De la fiesta por la Democracia y la Libertad de 8ª Conferencia Latinoamericana y del Caribe de la CLACSO, al Estado de Sitio por La Cumbre del G-20

A Buenos Aires centro la recorre un fantasma en medio de la bronca que se armó por el quilombo bochornoso en la antesala de la final fallida de la Copa Libertadores de América entre River Plate y Boca Juniors.

 

El silencio es un habitante desconocido que aparece en cada esquina mimetizado en la soledad de las calles, auspiciado, ordenado más bien por el Gobierno de Mauricio Macri para recibir a los representantes del gran capital financiero transnacional que del 29 de noviembre al 1 de diciembre realiza en la Capital Argentina la reunión del G-20. Es la materialización de la globocolonización del Norte, que demanda de los ciudadanos bonaerenses y de los extranjeros presentes, el confinamiento en su ciudad. El centro ha sido dividido en parcelas con fronteras cerradas por gendarmes policiales que impiden la salida y entrada a las mismas. La ciudad estará cercenada: el espacio aéreo, los aeropuertos, el mismo Río de La Plata, La Plaza de Mayo y por ende la zona aledaña a la casa de Rosada. El Obelisco, los trenes y el subte (metro) al servicio de los intereses del sistema financiero internacional que controla los gobiernos.

 

 

Los avisos luminosos que en la avenidas y calles regularmente informan a los conductores con “Siempre prioridad al peatón” ahora se cambiaron por ordenanzas micro que espetan los cortes, las prohibiciones, los impedimentos que deben guardar los bonaerenses y los miles de turistas so pena de infringir la ley autoría de Macri que obsecuente desaloja a quienes construyen la vida cultural de esta magnifica ciudad para que la habite el miedo donde el proyecto Neoliberal se sienta a todo confort: finalmente el silencio y el miedo son su alimento. Las mismas órdenes se leen en los ascensores de los edificios, en los hoteles y en las mas diversas páginas de internet.

 

En la Avenida de Mayo, el silencio es interrumpido por los radios que los efectivos de la fuerza de Policía Federal Argentina portan apostados en cada esquina. En los kioscos donde se adquieren los diarios cuelga la portada de Página 12: “ALERTA ROJA” y en la parte superior desnuda la situación: “El Gobierno se prepara como para una posible guerra” En el marco del G-20 los principales hospitales de la Ciudad de Buenos Aires suspendieron las cirugías y las licencias de los profesionales. Sólo atenderán pacientes de PAMI si hay riesgo de vida. Se menciona “la presencia de una inminente hipótesis de conflicto”.

 

 

Aunque las marchas y otras manifestaciones fueron prohibidas la fuerza social se impuso y a expensas del Premio Nobel de Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el gobierno se vio obligado a permitirla poniendo la responsabilidad de lo que suceda por fuera de los márgenes institucionales, en los convocantes a la protesta. El Nobel responde que la seguridad es responsabilidad del Estado: la marcha fue convocada para las 15 horas de éste 29 de noviembre. Llegará este bullicio multicolor de dignidad frente a la Casa Rosada donde durante 2.119 semanas las madres de la Plaza de Mayo marchan por la justicia y la memoria de los desaparecidos. Ellas los están esperando. En la última marcha, hace 8 días un jueves como hoy la icónica fundadora del movimiento de las Madres de la Plaza de Mayo Hebe de Bonafini manifestó “Este Gobierno es lo más terrible después de la dictadura”

 

Contrasta este aire rioplatense contaminado por la presencia imperial del G-20, con la fiesta contrahegemónica que se vivió en esta ciudad durante La 8ª Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales y La 26ª Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y El Primer Foro Mundial de Pensamiento Crítico que enarbolaron las banderas de la luchas por la igualdad, la justicia social y la democracia, realizados entre el 17 y el 23 de este emblemático noviembre.

 

En consonancia Hebe de Bonafini frente a los operativos de seguridad por la cumbre del G-20 manifiesta: “Tienen mucho miedo porque son una basura, están cagados”.

 

 

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*Educador popular, profesor universitario

Foto tomada de: L20 Argentina 2018 | Labour 20

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Sábado, 17 Noviembre 2018 06:02

A la libertad por la universidad

A la libertad por la universidad

En la imaginaria Ciudad del Sol de Campanella, rodeada de siete murallas, hay una casa con tantos maestros como ciencias: “el astrólogo, el cosmógrafo, el geómetra, el lógico, el retórico, el gramático, el médico, el físico, el político, el moralista… y un solo libro que contiene la totalidad del saber humano, que debe conocer todo el pueblo”.


Esta visión renacentista es el mejor símil de la universidad, un todo armónico resultante de la diversidad de sus partes, articulado hacia adentro, pero que irradia hacia afuera, inserto en la propia sociedad a la que no puede ser ajena porque perdería su razón de ser.


Lo aprendí cuando en 1959 entré a estudiar derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, la única que existía entonces, con sede en la ciudad de León, y que tenía apenas mil estudiantes. Las clases se extendían fuera del aula y uno podía visitar a los profesores en sus casas, prestar libros de sus bibliotecas y aun sentarse con ellos a las mesas de los bares. Una intimidad académica y de por medio mucha curiosidad juvenil.


El rector de la universidad era Mariano Fiallos Gil, quien había luchado por conquistar la autonomía universitaria. Fuimos sus discípulos y formamos lo que se llamó la generación de la autonomía.


Creó el lema A la libertad por la universidad, que proclamaba un humanismo beligerante, la universidad fuera del claustro, y así salíamos a la calle a enfrentarnos con la realidad de que el país se hallaba bajo la férula de una dictadura familiar.


Solía repetir a Terencio: Soy un hombre, nada humano me es ajeno. Y nada de lo humano es ajeno a la universidad, inmersa en un entorno que en América Latina es injusto con tanta desmesura. Si a la universidad se le arrebata el humanismo y se burla su autonomía, nada queda de ella.


Es lo que hace un siglo enunciaba el Manifiesto de la Federación Universitaria de Córdoba: “Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún– el lugar donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara”.
Las universidades fueron en América Latina fortalezas éticas que criticaban a los gobiernos autoritarios y denunciaban los abusos de poder. Por eso fueron blanco no pocas veces de las dictaduras militares, que mandaban ocuparlas con tropas y tanques de guerra.


Ahora, cuando en las encuestas de opinión se pregunta sobre las instituciones de mayor prestigio, las que ejercen influencia sobre los ciudadanos, se olvida a las universidades, como si se hubieran ausentado de la vida pública.


La excelencia académica es un reto. Pero también las universidades tienen otro papel que cumplir más allá de las aulas. Deben volver a ser la conciencia de la nación, ahora que el sistema democrático corre tantos riesgos frente a las trampas de la demagogia, el populismo, y el fanatismo ideológico.


Hay nuevas formas de populismo y de caudillismo, y las universidades no se libran de la férula ideológica, alineadas al poder político como ocurre hoy en Nicaragua, donde se ha perdido todo vestigio de autonomía en las universidades públicas y la autoridad académica se subordina a la de los comisarios políticos. Son universidades intervenidas.


Los profesores que no responden a las líneas políticas oficiales son despedidos y decenas de estudiantes han sido expulsados o se hallan en la cárcel acusados de actos de terrorismo. La lealtad política sustituye al rendimiento académico, y por tanto la calidad de la enseñanza se empobrece hasta el ridículo.


La democracia es una herramienta ineludible e insustituible, sin la que no son posibles ni la paz social ni la institucionalidad ni la transformación social ni el progreso económico. ¿Tienen que ver las universidades con la defensa de la democracia? Deben estar a la cabeza. La democracia necesita ser defendida con las herramientas del pensamiento elaborado de manera crítica en los recintos académicos. En el ejercicio pleno de su autonomía y en libre debate de las ideas, las universidades deben ser ellas mismas escuelas de democracia.
No se ha roto el molde del dogma. Un dogma vuelve siempre a sustituir a otro y el antídoto sólo está en poner en cuestión la verdad absoluta, rasgar su coraza y hacer que surja el pensamiento libre. Y crear pensamiento libre de manera incesante es tarea de las universidades.


La primera prédica de la universidad, que por su naturaleza y su misión encarna la diversidad, es en beneficio de la libertad para cerrar así el paso a la intolerancia de quienes no admiten el pensamiento ajeno y buscan anularlo. Quienes expulsan de las universidades toda forma diferente de pensar son quienes terminan levantando los cadalsos e inflamando las hogueras donde se empieza quemando libros y se terminan quemando personas, según las palabras de Heine, que nunca debemos olvidar.


Madrid, noviembre de 2018
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“Brasil se juega el destino de la democracia”

El experto analiza la contundente victoria en primera vuelta del ultraderechista Jair Bolsonaro. Por qué el 28 de octubre se juega la continuidad del régimen democrático. La embestida de la derecha contra el PT, el “fascismo financiero”, los medios y las iglesias evangélicas.

Boaventura de Sousa Santos (Coímbra, Portugal, 1940) es una de las voces más autorizadas dentro de la sociología jurídica y un referente indiscutido en el pensamiento político y social contemporáneo. Entrevistado por PáginaI12, el investigador sostiene que la segunda vuelta representa en Brasil “un auténtico plebiscito sobre si (ese país) debe seguir siendo una democracia o pasar a ser una dictadura de nuevo tipo”. A continuación, explica por qué trabajadores, jóvenes, sectores medios, afroamericanos, marginados, hombres y mujeres del pueblo dieron su voto a un candidato que grita a cuatro vientos y con orgullo que, de ser presidente, sus políticas no estarán justamente a favor de ellos.


–¿Cuáles son para usted las razones del triunfo del candidato de la ultraderecha Jair Bolsonaro en primera vuelta?


–Es una situación muy compleja porque Brasil, en este momento, es casi un laboratorio de transformación política conservadora en el continente. No solamente en el continente, en el mundo. Pienso que en la primera década del milenio Brasil fue, junto con otros países de América Latina, el país que más mostró las potencialidades de una transformación progresiva de las sociedades altamente desiguales, altamente discriminatorias, como son todas las sociedades que salieron del colonialismo europeo. Los avances fueron notables, por ejemplo, en términos de hambre. Durante estos períodos la gente ya no se iba a dormir hambrienta. Como decía Lula, “mi ambición es que la gente coma tres veces al día”. Y muchas otras políticas que intentaron disminuir la pobreza, ampliar el acceso a los bienes públicos, mejorar los bienes públicos de educación, de salud, de acceso a la universidad, y también medidas antidiscriminatorias contra la población negra, que es la mayoría, pero que ha sido siempre una minoría política. También se consiguieron avances notables con políticas afirmativas, de cuotas, para las mujeres. Fue un progreso notable. Y entonces, casi repentinamente, todo se derrumba, todo colapsa. Luego de esto los elementos antidemocráticos de la sociedad brasileña tomaron el liderazgo. Podríamos decir que en el tiempo anterior la lógica democratizante de la sociedad brasileña tenía predominio sobre la lógica antidemocrática, que es típica de una sociedad oligárquica, colonial, muy desigual y discriminatoria. Este desequilibrio se transforma rápidamente como si fuera un péndulo, donde las fuerzas antidemocráticas toman el liderazgo.


–¿De qué manera lo hicieron?


–Primero, esas fuerzas antidemocráticas de inmediato cuestionan los resultados electorales de 2014 de la ex presidenta Dilma, y empiezan de inmediato un impeachment y una guerra total contra el PT. Esta guerra va a ser realmente muy agresiva porque busca eliminar rápidamente de la memoria del pueblo los beneficios del período anterior, al transformar al PT en un grupo de bandidos corruptos que desgraciaran el país. Se llevó adelante una demonización del PT terrible en los medios tradicionales, convencionales, sobre todo desde la TV Globo, y también en los periódicos oligopólicos. Fueron todos unánimes en demonizar al PT. Por eso, la narrativa que se impuso fue la narrativa de la corrupción. A partir de aquí, la narrativa políticamente correcta es una narrativa antipolítica, en contra de la corrupción, una política despolitizada. Tenemos que luchar contra la corrupción y para eso es necesario que la policía y el sistema judicial actúen, y la operación Lava Jato es el mejor ejemplo de todo este movimiento. Una primera observación es que se dio una especie de reversión muy rápida y muy sorprendente para mucha gente. Brasil, el país del Foro Social Mundial (FSM), el país del Movimiento de los Sin Tierra (MST), considerado el más importante del continente y del mundo, repentinamente ve atacadas todas estas conquistas y no reacciona de manera rápida. Y esto va a durar hasta la prisión de Lula. Hasta que Lula fue a prisión no vimos un movimiento social muy organizado de resistencia a este golpe institucional, y cuando la resistencia surge es casi una resistencia negativa, es decir, una resistencia para pedir por la libertad de Lula, pero ya no por las políticas de aquel otro período, sino por la injusticia de su condena. Esto ha sido una primera fase; después entran en juego otros factores.


–¿Cuáles, por ejemplo?


–Creo que entraron otros factores que de alguna manera desbordaron las intenciones de las oligarquías que organizaron el golpe. Yo creo que muchas de ellas organizaron el golpe con el intento de restaurar la democracia; una democracia que no amenace sus ganancias. Porque la resistencia contra el PT empieza cuando hay una crisis del capitalismo global, una crisis financiera después de 2008, una crisis que venía también de una cierta atenuación del ritmo de desarrollo de China. Hay una crisis de ganancias del capital y una amenaza al capital financiero; entonces de inmediato intentan reaccionar. No fueron los empresarios los primeros en reaccionar sino el capital financiero, que va a tomar el liderazgo. Va a abrir espacios para fuerzas que estaban latentes en una sociedad colonial, desigual, donde los cambios son recientes. Una sociedad que empezó a luchar contra el racismo apenas diez años antes; el racismo estaba en la cabeza de la gente, incluso de aquella que ha sido beneficiada por Lula.

