Domingo, 26 Agosto 2018 10:22

Lo válido del zapatismo

Lo válido del zapatismo

El punto fuerte del zapatismo y su aporte siempre actual es la práctica y la defensa de la autonomía de las comunidades y de la autogestión de los pueblos indígenas. Esa es la base de su amplia influencia en México e incluso internacional a finales de los años 90 y de la persistencia de su apoyo en un sector de la población chiapaneca y en algunos grupos urbanos, mientras otros fueron rechazados por la arrogancia, el autoritarismo y el sectarismo de sus caudillos-portavoces.

El zapatismo, sin embargo, es más precapitalista que anticapitalista porque defiende los intereses de los pueblos indígenas y la autogestión y autonomía de los mismos, pero no tiene como finalidad primordial la autogestión social generalizada, las autonomías de las comunas no indígenas, la democracia real y para los trabajadores y oprimidos de todo el país y del mundo ni va más allá de exigir algunas leyes indigenistas, pues quiere "un mundo donde quepan muchos mundos", o sea un capitalismo democrático conviviente con organizaciones no capitalistas lo cual equivale a querer jaguares vegetarianos.

El capitalismo es un sistema mundial, no regional. Se basa en la explotación del trabajo ajeno. Debe ser ayudado a morir, pues no es posible reformarlo. Es justo luchar para que los indígenas tengan igual dignidad e iguales derechos que los mestizos, pero no hay que olvidar que también éstos están sometidos, oprimidos y aplastados por un sistema que debe ser abatido por indígenas, negros, blancos, asiáticos y mestizos de todo el mundo, porque la riqueza creciente de pocos se basa en la creciente pobreza en el otro polo y en un sistema explotador no puede haber democracia.

Durante milenios las enormes diferencias de información, cultura y conocimientos que existían entre los "especialistas" (filósofos, matemáticos, sacerdotes o grandes guerreros) y todos los demás, dieron origen a castas y clases que en algunos casos, como en Atenas, eran democráticas para unos pocos iguales, pero se basaban en la esclavitud. La democracia griega, la de las ciudades-repúblicas en el Renacimiento italiano y la de la República nacida de la revolución francesa no eran gobiernos del demos, el pueblo, sino de quienes hablaban en nombre de éste, al que dejaban sin voz, aunque a veces decían interpretar.

Para la monarquía, la soberanía correspondía al rey por derecho divino. Para los liberales, los conservadores o los marxistas dogmáticos de la socialdemocracia o del estalinismo pertenece supuestamente al pueblo, pero, para ellos, éste no puede ejercerla de modo directo porque no está preparado. Por eso tratan de perpetuar la delegación de poderes y son centralistas y adoradores de las instituciones estatales, que son sus escudos frente a la plebe.

Los burgueses "progresistas" utilizan el Estado en nombre de la democracia y del pueblo como si fuera un bien propio y con él se defienden de sus adversarios nacionales o extranjeros y de todo intento de democratización radical, demovilización plebeya. Algunos, como García Linera, en su afán por construir un capitalismo-andino moderno, imitan el centralismo jacobino, pisotean las autonomías y aborrecen la autogestión social.

El capitalismo actual –que ha conducido a la especie humana al borde del peligro de extinción y se suicidará si sigue destruyendo las bases naturales y sociales de la civilización– ha abierto, sin embargo, la posibilidad de un salida positiva de esta crisis de agonía del sistema.

En efecto, los actuales medios de comunicación y de información permiten eliminar por completo el analfabetismo y, gracias a una vasta capa de técnicos y científicos proletarizados, elevar enormemente el nivel de la cultura general de modo tal que cualquiera pueda intervenir y decidir en la dirección de los problemas que ahora se tratan en las asambleas legislativas y otras instituciones mediadoras en favor del capital. Al mismo tiempo, el nivel actual de la producción y las nuevas tecnologías permitiría en poco tiempo una distribución equitativa de alimentos y riquezas y una drástica reducción de los horarios de trabajo a dos o tres horas diarias, dejando así tiempo para reconstruir el planeta.

La barbarie de linchamientos de delincuentes o de matanzas de terratenientes y opresores es fruto del odio mortal a las injusticias, de la sensación de impotencia política y de la ignorancia y podría ser controlada por las comunidades libres mismas, mientras ejercen la democracia directa, discutiendo y decidiendo todos los problemas en asambleas y nombrando representantes revocables para cada asunto que requiera especialización, como hacía la Comuna de París en 1871.

Por primera vez en la historia existen las bases materiales y culturales para la democracia directa de modo que todos sean al mismo tiempo, dirigentes y aplicadores de políticas decididas colectivamente. El obstáculo para que ese sueño se convierta en realidad es el capitalismo, que está hundiéndonos cada día más en la barbarie y nos conduce a un inmenso desastre.

Marx definía el socialismo diciendo que sería una federación de libres comunas asociadas. Unafederación de comunas libres y de individuos libres y asociados, no de súbditos dispersos de un poder central burgués. La democracia directa es posible a condición de acabar con este sistema.

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Viernes, 17 Agosto 2018 07:10

Cómo se fabrica un Presidente

Verona, escultura.

El retorno de Uribe, dicen muchos. Pero la cuestión no es tan simple. Un renovado juego de alianzas, para desgracia del pueblo colombiano, se impuso, de nuevo, en el ejercicio del poder político electoral. Examinarlo es indispensable para definir las alternativas del futuro.

 

Desde el principio intentó lucir diferente, tal vez por una pizca de orgullo personal, o porque, en Colombia resulta más cómodo y, sobre todo rentable, ubicarse en el centro. Una pretensión inútil, sin embargo. No había más que decir: era simplemente “el que había dicho Uribe” y bastaba examinar el talante de quienes lo exhibían en la feria electoral. Marta Lucía, José Obdulio, Ordóñez, Vivian y la bancada de congresistas acaudillados por Paloma. Pero fue después de la primera vuelta de las presidenciales, una vez eliminado su principal contendor en el imaginario derechista, Germán Vargas Lleras –el preferido del establecimiento– cuando comenzó, en forma definitiva, la operación maquillaje. Sólo que ahora ya no era en su favor sino en interés de los verdaderos protagonistas sociales. En favor del status quo.


El salón de la belleza política


A la operación contribuyeron varias presiones que fueron conformando un clima de opinión. De una parte, la satanización de la presunta polarización. “Ninguno de los extremos representa una opción de unidad, que es lo que necesita Colombia”, insistía Fajardo; actitud falsamente neutral que se intentó materializar con el voto en blanco. En el mismo sentido pero con una salida “optimista” se pronunciaba El Tiempo: “Esta tendencia a alejarse de los radicalismos ha sido oportunamente leída por Iván Duque y Gustavo Petro quienes en las últimas tres semanas, especialmente, se han esforzado por moderar posiciones extremas y mostrarse, en buena hora, más cercanos al centro […]” (1). Salida que hacía más creíble la “conversión” de Duque. En realidad el que contaba era este último ya que el argumento del desplazamiento al centro nunca se aplicó de manera simétrica: a Petro, por definición, no se le podía creer así lo jurara una y otra vez. De todas maneras, en el colmo del optimismo, para algunos especialistas en pensar con el deseo ya daba lo mismo cualquiera de los dos: “Si es Duque, deberá traicionar a quienes quieren bloquear la implementación del acuerdo de paz y abrir el gobierno a la concertación popular, para liderar un cambio social que se volvió inatajable […]” (2).


Este aspecto, el de la independencia frente a su mentor, ha sido, desde luego, el más difícil de vender; aunque sólo fuera por el hecho de que Uribe no permitiría otro “traidor”…. A menos que la “independencia” fuera pactada. Para algunos podría ser sencillamente un resultado de la multiplicación de acreedores políticos que vino después de la primera vuelta, con el apoyo en masa de todos los partidos políticos del status quo. Lo cierto es que se había vuelto una necesidad para el conjunto de la burguesía, y así se intentó demostrarlo, contra toda evidencia. Otro columnista del mismo periódico, declarado antiuribista, hizo explícito un artilugio que ya se había hecho popular en ciertos círculos de opinión. En realidad –se argumenta– los polos son Uribe y Petro, de modo que Duque vendría a quedar en el centro. Y lo repite casi como un acto de fé. “¡Y yo le creo! Le creo porque lo conozco y conocí a su padre. El pasado familiar de Duque es impecable y su vida lo ha sido también. No veo a Duque siendo el títere de Uribe […]” (3).


Es posible que el recurso desesperado de proclamar “es de los nuestros” no haya sido del todo convincente, pero sí obraba como una notificación a los oídos del propio beneficiario. ¡No es que sea independiente sino que debe serlo! En la cúspide del poder la cuestión estaba clara: dado que Vargas Lleras definitivamente no pudo recuperarse, había que expropiarle el candidato al incómodo Uribe. Ya se sabe que la gran burguesía, aunque muy bien se aprovechó del trabajo sucio de este último, no estaba dispuesta a entregarle otra vez el país a la rufianesca fracción narco terrateniente; opinión seguramente compartida en Washington después de cumplida la cruzada anticomunista. Pero la realidad electoral obligaba a hacer algunos ajustes. El disgusto tampoco era tan grande, ni las contradicciones tan irreconciliables como para no hacer concesiones. Uribe, por su parte, prefería asegurarse por varios años más, al riesgo de jugar al todo o nada.


El nuevo look de Duque iba encaminado sobre todo a proporcionar tranquilidad a los electores que iban a tomar una decisión que antes les resultaba incómoda. Tal era el propósito, en general, de toda la cantinela de los centristas “formadores de opinión” quienes, en el fondo, no suelen ser tan centristas (el mismo Zuleta lo declaraba con toda franqueza: “Le tengo más susto a Petro que a Uribe”). Y lo lograron. Una rápida aritmética con datos preliminares nos indica que los 10,373,000 votos por Duque, representan un incremento de 2,76 millones de votos sobre la primera vuelta. Ahí, lógicamente se encuentran los 1,4 millones de votos de Vargas Lleras y hasta los 200.000 de De la Calle; sin embargo, como el voto en blanco apenas superó los 800.000, quiere decir que, por lo menos, 1,1 millón de votos vinieron de los fajardistas.


El segundo objetivo de la operación de maquillaje era más fácil. Vender una imagen de candidato renovador y refrescante. Muy fácil en un país en donde se cree que ser joven equivale a tener ideas jóvenes. Un candidato risueño y bailarín al que le gusta el fútbol y las “redes sociales”. Se proyectó entonces la idea de “nuestro” Macron, o “nuestro” Trudeau. Esto significaba, por supuesto, meter en el armario las consignas más conservadoras, así como las propuestas económicas e institucionales más controvertibles. Y así se ajustaron las nuevas “ideas fuerza” de su campaña: educación, ciencia y tecnología, respeto al medio ambiente y lucha contra la corrupción; salud y erradicación de la pobreza. Parecería que se robaba las consignas de sus oponentes, lo cual es relativamente fácil pues en el nivel de las generalidades todo el mundo queda bien –téngase en cuenta que sólo a Petro los periodistas le exigían el “cómo”: múltiples precisiones y hasta cifras.


En cierto modo se trataba de una disputa por el mismo electorado de Fajardo y de Petro que, según todo parece indicar, estaba conformado, en parte, por jóvenes universitarios (estudiantes y un buen número de los profesores). Claro está que ellos no debieron aportar más de tres millones de votos. Para darnos una idea, observemos que, según el Ministerio de Educación, los matriculadors en el 2016 suman 2.394.434 de estudiantes. Incluidos los docentes, solamente pasamos de dos millones y medio de posibles votantes. Los jóvenes, por supuesto, son muchos más (4). Se estima que hoy en día más de 8 millones de personas estarían entre 20 y 30 años.


Por supuesto, la influencia de las ideas llamadas juveniles, en vista de que confieren cierto prestigio, se extiende a muchos otros grupos de edad. Entre estas ideas se encuentran precisamente las evocadas en las mencionadas consignas, en especial aquella confianza iluminista en el poder redentor y progresista de la educación. La proyección de Duque como un “joven” le proporcionaba además otro atractivo, ese sí gratuito y contra toda evidencia: como tal joven, lo más lógico es que procediera a renovar las “costumbres políticas” y por tanto ¡a erradicar la corrupción!


