MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Finchelstein es el autor de la recientemente editada "Breve historia de la mentira fascista".

"Dejemos de hablar de posverdad, hoy circulan mentiras fascistas"

En su reciente libro el historiador radicado en Estados Unidos ubica las graves continuidades que encarnan figuras como las de Trump y Bolsonaro con el fascismo tal como se lo conoció en el Siglo XX, con sus criminales consecuencias.

 

Para Federico Finchelstein hay una continuidad directa que lleva del fascismo “clásico” a los florecidos populismos de derecha de la actualidad. Esa continuidad está dada tanto por el desprecio de la democracia y las tendencias dictatoriales, como por el culto sistemático de la mentira. El fascismo italiano invade Etiopía en los años 30 apelando a una continuidad con el Imperio Romano, en sus memorias Goebbels publica atentados que no recibió, el asesino de veinte personas en la localidad de El Paso invoca una “verdad inconveniente”, a Bolsonaro sus partidarios lo llaman “El Mito”, Trump inventa un fraude electoral y la ultraderecha estadounidense sostiene que Hillary Clinton se alimenta con sangre de bebé. En la era de la posverdad, las redes de derecha y las fake news, todo esto se entrelaza más intrincadamente, haciendo en ocasiones indiscernibles la verdad y la mentira

Especializado en la historia del fascismo y su relación con los populismos de derecha, en el recién publicado Breve historia de la mentira fascista (Taurus) Finchelstein traza la historia del fascismo y sus expresiones en distintos puntos del globo, desembocando en en populismo representado entre otros por Trump, Bolsonaro, el movimiento español Vox, la Liga italiana y el dictador húngaro Víctor Orbán.

- En Breve historia de la mentira fascista señala que los fascistas “clásicos” creían en sus mentiras, como las de la peligrosidad de los judíos como fuente de “contagio” para la raza aria, o el destino imperial de Italia. ¿Los actuales dirigentes populistas de derecha creen en sus mentiras, o son simples cínicos, convencidos de que si mienten y mienten, algo quedará?

- El populismo es históricamente una reformulación del fascismo en términos democráticos. Deja arás elementos centrales del fascismo luego de 1945, con su derrota, para participar del mundo de la democracia; en ese marco las mentiras al estilo fascista no son centrales en el populismo. En mi opinión los populistas mienten como otros políticos de otras tradiciones, liberales, conservadores, comunistas, socialistas. Como decía Hannah Arendt, la política y la mentira van de la mano y sin embargo en el fascismo las mentiras adquieren cortes de tipo cuantitativo y cualitativo. Los fascistas mienten mucho más y además creen en sus propias mentiras y a través de esta creencia intentan transformar la realidad. En ese marco, las mentiras de Trump tienen una inspiración más fascista que populista. Lo mismo que Bolsonaro, el primer ministro húngaro Victor Orbán o Narendra Modi, primer ministro de la India,

- ¿Se puede considerar a la llamada “posverdad” y las fake news como productos de la posmodernidad, que descree de la noción de verdad?

- Para nada, esta insistencia en que la información y prácticamente la realidad de tipo empírico es parte de las fake news, es la típica insistencia de Trump, no tiene origen en la tradición posmoderna sino más bien en la tradición fascista.

- ¿Serían imaginables las mentiras de ciertos políticos contemporáneos sin la existencia de las redes, capaces de convertir en hashtag cualquier cosa?

- Evidentemente este nuevo paisaje mediático, este mundo de las redes sociales, permite amplificar una tradición de mentira totalitaria, fascista, que ya existía antes. En la época del fascismo la radio, el cine y otros medios que en su momento representaban una avanzada tecnológica le sirvieron a estos fascistas que, como bien decía el historiador Jeffrey Herf, eran modernistas reaccionarios y usaron este tipo de tecnología para hacer avanzar las causas más retrógradas.

- ¿Por qué se habla de “posverdad”, como si fuera una fase posterior a la de la verdad, y no lisa y llanamente de mentiras? ¿Es un eufemismo instigado por los fabricantes de mentiras?

- Es una pregunta muy interesante porque justamente eso que se presenta como posverdad, en realidad son mentiras. Lo que muestra que muchos de estos mentirosos creen en la verdad de sus mentiras, y eso conlleva a una pregunta más bien filosófica, que ya habían planteado muchos. En el libro recuerdo el caso de Jacques Derrida, quien en una conferencia en la UBA se pregunta: ¿es mentiroso aquel que piensa que está diciendo la verdad? Por otra parte, desde un punto de vista de la historia de la mentira lo que vemos es que cuando esta mentira o así llamada posverdad es creída, conlleva riesgos importantes de violencia y de muerte, porque este tipo de mentiras matan. Lo extraño es que es un eufemismo muchas veces planteado por aquellos que no creen esas mentiras. En concreto, pienso que sería mejor admitir que hoy circulan mentiras fascistas, como planteo en el libro.

- En el libro derriba un mito, el de que Goebbels habría dicho una de las frases más citadas del último siglo: “Miente, miente, que algo quedará”. ¿Cómo generó esa creencia, Goebbels dijo algo parecido, lo dijo otro, o no lo dijo nunca nadie?

