Francia se realizaron manifestaciones contra la reforma reaccionaria del Código de Trabajo, y el lunes, la huelga de los camioneros, con bloqueo de las gasolineras y de las rutas, proseguirá la protesta.

Los trabajadores franceses retoman así la inmensa movilización de 2016 contra la reforma del Código Laboral del gobierno socialista anterior. En Argentina, por su parte, los estudiantes secundarios de Buenos Aires, apoyados por los maestros, ocupan desde hace semanas los colegios y hacen manifestaciones para anular la reaccionaria reforma de la Ley de Educación que quiere realizar el gobierno macrista de la ciudad. Los miembros del Conicet argentino ocupan además las instalaciones del Ministerio de Ciencia y Tecnología para luchar contra los recortes de fondos para la institución.

La respuesta es siempre la misma: la democracia no se hace en la calle, las leyes las hacen las instituciones parlamentarias. Eso dicen Macron y Macri y todos los gobernantes de este mundo capitalista algunos de los cuales admiten a regañadientes el derecho de huelga y el derecho a manifestar (aunque tratan de reglamentarlos-anularlos).

¿Realmente la sede de la democracia son los Parlamentos? Esa afirmación es doblemente falsa. En primer lugar, porque los Parlamentos y la capacidad de legislar nacieron de la calle con la Revolución Inglesa de 1688, se reafirmaron en la calle con la revolución en las colonias inglesas de América y la guerra de liberación nacional que condujo al nacimiento de Estados Unidos y se identificaron con la democracia con el triunfo de la Montaña en la Revolución Francesa en 1791-1792.

Dicho sea de paso, la burguesía no hizo ni dirigió la Revolución Francesa aunque en parte la preparó y después la canalizó y la expropió en su beneficio. La revolución la hizo el demos, o sea, el pueblo y la nación, organizados en París en los clubes y secciones y en la Comuna. En esa alianza entre sansculottes y burgueses medios y chicos (los grandes habían comprado títulos de nobleza o eran monárquicos), según los testimonios escritos, los trabajadores y artesanos se identificaban como nación y utilizaban la calificación de pueblo para los buergueses medios o pequeños y fue la nación en armas y no el pueblo quien hizo la revolución y defendió las fronteras contra los ejércitos de las monarquías.

En el siglo XIX la jornada laboral, incluso en las minas, era de 15 horas y basta con leer a Dickens para horrorizarse ante el trabajo femenino e infantil desde los cinco años y la terrible condición de las viviendas de los trabajadores y de su alimentación y hábitat en general. Aunque algunos filántropos preocupados por la mortalidad en los barrios obreros y por la degeneración física y poco rendimiento de los trabajadores propusieron leyes que protegían a éstos, la mayoría absoluta de las leyes laborales, sanitarias, educativas, ambientales y el mismo voto universal surgieron de la organización y de las luchas obreras y costaron sacrificios y muertes. Fue la calle quien reestableció el Parlamento y la Constitución en Italia al fusilar y colgar a Mussolini y a los jerarcas fascistas, y en Francia la Liberación fue fruto de los ejércitos que vencieron a Vichy y a los nazis pero también de los Maquis, los civiles armados, en su mayoría trabajadores del campo y de la ciudad y de su lucha contra las instituciones legales pero ilegítimas.

Las propuestas de leyes laborales deben ser discutidas y aprobadas (en Francia, China, Cuba o cualquier lugar del planeta) por los trabajadores en su lugar de trabajo reunidos en asamblea, y no sólo por gente elegida cada tantos años pero desligada, por su vida y sus privilegios, de quienes trabajan. Lo mismo vale para las leyes sanitarias en las que deben opinar vecinos, usuarios de servicios, ecologistas pero, sobre todo, el personal enseñante u hospitalario.

Mientras los representantes legales de la voluntad popular, elegidos por los partidos, no sean controlados por sus electores y revocables en todo momento, como en la Comuna de París en 1871, los trabajadores deberán legislar con sus huelgas y manifestaciones que nuevamente, oponen la nación a un pueblo multiclasista de meros electores ocasionales.