–¿Esos avances y esas reivindicaciones no lograron construir una nueva cultura política?

–Creo que las políticas no fueron sostenibles durante mucho tiempo para crear otra cultura. El mismo PT no intentó crear otra cultura ciudadana; intentó crear más consumidores, pero no una cultura ciudadana, o una cultura campesina de comer cosas saludables, por ejemplo. Era plata para ir a comer comida basura de los fast food y las comidas todas procesadas en detrimento de la agricultura campesina. Entonces, esos demonios que fueron sueltos, y que vienen de un pasado de grandes desigualdades, surgieron exactamente en la persona de Bolsonaro. Esta corriente está en todo el continente. Vemos de alguna manera lo que ocurre en la Argentina, y muy claramente lo que pasa en Colombia, que es muy grave, y de alguna manera en Ecuador también. El avance de las fuerzas democráticas va a ser rápidamente neutralizada por fuerzas antidemocráticas que estaban dormidas.

–¿Pero cómo se explica que un sector tan amplio de las clases populares haya apoyado a un candidato que se presenta abiertamente en contra de las políticas que los beneficiaron?

–Primero, las medidas antipopulares del gobierno después del golpe, que son muy claras, no tienen un impacto inmediato en la vida de la gente, como habíamos visto en Portugal y en Europa con las llamadas políticas de austeridad. Algunas medidas no entran en el bolsillo de las familias de un día para el otro. Por ejemplo, Temer quiere privatizar y eliminar el sistema de salud, pero todavía no lo hizo, no tuvo la oportunidad todavía. Lo que quiero decir es que los impactos en las familias, en los bolsillos de la gente, tardan dos o tres años en repercutir. Por eso en una parte inicial es fácil para los medios de comunicación convencer a la gente. Los medios fueron muy agresivos y llevaron la situación de la política para la ética. No son las medidas que interesan. Y todavía hoy vemos que Bolsonaro no habla de su política económica. Es la ética contra la corrupción; los honestos contra los corruptos. Ahora, toda la gente está a favor de los honestos, entonces si los medios bombardean todos los días con la lucha contra la corrupción... El segundo factor que entra aquí es la dimensión internacional. En Brasil, y no solamente, actúan los medios oligopólicos y las oligarquías locales. No se han dado cuenta de que el imperialismo norteamericano estaba buscando una oportunidad para revertir todas estas políticas progresistas que amenazaban su dominio, que se atenuó un poco cuando Estados Unidos estuvo muy preocupado por Irak y abandonó un poco el continente. Pero el golpe de Honduras fue la primera señal de que Estados Unidos estaba volviendo al continente; desde entonces, en 2012 Fernando Lugo en Paraguay, y después Dilma. Aquí se puede ver que hay otra dimensión imperial muy fuerte, que no es la dimensión de la imposición militar de la dictadura, sino la transformación de una democracia nacionalista y desarrollista, pero nacionalista, por la sustitución de una “nueva” democracia, como la llaman ahora los militares en Brasil.

–¿En qué consiste esa “nueva” democracia?

–Es una democracia sin Partido de los Trabajadores, una democracia amiga de los mercados, y una democracia que abre toda la economía a la ganancia del capital internacional. Bolsonaro es el símbolo de todo esto. Y ahora se hace claro todo el apoyo internacional, del mercado digital, la propagando digital, a Bolsonaro. Es una conjunción de trabajo militar y económico internacional, dos nuevas fuerzas que actúan en el continente. Los militares con políticas de contrainsurgencia psi-sociales: no son armas, son fake news, herramientas bien entrenadas por servicios de inteligencia de Inglaterra y Estados Unidos a lo largo de los tiempos. También están los think tanks de Estados Unidos, que hablan de privatización, de liberalización. Hay aquí una estrategia del continente global del imperio en cuanto a que Brasil era particularmente importante de neutralizar por los BRICS. Una política fundamental.

–De ahí que usted hable de Brasil como un laboratorio...

–Si gana la extrema de Bolsonaro esta corriente va a ganar un poder enorme, no solamente en el continente, sino también en Europa. Italia será el primer blanco de esta política de extrema derecha, que sigue también con Hungría y con Polonia. Si los demócratas brasileños logran vencer esta corriente antidemocrática de extrema derecha, será una señal muy poderosa para todo el continente de que esta gente no es invencible, y de que internet no hace todo. En esto es en lo que estamos. Es una situación muy dramática, porque en este momento en Brasil se juega el destino de la democracia en el continente, y en el mundo de alguna manera.

–¿Cree que Bolsonaro realmente llevaría a la práctica lo que sostiene su discurso radical?

–Pienso que si Bolsonaro gana va a ser todavía peor de lo que dice, porque las medidas van a ser brutales y va a haber resistencia popular. Y como va a existir resistencia, los militares ya están diciendo que hay que mantener la paz en el país, y mantener la paz para ellos es reprimir. Bueno, de hecho, la represión ya está en las calles. Los grafitis que aparecen en los baños de las universidades dicen que, si Bolsonaro gana, la universidad va a ser Columbine (en alusión a la masacre de la Escuela Secundaria de Columbine), es decir, una masacre en la universidad. Es muy preocupante porque para los mercados financieros no interesa que Bolsonaro sea racista, sexista u homofóbico, porque lo que quieren es ver cómo va a arreglar la economía. Siempre con la idea de que cuando empiece a crecer la economía todo va a ser mejor. Como hicieron de hecho con la Argentina, que ahora está bajo el comando del Fondo Monetario Internacional (FMI). Intentaron hacerle lo mismo a los portugueses y no funcionó. Sabemos que es una ilusión, como lo sabemos en Europa; intentaron decirles lo mismo a los portugueses y no funcionó, pero Grecia está todavía luchando. Realmente creo que con Bolsonaro vamos a pasar un momento muy difícil, y no sé si la democracia sobrevive en Brasil. Con Haddad no sería fácil tampoco, porque los fascistas están sueltos en las calles en este momento, y no va a tener a los militares de su lado, que están del lado de Bolsonaro. Por otra parte, si algo fatal pasara con Bolsonaro, su vicepresidente es general. Es decir, los militares están seguros. No se habla de la enfermedad de Bolsonaro, hay un misterio enorme. Si algo le pasara, tiene un vice que es aún más agresivo en su discurso. Esta lógica de los militares, de regresar a la política por vía democrática, es lo que me preocupa. La Argentina, de alguna manera, eliminó esa posibilidad a través de una transición en que los militares fueron a prisión. En Brasil no; en Brasil los militares condicionaron la transición hasta hoy. Ahora dicen que no son ciudadanos de segunda clase y que quieren intervenir en la política. Y lo están haciendo a través de Bolsonaro y su vice.

–¿Qué sucede con los partidos de izquierda brasileños?

–Creo que en Brasil la unidad de las izquierdas podría haber sido distinta de lo que fue, y tal vez un candidato como Ciro Gómez podría ser mejor candidato que Haddad, porque la demonización del PT fue muy fuerte. Ciro Gómez fue ministro de Lula pero no era del PT. Por la situación, creo que en este momento la lucha no es “izquierdas del mundo, unidos”, sino “demócratas del mundo, unidos”. Si la extrema derecha llega a la presidencia, lo que va a crear no es un fascismo de tipo antiguo, sino un fascismo de tipo nuevo, esto es, reducir la democracia a lo mínimo, con mucha exclusión social y mucha represión. Es por eso que hay dos cosas en Bolsonaro muy importantes: el terror y la ideología. Las dos son fuertes. El régimen puede ser formalmente democrático, pero la sociedad es cada vez más fascista. Se disemina un fascismo social y se impulsa la lógica de la guerra civil.

–Sostiene que “la tragedia de nuestro tiempo es que la dominación está unida y la resistencia está fragmentada”. ¿Le parece que esto explica, en parte, el presente de Brasil?

–El drama es que el caso brasileño muestra muy claramente que la derecha se sirve de la democracia pero no quiere servir a la democracia. Si le es útil bien, sino demonizan, hacen golpes y pueden destruirla. Por eso he dicho que las izquierdas en su pluralidad son las que pueden garantizar, en este siglo reaccionario que tenemos, la defensa de las democracias. Pero la fuerza de las fuerzas de derecha es tan grande que las izquierdas tienen una dificultad enorme para discutir sus diferencias y buscar una alternativa. En este momento vemos en Brasil que todos se juntan a defender a Haddad, que es correcto, pero hay que hacerlo sin condiciones. No es de esperar que haya una renovación o repensar las izquierdas en este contexto, porque hay que defender lo mínimo, que es la democracia. Necesitamos que la izquierda defienda la democracia, y para defenderla eficazmente, la izquierda tiene que transformarse. Tiene que articularse con los movimientos sociales antisexistas y antirracistas, los sindicatos tienen que estar unidos con los otros movimientos, y los partidos tienen que convertirse en movimientos con democracia participativa interna, que es la única que nos puede defender de la corrupción, porque la corrupción fue muy grande dentro del PT. Una cosa es la corrupción para hacer campaña política y otra cosa para tener un departamento, como se dice del caso de Lula, que se tiene que probar judicialmente. Ahora, que hubo corrupción, hubo corrupción. La izquierda debe que decir “corrupción cero”; no puede haber un gobierno de izquierda con un mínimo de corrupción. Y aquí hay una esperanza porque Haddad es dentro del PT el político que representa lo más honesto. En esta renovación de la que hablo hay que discutir las diferencias y unirnos las izquierdas y lo que es común sin dejar de tener las identidades, como estamos haciendo en Portugal. Se está intentado la unión de las izquierdas, pero sabemos que las condiciones defensivas lo hacen muy difícil. Ahora en Chile hay un Frente Amplio (FA); es interesante. Es decir, se están intentando unir en otra base. Es un proceso histórico largo. Nosotros estamos impacientes, pero la historia tiene mucha paciencia.


–Se dice que en Brasil la iglesia evangélica salió a apoyar abiertamente a Bolsonaro. ¿Se la puede considerar un actor con capacidad de movilizar masas?

–La iglesia evangélica en la Argentina y Brasil son dos fases del mismo proceso. Avanza siempre por cuestiones que tienen que ver con la familia, la sexualidad, el aborto, etc. Pero cuando tiene bastante poder, toma una posición política global, ya no es el aborto, es el candidato más fascista y más reaccionario que puedan imaginar. Y lo vemos ahora en su fase más avanzada de las iglesias evangélicas en Brasil, que han dicho muy claramente que están detrás de Bolsonaro y lo financian, lo promueven. O sea ya no es una política de orientación sexual, de derechos de las mujeres, o derechos reproductivos, ahora es la política global que pone en claro su blanco fundamental: una economía neoliberal, abierta y a la disposición de los Estados Unidos. Las iglesias evangélicas están muy conectadas con las iglesias evangélicas de los Estados Unidos, como en África, son ellas las misioneras del neoliberalismo global y obviamente, por implicación, del imperialismo norteamericano. Empiezan por cuestiones no políticas, la familia, la concepción, por ejemplo, hasta que llega un momento en el que adquieren fuerza, y dicen “este es el candidato”, y entonces entran directamente a la política.

–¿Qué sucede con la Iglesia Católica?

–La Iglesia Católica se quedó paralizada en todo este proceso. Muy tardíamente, ahora con el papa Francisco, intenta animar a decir, por lo menos, que no se debe votar por Bolsonaro, o que se debe votar para defender la democracia. Pero la iglesia católica está desarmada. Esto fue un proceso histórico que viene desde el papa Juan Pablo II de desarmar la Teología de la Liberación y armar la Teología de la Prosperidad. La primera era católica, la segunda es evangélica. Cayó la primera, subió la segunda. La gente necesita de religión, la católica se debilitó en los barrios y la periferia, y las evangélicas entraron.

–A pocos días de la segunda vuelta en Brasil, ¿más esperanza que miedo, o más miedo que esperanza?

–Más miedo que esperanza. Lo que hay que notar es que Brasil está testeando instrumentos que pueden ser útiles al mundo en general. Por ejemplo, acaban de hacer una petición internacional a Google y Facebook sobre el WhatsApp. Se mostró claramente que solamente el ocho por ciento de la red de Whatsapp que fue por Bolsonaro vehiculó verdades, ocho por ciento, probado por análisis de técnicas bien hechas en Brasil. Entonces solicitaron a Facebook y a Zuckerberg que limiten las posibilidades de extensión de esto, pero Facebook y Whatsapp están diciendo que es demasiado tarde, que no se puede; no quieren hacerlo. En India, cuando sucedió la ola de masacres por culpa de noticias falsas que corrieron por WhatsApp, éste pudo limitar la divulgación de las noticias falsas. Brasil es una prueba fabulosa para esto, y muy inquietante. Como diría el gran poeta portugués Fernando Pessoa, es un tiempo de inquietud, que va a pasar. Pero hay que decirle a la gente que está en la lucha, luchen. Hay energías de la sociedad brasileña que están emergiendo ahora. Me dirán, ¿demasiado tarde? No sé... Vamos a ver.