- Es un caso muy interesante: no lo dijo Goebbels ni lo dijeron los otros fascistas globales, ya sean los de China, India o Brasil, Alemania o México, que no eran cínicos en ese sentido, sino que eran fanáticos del culto a sus líderes, y creían que sus mentiras eran la verdad. Los fascistas como Goebbels pensaban que lo que decían era cierto y que incluso cuando eso no era cierto, la idea era volver lo que decían cierto, convertir la mentira en realidad. En el libro analizo justamente las mentiras que Goebbels mismo se creía. Incluso cuando percibían el corte, la diferencia, entre lo que se decía y la realidad, pensaban que la propaganda estaba al servicio de una verdad absoluta. Más bien atribuían eso a sus enemigos y de hecho hay una frase parecida a esa, que Goebbels atribuye a Winston Churchill: la idea de que si uno repite las mentiras algo queda. Para Goebbels y para tantos otros fascistas, la propaganda refleja la verdad, que cuando no es debería ser. Los fascistas proponen reemplazar la percepción por la intuición, es decir si la realidad no corresponde con el deseo, es la realidad la que tiene que ser reformulada a través de la violencia, la persecución y la muerte.

- Tras el ataque al Capitolio, los grupos de ultraderecha y sus disparatadas teorías conspirativas, el libro redobló su actualidad. La tierra plana, el Estado Profundo, la red pedófila de políticos, empresarios y ejecutivos de Hollywood, Hillary Clinton bebiendo sangre de niños, los invasores reptilianos escapados de Invasión V… ¿Los que lanzan estos globos creen en ellos? ¿Qué es lo que hace que tengan suficiente entidad como para que estemos hablando de ellos?

- Este tipo de paranoia política reflejada en teorías de la conspiración, de una personalidad conspirativa que cree en cualquier cosa, existe desde siempre. Ya la habían estudiado bastante bien Theodor Adorno y sus colaboradores, en sus estudios sobre la personalidad autoritaria. Se trata de gente que tiene la necesidad de que la complejidad del mundo les sea explicada de una forma simple a través de la idea de que todo aquello que el líder dice es verdad. Es en ese marco que este tipo de mentiras y delirios se vuelven todavía más "virales".

- ¿Cómo se explica que un personaje como la republicana Marjorie Taylor Greene, negadora de masacres como la de El Paso o postuladora de la delirante teoría del Pizzagate, según la cual Hillary Clinton dirigiría una red pedófila desde una pizzería, haya llegado a la Cámara de Representantes? ¿Su destitución de la comisión que presidía habla de buenos reflejos del sistema democrático, o es sólo una muestra de astucia frente al desprestigio institucional de Trump?

- La diputada Marjonie Taylor Greene representa quizás una forma más extrema de lo que es hoy el trumpismo y el Partido Republicano, o para decirlo de otra manera, el Partido Republicano es hoy en día el partido de Trump y en esa medida las cosas que esta señora dijo han sido muchas veces retuiteadas, repetidas y amplificadas por Trump. Más allá de estas cuestiones que son más bien cosméticas el partido, sigue alineado con el expresidente y sigue siendo entonces un partido de extrema derecha en este momento, comparable por ejemplo al salvinismo en Italia.

- ¿Tiene la época contemporánea alguna clase de inmunidad al disparate, o puede llegar a creer cualquier cosa? ¿O son pocos los que creen? ¿O nadie, en realidad, y se trata de puras excusas para tomar el Capitolio e intentar linchar al vicepresidente “traidor”?

- Yo creo que Trump usó una estrategia fascista de la gran mentira, de insistir con una explicación simple y por supuesto fantasiosa para negar la realidad de su derrota. Creo que la fe absoluta en esa gran mentira fue la gran motivación para este tipo de personajes que son fanáticos, creyentes, estos terroristas domésticos, como se los llama en Estados Unidos. Estos grupos paramilitares justamente reflejaron esa suerte de inmunidad frente a la realidad y sintieron esa motivación de participar del golpe de Estado propiciado por Trump.

- ¿Qué posibilidades hay de que esta fábrica de mentiras, y los que las creen o se amparan en ellas, sean una tendencia creciente? ¿Podrían llegar a masificarse, o se sigue tratando de unos miles de loquitos?

- A pesar de la derrota de Trump estos populismos de extrema derecha, en muchos casos aspirantes a la dictadura y al fascismo, siguen representando un peligro concreto. En el libro critico la idea de una patología personal para pensar a líderes como Trump y Bolsonaro pues demuestro en qué medida participan de una tradición fascista que, por cuestiones profundamente ideológicas, que son parte de su teología política, terminan negando la realidad.

- ¿Esos grupos podrían llegar a tener más éxito en el futuro?

- Todo depende con qué seriedad se afronta a estos grupos golpistas y paramilitares de extrema derecha. Para mí hay que tomarse con gran preocupación el riesgo que representan para la democracia y en el marco de la ley limitar drásticamente sus actividades, que en muchos casos son ilegales.