En la calle es necesario ganar las conciencias de quienes delegan o venden su voto, es fundamental elevar el grado de decisión y de moral de las víctimas de las leyes reaccionarias que refuerzan la dominación y la explotación capitalistas, es indispensable demostrar con propuestas que no es cierto que no haya una alternativa ni que existan inexorables leyes económicas que supuestamente obligan a adoptar medidas impopulares.

No existe una falta de alternativas: hay una dictadura en las empresas y no hay consulta previa a los trabajadores. En los servicios priva además el infame concepto de que ferrocarriles, hospitales, escuelas, agua, luz deben tener equilibrio presupuestario o dar ganancias, cuando son en realidad inversiones que hacen posible tener trabajadores sanos, más cultos y más productivos y deberían ser gratuitos.

Los Parlamentos nacieron de revoluciones e insurrecciones y no pueden sustituir la soberanía, que reside en el pueblo y no en quienes dicen ser los representantes de éste. La calle puede ser y será legisladora mientras quienes con su trabajo producen la riqueza de los países estén ajenos a una actividad legisladora que no los tiene en cuenta. Sobre todo allí donde los grandes patrones gobiernan, como en Francia o Argentina, donde impera un masivo fraude prelectoral o en las urnas mismas, como en México, o donde golpes de Estado parlamentarios burlan la votación popular, como en Brasil.

 

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Sábado, 23 Septiembre 2017 07:28

Las formas de lucha

Las formas de lucha

Hay temas que, a pesar de tener una presencia constante en la vida de la gran mayoría de las personas, aparecen y desaparecen del radar de aquellos a quienes corresponde reflexionar sobre ellos, sea en el plano científico, cultural o filosófico. Algunos de los temas hoy desaparecidos son, por ejemplo, la lucha social (más aún, la lucha de clases), la resistencia, la desobediencia civil, la rebeldía, la revolución y, subyacente a ellos, la violencia revolucionaria. A lo largo de los últimos ciento cincuenta años, estos temas tuvieron un papel central en la filosofía y la sociología políticas porque sin ellos era virtualmente imposible hablar de transformación social y de justicia. Hoy en día, la violencia está omnipresente en los noticieros y las columnas de opinión, pero raramente se refiere a los temas anteriores. La violencia de que se habla es la violencia despolitizada, o concebida como tal: la violencia doméstica, la criminalidad, el crimen organizado. Por otro lado, siempre se habla de violencia física, raramente de violencia psicológica, cultural o simbólica y, nunca, de violencia estructural. Los únicos contextos en que a veces la violencia adquiere condición política es la violencia en los países “menos desarrollados” o “Estados fallidos” y la violencia terrorista, considerada (y bien) como un modo inaceptable de lucha política.


En términos de debate filosófico y político, nuestro tiempo es un tiempo simultáneamente infantil y senil. Gatea, por un lado, entre ideas que lo atraen por la novedad y le confieren el orgullo de ser protagonista de algo inaugural (autonomía, competencia, empoderamiento, creatividad, redes sociales). Y, por otro, se deja perturbar por una ausencia, una falta que no puede nombrar exactamente (solidaridad, cohesión social, justicia, cooperación, dignidad, reconocimiento de la diferencia), una falta obsoleta pero lo suficientemente impertinente como para hacerle tropezar en su propia ruina.


Como la lucha, la resistencia, la rebeldía, la desobediencia, la revolución siguen constituyendo la experiencia cotidiana de la gran mayoría de la población mundial, que, además, paga un precio muy alto por eso, la disyunción entre el modo en que se vive y lo que se dice públicamente sobre él hace que nuestro tiempo sea un tiempo dividido entre dos grupos muy asimétricos: los que no pueden olvidar y los que no quieren recordar. Los primeros solo en apariencia son seniles y los segundos solo en apariencia son infantiles. Son todos contemporáneos unos de otros, pero se remiten a contemporaneidades diferentes.