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Sábado, 20 Octubre 2018 17:55

De la democracia en Estados Unidos

Tutus Mobio, Candgold gosser beer (Cortesía del autor)

El mundo no se libró aún de la política estadounidense… Hasta ahora, las elecciones de medio término raramente eran decisivas, aun cuando provocaban una alteración de la mayoría. En 1994, el tsunami republicano había aniquilado sobre todo las resistencias de los demócratas a la política penal represiva y a la estrategia comercial librecambista de su presidente; en 2010, la escalada conservadora del Tea Party paralizó a Barack Obama, pero en un momento en que su eslogan de campaña, “Esperanza y cambio”, ya no era más que el recuerdo amargo de una ocasión perdida (1).

El escrutinio legislativo del 6 de noviembre próximo marcará en cambio una nueva etapa en la polarización política de Estados Unidos, ese torbellino que desde hace dos años precipitó la desestabilización del orden internacional. Porque el voto determinará el destino del ocupante de la Casa Blanca. Muy decidido a volver a presentarse en 2020, Donald Trump obsesiona a tal punto a cada uno de los dos campos que pareciera que les comió el cerebro. Sus adversarios lo acusan de ser un traidor que intenta socavar la Alianza Atlántica y los valores democráticos de Occidente. Él replica que sus acusadores son los auxiliares de las pandillas de América Central, las MS-13 (Mara Salvatrucha) que siembran el terror en Estados Unidos. Amplificados por las redes sociales, esos arrebatos de paranoia se convirtieron en una música de fondo que ya no marca ninguna interrupción postelectoral. En consecuencia, los dos partidos dejaron de ponerse de acuerdo sobre las reglas de juego de su enfrentamiento, esa “democracia estadounidense” de la que estaban tan orgullosos que todos la presentaban como modelo para el planeta en su totalidad.

Régimen oligárquico

Cuando no lo califican directamente de fascista, muchos demócratas ven en Trump a un “caniche de Putin” que debe su victoria a un modo de escrutinio sesgado en su contra (lo que no es falso) y a las fake news elaboradas minuciosamente por Moscú (una exageración reforzada por una obsesión). Si el Partido Demócrata recupera la mayoría en el Congreso, estará tentado de multiplicar las comisiones de investigación y de entablar un procedimiento de destitución contra el Presidente (2).

Semejante perspectiva atiza la ira de los partidarios de Trump, que siguen siendo numerosos, ardientes y de buena gana dispuestos a creerse perseguidos. En su opinión, precisamente cuando el balance económico de su héroe es halagüeño, los medios, las elites intelectuales y el “Estado profundo” se encarnizan en impedirle gobernar. Lejos de abrumarlos, una derrota en noviembre próximo los alentaría a creer que esa conspiración, el fraude electoral y el voto de inmigrantes clandestinos son la causa de sus sinsabores.

Dos electores estadounidenses de cada tres ya están convencidos: “El sistema está trucado en contra del estadounidense medio”; republicanos y demócratas por lo menos coinciden en ese punto (3). Y tienen razón en creerlo, porque la oligarquía es su régimen común. Pero el tenor actual de su enfrentamiento, personalizado al extremo, sugiere que la salvación de ese estadounidense medio no está a la vuelta de la esquina.

 

1. Véase Eric Alterman, “Profunda decepción con el presidente Obama”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, octubre de 2011.
2. Que no tendría éxito a menos que la votaran dos tercios de los senadores.
3. Setenta y cinco por ciento de los demócratas y cerca del 60% de los republicanos piensan eso. Gerald Seib, “The dangers of losing faith in democracy”, The Wall Street Journal, Nueva York, 4-7-18.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

Sábado, 20 Octubre 2018 17:11

Lula, de vegetariano a carnívoro

Santiago Ibañez

En los últimos meses, Brasil ha puesto sobre la mesa que la política siempre es “más compleja”. El estallido del Lava Jato y la lucha anticorrupción empoderaron a una parte de la Justicia pero, lejos de mejorarla, erosionaron la ya débil democracia brasileña; la presidenta Dilma Rousseff comenzó su segundo mandato con un programa volcado hacia el neoliberalismo y terminó destituida en medio de acusaciones de comunismo; la ley de “ficha limpia”, aprobada durante el gobierno de Lula, acabó por cerrarle el paso a la candidatura presidencial. Es difícil reducir lo que ocurre en Brasil a una “proscripción” del ex presidente obrero, pero tampoco se puede dejar de advertir la saña de una parte de las elites contra el Partido de los Trabajadores, y sobre todo contra lo que representa, junto con la debilidad de las pruebas en el caso por el que se lo condenó.

Lula, que alguna vez fue considerado parte de la “izquierda vegetariana” –“me encanta ese tipo”, dijo Barack Obama– terminó considerado por muchos como la encarnación de la “izquierda carnívora”. La lucha de clases soft que durante su gobierno mejoró la situación de los de abajo sin quitarles a los de arriba terminó por ser considerada intolerable para las elites. El caso de Brasil confirma que las clases dominantes sólo aceptan las reformas si existe una amenaza de “revolución”, y la llegada al poder del PT estuvo lejos de la radicalización social. En todo caso, la experiencia petista terminó exhibiendo unas relaciones demasiado estrechas entre el gobierno y una opaca “burguesía nacional” (como frigoríficos o constructoras) que debilitaron su proyecto de reforma moral de la política.

Sin que se haya producido el ascenso de una alternativa “antipolítica” emergente desde el Poder Judicial, como podría haber sido la candidatura del juez Sérgio Moro, una parte de la población se vio seducida por la “antipolítica” de ultraderecha con resonancias militares de Jair Messias Bolsonaro, que hace campaña con biblias y balas y reivindica sin complejos la dictadura del 64.

Sin embargo, finalmente el nuevo escenario parece propicio para una resurrección del “lulismo”: con un presidente sin popularidad (Michel Temer cuenta con la aprobación de un escaso 4%), sin candidatos moderados fuertes y con un Lula que aún encarna un “momento feliz” de Brasil, el postulante del PT Fernando Haddad hoy no sólo “es Lula” –y hasta imita su voz ronca en un spot– sino que representa una opción democrática contra el autoritarismo, moderada contra el extremismo violento, feminista contra la misoginia y diversa contra la discriminación. Al mismo tiempo, la promesa de un “Brasil feliz de nuevo” revela las dificultades para proponer imágenes de futuro, en un contexto de crisis intelectual y programática de los progresismos latinoamericanos.

*Jefe de redacción de la revista Nueva Sociedad.
© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

De qué va el tratado de la ONU sobre empresas y derechos humanos

En Ginebra, países y organizaciones civiles están trabajando para acordar un tratado vinculante para que las empresas paguen por las violaciones a los derechos humanos de sus empresas filiales

 “Un tratado internacional para las grandes corporaciones en materia de derechos humanos no es necesario y genera inseguridad jurídica”. “Generar nuevas obligaciones para las empresas transnacionales socava la soberanía de los Estados”. “Con un acuerdo vinculante como el que se plantea, la inversión extranjera puede reducirse”. Intervenciones como estas se están volviendo a escuchar esta semana en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, donde se celebra la cuarta reunión del grupo de trabajo intergubernamental encargado de elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante para obligar a las transnacionales a respetar los derechos humanos por todo el mundo. Y al igual que en anteriores reuniones, la Unión Europea (UE) y países como Rusia, Brasil, Perú, Chile o México insisten en rechazar la creación de nuevas normas para controlar a las grandes corporaciones. 

Por su parte, “las personas afectadas por las operaciones de las transnacionales han intentado durante décadas acceder a la justicia. Pero el sistema actual no nos lo permite y la impunidad persiste”. Pablo Fajardo, representante de la Unión de Afectados y Afectadas por las Operaciones Petroleras de Chevron-Texaco (UDAPT), ha recalcado así la necesidad de un tratado que sirva para enfrentar las violaciones de los derechos humanos cometidas por las multinacionales. Lo ha hecho junto a otras activistas sociales y también europarlamentarias, ante la sede de la ONU, en una rueda de prensa de la campaña global que aglutina a organizaciones sociales, sindicales, ecologistas, de mujeres, de pueblos indígenas y de defensa de los derechos humanos que han llegado a Ginebra para reiterar la impunidad con que operan las empresas transnacionales.


Durante toda la semana, se están escenificando una vez más las relaciones de poder para tratar de impedir que un organismo internacional como Naciones Unidas pueda limitar el poder de las grandes corporaciones. Para eso, vuelven a ponerse sobre la mesa los mecanismos habituales para desactivar la presión de las organizaciones sociales: eternizar los procesos, incrementar la burocracia, fomentar la ambigüedad de los textos, centrar el debate en las cuestiones procedimentales.


Este año, la novedad es que ya hay un primer borrador del texto del tratado. Por eso, más allá de la necesidad de que el gobierno español y la UE —como así lo mandatan las resoluciones aprobadas en sus respectivos parlamentos— se comprometan a participar en el proceso de negociación del tratado vinculante, vale la pena centrarse en el análisis de sus contenidos. Veamos los que, a nuestro entender, son los seis elementos fundamentales.


1. NO ES ESPECÍFICO PARA LAS EMPRESAS TRANSNACIONALES


Como dice el texto al principio, el objeto del instrumento internacional es el cumplimiento de los derechos humanos por parte de todas las personas físicas y jurídicas con actividades de carácter transnacional. Y eso desdibuja todo el tratado, porque este proceso nació justamente con el propósito de elaborar una herramienta que de manera específica enfrentara la impunidad de las multinacionales y de toda su cadena de valor. Hay que recordar que, a día de hoy, no existe ningún mecanismo eficaz a nivel global para controlar a unas corporaciones que pueden eludir con facilidad las legislaciones estatales a través de complejos entramados societarios.


“La mayoría de los Estados y partes interesadas tienen problemas con la nota a pie de página [en la resolución 26/9] que restringe el alcance a las empresas transnacionales”. En cada reunión, la UE y los lobbies empresariales han insistido en la “discriminación” que eso significa, defendiendo la necesidad de ampliar el alcance a todas las empresas con el fin de debilitar las medidas dirigidas a las multinacionales. Y parece que sus exigencias han acabado por tener eco en el borrador del tratado, pues se elimina uno de los elementos estratégicos que dotaban de identidad a este proceso: la búsqueda de una fiscalización jurídica efectiva de las grandes corporaciones, para cuyo control el derecho de los Estados no resulta suficiente. Es una de las principales renuncias del texto.


2. SITÚA EN EL CENTRO LAS OBLIGACIONES DE LOS ESTADOS

El texto del tratado se ha construido en base al desarrollo de normas estatales. Así, solo establece obligaciones para los Estados, ignorando que tanto los de origen como los que son destino de las inversiones no son neutrales: forman parte de los ejes que favorecen la arquitectura de la impunidad de las empresas transnacionales.


Los acuerdos y tratados de comercio e inversión que firman los Estados, los contratos que estos establecen con las compañías multinacionales y todas aquellas políticas que inciden en la desregulación de los derechos sociales —mientras regulan con fuerza los “derechos” de las grandes corporaciones— son las piezas fundamentales de la armadura jurídica que blinda los intereses de las empresas transnacionales. Dejar en manos de los Estados-nación la posibilidad de controlar a estas empresas significa básicamente continuar como hasta ahora; significa que no hay ningún avance en la creación de contrapesos suficientes para hacer responsables a las grandes corporaciones de la violación de derechos humanos.


3. NO INCORPORA MECANISMOS DE RESPONSABILIDAD LEGAL


Dado que las empresas transnacionales operan en un contexto global, parece necesario incorporar en el tratado tanto sus obligaciones directas como también las de sus directivos, independientemente de las normas reconocidas por los Estados donde localicen sus actividades. Se evitaría así que la responsabilidad de las grandes compañías se diluyera con la desregulación de las normas sobre derechos humanos, y se pondría freno a la deslocalización de las empresas hacia aquellos países con legislaciones más débiles en materia social, ambiental, fiscal o laboral.


“No queda claro que las violaciones solo corresponden a los Estados y puede parecer que hay obligaciones directas sobre las empresas”, declara sin embargo el representante de la Organización Internacional de Empleadores (OIE) para rechazar cualquier atisbo de normas internacionales que pueda afectar a sus intereses de negocio. Pero, efectivamente, no se incorporan mecanismos de responsabilidad legal ni del cumplimiento de leyes. En su lugar el borrador plantea la “diligencia debida”, un mecanismo unilateral de las empresas para que ellas mismas vigilen sus actividades. Que, dicho sea de paso, también es rechazado por la OIE.


4. No clarifica la responsabilidad en la cadena de valor


En el borrador del tratado no se recoge con claridad otra cuestión central: la responsabilidad solidaria de las empresas transnacionales en las violaciones de los derechos humanos cometidas por sus filiales, subcontratistas y proveedoras. Las grandes corporaciones, aún con una enorme complejidad societaria, tienen un centro donde se establece el modelo de negocio y se toman las decisiones fundamentales. La vaguedad del texto para señalar este aspecto y obligar a clarificarlo favorece que las casas matrices se desliguen de la responsabilidad que tienen en relación a las actividades de todo su perímetro empresarial.