El espinoso asunto de la paz


En este grupo de población –que podemos identificar mejor como jóvenes escolarizados de clase media urbana–, un asunto resultaba ser el más delicado del debate electoral: la paz, y más concretamente los “acuerdos de paz”. Y cabe referirse a este grupo porque en los demás sectores parecía haber, de manera nítida, una definición ya tomada. Es decir, en la relación candidato-paz. Sobra recordar el éxito de la campaña uribista alrededor de que el costo de la paz no podía ser la impunidad para los de las Farc. Pues bien, en Colombia ha tomado fuerza, de un tiempo para acá, un movimiento similar al conocido a principios de los años sesenta en los Estados Unidos, como expresión de fatiga con la guerra (para ellos la de Viet Nam): paz y amor eran sus divisas. No puede calificarse de subcultura como aquel, pues carece de símbolos novedosos, ropas distintivas y música propia, pero sí se trata de una poderosa fuerza motivacional materializada en nuestra sociedad. Varios son los determinantes: la repugnancia y el terror frente al ejercicio cotidiano y despiadado de la violencia –en la mayoría de los casos relacionada con la criminalidad y el narcotráfico–; pero también, como aporte de otros grupos de edad, la fatiga y el arrepentimiento de una generación (o sus sobrevivientes) que creyó en la posibilidad de una guerra revolucionaria. Se trata, pues, de un fenómeno juvenil que viene desarrollando un discurso sobre la violencia, con un diagnóstico centrado en la intolerancia y que ve la alternativa en la inclusión y la reconciliación.


Para Duque, a pesar de todo, se había convertido en una rémora aquella fanfarronada de “hacer trizas los acuerdos” con la que los medios terminaron identificando al Centro Democrático. Un inconveniente en la campaña electoral, claro está. A la burguesía, en su conjunto, en realidad, no le preocupa la hostilidad contra el Acuerdo de Paz. Es más, a través de Santos, supo muy bien aprovecharse, durante la negociación, de la algarabía de esta fracción política detestable y anacrónica, para que le ayudara a equilibrar el resultado, limitando las aspiraciones de las Farc. Pero además, sabe muy bien que el interés de Uribe no se orienta, en guarda de la “sacrosanta justicia”, a evitar la impunidad sino, por el contrario, de manera más pedestre, a asegurarse la suya. El “presidente eterno” se siente en un riesgo cada vez mayor. En síntesis, a la burguesía no le llama la atención “hacer trizas los acuerdos” pero tampoco va a defender a las Farc. (Santos lo entendió muy bien: en la “implementación”, con su apoyo o sin él, los Acuerdos viven una constante desnaturalización). En el mismo sentido, es claro que la burguesía no va a atacar a Uribe pero tampoco va a defenderlo. Siente que basta con manejarlo durante otro cuatrienio, hasta su hundimiento o su eclipse que es lo mismo.


Es por eso que Duque pudo repetir hasta el cansancio que no iba a “hacer trizas el Acuerdo”, que bastaba con hacerle algunos “ajustes”. Por supuesto; da lo mismo. Es obvio que un acuerdo bilateral no puede ser modificado unilateralmente. El que una de las partes lo modifique significa dejar de reconocer lo establecido por la otra y por tanto equivale a burlarse de lo firmado. Es eso realizado bajo la presidencia de Santos. En esa línea de continuidad Duque tiene muy claras sus tareas en relación con el Acuerdo. Todo gira alrededor de los “ajustes” a la JEP. Poco a poco, militares, paramilitares, parapolíticos, y “terceros”, recibirán beneficios, y nunca se tomarán en cuenta los grandes y poderosos responsables de los crímenes de guerra y de la utilización de la violencia para el logro de sus intereses particulares. En cuanto a los diálogos con el Eln, ya ha dejado claro que su estrategia consiste en colocar unas nuevas condiciones para el mismo, condiciones absolutamente inadmisibles para la insurgencia; el único desafío, en el plano de la política y los medios de comunicación, se referirá a quién va a asumir el costo político de levantarse de la mesa.


El futuro de la paz, sin embargo, no reside, como parecen creerlo muchos colombianos, en los acuerdos con las insurgencias. La violencia, en realidad, no ha cesado. Porque ha sido un vehículo, principalmente, como lo comprueba nuestra historia, para eliminar las resistencias sociales y políticas frente a diferentes proyectos económicos y forzar reordenamientos territoriales. También aquí lo que puede preverse es la continuidad. Duque, es apenas un pequeño actor dentro del conjunto de fuerzas que suelen poner en práctica la violencia, y aunque en su propaganda haya sugerido lo contrario, no va a hacer nada para impedirlo. Su silencio es lo mínimo que se espera. Y es a lo que han aspirado muchos ilusionados. No obstante, existe ya un panorama preocupante que combina diversos rasgos: asesinatos selectivos e impunes de líderes sociales, amenazas por parte de supuestos grupos criminales, hostigamiento jurídico y mediático, judicialización de líderes sociales “sospechosos” o abiertamente acusados. Se ha conformado ya un marco político y jurídico, impulsado, entre otros, por la fiscalía. Obviamente el triunfo de Duque puede, en sí mismo, entenderse como un mandato claro y una garantía de impunidad; falta ver si el nuevo gobierno, además, va a jugar un papel activo y protagónico en este sentido. Este es, pues, el verdadero mentís a la prometida paz. Y es la principal prueba que tendrá que afrontar el movimiento juvenil.


La batalla del status quo


Más allá de las apariencias, el verdadero eje del proyecto maquillado es la continuidad; una continuidad de veinticinco años, o más. Fue por eso que, ante la opinión pública, el nudo del debate terminó siendo únicamente el riesgo del “cambio”. Tenemos unas instituciones democráticas y no podemos arruinarlas, se dijo. Lo primero que se exorcizó fue, en consecuencia, el fantasma de la “asamblea constituyente” que en ambos lados se había mencionado. Duque sencillamente lo olvidó y Petro improvisó un pobre argumento: ¡con un Congreso renovado ya no será necesaria! Pero sobre todo, continuaba la cantinela: tenemos una brillante tradición de política económica prudente que ha mantenido el respeto a “los fundamentales macroeconómicos” –o sea el neoliberalismo– y es algo que no podemos poner en riesgo. Salta entonces la liebre: ¡el peligro del “populismo”! Un engendro satánico que en todo el mundo se identifica con re-estatización y gasto público social. Y, en vocabulario de moda, con el Castro-Chavismo.


Con esta operación quedaba perfilado el “extremo”. Quienes proponen cambios azuzan la polarización. Duque entonces es el centro y el que mejor puede propiciar la concordia y la reconciliación. Ahí cayó en la red buena parte del fajardismo. Y lo que es peor, se convirtió en la condición chantaje que puso la parte restante de éste. Antonio Navarro, después de anunciar que Petro era el cambio, alcara, sin titubeo alguno: “[…] nosotros le hemos puesto una condición: no ande demasiado rápido, no de saltos al vacío […] el cambio se necesita pero hay que darlo paso a paso […]” (5). Y culmina con algo que también aparecía en las tablas de la ley que Antanas le hizo firmar al candidato de la Colombia Humana: ”respete la propiedad privada...”!!! Como quien dice, Petro ya iba quedando ajustado al gusto de la burguesía, para el caso de que sucediera lo menos probable: que ganara.


Desde luego, el designado por las alturas del poder era Duque. La continuidad neoliberal es la prenda de garantía. Las tareas encomendadas son bien conocidas, a algunas les llaman reformas pero significan más bien una profundización del modelo o un “perfeccionamiento”. Por sobre todo, atracción de la inversión extranjera y reforzamiento del modelo extractivista exportador; políticas encaminadas a seguir ampliando el mercado para el capital financiero: privatización y bancarización; consolidación de los proyectos agroindustrial y de infraestructura. Y, entre las reformas, la fiscal, la laboral y la peor y más importante de todas: la pensional. Es decir, la eliminación o marchitamiento del sistema público. Como resalta en muchos países, los Fondos de Pensiones constituyen la fuente más cuantiosa e importante de capital dinero, bien sea para especular en el mercado financiero internacional o para aplicarla a grandes obras de infraestructura, con todo y corrupción. Lo peor es que los congresistas la aprobarán fácilmente a cambio de que no toquen sus privilegios y los de los altos funcionarios del Estado; privilegios que deberían ser el objeto de una verdadera reforma. Tal es el ominoso futuro que nos espera.


La nueva mascarada


Al decir capital financiero estamos indicando cuál es la fracción burguesa que ostenta la hegemonía. Es la que articula el renovado proyecto del joven candidato, y hoy presidente, en nombre del conjunto de la burguesía. El problema con el grupo ordinario y lumpenesco del uribismo consiste en que es también neoliberal pero ha buscado, de manera descarada, dividendos particulares. Se trata ahora de hacer general la política particular. Un exministro neoliberal y excontratista del Banco Mundial, que ahora oficia de columnista, y votó por Fajardo, lo decía en tono compungido a propósito de la “confianza inversionista”: “La diferencia de opinión en materia tributaria entre Uribe y los economistas ortodoxos es la de que nosotros preferimos favorecer TODAS las empresas y él sólo ALGUNAS (subrayado del autor)” (6).


Pero, claro, había que hacer concesiones y la plutocracia financiera nunca ha tenido problemas en ese sentido. Formada en y para la especulación, es decir en el casino, carece de escrúpulos, no escatima ningún arma ni trampa y no se espanta ante la corrupción. Y lo más importante: carece de proyecto de desarrollo. Se burla del largo plazo. Exuda la filosofía del negociante, la del día a día. Hoy tenemos extractivismo, probablemente Petro tenga razón y las reservas han de agotarse, pero eso no importa, lo que cuenta son los millones de hoy y para ello basta con las mejores garantías jurídicas. He ahí su única religión. Un fundamentalismo neoliberal: eso es lo que necesita.


Duque no tiene, por supuesto, ningún problema para cumplir este encargo. A la burguesía le bastará con colocar en los puestos claves de su gobierno a representantes destacados y de confianza de la tecnocracia. Pero el Presidente, necesariamente, tiene que responder a los diferentes patronos. Conservará, por lo tanto las ventajas y las garantías de las que gozan los tenebrosos poderes locales, esencia del Uribismo. Las concesiones que ya son conocidas, o más, dependerán de las resistencias sociales. Lo cierto es que el programa de Uribe va a desarrollarse principalmente a través del Congreso. Curiosa paradoja la que nos tocó en suerte: una autocracia parlamentaria.


Duque puede jugar entonces a la división del trabajo, y dedicarse a embellecer el régimen del terror. ¡El pobre joven no tiene la culpa! En eso ya le están ayudando algunas de las almas buenas de la opinión pública. De ser un hombre maquillado pasará a ser un maquillaje sin hombre. Sin embargo no hay que engañarse, lo fundamental del terror estará en la política económica. Precisamente por el carácter extremadamente antipopular que tendrá ésta, Duque se verá obligado, como equilibrio y fórmula de distracción, a recurrir a un tema más popular, al de mayor acogida entre los ciudadanos: la seguridad. Y es en nombre de la seguridad, el orden y las buenas costumbres, que va a justificar cualquier medida represiva. Quedan así conciliadas las diferentes exigencias de sus patronos. Al terror de la economía neoliberal tendría que añadirse el terror desembozado de la violencia física. La burguesía financiera sigue en el poder, sólo que ahora vuelve a tener la máscara monstruosa de la mafia.

 

1. Editorial. “Democracia Viva”, El Tiempo. 17 de junio de 2018, p. 1.16
2. Alejandro Reyes “Duque, Petro y el centro” El Espectador, 17 de junio 2018, p. 56
3. Felipe Zuleta Lleras, “Los peligros acechan”, El Espectador, 17 de junio 2018, p. 59
4. La cobertura de pregrado, por ejemplo, se calculaba en 51.5 por ciento ya que, según la misma fuente, la población entre 17 y 21 años sumaría en ese mismo año 4.336.577.
5. Mensaje audiovisual anunciando su voto.
6. Perry, Guillermo “Hablando de confiancitas” El Tiempo, 29 de abril de 2018, p. 1.19. Destacados del autor.

 

*Investigador social. Integrante del Consejo de Redacción, Le Monde diploamtique, edición Colombia.

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Domingo, 12 Agosto 2018 07:13

Retratos de un país destrozado

Retratos de un país destrozado

El año pasado hubo en Brasil 63.880 asesinatos, que en el léxico de los informes oficiales aparecen como “muertes violentas”. Es decir: 175 asesinatos a cada uno de los días de 2017. Más de siete por hora.

Eso significa que hubo más asesinatos en Brasil el año pasado que muertos en la guerra civil de Siria.

De ese total macabro, 4.539 eran mujeres. Y 5.144 fueron muertos por la policía: 14 por día. El promedio nacional indica 30,8 asesinatos por cada grupo de cien mil habitantes. Pero en algunos estados el índice es tremendamente impactante: 59,1 asesinatos por cada cien mil habitantes en nordestino Ceará, y 63,9 en el amazónico Acre, y escandalosos 68 en el también nordestino Rio Grande do Norte.

Hubo al menos 60.018 estupros oficialmente denunciados, lo que significa 164 por día, casi siete por hora. Y se registraron 606 mil casos de violencia doméstica. Vale recordar que esos datos se refieren exclusivamente a denuncias prestadas ante a las autoridades, y que persiste en Brasil la costumbre de víctimas que optan por silenciar frente a la perspectiva, absolutamente común por todo el país, de ser humillada al presentarse en alguna comisaría de policía, las especializadas en este tipo de crimen inclusive. Estudiosos e investigadores de esa clase de violencia indican que el número real sería de por lo menos el doble, o sea, escalofriantes 120 mil estupros, 328 al día, catorce por hora.