Revisemos, pues, los conceptos senilizados. Lucha es toda disputa o conflicto sobre un recurso escaso que confiere poder a quien lo detenta. Las luchas sociales siempre existieron y siempre tuvieron objetivos y protagonistas muy diversificados. A finales del siglo XIX, Marx otorgó un papel especial a un cierto tipo de lucha: la lucha de clases. Su especificidad residía en su radicalidad (la parte perdedora perdería todo), en su naturaleza (entre grupos sociales organizados en función de su posición frente a la explotación del trabajo asalariado) y en sus objetivos incompatibles (capitalismo o socialismo). Las luchas sociales nunca se redujeron a la lucha de clases. A mediados del siglo pasado surgió el término “nuevos movimientos sociales” para dar cuenta de actores políticos organizados en otras luchas según criterios de agregación distintos de la clase y con objetivos muy diversificados. Esta ampliación no solo ensanchaba el concepto de lucha social, sino que daba más complejidad a la idea de resistencia, un concepto que pasó a designar los grupos inconformes con el estatuto de víctima. Es resistente todo aquel que se niega a ser víctima. Esta ampliación recuperaba algunos debates de finales del siglo XIX entre anarquistas y marxistas, en particular el debate sobre la revolución y la rebeldía.


La revolución implicaba la sustitución de un orden político por otro, mientras que la rebeldía significaba el rechazo de un determinado (o de cualquier) orden político. La rebeldía se distinguía de la desobediencia civil, porque esta, al contrario de la primera, cuestionaba una determinación específica (por ejemplo, servicio militar obligatorio) pero no el orden político en su conjunto. El concepto de revolución se fue alimentando con la Revolución rusa, la Revolución china, la Revolución cubana, la Revolución argelina, la Revolución egipcia, la Revolución vietnamita o la Revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 (aunque muchos, como yo, dudásemos de su carácter revolucionario).
La caída del Muro de Berlín restó actualidad al concepto de revolución, aunque el mismo resucitase algunos años después en América Latina con la Revolución bolivariana (Venezuela), la Revolución comunitaria (Bolivia) y la Revolución ciudadana (Ecuador), incluso si en estos casos hubiesen muchas dudas sobre el carácter revolucionario de tales procesos. Con el levantamiento neozapatista de 1994, el Foro Social Mundial de 2001 y años siguientes, y los movimientos indígenas y afrodescendientes, los conceptos de rebeldía y de dignidad volvieron a ser predominantes. Hasta hoy.


Subyacente a las vicisitudes de estos diferentes modos de nombrar las luchas sociales contra el statu quo, estuvieron presentes siempre dos cuestiones: la dialéctica entre institucionalidad y extrainstitucionalidad; y la dialéctica entre lucha violenta o armada y lucha pacífica. Las dos cuestiones son autónomas, aunque están relacionadas: la lucha institucional puede o no ser violenta y la lucha armada, si es duradera, crea su propia institucionalidad. Ambas cuestiones comenzaron a ser discutidas a lo largo del siglo XIX y explosionaron en momentos diferentes al final del siglo XIX e inicio del siglo XX. ¿Por qué las menciono aquí? Porque a pesar, en los últimos treinta años, de haber sido consideradas obsoletas o residuales, ganaron últimamente una nueva vida.


Institucional versus extrainstitucional. Esta cuestión se agudizó con las divisiones en el seno del partido socialdemócrata alemán en vísperas de la Primera Guerra Mundial. ¿Luchar dentro de las instituciones? ¿O presionarlas y hasta transformarlas desde fuera por vías consideradas ilegales? La cuestión siguió su curso durante cincuenta años y pareció haberse agotado con el fin de la revuelta estudiantil de Mayo de 1968. Obviamente que en diferentes partes del mundo continuaron habiendo insurrecciones, guerrillas, protestas, huelgas generales, luchas de liberación; pero de algún modo se fue consolidando la idea de que representaban el pasado y no el futuro, toda vez que la democracia liberal, ahora apadrinada por el neoliberalismo global, el FMI, el Banco Mundial, la ONU, acabaría por imponerse como el único modo legítimo de dirimir conflictos políticos. Todo cambió en 2011 con la ola de movimientos de protesta en diferentes países: las distintas primaveras de revuelta, el movimiento Occupy Wall Street, los movimientos de los indignados, etcétera. ¿Por qué este cambio? Sospecho que la crisis de la democracia liberal se ha venido profundizando de tal modo que movimientos y protestas por fuera de las instituciones pueden pasar a ser parte de la nueva normalidad política.