Un elemento que podría corregir este punto débil son las obligaciones extraterritoriales de los Estados. A través de ellas, por poner un ejemplo, los pueblos indígenas de México afectados por Iberdrola, Naturgy y Acciona podrían demandar a estas empresas ante tribunales españoles, ya que han incumplido el derecho internacional a una consulta previa, libre e informada sobre el uso de sus territorios. Esta cuestión de la extraterritorialidad sí está recogida en el borrador, aunque de una forma muy poco precisa. Se echa en falta el trabajo avanzado desde 2011 en los Principios de Maastricht sobre las obligaciones extraterritoriales, un punto de referencia importante para avanzar en la responsabilidad del Estado en relación con las personas que viven en otros países.


5. NO SE SUBORDINA EL COMERCIO A LOS DERECHOS HUMANOS


El tratado no menciona la jerarquía normativa por la que los acuerdos y tratados de comercio e inversión tienen que estar subordinados al cumplimiento de los derechos humanos. En ese sentido, el texto no incluye obligaciones que garanticen esta prioridad y le den plena exigibilidad y justiciabilidad. Para eso bastaría con invocar la prioridad de una norma jerárquicamente superior a través del artículo 53 de la Convención de Viena, que establece la nulidad de todo aquel tratado que contravenga cualquier norma imperativa del Derecho Internacional —como las de derechos humanos, sin ir más lejos—.


Tampoco aparecen por ningún lado disposiciones en relación a las instituciones económico-financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, cómplices y colaboradoras en numerosos casos de violaciones de derechos humanos cometidas por empresas transnacionales. Ambas cuestiones se podrían incorporar sin mayor problema, como señala la campaña global Desmantelemos el Poder Corporativo. En su contribución escrita dirigida a la ONU, esta campaña propone partir del hecho de que “los Estados parte reconocen la supremacía del Derecho Internacional de los Derechos Humanos sobre todo otro instrumento jurídico, en particular los concernientes a comercio e inversión”. Tampoco parece nada demasiado revolucionario; de hecho, en el documento oficial previo al borrador se incluía.


6. FALTAN ÓRGANOS DE CONTROL Y SEGUIMIENTO


En el borrador del tratado destaca la ausencia de las instancias necesarias para realizar un control jurídicamente vinculante. Como diría el jurista Alfred de Zayas, se trata de un instrumento “sin dientes”; por tanto, poco o nada efectivo. No se menciona la creación de un centro internacional para el seguimiento de la actividad empresarial y la recepción de las denuncias por parte de las comunidades afectadas. Ni tampoco la posibilidad de poner en marcha un tribunal internacional para juzgar a las compañías y sus directivos.


Según el texto, se crea un comité… que no tiene la capacidad de investigación ni la posibilidad de recibir denuncias. De forma que el acceso a la justicia de las comunidades afectadas queda únicamente en manos de los Estados, o sea como está actualmente. Es verdad que se propone la cooperación judicial entre Estados, pero hay una excesiva fe en su buena voluntad para perseguir la violación de los derechos humanos por parte de las multinacionales. Esta ausencia en parte podría haberse enmendado si en el protocolo de aplicación del tratado se hubiesen recogido estas instancias, en vez de establecer un mecanismo nacional que únicamente puede realizar recomendaciones y acompañar en la realización de acuerdos entre las partes —pero deja de actuar si las partes recurren a sistemas judiciales—.

OMAL
@OMAL_info

publicado
2018-10-19 05:01:00


*El artículo lo han escrito Erika González, Juan Hernández Zubizarreta, Gorka Martija y Pedro Ramiro, del Oservatorio de munti9nacionales en América Latina (OMAL) - Paz con dignidad

Publicado enInternacional
Consultas populares: la democracia colombiana al servicio del capital internacional

Vienen por todo. El pasado 11 de octubre la Corte Constitucional falló a favor de la multinacional Mansarovar Energy (1), que tuvo que detener su propuesta de explotación petrolífera en el departamento del Meta en el año 2016, a causa de una consulta popular impulsada por los habitantes del municipio de Cumaral, y que decidió con un rotundo resultado la no realización del proyecto de hidrocarburos –7.475 por el No, y 183 por el Sí–.


Ante esta decisión ciudadana, la multinacional interpuso una tutela al considerar que la consulta desconocía el contrato firmado con la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), tras el visto bueno para que Mansorvar Energy desarrollara su proyecto de exploración y explotación en el Bloque Llanos 69, el cual ocupa la tercera parte del municipio de Cumaral.


Encrucijada. El fallo de la Corte Constitucional pone en jaque todas las consultas populares realizadas en el país sobre este particular, pues sustenta que las mismas ya no servirán como mecanismo para avalar o vetar proyectos mineros y de hidrocarburos en los territorios. Según la Corte, estas actividades hacen parte de los intereses de la nación, a los que las regiones no pueden interponer el interés particular o municipal.


Este fallo, para sorpresa de propios y ajenos, puede verse como una combinación de todas las formas de lucha desplegadas desde el poder, como eco de la protección de la economía mundo capitalista. Para unos (los capitalistas criollos) y para otros (las multinacionales), ya no basta con militarizar los territorios donde se encuentran los recursos naturales, ni el asesinato de líderes y lideresas sociales es garantía para imponer sus intereses, ahora las herramientas jurídicas también sirven como estrategia para afectar a los sectores populares en cada uno de los territorios donde invierten, en este caso Colombia. Ante este panorama, ¿Cuáles son los retos que esta realidad abre para las comunidades y los movimientos sociales en nuestro país?


Un problema estructural, una oposición regional ¿planetaria?


La explotación minera es una actividad inherente a la economía mundo capitalista, pues si se analiza con detenimiento en nuestra región, luego de la invasión por parte del imperio español de nuestro continente –1492–, inició una práctica sin precedentes: la explotación sin descanso de minas de oro y plata (un ejemplo claro de lo cual es la mina de plata en Potosí –Bolivia– de la que se extrajeron aproximadamente ocho millones de kilos de tal mineral, arrojando millones de indígenas y mineros muertos en los años que los colonialistas la explotaron) (2)., En el extenso territorio invadido, tomaron lugar, asimismo, los monocultivos de caña de azúcar, las plantaciones de algodón, tabaco, cacao y otros sembrados.


Con el transitar de los años –siglos–, los avances en ciencia y tecnología ayudaron a la tecnificación de estas prácticas, llegando al punto de explotar otros recursos naturales como petróleo, gas, agua, carbón, coltán, níquel, y otros más. Todos y cada uno de ellos, materiales que sirven para el funcionamiento de la economía y cultura capitalista.


En la actualidad las explotaciones mineras afectan a numerosas poblaciones a lo largo y ancho del continente, generalmente regiones rurales que muchas veces cuentan con una mínima presencia del Estado, desde donde ven estos territorios como fuentes para alimentar el crecimiento económico de cada país. Podríamos decir que sin Colonia el pensamiento y práctica que la alimentó aún se conserva entre nosotros, como pensamiento guía de las clases dominantes y de las multinacionales. Explotación que encuentra resistencias por doquier:


En Perú un pueblo de 25 mil habitantes, se ha organizado en la Plataforma Interistitucional Celedina, para luchar contra el proyecto minero Conga, de la minera Yanacocha, que pretende extraer un estimado de 5.000 millones de dólares en oro que se encuentra debajo de las lagunas, es decir, que deben secarlas para la extracción. Para lograr su cometido la minera se alió con el Estado y a partir de entonces han militarizado la zona; parte de la resistencia se concreta a través de las rondas campesinas, ahora criminalizadas; los enfrentamientos hasta ahora presentados han dejado cinco campesinos muertos y más de 200 lesionados (3).


De la misma manera resaltan ejemplos en Ecuador, donde el Estado abre espacio para un proyecto minero en la Cordillera del Cóndor, con la pretensión de explotar cobre y otros metales, explotación que afecta con desplazamiento al pueblo Shuar el que lucha por permanecer en sus territorios. En Nicaragua el Movimiento Comunal Santa Cruz de la india, lucha contra la empresa Cóndor Gold, que intenta desarrollar un proyecto de explotación de oro en la comarca de Santa Cruz de la India, poblada por alrededor de 5.000 habitantes. En Bolivia está la lucha contra el Tipnis –área natural protegida, declarada parque natural en 1965–, área que pretenden atravesar con la carretera “Villa Tunari-San Ignacio de Moxos”, afectando así, los territorios de los pueblos Yuracaré, Moxeño Trinitario y Tsimane. A este proyecto se le oponen grupos de ciudadanos mediante la acción popular, además de la Central de Pueblos Étnicos Mojeños y el Movimiento por la Dignidad del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure, entre otros. En Venezuela se encuentra el proyecto del Arco Minero Guayana desde el 2011, en el que se pretende la explotación de minerales que cubre la zona norte del estado Bolívar, al sur del río Orinoco, en el 2016 fue aprobada la extracción de minerales en una superficie que equivale al 12,2 por ciento del territorio venezolano, colocando en riesgo la biodiversidad de la Amazonía venezolana, así como el derecho a vida en dignidad de 54.687 personas indígenas, según el último censo del 2011.


En otra geografía, en Alemania, la campaña “Ende Gelände” lucha contra la expansión minera en la Renania –la mayor productora europea de carbón de lignito– (4).


Consultas populares en Colombia


En nuestro país son varias las comunidades que se oponen a los proyectos de explotación minero-energéticos. El mecanismo de consulta popular ha servido fundamentalmente para detener dichos proyectos en diferentes regiones de Colombia. La consulta popular ha servido para ello en tanto es un mecanismo de participación ciudadana en la que las autoridades solicitan a la ciudadanía la opinión “sobre un aspecto específico de interés nacional, regional o local, que la obliga a traducirla en acciones concretas” (5).


Mediante este mecanismo nueve poblaciones del país le han dicho NO a diferentes proyectos de explotación de recursos naturales, lo que ha llevado a la anulación o detención de dichos proyectos. Fue en el año 2013 cuando se realizó la primera de estas consultas, puntualmente en Piedras, municipio del norte de Tolima, donde la multinacional Anglo Gold Ashanti pretendía realizar operaciones de extracción de recursos naturales; allí el 28 de julio, se obtuvo un total de 2.971 votos para el No y apenas 24 votos para el Sí. En este mismo año, siguiendo el ejemplo de Piedras, se efectuó la consulta popular minera en el departamento de Casanare, municipio Tauramena, en donde se pretendía realizar exploración sísmica, perforación exploratoria, producción y transporte de hidrocarburos, a lo que 4.426 personas votaron por el No y 151 por el Sí.


Después de cuatro años –2017–, se reactivaron las consultas populares mineras, iniciando con el municipio de Cabrera –Cundinamarca–, el cual hace parte del importante cordón del Sumapaz; en este territorio se pretendían construir 14 micro-centrales hidroeléctricas sobre el rio del mismo nombre –proyecto El Paso– y exploraciones de dos bloques petroleros. El 26 de febrero de 2017 el No se impuso con 1.465 votos en contra de 23 por el Sí. En este mismo año, el 26 de marzo, el turno fue para la consulta popular minera en Cajamarca, Tolima, en contra del proyecto de explotación de la mina de oro “La Colosa” de la Anglo Gold Ashanti, ocasión en la cual la victoria del No fue determinante pues 6.165 votaron por el No y tan solo 76 personas sufragaron por el Sí.


El 4 de junio de 2017, el turno fue para el municipio de Cumaral –Meta–, donde la multinacional Mansarovar Energy pretendía realizar explotación de hidrocarburos. En esta consulta popular los resultados fueron abrumadores: 7.475 votos para el No, y solo 183 por el Sí.


En Pijao –Quindío–, el 9 de julio de 2017 los proyectos mineros de metales fueron detenidos tras los resultados de la consulta que arrojaron 2.613 votos por el No y 26 por el Sí. De manera simultánea, el mismo día en Cundinamarca, en el municipio de Arbeláez –explotado por hidrocarburos desde el 2010 por la empresa Australian Drilling Associates–, el No ganó con 4.312 votos, los que estaban por el Sí solo recogieron 38 sufragios.


Para el 17 de septiembre de 2017 se realizó la primera consulta popular en el departamento de Santander, en el municipio de Jesús María, donde los ciudadanos rechazaron la exploración y explotación minera y petrolífera con 1.677 votos por el No y 22 por el Sí. Finalmente, el municipio de Sucre –Santander–, le dijo No a las actividades mineras y petroleras con 3.016 votos, mientras que solo 33 personas votaron por el Sí (6).


Aunque hasta ahora solo se han realizado nueve consultas populares, según la Asociación Colombiana de Minería (ACM), aún están proyectadas 158 iniciativas y acuerdos municipales en 135 municipios del país (7). Iniciativas todas que se ven afectadas por el fallo de la Corte Constitucional. Vale la pena decir que para el 21 de octubre de 2018 están previstas dos consultas populares en Cundinamarca: San Bernardo y Fusagasugá, donde sus pobladores ejercerán el derecho al voto pese a lo decidido por la Corte.


El fallo de la Corte Constitucional


Un fallo contra la misma democracia liberal. Aunque en sí, el fallo de la Corte aún no ha sido publicado, el comunicado de prensa (8) deja claro el retroceso existente frente a la participación ciudadana y la voluntad de las comunidades y pueblos frente a sus territorios. Según lo fallado por la Corte, las consultas populares ya no pueden vetar proyectos extractivos, justificando que las decisiones sobre el uso del subsuelo son del resorte del Estado central, autodenominándose propietario del mismo. De aquí en adelante el Estado es quien decide qué se hace con los recursos naturales, pues lo local no puede prevalecer sobre lo nacional, lo que quiere decir en otras palabras que los intereses económicos están por encima de la calidad de vida, tranquilidad y entorno a que aspire cada comunidad. Hay que aclarar que el fallo en cuestión no afecta el resultado de las consultas realizadas con anterioridad, a excepción de la consulta de Cumaral, Meta.