En el abandonado y arruinado estado de Río de Janeiro, se registró, en los cuatro primeros meses de 2018, la muerte de un preso a cada dos días. Principales causas de semejante brutalidad: enfermedades infecciosas, malas condiciones de higiene y falta de personal médico.

Con pequeñas diferencias, y siempre para peor, el escenario de repite en todo el país: pilas de presos, muchísimos de ellos (en Brasil, se calcula en 40 por ciento del total de poco más de 700 mil presos, la tercera población carcelaria del mundo, ni siquiera han sido juzgados) sin condena alguna, hacinados en condiciones medievales. Se estima que la sobrepoblación media de los presidios brasileños es del 50 por ciento. O sea, por cada cien plazas, 150 presos.

El pasado febrero, Michel Temer, presidente ilegítimo rodeado por una pandilla de bucaneros voraces, intentó lo que él mismo clasificó de “golpe maestro”: para distraer a la opinión pública de Río, muy justamente alarmada por el creciente aumento de la violencia frente a la inoperancia absoluta del gobierno local, e intentó que su inexistente popularidad (su figura es rechazada por 97 por ciento de los brasileños) pegue un salto al decretar una intervención militar en el Estado.

Se registran hasta ahora dos resultados: una disminución en el número de robos, y un fuerte aumento en el de muertes. Desde marzo ocurren 17 tiroteos por día, en promedio, en el conurbano carioca. Algunos duran minutos, otros media hora, muchos hora y media. Y algunos cruzan la madrugada de manera intermitente.

Son bandos de narcotraficantes disputando territorio, o enfrentando a policías militarizados sin preparación alguna, trabajando en condiciones subhumanas, o tropas militares igualmente ineptas para semejante labor. Se multiplican casos de muertes de inocentes, niños y adolescentes, sin que nada cambie, excepto para peor.

El aumento astronómico de la violencia, en todo caso, es solamente uno de los muchísimos aspectos del derrumbe de un Brasil que se deshace de manera veloz. Cada día gana impulso, fuerza e impacto el incalculable retroceso experimentado por el país que hasta hace tres años era la sexta o séptima economía mundial, ocupaba un espacio nítido y consolidado en el escenario internacional y mantenía –pese a sus problemas económicos y principalmente fiscales– programas sociales de enorme envergadura.

Tal retroceso se inicia con las maniobras de los derrotados en 2014 para impedir que el segundo mandato presidencial de Dilma Rousseff, iniciado el primero de enero del año siguiente, lograse despegar. Y alcanza su punto más elevado con la instalación de Temer y compañía en el poder.

El golpe institucional llevado a cabo por un Congreso plagado de corruptos, por medios hegemónicos de comunicación y por una Corte Suprema cobarde y omisa, valiéndose de arbitrariedades que de tan nimias serían inadmisibles en tribunales de primera instancia, significó la victoria de sectores que cargan en sus espaldas siglos de privilegios absurdos.

Y significa también la retomada del crecimiento de la mortalidad infantil, el retorno de enfermedades que habían sido extirpadas, la vuelta de entre cinco y ocho millones de brasileños a la situación de miseria y hambre. Se traduce en la existencia de 27 millones de brasileños desempleados, o trabajando en condiciones de precariedad absoluta, o sobreviviendo vaya a saber cómo (37 por ciento de la fuerza laboral del país).

Como telón de cierre para semejante y dantesco espectáculo, Lula sigue preso sin prueba alguna, broche de oro del golpe de los inmundos. Claramente no podrá disputar una elección que ganaría con facilidad olímpica. Y surge un fantasma asombroso, un capitán troglodita llamado Jair Bolsonaro, capaz de emitir mugidos como este: “No hay mortalidad infantil, lo que hay es demasiado partos prematuros, porque las mujeres no tienen higiene bucal ni tratan sus vías urinarias”.

U otra maravilla: “Expandiré la educación a la distancia para combatir al marxismo”.

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Brasil: “Hubo una sucesión de golpes a la democracia”

Boulos, referente del Movimiento de los Trabajadores sin Techo, señala que a la destitución de Dilma Rousseff le siguieron la aplicación de una agenda neoliberal y los recortes en salud y educación. Llama a la unidad latinoamericana.

Desde Porto Alegre

 

“Aunque tenemos cuestionamientos importantes a los límites de las experiencias progresistas en Brasil, no toleramos la injusticia de la detención de Lula porque no se pueden silenciar los avances golpistas de la derecha.” En una entrevista con PáginaI12, Guilherme Boulos, candidato a presidente en Brasil por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), llamó a la unidad latinoamericana para “luchar contra la judicialización de la política, contra el avance del neoliberalismo y de la extrema derecha”. Recalcó que tiene que ser “una unidad fuerte, segura, para luchar por los derechos y por la democracia, sin perder la osadía de presentar un proyecto de futuro progresista y de izquierda”.


Boulos, referente del Movimiento de los Trabajadores sin Techo, sostuvo que para lograr esos objetivos, los dirigentes y los partidos tendrán que tener en cuenta que “con quién andamos, con quién caminamos” porque “el golpe en Brasil ha demostrado que no se puede gobernar con la derecha” , al tiempo que advirtió que “no habrá triunfo progresista y de izquierda sin una decidida política de enfrentamiento contra los sectores del privilegio”. Boulos pidió no sólo la libertad del ex presidente Inácio Lula da Silva sino también que “cese la persecución judicial” contra los ex mandatarios Cristina Kirchner y Rafael Correa.

 

–El golpe en Brasil, el macrismo en la Argentina, lo que está ocurriendo en Venezuela, en Ecuador, ¿cómo se sale de esta encrucijada totalitaria, antipopular?

–Antes de responder, quiero señalar que no hubo solamente un golpe en Brasil, hubo una sucesión de golpes. Un golpe para poner un gobierno ilegítimo, que es el de (Michel) Temer, el peor gobierno de la historia republicana de Brasil. El segundo golpe fue la agenda neoliberal, una agenda que no fue elegida por el pueblo brasilero y que incluye la reforma laboral, el recorte de los presupuestos públicos de salud y educación. Otro golpe fue aprobar un gobierno por parte de un Congreso desmoralizado que actuó en contra de los intereses de la mayoría del pueblo. En definitiva, fueron golpes a la democracia.

 

–Son varios los actores que están siendo protagonistas de un plan que parece orquestado para desterrar cualquier intento progresista en la región.

–En este golpe a la democracia, una de las manos es la del Poder Judicial, que en Brasil actuó para interrumpir el proceso político electoral con la detención de Lula, pero que además se ha expresado por medio de la violencia, como lo demuestra el cobarde asesinato de nuestra compañera Marielle Franco. Esto significa que el debate político es reemplazado por el balazo. Todo esto significa que la crisis en Brasil se expresa por estos varios golpes contra el pueblo brasilero.

 

–¿Cuál debe ser la actitud de los sectores populares, de los partidos progresistas, frente a una crisis que lastima a Brasil, pero que se repite en otros países de América latina?

–Este es un momento de resistencia, de resistencia muy fuerte del campo popular y de la izquierda. Y esa resistencia nos tiene que unir a todos los partidos progresistas, a todos los sectores populares que vienen luchando organizados, porque necesitamos construir una unidad en defensa de los derechos conquistados con tanto esfuerzo y en defensa de la democracia en todo el continente. La ofensiva neoliberal, la ofensiva de la extrema derecha, incluso, la ofensiva de la judicialización de la política y de la partidización de la Justicia es un problema continental, lo que ocurre con Cristina (Kirchner) en Argentina, lo que ocurre con (Rafael) Correa en Ecuador, lo que ocurre con Lula en Brasil, es una tentativa de criminalizar la lucha política, de criminalizar cualquier intento de progresismo en la región, por más contradictorio que sea y es importante recalcar esto.

 

–Buscar la unidad, más allá y a pesar de las diferencias…

–Nosotros estamos en un campo que tiene cuestionamientos importantes a los límites de nuestras experiencias progresistas, pero tener críticas no significa ser tolerante a cualquier tipo de injusticia o silenciar los avances golpistas de la derecha. Por eso, nosotros tenemos dos desafíos: una unidad fuerte, segura, en la lucha por los derechos y por la democracia, y por otro lado, no perder la osadía de presentar un proyecto de futuro. Y por eso es necesario aprender de las lecciones del proceso que estamos viviendo, en términos de analizar con quién andamos, con quién caminamos. En Brasil esto ha sido muy claro, el golpe ha demostrado que no se puede gobernar con la derecha. Esta lección tiene que ser aprendida por nuestro campo. El golpe ha demostrado también que los mercados financieros actúan en forma mancomunada con el Poder Judicial. Para tener una política de avance en los derechos, hay que tener una decidida política de enfrentamiento a los sectores privilegiados. El margen que pudo haber en el pasado ya no existe más. Y el golpe es la expresión de esa realidad. Por eso es necesario enfrentar dos desafíos: el de la unidad para luchar por los derechos y el desafío de pensar un nuevo ciclo progresista, de izquierda y democrático en la región. Lamentablemente, el Partido de los Trabajadores de Lula desaprovechó la oportunidad de impulsar una reforma política que cambiara la forma de gobernar para apostar por una movilización de la sociedad para poner las decisiones en manos del pueblo y presionar al Congreso para llevar adelante las reformas necesarias.

Publicado enPolítica
Sábado, 28 Julio 2018 09:34

Los desafíos de la clase trabajadora

Los desafíos de la clase trabajadora

Un Congreso de trabajadores con debate abierto y vocación de renovación sindical fue el realizado por Únete en días pasados. Acá la novedad del mismo, así como sus proyecciones de diversa índole

 

“El sindicalismo no desaparece, se transforma”. Bajo esta premisa alrededor de 50 organizaciones sindicales, con 147 delegados de 27 ciudades de todo el país se dieron cita los pasados 20, 21 y 22 de junio en la ciudad de Bogotá, para desarrollar el primer Congreso nacional programático de la Federación Unión nacional de trabajadores del estado, los servicios públicos y la comunidad (Únete). El propósito fundamental de esta cita: asumir los desafíos de la reconfiguración sindical en un país donde el derecho de asociación sindical está ampliamente obstaculizado por una cultura anti-sindical y por la violencia estructural de nuestra sociedad.

 

Este Congreso surgió de la reflexión desarrollada por Únete a lo largo de los últimos 6 meses, con el ánimo de darle una nueva proyección –socio-política– al sindicalismo en nuestro país. Propósito derivado de la necesidad que tiene la organización de los trabajadores por construir más allá de sus propias reivindicaciones laborales, y contribuir con otra democracia posible junto a los más diversos sectores sociales.

 

El regreso al gobierno del uribismo

 

Éste evento sesionó en un contexto difícil para la clase trabajadora colombiana, pues el recién elegido gobierno de Iván Duque anunció la implementación de reformas que afectarán a la sociedad colombiana en los planos laboral, pensional y tributaria. Proseguirá por esta vía lo hecho durante los últimos 8 años por Juan Manuel Santos y retomará lo ya realizado por Álvaro Uribe, mentor del gobierno que se posesionará el 7 de agosto próximo (Ver recuadro Cascada regresiva).

 

El sindicalismo no desaparece, se transforma

 

Para comprender la crisis por la que atraviesa el sindicalismo retomamos a García Nossa (1971), quien afirma que la crisis es el agotamiento de las posibilidades de un periodo. Por eso, cuando hablamos de los factores políticos que configuraron la crisis del sindicalismo, hablamos al mismo tiempo de su necesaria transformación. Únete es consciente de ella. Si vemos el cuadro adjunto, podemos evidenciar que entre 1994-2016, en casi todas las ramas de la economía, las tasas de sindicalización bajaron en varios puntos porcentuales, siendo notable su reducción en el sector financiero, el sector económico de más crecimiento en los últimos años. Esto unido a los escándalos de corrupción, a la verticalidad, burocratización y el divorcio que tienen las organizaciones sindicales con la ciudadanía y otros trabajadores.

 

Por ello, para salir de la crisis, el Congreso avanzó en identificar los factores y los ejes que podrían significar una ruptura con el actual sistema sindical, tratando de iniciar un proceso de re-configuración profunda para los próximos años. A través de diversas discusiones los trabajadores y trabajadoras estatales mostraron un afán de romper con la burocratización y la falta de dinamismo que caracteriza al movimiento sindical, anquilosado en viejas prácticas rutinarias, por lo que se enfatizó en construir sobre el pluralismo, la democracia, la horizontalidad, la territorialización, la solidaridad y la des centralización de la actuación sindical. Consecuente con ello, desde su carácter inicial, Únete se concibe como un proyecto de unidad sindical desde la base, con el ánimo de romper la dispersión que caracteriza a las constipadas cúpulas sindicales, de ahí que la Federación aglutine sindicatos afiliados a las 3 centrales, respetando siempre su derecho de autonomía sindical.