Lucha armada versus lucha pacífica. La cuestión de la violencia es el tema que el pensamiento político dominante (tan viciado en el estudio de los sistemas electorales) evitó a toda costa a lo largo del siglo pasado. Sin embargo, los protagonistas de las luchas se enfrentaron continuamente con la cuestión en el terreno. Obviamente que no toda violencia es revolucionaria. Durante el siglo XX quienes más recurrieron a ella fueron los contrarrevolucionarios, los nazis, los fascistas, los colonialistas, los fundamentalistas de todas las confesiones y los propios estalinistas después de la perversión de la revolución que emprendieron. Pero en el campo revolucionario las divisiones fueron encendidas: entre los marxistas y maoístas de la India y Gandhi, entre Martin Luther King Jr. y Malcom X, entre diferentes movimientos de liberación del colonialismo europeo y Frantz Fanon, entre movimientos independentistas en Europa (País Vasco, Irlanda del Norte) y movimientos revolucionarios de América Latina. También aquí –a pesar de la continuidad de la lucha armada en el Delta del Níger y en las zonas rurales de la India dominadas por los naxalitas (maoístas)– la idea de violencia revolucionaria y de lucha armada ha perdido legitimidad, de lo cual las negociaciones de paz en curso en Colombia son una demostración elocuente.


Empero, hay dos elementos perturbadores de los que quiero dar cuenta. En muchos países donde la violencia política terminó con negociaciones de paz, la violencia volvió (muchas veces contra líderes políticos y de movimientos sociales) bajo la forma de violencia despolitizada o criminalidad común. El Salvador y Honduras son casos paradigmáticos y Colombia podría serlo. Por otro lado, la lucha armada fue deslegitimada porque falló muchas veces en sus objetivos y porque se creyó que estos serían más eficazmente alcanzados por la vía pacífica y democrática.


¿Y si se profundizara la crisis de la democracia? Uno de los revolucionarios que más admiro y que pagó con la vida su dedicación a la revolución socialista, el padre Camilo Torres, de Colombia, doctorado en sociología por la Universidad de Lovaina, respondió así en 1965 a la pregunta de un periodista sobre la legitimidad de la lucha armada: “El fin no justifica los medios. Sin embargo, en la acción concreta, muchos medios comienzan a ser impracticables. De acuerdo con la moral tradicional de la Iglesia la lucha armada es permitida a una sociedad en las siguientes condiciones:


1. Haber agotado los medios pacíficos.
2. Tener una probabilidad bastante cierta de éxito.
3. Que los males resultantes de esta lucha no sean peores que la situación que se quiere remediar.
4. Que haya el concepto de algunas personas de criterio ilustrado y correcto sobre el cumplimiento de las condiciones anteriores” [1].
A un pacifista como yo, que siempre luchó por la radicalización de la democracia como vía no violenta para construir una sociedad más justa, provoca estremecimientos pensar si en muchos países los patrones de convivencia pacífica y democrática no se estarán degradando a tal punto que las cuatro condiciones del padre Camilo Torres puedan tener respuesta positiva.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez


Notas
[1] Torres Restrepo, C. (2016), Textos inéditos y poco conocidos, vol. 1, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, p. 272.

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Manifestación de ciudadanos que respaldan el referendo independentista frente a la consejería de Economía, ayer en Barcelona. La protesta se trasladó a Las Ramblas, donde más de 40 mil personas insistieron en que a pesar de la censura y las medidas antidemocráticas del Estado español, el primero de octubre votaremos

 

La policia española registra oficinas de la Generalitat, donde incauta millones de papeletas

Rajoy apremia a líderes independentistas a frenar una consulta "que nunca fue legal"

 

La Guardia Civil española, por orden de un juzgado ordinario con sede en Barcelona, detuvo a 14 personas –12 funcionarios públicos y dos empresarios– por participar en la organización del referendo de independencia previsto para el primero de octubre. Además, la policía española registró más de 40 sedes de la Generalitat de Cataluña y de partidos políticos que apoyan el proceso secesionista, donde además incautaron 10 millones de papeletas para la consulta ciudadana.

En términos policiales, la operación sirvió para destruir el núcleo de los responsables de organizar la consulta y para confiscar documentos, papeletas, censos y cartas que serían esenciales para llevar a cabo la consulta soberanista.