El mismo fallo exhortó al Congreso para que en el menor tiempo defina mecanismos de participación ciudadana e instrumentos de coordinación y concurrencia nación-territorio. Es necesario mencionar que la ponente de este fallo fue la magistrada Cristina Pardo Schlesinger, de quien se dice integra el ala más conservador de la Corte, y quien fue ternada por Andrés Pastrana en su presidencia, y por Álvaro Uribe en el 2007; secretaria jurídica de Juan Manuel Santos en el 2010; elegida en el 2017 como Magistrada con el apoyo de los partidos Conservador, Cambio Radical, Partido de la U y Liberal; en sus manos también está la ponencia sobre la interrupción voluntaria del embarazo.


Estamos ante un fallo que denota como el poder económico y judicial por lo general van de la mano. En este fallo el único magistrado que votó en contra fue Alberto Rojas Ríos quien sostuvo que: “el efecto de la decisión fue la restricción de la democracia participativa y pluralista que se había concretado ya con la participación política de la comunidad” (9).


Continúan las estrategias para legislar contra las mayorías


Cada día que pasa queda más claro que la democracia realmente existente en nuestro país, y el mundo en general, es un simple formalismo que sirve como la base para instaurar y legitimar el modelo cultural, social, político y económico del capitalismo que ahora utiliza todas las formas de lucha para imponerse. Ya no basta con asesinar, criminalizar, militarizar, amenazar, pues ahora los mecanismos jurídicos son herramientas para afectar a los sectores populares y democráticos. Algunos ejemplos lo demuestran.


En el año 2013 Gustavo Petro fue destituido por el entonces procurador Alejandro Ordoñez. El ataque del Procurador fue político, pues no puede olvidarse que su ideología era completamente opuesta a lo que desarrollaba entonces el ex alcalde de Bogotá. Ordoñez pasó por encima de las mayorías que habían elegido a Petro y busco legislar contra la decisión popular. Así mismo, puede recordarse el paquete jurídico impuesto en nuestro continente contra los gobiernos y presidentes denominados como progresistas: Fernando Lugo en Paraguay –2012– y Dilma Roussef en Brasil –2015–.


Otro ejemplo concreto puede verse con la llegada del hoy presidente de Colombia, quien pretende regular la protesta social, quizás el único mecanismo de expresión directo con que cuenta la sociedad en estos tiempos. De la misma manera está el ejemplo de la acción jurídica impuesta por la Brigada XVII del ejército de Colombia contra las Comunidades de Paz de San José de Apartadó, alegando que las mismas lesionan el buen nombre de la institución a lo que “El Juez, en lugar de ponerse en el lugar de las víctimas de los crímenes militares, prefirió jugar el juego que los armados le propusieron: hacer de cuenta que las víctimas son las escopetas y no las palomas. Y actuó en consecuencia, aceptando la tutela” (10).


Democracia al servicio del capitalismo


Hoy las urnas tampoco son legítimas para el poder. En la democracia actual las votaciones supuestamente expresan la decisión de las mayorías, pues por medio de ellas “se expresa el pueblo”. Sin embargo, cuando el pueblo se expresa y a los poderosos no les favorece comienzan las estrategias para deslegitimar, derogar o posponer lo decidido por el pueblo. En el caso concreto de las consultas populares se habla de que lo más importantes son los intereses de la “nación” –como si esta fuera un ente vacío y los territorios no hicieran parte de la misma–, lo que permite interrogar: ¿Acaso las decisiones de la sociedad sobre sus territorios y vidas, no hacen parte de las determinaciones de la nación?


Es una actuación gubernamental para mantener abiertas las puertas para el capital, nacional e internacional. Con el discurso de que lo local no puede estar por encima de lo nacional, este fallo le da la razón al pensamiento neoliberal de las elites criollas, reflejadas en la columna sobre las consultas previas de Vargas Lleras y publicado en el mes de septiembre (11), quien dejó claro que las multinacionales no encontraban seguridad jurídica en el país, lo que afectaba el ingreso de la inversión extranjera.


Una cosa queda clara, todas estas estrategias jurídicas en curso en el país, hacen parte de una estrategia del poder para contener a los de abajo; estrategia que debe ser vista y analizada más allá de Iván Duque, que además hace parte de un pensamiento histórico –ahora globalizado– de quienes han gobernado desde siempre nuestro país; por tanto, aquí tampoco pueden quedar por fuera ni limpios los expresidentes Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe, Andrés Pastrana, Ernesto Samper, así como todos aquellos a quienes ellos representan y para quienes gobernaron y gobiernan.


Ante estos tiempos solo queda una opción: la construcción de amplios y profundos tejidos sociales, alrededor de los cuales, en procesos abiertos, se discuta todo aquello que afecta a los de abajo, decidiendo de manera colectiva cómo actuar contra el capital nacional y global; es una discusión que tiene que dibujar con manos de arco iris el país que tenemos y el que buscamos construir, para salir como un solo cuerpo a hacerlo realidad. Es claro, solo desde la Colombia profunda es posible construir y hacer realidad la democracia real.

 

Notas


1. Empresa constituida en 2006 por capitales de Sinopec Corp –China– y Ongc Videsh –India–, actualmente se encuentra en el país realizando actividades de extracción de hidrocarburos en la cuenca del Valle del Magdalena Medio, además de haber realizado exploración, explotación y transporte en los departamentos de Boyacá, Santander, Antioquia y Cundinamarca.
2. Ver en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=111506
3. Ver: https://www.desdeabajo.info/mundo/item/34854-si-se-puede-pueblos-frenan-mineria-en-peru.html
4. Ver.https://www.salvalaselva.org/peticion/1114/detener-la-carretera-que-dividira-en-dos-la-selva-de-bolivia ver. https://noalamina.org/latinoamerica/nicaragua/item/37076-comunidad-nicaraguense-lucha-por-su-territorio-y-enfrenta-a-condor-gold ver: https://elpais.com/elpais/2018/09/03/planeta_futuro/1535983599_117995.html ver: https://www.desdeabajo.info/sociedad/item/32559-una-rebelion-global-desde-la-desobediencia-civil.html.
5. Definición de consulta popular por parte de la Corte Constitucional: “En el ámbito descentralizado territorialmente, sea regional, provincial o local la consulta popular versa sobre asuntos de competencia del respectivo departamento o municipio, y la iniciativa de convocarla le corresponde al Gobernador o Alcalde, según el caso. La consulta popular es la opinión que una determinada autoridad solicita a la ciudadanía sobre un aspecto específico de interés nacional, regional o local, que la obliga a traducirla en acciones concretas. Es el parecer que se solicita a la comunidad política o cívica para definir la realización o buscar el apoyo generalmente, en relación con actuaciones administrativas en el ámbito local. El derecho de todo ciudadano a participar en las consultas populares, hace parte del derecho fundamental a la participación en la conformación, ejercicio y control del poder político.” En: http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/1994/C-180-94.htm
6. Ver: https://www.registraduria.gov.co/-Historico-Consultas-populares-.html
https://www.registraduria.gov.co/Habitantes-de-Cabrera-Cundinamarca.html
https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/los-9-municipios-que-le-dijeron-no-a-la-mineria-usando-la-consulta-popular/41872
https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/jesus-maria-santander-le-dijo-no-la-mineria-articulo-713662
https://www.registraduria.gov.co/Habitantes-de-Sucre-Santander,24893.html
7. https://www.dinero.com/pais/articulo/fallo-de-la-corte-constitucional-sobre-consultas-populares/263130 
8. Comunicado No. 40, Corte Constitucional En: http://www.corteconstitucional.gov.co/comunicados/No.%2040%20comunicado%2011%20de%20octubre%20de%202018.pdf
9. Ibid., pág. 3.
10. Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/35271-comunidad-de-paz-de-san-jose-de-apartado-ensanamiento-hasta-el-fondo-de-lo-absurdo.html
11. Ver: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/35237-vargas-lleras-y-la-consulta-previa.html?platform=hootsuite


Artículos consultados


https://www.elespectador.com/noticias/judicial/las-consultas-populares-ya-no-podran-vetar-proyectos-extractivos-corte-constitucional-articulo-814723
https://www.elespectador.com/noticias/politica/cne-acatara-fallo-de-la-corte-constitucional-sobre-consultas-populares-articulo-817614
https://www.semana.com/nacion/articulo/corte-constitucional-le-pone-freno-a-las-consultas-populares/586482
https://www.semana.com/nacion/articulo/el-no-gana-la-consulta-popular-minera-en-cumaral/527505
https://www.eltiempo.com/justicia/cortes/corte-dice-que-consultas-populares-no-pueden-prohibir-la-mineria-280098

Publicado enColombia
Viernes, 12 Octubre 2018 06:11

La urgencia de buscar nuevos caminos

La urgencia de buscar nuevos caminos

La abrumadora votación que recibió Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas, que lo colocan en las puertas de la presidencia, son una buena oportunidad para que las personas de izquierda reflexionemos sobre la necesidad de transitar nuevos caminos. No alcanza, por tanto, limitarse a denunciar lo que ya sabemos: el carácter militarista, autoritario y ultraderechista del candidato. Hay que explicar porqué medio país lo vota y qué implicaciones tiene para el proyecto emancipatorio.

Brasil vive una profunda fractura de clase, de género y de color de piel que se expresa de forma nítida en los partidos de la derecha, que han delineado sus objetivos de forma clara y transparente: quieren instalar una dictadura pero manteniendo el sistema electoral. La izquierda cree en una democracia inexistente, asentada en una imposible conciliación de clases. Si Bolsonaro es fascista, como dicen el PT y sus intelectuales, debemos recordar que nunca fue posible derrotar al fascismo votando. Hace falta otra estrategia.

La otra es la fractura geográfica: un país dividido entre un sur rico y blanco y un norte pobre y negro/mestizo. Lo curioso es que tanto el PT como los principales movimientos sociales nacieron en el sur, donde tuvieron algunos gobiernos estatales y municipales. Esa región es ahora el epicentro del hondo viraje hacia la derecha, con claro contenido racista y machista.

Debemos explicarnos las razones por las cuales las élites y las clases medias acomodadas han producido este fenomenal viraje, desertando de su partido preferido, la socialdemocracia de Fernando Henrique Cardoso, hacia Bolsonaro. Han abandonado la democracia y apenas conservan las elecciones como máscara de la dominación.

La razón principal la explica el filósofo Vladimir Safatle. "Brasil llega a 2018 con dos de sus mayores empresas siendo públicas, así como dos de sus mayores bancos. Además, con un sistema de salud que cubre a 207 millones de personas, gratuito y universal, algo que no tiene ningún país con más de 100 millones de habitantes" (goo.gl/KRX6EE). Agrega que las universidades no son sólo para las minorías ricas y concluye que "Brasil llega a los días actuales en una situación muy atípica desde el punto de vista del neoliberalismo".

El autoritarismo es el modo de imponer la agenda que necesitan el sistema financiero, el agronegocio y las mineras para seguir acumulando riqueza en un periodo de crisis sistémica. No lo pueden hacer sin reprimir a los sectores populares y criminalizar sus movimientos. Por eso Bolsonaro convoca a militares y policías y se permite amenazar al activismo social, con modos muy similares a los de la ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, quien acusa a los movimientos sociales de mantener relaciones "muy estrechas" con el narcotráfico, cuando todos sabemos que es la policía la que los ampara (goo.gl/eLWyNZ).

El racismo, las violencia anti-LGBT y el odio a la izquierda de las clases medias brasileñas, muestran la cara oculta del país con mayor desigualdad del mundo. No quieren perder sus privilegios de color, de género, de posición geográfica y de clase. Poco les importa que sean asesinadas más de 60 mil personas cada año, en su inmensa mayoría jóvenes, negros, pobres, porque saben que es el precio para mantener sus privilegios.

Ante este panorama las izquierdas no deben seguir aferradas a una estrategia que fue esbozada para otros tiempos, cuando el diálogo de clases era aún posible. En el anterior medio siglo hemos pasado de la estrategia de la lucha armada a la estrategia puramente electoral. Ambas tienen en común el objetivo de la tomar del poder y enfocan todas sus baterías en esa dirección.

Este péndulo es nefasto porque coloca a los sectores populares sólo como apoyo logístico o como votantes, siempre al servicio de vanguardias o caudillos, pero nunca como protagonistas de sus vidas políticas. Ante nosotros algunos pueblos originarios, comunidades negras y un puñado de movimientos están transitando otros caminos, por fuera de las instituciones pero sin confrontarlas abiertamente.

Están abriendo espacios en los territorios de los pueblos que juegan un doble papel: resistir creando vida. En los recientes años hemos reporteado, como otros compas, quizá miles de resistencias creativas en todos los países de la región. Son caminos que lo recorren por sí mismas, sin que ninguna vanguardia o partido les indique los pasos a seguir.

Si en algún momento decidieran tener presencia electoral, lo harán desde esos "poderes en movimiento" pero sin desarmarlos. Lo que no tiene el menor sentido, es que mientras la burguesía está desmontando una democracia que le sirvió durante el periodo de los estados del bienestar, nos limitemos a actuar sólo en ese terreno, colocando todas las construcciones previas en peligro.

La estrategia puramente electoral nos deja a merced de los de arriba, menos al puñado de cargos que saltan del partido al Estado, en un viaje sin retorno.