 

Luego de identificar estos factores, la sesión pasó a la exposición del cuaderno de debates “Del boxeo al ajedrez, los desafíos de la re-configuración sindical en la Colombia de hoy”, construido en los últimos 6 meses, donde se consigna el resultado de varios talleres e investigaciones realizadas en Bogotá junto con el comité ejecutivo de Únete, escrito que tiene por propósito dinamizar la discusión regional y sectorial en todas las organizaciones filiales de la Federación (ver recuadro, Un cuaderno abierto).


De igual manera, con el fin de generar relevos y propiciar nuevos liderazgos sindicales, acrecentar las habilidades y capacidades de los trabajadores en la lucha por sus derechos, los participantes hicieron un fuerte énfasis en la educación, mediante tejidos con centros de estudios laborales. Para esto se planteó la creación de una escuela sindical de carácter permanente y la elaboración de un diplomado en organización comunitaria y economías propias. Al mismo tiempo, se proyecta articular todo esto a la promoción de un sistema nacional de comunicación alternativa, a partir de sistematizar y compartir experiencias, dinámica comunicacional que debe llevar a disputar la opinión pública al establecimiento.

 

Las economías propias también sonaron en el Congreso, para superar las relaciones laborales precarias y cobijar al amplio espectro de trabajadores informales y por cuenta propia; el énfasis en la construcción de unas finanzas y una economía otra fue un tema central. Construir unidades productivas basadas en relaciones laborales alternativas también se concibió, bajo la idea de construir un sistema nacional de economías propias, a partir de mutuales y cooperativas de todo tipo. Para ello se piensa optimizar los recursos de la Federación, mediante planes de inversión, con rendición de cuentas anuales, en procura de hacer balances periódicos de avances y retrocesos. Para esto se planteó la idea de construir un gobierno sindical en línea, mediante un eficiente sistema económico contable.

 

Los mismos trabajadores precarizados que están en las plantas paralelas de las entidades, muchos de ellos jóvenes, así como la inclusión de temas de género fueron otros temas a tratar, nivelar los salarios y buscar acabar con las órdenes de prestación de servicios, entre otras formas de tercerización que alimentan el clientelismo en las entidades, fueron para el Congreso formas de fortalecer nuestra democracia. Asimismo, pensarse a fondo los temas de salud, medio ambiente y el arte, elementos esenciales para la vida de quienes sobrellevan su cotidianidad a partir de vender su fuerza de trabajo.

 

Nos transformamos o desaparecemos

 

Son retos inmensos por encarar, y que para hacerlos realidad obliga a invertir la lógica de lo sindical, de los paradigmas que lo rigen y las arquitecturas propias del viejo modelo que desde hace décadas hace agua. Cambio que será posible cuando sembremos y cosechemos identidad y acción solidaria de, con y para los trabajadores, pero con proyección hacia el conjunto nacional. Cambio que podría materializarse en acciones como, por ejemplo, que los trabajadores vinculados por contrato fijo concreten un paro exigiendo trabajo digno para todos, demostrando así que los trabajadores tenemos poder si lo hacemos real y si tomamos una conciencia política que trascienda lo meramente sindical, pues son también los trabajadores mejor empoderados los que mantienen una vinculación laboral más estable y lucrativa, y son ellos quienes más deben movilizarse para el beneficio de todos los demás compañeros y compañeras que no gozan de tal beneficio.

 

Como un llamado para todos y todas, este Congreso, el primero en la corta historia de la Federación, llama a tener memoria sobre los gobiernos que hemos padecido en nuestro país, y su relación y sometimiento a los dueños del capital; a la par que llama la atención sobre la oportunidad urgente e inédita que tenemos para cambiar y crecer. El reto es convocar a las mayorías negadas hacia la construcción de una alternativa diferente al modelo capitalista y neoliberal que sin duda alguna representa Iván Duque: nos transformamos o desaparecemos.

 

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Recuadro 1

 

Un cuaderno abierto

 

En él se plantea una radiografía general de la estructura económica y ocupacional del país, así como algunas herramientas para analizar los discursos y las reivindicaciones populares, de manera que puedan acercarse demandas laborales con demandas de orden social. El documento recomienda nutrir los pliegos y el contenido de las negociaciones colectivas con puntos que realicen un vínculo con las necesidades de las comunidades y la ciudadanía en general, que también son trabajadores. Así como ajustar la estructura organizativa para integrar organizaciones de la sociedad en general, como por ejemplo realizando articulaciones entre los sindicatos de empresas en los servicios públicos con sus ligas de usuario respectivas, o fortalecer las veedurías y las formas de participación ciudadanas en la aplicación de políticas públicas por las entidades donde operan los trabajadores sindicalizados. Para ello se planteó la idea de realizar reuniones del ejecutivo ampliadas, con invitación a otros sectores sociales.

 


 

Recuadro 2

 

Cascada regresiva

 

La memoria no nos debe fallar, como senador liberal en los años 90, como Presidente y ahora como jefe de la derecha extrema, Uribe ha encabezado multitud de reformas que nos han hecho un enorme daño a los trabajadores colombianos. En 1990 fue ponente en el Senado de la ley 50 de 19901, una reforma laboral que derogó conquistas de los trabajadores como la estabilidad laboral y con la que los empresarios pudieron abaratar los costos de producción, aumentar sus rentas y restringir la acción sindical en el sector privado, en donde hasta hoy los trabajadores sindicalizados son una pequeña minoría acorralada.

 

Esta Ley partió en dos la historia de los que trabajamos en Colombia: suprimió la retroactividad en el pago de las cesantías, la estabilidad laboral después de los 10 años de antigüedad y eliminó por 10 años del concepto de unidad de empresa. Crecieron como la espuma los empleos temporales y el despido masivo de trabajadores con autorización del Ministerio del trabajo.

 

Luego, tres años después, Uribe, junto con Fabio Valencia Cossio, lideraron la ponencia de la famosa ley 100 de 19932 que privatizó el servicio de salud y hoy deja morir a cientos de colombianos en las puertas de los hospitales.

 

En el año 2003, bajo su gobierno, el empresariado logró que fueron liquidadas y estructuradas 4643 empresas y entidades estatales como el Instituto de los Seguros Sociales, el Banco Cafetero, Granahorrar, Ecogás y Telecom, plasmando el Acuerdo Stand by firmado con el FMI producto de la crisis financiera de 1999. Varias organizaciones sindicales son arrasadas, además de ser tratadas como terroristas. De esta manera el uribismo ha sido el máximo exponente del proyecto neoliberal en el país, desmanteló el Estado colombiano, ya bien insuficiente y lo ferió a empresarios privados, casi todos extranjeros.

 

Bajo su gobierno, el capital privado logró que escindiera Ecopetrol en tres mediante el decreto 1760 de 2003 y posesionó a Isaac Yanovich como presidente de la empresa con el propósito de destruir a la Unión Sindical Obrera –USO– y masificar la tercerización laboral. En diciembre de 2003 expidió el decreto 31644 para abaratar salarios de trabajadores tercerizados y logró que un tribunal de arbitramento obligatorio modificara la convención colectiva de trabajo USO-Ecopetrol para quitarles derechos a los trabajadores directos. La resistencia de los trabajadores impidió que acabara con el sindicato.

 

Arrasando más derechos. También fue aprobada en su gobierno la ley 789 del 20025 con la cual el día de los trabajadores se extendiese hasta las 10 de la noche sin lugar a recargo alguno, hizo que el pago por trabajo dominical fuera insignificante y los despidos mucho más baratos. Ese mismo año, con la ley 790, acabó el Ministerio del Trabajo y lo fusionó con el de salud. Y como si esto fuera poco, con la Ley 797 de 20036 o reforma pensional, aumentó la edad y el número mínimo de semanas laboradas para el retiro de hombres y mujeres.

 

El final de ese mismo año, impulsó en el Congreso el “Estatuto Antiterrorista”7 con el cual concedieron facultades de policía judicial a las Fuerzas Militares y el cual permitía capturas e interceptaciones sin orden judicial previa. Un año después la Corte Constitucional declaró inconstitucional esta ley.

 

En el año 20058 tramitó y llevó a norma constitucional la prohibición de que los sindicatos pudieran negociar normas pensionales y acabó, según lo aprobado por el gobierno de Andrés Pastrana con el FMI, regímenes especiales dejando vigente solo el de las Fuerzas Militares. En el año 2006 logró que el Congreso aprobara la ley 11189 de 2006 con la cual abrió a Ecopetrol al capital privado.

 

Durante los 8 años de gobierno de Uribe Vélez aumentaron las violaciones a los derechos humanos10 contra mujeres sindicalistas, contra docentes sindicalizados. En realidad su gobierno fue una piñata para el capital nacional e internacional, que pudo concretar gran parte de sus propósitos, sirviéndose para ello del Estado y en contra de las mayorías nacionales.

 

Todo indica que el gobierno que se avecina retomará esta senda. En una reunión del Centro Democrático con sindicatos de Medellín a principios de este año, Uribe planteó la línea política de lo que él denomina el “sindicalismo gerencial y participativo”, que piensa hacer uso de los contratos sindicales (re-encauche de las otrora cooperativas de trabajo asociado) para “desconcentrar” las actividades al interior de las empresas, argumentado que así se evita la tercerización desde afuera y puede darle mayor empuje al liderazgo empresarial al interior de los mismos trabajadores para lograr mayor competitividad y productividad, al mismo tiempo que se logra mejorar la remuneración de los trabajadores (¿!?).

 

Es claro que el uribismo proyecta el divisionismo ideológico y orgánico a través de la mermelada del discurso y el bolsillo. El supuesto pacto social que propone Duque, se basa en la forma más efectiva inventada por la derecha para subordinar los sindicatos a la iniciativa patronal: tergiversar la relación laboral cooptando líderes y quitándole todas las responsabilidades a los empresarios con las prestaciones sociales de sus empleados. Como si esto fuera poco, vale resaltar una política del actual gobierno pero que continuará y ahondará el que entra: el retiro por parte de la unidad de protección de los esquemas de seguridad de varios líderes sindicales, muchos de ellos de la federación Únete y Fenaltrase.

 

De lo anotado se desprende un primer reto para los trabajadores, por acometer en los meses que vienen: hacerle frente a la figura de contrato sindical, el que lejos de constituirse como un mecanismo de negociación colectiva, a la luz de los indicadores de trabajo decente, es una forma de intermediación que precariza la actividad laboral, viola las normas internacionales de trabajo, principios y derechos fundamentales, a razón del incumplimiento reflejado en que las condiciones de vinculación laboral carecen de estabilidad y de garantías prestacionales por su corta duración, al tiempo que impide el derecho de asociación pese a que se suscribirse como tal, y desvirtúa su naturaleza en tanto el empleador es el mismo sindicato.

 

1 Así quedó la reforma laboral http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-979506
2 https://www.noticiasrcn.com/nacional-pais/20-anos-ley-100-sistema-salud-colapsado
3 Procesos de reestructuración del estado en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez: El caso Telecom. http://repository.urosario.edu.co/handle/10336/5253
4 Ecopetrol rumbo a la privatización http://viva.org.co/cajavirtual/svc0026/articulo03.pdf
5 Reforma laboral ley 789 Diciembre 27 de 2002. www.asys.edu.co/.../REFORMA-LABORAL-789-2002-CONTRATOS-DE-APREND
6 La reforma pensional que propone Uribe https://www.elespectador.com/noticias/politica/reforma-pensional-propone-uribe-articulo-585052
7 Estatuto antiterrorista https://www.semana.com/on-line/articulo/estatuto-antiterrorista/67905-3
8 https://www.las2orillas.co/alvaro-uribe-velez-26-anos-destruyendo-trabajo-decente/
9 https://www.dinero.com/negocios/articulo/listo-proyecto-ley-para-venta-del-10-ecopetrol/108778
10 Los derechos humanos en el régimen Uribe Vélez. https://prensarural.org/spip/spip.php?article4417

Publicado enEdición Nº248
La República Bananera de Venezuela bajo Maduro y la lección de AMLO

1. La democracia bananera


Maduro y su camarilla han convertido a Venezuela en una República Bananera que cumple a cabalidad con la definición del término en Wikipedia: un país "políticamente inestable, empobrecido y atrasado, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por las bananas), gobernado por un dictador o una junta militar, muchas veces formando gobiernos forzosos o fraudulentamente legitimados". Bastaron cinco años para transformar una utopía de democracia participativa en una distopía de pendejadas quijotescas. Destruyeron el sistema del Estado, el sistema político y, por supuesto, el sistema económico. En ningún área se muestra más su ineptitud que en la economía, donde actúan sobre puras entelequias (imaginaciones, fantasmas), como el "precio justo", que no existe en crematísticas de mercado; las falsas negociaciones del Plan 50 para "sincerar los costos y precios", en un contexto hiperinflacionario, que no permite ningún cálculo económico serio y donde, de todas formas, imponen sus precios administrativos que confunden con precios justos; y el seudo-estándar de oro "Petro", que es simplemente otro government bond (obligación) –es decir, papel dinero-- porque no está avalado por materiales preciosos existentes, sino por simples promesas de la camarilla. Un régimen bananero, que constituye un fraude de Alpha a Zeta a la democracia real y popular del siglo 21.