Los dos detenidos de mayor rango son personajes muy importantes en la coalición que impulsa la independencia: el secretario general de Economía, Josep Maria Jové, y el secretario de Hacienda, Lluís Salvadó, los colaboradores más cercanos del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y del vicepresidente, Oriol Junqueras.

La operación se llevó a cabo al amparo del juzgado 13 de instrucción de Barcelona, que además suscribió las detenciones del consejero de Economía de la Generalitat, Jové; del secretario general de Economía, Salvadó, y de otros miembros del gobierno catalán, entre ellos Juan Manuel Gómez, de Economía; Xavier Puig Farré, de Asuntos Sociales; Josué Sallent y David Franco, del CTTI, y David Palancad, de Asuntos Exteriores. La Guardia Civil también arrestó a Pau Furriol y Mercedes Martínez, directivos de empresas privadas en las que se ha encontrado material electoral y propagandístico. En Madrid se ha detenido también a Rosa María Rodríguez Curto, responsable de la Generalitat de desarrollo informático.

Una masiva concentración espontánea se llevó a cabo frente a la consejería de Economía, a la que se sumaron ciudadanos indignados por las medidas represivas desarrolladas desde Madrid por el gobierno del derechista Mariano Rajoy. La protesta se trasladó a Las Ramblas, donde más de 40 mil personas insistieron en que a pesar de la censura y las medidas antidemocráticas del Estado español, el primero de octubre votaremos.

El presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, compareció por la noche y apremió a los líderes independentistas a que cesen en su estrategia de llevar a cabo un referendo que no se puede celebrar, nunca fue legal ni legítimo y ahora no es más que una quimera imposible. Y añadió: Mi actuación estará guiada en todo momento por la prudencia y la responsabilidad, pero cada ilegalidad tendrá una respuesta firme, proporcionada y rigurosa.

 

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Miles de guatemaltecos salieron ayer a las calles para exigir la dimisión del presidente Jimmy Morales, envuelto en un escándalo de corrupción que investigan la fiscalía general y la Comisión Internacional Contra la Impunidad para Guatemala. Los zapatos y la nariz de payaso de uno de los inconformes, son en alusión al mandatario, quien antes de ingresar a la política era comediante de televisión

 

Miles de personas marcharon este miércoles en la capital guatemalteca y convergieron frente a la sede del Parlamento y el Palacio Nacional de la Cultura, sede del Ejecutivo, para denunciar el pacto de impunidad que une a estos dos poderes, en el contexto de un paro general para exigir la renuncia del presidente Jimmy Morales.

Abogados que participaron en la manifestación en nombre del colectivo Alianza por las reformas (a la Constitución) presentaron una acción legal contra 107 de los 158 diputados del Congreso para exigir que se les despoje de la inmunidad, acusados por los delitos de obstrucción de la justicia y resoluciones violatorias a la Constitución.

Los legisladores son cuestionados por haber aprobado la semana pasada reformas al código penal, incluyendo la de eximir a los secretarios generales de los partidos políticos del delito de financiamiento electoral ilícito.

Dos días antes, el Parlamento también blindó al mandatario, el ex comediante Jimmy Morales, y con una mayoría de 104 votos evitó que perdiera su inmunidad frente a un antejuicio por financiamiento electoral ilícito promovido por la Comisión Internacional Contra la Impunidad para Guatemala (CICIG) y el Ministerio Público.

La multitudinaria manifestación de este miércoles asemejó a la que el 27 de agosto de 2015 marcó el fin del gobierno de Otto Pérez (2012-2015) por cargos de corrupción, pero que también estaba dirigida contra los partidos políticos tradicionales, previo a los comicios generales de septiembre de ese año.

En varias cabeceras departamentales, como Quetzaltenango, al oeste y Sacatepéquezl en el centro-oeste, también fueron escenario de expresiones de repudio a la impunidad.

El paro se realizó en ausencia del mandatario, quien se encuentra en Nueva York, donde al participar en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas insistió en revisar el papel de la CICIG, que junto con la fiscalía solicitó quitar el fuero a Morales para investigarlo por presuntas irregularidades en los aportes de su campaña.

En tanto, tres ministros renunciaron este martes debido a la crisis política desatada por el intento de Morales de expulsar al jefe de la misión anticorrupción de la ONU.