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“La forma más eficaz para equilibrar el juego político es la movilización”

Profesor de la Universidad de Nueva York, Adam Przeworski (Varsovia, 1940) es uno de los politólogos más influyentes de todos los tiempos. Sus teorías sobre los alcances de la democracia, las limitaciones y los obstáculos a los que se enfrenta y su aporte sobre la naturaleza del voto popular en estos sistemas lo convirtieron en un referente. En diálogo con PáginaI12 repasa sus aportes.

 La entrevista comenzó a gestionarse hace cosa de un año. Su agenda impedía encontrar el cuándo, pero desde entonces sugirió intentarlo, cada tanto, hasta que pudiera concretarse. Y es que Adam Przeworski reparte sus días entre la docencia, la escritura y las conferencias y charlas que brinda. En diálogo con PáginaI12, reflexiona sobre la democracia, sus alcances y limitaciones, entre otras cuestiones. El académico polaco-estadounidense analiza la viabilidad de las instituciones democráticas como mecanismos eficientes de representación política, la convivencia entre el capitalismo y la democracia, los altos niveles de desigualdad, el impacto del dinero en la política, y los efectos sobre la calidad democrática. 

–Usted ha estudiado en profundidad comportamientos electorales en sistemas democráticos. ¿Qué es exactamente lo que la gente hace cuando vota?

–Esta es una pregunta delicada, porque la respuesta depende de si nos referimos a “el pueblo”, en singular, o a “la gente”, en plural. En las democracias, el pueblo como colectividad decide quién lo gobernará y cómo, transmitiendo instrucciones al gobierno sobre lo que debe hacer. A su vez, todo lo que las personas, como individuos, pueden hacer es expresar sus preferencias entre las opciones que se les ofrece, con la esperanza de que muchos compartirán esas mismas preferencias. Sí hay que tener en cuenta que votar y elegir no son la misma cosa.


–¿Por qué el acto de votar no connota una elección?


–En los sistemas de partido único, las “elecciones” sirven sólo para intimidar a una resistencia potencial en lugar de seleccionar a los gobiernos. En muchos otros países se tolera la oposición, pero los gobernantes se aseguran que nadie tenga la posibilidad de removerlos. Sin embargo, aún cuando las elecciones no decidan quién va a gobernar, ello no significa que sean insignificantes. La celebración de elecciones no competitivas es un fraude, pero es un fraude si partimos del ideal de que la fuente última de poder reside en el pueblo. Admitir una norma y violarla en la práctica es una gestión poco convincente. Por lo tanto, aun cuando no son competitivas, las elecciones ponen nerviosos a todos los dirigentes, algo que todas las elecciones tienen en común.


–¿Cuál es su definición de democracia?


–Mi consideración de la democracia es “minimalista”: la democracia es un arreglo político en el que la gente selecciona gobiernos por medio de elecciones y tiene una posibilidad razonable de removerlos. Hay que notar, sin embargo, que esta definición asume las condiciones previas para la disputa de elecciones –los derechos y las libertades, simplemente porque sin ellas el gobierno en funciones no podría ser derrotado. Por lo tanto, esta definición no es tan minimalista como puede parecer a primera vista.


–¿Y cómo sería una democracia ideal?


–Para una coexistencia en paz, debemos ser gobernados, y serlo implica en algunas ocasiones que se nos prohíba hacer lo que queremos y en otras que se nos ordene hacer lo que no queremos. La democracia es un método para procesar conflictos entre personas con diferentes intereses, valores o normas. En todo momento y en toda sociedad existen conflictos acerca de algo. Pensemos en las divergencias y los choques que se suscitaron alrededor del tema del aborto en la Argentina. Y lo que esto significa: que siempre hay ganadores y perdedores. Incluso mucha de la gente que votó por el candidato ganador termina decepcionada por su desempeño. Aún cuando una democracia funcione muy bien habrá gente descontenta. Si valoramos este sistema, es porque permite luchar por nuestros intereses y nuestros ideales, porque repetidamente renueva nuestras esperanzas, no porque siempre obtengamos lo que queremos. Dicho esto, es obvio que algunas democracias funcionan mejor que otras, y que todos los sistemas democráticos se pueden mejorar en algunos aspectos.


–¿Qué tiene en cuenta a la hora de evaluar la calidad democrática?


–La medida en que la igualdad política se ve socavada por la desigualdad económica, específicamente, la influencia del dinero en política.


–¿Cuáles son los principales problemas con los que se enfrentan las democracias hoy?


–Sin ninguna duda, la pobreza y la desigualdad, la xenofobia y el racismo. Lo primero que se debe tener en cuenta es que las instituciones políticas funcionan en sociedades particulares, diversamente divididas por riqueza, religión, origen étnico, y otras cuestiones, y que hay límites a lo que un sistema político puede lograr. Ni siquiera los gobiernos democráticos mejor intencionados pueden hacer todo lo que la gente quiere. Por otra parte, con frecuencia sucede también que los gobiernos no saben qué hacer: creo que esto corre para la situación económica actual de la Argentina. Los límites más importantes a la democracia se originan en el capitalismo, un sistema en que las decisiones relativas a la asignación de recursos productivos –inversión y empleo– son guiadas por la competencia del mercado. El capitalismo impone límites a las decisiones que pueden ser alcanzadas por el proceso democrático, límites que atan a todos los gobiernos sin considerar su convicción ideológica.


–¿A qué se refiere con que “el gobierno (argentino) no sabe qué hacer”?


–No es sólo el gobierno que no sabe qué hacer frente a la crisis. Ni sus varios consejeros ni la oposición tienen idea. Los economistas dicen “por un lado” y “por otro lado”, y el gobierno vacila entre los lados sin que sus mediadas tengan el efecto deseado.


–Recién dijo que los límites más importantes a la democracia se originan en el capitalismo ¿Qué alternativas hay al capitalismo?


–Creo que no hay alternativas al capitalismo, por lo que la democracia está condenada a funcionar dentro de estos límites. Esto no significa que todos los gobiernos democráticos sean lo mismo: hay espacios dentro de estos límites que dependen de las condiciones específicas de cada sociedad y de su configuración política.


–Pero en líneas generales, ¿a qué se reduce la noción de democracia frente a las políticas económicas que rigen el mundo, el avance de los partidos extremistas en Europa y la enorme desigualdad?


–Son tiempos difíciles para las democracias prácticamente de todo el mundo, por todas estas razones. El mayor peligro es que algunas fuerzas políticas reclamen con éxito que la única manera de solucionar las crisis económicas, las divisiones fuertemente arraigadas en la sociedad, o las rupturas del orden público, sea abandonando la libertad política, unirse bajo un líder fuerte, reprimir la pluralidad de opiniones, en resumen, recurrir a la autocracia, el autoritarismo, la dictadura, o como cada uno lo quiera llamar. La lección que aprendemos de las experiencias recientes de Venezuela, Turquía, Hungría, y mi Polonia natal, es que las instituciones democráticas no contienen salvoconductos que las protejan de ser derribadas por gobiernos debidamente elegidos y acatando las normas constitucionales. Cuando Hitler llegó al poder, la posibilidad de un camino legal hacia la dictadura fue vista como un defecto de la Constitución de Weimar. Sin embargo, esta posibilidad puede ser general. Lo fundamental es que el desgaste de la democracia no conlleve una violación de constitucionalidad. A su vez, cuando el gobierno toma medidas que no son flagrantemente inconstitucionales o antidemocráticos, los ciudadanos que se benefician de sus políticas son lentos para reaccionar incluso cuando valoran la democracia.


–¿Por qué agrupa a Venezuela, Turquía, Hungría y Polonia?


–Porque son los cuatro países donde los gobiernos intentan remover todos los obstáculos institucionales que puedan impedir que hagan lo que quieran y pongan en jaque su perpetuidad en el poder.


–¿Cuáles son las diferencias principales entre las democracias europeas y latinoamericanas actuales?


–Suelo convertirme en blanco de críticas por decir esto, pero creo que las diferencias no son entre continentes. Chile no es Honduras, Noruega no es Rumania. La principal línea divisoria es la corrupción. El grado de corrupción en la Argentina y en Brasil no tiene paralelos en Europa.


–¿Se refiere a beneficiar a ciertos sectores o al financiamiento electoral de la política?


–La utilización del dinero para financiar la política es el azote de la democracia prácticamente en todos lados. Pero no creo mucho en la eficacia de la regulación legal. Se pueden escribir todo tipo de reglas, pero tienen poco efecto. No son eficaces porque los que supuestamente tienen que hacerlas cumplir están sujetos a la misma influencia de dinero como aquellos a los que regulan. La forma más eficaz para equilibrar el juego político es la movilización de las personas con pocos recursos económicos, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil, como ocurrió en los países escandinavos hasta hace poco.


–¿Qué fue lo que ocurrió allí?


–La presencia de sindicatos fuertes que apoyaban a los partidos de izquierda hacía que los recursos financieros y organizacionales que entraban en los juegos de influencia estuvieran bien balanceados. Sin embargo, en la actualidad los sindicatos son más débiles y sus relaciones con los partidos social-demócratas mucho más distantes.
–Sostiene que “la igualdad política no es posible en sociedades económica y socialmente desiguales”. ¿Por qué?


–La respuesta fue dada por Marx en 1844, en “Sobre la cuestión judía”. Cuando la gente que es desigual en términos de riqueza, ingresos, educación, entra en el campo político, pierde todos estos atributos. Como “ciudadanos” somos todos anónimos, indistinguibles: “una persona, un voto”. Pero una igualdad política formal no es suficiente para generar una igualdad de influencia política real. Incluso cuando tienen igualdad de derechos, algunas personas carecen de las condiciones materiales necesarias para participar en política. Los derechos para actuar no son más que un vacío si se carece de las condiciones habilitantes, por lo que la desigualdad de estas condiciones es suficiente para generar desigualdad de influencia política. Por otra parte, la competencia entre los grupos de interés para influir políticamente inclina las políticas de los gobiernos a favor de aquellos que son ricos o que están mejor organizados.


–Aun si existieran los derechos para actuar y las condiciones habilitantes a las que se refirió, y considerando que partimos de la premisa de que se trata de democracias capitalistas, ¿no se trata en realidad de democracia electoral sin más?


–La relación entre democracia y capitalismo está sujeta a opiniones contrapuestas. Uno afirma una afinidad natural de “libertad económica” y “libertad política”. Libertad económica significa que la gente puede decidir qué hacer con su propiedad y su capacidad o fuerza laboral. Libertad política significa que puede dar a conocer sus opiniones y participar en las elecciones que determinarán quién y cómo gobernará. Pero equiparar los conceptos de “libertad” en los dos terrenos es sólo un juego de palabras. Si revisamos la historia nos sorprenderíamos por la coexistencia del capitalismo y la democracia. Desde el siglo XVII casi todo el mundo, a la derecha y la izquierda, creía que la desigualdad económica no podía coexistir con la igualdad política. Estas predicciones extremas resultaron ser falsas.


–Pero al mismo tiempo considera que la igualdad política no es posible en sociedades económica y socialmente desiguales..

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–En algunos países la democracia y el capitalismo coexistieron sin interrupciones durante al menos un siglo y en muchos otros países por períodos más cortos, pero sin embargo extensos, la mayoría de los cuales siguen hasta hoy. Los partidos obreros que tenían la esperanza de abolir la propiedad privada de los recursos de producción se dieron cuenta de que esta meta es irrealizable, y aprendieron a valorar la democracia y a administrar las economías capitalistas cada vez que ganaron las elecciones. Los sindicatos, también originalmente vistos como una amenaza mortal para el capitalismo, aprendieron a moderar sus demandas. Como resultado, los partidos obreros y los sindicatos aceptaron el capitalismo, mientras que los partidos políticos burgueses y las empresas aceptaron cierta redistribución del ingreso. Los gobiernos aprendieron a organizar este compromiso: regular las condiciones de trabajo, desarrollar programas de seguro social e igualar oportunidades, y en paralelo, promover la inversión y contrarrestar los ciclos económicos. Sin embargo, este compromiso hoy está roto.


–¿En qué sentido lo está?


–Los sindicatos perdieron mucho de su capacidad para organizar y disciplinar a los trabajadores y con ello su poder de monopolio. Los partidos socialistas perdieron sus linajes de clase y con ello su peculiaridad ideológica y política. El efecto más visible de estos cambios es el exorbitante aumento de la desigualdad en el nivel de los ingresos. Justamente, un punto central en el neo-liberalismo de Thatcher y Reagan era debilitar los sindicatos y abrir fronteras al flujo de capitales. Los efectos sobre la distribución del ingreso por beneficios y salarios son dramáticos. En los Estados Unidos hasta el final de los 70 y en Europa hasta el final de los 90 los salarios crecían a tasas casi idénticas a las del crecimiento de la productividad. Y de repente los salarios dejaron de crecer aunque la productividad crece. Otra cuestión que evidencia lo mismo es el hecho de que la participación de la remuneración al trabajo en la distribución del valor agregado disminuyó bruscamente. Creo que estos efectos fueron intencionados, que el neoliberalismo fue un autogolpe de la burguesía.


–Usted comentó que, por cuestiones que tienen que ver con su historia personal, sigue de cerca lo que ocurre en la Argentina y Brasil, entre otros países de la región ¿Cuál es su análisis político y económico de lo que sucede por estos lados?