2. Gabinete de Horror


Cuando se escucha los discursos de Maduro, Delcy Rodríguez, Padrino López, Pascualina Curcio o Toby Valderrama, es imposible no pensar en la terrorífica Familia "Los Munsters" o "Los locos Addams". Uno no sabe, si prevalece lo obsceno o lo histriónico, lo trágico o lo cómico, cuando el Presidente habla del salario mínimo; la Vicepresidenta del "diálogo con Washington"; el Ministro de Defensa del "pueblo en armas que nació para ser libre"; la Directora del Banco Central de la inflación cual resultado de la "manipulación arbitraria y desproporcionada" de "portales web"; o el camaleón estalinista Valderrama de Diosdado Cabello, como alguien "siempre fiel al comandante" y "la última esperanza del chavismo". Cada frase de esos bufones es un comic strip (tira cómica) sin sentido, y una burla del pueblo de Bolívar, que ha de aguantar la dictadura pequeña burguesa y sus delusiones (delirios).


3. Milagro bíblico del "Presidente Obrero"


El 20 de junio, Nicolás Maduro anunció que va "a decretar el aumento del salario mínimo a tres millones de Bolívares, (…) el aumento del cesta ticket a dos millones ciento noventa y seis mil, quiere decir que a partir de hoy los trabajadores van a recibir como ingreso mínimo cinco millones ciento noventa y seis mil bolívares". ¡Vaya, Vaya Presidente! No es poca cosa, convertir en plena "guerra económica imperialista" a la clase obrera en millonarios. Lenin, Fidel y Xi no lo lograron. Pero, usted sí. Y qué tino en la selección del espiritus loci (espíritu del lugar) para revelar la Buena Nueva en una Gran Asamblea Carismática: el "Congreso Ideológico de la Clase Obrera", organizado por los sindicalistas charros del régimen. Ahora, gracias al socialismo madurista, los trabajadores venezolanos pueden deleitarse todo un mes con una lata de atún ---si es que la encuentran--- porque esta es la capacidad adquisitiva del grandioso salario mínimo millonario que el "Presidente Obrero" les ha decretado. Hablar de conciencia obrera, del deber de la clase trabajadora y de la construcción del socialismo en esa farsa era una tarea que toda persona ética hubiera rechazado. Pero, no el Comediante en Jefe, en cuyo lexicón no existe tal palabra.


4. La Vicepresidenta no tiene quién le escriba


En entrevista televisiva, la flamante Vicepresidenta --nunca muy lejos de las delusiones del newspeak de Miraflores-- afirmó que la "Revolución Bolivariana" está encaminada hacia una renovación política, empeñada en la estabilidad económica. Estamos dispuestos al diálogo con Washington…y que "se puedan establecer mecanismos de cooperación multilaterales y al diálogo diplomático con Estados Unidos", dijo la funcionaria por enésima vez, emulando a su jefe. ¿Cree Doña Delcy en milagros tipo Corea del Norte? ¿No entiende, que el milagro de Kim Yong-un es real y se llama "armas nucleares"? Donde ella y Maduro encuentran una razón para pensar, que Trump le podría hacer caso a un gobierno con cero poder geopolítico, carente de moneda, de apoyo de masas, de armas estratégicas y del aval bélico ruso-sino que tiene Kim? Pero, la postración ante el imperialismo y el autoritarismo hacia adentro son, obviamente, inseparables en los operadores de esa camarilla.


5. "Decir Carabobo es decir patria"


Decir "Carabobo es decir patria, es decir pueblo en armas que nació para ser libre", exaltó el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, el 24 de junio la Batalla de Carabobo. Es una icónica efeméride que "sirve de hermosa referencia para exaltar al glorioso ejército bolivariano; huracán de hombres y mujeres que vencedores en cientos de batallas, dieron libertad a pueblos oprimidos…La máxima gloria, el supremo objetivo, el horizonte de una magna gesta que vería coronar con laureles de furor y valentía, de sangre y fuego, el sublime sueño de tantas almas valerosas: la independencia de Venezuela… Que el Dios de los ejércitos celestiales y la santísima Virgen Del Carmen les bendiga por siempre y les colme de poderío, nobleza, generosidad y magnanimidad; para que permanezcan invencibles en el decoroso sendero de servir a la patria y al noble pueblo venezolano. "Perdiéndose en su rimbombante retórica feudal, el faccioso General es obviamente incapaz de percibir la profunda cual involuntaria ironía, de servir a una dictadura bananera donde el "noble pueblo" sobrevive con migajas, debido a que sus bayonetas sostienen una banda de usurpadores ineptos.


6. El camaleón stalinista


El síndrome de disociación clínica de la realidad y de la ética, que es la huella (signature) dominante del gabinete de Maduro, se encuentra también en otros protagonistas del sistema. El "comandante socialista" Toby Valderrama, en permanente búsqueda de un hueso, agrega otra perla a las entelequias de Maduro, Rodríguez, Curcio y Padrino López. Al teniente anti-comunista Diosdado Cabello, recién nombrado Presidente del osario llamado Asamblea Nacional Constituyente (ANC) le dedicó la siguiente oda: "Cuando pensábamos que el Chavismo estaba enterrado por el silencio de sus mejores hijos…en medio de la oscuridad y la desesperanza, aparece Diosdado, y una luz se enciende en el horizonte…Hoy es el Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, un poder que está por encima de todos los poderes… Él es la última esperanza del Chavismo." Ante tal disparate, los pragmáticos romanos hubieran regresado Valderrama a la realidad con un célebre aforismo: Quos deus perdere vult, dementat prius: a quién los dioses quieren destruir, primero lo hacen pendejo.


7. La lección de AMLO


El gran triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en México ha sacudido todo el debate político en América Latina. Interpretado adecuadamente rompe el sectarismo y la esterilidad del debate de "izquierda" y "derecha", que domina la teoría política criolla desde los gobiernos progresistas socialdemócratas (Lula, Chávez, Kirchner, Correa et al.) de los años noventa. Y lo mismo vale para la nueva moda intelectual introducida desde Washington que --para América Latina-- consiste en la falsa antítesis de "nacionalistas" y "globalistas". Interpretar adecuadamente el evento electoral de México significa entender que el proyecto de AMLO es un proyecto de Centro con Compromiso para las Mayorías (CCM), no de Izquierda, como se usa el término a la ligera en América Latina. Un CCM no tiene nada de malo en América Latina, porque en la actualidad es imposible que un proyecto de transformación sistémica (izquierda) llegue al poder. La exitosa campaña de AMLO es el resultado de un doble condicionamiento: respetó las circunstancias objetivas post-progresistas latinoamericanas y se adecuó dialécticamente a las condiciones idiosincráticas de México. Cualquier extrapolación del éxito de esa campaña, que no tome en cuenta esa génesis particular, única, está condenada al fracaso.


8. Osario de la teoría política


El segundo punto clave en la comprensión del evento mexicano radica en entender que, en la ausencia de una izquierda mundial –con la posible excepción de la tendencia de Xi Jinping-- tampoco existe una teoría científica de la transformación de la sociedad actual. En este sentido, el analfabetismo distópico político-económico que exhiben Maduro, Rodríguez, Cabello y su camarilla --agravado por discursos pro-indigenistas controlados por el Imperio y sectarismos de dizque "trotskistas", es evidencia forense del cadáver del "espíritu mundial político". Tratar de comprender la realidad actual en términos de izquierda-derecha, sin proceder desde una rigorosa determinación de esos conceptos al estilo de las ciencias naturales, sólo genera engaños y escenarios de praxis equivocados. Pedir a AMLO un proyecto antisistémico para los obreros, indígenas y campesinos, por ejemplo, es tan fuera de la realidad como creer, que la dictadura de Maduro es progresista o tenga futuro. La lección comparativa de ambas experiencias es clara y nos remite a la esencia del quehacer político, tal como lo definió Bismarck: "La política es el arte de lo posible"; no de lo deseable o soñado.
Es en este espíritu, que hay que reconceptualizar la ciencia política de la transformación en América Latina, si se quiere salir de la actual miseria.

Publicado enInternacional
Lunes, 02 Julio 2018 10:05

Arrollador triunfo de López Obrador

Arrollador triunfo de López Obrador

 Andres Manuel López Obrador gana con amplia ventaja los comicios presidenciales celebrados hoy en México. Los números del conteo rápido de la autoridad electoral le concede un 53% de los votos y una ventaja de más de 20 puntos porcentuales sobre el segundo candidato.

López Obrador se presentó como el candidato antisistema y logró sacar una ventaja amplia a su rival Ricardo Anaya, impulsado por una coalición de derecha e izquierda (PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano) y a José Antonio Meade, del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien aparece en un lejano tercer puesto.

“La información de los resultados con la que cuento me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador. Hace unos minutos hablé con él (vía telefónica) reconozco su triunfo y le expreso mi felicitación y le deseo el mayor de los éxitos por el bien de México”, expresó Anaya, desde su cuartel de campaña.

López Obrador, de 64 años, supo capitalizar el hartazgo en México por una violencia brutal y una corrupción rampante, tras el gobierno de Enrique Peña Nieto del PRI.

Además de elegir presidente, unos 89 millones de mexicanos estaban convocados para votar gobernadores, alcaldes, senadores y diputados locales y federales entre los más de 18 mil puestos en disputa. Se trata de la primera vez que se eligen tantos cargos en un solo proceso.

Las elecciones ponen fin a la campaña electoral “más sangrienta” de la historia reciente de México, con al menos 145 políticos asesinados desde septiembre (de ellos 48 eran precandidatos y candidatos), cuando se inició el proceso electoral, según la consultora Etellekt.


El movimiento de AMLO gana la Ciudad de México y otras importantes gobernaciones

 

Los candidatos de Morena, la coalición que lidera López Obrador, que actualmente no gobiernan ningún estado, se llevan además el triunfo de cinco de las nueve gobernaciones en disputa en esta jornada electoral.

Este triunfo modifica definitivamente el mapa político en los 32 estados que conforman México y que hasta ahora eran gobernados mayoritariamente por el PRI y el PAN.

 

Erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo Gobierno

 

En su discurso de agradecimiento, López Obrador garantizó que su Gobierno buscará desterrar la corrupción de México.

El presidente electo afirmó que su Gobierno tendrá como misión principal “erradicar la corrupción y la impunidad”.

“La transformación consistirá, en desterrar la corrupción de nuestro país, no tendremos problemas en lograr este propósito, la corrupción no es un fenómeno cultural, sino el resultado de un régimen político en decadencia”, sostuvo López Obrador.

López Obrador aseguró que “el nuevo proyecto de nación buscará establecer una nueva democracia”, ya que “no apostamos a construir una nueva dictadura”.

El político mexicano sostuvo su intención de “pasar a la historia como un buen presidente” y “ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de toda la nación”.

Estas declaraciones las realizó desde el comando de su coalición “Juntos Haremos Historia”, conformada por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES).

Horas antes de su locución, los candidatos restantes, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez “El Bronco”, reconocieron públicamente el triunfo de López Obrador.

 


"No creo que vaya a hacer maravillas pero ojalá López Obrador pare la delincuencia"

 

Casi 90 millones de mexicanos estaban llamados a las urnas. Las elecciones comenzaron con algunos retrasos e incidentes aislados, como las denuncias por compra de votos o el asesinato de una activista del Partido del Trabajo en Michoacán, y terminaron dando vencedor al izquierdista López Obrador.

"Quiero un cambio. Estoy harta del PRI (Partido Revolucionario Institucional) y espero que no nos ocurra como con Vicente Fox (presidente por el PAN, Partido de Acción Nacional, entre 2000 y 2006), que nos defraudó. Confío en Andrés Manuel López Obrador aunque sé que no es un mesías”. Luz María Mora, auxiliar administrativa de 42 años, resumía una posición extendida entre los votantes mexicanos: apuestan por López Obrador (Tepetitán, Tabasco, 1953) para traer un cambio al país pero observan poca fe en el futuro. Al menos, en las recetas mágicas e inmediatas.