Lo que sorprende del caso del Capitolio es que mientras en Estados Unidos se reprimen sin ningún prurito minorías y a gente que levanta reclamos populares legítimos en contra del racismo, la discriminación y la desigualdad; a estos golpistas de derecha que son "terroristas domésticos" se los trató, casi diría, con guante blanco cuando lo necesario era el uso de la fuerza. Se debió reprimirlos y arrestarlos inmediatamente. Es necesario recordar que el fascismo triunfó en el pasado cuando la justicia y el Estado ignoraron la ilegalidad de su violencia. Que Trump no haya pagado por sus acciones es algo muy preocupante.

- ¿Qué lazos existen entre los “globos” conspirativos lanzados por la derecha estadounidense y los supremacistas blancos y otros grupos asumidamente fascistas?

- Existen lazos concretos. En los eventos del Capitolio, estos racistas se aliaron a sectores quizá más "moderados" del Partido Republicano, para intentar frenar el trabajo de la democracia. En el libro explico cómo estos vínculos entre neo-fascismos y trumpismo son ideológicos, en tanto militantes y líder comparten afinidades electivas sobre mitos, mentiras y enemigos.

- ¿Pueden llegar a crecer estos grupos en su prédica frente a un gobierno como el de Biden?

- Es difícil saber qué va a pasar, pero por un lado no parece disminuir la actividad de estos grupos extremistas. Por otro lado también dependerá del gobierno de Biden. ¿Qué hará Biden frente a la ineptitud, la desigualdad, el autoritarismo, la represión y la intolerancia generadas por Trump? La pregunta es qué hará Biden para desandar esos caminos que frenan la democracia. Veremos si estos grupos crecen o si Biden sigue manteniendo ese apoyo profundo que obtuvo de una gran mayoría de la población, que lo votó como líder de un frente anti-trumpista, por no decir anti-fascista.

- En el libro señala un ida y vuelta que va de las políticas racistas y segregacionistas en Estados Unidos a comienzos del siglo XX a Hitler, que las adoptó para sí, y vuelve ahora del nazismo al neonazismo estadounidense.

- Históricamente, el populismo fue una fusión entre democracia y autoritarismo y lo que vemos ahora en estos nuevos populismos de extrema derecha es menos democracia y más autoritarismo, llegando a esta intentona golpista también caracterizada por racismo, violencia, militarización de la política y mentiras del tipo totalitarias, que eran más bien típicas del fascismo. Lo que vemos es un retorno de muchos elementos que eran típicos de esa época del fascismo clásico.

- Si Trump decide dar un paso al costado, ¿puede surgir otro Trump, otro peor incluso que él? ¿Uno más “clásicamente” fascista?

- Sí, puede surgir otro Trump o incluso un Trump más eficiente y quizás lo que sería aún más peligroso es que surja un “Trump” menos cobarde que Donald Trump, quien dijo que iba a acompañar a sus seguidores al Capitolio y luego se quedó mirándolo por televisión. El peligro de que alguien tome la posta y aumente todavía más ese odio, esa vocación dictatorial, esa militarización de la política, es real.

Una vida dedicada a estudiar el fascismo

Nacido en Buenos Aires en 1975, Federico Finchelstein estudió Historia en la UBA y obtuvo su doctorado en Cornell University en 2006. En la actualidad se desempeña como profesor de Historia en The New York School for Social Research y en Eugene Lang College de la ciudad de Nueva York. Además es director del Programa Janey de Estudios Latinoamericanos.

Ha sido comentarista de política en los diarios The New York Times y The Guardian y ha publicado numerosos artículos en diversas revistas especializadas, así como ensayos en volúmenes colectivos acerca del fascismo, el Holocausto, la historia de los judíos en América Latina y Europa, el populismo en América Latina y el antisemitismo.

Es experto en lo que denomina “fascismo transatlántico”, que va de Mussolini al indomusulmán Khan al-Mashriqi (1888/1963), pasando por el español Ramiro de Maeztu, el padre Castellani, el integralista brasileño Plínio Salgado, los “leopardos” colombianos, el rumano Horia Sima (creador del grupo Guardia de Hierro) y los “camisas pardas” japoneses.

Entre sus libros destacan Los alemanes, el Holocausto y la culpa colectiva. El debate Goldhagen; La Argentina fascista. Los orígenes ideológicos de la dictadura; El canon del Holocausto; Orígenes ideológicos de la “guerra sucia”. Fascismo, populismo y dictadura en la Argentina en la Argentina del siglo XX y Del fascismo al populismo en la historia

Publicado enSociedad
Fuentes: CTXT [Ilustración: Fake News Circus, LA BOCA DEL LOGO]

Derecho a la información veraz

La mentira es un arma de destrucción social que esclaviza a los seres humanos, pues puede hacer que actuemos en contra de nuestros intereses y que renunciemos a ser auténticamente libres

El enorme protagonismo que han tenido las mentiras en el mandato de Donald Trump (se le han contabilizado 30.573 en los cuatro años de presidencia) y su masiva circulación a través de las redes sociales pueden llevar a un error importante sobre su verdadera naturaleza, causas y propósitos.

Nos referimos a creer que las ahora llamadas fake news o posverdad son un fenómeno de nuestro tiempo, vinculado a un auge coyuntural de las posiciones políticas extremistas que antes o después desaparecerán, y algo derivado exclusivamente del uso de las nuevas plataformas digitales.