–Siempre dudo acerca de opinar a fondo de países en los que no vivo. Desde el exterior, es evidente que la Argentina y Brasil enfrentan crisis urgentes, pero esto es una banalidad. La corrupción generalizada es su característica compartida, pero tengo la impresión de que la estructura de las crisis económicas no es la misma. La estructura económica de Brasil está mucho más diversificada que la de la Argentina. Brasil está experimentando un estancamiento a largo plazo, mientras que la Argentina experimenta fuertes altibajos.


–¿Hasta qué punto la intromisión de organismos internacionales en la política interna de un país –el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el caso de la Argentina– no socava la democracia?


–Estudié el tema en detalle, y creo que los programas del FMI lastiman el crecimiento a largo plazo, principalmente al obligar a los gobiernos a reducir la inversión en infraestructura. Pero no creo que socaven directamente la democracia: después de todo, son gobiernos elegidos democráticamente los que acuden al FMI, a veces sólo para conseguir un pretexto de lo que quieren hacer de todos modos.

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Jueves, 04 Octubre 2018 10:58

El poder en manos de todos

El arte de Tigua surge en la década de 1970, es un arte de una especial fuerza expresiva y de gran riqueza cromática que se plasma, además de los cuadros, en la pintura de las máscaras y de los tambores. Los temas principales son las actividades cotidianas tradicionales; escenas agrícolas, ganaderas, artesanales y comerciales; el ciclo vital, las cosechas, las fiestas donde se activan los lazos de amistad o solidaridad, pero es un arte que también habla de los levantamientos indígenas, y de las fiestas religiosas. El presente suplemento está ilustrado con la exposición “Tigua: Arte desde el centro del mundo”, Madrid, 30/09/2015.

Los tiempos que corren, marcados por el sello indeleble de dos revoluciones industriales interrelacionadas*, han liberado intensas energías que propician un capitalismo cada vez más excluyente y autoritario.

Son unas energías que, encauzadas por la computación y la internet, han reducido el mundo a una aldea con un inmenso circuito financiero interconectado que cruza a todos los países, bien por satélites o por cables submarinos, registrando todo tipo de operaciones bancarias, depositando minuto a minuto decenas de millones en las cuentas de escasos 8 megaricos, los que según el reporte de Oxfam poseen lo mismo que 3 mil seiscientos millones de personas. Y junto a ellos, otra reducida pléyade de millonarios que acumulan a su haber lo producido por el esfuerzo de millones de trabajadores, hombres y mujeres.

Esos personajes, en realidad cabezas de multinacionales como Amazon, Microsoft, Facebook, Inditex-Zara, Berkshire Hathaway, Oracle, Bloomberg LP, Claro, y los tradicionales bancos y petroleras que acumularon el fruto de trabajo de millones durante todo el siglo XX, grupos empresariales cruzados de diversa manera con el capital financiero internacional, todos los cuales influyen o determinan, con las tecnologías y capitales que controlan, el rumbo de diversos Estados y/o gobiernos integrantes del sistema mundo capitalista.
La influencia económica, política, cultural y militar de estos inmensos grupos empresariales es inocultable. Por un lado imponen sus desarrollos tecnológicos a los Estados a través de licencias privativas, dejándolos a merced de su espionaje, sometiendo su soberanía educativa y tecnológica, sentando su influencia sobre estos estados, además, a través de asesorar sus ejércitos y sus servicios de inteligencia. El control social hoy vigente por doquier, así como los altos niveles de autoritarismo impuestos a lo largo y ancho de todos los continentes, está soportado sobre tecnologías desarrolladas o encargadas a estas corporaciones.

Por otro lado, asientan referentes culturales por doquier, trazando matrices de presente y futuro, cerrando las ventanas del sueño utópico de otra sociedad posible y abriendo las puertas de la conformidad; a la par de asegurarse por diversos canales –como la normatividad supranacional– el control/protección de sus ingentes capitales,

Todo ello, miles de millones resumidos en pocas cuentas, contratación de cientos de miles de trabajadores en sus empresas, inocultable influencia política sobre numerosos Estados, control tecnológico, monopolización de las comunicaciones, capacidad especulativa, arrasamiento de la privacidad por doquier, etcétera, ha llevado a la democracia formal a su agonía. Una democracia directa, radical, donde la consulta al conjunto social de todas aquellas decisiones estratégicas que le afectan sean obligatorias, decididas a voto limpio, surge como una alternativa inaplazable. Aquí, en Colombia, la “democracia más vieja del continente”, como en todo el mundo, esta opción también está a la orden del día.

Una oferta incumplida

La burguesía decapitó políticamente a la monarquía con el filo de la guillotina, en lo económico con la apertura de una producción y un comercio con menos barreras, y culturalmente con la oferta de libertad, igualdad y fraternidad. Esa rancia monarquía quedó como simple porcelana que decora las salas de recibimiento en las sociedades europeas, allí están los Borbones y otros más.

Su triunfo fue facilitado y potenciado por la multiplicación de la capacidad productiva desatada como resultado inmediato de la primera revolución industrial, por la acumulación de capital devenida de un comercio que derrumbaba murallas sin contemplación alguna y la misma influencia cultural que fueron ganando sus ideales. Sin embargo, su promesa fue solo eso, una promesa. En los dos siglos y algunos años más de su gesta, en pocas, tal vez muy pocas sociedades regidas por los principios que abanderaron, tal triada la han vivido a plenitud sus pobladores.

Para constatación, basta revisar los derechos de primera generación, los conocidos como Derechos civiles y políticos, entre estos:

• “Toda persona tiene los derechos y libertades fundamentales sin distinción de raza, sexo, color, idioma, posición social o económica”
• “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral”
• “Nadie puede ser molestado arbitrariamente en su vida privada, familiar domicilio o correspondencia, ni sufrir ataques a su horna o reputación”
• “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia”
• “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacífica”.

Ante la lectura cuidadosa de estos preceptos, redactados hace más de dos siglos, y su más cuidadosa constatación con la realidad pasada y presente, es evidente que los mismos no han tenido plena concreción en el tiempo trascurrido. ¿Qué dirán ante cada uno de estos derechos los miles de miles que desde África tratan por estos días de migrar hacia Europa? ¿Qué opinarán quienes son encarcelados en múltiples países del actual sistema mundo al pretender motivar a sus congéneres a luchar por un gobierno otro? ¿Qué gritaran quienes llenan distintos presidios por doquier? ¿O qué nos confirmarán los que por tener otro color de piel son excluidos en la tierra que los vio nacer o aquella a la cual llegaron años después en procura de ingresos dignos para vivir o buscando protección para sus vidas?

¿De qué libertad, igualdad y fraternidad pueden ufanarse quienes con la guillotina dieron paso a estos derechos si la riqueza de otrora potencias globales como Francia fueron amasadas sobre el filo de las bayonetas, tanto en África, como en Asia y nuestra América, incluida su región Caribe?

Promesas, simples promesas. Pero también control social, hegemonía política, así como manipulación y dominio político. Todo esto, una ironía de quienes como clase dieron origen a estos derechos, pues lo que en gran medida resumía esta Primera Carta de Derechos (derechos de primera generación –civiles y políticos–) eran las necesidades que como clase tenían estos mercaderes, pero no mucho más.
Una oferta de nueva sociedad erigida en medio de incumplimientos. A la par que imponían sus demandas el mundo permanecía y continuaba plagado de sociedades esclavizadas, oprimidas, excluidas. Y contra tal realidad se levantaron obreros y campesinos, además de otros sectores populares. En cada país hay historias por retomar, en cada país hay memoria viva que pretenden borrar quienes figuran allí como genocidas y masacradores.

Han sido luchas de los de abajo contra los de arriba, con las cuales dieron cuerpo a lo que décadas después fue conocido como los Derechos de segunda generación –económicos, sociales y culturales–, muchos de ellos conquistados sobre inocultables charcos de sangre, lo que recuerda que hasta el siglo XIX y bien entrado el XX ningún derecho fue reconocido sin resistencia ni violencia por parte de quienes detentaban el poder. Es la ley del poder. Luego esos mismos sectores que lo concentraban a su favor transforman los derechos en un galimatías al cual acceden en igual condición personas o individuos, grupos sociales y empresas, entre ellas las multinacionales. ¡Y todos, individuos, grupos sociales y multinacionales son reconocidas en igual condición y con igual posibilidad!

De los Derechos de segunda generación, valga recordar, hacen parte entre otros:

• “Toda persona tiene derecho a la seguridad social y a obtener la satisfacción de los derechos económicos sociales y culturales”
• “Toda persona tiene derecho al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias”
• “Toda persona tiene derecho a formar sindicatos para la defensa de sus intereses”
• “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure a ella y a su familia la salud, alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

¿Qué dirán ante estas referencias de vida quienes buscan sin resultado positivo trabajo? ¿Qué opinarán quienes presencian sumidos en angustia los padecimientos de su familia por no tener mesa abundante, por no contar con un techo bajo el cual guarecerse o médico al cual acudir y del cual obtener fórmula presta que no le implique la compra de medicinas especializadas para las cuales no tiene dinero con que adquirirlas? ¿Qué podrán contar quienes intentaron conformar un sindicato y por ello fueron expulsados de su puesto de trabajo, amenazados y obligados a dejar su ciudad, o asesinados?

Del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el refranero popular, y no se equivoca. Es así como la democracia –el gobierno del pueblo y para el pueblo, o el gobierno de las mayorías al servicio de todos– queda como un referente para guiar los pasos de la humanidad, algo por lograr. Una democracia más allá de la liberal –electoral–. Es por ello que enrutar las energías sociales tras tal meta deberá ser uno de los objetivos de los movimientos sociales en los tiempos que corren.

Es precisamente este reto el que nos recuerda que la democracia, la realmente existente, está en disputa. Por lo cual, asumirla como referente de las luchas en curso o por venir, es seleccionar la más trascendental de las dianas que podemos ver y determinar en el entorno y momento que vivimos.

En esta pugna, los sectores populares cuentan a su favor que, más allá de sus deseos, los poderosos del mundo no pueden controlar ni parar las energías desatadas por las revoluciones industriales en marcha, de tal manera que la concentración de riqueza proseguirá sin control ni límite alguno, y con ella la inconformidad global con esta realidad; el poder, como quintaesencia para asegurar los privilegios de unos pocos, potenciará aún más la violencia “legalmente constituida” y todo tipo de espionaje y violaciones a la privacidad y libertad de las mayorías, ahondando así el autoritarismo, negando de manera efectiva la libertad; y, con todo ello como marca esencial del sistema social-económico y político vigente, ¿es posible solidaridad alguna? Sálvese quien pueda, es la norma de normas que hoy impera en el mundo.

Es una realidad a la cual hay que torcerle el brazo. En el afán de numerosos sectores sociales por actuar ante la catástrofe en que está entrando el conjunto social global, y con ésta hasta la mismísima Tierra como casa de la humanidad, van tomando cuerpo otras formas de hacer y de vivir, experiencias de otra economía posible, basadas estas en procesos solidarios, cooperativos, comunitarios, procesos donde la misma propiedad de los medios de producción, además de la planeación de qué y cómo producir, la forma de hacerlo, así como la apropiación de lo generado por el trabajo de muchas personas, deja a un lado el interés estrictamente privado para adentrarse en el colectivo.

Sobre este particular destacan en nuestra región experiencias como las de Cecocesola con asiento en Barquisimeto –capital del estado Lara, Venezuela– la cual, aún en la crisis que hoy vive este país, ha logrado conservar su dinámica autónoma, la red de productores agrarios y de comercialización de sus productos, así como el centro de salud.

En Colombia, el referente es Confiar cooperativa financiera que tras sus más de cuatro décadas de experiencia, trascendió de un fondo de empleados creado por los trabajadores de Sofasa a una propuesta solidaria abierta que hoy cuenta con más de 166 mil asociados, así como algo más de 277 mil ahorradores, cuyos aportes permiten el apoyo constante a diversidad de experiencias sociales, culturales, comunitarias, educativas, artísticas, informativas y de otros órdenes, evidenciando con su práctica que en lo económico sí es posible tejer un camino diferente al impuesto por la institucionalidad. El estímulo al consumo consciente, es una apuesta fuerte con la cual se crean las bases de otra forma de ser y estar en este planeta. A su vez, el reconocimiento y valoración del liderazgo femenino y juvenil, potencia los nuevos actores sociales, de cuya mano también está el tema ambiental.

En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra, con más de 9 mil asentamientos agrarios, producto de la recuperación de la tierra por parte de los campesinos sin tierra, reconfirma que “una mano más otra mano no son dos manos… sino muchas más”, son comunidad, son pueblo.

Actuando de manera directa, más de un millón de familias han obtenido sus tierras y más de 130 mil están acampadas, es decir, en proceso de reconocimiento de su propiedad.

Estos campesinos, no solo han liberado su tierra, sino que además han construido sus viviendas, escuelas, incluso universidad, poniendo en marcha una producción asociada, limpia, sin tóxicos, además de mercadear alimentos procesados, vinos, artesanías, etcétera.

En Argentina, fábricas como Zanón y Brukman, el hotel Bauen, y otras experiencias exitosas de empresas asumidas de manera directa por sus trabajadores, asociados en cooperativas, demuestran sin duda alguna que sí es posible liderar y mantener en funcionamiento, por parte de los trabajadores, cualquier tipo de empresa. Además, y este es el caso de lo conocido de manera genérica como “Fábricas sin patrón”, que la solidaridad comunitaria es sustancial para que este tipo de experiencias no sean ocupadas policial o militarmente por los protectores del capital (el Estado y sus Fuerzas Armadas), así como para lograr una mejor difusión de todo aquello que producen, comercian u ofrecen como servicios.