Los ministros dimitentes son el de Finanzas, Julio Estrada; de Gobernación, Francisco Rivas, y del Trabajo, Leticia Teleguario.

 

 

 

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Walter Tello

La declaración es fuerte: en Venezuela "[...] a la par de la economía, a la democracia también la han destruido. Infortunadamente, la corrupción se convirtió en la voz cantante del régimen y el respeto por los Derechos Humanos dejó de existir" (1).

Opinión directa, mucho más cuando avanzamos en el texto que la contiene y leemos que: "[en Venezuela] Últimamente las posiciones se han endurecido en la medida en que se iba destruyendo la democracia. Y ahora, frente a la dictadura, hay que endurecerlas más" (2).

Tales afirmaciones, proviniendo de Juan Manuel Santos, sin mucha autoridad moral para ello, son riesgosas. Como es de conocimiento público, él, al igual que otro conjunto de líderes políticos de la región, anda incurso por el caso Odebrecht. De prosperar, el problema dejaría a su gobierno tachado de espurio. ¿Renunciaría a sus funciones públicas de así comprobarse?

Ese impedimento moral se extiende también al tema de los Derechos Humanos, pues el régimen colombiano como otros que le secundan en sus presiones internacionales por aislar al país vecino carecen de autoridad moral y de la ética que los exima de denuncias. Sobra recordar todo lo sucedido en ese campo en los últimos años en el país, lo que aún es más grave si el retrovisor capta lo ocurrido, con implicaciones para las Fuerzas Armadas durante el tiempo en que era ministro de Defensa el hoy presidente colombiano.

Son señalamientos que, para el caso de Colombia, se complementan con datos alarmantes que no han podido ser reparados, ajustados o negados: el país con el mayor número de sindicalistas asesinados en el mundo; el segundo con mayor desplazamiento forzado; el séptimo con la mayor desigualdad económica en el indicador Gini. Y la lista puede continuar.
Meter las manos al fuego, cuando están recubiertas de parafina, es riesgoso y el resultado es inevitable; pero de lo sentenciado por Santos surge una oportunidad meridiana para estimular el debate sobre la democracia, a la orden del día en el mundo entero: ¿qué se entiende por ella hoy?

Todo cambia

¿Conserva algún parecido la democracia que hoy conocemos con la que emanó del alzamiento francés del siglo XVIII? Muy poco. En sus primeros albores modernos, la democracia trastabillaba ante particularidades como el patrimonio, la raza, el género, la Ilustración. El afán de sus defensores, matizado en la práctica, era la libertad de comercio, además de todo aquello que resumieron en la carta de derechos civiles.

Para aquella democracia –favorable a las necesidades y los intereses de la naciente burguesía–, esclavos, pobres, marginados y mujeres no eran sujetos dignos del respeto y la valoración de su individualidad, así como no eran sujetos de derechos.

Tenemos pues, hace apenas dos siglos largos, el embrión de lo que hoy conocemos por democracia, para llegar a la cual fue necesario que aquello que de manera despectiva se conoce como masas –pueblo, mayorías– hiciera sentir sus demandas, transformadas en miles de luchas/combates, con los cuales fueron corriendo el límite trazado por los dueños del capital, los mismos que habían decapitado la monarquía.

Pues, bien, de la carta de los derechos civiles la humanidad llegó a la carta de los derechos económicos, sociales y culturales, y el costo para así lograrlo no fue poco: en Europa y en Estados Unidos, centenares de obreros y campesinos, de negros no reconocidos como seres humanos, de mujeres despreciadas por siglos como simples objetos desechables, ofrendaron sus vidas. Sobre extensos charcos de sangre se erigió una democracia más robusta, la misma que reconoció la igualdad sin límites.

En Nuestra América también se alzaron miles por sus derechos, abonando con extensas hileras de cruces el campo que le permitió a la soberanía ganar cuerpo, otro derecho hoy valorado como fundamental para el reconocimiento de naciones, pero igualmente de pueblos.