Un total de 89,3 millones de electores estaban llamados a votar en los comicios que se celebraron este domingo. Las encuestas daban como favorito indiscutible a López Obrador, de la coalición Juntos Hacemos Historia (Morena, Partido del Trabajo y Partido Encuentro Social). Por detrás, Ricardo Anaya (Nacualpán de Juárez, 1979) y José Antonio Meade (Ciudad de México, 1969). El primero, liderando la coalición Por México al Frente que reúne al PAN, derechista, al PRD (Partido de la Revolución Democrática), izquierdista, y al Movimiento Ciudadano. El segundo, al frente de la coalición Todos por México, formada por el PRI, el Partido Verde y Nueva Alianza. Y en cuarto lugar, al candidato independiente, Jorge Rodríguez, conocido como El Bronco.

México afronta una grave crisis estructural y nadie, o muy pocos, creen que un nuevo presidente tenga la varita mágica para renovar el país en un corto espacio de tiempo. “No creo que vayan a hacer maravillas, pero al menos que no aumente el desempleo o la delincuencia. No sales a gusto a la calle, hay mucho bandido”, explicaba Mora, mientras aguardaba la fila en la casilla especial ubicada en la Biblioteca Vasconcelos, en el centro de la capital. Este era uno de los lugares en los que los votantes originarios de otros departamentos podían acudir a depositar su sufragio, lo que provocó grandes colas.


"No creo que sea el Mesías. Ojalá López Obrador pare un poco la delincuencia"

 

La mujer es originaria de Playa del Carmen, en Quintana Roo, uno de los destinos turísticos más populares de México. Se mostraba preocupada por la violencia. Dijo que los asesinatos se han incrementado en su municipio natal (el viernes, un periodista, José Guadalupe Chan Dzib, cayó a balazos, sumándose a una larga lista de víctimas). Afirmó que también tiene una casa en Acapulco pero que no ha podido venderla por la delincuencia. El antiguo destino paradisíaco es ahora uno de los lugares más violentos de México.

“No creo que sea el Mesías. Ojalá pare un poco la delincuencia, mejore algo el trabajo”, dijo Mora. Aseguró que tampoco cree en la campaña de desprestigio que se ha cebado con el candidato izquierdista. Sus oponentes llevan desde hace 12 años, cuando se presentó a la presidencia por primera vez, vaticinando un caos en caso de su triunfo. La tesis es bien conocida en otros lugares del mundo: candidato izquierdista a quien se vincula a Venezuela. Hace una década pudo funcionar, pero ahora es una bala gastada. “Si creyese eso no votaría por López Obrador”, consideró Mora.
El candidato tuvo que votar con retraso

Las elecciones se desarrollaron, al menos hasta mediodía (las 19.00 horas en España) con aparente normalidad. Algunos colegios abrieron con retraso. Por ejemplo, el que acogió la votación de López Obrador, quien tuvo que aguardar hora y media debido a que su casilla, ubicada en Copilco El Bajo, al sur de la capital, no abrió hasta una hora tarde. “Más que una elección va a ser un referéndum, un plebiscito, la gente va a decidir entre más de lo mismo o un cambio verdadero. Nosotros pensamos que la gente nos va a dar su apoyo para iniciar la cuarta transformación de la vida pública del país”, proclamó antes de depositar su voto.
López Obrador: "Más que una elección va a ser un referéndum"

Según anunció, emitía su voto por Rosario Ibarra de Piedra, una histórica activista social que en 1988 aspiró a la presidencia de la República y que actualmente se encuentra con problemas de salud.

Los rivales de López Obrador también depositaron sus sufragios por la mañana. Anaya votó en Quétaro, aseguró estar convencido de su triunfo y se desplazó hasta Ciudad de México para seguir el recuento. Meade afirmó haber apoyado al mejor, en referencia a sí mismo, y se mostró seguro de su triunfo. Los aspirantes intentaron mantener un tono triunfalista.


La violencia, siempre presente

 

La violencia también marcó la jornada electoral. Fuentes del PT, que concurren en la coalición con López Obrador, señalaron que una de sus activistas, Flora Resendiz, fue asesinada en Cantepec, un municipio de Michoacán, en el centro del país. “Salió de su casa parta supervisar la jornada electoral cuando desconocidos que le estaban esperando le dispararon”, señaló Isy De la Luz Rivas, responsable de comunicación del partido.


La presidencia municipal fue también secuestrada durante la campaña, denuncian

Según estas mismas fuentes, la candidata a la presidencia municipal fue también secuestrada durante la campaña. “Es un lugar que está duro”, dijo De La Luz Rivas.

Las denuncias por compra de votos también se han multiplicado, especialmente en estados norteños como Nuevo León o Tamaulipas. Resulta lógico: en México hay al menos 50 millones de personas en condiciones de pobreza y las redes clientelares aprovechan la necesidad para garantizarse apoyos en las urnas. Según una encuesta del colectivo Acción Ciudadana contra la Pobreza, al menos 30 millones de electores recibieron alguna oferta para vender su sufragio. A pesar de todo, y teniendo en cuenta que fraude y las mañas forman parte de la historia electoral mexicana, Lorenzo Córdova, presidente del Instituto Nacional Electoral, avanzó un primer informe en el que recogía que la jornada se estaba desarrollando sin incidentes.

La sombra del fraude también está presente. Lo explicó Carlos Rozas, de 31 años, músico de profesión. Es originario de Baja California pero vota en Ciudad de México. "Es probable que se intente hacer fraude. Va a ser más difícil que en otras ocasiones porque la diferencia entre López Obrador y el resto es amplia, pero es México y siempre hay fraude”, aseguró. En su opinión, “México es la última pantalla de un videojuego muy difícil”. “Hay desinformación, falta de educación, la constante violación del Gobierno hacia nosotros”, explicó. “Las cosas no van a ser diferentes mañana, mañana no va a cambiar nada, quizás en 30 años”, dijo.

Los colegios electorales permanecieron abiertos hasta las 18:00 horas (1.00 horas en España) y hasta las 23.00 (las 6.00 horas en España) no se conocieron las primeras estimaciones. No sólo elegía presidente, sino que el 80% de los cargos públicos de México (senadores, diputados, gobernadores, presidentes municipales) salen de esta votación, la más grande en la historia del país. Al igual que las encuestas, las primeras estimaciones daban vencedor a López Obrador.

En realidad, todos daban por hecho el triunfo del candidato de la coalición Juntos Hacemos Historia, y finalmente, tras los resultados del recuento rápido , sus seguidores tomaron el Zócalo para celebrar la victoria. Sería un paréntesis en la fiebre futbolera que afecta a México y que tendrá su próximo episodio mañana, cuando la selección que comanda Juan Carlos Osorio se enfrente a Brasil. El país seguirá a su selección con un nuevo presidente electo y comienza la cuenta atrás de cinco meses hasta que acceda definitivamente al puesto.

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Sábado, 30 Junio 2018 06:29

La paradoja del absolutismo

A pesar de su victoria, Erdoğan ha perdido legitimidad y su gestión autoritaria le ha valido un creciente resentimiento que atraviesa todo el espectro político

Nunca antes una victoria electoral le había dado a Erdoğan tanto poder como presidente. Tras ella Turquía pasará a ser gobernada por una súper presidencia y abandonará el sistema parlamentario.

 

A última hora de la noche del domingo el candidato presidencial opositor Muharrem Ince envió un escueto mensaje de texto al presentador de Fox TV İsmail Küçükkaya: “El hombre ganó”. La tensa batalla por el conteo de los votos había terminado. Por lo bajo y casi a escondidas, el Sms de Ince terminó con horas de especulaciones y versiones cruzadas y reconoció un resultado que se repite desde hace 15 años. El “hombre”, Recep Tayyip Erdoğan, fue reelecto otra vez como presidente de Turquía.


El líder islamista recibió el 52,6 por ciento de los votos en las elecciones del domingo pasado, frente al 30,6 por ciento de Ince. Nunca como esta vez Erdoğan pareció tan cerca de la derrota. Las encuestas de las últimas semanas habían registrado un ascenso imparable de Ince, al frente de una inesperada coalición de socialdemócratas, islamistas disidentes y nacionalistas de derecha que amenazaba con erosionar la base electoral del oficialista Partido de la Justicia y el Desarrollo (Akp).


Además, el empuje de la izquierda y los movimientos sociales nucleados en el Partido Democrático de los Pueblos (Hdp) parecía asegurar un parlamento de mayoría opositora. Aunque el Hdp mejoró su desempeño con respecto a la última elección y cosechó 11,7 por ciento de los votos, el entusiasmo no alcanzó y la alianza entre el Akp y la ultraderecha no sólo retuvo la mayoría legislativa sino que se aseguró la continuidad de una radical reforma constitucional.


Nunca como esta vez una victoria le dio a Erdoğan tanto poder. A partir de ahora Turquía pasará a ser gobernada por una súper presidencia y abandonará el sistema parlamentario. En abril de 2017 el Akp logró aprobar por referéndum una serie de enmiendas a la carta magna con las que insistía sin éxito desde 2002. Para la oposición se trata del comienzo de una “dictadura unipersonal”, como la calificó este martes el líder del Partido Republicano del Pueblo (Chp).


NUEVO SISTEMA.

Las reformas le permitirán a Erdogan concentrar poderes que antes se repartían entre el parlamento y el ahora inexistente cargo de primer ministro. De ahora en adelante, vicepresidentes y ministros serán elegidos por el mandatario de forma directa y sin necesidad de consulta parlamentaria. La presidencia tendrá además la potestad de disolver el cuerpo legislativo, imponer el estado de emergencia, y aprobar decretos ejecutivos sin control de otros organismos.


A esto se suman los cambios en marcha en la magistratura. A partir de esta “revolución democrática”, como la llama el propio Erdogan, el máximo órgano del Poder Judicial, el Consejo de Jueces y Fiscales, pasará a ser enteramente electo por el poder político. En el pasado, dos tercios de los integrantes de ese consejo eran elegidos por la Corte Suprema y los tribunales de primera instancia. Ahora, de 13 miembros, seis serán designados por el presidente y los otros siete por el parlamento.


Aunque la oposición podría, con mucha suerte, lograr la elección de alguno de sus candidatos, el oficialismo siempre tendrá asegurada la mayoría de este organismo clave. El consejo se encarga de designar, reasignar, investigar y eventualmente expulsar a cualquier juez o fiscal de Turquía.


“Ya no hay justicia”, dijo a The Economist el islamista opositor Temel Karamollaoglu, “la separación de poderes se terminó” (2-VI-18). Los cambios provocaron el rechazo explícito del 48,5 por ciento del electorado en el referéndum del año pasado, de la Unión Europea, de Amnistía Internacional, de Human Rights Watch y de otras organizaciones de derechos humanos.


“UNA SOLA BANDERA, UNA SOLA PATRIA”.

Con esa frase resumió Erdoğan el sentir de los 26 millones de turcos que lo reeligieron. Aunque el Akp perdió casi siete puntos porcentuales en la elección del domingo, su socio en el parlamento, el ultraderechista Mhp, atajó esa caída al repetir su resultado de los comicios de 2015. La performance de esa formación fascista fue lo más sorpresivo de la jornada: en octubre pasado el Mhp sufrió una fractura que dejó en la oposición a varios de sus cuadros principales. Según las encuestas, sólo iba a lograr la mitad de los votos que finalmente consiguió.


La situación probó la influencia que el discurso nacionalista, antikurdo y anticomunista mantiene entre el electorado. Las incursiones turcas en Siria y la represión encarnizada en el sureste del país contra los “enemigos de la nación turca”, permiten no sólo “suprimir cualquier oposición, sino fundar una nueva narrativa nacional que (re)úne las partes desilusionadas de la sociedad y la derecha organizada tras el liderazgo del partido del presidente”, señalaron los académicos Güney Işıkara y Alp Kayserilioğlu en un reciente análisis del creciente autoritarismo de Erdoğan (Jacobin, 22-III-18).
La potente fuerza aglutinadora del nacionalismo turco, presente en el país desde los tiempos del genocidio armenio, es la esencia del programa del Mhp y uno de los recursos centrales del Akp desde que rompió los diálogos de paz con la insurgencia kurda en 2015. En estos tres años la apelación a ese sentimiento como medio para conservarse en el poder ha ido acompañada de la destrucción de ciudades y el desplazamiento forzado de medio millón de personas en las provincias de mayoría kurda, según cifras de Amnistía Internacional.


El International Crisis Group ha podido identificar más de 3.600 muertos durante estos últimos tres años de renovada guerra interna. Las organizaciones sociales hablan de un número mucho más alto de asesinatos y denuncian torturas y desapariciones forzadas. La Onu ha llamado a una investigación independiente ante las denuncias de “destrucción masiva, ejecuciones y otras numerosas violaciones a los derechos humanos” en la zona.

En las ciudades de Cizre, Nusaybin, Sirnak y Yuksekova, las operaciones de contrainsurgencia del Ejército turco destruyeron entre el 50 y el 80 por ciento de los hogares, de acuerdo a denuncias del Hdp. La peor parte de estos crímenes ocurrió a fines de 2015 y durante 2016, sin embargo el gobierno impuso un estricto bloqueo informativo y capitaliza el conflicto bajo el pretexto de “aniquilar el terrorismo” y “proteger a la patria”.