En pocas palabras, economía, colectivo, común, solidario, redistribución, autonomía, son sinónimos que entretejidos abren puertas distintas a las capitalistas, procesos y experiencias que a pesar de estar sometidos en muchos de sus cotidianidades a los canales imperantes van creando otra cultura, sin la cual no es posible darle un portazo al mismo sistema económico-social hoy dominante.
Son ejercicios de vida y de esperanza, dinámicas todas estas que van en contravía de lo impuesto por la producción capitalista, y en ella por la misma dinámica ganada por las multinacionales donde la producción de hecho es cada vez más colectiva pero su apropiación no deja de ser particular. Así realza en casos como Amazon, Microsoft, Facebook, la primera de las cuales contaba en el 2017 con 566.000 trabajadores, Microsoft 133.000, Facebook más de 25 mil, sin dejar a un lado emporios como Samsung con 275.000 trabajadores y Walmart con 2.300.000. Otros muchos ejemplos podrían relacionarse y en todos ellos lo típico es que quien apropia para si lo producido por muchos es alguien que ha “desarrollado” un sistema inteligente que le permite interrelacionar a muchos, centralizando por vías de sistemas inteligentes sus saberes y producidos.

Hasta aquí podríamos decir que de acuerdo a la lógica imperante desde hace dos siglos largos todo está bien, pero sucede que esos sistemas inteligentes han visto la luz producto de investigaciones financiadas con dineros públicos. No es una exageración. Es conocido que la internet es el producto de prolongadas investigaciones de carácter militar financiadas por el Pentágono, el cual, como es obvio, funciona con base en los dineros públicos. Pese a ello, su apropiación económica ha terminado en manos de Microsoft. Todo un contrasentido. Así mismo ocurrió con la tecnología satelital, hoy resumida en los GPS producto de prolongadas investigaciones encabezadas por la Nasa, tecnología experimentada en la aviación, en cohetería y otros tanto usos militares. Millones de seres humanos cotizan mes a mes al erario público, que a su vez destina la caja de ahorros para asegurar el avance de la ciencia y la tecnología con supuesto sentido colectivo, pero al final unos pocos son los que ven los réditos de todo ello, sobretodo en sus depósitos bancarios.

Son empresas las beneficiadas de esta sin razón, las que además prestan un servicio de carácter estratégico con efectos, para bien o para mal, sobre el conjunto social, tanto en su país de origen como más allá del mismo. De ahí que reclamar el carácter social, público y común de este tipo de empresas, sea una reivindicación con plena vigencia. Es así como una ventana se abre para un futuro donde la igualdad tenga un asidero real, la libertad sea algo más que una consigna y con ello la fraternidad –la solidaridad, como referente más plausible– ganen el espacio necesario entre todos los seres humanos. Estamos así ante luces poscapitalistas; un futuro más cercano de lo que muchas veces vaticinamos.

Sin duda, otra democracia, además de necesaria, sí es posible.

 

*Estamos en presencia de dos revoluciones industriales: la tercera, que va llegando a su final, basada en la electrónica y las tecnologías de la información. Tenemos, como algunos de sus desarrollos: computadoras personales, clusters, redes de información; y la cuarta que está en pleno desenvolvimiento y que está basada en la simbiosis entre las dimensiones física, digital y biológica. Entre algunos de sus desarrollos más notables: robótica de todos los tipos, aprendizaje de máquinas, interface chip-célula.


 

Democracia, ¿solo electoral? 

Es una realidad de perogrullo que los sectores dominantes se obstinan en afirmar que allí donde se celebran elecciones son países democráticos. Nada más irreal. Lo electoral, es solamente una de sus expresiones, las otras son la economía, el medio ambiente, la cultura. Así lo recuerda Antonio García Nossa: “La democracia es total en el sentido de que no puede existir a medias, ni como una suma de partes desordenadas y sueltas, ni como un sistema contrahecho que declara a los hombres libres pero les niega los medios –económicos, culturales y políticos– de ejercicio de la libertad”.

Precisamente Colombia es el prototipo de esta deformación de la democracia, o la expresión masiva en América Latina de la democracia que no va más allá de la norma, de la apariencia, ocultando una dictadura civil, soporte de una profunda desigualdad social, de la pervivencia de amplias capas de nuestra sociedad arrojadas al abismo del empobrecimiento y la miseria, así como al temor generalizado a opinar pues quien lo haga corre el riesgo de ser amenazado, expulsado de su terruño –desplazado– o simplemente asesinado. Años atrás la tortura y la cárcel era el camino preestablecido, hoy no lo es tanto, aunque no es extraño el descuartizamiento de cuerpos inermes y otras barbaridades que la humanidad creía haber superado tras la “humanización” de la guerra, mucho más en la disputa entre civiles.

 

La democracia es una palabra hueca entre nosotros, así lo resume su historia reciente:

 

1.Durante el siglo anterior, por lo menos desde 1946 fue desatada por una parte del establecimiento una guerra contra el pueblo indefenso, la cual tuvo dos años después, el 9 de abril de 1948, un punto de caldera que desató odios incontenibles. La guerra civil tomó forma, por lo menos hasta 1953, años durante los cuales la masacre de miles de campesinos, el desplazamiento de no menos de 250 mil, su despojo, la injusticia en los tribunales, el llamado a la barbarie desde los púlpitos, la utilización de la Policía y del Ejército como cuerpos privados para la defensa de terratenientes. En esas condiciones, el Partido Conservador celebró elecciones, sin contrincante alguno, y retuvo el manchado poder que retenía desde 1946 en cabeza de Mariano Ospina Pérez, quien lo entregó a Laureano Gómez; al caer éste enfermo en 1951 vio continuada su función por Roberto Urdaneta Arbeláez. 

2.En 1953 dejan las apariencias e instalan una dictadura militar abierta en cabeza del general Gustavo Rojas Pinilla.

3.Una junta militar destituye a su Jefe y asume entre 1957-1958 el gobierno.

4.Tras un pacto oligárquico entre liberales y conservadores se reparten el poder por espacio de dos décadas, durante las cuales las elecciones eran una farsa pues ya se sabía cual de los dos partidos gobernaría, es decir, la elección era solamente entre quienes aspiraban a la Presidencia por un mismo partido. Otras formaciones políticas estaban prohibidas, no solamente para la disputa electoral sino para ejercer su opinión y acción político de manera cotidiana. 

5.Superada esta etapa de la vida republicana, para contener las fuerzas democratizadoras que intentaban abrirse espacio por doquier, criminalizan en 1978 con el Estatuto de Seguridad toda protesta social.

6.A partir de los años 80, desatan una guerra soterrada contra el pueblo a través de un proyecto paramilitar de extensión nacional. Los miles de muertos, desaparecidos, desplazados, los despojados, el control de por lo menos el 30 por ciento del Congreso de la República por esas mismas huestes, a pesar de realizarse elecciones, dibujan el real carácter del régimen.

7. Las elecciones no dejan de sucederse, a pesar del asesinato de candidatos presidenciales, y de aspirantes al Congreso y otros cuerpos de elección popular. 

8. Potenciando el carácter criminal de los narcotraficantes, la guerra arrecia sobre todo aquello que se considera oposición. La división y atomización de la sociedad, producto del miedo generalizado, es su propósito, el cual es cumplido a cabalidad.

9. Una guerra sin miramientos éticos ni de ningún tipo ensancha sus ecos desde el 2002, dejando entre sus saldos trágicos lo que es conocido por la memoria nacional como los “falsos positivos”.

 

Pese a ello, las elecciones prosiguen su curso. También la concentración de la riqueza en pocas manos:

 

Riqueza en pocas manos

Al detallar en Colombia los ingresos de los más ricos contra el ingreso de la clase media, los resultados son escandalosos: el ingreso del 1 por ciento más rico es 11 veces el de la clase media, el del 0.1 por ciento es 52 veces y el del 0.01 por ciento es 149 veces.

Si comparamos estas cifras con los más empobrecidos del país, los resultados son peores. El ingreso del 1 por ciento más rico es 39 veces el del 10 por ciento más pobre, el del 0.1 por ciento es 275 veces y el del 0.01 por ciento es 789 veces. 

Que 4.770 connacionales (0.01 más rico) ganen 150 y 789 veces el ingreso de una persona de la clase media y pobre respectivamente, explica por qué registramos como uno de los países de mayor desigualdad a nivel mundial. 

 

La tierra

Según el análisis de Oxfam (2017), sobre la propiedad y uso de la tierra en Colombia, publicado en el informe “Radiografía de la desigualdad”, nuestro país sigue siendo el más desigual del continente en materia de distribución de la tierra. Solamente el 1 por ciento de las explotaciones de mayor tamaño (Unidades de Producción Agrícola, UPA, de más de 500 hectáreas) maneja más del 80 por ciento de la superficie productiva de tierra, mientras que el 99 restante –campesinos, propietarios de minifundios– se reparte menos del 20 por ciento de la tierra productiva para vivir.

La concentración de la tenencia de la tierra sufrió un agravamiento en las ultimas décadas, a tal punto que las explotaciones de más de 500 hectáreas pasaron de 5 millones en 1970 (el 29% del área total censada) a 47 millones en 2014 (el 68%), su tamaño promedio también aumentó pasando de menos de 1.000 hectáreas en 1960 a 5.000 hectáreas en 2014.  

En la actualidad –según el censo nacional agropecuario del 2016, que comprendió 111,5 millones de hectáreas–, el uso del suelo en millones de hectáreas se divide de esta manera: Bosques 63,2; ganadería 34,4; agricultura 8,5; otros usos 5,4. De manera adicional, a finales de 2012 fueron suscritos 9.400 títulos mineros que responden a 5,6 millones de hectáreas.

Vale la pena decir que en las zonas que se denominan de agricultura el 75 por ciento cultivado responde a monocultivos de caña de azúcar, palma africana y café, mientras que en el 15 por ciento restante se cultiva variedad de cultivos transitorios.  

La vivienda

La tasa de personas con vivienda propia en las zonas urbanas es de 5,1 millones, quienes viven en arriendo suman 4,9 millones de hogares y quienes no tienen una vivienda o viven en hacinamiento son alrededor de 1,3 millones, juntándose con los 2 millones más que tienen un déficit cualitativo de vivienda, es decir, que carecen de acceso a servicios públicos, vías publicas y los entornos no son aptos para vivir.

 

Empobrecidos y enriquecidos por el sistema

Tomando como referencia el año 2017, “la pobreza por ingresos en Colombia se mantiene en el 29,5 por ciento; 26 por ciento en los centros urbanos y 41,1 por ciento en las zonas rurales. Por su parte, en el campo, más que pobreza lo que el país tiene es indigencia: mientras en las ciudades los indigentes son el 7 por ciento, en el campo alcanzan el 33 por ciento”.

“Contrario a esto, y como problemática que denota a todas luces la antidemocracia vigente entre nosotros, estructuralmente la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por la sociedad; peor aún, el 1 por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático. A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población y tiene una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben solo un 16 por ciento del total de los ingresos”*.

 

El juego del voto

Democracia de apariencia. Mientras la desigualdad social ahondaba su brecha en el país, mientras las armas oficiales y no tanto garantizaban tal dinámica, las urnas permanecían abiertas, ofreciendo cada cuatro años una posible transformación del país si cambiaba la cabeza de su gobierno. ¿Será posible tanto con tan poco?  Las experiencias de diferentes países están a la vista. Pero, sea cual sea la realidad y la efectividad del voto, lo cierto es que lo vivido entre nosotros es una democracia aparente, formal, soportada sobre el uso despiadado de las armas, democracia difundida y consolidada a través de los medios de comunicación y de la escuela como si se tratara de una democracia real, plena.

 

El sueño de la esperanza

 

Pese a ello, mientras esto sucedía, mientras la democracia liberal mantenía sus formas, en diversidad de territorios de nuestro país una variedad de actores sociales no cejaban en su esfuerzo por darle cuerpo a otro país posible, reuniendo para ello esfuerzos variados en lo económico, político y social. 

Encontramos allí experiencias cooperativas y solidarias de múltiple origen y logros; experiencias agrícolas rurales colectivas, bien a través de manos indígenas o de campesinos de distinto origen, que logran que la tierra produzca más y mejor de lo que lograría un solo campesino pobre en su reducido minifundio; experiencias de distinto logro en la comercialización de variedad de productos; experiencias educativas que forman a su alumnado con un sueño de una Colombia posible donde todos vivamos en felicidad; en fin, encontramos otros caminos abiertos o en proceso de serlo –contrarios a los oficiales y normatizados, contrarios a los que favorecen a los grandes y medianos empresarios–, unos caminos que llevan al puerto de lo colectivo, de la justicia, la igualdad, la libertad, la fraternidad, para ir concretando un sueño que tomó cuerpo hace ya dos siglos y algunos años más, caminos sin los cuales no será posible que en nuestro terruño haya espacio para todos, un espacio para vivir sin ser arrinconados sino con espacio suficiente, tanto en el campo como en la ciudad, es decir, para vivir en dignidad. 

 

*Sarmiento Anzola, Libardo, “2002-2018, la herencia Uribe-Santos”, Le Monde diplomatiqueedición Colombia, agosto 2018, pp. 4-8.

 

 

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