La mentira, el engaño, la difusión de información falsa, de bulos o de dudas malintencionadas son tan antiguas como la humanidad. Y no se trata tan solo de un fenómeno que sea exclusivo de la vida política sino que constituye una auténtica industria puesta al servicio de estrategias comerciales e incluso de los mecanismos más viejos que se conocen para lograr el dominio de unos seres sobre otros. La historia de la comunicación social y de los medios es la de la manipulación informativa y de la decadencia de la verdad.

La larga historia de la mentira en la comunicación social

Falsear la verdad, fabricar noticias, extender bulos y mentir en interés propio a través de los medios de comunicación social ha sido una práctica muy corriente en el último siglo y medio.

La “derrota de la razón” que con tanta brillantez y dolor describió Stefan Zweig, el ascenso del nazismo, o lo que sucedió en España a partir de 1936 no podrían entenderse sin tener presente el papel de los medios como deformadores de la verdad. 

La difusión de noticias falsas y la manipulación de la información se ha utilizado en campañas electorales, en publicidad y en estrategias comerciales, como las que durante años han tratado de ocultar los efectos mortales del tabaco o los costes reales de la sanidad privada. Más recientemente, hemos vivido auténticos procesos de intoxicación comunicativa para ayudar a propagar falsedades sobre hechos o procesos de gran trascendencia: guerra de Irak, 11-M en España, brexit o independencia de Cataluña, entre muchos otros. Por no hablar de la mentira al menudeo que se difunde día a día a través de todo tipo de medios.

Es una evidencia histórica, por tanto, que el engaño y la difusión de falsedades como parte de estrategias para tratar de conseguir determinados objetivos, bien sea de naturaleza política o comercial, no son fenómenos recientes ni casuales sino bien antiguos y deliberados.

Sin embargo, también es un hecho que la difusión de la mentira y el deterioro generalizado de la verdad se están produciendo en los últimos años de una forma más extendida y con consecuencias mucho peores que en épocas anteriores. Pero sería un error, como dijimos, creer que eso se debe solamente a que han cambiado las infraestructuras a través de las cuales fluye la información.

Mentira e ignorancia inducida en la comunicación digital

Es cierto que la proliferación de las nuevas plataformas, redes y artefactos que sirven de medios para producir, almacenar, transmitir y consumir información sin apenas dependencia del tiempo y el espacio y a mucha mayor velocidad, tienen tres efectos principales que facilitan la desinformación y la propagación de mentiras.

En primer lugar, la “balcanización” del sistema de comunicación al generarse miríadas de puntos de emisión y redifusión, periféricos, excéntricos, marginales… pero con gran capacidad de incidencia en amplias zonas o incluso en la totalidad del sistema. Esto hace que, a través de las redes y plataformas, sea más fácil y barato disponer de capacidad para difundir falsedades, bulos o dudas malintencionadas que producen ignorancia e impiden descubrir la verdad. Entre otras cosas, porque –con independencia de que se tenga algún otro tipo de interés político para llevarla cabo– la difusión de información falsa a través de las redes digitales se ha convertido en un negocio muy rentable económicamente (porque se cobra por visualizaciones o reenvíos y los sesgos cognitivos asociados al uso de la red hacen que las informaciones falsas se reenvíen un 70% más que las reales). 

En segundo lugar, la velocidad con que hay que operar en estas plataformas obliga a empaquetar la información de forma mucho más intuitiva y simplificada, con lenguaje menos analítico, más emocional, y vinculado a la experiencia personal y a la opinión que a los hechos y a su análisis objetivo. De este modo, el falseamiento de la verdad se produce más fácilmente y resulta más difícil descubrir la realidad de los hechos.

La intervención de los algoritmos refuerza el sesgo de autoconocimiento que consiste en darle más credibilidad a los datos que ratifican nuestras ideas previas

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que los nuevos medios no proporcionan la información limpiamente, o como respuesta directa a la demanda de los receptores, sino a través de algoritmos que previamente determinan el tipo de información que mejor se ajusta a sus perfiles personales. La información que llega a los receptores no es la que se corresponde directa u objetivamente a la demanda que hayan realizado, sino la elaborada o seleccionada “a propósito” por el algoritmo para que pueda ser reconocida más fácil y rápidamente como propia o deseada y sin con la menor reflexión posible.

Así, la intervención de los algoritmos refuerza el sesgo de autoconocimiento que consiste en darle más credibilidad a los datos que ratifican nuestras ideas previas y, por tanto, dificulta que los receptores de información puedan ponerla en duda cuando es falsa. 

Para evitar este y otros sesgos semejantes asociados a la comunicación digital, es decir, para poder discernir sobre lo que es verdad o mentira en la comunicación digital de nuestro tiempo, es preciso que el consumidor de información no solo tenga acceso a ella sino que, además, conozca a la perfección la naturaleza de la infraestructura (del algoritmo) que le permite poseerla, lo que equivale a decir que se encarece la inversión necesaria para descubrir la verdad, haciendo más barato y sencillo propagar falsedades.

Ahora bien, por muy presentes que estén estas circunstancias que abaratan la difusión de la mentira y dificultan y encarecen el descubrimiento de la verdad, a pesar de la abundancia de información y de la pluralidad de fuentes a nuestra disposición, la proliferación de la mentira en nuestro tiempo tiene que ver, en mucha mayor medida, con otras dos circunstancias.