RUPTURA.

Las elecciones del domingo estaban previstas originalmente para noviembre de 2019. Su adelanto, no exento de irregularidades, apuntó a sacar rédito de estos arranques patrióticos, que alcanzaron su clímax el pasado marzo con la ocupación por el Ejército turco de la ciudad kurdo-siria de Afrín. Durante la campaña electoral, la experta en política turca Ella George escribía para London Review of Books que “la victoria en Afrín podría energizar a parte de la base rural, religiosa y ultranacionalista del Akp”, pero el efecto se habría diluido si se esperaba hasta el año próximo (11-V-18).
La apelación a la patria y la denuncia de los múltiples y oscuros enemigos que la acechan son ahora omnipresentes en el discurso oficialista. Su protagonismo crece a medida que los resultados del gobierno en áreas más tangibles se tornan dudosos. Si bien la economía crece a un ritmo anual del 7 por ciento, la depreciación de la moneda y la alta inflación hacen estragos en los bolsillos populares. La extendida corrupción afecta la imagen de las autoridades, con el círculo íntimo de Erdoğan salpicado por varios escándalos.


Este escenario hace poco probable que disminuya la violencia estatal. Las elecciones del 24 de junio llegaron, según George, “tras un período de represión y miedo que representa la más seria ruptura en la historia de la república turca”. A comienzos de este siglo Erdogan llegó al gobierno con la promesa de poner fin al conflicto kurdo que desangra al sureste del país. Quince años después, ese conflicto no sólo empeoró, sino que Erdogan exportó al resto del país el régimen de emergencia, la arbitrariedad y el terror estatal.


Tras el golpe frustrado de 2016, la población de las principales ciudades turcas, en el centro y el oeste del país, ha sido golpeada por una violencia estatal inaudita. Con las masivas purgas en la administración, la educación, el Ejército y el Poder Judicial, nadie parece a salvo. Los parlamentarios de la izquierda van a la cárcel y los medios opositores son cerrados uno tras otro. Turquía ostenta, desde 2016, el récord mundial de periodistas encarcelados.


DEBILIDADES.

La nueva victoria de Erdoğan y la agresividad de sus políticas represivas esconden una creciente debilidad del poder. En el camino hacia el control total del Estado, el Akp perdió la legitimidad internacional de la que gozaba al comienzo, cuando la prensa occidental lo llamaba “islamista moderado” y lo proponía como modelo de democracia para Oriente Medio.


Además hay un hondo resentimiento entre las víctimas de sus excesos que ahora atraviesa a todo el espectro ideológico, como se vio este domingo. El propio oficialismo perdió diversidad interna y capacidad de movilización a medida que Erdoğan marginó a quienes no se someten a su vocación de sultán. El ex primer ministro Ahmet Davutoglu y el ex presidente Abdullah Gül son ejemplos de esta caída en desgracia de los líderes del Akp.


En ese marco, entiende George, se puede comprender mejor el apuro del actual mandatario por un cambio de modelo: “El paso a un sistema presidencialista debe ser entendido como un medio de garantizar su propia posición en caso de que el Akp comience a flaquear”. Ese debilitamiento de la estructura partidaria se pudo constatar en la campaña por el referéndum constitucional y en la reciente reducción de los votos al Akp. El triunfo del domingo encierra la paradoja del absolutismo. El hombre nunca tuvo tanto poder, pero nunca estuvo tan solo.

 

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Jueves, 28 Junio 2018 09:15

El alma nacional al desnudo

El alma nacional al desnudo

El presente artículo examina el comportamiento del voto en la segunda y última vuelta para elegir presidente en Colombia, y los factores que determinan los resultados agregados. Intenta explicar la profunda fractura y antagonismo intergeneracional, clasista, ideológico, axiológico, étnico y territorial que se manifestó en estos comicios. Con base en el análisis de las relaciones entre los datos sobre la composición social y los conjuntos de abstención y votos válidos, se busca establecer la relación entre características sociales y comportamiento electoral individual.

 

Como una prolongación de una constante histórica, el proclamado derecho de la soberanía popular dio la victoria, una vez más, a las nefandas coaliciones políticas de derecha y extrema derecha, representantes del “establishment” (élite dueña del poder o clase dominante). El total del potencial electoral sumó 36,8 millones: 19 millones mujeres y 17,8 millones hombres. Iván Duque y Martha Lucía Ramírez obtuvieron 10,3 millones de votos, esto es, el 53,98 por ciento de los sufragios válidos. La alianza entre el centro y la izquierda, representados por Gustavo Petro y Ángela María Robledo, obtuvieron 8 millones de votos, 41,81 por ciento de las decisiones de los electores por candidatos. La mitad del potencial electoral no se comprometió con ninguna de las opciones políticas: abstención 47 por ciento, voto en blanco 2,2 por ciento y votos nulos o no marcados 0,8 por ciento.


Los resultados se muestran en el gráfico 1.

 

 

Marco del análisis

 

Los estudios del comportamiento electoral se fundamentan en dos métodos y dos enfoques. Los métodos son el ecológico (correlaciones entre la fuerza de los partidos en zonas geográficas limitadas y las características demográficas, culturales, ambientales y económicas de las mismas zonas), y el de encuestas o muestras representativas de individuos particulares con un amplio número de atributos sociales, ideológicos, laborales y cosmovisiones de los mismos sujetos.

Al considerar la orientación y el énfasis puesto en el estudio del comportamiento electoral se cuenta con dos enfoques: sociológico (causas de la opción de voto en la condición existencial de la persona: grupos, estratos, clases, raza, etnias, entorno geopolítico, cultura y religión) e individuales o de características personales (genéticas, psicológico-cognitivas y carácter, etaria, familia, sexo, educación y profesión).

Modelo analítico. Elinor Ostrom (1933-2012), primera mujer en recibir el Premio Nobel de Economía 2009, estudió la complejidad e incertidumbre de la realidad social a partir de la comprensión de la naturaleza y evolución de las instituciones. Con este fin, construyó el programa de Análisis y desarrollo institucional (ADI).

Las instituciones son prescripciones que los seres humanos usamos para organizar todas las formas de interacciones repetidas y estructuradas. Ostrom construyó el concepto de “situación de acción”, integrado por las siguientes variables: el grupo de participantes; las posiciones que ocupan los participantes; los resultados potenciales; el conjunto de acciones posibles; el grado de control; la información de que disponen, y los costos y beneficios que se asignan a acciones y resultados. Las normas de comportamiento reflejan las valoraciones que los individuos otorgan a acciones o estrategias. Entre los rasgos de una comunidad que influyen en los campos de acción, Ostrom resalta los valores de comportamiento aceptados en la comunidad, el nivel de entendimiento común que los participantes potenciales comparten (o no comparten y los conduce a la unidad de lo antagónico) sobre la estructura de un campo de acción particular, en qué medida existe la homogeneidad en las preferencias de quienes viven en una comunidad, el tamaño y estratificación socio-económica de la comunidad en cuestión y la profundidad de las desigualdades respecto a activos, bienes y servicios básicos entre las personas afectadas. El marco ADI ayuda a organizar las capacidades de diagnóstico, análisis y prescripción (Figura 1).

 

Análisis del voto

 

Historia. La sociedad colombiana es jerárquica, autoritaria, excluyente y tradicional. Una clase y minoría étnica sustenta y legitima su supremacía económica, política e ideológica por descender de los invasores europeos. Esta forma de violencia institucionalizada no fue quebrada con la proclamación de la independencia de Colombia del Imperio Español en 1810. Por el contrario, durante los siglos XIX y XX, llegando hasta nuestros días, la marginación racista o étnica, la opresión y explotación clasista y la criminalidad del Estado contra la población registran una presencia central como criterio de dominación económica, política, jurídica, cultural y territorial. El modelo económico se caracteriza por la expoliación de los recursos naturales, la abusiva concentración del ingreso y la riqueza, la reproducción intergeneracional de las condiciones de pobreza extrema en amplios sectores populares (mediante el control político disfrazado de subsidios al consumo) y por una situación laboral indigna e inestable y de abyecta explotación de la fuerza de trabajo (Gráficos 2 y 3).

 

       

 

Durante la Colonia y el período Republicano el poder del clero y del ejército se mantiene intacto. Las fuerzas armadas operan como “guardia pretoriana” de la clase dominante y del gran capital criollo y transnacional, fungen, en complemento, como un ejército de ocupación interna y de control del territorio nacional; constituyen, además, un poder político de facto. La iglesia católica y las sectas cristianas y evangélicas han estimulado la sumisión de la población colombiana, profundizando ésta mediante el mandamiento de la obediencia, una actitud de sacrificio, tendencias a la resignación y promoviendo personalidades sectarias, dogmáticas, reaccionarias y llenas de odio hacia el diferente o quienes cuestionen la tradición. En 2018, como prolongación de un periodo que se suponía ya superado, las variopintas ideologías religiosas se aliaron con la caterva de partidos políticos de la extrema derecha, expresión de la oligarquía lumpen, corrupta y clientelista, y les aportaron 2,5 millones de votos canalizados a través de sus propias organizaciones políticas y bases electorales.

Es una historia de rígidos controles sociales y manipulación clientelista, con el uso de la violencia más extrema, de ser necesario. “Matar comunistas no es pecado; matar comunistas es legal”, consigna oficializada por el establishment y las jerarquías de la iglesia. En ello, el principio: un ciudadano o ciudadana un voto es de reciente conquista en Colombia, consecuencia de una larga lucha social y política. En aplicación de la reforma de 1910, en 1914 fue la primera vez, desde 1860 cuando se crearon formalmente los partidos políticos, que se eligió al Presidente de la República (1914-1918) mediante sufragio directo. Sólo podían ejercer el sufragio los varones mayores de 21 años, letrados y adinerados de los grupos de poder. Ganó en aquella elección el candidato conservador José Vicente Concha; el número de votantes sumó 337.469. En 1938 fue la primera elección presidencial en la que los votantes varones no requirieron de condiciones de renta o ilustración para ejercer el sufragio, en cumplimiento de la reforma constitucional impulsada en 1936. En 1958, después de nueve años de no efectuarse comicios presidenciales en Colombia, por primera vez las mujeres participaron en la elección de Presidente de la República, gracias al derecho a sufragar mediante el Acto Legislativo Nº 3 de 1954.

En esta misma historia institucional de la política colombiana, durante el último siglo, el promedio de la abstención ha sido de 52 por ciento respecto al potencial electoral, y el voto por los candidatos de izquierda de 13 por ciento. En 2018, la cantidad de colombianos que se manifestaron en las urnas superó por vez primera al abstencionismo. El espíritu democrático y la responsabilidad cívica se fortalecieron; la participación política alcanzó 53 por ciento del potencial electoral. El fin parcial del conflicto armado contribuyó a esta evolución ciudadana. El abstencionismo cayó 12,3 puntos porcentuales respecto a las elecciones presidenciales anteriores (2014: 59,3% versus 2018: 47%).

La abstención refleja dos actitudes diferentes de la ciudadanía: una consciente y otra ocasionada por una alienación política difusa. Para la primera, el voto no pasa de ser un instrumento de legitimación del sistema y de enmascaramiento de los antagonismos reales y de los conflictos existentes en la sociedad; de hecho, las instituciones democráticas, que se encuentran en forma embrionaria, han sufrido continuas violaciones por parte de la clase dominante, fraudes y reveses.

La alienación política difusa expresa el desinterés por los problemas políticos y sociales, la gente se considera incompetente y estima inútil intervenir, existe una orientación pasiva frente a la autoridad, la identificación partidista es escasa y el sentido de eficacia política es muy limitado. Esta caracterización puede aplicarse a los grupos sociales más implicados en el abstencionismo: los más jóvenes y los más ancianos, las mujeres dedicadas a los oficios del hogar, los más pobres y los desempleados, los trabajadores informales y del sector terciario, los que viven en zonas rurales, en los cinturones de miseria de las grandes ciudades, en áreas no politizadas y en espacios sometidos a la violencia, al crimen político, al despojo y el desplazamiento forzado, y los que tienen un nivel educativo bajo.

En Colombia, la izquierda ha sido agredida y sometida a la ilegalidad, el ostracismo, el vituperio y a la exclusión de los procesos políticos. En las ocasiones en que la hegemonía dueña del poder le ha permitido participar en elecciones sólo ha obtenido una votación favorable y significativa cuando se presenta en alianza o coaliciones con partidos o movimientos de centro o liberales de izquierda: en 1922 cuando apoyó al general de la Guerra de los Mil Días, Benjamín Herrera (La victoria la obtuvo Pedro Nel Ospina, hijo del expresidente Mariano Ospina Rodríguez); en 1946 con la candidatura de Jorge Eliécer Gaitán, representante de facción socialista del partido liberal (triunfó Mariano Ospina Pérez, sobrino y nieto de expresidentes); en 1962 con el apoyo a la Anapo; en 2006 con el Polo Democrático Alternativo y en 2018 con la alianza entre los movimientos y partidos de centro e izquierda: Colombia Humana, Verde, UP y un sector del Polo. En 2018, por primera vez en la historia política, la izquierda colombiana fue opción de gobierno; por ello todas las fuerzas políticas del establishment, las más corruptas, clientelistas y mafiosas, se unieron para impedirlo.