Puede decirse, por tanto, que, en la Modernidad, la democracia en su primer hervor nació con la burguesía pero que su cocción profunda, llenándola de olorosas especies, corresponde –y la humanidad se la debe– a los pueblos del mundo. Son esos mismos que hoy siguen empujando, luchando, para que palabras recurrentes y fuertes –pero realmente vacías de contenido efectivo– como libertad, igualdad, justicia, Derechos Humanos plenos, y otras muchas, dejen el campo de las enunciaciones de los Estados y los organismos multilaterales para tornarse en factor del Buen Vivir y el Saber Vivir, como bien dicen los pueblos indígenas de nuestra subregión.

La democracia popular, por tanto, es mucho más que participación –elegir y ser elegido–, como reiteran los defensores de la democracia formal, de lo cual no hay duda. Ello nos permite resaltar el marco efectivo de las democracias realmente existentes, como en Colombia, donde el rito electoral no ha sido interrumpido de manera notable pero donde la democracia plena, radical, si así pudiéramos decirlo, es un simple aviso descolorido que cuelga a la entrada de los edificios donde se refocilan los funcionarios cabeza de los tres poderes con los cuales el liberalismo selló una de sus diferencias con la monarquía que decapitó en 1789.

Diferencias, transformaciones, profundización de una forma de gobierno y de ordenamiento social que nos permite visualizar que la misma cambia, gira, como lo hace el girasol en procura de la luz solar. Luz que atrae. En los tiempos que corren, el esplendor de la luz de las mayorías aún excluidas y negadas es intensa en sus reclamos y en su exigencia de una democracia cada vez más inclusiva, justa, libertaria, igualitaria...

Demanda social, global y local, que nos pone ante la realidad de que con la inocultable crisis sistémica que afecta al Sistema Mundo Capitalista morirá una parte de la democracia que hoy conocemos para darle paso a otra, ojalá superior, pues, de no ser así, ni el medio ambiente ni la paz entre las naciones ni aquellos derechos que nos parecen irrenunciables –como libertad, privacidad, trabajo, etcétera– lograrán sostenerse.

Exigencia social que también nos ubica frente al reto de que, ante los profundos cambios que vive este mismo sistema económico, político y social –removido en sus estructuras más profundas por las renovadoras energías de la producción liberadas por las rupturas conceptuales que en distintos campos del saber estamos presenciando, así como por los descubrimientos y adecuaciones técnicas sucedidas en física, química, biología, astronomía, genética, etcétera–, las sociedades ven cómo todo aquello que consideraban útil para garantizar su convivencia en justicia, con efectivo respeto de los derechos humanos más básicos, pero asimismo aquellos otros conocidos como de segunda y tercera generación, ya no encuentran efectivo soporte en las estructuras políticas y económicas hasta ahora conocidas.

Todo cambia, y la democracia no se libra de ello. El reto que hoy soporta este logro de la humanidad es que efectivamente ahonde sus raíces cada día más en la tierra del pueblo que la adoba con sus manos, las mismas que producen todo aquello que requerimos para sobrevivir de manera adecuada; las mismas que generan la riqueza hoy acumulada de manera desafortunada en el 1 por ciento de la humanidad.

Manos que hoy reclaman que la política, por ejemplo, no sea un asunto de especialistas sino que de verdad llegue a ser un asunto –organizar y administrar la vida de millones– que implique al conjunto social. ¿Qué tipo de Ejecutivo, Legislativo y Judicial pudiera surgir de ello? ¿Qué tipo de Ejecutivo brotará de un hecho tan evidente como este de que hoy los presidentes ya no son administradores sino comunicadores, con la misión de mantener, lograr o profundizar el consenso social, y, por tanto, actores secundados por grandes grupos de asesores que concretan intereses de grupos económicos específicos? Si así es, ¿resultará viable que las campañas electorales no sean por y para elegir un mandatario sino para seleccionar al equipo administrativo que esté al frente del gobierno, con un plan conocido y debatido previamente en el conjunto social, que, de no ser respetado, conlleve la destitución y la judicialización de sus proponentes? ¿Qué estructuras públicas construir para que todo aquel que llegue a nombre de mayorías a ejercer una función pública en efecto llegue a servir y no a servirse? ¿Cómo proceder para que en efecto los entes de control público, todos, estén en manos de la oposición efectiva, no de la oposición de apariencia? ¿Qué tipo de trancas debieran atravesarse para que el Ejecutivo no concentre en sus manos también el poder judicial, electoral y otros que le sirven para hacer, no hacer y deshacer?