Desigualdad, concentración del poder y desinformación

La primera de ellas es el aumento sin parangón que está registrando la desigualdad en los últimos años. Un fenómeno que necesariamente va unido a la polarización y al aumento de la ya de por sí gran concentración de la propiedad y del poder de decisión no solo en los medios tradicionales de comunicación sino en las nuevas plataformas y también en la economía, las finanzas y la política.
Cuando eso ocurre, para que los de arriba puedan acumular sin descanso privilegios, renta y riqueza a costa, lógicamente, de los de abajo, es imprescindible que estos últimos no sean conscientes de lo que está sucediendo. Quienes disfrutan del poder y de los privilegios necesitan convencer al resto de la población de que no hay alternativa posible a la situación en la que se encuentran y, al mismo tiempo, han de conseguir que quienes afirmen lo contrario no dispongan de capacidad ni poder mediático suficientes para divulgar sus propuestas. Algo que solo se puede conseguir logrando que la población a quien se quiere dominar no perciba la realidad tal cual es e impidiendo que identifique correctamente la naturaleza real de los problemas que le afectan y sus intereses auténticos.

La desigualdad extraordinaria de nuestro tiempo es, al mismo tiempo, la causa y la consecuencia de que la agenda de los medios, lo que se dice en la prensa o en los programas de radio y televisión, lo que se puede hacer o decir o no en las redes… estén cada vez más controlados por un grupo cada vez más reducido de propietarios y editores que se han adueñado del poder omnímodo que permite producir y difundir como verdades las mentiras que les interesan a sus dueños.

Relativismo y debilidad de los mecanismos de contrapoder social

El último fenómeno que a nuestro juicio explica el por qué de la gran decadencia de la verdad que estamos viviendo tiene que ver con el tipo de civilización que ha generado el neoliberalismo.

En las últimas cuatro décadas se ha conseguido forjar una no-sociedad basada en el individualismo, de personas ajenas a su alteridad que viven ajenas a su condición de seres sociales, prácticamente aisladas unas de otras y que socializan, si lo hacen, en grupos virtuales, que solo les pueden proporcionar una confluencia líquida, en el sentido de Zygmunt Bauman, es decir, efímera, incierta, volátil, intangible… en la práctica, completamente irreal.

Eso, por una parte, ha permitido que crezca y se consolide en nuestras sociedades el relativismo que lleva a creer que no existe una verdad objetiva e independiente de nuestra preferencia o percepción subjetiva, que cualquier expresión tiene valor como verdad. Pareciera que el derecho a tener opinión propia se haya sustituido por el de disponer de nuestros propios hechos, de modo que nos estaría permitido definir o percibir la realidad objetiva que nos rodea a nuestro libre albedrío, ajustada a nuestra preferencia. Y, por otra, esa ceguera de la realidad objetiva impide que se puedan generar intereses comunes, resistencias de grupo, contrapoderes frente a los grupos sociales que dominan y utilizan las plataformas y los medios de comunicación social para producir la ignorancia inducida sin la que sería imposible que mantengan sus privilegios.

Estrategias frente a la desinformación y la mentira

Para terminar, hay que preguntarse qué se puede hacer para enfrentarnos a esta especie de Edad de la Mentira en la que se está convirtiendo la era digital que cabalga a lomos de los viejos productores de la desinformación que ahora disponen de más poder mediático, financiero y político que nunca. A nuestro juicio, cabe avanzar por tres grandes líneas de actuación.

La primera y sin la cual nada se podrá hacer para hacer que el respeto a la verdad prevalezca en nuestras sociedades es combatir la desigualdad, distribuir más justamente la riqueza, fortalecer la democracia e impedir que la propiedad de los medios que los seres humanos necesitamos tener a nuestro alcance para vivir en libertad se concentre en tan pocas manos como ahora.

La segunda debería encaminarse a procurar que nuestras sociedades den valor a la verdad.

Más en concreto, para poder combatir la desinformación y la mentira es imprescindible reconocer que las sociedades no pueden desarrollarse en paz y quizá ni siquiera sobrevivir tolerando la indiferencia entre lo verdadero y lo falso. Hay que entender y asumir que la mínima cohesión que precisa una sociedad libre y democrática sólo se puede conseguir compartiendo un concepto de verdad respetado generalizadamente. Y que la mentira, por el contrario, es un arma de destrucción social que esclaviza a los seres humanos, pues puede hacer que actuemos en contra de nuestros intereses y que renunciemos a ser auténticamente libres. De hecho, esta utilidad de la mentira es lo que explica que se produzca y difunda estratégica y deliberadamente a través del sistema de comunicación social, cuando unos grupos de población más poderosos tratan de dominar al resto de la población.

Se ha conseguido forjar una no-sociedad basada en el individualismo, de personas ajenas a su alteridad que viven ajenas a su condición de seres sociales

El corolario de estos principios tan elementales pero en la práctica olvidados hoy día es que la verdad, el reflejo del hecho objetivo, tiene un valor intrínseco para la sociedad, para la convivencia y el bienestar de los seres humanos, para el sostenimiento de la vida y que, por tanto, debe ser protegida con la mayor firmeza posible y con eficacia.