 

Sujetos de la política

 

Los individuos están insertados en un tejido de fuerzas sociales, histórico y espacial (status racial, económico, educación, religión, familiar, residencia, etc.) y poseen caracteres (sexo y edad) que orientan hacia la participación política o apartan de la misma. El voto expresa orientaciones de valor más que un conocimiento real del proceso político y del modo como éste condiciona o afecta los intereses particulares. El comportamiento electoral refleja preferencias por partidos más que por programas.

Del potencial electoral conformado por 36,8 millones de personas de 18 y más años, el 51,7 por ciento son mujeres y el 48,3 por ciento hombres. La alienación política difusa es más alta en las mujeres que en los hombres, de acuerdo con la encuesta de Cultura Política desarrollada por el Dane en 2017. El 27 por ciento de las mujeres registra un desinterés o ignorancia en temas políticos, en esta condición se encuentra el 22,5 por ciento de los hombres. En promedio y de forma similar, el 42,5 por ciento de hombres y mujeres declaran una preferencia por las opciones políticas de centro; el 11 por ciento por la izquierda y el 20 por ciento se identifican con las opciones ideológicas de derecha. Por la fuerte relación entre sentimiento religioso y opinión política, las mujeres tienden a ser más conservadoras que los hombres. Los hombres votan a partidos de izquierda en mayor proporción que las mujeres, y lo mismo a movimientos alternativos. La diferencia de voto entre hombres y mujeres puede explicarla la diversidad de género (a diferencia del sexo que viene determinado por la naturaleza, el género se aprende, puede ser educado, cambiado y manipulado).

Por grupos etarios, aquellos en edades entre 18 y 40 años se caracterizan por el predominio de un clima de izquierda. Los jóvenes son uno de los grupos que más se abstienen de votar y registran una gran fluidez en el sufragio, esto es, la tendencia a no ligarse demasiado al sistema de partidos y a ser psicológicamente libres de desplazar su voto de un partido a otro. Los mayores de 40 años tienden a registrar una mayor identificación con las ideologías de derecha en la medida en que se hacen más viejos. En las presidenciales de 2018-2022, se manifestó una profunda grieta y conflicto ideológico intergeneracional en Colombia. En el grupo etario de 18 a 25 años se encuentra el 17,4 por ciento del potencial electoral; de 26 a 40 años el 32,6 por ciento; de 41 a 64 años el 38,3 por ciento y de 65 y más años el 11,7 restante.

Existe una relación entre posición de clase y comportamiento del voto. Este concepto clasista del voto se encuentra asociado a la idea de los partidos como expresión de las clases sociales y a la imagen de las elecciones como traducción democrática de la lucha de clases. La fuerza de trabajo en Colombia se caracteriza por la alta informalidad, bajo nivel organizativo y de conciencia de clase, insuficientes ingresos, precariedad e inestabilidad laboral. De acuerdo con el Censo Sindical 2017, realizado por el Ministerio de Trabajo, la clase trabajadora organizada en sindicatos suma 1’424.048 afiliados (55% hombres y 45% mujeres), equivalente al 6,5 por ciento del total de la fuerza de trabajo (la cifra de la población ocupada en el país es de 22,1 millones y 2,3 millones se encuentran desempleados). El 95 de los sindicalistas expresó su compromiso de voto por la alianza de centro e izquierda; en consecuencia, si todos votaron entonces contribuyeron con 1,4 millones de votos a la candidatura Petro-Ángela María Robledo.

Los más pobres de la clase trabajadora conceden sus preferencias políticas a las fuerzas políticas que controlan el poder, el presupuesto público y los programas de subsidios sociales. Esto se explica por la existencia de un subproletariado que no se encuentra todavía en condiciones de madurar una conciencia de clase. La lucha por la supervivencia se reduce en parte a la competencia por las dádivas presidenciales (reales y simbólicas), lo cual guarda un efecto nocivo para la autoestima e identidad de las personas. Resulta poco frecuente que estos sujetos o las comunidades pobres que giran alrededor de la supervivencia logren arribar al ámbito político o desarrollen proyectos emancipadores. En general son susceptibles de vender el voto y de alimentar, de esta manera, el poder de facto clientelista y de cacicazgo local; engranaje de la maquinaria política.

En el lado opuesto, el interés principal de los empresarios es proteger el capital, pagar pocos impuestos, obtener dádivas del Estado, reprimir a los trabajadores y derrotar la resistencia popular, además de poder contar con ventajas comparativas para acrecentar las ganancias. En consecuencia, votan por programas autoritarios, conservadores, represivos y excluyentes: su fidelidad es con los partidos de derecha.

En las presidenciales de 2018, el Consejo Gremial Nacional (compuesto por los diferentes gremios más representativos de los sectores: industrial, servicios, agropecuario, financiero y comercial) garantizó su apoyo político y económico a la candidatura Duque-Ramírez. Además, de forma agresiva e intolerante los medios de comunicación de masas, pertenecientes a los grandes grupos económicos y financieros, dieron el respaldo a la alianza política de extrema derecha y arremetieron en contra de los candidatos de la alianza centro-izquierda. Los grandes empresarios, en alimón con los economistas áulicos del capital y el poder, no ahorraron energías para pintar un futuro apocalíptico y de crisis económica si ganaban los comicios presidenciales las fuerzas de centro e izquierda. Además, en las pequeñas y medianas empresas, en donde el control personal del empresario es más estricto, amenazando con el fantasma del despido, los dueños obligaron a “sus trabajadores” a que votaran por el candidato de la extrema derecha. En consecuencia, las fuerzas y partidos políticos configuran sistemas estructurales que traducen o convierten directamente los intereses sociales y económicos en poder político.

 

Territorios de la política

 

En Colombia, la localización geográfica del voto es factor determinante de las fuerzas de los partidos (Ver mapa). En las presidenciales de 2018-2022, la izquierda ganó en 8 departamentos y la derecha en 24. La izquierda triunfó en las ciudades de la Costa Caribe, el Occidente y el Sur en la frontera con Ecuador, el Valle y en la Capital. Bogotá fue fundamental para el resultado electoral de Petro-Ángela María Robledo, alcanzó casi 1’900.000 (53%). En la Costa Caribe, ganó en Atlántico con el 440.103 (54%) votos, de los cuales 242.473 los consiguió en Barranquilla; también se impuso en Sucre, con 440.103 (54%). Otro de los fortines electorales de la Colombia Humana fue la región Pacífico. En Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Putumayo, Petro y Ángela María recibieron el apoyo mayoritario de las comunidades; en el Valle el exalcalde de Bogotá obtuvo 885.289 (51%), de los cuales 446.477 los consiguió en Cali. En Nariño la alianza Centro-Izquierda también logró un apoyo mayoritario: 366.673 (63%); en Pasto el candidato de la Colombia Humana logró 115.459 (68%). El Cauca fue uno de los departamentos donde Petro sacó mayor diferencia de Duque: obtuvo 323.443 votos (65%). En la mayoría de estos territorios existe historia y memoria de luchas sociales por la tierra, por el trabajo digno, la autodeterminación, por servicios públicos y derechos humanos, y por el mismo derecho a la ciudad. En regiones de la llamada Colombia profunda, como Chocó y Vaupés, la izquierda también hizo mayoría.

El territorio colombiano registra las fracturas y antagonismos de clase, etnia y raza. La estructura agraria colombiana está estructurada por cuatro modos de producción y tipos de finca: i) latifundios ganaderos; ii) agro comerciales; iii) cafeteras, iv) minifundio. A esta estructura le corresponden las siguientes clases sociales: i) oligarquía terrateniente; ii) burguesía agro comercial; iii) clase media rural cafetera; iv) campesinado pobre, semiproletariado y pueblos originarios (indígenas y negros). Los últimos ocupan los territorios del andén pacífico, el Sur, la Amazonía y la Orinoquía. La oligarquía terrateniente, la burguesía agrocomercial y la clase media rural cafetera tienen una identidad ideológica, clasista y racial con los partidos de derecha y extrema derecha.


Bajo el principio “Paisa vota paisa”, las regiones de Antioquia y el Eje Cafetero son cuna de la hegemonía de la derecha y la extrema derecha: la influencia de las ideologías religiosas, el racismo, el individualismo capitalista, el culto al dinero y a la acumulación como sentido de vida, unido a la cultura patriarcal, provinciana y tradicional, explican esta identidad y solidaridad crónica. Otras regiones, como la frontera con Venezuela y el centro de Colombia, apoyaron significativamente la candidatura de Duque-Ramírez; en particular la xenofobia promovida por la derecha en contra del pueblo venezolano hizo mella en las zonas de frontera.

En Antioquia, Iván Duque logró 1’844.027 votos, 3,3 veces más que la alianza Centro-Izquierda; escenario similar al de la capital, Medellín, en la que obtuvo el 72,25% de los sufragios. En el Eje Cafetero, región compuesta por los departamentos de Risaralda, Caldas y Quindío, también la derecha arrasó en las urnas: en el primero, Duque obtuvo 257.267 votos, mientras que Petro consiguió 136.646; en Caldas, 283.920 votos, frente a los 121.476 de la Colombia Humana; en Quindío, 156.973, el doble de los 78.071 de Petro. El centro del país también favoreció a Duque-Ramírez: entre Tolima y Cundinamarca, el presidente electo recogió 1’037.978 votos. En Santander, Norte de Santander y Arauca, zonas fronterizas con Venezuela, tuvo a su vez gran acogida el discurso de la extrema derecha, teniendo en cuenta la cruenta presencia de la guerrilla y que durante la campaña la derecha llevó a cuestas una bandera que amenazó con que Colombia “se podía convertir” en la nación que hoy lidera Nicolás Maduro.

El mapa político también expresa el contubernio entre la avanzada de los ejércitos paramilitares, el modelo de gran hacienda, y el control de territorios por parte de los bastiones territoriales de las fuerzas políticas de derecha. En estas regiones confluyen dinámicas económicas, políticas e ideológicas, amalgamadas con el asesinato de líderes sociales y políticos de la oposición, el desplazamiento forzoso y la acumulación de tierras mediante el despojo.

 

 

En los consulados, el candidato de la derecha obtuvo el triunfo en los países norteamericanos. En los del sur (Brasil, Argentina, Cuba y Uruguay) la izquierda. En Europa y Rusia, también ganó la dupla Petro-Ángela María. En general, en el extranjero, la derecha obtuvo el 70 por ciento de los votos emitidos. La abstención de los nacionales que habitan en el extranjero alcanzó el 81 por ciento.

 

Derecha populista

 

El populismo hace parte de las ideologías de Estado en América Latina. Un rasgo esencial del populismo es su retórica dirigida a obtener el apoyo de los sectores desfavorecidos, a la par de su carácter manipulador para controlar a grupos de las clases media y popular. Pone gran énfasis en una sociedad “estado céntrica”. Sin embargo, gira esencialmente en torno a un estilo de política basado en el atractivo de personal de un líder y en la lealtad personal hacia éste, apuntalado en un elaborado sistema corporativista, clientelista y corrupto. La ideología populista es moralista, reaccionaria, conservadora y tradicional. La noción de conflicto de clases no forma parte del discurso populista. Glorifica más bien el papel del líder como protector de las masas. Tal estrategia política es mejor descrita como personalismo que como populismo. Bajo esta forma, tiene afinidades y conexiones con el fascismo. Esta es la caracterización del sistema político colombiano durante los últimos cinco períodos presidenciales; candidatos victoriosos, seleccionados, animados y controladas por el Centro Democrático bajo el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez.

Los resultados de las elecciones presidenciales registra esta confrontación entre el ahondamiento del status quo y las nuevas fuerzas libres que se manifestaron en el campo de batalla político. El resultado de la elección del presidente de la República de Colombia (2018-2022) expresó el antagonismo entre dos cosmovisiones y proyectos de país: de una parte, la defensa del status quo, esto es, la sociedad tradicional, herencia de la conquista y el pasado colonial que se reproduce de manera violenta y excluyente hasta nuestros días; de otra, el país que aspira a integrarse la postmodernidad del siglo XXI, respetuosa de la dignidad humana, la decencia, la pluralidad y la convivencia pacífica, la libertad y la democracia, incluyente y promotora de la armonía economía-naturaleza y del conocimiento creativo asociado a la cuarta revolución industrial.

 

* Economista político, filósofo humanista y analista existencial. Integrante del comité editorial de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia y desdeabajo.

 

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