Pero, ante todo, ¿cómo proceder con una política que no se defina ya única y principalmente en torno al Estado –y por tanto, las discusiones (banales) en torno a "sistema político", "régimen político" y demás– sino, más radicalmente, una política de vida? ¿Esto es, una política de los marginados y para ellos, los intocables, los invisibles, los sin voz, los pobres y excluidos?

Manos, cuerpo todo, que de igual manera reclaman que lo público conserve su perfil, recuperando su carácter para que lo que, ante toda evidencia, es del conjunto de cada sociedad lo siga siendo –agua, energía, espacio electromagnético; pero también todo cuanto demanda gratuidad: salud, educación, transporte masivo, recreación, etcétera.

La valoración de lo público reclama igualmente recuperar para el usufructo de todos ese conjunto de empresas surgidas a la sombra de grandes inversiones estatales, las llamadas multinacionales (como las de telecomunicaciones, internet, agricultura, centros de investigación y otras), condición inicial para que sean controladas colectivamente y de esa manera se puedan redistribuir sus ganancias, al tiempo que neutralicen su capacidad acumulada para determinar gustos y consumos, violentar la privacidad de millones de personas, así como de acumular información para violentar personas opuestas, por cualquier razón, al poder estatal.
Por lo demás, ¿qué tipo de economía surgirá de esto y cómo se reinvierte entre países para que una inmensa diversidad de derechos sea cada vez más realidad que simple enunciación? ¿Es posible construir formas de gobierno –subregionales, regionales, continentales y globales– que permitan garantizar que la humanidad avance a sitiales cada vez más palpables de felicidad? Una economía del postrabajo seguramente lo facilitará (3).

¿Es necesario erradicar para ello las fuerzas militares y policiales, partiendo de un ejercicio de reducción de sus presupuestos, limitando la investigación y la producción de armas de las más diversas generaciones? ¿Qué formas de justicia y control social, y mecanismos dedicados a tal función, debieran tomar forma para que la justicia y el respeto a la vida en verdad sean garantizadas para la totalidad de los seres humanos? Nunca huelga recordar que todos los sistemas policivos son violentos.

Estos son simples ejemplos que reafirman cómo la democracia prosigue en cambios necesarios y debe mantener su transformación constante para estar a la altura de las demandas de las mayorías, pues, de lo que verdaderamente se trata con ella es de la vida misma. Debate y transformación necesaria, mucho más cuando la creación de la Revolución Francesa está en pleno declive, producto de la concentración de la riqueza y del poder en pocas manos, del autoritarismo como medio abierto de control y opresión social, y del rebote que sufre el militarismo por doquier.

He aquí todo un debate para que la democracia gane un nuevo rostro, no como producto de su embellecimiento sino de su ruptura con visiones liberales que la maniatan a los intereses económicos de las minorías, quienes dominan el Estado.

Lo hasta acá anotado evidencia que, siendo aparentemente diferentes, ni la llamada democracia colombiana ni la venezolana dan la medida para lo que sus sociedades como un todo requieren, ni son punto de partida para el debate global que debemos encarar.

Los desarrollos posibles para el aquí y el ahora alcanzados por la humanidad, como lo demuestran los logros en renta básica y otros tópicos con materializaciones prácticas en diversos países o ciudades específicas, aún siguen entre nosotros como sueños, lo que no es igual a un imposible. No. Ya que no se puede olvidar que son los sueños, los ideales, lo que les ha permitido a distintas sociedades, en diferentes épocas, contextos y coordenadas, superar las opresión sufrida, y ampliar el campo de su libertad y la satisfacción de la necesidades fundamentales. Sin sueños, la sociedad global aún estará en el paleolítico. Sueños, capacidad de apuesta, juego, capacidad de riesgo, en fin, el pathos mismo de la vida, por la vida.

1. Santos, Juan Manuel, "Lloramos por ti, Venezuela", El País, España, 17 de agosto de 2017
2. Ibídem
3.Gutiérrez, Carlos, "En las cenizas de la crisis", Le Monde diplomatique Nº169, edición Colombia, agosto de 2017, p. 2.

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