La tercera vía de actuación podríamos describirla como consistente en aumentar el precio, hoy día tan bajo, que se paga por mentir.

Tal y como se puede deducir de lo que venimos exponiendo, es difícil evitar la producción de mentiras y su difusión pero sí se puede exigir responsabilidad a quienes las lleven a cabo, hacerles pagar por ello y, además, mejorar las capacidades para distinguir entre lo verdadero y lo falso, utilizando cuatro grandes tipos de instrumentos.

El más importante de ellos es la educación integral y la alfabetización mediática.

No hay mejor defensa contra la mentira que la formación, el aprendizaje del pensamiento crítico y la alfabetización que permita conocer el funcionamiento de los medios y las servidumbres de las nuevas plataformas, la socialización en valores ciudadanos y el cultivo de la reflexión, del debate en condiciones de igualdad y de la duda que es, como dijo Francis Bacon, la escuela de la verdad.

Otro instrumento fundamental es el desarrollo y la utilización de herramientas contra la desinformación que permiten detectar los mensajes fraudulentos, los bots maliciosos (programas automatizados que simulan comportamientos humanos); establecer baremos de puntuación de credibilidad; seguir los flujos de desinformación; verificar la información para denunciar la falsa; elaborar listas blancas con fuentes de información confiables y otras de no verificadas o denunciables… por poner tan solo algunos ejemplos. 

El tercero, la promoción del periodismo y de los medios independientes y plurales que son los que pueden tratar y proporcionar la información sin la esclavitud que supone estar al servicio o ser propiedad de los grandes grupos mediáticos, económicos, financieros o políticos.

Finalmente, hay que tener en cuenta que el desequilibrio entre el poder de los diferentes sujetos del sistema de mediación social es tan grande que resultará imposible evitar que los más poderosos puedan producir y difundir desinformación sin que exista un poder regulador superior que, por definición, no puede ser sino el que cuente con la legitimación del sistema democrático.

Para reconocer y defender la verdad es imprescindible una regulación estricta, rigurosa, basada en el mejor conocimiento posible de cómo funciona la maquinaria de la mentira en nuestro tiempo, que facilite la persecución y sancione la falsedad sin ningún tipo de complejo, asumiendo que la verdad existe y que es imprescindible que esté protegida. Pero sin equivocarse sobre el mal que se quiere combatir ni confundir al responsable del daño que causa; es decir, sin producir más lesión a la democracia y la libertad de la que tratara de evitar, como sucede cuando se recurre a la censura o se culpabiliza a los aparatos y no a las personas que los utilizan para difundir la mentira. A quien hay que perseguir y penalizar es a quien produce desinformación y a quien, por cualquier vía, se beneficia de crearla o distribuirla.

Se trata, en fin, de respetar, por un lado, un principio elemental: los hechos son sagrados, las opiniones libres. Y, por otro lado, de algo que no se puede considerar ni muy exagerado, ni radical: simplemente, garantizar que se haga realidad un derecho reconocido en el artículo 20 de nuestra Constitución: el de “comunicar y recibir libremente información veraz”.

Por Emelina Fernández Soriano, Juan Torres López | 06/03/2021

Emelina Fernández Soriano es doctora en Comunicación Audiovisual y expresidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

Publicado enSociedad
Sábado, 23 Octubre 2010 08:54

Los microbios, ¿son amigos o enemigos?

Cuídate compa


Los microbios, ¿son amigos o enemigos?


En medicina, a la inflamación se le denomina con la terminación -itis. Aunque el proceso es el mismo (aumento de la circulación sanguínea), la manifestación es distinta según la zona afectada.

Si se inflama la piel tenemos la dermatitis: erupciones infantiles (sarampión, rubeóla, varicela, etc.), acné, abscesos, flemones, eczema, psoriasis, caspa.

La piel se continúa con otra membrana que recubre todas las cavidades y tiene la capacidad de producir moco, por lo que se le llama mucosa. Cuando se inflama, aumentará la producción de moco.
  • Si es la cavidad respiratoria: sinusitis, rinitis (da estornudo), faringitis, amigdalitis, laringitis, (da ronquera), traqueítis, bronquitis (da tos), neumonía.
  • Si es la cavidad bucal: gingivitis, estomatitis, glositis.
  • Si afecta a cavidades de ojo y oído: conjuntivitis, otitis.
  • Si afecta al túnel digestivo: esofagitis, gastritis, colitis, duodenitis, enteritis, gastroenteritis, apendicitis.
  • Si afecta la cavidad genito-urinaria: cistitis, vaginitis, endometritis, anexitis, bartolinitis, orquitis, prostatitis.
  • Inflamaciones de otros tejidos o vísceras: miositis, artritis, osteomielitis, hepatitis, nefritis, pancreatitis, miocarditis, meningitis, encefalitis, tiroiditis.

La inflamación es la reacción defensiva más importante de nuestro organismo. Si nos clavamos una astilla, desencadenamos una reacción inflamatoria para expulsar ese cuerpo extraño. Producimos inflamaciones para luchar contra animales parásitos como son los piojos, la sarna o las lombrices intestinales.

Algunas de estas inflamaciones presentan unos seres vivos microscópicos, llamados microbios, o unas partículas más pequeñas, que ni siquiera se pueden considerar seres vivos, llamadas virus. A esto se le llama infección: un intento de invasión microbiana. La inflamación es la lucha del cuerpo por evitar esta invasión, y los –antibióticos– recetados, tóxicos para envenenar a los microbios. El catarro, la gripe, el sarampión, la hepatitis, la polio y el sida, se consideran causados por ataques de virus. Los antibióticos no sirven para matar los virus.

La mayoría de los microbios son reconocidos por la ciencia como benefactores. Se dicen que son (necrófagos): que se alimentan de materia muerta. Son los encargados de transformar a los animales y a las plantas muertas en abono para la tierra. Llevamos microbios beneficiosos en nuestra flora intestinal. Hay personas llamadas portadoras que presentan microbios supuestamente causantes de una enfermedad, pero que están sanas. Así pues se suele aceptar que el microbio no es suficiente para enfermar, sino que necesita además pillarnos con las defensas bajas.

Según la teoría aquí expuesta, el objetivo de la inflamación es la desintoxicación y los microbios no invaden el cuerpo, sino que se alimentan de los desechos y células muertas que se están expulsando.

¿Infección o desintoxicación? (Dos teorías enfrentadas)

Los humanos elaboramos teorías intentando dar explicación a la compleja realidad en que vivimos.

Según la teoría de la desintoxicación, los microbios y los virus, más que la causa de la enfermedad, serían una consecuencia más del Maltrato = Agotamiento = Intoxicación = Desintoxicación.

Un ejemplo muy gráfico es la muerte del militante vasco Joseba Arregui. Tras permanecer nueve días detenido en los calabozos de la policía, murió en el hospital penitenciario. Los informes médicos y las autopsias realizadas posteriormente revelaron que el cuerpo de Arregui presentaba multitud de hematomas, quemaduras en las plantas de los pies y hemorragias en los ojos, aunque la causa oficial de la muerte fue una bronconeumonía causada por un virus. El virus, ¿causa o consecuencia?

La teoría de la infección la elaboró el químico Luis Pasteur (1822-1895). Ya en su época hubo científicos que la discutieron, entre ellos su profesor Bechamp y su amigo el famoso médico Claude Bernard. Se dice que Pasteur al final de su vida llegó a declarar que “Bernard tenía razón: el microbio no es nada, el terreno lo es todo”. Desde entonces fue perdiendo peso la idea de que la enfermedad era producida por una suma de factores y el mundo médico se acostumbró a buscar un microbio causal a cada enfermedad, a la vez que se desarrollaba la próspera industria del antibiótico y la vacuna. Posteriormente ha habido otros científicos que se han atrevido a discutir el dogma pasteuriano, entre ellos Wilhem Reich.

La teoría de la infección tiene consecuencias dañinas: el microbio hace de chivo expiatorio, se oculta aquello que en realidad nos enferma y nos hace dependientes de científicos, médicos y fabricantes de fármacos.

La teoría de la desintoxicación tiene buenas consecuencias: nos lleva a luchar para que ningún ser humano ni el resto de la naturaleza sean maltratados. Nos anima a aprender a vivir mejor.

En la actualidad, la medicina enseguida se apresura a echar la culpa de los malestares a virus y microbios, cuando, en la era de la contaminación química y radioactiva, es más lógico pensar en la intoxicación. La “neumonía tóxica” de 1982 en España, fue considerada al comienzo una infección por micoplasma y tratada con antibióticos (un tóxico) cuando en realidad era una intoxicación por aceite de colza. Epidemias que afectaron a focas y se achacaron a virus, resultaron ser consecuencia de la contaminación marina. Un caso de meningitis que afectó a niñas de una escuela, resultó ser consecuencia del vapor tóxico del barnizado de los pupitres. Meningitis producidas por supuestos virus de quirófano, resultaron ser consecuencia de la sustancia anestésica en malas condiciones. Cuando supuestas infecciones son tratadas con antibióticos y no se curan, se suele decir que las bacterias se han hecho “resistentes”, cuando en realidad resulta que la causa no es la infección, sino una intoxicación, que se agrava con el consumo de antibióticos (tóxico que intoxica y debilita más y enferma).

Cuando Einstein formuló la Teoría de la Relatividad del tiempo, no dijo que había descubierto “la pura verdad”. Simplemente que había elaborado una teoría que explicaba mejor la compleja realidad que la Teoría de la Gravitación universal de Newton. Quizás los humanos un día elaboremos una teoría que explique mejor la enfermedad que la actual. Mientras tanto, por si acaso, cuando oigas hablar de infecciones y contagios, piensa también en la posibilidad de una intoxicación a través del aire, la ingestión o la piel.

Lo agudo y lo crónico

Si se mantiene el maltrato (aquello que nos agota e intoxica), y además añadimos tratamientos que cansan e intoxican más (medicamentos, plantas medicinales y otros remedios), puede ocurrir que:
  • El cuerpo se cure a pesar del intento de cortar sus síntomas.
  • El síntoma se desplace a otra parte  del cuerpo, o que se complique con nuevos síntomas (“salir de una enfermedad para entrar en otra”).
  • El mal desaparezca y vuelva a aparecer al tiempo (“una recaída”). El cuerpo se recupera de la represión y vuelve a desencadenar la desintoxicación necesaria.
  • El malestar se cronifique y persista debilitado.

Lo agudo reprimido, cronifica

Lo agudo (malestar intenso, curativo y pasajero), si se reprime, corre el riesgo de cronificarse (malestar débil y persistente).

Si los tóxicos permanecen dentro mucho tiempo van estropeando los tejidos:
  • Ulcerándolos
  • Degenerándolos (perdiendo sus cualidades originales). Se denominan con la terminación –osis: arterioesclerosis (endurecimiento de la pared arterial, artrosis (desgaste de la articulación), osteoporosis (descalcificación ósea), esclerosis múltiple (endurecimiento del sistema nervioso).
  • Dando un crecimiento exagerado: tumoraciones –oma: carcinoma de mama, fibroma de útero, sarcoma, epitelioma.

Lo agudo cura lo crónico

Cuando la medicina no es capaz de curar una enfermedad, le coloca la etiqueta de incurable. Existen casos incurables que recuperan la salud. Estas curaciones no tienen nada de milagrosas. Los médicos no podían curar porque no suprimían las causas, añadían tratamientos agresivos y cortaban cualquier crisis aguda curativa. Suprimiendo las auténticas causas y revitalizando a la enferma, pueden llegar a curarse o al menos a tener una mejoría notable. En estos casos, los médicos, en lugar de aprender de su equivocación, prefieren afirmar que se trataba de un error de diagnóstico.

El cuerpo puede intentar curar algo crónico con una crisis aguda. Una gripe puede curar un reuma o una bronquitis crónica. Se han visto recuperaciones de cáncer a través de una fiebre elevada (por ello uno de los tratamientos que se investiga para la curación del cáncer, es provocar fiebres artificialmente). Un flemón, un sarpullido en la piel, un cólico biliar o renal pueden dar paso a una gran mejoría.


Regenerar lo local, crear comunidad, trascender el mercado, reconstruir los tiempos


Frente a la explosión del desorden que implica la expansión de un capitalismo global cada vez más financiarizado, se hace imperativo impulsar la reconstitución de los mecanismos que engendran vida y permiten hacerle frente a la creciente entropía que nos embarga; máxime ante la inviabilidad de un crecimiento –y consiguiente urbanización– sin límite, inscrito en el ADN del capitalismo, en un ecosistema finito como es la biosfera.

De hecho, ya se desbordan los límites planetarios en muchos terrenos. La lucha, pues, contra los procesos de urbanización salvaje, contra el estallido metropolitano y por la defensa de un mundo rural vivo, en consonancia con el entorno ecológico, son componentes fundamentales de tal reconstitución.

Es preciso preservar y rehacer lo local, la vida comunitaria, los tiempos particulares, la idea de futuro, las singularidades de los diversos paisajes, así como defender los lugares contra la tiranía del espacio de flujos, pues la gente vive en lugares y el poder hoy día domina principalmente mediante flujos. Por supuesto, con medios coercitivos de todo tipo cuando es preciso, necesidad que hoy se dispara exponencialmente para enfrentar el desorden que comporta el propio despliegue del nuevo capitalismo global. Esto permitirá reconstruir las identidades quebradas y carentes de sentido que promueven las segundas y terceras pieles artificiales que se sobreimponen sobre el planeta, cuyo funcionamiento responde cada vez más a la lógica del beneficio, el dinero, el poder y la destrucción. Ello hace parte de la necesidad de afirmar el valor de la vida, aquí y ahora. Una vida con sentido, justa, solidaria con los demás y en equilibrio con el medio.

El mando del capital impregna actualmente todo, y no es posible ponerlo en cuestión sin transformar de arriba abajo el sistema de valores imperante, nuestras formas de vida, las estructuras productivas, las formas urbanas, los modelos territoriales; en definitiva, el poder del dinero.

Ramón Fernández Durán
(Miembro de Ecologistas en Acción)
Traficantes de Sueños

Recetas


ReverdeSer

“Es de vital importancia que el ser humano comprenda que con retornar a los valores simples y fundamentales de la vida, cualquiera puede curarse y mantenerse sano”.

Pan árabe

Ingredientes:
  •     4 Tazas de harina de trigo integral
  •     2 Tazas de agua tibia
  •     3 Cucharadas pequeñas de sal
  •     1 Cucharada de levadura seca o 3ml de levadura en pasta

Se mezclan las harinas en un recipiente, se agrega la sal. Se disuelve la levadura en el agua tibia. Luego se agrega el agua con la levadura a las harinas y se amasa por 15 min. Se deja descansar por 4 horas. Luego se amasa nuevamente y se divide en 16 pedazos, cada pedazo se estira con el rodillo en círculos como haciendo arepas. Luego uno a uno, se pasan por un sartén a fuego bajo y tapado, por lado y lado hasta que están secos. Después se colocan sobre el fuego en una rejilla para asar, hasta que el pan se infla y dora.
Publicado enEdición 162